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JESÚS ES CONDUCIDO ANTE PILATOS La inhumana turba que conducía a Jesús desde Caifás hasta Pilatos, lo llevaron por la parte más frecuentada de la ciudad. Bajaron la montaña de Sión por el lado del norte, atravesaron una calle estrecha situada en su parte baja y se dirigieron por el valle de Acra a lo largo de la parte occidental del Templo, hacia el palacio y el Tribunal de Pilatos, situado al nordeste del Templo, enfrente del gran fortín o de la gran plaza. Caifás, Anás y muchos miembros del Gran Consejo iban delante, con sus vestidos de fiesta, les seguían un gran número de escribas y judíos, entre los cuales estaban todos los falsos testigos y los fariseos que se habían destacado en la acusación de Jesús. A poca distancia seguía el Salvador, rodeado de una tropa de soldados y de seis esbirros, los que habían asistido a su arresto. La muchedumbre afluía de todos lados y se unía a ellos con gritos e imprecaciones; los grupos se atropellaban por el camino. Jesús iba cubierto sólo con su túnica interior, toda llena de inmundicias; de su cuello colgaba la larga cadena, que le golpeaba y hería las rodillas cuando andaba; sus manos estaban atadas como la víspera; los esbirros sostenían los cabos de las cuerdas que le habían atado a la cintura y con ellas lo conducían. Estaba desfigurado por los ultrajes de la noche, pálido, con la cara ensangrentada; las injurias y los malos tratos proseguían sin cesar. Habían reunido mucha gente con objeto de hacer una desgraciada parodia de su entrada triunfal el Domingo de Ramos. Se burlaban llamándole rey, y echaban en el suelo palos y trapos, le cantaban canciones que hacían alusión a su entrada triunfal entre ramos de palma. En la esquina de un edificio, no lejos de la casa de Caifás, esperaba la Madre de Jesús, junto con Juan y Magdalena esperando verlo. El alma de la Santísima Virgen estaba siempre unida a la de Jesús, pero impulsada por su amor, quería acercarse a Él personalmente. Tras su visita nocturna al Tribunal de Caifás había estado en el cenáculo, sumida en un silencioso dolor; cuando Jesús era sacado de nuevo de la prisión para ser presentado a los jueces, ella se levantó, se puso su velo y su capa y dijo a Juan y a Magdalena: «Sigamos a mi Hijo a casa de Pilatos; tengo que verlo con mis propios ojos.» Se colocaron en un sitio por donde la comitiva debía pasar y esperaron. La Madre de Jesús sabía bien lo horriblemente que estaba sufriendo su Hijo, pero su vista interior nunca habría podido concebir que la crueldad de los hombres lo hubiera dejado tan desfigurado y golpeado; porque, en su figuración, sus grandes dolores aparecían calmados por la santidad, el amor y la paciencia. Pero entonces, se presentó ante su vista la terrible realidad. Primero pasaron los orgullosos enemigos de Jesús, los sacerdotes del Dios verdadero con sus trajes de fiesta, revestidos con sus decisiones tomadas y su alma llena de mentira y maldad. Los sacerdotes de Dios se habían vuelto sacerdotes de Satanás. A continuación, venían los 63

La amarga pasion de cristo (ana catalina)  
La amarga pasion de cristo (ana catalina)  

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