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Tres de los corderos habían sido sacrificados para ellos en el Templo. El cuarto cordero fue inmolado en el cenáculo, y de ése comieron Jesús y los apóstoles. Judas no sabía eso porque, ocupado en sus artimañas, no había regresado hasta hacía poco, y no había estado presente cuando sacrificaron el cordero. El sacrificio del cordero destinado a Jesús y a los apóstoles fue muy emocionante: se llevó a cabo en el atrio del cenáculo. Los apóstoles y los discípulos presentes cantaron el salmo 118. Jesús les habló del tiempo nuevo que comenzaba y que los sacrificios de Moisés y del cordero pascual iban a cumplirse; y que por esta razón el cordero debía ser sacrificado como antiguamente en Egipto, porque también ellos estaban a punto de liberarse de la esclavitud. Se dispusieron los recipientes y los instrumentos necesarios. Trajeron un cordero pequeñito tocado con una corona que fue enviada a la Santísima Virgen, a la estancia en la que ella permanecía con las santas mujeres. El cordero estaba atado a una tabla, con una cuerda que le rodeaba el cuerpo; me recordó a Jesús atado en la columna y azotado. El hijo de Simeón sostenía la cabeza del cordero; Jesús le hizo una incisión en el cuello con la punta de un cuchillo, que dio entonces al hijo de Simeón, quien acabó de matarlo. A Jesús parecía repugnarle tener que herir al animal; lo hizo de prisa, pero con solemnidad: la sangre fue recogida en un cuenco y Jesús mojó en ella un ramo de hisopo. A continuación, fue a la puerta de la sala, tintó con sangre los dos pilares y la cerradura y fijó el ramo sobre la puerta. Habló luego a los discípulos y les dijo, entre otras cosas, que el ángel exterminador se mantendría alejado, que debían orar en aquel sitio sin temor y sin inquietud cuando Él fuera sacrificado, Él mismo, el verdadero cordero pascual; que un nuevo tiempo y un nuevo sacrificio iban a comenzar y que durarían hasta el fin del mundo. Después todos fueron al otro extremo de la sala, cerca del lugar donde debajo, en otro tiempo, había estado el Arca de la Alianza. El horno estaba encendido: Jesús echó la sangre sobre el lugar y lo consagró como un altar. Luego, seguido de los apóstoles, fue rodeando el cenáculo y lo consagró como un nuevo Templo. Mientras tanto, todas las puertas permanecían cerradas. El hijo de Simeón había completado ya la preparación del cordero. Lo había colocado sobre una tabla, con las patas de delante cada una atada a un palo y las de atrás juntas y extendidas. Recordaba a Jesús sobre la cruz, y fue metido en el horno para ser asado con los otros tres corderos sacrificados en el Templo. Los corderos pascuales de los judíos se mataban todos en el atrio del Templo aunque en tres sitios distintos: uno, para las personas distinguidas; otro, para la gente común y, otro, para los extranjeros. El cordero pascual de Nuestro Señor no fue sacrificado en el templo, pero todo se hizo 11

La amarga pasion de cristo (ana catalina)  
La amarga pasion de cristo (ana catalina)  

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