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Transferencia e institución + Novedades sobre la práctica entre varios + L ost in adiction + Escuela y No-saber Fracasar Mejor + Cuando la cópula se abre + Flechazo + Un desgarro de lo real + De Las Vegas con Amor

Nº  5 / 2012

L A I NST IT UCIÓN, AGUJER E A DA

imágen: Andrés Borderías

LETRAS

R E V I S TA DE P SIC OA N Á L I SI S DE L A C OM U N I DA D DE M A DR I D  —   E L P


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A Agenda

Contenidos Letras Nº 5, 2012

LA INSTITUCIÓN, AGUJEREADA “Vengo a hacer un análisis didáctico”. Así articulé mi demanda ante quien fuera mi primer analista. Pocos años antes había iniciado mi práctica y las experiencias psicoterapéuticas transitadas no alcanzaban para garantizar el camino hacia aquello que anhelaba: “ser” psicoanalista. CONT pg. 44 ➳ Editorial 02 Andrés Borderías

Clínica 52 Cuando en la psicosis los órganos hablan solos Christine E. Henderickx

Agenda 03 Cultura, Ideas, Política, Novedades Especial “La Infancia Bajo Control” por Carmen Bermúdez

56 B  uenos días, Paternidad José R. Ubieto 60 O  Inventa Eugenia Varela Navarro

Dossier: La Institución, agujereada 14 T  ransferencia e institución Manuel Fernández Blanco 22 N  ovedades sobre la práctica entre varios Bruno de Halleux

página anterior imágen : A Yank in Versailles, 1944, Bert Brandt

27 L ost in adiction Andrés Borderías

63 A merced del Otro Alberto Estévez Fajardo Letras en la Ciudad 68 D  e Las Vegas con Amor Gustavo Dessal 71 L  a Sima Luis-Salvador López Herrero

32 L  a Escuela como tratamiento del no-saber en psicoanálisis Esperanza Molleda

73 P  resentación de Con tento de Mariano Maqueda Jorge Alemán

36 Fracasar mejor Marco Fochi

76 Presentación del libro de Jorge Alemán “Soledad: Común” Joaquín Caretti Ríos

El Pase 40 Flechazo Ana Lydia Santiago 44 C  uando la cópula se abre. Tres escansiones en el deseo del psicoanalista

Varios 80 N  ormas de publicación Boletín de suscripción

Leonardo Gorostiza 48 U  n desgarro de lo real Hélène Bonnaud

“Lo que evoco es otra cosa, una escritura que llamaría de existencia, y que no es una escritura de la palabra. Podemos decir una escritura pura, manejo de la letra, del trazo.”. JACQUES-ALAIN MILLER, Curso de 23-03-2011

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E Editorial

Editorial LE TR AS

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Director Andrés Borderías Asesor Eric Laurent Comité de Redacción Oscar Caneda, Ana Lía Gana, Mirta García, Joaquín Caretti Colaboradores Carmen Bermúdez, Eva Fernández, Julia Gutiérrez, Gabriela Medin, Silvia Nieto, Pío Zelaya Traductores: Araceli Fuentes, Ana Lía Gana, Julia Gutiérrez, María Martorell Corresponsales: Mandy Toro, París Andrés Molina, Maracaibo Mahe Ajá, Bruselas Equipo Gráfico Gabriela Medin (Responsable) Ana Lía Gana, Silvia Nieto Edición Digital Pío Zelaya Distribución y Suscripciones Gabriela Díaz, Jose Alberto Raymondi Maquetación y Diseño BTO Design Imprenta: Lavel, S.A.

“LETRAS” es una revista editada por la Sede de Madrid de la ELP. c/ Gran Vía nº 60, 2º izda. 28013 Madrid Tel: (+34) 915 591 487 email: info@letraslacanianas.com Página web: www.letraslacanianas.com Facebok

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olvemos en este número sobre una cuestión fundamental para la política lacaniana en nuestros días: el lugar del psicoanálisis en la institución. El debate se torna crucial, en un momento en el que se agudizan en todo el mundo las iniciativas gubernamentales que pretenden impedir la presencia del discurso psicoanalítico, ya no sólo en las instituciones públicas, sino como práctica clínica. Los recientes acontecimientos relativos a la propuesta de interdicción del psicoanálisis para el tratamiento del autismo, tanto en España como en Francia, así como la preocupante intensificación de la medicalización en la infancia -que ha sido objeto reciente de un intenso debate en nuestra ciudad y nuestro país con la celebración del segundo Foro de la ELP- son el reflejo de una política decidida. Una política que se sostiene en la alianza entre el discurso del amo y el capitalismo evaluador, nutrido de argumentos cientificistas. La universidad, la industria farmacéutica y los gestores administrativos de unos servicios públicos en vías de privatización, imponen así una política de hierro al sujeto moderno, al que se invita a dimitir de su relación con la palabra y la causalidad psíquica en lo relativo a sus actos y sus síntomas. Una dimisión acompañada de la incesante oferta de un goce consumible, antesala de la mercantilización de la subjetividad.

La presencia del psicoanálisis y los psicoanalistas en las instituciones, así como la de las instituciones orientadas por el discurso psicoanalítico, deviene un elemento de importancia crucial en estas coordenadas. Se trata de inventar y de mantener abierto un espacio en la institución para que el sujeto pueda elaborar una forma sintomática propia ante la incidencia de lo real en su vida. Por otro lado, es preciso facilitar otra respuesta con la creación de nuevas instituciones a los nuevos fenómenos clínicos, como ciertos estados de la psicosis, ciertos pasajes al acto, ciertos estados de malestar psíquico que pueden llevar al sujeto a la exclusión social o la muerte. Esto implica un analista que sepa agujerear la institución, que sepa descompletar el discurso del amo que la anima y que pretende la eliminación del síntoma, el “bien y la salud” del individuo, la unidad y normalización del sujeto. Pues el psicoanálisis apunta a la emergencia de un deseo singular que no excluye ni el malestar ni la angustia, y en algunos casos a la construcción de una vía sintomática propia, para la que no hay ningún saber preestablecido. Se trata, además, de que sepamos transmitir los efectos del psicoanálisis aplicado en la institución a aquellos interlocutores que pueden entender que hay otra política ante lo real. Con este fin hemos reunido en este volumen textos y casos que abordan desde diversas perspectivas este tema.

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Letras es una revista sin ánimo de lucro, publicada bajo los auspicios de la ELP, la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis Foto de Portada: Andrés Borderías ISSN: Letras 2174-064X Depósito Legal: 16496-2011

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Andrés Borderías Director de Letras


A Agenda

Agenda C U LT U R A | P E R S O NA J E S | P O L Í T IC A | I D E A S

NÚMERO 5, 2012

Noticias

Hay un grupo de médicos, psicólogos y psicoanalistas que ejercen su práctica orientada por el psicoanálisis de orientación lacaniana en instituciones médicas de España. En noviembre de 2011, aprovechando las Jornadas de la ELP que se celebraron en Zaragoza, algunos de ellos se reunieron mostrando el interés por crear un vínculo. Pocos meses después se celebró una reunión más amplia en la que se trazó un primer esbozo de los intereses comunes y líneas de discusión. En esta reunión se concretaron: una Jornada abierta que se celebrará en A Coruña el próximo noviembre y un blog. Se trata de la Red Psicoanálisis y Medicina1 . Las trayectorias seguidas por sus miembros están orientadas por la enseñanza de Lacan, singularizadas en los análisis de cada uno, particularizadas en cada tipo de lugar. Pero hay un texto que por su título y concreción, puede considerarse primordial: se trata de “Psicoanálisis y Medicina”2 . Al abrir el texto, un significante propicia la discusión del lector: extraterritorial. Dice Lacan que el psicoanálisis es extraterritorial en medicina por el lugar que le dan los mismos médicos, como una ayuda externa, pero también por el lugar en que se sitúan los analistas. Razones tienen, dice, que no son las de él. No sabemos, también se discute, si Lacan

tenía razones para querer conservar un lugar extraterritorial o si sus razones eran contrarias. El diccionario de la RAE define “extraterritorial”: “que está o se considera fuera del territorio de la propia jurisdicción”. ¿Cuál es la jurisdicción en medicina? No hablamos de ley stricto sensu, hablamos de ley metafóricamente: aquello que ordena según un deseo. Entonces podríamos responder que sí, que el psicoanálisis está fuera porque la ley en la medicina actual dice que el deseo queda fuera. Pero también está dentro porque la ley en psicoanálisis dice que no hay práctica que no esté sostenida por un deseo. Aunque quien lo sostiene lo desconozca. La cuestión es cómo hacer para que el psicoanalista pueda insertarse en la trama de ese deseo. Hoy, como siempre, por el amor. La transferencia es lo único que puede motivar el interés, la pasión. Y son los analistas los que se ponen en disposición de sostenerla. Quizá “éxtimo” sería un significante que definiría mejor el lugar del psicoanálisis en el ámbito de la medicina, cuando se consigue hacer pasar el amor.

Araceli Teixidó

Coordina la Red Psicoanálisis y Medicina junto con Santiago Castellanos. Email 1: araceliteixido@comb.cat Email 2: redpsicoaymed@gmail.com

¿Extraterritorial? 3

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1. En el primer post del blog encontrarán el acta de la reunión de Barcelona http://redpsicoanalisisymedicina.blogspot.com.es 2. L acan, Jacques “Psicoanálisis y medicina” en Intervenciones y Textos 1. Manantial. Buenos Aires. Págs. 88-99.


A Agenda

El pasado 4 de mayo de 2012 tuvo lugar en la sala de proyecciones de la Academia de Cine la presentación en Madrid del documental La primera sesión realizado por el psicoanalista y cineasta francés Gérard Miller en 2009. En palabras del propio autor, en la película trató de indagar “las razones por las que, un buen día, algunas personas toman la curiosa decisión de mirar el revés de su propio decorado y sus consecuencias”.

Tras la proyección de la película, Joaquín Caretti, psicoanalista; Mariví Gimbel, profesora de filosofía; Olga Montón, psicoanalista y Manuel Rodríguez Rivero, editor y columnista de El País en una mesa coordinada por Esperanza Molleda compartieron sus reflexiones y dialogaron con el público que planteó con curiosidad preguntas sobre el lugar del psicoanálisis en el mundo actual, la cientificidad del psicoa-

nálisis, las restricciones que podía implicar su coste, su accesibilidad para personas de distintos grupos sociales o su utilidad para diversas patologías. A partir de estas preguntas, de las entrevistas mostradas en el film y de la experiencia del psicoanálisis, de las personas de la mesa y de la sala que nos acompañaron, pudimos recorrer los efectos de lo más esencial de la práctica analítica: la capacidad de acoger una demanda, la apuesta por una ausencia de juicio moral, la determinación de no plantear ningún ideal que alcanzar, la decisión de ligar al paciente a su propio discurso y a su propia experiencia, la virtud de leer en las palabras del paciente sin anticiparse y sin precipitar una respuesta, pero también pudiendo subvertir sus dichos para hacer tambalearse las evidencias que le hacen sufrir.

“La Primera Sesión”

PRESENTACIÓN DEL FILM DE GÉRARD MILLER EN MADRID

winter in Berlín, Inna Nebelyuk

Esperanza Molleda

XI JORNADAS DE ESTUDIO DE LA DIAGONAL HISPANO-HABLANTE DE LA NRC.

“Sorpresas e invenciones: Psicoanálisis con niños”

Con la conferencia de Dominique Holveot, Presidente de la NELS y Director pedagógico de Courtil: “El niño creador”

A Coruña, 9 Noviembre 2012

El título de la XI Jornada de estudio de la Diagonal Hispanohablante está en sintonía con el interés del psicoanálisis por la determinación subjetiva e inconsciente de los síntomas y la invención que cada sujeto puede obtener de una experiencia psicoanalítica, en tanto es el tratamiento del Otro traumatizante el que se pone en juego para encontrar e inventar un Otro que le permita al niño un lazo social más digno. La clínica es lo que el psicoanálisis quiere poner en primer plano, en una época de deriva hacia la medicalización de la infancia, donde el síntoma, tomado como un trastorno del organismo queda limitado a las coordenadas de la biología o la genética, reduciéndose la complejidad de la que estamos hechos los seres hablantes. Si la subjetividad del niño es silenciada, no podrá producir un saber sobre lo que le ocurre que le permita responsabilizarse. La propuesta es tratar los malestares del niño a través de la palabra –a través de las formaciones del inconsciente- que pueden presentarse en la clínica en forma de dibujos, juegos o relatos donde el analista ofrece un lugar de escucha y pone en valor lo que el niño expresa en su decir, ya que las palabras y los silencios tienen un efecto imprevisible. Si el analista ofrece un lugar de escucha es porque

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el inconsciente se articula al lenguaje y a la presencia del analista, que por su acto lo hace surgir. El inconsciente no está ahí, se produce bajo transferencia, en la relación que se establece entre al analista y el sujeto niño. Los síntomas tienen también un valor relacional, por eso, precisamente, en la relación analítica es donde el síntoma va a entregar sus secretos, es donde van a descifrarse sus enigmas, donde va a perfilarse lo que el sujeto escoge o rechaza, y donde puede modificarse un destino. Lacan nos invita a construir una clínica en la que el inconsciente sea el resorte de la práctica y eso apunta directamente al acto del analista que con su intervención localiza y posibilita el surgimiento del inconsciente pero no habrá surgimiento del inconsciente sin que el analista ponga su deseo, su deseo entendido como un deseo depurado por su propio análisis. El encuentro con el deseo del analista puede producir efectos de sorpresa, y la sorpresa lleva a que el niño se haga responsable de su posición, no solo que modifique su conducta, sino su posición, transformando al sujeto, haciéndolo salir de su repetición mortificante. El acto de Freud que permitió la invención del psicoanálisis, se repite en cada análisis, cuando el analista pone en suspenso su saber, sus prejuicios, para dar la palabra al sujeto al que se le supone un saber y el analista con su acto debe dar la posibilidad de que ese saber se despliegue. El acto analítico implica una destitución respecto al saber establecido como única manera de acoger al inconsciente como saber inesperado. Y un analista es por tanto alguien que, por su formación y su propio análisis, no se defiende del saber inconsciente, no se protege, no mira al otro a través de la ventana de su fantasma, es por eso que se deja sorprender. En el acto analítico el analista está como objeto. Esto quiere decir que solo “a posteriori” puede reconocer su acto, es decir, a partir de sus efectos no calculados. Estos efectos son un decir verdadero, singular del sujeto, una palabra que lo modifica, y por lo tanto tiene también valor de acto. Testimoniar de la experiencia del inconsciente, que transitan los niños en la clínica, será el objetivo de las XI Jornadas de trabajo de la Diagonal HH Comisión científica: Carmen Campos, Almudena Collantes, Ana Lía Gana, Mª Eugenia Insua (responsable), Mariam Martín, Jorge Sosa


A Agenda

OTRA MANERA DE TRATAR

El autismo y las psicosis ◗

El Departamento de Psicoanálisis con Niños del NUCEP -coordinado por Vilma Coccoz-, en colaboración con el Espacio Madrileño de Psicoanálisis con Niños y la Biblioteca de la Orientación Lacaniana ha hecho posible que disfrutáramos de un encuentro con Bruno De Halleux. A lo largo de casi cuatro horas (traducción consecutiva incluída) escuchamos -en un tono sereno y vital- lo que Bruno quiso transmitirnos del punto al que ha llegado, tras casi 40 años de experiencia en L’Antenne 110 de Bruselas, de la que es su actual Director terapéutico. Muchos nos quedamos con ganas de, al menos, un poquito más. La exposición, jalonada de viñetas, se inició con Gabriel, niño de 9 años que llegó hace tres a L’Antenne 110 con un diagnóstico de “autismo atípico”, basado en la fenomenología. No se confirmó como diagnóstico estructural: Para Gabriel sí había un Otro, pero este Otro que encarnaba la maldad, lo perseguía y no lo dejaba en paz. El niño se protegía al modo autista: retraído, se encerraba en su soledad. El tratamiento del Otro en L’Antenne, que hace que el Otro tenga una presencia discreta y se muestre siempre regulado, le ha dado a Gabriel la oportunidad de conectarse con él. La modalidad de la “práctica entre varios” que se realiza en L’Antenne 110, consiste en una práctica de la lengua y en una práctica sobre la lengua. Esta modalidad “se constituye por una cierta posición con respecto al saber, de los partenaires del niño, en un campo que está orientado por el Psicoanálisis”. ¿Qué posición respecto al saber? Saber que es una práctica ética, que por tanto se trata de la elección del sujeto –por más insondable que sea-. Saber que lo que creemos que sabemos “a priori” del niño, es el mayor obstáculo al trabajo con él, es de lo que cada educador se tiene que desprender. Las reuniones semanales cumplen, entre otras, esa función principal: vaciar el saber “a priori” sobre el niño, haciendo obstáculo al sentido en el que con tanta facilidad caemos los humanos, sobre todo cuando actuamos como profesionales. Crear y sostener ese vacío es la función del Director terapéutico y tiene efectos inmediatos. “¡Cada vez que se habla de un niño en la reunión, se refunda la práctica clínica!”. Cada educador juega la partida con su propia táctica -es una tarea responsable- y con la estrategia del conjunto -es una labor de equipo-. Cada partenaire tiene que estar a la escucha del/os significante/s del sujeto, para retomarlos, complejizarlos, jerarquizarlos… Es decir, para darles un orden que tenga el mismo valor que lo simbólico, “saliendo, así, al encuentro del sujeto”. De este modo se multiplican las ofertas que favorecen la posibilidad de un buen encuentro para el sujeto. Así se crea una atmósfera de deseo que puede permitir al sujeto liberarse de ese Otro malvado y persecutorio. Así se le da la posibilidad de responder de otra manera a como lo hizo en el pasado: en el mejor de los casos, dejándose representar por la palabra y pudiendo, así, relacionarse con otros. Por su exposición desfilaron los nombres de Jacques Lacan, Jacques Alain Miller, Eric Laurent, Antonio Di Ciaccia, Virginio Baio… ¡Cómo no! Referencias, todas, obligadas. También los de algunos educadores involucrados en las distintas viñetas: Marie, Charlotte, Cédric… Con Hamza, por fin, ilustró el tratamiento del autismo por “la vía de la sinthomatización”, como la ha llamado

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Alfredo Zenoni. Se trata de una clínica homogénea a la de la Segunda enseñanza de Lacan: El significante comporta un goce no limitado. Una verdadera “puesta al día” en la clínica del autismo. Partiendo de los S1 solos, el trabajo de sostenerlos, enriquecerlos, hacerlos más consistentes viene a ligar, a anudar, a localizar el goce. Hamza es un niño autista en el que el goce irrumpe constantemente bajo la forma de lanzamiento de objetos (sillas, platos, cuchillos…) ¡Muy peligroso! A partir de los garabatos que hizo en el taller de dibujo, tomando en cuenta su singularidad –el modo en que los terminaba, dibujando una línea que los acotaba-, y su gusto -le gusta mucho salir a la calle, pero es una tarea dificultosa porque tiene miedo de todo lo que se mueve y es masivo (perros, gente, edificios…)- Cédric, educador a quien se le da muy bien el manejo de Internet, propuso al niño un taller de navegación con Google Maps. Hamza lo aceptó y comenzó a realizar, en ese espacio virtual –él solo- distintos recorridos hacia sitios que eran importantes para él.

El efecto: por un lado, ha disminuído el lanzamiento de objetos, además de que puede salir aunque sea a un espacio virtual. Por otro lado, Cédric se ha introducido en su recorrido, es alguien para Hamza, quien tiene en cuenta lo que Cédric le dice como educador. ¡En fin! Una manera ética, flexible, creativa, que no para de inventar posibilidades para cada caso. Una manera… ¡Siempre sorprendente! Esta reunión contó con el auspicio del Colegio Profesional de Educadores y Educadoras Sociales de Madrid. Ana Jiménez


A Agenda

XI JORNADAS DE LA ELP

“Un Nuevo Amor... Destinos del amor en la experiencia analítica” A Coruña, 9, 10 y 11 de Noviembre de 2012

Hablar del amor es ya hacerlo, enseñaba Jacques Lacan. De modo que parece que todo haya sido dicho sobre él. Pero el psicoanálisis añadió a ese decir la dimensión del inconsciente, cuyo origen es, precisamente, el amor, al cual, en la experiencia psicoanalítica, llamamos transferencia. Con ello topamos con la relación que el amor mantiene con lo imposible: lo imposible de decir, de saber, de curar. En el psicoanálisis verificamos constantemente la fuente universal que es el amor para

todo lo que el ser hablante puede crear. El amor le permite, por un tiempo, a ese ser hablante, hacer pareja con aquello que aparece como imposible: el sexo, la muerte, la locura, el saber, la lengua, la mujer, la poesía, la letra. Nos interesa en este sentido la relación que el amor establece entre la contingencia de su encuentro y lo necesario del destino que parece escribirse a partir de ahí. En efecto, la letra es uno de los puntales de la vida amorosa; tal como la letra es aquello que configura los síntomas de los que nos

XIII CONVERSACIÓN CLÍNICA DEL ICF

"Fragmentos de real en las curas de neurosis" Con la participación de Jacques-Alain Miller Barcelona, 2 y 3 de Marzo de 2013

En el inicio de un psicoanálisis, el amor es la contingencia necesaria sin la cual no se da la primera cita. El desarrollo de un psicoanálisis es un despliegue, a veces grato, a veces ingrato, del trabajo del amor: si bien puede aparecer perdido en ocasiones, la experiencia es su recuperación en la escala del deseo. Sin el amor, el goce no tiene sentido; sin el amor, nada se fija en escritura: es por eso que al final de la experiencia psicoanalítica lo que queda es un nuevo amor, como nombre nuevo de lo que siempre estuvo ahí.

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Almudena Collantes, Begoña Conde, Mª Antonia De Miguel, Pilar Devesa, Luz Fernández, Nieves Figueiras, Dolores García de la Torre, Nuria García, Carmen Garrido (responsable), Chus Gómez, José Gómez, Eugenia Insua, Fernando Martín Aduriz, Marta Maside, Mª José Montolla, Carmen Pérez, Chelo Ramírez, Liana Velado, Begoña Yañez.

COMISIÓN CIENTÍFICA: Eugenio Castro, Carmen Cuñat (más-uno), Manuel Fernández Blanco, Mónica Unterberger, Oscar Ventura, Antoni Vicens. COMISIÓN DE ORGANIZACIÓN: Isabel Alonso, María Castro,

vado, pero también la desilusión que acompaña a veces su realización tan esperada, y la tristeza que sobreviene después, tan insólita como inmotivada. O también la repetición de un malestar que vuelve a presentarse de la manera más inoportuna allí donde menos cabía suponerlo y que alcanza entonces la condición de síntoma. Son formas en las que algo de lo real se presenta para el sujeto que llega a la consulta del psicoanalista. ¿Se trataría de trastornos determinados por un desarreglo del individuo con la realidad, ya se entienda este individuo como su organismo o como su mente? La categoría de lo real que orienta desde la enseñanza de Jacques Lacan la experiencia del psicoanálisis surge precisamente de considerar estas nociones como absolutamente insuficientes para dar cuenta de los malestares que motivan una demanda de tratamiento. Lo real no es uno, se presenta siempre de modo frag-

National Rice Festival, Russell Lee, 1938

Tal vez un desencuentro, ya sea en el amor como en el odio, que ha provocado la angustia y la división más íntima del sujeto. Tal vez una pérdida que se le ha mostrado irreparable, imposible de sustituir por nada más en la vida y que ha abierto un agujero en su sentido, traumático desde entonces. O tal vez la caída de un ideal largamente conser-

ocupamos.

mentado e inapresable en la red que llamamos realidad. Lo real no está determinado como podría hacer suponer una ley de causalidad demasiado simplificada. Más bien indeterminado, es como un imposible lógico como Jacques Lacan lo aisló para mostrar su anudamiento con lo simbólico y lo imaginario: es aquello que no cesa de no escribirse en ellos, de no representarse en la experiencia y en el discurso del sujeto. Los fragmentos de real que orientan un análisis solo podrán aparecer y abordarse entonces a través de encuentros sucesivos con algo contingente, con lo que cesa de no escribirse. El encuentro princeps con lo contingente es, precisamente, lo que el psicoanálisis descubrió como la transferencia y que llegó a definir el campo propio de las llamadas “neurosis de transferencia”. Y es así como los fragmentos de real podrán ordenarse en una cadena que debe mostrar entonces, caso por caso, sus propias leyes. Nuestra próxima Conversación Clínica del ICF nos convoca así a hacer de estos fragmentos de real un motivo de enseñanza clínica en el estudio de cada caso presentado.


A Agenda

FÓRUM DE SEVILLA

Una apuesta para comprender ◗

Teníamos antecedentes. Habíamos celebrado ya dos Foros. Los Foros sobre “Lo que la evaluación silencia: un caso urgente, el autismo” (Barcelona, 19 de junio de 2010) y “Lo que la evaluación silencia: las servidumbres voluntarias” (Madrid, 11 de junio de 2011), que nos permitieron en su día actualizarnos acerca de cómo estaba en peligro la libertad de elección de tratamientos para el autismo y de cómo se fabricaban a gran escala las mentalidades sumisas. Pero también teníamos un trabajo con los profesionales de la Salud, de la Educación y de los Servicios Sociales, además de con los intelectuales, en cada una de las Sedes de la Escuela. Allí, en esas ciudades en las que trabajan psicoanalistas de la orientación lacaniana, resulta que llevaban años de conversaciones, de debates, de trabajo en común con esos profesionales y con los pensadores locales. Pero nunca hasta el Fórum de Sevilla habíamos puesto en serie ese gran esfuerzo local con una cita común. Pero hubo más trabajo de la contingencia en el Fórum de Sevilla. Un documental francés traducido en Córdoba (Argentina) que llega a España de la mano de Judith Miller y que los psicoanalistas que inscriben su trabajo en la Diagonal Hispanohablante de la Nueva Red Cereda y en la red de Bibliotecas de la FIBOL, acogen con confianza y ganas. Un documental muy bien pensado, en el lenguaje fílmico preciso y con una carga argumental amable y contundente a la vez, que comienza a recorrer la geografía española y que va permitiendo, poco a poco, hablar de los recortes en la subjetividad a la par que de los recortes en las prestaciones sociales.

auditorium roof, Gamal Abdalla

los más antiguos ya casi hemos olvidado; por primera vez, actos locales de masas y de inteligencia rompen la inercia de que seamos siempre los mismos; por primera vez, las propuestas de invitados a hablar en el Fórum provienen de la interpretación amable de “hacer amistades, de establecer alianzas y de ampliar los planos de la casa” (como Graciela Brodsky lo dijo en su día). Y así fue posible, poco a poco, una alta participación en los Debates a través del Blog del Fórum, ya fuera en las Cartas del Fórum, como en las Lecturas Críticas. De esa manera, la invitación a tomar la palabra fue altamente respondida: no había signos de inhibición en usarla. Y así nos plantamos en los 37 grados de Sevilla aquel sábado 2 de junio en aquella Sala con 400 sillas (como los 400 golpes de la película), con no muy buena iluminación y algún que otro leve problema de sonido. De hecho, aquel gusto por lo bien dicho y en su tiempo lógico se extendió al propio Fórum: la medida de limitar las ponencias a 15 minutos, permitió que la gente de la Sala tuviera amplias posibilidades de participar con preguntas o comentarios. Y surgieron entonces los nervios y las caras de preocupación porque, al comienzo, no hablaran los psicoanalistas.

Pero el aire de Forum, aquel aliento de rigor y frescura entrelazados, pudo con los nervios. Una corriente de gracia y salero circulaba por la Sala y decía que allí estaba pasando algo importante y que nadie se lo quería perder ni por un minuto. Y así, lo fundamental comenzaba a pasar en cada ciuY allí estábamos los psicoanalistas en minoría junto a otras dad, en cada Sede de la Escuela, en cada uno de los minorías de pediatras, educadores, profesores, trabajadores sociales, dispositivos de enseñanza del ICF… Lo fundamental juristas, psiquiatras, psicólogos, enfermeros, logopedas, psicomotricistas estaba pasando en la ciudad del deseo. Una voluntad y también intelectuales, poetas, filósofos, artistas, literatos, jóvenes decidida de ver la película junto a los colegas con los estudiantes de varias disciplinas concernidas. Sí, allí estuvimos algunas que se comparte el dispositivo público, una volunminorías (en estos temas dice Milner que las minorías importan), que de alguna tad resuelta a debatir su amplio contenido epistémanera nos sentíamos concernidos por la subjetividad de nuestra época. Aquellos mico y clínico sin por ello dar la vara con la clase a los que no nos deslumbra el fulgor de los derechos “para todos” ni la deificación de turno, una decisión explícita de bien decir sin de la técnica que produce “iguales” como los granos de arena del desierto. utilizar para ello el “tono de gran señor” como enseña JAM. Una voluntad dispuesta a dejar hablar a los colegas y a compartir con ellos los impasses: los suyos en las prácticas profesionales y los nuestros al respecto de hacer disponible a Lacan.

Apuesto a que fue una ocasión privilegiada de detenernos a observar el rostro raramente humano que el nuevo orden social está tratando de darse en esta nuestra democracia verbal. Apuesto a que el Fórum 3 ha sido un lugar de promoción del arsenal de armas necesarias para una contraofensiva que se impone, ahora, en los pequeños círculos que convienen. Apuesto Y entonces, con esa manera nueva de abordar el real a que los colegas sabrán recoger el caudal de transferencia de nuestra formación que nos tenía detenidos en la que el Fórum generó y seguirán trabajando con los admiración de la “belleza moral del lacanismo” (JAM profesionales y con los intelectuales en cada lugar. de nuevo), surgieron inventos contingentes y posibles y por tanto bien prácticos: por primera vez en muchos años, las distintas instancias y estructuras hacen algo a la vez; por primera vez, muchos jóvenes colegas que nutren las estructuras de enseñanza o acuden a las actividades de las Bibliotecas, ven que pueden hablar del saber que ellos tienen y que

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Apuesto, de hecho, por el Fórum 4. Jesús Ambel


Como prolegómeno al tercer Foro convocado por la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis bajo el título Lo que la evaluación silencia: la infancia bajo control, se proyectó en diversos lugares de la Comunidad de Madrid el documental La infancia bajo control, cuyo título se tomó prestado para dicho foro. Este documental, realizado por MariePierre Jaury, se proyectó en Francia a través del canal de televisión ARTE en abril de 2010.

La infancia bajo control  E

l documental se realizó en 2009 y sale al paso de un informe del INSERM (Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica) de Francia del 2005 titulado Los trastornos del comportamiento en el niño y en el adolescente, en el que pretendían haber llegado a la conclusión de que era posible predecir que un niño travieso o desobediente pudiera llegar a convertirse en delincuente en la edad adulta y, en consecuencia, recomendaba detectar cualquier posible alteración en su comportamiento desde la guardería para evitarlo. Entre los rasgos infantiles que permitirían reconocer al criminal del futuro están la agresividad, el cinismo, la escasa docilidad o el bajo índice de moralidad. El informe fue utilizado como base de un anteCarmen Bermúdez proyecto de ley sobre la prevención de la violencia que preveía la creación de un carné de comportamiento que serviría para realizar un seguimiento del pequeño que, en caso de no ajustarse a los criterios de normalidad del gobierno de turno, debería ser modificado con fármacos. Afortunadamente el informe y el anteproyecto de ley provocaron una revuelta de numerosos pediatras, psicólogos, psicoanalistas e intelectuales, y de muchas de sus instituciones, que acusaron al INSERM de querer promulgar la vigilancia generalizada de los más pequeños, desde la edad de 3 años, bajo la influencia de la psiquiatría conductista an-

glosajona, legitimando así una ideología “de la seguridad” que está en plena expansión. Cada proyección -en las salas de Cruce Contemporáneo, EI Las Nubes, Centro de Salud Mental de Moratalaz-Vicálvaro, Ateneo de Madrid y Caixa Forum- fue acompañada por intervenciones de diferentes psicoanalistas de la comunidad de Madrid de la ELP -Carmen Bermúdez, Vilma Coccoz, Carmen Cuñat, Ana Lía Gana, Ariane Husson, Graciela Kasanetz, Mariam Martín, Juan Pundik y Mónica Unterberger- dando lugar a animados debates entre el público asistente. En el Ateneo de Madrid contamos en la mesa presidencial, junto con nuestras colegas, con don José Esteban, escritor y miembro de la Junta de Gobierno del Ateneo de Madrid y don Pedro Esponda, científico e investigador del CSIC. A continuación haremos una reseña de aquellas intervenciones que han llegado a nuestra redacción.

CENTRO DE SALUD MENTAL DE MORATALAZ-VICÁLVARO

8 de mayo

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Eva Rivas, coordinadora del programa infanto-juvenil de dicho servicio, invitó a debatir a los asistentes, tras la proyección de la película, acerca de una ideología, que se está implantando de forma vertiginosa en diversos campos profesionales que tienen una incidencia directa sobre la población infantil y adolescente. Mariam Martín planteó que esta película nos muestra “la gestión de los recursos” y “los cuidados o la atención en este caso sobre la población infantil y adolescente” y la concepción

que esta ideología tiene de “la conducta”, “los comportamientos” y los síntomas de los niños y de los adolescentes. La generalización del uso de categorías estadísticas y consensuadas con cierta arbitrariedad, ya que muchas veces no remiten a criterios de salud o médicos, toma una consistencia de “verdad clínica absoluta” que impide realmente saber lo que le ocurre al paciente que viene a consultarnos, el profesional se encuentra con un diagnóstico cerrado con el que incluso el paciente se identifica y ya no quiere hablar de lo que le

sucede. En ese sentido se produce una forclusión de la subjetividad de niños y adolescentes pero también se pide que el profesional no ejerza su función pues, como sabemos, un diagnóstico es una “interpretación”; se le pide que sea un mero administrador de pruebas, de resultados o de medicamentos y se pretende que esa retirada de la subjetividad y de elaboración de saber sea tomado como cualidad “científica” y así asegurarnos su mayor fiabilidad.

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CRUCE CONTEMPORÁNEO

Mónica Unterberger, en su intervención en Cruce Contemporáneo, donde se proyectó el día 11 de abril, resaltó una frase del texto de presentación del Foro 3 para describir a los niños que nos presenta el documental: “rehenes del discurso cientificista, estigmatizados y medicados como futuros delincuentes o enfermos presintomáticos”. Los niños, transformados en objetos de experimentación, son observados, orientados, dirigidos, evaluados, sugestionados, engañados pero, en ningún caso, escuchados. Se considera el trastorno como aquello que debe ser erradicado y, en muchas ocasiones, medicado. Encontramos en este documental una serie de ideales de normalización y uniformización orientados por un moralismo higienista apoyado en los “criterios objetivos” y en la tecnociencia cuyo fin es el control social y sin interrogarse por lo que organiza el síntoma. El mundo que se prepara de acuerdo a estos planteamientos es un mundo en el que el ser que habla es obligado a silenciar lo que su síntoma denuncia. La medicación, avalada por la tecnociencia puede modificar, corregir, adaptar cualquier asomo de cuestionamiento. Vilma Coccoz habló de las transformaciones que se están produciendo en la civilización a causa de la llamada “revolución tecnológica” y que están afectando a lo que parecían referencias inamovibles en la conformación de nuestra realidad. Conceptos como familia, educación, transmisión, autoridad sufren una mutación sin precedentes. Lacan, a los cuatro discursos concebidos como un modo de lazo social, con una lógica de funcionamiento muy precisa, tuvo que añadir un quinto: el capitalista, al que calificó de “endiabladamente astuto”, y que tiene como especificidad haber conseguido eliminar la dimensión de la verdad. Citó unas declaraciones de Pasolini en 1975 acerca de la transformación producida por el imperio consumista: Ante un régimen “totalitario” es posible fraguar una oposición, en cambio el consumismo tiene un carácter “totalizante”, penetra sin darnos cuenta, todo lo traga y lo transforma en valores mercantiles. Esto se puede ver claramente

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en relación al término “Seguridad” que se ha convertido en un concepto absoluto, en un significante amo: “hay que mantenerse a salvo”. La consecuencia inmediata de este imperativo es eliminar aquello que perturba la supuesta seguridad. Con esto se moviliza uno de los afectos más primarios: el miedo. En este marco se comprende que la preocupación por atrapar las raíces biológicas de la delincuencia se haya extendido tan rápidamente y más si se le añade el adjetivo “científico” con el efecto hipnótico que este posee. Y los denominados “expertos” nutren sus test y protocolos con presupuestos suculentos aportados por la industria farmacológica. Gran parte de la investigación de la en otro tiempo desinteresada ciencia, sirve hoy a imperativos dictaminados por los mercados. Freud enunciaba en medio de la Gran Guerra: “el deber del viviente es conservar la Vida”, y a José Luis Sampedro, quien analizando la situación actual sostiene que hoy el dios es el Dinero, proponiendo un nuevo dios al que servir: “el deber del ser humano es servir a la Vida. Somos la vanguardia de la vida, debido a la complejidad de la que estamos hechos los seres de palabra”. Los seres de palabra somos la encarnación única de una realidad compleja que va más allá de nuestra biología. Y frente al canto de sirenas que proclama: “la raíz de la conducta es genética”, “está en el cerebro”, “es científico”, la práctica analítica ha demostrado que las dificultades y los síntomas de la infancia tienen un valor relacional y son resultado de un intento fallido de resolver un dilema existencial. Gracias a saber la causa de lo que escoge y lo que rechaza, el sujeto puede hacerse una conducta, sin tener que rendirse a oscuros dioses que dictaminan, ya desde sus primeros pasos, que su destino ha sido escrito con caracteres científicos. Nuestro deber como analistas es proteger ese derecho de los niños, su palabra, sus intentos de explorar el mundo e inventar nuevas formas de experiencia subjetiva. Y es esta es nuestra manera de proteger la vida.


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ATENEO DE MADRID

28 de mayo

El acto fue presentado por José Esteban, en su calidad de miembro de la Junta de Gobierno de dicha institución. La Escuela estuvo representada en esta ocasión por Carmen Cuñat, actual presidenta de la ELP y Vilma Coccoz, miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis que ha participado activamente en la promoción de los Foros. También estuvo en la mesa Pedro Esponda, científico e investigador del CSIC, que nos ilustró sobre la actual alianza de la investigación científica, concretamente de la biogenética, con las empresas farmacéuticas. Carmen Cuñat, que tituló su ponencia Socorrer enseñando, puso en primer lugar el acento en lo bien recibida que es en esta institución la disciplina del Psicoanálisis que Freud inventó, a la que Jacques Lacan supo darle el lugar que le correspondía y que, más adelante, otros analistas, como Jacques-Alain Miller, tomaron el relevo para, en este siglo XXI en el que el discurso capitalista se afianza, aliándose con el discurso científico, invitar a la reflexión y sacar consecuencias. A continuación habló de cómo esta invitación se ha concretado desde hace tres años, por parte de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano, que forma parte de la AMP, organizando foros de discusión en los que conversamos con educadores, artistas, sociólogos, filósofos, investigadores, científicos, etc., para

reflexionar sobre ese modo de hacer y sus consecuencias en la subjetividad. Invitó a ver y debatir este documental con el que queremos llamar la atención acerca del objetivo real que quizás se persigue a la hora de hacer uso de la infancia para predecir comportamientos con fines supuestamente preventivos pero que, sin duda, no son ajenos a la propagación y el abuso de la medicación en la infancia. Y, finalmente, tomó el lema que ha guiado desde sus inicios a la institución que nos acoge hoy: “Socorrer enseñando”, con el que los psicoanalistas de orientación lacaniana no podemos hacer otra cosa que solidarizarnos. Vilma Coccoz, en su ponencia Pero no islas comenzó hablando de la importantísima contribución que supuso el Psicoanálisis en los grandes cambios del siglo XX en el campo de la educación y que conllevaron, por ejemplo, la erradicación de castigos y abusos. Fueron los psicoanalistas los que alertaron acerca de la influencia decisiva de los primeros años en la formación de las personas. A continuación Vilma fue haciendo una lectura textual de las ideas de Freud en Nuevas lecciones de Introducción al Psicoanálisis, acerca de la “misión primera de la educación” que no sería otra que la de acompañar este complicado recorrido de nuestros primeros años de vida que Lacan denominó “experiencia de infancia”. Dice Freud “El niño debe aprender a dominar sus pulsiones (…) vitales para el despliegue de la subjetividad (….) pero, a la vez, estas muestran su carácter ineducable, su vertiente, muchas veces dañina del lazo social, por ser, las pulsiones, esencialmente crueles y egoístas”. Vilma puntualiza que los adultos tienen que proteger a los niños de los daños exteriores, pero sobre todo de “los peligros internos” motivados por los impulsos de autodestrucción que comportan las pulsiones hasta alcanzar un estatuto civilizado. Continúa diciendo: “La educación tiene que buscar el camino entre el escollo de dejar hacer y el escollo de la prohibición (…) Se tratará de decidir cuánto se puede prohibir, en qué épocas y con qué medios”.

circus, Mary Ellen Mark

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Pero, nos alerta Vilma, de que, a pesar de que creíamos que podíamos estar

tranquilos con los avances realizados (incluso en 1959 se promulgó la Declaración de Derechos del niño), pero la pesadilla tecnocientífica nos ha despertado. Los llamados “expertos en salud mental” han conseguido imponer una nueva figura de la niñez culpable, fuera de control, ineducable, inaccesible a la autoridad. Se requiere que sus excesos sean “tratados” con química para influir en su cerebro cuanto antes y con la finalidad de “evitar daños mayores en el futuro”. Denomina “broma amarga” el que los llamados a proteger la vida puedan llegar a convertirse en los artífices de su destrucción. En lo que respecta a la utilización de medicamentos para tratar los “trastornos de conducta” los entiende, con palabras de Lacan, como una nueva forma de “coacción del adulto sobre el niño”. Lacan, en cambio, supo ver en tales “excesos” infantiles, en la tensión agresiva con los semejantes, en la rivalidad, envidia o celos, el arquetipo de la socialización, una de las vías de formación del ser. Cita a Lacan en Los complejos familiares: “El psiquismo se constituye tanto a través de la imagen del adulto como contra su coacción: este efecto opera mediante la transmisión del Ideal del yo”. Él entendía que en la distancia entre el adulto y el niño, en la autoridad que puede ejercer una generación sobre la siguiente, anida el germen de la subversión creadora. Actualmente, ejerciéndose sólo la coacción puede llegar a ser el germen, sí, pero de un fin anticipado. La psicología y la pedagogía, unidas a la bioquímica, cierran las preguntas, eliminan los enigmas que representan los síntomas; así se consigue ahogar la ambición infantil casi desde la misma cuna. Concluye diciendo que los niños no son islas, no pueden formarse separados de nosotros, dependen de nuestros deseos, nuestras palabras y nuestros actos. De nuestra íntima convicción de no ser, nosotros, islas depende que podamos reunir fuerzas para frenar este pernicioso delirio cientificista para cuidar de nuestros niños y jóvenes, velando por su derecho a no entrar en las casillas de la ideología evaluadora.

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CAIXAFORUM

Finalmente se cerró esta serie de proyecciones del documental, previas al Foro, con la que se realizó en Caixaforum de Madrid el día 30 de mayo.

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ciudadanos las usan haciéndose eco de un discurso cientificista que se sirve del marketing y la evaluación.

La intervención de Ana Lía Gana partió de una pregunta ¿Qué concepción se tiene en la sociedad actual de la infancia? Y la respuesta apuntó a que esta concepción estaba sostenida por la connivencia entre el discurso capitalista y el cientificista. Es lo que se puede apreciar en el documental.

Cada época tiene una manera de pensar la infancia y el control de ésta ha estado en cada una de ellas. Anteriormente, por ejemplo, se apelaba a las figuras de los cuentos y personajes de ficción para provocar en ellos el miedo que los aquietara. Pero esas ficciones pertenecientes al mundo simbólico han caído y con ellas la autoridad.

Según plantea Ana Lía, vivimos en una sociedad poblada de siglas (TOC, TDH, TDA, etc) que aplican los “expertos” y los

Actualmente hemos pasado de la ficción simbólica a una ficción real, donde la supuesta amenaza son los niños que

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pueden devenir seres peligrosos. El malestar de los niños y jóvenes es nombrado, por el discurso dominante de las políticas sanitarias, como trastornos; niños trastornados. Ante esto Ana Lía se pregunta de forma retórica ¿No será el experimentador con su acto, con su injerencia en lo subjetivo, con premisas reduccionistas, falseando la naturaleza de su objeto, el que trastorna al niño? Continúa hablando de la sociedad de vigilancia en la que vivimos y esta observación y control de los niños sería parte del momento actual.


The car I never had, Dimitri Castrique

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Jacques-Alain Miller dice que el niño es un sujeto supuesto saber y hay que darle un lugar, permitiéndole que despliegue ese saber para dar cuenta de lo que dice con su síntoma: que algo no va bien, referido a la relación parental, a la existencia o al sexo. Por eso habría que restituir el lugar del saber del niño para lo cual el discurso analítico le da la palabra, respeta su palabra como sujeto de pleno ejercicio. En el discurso analítico se trata al niño traumatizado por el Otro, trastornado por el Otro, se trata a ese Otro del niño para que pueda inventar una manera más digna de lazo social. También en Caixa Forum intervino Juan Pundik, transmitiendo parte del trabajo que viene realizando en relación a la medicalización de la infancia. Comienza su intervención resaltando como los DSM, de los que se habla

ampliamente en el documental, se refieren a todo tipo de situaciones o sentimientos cotidianos como, por ejemplo, crisis espirituales o conflictos familiares o conyugales, describiéndolas como trastornos y, por tanto, susceptibles de ser tratados mediante técnicas cognitivo-conductuales y/o medicados. Para las neurociencias a cada trastorno le correspondería su detectable y comprobable molécula. La etología, la neurobiología y la genética se dedican a investigar las causas fisiológicas de los comportamientos “antisociales”. Cita a Skinner, uno de los padres del conductismo, que alegó que “la libertad es un lujo que la sociedad no puede permitirse” y en Walden 2, dijo: “Podemos lograr un tipo de control bajo el cual las personas controladas, aunque estén siguiendo un código inimaginable en el sistema antiguo, se sientan, a pesar de todo libres. Están haciendo lo que quieren, no lo que se les obliga. Es la fuente del tremendo poder del refuerzo positivo: no hay restricción y no hay rechazo”.

las terapias cognitivo-conductuales, continúa argumentando que a través de medicar al 20% de la población infantil se trata de eliminar la subjetividad, su derecho al malestar. Invita a asistir al Foro 3 como un modo de generar opinión en relación a la medicación generalizada y al control de la infancia. Propone el psicoanálisis como el reducto de la intimidad y libertad individuales a través de una conversación de dos en la que no caben videocámaras, grabadoras de voz, terceros observadores ni informes sobre ello. Los psicoanalistas, frente al pretendido y proclamado falso saber del discurso cientificista, nos colocamos en la humilde y docta ignorancia reclamada por Lacan y ese no saber nos obliga a escuchar a cada niño y a conocer las causas de sus conductas, uno por uno. En cada una de las ocasiones en las que nos reunimos con los asistentes a la proyección del documental se generó un animado y participativo coloquio.

Tras esta cita que ilustra a qué conducen

RECTIFICACIONES Y CORRECCIONES En el número anterior de la revista la Redacción cometió un error en la identificación de Dolores Castrillo, autora del artículo La histeria ayer y hoy. En su Biografía debe decir: AP., Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano –NUCEP. Catedrática de Filosofía I.B. Profesora de Psicología de la Personalidad, Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Email: dolorescastrillo@telefonica.net

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Por otro lado, Vilma Coccoz nos ha hecho llegar una modificación relativa a un párrafo de su texto A Ciascuno il suo sinthomo. En la pág. 19, donde dice “El síntoma neurótico es una formación de compromiso porque implica, por un lado una renuncia a las necesidades del discurso…”, debe decir “El síntoma neurótico es una formación de compromiso porque implica, por un lado una renuncia coherente con las necesidades del discurso…”.

La Redacción

página siguiente imágen : Aqua building, Lauren Defilippo

Cita a Javier Peteiro que habla del reduccionismo ontológico al que se ve abocado el cientificismo. Y en esta locura cientificista en la que no hay lugar para lo imposible se encuentra el niño.


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TESTIMONIOS | ENSEร‘ANZAS | CONVERSACIONES

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Transferencia e institución*

Textos: Manuel Fernández Blanco Imágenes: Andrés Borderías y Gabriela Medin *Exposición realizada en el Seminario Fundamental de la Sección Clínica del Campo Freudiano de Milán el 19 de febrero de 2011.

1. La transferencia en la cura analítica que un psicoanalista dirige en su consultorio, en algunos casos hasta su final lógico.

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2. La transferencia en las instituciones de salud mental. 3. La transferencia en los centros de psicoanálisis aplicado. Cuando hablamos de transferencia tenemos una única fórmula: el algoritmo de la transferencia, tal como lo establece Jacques Lacan, en su “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”.1 Como ha destacado Jacques-Alain Miller, “Desde la entrada, ningún análisis se parece a otro. Hay una variedad empírica que podemos abocarnos a describir en detalle. Pero al mismo tiempo, si nos distanciamos de ella para captar la estructura del comienzo, no es falso decir que los análisis comienzan siempre del mismo modo. En este punto hay un acuerdo entre los analistas, un acuerdo que parece maravilloso y que consiste en decir que los análisis comienzan siempre por la transferencia”.2 ¿Por qué alguien va a ver a un analista? Porque se conmociona la rutina en la que se mantenía en su realidad cotidiana, pues ha habido un encuentro con lo real no asimilable por el fantasma del sujeto. Toda entrada en análisis de un sujeto neurótico -no es lo mismo en la psicosis- supone la quiebra de su seguridad fantasmática.

página siguiente imágen : Annish Kapoor, Londres, por Gabriela Medin

T  

odos los análisis comienzan por la transferencia Buenos días, quiero agradecer la invitación de la Sección Clínica de Milán del Instituto Freudiano por la ocasión que me ofrece de trabajar hoy con ustedes. Se me ha encargado un tema muy querido para mí, porque soy un psicoanalista que, al mismo tiempo que ejerzo mi práctica en mi consultorio, trabajo desde hace más de 25 años en una Unidad de Salud Mental en un hospital y también he tenido la fortuna de fundar con otros colegas la Clínica del Campo Freudiano en La Coruña. Además he tenido una participación activa en la creación de los CPCT en España. Todo esto me ha empujado a reflexionar sobre las posibilidades y los límites del psicoanálisis en las instituciones públicas y también sobre las especificidades del tratamiento psicoanalítico en los centros de psicoanálisis aplicado. Si en el trabajo que desarrollaremos hoy queremos situarnos a partir de los fundamentos, tenemos que partir de la definición de la transferencia, por eso he dividido mi exposición en tres partes:


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El fantasma es la matriz de toda significación a la que el sujeto tiene acceso. Por lo tanto, siempre que hay una quiebra del fantasma, hay una quiebra del sentido. El sujeto que ha perdido el sentido, busca restaurarlo. Esto es lo que lleva a un sujeto a hacer una demanda a un analista. No porque antes no tuviera un síntoma, porque no hay sujeto sin síntoma, ya que el síntoma es la invención necesaria de cada sujeto para hacer existir la relación sexual que no existe. Decir que un síntoma es soportable, es decir que lo real se soporta. Es decir que es un estado del síntoma acorde con el fantasma. Entonces el síntoma habla aquí del éxito terapéutico del fantasma, de un goce que puede ser domesticado por el principio del placer, por la maquinaria del fantasma que cierra el inconsciente. El síntoma analítico es el resultado de un tropiezo contingente que desestabiliza el fantasma. Pero sólo no dejándolo callar se puede sostener una apuesta de curación. Por lo tanto, para sostener una demanda de análisis, es necesaria una primera pre-interpretación del síntoma por parte del sujeto, algo que le permita entender que el síntoma no se sitúa en el puro orden médico. Así, al principio está la transferencia, no la demanda de análisis. La transferencia implica ya una pre-interpretación del síntoma por parte del sujeto, que permite que ese síntoma sin sentido busque su complemento de sentido en la figura del analista. Para esto el síntoma tiene que estar auxiliado por el enigma. En este sentido, tal como ha señalado J.A. Miller 3, los análisis comienzan como las psicosis: van del enigma a la interpretación. El sujeto psicótico, cuando debuta su psicosis, sufre de una experiencia enigmática. Todo tiene sentido, un sentido referido a él, al sujeto, pero es un sentido enigmático. Aunque por supuesto el enigma del que se trata y el sentido son completamente diferentes de aquellos implicados en el síntoma neurótico. En el caso de las psicosis, la respuesta al enigma es el delirio, la interpretación delirante. Y en el caso de las neurosis, el enigma que el síntoma comporta, remite a la verdad reprimida. El problema actual es que para muchos sujetos el síntoma se presenta sin enigma. Es un síntoma respuesta, no es un síntoma pregunta, por lo que nos vemos con frecuencia obligados a inyectar sentido para posibilitar el inicio de un análisis. El encuentro con un analista permite esta sintomatización. Esto fue adelantado por Lacan al

“El síntoma analítico es el resultado de un tropiezo contingente que desestabiliza el fantasma” afirmar que la culpa tenía los días contados porque el sentimiento de culpabilidad está ligado a la deuda simbólica 4 . Solo por la culpa el sujeto neurótico sintomatiza el goce. Esta es una de las dificultades que encontramos para el tratamiento de la anorexia restrictiva, porque el sujeto anoréxico se siente culpable si come, no si deja de hacerlo. Y solo la culpa permite sintomatizar el goce. Nos dice Lacan en ese momento que el destino ya no es nada, ha muerto. Y si el dios del destino está muerto, sólo queda el sinsentido como forma de estar en el

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mundo. Por lo tanto la desgracia no se significa como deuda a pagar, incluida en el destino. Hay una ruptura con la tradición, con la historia y la deuda simbólica. El “menos” de culpa se transforma en un “más” de angustia, que no es un síntoma. Recordemos a Freud en Inhibición, síntoma y angustia. Cada vez encontramos más dificultades para implementar el significante de la transferencia, la demanda al analista, como modo de intentar restituir un estatuto simbólico al síntoma, condición necesaria para desarrollar la neurosis de transferencia. Decir: “Tengo ansiedad, no duermo bien”, no es un síntoma analítico. Un síntoma analítico es algo sobre lo que el sujeto va a hacerse la pregunta que le permite iniciar un análisis. Un síntoma analítico puede ser: “No encuentro más que hombres que me abandonan”. Como dice Lacan: “En el análisis, la que trabaja es la persona que llega verdaderamente a dar forma a una demanda de análisis. A condición de que ustedes no la hayan colocado de inmediato en el diván, caso en el cual la cosa está ya arruinada. Es necesario que esa demanda haya adquirido forma antes de que la acuesten”.5 Es necesario trabajar en las entrevistas preliminares contra la opacidad inicial del sufrimiento para concretarla en un síntoma y ver si el sujeto consiente o no en buscarle significado. Esto es la puesta en forma del síntoma. Solamente si la queja se abre a una pregunta, en la que el sujeto se compromete, podríamos hablar de entrevistas preliminares ya que este carácter sólo lo adquieren après-coup. Al principio está la transferencia y el recorrido de un análisis no es otro que el de la transferencia. Tenemos dos vertientes de la transferencia: una vertiente que es lectura, que se corresponde con la vertiente mensaje del síntoma, con el querer decir del síntoma, aquello que de la represión hace lenguaje. Esto es lo que se puede leer, por eso en el epílogo del Seminario XI Lacan afirma que el inconsciente es un texto que se lee.6 Lo único que se pide en un análisis al paciente es que practique la asociación libre, lo que es difícil, no basta formular la regla fundamental para que el sujeto la siga. El estatuto de la asociación libre va cambiando en el curso de un análisis. Si en un primer momento permite la producción del inconsciente, en el momento del pase clínico se trata de un nuevo estatuto de la asociación libre que el inconsciente no sujeta más. Entonces, el analista propone la asociación libre, el analizante asocia, el analista interpreta. El analizante espera el sentido del analista y el analista, si es lacaniano, no da mucho sentido. Al inicio da un poco más para permitir el establecimiento de la transferencia, después no dará sentido y es esa demanda de sentido, que el analista no da, la que mantiene la demanda analizante. Esta posición del analista, como Otro de la demanda, es lo que ha llevado a confundir a los post-freudianos repetición y transferencia, en la medida en que consideraban que el analizante realizaba una regresión y trasladaba sus demandas no satisfechas a la figura del analista. Pero la regresión se produce exclusivamente en el plano significante, es la regresión a los significantes de la demanda primordial, no se trata de pensar que se le pide al analista que acune al sujeto.


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Tenemos entonces que el síntoma analítico se sitúa en participa también del Discurso Universitario, porque lo la encrucijada entre verdad y real, es un síntoma bajo que el Amo no domina a través de las identificaciones, el transferencia que participa, según ha desarrollado psiquiatra trata de dominarlo con el saber. Aquí tienen J.A.Miller 7, del mismo estatuto equívoco del síntoma. su lugar las utopías preventivas, pilar ideológico básico Transferencia ya definida por Freud como motor y obstá- de la Salud Mental, que postulan que si el sujeto sabe culo de la cura al mismo tiempo. Este estatuto equívoco más, enfermará menos. común al síntoma y a la transferencia nos lleva a plantear las vías por las que el síntoma de transferencia, tal como “Un analista en la institución, lo ha denominado Miller en su curso lo quiera o no, se autoriza en la Donc 8, supone un modo particular de institución, no de sí mismo” satisfacción de la pulsión en el análisis y por la transferencia. Por eso decíamos que hay una vertiente mensaje de la transferencia, y una vertiente goce, libidinal, de Para Freud no hay prevención posible, porque no es evila transferencia, dado que la pulsión se satisface en el table el trauma de la no relación sexual. Si el encuentro análisis, en la transferencia misma. con lo sexual es traumático, ninguna educación sexual evitará este mal encuentro, así que la prevención en el La transferencia en las instituciones de salud mental campo de la salud mental es una imposibilidad lógica. Freud expresó inicialmente su optimismo respecto Trabajo en una unidad de salud mental de un hospital. del valor que un cambio en la moral sexual podría tener Desde esta unidad se realiza la interconsulta hospitala- en relación a la prevención de la neurosis. Este es el caso ria y se atiende a la población que se nos ha asignado por de sus artículos La ilustración sexual del niño 10 de 1907, parte de las autoridades sanitarias. Cumplimos una fun- y La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna 11 ción interna, en el hospital, y al mismo tiempo de con- de 1908. Si comparamos la tesis de estos artículos con las sulta externa. El trabajo que yo realizo allí me interroga que podemos leer en Nuevas lecciones introductorias al muchas veces. Algunos psicoanalistas, médicos de profe- psicoanálisis” 12, de 1932, veremos que Freud renunció a sión, han resuelto las dificultades que puede plantear el toda ilusión en relación a las ventajas de una educación trabajo en institución posicionándose como psiquiatras. exenta de los límites impuestos por una moral coercitiva, El recurso a la medicación puede favorecer esto. Como que evitara los padecimientos neuróticos y consiguiera no soy médico, no estoy expuesto a esa tentación. Pero una armonía del sujeto con el mundo. La armonía es el también muchos psicólogos clínicos, sometidos a las preideal de la Salud Mental resumido por la Organización siones del orden institucional, pueden acabar realizando Mundial de la Salud como el “completo estado de bienuna función de educadores, o de trabajadores sociales. estar biológico, psicológico y social”. Esto se plantea porque la noción de Salud Mental Jacques-Alain Miller, en su primera conferencia sobre emerge del Discurso del Amo. Aquel que define los cri- Patología de la Ética, dice: “El psicoanalista no es un traterios, que se pretenderían universales, de bienestar bajador de la salud mental. En cierto modo, el secreto del y propone al sujeto las identificaciones precisas para psicoanálisis es no concebir la salud mental en oposición que pueda encontrar su lugar como ser social. El sujeto a lo patológico médico; no se trata de armonía del sujeto supuesto por el Discurso del Amo es el sujeto del dere- con su ambiente, con su organismo, porque el concepto cho. Nuestros pacientes tienen derecho a restablecer el mismo de sujeto impide pensar su armonía con cualquier equilibrio perdido. Son “desequilibrados” que debería- cosa del mundo. Ese concepto es inarmónico con la realimos equilibrar para su buen funcionamiento. Es decir, dad. El analista no puede proporcionar salud mental”. 13 nosotros somos los receptores del fracaso del Discurso Sin embargo, se escucha hablar del psicoanálisis en la del Amo. Este fracaso se expresa en lo que del sujeto institución, habitualmente referido a casos de pacientes escapa al dominio de las identificaciones propuestas psicóticos o de niños. Pareciera que, en estos casos, el para que todo marche bien. Como receptores del fracaso dispositivo institucional no planteara tantos problemas del Discurso del Amo estamos llamados a reabsorber los para el trabajo del psicoanalista, y es debido a que ni efectos del malestar en la cultura. con los niños, ni con los psicóticos, está en juego el fin La curación, en la ideología de la Salud Mental, de análisis. implica favorecer la readaptación de ese individuo con¿Qué ocurre cuando un neurótico se dirige a nosotros forme a los criterios de bienestar que debería aceptar en un servicio de salud mental? En primer lugar está como buenos cualquier “persona sana”. Entre esos crite- la vía de entrada al dispositivo, que habitualmente no rios, la aptitud para el trabajo está privilegiada. También, difiere de cualquier otra demanda a un médico: “Estoy como definió Miller en Salud mental y orden publico 9, mal, cúreme”. Son los propios médicos los que suelen la capacidad para circular, para ir y venir. Porque resulta derivar a los pacientes, lo que establece una continuimuy inquietante cuando un sujeto deja de circular y no dad en el orden médico. Les dicen que vengan a nuestra sale de su casa. Unidad donde hay un equipo que puede atenderles. En También somos receptores en el hospital de los restos general, el paciente que acude a salud mental no sabe que produce el discurso médico: pacientes rebeldes al con quien se va a encontrar. No busca a un psicoanalista, tratamiento, aquellos que se quejan “sin tener nada”, etc., lo encuentra. Este encuentro con un psicoanalista anóque son derivados a Salud Mental. Pero la ideología de nimo no es el resultado, en general, de una demanda del la Salud Mental no se nutre solo del Discurso del Amo, paciente, la demanda es a la institución y el psicoanalista

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se autoriza de la institución y de su título académico que le permite desempeñar el trabajo. Normalmente no ha sido contratado como psicoanalista, sino como psicólogo o como psiquiatra. La particularidad es precisamente lo que resulta borrado por la institución de salud mental, que viene al lugar de la particularidad misma. El significante “salud mental” es un significante universal que viene al lugar del significante particular y que determina la elección del analista cuando se trata de una demanda de análisis. Recordemos el algoritmo de la transferencia elaborado por Lacan: S —————→ Sq _____________ s (S1, S2, … Sn) “En la primera línea tenemos el significante S de la transferencia, es decir de un sujeto, con su implicación de un significante que llamaremos cualquiera, es decir, que solo supone la particularidad”.14 Haciendo obstáculo a la particularidad, la institución la sustituye por el significante de la Salud Mental. Esta es una dificultad para el comienzo de un análisis en la institución, pero el analista tiene un margen de maniobra que en algunos casos puede permitirle al paciente subjetivar su síntoma, desplazándolo del puro orden médico. Sin este primer paso en el que el paciente entiende que tiene que ver en lo que le pasa, nada podría hacerse en el sentido analítico. Hay un segundo momento en el que el analista debe ser particularizado, no estar completamente resumido en el equipo o en la institución para dar lugar a la posibilidad de una transferencia analítica. La institución condiciona pero no totalmente. En mi caso, la libertad institucional de maniobra es amplia para acordar el número de citas, frecuencia y duración de las sesiones, etc. Uso de esa libertad que creo me ha permitido posibilitar el inicio de análisis en la institución. Obviamente no todos los casos permiten esto, pero tampoco en mi consultorio privado todos los casos dan lugar a un análisis. Me parece que la dificultad principal no está al inicio. El problema no es empezar, sino terminar. Si hay un analista que pone en juego el deseo del analista y lo hace operar en la transferencia, es posible iniciar un análisis en la institución, pero no terminarlo. Por dos motivos. Uno, el paciente no paga. El otro, todavía es

“Nosotros somos los receptores del fracaso del Discurso del Amo” más decisivo: la institución no permite la des-suposición del saber. Porque, en la institución, la des-suposición del saber adquiriría el valor de fraude. Vamos primero con el pago. Recordemos a Freud cuando, en su artículo La iniciación del tratamiento de 1913, dice que el analista no niega que en la valoración de la cuestión del dinero intervienen poderosos factores sexuales: “El hombre civilizado actual observa en

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las cuestiones de dinero la misma conducta que en las cuestiones sexuales, procediendo con las misma doblez, el mismo falso pudor y la misma hipocresía. Por su parte, el analista no está dispuesto a incurrir en iguales vicios, sino a tratar ante el paciente las cuestiones de dinero con la misma sinceridad natural que quiere inculcarle en cuanto a los hechos de la vida sexual, y de este modo le demostrará ya desde un principio haber renunciado él mismo a un falso pudor” 15. Añade: “Es bien sabido que la baratura de un tratamiento no contribuye en modo alguno a hacerlo más estimable a los enfermos” 16. Y más adelante: “El tratamiento gratuito intensifica enormemente algunas de las resistencias del neurótico; por ejemplo, en las mujeres jóvenes, la tentación integrada en la relación de transferencia, y en los hombres jóvenes, la rebeldía contra el deber de gratitud, rebeldía procedente del complejo del padre y que constituye uno de los más graves obstáculos a la influencia terapéutica. La ausencia de la compensación que supone el pago de honorarios al médico se hace sentir penosamente al enfermo; la relación entre ambos pierde todo carácter real y el paciente queda privado de uno de los motivos principales para atender a la terminación de la cura” 17. Freud culmina diciendo: “lo más costoso en esta vida es la enfermedad… y la tontería” 18. Lacan, en La Dirección de la Cura, cuando habla de la “transferencia primaria y el amor en el que a veces se declara” escribe: “Pues si el amor es dar lo que no se tiene, es bien cierto que el sujeto puede esperar que se le dé, puesto que el psicoanalista no tiene otra cosa que darle. Pero incluso esa nada, no se la da, y más vale así: y por esa nada se la pagan, y preferiblemente de manera generosa, para mostrar bien que de otra manera no tendría mucho valor” 19. El analista paga con sus palabras, en tanto interpretaciones, y con su persona, en tanto la ofrece de soporte de la transferencia. Cuando un sujeto es atendido y no paga, se sitúa fácilmente en la posición de amado y esto opera como resistencia en la cura, impide salir del amor, ir más allá. Es decir, que el amor de transferencia donde es interminable es en la institución. Cuando se critica al psicoanálisis puro por su larga duración y la sujeción a la dependencia amorosa, hay que saber que el amor eterno es el amor en la institución. Puede establecerse una relación de amor de transferencia en la institución y, como se pone en juego un dispositivo de palabra, se pueden producir desplazamientos del síntoma que supongan un efecto terapéutico. Estaríamos ante los beneficios terapéuticos de un psicoanálisis que no se puede terminar en el marco institucional. Pero lo que no se paga en dinero se paga en goce del síntoma. Pagar permite una separación de la verdad del síntoma de su dimensión de goce; esto no se opera nunca en el marco institucional. Además está siempre presente el riesgo de que el síntoma no pueda ubicarse en su dimensión de verdad, sino en la dimensión de la salud. Por otra parte, el Otro que presentifica la institución es un otro sin falta. El final lógico de un análisis pasa por asumir que el Otro es inconsistente, por la dessuposición de saber del analista. Es imposible la dessuposición de saber del analista en la institución porque la institución lo mantiene. La institución instituye. Un


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Mujer Pez, Catania, Sicilia, Andrés Borderías

analista en la institución, lo quiera o no, se autoriza en la institución, no de sí mismo. La institución no permite la caída del Sujeto-supuesto-Saber. La modalidad del no-saber en el marco institucional revestiría la forma de fraude. La institución mantiene reservado el lugar del saber, por eso en las instituciones se hacen nombres y las transferencias, cuando se establecen, pueden ser eternas y pasar de padres a hijos, como los agradecimientos. Las insignias institucionales se acomodan fácilmente a un uso social de un supuesto saber garantizado. Yo mismo... me he presentado hoy aquí con esas insignias para autorizarme a hablar de este tema. A través de estas insignias se me supone una competencia... Ciertamente, no es la competencia que yo valoro más. He recibido cartas de pacientes, ya dados de alta, que eran cartas de amor bajo la forma de agradecimiento. Esto nunca me ha pasado con mis pacientes “privados”. El orden institucional no permite un final de análisis en la institución ya que el orden institucional se opone a la lógica del final. En ocasiones algunos pacientes inician un análisis en la institución y lo prosiguen fuera, en los demás queda el efecto terapéutico, que no es despreciable. Es mucho mejor encontrar a un analista en la institución que a un terapeuta conductista o un psiquiatra biologicista. Tampoco es despreciable otro efecto de transferencia en la institución. El de los trabajadores de la salud mental

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con el psicoanálisis. Este efecto permite que el virus de la palabra no sea completamente eliminado de la práctica y de la formación. La presencia de los psicoanalistas en la institución permite un efecto de delimitación a través de las presentaciones clínicas y de enfermos, así como de las actividades de formación general. Es otro efecto de transferencia, en este caso, al psicoanálisis mismo. La transferencia en los centros de psicoanálisis aplicado Un último apartado, sobre la transferencia en las instituciones asistenciales psicoanalíticas. Siguiendo a Miller cuando formula que “...se puede hacer que el encuentro con el psicoanalista no tenga precio para un sujeto, incluso si es un caso de psicoanálisis imposible” 20, tratamos de explotar el equívoco que ese “no tenga precio” introduce. Si “no hay contraindicaciones al encuentro con el psicoanalista” 21, se trata de asumir la responsabilidad que los psicoanalistas lacanianos tenemos. Debemos evitar recluirnos en el posible confort de nuestras consultas y ofrecer, en la ciudad, una respuesta propia al malestar de los sujetos contemporáneos. ¿Qué debemos pensar para una institución psicoanalítica del campo freudiano? En primer lugar, la actividad debe desarrollarse en un local que sea la sede de la institución. La referencia


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Annish Kapoor, Londres, Gabriela Medin

material a un espacio propio es importante. Sabemos que otra modalidad son las redes asistenciales donde los psicoanalistas reciben a los pacientes en sus propios consultorios, pacientes provenientes de la red, a bajo costo. Pero el tener como referencia un local, una ubicación material, evita ambigüedades. Este local puede ser compartido con otras instituciones analíticas, pero tiene que ser un lugar material, concreto. ¿A qué se articula la demanda en los centros de psicoanálisis aplicado, en nuestras instituciones? Se articula al psicoanálisis mismo, no a un psicoanalista en concreto. En nuestros dispositivos no se elige al psicoanalista, se elige el psicoanálisis. Esto presupone ya una pre-interpretación respecto del síntoma. Porque, como dice Miller, “el lugar, como tal, pre-interpreta” 22. El psicoanalista es asignado entre los miembros del equipo, pero no lo elige el paciente. En cuanto a la función asistencial, se trata de psicoanálisis aplicado a la terapéutica. Recordemos las palabras de Freud que, ya en 1918, decía: “Supongamos ahora que una organización cualquiera nos permita aumentar de tal modo nuestro número que seamos ya bastantes para tratar grandes masas de enfermos... Se nos planteará entonces la labor de adaptar nuestra técnica a las nuevas condiciones... Asimismo, en la aplicación popular de nuestros métodos, habremos de mezclar quizá el oro puro del análisis al cobre... Pero, cualesquiera que sean la estructura y composición de esta psicoterapia para

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el pueblo, sus elementos más importantes y eficaces continuarán siendo, desde luego, los tomados del psicoanálisis propiamente dicho, riguroso y libre de toda tendencia” 23. Nuestros dispositivos funcionan, de algún modo, como éxtimos de la salud mental. Representan una alternativa psicoanalítica en el campo mismo de la salud mental, pero en una relación de exclusión interna. De algún modo, somos una respuesta al malestar en la salud mental. Algunos pacientes nos son enviados cuando el objetivo de adaptación, que la salud mental persigue, ha fracasado. En nuestros centros encuentran una respuesta diferente, que no persigue la adaptación a ningún ideal de bienestar preestablecido. No prometemos la salud, ofrecemos la posibilidad del psicoanálisis. En algunos casos, se puede ir bastante lejos. En otros, la intervención no puede ser muy ambiciosa. Es la intervención posible cuando, siguiendo a Miller, un psicoanálisis, en sentido estricto, es imposible: “En un caso se aflojan las identificaciones ideales cuyas exigencias asedian a un sujeto. En el caso en el que el yo sea débil, se intenta extraer de los dichos de un sujeto algo con lo que consolidar una organización viable. Si el sentido está bloqueado, se intenta articularlo, hacerlo fluido, introducirlo en una dialéctica. Si el sentido se desliza sin detenerse en ninguna significación substancial, se intentan instalar puntos de detención, puntos de capitón, como solemos decir, que darán al sujeto un armazón de sostén” 24.


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La experiencia que tenemos en la Clínica del Campo Freudiano de La Coruña, y en los CPCT, nos demuestra que los efectos terapéuticos son importantes. En las psicosis no desencadenadas, utilizamos la transferencia como medio de sostén del sujeto. Cuando el desencadenamiento se ha producido, buscamos favorecer la estabilización posible. En los casos de neurosis, buscamos promover el efecto de división subjetiva que permita un cambio de discurso y la transferencia analítica. Ya que, si la transferencia está siempre –existe la transferencia no analítica- no sucede lo mismo con el inconsciente. De este modo, desplazamos el síntoma del puro orden médico, evitando la des-responsabilización del paciente y posibilitando la subjetivación de ese “cuerpo ajeno” como algo que le concierne. ¿Cómo se articula el algoritmo de la transferencia en nuestros dispositivos? En todos los casos, el significante de la transferencia, el síntoma, la enfermedad, no se articula a una promesa de salud mental, se articula al psicoanálisis. El psicoanálisis se ofrece como complemento al síntoma. El psicoanálisis mismo, viene al lugar del significante cualquiera (Sq) del algoritmo de la transferencia, una vez desalojado de ese lugar el significante salud mental. En el psicoanálisis puro, al lugar del significante cualquiera viene el rasgo que el analizante atribuye al analista, lo mas particular de sí mismo proyectado en el analista. Se trata de una particularidad que se desprende al final del análisis como la diferencia absoluta. En el caso de la salud mental, el significante cualquiera es sustituido por el significante salud mental. Que no es un significante particular, sino universal. Es la salud para todos. Es ahí que un psicoanalista que trabaje en una institución de Salud Mental, tiene que introducir: “no sin la locura de cada uno”, para descompletar el universal de la salud mental con la locura particular. Locura entendida no solo como disfuncionamiento, sino como respuesta, como invención, con la que el sujeto deberá intentar hacer algo más que sufrirla. En nuestras propias instituciones, el significante cualquiera es sustituido por el psicoanálisis mismo. El psicoanálisis es una experiencia de lo particular, lo que introduce una diferencia fundamental con la Salud Mental. Vemos entonces que existen tres formas posibles de pensar la transferencia analítica en función de la posición que ocupa el analista en su consultorio, en los dispositivos de salud mental, o en las instituciones de psicoanálisis aplicado. El psicoanalista, independientemente del lugar desde dónde opere, como complemento del síntoma, puede permitir al paciente hacer la experiencia del inconsciente y encontrar la lógica de sus decisiones y de su posición en la vida. Es el modo de perturbar la repetición y posibilitar una apertura al deseo ya que, como dice Miller, “Lo que es terapéutico, en la operación analítica, es el deseo. En cierto sentido, el deseo es la salud. Contra la angustia, es el remedio más seguro. La culpabilidad se debe fundamentalmente a una renuncia al deseo” 25. En esta orientación se desarrolla la experiencia de nuestras instituciones de tratamiento que representan una alternativa cívica, una invención, para favorecer que el psicoanalista se proyecte más allá de su consulta privada. Psicoanalista siempre, porque el psicoanalista se define por su acto, pero un psicoanalista disponible, capaz de sostener en su medio el derecho al psicoanálisis.

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Comprobamos que es posible crear instituciones propias que nos permiten hacer valer el enorme peso teórico y clínico que la Orientación Lacaniana nos proporciona. Además, nuestros dispositivos asistenciales cumplen una función de enseñanza y de investigación y posibilitan el acceso a una experiencia clínica, controlada, a psicoanalistas en formación. Comprobamos que es posible crear dispositivos, humildes, pero que permiten sostener un lugar en lo público para el psicoanálisis lacaniano. Revisión y Correcciones: Gabriela Medin y Carmen Bermúdez

EL AUTOR Manuel Fernández Blanco. A.M.E. Psicoanalista en A Coruña. Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano. Director de la Clínica del Campo Freudiano en A Coruña Email: mafeba@arrakis.es Referencias bibliográficas 1 Lacan, J.: “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, en Momentos cruciales de la experiencia analítica. Buenos Aires, Ediciones Manantial, 1987, p. 13. 2 Miller, J.-A.: Donc: la lógica de la cura. Buenos Aires, Paidós, 2011, lección XV: “¿Cómo se inician los análisis?”, p. 284. 3  Ibid., p. 299. 4 Lacan, J.: El Seminario, libro 8, La transferencia. Buenos Aires, Ed. Paidós, 2003, p. 340. 5 Lacan, J.: “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, en Jacques Lacan Intervenciones y textos 2. Buenos Aires, Ediciones Manantial, 1988, p. 119. 6 Lacan, J.: El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Barcelona, Paidós, 1987, p. 287. 7 Miller, J.-A.: La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Buenos Aires, Paidós, 2003, lección V: “La intención y el obstáculo”, p. 74. 8 Miller, J.-A.: Donc: la lógica de la cura, lección XVI: “El problema de Lacan”, p. 306. 9 Miller, J.-A.: “Salud Mental y orden público”, en Introducción a la clínica lacaniana. Conferencias en España, Colección ELP-RBA, Barcelona, 2006, pp. 117-131. 10 Freud, S.: “La ilustración sexual del niño”, en Obras Completas (9 Tomos). Madrid, Biblioteca Nueva, 1972, Tomo IV, pp. 1244-1248. 11 Freud, S.: “La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna”, en Obras Completas, Tomo IV, pp. 1249-1261. 12 Freud, S.: “Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis”, en Obras Completas, Tomo VIII, pp. 3101-3206. 13 Miller, J.-A.: “Patología de la ética”, en Elucidación de Lacan. Charlas brasileñas, EOL-Paidós, Buenos Aires, 1998, pp. 344-345. 14 Lacan, J.: “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, p. 13. 15 Freud, S.: “La iniciación del tratamiento”, en Obras Completas, Tomo V, p 1666. 16  Ibíd. 17  Ibíd., p. 1667. 18  Ibíd., p. 1668. 19 Lacan, J.: “La dirección de la cura y los principios de su poder”, en Escritos 2. México, Siglo XXI editores, 1984 (X.ed.), p. 598. 20 Miller, J.-A.: “Les contre-indications au traitement psychanalytique”, en Mental 5, 1998, p. 16. 21  Ibíd. 22 Miller, J.-A.: “Le clivage psychanalise et psychothérapie”, en Mental 9, 2001, p. 21. 23 Freud, S.: “Los caminos de la terapia psicoanalítica”, en Obras Completas, Tomo VII, pp. 2461-62. 24 Miller, J.-A.: “Les contre-indications au traitement psychanalytique”, p. 14. 25 Miller, J.-A.: “Psicoterapia y psicoanálisis”, en Freudiana 10, 1994, p. 19.


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Novedades sobre la práctica entre varios*

Textos: Bruno de Halleux *Conferencia pronunciada en el ciclo “La práctica lacaniana en instituciones. Otra manera de trabajar con niños y jóvenes”, organizado por el Departamento de Psicoanálisis con Niños del NUCEP en colaboración con el EMPN, el 19 de mayo de 2012. Texto establecido por Carmen Bermúdez y Alexandra Reznak, no revisado por el autor.

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resentación del ciclo por Vilma Coccoz Existen distintas maneras de concebir los síntomas de la infancia y la juventud. Por lo tanto, existen diferentes maneras de tratarlos. La manera propia del discurso analítico no se parece a las demás. Freud definió el síntoma como una formación de compromiso entre tendencias muy poderosas. Una, intenta respetar la realidad, el discurso establecido. Es su parte simbólica, significante. La otra, es su componente libidinal, proviene de “las pulsiones crueles y egoístas”, rebeldes a la educación. Lacan lo bautizó “goce”. Es lo más íntimo y singular de nosotros mismos. La psicología individual es, a la vez, social, decía Freud. Porque no somos islas, sino seres hablantes, en continua relación y conflicto con los demás. El síntoma es relacional. Por ello un axioma del discurso analítico es: “No hay sujeto sin Otro”, del que deriva su homólogo: “No hay sujeto sin síntoma”. ¿Cómo tratar la parte asocial, no civilizada del síntoma, sin excluirla ni condenarla, sin anular lo más particular de nosotros mismos? El discurso del amo se rige por una máxima: “¡Que las cosas vayan bien!”. Su fin es que el sujeto renuncie a esa

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parte de su ser que habita en el síntoma. Habitualmente, las terapias de reeducación, intentan tratar lo ineducable con imperativos superyoicos, con premios y castigos. Con el amargo resultado de que cuanto más se fuerza al sujeto a abandonar el síntoma incómodo, más oposición despierta en él. En ocasiones, se forma una espiral de violencia que induce a la medicación, la cual, en lugar de aportar una significación benéfica, se impregna entonces de un sentido punitivo. Luego, pueden llegar a sucederse los ingresos en instituciones que serán vividos como penalizaciones y rechazos incomprendidos y crueles. Pero existe otra manera de tratar los síntomas, el psicoanálisis, que es el revés del discurso del amo. El psicoanálisis considera los síntomas como intentos de resolución de un problema existencial, un doloroso compromiso entre fuerzas antagónicas. Los concibe como creaciones personales y, en la práctica, se aboca a extraer lo que Jacques-Alain Miller denomina su “lógica secreta”, desconocida también para el propio interesado. En el dispositivo analítico se explora esa solución fallida de modo tal que el sujeto consiga hacer otra cosa con esa parte tan íntima como ignorada, el inconsciente, hasta encontrarle una dignidad social.


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¿Qué se puede hacer cuando el síntoma es invalidante para la vida con los demás, cuando es netamente asocial? ¿Cuando su conducta toma el valor de una negativa tajante a la comunidad hablante, volviéndose intratable? Hemos aprendido en estos casos que, en su experiencia subjetiva, el Otro del sujeto, el complemento de su síntoma, es caprichoso y malo, se opone a él, a sus intereses vitales, viéndose obligado, entonces, a una obcecada negativa. Y de este modo queda expuesto a lo peor, a la exclusión, a la segregación, a la condena. En el año 1974 Antonio Di Ciaccia fundó algo nuevo, una nueva manera de tratar el “No” de los síntomas infantiles, de los niños psicóticos, autistas, neuróticos graves. Síntomas rebeldes a la influencia de la palabra. Antes de esta genial invención, se esperaba que el niño se adaptara a la institución, a las normas válidas para todos. Con Di Ciaccia se puso en práctica otro modo de actuar, una nueva manera de acoger al síntoma hasta obtener el “Sí” del niño, y su deseo de alojarse en la comunidad, en la institución, con los otros. Se trata de un trabajo institucional que anuda lo individual y lo grupal. Su fundamento esencial es un nuevo tratamiento del saber, destinado a impedir que se vuelva persecutorio para el sufriente. A partir de entonces, se han fundado muchas instituciones inspiradas en esta nueva lógica. La Antena 110 sigue funcionando como una brújula internacional para todos aquellos que quieren tratar los síntomas con respeto por la subjetividad que se encuentra amordazada en el síntoma, esperando al buen entendedor a quien dirigirle su saludo. Tenemos el honor de recibir hoy a su Director, Bruno de Halleux. INTERVENCIÓN DE BRUNO DE HALLEUX Introducción Tiene 9 años y lleva 3 en nuestro centro. Se llama Gabriel. Se ha hecho un inmenso trabajo con él. Llegó completamente retraído, pasaba el día observándonos, mostraba una gran inercia y había que estimularlo muchísimo para que se pusiera a trabajar. No hablaba con nadie y cuando le hacíamos preguntas no decía nada y se chupaba el dedo como un niño pequeño. Ahora Gabriel va a clase, interviene con una voz clara, nos pregunta, ha hecho amigos en la institución y me saluda cuando llego a la Antena 110. Está previsto que se inscriba en el colegio en septiembre próximo. Esto es lo que va bien, es lo positivo, es lo que contamos cuando tenemos que mostrar ante el organismo que nos subvenciona el camino recorrido por el niño. Gabriel llegó con un diagnóstico de autismo atípico. Hoy, cuando está a punto de irse, nos damos cuenta de que ese diagnóstico, no verificado, se basaba en observaciones fenomenológicas. Parecía un niño autista, retirado del mundo y de los otros, pero se comprobó que no lo era. El diagnóstico inicial no apuntó a la estructura. Al inicio estaba aparentemente retraído y encerrado en su soledad. Se protegía así de lo que Jacques Lacan llamó el Otro con mayúscula o el gran Otro. El trabajo en la Antena le ha permitido conectarse con el Otro, con el cual tiene grandes dificultades; es un

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Otro que no es amable ni acogedor. Es decir el Otro y que encarna inmediatamente para Gabriel un Otro malo, que le persigue, que no le deja tranquilo. Por ejemplo, la semana pasada, al final del día, mientras los niños estaban viendo unos dibujos animados, Charlotte, una educadora, intervino con dulzura para parar un principio de pelea entre Gabriel y una niña. Lo que Charlotte no sabía era lo que había sucedido antes de que ella llegara: la niña había molestado a Gabriel. Él le dijo que parara de chincharle, que le dejara ver la película. ¡Qué formidable era que Gabriel pudiera hablar y pedir a esta niña que le dejara tranquilo! Este era el resultado de un largo trabajo: que hablara en vez de pegar. Lo que había ocurrido era que la niña no había parado de incordiar a Gabriel. Charlotte no sabía que anteriormente él había hecho este esfuerzo por hablar. Y cuando la educadora se dio la vuelta, pensando que la pelea incipiente se había apaciguado, recibió un golpe de Gabriel que la hirió y le hizo caer al suelo. Este ejemplo muestra lo aplastante que resulta el Otro para este niño. Cuando me referí a esta situación en una entrevista con él y sus padres, Gabriel me dijo que Charlotte se burló de él. Oyó: “Gabriel tú eres un niño enfermo”. Le expliqué a Charlotte que esto era verdad: él realmente escuchó la frase y se la tomó como una burla. Gabriel se enfrenta a lo que Jacques Lacan llama el campo de lo real. Por supuesto, en la realidad, en el campo de la realidad, Charlotte nunca dijo eso, ni se burló del niño. Preliminares En 1974, cuando se crea la Antena 110, Antonio di Ciaccia toma especialmente en cuenta esta noción de campo de lo real. Dos tesis le orientan. La primera es ética: no juzgar al loco en términos de déficit ni de disociación de funciones. Esta primera tesis muestra el lugar que se otorga al niño autista como sujeto de pleno derecho en la institución. La segunda: la condición del sujeto depende de lo que sucede en el Otro. Esta tesis nos remite a la necesidad de tener en cuenta las condiciones del Otro en el tratamiento del autismo y la psicosis infantil. Para el sujeto psicótico el Otro no está regulado. Le hace falta un Otro de sustitución. En cierto modo, su Otro está enfermo. Para los que conocen un poco la enseñanza de Lacan, esto corresponde al Otro del primer piso del grafo del deseo. El Otro es el tesoro de todos los significantes. Este Otro, previo al sujeto, es completo. Este Otro, previo al sujeto, es, tan completo que no puede alojar a dicho sujeto. Este sujeto no logra constituirse sustrayéndose de este Otro, no logra descompletar a este Otro. Eso es lo que da una orientación clínica a nuestra práctica. En nuestras intervenciones ¿Cómo intervenir con los niños ¿cómo, para no reforzar la completud del Otro, ¿cómo, para no encarnar este Otro completo?, ¿de qué diferentes maneras podemos intervenir para descompletar a este Otro al que el niño psicótico se enfrenta? Para los niños autistas y esquizofrénicos lo simbólico es lo real. El Otro es omnipotente y omnipresente, es decir, puede invadir el cuerpo del sujeto con un goce desbordante. No hay censura, no hay límite al acceso al goce. Algunos niños pueden masturbarse durante todo


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el día, otros pueden aterrorizarse ante la idea de expulsar sus excrementos. Para el niño paranoico el Otro está marcado por un goce persecutorio. El más mínimo enunciado, el más mínimo signo de presencia del Otro lo interpreta como una amenaza. Por eso el niño psicótico y, especialmente el autista, reduce al Otro, se protege de él y lo pone a distancia, cuida de que no se mueva. Él quisiera que fuera inamovible. Descubrimos en la Antena 110 que cuando algo del mundo ya no está en su sitio, cuando el orden del mundo está tocado, el niño entra en crisis. En el momento de la creación de nuestro centro tuvimos que establecer las condiciones para que este Otro fuera a la vez regulado y discreto. Tuvimos que someter a este Otro a un tratamiento y ajustarlo de la buena manera para que se pudiera producir el sujeto, según la expresión de Jacques-Alain Miller. Durante las reuniones preparatorias a las Jornadas sobre Psicoanálisis y Práctica en la Institución, Eric Laurent puso el acento sobre el registro del punto de almohadillado. Es una de las funciones esenciales del trabajo con los sujetos que no están marcados por el nombre del padre, que no tienen a su disposición el nombre del padre como registro de punto de almohadillado. Tratamiento del Otro El tratamiento del Otro le corresponde al equipo. El equipo y la práctica entre varios. ¿Cómo fundar un equipo en consonancia con la posición que requiere el trabajo con estos niños? El trabajo del equipo se desarrolló de acuerdo a una manera de hacer que Jacques-Alain Miller llamó práctica entre varios. Este sintagma desde entonces tuvo un alcance considerable en el Campo Freudiano, e incluso fuera de él. Sin lugar a dudas hay diversas modalidades de práctica entre varios. La nuestra no se reduce a ser varios partenaires interviniendo con un niño. Nuestra práctica, se define como una práctica de la lengua y sobre la lengua. Se basa principalmente en la posición que adoptan los partenaires de los niños frente al saber. Cada partenaire tiene, por una parte, que poder autorizarse en nombre propio y por otra, que seguir una estrategia común con el colectivo al que pertenece. Eso significa que, para operar, el partenaire tiene que estar a la escucha del significante o de los significantes del sujeto para retomarlos inmediatamente y estar pendiente de hacerlos más complejos, multiplicarlos, jerarquizarlos, es decir, darles un orden que tenga el mismo valor que lo simbólico. Es lo que Virginio Baio llama “salir al encuentro del sujeto”. Advertimos que en estas condiciones se puede establecer una transferencia entre un sujeto y su partenaire y que ésta no se apoya en el sujeto supuesto saber, sino en la vertiente afectiva. Cuando cada partenaire juega su partida siguiendo su propia táctica y la estrategia del conjunto, el resultado es una multiplicación de ofertas que favorecen el surgimiento de un buen encuentro para el sujeto. Esta red de ofertas, este campo de intervenciones dirigidas por una

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estrategia de equipo crea una atmósfera de deseo, deseo para los educadores y tal vez también para los niños. Dicha atmósfera puede permitir a un sujeto liberarse de su Otro devastador. En la presentación del número 9 de Preliminaire, dedicado a la práctica entre varios, Eric Laurent subrayó la ética analítica que teje nuestra práctica: “Practicamos entre varios y entre algunos otros. Hace falta un espíritu de responsabilidad compartida, agudizado por las propias dificultades. Se practica la autorización de jugar con el cristal de la lengua ahí donde la mayoría se desespera por no poder comunicarse con el sujeto. Hay que poder autorizarse a hacerlo a pesar de que la intuición diga lo contrario. No hay que ceder respecto al deseo de apostar a favor de la existencia del sujeto ahí donde todo permite olvidarlo fácilmente. Reunirse entre varios para darse más ánimos de no ceder ante el deseo: una hermosa lección de virtud psicoanalítica. Gabriel Vuelvo ahora un momento sobre el caso. Para Gabriel la persecución ha estado siempre presente: los insectos que pican. En 2010, las brujas que veía desde su cama, las brujas sobre los árboles del jardín. Sus primeras identificaciones no tienen ningún anclaje simbólico, sólo dan cuenta del registro de la imagen, lo que Lacan llama el imaginario. Gabriel sólo encuentra un poco de su ser en la suma de una serie de imágenes. Se apoya en los personajes de las películas, necesita un soporte imaginario. El problema es que sólo ve películas violentas, en un circuito cerrado y escoge una y otra vez las mismas escenas de violencia. El objeto mirada se torna insoportable, porque este objeto no ha sido extraído del campo del Otro: todo le mira y ¡se queja de ello! “¡Para de mirarme!”, nos dice frecuentemente. Incluso cuando Gabriel se mira en un espejo ha llegado a escupir e insultar a la imagen que ve reflejada en él. El mundo de Gabriel es un mundo de imágenes violentas que no para de mirar en películas y en internet, son personajes de película como Buzz, los zombis, Hulk… Ellas no le representan, ellas son él. Él es la imagen, la encarna, le pega, le insulta y pega al otro, identificado a sus héroes. Marie, una educadora, nos contó en una reunión cómo intentó ser la secretaria, el partenaire de Gabriel escuchando y mirando los dibujos animados con él. Esto sólo fue posible estando callada. Después le propuso hacer búsquedas en Google sobre los héroes que él escogió. Ella, por lo tanto, partió de unos significantes y, gracias a la oferta de Google, permitió que las significaciones de sus identificaciones imaginarias se enriquecieran y de esta manera desplazar la significación que había quedado fijada anteriormente a la violencia. Marie se dio cuenta de que Gabriel se apaciguaba cuando ella le daba una identificación “neutra”, es decir, cuando le daba un nombre, cuando le nombraba con un significante cotidiano, un significante que no conllevaba otra significación más que lo que nombraba. Nos contó que en una situación complicada le llamó “mi pequeño fish-stick”. Gabriel la miró con una amplia sonrisa,


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repitió la palabra y se rió de esta ocurrencia. Desde entonces, esta palabra se convirtió en una clave, en un código entre él y Marie. Llamarle “pequeño fish-stick” significa que está allí para ayudarle y defenderle como una “amiga” y no como una perseguidora. Actualmente Gabriel se divierte jugando con esa nominación, añadiéndole un adjetivo a la palabra “fish-stick”. Su último hallazgo es “mi pequeño fish-stick a la fresa”. Charlotte consiguió evitar momentos difíciles dando respuestas que no tenían sentido o más bien que se desviaban del sentido inicial. Cuando Gabriel viene hacia ella y le pregunta “¿te gusta la violencia?” Charlotte se da cuenta de que, más allá de la pregunta aparente, dicha pregunta es una manera de hacer lazo con el otro. Frecuentemente Gabriel se pasea con un objeto que hace las veces de pistola. Cuando apunta a alguien con este objeto a Charlotte le evoca un teléfono móvil y se pone a

“Para el sujeto psicótico el Otro no está regulado. Le hace falta un Otro de sustitución” cantar las primeras frases de una canción muy conocida “Gaston, tiene un teléfono que suena…” y ella descuelga el teléfono y de repente pierde el estatus de pistola. Gabriel se ríe. Cuando ella coge el teléfono se presenta como la secretaria de Gabriel. El hecho de coger el objeto de otra manera destituye a Gabriel de su posición de matón. Estas invenciones proliferan entre los miembros del equipo. Cada miembro del equipo uno tiene que encontrar una modalidad para abordarle que no encarne una mirada malévola y hablarle con un enunciado que no sea persecutorio. Por ejemplo, Gabriel pregunta todas las mañanas a otra educadora “¿te gusta la violencia?” y le educadora le responde “no, la violencia no, pero me gustan los espaguetis y las pizzas” y a Gabriel le entra un ataque de risa. Nuestra práctica entre varios Remarcamos tres puntos que especifican nuestro funcionamiento en el Campo Freudiano. El primero encuentra su apoyo en la tesis de Lacan. “El sujeto está en el lenguaje: es un parlêtre”. El acento está puesto en la dimensión del lenguaje y más precisamente en la dimensión del sujeto como efecto del significante y su relación parasitaria con el lenguaje. Pero hay que tener en cuenta que, en la psicosis y el autismo, esta relación se presenta de tal manera que la aplicación de la cura analítica no es posible. Recordemos una de las sorprendentes ocurrencias de Lacan sobre el autismo: “pero, en fin, seguramente que hay algo que decirles”. Se trata de una respuesta que da Lacan al doctor Kramer cuando le pregunta sobre los niños autistas. Desde entonces estamos muy atentos a lo que podría suplir esta ausencia del nombre del padre, esta forclusión. ¿El sujeto puede elaborar pseudo-puntos de almohadillado, suplencias que funcionen como puntos de almohadillado? Nosotros pensamos que es posible, lo

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verificamos todos los días. Es por eso que nos orientamos en la clínica del sinthome, que Lacan escribe de forma diferente al síntoma. No sólo son el significante amo y las identificaciones los que pueden funcionar como punto de almohadillado. El sinthome puede hacer las veces de suplencia del punto de basta que no está. Hablaré de ello un poco más adelante. El segundo punto concierne a las reuniones semanales de todo el equipo. Además de tener una función de coordinación del trabajo, constituyen un lugar en el que se construye una línea clínica para cada uno de los niños. Hablar de un niño, de sus impasses o de los impasses del equipo, produce efectos. Algunas veces nos sorprendemos de la transformación subjetiva de un niño por el simple hecho de haber hablado de él. Podemos dar cuenta de este efecto sobre el niño teniendo en cuenta diferentes hipótesis. La principal consiste en una destitución recíproca de nuestro saber a priori sobre el niño. La reunión tiene que permitirnos reencontrar un cierto dinamismo de nuestro saber, a veces coagulado. Una nueva hipótesis, una pista inédita, produce un efecto de relanzamiento para cada uno de los partenaires del niño. Cada una de estas reuniones afianza a cada uno de nosotros en nuestro trabajo clínico. El tercer punto concierne a la función del director terapéutico. Esta responsabilidad no se rige por una definición cerrada, que valdría para siempre. Se define por lo que no es, se representa como lo que queda una vez definido todo lo que no es. Ni amo del saber, ni director de la organización del centro, ni responsable médico o financiero. El saber hace, más bien, obstáculo al sentido. Dicho saber atraviesa el discurso común para preservar un lugar al sujeto que queda por producirse –en el autismo- y para acelerar una articulación de saber en cada uno de los partenaires del niño. ¿Cómo ocupar un lugar adecuado, un lugar que sea el reverso de la posición del amo? Para ello hay que dejar un vacío central, un resto. Es necesario poner en suspenso el saber fruto de nuestra experiencia, hay que ocuparse día a día de agujerear la densidad de los enunciados, de sostener lo inédito de una palabra en la reunión, de invitar a ponernos al trabajo, a descubrir la potencia de las herramientas que nos legó Lacan, a servirnos de la claridad del pensamiento de Jacques-Alain Miller. Hay que ocuparse de mantener, en cada una de nuestras reuniones, la lógica propia del funcionamiento del significante, es decir, estar lo más cerca posible de los S1 producidos por el niño, sin deslizarse hacia los efectos de significación. Está muy cerca de lo que Lacan llama el deseo del analista: apuntar a la diferencia absoluta. Es sostener el S1 solo, por fuera de los efectos de sentido. Novedades de la práctica entre varios Estas novedades están ligadas a la segunda enseñanza de Lacan, donde la potencia de lo simbólico, anulando lo real o el goce, (“la palabra es la mortificación de la cosa”) es poco a poco aminorada, y se dirige hacia una nueva concepción del significante, en la que éste encierra un


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goce en tanto cual. “El significante está en conexión con el goce”, dice Lacan, en el Seminario 18. Es decir que el significante no se concibe en la dialéctica S1-S2, sino más bien, como S1 solo, significante asemántico, fuera de sentido. El significante encierra un goce sin límites. Es lo que encontramos en la clínica del autismo.

“Verificamos que el sujeto autista está más en un S1 solo, es decir, un S1 que se repite incansablemente” De hecho la práctica entre varios, que es una práctica sobre la lengua, se transforma porque responde “con precisión” acogiendo al sujeto, cuestionando la transferencia, la pulsión, el deseo y la interpretación derivados de una doctrina de lógica binaria del significante S1-S2. Hoy en día se ha producido un cambio debido al declive de los significantes amos que daban una organización simbólica, aunque fuera minimalista, a las familias con las que teníamos que vérnoslas. Este declive se acompaña de un incremento potencial de los modos de gozar de cada sujeto. Se trata, por lo tanto, de tomar la medida, de leer cada S1 aislado que produce el sujeto. Los S1 están separados de los S2. Así para ciertos niños autistas, una práctica sobre la lengua, en tanto que articula un significante primero con un segundo significante, no es suficiente para tratar las dificultades encontradas. En vez de tomar el sujeto como un efecto de la articulación de un S1 con un S2, como efecto del segundo significante que viene a dar sentido al primero, verificamos que el sujeto autista está más en un S1 solo, es decir, un S1 que se repite incansablemente. Entonces nos encontramos orientados por una clínica que Alfredo de Zenoni llamaba “vía de la sinthomatización”, es decir, una clínica que parte de esos S1 solos y que nos obliga a complejizarlos progresivamente. Trabajar a partir de un S1 solo permite una cierta localización, una cierta relación, incluso una cierta fijación de un goce que de otra manera no tiene límites. Hamza En el caso de Hamza, un niño de 8 años, que sigue con nosotros, un trabajo a partir del sinthome ha constituido un límite al desbordamiento del goce. El desbordamiento hacía irrupción en lo real y el niño no paraba de arrojar objetos: sillas, cuchillos, cualquier cosa que encontraba a su alcance. Cédric, un educador, que en un primer tiempo estuvo con él en un taller de dibujo, notó que Hamza se dedicaba a hacer garabatos en una hoja. Cédric encontró en sus dibujos una cierta estructura que se repetía. Descubre primero que el trazo no puede interrumpirse y que recorre el conjunto del folio como si constituyese una red que no deja ningún espacio en blanco en el dibujo. Su último trazo hace un borde a la red que ha realizado. Él propone a Hamza trabajar en el ordenador con el programa Google Street. Ahí el niño desarrolla su trabajo y hace circuitos que parten de la Antena 110, recorriendo

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Bruselas con algunas paradas en el camino. Cédric verifica que dichas paradas son: la casa del padre, el gimnasio, donde van los fines de semana y L‘Atomium, por donde pasea con su padre. Los circuitos son cada vez más amplios, explorando lugares desconocidos, pero siempre con vuelta al punto de partida. Con una memoria visual sorprendente, Hamza realiza una verdadera red en Bruselas. Ese taller produce sus efectos. Ese S1 del circuito viene a circunscribir lo innombrable o lo insoportable en que está atrapado y produce un cierto apaciguamiento del goce: el lanzamiento de objetos disminuye considerablemente. Además, este niño, que no paraba de querer salir del centro, se encontraba muy angustiado en cuanto se alejaba de la Antena. Estaba aterrorizado por los edificios, los perros, los camiones… Google Street le ayudó en ese punto: él sale del centro de una manera virtual. Hacer circuitos le permite atemperar, en parte, esos peligros que aparecen todavía pero sólo bajo la forma de una imagen. El hecho de que Cédric haya podido unir ese S1 del circuito con el programa Google Street, no sólo ha encuadrado sus desbordamientos sino que también ha dado un lugar al educador como tal. Los días que Hamza tiene taller con Cédric le está esperando en la puerta y le lleva directamente al ordenador. Cédric ha conseguido insertarse en el circuito del niño. Se trata de una nueva manera de abordar el significante tomándolo primero a la letra, fuera de sentido y haciendo, después, un ofrecimiento de ampliarlo, de volverlo más denso, más rico, más consistente. Descubrimos que esto tiene valor de sinthome para el niño. Esto le anuda, esto limita el goce que no había encontrado la manera de limitarse mediante la función paterna. Lo que hay de nuevo en la clínica que muestra esta viñeta y que va más allá de nuestra práctica entre varios, es la necesidad de un saber hacer con el significante solo. Se trata de inventar una clínica propia del significante no articulado a otro, de un significante que no hace cadena con un segundo. Es una clínica homogénea con la última enseñanza de Lacan, esclarecida por JacquesAlain Miller, porque pone en juego la letra, nos invita a bordear lo real, a escribir un trazo que pueda, aunque sea sólo por un tiempo, poner una escansión en lo desbordante de esos S1 que no paran de repetirse. Traducción: Alexandra Reznak Revisión y correcciones: Pío Zelaya

EL AUTOR Bruno de Halleux. A.E. Psicoanalista en Bruselas; Bélgica. Miembro de la ECF y la AMP. Director terapéutico de la Antena 110. Email: z.de.halleux@skynet.be


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Lost in adiction*

Textos: Andrés Borderías Imágenes: Andrés Borderías y Gabriela Medin *Texto de la intervención realizada en el 4e Colloque Medicine & Psychanalyse, celebrado en Clermont-Ferrand, Francia, del 20 al 22 de Septiembre de 2012.

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n la década de los años 80 irrumpió esa nueva forma del malestar en la cultura que se denominó adicción. Muy pronto se hizo patente el extravío de los poderes públicos y de los profesionales implicados ante el tratamiento de ese nuevo síntoma social, reacio a la terapeutización. La adicción no era un fenómeno nuevo, desde la antigüedad el mundo conocía los efectos del alcohol, las guerras del opio en el siglo XIX en China y el siglo XX había comenzado de la mano de las adicciones causadas por los nuevos productos sintetizados en laboratorio: morfina, cocaína, heroína... la novedad se hallaba en las coordenadas discursivas que habían determinado su eclosión a finales del siglo XX. Lacan señaló a lo largo de su enseñanza la responsabilidad del discurso de la ciencia y del capitalismo en el declive del Ideal, incapaz entonces de regular las relaciones del sujeto con el goce. El paradigma del malestar dejó de ser el síntoma neurótico, en el que aún es reconocible la incidencia del Ideal sobre la pulsión y cuyo resultado es el síntoma portador de una verdad y un deseo reprimido, entonces interpretable. Con el avance del siglo XX, el declive del antiguo orden simbólico y el ascenso al cenit social del objeto tuvieron como efecto

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la aparición de nuevas formas sintomáticas, que daban cuenta de los estragos producidos sobre muchos sujetos por el empuje a un goce desconectado de la castración. Estos nuevos síntomas, adicciones, anorexia, bulimia y otras modalidades compulsivas, dan cuenta del extravío ante los imperativos del goce promovidos a escala planetaria por la sociedad de consumo. Anorexia, Bulimia, Ludopatía, Toxicomanías, aparecieron como nuevas nominaciones mono-sintomáticas del sujeto. El extravío se manifestó como un impase en la biopolítica de los estados, urgidos a organizar una respuesta terapéutica: ¿se trataba de una cuestión moral o de un problema de salud pública? ¿Asunto de religión, educación, policial, médico…? Con Lacan podemos precisar que el extravío arranca con el rechazo de la dimensión ética de la clínica: “Aquí como allá, se prepara la ciencia rectificando la posición de la ética” afirma en Kant con Sade 1. La incidencia del cientificismo en la medicina es responsable del borramiento de la dimensión del goce en el cuerpo, en un movimiento de defensa contra el más allá del principio del placer, reduciéndolo a un desarreglo orgánico o a un problema de comportamiento. En ese frente se sitúa la batalla librada por Freud, que siempre señaló la


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responsabilidad del neurótico con respecto a su síntoma, lo que le permitió esclarecer su función. J. Lacan lo señaló en su conferencia del año 1966 sobre Psicoanálisis y medicina: “La ciencia está produciendo ciertos efectos…bajo la forma de diversos productos que van desde los tranquilizantes hasta los alucinógenos. Esto complica singularmente el problema de lo que hasta ahora se ha calificado, de modo puramente policial, como toxicomanía…cuál será la posición del médico para definir estos efectos …pues, desde el punto de vista del goce, ¿qué es un uso ordenado de lo que se llama…tóxicos? ¿Qué puede tener de reprensible, a menos que el

“El extravío se manifestó como un impase en la biopolítica de los estados” médico entre francamente en…la dimensión ética?” 2. Desde finales del siglo XIX los estados modernos tomaron a su cargo la gestión de “la salud” de sus ciudadanos, haciendo de este objetivo un asunto de orden público. En palabras de G. Canguilhem, “La noción de salud no pudo dejar de experimentar un cambio de sentido por la extensión de su aplicación al conjunto de una población gradualmente protegida por medidas legislativas e instituciones sucesivamente llamadas de higiene, de salubridad y de seguridad” 3. La medicina devino una ciencia social, pues la salud ya no era únicamente “la vida en el silencio de los órganos”, sino un ruido de estadísticas y controles, mientras que el cuerpo médico se había transformado en un aparato del Estado. Y la respuesta del estado, ya la conocemos, fue la de tratar de eliminar el síntoma, pues el deseo que anima al discurso del amo es que “eso funcione”, la reabsorción del malestar en la circulación del flujo social, una orientación higienista y epidemiológica dirigida cada vez más intensamente hacia el malestar subjetivo. Sin embargo, ni la medicina, ni la psiquiatría, ni la psicología estaban en condiciones de responder adecuadamente a la cuestión de las adicciones. Adecuadamente quiere decir a la altura de lo real en juego limitándose a colaborar en la tarea de una terapéutica “normalizadora”. La psiquiatría, en pleno viraje hacia la neurobiología y a la búsqueda de una farmacología con la que reducir el síntoma, había abandonado toda concepción de causalidad psíquica, rechazando el abordaje de las adicciones considerándolas “un vicio”. Fueron entonces los psicólogos conductistas y las Terapias Cognitivo Conductuales –TCC-quienes tomaron a su cargo la ofensiva terapéutica, marcando ideológicamente los procedimientos de intervención, el desarrollo de una nueva red específica, monosintomática, de atención sanitaria, llegando incluso a incidir en el texto de las leyes estatales desarrolladas al respecto. A partir de la idea de la adicción como “problema de conducta” y del paciente como un “individuo deficitario”, se desarrollaron planes interministeriales, Planes Nacionales contra la Droga, con un modelo epidémico destinado a paliar dichos déficits. Los ministerios de interior, justicia, educación y sanidad fueron así convocados a

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la tarea. En la última década, con las investigaciones neurobiológicas y los desarrollos de nuevos fármacos, la psiquiatría encontró la vía de regreso al campo que había abandonado veinte años antes, reincorporándose al área sanitaria. Podemos diferenciar tres momentos relevantes en el desarrollo de estos Planes. El primer momento, conductista. Concluyó cuando la epidemia del VIH y otras enfermedades oportunistas, como la Tuberculosis, y la aparición de inhibidores opiáceos, como la Naloxona-Naltrexona y de sustitutivos como la metadona, hicieron inaceptable el uso de castigos y refuerzos por parte de los psicólogos en ese ámbito. Los poderes públicos, alarmados por el incremento de la mortalidad, traspasaron la dirección al cuerpo sanitario. En este segundo momento, sanitario, el conductismo dio paso a las TCC y se promovieron investigaciones sobre “las bases cerebrales” de la adicción. La terapéutica psicológica buscaba la reeducación del paciente deficitario de capacidades, habilidades, conocimientos y motivación con técnicas basadas en la identificación con un modelo de normalidad encarnado por el terapeuta y sus instrucciones. Todo ello respaldado por una batería farmacológica que había incorporado la metadona. El paciente ahora era un enfermo. Un fenómeno administrativo marcó la transición hacia el tercer momento, psiquiátrico: surgió en EEUU, tras la aprobación de protocolos específicos de admisión para los pacientes que presentaban “patología psiquiátrica” y “adicción”, con el fin de que no fuesen rechazados de los dispositivos “monosintomáticos”. Con la “patología dual”, entramos en una nueva época en la nosografía, pues se trata de una categoría surgida de exigencias administrativas. Con la aceptación de los denominados “pacientes psiquiátricos” en los dispositivos de atención a toxicómanos y viceversa, la psiquiatría se reintroduce en el campo de las adicciones, aportando de paso al pantano conceptual esa turbia categoría diagnóstica denominada Trastorno Límite de la Personalidad, y la clínica del DSM, desconocida hasta ese momento en los dispositivos de atención. Los psicólogos TCC se encontraron súbitamente con la necesidad de “aprender clínica”, la clínica de los trastornos. De este modo, los neurolépticos y la evaluación entraron en juego. Lacan, una brújula Les hablaré ahora de mi experiencia en un CAID, un hospital de día de la red monosintomática de “atención a drogodependientes” en la que trabajé como psicólogo durante años. El funcionamiento del centro implicaba la intervención de psiquiatras, médicos, enfermeros, auxiliares clínicos, trabajadores sociales, educadores, psicólogos. Contratado como psicólogo, mi posición como analista me colocaba en un lugar radicalmente distinto de la orientación normalizadora del dispositivo. Los fines terapéuticos que busca la salud mental se confunden fácilmente con un problema de orden público. El síntoma tomado entonces bajo la perspectiva del


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“Cosas que quiero decirte”, Sharon Hayes, Andrés Borderías

Annish Kapoor, Londres, Gabriela Medin

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discurso del amo, como un obstáculo, debe ser eliminado. Nada que ver con la orientación psicoanalítica respecto al síntoma. Para el psicoanálisis el síntoma es lo más singular que un sujeto tiene y es en sí mismo un tratamiento de lo real. Es preciso entonces elucidar la función que cumple en cada caso, para cada sujeto. El tratamiento del síntoma por el psicoanálisis no pasa por una ciega urgencia terapéutica que deja de lado que para un sujeto dado, su síntoma puede ser lo único que tiene para sostenerse en el mundo. Cuando la psiquiatría se dejó ganar el terreno por el medicamento olvidó que el delirio es un modo de curación, interesada entonces en su eliminación. Así pues, una adicción no siempre es lo peor que le puede ocurrir a un sujeto. Para algunos, “ser un toxicómano” supone una identificación estabilizadora y un modo de enganche en el vínculo social, mediante una nominación que posibilita una identificación imaginaria y una carretera secundaria por la que circular en la vida. Ocurre en muchos de los casos de pacientes “crónicos” que trenzan su vida alrededor del Hospital, casos bien conocidos por quien trabaja en dispositivos similares. No se trata entonces de precipitarse a eliminar el síntoma. Los médicos responsables de las desintoxicaciones saben que en algunos casos una abstinencia inducida da paso al desencadenamiento de una psicosis, contenida hasta ese momento. Hay que preguntarse entonces por el papel que cumplía esa adicción. La irrupción de lo real nos muestra del modo más acuciante la necesidad de establecer previamente a cualquier medida terapéutica estandarizada, el valor y la función que esa adicción cumple para ese sujeto singular. La pregunta de mi propio extravío, mi Lost in adiction podría formularla en un doble sentido, por un lado referida a la dificultad para orientarme en cada caso, una dificultad clínica. Por otro lado, una dificultad para ubicarme como analista en esas condiciones institucionales. Se trataba entonces, de inventar una conversación con los colegas sobre cada caso, para tratar de esclarecer la lógica del síntoma, la función diferenciada que del uso de sustancias realizaba cada sujeto, la perspectiva sobre la estructura clínica y las consecuencias en la dirección de la cura. Era, sin duda, una tarea ardua, pero de la que

“El extravío no cesa, en la medida en que fracasamos para cernir lo real adecuadamente” no había que desistir y que con el tiempo generó un espacio nuevo para la elaboración epistémica en el centro. En ocasiones, a falta de una orientación compartida, la oportunidad para la conversación surge a partir de “lo que no va” en un caso, y es la contingencia del fracaso terapéutico la que permite abrir una vía hacía la singularidad del sujeto, más allá de protocolos y estándares. Por otro lado, hay razones de peso para el extravío clínico. La mayoría de los casos graves en una institución como un CAID, son casos de psicosis. Pero la clínica actual de los “trastornos” propia del DSM ha borrado la concepción estructural de las neurosis y las psicosis, de

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modo que a los clínicos les resulta muy difícil reconocer una psicosis si no presenta síntomas positivos muy evidentes. Con frecuencia se confunden efectos y causas, y se interpretan de manera preconcebida fenómenos propios de la psicosis como resultado de la adicción. O se pasan por alto, dado que la adicción borra, difumina y confunde en muchas ocasiones sobre cuestiones relevantes del sujeto. Lacan, en los años 50, sentó las bases para un tratamiento posible de la psicosis, lo que permite diferenciar los fenómenos compulsivos en la neurosis, del uso y la función de las drogas en las psicosis. La adicción, en tanto supone la insistencia en un goce, tiene una estrecha relación con la raíz misma del síntoma. El vaso de vino que bebe repetidamente el alcohólico es siempre el mismo vaso, que conmemora un fenómeno primitivo de goce fijado en su cuerpo. En la psicosis, a falta de la barrera de la castración y de la significación fálica, el sujeto se ve llevado en algunas experiencias de goce por una pendiente potencialmente devastadora. Su relación con algunos tóxicos también puede precipitarle por esa pendiente, aunque no siempre. Por eso conviene elucidar la lógica de su uso para cada caso. En el caso de M, una paciente a la que atendí en el CAID durante años, el alcohol apareció en su vida a los 15 años. M bebe, realizando así una escena de degradación, en la que el padre, borracho, es insultado por la madre. La serie interminable de adicciones iniciada entonces, no son sino otra forma del retorno melancólico en lo real del cuerpo del estrago ocurrido en su niñez, cuando la madre la golpea y la insulta, introduciendo su cabeza en el WC, diciéndole, “eres el fruto de una violación”. M es una melancólica, una psicótica que realiza su ser degradado entregándose a los tóxicos. “Soy una mierda”, afirma según su axioma de indignidad, “mis poemas no valen nada”, refiriéndose a su excelente poesía, rasgo tomado de un padre humillado. A M le gusta beber y drogarse, así obtiene una satisfacción altamente problemática y única posible, dado el terreno muerto que habita. En un caso como éste, en el límite de la destrucción subjetiva, la intervención apunta a tratar de mantener, gracias al anclaje transferencial de la paciente, un espacio de dignificación del sujeto que haga menos letal su síntoma. La pendiente melancólica es de tal intensidad que ninguna otra sintomatización puede sostenerla como para un reenganche en el vínculo social. Al aceptar mantener encuentros en los que habla conmigo de su vida, su obra, sus enfermedades y su estrago, se produce una pérdida en la virulencia de sus pasajes al acto. No deja de ser una “borracha”, pero hay una dignificación de su semblante que facilita su colaboración en los cuidados médicos que precisa para no precipitarse a un pasaje al acto suicida radical, pues padece múltiples enfermedades que requieren de su cuidado. En un segundo momento, tras el consentimiento del sujeto, fue posible tantear con ella otras opciones que introdujeron otra distancia con su ser de desecho. La escritura pudo entonces ser rescatada en un papel que hasta entonces había sido despreciado por M,


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What was it, abstract modern art district, Zirkel

facilitándole una vía muy precaria e inestable de reenganche al vínculo social. M no dejará de beber nunca, pero la pendiente mortífera se suavizó. Seguramente nunca podrá alejarse de la institución, ni del soporte que le aporta la transferencia. Es M la que habrá inventado entonces un uso sintomático de la institución. M representa un caso extremo y frecuente, de aquellos pacientes graves que atendemos en las instituciones como el CAID y que requieren de una orientación clínica respetuosa de las condiciones del sujeto. Pero tomar la perspectiva de la relación particular de cada sujeto con su goce, implica consecuencias radicales con respecto a la dirección de la cura en un dispositivo “de salud pública”, la primera de las cuales es que hay que suspender “el deseo de curar” a toda costa al sujeto de una práctica que hay que interrogar con él, más allá incluso de su demanda inicial. Otros muchos casos graves y crónicos resultan atípicos con respecto al modelo clásico de la psicosis esquizofrénica, paranoica o depresiva. Sujetos en ocasiones en situación de desconexión social y de marginalidad, en los que el uso de drogas aparece con usos y consecuencias muy diversos, y que son generalmente diagnosticados de TLP en la red sanitaria, o se suman a las listas de la nueva “patología dual”. Con la introducción en los años 90, por parte de J.A. Miller del término de psicosis ordinarias, se abrió una perspectiva nueva en el campo de las psicosis que

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permite pensar de otra manera el lugar y la función que el uso de las drogas cumple para muchos de estos sujetos. El extravío no cesa, en la medida en que fracasamos para cernir lo real adecuadamente. Sin embargo, podemos hacer nosotros también un buen uso del mismo, nuestro “Lost” puede ser la oportunidad para avanzar en nuestro trabajo. Orientarse a partir del valor y la lógica del síntoma para un sujeto, implica entender al servicio de qué real está, lo que permite, entre otras cosas, moderar los imperativos terapéuticos y ubicarnos de un modo más digno ante lo incurable. Revisión y Correcciones: Gabriela Medin

EL AUTOR Andrés Borderías. A.M.E. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano-NUCEP. Director de la revista Letras. Email: aborderias@arrakis.es Notas y Bibliografía 1 Lacan, J., “Kant con Sade”, en Escritos 2, Ed.Siglo XXI, Méjico, 1984, pág.744 2 Lacan, J., “Psicoanálisis y medicina”, en Intervenciones y textos, Ed.Manantial, Buenos Aires, 1985, pág.93. 3 Canguilhem, G., “Poder y límites de la racionalidad en la medicina”, en Estudios de historia y filosofía de las ciencias, Ed.Amorrortu, Buenos Aires, 2009, pág.428.


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La Escuela como tratamiento del no-saber en psicoanálisis*

Textos: Esperanza Molleda Imágenes: Andrés Borderías, Engel Schreib *Texto original de la autora.

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esde el nacimiento del psicoanálisis siempre han existido comunidades de analistas. Este hecho podría entenderse como una simple consecuencia fáctica de la circunstancia de que los psicoanalistas se reúnan en torno a su práctica común, pero también se puede pensar que hay una “necesidad” lógica de que existan las comunidades de analistas para que exista el psicoanálisis: hay algo que no cesa de escribirse acerca de lo que es el psicoanálisis, que llama a los psicoanalistas a reunirse en torno a un espacio y un tiempo compartidos, en los que se desarrolle y viva el saber que permite que la práctica psicoanalítica exista en el mundo. En 1964, Lacan fundó su Escuela en un momento personal y políticamente muy significativo denominado por él mismo “Excomunión” (1). Lacan se vio en la encrucijada de tener que renunciar a sus apuestas si quería seguir perteneciendo a la Asociación Psicoanalítica Internacional como miembro reconocido en su estatus. Sus propios analizantes y alumnos se vieron también obligados a renegar de Lacan si deseaban continuar en la IPA. La respuesta de Lacan fue la salida de la IPA y la realización de un acto: la fundación de una nueva comunidad de analistas.

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Lacan eligió el significante “Escuela” para esta nueva comunidad. Este significante vino a marcar de manera precisa la distancia con las comunidades de analistas a las que Lacan había pertenecido hasta entonces y posteriormente, por el empuje de Miller, se fue convirtiendo en un concepto que merecía la pena ser elaborado (2). En el inicio del Acta de Fundación de la Escuela Lacan afirma: “Es mi intención que este título -Escuela Francesa de Psicoanálisis- represente al organismo en el que debe llevarse a cabo un trabajo que, en el campo que Freud abrió, restaure el filo cortante de la verdad; que vuelva a conducir a la praxis original que él instituyó bajo el nombre de psicoanálisis al deber que le corresponde en nuestro mundo y que, mediante una crítica asidua, denuncie en él las desviaciones y los compromisos que amortiguan su progreso degradando su empleo”(3). Años después, en 1980, en la Carta de Disolución de su Escuela, se ratifica en este objetivo. Lacan plantea una vuelta un tanto mítica al origen del psicoanálisis, tanto en el momento de fundar su Escuela como en el momento de disolverla para poder empezar desde otro punto. Sitúa pues como brújula del psicoanálisis la restauración de “el filo cortante de la verdad” y el retorno de la “praxis original” del psicoanálisis


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Construcción del estadio Olímpico, Engel Schreib

“al deber que le corresponde en nuestro mundo”. Como todas las buenas propuestas tiene una cara vista en la que uno no puede más que estar de acuerdo y ponerse a trabajar a ello, pero como propuesta hecha por Lacan nos lleva a preguntarnos por el contenido de estos objetivos: ¿Qué es la verdad en psicoanálisis? ¿Cuál es su filo cortante? ¿Existe una praxis original del psicoanálisis? ¿Y de existir, cuál sería? ¿Cuál es el deber que le corresponde al psicoanálisis en nuestro mundo? Difícil dar una respuesta rápida a estas preguntas, es necesaria una elaboración de saber previa. No saber, transferencia y Escuela Dice Miller en una conferencia a estudiantes de Psicología en 1989: “Una cosa que enseña la experiencia analítica es hasta qué punto un sujeto está perdido en el mundo, hasta qué punto el sujeto está ubicado en un no saber esencial” (4). Este “no saber esencial” del ser hablante es el que lleva a la instauración casi ineludible de la transferencia: el sujeto que no sabe localiza en algún lugar ese saber que le falta por esencia. Toda experiencia analítica se desarrolla a partir de este resorte mediante el cual el sujeto tiene la posibilidad de, no

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sin un arduo esfuerzo, adquirir un cierto saber sobre sí mismo que le permita estar menos perdido en el mundo. Pero, ¿qué ocurre con los psicoanalistas en relación con este no saber esencial cuando su función está definida por estar colocado del lado del sujeto supuesto saber? La transferencia en tanto sujeto supuesto saber tiene dos vertientes, la que supone un saber al sujeto hacia el que se dirige la transferencia y la que supone que para que haya saber tiene que haber un sujeto. En la Proposición del 9 de Octubre de 1967 desde ambas perspectivas Lacan da un baño de humildad al psicoanalista en cuanto sujeto supuesto saber. Por un lado dice: “Está claro que -el psicoanalista- nada sabe del saber supuesto” (5) y por otro lado dice: “No solamente el sujeto supuesto al saber, en efecto no es real, sino que no es en modo alguno necesario que el sujeto en actividad en la coyuntura, el psicoanalizante (único que habla inicialmente) se lo imponga -al psicoanalista-”(6). Pero además añade: “Esto no autoriza en modo alguno al psicoanalista a contentarse con saber que no sabe nada, porque lo que está en juego es lo que tiene que saber” (7). Estas consideraciones hechas por Lacan destapan el equívoco que produce la transferencia y ponen en primer término la relación del psicoanalista con un saber del que no es


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el sujeto y que no sabe, pero que tiene que saber: “Nos importa aquí el psicoanalista en su relación con el saber del sujeto supuesto, relación no segunda, sino directa” (8) . Esta coyuntura produce en la persona del analista una tensión que le compromete con la tarea de llevar su análisis como analizante hasta el final, de controlar los análisis que dirige y de estudiar los textos sobre psicoanálisis para elaborar a partir de ello un saber acerca de qué es el psicoanálisis y en qué consiste ser psicoanalista. Lo cierto es que para el analista, a pesar de sus adquisiciones de saber, que no pueden ser negadas, tanto en el propio análisis como en su trayectoria como analista y en el estudio del psicoanálisis, o precisamente a causa de éstas, más que un afianzamiento en el saber se va produciendo un adentramiento en el territorio del “no saber”. Se da un reconocimiento de ese “no saber esencial” que acompaña al ser hablante y se produce un abandono paulatino de la esperanza inicial de poder vencerlo que le llevó a su análisis personal y a ser psicoanalista. Este doble movimiento sin embargo puede permitir que se instituya un nuevo modo de hacer con el “no saber” que le ofrezca la posibilidad de dedicar su trabajo a localizar parcelas de “no saber” a partir de las cuales producir retazos de saber en psicoanálisis. Puesto que el psicoanalista mismo se encuentra siempre en falta respecto al saber en psicoanálisis, para él es estructuralmente necesaria la transferencia, si bien se trata en este caso de una transferencia advertida de sus limitaciones, advertida de que el saber supuesto en otro lugar distinto de uno mismo no es más que el motor necesario para ponerse a trabajar en la elaboración del “saber que no sabe pero que tiene que saber”, un saber que pueda responder a los objetivos que propone Lacan en su Acta de Fundación y en los que se reafirma en la Carta de Disolución. La Escuela tiene entonces la función de ofrecer un contenedor de potenciales ubicaciones dónde suponer el saber que falta. Es aquí donde aparece la necesidad lógica de que existan las comunidades de

“¿Qué ocurre con los psicoanalistas en relación con este no saber esencial…?” analistas en torno a la experiencia del psicoanálisis y el nombre de Escuela cuadra perfectamente a una comunidad en la que se reúnen personas que quieren adquirir un saber acerca de algo. Ordenar lo no-sabido como el marco del saber ¿Cómo producir retazos de saber en psicoanálisis? En la Proposición del 9 de Octubre Lacan nos habla acerca de este paso del no-saber a la elaboración de un saber en psicoanálisis. En primer lugar dice: “Lo que tiene que saber -el psicoanalista- puede ser delineado con la misma relación “en reserva” según la que opera toda lógica digna de ese nombre. Eso no quiere decir nada “particular”, pero eso se articula en cadena de letras tan rigurosas que, a condición de no fallar ninguna, lo no

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sabido se ordena como el marco del saber” (9). Lo que está por saber entonces sigue una lógica que establece relaciones “en reserva”, no definitivas; lo que está por saber no es nada concreto, nada “particular”; pero lo que está por saber sólo podrá ordenarse como el marco del saber si no hay fallos en el encadenamiento de letras. Esta condición implica un primer movimiento que podríamos denominar de alienación al saber del psicoanálisis ya constituido, a las letras del psicoanálisis ya escritas. Este saber es, según Lacan, un saber textual, en oposición al saber referencial (10). Es un saber en el que hay que guiarse por el significante en cuanto a letra, más allá del significante en cuanto a sentido. Sólo en la medida en que se conozca la lógica de este saber textual ya constituido, se podrán producir nuevos retazos de saber en psicoanálisis. Sin embargo, esto no es suficiente. Lacan, tomando el ejemplo de la invención de los números transfinitos por Cantor, identifica otro elemento necesario para que el encadenamiento de letras rigurosas pueda constituir un hallazgo de saber. Se trata de que exista un deseo que dé consistencia a esta cadena, un deseo que, según Lacan, sugiere el orden donde el deseo del analista se sitúa (11) . Ese deseo que da consistencia implica un segundo movimiento en la producción de un saber, se trata de un movimiento de separación de lo ya sabido que supone la deducción propia, cada vez, en cada caso del saber en psicoanálisis. Para que este deseo tenga consistencia sólo puede estar apoyado en las preguntas que surgen a partir de la experiencia del propio análisis llevado hasta el final y en las respuestas que el psicoanalizante transformado en psicoanalista de su propia experiencia urde. Un movimiento más es necesario para ordenar lo no sabido en el marco del saber, se trata de la exposición del saber elaborado. Lo no sabido no pasa a formar parte del marco del saber hasta que no es expuesto ante otros, analistas y no analistas. Mientras que en la relación analítica es necesario preservar la suposición de saber con el silencio del analista para que el analizante elabore un saber, en la Escuela la elaboración de un saber en psicoanálisis pasa por la confrontación del saber que se supone a los analistas con el saber sobre el psicoanálisis que los analistas son capaces de exponer (12). La Escuela es el lugar donde este desfase entre el saber supuesto y el saber expuesto puede aparecer en forma de parcelas de no saber que puedan ser reconocidas y pongan en marcha la transferencia de trabajo. En este sentido, en Lacan existe una vocación decidida de que el producto del trabajo de los analistas sea expuesto a los otros hasta el punto de que en el Acta de Fundación considera que el éxito de la Escuela se medirá “por la presentación de trabajos admisibles en su lugar”(13). Para Lacan no es aceptable relegar el psicoanálisis al estatuto de “experiencia inefable” (14). Contravenir la tendencia a la degradación del saber en psicoanálisis Existe una tendencia a la degradación del saber que va pareja con la institucionalización de los grupos y de la que el psicoanálisis no está exento. En los grupos, la


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incertidumbre que crea el “no saber esencial”, lleva a intentar estabilizar un saber establecido y a definir sujetos que detenten la suposición del “buen saber” para que encarnen la dirección del grupo. Los grupos ofrecen repertorios de respuestas estándar al “no saber esencial” de los sujetos a través de la identificación con el Ideal común, con los líderes que lo representan y con los iguales, entonces la función de la suposición de saber como motor de trabajo para la elaboración de un saber cae para dejar paso a la repetición del saber supuesto institucionalizado en el grupo. Cuando el poder de la comunidad queda en manos de aquellos a los que se supone el saber o, sólo se supone el saber a las personas que tienen tareas de dirección en el grupo, la transferencia se institucionaliza y los miembros de la comunidad tienden a quedarse en el equívoco que produce la transferencia: se cree que el supuesto saber es un saber que no es “en reserva” y se cree que existe un sujeto de este saber. En los grupos esta confusión se produce tanto del lado del destinatario de la transferencia como del lado del emisor de la transferencia. El primero se obnubila y se identifica con el sujeto supuesto saber, el segundo se engaña, como Alcibíades, pensando que el objeto de su transferencia es el contenedor garantizado del saber. Lacan denunció a lo largo de toda su vida las consecuencias nefastas de esta tendencia a la confusión entre jerarquía y saber en las comunidades de analistas e ideó distintos medios para separar el ejercicio del poder y la elaboración de saber en su Escuela: la rotación en los puestos de dirección con la consecuente vuelta al trabajo de base, la separación de jerarquía y gradus, la nominación de los AE decidida por miembros que aún no han acabado su análisis, el trabajo en pequeños grupos sólo temporalmente juntos, la función del Más-Uno en los grupos de trabajo, la exigencia de la exposición a cielo abierto no sólo del los resultados del trabajo, sino también de las crisis... O en última instancia, cuando todo falla, la salida o la disolución del grupo “demostrando en acto que no es por su responsabilidad por lo que mi Escuela sería Institución, efecto de grupo consolidado, a expensas del efecto de discurso que se espera de la experiencia cuando ella es freudiana” (15). Con estos actos se efectúa otra separación necesaria para evitar la degradación del saber en psicoanálisis, la separación entre Escuela y psicoanálisis. En el Exhorto a la Escuela Lacan habla de esta separación. Por un lado, está la Escuela que es un cuerpo “sostenido por personas, físicas ellas y bien presentes” y por otro lado, está el psicoanálisis que es un “función del orden del sujeto, el cual demuestra depender del objeto que, a ese sujeto, lo re-divide” (16). Este exhorto tiene lugar el 25 de enero de 1969 antes de la votación de la Asamblea de la EFP que aprobó la elección de un jurado de admisión que hiciera virar el reclutamiento de los psicoanalistas en la Escuela de Lacan “del orden del pesa-personas” a “poner toda la confianza (...) en el espíritu del psicoanálisis”(17) siguiendo la línea marcada por la Proposición sobre el pase de 1967, donde se plantea la autorización del analista de sí mismo y el ser psicoanalista como resultado del fin de un análisis. Si bien el psicoanálisis no puede sobrevivir sin una comunidad de analistas, si hay que elegir entre psicoanálisis y Escuela, Lacan apuesta por el psicoanálisis para

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Lurra, E. Chillida, Andrés Borderías

volver a fundar desde allí el grupo analítico. El orden del que se puede partir para que no haya una degradación del saber en psicoanálisis, es el orden del sujeto que tiene experiencia del psicoanálisis como analizante y como analista. De este modo es necesario volver una y otra vez a la elaboración de un saber a partir de la experiencia del psicoanálisis de cada miembro de la comunidad para orientar el rumbo del trabajo en la Escuela. Revisión y Correcciones: Eva Fernández y Oscar Caneda

LA AUTORA Esperanza Molleda. A.P. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Email: molledafme@gmail.com Notas y Bibliografía 1 J. LACAN, Seminario 11, clase del 15 de enero de 1964, Paidós, Buenos Aires, 2007, pág. 12. 2 J.-A. MILLER, “El banquete de los analistas”, Paidós, Buenos Aires, 2000, pág. 213. 3 J. LACAN, Acta de Fundación; http://www.elp-debates.com/textos_estatutos.htlm. 4 J.-A. MILLER, “Conferencia a los estudiantes de psicología”, Lógicas de la vida amorosa, Manantial, Buenos Aires, 1991, pág. 132. 5 J. LACAN, “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, Momentos cruciales de la experiencia analítica, Manantial, Buenos Aires, 1987, pág.14. 6 Ibíd., pag. 13. 7 Ibíd., pag. 14. 8 Ibíd., pag. 13. 9 Ibíd., pag. 14. 10  Ibíd., pag. 14-5. 11  Ibíd., pag. 14. 12 J.-A. MILLER, “El concepto de Escuela”, 1993, http://www.wapol. org/es/las_escuelas, Pág 3. 13 J. LACAN, Acta de Fundación; http://www.elp-debates.com/textos_estatutos.htlm, pág. 3. 14  Ibíd., pág. 2. 15 J. LACAN, “Carta de disolución”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 338. 16 J. LACAN, “Exhorto a la Escuela”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 313. 17  Ibíd., pag. 314.


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Fracasar mejor*

Textos: Marco Fochi *Texto original del autor.

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ué se entiende cuando se habla de la valoración de los resultados en la psicoterapia? Parecería que se puede dar por entendido. Las psicoterapias racionales, a diferencia de aquellas que Singer y Lalich han bautizado como psicoterapias locas -es decir, sin paradigmas teóricos precisos de referencia, extravagantes en sus modos de intervención y discutibles en los objetivos que persiguen, como los viajes reveladores al pasado, las “curas cósmicas” o la “cura de la diosa blanca”- tienen modelos precisos de referencia, objetivos bien reconocibles, y resultados verificables. La racionalidad nos salva del magma indefinido de un misticismo que conecta todo con todo, y en el cual nunca se alcanzan éxitos tangibles. ¿Estamos seguros de que la división racional/loco es una buena guía para distinguir, en este campo, el grano de la paja? El límite entre razón y locura, se saldó así en los albores de la modernidad, concretándose incluso físicamente con sólidos muros de separación como los del manicomio, ya no fiándose tanto de la reflexión contemporánea. Foucault, a propósito de esto, ha señalado un punto sin retorno. Tomemos sin embargo una noción de racionalidad como la que propuso Max Weber, basada sobre el cálculo: es racional aquello que es calculable. En su visión, la racionalización constituye el nervio de las burocracias

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modernas que se basan en una jerarquía de autoridad, en la impersonalidad, sobre reglas precisas procedimentales escritas, sobre un ascenso de los funcionarios promovido por el alcance de resultados, sobre la división especializada del trabajo, sobre la eficiencia. Si esta lógica ha encontrado plena expresión en los años cincuenta en la fábrica fordista, el estilo Toyota de los años ochenta ciertamente no ha acabado con ella, más bien la ha perfeccionado. ¿Cuándo ha comenzado a desarrollarse la búsqueda de resultados de la psicoterapia? En los años en los cuales ha empezado a sentirse la necesidad de convencer, en primer lugar, al mundo médico y académico, pero sobre todo a las compañías de seguros, de la validez y eficacia de los tratamientos proporcionados por los psicoterapeutas. La ampliación de la oferta de psicoterapia, el aumento de su público, la necesidad de llegar a los estratos de población menos pudientes, sobre todo en los Estados Unidos donde el coste sanitario, incluso con la reforma Obama, recae enteramente sobre el individuo, han hecho necesario involucrar a agentes sociales, como las compañías aseguradoras, para soportar los gastos de unos recursos humanos cada vez más amplios, unos gastos no siempre al alcance de quien pudiese necesitarlos. Los administradores de las compañías de seguros


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no hablan el lenguaje elusivo, sofisticado, inasible del Cualquiera que sea la perspectiva asumida, o el parainconsciente, hablan el lenguaje árido de los costos/ digma –moderno o postmoderno- de búsqueda clínica, el beneficios. Si quieren invertir en un producto necesi- objetivo -difícil no definirlo como retórico- es convencer tan certezas alcanzables, y si este producto es el incons- al interlocutor administrativo o académico de que las ciente, necesitan saber que los efectos del inconsciente psicoterapias tienen éxito. son calculables. Se trata por lo tanto de una investigación cuyo motor Hay una afinidad diabólica, una invencible atracción en última instancia viene de una lógica de mercado, cuyo fatal entre el lenguaje del cientifismo contemporáneo lenguaje está modelado en las formas burocráticas y y el de las burocracias administrativas. El cálculo de cuyo objetivo es ofrecer a los comprometidos viajeros resultados, que legítimamente la ciencia pone como base de la salud, los instrumentos de una sofística con la cual del propio método de investigación, y que ha dado el tono al pensamiento moderno, se vuelve un mantra cuando se utiliza fuera del campo que le com- “Éxito hasta la mitad del pete a la ciencia y se aplica indiscrisiglo XVII significaba “evento” minadamente, como única fuente de conocimiento y de certeza, al campo de la subjetividad, y al campo social. La afinidad de intereses entre las burocracias admi- hacer un agujero en una opinión formada por la ideonistrativas y la ideología cientificista contemporánea, logía cientificista y plasmada por los media. Esto vale confiándose en este mantra, crea un esquema de penpara la investigación en psicoterapia, para aquella finansamiento de sentido único que se impone y se ampli- ciada por las administraciones farmacéuticas, y para fica a través de los medios de comunicación de masas, toda aquella modalidad retórica cuya divinidad garante formando un sólido binario sobre los cuales corren los sea la frase inapelable, como el decreto de una divinidad medios veloces de la gobernabilidad contemporánea. à la page con la frase: “Los estudios demuestran que...”. O, podríamos decir, con otra metáfora, determina un Obviamente no hay una apelación a la frase “Los espectro acústico, en el cual nada es perceptible por estudios demuestran que...”, ya que basta medir adecuaencima o por debajo de estas frecuencias. damente los criterios de la investigación para demostrar Los investigadores que se han ocupado en demos- cualquier prejuicio u obviedad, desde las bases orgánitrar la validez del trabajo psicoterapéutico, para hacerse cas de la enfermedad mental –que si no hemos podido oír, han tenido que sintonizarse en estas frecuencias y documentar hoy, emergerán con el avance de la investihablar el mismo lenguaje que las administraciones y gación- al efecto beneficioso de las emociones positivas el cientificismo. En Italia podríamos encontrarnos en sobre el buen funcionamiento del organismo, al rol de la una situación análoga si pasase la propuesta, presentada oxitocina como causa del amor. Por lo tanto no se puede hace tiempo en el Parlamento, de que el sistema sani- entrar en un confrontamiento dialéctico con este tipo de tario público asumiese los costes de la psicoterapia. La premisas, es necesario deconstruir los axiomas fundadovaloración de los resultados de la psicoterapia, que tuvo res, los aspectos que damos por sentado, tan obvios que en Lester Luborsky uno de sus mayores promotores, solo aparentemente no requieren ninguna discusión. tiene sentido si nos basamos en parámetros de medida y ¿No es natural pensar que si se emprende una psicoen un concepto de resultado entendido como resultado terapia se quiera tener éxito? ¿No es el éxito, el objetivo calculable, y si podemos considerar que el éxito de un al cual todos apuntamos en el momento en el cual llevatratamiento se identifica con el alcance de un beneficio mos a cabo cualquier acción? definible empírica y objetivamente. Esto significa que El éxito, en el sentido moderno del término no es una valoración de los resultados tiene sentido si podemos a lo que apunta el psicoanálisis. Aún así debemos predefinir una norma para la cura, el bienestar, o cualquier guntarnos: ¿Qué significa “éxito”? Hace falta precisar el objetivo que queramos alcanzar en una psicoterapia. “sentido moderno del término”, porque “éxito” hasta la Obviamente hay variaciones postmodernas de este mitad del siglo XVII significaba “evento” en la acepción tipo de búsqueda, que intentan introducir una pers- más general, y este evento podría ser calificado como pectiva narrativa y una búsqueda de significados en la favorable o desfavorable según el caso. Sólo en el transmisma óptica administrativo-cientificista, como la que curso del siglo XVIII el término “éxito” se especializa en ve la psicoterapia como remedio de un mal funciona- el sentido de resultado favorable. miento inhabilitante. Este tipo de investigaciones se Junto a las transformaciones léxicas hay, no obstante, valen de un lenguaje que traduce en siglas o en térmi- influencias más decisivas en la definición del concepto nos objetivables, modelizables, las palabras clásicas que contemporáneo de éxito. Los notables análisis de Weber todos usamos: llamar a la psicoterapia una “praxis local sobre la ética del capitalismo, muestran el éxito en los históricamente determinada” no parece particularmente negocios –y aquí inequívocamente el éxito debe tener el iluminador, y llamar al cliente “agente” parece una puñasentido de resultado positivo- siendo el signo terrenal lada al buen gusto a la hora de expresarse, antes que un de la salvación eterna en la consecución calvinista de la obstáculo a la transparencia. predestinación. De todas maneras se trata de un tipo de lenguaje La visión oscura del puritanismo calvinista, que cuyo fin es mimar la eficacia, la gobernabilidad de los habiendo elegido el trabajo como única manifestación procesos, a través de la construcción de modelos que de virtud, mira con ojos torvos cada entrega al placer, al satisfagan la apariencia de una racionalidad calculable. entretenimiento, a expresiones de alegría o de felicidad;

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y esto crea tensión, melancolía, una pesada capa que impide cualquier expresión de alegría espontánea, y a la larga esta camisa de fuerza psicológica oprime el cuerpo en sus movimientos, enfermándolo. En París se veían las manifestaciones teatrales de la histeria como expresiones de una cultura que no escondía el fruto de la dolce vita, pero no estaba al alcance de todos, y ciertamente las mujeres eran las que más padecían la privación. En los Estados Unidos el puritanismo –importado por aquellos que huían de las persecuciones del obispo de Canterbury, William Laud y de Carlos Igenera una carga de angustia y culpa que se refleja bien

“El perdedor es la figura moderna del no creyente” en las atmósferas oscuras de las novelas de Nathaniel Hawthorne. Cuando la opresión de la angustia se vuelve insoportable, ya no hay lugar para más, y los hijos del puritanismo se revelan al Dios resentido de Calvino, que nos desea el mal y que nos mantiene permanentemente en el abismo de la condenación. El opresivo clima en el que vive el hombre, la aprensión de sentirse siempre al filo de la censura, sufre una torsión. A través del New Thought de Phineas Quimby y de Mary Baker Eddy se invierte la idea de un Dios que nos condena a priori, y se promueve la idea de un Dios todo amor, que no quiere otra cosa que nuestro bien. Se crean así las premisas del Positive Thinking, que se convertirá en la filosofía de base de las Corporations americanas, como puntal del Motivating Business, y que se difundirá más tarde en todo el mundo occidental. La noción calvinista de éxito atraviesa indemne el vuelco desde la melancolía calvinista al optimismo forzado del pensamiento positivo, y encuentra savia en las expresiones de la nueva filosofía autóctona americana, desde Ralph Waldo Emerson, con sus reflexiones sobre la self-reliance, a William James, que en su Will to believe da estatus académico al voluntarismo optimista del éxito. La noción calvinista de éxito, en el universo teñido de rosa del pensamiento positivo, ya no divide el mundo entre salvados y condenados, sino entre aquel que es un winner y aquel que es un loser, entre los ganadores y los perdedores. Ya no se habla de pecado y de condenación eterna, pero “el perdedor” continúa con una implícita condena moral, porque el supuesto es que si creemos firmemente en la posibilidad de alcanzar nuestros objetivos, éstos se realizarán por una incontestable ley de atracción entre pensamiento y realidad. La filosofía del éxito tiene en su núcleo una moral del éxito, y si el Calvinismo condenaba a los alegres, a los despreocupados, a los festivos, porque contravenían la severidad de la ética fundada en el valor del trabajo, el pensamiento positivo condena al perdedor porque es la figura moderna del no creyente, que no ha sabido sintonizarse con energía constante en sus propios objetivos. El éxito, cuando significaba evento, hasta el siglo XVII, era algo que ocurría, en el bien o en el mal, pero no era algo con lo cual no se pudiese entrar en una

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relación de responsabilidad moral. Somos responsables de muchas cosas, pero hay cosas que suceden sin más. Si en cambio el éxito se vuelve sólo realización, y ésta depende de nuestra acción, la perspectiva cambia completamente. Es en este punto que el éxito y el fracaso pueden volver a entrar en el campo de lo calculable. La racionalización del indefinido misticismo que es el transfondo del pensamiento positivo, ya no habla de voluntad, de ley de atracción, de creer en los objetivos propios. Habla, más moderadamente, de cálculo. Presentado así, el tema del éxito pierde el aura mística que lo sostiene. El fracaso no deriva del hecho de que no hayamos sabido creer hasta el final en nuestros objetivos, sino de un error de cálculo. Negligencia del perdedor. Si el psicoanálisis en sus expresiones más auténticas rechaza el tema del éxito, de la verificación de resultados, del empirismo positivista acomodado en la mística del bienestar, es porque, como sabía Freud, se trata de una tarea imposible, que se confronta con las contradicciones del deseo, más que con las aspiraciones lineales a un bienestar que pretende no ser ambivalente. Ya lo dijo Musil: poned a un hombre frente a la posible realización inmediata de todo aquello que siempre ha declarado que son sus deseos, y le veréis huir rápidamente. Es el motivo por el cual Lacan ha definido el ratage, fracaso, como el objeto del psicoanálisis. No un éxito, no un resultado calculable y cuantificable, sino el ratage como un límite de lo imposible. Frente a la idea utópica de un bienestar definido por la OMS como una plenitud total, el psicoanálisis lleva al sujeto a enfrentarse con lo imposible. Es un real que limita las ilusiones, que hacen sentirse impotente y frustrado al sujeto, porque no son alcanzables. Es sano confrontarse con el límite, no lanzarse hacia la quimera alimentada por el optimismo omnipotente impuesto por el principio de prestación, o hacia los objetivos normativos de su cómplice secreto: el empirismo positivista, que cree que puede poner al sujeto bajo el imperativo de un cálculo omnipotente. Ambas formas de omnipotencia, el optimismo no condicionado por la ley de atracción y el cálculo racionalista mal aplicado, a cambio solo produce frustración. En el psicoanálisis, la experiencia más radical del deseo humano, sabemos que el sujeto se las arregla con sus contradicciones, llevándole a un límite en el cual el lenguaje inscribe el placer pulsional, constituye la sal –a veces demasiado fuerte, pero precisamente por esto auténtica- de la vida, en su inextricable e irrenunciable complejidad. Traducción: Marco Caneda Revisión y Correcciones: Oscar Caneda y Andrés Borderías

EL AUTOR Marco Focchi. A.M.E. Psicoanalista en Milán. Miembro de la SLP y la AMP. Docente del Istituto Freudiano per la clínica la scienza la terapia.

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Cuando la cópula se abre. Tres escansiones

en el deseo del psicoanalista*

Textos: Leonardo Gorostiza Imágenes: Harald Matern *Testimonio en la EBP, Sao Paulo, 20 de noviembre de 2010.

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l primer análisis o curarse del deseo de curar “Vengo a hacer un análisis didáctico”. Así articulé mi demanda ante quien fuera mi primer analista. Pocos años antes había iniciado mi práctica y las experiencias psicoterapéuticas transitadas no alcanzaban para garantizar el camino hacia aquello que anhelaba: “ser” psicoanalista. Sin embargo, la demanda de formación rápidamente se desdibujó dejando ver el verdadero impasse que había precipitado la decisión: una dificultad en “tenerlo” por no poder dejar de “serlo”. Efectivamente, una pérdida había puesto de manifiesto el padecimiento que surgía de no dejar de ser el falo materno y el obstáculo que esto podía significar tanto para el ejercicio de la paternidad como para la asunción de los atributos viriles en la competencia profesional. Así, la conclusión de ese primer análisis se produjo a partir de la destitución de la posición de identificación al falo. Es decir, se trató de una conclusión ligada a la resolución de lo incumplido en la metáfora paterna. Un primer sueño transferencial, surgido luego de la primera entrevista con aquél analista, y un sueño a repetición una vez decidida la conclusión, dan cuenta de ese recorrido.

Lo llamo desde un teléfono público de un nítido color rojo para preguntarle si puedo ir a verlo. Una vez en

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su consultorio constato, con sorpresa, que se trata de una reunión donde hay muchas personas. Parece una fiesta. Él me recibe afablemente pero… Se encuentra travestido, disfrazado de mujer con un vestido también de un intenso color rojo. Este sueño, denota claramente la instalación transferencial y muestra la posición privilegiada de la que era mi estrategia de inserción en el deseo del Otro: ser yo mismo el falo vestido por las envolturas maternas. Fue así que ya en aquel primer análisis pude ubicar las condiciones que a partir del mito individual me llevaron a la elección de la carrera de medicina, lo que se podría resumir como “el deseo de curar al Otro”. Al mismo tiempo se despejó para mí, que el “ser médico” encubría la posición de “ser el único”. El único capaz de curar lo que aparecía como un nombre de la falta en el Otro, un nombre del goce enigmático de mi madre en tanto mujer: curar la “locura” del Otro materno. Pero si bien este lugar fue claramente ubicado, no encontró en aquel entonces un significante preciso para nombrarlo. Tal como señalé en testimonios anteriores, fue recién en el segundo análisis y con la producción del significante particular del síntoma, el significante “calzador” -una nominación eminentemente paterna-, que el lugar de falo materno que había ocupado pudo ser nombrado con precisión: desde el nacimiento, había


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Fuente de agua, Harald Matern

“calzado justo” para mitigar la falta y el infinito dolor materno causado por la muy temprana separación de mis padres. Y digo infinito dolor materno en el sentido más preciso del término. Porque se trataba del estrago de un amor ilimitado –sin medida- que la había llevado a través de la separación a reeditar la nostalgia también infinita por su propio padre muerto antes de nacer ella. Me refiero a mi abuelo materno, francés, dueño de una tienda de zapatos. Dije antes que un sueño a repetición, ocurrido luego de haber anunciado mi decisión de dar por concluido ese análisis, indicó la resolución de lo incumplido de la metáfora paterna. Por ese entonces, en el momento en que decidí la conclusión de ese análisis, el ejercicio de la paternidad no me presentaba mayores dificultades y me afirmaba en el ámbito analítico y como practicante. Porque el haber puesto distancia con la identificación al falo, tuvo ya desde entonces incidencia en mi práctica. Es lo que propuse resumir en testimonios anteriores como el pasaje de una posición terapéutica a una posición efectivamente analítica. Al mismo tiempo se abrían para mí nuevos espacios: escribía y presentaba mis primeros trabajos en público –habiendo resuelto una cierta inhibición a hablar- y comenzaba a ocupar funciones institucionales. Mi adhesión cada vez más decidida a la orientación

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lacaniana llevaba a un punto de máxima tensión el lazo con aquel analista que no compartía esta orientación. Era el momento de concluir. Es en ese contexto que sueño, dos veces consecutivas, el mismo sueño de angustia. Estoy con mi -entonces pequeño- hijo varón. De pronto ya no lo veo. Se ha perdido. Hay un parque o un bosque. Lo busco y no puedo reencontrarlo. Lo llamo, grito su nombre. Y no hay respuesta. Solo silencio. Allí despierto angustiado. Aún hoy recuerdo la intervención de aquel analista: “Su hijo, en el sueño –afirmó-, es usted mismo”. Una intervención asertiva que luego pude entender daba cuenta del duelo por mi lugar de falo materno perdido. Una intervención precisa y asertiva porque ya en ese momento y ante los efectos terapéuticos, él había dado su acuerdo a mi decisión de concluir. Pero lo hizo con una aclaración. “Usted ha resuelto sus síntomas-dijo. Pero queda aún el análisis del carácter”. No está mal. Fue su manera de decir, que era necesaria una vuelta más. Que era necesario interrogar aún el fantasma y la pulsión; que era necesario aún abordar el goce del síntoma. Esa vuelta más fue lo que aconteció en mi segundo y último análisis durante el cual –como muchos de ustedes ya saben- surgió ese significante nuevo, ese nuevo


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semblante que no tiene, como lo real, ninguna especie de sentido: “el-calzador-sin-medida”. El segundo análisis: hacia el deseo del psicoanalista Tal como he señalado en testimonios anteriores, si el significante cualquiera sobre el cual se apoyó la elección del analista fue, acorde con la novela familiar, un analista “abuelo francés y a distancia”, la condición de goce localizada en el analista y sobre lo cual giró todo el análisis no fue otra que una “voracidad sin medida”. Una vez efectivizada mi demanda –esta vez bajo la forma de “hacer un análisis lacaniano”- dicha voracidad encontró su emplazamiento en el Otro por medio del núcleo elaborable del goce, es decir, del objeto a en transferencia. En mi caso, bajo una substancia episódica privilegiada, pero no la única: la forma escópica del objeto a. Fue así, sobre ese núcleo libidinal, que tomó forma una fantasía transferencial que ya he relatado. La fantasía -que resumía la novela edípica- de estar siempre, por mi goce sin medida, a merced del enojo desmesurado de mi analista. Fantasía que hacía existir al Otro a través de una amenaza que no se sostenía sino a partir de mi propio goce “sin medida”, localizado en transferencia. La amenaza siempre latente de estar a merced de “el enojo del Otro”. Así, la fórmula el “enojo del Otro” tiempo después se revelaría, por medio del más sencillo equívoco homofónico, como un estar “en el ojo del Otro”. Punto que resultó crucial para situar cómo, a partir del “descalce” operado entre el ojo voraz y el Otro, se produjo el despuntar del deseo del psicoanalista. La escena fundamental Es una lluviosa mañana de otoño. Tengo apenas seis años. Un ruido me despierta. Son gritos que provienen de la calle. Salgo de la cama y me abalanzo hacia la ventana. Los gritos son más fuertes. Corro los dos paños del pesado cortinado de color rojo intenso –como el del sueño transferencial del primer análisis- que visten a la ventana. La persiana está baja pero por sus hendijas entra la luz. Calzo mi ojo en una hendija y asisto a una escena inolvidable. Sobre la vereda de enfrente una mujer, una vagabunda apodada “la loca del barrio”, levanta sus improvisadas faldas hechas de tela arpillera al tiempo que vocifera insultos. Sólo alcanzo a ver una mancha. A su lado, un lechero –repartidor de leche a domicilio-, enfundado en su capa de lluvia, apenas atina a no responder mientras intenta levantar una

“Mi encuentro con el deseo del psicoanalista estuvo jalonado por tres escansiones” botella de leche rota que descansa sobre el piso mojado. En ese momento, mi madre entra a la habitación y me aleja de la ventana. Esta escena, recordada y transitada en mi primer análisis, se constituyó durante el segundo en un punto de

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convergencia al que llegaban las diversas cadenas asociativas. Como una plomada, todo parecía sostenerse a partir de ese punto fijo construido con imágenes de alta densidad. Las vueltas dichas del análisis permitieron desinvestir esas imágenes y localizar la estructura mínima y fundamental que la sostenía: un ojo calza en la hendija, un ojo calza en la hendidura. Un ojo voraz que también es vorazmente absorbido, chupado por la hendidura. Fue luego de asistir fascinado a esta escena que se instalaron los síntomas de la neurosis infantil. “Atracones” con dulces, causantes de períodos de obesidad, y “panzadas” de películas en el cine continuado concluían inexorablemente en cefaleas acompañadas de fuertes dolores retro oculares y una fotofobia que se mitigaba bajando completamente las persianas, sin permitir que la luz siquiera se insinuara por las hendijas. Vómitos incoercibles cerraban el cuadro trayendo un alivio inmediato. Esta escena fundamental, pudo ser articulada a lo largo del análisis con otras dos. Una previa: el momento inaugural en que me confronté –como dice Lacan- a la “hendidura de la impúber” 1. La otra, posterior, en la que soy sorprendido mirando –en un ejercicio de verificación- por el agujero de una cerradura. Pero el conjunto de estas tres escenas, claramente articuladas a la función fálica, al “pas-de-penis” –como dice Lacan-, a la ausencia de pene de la madre en cuya falta “se revela la naturaleza del falo” 2 , no fue sino el montaje –la invención-que me permitió entonces dar un nombre, el nombre de “locura”, a lo que había sido antes para mí el encuentro traumático –troumatique- con el goce enigmático de mi madre en tanto mujer. Solo queda, de ese encuentro traumático, una imagen ahora vuelta rasgo: su boca desmesuradamente abierta y el grito inaudible de su inconmensurable dolor. Del instante del fantasma al deseo del psicoanalista Pocos años después de comenzado mi segundo análisis y el síntoma ya puesto en forma a través del significante particular “calzador”, un sueño vino a marcar un punto de inflexión. Estoy en el consultorio. Una mujer con extrema delicadeza deja entrever su intimidad. Esa hendidura es –asociaré luego- la división misma del sujeto. Participo de la escena sólo contemplándola. La figura es de un llamativo color sepia, como si se tratara de una antigua fotografía. Una sencilla aliteración me hará ver luego de despertar que, en español, “sepia” es un anagrama de “espía”. La escena es de una gran placidez. Parece estar fuera del tiempo, como eternizada. De pronto, súbitamente y de manera abrupta, el techo de la habitación se abre -como lo hacen ciertas cúpulas de los cines o los teatros- dejando ver el exterior. Constato con horror que un helicóptero se sostiene en el aire y que han fotografiado la escena. He sido sorprendido in fraganti por el ojo de la cámara. Hasta aquí el sueño.


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Al relatarlo ante uno de los pasadores un lapsus resumió lo que este sueño y su elaboración implicaron. En vez de decir “la cúpula se abre” dije “la cópula se abre”. Porque es una “cópula” la que se abre y deja ver su estructura: la “cópula del ojo con la hendidura”. Así, si por un lado en el acto contemplativo soy el ojo que calza en la hendidura, en la división del sujeto para colmarla, en el momento de ser sorprendido se revela que soy mi propia mirada trasladada al campo del Otro y alojada en su falta radical. A distancia del Ideal del cual podría verme a mi mismo como amable, de lo cual la vergüenza de haber sido sorprendido in fraganti atestigua, se me revela ese otro punto, ese –como dice Lacan - “… donde el sujeto se ve causado como falta por el objeto a y donde el objeto a viene a tapar la hiancia que constituye la división inaugural del sujeto” 3. Así, fue luego de este sueño que pude, tal como anticipé, declinar la fórmula “el enojo del Otro” en un estar “en el ojo del Otro” y, aún más, de esa manera “ser el ojo del Otro”. Pero además, había algo en la primera escena de este sueño que retuvo especialmente mi atención: ese rasgo de estar como por fuera del tiempo, como eternizada. ¿De qué era índice ese rasgo peculiar? Fue recién a partir del testimonio ante los pasadores y al comenzar la elaboración de los testimonios conceptuales, que pude encontrar una respuesta. En su escrito “Posición del inconsciente” Lacan habla del instante del fantasma, de ese punto de fijeza en el que se proyecta la topología del sujeto 4 . Proyección del sujeto en el instante del fantasma que se corresponde con el tiempo lógico de la separación, tiempo en el cual “vemos en el primer plano de la escena el objeto a en relación con $” 5. Ese instante, fuera de la temporalidad de la cadena significante aunque no por eso no articulado a ella, es lo que entiendo fue subvertido a partir de este sueño y su elaboración. ¿Por qué? Porque la placidez –la homeostasis, podemos decir- de la escena luego conmovida, lo que indicaba era la ilusión de una cópula posible, de un calce posible entre el ojo y la división del sujeto. Instante del fantasma, instante de ver prolongado en un dilatado tiempo para comprender y donde se articulaban el síntoma con el fantasma: al mismo tiempo que el ojo calzaba en la hendidura, el síntoma no cesaba de calzar un pensamiento con otro. Que el sueño se hubiera situado en el consultorio reveló que mi práctica allí estaba interesada. Fue notable, luego de este sueño y de su elaboración, como se modificó para mí el manejo del tiempo de las sesiones: una mayor libertad para el corte y la reducción de su duración. ¿Cómo entenderlo? Que en ese punto de inflexión fue conmovida y atravesada lo que Lacan nombró como “la morosa operación” 6 del analista cuando ésta tiende a estancarse y a obstruir la hendidura simbólica. En este sentido, Jacques-Alain Miller ha destacado que el pensamiento del analista puede sufrir una succión, que puede ser aspirado por la hendidura que se abre de su ejercicio mismo, lo cual en la práctica toma la forma de lo que Lacan llamó “la insistencia de una indecente intimidad” 7. Es decir, el punto donde el analista puede contentarse

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en completar, formar pareja, con lo que se presenta de las exigencias libidinales del síntoma del analizante, que es su división misma. Es el punto donde el psicoanalista tiende a olvidar lo que hay de suyo en la experiencia analítica cuando falla en indicar la falta, la hendidura del sujeto, por ser él mismo quien la obstruye 8. Las tres cópulas imposibles Años más tarde vino el sueño que precipitó el desencadenamiento del final. El sueño que he relatado varias veces donde se midieron la verdad y lo real. El sueño que abrió la vía a la identificación al síntoma, al encontrarme siendo eso: “el-calzador-sin-medida”. El sueño que posibilitó otra invención, la invención de ese nuevo semblante, del significante amo de un goce singularísimo 9, y también una nueva alianza con ese goce. Un significante nuevo, situado por fuera de la función de representación y por ello índice del calce imposible entre lo verdadero y lo real. Echando ahora una mirada retrospectiva, puedo afirmar que mi encuentro con el deseo del psicoanalista estuvo jalonado por tres escansiones en relación a lo inconmensurable. Tres escansiones que podríamos llamar la experiencia de tres cópulas imposibles. Primero, la cópula imposible del falo con la inconsistencia del Otro. Segundo, la cópula imposible del ojo con la hendidura del Otro. Por último, el calce imposible entre S1 y S2, que es lo que surge de la cópula imposible entre lo verdadero y lo real. Es decir, tres escansiones en el deseo del psicoanalista por las que pude atisbar el vacío que se abre cuando la verdad mentirosa –es decir, el “delirio” que cada uno se ha inventado- se desvanece ante la opacidad de un oscuro silencio final. Revisión y Correcciones: Mirta García y Gabriela Medin

EL AUTOR Leonardo Gorostiza. A.E y A.M.E. Psicoanalista en Buenos Aires. Miembro de la EOL y la AMP. Docente del Instituto Clínico de Buenos Aires. Presidente de la AMP. Email: goro@fibertel.com.ar

Notas y Bibliografía 1 L acan, Jacques, “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, Manantial, Argentina, 1987, pág. 19. Autres écrits, Seuil, France, 2001, pág. 254. 2 Lacan, Jacques, “La ciencia y la verdad”, en Escritos 2, siglo veintiuno editores, Argentina, 1987, pág. 856. Écrits, Seuil, 1966, pág. 877. 3 Lacan, Jacques, Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Argentina, 1993, pág. 278. 4 Lacan, Jacques, “Posición del inconsciente”, Escritos 2, siglo veintiuno editores, Argentina, 1987, pág. 815. Écrits, Seuil, 1966, pág. 836. 5 Miller, Jacques-Alain, “La doctrina de la cura analítica”, Lo real y el sentido, Colección Diva, Buenos Aires, 2003, pág. 41. 6 Lacan, Jacques, “De un designio”, Escritos , siglo veintiuno editores, Argentina, 1987, pág. 352. Écrits, Seuil, 1966, pág. 366. 7 Ibíd. 8 Miller, Jacques-Alain, “El lugar y el lazo”, Curso del 28 de marzo de 2001 (inédito). 9 Miller, Jacques-Alain, “El lugar y el lazo”, Curso del 28 de marzo de 2001 (inédito).


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Clínica CASOS | VIÑETAS | INVESTIGACIÓN

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Cuando en la psicosis

los órganos hablan solos*

Textos: Christine. E. Henderickx Imágenes: EdwardWeston * El texto que sigue se inspira en una reflexión entre varios que, en su versión original, presenté en la jornada de la red 2 en Bruselas el 23 de septiembre de 2010, para tratar de responder específicamente a la cuestión del tipo de acompañamiento a proveer en la clínica de la (in)separación, distinguiendo “autonomía” y “adaptación”.

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i práctica en una unidad de cuidados psiquiátricos me ha permitido encontrarme con personas en las que está ausente un lenguaje reglado, operando entonces un código no clásicamente compartido y por tanto inasimilable por el interlocutor. Y, si este último -la mayoría de las veces el trabajador social- interpreta directamente esta palabra, se salta una etapa intermediaria que llamo traducción. Lo primero que quiero ilustrar aquí es este recurso a la traducción, con sus efectos benéficos para el sujeto. Conocí a Anouar en el módulo psiquiátrico de la prisión donde estaba encarcelado desde hacía algunos meses, en el marco de una tutela de Defensa social, tras haber cometido un fratricidio. Quería dejar la prisión para ingresar en la unidad de cuidados que yo coordinaba.

Algunos datos anamnésicos Anouar tiene 21 años. Es el pequeño de una gran fratría en la que dos de los hermanos son conocidos de la Justicia. La familia es originaria del Rif. El padre, falleció cuando Anouar era un joven adolescente y su educación es asumida por otro de sus hermanos, que no duda en retenerlo con ayuda de esposas y molerlo a palos a la menor extravagancia. La madre deja hacer. Se fuga frecuentemente a casa de una de sus hermanas, casada,

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que le aloja pero el hermano viene cada vez a buscarlo y se repite el mismo escenario, sin que la familia tome posición. En el instituto también ocupaba la posición de “cabeza de turco” porque hablaba solo en clase y se reía sin razón aparente. Tentativas de recurso al Otro previas al fratricidio De adolescente, Anouar propone a su familia ser tratado por un psiquiatra. Como resultado de la primera entrevista -que tuvo lugar en presencia de su hermano-, el psiquiatra contacta con la familia para informarles del riesgo que según él, corre Anouar frente a ese hermano. La familia no escucha y el hermano pone fin a todo contacto con el psiquiatra. Ahí, Anouar es comprendido -por el médico- pero no oído, escuchado, por su familia. Anouar llama en varias ocasiones a urgencias tratando de hacerse hospitalizar. Pero lo que Anouar dice no es interpretado como él trata de significar. En efecto, dice “me duele la cabeza” para designar las voces que oye. Sus tentativas para hacerse hospitalizar fracasaron por este motivo: le han escuchado, pero no comprendido. Después, Anouar comete un primer pasaje al acto cuyo modus operandi es tan poco convencional que se pide a un experto psiquiatra que le examine. En efecto, Anouar lanzó un hacha a un escaparate para tratar de


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“Pepper No. 30” (1930) by EdwardWeston

conseguir un objeto brillante que le fascinaba. Después, se quedó en el lugar hasta que llegó la policía… ¿para hacerse detener? El examen tiene lugar muy rápidamente pero las conclusiones no llegarán hasta cuatro días más tarde… es decir, después del segundo pasaje al acto -el fratricidio-. Anouar denunciará la negligencia de la Justicia que le dejó en libertad durante esos cuatro días. Le escucharon, comprendieron la necesidad de hacerse cargo pero no tuvieron en cuenta la urgencia de detenerlo. El cuarto día, en efecto, explota la enésima disputa entre Anouar y su hermano. Anouar, que esta vez no está contenido por las esposas, coge un cuchillo de cocina que está frente a él y golpea dos veces a su hermano que muere unas horas más tarde. Un “o él o yo” parece habérsele impuesto a Anouar. Podemos cuestionar la presencia de un cuchillo de cocina en la habitación en la que vivía atado a la cama: ¿quién lo llevó? ¿Con qué objetivo? Cuando la policía anuncia a la madre y al resto de la fratría que “uno de sus hijos ha muerto, asesinado por el otro”, todos piensan que Anouar ha sido asesinado por su hermano mayor y no a la inversa… ¡Así pues Anouar parecía realmente en peligro de muerte! Después de los hechos, Anouar vaga ensangrentado por las calles antes de ir a casa de su hermana que,

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con su marido, le acompañará para entregarse a la policía. Anouar pasa baja tutela de Defensa social por estos hechos e ingresa en el módulo psiquiátrico de la prisión. Es la primera vez que una institución -la Comisión de Defensa social- viene a hacer de tercero para él, le detiene y le propone una significación simbólica más allá del arresto y del encierro bien reales que también implica 1. Cómo toma contacto Anouar Su toma de contacto con el equipo al principio se realizó por la vía de su cuerpo –sufriente-, después por risas no contextualizadas como premisas de una posibilidad de acompañamiento más amplia que hemos sostenido para y con él, al traducir. Una vez fuera del hospital, se trataba para él de hacer de los otros pacientes el objeto de sus cuidados. Este es el recorrido en tres tiempos: Primer tiempo: mostrarse, hacerse curar el cuerpo En el hospital, al principio Anouar vino a mostrarnos su cuerpo, reclamando así una prescripción para después seguirla perfectamente. A veces, su urgencia subjetiva le empujaba a reclamar una consideración somática sin demora, estimándose en grave peligro. Así un día,


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apenas resfriado, grita a las enfermeras: “¡Tienen que curarme! ¡Es una cuestión de vida o muerte!”. Y, en efecto, es para ser tomado al pie de la letra, porque ese día, Anouar decide que no soporta más las burlas de los otros pacientes de la unidad y no se le ocurre otro medio que matar a uno para volver a prisión. A partir de las demandas somáticas o de protección más vasta de su cuerpo, tratamos de elaborar juntos una manera de comunicar de manera más performativa, un código local, esbozo de una capacidad de compartir su experiencia en el código común. Seis meses después de su salida del hospital, su enfermera responsable y yo misma constatamos que aplica rigurosamente el programa terapéutico -toma los neurolépticos, cura sus heridas…-, llama a un tercero. Pide ser regulado, inicialmente la policía y la ambulancia; hoy el equipo y la generalista. Objeto de maltrato por mucho tiempo, sigue siendo objeto de cuidados en todo caso para ser escuchado, puesto que escuchar voces no es suficiente: al principio de su hospitalización, se queja a intervalos regulares de diferentes problemas somáticos que parecen justificar para él sus insomnios o dificultades psíquicas más difusas. Localiza. En efecto, cuando sufre, sus voces, sus ideas fijas y sus pesadillas repetitivas disminuyen. Dice de sus dolores que “es horrible” pero también que “le ocupan”. ¿Le asientan? Las conversaciones sobre su cuerpo sufriente permiten comenzar cada una de sus entrevistas tanto con su psicóloga como con su responsable del hospital, pero también, más tarde, con sus dos responsables del IHP y en el centro de día. Más que un ritual, o que un modo de entrar en relación, permiten localizar el goce y también regularlo: de sus problemas de estómago, podía “contar” lo que entra en su cuerpo, lo que sale y así colmar el “agujero” con tomas de alimento, a veces excesivas. Cambios en la dieta vinieron entonces a calmar sus accesos de bulimia y a apaciguarlo un poco, en tanto encontraba conmigo la seguridad de una escucha vigilante de lo real que le asalta y del que testimonia. Haciendo lazo con sus interpretaciones precedentes del medio médico psiquiátrico, y que habían fracasado, tomé la medida de lo que me decía. Sí, es muy grave cuando dice que sufre, hay que hacer algo, concretamente llamar a la generalista, difractar la transferencia, desplazar sobre el cuerpo la preocupación, según la forma que toma su esquizofrenia, haciendo para él, ese cuerpo preocupante. Ocuparse de “cómo van el estómago, los pulmones, las

“Encontrarme con personas en las que está ausente un lenguaje reglado” hemorroides”, permitió una dirección no demasiado frontal y mediatizada, engendrando una disminución de su sentimiento de persecución. Tras la hospitalización, gracias a las activas gestiones de su generalista, Anouar encontró un especialista que pudo aliviar sus dolores. En un primer tiempo, me pregunté cuales serían las consecuencias a nivel psíquico

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de esta deslocalización temporal del goce; ¿cuidar aún más del otro? De hecho, poco tiempo después, se puso a interpretar de nuevo un silencio, con ocasión de las entrevistas con el médico psiquiatra que asegura la tutela médica: para él éste es la prueba de que el médico le odia por algo o de que se burla de él. Más habría valido rellenar el silencio con una pregunta sobre una parte de su cuerpo. Pero puede ir y hablar de esa amenaza con su psicóloga -conmigo primero y más tarde la que aseguró su seguimiento después-, buscando que deconsistamos sus pensamientos. De hecho, ese cortejo de intervinientes permitión difractar la transferencia, lo que hace al Otro menos amenazante para Anouar. 2 Segundo tiempo: hacerse escuchar, reír: En el hospital, era objeto de maldades, de burlas por parte de algunos pacientes. Anouar enviaba a los paciente-autores de esas vejaciones señales que no permiten su detención, por ejemplo se ríe en lugar de decir “no”. No se trata de un desconocimiento del código, de un “error de traducción” del lenguaje -creer que reír les disuadiría de continuar- sino más bien, me dice, de una tentativa de limitar la agresividad de los burladores evitando la escalada de violencia, el conflicto abierto, pues teme golpearles y volver a prisión. Puede venir a hablar al equipo y encargarnos indirectamente para que pongamos fin, tras el trabajo de traducción que habremos hecho de su actitud con sus iguales: reír no quiere decir si, es una estrategia. Un “¡ya basta!” por nuestra parte, venía entonces a puntuar las idas y venidas de Anouar a la enfermería, dirigido tanto a él indirectamente a través de su objetualización por los iguales, como a estos últimos. Sin embargo no se queja porque se dice “no rencoroso”; de todas maneras, el recurso a las instancias simbólicas parece poco integrado para él así como para los demás miembros de su familia. 3 Tercer tiempo: hacer del otro su objeto de cuidados: Una vez en el IHP, Anouar pasa de objeto perseguido a objeto ayudante -mediatización de la relación por un servicio que hace al otro-. Se pone a tratar una parte en el otro -no al otro en su ser, lo que igualmente pacifica sus relaciones: hacer compras y la comida de un paciente accidentado, limpiar el alojamiento de un paciente muy deficiente,… es decir que cura la pierna rota, el estómago, la nevera vacía o la mugre del compañero, no al compañero en si mismo. Mediatizar el encuentro con los iguales ofreciendo un servicio… o un producto que falta al otro: pasa haschish, lo que constituye un riesgo suplementario para él de hacerse detener dado su estatuto de internado. Regularmente, pues, los trabajadores sociales le encuentran evocando los riesgos para “alguien que estuviera en defensa social si traficara o si un compañero consumiera en su casa o si encontraran cannabis en su habitación…”. Sin confrontación directa con el Otro ni por su parte ni por la nuestra con él.


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Traducir no es interpretar Estos últimos tiempos, Anouar parecía tan calmado que su asistente de justicia creyó bueno introducir en la comisión de defensa social una petición de levantamiento definitivo de su internamiento, sin informar al equipo que sigue a Anouar ni a la que sería susceptible de seguirle en caso de recaída 2. Podríamos felicitarnos de que la Justicia decida someter un poco menos a las personas para que sean un poco más sujetos. Pero, si no podemos saber en que óptica ha sido introducida esa petición de levantamiento definitivo, subrayemos que el paciente no ha pedido nada y puede que por muy buenas razones! Aquí se le ha interpretado, más que traducido. Ese estatus de internado, aunque sea constrictivo en muchos aspectos, le garantizaba ser tomado en cuenta por lo social, una inscripción simbólica en una institución que había podido reconocer como no persecutoria y que, de alguna manera, le ha protegido de otros pasajes al acto eventuales por venir. ¿Cuál sería el cortafuegos de Anouar si la petición de levantamiento definitivo era aceptada? Notemos también que, contractualmente, en caso de recaída, esos dos equipos ya no podrían acoger a Anouar. Pero uno de los cortafuegos de Anouar es la seguridad de poder volver al hospital donde conoce al equipo. Por tanto, hay que medir las consecuencias de este tipo de iniciativas no concertadas: ¿vale la pena cortar los referentes de un interno que no lo pide para dejarle libre? O, al contrario, debemos mostrarnos particularmente prudentes cuando se trata de autonomizar a personas que a lo mejor ya lo son demasiado -el pasaje al acto siendo una manifestación de una autonomía radical?

sostenido en sus intentos de adaptación a lo cotidiano a falta de una operación de separación simbólica. Dicho de otra manera, ¿cómo constituir una adaptación… relativa, solicitando adecuadamente un reglaje social? Mi hipótesis es la siguiente: Anouar buscó hacer con el Otro, lo interpela pero de una manera incomprensible que le hace fracasar -múltiples llamadas incomprensibles a la policía, a ambulancias. Porque sus tentativas se revelan inoperantes, Anouar trata de cometer un delito y después, cuando de nuevo es dejado por ese Otro -la Justicia que le deja en libertad hasta que terminan las conclusiones del experto, es decir de nuevo abandonado a su verdugo como único interlocutor- mata a ese verdugo -fratricida. Así pues interpreto sus llamadas como tentativas desesperadas para no ser autónomo, en contacto directo con el objeto. Escuchar y traducir pueden entonces contribuir a limitar ese riesgo de pasaje al acto. Pero, evidentemente, le falta un significante común en la relación para ser correctamente interpretado. Permitir ser para el otro un interlocutor particular, capaz de traducir la esencia del decir no codificado es pues la función a ocupar, en tanto que interviniente, es decir, interlocutor privilegiado… y ¡traducir no es interpretar! Es la apuesta que sigo haciendo. Traducción Julia Gutiérrez Revisión y Correcciones: Andrés Borderías y Julia Gutiérrez

Conclusión Hoy, para Anouar, el problema es ocuparse de una parte del otro para evitar que el otro, amenazador por el mero hecho de no decir nada, se ocupe de él. Ofrecerse a la mirada de los que hablan, no de los que dejan vacíos, a riesgo de interpretaciones delirantes. No siendo tratado directamente por el equipo, pudo no tratar directamente a los otros de los que siempre teme la reacción. Anouar localiza en el otro un punto dañado del que se va a ocupar, lo que le da una función y pacifica la relación que se hace mediatizada. Antes de estos encuentros, sostenidos y acompañados por los intervinientes, la confrontación al otro tomaba para él formas estragantes, llegando al asesinato. Golpeando radicalmente a su familia, entró en la comunidad de internos que dependen de la comisión de Defensa social. De una zona fuera del derecho, hizo surgir un tercero en la realidad social, como lo hará durante la hospitalización: terceros que toman posición en relación a la familia fuera de la ley, que acompañan la adaptación a la vida social, que (re)enganchan, proponen lugares a los que dirigirse válidos y sensibles, lo que viene a atenuar los fenómenos de encuentro con lo real. En efecto, Anuar necesitaba menos autonomía que herramientas reinventadas continuamente, para interpelar mejor, y lugares a los que dirigirse para ser

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LA AUTORA: Christine.E.Henderickx. AP, Analista Practicante en Bruselas, Bélgica. Miembro de la ACF Belgique. Psicóloga Clínica. Email: chenderickx@yahoo.fr. Notas y Bibliografía 1 En prisión, regularmente, pregunta al psicólogo que le sigue si ese hermano va a volver (forma delirante de su culpabilidad? Temor de que su agresor no haya sido erradicado definitivamente?). El asesinato constituye pues una ruptura radical con el otro que le persigue pero no una separación simbólica. 2 La Comisión de Defensa Social finalmente optó por mantener un lugar para Anuar en el seno de la institución que representa rechazando, por el momento, la petición de liberación definitiva introducida por la asistente de Justicia. Según las últimas noticias, esta decisión, aunque poco confortable, alivió a Anouar, que aún puede justificar con ese estatus algunos de sus refugios de alienación a las reglas de su familia sobre todo.


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Buenos días, Paternidad*

Textos: José R. Ubieto Imágenes: William Orpel *Texto original del autor

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ensar hoy los nuevos modelos de paternidad exige partir de una constatación: el declive de lo viril. Jaques Lacan, hace más de 50 años en su Seminario IV sobre La relación de Objeto (1957), se refirió a él tomando como apoyo el famoso caso Juanito, comentario sobre un niño, hijo de un colega suyo y afectado por una importante fobia a los caballos. Lacan toma al pequeño Hans como el paradigma de un tipo de relación sexual marcada por la posición pasivizada del varón, de la que dice que “cualquiera que sea la legalidad heterosexual de su objeto, no podemos considerar que agote la legitimidad de su posición”. Remite este tipo sexual al estilo que empieza a ser dominante al final de la Segunda Guerra Mundial: “esa gente encantadora que espera que las iniciativas vengan del otro lado”. No es que Juanito no se interese por las niñas, lo hace sin duda y de manera caballerosa, pero justamente Lacan resalta la posición pasiva como el dato relevante de su manera de ocuparse del otro sexo, manera nada viril. Unos párrafos más adelante, recomienda, como lectura veraniega, el estudio de Alexander Kojève titulado “Le Dernier Monde nouveau” aparecido en el número de agosto-septiembre de la revista Critique, estudio que analiza las novelas de Françoise Sagan Bonjour tristesse y Un certain sourire, auténticos éxitos de venta en la época. La idea de Kojève es que se trata de un

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mundo nuevo porque está “completa y definitivamente privado de hombres”. En una interesante conferencia titulada “Buenos días, Sabiduría”, Jacques Alain Miller retoma esta referencia de Lacan sobre el declive de lo viril para ref lexionar sobre los enigmas de lo masculino. Miller destaca que esta época, bautizada por Kojève como del saber absoluto, es correlativa al declive de lo viril, incluso a su desaparición. Desaparición que no traduce otra cosa sino el empuje a la igualdad de los sexos, al todos lo mismo de la pujante democracia americana. Lacan ya nos había advertido en 1938, en su contribución a Los complejos familiares, del declive de la imago social del padre y ahora se completa este análisis con las consecuencias de este declive: la crisis del hombre, del que apenas quedan restos. Miller señala la homología de esta fórmula con la que Lacan usará más tarde a propósito de la mujer: La mujer no existe, en tanto categoría universal, existe una por una. Hoy, inmersos en la hipermodernidad, esa queja femenina del “¡Ya no quedan hombres (de verdad)!” expresa bien la tendencia, de algunos de ellos, a dimitir de sus labores de sostén de la función paterna, tanto en lo referido a su relación con el partenaire como en sus cuidados parentales. Los datos, crecientes, del consumo de cibersexo en nuestro país, preferentemente por parte de varones entre 35-50 años, son uno de sus índices.


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La nueva paternidad El rasgo de ese nuevo mundo que anuncia Kojève es la uniformización, “el camino de lo homogéneo”, y en ese camino parece que se sitúan muchos de los semblantes masculinos que se proponen ya entrado el nuevo siglo XXI. Si hay un significante amo para configurar esa nueva masculinidad es el de la igualdad hombre – mujer como referencia clave. ¿Cómo caminar entonces hacia ese horizonte uniforme? ¿Qué formulas sustitutivas encontramos en el lugar de ese “Adiós al macho”? 1. Sin duda varias y diversas. Me limitaré a analizar una de ellas, relacionada con la “buena paternidad”, también denominada hoy “parentalidad positiva”. La preocupación social y profesional por el ejercicio de la parentalidad es un hecho inequívoco de este principio de siglo XXI. En 2006 el Comité de Ministros del Consejo de Europa estableció una recomendación, REC (2006)19, dirigida a los estados miembros sobre políticas de apoyo al “ejercicio positivo de la parentalidad” 2. Se trata, en ese documento, de tomar como eje inspirador el concepto de parentalidad positiva con la doble finalidad de orientar a las familias sobre su acción socioeducativa y, por otra parte, orientar a los gobiernos en el desarrollo efectivo de políticas públicas de apoyo a la familia. Si tomamos el período que va desde el final de la Segunda Guerra Mundial, momento en que los estados empiezan a considerar más seriamente sus responsabilidades sobre las políticas públicas en temas de bienestar social y salud, hasta la actualidad, observamos el progreso de una idea sobre qué significa ser padres, que afecta a los roles de género, al ejercicio de la autoridad y a la comunicación intergeneracional. La psicología, especialmente la psicología social, ha promovido toda una serie de conceptos claves como “habilidades” o “competencias” parentales. La premisa fundamental que subyace a estas teorías sobre el entrenamiento de las habilidades sociales y/o parentales, es justamente que la mayoría de los problemas psicológicos y de comportamiento son consecuencia de no poseer o de poseer de una forma insuficiente o inadecuada determinadas destrezas sociales e interpersonales. Hoy proliferan las escuelas para padres e incluso las “universidades” para padres 3. La solución del buen padre Una “buena” solución, pues, para el tipo sexual de la masculinidad es la de la paternidad, una nueva paternidad que se ofrece como el buque insignia de las transformaciones de la masculinidad. Se trata de una paternidad igualitaria, distinta de la tradicional, que logre el ideal de padre perfecto: aceptado por las madres, la sociedad y congruente con las aspiraciones laborales que dejan de ser protagonistas para ceder su lugar a las debilidades sentimentales y la gestión de las emociones, como clave del buen desarrollo de sus hijos. Un estudio, titulado Los hombres jóvenes y la paternidad, dirigido por Inés Alberdi nos muestra como estos “hombres al sol”, inútiles sin su ocupación profesional, se rehabilitan en el trabajo domestico y la crianza. Es una

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Leading the life in the west , William Orpel

experiencia emocional, nueva y deseada, un antes y un después en su ser personas. Supone una feminización de lo masculino pensada como un avance social: el padre deviene un proveedor de afectos, al estilo de las madres antiguas. Y de paso implica un beneficio vital para él mismo ya que, en el régimen de la adolescencia generalizada, la paternidad –con el compromiso por el hijo- es hoy un rito de paso entre juventud y madurez, de mayor alcance que la vida en pareja o la simple emancipación. La buena paternidad masculina se presenta como la solución a la inexistencia de la relación sexual ya que aquí sí hay una armonía (libre de violencia y competencia) que contrarresta la desigualdad de género. Este “hombre nuevo” hará el duelo por la pérdida de la autoridad tradicional y obtendrá su nueva ganancia a través de los afectos y el cuidado de los hijos. La afectividad como expectativa dominante de la paternidad sostenible, es la clave de bóveda de este nuevo semblante y el príncipe Felipe de Borbón, heredero de la corona española, sería uno de sus símbolos preeminentes. “Compartir el polvo” fue el lema, exitoso mediáticamente, de la campaña de igualdad que en 1998 promovió la Diputación provincial de Córdoba. Un buen ejemplo para captar que no se trata para el varón, en esta nueva paternidad, de hacer de la mujer un objeto causa, sino más bien de compartir esa escena fantasmática, donde los afectos y las imágenes velan las paradojas pulsionales. Una de ellas, por ejemplo, es la curiosa relación que encontramos hoy entre las tasas de violencia de género y las tasas de igualdad de los sexos, paradoja especialmente destacable en los países nórdicos, los más avanzados en ese “camino de lo homogéneo”. Algunos de esos países duplican o triplican los porcentajes de feminicidio en España, como es el caso de Finlandia. La tensión agresiva que introduce esta igualdad imaginaria hace que para algunos hombres sea difícil reposicionarse y


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no responder bajo la forma de la violencia y el maltrato, como plantea Manuel Fernández-Blanco. Hoy, pues, la “buena paternidad” masculina se presenta como una solución a la inexistencia de la relación sexual ya que ella, como señalábamos antes, hace posible una armonía, libre de violencia y competencia, que contrarresta la desigualdad de género. No es una solución novedosa, si bien parece tomar más auge en el inventario de semblantes masculinos del nuevo siglo, bajo el peso del empuje a la uniformización, “al camino de lo

“El buen padre es un mito religioso, fundado en el amor del padre, que ha tomado formas históricas diversas” homogéneo”. La capacidad de provisión de este padre, especialmente por lo que hace a los afectos y cuidados, redobla la imagen de la “buena madre”, opuesta ésta a la “malamadre”, cuyos rasgos de goce se vinculan al abandono o al exceso. El buen padre es un mito religioso, fundado en el amor del padre, que ha tomado formas históricas diversas. La iniciativa, en 1909, de Sonora Smart de homenajear a su padre, viudo a raíz de la muerte de su esposa durante el parto de su sexto hijo y cuidador, a partir de entonces, de toda su prole, sentó las bases de la celebración del día del padre y asentó el concepto de “buen padre de familia” que el Derecho establece como referencia. Lacan, al final del seminario sobre La angustia (1963) nos recuerda que “Contrariamente a lo que enuncia el mito religioso, el padre no es causa sui, sino sujeto que ha ido suficientemente lejos en la realización de su deseo como para reintegrarlo a su causa, cualquiera que ésta sea, a lo que hay de irreductible en la función del a”. Más tarde, en el seminario RSI (1975) Lacan se refiere al padre como aquel que merece el respeto si es capaz de ofrecer una père-version, una versión sobre el goce y la satisfacción, que hace de una mujer objeto causa de su deseo. Suturar la brecha Veamos, a través de una viñeta clínica, cómo opera esta solución para un sujeto. Alberto es un varón cerca de la cincuentena, padre de dos hijas de las que siempre se ocupó personalmente y a punto de separarse de su mujer con la que hace tiempo que dice “no compartir casi nada”. Consulta porque su amante le ha dado un ultimátum para formalizar su relación de 5 años. Él se ve incapaz de dejar solas a sus hijas, siente que si se va, las abandona y no quiere “abrir esa brecha”. Cada vez que ha intentado hablar con ellas para comentarles su decisión de separarse, se bloquea, no logra hacerlo y le aparece el insomnio. Dice que ellas todavía lo necesitan y a menudo le consultan por tareas académicas o cuestiones de salud. Lo cierto es que se trata de dos jóvenes bastante autónomas, incluso una de ellas estudia en el extranjero.

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Sus hábitos cotidianos se organizan como defensa frente a ese temor de abrir una brecha si se separa. Desde poco antes de la muerte de los padres, participa cada mes en una cena con tíos y primos que escenifica esa pasión familiarista. A veces ha pensado no ir pero eso supondría “abrir una brecha” en su familia, cuyas consecuencias no puede calcular. Por eso prefiere, ante las desavenencias que surgen, callar y dejar que el tiempo pase. Cada vez que se ausenta o se retrasa en su retorno al hogar, se ve obligado a llamar y notificarlo, aunque sean pocos minutos. Él se presenta, ya en la primera entrevista, mostrando su desconfianza hacia el psicoanálisis al que no le supone ninguna evidencia científica. Catedrático universitario, pasa mucho tiempo en el ordenador simulando complicados procesos de cálculo. Si acude a consulta lo hace por el empuje de su amante y con la “garantía” de otro colega suyo al que le fue bien en un asunto de familia, que él hace equivaler al suyo. Espera que yo me maneje, en su caso, con “las mismas variables y resultados parecidos”. El establecimiento de la transferencia se opera a partir de un sueño en el que aparece en un parking donde ve un hueco para aparcar su coche, pero opta por dejarlo en otro, cerca de una verja abierta, en la última hilera al lado del camino. Oye entonces una voz que se lo desaconseja ya que cerca de la verja pasa mucha gente por el camino y podrían tocarle el coche. Trata entonces de moverlo pero se le bloquea, al final parece conseguir ponerlo en marcha pero se despierta sin saber qué hueco ha elegido. Las asociaciones le llevan a confesar un temor que tiene desde que nació su hija mayor, y la mujer le abandonó afectiva y sexualmente: está convencido que morirá solo, sin su mujer al lado, por eso se siente más resguardado con su amante. Añade también sus quejas por las dificultades que encuentra para aparcar cerca de mi consulta. El significante de la soledad tiene todo su peso en el caso ya que Alberto es hijo único porque la madre tuvo un parto muy difícil y los médicos le desaconsejaron repetir. Además su madre es la pequeña y única superviviente de una fratria de 7 hermanos que murieron jóvenes. Tanto el padre como la madre ya han fallecido, también precozmente y el padre lo hizo sólo, sin signos previos de malestar. Me aclara que no cree en los sueños, porque no tienen verificación científica, si bien le sorprende que éste parezca tener relación con lo que a él le pasa. Le señaló que efectivamente, se trata de una elección que sólo él puede tomar, sin tener todas las garantías. A partir de aquí una primera rectificación subjetiva se produce y surgen recuerdos de su infancia y adolescencia. Él siempre fue un buen estudiante pero ese éxito y dedicación se empañaron con episodios frecuentes de asma que no cesaron hasta los 25 años, momento del matrimonio. Luego la asfixia desapareció, su primera hija nació al poco tiempo y él se centró en sus cuidados. Hasta ahora ser un buen padre es la mejor solución que ha encontrado para suturar la brecha, junto con el cálculo exacto que hace del tiempo, rodeado siempre de su colección de relojes mecánicos.


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Lo que queda del padre: el remanente Se ve bien como, en lo que él controla, no existe la sorpresa, hasta que la muerte imprevista del padre, ocho años antes, hace aparecer un insomnio que va y viene y que reactiva esa idea de morir solo. Un segundo sueño le ayuda a continuar poniendo en cuestión esa identificación familiarista. Sucede tras descubrir que uno de sus tíos, el más querido por los vínculos estrechos que tenía con su padre, lo ha excluido de una herencia familiar. Poco después sueña que está con un colega discutiendo acaloradamente sobre la utilidad de un software de su trabajo y de repente se queda solo ante la pantalla del ordenador, donde le aparece un “remanente”, nombre técnico con que definen, en su ámbito, lo que queda de un material que ha sido previamente editado. Concluimos la sesión destacando ese significante de resto, muy velado por esa estrategia fantasmática, que él pone en acto, de hacerse necesitar por el otro, como un proveedor necesario y siempre disponible. Este sueño y la puesta en juego de este “remanente” le permiten operar un primer viraje en su posición que se traduce en el inicio del proceso de separación, primero de la escena familiar con los tíos y, poco después, de su mujer y sus hijas a las que sigue atendiendo. Quedarse solo ante la muerte parece ser un destino familiar que atraviesa las diversas generaciones. De allí que la escena familiar, en la que él encarna el buen padre, que no puede dejar solas a las hijas, vela ese real de la asfixia, ya presente en la neurosis infantil. El trabajo analítico, en un primer tramo, cuestiona su solución del buen padre, y abre una brecha, para este sujeto, que le permite concluir provisionalmente dejando pendientes algunos interrogantes para el futuro, hacer algo “con lo que le queda” - con ese “remanente”, podemos añadir. Su nueva pareja encarna para él la vida, en oposición al peso mortal del ritual familiar. Ideas y conclusiones “Cuando la identificación en la que uno se sostiene cae, hay que reinventarse ya que la garantía que ella ofrecía no existe más” (Laurent). Cada uno debe, pues, inventarse una versión del padre, que incluya la satisfacción en relación al otro sexo. Más allá de los modelos propuestos a título universal, la transmisión pasa por esa invención singular. La “buena paternidad” se ofrece hoy como solución isomórfica a la “buena madre”. En ambas la relación con los hijos, su cuidado parental, se propone como suplencia a la inexistencia de la relación sexual. La condición de buen padre, como la de buena madre, implica un cortocircuito del encuentro con el otro sexo. El caso de Alberto es una buena muestra de ese esfuerzo por suturar la brecha que abre siempre lo real de la sexualidad, su alteridad intrínseca. La solución del “buen padre”, como todas las invenciones de un sujeto, es siempre limitada. Funciona hasta que ese real emerge bajo la forma de la angustia y conmociona al sujeto. En este caso es el insomnio el que presentifica la angustia y los límites de esa solución. Frente a ello, el psicoanálisis ofrece al sujeto la

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posibilidad de rectificar, cuestionando sus identificaciones, aquí solidas y familiaristas, para permitirle una nueva elección que no repita su destino, aquel para el que ha sido nominado. “Instaurar un nuevo universo masculino, no cerrado en sí mismo, con una brecha abierta, abre la vía hacia una mujer” (Ons). Pasar, en definitiva, de la impotencia de la garantía paterna a la verificación de lo imposible de la armonía sexual. Elegir la mujer, como causa, redefine la paternidad y su ejercicio. Es la paradoja que la clínica nos enseña: que el buen padre, aquel capaz de transmitir ese deseo no anónimo y dar una versión posible del goce, debe “perder” algo de esos cuidados parentales. Un Otro completo es por ello mismo inconsistente porque no deja ninguna brecha por la que colarse el sujeto. La viñeta nos muestra como Alberto, al elegir vivir con su nueva pareja, se separa de sus hijas y ese mismo movimiento tiene el estatuto de un acto, el de un padre transmisor de un deseo. Revisión y Correcciones: Mirta García, Carmen Bermúdez y Pío Zelaya

EL AUTOR José Ramón Ubieto. A.P. Psicoanalista en Barcelona. Miembro de la ELP y la AMP. Email: jubieto@yahoo.es Notas 1 Título de una película (1977) de Marco Ferreri, protagonizada por Gerard Depardieu y Marcello Mastroianni, donde se ironizaba sobre la virilidad de ese hombre que cambia sus modos con las mujeres. 2 Recomendación Rec (2006)19 del Comité de Ministros del Consejo de Europa a los Estados Miembros sobre Políticas de Apoyo al Ejercicio Positivo de la Parentalidad (adoptada por el Consejo de Ministros el 13 de diciembre de 2006 en la 983ª reunión de los Delegados de los Ministros). 3 La Universidad para Padres, animada por el filósofo mediático José Antonio Marina, es un buen ejemplo: (http://www.universidaddepadres.es/). Referencias bibliográficas Alberdi, I., Los Hombres Jóvenes y la Paternidad, Fundación BBVA, Bilbao, 2007 Fernández-Blanco, M., “Cuando la mujer no es el objeto” en El Psicoanálisis nº 19, ELP, Málaga, 2001 Kojève, A. “Sagan: El último mundo nuevo”, en Descartes nº 14, Fundación Descartes, Buenos Aires, 1996 Lacan, J., “Le Seminaire R.S.I., 1974-75”, en Ornicar nº 5, ECF, Paris, 1975 Lacan, J., La familia, Argonauta, Barcelona, 1978 Lacan, J., El Seminario (IV) La relación de objeto, Paidós, Barcelona, 1994 Lacan, J., El Seminario (X) La angustia, Paidós, Buenos Aires, 2006 Laurent, E., El sentimiento delirante de la vida, Diva, Buenos Aires, 2011 Miller, J.A., “Buenos días, Sabiduría” en Colofón nº 14, FIBCF, Barcelona, 2006 Ons, S., “Una virilidad sin padre” en Freudiana nº 60, CdC-ELP, Barcelona, 2010 Rodrigo, Mª J; Máiquez, Mª L. y Martín Quintana, J.C., Parentalidad positiva y políticas locales de apoyo a las familias, FEMP, Madrid, 2010.


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O  inventa su control de historia

en la sesión del lunes*

Textos: Eugenia Varela Navarro Imágenes: dibujos de O *Caso presentado en las X Jornadas de la ELP, Zaragoza 2011.

 O

es una niña que recibí en una Institución en Francia hace 8 años, ella en la época tenía 9 años. Sus frases como estrellas fugaces dispersas en el universo de los signos, son recogidas y tomadas al vuelo a falta de un corte entre los significantes. Su cuerpo rígido en posición estática, sus brazos suspendidos y su mirada lejana se ponen en acción cuando ella avanza con la tiza hacia la superficie del pequeño tablero, o sobre la hoja blanca, con la ayuda de su estilógrafo. O lleva el nombre de una heroína de la literatura inglesa del siglo XVII, muerta en la flor de la juventud, transportada por la locura y el desamor. El padre de esta chiquilla es de origen irlandés. Su madre no cesa desde la mañana hasta la noche, de imprecarla por sus deberes. La niña no puede hacer otra cosa que gritar a lo largo del día en la escuela, ante los imperativos de aprendizaje. Esta madre no acepta que su hija no sea normal. En el curso de la primera entrevista esta mujer me dijo: “Usted no puede saber, la fuerza que yo tenía para suicidarme con mis hijos”. La causa de esta idea fueron las palabras que la directora de la escuela de su hija le habría dicho, en cuanto al comportamiento extraño de ésta que en la época tenía 5 años: “Su hija come las hojas de los arbustos, sale sin abrigo al recreo en pleno invierno, mete sus manos en el wc y come los excrementos”. Enseguida, ella

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escucha de la misma directora la frase: “Sucia árabe, vete”. Los eventos del cuerpo de su hija eran, según su dicho, culpa de la educación nacional. Los cuadernos que esta chica hace durante el trabajo analítico son un “Desafío de lectura” según el título que ella da a su expresión escrita y a sus dibujos. No hay comentarios de mi parte, mi voz y mi mirada están borradas para producir un vacío allí donde su delirio es real, puesto que por la cadena de palabras rota, lo simbólico es real. Una vez que sus recitativos delirantes y estereotipados se reducen en la experiencia, la producción de comics comienza. Un día, entra en mi consulta, quisiera dibujar pero está inmersa en la repetición de la frase: “A ella le gusta ofrecer pescado…a ella le gusta ofrecer pescado…a ella le gusta ofrecer pescado”, etc. Mientras que está bajo la acción de lalangue, de estas letras que tienen valor de un enjambre de S1 que se repiten al vuelo, toma una hoja de papel blanco para dibujar una niña que dice: “Yo estoy centrada de hacer la pesca de pescados”. Escribe palabras que recorta y pega con cinta pegante sobre la superficie de la hoja: “bien” “Julia” “ama”, letras que nadan en la hoja blanca. Su dibujo en una superficie delimitada, muestra la imagen de una niña que dice lo que sucede en la imagen,


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Nancy repose en paix

La Mort De Mimi

dando así un marco a su acción, mientras que las palasu síntoma, un modo de goce de su inconsciente. Por la bras dispersas y fragmentadas quedan aisladas. Con el escritura, los dibujos y la producción de objetos en la dibujo muestra la unidad de su cuerpo, hace un cuadro, sesión, ella opera sobre lo real del goce, anudando las produce una grapa entre lo simbólico y lo imaginario. dimensiones de lo simbólico, lo imaginario y lo real. Lo imaginario tiene efectos sobre lo real y sobre el La frase “Yo estoy centrada de hacer una pesca de inconsciente. No hay lazo entre la imagen, sus escritos pescados”, pronunciada por uno de sus dobles se puede envueltos en una nube al estilo de los comics, y las pala- releer: Yo estoy centrada (centré), en lugar de estar bras sueltas que nadan. Sin embargo, está lo irrepresensupuestamente mirada por el Otro (censé) materno, que table que mantiene el conjunto, el dibujo con su trazado la hace trabajar sus lecciones desde que se despierta hasta ha creado un vacío en la página blanca. la noche. Esta centrada en su “bricolaje” pescando letras. Detiene así su ritornelo, la mirada y la voz están La palabra “de” de su frase: “Yo estoy centrada de afuera. El cuadro es el objeto de su mirada y la voz se hacer una pesca de pescados”, indica una ruptura en la hace inaudible como tal. A comienzo de la sesión, la voz construcción, una palabra insólita que se cuela en la sinse realiza en la repetición de palabras taxis. Se trata de un elemento supleimpuestas. Con su dibujo, ella opera mentario que introduce una especie una separación del campo perceptivo, de causalidad en el tiempo. “Yo estoy en el campo del Otro. Su uso de la letra “La paternidad –con centrada por mi acto”, “Yo estoy cenorienta mi atención hacia sus escritos y trada de haber hecho eso”, la palabra el compromiso sus dibujos. “de” introduce una temporalidad por por el hijo- es hoy el acto que ella hace y del cual habla. Su construcción detiene el f lotar un rito de paso de las palabras: el goce del Uno de la Un capítulo de su cuaderno es “La lalengua y el goce de su cuerpo se locamuerte de Mimí”. El nombre Mimí entre juventud y lizan. Ella va hacia esta construcción para una niña con un padre de lenmadurez” que delimita una estructura ahuecada, gua inglesa, resuena Me-me. O juega artefacto que le sirve para el invento de con los equívocos entre el inglés y el

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A letter a litter

francés que son neologismos. Mimí es el nombre del doble que usa en su dibujo e historieta para inventarse un ego de suplencia. Ella es mirada desde el campo del Otro como una niña muerta, el sujeto se ajusta a la mirada como objeto del Otro, ella ve su cuerpo muerto. El dibujo de su doble muerta es la producción de un semblante para acomodarse a la estructura de lo percibido, desde donde ella es dirigida. En su dibujo ella mira a Mimí fundida en sangre roja, fondue en sang rouge. Su cuerpo surge como unidad, de su doble muerta en el suelo. Encuentro que la palabra fondue es una palabra que se usa en la técnica de la fotografía y de la pintura para referirse a la desaparición de una imagen y hacer aparecer otra, término que la

“El sujeto se ajusta a la mirada como objeto del Otro” chica usa de manera pertinente. La creación de un ego de suplencia se ejecuta con su estilógrafo y sus lápices de colores en la sesión. El logos y el tiempo del hablante-ser se anudan en esta operación. ¿Cómo se ejercita su “Desafïo de lectura”? La carencia de padre y el estar “forzada” a una educación correctora de su “anormalidad”, se transforman en función sintomática con la lalengua. El nombre de su padre es tachado, un dibujo muestra una niña de espaldas con sus trenzas, de rodillas frente a una tumba con la inscripción “Nancy reposa en Paz”. Nancy es uno de sus dobles, el fetiche mortificado, una inscripción en una tumba. La Paz es un nombre común, la Paix en francés. Ella hace una tachadura sobre el

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apellido de su padre Pasley, transformándolo en Paix. Saca el apellido de su padre del campo del Otro y lo convierte en nombre común. Crea semblantes, construye su imagen y escribe su historia en la sesión del lunes. Su cuaderno contiene la cifra de su work in progress, ella recibe la visita de Míster Couper amigo de su padre. Cooper y Couper son nombres y por tanto fuera del sentido. Ella hace caer la letra O de su nombre, del nombre de Míster Cooper, para introducir la letra U que da peso a la palabra Coup, Couper, que quiere decir cortar. Cortar es la actividad de esta artista que transforma, con su estilo y su escritura, el deseo de muerte que le viene del deseo y del goce del Otro. El sujeto O, se inscribe en el discurso analítico a partir de su saber hacer con la lalengua. Un nudo se cerró en su experiencia, como lo he mostrado, en mi análisis. La sola cosa que tenemos en común es ser unos síntomas. Estábamos centradas en el bricolaje para pescar letras, ella con sus dibujos y sus escritos y yo en la experiencia de mi análisis. Centradas en lugar de obedecer al imperativo de goce del superyó. Detrás de la palabra centrada esta la palabra Cintré que se dice en francés de la estructura ahuecada que se utiliza en los talleres de costura, también para montar los andamios de una construcción. Estas construcciones delimitan un hueco. Sin saberlo, di el nombre de O al caso, en el control de mi practica encontré un fragmento de lo real de mi caso, que emerge en el interés por el caso de esta chiquilla, que es la letra de goce O. O es la primera letra de su nombre que resuena en francés con eau, agua en español. La lógica que articula el caso de la chica con el mío se inscribe en el análisis de mi caso que el control pone al día. Escogí este punto con el fin de mostrar que el trabajo clínico del analista y su análisis didáctico de anudan. A la edad de 4 años mi madre en una isla pierde la pista de mis abuelos y tuvo la idea de tirarse al río para alcanzar un barco que pasaba, lo que habría acarreado su muerte. La detiene el grito de mi abuela, y que luego la castigó y de quien tiene recuerdos nada gratos. Una enfermedad psicosomática grave hizo irrupción en su vida de mujer adulta, manteniéndola entre la vida y la muerte. El diagnóstico de la salud mental, era que no podía tener penas de amor so pena de desatar la grave enfermedad. Uno de los resultados del análisis es este resto del estrago madre-hija, la letra O es litoral y borde de un hueco. Dividida por este goce femenino donde la demanda de Amor del Otro me angustiaba, tomo la letra O como un litoral entre este goce de un amor infinito que producía estragos y, el saber del inconsciente. Gozar de los juegos de la lengua y tomar mi cuerpo como radicalmente Otro son un efecto del encuentro con ese goce infinito y enigmático. Revisión y Correcciones: Oscar Caneda y Eva Fernández

LA AUTORA Eugenia Varela Navarro. A.P. Psicoanalista en París. Miembro de la ECF y la AMP. Email: eugenia.varela@neuf.fr


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A merced del Otro;

breve recorrido desde la demanda inicial a la posición de goce del sujeto.*

Textos: Alberto Estévez Fajardo Imágenes: William Adolphe Bouguereau *Texto del caso presentado en el espacio de las Noches Clínicas de la Sede de Madrid de la ELP, Junio de 2012.

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n la práctica psicoanalítica encontramos casos que nos enseñan, que permiten poner en tensión determinados aspectos de la teoría a la luz que el caso presta, pero más habitualmente los casos se ajustan a ilustrar dicha teoría desde su particularidad, ello puede constituir en ocasiones un valioso aporte. La peculiaridad de este caso permite transitar la frontera que separa al psicoanálisis del mundo de las psicoterapias y sus cada día más numerosos derivados, porque presenta cómo el marco teórico psicoanalítico sitúa la demanda del paciente. La desorientación de las psicoterapias proviene del rechazo de la división del sujeto y este caso muestra muy bien, por la posición de goce que revela, las consecuencias que podría tener para el tratamiento el hecho de ignorarla, situación que con mucha probabilidad provocaría, por parte del terapeuta, un aluvión de aportes dirigidos al paciente en forma de extensa serie de competencias y habilidades con los que se trataría de proveerlo de las herramientas que le faltan para poder poner los límites al Otro, desdeñando el padecimiento que el paciente debe soportar, consecuencia del goce mortífero que está en juego.

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Se trata de una mujer de cierta edad. Sirve en una casa para un matrimonio de mayores. El servicio allí recibe un trato vejatorio, y el maltrato constante provoca en la paciente una crisis que precipitará su salida de la casa. En su llamada telefónica no para de llorar, le ofrezco mi consulta y acude a dos citas en las que el maltrato sufrido hace resonar episodios del pasado con su madre, su marido o su hermana. Al final de la segunda cita le comento la pertinencia de iniciar un tratamiento; era evidente su necesidad de hablar y también la de encontrar una solución al malestar. Ahí establezco el pago de las sesiones, con un honorario reducido dada su precariedad económica, no tiene trabajo. El tratamiento en su inicio se limitará a una sesión por semana. El título pretende recoger dos aspectos: primero, un rasgo definitorio de la paciente y omnipresente en su despliegue fantasmático. En segundo lugar expresa la manera elegida para estructurar el relato del caso; tomaré su demanda inicial como arranque del caso, primer momento, y escandiré dos momentos más de transformación de dicha demanda que resumen una rectificación subjetiva.


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Primer momento; demanda inicial La historia de alguien “dispuesta a darlo todo al otro”, con el predicado “incapaz de pedir nada”. De esta primera formulación cuelga su demanda, ella es maltratada por el otro que aprovecha su bondad y entrega incondicional, y no puede soportarlo más. Acentúa ese aprovecharse y no su absoluta disposición, es una queja, no vacila en apuntar al otro para responsabilizarlo: sus padres no la querían, matiza, el trato que adolecía de afecto era el de su madre: “no me quería me culpó de un aborto, me dijo que ojalá no hubiera nacido… Por ello hoy me siento una inútil que no sabe hacer nada y busco que el otro me acoja y reconozca”. La queja no resta valor a sus palabras, hay un otro primordial cruel, en las dos entrevistas previas estableció una relación muy estrecha entre la persona de su madre y la de la mujer de esta última casa en la que sirvió, ese maltrato tenía un sello inconfundible para ella: descalificaciones, insultos y un trato culpabilizador continuo, consecuencia de su exposición absoluta a la demanda del Otro. Su discurso conduce directamente hacia su familia. Tiene 4 hermanos pero siempre se ha sentido un poco aislada respecto de ellos, plantea un distancia que utiliza para nombrarse la “extraterrestre”, nada tiene que ver con su familia, primera formulación de su lugar familiar; puede ser una fórmula edípica, aunque tomado como excepción, podría considerarse una posición típica de la psicosis. Más adelante volverá sobre ello despejando esta cuestión. Madre de dos hijos fruto de un matrimonio que decidió terminar cuando la niña tenía pocos meses. Se acompaña de esta hija en la tercera sesión para que me cuente la relación que tiene con su padre y así no influir ella en mi opinión con su versión. Le digo que justamente es su versión la que interesa pero las hago pasar a ambas, entonces su hija comenta que su madre mintió para traerla aquí, ha venido engañada. Digo a la paciente que nos engañó a ambos. Se ríe: ¿Que he manipulado la situación? Anécdota que muestra, en este primer momento, cierto grado de imposibilidad para que se perciba como sujeto; ella sufre al otro, y

“La desorientación de las psicoterapias proviene del rechazo de la división del sujeto” aunque hay sujeto, es una posición de sujeto atenuada (fading?), víctima del que quiera aprovecharse de ella. Casi como un objeto, irresponsable de sus actos, en las antípodas de un sujeto del deseo. Mención especial requiere su decir, absolutamente peculiar, caracterizado por un deslizamiento metonímico continuo que aunque no carezca de punto de capitón, sí consigue perderla constantemente mientras pretende contar algo, olvidando el objeto de lo que quería decir. Lo lamenta siempre, “ya me he perdido”; el día anterior trajo a su hija “para evitar perderse”. Está tomando medicación;

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el psiquiatra de la Seguridad Social diagnosticó depresión y le prescribió antidepresivos y benzodiazepinas. Habla por vez primera del fallecimiento de su madre, debido a un tumor cerebral. Ese año coincide con un diagnóstico muy grave para su hermano, y un prolactinoma que le detectan a ella y que presenta complicaciones en la intervención. Año terrible que coincide con el del juicio por su separación matrimonial contenciosa. Llora continuamente rememorando todo esto y también por el hijo; tras la separación se inclinó del lado del padre, y a veces se enfrenta a ella, que como consecuencia piensa cosas horribles: “ojalá no lo hubiera tenido”. Toda situación, pasada o actual, la sobrepasa, muestra especial indefensión ante los reproches continuos de su hermana que critica su salida precipitada del último trabajo haciéndola responsable de perderlo, reproches que reeditan el estrago materno, y concluye confesando que a veces no encuentra fuerzas para seguir viviendo; esta frase en el contexto de la inminente interrupción estival me inquieta, intervengo diciendo que hay cosas en su vida que están bien ordenadas, no hay porqué modificarlo todo, seguiremos hablando: “Me lo dices para animarme y que no me venga abajo. No estoy acostumbrada a que me digan estas cosas”. A la vuelta de vacaciones la paciente aísla un significante que contraría su posición de víctima: “consentidora”, lo declina con ejemplos como su separación matrimonial: renunció a la pensión compensatoria que le correspondía, a la mitad del dinero que tenían juntos, etc. Estas confesiones le recuerdan que estando embarazada de su hija miraba al cielo y pedía “Que no salga como yo. Que no se deje pisar por los demás”. Llega a una sesión muy angustiada; una mujer la maltrata verbalmente en un trabajo eventual. Se tambalea y está a punto de caer, tiene que salir a la calle, se ahoga y necesita aire, pero consigue terminar el trabajo y acude visiblemente afectada para transmitirme esta situación tan desequilibrante; de camino hasta el ruido de los coches le molestaba. Ya sentada en el banco de entrada del portal de la consulta escucha el sonido del aire en las hojas de los árboles, se siente mejor. En la sesión siguiente pregunta qué fue lo que le pasó; por muy mal que se encontrase no podía marcharse de aquella oficina, depende de la ayuda económica que le presta su padre y que autoriza la firma de su hermana estragante, que le recuerda que no debe aprovecharse de su pobre padre enfermo. Terminando su contrato, su situación es desesperada, debe pedir dinero al padre y soportar los reproches de su hermana pero no puede enfrentarse, toma del orden de 8 benzodiazepinas al día porque está muy nerviosa; “no tengo fuerzas para seguir luchando, no puedo más. Me tiro por un puente y se acabó”. No puede seguir viniendo porque no tiene con qué pagar. Debe venir, le digo, no podemos interrumpir el tratamiento ahora. Segundo momento: “quiero cambiar” “Quiero cambiar mi vida, no quiero seguir así. Seguramente yo he hecho que las cosas sean así, pero ya no


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Orestes pursued by the Furies, 1862, William Adolphe Bouguereau

aguanto más, quiero cambiarlo”. Nueva percepción de su malestar en el que ahora se ve incluida. Su motivo de consulta se explicita: “Estoy harta de tragar. Soy cariñosa, pero no puedo seguir así: mi carácter me lleva a tragar y consentir a los demás, o no quiero ver y prefiero estar engañada, pero no aguanto más”. Las sesiones versan sobre lo pulsional en otra vertiente diferente de tragar–ser tragada; apoyándome en una anécdota reciente en la que la paciente se cae caminando por la calle y desprecia una mano que trata de auxiliarla con un “No, no hace falta, no es necesario”, ella misma se reprocha: ¡Pero seré imbécil! He estado haciendo esto toda mi vida”, señalo cómo su disposición para dar contrasta con su dificultad para recibir, ella es la que da. Se nombra como la “desinteresada”, le objeto que el interés no está tan mal, tener algún interés es bueno, y me responde que yo no soy una persona interesada, haciendo alusión al hecho de llevar unas cuantas sesiones sin cobrar; en ese instante corto la sesión y le recuerdo que en la próxima ya dispondrá de la ayuda que solicitó a la Seguridad Social y por tanto deberá pagar. Dos citas después obtiene un trabajo, pero no pudo negociar las condiciones económicas propuestas, no sabe qué le pasa, aparece el significante “abuso” del

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que se ha sentido objeto siempre pero no abre pregunta para ella: aunque no hay síntoma todavía, tampoco es mera queja. A su decir metonímico tan característico se suma quedar pegada al asiento de la consulta. No entiende el corte de la sesión y no lo permite, sigue sentada y hablando cuando me levanto, continúa por el pasillo, incluso se queda en el umbral de la puerta de la calle impidiendo su cierre. “Abusa”, siempre quiere “un poquito más: mamá, un poquito más” En una de las ocasiones, muy serio, le espeto que debe irse. En la siguiente sesión dice que ha entendido algo que le pasa, no puede cortar a los demás, “una cosa es ser amable y otra lo que he hecho toda mi vida, no estoy dispuesta, ¡basta, stop!” No va a hacer imposibles en el nuevo trabajo, “si quieren más que lo paguen”. Llama para decir que ha hecho un descubrimiento que la sorprendió, es más parecida a su madre de lo que pensaba. En sesión está perpleja, no sabe cómo interpretarlo, ambas fueron maltratadas por sus familias políticas y ella no quiere repetir la relación de su madre con los demás, no obstante hay muchas diferencias, ella es muy femenina, su madre en absoluto: la paciente es una mujer a la que gusta destacar su anatomía al vestir, marcando sus atributos femeninos, asunto que su padre


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hija y distinguirla de su hermana añadía un calificativo al nombre: “…: la buena” Este es el significante que abre la entrada del tercer momento de la cura. Tercer momento: “la buena” es un estrago Su madre es el tema principal, su fuerte carácter matizado ahora por su sometimiento al marido. ¡Qué distintas a la hora de educar a los hijos! la paciente ha querido hacer todo “natural” con ellos, su madre sin embargo cerraba siempre la puerta, celosa de su intimidad y desnudez, y la paciente se recuerda entrando en la habitación cuando la madre se marchaba para comprobar qué escondía. Ahora piensa que cerraba para poder estar a solas con su padre. La madre, nada femenina, renunciaba a los zapatos de tacón que la harían más alta que el padre, y siendo muy niña la paciente, aprovechaba cuando salían los padres para ponérselos. Todo era tabú en su casa, “eran como del Opus”, los hijos no se tienen porque se deseen, sino porque vienen. Un padre muy estricto y severo y una madre que no demuestra afecto; la paciente escuchaba con miedo su nombre estando en casa de su querida abuela ya que en la suya acostumbraba a oírlo para regañar, culpar o pegar, de ahí su anhelo, ser buena, intentar ser buena a toda costa, cuanto más lo intentaba más se daba cuenta de que debería esforzarse todavía un poco más, sin límite. Pregunto en qué lugar la deja ese anhelo infantil en sus relaciones actuales, y contesta: “Creí que tenía un imán para la gente aprovechada, pero es que los busco yo, o que al ser como soy los convierto.” Las sesiones más recientes han tratado su matrimonio frustrado, la llegada de sus hijos, la historia familiar, ahora en el padre encontramos dos hombres, el severo de puertas para adentro, y el enamorado de su ocupación que llegó a proporcionarle una posición económica acomodada. Habla con admiración de sus manos, que ella no ha heredado, y de paso humaniza un poco a este padre fiero. Algunas escenas de su infancia no tan tristes, la figura de una abuela que la adoraba, los juegos con su hermana, no todo el pasado es detestable, puede rescatar algo. Su primera formulación, ‘estar indefensa ante el abuso’, puede hoy enunciarse de manera más aproximada con un ‘intentar defenderse de un goce’. Revisión y Correcciones: Gabriela Medin y Mirta García

EL AUTOR Alberto Estévez Fajardo. Psicoanalista en Madrid. Socio de la Sede de Madrid-ELP. Email: estalberto@gmail.com

página siguiente imágen : Johnson Wax Building de Frank Lloyd Wright, autor Carol Highsmith, 1946

siempre llevó fatal: “¿tu marido no te dice nada?”. En esta sesión se presenta con una indumentaria si cabe más osada de lo habitual, se levanta y me invita a que emita un juicio acerca de cómo va vestida, las señoras por la calle la señalan, pero ella no va a renunciar a vestirse así porque le gusta, hasta una vez su hermano le dijo que parecía una…, no quiere decir la palabra. Este asunto de su aspecto, tan presente, es una de las cuestiones que más me interrogan del caso, su singular exhibicionismo caricaturesco. En términos edípicos podemos pensar en un posible desafío al padre, y a la vez muestra una dificultad en relación a la posición y semblantes femeninos; pensado desde otro ángulo evocaría el empuje a la mujer. Acude a dos sesiones por semana cuando le resulta posible, retoma fácilmente algunos temas que la inquietan y se pierde menos en su decir, se ha producido una importante ganancia de bienestar tras la aparición del relato de una relación con un hombre una vez separada -ella que huye de los casados fue a ligarse a uno, ¡pero es que este no trataba de aprovecharse en el baile!Dura seis años, su hermana y su padre lo desaprueban, pero este hombre consigue enamorarla convirtiendo lo que tenían en algo muy valioso para ella, más sentido que su propia relación matrimonial, la entendía y quería, la ha defendido del ex marido, algo que nadie nunca hizo, la acompañaba y la abrazaba por las noches, dió un lugar a sus hijos en su casa. Él vivía desde hace tiempo fuera del domicilio conyugal, y planeaba divorciarse para casarse con la paciente, pero cuando se entrevista con su esposa para iniciar trámites todo cambia, al día siguiente llama por teléfono a la paciente, han terminado y no se verán más, no porque no la quiera, ella pide explicaciones durante días, la decisión está tomada, se vuelve con su mujer. Cuatro años de su vida necesitó para superarlo, durante el primero lloraba a diario; los hijos no entendían. Volver con su mujer en realidad duró un mes, pasado un tiempo volvió a contactar con la paciente que le advirtió de sus condiciones, debía separarse; no ocurrió y no volvió a cogerle el teléfono. Mis intervenciones fueron casi nulas: reconocer la importancia que tiene esta historia para ella y animarla a volver sobre ello; entonces llama por teléfono para agradecerme su bienestar, se quitó un gran peso de encima, está mejor, más ganas de salir, recuperó su energía respecto de cuando no podía más y pensaba tirar la toalla, aunque no sabe cómo está mejor, su hija lo notó. Interrogando su fantasma va consiguiendo sintomatizarlo, lo veremos más claramente en el tercer momento. Viene mareada a la siguiente sesión, se tambalea, pide pasar al baño y va sujetándose a las paredes. Sesión con los ojos cerrados, habla con tono quedo, cuesta escucharla, hay una vis teatral en sus actos, casi una representación. Retoma la muerte de su madre, pasó sus últimos días con los “ojos cerrados”, y desvela un gran secreto: su padre tenía una relación con la hermana de su mujer, la tía de la paciente a la que debe el nombre. Hermana que lo era todo para su madre, “se dio en cuerpo y alma”; la paciente no puede perdonar a su padre. La anécdota es que su madre, para referirse a su


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De Las Vegas con amor

(o La vida como storytelling)*

Textos: Gustavo Dessal Imágenes: Criação Subviagens *Texto original del autor, Agosto de 2010.

I  .

Vuelo a San Francisco. Delante de mis ojos, en el respaldo del asiento que me precede, una pantalla de entretenimiento audiovisual me muestra todas sus opciones. Al cabo de sufrir durante tantas horas la estrechez espacial que nos corresponde a los de la clase turista (lo cual significa que incluso en el aire y momentáneamente liberada de sus condiciones gravitatorias la sociedad de clases se mantiene inmutable) pulso los botones táctiles en busca de alguna distracción última. Pocos minutos después de que el comandante anuncie el inicio de la maniobra de aterrizaje, la película que estoy viendo se interrumpe de pronto y aparece la imagen de un hombre de mediana edad y sonrisa afable que me mira y me saluda con simpatía. Mi perplejidad aumenta cuando el hombre acerca su cara a la cámara, produciendo la impresión de que se aproxima a mí, y con los nudillos golpea la pantalla diciéndome: “Sí, es a usted a quien me dirijo, por favor escuche lo que tengo que contarle”. Desconcertado, no tengo más remedio que obedecer, puesto que la pantalla ya no responde a mi mando, y además el sonido ha dejado de fluir por la intimidad de los auriculares, reapareciendo en la megafonía general de la cabina. Nuestro buen hombre es el fundador y promotor de una organización de caridad para la infancia. Él en

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persona nos anuncia que serán los propios niños los que nos cuenten la historia de sus necesidades, y no hay duda de que los cinco minutos de imágenes y relato logran conmover el corazón de la mayoría de los pasajeros, quienes en la última parte del anuncio somos invitados a descubrir en el bolsillo (esta vez real) del asiento la existencia de un sobre de papel blanco en el que podemos ejercer discretamente “toda la generosidad que nos sea posible”. Por último, un miembro de la tripulación pasa entre las filas de asientos con una bolsa donde se recoge el resultado de esta piadosa publicidad interactiva. Basándome en un rápido e indemostrable cálculo consistente en multiplicar el número de sobres que a grosso modo veo caer en la bolsa, por el promedio de generosidad que establezco sobre la base de la mía, concluyo que el propósito se ha cumplido: cinco minutos de técnica narrativa, en la que se enlazan sabiamente los valores simbólicos y la virtudes subyugantes de lo imaginario, la virtualidad de la pantalla y la realidad de los espectadores, han logrado su efecto real. Las historias podrán parecer volátiles, pero el dinero está en la bolsa, se lo puede contar, y del cuento a la cuenta se ha obtenido una mutación que demuestra la imposibilidad de separar realidad y subjetividad. En otras palabras, el storytelling, el universo del relato puesto al servicio de una política (de


L Letras en la Ciudad ventas, de votos, de guerras y de todo aquello que podemos imaginar), es la prueba fehaciente de que la verdad tiene estructura de ficción, y de que la realidad puede fabricarse como cualquier otro producto del mercado. Christian Salmon, en su libro dedicado a este tema 1, explica con gran sencillez tres etapas de la sociedad industrial y su dominio del mercado. En la primera, es el objeto de consumo aquello que se privilegia, y cuyas ventajas se fabulan, se agigantan, y se prometen por medio de la publicidad. En la segunda, la importancia del objeto queda atenuada por la función mágica de la marca. Las marcas, los significantes elevados a la categoría de fetiches, recuperan para los beneficios del capitalismo la propiedad metafísica del talismán. La exaltación de la marca vuelve indiferente a la cosa en sí, que solo interesa en la medida que se ofrezca bajo el signo áureo de una marca. El logo y el logos se dan la mano, y la marca no solo se “desustancializa” de su objeto, sino que los especialistas del mercado descubren la función de la letra, es decir, del significante despojado de sus irradiaciones semánticas. La receta es simple: tómese el nombre de una marca cualquiera pero de cierto prestigio, quítensele sus vocales, dejando solo sus consonantes principales. El resultado es un signo asemántico que curiosamente aumenta la profundidad del impacto subjetivo. Así condensada, la marca ya no se refiere tanto al objeto que representa, sino que se vuelve el nombre un goce prometido a quien se deje marcar. Cada uno de los consumidores se convierte entonces en un portador del nombre, multiplicándose así de forma exponencial la figura clásica y grotesca del hombre-anuncio, tan familiar a la cultura anglosajona. La generalización del fenómeno y su integración colectiva consagra un efecto de normalidad globalizada. El sujeto del consumo es al mismo tiempo un soporte publicitario complaciente y orgulloso de la identidad que supuestamente adquiere al consentir ser marcado por la marca. La tercera etapa del desarrollo mercantil (aplicable, según decíamos, a otras ramas tales como la política, la dirección de empresa o la estrategia militar), surge cuando los expertos comprueban que la eficacia de la marca puede sufrir un desgaste, y que es preciso reforzarla mediante el recurso narrativo. El sujeto ya no se contenta con que la marca lo eleve al conjunto de la colectividad en la que quiere sentirse reconocido. Desea algo más, algo que le haga sentir que el objeto que va a consumir (ya se trate de un teléfono móvil, un político, una noticia, o una inversión financiera) lo transporte a una experiencia singular, le aporte la vivencia de que forma parte de una historia que le concierne de manera “individualizada”, para utilizar un término que se ha vuelto imprescindible en la lógica del consumo moderno. Aunque el sujeto del consumo no ignora el trasfondo masivo en el que su comportamiento se inscribe, experimenta el gozoso estímulo de creer que el objeto y la estructura narrativa que lo envuelve se dirigen a él a título personal. “Individualizado”, “personalizado”, son atributos que jamás están ausentes en el desarrollo discursivo que sostiene la narratividad del mercado. Es indudable que la extensión del capitalismo y la hegemonía histórica que ha ido adquiriendo se deben en parte al hecho de aprovechar con extraordinaria perspicacia elementos claves en la estructura de la subjetividad humana, entre los cuales podemos destacar al menos tres aspectos que resultan decisivos:

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Las Vegas, Criação Subviagens

1. El carácter peculiar y “desnaturalizado” del objeto humano, extremadamente variable, desprendido del circuito de la necesidad (un gran porcentaje de lo que se consume no guarda relación alguna con la categoría de lo necesario), y por ende de cualquier régimen de utilidad, en el sentido de la supervivencia o el cumplimiento de las exigencias biológicas. 2. La ausencia de una predeterminación identitaria que le asegure al sujeto una conciencia de sí. Huérfano de toda identidad previa, el sujeto es un vacío dispuesto a buscar fuera de sí mismo las referencias con las que construir el simulacro de su existencia. 3. La ficción como único espacio en el que el sujeto puede vivir. En otras palabras, es el descubrimiento de que el ser hablante se alimenta de sueños, y no solo de comida: come (o deja de comer, puesto que el anoréxico también actúa en el interior de una historia) en la medida en que lo que consume se integra en el texto de una experiencia que más allá de los requerimientos vitales le provee una satisfacción simbólica y libidinal. El objetivo del storytelling consiste en utilizar la potencia que el relato posee para evocar, convocar y atraer los elementos antes expuestos, y ponerlos al servicio de lo que podríamos denominar una estrategia de alienación calculada. II. La Factoría Disney y la industria de Hollywood son mucho más que fábricas de entretenimiento. Se han convertido desde hace muchos años en paradigmas fundamentales para la estructuración de la experiencia subjetiva, y para la construcción de modelos de vida, de valores y modos de percibir la realidad. La fabulosa alianza entre estos paradigmas y los recursos tecnológicos ultramodernos permiten una eficacia cada vez mayor en el diseño


L Letras en la Ciudad de la vida humana, una estrategia que se beneficia de la falta inaugural de sentido que caracteriza al ser hablante, y que hace de él una criatura ávida de argumentos que modulen sus existencia. Si las religiones fueron los dispositivos retóricos y semánticos precursores del storytelling, este último se convierte en el relevo de la tradición mítica añadiéndole la lógica de la producción industrial y los objetivos del mercado. El control político, las campañas de marketing, la

“Las Vegas … tal vez sea la única ciudad en el mundo pensada para no vivir en ella.” organización de la empresa, todo se rige por una nueva consigna: convencer, dirigir, dominar, prohibir, seducir, siempre a través de una historia que movilice los recursos emocionales y subjetivos. La eficacia de las campañas de tráfico en España se duplica o triplica a partir del momento en que las normas que prescriben y prohíben los comportamientos de la conducción se integran en un relato capaz de conmover al espectador. Verdaderas piezas de arte en el género del cortometraje, estas campañas logran su efectividad al conectarnos con algunos de los fantasmas fundamentales de castración y de muerte. III. La primera impresión que el visitante tiene de las ciudad de Las Vegas (especialmente si se llega en coche), es el impacto de ver surgir, casi súbitamente y como un espejismo, un gigantesco escenario levantado en mitad de un territorio agreste y despoblado. Hay algo que de inmediato se aprecia en la ciudad, y que la diferencia por completo de cualquier otra: su estructura artificial, su aspecto de decorado, la radical ausencia de tradición histórica (periódicamente todo se derriba y se vuelve a construir, conforme al espíritu escenográfico que gobierna el sentido de ese conglomerado urbanístico), y posiblemente el hecho de ser la mayor y más lograda expresión de la realidad concebida como parque temático. Que Las Vegas sea la versión hipermoderna y sofisticada de Sodoma y Gomorra no es lo más singular que su visita puede enseñarnos. Su originalidad no reside en la variada oferta de satisfacciones pulsionales que ofrece (juego, sexo, droga, negocios, consumo, pueden encontrarse en mayor o menor medida en miles de ciudades), sino en que tal vez sea la única ciudad en el mundo pensada para no vivir en ella. En ese sentido, constituye un experimento social inigualable, al generar un espacio discursivo que no deja huella ni memoria. El lema que allí se repite es “Lo que sucede en Las Vegas, se queda en Las Vegas”, lo que equivale a decir en ninguna parte, puesto que Las Vegas no alberga ningún registro de sus visitantes, como no sean los datos de sus tarjetas de crédito y sus direcciones electrónicas. Esa ciudad desprendida del tiempo histórico, anclada en la dimensión de un presente absoluto regido por el nopensamiento, es al mismo tiempo una fabulosa máquina de producción narrativa. Las Vegas se concentra en un gigantesco boulevard al que vulgarmente se denomina “The Strip” (“La Tira”), y en el que uno tras otro se

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asientan los inmensos complejos hoteleros. Cada hotel constituye una realidad temática singular, y el visitante es convocado a formar parte de una escenografía que dispone de toda clase de ingenios técnicos capaces de crear un espacio discursivo que promete contenerlo todo: quien lo penetra puede permanecer el tiempo que le de la gana (y que su cuenta corriente le permita, of course) en un mundo cerrado y simulado donde podrá recrear una existencia completa a la medida de sus deseos. El carácter efímero y en el fondo insatisfactorio de la experiencia (conforme a la naturaleza episódica y fugaz del goce humano) no impide que millones de personas acudan todos los años al Venitian, al Paris, al Caesar Palace, y otros tantos hoteles donde pueden consumir Venecia, París o la Roma Imperial de forma inmediata y sin esfuerzo: la magia de Disney y el genio de Hollywood han fabricado canales, erigido una réplica asombrosa de la torre Eiffel, trazado el espacio gigantesco de la plaza augusta, para atraer al público hacia los grandes núcleos de goce disponibles a la venta. Las Vegas demuestra que el storytelling es mucho más que una técnica de venta o de implementación de un relato con el objetivo de seducir a un electorado o convencer a un pueblo sobre la conveniencia de iniciar una guerra. Representa la tendencia creciente a la construcción de un discurso global donde las directrices del management moderno, la dinámica del mercado, los recursos tecnológicos y el ritmo de la cadena industrial, confluyen en la creación de realidades y políticas de vida prediseñadas y conformes a los principios de un capitalismo basado en la explotación instrumental de los resortes simbólicos, imaginarios y libidinales de los sujetos. A la disolución de los grandes relatos que contribuían al ordenamiento del mundo, le sucede ahora el tejido denso de microrelatos que el capitalismo emocional genera de forma cotidiana a través de todos los canales de expresión, moldeando los hábitos de vida, las elecciones, las definiciones de los valores y los flujos de satisfacción y de consumo. Tras la ideología como falseamiento de la representación objetiva del mundo, ha llegado la era del storytelling, que le opone la demostración de que no existe ningún mundo por fuera de aquellos que la máquina de sueños es capaz de crear para nosotros, y que la clásica distinción entre la infraestructura de los medios de producción y la superestructura ideológica se vuelve lejana y caduca. Lo infra y lo super se funden en una sola dinámica narrativa donde la realidad toma consistencia y en la que lo real y la ficción encuentran una nueva e indisoluble continuidad. Revisión y Correcciones: Pío Zelaya y Eva Fernández

EL AUTOR Gustavo Dessal. A.M.E. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano-NUCEP. Email: g.dess.esp@cop.es Notas 1. C. Salmon, Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear las mentes. Ed. Península, Barcelona 2008.


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La Sima

Textos: Luis-Salvador López Herrero Imágenes: XXXXXXXXXXX *Texto original del autor

La Sima. José María Merino. Editorial Seix Barral. Una ficción instrumentalizada para la denuncia, que no olvida la lógica del fantasma obsesivo * La Sima de José María Merino es un texto, con diferentes cuerpos palpitantes, que convoca a la palabra. Por un lado nos muestra el compromiso del escritor en un momento en que la coyuntura, social y política, de nuestro país, se ve exacerbada por el espíritu de confrontación a raíz de una inesperada derrota política. La receta, sin querer acallar para nada el olvido de todo lo acontecido a lo largo de los tiempos, es sanamente volver a convocar la concordia. Pero además de esta fuente histórica, que brama, quizá, como un alegato de interés para buena parte de nuestros conciudadanos, está también lo que me atrevería a nombrar como el influjo del inconsciente en la telaraña del mundo obsesivo, en donde siempre palpita la temática de la vida y de la muerte, del amor y del odio. En este punto, nuestro protagonista Fidel se verá confrontado, en un momento de su vida, con una incógnita, la sima, que, a través del horror, la fascinación y la verdad que convoca, nos recuerda claramente los efectos de la dimensión de lo inconsciente en el sujeto. A partir

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de ese momento, éste tratará de tejer una clarificación acerca de lo que le es suscitado conflictivamente, a través de lo que podríamos llamar su propia novela familiar, que no es otra cosa sino que el relato neurótico del sujeto. En este contexto, su particular e íntima vivencia se articulará con la misma historia conflictiva nacional, en donde diferentes bandos luchan de modo fratricida, en un intento de anular a un semejante convertido en adversario u objeto, en el “otro” por excelencia. Esta es la tesis que promueve el personaje historiador que investiga, desconociendo sin embargo, que es su misma tesis de vida, es decir, el núcleo duro fantasmático que dota de sentido y de goce a su propia existencia, comandando y dirigiendo tanto sus pensamientos como sus actos. De ahí que, efectivamente, el personaje nunca pueda culminar o concluir su trabajo intelectual –tarea siempre dificultosa para el sujeto obsesivo- en tanto que es ésta misma tesis doctoral quien se ve infiltrada por todas esas palabras que estructuran su fantasma inconsciente a través del odio y de la confrontación. De ahí también que le sea imposible la liberación del sufrimiento tal como se describe a lo largo del relato, en donde, de una u otra manera, el personaje nos va confrontando con lo que verdaderamente está en juego en


L Letras en la Ciudad todo este asunto de la guerra y de la muerte, que tanto le fascina “inconscientemente” y que no es otra cosa sino el goce, su propio goce, como motor y eje de su esfuerzo y del sufrimiento. Premisa esta, por otra parte ejemplar en el mundo obsesivo, y que el autor nos sabe mostrar muy acertadamente a través de los diferentes vericuetos por los que va introduciendo a nuestro personaje Fidel. Todo ello con una prosa impregnada de frases poéticas capaces de alumbrar el malestar de la conciencia en una naturaleza cósmica ajena a cualquier pensamiento humano, y en donde se mezclan el rigor de la palabra ensayística, con la estética, atrayente y envolvente de la palabra generadora de magia.

“La literatura nunca puede curar…” Ahora bien: la literatura nunca puede “curar” simbólicamente la herida fantasmática, la sima, el inconsciente, como muy bien nos muestra el autor. La sima no se resuelve, simplemente se desvanece una vez más bajo los efectos de la explosión, aunque de ella salga ahora convertido el sujeto en novelista. A partir de la literatura no hay posibilidad de “cerrar” el agujero o de mostrar la verdad que está en juego, porque ésta, aun cuando ayude a clarificar y a ordenar la telaraña, pudiéndose articular algo de la dimensión conflictiva en juego, sin embargo, no permite hacer verdaderamente consciente esa vertiente inconsciente que tanto palpita. Es decir, el protagonista, convertido finalmente en escritor de ficciones, es verdad que ha podido hacer algo con la conflictividad en juego, sin embargo, desconoce la telaraña que teje su propio fantasma, ese juego de fuerzas que le ha ido precipitando en la nebulosa incierta de los actos y de las elecciones más inconclusas. Por ejemplo, nada sabe acerca de su fuente más íntima de odio, de su atracción fascinada por el horror y la muerte, de la intensa rivalidad que comanda todo su mundo, de la glotonería superyoica e insaciable de goce que generan todos esos “banquetes de brutalidad humana” que le satisfacen, y cómo no también, de su cobardía exultante bajo un manto de carácter aplacado y tímido que le sirve de coartada. Además, tampoco sabe sacar las suficientes consecuencias de una relación claramente incestuosa y de revancha la relación con su prima Puri, que ejercita en el seno de esa familia, amada y odiada, que le acoge. La fascinación por el horror de la muerte, de la mano del abuelo materno, pero también el odio hacia él por lo que éste representa, el bando opuesto a la figura idealizada de un padre perdedor, le hacen caer en una relación incestuosa que, más allá del envoltorio amoroso que nos muestra, representa claramente el ataque frontal inconsciente a esa familia odiada que forma parte de él mismo. Es su división desconocida lo que subyace en ese mismo acto sexual. Precisamente las palabras de su primo José Antonio son la llave que nos abre esa verdad tan oculta para él: “Mis padres te recogieron en nuestra casa y pervertiste a mi hermana cuando era solo una niña, hijo puta, qué se podía esperar de la ralea de tu padre… Te echamos de mi casa, el abuelo tuvo el gesto de recoger a un degenerado como tú pero volviste como

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un carroñero y la dejaste preñada, hijo puta… Lo que has hecho sufrir a mis padres, al abuelo y luego tuviste los cojones de poner un pleito, para conseguir la herencia”. De ahí que, en ningún momento, y ante todas las agresiones sufridas por éste a lo largo de su vida, él se plantee jamás la más mínima denuncia. ¿Qué es lo que está en juego, en su silencio? Sin duda, la culpa, su propia culpa neurótica. Por otra parte, es todo un acierto cómo el autor nos describe la secuencia de la ruptura fantasmática del personaje Fidel, y su entrada en el trance obsesivo, incluida la tentativa de suicidio, allí cuando la fascinación por el horror y la muerte, la caída de los ideales a partir del descrédito de la educación, la dificultad para crear una relación amorosa más alejada de la telaraña edípica o el eslogan definitivo de que la desdicha no tiene remedio, vienen a romper el fantasma. En este punto, y ante la disyuntiva que encierra el empuje del odio furibundo hacia el adversario, el sujeto tiene dos posibilidades: matar al semejante, o bien, matar a ese objeto odiado que forma parte de uno mismo. En esa coyuntura el sujeto elige lo segundo, de un modo light, porque evidentemente la ingesta de pastillas no es el pasaje al acto tan certero y exitoso del melancólico. Motivo éste que nos permitirá descubrir cómo el personaje elige, a partir de entonces, la senda de lo intelectual como modo de acallar ese inconsciente que brama intensamente en él. La relación transferencial, a partir de la ayuda psicoterapéutica y farmacológica de un personaje femenino –feminidad claramente enigmática y problemática para él-vienen a dulcificar su senda tortuosa, aunque no podamos deducir de la relación nada más que el valor que ejerce la profesional como Gran Otro. El resultado final, y es francamente muy acertado por el juego de espejismos y de ilusionismo que configura también la trama vital del propio autor, es la salida a través de la ficción allí donde nuevamente el fantasma se ve asediado por la ruptura del círculo de amistades, a partir de la explosividad del amor. De ese modo, la ficción, convertida en una nueva vida capaz de generar ilusiones, y la escritura, como instrumento al servicio de la organización del sufrimiento, le abren un nuevo escenario de vida. Sin embargo, nada hace predecir de esa elaboración, que el encuentro con la mujer, que forma parte de su problema, vaya a ser distinto. La añoranza de la novela edípica y la idealización incestuosa, aún planean, con fuerza, en ese escenario final que culmina con la primacía y el valor de lo literario frente a la supuesta realidad de los hechos. Una vez más, y como no puede ser de otra manera, triunfa la realidad psíquica fantasmática sobre el mundo de los hechos, aunque el verdadero problema, el goce, siga sin quedar suficientemente desvelado y anudado para él. Revisión y Correcciones: Eva Fernández y Oscar Caneda

EL AUTOR Luis Salvador López-Herrero. A.P. Psicoanalista en León. Miembro de la ELP y la AMP. Email: luis_salvador@terra.es


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Presentación Con Tento

de Mariano Maqueda* Textos: Jorge Alemán Imágenes: Cliparts

*Intervención en la presentación del libro Con Tento, de Mariano Maqueda, en la BOLM el 6 de Junio de 2012

¿Cómo se presenta un libro de poesía? ¿A que género pertenece esa presentación? ¿Cómo se habla del libro de poemas? Cómo se trasmite que se lo ha leído, cuando es el poema el que de verdad te lee, cuando el poema te interviene con su voz, cuando la respiración del poema solicita tu silencio te reclama que despiertes. Como cuando el poema te besa el dolor, cuando te besa y te mata y luego asesina el miedo en la introducción de la vida. No sé si los poemas de Con Tento me quieren. Esta fractura con lo que nos tienta, esta fractura con lo que nos sostiene. El con que acompaña esta surcado por la letra en el litoral de un hombre feliz que se tienta con las hojas breves de un árbol breve. Con Tento porque estás aquí a mi lado, breve, pero a mi lado. Así elijo que me elija la poesía breve directa como una flecha roja que va al corazón de lo real, la poesía breve que habita en el linde del cuerpo y que tiembla en el claro del umbral. Por que la música ríe cuando tus dedos tiemblan por la mañana Y el silencio siente por fin el viento, y dice: Presente compañera. No logro saber cómo se presenta el libro de Maqueda. Me quedaría leyendo el poemario hasta alcanzar mi “No saber”, hasta encontrar mi “Soledad común”,

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L Letras en la Ciudad para localizar la visión alterada que desgarra la pantalla de la infancia: tigre gustoso, tigre del no dejar, tigre flexible que se queda en su sitio contra nadie. Dame ese tigre en el amarillo insomne de tu libro. Dame el manual ilustrado con tigres que devoraron a un hombre el amanecer y no saben que lo han hecho. Tigres de hoy que son como un instante atrapado por la eternidad que entra hasta los huesos. Por esto poeta no pares, la nariz rota tiene mas suerte que la pared o la puerta cerrada. No pares poeta porque sos, y soy, un hombre hecho un poco deshecho pero hombre a tu lado. Contento de seguir a tu lado con razones o sin ellas pero hablando. Sálvanos poesía de los tigres sedientos de la Europa cansada y traicionera. Sálvanos recordando los que defendieron la causa justa del poema de las vísperas. Con Tento, del juego, del desafío, y muy contento de esta mujer pirada que en la tarde oscura de luz clara me hace morir ahogado. Ya ni yo me resisto a ti. Pero vos te resistís a mí, poema de tres miradas dando luz, calentando mi vida que no es nada. Pero estoy a punto de presentar tu libro en la mal quedada hora del miedo. Adios miedo, te recordaré siempre como aquel pobre amigo que murió por falta de sentido. Me gustaría presentar el poema encontrando una estrofa donde pueda demostrar que quiero vivir la eternidad contigo. Con Tento, con vos, sin mí, pero estando yo allí. Porque en el cruce de caminos solo fue mirarnos, a diez mil kilómetros de donde nací y tan cerca de mí. Yo que nunca dije nada, nada que pueda presentarse, como hablar del poema si solo viví y vi morir algunos amigos, los vi desaparecer en el volcán nocturno de la horrible prosa de los canallas.

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L Letras en la Ciudad Sin embargo estoy contento de la vida hecha por tu poema y de aquello que está a pedir de boca y a impedir por las armas. El miedo puede ser atravesado si uno se vuelve a elegir en el confín del poema. Solo si uno acepta pertenecer a un legado indescifrable. Sabiendo que el silencio de la noche callada puede durar toda la vida sino despierto. Vamos a vernos aunque a ciegas, vos y yo, en el centro español de la palabra rota. En la palabra argentina de la palabra rota. Vete hijo. Ve con dios. Pero madre no ves que me duele la vida, me duele el alma y me ayuda al corazón la poesía de los hijos, de esos hijos diferentes a mí que envejecí antes que mis propios padres. Padre esta soledad que te reclama es la mía y me espera siempre. Soñé que presentaba este libro en una sala llena de pájaros que habían tenido malos sueños y no entendí nada. Como un poeta herido de si mismo. Des airado. De solado. Roto. Contento entre los dioses que se ríen porque no les importa nada. A mí tampoco me importan los dioses y no tengo miedo cuando en la luz del umbral veo el reflejo de tu cara y confirmo que la luz no tiene dueño. Vemos ahora en estos poemas que van y que vienen, mar de fondo, dirección: Barlovento. Delfín entre delfines, jugando, salpicando los mares del mundo darme tu música secreta, dame la música de tus violines a este barco.

Revisión y Correcciones: Oscar Caneda y Eva Fernández

EL AUTOR Jorge Alemán. A.M.E. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano-NUCEP. Email: alemanteam@correo.cop.es

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Presentación del libro de Jorge Alemán

“Soledad: Común”*

Textos: Joaquín Caretti Ríos Imágenes: Carol Highsmith *Intervención en la presentación del libro de Jorge Alemán Soledad: Común, BOLM, Madrid, 14 de junio de 2012

 L

a lectura del último libro de Jorge Alemán 1 me evoca la escucha de una variación musical donde sobre una idea central se van cambiando algunas partes, se agregan otras, se modifica la melodía, se toca la armonía, pero la idea matriz se sigue escuchando a lo largo de toda la audición. Estamos ante la escritura de un único libro que va transformándose cada vez, con nuevos capítulos o con profundas reescrituras de sus párrafos. Pienso que Jorge Alemán está dedicado, desde hace unos años, a la elaboración de este gran libro donde se propone pensar en la difícil articulación entre la política y el psicoanálisis. Digo difícil porque, si bien la política esta sostenida en el discurso del Amo y aunque sabemos que Lacan dijo que este discurso es, a su vez, la estructura del inconsciente, esto no nos permite deducir que hubiera una relación posible entre la política y el psicoanálisis. Sí que la similitud estructural entre la política y el inconsciente nos pueden servir para pensar y aclarar la facilidad con que las personas se dejan seducir por los discursos de la política y sus servidumbres voluntarias. Y aún más, si pensamos que el inconsciente es

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la manera en que la subjetividad se las ha arreglado para velar lo verdaderamente real que está en juego, podemos afirmar que la política -en su versión de mera gestión de las cosas para que éstas funcionen- también ocuparía este lugar de velamiento, de ocultación, de aquello de lo cual los sujetos no quieren saber. De ahí, la afirmación de Lacan “el inconsciente es la política”. En este contexto inconsciente y política podrían ir anudados en una maniobra defensiva y distractora sobre lo real, lo cual hace necesario que se produzca la operación ausente, aquella que permite ir más allá de los semblantes, más allá de las fantasías, más allá de las ideologías consolidadas, más allá de las identificaciones. Esta operación, mediada en la experiencia analítica por el discurso psicoanalítico, es la que le permitiría a la política y a la subjetividad plantearse un accionar más lúcido. Creo que de esto se ocupa este libro con una profundidad especial y abriendo puertas a un nuevo pensamiento de lo político y de su implicación en el mundo. A su vez, compromete al discurso psicoanalítico y a los psicoanalistas a reflexionar sobre su lugar en el campo político y sobre los efectos de su


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Young American Woman, Carol Highsmith

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L Letras en la Ciudad práctica, no pudiendo dejar de percibir que lo que el psicoanálisis hace avizorar a la subjetividad, su emancipación, su soledad, no es sin los otros, sin el común. Por ello, quiero entrar brevemente, en los puntos que para mí son las nuevas notas, los nuevos movimientos musicales, las ideas centrales, no todas, de este libro que se reescribe y que esperamos que Jorge Alemán lo siga haciendo… Los pensadores del Común Hay un interés de los pensadores postmarxistas de la emancipación por incluir en sus ref lexiones, como aspecto central, el problema de la subjetividad, dejando de lado cualquier teleología que marcara férreamente el punto de llegada. Dice Jorge Alemán: “Indagar ahora

“La política es para Jorge Alemán el lugar constituyente de la experiencia del sujeto en su devenir hablante, sexual y mortal.” la experiencia política implica revelar la estructura y la constitución del sujeto que la soporta y es responsable de la misma” 2 . De este modo, pensar la política, es decir lo Común, no puede no conducir -a diferencia de antaño donde la apuesta era por un orden colectivo que diluía las singularidades que, supuestamente, se realizaban en el mismo- a una dilucidación de quién es el sujeto que soporta la experiencia política, a pensar de qué mimbres está hecho, cómo es su materialidad deseante y de qué modo influye la presencia de su cuerpo que disfruta y padece. Y esto, porque la política es para Jorge Alemán el “lugar constituyente de la experiencia del sujeto en su devenir hablante, sexual y mortal” 3 . Enorme salto en el pensamiento -donde la política, lo Común, se hace central para la subjetividadque exige dejar de lado cualquier idealismo si queremos arribar a una verdad que oriente hacia una vía de emancipación. En este punto el libro va a dialogar con Laclau, Badiou, Zizek, Negri y Deleuze, pensadores de la articulación política/sujeto, pretendiendo “(…) preservar el carácter problemático de la cuestión del sujeto” 4 introduciendo, desde el discurso analítico, una cuña no abordada por estos pensadores: la cuña de lo real. Soledad: Común A partir de esta fórmula, que es el título del libro, se presentan “(…) las posibles articulaciones entre el discurso analítico elaborado por Jacques Lacan y el pensamiento político que eventualmente pueda surgir del mismo” 5. Se entiende así el subtítulo: “Políticas en Lacan” que aludiría a lo que de su enseñanza pudiéramos inferir como una política. Según mi entender y como veremos más adelante es el aspecto central del texto. La Soledad es la soledad del sujeto que “(…) surge vacío y sin sustancia y sin la posibilidad de ser representado en su totalidad por los significantes que lo instituyen” 6. Nada puede cancelar esta soledad constituyente, nada puede colmar el agujero de partida, aunque los mecanismos subjetivos pongan en marcha operaciones de

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discurso que buscan dar un ser, sea por medio de las identificaciones, de las fantasmáticas relaciones con el Otro o de las exigencias superyoicas. Se trata de recubrir este vacío que no es sin relación con el Otro y que, como plantea Jorge Alemán, ha tenido varias formulaciones en la enseñanza de Lacan, siendo Lalengua la que finalmente va a venir a condensar este Otro lacaniano. No es posible pensar la soledad subjetiva sin la articulación con lo común y no es posible pensar lo común sin pensar en la soledad subjetiva. Esto es lo que ponen en tensión los dos puntos con los que Jorge Alemán une soledad y común. Unión estructural, no detectada hasta ahora en su radicalidad y en sus consecuencias para un proyecto emancipatorio. Este Común entre los seres humanos y, quizá, el único y verdadero común, lo va a situar en Lalengua, que “si bien alcanza a todos (…) se reinventa en cada uno de forma singular” 7. Esta urdimbre originaria, formada por las palabras que marcaron el cuerpo del sujeto y con las que se formularán las inscripciones del mismo en el lazo social, se reinventará singularmente bajo la intransferible e incurable expresión del sínthoma. Entonces, tenemos Soledad: Común que podría ser escrito Sujeto: Lalengua o La Soledad del Sínthoma: El Común de Lalengua. A lo que se va a dedicar este libro es a “mostrar el encuentro entre la Soledad radical del sujeto y el carácter, o más bien, la condición Común de “Lalengua” ambos captados en su co-pertenencia radical” 8. Es interesante pensar a este Común como anterior a cualquier común fundado en lo simbólico o lo imaginario. Es un común real que no se deja colmar por ninguna propiedad común. A su vez la Soledad, “(…) nunca plena, que solo encuentra su contorno en el Común que existe en el campo del Otro” 9, debe distinguirse de sus formas patéticas y sociológicas capturadas por el individualismo capitalista. Entiendo que sobre esto va a surgir el inconsciente para paliar la soledad del sujeto, fruto de lo que Jorge Alemán llama la brecha ontológica, los dos puntos de la fórmula, brecha constituida por la ausencia de relación, por los tres no-hay: no hay relación sexual, no hay Otro del Otro y no hay metalenguaje. Así mismo, emergerán las diversas posiciones con respecto al Otro que terminarán velando lo originario de esta Soledad: Común transformándola en la articulación de un sujeto, desde ahora, demasiado acompañado por el Otro. A lo incurable de la Soledad: Común, a lo insoportable del no hay, el inconsciente responde velando e intentando colmar la brecha ontológica por la vía de un sufrimiento que no cesa. La apuesta lacaniana Jorge Alemán va a insistir en la tensión que habita entre la constitución singular del sujeto, producida en el Discurso del Amo, y una lógica colectiva, lugar donde esta subjetividad toca lo verdadero, tal como fue enunciado por Lacan en El tiempo lógico, donde afirma que “si bien en esta carrera tras la verdad no se está sino solo, si bien no se es todos cuando se toca lo verdadero, sin embargo ninguno lo toca sino por los otros” 10. Este lazo social no va a tener un fundamento común sino


L Letras en la Ciudad que lo “Común es la imposibilidad de la relación que impone que se responda a dicha imposibilidad con la invención de un suplemento constituido por el vínculo social. En la intersección de Soledad: Común surge el vínculo social” 11. Y para desentrañar esta lógica colectiva -que Freud despejó en Psicología de las masas, donde muestra a los sujetos presos de los avatares de las identificaciones, evidenciando una operación no realizada aún, pero necesaria para cualquier proyecto emancipatorio- es que Jorge Alemán va a recurrir a la experiencia de la cura. Ésta es, para mí, la parte más interesante del trabajo: poder anudar la lógica de la cura con la lógica colectiva, anudamiento nada evidente de antemano. Así va a desarrollar los efectos de la cura mostrando cómo la caída de las identificaciones va a permitirle al sujeto tomar una “(…) distancia inédita (…) sobre lo que es su propio fantasma” 12 atisbando el goce que ahí estaba en juego. Este efecto de la experiencia analítica le permitió a Lacan intentar “(…) anudar el fin del análisis (…) con una construcción colectiva de Escuela que no fuese de algún modo un espacio donde, una vez más, se cumpliera el retorno de las identidades más inertes y sedimentadas (…) sostenidas por el significante Amo” 13. Esta Escuela estaría sostenida por un vacío central, un no-saber esencial que la constituiría como no-toda y que mantendría una tensión permanente sobre la pregunta ¿qué es un analista? nunca contestada definitivamente. Este desafío político que Lacan hizo a su Escuela es el que, a mi entender, propone este texto a cualquier política que se quiera emancipatoria: inventar una lógica colectiva ordenada por un más allá de las identificaciones y sostenida por el deseo decidido de los sujetos singulares. Surgen en el texto dos preguntas interesantes: “¿Cómo se incorpora un sujeto que ha logrado separarse de las identificaciones a una instancia colectiva?” 14 .“¿Existe lo colectivo por fuera de su referencia al significante Amo?” 15. Sin responder totalmente a esto, la apuesta es clara: cuestionar la idea de “Multitud” de Toni Negri y encontrar en la idea de “Pueblo” y la teoría de la “Hegemonía” con su significante vacío de Ernesto Laclau una posibilidad para la política de atravesar el “límite impuesto por la Psicología de las masas 16. Como decía, esta es la apuesta central del libro: proponer desde el psicoanálisis la posibilidad de “pensar la lógica interna de una transformación política, incluso en su condición emancipatoria, si la misma ya no está dominada enteramente por la metafísica de una totalidad homogeneizante” 17 tomando como punto de partida la lógica de escuela lacaniana constituida por aquellos “no identificados” 18 y ordenada por un agujero éxtimo de no-saber. Poder agujerear la lógica del paratodos y la excepción e introducir en el pensamiento político la lógica que Lacan atribuyó al lado femenino de sus fórmulas de la sexuación humana. Estoy de acuerdo con la propuesta de este trabajo que abre el pensamiento allí donde los pensadores de la emancipación de algún modo naufragan. Por ejemplo, Toni Negri, que va a cifrar todo a la producción biopolítica de unas singularidades que, como por arte de magia, se desprenderían del campo de las identificaciones, para, como “Multitud”, constituirse en sujeto

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colectivo de una transformación. Pienso que este libro, de algún modo, empieza allí donde Toni Negri encuentra su límite. Sin embargo y, justamente, porque entiendo que no hay otra posibilidad si queremos una verdadera y radical nueva política -efecto de una invención que asuma la necesidad de tomar en cuenta lo que hemos alcanzado a conocer, gracias a la experiencia analítica, de la singularidad del sujeto- tal como se afirma en este texto cuando dice que “el recurso a un proyecto emancipatorio de tipo ingenuo ya no vale, exige ser reinventado con lo que ya sabemos del sujeto y su relación con lo real”19 la pregunta que me planteo es: bien, ¿pero cómo lo podremos hacer?. El libro sigue. Me detengo aquí. Revisión y Correcciones: Eva Fernández y Gabriela Medin

EL AUTOR Joaquín Caretti. A.P. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Director de la sede de Madrid de la ELP. Email: jcaretti777@hotmail.com

Notas 1 J. Alemán, “Soledad: Común. Políticas en Lacan”, Capital Intelectual, Buenos Aires, 2012. 2 Ibíd., pág.8. 3 Ibíd., pág. 8. 4 Ibíd., pág. 10. 5 Ibíd., pág. 12. 6 Ibíd., pág. 12. 7 Ibíd., pág. 16. 8 Ibíd., pág. 14. 9 Ibíd., pág. 18. 10 J. Lacan. “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada”, Escritos I, Siglo XXI, México, 1984, pág. 201. 11 J. Alemán, op.cit., pág. 25. 12 Ibíd., pág. 29. 13 Ibíd., pág. 29-30. 14 Ibíd., pág. 30. 15 Ibíd., pág. 30. 16 Ibíd., pág. 31. 17 Ibíd., pág. 34. 18 Ibíd., pág. 34. 19 Ibíd., pág. 49.


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Varios

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