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Re v ista de P sicoa n á Lisis de L a comunida d de m a dRid - eLP

La

X Jornadas Zaragoza + Contrapunto sobre el cuerpo entre Filosofía y Psicoanálisis + La función estructurante de la mirada para el niño + El cuerpo, su movimiento, su goce + El cuerpo hablante de la histeria

le n g u a e n el c u e r p o

Nº 3 - Noviembre / Mayo 2012

imágen: León Ferrari

Letras

Letras

R e v i s ta de P sic oa n á l i si s de l a c om u n i da d de m a dR i d — e l P

NÚMERO 3 • nov iembRe / m ayo 2012


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Agenda

Contenidos

—Noviembre /Abril 2012

Re v ista de P sicoa n á Lisis de L a comunida d de m a dRid - eLP

La

R e v i s ta de P sic oa ná l i si s de l a c om u n i da d de m a dR i d — e l P

X Jornadas Zaragoza + Contrapunto sobre el cuerpo entre Filosofía y Psicoanálisis + La función estructurante de la mirada para el niño + El cuerpo, su movimiento, su goce + El cuerpo hablante de la histeria

le n g u a e n el c u e r p o

imágen: León Ferrari

Letras

Letras

Tenemos un cuerpo, que es un cuerpo vivo, sexuado y mortal. El psicoanálisis parte de ahí y del hecho de que el cuerpo siempre goza, bajo la forma que sea. Por esta razón, el cuerpo ocupa un lugar fundamental en nuestra práctica. Para Freud el síntoma somático, de conversión (“cuerpo extraño” que perturba las funciones corporales) es el paradigma de que hay enfermedades que hablan, que hay una verdad singular a descifrar. CONT pg. 10 ➳

NÚMERO 3 • nov iembRe / m ayo 2012

COLABORAN EN ESTE NUMERO

Andrés Borderías, Patricia Bosquín, Guy Briole, Vilma Coccoz, Eugenio Díaz, Mercedes de Francisco, Amanda Goya, Araceli Fuentes, Pía López-Herrera, Rosa López, Manuel Montalbán, Mariam Martín Ramos, Carmelo Licítra Rosa, Félix Rueda, Mónica Unterberger

X JORNADAS EN ZARAGOZA

Nº 3 - Noviembre / Mayo 2012

meret oppenheim, Man Ray, 1935

LETRAS

www.letraslacanianas.com 12Û  •  Revista de Psicoanálisis / Madrid ELP

Editorial 02 Editorial

Andrés Borderías

El Pase 37 Miradas

Guy Briole

41 Conversación con Patricia Bosquín

Agenda 03 Agenda Noviembre / Mayo 2012

Patricia Bosquín y otros

Cultura, Ideas, Política, Novedades

48 Inter feces et ...vocem natus (II)

Dossier

55 Pensar el pase supuesto de Freud

10 X Jornadas Zaragoza Comisión Cientifica

12 Contrapunto sobre el cuerpo entre Filosofía y Psicoanálisis Amanda Goya

17 La función estructurante de la mirada para el niño Mariam Martín Ramos

22 El cuerpo, su movimiento, su goce Vilma Coccoz

26 El rapto del cuerpo de Lol V. Stein Araceli Fuentes

31 El cuerpo hablante de la histeria Rosa López

Carmelo Licítra Rosa

Manuel Montalbán

Clínica 60 A ñadirse en la serie Eugenio Díaz

63 El inocente responsable Félix Rueda

Letras en la Ciudad 68 “El orden simbólico en el Siglo XXI, ya no es lo que era” Andrés Borderías

72 El paradigma biopolítico versus el cuerpo lacaniano Pía López-Herrera

75 La tarea del pintar

Mónica Unterberger

78 Eleva, no importa donde, las sustancias de nuestros destinos y de nuestros deseos Mercedes de Francisco

Varios 80 Normas de publicación

Boletín de subscripción

“El síntoma puede ser definido como un acontecimiento del cuerpo. Eso supone que ese cuerpo haya sido marcado por el significante, es decir, por la palabra en tanto que se inscribe y puede ser representada por una letra. Esta inscripción merece ser calificada con el nombre de inconsciente freudiano”. Jacques-Alain Miller, Curso de 4 deMayo de 2011.

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Editorial

Editorial LE TR AS

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Director Andrés Borderías Asesor Eric Laurent Comité de Redacción Oscar Caneda, Ana Lía Gana, Mirta García, Joaquín Caretti Colaboradores Carmen Bermúdez, Eva Fernández, Julia Gutiérrez, Gabriela Medin, Silvia Nieto, Pío Zelaya Corresponsales: Mandy Toro, París Andrés Molina, Maracaibo Mahe Ajá, Bruselas Equipo Gráfico Gabriela Medin (Responsable) Ana Lía Gana, Silvia Nieto Edición Digital Pío Zelaya Distribución y Suscripciones Gabriela Díaz Maquetación y Diseño BTO Design Imprime: Lavel, S.A.

“Letras” es una revista editada por la Sede de Madrid de la ELP. c/ Gran Vía nº 60, 2º izda. 28013 Madrid Tel: +34 915 591 487 email: info@letraslacanianas.com página web: www.letraslacanianas.com

El cuerpo ha ocupado un lugar central para el psicoanálisis desde su origen. Los síntomas de conversión histéricos abrieron la puerta a la investigación Freudiana sobre la incidencia de la lengua en el cuerpo. Freud descubrió que el cuerpo del infans queda definitivamente alterado por su encuentro traumático con algunas experiencias de goce vehiculizadas por la lengua, y que las huellas de dichos encuentros conforman el saber del inconsciente, así como la silenciosa escritura de las pulsiones en el Ello. Ello e Inconsciente, son dos nombres freudianos de la arquitectura simbólica del cuerpo y sus síntomas, a la que hay que sumar la imagen narcisista del mismo. Por su parte, Jacques Lacan dedicó su enseñanza a elucidar en primer lugar la articulación entre dichas instancias, para avanzar posteriormente en el establecimiento de una concepción lógica y topológica de la relación entre representación, escritura, imagen y goce del cuerpo. En nuestra época, la fascinación por el cuerpo ha llegado a un cénit desconocido. No se trata sólo del culto a su imagen, sino de la promoción de nuevas formas de goce desvinculadas de cualquier ética o moral y que responden por tanto a la voz silenciosa del superyó, que ordena gozar. Pues el nuevo derecho universal al goce del cuerpo no es sin el imperativo que afirma: “Just do it!”, declinación moderna de la fórmula Sadiana. Este imperativo, por otro lado, se escribe en el cuerpo en un nuevo orden simbólico en el que la contabilidad repetitiva se impone a la poiesis, la vertiente creativa de la lengua. Y la consecuencia son los nuevos síntomas: Anorexia, bulimia, hipe-

ractividad o depresión como nuevos signos de un cuerpo en el que el deseo y su sutil vínculo con el amor se ve arrasado por el goce y sus exigencias adictivas. Pero también nos encontramos con los jeroglíficos y tatuajes, las operaciones y mutilaciones, las experiencias de goce cada vez más crudas y autísticas. Y la respuesta del amo contemporáneo, del amo psicoterapéutico y evaluador oscila entre la contabilidad evaluadora, el imperativo reeducador y neohigienista, la lectura asubjetiva de la cifra neuronal y la narcosis farmacológica generalizada. Es el estúpido programa de un nuevo mundo sin sujeto y un nuevo hombre sin real, reducido a un cuerpo gozante calculable. Pero no es sólo estúpido, es además un error, pues no hay domesticación posible del goce del cuerpo, aunque el resultado de este esfuerzo neohigienista no sea otro que la extensión de la debilidad mental –Lacan dixit-, una mayor fragilidad y desorientación del sujeto moderno y la insistencia cada vez mayor de los síntomas. La apuesta del psicoanálisis es otra. A lo largo de las páginas que componen este número podrán leer diversas aproximaciones a esta cuestión, desde el punto de vista epistémico o clínico. Y muy especialmente, en el apartado sobre El Pase, encontrarán las elaboraciones de varios Analistas de la Escuela que dan cuenta del modo particular en el que cada cual llegó a construir su cuerpo sintomatizado, así como el resultado de su análisis sobre el mismo, y que nos muestra la orientación ética de un sujeto orientado por lo real de su goce corporal. Buena lectura!

Letras es una revista sin ánimo de lucro, publicada bajo los auspicios de la ELP, la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis Foto de Portada: Gabriel Varsanyi, serie Pater ISSN: Letras 2174-064X Depósito Legal: 16496-2011

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Andrés Borderías Director de Letras


Agenda

Agenda C u lt u r a | P e r s o na j e s | P o l í t ic a | I d e a s

noviembre - mayo 2012

Urgente

París , a 13 de septiembre de 2011, 15,37h.

Comunicado de Jacques-Alain Miller

3) Y a continuación, si RAFAH sigue estando en un lugar desconocido: concentraciones - pacíficas por supuesto.

El poder sirio acorralado se ha lanzado a una represión sin piedad. Algunos de nuestro amigos, que tienen viejos contactos con el gobierno sirio, están actuando bajo mano para obtener la liberación de RAFAH, que parece estar bajo los pies de los servicios más duros.   Por otro lado, se trata de hacer mucho ruido  para intimidar, si es posible, a esos asesinos revestidos de la autoridad del Estado sirio, o de lo que queda de este. Hago una llamada a las 7 hermanas, a las 7 Escuelas del Campo Freudiano en el mundo, y a sus miembros uno por uno, para:  1) Firmar la llamada “¡Liberad a RAFAH!, ¡Movilización por RAFAH!”, esto es lo mínimo. 2) Contactar en cada país con periodistas, intelectuales, artistas, escritores, personalidades, con el fin de maximizar la función “ RUIDO”.

Lo que está en juego es de suma importancia a) Las “revoluciones” del inicio del año han convencido a la opinión mundial de que la democracia liberal es una aspiración de los pueblos árabes, doblegados desde hace demasiado tiempo por el yugo de los dictadores, con la complicidad de los “Occidentados”, acoquinados por esos compradores que traicionan sin vergüenza el interés verdadero tanto de las clases populares como el de la burguesía nacional. b) Deseo de consumir, libertad de palabra y de asociación, derecho al goce, sí, en todos los lugares los pueblos quieren, ellos también, saborear los placeres venenosos del Uno contable, del Uno-solo, con el cual se regodea el Uncle SAM. Poco importa que un pájaro de mal agüero (Lacan Jacques, para no nombrarlo, el bien conocido kojevo-heideggeriano) pueda pensar que eso no será la panacea y que el “Paraíso” (Sollers), ciertamente no está al final de esos fantasmas. Los pueblos quieren

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Agenda eso, y la brújula del tiempo lógico indica que deben pasar hoy por el momento liberal-consumidor de la historia del mundo, es decir, por la producción intensiva de “la falta de goce”para ir, un día, más allá: hacia la santidad, proponía Lacan. c) El psicoanálisis, la práctica de la asociación libre, forma parte integrante de este momento, de la misma manera que el Ipad, el  i-phone, Facebook, Google, las Go Go Girls, Lady Gaga, The Huffington Post, The Daily Show with Jon Stewart, and the whole megillah.  d) RAFAH en prisión, RAFAH raptada, RAFAH borrada, es el intento del minus, del Liliputiense, para maniatar al Gulliver del discurso universal. Una figura del Espíritu que está terminando de envejecer. ¡Ayudemos a la serpiente de la sabiduría a desembarazarse de su vieja piel!  El psicoanálisis en el siglo XXI se ha convertido en una cuestión social. Ésta moviliza por todos lados la atención de los

Carta de petición de apoyo para la liberación de la psicoanalista Rafah Nached

legisladores, soñando con “!Llenar los vacíos jurídicos!”. En efecto, este es su Job, su carga. Pero la nuestra no es esa.  La nuestra es la de hacernos los auxiliares del tiempo lógico, activando por todos lados el poder de las lagunas, dando juego a los semblantes, insinuando la libertad de asociación, la asociación libre. ¿Se ha convertido el psicoanálisis en una cuestión social? ¿Indefectiblemente nos acosan los “sociómanos” (Sollers)? Muy bien! Ser atacado por el enemigo es una buena y no una mala cosa, decía un sabio chino. Es el momento, es el lógico, de que por todos lados el psicoanálisis se convierta ahora en una fuerza material, una fuerza política. Esto es lo que está verdaderamente en juego en el asunto RAFAH.   ¡Movilización a favor de RAFAH ! ¡Liberad a RAFAH !

a la que se han sumado ciudadanos de toda condición que entienden que la lucha por la liberación de Rafah Nached es también la lucha por la transformación de ese régimen que asfixia los más elementales derechos humanos como, en este caso, el derecho al ejercicio del psicoanálisis: de ser escuchado y de tomar la palabra. En España, la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, una de las nueve Escuelas que conforman la AMP, ha puesto en marcha en Madrid un “Comité de apoyo a Rafah Nached”, para sensibilizar y movilizar a la opinión pública.Es necesario recabar firmas de apoyo para su puesta en libertad. Por este motivo nos dirigimos a ustedes con el fin de solicitarles su apoyo a Rafah Nached. Por favor, envíen su nombre, profesión y organismo al que pertenecen, al siguiente blog: www.liberadarafah.blogspot.com/p/firmar-apoyo-rafah.html

El pasado día 10 de Septiembre, Rafah Nached, ciudadana Siria de 66 años de edad, psicoanalista y fundadora de la primera Sociedad Psicoanalítca en Siria, ha sido ilegalmente detenida y trasladada a una cárcel de Damasco, donde permanece encerrada. Rafah Nached fue detenida en el aeropuerto en el momento de ir a tomar un avión con destino a París, donde acudía para encontrarse con su hija que iba a dar a luz. Rafah Nached no pertenece a ningún movimiento político. Las razones de su detención se limitan a su propuesta de escucha y acogimiento en su práctica como psicoanalista de ciudadanos angustiados por la situación que atraviesa su país. Ha sido acusada de realizar actividades en su práctica clínica que buscan subvertir el orden establecido. Rafah Nached está además enferma del corazón y necesita asistencia médica. Los miembros de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) hemos iniciado una campaña de movilización pública en todo el mundo para obtener la liberación de Rafah Nached, injustamente detenida,

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Gracias por su participación Les saluda cordialmente Comité de apoyo a Rafah Nached en Madrid Carmen Cuñat – Presidenta de la ELP Joaquin Caretti – Director de la Sede de Madrid de la ELP Andrés Borderías – Miembro de la ELP. Director de la revista LETRAS Gabriela Díaz – Alumna del NUCEP Mercedes Villén – Socio de la Sede de Madrid de la ELP Pío Zelaya – Socio de la Sede de Madrid Fernando Aduriz – Miembro de la ELP Manuel Fernández Blanco – Miembro de la ELP Julio González – Miembro de la ELP Ana Lía Gana – Miembro de la ELP Coordinadora del Comité de apoyo a Rafah Nached de Madrid


Agenda Resolución del Parlamento Europeo

27 de octubre de 2011, sobre el caso de Rafah Nached en Siria El Parlamento Europeo, • Vistos el artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966, del que Siria es parte, • Vistas las declaraciones del portavoz de Catherine Ashton, Alta Representante de la UE, de 30 de agosto de 2011, sobre el deterioro de la situación de los derechos humanos en Siria, y de 23 de septiembre de 2011, sobre la situación de Rafah Nached en Siria, • Vistas las declaraciones en las que se pedía la liberación de Rafah Nached, realizadas por Isabelle Durant y Libor Rouček, Vicepresidentes del Parlamento, y Veronique de Keyser, Vicepresidenta del Grupo S&D, en las sesiones plenarias de los días 14, 15 y 29 de septiembre de 2011, • Vistas las Conclusiones del Consejo, de los días 10 y 23 de octubre de 2011, y las sanciones adoptadas el 13 de octubre de 2011, • Vistas las Resoluciones del Parlamento, de 7 de abril de 2011(1) y 7 de julio de 2011(2) , sobre la situación en Siria, Bahréin y Yemen, • Vista su Resolución, de 15 de septiembre de 2011(3) , sobre la situación en Siria, • Visto el artículo 122, apartado 5, de su Reglamento, A. Considerando que Rafah Nached, primera psicoanalista en ejercicio y fundadora de la Escuela de Psicoanálisis de Damasco, fue objeto de detención y encarcelamiento arbitrarios, el 10 de septiembre de 2011 en el aeropuerto de Damasco por agentes del Servicio de Información General; que es conocida por tratar a las víctimas de traumas psicológicos y por su compromiso activo en favor del diálogo entre todos los sirios; B. Considerando que la Sra. Nached tiene 66 años y su estado de salud es precario, dado que padece una enfermedad cardiovascular, se está recuperando de un cáncer, tiene hipertensión arterial y debe tomar medicación regularmente; que su salud se está deteriorando en la cárcel, lo que agrava su enfermedad cardiovascular; C. Considerando que la Sra. Nached estaba de camino a París

para reunirse con su hija, que esperaba un hijo, cuando fue encarcelada sin cargos, permaneciendo inicialmente en instalaciones de detención secretas; D. Considerando que, el 14 de septiembre de 2011, fue acusada de «actividades que pueden desestabilizar el Estado», y que el juez se negó a liberarla bajo fianza; que la naturaleza de la acusación y el estado paranoico en que se ha sumido el régimen en los últimos seis meses hacen temer un período de detención prolongado con objeto de intimidar al conjunto de la comunidad intelectual de Siria; E. Considerando que en muy pocas horas se organizó una campaña internacional de gran envergadura, incluida una petición para su liberación inmediata e incondicional; 1. Condena enérgicamente la detención y el encarcelamiento arbitrarios de Rafah Nached por las autoridades sirias; 2. Manifiesta su honda preocupación por la situación de la Sra. Nached, habida cuenta de su precario estado de salud; 3. Pide a las autoridades sirias liberen inmediata e incondicionalmente a la Sra. Nached por razones médicas y humanitarias y que garanticen su seguridad física y su regreso con su familia sin más demora; 4. Pide a las autoridades sirias que autoricen a las organizaciones humanitarias y doctores el tratamiento de las víctimas de la violencia, les den acceso a todo el territorio nacional y les permitan desempeñar su labor legítima y pacífica sin miedo a represalias y sin ninguna restricción, incluido el acoso judicial; pide a las autoridades sirias que acaten las normas internacionales en materia de derechos humanos y los compromisos internacionales, garantizando la libertad de opinión y de expresión; 5. Encarga a su Presidente que transmita la presente Resolución al Consejo, a la Comisión, a la Vicepresidenta de la Comisión / Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, a los Gobiernos y Parlamentos de los Estados miembros, al Secretario General de la Liga Árabe y al Gobierno y al Parlamento de la República Árabe Siria.

Referencias (1) Textos Aprobados, P7_TA(2011)0148. (2) Textos Aprobados, P7_TA(2011)0333. (3) Textos Aprobados, P7_TA(2011)0387.

X Jornadas de la escuela lacaniana de psicoalisis

Del 19 al 20 de noviembre. Zaragoza

Comisión Científica: Santiago Castellanos, Elvira Guilaña, Jose Angel Rodriguez Ribas, Graciela Sobral, Carmen Cuñat (más Uno). Comisión de Organización: Mª José Bajén, Pilar Benito, Jose

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Mª Clavería, Teresa Colomer, Jesús Colomer, Carmen Conca, Elisa Escolano, Marga Francés, Vicente Giner, Marisol Gracia, Pedro Gras, Santos Hijós, Paloma Larena, Pilar López de la Garma, Angela Mancho, Concha Pérez, Irma Robba, Maite Romeo,

Pilar Sánchez, Jesús Sebastián, María Milagros Rodriguez, Angeles Vicente, Gracia Viscasillas (responsable). Tesorería: Paloma Larena, Maite Romeo, Iván Ruiz.


Agenda

¿La salud Mental existe? V Jornadas Pipol, Bruselas, 2 y 3 de Julio 2011 A comienzos de julio se celebró en Bruselas el Primer Congreso Europeo de Psicoanálisis, bajo el lema ¿La Salud Mental existe? Fueron dos días de fructífero trabajo acerca de la especificidad del psicoanálisis en relación al padecimiento subjetivo y la sociedad actual. El primer día se llevaron a cabo sesiones simultáneas de presentación de trabajos y durante el segundo hubo mesas redondas, conferencias y debates acerca de la Salud Mental. En ambas jornadas fue destacable el esfuerzo en conceptualizar cuál es la particularidad que aporta el psicoanálisis a la cultura contemporánea. La convocatoria a participar de las simultáneas proponía enviar trabajos que intentaran cernir qué ocurre cuando hay un psicoanalista en el clínico, cuál es la especificidad que aporta el psicoanálisis en una intervención clínica, cuáles son las marcas del propio análisis que se ponen en juego en su trabajo como analista. Y efectivamente, en los múltiples trabajos presentados pudo verse la singularidad en acto. Trabajos muy diversos, presentados por analistas de distintos recorridos y de distintas lenguas, pero en todos estaba presente el uno

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por uno, la singularidad tanto del lado del analizante como del analista. Es de destacar el buen clima de comentarios y discusiones a raíz de los trabajos presentados, el intercambio fructífero y las aportaciones de otros colegas fue algo presente en muchas de las mesas de simultáneas. En la segunda jornada se trató de discutir entre psicoanalistas y con otras disciplinas acerca de la Psiquiatría hoy, de las claves subjetivas de la época analizando distintas prácticas culturales, de cuál es el Otro de la cultura actual, así como de biopolítica y de la ideología implícita en las políticas de bienestar y salud mental para todos. En el cierre Jacques-Alain Miller planteaba que el psicoanálisis es hoy una práctica desmasificante que se opone al empuje de la uniformización, de la clasificación y de la generalización. En la misma línea, podemos decir que el psicoanálisis intenta devolver al sujeto la experiencia que la sociedad contemporánea le expropia. Experiencia en el sentido subjetivo incluyendo lo real del cuerpo y su goce. Precisamente al cierre de encuentro se planteó que la convocatoria de Pipol 6, en el 2013 será “Hablar con su cuerpo”. Gabriela Medin


Agenda

EL NIÑO EN LA CIVILIZACION DE LA MIRADA ABSOLUTA: EL CAPRICHO Y LA LEY X Jornada de Estudio de la Diagonal Hispanohablante de la Nueva Red Cereda 18 de Noviembre de 2011, Zaragoza Se cumplen ahora diez años de un acontecimiento que inauguró nuestro siglo y nuestra época: el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York del 11 de Septiembre de 2001. A partir de ese acontecimiento la expansión de los significantes de la “transparencia” y la “seguridad”, en conjunción con los avances de la técnica, se tornan en valores indiscutibles y absolutos. Prolifera la videovigilancia, cada vez más nos convertimos en potencial y sutilmente mirones y mirados. El campo visual que queda enmarcado en lo que podríamos llamar hoy día, con todo rigor, el espectáculo del mundo, se ha constituido en una fuente de goce. El mundo es omnivoyeur, nos decía Lacan, pero además deberíamos añadir que ha devenido también exhibicionista, y se ha instaurado para los sujetos como lugar en donde buscar sus referencias y certezas para orientarse ante la pérdida del peso de la palabra y del poder orientador de los ideales, de importancia capital en la constitución del sujeto y con una incidencia fundamental en el sujeto niño y adolescente. En la escena social en la que se ha insertado de forma tan relevante lo visual, el aspecto onmivoyeur y las políticas de la evaluación han hecho una alianza. La mirada absoluta es la mirada no enmarcada por el registro de lo simbólico, es la mirada del Otro que se hace presente por todas partes, irrumpe desde lo invisible al orden de lo visible, apareciendo en la dimensión de lo Unheimlich, lo extraño, lo siniestro, invadiendo el marco de la realidad del sujeto y produciendo su desvanecimiento. En la actualidad, los niños y adolescentes son clasificados, evaluados, ordenados, comparados, separados, colocados y distribuidos por los distintos discursos y

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saberes que se ocupan de ellos; una clasificación que tiene un carácter homogenizador y segregativo, siendo la norma el criterio clasificatorio que hace desaparecer al sujeto detrás de ella. Habremos de valorar los modos en que, en un mundo en que el ascenso al cenit social del objeto a favorece que el “capricho” se constituya en “ley” -que el imperativo de satisfacción opere como regla en la civilización-, esta preeminencia de la mirada produce efectos en los niños. ¿Será sin relación con ello el aumento espectacular de los autismos, la contabilidad de la hiperactividad, los déficits de atención, las patologías del acto que se han puesto de manifiesto en la población infantil y adolescente? Desde estas reflexiones queremos, en esta X Jornada de Estudio de la Diagonal Hispanohablante de la Nueva Red Cereda dar cuenta de nuestra clínica, una clínica bajo transferencia que se opone al imperativo taxonómico cómplice de los efectos de homogenización y segregación en la infancia y la adolescencia. A partir del uno por uno, cada caso puede mostrarnos con las dificultades que plantea cuál es la solución subjetiva que cada sujeto ha encontrado, una solución singular por la que nos dejamos enseñar. Esta es nuestra apuesta en acto para nuestro próximo encuentro en Zaragoza. Comisión científica: Mª Eugenia Insúa, Angela Mancho, Mariam Martín Ramos, Graciela Olivari, Gracia Viscasillas (responsable).


Agenda

15M, Vuelve la militancia, pero sin carné El 15 de mayo de 2011 nadie se esperaba que salir a la calle tuviese una repercusión distinta a otras veces. Las distintas organizaciones, encabezadas por “Democracia Real Ya” (DRY), una organización creada apenas 3 meses antes, y seguida de otras como “No les votes”, “Juventud Sin Futuro” o “Attac”, no se esperaban tanto éxito en una convocatoria que en Madrid movilizó a bastante más gente que la huelga general del 29 de septiembre del año anterior, convocada por los sindicatos. Vimos rostros de otras luchas, pero también gente nueva que nunca había salido a la calle bajo un lema tan sencillo como “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Quizá fue eso, un grito del descontento, quizá fue la difusión masiva mediante redes sociales, quizá fue lo que los politólogos llaman “oportunidad política” negando ciertos conatos de espontaneidad. Pero allí estábamos y allí se quedaron otras y otros cuando acabó el recorrido legal. Pocos y reprimidos a altas horas de la madrugada, la Delegación de Gobierno nunca hubiese previsto el alcance de su actuación. A las 8 de la tarde del día siguiente la Puerta del Sol estaba llena, pero a ese día le siguieron muchas tardes, noches, madrugadas y mañanas en otros puntos del territorio español. En poco tiempo un micro-ágora se había formado en el centro de Madrid, tal vez una isla o espejismo en esta ciudad que nos come, un macro centro social cuya importancia residía en la toma de un espacio público abierto al debate y cuyo único principio era la horizontalidad. Ese modo de organización, esa militancia sin carné, introdujo en nuestro espacio y en nuestro imaginario una nueva forma de participación política, a la vez que alargaba debates durante más de 5 horas e intentaba no sucumbir a la inercia de las burocracias. Con las elecciones municipales a la vuelta de la esquina, muchos políticos hicieron guiños al 15-M, muchos periódicos que el primer día ignoraban la noticia, nos pusieron un eslogan: “Indignados” que, haciendo referencia al libro de Hessel, impedía a gran parte de los sectores de la izquierda querer formar parte de un movimiento que pedía reformas asumibles por el sistema. Desde los medios masivos, trataron de imponer

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ciertos cánones desideologizando y negando el componente de clase y trataron de crear un perfil de lo que debía ser un “indignado”, marcando lo que era correcto y no suponía problemas al sistema. Pero las elecciones no rompieron sus vaticinios, los medios dejaron de prestar atención salvo en casos puntuales, y la gente siguió en las plazas, en Madrid, en muchos pueblos de España y en otras partes del mundo (principalmente occidental). Tras esos casi dos meses okupando un espacio público la moda cesó, muchas personas volvieron a su rutina pero otras siguieron creando redes. Algunas abandonaron manifestando su descontento por haberse convertido en un movimiento político, pero otras se dieron cuenta de que la realidad es conflictiva y de que hacer política es tomar conciencia del ser. A día de hoy, ni el resultado de la movilización ni su repercusión ha sido tanta como algunos quieren ni tan poca como desde otros sectores desearían. Nos queda el 15 de Octubre, una convocatoria a escala mundial donde se espera cierto éxito. Cientos de ciudades del planeta se suman a esta marcha que en Madrid sale desde distintos puntos hasta concentrarse en Cibeles a las 18.00h para volver al símbolo de Sol. Los motivos son los mismos que nos sacaron a las plazas en “nuestra primavera”, soberanía de la ciudadanía, no de la banca, mayor presencia de lo público (de hecho, se adhiere la plataforma “Soy pública” que ya está teniendo presencia casi diaria en las calles), trabajo, vivienda y pensión dignas. Todo ello, en distintas plazas de cada continente, pensando que los problemas que nos ha traído la globalización neoliberal, necesitan también de soluciones globales. Pero nos queda algo más importante, acabar con las resistencias a ciertos discursos ya existentes, renunciar al nihilismo del “todo vale, todo es lo mismo”, y sobre todo, ni creer que el 15 de Mayo ha inventado reivindicaciones que llevan años luchándose, ni rechazar todo lo que supone formar parte de un movimiento ciudadano. Olivia Isidoro Calle Trabajadora social y estudiante de sociología de la UCM


Dossier

Agenda

Testimonios | EnseĂąanzas | Conversaciones

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Dossier

Textos: Comisión científica Imágenes: Library of Congress, Andrés Borderías *Texto de presentación de las X Jornadas de la de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis. Del 19 al 20 de noviembre. Zaragoza Tenemos un cuerpo, que es un cuerpo vivo, sexuado y mortal. El psicoanálisis parte de ahí y del hecho de que el cuerpo siempre goza, bajo la forma que sea. Por esta razón, el cuerpo ocupa un lugar fundamental en nuestra práctica. Para Freud el síntoma somático, de conversión (“cuerpo extraño” que perturba las funciones corporales) es el paradigma de que hay enfermedades que hablan, que hay una verdad singular a descifrar. Freud articula lo psíquico y lo somático a través de la pulsión, y diferencia las afecciones orgánicas de la psicopatología que responde a representaciones mentales inconscientes. Lacan, por su parte, establece la diferencia entre cuerpo y organismo. El cuerpo no se constituye de manera natural sino que es el resultado del encuentro con el lenguaje, de tal manera que el organismo resulta afectado, desnaturalizado y transformado en un cuerpo pulsional, objetal y sintomático, al punto de convertirse en enigma para el propio sujeto. En el cuerpo se inscriben las huellas mnémicas, que Freud describe como trazos en el aparato psíquico, que marcarán la vida de cada sujeto. Para Lacan serán las huellas de lalangue las que den consistencia a un cuerpo que se tiene sin esencia alguna. Cuerpos escritos, que son cuerpos hablados porque el cuerpo es susceptible de servir de soporte al significante. Una palabra puede ser fuente de emoción, de angustia o de excitación que se experimenta directamente en el cuerpo. Los encuentros contingentes con esas palabras toman un estatuto particular para cada ser hablante. Es decir, las palabras no solamente tienen efectos de significado sino 12 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

que también producen efectos de goce, letra y escritura en un cuerpo vivo y sexuado. Lacan dirá que lo más propio del cuerpo es su connivencia con el goce, no solamente del lado del placer sino también en su más allá, aquello que confina con el dolor. La civilización actual se caracteriza por la precariedad del orden simbólico y la promoción del goce al cenit de lo social. Encontramos sus consecuencias en las manifestaciones sintomáticas del cuerpo: desde el rechazo del cuerpo en la histeria, los fenómenos del cuerpo propios de la psicosis, la hipocondría, los fenómenos psicosomáticos, hasta los “embrollos” y acontecimientos del cuerpo que se presentan en la clínica contemporánea bajo nuevas formas y modalidades, que nos invitan a reflexionar, al mismo tiempo que nos plantean las consecuencias sobre la práctica analítica. La ciencia, con los avances en biología molecular e ingeniería genética, opera sobre lo real de la vida, promoviendo el ideal cientificista de un cuerpo sin falla alguna. No resulta extraño, entonces, que se desarrolle la cultura de la imagen y nuevas formas de culto al cuerpo, nuevas marcas y nuevas escrituras. La deriva tecno-científica intenta suprimir el síntoma y anular la subjetividad. Para ello se hace ayudar de técnicas cognitivo-conductuales que persiguen la normativización, el control y el adiestramiento del cuerpo sintomático. Para el psicoanálisis, por medio de ese lazo social inédito que es la transferencia, el sujeto puede aprehender las marcas que hicieron de su goce algo singular, único e irrepetible, para que algo pueda ser resuelto desde las soluciones que cada ser hablante encuentre en la cura.t

Imágen página siguiente, Retrato de mujer tatuada, Library of Congress EEUU, 1907. Terry Fox, Moebius Strip, 2007 Foto de A.Borderías

Cuerpos escritos, cuerpos hablados*


Dossier

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Dossier

Contrapunto sobre el cuerpo entre Filosofía y Psicoanálisis*

Textos: Amanda Goya Imágenes: Giorgio de Chirico, Library of Congress *Texto original de la autora.

En un curso de verano de la UNED, allá por el año 1997, fue abordado el cuerpo desde múltiples enfoques: filosófico, médico, naturista, sociológico, psicológico, ecológico, etc. El punto de vista filosófico parece haber sido el más descuidado en la bibliografía publicada, y para paliar esta carencia fue editado un volumen titulado El cuerpo: perspectivas filosóficas 1, que vio la luz en el año 2002 en el marco de la publicación Estudios de la UNED, gracias a la iniciativa del profesor Javier San Martín y al trabajo de sus compiladores: Jacinto Rivera de Rosales y Mª del Carmen López Sáenz. Se agrupan en este volumen una serie de artículos firmados por especialistas en la materia, centrados en la concepción del cuerpo que sustenta cada uno de los grandes filósofos modernos y contemporáneos del pensamiento occidental que fueron seleccionados a este propósito. Descartes, Spinoza, Kant, Fichte, Schelling, Schopenhauer, Husserl, Sartre, Merleau Ponty, Foucault y Deleuze, fueron elegidos por los compiladores de esta publicación, muy pertinente como referencia bibliográfica para las próximas Jornadas de la ELP que versarán precisamente sobre: Cuerpos escritos, cuerpos hablados. En este comentario, a medio camino entre reseña y artículo, hago a mi vez mi propia selección, a falta de poder comentarlos todos. Su pertinencia para la revista Letras tiene que ver con la actual coincidencia entre una investigación 14 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

promovida en la comunidad analítica española y la idea rectora de estos artículos, cuyo interés se acrecienta por la inclusión de un texto de nuestra colega de Madrid, Dolores Castrillo, que lleva por título: El estatuto del cuerpo en psicoanálisis: del organismo viviente al cuerpo gozante, y que justifica el encabezamiento de este comentario que he llamado: Contrapunto sobre el cuerpo entre Filosofía y Psicoanálisis. Pero, ¿podemos en rigor hablar de La Filosofía, si tomamos asiento en el discurso del psicoanálisis?, ¿cuál ha sido al respecto la posición de Freud y de Lacan? No es seguro que para Lacan existiera La Filosofía, sino más bien los filósofos, uno por uno, como las mujeres. Lo dice quien perteneció al campo filosófico antes de acceder al discurso analítico: Jacques-Alain Miller. Y si Freud no se interesó por la filosofía, llegando hasta negarse la lectura de Nietzsche para no sucumbir a su influencia, Lacan por el contrario, abrevó en los grandes filósofos para ceñir nociones propiamente analíticas. La dialéctica hegeliana, la cosa en sí kantiana, el ser-parala-muerte que Heidegger acuñó, la negatividad que para Sartre residía en el corazón del deseo, son algunas de las huellas que ciertos filósofos dejaron en el saber que en su enseñanza Jacques Lacan nos transmite. Freud rechazaba la filosofía para alejar de su método el peligro de que pudiera ser confundido con un saber especulativo,


Dossier con lo que llamaba una concepción del universo (Weltanschauung). Lacan por su parte sostuvo que la filosofía antigua obedecía a un propósito de crear un arte de vivir, un saber hacer, un modo de trastear con los goces del cuerpo según un ideal de temperancia y justa medida, precisamente porque los griegos reconocían que hay en el hombre algo que excede por completo a toda medida y temperancia. La tesis de Miller es que ese lugar de la filosofía antigua es relevado hoy por la práctica psicoanalítica, que, en consonancia con aquella, también persigue aprender una manera digna de ejercer ese difícil oficio que es vivir, tal como lo planteaban las escuelas filosóficas de la Antigüedad. Uno tras otro irán desfilando en este libro los filósofos mencionados, en lo que atañe a su concepción sobre el cuerpo, siendo quizás la nota común de los autores su propósito de superar el famoso dualismo alma-cuerpo que culmina en Descartes con su distinción entre res cogitans y res extensa. Pero al reducir el cuerpo a lo extenso, Descartes excluye la dimensión del goce del cuerpo. Como se afirma en la Presentación, el origen de ese dualismo que impregnará a la cultura cristiana es griego, y cristaliza en la contraposición entre un alma inmortal frente a un cuerpo sometido a la desaparición. El primero que se enfrenta al dualismo cartesiano es Spinoza, y con él también se inicia esta serie de artículos bajo la pluma de Francisco José Martínez titulado El cuerpo en Spinoza. Es precisamente con este filósofo, nacido de una familia judía que emigró de España huyendo de la Inquisición y marcado por la acusación de herejía, con quien Lacan se compara en el momento de su expulsión de la Asociación Internacional de Psicoanálisis (IPA), porque identifica su excomunión con la que sufrió Baruch de Spinoza en 1645 de la comunidad judía religiosa de Ámsterdam, comunidad que lo vituperó, lo execró y lo maldijo, por haber osado defender la libre interpretación y crítica de las Sagradas Escrituras. Lacan se inspira asimismo en Spinoza cuando presenta su teoría de los afectos, pues comparte la idea de que el entendimiento y la voluntad se hallan íntimamente entrelazados, que las pasiones humanas parten de ideas inadecuadas, que la tristeza solo puede ser dilucidada, si la miramos a la luz del discurso analítico, a condición de descifrar el saber inconsciente que la determina. Y para Spinoza, nótese la resonancia, el espíritu solo puede conocerse a sí mismo si es capaz de percibir las ideas que gobiernan las afecciones del cuerpo. Spinoza no acepta, según Martínez, el dualismo metafísico cartesiano que enfrenta dos sustancias radicalmente inconmensurables: la pensante y la extensa. Su monismo lo lleva a interpretar el pensamiento y la extensión como dos atributos de una única sustancia: Dios o la Naturaleza, siendo contrario a la concepción barroca del cuerpo, que lo presenta dividido entre un carácter sufriente cuyo fin último es la muerte, en oposición a otro carácter resplandeciente y triunfante que avanza liberado hacia Dios. Apoyándose en un optimismo pagano y sensual, renacentista, Spinoza no hace sino apostar por la vida, por eso combatió con ardor la 15 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

melancolía, el abandono del mundo, y cualquier ascetismo mortificante de la carne. Una apuesta por la vida y los placeres desde la creencia de que un alma que fuera capaz de conocer muchas cosas, exige un cuerpo apto para todo lo que pueda seguirse de su naturaleza. Y si el hombre puede llegar a experimentarse como eterno, no es porque se considere capaz de una duración ilimitada tras la muerte, sino en la medida en que pueda captarse a sí mismo y al resto de la naturaleza en contacto amoroso y cognoscente con la totalidad, sin diluirse en ella, a través de lo que llama el amor intelectual a Dios (amor Dei intellectualis). Spinoza concluye dando al cuerpo un privilegio del cual el alma es nada más que la idea. Detengámonos ahora en Arthur Schopenhauer, el filósofo del cual Freud reconoció que le había precedido en la consideración de la sexualidad como motor de las acciones humanas. En La corporalidad en Schopenhauer, Manuel Suances Marcos lo presenta sencillamente como el filósofo del cuerpo por excelencia, en la medida en que antes que él, nadie con tanta clarividencia había hecho del cuerpo la condición indispensable de toda investigación filosófica, porque el cuerpo es la pieza central en el acceso a la realidad de la voluntad, siendo que esta última se apoya en lo que el cuerpo siente como placer, dolor y movimiento. Para este autor Yo soy cuerpo en mayor medida que otra cosa, con lo que la mente queda desalojada del primer puesto en la investigación filosófica. Nuestro cuerpo es para Schopenhauer el lugar y el instrumento con el que se lleva a cabo el mundo y

“Ese lugar de la filosofía antigua es relevado hoy por la práctica psicoanalítica” su representación, y nosotros no conocemos la forma entera de nuestro cuerpo por sus diversas sensaciones, sino por su conocimiento objetivo en la representación. (El mundo como voluntad y representación). ¿Dónde radica su originalidad? En haber ubicado la esencia del hombre en la voluntad y no en el conocimiento, es decir, esclareciendo la función del cuerpo en el ámbito de la voluntad. Cuerpo y voluntad se copertenecen; el cuerpo se manifiesta doblemente: como representación, en la intuición del entendimiento, y como voluntad, en lo que cada uno conoce inmediatamente de las afecciones corporales que causan placer y dolor, pero el dolor y el placer no son representaciones, son solo afecciones inmediatas de la voluntad que se manifiestan en el cuerpo, son un querer o no querer momentáneo. Convengamos que en nuestros términos la voluntad podría ser uno de los nombres del sujeto, nos propone Miller en su último Seminario Vie de Lacan 2, un sujeto para quien solo existe lo que existe para él. Conocemos todo lo que nos rodea a través de nuestros órganos


Dossier sensoriales, según Schopenhauer, nuestro cuerpo es el instrumento a través del cual conocemos a los otros cuerpos y a la esencia del mundo. ¡Nada menos! Lo que para Kant era la cosa en sí (das ding), un real que no entra en la representación, es para Schopenahuer la voluntad, la voluntad de un sujeto que quiere la vida, instaurando como categoría central de la subjetividad lo que designa como el querer vivir. ¿Dónde hallamos el tan mentado pesimismo de Schopenhauer? En su entronización del dolor como la dimensión esencial de la vida. Nacer, para él, es una desgracia, una radical caída, la caída original, mientras que la opípara voluntad se entretiene en fenómenos efímeros, como es la existencia misma. Quien haya leído Más allá del Principio del Placer 3 , el célebre texto en el que Freud postula por primera vez su concepto de pulsión de muerte, podrá encontrar semejanzas con la teoría de Weissman sobre el plasma germinativo, teoría en la que Freud va a tomar apoyo en su demostración del dualismo pulsional entre vida y muerte. La alternativa será para Schopenhauer, en definitiva: o afirmación o negación de la voluntad de vivir, poniendo en primer plano al acto sexual como la más enérgica afirmación de dicha voluntad de vida. Schopenhauer pone al hombre en esta encrucijada, hasta que finalmente descubra que la vida es un negocio que no cubre gastos. Entonces, ¿cómo liberarse de los sufrimientos de la existencia? Una salida es el gozo artístico en tanto vivencia emancipadora del dolor, por eso el arte será la flor de la vida para este filósofo marcado por la desdicha. Otra salida que propone es la opción por una moral de la compasión, identificándose con las alegrías y los dolores ajenos. Y por último... el ascetismo, que resulta de la supresión de la voluntad para acceder al reino de la serenidad y el sosiego, en cuyo horizonte despuntará el nirvana, culminación de esta ascesis. El botín que el asceta habrá conquistado en su lucha contra la voluntad

“La tristeza solo puede ser dilucidada a condición de descifrar el saber inconsciente que la determina” de vivir es la quietud y la felicidad, pero su lucha habrá de ser incesante, porque en la vida corporal, terrena, no hay reposo duradero. Las experiencias estética y ascética, finalmente, como salidas del infierno de una realidad marcada por el dolor y el hastío, van a requerir de un cuerpo atento y disciplinado. Sorprende que una filosofía tan peculiar, centrada fundamentalmente en el cuerpo, en su goce, no haya llamado la atención de Lacan, contrariamente a lo que le sucedió a Freud, pues no hallamos a lo largo de su 16 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

Seminario menciones a este filósofo. La negación schopenhaueriana se transforma en afirmación de la vida cuando pasamos a Nietzsche, un autor cuyas afinidades electivas con Freud fueron ampliamente reconocidas, hasta el punto que un autor como Paul-Laurent Assoun escribió un libro al que tituló Freud y Nietzsche 4, en el que profundiza sobre estas afinidades, como también sobre sus diferencias. Diego Sánchez Meca aborda el cuerpo en Nietzsche como principio hermenéutico, en el sentido en que el cuerpo es el que interpreta antes que el sujeto reflexivo, el cuerpo es anterior a toda objetividad. Su trabajo se titula Psicofisiología nietzcheana del arte y de la decadencia. No es el cuerpo para Nietzsche ni un artefacto ni una máquina regida por las leyes de la mecánica, es ante todo, physis, vida, una prodigiosa síntesis de elementos vivientes, órganos, sistemas, que juegan en un proceso dinámico que se asimila a una actividad artística originaria. El cuerpo posee una seguridad innata que lo hace funcionar, una sabiduría que está por encima de nuestros conocimientos y que hace de lo corporal una conciencia de rango superior al yo, secretamente gobernado por un instinto apolíneo y otro dionisíaco. La interpretación que el cuerpo hace se sitúa por fuera de nuestro saber consciente, es inalcanzable por el razonamiento lógico, no hay, en definitiva, un sujeto que la comande. Mucho nos recuerda esta exclusión del sujeto en la interpretación a una de las notas que definen la noción psicoanalítica de pulsión, su carácter acéfalo. Lo que habita para Nietzsche en el fondo de toda interpretación es la polaridad básica de los afectos: alegría-placer (Lust) y dolor (Schmerz) o pena (Leid). En definitiva, placer y dolor, equilibrio y desequilibrio, utilidad y nocividad, son las sensaciones elementales que subyacen a nuestra escala de valores, a nuestras verdades y creencias y a nuestro código moral. Nietzsche opone la complejidad real del cuerpo a la simplicidad del espíritu, de la conciencia o del yo, según Diego Sánchez Meca, un espíritu que ignora los impulsos que se agitan por debajo, pues no hay conciencia de dichos impulsos. Es siempre el cuerpo quien piensa y quien decide. Pero quizás su ideal de salud sea lo que más pueda interesarnos de la concepción nietzcheana del cuerpo. Si la vida se balancea entre la plenitud de fuerzas y la decadencia, en el otro extremo, la salud no va a consistir en estar libre de toda enfermedad sino en ser capaz de servirse de las situaciones peligrosas para fortalecerse. La enfermedad misma puede ser un acicate para la vida y la salud radica precisamente en la capacidad de extraer una porción de fuerza afirmativa de los estados de malestar. Pero para ello es preciso el empuje de la voluntad de poder que irá creciendo a medida que el sufrimiento cede, llegando al extremo de activar el dolor como acicate. Nietzsche nos propone adueñarnos del caos de nuestras pulsiones a través del ejercicio de la voluntad de poder; eso es la salud, llegar a ser lo suficientemente fuerte como para afirmar lo terrible de la vida sin dejarse arrastrar por ello. ¿Cómo vivir las pulsiones? ¿No es acaso la pregunta que subtiende la reflexión de


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Ilustración inspirada en Héctor y Andrómaca de Giorgio de Chirico, anónimo, 1917

estos filósofos? ¿No es incluso la cuestión civilizatoria por excelencia, las vicisitudes que cada época promueve para que en cada uno el circuito pulsional continúe su incansable recorrido? ¿Pero no es asimismo la piedra angular de la experiencia psicoanalítica? ¿Qué distingue entonces al filósofo del psicoanalista? Una práctica, el artificio de una experiencia que lejos de especular sobre el cuerpo, lo trata en su dimensión sintomática, lo encara como un cuerpo agitado por los significantes que lo habitan, una práctica que persigue trastocar la economía libidinal de ese cuerpo corroído por los significantes, para aligerar su peso. El estatuto del cuerpo en psicoanálisis: del organismo viviente al cuerpo gozante, así titula Dolores Castrillo este excelente trabajo con el que esperamos tañer un contrapunto entre el discurso analítico y el quehacer filosófico. La autora se remonta al nacimiento mismo del psicoanálisis, hijo del afortunado encuentro entre un potente deseo de saber en Freud, y los dolientes cuerpos de las histéricas para los que la medicina no encontraba ni explicación ni remedio. Freud se pregunta en este momento fundacional del método analítico por la acción de lo psíquico sobre lo somático, es decir, por la acción del lenguaje sobre el cuerpo, y de cómo este transforma un organismo viviente en un cuerpo gozante, 17 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

cuyo paradigma es precisamente el síntoma histérico de conversión, del cual nos proporciona varios ejemplos. El cuerpo en Lacan, es el segundo gran apartado de este trabajo. El artículo pasa revista a las diversas perspectivas que toma la cuestión del cuerpo según diferentes momentos de la enseñanza de Lacan: el cuerpo como imagen, el cuerpo sometido a la cizalla del significante, la distinción entre ser un organismo y tener un cuerpo, pues si el sujeto toma al cuerpo como atributo y no lo identifica con su ser, no dice soy un cuerpo, dice tengo un cuerpo, es porque el lenguaje nos separa del cuerpo. Pero la irremisible desnaturalización del cuerpo o pérdida del goce de la vida que el lenguaje impone en el ser hablante, tendrá una contrapartida, una ganancia, una recuperación parcial de goce en lo que Dolores designa con una bella metáfora: las islas del goce, lo que la conduce directamente hacia el concepto psicoanalítico de pulsión, que ocupa la última parte de su trabajo. Precisamente en el capítulo titulado Desmontaje de la Pulsión, que pertenece al Seminario XI Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Lacan esboza en pocas palabras aquello a lo que la experiencia de un análisis apunta: que a nivel de la satisfacción la pulsión pueda ser rectificada para que su satisfacción no exija demasiado trabajo. Le cito: “Lo que tenemos ante nosotros


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Marilyn Monroe en la película “How to marry a Millionaire”, Library of Congress, 1954

en el análisis, es un sistema en el que todo se acomoda, y que alcanza su propia clase de satisfacción. Si nos mezclamos en ello, es en la medida en que pensamos que hay otras vías, más cortas, por ejemplo. En todo caso si nos referimos a la pulsión, es en la medida que a nivel de la pulsión el estado de satisfacción debe ser rectificado” 5. A esto apunta pues el discurso analítico, envés del discurso del amo en el que situaba Lacan a la filosofía, pero como también enroló al inconsciente en el discurso

del amo, ¿no habríamos de considerar al inconsciente como el primigenio filósofo que no cesa de elucubrar sobre la lengua que dejó su impronta de goce en nuestro cuerpo? Salvo que, para que la satisfacción de la pulsión pueda ser rectificada conviene no dormirse en los laureles del inconsciente intérprete, no dejarse hipnotizar por el ronroneo del sentido, sino actuar con su reverso, el discurso analítico, del que Lacan reconoció ser su siervo. t

LA AUTORA Amanda Goya. A.M.E. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano-NUCEP. Email: agoyapinto@gmail.com

Referencias 1 J. Rivera de Rosales, M. C. López Saenz. El cuerpo. Perspectivas Filosóficas. Uned Ediciones, España, 2003. 2 J. A. Miller. Seminario de orientación lacaniana. Vie de Lacan, 2011, (inédito). 3 S. Freud. Más allá del principio del placer. Obras completas, Tomo VII, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 1974. 4 P. Laurent. Assoun. Freud y Nietzsche. Ed. Fondo de Cultura Económica, Mexico 1984. 5 J. Lacan. Seminario XI Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Barral Editores, 1974. Capítulo XIII, p.172.

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La función estructurante de la mirada para el niño

Textos: Mariam Martín Ramos Imágenes: Library of Congress *Aportación al documento de trabajo de las X Jornadas de la Diagonal Hispanoparlante de la Nueva Red Cereda

El orden simbólico en la actualidad, en donde quedan enmarcados los distintos discursos, parece fracturado, quedando los sujetos sometidos al imperativo del derecho a gozar, formalizado según la expresión de Jacques Lacan como la subida al cenit social del objeto (a) y que Jacques Alain Miller escribe con el matema I>a 1. Esta fisura se hace más patente en el hecho de que este imperativo lleva implícito la pérdida del peso que tenía la palabra y la pérdida de sus efectos en relación con la verdad, el pacto y la transmisión. Otra de las consecuencias de dicha fractura es la pérdida del poder orientador de los ideales, de importancia capital en la constitución del sujeto y con una incidencia fundamental en el niño y el adolescente. Ante esta falta de orientación, los discursos sociales ofrecen modelos identificatorios mucho más adheridos a alguna consistencia imaginaria o a formas de homogenización universalizantes y con una relevancia de lo visual, de la imagen en toda su extensión, de gran pregnancia para estos sujetos. El campo visual que queda enmarcado en lo que podríamos llamar hoy día, con todo rigor, “el espectáculo del mundo”, se ha constituido en una fuente de goce. El mundo es “omnivoyeur”, decía Lacan 2 pero además deberíamos añadir que ha devenido también 19 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

exhibicionista, es decir, que se da a ver, excita la mirada y se ha instaurado para los sujetos como lugar en donde buscar sus referencias y certezas, para orientarse. Un ejemplo patente de ello lo encontramos en nuevos modos de comunicación vía internet, en ese dar a ver que borra las barreras de lo público y lo privado: los blogs, Youtube, la utilización del móvil para filmación de escenas, etc. En la escena social en la que se ha insertado de forma tan relevante lo visual, el aspecto “omnivoyeur” y las políticas de la evaluación han hecho una alianza tal que pudiéramos pensar que es una vuelta, si cabe en acto, de las máximas del pensamiento utilitarista que vieron la luz en el siglo XVIII, agiornado con el actual discurso de la tecnociencia y el discurso capitalista. El pensamiento utilitarista apuntaba a erigir un orden político, social y moral, basado en el resultado de las acciones; toda actividad humana era considerada en función del resultado y del gasto, teniendo como único objetivo el ser productiva y útil para la mayoría, por lo que la razón calculadora reinaría sin límites, en un universo homogenizado para todos. Este sistema encontraba su representación en el universo panóptico, un modelo pensado para que el ciudadano pudiera ser guiado incluso adiestrado e instrumentalizado mediante el ojo omnividente al servicio del


Dossier control y la vigilancia. Su mejor exponente lo encontramos en las obras y en la máquina de Jeremy Bentham 3. La mirada absoluta es la mirada no enmarcada por el registro de lo simbólico, es la mirada del Otro que se hace presente por todas partes, irrumpe desde lo invisible al orden de lo visible, apareciendo en la dimensión de lo Unheimlich, lo extraño, lo siniestro, invadiendo el marco de la realidad del sujeto y produciendo su desvanecimiento. Los niños y adolescentes son clasificados, evaluados, ordenados, comparados, separados, colocados y distribuidos por los distintos discursos y saberes que se ocupan de ellos, es una clasificación que tiene un carácter

“El mundo es “omnivoyeur”… pero además… ha devenido también exhibicionista” homogenizador y segregativo, siendo la norma el criterio clasificatorio que hace desaparecer al sujeto detrás de ella, en la medida que le desconoce y le amordaza. En la actualidad, la norma puede tomar la dimensión de ley caprichosa que bajo la preeminencia de la mirada produce efectos de fijación en las distintas nomenclaturas “prêt –a –porter” que la ciencia propone. Tomando el lenguaje de la biología, intenta dirigir, ordenar y operar sobre los cuerpos con sus mensajes sin equívocos, haciendo desaparecer lo más particular de cada sujeto. Frente a esa mirada absoluta podemos abordar el papel estructurante de la mirada, pues desde el inicio está presente en la escena del infans - un recién nacido aún sin palabra- y su Otro primordial. En esta escena se podrá instituir la función de la demanda y el deseo, gracias a la introducción de la función de la falta que organiza el universo humano, donde podrá advenir un ser hablante. Este lugar capaz de albergar la subjetividad en un ser hablante, está en radical oposición a aquel en donde de forma masiva se da la promoción de los objetos de satisfacción, que el discurso social promueve como estado del bienestar. Si desde el inicio está la mirada y la palabra, para que el infans hable tiene que hacerse visible para los otros. Desde su llegada al mundo, e incluso desde su periodo de gestación, el ser hablante deviene un objeto para un otro que le mira. Así pues, ya hay “algo” en el mundo que lo mira, antes de que él pueda ver su imagen en el espejo. “Esta función se encuentra en lo más intimo de la institución del sujeto en lo visible. En lo visible la mirada que está fuera [ le ] determina intrínsecamente”4. En consecuencia, desde este primer momento, el infans queda entregado al orden de lo visible. Ahora bien, si esa mirada del Otro primordial y de los otros le determina, con el desborde de la tecnociencia esa mirada puede tomar otra vertiente, pues lo escruta por todas partes: miradas para la memoria, fotografías para no perder nada, mirada administrativa que toma acta. 20 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

Todas esas miradas sobre él le cosifican. Un bebé hoy es un objeto-bajo-mirada. En verdad, no se está a la escucha del bebé, sino que se le observa y se le vigila 5. La mirada y la imagen del cuerpo como sede del yo El estadio del espejo es el momento en el que posteriormente, el niño puede reconocer con júbilo su imagen, sostenido por el juego de miradas que mantiene entre su partenaire primordial y el espejo. Esta imagen externa a la que es invitado a identificarse y que instituye la instancia psíquica del yo, permite comprender la dialéctica del deseo humano: este está siempre sostenido por el deseo del Otro. Esa imagen deseada, será capturada por el niño para convertirse en “ese otro que es mirado” desde su partenaire fundamental. Éste regulará con su presencia, su mirada y su deseo esta relación especular e imaginaria en la medida en que él mismo esté ordenado y regulado con respecto a la ley simbólica, pues el soporte de la imagen, especialmente del cuerpo propio y de los cuerpos de los otros, necesita de un operador, alguien que encarne la ley simbólica que regula el universo humano. Ahora bien, la imagen corporal, imagen completa, tiene que velar una doble falta. De un lado, la falta en ser del niño -como sabemos, nuestra realidad psíquica la que puede sostener la realidad, se organiza en torno a la pérdida, a la extracción de un goce que Freud denominó el “objeto perdido”. Este objeto perdido dejará un vacío que posteriormente podrá ser simbolizado como falta: la falta de ser. Del otro lado está la falta inherente en la mirada de todo ser hablante, pues sólo ve desde un punto, aunque en su existencia es mirado desde todas partes. Esta condición para la posibilidad de la mirada Lacan la precisó con la siguiente frase: “nunca te veo desde donde tú me miras” 6. Esta doble falta que lleva implícita la imagen en el ser hablante, es la condición para la pertenencia al campo visual, por tanto para que el sujeto niño pueda entrar en el orden de lo visible entre los objetos del espectáculo visual del mundo. La mirada y el surgimiento del deseo en su dimensión simbólica e imaginaria La experiencia de la mirada se liga también a la pérdida del objeto y al acceso simbólico del objeto del deseo, es decir, a la aprehensión por parte del niño del objeto, pero en tanto que está privado de él. Así, la primera situación en el que infans se confronta con las idas y venidas de la madre, se torna en un momento inicial de angustia, ya sea al ver aparecer otro rostro en el lugar del esperado como al quedar confrontado con el vacío producido por la falta de la mirada de su madre, confundiendo la desaparición de la madre de su vista con su pérdida real. Contamos con la observación que Freud realiza de su nietecito, cuando se ve confrontado a esta experiencia princeps 7. Caído de la mirada de la madre, el niño realiza una invención, “(…) es la respuesta del sujeto a lo que la ausencia de la madre vino a crear en el lindero de su dominio (…), a saber, un foso, a cuyo alrededor sólo


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Levantador de pesas Gene Jantzen con su hijo de 11 meses, Library of Congress, 1947

tiene que ponerse a jugar el juego del salto” 8. En efecto, con el carrete el niño es capaz de saltar por encima del foso, realizando la ausencia de una presencia y la presencia de una ausencia. Otro momento, teñido de todo su carácter pasional, es la escena que magistralmente narra San Agustín en sus Confesiones, abordada por Lacan en varios momentos de su enseñanza 9. La experiencia del infans que mira con palidez mortal a su hermano de leche, cuando es amamantado, viene a aclarar el punto del surgimiento del deseo en el plano imaginario de la rivalidad especular y mortífera. El ser hablante que desconoce radicalmente lo que desea y además en su desconocimiento se siente privado del objeto de su deseo por el semejante, queda presa en esa pasión imaginaria 10, fascinado, literalmente absorbido y devorado por el espectáculo de esta imagen señuelo en la que no es él sino el otro, quien se satisface, Desvela este punto de alienación primordial donde “se genera la agresividad más radical: el deseo de desaparición del otro” 11. Esta “concupiscencia de los ojos”, como S. Agustín lo nombra, viene a dar cuenta del apetito de la mirada en un doble movimiento, la envidia por el goce del otro y la envidia del otro como la dimensión pulsional de quien 21 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

mira, ignorando que goza de mirar que es privado del que cree su objeto. Y es precisamente en este estatuto imaginario del deseo donde parecen quedar apresados los sujetos contemporáneos, en la medida que la privación queda identificada a una frustración del objeto o a una injusticia ante su derecho al objeto de satisfacción. La mirada y el descubrimiento de la diferencia Para el psicoanálisis la diferencia constituye otro nombre de la castración y la diferencia más radical es la diferencia sexual. Sabemos además que el fundamento de lo idéntico procede de lo imaginario. La imagen del cuerpo como forma imaginaria, estructurada en el estadio del espejo, funda la categoría de lo semejante. La categoría de lo diferente tiene sus raíces, en cambio, en la experiencia del lenguaje, en las oposiciones del significante. Freud mostró cómo un niño de 18 meses con el juego del fort-da constituye la primera oposición primordial: presencia – ausencia. Esta oposición precoz basta para introducir la diferencia y la repetición, pero ¿cómo alcanza el sujeto algo de esa diferencia más radical que implica el asumirse como un ser sexuado? En este marco, la mirada se topa con un nuevo enigma, el momento del descubrimiento de la diferencia de los


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Levantador de pesos Eugen Sandow, Sarony, Napoleon, Library of Congress, 1893. Cámara de vigilancia, Londres, 2010

“La diferencia constituye otro nombre de la castración” sexos. Ese momento constituye un nudo de saber, de goce y castración. Así, “la pulsión de saber (…) cuya acción corresponde, por una parte, a una manera sublimada del apoderamiento y, por otra, trabaja con la energía de la pulsión de ver” 12. Esa pulsión epistémica dirige todo el esfuerzo investigador del niño sobre los enigmas que se le plantean en torno al quehacer de la vida sexual. Las teorías sexuales infantiles: el desmentido de la castración En ciertos años tempranos, los niños muestran una inequívoca complacencia en desnudar su cuerpo y mostrarlo, dirigiendo su atención tanto a sus propios genitales como a los de sus compañeritos de juegos. Esta curiosidad abarca también las funciones excrementicias y de micción, por tanto los niños se convierten 22 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

en fervientes mirones y exhibicionistas. Pero la percepción que conlleva este placer de ver no comporta todavía un juicio sobre la diferencia de los sexos, tan cargado de consecuencias para los seres hablantes. De hecho, Freud nos confirma que “no parece que los niños escojan este hecho fundamental como punto de partida para sus investigaciones sobre los problemas sexuales” 13. Sus primeras y apremiantes preguntas giran en torno al enigma del origen, la existencia y la vida, así pues sobre la pregunta ¿de dónde vienen los niños? Sin embargo, las sensaciones causadas por la satisfacción pulsional y la excitación sexual no parecen plantearles pregunta alguna, sino más bien contribuyen a la realización de una construcción sobre el orden del mundo, basada en la suposición de que todos los seres humanos poseen el mismo órgano genital y por tanto manteniendo la creencia en la madre fálica. Esta fundamental teoría sexual infantil sobre la universalidad de falo se constituirá en el mayor escollo de toda la investigación infantil, primer fracaso epistémico paralizante que se perpetuará en el tiempo hasta tal punto que la percepción de la realidad del


Dossier niño estará radicalmente subordinada a la necesidad de esta creencia. Muchos son los testimonios con los que contamos, pero nos basta con los del primer analizante, Juanito, cuando asiste al baño de su hermanita recién nacida y dice: “su hace-pipí es muy pequeño, crecerá con ella”. Así las ficciones infantiles tienen como necesidad lógica el desmentido de la castración. Esta creencia por parte del niño compromete la percepción misma de la privación real femenina, ante ella él relatará otra realidad en la que “hay algo, aunque al menos sea como faltante” y cuando una amenaza tome peso para él, entonces esta percepción tomará a posteriori todo su importancia en el conflicto que se iniciará a través de este registro imaginario, para finalmente desembocar en la dimensión simbólica de la asunción de su diferencia sexual. Entre el capricho y la ley Alrededor de este nudo y sus efectos sintomáticos -en donde queda comprometido para el sujeto niño una privación de un goce y una privación en el cuerpo- es donde tendrá que encontrar una versión de padre o incluso construir una que le permita franquear su

posición identificada al objeto imaginario del deseo de la madre. Esta posición de engaño, de señuelo en la que intenta colmar y satisfacer el deseo de la madre, le sitúa en una posición de súbdito a merced de su capricho. Por tanto dirigirse al padre o construirse una versión consistirá en pasar del objeto del deseo al del amor. Pero de ¿de qué ley se trata que concierne de manera tan fundamental al sujeto infantil y adolescente del siglo XXI? ley radicalmente diferente al capricho o a la ley caprichosa de la civilización del empuje a gozar. Tomemos para orientarnos unas palabras de Lacan, de su Seminario XXIII, El Sinthome: “(...) para evocar el monte Neubo, donde, como se dice, se otorgó la Ley –que no tiene absolutamente nada que ver con las leyes del mundo real, leyes que siguen siendo un interrogante eternamente planteado. La Ley de la que se trata en este caso es simplemente la ley del amor, es decir, la père-version” 14. Lacan nos lleva más allá del Edipo freudiano a restablecer un registro del amor y del lazo social que reconoce el respeto al padre en la medida que dicho padre sostenga su función afrontado el goce de una mujer y su propio goce de manera que se haga responsable de ello.t

LA AUTORA Mariam Martín. A.P. Psicoanalista en Madrid y Toledo. Miembro de la ELP y la AMP. Email: martinramos@telefonica.net

Referencias 1 J. Lacan, Radiofonia y Televisión, Anagrama, Barcelona, 1977, pág (25). Ambas formalizaciones están comentadas por Eric Laurent en “La sociedad del síntoma” en Cuadernos del psicoanálisis nº 29, Ediciones Eolia, Bilbao, 2004, pág. (46-56) 2 J. Lacan, El Seminario XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1991, pág. (83) 3 J.A Miller, “La maquina panóptica de Jeremy Bentham” en Matemas I, Manantial, Buenos Aires. 1987, pág (24-58) 4 Lacan, Ibid, pág. (113) 5 G. Wacjman: L´oeil absolu, Editions Denöel, 2010, pág.(22-41) 6 J. Lacan, Ibid, pág. (98) 7 S. Freud, Más allá del principio del placer en Obras Completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1992, Tomo XVIII, pág. (14-17) 8 J. Lacan, Ibid, pág. (70) 9 D. Castrillo y V. Coccoz, “El partenaire fraterno, entre el deseo y el goce” en la revista Freudiana nº 24, pág (27-34) 10 J. Lacan, “La cosa Freudiana” en Escritos, Siglo XXI editores, México, 1990, pág (409-410) 11 J. Lacan, El Seminario I, Los escritos técnicos de Freud, Paidós, Buenos Aires, 1991, pág. (254) 12 S. Freud, Tres ensayos de teoría sexual en Obras Completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1992, Tomo VII, pág. (176177) 13 S. Freud, Teorías sexuales infantiles en Obras Completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1992, Tomo IX, pág. (189) 14 J. Lacan, El Seminario XXIII, El Sinthome. Paidós, Buenos Aires, 2006, pág. (148)

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Dossier

El cuerpo, su movimiento, su goce*

Textos: Vilma Coccoz Imágenes: Library of Congress *Texto original de la autora.

Las próximas jornadas de la ELP llevan por título Cuerpos escritos. Cuerpos hablados. Nos ofrecen una ocasión excelente para estudiar la dimensión del cuerpo en los seres hablantes. Dimensión compleja, enigmática; en algunas ocasiones, inquietante, en otras, angustiante. Sede de placeres ansiados o inesperados, en muchos momentos el cuerpo se hace presente con un halo de extrañeza. Rebelde a los mandatos del yo, ajeno a las conveniencias, el cuerpo puede llegar a convertirse en tótem personal, en fetiche, en objeto de adoración o de autocastigo. El cuerpo es, pues, el asiento del síntoma y la clínica freudiana así lo demuestra. Si tomamos en consideración, por ejemplo, el caso Juanito, vemos que el cuerpo se sitúa en primer plano, atenazado por la inhibición asociada al síntoma fóbico. El análisis realizado por Max Graf a su hijo de cinco años1 constituye una enseñanza fundamental respecto de las dificultades que pueden presentarse con el movimiento del cuerpo y con su goce. 1) La carretera principal En el Seminario III encontramos un extenso desarrollo acerca de lo que hace posible nuestro movimiento. 24 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

Sin los mapas, sin el orden significante, no podríamos orientarnos en nuestro andar por el mundo. Lacan subraya el significante carretera entre los distintos caminos porque “es una dimensión desarrollada del espacio, la presentificación de una realidad original” 2. A diferencia de un sendero de elefantes, constituye una vía de comunicación, posibilita el movimiento de ida y vuelta. No sólo eso, los elefantes no se detienen, les guía una dirección señalada por el instinto. En cambio, continúa Lacan, los seres hablantes nos detenemos, tendemos a aglomerarnos (en residencias, casas, albergues). Y hacemos “viscosos” los pasos hasta transformarlos en impasses como lo son, claramente, las grandes ciudades. El surgimiento histórico de la vía romana ha dejado una huella decisiva en la tradición occidental. Como significante, “polariza, aferra, agrupa, un haz de significaciones” y se distingue de los caminos imperiales de Oriente, porque marca de manera “casi imborrable los lugares donde ha estado”3. Se detecta su incidencia sobre “las relaciones de derecho, (…) en el modo de transmitir la cosa escrita, y en el modo de promover la apariencia humana, las estatuas”4. Hervé Castanet explica que la estatuaria se distingue de la pintura no sólo porque se define en volumen, sino


Dossier por “ser cuerpo”. El artista hace del cuerpo viviente un cuerpo inmovilizado, suspendido, vinculado a la muerte, aunque no es un cadáver. Al situarse entre lo vivo y lo muerto, la escultura suscita la pregunta acerca de lo que significa un cuerpo en tanto viviente, en tanto sexuado, en tanto sede del goce5. Por lo tanto, lo específico de la estatuaria es convocar la pregunta acerca de qué es lo que mueve y qué hace gozar a un cuerpo. Esto nos permite entender que la mención que hace Lacan a la circulación de las estatuas a través de las vías romanas se debe a que ellas traducían ciertas formas, ciertos semblantes y regulaciones de los lazos humanos, esto es, promovían ciertos signos de modos de gozar. Él llega a afirmar que “la noción misma de ser humano está vinculada a la vasta difusión de las estatuas en los asentamientos romanos”6. 2) Nota sobre la primera y la última enseñanza de Lacan En su primera enseñanza se enfatizaba el privilegio de lo simbólico en la constitución del sujeto, así como también la función legisladora del significante paterno sobre el goce sexual. La diversidad de las significaciones humanas y sus concreciones en las conductas corporales se habían revelado en estrecha dependencia de ese significante primordial. Esta perspectiva hizo posible el discernimiento de la diferencia estructural entre psicosis y neurosis. Al hacer de la carretera principal una metáfora del nombre del padre, Lacan constataba los efectos de su carencia: “…el significante ser padre hace de carretera principal hacia las relaciones sexuales con una mujer. Si la carretera principal no existe, entonces nos enfrentamos ante cierto número de caminitos elementales: uno, copular, y otro, la preñez de la mujer”. (…) Es el caso del presidente Schreber, quien se enredó hasta el punto de “… pensar que él mismo tenía que llevar ese peso, como una mujer, es decir, se imaginó a sí mismo como mujer. Luego, tuvo que efectuar, a través de un embarazo delirante, la segunda parte del camino necesaria para que la función paterna quedara realizada”7. A falta de la carretera principal deberán encontrarse caminos secundarios. El alucinado, desprotegido de la función paterna, no puede hacer oídos sordos al zumbido vociferante del parloteo humano y se ve obligado a estar atento a lo que le informan las voces, como si se tratara de los letreros que, en las orillas del camino, nos indican las rutas alternativas cuando no existe una principal. “Ese murmullo continuo de esas frases, de esos comentarios, no es más que la infinitud de los caminitos”8. Las significaciones estables, orientadas por la ruta principal, funcionan como sostén de lo que Freud llamó principio de realidad y, gracias a ellas, podemos ignorar dichos caminitos y no extraviarnos en su infinitud cuyo efecto acarrea “la fuga del sentido”. Schreber lo experimenta en el desorden de la palabra y del cuerpo, en la perturbación de su movimiento y del goce. El fantasma precursor del desencadenamiento, “qué bello sería ser una mujer en el momento del coito”, desembocó en el agujero, en la carencia de la carretera 25 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

principal para ordenar el goce sexual. Se vio obligado a guiarse por los indicadores, los “caminos secundarios”, alucinatorios, del cuerpo explotado por el goce mortificante. Hasta que, al final, pudo alcanzar una solución, una recomposición de su cuerpo mediante un goce imaginario en el que consumó su transformación delirante en mujer. Según lo expone Miller, en la última enseñanza de Lacan se opera “una sutil degradación de lo simbólico desde su anterior pedestal” 9. Lo simbólico pasa a tener una importancia equivalente a la de los otros registros en los que se reparte nuestra experiencia: lo imaginario y lo real. La función primordial del significante es de nominación: “come lo real”, lo agujerea, lo limita. El orden, la ley, son interpretaciones, formaciones secundarias, productos discursivos que aportan un sentido. Son derivados de la operación primera de nominación, que se opera “por fuera del sentido”. La tesis de una pluralización de los nombres del padre se impone como consecuencia de haber advertido que otros significantes pueden hacer su función. A ello se añade la novedosa concepción de un “real sin ley”, la constatación de que no-todo lo real puede ser simbolizado. Se desprende de estos desarrollos la evidencia de la falla estructural, si bien no típica, de la función paterna, de los límites de lo simbólico para dar sentido al goce del cuerpo. La importancia del nombre del padre es innegable, pero estrictamente relativa al uso que hace posible su función lógica, lo cual se demuestra en cada caso: el nombre del padre deja de ser una especie de absoluto y pasa a ser sinónimo de una limitación, de una imposibilidad. De ahí que otros elementos puedan cumplir esa función, entre ellos el síntoma. En su función de nominación el síntoma permite una localización del goce, un tope a su errancia, a su infinitud, que es una fuente primordial de angustia; como la que experimenta Juanito cuando irrumpe la masturbación en lo real de su cuerpo y él no dispone del símbolo que le permitiría atraparlo en una significación, darle un sentido. 3) La cuestión de Juanito El problema de Juan es topológico, concierne al lugar desde donde desplazarse -¿qué recorrido hacer para poder volver?- y al lazo con el otro, -¿puede hacerlo solo o estará obligado a ir con su madre?- Si el retorno a su casa le parece imposible es porque no ha encontrado la salida del único circuito del que dispone, el materno. Por esta razón, Juanito no puede realizar el deseado proyecto de ir hasta la rampa situada enfrente de su casa, a jugar con los otros niños y luego volver, tranquilamente. Este hecho es destacado por Lacan, ya que no se debe a que el niño carezca de sentido de realidad o que tenga miedo de perderse. Juan explica cómo se las arreglaría para volver a su casa si esto ocurriera10. El síntoma del caballo es la primera invención del sujeto para nombrar su dificultad con el movimiento y le suministra un umbral, una señalización. Lo que Juanito teme es que intentando salir del circuito materno, la casa sea arrastrada y su lugar desaparezca 11. El temor al caballo es el primer puente para intentar salir de la relación


Dossier de devoración con la madre motivada porque a ella, en tanto mujer, le falta un objeto. Es el eje principal del Seminario IV, el estudio de la incidencia de la sexualidad femenina en la formación subjetiva. Al desentrañar la lógica del caso, Lacan hace que el desarrollo de la cura se corresponda con la construcción de una metáfora paterna “oblicua, desviada” 12. En el camino hacia la solución “la transformación central es la de la mordedura de la madre en el desatornillado de la bañera” 13. El enfrentamiento al poder amenazante y opaco de la madre se transforma en el desmontaje de un aparato -no es toda la casa- y en esa bañera encuentra, por fin, un lugar para su cuerpo, y para su trasero. Los aportes del Seminario X completan esta lógica desde la perspectiva de la construcción del cuerpo a partir de la separación del objeto a -objeto real- “fuera del cuerpo”. Lacan construye un cuadro de dos ejes: uno el movimiento; el otro, la dificultad. En cada uno de los cruces entre ambos, el cuerpo está comprometido por la emergencia de un elemento real: el objeto a, el cual inhibe o impulsa el movimiento del cuerpo, lo desbarata o lo limita. Gracias al análisis Juanito consigue separarse del goce real, “el jaleo” e interesarse por el movimiento de los caballos, los coches y los trenes. Mediante esta operación simbólica consigue convertir a la madre en un elemento más de un sistema lógico, cuya permutación es posible. El resultado es un bricolage lógico del goce por medio de los significantes padre, madre, caballo, pezuñas, destornillador, pinzas…14. La posición del sujeto en la estructura se plasma en el síntoma concebido como “acontecimiento del cuerpo”, como una lógica encarnada. En este caso y siguiendo los desarrollos de Miller, la heterosexualidad no impide

“El movimiento del cuerpo implica la problemática del goce sexual” que el sujeto esté, fundamentalmente, en una posición femenina. La invención de dos madres indica que la metáfora se ha realizado con los elementos femeninos de la historia del sujeto. Se trata de “una derivación femenina del Nombre del padre”. De ahí la importancia de precisar la solución particular del circuito de salida: una ficción en la cual se marcha en tren con su abuela paterna antes de que llegue su padre, pero cuando éste le da alcance Juanito ya está ahí con él. Se trata de la fantasía del 21 de abril: “En Lainz había un tren y yo fui en él con la abuela hasta la estación de la aduana. Tú no habías bajado aún del puente y el segundo tren estaba ya en la estación de San Vito. Cuando bajaste ya había llegado el tren y subimos a él” 15. Lacan denomina bucle virtual a este anudamiento en el que el sujeto consigue atrapar una imposibilidad 26 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

lógica para formar un circuito de salida. La fantasía de un viaje en el que se marcha solo, como un golfillo, en el vagón de un tren será el punto final a la fobia entendida como dificultad con el movimiento 16. 4) La relación con el cuerpo es de pertenencia En el seminario Le sinthome Lacan explica que no somos un cuerpo sino que tenemos un cuerpo, como si se tratara de un mueble. En algunos casos se le cuida con esmero, en otros se le maltrata. La relación con el cuerpo no es evidente, de ahí las dificultades que entraña su movimiento, su traslado, incluso su quietud 17. Desde ese punto de vista, la función paterna, entendida como carretera principal, es el significanteamo que regula el tránsito, el “código de circulación” que hace posible trasladar el cuerpo, llevarlo de aquí para allá, facilitando su andar, su posible trayectoria en el espacio del Otro. Y en estos movimientos pueden presentarse extraños fenómenos de gran importancia clínica. Lacan nos lo enseña sirviéndose del episodio de la paliza sufrida por el personaje Stephen Dedalus, del Retrato del artista adolescente, de James Joyce. En este pasaje del relato llama la atención la ausencia de afectación y de cólera que normalmente acompaña un atentado a la imagen narcisista. Lacan afirma que tal extrañeza, tal ausencia de afectos respecto del cuerpo debe constituir “un signo para el psicoanalista”. Que el sujeto pueda ver caer su imagen como la “cáscara de un fruto maduro” revela la separación de lo simbólico y lo imaginario. La desunión de ambos registros ocasionada por la ausencia de la función paterna será restaurada gracias al ego del artista. Joyce se traza un destino regido por el silencio, la astucia y el exilio. Por medio de esta investigación Lacan desplaza el acento al punto de partida del movimiento del cuerpo, esto es, a su constitución trinitaria, el anudamiento de los tres registros. En el caso de Joyce se ve cómo la invención de su sínthoma por la adjunción del ego, de un imaginario vinculado a la escritura le permite marcharse, trasladar su cuerpo lejos de Irlanda junto a su pareja, Nora, y escribir su gran obra, Ulises, que transcurre durante un día, y dibuja un complejo recorrido por la ciudad de Dublín. La dimensión del cuerpo, sus goces y movimientos, los avatares de su circulación por la ciudad y los espacios, tienen una especial relevancia en el itinerario de Bloom, en el recorrido de Stephen, en el encuentro y separación de ambos, en su mutua adopción fallida. 5) Del síntoma al sinthome El cuerpo como consistencia imaginaria se anuda a lo simbólico que hace posible la constitución del espacio para el ser hablante 18. El deslizamiento espacial es posible porque algo permanece fijo, como un anclaje lógico, un real de la estructura, “fuera del cuerpo”, a falta de lo cual se deambula de forma errática o es imposible el menor movimiento. La idea de permanencia nos la otorga lo imaginario porque la imagen del cuerpo se regula gracias a la consistencia que suministra la identificación al Uno, la misma que nos proporciona la idea


Dossier de un límite. La gestalt corporal no es otra cosa que el resultado de la idea de estar contenido en un círculo en torno nuestro, de poseer un contorno. Pero si consideramos ese círculo como un redondel de cuerda, nos daremos cuenta, dice Lacan, de que se requiere hacer un nudo para que pueda cerrarse y formarse como tal. Una vez “anudado” el cuerpo se consigue, pues, circular, bajo el imperio del discurso del amo. La complejidad del asunto radica en que el movimiento del cuerpo implica la problemática del goce sexual. La lógica de la estructura impone tomar en consideración la problemática del falo y del goce femenino. Para Juanito lo “real sin ley” se presentó como el “tumulto”, el “jaleo”, origen de la angustia. Así leemos en la Conferencia de Ginebra 19. “Lo que se manifiesta en él, lo que él llama Wiwimacher (…) se introduce en su circuito”. Es un error calificar ese goce primero de autoerótico, continúa Lacan, “…es lo más hetero que hay (…) por eso lo encarna en objetos francamente externos, a saber, en ese caballo que piafa, que da coces, que corcovea, que cae al suelo. Ese caballo que va y viene, que tiene cierto modo de deslizarse a lo largo de los andenes tirando de un carro, es lo más ejemplar de lo que [el niño] tiene que enfrentar y sobre lo que no entiende nada.” Juanito estaba “amedrentado” por ese goce, por eso intentaba ponerlo “fuera del cuerpo”. El síntoma constituye “la significación de su rechazo”. Al final “logrará que otro, en esta ocasión su hermanita, soporte ese pequeño pene” 20. En Juanito lo imaginario no está totalmente desprendido como en Joyce pero requiere de la presencia corporal, de la apariencia del padre para recomponer la función que estaba “sostenida con alfileres.” El semblante paterno oficia como una especie de estatua animada, otorga una consistencia imaginaria y, en consonancia, el cuerpo de Juanito se viste con un semblante viril. La importancia del padre imaginario está en relación a la ubicación del falo del lado de las mujeres y revela el modo particular de resolver la falla estructural del padre. En el drama singular de su neurosis infantil Juanito concedía una peculiar importancia al cuerpo desnudo y a los vestidos. Más tarde, en su trabajo como règisseur de ópera, Herbert Graf explorará y explotará con gran éxito su interés por los semblantes. En el diseño de los movimientos en la escena supo coronar aquella investigación sobre el movimiento y el goce de los cuerpos que desarrolló en su análisis. Y es que, una vez atrapado en la lógica de un sinthome, el goce del cuerpo funciona como causa, como una satisfacción singular que rige secretamente el itinerario de una vida.t

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Derrick Cross, Library of Congress, 1982

LA AUTORA Vilma Coccoz. A.M.E. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano-NUCEP. Email: vilmacoccoz@gmail.com

Referencias 1 El texto de Freud Análisis de la fobia de un niño de cinco años (caso Juanito) ha dado lugar a una exhaustiva reconstrucción biográfica. Cf. A. Pericone, M. Benítez, Fobias en la infancia. Letra Viva. Buenos Aires. 2010 2 J. Lacan, Seminario III, Las psicosis. Paidós. Barcelona. 1984. Capítulo XXIII. 3 Ibíd., pg. 416 4 Ibíd. El subrayado es nuestro. 5 H. Castanet, Entre mot et image. Cecile Defaut, Nantes, 2006, pg. 37 6 Ibíd., pg. 416 7 J. Lacan, Seminario III, pág. 418. 8 Ibíd., pg. 419 9 J. A. Miller, Curso de la orientación lacaniana 2004-2005: Piéces detachées. Inédito. 10 Juanito: “Siempre podría volver junto a mamá, en el mismo carro o en un coche de alquiler. Sé las señas de la casa.” S. Freud, Análisis de la fobia de un niño de cinco años, en Obras completas, Tomo II, Biblioteca Nueva, Madrid, 1973, pg. 1387 11 Juanito: “Me da miedo, porque si yo quiero llegar a la rampa pasando por encima del carro y el carro echa a andar de pronto cuando yo estoy encima, se me llevará.” Ibíd, pg. 1387. 12 J.A. Miller: La logique de la cure du Petit Hans selon Lacan. La Cause Freudienne nº69. pg. 101. 13 Ibíd., pg.103. 14 G. Hoornaert, Le Petit Hans et la construction del objet hors corps.La Cause Freudienne 69, pg. 33. 15 Ibíd. pg 1406. Interesa recordar el comentario del padre: “…ha deformado un trozo de su fantasía de fuga y la termina haciéndonos subir a los dos en el segundo tren.” 16 Fantasía del 22 de abril. Ibíd., pg. 1409 17 Como el llamado “síndrome de hiperactividad” que, en muchos casos, concierne a episodios de agitación psicótica. 18 No es posible hablar de construcción del espacio sin recurrir al “aquí” y “allí” que son estructuras de lenguaje. J. Lacan, « Allocution sur les psychoses de l’enfant ». En Autres Ecrits. Seuil. París 2001. P.367 19 J. Lacan, “Conferencia de Ginebra sobre el síntoma”, en Intervenciones y textos. Manantial. Buenos Aires. 1988. Pág. 115 20 Ibíd., pg.128


Dossier

El rapto del cuerpo de Lol V. Stein*

Textos: Araceli Fuentes Imágenes: Library of Congress, León Ferrari

El arrebato de Lol V. Stein 1, novela de la escritora francesa Marguerite Duras, fue publicada por primera vez en 1964, por la editorial Gallimard obteniendo un enorme éxito entre sus lectoras. Algo en su escritura parece hablarle especialmente a las mujeres, quizás el título tenga algo que ver con ello: una mujer sufre un arrebato y la consecuencia es un estrago. Arrebato y estrago no son lo mismo: mientras el primero evoca un goce arrebatador, el segundo habla de un sufrimiento arrasador. Elegí esta novela porque lo arrebatado es el cuerpo de la protagonista, de modo que podríamos cambiarle el título y llamar esta novela El rapto del cuerpo de Lol V. Stein. El arrebato de Lol V. Stein es un excelente texto clínico. Lacan dijo que en él Marguerite Duras demuestra un conocimiento original de la perturbación de la alienación mental y relata mejor que todos los informes psiquiátricos un delirio clínicamente perfecto. Antes de introducirnos en la lectura de la novela quiero hacer algunas consideraciones que me parecen necesarias sobre el modo en que el psicoanálisis concibe el cuerpo, ya que es del cuerpo de lo que se trata en este arrebato, de cómo un cuerpo puede ser raptado. El psicoanálisis rompe con la idea ingenua que consiste en creer que cada uno tiene un cuerpo desde el mismo momento en el que nace. La experiencia 28 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

psicoanalítica nos enseña que hay sujetos que no tienen cuerpo y que para tenerlo es necesaria una operación simbólica a la que Lacan denominó metáfora paterna. La metáfora paterna permite que el sujeto logre subjetivar su cuerpo a partir de una identificación con su imagen en el Estadio del espejo 2. Éste tiene la función de posibilitar el anudamiento de las tres dimensiones que habita el ser hablante: real, simbólica e imaginaria, permitiendo al sujeto reconocerse en una imagen de sí mismo situada fuera, en el campo del Otro. Antes del estadio del espejo, antes de que el niño pueda identificarse con su imagen especular, se produce la libidinización del cuerpo del otro: la primera imagen a la que el niño tiene acceso está situada en el campo del Otro, es la imagen del otro, la del rostro de su madre principalmente, la que el niño puede reconocer antes que la suya propia. En este tiempo previo su cuerpo puede estar entregado al goce en su totalidad sin que ello implique reconocerse a sí mismo en el espejo. ¿Cómo se introduce la imagen del cuerpo propio? Se introduce a través de un trasvase de libido que va del cuerpo a la imagen, esta operación implica un menos, una pérdida de goce en ese cuerpo que gozaba en su totalidad y también un más, un plus de goce que hace

Imágen página siguiente, Modelo bajo el agua, Toni Frissell, Library of Congress EEUU, 1939

*Texto original de la autora.


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Dossier que la imagen se sostenga gracias a esa carga libidinal que debe ser regularizada. Entonces, tener un cuerpo no es algo inmediato. Un cuerpo no es algo con lo que se nace, se nace con un organismo y se puede constituir como cuerpo o no. Esto es precisamente lo que le ocurre a nuestra protagonista. Lol es presentada desde el comienzo de la novela como alguien que está a la búsqueda de un

“Un cuerpo no es algo con lo que se nace” cuerpo. Tatiana, su amiga de la infancia, la recuerda como alguien que transmitía la sensación de no estar del todo ahí donde estaba su cuerpo. “En el colegio”, dice Tatiana, “y yo no era la única en pensarlo, a Lol le faltaba algo para estar ahí. Daba la impresión de soportar con un sosegado fastidio a una persona a quien debía parecerse pero de la que se olvidaba a la menor ocasión” 3. Lo que le sucede a Lol va mucho más allá de la ensoñación femenina y evoca un trastorno quizá esquizofrénico, cuando dice: “no sé quién está en mi lugar”. Hay una perturbación del sentimiento mismo de la vida, de la relación del sujeto con su cuerpo. Lol nunca tuvo cuerpo y eso le es revelado en el momento en que aparece el cuerpo sublime de la otra mujer. “La escena, y la novela entera no es más que su rememoración, es propiamente el rapto de dos en una danza que los suelda, y ante los ojos de Lol, tercera, junto con todos los del baile, Lol padece en él el rapto de su novio por aquella que sólo tuvo súbita que aparecer”. El baile El acontecimiento, alrededor de la cual se teje la novela, sucede en la escena del baile del casino de T. Beach donde Lol es despojada de su amante como de un vestido. “Despojada de su amante como de un vestido propiamente”, frase sorprendente en la que la pérdida de un amante se hace equivalente a la de un vestido 4. “Lo ocurrido a Lol revela lo que sucede en el amor”, dice Lacan. En el amor lo que sucede es que el otro nos viste con una imagen de sí mismo, y cuando nos deja nos desviste. Normalmente bajo el vestido está el cuerpo, pero éste no es el caso de Lol. Una vez desarropada de la imagen con la que el novio la vestía en el amor, debajo no hay nada, sólo el vacío, la vacuidad. Lo que a Lol se le revela en este momento es que ella no tiene cuerpo. La extraña locura de Lol V. Stein tuvo su inicio en la sala de baile del casino municipal de T. Beach, donde su prometido sucumbió al hechizo de otra mujer. Todos piensan que Lol, que asistió impávida al prolongado abrazo de ambos, no pudo resistir el abandono, el desamor. Todos se equivocan. Lol tiene 19 años y va por primera vez a un baile del brazo de su novio. Ella es el centro de todas las miradas. 30 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

Recordemos que para Lacan la posición femenina por excelencia es aquella que supone ser el centro de la mirada, la que encontramos en Lol. Entonces hace su aparición Anne Marie Stretter, la mujer fatal, la mujer que no mira a nadie, pero que atrae todas las miradas. Michael Richardson, el novio de Lol queda fascinado por esa mujer fatal, vestida de negro con la que se irá al terminar el baile, al alba. “La mujer estaba sola, un poco apartada del buffet, su hija se había reunido con un grupo de conocidos frente a la puerta del baile. Michael Richardson se dirigió hacia ella con una emoción tan intensa que asustaba pensar que pudiera ser rechazado. Lol, pendiente también, esperó. La mujer no rehusó”...”Lol instintivamente, había dado algunos pasos en dirección a Anne Marie Stretter al mismo tiempo que Michael Richardson...” 5. La visión y la mirada “Enseño -dice Lacan en el homenaje que dedica a la escritora- que la visión se escinde entre la imagen y la mirada y el primer modelo de la mirada es la mancha de donde se deriva el radar que ofrece a la extensión la paropia del ojo. Mirada es algo que se despliega a pinceladas sobre el lienzo, para hacerlos deponer la vuestra ante la obra del pintor”6. En francés se utiliza la expresión “Ça vous regarde”, (eso los mira), para decir que algo nos concierne, que acapara nuestra atención. Lacan se sirve de ello para explicar la función de la mirada, que distingue de la visión. La mirada, está afuera, en el mundo, es aquello que captura nuestra atención. La película de Antonioni Blow Up es un buen ejemplo, una mancha negra entre unos árboles, captura la atención del fotógrafo que no puede dejar de mirarla; la mancha negra, el objeto indescriptible funciona como mirada. Lacan describe así la entrada de Lol en el baile: “¿Qué decir de ello cuando esa noche era para ti, Lol, toda entregada a tu pasión de diecinueve años, tu puesta de largo y la desnudez que llevabas puesta daba a tu traje su esplendor?” 7. En esta frase con la que alaba la belleza de Lol encontramos una extraña topología en la que lo que debería estar oculto, la desnudez, se sitúa en el mismo plano que el vestido. Para Lol lo imaginario y lo real no se distinguen, son equivalentes 8. La figura propia que se presenta en Lol, es aquella según la cual la i(a) resulta equivalente a a, cuando se produce el rapto de su cuerpo y éste es sustituido por el de otra en la escena del baile, su ser va con él y bajo el vestido no queda nada, sólo el vacío. En ese momento hay una súbita desinvestidura libidinal de su novio y un trasvasamiento de la libido hacia la pareja que forman éste y la mujer fatal, Anne Marie Stretter, mujer destinada a concentrar toda la atención de Lol. En esa experiencia Lol no encuentra la palabra; alegría y dolor se confunden y resulta de la sustitución del amor entre Anne Marie Stretter y su novio. En este momento hay sufrimiento pero es un sufrimiento sin sujeto. Tras la metáfora del amor hay otra metáfora que es la del cuerpo, con el que va el ser de Lol.


Dossier Al no haberse producido la extracción primordial de goce por la operación de la castración simbólica, el rapto es el fenómeno por el cual la imagen del cuerpo se desanuda llevándose con ella el objeto de la pulsión y dejando al sujeto identificado a una pura vacuidad. En el rapto se produce un desanudamiento de lo imaginario que se lleva consigo el ser del sujeto, quedando éste identificado a la nada, nada que según Marguerite Duras caracteriza a los locos. Para Lol no se trata tanto de su belleza como de la belleza que da el ser y que está en la otra mujer bajo la forma de una mirada. Cuando a Lol le es arrebatado el amor del novio “por aquella que sólo tuvo súbita que aparecer”9, Lol no sólo pierde a su amante sino que también pierde su imagen. En lo que le concierne, su ser se encuentra ahí donde la imagen se desplazó, es decir, en la otra mujer. La radicalidad del rapto se confirma en el hecho de que la imagen y el ser están confundidos, son equivalentes. Si no fuera así, si el imaginario valiese como imaginario y no como real, habría celos, despecho, rivalidad…pero éste no es el caso. Frente a ese abismo que se abre Lol sitúa un fantasma cuyo soporte es un vestido: “Él la habría despojado de su traje negro lentamente y el cuerpo de la mujer habría aparecido poco a poco, en una progresión paralela e inversa Lol habría sido sustituida por ella cerca de él”10. Pero este fantasma no llega a realizarse, Lol no es invitada a presenciar la escena en la que la mujer será desnudada por el novio. “Para Lol resulta inconcebible estar ausente del lugar donde se realizó ese gesto. Ese gesto no hubiera tenido lugar sin ella: está con él, carne con carne, forma con forma, los ojos cerrados a su cadáver. Nació para verlo”11. En este momento el tiempo se detiene, desde el punto de vista clínico ella está suspendida en un episodio fuera del tiempo que Lacan adjudica a la paranoia, lo que se podría llamar una captación imaginaria, “en la paranoia se produce un estancamiento de uno de esos momentos semejante en extrañeza a la figura de los actores cuando deja de correr la película” 12. La detención sobre la imagen es donde se condensa el goce de Lol V. Stein, bajo la forma de una fijación formal que introduce una ruptura de plano y una deslocalización del espectáculo. Es un fantasma estático, en el que todo se detiene y recomienza otra vez, vuelve siempre a empezar en la operación que se trama. Desarropa a Lol de su amante hasta la indecible desnudez que se insinúa para remplazar su propio cuerpo, pasando por el gesto de quitar el vestido de otra mujer. Después de un tiempo de postración Lol vuelve a salir, en sus paseos sonríe a todo el mundo pero es la mirada de los hombres hacia las mujeres lo que busca, hasta que tropieza con uno que se cree especialmente mirado por ella y termina por convertirse en su marido. Durante diez años Lol lleva una existencia convencional de madre y esposa burguesa, una existencia ordenada y en extremo ritmada por un orden glacial y riguroso. Se trata de un tiempo sin identidad en el que el cuidado que pone en la decoración de su casa es la reproducción estricta de lo que ve en otros lugares. 31 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

Cuadro Escrito, León Ferrari, 1964

“Para Lol lo imaginario y lo real no se distinguen”

Después de esos diez años trasladan a su marido y la pareja vuelve a la ciudad natal de Lol. Éste es el momento en que ella verá desde su jardín a un hombre desconocido, Jacques Hold, besar a una mujer a la que cree reconocer. A partir de este momento empiezan sus deambulaciones. Lol ve a Jacques Hold a la salida de un cine, lo reconoce y le sigue. Ella esperaba que Tatiana en algún momento apareciera con él. Efectivamente, Jacques Hold va al encuentro de su amante, Tatiana Karl, con la que se dirige al Hotel des Bois, donde tienen sus encuentros. Detrás del hotel se extiende un gran campo de centeno. Lol, agotada, se deja caer en ese campo donde transcurre la segunda escena de a tres. Esta segunda escena no es una repetición de la escena del baile, sino el lugar donde se realiza algo que quedó inconcluso en la primera. Se trata de la realización de un fantasma, un fantasma del que participan tres personajes, Lol, Tatiana y Jacques Hold. En ese fantasma Lol no ocupa el lugar de voyeur de los otros dos, como se podría creer, sino que lo que sucede ahí la realiza, le da un ser. Lol es esa mancha informe tirada en el campo de centeno, cuando es descubierta por Hold que se angustia ante su presencia, pues Lol en ese momento encarna la mirada. Hold no sabe qué quiere Lol y por eso se angustia. Sólo se tranquilizará un poco pensando que Lol le ve,


Dossier es decir, cuando puede situar ese objeto inquietante en una relación de reciprocidad. En adelante Hold ejercerá sus buenos oficios respecto a su amante, Tatiana, bajo la ley del deseo de Lol, el único que importa en este caso. Jacques Hold queda al servicio de ese deseo, se convierte en su instrumento al hacer aparecer la desnudez del cuerpo de su amante para Lol. Tatiana, la amante, es el residuo del acontecimiento del baile. Es la amiga del colegio que sostiene la mano de Lol mientras ésta ve a su novio seducido por la mujer fatal. Tatiana, por su parte, ignora la presencia de Lol en los encuentros que tiene con su amante, pero en esos

“En el rapto se produce un desanudamiento de lo imaginario” encuentros en los que se hacía honrar por Jacques Hold, empieza a percibir que hay algo más que no sabe lo que es, que algo se ha deslizado entre ellos dos. Tatiana comprende que eso guarda una relación con Lol, pero sin entender. Y Lol, ¿qué busca Lol en la realización de este fantasma, en el que pone tanto empeño? ¿Qué busca Lol en el trío que forma con Tatiana Karl y Jacques Hold? Un ser de pura mirada Lol se presenta fuera de la angustia, fuera del sufrimiento, en definitiva fuera del cuerpo. Es como ha quedado después de la escena del baile en la que otra mujer le arrebató su cuerpo. A partir de ahí deambula buscando la mirada de los hombres hacia las mujeres que pasan. Lol desde el principio nos es presentada como alguien que no está ahí donde está su cuerpo, como alguien en busca de un cuerpo, un cuerpo que equivale a su ser. Un cuerpo que en cierto modo logra tener, vestida por el amor del novio, gracias a la mirada que el novio posa sobre ella, pero que en el momento en el que él se va ella descubre que no lo tiene y a partir de ahí lo busca. No se trata aquí de un trío de tres exactamente, tampoco del conocido fantasma histérico en la que a través de un hombre de paja, de un testaferro, el sujeto histérico aborda su pregunta ¿qué es ser una mujer para el deseo de un hombre?, siendo la mujer aquella que encarnaría para ella el enigma de la feminidad. Lo que en este escenario de a tres le sucede a Lol, la realiza. La realiza quiere decir que le da un ser de cuerpo que no tenía, que ahí algo se anuda, algo se cierne, que es para ella su felicidad. Porque Lol lo dice en varios momentos, lo dice a propósito de lo que hubiera sido para ella asistir a la escena en la que el novio desnudaba a Anne Marie Sttreter, la mujer fatal. Y lo que dice Lol es que su felicidad está allí donde está su cuerpo. Lol ha encontrado un modo precario de ser en este ser a tres, en el que Hold hace la función de instrumento 32 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

para dar a ver el cuerpo desnudo de la otra, esa desnudez que necesita “para ser”, porque su ser es un ser hecho de pura mirada. Reducir esta alianza, este “ser a tres”, a una escena perversa, sería no entender lo que esta alianza tiene de sagrado para Lol, este “ser a tres” en el que Lol se suspende. Ella ha encontrado una solución precaria para poder ser, para tener un cuerpo, solución que se disuelve cuando Jacques Hold, capturado por el enigma que representa para él el deseo de Lol, deja de hacer de instrumento para realizar ese deseo y se interesa por ella: quiere comprenderla, quiere abrazarla, quiere hacer un holding. Pero ser comprendida no le conviene a Lol, a quien esta comprensión no sólo no la salva del rapto sino que termina por volverla loca. Jacques Hold le hace tomar conciencia de que su ser está afuera de ella, que su ser es Tatiana. Hold se acerca demasiado al cuerpo de Lol y en ese momento la locura, el verdadero final de esta novela, se desencadena. “La policia está abajo, dice Lol. No la contradigo, dice el narrador. Golpean a la gente en la escalera, dice Lol. No la contradigo, dice el narrador. No me reconoce en absoluto, dice el narrador. Entonces se desarrolla el diálogo en el que ella misma dice: ¿Quién es? Gime, me pide que se lo diga. Digo: Tatiana Karl, por ejemplo” 13.t

LA AUTORA Araceli Fuentes. A.E. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano-NUCEP. Correo electrónico: araceli.f@arrakis.es

Referencias: 1 M. Duras, El arrebato de Lol V. Stein, Tusquets, Barcelona,1987 2 J. Lacan, “El estadio del espejo”, Escritos I, Siglo Veintiuno, 1971 3 M. Duras, op.cit., pg.10 4 J. Lacan, Homenaje a Marguerite Duras, Intervenciones y textos 2, Manantial, 1988, pg.66 5 M. Duras, op. cit.,pg. 14 6 J. Lacan, op. cit., pg. 67 7 Ibíd., pg. 67 8 J. A. Miller, Los usos del lapso, Paidós, Buenos Aires, 2004, pg. 503 9 J. Lacan, op cit., pg. 64 10 J. Lacan, Ibíd., pg. 66 11 M. Duras, op. cit., pg. 41 12 J. A. Miller, op. cit., pg. 462 13 M. Duras, op. cit., pg. 152


Dossier

El cuerpo hablante de la histeria*

Textos: Rosa López Imágenes: Library of Congress *Texto original de la autora.

Voy a comenzar hablándoles de mi profesor de Pilates. Se trata de alguien que se toma muy en serio su trabajo y, por ello, no se conforma con enseñarnos unas cuantas técnicas gimnásticas, sino que además las acompaña de un discurso en el que denuncia cómo el hombre actual, inmerso en el capitalismo y en la sociedad de consumo, tiene un absoluto desconocimiento del funcionamiento de su propio cuerpo. En sus clases suma la disciplina del Pilates con la meditación yóguica y algo del espíritu del Tai chi. Con esta conjunción nos exhorta a reconocer todas las partes de nuestro cuerpo, independizando los movimientos de manera que las piernas se doblen y giren mientras las caderas quedan fijas, los isquiones apoyados, el coxis en posición neutra, el pubis contraído, el periné o suelo pélvico cerrado como un pequeño diafragma en torno a los esfínteres. La respiración se dirige a la zona de las escápulas, los omoplatos permanecen anclados, las manos abiertas presionan el suelo, la vista sobre el ombligo... para entonces conectar con los órganos internos. Excuso decir que a mí no me resulta fácil cumplir con todas estas consignas y que mi torpeza me hace merecedora de sus reproches: “Tú, como sólo te dedicas a la mente, te has olvidado de que además tenemos un cuerpo. Más valdría que a tus pacientes les enseñaras a respirar mejor y a caminar por la montaña los fines de semana”. 33 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

Callo y hago lo que puedo, no voy a argumentarle que la distancia y la ignorancia que los seres humanos tenemos respecto al cuerpo no se debe únicamente a la época en que nos ha tocado vivir, ni a la sociedad occidental centrada en el consumo desorbitado de objetos y de imágenes. Todo eso es verdad, pero como toda verdad es sólo parcial, porque el problema es de un calado mucho más profundo, más estructural e irremediable. De manera que yo tendría que darle la mala nueva que el psicoanálisis revela sobre la condición humana, y decirle que no ha existido ninguna época de la historia, ni cultura alguna, que permitiera una relación natural del ser hablante con su cuerpo. Explicarle que en la medida que estamos atravesados por el lenguaje ya no habitamos en un medio natural, ni podemos mantener una relación directa con la vida; que el sexo, la muerte, la reproducción, la alimentación, la defecación y la supervivencia, han quedado afectados irreversiblemente por las palabras y que éstas no han hecho sino distorsionar cada una de esas funciones, extraviándolas de sus rieles naturales. Frente al agujero que deja la falta del instinto animal surge una especie de compensación simbólica que trata de actuar como suplencia, y es por esta razón que proliferan los discursos sobre la vida sana, la relación sexual satisfactoria, la nutrición adecuada, los modos de parir


Dossier que intentan remedar a lo supuestamente natural, las técnicas de relajación, la sabiduría oriental, el Yoga, el Pilates... el ideal del retorno a la naturaleza. Tantos más saberes cuanto que no hay un saber único e inequívoco que defina cómo habitar un cuerpo.

“Los síntomas histéricos surgen allí donde la imagen no consigue silenciar al organismo” Continuando mi argumentación le aclararía que los psicoanalistas no nos dedicamos a lo que acontece en la mente en detrimento del cuerpo, que ésta es una idea equivocada basada en el hecho cierto de que en un psicoanálisis tanto el analista como el analizante solamente hacen uso de la palabra. Si el psicoanálisis se dedicara sólo a la mente, debería haber surgido del mundo de la psiquiatría dedicado a las denominadas enfermedades mentales, y no de la mano de un médico especializado en neurología, Sigmund Freud, quien quiso aprender algo nuevo de aquellos cuerpos cuyas enfermedades no tenían una causa orgánica demostrable y que se diagnosticaban como histeria. La clínica psicoanalítica, desde sus orígenes, no se centra en lo mental dejando de lado el cuerpo, por el contrario, el psicoanálisis dirige toda su atención a lo que aconteciendo en el cuerpo contradice la lógica científica del organismo. El psicoanálisis se ocupa de un aspecto muy concreto del ser humano cuyas consecuencias son formidables: el punto de encuentro entre el organismo viviente y la palabra. Un encuentro que tiene un carácter traumático per se, de modo que en todo ser humano hay un trauma original, aquel que lo exilia del mundo animal para constituirlo como sujeto de la palabra. A partir de este encuentro el organismo pierde su estatuto original y en su lugar se produce una construcción muy compleja a la que denominamos “cuerpo” y que requiere del auxilio de lo imaginario y de lo simbólico. Podríamos escribirlo del siguiente modo: Cuerpo/Organismo o Imagen del cuerpo/cuerpo fragmentado

La unidad del cuerpo, como algo que nos pertenece y en lo que podemos reconocernos, no procede del organismo sino de la constitución en la infancia de la imagen corporal. La primera vivencia que tenemos de nuestro cuerpo es de una absoluta fragmentación, para poder juntar los pedazos y hacer una forma se requiere del auxilio de una imagen exterior que actúe como modelo. Esa otra imagen puede ser la que obtiene el niño al verse reflejado en el espejo o al ver la imagen de otro. A la vez el niño, por mucho que se mire en el espejo o que esté entre otros niños, no conseguirá hacerse dueño de su imagen corporal sin la ayuda del lenguaje, de lo simbólico. Es la palabra del Otro, generalmente de la madre, la que certificará que la imagen que el espejo refleja es la 34 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

suya, y que él es el objeto más preciado en su deseo. De este modo el niño puede construir una identidad que le sirve para velar esa angustia de fragmentación corporal ligada al organismo. Cuando digo “velar” quiero transmitirles que el organismo no se deja pacificar completamente por la imagen, sino que permanece latente en su estatuto caótico y angustiante. Mientras la imagen cumple su función unificadora la vivencia del cuerpo se hace soportable, pero de vez en cuando algo de lo orgánico retorna y la resquebraja, entonces acontecen todo tipo de fenómenos clínicos. Desde los fenómenos de despersonalización hasta las alucinaciones del doble en la psicosis. Pero también vemos emerger los síntomas histéricos que surgen allí donde la imagen no consigue silenciar al organismo. La histeria es una patología que se caracteriza por la precariedad de la imagen corporal. La histérica experimenta su cuerpo como algo frágil, porque está privado de una imagen consistente que sostenga su identidad. El drama permanente de la histeria es construirse un semblante desde el que poder afirmarse, y en esta tarea sin fin se dejará la piel. La búsqueda de la belleza nunca alcanzará la perfección que la deje tranquila, lo que en ocasiones la conduce a visitar los quirófanos para arreglarse ahora una parte de la cara, después otra del cuerpo, como si alguna vez pudiera conseguir hacer una totalidad, cuando sus síntomas no hacen más que expresar un “Yo no soy completa” y también “tú no eres completo” (cuidado con aquel que frente a la histérica no muestra su falta, ya sea partenaire o médico, ella hará todo lo posible para hacerle sentir el agujero y dejarle en la impotencia). El cuerpo se divorcia del organismo transformándose en algo de lo que se habla. Le hablamos al médico de nuestros dolores y a los amigos de lo que nos ha dicho el médico. En ocasiones se hace evidente que hay una especie de goce en este hablar sobre lo que nos ocurre en el cuerpo y uno siente que se va haciendo mayor cuando en una reunión de amigas la conversación no gira en torno a los hombres sino a las respectivas enfermedades de cada una o, como decía Woody Allen, cuando las dos palabras que deseamos escuchar no son “Te quiero”, sino “Es benigno”. Aunque la histérica no estaría de acuerdo con esto último, pues para ella las pruebas de amor son más importantes que la salud física. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando no es uno mismo el que habla de su cuerpo sino que es el cuerpo el que se pone a hablar por su cuenta y riesgo? El cuerpo puede ser el que le quite la palabra al sujeto manifestándose como un cuerpo parlante, que dice algo, sólo que su mensaje es indescifrable para el que lo sufre y que por ello necesita dirigirse a quien pueda interpretarlo. Es en este punto en el que podemos situar la neurosis histérica como el paradigma del cuerpo hablante en busca de alguien que sepa escucharlo y darle un sentido. El médico se convierte históricamente en la figura de referencia para los síntomas de la histeria. Y si antes hemos afirmado que todos hemos pasado por ese primer trauma que resulta del encuentro entre el organismo


Dossier

Marilyn Monroe, Library of Congress, 1964

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Dossier y el lenguaje, ahora podemos decir que las histéricas pasan por un segundo encuentro traumático, el de su cuerpo con la medicina, pues lo que se produce es un enfrentamiento entre lo que trata de expresar con sus padecimientos corporales y el saber médico en el que esos síntomas no encajan. El médico se refugiará en unos conocimientos científicos que pretenden ser exhaustivos, mientras que la histérica vendrá a demostrarle hasta qué punto su saber es parcial, impotente, poco creativo, reacio a toda invención y refractario al deseo. La batalla estaba servida. ¿Quién salía victorioso de semejante combate? Podríamos decir que casi siempre el médico, puesto que utilizaba a la histérica para definir con mayor precisión el campo de las afecciones neurológicas orgánicas, diferenciándolo de aquellas otras que se consideraban fingidas (los trastornos histéricos les servían para afinar el diagnóstico diferencial). El médico blandía las pruebas objetivas para protegerse contra la histérica y expulsarla de su campo de acción. Rechazo, exclusión, prejuicio, es la respuesta que la histérica recibe históricamente de la medicina. Pero todavía puede ser peor cuando la complejidad de los síntomas corporales de la histeria desesperan y sorprenden al médico, quien no sabiendo a qué carta quedarse, decide intervenir prescribiendo fuertes medicaciones, pruebas de todo tipo, internamientos, cirugías, en una escalada de iatrogenia o daño médico, tanto mayor cuanto más empeora el cuadro clínico y no hay signos de curación alguna. El polimorfismo clínico de la histeria es inabarcable: desde las contracturas musculares, dolores cervicales, lumbalgias, mareos, nauseas, desmayos, dolores de cabeza, de ovarios, parálisis motoras, anestesias, cegueras, sorderas, el bolo histérico que produce una sensación de estrangulamiento en la garganta, vértigos, cefaleas, migrañas y todo tipo de dolores, algunos de ellos tipi-

“Su carne se convierte en un libro abierto cuyo mensaje no hace más que mostrar lo que falta” ficados de manera muy significativa, como el denominado “dolor de muelas de la noche de bodas”; trastornos relativos a los productos salidos del cuerpo: la orina o las heces, trastornos de la regla, embarazos histéricos, trastornos de la alimentación y tantos otros cuya lista nos llevaría horas sin que consiguiéramos agotarla. Lo curioso es que ante semejante variedad de padecimientos y descontrol de las funciones vitales del cuerpo, la medicina, desde sus orígenes hipocráticos, haya planteado una sola causa: la existencia de un útero migratorio que se desplaza por todo el organismo en busca de una satisfacción sexual que no se le está dando. Desde la perspectiva actual esta teoría nos parece directamente 36 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

delirante; sin embargo, en ella se intuyen varias cuestiones fundamentales: • Toma el desorden del cuerpo como la expresión de un deseo sexual. • Pone el acento en la insatisfacción. • Le otorga un carácter específicamente femenino. • Se trata de algo que no está ubicado en su lugar natural. Veremos cómo estas intuiciones que proceden de la arqueología médica del antiguo Egipto, 4000 años antes de Cristo, sólo pueden alcanzar una explicación a finales del siglo XIX, a través de la figura de Sigmund Freud, quien hizo algo que hasta entonces nadie había intentado: escuchar a las histéricas, dejarlas que hablaran, bajo la premisa de que expresando sus dolores corporales la asociación de las palabras las conduciría a hablar de sus deseos reprimidos, de su dolor de existir, de su rechazo a la femineidad, y de cómo todo esto se fue tejiendo en su historia hasta formar una entramado del que no podían salir solas. De esta posición inédita en la medicina surge el psicoanálisis, que se constituye como una clínica de la escucha en ruptura con la clínica médica de la mirada. Charcot quiso innovar la visión de la histeria, descifrar sus enigmas, arrancarles su secreto, pero no lo consiguió porque mantuvo siempre la posición escópica del médico. Las histéricas respondían en el escenario teatral al que él las convocaba, frente a un público de científicos curiosos que asistían al espectáculo alimentando el goce voyeurista. Tradicionalmente se ha acusado a las histéricas de teatrales, e incluso de “histriónicas”, expresión que tiene un carácter marcadamente peyorativo, pues nos remite a las farsas bufonas y groseras de la Roma antigua. Sigan por esta línea y se encontraran todos los prejuicios posibles, así como el rechazo, la desconfianza, el desprecio y la falta de comprensión frente al sufrimiento de esta neurosis. Para otros, como los psiquiatras surrealistas André Breton y Louis Aragon, esta faceta de la histeria tenía un maravilloso valor artístico, creativo y subversivo: “La histeria no es un fenómeno patológico sino que a todas luces puede considerarse un supremo medio de expresión” ¿Qué es lo que esos cuerpos hablantes de las histéricas le permiten descubrir a Freud? Hay que olvidarse de arreglar a toda costa el disfuncionamiento corporal y poner la atención en el mensaje del síntoma. El mensaje es desconocido para el propio sujeto, luego proviene de un lugar distinto a la conciencia. Es así como Freud pudo descubrir la existencia del inconsciente, y de la represión como mecanismo psíquico de defensa. Se reprime una representación que tiene que ver con un deseo sexual inadmisible para la conciencia. El inconsciente no se muestra a las claras sino que elige formas enrevesadas, desviadas o enmascaradas. De este modo, Freud revela que en el inconsciente hay un eterno conflicto entre fuerzas opuestas. El conflicto se produce entre una fuerza pulsional que trata de emerger y las fuerzas represivas que se lo impiden. A su vez


Dossier esta lucha pone en marcha el deseo inconsciente que se constituye como el motor de toda actividad humana, pero también como fuente de la angustia. El síntoma histérico es una producción del inconsciente que supone una doble operación: el deseo se rechaza y la angustia se convierte en inervación somática. El sujeto realiza todo tipo de estrategias para evitar enfrentarse a la puesta en practica del deseo y de este modo conservar intactas las ilusiones y los sueños. Antes dijimos que la explicación original de la histeria entendida como un útero migratorio había intuido cuatro cuestiones fundamentales: el deseo sexual, lo femenino, la insatisfacción, y la falta de un lugar. En relación a esta última es cierto que el sujeto histérico se caracteriza por no encontrar un lugar en el mundo, solo que no es el útero sino la femineidad lo que no hay manera de ubicar en ninguna parte, constituyendo un verdadero enigma tanto para los hombres como para las propias mujeres. Precisamente la histérica no sabe dónde, ni de qué manera situar lo femenino, y lo que viene a decirnos es que su cuerpo es el lugar del síntoma y de la insatisfacción sexual. Esta insatisfacción tiene muchos modos de presentarse: desde la frigidez de algunas histéricas que rechazan el goce que podrían obtener en el encuentro con el partenaire, en aras de un goce ideal que sólo existe en su fantasía, hasta las que alardean de su competencia en la cama. En todos los casos escucharemos declinarse la insatisfacción: “no es éste el hombre adecuado”, “no me desea lo suficiente”, “me desea pero no me ama”, “siempre tiene ganas pero no me dice que estoy guapa”, “lo paso bien en la cama pero no sé si estoy enamorada”, “seguro que hay otro que me haría sentir más mujer”. Lo que la histérica expresa, sin saberlo, no es sólo su particular insatisfacción sexual, sino algo que tiene un alcance general, y es que para todo ser hablante la sexualidad ha quedado tan pervertida respecto a sus rieles naturales que la satisfacción completa es imposible. Es esta imposibilidad la que Freud verificó al final de su obra, aunque los discípulos que le sucedieron no quisieron aceptarlo y se desviaron de la profundidad del pensamiento freudiano, prometiendo un horizonte de superación y madurez sexual que al final del análisis daría como resultado un sujeto capaz de alcanzar una sexualidad normalizada y plenamente satisfactoria. Vana promesa, basada en el ideal de la identificación a la figura del propio analista, supuesto modelo de equilibrio vital. Jacques Lacan, por el contrario, radicalizó la idea de Freud planteando, en una sola frase, la causa de todos los síntomas: la relación sexual es imposible. Lo que implica asumir que el ser hablante siempre hará síntoma con la sexualidad, entendida en su sentido más amplio, el que incluye la relación con el cuerpo del partenaire y también con el propio. Lo que caracteriza a la histérica es que ella encarna ese desajuste estructural de la sexualidad, como si de alguna manera se considerara culpable del fracaso de la relación sexual cuya causa parecería alojarse en su propio cuerpo femenino marcado por una falta radical. Con su sufrimiento da testimonio de lo que no funciona en la 37 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

Solidos básicos, Library of Congress EEUU, 1939

sexualidad, exige que se la escuche, reivindica su lugar y denuncia la impostura del amo que pretende que todo esté en orden. Ella no encuentra la paz en un mundo organizado en torno a la totalidad y la completud. Su carne se convierte en un libro abierto cuyo mensaje no hace más que mostrar lo que falta, la discordancia entre el deseo y el goce, la ausencia de reciprocidad. El síntoma histérico se dirige siempre a un otro, más precisamente a un padre ideal cuyo poder pone a prueba. Él debería aportar el remedio a su dolor de existir, pero sólo después de haber clarificado el misterio que este encierra. Si no es capaz de encontrar la solución, entonces, se demuestra su impotencia o su necedad. El analista tiene que estar lo suficientemente advertido y, desde luego analizado, como para no dar una respuesta paternal a la demanda histérica, que solo conseguiría exacerbar la sintomatología y agenciarse la descalificación de la paciente. Para hacerse de este cuerpo simbólico-imaginario la histérica, dice Lacan, cuenta con “la armadura del amor al padre” y, por eso, lo eterniza. Pero este amor puede constituir un obstáculo cuando se trata del campo del goce sexual. La pasión de la histérica es hacer que el otro exista por su amor y para ello renuncia al goce. El padre es la figura fundamental sobre la que se constituye el síntoma histérico por la vía de la identificación a algún rasgo que tenga que ver con su deseo. Si se trata de un padre potente, la histérica responderá con la protesta, la descalificación y el sentimiento de ser una víctima. Si, por el contrario, es un padre impotente, ella tomará una actitud reparadora y solícita, dispuesta a


Dossier ser su cómplice en el sostén del deseo. Estas reacciones están fundadas en el puro amor al padre y conllevan en ocasiones la renuncia a la propia sexualidad o se reflejarán en la relación con el partenaire sexual. Es habitual en el análisis de las histéricas comprobar su rechazo a pertenecer al conjunto de “las mujeres”, sobre las que vierten sus propios prejuicios. En el origen de este conflicto encontraremos la relación originaria con la madre y el temor a quedar identificada a la misma. El drama del sujeto histérico es no acabar de encontrar nunca su lugar en el mundo, ni su razón de existir. La principal resistencia a la curación es que la histérica se agarra al dolor porque este les proporciona el sentimiento de existir de verdad. Rechaza su cuerpo como lugar vital del deseo y paradójicamente su manera de vivificarlo es a través de los síntomas conversivos. Si en su primera concepción Freud pensaba el síntoma histérico como una prueba de la cobardía moral de un sujeto que no puede asumir la verdad de su deseo sexual y lo reprime, poco a poco fue dándose cuenta de que el síntoma no obedece a una aptitud timorata sino que está enraizado en una represión original, la que produjo el lenguaje apartándonos de la vida natural. Frente a este hecho estructural no hay curación total porque el síntoma es inherente a la condición misma del ser hablante. Es por ello que el sujeto se resiste a abandonar su síntoma, incluso lo ama, pues en cierto modo constituye su modo particular e intimo de funcionar en la vida. Antes dijimos que la sintomatología histérica presentaba una enorme variación, pero si lo enfocamos de cerca encontraremos finalmente que ese modo de hablar del cuerpo es monótono y se repite como un disco rayado. ¿Qué puede hacer el psicoanálisis con el síntoma histérico? En la primera etapa de su obra Freud demuestra que el inconsciente es sexual, en la segunda le añade algo

más difícil aún de soportar: que la lengua fundamental del inconsciente es la muerte. Inicialmente Freud tenía la visión optimista de un aparato psíquico regido por el principio del placer y concebía el organismo como algo que se autorregula y tiende al apaciguamiento. La curación de la histeria mediante la interpretación del inconsciente prometía ser una marcha de caballería sin obstáculos. A partir de 1920 disponía ya de una larga experiencia que le hizo verificar que esa curación no se producía como cabía esperar pues las histéricas perseveraban en el sufrimiento. El aparato psíquico ya no parece estar regulado por la búsqueda de la mínima perturbación, sino por el denominado automatismo de repetición, es decir por la tendencia a reproducir una y mil veces la tensión que originó el traumatismo infantil. Desde esta nueva perspectiva el síntoma es un hecho de estructura para todo ser hablante pues es la consecuencia de la imposibilidad de una relación normal y natural con la vida. El psicoanálisis tiene la facultad de tratar el síntoma a partir del reconocimiento de la imposibilidad estructural de la relación entre los sexos. La experiencia analítica no se reduce a los efectos terapéuticos, aunque sin duda los incluye, pues fundamentalmente trata de producir “un saber hacer” con lo incurable de cada uno. Solo que ese incurable ya no necesita ser negado mediante las perturbaciones del cuerpo y estas desaparecen, verdaderamente, en el momento en que ya no tienen una función que cumplir. La curación analítica de la histeria pasa por la obtención de un “saber hacer” con la femineidad, lo que permite a una mujer ofrecerse, sin ambages, como objeto causa del deseo, y poder prestarse así al goce del hombre. Entonces ella podrá acceder al goce femenino sin tener que sacrificar su cuerpo.t

LA AUTORA Rosa María López. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y de la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano-Nucep. Email: rosamarialopezs@telefonica.net

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Testimonios | Enseñanzas | Conversaciones

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Miradas*

Textos: Guy Briole Imágenes: Library of Congress *Texto orginal del autor.

“… Las pulsiones, es el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir” 1. El cuerpo es sensible a ellas y, tanto la voz como la mirada, se hacen competencia para resonar en él. Al hilo del decir y por ese rodeo del cuerpo, de la mirada y de la voz, abordaré la cuestión de la pulsión después del pase. Partiré del objeto, puesto que la pulsión gira a su alrededor. Es, escribe Lacan, la única definición de este objeto, “La pulsión lo contornea” 2. Al comienzo de mi transmisión ubiqué un enunciado de mi analista, pronunciado tras una sesión centrada en esa escena traumática en Chad donde, joven médico, estoy en el centro de un montón de cadáveres: “Allí encontró su objeto analítico” 3. Esta formulación me intrigó y sigue siendo objeto de investigación para mí. Pude pensar que era ahí donde había encontrado “el objeto de mi análisis”, igual que se dice el objeto de su trabajo. No es tan sencillo. Lo que es seguro es que, en ese instante, se anudó para mí un vínculo con el psicoanálisis nunca desmentido; un vínculo con la vida, contra la pulsión de muerte. En esta escena, se mezclan real e imaginario y yo estoy ahí, “erguido” en medio de esa carnicería donde las tumbas cerradas a toda prisa mezclan lo humano y lo animal en el mismo estado de cadáver, reducidos a lo real inhumano, al Uno cadavérico que acentúan aún más 40 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

los carroñeros que no hacen ninguna diferencia. Eso me mira. Algo me mira, a partir de un irrepresentable que excede ese lugar y que atraviesa el cuerpo en el fulgor del desencadenamiento de una hepatitis aguda. Es el “campo” lo que me mira. Eso que –ahí- me mira, me fija, me petrifica; una petrificación de mi historia en el cuerpo. La escena misma toma el valor de un objeto petrificado: precioso y portador de una hystorización. Es este objeto a petrificado el que me proponía presentarle a Lacan en mi decisión, tomada en ese mismo instante, de encontrarme con él a mi regreso a Francia. Es la efracción del cuerpo a la que estaba ligado, por la que pensaba tener la urgencia de verle. Sin embargo, y para mi sorpresa, es de mi circuncisión, otra marca en el cuerpo, presente desde la infancia, de la que le hablé. A este acontecimiento, ligué lo que de la guerra siempre hacía marca para la familia: el arresto y encarcelamiento de mi padre por la Gestapo; la profunda depresión de mi madre. No sabría hasta mucho más tarde, en 2002, la implicación de mi abuela paterna como pasadora de familias judías. Esta primera sesión, que fue de hecho un primer aflojamiento de esa compacidad mineral que encerraba el cuerpo, marcó mi entrada en el análisis. Era 1975, ¡el pase en 2010!


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Lata en el Mekong, Library of Congress EEUU, 1980

Fue en mi tercer análisis –de 2002 a 2010- cuando pude retomar precisamente las miradas que venían a converger en esta escena: la de mi madre sobre la circuncisión –ligada al nombre Élie y marcando el lugar de objeto ofrecido al sacrificio que ocupaba en el fantasma materno; la de mi padre –casi tuerto a consecuencia de un accidente sobrevenido tras la muerte de su hermano menor, Élie; Élie estaba en la tumba y miraba a Joseph –mi padre. Mirada de soslayo, dije a propósito de la mirada de mi padre, en la que yo era a la vez Élie y el que era mirado, poniéndome, en un lapsus en sesión, en la serie de los hermanos Joseph, Élie… Así, “aquello” a lo que apuntaba la mirada de mi padre, se teñía de “eso” que le había apuntado en las simulaciones de ejecución de las que, imaginariamente, yo me hacía el destinatario cuando me presentaba ante un público. Cómo hacer con esta disimetría en la mirada. Yo mismo tengo “cuerpos flotantes” –como una rejilla- en el humor vítreo de un ojo; en el eje de aquel que, en mi padre, no veía. Me miraba. Lo sorprendente es que el nombre exacto de esa parte del ojo que yo escribía siempre en femenino, “la vitrée” 4, es “cuerpo vítreo”. Detrás del “cuerpo vítreo” que la rejilla enmascaraba, mi cuestión era no poder mirar/mostrar mi sexo. No era presentable 5. 41 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

El cuerpo está siempre en juego en mi vida como en los diversos momentos de mis tres análisis. Cuando la cuestión fálica viene a ocupar el primer plano, el retorno se hace en lo real del cuerpo. El cuerpo siempre ha sido para mi el lugar de una “guerra”; una “guerra de las pulsiones” de vida y de muerte. La repetición retoma, bajo un modo identificatorio, la versión de la historia de mi padre tal como me la forjé en mi imaginario de niño: arrestado y condenado a muerte –tras la puesta en acto de su deseo con una mujer casada con la que habría tenido un hijo- escapará, cayendo la suerte sobre otros y dejándole a salvo. - En Chad el cuerpo “erguido” se ve golpeado por lo real; el deseo rueda por tierra. Rechazo la hospitalización aunque me tambaleo, demacrado, ahí entre los míos, como un muerto viviente, escapado de la carnicería. - En el principio de mi análisis con Lacan, una ciática paralizante me alejó de las sesiones. Me hizo falta tiempo para comprender que esta parálisis era, ante todo, un impedimento para hablar: un retorno del “cállate”. Acababa de pasar de un “algo que decir” a un “debo decir”. Así, estaba decidido a hablar, a forzar ese cierre superyoico, pero algunos meses después de mi retorno con Lacan, y en un momento de gran desorden en mis relaciones con las mujeres, el cuerpo detuvo en seco el uno


Pase –el análisis- y la otra –la deriva de los encuentros- por una septicemia debida a mi negligencia. Volví a representar el papel de muerto viviente, deambulando como un espectro en los jardines del hospital en el que trabajaba hasta que un amigo médico me encontró y me condujo a urgencias. ¡De nuevo, me había salvado in extremis! - Después fue, durante mi segundo análisis, la conducción temeraria en coche. Un árbol me detuvo en seco. ¡Me libré, una vez más!

“El cuerpo está siempre en juego en mi vida como enlos diversos momentos de mis tres análisis” En 2002 el encuentro con una mujer me confrontó con un deseo al que tenía que hacer frente. Ese despertar al deseo no fue sin angustia, ni sin reactualizar los pensamientos sobre la muerte. Mi primera tentación, si puedo decirlo, fue recular y volver a mi posición anterior, a la “pequeña comodidad de mi goce triste”. En el mismo momento otra idea atravesó mi espíritu: si retrocedo frente a esta situación, caeré enfermo. Fue en ese momento cuando demando retomar mi análisis, el tercero, y me oigo decir: “tengo que enganchar mi cuerpo a la vida”. ¿Después del pase? El goce de esconder no se ha convertido en un goce de mostrar. El cuerpo ya no es ofrecido a las miradas que podían adivinarlo, traspasarlo. Hablar en público, mostrarme a lo otros, ser mirado, estar en primera fila, ¡era “poner el cuerpo en primera línea”! Ahí, temía desvanecerme, caer bajo las balas cargadas de las miradas de los otros que sentía converger, o que hacía converger sobre mí. ¡Una paradoja para alguien que había elegido ser enseñante! Ese “mostrarse” venía como subterfugio para esconder la marca, llevada entonces por todo el cuerpo, expuesta para desviar la atención: el desvanecimiento antes que la castración.

“Siempre pretende la exclusividad”6. El equívoco de esta interpretación del analista concernía tanto a la demanda de ser el único para una mujer como a mi posición de ser el centro de las miradas. Eso abrió al desmontaje en análisis de todas las construcciones alrededor del ver al otro para no ser mirado y permitió que la “parte herida” salga de la “clandestinidad” separándome de mi “pellejo” -el prepucio con el que imaginariamente me había recubierto 7. La serie de tres sueños del final de mi análisis y particularmente “El sueño de los cuervos”, marca el pasaje de la mirada a una palabra nueva. Ya no es la mirada lo que está en juego sino una palabra que me permite dirigirme a los otros, de otra manera. La presencia de otros, en cuerpo, en la transmisión en voz alta, verifica la diferencia. El pasaje de la marca escondida a todo el cuerpo ofrecido a la mirada ya no pone en juego el fantasma que sostenía el goce de mostrarse. El “corps beau” es el que queda después de la separación del pellejo y al mismo tiempo, ya no se trata del mismo cuerpo. El corps-beau no es el de una estética, sino el que puede ser mostrado; ya no es el cuerpo apuntado. Es aquel en el que la mirada posada sobre él no bloquea la voz; aquel donde se ha producido esta apertura que le deja paso. Una voz reencontrada, transportada en el cuerpo, en el testimonio. “Tengo que enganchar mi cuerpo a la vida”. Reencuentro esta frase del principio de mi análisis en el tiempo del pase. De otra manera. Que el pase produzca, o sea el efecto de una separación radical, no puede dejar al sujeto enfrentado con un vacío; un goce que podría invadir el cuerpo. La que no cede jamás, es la pulsión de muerte. En ese sentido so se trata de gozar beatamente de lo adquirido. Es en este punto donde sitúo el imperativo de reenganchar el cuerpo a la vida, sobre el cuerpo del Otro. Ese cuerpo del Otro, lo entiendo tanto como lo que tiene de circuito pulsional, como de la relación a un Otro de la Escuela considerado como un “cuerpo” al que nos dirigimos, en un nuevo anudamiento.t Traducción: Julia Gutiérrez y Araceli Fuentes.

EL AUTOR Guy Briole. A.E. Psicoanalista en Barcelona. Miembro de la ELP, ECF y AMP. Email: guybriole@orange.fr

Referencias: 1 J. Lacan, El Seminario, Libro XXIII, El sinthome. Buenos AiresBarcelona-México, Paidós, 2006, p. 18. 2 J. Lacan, El Seminario, Libro XXIII, Los cuatros conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires-Barcelona-México, Paidós, 1991, p. 176. 3 G, Briole, «Esa herida, esa» en: Los hombres y sus semblantes, El Psicoanálisis, mayo 2011, n° 19, p. 71. 4 El humor vítreo se dice en francés “le corps vitré”. 5 Idem, p. 74. 6 “Vous visez toujours l’exclusivité”. 7 Ibidem.

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Conversación con Patricia Bosquín*

Textos: Autores varios Imágenes: Ilustración Munch, Katsushika Hokusai *Conversación desarrollada en Madrid el viernes 22 de Octubre de 2010 en el Espacio del Pase.

Carmen Cuñat: Buenas noches, hoy tenemos con nosotros a Patricia Bosquín. Ella viene de Bruselas, fue nombrada AE en diciembre del año pasado. Como hacemos siempre, con el fin de que este seminario sea más participativo, enviamos con antelación el texto sobre el que vamos a conversar y a partir del mismo formulamos algunas preguntas que le hemos hecho llegar a Patricia Bosquín. Un testimonio de pase implica hacer un caso del propio caso. Hay muchos tipos de testimonios, no todos son iguales, éste me ha llamado la atención por su rigor. Quiero destacar algunos hitos del mismo. La demanda de análisis surge a partir de una situación traumática que ocurre en el teatro al que era aficionada: tiene que salir a escena y se encuentra con un agujero en el texto y entra en pánico, siente que quiere desaparecer. Algo de eso le toca particularmente y Patricia hace una demanda de análisis. Después, la construcción de la novela familiar, donde va mostrando cómo se presentaban para ella las figuras parentales y los puntos en los que se sostiene su estructura histérica: nos habla de una identificación viril que está en la base de su relación con el padre, el surgimiento de una fobia en la adolescencia, fobia que se instala de cierta manera y que se 43 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

desmantela también de manera particular. Bien, vamos ahora a introducir la primera pregunta. Pilar González: Usted dice que “su relación con el piloto” volvió obsoleta la fobia al avión. ¿Ha podido correlacionar la desaparición de la fobia, con alguna interpretación puntual?, ¿usted diría que fue un proceso gradual relacionado con el despliegue de los significantes que le conciernen o ha tenido que ver con el objeto que está en juego para usted finalmente? Patricia Bosquín: Es muy curiosa la historia porque en el análisis la fobia no cayó gracias al desciframiento, es decir que esta fobia servía para algo y un día ya no sirvió mas. Al principio me protegía del encuentro con los hombres, era una barrera que me impedía aproximarme demasiado al padre, un padre explosivo, colérico, demasiado real. Por otra parte era una barrera que me preservaba del encuentro con la madre. De niña fui su pequeño caballero sirviente, lo que se hacia extensivo a mi abuela, consolando a ambas. Un tanto absorbida, adolescente ya, surgió la fobia. Esa fobia me permitía mantener a distancia al padre y a la madre. Apareció en un viaje, durante un vuelo: yo volvía de España, y por primera vez viajaba sola con mi madre, mi padre


Pase estaba en otro avión con mis hermanos. Durante el vuelo se desencadenó una fuerte tormenta con muchas turbulencias, yo me volví hacia mi madre que estaba aterrorizada y ella me dijo que íbamos a morir, se puso a rezar y me dijo que hiciera el acto de contrición ante la fatal inminencia del desastre. La fobia apareció allí, desde entonces no volví a coger un avión. Como mis padres vivían buena parte del año en España, la fobia me permitía mantenerme lejos de ellos. Para poder estar con ellos tenía que atravesar en coche Francia y España. El avión se volvió un objeto fóbico, la fobia era, a la vez, a las explosiones del padre que estaba fascinado por esos cuerpos despedazados de los accidentes aéreos, eran los significantes de esas explosiones; y al mismo tiempo, la fobia al avión es a eso que cae; es ante una forma de dejar caer por parte de la madre que deja a la adolescente sin palabras. Esa fobia desapareció a partir del encuentro con un hombre. Ese hombre fue una segunda elección amorosa y por azar resultó que había hecho estudios de piloto de avión. Portaba un significante fálico y la fobia desapareció de la noche a la mañana. Así, para mi sorpresa, empecé a poder ir en avión con gran placer. La fobia fue descifrada más tarde: yo había elegido al mismo tiempo un hombre portador del significante fálico y también un hombre muy fálico. Y como saben, el falo explota, el goce fálico está del lado de la explosión, y en esa demanda de amor dirigida al partenaire yo lo hacía explotar; lo hacía explotar con esa demanda continua de que me hablara y él explotaba porque estaba harto de esa demanda. Ahí empecé a interesarme en esa vieja fobia e intenté explicarme lo que pasaba con ese partenaire, pues la función de la fobia era la de ponerme al abrigo de la cólera de los hombres. Encontraba ahí al padre explosivo, al padre que en mi adolescencia hacía explotar. Carmen Cuñat: ¿El primer pase que hizo después del primer análisis, fue el pase a la entrada? Patricia Bosquín: No, no había pase a la entrada en ese momento, pero había la posibilidad de ser nombrada miembro de la escuela, haciendo el pase de fin de análisis. Este fue mi caso. Era 2002, en ese momento era posible hacer el Pase planteando un punto conclusivo, que para mí fue terapéutico. Se trataba de mi relación de estrago con el amor. Con mi primer partenaire esa dimensión del amor estaba dormida, éramos amigos. Luego encontré mi segundo amor a causa del análisis. La pasión amorosa se despertó, fue un síntoma que se constituyó allí, algo muy antiguo se despertó. Yo había sido una jovencita inhibida y un poco mortificada, y me volví apasionada en el análisis, una mujer loca. Le dije a mi analista que quería volver para atrás y me dijo que era demasiado tarde. Me separé de mi primer marido y me lancé a la aventura con el segundo. Yo era más bien una mujer santa que cultivaba su pasión amorosa en sus ensoñaciones. El análisis me despertó y me volvió esa mujer enamorada, estragada por las 44 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

respuestas insuficientes del hombre… ustedes saben a dónde lleva eso. Eso tomaba para mí un valor muy dramático, era necesario que cesase en algún momento. Me puse realmente a la tarea de elucidarlo en mi análisis, de encontrar un sentido a ese estrago. En el fondo ¿por qué tanto dolor?, ¿de dónde venía? y en ese primer análisis reconstruí escenas infantiles y en el fondo, el fantasma fundamental. A partir de una escena en la que, a los seis años, asistí al relato trágico de la pasión de Cristo y eso me fascinó completamente. Estaba fascinada por esa figura masculina, Cristo golpeado, crucificado y abandonado por su padre. El pobre tipo llamaba al padre: “padre no me dejes caer” y el padre lo dejaba caer, eso me concernía. Ya, a los seis años me volví efectivamente una enamorada de Cristo y cultivé ese amor, todas las semanas iba al confesionario, era una verdadera creyente, gracias a mi abuela que alimentaba esa devoción. Descubrí realmente lo que se perfilaba detrás del partenaire amoroso. Lo que Jacques-Alain Miller llama “partenaire-síntoma” para un hombre, para una mujer es el “partenaire-estrago”. Lo que hay detrás de ese partenaire masculino es la figura Crística, que es a la vez una identificación fálica, ya que yo me identificaba a esa figura masculina y al mismo tiempo era también mi partenaire. Mi nuevo amor encarnaba eso, a causa de su historia, de la historia trágica de su pueblo. Él era un hombre que quería morir por su patria y es lo que yo buscaba, así que se produjo un encuentro muy explosivo, una pasión viva, era necesario esclarecer todo eso y una vez encontrado su origen, pude dejarlo de lado y continuar mi vida. Salí del primer análisis porque era suficiente, había encontrado la identificación Crística soporte de mi elección de objeto y con esa construcción me presenté al Pase, a la Escuela. Estaba curada, era un punto de conclusión. El cartel apreció el testimonio, propusieron al Consejo hacerme miembro de la Escuela y plantearon una pequeña cuestión: “¿Qué ha ocurrido con el goce? ¿Ya no hay más? ¿Dónde está en todo eso?... ¿Se terminó?... ¿Está en una caja, en la caja de los S1?”. Evidentemente todo se había calmado, pero fue suficiente que el Cartel hiciera un pequeño agujero en esta formulación, en el tonel del padre, para que el goce se saliera del tonel, ya que yo había hecho entrar todo el goce en el tonel del padre. El Cartel me preguntó: “Bueno, y a parte del padre, ¿dónde está el goce?”. Y de nuevo, como si no hubiese hecho nada... Entonces elegí un analista. Carmen Cuñat: Entonces, Patricia vuelve al análisis. Entra en la Escuela por el pase después de haber hecho todo este trabajo y vuelve al análisis conmovida por esta pregunta que le hace el Cartel: “¿Qué hay de su goce?”. Araceli Fuentes: No sólo conmovida, ¡el goce la había invadido! Patricia Bosquín: Sí, yo estaba totalmente de acuerdo con la respuesta del cartel y eso prendió, se encendió.


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Ilustracion inspirada en el Beso de Munch, 2007

Carmen Cuñat: Es como la cerillita que encendió otra vez la mecha. Entonces, quizá Patricia nos va a poder hablar del cambio de analista y de las interpretaciones, de la dirección de una cura que permite abordar esta cuestión del goce. Patricia Bosquín: Sí, cambié de analista. El primero lo había elegido porque era alguien de nuestra comunidad en Bélgica, que para mí era el único que no gozaba. Era muy delicado, no discutía nunca con sus colegas, no estaba atrapado en las cuestiones imaginarias, era un santo. Yo estaba tranquila, no iba a pasar nada, pero no fue el caso. En un momento determinado supe que debía confrontarme al padre y aproveché la ocasión para ir a ver a un padre, aquél que encarnaba para mí en la Escuela la figura del padre y la figura del Dios de Abraham al mismo tiempo, el Sujeto Supuesto Saber y algunas veces el padre que puede encolerizarse. Y como 45 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

ya no era fóbica fui a confrontarme con ese padre que podía responder a ese goce innombrable. Elegí a alguien sólido, porque tenía que arreglármelas con algo muy fuerte. Llegué a su consulta muy contenta de haber aislado esa identificación con Cristo, le hablé de esa construcción que había hecho en mi primer análisis y él lo hizo volar todo por los aires. Me dijo: “Seguro, usted es ese joven amante, completamente ridículo”. Es decir, el padre idealizado, porque eso es el Cristo. Es lo que Lacan dice en su texto del año 1958, Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina, lo que se perfila más allá de la figura del partenaire para una mujer es el padre. Una mujer tiene que arreglárselas con ese abrazo del padre muerto. Esa es toda la dificultad de la sexualidad del sujeto femenino, “entre ausencia y presencia”, afirma Lacan. Ausencia pues aquél al que ella ama es el hombre


Pase muerto, el hombre castrado; y al mismo tiempo tiene que hacer algo vivo con la sexualidad. Cuando Lacan habla del padre muerto, dice que una de las figuras del “íncubo ideal” es la de Cristo. Es al padre muerto al que estoy identificada, que al mismo tiempo es mi partenaire amoroso, un hombre joven a punto de que le maten. El analista me dice: “Usted es ese joven”. Entonces esta identificación cae y aparece otra cosa. Me dice: “Usted tiene que arreglárselas con algo masivo”, y ahí pone su cuerpo, hace un gesto, presta su cuerpo para decir hasta qué punto “la cosa era masiva”. Habrá muchos gestos en este análisis y mucho del cuerpo en juego. Esta “cosa masiva” con la que tengo que arreglármelas, él la sitúa fuera de mí, pero está claro que esta “cosa masiva” está en mí. Es decir que es mi goce lo que es masivo, él lo pone en el exterior y me permite visualizarlo. Al representarlo ya no es más una historia de significantes, es una historia de cuerpo. Carmen Cuñat: Con este trabajo que se va haciendo en torno a la opacidad del goce, de este goce masivo se pasa a los objetos pulsionales, la mirada y la voz en este caso, también el objeto oral al final. Hay una pregunta de Araceli Fuentes en relación con los objetos pulsionales, sobre si el estilo pulsional ha marcado sus idas y venidas en el análisis. Patricia Bosquín: Acerca de la cuestión pulsional. Todo transcurría en torno a la identificación, construcción, desciframiento, la novela familiar… Entonces, en este análisis todo lo que es construcción, desciframiento y sentido, es barrido. ¿Cómo? Esta es la operación analítica: no hay tiempo para hacer asociaciones, para volver sobre la historia infantil, se terminó, es el corte. Son sesiones ultracortas. El analista con su acto provoca la urgencia y el cese del sufrimiento. Es un tramo del análisis que va a transcurrir bajo esta modalidad de la urgencia y no como el “run-run” de las sesiones psi-

“Estaba curada, era un punto de conclusión” coanalíticas dos veces por semana. Es otro estilo de analista, con quien va a despejarse el lado pulsional. Lo que va a aparecer es que “yo trago el drama”. Él va a hacerme vislumbrar que “yo como drama” desde mi primera infancia. En un momento dado me va a decir que soy una boca que come todo, que soy la primera tragona de emociones encontrada en la clínica. Todo lo que pasa es absorbido bajo este modo pulsional. Lacan dice que la pulsión son las huellas del decir en el cuerpo, y yo escuchaba el drama materno. Son dichos, palabras absorbidas. En el fondo ese era mi estilo, un estilo dramático que yo incorporaba, pero no sabía que 46 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

era mi estilo. Había constatado en mi primer análisis que hablaba siempre llorando, averigüé de dónde venía ese dolor y este analista me dijo: “Es eso. Usted es eso”. Esto tuvo su efecto, que podemos enlazar con una pregunta que concierne al significante nuevo. Silvia Nieto: Si tenemos en cuenta que la satisfacción en el fin de análisis indica que se llegó a trazar otro borde entre el padecimiento y el funcionamiento del síntoma, y que este nuevo uso viene a ser nombrado por un significante nuevo, en su testimonio hay un punto donde señala que no estaba satisfecha, aun habiendo finalizado. ¿Se podría pensar que habría cercado el significante del goce, pero no inventado un significante nuevo? (nuevo en tanto hacer resonar el goce al antiguo uso, el opaco y su nueva disposición). Le hago esta pregunta ya que hay testimonios que dan cuenta del nombre de goce, nombrando así el sinthome, y en otros parece haber una vuelta más “inventando” un significante nuevo. Patricia Bosquín: Es una pregunta muy interesante, después volveré sobre la cuestión de por qué di una vuelta más. Lo que es interesante es que usted dice: “un borde entre el padecimiento y el funcionamiento del síntoma”, que este uso nuevo del síntoma es nombrado por un significante nuevo. El significante nuevo es la interpretación del analista. En todo caso ahora voy a hacer una pequeña parte teórica, pero ya que me han plateado esta pregunta he vuelto sobre el texto, particularmente sobre la manera en que Jacques-Alain Miller traduce lo que Lacan trae en L’Insu (Seminario 24). Miller dice que la llamada a un significante nuevo es la llamada a una interpretación nueva. Una interpretación que no añade nada del lado del sentido, sino que hace agujero en el sentido y que añade un vacío. En relación a su pregunta, esta interpretación: “Usted es la primera glotona de emociones encontrada en la clínica”, es la interpretación más importante, la que va a conducirme al final del análisis, en el sentido en que esta interpretación hace un agujero. En primer lugar simplemente en lo experimentado en el cuerpo: salí de esa sesión como si me hubieran arrancado un trozo. Salí con un agujero, algo extraído, como si les arrancan un diente. Es algo difícil de explicar, pero lo que produjo es ese efecto de goce. Nunca nada volvió a ser como antes. Esta interpretación quedó como un borde, una huella, un tatuaje. “Usted es la primera glotona de emociones”, se escribe y después ya no se pueden tragar emociones como antes, se para antes porque hay un borde y se sabe cuando se franquea porque después del análisis ya no se goza como antes, en todo caso hay una nueva alianza con el goce. Primero uno se reconoce en ese “eso”, “yo soy eso”, eso que goza. Y eso que goza, cuando es nombrado, está al mismo tiempo en el exterior de uno mismo, es íntimo y exterior. La identificación al síntoma quiere decir que hay un nuevo manejo de la cosa que Lacan toma en ese mismo Seminario 24 cuando habla del manejo del síntoma y lo compara con


Pase la manipulación de la propia imagen, es decir cómo se cuida su imagen. El síntoma es así, lo sabemos. Eso es lo que se gana en el análisis: una distancia. Pero no se termina ahí, el análisis continuó, uno no deja al analista así como así. Santiago Castellanos: ¿Eso se debe al atravesamiento del fantasma? Patricia Bosquín: No, porque el síntoma no se atraviesa. El pase de hoy no es el pase del 67. Ya no es el pase del guerrero aplicado, metáfora que Lacan emplea para el pase del 67. Entonces el sujeto aislaba el objeto que le

“¿Qué ha ocurrido con el goce? ¿Ya no hay más?” completaba. Puesto que el sujeto es un sujeto tachado por el significante, se reconoce en un objeto, pero ese objeto está agujereado, hueco, alrededor del cual gira la pulsión. El atravesamiento del fantasma es reconocer eso y dejar todo eso de lado. Releí “El guerrero aplicado” y Jean Paulham dice que es el soldado que ya no tiene angustia, ni emociones, ni pasión y que, en el fondo, actúa, con desapego y eso ya no es el pase de hoy. Hoy ya no se plantea como atravesamiento. No se sale del síntoma, nunca. Por otra parte un día le dije a mi analista “yo quisiera salir” –al segundo analista- y él respondió “usted no saldrá nunca”, lo que fue horrible. Es decir que no se sale. Es más bien una nueva alianza con el goce. Intervine en Rennes en las Jornadas de la Escuela y hablé de esta interpretación. Miller, que animaba la Mesa de los AE, me planteó esta cuestión: “¿Entonces, ahora usted está anestesiada?”. En absoluto. Lo que se despejó en esa discusión con Miller es que en el fondo yo tenía un inconsciente muy vibrante y que eso será siempre así, sólo que con menos estrago, menos doloroso. Pero también soy así, apasionada, vibrante, vibro con lo que se me dice. Lo que aislé al final del segundo análisis es que había ido a hacer vibrar al analista. Era necesario que el Otro vibrase con mis lágrimas y es eso lo que constituyó el final de ese recorrido analítico, antes de que volviese. Después de esa historia de tragar las emociones ya no tenía nada más que decir. No tenía dramas que contar, me vacié, y había una especie de silencio de los dos lados, de mi lado y del lado del analista. Era horroroso ese silencio, y entre dos sesiones tuve vértigo. Sólo tenía eso que decir. En la sala de espera –entre las dos sesiones- me preguntaba qué le voy a contar y, una vez ya en el diván, sólo tenía esa historia del vértigo. Le dije que había perdido el equilibrio en la calle entre las dos sesiones y ahí el analista gritó: “¡Es eso!, Vértigo!”. Fue un momento muy fuerte y me di cuenta, tuve una 47 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

Caballo griego, Foto de Andrés Borderías, 2010

gran angustia del vacío, y este vacío venía a rellenarlo con mis lágrimas. ¿Qué es ese vacío? Es el vacío de La mujer, el vacío femenino, no hay nombre, no hay nada. Una mujer tiene que arreglárselas con ese vacío. No hay nombre, no hay La mujer y a esa falta de nombre yo había respondido: “pues bien, yo seré una mujer que llora”. Esa elección la había hecho siendo muy pequeña. En la primera infancia ya intentaba hacer llorar a mi abuela diciéndole que me iba a morir, que tenía una enfermedad grave. Ya era una niña pequeñita a la que le gustaban los dramas. Y ahí fue el final. Ahí es donde me di cuenta que yo iba al análisis a hacer vibrar al analista. Fue el fin e hice el pase, porque el pase era el vacío de nuevo. Lanzarme, ponerme a hablar, e hice el pase. En ese momento, mi función como Presidenta de la Escuela en Bélgica me aseguraba una función fálica. Mientras que esa función no terminó la cosa iba bien. Después, ya no tenía apoyo fálico. Vacío. Y volví a ver al analista. Es el fin del recorrido, el Epílogo. Carmen Cuñat: Hay dos preguntas sobre la cuestión del saber hacer con el sinthome y también en torno al deseo del analista. Leyendo el texto me había parecido que Patricia daba una primera respuesta a ambas. En relación con la cuestión del deseo del analista, a raíz de su análisis, ella deja de trabajar con niños autistas, niños muertos para la palabra. Luego con respecto al silencio, una vez extraído ese goce oral, glotón, Patricia cambia, se alivia la exigencia de hablar al otro, aparece un nuevo deseo que ella no nombra, pero yo le pregunto si se refería al deseo del analista.


Pase Patricia Bosquín: Efectivamente, a partir de la extracción de ese estilo pulsional algo se modifica en mi práctica. Es una nominación, más bien, de estilo pulsional. Algo se modifica completamente en la práctica. Hacía doce años que me ocupaba de niños autistas y pude pasar a otra cosa. Desde el momento en que fui designada Pasadora yo atendía como analista y pasó algo en mi práctica, que en el fondo fue algo un poco radical. Yo tenía un estilo compasivo, con el sufrimiento de las mujeres, compasión con los niños devorados por la madre. A partir de esa interpretación me volví un poco más inhumana. Inhumana pero no en la acogida. Sabía que el “eso sufre” es “eso goza”, porque eso había pasado en mi análisis. No hubiese podido imaginar que el sufrimiento era un goce, y es en el análisis mismo donde encontré ese punto terrible. El encuentro con el deseo del analista es el encuentro con ese punto inhumano del analista, en que mi analista me pilló en una actitud gozante. Esta inhumanidad del analista es lo que le lleva a uno a su guarrería. Ahí supe lo que Lacan dice en el Seminario XI del deseo del analista, que mantiene separado el “I” del “a”, yo lo sentí. Pienso que uno se vuelve analista cuando se ha encontrado ese punto. Carmen Cuñat: Hay algo que dices, también, en relación con un saber hacer con el síntoma. Encuentras un saber hacer con el silencio del Otro y al mismo tiempo, un uso más vivo de la pasión. Patricia Bosquín: Arreglárselas con el síntoma es arreglárselas con la pasión, poner eso al servicio de una causa. Eso sirve para algo más que para llorar sobre la castración femenina, porque en el fondo es eso. Se puede hacer otro uso de la ausencia de significante. Eric Laurent lo dijo en Rennes retomando el testimonio de otro AE: no hay última palabra en un análisis, y ese “no hay” es el punto en el que se termina un análisis, es lo que Lacan llama S de A tachada, hay una afinidad de la posición femenina con S(A Tachada), no hay palabra que diga La mujer, no hay última palabra en el análisis, el Otro es incompleto e inconsistente y el momento

“El analista con su acto provoca la urgencia y el cese del sufrimiento” del fin del análisis es eso. Eso fue el final para mí y se manifestó en que me quedaba un síntoma del que sufría: una sensación, una angustia de ser dejada caer, ya fuera abandonada por el partenaire amoroso ya fuera de mi función de responsable, yo no lo vivía bien. Entonces volví al análisis con ese resto y fue un sueño lo que me puso en la vía del final, ese sueño ponía en escena el Otro primordial, la madre, que abandona a sus hijos, a su marido. En ese sueño yo llamo a mi madre, que responde con desenvoltura. Había en ese sueño algo que no podía 48 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

nombrarse ni decirse de ese punto insoportable para el sujeto y en la sesión el analista aisló un recuerdo infantil que nombró como un trauma. El recuerdo es muy sencillo: iban a hacer un viaje de vacaciones en coche, la madre había escogido entre sus hijos, entre su hija y sus hijos varones y le había dicho “no hay sitio para ti”, sólo había lugar para cuatro, debía dejar a uno. Y esa fui yo, así que fui descartada. Este recuerdo había aparecido ya en el primer análisis y lo que tuvo de particular esta vez fue que el analista lo aisló como un trauma y dijo ¡es eso! Usted fue dejada por una madre un poco loca que no sabía lo que decía y que dijo: “no hay sitio para ti”, una madre que no sabía lo que hacía al decir eso y en el fondo eso volvió la cosa absolutamente contingente. Esta historia de “dejar caer” es una historia de desenvoltura e inconsistencia del decir materno. Esa historia en la que yo me había amparado y que se constituyó en trauma, se construyó en dos tiempos, yo era la mayor de tres hermanos, pronto dejada de lado por la madre que tenía que ocuparse de dos chicos. Todo eso se volvió una historia absolutamente contingente y el drama se vació por completo, se desactivó y entonces pude comprometerme con el pase porque ya no se trataba de que me dejaban caer al vacío. De este modo se presentó para mí el fin del análisis y la decisión de hacer el pase, inscribir eso en el Otro de la Escuela y hacerlo servir. Carmen Cuñat: Quizá podemos decir que el final del análisis trae consigo la razón última del estrago materno que en este caso estaba taponado por el amor al padre. Patricia Bosquín: Si efectivamente, el no todo de la madre aquí se trata de la madre que ama a los hombres, que ama el Falo y eso yo lo interpreté como que me dejaba caer, es mi interpretación del deseo de la madre: amar el Falo es igual a dejarme caer. Araceli Fuentes: Pero ¿esa no es a su vez una interpretación en el registro todo fálico: fuera del falo no hay nada? Patricia Bosquín: Había el lado fálico y también el lado de la desenvoltura materna, una forma de decir brutal a la que Lacan se refiere cuando habla de la impudicia de las mujeres, algo loco. Ella era así, loca, una mujer que lloraba mucho pero también una mujer muy enamorada de su hombre y una mujer que podía utilizar palabras torpes o brutales. Araceli Fuentes: Mi pregunta es sobre la feminidad al final del análisis, la extracción del objeto permite confrontar a una mujer con S(A tachado) pero los hombres también se tienen que confrontar con S(A tachado) en su recorrido analítico, ¿Cuál es entonces la particularidad del análisis de una mujer? Patricia Bosquín: Para mi S(A) tachado, tenía que ver con lo ilimitado de la demanda de amor, que pide palabras sin fin. El partenaire queda KO con eso. Entonces lo que hace de límite en el análisis de una mujer, lo que hace de borde a lo ilimitado es el objeto. A partir del


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Cortesana con florero, Hokusai Katsushika, Library of Congress, 1760-1849

momento en que es aislada en el análisis la exigencia pulsional de hacer hablar al otro, eso hizo de borde a lo ilimitado del goce femenino. Oscar Caneda: Su análisis comienza con el pánico en la escena, ¿qué ha quedado del teatro para usted? Patricia Bosquín: ¡Hay en todo esto un lado muy teatral!, decir el testimonio, hablar en público. Lo que me pasó en el teatro es que me encontré con un agujero en el texto y quería desparecer. Lo que me ha pasado hoy al venir a España es algo que no me había pasado nunca, tenía sus preguntas, las preguntas que ustedes me habían enviado pero al llegar me di cuenta de que había olvidado los papeles, mi carpeta estaba vacía, es la primera vez que me sucede. Andrés Borderías: Usted habló del vértigo, habló de un vacío del lado femenino, mi pregunta es si se trata de un vacío o del recubrimiento de dos vacíos, el de la falta en el Otro y el de la falta del significante de la mujer, ¿cómo diferenciarlos? Patricia Bosquín: Es una cuestión lógica, no tengo la solución, lo pensaré. 49 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

Marta Mora: Mi pregunta es sobre la escritura y el pasaje del drama a lo cómico. Patricia Bosquín: Hay un lado de parte del analista que es “escríbame eso”, los sueños, las asociaciones, etc. Para mí el pase hoy pasa por la escritura, por eso su pregunta me parece interesante, el pase pasa por lo que escribí sobre los puntos sensibles de mi análisis, el pase participa de esa escritura de borde, una escritura cuyo recorrido hay que volver a hacer. “Escríbame eso” implica que cuando eso se escribe, se deposita. Rosa Navarro: Muchas gracias a Patricia Bosquín por su interesante trabajo de hoy con nosotros. Carmen Cuñat: Sí, realmente su intervención nos ha despertado interés y muchas preguntas para seguir trabajando, gracias.t

LA AUTORA Patricia Bosquin. A.E. Psicoanalista en Bélgica. Miembro de la ECF y la AMP. Email: patricia.caroz@skynet.be


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Inter feces et ...vocem natus (II)*

Textos: Carmelo Licítra Rosa Imágenes: Library of Congress, León Ferrari, Marco Caneda *Texto original del autor.

La escritura me permite desarrollar aquí ciertos aspectos de mi primer testimonio público como A.E. que ha tenido lugar en Bolonia a finales del mes de mayo de 2007, aspectos que, por razones de síntesis habían sido demasiado rápidamente abordados. Este texto hace serie con un texto precedente publicado en la revista Freudiana 1. Preámbulo: la debacle Dispepsia, ideas obsesivas y astenia. Este cuadro sintomático se estable en 1983, justo en el momento que el sujeto trabajaba con todo el entusiasmo y el ardor de sus 16 años, para poner a punto un coro municipal que se inició bajo su dirección. De golpe, esta existencia exuberante que había desarrollado sin obstáculos éxito tras éxito, se vio reducida a caer bajo el peso de una pesada carga, refractaria a todo tratamiento médico. Un buen encuentro puso fin en 1987, a la ardua búsqueda de un analista. Gracias a resultados terapéuticos tangibles, el sujeto pudo reemprender sus estudios y sus actividades, que el sufrimiento había limitado fuertemente. Al cabo de seis años, el analista le indica que no va a poder seguir atendiéndolo, invitándolo a seguir eventualmente su análisis en el Campo Freudiano, que el analizante ya frecuentaba asiduamente. De hecho, aunque los síntomas eran menos agudos, la angustia, 50 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

por su parte, había aumentado a niveles insoportables. No le quedó más que retornar inmediatamente un análisis. Organista, cantor, orador y actor ultra precoz: una vez que levantó el telón del segundo análisis, las figuras en las cuales se había encarnado su libido vocal desfilaban en secuencias rápidas. Una cabalgata que culminaba con las notas de la Traviata, una ópera demasiado querida para no despertar sospechas... pero, ¡por supuesto! ¿Por qué seduce Alfredo a la Dama de las Camellas por encima de los otros aspirantes? Por la brillante textura vocal de su Brindisi, podríamos responder con Verdi, a falta de Dumas. Y de hecho, bajo su aspecto austero y su aire acompasado, se descubre seductor refinado, impenitente, del Otro. Más, al mismo tiempo, debe admitir, con Dumas, que el ideal de sacrificarse por el Otro, en lugar de hacer existir la relación sexual, lleva in extremis al resultado contrario, a saber, a la imposibilidad del mismo. Entonces: seducción

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sacrificio¯ imposible

-„

donde lo vocal trasviste lo anal.


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Nuestro bebé, Library of Congress

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Pase 1. El sacrificio, revés de la seducción Es en este matema donde se detenía la contribución precedente. El descubrimiento del sacrifico como verdad de la seducción, a la que el sujeto llega con el análisis de la Traviata, es un momento crucial, en la medida en que permite a la novela familiar, en parte desplegada en el primer análisis, ser retomada a la luz de la lógica del sacrificio, permitiendo un anudamiento que es una rectificación, y haciendo precipitar un primer nudo de verdad. Sí, la verdad. Ella “parece sernos extranjera, yo entiendo nuestra propia verdad. Ella está con nosotros, sin duda, pero sin que ella nos concierna que se quiera bien decirla. Todo lo que se puede decir (...) es que no somos sin ella. Litote de eso, en suma, de estar a su altura y bien, pasaríamos de ella” 2. Un pensamiento, inducido por el significante sacrificio, sobre el cual se había producido un corte de sesión, permite hacer la conexión. La vez siguiente el analizante comienza diciendo: “Yo también sacrificaba mis vacaciones de verano, yendo a ayudar a papá en la tienda...”. Fin de la sesión. La sesión siguiente él continúa:.. “Para dar placer a mamá”. En ese momento la implicación subjetiva comienza a superponerse, mientras que la dimensión del Otro, de la cual hasta ese momento no había comprendido nada más que el lado de ficción, se retoma desde el punto de vista estructural. La madre deseante era su tormento; cómo apaciguarla, era su objetivo: ajustarse escrupulosamente a sus consejos, su especialidad, y satisfacer sus exigencias, su talento. Él había tenido que desarrollar esta habilidad de maniobrar con ella porque su padre lo había abandonado a su merced, no habiendo sabido ocuparse él

“¿Qué había que mirar en el fondo del cajón?” mismo. Le tocaba entonces al hijo hacer lo que el padre no había sabido hacer. Le tocaba remediar las carencias del padre, origen de las inquietudes de la madre. Su extraordinaria capacidad de trabajo, su abnegación, su sacrificio son las marcas de una vida enteramente tomada en un síntoma que se puede articular como: colmar a la madre, remediando las insuficiencias del padre. Insuficiencias que ahora se manifestaban en dos órdenes. De un lado, la insuficiencia del padre le reenvía a su trabajo o más bien a la inercia con la que él asiste impotente al declive de su actividad, que había heredado de su propio padre. De otro lado, la insuficiencia reenviaba al detalle, ahora valorado, de la habitación donde se acostaban sus padres, cuya puerta estaba siempre abierta, inclusive por la noche. ¿Puede ser que no hubiera allí nada que ocultar, porque allí no pasaba realmente nada? 52 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

Su vida, como un síntoma, está completamente atrapada entre Escila y Caribdis, entre el Deseo Materno de la inquietud y el Nombre del Padre de la insuficiencia. 2. Las sutilezas de una dialéctica con el Otro Pero la madre no es más que el prototipo del Otro del Deseo que podía cruzársele, bajo diferentes formas, sobre el camino de su vida. De la misma manera, todos sus esfuerzos -ser sabio, culto, perfecto, excelente, etc.no son más que las maniobras destinadas a hacer colección, en una exhaustividad imposible, de todos los significantes necesarios para obturar la falla angustiante del Otro y protegerse de un Otro supuesto no barrado, obteniendo con ello protección y garantía. Además, se da cuenta ahora de que el síntoma, y solamente el síntoma, había sido lo que le había permitido obtener los éxitos escolares considerables que había cosechado. Estar por delante de los programas de estudio, leer de todo, asimilar y memorizar cada cosa, eran maneras o más bien la única manera, de tener siempre algo aparte, algo con lo que poder responder al acoso y a la impertinencia del Otro con el fin de satisfacerlo o sorprenderlo. Un otro sorprendido es siempre mejor que un otro insatisfecho. En este sentido, su manera curiosa y decididamente inhabitual de proceder en la preparación de los exámenes universitarios es elocuente. Su ritmo de trabajo era inversamente proporcional a la proximidad del examen. Más próximo estaba el examen, más le paralizaba la inminencia del deseo del Otro, claramente expresado en la cuestión: “¿Qué me preguntarán?”. Estaba, por lo tanto, constreñido a organizarse de la manera siguiente. Estudiaba mucho al principio, cundo el examen estaba aún lejos. De esta manera, terminaba rápidamente el programa, que podía así repetir varias veces, teniendo todo el tiempo para asimilarlo. Cuando se aproximaba el plazo, el ritmo del trabajo se reducía progresivamente, hasta cesar completamente en la semana que precedía al examen. No pudiendo entonces estudiar más a causa de la angustia que lo abrumaba, se dedicaba a visitar exposiciones y museos. Le vienen a la mente, primero, una pequeña crueldad infligida por un primo más mayor que tenía que ver con el acto de orinar; después, un recuerdo de infancia, en el que está sentado en el baño con su madre cerca de él que le pregunta: “¿caca o pipí?”, respondiendo sin elegir: “Los dos”. Este modo de dedicarse a la madre y más generalmente en esta abnegación cara al Otro, se percibe plenamente cómo el símbolo del don, prevalente en la esfera anal, convertido en don de amor por excelencia, es cuidadosamente utilizado en la dialéctica con el Otro de la Demanda, donde el empuje de la respuesta anal suple al -„ angustiante del deseo del Otro 3. Un giro importante sobreviene cuando se da cuenta de la sutilidad con la que la lógica obsesiva se declina en la particularidad de su historia. El deber para con su madre, que viene siempre en primer lugar, debe ser cumplido hasta el final con la esperanza de poder liberar un pequeño espacio propio y poder así consagrarse finalmente a eso que le deleita, un espacio para


Pase la puesta en juego del objeto voz, es decir, fundamentalmente para la música y el ars oratoria. Allí se concentran sus intereses, allí se sitúa el epicentro de su deseo. Pero ahora siempre es impedido o retrasado, porque primero debe cumplir todos los deberes prescritos por la Demanda del Otro, en particular del Otro materno. Que se trate de deberes escolares o de la obligación materna sin réplica posible de trabajar durante las vacaciones de verano, distrayéndolo de su interés eclesiástico y así ganar lo suficiente para pagar sus propios estudios; o bien mucho mas tarde, sus obligaciones ligadas a su estado militar, a cuya carrera se había entregado; y bien, todas esas obligaciones, y otras más las cuales él debía cumplir, impedían su deseo o le impedían dedicarse completamente y sin interferencias a sus ocupaciones parroquiales favoritas, es decir, en definitiva, a los cuidados y al ejercicio de la voz. Se reconoce en esta dicotomía la transposición, en la Demanda, del deseo irreductible -como en los ejemplos memorables del Seminario V 4, que, de hecho, vuelven a proponer lo que ya había sido articulado en “El mito individual del neurótico” 5. Lacan pone ahí en evidencia la imposibilidad de hacer coincidir la deuda del deseo con la deuda social, es decir, finalmente, la imposibilidad de pagar la primera con la moneda de la segunda. Si es cierto que se puede reconocer en una hoja “los rasgos de estructura de la planta de la que se ha desprendido” 6, he aquí otro ejemplo particularmente evidente: si nuestro sujeto veía en el periódico una noticia que llamaba su atención, no podía leerla sino después de haber pasado por todas las demás noticias, que su exigencia de completud no le permite ignorar, aunque no presenten para él ningún interés. Y cuando él obtiene un éxito al realizar un objetivo (disfrutar de una fiesta religiosa u obtener un resultado escolar) tenía la impresión de que la satisfacción que obtenía era siempre menos intensa que aquella experimentada anticipadamente durante los preparativos: en definitiva, el domingo era de hecho menos atractivo que el sábado -como en “El domingo de la vida de Raymond Queneau” 7 - de suerte que al final le parecía que más valía pensar en los preparativos del domingo siguiente con más pompa aún... y así al infinito. Era, en el fondo, con la misma lógica con la que había pasado del pequeño coro de la parroquia al gran coro polifónico de la ciudad. La “sed de falta de goce” 8 desencadenaba la búsqueda incesante, con la ilusión de poder llegar a atrapar un goce pleno, excepto que esta tendencia una vez más sigue las líneas de ese mito individual donde el sujeto no hace más que continuar su propio goce, pero solamente para fallar. La insatisfacción de los eventuales raros momentos de completud era, en efecto, acompañada de fantasías de enfermedad, molestias con las deposiciones y vómitos, fantasías que aparecen inmediatamente antes o después de llegar al fin, conforme a la estructura del fantasma en el que el sujeto, en el momento de la máxima división, que es también el momento de realización máxima, se eclipsa (fading) en la gloria del objeto, en este caso del objeto anal 9. 53 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

Nuestro bebé, Library of Congress,

3. El síntoma en la estructura Entender cómo todo esto entraba en la necesidad de la estructura ha contribuido a rasgar un velo. Su síntoma había aparecido en un momento muy especial, había sido incluso, en cierta manera, condicionado. El verano del año 1983, por primera vez después de tantos años, su madre lo había exonerado de la obligación de ir a trabajar. Eso significaba que el festín de la voz finalmente iba a ser accesible, y el muchacho con coherencia, saboreando lo que le esperaba, había tratado de aproximarse, preparando la grandiosa empresa del coro polifónico. Pero he aquí justamente que el síntoma, que ejercía de hecho la misma función de límite que la ejercida hasta ese momento por la imposición materna, hace irrupción, para arruinar la fiesta. Sorprendido, constata que el síntoma remplazaba claramente la obligación maternal de trabajar en el momento mismo en que se detenía, aunque sólo fuera porque le obligaba a retomar el trabajo, recurriendo a las estrategias que podían aliviarlo (dietas, horarios de comida, cálculo de los tiempos de digestión, consultas, medicamentos y tantos otros), en detrimento de los placeres de la voz. Justamente en el momento en que la imposición desaparecía, por un giro del destino, como un fénix que renace de sus cenizas, surgía otro obstáculo que volvía a hacer igualmente inaccesible la fiesta del deseo, que era así impedido y pospuesto indefinidamente. Casi en el mismo momento, él, que nunca había fumado, se encuentra afectado de una faringitis catarral crónica (un rasgo del padre, que era un fumador empedernido)-idiopático (es decir, sin causa) le diagnostican los médicos- y que, como un residuo, mancha


Pase el timbre cristalino de la voz e imprime un vulnus 10 irreversible en la emisión de los sonidos. Se da cuenta igualmente -y es un segundo tiempo de rectificación- que el síntoma gástrico, nudo de todo su malestar, no es más que la instancia de un significante materno, un significante especial, la fragilidad del estómago, rasgo distintivo de la madre desde siempre (y del padre de ella), en oposición a su padre, que tenía al contrario un estómago de hierro, un curioso eco de la especialidad de su trabajo. En efecto, “la constelación del sujeto está formada en la tradición familiar por el relato de un cierto número de rasgos que especifican la unión de los padres” 11. Y es evidente que trabajar para remediar esta debilidad de estómago -al punto de orientarse hacia los estudios de Medicina- se había convertido en la mejor manera de realizar la sustitución del significante estómago de hierro (N.P.), apoyado y fortalecido a través de sus buenos oficios, por el significante debilidad de estómago (DM), una sustitución que -como lo precisa Jacques Alain Miller en su seminario de “Política lacaniana” 12 - adviene siempre en el neurótico con un margen de incompletud. En definitiva, era la mejor manera para favorecer una unión armónica entre su madre y su padre. El síntoma es verdaderamente uno de los Nombres del Padre 13. Ahora piensa en un viejo sacerdote, un personaje importante, influyente y con autoridad, de una cultura extraordinaria en las lenguas antiguas, al que debe un gran número de sus conocimientos y que se había constituido durante largo tiempo en una de sus referencias ideales. Se trataba de alguien extraño y despreciable, más bien extravagante, a la vez devoto y rebelde – encarnando como tal una excepción- cuya singularidad era tanto más valorada cuando que estaba muy enfermo del estomago, una enfermedad irreversible que, según él, comenzó a manifestarse a la muerte de su madre. En ese caso igualmente, una forma de falta en la madre dejaba como herencia un signo inextirpable sobre el cuerpo. Sin ninguna duda, su vida toda entera es un síntoma, y el síntoma en el que se había quedado atrapado, le aparecía como el destilado, la quintaescencia de toda una vida sintomática. Es pues la dialéctica Demanda/deseo, con el correlato de la voluntad de reabsorber enteramente el deseo en la Demanda- dialéctica general pero declinada en las formas particulares que acabamos de ver- la que constituye el camino por el cual su vida ha transcurrido desde siempre, y que es posible de sintetizar como un servicio rendido al Otro maternal. Las explosiones repentinas y paradojales de un deseo imposible encontraban su lugar, como debe ser en esta estructura, como las transgresiones en la clandestinidad o la violación sistemática de consignas de guardar el silencio que el Otro le imponía. En un sueño, el deseo sexual aparece peligrosamente, al punto de amenazar de muerte a su partenaire 14. Esta vida-síntoma, enteramente suspendida del hilo de la Demanda del Otro, con el objetivo de pacificar a la madre, tiene al mismo tiempo como finalidad sostener al padre, casi como si el sujeto fuera un mensajero en la difícil tarea para hacer frente a la madre. 54 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

Sí, sostener al padre: aquí se inscriben las fantasías de nobleza, rayando en lo ridículo, y el deseo patético de un padre todopoderoso, como cuando sueña con un poderoso cardenal, director de su colegio, en el momento en el que saca de su cajón un par de pantalones para regalarle a su padre. “En efecto, la imagen del Padre ideal es un fantasma del neurótico. Más allá de la Madre, Otro real de la demanda del que querríamos colmara el deseo (es decir su deseo) se perfila la imagen de un padre que cerraba los ojos sobre los deseos. Por lo que es aún más marcada (...) la verdadera función del padre, la de unir (y no de oponer) un deseo a la ley. El Padre deseado del neurótico es claramente, como se ve, el Padre muerto. Pero también un padre que sería perfectamente el amo de su deseo, lo que valdría también para el sujeto” 15. Con su neurosis pues, él sostenía al padre, pero de una manera particular, propia de su constelación significante: él le superaba y al mismo tiempo no lo superaba. Superarlo en la demanda se convertía en coartada para no superarlo en el deseo, es decir una excusa para ese extraño mecanismo que le bloqueaba el acceso al objeto voz. En esta no superación, hay la impotencia. Impotencia que conmemoraba la del padre, más exactamente la impotencia de su deseo tanto con los requerimientos de su mujer, como con las expectativas de sus parientes próximos, es decir las tías y la abuela. De manera que el síntoma del joven muchacho, haciendo coincidir con cuidado, según las leyes de la estructura, la eficacia de la Demanda (anal) y la impotencia del deseo (la voz), era el medio de superar (en la Demanda) y a la vez encarnar (en el deseo) el fracaso paterno, no sin aportar a este fracaso del deseo una justificación: a saber, el hecho de someterse a la Demanda implicaba tareas tales que hacía imposible lograr sostener al mismo tiempo el deseo. Justificación en la que se puede leer la pasión que anima al neurótico, justificar su propia existencia por la falla del Otro 16. 4. Una cuenta a saldar Después de un tiempo, comenzó a atender como analista. Más precisamente, él recibía pacientes como psiquiatra, principalmente en los dispensarios de la Universidad y sólo ocasionalmente en privado; durante su segundo análisis la escucha psiquiátrica se transforma, de forma natural, en escucha analítica. Como resultado de su mejora en las finanzas, manifiesta a su analista su intención de reducir la deuda que había acumulado hasta ese momento. Pero, para hacerlo más rápido, le propone una mayor participación que la convenida al principio, de manera que el montante global de la sesión era sensiblemente superior a lo que él pagaba hasta este momento. El analista no parpadea pero, por un destello en sus ojos, el joven palidece, entiende que, con esta propuesta temeraria, el precio de la sesión será elevado, no solamente hasta la extinción de la deuda, sino de manera permanente, al nivel que él mismo había fijado. Así, si su intención había sido acelerar el cierre del agujero en el Otro, es decir, reducir la deuda que aumentaba con el tiempo, para poder al fin estar tranquilo, ahora, a causa de su desgraciada impaciencia


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Sin título, Marco Caneda, 2011

de siempre, se encontró por el contrario con un agujero aún más grande que antes. En definitiva, el agujero de la deuda que quería cerrar rápidamente se había convertido en un agujero mayor, y el precio de sus sesiones había aumentado de manera permanente. Es invadido por la angustia, cuya mordedura le atenaza durante un cierto tiempo. Incuba momentos de cólera con el analista intercalados con un sordo resentimiento. Para aliviar la tensión y distraerse un poco, decidió organizar un viaje de Semana Santa a Viena con su mujer. Para la última tarde ha planeado una visita a la casa-museo de Freud, en el 19 de Berggasse. Durante los cuatro días de su estancia en Viena, padece una constipación intestinal persistente, como le sucede cada vez que está de viaje. Atravesando con emoción el umbral de la Berggasse, pasea fascinado por las habitaciones, consciente de que se encuentra en esta especie de santuario en el que el genio freudiano “ha elaborado su heroica obra” en soledad 17. ¡Ay!, pero ¿qué sucede? Tiene un dolor agudo en el estomago... ¡Oh Dios mío!, ¡necesita un baño! Pero es domingo de Pascua, los cafés de los alrededores están todos cerrados...se lanza al vigilante del museo, 55 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

suplicándole que le indique donde están los baños. Este le responde que no hay baños para los visitantes, pero que en casos extremos se pueden utilizar los servicios reservados al personal del museo: “Usted sabe, es el baño de Freud, no lo abrimos al público”; “¡Pero mi caso es un caso extremo!” - responde él angustiado. Cuando hubo terminado, se dijo - textualmente- “¡que había vaciado su intestino en el gabinete de Freud!”, frase donde resuena inmediatamente el doble sentido del término gabinete que en italiano indica a la vez el baño y la consulta. Se rió de buena gana de la idea de haber tenido que venir hasta Viena con el fin de llenar con el objeto anal el agujero insoportable, arreglando directamente con Freud la cuenta abierta con el analista. La risa barrió los sentimientos hostiles que habían perturbado la transferencia. El análisis de este episodio da libre curso a toda una serie de rituales, puestos en acto desde siempre, para conjurar tanto las deudas como la falta de dinero, dos situaciones que despiertan en él la angustia por la falta que ellas presentifican. Sin contar el hecho que, quedarse sin dinero o tener que dárselo a alguien, materializan automáticamente el riesgo concreto de tener que dejar


Pase Roma - que aseguraba una separación geográfica con la madre- y el psicoanálisis. Pero, el dinero, único apoyo de esta separación precaria, le venía de una beca que, para ser mantenida, exigía la puntualidad en los exámenes y obtener altas calificaciones, exactamente lo que sus problemas hacen que sea extremadamente difícil. ¿Tal vez su malestar era el que lo conducía inexorablemente al desastre que le horrorizaba? Además, su madre quejándose a menudo por teléfono nunca había dejado de esperar en Sicilia su retorno. ¡Horror! a lo sumo habría regresado con un coche fuera de serie para mostrarle los alrededores, como en un sueño: una ambivalencia aún no resuelta entre alejarse su madre y continuar siendo el falo. 5. Levantar el velo del fantasma El falo. Si. El falo para el Otro. Llegado hasta este punto, el análisis se estanca un poco, girando varias veces alrededor del binomio Demanda/deseo, como si el exceso que trataba de atrapar, fallara a cada vuelta. Hasta el día que el analista lo lleva, después de una larga sesión, sin decir una sola palabra, a un mueble con cajones y lo invita a mirar en un cajón repleto de viejas cartas amarillentas. Después siempre silencioso, lo despide. ¿Qué había que mirar en el fondo del cajón? A la mañana siguiente, al despertar, un pensamiento se le impone: tal vez era necesario revisar el análisis precedente. Así comienza una fase caracterizada por la repetición bajo una luz diferente, es decir bajo la luz de la estructura, de un material aparecido en el primer análisis. En efecto, los temas que habían sido tocados allí, esperaban ahora ser revisados, siendo el primero la sexualidad. La sexualidad había aparecido en el discurso analítico a propósito de la división subjetiva que había marcado su adolescencia. En esta época él se sentía superior a los chicos de su edad a causa de su elevada moralidad, pero como se encontraba bajo el ataque imperioso de la pulsión, se sentía al mismo tiempo infinitamente pecador, si bien este inmenso sentido de la moralidad cohabitaba en él con una consciencia aguda del pecado, en un conflicto exacerbado que, recordando un poco las deliciosas torturas de Gide, constituye la prueba de que “las identificaciones están determinadas por el deseo sin satisfacer a la pulsión”. En cuanto a la sexualidad infantil, había repasado una gran cantidad de recuerdos y de sueños trazando claramente en su conjunto el descubrimiento de la privación femenina, que venía a suplir la creencia en el falo de la mujer, no sin el pasaje obligado por la angustia. Un detalle, que había pasado desapercibido en el primer análisis, retenía ahora su atención. Mientras que en el análisis elaboraba justamente el descubrimiento de la hiancia femenina -con el desciframiento de los sueños, sueños que reconducían a experiencias infantiles- un acting out no reconocido como tal, se repetía fuera del análisis, y que nunca había sido puesto bajo la luz del análisis. El segundo análisis le permitió leer en él la puesta en escena del fantasma. Para ir a la consulta del primer analista, debía coger dos autobuses. Cerca de la parada del autobús, en la que debía coger el segundo, había una tienda de discos y una tienda de libros de ocasión que visitaba sistemáticamente después de cada 56 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

sesión -una o la otra, o bien, la una y la otra. ¿Qué hacía en esas tiendas? En una miraba y compraba las ediciones de obras líricas a fin de completar sus colecciones de melodramas, en particular le gustaban las de Verdi, el hombre que da una voz a las esperanzas y a los duelos, que lloró y amó por todos; en la otra, en un rincón oculto, rebuscaba en los estantes, echando un golpe de ojo furtivo a los libros de sexología y de literatura erótica para sacar la descripción, o la escritura si se quiere, de la relación sexual. Buscaba allí con avidez la representación de un escenario fantasmático -insuficientemente elaborado en esta etapa, es decir muy distante de la reducción a un axioma- centrado en una redundancia obscena del falo, insignia del poder/seducción del Otro. Este falo surgía de la unión de lo anal y de lo vocal, como lo muestra bien la continuidad entre “colección completa (anal) de la obra de Verdi” (vocal), que condensa la visita al vendedor de discos. No es entonces por azar si el acting out, evocador del fantasma, se manifiesta justo en el momento en el que el discurso analítico gira en torno de la falta, aparecida a propósito de la privación femenina. Más precisamente, podríamos decir que la falta, que había sido puesta al descubierto en el curso del análisis bajo la forma de la privación femenina, pero que no había sido centrada de manera apropiada por la interpretación, produce en su retorno, para cubrirse, la recurrencia del fantasma desde la latencia donde normalmente actúa, fantasma que se manifiesta en al acting out con valor perfectamente rectificante.t Traducción Ana Lía Gana.

EL AUTOR Carmelo Licítra Rosa. Psiquiatra y Psicoanalista en Roma. Presidente del Istituto Nazionale di Psicoanalisi Lacaniana (I.N.P.LA.). Miembro de la Scuola Lacaniana di Psicoanalisi (SLP) y de la AMP. Email: carlicitra@libero.it

Referencias 1 C. Licitra, De las vicisitudes de una entrada a la constitución del síntoma a la entrada. Freudiana 51 y 52, 2007. 2 J. Lacan, El Seminario Libro XVII, El reverso del psicoanálisis, p 66. 3 J. Lacan, Seminario X La angustia, p 352-353. 4 J. Lacan, Seminario V Las formaciones del inconsciente p. 352353. 5 J. Lacan, El mito individual del neurótico. 6 J. Lacan, La dirección de la cura y los principios de su poder. p. 621. 7 Raymond Quenau, Le dimanche de la vie Paris Gallimard, Folio, 1973. 8 J. Lacan, Radiofonía 9 C F J. Alain Miller Iluminaciones profanas Orientación lacaniana III, 8 clase del 3 de marzo de 2006, inédito. 10 “Vulnus”: herida 11 J. Lacan, El mito individual del neurótico. 12 J. Alain Miller, Política lacaniana 1997-1998 13 J. Lacan, Seminario XXII RSI 14 Lacan, Seminario V Las formaciones del inconsciente c 22 -28; Lacan, Seminario VIII La transferencia Lacan, Seminario X La angustia. 15 J. Lacan, Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano. 16 J. Lacan, La dirección de la cura. 17 J. Lacan, La cosa freudiana Escritos.


Pase

Pensar el pase supuesto de Freud*

Textos: Manuel Montalbán Peregrín Imágenes: León Ferrari * Texto original del autor.

Del llamado “Trastorno de memoria en la Acrópolis”. En la primavera de 2007 -en concreto el viernes 13 de abril, hace ahora ya 4 años- Laure Naveau visita Málaga invitada por el ICF y en la conferencia previa del Rectorado nos habla del pase de Freud a propósito del episodio de la Acrópolis. Freud relata este episodio en el homenaje de cumpleaños a su amigo y premio Nóbel de literatura Romain Rolland. Zweig admiraba profundamente a Rolland, de quien una vez aseveró que era “la conciencia moral de Europa”. Se trata concretamente de la lectura que un anciano Freud realiza en 1936 de un trastorno suyo de la memoria, más bien de la percepción, en una visita a la Acrópolis ateniense ocurrido treinta y dos años antes en el transcurso de un viaje a Italia y Grecia realizado con su hermano menor, de la misma edad que el propio Rolland. Laure Naveau a partir del Seminario de Jacques Lacan, La Angustia refiere un más allá de la cuestión del padre en este episodio, evidenciando que la causa del llamado trastorno de memoria hay que situarlo en un objeto, causa de la angustia, pero también del deseo de Freud: el objeto mirada, la del hijo sobre la Acrópolis y la del padre sobre el hijo. J-A. Miller 1 aclara cómo entre los dos enunciados de Freud “así todo esto existe tal y como lo habíamos aprendido en el colegio” y “lo 57 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

que aquí veo no es real” se despliega la figura paterna. Freud pasa del trastorno al rechazo, y finalmente a un análisis nítido de éste: el placer de la mirada asociado a la caída del trono paterno. La mirada del padre, un padre sobrepasado en la visión directa de los ideales de la cultura clásica, posada sobre Freud le impide disfrutar de aquel grandioso espectáculo. La culpabilidad contigua se relaciona directamente con el franqueamiento de la prohibición paterna, y tiene como conclusión el retorno de su descontento en el seno de la familia del que el anhelo de viajar era clara manifestación. En este punto Laure Naveau detecta que cuando llega el momento de querer saber, Freud se separa de la mirada del padre y puede hacer de esta mirada la causa de su deseo, después de haber sido la causa de la defensa contra su deseo. No es precisamente la Acrópolis lo que no existe, más bien se trata del surgimiento del vacío que ella deja en la mirada del padre. A través del texto de homenaje a su amigo Rolland, cuando Freud cuenta ya 80 años, testimonia de la separación de la mirada del padre, un salto hacia otro saber que permite extraer el objeto, hacer existir lo real del objeto, separarse y reencontrarse en la vía del deseo. Pensemos que la perturbación del recuerdo en el umbral


Pase de la angustia representa aquí también un claro límite a la (ilimitada) metáfora arqueológica freudiana. Algún testimonio de pase más o menos reciente recurre a este episodio y a sus consecuencias para el deseo de saber. F. Naparstek 2 en su testimonio lo toma como punto de partida para relatar su experiencia de un primer análisis que concluye con una identificación al padre ideal por la vía de la creencia de la superación y destrucción para poder prescindir de éste. La conclusión de este segundo testimonio apuesta por la importancia de lo vivo del analista, encarnar algo de lo vivo. Por su parte, O. Delgado3 conecta la visita a la Acrópolis de Freud con el descompletamiento del Otro, el arribar a un territorio nuevo e inédito que orienta la autonomía de su descubrimiento, de su “osada intromisión”. La decisión de aceptar la recomendación del amigo de su hermano en Trieste para cambiar Corfú por Atenas como destino, a pesar del malhumor generado, arranca a Freud de la coartada neurótica de superar al padre y lo precipita al punto de conmoción de la realidad que tendrá como efecto la invención sin Otro: el analista. Podemos hablar con L.Naveau de un encuentro con el no-saber, un punto de “no hay” equivalente a la castración que permite que surja un deseo de saber para otros más que para sí mismo: el pase de Freud. A partir de esta conferencia, Paloma Blanco y yo le dedicamos un texto a las implicaciones de este pase “supuesto” que apareció en la publicación de la IX Conversación de la ELP, en Madrid el 5 de mayo de 20074. Partimos del capítulo “La imagen reina” de Elucidación de Lacan, en relación al pase, donde Miller define el objeto a como elisión de estructura, como agujero, y de este modo como equivalente al marco, a la ventana, y opuesto al espejo. El pase, como caída del objeto a, “quiere decir algo así como ver la ventana y conocerse como sujeto de la pulsión”. Nuestra hipótesis era que

“Pérdida de sentido que es también el más allá del padre” la elaboración del episodio de la Acrópolis estaría en esta lógica. La castración, nombre freudiano de la imposibilidad, es la certeza del límite con el que se topa el saber para colonizar lo real y hace la incompletud y la inconsistencia del Otro. La castración es el agujero que en el saber hace lo real. El objeto a es el plus de goce que vela ese agujero en el saber y que al desvelarlo deja despejada la causa del deseo. La pérdida de sentido como efecto del análisis y condición de su fin, pérdida de sentido que es también el más allá del padre, va a posibilitar prestarse a hacer de semblante de objeto a para otros como agente del discurso analítico. En cada sujeto hay un indecible del que lo simbólico no alcanza a dar cuenta, ese indecible que 58 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

hace a la verdad no-toda es la castración. Ese indecible de objeto es el significante que falta en el Otro. El deseo del analista, apuntando a lo real del goce más allá del sentido, va a permitir mostrar la causa del deseo como vacío y no como plus, efectuando un corte que permita separar la amalgama de sentido y goce que parasita y somete al sujeto revelando el goce único y singular de cada cual, escenificado y defendido por el fantasma que vela la marca de su encuentro con lo imposible. En la Conferencia de Comandatuba, Una fantasía 5, Jacques-Alain Miller hablando de éxitos y fracasos del psicoanálisis y en referencia al pase, afirma que quizá no hay que estar tan orgullosos porque los primeros son de una contingencia tal que por sí mismos no invalidan la ley del fracaso sino que más bien la demuestran. Se trata de una lógica especial en la propuesta lacaniana que permite corroborar cómo la contingencia prueba, o al menos atestigua, la imposibilidad. Miller lo expresa diciendo “En el fondo, el hecho de que haya contingencia hace que, no podamos ni decir que el fracaso sea la ley de lo real, según la fórmula enigmática de Lacan: lo real es sin ley. Si no hubiera la contingencia para desmentir lo imposible, tendríamos una ley en lo real, pero no tenemos ni siquiera eso”. Pase supuesto Pero al pase supuesto de Freud, que interesa a los lacanianos desde la década de 1970, ha precedido la pregunta por su autoanálisis y las fuertes implicaciones transferenciales de sus intensas relaciones epistolares, sobre todo con Fliess. Algunos autores, como recientemente V.Coccoz 6, incluso disuelven las fronteras entre ambos momentos: “una pieza clave del pase de Freud adquiere valor especial, la encontramos en las cartas a Fliess”. Esta superposición entre autoanálisis-cartas a Fliess-confesión-conclusión-testimonio puede conducir a confusión. Aquí podemos recordar la aclaración de P. Monribot 7 que define el proceso del pase como un tiempo para comprender: “la nominación fue un momento de concluir y ese sueño (sueño del sillón vacío del analista) funciona como un punto de capitón que esclarece lo que ya sabía”. La primera autora que habla del pase supuesto de Freud es Diane Chauvelot 8 en 1977, AE de la EFP, contemporánea de Lacan, que falleció en 2008, después de una vida intensa dedicada al psicoanálisis, y que en 1998 publicará todo un best-seller sobre su propia experiencia de coma, relacionándolo con un viaje al inconsciente. La hipótesis de Chauvelot, que retomará más cercanamente Michel Bousseyroux 9, es que Freud elige para hablar de su análisis con Fliess de sus experiencias trans y contra transferenciales, de sus conclusiones, enseñanzas extraídas, a su reciente amigo, y todavía no analizante, Sandor Ferenczi. Ferenczi aún no es analizante de Freud en 1910, y realizan juntos un viaje a Sicilia desde el balneario holandés de Noordwijk a través de Italia (pasando por París) en septiembre de ese año. Durante el viaje se fortalece la confianza entre ambos, aunque hay indicios también de exasperación de Freud hacia ciertas


Pase actitudes poco maduras de su compañero de viaje. Ferenczi formula además su demanda, que reiterará a lo largo de sus veinticinco años de relación amistosa y profesional, de una relación mutua caracterizada por una “franqueza analítica” (confesión recíproca), demanda que a ojos de Ferenczi, Freud siempre dejará parcialmente desatendida. Hay varias razones que se oponen a esta sinceridad recíproca demandada: el carácter fundamentalmente reservado de Freud, el inicio de un análisis intermitente por parte de Ferenczi con el propio Freud, las reservas de Freud hacia su discípulo a medida que éste desarrollaba sus innovaciones técnicas y teóricas (terapia activa, análisis recíproco, Thalasa, teoría de los orígenes de la sexualidad humana…), y también la propia diferencia de edad entre ambos hombres: diecisiete años menor el pupilo respecto de su maestro. Freud descubrió pronto la enorme capacidad especulativa de Ferenczi, de la que Jones (analizante de Ferenczi) diría que era un hombre con hermosa imaginación, quizás no siempre disciplinada, pero siempre sugerente. En una carta de la época (6-10-1910) Freud responde a Ferenczi 10: “Usted no sólo ha advertido, sino que lo ha comprendido también, que yo ya no siento necesidad alguna de poner completamente al desnudo mi personalidad, y ha comprendido también cuál es el hecho traumático en que se origina esta actitud. Después del caso Fliess, en cuya superación me ha visto usted recientemente ocupado, aquella necesidad se ha extinguido. Una parte de la catexia homosexual ha sido retirada y empleada en el ensanchamiento de mi propio yo. He tenido éxito allí donde fracasan los paranoicos.” Es la época de su trabajo con las memorias del presidente Schreber. Durante el viaje, y esa es la hipótesis de Chauvelot, Freud se sincera con Ferenczi, lo que le ayuda a la elaboración de una conclusión respecto a la finalización de su relación transferencial con Fliess. Freud se replantea “la pasión de la transferencia”, hace un duelo por aquello que Fliess representaba para él, y transciende esta separación dolorosa, cambiando su posición subjetiva, su relación con el Otro y la demanda. Chauvelot resalta la idea de Freud de triunfo allí donde el paranoico fracasa en la relación especular. Se las arregla para separarse allí donde el paranoico se enajena como objeto del Otro. No será ajena a esto la compleja relación posterior Freud-Ferenczi. Fruto de este viaje también es un apartado del artículo “Una contribución al olvido de nombres propios”, que aparece en el mes de junio de 1911, y será incorporado al año siguiente a la cuarta edición de la Psicopatología de la Vida Cotidiana 11, ilustrando el modo en que “un complejo personal que domina a un sujeto en un momento determinado puede producir en dicho momento y en cuestiones apartadas de su naturaleza propia, el olvido de un nombre”. Unos meses después del viaje los dos turistas se reencuentran y el más joven no consigue recordar el nombre del lugar donde pernoctaron para a la mañana siguiente acudir a una excursión (templo de Minerva en Selinunte). El mayor de los dos amigos se contagia de este olvido y ninguno de los dos consigue evocar el nombre del lugar, aventurando otros 59 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

Cuadro Escrito, León Ferrari, 1964

nombres aproximativos, Catalafimi, Caltanisetta. El más joven rechaza esas aproximaciones y dice que la pista no va por ahí, que cree que el nombre comenzaba por wo, o al menos tenía una v, pues confunde ambas consonantes en su lengua materna. Recuerdan el nombre de otro lugar situado sobre una altura al que los antiguos llamaban Enna: Castrogiovanni, y de ahí surge en el joven el nombre olvidado en cuestión: Castelvetrano. Aquí Freud encuentra la razón de su olvido, Castel-vetrano, vetrano recuerda a veterano, y comenta brevemente, no le gusta pensar en la vejez. No queda explicado, sin embargo, por qué al más joven de los amigos le afecta también este olvido, y será en la reedición de 1920 cuando Freud recurra a la implicación de la psicología de las masas como nueva perspectiva aclaratoria: se trata de un olvido colectivo, vinculado al tercer modo de identificación, que distingue indiferente del objeto de amor en su condición de sostén del deseo. Como aclara Miller en el texto Nuestro sujeto supuesto saber 12, no hay el inconsciente primero y luego la transferencia. La posición operatoria misma del inconsciente se sostiene en la transferencia como transferencia de saber: el inconsciente es por estructura una hipótesis, una suposición. Más allá del “complejo de vejez” El llamado “Complejo de vejez” freudiano no queda ahí. Podemos comentar también el episodio con Putnam, un eminente neurólogo americano en Harvard que hace de anfitrión de Freud en su visita a EEUU y reseña para


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“yo ya no siento necesidad alguna de poner completamente al desnudo mi personalidad” la Journal of Abnormal Psychology. Algunas de sus conferencias con palabras más que halagüeñas pero introduciendo la observación de que Freud ya no es un hombre joven. En una carta a Jung, Freud confiesa que este comentario le irritó profundamente, mucho más de lo que todo el comentario positivo pudo complacerlo 13 . Al regreso de Sicilia, Freud encuentra un envío de Putnam, un artículo que Freud pide traducir para su revista Zentralblatt. Freud no firmó la traducción pero en una nota al pie comenta entre otras cosas el prestigio del autor que ha dejado ya bastante atrás sus años juveniles (contaba 64 años; se la devuelve), añadiendo que el año pasado “tomó su lugar en primera línea de los campeones del psicoanálisis”. D. Zimmerman 14 encuadra este “complejo de vejez” en la preocupación de Freud por el futuro incierto del psicoanálisis y la inquietud por asegurar la transmisión de su proyecto. Estamos aún en el registro del espejo: el dios anciano que desea ser sacrificado y resucitar rejuvenecido de nuevo en un joven elegido.

En el texto de la visita a la Acrópolis 15 se hace patente asimismo la referencia a la avanzada edad de Freud. En la presentación del homenaje al septuagésimo cumpleaños de Rolland, cuando Freud ya contaba 80, dice tener su capacidad de producción agotada, “un venido a menos que ha visto días mejores”, alguien que depende de la ajena indulgencia y que ya no puede viajar… Así retoma un episodio de 1904 (anterior al viaje con Ferenczi) que afirma nunca llegó a entender completamente. Como en la carta de comentario del libro del también checo Istvan Hollosque que remite con inexplicable retraso, su clara posición en el sentido de la primacía del intelecto queda cuestionada. Llega a decirle a Hollos en esa carta de 1928 que con el tiempo ha dejado de encontrarse un sujeto interesante para analizar. Pero la lectura del texto sobre la realidad asilar de enfermos crónicos de Hollos lo deja muy afectado: relanza su relación con el Yo-noquiero-saber-nada-de-eso, por el que se llega a definir incluso como un mal psiquiatra por su rechazo del tratamiento de la psicosis. No es desde luego el entusiasmo el afecto freudiano de estos últimos años, pero como afirma Miller en Cosas de Finura 16, nada envejece más que el entusiasmo. En 1936 Freud sorprendentemente se permite introducir una nueva elaboración (ninguna interpretación está propiamente hablando, terminada), más allá de la mirada del padre y del autodenominado “complejo de vejez”, ver la ventana y conocerse como sujeto de la pulsión.t

EL AUTOR F. Manuel Montalbán. A.P. Psicoanalista en Málaga. Miembro de la ELP y la AMP. Email: fmontalban@uma.es Referencias 1 J-A., Miller, Silet. Curso de 1995-1996 (inédito). Clase del 7-6-95. 2 F, Naparstek, Testimonio 2. Pase y Transmisión. Colección Orientación Lacaniana, 2003. 3 O. L. Delgado, Abducción y pragmatismo. Consecuencias, 1, abril. 2008. 4 P, Blanco y F. M. Montalbán, El pase de Freud, 3 S P, Nº 12, 4 de mayo 2007. 5 J-A. Miller, Una fantasía. El Psicoanálisis, 9, 2007. 6 V. Coccoz, El pase de Freud. Letras, 1, 19-22, 2010 7 P. Monribot, Actualidad del pase. Letras, 1,p. 8-15, 2010 8 D. Chauvelot, Syracuse 1910: la passe-supposée de Freud. Ornicar, 12/13, 127-137, 1977. 9 M. Bousseyroux, Freud, Ferenczi, Archimède et le papyrus. L’en-je lacanien, 2, 9, 189- 194, 2007. 10 S. Freud y S. Ferenczi, Correspondencia completa. Madrid: Editorial Síntesis, 2001. 11 S. Freud, Psicopatología de la vida cotidiana. En Obras completas, vol. VI. Buenos Aires: Amorrortu, 1988. 12 J-A Miller, (2006) Nuestro sujeto supuesto saber. Intervención en las Jornadas de estudios de la ECF. En http://www.elp-debates.com/e-textos/nuestroSsS-JAMiller.prn.pdf 13 G. Prochnik, Putnam Camp: Sigmund Freud, James Jackson Putnam, and the Purpose of American Psychology. Nueva York: Other Press, 2006. 14 D. Zimmerman, Un recuerdo inter-dicto de Freud. Cuadernos Sigmund Freud nº 16. Buenos Aires: Escuela Freudiana de Buenos Aires, 1993. 15 S. Freud, Una perturbación del recuerdo en la Acrópolis. En Obras completas, vol. XXII. Buenos Aires: Amorrortu, 1988. 16 J-A. Miller Cosas de finura. Curso inédito. Clase del 26-11-08. Consultado en http://www.eolrosario.org.ar/CURSO%20JAM/ JAM%2026NOV.pdf

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El orden simbólico en el Siglo XXI, ya no es lo que era*

Textos: Andrés Borderías Imágenes: Andrés Borderías, Escher *Introducción al tema del Congreso.

Para iniciar esta mañana de trabajo, sobre el tema que nos convoca, he preparado una puntuación sobre las cuestiones a mi juicio más relevantes que enmarcan el campo del debate, a partir de las intervenciones de J.A.Miller en el cierre del Congreso de Comandatuba “- Una fantasía”, de Eric Laurent en la “Conferencia de Clausura del VII Congreso” y las intervenciones de los colegas de la AMP en el brainstorming que acompañó ese cierre y que se pueden seguir en los videos que la AMP ha hecho circular recientemente. He ordenado la puntuación en cinco secuencias, cada una de las cuales constituye en sí misma un posible eje de investigación para el próximo congreso. Transformaciones en el orden simbólico. Una variación en el discurso del amo. Consecuencias sobre el síntoma. Para el psicoanálisis. Un nuevo amor. 1. Transformaciones en el orden simbólico Esta secuencia podría ubicarse bajo la afirmación de Lacan en su escrito titulado Kant con Sade: “Aquí como allá, se prepara la ciencia rectificando la posición de la ética”. El psicoanálisis ha jugado un papel relevante en esta 62 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

transformación, al punto que J.A.Miller llega a afirmar que la actual conformación del discurso del amo es equivalente a la del discurso analítico: “no es absurdo, a priori, que el discurso de la civilización hoy tenga la misma estructura que el discurso del analista”. J.A.Miller inicia su intervención en Comandatuba señalando un rasgo del sujeto hipermoderno: su desinhibición con respecto al plus de goce que encarna el objeto a y su desorientación como consecuencia. Se trata, dicho rápidamente, del “quiebre de la moral civilizadora”, de la función del Ideal bajo el régimen del NP, causa de la pérdida de goce y de la represión, en definitiva del final de una organización del malestar subjetivo y social bajo el régimen de la falta y la metáfora. J.A.Miller se pregunta desde cuándo se viene gestando este “quiebre”. En esta ocasión (pues Miller ha señalado a lo largo de su curso diversos momentos en la historia de los discursos, subrayando la responsabilidad que Lacan atribuyó a la ciencia en esta operación) Miller señala el momento del tránsito de la civilización agrícola a la sociedad industrial generadora de nuevas ficciones, y el momento en el que lo real producido por la misma comienza a devorar la naturaleza. Resuena con el texto de Heidegger del año 38 “La imagen del mundo” -texto de referencia para Lacan en la Tercera- que


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Allen Ruppersberg, exposición del Reina sofía sobre Rousell, foto de Andrés Borderías, 2010

comienza con la frase: “El hombre está a punto de lanzarse sobre la tierra íntegra y su atmósfera, de usurpar y de sujetar, bajo la forma de “fuerzas”, el reino secreto de la naturaleza y de someter el curso de la historia a la planificación y al dominio de un gobierno planetario. Ese mismo hombre rebelde no está en condiciones de decir simplemente lo que es, de decir lo que significa, en general, que una cosa sea”. E. Laurent, por su parte, señala los años 30 como momento crucial en la transformación del orden simbólico en el campo de la ciencia. En el ámbito de la lógica y la matemática, Rusell, Cantor y Gödel, demuestran y formalizan la inconsistencia y la incompletud de lo simbólico, desbaratando los proyectos de construir una teoría general de la relación entre lo simbólico y lo real que animaron el final del Siglo XIX. Einstein y Heisenberg, por su parte con la relatividad y el principio de incertidumbre en la física, terminaron de rematar la faena. Otras fracturas y transformaciones acompañaron este movimiento: en el arte con la fractura de la buena forma, en la literatura con la del relato, y en la política, recordemos que de entrada, el fascismo se postuló como un Nuevo Orden. Por su parte, Freud planteó una suerte de equivalencia con las paradojas del infinito rusellianas al desplegar 63 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

la división del sujeto en el sueño, e introdujo otra paradoja radical con el principio del placer, cuestión a la que alude la frase de Lacan en Kant con Sade. Las paradojas derivadas de la incompletud e inconsistencia del Otro simbólico se articulan al goce. Por otro lado, Freud se alinea con el discurso de la ciencia al sostener que hay un saber en lo real, pero al mismo tiempo descompleta y corrompe el discurso científico al afirmar que no sólo hay saber en lo real, sino además un sentido en lo real, lo que implica intencionalidad, soporte del ser del síntoma. Y más aún, que la sexualidad agujerea este saber. Tenemos entonces las condiciones de fractura del viejo orden simbólico, bajo el régimen del NP. Habría que considerar además otros elementos para situar la transformación del orden simbólico, como es el desarrollo del discurso capitalista. En cualquier caso, la transformación del orden simbólico afecta a cada uno de los elementos del discurso, como veremos a continuación. Llegamos así a la segunda secuencia. 2. Una variación en el discurso del amo Con cierto suspense, Miller desgrana en su intervención las transformaciones de los elementos que conforman el actual discurso del amo. Las transformaciones sufridas


Letras en la Ciudad por el orden simbólico no nos han sumido en la esquizofrenia, sino que nos sitúan ante otro orden discursivo y Miller no recurre al discurso del capital como variante del discurso del amo para caracterizar el momento actual, sino que señala la sorpresa que supone constatar que el actual discurso del amo responde a la articulación misma del discurso analítico, ¡el actual discurso del amo es el éxito del discurso analítico y no su reverso! Se trata entonces de transformaciones en los elementos, en su disposición y en sus significaciones. a El objeto a, elevado al cenit del cielo social, del “socielo”, es la nueva brújula desorientadora del sujeto hipermoderno, brújula ansiógena que invita al sujeto a franquear todas las inhibiciones: a¯$ El a ocupa el lugar ocupado anteriormente por el viejo S1, el S1 que en la época del NP está coordinado al Ideal del yo. Esta promoción del a al “socielo”, se encarna de manera cruel en el ojo absoluto, expresión de G. Wajman, o en la voz de Nike: “Just do it!”, envoltura cruel del mensaje primordial, “¡Goza!”, mensaje sin significación alguna. Es la adicción generalizada, la perversificación de la época, como resultado de la corrupción del régimen del deseo y la falta, en los que el “ocio” y el “entretenimiento” se transforman en una nueva exigencia. S1 La progresiva caída del S1 de la moral civilizadora -tras la desaparición de Dios de la escena, tras la fractura del NP- da paso a un enjambre inconsistente de S1, y encontramos distintas significaciones que adquieren los S1 en la época: el S1 de la propia evaluación que ha de producir el sujeto, el S1 de la autoayuda y los manuales, el S1 de la pseudonominación que Lacan denominó “nommer a” en el tiempo de la forclusión generalizada y las psicosis ordinarias. Este enjambre inconsistente de identificaciones se ordena bajo la ley de hierro del igualitarismo. El S1 descarnado al que hace referencia Graciela Brodsky en su intervención, suscita la burla y la incredulidad de la autoridad y de todos los semblantes. Su caída, lejos de permitir ninguna reconciliación con el goce prohibido, ni con la naturaleza, ha sido reemplazado por

“Es la adicción generalizada, la perversificación de la época” un mundo de planillas, de burocracia, de normas, de manuales y de estúpidos consejos, de identificaciones sin ideal que no encajan en ningún Otro, y que nos abocan a las paradojas contemporáneas de la identificación, que Graciela desgrana en su intervención, a partir del ejemplo del “grupo de suicidas” de France Telekom. Este S1 descarnado se revela como reducción a mero imperativo superyoico del viejo Ideal del yo, y su 64 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

corolario de imperativos de seguridad y transparencia, como prolongación del ojo absoluto. S2 Finalmente el saber ocupando el lugar de la Verdad/ Mentira, es decir, reducido a un semblante sospechoso, relativo, motor del escepticismo y el cinismo socrático, que corrompe la creencia en el saber de la ciencia, como demuestra el resurgir del movimiento antinuclear ante la catástrofe de Fukushima. Un saber discutido permanentemente por los sujetos de nuestra época, sujetos que a la par se ven confrontados con un universo de saberes sobre los que no tienen posibilidad de dominio alguno. La creencia misma se halla en cuestión, como señala Miller en su “Retorno sobre las psicosis ordinarias”, y precisamos de CMB, Compensatories-makes-believe, como “suplementos de creencia”. Los muñidores de la publicidad y la propaganda, desde Goebels, conocen bien los recursos que configuran el “cuarto poder”, que en la época de internet abre nuevas perspectivas ante una verdad desplazada y degradada como “decir del sujeto”. Estos cuatro elementos, en nuestra civilización, están disjuntos, en esta nueva conformación del discurso del amo, dispuesta como el discurso analítico, afirma Miller. a

$

S2

S1

El plus de gozar comanda, el $ trabaja, las identificaciones caen reemplazadas por la evaluación homogenizante, el saber se activa para mentir y progresar. El régimen de la palabra y del decir queda comprometido. Es el ensombrecimiento de la metáfora y de un régimen de la palabra que ya denunció George Steiner en los años 60 en “Lenguaje y Silencio”. 3. Consecuencias para el síntoma Las transformaciones en el orden simbólico afectan a todos los semblantes y todos los elementos del orden simbólico. Del mismo modo que Freud abordó la transformación de la sintomatología en el giro del siglo XIX al XX en su texto de 1908 “La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna”, constatamos las transformaciones en el síntoma en nuestros días. Los síntomas están articulados en significantes, pero no son esencialmente mensajes, sino ante todo signos de la no relación sexual. Otro modo de decirlo, afirma Miller, se trata de “síntomas goce”, que expresan el desarreglo del goce. Por su actualidad, subrayaré dos de las intervenciones del brainstorming que avanzaron en esta dirección: Hay que seguir con atención la intervención de Catherine Lazarus Matet sobre las nuevas conformaciones sintomáticas en las mujeres, para constatar las consecuencias del impase sobre el Falo y la metáfora en este ámbito. Catherine diferencia dos series distintas de mujeres La primera, bajo el diagnóstico de psicosis ordinarias, tienen parejas sólidas. Buscan regular fenómenos


Letras en la Ciudad de cuerpo y manifestaciones de angustia que implica un Otro más o menos malvado del que se exceptúa el partenaire, y que adquieren con el analista un saber hacer sobre una posible amenaza, siempre en espera. El amor aporta para estas mujeres una solidez al defecto simbólico, como fue el caso de Lol V. Stein. Una segunda serie, fundamentalmente neuróticas, célibes, independientes, hetero u homosexuales, que mantienen relaciones sexuales en las que el amor está ausente, ocasionalmente degradadas por su exhibición en Facebook, marcadas por el impasse de su padre, exigen la garantía de un amor durable que las deja solas buscando un partenaire con sello de calidad sin el cual no pueden hacer una apuesta. Objetos degradados de un partenaire insuficiente que puede levantar su mascarada dejándolas cautivas de internet, están lejos de ser aquellas que encarnan el falo imaginario en la clandestinidad para un hombre. La versión fálica existe, pero la insatisfacción es máxima, el no-todo que la causa confina con un plus de no-todo, o incluso un nada-denada, acentuado sobre lo que se enuncia como una feminización del hombre. Estas mujeres no aceptan, cuando la encuentran, la entrega fálica sin garantías, difícil entonces ser una mujer para un hombre. Sin embargo frecuentemente obtienen signos de amor de una mujer que les habla. La intervención de Esthela Solano, por su parte, pone el acento sobre la nueva escritura sms que utilizan los jóvenes, señalando la proximidad de esta escritura con lalengua y el efecto de dificultad que induce para la subjetivación y el decir. A estos brevísimos ejemplos en los que captamos algo de las consecuencias de la degradación del falo y de la relación a la escritura, pueden añadirse otros muchos, empezando quizás por la seria más conocida de aquellos síntomas cuya fenomenología da cuenta de un goce frecuentemente desconectado del inconsciente -adicciones, anorexias, hiperactividad, etc.-. 4 y 5 ¿Qué consecuencias para el psicoanálisis? ¿Un nuevo amor? Como vimos anteriormente, el discurso analítico ya no es más el envés del discurso del amo, sino su éxito, lo que lo pone en cuestión. Y su futuro depende de que sepamos ubicarnos con respecto a lo real. No lo hará el psicoanálisis si se agota tratando de restituir la tradición. Tampoco aislándose. Se trata entonces, afirma Miller de “regimentar el psicoanálisis según el progreso de las ciencias y las falsas ciencias”, a condición de reinventar la práctica en la vía abierta por la última enseñanza de Lacan. La pulverización del síntoma, entre real y sentido, pone en dificultades a la interpretación. Por otro lado, el igualitarismo, la burla de los semblantes y el cuestionamiento del saber, han colocado contra las cuerdas al viejo sujeto supuesto saber. De tal modo que en las coordenadas actuales, el SSS ya no es más el soporte de la transferencia, sino más bien, al revés. Lo que hace existir al inconsciente como saber, señala Lacan en el final de su enseñanza, es el amor. Es el amor el que puede hacer mediación entre los unos 65 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

solos, pues el inconsciente primario, el inconsciente real, no existe como saber, hace falta el amor para ello, para poner en juego el inconsciente transferencial. Y un análisis demanda amor al inconsciente para hacer existir, no la relación sexual, sino la relación simbólica entre S1 y S2. ¿De qué depende entonces la posibilidad de un nuevo amor con el psicoanálisis y con el saber? Esta es otra de las cuestiones principales que se abren en estas nuevas coordenadas. Esto en cuanto a la puesta en juego de la suposición de saber. Si la interpretación y la transferencia se ven afectadas por las nuevas coordenadas de lo simbólico, encontramos en la orientación trazada por la última enseñanza de Lacan, cuyo movimiento acompaña estas modificaciones, elementos para orientarnos. Del lado del psicoanálisis puro, un análisis llevado a su término traza su recorrido llevando a los S1 al punto en el que ya no hay orden simbólico, en el que el desorden simbólico, como afirma Eric Laurent, es lo real de lalengua, y en el que puesto al desnudo ese real, puede restablecerse un orden simbólico. El recorrido de un análisis se inaugura por la instalación del inconsciente transferencial, por el lazo asociativo de dos significantes S1¯S2. Termina con un horizonte donde los significantes amo del sujeto se aíslan de los múltiples lazos que habían tejido tomando una dimensión real siendo por lo tanto su retorno a las cadenas identificatorias imposible, S1 se encuentra separado de S2, lo que por otra parte, permite el cercado de un agujero. Por ello, cuando afirmamos que “el orden simbólico ya no es lo que era”, dice M. Tarrab, esta frase, más allá de ubicar las consecuencias clínicas y sociales de la fragilidad de lo simbólico, es por otro lado una frase que podría formular alguien al final de su análisis con respecto al resultado de su experiencia. ¿Qué lección podemos extraer de allí para orientar al psicoanálisis en las coordenadas del Siglo que comienza? ¿Cómo se las arregla un sujeto cuando al final de su análisis se confronta con un Otro que se desvanece? Para Sergio Careto, el padre queda reducido a “un programa de computadora”, o para Patricia Bosquín, este deviene “un traje dejado atrás”. Confrontarse a eso supuso para cada uno de ellos una conmoción fundamental. Pero sus testimonios permiten apreciar que un psicoanálisis le permite a un sujeto no quedar desguarnecido cuando lo simbólico ya no es el que era. Y el resultado no es ni la devastación, ni el empobrecimiento, ni el anonimato, además, su relación con lo real ha cambiado. Es decir que del pase y del final del análisis tenemos algo que aprender respecto de un simbólico que ya no es lo que era. Es lo que el psicoanálisis puro puede enseñarnos de cara al próximo congreso.t

EL AUTOR Andrés Borderías. A.M.E. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano-NUCEP. Director de la revista Letras. Email: aborderias@arrakis.es


Letras en la Ciudad

El paradigma biopolítico versus el cuerpo lacaniano* Textos: Pía López-Herrera Imágenes: Library of Congress *Texto original de la autora.

El pensamiento actual sobre el cuerpo, la filosofía Roberto Espósito, filósofo italiano, es uno de los más destacados pensadores contemporáneos. Sus libros giran en torno a la discusión sobre lo biopolítico -los mecanismos de control de la vida-, la comunidad y los confines de lo político. La cuestión de la “vida”, el biopoder y la biopolítica han sido las tres grandes columnas sobre las que ha girado la filosofía de Espósito. Roberto Espósito en su libro “Bios, biopolítica y filosofía” dice que “el cuerpo humano es cada vez más desafiado, incluso literalmente atravesado por la técnica” 1. Sostiene que los estados modernos politizan la vida y la muerte de los sujetos. El imperativo de vida Bio promueve un goce que termina animalizando al sujeto al punto de hacer equivaler el derecho de los animales y el derecho de los hombres. La vida que propone este discurso seria aquella que compartiríamos con el resto de los animales, si los seres hablantes no estuvieran atravesados por el lenguaje. Si bien el poder siempre se ha apoderado de la vida para desarrollar sus intenciones, en la época contemporánea lo que está en juego en el paradigma biopolítico es la preocupación por maximizar la productividad de la vida intentando gestionar y domesticar los cuerpos y las poblaciones para favorecer la producción capitalista. 66 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

La concepción de la sexualidad freudiana, es decir la cuestión de la pulsión, enseña a pensar el cuerpo de una manera ajena a todo biologismo. En “Las noches de biblioteca” de la Sede de Madrid donde se celebró un ciclo dedicado a “Las pasiones biologizantes del siglo XXI”, Germán Cano señalaba que existe una lógica tecnocrática en nuestra sociedad que plantea un escenario donde la excepción se convierte en regla, “no solamente a través de medidas soberanas, sino a través de una legislación técnica, desde una evaluación continua”2. La consecuencia de esto es que, en el mundo contemporáneo, desaparece la particularidad de los sujetos, que quedan reducidos a categorías dentro de manuales. Nuestra época rinde culto a la imagen del cuerpo, y hay toda una cultura y una industria que gira a su alrededor. Las nuevas tecnologías se aplican al cuerpo para acomodarlo a las modas: cirugías estéticas, tatuajes, piercing, etc. J. Lacan escribía premonitoriamente en 1967: “Harían falta a ese cuerpo los excesos inminentes de nuestras cirugías, para que estalle en el sentido común de que sólo disponemos de él al volverlo su propio despedazamiento”3. La pasión biologizante de la época se hace cada vez más presente en nuestra clínica. Es frecuente que los


Letras en la Ciudad

Modelos en traje de baño, Toni Frissell, Library of Congress EEUU, 1950

sujetos lleguen a nuestra consulta con diagnósticos que “justifican” su malestar. Resulta impactante observar que las etiquetas tranquilizan y llevan al sujeto a eludir toda responsabilidad en lo que atañe a sus síntomas. El origen genético, neurológico, metabólico, etc. de sus males son las fórmulas que encuentra el discurso científico para borrar todo atisbo de goce. El psicoanálisis, por el contrario, le da la palabra al sujeto otorgándole otro estatuto a sus síntomas. Para el psicoanálisis el cuerpo se desmarca del organismo biológico, objeto de la medicina. El cuerpo está atravesado por dos ejes que nada tienen que ver con lo natural: el lenguaje y la sexualidad. El Cuerpo en lo imaginario, lo simbólico y lo real El cuerpo desde el registro de lo real podría equipararse al organismo biológico de la medicina si no tenemos en cuenta que se construye como cuerpo a partir de la relación con el Otro del significante. Cuando un ser viviente viene al mundo es un organismo, se lo espera con un nombre, un sexo, esperanzas, ideales, es decir, ya circula en un discurso. En consecuencia, pierde esa condición de real y pasa a constituirse como sujeto. Al mismo tiempo la madre que encarna al Otro primordial irá erogeneizando este organismo a partir de determinados 67 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

significantes que irán marcando el cuerpo del sujeto. Desde el registro de lo simbólico el cuerpo es como un investimento, lo que lo viste son: deseos, necesidades, exigencias, apetencias, placeres, goces. Es un cuerpo vacío, sin contenidos, hecho sin órganos, un cuerpo que se prestará como superficie de inscripción a recibir las marcas significantes y en el que se irán privilegiando ciertas zonas erógenas y circuitos pulsionales. El cuerpo biológico deviene un cuerpo erógeno, es decir un cuerpo simbólico que se prestará como superficie topológica de inscripción a recibir la marca significante y hará síntoma. Desde el registro de lo imaginario, el cuerpo es la vivencia de una imagen unitaria que brinda unidad al cuerpo fragmentado con el que el sujeto nace. La imagen cumple un papel estructurante ya que organiza el cuerpo ubicándolo como cuerpo humano: como forma total, superficie, recinto, límite, contorno que será habitado, investido, recubierto por la libido. Así el cuerpo se construye como recubrimiento libidinal trazando una organización erógena. Para el psicoanálisis el cuerpo es construido, es un efecto. En este sentido, el síntoma histérico ilustra bien este concepto de cuerpo, porque es el que vehiculiza los efectos del discurso, de ahí que la anatomía de la histeria no tiene relación obligada con el organismo.


Letras en la Ciudad El cuerpo en la última enseñanza de Lacan Lacan en su última enseñanza da un giro a la relación del sujeto con el cuerpo que ya no depende del ser sino del tener. J.-A. Miller en su biología lacaniana aclara que “a partir del momento en que el sujeto es sujeto del significante, no puede identificarse con su cuerpo, y de allí procede su afección por la imagen de éste”4. Ya no es el cuerpo tomado desde lo imaginario, lo simbólico, o lo real “sino vivo: este es el cuerpo afectado por el goce”5. Dada esta condición del cuerpo, existe una condición del significante que es, como señala Lacan, ser causa de goce. Para el último Lacan, el cuerpo habla en tanto que goza, es decir que disfruta y que sufre, es un cuerpo pulsional donde el síntoma es acontecimiento del cuerpo. Para los seres hablantes no es lo biológico lo que decide su

“el cuerpo habla en tanto que goza” destino, sino el orden simbólico, y el goce es el producto del atrapamiento del cuerpo orgánico por el lenguaje. La existencia de un real inabordable por el significante distingue el enfoque psicoanalítico de cualquier formalismo que pretenda hacer del sujeto un dato perfectamente calculable y previsible. Una viñeta clínica Para concluir tomaré una viñeta clínica que ilustra el abordaje de un síntoma de nuestra época en la clínica con niños. Se trata de un niño de nueve años, preso de una actividad frenética por la que no puede quedarse sentado en clase, compartir las comidas familiares o sentarse a jugar o estudiar sin interrupciones. El pediatra hace un diagnóstico de hiperactividad y decide medicarlo. En un primer momento esta “solución” tranquiliza a la familia y al colegio que ya no sabían cómo pararlo. Aquí se puede

ver bien que la etiqueta de hiperactivo cierra cualquier posibilidad de cuestionar el síntoma, de ponerlo a trabajar. El hecho de darle estatuto de enfermedad al síntoma, de tomarlo como un desarreglo para el que existe una respuesta farmacológica impide que los padres se interroguen a cerca de la causa de los problemas del niño y no permiten al sujeto subjetivar nada de lo que le acontece en el cuerpo. Después de tres años de tratamiento farmacológico y sin obtener grandes resultados deciden consultar con un analista. Ya en la primera entrevista el niño plantea una de las causas de su inquietud: se aproxima la fecha de su cumpleaños y relata que tiene una hermana gemela en el cielo que cumplirá los mismos años que él. Poco tiempo después surge el otro motivo de su inquietud en un dibujo en el que representa a su madre con toda su mirada puesta en él, y a su padre que les da la espalda mientras mira a otra mujer. La sola pregunta acerca de lo que lo tiene tan inquieto le permite comenzar a desplegar los motivos de su frenética actividad. El trabajo analítico le permitió de entrada hacer una elaboración sobre la muerte, así como el duelo por la muerte de su hermana gemela, fallecida a los seis meses de nacer. Asimismo le fue posible dejar la medicación y comenzar a tratar la cuestión edípica logrando posicionarse de otra manera en relación a sus padres: dejó de ser el foco de la mirada de su madre y logró atraer la atención de su padre. Con esta viñeta se muestra bien lo que Miller nos dice en “La Experiencia de lo real en la cura psicoanalítica”: “Para tener síntomas es preciso tener un cuerpo, no ser un cuerpo, y para identificarse con el síntoma se necesita tener un psicoanalista6”. Así, podemos ver que el acontecimiento discursivo de la muerte de su hermana que dejó huella en el cuerpo, lo alteraba y le producía síntomas, que habían quedado fijados en el diagnóstico de hiperactividad con el que llegó a la consulta. Poder descifrar estas marcas le permitió despegarse de la etiqueta y dilucidar de qué estaba hecho su síntoma.t

LA AUTORA Pía López Herrera. A.P. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Email: pialopez@terra.es Referencias 1 R. Espósito, BIOS Biopolítica y filosofía, Amorrortu Editores, Buenos Aires, Madrid, 2006, pág. 25. 2 G. Cano, Intervención en el ciclo: “Las pasiones biologizantes del siglo XXI: Psicoanálisis y Biopolítica” en “Noches de la biblioteca”, BOLM, 13 de Abril del 2011. 3 J. Lacan, citado en J.-A. Miller, “La Experiencia de lo real en la cura psicoanalítica”, Paidós, Buenos Aires, 2003, pág.306. 4 J.-A. Miller. Op. cit., pág.311. 5 J.-A. Miller. Op. cit., pág. 320. 6 J.-A. Miller. Op. cit., pág. 372.

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Letras en la Ciudad

La tarea del pintar*

Textos: Mónica Unterberger Imágenes: Library of Congress *Texto original de la autora.

Para empezar y a los fines de enmarcar el propósito de esta nota que gira en torno a comentar la muestra de la serie de obras que expuso recientemente nuestra colega Graciela Amorín, me gustaría introducir algunas mínimas consideraciones que, a mi parecer, resultan cruciales en toda referencia al campo llamado de las Bellas Artes. Ninguna referencia al campo del arte, puede desconocer y de hecho, es una presencia cada vez más frecuente en toda la literatura actual al respecto, las distintas intervenciones, reflexiones, hipótesis y elucubraciones que encontramos a lo largo de la enseñanza de J. Lacan en relación a las producciones del arte. Estas tienen el carácter de un aporte inédito respecto a la interrogación de qué cosa es la obra del arte, cómo de extraordinario es, lo que ofrece en el propio movimiento de su discurso, el que va configurando en una rigurosa articulación la novedad en la que desembocan sus tesis. En primer lugar, lo que hallamos como objetos, productos, obras, son testimonio todos ellos de un trabajo evidente de lo que podríamos calificar como lo más singular y propio del ser que habla y a la que llamamos normalmente, la función creacionista, la labor creativa, los efectos de creación, la invención, el milagro de la obra. En efecto ¿qué otra nominación puede recibir la 69 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

presencia de ese atrapa-mirada, esa domeña-mirada que nos captura y opera sin remedio en la contemplación de una obra de arte? El arte, conlleva ese encanto. En segundo lugar, encontramos que los artistas son aquellos que saben utilizar las coordenadas epistémicas y los acontecimientos propios de su tiempo y haciendo uso de ello, con su invención, anticipan lo que solo después se puede leer como rasgo peculiar de su contemporaneidad. Anticipan, se adelantan con su creación. Con su acto responden ante el amo de su época, interpretando el malestar en la cultura y es con su acto que cambian de alguna manera, cada vez, la cultura. Y la tercera, algo inseparable de la obra-producto: qué es lo que el pintor da a ver en lo que muestra. Esto es lo que hace Lacan en muchos lugares: interrogar la mirada del pintor y por lo tanto y a partir de este efecto de creación, va a precisar qué comporta esta noción de la mirada y ligado a ella, cómo hay que concebir lo que interviene en lo que hace que el espectador sea atrapado por ese dar a ver. Para Freud como para Lacan, el arte lo encontramos en sus reflexiones como referencia para explicar otra cosa. No se trata en ningún caso de ninguna indagación sobre las intenciones del autor, tan manidas como recurso de la crítica del arte e incluso de la Historia


Letras en la Ciudad del Arte, que llega a alcanzar matices de hurgar en la obscenidad, ni de encontrar sentido a la obra a partir de la vida del artista. Es una pregunta que apunta a lo esencial de esa operación, a partir de la cual nos enseña respecto a lo más propio de lo que está en juego en la subjetividad en la que se compone el ser que habla y que le da al artista un lugar aceptado en el discurso de la época, cualquiera sea. Es lo que tiene de interesante la exposición que Graciela Amorín realizó en julio de 2011. Acrílicos y acuarelas, es el título bajo el que nos invitó a una muestra de la serie de sus pinturas. Reunión de obras con las que logra provocar un efecto de sorpresa. Sorpresa e interés, ante una profusa serie de obras. Son muchas. Diversas. Evidencian lo que resulta de la insistencia de un trabajo. Lo que resulta de consagrarse a la evidencia de una tarea. La tarea del pintar. En unas, brilla la luz. En otras, domina la oscuridad. Algunas, ejercen una atracción sin vacilación donde el mirador, afortunado término que introduce en su momento Duchamp, es atrapado por lo que allí se da a ver. En otras, el mirador es obligado a afinar el ojo para investigar lo que se muestra, entre las líneas, en un marco apretado por los bordes en los que aparecen las formas desdibujadas, casi desfiguradas. En otras, -hay que decir sin embargo que es algo presente en cada una de ellas, y cada vez a su manera-, parece que Amorín se dedica a encontrar modos de indicar la ausencia, lo que no hay: los agujeros, los blancos, los negros, lo que se fuga sin remedio, lo que es rajadura, tajo, hueco, obstáculos a la reunión, índices de lo imposible. En algunas, el mirador se abandona a las líneas abiertas en las que puede descansar su mirada y en las que es fácil entregarse a esa oferta, la oferta de jugar entre los vacíos que las pueblan, como también entretenerse en la multiplicidad de los rincones que organiza la composición. En otras, se reconoce algo que parece insistir en esa trama que organiza las obras: un terreno habitado por seres de lo más diversos, que parecen componer una topografía de la anatomía más microscópica e íntima. Sin duda, es uno de los sellos que identifica esta muestra de obras: la presencia minúscula de seres que la habitan, multiplicados en sus formas, sus apariencias, intrigantes, inquietantes, pacíficas, y en el fondo, especialmente itinerantes y obstinadas en estar ahí. Quiero subrayar dos cosas en esta primera muestra de nuestra colega y artista Graciela Amorín: una, de lo más decisiva a mi parecer: esa fuerza, que impone a todas las variantes de su obra, el color. Un hallazgo especialmente interesante es ese uso del color y su potencia, una potencia que contamina cada obra y le da su corte particular, distinto, su atrapa-mirada. La otra, la fuerza del trabajo. Hay sin lugar a dudas, un compromiso, una decisión, una elección, algo necesario en esa tarea del pintar. Y que se hace presente en la repetición minuciosa de cada una de esas líneas, de 70 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

esos puntos, de esos trazos, de esas figuras microscópicas. Tal vez el singular compromiso del artista es el que produce en ese acto repetido, un dar a ver, un espacio que convoca sin palabras, sin ninguna imagen apolínea, ni unitaria, ni conforme a forma previa de una estética ligada a la imagen de belleza ideal del cuerpo y su perfección. Más bien se trataría en todo caso, de la prueba misma del hallazgo con el que logra configurar cierta escopia corporal, plasmarla en esas superficies en cuya espesura parecen encontrar un lugar. Decir: sin palabras, no es decir sin lo simbólico, en tanto Lacan mismo nos advierte que el arte es un cierto modo de organización del vacío, y que implica de entrada la presencia misma del significante que agujerea lo real, y es en ello que produce el vacío, condición de esa problemática noción de sublimación, que no indica sino una función: la de sustituir lo que no tiene representación, ni imagen, por Otra cosa que viene a su lugar. La paradoja de lo que comporta la operación pictórica, es que en su mismo acto instituye lo que es causa y lo que - en una temporalidad lógica-, deviene objetoproducto. Sin confundirlos. Sobre cada uno de los rasgos más peculiares de la obra, cabe extenderse y avanzar en los detalles de lo que la obra pone ahí, de lo que ofrece como mirada. Para esa labor, será imprescindible el tiempo de una espera, en lo que sin duda vendrá como nueva producción de los objetos-obras en los que –al parecer- su decisión empeña. En esa espera de lo por venir, damos la enhorabuena a esta presencia efectiva de la tarea del pintar. De momento, esta muestra, como toda obra-de-arte, enseña algo respecto a esa pregunta que ocupa y a la que se dedica Lacan a responder en distintas ocasiones, no sólo en el seminario La Etica: ¿qué cosa es la obra de arte? Una cuestión que toca y concierne a los fundamentos mismos de la constitución de la subjetividad, de la función del objeto en relación a la causa, si seguimos la lógica rigurosa en la que lo articula. En efecto, digamos para finalizar, e indicarlo en un rápido sobrevuelo: enseña que la invención misma de la obra es el ejemplo de la operación necesaria allí implicada para hacer surgir el objeto. El objeto-producto en su materialidad es lo que resulta de esa operación simbólica que le da acta de nacimiento, momento creacionista en el que algo se deposita , algo cae, se traspasa, se desplaza y se organiza, a partir del cual se inscribe un antes y un después. Y el arte, en su profundo valor creacionista y de invención entrega en su obrar los objetos que si bien, pueden ser cuestionados, en el fondo son esperados, estimados, gozados en toda su amplia variedad. Forman parte de una época y la perfilan.t

LA AUTORA Mónica Unterberger. A.M.E. Psicoanalista en Madrid Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano-NUCEP. Email: untermon@terra.es


Letras en la Ciudad

Cuadro vacío, Library of Congress EEUU, 1950

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Letras en la Ciudad

Eleva, no importa donde, las sustancias de nuestros destinos y de nuestros deseos*

Textos: Mercedes de Francisco Imágenes: *Texto de cierre del II Foro de la ELP: “Las Servidumbres Voluntarias”, celebrado el 11 de Junio de 2011 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Mi intervención no será un resumen, ni una reseña, ni siquiera un comentario de lo que cada uno ha dicho en nombre propio, eso no me parece necesario, tampoco pretende ser un cierre, contradiciendo así la manera en que se anuncia en el programa. Voy a referirme a la idea de destino. Tengo recuerdos de cómo este tema en mi adolescencia me inquietaba, este era mi planteamiento “si lo que nos ocurre está marcado, está escrito en algún lado, no hay de que preocuparse pues no hay nada que se pueda hacer”, solamente se trataría o bien de quererlo saber con anterioridad, no se sabe muy bien para qué... o bien resignarse y esperar a que llegue. Freud, habló de neurosis de destino, mostrando el efecto nefasto que esta creencia puede tener sobre un sujeto. Todo tipo de esclavitudes se derivan de esta idea. Nada que hacer frente a esta vida marcada de antemano, ninguna posibilidad de cambio, ningún protagonismo, ¡y qué buen uso le dan a esto las religiones! Imagínense, por un momento, al estilo del tema de John Lennon, sabiendo que uno va escribiendo su propio destino… y que además, no está escrito desde el inicio, sino que solamente puede verse su escritura al final de una vida ¡quizás, demasiado subversivo!. 72 • Letr as, Noviembre-Mayo 2012

Es evidente que este hacerse cargo incluye lo que a uno le tocó en suerte, las contingencias y los azares que toda vida conlleva. En realidad, desde nuestro nacimiento comenzamos a dar respuesta a lo que nos tocó. No exagero, y nuestra clínica da cuenta de ello, hasta el bebé que rechaza el pecho y la comida, está dando una respuesta que marcará su vida. Cuando hablamos de esta respuesta del sujeto, no la confundimos con las elecciones y decisiones de un yo unificado, dueño de sí mismo, transparente a sí mismo, que tiende a identificarse a la masa y a profesar el amor al líder. Hablamos de una elección fruto del encuentro de lo vivo y la lengua. Desde nuestro nacimiento necesitamos a otro para vivir, pero otro que nos hable y que tengamos un valor para él, no somos seres de la necesidad puramente fisiológica, nuestras necesidades están anudadas a demandas y deseos. Y esas palabras hicieron mella en nosotros, marcaron nuestro cuerpo. Esto que nos causó, que nos fue conformando, no puede protocolizarse. Entre cualquier causa y su efecto hay un vacío imposible de cubrir, y es ahí donde se produce esa respuesta singular. De forma irónica Lacan dice que detrás del humo no hay fuego, sino un fumador,


Letras en la Ciudad busquen entonces detrás de cada efecto la satisfacción pulsional de un sujeto. Esta época parece estar marcada por esta resignación, aceptamos este entramado económico y político-social como el único posible. Este capitalismo salvaje que todos padecemos y que promueve el aislamiento, nos deja un saldo de depresión, angustia y desvalimiento, y el sentimiento profundo de que no podemos variar nada de esta vorágine que nos arrastra. Sin darnos mucha cuenta hemos aceptado este estado de cosas sin contemplar la posibilidad de otras salidas. Esta idea viene reforzada por una concepción de la subjetividad. El desarrollo de la neuro-genética asociada a una psicología cognitivo conductual, es una manera larvada y perniciosa de hacernos creer que está todo determinado por nuestro ADN, y que la manera de afrontar cualquiera de las peculiaridades de nuestro ser es despojándolo de toda marca de lenguaje y convertirlo en pura fisiología. Para ello se fabrican modelos de conducta a las que los sujetos deben acoplarse. La normalidad, uno de los significantes amos de esta época, que no reconoce lo que queda fuera de esta categoría, nos convierte a cada uno de nosotros en infractores, por no lograr adaptarnos a ella completamente. Cada vez más, consideramos nuestra manera singular de vivir y las marcas de nuestra vida como algo que mejor hay que ocultar, incluso a nosotros mismos. Despojados así de nuestra excepcionalidad, de lo que nos hace únicos, no consideramos otra salida que la de

adaptarnos al modelo imperante. Esta presión, este aplastamiento, esta coraza que nos encarcela; aplasta cualquier alternativa posible. Aunque ahora no tengamos a ese “hombre con bigotito” en el que hacer confluir el ideal singular de cada uno en un único ideal, tenemos esta idea de normalidad y esta animalización de lo humano. ¿Y cómo se sale de esto? Los psicoanalistas lacanianos hablamos del síntoma, de la invención, del futuro anterior, lo que “habré sido en el pasado para lo que estoy llegando a ser… el futuro”; desde luego esto en nuestra experiencia conlleva darle un lugar de privilegio a la palabra y a la memoria. Una indagación donde se desplieguen los significantes amos a los que nos sujetamos y que conformaron nuestro sínthoma y a partir de ahí hacer un uso de ello. Y este foro, como el anterior, responde a ese uso… a una lógica colectiva, que pretende alejarse de la psicología de masas. Este evento es la puesta en acto de lo singular de cada uno, lo que incluye el malentendido, las equivocaciones y las invenciones, en un clima de confianza en lo sintomático. Cada uno ha aportado su granito de arena sintomático para llegar hasta aquí. Como veis, con el sínthoma se pueden realizar cosas que con el “todos normales” sería imposible. Los efectos de este encuentro servirán para proseguir en esto que nos aúna -a cada uno de los que estamos aquí y de muchos otros-, no dejar que se aniquile lo que nos hace humanos: el hecho de ser hablantes, sexuados y mortales.t

LA AUTORA Mercedes de Francisco. Psicoanalista en Madrid, AME de la ELP y de la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano-NUCEP. Directora de Foro II: Las Servidumbres Voluntarias. Email: mdefrancisco@arrakis.es

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Normas de publicación en la revista Letras. Estimados colegas, con el ánimo de facilitar el trabajo de publicación de los textos en la revista Letras hemos preparado este índice de normas para la redacción y publicación. Los trabajos deben enviarse para su publicación a la dirección de la revista: redacción@letraslacanianas.com 1. E xtensión. Los textos no deben sobrepasar los 16.000 caracteres con espacios incluídos y no deben haber sido publicados anteriormente ni en formato papel ni en formato digital (Webs, Blogs, etc.) 2.  Formato. En el siguiente orden debe figurar: Nombre del autor (minúsculas). Título (minúsculas). Texto (sin faltas de ortografía ni erratas). Notas (usar superíndice y ubicar las notas al final del texto) 3.  Normas específicas de formato: Tamaño de página A4. Tipo Letra: Times New Roman, 12 pt. Justificación del texto: Izquierda, sin sangrías. Numeración de páginas: NO. Subtítulos: En cursiva y minúsculas, sin guión. Se puede usar numeración o letras para su ordenamiento. No se debe usar doble espacio en el texto, ni incluir doble espacio antes de un signo de puntuación (ejemplo, está mal: “escribo , corrijo” cuando debe figurar “escribo, corrijo”). Citas, neologismos, palabras extranjeras: Entre comillas Formato de las referencias: Nombre (siglas) y apellidos del autor en letra normal. Título del artículo o capítulo en letra normal y entre comillas. Título del libro o revista en cursiva. Editorial, ciudad, año de edición y página citada en letra normal. Ejemplos: J. Lacan, “El seminario sobre La carta robada”, Obras Escogidas, RBA, Barcelona, 2006, pág.5. Ibíd., pg 35. (Si la referencia es inmediatamente seguida al mismo texto: Ibíd. en cursiva) J. Lacan, “El seminario sobre La carta robada”, op.cit., pág.7 ( si la referencia no es inmediatamente seguida de la primera, pero es el mismo texto: op.cit. en cursiva ).

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León Ferrari p i n t o r y e s c u lt o r ,

Leon Ferrari, nace el 3 de septiembre de 1920 en Buenos Aires. En 1964 ilustra Escrito en el Aire, libro de poesías de Rafael Alberti. Ese año también ejecuta Cuadro escrito, la descripción escrita de una obra, considerada hoy como uno de los primeros ejemplos del arte conceptual internacional. 2006, Muestra antológica de su obra en la Pinacoteca do Estado de São Paulo, Brasil; invitado especial en la Bienal de esa misma ciudad. 2007, León de Oro en la 52ª Bienal de Arte de Venecia. 2009, retrospectiva de su obra en el MOMA de Nueva York, que se presenta luego en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), de Madrid bajo el título Alfabeto Enfurecido. Participa en la muestra Principio Potosí

que se exhibe también en el MNCARS. Las ilustraciones de esta edición son de un ejemplar de Cuadro Escrito obra de 1964 que surge de sus incursiones en el dibujo mediante escrituras deformadas que en 1963 habían dado como resultado su serie “Cartas a un general”. Son las obras en las que asienta inicialmente su interés por indagar sobre la relación entre imagen y texto escrito, mediante mecanismos que le permiten reforzar el contenido crítico de su producción. Las ilustraciones que figuran en LETRAS fueron reproducidas de un ejemplar de Cuadro Escrito con autorización de la Fundación Augusto y León Ferrari. Agradecemos a Claudine Foos su gestión para facilitarnos el acceso a esta obra.


COLABORAN EN ESTE NUMERO

Andrés Borderías, Patricia Bosquín, Guy Briole, Vilma Coccoz, Eugenio Díaz, Mercedes de Francisco, Amanda Goya, Araceli Fuentes, Pía López-Herrera, Rosa López, Manuel Montalbán, Mariam Martín Ramos, Carmelo Licítra Rosa, Félix Rueda, Mónica Unterberger

Meret Oppenheim, Man Ray, 1935

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www.letraslacanianas.com 12Û  •  Revista de Psicoanálisis / Madrid ELP

Letras Lacanianas Nº3  

Letras Nº3 - Revista de Psicoanálisis de la Comunidad de Madrid - ELP

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