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La enfermedad de la salud mental + El porvenir de una ilusión: el culto a la previsión + Un cuerpo, dos escrituras + De la soledad en cualquier esquina

Nº 2 - Enero / Abril 2011

La Enfermedad de la

Salud Mental

fotografía: Gabriel Varsanyi

Letras

R e v i s ta de P sic oa n á l i si s de l a C om u n i da d de M a dr i d  —  EL P


Agenda

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Contenidos —Enero /Abril 2011

La Salud Mental La “Salud Mental” es la que está enferma, como podrán leer en los textos que conforman el dosier de este número. La Salud Mental como concepto y también como dispositivo de atención de los denominados “enfermos mentales”. Como señala Gil Caroz en su presentación del primer Congreso Europeo de Psicoanálisis, lo que ha pasado a primer plano en nuestra época es la coordinación política, y económica de la CONT pg. 2 ➳ Editorial

El Pase

02  Editorial

58  Un cuerpo, dos escrituras

Andrés Borderías

Araceli Fuentes

64  De la soledad en cualquier esquina

Agenda 03  Agenda Enero / Abril 2011

Cultura, Ideas, Política, Novedades

Dossier

08  ¿La Salud Mental existe?

Pilar González

66  Más allá de la narratología Claudine Foos

68  El tacto y la letra. Volver sobre la escritura Erminia Macola

Gil Caroz

10  El engaño del amo moderno Ana Castaño Romero

Clínica

74  Un hombre de talento con algunas observaciones sobre la vida amorosa en la psicosis Gustavo Dessal

14  Las derivas de la ciencia en

su aplicación a la salud mental Santiago Castellanos

20  Un enfoque psicoanalítico frente

al avance masivo de la inteligencia emocional: Mirta García Iglesias y Ana Ramírez Izquierdo

24  Algunas consideraciones sobre Psicosis, Psicoanálisis y Salud Mental Javier Garmendia

28  ¿Resultan saludables, para los menores

protegidos, los distintos recursos que los atienden? Ana Jiménez

34  El porvenir de una ilusión: el culto a la previsión

78  Construir una persona Rosa Liguori

82  Un hombre común Celeste Stecco

Letras en la Ciudad

86  Narcisismo y desarraigo Ignacio Castro Rey

91  Vous êtes un homme! Vilma Coccoz

95  La salvación del alma moderna. Terapia, emociones y la cultura de la autoayuda Beatriz García Martínez

Eric Laurent

42  Un psicoanalista entre médicos

98  El hecho de lenguaje

46  La Salud Mental, ¿existe?

104

50  El sujeto clasificado: una salud mental

 elicidad y psicoanálisis F Esperanza Molleda Fernández

108

 a mirada en Lacan y Sartre L Sagrario Sánchez de Castro

Gabriela Medín Enrique Rivas

ready made Luis Teszkiewicz

54  ¿Existe la salud mental? Basi Viar

Sergio Larriera Sánchez

Varios

112  Normas de publicación

Imágen página siguiente, Valve for Supersonic Wind Tunnel, Flight Propulsion Lab NASA, 1956

Boletín de subscripción

3 • Letr as, Enero-Abril 2011

“La escritura, la letra está en lo real y el significante en lo simbólico” J.Lacan, De un discurso que no fuera del semblante

Letr as, Enero-Abril 2011 •

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Editorial

LE TR AS

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Director Andrés Borderías Asesor Eric Laurent Comité de Redacción Oscar Caneda, Ana Lía Gana, Mirta García, Rosa López, Joaquín Caretti Colaboradores Carmen Bermúdez, Eva Fernández, Julia Gutiérrez, Gabriela Medin, Silvia Nieto, Pío Zelaya Equipo Gráfico Gabriela Medin (Responsable) Ana Lía Gana, Silvia Nieto Edición Digital Pío Zelaya (Responsable) Distribución Gabriela Díaz Maquetación y Diseño BTO Design Imprime: Lavel, S.A.

“Letras” es una revista editada por la Sede de Madrid de la ELP. c/ Gran Vía nº 60, 2º izda. 28013 Madrid Tel: +34 915 591 487 email: info@letraslacanianas.com página web: www.letraslacanianas.com Letras es una revista sin ánimo de lucro, publicada bajo los auspicios de la ELP, la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis Foto de Portada: Gabriel Varsanyi, serie Pater

La “Salud Mental” es la que está enferma, como podrán leer en los textos que conforman el dosier de este número. La Salud Mental como concepto y también como dispositivo de atención de los denominados “enfermos mentales”. Como señala Gil Caroz en su presentación del primer Congreso Europeo de Psicoanálisis, lo que ha pasado a primer plano en nuestra época es la coordinación política y económica de la Salud Mental, relegando el debate clínico y epistémico sobre el síntoma. Esta nueva forma de la política basada en una transformación del discurso del amo, ahora evaluador, pretende imponer una concepción estandarizada y “científica” del malestar y la enfermedad, rechazando el debate sobre la causalidad psíquica y la función que cumple el síntoma para el sujeto. En este sentido, la Salud Mental está enferma de ignorancia. La estadística y las prácticas basada en la supuesta “evidencia”, sostenidas en la acción combinada de la farmacología y las prácticas autoritarias de “normalización” conductual, constituyen el acerbo de un modelo de “salud mental” que gira alrededor del nuevo homo economicus, otro nombre del sujeto evaluado en el tiempo del discurso capitalista. Como señala Foucault en Nacimiento de la Biopolítica, “el neoliberalismo norteamericano postula la extrapolación del análisis economicista a otros ámbitos del comportamiento humano… De modo que el objeto de análisis económico debe identificarse con toda conducta finalista que implique una elección de medios, vías e instrumentos; en suma, identificación del objeto del análisis económico con toda conducta racional”.

A la ignorancia, se suma pues una segunda enfermedad, la cuantificación, que Heidegger señaló en La época de la imagen del mundo. Si hasta hace no mucho, el psicoanálisis encontraba en la psicosis un terreno común para el debate con la psiquiatría, este terreno ha sido abandonado por ella al reemplazar lo real del síntoma del sujeto, por el saber sobre lo real propio de la ciencia y la evaluación. Es fácil entender entonces, la sustitución de la clínica psiquiátrica por los actuales manuales estadísticos. Este desvanecimiento del debate clínico sobre la causalidad psíquica de la enfermedad mental y sobre el concepto mismo de “salud mental”, no hubiera sido posible sin la normalización farmacológica y la normalización conductual, sostenidas en una concepción de la “norma” sostenida en los prejuicios inconscientes del clínico, que se imponen por tanto en su vertiente de sugestión autoritaria. “Aquí como allá, se prepara la ciencia rectificando la posición de la ética”, afirmó Lacan en Kant con Sade, y nos preguntamos qué rectificación ética subyace a las nuevas enfermedades de la Salud Mental. Ignorancia, cuantificación, autoritarismo, son tres nombres de la enfermedad de la Salud Mental que examinamos en el dossier que articula este segundo número de LETRAS. Como contrapunto, encontrarán en la sección dedicada al Pase los testimonios de Araceli Fuentes y de Pilar Gonzalez, recientemente nombradas Analistas de la Escuela. El síntoma como saldo final de un análisis, rasgo particularísimo de una posición radicalmente distinta ante lo real. Otra ética, otro saber.

ISSN: Letras 2174-064X Depósito Legal: 16496-2011

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Andrés Borderías Director de Letras

Imágen página siguiente, Pollock, Hans Namuth, National Portrait Gallery, Smithsonian Institution, 1950

Editorial


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Agenda Cu lt u r a | P er son a jes | P olític a | Ide a s

Enero - Abril 2011

Novedades XI Jornadas de la Sección de Psicoanálisis de la AEN

“Teoría y pr áctica psicoanalítica de las psicosis” 25 y 26 de febrero de 2011 Colegio de Médicos de Madrid Con el título de “Teoría y práctica psicoanalítica de las psicosis” y una notable asistencia de participantes se celebraron las XI Jornadas de la Sección de Psicoanálisis de la AEN el 25 y 26 de febrero de 2011, en el Colegio de Médicos de Madrid. La presencia del psicoanálisis en las instituciones y la política social, y el abordaje psicoanalítico de las psicosis son los temas que han recorrido permanentemente, como una filigrana, el trabajo de la Sección desde sus orígenes, y, como tales, ocuparon los momentos centrales de trabajo en las Jornadas. Luego, la pregunta por la transmisión y la enseñanza del psicoanálisis en los dispositivos de salud mental, la preocupación por las psicosis infantiles, y el abordaje de niños y familias en riesgo de exclusión social fueron otros asuntos que se desplegaron en las sucesivas mesas redondas. Algunas afirmaciones fuertes, a modo de pantallazos: “Hay que ser prudentes ante la psicosis, pero esto no puede ser una coartada para no intervenir, para dimitir de la escucha del psicótico”. Otra más: “La sociedad moderna no empuja precisamente al pensamiento, y por eso no empuja tanto al delirio paranoico como a la invasión de goce en la esquizofrenia”. Una tercera: “La clave del pronóstico en la psicosis es la posición del sujeto, el coraje del paciente que consiente en el trabajo con el analista”. Para concluir: si hay dos ideas que atraviesan como un rayo, con toda su fuerza, todas las Jornadas de principio a fin son, en primer lugar, la exigencia ética de restituirle al psicótico toda su dignidad subjetiva y reconocerlo como un sujeto de la palabra, y, en segundo lugar, la necesidad de que el psicoanalista ponga en juego su deseo dentro de la institución al modo de un proceso de invención, reinventando una práctica en esta época donde la extensión del psicoanálisis reclama nuevas alianzas entre el psicoanálisis puro y su forma aplicada. Antonio Ceverino

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Agenda

Atlas, fotografía del Museo Reina Sofía, 2011

De Atlas a Walter Benjamin

Un paseo por algunas de las exposiciones de arte de este invierno nos ofrece la posibilidad de apreciar cuáles son las tendencias actuales en esta materia y cómo se nos muestran. La exposición temporal, llamada Atlas, ya en el subtítulo nos sorprende con el interrogante de ¿Cómo llevar el mundo a cuestas? Interesante pregunta que nos sugiere pensar en el peso de la existencia en un mundo en el que los sujetos aparecen cada vez más bajo la forma de la desorientación y del sin sentido. Su comisario, Didi-Huberman, presenta Atlas como un dispositivo para reconfigurar, reordenar el mundo, las cosas, los lugares y el tiempo. Didi-Huberman parte del Atlas de imágenes compuesto por Aby Warburg (1924-1929 inacabado), Atlas Mnemosyne, Atlas de la memoria, que supuso un giro radical para el entendimiento de las imágenes, “él es para la historia del arte el equivalente a lo que Freud, su contemporáneo, fue para la psicología. Incorporó cuestiones radicalmente nuevas para la comprensión del arte y, en particular, la de la memoria inconsciente” 1. La exposición se propone mostrar lo que está detrás de la obra de arte, la mesa de trabajo de los artistas, sus documentos, sus ensayos, su historia. El objetivo no es ver las obras de Paul Klee, de Samuel Beckett, de Duchamp, Goya, Man Ray, Paul Klee, Rimbaud o Walter Benjamin, entre muchos otros. El objetivo es convertir el modelo de Warburg y su método de conocimiento transversal del mundo, en el modo de enfoque alrededor del cual Huberman sitúa el interés central de su trabajo. Busca enseñar las ideas gráficas o teóricas de cada artista que guardan relación con las creaciones posteriores. Lo visual, la imagen, la fotografía, se constituyen en un elemento privilegiado para los artistas del siglo XX y XXI. Es desde las imágenes como Huberman recorre la historia al modo de Warburg, quien destacó en sus documentos la experiencia de la locura y de la guerra. El autor de la exposición destaca el método Atlas como el modo de conocer la historia de la imaginería humana contemporánea occidental. Resalta la importancia de las diferen-

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cias colocando una cosa y otra totalmente diferente al lado, para tratar de encontrar el nexo secreto entre lo diferente en un terreno priorizado de lo visual. Hay una insistencia en modificar el orden de las imágenes, disponiéndolas de diversas maneras, para encontrar los fragmentos de la división del mundo. “Los artistas contemporáneos son sabios o precursores de un género especial: recogen trozos dispersos del mundo como lo haría un niño o un trapero” 2. Encontramos en los textos que encabezan las salas del Reina Sofía, en el recorrido de Atlas, referencias de interés para analizar y pensar las relaciones entre las características de la modernidad y la posmodernidad, el mundo y el arte. En una sala podemos ver, 375 cajas de cerillas, obra de Vyacheslav Akhunov, 2009, dispuesta de tal manera que capta la atención y nos lleva a situarnos en diferentes lugares para disfrutar de las transformaciones del espacio que la obra produce, según el punto desde el cual uno se coloque. Este montaje nos recuerda por su colocación a la colección prevertiana. Una vez más experimentamos lo ya explicado por Lacan en el seminario de La ética del psicoanálisis 3 cuando nos habla de elevar el objeto a la dignidad de la cosa para hablarnos de la sublimación como una condición fundamental e inherente a la obra de arte. Una vez más las cajas de cerillas son ordenadas produciendo algo del orden de lo bello. En el seminario citado, Lacan nos trae la colección de las cajas de cerillas de su amigo Jacques Prévert, donde destaca el modo de presentación de las cajas y donde el objeto deja de ser simplemente un objeto bajo la forma de una determinada multiplicidad y apunta a la Cosa. Nos dice Lacan que se trata de un objeto que puede a veces traernos un sentido moral. En el caso de las cerillas de Prévert, el cajón. Se nos muestra una vez más una de las formas de la sublimación, según Lacan, la más inocente. Del desastre al deseo, por la belleza del gesto (del texto de la exposición, Didi-Huberman) Walter Benjamin ocupa un lugar destacado en las referencias artísticas de la ciudad. Atlas le otorga un lugar importante en referencia a lo inconsciente y a su concepción del historiador como un arqueólogo de la memoria. El Círculo


Agenda de Bellas Artes con ocasión de la conmemoración del setenta aniversario de su muerte ofrece una exposición que se piensa desde las ideas benjaminianas4. Tanto Huberman como César Rendueles y Ana Useroscomisarios de la muestra del Círculo- destacan en Benjamin un modo de pensar las imágenes. El Círculo destaca la idea del propio Benjamin de que la técnica avanza en contra del arte, tiñéndolo de banalidad. Las exposiciones critican el progreso y reflejan la angustia de la época que en su afán globalizador produce restos, desechos y ruinas que no cesan de causar efectos devastadores en los sujetos. Queda del lado del visitante pensar qué concepto de inconsciente transmite Huberman y si se corresponde o no con el inconsciente freudiano. En cuanto a Walter Benjamin, el

Círculo transmite excepcionalmente las ideas de uno de los filósofos contemporáneos que con gran profundidad critican la modernidad en sus referencias al extravío y la identidad móvil. W. Benjamin nos habla de un sujeto espectador y de los efectos devastadores e irreparables que la técnica produce.

1. Del folleto: Atlas ¿Cómo llevar el mundo a cuestas? Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. 26 de noviembre 2010 – 28 de marzo 2011. Comisario Didi – Huberman. 2. Folleto Atlas. Ana Ramírez. A. P., Psicoanalista en madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Email: anarramiz@telefonica.net

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RESEÑA CONVERSACIÓN CLÍNICA DE BARCELONA 5 y 6 de marzo de 2011 “Hay análisis que nunca empiezan aunque haya encuentros entre analista y sujeto; hay encuentros que se interrumpen continuándose el análisis bajo una nueva transferencia; hay transferencias que no logran encontrar su momento de resolución. También hay – es un hecho – análisis que terminan. Otra cuestión es que después ese sujeto se mantenga atento a su inconsciente, precisamente porque está advertido de que no existe una última palabra que le permitiría descansar de ser un hablante. Ahora bien, en tanto el sujeto está acompañado por el analista en su trabajo, la finalización de sus encuentros puede abordarse desde dos perspectivas distintas: la del analizante y la del analista.” Esta fue la propuesta que realizó este año el Instituto del Campo Freudiano para su encuentro anual, tratándose en esta ocasión del 11º, en su Conversación Clínica celebrada en Barcelona. Estuvo coordinada por Jorge Alemán y Marta Serra, y acompañados como siempre por la agudeza clínica, y en esta ocasión también bienhumorada, intervención de Jacques Alain Miller. Tomó la palabra Miquel Bassols, miembro del comité de organización junto con Mónica Marín y Rosalba Zaidel, para recordar a Hilario Cid quien contribuyó vivamente en el progreso de nuestra escuela. Fueron presentados seis casos, de los cuales, sólo uno, el presentado por Rosa López daba cuenta de la finalización del trayecto analítico de un sujeto neurótico, con un claro apaciguamiento del superyó, así

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como la resolución de la transferencia por la vía de la lectura de Lacan. El caso presentado por José Manuel Alvarez, presentaba las dificultades, y la pregunta de si cabía alguna transformación, mutación, trasvase posible del goce del sujeto, si cabía algún trayecto posible del síntoma al sinthome, ¿No hay salida? Así se titulaba el caso. Sólo una pregunta de Manuel Fernández Blanco: ¿Cuándo empezó todo?, y sesiones diarias durante dos meses permitieron el paso de ser la mejor de las anoréxicas a una histérica maravillosa. El caso de Vicente Palomera, un sujeto afectado de fobia crística, conseguiría a lo largo de su trayecto analítico, tal como señaló Miller el poder separarse de una posición de falo “de contrabando” imaginario de la madre para orientarse de otro modo en su relación con las mujeres. Los casos que presentaron Guy Briole y Julio González presentaban la dificultad de concebir la terminación de la cura cuando la presencia real del analista suple la ausencia de un simbólico que anude, así como la dificultad de encontrar una suplencia cuando hay una excesiva presencia de un padre no simbolizado. Miller nos recordó en relación a la psicosis, que ésta no es deducible de la historia del sujeto por muy precisa y construida que esté, siempre hay una falla entre las causas presuntas y los efectos observados. Así, concluimos la undécima Conversación Clínica del Campo Freudiano despidiéndonos hasta el año próximo. Silvia Nieto


Agenda

FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA 2

“Las servidumbres voluntarias” 11 de junio de 2011 Círculo de Bellas Artes Aunque la evaluación no es un tema que se haya tratado mucho dentro del pensamiento contemporáneo, sin embargo, es un fenómeno esencial de los tiempos actuales. La evaluación inunda la actividad de nuestras vidas, casi de manera imperceptible, desde los dispositivos sanitarios en su amplio espectro, hasta los educativos, empresariales, literarios, artísticos, e incluso la vida cotidiana. Es así como lo calculable, la medida, entra en nuestras vidas y nos afecta como sujetos. El poder administrativo, las políticas de gestión, la pesadez de su control informático y estadístico, se imponen y atraviesan los gobiernos. En principio parecería que se trata de evaluar instituciones, grupos, y no individuos, pero son los individuos los evaluados, y el resultado es tener a hombres y mujeres marcados por la comparación con el grupo de referencia o los parámetros que las agencias de evaluación imponen. Esta comparación siempre se salda con un negativo. En la clínica que nos ofrece la experiencia analítica esto es patente y claro, cada vez que el sujeto se compara sale “perdiendo”. Nos atreveríamos a decir que el poder de la evaluación es tiránico porque lo que en esencia pretende, más que la propia evaluación, es conseguir del sujeto su consentimiento a esta operación. Con este consentimiento, con esta servidumbre, dejamos de lado lo incomparable de cada uno y pasamos a formar parte de esa masa evaluada. ¿Qué consecuencias tiene esto para los sujetos?: el propio rechazo de sí mismos, un empuje destructivo, al considerarse menos que los otros y, por lo tanto, merecedores de sufrir las consecuencias de este “déficit”. Vemos así proliferar los estados depresivos, angustiosos... las adicciones. Pero también esto explicaría la sorprendente docilidad con la que los ciudadanos aceptan este estado de cosas que los lleva a la impotencia frente a cualquier acción que pudieran acometer.

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Ya Étienne de la Boétie1 ponía en primer término esa servidumbre voluntaria, como lo único que en último término explicaría el éxito de cualquier tiranía. Es este consentimiento del sujeto lo que en última instancia la hace posible. ¿Qué de lo propiamente subjetivo podría explicar esto? Con S. Freud y J. Lacan encontraremos respuestas a estas preguntas que se desplegarán en nuestro Foro. El psicoanálisis, por ocuparse de lo incomparable e inconmensurable de cada uno, permite a los sujetos reencontrarse con lo que les ha sido arrebatado, con lo imposible de evaluar. Desde luego no creemos ser los únicos que activamente defendemos lo más íntimo e inigualable de cada uno. Por ello, animamos a participar en este Foro a todos aquellos que quieran desenmascarar las nuevas formas que esta servidumbre adopta e ilustrarnos sobre su invención para resistir a ella. Este segundo Foro, en continuación con el anterior – Lo que la evaluación silencia, un caso urgente: el Autismo (Barcelona, junio de 2010) - se enmarca en un movimiento que Jacques-Alain Miller comenzó en el año 2001, con la publicación de sus Cartas a la Opinión Ilustrada2 y que prosigue con la realización de Foros en París donde participan intelectuales, escritores, artistas, psicoanalistas, políticos. Esta vez, la convocatoria tendrá lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el sábado 11 de junio de 2011. Contaremos para empezar con la lista de correo olga.monton.al@gmail.com, a la que os invitamos a inscribiros y con el boletín on-line A-FORO, desde donde os irán llegando textos, comentarios, entrevistas, curiosidades, cuestiones organizativas y que darán la oportunidad a distintas formas de participación. Texto redactado por Mercedes de Francisco 1 Étienne de la Boétie, Discurso de la servidumbre voluntaria. Editorial Tecnos, Madrid, 2010. 2 J-A. Miller, Cartas a la opinión ilustrada. Editorial Paidós, Barcelona, 2002. Comité de iniciativas: Carmen Cuñat, Elizabeth Escayola, Mercedes de Francisco, Eric Laurent, Judith Miller, e Iván Ruiz.

Imágen página siguiente, Pater, Gabriel Varsanyi, negativo manipulado, Argentina

Arcos romanicos consecutivos, Domiwo, Florencia, Italia, 2007


Dossier

Agenda

Testimonios | EnseĂąanzas | Conversaciones

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Dossier

¿La Salud Mental existe?*

Textos: Gil Caroz Imágenes: Bancroft Hall * Texto de presentación de Pipol 5, 1er Congreso Europeo de Psicoanálisis que se celebrará en Bruselas el 2 y 3 de Julio de 2011. Un gran número de psicoanalistas trabajan en instituciones que portan la etiqueta de la Salud Mental. El psicoanalista está en efecto concernido por una clínica de los estragos ligados al discurso del Otro, que Freud designó “malestar en la cultura”. Ahora bien, cuando un psicoanalista ocupa el lugar de trabajador de la Salud Mental, mantiene un debate permanente y muy necesario con este concepto, pues hay una antinomia entre la noción de Salud Mental y el psicoanálisis. Allí donde la Salud Mental se pone al servicio del orden público1, el psicoanálisis intenta habilitar un lugar para la “chif ladura” de cada uno. Allí donde la Salud Mental intenta estandarizar el deseo para que el sujeto marche al paso de los ideales comunes, el psicoanálisis sostiene una reivindicación del derecho al “no como todo el mundo”. 2 Allí donde la Salud Mental lleva la huella de la caridad, el psicoanálisis, según la expresión de Lacan, “descarida” y alivia al sujeto de la voluntad del “Otro que quiere el bien”. En efecto, más que dedicarse a hacerse cargo de la miseria del mundo, el psicoanalista tiene como tarea intentar encarnar la causa del deseo para el sujeto del inconsciente. 3 10 • Letr as, Enero-Abril 2011

Pero, ¿por qué poner en cuestión la existencia misma de la Salud Mental? Es que desde hace algunas décadas, los giros que toma el uso de este término se correlacionan con una disolución inquietante de la clínica “psi”. Anteriormente la confrontación entre las disciplinas implicadas en la Salud Mental era fuente de un debate riguroso, cuyos fundamentos científicos eran localizables. Los protagonistas de este debate no han cesado de refinar sus observaciones clínicas con el fin de fundamentar sus argumentos. Hoy en día este debate se ha extinguido. Habiendo convertido los Estados la Salud Mental en su asunto, es la coordinación política y económica de su acción la que está en primer plano. Las figuras que representan al Otro de la Salud Mental empujan hacia un consenso, allí donde antes había un debate de sabios.4 Así, el DSM, a fin de evitar cualquier chirrido, se pretende “a-teórico” y su redacción se mide con la escala de la norma estadística y de la opinión pública. Algunas universidades intentan diluir la clínica de los padecimientos psíquicos en un impreciso “bio-psico-social”. La definición de la Salud Mental de la OMS en términos de “promoción del bienestar” y de “prevención de los trastornos mentales” extiende su acción a todos, sin distinción.


Dossier

Bancroft Hall, barracas de cadetes en la Academia Naval de Estados Unidos, 2004

Este consenso crea una niebla epistémica que aleja a la Salud Mental de lo real de la clínica. La idea de un trastorno mental que sería objetivable y curable descarta el estudio del síntoma que conjuga el goce singular del sujeto con su verdad. La referencia al “bienestar” no es más que una reducción de las virtudes preconizadas antiguamente por las sabidurías a un higienismo que se pretende científico. En la práctica, esta imprecisión no es sin efectos. La evaluación basada en cuestionarios parasita el encuentro clínico vehiculizado por la palabra y la transferencia. La nosografía psiquiátrica se ha transformado en un continuo que borra las diferencias entre los padecimientos psíquicos agudos y la simple condición humana. El mercado de los psicotrópicos se beneficia sin duda de esta globalización del campo de aplicación de la Salud Mental, devenida un ideal a alcanzar. Las terapias cognitivo-conductuales, que desprecian al sujeto del inconsciente, tratan de imponerse en nombre de una gran eficacia demostrada “científicamente”. Nos encontramos frente a una doctrina clínica que sostiene que el “trastorno mental” es para todos, mientras que el inconsciente no es para nadie. Por eso, los casos que presentan un sufrimiento agudo con peligro de pasaje al acto a menudo son rechazados. Muchos practicantes en Europa resisten a este movimiento de disolución y adhieren a la orientación psicoanalítica. Todas las medidas valen a fin de someterlas a la liquidez epistémica y ética que se instala: el recurso 11 • Letr as, Enero-Abril 2011

a la legislación y a los estudios “científicos” para desacreditar sus formaciones y sus prácticas; y si esto no es suficiente, la denigración e incluso la difamación. En tanto adherentes al psicoanálisis lacaniano, somos parte de estos practicantes. No cedemos ni en nuestra orientación ni en el rigor clínico que ella exige. Sin embargo, deploramos los estragos cometidos en nombre de la Salud Mental que nos han privado de algunos interlocutores serios. Por lo tanto, no reivindicamos un consenso, reivindicamos un debate. De allí nuestra pregunta: ¿qué quiere decir hoy la Salud Mental? Y por añadidura: ¿existe?.  t Traducción: Florencia Shanahan.

EL AUTOR Gil Caroz. A.M.E. Psicoanalista en Bélgica. Miembro de la ECF, NLS y la AMP. Director de PIPOL 5. Email: gil.caroz@skinet.be.

Referencias 1 J.-A. MILLER, “Salud Mental y Orden Público”, Uno por Uno nº 36, 1993. 2 J.-A. MILLER, “Cosas de finura en psicoanálisis”, curso del 19/11/2008. Inédito. 3 J. LACAN, “Psicoanálisis, Radiofonía & Televisión”, Bs.As., Anagrama, 1977. 4 A. AFLALO, “L’assassinat manqué de la psychanalyse”, Nantes, Cécile Defaut, 2009.


Dossier

El engaño del amo moderno*

Textos: Ana Castaño Romero Imágenes: Skarlyt ^ Templo Meji * Texto original de la autora.

“ Todo discurso se presenta como rico en consecuencias, pero oscuras. En principio, nada de lo que decimos deja de acarrearlas. Sin embargo no sabemos cuáles”. J. Lacan, “De un Otro al otro”.

Política Sanitaria. Como es bien sabido uno de los pilares del Estado de Bienestar se asienta en la política sanitaria, por su incidencia directa en el progreso de un país y en la organización socio-económica del mismo. En un estado moderno el objetivo sería su universalidad, llegando a constituirse en un derecho la lógica del para todos, lo que supone un primer escollo a la particularidad, la lógica del no todo. La sanidad como derecho universal debe articularse a la particularidad del síntoma. El autoritarismo científico y el auge de la técnica de las últimas décadas aparecen como perfectos aliados de esta lógica Universal permitiendo la barbarie sobre el sujeto, su exclusión, segregación, inclusive su desecho. La salud mental “no existe” porque no tiene en cuenta la división subjetiva, la falta en ser, y se trata más bien de un asunto del orden público que se orienta en sus 12 • Letr as, Enero-Abril 2011

intervenciones para normativizar al sujeto y mantener el orden establecido. En aras de este bien común que se torna un ideal a alcanzar, se están empezando a manifestar consecuencias devastadoras tanto en la clínica actual como en el modo de orientar una cura con el desarrollo de guías para la buena práctica. Jean-Claude Milner muestra muy bien en su libro La política de las cosas1 que la consigna de la evaluación es una homonimia embustera, bajo la cual se produce una objetalización de las enfermedades del alma. En esta época de la aldea global es fácil que el sujeto se deslice al lugar del objeto. He comenzado con esta breve reflexión pues aunque sabemos que la salud mental no existe, sí existen las políticas que autorizan el uso de procedimientos alienantes que nos van llevando de soslayo, casi sin darnos cuenta, a un giro que puede ser sin retorno. En este preciso momento esto concierne de modo especialmente acuciante al psicoanálisis y a los psicoanalistas que trabajamos en las instituciones. La “libre elección”. Hace unos meses fui convocada, por el puesto que ocupo en la institución pública, a una reunión con el Consejero


Dossier de Sanidad de la Comunidad de Madrid para conocer el nuevo modelo de gestión sanitaria. Este modelo denominado “El Área única y la libre elección” fue presentado, en palabras textuales, como un “cambio de paradigma, en el que el paciente ocupa el centro del sistema, referente y brújula que orienta la política, homogeneizando y racionalizando pruebas diagnósticas, recursos asistenciales, personas, con el fin de ofertar calidad y equidad para todos por igual”. En una primera lectura, este nuevo paradigma se presenta como una mejora para el ciudadano, el protagonista que “puede elegir”. Pero, ¿qué quiere decir “elegir”?. El método es el siguiente: el médico del centro de salud o bien alguien a petición propia quiere ser atendido en los servicios de Salud Mental. Su demanda es derivada a un Centro de multi-cita, una especie de Call Center, en donde gestionan su cita ofreciéndole el primer hueco libre, con el profesional que sea y en el lugar que sea. Uno tiene que empeñarse mucho para ser atendido por quien desea y se le penaliza con una larga espera. El ciudadano, por sorprendente que parezca, queda satisfecho creyendo haber elegido, cuando más bien es él quien ha sido elegido para la cifra y la contabilidad del amo, pues así disminuyen las listas de espera y el engaño está servido. Este modelo, en funcionamiento desde diciembre del pasado año, lleva implícito un cambio muy grave en el modo de hacer de los profesionales: agendas electrónicas con visibilidad desde cualquier punto de la red, visibilidad que alcanza a los curriculums de los profesionales que van a aparecer en internet y la tendencia a la superespecialización con expertos en monosíntomas, cuya acreditación ha de ser validada por organismos garantizados por el Estado. Se fomentan así “vínculos líquidos” frente a la transferencia, al sujeto supuesto saber. Mejor no pensemos, no preguntemos y que el experto resuelva y extirpe el síntoma. Hay en la condición humana cierta tendencia a la servidumbre, como nos recuerda Freud, “más que un animal gregario, es el hombre un animal de horda; esto es, un elemento constitutivo de una horda conducida por un jefe”2 siendo del orden de lo subversivo sostener un deseo de saber sobre sí y hacerse responsable del mismo. Aunque se destierre al psicoanálisis por caduco desde lo que se pretende ciencia, el hombre seguirá padeciendo de sus síntomas porque se padece del Otro: “Tal como nos ha sido impuesta, la vida nos resulta demasiado pesada, nos depara excesivos sufrimientos, decepciones, empresas imposibles”3. Una experiencia particular. A pesar de los obstáculos que he relatado y contando con la imposibilidad de partida de estar bajo la égida del Amo, mi apuesta personal desde hace años es la de hacer existir el psicoanálisis aplicado en el seno de la institución de salud mental. Mi experiencia es muy particular porque cuento con varias circunstancias que me son favorables: dirijo y gestiono el equipo de Salud Mental de Moratalaz-Vicálvaro; mi pertenencia a la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis que me sostiene en esta tarea tan 13 • Letr as, Enero-Abril 2011

compleja y mi análisis personal. Estas circunstancias me han permitido ir orientando mi práctica hacia una posible alianza entre el psicoanálisis puro y el aplicado, a lo que se suma mi participación en el CPCT de Madrid. En un primer tiempo de esta experiencia la pregunta inicial giraba en torno a las condiciones de posibilidad cuando uno, a diferencia de la institución analítica, está en una institución regida por la lógica del para todos y su estatuto laboral es el de su profesión y no el de psicoanalista. Ante esta perspectiva es indispensable que el lugar del analista se sitúe de manera éxtima, descompletando esta lógica. Es decir, el profesional ha de separase,

“SE FOMENTAN ASÍ “VÍNCULOS LÍQUIDOS” FRENTE A LA TRANSFERENCIA, AL SUJETO SUPUESTO SABER” cada vez y caso por caso, del ideal institucional para hacer el pasaje de la ética del deber que compromete al trabajador a la ética del deseo que implica el acto analítico. Se trata de una posición sin ambages, no es posible ni se debe estar entre dos discursos. Las interferencias que suponen los protocolos como instrumentos de evaluación, la utilización de clasificaciones diagnósticas, el uso del fármaco -que bajo trasferencia tiene otra dimensión- no se pueden ignorar. Uno tiene que saber manejarse con esta realidad y conocerla bien, pero esto no impide que en la intimidad del encuentro, de puertas para adentro, haya lugar para el acto analítico con sus efectos. La administración, por ahora, nos deja hacer ya que nuestra práctica no contabiliza en sus cifras. ¿Cómo incluirse en un discurso que no tiene en cuenta la subjetividad?. Los psicoanalistas trabajamos con lo que no es del dominio público al ser sus efectos sobre el sujeto. Para pensar un posible modo de inclusión recordé “La comunidad inconfesable” de Blanchot, “La comunidad de los que no tienen comunidad”, lo que tiene algunas resonancias con nuestro modo de estar en las instituciones. Lo que nos fundamenta es una particularidad, una política del síntoma, frente al todo de las clasificaciones y los grandes síndromes. Nuestra experiencia tiene algo, si no del orden de lo inconfesable, sí de lo indecible, por lo que nuestra comunidad en la institución podría ser una comunidad invisible a los intereses del Amo. Nuestra condición de existencia impone una ética y nuestro lugar en la institución podría asemejarse a lo que E. Trías define como “lo fronterizo”4, ese borde o bisagra donde los términos no se oponen, sino que tienen implicaciones y a la vez se diferencian. ¿Es posible encontrar un elemento que una y separe psicoanálisis y salud mental, lo íntimo y lo público?. Hace años este punto de encuentro fue la psicosis, pero hoy en día cuando prevalece el declive de la clínica, ya no interesa ni observar ni escuchar al paciente como nos


Dossier enseñó la psicopatología clásica. Predominan los efectos segregativos como consecuencia de un pronto diagnóstico por ejes para aplicar un fármaco hecho a la medida que normativice al sujeto lo antes posible y el punto de encuentro se va tornando más que imposible. Desde la Salud Mental, al menos en Madrid, hay una clara hostilidad hacia el psicoanálisis de orientación lacaniana. Eso no impide que haya efectos de trasmisión y que se puedan desarrollar usos posibles del psicoanálisis aplicado en la institución, si uno está decidido a sostener lo que le causa: el deseo del analista en tanto interpreta y genera trasferencia al supuesto saber. J.A. Miller dice refiriéndose a la validez del psicoanálisis aplicado: “Que siga siendo psicoanálisis, que sea un asunto del psicoanálisis, que sea el psicoanálisis como tal en tanto que aplicado”5. Es por tanto el compromiso con el psicoanálisis la verdadera brújula que nos ha de orientar. Clínica, formación, investigación. En mi experiencia en la institución ha sido fundamental el desarrollo de diversas fórmulas para la trasmisión del psicoanálisis sostenido sobre tres pivotes que están entrelazados entre sí, en intensión y en extensión: la clínica, la formación y la investigación. En relación a la clínica, que no es sin ética, está el caso por caso donde uno da cuenta de lo que hace dentro y fuera de la Escuela, mediante la construcción de un caso que expone ante otros. En la cura de las psicosis, desencadenadas o no, es fundamental tener como referente el saber hacer del psicoanálisis ya que el destino del sujeto está en juego con la posibilidad de crear una invención. En el resto de síntomas lo más complejo es que el sujeto consienta a poner en juego su goce. Con frecuencia cuando se produce una rectificación subjetiva el paciente suele abandonar el dispositivo. Sin embargo, en ocasiones se producen encuentros que van más allá de la rectificación subjetiva. Como ejemplo veamos un pequeño fragmento clínico que muestra que es posible el trabajo del inconsciente en la

“NUESTRA EXPERIENCIA TIENE ALGO, SI NO DEL ORDEN DE LO INCONFESABLE, SÍ DE LO INDECIBLE” institución pública y precisamente cuando la paciente sería dada de alta del sistema por “mejora de su síntoma disruptivo”, comienza a desplegar su fantasma para apuntar al goce puesto en juego. Desde hace años trato a una mujer cuyo primer síntoma era un importante nivel de ansiedad que le llevaba a discutir con su marido por cuestiones relacionadas con su única hija; al señalarle su uso constante del “nos”, su relato dio un giro sorprendente para comenzar a hablar de lo más propio, “su plus 14 • Letr as, Enero-Abril 2011

de raza”. Es judía polaca, víctima del holocausto, y como ella dice su condición judía y lo excepcional de la raza la han llevado a estar fijada en un goce por las causas perdidas que la enreda cada tanto con consecuencias sintomáticas, que ahora empieza a vislumbrar. En la institución en la que trabajo en muchas ocasiones es imprescindible el trabajo en red con otros dispositivos sanitarios, educativos, sociales, laborales y judiciales. Se está en contacto directo con lo social y hay demandas que suponen tomar decisiones sobre la vida de un sujeto. El analista puede desarrollar la práctica entre varios y sostener lo que Di Ciaccia llama “el Uno del vacío”6 para que cada integrante se relacione desde su particularidad con ese vacío y se produzca un saber hacer con un caso entre varios. Una de las dificultades que se generan en un servicio público es la presión asistencial por un aumento progresivo de la demanda. Esta presión constituye una auténtica espada de Damocles sobre la práctica en una época donde a falta de relatos, proliferan las insignias y las marcas que homogenizan y nombran el ser, como la anorexia, la toxicomanía, el trastorno de la personalidad, la hiperactividad, el malestar laboral o la fibromialgia, y donde las asociaciones de usuarios también empujan a la intervención. Una manera para maniobrar en este terreno, pasa en parte por la apuesta por los grupos mono-sintomáticos, en los que se puede trabajar sobre los efectos de sujeto más allá del síntoma que procura una identidad.7 La docencia es un pivote relevante para trasmitir lo que llamo una pragmática del psicoanálisis aplicado y acercar el psicoanálisis en toda su dimensión. Desde hace cinco años realizamos un taller de supervisión de casos, acreditado por el organismo correspondiente, en donde uno de los participantes, no necesariamente en formación analítica, expone su caso y algún miembro de la sede local de la ELP o docente del Nucep supervisa el caso, siendo un modo muy interesante de procurar una trasmisión en acto y con efectos de formación también para los analistas que participamos en esta experiencia pública. Recientemente se han iniciado presentaciones de enfermos, al menos una, como una experiencia piloto siendo la novedad que el paciente no está recluido en una institución cerrada si no en su medio habitual, su barrio, lo que complejiza un poco más la selección y por tanto la frecuencia. Organizamos varios cursos, no sin esfuerzo para ser autorizados, para dar a conocer una perspectiva analítica del síntoma; también conversaciones clínicas y un módulo de psicoanálisis de orientación lacaniana en la docencia postgrado del Hospital General Universitario de referencia, una auténtica hazaña por ser éste un claro representante del neopositivismo científico y la medicina basada en la evidencia. El Servicio que dirijo se ha ido convirtiendo con el paso de los años y tras ir sorteando diversos escollos, algunos muy duros, en “un nido de lacanianos”, como les gusta nombrarnos a aquellos que rechazan el saber inconsciente, desconociendo el efecto que esto ha ido


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Bonsai en el Templo Japonés Meji, Skarlyt, 2005

produciendo, pues se nos conoce por una manera de hacer y los futuros psiquiatras y psicólogos en formación acuden a sus rotaciones movidos por un interés previo hacia el psicoanálisis. Efectivamente “somos una mancha en la institución”, puede que sea la mejor manera de estar, pero no olvidemos que las manchas se pueden extender pausadamente, sin mucho ruido. En lo relativo a la investigación está el engarce con la Escuela mediante un grupo de investigación asociado al Nucep sobre psicoanálisis aplicado a la salud mental donde tratamos de ir dilucidando cuestiones más epistémicas de nuestra práctica institucional. Vivimos en la época del exceso de goce, del “ascenso al cenit del objeto a”, propio del discurso capitalista que en su circularidad nos alcanza con sus contradicciones y los engaños del semblante: “El ciudadano actual se define por ser un artificio, que junto con otros, se reúne, se prepara y no habla de otra cosa que de evitar que el mal llegue como un exterior difuso y sin rostro que está siempre a punto de arribar”8. Cada vez es más difícil mantener una creencia en el síntoma en tanto nos implica como sujetos y las consecuencias se van manifestando en la clínica institucional con un aumento de las patologías del acto, desabonadas del inconsciente, o de aquello que no tiene cabida en ningún lugar, coartada perfecta para que el amo intervenga cada vez más estableciendo 15 • Letr as, Enero-Abril 2011

un orden casi policial. La salud mental, que surgió con un espíritu democrático para liberar a la locura de sus cadenas, es ahora cómplice irremediable de esta política, aunque pretenda ignorarlo con su apelación a los métodos sustentados en el progreso de la ciencia y la técnica. Como decía al inicio, por lo que muestra nuestra práctica y nuestra orientación, estamos en condiciones de desvelar esta pantomima de una salud mental disfrazada de ciencia, de cuyas consecuencias estamos advertidos. t

LA AUTORA Ana Castaño. A.P. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Directora del CSM de Moratalaz-Vicálvaro. Email: anakapicua@hotmail.com

Referencias 1 J.C. Milner, La política de las cosas, Ed.Miguel Gómez. 2 S. Freud, Psicología de las masas y análisis del Yo, Obras Completas, Ed. Biblioteca Nueva, Tomo VII, pg 2596. 3 S.Freud, El malestar en la cultura, Obras completas, Biblioteca Nueva, Tomo VIII, pg. 3024. 4 E . Trias, Ética y condición humana, Ed. Península. 5 J. A. Miller, Psicoanálisis puro, psicoanálisis aplicado y psicoterapia, Freudiana nº 32 6 A . Di Ciaccia, De la fundación por uno a la práctica entre varios, Cuadernos de Psicoanálisis nº 28. 7 M. Recalcati, Lo homogéneo y su reverso, Ed. Miguel Gómez. 8 J. Alemán, Lacan, la política en cuestión, Ed. Grama, 2010, pg. 41.


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Las derivas de la ciencia en su aplicación a la salud mental*

Textos: Santiago Castellanos Imágenes: Patryk Specjal, Jonathan Hillison, Marcos Caneda * Texto original del autor.

El discurso de la ciencia invade todos los aspectos de la civilización y de la vida cotidiana, de manera que todo aquel que se presente como garante de ese discurso es automáticamente legitimado aunque carezca del más mínimo rigor científico. Este es el caso de las neurociencias y de las corrientes más biologicistas de la psiquiatría que forman parte de lo que podríamos llamar las falsas ciencias o pseudociencias. Ellas se presentan en la actualidad como la aplicación de la ciencia al campo “psi”. Se nutren sobre todo de los avances científicos en el campo de la genética, de la biología molecular y de las nuevas tecnologías, que permiten observar lo real del organismo con sofisticados aparatos que nos muestran imágenes que cambian de color en relación a los procesos mentales que se producen de forma experimental. En la actualidad asistimos a una vuelta de tuerca más a la era del psicofármaco. No se trata solamente de que el discurso capitalista, en alianza con el discurso de la ciencia, pueda proponer cada poco tiempo una nueva “píldora de la felicidad”. Esta tendencia ya la conocemos y ha conducido a un uso generalizado de sustancias psicoactivas que inducen a una farmacodependencia y a un enorme negocio para la industria farmacéutica. De esta forma el paciente cada vez más demanda un 16 • Letr as, Enero-Abril 2011

medicamento para hacer gozar el cuerpo y la psiquiatría ha tomado el rumbo del abandono de la clínica y de la transferencia como pilar fundamental del tratamiento. Los avances tecnológicos ponen a disposición nuevas formas de ingeniería científica que en alianza con la psiquiatría, intervienen sobre lo real del organismo. Esta nueva vuelta de tuerca, realizada en nombre de la ciencia, intenta por todos los medios a su alcance que el ser humano pueda ser atrapado en la mirada de una pantalla que pretende dar cuenta de los laberintos de su existencia. El cuerpo es manipulado como si se tratara de una máquina que se puede ajustar e intervenir sin considerar las consecuencias de todo tipo que se producen. La reducción cientificista de lo humano trata de atrapar la complejidad de lo que nos separa del mundo animal en una serie de fórmulas, alteraciones de códigos genéticos, neurotransmisores e imágenes creadas por las técnicas más avanzadas. No es una broma. Se invierten ingentes sumas de dinero en “homogeneizar” la diferencia. Esto no es sin consecuencias. Las técnicas de neuroestimulación cerebral profunda Una de estas intervenciones se refiere a las indicaciones y los efectos de las técnicas de neuroestimulación


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Alarm-clock, Patryk Specjal, 2007

cerebral profunda para pacientes diagnosticados con Trastorno Obsesivo Compulsivo y Depresión.1 En el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, los Servicios de Psiquiatría y Neurocirugía están experimentando los efectos de la implantación de neuroestimuladores en los núcleos de la base del cerebro. Hay tres dianas: la cápsula interna y los núcleos acúmbeo y subtalámico. La intervención en el quirófano se lleva a cabo con el paciente sedado. La neurocirugía actual puede utilizar métodos más sofisticados que en otros tiempos en que se trataba de provocar lesiones cerebrales para tratar patologías. En la actualidad se interviene sobre fascículos de fibras nerviosas produciendo supuestamente menor daño cerebral. Las famosas lobotomías han quedado para la historia, pero la experimentación continúa. La implantación de neuroestimuladores se presenta como una cirugía poco agresiva y reversible porque en el caso de que no sea adecuada la respuesta, se pueden extraer los dispositivos. Sin embargo hay que decir que se trata de técnicas muy complejas en las que interviene un neurofisiólogo, un neurocirujano y un neurólogo junto al psiquiatra. Se utiliza una guía estereotáxica especial, que como un GPS (Sistema de Posicionamiento Global), y con un micro electrodo, pueden alcanzar los núcleos de la base del cerebro –previa perforación del cráneo- y medir la actividad eléctrica de las neuronas que están en esos núcleos. Para esta intervención se requiere la ayuda de las técnicas de imagen de Resonancia Magnética (RM) y Tomografía Computarizada 17 • Letr as, Enero-Abril 2011

(TC). Los pacientes son seleccionados previamente. Se tratan cuadros de depresión severa y refractaria a otros tratamientos y Trastornos Obsesivos Compulsivos que producen una gran limitación a la vida de los pacientes. Llama la atención que uno de los criterios de exclusión del tratamiento son las psicosis y las lesiones cerebrales orgánicas. Es decir, que si la selección de los pacientes es correcta, estas intervenciones con potenciales riesgos y efectos secundarios, se restringen a las clásicamente llamadas neurosis. El jefe de Servicio de Neurocirugía del Hospital San Pablo de Barcelona, Joan Molet dice en uno de los artículos: “Son pacientes en cuyo abordaje previo los psiquiatras habían agotado todo tipo de terapéutica, ya que algunos eran susceptibles de electrochoque semanal y otros ni con ese tratamiento obtenían ya beneficio.1 Curiosamente se plantea como uno de los problemas de la técnica, según el doctor Molet, que “es necesario que haya series clínicas de los distintos núcleos para ver con cuál se consigue ser más eficaz –mayor mejoría en mayor número de pacientes- y eficiente –con menor consumo de energía-. Uno de los problemas es que los voltajes son relativamente altos y por tanto el consumo de la batería es bastante rápido”. Es decir, con las avanzadas técnicas de la neurocirugía a las baterías les pasa lo que a los móviles: se descargan demasiado rápido. El problema está en que las baterías se instalan en un implante subcutáneo en el tórax y el recambio supone una nueva intervención quirúrgica.


Dossier Los neuroestimuladores cerebrales se han utilizado desde hace años para las enfermedades degenerativas de origen orgánico como la enfermedad de Parkinson y están en experimentación en otras patologías neurológicas. Como se parte de la hipótesis de considerar la psicopatología como una alteración orgánica del cerebro se experimentan las mismas técnicas. La primera pregunta que podemos hacernos es ¿cómo es posible que en el siglo XXI se continúen utilizando estos procedimientos y que se sigan haciendo en nombre de la ciencia?En primer lugar, porque se trata de una simple experimentación cuya eficacia no ha sido comprobada ni en las ratas de laboratorio. Hasta la fecha no se ha conseguido pasar a las ratas los test que diagnostican la depresión severa o el Trastorno Obsesivo Compulsivo. En segundo lugar, porque nos muestran de una manera descarnada la desaparición de la clínica y sus consecuencias. El cuerpo se convierte de esta forma en un objeto de manipulación en el que las descargas de los neuroestimuladores son las nuevas formas, más sofisticadas, de las antiguas técnicas de electrochoque que ya fueron abandonadas, aunque todavía siguen utilizándose en algunos casos. Tal y como señala Javier Peteiro en su libro El Autoritarismo Científico “si uno no se siente feliz es que algo falla en su organismo”.2 El paso siguiente, en la lógica de la pseudociencia, es intervenir directamente sobre lo real del organismo. A la búsqueda del gen “mutante” Recientemente se ha publicado una entrevista realizada a la doctora Judith Rapoport, psiquiatra infantil de la sección de neurociencia del Instituto Nacional de Salud estadounidense. 3 En esta entrevista, ella habla de los estudios de genómica en los que participa, y dice: “lo más interesante que hemos visto es que hay una mutación que está

“LA PSIQUIATRÍA HA TOMADO EL RUMBO DEL ABANDONO DE LA CLÍNICA” relacionada con todo; con la ansiedad, la depresión, la esquizofrenia o el autismo. Así que la amniocentesis permitiría detectar estas dolencias. El Baylor College está desarrollando un biochip para detectar esa y otras mutaciones”. Más adelante dice: “Quizá haya problemas en los países católicos, pero una amniocentesis podría evitar un 40% de los casos de autismo. Igual que se hace con el síndrome de Down, la mujer podría abortar si se le encuentran los genes”. Sin embargo aclara: “la mutación de la que hablo es una muy concreta que está relacionada con un montón de trastornos. No es exacta, pero puede implicar un porcentaje de tener un niño con autismo, otro que tenga depresión, otro que sea esquizofrénico”. Ella se atreve, en la entrevista, a dar una opinión como 18 • Letr as, Enero-Abril 2011

mujer y sin dudar dice que abortaría. En la misma entrevista, esta experta, que fue invitada a Madrid por la Fundación Alicia Koplowitz, aclara que pese a todo lo que se sabe de los factores genéticos de los trastornos mentales “no hay que olvidar los factores ambientales”. La Dra. Rapoport tiene un ejemplo al respecto. “Había una tribu india que tenía muchos problemas de comportamiento. Les dieron permiso para explotar un casino, y las mujeres pudieron dejar uno de sus dos trabajos y dedicar más tiempo a sus hijos. El resultado fue que esos problemas cayeron drásticamente. En cambio no lo hicieron los casos de ansiedad”. El despropósito de las declaraciones de Rapoport se evidencia en sus mismas contradicciones. En primer lugar, dice que la mutación genética es la base de múltiples trastornos mentales en los niños, en los que pone en el mismo lugar a las neurosis o las psicosis y el autismo. Si los estudios genéticos realizados hasta ahora no han encontrado ninguna asociación causal con ninguna enfermedad mental en concreto, parece que la evidencia se inclina hacia un conjunto de enfermedades mentales. Este procedimiento de asociación causal es totalmente ajeno a cualquier procedimiento científico de rigor. Es como si dijéramos que hemos encontrado una asociación de una mutación genética con las mujeres que llevan tacón en los zapatos. Es como decir que hay una probabilidad alta, cercana al 40 %, de que si hay una mutación genética se llevarán tacones altos y que la amniocentesis podría evitarlo. Es un absurdo sumamente peligroso que plantea innumerable problemas de toda índole para la civilización, sobre todo cuando esto se dice en nombre de la ciencia. En la misma entrevista se afirma que los factores ambientales son muy importantes, lo que supone que ella misma desmonta toda su argumentación anterior acerca de la conveniencia de que a través de un biochip se determinen los factores de riesgo para una enfermedad mental. Para un niño que nace con una alteración cromosómica con síndrome de Down los factores ambientales influirán en los cuidados de la enfermedad, pero el diagnóstico de la misma nunca dependerá de los factores ambientales. Esa es la diferencia entre cuando existe una determinación genética que establece una causalidad para una enfermedad a cuando no la hay. Como podemos observar la pulsión de muerte sobrevuela y acompaña estas experimentaciones a pesar de que se presenten con la lógica del beneficio y el bien de la humanidad. ¿Cómo explicar este curso peligroso para la civilización? El paradigma del cuerpo-máquina La ciencia moderna supone el nacimiento de una nueva posición ética ante el saber, pues la escolástica será sustituida por el positivismo. La negación de la teoría de los humores y los progresos en la anatomía, la fisiología y la bacteriología, han supuesto un poderoso avance en la medicina que tiene efectos claramente beneficiosos. Pero este colosal desarrollo se realiza incluyendo un problema: la exclusión de la subjetividad


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Windows, Jonathan Hillison, 2007

del paciente. El sueño cartesiano de volvernos los dueños de la naturaleza, de la naturaleza exterior por la “mecánica” y de la naturaleza de nuestro cuerpo por la medicina tiene consecuencias muy significativas cuando se trata de la subjetividad del ser humano. En el corpus hippocraticum , origen de la medicina moderna occidental, concretamente en el libro De la enfermedad sagrada, ya se sostiene la idea de que es el cerebro la sede de las funciones anímicas superiores y el intérprete de la conciencia a partir de las percepciones sensoriales que le llegan. Los médicos griegos tenían la idea de que lo anímico afecta al cuerpo, pero a efectos prácticos el médico no se plantea su intervención sino a través de lo corporal, separándolo radicalmente de lo mental. Posteriormente se introduce el paradigma, vigente en la práctica de la medicina, del cuerpo como una máquina. Este concepto triunfa a partir del siglo xvii con Galileo, Descartes o Hobbes y pretende dar cuenta del funcionamiento y las disfunciones orgánicas sobre el modelo de la reparación de una máquina, como un reloj que depende de la fuerza, de la situación y de la figura de sus contrapesos. Para la medicina esta doctrina ha supuesto la consideración del cuerpo como una suma de órganos y aparatos cuyo funcionamiento puede explicarse a partir del modelo mecanicista de las máquinas. Es decir, no se trata de decir que el cuerpo es una máquina, sino de concebirlo y explicarlo como si lo fuera. Lo que plantea Lacan, en el texto de Psicoanálisis y medicina del año 1966, es que en la historia de la 19 • Letr as, Enero-Abril 2011

humanidad hay un corte radical que se define con la aparición en el siglo xvi del discurso de la ciencia. Todas las teorías anteriores, las míticas, las cosmogónicas, las religiosas… eran las construcciones simbólicas en las que el ser humano se apoyaba en su existencia para tratar de encontrar una representación simbólica a los grandes problemas de la existencia y la sexualidad. Los hombres construyen mitos que durante mucho tiempo fueron un modo eficaz de adaptar el cuerpo al entorno. Lacan sitúa el corte en la separación que hace René Descartes entre el cuerpo y la apariencia, entre lo que llama el pensamiento o la res cogitans y la extensión o res extensa. Lo que se desarrolla en el discurso del método es una separación entre el cuerpo y el pensamiento. Esto supone el corte fundamental para Lacan.4 Con el desarrollo de la biología molecular y otros avances científicos se produce una vuelta de tuerca más: la ciencia pretende intervenir sobre lo real de la vida y del organismo. Puede operar desde el saber sobre lo real de la vida, se puede clonar una vida humana y no tardaremos mucho tiempo en verlo, se puede seleccionar genéticamente la filiación, se abre la posibilidad de que la fantasía de configuración de un ser humano sin falla, sin la falta, pueda ser llevada a cabo. Tal y como dice Eric Laurent, “un sueño en el cual podríamos considerarnos como máquinas con un funcionamiento asegurado, y si falla se podrían cambiar las piezas sueltas, de manera tal que pudiera funcionar de nuevo de manera normal, asegurándose una presencia


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“SE EXCLUYE ASÍ UN ESTATUTO SINGULAR Y PARTICULAR PARA CADA SUJETO” aparición del sujeto, esa fuente de error que siempre se manifiesta en la experimentación. La ciencia intenta reducir al grado cero la falla y el sujeto es aquello que se sostiene en la falla y el error. Por esta razón, Freud inventa el psicoanálisis rescatando al sujeto en esa fuente de error por la vía del lapsus, el sueño o el acto fallido. El psicoanálisis surge en el momento en que la medicina es tomada por la ciencia: “La teoría psicoanalítica, que llega a tiempo y no ciertamente por casualidad, en el momento de entrada en juego de la ciencia, con ese ligero avance que es siempre característico de las invenciones de Freud”.6 Si Lacan intenta ubicar el estatuto del sujeto en La Ciencia y la verdad, clase introductoria a su Seminario El objeto en psicoanálisis, planteando que la ciencia y el psicoanálisis trabajan con el mismo sujeto, es para indicar que la ciencia se empeña en erradicarlo, mientras que el psicoanálisis lo intenta escuchar para que en su aparición evanescente algo pueda abrirse. La medicina operaba en la época pre-científica con las palabras y de esto tenemos testimonios en los clásicos. La función del médico consistía en dar una cierta significación

a la enfermedad. El paciente iba a ver al médico para ser curado, pero en la medida en que las herramientas terapéuticas eran muy escasas, también pedía ser escuchado y que le dieran un cierto sentido a la enfermedad. Se trata de la función del médico como exégeta, función que se ha ido perdiendo en el proceso de deshumanización en la atención a los pacientes y la enfermedad. En la actualidad, la creciente hegemonía de las corrientes más biologicistas ha apartado de la práctica clínica la consideración del sujeto que habla y ha retornado a las teorías según las cuales los síntomas pueden ser explicados a partir de las alteraciones que se producen en los neurotransmisores cerebrales y los sistemas neuro-hormonales y endocrinos que los regulan. Casi todo se podría explicar por los diferentes niveles de serotonina o dopamina, las mutaciones genéticas o los déficits y excitaciones que se producen en el órgano de los órganos: el cerebro. Se confunde de esta manera lo que es el órgano del cerebro y sus mecanismos con su función en relación a lo mental. Se excluye así un estatuto singular y particular para cada sujeto, que supone que la actividad anímica está articulada a las experiencias y vicisitudes particulares de la vida de cada uno. Este reduccionismo biologicista impide comprender la relación que puede existir entre las perturbaciones corporales y las anímicas y conduce los tratamientos a un callejón sin salida o peor aún a propuestas del lado de la pulsión de muerte, tal y como formula la doctora Rapoport. Estas experimentaciones en curso, como las expuestas anteriormente, suponen una vuelta de tuerca más en las consecuencias que las pseudociencias o falsas ciencias pueden provocar en el ser humano. Cuando el fármaco fracasa, y esto ocurre con mucha frecuencia, se trata de intervenir directamente sobre lo real del organismo. Entonces el ser humano se convierte en la metáfora de la rata.  t

EL AUTOR Santiago Castellanos. Psicoanalista y médico de atención primaria en Madrid. Miembro de la ELP y AMP Email: scastellanosmarcos@hotmail.com

Referencias 1 Diario Médico, Unidad Editorial, Revistas, Madrid, 01/12/2010. 2 J. Peteiro, El autoritarismo científico. Miguel Gómez Ediciones, Málaga, 2010. 3 Diario Médico, Unidad Editorial, Revistas, Madrid, 21/10/2010. 4 V. Palomera, “Psicoanálisis y Medicina”. Amor, cuerpo y locura. Conferencia dictada en la Universidad Nacional de Córdoba (07/04/2005). Centro de Investigación y Estudios Clínicos. 2005. 5 E. Laurent, “Los órganos del cuerpo en la perspectiva psicoanalítica”, El Caldero de la Escuela Nº 4, Buenos Aires, 2008. 6 J. Lacan, “Psicoanálisis y Medicina”, Intervenciones y Textos I. Manantial, Buenos Aires, 1993, pg. 95.

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Imágen página siguiente, Noche, Marco Caneda Pastor, marcocaneda@gmail.com

normativizada en el mundo como tal. Eso es un sueño cientificista”. 5 Lacan tradujo esto diciendo que el advenimiento de la ciencia está acompañado de la forclusión del sujeto. El sujeto del psicoanálisis es lo que queda, es el resto que escapa a la representación de las fórmulas y las pequeñas letras de la ciencia. La ciencia hace permanentemente un esfuerzo de reducción para evitar la


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Un enfoque psicoanalítico frente al avance masivo de la inteligencia emocional:

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Unas orientaciones para los educadores sociales

Textos: Mirta García Iglesias y Ana Ramírez Izquierdo Imágenes: Meral Akbulut * Extracto del trabajo presentado en las Jornadas Nacionales dirigidas a educadores sociales organizadas por YMCA España en la Universidad de Alcalá de Henares el 8 de Mayo de 2010.

El pasado verano fuimos convocadas por una prestigiosa ONG de carácter internacional, para impartir un taller a jóvenes voluntarios con motivo de celebrarse las Jornadas Anuales de dicha institución. Se celebrarían en la Universidad de Alcalá de Henares y se solicitaba nuestra colaboración para dirigirnos a jóvenes educadores que trabajan en diferentes áreas: educación, inmigración y mujeres. ¡Cuál fue nuestra sorpresa cuando comprobamos, sin saberlo previamente, que el taller estaba anunciado bajo el significante de inteligencia emocional! En un primer momento pensamos que no podríamos dictarlo. No era una postura ética el emprender una tarea que se alejaba diametralmente de nuestro quehacer e ideario psicoanalítico. Luego de un periodo de reflexión, decidimos hacerlo, pero llevando a cabo una deconstrucción de la inteligencia emocional y, desde nuestra posición teórico-práctica de analistas lacanianas, dando cuenta de nuestro saber epistémico, clínico y político. Atendimos la demanda de la ONG que nos pedía orientar el trabajo de los educadores sociales con los diferentes colectivos. Nuestra propuesta fue aceptada. ¿Cuál fue el resorte, la chispa que nos animó a llevar a término dicha tarea? Recordemos lo que Lacan 22 • Letr as, Enero-Abril 2011

plantea en la Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela cuando nos habla del “psicoanálisis en extensión, o sea, los intereses, la investigación, la ideología que él acumula” 1. ¿Por qué, entonces, no poder transmitirla a jóvenes en formación, cuyo abanico de edad oscilaba entre 17 y 30 años. Además también teníamos en mente el texto de Freud, Múltiple interés del psicoanálisis, 2 su múltiple extensión, la pedagogía, la filosofía, la antropología, la literatura, la biología, la filología, múltiples referencias de saberes referenciales que hacen a la extensión del psicoanálisis. Asimismo evocamos las palabras de JacquesAlain Miller en su conferencia Del saber inconsciente a la causa freudiana, cuando dice “no hay verdadera transmisión del psicoanálisis cuando esa transmisión se queda entre los que comparten la misma experiencia, hay una verdadera transmisión cuando algo de la experiencia se puede transmitir a otros sin la complicidad de la misma experiencia compartida”. 3 De igual modo rememoramos, citando nuevamente a Miller en Cartas a la opinión ilustrada, cuando hace referencia a que “el psicoanálisis es, en efecto, una actividad tan útil como honorable, cuyos pormenores el público entendería perfectamente si les fueran expuestos sin misterios, sin


Dossier melindres, sin jerga –o estrictamente la necesaria- sin tono de gran señor ni argumento de autoridad, y con un poco de sentido común y de vivacidad”. 4 Si contábamos con la anuencia de los organizadores, era una ocasión útil para hacer llegar a estos educadores una visión psicoanalítica en esta época atravesada por el discurso cientificista; ocasión de convocarlos a la “tarea del pensar”, 5 invitarlos a que se confrontaran a un discurso desalienado del discurso imperante, uniformizante y totalizador que gobierna nuestra contemporaneidad. Nos interrogábamos acerca de qué discurso sostiene Daniel Goleman bajo el concepto de inteligencia emocional. En su texto La inteligencia emocional editado en 1995 que llegó a ser un best-seller, explica al público, de manera sencilla y fácil de comprender, -teniendo en el horizonte ideales de la época como el control y la felicidad- cómo controlar y modificar los estados anímicos, tanto los propios como los de los demás. Defiende que lo emocional interfiere aumentando o disminuyendo la inteligencia. Se basa, para postular su teoría de las emociones, en los avances neurocientíficos y se pregunta: ¿por qué personas con un cociente intelectual elevado no resultan exitosas y otras, con un cociente bajo se manejan apropiadamente? Su tesis es que la diferencia entre unos y otros radica en el conjunto de habilidades que ha denominado inteligencia emocional: autocontrol, entusiasmo, perseverancia y capacidad para motivarse a uno mismo. Estas habilidades pueden enseñarse a los niños, sacando entonces el mejor rendimiento del potencial genético intelectual. Goleman pone de manifiesto en su desarrollo los significantes amos del discurso de la ciencia que caracterizan las últimas décadas del siglo XX. De este modo intenta esbozar una ética que dependería de los centros emocionales del cerebro, a la vez que afirma que lo emocional y el cociente intelectual se pueden modificar con la experiencia. Hace depender el control de las emociones de lo consciente, del yo y de la voluntad. Esto constituye un punto fundamental de su planteamiento. Expone que “quienes se hallan a merced de sus impulsos -quienes carecen de autocontrol- adolecen de una deficiencia moral porque la capacidad de controlar los impulsos constituye el fundamento mismo de la voluntad y del carácter”. 6 Se interroga sobre el malestar desde el inicio de su libro: ¿cómo hacer cuando la emoción o el impulso es muy fuerte o patológico? En esos casos recomienda medicación como modo de resolución del malestar, dentro del modelo organicista que propone. En general el conjunto del libro no deja de asombrarnos en sus planteamientos. Es una mezcla de conceptos, autores, teorías y por momentos no sabemos muy bien a qué atenernos. Aunque su modelo es claramente biologicista, recurriendo a técnicas cognitivo-conductuales y a la farmacopea, Goleman en referencia expresa a Freud dice “cualquier emoción puede ser -y normalmente es- inconsciente”. 7 Sin embargo no define qué es el inconsciente y, por lo que se deduce de lo expuesto, indudablemente no lo tiene en cuenta. Al carecer de una 23 • Letr as, Enero-Abril 2011

teoría que piense al sujeto del inconsciente no enfoca su tratamiento desde ahí. El psicoanálisis tiene su teoría del sujeto. Parte de un sujeto distinto por su cualidad de hablante, a diferencia de los animales. “Para Goleman somos una química, que puede y debe ser modificada por otra química”. 8 Podemos preguntarnos: ¿qué es el inconsciente? Sólo los seres hablantes tenemos inconsciente. Por tanto, la condición del inconsciente es el lenguaje. ¿Cómo se manifiesta? A través de las formaciones del inconsciente: sueños, actos fallidos, lapsus, olvidos, síntomas;

“LA TRANSFERENCIA...ES LA POSIBILIDAD PARA LA TRANSMISIÓN DEL SABER” se desliza en las palabras, precisamente porque uno habla tiene una relación con el inconsciente. Las formaciones del inconsciente tienen una función que es la de encontrar un sentido a los sinsentidos que aparecen; tienen la función de demostrar la existencia del inconsciente. En cuanto a su contenido, tiene que ser descifrado, traducido. Es singular para cada sujeto. Es particular y único. Trabaja sin pensar, sin calcular, sin juzgar, su fruto es un saber. Ese saber tiene que ver con cómo el sufrimiento afecta al sujeto. El marco del inconsciente es la memoria, la manifestación del pasado, lo infantil. Para la teoría freudiana hay dos rasgos fundamentales que determinan y dejan huella en la constitución del sujeto. Uno es el estado de dependencia e indefensión en el que nace la cría humana que le sitúa en una relación muy especial al otro; y el otro es que el sujeto está habitado por el lenguaje. El modo de relación al otro va a ser una referencia fundamental para pensar y orientar la práctica del trabajo de los educadores, con colectivos caracterizados por cierta precariedad simbólica. La forma de relación al otro es fundamental para pensar las diferentes estructuras psíquicas de los sujetos. Es algo que no debería ignorar todo aquel que trabaje con cualquier colectivo. Si tenemos en cuenta los ideales de la época: la felicidad, el control, la evaluación , donde el discurso científico aliado con la tecnología intenta convertir a los sujetos en un conjunto de reacciones químicas y genes reduciéndolos a un mero organismo, pretendiendo borrar su principal característica que es la de ser parlantes, sexuados y mortales; es dentro de este panorama contextual donde obras como la de Goleman, Jorge Bucay y un largo etcétera encuentran el caldo de cultivo apropiado para desarrollar sus ideas, consejos y órdenes que persiguen promover el cambio de los sujetos, volviendo a “poner al sujeto, por medio de la persuasión, en los rieles que lo conducen a aquello que la sociedad espera de él”.9 ¿Qué traen los sujetos cuando vienen con un sufrimiento según la teoría de Goleman o según la teoría psicoanalítica?


Dossier Pondremos un ejemplo para ilustrar cómo trata Goleman el síntoma. Es un ejemplo que él mismo nos ofrece. Se trata de una joven adolescente que está deprimida: “Dana, de dieciséis años, parecía desenvolverse sin problemas, pero de pronto dejó de poder relacionarse con las otras muchachas y, lo que era mucho peor, no sabía cómo conservar a sus novios, aunque se acostara con ellos. Taciturna y constantemente fatigada. Dana perdió interés por la comida y por las diversiones. Decía que se sentía desesperanzada e impotente para hacer algo que le permitiera escapar de ese estado de ánimo y que incluso había llegado a pensar en el suicidio. Esta caída en la depresión había sido causada por una reciente ruptura. Según decía, no sabía salir con un chico sin mantener relaciones sexuales con él –aunque no le gustara- y tampoco sabía cómo poner fin a una relación por más insatisfactoria que ésta fuera. Por otra parte, aunque se acostara con los chicos, lo único que deseaba era llegar a conocerlos mejor. Dana acababa de cambiar de instituto y se sentía muy insegura acerca de su capacidad para entablar nuevas amistades. No obstante, se abstenía de iniciar una conversación y sólo respondía cuando alguien le dirigía la palabra. Se sentía incapaz de manifestar sus verdaderos sentimientos y ni siquiera sabía qué decir después del habitual “Hola, ¿qué tal?”.10 Para Goleman la explicación de este tipo de alteraciones es la falta de control sobre el ciclo de preocupación. Da como causa de esta preocupación, la explicación y el razonamiento que expone la propia paciente, su reciente ruptura. Y sin más, propone como solución, aplicar a la paciente un programa experimental protocolizado que consiste en la adquisición de habilidades emocionales tales como aprender a enfocar más adecuadamente sus relaciones, desarrollar la capacidad de

“La pulsión es imposible de educar porque representa lo que no se puede reducir de la pulsión de muerte” tener amigos íntimos, expresar los propios sentimientos, confiar en los demás, establecer límites sobre la proximidad sexual, etcétera. En general el remedio que sugiere para todos los casos consiste en el aprendizaje de técnicas de relajación, tomar conciencia, darse cuenta, entrenarse y adoptar una postura crítica ante las creencias que sustentan la preocupación, pudiendo servir estas técnicas para frenar la actividad neurológica que subyace a todo malestar, según Goleman. Y aclara “sería una señal de autoconciencia que las personas recurrieran a la medicación para tratar de interrumpir este círculo vicioso”11, el círculo de la preocupación. ¿Qué diferencias encontramos entre el tratamiento de Goleman y el de la clínica de la causa? En la clínica 24 • Letr as, Enero-Abril 2011

psicoanalítica, en primer lugar, hay que preguntarse por la causa. Ir más allá del síntoma. El sujeto irá historizando su vida, y en esos dichos aparecerán los significantes que marcan, que han dejado huella. Son las palabras las que nos afectan, y entonces la forma de acercarnos al malestar es desde la propia palabra. Se constata que cuando el sujeto sabe algo acerca de su sufrimiento puede responsabilizarse de lo que le pasa. Hasta que un sujeto no se pregunte cuál es su parte comprometida en aquello de lo que se queja, no estará en condiciones de tomar una decisión respecto a aquello que le concierne. Se sabe por experiencia que lo que no se simboliza, lo que no se traduce en palabras, reaparece en lo real del cuerpo haciendo síntoma. La relación al otro, es decir las relaciones con los demás, sus dificultades, si hace lazo o no, su modo de goce, serán las referencias fundamentales para ubicar el malestar subjetivo. Goleman también utiliza la palabra, pero su cometido es bien diferente: la sugestión y el control. Algunas orientaciones a los educadores Más allá del colectivo con el que se trabaje, ya sean niños, mujeres o inmigrantes, es importante tener en cuenta la particularidad, la singularidad de cada uno. No es igual considerar que las personas son producto de una historia, de una época, de unos padres, que pensar que la subjetividad puede ser abordada a través de la biología. Freud afirmó que el psicoanálisis, la política y la educación son tres profesiones imposibles porque las tres comparten una imposibilidad estructural. Las tres impiden establecer una relación entre causa y efecto. Los resultados no se pueden anticipar y sólo se pueden considerar retrospectivamente. La pulsión, otro de los conceptos fundamentales del psicoanálisis, torna la educación en un imposible. Esto es lo que Goleman llama los impulsos que nos desbocan. Pero mientras él se plantea el control de los impulsos como enfoque prioritario en sus tratamientos, la clínica de la causa sabe desde Freud, que la violencia, la pulsión de muerte, es intrínseca al ser humano y siempre se satisface. Y en este sentido la pulsión es imposible de educar porque representa lo que no se puede reducir de la pulsión de muerte. ¿Qué es la pulsión? ¿De qué se trata? Hay dos grandes tendencias: Eros, que por vía del placer da lugar a los lazos de cohesión y del amor, y tiende a la vida; y Tánatos como destrucción que tiende a la muerte. El gran descubrimiento de Freud fue que el hombre no siempre quiere su propio bien. Aunque el sujeto diga que quiere su bien, descubrimos en la clínica que no siempre es así. La pulsión aparta al sujeto del equilibrio y la homeostasis del placer. El psicoanálisis se separa de este modo de otras teorías que prometen la felicidad y la completud. El proceso educativo resulta muy difícil cuando el educador no sabe nada de su propia vida infantil, ni de sus deseos y carencias. ¿Con qué recursos cuenta el educador para los desafíos que se presentan en los trabajos con los diferentes colectivos? La formación para


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“NO HAY VERDADERA TRANSMISIÓN DEL PSICOANÁLISIS CUANDO ESA TRANSMISIÓN SE QUEDA ENTRE LOS QUE COMPARTEN LA MISMA EXPERIENCIA”( J.A.Miller)

Arabic Writing, Meral Akbulut, Turquía, 2007

todo educador que trata con sujetos requiere de una experiencia previa, de un saber sobre uno mismo. Philippe Meirieu en su libro Frankestein Educador propone que se debe cambiar la concepción de “educación como fabricación” 12, es decir que tendremos que tener en cuenta ciertas consideraciones y una de ellas, tal vez la más importante, es que el educador intentará definir, hallar en el niño aquello que lo particulariza, que lo hace único, que lo identifica. Precious, el film de Lee Daniels, nos muestra que la protagonista logra salir de esa especie de autismo que la caracterizaba, cuando tiene un encuentro con una profesora que la acoge. Ésta interroga uno por uno, a cada alumno acerca de qué es lo que mejor sabe hacer. En la misma línea Daniel Pennac, en su libro Mal de escuela, nos relata que el encuentro con tres o cuatro profesores fue determinante en su vida. Cuenta que esos profesores no compartían con ellos sólo su saber, sino el propio deseo de saber. Todos se sentían considerados porque enseñaban a los buenos, a los malos y a los mediocres; y les hacían correcciones particularizadas. Cuando interrogan a Pennac acerca de cuál es el modo de enseñar sin estar preparado para ello y si existe algún método, la respuesta es que el método no es suficiente, sino que hace falta amor. Trabajar desde el deseo es algo muy distinto que trabajar desde el ideal. El educador logrará despertar el interés si él mismo tiene interés. Tratará de no dar continuamente respuestas, sino de intentar hacer buenas preguntas, ubicándose en una posición de no saber. No hay que etiquetar. Lo único que se logra con ello, es fijar a la persona en ese tipo de identificación. Para el psicoanálisis la transferencia entre profesor y alumno, el vínculo que se establece entre ambos, es la posibilidad para la transmisión del saber que no es sin el deseo. Es importante para todo educador saber que su trabajo puede cambiar la vida de un sujeto. No es lo mismo enfocar la práctica bajo los imperativos de los modelos bio-psicosociales que hacen hincapié en el control de las situaciones conflictivas, que desde una 25 • Letr as, Enero-Abril 2011

posición que tenga en cuenta lo que un sujeto dice de su malestar. En el fracaso escolar, en la hiperactividad, en ciertas formas de violencia, es fundamental ir más allá de lo inmediato, preguntándose por la causa del malestar en cada sujeto. Uno por uno. La posición del psicoanálisis ante lo que no va, difiere de la estandarización y el protocolo tan al uso hoy en día. No es lo mismo pensar al alumno, a la mujer, al inmigrante como un sujeto que como un objeto. Si se considera un sujeto, se abre la posibilidad de la falta, del deseo, del amor, de la responsabilidad, de la elección. Si se toma como un objeto más, queda el aislamiento, la desorientación, los actos, los excesos; síntomas masivos de la actual civilización.  t

LAS AUTORAS Mirta García. A.P. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Email: mirmar@arrakis.es Ana Ramírez.. A.P. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Email: anarramiz@telefonica.net

Referencias 1 J. Lacan, Proposición del 9 de Octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la escuela. Primera versión. Internet. www.scribd.com/ doc/7301798/Proposición, pg.14. 2 S. Freud, Múltiple interés del psicoanálisis (1913), Obras Completas, Tomo II, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 1973. 3 J.A.Miller, Del saber inconsciente a la causa freudiana (1989), Conferencia en Granada. 4 J.A.Miller, Cartas a la opinión ilustrada. Paidós, Buenos Aires, 2002, pg.58. 5 J. Alemán y S. Larriera, Lacan: Heidegger. El psicoanálisis en la tarea del pensar .Miguel Gómez. Ediciones, Málaga, 1998. 6 D. Goleman, La inteligencia emocional. Editorial Kairós, Barcelona, 1996, pg.28. Ibíd.,pg.106. 7  8 J.Pundik, ¡No quiero pensar! Un enfoque psicoanalítico de la inteligencia emocional, la psicosomática y las drogas. Editorial Filium, Madrid, 2003, pg.29. 9 J.A.Miller, Cosas de Finura. Fotocopia, clase del 19 de Noviembre de 2008. 10 D.Goleman, La inteligencia emocional, op.cit., pg.364-365. 11 D.Goleman, La inteligencia emocional, op.cit.,pg.129. 12 P.Meirieu, Frankestein Educador. Editorial Laertes, Barcelona, 1998, pg.3.


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Algunas consideraciones sobre Psicosis, Psicoanálisis y Salud Mental*

Textos: Javier Garmendia Imágenes: Detroit Publishing Co., Josep Altarriba * Texto original del autor.

En los ámbitos de lo que llamamos Salud Mental, dándole una existencia que ahora cuestionamos -¿la Salud Mental existe?- conviven diferentes modos de pensar la psicosis, enfoques diferentes sobre una misma psicopatología. Estas diferencias constituyen en la práctica cotidiana una fuente de conflictos entre los profesionales que tratan con la psicosis. Hay enfoques teóricos muy diferentes y también expectativas diversas, que abarcan desde su causalidad hasta el modo de entender el tratamiento. La polémica no cesa y produce una gran confusión. Esta confusión no afecta únicamente a los profesionales, también afecta a los estudiantes en formación y por supuesto, a los propios pacientes. Hay que ser muy claros en este asunto, pues en algunas ocasiones el que imparte la formación o el que trabaja con la psicosis oculta su modelo teórico dando así la impresión de que es el único, de que no existen otras posibilidades de abordar el tratamiento o, si existen, no están consensuadas o no tienen el rigor y la seriedad suficientes. Decía que la polémica no cesa, pero en un futuro no muy lejano corremos el riesgo de que cese. Se avanza a buena velocidad, muy posiblemente, hacia un modelo único, un modelo supuestamente científico sostenido en la evaluación, en la Medicina Basada en la Evidencia, en las guías de buenas prácticas y los protocolos. Una vez configurada esta ficción científica, los que no formen parte del modelo 26 • Letr as, Enero-Abril 2011

quedarán excluidos de una Salud Mental que se nos presentará con una nueva existencia. Pero, por ahora, el conflicto esta ahí, los profesionales de la Salud Mental saben que no piensan lo mismo sobre el enigma que supone la psicosis y sin embargo tienen que compartir el mismo espacio: sesiones clínicas, intercambio de informes, trabajo con las familias y con el paciente. En el horizonte está la cuestión insoslayable de en qué consiste la cura en la psicosis. De la forma en que respondamos a esta pregunta se derivará, casi con total seguridad, la concepción del tratamiento. Dentro del psicoanálisis hay también variaciones sobre el mismo tema, no todos los psicoanalistas pensaron y piensan la psicosis de una forma única, muchos fueron los debates sobre la psicosis y su posibilidad de abordarla con el método psicoanalítico. El escepticismo, la euforia o el entusiasmo por comprender la psicosis atravesaron una controversia que se prolonga hasta nuestros días. Fue Jacques Lacan, que convulsionó los ámbitos psicoanalíticos a partir de los años cincuenta, quien tuvo la sagacidad de extraer de la psicosis una enseñanza. Sugirió a los psicoanalistas no retroceder frente a la psicosis, pues la psicosis nos muestra la estructura misma de la subjetividad. La psicosis dejaba de ser una especialización dentro de la disciplina analítica para convertirse en parte esencial de la misma. Desde esta orientación


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The Arcade, Detroit Publishing Co., Librería del Congreso de los EEUU

podemos hacer algunas consideraciones sobre el tratamiento de la psicosis que nos permitan esclarecer nuestra posición en el ámbito de la Salud Mental. 1ª Consideración. Acerca del déficit en la psicosis. La teoría lacaniana de la forclusión despejó la psicosis de la rémora deficitaria, Lacan no habló de la psicosis en términos de déficit, sino en términos de falta de significante. La gran radicalidad, y aún no se ha insistido lo suficiente en esto, es la promoción de la determinación significante en la psicosis. Hoy más que nunca se corre el riesgo de olvidar esta determinación, privando al psicótico de la posibilidad de encontrar una salida para su psicosis, una salida que tiene por fuerza que ser singular para cada caso. La orientación lacaniana no concibe, por tanto, la psicosis en términos de déficit. Los delirios paranoicos no impidieron a Rousseau desarrollar uno de los pensamientos más influyentes de la modernidad, ni la esquizofrenia al matemático John Nash recibir el Premio Nobel de Economía o la psicosis-maníaco depresiva a Cantor formalizar la noción de infinito. Se puede objetar que elegimos casos excepcionales, pero no es así, la elección no está motivada por la excepción sino por ser casos por todos conocidos. En la clínica diaria nos encontramos con pacientes a los que su trastorno psicótico no ha impedido desarrollar una vida laboral o cursar sus estudios. Y se puede replicar que a otros este mismo trastorno sí les supuso un obstáculo, les truncó su vida académica o laboral, y tienen razón. Lo que está por dilucidar es la razón de este obstáculo. Se trata de ver en cada caso cuáles son las razones y encontrar con el 27 • Letr as, Enero-Abril 2011

paciente la mejor forma de sortearlas, de encontrar con cada uno la mejor solución para su psicosis, una solución que ha de ser singular pues singular es cada paciente que recibimos y tratamos. Detrás de cada paranoia o cada esquizofrenia hay una persona distinta, debemos tener especial cuidado en que el diagnóstico no borre estas diferencias, una misma sintomatología no hace iguales a los individuos, pues cada uno se relacionará y responderá a sus síntomas de diferente manera. Esta constatación clínica torna imposible una concepción estandarizada del tratamiento, contemplamos, obviamente, una estrategia en la forma de dirigir un tratamiento, una serie de

“La orientación lacaniana no concibe la psicosis en términos de déficit” normas y unos objetivos clínicos que, lejos de conformar un estándar, pretenden rescatar la particularidad de cada caso, encontrar con el psicótico un modo de vivir con su psicosis con el menor sufrimiento posible. 2ª Consideración. Estructura psicótica y psicosis clínica. Desencadenamiento. El paciente suele acudir a consulta, al centro de salud o al hospital en el momento de la crisis, se impone aquí una valoración urgente del caso, si necesita de un ingreso, si es preciso administrar una medicación, asistir a la familia, hablar con el paciente para mitigar


Dossier todo lo que sea posible los efectos devastadores de esta vivencia y disponer de todos los medios para que la crisis remita lo antes posible, pero sin perder de vista que esta remisión de la crisis tiene que ser el preludio para el trabajo con el psicótico y no su epílogo. Un fragmento clínico nos ayudará a ilustrar este momento del desencadenamiento. Se trata de un paciente de 15 años que ha vivido la mitad de su vida en instituciones de acogida, pertenece a una familia muy desestructurada con una madre y un padrastro

“EL MÁS ALLÁ DEL DIAGNÓSTICO APUNTA, POR TANTO, A LA SINGULARIDAD, A LO QUE HAY DE MÁS PECULIAR EN CADA CASO” alcohólicos. Es un muchacho tímido y muy nervioso. Está “muy obsesionado” con la guerra de Irak. Con frecuencia no encuentra las palabras para expresar lo que quiere. Un hombre con el que se encuentra a veces al salir de su residencia parece abrigar malas intenciones, puede hacerle daño. Manifiesta que siente un gran malestar cuando le preguntan por su familia porque hay algo que no sabe cómo explicar, y es que tiene dos padres. Se entera de esto a los seis años, cuando la madre le comunica que tiene otro padre y se lo presenta. Cuenta desde entonces con estos dos padres, con los que no sabe muy bien cómo debe relacionarse, pero que consigue ordenar llamando a uno el padre verdadero que le dio la vida y al otro el padre que le ha dado el nombre. Antes de continuar con el caso conviene hacer una precisión y distinguir entre estructura psicótica y psicosis clínica. Hablamos de estructura psicótica cuando observamos algunos síntomas que nos hacen presagiar la posible irrupción de la psicosis. ¿Qué nos hace sospechar, en este joven que estamos frente a una estructura psicótica, si no se ha presentado la sintomatología propia de la psicosis? Hay tres rasgos en esta breve descripción de su clínica que nos inducen a reflexionar sobre esta posibilidad: su dificultad con el lenguaje; lo que llama su “obsesión” con la guerra de Irak, en la que se siente especialmente implicado, que apunta ya la probabilidad de una construcción delirante y el rasgo paranoico presente en el hombre con el que se encuentra al salir de la residencia. Es importante siempre detectar estos pequeños signos, son el aviso de que una crisis puede precipitarse. No siempre está en nuestro alcance poder evitar la crisis, como veremos a continuación, pero sí debemos prestar atención a estos avisos para no ser nosotros los que la promovamos. ¿Qué coyuntura, qué situación precipitó en este paciente el pasaje a la psicosis clínica? Algo tan simple como un ciclo sobre sexualidad impartido en su residencia, confrontó a nuestro paciente con el vacío enigmático. Una tarde llega a consulta mucho más inquieto que 28 • Letr as, Enero-Abril 2011

de costumbre y muy enfadado, no entiende qué está pasando en su residencia, por qué sus educadores le tienen que hablar de sexualidad. Lleva varias noches sin dormir, no entiende que le hablen de “eso” y además no sabe qué tiene que hacer con lo que le están contando. Siente que se le exige una respuesta, tiene que hacer “algo con eso”. Pasa algunos días muy intranquilo y atormentado, sus miedos se han intensificado y el hombre de las malas intenciones espera ahora todos los días en una esquina con propósitos de violación o secuestro. Ha vislumbrado una “sonrisa ilegal” en una presentadora de un programa infantil de televisión, no sabe qué significa esta sonrisa pero está seguro de que es una provocación dirigida a él, está muy intrigado hasta que al final de esa semana decide averiguar dónde vive, con el firme propósito de establecer relaciones con ella. Regresa a consulta, tras el fin de semana, mucho más relajado y comenta que ha conocido a la presentadora, han paseado por el Retiro charlando de sus cosas y conociéndose, la chica ha sido muy amable con él, el próximo fin de semana conocerá a sus padres. Para concluir con este fragmento clínico podemos preguntarnos ahora: ¿qué hizo el paciente con “eso”?, ¿cómo resolvió lo enigmático de la información sexual? Respondió con una mitomanía delirante de contenido amoroso. Y no fue para él una mala salida, paulatinamente en el curso del tratamiento trabajamos mucho la cuestión del amor, tiramos de este hilo hasta ir deshaciendo esta mitomanía delirante con trasfondo megalómano. Ha quedado como resto su necesidad de estar enamorado, se serena y se alegra cuando se enamora, pero ya no acompaña este amor con una construcción delirante. Es un periodo muy delicado del tratamiento, en el que hay que calibrar muy bien las maniobras con el paciente, custodiar lo que decimos o hacemos, pues también nuestras palabras y actos pueden ser interpretados. Es el momento de acompañar al paciente en la búsqueda de una explicación, de ver la mejor forma de despejar la incógnita que dejó abierta la perplejidad ante el enigma. No contamos con un modelo que nos sirva para todos y debemos dejarnos guiar por las pistas que nos ofrece. 3ª Consideración. Más allá del diagnóstico. Cuando decimos más allá del diagnóstico, ¿a qué nos estamos refiriendo?, ¿nos sugiere este más allá que podemos prescindir del diagnóstico? En absoluto, y enseguida veremos las razones. Lo que nos indica es que no convirtamos el diagnóstico en el destino del paciente. Que hayamos llegado a la conclusión de que un paciente es esquizofrénico o paranoico, no se traduce inmediatamente en un saber sobre el tratamiento, no significa que tengamos ya las claves, pues ni la esquizofrenia ni la paranoia ni cualquier forma que tome la psicosis hace a los sujetos idénticos. El más allá del diagnóstico apunta, por tanto, a la singularidad, a lo que hay de más peculiar en cada caso, a lo que hace diferentes entre sí a los sujetos aunque sufran la misma enfermedad. Los pacientes


Dossier se relacionan de distinta forma ante padecimientos similares, establecen relaciones terapéuticas diferentes, algunos quedan invadidos por la extrañeza de la sintomatología mientras otros se sobreponen, donde unos se abandonan otros toman iniciativas para sostener su vida con un gran esfuerzo. 4ª Consideración. Sobre la cura en la psicosis. El peligro de la normopatía. ¿Qué se espera de la cura en la psicosis, qué expectativas depositamos en cada tratamiento? Desde nuestra orientación no concebimos esta cura como un proceso que culmine en la normalización, si entendemos por normalización la desaparición de todo vestigio de la psicosis. Esta aspiración, a lo que podemos llamar normopatía, no conduce al paciente más que a la impotencia, cierra más que abre las posibles soluciones, que consisten en cómo va a hacer, qué puede hacer con lo que la psicosis deja como resto, conviene no confundir la deseable extinción de la sintomatología psicótica con el eclipse de la psicosis. La cura debería apuntar a que, con este resto, nuestros pacientes encuentren una vida lo más digna posible y lo más lejos posible también del desasosiego y la pesadumbre que la vivencia de la psicosis introdujo en su existencia, pero sin hacerlos pasar por el estrecho pasillo de los cánones que estructuran nuestra normalidad. Aprovecharemos un breve ejemplo clínico para mostrar a qué nos referimos. Es el caso de una joven universitaria que atravesó un largo periodo con un delirio paranoico; estaba segura de que su familia en connivencia con las autoridades tramaban algo contra ella, la vigilaban y la hacían seguir, el cortejo clásico de la paranoia que hace tan delicados estos casos, pues el entorno terapéutico puede deslizarse con facilidad en el delirio del paciente. Cuando comienza su tratamiento en hospital de día se resiste a entablar relación con los profesionales del centro, está recelosa, no quiere participar de las actividades terapéuticas pero sin embargo admite venir todos los días. Para nosotros por el momento es suficiente. Paulatinamente va participando en estas actividades y tras año y medio de tratamiento, el delirio remite considerablemente, especialmente en relación con su familia. La paciente va retomando su vida y mantiene su tratamiento ambulatorio. Y aquí surge, entonces, el empuje a la normalización: para ir a la universidad tiene que sortear algunos lugares que le despiertan desconfianza y establece un itinerario para evitarlos, da cierto rodeo para llegar, pero una vez que está en la universidad se tranquiliza y puede seguir el desarrollo de las clases. Obviamente sería mejor que no tuviera que dar este rodeo, pero de ahí a tener que escuchar que no estará curada del todo hasta que no vaya a la universidad por el camino más corto hay un abismo. Abismo que, tal vez, la paciente bordea dando, precisamente, un rodeo. Confrontar al paciente con estas demandas es el resultado de confundir lo que nos parece deseable con lo exigible y en muchos casos tiene como consecuencia una reagudización del cuadro psicopatológico. Es además de un error, una inconsciencia y una crueldad. 29 • Letr as, Enero-Abril 2011

Look Graffiti, Anónimo, 2007

5ª Consideración. Las instituciones. Por último, otra consideración que hemos de tener en cuenta es la relativa a las instituciones y su importancia en el tratamiento de la psicosis. La institución nos da el espacio y tiempo suficientes para abordar una estrategia terapéutica. Es más, contamos con una ventaja añadida, podemos pensar esta estrategia entre varios. Estrategia que debe estar en constante revisión, que requiere nuestra atención permanente, observar los pequeños signos, abrir los ojos y aguzar los oídos, ya que discurre por un estrecho margen entre la invención y la evitación, entre lo que debemos fomentar y lo que pretendemos eludir. Descubrir con el paciente, indagar con él todas las vías, todos los recursos y capacidades con que cuenta para enfrentarse a su psicosis y hallar la mejor salida posible,

“Qué se espera de la cura en la psicosis, QUÉ EXPECTATIVAS DEPOSITAMOS EN CADA TRATAMIENTO?” y a la vez sortear los escollos, los pequeños errores que pueden precipitar la ruptura de este proceso. Trabajo difícil y apasionante, que no dejará nunca de sorprendernos si nos dejamos enseñar por lo más particular de cada paciente. Contamos con un saber que los identifica, ellos tienen el saber que los diferencia. El entrecruzamiento de ambos saberes constituye la posibilidad de abordaje de la psicosis desde nuestra orientación lacaniana.  t

EL AUTOR Javier Garmendia. A.P. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano-NUCEP. Email: jgarmendia@arrakis.es


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Textos: Ana Jiménez Imágenes: Tyler McCombs, Hans Namuth, Petr Kovar, Peter Zelnik * Texto original de la autora.

“¿Dónde están los chicos esquizofrénicos?”, se preguntó durante años un psiquiatra que fue responsable de Servicio en un gran hospital. Cuando se responsabilizó de un Centro Específico para menores protegidos halló la respuesta. Ahí estaban. Me lo confesó en una charla informal. ¿Cómo llegan allí? Son chicos que han entrado en la red de protección de menores por estar en situación de riesgo o desamparo. Una vez decidida la medida de guarda o tutela se les destinará a un acogimiento, que puede ser familiar o residencial. En el último caso, el menor será internado en uno de los recursos de acogimiento residencial (que pretenden hacer la vida cotidiana similar a la de cualquier otro niño que continúa conviviendo con su familia) y que gestiona el IMMF directamente, o mediante el concierto con alguna entidad privada. Desde ahí será derivado a una Residencia específica, en el caso de que existan graves dificultades para atenderlo por manifestar trastornos de salud mental, de conducta y/o problemas de consumo de tóxicos.1 A lo largo de cinco años he recorrido casi todos los distintos tipos de recursos de que dispone la red de menores: hogares de larga estancia, residencias infantiles, residencias para adolescentes e incluso un centro específico. En cada uno de los lugares por los que he pasado me he 30 • Letr as, Enero-Abril 2011

encontrado con chicos que presentan el singular modo de habitar la existencia que es la psicosis. Muy pocos han sido diagnosticados, para ello deben haber experimentado un desencadenamiento en toda regla. La mayoría son calificados de “difíciles”, con los que es muy poco lo que se puede hacer: no se ajustan a normas, no aceptan (al menos fácilmente) ningún límite, se resisten a cumplir los horarios de las dinámicas de la vida cotidiana, no admiten un “no”, reaccionan con violencia y/o agresividad. Los mayores suelen fugarse. En relación con esto siempre me viene a la cabeza lo que Lacan señaló: “Nuestra intención es mostrar en qué la impotencia para sostener auténticamente una praxis se desvía, como es común en la historia de los hombres, hacia el ejercicio de un poder”.2 Ilustraré con un ejemplo las imposibilidades a que nos enfrentamos profesionales y menores. Un niño “imposible” Luis no conoció a su padre, y su madre hacía años que era alcohólica, por lo que no recibía los cuidados que su temprana edad requería. La situación de desamparo y riesgo fue detectada en el colegio y desde allí se puso en marcha la intervención de los S.S.

Imágen página siguiente, Joy, Tyler McCombs, 2007 / Pollock, Hans Namuth, National Portrait Gallery, Smithsonian Institution, 1950

¿Resultan saludables, para los menores protegidos, los distintos recursos que los atienden?*


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Dossier Cuando lo conocí tenía 7 años y estaba en el grupo de pequeños de una RI, gestionada directamente por el IMMF en la que trabajé durante mes y medio, en torno a una Navidad. Ese es un tiempo poco estructurado, el orden conseguido desde el inicio del curso se ve alterado: cambian los educadores, los horarios, las actividades… Luis, inquieto la mayor parte del tiempo, no tenía límites, ni miedo, ni noción de peligro, exponiendo constantemente su cuerpo a situaciones de riesgo.

investigación. Le apasionaba “ayudar” al responsable de mantenimiento, atornillar y desatornillar cualquier cosa, incluso los enchufes de la pared. ¡Había que estar con él! Eran momentos en que Luis ni se hacía daño a sí mismo, ni se lo hacía a los demás. Pero allí, todo esto se interpretaba en la misma línea destructiva que el resto de sus actos y se le impedía realizarlo: porque era un gasto innecesario, o porque no se lo merecía dado lo mal que se había portado, o porque eso son cosas que no tiene que hacer un niño…

“El funcionamiento bajo los parámetros del discUrso del amo no permite ayudar a este niño”

Se convoca la impotencia del educador A la vuelta de una salida al parque, Luis decidió escaparse, y animó a los otros tres, de 5 años, a que le siguieran al grito de “¡A liarla! ¡Vamos a escapar!”. Menos mal que escaparon acera adelante, lo que les condujo directamente a la puerta de la Residencia. Hablé con ellos intentando transmitirles lo peligroso que había sido, les dije que eso que habían hecho era muy serio y por ello la Dirección hablaría con ellos. La autoridad que convoqué no respondió porque “no intervenía con los pequeños”, le parecía que eso era “desautorizarme”. No se contemplaba ni admitía la posibilidad de que yo no tuviera autoridad sobre ellos. Debía “poder” con ellos, si no “podía” con ellos significaba que yo “no valía para ese trabajo”. Por supuesto “debía continuar sacándolos de paseo”. ¡Sin salida! Cumplió 8 años, no pasó al grupo de medianos porque él era quien “marcaba la diferencia”, según los educadores. No he hablado del colegio, mientras estuve en este Centro, primero, Luis fue expulsado del comedor, y con ello de las actividades de la tarde. Más adelante se redujo su horario de la mañana también, porque no se “podía” con él, ya que alteraba todo y a todos. Varios de nosotros pensamos, que sin otros recursos a su disposición, Luis no podría evitar acabar mal, muy mal. Llevaba en esta residencia 5 meses cuando lo conocí. Por su edad y características personales no podía entrar en un programa de acogimiento familiar o en otro de adopción (lo devolverían rápidamente). La madre, aunque estaba a tratamiento no podía hacerse con él. ¿Qué alternativas quedaban? ¿Un centro específico que funciona, en el mejor de los casos, bajo una orientación cognitivoconductual y, en el peor bajo una orientación puramente conductual, que se dedica a premiar o castigar al niños en función de si las conductas que realiza son consideradas adecuadas o no. Pero, ¿para quién son correctas o incorrectas, para Luis o para los demás? Hemos visto como se le daba el mismo valor a sus conductas verdaderamente destructivas y a los actos que eran intentos de construcción. Tampoco los castigos valían de nada, al contrario lo disparaban en una espiral de violencia difícil de parar. El funcionamiento bajo los parámetros del discurso del amo no permite ayudar a este niño de ninguna manera, Luis está fuera de la ley y si se le convoca al cumplimiento de la misma sólo se le empuja al pasaje al acto. Sin embargo, Luis necesitaba los límites más que comer. Todos habitamos un mundo regulado, lleno de normas, entonces ¿cómo hacer?, ¿se trataría de no ponerle límites?,

Sólo hallaba cierta tranquilidad cuando estaba solo, sin otros niños alrededor o enfrascado en cosas de su interés. Le gustaba “liarla” (hacer algo que se le iba a recriminar, molestar), después se reía a carcajadas ante el enfado de los demás –chicos o educadores-. Para él era un “juego” (que jugaba solo, con los otros). En cuanto se le contrariaba en algo, pegaba, escupía y tiraba cosas para romperlas o para hacerse daño a sí mismo o a otro. Cuando una educadora le preguntó por qué no paraba, él le contestó “no soy yo quien no puede parar, es mi cuerpo”. El registro imaginario, desenganchado de los registros real y simbólico es un elemento diagnóstico. Ante los límites que se le imponían, o los intentos de sujetarle para que no se hiciera daño él gritaba “¡Déjame libre!”. Sin embargo, una vez que traté de ponerle un límite ya que podía hacerse daño, se frenó, me abrazó, me dio un beso y me dijo muy serio “deseo que estés bien aquí”. Hay modos en que los límites pueden ser aceptados. La hora de la comida era otro tormento: se inquietaba especialmente, se levantaba, cogía cosas de otros platos, tiraba el agua o la comida a los chicos, se metía con unos y con otros… Un día, apelando a la necesidad de tranquilidad para comer, lo separamos del resto y pudieron comer todos, él también. La Dirección nos lo censuró, prohibiéndonos que lo repitiéramos: “Debíamos tenerlo siempre pegado a nosotras para controlarlo”. El momento de la acostada era otro suplicio, Luis se resistía a meterse en la cama, le costaba coger el sueño, a veces lo conseguía mientras una educadora le leía un cuento. Luis estaba en tratamiento psicológico y tomaba Tranxilium pediátrico. No todo era destrucción, Luis “estaba ya al trabajo”. Hacía agujeros en la pared, en telas, en puertas de armarios. Jugaba mucho con el agua y la espuma: abría el grifo y se quedaba largos ratos mirando cómo el agua era tragada por el desagüe. Echaba jabón y miraba la espuma que tapaba el agujero. Prefería darse un baño a ducharse, le relajaba y le permitía continuar con su 32 • Letr as, Enero-Abril 2011


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Messages in Tower of Koln’s Dom in Germany, Petr Kovar, 2007

¿de no convocar las normas, que son para todos? ¡De ninguna manera! De lo que se trata es de que límites y normas le lleguen, que las pueda aceptar. Se trata de que consienta a ellas. Lo primero a tener en cuenta es que Luis es un ser humano, por lo tanto un ser hablante. La Convención de los Derechos del niño de 1989 hace hincapié en que un niño es un “sujeto de pleno derecho”, por pequeño que sea. Como tal, cada niño tendrá sus gustos, sus intereses, cosas que le disgusten, cosas que no le interesen… “La cuestión central para el ser hablante es su posición de sujeto. Esta posición es correlativa a la emergencia de un simbólico que se despliega como un lenguaje y que se inscribe para todo ser humano con unas reglas, que son los mandamientos de la palabra y que están condensados en lo que se llama el complejo de Edipo”. 3 “La condición del sujeto… depende de lo que tiene lugar en el Otro”.4 En el caso que nos ocupa, ¿qué condiciones reunía el Otro que recibió a Luis al nacer y durante sus primeros años de vida? Luis se encontró con un agujero. No había padre y la madre, muchas veces, estaba ensimismada en su modo de goce. Ese Otro no estaba articulado a la ley del deseo, era un Otro del goce. ¿Qué posición ocupaba Luis para este Otro del goce? La posición de objeto, pero ni tan siquiera pudo ser un objeto preciado, al que se le dispensan todos los cuidados. Cuando lo conocí, Luis ya estaba “al trabajo” para tratar de encontrar un velo que lo protegiera del agujero por el que se podía colar. Luchaba con uñas y dientes por dejar 33 • Letr as, Enero-Abril 2011

de ocupar el estatuto de objeto. ¿Cómo? Agrediendo, esta era su manera de decir “no” al Otro, que para Luis casi siempre era un Otro caprichoso, que quería molestarle, que no quería dejarle jugar, que no le daba libertad, que no le dejaba ser… El “no” al Otro funda el “sí” al sujeto. El acto agresivo adviene, precisamente, cuando el sujeto se siente en posición de objeto y por tanto a expensas del Otro, invadido por él. Los profesionales que trabajamos con él tenemos la posibilidad de ocupar el lugar de un Otro que le permita consentir a decir sus cosas en lugar de actuarlas, acompañándole en su recorrido (que es diferente a tenerlo pegado o controlarlo). También podemos ocu-

“EL ACTO AGRESIVO ADVIENE, PRECISAMENTE, CUANDO EL SUJETO SE SIENTE EN POSICIÓN DE OBJETO” par el lugar del otro imaginario, con el que Luis se dedicará a batallar en una lucha de poder donde lo que está en juego es “o él, o yo”. En función de cómo le hablemos y de cómo le escuchemos le daremos la posibilidad de emerger como sujeto o no. A Luis, que carece de recursos simbólicos para situarse en el mundo, para poder relacionarse con los otros sin sentirse amenazado, para ir diciendo sus cosas, no le queda más remedio que actuarlas.


Dossier Cuando la palabra no sirve Pilar, que podía decir algunas de sus cosas y trató de hacerlo, como no fue escuchada, como no se le tuvo en cuenta, optó por “hacer”. Pilar es una adolescente de 16 años, que entró en menores porque estaba en guerra con sus padres, la madre había llegado a decirle “que se arrepentía de haberla traído al mundo”. En septiembre pide que se le cambie de Instituto, tiene sus motivos (entre otros, “sus compañeros la insultan porque fuma y lleva escotes”). Pilar, que busca quien la escuche, también me lo cuenta a mí. Hay desesperación en su petición. Lo transmito, pero la decisión está tomada: opinan que debe seguir en el Instituto anterior, así el padre podrá asistir a las tutorías y creen favorecer de este modo la relación de Pilar con su familia. A todo mi cuestionamiento, responden con pura terquedad. ¿Cómo responde Pilar a esa imposición? Con el tiempo dejará de ir al Instituto, y lo que es peor, poco a poco dejará de usar la Residencia. Durante un tiempo sólo vendrá a ducharse y cambiarse de ropa, después ni eso. Es la Orientación Lacaniana de Psicoanálisis la que me ha permitido aprehender esto. Más allá de las consultas de los psicoanalistas formados en esta orientación, que son las recomendables y deseables para el tratamiento de chicos con la misma posición en la estructura que tiene Luis, más allá, para menores que no pueden vivir con sus familias, existen experiencias institucionales nacidas en el marco de la misma orientación, que aplican el saber extraído de los desarrollos lacanianos, aunque no necesariamente se practique un psicoanálisis. Respetar la lógica de la posición en la estructura permite el trabajo con lo posible, evita violentar al sujeto y a la vez lo estimula en su singular búsqueda de una solución. L’Antenna 112 de Venecia es una de ellas. Algunos de los menores que acoge presentan, de partida, una seria auto o hetero-agresividad. Inicialmente, se trata de conseguir una pacificación. En un segundo tiempo

“RESPETAR LA LÓGICA DE LA POSICIÓN EN LA ESTRUCTURA PERMITE EL TRABAJO CON LO POSIBLE” lógico, se trata de hacer posible que el niño pueda elaborar una construcción que le permita mantener un lazo social. Para ello se crea una atmósfera en la cual el niño no se ve abocado constantemente a separarse del otro a través del acto agresivo. Estuve en L’Antenna 112 de Venecia durante un mes. ¿Qué viví allí? Cuando estuve, todos los chicos eran adolescentes, se hacían cargo de sus responsabilidades en la medida en que eran posibles para cada uno de ellos. Cumplían las rutinas, acudían y participaban en sus talleres con una seriedad, concentración y rigor 34 • Letr as, Enero-Abril 2011

admirables. Los vi sonreír con frecuencia, estaban tranquilos y diría que hasta contentos. Me llamó poderosamente la atención ver que, aunque tomaban medicación, la de todos (en ese momento eran 8) cabía en una caja de zapatos. Diría que allí habían encontrado un lugar en el que existir con cierto gusto y con absoluta dignidad. Diría que allí encontraron partenaires por los que dejarse acompañar en la búsqueda –propia de cada uno- de una solución –siempre singular- que les permitiera habitar su existencia de un modo mejor al que les deparaba el destino, por ser autistas o psicóticos desde su más tierna infancia. ¿Qué hacían los operadores? Los acompañaban con una orientación tal que evitaba demandas imposibles para estos chicos (en general ya sólo la demanda les hace daño). Constantemente trataban de producir un sujeto, en cada uno de los chicos, en cada situación. Nunca encarnaban la ley: no se erigían en autoridad de nada, ni decidían las normas, ni se colocaban en una posición de saber sobre los propios chicos. Sin embargo, constantemente había que buscar algo que hiciera límite al exceso de goce que invade a estos chicos, y lo encontraban. En L’Antenna hay prohibiciones, reglas, tiempos que respetar, pero antes que para los chicos, para los propios operadores. Están atentos al recorrido de cada caso y dispuestos a encontrar el modo de facilitarlo. He vuelto a encontrarme con Luis, tres años después de la experiencia relatada. Durante este tiempo ha acudido diariamente, de lunes a viernes, a un Hospital de día de la CM. Recientemente han dejado de atenderlo porque “lleva mucho tiempo, no hay avances, no crea vínculo, tiene un problema de vínculo”. Doy fe de que no ha habido avances. Luis continúa, esencialmente, con las mismas dificultades que tenía cuando lo conocí. Sólo consigue hacer alianzas con algún otro chico para “liarla”. Su inquietud es similar a la de entonces, aunque toma más medicación. Le pone nervioso asistir a un colegio normal, al igual que cualquier situación de la vida cotidiana si no está muy estructurada o se desarrolla con prisas, con gritos, etc. o sea, si no hay tranquilidad e invariabilidad a su alrededor. Entonces, después de tres años de tratamiento en un Hospital de día ¿continúa igual? Evidentemente no. Se ha perdido un tiempo precioso para acompañarlo en el trabajo que ya había iniciado, por su cuenta, a la búsqueda de una solución que le hiciera vivible su existencia. Aún se está a tiempo, porque Luis no ha “tirado la toalla”. ¿Puede encontrar la atención que necesita, los cuidados que le servirían? Tal y como funciona el Sistema de salud mental, no lo creo. No es un caso excepcional, conozco más casos así, alguno con un final dramático. El hecho de querer ayudar a estos chicos, el hecho de querer “su bien”, de poner a su disposición recursos materialmente muy bien dotados, que pretenden “normalizar” vidas que nunca han sido normales, no implica que se consiga. El hecho de querer algo por ellos y para ellos, el hecho de pensar en ellos (lo que muchas veces


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Brickwall, Peter Zelnik, 2007 / Parka Winter, Alp, 2011

es lo mismo que pensar por ellos), de decidir lo que es bueno para ellos (lo que equivale a darles estatuto de objeto) nunca les ayuda. Porque no se les puede ayudar en contra de sí mismos. Sólo será posible si se consigue su implicación, que resulte de su propia decisión. El procurarles intervenciones de todo tipo de profesionales -que tratan de cubrir todas las áreas que se valore necesitan atención en cada caso, no sólo no les alcanza -pues con frecuencia estos chicos las rechazan-sino que, además, hay casos en que resulta contraproducente. Tenemos experiencias que muestran cómo la coordinación entre los profesionales resulta problemática aún cuando puedan tener una misma orientación y ni qué decir tiene, lo enloquecedoras que resultan las intervenciones de profesionales con orientaciones contradictorias, tanto para los menores como para los educadores. Para terminar En lo que se refiere a las residencias de menores, el IMMF lleva tiempo recortando los recursos económicos y de personal. En los últimos dos años se han cerrado varias residencias y programas, como PVI (programa de vida independiente) que acogía a adolescentes que no podían estar en las residencias (porque las reventaban) y, trabajando caso por caso, dio a muchos la oportunidad de encontrar una solución a su vida. A la vez se van incrementando las plazas en los centros que quedan, sin aumentar la plantilla que los va a atender. ¡Es una vuelta atrás! Después está la distribución del personal, siempre escaso, que compete a la dirección de cada residencia. No es raro encontrar que hay un solo educador, en un turno, para todo el grupo (que ahora puede llegar a tener 12 chicos, a veces incluso más). 35 • Letr as, Enero-Abril 2011

Si hablamos de lo que orienta el trabajo de los distintos profesionales, en la práctica, cada uno interviene según su modo de entender la función que desempaña, según sus ideas, en función de sus expectativas. En relación a la práctica en los centros específicos, remito al lector a los informes que en su día elaboraron tanto el Defensor del pueblo, como Amnistía Internacional. Puede que algunas cosas hayan cambiado, pero mientras no cambie la orientación que guía los modos de intervenir de los distintos profesionales, lo esencial no se modificará. ¿Dónde está la salud de los distintos Sistemas, que gestionan los recursos de atención a menores y que repiten sin cesar actuaciones que fracasan? ¿A quién o a qué se responsabiliza de los fracasos?  t

LA AUTORA Ana Jiménez. Psicóloga clínica. Tétrada NUCEP. Educadora en un centro de menores protegidos de la Comunidad de Madrid. Email: anajmedrano@yahoo.es

Referencias: 1  w ww.madrid.org: Instituto Madrileño del Menor y la Familia. Acogimiento residencial de menores. “Residencias específicas”. 2 Lacan, Jacques: “La dirección de la cura y los principios de su poder”. Escritos 2. Siglo veintiuno. 3 Di Ciaccia, Antonio: “El sujeto y su Otro”. Cuadernos de Psicoanálisis nº 28, La práctica entre varios. Ediciones Eolia. 4  Ibíd.


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El porvenir de una ilusión: el culto a la previsión* Textos: Éric Laurent Imágenes: Sebastian Ploszaj, Tomasz Poszwa, Edwin Pijpe, Bill Davenport

La tecnología ofrece a las burocracias contemporáneas una potencia de cálculo sin igual, debida a los efectos combinados de la Ley de Moore -duplicación de la potencia de los procesadores cada dos años- y de la Ley, menos conocida, de Kryder -duplicación de la potencia de los discos duros cada dos años-. Como decía el Director general del proveedor de sistemas informáticos de la compañía Sun, el inenarrable Scout Mc Nealy: nuestra época es aquella en la que “ya no tenemos intimidad –supérenlo”, “we have no privacy – get over it”. Es el lado oscuro de la era digital. Ya no tenemos intimidad porque todos nuestros comportamientos son trazables. Sin embargo, cuanto más potentes son las bases de datos que nos conciernen, más se multiplican las pérdidas de datos, su diseminación por error, los robos de identidad, los pirateos más variados. La hubris de las bases de datos es alimentada por la amplitud de la capacidad de almacenamiento de las bases de datos gubernamentales y privadas. Ya no hablamos de mega o gigabits sino de tera o petabits, siendo un terabit el equivalente a 1000 gigabits y un petabit a 1000 terabits. La Biblioteca Nacional representa aproximadamente veinte terabits de texto. La base de datos de Wal-Mart, el Carrefour americano aún 36 • Letr as, Enero-Abril 2011

más monstruoso, representa 570 terabits. Google trabaja permanentemente con 4 petabits de información. Yahoo! recaba 12 terabits de datos al día. La acumulación de datos vuelve loco con una locura particular. Alimenta el sueño de saberlo todo de cada uno y de poder calcular lo que el otro quiere. La sociedad de la vigilancia autoriza incluso el sueño de recabar información de cada uno y de prever su comportamiento. Este sueño no es sin efectos depresivos o eufóricos sobre los sujetos. El informe de la Fundación Terra Nova sobre la última campaña de Obama acentúa el efecto eufórico de las bases de cálculo: “Barack Obama ha realizado el sueño orweliano de todo candidato americano: fichar al país entero. Los Republicanos se habían lanzado a esta empresa desde el 2000, con Karl Rove. Reposa sobre la técnica del micro-targeting: se trata de consolidar el mayor número de bases de datos existentes (bases electorales, comerciales, políticas) con el propósito de obtener datos individuales sobre todos los electores. Esos datos son utilizados para elaborar mensajes personalizados, concretamente para el puerta-a-puerta. La campaña de Obama ha alcanzado una nueva dimensión en el micro-targeting. Invirtió masivamente en la compra de ficheros (30M$). Y sobre todo le añadió la

Imágen página siguiente, Robot Y-X , Sebastian Ploszaj, Robot from museum of Toys in Praha, 2007

* Texto publicado en Mental, Revue International de Psychanalyse, nº 22, Abril de 2009.


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37 • Letr as, Enero-Abril 2011


Dossier recolecta militante a lo largo de las primarias y de las elecciones generales: dos tercios de la información provienen de la propia campaña. El resultado es la creación de la base de datos más impresionante jamás realizada, “Catalist: un fichero único que ficha a 220 millones de Americanos, con hasta 600 informaciones por persona”.1 A continuación, la Fundación Terra Nova cede los beneficios del saber estadístico acumulado al movimiento pro-Obama. Para que ese saber sea útil, tiene que ser interpretado sobre el terreno por los militantes que lo utilizaron, es lo que no debemos olvidar. Abandonada a sí misma, la base de datos fascina, pero es muda. Al contrario que el bosque de Dunsinam en MacBeth, ésta no se pondrá en movimiento sola. En cambio, algunos lo olvidan y se sumergen en la fascinación. El saber predictivo y la pulsión de muerte La oposición entre la función del saber estadístico y la del saber clínico es tematizada en 1954 cuando Paul Meehl publica el libro que va a marcar una ruptura en la batalla entre el saber clínico y el estadístico: “Predicciones clínicas contra predicciones estadísticas: análisis teórico y examen de los hechos”. Paul Meehl, nace en Mineapolis, Minesota, donde hace sus estudios y obtiene un doctorado en psicología en 1945. Pasa toda su vida en Mineapolis enseñando en diversas facultades: psicología, derecho, psiquiatría, neurología, filosofía. Espíritu polimorfo, se pretende filósofo de la ciencia y discípulo de Kart Popper. Es el alma del test que todo el mundo conoce, el MMPI o Minnesota Multiphasic Personality Inventory. Con su test persigue una intuición, la necesidad de introducir algoritmos en las decisiones de diagnósticos y tratamientos. Desde esta perspectiva, la predicción mecánica como combinación de datos ciegos es siempre más precisa que el pensamiento. La grandeza de Meehl no reside meramente en la consideración de la mayor precisión de la máquina. Es el primero en separar correctamente dos modos de elaboración. No se trata simplemente de decir que el hombre es una máquina menos precisa. Meehl afirma

“LA OMNIPOTENCIA DEL CÁLCULO ES LA LLAMADA A UN DIOS REDUCIDO AL DIOS DE LOS FILÓSOFOS Y DE LOS SABIOS” que las herramientas estadísticas no suponen ningún saber clínico previo, la máquina se contenta con triturar los datos.2 Diríamos con Lacan que se dio cuenta de que las herramientas estadísticas son significante puro, tonto. Esa es su fuerza. Esta rigurosa separación permitió a Meehl no ser un mero discípulo de Popper. Hace de su vida una obra Popperiana, habla de ello en su autobiografía intelectual pues no cesa de refutarse a sí mismo. A finales de los 38 • Letr as, Enero-Abril 2011

años cincuenta, tras una conferencia ante un público compuesto sobre todo por cognitivistas experimentales, le invitan a tomar un trago. Entonces confiesa hacer un análisis con un freudiano analizado en Viena y presenta La interpretación de los sueños como “un ejemplo chocante de un proceso de inferencia difícil de cuantificar y objetivar”. Durante cincuenta años, ha gozado de esta manera de lo mejor de los dos mundos. El de la predicción en el que la estadística es cada vez mejor y el de la clínica en el que practicaba el psicoanálisis. Entonces se convirtió en Presidente de la Asociación Americana de Psicología. Afortunadamente no logró reducir la interpretación freudiana a un proceso objetivable. Algunos años más tarde, Michael Polanyi le responderá en su libro Personal Knowledge3 ¿Qué es el saber? Es una suma de protocolos adquiridos y calculables o un proceso que incluye lo incalculable del saber por descubrir. El debate todavía arrasa en la Evidence Based Medicine.4 La extensión del punto de vista de Meehl en el campo de la medicina desemboca en la medicina “basada en la evidencia” en la que, sin referencia al saber clínico como tal, los expertos estadísticos calculan las variables que aseguran el éxito o el fracaso de los tratamientos comparando poblaciones homogéneas. La paradoja del éxito de la EBM lleva a la separación entre saber clínico y saber estadístico. Uno de sus promotores, Don Berwick anunciaba en diciembre de 2004 que quería salvar 100.000 vidas en los hospitales americanos en un año. Para lograrlo, no contaba con ningún avance del saber médico o de la medicina como tal. Tan sólo contaba, como Semmelweis, con el respeto de los procedimientos hospitalarios de cara a evitar las enfermedades nosocomiales. Los ejemplos citados son elocuentes. Para reducir las infecciones de los operados de pulmón con respirador: levantarles la cabeza. Verificar continuamente y volver a verificar los medicamentos administrados. Para reducir los fallecimientos en las salas de cuidados intensivos: lavarse las manos frecuentemente y lavar los catéteres con un antiséptico: la clorexidina. El modelo es la industria de la aviación o la del automóvil con Toyota. Sólo el seguimiento de estrictos protocolos permite el “cero defectos”. El 14 de enero de 2006, las seis medidas de este tipo promovidas en 3.000 hospitales, es decir el 75% de las camas hospitalarias americanas permitieron evitar 122.342 muertes5. Quisieron proponer a Don Berwick para el premio Nobel de medicina. Sin embargo, las seis medidas no representan ningún avance en el saber médico. Ciertamente las medidas EBM ponen regularmente en cuestión la oportunidad de tales o cuales exámenes para prevenir una enfermedad futura, pero no hay nada de esencialista en el éxito de la EBM. No provienen de una penetración más aguda de la naturaleza de la enfermedad o de su esencia. Provienen de la supervisión de la pragmática de los cuidados. Las grandes victorias valen para la medicina hospitalaria. Sin embargo, si tenemos que ser operados u hospitalizados, por supuesto preferiríamos que fuera en un hospital EBMizado desde este punto de vista. El control cuantitativo de la pragmática


Dossier de los cuidados no debe hacernos olvidar que el saber médico no se reduce a ello. Como dice la médico internista reportera del New York Times Sunday Magazine, ella misma médico hospitalario: “aunque la EBM haya supuesto grandes avances, sólo una muy pequeña parte de lo que hacemos cotidianamente puede estar verdaderamente basado en pruebas”. Los partidarios más salvajes del método EBM deben reconocer que tienen premisas difícilmente extrapolables a los pacientes reales: los protocolos de los ensayos clínicos excluyen los factores de comorbidad que son la mayoría de los pacientes reales que los médicos no pueden evitar encontrar. Los pacientes reales requerirían decenas de protocolos a la vez que jamás son evaluados juntos. Fuman, beben café, toman medicamentos en cócteles, trabajan demasiado, han inhalado amianto, toman la píldora, etc. La confrontación entre el ideal del puro protocolo y la realidad clínica puede ser arrasadora para el deseo de los médicos. ¿El saber de la base de datos necesita aún al médico? El saber puede así aparecer como pulsión de muerte, evaporación del médico. Especialmente si se presenta el sistema experto contra el médico según el modelo “Big Blue contra Kasparov” en el ajedrez. Sin embargo, las mejores bases de datos no producen el diagnóstico correcto más que en el 75% de los casos. Los conocimientos de las bases de datos funcionan de la mejor manera posible cuando proponen a los médicos diagnósticos raros que pueden ser olvidados. La memoria de la base de datos es mejor que la de los sujetos individuales pero la metáfora del enfrentamiento cerebro-inteligencia artificial es inadecuada. Un médico de hecho nunca está solo y una verdadera conversación clínica se adecúa perfectamente a la consulta de una biblioteca estadística. Este sería el punto de vista de los médicos abiertos a los beneficios de la EBM. Desde el punto de vista de los fanáticos de las estadísticas, estamos en el punto en el que más vale entregar al procesador las estimaciones de los expertos clínicos como elementos de un procesador de nivel superior, a condición de que esté afectado de cierto coeficiente de ponderación. Desde esta perspectiva, la mutación que debe atravesar la medicina es la que la aviación ya ha conocido. Desde los Airbus A320, es un ordenador el que pilota el avión, lo que llaman Fly bi wire. Los pilotos sólo intervienen en caso de incidente imprevisto o de fallo de la máquina. No es seguro que la medicina sea reducible al modelo de la aviación en la medida en que lo que se puede verificar realmente es “una pequeña parte” de lo que hacen los médicos. La manera en que el equipamiento del Airbus 320 de US Airwais ha sabido sacar provecho de la experiencia contingente del avión que tenía el piloto más experimentado, testimonia que incluso en la aviación hay que saber separarse de los protocolos estándar6. El método estadístico no se limita a la medicina. Se interesa también por la Justicia y pretende prescindir de los jueces, por ejemplo, para apreciar el riesgo de reincidencia. En Estados Unidos, las leyes del Estado 39 • Letr as, Enero-Abril 2011

Mathematic formulas, fotografía de Tomasz A. Poszwa, 2004

de Virginia incluyen desde 2003 por primera vez en el mundo, una cláusula que obliga a los jueces a mantener detenidos a los delincuentes sexuales mientras estos tienen una puntuación de más de 4 en una escala de evaluación de la reincidencia. Es una justicia adherida a los procedimientos científicos de la que Robert Badinter, en una tribuna reciente, denunciaba los peligros de la definición “de un régimen de seguridad fundado en la presunta peligrosidad de un autor virtual de infracciones eventuales” 7. Luchaba contra la inscripción en la ley de un crimen virtual. Este infierno ya se ha realizado en Virginia. De igual manera, en el campo de la educación, los expertos estadísticos tratan de imponer protocolos en los que el profesor no sería más que el recitador de un manual estandarizado de enseñanza debidamente evaluado y que habría que seguir al pie de la letra. Los profesores, los clínicos, los pilotos, los jueces refunfuñan ante la destitución de su acto en nombre de la evaluación de las predicciones. Del lado de los actores, todos testimonian del efecto de mortificación del deseo. Del lado de los participantes, se quejan de ser objetivados, reducidos a un protocolo estándar. Es una verdadera destitución subjetiva. Esta destitución produce un efecto real sobre las “profesiones imposibles”. Evoco así la referencia freudiana que designa como imposibles los ideales que mantienen la “cohesión social” que evocaba Levi-Strauss: educar, gobernar, curar. Lo imposible es índice de un deseo. El efecto real deber ser diferenciado del efecto imaginario de la herida narcisista, que puede producir la competición hombre-máquina, engendrada por los cálculos masivos de la intimidad. Lacan se había burlado del narcisismo del clínico, en su sátira de aquel que se toma por el “único” en saber hacer. Lo cito: “Este ser el único con el que se presentan y del que presumen, es la infatuación más común en medicina. Es mediante esta infatuación que algunos médicos llegan a calmar la angustia de su acto, este ser el único justifica el milagro para hacer de eso la caperuza de esta soledad”8. Lacan invitaba vigorosamente a los clínicos a formarse en las


Dossier exigencias de la lógica propia al acto analítico. Esta lógica permitía potenciar el acto yendo más allá de los obstáculos del narcisismo. Los algoritmos del cálculo masivo de lo íntimo producen el efecto inverso. Matan al sujeto porque no dejan ningún lugar para la angustia constituyente de la soledad del acto. Sin duda, el algoritmo del cálculo libera de la angustia del acto. Es una ganancia obtenida sobre la angustia. Algunos se fascinan de manera casi maníaca de la reforma de la gestión de las poblaciones por un futuro enteramente previsible. Al fin estaríamos en condiciones de evacuar el problema de los futuros contingentes. Podríamos acabar con la angustia de la intencionalidad neutralizándola mediante el cálculo. La reducción del acto a la economía del comportamiento Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía 2002 es el ejemplo de la nueva ciencia de la economía del comportamiento, es profesor de Psicología y de ciencias del comportamiento en Princeton. El Comité del premio Nobel recompensó sus trabajos sobre la psicología de las creencias, de las intuiciones y de las elecciones. Eran especialmente útiles en finanzas mientras que la crisis financiera no hiciese aparecer un imprevisto. El acercamiento comportamental da cuenta de los teoremas que la teoría de los mercados eficientes y racionales no llega a aclarar. Por ejemplo, “la sobreprestación de las acciones en relación a las obligaciones y otras categorías de activos se explica por el exceso de confianza y de optimismo que caracteriza a la mayoría de los inversores, habituados a actuar sobre la base de su intuición”. Sin duda, las ciencias comportamentales pronto van a interesarse por el caso de Jérôme Kerviel cuyo exceso de confianza y de optimismo permitió engañar a todas las aplicaciones expertas supuestamente encargadas de encuadrarle. En este caso, la explosión de la pasión del juego propio de los participantes acabó por barrer todos los mecanismos cognitivos internos y los corta-

“LA CLÍNICA TIENE EN COMÚN CON EL SABER INCONSCIENTE QUE NUNCA ES UN SABER PERFECTO” fuegos externos. Pero Kahneman no se interesa por los individuos, sólo se interesa por las series de fenómenos que producen los grandes números. “La finanza comportamental aún no ha desarrollado una comprensión suficiente de las olas colectivas de euforia porque tiende a concentrarse en el individuo y no en los fenómenos agregados de cambio de creencia”. La economía comportamental también ha tratado de dar cuenta de lo irracional del pánico financiero. La crisis financiera, más allá de la puesta en marcha de un paradigma de rutina de las explicaciones estándar, es la manifestación de fenómenos de psicología social a gran escala. La modelización de los riesgos según los 40 • Letr as, Enero-Abril 2011

programas admitidos ha dejado de funcionar9. Es el momento de recordar que todos los modelos económicos funcionan en un universo de conocimientos limitado y que el agente supuestamente racional del mercado también se equivoca. Es continuamente contaminado por las emociones sociales del grupo. Es el momento en el que la dimensión de real aparece más allá de la cifra. Como decía Barack Obama en su debate con John McCain: “el dinero desaparece más rápido de lo que usted puede contarlo”. El dinero se presenta entonces en una dimensión de real, una vez desnudo el régimen habitual de confianza en el valor del dinero: In God we trust. La “titulización” de las deudas introdujo la ilusión de una cuantificación siempre posible del riesgo, diluida a través de mecanismos de reaseguros hasta alcanzar el sueño de un “riesgo sin riesgo”. Este método comportamental reduce la conducta humana a un “acto sin acto”, “la noción de conducta, aplicada de manera unitaria para descomponer hasta la nadería todo dramatismo de la vida humana” 10. En esos momentos de pánico financiero, los experimentos de laboratorio de Daniel Kahneman sobre la mayor importancia del miedo a perder que la esperanza de ganar, como “ilusión cognitiva”, revelan su dimensión de ridículo. Estos experimentos no han impedido en absoluto la propagación de las ilusiones de los mecanismos de reaseguros por la titulización. Esta es una de esas experiencias tipo: “Pedimos a algunos estudiantes elegir entre una suma segura de 3.000 $ o hacer la apuesta de tener 80% de oportunidades de tener 4.000 $. La mayoría de los estudiantes eligen los 3.000 $. La misma cuestión, presentada de manera diferente, les propone elegir entre perder 3.000 $ o aceptar 80% de oportunidades de perder 4.000$. Con esta formulación la mayoría eligen la apuesta más arriesgada”.11 Todo conf luye para mostrar esta aversión a la pérdida, esta angustia del objeto perdido. Más allá de los experimentos de laboratorio, el pánico global muestra, como diría Freud, que el pánico es la verdad del lazo social. Bajo el lazo social de la creencia reina la angustia. “Tenemos una indicación de que la esencia de una masa reside en los vínculos libidinales presentes en ella, en el fenómeno del pánico, que puede estudiarse en las mejores condiciones en las bases militares. El pánico aparece cuando una masa así se desagrega. Su carácter, es que ya ningún orden superior es escuchado y que cada uno se preocupa de él mismo sin mirar por los otros. Los vínculos recíprocos han cesado y una angustia desprovista de sentido, gigantesca, se libera”.12 En nuestros días, a las masas militares hay que añadir las “masas financieras” globalizadas. En la vida del sujeto Daniel Kahneman las dos dimensiones están profundamente anudadas, lo contó en la autobiografía que se exige de los laureados por el Premio Nobel13. Escribe bien, lo cito: “Mis padres eran judíos lituanos (como Levinas) que habían emigrado a Francia en los años veinte y habían tenido éxito. Mi padre dirigía el Departamento de Investigación de una gran empresa


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Paris in the winter, Edwin Pijpe, 2006

química. Pero aunque mis padres amaban casi todo lo francés, y tenían algunos amigos franceses, sus raíces francesas eran poco profundas y nunca se sintieron completamente seguros. Es decir que los pocos restos de seguridad que habían tenido desaparecieron durante la invasión alemana en 1940. Diseñé lo que era mi primer grafo en 1941. Mostraba los azares de la fortuna familiar en función del tiempo. Alrededor de 1940 la curva entra en el registro negativo. Mi padre fue capturado en la primera redada a gran escala contra los judíos y fue encerrado durante seis semanazas en Drancy. Fue liberado gracias a la intervención de su empresa que era dirigida (lo he sabido sólo recientemente por un artículo) por uno de los principales sostenes del partido fascista en Francia. La historia de la liberación de mi padre, que nunca llegué a entender del todo, ponía también en juego a una bella mujer y un general alemán que la amaba. (…) Mi padre murió de una diabetes mal curada en 1944, justo seis semanas antes del Desembarco que desesperadamente había invocado en sus ruegos. Pronto mi madre, mi hermana y yo fuimos libres y volvió la esperanza de obtener los pasaportes que iban a permitirnos ir con el resto de la familia a Palestina”. Daniel Kahneman se convirtió rápidamente en un alumno brillante. Eligió psicología. En 1954 se enroló en el ejército y fue asignado al Departamento psicológico del Tsahal. Le pidieron evaluar a los candidatos oficiales y hacerlo mejor que las guías de entrevistas americanas 41 • Letr as, Enero-Abril 2011

de las que el ejército disponía. Son los mismos protocolos de entrevistas de los que Wilfred Bion se había burlado y que le empujaron a inventar su método de selección grupal inspirado por el psicoanálisis. Kahneman, por su parte, inventa su primer concepto para denunciar la desconexión completa entre la información estadística de que disponía y su capacidad de previsión. Lo llama “ilusión de validez”. Es un moralista, denuncia la arrogancia y las malas pasadas de las ilusiones cognitivas. Con una calculadora primitiva, inventa una técnica estadística que le hace integrar las disposiciones psicológicas necesarias para los cuerpos más variados del ejército. Mejora sensiblemente las capacidades predictivas del sistema sobre los desarrollos de esos alumnos oficiales. Apoyándose en su éxito, hijo de sus obras, obtiene una beca doctoral para Berkeley en Estados Unidos. Se alegra de la libertad que le dejan para leer a su gusto. Cuenta lo que llama su experiencia intelectual más significativa de sus años de estudiante. No sucedió en la Universidad. “En el verano de 1958, mi mujer y yo atravesamos los Estados Unidos para pasar algunas semanas en la clínica Austen Riggsen en Stockbridge, Massachussets, donde estudiaba con un célebre psicoanalista teórico, David Rapaport, con el que había hecho amistad durante una visita a Jerusalén unos años antes. Rapaport pensaba que el psicoanálisis contenía los elementos de una teoría válida de la memoria y del pensamiento. Las ideas esenciales según él, que esbozan un modelo de energía mental (cathexis), se encontraban


Dossier en el capítulo VII de La interpretación de los sueños. Con otros jóvenes del círculo de Rapaport, estudiaba ese capítulo como un texto talmúdico y trataba de deducir previsiones para la memoria a corto plazo. Fue una experiencia maravillosa y hubiera vuelto si Rapaport no hubiera muerto brutalmente poco después ese mismo año. Tenía un respeto enorme por su espíritu indomable… Austen Riggs era un centro mayor para el desarrollo de la teoría psicoanalítica inicialmente dedicado al tratamiento de los hijos de ricas familias disfuncionales de la Costa Este. Me permitieron asistir a las reuniones de discusiones clínicas de los viernes, consagradas a la evaluación de los pacientes tras un mes de observación. Todos los asistentes habían recibido y leído la noche previa a la reunión un dossier con las notas clínicas de todos los intervinientes. Al principio tenían lugar vivos intercambios de impresiones entre los participantes que incluían al célebre Eric Ericsson. A continuación el paciente entraba para una entrevista en grupo seguido de una brillante discusión. Uno de esos viernes, la reunión tuvo lugar y fue conducida de la manera habitual aunque el paciente se había suicidado durante la noche. Fue una discusión remarcablemente abierta y honesta, centrada en las contradicciones entre el potente sentimiento de inevitabilidad del acontecimiento y el hecho de que sin embargo nadie había previsto el suicidio. Era otra ilusión cognitiva de comprender”. Vemos que la ironía de Kahneman puede ser feroz y que es un narrador. Todo su esfuerzo intelectual consiste en renunciar a la contradicción que denuncia. Lacan hablaba de aquellos que tras un análisis, prefieren el inconsciente a cualquier cosa. Kahneman prefiere la certidumbre de la precisión a cualquier cosa y rechaza la parte de contingencia terrible que forma parte del patrimonio de los clínicos. Si para eso es necesario romper con la clínica, poco importa. Salvará la certidumbre de la previsión. Sin duda el elemento autobiográfico no está ausente. En todos sus gráficos, rehace el gesto del primer grafo. Busca determinar con certidumbre lo que su padre no había podido prever: el momento en que el destino familiar entra en el registro negativo. Para asegurarse ese punto, Kahneman construyó un sujeto supuesto saber perfectamente explícito, como el dios del salmo 139. “Señor, tú me examinas y me conoces, Sabes cuando me siento o me levanto” 14 La omnipotencia del cálculo es la llamada a un Dios reducido al Dios de los filósofos y de los sabios. Saber matemático, saber psicoanalítico, saber clínico ¿Qué hemos aprendido de estos estadísticos y de su relación con el psicoanálisis establecida por cada uno de ellos? En primer lugar que ellos mismos testimonian de una posición subjetiva de excepción. De hecho, han

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sufrido la decepción científica respecto al psicoanálisis. No han soportado la cuestión que Lacan formulaba así: “¿Qué es una ciencia que pudiera incluir al psicoanálisis?”. El clínico está del lado del psicoanálisis en la medida en que no es dueño del saber. Este no se deposita como una serie de hechos analizables por una regresión a variables causales. En los términos de Jacques-Alain Miller leyendo la última enseñanza de Lacan, el saber analítico, como el saber de la clínica, es un saber a descifrar. Sólo la enseñanza de Lacan acaba encontrando su vínculo con lo real al que se confrontan las profesiones de lo imposible. Es un real que no está contenido en el saber, en el sentido de la serie estadística. La clínica tiene en común con el saber inconsciente que nunca es un saber perfecto, que vehicula el agujero, la ausencia de certidumbre definitiva. Es por lo que podemos adoptar para la clínica y para el psicoanálisis que “la causa del deseo para cada uno es siempre contingente, es una propiedad fundamental del serhablante”.15 Los dos modos opuestos de saber que son el saber clínico y el saber de la serie estadística son el índice de dos reales diferentes. Sólo el discurso analítico permite ordenarlos porque sólo este discurso se hace cargo de la imposibilidad que comporta todo saber que se da bajo el modo del desciframiento, en la medida en que trata la particularidad de lo sexual. Pero el discurso analítico testimonia para todas las profesiones de lo imposible. Los matemáticos de la corriente de Kurt Gödel han hecho aparecer los límites o los imposibles en los sueños como los de David Hilbert de producir “teorías del todo”. En esta vía, un matemático contemporáneo, Gregory Chaitin, ha establecido un número sin ley en el sentido de que “si la única ley que rige un conjunto de datos es una ley tan complicada como esos mismos datos, entonces no obedecen a ninguna ley”.16 Ese número, W, es un número bien definido pero que no puede ser calculado por ningún programa informático que fuera menos complicado que el número mismo. Para conocer ese número, hay que hacer la experiencia. Es un poco como el saber analítico del que hay que hacer la experiencia en la cura. No hay resumen posible. Así, los cálculos masivos matan al sujeto, el saber matemático y la clínica lo hacen revivir. Los expertos estadísticos fascinados por la “teoría del todo”, tienen sus razones para apasionarse por su versión de la destitución subjetiva. Los fanáticos del “escribirlo todo, preverlo todo” son como los clérigos, según Nietzsche. Tienen una voluntad de potencia fundada sobre la humildad del saber que en el campo de las profesiones imposibles se traduce como una voluntad de saber enloquecida. Pretendiendo la predicción absoluta, los efectos colaterales son devastadores. El saber agujereado del inconsciente hará obstáculo.  t Traducción: Julia Gutiérrez.


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Sound it out, fotografía de Bill Davenport, 2007

EL AUTOR Eric Laurent. A.M.E. Psicoanalista en París, Miembro de la ECF y la AMP. Docente de la sección clínica de París-Saint-Denis, doctorado de 3er ciclo de psicoanálisis, Paris 8. Email: ericlaurent@lacanian.net

Referencias 1 Informe Terra Nova, disponible en la web de L’Express en el blog Inmedias de Renaud Revel, el 20 de enero de 2009. 2 Grove W. M. y Llod M., Meehl’s contribution to clinical versus statistical prediction, Journal of abnormal Psychology, 2006, vol. 115 nº 2, p. 192-194. 3 Polanyi M.m Personal Knowledge, London, Routledge, 1958. 4 Joachim P., Sturmberg J. P., Carmel M., Martin C. M., “Knowing – in Medicine”, Journals of Evaluation in Clinical Practice, 14, Blackwell Publishing, 2008. 5 Ayres I., Super crunchers, how anything can be predicted, John Murray publishers. 2007, p. 87. 6 “Amerrissage sur l’Hudson: les boîtes noires retrouvées”, lemonde. fr, 18 de enero de 2009. 7  Badinter R., “Le retour de l’homme dangereux”, Le Nouvel Observateur, 31 enero-6 de febrero 2008. 8 Lacan J., “Discurso a la Escuela freudiana de París”. Scilicet 2/3. Autres écrits. Paris, Le Seuil, 2001. 9 Nocera J., “Did crisis avoidance crate one?”, Herald Tribune, 3-4 enero 2009. 10  Lacan J., “Discurso a los católicos” El triunfo de la religión. Buenos Aires 2005. [Paris, Le Seuil, 2005]. 11 Baja V., “Forget Logia; Fear appears to Have Edge”, The New York Times, 8 de octubre de 2008. 12 Freud S., Psicología de las masas y análisis del yo. Amorrortu editores - tomo XVIII. 13 Disponible en la página Nobleprize.org. 14 La Biblia Salmos 139. 15 Miller J-A., curso del 19 de noviembre de 2008. http://www. causefreudienne.org. 16 Chaitin G., «Les limites de la raison mathématique», Pour La Science, nº342, abril 2006. p.72.

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Un psicoanalista entre médicos*

Textos: Gabriela Medín Imágenes: Christian Kitazume, Josep Altarriba * Texto original de la autora.

“El psicoanálisis permite limitar la política de las cosas en las instituciones para reintroducir en ellas una “política del sujeto”.1 Introducción. Psicoanálisis en extensión Mi práctica en la institución bien podría encuadrarse bajo el nombre de psicoanálisis en ex -tensión. Ex: prefijo que indica fuera o más allá. Se trata de una práctica en un terreno ajeno, una práctica en la consulta médica, en las habitaciones de los pacientes ingresados, en el terreno de la pediatría especializada. Se trata de un analista deslocalizado. Este tipo de práctica, donde el sostén imaginario de la consulta es inexistente, precipita el lugar del analista como aquel que sostiene un deseo. Partiendo de coordenadas singulares ligadas a no sucumbir o más bien crecer en condiciones adversas, mi deseo me ha llevado a ubicarme como analista en el campo de la interconsulta pediátrica, más precisamente en el trabajo en equipo con pediatras que tratan enfermedades crónicas. En Madrid mi experiencia se centra en hemato-oncología y en VIH. Tensión. Adentrarse en un terreno extraño no está exento de incomodidad, de una cierta tensión entre el 44 • Letr as, Enero-Abril 2011

discurso del amo encarnado en el discurso científico y el discurso psicoanalítico. Tensión también entre saber y verdad, verdad subjetiva. Sin embargo, a partir de sostener esta tensión se producen efectos tanto en la relación médico-paciente como en el dispositivo asistencial. Además, en algunos casos se produce una demanda de análisis. Intentaré desarrollar estos aspectos en el presente escrito. Contexto. Desafíos que plantean los avances en medicina El gran avance tecnológico y científico de los últimos tiempos llevó a un aumento de la expectativa de vida en la población general y posibilitó la supervivencia de muchos niños que en otros tiempos no sobrevivían. Ciertas enfermedades potencialmente mortales han devenido enfermedades crónicas. Enfermedades crónicas que suponen un real del cuerpo que tanto el niño como sus padres tienen que poder ubicar, fantasmatizar, recubrir simbólicamente. Este es un trabajo singular que se entrelaza con los avatares de la evolución de la enfermedad y los tiempos de la constitución subjetiva. “En la medida en que las exigencias sociales están condicionadas por la aparición de un hombre que sirve a las condiciones de un mundo científico, dotado de


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Budda Statues, fotografía de Christian Kitazume, 2007

nuevos poderes de investigación y búsqueda, el médico se encuentra enfrentado con problemas nuevos”. 2 Una vez que la medicina deja de ser un arte para convertirse en una ciencia, su discurso, discurso de la ciencia, en el afán por encontrar regularidades, por reducir los síntomas a signos, deja por fuera el sujeto, la singularidad del cuerpo, que, a veces, en el día a día de la clínica entra sin que la llamen. En general los médicos solicitan una interconsulta allí donde encuentran un límite a su saber. En gran cantidad de los casos esa falta en su saber tiene que ver con algo de lo que no se puede dar cuenta desde los conocimientos del cuerpo biológico, del cuerpo generalizable. Se trata de algo relacionado con la particularidad del discurso que anima un cuerpo en singular, con la forma en que la palabra, en que los significantes, han marcado, han dejado huellas en ese cuerpo. En el campo del trabajo con pediatras un analista podrá ubicarse no como el que completa esa falta en su saber, sino como el que sostiene una pregunta, el que sostiene cierta tensión entre saber y verdad, donde la verdad del sujeto pueda desplegarse. Vale aclarar que cuando decimos sujeto, nos referimos a sujeto tanto del lado del paciente como del médico, pues, en éste, ubicado en el discurso de la ciencia, su propia verdad, su propia subjetividad también queda fuera (Ej: comunicación médico–paciente, información). Los pediatras que trabajan en los equipos médicos mencionados se ven confrontados muy frecuentemente a 45 • Letr as, Enero-Abril 2011

un límite en su saber, a casos que se salen de la norma, a las dificultades propias de cada niño y cada familia. Son clínicos, que conocen a los niños y a sus familias durante tiempos prolongados y a los que se les hace evidente que no hay una buena manera de afrontar la enfermedad y la amenaza para la vida que supone una enfermedad grave en la infancia, cada quien lo hace con sus recursos. En este sentido, son médicos “advertidos”, a partir de su práctica, de la importancia de considerar la particularidad de las familias. La recepción en estos equipos ha sido muy abierta y me ha posibilitado un trabajo sin presiones institucionales. Comentaré en este escrito algunos aspectos del funcionamiento del equipo y de los avatares de mi práctica con pacientes con VIH. Dispositivo A partir de la financiación de un proyecto de investigación clínica tengo la oportunidad de integrarme al trabajo de la Cohorte Madrileña de niños y adolescentes con VIH. Los pediatras que la integraban tenían clara necesidad de un abordaje psicosocial de sus pacientes adolescentes. Me ocupo de los pacientes VIH de tres grandes hospitales madrileños. Al tratarse del inicio de un proyecto fue posible construir el lugar “psi” y diseñar el dispositivo. Propongo estar presente en la consulta médica y luego realizar entrevistas con el niño/adolescente y/o los padres según el caso y si lo considerara pertinente. Luego de la consulta o al final del día se conversa en el


Dossier equipo sobre los pacientes vistos, qué aspectos nos parecen problemáticos, cómo intervenir, etc. Esto incluye cuándo citarlos, ya que si bien el seguimiento habitual es trimestral, éste puede alterarse tanto por razones médicas como sociales o subjetivas. Ante el niño y los padres soy presentada como la psicóloga que se ha sumado al equipo interdisciplinario. El primer encuentro, con una presencia inhabitual suscitó distintas respuestas: algunas de inhibición, otras de sorpresa, otras de alivio. Tres años después, soy un miembro más a quien se dirigen en ciertas ocasiones con preguntas y/o preocupaciones. Mis intervenciones son variadas: a veces me limito a escuchar, hago alguna pregunta acerca de lo que los padres comentan, en otras ocasiones pregunto sobre temas que no aparecen en el dialogo médico-paciente y que considero importante jerarquizar en ese niño/a, etc. Más allá de la intervención en cada caso y cada visita, todas están orientadas a recuperar el hablar sobre la subjetividad del niño y/o adolescente en la consulta. De alguna forma, y de un modo particular según las características de cada equipo médico, que el psi esté presente en la consulta del médico vuelve a jerarquizar el hablar en ese espacio. El psicoanálisis no es “para todos”, “no tiene su lugar en todos lados, pero en todos lados puede recordar que el sujeto surge de la palabra -ser hablante, ser hablado, hablante ser. A través de los años y las culturas, las estructuras clínicas y las lenguas, evalúa la potencia de la palabra, propone una alternativa al peso angustiante del determinismo científico que no es la esperanza de un milagro. Sitúa el campo de lo necesario, mantiene el lugar de lo contingente.”3 A partir de ese hablar comienzan a surgir aspectos relevantes de esta población: las dificultades para nombrar a la enfermedad, las de los padres para hablar con sus hijos de este tema, las de los médicos para dirigirse claramente a los niños o adolescentes, quedando la relación siempre mediada por los padres. Al tratarse de una transmisión vertical y de una enfermedad que aún tiene un estigma social importante ligado a la sexualidad y a la muerte, el momento de “revelación” del diagnóstico supone una gran conmoción para los padres. Con una

“ADENTRARSE EN UN TERRENO EXTRAÑO NO ESTÁ EXENTO DE INCOMODIDAD” actitud de respetar el deseo de los padres y sin elementos para leer las dificultades subjetivas, se llegaba a casos en que no se hablaba del diagnóstico hasta los 15 años. Esto generaba una situación en la que el adolescente no era reconocido como tal, seguía funcionando como un niño pequeño, y no se facilitaba su propio proceso de subjetivación de la enfermedad que padecía y con la que tendría que convivir el resto de su vida. No se preparaba al adolescente para su paso a la Unidad de 46 • Letr as, Enero-Abril 2011

adultos donde tendría que establecer una relación personal con su médico y hacerse cargo de su tratamiento. Por otro lado, el médico de alguna forma hacía abandono involuntario de una función importante, dejaba en manos de otros el hablar sobre la enfermedad y así, perdía la posibilidad de utilizar una medicina esencial en todo tratamiento: su propia palabra. Como resultado de ubicar estas dificultades, comenzó a cambiarse la modalidad en la que se llevaba a cabo la revelación: más tempranamente se comenzó a hablar con los padres a solas de este tema, a conversar sobre sus temores, a encontrar la mejor manera para cada uno de abrir la posibilidad de hablar de la enfermedad con sus hijos. Se acuerda con ellos el momento, pero se comienza a hablar en la consulta, es el médico quién explica acerca del virus, de cómo afecta el sistema inmune y cómo actúan los antirretrovirales. Por otro lado comenzó a instituirse un espacio a solas con el adolescente donde se habla de sus cosas, donde pregunta a nombre propio, donde comenta sus preocupaciones y donde muestra su singularidad. Además del enriquecimiento de la relación médicopaciente, se abrió la posibilidad de que los significantes circulen, de que el adolescente se apropie o se despegue de ellos según el caso, de que se hable del tratamiento en clave singular: el que le venga mejor al paciente no sólo desde el punto de vista inmunológico sino también desde el punto de vista personal. Un pediatra ideó una herramienta interesante: un muestrario de comprimidos donde se les muestra los que tendrían que tomar, el tamaño, el número y se acuerda conjuntamente el tratamiento elegido. Esto es un elemento crucial en el caso de esta patología donde la mala adherencia no sólo impide un buen control del virus sino que además permite que éste genere resistencias a los fármacos volviéndolos inefectivos. “El discurso del Amo quiere siempre lo mismo, quiere el como todo el mundo. Y si el psicoanálisis representa algo es el derecho, es la reivindicación del no como todo el mundo”.4 Otro efecto importante ha sido permitir que en la consulta se abra alguna pregunta acerca del malestar. En algunos casos de mala adherencia, por ejemplo, cuando en lugar de aplicar el mismo método para todo el mundo, dando una charla acerca de los antirretrovirales y las resistencias, se pone a indagar acerca de qué le ocurre a ese sujeto, aparecen otros elementos, algunas veces de otra escena, que se estaban jugando en relación al tratamiento. En estos casos, se lleva a cabo una intervención con entrevistas individuales que a veces son puntuales y en otros casos, seguimientos más prolongados. Es el caso de una adolescente de 16 años, que había comenzado tratamiento cerca de los 12 y desde entonces había cumplido muy bien con la medicación y con las visitas. En una analítica de rutina su carga viral ha subido de forma alarmante. Los médicos dicen: “no se está tomando la medicación”. Al principio lo niega, pero luego dice que sí, que no sabe por qué, pero que se olvida de tomarla. Llora y se angustia en la consulta. Vive con su abuelo y sus


Dossier hermanos, dos gemelos mayores y dos gemelos menores que ella, ninguno tiene VIH. La toma de la medicación es su responsabilidad porque en ese horario sus hermanos mayores están trabajando y su abuelo es muy mayor. No tiene casi relación con su padre y su madre ha muerto a consecuencia del VIH. En las entrevistas surgen preguntas acerca de la muerte de su madre, recuerdos infantiles, recuerdos de la época en que su madre estaba enferma y su dolor actual. Dice: “ahora la necesitaría, me gustaría ser como mis amigas, tener a mi mamá para hablar”. Inicia un trabajo de duelo poco acontecido y reactualizado por la adolescencia. Recuerda que su madre no quería que le dieran medicación y ella misma no tomaba la suya. De hecho, ella comenzó el tratamiento luego de la muerte de su madre. Desde el equipo médico está claro que no comenzó antes porque no tenía los parámetros clínicos indicados, pero para ella quedó registrado como que su madre no lo quería. Al olvidarse de tomarla seguía fiel a su madre y ahogaba la culpa de no haberse dado cuenta de que estaba tan grave y no haberla ayudado más. Mientras transcurría este trabajo, se decidió simplificar la pauta de tratamiento a una vez al día para hacer que la responsabilidad no recayera tan fuertemente en ella. Enseguida la carga viral volvió a descender. Se continuó en entrevistas a lo largo de tres meses en los que se trabajaron también otros temas ligados al grupo de pares y a su instituto. Al llegar el verano interrumpimos. Como planteaba anteriormente, a veces es posible que se abra una pregunta y se inicie un trabajo analítico. Por supuesto que es del orden de un “análisis que comienza”, muchas veces con efectos terapéuticos rápidos y que en muy pocas ocasiones se sostiene para convertirse en un “análisis que dura”. Sin embargo, tratándose de niños y adolescentes, probablemente constituya una marca, una referencia a la que pueden volver en otra ocasión si los avatares de su vida y su constitución subjetiva lo hacen necesario. Limitaciones. Relación con la evaluación El trabajo en este equipo impone muchas veces la necesidad de evaluar a los pacientes, ya sea para solicitar una determinada minusvalía, para valorar la existencia de daño cognitivo o a pedido de sus profesores a causa del fracaso escolar repetido. Algo que es del orden de lo demandado por la institución sanitaria o educativa y que debemos cumplimentar como parte del sistema de atención, puede en el marco de un trabajo continuado con esas familias tener un uso y una lectura clínica. Por ejemplo, un adolescente que es tildado de “poco estudioso” y “poco trabajador”, luego de hacer un WISC IV, donde se evidenciaron sus dificultades cognitivas, pudo recibir pedagogía terapéutica en el instituto y apoyos especiales. Muchas veces, sin embargo, se produce una cierta fascinación con la posibilidad de evaluar y objetivar los problemas mentales o cognitivos. Como si los valores de una escala nos dieran la clave para entender los problemas de aprendizaje de esta población, olvidando que éstos están múltiplemente determinados y es importante 47 • Letr as, Enero-Abril 2011

Teclado 50, Josep Altarriba, 2007

analizar cada caso particular si se quiere tener una intervención efectiva. Hay ciertos datos poblacionales necesarios para implementar o solicitar políticas sanitarias, es preciso conocer ciertas características del orden de lo general o incluso del orden de lo particular para organizar programas dentro del sistema sanitario. Sin embargo, se corre el riesgo de que por conocer ciertas regularidades, por “saber” acerca de ciertos temas, se pierda de vista la singularidad del paciente. Este complicado contrapunto, este intento de articulación de dos discursos, es uno de los desafíos de la práctica en equipos interdisciplinarios. A veces, el propio analista es tomado momentáneamente por la fascinación del saber. Sin embargo, ahí se hace realidad la afirmación de que “uno se vuelve analista porque no puede hacer otra cosa, que eso vale cuando es una elección forzada, es decir cuando se ha dado la vuelta por otros discursos y se ha vuelto a él. Es a falta de algo mejor. Es a falta de tener las ilusiones de otros discursos”. 5  t LA AUTORA Gabriela Medín. Psicoanalista en Madrid. Socia de la Sede de Madrid-ELP. Email: gabriela.medin@gmail.com

Referencias 1 Judith Miller “La clínica analítica hoy: el síntoma y el lazo social”. Grama Ediciones. 2009. 2 J Lacan “Medicina y psicoanálisis” en Intervenciones y textos 1. Ediciones Manantial. 3 Eric Laurent. “La clínica analítica hoy: el síntoma y el lazo social”. Grama Ediciones. 2009. 4  J A Miller. “Cosas de finura en psicoanálisis”. 2008-2009. www.wapol.org 5  J A Miller. “Cosas de finura en psicoanálisis”. 2008-2009. www.wapol.org


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La Salud Mental, ¿existe?*

Textos: Enrique Rivas Imágenes: Detroit Publishing Co. * Texto original del autor.

El problema que plantea el título de este congreso es muy pertinente ya que remite a las dos caras ontológicas del concepto. Por un lado muestra la aspiración del imperativo social y político de la sociedad del bienestar y del consumo a alcanzar este ideal de felicidad; frente a la verdad reprimida, por la otra cara, de lo imposible estructural, como lo real del sufrimiento inexorable del existir que implica el desencuentro de los sexos; la fusión inexorable de que en el hecho de vivir está intrínsecamente articulada la muerte insimbolizable. La posibilidad que de estos fundamentos se deriva, es la locura como destino amenazante del sinsentido. En Noviembre de 1997 en mi libro Psiquiatría & Psicoanálisis, en el capítulo “¿Qué salud mental?” 1, ya adelantaba hace más de una década, lo que extracto a continuación: “Enmarcar la intervención en los alcances que tiene el sintagma “¿Qué salud mental?” acotado entre signos de interrogación, significa que planteamos un cuestionamiento básico de la significación histórica, asistencial y conceptual. Digamos de entrada nuestra hipótesis básica y es que en definitiva la Salud Mental no existe, ni como entidad aprehensible y objetivamente capturable ni como concepto e instancia operativa. Y a lo largo de la historia de la asistencia a la patología 48 • Letr as, Enero-Abril 2011

mental y sobre todo en el último periodo de alternativas al manicomio, la Salud Mental ha devenido un concepto equívoco y difícilmente formalizable. No hay criterios para definir este concepto, ni desde el campo de la asistencia a la patología psiquiátrica ni desde su prevención. Consideramos que es un constructo social imaginario y convencional de una imposibilidad. Hablamos ahora desde la perspectiva del discurso analítico, en su orientación freudo-lacaniana. La Salud Mental es una contradicción ya que el sujeto por estar en el vínculo social y en el lenguaje, está afectado intrínsecamente por su división y por las producciones del inconsciente. La definición del concepto de salud de la OMS2, en lo que afecta a la Salud Mental, sería el estado óptimo de bienestar bío-psico-social y esta definición remite a tres imposibles: El cuerpo, lo biológico, por su encuentro con el lenguaje está elidido. Por otro lado lo psíquico y lo social, es decir, el vínculo social, hace padecer al sujeto, en lo psíquico, en lo físico y en lo social. Y en cuanto al origen histórico del concepto decía, que: “El concepto de Salud Mental como forma de nombrar los modelos asistenciales de naturaleza comunitaria, surge como alternativa al viejo modelo manicomial que se puso en cuestión a raíz de la Segunda Guerra


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Stonehenge, Detroit Publishing Co. , Library of Congress, 1890

Mundial tanto en Europa como en los países anglosajones y EEUU. En Francia a partir de la introducción de los neurolépticos, con el descubrimiento de la clorpromacina en 1955, y antes en 1945 a partir de las Jornadas Psiquiátricas de Marzo de 1945 que se celebraron en Saint Anne y donde a partir de una ponencia de Daumezon titulada “El psiquiatra y la sociedad”, se denuncia el internamiento como “una conducta primitiva de la sociedad ante el enfermo mental” y donde se establece en algunos puntos de las conclusiones de las Jornadas, que “la unidad e indivisibilidad de la prevención, profilaxis, la cura y la post-cura, deben ser respetadas al máximo”. En esas Jornadas se plantea un primer esbozo de Salud Mental, incorporando los principios de la Salud Pública a la atención psiquiátrica, así como las propuestas de las Ligas de Higiene Mental, como las bases de una concepción comunitaria de la asistencia del enfermo mental. En la psiquiatría de la postguerra se plantea un viraje importante de la psiquiatría de este siglo. Lucien Bonnafé atribuye tanto a los neurolépticos como al concepto de tratamiento pleno, la posibilidad de que los enfermos salieran de los manicomios, es decir, citando el trabajo de este autor, “(…) la puesta en marcha sistemática de todos los medios susceptibles de influir favorablemente en el curso de la enfermedad con el fin de obtener la óptima readaptación social. El factor de cohesión, elemento estructurante de este planteamiento, no es el tratamiento medicamentoso, sino la relación cuidador-cuidado. La continuidad de esta relación es 49 • Letr as, Enero-Abril 2011

la regla de la eficacia (...). El principio de continuidad coloca en primer plano el carácter personal de la relación independientemente de la hospitalización. Antes, durante y después, o sin hospitalización el enfermo se mantiene sobre todo en función de lo que se convendrá en llamar el sostén psicoterapéutico”. 3 “Por otra parte, hay que considerar la consolidación del concepto de Salud Mental por la convergencia de distintos campos de conocimiento, corrientes epistemológicas y diversos colectivos de profesionales en el abordaje y comprensión de la patología mental en la asistencia pública (psiquiatras, psicólogos, sociólogos, trabajadores sociales, etc). Cada uno con sus referentes epistemológicos diversos. Finalmente, la evolución política y económica hacia la sociedad del bienestar, implica la gestión desde el Estado de las propuestas de mejoras de la vivienda, de la educación y de la salud. Si bien a lo largo de los años 70 con la crisis del Estado de bienestar, hay una evolución de las políticas económicas, del recorte del gasto público por los Gobiernos conservadores y políticas económicas neoliberales que vacían de contenido las alternativas progresistas de asistencia a la Salud Mental”.4 “La sociedad moderna y postmoderna promueve al sujeto a la satisfacción plena de la pulsión, a la posibilidad de encuentro con lo real, a la posibilidad de la relación sexual, imposible por estructura ya que estar constituido en el campo del lenguaje, en el orden Simbólico, condena al sujeto al desencuentro entre los sexos y a lo inevitable


Dossier del encuentro con la pulsión de muerte. El psicoanálisis tiene que tener esclarecida esta condición del sujeto para llevarle a su confrontación con la castración de goce, con la verdad fundamental, ontológica y estructural, de que no es posible ni la satisfacción plena de la pulsión, ni la relación sexual, ni el escamotear la angustia de la finitud del ser. La salud mental es un ideal de consumo, una metáfora imprecisa de la psiquiatría vergonzante, un aparato ideológico-asistencial para la reinserción de los pacientes en los circuitos de producción y en los ideales y valores sociales de la época en que vive”.5 “No es el orden público lo que ha de interesar a los profesionales de la salud mental sino el desorden singular del sujeto afectado por el lenguaje y dividido por el significante. División que hace a la inscripción del sujeto en la falta de ser, en la pérdida de lo biológico y en la indeterminación de lo mental. División que inscribe al sujeto en su determinación inconsciente. En su división entre el enunciado y la enunciación, acto que comandado por las cadenas reprimidas y las formas de deseo y de goce, determinan al sujeto más allá de la demanda de salud que dirige al otro de la ciencia”.6 “Estas paradojas y límites de la Salud Mental han engendrado lo que llamamos la “Clínica de la Sospecha”, la clínica del “Todos bajo sospecha”, según el análisis de las contradicciones que implican a la Salud Mental como ideal social y científico de la época. Sospecha de los profesionales de la Salud Mental sobre la legitimidad de su práctica y la impostura de su delegación social de agentes de la segregación. Malestar y frustración de los profesionales de Salud Mental que tratan de curar al sujeto, de su condición de castrado de goce, de la imposibilidad de veladura y sutura de la división y de la verdad estructural que le sostiene, del “no hay satisfacción plena de Pulsión”. Todo en función de la ignorancia de la axiología que aportó el psicoanálisis”.7 “No obstante el psicoanálisis es una oferta también de la sociedad industrial y sus postrimerías del capitalismo tardío y acumulativo. Y en consecuencia, el psicoanálisis también es un síntoma de la modernidad y tiene los mismos riesgos. Si éste se identifica con lo imaginario de la oferta social, (el goce sin límites, la sutura de la castración y la oferta de felicidad) el psicoanálisis caerá en la misma situación de malestar y frustración. Y en definitiva caerá también en el discurso social de la sospecha”.8 La felicidad que el psicoanálisis propone es la de aportar un dispositivo analítico que incluya al sujeto en un vínculo social, invertido al del discurso del amo

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Discurso Amo / Discurso Analítico donde el agente del discurso no es el significante Amo, sino el objeto causa del deseo en su dimensión de semblante. Para llevar al sujeto a su relación con la verdad 50 • Letr as, Enero-Abril 2011

y su confrontación con lo incurable de su ser que no es más que el vacío ontológico y originario que lo habita y el síntoma que lo hace existir más allá de los semblantes. En relación al desarrollo que tuvo y tiene el proyecto de Salud Mental, en concreto en nuestro país y especialmente en nuestra comunidad, hay que decir que los proyectos de implantación del modelo progresivo de implantación social, se han degradado por la infiltración insidiosa de la ideología sanitaria regresiva y retardataria de concepción biomédica y neopositivista. En la comunidad de Madrid, con las nuevas políticas de estructuración de la Red de Recursos de Salud Mental, y por la incomprensión de la significación que podía aportar el modelo de asistencia comunitaria, se le ha hecho fracasar por falta de apoyos institucionales, y por la negación de la implementación de recursos profesionales y materiales, como hemos dicho anteriormente, habiendo iniciado un procedimiento de degradación y desmantelamiento de la red y el proyecto que se impulsó en los año 80-90, a la luz de la crítica europea a la institución psiquiátrica manicomial de años anteriores, y que abrigaba en su seno la necesidad de tratar a los pacientes sin desinsertarlos de sus lazos socio-familiares en un aparato asistencial que modificaba, el abordaje tradicional de los mismos en las estructuras hospitalocéntricas, transformándolos en una plataforma de Servicios de SM implantados en la comunidad. Modelo que guardaba en su estructura interna, según nuestra manera de ver, el germen de una posible apertura a la instalación de abordajes de comprensión y tratamiento de las anomalías psíquicas, inspirados en la teoría y práctica psicoanalíticas, dados el respeto a la libertad y singularidad de cada sujeto que aquel modelo garantizaba. Han sido en paralelo a este proceso y la elaboración y difusión a nivel mundial de los DSM (manual diagnóstico y estadístico de las enfermedades mentales), junto al CIE (Clasificación Internacional de las Enfermedades), los que han constituido las guías y orientaciones de la práctica en salud mental y han deteriorado hasta su borramiento los niveles de pensamiento psicopatológico de los profesionales. Todas las versiones DSM de la APA (Asociación Psiquiátrica Americana), desvirtuaron la clínica y anularon la riqueza tradicional de la psicopatología y condenaron al oscurantismo las prácticas del sujeto. Eliminaron a la Histeria y redujeron el desarrollo de las neurosis, así como empobrecieron los diagnósticos de Paranoia, transformándolos en los imprecisos trastornos delirantes paranoides. Finalmente lo que se anuncia en el próximo DSM-V para el 2013, es la inclusión de las diversas conductas sociales, en una clasificación que aumenta en mas del 40% los diagnósticos referidos a la dimensión médica, comportamental y social. Es decir un aumento exponencial de los diagnósticos de la conducta de la vida cotidiana y una impenitente anulación de la dimensión subjetiva en la comprensión y abordaje de la patología del ser. Y una descarada inclinación a la valoración de los cuadros sintomáticos, en función de los criterios de


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Estudio IV, estudio por ordenador sobre patrones rítmicos y visuales en la obra de Jackson Pollock, 2001

la gran industria farmacéutica que aumentan progresivamente sus beneficios. Para el DSM-V, “todos enfermos o trastornados”, incluibles en las clasificaciones internacionales. Para el psicoanálisis sin embargo, “todos incurables” de la división subjetiva originaria, pero no enfermos. Para las “ciencias de la salud mental”, todo termina siendo alteración o desorden y remite a un trastorno neuroquímico. El objeto fármaco, como el sintagma Salud Mental, es un instrumento al servicio del orden público y en definitiva del rechazo de la castración en el seno del capitalismo acumulativo. La oferta del medicamento, a excepción de las situaciones clínica e imprescindiblemente necesarias, favorece la no implicación subjetiva. Al decir de Jacques-Alain Miller, el destino estadístico amenaza la subjetividad. Los límites de las patologías se tornan evanescentes tras la inclusión en las clasificaciones de toda conducta humana. En resumen, para el DSM-V hay un aumento de los trastornos mentales que se reducen a una suma de signos y en su empobrecimiento se ha perdido en el camino la psicopatología que iluminó la historia reciente de los grandes observadores de la patología psíquica. Como dice François Ansermet, “según favorece el DSM-V, ¿habrá que estudiar en el futuro y clasificar a los normales? ya que ¿no es la vida, ella misma, una enfermedad?”.9 Estas consideraciones nos acercan a la comprensión 51 • Letr as, Enero-Abril 2011

psicoanalítica, de que cada sujeto que demanda ayuda por su malestar es plausible de “ser escuchado”, pero no de ser clasificado.  t

EL AUTOR Enrique Rivas. A.P. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Email: e.enriquerivas@telefonica.net

Referencias 1 E. Rivas. Psiquiatría&Psicoanálisis, La clínica de la sospecha. Miguel Gómez ediciones, Málaga, págs, 192 y siguientes. 2 Conferencia de la OMS en Alma Ata, La atención primaria de Salud. Ginebra, 1978 (Esta definición se aplica por extensión a la Salud Mental). J. García, A. Espino, L. Lara. La psiquiatría de fin de siglo. Editorial Díaz de Santos S.A, Madrid, 1998. - E. Rivas. Op. Cit., págs.194-198. 3 R . Huertas. Del Manicomio a la Salud Mental. Fondo de Investigaciones Sanitarias de la Seguridad Social, Madrid, 1992, pág. 193. 4 R. Huertas. Del Manicomio a la Salud Mental. Fondo de investigaciones Sanitarias de la Seguridad Social, Madrid, 1992, pág. 193. 5 E. Rivas. Op. Cit., págs.193-194. 6 E. Rivas. Op. Cit., pág. 194. 7 E. Rivas. Op. Cit., pág. 195. 8 E. Rivas. Op. Cit., pág. 195. 9  A . Lietti. Todos enfermos mentales. Publicado en les Temps 19/10/2010, Psychiatrie Vendredi 19 febrero 2010.


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El sujeto clasificado: una salud mental ready made* Textos: Luis Teszkiewicz Imágenes: José Carlos González

* Texto original del autor.

Desde un punto de vista epistemológico la medicina no es una ciencia, es una aplicación de las ciencias. Una práctica tecnológica encomendada, reglamentada y legitimada por la sociedad; práctica que se ubica en una encrucijada de las ciencias, tanto las exactas como las llamadas naturales y sociales. Podríamos añadir que la medicina no encarna cualquier discurso, es un discurso sobre el cuerpo. Su eficacia sobre el cuerpo tiende a hacernos olvidar que la medicina es un semblante, es decir, un modo de tratar lo real. En la época de la ciencia, la medicina es solidaria con el desarrollo de las ciencias. Esto ha producido un imaginario cientificista: la representación del médico como aquel que actúa con recursos físicos y químicos sobre un cuerpo biológico. Se promociona así la relación entre medicina y ciencia a un nivel pretendidamente óntico, como si este semblante científico de la medicina fuera propio de su ser y su producción, relativamente reciente, un fin al que estaba predestinada. Se reniega así del hecho insoslayable de que la práctica médica está históricamente determinada. Una de las enseñanzas de la historia es que el semblante científico de la medicina y, más aún, de la psiquiatría, es sólo uno de los semblantes que su discurso puede 52 • Letr as, Enero-Abril 2011

arrogarse. En la Edad Media la locura fue una enfermedad demoníaca y durante el absolutismo una enfermedad moral. El capitalismo naciente incorporó una nueva categoría moral: la utilidad, entendida como productividad. La lógica de un discurso capitalista balbuceante hizo que los enfermos mentales pasaran a ser aquello que tan bien expresaría el decreto de su exterminio promulgado por los nazis en 1939: “vidas improductivas” y, por lo tanto, “vidas desprovistas de valor e indignas de ser vividas”.1 La enunciación nazi toca directamente la verdad del discurso capitalista, que hasta entonces había estado velada, y desde entonces requeriría de su renegación. Los semblantes de la psiquiatría en las encrucijadas de la historia En los albores del discurso capitalista se considera conveniente encerrar a estas “vidas indignas” para preservar a la sociedad productiva en construcción. Bajo la Comuna de París se libera a los asilados de sus cadenas y se remplaza el tratamiento religioso de la locura por un tratamiento moral, consistente en encendidas arengas revolucionarias, seguramente tan apasionadas como ineficaces, llamando a los internos a integrarse en la nueva sociedad.


Dossier Así, el primer discurso de la medicina moderna sobre la enfermedad mental, enunciado por Pinel, no es un discurso médico sino un discurso social; y la terapéutica que introduce consiste en un tratamiento por la palabra. Cuando el discurso revolucionario pierde su impulso emancipatorio, los médicos, ya instalados en los asilos, conquistan para la medicina el territorio de la “locura”, pese a carecer de herramientas para tratarla. Para ello deben atribuirle un origen orgánico y producir un nuevo significante: “enfermedad mental”. El organicismo es así previo a toda comprobación empírica y a todo tratamiento biológico, es decir, es un hecho de discurso. A comienzos del siglo XX la psiquiatría da a luz otro significante: “higiene mental”, que desborda el campo de la medicina incluyendo a otras instituciones como la familia, el sistema educativo, la religión, la sociedad. Las variedades de la “vida mental” de los sujetos han pasado a ser un asunto de Estado. Psicoanálisis y salud mental Durante la efímera revolución húngara se produce un hecho inédito: el revolucionario Ferenczi hace del psicoanálisis el discurso oficial de la salud mental. En ese contexto Freud enuncia una expresión de su deseo: “se edi­f i­ca­rán establecimientos, clínicas que tengan a su frente médicos psi­co­a­na­lis­t as calificados, donde se esforzará, con la ayuda del análisis, a que con­ser­ven su resistencia y su actividad a hombres que, sin eso, se aban­do­na­rían a la bebida, a mujeres que sucumben bajo el peso de frustraciones, a ni­ños que no tienen otra elección que entre la depravación y la neurosis (...) un día u otro la necesidad de esto habrá de ser reconocida”.2 Durante la II Guerra Mundial los psicoanalistas británicos movilizados, forzados a abandonar la paz de sus divanes, desarrollan un análisis aplicado a la terapéutica que da lugar a una creación original. Tal es su éxito que en pocos años se convierte en el discurso oficial de la salud mental. En 1953 la recién creada Organización Mundial de la Salud insta a los hospitales y servicios de psiquiatría a reconvertirse en comunidades terapéuticas. Los analistas atraviesan las puertas de los asilos sin derribar sus muros. Conviven allí con psiquiatras y locos, sin cuestionar algo que es esencial al concepto mismo de enfermedad mental: la segregación. Lacan dirá: “... jamás surgió por parte de los psicoanalistas la menor discordancia con respecto a esa posición del psiquiatra. Y, sin embargo, en mis Escritos se ve retomado algo que expuse desde antes de 1950 bajo el título Acerca de la causalidad psíquica. Me levantaba ahí contra toda definición de la enfermedad mental que” (dejara) “de lado aquello de lo que se trata en la segregación de la enfermedad mental, a saber: algo (....) que está ligado a un cierto discurso, el que designo como discurso del Amo”.3 Comarcas catalanas François Tosquelles, psiquiatra, estudioso del psicoanálisis y él mismo analizante, cree descubrir que muchos psicóticos se curan espontáneamente gracias a los nuevos lazos 53 • Letr as, Enero-Abril 2011

sociales que produce el movimiento revolucionario. Este descubrimiento lo lleva a impulsar las Comarcas Catalanas, primera experiencia de salud mental comunitaria. Se reproducen tres condiciones necesarias para todo discurso psiquiátrico emancipatorio ya presentes en el discurso de Pinel: una situación histórica convulsa, médicos comprometidos con un discurso revolucionario y una concepción social de la salud y enfermedad mental. Este discurso social en psiquiatría se hará hegemónico a partir de los años 60 al realizarse en las Reformas Psiquiátricas. Pese a su semblante revolucionario coincide con el discurso del amo en considerar la salud mental como estado natural del ser humano y, por lo tanto, alcanzable por la sociedad. Un modelo veterinario Henri Laborit, descubridor de la clorpromazina, el primer neuroléptico, declararía: “... ¿por qué nos alegra contar con los psicotrópicos? Porque la sociedad en la que vivimos es insoportable. La gente no puede dormir, está angustiada, tiene necesidad de ser tranquilizada”.4 El descubrimiento de los neurolépticos viene a dar sentido, retroactivamente, a la apropiación por parte de la medicina del campo de la salud mental. El biologicismo creyó encontrar en el control químico de los excesos de goce la prueba de una causa orgánica supuesta. Pero la eficacia de los neurolépticos no prueba la organogénesis, como la eficacia psicoterapéutica no prueba la psicogénesis. Se confunden en ambas efectos y causas, simultaneidad y causalidad. Además, con el descubrimiento de los psicofármacos los enfermos mentales encontraron una nueva utilidad social: la del consumo. La lógica capitalista redujo la psiquiatría a la psicofarmacología e hizo de los psiquiatras, reconvertidos en expendedores de medicamentos, agentes del mercado. Los llamados trastornos mentales quedaron así incluidos definitivamente en el discurso médico. Pero justamente la medicina es incapaz de dar cuenta de ellos. Ni la física, ni la química, ni la biología, pueden dar cuenta de

“LA LÓGICA CAPITALISTA REDUJO LA PSIQUIATRÍA A LA PSICOFARMACOLOGÍA” lo que lleva a un individuo a sentirse desdichado o fracasado. Y la estructura social insiste en derivar al psiquiatra esos problemas.5 El modelo médico que otorgaba al psiquiatra la posición “de aquél que tiene que responder a una demanda de saber, aunque no pue­­da hacerlo más que llevando al sujeto a que se vuelva del la­do opue­sto a las ideas que emite para presentar esa demanda”6; es remplazado por un modelo veterinario fundado en la concepción del hombre como entidad reductible a la biología, renunciando así a la nosología coherente y la fina descripción de cuadros clínicos alcanzada por la psiquiatría


Dossier desde el siglo XIX. Faltaba sólo un paso para conformar la psiquiatría actual. CIE 10, Capítulo V: Trastornos mentales y del comportamiento Prudente título. Es el único capítulo de la clasificación internacional de la OMS donde no se clasifican enfermedades; son trastornos. Pero aquellos a quienes se clasifica no son, sin embargo, trastornados; son pacientes, o enfermos. La pretendida asepsia expone una ideología psiquiátrica que se actualiza y profundiza en cada nueva edición. “La distinción tradicional entre neurosis y psicosis, que se mantenía en la CIE-9 (aunque deliberadamente sin intentar definir ambos conceptos)”7, desaparece en el CIE-10. Y toda la nosología psiquiátrica producida a lo largo de su historia se fragmenta hasta el absurdo y el sinsentido clasificatorio. En el mismo prólogo de la clasificación se puede leer: “Las variaciones imputadas al observador son tan patentes que resultan desconcertantes…”.8 El sujeto dirige una demanda al aparato de salud mental y es referido a un dígito clasificatorio. Dado que el supuesto problema está incluido en la clasificación, implica que el sujeto padece un trastorno mental y justifica la aplicación de un tratamiento correctivo de la enfermedad. Cabría suponer que existe una escapatoria, que es posible que algunas de las demandas no puedan superponerse a ninguno de los códigos listados, pero no es así. Cada una de las revisiones tiene entre sus objetivos el de incluirlas, creando nuevos apartados o modificando los ya existentes. La demanda dirigida al campo de la salud mental participa así en la definición de aquello que ha de incluirse como “trastorno mental” en la clasificación. Y la clasificación acoge la demanda, toda demanda, y la sanciona con algún dígito comprendido entre F-00 y F-99, verdadero sumidero de toda subjetividad. Así, el mismo hecho de dirigir la demanda a este aparato sirve a su corrección. Y de este modo la clasificación se extiende

“EL BIOLOGICISMO CREYÓ ENCONTRAR EN EL CONTROL QUÍMICO DE LOS EXCESOS DE GOCE LA PRUEBA DE UNA CAUSA ORGÁNICA SUPUESTA” hasta abarcar toda conducta humana, como denuncian algunos de los propios autores del DSM-IV, equivalente norteamericano del CIE 10: “El DSM-V aparece promoviendo lo que más hemos temido: la inclusión de muchas variantes normales bajo la rúbrica de enfermedad mental”.9 Así se avecinan el “síndrome de riesgo de psicosis”, que autorizaría un uso preventivo de antipsicóticos; el trastorno “coercitivo parafílico”, que confunde delito y enfermedad; “de hipersexualidad”; “de adicciones 54 • Letr as, Enero-Abril 2011

conductuales -a comprar, al sexo, a la tarjeta de crédito, a los videojuegos...-.10 El duelo normal a las dos semanas queda estigmatizado y requiere medicación... Ampliación ad infinitum que acaba por encubrir toda responsabilidad personal. El campo de concentración generalizado Es todo el aparato del Estado, con sus ministerios y consejerías, el que legitima una determinada concepción de la psiquiatría y la salud mental. Y la intervención directa del Estado es a la vez legitimada por la OMS, en virtud de “ese nuevo derecho del hombre a la salud, que existe y se motiva en una organización mundial”.11 Si el sufrimiento subjetivo insiste, y siempre insiste, si el sujeto no se conforma con la medicación, único recurso de una psiquiatría que se reclama científica, se abandona la causalidad orgánica y se deriva al paciente que lo padece a la terapia cognitivo – conductual, opuesta y complementaria de la psiquiatría biológica; a “los psicólogos, testistas, asistentes sociales si se quiere: el personal inmenso, que, al haberlo devaluado por esta relegación misma, se sospecha que está subdesarrollado respecto del científico”.12 La causa de la enfermedad está ahora en los errores producidos en el proceso de aprendizaje. Errores que deben ser corregidos mediante el remplazo de las cogniciones erróneas por las supuestamente correctas, de las que el psicólogo sería depositario. No parece abusivo definir a las TCC como una “acción psicológica sistemática que se ejerce sobre una persona para imponerle unas ideas y transformar su mente de una manera determinada”, es decir, “lavados de cerebro” según el diccionario. Se remplaza así el prejuicio cientificista por el prejuicio, también de pretensión científica, de que el paciente es paciente porque está equivocado, y de que la función del psicólogo es la de “hacerle ver” su error, conocer lo que es “adecuado” y “maduro” en su situación vivencial, y reubicarlo en la buena senda. “Toda la psicología moderna está hecha para explicar como un ser humano puede conducirse en la estructura capitalista”...13; es decir, para hacer de él un consumidor de objetos prefabricados. La oferta de salud mental crea una necesidad o un anhelo de salud, bienestar y felicidad que retorna como demanda sobre el propio aparato de salud mental. Todo sufrimiento, toda infelicidad, es anormalidad y todo lo anormal debe ser normativizado. No sólo la salud, sino también la felicidad, son deberes del individuo, y toda falla, toda infelicidad, es designada como enfermedad. Pero el sujeto sufre y hace de su sufrimiento una demanda que el discurso social dirige hacia un Otro institucional encarnado en uno de sus semblantes: el de salud mental. Éste atribuye una causa supuesta a su padecimiento. Al referirla a una causa neural o genética se inviste con los fastuosos ropajes de la ciencia. El asilo de la ignorancia Spinoza, “el pensador más puro de occidente” según Heidegger, esperaba de “la matemática que hubiese


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José Carlos González, pintura, jgm18@hotmail.es

mostrado alos hombres otra norma de verdad”. Pero el discurso de la ciencia ha derrocado al prejuicio de Dios para suplantarlo. La genética y las neurociencias ocupan ese lugar de causa última que hace límite al pensamiento, sin explicar nada. Se trata de una “reducción, no a lo imposible, sino a la ignorancia (...) al parecer la naturaleza y la ciencia deliran, lo mismo que los hombres”.14 Una vez establecida la causa más allá de toda duda, el psiquiatra ya no debe preocuparse por ella. Su primera preocupación consciente es la de encajar al sujeto-paciente en una clasificación previamente establecida. Este acto inaugural marca al sujeto con una identificación a cualquier otro sujeto que comparta el mismo dígito clasificatorio. Además, y más allá de toda identificación, se le adjudica una identidad que el sujeto, perdido en su indeterminación, asume gustoso: “soy un TOC, un TDA-H, un TLP”; significantes amos que clausuran, respondiéndola, toda pregunta por la causa. Se ordenan los dichos del paciente para hacerlos encuadrar en una clasificación pre-fabricada, y se pretende dispensar medicaciones y/o terapias ad hoc, construidas específicamente para cada diagnóstico. A la demanda original de este sujeto, ya irresponzabilizado de sí mismo, se le ofrece un objeto real ready made: una medicación que, idealmente, se correspondería con la clasificación. Como el discurso capitalista en que se inscribe, este semblante de salud mental está “destinado a reventar. Porque es insostenible (...) es suficiente para que eso marche sobre ruedas, eso no podría correr mejor, pero justamente eso marcha así velozmente a su consumación, eso se consume, eso se consume, hasta su consunción”.15 Quizás en esas fallas que anuncian su estallido pueda llegar a reinscribirse en el discurso social el psicoanálisis.  t 55 • Letr as, Enero-Abril 2011

EL AUTOR Luis Teszkiewicz. Psicoanalista en Madrid. Socio de la Sede de Madrid-ELP. Email: luismutto@hotmail.com

Referencias 1 M. Averbach, “Psiquiatría, psicofármacos y derechos humanos”, Historia de la Psiquiatría en Europa, Sociedad Europea de Historia y Filosofía de la Psiquiatría, Ed. Frenia, Madrid, 2002. 2 S . Freud, “Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica” (1919 [1918]), Obras Completas, Volumen 17, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1979, pgs. 162-163. 3 J. Lacan, O... peor: Seminario 19; 1971-1972, clase 5, Copia mecanografiada de la Escuela Freudiana de Buenos Aires para circulación interna. 4 E. Roudinesco, Psicoanálisis vs. Prozac: La sociedad depresiva y los ataques al psicoanálisis, Scribd, pg. 7 5 N. A. Braunstein, Psiquiatría, teoría del sujeto, psicoanálisis: hacia Lacan, Siglo XXI, 1980, México, pg.31 6 J. Lacan, “Psicoanálisis y medicina “(versión completa), trad. Ricardo R. Ponte, http://elpsicoanalistalector.blogspot. com/2008/05/jacques-lacan-psicoanlisis-y-medicina.html 7 Varios autores, “Presentación”, CIE 10 – Décima Revisión de la Clasificación Internacional de las Enfermedades, Capítulo V: Trastornos Mentales y del Comportamiento 8 Sir Autrey Lewis, citado por Néstor A. Braunstein, op. cit., pg.13 9 CIE 10 – Décima Revisión de la Clasificación Internacional de las Enfermedades, Capítulo V: Trastornos Mentales y del Comportamiento pgs. 45 y 46 10 A. Frances (Jefe de Grupo de Tareas del DSM-IV), “Preparémonos, lo peor está por venir: El DSM V, una pandemia de trastornos mentales”, psiquiatrianet.wordpress.com/2010/04/19/ criticas-al-dsm-v/ 11 J. Lacan, “Psicoanálisis y medicina “(versión completa), trad. Ricardo R. Ponte, 12 J. Lacan, “De una reforma en su agujero “(1968), http://www.elpdebates.com/e-textos/Deunareformaensuagujero_Lacan.prn.pdf 13 J. Lacan, Problemas cruciales para el psicoanálisis: Seminario. 12; 1964-1965, clase 17, Copia mecanografiada de la Escuela Freudiana de Buenos Aires para circulación interna. 14 B. de Spinoza, “La voluntad de Dios, ese asilo de la ignorancia”, Ética, Universidad Nacional Autónoma de México, México D. F., 1983, apéndice a la parte 1, pg. 52 15 J. Lacan, “El discurso capitalista”, Fragmento transcripto de la conferencia que pronuncia J. Lacan en Milán el 12 de mayo de 1972 sobre el tema: “Del discurso psicoanalítico”. Aparecido en la revista “Psyché”.


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¿Existe la salud mental?*

Textos: Basi Viar Imágenes: Palmira Abelló

De la crisis de la interdisciplinariedad en los actuales Centros de Salud Mental se habla tanto...que nos vemos tentados a pensar que ha sido expulsada de la experiencia. Sin embargo, creo que el trabajo caso por caso la mantiene en acto, a condición de nombrarla como “coordinación”. La desaparición del “sector” propiciada por la “libre elección” abre una incógnita sobre la posibilidad de sostenerla con interlocutores cambiantes en relaciones líquidas. El rechazo de lo subjetivo se hace patente en procedimientos y protocolos, muchas veces ineludibles para los profesionales de la institución por razones contrac-

“EL RECHAZO DE LO SUBJETIVO SE HACE PATENTE EN PROCEDIMIENTOS Y PROTOCOLOS” tuales; se hace hincapié en que el “cliente-paciente” no puede sentirse desatendido según la promesa politizada de la restitución de la salud, de la respuesta literal a sus demandas. Se apuntala el rechazo de la subjetividad mediante la asistencia medicalizada, reforzada ésta 56 • Letr as, Enero-Abril 2011

por una concepción jibarizada del tratamiento psiquiátrico, identificado con el tratamiento psicofarmacológico. Las protestas de muchos profesionales comprometidos con las psicoterapias son recibidas, por lo general, con tanta comprensión como indolencia por los gestores, de modo que es la “agenda” (nuevo tótem) la que regula los tiempos de contacto con el paciente. La escasez de este tiempo realza aún más el milagro de la cura farmacológica. Los reductos para el discurso psicoanalítico se han abierto paso y parecen bien implantados en las agencias de formación institucional. Gracias al esfuerzo -¡cuánto papeleo!- de compañeros muy comprometidos, se han convertido en imprescindibles respiraderos para la alegría de encuentros más regidos por el deseo y, en consecuencia, en espacios de viva transmisión o de menos vivo -pero bienvenido siempre- consuelo. La evaluación en salud mental se ha instalado en la red pública como eslogan. No parece existir en la red de servicios ninguna sistematización en esta acción evaluadora que tenga consecuencias gnoseológicas. Dentro de la organización sanitaria se difunden raramente evaluaciones de programas o servicios según costeefectividad que justifiquen la distribución de recursos,

Imágen página siguiente, Alvarito, Palmira Abelló, tadmoor@telefonica.net

* Texto original de la autora.


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“LA EVALUACIÓN EN SALUD MENTAL SE HA INSTALADO EN LA RED PÚBLICA COMO SLOGAN” No se puede, sin embargo, objetar nada al desarrollo del modelo cognitivista, en particular en el arduo campo de las psicosis; salvo que nos parece ver repetirse, sin reconocimiento, los hallazgos, pero también los obstáculos y aporías de la psiquiatría que llamamos clásica en los que tan lúcidamente se apoyó Lacan para, con Freud, nombrar imprescindibles cotas del campo de lo posible en el tratamiento no farmacológico del psicótico. Prestar atención privilegiada e interesado respeto al discurso de los pacientes, con las modificaciones, quizás esenciales,

que en este discurso imprime el efecto farmacológico, es en cualquier caso una nueva oportunidad para todo el que quiera escuchar lo que no es para comprender. Sobre la serie de los DSM Respecto al inf lujo -claramente negativo- de este documento en el desarrollo de la psiquiatría como especialidad médica, pueden haber sido muy importanteslas limitaciones e incluso los errores forzados que haya provocado en la investigación clínica rigurosa el uso obligado de este imperante manual clasificatorio. Durante décadas se han diagnosticado (para ser publicados en revistas de impacto) los casos objeto de estudios clínicosmediante esta colección de categorías idealmente excluyentes pero carentes, todavía hoy, de marcador biológico o síntoma patognomónico cuya evidencia permita confirmar una nosografía sólida. Parece lógico pensar que esto haya podido condicionar los escasos avances de tan profusas investigaciones, pese al caudal de dinero invertido y, es mi convicción, de la buena fe de muchos en la búsqueda de la etiopatogenia de los trastornos. Está siendo la neurociencia la que plantea, libre de estas servidumbres que la psiquiatría rinde en la defensa de una identidad médica siempre cuestionada, los aportes más sugerentes aún en su incipiente desarrollo. Sin embargo, la carencia de un modelo neurofisio-psicológico explicativo de los actos humanos de base experimental, no se logra ocultar tras el enorme éxito obtenido con la divulgación (hay bestsellers en este campo) de cada fascinante parcial desvelamiento de una complejidad cerebral que se reconoce aún inabordable.  t

LA AUTORA Basilisa Viar Lahera. Psiquiatra Infanto-juvenil del Servicio de Salud Mental de Majadahonda. Email: basiviar@telefonica.net

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Imágen página siguente, Great Belt Bridge, John Nyberg, 2009

dinero o privilegios desde la gestión. Un enfoque tan empresarial como se postula en la Consejería de Sanidad madrileña no precisa de otras acciones. Pareciera que, tras la exhaustiva campaña de las últimas décadas, e instalados ya confortablemente en el universo de manuales y guías clínicas, se ha dado por buena e incontrovertible la archievaluada “eficacia” de las TCC. Se ha producido entonces una generalización de manera que las más recientes, y a menudo profundas, modificaciones de estas técnicas, reivindican su incorporación en la práctica asistencial, utilizando dichas siglas “TCC” como una suerte de franquicia, de salvoconducto, sin aplicarse ahora aquel rigor evaluativo con que se trató en su día a todas las psicoterapias que se apellidaran psicoanalíticas.


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Un cuerpo, dos escrituras*

Textos: Araceli Fuentes Imágenes: Andrés Borderías, Library of Congress * Testimonio presentado en el Espacio sobre el Pase de la Sede de Valencia de la ELP, el 9 de Marzo de 2011.

Aunque el psicoanálisis es una experiencia de palabra, la escritura tiene en él un lugar muy importante. En psicoanálisis la palabra y la escritura no están separadas ya que el goce que se escribe en el cuerpo como síntoma, fue primero palabra dicha, y lo que puede dejar de no escribirse, y escribirse contingentemente, se escribe sirviéndose de la palabra. La palabra verídica bajo transferencia se deposita, tiene efectos de escritura. Desde este punto de vista la experiencia de un análisis no es sólo una exploración de lo que ya está escrito y se repite, sino también una exploración de lo nuevo que se puede llegar a escribir. Un duelo escrito en el cuerpo En mi caso la imposibilidad de hacer un duelo por una pérdida ocurrida muy pronto en mi vida, había tenido como consecuencia que un goce por fuera de la castración, se escribiera en mi cuerpo con una escritura real. El duelo es la reacción a una pérdida, generalmente a la pérdida de un ser amado, pero puede ocurrir que esa pérdida no pueda ser subjetivada y como consecuencia, el duelo no pueda hacerse. De esa pérdida imposible de subjetivar el inconsciente no había tomado nota, sin embargo había dejado huella, una huella que se escribió directamente sobre el cuerpo lesionándolo. 60 • Letr as, Enero-Abril 2011

El trabajo del análisis consistió en producir un cambio de escritura que permitió que el duelo pudiera escribirse en lo simbólico. Así, como dice Lacan en La conferencia de Ginebra sobre el síntoma, la invención del inconsciente pudo cifrar algo de ese goce específico que se fijó en el cuerpo con una escritura real del orden del número. Sin duda todos los duelos no son iguales, ni todos los sujetos reaccionan de la misma manera frente a las dificultades que suponen. En mi caso la imposibilidad de subjetivar la muerte de mi madre ocurrida cuando tenía 8 meses no tuvo que ver únicamente con la edad que tenía en ese momento aunque ésta fuera una dificultad importante, se añadió también otra, a saber el modo en el que la lengua del Otro me habló de esa pérdida, la manera de transmitírmelo. Vivíamos entonces en un pueblo de Almería donde había una cierta manera de hablar, algunas mujeres, vecinas del pueblo, que habían conocido a mi madre, exclamaban cuando me veían: ¡Ay! ¡Si su madre la viera! Esta frase de lalengua la escuché seguramente siendo aún muy pequeña y sin tener consciencia de ello, en mí acabó teniendo la forma compacta de una holofrase. Cuando fui un poco mayor, cada vez que la oía sentía un malestar en el cuerpo al que no podía poner palabras. Sentía que un goce se me imponía, un goce del que no podía


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Araceli Fuentes, fotografía de Andrés Borderías, 2011

defenderme. En el Seminario I Lacan dice: “Toda holofrase se vincula con situaciones límite en las que el sujeto está suspendido de una relación especular con el Otro”. ¡Si su madre la viera! invocaba de manera siniestra la mirada de mi madre muerta, soldando así mirada y muerte. Estas mujeres del pueblo no me hablaban de mi madre, no me contaban cómo era, algo que me hubiera gustado mucho ya que no tenía casi relatos de cómo fue, sino que invocaban, ante mí, como testigo mudo, la mirada de una muerta. Eso que oía se me impuso, produciendo un gran malestar que repercutió en mi cuerpo, éste se dejó escribir un goce al que Lacan se refiere como siendo del orden del número. Igual que si fuera un sello, esta suerte de escritura ilegible, se fijó en mi cuerpo, en el lugar y la ubicación de lo que hubiera podido ser un síntoma. De esa escritura no tuve noticias hasta muchos años después cuando tuve que hacer otro duelo: el duelo por mi padre. Del primer duelo pendiente no sabía nada, a no ser por mi presentimiento: cuando mi padre muriera yo estaría en peligro. De hecho en el momento de su muerte tuve una experiencia extraña. Aunque le había querido mucho cuando murió no sentí nada. Estaba a su lado pero no pude reaccionar a su pérdida. Me encontré sumida en una especie de estado de congelación. No lloré y eso era raro. Esa falta de afecto era sospechosa ya que el afecto es efecto de la incidencia de lalengua sobre el cuerpo. En ese punto se reveló que mi cuerpo no había sido debidamente afectado por lalengua. 61 • Letr as, Enero-Abril 2011

Mi padre murió y mi presentimiento se realizó bajo la forma de una enfermedad del sistema inmunológico que puso mi vida en grave riesgo. Sus primeros signos fueron la aparición de unas manchas rojas sobre mi piel, también empecé a sufrir agudos dolores reumáticos. El sistema inmunológico se volvió loco, en vez de defender el cuerpo, comenzó a atacar ciertas zonas que ya no reconocía, como por ejemplo la piel. Tuve que ser hospitalizada en varias ocasiones y pensaba que me iba a morir. Mi vida se volvió gris. ¿Qué había pasado? Tardé en entender que lo que el presentimiento me anunciaba era que no estaba en condiciones de hacer un nuevo duelo porque aún tenía el primero pendiente. Al verme confrontada con la muerte de mi padre la falla epistemo-somática que se había producido en la infancia se actualizó. Efectivamente mi cuerpo como cuerpo imaginario, en un cierto punto se volvió real. El cuerpo como forma que tiene consistencia se deja colonizar por las representaciones que la lengua vehicula y que Lacan califica de imbéciles. En el fenómeno psicosomático, la temporalidad en juego supone dos tiempos: en el primero se produce la falla epistemo-somática y en el segundo se realiza. Una contingencia En este momento de tristeza en que mi libido se había retirado del mundo, el azar quiso que conociera al hombre con el que comparto mi vida, un hombre del deseo con un gran sentido del humor y gusto por el absurdo.


Pase Hasta ese momento sólo había estado con locos que me hacían sufrir o con hombres aburridos a los que yo me empeñaba en cambiar, sin conseguirlo. La demanda de análisis Fue entonces cuando decidí pedir un análisis en París, en Madrid había hecho dos tramos, cada uno de seis años. Elegí a una analista reconocida en la que encontraba un rasgo particular: me producía cierto temor. Para mí son las mujeres las que encarnan el superyó. En la primera sesión surgió, sin haberlo pensado, la frase que ha marcado mi vida: ¡Si su madre la viera!, también recordé otra frase escuchada sobre el mismo tema que solía decir un primo mayor: “que suerte ha tenido la niña con Doña María”. Doña María era la mujer con la que mi padre se casó al enviudar, mi segunda madre, la única que conocí, y la niña, evidentemente era yo. De un modo sibilino, esta frase evocaba la suerte de tener a una segunda madre al mismo tiempo que daba entender que haber perdido a la primera era una suerte. Además de mis dificultades para hacer el duelo, mi padre tenía las suyas propias a la hora de hablarme de mi madre. Al parecer la había querido apasionadamente pero su relación con ella no estuvo exenta de conflictos debido al carácter caprichoso de ella. Por eso muchas veces me decía que no quería que yo fuera así. Seguramente, los sentimientos encontrados que le profesó en vida no le facilitaron hacer el duelo. Cuando murió, esa dificultad incidió tanto en lo que pudo transmitirme como en su nueva elección amorosa. Eligió a una mujer mayor que él que ya no podía tener hijos,

“MIENTRAS MIRADA Y MUERTE ESTUVIERAN SOLDADAS, Y VISIÓN Y MIRADA CONFUNDIDAS, LA PÉRDIDA NO SE PODÍA INSCRIBIR SIMBÓLICAMENTE” era una buena mujer, inteligente, maestra de profesión. A mis ojos, con ella mantenía una relación un tanto extraña. Eran dos personalidades fuertes que peleaban cada uno por no dejarse avasallar por el otro. Y a mí me dejaban a mi aire. Mi segunda madre, era muy generosa, un poco brusca y con cierta tendencia a moralizar. Pero muy pronto un niño me declaró su amor delante de ella y el aprendizaje se mezcló entonces con el erotismo. Fue un apoyo imprescindible para realizar mi deseo de dejar la ciudad de Almería para irme a estudiar a Granada. Por otro lado estaba la tata, la tata era una mujer del pueblo que me había cuidado desde que nací, era muy cariñosa y me quiso de manera incondicional. Aunque la tata no sabía ni leer ni escribir, jugábamos a que sabía, ella me decía vuelve a las cinco, y yo, que en ese momento 62 • Letr as, Enero-Abril 2011

era demasiado pequeña para conocer la hora del reloj, le seguía el juego, era un juego de semblantes. Por su parte, mi padre tenía un excelente sentido del humor. Por ejemplo, a la hora de las comidas hacia magia transformando las sentencias morales de mi madre en chistes, su ingenio con la palabra era su mejor virtud. La otra cara de este ingenio era la crueldad y obstinación de las que hacía gala en ocasiones. Para mí el humor es curativo, si me tratan con humor se me curan todos los males. Los recuerdos que guardo de mi infancia en el campo son buenos: vivíamos en la escuela, nos levantábamos cuando los niños tocaban a la puerta y cuando llovía lo celebrábamos y no había clase, en Almería no llueve mucho. Al tener dos madres y un padre tuve tres familias, lo que me permitió tener un lugar un poco particular que me sirvió en situaciones de conflicto. La transferencia La transferencia se puso en marcha muy rápidamente, algunos sueños dieron cuenta de ello, en uno, como Freud con Irma, la analista miraba mi garganta y pronunciaba el nombre de la enfermedad que me afectaba: lupus. El análisis no me resultó fácil ya que partía de un real mudo que no se prestaba a la simbolización. El síntoma por el que hice la demanda fue un duelo no hecho cuyas consecuencias al escribirse en lo real no producían ningún tipo de sentido, lo que por momentos convirtió el análisis en una travesía del desierto. A pesar de toda la dificultad, la cara libidinal de la transferencia mostró pronto cuál era la satisfacción que el sujeto pretendía obtener allí. Fue a partir de una demanda insólita dirigida a mi analista. Le pedí que mirara las manchas de mi piel, manchas ocultas tras el vestido y el maquillaje. Con esta petición basada en el argumento increíble de que si ella no las veía no me iba a creer, se desveló el deseo que subyacía tras la demanda: el deseo de dar a ver. Deseo al Otro lo llama Lacan en el Seminario XI, un deseo que ya estaba presente en el primer sueño de transferencia en el que le hacía mirar mi garganta. El goce femenino hace síntoma En mi primer tramo de análisis en Madrid, la demanda tuvo que ver con un impasse respecto al goce femenino característico de la histeria: el empuje a ir más allá de los límites fálicos me condujo a una relación de estrago con el primer hombre del que me enamoré. Durante el tiempo que duró esa relación conocí un nivel de angustia que rozaba los límites de lo insoportable. Fue en ese momento de máxima angustia cuando soñé que alguien repartía cenizas en los platos blancos de los invitados a un convite. La ceniza salía de la cabeza de una maniquí. Era un sueño siniestro, “Cenizas para comer”, ceniza era todo lo que quedaba después de la muerte de mi madre. El inconsciente había cifrado algo pero no lo suficiente. Lo imposible de escribir En mi análisis en París abordé la imposibilidad de escribir la relación sexual a través de la deconstrucción de


Pase un fantasma que me hacía creer que sabía qué es ser un hombre y qué es ser una mujer. Este fantasma se puso de manifiesto en una sesión en la que expresaba mi enfado hacia una amiga a la que le gustaba mucho hacer de hombre, “Le voy a demostrar que ella no es un hombre” dije con énfasis. “¡Lo logró!”, apostilló la analista. Me quedé desconcertada y pensé “¿Qué logré?, ¿Qué es ser un hombre? ¿Qué es ser una mujer? De pronto me di cuenta, que como E. Jones, yo también creía que se nace hombre o mujer. ¡Qué desconcierto! Mi relación con la palabra y la verdad En lo referente a la verdad yo me colocaba como su portaestandarte, mi gusto por defenderla hacía que me metiera en líos. Creyéndome su defensora en realidad me guiaba mi propia satisfacción, la satisfacción que habita en el fantasma de “dar a ver”. Si bien la verdad fantasmática se presenta como absoluta, sin embargo, el análisis me permitió hacer la experiencia del pasaje del sentido absoluto al sinsentido. De este modo, lo que un minuto antes se presentaba como una verdad absoluta, un segundo después había perdido el sentido por completo, dejándome con una enorme sensación de absurdo. En cuanto a mi manera de hablar, estaba marcada por cierta brusquedad en el decir y por un excesivo amor a la síntesis. Durante el análisis, las sesiones breves, se me hacían enormemente largas, en muchas ocasiones las di por terminadas antes que mi analista. En esas ocasiones me levantaba del diván como un resorte, descubriendo con cierto embarazo, que me había precipitado. A posteriori, llegué a la conclusión de que eso tenía que ver con la mirada y su temporalidad de instante, y con el hecho de que el sujeto lee la hora en el objeto y no en el reloj. Un sueño revela la caída de una identificación: “El sueño del traje de torero” El sueño se desarrolla en una atmósfera hipnótica. Alguien me está poniendo un traje de torero, un “traje de luces”, yo me dejo hacer. Estoy como hipnotizada, pero cuando llega el momento en el que me entregan el estoque para ir a matar, me despierto en el sueño sintiendo miedo por lo que estaba a punto de hacer. Sin pensarlo dos veces me quito el traje de torero y me voy. ¿Qué era ese traje de torero del que me desprendía? En este sueño el sujeto se desprende de una insignia paterna como de un traje de torero, la insignia era el valor del padre que siendo un joven combatiente republicano durante la guerra civil, había tenido que transmitir un mensaje atravesando el campo de batalla, poniendo en peligro su vida. Por su valor había recibido una medalla. Tanto el efecto hipnótico del sueño como el nombre que se le da al traje de torero, “traje de luces”, muestran que el régimen del Ideal, la valentía, en el que se sostenían la hipnosis y la identificación al padre, estaba sustentado en un goce escópico. 63 • Letr as, Enero-Abril 2011

Un sueño anterior Bastante tiempo antes había tenido otro sueño en el que también me mostraba dispuesta a la heroicidad. Vestida de Juana de Arco, con armadura y subida a un caballo, me disponía a ir a la guerra. El sueño sucedía durante la guerra de los cien años, el campo de batalla era una verde pradera, pero cuando yo llegaba el enemigo se había ido. Este sueño me produjo un efecto de chiste. Era en cierto sentido lo que sucede en un análisis cuando la figura del Otro que el sujeto sostiene con su goce, se desinfla y no comparece. La carta llega a su destino Fue también durante la guerra civil y a través de una carta como mi padre entabló una relación con mi madre, a la que no conocía. Un primo de mi madre que era amigo de mi padre y compañero en la contienda no cesaba de hablarle de su prima y de decirle que le escribiera. Mi padre no estaba convencido y dejaba pasar el tiempo hasta que un día descubrió que su amigo le había escrito una carta a su prima haciéndose pasar por él. Entonces, él decidió escribirle y así, con una carta, empezó la historia de la que yo nací. Acontecimientos del cuerpo y “fenómenos especiales” Todo mi análisis estuvo jalonado por distintos fenómenos de goce, acontecimientos del cuerpo, a los que mi marido con humor llamaba: “fenómenos especiales”, en alusión a los efectos especiales de las películas. Entre ellos algunos muy conocidos como los trastornos histéricos de la visión: ver doble o ver a medias o con un solo ojo, no era nada raro para mí. Había también otros menos usuales como aquella vez en que después de una sesión en la que había hablado del final del análisis, al volver al hotel, en el hall, aluciné la presencia de una mujer, ella no tenía nada de particular pero lo extraño era de dónde había surgido. Después me vino la idea, a modo de convicción, de que esa presencia era la conclusión lógica de haber hablado del final del análisis, no entendía por qué. Otro día en mi consulta en Madrid me sentí angustiada, me asomé al balcón, y durante un instante “vi” una pantalla de TV en la que una locutora hablaba con voz cada vez más queda. Esa visión tuvo la virtud de calmar mi angustia que al parecer había encontrado en ella su marco. Vivía estos fenómenos con naturalidad, como si fueran inevitables, era así. Cuando pasaba tiempo sin que los sintiera, los echaba de menos. En particular, añoraba una sensación en el cuerpo vecina de la angustia, una sensación gozosa y a la vez fugaz. Dos sueños sobre la mirada 1.-El sueño del trou-matismo. En cierto momento soñé que una mancha blanca, una calva producida en mi pelo por la enfermedad se transformaba en un agujero vacío, este sueño parecía indicar el camino del análisis: de la mancha al agujero.


Pase 2.- ¡Aluminio! En este sueño la analista con tono oracular, pronuncia la palabra “¡Aluminio!”. El aluminio me remitió a unos versos de Jacques Prévert, que hablan de “una dulce mirada de acero”, una mirada que asocié con la de mi padre, inflexible y cruel por momentos. En el sueño el acero se transforma en aluminio, un metal que puede ser fuerte, ligero, dúctil y maleable. Se había producido una operación metalúrgica de flexibilización, algo que ya me había sucedido y que tenía relación con mis elecciones de objeto. Hasta llegar al acting out que produjo un antes y un después en este análisis: “Roban a un niño” Sucedió mientras estaba trabajando temporalmente en la consulta de una amiga y colega, en la que trabajaba también otra colega enferma de cáncer desde hacía años. Yo no la conocía, pero mi amiga me había hablado de ella y me había contado que solía decir que si había resistido viva tantos años era porque quería ver a sus hijos crecer. Un día, estando sola en la consulta, llamó por teléfono una señora que quería que esta colega enferma tratara a su hijo. Como había atendido su llamada, sin pensarlo dos veces, cortocircuité la dirección de la demanda y decidí ser yo la que iba a atender al muchacho. “Robé un niño”. Por supuesto, a mi amiga no le pareció bien mi acto, yo “había robado un niño”, no era por mí por quien preguntaban. Cuando conté en sesión lo sucedido, incluyendo los detalles que les acabo de relatar sobre quién era la persona a quien estaba dirigido el niño, al terminar mi relato la analista me dijo: “él no la va a ver morir, ella no lo va a ver crecer”. La interpretación me estremeció, había dado en el blanco. En efecto, al robar a este niño impedía que esa analista lo viera crecer y que él la viera morir”. El acting out realizó en acto una disyunción entre la mirada y la muerte, deshaciendo lo que “Si su madre la viera” había soldado. Por su lado, la interpre-

“ES POSIBLE QUE EN EL ANÁLISIS UN SENTIDO DEJE DE ESCRIBIRSE” tación de la analista, “Ella no lo va a ver…crecer, él no la va a ver…morir”, al mostrar un límite a lo que se puede ver separó la mirada de la visión. Estas dos operaciones fueron un paso necesario para poder hacer el duelo. Mientras mirada y muerte estuvieran soldadas, y visión y mirada confundidas, la pérdida no se podía inscribir simbólicamente. En cuanto al tema del robo no me era en absoluto ajeno. Cuando mi madre murió, su hermano se negó a devolver a mi padre las tierras con las que había avalado un préstamo. Esas tierras formaban parte de mi herencia. Podemos llamar a este episodio “Roban a una niña”. 64 • Letr as, Enero-Abril 2011

Mientras escribía este testimonio me di cuenta de que la interpretación inconsciente de mi adopción por parte de mi segunda madre también había sido la de un “robo”, yo era “la niña robada”, y ésta significación se había interpuesto entre ella y yo. Varios recuerdos venían a confirmarlo. El inconsciente propone otra lógica al problema sexual Surgen dos sueños de estructura similar. En el primero me encuentro con R, una colega que había tenido relación con el pase y al verla me sorprende agradablemente que sea tan alta como yo. La noche siguiente sueño que me encuentro con otra colega, que también se llama R y que también tuvo algo que ver con el dispositivo del pase, y como en el sueño anterior, al verla compruebo con mucho agrado que somos de la misma estatura. En realidad, ambas son más altas que yo. Además de realizar mi deseo de ser más alta, estos dos sueños proponen una alternativa a la lógica del todo y la excepción. Nunca me gustó formar parte de grupos compuestos únicamente por mujeres, y cuando ocurría me veía obligada a colocarme en la soledad de la excepción. Pero tampoco quería eso. El sueño da otra solución: ni grupo ni excepción, una serie abierta, sin garantías. Ser una entre otras mujeres era para mí la solución aceptable y también divertida. Lo que cesa de no escribirse y se escribe como agujero de la letra en la lengua del sujeto Así pasó el tiempo, y mis ganas de terminar el análisis se hacían cada vez más apremiantes, sentía la urgencia de acabar. Un día en sesión, por algún motivo que hoy no recuerdo, volví a mencionar la frase “si su madre la viera”, la analista como quien no quiere la cosa dijo: “eso viene de lejos”. Al oírlo me pareció un comentario anodino, yo sabía que eso venía de lejos. Sin embargo, de pronto, empecé a sentir vértigo y angustia. “Eso viene de lejos” se comportaba como el significante nuevo que sin añadir ningún sentido agujerea el “si su madre la viera”. La angustia y el vértigo daban cuenta de la emergencia de ese agujero y de la precipitación del sujeto en él. El análisis permitió que el duelo que no se había escrito en el inconsciente cesara de no escribirse y se escribiera como letra. La letra, argumento de una función lógica se sitúa en el lugar de un agujero producido en el lenguaje del sujeto por la intervención de la analista. Cuando finalmente el duelo se escribe, se escribe como borde de un agujero, un borde que al mismo tiempo lo constituye. El goce específico que se había escrito como mancha y como número en la piel reveló ser un goce escópico real no marcado por el menos de la castración. Sin embargo, el plus-de-goce del fantasma que también es un goce escópico, se escribió como letra y es del orden del semblante. Había llegado al final, estaba satisfecha. Mis pequeños momentos de melancolía habían desaparecido. Pero hizo falta un tiempo más para poder acabar porque yo


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A woman writing about memories of places visited, Anonimous, Library of Congress EEUU, 2009

esperaba que fuera la analista la que tomara la decisión de concluir. Me llevó un tiempo darme cuenta y aceptar que el acto quedaba de mi lado, finalmente decidí hacerlo. La última sesión: el acto Mi decisión estaba tomada, sabía que sería la última sesión, conté dos sueños, el que me situaba en una serie entre otras mujeres. En el segundo, la analista aparecía en la puerta de su casa, limpiando las huellas del lugar en el que su marido había muerto. Me decía que iba a hacerle una fiesta-homenaje, yo le contaba que me iba a presentar al pase, entonces ella me preguntaba: ¿qué hay del relieve de la voz? En la sesión asocié esta pregunta con el superyó, como una invitación a proseguir con el análisis. Pero mi decisión estaba tomada, me sentía satisfecha con el recorrido y de todos modos siempre iban a quedar restos. Me despedí y la analista me preguntó, “¿entonces, no va a volver?”. “No”, le respondí. Nos despedimos con un abrazo y al salir de la consulta me dijo: “¡Vaya!” Lo que deja de escribirse se pone en juego en el dispositivo del pase Más tarde pude darme cuenta gracias a un sueño que olvidé contar en el dispositivo del pase, de qué se trataba en la pregunta por el relieve de la voz. 65 • Letr as, Enero-Abril 2011

En el sueño estaba en París, había huelga, manifestaciones, gente que gritaba consignas, sin embargo yo tenía la sensación de que le habían bajado el volumen a París. Era sorprendente. Eso que ocurría afuera, en mi sueño, me había pasado a mí, mi voz había perdido algo de brusquedad, de ruido, además, ahora practicaba más la metonimia. Una antigua paciente muy sensible a la voz me lo confirmó. Curiosamente en mi pasaje por el dispositivo me olvidé de contar este sueño. Me olvidé de transmitir algo que había dejado de escribirse. Lacan se refiere a lo que deja de escribirse como “lo posible”, y dice: “es posible que en el análisis un sentido deje de escribirse”. En mi caso lo que había dejado de escribirse era un sentido gozado relacionado con la voz de mi segunda madre. Eso fue precisamente lo que me olvidé de contar.  t

LA AUTORA Araceli Fuentes. A.E. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano-NUCEP. Email: araceli.f@arrakis.es


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De la soledad en cualquier esquina*

Textos: Pilar González Imágenes: Daniel G. * Texto original de la autora.

El segundo análisis duró alrededor de diez años, después de una interrupción del primero y de unos años dedicados al estudio de la teoría; se inició después de asistir a una conferencia en la Biblioteca Nacional sobre la “Ética del Psicoanálisis”. El psicoanalista habló de Aristóteles y de la medida, una palabra brillante, y de la ética del psicoanálisis: le pedí análisis. En el momento en el que me dirijo al analista estoy en un proceso complicado de separación de mi ex marido, y la soledad de la que se trataba no era estar sola en el mundo, seguía teniendo familia y amigos queridos. Se trataba de otra soledad la que me afectaba, la ausencia de partenaire amoroso. Entonces mantenía intacta la esperanza depositada en el amor, como lo que podía desterrar el aguijón del que brotaba el vacío de mi existencia, dándole sentido: en el lenguaje, como medio de comunicación en relación con la verdad por la que profesaba una autentica pasión; en el juego de espejos, en relación con los ideales que siempre me remitían a la nostalgia de una imposible relación. La causa del “no hay relación sexual” la proyectaba sobre los hombres y sus respuestas inadecuadas a tan altos fines, que llenaba de imaginario y de poesía. Así me repetía con un deje trágico un fragmento de unos versos 66 • Letr as, Enero-Abril 2011

de la película Gertrud, del realizador Dreyer: “creo en la voluptuosidad de la carne y en la soledad irremediable del alma”. Se trataba de eso, de la soledad del alma. La demanda de análisis pasa primero por cuatro entrevistas en las que lo que se planteaba, más allá de la causa de mi demanda, era si el analista aceptaba o no tomarme en análisis: en ellas, como en el ajedrez los primeros movimientos de las piezas, visto après-coup, se correlacionan y abren a lo que aparece en el decurso del análisis, y al final, como mi modo de gozar, desplegándose en los diferentes registros hasta llegar al sinthome. En la primera entrevista le hablo, entre otras cosas, de las narraciones literarias y de los poemas que entonces escribía, cuya temática eran el amor y el desamor, los encuentros y los desencuentros. El título del último, que englobaba un conjunto de cuentos, tenía el título de este texto, “De la soledad en cualquier esquina”. El analista me dice: “usted se siente sola”. Me afecta. En la tercera entrevista el analista me pregunta: “usted quiere ser acompañada, ¿hacia dónde?”. Respondo: “hacia mi deseo”. Él dice: “demasiado genérico, ¿y si su deseo es estar sola?”. Me sorprende su pregunta y contesto rápidamente algo fastidiada: “me tendré que aguantar”.


Pase Él insiste: “no parece que usted quiera vivir con un hombre”. Contesto que no es eso, que lo que pasa es que no sé cómo hacerlo. En la cuarta entrevista, comienzo diciendo que “vivo la palabra diferencia como problemática”. Soy consciente de que hay algo que me diferencia y me excluye del lado de la vida, algo que me reduce a la soledad, siempre ocupada en construir algo muy perfecto, algo ideal. Él responde diciendo que me toma en análisis y me cobra por primera vez. La interpretación del analista golpea la deriva de la soledad causada por lo que entonces creía como la mala o la ausencia de respuesta del otro, y por la imposibilidad por lo tanto para el diálogo. Puedo situar algo en mí que me diferencia y me excluye, ese algo que más adelante, bastante más lejos en el tiempo, se conectará con el objeto del fantasma y ya no con el partenaire masculino. Como dice J. A. Miller en Cosas de finura, en el lugar del “¿qué quieres tú?, como respuesta obtenemos una localización de goce articulado en un dispositivo significante”. Enseguida apareció la dimensión del goce oral, como el recuerdo de una pesadilla infantil en la que un gigante nos devora a mi hermana mayor y a mí. Cuando despierto sudorosa y angustiada elaboro una fantasía diurna, en la tripa del gigante hay una casita en la que sobrevivimos mi querida hermana y yo. A veces aparecen (bajo la forma de una fobia al perro) pesadillas en las que me persigue un perro y me quiere morder. La fobia se curó en análisis. Otras veces surge, en una dimensión aparentemente más amable, un goce en torno al alimento como obra de arte, como creación, como belleza. Cuando aparecían los alimentos en los sueños adquirían formas y colores espectaculares, tanto que alguna vez en la realidad intenté reproducirlos. Finalmente sale, primero a trozos, después de seguido: “yo soy un alimento-palabra–joya, para el Otro”. Alimentar al otro, ser su alimento, también con palabras preciosas y a la inversa. En el transcurso del análisis y de los años, se produce la caída de S1, declive del sentido, construcción del objeto plus de goce y, en un tiempo ya próximo al final, una cascada de sueños que son los que básicamente me interpretan. Sueño que tomo un alimento maravilloso, pero enseguida me siento mal, la causa es que ese alimento me hace daño y no sé porqué; me pregunto si será un veneno, pero finalmente respondo que es la Tenia, la solitaria que tengo que expulsar. El objeto alimento aparece entonces como lo que me reduce a la soledad y me produce malestar y daño. La palabra-alimento-joya, es lo que realmente se interpone y tiene un poder de destrucción. Finalizado el análisis, queda un resto que me impide presentarme al pase, al sentir una cierta decepción hacia la Escuela y también hacia mi analista, después de la crisis del noventa y ocho, por mi implicación en la línea del amor sacrificial al padre. Después vino el silencio y la decepción. Permanezco en la Escuela pero sin libido; esto dura unos años. Un 67 • Letr as, Enero-Abril 2011

Chair ^ Corner, Daniel G, 2007

acontecimiento imprevisto me lleva a intercambiar unos email con mi ex analista, a volver unas pocas sesiones. Percibí entonces que lo que había hecho esos años, después del análisis, había sido lo mismo, “tragar y callar”, es decir, el fantasma se había transformado en la pulsión. La soledad tenía que ver con esto, la decepción me llevaba ahí y a la exclusión, a sobrevivir en un subespacio —como en la fantasía diurna de la pesadilla—, en la tripa del gigante. Entonces supe lo que había buscado, lo que estaba oculto tras el amor al analista: había querido que aquello que me negó el padre, la palabra-alimento-joya, me lo diera mi analista; en realidad había deseado satisfacer la pulsión. Esperaba el objeto del padre. El enganche al objeto del fantasma era lo que me reducía a la soledad hecha de exclusión, a habitar un subespacio hecho de belleza y de decepción, es decir, de malestar. Finalmente a través de un sueño, en el tiempo en que estoy decidida a hacer el pase, se produce un cambio en relación al saber y al objeto. No puedo por más que estudie adecuar a lo simbólico este real último; la boca me divide aunque ahora se ha separado del fantasma que me produce un profundo rechazo. Ahora se trata de una separación del Otro, agujereado el objeto y el Otro, su vacío me depara otra esquina de la soledad —esta vez aceptada—, la soledad del Uno sin el Otro… la letra del sinthome que no tiene significado. Me siento sola y con los otros, no una isla. La Escuela y la causa analítica es también mi causa. Pero ni ésta, ni ningún otro partenaire, taponan ya S(A) tachado. Queda el a-pettite, del que puedo hacer otro uso, y orientar hacia algunos lugares otro régimen de satisfacción.  t LA AUTORA Pilar González. AE. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Email: pilar-sella@telefonica.net


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Más allá de la narratología*

Textos: Claudine Foos Imágenes: Martin Walls * Texto publicado en INTRO 9, edición digital preparatoria de la XI Conversación clínica del Instituto del Campo Freudiano.

¿Por qué algunos sujetos al terminar su recorrido analítico se decantan por la escritura de ese transcurso?. Las respuestas sólo podrán encontrarse en el uno por uno, el caso por caso. Desde nuestra experiencia como analistas, en nuestra Escuela, el escrito aparece como testimonio del final del análisis, al devenir AE. Sin embargo, también existe la de aquellos cuyos análisis han producido un autor. Es el caso de Marie Cardinal, cuyo tratamiento culmina con la escritura como solución particular y con un libro, escrito años después, Las palabras para decirlo en el que vuelve sobre su experiencia analítica. Respecto del mismo, y a diferencia de Pierre Rey, Cardinal niega que este libro sea autobiográfico definiéndolo como ficción. Su fundamentación es que la experiencia de un análisis es inenarrable. No obstante, hay algo en su ficción que es verdad, en la medida que el hilo con el que teje su narración es la angustia (que no miente) como eje de su escritura. Es a través de la ficción que se puede medio-decir la verdad: que el relato se presente como ficcional es el semblante con el que construye su discurso. Cuando decide escribir su recorrido de 7 años como analizante Marie Cardinal ya es novelista. En una 68 • Letr as, Enero-Abril 2011

entrevista sostiene que el análisis la hizo nacer a la escritura. Las palabras para decirlo, escrita muchos años después fue, en el decir de la autora, como una “necesidad absoluta” que le permitió “abrir una puerta”. Necesidad absoluta respecto de la locura de la madre, puntúa. Así, Cardinal testimonia en este libro sobre cómo las palabras de la madre en la infancia, al relatarle su deseo de abortarla, permanecerán adheridas al cuerpo de la niña y posteriormente al de la mujer. Su recorrido irá desde el vínculo entre “la locura de la madre, la madre de las palabras y la escritura” (M. Berthaud). El sufrimiento, el estrago materno, se transforma en escritura. La experiencia del análisis, nos dice, es inexpresable. Y concluye: “El libro no es un testimonio, es una creación. No se puede transmitir lo que sucede en el interior de uno mismo. O, en todo caso, se podría expresar sólo como páginas en blanco, o desde una página donde no diga nada, indefinidamente. Hay algo que las palabras no pueden representar. Por el contrario, ahora que todo ha terminado, sólo una idea lo deja claro: es una novela”. Para Marie Cardinal el final del análisis supone “tomar el toro por las astas”. A partir de esta nada de lo


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Five Pound Note, Martin Walls, 2007

inenarrable, la escritora construye una obra de ficción: un libro, un “objeto” que queda elevado a la dignidad de la Cosa (Das Ding).1 No obstante, nos persuade de que hay algo imposible de escribir, esta “nada” de la página en blanco. “Todo lo que está escrito parte del hecho de que será siempre imposible escribir como tal la relación sexual. A eso se debe que haya cierto efecto de discurso que se llama escritura”.2 En relación a esta cita de Lacan, podríamos preguntarnos qué sucede con el final del análisis cuando se ha producido un analista, en tanto allí también hay escritura, siendo ésta la del testimonio. Es interesante hacer un inciso sobre el hecho de que a dicha escritura la precede la palabra. El testimonio es primero transmitido oralmente a los pasadores, y le precede el tiempo de la lectura del Inconsciente en el dispositivo analítico. El AE, transmite su recorrido desde el discurso analítico, pudiendo hacer uso de la escritura lógica, como también de la nodal. Un recorrido analítico se puede formalizar y transmitir a la comunidad constituyéndose así en enseñanza de un saber extraído en el curso de un análisis. Dar cuenta de lo Real, de aquello “inenarrable” en juego en una cura y sus avatares subjetivos no tiene aquí el estatuto de la creación artística. Los testimonios en sí mismos son un instrumento de transmisión de una experiencia. La escritura está allí en relación con la invención de cada sujeto respecto de su modo de goce. Así, en el transcurso de los testimonios, el AE, según los estilos, irá devanando la escritura como simbólico que busca cercar lo Real, en el sentido más descarnado, orientado hacia la pura estructura del goce. Se trata del modo de introducir lo simbólico en lo Real. En los testimonios, el matema viene dado en la enunciación, está ahí aunque no se diga, para sostener, a modo de “aparato”, aquello que se dice. El analista nominado dará cuenta del saber sobre su modo de arreglárselas con su goce, de su saber hacer con ese resto. En ese sentido, se podría hablar de un estar, algo, sin duda, que la escritura del testimonio destila. Hay diferencia respecto de la escritura de Marguerite Duras quien no sabía lo que su escritura desnudaba, quien escribía tal como las cosas le llegaban, la 69 • Letr as, Enero-Abril 2011

“NO PODEMOS CONSIDERAR LOS TESTIMONIOS DESDE LA FACETA DE LA CREACIÓN EN TANTO PRODUCTO DE UNA SUBLIMACIÓN” atacaban y la cegaban: “pongo palabras y luego la frase se apodera de las palabras como puede, y yo no me ocupo de ella”. Es a partir de lo imposible de escribir que Marguerite Duras escribe y es a raíz de lo cual Lacan le señaló: “No debe saber que ha escrito lo que ha escrito, porque se perdería y significaría una catástrofe”. Al hilo de lo anterior, entiendo, no podemos considerar los testimonios desde la faceta de la creación en tanto producto de una sublimación: no son literatura (tampoco poesía, a pesar de la cercanía del discurso lacaniano a ésta: aunque pueda haber puntualmente algo de la enunciación poética, un eco de la lengua que resuene en esa frecuencia, el testimonio no es poema). La escritura del testimonio del AE está en otro lugar. Si bien da cuenta de un no saber, también es cierto que es una escritura advertida y en ese sentido, es diferente de la obra de arte que reside en un no saber, puesto que el poeta escribe sin saber lo que dice. Se trata, al decir de Miller, de una articulación entre los efectos de verdad, ficticios sin duda, y la marca, la repetición de lo real. Esto abre la interrogación sobre el camino para un analista al final de su análisis, entendiendo allí la articulación de la invención como sinthome con la creación.  t

LA AUTORA Claudine Foos. A.P. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Email: cfoos@arrakis.es Referencias 1 J. Lacan, Seminario 7: La ética del Psicoanálisis, Ed. Paidós, Buenos Aires, 1988. 2 J. Lacan, Seminario 20: Aún, Ed. Paidós, Buenos Aires, 1981. 3 J. A.Miller, El partenaire-síntoma, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2008.


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El tacto y la letra. Volver sobre la escritura* Textos: Erminia Macola Imágenes: Asif Akbar, Martin Boose * El texto fue presentado en el congreso organizado por la cátedra de Filosofia teorética de la Università Statale de Milán en colaboración con la SLP. Su título: “L’inconscio dopo Lacan. Il problema del soggetto contemporaneo tra psicoanalisi e filosofía”, estaba incluído en la sesión sobre “L’inconscio e la lettera”, Gargnano sul Garda, Palazzo Feltrinelli, 28-30 Octubre 2010.

La relectura de un texto tan singular en el recorrido lacaniano como es Lituraterra, ha resultado decisiva para mi reflexión sobre los procesos de escritura. En aquella obra Lacan quiere articular de nuevo la relación entre el sentido y lo real en el contexto temático del Seminario 18: De un discurso que no fuera del semblante. A lo largo de su recorrido teórico, el psicoanalista propone diversas formulaciones de la relación entre psicoanálisis y literatura, y en Lituraterra (capítulo del Seminario citado), vuelve sobre el tema con mayor insistencia. Tomemos en consideración cuatro vértices de la cuestión: En primer lugar, la literatura ya lo ha dicho todo, antes y mejor que todo, cuanto el psicoanálisis pueda articular. Lacan lo repite en varias ocasiones. Pero entonces, si la literatura ya lo ha dicho todo y lo ha dicho mejor ¿para qué el psicoanálisis?. Lacan lo explicará en la siguiente cita al afirmar que –y éste sería el segundo vértice- “la crítica literaria efectivamente se renovaría por el hecho de que el psicoanálisis esté allí para que los textos se midan con él, justamente porque el enigma queda de su lado, sin que [él] intervenga” 1. El psicoanálisis podría tener, pues, un corazón mudo, mientras que la literatura es todo escritura. El psicoanálisis, si 70 • Letr as, Enero-Abril 2011

acaso, pone en evidencia que la perfección de la obra literaria va más allá de sí misma cuando se confronta con lo real, y no tiene que ver con su calidad de objeto perfecto, logrado. En tercer lugar existe también lo contrario de esta afirmación, lo cual desacredita al psicoanálisis cuando en el mismo texto se habla del “manoseo literario con el que se denuncia el psicoanalista con ganas de inventar”2. Y continúa puntualizando que la evocación por parte de Freud de “un texto de Dostoyevsky no basta para decir que la crítica de textos, hasta ahora coto exclusivo del discurso universitario, haya recibido del psicoanálisis más aire”3. En otras palabras, Lacan censura sin equívocos cualquier veleidad de concebir el psicoanálisis como una integración metodológica de los tradicionales aparatos propios del discurso universitario sobre la literatura. Por último, Eric Laurent abunda en la idea de Lacan al sostener que “el psicoanálisis no está cualificado para sumarse al discurso universitario, para producir una técnica más, un modo de añadir un saber al comentario. Más bien hace funcionar la literatura sólo como un modo de encontrar en ella algo inventado por el psicoanálisis”4. La afirmación de Laurent me va a servir como guía para proyectar una mirada sobre el quehacer de algunos


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Arabic Calligraphy, Asif Akbar, India, 2009

literatos en comparación con un característico modo mío de proceder cuando escribo, que por otra parte no es mío en exclusiva. En este caso uso el término literatura según la definición lacaniana de “La instancia de la letra”, es decir, como relación entre letra e inconsciente, dejando aparte toda la cuestión de la forma, pero también, y sobre todo, como lituraterra, juego de palabras inventado por Lacan para la revista Litérature et psicoanalyse que le permite, siguiendo los pasos de Joyce, jugar con la letra como elemento determinante del sentido (letter), y la letra como residuo de esta función, como resto (litter). Letra que cesa en su papel de remitente y articulador y permanece como elemento autista de no-sentido que hace gozar5. La aproximación de “tacto y letra” presente en el título de esta comunicación, proviene de un recuerdo de mi infancia, cuando en el mes de mayo era costumbre ir a la iglesia para rezar el rosario pasando las cuentas: tacto, glosolalia, texto que se disuelve en un flujo sonoro y vibración corpórea, manipulación del tiempo y manipulación de las cuentas del rosario. Recitar y acariciar las cuentas representa esa fase de la escritura que yo definiría, más que como momento de construcción, como fase de acabado, torneando, refinando, abrillantando, capaz de dotar al objeto de rotundidad, de compacidad, pero también de facilidad para el deslizamiento, de fluidez. Es el momento en que releemos y corregimos el escrito, muchas veces en alta voz, prestando atención al ritmo, al sonido, a las repeticiones, las consonancias, las disonancias. Es el momento en que 71 • Letr as, Enero-Abril 2011

cantamos el texto porque el sentido, al perder terreno, deja espacio a una vibración enunciativa que transforma el escrito en partitura “puntuando lo infinito del goce de la letra”6 y disuelve lo que constituía forma. Desgranamos las letras (el hueso de la letra) siguiendo el ritmo, la cadencia que disuelve -al distanciar- la compacidad y la presunta consistencia del escrito. Estamos en el momento en que se retoma el escrito en tanto que ya compuesto y se le da un tratamiento para poner en cuestión precisamente su cualidad de escrito, es decir, su condición de obra acabada y completa. Me interesa observar modos y razones que nos inducen a seguir manteniendo vivo un texto ya acabado, concluso, perdido, del que ya no podemos gozar. ¿Para qué seguir toqueteándolo, por qué no dejarlo ir?. En verdad, no todos lo retienen. Se da el caso de escritores que, una vez terminado su escrito no quieren volver a leerlo, como si ya no fuese suyo, como si su goce de la escritura y la relación con lo que en la escritura está en juego se colocase bajo la enseña de una satisfacción sin resto. Es, sin duda, un modo muy masculino de relacionarse con el producto propio, y también es una elección que da prevalencia al sentido. Tengo en mente a un escritor español contemporáneo: Eduardo Mendoza, que cuenta muchas cosas sobre su escritura y a propósito de su relación con el escrito; tal como él relata este distanciarse respecto a su obra con un acto de separación irrevocable, es como si dejara a un lado algo de lo que ya no puede gozar. Sin embargo,


Pase añade también que en presencia de alguna de las traducciones de su obra –le ocurre en un solo caso y en una sola lengua- se reaviva su curiosidad e interés por lo que escribió, como si la traducción fuese una obra nueva, más bella incluso que el original, y con la virtud de sorprenderle. Un amigo muy parecido a mí en su relación con la escritura me cuenta cómo una vez había preparado con todo cuidado un ensayo, resistiéndose a abandonarlo. Para él fue una conmoción verlo publicado en una web sólo dos días después de haberlo entregado. Demasiado pronto, demasiado deprisa le han arrebatado su juguete. Y ve cómo algo de lo que aún está gozando, algo que aún es carne suya se convierte en una cosa distinta de él mismo, ajena. La publicación en papel da todo el tiempo del mundo para separarse del texto. Además, me dice af ligido que han recortado su trabajo, y para colmo lo ha hecho alguien incapaz de ver por donde habría tenido que dar el corte. El corte mal hecho, no “a lo largo de la línea de puntos” que siempre resulta evidente en un texto y puede ayudar a suprimir lo superfluo, es un desgarrón que deja tullido el cuerpo. En otros casos –me cuenta otro amigo- se evita repulir porque esa labor obligaría a alcanzar un grado extremo de dominio de la complejidad. El perfeccionamiento es sustituido a menudo por la continuidad de la práctica: lo que no se escribe ahora podrá aparecer en una escritura posterior. El fluir de los productos hace de alternativa a la conclusión plena de cada uno de ellos. Me parece significativa la siguiente confidencia de una amiga mía sobre su experiencia inaugural en la escritura. En el momento en que el texto tiene que pasar de manuscrito a dactilografiado -lo cual anula la peculiaridad gráfica- ella siente que el texto se ve obligado a disfrazarse como en una especie de Halloween: “Yo tenía que obedecer a la máquina cuando ésta rechazaba algunas palabras, y rogarle que me las devolviera

“SI LA LITERATURA YA LO HA DICHO TODO Y LO HA DICHO MEJOR ¿PARA QUÉ EL PSICOANÁLISIS?” cuando se las comía. Controlaba los detalles formales y los modificaba suponiendo que así les gustaría más a los otros, mientras que progresivamente olvidaba lo que, escribiendo, me había gustado a mí”. Si escribir es asumir la separación que de hecho se produce al inscribirnos en el lenguaje, el paso a la máquina, y con mayor motivo a la máquina electrónica, subraya de modo más neto esa transición, indicándole al escritor novel que su espontaneidad se proyectará de inmediato en un mundo de reglas preexistentes. Esta separación en concreto necesita a veces recuperar, de otra forma, lo que se ha perdido. 72 • Letr as, Enero-Abril 2011

El momento en que el texto se sosiega desde el punto de vista del contenido y empieza a ser perfeccionado una y otra vez por el impulso de un sentir y de la puesta a punto de una armonía, de una correspondencia consigo mismo, es equiparable a cuando por la mañana nos vamos probando ropa hasta sentirnos a gusto en nuestra propia piel, de acuerdo con nuestra imagen: es un problema de ajuste al ideal, sobre todo para quien ocupa una posición femenina. Para decirlo en términos lacanianos, la mujer es “no toda” y en cierta medida no entra completamente en el lenguaje, siempre le falta un significante que la defina, siempre le queda pendiente un último intento, una frase que retocar, una cuerda que pulsar, un indecible en suspensión. A veces se trata de hacer aflorar algo constitutivo de la relación personal con la escritura, algo que se experimentó de niño, un éxito alcanzado, un “¡muy bien!” dicho por la maestra en una circunstancia especial, un reconocimiento que dio en el centro de la diana y quedó escrito. Aquel momento es buscado de modo tácito e inconsciente, a la vez que puede sobrevenir el miedo a que se haya perdido por estar depositado en algo que fue logrado a la perfección. En efecto, los elogios que nos llegan como autores de una obra son la prueba de que ya no estamos en la práctica que produjo esa obra y nos inducen a procurar que de nuevo se haga presente la felicidad de aquella epifanía. Pensemos en ese problema enunciado en tantas biografías de escritores: el problema del segundo libro, escrito para confirmar que se ha sido autor del primero, aquél logrado quién sabe cómo. A este propósito es emblemático el caso del gran poeta español Juan Ramón Jiménez cuando afirmaba que sólo había escrito un libro que reconociera como propio, porque lo escribió “de un tirón” y lo publicó de inmediato sin jamás corregirlo en las ediciones sucesivas. No es casual que el libro en cuestión sea Diario de un poeta recién casado. Sabemos que el poeta de Moguer torturaba literalmente sus libros hasta prohibir a veces su publicación. Es un buen ejemplo de relación con el objeto perdido, que se desea volver a encontrar en su forma originaria, con el goce que supuso aquella vez y del que no se aceptan sustitutos inadecuados. Allí donde Juan Ramón querría encontrar el objeto ausente, encuentra el vacío que lo devuelve a la práctica, pero como está obsesionado con lo que le falta, su práctica, su ejercicio, pierde fuerza. Sólo se aproxima de nuevo el objeto cuando éste forma parte del proceso, y no cuando es aquello que tendría que permitirle al ejercicio parar de una vez por todas, y al libro escribirse todo de un tirón. Harper Lee, autora de la novela Matar un ruiseñor, tuvo un éxito enorme con este primer libro del que sigue vendiendo millones de ejemplares. A pesar de haber sido reconocida con el premio Pulitzer, pasa un calvario cada vez que debe acudir a una fiesta en su honor y ha de confrontarse con ese objeto que, de modo tan brillante, vive su propia vida. La escritora no tiene valor


Pase para reivindicar como suya la obra; para apropiarse de ella otra vez tendría que escribir un nuevo libro, a poder ser tan perfecto como el primero, pero, como el éxito de la novela fue para ella una sorpresa, le parece que no sabría cómo escribir una segunda. Y de hecho no lo sabe, y ni siquiera puede pretender saberlo, porque la composición de la segunda obra tiene una lógica distinta de la que operó en el debut literario. La siguiente supone, por un lado, una repetición y, por otro, una diferencia dentro de la repetición. Mientras que la ópera prima empieza y acaba sin variaciones, la segunda tendrá que cambiar por fuerza, cuando tal vez querría repetir sin cambiar. No daré especial relevancia a la fase de la invención, pues prefiero extenderme en la de corrección, distinta porque el texto está ya ahí, hecho, y nos sentimos satisfechos de él. Lo amamos y nos amamos, por supuesto: estamos en una posición narcisista imaginaria. Pero hay algo que se explica como ritual más allá de lo imaginario y que tiene que ver con lo que Lacan cuenta al regreso de su primer viaje al Japón a propósito del tratamiento que algunas monjas budistas reservan a la estatua del Bodhisattva, casi carente de ojos porque las caricias rituales que ellas le prodigan para secar sus lágrimas ha producido allí, en ese lugar, un extraordinario pulido. Es lo mismo que vemos hacer a un cristiano o a un musulmán cuando manipulan el rosario: acarician las cuentas, pasan de una a otra, repiten la operación, repasan y van desgastando las cuentas, las van consumiendo. Estas caricias no indican falta de deseo, sino que éste tiene una configuración distinta por lo que atañe a la posesión del objeto. Acariciar el texto, pacificarlo corrigiéndolo antes de dejarlo ir, permite estar en el movimiento presente del objeto y posponer la despedida, señal de que el texto se nos aparece concluido, redondo al fin por efecto del placer narcisista del autor. Con referencia a la perfección contemplada en el producto ya acabado, continuar en el ejercicio de escritura permite otra relación con la perfección del texto, la misma que encuentra el lector cuando capta la unidad de la obra antes de terminar de leerla. Es lo mismo que ocurre en el recorrido por una ciudad conocida: en cualquier lugar donde uno se halla siente la presencia de todo el resto. Mario Vargas Llosa dejó entrever algo de lo que puede suponer para un literato el proceso de corrección cuando habló de su práctica como escritor en Estocolmo, al serle concedido el premio Nobel: “Sigo repasando, sigo corrigiendo, obsesivamente. […] Es una esclavitud y un goce, un gran goce”. ¿Pero de qué goza?. De lo que queda de aquel texto. Hay restos producidos por el ejercicio significante, la sustancia gozadora o el “sentido-blanco”7 que ocupa el puesto del sujeto que habla. En Lituraterra, Lacan nombra algo aún más oportuno para la reflexión presente: habla “del uno más”, que llama alusivamente l’Hun-En-Peluche, el Huno de peluche, evocando la primera manifestación del objeto transicional de Winnicott, que tiene que ver con la imagen del cuerpo, pero que también es algo muy concreto 73 • Letr as, Enero-Abril 2011

Letters, Martin Boose 2007

“ACARICIAR EL TEXTO, PACIFICARLO CORRIGIÉNDOLO ANTES DE DEJARLO IR…” y táctil: una punta de la sábana, una parte del baby por la que siente apego el niño. Es un objeto que está entre el cuerpo y la realidad, un caso en el que, según afirma Lacan, no se puede hablar ni de realidad ni de irrealidad8. Explica E. Laurent9 que “en Oriente han conseguido meter el osito de peluche en la escritura, mientras que en Occidente se aprendía a escribir en la escuela y el osezno hay que dejarlo en la cartera. La letra oriental tiene la ventaja de poner en juego una ausencia [en lugar de] una contraposición entre el sujeto y el mundo” 10. El niño que aprende a escribir adhiere a lo simbólico, pero en el caso de la letra oriental la adhesión es al goce: ausencia de sujeto que se oponga al mundo, pero también goce de hacer y de saber hacer que nosotros consideramos fruto de la castración. Se puede hablar de castración sin inconsciente, de sujeto que no consiste contra el mundo. La letra oriental es capaz de producir en forma de goce lo que para nosotros, “Occidentados”, sería posponer el goce para obedecer a lo simbólico, es decir, a cuantas reglas rigen nuestro mundo11. Recordemos que para la cultura tradicional japonesa el mundo no es, como para la nuestra, algo que ocupe el lugar del Otro respecto al sujeto. Ellos forman parte del mundo, se mueven en el mundo con todo aquello que lo compone. De ahí se sigue que escribir no sea en Oriente una condición impuesta al mundo, propia de uno que describa y juzgue el mundo. El pincel del calígrafo no


Pase hace más que añadir algo más a lo que hay. Por eso Lacan recurre al juego entre letra y litura, que también significa borrado, pero a la manera de los antiguos, que borraban añadiendo: en las tablillas de cera usadas para escribir, cuando tenían que borrar daban otra capa de cera. Se trata de una modalidad más parecida a la denegación (mantengo negando) que a la represión (borro, olvido). En este sentido habla Alfredo Zenoni del objeto transicional que se aparta de aquella dimensión en que se oponen la satisfacción y la no satisfacción de una necesidad, o también interno y externo, siendo más bien el rastro de algo que se añade como signo de “un complemento de ser que no es ni el otro, externo, ni el sujeto mismo, interno, sino en un cierto sentido la misma interioridad exterior de estos, su íntima, para él extraña para siempre, Unheimliche” 12. Lo ominoso, familiar y extraño a la vez, comporta que quien escribe goza de la obra como suya, pero también como separada y distinta de él. Cuanto más insiste en perfeccionarla, tanto más prueba su naturaleza; al tratar con ella una vez y otra percibe su coherencia de

conjunto y se abandona a ese moverse entre interno y externo que traza y evalúa el camino de un goce. El osito de peluche, alias el texto con el cual hemos empezado a jugar, es algo distinto del significante del saber pero sigue íntimamente unido a él, porque se ha convertido, según la lectura de Winnicott, en “el lugar del Otro interno”, es decir, en lo que le queda al niño cuando el Otro se va. Es conocidísimo el bello pasaje teórico de Freud en el que su nieto se consuela del alejamiento de la mamá jugando con un carretel que lanza lejos diciendo Fort y recoge diciendo Da. Winnicott muestra que el niño no se queda sólo con estas dos palabras, sino también con el carretel, es decir, con el objeto que, aunque el ejercicio de la letra haya podido transformarlo en sentido-blanco (el sabor de la papilla), no ha perdido, en origen, la relación con los objetos pulsionales que procuran satisfacción. Por eso nuestro texto, abandonado en tanto que productor de significado, sigue presente como gusto por la corrección.  t Traducción: Pilar Sánchez Otín.

1  J. Lacan, Lituraterra, en Seminario 18, De un discurso que no fuera del semblante (1971) Texto establecido por J.-A. Miller, Ed. Paidós, Buenos Aires-Barcelona-México, 2009, p. 108. 2  Ibíd., pp. 106-107. 3  Ibíd., p. 106 4  E . Laurent, “La lettera e il reale per la psicoanalisi”, La Psicoanálisi, n. 26. Astrolabio, Roma 1999, p. 227. (La traducción es nuestra). 5  A . Zenoni, véase “La letrera al di là dell’ermeneutica. Una introduzione ai corsi de Jacques-Alain Miller”, en La Psicoanálisi, n. 26. Astrolabio, Roma 1999, p. 194.  . Bonazzi, Scrivere la contingenza. Esperienza, linguaggio e 6  M scrittura in Jacques Lacan. ETS, Pisa 2009. (La traducción es nuestra). 7  El “sentido-blanco” es lo que queda del objeto pulsional cuando pasa a través de la letra hasta no significar ya nada salvo para quien ha realizado esta operación. Véase J. Lacan, Seminario 24 Lo no sabido que sabe de la una-equivocación se ampara en la morra. Inédito, lección del 10 mayo 1967. 8  J. Lacan, Seminario 4, La relación de objeto (1956-1957). Paidós, Barcelona-Buenos Aires-México, 1994. 9  E . Laurent, “La lettera e il reale per la psicoanálisi”, op. cit., p. 243. (La traducción es nuestra). 10  Ibíd. 11  E  . Macola, A. Brandalise, “Passaggio a Oriente (il tratto e il taglio)”, en Scenari dell’angoscia, Borla, Roma 2008. 12  A . Zenoni, Il Corpo e il linguaggio nella psicoanalisi, B. Mondadori, Milano 1999, p. 80.

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Imágen página siguente, Training go board, Xbauers, 2006

LA AUTORA Erminia Macola. A.P. Psicoanalista en Padova, Italia. Miembro de la SLP y la AMP. Email: erminia.macola@alice.it


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Narcisismo y desarraigo*

Textos: Ignacio Castro Rey Imágenes: Detroit Publishing Co. * Texto original del autor.

Par a acercarnos al estado actual de la subjetividad, partimos del avance entre nosotros de la normalización propia de las sociedades consideradas avanzadas. Esto implica tener en cuenta una definición creciente, una especie de personalización de masa por la cual el orden social de Occidente ha conseguido transferir la sombra de lo existente a la transparencia de una historia fractal, integrada en cada curvatura de vida. I Tal incansable labor de identificación y reconocimiento hace salir del armario a individuos, minorías y nuevas naciones. Igual a nivel económico que psíquico, todo lo sumergido o informal –que por otra parte se incentiva- debe salir a la luz y pasar la prueba de la evaluación pública, la homologación y 88 • Letr as, Enero-Abril 2011

la competencia interactiva. Asistimos, en este sentido, a una transferencia continua de lo existencial hacia lo social, de lo latente hacia lo patente y visible. La economía de esta socialización, su imperativo de transparencia no quiere seres humanos de alta densidad, con estructura profunda, anclados en su carácter atávico y en su patología natal. Se requieren más bien consumidores de visibilidad, sujetos adelgazados para interactuar como puntos móviles de una red sin fin.

“VIVIMOS EN UN MEDIO DE UN CONDUCTISMO CAPILAR, COGNITIVO, VIVAMENTE REFORMADO”

Paradójicamente, este fenómeno de visualización normativa -las cámaras omnipresentes son sólo un índice externo de ello- lleva aparejado un creciente misterio del prójimo, una especie de nuevo oscurantismo de las mentes hacia cualquier intimidad que no esté en pantalla ni sea estadística, fácilmente portátil en la circulación informativa. En medio de esta definición hiperreal de los rostros y los cuerpos renace un terror de la presencia real y nuevas patologías de reacción, social e individual, a todo lo que sea analógico de la complejidad. Se puede diagnosticar una nueva especie de intolerancia del sujeto con respecto a su fondo sombrío. ¿Se trata, en resumen, de una especie de depresión informativa, consensuada al modo liberal? De ser así, estaríamos ante algo difícilmente tratable con los medios que


Letras en la Ciudad que se adelanta a cualquier indecisión. En este aspecto biopolítico, con una inteligencia emocional de la que carecían las ideologías clásicas, la cultura occidental se ha vuelto preventiva. Es indudable que también el psicoanálisis, que necesita un tiempo muerto, se ha visto perjudicado por este nuevo micro-determinismo del lenguaje social. ¿Es debido a esto que la palabra de algunos pacientes se presenta a veces marcada discursivamente, configurada por una teoría en boga? De cualquier manera, vivimos en medio de un conductismo capilar, cognitivo, vivamente reformado. La sociedad del conocimiento ha elevado al nivel de inteligencia policial la voluntad de saber. Consenso, adaptación, flexibilidad son palabras que traslucen una cómica incapacidad para desconectar, para detenerse, para afrontar el trauma de una posible ruptura, sin la que ningún cambio significativo es posible. Es como si la conexión perpetua y la atención flotante y dispersa del sujeto sedase la presión de lo intolerable, que es el origen de la decisión, y condujese paradójicamente a la imposibilidad de ninguna resolución, ninguna ruptura. Todo lo escénico cambia para que nada crucial se mueva. Somos tan libres que no podemos elegir. Una vez más, la complejidad es en este punto una ideología letal, pues paraliza a la gente corriente -a lo que hay de común en cualquiera- en manos del experto. Consume también las fuerzas del sujeto en el menú de alternativas terciarias, más o menos banales. ¿Homosexual o heterosexual, socialdemócrata o conservador, fumador o no fumador, azúcar o sacarina?. El pluralismo es hoy la religión realizada, el opio del pueblo. Al tener tantas opciones virtuales olvidamos el drama patético de lo real, nuestra obediencia en lo primario, esa cotidianidad socio-estatal que nos convierte en sumisos empleados a tiempo completo. De hecho, al tener tantas posibilidades, no podemos elegir sin más. Necesitamos mediadores matrimoniales, 89 • Letr as, Enero-Abril 2011

“LA CONEXIÓN TÉCNICA SE ALIMENTA DE LA DESCONEXIÓN VITAL” folletos explicativos de la exposición, animadores culturales, subtítulos para las continuas visitas guiadas. El sujeto es víctima de la multiplicidad publicitaria, de una amena variación que le mima. Dicho sea de paso, nunca se ha demostrado que los mimos no sean una de las más perniciosas formas de maltrato. La era del acceso es la de la marginalidad de todo lo que sea turbio, complejo, cargado de gravedad y de drama. El acceso se expande hacia el esquema informativo de cosas y personas para nada saber de su sentido. La simplicidad maniqueísta de lo binario -“me gusta”, “ya no me gusta”- alienta incluso cuando las alternativas son cinco o seis. Como en la carta de muchos restaurantes, incluso caros, el tedio de la indiferencia se agazapa tras la pluralidad de la oferta. Todos los platos saben a lo mismo; mejor, no saben. El nihilismo de lo uniforme, que nos protege del demonio de la cualidad, se esconde tras el cromatismo del mercado. Querríamos hacernos indistinguibles en la secuencia de lo numérico, con pequeñas escapadas de fin de semana o en el horario televisivo de las tardes, justo antes de dormir. En el fondo ocurre que hemos formateado el sabor de la soledad, que era un diálogo nuevo con la mudez común, para transformarla en la seguridad del aislamiento y en su fluida interactividad. De igual manera, hemos reciclado la comunidad en sociedad. De ahí la aversión, en el psiquismo y en toda la estupidez binaria de nuestra cultura informativa, a la ambivalencia de lo real, que siempre late más allá del moralismo dominante. El dualismo fuerte –femenino/masculino, devenir/historia, punctum/studiumencierra en uno de los dos polos un

punto de fuga, una indeterminación que fuerza y envuelve al otro lado. El simulacro binario, al contrario, nos protege con la dialéctica de la simetría. Con la alternancia 0/1 cristalizamos una constante aversión al claroscuro, al sentido de la ruina, a la ambivalencia. La nueva arquitectura expulsa la noche como la nueva psiquiatría expulsa la escucha del dolor. En suma, el umbral de la verdad, la desconexión, está prohibida por la religión social triunfante. La soledad ha sido colonizada por la dispersión en la visibilidad compartida. Si el paro aterra es debido -aparte del sueldo: la economía es mucho más metafísica de lo que parece- a la crisis de pánico que ataca a una identidad al borde de la desconexión, cuando nos han reeducado para ser meros puntos de la red. De pronto, al verse enfrentado a una vida sin envoltura social, se disparan las alarmas en el sujeto y todas las sintomatologías. En el plano cultural, el paro simboliza el terror al demonio de la época: la marginación social, la vida sin empleo… Como si vivir no fuera el primer oficio. ¿Por qué se le teme tanto al marginamiento, a la desconexión, a la no visibilidad? Porque en ese fondo resuena una primera propiedad del sujeto con la cual ya no queremos -ni podemos- saber nada, el diálogo socrático con el enigma, la conversión de la muerte en un interlocutor y en la más alta tarea. Ese horizonte nos haría absolutamente responsables, libres de la religión social. Y no queremos tal carga; necesitamos creer en Dios, aunque sea en la forma degradada de la Sociedad. ¿Ya no podemos recordar que somos seres humanos, y no cosas, gracias a lo que ha ocurrido fuera de las reglas, por la bendición de la contingencia, en los márgenes de toda planificación? A veces parece que los viejos totalitarismos no han perdido la guerra cultural y se han mutado en el furor de este múltiple determinismo que conforma nuestra cobertura. III Pensemos, por ejemplo, en el


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“LOS VIEJOS TOTALITARISMOS NO HAN PERDIDO LA GUERRA CULTURAL Y SE HAN MUTADO EN EL FUROR DE ESTE MÚLTIPLE DETERMINISMO QUE CONFORMA NUESTRA COBERTURA”

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como indiferente, tan diversa como uniforme y segura. Una vez más, un fondo de indiferencia parece ser el gran continente de la multiplicidad consumista de un mercado social que ha convertido al ser humano en principal materia prima de la especulación terciaria que nos guía. De ser esto así, el triunfo en Occidente de la información y del canon numérico supondría un fondo de oscurantismo analógico que dificulta la relación del individuo con la muerte. Vivimos en una combinación acelerada de desarraigo e identificación, de silencio privado y espectáculo público, de miedo y seguridad. La “interpasividad”, dice Baudrillard, “sostiene el campo inmanente de la interactividad”. No se trata de un trastorno bipolar cualquiera, una desgracia espontánea de la época, sino de una oscilación esquizoide inducida por el bienestar anímico de un ideal que ha prohibido cualquier suelo en el sujeto, una comunidad íntima de experiencia. El orden de los media, conectado en red invisible, no quiere saber nada del camino del medio, de acercar el pensamiento al lugar donde tenemos el cuerpo y los sentidos, el dolor y la intuición, los impulsos de resolución. La forma de la finitud, una relación directa con la complejidad real, está más o menos prohibida por nuestra ideología de la mediación y su diferido continuo, esta realidad subtitulada en la que vivimos. La visita guiada es el modelo terciario incluso para entrar en las dolencias del propio psiquismo. Sólo después, sobre este suelo de incomunicación que convierte al sujeto informativo en un conocido para sí mismo, en un turista existencial -la imagen más

tópica es el joven encapsulado que duerme en casa-, se sirven las múltiples conexiones on line. La inmediatez ética se ha deconstruido en nombre de la inmediatez de la mediación. La única descarga espontánea que nos es permitida es la del consumo, en el ocio y en las mediaciones técnicas. Para todo lo demás, antes de una decisión tenemos que contar tantas veces, tantos dígitos, que cuando llega el momento la decisión está clonada y es intercambiable por alguna réplica en el panel de las ofertas de turno. No parece aventurado decir que mientras consumimos somos consumidos en nuestra diferencia, homologados con las cosas que circulan. El fetichismo de la mercancía se ha hecho deseante, libidinal. II Economía informal del sujeto, identidades queer. Lo que importa es esquivar a cualquier precio el peligro de no ser nadie, de estar tocado por la comunidad de cualquiera, fuera del menú de identidades en oferta. El papel de las minorías alternativas ha sido en este punto -es preciso decirlo otra vez- un poco extraño, por no decir perverso. Ellas han minorizado la molicie del control social, incluida la publicidad, y le han permitido aligerarse. Gracias a lo alternativo la policía de lo social se extiende, pues la mayoría deja de ser torpe y paternal para descender a un tuteo maternal con cada privacidad. Con la proliferación de logos alternativos no queda apenas espacio donde pararse ni fórmula para detenerse, donde pueda ocurrir algo. La posibilidad del acontecimiento, que nos rehace como sujetos, es sometida a cerco por la cultura del impacto,

Imágen página siguiente, Flatiron Building, New York, N.Y., Detroit Publishing Co.

la propia evaluación social facilita. La fluidez general de la cultura que se llama capitalismo se consigue con una atomización individual, con la acumulación masiva de una identidad primero aislada y después marcada, puesta en el recambio constante de la órbita social. Como si la circulación sin fin que constituye la religión triunfante estribara en la soltura de núcleos desgajados, entidades individuales que pueden constituirse en meros nudos de una malla de conexiones perpetuas. Como se ha dicho en algún sitio, la banalidad de nuestra cultura no es nada banal. Desarrolla más bien una profunda labor de drenaje del malestar, impidiendo la inversión interna del miedo en sentido y desactivando así la primera potencia existencial del sujeto. En tal aspecto este estudio es inevitablemente político, pues no puede dejar de criticar un imperio contextual que ha pulverizado la autonomía individual en aras del consenso. La labor de pacificación del estado de naturaleza subjetivo ha tenido, como veremos, consecuencias psíquicas preocupantes. Recordemos que, por principio, sólo se suma masivamente lo que está solo, suelto, aquello que antes ha sido desgajado de su mundo constituyente. Se agregan entidades desarraigadas de su profundidad cualitativa. Se acumula y cuantifica el perfil aislado de los seres arrancados de cualquier humus natal. Desde hace tres, cuatro décadas, el principio de individuación del ser humano en las sociedades técnicas parece ser la deconstrucción de cualquier principio fijo en el carácter personal, el recorte informativo de cada individuo sobre una superficie neutra. Superficie tan plural


Clínica

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Letras en la Ciudad alarmismo de los medios -”el aislamiento de Rusia”, “el Partido Popular se queda solo”, “la soledad de Zapatero”-, con su pánico a la desconexión, al tiempo muerto, a la soledad. Este pánico pueril se nota ya en la expresión desamparada del locutor cuando la conexión no funciona, o el primer plano no se corta a tiempo, y la breve y calculada aparición del periodista queda en el vacío. ¿Se imaginan que se filme a alguien que carece de guión o de programa? Sería la misma expresión desolada de los humanos en el metro, pero sabiéndose en pantalla. La televisión, máximo adalid de esta socialización forzosa, también predica con el ejemplo y enseguida se siente sola: “No se vayan”, suplican los locutores de todas las cadenas antes de cada pausa publicitaria en la programación. El miedo a la soledad es “mundial”. En la “sociedad internacional” no podemos concebir un mundo desarrollado fuera de ese miedo porque presentimos que el trasfondo de la comunicación y el mito del progreso es el vacío. Tras este estruendo de la pantalla total azota el nihilismo del desierto, la indefensión ante la raíz asocial de la subjetividad, ante su soledad ontológica. Verdaderamente, el diablo de esta época parece ser el silencio, estar a solas con la condición mortal. Como si ahí no hubiera sentido. Lo que es peor, por si ahí hubiera un sentido. Este miedo a la cercanía es producto del peor de los pesimismos porque entiende que, sin conexiones, la vida y la individualidad no son nada. Los contactos y la adaptación al medio -gracias, querido Marx, por cristalizar esta alienación definitivamente triunfante- es

“LA GENTE NO AGUANTA HOY NADA QUE LE COMPROMETA” nuestro principio de individuación. Sin el entorno, mediado y mediador, no somos nadie. Y menos que nadie sería nuestro narcisismo, imprescindible en un mundo despiadado en su indiferencia hacia lo trágico, la pulpa de vivir. Como hemos perdido el afinamiento con el tono de la finitud, entre impacto e impacto programado la desolación se convierte en la regla del tiempo no organizado. De ahí esas caras demudadas en el transporte público, esas caras abstractas de los alumnos en clase, ese extraño silencio de los apartamentos a la caída de la tarde. Recordemos por un momento –un minuto de silencio- la ansiedad cuando el teléfono al fin suena y promete rescatarnos de un estar a solas con el ser para el cual ya no tenemos hilos. La conexión técnica se alimenta de la desconexión vital. La euforia social parasita el pesimismo viviente. Tal vez por esto Sokurov, ruso nacido en Siberia, comenta un día: “Ustedes los occidentales están muy solos”. Al no tener que luchar contra los límites ni tener que ganarse paso a paso la supervivencia anímica, se pierde también el músculo de la ilusión. A los jóvenes se les tiene mucho más en cuenta que a sus padres, se les pregunta constantemente y se les permite elegir, etc. Por ello se vuelven débiles, caprichosos, despóticos en su sonrisa, con un umbral de sufrimiento y

de fidelidad mínimo. Como todo viene dado, hasta en las relaciones se pierde la ilusión, que solamente simula mantenerse con el recambio, con esta ilusión forzada de alteridad que llamamos tecnología. El narcisismo es crucial, ante todo, para defenderse de un íntimo desánimo en espera, de todo lo no sabido de un sí mismo que se siente amenazado por dentro. El divorcio continuo, no sólo de tu pareja sino también de las opciones que ayer has elegido, proviene del hecho de que la gente no aguanta hoy nada que le comprometa, que le recuerde la duración y el envejecimiento. Vivimos cubiertos por un liberalismo existencial que une por debajo a muy diversas ideologías. La avalancha continua de la novedad seda el temor pueril que tenemos a la persistencia del pasado, a cualquier escena originaria, a nuestra propia historia. En el fondo, naturalmente, el temor es a la finitud, a la muerte anterior y continuamente presente. Hasta el recambio forzoso de los útiles -ropa, coche, ordenadornos libra de una relación estable con las cosas, de un afecto objetal que ya diría demasiado de nosotros, nos recordaría quién somos. Por el contrario, hoy todo ha de renovarse, salir disparado hacia la circulación. El reconocimiento externo exige un continuo remozamiento de la imagen en cosas y personas. La actualización perpetua, esta coacción amable de estar al día y no quedarse atrás, esconde el pánico a lo que no cambia, el integrismo de una limpieza existencial continua que debe dejar continuamente atrás la tentación de ser fiel a tus sombras.  t

EL AUTOR Ignacio Castro. Doctor en filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid, filósofo y crítico de arte. Email: iccrey@terra.es

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Vous êtes un homme!*

Textos: Vilma Coccoz Imágenes: Angel Norris * Texto presentado en Too Much! 4, Boletín digital preparatorio de las IX Jornadas de la ELP “Los hombres y sus semblantes”.

En lo relativo a la sexualidad, nos encontramos sumergidos en el estado que Lacan, citando a Saint Just, hubo previsto como el resultado de que la felicidad se convirtiera en un factor de la política. Las políticas de salud mental implementan políticas de género derivadas de ideologías tan falsas como peligrosas. Con el nombre de “disfunciones sexuales” se describen anomalías y se aplican soluciones pueriles y engañosas, que cargan sobre las espaldas de los ciudadanos el peso de los prejuicios y de una teoría de la sexualidad reducida a una mera función de los genitales, sin consideración alguna por la subjetividad. El psicoanálisis ha revelado que el malestar de la sexualidad es inherente al ser hablante y adquiere, en cada persona, una forma particular, efecto de la discordancia entre su cuerpo, el goce y los semblantes. 93 • Letr as, Enero-Abril 2011

Sólo admitiendo la complejidad del asunto es posible ofrecer a los desorientados del mundo actual una alternativa de resolución particular a este hecho de estructura. 1) Los interrogantes que suscita Una vez admitido que el acto sexual no suministra ninguna seguridad respecto a la identidad sexual, ¿cómo se reconoce a un hombre? ¿Por su cuerpo, por sus actos, por su discurso, o por su porte? ¿Cómo accede un hombre a un juicio íntimo acerca de su virilidad? ¿Y cómo reconoce que otros lo son? Estas preguntas acerca de los semblantes viriles han obtenido distintas respuestas en el transcurso de los tiempos. Su conformación se teje en estrecha dependencia del estado de los discursos cuyas mutaciones han promovido variaciones sustanciales en las representaciones o ficciones

de los papeles sexuales hasta modificar las “profundidades del gusto”, según la expresión de Lacan. En su texto Kant con Sade, leemos que gracias al “tocador sadiano” se inició una gran transformación en las modalidades del goce que contribuiría a que, cien años más tarde se volviera “transitable la vía de Freud”. La literatura libertina vio la luz en el mismo momento en que se promulgaban los Derechos del Hombre. Si el derecho al goce no podía incluirse en dicha Declaración, se debe, explica Lacan, a razones de estructura. Y es que, en lo relativo al goce, y por ser, en definitiva, éste, particular a cada uno, una enunciación general del tipo universal, para todos, lo desvirtúa a tal punto de convertirlo en obligatorio. Es el paradójico envés que entraña el derecho al goce. Para ilustrarlo, Lacan propuso la confluencia lógica


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Man 3, Angel Norris, 2006

del filósofo de la razón: Kant, con el escriba de las perversiones: Sade, hasta demostrar que el reverso inevitable del derecho al goce es el imperativo del superyó. Esta máxima lacaniana explica una parte sustancial del malestar subjetivo que aqueja a los desorientados de hoy en día, víctimas del desvarío del goce. En la sociedad del “hipersexo”, el malestar que produce la sexualidad no ha disminuido un ápice respecto de las épocas en que pesaban sobre él las prohibiciones. 2) Los términos freudianos de la sexualidad El psicoanálisis contribuyó a conmover la aparente e hipócrita seguridad de los roles sexuales desde que Freud tomara buena nota de la experiencia subjetiva de las neurosis y las psicosis. La dualidad hombre/ mujer no tiene representación en el inconsciente, y este hecho incontestable constituye el verdadero problema de la sexualidad. El inconsciente sólo conoce la polaridad actividad/pasividad o la diferencia castrado/no castrado. Con esta “roca viva” tropezamos todos. Los post-freudianos se dieron de bruces y desembocaron en una desviación notable, esto es, en la promoción de la relación del objeto como ideal resolutivo al malestar que produce 94 • Letr as, Enero-Abril 2011

el sexo. Con la enseñanza de Lacan se dio un paso de gigante que nos ha pertrechado de advertencias y de recursos para no errar demasiado en lo relativo al goce. La lógica de la sexuación fálica y de la carencia de inscripción de la relación sexual permite ordenar las posiciones femenina y masculina. Es cierto, como también lo es que ello exige un ejercicio cotidiano para mantenernos firmes en la lógica del discurso analítico. Nuestro trabajo ref leja que la cuestión no está zanjada, que ser lacanianos no nos exime de revisarla cada vez, es decir, que ser lacanianos no significa disponer de la última palabra respecto a la sexualidad sino aceptar el rigor de que tal palabra no existe (A tachado). 3) El tropiezo de los Men’s studies A partir de los años 70 se vienen realizando estudios sobre las identidades sexuales, nutriéndose, en gran medida, del saber psicoanalítico. De reciente aparición, el libro Entre hombres, Masculinidades del siglo XIX en América Latina, constituye un aporte interesante al tema que nos ocupa. La justificación del uso del plural del adjetivo sustantivado del título, pretende demostrar la ausencia de un concepto formativo de “la identidad masculina como el espacio de la autoridad simbólica

en la cultura occidental” 1. A partir de tal premisa, los autores pretenden “historizar la construcción de las masculinidades del siglo XIX para demostrar que las identidades sexogenéricas son artefactos culturales que actúan como respuestas a condicionantes sociales muy precisos”2. ¿Cómo conciben estos autores el género?: “…como un proceso de negociación constante con los discursos dominantes: un incesante devenir más que un inmanente ser, a través de los cuales los sujetos se posicionan y son posicionados dentro de los proyectos de emancipación, consolidación y modernización de las naciones”3. Este libro se inscribe en la filiación del marco conceptual de los llamados Men’s studies. En ellos se reconoce la existencia de una “pluralidad de masculinidades dentro de la que se diferencia entre identidades dominantes o hegemónicas, alternativas o subalternas”4, lo cual supone que, en un momento dado, se exalta un clase en detrimento de otra. Los compiladores citan a Kimmel para quien “la masculinidad dominante es un tipo de identidad que se fabrica relacionalmente y que busca la aprobación homosocial de los otros hombres: cuando un sujeto masculino pone en escena su hombría, lo hace para impresionar a los pares y para distanciarse de los grupos que carecen de ella (las mujeres, los homosexuales, los niños)”5. Según este autor, la masculinidad hegemónica es poder, y lo que define la masculinidad viril es la ausencia de una serie de cualidades “femeninas”, una forma de oposición, en cierto modo, defensiva. También Judith Buttler, teórica de las identidades Queer, constituye una referencia de estos estudios. Según esta autora, si explorando el desarrollo de la identidad masculina se realizara un corte sincrónico, se comprobaría una circulación de discursos yuxtapuestos que no responden a una linealidad cronológica. Por el contrario, se verificaría la acción de un caos de modelos disponibles en la esfera cultural en la cual algunas “poses” disputarían su


Letras en la Ciudad predominancia: el neoclásico de la masculinidad heroica, el sentimentalismo romántico, el estoicismo del dandi o la hiper-virilidad del hombre primitivo. El sujeto, por su parte, podría apelar a este “vasto archivo de poses” a través de complejos procesos de citacionalidad. El “acto performativo” de la masculinidad se distingue según los espacios: el trabajo, los centros homosociales -clubes, cafés, cenáculos letrados-, la calle y el hogar. Entre los espacios diferenciados los valores pueden establecer una relación conflictiva: por ejemplo, funcionar en el trabajo con una ética competitiva e individualista, y en el hogar, en tanto pater familias, actuar con ternura y benevolencia. Y es que, según los gender studies, el género “es una construcción histórica subjetiva, cuyos límites se van definiendo y reacomodando de acuerdo a una dinámica recíproca de las representaciones de roles asignados a lo “femenino” y “masculino”. (…) No son universales fijos sino “campos de fuerzas sociales que van estableciendo relaciones significativas de poder”6. El problema con el que tropiezan los estudios de género es el desconocimiento de lo que Freud llamó “roca viva”, “lo real de la sexualidad”. De ahí que el problema se dirime entre, por un lado, la impronta de los discursos y, por otro, una subjetividad que opta, en un acto performativo, por una enunciación, una “cita”, que le define como hombre. Resulta de ello una identificación a un rol —por reconocimiento de pares— y de oposición a otros que niegan los valores admitidos como viriles en tal o cual modelo. La clave de la reconstrucción del abanico de “poses masculinas” radica en las “relaciones significativas de poder” que inducen a una lógica binaria, al atolladero sin salida de las significaciones de dominio y servidumbre. Cuando Freud declara que “la libido es masculina” no interpreta la masculinidad en términos de poder sino que la traduce como actividad. La pulsión es un “trozo de actividad”, una “moción libidinal” que 95 • Letr as, Enero-Abril 2011

“ES POSIBLE RECONOCER COMO HOMBRE A AQUÉL QUE HA SUBJETIVADO LA ANGUSTIA DE CASTRACIÓN” no determina esencias sexuadas: la diferencia adviene en el fin de la pulsión, en su objetivo, en la modalidad de satisfacción que se alcanza y que puede suministrar tanto una pulsión de fin activo como una de fin pasivo. Lacan, por su parte, traduce la función simbólica del falo como representante de la vida, como significante del goce. Una de sus significaciones es, evidentemente, la relativa al poder, pero su “potencialidad creadora” de sentidos no se agota en ella y reducirla puede ser ocasión de lamentables confusiones. Una línea de investigación del citado libro es la que sitúa el diseño de construcción política de naciones nuevas en la tensión entre, por un lado, los ideales de virilidad, vinculados a valores belicistas de valentía y heroicidad y, por otro, los no menos viriles pero pacíficos, suministrados por los letrados e intelectuales. Aunque la descripción de estas masculinidades peca siempre de una confrontación con su negativo, como si su afirmación se asentara sólo en la formación reactiva, como si la masculinidad fuera una mera sobrecompensación defensiva construida a partir de una ideología de dominio. No se discute que los fenómenos existan o hayan existido, lo que se echa en falta en ésta es una deducción convincente de la estructura que los sustenta. A falta del concepto de goce, el estudio de las identidades sexuales queda sujeto a oscuras influencias sociales que empujan en una u otra dirección, y a no menos oscuras razones subjetivas que se manifiestan en el acto performativo, esto es, la declaración de la identidad sexual. La falta de consistencia de los retratos pergeñados hace suponer que los modelos de hombría que impulsaron las políticas en el Nuevo Mundo sufrieron un desgaste con

el correr de los años, o que las contradicciones intrínsecas se hicieron más patentes al insertarse en un ámbito nuevo. Habría que añadir que la decadencia del discurso del amo, la potencia creciente del discurso capitalista y la injerencia del discurso analítico a través del histérico, vinieron a colaborar en el cuestionamiento de los semblantes sexuales de tradición decimonónica. 4) Un encuentro mítico Desde la perspectiva del estudio de los valores de la virilidad clásica que se fueron consolidando en la Vieja Europa, el encuentro entre Napoleón, “genio de la guerra”, y Goethe, “genio de la paz”, ocurrido el 29 de septiembre de 1808 en Erfurt, cobra un renovado interés. Por esas fechas Goethe ya había manifestado su temperamento “olímpico”: un carácter renacentista le volvía curioso de todos los saberes. Escritor venerado, indagaba en las ciencias físicas, en la anatomía, en las artes plásticas. Galante y seductor, las mujeres de toda condición suspiraban por su compañía, en el salón y en el lecho. Se sabe que ser padre adquirió una gran trascendencia en su vida. No carecía Goethe de aptitudes políticas; a pesar de sus orígenes burgueses, logró ascender hasta ser nombrado Consejero del duque de Weimar. Ejerciendo esas funciones organizaba celebraciones y fiestas, haciendo gala de un carácter alegre y divertido. Enemigo de la revolución, consideraba una locura la decisión del duque de ir a la guerra en defensa de Luis XIV. Sin embargo, se sometió a la misma cumpliendo a la perfección con sus deberes militares, y aún encontraba tiempo para su labor de escritor e investigador. Confiado en su elocuencia e ingenio, se atrevía también a disertar sobre temas bélicos. En una ocasión, un


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“EL PROBLEMA CON EL QUE TROPIEZAN LOS ESTUDIOS DE GÉNERO ES EL DESCONOCIMIENTO DE LO QUE FREUD LLAMÓ ‘ROCA VIVA’, ‘LO REAL DE LA SEXUALIDAD” joven oficial interrumpió una conferencia sobre balística. Admitía el muchacho el placer de oír hablar a Goethe sobre poesía, artes y ciencias pero, dijo, no podía contener su disgusto al escucharle hablar de cosas de las que no entendía nada. Todos los presentes esperaban que el escritor, rojo como la grana, estallara en cólera. Pero luego de un momento, tuvo una explosión de risa: “Acabáis de darme una dura lección”, le dijo. Goethe fue invitado al Congreso de Erfurt, decisivo para el destino de Europa. Napoleón y Goethe se admiraban mutuamente. La entrevista entre estas dos grandes figuras del siglo fue calificado por Valery de “instante supremo”, el diálogo entre el imperio de la inteligencia en acción y la inteligencia libre. Según el relato, se encontraba Napoleón, conforme a su costumbre, almorzando mientras concedía audiencia. Cuando Goethe fue anunciado en la sala, el emperador levantó la vista y le indicó que se acercara. El poeta —que era observado atentamente— se detuvo a una distancia prudente y se cuadró. Napoleón pasó revista y exclamó: “Vous êtes un homme!”. Goethe respondió con una inclinación. Luego le preguntó por su edad; “sesenta”, dijo el escritor. Y Napoleón comentó: “Pues estáis muy bien conservado”. Goethe se inclinó nuevamente. Coinciden los comentaristas en que la frase “Vous êtes un homme” revela el reconocimiento a la verdadera grandeza, la admirada simetría al avistar un igual, un hombre de acción. “Delante de todo el mundo el gran conocedor de los hombres le ha concedido un diploma de hombría”, quizás sorprendido ¿“de encontrarle en postura marcial, buena salud y desparpajo”?7. Así lo estima Cansinos Asséns quien también 96 • Letr as, Enero-Abril 2011

encuentra en dicha frase la implícita connivencia con la superioridad de la supervivencia de la palabra sobre lo efímero de la gloria. 5) La nota freudiana La lectura freudiana de las biografías de ambos personajes añade un aspecto inédito para la comprensión de sus posiciones vitales al tomar en cuenta sus diferentes posturas respecto al deseo y el goce. En su interpretación de Un recuerdo infantil de Goethe…8, Freud extrae la consecuencia de que “cuando alguien ha sido el favorito indiscutible de su madre, conserva a través de toda la vida aquella seguridad conquistadora…”, a tal punto que Goethe hubiera podido encabezar su biografía así: “Toda mi fuerza tiene su raíz en mi relación con mi madre”. Sin embargo, no es suficiente haber tenido un lazo edípico muy fuerte con la madre para sustentar tal seguridad viril sin haberlo resuelto correctamente, esto es, sin un saldo de pasiva inhibición. Goethe enseña que no fue menos importante la manera en que dirimió su rivalidad con el padre y con sus hermanos y el modo singular en que llegó a asumir la castración en su relación con los hombres y con las mujeres. La figura de Napoleón tampoco fue indiferente a Freud quien destacó la marca del destino en el hecho de haber nacido corso y segundo entre muchos hermanos: “centenares de miles de seres anónimos habrían de expiar el hecho de que el pequeño demonio respetara a su primer enemigo”9. Freud vincula la elección de Josefina a la huella indeleble que dejaran en su personalidad la constelación de los primeros objetos: el primogénito José, su madre y su padre muerto. Josefina no lo ama, lo maltrata y lo engaña.

Él le perdona todo pero, paradójicamente, cuando la repudia, comienza el eclipse del emperador, en el cual Freud deduce la acción inconsciente de “un castigo por su infidelidad” 10 a ese partenaire tiránico, sustituto del odiado y amado José. Una vez separado de ella, Napoleón avanza, sembrando la muerte, hacia su propia destrucción. Podemos concluir que, por razones netamente analíticas, es probable que Freud coincidiera con la valoración de Napoleón, reconociendo como representante de una auténtica posición viril a quien, en aquéllos ámbitos que abarque su existencia, se entrega activamente al arte de hacer germinar la Vida; y que negara, por lo tanto, esa consideración al marido de Josefina. Más allá de las variaciones que experimentan los semblantes sexuales, se desprende de estos hechos una invariante de la estructura: es posible reconocer como hombre a aquél que ha subjetivado la angustia de castración de tal manera que su marca se detecta en el semblante que ostenta al presentarse al mundo, no menos que el goce que allí obtiene y el respeto que con ello gana.  t

LA AUTORA Vilma Coccoz. A.M.E. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo FreudianoNUCEP. Email: vilmacoccoz@gmail.com 1 A. Peluffo. I. Sanchez Prado (Eds.), Hombres. Masculinidades del siglo XIX en América Latina. Iberoamericana, Madrid, 2010, Pág. 7. 2  íbid. Pág.7. 3 Íbid, Pág.7. 4  Íbid, Pág.13. 5  Íbid, Pág.13. 6 Íbid, Pág..35. 7 R. Cansinos Asséns, Biografía, En Obras Completas de Goethe, Tomo I , Aguilar, México, 1991, Pág. 181. 8 S.Freud, Un recuerdo infantil de Goethe en Poesía y Verdad, O.C. Tomo III, Pág. 2437. 9 S. Freud, Borrador de una carta a Tomas Mann, O.C., Biblioteca Nueva, Madrid, 1973, Tomo III, Pág. 3336. 10  Íbid, Pág. 3336.


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La salvación del alma moderna

Terapia, emociones y la cultura de la autoayuda1*

Textos: Beatriz García Martínez Imágenes: Max Mitenkov * Reflexión de la autora a propósito de la lectura de Terapia, emociones y la cultura de la autoayuda de Eva Yllouz.

Eva Illouz ha dedicado varios libros a estudiar, desde el campo de la sociología cultural, el impacto del capitalismo sobre los vínculos sociales. En este nuevo libro, la autora aborda los modos en que el discurso terapéutico de las psicologías del yo supuestamente herederas del psicoanálisis, ha atravesado prácticamente todas las esferas de la civilización occidental. Lo ha hecho, tanto a través de un cuerpo de conocimientos académico, como en el marco de la producción cultural (el cine, los medios de comunicación, la industria editorial, etc.). A la pregunta “¿Cómo fue que la perspectiva freudiana que, al fin y al cabo comenzó como una teoría científica de la mente, se convirtió en un lenguaje popular adoptado y reciclado incesantemente por la esfera mercantilizada de los medios masivos?” 2 , la autora responde hablando de Freud en términos de 97 • Letr as, Enero-Abril 2011

un líder carismático que, al inventar el psicoanálisis, conectó con las preocupaciones clave de la identidad moderna: la sexualidad, el pasaje de la infancia a la edad adulta y la naturaleza de la paternidad. Todas ellas eran cuestiones que habían atravesado profundas transformaciones en la segunda mitad del siglo XIX. La nueva familia nuclear con baja tasa de natalidad y una consecuente intensificación de los vínculos emocionales de los padres con los hijos, presenta además una emergencia de “la pareja” como entidad autónoma, un aumento del rol emocional de las mujeres, consecuencia de adelantos técnicos que alivian a la mujer de la carga de sus tareas domésticas y un aumento de la competencia entre padres e hijos derivada de las nuevas posibilidades de promoción social, con la consecuente ambivalencia. El psicoanálisis aparece como un proveedor de metáforas para dar

sentido e interpretar todas estas transformaciones. El complejo de Edipo es la más paradigmática. Además, es abrazado por los movimientos feministas debido a su legitimación de la sexualidad femenina, aunque también sea objeto de reproches desde parte de dicho movimiento. Por otra parte, el desdibujamiento del límite entre normalidad y patología introducido por el psicoanálisis consuena con la caída de las categorías morales tradicionales y sus sistemas clasificatorios que diferencian inequívocamente entre lo prohibido y lo encomiable. La cultura popular estadounidense hace una lectura de los textos freudianos en donde la represión de los deseos instintivos podría destruir la capacidad del yo de afirmar su autoridad. El remedio sería buscar las fuentes ocultas del conflicto, pudiendo estar cualquier comportamiento o emoción necesitado de


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“El lenguaje de la literatura de autoayuda ha codificado la problemática humana, en un movimiento de banalización sin precedentes” interpretación. Esta “hermenéutica de la sospecha”, como la llama la autora, fue asociada en las Conferencias de la Clark University (1909) con la narrativa meritocrática y voluntarista de la autoayuda: “Hacia el final de la quinta conferencia, ofreció una versión muy estadounidense de lo que significaba buscar y encontrar el yo perdido: El hombre enérgico y exitoso es el que consigue trasponer mediante el trabajo sus fantasías de deseo en realidad. De esta manera, la búsqueda del poder perdido del yo podría aliarse sutilmente con la búsqueda del éxito social… A la inversa, la falta de éxito social podría indicar falta de madurez emocional, conexión que proporcionaría un poderoso marco narrativo intensamente mercantilizado por las industrias culturales”3. El impacto del lenguaje terapéutico en la empresa comienza a ser masivo en Estados Unidos a partir de la década de los 30. Bajo el liderazgo de los psicólogos la racionalidad, el cálculo y la eficiencia propios del mundo empresarial comenzaron a ir de la mano de los modelos de la emocionalidad y la comunicación. La autora denomina “capitalismo emocional” a este proceso cultural donde los discursos emocional y económico se moldean mutuamente, dando lugar al lenguaje de la cooperación y el trabajo en equipo, así como a nuevos modelos de liderazgo basados en la colaboración entre gerentes y trabajadores. La psicología organizacional busca desarticular la expresión autoritaria de poder propia de la empresa premoderna, para sustituirla por un poder sin autoridad, enfocado a armonizar los objetivos de la organización y el trabajador. La razón por la cual las habilidades comunicativas resultan tan centrales en las relaciones laborales 98 • Letr as, Enero-Abril 2011

es que son simultáneamente estratégicas para el desempeño eficaz del trabajo y para el propio interés del trabajador. El Homo economicus de Adam Smith, quien en “La riqueza de las naciones” concibió un modelo de sociedad cuya armonía emanaría de la búsqueda por parte de cada individuo de su propio interés económico (todos los individuos se necesitarían el uno al otro y por tanto se portarían bien con los otros para recibir igual trato), se convierte desde la perspectiva psicoterapéutica en el Homo comunicans que escucha al otro y controla sus emociones en interés de todos. Por otra parte, al tiempo que el lenguaje de las emociones infiltra el mundo empresarial, el lenguaje económico se cuela en el dominio de las relaciones de pareja. En el libro se relata cómo la caída de los modelos tradicionales de comportamiento dentro de la pareja es acompañada de la entrada masiva de los psicólogos en ese campo. Según la autora, el psicoanálisis contribuyó a la desorientación general al colocar la sexualidad en el centro de una psiquis saludable. “Nada complicó tanto el matrimonio como la idea y el ideal de la compatibilidad emocional y sexual”4. Por otra parte, los psicólogos destilaban sus consejos desde una posición supuestamente científica que ayudó a corroer la estructura tradicional del matrimonio al cuestionar sus normas y hacerlo desde una perspectiva individualista y de derecho. El supuesto de base era que un buen matrimonio tenía que satisfacer las necesidades emocionales y sexuales de ambos individuos que habían de ser considerados en pie de igualdad. Esta difícil tarea precisaba la ayuda de expertos dado que, “Tal como lo sugirieron Masters y

Johnson, la sexualidad necesitaba ser liberada, pero sólo podía ser liberada de manera apropiada si se lograba la igualdad que había sido el sello distintivo del movimiento feminista”5. Se trata, pues, de un ideal que borra las diferencias de género y que exige la individuación de cada miembro de la pareja. El problema es cómo coordinar necesidades que entran en conflicto, siendo la metáfora clave la “negociación”, donde el discurso terapéutico sobre la intimidad conyugal se asocia al lenguaje utilitario de los derechos y el regateo. Al igual que en la empresa, los psicólogos podían ofrecer técnicas para superar los problemas derivados de la necesidad de negociar intereses: la comunicación verbal es de nuevo el elemento clave. En los años 70 el fantasma de la falta de comunicación atrapó a las parejas. El ideal de conversación racional y no emocional donde el hombre y la mujer podían verbalizar sus necesidades y desacuerdos respectivos dominaba la escena. Se trataba de mantener a raya la expresión cruda de las emociones, con una confianza casi ilimitada en el manejo lingüístico: “Si se nos ha dicho desde el post-estructuralismo en adelante que los significados son no intencionales, no decidibles y polisémicos, la literatura terapéutica, en cambio, afirma que la ambigüedad es archienemiga de la intimidad, y que debemos purgar las declaraciones oscuras y ambivalentes del lenguaje cotidiano”6. El problema es que, finalmente, la jerga terapéutica, más que ayudar a evitar el conflicto parece aumentarlo por el crecimiento exponencial de necesidades y emociones a ser verbalizadas, escuchadas, analizadas y consensuadas. La estandarización del discurso sobre la vida emocional parece haber producido un empobrecimiento de la vida personal, que cada vez es experimentada de forma más mediada por un corpus narrativo ajeno a la experiencia genuina de cada cual. Amén del hecho de que se trata de una narrativa cada vez más indiferente a la diferencia sexual.


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Greek Plate, Max Mitenkov, 2007

El discurso terapéutico ha absorbido una gama de significados culturales muy variada. Además del feminismo, el discurso de los derechos y, posteriormente, el movimiento New Age, en Estados Unidos (desde donde se exporta al resto del mundo occidental) se entrelazó con la búsqueda de la felicidad personal, la confianza en uno mismo y la creencia en la acción voluntaria propia del protestantismo. Si Freud era manifiestamente escéptico sobre la posibilidad de una transformación y una curación producidas a través del poder de la voluntad y el cogito del paciente, lo cierto es que su perspectiva fue modificada lo suficiente por teóricos posteriores para admitir la idea de que el yo podía ser perfeccionado. Hartmann, Kris y Loewenstein jugaron un rol muy importante en la tarea de hacer al psicoanálisis compatible con los valores de la cultura estadounidense. También Karen Horney, Adler, Ellis, Erikson y Fromm optaron por el yo como base del psiquismo y con una función adaptativa. El movimiento que contribuiría definitivamente a sellar la alianza entre el discurso terapéutico y la cultura popular fue el humanismo de Rogers y su discípulo Maslow. La idea sumamente simple de que en el ser humano existía una tendencia hacia la autorrealización, se convirtió en un pilar en el espíritu de la autoayuda. El objetivo ahora era realizar el propio yo auténtico, y lo que apartaba a los seres humanos del objetivo era el miedo a la propia grandeza. Salud y autorrealización eran sinónimos, lo que tuvo como efecto hacer que la mayoría de las vidas se contemplaran como 99 • Letr as, Enero-Abril 2011

“no realizadas”. La autora muestra cómo “el ideal de la salud o de la autorrealización define a contrario, disfunciones que son producidas por la categoría misma de la “vida completamente autorrealizada”. Cuanto más un sujeto contemporáneo se esfuerce por lograr niveles más altos de salud y autorrealización es probable que termine tomando las vicisitudes de su vida como enfermedades y dolores que puede y debe superar. Esta narrativa del sufrimiento, como la denomina Illouz, ha tenido una amplia resonancia cultural en los sujetos modernos por una serie de razones que la autora enumera: permite constituir “comunidades de destino” (véanse los grupos de apoyo), explota simultáneamente al sujeto como paciente y como consumidor, es decir, como víctima y como actor de su propia vida, si se lo ayuda, dos construcciones contradictorias del yo que funcionan en la cultura contemporánea. Por otra parte, permite establecer una coherencia desde el pasado y hacia el futuro, una continuidad para el yo. Además, elimina la noción de culpabilidad moral, eliminando el peso de la falta, pero moviliza el individualismo y el mejoramiento de sí propios de la cultura capitalista; se trata de una narrativa performativa que crea la experiencia en la medida en que la relata; permite constituir una identidad: la de sujetos enfermos que necesitan ser curados. Finalmente, pero no menos importante, el lenguaje terapéutico se entrelaza íntimamente con la noción de derechos, transformando el sufrimiento en la condición de

víctima, lo que otorga una identidad a condición de narrar la vida permanentemente bajo la clave de ese sufrimiento congelado. Se elimina la responsabilidad por el pasado al tiempo que se conmina al sujeto a hacerse dueño de su futuro, una contradictoria forma de pensar la subjetividad muy propia de nuestra época. El lenguaje de la literatura de autoayuda ha codificado la problemática humana, en un movimiento de banalización sin precedentes, con el ideal terapéutico de la comunicación. Se trata de un modelo donde no existe la diferencia sexual ni los problemas que de ella se derivan, por no decir que no existe la subjetividad. Tiene además otra característica: se deshace del problema de las clases sociales: una mala posición en la vida es resultado de una psiquis que no maneja bien sus habilidades de comunicación. En definitiva, en el espíritu terapéutico no existen el sufrimiento y el caos sin sentido, y este es el motivo por el que su impacto en la cultura, nos dice la autora (y con ella coincidimos), debería preocuparnos.  t

La Autora Beatriz García. Psicoanalista en Madrid. Socia de la Sede de Madrid de la E.L.P. Email: beatrizgarcim@hotmail.com

Referencias 1 Eva Yllouz, La salvación del alma moderna. Terapia, emociones y la cultura de la autoayuda, Katz editores, Buenos Aires, 2010 2  Ibid.,pg.37. 3  Ibid.,pg 68 4  Ibid.,pg 145 5  Ibid.,pg 169 6  Ibid.,pg 176


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El hecho de lenguaje*

Textos: Sergio Larriera Sánchez * Texto original del autor.

El neologismo “l al a ngue” -“lalengua”-es término principal, junto con el de “parlêtre” -“parlanteser”-, de la “lingüistería” lacaniana. Marca la diferencia radical con la lengua, noción propia de la lingüística saussureana, correspondiente a la concepción del lenguaje. Refiriéndose a éste como el hecho social por excelencia, Ferdinand de Saussure lo consideraba como el factor más importante de todos los que pudieran intervenir en la vida de los individuos y las sociedades. La lingüística separa lengua y habla, aislando en la lengua a los signos como sus unidades. Saussure separó al signo lingüístico de su referente, ciñéndolo a la relación del significante y el significado. Jacques Lacan, apoyándose en la lingüística, tomó esa relación aunque estableciendo la supremacía e independencia del significante 100 • Letr as, Enero-Abril 2011

respecto del significado. Pero un signo así reducido al significante no da cuenta integral del síntoma, ni del goce en él implicado. Por lo cual Lacan se vio abocado a recuperar el término signo para darle un nuevo alcance, reuniendo en esta acepción al significante y al goce. De modo que la “lingüistería” no separa sino que reúne en síncopa a la lengua y el habla. Por eso el signo se tensa entre la “lalengua” y la lengua. La lengua del filólogo y del lingüista sólo es tal en tanto escrita: texto literario, crónica social, diccionario léxico y etimológico, manual de gramática y sintaxis, tratado de fonología, etc. Más cuando se habla, esa lengua manifiesta constituir un continuo con “lalengua”. La experiencia psicoanalítica es para el “parlanteser” un ponerse en camino a la “lalengua”. Al hablar una lengua

el “parlanteser” expone la “lalengua” primordial, la del origen de la lengua. 1. El ámbito saussureano Examinando los fenómenos lingüísticos, Saussure1 se encuentra en un terreno constituido por un conjunto de dualidades en las que se imbrican, en lo más elemental, la impresión acústica percibida por el oído con la articulación bucal del sonido. Esa unidad compleja acústico-vocal que es el sonido, forma con la idea una unidad de una complejidad mayor de índole fisiológica y mental. A esto hay que agregar el hecho de que el lenguaje tiene un lado individual y un lado social. Además, en cada instante, es a la vez un sistema establecido y una evolución. En cada momento es al mismo tiempo una institución actual y un producto del pasado. En síntesis, el


Letras en la Ciudad -natural o no- de articular palabras sólo se ejerce merced al instrumento creado y suministrado por lo individual lo social lo individual el colectivo social: “es la lengua la que hace la unidad del lenguaje”. De modo que el estudio del lenguaje entraña, para — Grafo 1 — Saussure, dos partes: una, esencial, tiene lenguaje (“le langage”) es lengua (“la por objeto la lengua que es social langue”) y habla (“la parole”). en su esencia e independiente del Ante las dificultades que preindividuo; este estudio es únicasenta el entramado de dualidades mente psíquico; la otra, secundaria, que caracterizan al lenguaje, Saustiene por objeto la parte individual sure encuentra que sólo la lengua es del lenguaje, es decir, el habla con susceptible de una definición autóla fonación incluida; esta parte es noma, por lo cual decide situarse en psico-física. el territorio de la misma y tomarla por norma. 2. Lo individual y lo social en un La lengua no se confunde con el hablante lenguaje. La lengua no es más que Al producirse un hecho de lenguaje, una parte determinada aunque hay ámbitos en los que domina lo esencial del lenguaje. social, sometiéndose allí el sujeto a las normas de la lengua que hacen La lengua es a la vez: posible la comunicación, y hay otros a) un producto social de la faculámbitos en los que la creatividad tad del lenguaje. del hablante es máxima, impob)un conjunto de convenciones niéndose lo individual, pudiéndose necesarias adoptadas por el llegar a la imposibilidad de comucuerpo social para permitir a nicarse con los otros por un exceso los individuos el ejercicio de de singularidad. dicha facultad. A los fines de poder ir situando esta cuestión se ha elegido la que Por lo tanto, el lenguaje es multipareciera ser una buena manera de forme y heteróclito. Implica varios presentación: es la acostumbrada dominios a la vez: físico, fisiológico relación entre dos campos mediante y psíquico. Pertenece, como ya se las consabidas operaciones de condijo, al ámbito individual y al social junción y disyunción. al mismo tiempo. Al carecer de uniLa zona central del esquema en la dad el lenguaje no se deja clasificar cual ambos campos se recubren o se entre los diversos hechos humanos. excluyen, resulta propicia para coloLa lengua, en cambio, es para car allí aquel ámbito del hecho de lenSaussure un todo en sí y un princiguaje en un hablante en la que “es con pio de clasificación. Por ello le da a otros”, o sea lo que se conoce como la lengua el “primer puesto” entre los “lo social”. En consecuencia, los semihechos del lenguaje, introduciendo campos que se sitúan a ambos lados así un orden en un conjunto que no de esta “cuña” central corresponderán se presta a ninguna clasificación. a ese otro ámbito caracterizado como Poniendo en duda la supuesta “lo individual” (ver Grafo 1). facultad natural en la que descansaEsta manera de presentar los ría el lenguaje, pues Saussure no conhechos pone en relación lo que sidera probado que el aparato vocal corresponde a dos “individualidades”, esté hecho para hablar, de cualquier siendo que, en uno y otro hablante, lo manera concluye que la facultad particular de cada cual se somete a la 101 • Letr as, Enero-Abril 2011

norma general compartida para que pueda realizarse la comunicación propia del hecho de lenguaje. Planteadas así las cosas, o lo particular se somete a la norma para dar lugar a lo general propio de lo social, o, en cambio, el dominio de lo particular llega a excluir la posibilidad de lo general. Lengua y habla suelen ser presentadas en oposición. La primera como el sistema, por lo tanto algo abstracto, pura forma, mientras que la segunda es la sustancia, la materia fónica -sonido- mediante la que el sistema se actualiza. Se van encadenando de este modo diversas oposiciones: lo particular y concreto del habla se opone a lo general y abstracto de la lengua. Si bien el acto de habla da ocasión a que se manifieste la libertad fonética de cada hablante, empero para que se produzca la comunicación con los otros, dicho acto deberá respetar, ajustándose a ella, la integración fonológica a la que obliga la lengua. Las diversas oposiciones que se logran establecer, tienden a mezclarse o a presentarse en nuevos niveles de complejidad. Interesa ahora explorar las posibilidades que ofrece el diagrama para pensar lo que sucede en un hablante solo. Para ello se dispone sobre el diagrama propuesto la articulación de lengua y habla. Si se tiene en cuenta que el hecho particular del habla, lo estrictamente individual, se distribuye en dos semi-campos, uno el del “querer-decir”, y el otro el de la “emisión sonora” efectiva, no quedará otra opción que hacerlo de la siguiente manera (ver Grafo 2): El hecho de presentar así la cuestión coloca a la lengua en función de intermediación entre los semicampos del habla. Estos últimos, el del querer decir como intencionalidad del discurso y el de la emisión sonora efectiva como cadena significante franqueando el lugar del Otro, los encontrará el lector en el grafo de la subversión del sujeto2, al segundo como vector horizontal y al primero como vector vertical que lo recorta retroactivamente en dos puntos. Sobre el grafo lacaniano, las distintas cuestiones podrán ser dispuestas así (ver Grafo 3):


Letras en la Ciudad ¿El diagrama construido se corresponde con la conceptualización de Saussure? Los párrafos siguientes muestran tal correspondencia: “Para darse cuenta de que la lengua no puede ser más que un sistema de valores puros, basta considerar los dos elementos que entran en juego

de intermediario entre el pensamiento y el sonido, en condiciones tales que su unión conduzca necesariamente a delimitaciones recíprocas de unidades. El pensamiento, caótico por naturaleza, es forzado a precisarse al descomponerse. No hay, por tanto, ni materialización de los pensamientos, ni espiritualización de los sonidos, sino que se trata del siguiente hecho, en cier to modo misterioso: Querer decir Lengua Emisión Sonora que el “pensamientoHabla Habla sonido” implica divisiones y que la lengua elabora sus unidades constituyéndose entre dos masas amorfas”. 3 — Grafo 2 — Tanto el esquema que hemos propuesto en su funcionamiento: las ideas y como aquel de Saussure de los los sonidos. Psicológicamente, y planos indeterminados de ideas y haciendo abstracción de su expresonidos se muestran en resonancia. sión por las palabras, nuestro penAl son de estas imágenes se puede decir que el lenguaje pone la cuña samiento no es más que una masa amorfa e indistinta (…) Considerado de la lengua entre las orejas del en sí mismo, el pensamiento es como habla (ver Grafo 5). una nebulosa donde nada está deliLa cuña de la lengua Las orejas mitado necesariamente. No hay ideas del habla preestablecidas, y nada es distinto 3. Hablar una lengua es sosteantes de la aparición de la lengua. nerse en el límite “Frente a este reino f lotante, Para Saussure, como hemos visto, la ¿ofrecerían por sí mismos los sonilengua elabora sus unidades consdos entidades circunscritas de antetituyéndose entre dos masas amormano? Tampoco. La substancia fas. En consecuencia, la lingüística fónica ya no es fija ni rígida; no es que él va definiendo trabaja sobre un molde a cuyas formas el pensaun terreno limítrofe en el que los miento deba adaptarse necesariaelementos de los dos planos, el del mente, sino una materia plástica pensamiento y el del sonido, se comque se divide a su vez en partes disbinan. Como resultado de tal comtintas para suministrar los signifibinación se produce una forma y no cantes que el pensamiento necesita. una sustancia: la lengua. Podemos, pues, representar al hecho El querer decir y la emisión lingüístico en su conjunto, es decir, sonora son, de este modo, las dos la lengua, como una serie de subdidimensiones del habla que concuvisiones contiguas proyectadas a un rren en el hecho de lenguaje. Pero tiempo en el plano indefinido de las deben someterse a la regulación que ideas confusas (A) y en el no menos la lengua impone mediante reglas indeterminado de los sonidos (B); abstractas, reglas que aseguren esto es lo que podríamos represenque tanto la intención individual tar de modo aproximado en este del hablante como la producción esquema” (ver Grafo 4): de sonidos a la que aquella convoca “El papel característico de la lenqueden reguladas por la finalidad gua respecto al pensamiento no es transindividual de la comunicación, crear un medio fónico material para alcanzando de ese modo la dimenla expresión de las ideas, sino servir sión social del hecho lingüístico. 102 • Letr as, Enero-Abril 2011

Resulta así que la lengua debe localizarse en la zona de unión-intersección lógica. A esta zona se la considera “límite”, según los alcances de esta noción central de la filosofía de Eugenio Trías, y de acuerdo a la interpretación que de dicha noción y de la topología que le conviene se hizo oportunamente.4 La distribución de ámbitos del lenguaje en un hablante no suele ser presentada por los lingüistas de ese modo. En realidad, esta es una nueva presentación del problema que permite destacar la doble frontera que, en cada uno, en cada hablante, reúne y separa lo particular y lo general, lo individual y lo social del hecho lingüístico. En un ser hablante, lo general es aquello de la lengua que el habla pone en juego en su relación con los otros seres hablantes y que debe ajustarse a las normas lingüísticas, con el fin de producir efectos de significación, que proviniendo del correlato significante/significado, aseguren la comunicación reduciendo al mínimo la confusión y la equivocidad. Una doble frontera configura los bordes del límite, un espacio común del hecho lingüístico al que tiene que ajustarse cada hablante para animar la lengua y regular el habla, condiciones mínimas del estar en comunidad. Es indudable que, en las relaciones que en una lengua cualquiera se establecen entre el querer decir y la emisión sonora de sus hablantes, hay ciertas limitaciones que impiden los deslizamientos que precipitarían cualquier acto de comunicación en el sin-sentido. Así como la fonación puede producir infinidad de sonidos no aptos para la comunicación, el pensamiento puede caer, por su parte, en insanos excesos. Hay algo en una lengua que vela por la inteligibilidad, protegiendo a los hablantes del sin-sentido. Esas fronteras protectoras no son otra cosa que la dupla significante/significado dispuesta de peculiar manera. En primer lugar, una de esas dos fronteras es silenciosa, la frontera silente, mientras que la otra es, por el contrario, sonora. Si ahora se toma en consideración la relación


Letras en la Ciudad el hablante permanece dentro del límite, en el que lo general –normas y reglas léxicas, gramaticales y sintácticas, que establecen la coordinación de significante y significado- es lo que comparte con sus semejantes.5

2

s (A) Significación de lo efectivamente articulado (2) s (A)

A

3

1

Sentido Siempre desviado (3)

4. La locura como doble abismo personal Más allá de las dos fronteras que configuran el límite se encuentran, uno a cada lado, los semicampos particulares de la emisión sonora y del querer decir, los cuales pueden llegar a constituirse en verdaderos abismos. Son los dos abismos en los que amenaza precipitarse el hecho lingüístico: la expansión delirante del querer decir, de lo pre-sentido, y la proliferación insensata del nosentido inherente a las emisiones de sonidos. En el primer caso se pone el habla al servicio del delirio. Aunque tanto el léxico como la gramática y la sintaxis pueden permanecer correctamente estructuradas, sin embargo la expansión de lo pre-sentido rompe la frontera sonora poniendo al significante al servicio de significados particulares, tornando imposible la función social del lenguaje. Cuando, en cambio, se presenta la otra situación en la que proliferan los sonidos, resulta destruida la función diferenciadora del significante. La frontera silente deja de funcionar, pues se habla por un puro goce fonador resultando violentada la norma que ordena la materia sonora. En el primero de estos casos es el querer decir el que enloquece, llegándose al extremo de que no se entienda lo que quiere decir el que habla, pues lo que dice ha perdido

Sentido previo - Intencionalidad - (1) — Grafo 3 —

significante/significado como las dos caras del signo lingüístico, habrá que disponerlas sobre la doble frontera del límite. Tanto el querer decir como la emisión sonora son conjuntos abiertos que hunden al lenguaje en lo desconocido (ver Grafo 6). La emisión sonora encuentra un obstáculo en la frontera del significado. Esa función silente es un filtro para el sonido. El sonido, para entrar en el espacio de la significación, debe someterse a esta función del significado que evita la producción disparatada de sonidos, que encauza su producción evitando el disparate. Por su parte, la intención de decir encuentra un obstáculo en la frontera del significante. Esta frontera sonora obliga a los pensamientos a que se sonoricen organizadamente para ajustarse a la comunicación. Una vez sometidos sus pensamientos al orden significante sonoro, el hablante comprueba que a las supuestas claridad y riqueza de los mismos, en realidad corresponden inadecuadas palabras, cuando no torpes balbuceos. El querer decir tiene que atravesar la frontera sonora a la vez que se instala como frontera silente para la emisión sonora. Y a la inversa, la emisión sonora debe atravesar la frontera silente mientras se instala como frontera sonora para el querer decir. El querer decir en su encuentro con la emisión sonora, pretende imponerle a ésta un ajuste riguroso de lo que se quiere expresar, o sea la sumisión del sonido al sentido. Dado que se quiere decir algo preciso, los sonidos emitidos deberán subordinarse a los significados, configurando para ello los significantes 103 • Letr as, Enero-Abril 2011

adecuados: no deberán producirse fonemas errados ni sonidos parásitos a-significantes. La proliferación de la intención de decir, encuentra un impedimento en la frontera constituida por el significante, que impone una barrera sonora al querer decir, impidiendo el desbordamiento del pensamiento, el cual debe pasar por el filtro del sonido. Al mismo tiempo, el sonido encuentra un obstáculo en la función silente del significado. Pues esta función, puesta al servicio de la significación, evita la producción disparatada de sonidos que pudieran constituir desde una jergafasia enmarañada hasta llegar a la elementalidad del laleo. Ambas fronteras encierran a una cuña biconvexa central. Esta cuña es el límite en el que deben sostenerse los seres hablantes para asegurarse lo que tienen en común cuando quieren producir un hecho de lenguaje. Sostenerse en el límite garantiza el funcionamiento coordinado de lengua y habla, con la producción de signos –significante/significadoque estén al servicio del acto social de la comunicación. En este caso

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Pensamiento

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Sonido

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B — Grafo 4 —

La Lengua

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Letras en la Ciudad sentido al no ajustarse a las condiciones de enunciación que impone la comunicación. En la segunda circunstancia es el sonido el que, loco, suena “sin ton ni son”. Esa es la locura que, como doble abismo personal, acecha al hecho social por excelencia, el hecho lingüístico (aunque siempre expuesto al hundimiento en el sin-sentido). Son excesos del sentido que esclavizan al sonido, y multiplicaciones del sonido que desbaratan al sentido. Otro exceso, el exceso de silencio, el no querer decir y el no querer fonar propios del goce autista, constituye un fracaso total de la lengua. Estas alteraciones expresan la irresoluble tensión de lengua y habla. Tal tensión, que en ocasiones llega a ser discordia, es intrínseca al significante y al significado. Cada una de estas dos dimensiones, significante y significado, está íntimamente dividida por esa tensión, intrínsecamente atravesada por la discordia potencial entre lengua y habla. Es decir, en cada una de las fronteras que dibujan la cuña biconvexa del límite, hay una tensión de resolución imposible entre la libertad atribuida al habla individual y la constricción producida por la norma impuesta por la lengua a los hablantes. Esa tensión que, como se ha dicho, en ocasiones llega a ser verdadera discordia, la padece el hablante tanto respecto del significante como en el interior del significado. El funcionamiento del lenguaje, en síntesis, se caracteriza tanto por la significación lograda como por su naufragio. El hecho de hablar cuestiona la idea misma de lengua, cuya pureza instrumental no es más que un ideal. 5. El otro Saussure Actualmente se están realizando otras lecturas de Saussure de las que resulta una reconsideración de lo que es el signo. Hay, en el mismo Saussure, en las notas y trabajos que se han ido recuperando, muchos años después de la publicación, en 1916, del Curso de Lingüística General, otros enfoques que ponen 104 • Letr as, Enero-Abril 2011

en entredicho la versión estrictamente formalista del signo para pasar a considerarlo como una entidad concreta. Fallecido Saussure en 1913, recién a mediados del siglo pasado se publicaron los manuscritos del curso aparecido en 1916, y años más tarde -1964, 1971- vieron la luz los anagramas presentados y analizados por J. Starobinski. También proliferaron los trabajos críticos sobre la construcción realizada por los discípulos de Saussure que llevaron adelante la edición del Curso en 1916, Charles Bally y Albert Sechehaye. En resumen, estos últimos aparecen como res-

— Grafo 5 —

LOS SIGNIFICANTES DEL OTRO -DUEÑO Y SEÑOR DE LA LENGUA- CONSTITUYEN AL SUJETO

ponsables de una “depuración” del discurso, suprimiendo todo aquello que pusiese en duda la versión científica y formalista del signo. El programa científico de Saussure se está revelando como menos categórico que el que se desprende de la versión tradicional del Curso. Ochenta años después de la edición del Curso de 1916 apareció un importante conjunto de manuscritos descubiertos en el invernadero de la residencia familiar en Ginebra. Vienen a confirmar el sentido de la revisión que se ha estado llevando a cabo, pudiendo decirse que se trata de “otro” Saussure, más próximo al Lacan de la época que se conoce como “la última enseñanza”. Justamente, Jacques Alain Miller en su curso de La fuga del sentido, se ha detenido en el comentario de este “otro” Saussure. Dicho sea de paso, ese curso de 1995 a 1996, constituye un hito en el proceso de posesión en el que se adentra, alcanzando su formulación manifiesta con sus Piezas sueltas: ser poseído por el texto de Lacan,


Letras en la Ciudad

SIGNIFICANTE

SIGNIFICADO

Significado

Significante

Frontera Sonora Querer decir

Frontera Silente Lengua

Emisión sonora

— Grafo 6 —

dejarse poseer para terminar con cualquier resto de aspiración a la univocidad. Para mí, entre estos dos puntos se tiende el arco maestro de la enseñanza de Miller. Volviendo al sentido fugado, no solamente los anagramas saussureanos lo ocuparon en aquel curso, sino que realizó profundas incursiones, dando lugar a extensos desarrollos en textos de Michel Leiris, Robert Desnos, Raymond Roussel, René Char, Raymond Queneau, Jacques Prevert, Marcel Duchamp, André Bretón, llegando incluso a comentar alguna cuestión de Jean Pierre Brisset, el más destacado de aquellos célebres locos del siglo XIX y principios del XX, a mi juicio el más lúcido y entrañable de los miembros de esa “familia de sombras”, según la feliz denominación de Michel Foucault. Tras un sostenido comentario de los anagramas y de esa escucha extraordinaria de la poesía clásica de la que hizo gala Saussure, Miller concluye señalando que el Curso de lingüística puede analizarse como un cierre, pues la reunión de significante y significado viene a ser como una represión de la polifonía y de la polisemia de los anagramas. Sobre la base de los anagramas de Saussure, Lacan pudo aseverar que el inconsciente es condición de la lingüística. En el fondo, concluye Miller, lo que le falta a Saussure es la hipótesis del inconsciente en tanto que se formularía así: las palabras juegan solas. La “Lalengua” trastorna la concepción general del lenguaje, pues no 105 • Letr as, Enero-Abril 2011

puede ser considerada como algo aparte, como la irrupción de algo inconveniente en el discurso. De ninguna manera, pues la lengua y la “lalengua” son un continuo, son lo mismo en diferencia. Si se acepta

la existencia del inconsciente, la lengua ya no puede ser considerada como un sistema de signos, como algo meramente formal. Introducir en la liza las redes de significantes reprimidos y los trazos y huellas que, en el cuerpo, demarcan los circuitos de las pulsiones, significa colocar a la estructura toda del hecho de lenguaje bajo las múltiples incidencias del goce. Los significantes del Otro -dueño y señor de la lengua- constituyen al sujeto. Pero no es una operación formal, puesto que se constituyen en la causa del goce, al encarnarse en un cuerpo mediante el contrabando de la sustancia gozante del Otro. Por ello, podemos precisar nuestra fórmula alojando la cuña de la “lalengua” entre las orejas del habla.  t

EL AUTOR Sergio Larriera. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano-NUCEP. Email: sergiolarriera@yahoo.es

Referencias 1 En el presente artículo rindo homenaje a Ferdinand de Saussure, recogiendo distintas cuestiones que hacen posible plantear de manera novedosa la relación lengua/ habla. Todas las citas han sido tomadas del Curso de lingüística general (PlanetaAgostini, 1985. Barcelona). La minuciosa lectura del Curso y las detalladas referencias sobre otros autores, como Roman Jakobson y Claude Levi-Strauss, a través de una enseñanza que hizo época en Buenos Aires hace cuarenta años, magistralmente impartida por Juan Carlos Indart, inauguró, para los practicantes de un psicoanálisis ya exhausto, una revitalizante inmersión en los primeros textos de Lacan que empezaban a circular. 2 Lacan, Jacques. “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”. Escritos 2. Decimoquinta edición. 1989. Siglo Veintiuno editores. México. 3 Cada uno de los pasos que conducen hasta la fórmula “El lenguaje pone la cuña de la lengua entre las orejas del habla”, y la fórmula misma, encuentran sus referencias en el capítulo del Curso dedicado al valor lingüístico. Lo novedoso de nuestro planteamiento es una distinta manera de presentar la relación lengua: habla. J.A.Miller, en De la naturaleza de los semblantes, evoca este gráfico de Saussure como “esquema nebuloso”, y lo conecta a otras acepciones de la nube de Lacan. En Radiofonía, Lacan ilustra con el término “nube” la separación de las nubes de goce que se desprenden del cadáver que es el cuerpo significantizado, deslibidinizado. En Lituraterre, al revés, hace del signifi-

cante una nube, de la que se desprende un goteo, como si llovieran tachaduras. Llueve significado, y llueve goce dice Miller. Y se hacen surcos en la tierra, “pliegues prontos para acoger al goce”. 4 Sobre la noción de “Límite”:- Alemán, Jorge y Larriera, Sergio. Filosofía del límite e inconsciente. Conversación con Eugenio Trías. Síntesis. Madrid. 2004. - Alemán, Jorge y Larriera, Sergio. Existencia y Sujeto. Ediciones Miguel Gómez. Málaga. 2006 5 En la zona más alta y arbolada de la Dehesa de la Villa, en la ciudad de Madrid, está emplazado el monumento de Andrés Bello (Caracas 1781-Santiago de Chile 1865). Al pie de la estatua hay una leyenda: “Fue el salvador de la integridad del idioma castellano en América”. Interesante contraste entre la función que le otorga el agradecido homenaje, función de salvador, a quien preservó la unidad de la lengua, Andrés Bello, y la función propia del ego redentor de James Joyce, cuyo ideal era dar origen “al espíritu increado de la raza” mediante su arte de escritura en la que proliferan, incrementándose con el tiempo, epifanías, deconstrucciones de palabras, alteraciones sintácticas, homofonías translingüísticas. ¡Que decir, entonces, del gran delirio de Jean Pierre Brisset y de su descomunal esfuerzo para alcanzar la lengua primordial, el origen de la lengua! Por un lado, el significante que se hace letra, lengua establecida. Por el otro, la letra respondiendo a los dictados de “lalengüa”, hace picadillo al significante.


Letras en la Ciudad

Felicidad y psicoanálisis*

Textos: Esperanza Molleda Fernández Imágenes: Emmanouel V. * Texto original de la autora.

Freud escribe en 1930: “¿Qué fines y propósitos de vida expresan los hombres en su propia conducta; qué esperan de la vida, qué pretenden alcanzar en ella? Es difícil equivocar la respuesta: aspiran a la felicidad, quieren llegar a ser felices, no quieren dejar de serlo”.1 A grandes rasgos podemos identificar tres paradigmas de la felicidad en Occidente: en primer lugar, el paradigma del mundo clásico, representado sobre todo por el pensamiento de Aristóteles, en el que la felicidad está vinculada al ejercicio de las virtudes y las virtudes están definidas en función de su contribución al orden orgánico de la ciudad y del cosmos. En segundo lugar, el paradigma cristiano en el que la felicidad es colocada tras la muerte, y la vida queda convertida en el lapso de tiempo del que se dispone para conquistar la felicidad 106 • Letr as, Enero-Abril 2011

ultraterrena. Y, por último, el paradigma en el que aún nos encontramos, heredero del pensamiento ilustrado y revolucionario del siglo XVIII, surge a partir del declive de la religión, la secularización generalizada de la vida y las revoluciones americana y francesa cuando se generó el ideal de la responsabilidad conjunta para construir la felicidad en la tierra de todos y de cada uno de los seres humanos. En el marco de este paradigma, el poder político se vuelve responsable de la felicidad que facilita a sus ciudadanos y cada individuo tiene que responder por la cuota de felicidad que logra alcanzar en su vida. En 1958, Lacan introduce en La dirección de la cura,2 tres cuestiones insoslayables para el psicoanálisis en relación con la felicidad: El psicoanalista recibe una demanda de felicidad por parte de los sujetos. Esta

demanda cuestiona al analista en lo más íntimo de su ser y en su propia relación con lo que se le pide. La felicidad se ha convertido en un factor de la política como afirmaba SaintJust en la Revolución Francesa. Con estas tres cuestiones Lacan apunta a tres temas cruciales del psicoanálisis: el psicoanálisis como práctica clínica, el ser del analista y la relación del psicoanálisis con el mundo en el que habita. Como factor de la política, la felicidad requiere una definición susceptible de ser común para toda la colectividad. En la medida que la felicidad sólo está definida por la satisfacción del sujeto hay algo que se escapa de la vocación comunitaria de la felicidad como objetivo social. De esta manera, la felicidad se ha trasformado en bienestar. En su análisis sobre la Revolución Francesa, 3 Hannah


Letras en la Ciudad Arendt nos ayuda a entender esta transformación. Arendt plantea dos motores de la Revolución Francesa: por un lado, la lucha por la “libertad” contra el régimen absolutista entendida como lucha por la participación del pueblo en el espacio público político y por la protección de los derechos individuales en un marco de gobierno limitado. Por otro lado, la lucha por la “liberación” como lucha contra la miseria de la población. Para esta autora, el proyecto político central que se heredó de la Revolución Francesa en el mundo occidental fue precisamente este último, no sólo porque “la liberación es probablemente la condición necesaria para que se dé la libertad”,4 sino también porque “el fundamento de la libertad siempre ha sido incierto, cuando no vano y la libertad siempre ha desempeñado un papel ambiguo y polémico en la historia”5. Este programa basado en la “liberación” se convertirá en el Estado de Bienestar, el estado comprometido en asegurar el bienestar a sus ciudadanos y la felicidad como factor de la política acaba concretándose en la búsqueda de la extensión universal del bienestar, empezando por el bienestar físico y material, siguiendo luego por una interminable serie de bienestares: psíquico, espiritual, familiar, social, laboral. Desde 1948, existe una definición de la salud de la OMS como “estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.6 Esta definición muestra la introducción paulatina de la idea de salud como condición de la felicidad en tanto que bienestar. En otro de sus libros, Arendt7 localiza un cambio en la idea de utilidad con trascendencia para esta concepción de la felicidad. A partir de la conocida máxima moral de Jeremy Bentham en Introducción a los principios de moral y legislación (1789), “la mayor felicidad para el mayor número”, Arendt entiende que la actividad humana será menos valorada en función de su utilidad práctica en el mundo material y empezará a 107 • Letr as, Enero-Abril 2011

“PODEMOS IDENTIFICAR TRES PARADIGMAS DE LA FELICIDAD EN OCCIDENTE” ser medida en función del grado de dolor o de placer que produce. Para Arendt esto significa el decaimiento del homo faber, el fabricante que surgió con la revolución de la modernidad, el cual centraba su actividad en la producción de “un ‘artificial’ mundo de cosas”, 8 y la promoción del animal laborans que centra su actividad en el estado de su propio cuerpo y que ve en la vida, tanto individual como de las especies, el bien supremo. Todo ello se produce en paralelo con el ascenso de la introspección, tal como fue concebida por Descartes, como “omnipotente recurso para conquistar la naturaleza”. 9 Para poder contabilizar el placer y el dolor, para conocer el estado de felicidad es necesario llevar a cabo un sostenido ejercicio de introspección no sólo sobre las sensaciones del cuerpo, sino también sobre los estados de la conciencia. En el entrecruzamiento de la concepción de la felicidad como contabilidad de placer y dolor, la transformación de la vida en el bien supremo y el ascenso de la introspección como método de conocimiento, la salud en general, y la salud mental en particular quedan ligadas a la felicidad como factor de la política. Conocemos las respuestas del discurso del amo ante este planteamiento. A un ritmo lento, pero imparable, se ha ido desarrollando una impresionante maquinaria no solo institucional, sino también de prácticas sociales para llevar a cabo el imperativo de ser feliz. La invención freudiana del psicoanálisis se produce en este mismo caldo de cultivo, Freud no duda en sostener la idea benthamiana de felicidad “buscar el placer y evitar el displacer” 10 proponiendo el psicoanálisis como una terapéutica científica. Pero la

particular posición de Freud de no retroceder ante lo que encontraba en su práctica hizo del psicoanálisis una propuesta divergente del orden establecido. En consecuencia, el ideal de felicidad sufre un revés desde el psicoanálisis. Para Freud “no está en los planes de la Creación que el hombre sea feliz”11 y para Lacan “nadie sabe qué es ser feliz a menos que la felicidad se defina en la triste versión de ser como todo el mundo”.12 A pesar de ello, el analista se ofrece a recibir la demanda de felicidad. En la búsqueda de la felicidad los sujetos se pueden topar con la transferencia hacia otro sujeto al que le suponen un saber acerca de su malestar y le hacen una demanda en nombre de sus padecimientos. El modo en que el sujeto supuesto saber responde a esa demanda dará la medida de la experiencia a la que el sujeto podrá acceder. El psicoanalista acepta la demanda de felicidad que le llega como tantos otros: expertos, maestros, terapeutas, gurús, sacerdotes, etc., pero a diferencia de ellos, al estar descreído del saber que se le supone, podrá hacer que la demanda de felicidad del sujeto se transforme en deseo de saber. Para poder sostener esta posición en la transferencia el analista deberá confrontarse con la experiencia de su propio análisis. El psicoanálisis pide al sujeto que hable a condición de que libere su discurso de la dictadura de la racionalidad y de los ideales para someterse a la regla de la asociación libre. Al dejar hablar así al sujeto, lo que aparece es el más allá del principio del placer determinado por la repetición: el peso de una historia hecha de palabras y de irrupciones de goce, las identificaciones que encorsetan, el fantasma, el no saber respecto a la sexuación y a la relación con el otro sexo, las dificultades para relacionarse con la falta a través del falo y más allá del falo, su peculiar modalidad de desamparo (Hiflosigkeit), la insaciable exigencia del superyó, el empuje de la pulsión que no cesa de buscar la manera de satisfacerse y una forma


Letras en la Ciudad de gozar tan propia como ignorada. Hechos que se le imponen al sujeto y que son la trastienda de la transparencia voluntarista de la definición de salud mental de la OMS: “La salud mental se define como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.13 A partir del amasijo volcado en el análisis, el deseo del analizante, las interpretaciones y los actos del analista posibilitan una reducción de esa materia prima a un saber que obliga al sujeto a cambiar de posición. Los testimonios de final de análisis nos hablan así del logro de formas de satisfacción inéditas y de una felicidad gestada desde el más allá del principio del placer. El psicoanálisis propone entonces una praxis asumiendo y subvirtiendo a la vez el proyecto ilustrado y revolucionario de la responsabilidad conjunta por la felicidad devenida bienestar y salud de los hombres en la tierra. El psicoanálisis abre una nueva dimensión ante el discurso del amo: la asociación libre frente a la apropiación política del modo de satisfacción del sujeto; el sujeto dividido por el lenguaje y por el goce frente a la ilusión de dominio sobre uno mismo; el atrevimiento de no pretender dar soluciones frente a las soluciones impuestas en nombre de la utopía; la lógica del deseo frente al servicio de los bienes. Haciendo una lectura de los conceptos de “liberación” y “libertad” arendtianos a la medida del sujeto, el análisis apuesta por liberarse de la servidumbre de la exigencia de “liberación” del malestar y permite el acceso a cierta forma de “libertad” más allá del imperativo de felicidad. Frente a la curación en nombre de un estado ideal, Miller toma de los surrealistas otra propuesta: “la salvación por los desechos”.14 El término salvación en contraposición al de curación introduce una dimensión trágica que apunta a la exposición del individuo a algo que le supera, llámese destino o 108 • Letr as, Enero-Abril 2011

“EL IDEAL DE FELICIDAD SUFRE UN REVÉS DESDE EL PSICOANÁLISIS” inconsciente. Uno se salva de lo que no puede dominar, uno se cura de lo que la ciencia ha podido controlar con su conocimiento. Que la salvación sea por los desechos disuelve cualquier vínculo con la salvación religiosa alcanzada siempre por los ideales. Los desechos son los restos de la operación de reducción que implica el análisis. Estos restos son desechos porque en sentido estricto uno ha querido deshacerse de ellos por el rechazo que le causaban y porque al ponerlos en palabras son restos poco asimilables por el discurso corriente, pequeñas basuras respecto a las cuales el pudor siempre pide cierto velamiento. Tampoco se puede hablar de curación en la medida que el síntoma no tiene porqué desaparecer, lo que cambia es la relación de sufrimiento que se tiene con él. El psicoanálisis es, pues, “menos un asunto de síntomas que un asunto de ser, curiosamente correlativo a un asunto de saber”.15 En la Nota Italiana 16 , Lacan pone una condición para que el analizante que ha terminado su análisis pueda pasar a ser analista: es necesario que surja el “deseo de saber”. Un deseo de saber “extraño”, dice Miller, ya que se le imputa al analista y no al analizante como se suele hacer.17 ¿Qué sabemos por Lacan y Miller de este deseo de saber del analista? 1.- No es el deseo de saber de la ciencia que atañe al saber en lo real traducido en significantes que se transmiten sin el sujeto, es el deseo de un saber inconsciente que se le supone al discurso del ser hablante y que tiene efectos en lo real. 2.- No es el deseo de saber de la docta ignorancia que sabiamente reconoce sus límites rebelándose contra las ambiciones de la ciencia

sobre la verdad, ya que el deseo de saber de la docta ignorancia retrocede ante el deseo y el goce. 3.- L a humanidad no quiere saber nada del saber que desea el psicoanálisis en tanto que implica lo reprimido, por eso el analista es un desecho de la humanidad y el saber del psicoanálisis queda al margen del saber constituido. 4.- El deseo de saber del analista surge de la caída de los amores con la verdad puesto que, para el inconsciente, no existe la verdad dispuesta a ser descubierta. La búsqueda de la verdad, sólo sirve para horadar el hueco en el que vendrá a alojarse el deseo de saber. 5.- E l deseo de saber implica un no saber por parte del analista. El analista no se define entonces por tener un saber, sino por poder sostener una ausencia de saber, a la vez que mantiene el deseo de ese saber que hay que inventar cada vez que es colocado en el lugar de supuesto saber por un sujeto. 6.- Para acceder a este deseo el analista debe haber circunscrito la causa de su propio horror a saber. Desde ese momento, según Lacan, el analista “sabe ser un desperdicio” 18 y, para que haya analista, esto debe llevarle al entusiasmo. Este saber ser un desperdicio se da, según Miller, en dos sentidos: el analista sabe que él es el desecho de su análisis y, por otro lado, sabe ser un desecho en la experiencia para otro sujeto. 7.- Este saber ser un desecho se sostiene en que s(A), la significación de saber, deja su lugar al objeto a, que se envuelve “con la pulsión por la que cada uno apunta al corazón y no se alcanza más que con un tiro que lo falla” y que “da soporte a las realizaciones más efectivas y también a las realizaciones más atractivas”.19 Para Miller esto se traduce en la subjetivación de la pulsión. 8.- E l saber en juego en el deseo de saber del analista es que no hay relación sexual que pueda ponerse en escritura.


Letras en la Ciudad

Japanese Calligraphy, Emmanouel V., 2005

Para el analista el psicoanálisis no tiene pues que ver con alcanzar la felicidad en cuanto homeostasis de placer, sino con este deseo de saber, del que Miller dice que “es para Lacan el nombre más propio, más adecuado del deseo del analista”.20 El deseo del analista vive

entonces en este deseo de saber en los límites de lo posible de saber y es lo único que el analista tiene para dar. Un deseo igual que el del analizante, pero “haciendo la salvedad de que es un deseo advertido” de que “no puede desear lo imposible”.21 El analista se compromete

así con una experiencia, con una praxis, con una ética en el mundo que habita que pone “en su cúspide la cuestión del deseo del analista”22 como un deseo que está por escribirse por cada analizante que deviene analista.  t

LA AUTORA Esperanza Molleda. A.P. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Email: molledafme@gmail.com

Referencias 1 S. Freud. “El malestar de la cultura” (1930). Alianza editorial, Madrid, 1990, p. 19. 2 J. Lacan. “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958), Escritos II. Siglo XXI editores, México, 2003, p. 594- 5. 3 H. Arendt. Sobre la revolución (1963). Alianza Editorial, El libro de Bolsillo, Madrid, 2004. 4  Ibíd., p. 30. 5  Ibíd., p. 30. 6  http://www.who.int/peh-emf/research/agenda/es/index.html. 7 H. Arendt. La condición humana (1958). Seix Barral, Barcelona, 1974. 8  Ibíd., p. 19. 9  Ibíd., p. 401. 10 S. Freud, “El malestar de la cultura”. Op. cit., p. 19. 11  Ibíd, p. 20. 12 J. Lacan. Seminario 17: El reverso del psicoanálisis (1969- 70). Paidós, Barcelona, 2008, p. 77. 13  http://www.who.int/features/factfiles/mental_health/es/index.html. 14 J.A. Miller, “La salvación por los desechos” en http://www.ebp.org.br/enapol/09/es/texto/jam.pdf. 15 J. A. Miller. El banquete de los analistas (1989-90). Paidós, Buenos Aires, 2000, p. 393. 16 J. Lacan, “La nota italiana” (1974) en http://elpsicoanalistalector.blogspot.com/2009/07/jacques-lacan-nota-italiana-abril-de.html. 17 J. A. Miller. El banquete de los analistas. Op. cit., p.395. 18 J. Lacan. “La nota italiana”. Op. cit., p. 3. 19  Ibíd., p. 3. 20 J. A. Miller. El banquete de los analistas. Op. cit., p.415. 21 J. Lacan. Seminario 7: La ética en el psicoanálisis (1959-60). Paidós, Barcelona, 2003, p. 358. 22 J . Lacan, “La dirección de la cura y los principios de su poder”. Op.cit., p. 595.

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Letras en la Ciudad

La mirada en Lacan y Sartre*

Textos: Sagrario Sánchez de Castro Imágenes: Jefferson Dutra Outi * Texto original de la autora.

“Si hay un otro, quienquiera que fuere, donde quiera que esté, cualesquiera que fueren sus relaciones conmigo, sin que actúe siquiera sobre mí sino por el puro surgimiento de su ser, tengo un afuera, tengo una naturaleza; mi caída original es la existencia del otro”. J.P. Sartre. El ser y la nada. El otro interior (...), ese otro que me agita en el seno de mi mismo (...), la extimidad mayor del objeto a (...), éxtima la mirada. J.A. Miller. Extimidad “El objeto misterioso, el objeto más escondido, el de la pulsión escópica”. J. Lacan. Seminario 11 “Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos”. Miguel Hernández Lacan cita a Jean-Paul Sartre como el autor que ha descrito el juego de la intersubjetividad y de la fenomenología de la aprehensión del 110 • Letr as, Enero-Abril 2011

otro de un modo magistral. Por ello, recomienda la lectura de El ser y la nada y considera la misma esencial para todo analista: “Esta es una obra que, desde el punto de vista filosófico, puede ser objeto de muchas críticas; pero indudablemente alcanza en esta descripción, aunque sólo fuese por su talento y brío, un momento especialmente convincente”.1 En El ser y la nada, dentro del capítulo dedicado a ‘La existencia del prójimo’, Sartre hace girar su análisis en torno al fenómeno de la mirada. Lacan lo cita en los Seminarios 1 y 11. En concreto, en el Seminario 1, el análisis sartriano se refiere a los temas que hacen a la emergencia del objeto humano en relación a los fenómenos de la vergüenza, el pudor, el prestigio y el miedo engendrados por la mirada. En el Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, la mirada adquiere una especial relevancia; Lacan le reserva cuatro capítulos,

y vuelve a citar a Sartre diciendo que su demostración en torno a la mirada es uno de los pasajes más brillantes de El ser y la nada. En el presente escrito se trata de desarrollar las citas de Lacan, utilizando algunos de los ejemplos que Sartre expone en El ser y la nada, e implicar a las mismas, sin tener en cuenta el orden lineal de aparición en los respectivos textos de Sartre y Lacan. Primer ejemplo “Estoy en una plaza pública (...) a cada instante el prójimo me mira”2 El primer ejemplo que se resume comienza diciendo: “Estoy en una plaza pública”. Sartre relata sus ejemplos en primera persona, en este artículo se seguirá esta misma línea de exposición para una más fácil comprensión del texto. Por tanto, “estoy en una plaza pública, veo césped, unos asientos y a un hombre que pasa cerca de ellos.


Letras en la Ciudad Conjeturo que es un hombre aunque, a esta distancia, podría ser un muñeco o un robot; pero eso no es probable”. Los términos de probabilidad y distancia son importantes en el análisis de Sartre, como veremos más adelante. Puedo establecer una relación aditiva con esos objetos; así puedo sumar el césped, más los bancos, más el hombre. Pero ese hombre, en una conversión radical que lo hace escapar de la objetividad, desaparecerá como objeto y yo lo captaré como persona. “La esencia de esta percepción, dice Sartre, debe referirse a una relación primera de mi conciencia con la del prójimo”. 3 Percibirlo como persona, en vez de como el objeto que apareció en un primer momento, suprime la relación de adición que había establecido con el césped y los bancos. Ya no puedo sumar a ese hombre con el resto de los objetos y me encuentro en una organización sin distancia. Sartre hace hincapié en el concepto de distancia, la mirada ajena niega las distancias propias del sujeto y desenvuelve sus propias distancias, equivale a una presencia sin distancia, de tal modo, que el sujeto experimenta la presencia sin distancia del prójimo. Se despliega desde el otro “una espacialidad que no es mi espacialidad, pues en vez de ser una agrupación hacia mí de los objetos, se trata de una orientación que me huye (....) todo un espacio íntegro se agrupa en torno al prójimo y este espacio está hecho con mi espacio”.4 Por tanto, la aparición de un hombre en mi universo supone la desintegración de mi universo, la desintegración de las relaciones que yo he aprendido entre los objetos de mi universo. ¿Cuál es esa relación primera de mi conciencia con el prójimo a la que nos hemos referido antes? ¿En qué consiste la presencia originaria de prójimo? Según Sartre el objeto humano no es asimilable a ningún otro objeto perceptible, en tanto es un objeto que me mira. La mirada del prójimo cambia las perspectivas de mi mundo, las reordena. Si el prójimo “ve lo que yo veo, mi 111 • Letr as, Enero-Abril 2011

“LO QUE NOS MIRA NUNCA SON OJOS, SINO UNA PRESENCIA DEL OTRO IMAGINADA” conexión fundamental con el prójimo-sujeto ha de poder reducirse a mi posibilidad permanente de ser visto por él (...) el “ser- visto- porotro” es la verdad del “ver- al- otro”. 5 Y Sartre resume: “La relación originaria entre mí y el prójimo no es solo una verdad ausente apuntada a través de la presencia concreta de un objeto en mi universo, es también una relación concreta y cotidiana de que hago experiencia a cada instante: a cada instante el prójimo me mira”. 5 Segundo ejemplo La mirada no es el ojo. El ojo es solo la manifestación de la mirada. El roce de unas ramas a nuestro paso, una ventana que se entreabre, el leve movimiento de unas cortinas, son ejemplos que cita Sartre como signos que indican, del mismo modo que los ojos, la presencia de la mirada. Por sí solos son ya ojos, pues basta con que esas circunstancias me signifiquen que algún otro puede estar allí. Pero esto no ha de confundirse en absoluto con la visión. Puedo sentirme mirado por alguien cuyos ojos, incluso cuya apariencia, ni siquiera veo. Captar una mirada es tomar conciencia de ser mirado. “Lo que capto inmediatamente cuando oigo crujir las ramas tras de mí no es que hay alguien, sino que soy vulnerable, que tengo un cuerpo capaz de ser herido, que ocupo un lugar y que no puedo en ningún caso evadirme del espacio en que estoy sin defensa; en suma, que soy visto”.6 Lacan interpreta este movimiento teórico de Sartre resumiéndolo en la siguiente frase: “No es una mirada vista, sino una mirada imaginada por mí en el campo del Otro (...) presencia del otro en tanto tal”.7

Tercer ejemplo El miedo. Supongamos que tengo la necesidad de esconderme, y he elegido para ello un rincón oscuro. Pero empiezo a dudar sobre la seguridad de mi escondite al pensar que el otro puede iluminar el rincón con su linterna. Esa posibilidad que acabo de captar está ahí, presente, aunque el otro esté ausente, y me provoca tal angustia que renuncio a ese escondite por considerarlo poco seguro. Es decir, la posibilidad de que me descubran la tengo presente, aunque no haya en la escena ningún otro. “Mis posibilidades son presentes a la conciencia irreflexiva en tanto que el otro me acecha (…) mi posibilidad de esconderme en el rincón se convierte en lo que el otro puede trascender hacia su posibilidad de identificarme, de desenmascararme, de aprehenderme”.8 Sigamos con la escena anterior: de pronto, el otro aparece con un arma, o dispuesto a dar la voz de alarma. Lo que me ocurra a mí depende de la actitud del otro, de si está dispuesto a apretar o no el gatillo, o a dar o no la voz de alarma, por tanto, “me entero de mis posibilidades desde afuera, (…) y así, en la brusca sacudida que me agita cuando capto la mirada ajena, ocurre que vivo una sutil alienación de todas mis posibilidades que se ordenan lejos de mí, en medio del mundo, con los objetos del mundo”.9 Cuarto ejemplo La presencia originaria del otro. “He creído que otro estaba presente en la habitación, pero me he engañado: no estaba ahí; estaba ausente”.10 ¿Qué es la ausencia para Sartre? No se puede decir que un paquete de tabaco está ausente. Se podría decir que “está ahí” o que “no está ahí”. Sin embargo, si se puede decir que Pedro, que vive habitualmente en este apartamento, está ausente en estos momentos, aunque no se diría que el Aga-Khan está ausente del apartamento de Pedro. A partir de estos ejemplos, Sartre explica que sólo la realidad humana está en relación a los sitios, a los


“ESE OTRO QUE ME MIRA, SE AGITA EN MI INTERIOR Y HACE PRESENTE A LA FUNCIÓN DEL DESEO, IRREDUCTIBLE A LA EXPERIENCIA INTERSUBJETIVA” lugares, según sus propias posibilidades. Y define la ausencia como “un modo de ser de la realidad humana con relación a los lugares y sitios que ella misma ha determinado con su presencia”.11 La ausencia de alguien debe determinarse en relación a un sitio donde él mismo debería determinarse a estar. Pero ese sitio no está determinado por la ubicación ni por relaciones solitarias entre el propio sujeto y el lugar, sino por otras realidades humanas. El sujeto está ausente en relación a otros hombres. Sartre pone el siguiente ejemplo: “la ausencia es un modo de ser concreto de Pedro con relación a Teresa, que está en este mundo. Solo con relación a Teresa Pedro está ausente de este lugar (…) que Pedro es ausente con respecto a Teresa, es una manera particular de estar presente. La ausencia, en efecto, no tiene significación a menos que todas las relaciones entre Pedro y Teresa estén salvaguardadas: si la ama, es su marido, asegura su subsistencia, etc. En particular, la ausencia supone la conservación de la existencia concreta de Pedro: la muerte no es la ausencia. Por ello, la distancia de Pedro a Teresa nada cambia del hecho fundamental de su presencia recíproca (…) donde quiera que Pedro esté sentirá que existe para Teresa sin distancia: ella está a distancia de él en la medida en que ella lo aleja y despliega una distancia entre ambos, el mundo entero la separa de él”.11 Según esto, cada uno de nosotros, haga lo que haga y dondequiera que vaya, no hace sino establecer y variar sus distancias con respecto al otro, se acerca o se aleja, toma rutas hacia el otro, de tal modo que “toda realidad humana está presente o ausente...(no por la presencia del prójimo-sujeto ante uno mismo, sino)... sobre el fondo de una presencia originaria con respecto a todo hombre viviente. 112 • Letr as, Enero-Abril 2011

Y esta presencia originaria no puede tener sentido sino como “ser-mirado” o como “ser-que-mira”.12 Quinto ejemplo Soy mirado. La vergüenza me revela la mirada del otro. Imaginemos que por celos, por vicio, estoy mirando por el ojo de una cerradura y, de pronto, oigo pasos en el corredor: me miran. A partir de ese momento, según Sartre, el sujeto ya es algo distinto, en tanto se siente devenir en objeto para la mirada del otro. Como hemos visto, lo que nos mira nunca son ojos, sino una presencia del otro imaginada. La vergüenza que siente el sujeto le revela la mirada del prójimo y a él mismo en el extremo de esa mirada (algo que también vale para el orgullo). La vergüenza es el reconocimiento de que, efectivamente, el sujeto es ese objeto que otro mira y juzga. Por tanto, la vergüenza pura no es el sentimiento de ser alguien reprensible, sino de reconocerse en ese ser dependiente y degradado por el otro. “La vergüenza es el sentimiento de caída original, no de haber cometido una determinada falta sino, simplemente, de estar caído en el mundo, en medio de las cosas y de necesitar la mediación ajena para ser lo que soy. El pudor y, en particular, el temor de ser sorprendido en estado de desnudez, no son sino una especificación simbólica de la vergüenza original: el cuerpo significa en este caso nuestra objectidad sin defensa”.13 Para terminar El sujeto que se sostiene en una función de deseo. Sartre afirma: “La experiencia de mí condición de hombre, objeto para todos los hombres vivientes, arrojado en la arena bajo millones de miradas y escapándome a mímismo millones de veces, la

realizo concretamente con ocasión del surgimiento de un objeto en mi universo, si este objeto me indica que soy probablemente objeto en el momento actual a título de un estado diferenciado para una conciencia. Es el conjunto del fenómeno que llamamos mirada”.14 Ahora bien, Lacan señala que no es suficiente lo dicho para saber lo que la mirada entraña, no basta la relación sujeto a sujeto, ni la función de la existencia del otro en tanto que me mira: “La mirada sólo se interpone en la medida misma en que el que se siente sorprendido por la misma, no es el sujeto anonadante correlativo del mundo de la objetividad, sino el sujeto que se sostiene en una función de deseo”.15 Aquí comienza, lo que sin duda podemos denominar la crítica lacaniana a la función de la intersubjetividad en Sartre. Sartre, a pesar de que capta la experiencia de la mirada en su radical otredad, aún se mantiene en el espacio de la intersubjetividad. Este espacio todavía no reconoce en Sartre lo que para Lacan va a constituir la función éxtima del deseo. Ese Otro que me mira, se agita en mi interior y hace presente a la función del deseo, irreductible a la experiencia intersubjetiva.  t LA AUTORA Sagrario Sánchez. Psicoanalista en Madrid. Socia de la Sede de Madrid-ELP. Email: sagrariosch@gmail.com

Referencias 1 J. Lacan. Seminario 1. Paidós, Buenos Aires, 2007, pg. 313 2 J.P. Sartre. El Ser y la nada. Losada, Buenos Aires, 1966, pg. 356 y 360 3  Ibid., pg. 355 4  Ibid., pg. 357 5  Ibid., pg. 360 6  Ibid., pg. 362 7 J. Lacan, Seminario 11. Paidós, Buenos Aires, 2008, pg. 25 8 J.P. Sartre. Op.cit., pg. 369 9  Ibíd., pg. 369 y 370 10  Ibid., pg. 386 11  Ibíd., pg. 387 12  Ibíd., pg. 389 13  Ibíd., pg. 401 14  Ibíd., pg. 391 15 J. Lacan. Seminario 11. Paidós, Buenos Aires, 2008, pg. 92

Imágen página siguiente, The Samurai Museum, Jefferson Dutra Outi, 2007 / Tokyo Sign, Edo-Tokyo Museum

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“El lugar del psicoanálisis en la medicina es extraterritorial debido tanto a los médicos como a los psicoanalistas. La cuestión del goce del cuerpo es contigua a las dos disciplinas. Al olvidarlo, la medicina misma desaparecerá finalmente en las tecnociencias, si ella no se esclarece por el psicoanálisis. A la inversa si los psicoanalistas no se preocupan por este campo de lo real, qué serán entonces sino psicoterapeutas miedosos?” — Jacques Lacan —

“El lugar del psicoanálisis en la medicina” 1966.

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