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La educación en virtudes Advertencia: Recordemos que nadie nace padre, a ser padre se aprende durante toda la vida. Como padres debemos dar a nuestros hijos, ante todo, bases sólidas para la vida. Las bases durables, permanentes, genuinas, no son las que se sostienen en conductas ocasionales o de compromiso, sino las que nacen de las convicciones y de los principios. El primer ejemplo del padre al hijo es la conducta cotidiana; los hijos nos ven actuar siempre y acumulan ese patrón de por vida. Ninguna palabra de consejo o de amonestación podrá más de una acción correcta. La familia es el primer y fundamental espacio educativo; pero ¿qué enseña? Pues, enseña ni más ni menos que la virtud. En la familia se aprende a ser bueno, así de simple. ¿Cómo podemos definir la virtud, un término hoy tan dejado de lado por otros más modernos o de moda? La virtud es un hábito bueno adquirido, no tenido por naturaleza, pero logrado con esfuerzo. Todos tenemos cualidades y podemos convertirlas en virtudes. De hecho, la vida es el camino de adquisición y fortalecimiento de las virtudes humanas y se considera que alguien ha madurado cuando es capaz de ejercer armónicamente las virtudes. Éstas, en el ejercicio de la vida social, llevan a la concordia; pensemos, si no, en la prudencia, la templanza, la solidaridad, la piedad, la justicia y cuánto las necesitaríamos activas en la sociedad de hoy. Familia y virtud

metas e ideales, se consolidan entre ambas.

En el mundo de oposiciones y relativismo que nos rodea, pocos lugares firmes para formar la personalidad de los niños y jóvenes. El primero, natural y obligado, es la familia; el segundo, subalterno y solidario, es la institución educativa. Lo permanente de la personalidad, las

Sin la acción constante y segura de los padres es incierto -o al menos se obstaculiza mucho- el desarrollo de las virtudes de los hijos. Pero ¿cómo se ponen objetivos concretos y verificables para edificar la gran obra de forjar virtudes y entregarlas para la vida presente y futura?


Veamos algunas pautas: 1- Los objetivos de la educación tienen que ser, ante todo, comunes a toda la familia, no arrojar contradicciones o dudas. La coherencia forma, la contradicción genera sospecha y rechazo. 2- Los principios y los consejos deben nacer de convicciones íntimas, si no, no se podrán sostener en el tiempo. Si queremos enseñar la solidaridad, debemos alimentarla, no podemos mostrarnos egoístas, discriminar, omitir. 3- Estar atentos a aprovechar los eventos simples de la vida cotidiana para formular ejemplos y extraer experiencia; no se deben fabricar situaciones artificiales para educar, sino aprovechar las circunstancias naturales de la familia. 4- Se estimula al ejercicio de la virtud cuando hay motivación personal, no cuando hay imposición externa. Hay que fomentar acciones buenas por amor, por agradecimiento, por generosidad; siempre por un factor positivo, nunca por temor u obligación. Por ejemplo, ordenar el cuarto por ayudar a mamá que tiene mucha tarea, no a la espera de un premio. El premio debe ser hacer el bien. 5- La adquisición y consolidación de un hábito no puede estar aislados; los hábitos buenos se sostienen entre sí. Vale decir, si queremos enseñar el orden en un niño, no puede estar desvinculado de la higiene, de la disciplina escolar, de la pulcritud, entre otros. 6- Los hábitos deben repetirse para afianzarse; a la motivación debe añadirse la exigencia, de lo contrario, la naturaleza humana tenderá al menor esfuerzo, a la pereza, a no sostener la voluntad. 7- No hay un modelo de persona virtuosa, sino que cada ser humano, cada hijo, tiene distintas cualidades para desarrollar y los padres y maestros deben observar y potenciar esto. De ello resultará una sociedad enriquecida con el aporte individual y único de cada persona, orientada hacia su perfeccionamiento. Edades de los hijos y virtudes para fomentar Es posible priorizar virtudes acordes a la edad de crecimiento de los hijos, teniendo en cuenta el desarrollo psíquico y emocional. David Isaacs, en su importante obra “Educación de las Virtudes Humanas” recomienda tener en cuenta diversos factores, tales como:

1- Los rasgos estructurales de cada edad. 2- La naturaleza de cada virtud. 3- Las características y posibilidades reales de cada hijo. 4- Las características y necesidades de la familia y de la sociedad en que viven los hijos.


5- Las preferencias y capacidades personales de los padres.

Hasta 7 años:

A partir de 13-15 años:

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Obediencia Orden Sinceridad

Pudor Sobriedad Respeto

A partir de 8-12 años:

Desde los16-18 años:

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Laboriosidad Responsabilidad Justicia

Humildad Lealtad Comprensión

Conclusión ¿Cómo formar estas virtudes? a) b) c) d)

Exigir con convicción, amor y firmeza. Exigir pocas cosas por vez, no una suma imposible de cumplir. Dar indicaciones claras, ayudar y ejemplificar. Confiar y perseverar.


Educación en Virtudes - Escuela para Padres