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- Curso 4: Formaci贸n del Lector

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Unidad 3

Unidad

El lector y su entorno Ms. Patricia Osorio Dom铆nguez Paso 1.- Ver videoconferencia

Paso 2.- Lea texto de esta unidad

Paso 3.- Realice actividad

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Unidad 3

3.1 Ambientes para la lectura1 La lectura, como actividad compleja que debería iniciarse, como dijimos, a través de la animación, nos demanda ambientes favorables para su mejor desarrollo. En los últimos años se escucha con frecuencia acerca del “ambiente alfabetizador”, como una de las estrategias básicas para apoyar a los niños y niñas (inicialmente, luego servirá para todo tipo de lector) en su proceso de aprendizaje de la lectura y la escritura. Cuando se hace referencia al ambiente alfabetizador, se habla del contexto inmediato del niño que promueve una actitud positiva hacia la lengua escrita y que favorece el aprendizaje de la lectura y la escritura. El ambiente alfabetizador considera dos elementos importantes: los objetos materiales de lectura y escritura y las relaciones sociales que establecemos al emplear estos objetos y materiales.

Ambiente alfabetizador

Objetos materiales de lectura y escritura

Relaciones sociales que se establecen

En primer lugar, construir un ambiente alfabetizador tiene que ver con que los niños tengan cerca de ellos cosas para leer y escribir; es decir, muchos tipos de textos (revistas, diarios, libros, notas, cartas) y otros objetos auxiliares de la lectura y escritura (papel, lápiz, sobres, goma, sacapuntas, señalador de páginas). En segundo lugar, tiene que ver con que los 1

Proyecto Centro de Excelencia en la Capacitación de Maestros. Universidad Peruana Cayetano Heredia. FAEDU-USAID, 2002-2006.

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niños observen a otras personas usar los objetos de lectura con confianza para lograr un propósito, y a su vez, que ellos reciban el estímulo amoroso para interactuar libremente y sin miedo con estos objetos. Pero ¿por qué es importante el ambiente alfabetizador? El ambiente alfabetizador provee de sentido a los actos de lectura y escritura. En un ambiente alfabetizador, leer y escribir para los niños se transforma en algo cercano que las personas usan para variados propósitos de la vida diaria. El ambiente alfabetizador contempla cuatro ámbitos de trabajo: el aula, la escuela, la familia y la comunidad. Es por lo tanto, una responsabilidad compartida entre el maestro, las autoridades educativas, los padres y los líderes de la comunidad. El trabajo conjunto desde estos cuatro ámbitos genera el mayor impacto positivo en el desarrollo de las habilidades de los niños. Sin embargo, las primeras experiencias del aula y el hogar proveen oportunidades únicas para nutrir el conocimiento y la curiosidad infantil sobre el mundo escrito. En esta primera etapa vamos a trabajar estos dos ámbitos. La situación de comunicación Para la creación del ambiente del aula se debe tomar en cuenta dos principios fundamentales: la situación de comunicación y la utilización del texto. La situación de comunicación escrita contiene los siguientes elementos: un autor (el emisor), un lector (el destinatario), un texto (que contiene el mensaje y otras señales) y un propósito. Distintos autores han señalado que muchas veces en la escuela hacemos ejercicios de lectura y de escritura que no tienen sentido más allá del aula. El niño realiza estas actividades porque el maestro se lo pide (copiar del pizarrón, leer un texto que no entiende, hacer una composición) y el maestro se lo pide para poder cumplir con un propósito escolar (poner nota, informar a la directora, preparar el acto cívico). Las actividades no son reales porque sólo ocurren en la escuela y no se conectan con lo que ocurre fuera de ella. Para superar esta situación se propone que las actividades de lectura y escritura se den en situaciones reales de comunicación. Es decir, que el niño lea y escriba con un propósito claro, un destinatario de verdad, un mensaje a entregar y un/os autor/es activos. Por ejemplo,

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el niño puede simplemente copiar de la pizarra una definición de qué es una receta, o puede leer una receta de una ensalada de frutas y prepararla de verdad en el aula para el cumpleaños de un compañero. Las estrategias elegidas para crear el ambiente alfabetizador en el aula están orientadas a crear y aprovechar situaciones reales de comunicación, en las cuales se usar los textos escritos. Utilización de textos Esta es una de las orientaciones que recibimos con más frecuencia cuando preguntamos por nuevas estrategias didácticas para enseñar a leer y escribir. Entones nos preguntamos: ¿qué es un texto? El texto es concebido como una unidad semántica del discurso, que se manifiesta como una totalidad en una situación comunicativa real y efectiva. Como tal se define por su textura, es decir, por aquella propiedad que hace que un texto sea tal. Cada lengua posee sus propios recursos para dar textura, los que se relacionan con la coherencia y cohesión (1). Por ejemplo una carta sirve para comunicar algo a una persona que está ausente; una noticia publicada en el periódico sirve para informar de algo a los lectores; un poema sirve para expresar sentimientos que tenemos, por ejemplo, amor hacia nuestra madre o

nuestro hijo, o

sentimientos de rabia y dolor ante una injusticia... Existen muchos tipos de textos, un informe, una conversación, un comunicado por radio, el discurso de un dirigente, una receta, un cuento oral, un cuento escrito, el letrero con el nombre de una tienda, un afiche de propaganda política, la placa de un carro, una lista de mercado, recibos de préstamos, de compra, una factura, la planificación de clases, etc. Los textos surgen de una necesidad y responden a un propósito concreto; tienen una función social. A veces los textos se usan espontáneamente y otras veces, no. En ambos casos, se habla de un texto auténtico cuando forma parte de una situación de comunicación y es necesario para un propósito concreto; es decir, necesitamos el texto para un fin específico.

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Tipos de texto Existen diferentes clasificaciones de tipos de textos. Proponemos la clasificación que hace Cassanny y otros (1998) que nos parece más funcional y orientadora. TIPOS DE TEXTO Conversación

ASUNTO 

Lenguaje transaccional. Diálogo discusiones, etc.

Lo encontramos en los usos orales cotidianos y en algunos textos escritos (teatro, novela …).

Descripción

De personas físicas y psíquicas, de paisajes, objetos, etc.

La encontramos en textos orales y escritos: monólogos, discursos, postales, noticias, cartas, etc.

Narración

De hechos, historias; biografías, procesos, etc.

Podemos encontrarla en textos orales y escritos: cuentos, noticias, historiografía.

Instrucción

Ordenes, exhortaciones, obligaciones, etc.

Podemos encontrarla en recetas de cocina, instrucciones de uso de aparatos, conversaciones orales cotidianas, etc.

Predicción

Previsiones de futuro, textos prospectivos, etc.

Podemos encontrarla en horóscopos, boletines meteorológicos, previsiones económicas, etc.

Explicación

Definiciones, exposiciones, etc.

Podemos encontrarla en manuales, tratados, conferencias, libros de texto, etc.

Argumentación

Defensas y acusaciones, críticas artísticas, opiniones, etc.

Podemos encontrarlas en discursos orales (conferencias, exposiciones) y escritos (cartas al director, artículos de opinión, etc.)

Retórica

Función estética.

Conversaciones cotidianas, cartas, poemas, etc.

Tomado de Enseñar lengua. Cassany y otros. GRAO, Barcelona, 4ta. Edición. 1998

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Interactuar con textos escritos permite que los niños construyan y conozcan la lengua escrita según las funciones que cumple en la vida cotidiana. La presencia de libros, revistas, suplementos, periódicos, carteles, rótulos, textos dictados por los niños y escritos por el docente, permite concretar este ambiente lector. La importancia de trabajar con los textos es doble. Por un lado se propone comenzar el trabajo de lectura y escritura en estas unidades de sentido y luego concentrarse en algunos elementos que componen el texto (frases, palabras, letras) para lograr los aprendizajes de decodificación y codificación. Por otro lado, se plantea que el niño se dé cuenta de que existen muchos tipos de textos para leer y escribir, y que cada uno requiere una forma distinta de acercarse a él; leer y escribir son, por lo tanto, aprendizajes para toda la vida. El Proyecto Centro Andino de Excelencia en la Capacitación de Maestros (Centro Andino) planteaba tres estrategias iniciales para crear el ambiente alfabetizador: el textuado del aula, la biblioteca de aula y el trabajo con el texto. a. Textuado del aula Textuar el aula es propiciar un ambiente donde se puedan tener a la mano y/o ante la vista de todos, los textos surgidos en la vida diaria del curso. No son rótulos ni etiquetas que nombran cosas que hay en el aula, sino textos que se han utilizado o producido en el trabajo con los alumnos. Se encuentran en las paredes, en los rincones, en sus carpetas o archivadores (portafolios), en la biblioteca del aula…dondequiera que sea más conveniente para el grupo en un momento determinado. Veamos algunos de los textos más útiles, que se pueden construir poco a poco con los niños. b. Biblioteca de aula La biblioteca de aula es el espacio donde se organizan una colección de textos que se encuentran al alcance de los niños. Es un espacio activo y dinámico donde los niños buscan información, leen para recrearse y pueden acceder libremente a los textos. Es, además, cómodo y atractivo para el lector. Para armar la biblioteca del aula le sugerimos los siguientes pasos:

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Consultar a los niños el lugar apropiado para ubicar la biblioteca de aula. Hay que considerar que debe ser un lugar protegido de la lluvia y el sol, lejos de las ventanas.

En caso de no haber estantes se sugiere organizar una jornada de trabajo con los padres para fabricarlos. Si no es posible usar estantes (por ejemplo debido a que la sala se comparte con otro curso), se pueden utilizar cajones de madera y/o cartón para organizar los libros. De esta forma se construye una biblioteca móvil.

Recuperar los libros que ya posea la escuela (otorgados por el Ministerio de Educación u otras instancias).

Determinar un tiempo y una forma para obtener más libros, tratando de buscar libros de cuentos, revistas, libros donde predomine la imagen, periódicos infantiles y otros. Por ejemplo, se puede organizar una rifa donde el derecho al número sea un libro.

Se sugiere que en la reunión de inicio de año, explique Ud. a los padres de familia acerca de la importancia de la biblioteca de aula, el uso y cuidado de los libros dentro y fuera del aula, comprometiendo a los padres a ayudar a los niños en el cuidado de los libros en la casa.

Ordenar los libros de la biblioteca por tipo de texto: cuentos, revistas, periódicos.

Para instalar la biblioteca de aula se requiere trabajar con los niños una media jornada, orientándolos sobre la utilidad de tener una biblioteca y poniéndose de acuerdo acerca de la forma de organizarla y la forma en que se deben utilizar los libros. Dejar en forma escrita las normas de la biblioteca.

Elaborar participativamente las fichas bibliográficas para cada libro.

Se puede aprovechar la oportunidad para trabajar con los niños las partes de los libros:

- Cubierta: tapa de la encuadernación de un libro - Lomo: canto de la encuadernación de un libro - Contratapa: puede ofrecer el resumen de la temática abordada en el libro. - Portada: página del libro que lleva un título completo y otros datos. - Tomo: parte de una obra publicada con varias encuadernaciones, separadas, ejemplo una enciclopedia

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c. Trabajo con el texto Para trabajar con variados tipos de textos, podemos realizar la siguiente actividad: 1. Recolectar varios tipos de textos como: etiquetas de envases, envolturas de caramelos, folletos, recibos, afiches, cuentos, invitaciones, cartas. 2. Elaborar un cuadro para clasificar los textos según su función comunicativa, de acuerdo al curso y nivel de aprendizaje.

Tipo de texto

Nombre del texto

Literario

Cuento

Instructivo

Receta

Emisor

Receptor

(quien manda)

(quien recibe)

3. Seleccionar los textos según su formato y guardarlos en cajas con separadores.

3.2 Agentes que apoyan la lectura Como bien sabemos, muchas cosas ocurren antes de la escuela que tienen importancia para los aprendizajes posteriores. Por eso, es importante responder a la siguiente pregunta: ¿Qué características tiene un ambiente alfabetizador en el hogar? ¿Quiénes son los primeros modelos o agentes de apoyo a la lectura y escritura? Lo ideal es contar con las siguientes situaciones en el hogar: 

En la casa hay libros, revista y otros tipos de textos

Los niños tienen algunos libros propios

Hay papel y lápiz para que el niño use cuando tenga deseos de hacerlo

El niño puede ver a su mamá, papá o hermanos leer con gusto

Los adultos y los niños comparten algunas actividades de lectura y escritura

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Se anima a los niños en sus intentos de leer y escribir

Los adultos están atentos a las necesidades e intereses de los niños

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Un hogar alfabetizador es muy importante pues distintos estudios muestran que los niños que escuchan cuentos leídos, juegan con lápiz y papel, observan a sus mamás, papás o hermanos leer por gusto y manipulan libros, tienen más facilidad para aprender a leer y escribir. La razón es que manipular textos escritos y observar a las personas en situaciones auténticas relacionarse con estos textos, les permite construir conceptos sobre la lengua escrita y las funciones que cumple en la vida cotidiana. Sabemos que muchos niños llegan a la escuela sin haber tenido la oportunidad de jugar con lápiz y papel, escuchar cuentos leídos o manipular libros propios. En general, los padres trabajan largas horas y no disponen de mucho tiempo para estas actividades. Inclusive la costumbre extendida en las familias andinas, herederas de una rica tradición oral de contar cuentos y anécdotas se pierde al migrar a zonas distintas; debido, principalmente, a prejuicios y estereotipos de la vida en las ciudades. Sin embargo, esto no significa que los niños no puedan aprender a leer y escribir, por el contrario, presenta al docente la oportunidad de ayudar al niño a descubrir muchos elementos del mundo escrito que despertarán la curiosidad y atención del niño. El propósito de crear éste ambiente en el aula es brindar condiciones alfabetizantes que permitan compensar la falta de interacción previa con el mundo escrito. Además de esto, los docentes tienen la responsabilidad de orientar a los padres para crear condiciones que contribuyan a desarrollar las habilidades de lectura y escritura. A continuación hay algunas sugerencias que usted puede compartir con los padres para ayudar a sus niños a leer y escribir. Otros agentes En la escuela, serán los directivos, docentes del aula y docentes en general, administrativos y compañeros, quienes asuman el rol de modelos y animadores de lectura.

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La estrategia más eficaz y eficiente es trabajar en equipo y formarse en colaboración para las tareas de animación lectora. Padres y docentes pueden desarrollar su propio proceso de formación como lectores y animadores a la lectura de sus hijos y estudiantes. El éxito escolar, la familia y el hábito de la lectura En nuestra experiencia educativa, todos, en algún momento, hemos deseado saber cuál es la forma o método para poder alcanzar el éxito en la escuela pues lo consideramos el primer escalón al triunfo, la aceptación, la admiración y el reconocimiento. Es así que el abordaje de este tema representa un gran compromiso para la educación y la sociedad peruana, pues son innumerables las razones que vinculan el éxito alcanzando en la escuela y el logro de mejores condiciones de vida para establecer una sociedad con sujetos autónomos, solidarios, comunicativos, críticos, íntegros, sociables, libres y con sentido ético (cf. Oliveros 2000:25). Sin embargo, este ideal educativo que debiera asumir la escuela no es una tarea de fácil alcance, en tanto que debemos reconocer que los niños en su formación educativa establecen diferentes estrategias individuales para lograr desarrollar diversas competencias y habilidades como son: los conocimientos y aprendizajes en diversas áreas del saber, la formación de valores y criterios para orientar su comportamiento en situaciones adversas, el fortalecimiento de habilidades para trabajar en equipo y resolver conflictos en forma efectiva, la organización de hábitos para el trabajo y el afianzar su identidad cultural y compromiso social. Por supuesto, no todos estos objetivos se cumplen en la etapa escolar, en este sentido, reconocemos que alcanzar el éxito educativo significa más que obtener buenas notas y aprobar una materia; debiera ser reconocido como una meta sumativa de largo plazo, donde se integran innumerables factores; sin embargo, deseo presentarles algunos aspectos que considero de mayor prioridad y efectividad, estos son el rol del maestro, la familia y el hábito de la lectura.

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Si nos detenemos en el rol del docente, puedo señalar que la calidad de la relación que logre establecer el maestro con sus alumnos dentro de la escuela, puede influir poderosamente en el desarrollo intelectual y social del niño en formación. En muchas ocasiones el impartir conocimientos científicos, históricos, sociales, entre otros; en forma gradual, motivante y organizada, cautivará al niño despertando su deseo de aprender. Para este fin es importante saber escuchar y atender con paciencia sus necesidades, aceptando de forma asertiva sus diferentes estilos de aprendizaje. Al respecto Jorge Jaramillo en el libro Familia y Colegio2 afirma: El desarrollo intelectual es ante todo una construcción personal de rigor para los niños, a la cual pueden contribuir significativamente padres y maestros, a través de lo que enseñan, pero sobre todo brindando oportunidades organizadas de aprendizaje que abarquen sus intereses y constituyan un desafío a su capacidad de comprensión3. Según la propuesta de Jaramillo hay dos factores trascendentes que me gustaría resaltar para su aplicación en el aula, son el hábito de la organización y la rigurosidad. Fomentar el hábito de la organización es una valiosa tarea para el maestro y padres, puesto que el pequeño aprenderá cómo adquirir la capacidad de actuar, tratando de regular convenientemente los patrones de conducta y habilidades para la convivencia en función a sus deberes adquiridos en el hogar y en la escuela. Es valioso enseñarles a distribuir su tiempo correctamente porque les permitirá comportarse en forma organizada y establecerse metas de corto o largo alcance que deberán ser alentadas y monitoreadas por los padres y maestros. Cuando hablamos de la rigurosidad es conveniente explicar y negociar el beneficio que representa para el niño cuando la práctica, ya que le ayudará a fortalecer en forma reflexiva la autonomía, el compromiso y respeto ante sus obligaciones y funciones. Ésta despertará en ellos

la importancia ante la iniciativa propia, como un bien interno; de este modo, la

rigurosidad contribuirá a fortalecer la capacidad de observar, analizar críticamente, comprender y evaluar sus decisiones alcanzando mayor nivel madurativo.

2 3

JARAMILLO, Jorge. Familia y Colegio. Editorial Norma. 2002 Ídem

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Finalmente, es necesario ayudarles a reconocer por qué y para qué sirve esforzarse y sacrificarse por metas o ideales éticos, positivos y duraderos. Cuando el maestro alienta la práctica de la organización y la rigurosidad desde las aulas, puede, de forma más fácil, incentivar el ejercicio del hábito lector como un objetivo que brinda grandes beneficios para alcanzar el éxito en la escuela. Para esto es necesario demostrar que él valora la lectura como un asunto importante, divertido y significativo. Debe dedicar tiempo en las aulas para hablar con pasión de un libro, ciertamente, deleitará con sus historias y suscitará el interés por seguir sus pasos. Ante esta encomiable tarea, el niño no debe estar solo, pues necesita el refuerzo y respaldo imprescindible de los padres para fortalecer en ellos la atracción a la lectura desde el hogar. Cuando hablamos del hogar,

es necesario recordar que la mayoría de hábitos,

costumbres y creencias que adquiere el niño surgen del contexto familiar; de esta manera, puedo afirmar sin lugar a dudas, que es en el hogar donde se inserta en los niños las primeras experiencias educativas para determinar el éxito educativo, además son los padres con frecuencia quienes tienen un conocimiento más profundo de las potencialidades y debilidades de su hijo. Es allí donde el niño adquiere los fundamentos básicos de lo que serán los sentimientos de logro y autoconfianza para su comportamiento personal y social. Gran parte de la motivación escolar que ellos necesitan depende del grado de interés, cariño y confianza que expresen los padres ante las experiencias educativas de sus hijos (cf. Chadwick y Fuhrmann 1997:164) Una de las actividades que se debe incluir en la rutina familiar es la lectura, considerada el núcleo o corazón del aprendizaje (cf. Benda 2006:14) porque representa la experiencia educativa más cercana al éxito escolar. Cabe considerar que, por medio de libros fundamentales, conocerá lo que ocurre en el mundo y comprenderá a los demás para elaborar sus propios significados, valores culturales y sociales.

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El hogar es el espacio donde se forma al lector, se va logrando paso a paso, siempre que se convierta en una actividad placentera, deleitable y amorosa. Es necesario que se inculque el amor hacia la lectura, antes de pensar en habilidades y destrezas. Cuando hablamos de promover la lectura en el hogar puedo citar a Ruth Alina Barrios quien nos dice al respecto: La promoción de la lectura en el hogar es una tarea sencilla si en ella se pone una buena dosis de ternura y afecto, de imaginación y de juego, así como una actitud adulta y bien informada, para orientar a niños y jóvenes en la búsqueda de respuestas. (cf. Barrios 2006:10) Siguiendo este planteamiento podemos asociar dos aspectos que interactúan en forma dinámica para fortalecer el hábito lector desde el hogar; uno, es la actitud cariñosa e interesada de los padres en disfrutar del texto y el otro, es la manifestación afectiva que puede representar este hecho para ambos; en consecuencia, se establece entre padre, madre e hijo una complicidad que los une e identifica, al compartir ese único momento en la intimidad del hogar. Para estimular desde el hogar el hábito lector es imprescindible el contacto cercano de los niños con los libros, por consiguiente deben tener acceso a bibliotecas familiares donde puedan

textos y pequeñas

seleccionar lecturas diversas, según su interés y

preferencia. Muchas veces podemos empezar con textos de tipo entretenimiento, para luego introducirlos en textos cada vez más complejos. Entre las recomendaciones que pueden ser acogidas por los padres, familiares y maestros puedo mencionar: 1. Establecer unos minutos diarios para disfrutar de un cuento, fragmento o texto de interés para el pequeño. (Para iniciar puede ser 3 veces por semana 10 minutos). No olvidar establecer un clima familiar plácido y amoroso (Clemente 2004:10). 2. La lectura con acompañamiento familiar debe ser planificada y organizada por los padres previamente, con responsabilidad y cariño, en respuesta al doble significado

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que representa para el niño el contacto con el libro, sus personajes y la historia, y otro con aquel que ha sido tan amable de compartir con él un cuento. 3. Durante el acompañamiento de la lectura, el padre puede pedirle intercambiar secuencias de lecturas de párrafos en voz alta, demostrándole interés y entusiasmo al escucharlo leer. A pesar de reconocer serios errores, los padres deben expresar una conducta alentadora y estimulante. 4. Es recomendable para el desarrollo de la habilidad lectora recurrir a ciertos materiales accesorios como: diccionario, resaltador, cuaderno de apuntes, colores, etc. (puede ser considerada por el pequeño una aventura artística dibujar luego de escuchar el relato de un cuento). 5. Contar y leer cuentos por la noche es una maravillosa experiencia requerida por los niños a sus padres, luego de elegir el cuento podrán oír historias e imaginar situaciones fantásticas hasta quedarse dormidos para soñar muchas veces abrigados y acurrucados con el calor del amor maternal o paternal.

Son estas algunas sugerencias útiles para guiar a los padres y maestros en la formación lectora de sus hijos y lograr con dedicación afianzar las bases de la vocación por la lectura, considerando que es un hábito que requiere tiempo, esfuerzo y entusiasmo para su asimilación.

Finalmente, resultan indiscutibles los grandes beneficios que acompañan la ejercitación de la lectura en la familia y escuela, porque no sólo prepara al niño para alcanzar el éxito escolar, sino que establece un vínculo generacional con grandes beneficios familiares, sociales y culturales que perdurarán toda la vida. Y siempre había alguien allí, muy cerca, en la intimidad más deliciosa, en la comunión más placentera. Era su voz la que nos ofrecía el dulce torrente de palabras que narraban hechos prodigiosos. Gisbert, 2002

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Textos Complementarios

Pero ¿Y qué buscan nuestros niños en sus libros? de Michèle Petit. Lecturas sobre lecturas/2. CONACULTA, México D.F, 2002

EL ESPACIO DE LA LECTURA El primer aspecto que me gustaría evocar, tal vez porque es la base de todo lo demás, es que la lectura puede ser, a cualquier edad, un camino privilegiado para elaborar o mantener un espacio propio, un espacio íntimo, privado. Lo que dicen los lectores es precisamente eso: la lectura, y sobre todo la lectura de obras literarias, permite elaborar un espacio propio, es una “habitación propia”, para usar las palabras de Virginia Wolf, incluso en contextos donde no paree haber ninguna posibilidad de tener un espacio personal, íntimo. Escuchemos, por ejemplo, a Agiba. Agiba tiene dieciséis años, vive en una familia bastante tradicional, y trata de librarse del destino doméstico al que se siente obligada. Desde la infancia tiene un refugio: la biblioteca, la lectura: “Tenía un secreto personal era mi universo propio. Mis imágenes, mis libros, y todo eso. Mi mundo propio está en los sueños”. Escuchemos a Ridha. Tiene unos veinte años, sus padres llegaron de Argelia en la década de los sesenta, no saben leer ni escribir. Vive en el este de Francia, donde siempre ha habilitado en un barrio separado de la ciudad por un inmenso cuartel. Un barrio donde la única instalación pública que hay es una pequeña biblioteca. Allí fue donde, durante su infancia, Ridha tuvo la impresión de que algo se abría: “… leía El libro de la selva, también me gustaba Tarzán; me acuerdo bien de que subía a los árboles y hacía ´A, aaa, aaa´, y después mi carnalita salía y hacía ´a, aaa, aaa´. Y a mí eso me gustaba porque El libro de la selva es un poco arreglárselas en la selva. Es el hombre que, gracias a su energía, logra siempre dominar las cosas. También estaba la idea de combatividad… la selva en sí misma no me gustaba. El león es tal vez el patrón que no quiere contratarte o la gente que no te quiere, etcétera. Y Mowgli se construye una cabaña, un pequeño hogar y de hecho pone sus marcas. Se delimita. Así se ve perfectamente que el ser no es únicamente su cuerpo, sino que va más allá. Necesita espacio y este espacio también es él. Es algo como sus puntos de referencia”.

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A oír a lectores de diferentes categorías sociales evocar su experiencia de la lectura y la biblioteca, muy pronto me sorprendió con cuánta frecuencia recurrían a metáforas espaciales, y fue algo que volví a encontrar a lo largo de todas mis investigaciones. La lectura se asocia así a la construcción de una cabaña en la selva, de una cabaña en una isla, a un paisaje que se esboza, a un escondite de papel, a un castillo en tierras lejanas, etcétera. Cosas, todas, que se encuentran en los recuerdos de muchos escritores. Si seguimos a estos lectores, lo esencial de la experiencia de la lectura es tal vez esto: a partir de imágenes o de fragmentos sacados de libros, se puede dibujar un espacio, un paisaje, un lugar, un habitáculo. Un espacio íntimo, personal, secreto, y sin embargo ligado por una multiplicidad de lazos a otras personas: el o la que escribió el libro, los que lo leyeron o lo leerán, los que lo fabricaron o propusieron, los personajes que descubrimos en las páginas del libro. Un espacio tranquilo, sin conflictos. Un espacio, un habitáculo que brinda lugar, donde la persona se podrá delimitar, percibir como separada, diferente de lo que la rodea, capaz de un pensamiento independiente. En el que podrá empezar a “abrirse su propio camino”, a elaborar o reconquistar una posición de sujeto. Un espacio que abre un margen de maniobra, que permite un nuevo despliegue de posibilidades, que introduce un poco de juego, a partir del cual se podrán realizar desplazamientos, reales y metafóricos. Para quien está familiarizado con el psicoanálisis, todo esto recuerda otra cosa: lo que a partir de Winnicott se ha dado en llamar el área transicional. Y para que entendamos mejor la naturaleza y la importancia de ese espacio abierto por la lectura, quisiera hacer un paréntesis para que regresemos hasta los primeros momentos de la vida humana. ANTES DEL LIBRO, LA VOZ Antes del escritor existió el aedo, el poeta que cantaba acompañándose de su lira4. Antes del libro, existe la voz, y digo esto en complicidad con Daniel Goldin, quien escribió un bello texto sobre este tema5. Antes del libro, existe la voz de la madre. Incluso antes del nacimiento. Al parecer en el siglo XVI, para que el futuro rey Enrique IV no fuera de ánimo triste, durante todo el embarazo una dama de la corte ejecutaba cada mañana frente a su madre una tonada

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J.-B. Pontalis, Fenetres, París, Gallimard, 2000, p. 113 Daniel Goldin, “La paternité et les libres; reflexions sur l´hospitalité de la lectura”, de próxima aparición en Les Cahiers ACCES, núm. 5, París. 5

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musical6. De manera semejante, algunas mujeres cantan o cuentan a veces a los niños que están por nacer historias que son como música, y éstos las oyen: se ha observado que los recién nacidos prefieren una historia que les fue leída por su madre durante la vida fetal a otra que sólo les fue leída después del nacimiento7. Y es que las palabras pueden volverse caricias: el medio acuático en el que flota el bebé transforma las palabras y los sonidos en tacto. Después del nacimiento, todo el despertar psíquico del pequeño ocurre en la intersubjetividad con la madre, o con la persona que se hace cargo del bebé y que se identifica con la madre. Todo ocurre en los intercambios, en el contacto cuerpo a cuerpo, el arrullo, el ritmo de las canciones, de las rimas; y los remito por ejemplo a las observaciones de Marie Bonnafé, quien ha estado en México8. Todo ocurre en las palabras maternas que enuncian las primeras sílabas para el bebé; en esa voz interior que oye el bebé, esa voz que transmite un sentido; un sentido que todavía se le escapa pero que presiente. Esa voz cuyas modulaciones cambian según que la madre hable de la realidad cotidiana o que se abandone a la fantasía, y a las cuales muy pronto el niño es sensible. Si el niño se siente en confianza, llega un día, según nos dicen los psicoanalistas, en que el bebé toma para sí en cierto modo la voz de la madre, se apropia de ella. Incorpora las sonoridades verbales; la canción que se le canta o la historia que se le cuenta; ese algo que viene del interior de la madre, que es transmitido por la voz de ella, que tiene un ritmo de lenguaje particular, una melodía particular, diferente del tempo habitual de sus frases. Y esas sonoridades, esa historia que su madre le propone, y que son también patrimonio de él, lo protegen. Simbolizan la unión de los seres que en adelante estarán diferenciados. Representan la transición, el viaje del niño que pasa del estado de unión con la madre al estado en que se halla en relación con ella, en que pueden aceptar la separación e incluso beneficiarse de ella. Fortalecido con ese poder que le da la voz incorporada, la voz protectora, el niño puede alejarse un poco. Va, viene, da la espalda, construye su “capacidad de estar solo en presencia de la madre9”. Dibuja su espacio, se dibuja a sí mismo. Comienza a ser su propio

6

Véase Marie France Castaréde, la Voix et ses sortiléges, París, les Belles Lettres, 2000, p. 77. Ibid., p. 76. 8 Véase Espacios para la lectura, núm. 5. México, FCE, 2000. 9 Véase Donald Winnicott, Jeu et réalité, París, Gallimard, 1971. 7

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Pigmalión, a construirse como sujeto y, a esta edad, como sujeto todopoderoso. Nos encontramos realmente en las premisas de la emancipación del pequeño ser humano. Ahora bien, las experiencias culturales no son sino una extensión de estas primeras experiencias de juegos, de vida creadora. Si seguimos a psicoanalistas de niños como Winnicott o Diatkine –al que tengo entendido que Emilia conoció-, la experiencia estética, ligada en los inicios de la vida a la pulsión de conocimiento, se origina en esos primeros lazos entre la madre y el niño. La lectura se inscribe en la prolongación de esas experiencias de la primera infancia en las que, a partir de una situación de intersubjetividad gratificante, se toma para sí algo que viene del otro para abrirse su propio camino. Freíd veía ya en la escritura “la casa de habitación, el sustituto del cuerpo materno, esa primerísimo morada cuya nostalgia persiste probablemente siempre”10. En los libros, el lector reencuentra así el lejano eco de la voz materna. Por cierto que en Francia existe el doble de grandes lectores entre los niños a quienes su madre les contaba una historia cada noche que entre aquéllos a quienes no se les contaba ninguna.11 Y durante toda la vida, particularmente en los momentos de crisis, la lectura puede ser una vía privilegiada para hacernos recuperar tanto ese espacio apacible como la experiencia del niño, que a partir de ese espacio tranquilo, protector, estético, entre su madre y él, se rehace y se vuelve autónoma. De este modo el relato nocturno, por ejemplo, le permitirá al niño soportar la separación, atravesar la noche. René Diatkine decía que las historias que se leen al niño antes de que se duerma le permiten soportar mejor la oscuridad, el miedo a morir, y el miedo a que los padres mueran. Pero aclaraba: “sólo una historia ficticia, un relato en una lengua con una estructura totalmente distinta a la del habla relajada de la vida cotidiana parece tener efecto contra esa angustia de separación”12. Esto es lo que le permite al niño poner sus miedos a distancia, lo que garantiza una permanencia, un sentimiento de continuidad. Vuelve a contarse la historia a sí mismo, se arropa en ella, un poco como el niño que camina por la oscuridad y se da valor canturreando. Escuchemos a Pilles Deleuze, quien escribió estas hermosas líneas sobre el tema: “perdido, se arropa o se orienta como puede con 10

Citado por Patrick Ben Soussan en La Culture des bébés, Ramonville, Erés, 1997, p. 43 Francois de Singly, Les Jeunes et la lectura, Ministére de l´Édication Nationale et de la cultura, Dossiers Éducations et Formations, núm. 24, enero de 1993, p. 102 12 Homenaje a René Diatkine, Les Cahiers ACCES, núm. 4, julio de 1999, p. 8 11

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su cancioncita. Ésta es como el esbozo de un centro estable y tranquilizador, en medio del caos. Puede ser que el niño salte al mismo tiempo que canta, que acelere o disminuya la velocidad: pero en sí la canción es un salto: un salto del caos a un principio de orden en el caos, por lo que también corre el peligro de dislocarse a cada momento. Hay siempre una sonoridad en el hilo de Ariadna”13. En efecto, la cancioncita o el relato de la noche son un principio de orden en el caos y lo seguirán siendo durante toda la vida. Un libro es una hospitalidad que se ofrece, una especie de refugio que uno puede llevar consigo, en el que puede dar marcha atrás. Un refugio donde se oye como el eco lejano de la voz que nos arrulló. El aspecto material del libro, bajo su forma actual de códice, contribuye tal vez a ese carácter acogedor: se le abre, se desliza uno en él, se puede regresar a él. Es una experiencia diferente a la de las imágenes que desfilan en una pantalla, por maravillosas que sean.

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Gilles Deleuze, “De la ritournelle”, en Mille Plateaux, París, Minuit, 1980, p. 382

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Leer, ¿para qué? de Xabier Puente Ocampo. Lecturas sobre lecturas/2. CONACULTA, México D.F, 2002

FAMILIA Y LECTURA Ahora quiero hablar algo sobre el elemento que todos consideramos más decisorio en la creación de lectores: la familia. La sociedad o el Estado o quién demonios sea, tienen por norma que todo aquello que consideran de valor para el individuo lo han de cargar a la escuela. Los docentes no sólo hemos de enseñar las técnicas instrumentales para el aprendizaje y todo el saber que las ciencias han acumulado a lo largo de la historia, sino que, además, hemos de crear en los alumnos y las alumnas los hábitos, valores y normas que hagan posible la felicidad y la convivencia entre los seres humanos. La escuela es un saco sin fondo adonde van a pedir responsabilidades todos, mientras el resto de la sociedad mira desde afuera y nos pone verdes porque, dicen, trabajamos poco y tenemos muchas vacaciones. Algo de esto es lo que ocurre con la lectura. También se le ha colgado a la escuela la responsabilidad exclusiva de mejorar los misérrimos índices de lectura que señalan las estadísticas. Lo cual no sólo es injusto, sino que es un esfuerzo destinado al fracaso si sólo se pretende actuar desde la escuela. ¿Y la política de creación de bibliotecas? ¿Y las ayudas a la edición que permitan el abaratamiento del libro para que sea un bien adquirible? ¿Y las bibliotecas escolares? ¿Y la formación del profesorado? Y de las muchas otras preguntas que podía formular, sólo haré una más: ¿esto que digo sólo vale para allá, en la otra orilla de la mar océano, o por aquí también cojea el sistema del mismo pie? Pero en fin, como yo he venido con la intención de hablar de caminos que nos permitan avanzar, y nada es más paralizante que el pesimismo, también en esto creo que es posible hacer algo positivo. Hay, desde luego, una situación ideal, aquella en la que los padres son lectores. En un ambiente de lectura pueden crecer los lectores como los hongos en un ambiente de humedad. Se multiplican el deseo de leer. Dejo a un lado los casos de los padres tan lectores que piensan más en los libros que en sus hijos y éstos no quieren saber nada de lectura ni que los aspen.

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Unidad 3

Pero sabemos muy bien que el caso de padres engendradores del deseo de leer por la vía del ejemplo es totalmente excepcional y resultaría una mala disculpa decir que, como en casa no hay ambiente lector, este niño ya no leerá. Hay un segundo caso de situación familiar que se puede convertir en favorecedor del deseo de leer. Es aquel en el cual se valora la lectura de los hijos aunque los padres no lean jamás. Aún hay un tercer caso, aquel en el cual la familia no pone obstáculos a la lectura de los hijos. Nada podemos hacer para crear esa situación familiar lectora ideal para que lleve de una forma natural a sus miembros más jóvenes hacia la lectura. O la hay o no la hay. Pero algo es posible hacer en los otros dos casos. Los padres valorarán la lectura cuanto más nosotros les hagamos ver que es un eje educativo fundamental. Si tiene una alta consideración en nuestra jerarquía de actividades escolares, esto es transmisible a la familia. Pero si para nosotros, los docentes, sólo es algo circunstancial, relacionado con el ocio y los tiempos muertos, tampoco podremos afirmar que le estamos dando el valor que decimos que tiene.

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Unidad 3

Actividad No Calificada 3 Luego de hacer una lectura reflexiva de la unidad 3, responda a las siguientes preguntas:

1. ¿Qué características tiene el ambiente alfabetizar en su aula? ¿Cómo puede mejorarlo? 2. Elabore un listado de estrategias para trabajar con sus estudiantes el ambiente alfabetizador en el aula y en su hogar. 3. ¿Cuáles son los conceptos de TEXTO que utiliza? Elabore un organizador gráfico con la clasificación de textos ofrecida. Puede añadir otras clasificaciones. 4. ¿Qué ideas clave desarrollaría en una reunión con padres de familia para que apoyen el trabajo de animación lectora desde los hogares? ¿Qué recursos considera podría sugerirles para implementar una biblioteca en el hogar?

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Unidad 3

Evaluaci贸n en L铆nea 3 Luego de visualizar los videos y leer los textos, ingrese con su clave al aula virtual: www.utrivium.com para desarrollar la actividad calificada asignada en esta unidad.

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ECOL Curso 4 Unidad 3 El Lector y su Entorno