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Tabaré González

El back izquierdo de Peñarol Tabaré González (Tacuarembó, 1945) participó en una de las gestas más gloriosas del fútbol uruguayo, aquella final de la Libertadores de América de 1966, en la que Peñarol perdía dos a cero contra River Plate argentino y que empató dos a dos, para después hacer dos goles más en el alargue y llevarse el título. Fue de la partida, también, en las finales de la Intercontinental contra el Real Madrid, que Peñarol ganó dos a cero de ida y de vuelta. González era el back izquierdo de Peñarol. En la final contra River entró a los 43 minutos del primer tiempo, cuando su equipo perdía dos a cero. Con él en cancha los aurinegros hicieron cuatro goles y no recibieron ninguno. Su carrera empezó en el Ferrocarril, de Tacuarembó, y pasó después a la selección del departamento, hasta que con veinte años de edad fue reclutado por Peñarol, el 30 de octubre de 1965. González vivió el apogeo y la decadencia del fútbol uruguayo. Siempre fue un hincha de alma de Peñarol: “No me imagino con la camiseta de Nacional; hubiera sido un calvario para mí”, declara. El ex futbolista recuerda como el peor momento de su carrera el día que se entera de que Peñarol lo deja libre, después de una lesión. “Me enteré por el diario”, dice, como si todavía no lo pudiera creer. Se vio forzado 142

Tacuarembó

a emigrar al fútbol mexicano, donde jugó durante 11 años. Las características de González como jugador, en ese fútbol uruguayo de pierna fuerte y temperamento, eran la rapidez y el anticipo. El jugador más dif ícil que le tocó marcar fue el excepcional Gento, del Real Madrid, “el más rápido y peligroso que conocí”. Su momento máximo de gloria fue esa final contra River y el retorno fue complicado. “Íbamos en el ómnibus para la sede de Peñarol y ahí nos estaba esperando todo el mundo. Yo lo único que quería era irme a Tacuarembó. Me bajé antes de llegar y me metí en el bar de un amigo, que me escondió en el sótano. Cuando la gente dejó de preguntar, salí y me fui a la pensión donde vivía. Llegué y había regalos de todo tipo. Después me vine a Tacuarembó en Onda. Me bajaron en Curtina y me llevaron en caravana hasta allá”. Interrogado sobre el equipo local, el Tacuarembó, se ensombrece: “Mal muy mal. Porque el club es un esfuerzo de mucha gente y cuando venden un jugador no aparece la plata y dejan sin esperanza a toda esa gente: mal, muy mal”. Ahora Tabaré González tiene una escuela de fútbol, en Tacuarembó, después de probar suerte en distintos negocios en México y en Uruguay.

Escuela propia. Ahora enseña fútbol.

Tacuarembó, un pago grande  

Un libro ideal para descubrir la magia y la cultural de departamento más grande de Uruguay.

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