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Tacuaremb贸 un pago grande


Tacuaremb贸 un pago grande


pROYECTO DECLARADO DE CALIDAD CULTURAL

DECLARADO DE INTERÉS TURÍSTICO POR EL MINISTERIO DE TURIMSO Y DEPORTE DE URUGUAY

dirección y producción ejecutiva Mauricio Riva fotografía Pablo La Rosa/ Pablo Bielli Fototeca Sur textos Silvana Nicola (edición) Mauricio Riva Luis Roux Gustavo Trinidad Cecilia Siniscalco Dino Capelli arte Carlos Dossena y Leticia Cencio para Oh! Estudio Columnas especiales Carlos Arezo, Santiago Pereira Testa, Fundación Tacuarembó, Fundación Mario Benedetti (www.mariobenedetti.org), Javier Meneses (www.tacuy.com.uy) Agradecemos especialmente a Wilson Ezquerra, Carlos Arezo, Raquel Hernández, Paulina Durán, Silvia Silveira, Sonia Reggi, Sergio Mirazón, Washington Benavides, Silvya Puentes de Oyenard, Carlos Sabaño, Gustavo Alamón, Walter, Rosario y Pilar Domingo, Ciro Ferreira, Raúl y Lucas Goyenola, Héctor Testoni, Ana Elena Pereira, Héctor y Marcela Sparkez, Liliana Menéndez, Horacio Dutra Da Silveira, Gonzalo Faria, Yannine Benitez, Carlos, Manuel y Martina Ríos, Marcos González. Fuentes consultadas Intendencia Departamental de Tacuarembó (www.imtacuarembo.com), Washington Benavides (Fundamentos culturales de Tacuarembó), Silvya Puentes de Oyenard (Tacuarembó Historia de su gente), Celia Testa (Tacuarembó Ciudad de oportunidades), www.tacuy.com.uy, Instituto Nacional de Estadística (INE), Poder Legislativo.


Tacuarembó, una tierra que sorprende Siempre tuve la certeza de que los tacuaremboenses somos especiales y esto se explica por nuestra pasión y rebeldía a prueba de cualquier obstáculo. Así, naturalmente, sorteamos las limitaciones que impone la distancia con el centralismo capitalino, hecho que siempre nos obligó a realizar un esfuerzo extra, lo que ha promovido la solidaridad, el apego y el localismo bien entendido. Carlos Gardel, el más conocido de nosotros, fue solo un ejemplo del rico capital humano de esta tierra. Desde principios de siglo, los pioneros en organizar eventos debieron procurar saciar su sed de arte, buscando importar con un desembolso económico importante, para que los principales espectáculos llegaran a nuestro departamento, incluso antes que al pretencioso Teatro Solís de Montevideo. Esta pasión por el arte fino se fue trasladando de generación en generación, forjando una pléyade de artistas que hoy honran al departamento en cada escenario, en cada libro o en cada sentimiento y expresión de arte. En Tacuarembó se supo valorar –cuando nadie lo hacía– la obra de la hoy afamada Escuela de Joaquín Torres García. Jonio Montiel, uno de sus alumnos, plasmó su arte a cielo abierto. No dejó su legado encerrado en un museo, sino en los murales que se exhiben en los Centros de Barrios, una revolucionaria creación de la Intendencia del ingeniero Raúl Saturnino Goyenola, que descentralizó servicios, tal como detalla en este libro, su propio mentor, el arquitecto Walter Domingo. El tacuaremboense es desafiante, por necesidad quizás, y quienes no tenían el privilegio de estar cerca de las playas doradas de San Gregorio, de la histórica y acogedora Paso de los Toros o en el sosiego que provoca Ansina, y en el sutil encanto del Valle Edén, no se inquietaron y desafiaron a la naturaleza, crearon y dieron vida al embrujo del balneario Iporá, con lagos artificiales donde hoy disfrutan de sus aguas o practican deportes acuáticos, en un marco de naturaleza viva propia del lugar. Somos referentes regionales de tradición, de historia y apego al me-

dio rural a través de la máxima expresión de cultura tradicionalista en nuestra tierra, la Fiesta de la Patria Gaucha, ícono de encuentro de países hermanos. Jacinto López Testa no se amedrentó con los deportistas de élite, y más acá en nuestra memoria, podemos contar las hazañas del pedal, con Richard, Elena, Ramiro y otros tantos. Con el esfuerzo y la humildad de las grandes figuras, triunfan Andrés Silva, Andrés Frutado, Andrea Guerra, Adrián Luna, Jenny Da Silva, Luis Machado y muchos más. Nuestros coterráneos sobresalieron en hazañas del fútbol uruguayo en títulos mundiales de clubes y selecciones. Como si esto fuera poco, entre todos fortalecimos la idea y generamos una identidad propia en Uruguay, formando el único equipo que nos representa, gestionado por todos los clubes del departamento. La industria, hoy factor importante del desarrollo nacional, vino a fortalecer la riqueza agrícola del departamento. En paralelo a nuestra planta Frigorífico Tacuarembó, sumamos industrias de los derivados de la madera. 0sSiempre, en todos los tiempos, todo ha sido un gran desafío, como este libro que hoy tengo el honor de presentar. Publicación que propuso documentar todo ese espíritu de lucha, de cultura, de esfuerzo y gusto exquisito para disfrutar de los valores artísticos. Este libro plantea y rescata los aportes que el lejano Tacuarembó les acercó a los uruguayos. Esta es una gran oportunidad para que los tacuaremboenses nos reconozcamos en nuestros valores y en nuestra identidad y podamos compartirlos con uruguayos y extranjeros que aún no logran entender el misterio de esta tierra, que sorprende al mundo con sus artistas, deportistas, emprendedores y pensadores. Los invitamos a ser parte de nuestra esencia y a explorar nuestros intrincados secretos que solo llevan a tener sueños y a concretarlos.

Prof. Wilson Ezquerra Martinotti Intendente de Tacuarembó Marzo de 2012


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Tacuarembó Capital: Tacuarembó 2 Extensión: 15.000 km

Características: Tacuarembó es el departamento de mayor extensión territorial del Uruguay. Su capital está ubicada a 385 kilómetros de Montevideo, en el cruce de las rutas nacionales 5 y 26, ejes viales que unen a Tacuarembó con sus vecinos uruguayos y con los del MERCOSUR.

Tacuarembó, “el pago más grande de la patria”, “el país de la cina-cinas”, “el corazón del país”, “la patria grande”, tiene forma de corazón siempre se las ingenió para trascender y mostrar sus mejores galas a todo Uruguay. Sin importar los 400 kilómetros que lo separan de la capital, sobresalió desde principios de siglo cuando el Teatro Escayola estrenó obras antes que el mismísimo Solís o el Teatro Colón, de Buenos Aires. El departamento no se quedó anclado en un debate mundial que busca afanosamente por encontrar el origen de Gardel, sino que mostró que tiene mucho más para dar: desde un hospital público modelo a un frigorífico que es uno de los mayores exportadores del país y que llevó su nombre en los principales mercados del mundo. Cuna de oro de escritores, músicos, artistas y deportistas, los tacuaremboenses supieron dejar su huella en la cultura nacional. En este rincón al norte de Uruguay, la identidad cultural se funde con los quehaceres cotidianos. En cualquier esquina el visitante puede sorprenderse con una escultura, el rasgo aindiado de un habitante o la presencia de un gaucho. Tacuarembó le hace honor a su pasado todo el tiempo y los forasteros son los primeros en notarlo. Sus maravillas naturales son protagonistas de películas de la talla de Corazón de Fuego, Artigas - La redota o Miss Tacuarembó. Los tacuaremboenses han agasajado y encantado a actores como Federico Luppi, Héctor Alterio o Natalia Oreiro. El departamento más extenso de Uruguay es polo de inversiones. Es reconocido por su

Fuente: INE, cifras preliminares.

Población Población total: 89.993 habitantes Mujeres: 45.850 (50,85%) Hombres: 44.143 (49,05%) Características: Según datos preliminares del Censo 2011, unos 80.324 (89,26%) habitantes residen en zonas urbanas, en tanto que la población rural suma 9.669 (10.74%) personas. En Tacuarembó hay 37.644 viviendas y de estas están ocupadas 30.407 y desocupadas 7.232.

producción ganadera (vacuna y ovina), arrocera y forestal. Pero más allá de coyunturas económicas, este departamento también sorprendió por saber interpretar y aplicar el modelo de integración deportiva a través del Tacuarembó Fútbol Club. Creado por Ley del año 1837, bajo el gobierno del general Manuel Oribe, Tacuarembó se sitúa en la zona Norte del país. Limita con los departamentos de Rivera, Salto, Paysandú, Río Negro, Durazno y Cerro Largo. Territorio de basalto y areniscas, su paisaje es de cerros chatos y praderas. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, del último censo (2004), el departamento tiene 90.489 habitantes, que se reparten en 45.130 hombres y 45.359 mujeres. En el departamento hay 28.054 hogares particulares, cuyo tamaño medio es de 3,2 personas. Por cada 100 mujeres hay 99,5 hombres. La tasa de crecimiento exponencial de la población es -0,029% y la tasa bruta de natalidad es de 18,36 nacimientos/1.000 personas. Tacuarembó

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Fuente: INE, cifras preliminares.

Localidades más pobladas Tacuarembó: 51.224 Paso de los Toros: 13.231 San Gregorio de Polanco: 3.673 Ansina: 2.790 Curtina: 1.029

Historia & creación Mediante el decreto presidencial de Fructuoso Rivera, el 24 de octubre de 1831, se dispuso la creación de una villa en la región Norte. La tarea fue encomendada al Coronel Bernabé Rivera, hermano del presidente. Una caravana de carretas partió hacia las márgenes del río Tacuarembó, voz guaraní que significa “río de los tacuarales o cañaverales”. Tres meses después, un 27 de enero de 1832, Bernabé Rivera fundó la Villa de San Fructuoso. Tras el proceso fundacional, en 1837 la villa tenía más de 500 habitantes, juez de paz, militar, cura párroco, alcaldes y Comisión de Obras Públicas. El 16 de junio se promulgó la ley n° 158, que creó tres departamentos: Salto, Paysandú y Tacuarembó, éste con cabecera en San Fructuoso. Pasó el tiempo y la comunidad continuó creciendo. El 24 de junio de 1912, la villa de San Fructuoso fue elevada de categoría y, conjuntamente con ello, cambió su nombre por la ley 4.031, por lo cual pasó a llamarse “Tacuarembó”. Se dice que el nombre fue dado por la costumbre, ya que la gente se refería con ese nombre al poblado que se encontraba en las cercanías del río Tacuarembó. 14

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Hospital de Tacuarembó El Hospital Dr. Alberto Juan Barragué es orgullo de los tacuaremboenses y es reconocido en todo el país y en la región. El primer “Hospital amigo del niño” fue también el primero -en el interior del país- en tener un CTI pediátrico y en crear un Banco de Leche Materna. El Hospital de Tacuarembó además se distingue por tener un CTI de adultos, por albergar el Centro Oncológico del Norte (primer público fuera de la capital), por brindar un servicio de tomograf ía de alta complejidad y por fundar el Centro Regional de Cirugía Tacuarembó (Ce. Re.Ne.T). A los servicios estrictamente médicos, este centro modelo sumó una Unidad de Atención al Usuario (UAU), que se ocupa de gestionar su mantenimiento y la relación con sus pacientes y familiares. Dos casas –La casa de la Hospitalidad y el Alojamiento Pablo Estramín- albergan familiares que acompañan a los que requieren días de internación. Centro de referencia nacional y regional, el Hospital de Tacuarembó tiene un área de influencia de 300.000 habitantes y atiende a la mitad de la población del departamento. Las cifras no se repiten en ningún otro lugar de Uruguay, pero no se trata sólo de números, sino de calidad y reconocimiento. Según encuestas realizadas por Equipos Mori, el 93% de los tacuaremboenses creen que el hospital es “moti-

Ce.Re.Ne.T El Centro Regional de Neurocirugía Tacuarembó (Ce.Re.Ne.T) brinda asistencia neuroquirúrgica a pacientes de la región norte del Río Negro, sean del sector público o privado. Si un traumatismo encéfalo craneano se trata en las primeras cuatro horas, la mortalidad desciende significativamente. Como el Ce.Re.Ne.T está a tres horas de cualquier punto del Norte de Uruguay, en 10 años de existencia sus beneficios han sido obvios. Mensualmente se realizan unas 20 intervenciones neuroquirúrgicas y además en este hospital se han introducido 10 nuevas técnicas de esta especialidad. vo de orgullo” y el 50% de los uruguayos lo reconocen como “Hospital de calidad”. Tal cual símbolo departamental, cada vez que se convoca a participar en jornadas solidarias para apoyar el centro asistencial, no hay tacuaremboense o empresa que se niegue a colaborar. A través de los denominados “Manantiales de canto y jineteada”, el hospital recauda fondos para realizar mejoras es su infraestructura sanitaria.

Golpe de timón Desde hace 20 años, en coordinación con la Intendencia de Tacuarembó, la Organización Panamericana de Salud (OPS), la Facultad de Medicina, entre otras organizaciones nacionales e internacionales, comenzaron a gestarse acciones tendientes a fortalecer la promoción y prevención en salud. “Se asumió el desaf ío de gestionar un Hospital de forma diferente, con una planificación estratégica a largo plazo y que a su vez contemplara las necesidades actuales. Para ello fue imprescindible lograr una masa crítica de actores comprometidos con los cambios”, explicó Ciro Ferreira, actual director del centro de salud. “Uno de los pilares de desarrollo de este Hospital ha sido promover la capacitación del recurso humano”, puntualizó Ferreira y contó que desde el año 2005 se creó un Centro de Capacitación (CaT) donde ya se han realizado más de 4.000 encuentros. Las alianzas en busca de mejoras son una constante. En conjunto con la Facultad de Ingeniería de la UDELAR se desarrolló un Neuronavegador, equipo de alta tecnología que permite realizar intervenciones complejas de alta precisión.

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Frigorífico Tacuarembó Una de las marcas registradas del departamento es, sin duda, el Frigorífico Tacuarembó SA. En 1960, a impulso de Fernando Secco Aparicio, la empresa inició sus actividades como saladero en el matadero municipal. Desde la mejor zona de producción ganadera de Uruguay y con más de medio siglo en su haber, el Frigorífico Tacuarembó se transformó en una industria departamental relevante, que construyó una sólida trayectoria en los negocios de carne vacuna que es reconocida por productores, clientes y consumidores en Uruguay y en el mundo. En el año 2006, Marfrig Group, uno de los principales productores y exportadores de alimentos de Brasil, adquirió Frigorífico Tacuarembó. Al unirse a una empresa global de alimentos, Frigorífico Tacuarembó mejoró su acceso al mercado internacional. Marfrig Group cuenta con más de 150 modernas plantas industriales, centros de distribución y oficinas comerciales en 22 países de los cinco continentes y sus productos son comercializados en más de 100 países. Entre 2006 y 2007 el grupo incorporó otras cuatro unidades productivas en Uruguay: la Planta Industrial San José, la Planta Industrial Salto, la Planta Industrial Colonia y la Planta Industrial Fray Bentos. Desde entonces Tacuarembó / Marfrig es la marca corporativa del grupo para todas sus unidades en Uruguay. Tacuarembó / Marfrig emplea a más de

3.700 personas y puede faenar más de 3.900 bovinos o 5.400 ovinos al día y alcanzar una capacidad de desosado de hasta 500 toneladas al día. La historia “Estaba todo pronto: materia prima en un campo especial para la buena reproducción vacuna, mano de obra ociosa y dinero que buscaba inversiones. Solo faltaba quien tuviera la iniciativa, el empuje y la valentía de arriesgar capital propio y ajeno en una aventura industrial. Y esa iniciativa le sobraba a Fernando Secco Aparicio, un joven de Montevideo que se radicó en Tacuarembó en 1948 y demostró su espíritu emprendedor en varios rubros”, escribió Celia Testa en su libro Tacuarembó, ciudad de oportunidades. Según documenta la autora, tras incur-

sionar en un criadero de aves, en agricultura, plantando lino y maní, Secco Aparicio abrió una carnicería pasando el Puente de Carrasco cuando en Montevideo estaba vedada la venta de carne. Carnicería Tacuarembó se destacó por “la carne ofrecida, la prolijidad del establecimiento, la atención esmerada al público y los dones de organizador de su propietario”. Finalizada la veda en Montevideo, Secco Aparicio planificó la apertura de una planta industrial para faenar y vender carne al por mayor. “La constitución del Frigorífico Tacuarembó está fechada el 28 de enero de 1960, y ese mismo año se comienzan a vender acciones. Con las primeras instalaciones prontas, se contrató personal (13 obreros), se concretaron las primeras operaciones y llegó la tropa”, narró Testa, y agregó que Secco consiguió mercados tales como Cuba, España o Grecia, y que en 1967 la empresa estaba habilitada a exportar a casi todos los mercados del mundo. “Cuando el Frigorífico tenía un amplio panorama por delante, Secco Aparicio resigna la presidencia de su directorio y asume su esposa, Ketty Arias de Secco”, narra Testa y finaliza su artículo con palabras vigentes hasta hoy: “El pueblo de Tacuarembó lo reconoce [al Frigorífico] como fuente de trabajo, promotor de divisas y como el que ha promovido el nombre del departamento en los cinco continentes”. Tacuarembó

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La historia dulce y amarga del agua tónica Paso de los Toros Leonardo HAberkorn

Todo comenzó una tranquila tarde de pueblo con un desafío. Después, Rómulo Mangini intentó conseguir la fórmula durante uno o quizá dos años. Al fin lo logró y su invento fue un éxito. Desde entonces, millones de personas han gastado millones en comprar millones de litros del agua tónica de Mangini. Un agua dulce y amarga, como su historia. Hubo un tiempo en que la fábrica fue el orgullo y el motor del pueblo: allí trabajaron casi cien personas. Hoy la fábrica no existe, el agua tónica es propiedad de Pepsi Cola (Pepsico Inc., NuevaYork) y en Paso de los Toros lo único que queda es un cartel despintado al borde de la carretera que tiene el logotipo del agua tónica y dice: “Aquí nació Paso de los Toros”. En 1924 Mangini, un montevideano que había llegado a Paso de los Toros para trabajar en el comercio de la familia de su esposa, instaló una pequeña fábrica de soda. Un año después la amplió y comenzó a fabricar el jabón Teru Teru, y en 1926 incorporó a su producción refrescos con gustos de frutas. Aunque aún hoy en Paso de los Toros se recuerda el dulce sabor de la Manzanet, solo uno de aquellos productos sobrevivió y se hizo verdaderamente famoso. 20

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Quien desafió –y ayudó– a Mangini a conseguirlo fue un inglés llegado al pueblo de la mano del ferrocarril. Se llamaba Jorge Jones y era “un amante de la buena vida y exquisito bebedor”, relata Pedro Armúa en su Historia de Paso de los Toros. Por entonces, la tónica más consumida en Uruguay era la Bull Dog, importada de Inglaterra. Una de las tantas tardes en que Mangini y Jones coincidieron en el club 25 de Agosto, el inglés desafió al uruguayo: ¿por qué no fabricaba un agua tónica tan buena como la inglesa? Mangini respondió que no sabía la fórmula y Jones le contestó que él conocía los ingredientes, pero no las proporciones. Allí mismo, Jones le dijo a Rómulo cuáles eran los componentes. Pocos días después Mangini hizo su primer intento y se lo dio a probar al inglés. Así pasaron los meses, probando la fórmula uno, probando su sabor el otro. Para Mangini, un hombre de carácter fuerte, ex campeón de lucha grecorromana, aquello era un desafío. Un folleto editado por Pepsi en 1992 -escrito por su ex funcionario Carlos Pijuán –relata que Mangini– “se sumergió en una febril búsqueda de hierbas silvestres y frutas. Ninguna se

salva de ser exprimida, diluida, mezclada. Agita, deja reposar, prepara fuego con leña, calienta el brebaje, lo enfría, y con él concurre al club una y otra vez durante dos años”. Julio Monestier, un familiar de Mangini recientemente fallecido, cuenta en un escrito inédito que esos “largos meses de tanteos y experimentos tuvieron al fin su recompensa” el día que Jones sentenció: esta es verdaderamente el agua tónica inglesa. De tanto probar y probar fórmulas y licores diversos, Mangini había engordado. Su esposa lo retaba por ello y lo cachaba por ir tan seguido al baño, relató su nieto Marcelo Ceriani, de 33 años. Mangini se lo tomaba con humor. Años después le contó a uno de los camioneros que transportaban sus bebidas cómo habían sido aquellos días probando potajes imperfectos. “Un día el Viejo me dijo: ‘me agarré unas cuantas cagaleras probando’”, recuerda Roberto Paladino, que hoy tiene 62 años. Apenas Jones dio el visto bueno, Mangini comenzó a fabricar el agua tónica. Las fuentes no coinciden respecto a la fecha de inicio de la producción, se sabe que fue en los años 20. Su primer nombre fue “Príncipe de Gales”. La ca-


lidad del paladar de Jones fue ratificada por el público: la nueva bebida fue un éxito en el pueblo. Luego su fama llegó a Durazno. Los pedidos crecieron de tal modo que pronto Mangini dejó de fabricar jabón y se concentró en las bebidas, sobre todo en la tónica. Con el paso del tiempo y viendo que la fama de su agua seguía creciendo, le cambió el nombre para homenajear al pueblo donde la había creado: Paso de los Toros. Consiguió los capitales en 1947. Dos acaudalados hombres de Durazno –Frank Marshall y Adolfo Caorsi– se asociaron con Mangini para fundar la Sociedad Anónima Agua Tónica Paso de los Toros. Además, se pusieron en venta acciones en el pueblo, a diez pesos cada una. “De inmediato se instaló en el viejo local una moderna máquina que aumentó en forma extraordinaria la producción”, explica Armúa en su libro. “En 1947 ya usábamos cuatro camiones para llevar el agua tónica a Montevideo y cada uno hacía tres viajes por semana. En verano – recuerda Paladino– no dábamos abasto. Yo llegué a hacer un viaje por día. Cada vez llevábamos más”. “Un día llegaron a Paso de los Toros unos

representantes de Pepsi Cola y comenzaron a ofrecer dinero por las acciones de la fábrica”, recuerda hoy Armúa. “Mucha gente las tenía olvidadas en los roperos. Fue un revuelo, todo el mundo buscando. Pepsi las pagaba muy bien y todos las vendieron locos de la vida”. Pepsi se dedicó, paso a paso, socio a socio, a conseguir la mayoría de la empresa y lo logró el 14 de febrero de 1955. Con la mayoría también consiguió la fórmula secreta. Aquello fue duro para Mangini. “Demasiado pronto, el capital accionario del presidente

quedó en minoría. El viejo luchador sintió hondamente que la empresa de toda su vida ya no era ‘su empresa’”, escribió Monestier. Poco después, el 19 de enero de 1957, Mangini murió.

Nota cedida por el periodista Leonardo Haberkorn. El reportaje completo integra el libro 9 historias uruguayas y también puede leerse en el blog de su autor ‹http://leonardohaberkorn.blogspot.com› Tacuarembó

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Tacuarembó Fútbol Club / TFC

Modelo de integración de clubes Corría el año 1998 cuando Daniel Pastorini llegó a Tacuarembó. Fanático y ferviente amante del fútbol, propuso e informó acerca de la posibilidad de que los clubes de fútbol amateur de Tacuarembó se presentaran al llamado de licitación para integrar el fútbol profesional de la Asociación Uruguaya de Fútbol. Pastorini organizó una reunión a la cual concurrió el entonces presidente de la Asociación de Fútbol de Tacuarembó: Wilson Ernesto Ezquerra. La idea resultó muy atractiva para todos los asistentes y se comenzó a pensar en la estrategia y detalles para concretar el desafío propuesto. El proyecto era muy ambicioso y es necesario resaltar la valentía de quienes hasta ese momento integraban la Liga de fútbol amateur de Tacuarembó, destacarlos por la tenacidad y la fuerza que pusieron en el proyecto. En el mes de abril de 1998, concurren a Tacuarembó los dirigentes de la AUF, Daniel Pastorini y el director Técnico Víctor Púa. Median22

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TFC en cifras te una conferencia de prensa explicaron todos los detalles del nuevo modelo del fútbol y la posibilidad de inclusión de los clubes del interior. Un gran volumen de participantes -entre ellos dirigentes, empresarios, comerciantes, deportistas e interesados en general- se sumó a la propuesta. La idea ganó adeptos y fuerza . Tras varias reuniones en la capital del departamento, junto a autoridades de la AUF y también con otras instituciones del interior de Uruguay, se dio a conocer la resolución y aceptación de la presentación de carpetas por parte de los clubes aspirantes del interior del país. La AUF destacó en forma particular y felicitó al Tacuarembó Fútbol Club por ser la primera institución en presentarse y en realizar la mejor presentación de carpeta con todos los requisitos exigidos. Culminado el campeonato del Litoral y con la base de la selección de fútbol de Tacuarembó, se formó el equipo profesional del departamento.

Así compitió en la primera divisional A de la AUF en el régimen de locatario y visitante en partidos de ida y vuelta. Los colores rojo y blanco identificaron al fútbol de Tacuarembó que se desempeñó bajo la denominación de Tacuarembó Fútbol Club y adoptó la forma Jurídica de Asociación Civil. La intendencia le otorgó la prioridad de uso del Estadio Ing. Raúl Goyenola, donde actuó siempre como locatario. En el año 2002 la IMT le cedió un predio en la zona del Parque Batlle, ubicado solamente 5 kilómetros del centro de la ciudad, donde se construyó un complejo deportivo con tres canchas de fútbol. En el lugar se proyectaron además las construcciones de vestuarios, baños, sala de musculación, policlínica y riego para las canchas. El descenso de TFC, ocurrido en abril de 2011, lejos de desanimar a los locales, ha mostrado que la unión puede más que una posición en el fútbol profesional.

• La selección amateur es uno de los equipos que más veces ha obtenido el campeonato realizado por la Organización de Fútbol del Interior (ocho veces) y la única en obtenerlo tres veces en forma consecutiva (63-64-65). • La Asociación de Fútbol de Tacuarembó, entidad madre del fútbol del departamento, tiene 100 años y congrega a 16 Clubes afiliados y cuenta con un potencial de más de 570 jóvenes fichados en las categorías Sub 16 y Sub 18 además de más de 340 jugadores fichados en la categoría mayores. • TFC es el Club que más entradas vende a excepción de Nacional y Peñarol en los torneos organizados por la Asociación Uruguaya de Fútbol. Tacuarembó

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Tras la huella de Gardel


Entrevista / César “Cerito” Escayola

“Conocí a mi familia gracias a Gardel” César “Cerito” Escayola reflexionó sobre su bisabuelo, El Coronel, un hombre que marcó con su impronta la vida de Tacuarembó y se puso al hombro la construcción de un teatro que le consumió hasta su último peso. –¿Qué vínculo tuvo con el coronel Escayola? –Mi viejo y sus dos hermanos fueron los Escayola que se quedaron en Tacuarembó. Luego de recibirme como maestro, viví en la casa de Carlos Escayola Oliva, el Pato, quien fue el último hijo legítimo del coronel. El coronel fue un padre para mi padre y un abuelo para nosotros. Mi abuelo murió cuando papá tenía 8 años, vivió en casa, fue director del Conservatorio de Música, que hoy es la actual casa de la Cultura. Un hombre bohemio, apasionado por el teatro. Viví con él durante los años 1967 y 1968. Sé que una vez fue a un programa de televisión en canal 5 –cuando los programas eran en directo– y le preguntaron sobre Carlos Gardel. Él se levantó, tiró la mesa y se retiró. Con respecto al tema Gardel, siempre 26

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me dijo que después que él muriera, recién se iba a hablar. Él falleció un 11 de noviembre de 1979 y ahí surgió todo. –¿Hubo un pacto de silencio? –De silencio y de honor. El pacto era entre amigos: Bayardo, Eduardo Paysé y González, y entre ellos no se hablaba del tema de Carlos Gardel, sino sobre teatro y música. –¿Le interesaba el tema de Carlos Gardel? –Nunca me preocupó. Yo nací 12 años después de su muerte. En un primer momento su figura se comió todo. Después me puse a pensar en la otra parte, en el coronel. –¿Qué recuerda del coronel? –Recuerdo los cuentos de mi abuela paterna relatando que, cuando falleció Gardel, ella recibió visitas de duelo. En ese momento, Escayola era el propietario de la farmacia El Sol, que estaba pegada al club Tacuarembó. Cuando se enteró de la noticia, entornó la

puerta de su negocio, en aquel entonces una señal de semi-duelo. Me interesé por la vida del coronel. Era un personaje muy especial y yo quería saber sobre su figura, no para hacer una apología de la defensa ni nada, sino para tratar de entenderlo. Todo ser humano tiene luces y sombras y una infinita gama de grises. Luego, me pregunté por ese gran poder que tenía. Cuando se casó con mi bisabuela –ella era su ahijada– tuvo que tener una dispensa papal que demoró 11 años. Esa dispensa le permitió casarse con su ahijada, además de los dos matrimonios anteriores. Eso indica claramente el poder que tenía. Además, políticamente en la historia del país, él termina lo que vendría a ser la primera parte del militarismo. Quería ubicarlo en la guerra de la Triple Alianza y en que cuando terminó le regalaron la suerte de 15 estancias, tal como está documentado. Cada una era de dos leguas y media por cinco de fondo, o sea 12,5 por 25 kilómetros. Empezaban en Paysandú y terminaban en el Valle Edén. Eran unos miles de hectáreas.


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–¿Qué rescató de su figura? –El coronel tenía gran disposición por la cultura y el teatro. Se vinculó al teatro, primero como accionista, pero al final dedicó toda su fortuna a su construcción. Muy vinculado al militarismo, era compadre de Máximo Santos. Compadre cuando esa palabra tenía otro significado: Santos fue padrino de la primera hija del coronel y Escayola fue padrino de una de sus hijas. Era como un pacto de sangre, de unión muy fuerte donde la palabra tenía mucho valor. –¿Qué conoce acerca del teatro Escayola? –Este punto merece un capítulo aparte, porque existen pequeños grandes detalles que hicieron a su construcción. El director de obra fue el Ing. Víctor L´Olivier, un ingeniero que trabajaba en las minas de oro de Corrales. Su acústica se logró gracias a un hecho fortuito. Cuando hicieron el escenario, esperaban una viga que demoró dos años en llegar desde Italia. La pieza fue trasladada en ferrocarril hasta Paso de los Toros donde llegaban las vías. Finalmente llegó a Tacuarembó entre tres y cuatro meses después, en una junta tirada por 12 bueyes y cuando finalmente la recibieron y la colocaron sobre el escenario quedó chica. Mandar a hacer una más grande a Italia implicaba cuatro años más de espera. Debido a ese error, decidieron cerrar la arcada. El escenario además tenía unas 16 tapas, por ocho entraba agua y por ocho se desagotaba. Mi madre, que ahora tiene 90 años, alcanzó a ver cuando el escenario se llenó de agua en 20 minutos y se desagotó en los siguientes 20. Esta particularidad permitía tener representaciones 28

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Otros Escayola “Le cuento un adelanto. Supe por Ricardo Casas, un cineasta uruguayo que hizo un trabajo sobre Eduardo Darnauchans y Mario Benedetti –y que ganó un premio en Alemania– que hay Escayolas en Zaragoza, España. Me contó que los de allá son todos rubios. El dato que le dieron es que el origen de los Escayola no es español, sino árabe, y que antes de venir a Uruguay habían estado radicados en esa zona”.

teatrales como La reina del Nilo, El lago de los cisnes, etcétera. En el teatro, quedan todavía indicios de la instalación eléctrica que trajeron en mayo de 1891. Recordemos que la usina de transmisión eléctrica se inauguró en Tacuarembó recién en 1916. –La fundación del teatro fue previa a la de la Jefatura y el edificio de la intendencia. –Exacto. La intendencia se fundó en 1911 y luego la Jefatura. Había una Capilla y no la Catedral. Recién ahora se está celebrando el centenario del comienzo de la fundación de la Catedral de San Fructuoso. Donde actualmente funciona un cíber era la entrada para los caballos y carruajes cuando tenían que participar como escenografía de las obras. A una cuadra del teatro, Escayola tenía su cabaret personal: La Rosada. Hasta ahora no he logrado identifi-

car exactamente en qué zona estuvo, pero quedaba a una cuadra del teatro y era sobre la actual calle Joaquín Suárez. Que fue un personaje polémico, nadie lo puede negar. Tuvo en sus manos ser jefe de Policía, juez letrado, intendente y no tener que rendir cuentas a nadie… –En ese momento el teatro pasaba por Tacuarembó y luego iba al Solís. –Sí. Existía ese ego sí. Hubo obras que antes de ir al Solís o al Colón llegaban primero a Tacuarembó. ¿Se imagina lo que era venir a Tacuarembó, el tiempo que insumía para luego ir al Colón o Solís? Realmente era muy costoso. Tanto que fundió todas sus estancias, perdió todo lo que tenía, lo dejó. Ese era un aspecto de su vida muy poco conocido. Mi bisabuela, o sea, su tercera señora, falleció en 1905. Fue cuando él se radicó junto a sus hijos más chicos en Montevideo, en el barrio Sur. Vivió allí hasta 1915. Según cuentan, falleció a raíz de una neumonía, saliendo del cine teatro Rex, lo que es hoy la Sala Zitarrosa. A sus 69 años estaba “haciendo guardia”, esperando a una dama en pleno invierno cuando se pescó la neumonía. Todo el resto de la familia se quedó en Montevideo, solo mi padre se quedó en Tacuarembó. Cuando era chico, hace 50 años, hubo algunos contactos, pero nunca tuvimos relación alguna con ellos. Recién ahora que tengo 63 años, a raíz de toda esta movida de Gardel, nos hemos encontrado. Además, imagínese que es muy complicado porque somos descendientes de la primera, segunda o tercera esposa.


Una joya. El Teatro Escayola costó una fortuna: 25.000 pesos de la época. Allí actuaron las mejores compañías teatrales, incluso llegaron a Tacuarembó antes que al Teatro Solís de Montevideo. El Coronel inauguró su teatro el 31 de mayo de 1891. Con capacidad para 752 espectadores, se estrenó con la actuación de la compañía de zarzuela de Félix Amurro. Tapices y artefactos fueron importados de Francia y la araña principal era de cristal de Murano. Para construir su escenario, Escayola mandó traer una pieza desde Italia. Luego de meses de espera, el objeto llegó a Uruguay y se trasladó en ferrocarril hasta Paso de los Toros. Finalmente llegó a la ciudad en una junta tirada por 12 bueyes y cuando recibieron la pieza y la colocaron sobre el escenario quedó chica. Debido a ese error, decidieron cerrar la arcada y sin querer el Teatro logró una calidad acústica única. A instancias de su propietario actuaron allí renombradas compañías de teatro, música y zarzuela. El Teatro luego fue un cine y cerró sus puertas con La cocina de los ángeles el 27 de noviembre de 1956, dirigida por Alberto Candeau. En la actualidad la Intentencia de Tacuarembó inició el proceso de expropiación con miras a construir un Complejo Cultural con la sala del Teatro e instalaciones como salas de conferencias, exposiciones, museos y mini cine. El Teatro Escayola, en 1998 fue declarado monumento histórico departamental.

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–No le dan trascendencia al fenómeno público del parentesco con Gardel, sino que pareciera que para ustedes fue una forma de encuentro. ¿No han sido beneficiados por el parentesco? –No. Una de las cosas que ahora entiendo con los años, fue el silencio, el silencio sobre Gardel. Una cosa que me dijo el viejo, hace muchísimos años, fue: “Nosotros no hacemos cortesía con sombrero ajeno”. Ese dicho significaba que no era el ánimo buscar con esto algún recurso económico. Hay gente que ha venido y nos pregunta por qué no hacemos una demanda, pero nunca se nos ocurrió ni quisimos. Han venido de todos lados y siempre les digo lo mismo: una cosa es lo que yo viví y otra cosa es lo que he sacado de los historiadores. Mi abuela materna, nacida en 1890, falleció en 1974 con una lucidez tremenda a sus 83 años. Un buen día se me ocurrió preguntarle sobre Gardel. Yo ya era maestro, cuando ella me contestó: “Eso no es cosa de niños”. Con esa frase, me cortó. También le pregunté a doña Beba Calcagno de Ortiz, quien falleció hace ya bastante con 103 años. Ella fue quien le dio todo el material a Selva Ortiz para que centrara su tesis cuando se recibió de socióloga. Yo me crié con ella desde chiquito y un día también le pregunté cuando yo era estudiante de liceo, y me respondió: “De eso no se habla en esta casa”. Ta. –¿Y su tío Pato, tampoco hablaba? –No. Decía que sobre Gardel no hablaba y repetía que se sabría después que él falleciera. –¿Usted piensa que todo lo que sabía y la documentación se la dio a Bayardo? 30

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–No sé si había documentación. No creo, es muy personal, pero creo que la argumentación sería oral. –¿Podría decirse de alguna manera que mientras su tío Pato vivía, se preparaban los libros

para publicarlos luego de su fallecimiento? –Pienso que sí, para mí hubo un pacto de caballeros. Él tenía mucha información, pero yo nunca participé de esas reuniones, nunca estuve presente. Sé que iban a verlo y pasaban toda la tarde charlando.


El Coronel

El seductor Carlos Escayola, personaje de una época

Por Carlos Arezo Posada

Progenitor del máximo cantor de tangos, Carlos Gardel, y representante de un gobierno despótico, con una personalidad singular que lo llevó a levantar un edificio majestuoso para sede de un teatro en pleno régimen militarista. Nació el 28 de octubre de 1845 en Montevideo. Por 1876 estableció su residencia en Villa San Fructuoso, instalándose en la finca lindera de la familia Oliva Sghirla, con quienes trabó relaciones que serán determinantes en su futuro. Desde 1881 fue designado por el gobierno nacional Jefe Político de Tacuarembó, pasando a ser por casi una década un hombre temido y respetado por el poder que ejercía, en el mismo estilo dictatorial del presidente Máximo Santos. Adquirió en este período dos importantes estancias en la segunda sección judicial, denominadas con los nombres de sus sucesivas esposas, Santa Clara y Santa Blanca, esta última tristemente célebre según la tradición oral, por haber servido su torreón de cárcel en esos agitados años. En virtud de la amistad personal con el dictador, ingresó en marzo de 1886 a la categoría de

militar con el grado de coronel, por nombramiento directo. Con su fuerte personalidad y el respaldo del poder dirigió las comparsas del carnaval, la represión, las estancias, el pensamiento, las obras de teatro, la prensa por medio de un cuñado, en lo posible con la guitarra en la mano y sus versos en la boca, al estilo del trovador, manteniendo siempre la imagen seductora de un “don Juan”. Hombre apuesto, cuidadoso al extremo de su físico y vestimenta, mujeriego, de notoria inclinación artística, cultivando permanentemente el relacionamiento con gente de ese ámbito. Sus dos grandes pasiones, las mujeres y la cultura, las cultivó sin límites. Con sus esposas tuvo 15 hijos legítimos, pero según comentarios de la época llegó a casi 50 con los hijos naturales. Su “obra prima”, el Teatro Escayola En una etapa donde los jefes políticos levantaban sedes para municipios, regimientos o cuarteles, el coronel construye el primer gran edificio de la localidad para sede de un teatro. Fue el centro cívico de la villa por muchos años,

frente a él se desarrollaron los actos públicos de la época. Recién 12 años después se inaugurará el edificio del cuartel y en 1911 la intendencia. Este es un hecho que marcará significativamente el entramado cultural de la zona. De la relación con sus vecinos Juan Bautista Oliva, cónsul italiano en San Fructuoso y su esposa argentina Juana Sghirla, surge un entramado amoroso, que dará lugar a hechos de trascendencia histórica, como el nacimiento de Carlos Gardel. De los hijos de este matrimonio las tres mujeres, Clara, Blanca y María Lelia Oliva Sghirla, se casaron sucesivamente con Escayola. Su cuñada María Lelia, siendo una niña y también su ahijada en el ámbito religioso, quedó embarazada de él, que estaba casado con Blanca, provocando un escándalo familiar que se trató de ocultar y del que la gente no habló por miedo, provocando lo que se ha denominado el “silencio de Tacuarembó”. Habiendo enviudado de sus tres esposas, falleció en Montevideo el día 27 de abril de 1915, a los 70 años. Tacuarembó

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Carlos Gardel, el entorno de su vida por Javier Meneses, director de www.tacuy.com.uy

El nacimiento de Carlos Gardel es muy oscuro y polémico, ya que nace de una escabrosa relación adúltera, protagonizada por el coronel Escayola con su cuñada María Lelia, de tan solo 13 años de edad. Por esta razón, la menor de las Oliva Sguirla va a tener a Carlitos en la estancia Santa Blanca, propiedad del coronel, ubicada en la zona de Valle Edén, a unos 40 kilómetros de Tacuarembó. Según las investigaciones, el coronel ordenó a una peona que dirigía la estancia, Manuela Casco, que se hiciera cargo del niño, y ella lo cuida por dos o tres años, dándole el nombre de Jacinto Escayola. A partir de aquí aparece en San Fructuoso otro personaje que incidió en el entorno del co32

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ronel Escayola, en el año 1882, que es Berthe Gardes, nacida en 1865 en Toulouse (Francia). Berthe arribó a la zona con 17 años, con miras a llegar a las famosas Minas de Corrales, explotadas en ese entonces por una compañía de oro francesa, donde había muchos compatriotas suyos trabajando, y se instaló con un taller de planchadoras. Allí estuvo tres años y luego se trasladó a la Villa de San Fructuoso. En San Fructuoso conoció al coronel y trabajó en el cabaret La Rosada, una de sus propiedades. Además de desempeñarse como mesera se vinculó sentimentalmente con Escayola, a tal extremo que él le pagó los gastos de una casa ubicada en calle 25 de Agosto, al sur de la villa.

Con el tiempo, Berthe se vinculó también con un tipógrafo del diario El Heraldo –propiedad del coronel Escayola– de quien quedó embarazada. A consecuencia de una pelea que Berthe protagoniza con otra mujer, precisamente por Escayola, este se molesta y le ordena irse de la Villa de San Fructuoso. Fuera de la villa, Berthe da a luz a Charles Romualdo Gardés, hecho que generó la versión confusa de la nacionalidad de Carlos Gardel, ya que en el escenario existen dos niños, Carlos y el verdadero hijo de Berthe Gardes, Charles. Nacido Charles, con el tiempo Berthe Gardes regresa a la zona, trabajando en la estancia del coronel y otras estancias cercanas a Villa Tambores, próximo a Valle Edén.


Monumento a Carlos Gardel – Pablo López – Arq. Enrique Fraga – 1995. Diagramado por el arquitecto Enrique Fraga, consta de un busto que inmortaliza la relevante figura, realizado por el joven artista Pablo López y una estructura en material que refiere una guitarra de canto, destacándose la curvatura inferior, el centro y su clavijero. Este monumento está en la ruta nacional Nº 5 Brigadier General Fructuoso Rivera, en la intersección con avenida Pablo Ríos, acceso sur de la ciudad de Tacuarembó. Tacuarembó

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De ahí surge el relacionamiento de Carlitos con Berthe, dado que el coronel toma la decisión de darle la tenencia de Carlitos a Berthe, quien se retira de la villa junto a Carlitos y Charles y se van a vivir en Montevideo y luego a Buenos Aires, a la zona del Abasto. Carlitos Gardel contaba en ese entonces con 10 años y comenzó a hacer tareas de mandados para diferentes teatros bonaerenses. Así entró en contacto con artistas de gran porte, entre ellos el tenor Italiano Titta Rufo, quien le enseñó a educar la voz y cantar ópera, ya que hasta ese entonces cantaba folclore. Gardel comenzó a erigirse como cantante, y gustó por su excelente registro de voz. El punto de partida de su vida artística fue 1912, año en que formó dúo con el uruguayo José Razzano, con quien cantaría hasta 1925. En lo referido al relacionamiento de Gardel con su entorno familiar, durante sus primeros años en Buenos Aires no tuvo contacto alguno, hasta el año 1900, cuando regresó a Villa San Fructuoso para entrevistarse con su padre, el coronel Escayola. Ambos habrían mantenido una discusión muy violenta, incluso el coronel le dio un balazo en la rodilla, por lo que Gardel jura no 34

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La Fundación Carlos Gardel Sus fines son identificar a Carlos Gardel como el “Tacuaremboense inmortal”; promover el conocimiento masivo de su verdadera nacionalidad mediante la difusión de pruebas documentales y periodísticas; estimular la cultura gardeliana y tanguera en el pago y contribuir con el desarrollo turístico del departamento. Se creó esta Fundación

retornar más a Tacuarembó, y lo cumple. Sí regresó a las inmediaciones, a la zona de Valle Edén, por consecuencia de un accidente que tuvo en 1915, en Buenos Aires, donde resultó herido de bala en el pecho, quedando el proyectil alojado entre el corazón y los pulmones, donde permaneció, en virtud de que los médicos que lo asistieron entendieron que no era necesario extirparlo ya que no afectaría en absoluto su vida normal. Ante ese hecho, Gardel realizó su convalecencia en la zona de Valle Edén, en la estancia

en febrero de 1995, comenzó con la “decidida aventura” de levantar el primer monumento de Carlos Gardel en Tacuarembó. El 19 de enero de 1999, obtuvo su personería jurídica (Nº 7934). Por contactos: Ituzaingó Nº 246, teléfono 463 20 214.

de unos amigos, la familia Etchegaray, hecho que confirma nada menos que un apologista de la Tesis Francesista, Edmundo Guiburg, en la revista Buenos Aires Tango, en julio de 1985. Luego la vida de Carlos Gardel se reanudó en Buenos Aires con actuaciones en diferentes ambientes de fiesta. Indudablemente se puede extractar que Gardel contó con dos nacionalidades: una artística, indiscutiblemente argentina, y su nacionalidad como persona: irrefutablemente uruguayo y nacido en Tacuarembó.


Carlos Gardel: Los resultados de la investigación

La historia verdadera Aporte de la Fundación Carlos Gardel

Aquí se narra una historia tan despiadada que parece inverosímil. Sin embargo, devela el origen de Carlos Gardel, y el porqué de tanto ocultamiento y confusión. Una historia silenciada por él, sus familiares, el círculo de amigos y en definitiva, el entorno social. El coronel Carlos Escayola, jefe Político y de Policía del departamento de Tacuarembó, fue padre natural de Carlos Gardel, el más famoso tacuaremboense de todos los tiempos. El coronel, cegado por el poder ejercido sin límites, la pasión incontenida y la fuerza, esconde la vergüenza y los “secretos” familiares, conocidos y silenciados por toda la sociedad ya sea por respeto o por temor a una figura tan controvertida. Las versiones ocultas sorprendieron a su primer investigador: Erasmo Silva Cabrera: AVLIS, quien llegó a Tacuarembó en 1960 a descubrir algo que había oído en Buenos Aires: el nacimiento de Carlos Gardel en Tacuarembó. Sin embargo nada hizo que las personas del pueblo se sintieran desprendidas del temor y/o la fidelidad a guardar aquel secreto. La insisten-

El día oficial La importancia de Carlos Gardel para Uruguay y Tacuarembó se puso en relieve cuando el Parlamento declaró (el 25 de abril de 1996) un día oficial para recordarlo. Según expresa la ley el 24 de junio de cada año se celebra el “Día de Carlos Gardel”. El Senado y la Cámara de Representantes de la República Oriental del Uruguay asimismo plasman en el artículo segundo de esta ley que “los actos centrales de carácter conmemorativo se realizarán en la ciudad de Tacuarembó”.

cia del periodista permitió desentrañar poco a poco un hecho insólito para quienes no pertenecieron a la sociedad tacuaremboense: el niño que nació en la estancia Santa Blanca es quien a partir de 1920 se registró como Carlos Gardel.

La acción pionera de AVLIS fue continuada por prestigiosos investigadores. El Arq. Nelson Bayardo, el Dr. Eduardo Payssé González, Ricardo Ostuni, María Selva Ortiz, Susana Cabrera, Luciano Londoño, Martina Iñiguez, Juan Enrique Moreno Gómez y tantos otros, permitieron clarificar y reivindicar la verdadera historia “del gauchito de Escayola”. Sus padres Carlos Gardel nació en Tacuarembó, en la estancia Santa Blanca, propiedad de su padre el coronel Carlos Escayola. El coronel, amor oculto de Juana Sghirla, ciudadana argentina, esposa del cónsul italiano Juan B. Oliva, se casó legalmente con las tres hijas Oliva Sghirla, enviudando de todos sus matrimonios. Con Clara (1868 a 1871) tuvo dos hijas; con Blanca (1873 a 1886) siete hijos y finalmente con María Lelia (1889 a 1905) cinco hijos. Al coronel nunca le faltaron mujeres para sus cotidianas infidelidades. Y casado con su segunda esposa, tuvo relaciones adúlteras con su cuñada menor de edad: María Lelia. El prestigio social Tacuarembó

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y político de todos los personajes de esta historia hizo que este hecho se ocultara celosamente. Pero por las infidencias del personal de la estancia, la ausencia de la participación social de María Lelia y de su esposa Blanca, llegó al pueblo. Consecuencia de ello, la sociedad tacuaremboense se transformó en cómplice del secreto, ya fuera por temor o por fidelidad a la autoridad del coronel. Su origen: pruebas documentales a) Registro de nacimiento. Por haber nacido a raíz de una escabrosa relación adúltera, que impidió que fuera inscripto, Carlos Gardel indocumentado registró su nacimiento, ante el Consulado Uruguayo de Buenos Aires el 8 de octubre de 1920, cumpliendo estrictamente lo dispuesto por la Ley de Organización Consular Uruguaya del 21 de mayo de 1906. Allí declara ser nacido en Tacuarembó el 11 de diciembre de 1887, hijo de Carlos Gardel y María, ambos “uruguayos y fallecidos”. Cuando la investigación logró desenterrar “la vieja historia de Tacuarembó, la concordancia de dicha historia y lo declarado por Gardel es absoluta. El documento es jurídicamente perfecto, a tal punto que jamás fue cuestionado, pasando por el tamiz de innumerables trámites. b) Cédula de Identidad Nº 383.017 expedida en Buenos Aires el 4 de noviembre de 1920.

El Gardelazo

A la entrada del departamento de Tacuarembó, a unos 23 kilómetros de la capital, una gigantografía convocó la atención de propios y extraños cuando en 1997 se inauguró “El gardelazo”. La obra realizada por el caricaturista uruguayo Rodolfo Arotxarena (Arotxa) se ubicó sobre la ruta 5, a pocos kilómetros del Cerro Batoví. La caricatura, patrocinada por el diario El País, medía de 17 metros de base por 26 de altura. Hoy el ícono ya no puede apreciarse porque sólo está la estructura de hierro.

c) Certificado de buena conducta Nº 218.125 del 15 de febrero de 1923. d) Carta de Ciudadanía Argentina expedida el 7 de marzo de 1927. e) Libreta de enrolamiento, matrícula Nº. 1717 de fecha 9 de mayo de 1923 f) Libreta de enrolamiento Matrícula Nº 236.001 de fecha 21 de junio de 1927. g) Ficha electoral en la Oficina Enroladora, Sección 10 de Capital Federal. h) Solicitud de pasaporte y nuevo certificado de buena conducta del 11 de octubre de 1927. i) Renovación del pasaporte y certificado de buena conducta Nº 383.017 de fecha 25 de noviembre de 1930. j) Carta Valable (autorización para trabajar) expedida en París el 16 de marzo de 1931. k) Pasaporte Reg. Nº 02421, expedido por el Consulado Argentino en Niza el 13 de diciembre de 1932. l) Escrituras públicas otorgadas el 31 de octubre de 1933, adquiriendo tres terrenos en Playa La Mulata de Montevideo y dando poder de administración a Ricardo Bonapelch. m) Renovación del pasaporte Nº. 02421 expedido en Buenos Aires el 2 de noviembre de 1933. n) Cédula de identidad para extranjeros expedida el 20 de abril de 1935 por el Cónsul de Venezuela en San Juan, Puerto Rico. o) Partida de Defunción expedida en junio de 1935 por la Oficina de Catastro y Estadísticas del Municipio de Medellín, Colombia. En todos los documentos que anteceden consta su nacimiento en Tacuarembó, y en Tacuarembó

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Semana gardeliana Una vez al año, durante el mes de junio el más célebre de los tacuaremboenses se festeja durante la “Semana gardeliana”. Con certamen de canto, presentaciones de orquestas, bailes y exhibición de arte, la movida incluye hasta Bicicleteada Gardeliana hacia Valle Edén. La fiesta se realiza en Tacuarembó y también Montevideo, donde la Casa de Residentes de Tacuarembó es sede de múltiples actividades.

ninguno de ellos su supuesta madre francesa, Berta Gardes figuró como tal. Por el contrario, en su Registro de 1920 ya mencionado se le da por “uruguaya y fallecida”, mientras la atribuida madre era “francesa y vivía”. Su origen: pruebas periodísticas a) El 24 de junio de 1915, el diario El Tiempo de Montevideo se refiere al dúo Gardel-Razzano como “los jóvenes compatriotas”, en la crónica de su debut en el teatro Royal. b) Entrevista del diario Imparcial el 13 de junio de 1930 por el periodista Segundo Bresciano, donde destaca la orientalidad de Gardel y su preferencia por el público uruguayo. c) El 1º de octubre de 1933, reporteado por La Tribuna Popular, dice textualmente: “Nací en Ta38

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cuarembó, lo que por sabido es ocioso aclarar”. d) Ante el diario Imparcial el 4 de octubre de 1933 repite “ser nacido en Tacuarembó y tener 46 años”. e) Reporteado por El Telégrafo de Paysandú el 25 de octubre de 1933, dice: “…Ya que insis-

te, Uruguayo, nacido en Tacuarembó”. No solo dice “uruguayo”, con lo cual dejaba contestada la pregunta de su nacionalidad. Remarca su nacimiento en Tacuarembó en todas las ocasiones sin excepción alguna.


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capĂ­tulo

Maravillas urbanas


Arte en cada esquina Con orgullo, Tacuarembó exhibe esculturas y murales a cielo abierto. Unas 150 obras pueden disfrutarse en espacios públicos y privados en distintos puntos del departamento, prueba de que la política cultural de los últimos 60 años y el afán de las autoridades por fomentar las artes, trascendió los eventuales cambios de gobierno. El Museo Abierto de Arte Iberoamericano de San Gregorio de Polanco fue el primer caso, el Museo Abierto de Arte de Balneario Iporá (MAABI) en plena formación será el segundo eslabón de una cadena que ya prevé crear un museo en Paso de los Toros. En definitiva: Ta40

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cuarembó se asegura la ampliación sistemática de su acervo cultural y artístico. La ciudad de Tacuarembó se destaca por la cantidad y calidad de las obras de arte que alberga, en especial pinturas y esculturas en lugares públicos y privados. Esto ha tenido que ver con un inusual afán de las autoridades por fomentar las artes, una inquietud que nunca se vio amenazada por los eventuales cambios de gobierno. Los pioneros en esta materia han sido los escultores Pinocho Núñez, que trabajaba en madera, y José Bulmini (vaciado en bronce), cuyos monumentos aluden a la historia del país y la ciudad, con murales escultóricos que represen-

tan a Artigas y a Oribe, como ejemplos mayores. La obra de Jonio Montiel también se destaca por la manera en que sus murales dialogan con el público, en un marco de identidad en la ciudad. El arquitecto Walter Domingo fue fundamental en la fisonomía de la ciudad, con el diseño de los Centros de Barrio y estructuras como El Mundo, que tienen un significado social y artístico. Jonio Montiel fue el encargado de dotar a esas estructuras de color y arte. En 1985 llega a la ciudad Carlos Sabaño, quien, como coordinador de Artes Visuales de la Intendencia de Tacuarembó, realiza una serie de esculturas que son parte del cotidiano de la ciu-


Carlos Sabaño. El artista plástico que adoptó Tacuarembó como propio y dejó su huella en la Ruta de las esculturas.

dad, como El Portal, en la entrada natural al Parque Rodó, un trabajo monumental que da la impresión de entrar al parque por la puerta grande. “Yo vine con la locura de la macroestructura en la calle, pero más que un plástico, yo me considero un docente. Quiero que la gente conviva con la obra, que se entiendan”, dice Sabaño, quien hoy reviste en la Dirección de Obras de la Intendencia. Sabaño prefiere evitar el trabajo puertas adentro, en un taller, y elige trabajar en el lugar donde la obra va a ser emplazada, porque de esa manera “la gente ve nacer la escultura; se interesan, sugieren, opinan”.

El escultor tiene una sólida formación en las teorías y técnicas del taller de Torres García y defiende los postulados de la Escuela del Sur con sus obras y sus palabras. Entre las primeras se destaca una estructura de ruedas en madera y metal, frente al museo Memoria del Pago: un engranaje que parece que fuera dueño de un movimiento incesante y secreto. Otro ejemplo es el mural con chapa, cemento, hierro y madera, teñido de sulfato de hierro, en la radio Tacuarembó. Según el escultor, otra de las características que hacen especial a Tacuarembó es el respeto que se tiene por las esculturas públicas, lo que permite disfrutarlas sin los estragos del vanda-

lismo. Otra de las esculturas emblemáticas de la ciudad es El hongo, concebida por Walter Domingo. En la escuela pública César Ortiz y Ayala se destacan los murales y la galería de cuadros de artistas locales; 25 pinturas de excelente nivel artístico engalanan un largo corredor y también las obras de los propios niños, influidos por el estilo de Joaquín Torres García. Otras de las obras que llama la atención por su depurada técnica son los mosaicos que se encuentran en la capilla del hogar Nadal: La Virgen y el Vía Crucis, traídos desde Italia, de autor desconocido. Tacuarembó

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Monumento a la madre, de Yolanda Lena (1966). Pieza simbólica abstracta en bronce de la escultora Yolanda Lena de Maia, oriunda de Treinta y Tres, discípula del escultor español Eduardo Díaz Yepes. Emplazada en mayo de 1966 en una plazoleta de Av. Oribe y Catalina, fue trasladada en 1976 al Parque Rodó, donde se la reubicó definitivamente en 2005, en su actual basamento frente a la calle 25 de Mayo. Fue donada por el Interac Club Joaquín Serratea Cibils, grupo de jóvenes rotarios. 42

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Luna, de Martín Iribarren y Luis Elizalde (2009). Escultura que conjuga varios elementos en alusión al satélite terrestre que puede disfrutarse en el Museo Abierto de Arte de Balneario Iporá (Maabi). Tacuarembó

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MATERNIDAD – CARLOS SABAÑO - 2009. Escultura compuesta por figuras madres, círculo, cuadrado y triángulo. Estas figuras en su relación de volumen dan forma a una figura femenina que descansa sobre una pirámide truncada que está sobre un gran plano que representa el universo, este plano está dividido por una línea viva de agua. Esta escultura está ubicada frente al nuevo edificio sobre la calle Dr. Lorenzo Carnelli. 44

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Escultura con agua (Carlos Sabaño, 2009). Esta obra, realizada en cemento armado, está ubicada en la Plaza de la Cruz.

Iporá, de Silvestre Peciar (2009). El ex subdirector de la Escuela de Bellas Artes, mediante el uso de resina, armó una figura unitaria que compone una simbiosis, parte cuerpo de caballo y cola de sirena. Tacuarembó

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José Pedro Varela. Busto en arenisca de José Bulmini que homenajea al reformador de la escuela. Está ubicado en el Instituto Normal de Tacuarembó.

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Constructivismo (1953). Mural en piedra arenisca del escultor Jonio Montiel, puede verse en Centro de Barrio Nº 1.


Homenaje a las comunicaciones (2007), de Carlos Sabaño. El artista utiliza cemento mortero sobre bases de sulfatos, formando una secuencia social entre hierros, chapas y madera. Su composición está basada en el espiral áureo. Emplazado al frente del edificio de Radio Tacurembó en calle Ituzaingó No. 246 entre 18 de Julio y General Flores. Tacuarembó

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Mosaico del artista riverense Osmar Santos que se exhibe en el Hogar Paz Nadal donde también pueden apreciarse en la misma técnica un vía crucis realizado en Génova, Italia (1907).

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“Universo del hombre”, de Carlos Sabaño (1999). Mural exterior en cemento mortero con sulfato en hierro, ubicado en el patio del Club Tacuarembó. Formado por dos planos separados que mantienen relación entre sí. El primero, realizado en dos espirales áureos, representa el cosmos, y el segundo toma parte de la composición “el cosmos” y lo va transformando gradualmente en figuras humanizadas. Tacuarembó

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Mural constructivista, de Jonio Montiel (1953). El discípulo de Joaquín Torres García dejó su impronta en Tacuarembó. Nacido el 19 de agosto de 1924, en la Comuna de Catania (Sicilia, Italia), realizó este fresco en el interior de la Escuela Nº 2, Victoria Frigerio. Tal como enfatizó el artista Carlos Sabaño, el constructivismo se refiere a cómo elaborar la obra de arte, al método áureo para su creación, más allá de las figuras utilizadas.

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Murales constructivistas, de Jonio Montiel (1953). Impactante mural en chapa esmaltada pintada y horneada en la fábrica SUE, la más importante en su rubro en ese entonces. En esta maravilla urbana que está en el Centro de Barrio Nº 1 priman las subdivisiones del rectángulo áureo en los colores primarios que sirven de fondo para figuras características de esta corriente artística, tales como el pez, el ancla, el árbol, el hombre, entre otras. Tacuarembó

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Máscaras indígenas (1957). Con un motivo eminentemente decorativo, están ubicadas en el lado oeste de la pileta de natación del Parque Rodó. Son cinco máscaras indígenas (charrúas) talladas en piedra arenisca. El escultor y ceramista José Bulmini nació en Tacuarembó el 2 de enero de 1925. Estudió con Juan Martín y José Belloni, quienes fueron responsables de su formación escultórica. En la Escuela de Bellas Artes fue alumno de A. Pastor en grabado y de Marcos López Lomba en cerámica. Bulmini también ejerció la docencia en el Instituto Normal de Tacuarembó, en la ETAP de Rivera y en el Liceo Nº 1 de Rivera.

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Centauro, de Octavio Podest谩 (2009). El reconocido escultor aporta un destacado trabajo en hierro la figura mitol贸gica que da nombre a esta obra. Es un trabajo lineal donde se puede percibir la sutileza, la armon铆a, el equilibrio y la variedad. Tacuaremb贸

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Pérgolas en hierro, de Carlos Sabaño (2009). Estas piezas integran el conjunto escultórico bautizado como “Homenaje a la cultura”. 54

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Homenaje a la cultura, de Carlos Sabaño (2009). Escultura con figura de mujer compuesta por planos y esferas que en su conjunto hacen alusión a la tierra fecunda de hombres y mujeres en el terreno cultural. Se ubica en Rambla del Sandú y avenida Pablo Ríos. En su inauguración en las manos de la figura había una paloma, un símbolo de libertad que tiempo después fue hurtado por vándalos. Tacuarembó

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El Toro, de Carlos Sabaño (2005). Escultura figurativa del animal que se incluye en el nombre de la ciudad. Fue levantado en cemento armado sobre plazoleta ubicada en Avda. General Artigas frente a Ruta No. 5 en el año 2005. Recuerda a los “Hombres Toros”, baqueanos que orientaban el pasaje del ganado en el río Negro.

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Parque Rodó. Portal, Carlos Sabaño (2007). Oriundo de Paysandú, este artista abrazó el terruño tacuaremboense como propio y plasmó su creatividad en diversas obras. Una de las creaciones más notorias de este escultor constructivista es el Portal del Parque Rodó, compuesto por tres cuerpos escultóricos que se unen: dos columnas y un marco asimétrico (que surge del interior de la columna izquierda introduciéndose en la derecha). En sus volúmenes, grafismos guían y permiten una lectura plástica a quien aprecia la escultura. Este portal, soslo una de las obras de este artista cuyas obras llegan a países tan distantes como Rusia, Grecia, Suiza, España o Cuba, fue inaugurado en diciembre de 2007, se construyó en cemento mortero y fue teñido con sulfatos. Tacuarembó

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Raúl Saturnino Goyenola Roldán

La huella de un gobernante Nació en Treinta y Tres, un 3 de agosto de 1914, pero fue en Tacuarembó donde dejó una huella indeleble. Gobernó durante cuatro años y su pasaje por la intendencia tacuaremboense está a la vista de quienes recorren el departamento: Centros de Barrio, el Velódromo o el estadio son algunas obras que recuerdan su gestión. Un intendente colorado que marcó historia en un departamento históricamente blanco y que terminó su vida como fundador del Frente Amplio. Un hombre visionario, que no pasó inadvertido. Este agrimensor y político, nacido en Isla Patrulla, fue Director de Obras Municipales en el gobierno departamental del Ingeniero Manuel Rodríguez Correa y luego se postuló a Intendente en las elecciones de 1950. Tras vencer la contienda electoral, Raúl Saturnino Goyenola Roldán (1914-2001) asumió su cargo el 15 de febrero de 1952. Pronunció su primer discurso como Intendente en la Junta Departamental y reiteró su compromiso de instalar un gobierno de honestidad y sensibilidad social. “Bajo mi administración no se exaltará a ningún funcionario por otra causa que

no derive de sus propios méritos”, sentenció el novel intendente y agregó algo que cumpliría a rajatabla: “He llegado al gobierno municipal solidarizado con las normas del Batllismo, con sus ideales de progreso y de justicia. No obstante ser hombre de partido, mi gestión municipal no tendrá perfil de sectarismo. He llegado para servir, sin distinciones, los intereses del vecindario de Tacuarembó. Para lograr este propósito, se necesita en forma preponderante, contar con el apoyo del mismo vecindario, apoyo que reclamo en nombre de los intereses superiores y comunes de nuestro departamento. Las buenas iniciativas, las mejores ideas, los propósitos sanos no son monopolio de ningún partido político, ni de ninguna fracción ideológica”, sentenció. El primer día Goyenola anunció una pluralidad de gabinete que cumplió con Aparicio Correa Espinosa, según sus propias palabras “su mano derecha y blanco de pura cepa”; con Victorino Pereira su adversario en la contienda electoral o Camilo Pasturino, un comunista declarado con quien municipalizó el abasto de carne. El equipo de gobierno se integró tam-

bién con nombres como el arquitecto Walter Domingo, el Ing. Agr. Bertullo, el Dr. Moullin Nocetti (abogado), el Dr. Lauro Cruz Goyenola (asesor médico), el Prof. Ciro Brazeiro, entre otros nombres de un staff que fue decisivo para el desarrollo social, cultural y sanitario de la ciudad. A 60 años de su gobierno, la gestión de Goyenola se recuerda como una época revolucionaria para el departamento. Su impronta quedó marcada en obras: desde el hormigonado de calles y carreteras, hasta la creación de Centros de Barrio o el Estadio (actualmente lleva su nombre). El desarrollo de servicios gratuitos de salud, alimentación para la población más humilde, el abasto municipal de carne, las granjas municipales, la siembra del algodón por los adolescentes carenciados integran una rápida lista de sus planes sociales. El trabajo de Goyenola trascendió las fronteras del departamento. En 1962 fue electo Diputado por la lista 15 y paralelamente Concejal de Montevideo. El 9 de junio de 1955, asumió la presidencia de Ancap. Este visionario que marcó Tacuarembó falleció en noviembre de 2001.


Walter Domingo, el constructor de los símbolos de Tacuarembó capital El arquitecto Walter Domingo llegó a Tacuarembó por amor, recibió el apoyo de Goyenola, el intendente de la época, y en solo doce años con la tecnología disponible en 1950 construyó el Estadio Goyenola y el Velódromo. Se sensibilizó con las mujeres que lavaban ropa con el agua fría de la Laguna de las Lavanderas e ideó los centros de barrio. Diseñó un techo acogedor para los artesanos, hoy se considera una escultura y se transformó en el tótem de la ciudad: la gente lo bautizó como “El Hongo”. Domingo se las ingenió para convencer a los tacuaremboenses de los valores de un artista poco conocido en la época. Hoy sus obras cotizan en las principales galerías del mundo y su nombre es nada menos que Joaquín Torres García. La impronta constructivista de este famoso artista llegó a Tacuarembó en manos de sus principales discípulos, como lo fueron Anhelo Hernández y Jonio Montiel, con la salvedad de que las obras no están en los principales museos sino en los centros de barrio, conviviendo con los más humildes.

Arquitecto Walter Domingo Tacuarembó

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Hablar de la obra de Domingo es enumerar la cédula de identidad de Tacuarembó capital. En 1962 se fue en silencio, como vino. Hoy sus obras siguen en pie y él es ejemplo para profesionales más jóvenes. Si se quiere, puede decirse que en el caso del arquitecto Walter Domingo, el talento y la oportunidad se encontraron en el momento justo. Llegó a Tacuarembó en 1950, con el título de arquitecto obtenido apenas dos años antes (1948). Recién casado con la tacuaremboense Elodina Balestra, comenzaba una nueva vida con todos los bríos. En total estuvo 12 años en Tacuarembó y en ese período nacieron sus cuatro hijos, fue secretario de la Asociación de Profesores, de la Agrupación Universitaria, docente y también presidente de la Liga de Fútbol. Al arribar al departamento, se presentó a la Oficina de Arquitectura de la Intendencia Municipal de Tacuarembó y allí conoció a Raúl Saturnino Goyenola, ingeniero que trabajaba en esa dependencia. “Goyenola era subdirector, no podía ser director porque no era arquitecto y además estaba en plena campaña electoral”, recordó Domingo, hoy con 89 años. “Al principio hubo una resistencia de su parte, era lógico, yo había sido designado por un blanco, pero no integraba ningún partido político, ni tradicional ni otro; tenía mis ideas y me dio por exponérselas cuando fue electo intendente”. En esas charlas, Domingo incluso le acercó una revista sobre fundamentos urbanísticos, L ‘architecture d’au jour d’hui, y le mostró un artículo que el ar60

Tacuarembó

quitecto Julio Vilamajó había publicado en El Telégrafo de Paysandú. Ya se hablaba de la necesidad de que toda transformación urbanística tuviera como base el desarrollo del barrio y el tema desvelaba a este arquitecto, que publicó un libro titulado El arquitecto y la gente. De su atracción por el aspecto urbanístico nació la idea de crear un Centro de barrio; de eso y mucho más el arquitecto habló con entusiasmo. –Como arquitecto, ¿qué detectó de particular en Tacuarembó? –Con lo que conocía de Tacuarembó, me di cuenta de que sus barrios tenían una “personalidad” muy especial. El núcleo barrial se integraba con personas de distintas categorías sociales, diversos trabajos, pero que tenían una vinculación. En el barrio Ferrocarril, por ejemplo, existía el Club Atlético Ferrocarril, que incluso disputaba el campeonato Tacuarembó. Por eso, en común acuerdo con el intendente Goyenola y elecciones mediante –con todas las garantías de una elección nacional– se votó un Comité de barrio. Labor-

de, un herrero del Partido Nacional, resultó electo y presidió el comité del barrio Ferrocarril durante bastante tiempo. Tras la elección de Laborde comencé a conocer más a los habitantes de la zona, mientras como arquitecto municipal asesoraba a quienes venían de campaña y querían hacerse su rancho. En el municipio se le ofrecía un “corte de rancho” (palos para soportar el techo de paja) y también las ventanas que se hacían en la carpintería del municipio. Además enseñábamos sobre dónde edificar la vivienda, cómo colocar aberturas, etcétera. –¿Cómo se concibieron los Centros de Barrio? –Pensando en las actividades de los habitantes del lugar. Hoy naturalmente eso cambió, pero cuando se crearon, los Centros de Barrio les daban mejores condiciones de trabajo a las lavanderas. Al trabajo se sumó el ocio, con las canchas de deportes, un servicio con los baños que fueron públicos, un lugar de recreación con el teatro abierto, un lugar de estudio con la biblioteca. Realmente un montón de propuestas se concentraban allí.

Walter Domingo Lugar de nacimiento:

Montevideo, 15 de enero de 1923

Profesión: Obras destacadas:

Arquitecto Con su impronta, Domingo concibió cada obra pensando cómo insertarla a la vida de la ciudad y qué función cumpliría. Realizó el Estadio Municipal con personal de la Intendencia y sorprendió techando el escenario deportivo con hormigón armado. Su concepción de los Centros de barrios logró darle mejores condiciones de vida a las lavanderas y generó un entorno propicio al crecimiento cultural de cada barrio. Con El Hongo, solo quiso proveer a los artesanos de un techo para trabajar y creó un tótem que es símbolo de la ciudad.


Teatro abierto en Centro de Barrio

–¿Qué sectores o funciones creó? –Se pensaron con distintos sectores y funciones. Una era darles a las personas la facilidad de trabajar en algo que era su sustento y en este sentido, el antecedente en Tacuarembó era el Lavadero Municipal. En el caso del barrio Ferrocarril, que estaba separado del centro de la ciudad por las vías del tren, se construyó un local ideado para las lavanderas. Ese predio se techó, se cerró, se instalaron piletas con agua caliente y fría. Allí las lavanderas podían trabajar en un ambiente cómodo. Para completar eso, se me ocurrió que ellas debían tener dónde dejar a sus hijos, que siempre estaban a su alrededor. Por eso frente al lavadero proyecté –y se construyó– un local para el cuidado de los niños. La lavandera se colocaba frente a unos ventanales y desde donde lavaba podía observar a sus críos. Allí además la intendencia dispuso que trabajara una maestra para cuidarlos y ayudarlos a estudiar. Y también se fundó una biblioteca.

Otro sector marcado del Centro de Barrio era el deporte. Había una cancha de fútbol y sumamos una de básquetbol. A estas instalaciones le incorporé vestuarios de hombres y mujeres y además, un sector de baños que terminaron usándose como baños públicos. La gente del barrio podía ir al centro y se bañaba allí. Uno los veía llegar con el rollito de la toalla debajo del brazo. Otro valor importante del Centro del barrio Ferrocarril, era que por medio de esta comisión zonal los usuarios de esos baños se encargaban de su limpieza. Aunque había personal municipal, únicamente un matrimonio que vivía en una casita que se hizo allí y mantenía cierto control y relación con la intendencia, no había más gastos porque el mantenimiento corría por cuenta de los que usaban las instalaciones. –¿Qué otros elementos sumó al Centro de Barrio? –Se realizaron las graderías donde funcionaba un Teatro de verano. Goyenola tuvo la idea de contratar a un funcionario que manejaba un proyector de cine, le dio una camioneta donde se instalaron parlantes y cuando había función, se anunciaba que ese día había películas. En el teatro se colocaba una pantalla en el escenario y el teatro se llenaba: todos sabían que había actividad, y además era gratis. Una anécdota pinta bien cómo funcionaba el asunto. Un día cayeron dos médicos de Salud Pública, muy prestigiosos ellos. Estaban haciendo un viaje por el país, promocionando algunas cuestiones de prevención contra distintas enfermedades que se producían fre-

cuentemente. Le plantearon a Goyenola que querían hacer un acto un poco más importante en una barriada y el intendente no tuvo ningún problema, hizo que la camioneta anunciara que en la noche habría película, pero que previamente unos médicos darían una charla. Los doctores me contaron que nunca habían tenido tanto público, todo el barrio fue. –¿Cuándo surge la idea del mural? –Como conté, el Centro de Barrio tenía una biblioteca. Propuse y aceptaron, que esa biblioteca contribuyera con un mural. Yo tenía alguna relación con el taller Torres García y con Jonio Montiel, que hizo el diseño. Allí está en chapa esmaltada, en color, pintado por él. Hecho en 1951-1952, todavía está en perfecto estado, no tiene ninguna pedrada, nada. También hice en el pórtico un mural en piedra arenisca, tallado según boceto también de Montiel. Dio la casualidad de que en ese entonces residían en Tacuarembó un par de oficiales catalanes que dominaban la talla de piedra, e hicieron ese mural. Con estas obras el Centro de Barrio culminó una atención brutal en la gente. Por eso la gente vivió y sigue viviendo su Centro de Barrio. –¿Los otros Centros siguieron la misma línea? –Sí. Dada la estructura de Tacuarembó, propuse que se intentase la misma solución en otros barrios. El Centro barrial siguiente tuvo los mismos elementos: un parque para niños, que aparece en la película Miss Tacuarembó, una zona de baños, donde fruto de un nuevo momento se agregó un comedor y unas policlínicas, donde los habitantes del


barrio podían asistirse y el municipio financiaba médicos que atendían gratuitamente a la población. –¿Cómo surgió El Hongo? –El Hongo se me ocurrió como un local para artesanos, para quienes vendían pequeñas artesanías. Arquitecturalmente pensé en un techo y si lo hubiera podido colgar, existiría solamente un techo. Buscando solución, encontré eso que es como una copa porque es hueco en su interior, que tiene 30 metros de diámetro y un metro de apoyo. –Hoy se cree que El Hongo es una escultura... –Con ese hongo ocurrió en Tacuarembó un factor psicológico que –salvando las distancias– le pasó al ingeniero que construyó la Torre Eiffel. Él la hizo solamente para una exposición y para demolerla luego. En Francia, los militares del entonces la utilizaron para comunicaciones, por lo cual pidieron que no se demoliera de inmediato. A pesar de que hubo una comisión de escritores y notables que firmaron un documento pidiendo su demolición porque agraviaba a París, a la gente le gustó la torre y se transformó en un símbolo. El hongo se transformó en eso y dejó de usarse de otra manera. Hubo un intento de usarlo para algo muy malo y una comisión que surgió del Rotary Club logró demoler los agregados que le habían hecho y restituirlo a su originalidad. Me invitaron a ir, colaboré y terminó tal cual está. Ya le pusieron una plaquita 62

Tacuarembó

“Sólo por amor” La huella de este arquitecto solo se grabó en Tacuarembó gracias al amor. Enamorado de Elodina desde el día que la conoció, no dudó en terminar la facultad y seguir a su esposa a su ciudad natal. “Solo por amor me quedé en Tacuarembó, muchas veces tuve ganas de volver a Montevideo, pero ella quería estar acá”, recuerda Domingo, y agrega que hubo quienes pusieron “palos en la rueda” ante sus iniciativas. y es un monumento, a tal punto que en un suplemento de El País dedicado a Tacuarembó fue denominado como escultura del arquitecto Domingo. Y fue así. El día que se reinauguró (2002-2003) una persona me pidió si no se podía hacer uno en cada lugar, otro me vino a decir que había subido un tipo en bicicleta y el hongo se movía, la imaginación crea cosas imposibles. –Hay quienes dicen que El Hongo se veía de todos los lugares de Tacuarembó. –Ese lugar era importante porque por ahí entraban la Ruta 5 y la 26. Luego la Ruta 5 se cambió de lugar, pero cuando se creó, la conjunción de las rutas sumada a la altura, realmente impresionaba.

–Tacuarembó tiene otra obra con su huella, el estadio Goyenola. ¿Cómo surgió? –El fútbol en Tacuarembó tenía un desarrollo popular muy importante, había varios clubes, estaba Nacional, Peñarol, el Club Ferrocarril, Estudiantes, entre otros. El intendente Goyenola era muy futbolero, incluso fue jugador de fútbol en Rampla Junior de Montevideo. En su afán por ese deporte le interesó crear un estadio y mi tendencia de arquitecto fue proponer hacer algo importante. El estadio tenía que prever un par de miles de espectadores y la idea fue hacer una tribuna techada para facilitar la comodidad a los espectadores. Entonces estudié ese estadio con techo con bóvedas. –¿Al estilo de Eladio Dieste? –Sí. Hice el cálculo, el diseño y además, la construcción. La intendencia llamó a licitación y un par de empresas se presentaron, pero con precios excesivos. Entonces se decidió hacerlo con personal municipal, se contrató un capataz que dominaba la ejecución de hormigón y el municipio lo hizo como empresa. Cuando se terminó, sé que en la inauguración la prensa le dedicó mucha atención, señalándolo como el mejor estadio del país en ese entonces. En ese momento, Tacuarembó participaba de campeonatos del interior, una rivalidad muy normal con los riverenses y ahí quedó, funcionando hasta hoy. Ese estadio se terminó en 1955, cuando terminaba su período de intendente Goyenola, quien no lo pudo inaugurar porque hubo una epidemia y se habían suspendido todos los espectáculos públi-


El Hongo. Bautizado así por la propia población del departamento. Concebido por su autor simplemente como un techo para albergar a los artesanos de la ciudad de Tacuarembó, adquirió el estatus de símbolo. No se trata de una escultura, y al decir del artista Gustavo Alamón, El Hongo es un tótem de la ciudad. Proyectada por el Arq. Walter Domingo en 1954 e inaugurada en junio de 1965, esta estructura de hormigón tiene un metro de base y una copa de 30 metros. El cálculo de la estructura se hizo con el apoyo de la cátedra de Ingeniería de la Universidad de la República. Tacuarembó 63


cos. El estadio se inauguró con un partido entre Nacional y River Plate, dos cuadros de Montevideo. Tengo una anécdota, estaba caminando por ahí y había dos personajes parados en la cancha: Nasazzi y Cea. Allí parado, veo que Nasazzi le dice a Cea: “Lindo palquito”. La gente estaba enfervorizada con el estadio, con la magnitud de una obra que era diferente, esa grada techada con su escalera, impactaba. Estadio Goyenola, partido inaugural.

Presidente del Club Nacional de Football Nasim Hache, intendente Goyenola, su hijo Lucas, Pedro Cea (campeón olímpico y mundial), presidente de la Comisión Nacional de Educación Física (CNEF) Prof. José Vallarino Veracierto y el “Mariscal” José Nasazzi.

Vista aérea del estadio. 64

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–¿Qué condiciones de estructura tiene? –Todo es hormigón armado. La fundación se hizo con pilotes, pilotajes. En Montevideo había dos empresas que se dedicaban a pilotaje, una de ellas tomó la obra. Se hicieron dos pilotes, uno vertical y otro inclinado para prever cierto tipo de reacciones con el techo. Se contrató a la Facultad de Ingeniería, el Instituto de Estática hizo un ensayo de resistencia de esos pilotes. Ese documento sobre el pilotaje con vigas de hormigón armado quedó en el municipio. Tiene graderías con estructuras y un pilar y una ménsula de 10 metros de volado en el aire sustentaba esas bóvedas, que son de cuatro centímetros de espesor. En el estadio, se hizo además toda una zona baja donde hay una serie de locales que podían servirle a los clubes. –¿Qué pasó tras la inauguración del estadio? –Inicialmente hubo reacciones y me llamaron de otros departamentos, pero luego eso se fue quedando, no entró en los políticos de entonces el trabajar sobre la arquitectura. El estadio tuvo más repercusión en la propia Facultad de Arquitectura. Hace unos cinco o seis años, me llamó un arquitecto que se instaló en Ta-

cuarembó para hablar de mis obras. Hace poco aparecieron otros arquitectos. Un día me llama por teléfono un médico (hijo de otro médico a quien yo le hice una reforma), me consultó algunas cosas y terminó escribiendo una novela, Luciérnagas en un frasco, donde yo aparezco con mi nombre real, como un personaje importante, muy elogiado por el principal personaje. Después apareció un libro de Carlos Arezo, donde hay un capítulo especial que él llama de la “creatividad” y me lo dedica un poco a mí. Justamente Arezo tiene un museo, una casa antigua donde tiene algo de lo indígena, tiene una sala dedicada a Martha Gularte, una a Carlos Gardel y una sala de la creatividad que bautizó con mi nombre. –¿Qué otras obras tienen su sello? –Una muy particular es la Iglesia de la Cruz, donde hice una cruz entre dos paramentos que sostienen las campanas. Eso llamó mucho la atención. Recuerdo que estando en la nave de la iglesia, un día me encontré con el monseñor Carlos Partelli, que me dijo que estaba muy contento con la obra. Luego hice muchas viviendas, incluso la mía, algunas obras de cierta importancia. En la calle Olimpia Pintos, donde vivía, construí mi casa de dos plantas. Enfrente hice la casa para un dentista que era edil, que es una obra importante. También construí la vivienda de Nelson Ferreira en la plaza Colón y la de la doctora Chiesa de Ferreira, una casa particular que era muy buena. Calculo que en 12 años hice más de 20 obras.


“Lindo palquito. “Lindo palquito”. Con ese eufemismo José Nasazzi manifestó su sopresa al ver la primera tribuna techada de América. Estaba junto a su colega Pedro Cea cuando Walter Domingo escuchó el comentario que, obviamente, todavía recuerda. Tacuarembó

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Iglesia de la Cruz. Las campanas del templo se sostienen entre dos paramentos, obra de Domingo que llam贸 la atenci贸n. 66

Tacuaremb贸


–¿Su obra sigue una línea de colores? –En el Centro de barrio Ferrocarril, si ve las primeras fotos, utilicé rojo, azul y amarillo, como los colores básicos de Torres García. Toda la obra estaba con esos colores. Posteriormente los arquitectos municipales lo cambiaron y lo dejaron de color uniforme. En los Centros de Barrio usé esos tres colores. En el barrio López, por ejemplo, al local que era comedor y que también tenía un escenario, lo pinté con los colores primarios. Vale aclarar que todo era distinto. Ahora debe haber unos 10 arquitectos en Tacuarembó, antes éramos mi esposa y yo, nada más. Y Torres García no era lo que es hoy, cuando sus cuadros valen millones de dólares. Recuerdo que hubo publicaciones contra Torres García, incluso de críticos de arte que luego cambiaron de opinión. Por ejemplo, en la década de los cuarenta, poco antes de morir, el maestro dio una serie de conferencias en la Facultad de Arquitectura, dictaba una conferencia por mes, habrán sido cuatro o cinco. En el público había dos o tres profesores y el resto éramos alumnos de su taller Torres. En ese entonces, el profesor más adepto a Torres García era Gómez Gavazzo, él asistía, pero ni Vilamajó ni Cravotto ni De los Campos iban a esas conferencias. Lo que quiero decir es que, en ese momento, Torres García no era tan gestionado como hoy. Murió en los cuarenta, o sea, hace 70 años, pero todavía hoy aparecen nuevos alumnos de Torres. –¿Por qué tanto constructivismo? –El fanático era yo, a Goyenola no le interesa-

Casas particulares. La obra de Domingo también se plasmó en trabajos privados. Tacuarembó

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Una ciudad que une Llegó el día y la hora señalados. Hacía tres semanas que la reunión se planificaba meticulosamente. Gustavo Alamón creció escuchando cuentos sobre el arquitecto que marcó tanto a Tacuarembó. Nunca lo había visto y quería conocerlo. Carlos Arezo no se perdió la cita, acompañó al artista plástico y se sumó al encuentro Walter Domingo estaba ansioso. Esperó a sus visitas y apenas arribaba cada invitado les advertía que no escuchaba mucho, que le tuvieran un poco de paciencia. No fue necesario, más que paciencia los invitados le mostraron su admiración. Un cuento llevó a otro y en minutos Tacuarembó unió a estos tres hombres, sin importar sus edades, ocupaciones, cargos o afiliaciones políticas. El arquitecto, feliz, habló de su obra a sus anchas. Los centros de barrio, El Hongo, el Estadio Goyenola fueron algunos de los condimentos de la reunión que por instantes transportó a Domingo de su casa de Carrasco al lejano Tacuarembó.

ba. Yo introduje eso y ese mural a la gente le gustó, y hasta hoy creo que está incólume, no le han dado una pedrada. Le daba color al barrio, estaba en la calle, además de tener un tamaño grande: seis metros por dos y pico de alto. 68

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Velódromo departamental. Ubicado en la misma manzana del Estadio Raúl Goyenola, este escenario deportivo fue inaugurado el 19 de junio de 1959. Aunque el arquitecto Walter Domingo siguió los lineamientos que imponía el velódromo capitalino, le hizo correcciones que fueron destacadas por los deportistas. “El acordamiento entre la curva y la recta era muy destacado por los atletas”, recordó Domingo.


El Globo Terráqueo. El mundo de Walter Domingo está rodeado de sendas de hormigón que los niños del barrio utilizan como rampas, pistas de carreras y mucho más. La película Miss Tacuarembó le dio tal relevancia, que tras su emisión son muchos los que van hasta el centro de barrio a fotografiarse con el mundo a cuestas. Tacuarembó

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El intendente Raúl Goyenola y su discurso inaugural “Señoras y señores, vecinos de Tacuarembó, ciudadanos de todos los partidos: Inauguramos hoy el primero de los Centros de Barrio de que estará dotado Tacuarembó. Tal como ha sido concebida la obra, no tiene precedentes en nuestro país. Decimos esto con legítimo orgullo localista, pero sin ceñirnos a un aldeanismo vernáculo y de campanario, que resultaría groseramente ridículo y torpemente despreciativo. Simplemente anotamos el hecho de que hemos sido punta en esta especie de obras, en el deseo y la esperanza de que ellas se reproduzcan por todos los ámbitos de la República, como expresión de progreso, civilidad y de auténtica democracia. Que todo ello sin lugar a dudar, representan en su limitada materialidad, estos Centros de Barrio Ferrocarril que el Intendente, como representante del pueblo, entrega a la vigilancia y custodia de la nunca desmentida cultura y de la siempre viva e indeclinable honradez y decencia de los vecinos de Tacuarembó”. (Extracto) 70

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Centro de Barrio Nº 3. Denominado “18 de Mayo”, está sobre la avenida Manuel Oribe y el bulevar Rodríguez Correa, en el barrio Pereira Fontes. Actualmente es símbolo de la ciudad porque allí se realizó un parque infantil donde Walter Domingo realizó El Globo Terráqueo y El Hongo. En el lugar también está el monumento al Gral. Manuel Oribe, y a su costado, el busto al Gral. San Martín.

Centros de barrio Uno de los trabajos más reconocidos del arquitecto Walter Domingo fue la creación de los centros de barrio. Él creó los primeros tres, y actualmente Tacuarembó cuenta con seis. Pensadas especialmente para los habitantes del lugar, estas edificaciones significaron mucho más que un espacio físico. Canchas de deportes y teatros se ensamblaron a lugares de trabajo para las lavanderas, sitios de estudio como bibliotecas, y también baños públicos donde toda la barriada iba a ducharse con agua caliente (que en ese momento no había en sus propios hogares).


Centro de barrio Nº 3. El Hongo le da un marco excepcional a la piscina del lugar, una entre las varias piletas municipales de Tacuarembó. Concebido por su autor simplemente como un techo para albergar a los artesanos de la ciudad, adquirió el status de símbolo. Tacuarembó

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??La Intendencia

La Intendencia. Sobre la avenida 18 de Julio, frente a la plaza 19 de Abril, está la sede del Poder Ejecutivo departamental. La obra lleva la firma del Arquitecto Leopoldo Tossi, proyecto que la Junta Económica Administrativa aprobó en mayo de 1906. El edificio fue inaugurado el 18 de julio de 1911 y en 2011 celebró sus 100 años. Es una construcción ecléctica, con marcada inspiración greco- latina, tal como denotan su fachada y las columnas interiores de su amplio hall. 72

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La más antigua. La hoy Plaza 19 de Abril se creó en 1832 con el nombre de Plaza Mayor. En su centro está el monumento a José Gervasio Artigas, obra del artista José Zorrilla de San Martín. La plaza principal de la ciudad está rodeada de edificios emblemáticos: la Intendencia de Tacuarembó, la Jefatura de Policía, la Catedral de San Fructuoso y el ex Teatro Escayola. Tacuarembó

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Monumento histórico. El 29 de junio de 1899 se colocó la piedra fundamental de la Catedral de San Fructuoso. La circunstancia se entendió como muy importante y el escritor Juan Zorrilla de San Martín llegó desde la capital para hacer uso de la palabra. El edificio se construyó con los planos del arquitecto Antonio Llambías de Oliver y se inauguró en 1917, aunque la torre se finalizó años más tarde: el 20 de febrero de 1930. La categoría de Catedral llegó con la creación de la Diócesis de Tacuarembó, el 3 de noviembre de 1960. Esta sede religiosa guarda en su archivo verdaderos tesoros históricos, tales como un Libro de Bautismos de la jurisdicción de “Nuestra Señora de los Reyes de Yapeyú” llevado por Fray Domingo Morales, que van de 1817 a 1821, que es considerado Patrimonio Histórico Nacional. Además existen libros con valor de Registro Civil y le confieren un lugar destacado en la conservación del patrimonio uruguayo. El edificio de la Catedral de Tacuarembó es de estilo neo-románico. En la obra se destaca el valor estético de la fachada, los detalles arquitectónicos del arco de entrada y el cupulín octogonal que sobresale con proporciones armónicas y sencillez. En el año 1984 la Catedral de San Fructuoso fue declarada Monumento Histórico Departamental. Por su estilo y particularidades fue declarado Monumento Histórico Nacional en el año 2007.

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Laguna de las Lavanderas. Enclavada en el Parque 25 de agosto, a un kilómetro de la ciudad, se encuentra este espejo de agua natural, bautizado como Laguna de las Lavanderas. En el pasado, las lavanderas se reunían en sus orillas para lavar la ropa y era frecuente verlas llegar con sus atados de ropa en la cabeza. Rodeada de un bosque de eucaliptos, la laguna es el lugar ideal para paseos al aire libre y también es fuente de inspiración para los autores locales, como Circe Maia, confesa admiradora del lugar. Su predio alberga la sede de la Sociedad Criolla Patria y Tradición y anualmente es sede de La Patria Gaucha. El sitio cuenta con zona de camping, mesas, bancos, parrilleros y baños públicos. La Lavandera, una escultura de José Bulmini, da la bienvenida al lugar, que bien vale una visita. Tacuarembó

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foto: Ciro ferreira

Paso del bote. Hoy el lugar es claramente identificable gracias a los coloridos puentes que unen el centro con la Laguna de las Lavanderas. Su origen data del 12 de marzo de 1888, cuando la Junta Económica comenzó a considerar la construcción de un pequeño “puente movedizo” de madera, sobre el sangrador, en el Paso del Bote. 76

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La catedral de Santa Isabel Venancio F. Bálsamo, hijo de Eufrasio Bálsamo e Isabel Rosas, donó las tierras donde se construiría la Capilla de Santa Isabel. En honor a su voluntad, la iglesia y el pueblo se llamarían así en homenaje a la madre de su fundador y a la reina Isabel de Portugal. De estilo gótico, el templo parroquial de Paso de los Toros se considera una verdadera joya arquitectónica. Su construcción requirió años de trabajo y tras una licitación, estuvo a cargo de la empresa Siemens Schuckert S.A. de Alemania y Siemens Bamnion de Buenos Aires. El 4 de julio de 1926, día de Santa Isabel, se colocó la piedra fundamental con una misa acorde a la circunstancia, aunque las obras comenzaron el 19 de abril de 1927. Tres años más tarde, el 24 de agosto de 1930, el Obispo Diocesano Mons. Miguel Paternain bendice solemnemente el templo, que quedó habilitado para el culto antes de que se terminaran otros aspectos edilicios. Sin recursos, todo hizo suponer que así quedaría la obra: como un templo sin terminar tal cual un esqueleto de hormigón. En diciembre de 1931 Daniel Franco se incorporó a la parroquia como Cura Párroco y se propuso conseguir fondos para terminar la obra. Mediante un plan quinquenal, involucró a 33 personas, en memoria a los integran-

tes de la Cruzada Libertadora, cada una de ellas se comprometió a donar $ 1.500 durante cinco años. La segunda etapa de construcción y su finalización se realizó entre octubre de 1942 y el 23 de enero de 1950. El 19 de abril del año 1950, a los 23 años exactos de que la Siemens Bamnion comenzara la construcción, el templo parroquial se consagró con la presencia pontificia de Monseñor Miguel Paternain, Obispo de Florida y Melo. Arquitectura La estructura de esta catedral se basa en una armazón de cemento armado con una recubierta a dos aguas, cubiertas de tejas coloniales. Con una longitud de 50 metros, un ancho de 16,60 y una altura de 14 metros, en su interior se encuentra una Nave Central y a una altura de 4,5 metros las bóvedas laterales. Al frente hay un atrio de acceso al templo de cinco metros de largo y entre este y la nave, un vestíbulo de siete metros. A uno y otro lado del atrio y vestíbulo hay dos locales: uno para bautismos y otro para el despacho parroquial. El Coro queda sobre el vestíbulo, con una parte avanzando sobre la nave. Detrás del presbiterio y las capillas adyacentes hay una sacristía y una ante sacristía.

La torre central, de base cuadrada, alcanza los 41,30 metros de altura y se corona con una cruz de seis metros. Las simples líneas geométricas de la catedral adquieren relieve y movimiento por el claroscuro de las aberturas, los pináculos y por la complejidad de las formas armoniosas que presenta en su parte superior. La torre aloja un campanario con dos campanas y un reloj alemán de cuatro esferas con sistema de pesas cuyas campanadas marcan las horas, las medias y los cuartos, instalado en julio de 1964. Claves o apuntes: En el altar, además de la Virgencita de los 33 hay dos placas que registran el nombre de los 33 contribuyentes, donantes de los $ 1.500 y un mural copia del cuadro de los 33 Orientales, de Juan Manuel Blanes. Los marcos del Vía Crucis forman parte de la misma arquitectura del edificio. Los 14 cuadros han sido hechos expresamente para esta iglesia, sobre la medida de los marcos. Los vitraux son un hermoso conjunto de figuras de Santos, con pasajes de su vida, de multicolores rosetones y ventanales de forma esférica, que llevan vidrios policromados. Son diez grandes y cuatro chicos. Tacuarembó

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Paso de los Toros, una ciudad que impuso una marca en el mundo Dino Cappelli

Paso de los Toros tiene una historia eternamente vinculada al río. Y no solamente con referencia al trágico año 1959. Desde antes y desde después. Ha crecido recostada al enorme río Negro, asociada a sus represas y embalses, y tan al sur del departamento de Tacuarembó que la autonomía de la ciudad no es patrimonio del último tiempo de alcaldía y gobierno local, sino de siempre. Puente por medio, Pueblo Centenario marca el último bastión duraznense sobre la Ruta 5 “Gral. Fructuoso Rivera”, ese eje vial que atraviesa la ciudad y la sitúa en el punto medio de la geografía del Uruguay. Allí donde hoy hay playas sin arena, hubo paso de animales. Allí donde hoy hay puente,

hubo un vado conocido como Paso General de los Toros, utilizado por hombres y animales para cruzar carretas y tropas. Allí nació la ciudad que ostenta actualmente casi 15 mil habitantes, y que presume de ser de las más cuidadas del país. Lo que hoy es Paso de los Toros, y lo es desde el año 1929, fue primero Santa Isabel, cuando fue pueblo desde 1903. Asociada al agua tónica con su clásico nombre, a Fabián O’Neill y su paso por el fútbol del mundo, a Mario Benedetti y tantos otros, sin embargo la “inundación del 59” –como la conocen todos– es la impronta de un lugar mudo testigo de la naturaleza desbocada.

Aquella inundación Fue en abril de 1959 cuando las intensas lluvias colocaron en el mapa de la tragedia a la ciudad. La represa Gabriel Terra fue sobrepasada por las aguas que bajaban del norte, creció el lago de Rincón del Bonete, se dinamitó el terraplén de contención de aguas para evitar males mayores y eso obligó a evacuar a unas 10 mil personas. Casi en mayo, se pudo retornar. El panorama era desolador: casas arruinadas, animales sueltos o muertos pudriéndose en las calles, muebles encima de los árboles y un olor repulsivo debido al desborde de los pozos negros. Previa vacunación contra el tifus, los isabelinos tuvieron que rehacer su ciudad, y lo lograron. Hoy muchos señalan la iglesia, y dicen Tacuarembó

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“hasta allí llegó el agua”, aunque es dif ícil imaginar el resto. En plena avenida de acceso, un muro agradece la solidaridad de un país que recibió a más de 10.000 isabelinos en un triste éxodo ferroviario. Agua y tónica Cuando Rómulo Mangini aceptó aquel desafío, seguramente no imaginaba lo que vendría con el tiempo. El inglés Jorge Jones le propuso realizar un agua tónica tan buena como la inglesa del momento, y Mangini –montevideano que trabajaba en el comercio de su esposa– no escatimó esfuerzo ni creatividad hasta lograrlo. Aquella bebida se transformaría en ícono del mercado de las aguas tónica de la región, y le daría a la ciudad del centro del país tanta identidad como una marca. Es que Paso de los Toros es Paso de los Toros. Lamentablemente nada quedó; ni fábrica, ni regalías, ni nada. Tan solo un cartel que identifica y asocia a la ciudad con la marca que regentea Pepsi Inc. Pese a los esfuerzos que se han realizado desde la comunidad para recuperar parte de aquel valor, tan solo el recuerdo perdura en propios y ajenos. Capital ovina Cada año, la ciudad organiza un evento que recibe a cientos de visitantes de todo el país y la posiciona en un sitial de privilegio como capital de la ovinocultura. El verano trae consigo la Expo Ovina –en 2012 se realizó la 27ª edición–, donde exposiciones, juzgamientos, recitales y bailes son argumento para tres días de 80

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Sombra y agua fresca. El puente no solo significa tránsito sobre la Ruta 5.

fiesta isabelina. Entretanto, el ferrocarril pugna por unir a la ciudad y Buenos Aires con su nuevo sistema de transporte de pasajeros, eje logístico de un país que siempre tuvo a Paso de

los Toros como punto clave de cultura, deporte, arquitectura y personajes destacados a nivel nacional e internacional. Y que seguramente lo seguirá teniendo…


Puente Centenario. La obra de ingeniería civil fue realizada por la empresa Stiler. Un adelanto para su época que logró unir el departamento de Tacuarembó con Durazno y que llevó la firma de Leonel Viera. Tacuarembó

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La península dorada. San Gregorio de Polanco es uno de los destinos turísticos más concurridos del departamento. Sus playas son famosas por sus arenas blancas.

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San Gregorio de Polanco

La península dorada Dino Cappelli

Qué bien está San Gregorio, de azules aguas rodeado, Bajo ese cielo profundo en medio del suelo patrio. Así, entre otras tantas formas musicales y poéticas, le canta Cacho Labandera a su pueblo, ese balneario de enormes arenales recostado sobre los lagos y meandros del ancho río Negro. Es el cantautor más identificado en su prosa y su prédica con San Gregorio de Polanco, la localidad que aparenta limitar con el departamento de Durazno, pero que en realidad se separa de su geografía por un inmenso río que olvida las orillas, y apenas permite divisar la costa. Es entonces cuando cobra vida e importancia la balsa que hace el trayecto entre ambas márgenes, a cargo de autos y gentes, y que des-

de los principios de los tiempos se ha transformado en marca indeleble del pueblo. San Gregorio es playa de verano, pero es lago y pescadores artesanales durante todo el año. La temporada comienza apenas despunta el calor, y se extiende hasta que los tiempos de Turismo dicen que comienza real y eficazmente el año calendario en Uruguay. Recibe a cientos y más cientos de turistas de Brasil que antes de llegar a la Costa de Oro, abrevan en sus aguas azules. Y los imitan miles de turistas del territorio nacional, que optan por la tranquilidad, los precios accesibles y los es-

pacios inconmensurables a la hora de practicar deportes acuáticos. Es cuando el pueblo cobra vida, y entre espectáculos al aire libre, pubs, pesca de bagres y tarariras y pejerreyes, baños, deportes, se convierte en un bullicioso punto de veraneo –especialmente para las familias–. Enero es tiempo del Festival de Música, de ventas artesanales en la península, de eventos competitivos en la playa. Es fiesta absoluta para el principal balneario de tierra adentro que tiene el país, con sus 3.000 habitantes y una historia que data del año 1853. Tacuarembó

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Arte en las paredes. Toda superficie en San Gregorio de Polanco puede ser utilizada como tela para un gran mural. 84

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Museo Abierto de Arte Iberoamericano Santiago Pereira Testa, Curador del MAAIS

La abundancia de hallazgos arqueológicos señala a San Gregorio de Polanco como lugar de asentamiento indígena desde épocas remotas. Además, la existencia de un paso muy accesible sobre el río Negro explica la radicación de Andrés de Polanco con un depósito de cueros en el siglo XVIII. Hay partes de campo del capitán José Artigas fechados allí entre 1809 y 1810. El 16 de noviembre de 1853, el presidente Giró autoriza la fundación del pueblo al general Gregorio Suárez y a José Cardozo y, en poco tiempo, se convierte en un centro de servicios para una amplia zona ganadera. En 1870 llegan italianos, luego algunas familias sirio-libanesas y en la década del 30, españoles. En 1928 se inaugura un hospital y en 1932 la usina eléctrica. Una intensa navegación fluvial lo vincula con Paso de los Toros y Mercedes. Terminada la represa Gabriel Terra en 1946, se forma el lago, dejando a San Gregorio, que en la época contaba con 5.000 habitantes, aislado del resto de Uruguay. La imprevisión al proyectar la represa provocó daños irreparables y la población comenzó a emigrar. Recién en 1966 se inaugura la ruta 43, cuando la villa se había reducido a 2.000 habitantes, pero estos estaban dispuestos a luchar. En poco

tiempo, había dos escuelas primarias, liceo, escuela industrial, aeropuerto con servicio regular de PLUNA, estadio, parador y camping. En 1976 comienza a transmitir CW151 Radio Ibirapitá. En 1985 la TV cable le acerca las cadenas internacionales. Sorprendente sede de fenómenos culturales, se destacan poetas de la talla de Enrique Amado Mello y cantores como Oscar “Cacho” Labandera, que dan fe de la existencia de inquietudes intelectuales profundamente arraigadas. Una idea inspirada en una visita de la Ing. Agr. Isabel Sanz –que dirigía un proyecto de desarrollo granjero del Servicio Ecuménico para la Dignidad Humana (SEDDHU)– al pueblo de Escariche en España y gestionada por Marta Balestra Cenoz, gestora cultural oriunda del lugar, tiene como resultado el nacimiento de la Comisión de Amigos del Arte y la Cultura y el Museo Abierto de Artes Visuales de San Gregorio, inaugurado el 10 de abril de 1993 con la colaboración honoraria de los artistas invitados. Colaboran también la Intendencia, la Junta Local, el MEC, el MTOP, OSE, ANTEL y otros organismos del Estado. Este museo cuenta hoy con más de 60 obras murales y esculturas de muy importantes creadores nacionales y extranjeros.

A partir de su inauguración, se ha constituido en permanente centro de atracción de intelectuales, artistas y periodistas que le han otorgado trascendencia nacional, liderando un movimiento turístico cultural pocas veces visto en Uruguay y que ya ha sido puesto como ejemplo en foros internacionales. Esta corriente a su vez ha atraído a inversores hoteleros y para-hoteleros, gastronómicos y de servicios, aumentando la oferta de puestos de trabajo y mejorando los niveles de vida de la población local. En la plaza Constitución, la escultura Inti diseñada por Julio Uruguay Alpuy, nacido en la localidad, cuya construcción se concretó por aporte del ministro Lucio Cáceres cumpliendo así con el pedido que le hiciera, Marta Balestra –ya fallecida en ese momento–convive con el magnífico reloj de sol que recuerda la presencia de Félix Peyrallo Carbajal en la década del 70. Hoy, con la nueva denominación de Museo Abierto de Arte Iberoamericano, vive un permanente renacer ya que sus obras por ser de vida limitada deben ser permanentemente renovadas, otorgándole un dinamismo sin igual. Y sin duda, es el único museo uruguayo instalado a orillas de playas con arenas blancas. Tacuarembó

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Múltiples firmas. Más de 100 artistas, tacuaremboenses o no, dan a conocer su obra en este museo.

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Museo de Artes Visuales La finalidad del museo es rescatar, preservar, investigar, exhibir y comunicar el patrimonio cultural relativo a las artes visuales del departamento, de la región y del país en sus más diversas expresiones: pintura, escultura, grabado, fotografía, diseño y audiovisual. Fue creado por decreto de la Junta Departamental de Tacuarembó en 1985, pero la ejecución e inauguración del museo se realiza en diciembre de 2009, con 87 obras donadas y en préstamo. Su objetivo general es sensibilizar al público con respecto a las artes plásticas y contribuir a la formación artística del público en general, especialmente niños y jóvenes. El museo propone instancias de participación sociocultural con actividades programadas en las que se pueden conocer, consultar, valorar y disfrutar sus diversas expresiones. Se trata de propiciar el reconocimiento de la diversidad cultural y artística del departamento en el marco de un proceso de democratización de la cultura y de inclusión social. Actualmente

se exhiben obras de arte de más de cien artistas tacuaremboenses y de otras localidades del país. El Museo de Artes Visuales de Tacuarembó posee una colección de artistas locales de proyección nacional e internacional, como la magnífica serie de pinturas de Gustavo Alamón, artista plástico tacuaremboense que alcanzó merecida fama por la fuerza de sus concepciones estéticas, en especial la serie de “Robots”, que usa como metáfora de una humanidad que encierra su alma, en busca del poder y el sometimiento de sus semejantes. El museo posee también pinturas de la primera época de Alamón, retratos a los que el artista no quiere recordar pero que tienen los elementos estéticos de un gran talento, todavía en busca de su estilo. La pintura de otro grande de Tacuarembó, como Dumas Oroño, no falta en el museo, que exhibe un bellísimo óleo sobre fibra de 1959, Ciudad de San Pablo, una metrópolis tropical en expansión, con la paleta y textura de un pueblo.

Serie “Robots”, de Gustavo Alamón.

La obra Cordúa en Salsipuedes, una de las más significativas de Anhelo Hernández, otro gran artista, ocupa un lugar de privilegio en las instalaciones del museo. El lugar también exhibe muestras itinerantes de grandes artistas nacionales y posee una colección de fotograf ías, muchas de las cuales datan de los albores de esa técnica, que conforman un patrimonio invalorable del acervo cultural de la ciudad y el departamento. Tacuarembó

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Puntas de flechas. La colección de cientos de piezas se considera una de las más importantes de América. Los objetos de este museo son además de gran riqueza testimonial. 90

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Museo del Indio y del Gaucho Washington Escobar Está considerado uno de los museos líticos más importantes de América por su colección de cientos de puntas de flecha, boleadoras y rompecabezas, usadas por las tribus precolombinas que habitaban el territorio de lo que hoy es Uruguay. Entre los objetos que integran la riqueza testimonial del museo se encuentran, además, morteros, mazas, pulidores, hachas, tapas de urnas funerarias, ollas de barro cocido, botijas, cerámicas misioneras muy raras procedentes del arroyo Tranqueras y fragmentos de piezas de alfarería ornamentales. Fue creado en 1941 por Washington Escobar y su primera sede fue la casa particular del investigador, que había logrado reunir una colección extraordinaria de utensilios y armas de la Edad de Piedra, recolectadas en su gran mayoría en las inmediaciones. Algunas de las piezas más antiguas llegan a 91 Tacuarembó

superar los 3.000 años. Hay cuchillos de piedra, sierras, espátulas y un bellísimo arco, cuya fecha de origen está todavía indeterminada. Esta pieza es de un valor incalculable, ya que se trata del único arco fabricado por los indígenas que habitaron Uruguay encontrado y conservado. Su hallazgo corresponde a un mecánico de la localidad de Piedra Sola, Séptimo Lachaise, en el arroyo Zapatero, afluente del río Queguay, en campos del Edgardo Martínez Irigoyen, quien lo donó al museo. El arco, encontrado en una zona del área cultural de los charrúas y afines entre el siglo XVIII y XIX, se encuentra en casi perfecto estado de conservación, debido a que se encontraba sumergido y asomaba solo en las bajantes. Mide 1,75 metros de largo y tiene tres centímetros y medio de diámetro máximo; en los extremos se pueden apreciar las ranuras por donde pasaba el tiento o fibra

que se tensaba al disparar la flecha. En el centro del arco se puede ver el pulido que dejó el uso intenso del arma y también el roce, en la madera, del paso de la flecha al lanzarla. El museo posee, además, una colección de armas blancas y de fuego, así como indumentarias gauchas y partidarias de colorados y blancos del siglo XIX y principios del XX. Además de sus trabucos, facones, lanzas, sables, mosquetes, divisas, chiripá, botas de potro, mazareras, rebenques y calzoncillos cribados, hay cerámicas y esculturas de artistas locales. Llama la atención un revólver Lefaucheaux, con dos caños de diferente calibre (22 y 32) y una ruleta de veinte balas. El museo es un orgullo de la arqueología nacional y está en un puesto de privilegio en las guías de viajes para quienes se interesan en la riqueza de las culturas indígenas de América. Tacuarembó

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Gardel. El museo que honra al Zorzal Criollo recibe a unos 10.000 visitantes cada año. Visita obligatoria para quienes desean saber más sobre El Mago y, sobre todo, sus orígenes.

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Museo Carlos Gardel Tacuarembó le rinde homenaje a una de sus máximas figuras: Carlos Gardel. Anualmente unas 10.000 personas van hasta Valle Edén y visitan el museo que lleva su nombre. La información que se exhibe en el lugar impacta, pero lo mejor: visitarlo regocija el oído porque desde que uno pone un pie allí la voz de El Zorzal Criollo lo inunda todo. El museo fue fundado el 11 de diciembre de 1999 con la clara vocación de evidenciar la importancia de la figura de Gardel en la identidad departamental y con un objetivo histórico-cultural importante: dignificar la verdad histórica. Polémicas de origen aparte, cada visitante accede a documentos que acreditan el lugar de nacimiento de El Mago. Vale aclarar que la cantidad de documentación impacta hasta al más escéptico. Tres estructuras edilicias en piedra dividen el lugar. En el primer edificio se exhibe el material testimonial sobre la vida de Gardel; en el segundo se muestra su carrera artística, y en el último hay una sala de cine donde se proyectan documentales sobre su vida y aquellas películas que lo llevaron a la fama. Una vez en el lugar, es imposible obviar la representación de su árbol genealógico que indica que Carlos era hijo de María Lelia Oliva y que nació el 11 de diciembre de 1887 a menos de una legua del lugar, en el casco de la estancia Santa Blanca, propiedad de su padre, el coronel Carlos Escayola.

Otro documento imposible de pasar por alto es la carta de ciudadanía legal argentina, su patria artística. Este documento destaca que Carlos Gardel tiene nacionalidad argentina, adquirida por nacionalidad original uruguaya, y que nació en Tacuarembó el 11 de diciembre de 1887.

A Gardel se le había exigido definición de ciudadanía para actuar en Venezuela, y él aclaró que era uruguayo por nacimiento y argentino por vocación. Para convencerse o indagar más, visitar el Museo Carlos Gardel es impostergable. Y de paso, puede hacerlo cuando se celebre la Semana Gardeliana en el mes de junio.

Documentación gráfica. Los mejores momentos de Carlos Gardel se exhiben en imágenes. Tacuarembó

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Millones de a帽os. F贸siles, minerales y rocas hablan de la historia y tientan a visitar el lugar. El Museo de Geociencias exhibe m谩s de 1.000 tipos de minerales y su acervo tienta tanto a especialistas como a curiosos. 94

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Museo de Geociencias El Museo de Geociencias de Tacuarembó posee más de mil tipos de minerales de la zona de Tacuarembó y de otras regiones de Uruguay, así como fósiles que se remontan a la era del mesozoico, hace unos 145 millones de años, y los moluscos bivalvos de agua dulce, tan preciados por los paleontólogos, denominados tacuaremboia caorsii, del jurásico, de una antigüedad de entre 140 y 190 millones de años. Entre los fósiles también se pueden encontrar escamas de peces ganoideos, especie prehistórica de individuos de poco más de un metro de longitud, cuyas escamas, muy duras, los convertían en acorazados submarinos. En Tacuarembó se han realizado los hallazgos paleontológicos más importantes del país, gracias a las formaciones rocosas del mesozoico, era en la que vivieron los dinosaurios. Esta par-

ticularidad del suelo ha sido denominada Formación Tacuarembó y ha despertado una gran curiosidad científica, que tuvo sus frutos en los hallazgos de los paleontólogos en la zona. Los documentos gráficos y estudios relativos a las pisadas de dinosaurio descubiertas en la Cuchilla del Ombú están en exposición en el museo, y los estudios correspondientes se encuentran en la biblioteca del lugar, especializada en geología y paleontología, una de las más completas del país. También se pueden apreciar en el museo, que fue fundado en julio de 1985, reconstrucciones en yeso de dinosaurios, realizadas a partir de hallazgos de restos fósiles de estos reptiles herbívoros prehistóricos encontrados en el departamento. Se destaca, asimismo, la reproducción de un gliptodonte, una especie de mulita gigan-

te prehistórica, también reconstruida a partir de restos fósiles hallados en el trabajo de campo de los paleontólogos que trabajaron en la zona. La colección de minerales abarca la gama que se puede encontrar en el territorio uruguayo, desde diferentes variedades de amatistas del departamento de Artigas y también ágatas, hasta el jaspe, el basalto y la arenisca, locales. El museo provee una base teórica y una buena muestra de rocas, minerales y fósiles para estudiantes, interesados y especialistas en la materia. Tacuarembó

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El trofeo en casa. En 2011 la Selección Uruguaya de Fútbol ganó la Copa América. La apertura del Museo del Deporte se celebró con la exhibición del trofeo obtenido por decimoquinta vez en la historia del fútbol celeste. 96

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Museo del Deporte La historia de los deportistas tacuaremboenses comenzó a escribirse hace mucho tiempo; sin embargo desde el 25 de agosto de 2011 puede repasarse en el Museo del Deporte. El lugar nació con el firme propósito de “recomponer, recrear y mantener la historia viva para proyectarla a las futuras generaciones”, al decir de Wilson Ezquerra, intendente departamental de Tacuarembó. “La expresión del deporte en Tacuarembó y los logros obtenidos por los tacuaremboenses, son el reflejo de nuestra comunidad, una sociedad pujante, tesonera y soñadora que cree en lo que hace”, agregó el jerarca. Trofeos, camisetas y medallas de los grandes

hitos deportivos del departamento se exponen en este museo ubicado en Ituzaingó, entre General Flores y 18 de Julio. En el lugar, verdadera obra de la cultura deportiva, se homenajea a leyendas del ámbito del fútbol, tales como Ángel Brunel (ídolo de Nacional) o Tabaré González (ídolo de Peñarol). Jugadas, equipos, jugadores, técnicos, cuentan sus glorias a través de documentos que dimensionan las conquistas del deporte tacuaremboense. Destacadísimas fotos documentan al velocista local, Jacinto López Testa, quien por su velocidad recibió el apodo de “El Gamo”. Ubicado en una gran casona, a media cuadra de la avenida principal, este museo alber-

ga a la Dirección de Deportes, la Asociación de Fútbol de Tacuarembó, al Tacuarembó Fútbol Club, a la Federación Ciclista, al Baby Fútbol y la Liga Senior de Fútbol. La inauguración de este museo también coronó el festejo de la Asociación de Fútbol local, que ese año cumplió 100 años. Lo mejor es que los tacuaremboenses se sintieron parte de esta propuesta y donaron sus propios recuerdos para crear un acervo común. Para celebrar su apertura, todos los tacuaremboenses fueron invitados al museo y allí pudieron ver de cerca el trofeo obtenido por la Selección Uruguaya de Fútbol en la Copa América. Tacuarembó

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Intactos. Eduardo Custodio comenz贸 con una colecci贸n de Ford T. Su acervo exhibe modelos impecablemente restaurados y en funcionamiento. Para ver estas joyas, que se dejaron de fabricar en 1927, es necesario concretar una cita previa. 98

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Museo del Ford En Avenida Argentina, a dos kilómetros del centro de Tacuarembó está emplazada esta rareza, producto del afán y la inversión de largos años de Eduardo Custodio, un tacuaremboense con espíritu emprendedor y medios a su alcance como para crear una colección muy interesante de ejemplares de Ford T, 18 en total, fabricados entre 1909 y 1927. Están armados con las piezas originales y en perfecto estado de funcionamiento. El principal orgullo del lugar es un modelo Towncar de 1909, con piezas de fábrica, el encarrozado de madera, faroles de bronce, tapizado completo y motor y pintura de fábrica y con modelos que incluyen entre otros, Delivery Wagons, Runabouts y Coupelets. Todos los vehículos están impecablemente restaurados, en perfectas condiciones de funcionamiento, con sus partes de madera totalmente restauradas, sus bronces brillando y su pintura reluciente. Hay además cuatro ejemplares de los cinco automóviles que ocuparon los primeros lugares en la elección del siglo realizada por 160 especialistas de todo el mundo: el Ford T, que fue el primero y luego un Mini Cooper, un Volkswagen “escarabajo” de 1952 y un Porsche 911. La sección de transporte se complementa con tractores de otras épocas y estaciones de servicio, con surtidores de combustible y otros implementos de la década de 1920. Pero el museo, que en la actualidad recibe

Otro tiempo, solo a 2 km de la ciudad.

visitantes mediante cita previa, se prepara para ser una especie de pueblo perdido en el tiempo, que será acompañado por un hotel, y de esta manera se prevé que el huésped esté alojado en otra época, y que deba respetar estrictas reglas, como la que exige un cartel enlosado: “Por orden del Comisario se prohíbe entrar armado y con sombrero al despacho de bebidas. Orden policial. Febrero 1892”. En una sala atiborrada de muebles y anuncios publicitarios se promociona la bebida Bidú, para los niños, en tanto que a los mayo-

res se les sugiere una Lusera o una Havana. Y para los recién llegados, tal vez todavía agobiados por el estrés, hay pastillas de Geniol. En la sección prendas de vestir, se anuncian los sombreros Borsalino, hechos por “Borsalino, Giuseppe e fratello”. Una de las salas es un “despacho de bebidas”. Hay una enorme mesa de billar, una vitrola a cuerda, varios discos de pasta y la infaltable publicidad enlosada, donde se anuncia desde Coca-Cola hasta pólvora. El almacén tiene una mueblería en madera con recipientes vidriados para dejar ver su contenido, que podría ser de distintos tipos de fideos hasta galletitas, y una caja registradora de un tamaño descomunal. Al salir se advierte un cartel que aclara que está “Prohibido galopar por las calles del pueblo”. El lugar también tiene las instalaciones y el mobiliario como para ambientar una peluquería de las de antes y también todo tipo de talleres. Eduardo Custodio explica que todo comenzó cuando murió su padre, a los 56 años, y entonces él decidió que debía hacer algo para que su vida no fuera en vano. Primero comenzó con los Ford T, uno y después otro, y eso lo suspendió con la crisis de 2002. Entonces empezó a comprar antigüedades y después decidió juntar las dos cosas. Por ahora existe el museo de esas máquinas tan entrañables que son los Fort T, dejados de fabricar en 1927. Si la porf ía de Custodio se impone, habrá un oasis en el tiempo, en lo profundo del territorio uruguayo. Tacuarembó

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De todo, como en botica. Un mosaico de historia, con un mix de objetos se disfruta en Luis Alberto de Herrera y General Flores. 100

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Casa cultural y museo criollo Memoria del Pago Una vieja casona en la esquina de Luis Alberto de Herrera y General Flores, alberga esta casa cultural y museo, inaugurada en noviembre de 2006 por el Dr. Carlos Arezo Posada. La iniciativa, de carácter privado, se propone destacar las tradiciones locales y mantener viva la historia del pago, y en sus salas se pasa revista al pasado tacuaremboense y regional. En el amplio patio central, las construcciones completan una visión de conjunto sobre el departamento y reconstruyen, con una interesante apuesta en lo estético, la vieja capilla rural, la escuela, la comisaría y el galpón de estancia, así como Pulpería de los Mattos. Una colección de afiches de la tradicional fiesta de la Patria Gaucha y esculturas en madera de gran porte que recuerdan el pasado indígena y homenajean al cacique charrúa Sepé reciben al visitante. El primer pasaje –que hace honor al artista plástico Gustavo Alamón y lleva su nombre– recuerda los orígenes de Tacuarembó. La primera sala rinde tributo a Nicanor Arezo Puentes (padre del fundador del museo) y a los medios de comunicación con diversas radios antiguas, micrófonos, viejos grabadores y prensa de época junto a fotografías de familias italianas de la ciudad. El pasaje Washington Benavides recuerda al gran docente con las por-

tadas de su extensa producción bibliográfica y fotos de los siglos XIX y XX. La sala de la Alegría, la mayor del museo, tiene varios rincones que recuerdan al Carnaval con Marta Gularte (oriunda de Paso de los Novillos, Tacuarembó), al profesor Tachuela, un payaso y parodista de grato recuerdo en las animadas fiestas pueblerinas, fotos de comparsas, así como instrumentos musicales de las murgas y tamboriles. En las paredes, múltiples fotos rememoran la actividad política de los caudillos y lideres de todas las colectividades a lo largo del siglo XX. La sala de la creatividad Walter Domingo –arquitecto de la modernidad– recuerda las obras realizadas por este profesional durante los años 50 y 60 y los centros de barrios, el estadio de fútbol actual, las obras de hormigonado y construcciones diversas que conformaron la línea definitiva de la ciudad. No falta una sala dedicada a la música y las artes plásticas, donde Tacuarembó hace gala de grandes nombres; naturalmente la figura de Gardel predomina, sin romper el equilibrio con la presencia de otros artistas. Un paseo extraordinario que merece disfrutarse sin apuros y que convoca por su calidad didáctica. Lo mejor es que el propio Arezo hace cuestión de ser guía de la visita y conversa animadamente con los visitantes.

Réplicas antiguas. Un sello de este museo.

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capĂ­tulo

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Grupo de Tacuarembó El Grupo de Tacuarembó es la denominación que se le da a un fenómeno muy peculiar, que fue el surgimiento de una serie de personalidades fundamentales del arte uruguayo que se formaron en la capital del departamento, bajo la tutela intelectual del poeta, músico y docente Washington Benavides. Nunca fue algo premeditado ni organizado, sino que lo que guiaba a los concurrentes a la casa de Benavides –el Bocha, como siempre fue conocido– era la curiosidad por las maravillas, sobre todo en materia de literatura y música, a las que se podía acceder. También el placer de la compañía mutua entre creadores tan personales y disímiles como los músicos Numa Moraes y Eduardo Darnauchans, el pintor Gustavo Alamón y el escritor Tomás de Mattos, por nombrar solo a un puñado de los concurrentes a esas tertulias, cuyos integrantes nunca olvidaron. Benavides afirma que lo importante era el hecho de juntarse y que no había ninguna tutela sino un intercambio permanente de ideas y de entusiasmos. Todos los demás discrepan respetuosamente. La gratitud al Bocha es uná104

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nime. Aunque también es verdad que esa casa estaba abierta desde las 8 de la mañana hasta las 11 de la noche. “Se tocaba a la puerta por educación, pero no esperábamos que nadie abriera. Entrábamos, nomás”, recuerda hoy Tomás de Mattos. El autor de Bernabé, Bernabé recuerda la alquimia de aquellas jornadas: “Para mí la transformación maravillosa fue la de Numa Moraes, la complejidad que adquirió como autor por efecto de esas reuniones”, señala. A Benavides se lo evoca como alborotador de almas, como instigador en la aventura de otras literaturas, otros sonidos, otras poéticas, ajenas a las que podría acceder un joven con inquietudes en Montevideo o en cualquier otra parte. Pero el Bocha también guiaba los entusiasmos, “¿vos te das cuenta de lo que escribiste?”, le dice a un joven Tomás de Mattos, que le mostraba el primer cuento que se había atrevido a escribir, El hecho. “Esto es digno de Kafka”, remataba Benavides, en lo que fue el espaldarazo inicial a quien hoy es uno de los máximos exponentes de las letras uruguayas. Los “robots” son también un hallazgo re-

tórico del Bocha, al ver los primeros bocetos de esa estética en el pintor Gustavo Alamón, cuya serie de robots abarca décadas de su obra hasta el presente, y a los que usa como insignias de su credo, como las señas de identidad del enemigo, la deshumanización de cualquier tipo de poder. Lo de Grupo de Tacuarembó es una denominación que surge tiempo después, cuando una serie de artistas tacuaremboenses se destacan en el ámbito nacional, la mayoría instalados en Montevideo, y cada uno recuerda sus orígenes creativos y la guía atenta y sensible de Washington Benavides, Moraes, Darnauchans, Larbanois, Carlos Benavides, Lagos, Abel García, Víctor Cunha, Eduardo Milán, Carlos Da Silveira, Rodríguez Viera y Ciro Ferreira, que se destacó tempranamente como fotógrafo y que actualmente como médico dirige el Hospital de Tacuarembó, un ejemplo de administración y asistencia en el interior del país. Gustavo Alamón recuerda las movidas artísticas: movidas en el sentido literal, cuando salían a hacer carretera con el Bocha y Numa Moraes, a tocar, cantar, recitar, exponer, hablar


de arte, compartir, disfrutar. Eran tiempos –la década de 1960 y parte de la de 1970– sin distracciones digitales, y estos tacuaremboenses sentían al arte como una fiesta a la que invitaban a todo el que estuviera lo suficientemente despierto. “Yo creo que fue el temperamento del Bocha”, es el intento de explicación de Tomás de Mattos. “También se decía que la razón para que surgiera un movimiento con características propias era que estábamos suficientemente lejos de Montevideo y que por eso necesitábamos autonomía, teníamos que autoabastecernos. Pero en Rivera los casos son aislados y en Tacuarembó fue un movimiento”. La pasión por las artes y las letras era algo inusual en Tacuarembó. Muchos recuerdan los duelos entre Walter Ortiz y Ayala y Washington Benavides, que competían en justas idiomáticas: elegían cinco palabras en el diccionario y jugaban un partido. Había que definirlas y utilizarlas. De Mattos entiende que “hubo una tradición por emulación. Había actitudes que se trataban de emular: la humildad, la audacia y el rigor”.

Benavides pregonaba que los grandes autores eran personas de carne y hueso, como ellos, que cometían una infinidad de errores, pero que habían tenido la audacia de atreverse a decir lo que tenían para decir y habían logrado trascender a base de trabajo duro. “Discutíamos muchísimo y aprendíamos mucho el uno del otro, siempre sintiéndonos amigos y discípulos del Bocha”, aclara De Mattos. El afamado autor de novelas históricas recuerda también la generosidad y el esfuerzo que suponía para la familia Benavides ese patronazgo de las artes: “Se daban el lujo, se gastaban casi todo el patrimonio en esa bancada de parásitos que había todos los días. No había descanso, porque los fines de semana era peor. Yo no sé cuándo escribía. Sospecho que el Bocha no dormía”. Es famosa la capacidad de Benavides para crear en cualquier momento. En una de esas tertulias, ofuscado luego de una discusión bizantina, el poeta decidió hacer un quiebre para crear. Así recuerda De Mattos todo el proceso creativo de una famosa canción escrita por Benavides: “‘Estoy viendo, estoy evocando, a

una muchacha preciosa que vi en el andén y yo estaba en el tren y tuve conciencia de que no la vería nunca más. Le voy a escribir una poesía’, dijo. Puso la hoja en la máquina y empezó: tac, tac, tac. En veinte minutos, estaba la canción”. En cuanto a la conciencia que tenían en aquel momento de la importancia de lo que estaba ocurriendo, De Mattos narra una anécdota que le hizo entender que aquello era serio: “Un día entro y me encuentro con Zitarrosa. El Bocha me presenta, me invitan a sentar, me incorporan a la rueda del mate y yo veo el respeto con que Zitarrosa lo trata al Bocha, de usted, y el Bocha que lo tuteaba, casi parecía que lo botijeaba. Estaban preparando el disco de Tacuarembó. Para mí Zitarrosa era lo máximo, pero me di cuenta de que al maestro mío él también le tenía un gran respeto”. “Yo siempre fui consciente de la influencia del Bocha –insiste De Mattos–, hasta competíamos entre nosotros por el tiempo del Bocha, por la teta de la chancha. Tenía una sensibilidad tal que imprimía conceptos, ideas, metáforas, en nuestro subconsciente, con una intensidad extraordinaria”. Tacuarembó

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José Tomás Mujica

Prender la chispa José Tomás Mujica es el primer gran docente y artista que llega a Tacuarembó y comienza a crear un movimiento cultural en la ciudad uruguaya. Nació en Tolosa, en la Provincia de Guipúzcoa, España, en 1883 y recibió sus primeros conocimientos musicales con Felipe Gorritti. Más tarde ingresó en el Conservatorio Real de Madrid y obtuvo el primer premio en Armonía, Órgano y Piano. Estudió Composición y ganó una beca para profundizar sus conocimientos con el maestro belga Paul Gilson. En 1913 se radicó en Tacuarembó y desarrolló una vasta labor pedagógica. En 1937 fue nombrado profesor de Canto Coral en el Liceo Zorrilla de San Martín. Fue fundamental, asimismo, en el desarrollo del Conservatorio Municipal de Música. Sus discípulos pronto darán renombre a la ciudad de Tacuarembó como cuna de grandes músicos: Heber Gustavo Escayola, pianista excepcional, pronto se marcha a Montevideo y luego a Europa donde dirigirá una importante orquesta de jazz. Surgen, casi a la par, René Ma106

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rino Rivero y Abayubá Rodríguez, bandoneonistas que darán nuevas dimensiones a ese peculiar instrumento, que en sus manos, será fuente de música total. Mujica fue premiado por varias de sus obras: el poema sinfónico “Ayacucho”, estrenado el 18 de Julio de 1930 en el Palacio Legislativo, con motivo del Centenario de la Constitución de su patria adoptiva, Preludio para piano, obra premiada por el Ministerio de Instrucción Pública, en 1928, Danza No. 1 para piano, premiada en el Concurso del Ateneo de Montevideo y Ministerio de Instrucción Pública (1946) y el Minuetto Euskal-Erria, dedicado a la concertista Luisa Giucci. El tesón con el que Mujica se dedicó a su labor docente, tanto en su carácter de director del Conservatorio Municipal como en las aulas de enseñanza secundaria, lo sitúan como pionero en la creación de un movimiento artístico en la ciudad de Tacuarembó que aún causa asombro en el contexto de las artes uruguayas. Falleció en Tacuarembó el 28 de febrero de 1963.


René Marino Rivero

Virtuoso del bandoneón René Marino Rivero es considerado como uno de los más grandes intérpretes de bandoneón en el mundo. Muchos consideran que nadie como él consiguió dominar la técnica del bandoneón e ir tan lejos en sus posibilidades. Sus interpretaciones de Bach, Grieg y otros grandes músicos universales son consideradas como las más virtuosas de un bandoneonista. También los tangos los expresaba de manera muy particular. Nació en Tacuarembó, en 1935, y fue alumno del maestro vasco José Tomás Mujica. Siguió sus estudios con el gran músico argentino Alejandro Barletta y fue también pianista, pedagogo y director de orquesta. La obra de Marino Rivero como compositor también es muy importante. Durante mucho tiempo compuso música contemporánea y en los últimos años ingresó en una línea más lírica y en el tango. Varias de sus composiciones le dan prominencia también a la guitarra en donde siempre ha participado la concertista Gabriela Díaz, con quien compartía muchos de sus conciertos e integraba un dúo. Actuó en las ciudades más importantes del mundo y siempre con el reconocimiento del público y la prensa. Como docente se destaca por sus libros para la nueva escuela del bandoneón. Ha dictado clases en Europa, destacándose las invi-

taciones realizadas en Alemania por el Conservatorio de Dresde y el Instituto Cultural La Musa, de Göttingen. Son famosas sus transcripciones para bandoneón de grandes maestros como Bach, Frescobaldi, Buxtehude, Vivaldi, Telemann, Bartok, Prokofiev y Grieg. También ha dirigido música contemporánea, de cámara y sinfónica. Ha realizado múltiples grabaciones para sellos discográficos internacionalmente de Estados Unidos y sobre todo de Europa, principalmente de Alemania y España. En innumerables ocasiones ha actuado con grupos de cámara de Alemania y otros países de Europa realizando grabaciones. La crítica internacional ha sido más que entusiasta con respecto a la música del tacuaremboense, como es ejemplo el texto publicado por la prensa local luego de su actuación en El Líbano, la última que realizó fuera de Uruguay: “El mensaje que transmite a la audiencia es un mensaje de euforia y alegría. El bandoneón es un mago con múltiples oficios. Rivero cerró sus ojos en una concentración solemne que nos hizo vivir la esencia de Bach. Rivero estaba poseído por Bach. Fue maravilloso.” René Marino Rivero murió el 11 de marzo de 2010. Tacuarembó

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Heber Gustavo Escayola

Un pianista excepcional Heber Gustavo Escayola, uno de los discípulos del maestro vasco don José Tomás Mujica en el Conservatorio Municipal de Música, nació el 20 de setiembre de 1928 en Tacuarembó. A temprana edad este alumno se destacó como un pianista excepcional que rápidamente triunfó en Montevideo y luego en Europa, donde dirigió importantes orquestas de jazz. Escayola vive en Europa, pero cada tanto visita su tierra natal. De hecho, algunos tacuaremboenses han tenido la suerte de verlo tocar en el piano alemán de media cola que está en el Club Tacuarembó y que perteneció a su abuelo, el coronel Carlos Escayola. Músico reconocido desde la década de 1950, Escayola interpretó jazz y música popular junto a varias orquestas en Montevideo y Punta del Este. Se consagró como referente de la música popular al ser el primero en grabar (para el sello Sondor) un candombe con orquesta. A las presentaciones, Escayola sumó su tarea como director musical de Radio Carve, Canal 4 y luego de Canal 10, cargos que intercalaba con intervenciones en memorables conciertos del Hot Club. Influenciado por el pianista George Shearing, en 1950 formó un conjunto en el que también interpretaba magistralmente el acordeón, un instrumento que, como era zurdo, debió aprender a tocar frente al espejo. A mediados de 1960, Esca108

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yola aceptó una invitación para tocar en Europa junto a una orquesta de música tropical. En octubre de 1965 fue contratado para tocar durante tres semanas en un crucero, semanas que se transformaron en tres años. Según el propio Escayola, trabajando en cruceros dio cinco veces la vuelta al mundo. Actuó con éxito en Bélgica y Suecia y luego de una gira europea, en 1968 se instaló en Hamburgo, Alemania, donde formó

un nuevo conjunto. Desde entonces vive allí, dedicado enteramente a la música. Finlandia, Suecia, Austria, Indonesia, Norte de África, Mallorca, Capri, Singapur, son algunos de los destinos donde dijo presente en innúmeras actuaciones. “Rose Room”, “Perfidia”, “Stella By Starlight”, “My Foolish Heart” y los Valses de Viena son interpretaciones que, según los expertos, Escayola realiza como ningún otro artista.


Anhelo Hernández

Arte comprometido con la sociedad Anhelo Hernández nació en Montevideo, en 1922, pero su actividad docente en Tacuarembó, entre los años 1944 y 1953, lo convirtió en un referente de la cultura y el arte de la ciudad y el departamento. Hernández había ingresado al taller de Joaquín Torres García en 1942 y empezó a crear en Tacuarembó de lunes a viernes, en tanto que sometía su trabajo al examen del maestro y sus más insignes discípulos durante los fines de semana. En 1947 realizó su primera exposición individual como miembro del Taller Torres García en el Club Tacuarembó. Trabajaba desde 1944 como profesor de dibujo en el liceo departamental de la ciudad. Esta fue una de las épocas más importantes en la formación de su estilo como artista. Por concurso, obtuvo en 1969 la beca de la Unión de Artistas Plásticos de Uruguay para estudiar y trabajar en la Escuela Superior de Arte de Berlín, donde su mentor en los estudios de grabado fue el profesor Arno Mohr. En México, donde estuvo exiliado 11 años, trabajó como portadista para Editorial Siglo XXI. De 1983 a 1987 fue profesor de la División de Postgrado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, UNAM, México.

Su última gran exposición fue en agosto de 2008 en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo: “Antológica - Anhelo Hernández”, donde se exhibieron numerosas pinturas, estampas digitales, aguafuertes y documentos. Las palabras de la ministra de Educación y Cultura, María Simón, en agosto de 2008, fueron elocuentes sobre la calidad e importancia de Anhelo Hernández en la historia de las artes plásticas de Uruguay: “Es llamativo el dominio de variadas técnicas, desde el óleo a la estampa digital, pasando por la escultura, sin duda obtenido con constante y hasta obstinado trabajo, y que llega a ser tan perfecto que la técnica se vuelve transparente para el que mira, y deja libertad para el artista”. La ministra destacó, asimismo, la actitud docente del artista: “Tal maestría se apoya en reflexión, investigación y teoría, en los que Anhelo Hernández es no solo buscador incansable, sino docente generoso. Enseña arte y también enseña a ver. Su propia obra es además reflexión sobre el arte, obra dentro de la obra. En Anhelo Hernández es una presencia sutil, que además de mostrar una visión del mundo habla sobre la mirada”. Por último, Simón rescató la actitud humana de Hernández: “Todo lo humano –con su belle-

za, su dolor y su miseria– le llega y lo expresa sin concesiones y con profundo amor, buscando y encontrando lo esencial. Su arte comprometido con la sociedad, dando cuenta de la injusticia, la violencia, el abandono y la pobreza, muestra la esterilidad de las falsas contraposiciones entre estética e ideología”. Ese mismo año de 2008, en ocasión de la que sería su última exposición, la directora del Museo Nacional de Artes Visuales, Jacqueline Lacasa, destacó que en el caso de Anhelo Hernández “se conjugan varios cruces de vital importancia para comprender, en su extensa trayectoria, la capacidad para ver su tiempo, palparlo y plasmarlo en todas sus composiciones. Sus grabados se caracterizan por su gestualidad y temática, comprometida con el profundo padecimiento de la represión ocurrida en nuestro país durante la dictadura militar de los años setenta y ochenta, pero la obra de Hernández no se detiene en la violación a los derechos humanos que se vivió en Uruguay, sino que continúa su creación en nuestro tiempo, en recientes series, investigando sobre el diálogo entre la vida y la muerte, apuntando a la condición humana, natural y sensible. Anhelo Hernández falleció en Montevideo el 11 de marzo de 2010. Tacuarembó

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Bocha Benavides. Docente, autor e impulsor del Grupo Tacuaremb贸. Numerosos artistas lo consideran su padre intelectual.

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Washington Benavides

El maestro de los poetas La poesía de Benavides es, también, una de las más variadas, en forma y contenido, de la literatura uruguaya. Sus creaciones se inspiran en la contemplación del paisaje inmediato, en la historia nacional, en las cadencias del medioevo y en las literaturas del mundo, especialmente la portuguesa y brasileña, cuyos principales autores ha traducido al español. La importancia de Benavides en una historia del arte uruguayo no se agota en su trayectoria como autor sino que aumenta con su labor como docente, motivador, impulsor y divulgador de cultura. Se le atribuye la creación del que fue llamado Grupo de Tacuarembó, en el cual participan músicos, poetas, artistas plásticos e intelectuales de diversa índole. Un capítulo especial de este libro está dedicado al grupo, que tuvo una gran influencia en el desarrollo intelectual uruguayo desde la década de 1960 en adelante. Benavides tiene la particularidad de ser él mismo varios autores, como lo fue el afamado poeta portugués Fernando Pessoa y el español Antonio Machado. Al igual que ellos, Benavides tiene sus heterónimos: distintos modos de pen-

sar y escribir, que tienen en común el hecho de que “dependen de un solo cuerpo”, como lo define el autor. No se trata de seudónimos sino de diferentes personalidades de un artista. Pedro Agudo, John Filiberto, Xoan Zorro y Julio Bordenave son heterónimos de Washington Benavides, todos con obra propia y publicada, excepto Bordenave, cuya novela policial metafísica El poeta vino de Tacuarembó fue extraviada en una mudanza de la editorial y de la cual sobrevivieron solo dos capítulos. “No es una argucia de escritor sino una fuerza interior tal que me hace asumir distintas personalidades”, explica Benavides, quien tiene una cuidadosa biograf ía de cada uno de esos autores que habitan en él, tanto que ha sido llamado “una central poética” y también “la sociedad de los poetas vivos”. Esa capacidad ha sido esencial a la hora de escribir canciones: “Siempre se dio una identificación con el autor, lo que a mí me resulta muy cómodo, porque tengo varias personalidades en estado de disponibilidad”. Pedro Agudo fue condiscípulo de Benavides en el liceo de Tacuarembó y murió joven, en

tanto que Xoan Zorro es un juglar medieval provenzal, del cual la editorial Rumbo publicó Doce canciones amorosas. John Filiberto vive y discrepa seriamente con el autor. El primer libro publicado por Benavides fue El Tata Vizcacha (1955), un conjunto de poemas en el que retrataba de forma ácida los idiotismos de las fuerzas vivas de Tacuarembó y que fue quemado en la plaza 19 de Abril, de la capital departamental, por un grupo de aludidos. Seguirían decenas de volúmenes de poesía, entre los que se destaca el afamado Las milongas (1966) y que forman una obra que está en desarrollo; a sus 81 años Benavides mantiene su costumbre de escribir a diario, da clases en la Facultad de Humanidades y dicta, junto al músico Numa Moraes, un taller de creación de canciones en la escuela de Bellas Artes. El autor vive en Montevideo, su casa tapizada de libros, discos, casetes, fotograf ías y revistas. La generosidad con que comparte su acervo y sus puntos de vista siempre originales y certeros, lo inscriben como un hacedor fundamental de la cultura uruguaya contemporánea. Tacuarembó

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Gustavo Alamón

Las metáforas del arte

Era bombero cuando decidió dedicarse de lleno a la pintura. Comenzó con retratos naturalistas y naturalezas muertas, pero influenciado por la novela El Proceso de Franz Kafka y por la dictadura militar, pudo plasmar la deshumanización de la sociedad en sus famosas y provocadoras figuras robots, que revolucionaron el ambiente pictórico nacional. Gustavo Alamón nació en Tacuarembó el 13 de enero de 1935, en plena dictadura de Gabriel Terra. Estudió pintura con Anhelo Hernández, Edgardo Ribeiro, Miguel Ángel Pareja y en la Escuela Nacional de Bellas Artes. En 1964 renunció al uniforme y comenzó a trabajar como profesor de dibujo en Secundaria. Fundó varios talleres, el más removedor fue el que montó en 1968 en el sótano del liceo de Tacuarembó, al que concurrían, entre otros, Numa Moraes y Eduardo Darnauchans. Obtuvo premios y reconocimientos internacionales y expuso sus obras en galerías de Europa. Su actividad por la difusión de la pintura fue esencial para la cultura de Tacuarembó: organizó exposiciones de artistas uruguayos y promovió “movidas” como las que hacía con Washington Benavides y Numa Moraes viajando en el “bisonte verde”, el nombre que le habían puesto a su auto. Así desembarcaban en pue112

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blos, organizando jornadas de poesía, pintura y música. La dictadura jugó un rol importante en su obra. “Había que hablar metafóricamente y empecé a hacer los robots sin rostro”, recordó. Creó una idea plástica personal plasmando dos ideas plásticas universales, como la frontalidad del arte egipcio y el claroscuro del Renacimiento. “Yo quería dar una obra fuerte, de rechazo a las figuras que dejaba en la tela”. Así Alamón pasó del retrato natural a otros retratos, de se-

res sin personalidad. La dictadura no demoró en sentirse aludida y prohibió exposiciones suyas y hasta destruyó un mural que había hecho en una escuela de Tacuarembó. A pesar de su enorme reconocimiento artístico y la demanda que alcanzaron sus producciones nunca vivió del arte, sino de la enseñanza del arte. “No creo que sea conveniente apostar a vivir del arte, crea una dependencia y en arte hay que producir lo que uno quiere decir, si dependés de la venta ya eso no lo podés hacer”, apuntó.


Carlos Benavides

De Tacuarembó a Rusia Los recitales de Carlos Benavides se iniciaron en su Tacuarembó natal, pero con su talento su música llegó a países tan distintos como Alemania, Argentina, Brasil, Chile, Cuba y Rusia. Este cantante, compositor y guitarrista uruguayo nació el 31 de enero de 1949. Sus primeros acordes sonaron en el Conservatorio Municipal de Tacuarembó, pero fue con su abuelo, Héctor Benavides Arévalo, un gran guitarrista, de quien heredó su amor por la canción y la guitarra. Estudió con Ricardo Rodríguez Cruz, Domingo Alvarenga, Cedar Vigletti y Hugo Mondada. Se alimentó con la fuerza creativa del Grupo de Tacuarembó, generación de artistas que incluyó a Washington Benavides, Numa Moraes, Eduardo Darnauchans, Eduardo Larbanois, Carlos da Silveira, Eduardo Lago, Julio Mora, Enrique Rodríguez Viera, Víctor Cunha y Eduardo Milán. Junto a Washington “Bocha” Benavides (su tío) es el coautor de decenas de canciones, entre ellas “Como un jazmín del país” y “Guitarrero viejo”. Justamente a él le dedicó su último trabajo, Opción de vida (Sondor, 2010). En el librillo que acompaña el disco, el cantautor escribió: “A Washington Benavides en sus Ochenta de partituras, profesorado y poesía...”. “Carlitos”, como le dicen sus más íntimos amigos, fue uno de los músicos más grabados por Zitarrosa. Otras voces también interpretaron sus creaciones: Darnauchans, Santiago Chalar, Carlos María Fossati, Grupo Vocal Universo,

Sanampay, Soledad Pastorutti, Julio Mora, Omar Romano, Numa Moraes, Larbanois - Carrero, Yamandú Palacios, Nacha Roldán, Carlos Garbarino, Washington Carrasco, Víctor M. Pedemonte, Pablo Estramín, Los del Yerbal, Gastón Ciarlo “Dino”, Soledad Villamil y Nacha Roldán. Los reconocimientos no faltaron en su carrera. Fue premiado en el Festival Folclórico de Du-

razno (1993), obtuvo el Primer Premio en el Certamen de Canto de Paysandú (1974) y grabó Soy de campo, su primer larga duración. Fue reconocido con el Charrúa de Oro en el festival de Durazno (1981) y con El Palenque de Oro en el Festival de Tala (Canelones). Hace más de 30 años dicta clases de guitarra y música y sigue estudiando guitarra y canto con Ana Mansini Tacuarembó

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Héctor Numa Moraes

La canción de Curtina al mundo Fiel representante del canto popular uruguayo, con un visceral compromiso social e intelectual, donde arte y ética son la misma cosa, Héctor Numa Moraes fue uno de los benjamines del Grupo Tacuarembó. Sus canciones contestatarias, de fuerte contenido político y social, alternan con una producción atenta a la poesía latinoamericana y universal. Cantó en forma militante y solidaria en cada lugar donde se lo necesitó, esquinas, reuniones estudiantiles, pueblos. La dictadura uruguaya libró orden de captura sobre el artista y prohibió sus canciones. En 1972 conoció el exilio y recorrió el mundo. Llevó su arte y sus ideas por Chile, Panamá, Cuba, Venezuela, Angola, Israel, Australia, Suiza, Austria, URSS, Dinamarca, Italia y España. Compartió escenario con Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Ángel e Isabel Parra, Mercedes Sosa, Alfredo Zitarrosa y el grupo Quilapayún, entre otros. Dirigió varios programas de radio donde difundió la canción latinoamericana y universal. En el libro De Curtina a La Haya, que escribió en colaboración con Alfredo Escande, este artista que nació en Curtina, el 28 de abril de 1950, recogió innumerables anécdotas de su carrera. A los 8 años estudió bandoneón y música en el Conservatorio Municipal y formó parte del coro dirigido por el maestro José Tomás 114

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Mujica. También estudió guitarra clásica con Domingo Albarenga. A los 16 años conoció a Washington Benavides, amistad que es un hito en su vida. Dos años más tarde editó su primer disco en Montevideo: Del amor, del pago, del hombre/La alarma, cuya carátula fue creada por Gustavo Alamón, compañero del Grupo Tacuarembó. En esta etapa trabajó con Enrique Estrázulas, con quien creó la canción de “Pepe Corvina”, luego una exitosa novela de Estrázulas. Estudió guitarra con Daniel Viglietti y comenzó su trayectoria como docente. En 1970 grabó La patria, compañero, el disco más popular de su carrera. En 1984 realizaba una gira por Australia, en pleno exilio, cuando el periodista Omar Gutiérrez lo llamó y le contó que se había levantado la censura sobre sus temas y en vivo, le hizo escuchar su canción “Nenena”. Regresó a Uruguay tras 13 años de censura y vivió momentos inolvidables como el histórico recital del estadio Luis Franzini, donde miles de personas le dieron la bienvenida. Algo similar le deparó su Tacuarembó natal. En año 1997 grabó Macandal, para la crítica una de sus mejores producciones, con notables arreglos y una impecable calidad de grabación. El 25 de marzo de 2008, el entonces intendente de Montevideo, Ricardo Ehrlich, lo declaró Ciudadano Ilustre por su “excepcional trayectoria artística”, un merecido reconocimiento.


Ciro Ferreira

El fotógrafo del grupo “Lo que más me motiva es el poder captar, en un instante, al hombre en su paisaje o entorno”, explica el doctor Ciro Ferreira, quien también es un reconocido fotógrafo tacuaremboense. El hoy director del Hospital de Tacuarembó comenzó a despuntar su faceta artística mientras participaba de tertulias en lo de Washington “Bocha” Benavides y, de hecho, actualmente planifica publicar un libro con su maestro, un trabajo que incluirá fotos de su autoría y poemas de Benavides. “Tacuarembó tuvo una impronta muy particular, estábamos a 400 kilómetros de la capital y escuchábamos músicas que llegaban desde Brasil que no habían siquiera sonado en Montevideo”, reflexionó Ferreira. En su relato, la casa de Benavides aparece una y otra vez como epicentro de la movida, un lugar donde no importaban ni las edades ni las preferencias, sino que el denominador común era discutir, conocer, aprender ya fuera de literatura, filosof ía o música. “Nuestros profesores que nos incentivaban, nos hacían pensar y nos desafiaban a crear, no sabíamos cuán importantes eran y serían, pero sí que eran personas que nos introducían en el camino de la cultura”, explicó. La emoción se apodera de Ferreira cuando

recuerda esas largas tertulias. Sentimientos, desaf íos, amigos y hasta olores y sabores que aparecen como si él estuviera de nuevo en esa casa tacuaremboense. “Una presencia constante era la de Nené”, explicó y remarcó que la esposa de Benavides era una excelente compañera, “un elemento central” en esas reuniones que eran amenizadas por las exquisiteces que ella preparaba: un arroz con leche inigualable o unas perdices en escabeche. Los nombres fluyen como de un manantial. “El Darno, Víctor Cunha, Eduardo Milán, Numa Moraes, Carlos Benavides, Fidel Sclavo, Gustavo Ala-

món, el dúo de los Eduardo (Lagos y Labarnois) eran algunos de los amigos que nos reuníamos en lo del Bocha. Era frecuente que uno tuviera un texto, otro le pusiera música, eran días de mucha creación, fermentales en nuestras vidas”, recordó. En ese ambiente creativo, a Ferreira le tocó ilustrar varias carátulas de discos o inspirar algún poema con una foto de su autoría. Aunque actualmente le dedica menos tiempo a la fotograf ía, no ha dejado de retratar su entorno. De sus viajes al exterior ha regresado con importantes series de retratos, porque según explicó: “No hay mayor capital en un país que su gente, descubrirla y fotografiarla en su hábitat me parece mágico”. Todavía añora las épocas en que revelaba en un cuarto oscuro, podía ver nacer la foto e incursionaba en técnicas en sepia. “Una de mis primeras series fue sobre pájaros, los tomé como un símbolo de libertad cuando nuestra libertad era recortada”, puntualizó. Para su suerte, en Iporá residen centenas de aves y el lugar es fuente inagotable de tomas fotográficas. “El balneario es el lugar más lindo del mundo, acá veo las cuatro estaciones, veo los pájaros, los árboles, los veo crecer, transformarse. Captar en un instante ese clima me motiva siempre. Tacuarembó

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Eduardo Larbanois

Referente de la música popular Vino al mundo el 1º de agosto de 1953. La cotidianeidad de su niñez estuvo poblada de música. Su madre cantaba mientras cocinaba, su padre fundaba murgas y su abuelo orquestas. Su bisabuelo de origen Belga, fue uno de los fundadores de la Banda Municipal de Tacuarembó. La música popular y la académica convivieron en su infancia. Gracias a su padrino, que le enseñó a usar el tocadiscos, vivió maratónicas sesiones escuchando opera, a Carlos Gardel y exponentes del folklore argentino como “Los Fronterizos”, Horacio Guaraní y “Los Chalchaleros”. Su madre le regaló una guitarra y le dijo: “Vas a estudiar en serio o no vas a estudiar nada”. Desde aquel día a Eduardo Larbanois, uno de los integrantes del Grupo Tacuarembó, ha cantado en cada rincón de Uruguay. Estudió en la Escuela Municipal de Música de Tacuarembó con Domingo Albarenga. Abel Carlevaro, Esteban Klisich, Magdalena Gimeno, Miguel Marosi y Lola Gonella de Ayestarán también fueron sus docentes. En canto estudió con Marta Sánchez, Estela Ibarbouru y Nelly Pacheco. Marino Rivero y Sara Dufau fueron sus maestros en armonía. Sin embargo, Larbanois aclara que el estudio nunca se termina. Participó en más de 100 discos de autores uruguayos, sin contar los de su propia producción con el dúo Larbanois - Carrero o como solista. Con 32 años de trayectoria, es un referente ineludible de 116

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la música popular uruguaya, con creaciones emblemáticas como “Zumba que zumba”, “Cuando me pongo a cantar”, “Ocho letras” o “Canciones de Santamarta”. Cantó en Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canadá, Cuba, Paraguay, Brasil, Argentina, Venezuela, Colombia, entre otros países. Compartió escenario con Santiago

Feliú, León Gieco, Paco Ibáñez, César Isella, Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa, Los hermanos Carlos y Enrique Mejía y Pablo Milanés. Como tantos artistas de su generación considera al poeta Washington Benavides, como “un padre intelectual, una referencia permanente. Cantó por primera vez en público en una cantina del Parque Rodó de Tacuarembó con el trío “Los Eduardos”, donde le pagaron con una porción de asado. Con este grupo recorrió buena parte de Uruguay y de Argentina y grabó tres discos. En 1977 se separó de su compañero Eduardo Lago y formó el dúo con el que pasaría a la historia. Conoció a Mario Carrero en 1973 en el Festival de Paysandú, donde el floridense había ganado el premio a la mejor voz. Actuaron por primera vez juntos en 1978, en un festival organizado por estudiantes universitarios en el Colegio San Juan Bautista. La dictadura los persiguió y era común que fueran llevados a declarar. Una vez se libró la orden de que Larbanois no podía subir a un escenario. La orden no incluía a Carrero y cumpliendo literalmente lo escrito, el dúo burló la censura: Carrero cantaba en el escenario y Larbanois entre la gente. Su último disco “Historias” fue presentado en setiembre de 2011 en el ex Cine Plaza. Ahora Labarnois-Carrero preparan un disco sobre “Memorias del Fuego” del escritor Eduardo Galeano.


Eduardo Darnauchans

El zurcidor inmortal Fue el más notable baladista y trovador de la música popular uruguaya. Su profunda mirada humana junto a su calidad poética, le dieron una impronta inigualable. Junto a Eduardo Larbanois y Héctor Numa Moraes, integró la generación de benjamines del “Grupo tacuarembó”, acunado por el poeta Washington Benavides. Darnauchans nació en 1955 en Montevideo pero de niño pasó a vivir a Rivera, en Minas de Corrales, y finalmente su familia se instaló en Tacuarembó. Su padre, al que le dedicó la canción “Pago”, fue médico rural y él también estudió en la Facultad de Medicina y luego en la Facultad de Humanidades de Uruguay y de la Universidad de La Plata en Argentina. Vinculado a la Unión de Juventudes Comunistas, tuvo un fuerte compromiso social, aunque la bohemia y el nihilismo formaron parte de su vida y recorren toda su obra. La dictadura le prohibió actuar en vivo pero sus canciones podían ser pasadas por la radio. El músico norteamericano Bob Dylan fue uno de sus referentes y “maestro”. El destino le permitió tocar con Dylan en 1987, en el Cilindro de Montevideo. También compartió escenario con Paul Simon en el estadio Centenario. Darnauchans fue un “zurcidor”, como él se definía, de la melancolía del mundo, la soledad,

el amor, la condición humana. Musicalizó poseías de su maestro Washington Benavides, de su amigo Víctor Cunha, de Líber Falco, Eduardo Milán, Pablo Neruda, García Lorca y César Vallejo, por nombrar algunos. Benavides compuso especialmente para él, como el tema “El Instrumento”. Paralelamente sus canciones fue-

ron y son interpretadas por músicos como Fernando Cabrera y Ruben Olivera. La cantante Sylvia Meyer lo homenajeó con su disco Darnauchans, presentado en 1995 en el Teatro del Notariado. Aquel liceal, que casi de colado compartía largas veladas de música, literatura, plástica y folosof ía en la casa de Benavides, grabó su primer trabajo profesional a los 18 años. Se llamó “Canción del muchacho” y no pasó inadvertida para el ambiente artístico y la crítica. Pero fue en 1978 con su disco Sansueña que fue conocido masivamente. Su producción también incluye música para teatro y cine. Entre sus obras más destacadas deben contarse Zurcidor, de 1981, El trigo de la luna, por el que recibió el premio Municipal de Música Edita, y Sin perder el tiempo, una antología que recogió 20 años de su carrera. Noches blancas fue grabado en vivo en el Teatro Solís los días 7 y 8 de mayo de 1991. Luego de la muerte de su esposa cayó en una profunda depresión y el 7 de marzo de 2007 falleció de un paro cardíaco. “Y de pronto se volaron, la mujer, el vino, el fuego, que sostenían las carnes, el temple del instrumento”, cantaba el artista en “El Instrumento”. Lo que no se volará será su obra, que, como la de todo gran poeta, es inmortal. Tacuarembó

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Víctor Cunha

Escritura poética y creación audiovisual Todo empezó muy temprano. Tenía que hacer una redacción para la escuela sobre el río Amazonas. Su madre, que como su tía y su abuela era maestra y profesora de idioma español, le dijo: “¿por qué no la hacés en primera persona?”. Así el niño empezó a escribir “Yo soy el Amazonas…..”. Esa escritura subjetiva que lo transformaba en un caudal de agua fue, sin saberlo, su primer acercamiento a la poesía. La lectura de aquel niño fue tan abundante como apasionada. A los 4 años ya sabía leer y escribir. En primero de escuela cuando llegaba una inspección lo pasaban de una clase a otra porque leía perfectamente a primera vista y la inspección se iba gratamente impresionada. Así en su infancia se convirtió en un devorador de libros. Leyó a Horacio Quiroga, mucho antes de ingresar al liceo, también a Cervantes y Don Quijote, todas las novelas de Emilio Salgari, Las aventuras de Tom Sawyer. Todo lo que estuvo a su alcance. Su destino no podía ser otro que el de las letras. Luego vendrían las lecturas de Pablo Neruda, Mario Benedetti, Washington Benavides, Salvador Puig, César Vallejo, el García Lorca de Poeta en Nueva York, Allen Ginsberg y toda la generación Beatnik norteamericana. Tuvo influencia también de músicos o como le gusta decir de “poetas que canta118

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ban”, como Bob Dylan y Los Beatles, entre otros. Su narrativa fue poética y no le preocupaba el desarrollo de una historia. Así llegó a la poesía de verso libre y a un estilo particular. Con una alquímica retórica, que juega y reinventa la palabra, que opera el milagro de transformar lo cotidiano en poesía: “Formo palabras de la nada y creo en la palabra vieja reinventada por error”

(Ausencia del Pájaro, Premio Feria Nacional de Libros y Grabados)

Víctor Cunha nació en Tacuarembó el 11 de junio de 1951. Es profesor titulado de Literatu-

ra del IPA y realizó postgrado en Cooperación Cultural en la Universidad de Barcelona. También es periodista y crítico cultural. El ámbito donde se mueve Cunha lejos está de restringirse a la escritura poética e incluye la creación audiovisual tanto en el campo de la fotograf ía como en el del video-arte. Desde su amistad con el músico Eduardo Darnauchans, nacida cuando frecuentaba el Grupo Tacuarembó, ha compuesto decenas de canciones donde el texto poético es la marca de fábrica. También su trabajo como productor artístico y gestor cultural ha sido intenso. Fue productor de músicos uruguayos como Darnauchans, Fernando Cabrera, Gustavo Nocetti, Numa Mores, entre otros. Trajo a Uruguay artistas de la talla de Paco Ibáñez, Hermeto Pascoal, Joe Zawinul y Trilor Gurtu, Luis Eduardo Aute, Egberto Gismonti, por nombrar a algunos. Esta experiencia como gestor cultural lo llevó a vincularse en varios proyectos con el Ministerio de Educación y Cultura y el Instituto Nacional de la Juventud. Luego vino la dirección de la Sala Zitarrosa desde 2004 a 2008 y la dirección del Museo de las Migraciones. Actualmente es asesor de Héctor Guido, director general de Cultura de la Intendencia de Montevideo.


Circe Maia

El lenguaje simple de la poesía cotidiana Circe Maia nació en Montevideo, en 1932, pero pasó su infancia en Tacuarembó, donde vive desde hace cinco décadas. Proviene de una familia en la que el arte y la cultura son el aire que se respira a diario. Tiene once años de edad cuando su padre publica los poemas que ella escribió desde muy niña, en un volumen que se llamó Plumitas. Descubre la poesía con los romances de Federico García Lorca, pero sus influencias con múltiples. Entre ellas la filosofía, que estudió y enseñó en Tacuarembó durante años, especialmente los pensadores de la antigüedad griega y la Crítica de la razón pura, de Kant; los laberintos de Borges y de Kafka. Maneja con fluidez varios idiomas: inglés, francés y, con especial fervor, el griego, idioma del que ha traducido al español a sus principales autores y que también enseña. Pero su obra no es un ejercicio intelectual sino que está inspirada en los actos más íntimos de la vida y la naturaleza que la rodean. “Las dos fuentes de la poesía son lo leído y lo vivido, y esto último siempre es básico. Me parece que si se pone demasiado en primer plano lo leído, si la poesía se piensa demasiado como experimento lingüístico, ese otro elemento, esencial, puede fallar”, dice la autora, llevando a la poesía la idea de Kant, que habla de la importancia de la experiencia por sobre la razón pura. Maia no es aficionada a teorizar sobre la

poesía, pero habla de su manera de hacerla: “Yo busco el lenguaje simple, mi tipo de poesía es cotidiana, porque me gusta ver cómo en cierto momento aparece lo poético. Prefiero darle una intensidad, una temperatura especial al lenguaje cotidiano”. El primer libro que publica como adulta es En el tiempo, en 1958, y seguirían Presencia dia-

ria, El puente, Cambios, permanencias, Dos voces, Destrucciones, (poesía en prosa), Un viaje a Salto (prosa), Superficies, Círculo de luz, círculo de sombra, De lo visible y Breve sol. Algunos de sus poemas fueron hechos canción, entre ellos, Otra voz canta, musicalizado por Daniel Viglietti. También grabó dos discos con poemas, Circe Maia por ella misma e Imagen final y otros textos. Tacuarembó

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Oscar Cacho Labandera

Pasión por la música y compromiso social Cantante, compositor, guitarrista. Óscar “Cacho” Labandera nació el 9 de julio de 1948, en San Gregorio de Polanco. Cacho comenzó a combinar el canto con la guitarra a los 19 años, aunque el canto era parte de su vida desde su niñez. De las reuniones familiares y tertulias con amigos surgió su primer trabajo. “Niña del pericón” fue editado en 1978, con el apoyo de la Intendencia Municipal de Tacuarembó, para celebrar el 125o aniversario de la fundación de la Villa de San Gregorio. Su segundo long play, “Un canto que canta el viento”, llegó ese mismo año y con aires de chamarrita y milonga, Cacho homenajeó a varios poetas uruguayos. Su carrera trascendió fronteras y en su haber tiene actuaciones en todos los escenarios 120

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de Uruguay. Estados Unidos, Canadá, Argentina, España y Brasil fueron algunos de los países donde conquistó con su talento. Además fue el primer cantante latinoamericano que cantó en idioma vasco: euskera. Su conciencia social es una constante en su obra. En 1986, por ejemplo, grabó “Mandela”, un homenaje a Nelson Mandela que entregó a Amnesty International cuando el líder aún estaba detenido. También le dedicó el tema “Rigoberta de los indios” a Rigoberta Menchú (1993). “Desde la planta” (Gran Premio de poesía 1991), “El agua es vida” (Gran premio de poesía 1993), “Canto a la vida”, “Los indios Yanomanis”, “Canto por el Amazonas”, “Negro en verde”, “¿Quién llorará?” (canción sobre la muerte del ecologista

Chico Mendes en Brasil), “Muroroa” (dedicada a Green Peace, “por la no proliferación de armas nucleares en el mundo”), “Guajira del balancín” (por la no contaminación de los mares) o “Halo de luz”, dan cuenta de su interés por temas ecológicos. “Desde San Gregorio” es su último trabajo discográfico (2000). En este disco, el artista homenajea al pueblo que lo vio nacer y al lugar paradisíaco, según sus propias palabras, donde siempre regresa. Su pasión por la música y la creación van más allá del escenario y Labandera trabaja por los derechos de autor y es prosecretario de Agadu. Otra pasión de este artista son los caballos. Junto a su esposa tiene un stud en Maroñas donde entrena caballos de pura sangre.


Sara de Ibáñez

Poeta de poetas Sara de Ibáñez es uno de los ejemplos más peculiares de la poesía hispanoamericana del siglo XX. Nació en Chamberlain, departamento de Tacuarembó, en 1909. Vivió su infancia y parte de su adolescencia en Paso de los Toros, hasta que se radicó en Montevideo en 1923. Escribió desde niña pero publicó su primer volumen en 1938, Canto, editado por Losada y con prólogo de Pablo Neruda. Ha sido catalogada como “poeta de poetas”, por el hermetismo de sus versos, tan difíciles de traducir a prosa, tan esquivos a una interpretación fácil. En Isla en la tierra, uno de los poemas de Canto, se sitúa en el centro y declara: Al norte el frío y un jazmín cerrado, Al este un ruiseñor lleno de espumas. Al sur la rosa en sus aéreas minas, Y al oeste un camino ensimismado. Al norte un ángel yace amordazado. Al este el llanto ordena sus neblinas. Al sur mi tierno haz de palmas finas Y al oeste mi puerta y mi cuidado.

La poesía de Ibáñez es asombrosa por la audacia que la hace crear “jaurías de flores” o preguntas místicas: “¿Cómo miden tus ojos, Dios oscuro?” pero también por la hondura de las imágenes que convoca: “Mis pies tocan apenas las cúpulas del viento” y por la desesperación de las entrañas: “Aquí jadeo hasta acabar la sangre/ clavada en la canción mi lanza triste,/hasta que el fruto de su viejo vientre/lance al estrago la materna esfinge”. La pureza de la técnica, el cuidado exquisito por cada verso, la elegancia de la rima y la lucidez y el brillo de su lenguaje hacen que Sara de Ibáñez sea una presencia obligada en cualquier antología poética uruguaya e hispanoamericana. Sara de Ibáñez publicó ocho volúmenes de poesía en vida, todos ellos premiados, y recibió innumerables homenajes póstumos y antologías. Neruda la llamó “grande, excepcional y cruel poeta” y la crítica la aclamó como una de las voces más hondas de la literatura en idioma español. Murió en 1971 dejando una obra inundada de belleza. Tacuarembó

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Tomás de Mattos

El tacuaremboense nacido en Montevideo Se define como un tacuaremboense nacido en Montevideo. Su familia se mudó a Tacuarembó cuando el escritor tenía apenas 15 días de vida y su formación intelectual, ética y filosófica se forjó en ese departamento. Desde su época liceal, cuando en 1962, con 15 años, un cura le regaló Vida de Jesús de Giuseppe Riciotti, intuyó que su destino era el de escritor. Como tantos protagonistas de la cultura uruguaya, su vinculación al Grupo Tacuarembó y más aun a quien sería su maestro, el poeta Washington Benavides, fue fundamental para su conocimiento de la literatura universal y para incentivar la disciplina de la escritura. Benavides lo apoyó en sus primeras publicaciones de cuentos en diarios y revistas. Su primer libro de cuentos editado fue Libros y Perros, de 1975. En octubre de 2011 recibió el premio Bartolomé Hidalgo en un doble sentido dedicado a su obra El hombre de marzo, sobre la vida de José Pedro Varela, y también a su trayectoria. Su estilo ha logrado un abordaje único de la novela histórica. Sus creaciones tienen algo a la vez de novela policial y de cuestionamientos éticos y místicos de la condición humana. Tomás de Mattos Hernández nació el 14 de octubre de 1947 en Montevideo. También es abogado, profesión que le ha dado elementos para sus creaciones literarias, como el tema de la culpa y el castigo. Fue director de la Biblio122

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teca Nacional desde 2005 a 2010, donde buena parte de su gestión la volcó a la “democratización” del acervo de la biblioteca a través del soporte digital de los libros. Comenzó a escribir en la etapa liceal en trabajos encargados por profesores, pero su vinculación a Benavides le daría el acervo cultural y la inquietud intelectual para madurar su obra. “En la casa de Benavides la puerta siempre estaba abierta, se pasaba sin golpear y uno podía, casi a cualquier hora, encontrarse con una apasionante charla sobre pintura, o escuchar una parábola de Franz Kafka, o una sesión de música. Un día fue Alfredo Zitarrosa de visita, que ya era muy famoso, y ahí me di cuenta realmente de la importancia que tenía Benavides para nuestra cultura”, cuenta el escritor. Trampas de Barro fue su segundo libro y obtuvo el premio Hermes a la mejor obra narrativa de 1983. Luego vendrían varias novelas con elección de temas históricos. “Yo no me he caracterizado por elegir mis obras por su posible repercusión pública. Nunca seguí la moda. Escribí lo que se me antojó”, aclara el escritor. La muerte de Bernabé Rivera y el exterminio de los charrúas tratado en su novela ¡Bernabé, Bernabé! alcanzó un reconocimiento de los lectores y la crítica que sorprendió al propio De Mattos. Fue galardonada con el Premio Bartolomé Hidalgo, por la Cámara

Uruguaya del Libro a la mejor novela publicada en el bienio 1987-1988, el premio de la Intendencia de Montevideo a la mejor novela édita en 1988 y el premio del Ministerio de Educación y Cultura a la mejor obra narrativa. La Fragata de las Máscaras de 1996 narra el amotinamiento de un grupo de esclavos en una fragata española en el último año del siglo XVIII. Recibió el Primer Premio del Ministerio de Educación y Cultura a la mejor obra narrativa publicada ese año. La novela también fue editada en España con notable éxito. A la sombra del paraíso es de 1998 y fue distinguida por el Ministerio de Educación y Cultura. Las puertas de la misericordia es de 2002 y el autor guarda un cariño especial por esta obra. “Considero que Las puertas de la misericordia es la obra de mi vida, por el tiempo que me insumió; casi 10 años. No creo que pueda vivir otro tanto como el que le dediqué a esa novela, y fundamentalmente, nunca voy a tener un personaje más importante que Jesús de Nazareth”, confiesa el escritor de filosof ía cristiana. Para 2012 De Mattos piensa publicar la segunda parte de El hombre de marzo, subtitulada El encuentro. “Escribir es un viaje de ensimismamiento, una forma grave de ausencia. Si no te quedás en soledad con tus personajes, no los oís, no los comprendés o mejor dicho, no te causan la necesaria perplejidad”, explica el escritor.


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Mario Benedetti

El autor uruguayo más leído El autor que retrató a Montevideo y a los montevideanos como pocos era oriundo de Paso de los Toros. Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia nació el 14 de setiembre de 1920 en la ciudad tacuaremboense donde sus padres –Brenno Benedetti y Matilde Farrugia– se conocieron y se casaron. En 1922, la familia se mudó a Tacuarembó y luego se trasladó a Montevideo, donde en 1928 se agrandó con la llegada de su hermano Raúl. En el Deutsche Schule de Montevideo cursó enseñanza primaria y su aprendizaje de alemán luego le permitió ser el primer traductor de Kafka en Uruguay. Al llegar a secundaria fue alumno del liceo Miranda durante dos años y terminó como estudiante libre mientras aprendía taquigrafía, oficio que ejerció desde los 14 años. También trabajó como vendedor, funcionario público, contable, periodista, locutor de radio y traductor. En 1946 se casó con Luz López Alegre, que falleció en abril de 2006. Durante 15 años integró el personal de una importante inmobiliaria, donde se desempeñó como gerente general. En 1948 fundó y dirigió la revista Marginalia y lue124

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go integró la redacción del semanario Marcha. Trabajó como periodista en El Diario, La Mañana, La Tribuna Popular, Brecha, y colaboró con El País de Madrid, la revista Punto Final de Santiago de Chile, la revista Crisis de Buenos Aires, entre otras. Formó parte del grupo de la revista Número de Montevideo junto a Idea Vilariño, Carlos Martínez Moreno, Emir Rodríguez Monegal, Sarandy Cabrera y Manuel Antonio Claps. Desde 1968 a 1971 dirigió el Centro de Investigaciones Literarias, de la Casa de las Américas, en La Habana, y además integró el Consejo de Dirección de esa misma institución. De 1971 a 1973 dirigió el Departamento de Literatura Hispanoamericana, en la Facultad de Humanidades y Ciencias de Montevideo. En 1973, a raíz del golpe militar renunció a ese cargo y abandonó el país por razones políticas. En 12 años de exilio vivió en Argentina, Perú, Cuba y España. A partir de 1985, con el restablecimiento de la democracia en Uruguay, residió una parte del año en Montevideo y otra en Madrid. Publicó más de 80 libros con más de 1.200 ediciones y fue traducido a más de 25 lenguas.

Su obra abordó diversos géneros: poesía, cuento, novela, ensayo y crítica literaria. Como humorista publicó numerosas crónicas bajo el seudónimo Damocles, primero en Marcha y luego en la revista Peloduro. Escribió además numerosas letras de canciones, reunidas en el volumen Canciones del Más Acá (1988) e incorporadas al repertorio de más de 40 cantantes, entre ellos Joan Manuel Serrat, Nacha Guevara, Los Olimareños, Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa, Pablo Milanés, Soledad Bravo, Amparo Ochoa, Laura Canoura, Rosa León, los Gambino, Eduardo Darnauchans, Adriana Varela, Numa Moraes, Tania Libertad, Marilina Ross, etc. El recital A dos voces, de canto (Daniel Viglietti) y poesía (Mario Benedetti) fue presentado en 20 ciudades de América Latina y Europa. Falleció, a los 88 años, el 17 de mayo de 2009 en su casa de Montevideo. El Palacio Legislativo fue sede de su último adiós. El gobierno uruguayo decretó duelo nacional y dispuso que su velatorio se realizara con honores patrios en el Salón de los Pasos Perdidos. Fuente: ‹www.fundacionmariobenedetti.org ›


Mario dixit: “El Mago Gardel y yo, somos de Tacuarembó” (de su obra Vivir Adrede). Tacuarembó

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Washington Beltrán

Escritor, político y periodista de fuste Washington Beltrán nació en Tacuarembó en 1886. Hijo de Luis Beltrán y Jacinta Barbat, quedó huérfano a los 4 años y fue criado por su abuela materna, doña María Josefa C. de Barbat, viuda del coronel Jacinto Barbat, caudillo de las montoneras blancas. A los 12 años, acuciado por las necesidades familiares, interrumpió sus estudios e ingresó como escribiente en el Juzgado Letrado de la ciudad. Abandonó el aula escolar, pero un maestro, don Juan Gómez y López, asumió la responsabilidad de seguir instruyendo a aquel niño que deslumbraba por su inteligencia y su tesón. Así continuó los estudios y el trabajo, hasta que un buen día, considerando Gómez y López que estaba listo, viajó hacia Montevideo para rendir el examen de ingreso a bachillerato. En 1910 obtuvo su título de abogado y, en atención a su brillante carrera estudiantil, la Universidad le concedió el premio de la “Bolsa de viaje” a Europa, con el cometido de profundizar sobre diversos aspectos de la delincuencia infantil, tema sobre el que luego publicaría numerosos artículos y folletos. Previo a su partida contrajo matrimonio con doña Elena Mullin, con la que tuvieron cuatro hijos: Washington, Elena, Enrique y Marta (nacida un mes y medio después de su muerte). Se dedicó al periodismo desde los tiempos 126

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de Preparatorios, escribiendo en una revista científica, Evolución. Luego, ya volcado a la política plenamente, redactaría junto a Carlos Roxlo El Civismo, diario de corta vida, y más tarde integraría el equipo de La Democracia junto a Luis Alberto de Herrera e Ismael Cortinas. Co-fundó (14 de setiembre de 1918) y dirigió el diario El País con Leonel Aguirre y Eduardo Rodríguez Larreta. En 1912 abrió su estudio en Tacuarembó, departamento por el que fue electo diputado en 1913. Constituyente en 1916, integró la Comisión de Legislación de la Asamblea y fue miembro informante del Partido Nacional. De los numerosos trabajos publicados por Beltrán, cabe destacar: De la Raza, en coautoría con Ismael Cortinas, que obtuviera el primer premio en el concurso de Cuentos Históricos cuyo jurado estaba integrado por José Enrique Rodó, Eduardo Ferreira y Carlos M. Prando; Cuestiones sociológicas – Lucha contra la criminalidad infantil (1910), con prólogo del Dr. José Irureta Goyena; El contrato social, publicado en Buenos Aires, y el estudio literario El genio. Militante estudiantil, fue secretario de la Asociación de Estudiantes de Montevideo, socio correspondiente del Centro de Derecho de Buenos Aires, y delegado a diversos congresos en el exte-

rior. Dictó clases de Literatura en Enseñanza Secundaria cuando aún esta era una dependencia de la Universidad de la República. El 2 de abril de 1920 fue muerto en un duelo con don José Batlle y Ordóñez, originado por un artículo periodístico (“Que toupé. El campeón del fraude acusa al Partido Nacional”) de su autoría publicado en El País.


Sylvia Puentes de Oyenard

Trabajadora incansable

“Ojalá todos los departamentos tuvieran una Sylvia Puentes”. Lo dice en una carta Seraf ín J. García, con relación al libro Tacuarembó. Historia de su gente, donde Sylvia Puentes de Oyenard (Tacuarembó, 1943) dejó constancia de vida y obra de todos los lugareños que, en mayor o menor medida, contribuyeron a forjar el orgullo de pertenecer al departamento. Puentes es una trabajadora incansable, médica de profesión, que escribió más de sesenta libros (“ya no los cuento”) entre volúmenes de poesía, literatura para niños y ensayos, además de una serie innumerable de prólogos. Hija de Washington Puentes Chiesa, quien estuvo al frente del Consejo Departamental de Tacuarembó en la década de los 60, a los 12 años se radicó en Montevideo. Volvía a su ciudad natal en vacaciones y, a través de los años, Tacuarembó es donde está afincada su alma. Su vocación literaria surgió sin aviso: “Desde que tengo uso de razón supe que iba a ser médica. Nunca pensé que iba a escribir, pero mi madre era muy lectora y yo aprendía poemas de memoria y un buen día me encontré con el mar: fue entonces que quise escribir, aunque nunca logré transmitir la imponencia que me provocó el mar”.

En su guarida. La escritora ahora está abocada a la poesía.

Su primer maestro en asuntos literarios fue Washington Benavides, mentor de distintas generaciones de escritores. Cuando era adolescente, conoció a Juana de Ibarbourou, con quien entablaría una amistad duradera. Actualmente preside la Academia Latinoamericana de Literatura Infantil y es invitada a congresos que difunden lo que se escribe en América, fuera de los grandes mercados editoriales. “Al niño le tenemos que dar lo mejor, no cualquier cosa, y es importante que nos conozcamos entre los pueblos y eso lo estamos logrando”, afirma.

La obra de Puentes ha sido muy elogiada en sus dos vertientes: la obra poética y los ensayos y compendios sobre literatura infantil. “Clásica y modernísima en el mejor sentido de los vocablos. Todo un ser de fineza inaudita”, dijo Juana de Ibarbourou. “Literatura infantil uruguaya es la mejor compilación bibliográfica de lo escrito en el tema en América. He aprendido muchísimo leyéndolo”, dice una crítica de La Nación firmada por Delf ín Leocadio Garasa. Puentes está abocada actualmente a la poesía, especialmente las canciones de cuna y obras que dedica a su nieta Guillermina. Tacuarembó

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Dumas Oroño

El arte como una necesidad Dumas Oroño nació en Tacuarembó en 1921 y murió en Montevideo en 2005. Fue pintor, grabador, ceramista, escultor, diseñador de joyas y generador de arte integrado a la arquitectura. Se destacó, asimismo, por su actividad docente y su militancia cultural. Fundó en San José el Museo Departamental y organizó salones de artistas del interior. También fue miembro de la Comisión de Amigos del Museo Blanes, en Montevideo, a donde llegó becado en un concurso departamental. En la década de 1940 concurrió a la Escuela de Bellas Artes pero fue luego, cuando ingresó al Taller Torres García, que su arte se empezó a manifestar en toda su dimensión. La formación de Oroño había tenido lugar en Tacuarembó, a fines de la década de 1930 y principios de la de 1940, cuando un grupo de intelectuales reunido en torno a la figura de Julio Maia concibió la idea del arte como expresión y fundamento de un sentido de comunidad. Comenzó a exponer desde 1944 y en 1963 hizo su primera exhibición de calabazas buriladas y pintadas, que llamó la atención de críticos y colegas. Tiene varios murales en Montevideo, así como realizaciones en cerámica, mosaico y vitral. Pintó paisajes de San José y realizó obras “constructivas” vinculadas con los objetos en 128

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la arquitectura. Creó la serie “tierras de la memoria” sobre su infancia en Tacuarembó. Se trata de cuadros de pequeño formato trabajando materiales que conjugan armonías cromáticas y relieves. En su serie Antipinturas generó vacíos blancos, con algunas zonas de colores tenues, alguna línea, un horizonte, un movimiento rítmico. En 2004 obtuvo el Premio Figari, máximo galardón nacional de las artes plásticas, y ese año se realizó su retrospectiva “Por negaciones sucesivas” en el Centro Municipal de Exposiciones. A su vez vio en vida exposiciones importantes de su producción en 1991 (Palacio Municipal) y 1995 (Museo Juan Manuel Blanes). Dijo Oroño: “Las motivaciones en un pintor pueden ser muchas y muy variadas, pueden ser ópticas y necesita articularlas o ponerlas en el plano de la tela en sus relaciones armónicas. Pero también pueden ser una necesidad interna que responde a otro tipo de vivencias. Luego se encuentra el material adecuado, la forma de articularlo y se concreta en obra. La pintura se hace de una serie de elementos que son las armonías de color, las articulaciones formales, los materiales con que uno se expresa o trabaja. Con estos elementos se construye la obra. El artista tiene que manejar su lenguaje, tiene que saber para luego hacer el arte con lo que no se sabe”.


José Gamarra

Lienzos con historia Nació en Tacuarembó el 12 de febrero de 1934, y antes de cumplir 13 años ya había realizado su primera exposición. En 1951 comenzó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes, donde fue alumno de Vicente Martín, un discípulo de Laborde, Prevosti y Joaquín Torres García. En 1959 obtuvo la beca del Museo de Arte de Río de Janeiro y estudió la técnica de grabado con Johnny Friedlaender e Ibere Camargo. En 1960 se instaló en el país vecino y allí trabajó como profesor de pintura y frescos en el Instituto de Arte Contemporáneo. En San Pablo, continúo sus estudios en el Museo de Arte Moderno y luego participó en la III Bienal de Jóvenes Pintores, cuyo premio lo llevó a París. Francia lo sedujo al instante y en 1963 se instaló definitivamente allí. A través de su pintura, Gamarra mostró un abanico de personajes, culturas y hasta el choque de civilizaciones. Su obra posee connotaciones políticas, cada personaje está cargado de simbolismos. La identidad cultural siempre surge como proceso de reinvención y qui-

zá por eso su obra no puede mirarse de forma aislada. Con un lenguaje simbólico, sus lienzos están poblados de personajes, animales y máquinas. Y todos son meticulosamente trabajados, aunque según advierte siempre el artista, “el cuadro no debe ser forzado”, sino que lo hace divirtiéndose, como jugando, con la misma postura que enfrenta la vida: dispuesto a esperar que lo sorprenda, simplemente como algo que se va dando. Su primera exposición individual la albergó el Ateneo de Montevideo en 1947. Desde 1959 realizó numerosas muestras en galerías y museos de Montevideo, Buenos Aires, Río de Janeiro, San Pablo, Santiago de Chile, Nueva York, Londres, Manchester, Vermont (EEUU), Haarlem (Holanda), Ámsterdam, Rotterdam, Tourcoing, Francia, Santa Fe de Granada, España, La Habana, Bogotá, Cali, Birmingham, Michigan, Coral Gables y Panamá. Ferias Internacionales de Arte (Los Ángeles, Chicago, San Francisco, Miami, FIAC París, ARCO Madrid, FIA Caracas, ART Paris) tam-

bién han prestigiado su carrera. En la actualidad, la prolífica creación de Gamarra está en museos en Rockefeller Foundation, New York, Collection Banque Rotschild Zurich, Museum of Modern Art, New York, University of Texas Art Museum, Austin, Museo d’Art Moderne, Paris, Museum Hedendaags Kunst Utrecht, Holanda, Museo de Artes Visuales, Montevideo, Museos de Arte Moderno de Rio de Janeiro y San Pablo. Fundación Torcuato di Tella y Fundación Pipino y Marques, Buenos Aires, Museo de las Américas, Managua. Su talento también es parte de prestigiosas colecciones públicas y privadas de Uruguay, Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela, Perú, Cuba, Panamá, Francia, Inglaterra, Holanda, España, Italia, EEUU, México y Nicaragua. No se olvidó de su Uruguay natal y frecuentemente visita su tierra. De hecho, de octubre a noviembre de 2011, el maestro expuso “Pinturas, Paris 1964-1971” en Galería de las Misiones y una selección de su obra en el Museo de Arte Contemporáneo. Tacuarembó

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foto: Carlos Contrera

Marta Gularte

Eterna diosa Su vida osciló entre la soledad y la multitud que la admiró, entre el glamour de plumas y coronas y la pobreza más extrema, entre el profano baile del tambor y la infaltable misa del domingo, entre la mulata sirvienta y la diosa sensual. Fermina Gularte, que pasaría a la inmortalidad como Marta Gularte, nació el 18 de junio de 1919 en Paso de los Novillos, un olvidado pueblito de Tacuarembó de ranchos de tierra y paja. Su padre brasileño falleció antes de que ella naciera y su madre, una mujer blanca, murió cuando tenía 2 años. Pasó su infancia en el orfanato Dámaso Antonio Larrañaga del barrio Palermo de Montevideo. Allí conoció a Juana de Ibarbourou, integrante de la Comisión de Ayuda al orfanato. La poetisa le preguntó en una de sus visitas si iba a ser escritora: “no, yo voy a ser bailarina”, le contestó la niña Marta. Tenía 14 años cuando decidió presentarse a un concurso de carnaval en Tacuarembó. Lo hizo a escondidas con el vestido de encaje de una tía. Ganó el primer premio y así empezó el camino que la llevó a ser la reina del carnaval uruguayo. En 1949 debutó en con Añoranzas Negras. Creó una nueva figura: la vedette. Hasta entonces las mujeres en las comparsas se limitaban a la figura de la Mama Vieja, pero Mar130

Tacuarembó

ta revolucionó la estructura de la comparsa cuando puso como condición desfilar delante de los tambores a lo que le sumó refinado vestuario, seducción y sensualidad. Conoció el éxito en la década del 50 en Brasil, Chile y en los teatros de la calle Corrientes de Buenos Aires. Brilló en cuanta comparsa quiso. Entre 1960 y 1970 desplegó una rivalidad con Rosa Luna, que quedó en la memoria del carnaval uruguayo. Viajó a España, donde fue coreógrafa del cabaret El Molino Rojo. Tuvo dos hijos, Jorginho y Katy, con los que

fundó la comparsa Tanganika en 1982. Pasó por una dif ícil etapa de alcoholismo y la superó de alguna forma aferrándose a su fe en Dios. Nunca dejó de escribir y en 1998 presentó su libro El barquero del río Jordán, donde mostró una poesía sencilla y humana y una fuerte raíz cristiana. Paralelamente era común verla en el Mercado del Puerto recitando sus poemas. Sufrió una severa parálisis facial y el 12 de agosto de 2002, a los 83 años, falleció. Marta Gularte fue la máxima reina del candombe y vive, como sus ancestros, en cada tambor.


Julio Uruguay Alpuy

El arte que emigró de Cerro Chato a Nueva York Uno de los representantes de la Escuela del Sur y del Universalismo Constructivo de Joaquín Torres García nació el 27 de enero de 1919 en Cerro Chato, localidad de Tacuarembó, a pocos kilómetros de San Gregorio de Polanco. Conoció a Torres García tras disfrutar de una muestra de José Cúneo, exhibición que le caló hondo y lo impulsó a comprarse crayolas, tinta china, lápices y hojas y animarse a dibujar, sin pensar en el arte como una profesión sino como forma de expresar su encantamiento con lo que había visto. Su necesidad de expresarse lo llevó a sumarse a las clases del maestro Torres García, donde compartió las aulas con otros jóvenes sin formación previa y se transformó en un ferviente partidario de ese taller, e incluso más tarde él mismo se dedicaría a la docencia. En 1945 viajó a Perú y Bolivia (con Gonzalo Fonseca, Jonio Montiel y Sergio de Castro) para estudiar el arte precolombino. En esa época trabajó en construcciones en madera,

hizo varios murales en mosaico con piedras que él mismo cortaba, y Torres le encargó la enseñanza de dibujo en su taller. En 1950 viajó a Buenos Aires y completó varios álbumes de apuntes de la ciudad en tinta y acuarela. En 1951 comenzó un largo periplo por Europa y Cercano Oriente y anotó sus impresiones sobre los diferentes períodos, estilos y culturas en dos cuadernos de dibujos y manuscritos. En 1953, de regreso a Montevideo, volvió a sus clases en el Taller Torres-García y pintó varios murales al fresco en residencias particulares y espacios públicos. En 1957 viajó a Argentina y Chile. Allí conoció al artista colombiano Omar Rayo, quien lo invitó a ir a Colombia. Se radicó por dos años en Bogotá y participó del activo ambiente artístico alrededor de Marta Traba, una crítica de arte reconocida internacionalmente por sus aportes al arte latinoamericano. Alpuy se instaló en Caracas y en 1961 obtuvo una beca de la New School of Social Research de Nueva York y se mudó en Estados

Unidos. Allí comenzó una serie de maderas talladas. En 1970 incursionó en los grabados y ganó la medalla de plata en la Primera Bienal Americana de Artes Gráficas, que se realizó en Cali. Ganó la beca de la National Endowment for the Arts (1983), otra de la New York Foundation for the Arts (1987), y en 1990 la de la Adolph Gottlieb Foundation. En el año 2005 fue declarado Ciudadano Ilustre de Montevideo. En su carrera ya tenía en su haber dibujos, acuarelas, grabados, pintura de caballete y mural, así como trabajos en mosaico, vitral, cerámica y madera. Su destacada trayectoria y el recorrido por varios rincones del mundo no hicieron que olvidara a San Gregorio, un lugar de referencia en su infancia. Considerado un ejemplo de constancia, disciplina y solidaridad, el taller de este artista en el Soho siempre tuvo sus puertas abiertas para amigos, artistas y amantes del arte. Alpuy falleció el 5 de abril de 2009, a los 90 años, en la ciudad de Nueva York. Tacuarembó

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Leonel Viera Ríos

Un genio que desafió al hormigón El puente ondulado de la Barra, un ícono del departamento de Maldonado lleva la rúbrica de un tacuaremboense ilustre: Leonel Viera. En su vasta trayectoria, este hombre que puede definirse como un constructor, especialista en cálculo tensorial, creó silos, puentes, estadios, casas, edificios y también el desaparecido Cilindro Municipal de Montevideo. Sin gozar de los beneficios de un mundo globalizado, su obra trascendió fronteras y fue reconocida en otros lares. De hecho, el ingeniero Mario Salvadori, decano de la Universidad de Columbia –y además una eminencia reconocida mundialmente– incluyó al Cilindro Municipal de Montevideo entre las 30 obras más importantes de la historia desde las pirámides hasta 1975. El destaque al Cilindro figura en el libro El Arte de la Arquitectura, de la McGrawHill, un volumen traducido al italiano, español, francés, alemán, holandés y japonés. 132

Tacuarembó

Según palabras de este experto, “Viera aportó la idea más brillante al hormigón armado en los primeros 50 años del siglo XX”. No en vano, el proyecto del Cilindro Municipal fue motivo de inspiración para la construcción del Madison Square Garden, que se realizó con el mismo procedimiento, o del Aeropuerto Internacional WashingtonDulles, de Washington DC, que no es circular pero tiene un techo colgante en catenaria (esta denominación hace referencia a la curva que describe una cadena suspendida por sus extremos, sometida a un campo gravitatorio uniforme). Si bien Viera estudió ingeniería civil en la Universidad de la República, le faltaron dos materias para graduarse. Sin embargo, eso no le impidió ejercer su talento y antes de terminar la carrera se dedicaba a construir, realizar cálculos para obras arquitectónicas innovado-

ras y también a impartir la docencia. Muchas obras emblemáticas de Uruguay tienen su sello, además del desaparecido Cilindro Municipal o el puente ondulado de La Barra de Maldonado. El Edificio Positano (Luis P. Ponce y Charrúa, en Montevideo) y el edificio El Pilar (bulevar España, avenida Brasil y rambla República del Perú), son algunos de ellos. La política no escapó a su accionar. En las elecciones generales de 1971 fue candidato a la Intendencia Municipal de Montevideo por el Partido Nacional, respaldando la fórmula presidencial Wilson Ferreira Aldunate - Carlos Julio Pereyra. En esas elecciones municipales, el Partido Nacional quedó en tercer lugar en Montevideo, tras obtener el 29,69% de los votos válidos. Inspirador como pocos, este tacuaremboense nacido en 1913 falleció en Montevideo en el año 1975.


Inspirador. Uno de los íconos de Punta del Este lleva la firma de este tacuaremboense que con su obra inspiró a Pablo Neruda, que le dedicó el poema titulado “Al puente curvo de la Barra Maldonado”. Tacuarembó

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El ícono que no está El Cilindro Municipal Dr. Héctor A. Grauert fue proyectado por Leonel Viera para albergar la primera Exposición Nacional de Producción. Se inauguró el 19 de enero de 1956 y se clausuró tras un incendio ocurrido en la madrugada del 21 de octubre de 2010. Albergó en 1967 el Campeonato Mundial de baloncesto y desde entonces fue escenario de varios campeonatos internacionales, como el Torneo Sudamericano de Básquetbol en 2003. Bajo su techo, el Cilindro albergó múltiples actividades: desde una improvisada cárcel para presos políticos a sede de exámenes universitarios, pasando por albergue, centro de reuniones, espectáculos o de práctica de deportes, tales como hockey, fútbol sala, voleibol, ping-pong, ajedrez o boxeo. Sus dos tribunas, Melbourne y Helsinki, recordaban lo que fueron los mayores logros internacionales de la selección de baloncesto de Uruguay, como fueron las medallas de bronce en los Juegos Olímpicos, tanto en Helsinki (1952) como en Melbourne (1956). 134

Tacuarembó

Alberto Taranto, director de Stiler

“Viera fue un genio, un tipo increíble y fuera de serie” “Leonel Viera fue un genio. Tenía una cantidad enorme de virtudes: era un hombre que siempre estaba de buen humor, le apasionaba lo que hacía y era extremamente generoso: jamás escondía lo que sabía”, sentenció Alberto Taranto, hoy director de Stiler S.A. También oriundo de Tacuarembó, Taranto conoció a Leonel Viera porque fue compañero de facultad de su hijo, Leonel “Nino” Viera. “De hecho formamos la empresa cuando Leonel Viera nos preguntó si no queríamos construir porque él quería dedicarse al cálculo y a proyectos de estructura. Con ese impulso nació la empresa Stiler, que crearon Alberto Taranto, Viera, Juan Carlos Passadore y Miller. Más allá de recordarlo con cariño como un gran maestro, que le enseñó no sólo de ingeniería, sino actitudes frente a la vida, Taranto es un confeso admirador de su trabajo: “Hizo de todo: puentes, silos, casas, edificios... Lo venían a buscar de todas partes y él nunca quiso irse”, remarcó. “Viera construyó el primer techo col-

gante del mundo: El Cilindro. No en vano, en Europa, los techos colgantes se llaman il tetto Viera y en el mundo hay más de 140 estadios hechos con la “patente” de Viera, entre ellos, el Madisson Square Garden”, graficó. “El ingeniero Mario Salvadori, una eminencia, un catedrático de la Universidad de Columbia, describió a Leonel como la mejor cabeza de diseño de hormigón que había aparecido en el mundo en los últimos 20 años”, recordó Taranto y remarcó que con su genialidad, Viera era un hombre del hormigón, un hombre que siempre tuvo inquietudes y se pasó la vida estudiando sin interesarse por la plata o por obtener su título, al que no accedió por deber dos materias. “El dormía 20 minutos de siesta. Sabíamos que eran minutos sagrados. Nos quedábamos calculando, a veces él se acercaba y nos decía: “Falta trabajo, las cosas más sencillas son las más correctas, pero las más dif íciles de encontrar”, de esa frase no me olvidé jamás.


Lucas Ríos Demaldé

Arquitectura que trascendió fronteras Los restos mortales de José Gervasio Artigas descansan en un sitio proyectado por un tacuaremboense de corazón. El Mausoleo del General Artigas es obra de los arquitectos Lucas Ríos Demaldé y Alejandro R. Morón. La empresa Stiler SA fue la responsable de esta construcción en granito y hormigón, que se inauguró en 1977, y que concibe un espacio subterráneo y una pirámide truncada que emerge sobre el suelo de la Plaza Independencia marcando el lugar exacto de la ubicación de la urna que guarda los restos del prócer. Lucas Ríos Demaldé nació en Montevideo, en una época en que era frecuente que los partos se atendieran en la capital del país. De hecho, sus padres, Cándido Ríos Reherman y Virginia Demaldé, tuvieron sus hijos entre Buenos Aires, donde se habían casado, Montevideo y Tacuarembó. Sobre él escribió Sylvia Puentes de Oyenard en su libro Tacuarembó. La historia de su gente: “[...] Se siente integrado a su solar nativo, porque su abuelo fue un paraguayo que después de largas peripecias fundó en Tacuarembó una numerosa y destacada familia”. El arquitecto se recibió a los 24 años y sus primeras obras se realizaron en Tacuarembó. Instalado en Montevideo, su huella se imprimió en otros edificios, donde sumó a la arqui-

tectura grandes murales de cerámica. La sede del Banco Central del Uruguay fue una de sus creaciones. El predio comprendido por las calles 25 de Mayo, Florida, Cerrito y Ciudadela comenzó a construirse a mediados de la década de 1960 y estaba destinado a ser sede de la Caja de Jubilaciones y Pensiones Bancarias.

Luego de la creación del BCU, este adquiere el edificio que fue inaugurado en 1971. La impronta de este arquitecto que falleció en 2002 caló hondo, incluso uno de los hijos de Lucas Ríos Giordano siguió sus pasos, estudió arquitectura y hoy dirige el estudio Lucas Ríos Giordano Architects + Associates. Tacuarembó

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Olga Delgrossi

La dama del tango A los 12 años se subió a un escenario y desde entonces no ha dejado de brillar en el Río de la Plata y el mundo. El despliegue de matices de su voz, sumado a su presencia escénica, fueron dos buenas razones para que se la bautizara como “La dama del tango”. Sin embargo, su trayectoria internacional también alcanzó otros géneros y así compartió escenario con José Luis Rodríguez “El Puma”, en México, fue cantante de la orquesta de Franck Pourcel y también actuó con Rosamel Araya, entre otros. Olga Delgrossi Sosa nació el 12 de julio de 1932 en Tacuarembó, en una familia de nueve hermanos. Su pasión y cualidades para el canto quedaron claras desde niña. A los 8 años ya cantaba en radio Zorrilla de San Martín. Ganó varios concursos y se integró más tarde a la orquesta de Malunga Sáenz. En Montevideo, deslumbró con tangos y milongas acompañada de guitarras en las prestigiosas confiterías Café Palace y Ateneo. Cantó en la prestigiosa fonoplatea de radio 136

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El Espectador. En 1957 sumó su voz a la orquesta de Donatto Raciatti, con quien realizó buena parte de su carrera. Antes de emprender su trayectoria como solista, cantó durante siete años con Raciatti, actuando en teatros, bailes, radios y televisión, y grabando para los sellos más prestigiosos. Fueron inolvidables sus versiones de “Fumando espero”, “Hasta siempre amor”, “Fueron tres años” y “Limosna de amor”. “La dama del tango”, conquistó Argentina tras varias giras que incluyeron actuaciones en el programa de radio El Glostra tango club y Cabaret Marabú. Desvinculada de la orquesta de Raciatti en 1966, integró Los siete del tango, bajo la dirección del bandoneonista Luis Stazo. Entonces fueron comunes sus apariciones en televisión junto a artistas como Libertad Lamarque, Alba Solís, Néstor Fabián y Lalo Martel. En 1969 representó a Uruguay en el Primer Festival de la Canción Latina en el Mundo en México y ganó La Copa de Plata.

En 1986 volvió a Montevideo y estrenó dos obras de teatro: Nostalgeses y Discepolín, ambas dirigidas por César Charlone. Sus giras no cesaron: Estados Unidos, Londres, Brasil, Venezuela, Madrid, París, Australia, Canadá. En Francia grabó un disco en el año 2000, con notables interpretaciones de “No la quiero más”, “A un semejante” y “Desde el escenario”. En 2001 grabó un especial para el programa Tango Club, del canal argentino Crónica TV. Volvió a las salas teatrales con el espectáculo Qué tango hay que cantar. Ese mismo año recibió un merecido homenaje en su Tacuarembó natal. El premio Morosoli a su trayectoria llegó en 2002. En 2003 grabó un disco con poemas de Nelson Pilosof, cuyas versiones musicales estuvieron a cargo de Racciatti, Julio Cobelli y el pianista argentino Miguel Ángel Barcos. Olga Delgrossi es heredera de una tradición de notables cantantes y una de las mejores intérpretes femeninas que ha dado Uruguay.


Dani Umpi

Una particular agudeza

Daniel Umpiérrez o Dani Umpi, como nombre artístico. Salvo que no es un meramente un nombre artístico sino una máscara del escritor, artista plástico, cantante y adaptador

de canciones Daniel Umpiérrez, nacido en Tacuarembó en 1974. Dani Umpi maneja el género de la novela rosa en su obra escrita, como la novela Miss Tacuarembó, que fue llevada al cine y protagonizada por Natalia Oreiro. No es una parodia sino una elección estética. En su obra plástica juega con una concepción pop, con la provocación añadida de que la presenta Dani Umpi, ese personaje que se viste de mujer sin disimular su apariencia masculina, con una voz en un registro incómodamente alto, que Daniel Umpiérrez urdió para que lo representara como artista. Su música está en el límite entre la farsa más grotesca y una rara agudeza intelectual. Tradujo al inglés las letras de todo un disco de Jaime Roos, Sur, y lo llamó North. Su Loving you bailotea con alegría en ese límite mencionado. Umpiérrez explica la identidad de Dani Umpi: “Maneja la sensibilidad del fetiche, de lo chic. Es una identidad burlable, un freak. Yo necesitaba una máscara. Nunca fue catarsis sino una estrategia creativa”. En cuanto al humor que rodea su obra en general, desde los happenings con que acompaña su obra plástica hasta las presentaciones en el escenario de Dani Umpi, el autor entiende que todo tiene que ver con la reacción del público: “A mí me parece serio porque es una decisión estética. Lo dejo muy ambiguo porque hay que contar con la visión del espectador. Yo hago las cosas con mucha seriedad. Siempre me costó mucho el humor. No me gustaban los

cómicos. Yo pensaba: ´¿Me querés hacer reír a mí?´ Mi padre es muy murguista y yo no soportaba eso. Siempre simpaticé más con la seriedad que con el humor”. Tal vez la característica más peculiar en la obra de Dani Umpi sea la originalidad de su propuesta, tomando al melodrama, los textos de autoayuda y el travestismo y jugar en el límite del ridículo y la convicción más firme. “El histerismo de Dani Umpi no es una improvisación. Está muy pensado. Es periférico, fronterizo y eso me da cierta seguridad. Siempre trabajé por el lado de crear un espacio propio que no esté institucionalizado ni en la cultura popular. Nadie quiere ocupar el lugar del freak”. Umpiérrez creó un ícono y -aunque muchos miran para otro lado- tiene sus fans, que lo acompañan en las presentaciones y no sólo van a disfrutar el espectáculo sino a celebrar la presencia del ídolo. “Hay fans, sí. Es algo a lo que puedo aspirar pero no confiar. Trabajo para eso pero no cuento con eso. No me ato”. Daniel Umpiérrez vivió hasta los 17 años en Tacuarembó y de alguna manera es una consecuencia de ese ambiente en la capital departamental en el que el artista ocupaba un lugar de privilegio, desde los movimientos literarios, de música y de artes plásticas que le dieron fama a la ciudad. “Siempre quise ser artista y en Tacuarembó eso está bien visto. Al principio creí que tenía que definirme, saber si era escritor, plástico o músico pero ahora sé que puedo tener una obra sin atarme a un soporte”. Tacuarembó

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“Pagos de Tacuarembó”, de Walter Ortiz y Ayala Hay un lugar que hace tiempo muy lejos se me quedó de las manos y los ojos, pagos de Tacuarembó...

Walter Ortiz y Ayala

El poeta de parroquia Desde 1961 Walter Ortiz y Ayala vive en Montevideo, pero su terruño ha marcado su obra. En “Datos para una biografía” escribió: “Nací en Tacuarembó un mes de primavera (para ser más preciso, en setiembre del año 29)”. Ortiz y Ayala obtuvo el primer premio en la III Feria Nacional de libros y Grabados en 1963 con Hombre en el tiempo. Además del primer premio, el poeta realmente obtuvo dos menciones, con libros que publicaría posteriormente: El trotacalles (1964) y Los Espejos (1965). Según él mismo se ha definido, es un “poeta de parroquia” y quizá por eso aborda en su escritura temas profundos del hombre con un lenguaje claro y preciso. En métrica maneja el octosílabo, el heptasílabo y el endecasílabo renacentistas y los matiza con versos que salen de metro sin perder el ritmo. Siempre le importa lo que el poema dice y no si el texto brilla. Matizados con versos Ortiz y Ayala tiene un amplio registro de influencias que van desde la música hasta la lectura de historietas que apreció de 138

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Obras éditas: 1963. Hombre en el tiempo. 1964. El trotacalles. 1965. Los espejos, año 1965. 1967. Palabra en vilo, Primer Premio del concurso literario de la revista Aquí Poesía. 2005. Participó en el libro P(M)atrias, de Agamenón Castrillón. 2006. En la circunstristeza, obra que en 2008 obtiene el primer premio en los premios anuales de Literatura del Ministerio de Educación y Cultura.

niño. Según destacó Sylvia Puentes de Oyenard en su obra Tacuarembó. La historia de su gente, Ortiz y Ayala aseveró que tan solo era un hombre “que se busca a sí mismo y no se encuentra”. Sin embargo, la autora remarcó: “Nosotros, sus lectores, sí encontramos al hombre constructor de versos, que tienen la limpidez del agua de las fuentes, del aire detenido en el sol de nuestras plazas, en cuyos bancos tantas veces lo vimos creciendo en soledades y poemas”.

Baldíos y terraplenes, alamedas, qué sé yo, cuántos caminos y calles anduve en Tacuarembó... No me duele la nostalgia, no se me enreda la voz cuando apelo a la memoria, pagos de Tacuarembó... ‘La pucha que tra’ilusiones el tiempo’ –Fierro cantó– aunque el alma es la misma, también he cambiado yo... Amores, tentenelaire, pura sombra, poca flor, de lejos todo se vuelve más hondo, limpio y mejor... Mate amargo compañero de montes, ríos y sol, incendio de amaneceres, también he cambiado yo... No me duele la nostalgia, no se me enreda la voz cuando apelo a la memoria, pagos de Tacuarembó...


Juan Jacinto López Testa “El Gamo”

El hombre récord Las Olimpíadas de Londres de 1948 se vivieron con intensidad en Tacuarembó. No era para menos, los tacuaremboenses aceleraron su ritmo porque Juan Jacinto López Testa, un velocista coterráneo, estaba en la pista. El Gamo, apodo que conquistó gracias a su extraordinaria velocidad, era noticia antes de llegar a los Juegos Olímpicos. En 1947 igualó el récord olímpico de Jessie Owens, hasta ese momento el hombre más rápido del mundo. Corrió 100 metros en 10 segundos y dos décimas (10” 2/10), pero su triunfo no fue homologado por el jurado que consideró que corría una “leve brisa a su favor”. El asunto tomó ribetes de Estado y ocupó ríos de tinta en periódicos locales y también extranjeros. En Estados Unidos Juan Jacinto fue noticia por amenazar el puesto de Owens. En Uruguay, no hubo quien no cuestionara desde cómo se manejó el anemómetro en esa carrera (aparato que mide la intensidad del viento) hasta la flojedad de los jueces uruguayos para defender el logro de López Testa. Sin derecho al pataleo, el velocista se quedó sin el reconocimiento oficial, pero no sin los saludos de su pueblo, que lo recibió como un héroe a su regreso (caravana incluida).

Hizo historia En 1997 la Administración Nacional de Correos editó la serie Deportistas uruguayos. La emisión de sellos postales homenajeó a cinco figuras que marcaron la historia del deporte uruguayo. Juan Jacinto López Testa, el tacuaremboense Campeón Sudamericano 100 m llanos fue uno de ellos y se reconoció a la altura de Obdulio Varela, Campeón Mundial de Fútbol en 1950; Guillermo Douglas, Medalla de Bronce en Remo en las Olimpíadas de 1932; Atilio François, vicecampeón Mundial de Ciclismo en 1947, y Adesio Lombardo, Medalla de Bronce en Básquetbol en las Olimpíadas de 1952. Tacuarembó

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Su carrera

El Gamo compitió por primera vez en el Campeonato Universitario en 1943, y en ese entonces ya logró bajar las marcas de ese momento. Al año siguiente (1944) se integró al Club Estocolmo en Montevideo y defendió esa camiseta en su especialidad: los 100 metros llanos. Logró consagrarse como Campeón Sudamericano; Campeón Nacional 100 m llanos con 10” 02 y Campeón de Posta 4 x 100. En 1948 representó a Uruguay en las Olimpíadas de Gran Bretaña y allí se clasificó a cuartos de final. López Testa finalizó su intensa carrera en 1949, en el Sudamericano de Paraguay, donde triunfó en todas las especialidades.

Sin embargo, El Gamo no se mareó con el éxito y declaró en todas partes: “No es un triunfo mío, sino una victoria del deporte de mi país”. Esta figura extraordinaria no escatimó esfuerzos e intentó repetir su hazaña cuando la final sudamericana se volvió a correr. En ese momento estuvo a una décima de segundo de su mejor marca y logró 10” 3/10. 140

Tacuarembó

“El deporte siempre es deporte, no hay revanchas, sino deseos de superación, de confraternidad”, aseveró quien ofreció en Sudamérica la oportunidad de ver a un hombre correr a velocidades hasta entonces nunca vistas por estas tierras. Y si algo tuvo bien en claro El Gamo fue el deseo de superarse. Él entrenaba al costado de las carreteras de Tacuarembó e inclu-

so sorprendía a los pasajeros de las líneas de ómnibus interdepartamentales. López Testa conocía los horarios de las frecuencias y no era raro verlo colocándose a la par del vehículo y correr a su lado para controlar sus tiempos. El recuerdo de este velocista se mantiene vivo en Tacuarembó. Basta una visita al bar El Gamo, gerenciado por su hijo, donde sus logros laten en cada pared.


Andrés Silva

Correr con pasión “Correr me hace sentir muy bien conmigo mismo. Es un momento único dónde la mente y el cuerpo se unen y nada, ni nadie, puede interrumpir eso. Es una situación donde nuestro subconsciente nos habla, nos da las respuestas a muchas preguntas que tenemos”, suele repetir Andrés Silva. “Cuando corro pienso en mil cosas y a la vez me desconecto”, contó el atleta, que agregó que en plena carrera tiene la sensación de que los corredores sienten cosas diferentes y, al mismo tiempo, “imaginan qué estará pensando el otro”. Este atleta nació en Tacuarembó el 27 de marzo de 1986 y en su adolescencia se mudó a Maldonado. Fue allí donde una profesora descubrió al atleta potencial que tenía entre manos y el entrenador Andrés Barrios lo tomó como su pupilo. Hoy Andrés es considerado uno de los mejores atletas uruguayos de todos los tiempos. Sus mejores marcas van desde los 10s.40 en 100 y 20s.80 en 200 para la velocidad pura hasta 1m50s98 en 800, o 4,45 en garrocha y 7,59 en largo. Andrés se consagró campeón

mundial de menores 2003 en el octatlón, y quinto en el decatlón del Mundial Junior del año siguiente en Grossetto. Obtuvo en tres oportunidades el cetro sudamericano (2005, 2007 y 2009, ganando los 400 con vallas). Y su mejor registro de 45s.02 es el segundo histórico de Sudamérica, solo superado por el recordman y ex subcampeón mundial Sanderlei Parrela. A comienzos del 2009, y después de haber afrontado algunas lesiones, Silva se concentró en la prueba de vallas. Llegó el Mundial de Berlín y mejoró en dos oportunidades su propia marca, y consiguió un lugar en las semifinales. En el Iberoamericano 2010 se llevó la medalla de plata y pocas semanas después, en Barcelona, estableció su récord en 49s.17, que mejoró en mayo de 2011 con 49s16 al ganar el Grand Prix de Brasil, en Rio de Janeiro. Andrés le dio a Uruguay conquistas que, a nivel sudamericano, no se recordaban desde hace casi un siglo. Sobre todo, Silva le pone pasión al deporte, una pasión que lleva en la sangre.

Andrés Silva Mejores marcas: 2011 Grand Prix de Brasil, mejora de récord personal con 49s.16 2010 Iberoamericano: medalla de plata 2010 Barcelona, récord personal: en 49s.17. 2007 Mundial Osaka, Japón 400 m 46.79 2007 Sudamericano de mayores 200 m Oro 45.89 2006 Iberoamericano de Ponce 400 m Oro 45.35 2006 Mundial Indoor 400 m 47.50 2006 Sudamericano Fortaleza, Brasil* 400 m 45.02 2004 Juegos Olímpicos Atenas 400 m 46.48 2004 Mundial Junior Grosseto Decatlón Quinto 7542

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Tabaré González

El back izquierdo de Peñarol Tabaré González (Tacuarembó, 1945) participó en una de las gestas más gloriosas del fútbol uruguayo, aquella final de la Libertadores de América de 1966, en la que Peñarol perdía dos a cero contra River Plate argentino y que empató dos a dos, para después hacer dos goles más en el alargue y llevarse el título. Fue de la partida, también, en las finales de la Intercontinental contra el Real Madrid, que Peñarol ganó dos a cero de ida y de vuelta. González era el back izquierdo de Peñarol. En la final contra River entró a los 43 minutos del primer tiempo, cuando su equipo perdía dos a cero. Con él en cancha los aurinegros hicieron cuatro goles y no recibieron ninguno. Su carrera empezó en el Ferrocarril, de Tacuarembó, y pasó después a la selección del departamento, hasta que con veinte años de edad fue reclutado por Peñarol, el 30 de octubre de 1965. González vivió el apogeo y la decadencia del fútbol uruguayo. Siempre fue un hincha de alma de Peñarol: “No me imagino con la camiseta de Nacional; hubiera sido un calvario para mí”, declara. El ex futbolista recuerda como el peor momento de su carrera el día que se entera de que Peñarol lo deja libre, después de una lesión. “Me enteré por el diario”, dice, como si todavía no lo pudiera creer. Se vio forzado 142

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a emigrar al fútbol mexicano, donde jugó durante 11 años. Las características de González como jugador, en ese fútbol uruguayo de pierna fuerte y temperamento, eran la rapidez y el anticipo. El jugador más dif ícil que le tocó marcar fue el excepcional Gento, del Real Madrid, “el más rápido y peligroso que conocí”. Su momento máximo de gloria fue esa final contra River y el retorno fue complicado. “Íbamos en el ómnibus para la sede de Peñarol y ahí nos estaba esperando todo el mundo. Yo lo único que quería era irme a Tacuarembó. Me bajé antes de llegar y me metí en el bar de un amigo, que me escondió en el sótano. Cuando la gente dejó de preguntar, salí y me fui a la pensión donde vivía. Llegué y había regalos de todo tipo. Después me vine a Tacuarembó en Onda. Me bajaron en Curtina y me llevaron en caravana hasta allá”. Interrogado sobre el equipo local, el Tacuarembó, se ensombrece: “Mal muy mal. Porque el club es un esfuerzo de mucha gente y cuando venden un jugador no aparece la plata y dejan sin esperanza a toda esa gente: mal, muy mal”. Ahora Tabaré González tiene una escuela de fútbol, en Tacuarembó, después de probar suerte en distintos negocios en México y en Uruguay.

Escuela propia. Ahora enseña fútbol.


Ángel “Pocho” Brunel

“Buscar la gloria era lo más importante” Ángel “Pocho” Brunel trascendió fronteras con sus pies. Nacido en Tacuarembó el 2 de febrero de 1945, su trayectoria deportiva comenzó en el Club Wanderers de su ciudad natal y de 1964 a 1968 jugó en Danubio. Tras concretar un pase al Club Nacional de Football, mostró su talento como jugador en todos los puestos de línea de cuatro. Con los tricolores se consagró Campeón de la Copa Libertadores en 1971, fue Campeón Uruguayo de 1969 a 1972 y ganó además una copa Interamericana y una Intercontinental. Como defensa central y lateral izquierdo jugó también en el exterior. En 1973 pidió pase y se fue a Fluminense (Brasil), equipo con el que salió campeón en 1975. En 1976, radicado en Chile, jugó en el Everton y fue campeón chileno ese año y luego pasó a jugar en el Colo Colo de ese país. Pisó el campo de juego como jugador hasta 1980, cuando regresó a Uruguay y jugó en el Club Rentistas. Enseguida comenzó su carrera como director técnico.

Las anécdotas no faltaron en su carrera. Una de ellas se remite a cuando Nacional se consagró Campeón de América. “Luego de ganar el título, allá en Perú, salimos con los muchachos a tomar algo por ahí. No había nada organizado, de hecho estaba todo muy tranquilo. En la noche nos encontramos con los jugadores de Estudiantes de Argentina, a quienes les habíamos ganado. Nos miraban y no lo podían creer, pero ¿ustedes no festejan?, preguntaban y decían ‘no tienen idea de la hazaña que acaban de hacer’”. Según relató Brunel, esa noche no se habían dado cuenta de su hazaña y “les cayó la ficha” cuando regresaron a Uruguay. “La gente nos esperaba por todos lados, en la rambla, en 18 de Julio, llenaban todas las calles. Allí nos dimos cuenta de que habíamos traído un título muy importante, que habíamos hecho una hazaña”. En Nacional, Brunel vivió los mejores momentos de su carrera. “En 1969 hicimos una

gran gira que empezó por Rusia y estuvimos mucho tiempo jugando en distintos países europeos. Allí conocí en profundidad a todos mis compañeros de Nacional y además en esa gira el técnico me puso como titular y desde allí quedé. Jugamos con equipos muy reconocidos, por citar alguno, el Bayer Munich”, rememoró quien tuvo la suerte de salir campeón en casi todos los países donde mostró su talento. “Yo fui un jugador técnico, nunca de golpear, sino de salir siempre claro, un defensa técnico que no es muy común”, remarcó Brunel y aseveró que en su época de jugador lo primordial no era obtener una recompensa económica. “Buscar la gloria era lo más importante para nosotros en aquella época, salir a la cancha y ser campeón”. En la actualidad, quien ya dirigió a Tacuarembó es entrenador de juveniles en Central Español. Coordina los juveniles y dirige a la 7ª División. Tacuarembó

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Richard Mascarañas

La bicicleta del pueblo Amante desde que recuerda del ciclismo, se introduce en su mundo en el año 1991, cuando tenía 12 años. “Siempre me gustó mucho este deporte, iba a mirar todas las carreras que había y cada vez que llegaban las Rutas de América y la Vuelta Ciclista del Uruguay a la ciudad no me las perdía”. En 1991 hubo en Tacuarembó un campeonato de Mountain Bike. Mascarañas decidió presentarse y ganó su primera carrera. Desde ese momento comenzó a practicar el deporte en forma asidua y no interrumpió nunca su práctica. Como en todos estos deportes, al comienzo, el apoyo fue solo de sus familiares y amigos. A medida que transcurrió el tiempo y tras los logros obtenidos, sumó ayudas. Hoy Mascarañas cuenta con el apoyo incondicional de la Intendencia Municipal de Tacuarembó y también de varios comercios del departamento. Tras su primer triunfo en la Vuelta Ciclista del Uruguay, el pueblo de Tacuarembó organizó una campaña de apoyo y financiación, y gracias a esta acción Mascarañas obtuvo una bicicleta de alta gama, muy costosa, que utilizó para la Contrarreloj.  144

Tacuarembó

De logros y victorias  - Vicecampeón Panamericano. - Vicecampeón Sudamericano. 2002 - Participante del campeonato del Mundo Suizo. 2008 - Ganador Vuelta Ciclista del Uruguay, representando al club de ciclistas Alas Rojas de Santa Lucia. Ese mismo año, representando a Uruguay, obtuvo el campeonato Panamericano de Ruta. Gracias a su puntaje en esta carrera pudo participar en el campeonato del Mundo en Italia, donde logró el tercer puesto en el ranking de América.

2010 - Ganador por segunda vez de la Vuelta del Uruguay. Hasta el momento Mascarañas es el único tacuaremboense en ganar una etapa en su ciudad natal, además es el único ciclista que ganó la Vuelta vistiendo la malla oro en todas las etapas.   “Siendo un niño de 12 años, quería tener mi primera bici para competir, entonces mi padre me propuso que si lo ayudaba a traer una tropa de vacas de su campo a 20 kilómetros de Tacuarembó hacia la feria, me compraba mi bici. Así fue como logré tener mi primera bicicleta de carrera…”


Ariel Delbono

“Olor a gol en el paraíso” En la madrugada del 7 de agosto de 2011 falleció el abogado, profesor y periodista Ariel Delbono, un tacuaremboense que dejó su huella mucho más allá de los límites de su terruño natal. “Fuiste enorme, un gran hombre, un gran padre, un gran marido, un excelente amigo y profesional, pero sobre todo, gran persona”, dijo Alberto Kesman al despedirse de su amigo de todas las horas. “Estuvimos juntos 30 años, sé que todo el mundo lo quiso y lo quiere, por eso seguirá estando con nosotros. Todo lo que hizo, lo hizo con amor: amó a Tacuarembó, el terruño que lo vio nacer, amó a Montevideo y amó a Uruguay. Nosotros lo respetaremos siempre y nunca lo olvidaremos. Ariel siempre unió y nunca separó, supo enseñar respetando a los demás y sin dejar de lado sus propias ideas y convicciones”, concluyó el periodista. “Se nos fue un gran tipo, un referente, una excelente persona, un hombre bueno”, reflexionó el doctor Amadeo Otatti. “Se va de la vida

después de varias décadas de periodismo sin haber cosechado ninguna enemistad, dificulto que pueda haber alguna persona que en el ambiente del fútbol haya tenido un mal pensamiento sobre Ariel, tampoco creo que él haya tenido un mal pensamiento sobre nadie”. A estas opiniones se sumaron decenas más. “Delbono fue un maestro, una de las figuras más grandes del periodismo nacional, un excelente docente”, expresó Julio César Sánchez Padilla, con quien el tacuaremboense trabajó en la mesa de Estadio Uno. Julio César Gard explicitó: “Falleció mi compadre y amigo del alma”. Delbono nació en Tacuarembó y aquí comenzó su tarea de comentarista deportivo. Debutó en un partido entre Tacuarembó y Cerro Largo, un encuentro que dio inicio a una carrera que ejerció durante 47 años. Tras sus pasos en Radio Zorrilla de San Martín, trabajó en CX 32 y de allí pasó a Radio Sarandí. En 1982, se sumó a Radio Universal, donde trabajó hasta 2010.

“Yo estudiaba abogacía en Montevideo, pero estaba en Tacuarembó por unas vacaciones. Unos amigos tenían una audición y me mandaron a un partido. Al otro día, hice los comentarios en la radio. Al dueño le gustó y me siguieron llamando”, contó Delbono en una entrevista que dio a Sábado Show cuando colgó sus botines como comentarista. “Hay olor a gol” fue la frase que usó hasta imponerla como un sello personal. Además de las palabras, su impronta personal fue otra de sus características: “Siempre traté de ser medido y ecuánime. Durante toda mi carrera fue así. Traté de decir mi verdad con mesura y por eso llegué a donde llegué”. “¿Cómo le gustaría que recuerden como comentarista?”, preguntó Miguel Bardesio en esa última entrevista de Sábado Show. Y con humildad, Delbono contestó: “Con que me recuerden, ya está bien”. Tacuarembó

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capĂ­tulo

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Fiestas populares


Morada. Cada aparcer铆a es la morada de los integrantes de las sociedades tradicionalistas durante toda la Patria Gaucha. 148

Tacuaremb贸


La Patria Gaucha. Una fiesta de tradición Tacuarembó está de fiesta. Cada vez que el mes de marzo se aproxima, el pueblo late la llegada de la Patria Gaucha y una maquinaria cuasi invisible lo transforma todo: calles, locales comerciales, vidrieras y hasta la rutina de cada casa. La Laguna de las Lavanderas cambia totalmente su perfil y se prepara para recibir unos 50.000 visitantes en siete días. De todas partes vienen, del interior del departamento, de ciudades vecinas y también desde el extranjero. La Patria Gaucha ya es una fiesta que está arraigada en la tradición de Tacuarembó y que contagió con su entusiasmo a todos. Pasar los coloridos puentes que llevan a la Laguna es un inequívoco síntoma del cambio. Carpas, toldos, puestos de ventas, carteles, fogones, humo, todo anuncia el movimiento porque fuera del predio delimitado para la celebración, también hay fiesta. Una vez dentro del establecimiento se vive una experiencia única que remite al pasado, a los orígenes, a la tradición gauchesca, a la actualidad. El ayer y el hoy hasta se confunden. Pruebas de rienda, jineteadas, aparcerías ya du-

chas en concursar entre sí y otras que aspiran a pasar a la liga mayor de la competencia. En un escenario gigante, reconocidos artistas tentarán a todos los visitantes con sus espectáculos musicales y payadores que recién comienzan mostrarán su arte. La Patria Gaucha tiene de todo: desde un paseo de compras a una plaza gastronómica. Un mega espectáculo musical o una pequeña representación en un fogón. Una jineteada o un monumental desfile que copa la ciudad. Todo convive pacíficamente durante esta fiesta que dio sus primeros pasos allá por el año 1987 y que hoy es un hito en el calendario tacuaremboense. Todo comenzó antes Para que la Laguna de las lavanderas esté en su esplendor, la preparación de la fiesta comienza mucho antes de su acto inaugural. En cada sociedad tradicionalista, apenas termina una edición del encuentro anual, ya se prepara el tema del fogón del año siguiente. No es cuestión de hacer un rancho de adobe y listo, sino que se investiga cada tema para descubrir qué

utensillos se empleaban, qué tipo de muebles, cómo se vivía y un sin fin de etcéteras. Hay horas de lectura y charlas con quienes tienen contacto con la tradición del campo. Máxime ahora que en la competencia de la Patria Gaucha (el mejor fogón) hay un sistema de ascenso y descenso entre las sociedades típicas: las hay participantes e invitadas. Las primeras ya conquistaron su sitial en la fiesta, las segundas intentan posicionarse y cambiar de categoría. Pero a partir de ahora, las consagradas tendrán que luchar para quedarse en la primera categoría y tras la suma de puntos, la que obtenga los menores guarismos descenderá. Entre las invitadas sucederá lo mismo, pero a la inversa: la de mejor puntaje, competirá el año siguiente en la liga de las mayores. Estos cambios son algunos de los que ha implementado la Comisión organizadora, que depende de la Intendencia Departamental de Tacuarembó. Este grupo de trabajo también se ocupa de cada detalle con tiempo de antelación porque la infraestructura de la fiesta requiere un trabajo que no deja nada librado al azar. Accesos, caminos, desvíos de calles y hasta la inTacuarembó

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fraestructura necesaria para conceder zona de restaurantes, baños, puestos de venta, estacionamientos, entre otras mil cuestiones a las que se suman las actividades propias del ruedo. Sin embargo, para el visitante este pormenorizado trabajo es invisible porque al llegar a la Patria Gaucha, lo que se hace es disfrutar la fiesta. O mejor, las fiestas. Fiestas para todos La Patria Gaucha es una celebración exitosa. Año a año gana adeptos y recibe cada vez más visitantes. El secreto es que a la representación del pasado, que recuerda el “ser gaucho”, se sumaron otros ingredientes. En cada fogón o aparcería se realiza una edificación central (rancho, pulpería, capilla) y se recrea el entorno con objetos cotidianos que se utilizan durante la realización del evento. La aparcería es la morada de los integrantes de las distintas sociedades tradicionalistas durante una semana. Es punto de reunión, de comilonas, mateadas, representaciones teatrales y hasta de bailes tradicionales. A la tradición de representar cómo se vivía y hacer réplicas exactas de construcciones ancestrales, se suman las criollas. El ruedo es el lugar donde los integrantes de las aparcerías miden sus destrezas en diferentes concursos, sean de tiro de lazo, boleadoras o jineteadas. La puesta en escena, evoca inequívocamente a la identidad gaucha. Sin embargo la celebración no es una fiesta más porque allí coexisten varias fiestas simultáneamente. La Patria Gaucha es tradición, competencia de fogones, 150

Tacuarembó

Qué hay en juego Fogones:

Las sociedades nativistas compiten por el premio a fogón en dos categorías: sociedades participantes (la primera división, digamos) e invitadas (segunda división). En la edición 25 de la Patria gaucha se dio comienzo a la movilidad entre categorías y habrá ascenso y descenso. La mejor puntuada entre las sociedades invitadas ascenderá a participante y la que obtenga menos puntos entre las participantes descenderá a la categoría invitada.

Flor del Pago:

Entre todas las representantes de las sociedades nativistas, se elige La Flor del Pago. No se trata solo de un concurso de belleza, sino que la joven en cuestión debe mostrar su talento y se presenta al ruego con caballo y apero. Aunque la belleza la ayuda, su destreza es vital en el concurso.

Mejor Guasquero:

Con el fin de incentivar una artesanía que es tradicional en Uruguay, se invita a todos los guasqueros a mostrar su talento, instalarse en la Patria Gaucha y crear diferentes piezas.

Otros concursos:

La Patria Gaucha no es solo una fiesta. Es una combinación de acontecimientos, entre los que se destaca: la exposición de perros cimarrones, pruebas de rienda, carreras (sin cincha, del dormido, de la novia y de potros), ruedas en pelo, paleteadas en vaquillonas, domas y la elección de gauchito y paisanita.

prueba de habilidades, paseo de compras, concursos, circuito gastronómico o escenario de megaespectáculos musicales. Hay quienes sólo ingresan al predio para ver actuar a conocidos artistas sobre el escenario (Soledad Pastoruti o Los Nocheros) y no se enteran qué sucede en las aparcerías. También hay quienes recorren las aparcerías, pero no pisan jamás el ruedo.

Otros están dedicados a los negocios. Los más jóvenes, en tanto, lo toman como una oportunidad de esparcimiento y van a los boliches de moda que se instalan en la Laguna. Lo mejor es que el denominador común en la Patria Gaucha, cualquiera sea la faceta que se mire, es la total ausencia de hechos de violencia. La vigilancia es mínima, hay venta de alcohol hay armas blancas por doquier y no se registra ningún desmadre. Ejemplar. En la laguna y en la ciudad El momento cumbre de la semana es el desfile a caballo por las principales arterias de la ciudad. Una fiesta para los ojos porque el espectáculo impregna las calles y todos son partícipes de la celebración. Nadie es ajeno al ajetreo, aún quienes son sólo espectadores suman a su atuendo habitual un sombrero, un pañuelo, cualquier detalle haga referencia a la tradición resulta tan imprescindible como bienvenido. El día empieza temprano para quien desfila. Hay que aprontar el caballo, acicalarse uno mismo y alistar el grupo. Nadie se integra a la marcha sin integrar una aparcería y, en esto, no hay negociación posible. Así se trate de un embajador, un senador de la República o el mismísimo presidente. Todos deben ser invitados por una de las sociedades tradicionalistas o se quedan sin desfilar. Apenas llega el alba, todos traen sus animales al predio de la Laguna de las lavanderas. Crines trenzadas, pelaje lustroso o adornos de todo tipo pueden verse en los briosos ejemplares. Los jinetes son un capítulo aparte. No dejan nada li-


En el ruedo. La Patria Gaucha no es solo una fiesta, tambi茅n es escenario de pruebas de rienda, carreras, ruedas en pelo, paleteadas en vaquillonas y domas. Tacuaremb贸

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brado a la suerte: bombachas impecables, botas que son espejos de tanto lustre, espuelas, pañuelos, sombreros, fajas, cinturones, facones atravesados a la espalda. Un dato importante: En la Patria Gaucha no hay distingo social alguno. Patrones o peones, todos se suman al desfile y se ponen encima las mejores galas. Las chinas no se quedan atrás. Amplios vestidos o femeninas bombachas de campo, trenzas con cintas multicolores, pañuelos, sombreros y un poco de maquillaje. Estas mujeres se suman al festejo que no las deja de lado, al contrario las hace partícipes y hasta invita a las jóvenes a que se postulen a “La flor del pago”, un concurso que no sólo mira la belleza de las féminas, sino que las lleva al ruedo para que muestren sus dotes en el manejo de las riendas. El desfile crece año a año. En 2011 se estiman que desfilaron alrededor de 4.600 jinetes que rodearon la ciudad y cuando los primeros gauchos regresaban a la Laguna de las Lavanderas tras recorrer las principales arterias de Tacuarembó, aún quedaban muchos otros por comenzar a desfilar. Al decir de Juan Carlos López (Lopecito), el comunicador que es uno de los animadores oficiales del acontecimiento, en 2011 se logró que “la cabeza del desfile se uniera con la cola”. Pero para que esto fuera una realidad, todo comenzó antes.

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La aventura de los jinetes Exactamente una semana antes de que comience la fiesta, Agustín ya rumbea hacia el campo de sus abuelos. La ida a buscar los caballos para desfilar es una costumbre que tiene años en su familia: comenzó cuando él apenas tenía un año y se subió a la garupa de su abuelo. Hoy tiene 21 años y, obviamente, desfila solo. No sólo eso, ahora ya lidera el recorrido entre el campo y la Laguna de las Lavanderas. La expedición es familiar. Comienza con un viaje en auto desde la ciudad al campo y finaliza con el regreso a caballo. Este año la proeza fue mayor, porque viajó con sus hermanos menores: Iara (15) y Gabriel (11). El plan resultó perfecto. Llegaron al amanecer y su abuela ya tenía listas las provisiones para el trayecto de regreso. Apenas saludaron, ensillaron sus caballos y emprendieron su aventura. Pausas, trotes, ajustes. En el camino varias veces el mayor de los hermanos apuró a los suyos, paró, pidió que ajustaran cinchas y dio ánimo a los más chicos que mostraban su cansancio. Negociación mediante, los tres llegaron a la laguna sanos, salvos y con una historia que contarán por años. Nueve horas duró el viaje que estos tres hermanos recordarán para siempre, tal cual cada jinete recuerda su propio trayecto. Una historia de tres, pero que se replica centenas de veces. Y que empezó mucho antes de la fiesta, lleva ya 25 años y sigue más que campante. Si todavía no fue, resérvese días de licencia para la próxima. Es ideal para todos las edades y tienta con actividades para todos.

“Este es mi hijo” Hugo Pereda participa de la Patria Gaucha desde sus orígenes. Arquitecto de profesión, había regresado de España donde un viaje de seis meses le permitió asombrarse por la cantidad de fiestas localistas que se celebraban en la madre patria. “Volví preguntándome por qué Tacuarembó no podía tener una fiesta propia y en eso se gestaba la Patria Gaucha”, recordó Pereda. “Soy la única persona viva que estuvo en todas las ediciones”, sentenció con orgullo y fue más allá: “No tuve hijos, así que Patria Gaucha es un hijo para mí”. No es una exageración, quien hoy es el Presidente de la Comisión Organizadora de la Patria Gaucha se dedica todo el año al asunto. “Una fiesta es una celebración, es reencuentro, es ganas de estar con amigos y para que todas las generaciones tengan ganas de volver, siempre hay que ofrecerles algo nuevo, generar expectativas”, puntualizó quien aclaró que no es una tarea que realice sólo, sino que es compartida por una comisión integrada por representantes de la Junta Departamental, de las sociedades criollas, funcionarios municipales y vecinos. En la edición 2012, la novedad será el Rincón de los pichones, una iniciativa que surgió para destacar el valor de los más pequeños, quienes harán recitados en la fiesta.


Princesa gaucha. Laetitia D´Arenberg le tomó cariño al acontecimiento. Desde hace nueve años es madrina de la Patria Gaucha. Tacuarembó

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Testimonios Princesa Laetitia D’Arenberg, empresaria, madrina de la Patria Gaucha

“La grandeza está en la gente” Duerme cuatro horas por día y asegura que no tiene tiempo para perder. Fanática de la lectura, interesada en la geografía y enamorada de la historia, esta mujer que se confiesa creyente, está enamorada de Uruguay. Descubrió la Patria Gaucha hace 8 años y no falta un solo año. Es la madrina de la fiesta, pero más se asemeja a una santita, en el ruedo la siguen y ella hace cuestión de saludar a cada persona que se le acerca. Consejos, una palabra de aliento, una foto. Más que princesa parece la reina del ruedo. Entre el gentío, las aparecerías y los animales ella está en su salsa. Pero nada le hace sentir mejor que el contacto con la naturaleza. “Esto de estar a cielo abierto no se cambia por nada, el recordar las tradiciones tampoco”, sentenció instalada en su restaurante Lapataia, en pleno ruedo de la Patria Gaucha. “Acá hay competencia sana, que motiva a mejorar, a descubrir, a actualizarse”, manifestó. Saber de dónde viene uno, el por qué de cada cosa, el conocer cómo se hacían las tareas del campo antes le parece fantástico, tan emocionante que ella sueña con replicar la Patria Gaucha en Punta del Este, para que sea vidriera ante ojos extranjeros. “La grandeza de un país 154

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está en su gente, acá la grandeza de los paisanos está a la vista”, resumió y salió rauda a prepararse para el desfile gaucho. Embajador de Israel,

Dori Goren

“La fiesta de la Patria Gaucha de Tacuarembó es la fiesta más impresionante de toda Sudamérica”, expresó Dori Goren, embajador de Israel en Uruguay. Su visita no pasó inadvertida en el desfile de clausura de la edición de 2011 y tampoco fue un recuerdo que pueda olvidar. “Participar de esta fiesta fue una vivencia increíble, tengo grabado especialmente el momento en que todos los jinetes esperábamos el comienzo

del desfile, había una energía impresionante”, expresó el diplomático. Su primer contacto con la festividad ocurrió en 2010, cuando viajó al norte y fue espectador de la celebración. El clima lo contagió y en 2011 fue por la revancha: “Entonces me animé a participar desfilando a caballo”. Sin dudar, Dori Goren recomienda ser parte de la Patria Gaucha, especialmente por su carácter multifacético y por las variadas actividades que ofrece. “ No sólo están las competencias, sino que hay hermosas reconstrucciones de estructuras hechas de barro, madera, paja y cuero de instalaciones históricas del siglo XIX. Al anochecer hay músicos que alegran el ambiente con canciones populares”, detalló.


Jean-Christophe Potton, embajador de Francia en Uruguay

“Una fiesta y una lección de historia” Antes de ser nombrado embajador de Francia en Uruguay, Jean-Christophe Potton conocía de oídas la Fiesta de la Patria Gaucha. Con su arribo a Uruguay ya tenía decidido ser partícipe de la celebración, tal como ocurrió este año. “Viajé una primera vez a Tacuarembó el viernes 25 de febrero para inaugurar la exposición “El Uruguay visto desde el cielo”, del fotógrafo francés mundialmente conocido Yann Arthus-Bertrand”, reveló. Una semana después, el embajador regresó a Tacuarembó con sus hijos –de 6 y 8 años– y ambos se quedaron “deslumbrados, fascinados” con la Fiesta de la Patria Gaucha. “El fervor popular, la cantidad de caballos y jinetes, la calidad de los trajes, la belleza de las banderas y estandartes” fueron los aspectos que más le llamaron la atención. “Estuve sentado en el palco oficial y pude apreciar la manera en que el presidente de la República y su señora esposa, el presidente de la Cámara de Diputados, los ediles departamentales y todas las personalidades participaban plenamente del espíritu festivo del día. ¡Qué linda imagen del Uruguay! El Uruguay de ayer, pero también el de hoy y el de mañana”, reflexionó el diplomático. Tras el desfile, JeanChristophe Potton recorrió las instalaciones de la fiesta, visitó aparecerías, compró bombachas de campo y evitó que sus hijos se sumaran a las jineteadas. “Mi única frustración fue ser un jine-

te mediocre y no haber podido, a diferencia de los dos otros embajadores presentes (de El Salvador e Israel), desfilar a caballo. El año próximo, quizás…” confesó quien asegura volverá a Tacuarembó. “La Patria Gaucha es, a la vez, una fiesta y una lección de historia, y la ocasión de conocer a muchas personas apasionantes”. Juan Carlos López

“Una fiesta única e insuperable”

Con 25 años de Patria Gaucha a cuestas, Juan Carlos López o “Lopecito” como es más conocido también es la voz de la celebración. Relata la festividad desde sus comienzos y le imprime ritmo a cada desfile. “Realmente es difícil recordar la primera fiesta, sí me acuerdo patente del certamen de canciones que hacían las Sociedades Criollas participantes y una muestra de músicas tradicionales con decenas de acordeonistas y bandoneonistas del norte”, recordó. Lo que Lopecito tiene claro es que el escenario de hace 25 años, era mucho más “directo” entre el intérprete y la gente. “Me imagino era un sonido más sencillo y las luces sólo las necesarias, muchos payadores, y algunos insuperables, Chalar, Carlitos Benavides y todo el norte”, enumeró. El comunicador reconoce que la fiesta ya fue “literalmente tomada por los paisanos y por la gente en general. Sin embargo aclara que mientras que conserve el “centro” o sea las aparecerías, “La Patria Gaucha será única e insuperable”. Según

adelanta, el desafío será incorporar las innovaciones necesarias sin perder el rumbo. Francis Mallmann

“Estoy muy impresionado”

Reconocido internacionalmente, el chef Francis Mallmann visitó la Patria Gaucha en 2011. Por unos días el argentino dejó sus emprendimientos gastronómicos (en Uruguay tiene Pueblo Garzón) y los sets televisivos (protagoniza ciclos en la señal El Gourmet) y se instaló en el ruedo como jurado de la fiesta. “Estoy muy impresionado con lo que veo en esta fiesta”, aseguró Mallmann. “Ver los cacharros, cacerolas, hierros que se utilizan para cocinar acá, para mí es inspirador”, agregó quien defiende la necesidad de rescatar las tradiciones y la cocina nativa. “Probé varios platos de cacerola, liebre, albóndigas de ñandú, pescados de río, como crítico y juez de esta cocinada; tenemos que recordar cómo era el mundo hace 100 años para no juzgarlo con la mirada de una persona de 2011”, remarcó el chef que es referente de la cocina internacional e incluso ha cosechado premios tales como el Grand Prix de l’Art de la Cuisine otorgado por la Academia Internacional de Gastronomía (1995). Mallmann, uno de los exponentes regionales de la nouvelle cuisine, se sumó a un estilo de cocina rústica que ha mostrado en varios ciclos televisivos, tales como Los fuegos con Francis Mallmann, Un lugar en Mendoza, Huente-Có, Desde Garzón con Francis Mallmann, Patagonia Mía y Amigos x la cocina. Tacuarembó

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Palco oficial. En 2011, el presidente José Mujica, la senadora Lucía Topolansky y Manuela, su mascota, dijeron presente en la Patria Gaucha. El intendente Wilson Ezquerra recibió a todas las visitas y luego las llevó al ruedo.

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Concurso de fogones. Las aparcerías, además de ser punto de reunión, de comilonas o mateadas, son escenario de concursos, entre ellos la puesta en escena de costumbres de otra época.

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De proyecto a realidad El 18 de diciembre de 1986, la Junta departamental de Tacuarembó aprobó la realización de la primera Patria Gaucha. El proyecto que dio origen al acontecimiento tiene nombre y apellido: Carlos Arezo Posada, quien ocupando el cargo de edil, presentó un proyecto para “resaltar la figura del gaucho en el departamento, mediante la participación de representantes y distintas sociedades nativistas”. Una vez aprobada la realización de la fiesta, que se fijó para los días 13, 14 y 15 de febrero de 1987, se constituyó la Comisión Departamental de Turismo. Este cuerpo de notables se integró con 14 personas: Heber de Mattos, Wilson Acosta, Ariel Pereira, Juan Carlos Echeverría, Mario Víctor Cosatti y Carlos Arezo Posada (ediles de la Junta Departamental), Walter Mederos (director general de Secretaria de la IMT), Horacio Lorenzo, Hugo Pereda y Walter Bique (por la Intendencia Municipal de Tacuarembó), Homero Formoso y Hugo del Palacio (ambos por la Sociedad Criolla Patria y Tradición), Heber Porcile (por el Centro Comercial de Tacuarembó) y Santiago Pereira Testa (por la Jefatura de Policía). A partir de la segunda edición de la Patria Gaucha, la organización quedó en manos de la Intendencia Municipal de Tacuarembó. Año a año, el intendente designa a todos los miembros de la Comisión Organizadora que trabaja de forma honoraria y se integra con vecinos, profesionales, ediles, miembros de sociedades tradicionalistas y funcionarios municipales. Tacuarembó

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Momento cumbre. Desfile mediante, los jinetes recorren las principales arterias de Tacuaremb贸. En 2011, cuando los primeros en desfilar regresaban a la laguna, todav铆a quedaban sociedades por desfilar. Los jinetes literalmente rodearon la ciudad.

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El indio. Bernardino García causa sensación en la Patria Gaucha. Auténtico descendiente de la raza charrúa, Bernardino es descendiente directo del cacique Sepé. Durante el desfile o en el predio de la Laguna de las Lavanderas muchos solicitan fotografiarse con él. Bernardino acepta y su estampa no oculta el orgullo de ser charrúa. Tacuarembó

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Wilmar López

El pintor oficial de la Patria Gaucha “Si alguien ha logrado expresar con fidelidad y fiereza al gaucho, ese es Wilmar López”, sentenció Carlos Páez Vilaró. El halago del reconocido artista plástico es uno entre cientos, porque este tacuaremboense ya conquistó fama internacional. Nacido el 7 de abril de 1924, Wilmar tomó clases de figura con Carlos María Herrera (h), de composición y estructura con Edgardo Riveiro, de color con Frangela y Verdie y con Bourre Herrera (Argentina). Sin embargo, encontró inspiración fuera de la academia. “Es un orgullo haber nacido en Tacuarembó, un departamento rico en sus paisajes y, sobre todo, rico en su gente”, explicó. “Nada es tan importante como el hombre mismo, en mi 162

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obra intento plasmar todo el misterio y la magia que me transmite, los ojos, las manos, los gestos, siempre hago el intento”, confesó. El intento le sale naturalmente y no en vano este artista es el pintor oficial de los afiches de la Patria Gaucha. “Simplemente soy un modesto artista que en cada oportunidad quiso resaltar con cariño y mucho respeto las virtudes del gaucho, nuestros héroes o el caballo, destacar las virtudes de quienes formaron nuestra patria junto a nuestros héroes”, resumió. Las imágenes de los paisanos de Wilmar se han expuesto en prácticamente todos los departamentos uruguayos y se exhiben de forma permanente en Tacuarembó. De hecho

la colección de afiches para la Patria Gaucha está en el Museo Memoria del Pago. Fuera de fronteras, su obra se ha expuesto en galerías de Paraguay, Argentina, México, República Dominicana, Canadá y España. Con su talento y capacidad de observación como marca registrada, Wilmar realizó destacadas obras que llegaron a manos de expresidentes, embajadores y universidades extranjeras. Su modestia le impide hablar de premios, pero Wilmar cosechó galardones tanto en su tacuarembó natal como fuera de su terruño. “Lo más importante es que al abordar el tema del hombre, uno aprende a descubrirlo, a respetarlo, a conocer sus fortalezas y miserias y así se conoce a uno mismo”, concluyó.


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Homero Formoso

El patriarca de la tradición El 18 junio de 1933, Tacuarembó recibía a quien luego se consideraría el “Patriarca de la Tradición”, Homero Formoso. Este hombre, que falleció a los 77 años, dejó su impronta en el corazón de los tacuaremboenses y su legado sigue en pie en la Patria Gaucha. Hasta los 8 años de edad Formoso vivió con sus padres en el campo. Tras esa estadía la familia se instaló en la ciudad, pero la vida campestre, las tradiciones y los gauchos lo habían marcado para siempre. Formoso era presidente de la Sociedad Tradicionalista Patria y Tradición cuando se sumó al equipo de trabajo de la Patria Gaucha. En la celebración trabajó sin cesar, desde su primera edición hasta la decimosexta, aunque como Presidente de Honor siempre colaboró con el evento y no dejó de ser parte del fogón de la Sociedad Criolla que cofundó allá por mayo de 1945, o de participar en el desfile gaucho. El mal de Parkinson lo tuvo años en jaque, pero mientras pudo “el patriarca del gauchaje” se hizo presente en Fogonazo, su brioso zaino. Quienes lo conocieron aseguran que nadie sabía más que él de cómo darle vida al ruedo, programar los concursos, monitorear el desa164

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rrollo de cada actividad y, al mismo tiempo, hacerse tiempo para disfrutar la fiesta. “Todo lo que sé, lo aprendí con Homero”, manifestó Juancho Franco, actual Capataz del Ruedo. “Era un hombre profundamente querido y respetado y sin dudas el que sabía más de esto”, expresó Franco, y recordó que la presencia de Formoso en el ruedo era notoria. “Don Homero aparecía y toda la paisanada se ponía de pie para saludarlo”, remarcó. “El ruedo hoy lleva su nombre”, contó Serrana Formoso, una de sus hijas. Según relató, su padre vivía pendiente de la fiesta y esto lo te-

nían claro su madre, Elisa Feraz (con quien estuvo casado 54 años) y sus hermanos Homero, Pedro y Silvia. “Durante el año papá tenía reuniones, pero sabíamos que con la llegada de la fiesta ya ni lo veíamos porque temprano en la mañana se ponía su bombacha, sus botas, el facón y salía temprano para las pruebas de campo. El domingo volvía cansado, sin voz, pero contento”, remarcó. Formoso caló hondo. Don Homero tenía siempre la palabra justa, un gesto amable, el sentimiento a flor de piel para hablar de las tradiciones rurales. Con amor por el campo, aprendió sobre las costumbres campestres y el gaucho. Su sentido de responsabilidad también lo llevó a trabajar en la Comisión de Apoyo del Hospital de Tacuarembó y a visitar a los pacientes procurando ayudarlos en todo lo que le fuera posible. Formoso falleció el 30 de diciembre de 2010 y en la Laguna de las Lavanderas fue despedido por sus familiares y amigos. Sus restos mortales fueron escoltados por una caravana de hombres a caballo hasta el Cementerio de Tacuarembó. Fue el desfile gaucho más triste que se vio en Tacuarembó.


La fiesta gaucha de la Virgen de Itatí Anualmente la celebración reúne a miles de feligreses en una fiesta que une la fe con las tradiciones gauchescas. Hay caminata, bautismos, baile, pruebas y desfile. Apenas comienza el mes de diciembre, Ansina se viste de fiesta. Hora 18, del viernes 10 de diciembre. La cita es en la rotonda de las rutas 5 y 26. Allí se concentran miles de feligreses que caminarán los 50 kilómetros que unen Tacuarembó con Villa Ansina. Esta demostración de fe va por su cuarta edición, aunque la Fiesta Gaucha de la Virgen de Itatí va por su decimotercera vuelta. Mientras los feligreses comienzan a marchar rumbo al Santuario diocesano de la Virgen de Itatí, en una caminata que insume por lo menos 12 horas, en la villa se da inicio a la fiesta. Apenas se pone el sol, hay peña y festival de danzas folclóricas. El sábado el día comienza temprano. Son cerca de las 6 de la mañana cuando se les da la bienvenida a los peregrinos que salieron la tarde anterior de Tacuarembó. Todos quieren ver la imagen de la virgencita, que pintada de dorado y sobre un pedestal alcanza los tres metros de altura. Es necesario descansar para recuperar fuerzas porque la fiesta de la virgen gaucha apenas está comenzando. En este día hay santo bautismo, se bendicen las playas para la temporada que se avecina y se arma una gran peña folclórica. Los Tizones de Ansina son los locatarios y

excelentes anfitriones. El grupo Maciegas es la vedette de la noche en la que actúan también el Dúo Aguará y los grupos de Danza Itatí y Pasión Gaucha.

La jornada se corona con la ceremonia del cambio de traje de la Virgen de Itatí. Este es uno de los momentos más emotivos de la celebración. Cada año se le cambia el traje Tacuarembó

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a la imagen de la virgencita y al mismo tiempo el sacerdote pide a los fieles que se cambien junto a María. Este ritual tiene origen en tradiciones guaraníes y españolas y se importó de la ceremonia que se realiza en Nuestra Señora de Itatí, en Corrientes, Argentina. La vestimenta de la virgencita se supera cada año. Entre las más destacadas está la que se confeccionó cuando el párroco de la zona, el padre Miguel Berriel, regaló la casulla (la vestidura exterior que utiliza el sacerdote) de su primera misa. Ese año, Itatí exhibió en su ropa bordados con hilos de oro procedentes de Roma.

Fe & fiesta Los momentos religiosos se alternan con los festivos. Tras el ritual de cambio de ropa de la virgen se realiza un baile social que incluye la discoteca La Máquina y la actuación de orquesta Código. A la mañana siguiente, hay misa gaucha y en esta celebración se bendice la imagen de San Baltasar que preside los festejos cada 6 de enero. No faltan las payadas a la hora de las ofrendas. Además de la liturgia hay desfile de Caballería Gaucha. Miles de jinetes siguen la imagen de la virgencita que es llevada en una carreta rumbo al ruedo Galdino Castro, donde durante

Fiesta Cuándo:

de viernes a domingo, en la segunda semana de cada diciembre.

Dónde:

en Villa Ansina. En los predios de las sociedades criollas Pista el Palenque y Los Tizones de Ansina. Villa Ansina, Tacuarembó.

Quiénes:

organizan la Junta Local y el Cotolengo Don Orione.

toda la tarde hay pruebas camperas y una función de Circo Criollo. A eso de la hora 19, la imagen de la virgen regresa a su santuario y a las 21 una peña folclórica remata los tres días de fiesta.

Producción, entretenimiento y música Paso de los Toros tiene su propia fiesta: La Expo Feria Ovina, Artesanal e Industrial. La celebración tiene 27 ediciones de experiencia y tradición y reúne a centenas de personas en el Camping El Sauce. La movida está a cargo del Municipio de Paso de los Toros y de la Asociación Rural, y su primera edición data de 1985; desde entonces cada año se suman nuevos atractivos. La exposición y venta de ovinos da inicio a la Expo. Sin embargo, la celebración no se termina 166

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tras la calificación de los ejemplares y la consecuente entrega de premios o el remate de algunos ejemplares. También hay muestra artesanal de productos, plaza de comidas y mucha música. Son cuatro jornadas musicales con representantes de variados géneros. De Malena Muyala a Sonido Caracol, de Rosana Taddei a L’Auténtika. En su última edición los aplausos para el Dúo Larbanois Carrero fueron unánimes. Se estima que en la última edición la Expo reunió a 8.000 personas en cada velada de canto.

La costumbre es ubicar las sillas cerca del escenario, a orillas del río Negro, antes de que empiece el espectáculo musical, para guardarse el lugar. Hay quienes ubican sus sillas antes de que empiece y recién las retiran cuando el último cantante se bajó del escenario. Los lugares reservados se respetan y la tranquilidad es la tónica de la fiesta, donde no falta la elección de la reinas de la Expo ni tampoco la instalación de un toro mecánico que pone a prueba la destreza de quienes se animan a desafiar a la máquina.


6

capĂ­tulo

Maravillas naturales


Valle Edén

La belleza de un valle 23 kilómetros separan el centro de Tacuarembó de Valle Edén y vale la pena recorrerlos. Sierras rodeadas de espesa vegetación y abundante flora y fauna autóctona hacen que Valle Edén sea reconocido como uno de los paisajes más atractivos de Uruguay. Sin embargo, la calidez de sus moradores es lo que más impacta: acostumbrados a las visitas son generosos con los cuentos y tienen respuestas a todas las preguntas. Además este pueblito recibe al visitante con un puente colgante, el Museo Carlos Gardel, una zona de camping, una escuela y también una posada. Una vez recorridos los kilómetros necesarios para llegar a Valle Edén, un cartel advierte el rumbo del lugar. Enseguida, un puente colgante da la bienvenida al recién llegado. Este ícono del lugar fue construido por Simón Viera y sus hijos, vecinos de la zona que querían solucionar el cruce en tiempos de lluvia, cuando el arroyo Jabonería les cerraba el paso. Aunque ese puente original fue arrastrado por una creciente, volvió a levantarse y el que está en pie es el tercero que se erige (lo hizo la Intendencia de Tacuarembó en 1996). Hoy el puente lleva el nombre de su constructor. Siguiendo por la avenida de entrada, una construcción con arcos de ladrillos llama la atención. Es la Seccional Policial, ubicada en la intersección de caminos: el de la izquierda llevará a 168

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la Estancia Rancho Blanco y siguiendo el camino se descubrirán Las Marmitas (ver recuadro). El camino de la derecha conducirá al Museo Carlos Gardel, que tal como revela su nombre es un sitio dedicado al Zorzal criollo. La Posada está asentada en una antigua construcción de piedra, que data de fines del siglo XVII, cuando era una pulpería que funcionaba como almacén de provisiones, venta de carne y bar. La construcción fue reciclada y cuenta actualmente con un restaurante, tienda de sourvenirs y un centro de información turística. Cuentan que allí cantó varias noches Carlos Gardel y se acodó en el mostrador junto a su amigo, el jockey Irineo Leguisamo. Otro atractivo de este valle, es la Estación de trenes. El sitio, bien conservado, todavía luce el depósito de agua que antiguamente se utilizaba para suministrarle vapor de agua a las locomotoras. Set de filmación de varias películas, entre ellas El último tren (Corazón de fuego) atrajo a Tacuarembó actores de la talla de Héctor Alterio, Federico Luppi, Pepe Soriano, Gastón Pauls, Jorge Bolani, entre otros. Más allá de la ficción, los trenes que unen Montevideo con Rivera todavía pasan con sus cargas, principalmente madera o arroz. Escuchar el pasaje de las locomotoras es un ingrediente que se suma a la magia del lugar.

Para visitar con locatarios Algunas de las maravillas de la zona de Valle Edén sólo pueden descubrirse de la mano de un locatario. Si encuentra un guía ducho, podrá descubrir lugares encantadores. La cueva del chivo

Está muy cerca del museo Carlos Gardel. Subiendo la sierra, en medio de la vegetación puede apreciarse una especie de caverna que ha formado la caída de agua. En épocas de sequía, el atractivo literalmente desaparece.

Pozo hondo

Es una caída de más de 10 metros de altura que se precipita en una gruta. La cascada se encuentra entre Valle Edén y el pueblo de Tambores. Dentro de la grieta, las aguas son profundas y gélidas, pero la corriente de agua es mansa y muy disfrutable.

Estancia Santa Blanca

Aseguran que aquí nació Carlos Gardel. Como se trata de un predio privado, sólo pueden acceder al lugar quienes cuenten con autorización de su propietario, el casco de la estancia sólo puede ser observado desde el camino.


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Valle Ed茅n. Los atractivos de la naturaleza se suman a ricas historias y personajes. 170

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Las Marmitas. Si uno anda a trote por la zona, pasará por el camino sin descubrir estas formaciones rocosas dignas de una parada. Las Marmitas –bautizadas así por su similitud con las ollas que se usan en la zona para cocinar alimentos– son resultado de la erosión fluvial del lecho rocoso. Las piedras parecen talladas, cambian el curso del agua y generan curiosas formas cóncavas. El sitio también da cuenta de la infinidad de enamorados que dejan su huella en la piedra con sus nombres o declaraciones de amor.

Pozo hondo. Es una caída de más de 10 metros de altura que se precipita en una gruta. La cascada se encuentra entre Valle Edén y el pueblo de Tambores. Dentro de la grieta, las aguas son profundas y gélidas, pero la corriente de agua es mansa y muy disfrutable.

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Iporá

Agua clara, agua hermosa Pocos paseos resultan tan tentadores como una escapada a Iporá. A tan solo siete kilómetros de la ciudad de Tacuarembó, este balneario amerita una ida: ya sea por un rato o una estadía más prolongada. Dos lagos artificiales, una pileta de medidas olímpicas, canchas deportivas, zonas de camping, cabañas, juegos infantiles, entre otras instalaciones, le dan la bienvenida a cada visitante. Sin embargo, nada resulta tan tentador como ver el amanecer sobre el lago. Una densa niebla cubre el espejo de agua mientras los primeros rayos de sol iluminan el día. Iporá se despereza y el juego de luces sobre el lago, sus puentes o entre el bosque de pinos o en la carretera rodeada de eucaliptus, es un espectáculo aparte. Si llega a Iporá al alba, seguramente sienta el augurio de una buena estadía. El emprendimiento nació como una iniciativa privada que tuvo la rúbrica de Felipe Albornoz, gerente de la sucursal local del Banco de Casupá, un visionario que hizo parcelar la zona y organizó –entre 1867 y 1968- la venta de terrenos entre los tacuaremboenses. En los años de 1970 los bienes comunes pasaron a ser

propiedad municipal y la comuna convocó a un concurso para bautizar el balneario. El tacuaremboense que dio nombre al mágico lugar fue Carlos Raúl Ríos Esteves, más conocido como Pelo Ríos. Según contaba en vida, la elección del nombre se debía estrictamente a su significado: “Iporá quiere decir agua clara, agua hermosa”. Qué hacer Iporá es lugar de residencia permanente para unas 400 personas. También es un paseo de unas horas para los locatarios o de varios días para los forasteros (se alquilan casas y el complejo Sepé ofrece cabañas). Durante la temporada estival, los lagos son la principal tentación: uno se utiliza para baños y el otro para la práctica de deportes acuáticos. El lago de la juventud, el primero que se hizo, es el que recibe al visitante en la entrada. Su explanada de roca es uno de los sitios preferidos para tirarse al agua, aunque hay quienes prefieren instalarse frente al bosque de pinos. Bastará recorrer un poco el lugar para descubrir un sitio propio para darse un chapuzón o descubrir la zona de parrilleros para prender

el fuego. Si va con niños, será inevitable pasar por el tobogán que los tira al agua. La piscina olímpica es otro de los imanes del lugar. Mediante la compra de un pase, visitantes y locatarios acceden a sus instalaciones, que se complementan con baños, duchas, servicio de guardavidas y enfermería. En días tórridos hasta 1.000 personas intentan paliar el calor del Norte, quizá por eso valga la pena una recomendación: Iporá puede disfrutarse en su esplendor durante los días de semana porque los sábados y domingos se abarrota de gente. A un lado de la piscina, un parador abastece a los visitantes con su surtido, al otro, un parque con juegos infantiles entretiene a los más pequeños y las canchas de básquetbol, voley y fútbol resguardan a los más deportistas. Un amplio escenario a veces da cabida a espectáculos musicales y una vez al año el sitio alberga la noche de las luces, un espectáculo de fuegos artificiales. Para conocer el lugar en su esplendor, vale la pena pagar una vuelta a caballo. Frente al complejo Sepé puede contratarse (a precio módico) una visita guiada por la zona. Seguro quien hace este recorrido se enamora del lugar. Y regresa. Vale la pena. Tacuarembó

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Cerro Cementerio. Ubicado sobre la Ruta 26, a un kilómetro de la entrada de Valle Edén, se aprecia desde la carretera. Se trata de una elevación solitaria en medio de la planicie, un cerro de unos 30 metros de altura coronado por una cruz. Lo más llamativo es que la estructura de piedra y tierra del cerro está horadada por más de 30 tumbas. El lugar es de acceso fácil y allí pueden verse tumbas de antiguos pobladores, con cruces y simbología católica. Por los nombres y apellidos puede deducirse que la zona sirvió de cementerio para criollos e indios cristianos que habitaron estancias cercanas. Tacuarembó

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Huellas del pasado. Tacuarembó mantiene denominación indígena y tiene innumerables designaciones en accidentes geográficos y poblados. El cerro Batoví –que en guaraní significa “seno de virgen”– es un ejemplo y este símbolo del departamento está incluido en el Escudo Departamental. Tacuarembó

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Gruta de los Helechos y de los Cuervos. Estas grutas son el escenario ideal para quienes practican turismo aventura. Ubicadas en un ramal de la Cuchilla de Haedo, el quiebre geográfico se siente en el camino. Tras subir y bajar por la serranía en un trayecto zigzagueante, atravesar el tupido monte nativo y pequeños arroyos, los visitantes podrán maravillarse al encontrar una profunda quebrada de piedras rodeada de una tupida vegetación. Aunque técnicamente son paredones de piedra y no grutas, el microclima del lugar es similar al de una cavidad rocosa. Allí florecen enormes helechos, anidan varias especies de aves, insectos y también ofidios. La presencia de grandes árboles apenas permite que el sol toque el piso de tierra colorada. 178

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Parque Presidente Manuel Oribe. En un predio lindero al Balneario Iporá está el Parque Presidente Manuel Oribe. Con una extensión de tierra de 600 hectáreas, el parque cuenta con algunas zonas forestadas y se cuida especialmente su forestación. Además de la gran variedad de árboles, hay un lago de 37 hectáreas habilitado para la práctica de deportes acuáticos. En el parque funciona el Vivero Municipal, que está abierto a visitas. Tacuarembó

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capítulo

Tacuarembó de película


En la pantalla grande La gesta artiguista, una historia de amor, el drama por mantener vivo el patrimonio, documentales sobre sus hijos pródigos o un comercial de TV. Tacuarembó, su gente y sus paisajes son escenarios de películas. De Federico Luppi a Héctor Alterio, de Natalia Oreiro a Dani Umpi, pasando por un sinf ín de profesionales reconocidos, fueron cobijados por la calidez de los tacuaremboenses y los locatarios fueron testigos y hasta partícipes de historias que se cuentan en el cine. La ciudad recibe al visitante con cariño, le

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ofrece sus mejores galas y hace lo posible para que el trabajo de los visitantes sea más ameno. Cuando los hoteles no dieron abasto, las casas particulares fueron una opción que no se desaprovechó. Y en muchos casos fueron los propios tacuaremboenses quienes se ganaron un lugar en las películas que utilizaron sus vastas praderas como telón de fondo. Así, el doble de una escena de riesgo de El último tren fue un panadero local, y los habitantes de Ansina dieron vida a los personajes de La Redota.


Una mirada que llegó del sur El director Ricardo Casas, un montevideano de pura cepa que se dejó atrapar por tres personajes nacidos en Tacuarembó. –Este es el tercer documental que hace sobre personajes de Tacuarembó, ¿qué lo motivó a elegirlos? –El misterio, más que la anécdota que es muy frondosa y explica muchas cosas de las que vinieron después; me cautivó el hecho de que “de eso no se habla”, aún hoy, casi un siglo después de su muerte. El coronel Escayola fue un personaje de siglo XIX muy controvertido pero tuvo la virtud de impulsar las actividades culturales en varias de sus vertientes. En esa época era la ópera, aunque él también cantaba con la peonada en los fogones. Sacó el arte de sus reuniones musicales familiares para ampliarlas a Tacuarembó y toda la región. Gastó una fortuna en construir un teatro que, en 1891, competía con el Solís: los conjuntos extranjeros actuaban en los dos teatros, a veces antes en el de Tacuarembó. Y el fenómeno de Carlos Gardel no nace de generación espontánea, sino de un padre y una familia de músicos; se sabe que sus vinculaciones con la familia Escayola existieron desde su nacimiento hasta su muerte. ¿Por qué será que cantaba tan bien? ¿No habrá sido para lograr la aceptación de su familia?

–¿Cómo fue filmar en el departamento? –Fue muy bueno, me permitió conocer una región lejana a la capital, con características culturales bien diferentes e interesantes. Imagino que cuando surgen los mayores exponentes de la cultura, digamos entre Gardel y Dani Umpi, hay un cambio y no precisamente para bien. Pero me gustan los lugares que tienen un carácter propio y diferente. Que la mayoría de los artistas tacuaremboenses vivan en Montevideo u otras ciudades es una mala señal, pero la historia transcurre en círculos y pienso que esa situación puede revertirse. Cuando fui a filmar el documental de Eduardo Darnauchans me encontré con una familia completa; hoy no ocurre lo mismo, pero la cordialidad de todos los miembros de esa familia la recuerdo muy bien, así como de toda la gente que colaboró, desde 1985 a 2011, con el trabajo. Porque el corto que hice en 1998 se ha transformado en un largo, no en una versión nueva, sino en otro documental que ilustra toda la vida del Darno. Cuando realicé el largo de Benedetti, Palabras Verdaderas, estuve buscando rastros del maestro en la ciudad de Tacuarembó y nadie sabía que Mario había vivido allí, al menos por un año, cuando su padre fue estafado al comprar la famosa farmacia. En Paso de los Toros fue muy hermoso, descubrí una ciudad pequeña pero interesante. Ahora que volví a Tacuarembó a grabar la

historia de Escayola estuve rastrillando todo el departamento, rescatando varias de sus bellezas naturales, los lugares donde vivió el coronel y la gente que tuvo que ver con él. Pude develar algunas incógnitas, pero surgieron otras, como por ejemplo por qué Gardel iba tanto a Valle Edén... Iba a la estancia de los Echegaray, que en realidad no queda tan cerca, pero ¿qué tenía ese lugar que lo atraía tanto? –¿Qué anécdota recuerda de este rodaje? Las anécdotas son muchas, por ejemplo cuando fuimos a la exestancia de los Echegaray, ahora en manos de un dueño brasileño, nos hablaron de un viejo peón que conocía las historias. Fuimos a buscarlo pero no estaba, en su lugar encontramos a una señora de muchos años que nos contó que su hermana mayor había sido novia de Gardel, cuando la niña tenía 12 años. Esta bella señora terminó cantándonos las canciones que se entonaban en la época, una joya que guardamos con tanto amor como las grabaciones que hizo Ayestarán a Héctor Benavides, el papá del Bocha, tocando en su guitarrita los temas que le había escuchado al coronel Carlos Escayola. –¿Encontró alguna resistencia al hacer el documental sobre Escayola? –Resistencia ninguna, al contrario, la mejor disposición de todo el mundo. Lo que me sigue llamando la atención es el hecho de que en la familia Tacuarembó

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no se habla del coronel, todavía hoy. Como que no se animan a invocarlo, yo creo que al no mencionarlo no lo dejan morir. Es como un fantasma que ronda en las noches, en las horas del sueño, solo apareciendo en el inconsciente de sus descendientes, que son unos cuantos. Sobre todo si tenemos en cuenta que se le calculan 50 hijos, entre los 15 que tuvo con las tres hermanas Oliva y los que tuvo con otras señoras de la región. ¿Qué pecado cometió para que después de 100 años de su muerte nadie lo nombre? Como diría García Márquez, la realidad supera la fantasía, en este caso queda patente. Sin duda sus pecados fueron muchos, tal vez algunos más del común de la gente, pero él fue el jefe político y una persona pública no puede permitirse esos lujos, sobre todo en el siglo XIX. Un país que salía de la barbarie para ingresar en el disciplinamiento. –¿Con qué idea fue a Tacuarembó y con qué se encontró? –Fui sin ninguna idea, fui tras tres personajes que me parecían interesantes: los dos primeros son artistas consagrados, queridos por mucha gente, en Uruguay y afuera, tipos comprometidos con su tiempo y una moral y ética muy claras, de gran integridad y coherencia. El tercero bien diferente, aunque tal vez sea la otra cara de la misma moneda. Un seductor con ribetes donjuanescos, un político capaz de empuñar las armas en cualquier momento, un melómano que no dudó en gastar su dinero para colocar a Tacuarembó en el primer lugar del mundo del arte. Un personaje querido y odiado. Después de casi 30 años de investigar y filmar 184

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El director Ricardo Casas nació en Montevideo, Uruguay, en 1955. Es director y productor. Estudió cine en Cinemateca Uruguaya entre 1975 y 1978. Dirigió el documental Donde había la pureza implacable del olvido (1998) Palabras verdaderas (2004) y participó en la producción de documentales para Argentina, Bolivia, España y Alemania. Trabajó en Cinemateca Uruguaya, creó el Espacio Uruguay y dirige Divercine, festival internacional para niños y jóvenes. Organiza el Festival internacional de cine documental de Uruguay Atlantidoc. Es autor, junto a Graciela Da Costa, del libro Diez años de video uruguayo (1995). esos personajes, de ir y volver a Tacuarembó, recién ahora entiendo ciertas claves de por qué hay tantos ilustres artistas que vienen de ese lugar. Encontré un lugar que esconde mucho, detrás de un velo de “no sé”, pero con gran potencial. Pensemos que en Medellín, una ciudad de Colombia donde Gardel lo único que hizo fue morirse, hay una estatua de bronce de tamaño natural con flores frescas aún hoy. Con bares que se especializan en el tango y músicos que siguen los pasos del Mago. ¿Qué pasa en Tacuarembó?

La familia Escayola podría ser millonaria si hubiera reclamado los derechos de autor de Gardel, se comenta que en 2003 esos derechos recaudaron ocho millones de dólares para los vecinos argentinos. –¿Cuándo estrenará el documental? –Supongo que este año, lo voy a editar con Giba Assis Brasil, un colega de Porto Alegre, uno de los mejores en su área de todo el continente.


Uruguay, 1998

Donde había la pureza implacable del olvido

Ficha técnica Guión y dirección: Ricardo Casas Producción ejecutiva: Chichila Irazábal Producción: Ricardo Casas Dirección de fotografía: José María Ciganda

Eduardo Darnauchans, músico y compositor criado en Tacuarembó fue uno de los principales creadores de la música popular uruguaya. Fue perseguido por razones políticas entre 1962 y 1984, período que rescata el documental, como registro de esa realidad.

Cámara: José María Ciganda y Vasco Elola Sonido: Diego Vives Edición: Guillermo Casanova Música: Eduardo Darnauchans, Humberto Castagnola y Carlos Da Silveira

1985. En Minas de Corrales, Casas y todo su equipo, incluyendo el Darno.

Uruguay/España 2004

Palabras verdaderas ¿Cómo retratar a un personaje público, tan conocido como querido por multitudes de lectores de todas las edades y todos los países de habla hispana? ¿Por qué Mario Benedetti es recitado hasta por sus adversarios? ¿Qué tiene este hombre tan modesto, típico uruguayo si los hay, capaz de representar a tantas almas a lo largo y ancho de América Latina y España? Palabras verdaderas busca en esa vida y, sobre todo en la obra poética, las claves de un montevideano ilustre, de un hombre al que le ha tocado vivir varios exilios y recibir los premios que este mundo puede dar. Pero sobre todas las cosas el cariño de un público incondicional, masivo y fiel que lo siguió a todos lados y lo mimó cada día con su aplauso y con su lectura. El poeta más leído de habla hispana, según Manuel Váz-

Ficha técnica Guión y dirección: Ricardo Casas Producción ejecutiva: Yvonne Ruocco, Jordi Rediu

y Norbert Llaràs

Producción: Virginia Martínez Dirección de fotografía: Daniel Rodríguez, Pedro Luque y Joan Babiloni Sonido: Daniel Yafalián, Licio M. Oliveira, José Mendieta y Eduardo Martín Edición: Guillermo Casanova Música

Carlos da Silveira

Con la participación especial de Miguel Ángel Solá

quez Montalbán, sin dignidad autoral según José Saramago, pero sobreviviente de una generación que conoció el infierno y supo ganar espacios, en la dignidad y la firmeza de principios muy caros

al ser montevideano, al ser del mundo, ese hombre de a pie que sale cada día a buscar las respuestas nunca explicadas. Una infancia triste, una juventud llena de trabajos y lecturas, una madurez de compromisos y exilios marcaron a Benedetti y su obra testimonia la historia, esa que solo los artistas pueden contar. Y el documental lo sigue, casi sin hacerse notar, recogiendo pedazos de una historia larga y cargada de momentos que a todos nos conmovieron y seguramente nos seguirán conmoviendo. Y una mención a las lecturas de Miguel Ángel Solá que saben interpretar esa cotidianeidad tan cara para Benedetti y sus lectores, a la vez sabia como la historia. (extraído de www.palabras-verdaderas.com) Tacuarembó

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El último tren (Corazón de fuego)

“El paisaje nos enamoró” En la búsqueda de vías en las que se pudiera hacer rodar la locomotora y un paisaje que mostrara cerros, praderas y un túnel, el director Diego Arsuaga llegó a Tacuarembó. Con él, actores de la talla de Federico Luppi, Héctor Alterio, Pepe Soriano o Gastón Pauls se instalaron en casas de la ciudad y del balneario Iporá. Valle Edén fue la locación que dio vida a este drama que contó las peripecias para salvar una locomotora (ver recuadro sinopsis). “Probamos primero en Maldonado, pero cuando llegamos a Tacuarembó, el paisaje nos enamoró y ya no quedaban posibilidades de filmar en otro lado”, recordó Diego Arsuaga. El director aseveró que trabajar allí fue espectacular. “Era de las primeras películas que se filmaban ahí y todo el mundo tenía ganas de participar y ayudar. Hasta la intendencia nos organizó una fiesta”, rememoró. Inolvidable fue el hecho de utilizar personajes reales en la ficción. Una de las anécdotas que Arsuaga todavía recuerda es que la mayoría de los policías que aparecen en la película son policías reales, “estaban para ayudar y lo hacían cuando se precisaban con vehículos armas y todo”. Lo más increíble fue que la producción trajo un doble de riesgo de Buenos Aires, pero el profesional se lesionó y quien hizo la escena fue un panadero local. 186

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Sinopsis

Mano a mano. Federico Luppi atiende las indicaciones del director Diego Arsuaga.

Ficha técnica Año: 202 Duración: Trailers/Vídeos93 min. Director: Diego Arsuaga Guión: Diego Arsuaga & Fernando León de Aranoa (Historia: Andrea Pollio & Andrés Scarone) Música:

Hugo Jasa

Fotografía:

Hans Burmann

Reparto: Héctor Alterio, Federico Luppi, Pepe Soriano, Gastón Pauls, Balaram Dinard, Saturnino García,Eduardo Migliónico, Elisa Contreras, Jenny Goldstein, Alfonso Tort, Fred Deakin, Herbert Grierson, Eduardo Proust, Guillermo Chaibún, Virginia Ramos, Jorge Bolani Productora: Coproducción Uruguay-España-Argenti na; RamblaProducciones/Telefé/Patagonik Film Group / Tornasol Films / Taxi Films Premios:

2002: Montreal: Mejor guión 2002: Valladolid: Premio del Público

Género: Drama | Trenes. Road Movie

El último tren (Corazón de fuego) Un poderoso estudio de Hollywood compró para su próxima película una histórica locomotora del siglo XIX. Aunque la noticia es motivo de orgullo para muchos uruguayos, no es bien recibida por los veteranos miembros de la Asociación Amigos del Riel. Decididos a boicotear el traslado de la locomotora a Estados Unidos, tres de ellos y un niño, movidos por la consigna “”El patrimonio no se vende”, secuestran la máquina y se lanzan a recorrer las abandonadas vías del interior del país perseguidos por las autoridades. Pero también encuentran la solidaridad de los pueblos que, aislados y abandonados por la falta de un medio de transporte que dejó de funcionar hace tiempo, ven en ellos una luz de esperanza. (FILMAFFINITY)


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Miss Tacuarembó

“Una carta de presentación de la ciudad” Dani Umpi entusiasmó con su libro Miss Tacuarembó y su título llegó a la pantalla grande. Como su original comedia tenía como escenario a su ciudad natal, qué mejor que filmarla allí. Así, el director Martín Sastre llegó a Tacuarembó con figuras del porte de Natalia Oreiro, Rossy de Palma, Mike Amigorena, Alejandro Tous o Mirella Pascual, entre muchos otros. Más allá del éxito de taquilla de esta comedia musical ( ganó el premio a la mejor película y mejor guión en el Festival de Málaga), lo que sorprendió a su autor fue la revaloración del espacio urbano que muestra Miss Tacuarembó. “A mí desde chico me fascinaba ese lugar. Fui al colegio San Javier a hacer el liceo, así que pasaba por ahí todos los días”, recordó Dani Umpi. Al sentarse a escribir esta novela, en su cabeza ya estaba la idea de que gran parte de la historia debía transcurrir en ese marco que de188

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finió como “raro, modernista”. Interesado por el contexto que aseguraba ese espacio urbano “medio galáctico y abstracto”, al escribir sobre el lugar logró que los propios tacuaremboenses se interesaran por conocerlo. Sin embargo, Umpi aclara que rechaza la idea de que Miss Tacuarembó sea reflejo de un pueblo. “El libro y la película hablan de dos personas muy particulares en un Tacuarembó que ya fue. Obviamente en la ciudad hay gente que se identifica con esos personajes pero nunca intentó reflejar una realidad. Es una ficción. Son personajes. Yo quise contar la historia de dos personas que vivían allí, pero no quiere decir que todos los tacuaremboenses sean así”. “Me deja contento que la película haya revalorizado ese espacio que, a mí entender, nunca había sido tomado como parte de la identidad de la ciudad. Al menos yo jamás vi postales del

lugar”, reflexionó quien de niño se inquietó mucho por mundo gigante, los caminos o El Hongo. “Yo caminaba de chiquito por ahí y me preguntaba ¿Por qué? ¿Por qué hicieron esto? ¿A quién se le ocurrió? Me fascinaba”, dijo. “El Hongo tiene mucho que ver con nuestra ciudad, es una identidad que estaba dormida y que se despertó con la película. Es un espacio que mutó bastante a lo largo de la historia: fue un restaurante o algo así, después una zona bastante peligrosa y marginal, hasta convertirse en una atracción turística para los que conocen Tacuarembó sólo por la película”, manifestó el artista. “Uno piensa que es una ciudad súper conocida, pero hay gente en Argentina, que no es tan lejos, que no sabe pronunciar la palabra. La verdad que jamás pensé que Miss Tacuarembó funcionaría como una carta de presentación de la ciudad”.


Sinopsis Natalia, una niña que crece durante los años 80 bajo la influencia de la telenovela Cristal y la película Flashdance en la lejana y pequeña ciudad de Tacuarembó (Uruguay), descubre que ser coronada Miss Tacuarembó es su única oportunidad de dejar atrás su aburrido pueblo natal y emigrar a una gran ciudad donde poder convertirse en una estrella; sin embargo, su vida adulta cantando para los turistas que llegan a Tierra Santa, un parque temático dedicado a Cristo en Buenos Aires, está aún muy lejos de lo que siempre soñó.

Ficha técnica Película:

Miss Tacuarembó (2010)

Dirección y guión:

Martín Sastre

Género: Comedia, musical Interpretación: Natalia Oreiro, Rossy de Palma, Mike Amigorena, Mirella Pascual, Alejandro Tous, Graciela Borges, Jeanette Rodríguez. Producción ejecutiva: Jesús Corredera, Diego Robino y Carlos Mentasti. Música: Alejandro Serg y Ignacio Pérez Marín Fotografía: Pedro Luque

Tacuarembó

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Artigas - La Redota

“A Tacuarembó me llevó su gente” El sábado 10 de setiembre de 2011 el Estadio Raúl Goyenola se vistió de fiesta. En gratitud a Tacuarembó allí se dio el puntapié inicial de la Gira Nacional de Artigas - La Redota. La película no era una más para los tacuaremboenses: la pantalla grande mostraba, una vez más, sus paisajes y su gente. Al decir de César Charlone, director del filme, justamente lo que definió a Tacuarembó como locación fue su “paisaje humano”. “A Tacuarembó me llevó su gente. Estaba convencido de que podía filmar la película en cualquier lugar de Uruguay porque monte criollos hay en todos lados”, explicó Charlone. Sin embargo, tuvo a bien considerar el aporte de su producción y al ver el relevamiento fotográfico se convenció. “Vi las fotos y dije: es acá”. Durante cinco semanas el equipo de trabajo filmó en Tacuarembó donde Charlone sumó actores que no eran profesionales. “Soy un director con una influencia muy fuerte de la imagen. Dirijo, pero preocupado con la imagen del actor y encontramos gente que con su f ísico nos daba una imagen que un profesional no, tenían callos en sus manos, eran gauchos de verdad”, resumió y aclaró que algunas personalidades que encontraron hicieron hasta modificar el guión. “Artigas estaba escrito como está, pero algunos per190

Tacuarembó

Sinopsis Naides es más que naides El famoso pintor Juan Manuel Blanes recibe en 1884 el encargo de recuperar el rostro de una leyenda. Su fuente son los apuntes de Guzmán Larra, espía español que 70 años antes habría intentado asesinar al caudillo José Artigas. Ese mismo caudillo que, acosado por dos imperios y las intrigas de Buenos Aires, emigró con un pueblo errante y fugitivo, para acampar a orillas del arroyo Ayuí. Sorteando adversidades y en busca de sus destinos, estos tres hombres llegarán a la misma encrucijada: la travesía no tiene un punto de llegada sino apenas un punto de partida.

sonajes estaban apenas indicados. Pancracio estaba, pero no estaban sus parlamentos. Vi a la persona que lo interpretó y el personaje se terminó en función de lo que esta persona me transmitía. Alguien tímido, achicado, dulce”.

El director César Charlone nació en Montevideo y estudió en la Escuela de Cine de Sao Paulo. Como director de fotograf ía, sus trabajos más destacados incluyen “Ciudad de Dios” (nominada a los premios Oscar), “El jardinero fiel” (nominada a los premios BAFTA), “Ceguera” (Fernando Meirelles) y “La sociedad de la nieve” (Gonzalo Arijón), además trabajó con realizadores de la talla de Spike Lee. En 1980 dirigió el mediometraje documental “Cuando sea grande” (con música de El Sabalero). En 2006 co-escribió y co-dirigió “El baño del Papa”.


Ficha técnica Título original: Artigas – La Redota País de producción:

Uruguay, España, Brasil, Paraguay

Año:

2011

Género: Histórico Duración: 108’ Calificación: Apta todo público Productor ejecutivo:

Sergio De León

Productores: José María Morales, Sancho Gracia, César Charlone, Richard Careaga. Director:

César Charlone

Guión:

Pablo Vierci y César Charlone

Fotografía y cámara:

César Charlone y Fabio Burtin

Montaje:

Daniel Rezende

Música original:

Luciano Supervielle

Jefas de producción:

Lorena Maffoni y Mirtha Molina

Arte:

Daniel Fernández y Mariana Pereira

Vestuario:

Alejandra Rosasco

Sonido:

Fabián Oliver

Maquillaje:

Estela Vallegra

Casting: Noelia Burlé y Santiago Turell Intérpretes principales José Artigas: Jorge Esmoris Guzmán Larra/Calderón: Rodolfo Sancho Juan Manuel Blanes:

Yamandú Cruz

Máximo Santos:

Franklin Rodríguez

Sarratea:

Mario Ferreira

Señora Montevideo: Roxana Blanco

En la web: Serie ‘Los Libertadores’. loslibertadores.net Comentarios de actores, técnicos y asesores históricos. laredotalapelicula.com Bitácora de rodaje. laredotafilm.blogspot.com Tacuarembó

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Tacuarembó, un pago grande