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El cine ha muerto, viva el cine Con esta polémica frase el director inglés Peter Greenaway nos invita a reflexionar sobre uno de los lenguajes más jóvenes y en constante transformación desde sus inicios. No sin ánimo de provocar, Greenaway hace esta enfática declaración, cargada de una fuerte dosis de ironía británica, con el propósito de despertar nuestros aletargados sentidos, mediatizados por una cinematografía cada vez más homogénea de acuerdo al modelo impuesto por Hollywood. El cineasta se ha embarcado en un proyecto de gran envergadura que dio inicio en el 2003 con el lanzamiento del primer episodio de una serie de largometrajes intitulados The Tulse Luper Suitcases Series (Las maletas de Tulse Luper, la serie). Se trata de una obra en proceso (Work in Progress) que ha generado hasta el momento cinco largometrajes; cuatro de ellos son episodios de dos horas aproximadamente sobre la vida de Tulse Luper y el más reciente, Tulse Luper 'A life in Suitcases' 
(Tulse Luper “Una vida en maletas”, 2005), es una condensación en 121 minutos de las siete horas de película que forman los cuatro primeros episodios. Sin embargo el proyecto no se detiene en la culminación de los largometrajes, por el contrario, lo interesante de la propuesta del director inglés reside precisamente en que estos filmes son sólo el principio de lo que, en palabras de su propio autor, es el “futuro del cine”. Efectivamente, con este proyecto “enciclopédico” Greenaway elabora una compleja y sólidamente estructurada teoría de lo que el cine debe ser en el futuro, demostrándolo con enorme virtuosismo en una serie de espectáculos audiovisuales llamados Peter Greenaway Tulse Luper VJ Performance; que iniciaron en junio del 2005 y continúan hasta el momento en constante metamorfosis. En términos del propio Greenaway se trata de “un enorme proyecto, que en realidad es altamente polémico; con ánimo misionario; y que tiene como encabezado la idea: el cine ha muerto, viva el cine”. Pero para poder adentrarnos en algo tan propositivo y novedoso, sin perdernos en el laberinto de los cuestionamientos, el propio Greenaway –en su tarea de misionero- nos da las pistas mediante una clara exposición de sus ideas, las cuales me propongo abordar para compartirlas con el lector. Las maletas de Tulse Luper Peter Greenaway propone su proyecto de maletas como un intento enciclopédico por entender la realidad que nos rodea, usando como ejemplo La Divina Comedia de Dante o el Ulises de Joyce, a manera de obras que encierran un enorme


cúmulo de conocimiento relativo a la comprensión del mundo, dentro del contexto histórico en el que fueron escritas. En esta ambiciosa empresa, y con las dotes de un “hombre renacentista”, Greenaway nos relata la vida de Tulse Henry Purcell Luper (alter ego del propio autor), escritor de profesión y generador de proyectos, atrapado en una vida de encarcelamientos. Nacido en 1911 en Newport, en Gales del Sur, Inglaterra; presuntamente visto por última vez en 1989. Su vida es reconstruida a partir de las evidencias encontradas en 92 maletas alrededor del mundo. El número 92 corresponde al Uranio dentro de la tabla periódica y la vida de Luper transcurre contra el telón de fondo de la historia de éste elemento químico durante el siglo XX. Abarca cerca de sesenta años, desde 1928, con el descubrimiento del potencial minero de Uranio en Colorado, hasta 1989, con la caída del muro de Berlín y el fin de la guerra fría. Los últimos sesenta años del siglo XX podrían ser el primer capítulo del Uranio, elemento simbólico detrás del cual descansa gran parte de los eventos históricos del periodo: la fisión nuclear; la bomba atómica; la Segunda Guerra Mundial, que desencadenó la Guerra Fría. En consecuencia, el proyecto de Greenaway utiliza el número 92 como estructura para su ubicuo héroe, quién viaja alrededor del mundo desde Utah hasta Manchuria durante más de sesenta años, envuelto en 92 aventuras con 92 maletas y 92 personajes. Tulse Luper archiva su vida entera en maletas y aunque su transcurrir permanece como un misterio, sabemos que estuvo presente en momentos clave de la historia. A sus 17 años, en 1928, estuvo en Moab, Utah, cuando se “descubre” el Uranio. Estuvo en Amberes en 1939 cuando los alemanes invaden Bélgica. En Roma, a la llegada de los americanos en 1944. Pasa su vida como prisionero de profesión y aún así consigue coleccionar un vasto grupo de objetos que va almacenando en sus maletas. En cierto modo, las maletas representan al mundo de acuerdo a Tulse Luper. Las 92 maletas son el eje temático y estructural del proyecto del maestro inglés y es a partir de su contenido como se puede reconstruir, no sólo la historia de Luper, sino la cosmovisión generada por el propio Greenaway. Todo cosmos es un sistema de organización y para ello Luper echa mano de las maletas, coleccionando en cada una de ellas 92 objetos de una misma categoría. Cada maleta tiene un lugar dentro de un grupo de 92 maletas y dentro de cada una de ellas hay 92 objetos correspondientes a una misma clase. Por ejemplo, la maleta número 3 son 92 fotografías instantáneas en la vida de Luper; la 16 son 92 películas rescatadas, filmadas por el propio Luper; la 32 son 92 silbatos; la 75 son


92 arcos de violín; y así sucesivamente se van agrupando una serie de objetos acumulados en el curso de sesenta años, relatando la vida de Luper pero, sobretodo, explicando el mundo del cual estos objetos han sido extraídos. La estructura narrativa Para abordar su proyecto Peter Greenaway parte de una premisa tan provocativa como sus declaraciones: “La historia no existe, sólo existen los historiadores”. Este punto de partida nos da una clave fundamental para adentrarnos en el propósito del proyecto, ya que no es el autor quién nos llevará a través de la historia, sino que deberá ser el propio espectador quien tenga que reconstruir los elementos narrativos, partiendo de la multiplicidad de situaciones en las que Tulse Luper se ve involucrado a lo largo de su vida. De esta forma la estructura debe considerar una multiplicidad de posibles narraciones a partir de los múltiples personajes que conforman la historia. “La Historia”, dice Greenaway, “es sólo su historia” (“History is only his story”), lo que significa que cada individuo puede tener su versión de la historia, su propio punto de vista respecto al hecho histórico y, por lo tanto, su propia historia. De manera que a cada uno de los 92 personajes dentro del proyecto de Tulse Luper se le otorgarán 92 características narrativas, haciendo un total de 8,464 elementos narrativos o posibles combinaciones para obtener un número equivalente en versiones de la historia. Esta estructura se acerca más a una narrativa hipertextual creando, en palabras de Umberto Eco, “una red multidimensional o un laberinto en los que cada punto o nodo puede potencialmente conectarse con cualquier otro nodo”, provocando al espectador a construir su propia historia, buscando involucrarlo en el proyecto por medio de un lazo interactivo. De esta forma el proyecto acentúa su condición de “ensayo fílmico”, con múltiples narraciones, enlistados, pies de página, comentarios, anecdotas; mezcla de hechos reales, ficción, historia y documental; lleno de repeticiones y alternativas. Un proyecto creado para la Era de la Informática, que utiliza la narración como una experiencia más cercana a la navegación en internet que a la lectura; preparado para entender que no existe el fenómeno llamado Historia, sino sólamente Historiadores, quienes siempre serán guardianes de intereses personales. Tal cantidad de información rebasa las fronteras del vocabulario convencional del cine, por lo que es más fácil explorarlo y comprenderlo en su totalidad apoyado en las diferentes manifestaciones que el cineasta inglés ha decidido emplear para desarrollar tan abrumadora empresa: portales en internet, páginas web, DVD’s, videojuegos, libros, exhibiciones e instalaciones; sin olvidar sus propositivos eventos masivos Peter Greenaway Tulse Luper VJ Performance.


El futuro del cine Greenaway asevera: “Ciertamente creo que el cine es mortal; suficientes evidencias indican que está muriendo de pie”. Desde una perspectiva histórica, el polémico director explica la decadencia del cine usando un ejemplo comparativo con la pintura al fresco. Con un enorme bagaje de conocimiento, plantea que las expresiones artísticas siempre han estado vinculadas con la técnica mediante la cual se expresan y, para reforzar su punto, cita la famosa frase del filósofo canadiense Marshall MacLuhan: “el medio es el mensaje”. Greenaway asevera que la técnica o, en el caso del cine, la tecnología, es el vehículo que apoya la expresión artística, por ello da forma a lo que busca expresarse a través de dicho medio, vinculando ambas partes estrechamente. En este sentido, continúa el maestro, toda tecnología tiene una tríada cíclica: un inicio experimental; una consolidación técnica y; la introducción de nuevas variantes que la modifican para finalmente sustituirla. En el ejemplo de la pintura renacentista propone al italiano Giotto, fundador de la pintura moderna, como el iniciador de una nueva tendencia en el uso del fresco; que dará sus mejores frutos en la siguiente generación de grandes pintores, con los extraordinarios murales de Miguel Ángel; alcanzando con él su plenitud para finalizar en la tercera generación de maestros italianos, con las nuevas experimentaciones de Tiepolo, quien, buscando ampliar las posibilidades técnicas del medio, lo lleva a su decadencia y fin. El cine, de acuerdo con Greenaway, no se escapa del mismo ciclo de evolución y decadencia tecnológica. Como lenguaje artístico adquiere su verdadera dimensión bajo las teorías del montaje en la obra creada por Eisenstain, acompañadas por el desarrollo tecnológico de la cámara cinematográfica y sus sistemas de proyección. Para el inglés, el lenguaje cinematográfico logra su cúspide expresiva en las películas de Godard, con el uso de cámaras portátiles en sofisticados movimientos a mano. Iniciando su decadencia, desde la irónica perspectiva del cineasta, con la introducción del uso doméstico del control remoto en 1983, comenzando la Era del Zapping. El lenguaje revitalizado Se puede decir que Greenaway jamás se ha alejado de sus orígenes como pintor, ya que a lo largo de su carrera ha demostrado su enorme capacidad inventiva y su maestría en el dominio de la imagen. Su obsesivo estudio de los pintores clásicos lo ha llevado por una ruta de profunda experimentación en torno a semántica de las imágenes. Con la propuesta de The Tulse Luper Suitcases Series, el cineasta se sumerge en un proyecto titánico que continúa su búsqueda acerca de la creación de imágenes en movimiento, iniciada hace más de cuarenta años.


En este punto de su carrera comienza a introducir nuevos elementos al lenguaje cinematográfico, rompiendo las barreras entre el cine y las formas de expresión visual contemporáneas, particularmente experimentando con proyecciones en vivo a manera de VJ (Video Jockey). En esta difícil tarea de revitalizar el lenguaje cinematográfico, a partir de junio del 2005 y bajo invitación expresa de NoTV, Greenaway comienza una serie de eventos masivos bajo el título de Peter Greenaway Tulse Luper VJ Performance, utilizando un innovador sistema tecnológico creado para VJ’s, consistente en el uso de amplias pantallas de plasma con touchscreen (sensibles al tacto). Mediante este sistema manipula y proyecta las 92 historias de Tulse Luper en un formato multi-pantalla, generando en vivo una mezcla infinita de imágenes e historias, logrando crear una experiencia cinematográfica completamente distinta del cine convencional. Pero qué lleva a Greenaway a declarar que lo que está haciendo es el “futuro del cine”, adentrándose en un terreno que para muchos es considerado como campo de las artes visuales y no necesariamente cinematográfico. Para entender su búsqueda es necesario partir de una serie de puntos que el propio autor expone con gran elocuencia, cimbrando los cimientos del cine pero al mismo tiempo regresando a las teorías básicas que dieron origen al lenguaje cinematográfico. Su cuestionamiento sobre las convenciones cinematográficas comienza al poner en tela de juicio el acto mismo de ver cine: “es antinatural estar sentado durante dos horas en una sala a oscuras, manteniendo la atención fija en un solo punto”. Su argumento descansa en que somos seres poli-sensoriales y observamos la realidad como un fenómeno de múltiples eventos sucediendo en paralelo. Pero Greenaway no se detiene aquí, sino que nos incita provocativamente a reflexionar sobre lo que considera son la “cuatro tiranías” del cine: I. La tiranía del formato.- Debido a su enorme erudición sobre los principios de composición, en particular su comprensión sobre la sección áurea, Greenaway sostiene que el cine no debe restringirse a los parámetros de la pantalla rectangular. Por el contrario, el cine debe explorar su potencial en el uso de pantallas múltiples y de diferentes formatos -proporcionados de acuerdo a la imagen generada-, para adentrar al espectador en una experiencia de mayor impacto. II. La tiranía de la literatura.- El cine permanece atado a su dependencia del texto literario en lo que Greenaway llama “bed time stories” (cuentos para dormir). Considera que el cine debe ser liberado de su función como simple ilustrador de historias literarias y convertirse en un lenguaje no-narrativo con el fin de alcanzar su verdadero potencial como lenguaje de imágenes.


III. La tiranía del actor.- El actor entendido como el protagonista de la historia, es quién lleva de la mano al espectador a través del relato, limitando las posibilidades de la propia imagen para contener el sentido de lo expresado. IV. La tiranía de la cámara.- Desde sus inicios el cine depende del registro fotográfico de la cámara para la creación de imágenes en movimiento. Greenaway está convencido de que las imágenes deben generarse de manera libre “a partir de cero”, con el propósito de alcanzar su verdadera fuerza cinemática, dejando de depender del fotograma cinematográfico. A partir de estos cuatro anti-postulados, el cineasta elabora una compleja teoría de lo que el cine deberá ser en el futuro, partiendo de lo que llama “el fenómeno postcinematográfico”. Pero Greenaway no es un teórico, es un creador en el pleno sentido de la palabra, y sus reflexiones surgen a partir de su obra creada. Es en ella, en su obra cinematográfica, donde se encuentran sus propias respuestas y propuestas. A partir de los eventos audiovisuales Peter Greenaway Tulse Luper VJ Performance, el cineasta inglés plantea que el cine debe ser un lenguaje nonarrativo. Lo cual para los cinéfilos significaría la antítesis de la cinematografía, ya que el cine es en esencia narrativo. Pero para entender plenamente a lo que se refiere es necesario revisar la teoría deconstructivista, la cual propone que las diferentes significaciones de un texto (en este caso un conjunto de imágenes en movimiento) pueden ser descubiertas descomponiendo la estructura del lenguaje dentro del cual está redactado (montaje cinematográfico). Asimismo, habría que acercarnos a su propuesta mediante una nueva forma de lectura no-lineal, en donde la relación tiempo-espacio (fundamental para la narración cinematográfica) fuera inexistente. La narración convencional cinematográfica, sometida por la linealidad a la que obliga una proyección de cine, se ve sustituida por un sistema de relaciones hipertextuales o hipervínculos entre los fragmentos que constituyen la historia, proyectados de manera aleatoria por el autor-conductor. De este modo el cineasta va creando la narración mientras ésta se proyecta en las pantallas. Sin embargo, al inicio de sus presentaciones, Greenaway es el primero que le pide a su público no preocuparse demasiado por entender lo que verá a continuación y les recomienda acercarse para dejarse llevar por la experiencia que habrán de vivir. En este punto del texto el lector podrá preguntarse ¿cuál es entonces la aportación de Greenaway?. Sin el propósito de desanimarlo puedo afirmar que su propuesta hay que experimentarla en vivo. Es necesario participar en sus eventos para poder conocerla. No obstante, no sin riesgo de ser esquemático y reduccionista, trataré de explicarla a continuación.


El fenómeno VJ Greenaway nos dice que el cine debe existir en el “tiempo presente”, no como una experiencia vivida en el pasado. En el cine convencional la narración ha sido previamente articulada y no hay forma de modificar su discurso durante la proyección. Por el contrario, el cineasta propone -y lo pone en práctica- articular un discurso que pueda ser modificado cuantas veces se quiera al momento mismo de su proyección. De forma que la narración puede seguir incluso las reacciones anímicas de público. Para lograrlo, el fenómeno VJ-DJ parece ser una poderosa herramienta, ya que le permite al autor-conductor modificar libremente su relato mientras éste sucede frente al espectador en tiempo presente. Impulsándolo a participar de forma activa, ya no sentado pasivamente, sino parado; caminando en torno a las pantallas; bailando; siendo parte integral del fenómeno. La narración ya no depende de relación “lógica” entre las partes o elementos narrativos, sino de la relación asociativa que surge entre ellos al momento de ser proyectados en continuas permutaciones y repeticiones. El resultado de dicha asociación será independiente del grupo de imágenes involucradas. Es en esta forma como el espectador debe construir su propio relato mediante la asociación libre que los fragmentos propician. La narración ya no depende del autor sino que ahora está en manos del propio espectador. Mientras mayor sea la capacidad de asociar ideas por parte del espectador, el discurso se enriquecerá. A los ojos de la deconstrucción el sentido es interminablemente alegórico y por lo tanto carece de univocidad y de obviedad. La lectura deconstructiva nos remite a la plasticidad y corporeidad misma de los significantes. La deconstrucción niega la posibilidad de la denotación pura, de la referencialidad de la imagen. Ante la dictadura del canon plantea la democracia de la polisemia, estableciendo que el acto de lectura genera infinitas diseminaciones. Las lecturas posibles serán así infinitas porque jamás lectura alguna alcanzará el sentido correcto. Logrando su propósito inicial, Greenaway consigue que el lenguaje se convierta en el contenido. Mediante una infinita permutación de fragmentos almacenados en memoria digital, logra hacer una suerte de “montaje puro” en vivo, combinando repeticiones infinitas o loops de segmentos sin ninguna relación espacio-temporal, pero con una fuerte carga temática-conceptual. Cada loop contiene su propia información visual y auditiva la cual, al combinarse en una multiplicidad de pantallas, consigue crear un efecto hipnótico que sumerge completamente al espectador en una experiencia poderosa y desconcertante. El espectador se convierte en el generador del relato, construyendo “su historia” según su propia experiencia.


Es difícil asegurar que el futuro del cine reside en esta nueva modalidad de presentarnos las imágenes en movimiento, pero lo que si se puede decir con toda certeza es que el maestro inglés ha conseguido nuevamente introducir elementos al lenguaje cinematográfico que provocarán una revitalización del medio, como ya lo ha logrado en el pasado. Si quieren ampliar la información sobre el tema se pueden consultar las siguientes direcciones electrónicas en inglés: • • • •

http://www.petergreenaway.info http://www.tulselupernetwork.com http://www.tulseluperjourney.com http://www.notv.com/index.php?Itemid=1&id=12&option=com_content&task=view

Autor: Oscar Urrutia


El cine ha muerto