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La Vida en las Riberas

Mapocho, aproximadamente en el sector que después ocuparán los corrales de la Compañía del Ferrocarril Urbano para guardar sus carros de tranvías y que ahora es parte del complejo del mercado de La Vega Chica. Ése sería el hotel de los rufianes y patanes que Zañartu condenaría a la desgracia de trabajar en el puente. Las obras se planificaron divididas en secciones, cada una con un maestromayordomo, sus presidiarios y sus guardias respectivos. Como hemos dicho, De la Roca se encargaba de los trabajos de cantería, haciendo loas a su propio apellido. La obra de herrería quedó en manos de Francisco Cortés, que era un negro esclavo. La albañilería, inicialmente, quedó pendiente de contar con un director propio261. Había comenzado –así y sólo entonces- la construcción del Puente de Cal y Canto.

El temido observatorio del Corregidor Para poder permanecer cerca de las faenas de construcción de la que sería su magna obra ante el juicio de la historia, el Corregidor Zañartu hizo levantar una casa al final del sendero que iba a ser llamado Calle del Puente (denominada así precisamente por el Puente Cal y Canto, como hemos dicho), procurándole a esta residencia un altillo desde el cual vigilaba diariamente la construcción de su grandioso proyecto, si es que no se encontraba en el sitio mismo de trabajos. A veces, Zañartu se hacía acompañar allí del ingeniero del proyecto, casi sin quitarle la vista a la obra que terminaría consagrándolo en el alto recuerdo de la ciudad, pero que también consumiría sus últimos años de existencia. Esta casucha que tenía por mirador, era de aspecto rústico: una típica morada sencilla de tiempos coloniales tardíos, de adobe y altos techos de tejadillo con dos aguas. Destacaba esa ventana con balconete del segundo piso y el portalón en la fachada. Por ahí asomaba insistentemente el Corregidor, incapaz de distraerse un minuto siquiera del proyecto de levantamiento del puente. "Allí se encaramaba en las tardes a contemplar con sus catalejos los diferentes trabajos, siguiendo con apasionamiento las incidencias de los picadores, herreros y albañiles" -escribe Sady Zañartu262. Constituyó, además, el trono enmarcado desde donde el Corregidor puso en práctica la famosa sentencia de Ovidio, respecto de cómo la grandeza excesiva

261 “Historia y tradiciones del Puente de Cal y Canto”, J. Abel Rosales. Imprenta Estrella de Chile, Santiago, Chile – 1888 (pág. 12) 262 “Santiago calles viejas”, Sady Zañartu. Ed. Gabriela Mistral, Santiago, Chile - 1975 (pág. 98)

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LA VIDA EN LAS RIBERAS: Crónica de las especies extintas del Barrio Mapocho (Tomo I)  

Desde el aspecto primitivo del barrio en los tiempos del Descubrimiento y Conquista hasta la formación de su identidad propia durante el Pri...

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