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MUJERES

¿Que son un error de la naturaleza?

En este número:

Esther Gámez, Carmen García Núñez, Fabián Muñoz, Aidé Cavazos, Paloma Meléndrez, Leticia Damm, Olga Carrizález, Melisa Ponce Véjar y Ricardo Zazueta.

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Urbanario No. 4. Marzo 2011. $10.00

Fabián Muñoz González Nimbus Quién se atrevería a sospechar de una nube Elena Poniatowska I Tú sabes que no todas las nubes son iguales, porque no todas te llaman por tu nombre, ni te buscan. Algunas te despiertan temprano con toquidos insistentes en la ventana. Hasta darte cuenta: es irremediable, debes abrirles, y ya en el quicio se ponen dignas, te lloviznan el rostro, luego desatan dos o tres relámpagos mientras disculpas la tardanza. Tú lo sabes, no todas las nubes son iguales. II Por las noches, es raro conocer sus formas verdaderas. Son iguales, brumosas. Sin embargo una nube oculta bajo la cama te puede sorprender con un abrazo de pasión si te descuidas.

Abre sus piernas húmedas de tanto verano, te hace volar dentro de ella, hasta quedar exhaustos, convertida en una charco de agua sobre tu cuerpo. III Cuando volví del trabajo, ella no estaba en casa. Tal vez tienen algo que hacer las nubes a diario y no sabemos. IV Pocas son las nubes que repiten sus visitas, no hablan mucho, no dan explicaciones. Con ellas es preferible dejarlas entrar sin cuestionarlas.

Esther Gámez A cualquier lado (I can go anywhere) - Tinta sobre Papel

Sólo las nubes saben por qué vuelven, sólo ellas regresan cuando quieren.

La mirada femenina Hay algo en las mujeres que nos incumbe a todos, porque todas tienen algo que nos hace crecer. Su visión nos ofrece una perspectiva capaz de cambiar el rumbo de nuestra vida. Sin ir más lejos, si más Estados, por ejemplo, estuvieran gobernados por mujeres sanas y comprometidas, con toda seguridad disminuirían los índices de violencia pues sólo una posible madre podría entender el significado de ir a matar al hijo de otra.

También se van sin despedirse.

Sí, hay algo del alma femenina que nos incumbe a todos, y en este número la gran mayoría de los textos los aporta una mujer, incluyendo los libros que al final se reseñan.

Fabián Muñoz González nació el 2 de octubre de 1968, tal vez de ahí algunas de sus filiaciones políticas. Es periodista y tiene publicados los poemarios Esperando abril, Nimbus, Nogal de sombras, entre otros. Se puede encontrar en Facebook

Victoria Ocampo, una de las escritoras argentinas más destacadas del siglo 20, aspiraba a no separarse de su género a la hora de escribir: “Mi única ambición es llegar a escribir un día, más o menos bien, más o menos mal, pero como una mujer. (...) Pues entiendo que una mujer no puede aliviarse de sus sentimientos y pensamientos en un estilo masculino, del mismo modo que no puede hablar con voz de hombre”. Este mes la edición la dedicamos a todas las mujeres que han cambiado nuestras vidas para bien. Paloma, Aidé, Leticia, Olga, Lupita, Melisa, Fabián y Ricardo hablan en sus trabajos acerca de ellas. Las ilustraciones corren a cargo de Esther Gámez, artista sonoroense de trazos sutiles y limpios, y de Carmen García Núñez, artista plástica nacida en Monterrey, en cuyos trabajos pone de manifiesto actitudes femeninas en la intimidad. A la mayoría de los colaboradores se les puede encontrar en Facebook.

Aidé Cavazos González A Jacinta Ya soltaron a Jacinta, soltaron a Jacinta, gritó el montón de escuincles mientras corría a un lado y otro de la calle. Una pareja de ancianos, al oír el alboroto, asomó a la puerta de su jacal. Esperaban de pie, la vista fija en la empinada y serpenteada vereda. Él, apoyado en un burdo bastón, antes, rama de un árbol. El ajado rostro de los ancianos de pronto se volvió transparente, hablaba sin hablar. Denotaba: incertidumbre, incredulidad, regocijo y paz, esa paz interior que regala la vida después de haber andado tiempo en ella. A lo lejos, la diminuta figura se acercaba. El anciano entrecerraba los ojos para distinguir un poco mejor. La anciana, con las manos extendidas a la altura de su frente se cubría del sol. La figura aparecía y desaparecía entre los cafetales. Aunque cerca Jacinta, los ancianos no podían verla. ¿Era su vista que hacía tiempo los traicionaba o eran las lágrimas? Restregaban sus ojos, esos ojos que la habían llorado tanto y ahora lloraban de contento. Ella se acercó

y los abrazó. Tata, nana, tenía miedo de no volverlos a ver. Estos tres años fueron harto largos. Es la espera lo que nos mantiene de pie, comentó el abuelo. Ahora sí puedo morir tranquilo sabiendo que estás entre los tuyos. La mera verdad, Tata, sólo Dios sabe. Firmé y firmé papeles sin ver lo que eran. Puros malos entendidos, m’ija, afigúrese, quesque secuestré a nueve soldados, quesque falté a la autoridad, autoridad que yo ni conocía. De lo que sí me pueden acusar Tata, es de no pensar como ellos, de no vestir como ellos. Si eso es delito, entonces tienen razón. Usté que me enseñó a hilar, nana, dígame: ¿es eso tan malo? Has de traer hambre, dijo la abuela, y le acercó una taza de café negro y una tortilla enrrollada. Aidé Cavazos González, agrónoma de profesión, nació en Los Cavazos, Santiago, NL el 1 de enero de 1951. Ha participado en lecturas en los Días Feriados en la Feria Internacional del Libro, en el Encuentro Internacional de Escritores Sanmillanos y en el ciclo Escritores en su tinta, del Café Nuevo Brasil. Ha publicado en la revista Entorno Universitario de la Preparatoria 16 de la UANL y en 15 Diario, entre otras. Obtuvo el primer lugar en el concurso “Que hablen los abuelos” convocado por el municipio de Santiago en el 2005. Pertenece al Taller del Barrio Antiguo desde agosto de 2003.

Paloma Meléndrez

Leticia Damm

Los zapatos

Ciberadrenalina

Este era un día normal como cualquier otro, supuse… Me alisté, preparé mi café y salí a la calle en esos zapatos de piso que tanto me gustan, en ellos sentía que podía caminar hasta el infinito, no había muralla que detuviera mis pasos, ni obstáculo que me impidiera seguir el rumbo hacia la meta propuesta. Con ellos podía, sin lugar a dudas, llegar hasta donde el tiempo rompe barreras, tan es así que de pronto frente a mí, me vi; me reencontré huidiza, confusa y usando los mismos zapatos. La imagen no pudo ser más certera, ni los zapatos, ni lo que estos me hacían sentir era inherente a mí. Llegue a casa y los guardé escrupulosamente en su caja, no sin antes escribir en ella: Úsese solo en caso de emergencia existencial.

Silvia despertó con un suspiro y la sangre agitada. Aún parpadeaba bajo la Guadalupana una veladora trasnochada. Miró el reloj e hizo cuentas otra vez: cuando envió su mensaje, allá serían las dos de la mañana. Él debió leerlo mientras ella dormía. Había pasado más de una hora revisándolo, quitándole, agregándole, y hasta escribió un exquisito verso de Bécker en “asunto”. Sería una relación espiritual, platónica. Estaba harta de cachondeces. De seguro su respuesta la esperaba. Con un tambor por corazón, se apresuró a llegar antes que los demás para no tener interrupciones. Sin sentarse, pulsó tecla y ratón ¡cómo tardaba! ¡por fin! “Chamacona”, decía la carta, “me imagino tus sensuales labios juntos sobre mi pecho”.

Originaria de Monterrey, divide el insomnio entre la psicología y la historia. Psicóloga y estudiante de maestría en humanidades, vive entre sus letras y obras de arte disfrutando de las anécdotas de la urbe. @PalomaCaminante (twitter). palomamelendrez@hotmail.com

Olga Carrizález Reflejos I de mí ha quedado el retrato oxidado de mi madre lo que ella nunca quiso que fuera soy la mujer que se ve en el espejo ya al fin sin complejos y sin vanidad II somos así y por serlo a veces tenemos debemos y no sé tú amiga pero es injusto quedarnos de a gratis con el estereotipo no dejamos de ser un trofeo una belleza perseguida pero llámese vida

Nació en Monterrey, Nuevo León, en el siglo 20. En 1973 ganó el Premio Somonte al Cuento. En el 98 comenzó a participar en los talleres literarios y diplomados impartidos por la Casa de la Cultura de Monterrey. En el 2000 ganó la beca del Centro de Escritores de Nuevo León. Es coautora de Confesiones inauditas (2002), primer libro del Taller Barrio Antiguo, vigente desde 2001. ldamm@prodigy.net.mx

y la gloria y el instinto maternal llámese reflejo nada masculino III sin maquillaje sin ornamentas sin cortinas de humo en la orilla de la nube o del abismo heme aquí retrato oxidado de mi madre finalmente yo sincera con ironías y con penas pero conmigo Olga Carrizalez nació el 8 de diciembre en Monterrey, N.L. moonless.ly@gmail.com.

nacimos con el resentimiento a cuestas y la paranoia Carmen García Núñez Serie: Life Motel - Fotografía a color

Urbanario agradece el apoyo de: Ruth Rodríguez

Margarito Cuéllar, José Luis Martínez Canizález, Alejandría Treviño, Julio César González, Adrián Ruiz, Antonio Ortega Magaña, Sergio Quiñones, José Luis Berlanga, Ricardo Martínez, Rebeca Gómez Andrés, Lázaro Salinas, Odvidio Reyna, Blanca Corpus, y Aleida García.


Director: Gerardo Ortega. Distribución y ventas: Gerardo Ortega Magaña, tel. 81 41 04 54. Diseño: emeestudio.com

Arte en este número: Esther Gámez (esthergamez.com) y Carmen García Núñez (cronika.com). Urbanario de abril publicará textos escritos por niños. Se reciben trabajos hasta el 25 de marzo del 2011 en el correo redaccion@urbanario.com

Urbanario No. 4. Marzo 2011. $10.00 Reseña Veintiún escritoras revolucionarias

Melisa Ponce Véjar Su imagen había sido hasta ese sábado, donde me dio la oportunidad de conocerla, la de una mujer quien no había podido superar que el paso de los años le arrebatara su belleza, arrancándosela de sus propios ojos para que no pudiera verse más en un espejo.

El resultado de esta investigación que duró más de dos años fue la antología Óyeme con los ojos, una obra en dos tomos que reúne textos de 21 escritoras entre las que están Nahui Ollín, Antonieta Rivas Mercado, Nellie Campobello, Guadalupe Dueñas, Elena Garro, Guadalupe Amor, Rosario Castellanos, María Luisa Mendoza, Amparo Dávila, Inés Arredondo.

No había tenido nunca la necesidad de revelarse, pues bajo el cobijo de la admiración y el encanto del uniforme verde que con orgullo exponía logros, ella no hubiera sido capaz de agregarle deshonor al atavío de quien le debía la vida. Por obediencia, sus anhelos simplemente dejaron de ser importantes, al fin que eran hipotéticos, “es mejor partir de lo que existe”, decía. Para ella existía la obediencia, la disciplina, la fuerza en su carácter. También existía el deseo frustrado de ser médico, pero su belleza no se lo permitió, esa mejor invertirla en la profesión si la convertiría en mujer útil de verdad: su matrimonio.

El segundo tomo lo componen trabajos de Luis Josefina Hernández, Elena Poniatowska, Beatriz Espejo, Silvia Molina, Sabina Berman, Estela Leñero, Ana Clavel, Cristina Rivera Garza, Carmina Narro y Liliana V. Blum. En palabras de la autora, la intención del libro es “recordarles a todos, a las nuevas generaciones, que tenemos una gran literatura proveniente de mujeres que no se leen ni son obligatorias en la escuela”, señaló Rosas Lopátegui a la revista Proceso del 13 de febrero del 2011.

El día que vio a aquel hombre que acabada de entrar a trabajar en la misma oficina que ella, traía sus cabellos dorados recogidos con una flor grande que se atoraba en su oído izquierdo. En cuanto lo vio, supo de inmediato que tenía que hablarle, tenía que decirle algo. Era como si su belleza no fuera suficiente para poder llamar la atención de él.

Pero la sensatez la hizo volver al punto de partida. Estaba ya comprometida. Por ser la hija mayor, la fecha para la boda tenía que fijarse a la brevedad porque de lo contrario las hermanas menores empezarían a contraer nupcias antes que ella y eso era algo reprobable ante el honor hacia su casa. Todas las expectativas de su familia recaían sobre ella. En una casa donde las costumbres militares gobernaban, era imposible una rebelión. Entendió que nada podía hacer para cambiar las cosas. Ya todo estaba arreglado. No sería ella quien llevaría la desilusión a casa, y no porque no quisiera, si no porque nunca se atrevió siquiera a que su orgullo la delatara. Cada vez que pensaba en él, el corazón se convertía en un buque que se quería salir a toda fuerza del mar. Ella no podía permitir eso. Su vida estaba trazada. Cuando él le confesó la reciprocidad de sentimientos, lo miró fijamente con sus ojos acuamarina bien abiertos para decirle que su confusión la ofendía; ella era una mujer para comprometerse. A partir de entonces, la rabia y la impotencia se convirtió en un veneno que la empezó a consumir poco a poco. Nunca volvió a saber nada de él. Sus caminos nunca se volvieron a cruzar. Él se transformó en una vela en su memoria que se fue consumiendo hasta un día apagarse y extinguirse por completo. Arrastró las consecuencias de su decisión: Se casó con su prometido, el hombre más bueno, más generoso, pero sobre todo, el hombre que en su casa ya habían destinado para ella. Se la llevó a vivir junto al mar y ahí le dio

El erotismo manejado con soltura, pero sólo a gotas suficientes para erizar la piel; el amor como un ave inasible o como recuerdo evocado que casi siempre vuela al quererlo atrapar; el dolor y el ciclo menstrual como línea de lo femenino no exenta de dolor, estos son algunos de los temas que Yolanda Aguirre aborda en su primer libro, Menguante.

Patricia Rosas Lopátegui decidió explorar las voces femeninas a partir del hilo conductor de la que ha sido con toda seguridad una de las voces femeninas más influyentes de la lengua hispanoamericana: sor Juana Inés de la Cruz.

Ese sábado vi que su piel de cartón, su cuerpo añejo, su belleza inexistente, buscaban desesperadamente redimirse mediante la confesión inaudible de una mujer a la cual se le enseñó, mediante una dictadura familiar, que los sentimientos indisciplinan el espíritu, pues a éste, decía, hay que amarrarlo con una liga.

Cuando llegó a su casa esa noche, a esperar a que su prometido fuera a verla, no podía sacarse del pensamiento a quien al día siguiente tendría que ver nuevamente. Pero ella se convirtió en su peor enemiga. No era capaz de aceptar cómo la inquietaba, sentía ira contra sí misma por no poder controlar sus pensamientos se le desbordaban.

Por línea femenina

¿Es un acto de valentía que en pleno siglo XXI una mujer escriba y publique?¿Hay algo propio de la literatura escrita por mujeres?¿Quiénes serían algunas de las más importantes escritoras mexicanas desde el punto de vista de la transgresión?

La revelación

A pesar de que era quien tenía el poder por la investidura que le otorgaba ser la única mujer en una oficina que administraba la ferretería de la ciudad, no podía eludir que ejerciera dominio sobre su persona. Era algo inusual en ella. Acostumbrada a que todo tuviera un lugar tanto en la contabilidad como en los estantes, se vio en la necesidad de hacer a un lado su nerviosismo para concentrarse por completo cuando él se le acercó a hacer las cuentas. Su afán por el orden y la responsabilidad fue más importante. No quiso levantar la mirada para confirmar si él la observaba en ese instante, pues se podría prestar a una actitud indecente de su parte.

Reseña

En la misma entrevista, la antologadora, quien estudió letras españolas en el Tec de Monterrey y una maestría y un doctorado en la New Mexico State University, señala que inicia con sor Juana porque “con ella inicia todo”. “Se me ocurrió preguntarles a las escritoras que están con vida lo que significaba sor Juana para ellas, me contestaron, me dieron sus opiniones y eso es lo que abre cada capítulo sobre ellas. Y de las escritoras ya finadas busqué algún referente de sor Juana en sus obras y fue así como se hicieron sus respectivos epígrafes”, ahonda Rosas Lopátegui.

Esther Gámez Es tan Fácil - Tinta y Conté Blanco sobre Papel

Melisa Ponce Véjar radica en Celaya, Guanajuato, le apasiona la historia de México y está retomando la escritura después de una larga pausa. melisaponce@yahoo.com

“Cala tu ausencia los viernes/ y los encadenados días que siguen/ hasta completar un rosario de faltas// qué ganas de hacerte el amor.” Tanto el título del libro como el nombre de las secciones por días de la semana empezando por el viernes y concluyendo con el jueves, hacen alusión a la transformación que encierran los ciclos temporales. “Niña mariposa/ crisálida/ monarca mujer”, dice en el poema “Menarcas”, y en el texto “A propósito de vía crucis” hace clara alusión al dolor menstrual: “ocho días y siete noches/ en cama”. Por último, en el poema “Menguante”, que es por cierto el que le da título al poemario, la autora confronta, se entiende que a alguien de su sexo opuesto, con una pregunta retadora: “¿Acaso desconfías porque sangro?”.

Óyeme con los ojos. De sor Juana al siglo XXI. Patricia Rosas Lopáteui. UANL, 2010.

Menguante Yolanda Aguirre. UANL, 2008.

Reseña

Puede adquirirse en la Casa Universitaria del Libro, Padre Mier y Vallarta, en Monterrey, teléfono 83.29.41.11. GO.

Reseña

La fuerza de la mujer salvaje

Sexo y diversión informada

Dice Clarissa Pinkola Estés que cuando una mujer escucha las palabras “mujer” y “salvaje” despierta y renace en ellas un recuerdo antiquísimo. Esta fuerza interior, señala la autora, es una representación de la profunda psique femenina.

La vi sentada con la mirada puesta en una película que pasaba frente a ella una y otra vez. Al percatarse de mi presencia, fue como si ella regresara de ese lugar al que visitaba. Sus párpados de inmediato se abrieron y me dejaron ver lo único que me heredó. Pero volvió a fruncir el ceño para recuperar su expresión rígida.

Ese sábado la liga se rompió finalmente mediante la pregunta que había esperado contestar toda su vida, porque ni su conciencia podía hablarle en voz alta. No tuvo que pensar mucho… su amargura fue puesta a un lado para sacar la parte dulce de sus recuerdos; en el horizonte de sus ojos brilló una pequeña luz para aceptarlo: no se había casado con el hombre que ella había querido.

La soledad y la ausencia, quizá el desamor; pero incluso en ese vacío no cesa el deseo, sino se vuelve más intenso. En el breve poema “De soledad y otros demonios” se hace claro este impulso:

Pues a pesar de estas preguntas, el libro sí es de fiar.

**

No había vuelto a hablar de él. Su pensamiento lo cubrió por completo con el paso de los años, con la llegada de las hijas, con la muerte de su esposo. La mirada se le encegueció, y con la soledad, el recuerdo de él volvió a visitarla como una imagen más nítida y como si pasara frente a ella una y otra vez.

En el poema “Libertad” podemos leer esa conciencia: “Ahora, /para hacerlo ni le pienso// pero/ ¿en qué pienso mientras lo hago?/ en mi madre soñando/ con un vestido/ blanco/ de novia inmaculada.”

El libro, editado por la UANL, puede adquirirse en la Casa Universitaria del Libro, Padre Mier y Vallarta, en Monterrey, teléfono 83.29.41.11. GO.

algo que su recuerdo no podría darle nunca: un matrimonio perfecto.

En un instante, tomé la decisión de aprovecharme de que nadie más nos acompañaba. Su presencia era fantasmal para los demás. Sus pasos ya no se escuchaban, su respiración era muda, su color transparente, sus cabellos añejos. Su presencia para mí era el imán de conocer urgentemente esa película que pasaba frente a ella, antes de que se desvaneciera.

El libro nos muestra, desde un limpio trabajo con el lenguaje, una voz honesta frente a lo que tradicionalmente se espera de una mujer. En ese sentido, la madre funge en uno de los casos, como la voz de una conciencia tajante que representa el mandato social sobre la hija.

“El arquetipo de la Mujer Salvaje, ahonda, envuelve el ser alfa matrilíneo. Algunas mujeres perciben ese vivificante sabor de lo salvaje durante el embarazo, durante la lactancia de los hijos, durante el milagro del cambio que en ellas opera cuando crían a un hi­­­jo o cuando cuidan una relación amorosa con el mismo esmero con que se cuida un amado ­jardín”. Este libro puede ser terapéutico debido a que los cuentos, muchos de ellos ya conocidos pero contados desde otra óptica, están dirigidos a salir al encuentro del lado salvaje femenino. “Todos sentimos el anhelo de lo salvaje. Y este anhelo tiene muy pocos antídotos culturalmente aceptados. Nos han enseñado a avergonzarnos de este deseo. Pero la sombra de la Mujer Salvaje acecha todavía nuestra espalda de día y de noche”. En el cuento “Las zapatillas rojas”, una niña huérfana seducida por unos bellos zapatosrojos, no puede dejar de bailar hasta que opta por perder sus pies de una manera brutal antes de seguir danzando toda su vida. Esta historia encierra una verdad psicológica: a una mujer se le puede arrancar, robar y amenazar su vida más significativa, o se le puede apartar de ella por medio de halagos a no ser que conserve o recupere su alegría básica y su valor salvaje. Es un libro que tendrá especial sentido para toda aquella mujer que se está buscando a sí misma o que está en proceso de reconstruirse. ¿Quién se atreve a escucharla? Puede encontrarse en la librería Gandhi, teléfono 01.800.426.3440. GO. Mujeres que corren con los lobos Clarissa Pinkola Estés Ediciones B, 1998.

El sexo es la palabra más buscada en internet y uno de los temas que más inquietudes despierta. Alza el morbo, preguntas y hasta las ganas. El doctor Freud le achacaba un peso fundamental en las motivaciones humanas, e incluso hoy en día muchos padres prefieren no tocar el tema frente a sus hijos adolescentes, aun y cuando estén en juego puntos importantes por falta de información adecuada, por ejemplo una enfermedad mortal. Sucede que acerca del sexo cada quien lo viene aprendiendo como puede y con quien puede, pues aún existen prejuicios y creencias distorsionadas, que aunadas al machismo galopante que muchos padecemos, nos impide conocer mejor y disfrutar plenamente de ese prodigio de la naturaleza. Y a esto último puede ayudar el libro Ivaginaria, una recopilación de breves artículos, endulzados con el humor y una prosa ágil, en los que Elia Martínez-Rodarte invita a través de su mirada a revisar desde otros ángulos algunas prácticas sexuales. La autora es una “guía de turistas” en un terreno que nos parecerá familiar; pero no es su intención descubrir el hilo negro, sino más bien hurgar en los recovecos del comportamiento aquellas actitudes nocivas, absurdas o simplemente poco placenteras. En el artículo “Ocho buenas razones para comprar un vibrador”, describe el modelo Honey Bunny, un artefacto del placer que tiene “diferentes velocidades, ¡control remoto!, te estimula el punto G, el clítoris, las paredes vaginales, rueda, se agita y se hace el muertito dentro de la genitalia”. Pero más allá de aspectos concretos, una de las mayores cualidades de Ivaginaria es que se puede leer ya sea como un manual de sexualidad, como un compendio de hábitos sexuales, como una muestra de la riqueza del lenguaje sexoso (tafanario, estonear, nymphae), incluso como un libro de anécdotas que nos podrían sonar familiares. Sin embargo, la premisa básica de la que parte parece ser, a mejor información, más seguro el disfrute. Puede conseguirse en la librería Gandhi, teléfono 01.800.426.3440. GO. Ivaginaria Elia Martínez-Rodarte Posdata, 2010.

Ricardo Zazueta Lagos Temor No llores desnuda, no te duermas vestida No busques la gracia en el bar de la esquina No abras la boca, que se meten los vicios Búscate un viejo que sea jubilado yankee o british anglosajón No busques placer al ver a mis ojos que sucios de carga sólo ven el dolor

Páginas de Internet

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Desde $1500 pesos incluyendo hospedaje y dominio por un año. Más información: carmen@ensenadita.com www.emeestudio.com

Ricardo Zazueta Lagos Nació en San Diego, California, el 12 de marzo de 1985. Vive en una fábrica de sueños y navega el Mar de Cortés. El presente texto pertenece al libro inédito Mi sonrisa desnuda. rick.zazueta@gmail.com. http://elrevom.tumblr.com/ Esther Gámez Receta para empezar un Mal Día - Tinta y Grafito sobre Papel

Urbanario se consigue en: Monterrey: En la librería Gandhi. Con el voceador de Morelos y Escobedo; y en la cafetería Kúndul, en Juan Ignacio Ramón y Valentín Gómez Farías, en la zona de Santa Lucía.


Urbanario No. 4 - MUJERES ¿que son un error de la naturaleza?