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Lo que te hace ser hombre: collons Elia Martínez-Rodarte

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l pene es el santo adorado de los hombres por encima de cualquier parte de su cuerpo, mas debemos considerar la relevancia de los testículos y el apego de los varones hacia este vulnerable sitio. Estos gemelos fantásticos han sido subvaluados, creo yo, por parte de las mujeres. Siempre tan hipnotizadas por el pene, que no nos fijamos en los pobrecillos ahí, colgando uno al lado del otro. Casi nunca a la misma altura. Esto ayuda a que siempre haya una temperatura óptima que favorezca la elaboración y conservación de espermatozoides. Ni en la teoría ni en la práctica le hemos dado a los testículos el lugar que se merecen. Ellos son los responsables de que nuestros hombres sean virilmente erectos en todos los sentidos. Gracias a la testosterona que producen sus gónadas se desarrollan las cosas que más nos gustan de ellos. Como por ejemplo la voz grave, el pelo en pecho, la masa muscular y su cursísimo y demodé espíritu cazador. Los testículos son los principales promotores de la masculinidad y los productores de millones de espermatozoides. Y son los responsables de que ellos emanen feromonas. Intenten subirse a un elevador, a un coche o a un espacio hermético en donde solamente haya hombres. De inmediato se siente el olor a testosterona: una mezcla de cuero y chiles secos macerados en Old Spice. Pese a las lociones o cremas que ellos se unten, el efluvio de sus pieles y de sus glándulas es sin duda, una de las características que mueve la enorme tómbola de la ovulación. Los testículos, como el pene, cuentan con una enorme participación en la forja de la historia del ser humano. Antiguamente la gente que prometía decir la verdad y nada más que la verdad era juramentado tocándose los cojones. Por ello se llaman testículos. Su nombre proviene de la raíz latina testis (testigo) y el subfijo culus (pequeño). Por su relevancia como zona fundamental para jurar se les llamó testigos pequeños. Quizás de esta maña de andar jurando, quedó la abyecta costumbre que tienen casi todos los hombres de andarse jurgoneando los testículos en público. Porque se les pegan, se les enciman, revuelcan, les molesta la posición o les da comezón. Porque las telas de sus interiores son molestas o picorosas. Porque se incomodan en tal o cual movimiento en falso. Porque se siente rico. Ellos se agarran sin importar donde estén. Además de la continua manipulación de los mismos, los hombres han creado un pacto secreto entre ellos para no perjudicarse los cojones los unos a los otros. Viven una callada y solidaria hermandad: saben perfecto que un golpe en los testis no sólo lacera su dignidad hondamente, sino que puede arruinar su descendencia y causar uno de los dolores más agudos de sus vidas.

Un querido amigo recibió -en una pelea de cantina-, una patada centrada con la punta metálica de una bota que le inflamó un testículo. Se le puso del tamaño de una toronja. La anécdota no es importante, pero la sensación que provoca en algunos hombres, revela la contundencia de estas gónadas. Es de una inmensa terneza ver con qué alegría y retozo disfrutan los individuos que una se detenga y otorgue profusas caricias, jaloncitos leves y lengüetazos en sus mejores amigos. Los verdaderos padres de la nación… Elia Martínez-Rodarte nació en Saltillo, Coahuila, y radica en Monterrey. Escribe para el Grupo Reforma la columna “Ivaginaria”, de la cual ha publicado un libro del mismo nombre editado por Posdata Ediciones en el 2010 y de venta en la librería Gandhi. El presente texto pertenece a dicho libro y aparece aquí con el permiso de su autora.

Elia Martínez-Rodarte Leticia Herrera Ana Ma. Gutiérrez Denisse Medina Víctor Mendoza Sergio Zenteno Jorge Chípuli Padrón Inanna de la Garza y Gerardo Ortega.

Más que testosterona

Denisse Medina (DAMY)

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lustradora y diseñadora gráfica de Ensenada, Baja California. http://bittersweetland.blogspot.com/ denisse-medina@hotmail.com

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eremos quizá las dos caras de una misma moneda ­–humana–, pero haber nacido hombre o haber nacido mujer en el norte de México en el año 2011 marca diferencias sociales. Sean unas quienes paren y otros quienes fecundan no explica la compleja construcción social de roles. Pero, ¿será que a los hombres ya no los hacen como antes?¿cómo son los hombres de carne y hueso, no los estereotipos que nos transmiten y aprendemos a pie juntillas por comodidad o por temor? Y una pregunta bastante frecuente: ¿qué quieren los varones? Leti, Elia, Ana, y Víctor (todos ellos localizables en Facebook) nos mostrarán, en diferentes tonos y géneros, qué es lo que ven –y acaso qué es lo que proponen que veamos– de estos descendientes de Adán: muchas más cosas que proveeduría y testosterona. Sean ustedes bienvenidos. GO.

Urbanario No. 7. Junio 2011. $10.00 Síguenos en

y en urbanario.com


Declaración de bienvenida Leticia Herrera

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o conozco tu miembro no me lo has presentado pero intuyo que de hacerlo seríamos confidentes quizá le abriera mi corazón como mi anca para hacerle saber que en casa es bienvenido enhiesto parece y orgulloso qué diestros modos cuánto arresto qué dimensión gallarda me revela su entusiasmo delata que a mi mano presto viniera si dejaras

Hombre I

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uando vengan las lluvias cuando el invierno me azote con su malla quiero que estés aquí conmigo para que me ayudes a leer el libro de los salmos cuando se quiebre el mundo y todos caigamos por la orilla hacia ninguna parte hacia morir quiero que estés conmigo para que detengas los besos con tu boca pero si no puedes estar conmigo si no puedes llegar si no escuchaste que yo te llamaba abriré mi libro paciente me sentaré a la vera de mí misma para leer versículo a verso como limpiar el grano en un pocillo de peltre feliz como encender la hoguera viviendo en cuclillas hasta el final del tiempo como ahora pero si puedes venir aquí te espero

hombre

Leticia Herrera nació en Monterrey en 1960. Ha publicado los libros de poemas Pago por ver (1984), Canto del águila (1985), Poemas para llorar (1993), Caracol de tierra (1996), Vivir es imposible (2000), Hace falta que llueva (2002), Poemas incompletos 1984-2006 (2006). Los presentes dos poemas pertenecen al libro Sólo digan que fui. Antología provisional, Editorial Font, Colección La tinta en el espejo. Monterrey, febrero de 2011.

Jorge Chípuli Padrón es artista visual y escritor de mty, nacido en 1976 chipuli@gmail.com


Pero qué quieren los hombres Ana María Gutiérrez

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e dices hombre y pienso en sencillez, desenfado o en cualquier palabra que sea contraria a “complejo”. No porque no lo sean, sino porque los varones me han parecido siempre más “sencillos”, se cuestionan menos cosas que nosotras y encima no tienen ningún problema con eso. Desde niña sentí un hervidero de preguntas sin contestar que aumentaron cuando empecé a crecer; preguntas respecto de mí, de la que soy, mi lugar en la familia, mi lugar en la sociedad, los deportes. Más tarde, mi ser mujer, la literatura, los sueños, el amor, mi posición frente a la maternidad, la amistad, la vida laboral y siempre, siempre, me ha parecido que los hombres que me rodean no se cuestionan tanto. Viven, aspiran a cosas, anhelan, pero no hay problema, lo hacen y ya. Y si no, buscan quién les ayude o lo haga por ellos, siempre sin mayores aspavientos que las mujeres; lo más parecido a algo con lo que nacen y que nosotras nos tenemos que ganar. Algo así. Comparto oficina con dos mujeres y un hombre. Mientras escribo esto espero a que él salga de la oficina “¿Qué quieren los hombres?”, pregunto cuando se ha ido. Una me dice: “Quieren todo y lo quieren fácil”. Y la otra añade: “Y aparte quieren que se lo des sin siquiera pedirlo”. Nos reímos asintiendo. ¿De verdad eso quieren los hombres, o es que nos relacionamos con las personas equivocadas? Estaba hablando sobre cosas sin sentido −como siempre− con J, un buen amigo. J es hombre, maduro, profesionista, casado, padre de tres hijos, uno de los cuales está en plena adolescencia. Platicaba de cosas triviales cuando le pregunté así como va: J, ¿qué quieren los hombres? Y me dice: “Si quieres en pocas palabras, una por concepto, podría resumirse en tranquilidad, complicidad y sexo. (¿los ves? ¡No se complican!). Suelto la risa y le cuento mi teoría acerca de que son más sencillos que nosotras, que me parece que los hombres no se cuestionan cosas, aunque también le digo que sólo hasta estos días es cuando se están cuestionando y preguntándose acerca de sí mismos. J, después de razonarlo un poco, me dice: —Yo creo, y no es en plan despectivo, machista ni mucho menos, que uno de los principales problemas de nuestra sociedad es la “feminización” tan fuerte que estamos viviendo. Estamos perdiendo de manera muy forzada la perspectiva de género, de que somos más animales de lo que creemos y entonces nuestros roles se invierten con tanta facilidad que la visión de las cosas se transforma, y eso tiene un efecto muy fuerte en nuestras conductas y en nuestra forma de relacionarnos. Al final esto se va a otros contextos, no sólo al de género, sino también al de la relación padres/hijos, obrero/patrón, individuo/sociedad. Y esto es porque perdemos la visión de nuestros roles. ¡Qué pinche rollote!, dice sonriendo. Y a continuación me cambia el tema.

Posdata: Estoy contenta con el otro género, como me da por llamarlo, porque los hombres que han estado a mi alrededor no me han puesto nada fácil, sin llegar a la barbarie. Empezando con mi padre que desde chica me impulsó a estudiar y prepararme porque, me decía, si me tocaba casarme con un “bueno para nada” no tenía yo por qué aguantarlo. Lo decía así de fácil, y paradójicamente lo decía él, quien creyó y se comprometió con el machismo de su tiempo (la mujer en su casa, los hijos que Dios nos dé, etc.). Era como verlo hacer doble juego limpiamente. No sabía que estaba creando un monstruo de independencia que le iba a dar duras batallas a la hora de debatir con él –ya durante mi vida adulta, acerca de la relación entre géneros, la vida en pareja y demás, pero eso es tema de otro cuento. Te decía que estoy contenta con el otro género por el padre y los hermanos que me tocaron, cuya forma de amarme fue enseñarme a hacer las cosas en vez de hacerlas por mí. Ana María Gutiérrez (1973), es contadora de profesión y narradora de oficio. Vive en Tecate, Baja California. Recibe comentarios en redshoes@ gmail.com.

Creo que si la pregunta hubiera sido “¿qué quieren las mujeres?”, y se la hubiera hecho a una mujer, aún estaríamos discutiendo, me parece, aunque no sé. En el fondo siempre he sido una exagerada.

De Carne y Verso Inanna de la Garza

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e Carne y Verso es un colectivo dedicado a la difusión del arte escrito además de la música. Cuenta actualmente con 12 integrantes en donde la mayoría hace sus propios textos, mismos que expone a través de diversos recitales y lecturas. Con ya tres años dentro de este esquema, De Carne y Verso se preocupa por ser escuchado y leído por las personas que gusten de hacerlo, dentro de éste, la música viene a tomar parte muy importante en sus recitales, ya que se cuenta con una participación sonora a la hora de recitar los textos o narraciones que cada uno de sus integrantes hace, para así, captar la atención de las personas que estén escuchando en ese momento. Este colectivo tiene sus inicios a mediados del 2007, contando solamente con dos personas y muchas metas por cumplir, poco a poco han ido picando piedra y tocando puertas en donde quepa un poco de literatura. Con sus 12 integrantes físicos y más de 150 virtuales activos en su portal de internet, De Carne y Verso es un constante ir y venir en espacios donde sus escritores nos llevan, a múltiples paisajes y distintas fases que tiene el ser humano. Quiere y busca reunir a todo aquel que sea capaz de compartir lo que piensa y siente, siempre abiertos a la posibilidad de ser más plumas en este tan vasto mundo. Actualmente, además de tener una gran actividad, donde hasta la fecha hay más de 1,900 textos en la red www.decarneyverso.ning.com se cuentan con más de 10 participaciones en lecturas físicas, en diversos lugares de Monterrey. La Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Unidad Cultural de Arquitectura, le abrió sus puertas para ser sede de sus lecturas así como también el lugar donde nace la literatura, se tallerea y se planean los eventos próximos. Ahí, cada primer jueves de mes (aprox.) se lleva a cabo un recital donde se le invita a todo aquel que quiera pasar y leernos algo, un poema, un cuento, propio o ajeno. También es foro abierto para cantar o actuar. Sin más qué decir, De Carne y Verso más que un colectivo es una hermandad, la solidaridad de sus integrantes y su amistad, hace que el colectivo como proyecto, prometa hacer más y más cosas por la literatura en Monterrey. Éstos pueden encontrarse en Facebook, Twitter, You Tube y en el correo decarneyverso@ hotmail.com y en las oficinas de la Unidad Cultural de Arquitectura. Si no has escuchado de De Carne y Verso, te gustará saber que existe y tú puedes ser parte de él, porque la poesía merece tener un espacio: De Carne y Verso. Inanna De la Garza es poeta. dayle83@hotmail.com.

Lo femenino de lo masculino Víctor Mendoza Lara

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...el hombre quiso entonces mirar con otros ojos, devorar fantasmas, liberar las ilusiones. Y el mundo le dijo: te veo…, no esperes más, que una parte de la bondad está latente a tus acciones. Este artículo debería ser dirigido a los hombres, a lo masculino, a los que se dice no rumorean ni hacen chismes, y por supuesto a los que cumplen sus promesas y aguantan su dolor. Sin embargo, no considero esté de más verlo como lo que también es, al menos para estos ojos; un humano inoculado, inserto y necesitado de las otras personas. Una persona en contexto y con historia, de él y de los que le antecedieron; y que ahora, debido a la convulsión del “desarrollo” y la batalla por el poder en tantos sentidos se hace difícil que vislumbre lo que es, lo que quiere ser, lo que puede ser, y lo que se le es permitido ser. No en unicidad, por supuesto, el otro sexo seguramente tiene su propio desconcierto y libra sus propias dudas. Pero ahora, y por unos minutos, es elegible ver sus cualidades y destinarle un respiro para dejar de ser hombre y verle como persona humana, pensando en que puede ser mejor o descubrir que ya lo es pero lo ignora o le teme. Así, lo independiente, lo fuerte, lo impulsivo, lo racional, lo frío; son adjetivos comúnmente vinculados con el hombre y usados de diversas formas por él y por los otros y por otras. Aspectos que a simple vista implican ventajas ya entregadas, frecuentemente cambian su esencia y su sentido cuando se desconoce qué hacer y cómo hacer para que se conviertan en muestras de vida, en individual y en el colectivo. Para que sean un motivo de querer estar con uno y con los otros, para que el hombre sea lo que es sin deber culparse, sin sufrirlo, sin imponerlo y sobre todo sin malgastarlo. Es posible que hayamos aprendido y regenerado que las cualidades de los sexos implican una acción determinada, una respuesta asociada y un resultado previsto: no serás como yo espero ni yo seré capaz de generarlo ni acogerlo, ambos ya somos así. En la vinculación afectiva entre los sexos, se está inmerso en la locura recurrente de las ilusiones frívolas y pervertidas. Aquella que juega a crear ambiciones imaginarias donde el deseo es inagotable y las metas y sueños son devaluadas. Todo esto viviendo en soledad, todo esto en pie de lucha, como si lo que queremos del otro tuviéramos que arrancárselo o imponerlo porque sólo existe esa manera. Sin considerar que lo masculino y femenino tienen otras dimensiones ocultas en sus virtudes y defectos. Que es posible que la clave inicie con la sensibilidad y apertura para recibir lo esencialmente humano, pensando que mujeres y hombres pueden tener en sus características una parte emocional y afectiva asexual. Pudiendo, por ejemplo, el hombre expresarse desde su parte “femenina” de lo masculino sin requerir desarrollar cualidades exclusivas del sexo opuesto. Aprendiendo que puede ser independiente con respeto y consideración; que puede mostrar su impulsividad sin violencia; su desacierto sin vergüenza o su sensibilidad sin culpa. Con la convicción de que es acogido por lo que es en su virtud y cualidad, sustentado en una relación con expresión y amor claros. En otras palabras, podría ser una cuestión de intención, coherencia y humanización. En la actualidad los hombres deben acatar, como se les ha encomendado de forma incuestionable, que su comportamiento es de una forma pero se espera que sea de otra para convivir armónicamente. Que en base al conocimiento cada vez más profundo de los sexos, se estiman los conflictos que pueden desarrollar y las posibles soluciones. Sin embargo, aun con este esfuerzo es sabido que los dilemas para evolucionar y para generar relaciones afectivas sanas son cada vez más intensos y crónicos. A los hombres, se les sugiere a mostrar un lado femenino cuando aún no han explorado ni individualizado su propia di-

¿Masculinidad en crisis? Gerardo Ortega

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engo la sensación de que quienes se interesan por este tipo de “dilemas” son mujeres, tan expertas en el intercambio de información emocional y en el trabajo de abrirse paso con respuestas, en un mundo aún muy masculino. Ana Gutiérrez menciona, y su opinión me parece muy realista, que los hombres sencillamente no nos cuestionamos estas cosas. Punto. Enrique Gil Calvo, un estudioso de los varones desde la sociología, parte en El nuevo sexo débil (1997) del supuesto de que existe una crisis masculina, pero no una degenerativa, sino una crisis de transformación, hacia otra forma de ser hombre. “…la actual crisis de la sensibilidad masculina posmoderna bien pudiera representar la dolorosa transición desde el aún vigente pero ya caduco modelo de varón individualista a un incierto y todavía inédito modelo futuro de varón posindividualista. No estaríamos, así, ante una crisis de mera decadencia, sino ante una crisis de inicio, conmutación o apertura, predestinada a inaugurar una nueva forma, aún por venir, de imprevisible sensibilidad masculina”. Gil Calvo, utilizando una metáfora de viaje, asocia al varón

Sergio Zenteno Bencomo

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rtista ensenadense con amplia trayectoria tanto en las artes visuales como en el video experimental, performance, música, etc. Después de vivir en el extranjero, ha regresado a Baja California dispuesto a contribuir en la transformación conceptual y estética de la zona. g.ficha@gmail.com

Urbanario agradece el apoyo de Antonio Ortega Magaña, Aleida García, Margarito Cuéllar Zárate, Adrián Ruiz Díaz y Alejandría Treviño. Director: Gerardo Ortega. Corrección: Paola Gericke. Distribución y ventas: Gerardo Ortega Magaña, tel. 8141.0454. Diseño: emeestudio.com. El tema del mes de julio será: El acto de volar. Esperamos sus colaboraciones hasta el 26 de junio en redaccion@urbanario.com Urbanario se consigue en Monterrey: En la librería Gandhi. Con el voceador de Morelos y Escobedo; y en la cafetería Kúndul, en Juan Ignacio Ramón y Valentín Gómez Farías, en la zona de Santa Lucía. En Ensenada en el Café Tomas, Café Su Taza, Café D´Volada, Cearte, La Alcoba Casa de Té, Café Kaffa, Café Arábiga y Gym Life.

mensión masculina. Cuando aún no reconocen, valoran y aceptan la maravillosa concepción de ser hombre. Descartando toda la diversidad, energía y creación que pueden generar y, que aun antes de ser masculino son personas y éstas, bajo cualquier dimensión son bellas y trascendentes. El hombre tiene en su haber mucho mundo por explorar, mucha alma por abolir y muchos temores que surcar. La dimensión emocional y cognitiva transcurre en sentidos opuestos, en vertientes de funcionalidad y desarrollo así como de regresión e incompetencia. Se puede generar un estado de egoísmo así como otro de solidaridad; frialdad tanto como afecto, imposición frente a pertenencia, rechazo y aceptación; en fin, puntos extremos con los cuales al experimentarlos, se capacita para su aprendizaje y control. El asunto es ampliar el horizonte de riesgo y permitir que los hombres encuentren el alcance de sus estructuras psicológicas y emocionales y de esta forma identifiquen que poseen el mismo bagaje para mostrar evidencias de bondad, amor, y sentimientos relacionados a los valores humanos más trascendentes desde su propia masculinidad. El hombre es masculino, pero no estrictamente lo son sus emociones y pensamientos. Esto último no está determinado por su sexo, sino por su constitución formativa, culturización y contexto. El masculino tiene las mismas posibilidades emocionales que lo femenino, sólo hay que explorarlas y respetar su manifestación. Por otro lado, el mundo del hombre no está excluido de la constitución humana y personal como el de la mujer. Todos, en medidas distintas, hemos nacido con las mismas estructuras y organización psicológica y emocional, solamente que los riesgos son distintos. Éstos (los varones) han de ser educados para cumplir, llevar la iniciativa, proteger, correr riesgos, desafiar, sin permiso para expresar lo que sienten ni siquiera para ellos mismos. Por momentos, la impotencia que les embarga debe ser contenida por medios arcaicos y burdos ante la imposibilidad de pedir ayuda, ante el terror de perder la imagen que en la mayoría de los casos, ni siquiera fue elaborada por elección propia. Se tiene que lograr sobresalir hacia afuera, no en dirección propia, se debe domesticar el contexto. Y en ese tránsito dejan de verse, se vuelven guerreros y generan luchas psicológicas interminables entre ellos y entre las relaciones. Sin embargo, los hombres tienen su propia parte sensible, amorosa, efusiva, temerosa, descontrolada; desde la criba de su masculinidad. Así de manera similar las mujeres tienen su dimensión fría, lejana, determinante y autónoma desde su feminidad. En existencia somos iguales, sólo que diferentes. Pero no diferentes exclusivamente debido al sexo, sino como organismos y personas. Somos distintos porque debemos serlo, pero eso es una de nuestras virtudes y condiciones. Ambos poseemos cualidades universales e indispensables para generar mundos locales y ajenos, maravillosos y productivos. No es indispensable desarrollar emociones exclusivistas, sino humanas bajo la lente de ser personas extraordinarias: hombres y mujeres, mujeres y hombres. Cuando aceptemos y respetemos nuestra humanidad y su relación con el mundo propio y ajeno, es posible reconocer que cada cual lo posee todo para crecer y crecerse en el otro. Es tiempo aun… es tiempo, no somos sexos tan opuestos, al menos no emocional y afectivamente. Respetemos la masculinidad en natural, sin condiciones y con los mismos valores. Entonces el hombre miró con otros ojos, devoró fantasmas y liberó sus ilusiones; pero se olvidó de ver y escuchar con otra alma. Entonces el mundo le dijo: “¿Qué no sabes que soñar es imposible?”. Para ese momento la mujer lloró, el hombre lloró y sus miradas nunca se juntaron, no hubo tiempo…, los deseos ataviados les rebasaron. Al final, él se percató que el mundo no era suyo, que nunca lo fue, era el eco de éste entregado a sus oídos. Psicólogo. Terapeuta familiar posgraduado por la UNAM. psic_vic@ yahoo.com.mx

posmoderno con el Ulises de la Odisea, quien es “la discreción personificada, tanto en el sentido que no usa la fuerza física ni la violencia (sino la maña y la astucia) como de que disimula sus ocultos sentimientos y emociones menos confesables bajo el disfraz simulado de múltiples pantallas distractivas: el náufrago, el mendigo, el encadenado, el caballo de madera (…) de ahí su equívoca imagen ambivalente y su fama de falacia, cinismo y duplicidad, que le hacen ser un serio aspirante al título de santo patrón del sofista moderno, del político intrigante y del especulador neoliberal”. El varón que retrata Gil Calvo en este libro es uno que al parecer hay que leerlo entre líneas. Dice de nosotros: “las emociones sólo son auténticas mientras las sentimos sin pensar en ellas, pero se corrompen y pervierten en cuanto las aislamos mentalmente y nos separamos de ellas para convertirlas en palabras y comunicarlas. Entonces ¿cómo logramos hacernos reconocer por los demás? Los varones intuimos que nuestro verdadero ser no está para ser contado, sino para ser hecho realidad. No es que seamos hombres de acción al estilo heroico, sino que necesitamos actuar para creer en nosotros”. El libro de este sociólogo español hace un recorrido por lo que él llama “la economía moral de la paternidad” caracterizada por la figura del padre ausente, de aquel que renuncia a las responsabilidades progenitoras. En el segundo capítulo (El varón autista) aborda la intimidad masculina y la forma en que se tejen sus redes afectivas en la vida privada. En el tercer capítulo analiza la economía moral de la voluntad masculina: esa capacidad de trabajo que se requiere para terminar con éxito una carrera laboral. Esta sección se titula Masculinas debilidades y alude al supuesto defecto congénito que presentaríamos los varones, “aquejados de una invencible flaqueza que nos hace caer en todas las tentaciones”. Por último explora la economía política de la ambición en la esfera pública. En esta parte trata de explicar por qué los hombres seguimos ocupando el poder todavía, dada la igualdad de oportunidades y la creciente superioridad femenina. En resumen, este libro ayuda a comprender mejor las motivaciones y mecanismos que empleamos los varones para salir bien librados –entiéndase proteger nuestro pudor y buen nombre– en una sociedad en donde el modelo masculino quedó obsoleto. ¿Podremos seguir inventando excusas?

El nuevo sexo débil. Los dilemas del varón posmoderno. Enrique Gil Calvo. Ed. Temas de hoy. España, 1997. Gerardo Ortega nació en Monterrey, en 1972. Es editor de Urbanario. redaccion@urbanario.com


Urbanario No.7 - De qué están hechos los hombres  

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