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R E V I S TA D E L A C A R R E R A D E C I E N C A S D E L A C O M U N I C A C I Ó N DE LA UNIVERSIDAD PRIVADA DEL NORTE AÑO XII | N°75

| Marzo 2012

HOMENAJE EN PRIMERA PERSONA

Redes y medios en la aldea global Además: En busca del soñador de Aracataca Las computadoras gobiernan la vida / El guardián de las cámaras ocultas


AÑO 11 | Nº 75 | Marzo del 2012 Revista Editada por la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Privada del Norte

Director Luis Eduardo García Editor Aquiles Cabrera Diseño y Diagramación José Carlos Castillo Editor Gráfico Omar Miñano Coordinadora General Ana Rita Cabeza Ilustración de portada Cristian Palacios Columnistas Richard Licetti Alfieri Díaz Orietta Brusa

Redactores Emilie Kesch Ángela Mariñas Boris Baltodano Kattia Quintanilla Romy Frantzen Autores Fátima Madi Luck Ana Lucía Gómez Claudia Edwards Julissa Tafur Chía Morales César Miraval Fotógrafos Alejandra Capurro Renato Barrantes Luis Tantajulca Rafaela Mesones Augusto Torres Víctor Guzmán

Las opiniones vertidas en los artículos firmados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente las opiniones y juicios de díatreinta.


CU A D ERN O D EL T RI BA L Escribe: Luis Eduardo García

El placer traidor

n apasionado es el poseído por alguna pasión o afecto. Y un apasionado del periodismo es el que padece en carne propia esa enfermedad que mata, por lo general, con ataques al corazón, hipertensión o ansiedad. Manuel Vásquez Montalbán se desplomó en la sala de espera del aeropuerto de Bangok. En su ordenador portátil guardaba, inconclusa, su colaboración para la revista Interviú. Murió de un fulminante ataque al corazón cuando faltaba poco para que tomara el avión de regreso a Barcelona. Lo mató la ansiedad del apuro, la presión del periodismo. Cuando no mata, el periodismo es una pasión lo más parecida a un placer traidor. Mina en silencio la salud. Ataca

a traición. Clava el puñal con disimulo. Mientras el redactor escribe a la volada, el editor mutila a mil por hora los textos y el director grita el advenimiento de la hora de cierre, la taquicardia se agazapa y avanza como un leopardo tras la gacela apetitosa. Toda pasión engendra su propio mal. Y toda felicidad anuncia la llegada de su propia desdicha. El periodismo es eso: gozo y felicidad, riesgo y destrucción. Es como cuando un diabético desea un chocolate o un cardíaco sube a las alturas. Hace daño, pero gusta. Estresa, pero da placer. El periodismo es humano porque es una contradicción. La hora de cierre es un imán, un campo magnético, una mujer fatal. Atrae con la fiereza del amor-odio y la ternura del odio-amor. No se puede negar: el periodismo consiste en vivir en la línea de muerte, en el punto de mira telescópico del disparo final. He escrito historias en épocas y tiempos distintos y, sobre todo, a la misma hora de cierre, cuando ya no quedaba tiempo para pulir las ideas que gravitaban alrededor de mi cabeza. Tienen razón quienes afirman que el periodismo es un anticipo de realidad o un borrador de sucesos que nunca llega a pasarse en limpio. Las historias periodísticas son, además, resultado de otra pasión: contar. Periodistas y escritores se afanan toda su vida por encontrar la “gran historia” que los saque del anonimato y los convierta en autores reconocidos. Con este objetivo, rastrean cada día infiernos cotidianos

en busca de la crónica ideal o, en su defecto, conciben mundos imaginarios que puedan seducir a lectores perezosos y hedonistas. En cualquier caso, se trata de contar una historia provista de personajes inolvidables, que entretenga, que desarrolle con astucia la ley del interés y que se meta al bolsillo al lector. Ocurre a veces que cuando los narradores salen de cacería, la realidad —la vida, la existencia, la cotidianidad, como se llame— es sorpresivamente generosa. En estas ocasiones, es ella misma —al parecer— la que teje las tramas, desencadena los clímax y monta los finales inesperados. Ella se erige entonces como la maestra del relato, la señora de las historias reales que todos quieren escuchar pero no creer. Los cronistas y escritores del presente buscan en el centro o periferia de la realidad las historias que ayuden a sus lectores ocasionales a trascender las limitaciones de la vida cotidiana. Es verdad que leer es un acto solitario, pero nunca antisocial. Una historia periodística es una grata compañía que nos permite huir de la normalidad; es decir del estado natural de la existencia humana: la oscuridad, el silencio y la soledad. Escribo con el placer culposo del periodismo y la pasión desmedida de quien escribe para la eternidad del instante. Los lectores son los llamados a desviar los textos, aunque sea por un breve instante, del destino doloroso que aguarda a las historias periodísticas un día después de publicadas: el olvido.


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CULTURA ALEATORIA

Radio Radio Nacional del Perú es la primera radioemisora de nuestro país y está fuertemente ligada al desarrollo de la radiodifusión desde que se fundó en 1925, bajo el mando del consorcio peruano-británico Peruvian Broadcasting Co. Inicialmente fue conocida con el nombre de Estación OAX hasta que pasó a depender del Estado en 1926. Posteriormente, tomó el nombre con el que se le conoce hasta nuestros días.

Chasqui El chasqui fue un elemento de gran importancia en la difusión de información durante el Incanato. He aquí unos cuantos datos aleatorios sobre este personaje:

• Su nombre significa “hombre que sirve de mensajero”. • Aquellos que estaban destinados a ejercer esta labor empezaban su adiestramiento desde pequeños, desarrollando conocimiento perfecto sobre la red de caminos con más de 16 mil kilómetros de extensión. Estos eran, además, expertos nadadores.

• Los chasquis tenían una distancia preestablecida para recorrer equivalente a un cuarto de legua (entre 1 a 2 kilómetros). Se estima que esta distancia podía recorrerse sin sentir fatiga y optimizando el tiempo de entrega del mensaje.

• Según el Inca Garcilaso de la Vega, los chasquis eran capaces, gracias a su agilidad y velocidad, de llevar pescado fresco desde la costa hasta la capital del imperio (Cusco) a más de 200 kilómetros de distancia.

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Periodismo El Diario de Lima, cuya dirección estuvo a cargo del español Jaime Bausate y Mesa fue el primer periódico de este lado del continente. Su importancia y trascendencia histórica son tales que se tomó la fecha de su fundación (1 de octubre de 1790) para celebrar el Día del Periodista. Por otro lado, El Mercurio Peruano, creado por un círculo de intelectuales jóvenes llamado “Sociedad Académica de Amantes de Lima” fue el primer periódico netamente peruano. Sus publicaciones, desde 1790 hasta 1795, tuvieron un único objetivo: ilustrar a los ciudadanos.

El Quijote 2.0 A inicios del año pasado, se culminó el proyecto “El Quijote en Youtube”, impulsado por la Real Academia Española y Youtube. Reúne la obra cumbre de la literatura en nuestra lengua en su totalidad y leída en distintos fragmentos por usuarios hispanohablantes, de tal forma que cualquier persona con conexión a internet podrá disfrutar de la lectura de dicha obra en forma gratuita. Presentamos a continuación un resumen, en cifras, del proyecto: • Un total de 4308 usuarios de Youtube participaron en el proyecto. • En la actualidad, el canal donde se aloja el video cuenta con más de 4 millones de reproducciones de un total de 104 países sobre

Ilustración: Cristian Palacios

todo de España (933.000), México (89.000), Argentina (54.000), Colombia (19.000), Estados Unidos (17.000), Chile (12.000), Perú (8.000), Francia (7.000), Venezuela (6.500) o Brasil (5.000), que son los lugares en los que el proyecto ha logrado mayor número de seguidores. • El canal tiene más de 8000 suscriptores, quienes estuvieron atentos al lanzamiento, desarrollo y culminación del proyecto.

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MÁQUINAS DE CARNE Y HUESO Lo magnífico de todo es que las computadoras fueron creadas por una máquina de carne y hueso que razona y se equivoca. Creamos todo aquello que nos falta —lo que posiblemente nos facilitará la vida— pero no nos damos cuenta de que las hacemos tan imperfectas como nosotros mismos.

Escribe: Chía Morales Fotografía: Augusto Torres


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an sido muchas las veces que quise ser una fría y controladora máquina. En esas situaciones tan incómodas donde solo quisiera presionar la tecla Esc y escapar sin dar explicaciones. O cuando cometes un gravísimo error que al mandarlo a la papelera desaparece fácilmente. Si fuésemos computadoras quizá el Perú nunca se hubiese jodido, los gastos del Congreso serían exactos y no habría posibilidad de quedarse con un ‘pequeño’ millón de dólares. Y lo que es aún mejor, el mundo nunca se hubiese arruinado. Sin embargo, creo que entre estos dos grandes inventos: hombre y computadora, hay más similitudes que diferencias. ¿No lo creen? Presione la tecla ‘Enter’ y averígüelo. Nada mejor que comenzar por los orígenes de cada uno. Como todos sabemos y sólo pocos creemos, nuestra existencia empezó con Adán y Eva, quienes mordieron una manzana que los sacó del paraíso. Por otro lado, el inicio de las computadoras se dio gracias al matemático Alan Turing, quien mordió una manzana envenenada que (a diferencia del anterior) lo llevó al paraíso, es decir, a la muerte. ¿No es increíble que las historias se conecten gracias al mágico elemento de la manzana mordida? Y lo que es más maravilloso, -8-

es que ese es precisamente el logo de la mejor marca de computadoras. ¡Genial! Personalidades: esa es la siguiente similitud. Los humanos tendemos a cambiar según la situación y también según las personas con las que estamos. Bueno, si aún no se han dado cuenta, las computadoras también tienen personalidades más conocidas como ‘usuarios’. Las personas, por ejemplo, tenemos usuario: hijo; usuario: amigo; usuario: novio y otras tantas más que cada uno debe conocer. Somos diferentes en cada una de ellas, en usuario: hijo podemos ser más atentos que en usuario: amigo, por ejemplo. Lo mismo pasa en las computadoras, en ellas hay distintos usuarios que cambian en el color de las letras, el fondo de escritorio, las aplicaciones, etc. La pequeña diferencia es que los humanos no tenemos que dar doble click para cambiar de usuario, somos simple y llanamente, automáticos. ¿Quién dijo que las computadoras no sienten? ¡Claro que lo hacen! Cuando se sienten saturadas se ponen lentas; cuando sienten que hay un problema se reinician; cuando sienten que las tratas bien son ¡veloces! Y lo que más sienten es el aire, sino les llega una buena ventilación ¡Boom! se queman. Si a los humanos no nos llega aire ¡Ups! morimos. Todos somos parte de una religión y creemos en un ‘dios’. Los humanos podemos optar por el catolicismo como por el islamismo; podemos rezarle a Dios como también a Alá. Somos parte de esos gru-

pos porque los consideramos divinos o sagrados. Bueno, las computadoras también tienen su grupo de creencias como Microsoft con su dios Bill Gates y Macintosh con el dios Steve Jobs (cuya resurrección aguardo). Los humanos rezamos para que nuestro Dios haga un mundo feliz, mientras que los dioses de la informática rezan porque las computadoras nos hagan felices. A diario las personas se cuestionan de una y mil maneras. Preguntas pasan por su mente, decisiones que tomar, cambios que hacer. ¿Acepto el trabajo? ¿Me corto el cabello? ¿La llamo? Del mismo modo, las computadoras nos cuestionan a diario con preguntas que pasan por su CPU, cambios que hacer, decisiones que tomar. ¿Desea guardar los cambios efectuados? ¿Seguro que desea apagar el ordenador? ¿Está seguro que desea mover este archivo a la papelera de reciclaje? Preguntas que pueden cambiar tu vida o tu computadora en un click. ¡Qué barbaridad! Hasta en lo negativo nos parecemos. Mientras que los humanos somos víctimas de estafadores o ladrones, las computadoras son víctimas de hackers o crackers, que roban, amenazan y malogran. Y eso no es todo, si los humanos padecemos desde una simple gripe hasta un mortal cáncer, las computadoras pueden tener un sencillo virus hasta un fatídico ‘troyano’. Así de contraria es la vida, el hombre crea y destruye al mismo tiempo.


Escribe: Richard Licetti

CAUSA PERDIDA

¿Pronóstico reservado? Conjeturas sobre el devenir del periodismo en un futuro no muy lejano

l profesor José Luis Martínez Albertos, autor de numerosos manuales y referente de la teoría periodística en castellano, lanzó no hace mucho una profecía demoledoramente pesimista. Decía el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid que a más tardar el año 2020 la prensa escrita convencional –la de diarios y revistas en papel- sería historia. Sustentaba su tesis, de un lado, en el elevado costo que supone producir medios impresos (con el agravante perceptivo de ser una industria que arrasa con cuanto árbol tenga por delante); y de otro en los saltos tecnológicos que han dado lugar a fenómenos como el periodismo ciudadano y las redes sociales, desde donde mucha gente se incorpora a un tráfico informativo no necesariamente periodístico que sin embargo genera la sensación de estar produciendo noticias. Despojándome del ánimo romántico que acompaña desde siempre a los periodistas, que así como vital para un trabajo humano y apasionado puede llevarnos a perder de vista perspectivas reales, me atrevo a discrepar con los vaticinios de Martínez Albertos fundado en intuiciones pero también en datos provenientes de organismos dedicados a tomar el pulso y monitorear el desempeño de los medios impresos. Después de todo, no sería la primera vez que la prensa y los periodistas emergen como de un baño lustral

para contrariar los pronósticos de muerte. Lo primero que me hace pensar en que diarios y revistas no desaparecerán, más allá de los índices de circulación en declive, es la disposición natural de los seres humanos a ocupar el tiempo libre con lectura. Cierto: no todos leen y hay quienes piensan que se puede prescindir de información sin ninguna consecuencia. Pero todavía son muchos los que en terminales, mientras realizan una gestión o porque han desarrollado un hábito irrenunciable, requieren de la información fresca y bien tratada que presentan diarios y revistas. Se trata de situaciones cotidianas en las que la computadora, vehículo de las versiones periodísticas electrónicas, no está al alcance de la mano. Tampoco imagino a Internet y los formatos periodísticos y pseudo periodísticos surgidos de esta plataforma, considerados hasta hace un tiempo una amenaza para la prensa tradicional, asestándole el golpe de gracia. Primero porque las versiones online de los medios periodísticos se han decantado como un complemento de las ediciones impresas, que tras un periodo de incertidumbre optaron, al menos en el caso de las serias, por aquello que desde inicios del siglo XX ha sido y debe ser premisa y fin del oficio periodístico: brindar información y opinión de calidad. En segundo término, los más de los blogueros y autores de bitácoras personales y soportes afines acusan limitaciones para establecer las debidas fronteras entre información y opinión, lo que hace que sus textos, en consideración del axioma anglosajón de

“facts are sacred and opinions free”, dejen en esencia de ser periodismo. Desde luego, no se trata de censurar ni mucho menos a estos canales que cumplen una función como vectores referenciales de la noticia. Pero bien hacen varios de los medios tradicionales en reparar estas deficiencias con propuestas ceñidas a los cánones. De otra parte, resulta evidente que la lectoría es cada vez más especializada, rasgo que demanda periodistas de las mismas características. Esta dinámica repercute invariablemente en una prensa de elevados estándares y buena reputación. No pretendo negar que las relaciones de lectoría se han invertido y favorecen a las ediciones que llegan a través de Internet. Sin embargo, en los últimos tiempos ha surgido una especie de lector sofisticado que privilegia los medios impresos, particularmente las revistas, y a ellos habrá que llegar con una oferta a la altura de sus expectativas. Finalmente, las conclusiones de un estudio llevado a cabo por la News Association of Newspapers and News Publishers (WAN – IFRA) permiten constatar que los medios impresos cuentan con un horizonte menos turbulento que el de años anteriores. Por mencionar algunas, el hecho de que los nuevos negocios vinculados a la publicación digital sean distintos al de los medios impresos tradicionales, o que la publicidad en diarios y revistas siga siendo más atractiva para los anunciantes, y aunque para muchos resulte increíble, el que los diarios tengan la capacidad de llegar a mucha más gente que Internet.

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Donde no llega la televisión ni el cine ni la prensa ni las redes sociales, llega la radio, quizás el medio más barato y efectivo de todos. La radio está más cerca de la gente, aunque la mayoría de nosotros ignora sus ventajas. Escribe: Kattia Quintanilla Fotografías: Renato Barrantes - María José Gogny

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La radio nunca me ha interesado mucho, por eso es difícil escribir sobre ella. Sin embargo me he dado cuenta de que esta cajita ha ocupado durante toda mi vida un espacio importante al que nunca presté atención. En mi casa, al salir de la cama, ella siempre está despierta, hablando sola y contando un montón de cosas que nunca llego a escuchar. Luego en el taxi también está presente, ya sea hablando o cantando. Cuando estoy en la universidad existe una tregua, pero al volver a casa, luego de almorzar, ella está ahí nuevamente, imparable, hasta que sea hora de ir a trabajar. ¿Cómo ha sido posible ignorarla todos estos años? Es irónico porque en mi cuarto tengo dos radios, sin tomar en cuenta los pequeños dispositivos portátiles (celulares, mp4) en las que también puedo sintonizar su señal. A pesar de esto, lo único para lo que yo la he usado es para oír música, y eso es cuando la computadora no sirve, ya que tiene mejores parlantes. Llegado a este punto, debo señalar que esta discriminación no es generalizada, y más bien tiene que ver con un descuido por parte mía. La radio en realidad es uno de los medios más importantes que existen y uno de los inventos más trascendentes que ha creado la humanidad para la comunicación. La máquina del tiempo y los hombres de ciencia Ahora es tiempo de tomar un respiro, cerrar los ojos y retroceder unas cuantas décadas (o mejor dicho varias) hasta llegar a finales del siglo XIX. No se puede señalar con exactitud en qué año se inventó la radio, ya que fue el resultado del trabajo de muchos hombres a lo largo de los siglos XIX y XX. Quizás por esta razón, ni la Encyclopedia Britannica ni la SALVAT se dignan a definirla y dar datos precisos sobre el año de su creación; es que en realidad la historia es muy amplia. En cuanto al grupo que trabajó para hacer el sueño de la caja parlante realidad, el nombre que más oímos es Marconi. Su verdadero nombres fue Guglielmo (Guillermo) Marconi y fue un ingeniero italiano que pasó muchos años trabajando en este proyecto. Otros personajes reconocidos que hicieron aportes importantes fueron: James Clerck Maxwell y Heinrich Hertz, entre otros. Muchas mentes trabajaron hasta 1980 para crear la radio como la conocemos hoy en día: con recepción A.M. y F.M., transistores y circuitos impresos en vez de alambres. En realidad, el trabajo no terminó ahí, aún continúa y ha permitido que la radio siga modernizándose según los avances y necesidades de la sociedad.

En 1910, cuando este medio todavía era un híbrido de la radiotelegrafía aparecen los primeros aficionados a la radio, que a falta de receptores debían improvisar sus propios aparatos. Sin embargo, la primera transmisión radiofónica se había realizado cuatro años antes. En la Nochebuena de 1906, se transmitió desde Brant Rock Station, Massachussetts la primera radiodifusión de audio de la historia que incluyó la canción “O Holly Night” tocada en violín y la lectura de un pasaje de la Biblia. Esta presentación tuvo un alcance amplio que permitió que llegara hasta buques en el mar. Durante los siguientes años, continuaron las investigaciones y transmisiones de prueba. En 1920 se inaugura en EE.UU. la emisora KDLA, que fue la primera en emitir programas regulares de radio para el entretenimiento del público. Al año siguiente, en París, se utiliza a la Torre Eiffel como antena para que la T.S.F. haga sus primeros ensayos de programas de radio para el público. ¿Quién se hubiera imaginado que el gran monumento de metal de Francia tuvo un papel importante en la radiofonía? Así van pasando los días, meses y años y la radio va evolucionando: aparece BBC, se deja la onda corta por la FM, se descubren los transistores, la radio se vuelve más comercial. Y etcétera. Histeria colectiva “¡Algo sale fuera de la sombra arrastrándose como si fuera una serpiente gris! Ahora aparece otra, y otra. Parecen tentáculos. Ahora puedo ver el cuerpo de la cosa. Es grande como el de un oso y brilla como cuero mojado, pero, ese rostro, es indescriptible. Me cuesta sostener la mirada. Los ojos son negros y brillan como los de una serpiente. La boca tiene la forma de V y la saliva chorrea de comisuras de sus labios sin bordes, que parecen estremecerse y latir.” Mientras la adaptación del libro de H.G. Wells, La guerra de los mundos, se transmitía en el programa “Mercury Theateronthe Air” dirigido por Orson Welles, miles de norteamericanos empacaban desesperadamente y escapaban de la ciudad aterrados por la invasión alienígena. Muchos iban a la iglesia a rezar, seguros de que era el final, otros fabricaban improvisadas máscaras de gas para protegerse de un posible ataque. Ese 30 de Octubre de 1938 no fueron los aliens los que invadieron Norte América, sino una gran ola de histeria. Esta broma demostró algo ese día: que la radio es un medio con mucha fuerza y poder que permite a su usuario tener cierto nivel de poder sobre sus oyentes.

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La presentación de Orwell se realizó después de la Primera Guerra Mundial, el Crack del 30 y un año antes de la Segunda Guerra Mundial. Por eso existía cierta tensión en la sociedad que no acababa de recuperarse de la crisis y se sentía amenazada por la posibilidad de una nueva guerra. Una nueva arma Hay otro punto muy importante de la historia de la radio: su papel en la primera y segunda guerra mundial. Este medio fue fundamental durante estos años para la comunicación de los ejércitos con sus líderes y compañeros, los reporteros que mantenían informada a la sociedad y la difusión de propaganda que transmitía el Estado para conseguir una imagen positiva. La radio permitía —y permite todavía— la difusión de ideologías entre las masas (radio oyentes), la implantación de cierto tipo de pensamiento, la tergiversación de datos y la censura de medios y mensajes peligrosos para los que detentan el poder. Por esto, quienes tengan el control de este medio, deben tener un nivel de moral alto y saber que lo que dirigen no es un joystick, sino un medio de masas con el poder de cambiar nuestra realidad e historia para bien o para mal. Esto lo sabía Hitler, quien escribió en 1925 (aún sin haber tomado el control de Alemania): “la radio es un arma terrible en manos de quienes sepan ha-

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cer uso de ellas”. En 1933, cuando llega al poder, una de sus primeras preocupaciones es tener el dominio de las ondas radiales. Para lograr esto contrata a Joseph Goebbels, encargado del Ministerio de Educación Popular y Propaganda, quien dirige las campañas antisemitas utilizando todo tipo de recursos psicológicos, entre ellos la radio. En los hogares de esta época, la radio fue una herramienta fundamental para aquellos que tenían un familiar en los campos de batalla o simplemente querían estar informados sobre los avances de los ejércitos. Imagino que entonces todos tenían la radio prendida todo el día, siempre al tanto de un posible ataque, sintiéndose nerviosos e impotentes por la proximidad de los bombardeos y felices cuando oían alguna noticia sobre el posible fin de la guerra. Algunos de estos programas aún se pueden encontrar en internet, como recuerdo de una etapa que marcó al mundo. En caso de emergencia… encienda su radio Entre los grandes beneficios de la radio está su función de inmediatez y auxilio en caso de alguna catástrofe. Por ejemplo en el 70, después del terremoto de 7.8 en la escala de Richter, no hubo luz en Trujillo durante seis meses. La radio, que había sido dejada de lado por su némesis: la televisión, recuperó su lugar en los hogares trujillanos y por una tem-

porada fue el único medio de comunicación que se podía utilizar. De la misma manera entre los años 80 y 90, durante la época del terrorismo, cuando Sendero Luminoso solía volar las torres de energía y dejar a Lima sin luz hasta por dos días, había una voz que ayudaba a los ciudadanos a mantener la calma. Miguel Humberto Aguirre, periodista de RPP, quien a través de la radio lograba que muchas familias se comunicaran y se enteraran realmente de lo que estaba ocurriendo. La radio posee una ventaja adicional: su largo alcance (especialmente ahora con la existencia de la radio satelital) que permite que programas y transmisiones puedan ser compartidas entre todas las naciones y cubrir grandes distancias. En el caso de Perú, que no es tan avanzado como queremos creer que es, sirve para que las noticias lleguen hasta los pueblos más alejados. Aceptémoslo de una buena vez: la radio es económica (en algunos casos solo necesita pilas), portátil, práctica y casi nunca te falla. Es el medio de comunicación al alcance de todos, y es por eso que es una herramienta que siempre debes llevar en tu kit de supervivencia (ya sea para catástrofes naturales, nucleares o un inesperado ataque de zombies). En realidad, nunca sabes cuándo una de sus tantas voces será la que te ayude a salir de un aprieto.


Escribe: Alfieri Díaz

AL FIERRO

La noticia perpetua l caso de Ciro Castillo superó en popularidad, vigencia, primeras planas, tiraje, etc., a otros sonados casos como el crimen de la Feffer, la Llamoja o de Alicia Delgado. Su “frescura” mediática se impuso a otros sucesos como el envenenamiento de los niños con alimentos del Pronaa, el asesinato de Walter Oyarce o el tráfico de influencias del vicepresidente Chehade. El caso Ciro se convirtió en la noticia lorcha más exitosa de la década. Posee todos los elementos que según Ace in the Hole, esa maravillosa película de Billy Wilder, convierten a una noticia en un evento carnavalesco: 1) un protagonista con nombre y apellido, 2) un paraje exótico, 3) Una historia cuyo epílogo no tiene punto final, sino puntos suspensivos... Mucha tinta ha corrido por las rotativas desde aquel 13 de abril en que los nombres de Ciro Castillo, Rosario Ponce y el Nevado Bomboya, se hicieron conocidos. La presión mediática tuvo como punto positivo que tras doscientos y tantos días los equipos de rescatistas no desistieran en su búsqueda y encontraran el cuerpo del joven excursionista, no permitiendo que la historia quedase sin resolución. Lo negativo fue la manera cómo la única superviviente fue convertida en ‘cómplice de asesinato’ o en ‘asesina’. Sin tomar en cuenta la objetividad o la presunción de inocencia, la prensa, como en tantas ocasiones, dictó sentencia dejando entrever la culpabilidad de la muchacha ante la opinión pública. Muchas hipótesis, por más descabelladas, invadieron las salas de redacción y se convirtieron en primera plana. La fragilidad psi-

cológica de una muchacha, inmadura por cierto, fue explotada al máximo. La culpa de Rosario Ponce, además de sobrevivir de manera inverosímil bajo condiciones extremas, ha sido su prolongado -y poco prudentesilencio. Su negación a colaborar en la búsqueda del cuerpo. La contradicción de sus versiones al momento del rescate y al momento de su manifestación. Las fotografías borradas de su cámara. Su semblante despreocupado. Su sonrisa nerviosa. Su ausencia de congoja o de lágrimas. El hacer de la reconstrucción de los hechos un viaje a Disney con sus papis. La muchacha, es cierto, es una bruta en relaciones públicas y dio motivos para convertirse en la mujer más odiada del país. Pero es cierto también que los medios hicieron mal uso y abuso de ello. Faltan pocos días para que la Justicia se pronuncie sobre las circunstancias en que se produjo el deceso de Ciro Castillo. Lo más probable es que al muchacho no haya muerto asesinado, sino que en un acto imprudente y temerario se resbalase y muriese golpeado contra las rocas en una caída libre de más de ochocientos metros. Esta conclusión, sin embargo, es probable que convenza a pocos, pues no es el final deseado para una novela tan prolongada. El periodismo morboso tanto ha machacado con la culpabilidad de Rosario que difícilmente la audiencia aceptará otro veredicto que no sea un crimen. Nadie hará caso de las explicaciones para cada una de las actitudes de la muchacha mencionadas líneas arriba. Acaso sea nuestro machismo el que nos impide aceptar que haya sido la mujer y no el hombre quien haya salido vivo. A pesar del fallo de los peritos, seguro el padre de Ciro continuará insistiendo en que a su hijo lo mataron y la prensa continuará el circo. Ciro podrá descansar en paz. Rosario, en lo que le quede de vida, no.

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cine antes despuĂŠs El

y

Escribe: Ana Rita Cabeza - Fotos: Augusto Torres


marzo 2012 • díatreinta

El cine, esa fábrica de sueños escapistas, sigue vivo y renovado. Es verdad que no es lo mismo el Rey León en cinta corriente que en formato 3D, pero allí está el ritual de toda la vida: un recinto oscuro, una historia que nos alegra o nos hace llorar y luego el regreso a la realidad, la cual nunca coincide con la magia que proyecta la pantalla.

ntras, haces cola en boletería. Realizas tu pedido. Listo, ya tienes autorización. Ahora, si tu bolsillo te lo permite, vuelves a hacer cola, esta vez entre el olor a canchita y chicha morada. Esperas a ser atendido, recibes tu bandeja roja y enfilas por última vez. Él se queda con la original, tú con la copia y por fin entras. Te sientas, se apagan las luces y empieza la película. En los últimos años se dice que “el Perú avanza”. No podría respaldar esta afirmación; sin embargo, lo cierto es que Trujillo ha recibido a los malls y, con estos, la oportunidad de una mejor calidad técnica para apreciar el séptimo arte. Recuerdo que en los 90, con 8 o 9 años ibas al cine con alguno de tus padres a ver el Rey León. No tenías muchas nociones sobre la historia. Por lo general, era el progenitor quien escogía la película y te llevaba al cine a modo de premio por alguna hazaña. Eso sí, bien advertido quedaba el guardar silencio. Ya en la oscuridad de la sala, muchos lloramos con la muerte de Mufasa o moríamos de la risa con las hilarantes conversaciones de las hienas. El 2D era fascinante, lo amábamos. Hoy, los niños de 3 o 4 años prefieren las películas en 3D y no dudan en expresar sus comentarios en plena función. Peor aún si van en grupos, la película queda relegada y la sala de cine se convierte en una especie de campo de batalla donde pueden jugar a ser soldados y generales.

¿Pero cómo fue que llegamos al cine de hoy? Por el 2006 aún no llegaban a la ciudad las distribuidoras nacionales de filmes y la única opción era Cine Primavera. Claro, también estaban Cine Chimú y Cine Star, pero si no querías escuchar gemidos, debías ir al Primavera. Y por entonces, era más sencillo hacerse con una entrada a bajo costo. En boletería no existía la computadora, solo daban un pequeño ticket que ni siquiera especificaba el título de la película, es por eso que, haciendo gala al criollismo, podías comprar la entrada el martes (dos por uno) y usarla cualquier otro día. Incluso para estrenos, no existía el riguroso control que existe hoy. Las parejas adolescentes aprovechaban en ir los jueves: jueves femeninos, dos chicas al precio de una. Pero para aprovechar la oferta, era necesario conseguir a otra fémina. Durante la adolescencia, las mujeres suelen tener más seguridad, así que eran ellas las que iniciaban la conversación con otra chica. Su objetivo: pedirle compartir entrada. Ya para marzo de 2007, los jueves femeninos se eliminaron. Ya no más dos por uno. La entrada subió a cinco soles. En abril, parecía que el Primavera trataba de captar más clientela. Iban a los colegios a promocionar funciones de domingos por la mañana, al módico precio de tres soles, pero ¿quién iba a ir un domingo en la mañana al cine? Pues había gente que iba, por lo general eran adolescentes aprovechando la propina del fin de semana. Lo más probable es que todo haya sido una estrategia de los dueños para sacar provecho a sus últimos días en el mercado. En los meses siguientes se dio el cambio. Atrás quedaron los días del Primavera.

Como era de esperarse, la clientela aumentó significativamente. Dicen que los trujillanos solemos gustar de la novedad y en esos días la novedad era el nuevo cine. Antes, podrías ir a la función de 3:00 p.m. y encontrar, a lo mucho, a dos o tres personas más en la sala. Podías disfrutar de tranquilidad pero para julio esos días parecían muy lejanos ya. Las colas eran inmensas, el horario de 5:00 p.m. el más pedido. Incluso, la siempre relegada función de 3:00 p.m. pasó a tener cierto protagonismo. Más tarde llegaron los malls y con ellos otra sede de la distribuidora que se hizo con el local del Primavera y una nueva cadena de cines. Las alternativas aumentaron y el Primavera, que había estado llenando salas, con otro nombre claro, fue perdiendo clientela. Había otras novedades. Salas nuevas, butacas nuevas, sonido envolvente y el 3D empezaba a ser anunciado (invadió Lima para junio de 2008 y en diciembre ya lo teníamos en Trujillo). Además, la novedad de los supermercados tenía distraídos a muchos trujillanos. Sin embargo, la novedad no es perpetua y con el paso de los meses los consumidores fueron volviendo a su status quo original. Si querías tranquilidad, silencio, para ver una película, bastaba escoger bien el horario: o las primeras o las últimas funciones y listo. Ahora ya no es tan sencillo, hasta las últimas funciones tienen espectadores. En parte porque los locales alrededor del cine también atienden hasta tarde. Ya no se trata del aislado Primavera, sino de cines en centros comerciales. Volviendo al pasado, los nuevos cines debían volver a llamar la atención y lo hicieron, pronto empezaron a vender las tarjetas de cliente. Cada distribuidora con un sistema propio y un objetivo en

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común: ofrecer la oportunidad de ganar entradas a bajo costo. Todo empezó a darte puntos, un combo (canchita y bebida) te daban puntos, si era agrandado más puntos aún. El consumismo fue atrapando adeptos y las dulcerías empezaron a tener más protagonismo. Desde la llegada de los largometrajes se fue creando la necesidad de consumir algo durante las horas sentado en la butaca. Es así como se fueron adicionando dulcerías a las salas de cine. Hoy, incluso, si no pudiste hacer tu compra antes de entrar a la sala puedes hacer el pedido desde tu butaca. Ofrecen el servicio para generar más ingresos. Incluso, te revisan los bolsos para asegurarse que no metes comida comprada fuera del cine. En una ocasión escuché un consejo muy simpático. Sabido es que los precios de los productos en dulcería son más altos que los de otras tiendas. Entonces, vas y compras solo una canchita pequeña y en tu bolso metes todo tipo de golosinas (compradas en otro lugar). Al momento de entrar, nadie revisa el bolso

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pues la canchita demuestra tu consumo en dulcería y así ahorras algo de dinero. Sin embargo, el meter o no comida más barata no debe ser prioridad. Lo que sí debe importar es la película que está siendo reproducida. Y en este punto hay muchas cosas que decir. Se podría empezar por aclarar que no todos los filmes son emitidos en todas las salas. Nuestra ciudad se ha visto privada de magníficos trabajos, como Midnight in Paris o la peruana Las malas intenciones. Esto se debe a que la novedad generada por las nuevas salas quedó atrás y muchos prefieren los DVD’s o CD’s piratas, descargar la película de megaload o verla directamente desde youtube o cuevana. Los empresarios no se arriesgan a perder y cuando consideran que una película no va a tener mucho éxito en alguna ciudad prefieren no proyectarla. Es por ello que en más de una ocasión en nuestra cartelera solo encontramos cine comercial, hollywoodense, y nos perdemos del independiente o el cine de autor.


La eterna y disimulada intrusa La publicidad persuade, induce, convence y, sobre todo, ingresa de manera disimulada en nuestras vidas. Está en todas partes y en ninguna. Si no lo cree, mire a su alrededor: ella está allí, aguardando un momento de su distracción para hacer de las suyas. Escribe: Claudia Edwards - Fotos: Archivo

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i los diarios ni la televisión ni la radio, el primer instrumento que utilizaron los hombres para hacer publicidad fue nada más y nada menos que su propia voz; una muy potente, por cierto. La primera forma de publicidad, no solo en nuestro país, sino en muchos otros lugares fue la de los pregoneros que realizaban una inconciente labor publicitaria durante la Edad Media. Ricardo Palma nos lo recuerda en sus famosas tradiciones: “A las seis de la mañana pasaba la lechera. A las siete en punto la tisanera y la chichera de terranova. A las ocho, ni un minuto más, ni un minuto menos, el bizcochero y la vendedora de leche-vinagre, que gritaba: ¡A la cuajadita!. A las nueve, hora de Canónigos, la vendedora de Zanguito de ñanjú y choncholíes. A las diez, la tamalera. A las once pasaban la melonera y la mulata de convento vendiendo ranfañote, cocada, bocado de Rey, Chancaquitas de cancha y de maní y frejoles colados.” Estos hombres y estas mujeres tenían un recorrido establecido y una hora exacta para gritar a viva voz la oferta del día. Desde aquel momento, la más simple de las formas de ofrecer algo nos inducía a comprarlo. Bastaba con una voz, en muchas ocasiones acompañada de trompetas y tambores, y un toque de persuasión para que corramos todos a comprar los tamales, la leche o los buñuelos. Podemos decir, entonces, que desde antaño la publicidad cumplía sus fines. A pesar de que ya en el siglo XIX había algunos carteles que anunciaban obras de teatro o corridas de toro, los pregoneros seguían vigentes, pues no todos sabían leer. Debido a ello, también se empleaban gráficos para anunciar lo que se vendía: Así nació, casi sin quererlo, la publicidad gráfica. Pasaron varias lunas para que llegara la imprenta y los diarios donde la publi-

cidad sentó sus reales. El Comercio fue uno de los más importantes diarios que presentaba anuncios de productos medicinales, de sastrería e incluso de venta de esclavos. Pero, fue en el siglo XX donde la publicidad gráfica creció. Los avisos eran más grandes, más llamativos y ocupaban más espacio en diarios y revistas. Una de los primeros productos en ser publicitados fue Coca Cola. Desde entonces, la publicidad dejó de ser una simple forma de vender productos y se convirtió en una fuente de belleza y, sobre todo, de arte. La fotografía adquirió un papel importante, al igual que las modelos. Las “caras bonitas” se convirtieron en un importante instrumento publicitario, logrando instalar en la mente de los consumidores la idea de que si se compraban el producto llegarían a ser como ellas, como las “caras bonitas”. Algo que, sin duda, se sigue usando en el presente. Luego llegaría la radio con los “cortes comerciales”, espacios en los que los auspiciadores anunciaban sus productos cortando —por eso se le llamaban cortes— la transmisión de los programas y novelas radiales. Una de los más famosos cortes era: “El sol y el viento pueden secar una hoja, también pueden secar su piel. Por eso, Palmolive contiene lanolina y aceite de oliva…” De esta forma, “modernos pregoneros” ofrecían productos a través de la radio. Sin embargo, la publicidad alcanzó su mayor éxito con la llegada de la televisión. Alrededor de los años 60, la publicidad era grabada en vivo y contaba, en muchos casos, con un elenco conformado por modelos y un presentador. Si el comercial se debía transmitir en la tarde, había un ensayo general en la mañana en la que se practicaba cada palabra y cada movimiento para que todo saliera bien cuando estuvieran al aire. La modelo se encargaba de mostrar el producto, mientras que el presentador decía todo sobre él. Solo en algunos casos, como uno de Oeschle y su promoción de 100 dólares diarios, se hacía una pequeña actuación para anunciar la oferta. Todo cambió con la aparición del videotape, una tecnología gracias a la cual los anuncios se

grababan con anticipación. Todo, por supuesto, en blanco y negro, hasta que en los años 70 llegó el color a las pantallas. A partir de ahí la evolución de la publicidad no se ha detenido. La tecnología, la creatividad y el ingenio del hombre han hecho que ahora existan muchas más formas de publicitar bienes, servicios y mercancías. Para esto existen los jingles, esa publicidad cantada que supo utilizar muy bien Claro con su recordado “Claro que te clavo la sombrilla…”; los BTL, que siempre dejan a alguno con la boca abierta; y la publicidad interactiva, que se ha aprovechado enormemente de las tan famosas redes sociales Facebook y Twitter. Mientras más herramientas se tengan, más consumo de marcas habrá. Los tiempos cambian, las personas ya no son las mismas, los medios se transforman tecnológicamente, sin hay algo que no cambia nunca o cambia muy poco: la influencia de la publicidad. Sino, recordemos el poder de la imagen que impulsó Goebbels y las repercusiones que tuvo en la Alemania nazi y otros países de los años 40. Lamentable, pero acertado ejemplo. La publicidad ha sabido y sabe usar muy bien las emociones y sentimientos de la gente, no solo en la creación de sus mensajes, sino también alcanzar sus objetivos. Es por eso que ahora vivimos el lado Coca Cola de la vida y destapamos la felicidad con una gaseosa. La publicidad ha impuesto prototipos, estilos de vida y nos ha insertado en una continua rutina de marcas que podemos ver en todos lados, tal y como nos lo recordaba Gonzalo Torres en una edición de su programa “A la vuelta de la esquina”: si encendemos la TV, hay publicidad; si abrimos una revista, hay publicidad; si entramos a Internet, hay publicidad; si salimos a la calle, encontramos paneles y afiches de publicidad; y si, por último, miramos al cielo, una avioneta volará mostrando más publicidad. Es tanto así, que este artículo ha sido una víctima más de esta intrusa. Para comprobarlo, pueden darle otra leída para ver si se encuentran con el nombre de alguna marca, lo cual es sin duda una forma soterrada o subliminal de hacer publicidad. ¿Verdadero o falso?, usted lo dirá.

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Las redes

de nuestras vidas Las redes sociales no solo han cambiado nuestra manera de comunicarnos, ellas mismas cambian a una velocidad asombrosa. Si no vamos a su ritmo, corremos el riesgo de que nos llamen “anacrónicos”. Escribe: Julissa Tafur Fotografías: Víctor Guzmán

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icen que los grandes inventos cambian la vida de las personas. Sí, es verdad. Solo basta recordar la aparición del teléfono, de la radio, de la televisión, del celular, etc. para darnos cuenta del revuelo que causaron cuando recién se empezaron a usar. Todas estas creaciones lograron que la vida de las personas cambiaran significativamente. De esto no hay duda. Sin embargo, existe un invento que, en tan solo 4 años, logró tener más de 50 millones de usuarios, a diferencia de la radio que alcanzó tal cifra en 38 años y de la televisión que lo hizo en 13. Es la archiconocida Internet que, para bien o para mal, ha modificado nuestra forma de comunicarnos. Ahora, muchos prefieren las conversaciones vía online, el envío de correos electrónicos, las amistades en red, etc. Esta penúltima palabra es de un uso muy común en los últimos años. Al leerla, lo que inmediatamente se me viene a la mente son las redes sociales. Y con esto no puedo dejar de pensar en las últimas actualizaciones que tendré en Facebook, en mi ‘timeline’ de Twitter o en los nuevos compañeros que se añadieron a LinkedIn.

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El ‘boom’ de las redes Todos los días realizo diversas actividades como comer, ir a la universidad, conversar, reír, caminar, etc. Todas forman parte de mi vida cotidiana y hay una acción que se ha incorporado recientemente: la revisión de mis redes sociales. Si es que no entro a la laptop y chequeo las publicaciones en mi muro de Facebook o lo que escribió mi artista favorito en Twitter o quién me acaba de añadir a un círculo de Google Plus, simplemente me siento un poco incompleta o rara. Sé que muchos se identificarán con esta situación. Y es que ahora las redes sociales son parte de nuestra vida y desde su aparición han tenido un gran éxito. Facebook logró incoporar 100 millones de usuarios a solo 9 meses de convertirse en una red abierta a todos los que tuvieran un correo electrónico, ya que antes de setiembre de 2006 funcionaba solo para universitarios. Actualmente, la creación de Mark Zuckerberg cuenta con más de 800 millones de personas registradas. Su más reciente competencia, Google Plus, intenta derrotar a Facebook con nuevas e innovadores características. Presentada en junio de este año, ya ha captado a más de 40 millones de usuarios en todo el mundo. Por otro lado, la red laboral Linkedin se ha convertido en el nuevo ‘boom’ para contactar a empleados de manera online. Creada en 2003, tiene más de 131 millones de perfiles profesionales y ha desplazado del segundo lugar, en Estados Unidos, a Twitter, como la red social más utilizada. Por supuesto, el primer lugar lo ocupa Facebook. No cabe duda que estamos viviendo una gran revolución tecnológica que cada día se acentúa aun más. Mis redes sociales Con la creación y el desarrollo de las redes sociales, han aparecido herramientas que han dado vuelta y media al mundo web. Ahora con Facebook no solo podemos agregar como contactos a nuestros amigos, sino también chatear y hacer videollamadas con ellos. Incluso muy pocos de mis amigos utilizan el Messenger para charlas con los demás. Otra red que agoniza es Hi5, que prácticamente ha desaparecido de nuestras vidas y mejor ni la mencionemos porque nos tildarán de “pasados de moda”. Ahora las conversaciones se hacen por Facebook y punto. Cada vez más empresas la usan para darse a conocer. No hay mejor manera que postear fo-

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tos de nuestros productos o enviar unos ‘inbox’ ante cualquier consulta de nuestros clientes para promocionarnos. Por otro lado, está la gran influencia que ejerce cuando se avecina algún acontecimiento importante como las elecciones presidenciales. Hace poco podíamos ver en Facebook grupos o páginas que se creaban a favor o en contra de algún candidato político y los cientos de comentarios que se producían por el simple hecho de escribir algo sobre tal o cual competidor. Twitter no se queda atrás. Ha conquistado a millones de usuarios, entre los que destacan los artistas del momento como Justin Bieber, Lady Gaga, Ashton Kutcher, etc. Esta red social tiene como principal característica escribir todo lo que queramos, pero en tan solo 140 caracteres. Asimismo, proporciona información y noticias al instante. Por esta red social me entero de los sucesos más importantes antes que por otros medios. Por esto, los ‘tuits’ (castellanismo de tweet) se convierten en una sensación cuando suceden eventos trascendentales o controvertidos. Por ejemplo, la muerte de Osama Bin Laden generó 5.000 ‘tuits’ por segundo, el embarazo de Beyoncé logró 8.868 ‘tuits’ en el mismo tiempo y el fallecimiento de Steve Jobs alcanzó la cifra record de 10.000 ‘tuits’ por segundo. Realmente es asombroso lo que nuestros dedos pueden hacer. Twitter nos permite seguir a nuestros ídolos musicales o a nuestros actores favoritos. ¿A quién no le ha picado alguna vez el bichito de la curiosidad por leer lo que ha ‘tuiteado’ ese artista que tanto preferimos?. El día que Roberto Gómez Bolaños abrió su cuenta oficial de twitter causó revuelo mundial, su primer ‘tuit’ fue: “Hola. Soy chespirito. Tengo 82 años, y esta es la primera vez que tuiteo. Estoy debutando. ¡Síganme los buenos!”, y en pocas días logró alcanzar el millón de seguidores. El mundo web crece día a día y ha cambiado la forma de comunicarnos de manera radical. Las redes sociales nos enredan en ellas cada vez más y poco a poco caemos bajo su efecto hipnotizador. Solo veamos lo que publican nuestros amigos para darnos cuenta de que escriben todos los detalles de su vida de forma tan natural: la salidita con el amigo, el cafecito con el otro, el almuerzo con la familia, la nueva relación amorosa con el chico de la universidad, las fotos del viaje a tal lugar, etc. Facebook y Twitter me acompañan la mayor parte del día y debo reconocer que son mis redes sociales favoritas. No sé qué haría sin ellas.


Escribe: Orietta Brusa

CRÓNICAS MARCIANAS

Inclusión social ntre los nuevos términos de un mundo donde el lenguaje se hace siempre más pobre y descuidado, hay palabrasconceptos como “liderazgo” (término corriente que sustituye al obsoleto “capataz”, demasiado agresivo y descarado) e “inclusión social”. Es fácil ser líder en una masa de seres atontados y chantajeados por la inseguridad de su situación laboral, que por salvarse aceptan cualquier compromiso. Es suficiente poner “metas” en lugar de “órdenes”; “colaboración” en vez de “explotación”; y “compromiso” en vez que “obligación”. Y, si no se cumple con todos estos requisitos, adiós al trabajo. Cualquier tarado puede ser líder cuando transmite con suficiente soltura las órdenes que le llegan desde arriba, órdenes que no necesitan de análisis, ni muchos menos de crítica. Desde hace algún tiempo se usa el concepto “inclusión social”. Es imperativo incluir a los más pobres en esta prosperidad asombrosa que atora bancos, empresas y erarios (dejamos aparte cuentas de presidentes y sus compinches). Así que podemos imaginar una especie de realidad de ciencia ficción donde “la plata llega sola” y los pobres también. Los políticos no tienen la más mínima vergüenza soltando el rollo de los logros económicos a seres humanos que viven al límite de la desesperación. ¿El número de pobres en rápida escalada a nivel mundial no depende de la explotación de los trabajadores? ¿La cantidad de horas extras que la mayoría cumple “gratis” y “por compromiso” no quita trabajo y ganancia a otros trabadores? ¿La informalidad, la precariedad y el sistema de las services no contribuyen a aumentar la ganancia de las empresas y la pobreza de los trabajadores? ¿Por qué será que, en todo el mundo, hasta en los países desarrollados, la gente se reúne, protesta y se rebela hasta la violencia contra un sistema que pone el negocio al centro de todo y el hombre como instrumento desechable? Ahora se ha creado, en el “izquierdista” gobierno de Humala, incluso un Ministerio para la inclusión social: tendremos más gente que gana opíparos salarios para so-

lucionar rompecabezas sin inicio ni final. Mientras tanto, hasta PPK felicita la labor realizada por el fantasmal presidente de los pobres. El sistema neoliberal ha destruido los derechos laborales (que algún utopista atrevido sostiene que forman parte de los derechos humanos); los gobiernos ya no tienen deberes hacia los ciudadanos, porque estos son clasificados como “asistencialismo”. Así que cada uno tiene la “opción” democrática de elegir estudios, sistema de salud, trabajo, vivienda”, etc. Por supuesto, esta elección depende de la plata que está detrás, de si uno nace en el Alambre o en California o de si uno tiene un tío congresista o uno que carga papas en la Hermelinda. La cantidad de neuronas y el nivel de educación, patrimonio personal, no tienen importancia, ya que todos tendrán que ser “capacitados” para toda la vida. En este sistema de competencia, el único modo que han inventado para incrementar la plusvalía es abaratar la mano de obra. ¿Dónde irá a parar esta gran ganancia? ¿Siempre en los mismos bolsillos? Entonces, ¿quién se comprará esta sobreproducción de cosas inútiles? ¿Los míticos pobres “incluidos” a golpe de tarjetas de crédito y de débito? Henry Ford, que no era un benefactor, pero sí un gran empresario, pagaba a sus obreros el doble que sus competidores. Así los fregaba dos veces, porque con tanta plata a su disposición los ingenuos se compraban sus carros. Más ganancia para el bueno de Henry. Pero él nunca habló de inclusión social: era menos hipócrita. En el libro La casa de los espíritus de Isabel Allende, la protagonista hace una reflexión interesante: “Sustituimos la justicia con la caridad”. Es exactamente lo que hacen los gobiernos que se lucen con la inclusión (que comprende el vaso de leche, los comedores populares, los hospitales de la solidaridad, sublimación del asistencialismo) y descuidan los derechos fundamentales como trabajo, salud, educación y vivienda porque ya no son derechos: son regalos de presidentes, congresistas, empresarios y damas de caridad. Hay propagandas simpáticas: “Sé el empresario de ti mismo”, “El Perú avanza gracias a los empresarios” (pequeños y medianos, sobre todo). Se trata de mensajes que incrementan el individualismo, la informalidad, la falta de derechos laborales y, por lo tanto, la exclusión de las masas a una calidad de vida digna. Divide et impera. -23-


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EL COLECCIONISTA DE

CÁMARAS ¿Qué lleva a un hombre a coleccionar cámaras fotográficas de todas las épocas y todos los lugares y al mismo tiempo dedicarse a un arte tan efímero como ingrato: retratar personas?

Texto y fotos: Augusto Torres Peralta

EL COLECCIONISTA DE CÁMARAS

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ecuerdo que varios meses atrás iba caminando por el centro de Trujillo. Oscurecía y como muchas veces me ha pasado, no recuerdo haber estado buscando algo. De repente vi un estante lleno de cámaras fotográficas; para esto debo confesar que tengo una pequeña debilidad por las cámaras fotográficas, y siempre ando en búsqueda de una, siquiera para admirarla. Entonces, sin más preámbulos ingresé al pequeño local y me maravillé ante un mural de historia, una treintena de cámaras alemanas, japonesas, rusas, americanas, grandes y pequeñas (para los conocedores, de formato pequeño y medio), verdaderas joyas de colección postradas en un escaparate adornado con papel crepé. Me sentía maravillado por el contraste entre tan pobre adorno de tal maravillosa colección. Salí del lugar con un hondo pesar, aún cuando la gran mayoría de ellas están en condiciones de ser usadas, el dueño no las vende. El lugar quedó marcado en mi memoria geográfica, supongo que esto les pasa a muchas

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personas cuando encuentran tesoros en medio de la urbe. Tras una breve conversa, presentación mediante, pacté una entrevista con el dueño de la colección, el fotógrafo Pablo Arellano Holguín, dedicado a la fotografía de estudio. Aceptó gustoso ser entrevistado, claro que no el mismo día, pues tenía que preparar la entrevista y traer mi cámara para registrar el acontecimiento y congelar algún instante necesario. El primer problema es saber qué es lo que se va a preguntar, cómo abordar a una persona de la que se sabe poco y también cómo guiarse por lo desconocido. Lo bueno es que hay un tema que nos interesa a los dos: la fotografía. Don Pablo Arellano es un hombre que en la calle pasaría como una persona ordinaria. De 70 años, estatura mediana, de un hablar pausado y mucha cortesía. Tiene la misma edad de mi papá y aun así me parece más joven: no tiene canas y mi padre no tiene cabello. Supe desde el primer momento que él no era una persona común. Después se abrió todo un universo como una caja de pandora: comencé a hablar con él y ya fue difícil detenerme, sabía demasiado. Aceptó amablemente la entrevista, seguro de sus más de 15 años

como fotógrafo profesional, tarea realizada a pulso en un estudio fotográfico dotado de un nada desdeñable equipo. Su avidez por el aprendizaje lo llevó a matricularse en un curso de fotografía a distancia en la Escuela Americana Argentina. Estudiar a través de clases no presenciales puede resultar extraño en estos tiempos, pero la fotografía más que todo requiere de conocimiento, práctica y material. Don Pablo es un fotógrafo autodidacta. Su formación la hizo con catálogos y revistas de fotografía donde contrastaba su conocimiento con datos exactos acerca de una buena foto. Después del curso que le enseñó las bases teóricas del uso de la cámara y todo lo relacionado a la fotografía, siguió aprendiendo el trabajo de laboratorio: exposición, revelado, ampliación. Tiene dos ampliadoras, pero esa labor nunca le gustó. Las ampliadoras están ahí, y él siempre envió los negativos a otros laboratorios, “para que esa labor la hicieran los expertos”. La vida le enseñó a Don Pablo. Cualquier joven fotógrafo o persona interesada por la fotografía podría pasarse días enteros conversando y aprendiendo de él. Es cierto que grandes fotógrafos empezaron como ayudantes de los maestros de su épo-


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ca. Pero llega el momento en que uno se calza lo aprendido y delinea su propio derrotero. Me cuenta que cuando trabajaba en una ONG veía a fotógrafos que venían a documentar la labor e iba contrastando su conocimiento y su inquietud con la realidad que tenía al frente. Su estudio es pequeño pero hay un orden en todo: de ideas, de conocimientos, de materiales. Don Pablo atesora libros y revistas con los que aprendió y que lo emocionan cada vez que los hojea. Incluso tiene unas revistas alemanas en las que solo observaba las imágenes y entendía a duras penas los datos que explicaban la realización. Mientras me explica su técnica para que la foto salga bien iluminada, pude percatar que no sólo se trata de apretar un botón. Hay que tener en cuenta muchas variables para realizar una ecuación perfecta: la luz, el efecto del rebote de esta sobre el sujeto a ser fotografiado, el cuidado del fondo, el ángulo, el encuadre, el uso de las sombras, sin duda, un verdadero arte. Me confiesa sin resquemores pequeños tips que ha aprendido con el tiempo, la práctica, el error y la lectura constante. El hecho que dibujar con la luz sea una labor tan gratificante. Recuerdo haber ido de niño a un estudio fotográfico para mi primer día de escuela. Tengo en algún lado esa foto y supongo que nunca le di tanta importancia. Ahora que sé un poco más acerca de esta labor, tengo que buscarla y analizarla, especialmente porque las fotos antiguas tienen en sí mismas el toque de un artesano, un preciosista. Llegamos al tema de su colección de cámaras, que fue lo que despertó mi interés por este personaje. Quien posee una colección como la de Don Pablo es una persona que tiene una historia que contar y concede a ella un valor que no puede ser

reflejada en billetes. Con la llegada abrupta de la era digital en la fotografía, Don Pablo también se tuvo que adecuar y ahora usa una cámara digital para sus trabajos. Mientras me muestra y alaba su cámara digital, pienso que sus otras cámaras, las que atesora en su aparador, son mucho mejores. Volviendo al tema, con la llegada de las cámaras digitales, las antiguas cámaras análogas empezaron a depreciarse, esto por los costos añadidos, como negativos, revelado, ampliación. He encontrado cámaras en los mercados de baratijas, máquinas que son obras maestras, lujos cromados, curvas que a uno le ponen la piel de gallina al tocarlas. He visto fotógrafos rendirse ante una Leica de los años 70, y Don Pablo tiene más de las que me podría imaginar. Muchos conocidos suyos, a sabiendas de que un hombre como él les daría un buen lugar en su casa, le vendían las cámaras a un precio cómodo. Varias de las cámaras son parte de una colección personal que fue tomando forma con el tiempo, cámaras que encontraba en tiendas a precios regalados, o que amigos que venían de Europa le obsequiaban. Puedo ver modelos únicos, como una Minolta que no tiene forma de ser usada porque ya no hacen negativos de ese formato. Muchas de esas cámaras ya no tienen un precio alto. El costo radica más en el valor que uno les da. Don Pablo me cuenta que muchos extranjeros al ver sus cámaras quisieron comprárselas. Le dijeron que pusiera el precio. Se negó, razones tendrá. Supongo que deshacerse de ellas debe ser difícil. Hay muchas cosas que simplemente no tienen precio. El día de la entrevista yo llevaba varias preguntas pero solo llegué a realizar dos. Terminamos viendo sus cámaras mien-

tras me explicaba por qué los lentes “Carl Zeiss” son los mejores. También me habló de la cámara instantánea tipo Polaroid de Kodak, que al parecer es la única cámara de ese tipo que sacó a la venta Kodak debido a un juicio por problemas de patentes, de la cámara de casi 100 años que tiene en su poder. Fue una maravilla tener una cámara tan parecida a una que aparece en “Quién incriminó a Roger Rabbit”. También tuve entre mis manos varias cámaras hechas en la Unión Soviética, copias de las cámaras alemanas de su época que, bromas aparte, son muy buenas y son protagonistas de una historia que no se puede obviar. Ninguno de sus hijos es fotógrafo, pero lo ayudan y han aprendido de él. Después, recordando la entrevista frente a una taza de café, me di cuenta de que no le pregunté a Don Pablo muchas cosas. Mencionó varias veces Chimbote, lo que me hizo suponer que aparte de haber vivido ahí tendría algún nexo con esa ciudad. Su estudio se encuentra en calle Mariscal Orbegoso, a tres cuadras de la Plaza de Armas, dirigiéndose al Virrey, en la misma cuadra del Colegio Santa Rosa, al frente, en la misma recta de la Clínica de Santos. Si puede vaya a tomarse una foto, porque en estos meses no hay mucha clientela, y porque siempre es bueno tener obras de arte en casa. Pero no intente comprarle una de las cámaras porque ya sabe la respuesta. Debo añadir que tomé varias fotos. No fueron decenas; tomé las que creí necesarias y aun así tuve algo de vergüenza al fotografiarlo. Al final de la charla le pedí lo que había pensando desde el comienzo: tomarle una foto en su estudio, en medio de sus luces, su lugar de trabajo. Accedió gustoso, aunque me dijo que no le gustaba mucho que le tomasen fotos.

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EL PERSEGUIDOR

DE FANTASMAS El autor de Cien años de Soledad debe ser uno de los escritores más influenciados por la cultura popular y el pensamiento mítico. Aquí un retrato de uno de los novelistas más entrañables de América Latina. Escribe: Romy Frantzen

abriel García Márquez está sentado idílicamente en una polvorienta esquina de Aracataca. Espera a su madre, juega con el fastidio del calor y la pena e inventa una historia que se parece mucho a la suya. Mientras tanto, el mundo parece detenerse a contemplar a tan particular personaje de ojos color Colombia. Así como nace cualquier mortal, entre restos de un mar biológico, unidos a la madre por un lazo seccionable y un llanto ensangrentado, nació Gabriel entre un barullo intenso que pronosticaba su vida entera.

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Desde muy pequeño su abuela le heredó, sin saberlo, el asombro por aquello que es inexplicable, siendo entonces el origen de una mágica, supersticiosa y sobrenatural visión de la realidad, en contraste con la imagen del General Márquez o cariñosamente “papalelo”, que fue hasta los 8 años, su cordón umbilical con la historia y la política. Creció, jugó y lloró como cualquier niño latinoamericano que no conoce universo más allá de las ciénagas, y cuando dejó de crecer, escribió muchísimas novelas en donde vertería toda esa experiencia ancestral. Porque claro, El Gabo –como empezó llamándolo Eduardo Zamalea Borda, subdirector del diario bogotano El Espectador, donde García Márquez publicaría su primer cuento corto La tercera resignación– es hoy, uno de los principales referentes del boom de la literatura latinoamericana de los años 70, ganador de un Premio Nobel y representante ilustre, si no fundador, del realismo mágico. Escritor, periodista, editor y guionista no de formación, pero definitiva e indudablemente por pasión a las letras y a la creatividad literaria. El Gabo habla de Macondo como si retratara una realidad paralela, ajena al tiempo y el planeta. Como si solo girase alrededor de sí y el pantanal que lo circunda. Tal vez sea así y tal vez él sepa mejor que nadie que Macondo tiene más de verdad que de fantasía y que lo que ocurrió ahí, bien pudo haberle ocurrido a cualquier familia. O tal vez, Macondo es una especulación de Aracataca, ahí donde sigue sentado Gabriel esperando a que su madre termine de vender la casa, inquieto porque quiere salir del lugar donde se acabó el mundo, en donde el silencio es diferente a cualquier silencio conocido. A García Márquez le encanta escribir, lo hace con la naturalidad de un inocente y vierte en cada una de sus creaciones un sentido mucho más profundo que el de la mera ficción. Él sabe que le es imposible ser imparcial, que aún tratándose de cuentos, él evoca, cual espíritus del inframundo, experiencias y sentimientos tan suyos que a veces duelen y

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que, a veces, lo dejan al descubierto con la mente desnuda, en un mundo social y políticamente al acecho. Tiene 83 años y la sonrisa no le pesa nada. Salió hace tiempo de Aracataca, tomó el tren de regreso a casa y sí, vivió para contarla, esa historia mitológica que narra un fragmento significativo de su vida. El mundo quiere que él mismo le cuente cómo es que puede con todo esto, el peso magnífico de la historia por contar, de las letras atascadas en las yemas firmes de los dedos. Cómo hace para lograr que el mundo que nos narra parezca real, parezca que puede ser visitado, palpado, olido y revuelto físicamente, ¿cómo hace para rastrear a los fantasmas de su infancia, a las premoniciones, a los seres fantásticos de su mente?, ¿Cómo hace, Gabo, para hacernos creer que Macondo puede ser husmeado en un mapa sudamericano? Gabriel García Márquez regresó de su viaje y está esperando a que le traigan una taza de café. De pronto, vienen a la mente del autor, cada una de las voces incesantes que criticaban su forma de escribir, el tema de cada una de sus novelas y cuentos. No le molesta. En realidad, ya muy pocas cosas le molestan desde que, un buen día, un doctor le dijo que iba a morir de cáncer. Canceló las reuniones, los amigos, los viajes, las duchas muy prolongadas y salidas al parque. Desde las 8 de la mañana, hasta que el estómago le reclamaba combustible, el Gabo se sentaba a escribir, párrafo tras párrafo lo que había dejado a medias. Terminó sí, pero no murió. Cuando llega el café humeante a su mesa, no puede evitar lanzar un hondo suspiro y levantarse las gafas. Se lleva lentamente la taza a los labios y deja un rastro oscuro en sus bigotes blancos. Tiene 83 años, y no tiene la certeza de que la gente que ha leído sus historias haya entendido del todo, haya imaginado con él, haya sentido como él. La camarera regresa sobre sus pasos y entre extrañada y sonriente le pregunta si es él, Gabriel García Márquez. Él, sonriéndole como le sonreía a las niñas

lindas en los parques de su pueblo cuando pequeño, asintió con la cabeza y volvió a revolver su café sin azúcar. Cuando la muchacha se fue, pasaba por la cabeza del autor un pensamiento fugaz pero que persistía atemporal: “Soy escritor por timidez. Mi verdadera vocación es la del prestidigitador, pero me ofusco tanto tratando de hacer un truco, que he tenido que refugiarme en la soledad de la literatura.” Si sus libros no relatan hechos enteramente reales o sacados de textos de historia, es porque pretende un territorio imaginario donde lo inverosímil y mágico no es menos real que lo cotidiano y lógico para sus protagonistas. Ha tratado durante toda su trayectoria, retratar al habitante latinoamericano, aquel ser descalzo y caribeño que es transparente y cree en lo que ve y siente. Lugares en los que el amor no es el de romance sino el de pasión y donde la gente se enferma por percibir demasiado. Gabriel no quiere tener quién le escriba y es parte tal vez de esa mezcla de fragilidad y fortaleza misteriosas que encierran su edad, la adolescencia de la ancianitud, aquella barrera en donde la proeza de la supervivencia aún no es cantada para él. Hoy todos conocen Macondo, todos saben dónde queda Aracataca, qué y quién es Colombia gracias a él. Y está bien que no le importe demasiado lo que hayan dicho de él y su forma de narrar las cosas, si habita entre seres transparentes, fantasías y pies descalzos, niñas que comen cal y coroneles sin correspondencia, existen algunos (muchos en realidad) que agradecen esa improvisada desfachatez y que piden a todos los seres de su imaginación no callarse nunca. Tomemos entonces un poquito de lo que gritó cuando le pidieron hablar sobre el fin del mundo y que bien nos viene ahora: “Con toda modestia, pero también con toda la determinación del espíritu, propongo que hagamos ahora y aquí el compromiso de concebir y fabricar un arca de la memoria, capaz de sobrevivir al diluvio atómico.”


TALENTO DE TV En la era del homo videns, todo lo que cautiva entra por los ojos y sale por el bolsillo. ¿Qué sentido tiene la alta cultura en un mundo donde la TV hace todo lo posible para que no exista? Escribe: Lourdes Gómez Fotos: Víctor Guzmán


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Quizás hace más de sesenta años atrás el nombre tv o televisión habría generado una revolución en muchos de nosotros. Sin lugar a dudas, en los años cincuenta este aparato era el boom de los medios dominantes. Por esa época la televisión dio su primer gran salto al mundo, pues aunque desde mediados de los años veinte ya se habían hecho algunas pruebas, y cuando finalizaron, empresas como la BBC (en Inglaterra), la CBS y la NBC (en Estados Unidos) ya habían hecho sus primeras emisiones públicas. Sin embargo, la TV no era considerado aún un medio masivo de comunicación. No había entonces una programación determinada ni un horario regular como los de hoy día; es recién a partir de 1936 cuando en Inglaterra se empieza a contar con una programación, y en 1939 en Estados Unidos. Antes eran muy pocos los privilegiados con televisor en casa, además el alcance de la señal local era bastante pobre. Las multitudes de televidentes se reunían en bares para gozar del entretenimiento que este aparato les ofrecía, pero se trataba de una situación que no podía durar mucho tiempo. Así, los gobiernos y grandes empresarios pusieron en marcha un plan para construir redes nacionales de televisión. Ello implicaba la instalación de nuevas emisoras, postes repetidores y líneas de cables. El país que indudablemente destacó con este plan fue Estados Unidos, además de ser el primero en contar con televisión a color. Al mismo tiempo, la publicidad aprovechaba la oportunidad de cobrar vida en este medio. Lo cierto es que la televisión ha evolucionado rápidamente, no sólo en su apariencia física sino también en su contenido. Hace muchos años, estos aparatos eran bastante voluminosos, tanto que si uno de ellos caía encima de nosotros con toda seguridad hubiéramos perdido la vida. Actualmente, tenemos los famosos televisores pantalla plana, los LED’S, por supuesto en high definition, además del formato 3D. Hoy ya no es necesario ir al cine para disfrutar cómodamente de una película. Como nos podemos dar cuenta, los televisores de grandes pulgadas

se encuentran en muchas de las concurridas salas familiares. Estos suelen estar acompañados de un home theater, para amenizar el sonido del lugar y no extrañar a las irremplazables salas de cine. De esta manera, nos ahorramos las aburridas tandas comerciales antes de empezar a disfrutar de la película. En gustos se rompen géneros. La pantalla chica se ha encargado de cautivar a diferentes públicos y cada día trabaja para llegar a más. A esto es a lo que yo llamo talento TV. La televisión fabrica fantasías, refleja realidades, explora los rincones del mundo, te pone al ritmo de la música, etc. Ahora este medio es variado, para todos los gustos y colores. Tenemos para disfrutar series de acción, telenovelas, programas de cocina, noticieros, programas concurso y miles de opciones más que no terminaríamos de enumerar. Y es que cada quien elige lo que quiere ver de acuerdo a sus necesidades. Hay quienes desean informarse, otros quieren entretenerse y muchos que siguen a las telenovelas, las series, los noticieros deportivos y los programas por ocio. Hay otros que simplemente quieren sentirse acompañados. La televisión es un medio de masas, llega a millones de millones de personas en el mundo y puede utilizarse como un recurso eficaz para la propagación de una cultura. Ahora, por desgracia, hace todo lo contrario. El televidente manda en lo que quiere ver. Y la televisión lo satisface y transmite lo que vende; aquello que no genere dinero es echado al olvido. Los televidentes de hoy se enganchan con programaciones absurdas y se dejan llevar por ellas, adoptando conductas, estereotipos y formas de pensar extrañas a su naturaleza. Sin querer, se han dejado envolver en la telaraña del marketing y la sociedad consumista que hoy nos pisotea. La realidad es que todo entra por los ojos y lo que la TV nos “pinta” lo compramos y aceptamos como tal; en otras palabras, nos dejamos “cautivar”. Así es la televisión: “no tiene talento pero es buenamoza”. Como dije, todo lo atractivo entra por los ojos.

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EL MILAGRO


ELÍAS QUIROZ - ELIZABETH MORENO - JOSÉ CARLOS MIRANDA LESLY SALAZAR - MANUELITA BENITES - MARISOL SÁENZ


Tras los pasos del Shulca Texto y fotos: Aquiles Cabrera

«Todos han partido de la casa… pero todos se han quedado en verdad». César Vallejo

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El hijo menor de la familia Vallejo Mendoza resultó ser, con el devenir de los tiempos, el hijo más grande de Santiago de Chuco. Se llamaba César Abraham y su poesía ya forma parte del patrimonio de la historia de la humanidad.

n el cruce de las calles Paco Yunque y Dados Eternos un grupo de niños juega a las canicas. Sus sonrisas se integran al tibio sol y las sombras frías de las tres de la tarde. Sí. En el pueblo que vio nacer a César Vallejo la mayoría de calles lleva el nombre de sus obras. Caminando por Santiago de Chuco te envuelve la nostalgia, la suma de todas las nostalgias, es decir, de la sierra peruana con sus impresionantes paisajes, de sus pobladores eternos, la nostalgia del Vallejo en Trujillo que extrañaba su Santiago, del Vallejo que regresaba a este lugar y extrañaba sus recuerdos, del Vallejo en París. Y a todo esto le sumamos la nostalgia del lector que visitó estas calles por primera vez a través de las páginas de un libro que escribió el poeta. Puede que en Santiago no haya nada más que los recuerdos de una casa donde creció un pequeño y débil ser humano que llegaría a ser universal, aquella casa es ahora un museo improvisado donde una persona recibe a los viajeros y curiosos, a los lectores que buscan a Vallejo en las calles de su primera infancia. La plaza de armas de Santiago me recibe con un busto blanco del poeta que ni siquiera se parece a él; al otro extremo, frente a la Iglesia, la estatua de un bailarín del pallo, danza típica del lugar que se baila en honor al apóstol Santiago. Santiago de Chuco es una de las 12 provincias de la región La Libertad, al norte de Lima. La distancia entre la capital de La Libertad, Trujillo, y Santiago es de apenas 183 kilómetros, pero el estado actual de la carretera hace que el viaje se cubra en no menos de seis horas. En 1991,un año antes de la celebración de los 100 años del nacimiento de César Vallejo, el alcalde aprista Paco Mariñosdecidió que las calles del pueblo llevarían nombres vinculados a la vida y obra del poeta. De las 39 calles que surcan el pueblo santiaguino, 28 tienen que ver con el autor de Los heraldos negros. Sin embargo hoy, 20 años después, el abandono está presente en todas partes. La calle donde Vallejo creció se llamaba

Colón, ahora lleva su nombre. Pero es un nombre que está presente y ausente al mismo tiempo. Si preguntas por la casa de Vallejo, todos saben dónde está; pero si preguntas por su obra, no sucede lo mismo. Georgette, la esposa del poeta, llegó a Santiago en 1951. Era una mujer de pocas palabras, no entraba en conversaciones; se quedó en casa de su cuñada María Jesús por un par de días y luego se fue a Lima donde falleció en 1984. Está enterrada en un cementerio de la Planicie, en La Molina. Murió en la casa de los hermanos de San Juan de Dios. Mientras Santiago se desangra lentamente por la explotación de sus minerales, el desarrollo y la modernidad es algo tan extraño para los santiaguinos, tan extraño tal vez como la obra del poeta. Cuando formas parte del paisaje, lo raro se te hace familiar y a la vez desconocido. Los nombres de las calles te invitan al paseo, una tras otra van pasando las casas iguales, las ancianas eternas y los niños infinitos, los burros, las gallinas y alguno que otro perro. Es imposible no sentirse distinto mientras caminas por El Arte y la Revolución y después cruzas Rusia en 1931. Sin embargo, en las esquinas no hay ningún letrero que indique el nombre de las calles. Te das cuenta al observar la numeración de las casas. Al otro lado del pueblo, camino al cementerio, te encuentras en España aparta de mí este cáliz; a la siguiente cuadra, Poemas Humanos; después, Entre dos orillas corre un río, Tungsteno, Fabla Salvaje, Escalas Melografiadas y, al final, un largo camino que te lleva al campo santo. En aquel cementerio, Francisco MiñanoBenites, el poblador más viejo y estudioso de la obra de Vallejo en Santiago, colocó una piedra negra sobre una piedra blanca para indicar el lugar donde se encontraba la tumba de los padres y algunos hermanos del poeta. Hasta ese entonces, no había ni rastro de los vestigios de la estirpe. Pareciera que la luz del menor de la familia Vallejo Mendoza brilló tan fuerte que todos los demás desaparecieron en el anonimato. Algunas sobrinas quedan, algunos parientes lejanos se han dispersado, pero ya casi nadie vive en Santiago.

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Francisco MiñanoBenites, conocido por todos sus vecinos como Don Panchito, profesor, con 84 años sobre la piel, llegó a Santiago de Chuco en 1950 y se decidió investigar a la enigmática familia Vallejo Mendoza. Fue así que pudo conocer a la hermana mayor, María Jesús, y a dos hermanos: Víctor Clemente y Manuel Natividad. “En ese entonces había decidido estudiar a Vallejo. Él se ausentó de Santiago en 1920, yo nací en 1926”, me dice con su voz poblada de recuerdos. Sobre su cabeza, colgado en la pared de su sala, se aprecia un cuadro de César Vallejo inmortalizado en esa clásica foto de 1929 en Versalles. Don Panchito desafía con la mirada, “¿Qué es lo que quiere saber sobre Vallejo? Pregunte”. Su conversación, como el diálogo de todo anciano lleno de sabiduría, se va tornando en un precioso monólogo revelador. La historia de su vida es la historia de una investigación literaria y temeraria, valga la cacofonía. Desde que se instaló en Santiago nunca más se fue. En ese entonces la calle donde se ubica su vivienda se denominaba Manco Cápac, actualmente se llama Los Heraldos Negros. Su investigación lo llevó a seguir los rastros de Vallejo en Huamachuco, Trujillo y Lima, pero su centro de operaciones siempre fue Santiago. “A Vallejo no se le ha conocido acá, sino en estos últimos tiempos. Cuando Va-

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llejo regresaba a Santiago era un hombre común y corriente, del montón. Ya había publicado obras, pero no se hacía notar, pertenecía al paisaje. Cuando el poeta falleció en París, acá no se hizo nada, no era conocido. Alrededor de 1950 para adelante se empieza a conocer sobre su obra. Hubo una asociación cultural que se llamó César Vallejo, y con el devenir de los años venían del extranjero, eran amantes de la literatura, más que todo españoles”. “No se conoce con exactitud la fecha de su nacimiento. La gente ha convenido señalar el 16 de marzo como el día en que nació. Este dato lo difundió el literato francés André Coyné, porque ese señor encontró en el archivo parroquial el acta de bautizo. César Abraham Vallejo Mendoza fue bautizado el 19 de mayo de 1892 como hijo de don Francisco de Paula Vallejo y Benítez, y de doña María de los Santos Mendoza Gurrionero”. “Sin embargo, el acta dice lo siguiente: Bauticé a un niño de dos meses de nacido. El problema radica en que el santoral que vio André Coyné señalaba que el día 16 era el día de San Abraham, y según la costumbre de bautizar a los recién nacidos con los nombres que indica el santoral del calendario, Coyné indicó que ese debió ser el día. Pero lo que no sabía Coyné, era que en el Santoral del siglo pasado el día de San Abraham estaba fijado el 15. No hay exactitud. El santoral no es el mismo todos los años”. Después de la casa del poeta, la más conocida es la de Don Panchito. A cualquier persona le puedes preguntar por la casa de Vallejo y sin dudarlo te va a dar la referencia exacta; pero si eres más curioso y sigues indagando, te mandará a la casa de don Panchito, Francisco Miñano. “Es el que sabe”, te dirá. “Santiago debería acordarse de repatriar los restos de Vallejo. Algunas personas no están de acuerdo. A mí me parece que esos restos no podrían estar mejor en ningún otro lado que en su tierra. Santiago de Chuco es una ciudad turística por Vallejo y por Vallejo no hemos hecho nada”, se queja. Vallejo habitó diversas ciudades, siempre estudiando y buscando trabajo. La mayor parte de su vida la pasó en Trujillo,


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también pasó por Huánuco y Lima. Sin embargo, César regresaba a pasar vacaciones con su padre todos los años estuviera donde estuviera. Creyó que en Lima iba a estar mejor que en Trujillo, pero no fue así; ahí no pudo realizar sus estudios y estaba lleno de deudas, suerte semejante le esperaba en París. Se debe tener en cuenta de que el recorrido de Santiago a Trujillo se hacía en esos años a lomo de bestia y demoraba varios días. A la capital se iba por mar, del puerto de Salaverry al puerto del Callao. La casa de Vallejo se ubica no muy lejos de la plaza, en la cuadra 10 de la calle que hoy lleva el nombre del poeta. Su familia era muy numerosa, fueron once hermanos, además del papá y la mamá. También se sabe que cuando el shulcaCésar nació, su hermana mayor ya se encontraba casada y tenía un hijito.Shulca es una palabra culle, viene desde la época de los nos, el más pequeño. En el patio de la casa donde nació Vallejo, en la parte de abajo, está el capulí. Es un árbol. Frente a él, se ubica el cuarto oscuro que antes no tenía puerta a la calle ni ventanas; no había por dónde penetre la luz por eso se le llamaba así. Ese fue el dormitorio de sus padres; allí fue donde nació el poeta.

ponen de acuerdo. Al parecer hay tantas Ritas como investigadores tenaces de la obra del poeta existen. Nada nuevo se ha encontrado en la casa. Cuando los últimos hermanos de Vallejo se fueron, se la encargaron a unos inquilinos. Lo que se aprecia como mobiliario en todos los ambientes se encontró en el guardapolvo y en una sala que había quedado cerrada. La municipalidad se la compró a una sobrina de Vallejo. Las paredes y el mobiliario estaban muy deteriorados. A nadie se le había ocurrido conservarlo. Quizás Don Panchito tiene razón: Vallejo era al principio un completo desconocido en su propio pueblo. También está el zaguán, el poyo, una banca de la época donde César se sentaba a chacchar su coca. “Aquí echaba su bolito”, me dice el guía con una sonrisa de complicidad. Luego agrega: “Coqueaba también pues, uno chaccha cuando quiere trabajar o cuando no quiere dormir, la coca te quita el sueño y te ayuda a pensar”. ta coqueando en el patio de su casa bajo el abrigo de la luna llena.Luego el guía me muestra una foto distinta, en la que Vallejo sonríe, “Es de una cena navideña en París”, se me adelanta, “es la única foto que tiene sonriendo”.

agua. En la época de Vallejo no había agua, desagüe ni luz. El agua se tomaba de la acequia, se almacenaba en un pozo y luego se usaban para consumo. En el poema Idilio Muerto Vallejo dice: «Qué estará haciendo a esta hora mi dulce y triste Rita de junco y capulí». Está el capulí, pero no se sabe quién es Rita. Muchos investigadores han mente en la existencia de otra Rita. No se

*** “Santiago es Santiago pe weon, muera el Apraconchesumae…”, pasa cantando un borrachito por el cruce de las calles Los Heraldos Negros y Poemas Humanos donde me encuentro conversando con Jackeline Tapia. Ella fue guía de la casa de Vallejo por varios años, está sentada en la vereda tomando un poco de sol mientras teje una chompa para alguna sobrinita. Es

profesora de Historia y Geografía, pero siempre estudió la obra del poeta. Trabaja en el Municipio, intentó quedarse más años como guía, le encantaba ese ambiente, pero tenía que rotar, son reglas del Municipio. “Algunos consideran a Vallejo como una persona millonaria, una persona que tuvo muchos recursos; pero si nosotros vemos su casa descubrimos que fue una casa humilde, sencilla. Si bien es cierto para nosotros Vallejo no fue pobre, fue sí de clase media. En España cuando le preguntaban ¿de dónde eres?, él respondía: De Santiago de Chuco. Los extranjeros no encontraban ese lugar en el mapa. Él puso el nombre de Santiago en los ojos del mundo”, se consuela a sí misma mientras su mirada se pierde en el paisaje absoluto de la sierra liberteña. “Muchas personas de otros lugares vienen a estudiar a Vallejo. La gente aquí sabe lo básico sobre él, nada más. El Municipio realiza concursos sencillos e internos de declamación. Pero mucha gente que viene del extranjero cuando visita la casa de Vallejo se emociona y hasta llora. Hay mucho fanatismo, varios son peruanos, pero mayormente vienen de muy lejos a llevarse aunque sea una piedrita de la casa del poeta”. “Yo conocí al señor André Coyné, estaba anciano pero vino y añoró mucho a Vallejo, fue una experiencia inolvidable”. Cuenta esas grandes historias con sus pequeños labios de mujer sencilla, mientras teje esa chompita con el soliluminando sus manos, rodeada de montañas verdes, aire y niños que juegan despreocupadamente. No es difícil imaginar por qué Vallejo nunca dejó de ser un shulcaenamorado de su pueblo.

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