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Para entrar a la casa se debe pasar por una puerta cafĂŠ, subir veintisĂŠis escalones blancos y atravesar una puerta de madera.


Al atravesar la puerta de madera, se extiende como un desierto, el piso de toda la casa. Es de esos pisos en los que se cae algo y nunca se vuelve a encontrar. De esos en los que si uno se concentra es capaz de ver manchas en formas de animales, de objetos, e incluso, obras de arte. De esos que uno no sabe si está brillante o mojado. Un piso de juntas blancas y zócalos infinitos. La casa está siempre fresca e iluminada. Esta puerta que nos ha visto ir y venir, partir y regresar, esta puerta es el límite de nuestra vida, es la representación de la protección, si esta puerta no cierra, en esta casa no se duerme. Esta es la puerta que nos protege, a tres mujeres, cada una representa una generación. Somos tres y nos hacemos fuertes juntas, nos sostenemos como un trípode y somos invencibles.


Al subir la mirada, un gran espejo dentro de un marco dorado de estilo barroco, tallado delicadamente con ornamentos y flores sobre madera de roble. A los pies del espejo, un sofá de tela suave y brazos robustos color gris oscuro, sin estilo ni tiempo, sobre él reposan dos cojines de tapiz gris. Una mesa de té al lado del sofá, dispuesta para exhibir un portarretrato con una foto familiar de un tiempo mejor. La luz natural entra a través de la ventana por un costa× do de la habitación y se difumina por efecto de un velo blanco que la cubre y baila al ritmo del viento, el sol se refleja en las tres paredes de blanco im× pecable. En el techo blanco, con vestigios del tiempo y de celebraciones ante× riores, una lámpara ovalada de vidrio opal ilumina artificialmente el espacio cuando oscurece, haciéndolo ver un poco más impasible de lo que realmente es. Este es el espacio de festejo y de dolor, de reflexión y distracción, de bienve× nida y despedida. En este espacio nos reunimos los fines de semana a conversar mi abuela, mi madre y yo, disfrutamos de tomar juntas un café que prepara mi abuela, descansamos de la rutina de la semana y hablamos de la familia, en este espacio celebramos los cumpleaños familiares, nos visitan los tíos, los nietos, los hermanos. Aquí hemos reído y llorado, pero más reído que llorado, pero hoy en día más lloramos que reímos. Aquí compartimos historias y momentos irre× petibles.


Sobre la derecha una mesa ovalada de madera color caramelo de patas gruesas y curvas, con cojera notable, ocupa el centro del salón a la vez que soporta cuatro manzanas rojas sobre su brillante superficie. La rodean cuatro sillas altas de madera tallada, pesadas y bullosas, acolchadas con tapiz floral de tonos opacados por el inclemente paso del tiempo. En estas sillas nos sentamos así sea una vez en el día para compartir los alimentos que prepara mi abuela, cuando tenemos una visita, las cuatro sillas no son suficientes y completamos el comedor con las sillas y los butacos que sean necesarios para acomodarnos todos y compartir el tiempo tan valioso que tenemos, celebramos la fortuna de estar juntos. Cubriendo la pared, enmarcado en moldura sobria, un bodegón clásico de manzanas y granadillas completa la escena. La luz artificial proviene de una lámpara ovalada de vidrio opal, que además difumina la luz para no crear sombra sobre los deliciosos manjares que allí se sirven. Un gran ventanal que va del piso al techo, deja entrar la luz natural a través de un velo largo y permite ver las siluetas en el exterior, de lo que parecen ser un grupo de ár× boles que bate el viento provocando sonidos tranquilizantes y acogiendo a los pájaros en su arrullo. Nos gusta este lugar, incluso a veces, lo convertimos y le damos diferentes usos simultáneamente, solo para estar ahí y estar juntos. Mientras una lee, otra estudia y otra cena, pero estamos juntas y no nos senti× mos solas.


Traspasando esa vidriera, una de las vistas más lindas. El límite entre lo públi× co y lo privado, lo íntimo y lo expuesto, el espacio que separa los acontecimien× tos domésticos de la exposición pública. Dispuestas frente a la vista, cuatro sillas, en las que pasamos largas tardes contemplando el paisaje. Al lado dere× cho, sobre el piso, una maceta de barro contiene una planta de albahaca, que se usa como ingrediente principal en las preparaciones de la abuela. Dos macetas flotantes de dudosa reputación adornan la pared y de ellas cuelgan unas her× mosas flores blancas de especie desconocida y en cuya etiqueta se revela su origen “Made in China”. Las corrientes de viento son constantes al igual que el sonido de las aves, el del agua que corre y del constante flujo vehicular. Se es× cucha también vociferante el vendedor de limones, el de la mazamorra, el de los aguacates, el de las obleas, el que arregla ollas, el ladrido del perro del vecino. Aquí nos gusta pasar las tardes de fin de semana cuando estamos solas, nos Para entrar a la casa se debe entrar por una puerta café de aluminio, subir veintiséis gusta ver la gente pasar y escuchar el canto de los pájaros. Cuando recibimos escalones blancos y entrar por una puerta de madera. visitas, este lugar se vuelve protagonista, aquí compartimos con ellos, es en este balcón donde charlamos, comemos, incluso cocinamos, hacemos asados, ya sea en fa× milia o con amigos, es un centro de la casa que se encuentra descentrado. Es un espacio al que hemos llevado prácticas que corresponden a otros espacios, pero lo adaptamos y disfrutamos de él cada día.


Entrando nuevamente y después de pasar por la mesa coja ovalada y el suave sofá gris, un espacio donde se dispone la nevera que guarda los alimentos, arriba los cárnicos, más abajo los lácteos, un poco más abajo los jugos y otras bebidas y en la parte inferior las frutas y verduras; en la puerta, los aderezos y salsas picantes. Esta bóveda además funciona como directorio de farmacias y droguerías, supermercados, restaurantes y servicios de mantenimiento doméstico. Al lado, una superficie de acero inoxidable y sobre ella pequeños electrodomés× ticos que facilitan la cocción, trituración y licuado, allí me siento a veces a ver cocinar a mi mamá o a mi abuela, es un lugar privilegiado, es como estar en una obra de teatro, es como si todo estuviera planeado, pero también se siente como una improvisación. Dispuestos encima y debajo de esta superficie, ca× jones de puertas batientes color crema cubren de la vista pública un derrumbe de ollas, utensilios y recipientes; de panes, granos y condimentos. En el lava× platos, nunca vacío, se encuentra siempre una cuchara o un cuchillo. Sobre la estufa, una olla brillante, estática; una parrilla para asar arepas, inamovible. Dentro del horno un set completo de sartenes de diferentes diámetros se dispo× nen a ser usados, como quien espera ansiosamente su turno. Sobre la pared, un reloj que marca la hora a veces sí y a veces no. El motor de la nevera que se en× ciende cuando quiere, es la música de fondo del lugar. Aquí pasamos las mañanas de los fines de semana cuando sabemos que vienen a visitarnos, planeamos qué vamos a hacer para almorzar y nos ponemos en la marcha, mi poca habilidad en la cocina me limita a ayudar leyendo la receta o preparando la ensalada. Nos gusta cocinar, nos une más, aprendemos de los saberes de la familia, del legado de nuestros antepasados y ponemos amor en cada cosa que hacemos.


Caminando tres pasos por el pasillo, un espacio íntimo, privado, casi vetado. La primera puerta dentro de la casa que pretende no dejar pasar la luz ni el ruido. Todas las paredes son blancas, frente a la puerta una cama matrimonial de madera gruesa y oscura se encuentra en el centro de la habitación, perfectamente ordenada y tendida. Sobre la cama una cruz sostiene a un Jesús crucificado, regalo de alguien especial que murió hace varios años. Al lado derecho de la cama, una mesa de noche a juego, sobre la que reposan desordenadamente cajas de pastillas y frascos de jarabes. Frente a la cama una cómoda de madera clara con tres cajones horizontales dentro de los que se guardan recuerdos familiares, cajas de galletas repletas de hilos, agujas y botones. Sobre la cómoda, un televisor de última generación emite una telenovela mexicana de los años 90 (la protagonista llora inconsolable por un desengaño amoroso). Al lado derecho de la cómoda, un armario de puertas de madera color caramelo guarda las prendas, las carteras y los zapatos, que han sido usados por años. El lugar se ilumina la mayor parte del día con la luz natural que entra por la única ventana que da al pasillo de la casa, el resto del día se ilumina con un bombillo ahorrador en espiral ubicado en una de las esquinas más próximas al armario. Esta es la habitación de la abuela, aquí los días tristes dejan de ser tan tristes, es un es× pacio que evoca la niñez y esos días en los que uno necesita sentirse protegido y querido. Este espacio representa un pasado en el que las preocupaciones y el dolor no existían, que eran cosas de adultos. Hoy es casi un santuario de recuer× dos, de imágenes, de fotografías, es un templo y como tal es la habitación más es× piritual de la casa, donde nos reunimos a orar y buscar refugio.


En el pasillo hay una ventana, la parte posterior de la ventana de la habita× ción anterior, esta ventana es el centro de toda la casa y funciona como tal. Se usa como dispensario de medicamentos, pared de recordatorios y memos, base alterna para el teléfono, oficina de correo postal, cajero automático, entre otros. Esta ventana no es en sí un espacio, es la representación de muchos espa× cios, por eso el uso que se le da es tan diverso como sus representaciones. Esta ventana es una lucha constante por mantener el orden, pero es tan natural que esté desordenada, que lo que debemos hacer es pasarla por alto para evitar caer en discusiones que no llegan a ninguna parte. Esta ventana es el reflejo de lo que somos juntas, es nuestro lugar común.


Frente a esta ventana, la segunda puerta de la casa destinada a separar el es× pacio de adoración, de los rituales más íntimos, de los ritos de contemplación y limpieza del cuerpo. Una puerta blanca de madera y un escalón, separan el baño del resto de la casa. El piso también es diferente, es todo blanco, al igual que las paredes, el lavamanos, el sanitario y un cajón dentro del que se guardan objetos de uso personal. Sobre el lavamanos, un espejo que soporta además un am× bientador de bambú. Este espacio cuenta con iluminación natural que pasa a través de una ventana cuadrada de vidrio transparente cuya textura no permi× te ver el exterior claramente. La iluminación artificial depende de un bombillo ahorrador en espiral ubicado en el centro del cuarto de baño. El espacio de la ducha, en forma de rectángulo, cerrado por puertas de vidrio opal que permiten ver las sombras de quien mientras se ducha hace también un performance de canto, baile o teatro. El agua fría sale como lluvia en uno de los costados del rectángulo. Al lado, en una esquina, sobre un soporte de cerámica, se encuentran organizados de la más grande a la más pequeña, cuatro botellas de champú. Aquí se pasan cortos períodos de tiempo, en soledad. Es un espacio reservado para ser usado de manera íntima, nadie entra si está siendo habitado y usado por otro. Es la perfecta definición de hermetismo.


Saliendo del cuarto anterior, pasando la tercera puerta sobre la izquierda, otra habitación. Lo primero que salta a la vista es una cama sencilla en el centro al frente de la puerta. La cama tendida cuidadosamente y sobre ella cuatro al× mohadas, una sobre otra. A su izquierda, una mesa de noche con una lampara blanca de lectura, un portarretrato rosado enmarca una foto de 1993. Al lado izquierdo de la cama, también frente a la puerta, un sofá gris dispuesto para pasar largos días frente al televisor o con la mente dentro de un libro, en este sofá paso días, incluso noches. Al lado izquierdo de la puerta, un armario de puertas de madera. Al lado derecho un televisor de última generación cuelga de la pared, pocas veces se enciende, no acostumbramos ver mucha televisión, disfrutamos más de las charlas largas. Al lado derecho, perpendicular a la cama, una ventana deja pasar la luz natural a través de una cortina de algo× dón con estampado color azul marino. En la esquina de la habitación, un per× chero de pie sostiene una cantidad incalculable de bolsos, sombreros y bufandas. Este espacio evoca tranquilidad y recogimiento, es silencioso, limpio y está lleno de bonitos recuerdos. En este espacio crecí y es la representación de toda una vida, de la niñez más bonita y llena de amor que pueda existir. Me pregunto que hubiera sido de mi infancia sin este lugar, en otro lugar o con otra madre.


Adentrandonos siete pasos hacia el fondo, otra puerta, cerrada. Al abrirla un espacio majestuoso, iluminado, brillante. Una mecedora moderna frente a la puerta, a su izquierda, la cama. Una cama sencilla, cubierta con un plumón acolchado y dos almohadas suaves. Aquí duermo, sueño, descanso, peco, amo, vivo y muero. Al lado izquierdo de la cama, una cómoda de madera oscura, sostiene una fila de libros ordenados compulsivamente por tamaños y no en orden alfabetico o por nombre del autor, como sería típico. Un bafle pequeño sostiene los libros para que no se derrumben. Además, una pequeña figura de Frida Kahlo hecha de porcelana, sostiene una paleta de pintura en una mano y un pincel en la otra, esta figura es la representación de una Frida de pie, fuerte, artista, feminista, pensadora, política, humana. Al lado de Frida, un portavasos dispuesto a prote× ger la superficie. La cómoda guarda una torre de jeans apilados cuidadosamente del más oscuro al más claro, una torre de sacos apilados del más caliente al más fresco, obsesivamente ordenados. Uno de los compartimentos está dispuesto solo para productos cosméticos de uso diario. Sobre la cama, dos repisas flotantes sostienen otra pila de libros, revistas y albumes llenos de recuerdos. Una al× cancía en forma de cerdito, no contiene ni una moneda, tres cajas organizadoras en las que guardo todo tipo de objetos y recuerdos. Al otro lado de las repisas flotantes, un marco resalta una frase en inglés tomada de la banda sonora de una comedia romántica de los 90´s. Bajo la cama dos cajas, una de ellas llena de recuerdos de viajes, cartas y manteles de picnic. La otra, llena de herramientas, pinturas y materiales de bricolaje, colores, papeles, dibujos y cuentos ilustra× dos. Del techo cuelga una lámpara réplica de la lámpara Garland de Tord Boont× je, como una hermosa obra de arte que llena de luz el pequeño espacio.


Saliendo de la habitación anterior, dos pasos más adentro de la casa, un espacio abierto, lleno de luz natural y corrientes de aire. Este espacio se encuentra habitado por diversas plantas florales, ornamentales, medicinales y aromaticas. Este espacio cobra vida en las mañanas, cuidamos las plantas, lavamos la ropa, limpiamos nuestro espacio. Predomina en la escena un ser vivo que ha vivido en la casa más tiempo que quién tipea esta descripción, un loro verde del Amazonas se impone, se convierte en el protagonista cada mañana, cuando vociferante grita repetidas veces el repertorio de palabras que sabe, rompiendo con el si× lencio y la tranquilidad, lo queremos como a un miembro más de la familia, le hablamos, sabemos si está aburrido o enfermo, ama que llueva tanto como noso× tros, cada mañana lo alimentamos y le damos nuestra atención. En la noche cui× damos su sueño.


MarĂ­a Camila Escudero Melguizo.

La Casa  

María Camila Escudero

La Casa  

María Camila Escudero

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