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MODULO 1. 1. ¿QUIÈN SOY? 1.1 La persona un ser integral.(Aspecto biológico material- vida interior- espiritual) ¿Qué significa ser humano? Hagamos una descripción de lo humano: Puede ensayarse un análisis objetivo: el humano es el ser que se caracteriza como actor y sujeto de la historia en distintas vertientes: *"fabrica herramientas, crea técnicas para su uso y manejo; *hace ciencia, descubre las leyes del universo en su conjunto y de las cosas que lo rodean y con las que se trata; lleva una vida social, *no vive solo y también esto le plantea conflictos; su existencia es también política, tiene responsabilidades respecto de la comunidad donde vive; *hace arte y goza de la experiencia de lo bello; *tiene religión y enfrenta el problema de la muerte de manera consciente. *No es un mero animal, aunque muy evolucionado, sino un ser que escapa a las fuerzas ciegas de la naturaleza pro su razón y su libre arbitrio. O subjetivo: desde las vivencias de cómo me experimento a mi mismo: *"soy, existo, soy real", *no soy una idea o un número; vivo, tengo vida, soy un ser viviente que quiere conservar su vida y no perderla; *siento, no soy insensible, las cosas que me suceden me afectan, las sufro o las gozo; *deseo, anhelo que las cosas sean de cierta manera para mí; *hasta sueño veces, con una realidad distinta de la que vivo; pienso, *entiendo o no lo que pasa, lo que me pasa, y trato de comprender las situaciones que vivo, *cuando estoy confundido trato de hallar una salida, *en otras ocasiones llego a reflexionar sobre el sentido de la vida; *calculo mis posibilidades, me doy cuenta de los desafíos que tengo ante mí, y decido, *dirijo mi vida, le doy un rumbo, construyo mi historia, la historia de mi vida, pretendiendo realizar unos planes unos proyectos. *También soy consciente de que tengo debilidades de donde proceden errores y culpas, de quien también hay algo de limitado en mi mismo; y de que, sin embargo, con todo, deseo ser feliz. *Y, si soy sincero, también me doy cuenta de que los demás también son así, no sólo yo, son mis semejantes (como yo), mis prójimos (mis otros yo).


Pero, ¿quién es el hombre? ¿Un ser arrojado a al existencia y dejado a su suerte? O ¿un Dios que puede todo con sólo quererlo? "El hombre es un ser inacabado que tiene que cuidarse": siendo un ser concreto, sin embargo, no está hecho, ni puede esperar realizarse sin su cuidado y atención personal. Es, respecto de una tarea, único e insustituible para sí mismo. Pero no se construye la vida a solas... necesitamos de la ayuda - de personas, de los demás y de Dios. Existe una palabra que sintetiza muy bien el significado de ser humano, y ésa es la palabra persona. Como bien escribe el Doctor Antonio Orozco Delclós1: La palabra castellana persona viene del adjetivo latino personus, que significa resonante; personare equivale a 'sonar fuerte', hacerse oír. Lo cual parece relacionar esta palabra con la griega prósopon, que significaba 'cara' y también 'máscara' (trágica o cómica) que se ponían los actores de teatro, y -a la vez que les disfrazaba del personaje que representaban-, les servía de amplificador de la voz. La concavidad de la máscara reforzaba la voz, ocultaba al actor y por medio de la máscara el actor también 'representaba' un personaje. Pues bien, aunque los orígenes de la palabra persona no se refieren a lo que hoy entendemos por tal, es cierto que siempre ha sugerido alguna realidad por alguna razón excelente o superior. En latín, la voz 'personare' indica un sonido que posee la fuerza necesaria para sobresalir. No es de maravillar que la palabra persona acabe por significar de modo eficaz lo más sobresaliente que hay en el universo: el ser inteligente, con entendimiento racional.

1.2 La persona un ser integral.

Antonio Orozco Delclós FUNDAMENTOS ANTROPOLOGICOS DE ÉTICA RACIONAL (Doctor en Filosofía y en Teología, Universidad de Salamanca). Tomado de http://etica.duoc.cl/temas/25.pdf en junio 2007 1


La experiencia de ser “alguien corporal” como dice Julián Marías se tiene a cada momento en la vida y es una experiencia tan intensa que no podemos dudar de ella. La experiencia nos dice que el cuerpo del hombre es un cuerpo “humano” y que el hombre vive su propia existencia corporalmente. También es significativo el hecho de que el pensamiento va necesariamente unido a la palabra. La palabra manifiesta que el hombre sólo puede vivir su vida en el cuerpo y a través del cuerpo. El cuerpo: la vida al exterior. El cuerpo es la primera manifestación de la persona. La persona humana es totalmente impensable sin el cuerpo. El cuerpo es ante todo la dimensión física, orgánica o material de la persona. Mis manos, mis pies, mi corazón tienen una medida, un volumen, un perfil y un tamaño. El cuerpo es mi dimensión material y cuando muera desaparecerá. La dimensión orgánica del cuerpo es evidente y por eso no vale insistir en ella. Lo que interesa es aclarar otro aspecto a primera vista mucho menos manifiesto y que, incluso, puede sorprendernos: el cuerpo humano, aunque es orgánico y material, no es un “objeto físico o una cosa, sino la mediación psicofísica o psicomundana., o, dicho de manera más radical, es una dimensión de la persona y, por eso, posee una componente subjetiva y personal. El cuerpo forma parte utilizo o un instrumento que cuerpo soy yo, mis manos, dimensión orgánica-material subjetiva y espiritual.

de mi ser, no es una materia externa que empleo para los fines que me interesan. El mi cerebro o mis músculos. El cuerpo es mi pero, por eso mismo, tiene una dimensión

El cuerpo no es ni una cosa, ni un instrumento, es el mismo hombre en su aparición externa, la frontera física de la persona, el horizonte entre el mundo material y el misterio del yo personal. Por eso se le debe un respeto ya que es manifestación de la persona. Tocando un cuerpo tocamos a la persona, acariciando un cuerpo acariciamos a la persona, despreciando un cuerpo despreciamos al hombre o a la mujer que son ese mismo cuerpo.

Algunas relaciones que establecemos con nuestro cuerpo y con el de los demás. El rostro: en los rostros de los demás descubrimos su intimidad, su actitud ante nosotros, su estado de ánimo. La cara es el espejo del alma. El rostro, y especialmente en los ojos, encontramos a la persona. De ahí la trascendencia de las miradas. El contacto personal buscado es muy importante porque pone en relación especialmente directa y profunda a las personas: una caricia, un beso, no


son sustituibles por otro tipo de relación. Y a pesar de ser “físicas” o “corporales” son particularmente profundas porque permiten acceder de una manera misteriosa a la intimidad del sujeto. Se acaricia a quien se quiere. Y también la importancia del contacto corporal también se vislumbra de modo doloroso cuando no es deseado sino impuesto. El drama de una paliza, de una violación no afecta al cuerpo sino al alma. Por último, un aspecto importantísimo en la antropología del cuerpo es la diferencia entre el cuerpo del hombre y de la mujer: No solo el cuerpo y determinadas acciones y dimensiones corporales difieren en el caso del hombre y de la mujer, sino que la relación global con su cuerpo es distinta. La del hombre es más instrumental: emplea el cuerpo para hacer cosas, desea que funcione bien, que esté a punto, que no falle, pero no está muy pendiente de él ni lo observa detenidamente ni lo analiza con detalle. Le dedica las energías justas para un buen funcionamiento y una presentación adecuada. La mujer, sin embargo, se identifica más con su cuerpo. Hay una base física ligada a la sexualidad que lo impone de manera ineluctable. La menstruación, con su correspondiente actividad hormonal y las consecuencias que desata, afecta y altera el cuerpo de la mujer cada mes; y el embarazo la modifica corporalmente de una manera esencial tanto externa como internamente. Pero no se trata solo de una cuestión hormonal, sino antropológica: la mujer, por decirlo de algún modo, es más su cuerpo y por eso dedica tanta atención y cuidado a todas y cada una de sus partes ya que es dedicación a ella misma. Los instintos o tendencias naturales Como tengo una existencia biológica, comparto con otros seres ciertas características, como los instintos, Como afirma Luis Canché2: Curso sobre el Sentido de Vida p(4) Los instintos los compartimos con los animales, se manifiestan en las ganas que tenemos de hacer las cosas, pues los instintos se manifiestan como apetitos sensibles. Las funciones de los instintos buscan proteger la vida del individuo y de la especie. Algunos de estos instintos muy claros son los de supervivencia y el instinto sexual. 2

Luis Canché Curso sobre el Sentido de Vida. p.4 Junio, 2007


El que se deja llevar sólo por sus instintos, depende de sus ganas. Si nos dejamos llevar por los instintos sólo, no actuamos en realidad como seres humanos, como personas ,por ello es importante reconocernos como seres con instintos y que podemos educarlos, es decir controlarlos con nuestra voluntad y nuestra inteligencia. Piensa en dos ejemplos instintos solamente

en los que una persona se “dejó llevar por los

1.3 La vida interior: la dimensión espiritual.

¿Existen realidades no sensibles? No materiales, por lo tanto incapaces de medirse con cantidades numéricas, poseen un más y un menos en intensidad pero no en gradación. ¿Cómo medir el amor? Aunque sabemos que alguien ama más que otro. ¿Cómo percibimos lo material? Por los sentidos, ¿Dónde radican los sentidos? En los órganos correspondientes. ¿Por qué pueden captar lo material? Porque son materia, lo semejante capta lo semejante, todo fenómeno de percepción es un proceso físico. ¿Cómo puedo percibir lo no-material? Lo semejante capta lo semejante. No se puede captar lo inmaterial con algo físico. Por eso no hay instrumentos de detección o medición del alma, a lo sumo podemos captar los efectos de su presencia “¿Por qué nos empeñamos en querer ver con los ojos realidades que trascienden a lo material. El hecho no se puede negar: 1) existen realidades no materiales, y 2) las percibimos. ¿Cómo explicarlo? Porque existe en nosotros un principio no material que nos permite captarlas, ese principio se llama alma (anima en latín). Esta alma se manifiesta como una vida interior, una vida psíquica y espiritual, por ejemplo la autoconciencia de mí mismo. Al despertar por la mañana, yo sé que soy yo y aunque mi cuerpo cambie con los años, este yo, esta vida interior me confirma que sigo siendo la misma persona. Otras realidades inmateriales como la imaginación y la cognición, la vida afectiva, la voluntad y la vida espiritual , me confirman que soy también un ser inmaterial. Posteriormente abundaremos sobre estas facultades superiores de la persona. Lo importante es comprender que en realidad soy un ser integrado en el que mi alma se manifiesta y afecta a mi cuerpo y viceversa.


1.3.1 La vida afectiva La afectividad es aquella dimensión de la estructura de la persona que abraza el vasto mundo de los sentimientos. Cuando hablamos de los sentimientos humanos debemos tener cuidado de no confundirlos con las sensaciones. Hay básicamente dos diferencias importantes: en primer lugar, las sensaciones están vinculadas a los datos que nos llegan a través de nuestro cuerpo, a través de nuestros cinco sentidos externos mientras que los sentimientos están relacionados con las vivencias que experimentamos en nuestra interioridad. Se puede decir, por tanto, que los sentimientos son más profundos que las sensaciones. En segundo lugar, las sensaciones son fugaces y sólo se dan cuando la persona tiene al objeto frente a sí, mientras que los sentimientos tienen mayor permanencia en nuestra interioridad y no necesariamente requiere la presencia de aquella realidad que fue causa de su vivencia. Gracias a la afectividad soy capaz de sentir las realidades valiosas. Lo valioso no sólo se conoce, también se experimenta, se vive, se siente. No es un tema nuevo, ya la literatura universal había situado la afectividad en un lugar privilegiado cada vez que hablaba del “corazón”. El corazón es el centro afectivo de la persona, la raíz de toda la vida afectiva desde donde el ser humano es capaz de conmoverse interiormente. Hay una experiencia donde el corazón se manifiesta de manera clara: el amor. ¿Por qué nos enamoramos de ésta persona y no de otra? No hay una respuesta lógica y definitiva a esta pregunta. Hay personas que despiertan en nosotros una atracción y un interés especial que otras no despiertan. En tal sentido podemos decir que el amor sigue un camino oculto y misterioso que en muchos casos nuestra razón es incapaz de predecir y explicar. Podemos comparar la afectividad de la persona con un auditorio de música. Así como el auditorio es un espacio donde se va a manifestar la obra del compositor y se va a experimentar la belleza de su música, así también la afectividad es aquel espacio interior que donde podemos sentir y experimentar lo valioso ¿Puede un sordo emocionarse cuando los músicos ejecutan la novena sinfonía de Beethoven? Evidentemente, no. Del mismo modo, si no tuviéramos afectividad seríamos indiferentes y apáticos, incapaces de emocionarnos o de apasionarnos ante las realidades valiosas, faltos de intereses y de anhelos. Una persona sin afectividad no podría enamorarse ni ser feliz. Es espacio de nuestra afectividad. Así como un auditorio de música se distingue del resto de auditorios, así también la afectividad de una persona se distingue de la de los demás. Puesto que cada persona posee una afectividad distinta, algunos autores señalan que la afectividad es como nuestra arquitectura sentimental. No todos sentimos del mismo modo, algunos sienten con más intensidad otros con menos intensidad, unos se apasionan por estos valores otros por aquéllos: esta persona por la música, aquélla por las matemáticas y aquélla


por el cine. Cuando decimos que la afectividad es la arquitectura sentimental de la persona queremos señalar que cada persona posee un determinado modo de sentir y experimentar las cosas, un determinado modo de sentir la realidad. Esto se traduce en el hecho que cada persona tiene gustos determinados, preferencias por cierto tipo de cosas y personas, familiaridad ante determinadas realidades, pero al mismo tiempo, repulsión y rechazo frente a otras cosas, y extrañeza ante ciertos valores. ¿Por qué nos gustan ciertas cosas otras cosas no, por qué sentimos atracción ante determinadas personas y rechazo frente a otras? La estructuración de nuestra afectividad no responde a criterios puramente racionales sino en buena medida a nuestro modo de ser y a nuestra formación. Cuando una persona se ve obligada a dejar su tierra por motivos económicos o de estudios no podrá evitar por vía racional el sentimiento de nostalgia, de ruptura con sus raíces. La razón no puede transformar la afectividad de modo arbitrario, no podemos sentirnos alegres por el simple hecho de que la razón lo ordene ni tampoco generar automáticamente gustos por determinadas realidades. Lo que sí podemos hacer es educar nuestra afectividad, esto es, dirigirnos racionalmente hacia las cosas valiosas y encontrar gusto por ellas, pues sólo sentimos real afecto por lo valioso que encontramos en las cosas y en las personas. Reflexiona ¿será importante educar la afectividad, que consecuencias negativas puede traer no hacerlo?

1.3.2 La inteligencia Durante siglos esta facultad ha sido considerada como el punto de referencia obligado para afirmar la supremacía del hombre sobre el animal. Pero como veremos precisamente nuestra época intenta revolucionar el concepto de inteligencia desde distintos flancos. ¿En qué consiste esta facultad? Inteligencia viene del latín intus: dentro de, y legere: leer. Con la inteligencia penetramos en la realidad y extraemos lo que no es evidente a los sentidos. Un médico ver surgir una nueva enfermedad, pero después de varios estudios la comprende (lee dentro de ella) y sabe sus causas y sus formas de curar. Un ingeniero ve que un edificio se cae y otro se sostiene durante un temblor, obviamente no sólo lo constata con los sentidos, sino que busca el por qué de las cosas. La inteligencia nos permite descubrir el orden que subsiste en el universo, pese a la sensación de caos. Nos permite anticiparnos por la regularidad de los ciclos: saber cuándo sucederán eclipses o la llegada de cometas, los egipcios ordenaron sus cosechas según


las crecientes del Nilo. Galileo Galilei decía que el gran libro del Universo estaba escrito en lenguaje matemático, si es así, sólo quien es capaz de leer dentro puede acceder a ese código y puede ponerlo a su servicio. Por la inteligencia el hombre puede moverse entonces en dos reinos: el reino de lo material y el reino de lo inteligible (como las matemáticas). El tema anterior decíamos que lo semejante conoce a lo semejante, lo material se conoce por algo material en mí: mis órganos sedes de los sentidos. ¿Cómo capto lo inmaterial? Los órganos no me sirven, porque no es información material la que manejo, ni siquiera el cerebro es capaz de ello (decir que el cerebro piensa es tan absurdo como decir que el ojo ve u el oído oye por sí mismo, soy yo, ese yo, mi realidad interior el que piensa con el cerebro o ve con lo ojos). La sede de la inteligencia es el alma, es una facultad netamente espiritual, inaccesible al animal. Sin embargo el concepto de inteligencia hoy en día se intenta redefinir, sobre todo por tres razones: a) los estudios de “inteligencia animal”. b) la “inteligencia artificial”. c) las “inteligencias múltiples. d) Primeramente los estudios de delfines y primates revelan notables desarrollos de habilidades en estas especies, uso de herramientas y cierto nivel de lenguaje, pero aún no se conoce especie alguna que pueda hacer lo fundamental: el manejo de conceptos y el descubrimiento de leyes. Por eso no hay vestigios de ciencia en ninguna especie. Ciertamente se está aplicando el concepto humano, pero es que de hecho la noción de inteligencia se gestó para definir la facultad humana. Otro problema lo plantean las computadoras. La robótica intenta desarrollar la llamada “inteligencia artificial”, y ha hecho grandes avances, pero querer lograr que tengan una inteligencia o sentimientos como los humanos aún queda reservado para las grandes producciones de ciencia ficción. Cuando usan la palabra inteligencia nuevamente conlleva el redefinir la palabra para que, siendo elástica, pueda aplicarse sin más a los procesos automáticos que realizan. John Searle (cfr. “Mentes, cerebros y ciencia”), un filósofo inglés dice que las computadoras pueden seguir complejas operaciones asignadas, pero no comprenden lo que están haciendo. Si lo comprendieran en realidad podrían detenerse en cualquier momento, rebelarse o entrar en conflictos existenciales. ¿Acaso no somos los humanos los que podemos detenernos y decir “pero si en realidad no quiero hacer esto, aunque todos lo hagan”? Por eso no hay máquinas libres, porque, como se verá más adelante, sólo puede ser verdaderamente libre aquel que tiene inteligencia y libertad. Saber reconocer una orden, en cuanto a saber seguirla no quiere decir comprenderla, el lenguaje binario podría perfectamente significar cualquier cosa, la computadora sólo actúa siguiendo esas indicaciones. En forma teórica Searle dirá que las computadoras manejan la sintaxis. María Gonzalo ataca por otro frente ya aludido: tanto la percepción como la abstracción o ideación son operaciones


metaneuronales, usamos el cerebro para pensar pero no es la explicación última, en realidad pensamos con el alma, así, aunque el robot puede imitar un cerebro humano, es incapaz de realizar estas funciones. La última revolución se da ya no por la comparación o intento de inclusión de un agente externo (animal o robot), sino por la misma compleja realidad humana. Gardner, un psicólogo se dio cuenta que la inteligencia natural (normalmente medida por el IQ) tiene una base biopsicológica singular, potencialidades múltiples que se combinan y se manifiestan en ocho tipos de inteligencias: espacial, lingüística, interpersonal, intrapersonal, naturalista, kinestésica, lógico-matemática y musical. El concepto de IQ en realidad limitaba la inteligencia sólo al área lógico-matemática, siendo que había verdaderos genios en otros campos del saber: Gandhi para el área interpersonal, Freud para la intrapersonal, Gaudí para la espacial, Lovelock para la naturalista, son ejemplos de genios cuyo perfil no necesariamente estaba justamente reflejado por las puntuaciones del IQ. En síntesis: la discusión actual refleja por un lado el intento de abrir la frontera que nos divide de otros seres de la realidad, considerando a animales o máquinas como poseedores de inteligencia, esfuerzo que, hemos ya dicho, sólo puede lograrse si manipulamos la palabra en grado tal que sirva para cualquier realidad, como de hecho sucede con el concepto amor que sirve para justificar cualquier cosa hoy en día. Por otro lado, entendiendo bien que la inteligencia es una realidad específicamente humana, se intenta dar camino a una pluralidad de campos de aplicación que, más que desvirtuar su función la profundizan al señalar la grandeza de esta facultad humana. Ahora sería importante que tú pudieras identificar cómo te encuentras en estas inteligencias múltiples, porque esto te mostrará una serie de fortalezas de las que quizá no has sido consciente y de las que, por lo mismo, no has echado mano hasta ahora. Porque incluso hay técnicas de estudio que son más útiles de acuerdo al tipo de inteligencia que se posee. (Poner la dirección electrónica del test de inteligencias múltiples de Gardner)

1.3.3 La voluntad Por los instintos sensibles actuamos movidos según el placer y el dolor, como cuando rechazamos un platillo porque el sabor no nos gusta. Sin embargo no es la única explicación de nuestras acciones. ¿Cuántas veces no hemos hecho cosas, aunque nos resulten desagradables? Podemos pensar la vida de las personas que se dedican a cosas grandes: atletas,


artistas, destacados profesionistas. ¿Crees que habrían podido alcanzar esas metas si sólo se movieran por lo agradable? ¿Cuántos sacrificios has tenido que hacer tú para llegar hasta donde ahora estás? La presencia en el hombre de la inteligencia y la voluntad le permite escapar al dominio tiránico de los instintos. Los hombres ciertamente poseemos instintos, pero no nos determinan de la misma forma sino que nos empujan solamente. Tenemos el instinto de alimentarnos, pero somos omnívoros, puedo tomar decisiones, ser vegetariano o comer carne. Igualmente el impulso de sueño, el descanso, la reproducción, la defensa propia y muchos otros que influyen en esa conducta. Todos ellos están ahí, pero nosotros podemos moldear dichas manifestaciones, tenemos el fondo, pero no la forma, nuestros instintos son plásticos, y en eso se manifiesta nuestra libertad. La voluntad se orienta al bien. Nos mueve lo que consideramos bueno, aunque no sea realmente un bien, pero algo de bueno tendrá, si no, no lo desearíamos. La voluntad es muy importante, pues aún con talentos o inteligencia, si no queremos o decidimos hacer las cosas, nos podemos quedar sólo en buenas intenciones en los proyectos que realizamos en la vida. Menciona algunos ejemplos de tu vida personal o de personajes famosos donde se manifieste que para alcanzar grandes metas (nobles y valientes) se hayan tenido que hacer cosas poco placenteras, o desagradables. ¿Qué será más importante para tener na carrera exitosa, tener mucha inteligencia y poca fuerza de voluntad o viceversa?

1.3.4 La libertad ¿Qué es la libertad? Primero hay que afirmar que la libertad pertenece a nuestra esencia, mis acciones favorecen o entorpecen su manifestación. Si soy virtuoso mi libertad puede hacer más cosas. Si estoy en la cárcel, mi libertad esencial no cambia, pero soy menos libre. Si soy drogadicto me he encadenado a una substancia que me lleva a hacer cosas inimaginables, pero esencialmente sigo siendo libre, tanto que, si logro rehabilitarme mi libertad se volverá a manifestar ¿había salido de mí y ahora regresa? no, la libertad siempre está anidando en el corazón humano, pero puede encubrirse de


gruesas capas de esclavitudes, impuestas, o lo que es más grave, escogidas por mí. La vida humana se construye entre la tensión de dos puntos: lo dado y lo planeado. Por un lado lo que somos al nacer y recibimos del ambiente, y por otro el proyecto de vida que hemos elaborado y que constituye nuestro punto de referencia en la toma de decisiones. Lo primero influye en mi libertad, pero no lo determina. Por eso no dejan de sorprendernos las historias de personas que salen adelante a pesar de todas las adversidades. Si estuviéramos determinados por nuestro pasado o por nuestro entorno solamente seríamos un producto más, sin embargo las almas grandes han constatado al lado de la historia que nos modificamos a nosotros mismos a través de la libertad, ya Gregorio de Nisa dijo: " cada uno de nosotros se hace por propia decisión... y somos en cierta forma nuestros propios padres, puesto que nos hacemos a nosotros tal cual deseamos”. Podemos ahora intentar clasificar los actos de la libertad: la forma más simple es la libertad de movimiento, en cierto modo compartimos con los animales mientras no estén en cautiverio. Sin embargo hemos visto como los animales están apresados desde dentro a los ciclos marcados por la naturaleza, ante los cuales nunca toman verdaderamente decisiones. Aun corriendo libre por la selva el animal es una especie de marioneta que es llevada. De este modo la libertad de movimiento es sólo un acercamiento a la verdadera libertad humana. Otro nivel es el de la libertad de actuar, o libertad de maniobra, gracias a ella me puedo considerar el autor de mis acciones, soy el origen de lo que sucede lo cual me hace responsable. La libertad de maniobra es la capacidad de hacer lo que uno quiere. Esta es la imagen más exaltada en nuestra cultura, sin embargo hay una prueba simple para mostrar que no es la última palabra respecto a lo que es la libertad verdaderamente: ¿cuántas veces no ha terminado nuestro día, en el que hemos hecho todo lo que hemos querido, y aun así no somos felices? Poder hacer lo que queremos es un requisito indispensable pero no suficiente para ser plenamente libres. La libertad no se termina en la indeterminación, es decir, en no ser obligado por nada, la libertad tiene una finalidad, ser libres para algo. La libertad plenamente humana no es destructiva, sino constructiva, nos es dada para ser más. Por eso está libertad es llamada libertad creativa, es una libertad de autodeterminación. En ella manifiesto que soy dueño de mí mismo, de mis actos, por ello soy responsable ante ellos. Entendemos pues a la libertad como la facultad de autoposesión, de autodeterminación, la que me permitirá construírme a mí mismo, a mi


carrera a mi vida, de lo cual por supuesto, por ser libre, soy también responsable.

1.4 La persona es un ser de relaciones: el hombre es un ser social. El ser humano es un ser abierto, abierto a sí mismo, abierto al cosmos, abierto a la naturaleza, pero sobre todo, abierto a los demás, a los otros. La apertura social es determinada por la existencia de otros sujetos con los que necesariamente tiene el hombre que vivir para desarrollar eficazmente su personalidad. Si no hay otros alrededor mío, simplemente no puedo ser yo, no podría siquiera sobrevivir, y menos aún vivir como humano. El <<ser con otros>> no es una disposición que la persona adquiera en el transcurso de su existencia sino que es un rasgo absolutamente natural y necesario que posibilita desde la misma esencia de la persona, el que esta llegue a ser lo que es. Por lo que la persona por naturaleza y por su misma indigencia natural es un ser relacionable, comunicable, esa relación con el <<otro>> puede tener distinta significación. El ser humano es un ser de comunidad. He aquí lo que es la comunidad: el conjunto de las relaciones creadas con los otros seres por la actividad de la conciencia personal y por la energía eficiente de la voluntad personal. Cuanto más conciente y dinámico soy, más comunidad creo, por que alcanzo y me uno a un número cada vez más vasto de seres. La comunidad es como el halo de la luz de mi personalidad; es el campo de acción de mi libertad en acción, es mi yo que se afirma. En un sentido verdadero se puede decir que la comunidad es mi yo agrandando. La comunidad nace de mí. Si yo me retiro desaparece esta. Y si tiene presente que para expresarse, la persona tiene que comunicar, es decir dar, y que, por tanto, la acción de la libertad es esencialmente amor, claramente se comprenderá como la comunidad es el lugar de mi amor. Las condiciones que encuentre el yo en su acción. No son sufridas o toleradas como enemigos o extraños con los que hay que pactar y señalar límites. Son aceptadas, asimiladas, apropiadas, como si hubieran nacido de la voluntad misma de yo: la ley deviene libertad.


El ideal de la comunidad no es ya el equilibrio de la justicia. sino la comprensión y la asimilación del amor; es decir todos los seres humanos aspiramos no solo a vivir en paz y sin ser atracados o defraudados, sino que queremos más; queremos ser afirmados, ser respetados, ser recibidos, saber que existimos que cada uno de nosotros auque viva en una ciudad de millones de habitantes , es importante, queremos ser acogidos en nuestras personas. Por ello la gran tarea social de la humanidad, es la de transformarse en colectividad hacia una comunidad.

1.5 La dignidad humana El que el hombre sea persona significa que es un sujeto, y no un objeto o cosa. Por lo tanto, no es algo que "esté a la mano, para usarse". No es un objeto útil, cuyo valor dependa del fin que permita alcanzar, eficazmente; ni por el agrado que nos proporciones su simpatía o su apariencia. Ni se puede definir y medir al hombre - como persona - por lo que produce, gana o inventa. Es un hecho que cualquiera de nosotros nos indignamos si sabemos que alguien nos trata como cosas o pretende hacerlo; si se propone manipularnos y utilizarnos o quiere aprovecharse de nosotros. Ser persona significa ser único e irrepetible, con una vida por vivir y un camino por recorrer, con un destino trascendente, La palabra persona como hemos visto, añade a la de hombre, el valor eminente de su ser. Es decir, señala que el hombre vale por sí mismo; no por lo que hace ni por lo que tiene. Por otra parte, la palabra "dignidad" significa también, fundamental y primariamente, "preeminencia", "excelencia" (excellere, destacar). Digno es aquello por lo que algo destaca entre otros seres, en razón del valor que le es propio. De aquí que, en rigor, hablar de "dignidad de la persona" resulta un pleonasmo, o se trata quizá de una redundancia intencionada, para resaltar o subrayar la altura del rango que ocupa este tipo de seres en el orden del universo. "Digno" es aquello que debe ser tratado con "respeto", es decir, "con miramiento" (respectus), con veneración. Más aún, el ser humano no tiene dignidad, sino que es dignidad. Esto es lo que significa ser persona. De aquí que, así mismo, no se pueda considerar persona sólo al hombre que manifiesta y realiza una acabada o efectiva racionalidad y no libre y pleno consentimiento, pues no siempre es posible, como cuando dormimos, caemos accidentalmente en un estado de inconsciencia o padecemos amnesia, o cuando sólo somos un embrión humano. ¡Desde que un hombre comienza a existir es personal! ¡No es algo


que se adquiera con el tiempo, se fabrique o se compre! ¡O se es persona o no existe lo humano, aunque esto esté muy obscurecido como para reconocerse inmediatamente! La dignidad pertenece al ser no al tener. Ahora bien, todo esto es lo que hace la vida de cada hombre y mujer, sagradas, intocables; o bien, respetables, admirables, estimables, apreciables, en una palabra, amables (que no comestibles, consumibles, desechables, o utilizables, deleitables y reciclabes). ¿Cuáles son los tipos de dignidad que existen? Conviene distinguir, entre la dignidad que todo hombre tiene como persona y que nada ni nadie se le da u otorga, ni se la puede quitar, porque pertenece a su ser; llamada con más propiedad ontológica [de o n t ó s = s e r y l o g o s = ley o razón de ser, "la que pertenece a su ser como ley], de la dignidad "moral", es decir, de la que se adquiere, conserva o pierde, según la moralidad o bondad moral del vivir [u criminal o un pervertido, o un viciosos, parecen pierden esta dignidad, pero no aquélla]; y de la "social", esto es, la que los demás nos conceden, según su propia percepción y juicio ["lo que los demás dicen que somos", la buena o mala fama o reputación que los demás estiman que tenemos; esta dignidad es la más extrínseca y, por lo tanto, la menos "personal"]. El fundamento de todo progreso, de todo acto cultural, de todo acto científico, social o religioso, de toda relación humana, el fundamento verdadero y universal de los derechos humanos es la dignidad humana. Reconocer la misma, es reconocer que esencialmente todos los hombres somos iguales y poseemos los mismos derechos, características y obligaciones, que todos sufrimos y que todos aspiramos a la felicidad. La dignidad humana es el criterio universal que debe fundamentar entonces todo tipo de trato humano. ¿Cuáles son las exigencias de la dignidad humana? Primero, como hemos visto ya; su reconocimiento, es decir, el afirmar ciertamente que el hombre es una persona y tiene dignidad, sin importar ninguna otra circunstancia. Segundo una actitud más humana, un trato que busque resaltar precisamente la dignidad del ser humano, y no que busque pisarla o someterla, si se hace esto se pisa lo más sagrado que tiene el hombre después del don de la vida; que es la libertad, en la cual ahondaremos en un módulo posterior. Este trato humano nos reclama un RESPETO POR LA PERSONA, una preocupación por el hombre, un cuidado del mismo, una atención para con él y un acompañamiento.


Existe una palabra que resume las exigencias de la dignidad humana: el amor. La realidad es que hemos sido creados por el amor y para el amor. Revisemos toda esta unidad a la luz de lo que nuestro ideario proclama como una conceptualización de lo que significa ser humano: CAPÍTULO II IDEARIO UPAEP PRINCIPIOS GENERALES El Hombre y la Sociedad 1. El hombre es una criatura, síntesis única de materia y espíritu, que dotado de inteligencia y voluntad no es un objeto más de la naturaleza, sino una Persona, un sujeto libre y responsable con una vocación única e intransferible que trasciende al tiempo y a la historia. 2. Por ser portador de una dignidad sagrada, es superior a todos los demás seres materiales. Como persona, todo hombre, es sujeto de deberes y derechos anteriores a toda sociedad; los cuales deben ser reconocidos y protegidos por ella. 3. Social por naturaleza, capaz de transformar el mundo en su provecho, de progresar, de construir su sociedad y vivir conforme a su propia dignidad, el hombre está abierto a valores trascendentes como la verdad, el bien, la justicia ... , a los que naturalmente aspira y a los que tiene derecho porque de ellos depende su auténtica felicidad y realización.


¿Quién soy?