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GUÍA


ÍNDICE

Día del Patrimonio, Chillán | Mayo 2016

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Saludo del alcalde de Chillán Saludo Consejo de Monumentos Nacionales Saludo Consejo Nacional de la Cultura y las Artes

EL BARRIO DE CHILLÁN

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El Living La Cocina El Taller La Cancha La Calle

ACTIVIDADES DÍA DEL PATRIMONIO 2016 34 Plano general 35 Actividades 36 Auspiciadores y colaboradores 37 Agradecimientos 38 Créditos

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BIENVENIDA


Día del Patrimonio, Chillán | Mayo 2016

VECINOS Y VECINAS DE CHILLÁN:

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ste año, más que nunca, me complace celebrar el Día del Patrimonio. Sin duda que es importante valorar nuestros Monumentos Nacionales y toda la historia contenida en el patrimonio construido; sin embargo, ningún inmueble tiene valor sin su comunidad.

Me alegra que este año, el Consejo de Monumentos Nacionales y el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes hayan elegido celebrar el patrimonio de los barrios, ya que lo que estamos poniendo en valor son a las personas que habitan en ellos. Por cuarto año consecutivo, a través de la Unidad de Patrimonio de nuestra municipalidad, hemos organizado una serie de actividades que buscan difundir y poner en valor la identidad de la comuna, entregando una mirada que va más allá de la tradicional apertura de edificios públicos y grandes monumentos y donde el patrimonio inmaterial toma el protagonismo. La gestión de la Municipalidad de Chillán ha estado centrada en los barrios de la ciudad para fortalecerlos. Desde lo patrimonial se ha estado trabajando en el rescate de la historia de los barrios Santa Elvira y Ultraestación, se está trabajando con el Programa Quiero Mi Barrio en Quinchamalí y se apoyó la cruzada de los vecinos de Confluencia por conservar su puente de madera. Desde lo social, se han construido una serie de sedes sociales en diversos barrios de Chillán, por nombrar las más recientes: Sargento Aldea, Unión Católica, Río Chillán y tantas otras. Desde lo deportivo, actualmente se está mejorando toda la infraestructura deportiva existente de barrio: mantención de arboledas, instalación de cierres perimetrales, mejoramiento de camarines y graderías. Las canchas de San Luis, Rosita O´Higgins y Vicente Pérez Rosales son algunas de las beneficiadas. A ellas se suma la Cancha del Ferro que será parte del futuro parque del Barrio Ultraestación. Cada uno de los proyectos se ha trabajado en conjunto con los habitantes de cada sector, porque lo que buscamos es potenciar a las diversas organizaciones sociales y con ello mejorar la calidad de vida de los barrios de Chillán. Sergio Zarzar Andonie Alcalde de Chillán GUÍA DE ACTIVIDADES

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l Día del Patrimonio Cultural, la fiesta ciudadana más importante de Chile, se celebra cada último domingo de mayo, con el objetivo de realizar una jornada festiva y de reflexión sobre los valores, el rol y el significado de nuestra herencia cultural. Como todos los años el Consejo de Monumentos organiza esta gran fiesta a nivel nacional, donde el año pasado convocó a medio millón de personas a lo largo del país y este año tenemos más de 800 actividades en todo Chile. Chillán se ha convertido en un polo de innovadoras y atractivas actividades con un fuerte desarrollo en la puesta en valor del barrio y que justamente este año hemos querido enfatizar la mirada a la memoria popular valorando y resignificando la belleza de lo colectivo. Precisamente a pocas semanas, tuvimos la oportunidad de aprobar la declaratoria como Monumentos Histórico del emblemático Puente Confluencia en la presentación del caso se produjo un feliz encuentro entre la comunidad local, la autoridad comunal y el Consejo de Monumentos para proteger esta significativa obra, esto no siempre ocurre, aunque sería deseable, en ese sentido, Chillán ha dado un ejemplo que debiese ser imitado. Justamente lo que pretende el Día del Patrimonio es buscar ese encuentro, donde la institucionalidad pública, privados y ciudadanía soñemos por el bien común, donde consideremos que patrimonio cultural y natural, sea un recurso de desarrollo sustentable,  que mejora directamente nuestra calidad de vida y por ello este día es muy significativo, porque nos acerca a nuestra herencia cultural, generando satisfacciones espirituales, que luego se transforman en sentimientos de protección y cuidado a lo nuestro. Ana Paz Cárdenas Secretaria Técnica Consejo de Monumentos Nacionales de Chile

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uando el año 1999, hace más de 15 años, el Estado de Chile decide estipular una fecha anual para conmemorar su patrimonio, se marca un hito en la celebración y puesta en valor de lo nuestro. Ha quedado como una postal en nuestras memorias las filas de ciudadanos y ciudadanas que esperan su turno para conocer edificios emblemáticos del Estado, siendo las propias autoridades las encargadas de hacer las visitas guiadas. Sin embargo, durante este tiempo hemos ido descubriendo que el patrimonio tiene diferentes rostros y se expresa de diversas maneras: las manifestaciones culturales tradicionales, los cultores de antigua data, la culinaria tradicional, los oficios y otros elementos de una larga lista, forman parte importante de este acervo cultural colectivo que llamamos patrimonio y, sin lugar a dudas, son fundamentales a la hora de definir la identidad o las identidades que habitan nuestro país. Con esto en mente, el presente año, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, en conjunto con el Consejo de Monumentos Nacionales y la demás institucionalidad vinculada al tema, ha querido poner en el centro de esta celebración a los barrios: el ethos primigenio donde los chilenos nacen y crecen, al mismo tiempo que son espacios que muestran en concreto las diferentes maneras de habitar el territorio que hay en Chile y por su puesto en nuestra región, donde sus 54 comunas de despliegan en diferentes geografías y comparten distintas vocaciones económicas y productivas. El barrio, quizás sea el repositorio de nuestro patrimonio más querido, de aquel que nos hace más sentido, por cuanto su devenir se encuentra profundamente ligada con nuestra propia historia. Allí se funden comidas, juegos, bailes, se atesoran recuerdos, se recrean oficios y se comparten tradiciones. La celebración de este año pone en el centro todos estos elementos. Nuestra invitación, como Consejo Nacional de La Cultura y las Artes, es a vivir y disfrutar este Día del Patrimonio como cuando uno era niña o niño y pasaba sus tardes jugando con los demás infantes de la cuadra hasta que la mamá llamaba a la once o simplemente cuando se terminaba el juego con la frase “ último gol gana”…

Marcia Orellana Kroyer

Directora Región del Biobío Consejo de la Cultura y las Artes GUÍA DE ACTIVIDADES

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través de su expansión, más allá de los lindes dados por Lozier, el planificador de la nueva ciudad, parece que ésta se hubiera burlado del francés, creciendo tanto más allá de su casco histórico y sus cañadas sur, norte, oriente y poniente o avenidas más tarde denominadas: Collín, Ecuador, Argentina y Brasil. Más aún, pareciera al mirarla, que ésta ha crecido sin ningún diálogo con su historia. Da la sensación, como si sus barrios tuvieran la intención de desprenderse bruscamente de la imagen planificada por Lozier: cinco plazas, cinco iglesias, un mercado de abastos, cuatro linderos a modo de límites o murallas, llamadas cañadas, demarcando sus límites y manzanas perfectamente alineadas tipo damero español. Podríamos equivocarnos, al pensar que la historia de Chillán, sólo está contenida dentro de sus “cuatro avenidas”. No obstante, al estudiar más detenidamente el “Chillán Nuevo”, se perfilan algunos barrios con historia, tales como: Santa Elvira, Chillancito, Villa Alegre, entre otros. Estos barrios tienen un carácter de interioridad, en su extensión urbana. Muestran una arquitectura propia, soluciones naturales de calles, pasajes, de acuerdo a su topografía, canales, usos y costumbres. Las casas de estos barrios nos hablan por fuera y por dentro de un patrimonio familiar, de un vecindario peculiar, con una materialidad característica, que está allí presente para solaz de investigadores y fotógrafos. Todos hemos entrado alguna vez a estas casas: la de la modista, el almacenero, el zapatero, el hacedor de escobas, el afilador de cuchillos, el mueblista, el vendedor de los productos de su campo y tantos más. Estos contienen amoblados particulares, con comedores estilo normando, con manteles bordados, cocidos o tejidos en casa; sofás tapizados de chenilles y cubiertos con floridas cretonas; con aparadores con espejos, con planteros cubiertos con paños a crochet, con plantas de interior cuya belleza es orgullo de la dueña de casa; con pisos de tablas enceradas, muy brillantes; con percheros en los que lucen algunos sombreros o chupallas; con alguna

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máquina de coser de pié, marca Singer, Reina u otra; con fotografías coloreadas y retocadas de los abuelos o padres enmarcados con dorados o decorados y vidrios bombé, las cuales son protagonistas del comedor y living de la familia. También es posible encontrar a la entrada de la casa un “detente” del Sagrado Corazón de Jesús, o una imagen enmarcada presidiendo estas habitaciones, para “proteger” la casa y sus habitantes. Lo más probable, es que en la parte superior de la puerta de entrada, por dentro, se encuentre un ramo de espigas de trigo y ramas de olivo bendecidas en el Domingo de Ramos y atado con una hebra de lana roja, con la finalidad de quemar unas hojitas en una noche de temporal. Todo ello nos está dando cuenta, de la profunda fe religiosa de sus moradores. La familia de barrio también ostenta en esos espacios, recuerdos de “oficios” de los miembros de la familia como por ejemplo: máquinas de coser, patas de fierro y de madera de zapateros, alguna herramienta agrícola, una escopeta, lámparas de parafina, planchas de carbón, algún objeto heredado y que ha sido resguardado por algún miembro de la familia, en recuerdo de sus antepasados. Existe también, en muchas casas de barrio un mueble muy apreciado por las familias: la vitrina. Este mueble generalmente de aspecto sencillo, realizado por un mueblista, contiene habitualmente los “tesoros familiares” tales como: la sopera de la abuela, las copas de regalo de matrimonio, los santitos de primera comunión, la libreta de familia, los regalos más preciados, los partes de matrimonio, los recuerdos de bautizos y las fotografías familiares.

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Las familias deben valorar estos objetos de la vitrina contenida en el livingcomedor. En torno a ella y sus objetos de culto, la familia puede repasar su historia en una noche de invierno al calor de un brasero o de una estufa. La abuela le enseñará a sus nietos las antiguas fotografías de familia y su pasado de campesinos de Ñuble, por ejemplo. Las imágenes tomadas por fotógrafos de cámara obscura, serán la delicia de niños y jóvenes y los abuelos y padres podrán con ellas en mano, hablar de su pasado, de sus experiencias en el campo, de los veranos en un río, de las trillas a yeguas, las fiestas religiosas, las creencias populares, las historias de aparecidos y las noches de San Juan. La fotografía de Yumbel, un 20 de enero, con un telón de fondo del Cerro Santa Lucía, necesitará una explicación y la con el caballito de la Plaza de Armas, más parecido a un pony también. La fotografía en Dichato, con unos antiguos trajes de baños, los hará reír y una en las Termas de Chillán, en las fumarolas embarrados, aún más… Poco a poco nos damos cuenta que los barrios tienen historias que contar. Las familias de estos barrios guardan un patrimonio de la historia de Ñuble, muchas veces sin valorar. La suma de estos objetos personales constituye el patrimonio valioso de un barrio, que un día al año se podría exponer, junto a sus historias familiares y todos quedaríamos gratamente sorprendidos de lo allí expuesto. Alicia Romero Silva Licenciada en Historia

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os barrios de Chillán en estos días de otoño sureño huelen a madera humeante. El frío se confunde con el tapiz de las amarillentas hojas que ondulan las calles junto al viento, y que llaman a sus habitantes a buscar refugio en la intimidad de sus cocinas. Allí, en la cotidianeidad de la vida doméstica, abuelas, madres e hijas recrean una variedad de sabores venidos de orígenes no muy lejanos, que a través del recuerdo, el arte y el ingenio, se instalan en el presente en una serie de platos y preparaciones, formando parte de lo que hoy, y desde no hace mucho, denominamos patrimonio alimentario. La memoria colectiva recoge y selecciona con paciencia el saber culinario de generaciones pasadas que desde el mar, el valle y la cordillera supieron dialogar con sus entornos, reconociendo ciclos productivos y de recolección, identificando variedades de semillas y tiempos para la siembra y la cosecha. Esta memoria instalada en la ciudad, a través de la migración y los procesos urbanizatorios, con el paso del tiempo sin duda se debilita, pero a su vez se fusiona con otras tradiciones y es esta combinación la que la hace distintiva, única y deliciosa. La cocina que caracteriza a los barrios de Chillán es entonces una cocina mestiza, que recupera productos, estilos y técnicas de preparación que se adecúan a las nuevas condiciones de la ciudad. Productos emblemáticos como el trigo, las papas, el poroto y la vid, entre muchos otros, continúan reeditando preparaciones que deleitan los paladares de Ñuble, aunque las condiciones primigenias en las que éstas fueron producidas se hayan modificado. Del trigo, alimento primordial de las familias campesinas que dieron vida al territorio desde el período colonial, se recoge el soplillo, el trigo partido, el locro, el trigo colincao y la harina refregada como espesantes de sopas. Del maíz se revive el mote mei y la chuchoca, que en tiempos de frío acompañan vigorizantes cazuelas y legumbres. De la vid, herencia centenaria de las misiones jesuitas del siglo XVII, se recogen además del

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vino pipeño, licores como el enguindao, el apiao y el pronto alivio, así como también el tradicional arrope y el turrón de vino que enriquecen el dulzor de la repostería. El patrimonio culinario de los chillanejos no se agota en las longanizas y el mote con huesillos, preparaciones típicas tan apetecidas por visitantes, turistas y viajeros, sino que yace silencioso en el recuerdo de añosas mujeres, en ajados cuadernos de recetas y en los paladares de generaciones, que sin darse cuenta conectan el presente y el pasado a través de la memoria oral, alimentando un corpus ecológico-cultural que da cuenta de este patrimonio. Paula Mariángel Ch. Antropóloga, ONG CETSUR

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MISTELA

(receta entregada por Juana Fuentealba) Ingredientes: 1 betarraga, 1 taza de azúcar, 1/2 taza de aguardiente, clavo de olor, ralladura de naranja. Preparación: Se cuece la betarraga y se le agrega 1 litro de agua hervida. Se prepara un almíbar con el azúcar, el clavo de olor y la cáscara de naranja. Una vez que el agua se enfría se le agrega el aguardiente y el azúcar.

SOPA DE CHUCHOS (receta entregada por Juana Valenzuela)

Ingredientes: 2 huevos, agua, 1 taza de harina, 1/4 kilo de papas, apio, porro, zanahoria, cebolla, ajo, color preparado, sal, cilantro y perejil. Preparación: se bate un huevo entero y se junta con la harina, un poco de agua y sal, hasta que se logre una consistencia de batido espeso. Se pone una olla con agua hirviendo sazonada y con color (manteca con ají). Se le agregan las papas, las verduras picadas y se dejan cocer. Cuando están semicocidas se les agrega el batido ya preparado en cucharaditas, semejando pequeños bolitos. Sin dejar de hervir se deja cocinar hasta que los chuchos se van al fondo de la olla, hecho que indica que la cocción finalizó. Se sirve con perejil o cilantro picado y un huevo batido. A la mezcla de huevo y harina también se le puede agregar zanahoria.

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l patrimonio material e inmaterial contribuye no solo a mantener viva nuestra memoria, sino que también a preservar nuestro SER. No podemos separar lo material de lo inmaterial, las cosas de las ideas, ambas son un todo complejo y trascendente. Lo que observamos y palpamos está lleno de contenido y simbolismo, que debemos apreciar y valorar como ciudadanos. Son muchos los oficios en Ñuble que han viajado a través del tiempo y siguen vigentes pese a la modernidad que nos inunda y ensimisma. Los orígenes de los oficios se pierden en los tiempos coloniales, donde la creatividad del hombre campesino para enfrentar las vicisitudes de la vida, daba paso a su ingenio. La matriz de nuestra nacionalidad está en el medio rural. Chillán, en palabras del fraile franciscano Miguel de Ascasubi, “era el terreno más ventajoso que podía desearse, tanto para la subsistencia de los frailes como para el resto de la sociedad”. Chillán era ya en el siglo XVIII “una tierra feraz, abundante de toda suerte de carnes, granos, frutas y hortalizas”. Esta tierra generosa permitió que, junto a las actividades agrícolas y ganaderas, fueran surgiendo una serie de oficios que nos acompañan hasta el día de hoy en los barrios de Chillán y de las localidades que forman parte de la provincia de Ñuble En este contexto comenzaron a emerger los aficionados y luego los expertos en cuero, en tejidos, en fabricación de ruedas, en fraguas, en fibra vegetal, etcétera, que aún perviven en los pueblos y ciudades de la provincia de Ñuble. El connotado acuarelista chillanejo, Luis Guzmán, estudió los oficios artesanales de Ñuble, donde destaca a los personajes y sus obras, es decir, el patrimonio material e inmaterial. En su recorrido por la provincia, destaca los tejidos en fibra vegetal y figuras en conchas marinas presentes en Cobquecura; la elaboración de ruedas y trabajos en fragua en San Fabián de Alico; la joyería en Coihueco; el tallado en madera en Yungay; y el trabajo en alfombras de cuero, tejidos a bolillo y los instrumentos musicales en Chillán. En su investigación logró sacar del anonimato a hombres y mujeres, que han dejado su huella artística y cultural. Los aportes de Efraín Urrutia, Efraín Cerda, en la joyería de Coihueco; Juan Anabalón en los tallados en madera de GUÍA DE ACTIVIDADES

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Yungay; Hugo González, Mónica Navarrete, Margarita Rojas y Mónica Vielma en la Cerámica de Quinchamalí y Santa Cruz de Cuca; María Riquelme, Gavina Lavanderos y María Arriagada en tejidos; Juan Melo en los cueros, Claudio San Martín y Eugenio Lazo en la elaboración de instrumentos musicales en Chillán. Unos aprendieron observando a sus familiares, otros experimentando en sus ratos de ocio. En Chillán, y como ya lo hemos dicho, tierra abundante en ganado, permitió la artesanía en cuero, que tuvo sus inicios a comienzos del siglo XX. En dicha época, cuero fue su principal producto de exportación. Descamar, curtir y engrasar, eran tareas que requerían de mucho tiempo y personas para llegar a un producto final como las alfombras en cuero. El tejido a bolillo implicaba en primer lugar hacer el diseño, el cual se ponía sobre una almohadilla de forma cilíndrica rellena con afrecho. Luego la utilización de alfiles que van siguiendo las líneas del dibujo, para pasar a enrollar los bolillos con una determinada cantidad de hilo mercerizado. Posteriormente se comienza a tejer usando la primera corrida de alfileres para la urdiembre. Finalmente con las agujas se cerraban las uniones. La producción de instrumentos musicales en Chillán contó con dos grandes insignes artesanos: Claudio San Martín y Eugenio Lazo, cuyo centro de producción fue Chillán Viejo. Variopinto eran los instrumentos musicales fabricados: Arpas, arpínes, bombos, charangos, chilladores, guitarras y mandolinas. Hoy, en nuestros barrios, todavía es posible observar estos oficios y otros, que desde siglos nos han acompañado. Como no recordar al zapatero, que a pesar de las variadas ofertas y modalidades de pago en el mercado, sigue marcando presencia en algún lugar recóndito de nuestros barrios. La costurera, a pesar que las grandes tiendas ofrecen algunos servicios, los trajes a la medida siguen siendo solicitados por hombres y mujeres. Las santiguadoras, a pesar de los avances de la medicina, siguen existiendo y aliviando la angustia de muchas madres y padres. El carnicero, un oficio insustituible al momento de alimentarnos, nos brinda la posibilidad de comprar lo justo y con la orientación de un hombre de experiencia.

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El almacenero, que a pesar de no fiar como antaño, satisface las necesidades de alimentación y de golosinas para los más pequeños. El verdulero, hoy con una variada gama de productos frescos y con una atención muchas veces personalizada, no sólo vende su mercadería, también nos conversa de política, fútbol y religión. ¿Por qué sigue existiendo estos oficios tradicionales a pesar de los cambios experimentados por la sociedad chillaneja? La respuesta es muy simple y dice relación con lo que engloba el “contacto humano” entre la comunidad y las personas que desempeñan el oficio. Es una relación cercana, de piel, donde es posible reconocernos como personas y valorar una orientación, que por simple que sea, es una ayuda y en alguna medida un lazo. Un ejemplo que nos ilustra, es la llamada “yapa”, una palabra quechua que ha trascendido fronteras, la cual junto con generar una suerte de “compromiso”, posibilita el acercamiento humano entre el vendedor y el cliente, en una especie de hermandad solidaria. En una tienda, mall o supermercado, la “yapa” no tiene ninguna posibilidad de existir. En estos oficios de barrios hay un patrimonio material e inmaterial que debemos apoyar con nuestras decisiones de compra. En ellos está la memoria de nuestros antepasados, de aquellos que se las ingeniaron para sobrevivir prestando un servicio a los demás, desde lo simple, pero útil; cultivando su capacidad creativa y mirando futuro, transmitiendo el oficio de generación en generación. Decir barrios, no es lo mismo que decir villa, población o parque residencia. En el barrio la gente se conoce, se comunica, se auxilia, se compromete. En los barrios encontramos personas que nos solucionan problemas y nos alientan a vivir con alegría y simpleza. Debemos cuidar los barrios y los oficios que allí todavía existen, porque son parte de nuestra memoria y de nuestra identidad. Cristián Leal Historiador Docente Universidad del Biobío

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uele pensarse que las ciudades en la actualidad son una de grandes responsables de que la vida ya no sea como era antes, actualizando aquella vieja máxima que indica que “todo tiempo pasado fue mejor”. Porque tienen demasiada gente, y ya no todos se conocen en ella –ni mucho menos se saludan-, que todos van demasiado rápido y ya no hay tiempo, que la gente va en auto y cada quien preocupado de sí mismo. Pero también pasa que, ya lo dicen las estadísticas y el crecimiento territorial, cada vez vive más gente en ellas, constituyendo una referencia ineludible del vivir actual de la población. ¿Por qué esa aparente paradoja? Razones también se dan por montones. Podemos entrar a los detalles de los modelos de organización económicos y políticos de las sociedades occidentales, que encuentran en las ciudades los escenarios ideales para expandirse y consolidar sus ideas. Sin duda, nada puede discutirse siguiendo esos derroteros. Pero siguiéndolos, hay que reconocer también que no acaba de cerrarse el círculo, no todo se explica desde allí. Será acaso porque también la vida urbana, aquella que emerge en las ciudades de hoy, dispone de ciertas condiciones que favorecen otro tipo de aglomeraciones, reuniones o relaciones. En ciertos rincones oscuros, pasajes olvidados que parecen no llevar a ningún sitio, lejos de las luces, de los focos de atención oficiales, pasan cosas, se hacen cosas. También en sus terrenos baldíos, esos vacíos de tierra que de pronto se llenan de gritos, carreras, vitalidad contenida. Y es que toda ciudad de pronto nos revela cortes en su escenografía cotidiana y nos conduce por zonas donde el paisaje sólo se llena de espacio por llenar. Por momentos sólo tierra, piedras, barro y unos palos, huellas de cal y a veces bancas, graderías mal mantenidas; de pronto emergen como escenarios de efervescencias, rivalidades, colores, griterío aparentemente atávico y salvaje. Son los momentos en que un conjunto de individuos se juntan a “jugar”. Si, a jugar. Más precisamente a jugar fútbol ¿Y eso que es? Una muy particular forma que encuentra la gente de concretar vínculos, de construir relaciones, las que en definitiva les servirán a cada uno para construir también un lugar en el mundo. Interesante, porque además GUÍA DE ACTIVIDADES

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se entiende que el fútbol es acogedor porque ofrece varias maneras de entrar en su mundo. Por lo pronto, como actor principal con camiseta de algún color nada fortuito, o desde afuera a partir de la emocionalidad que genera lo que está sucediendo dentro del campo de juego. Uno puede escoger, decidir el formato del vínculo. Aunque eso, siempre ateniéndose al principio básico: respetar las reglas, lo que no es lo mismo que seguirlas. Respetarlas es reconocer su existencia, validarlas, pero ya sea para tomarlas en cuenta o para vilipendearlas e intentar acomodarlas para el propio beneficio. Es importante este tema de las reglas. Quizá porque ahí se esconde uno de los secretos del éxito de la práctica del fútbol, además de las facilidades para poder practicarlo. Así como la vida tiene reglas, el fútbol también las tiene, y al acogerlas estamos dando cuenta del punto básico de su real importancia: en el juego, lo importante es participar ¿Por qué? Porque todos necesitamos ser parte de algo, tomar posiciones, adherir a unos y construir otros como adversarios y rivales; en el fondo, ser parte de tramas sociales. Y el fútbol nos permite eso fácilmente: sólo necesitamos un terreno baldío – esos que siempre es posible de encontrar en las ciudades- y conocer algunas reglas básicas –nada muy sofisticado ni definitivo- que nos permitirán construir y reforzar vínculos. Podemos pensar entonces que jugar al fútbol es una forma de jugar a la vida, porque nos pone en contacto con otros y nos permite desenvolvernos entre esos otros de acuerdo a códigos que se aprenden rápidamente. Entremedio del tráfico, del individualismo, de la velocidad y el apuro, encontramos así un lugar donde sabemos quién es quién, también sabemos cómo participar y que hacer en cada momento. Y todo eso entremedio de personas, gritos, polvo, barro, que hacen las veces de escenarios también ya conocidos, ya familiares.

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Hay, cierto, quienes piensan que el fútbol es ese jueguito insufrible donde unos y otros corren torpemente detrás de una pelota, perdidas las miradas, en letanía los cerebros. Puede ser, posiblemente tengan razón. Pero interesante sería también que esas personas se dieran el tiempo para ir algún fin de semana a Santa Elvira a ver al Club Deportivo Juniors o al Club Deportivo San Martín, o a Ultrestación a ver al Colo Colo Zañartu y al Avance o al Barrio El Roble a ver al 21 de Diciembre. Allí se encontrarán con colores, escucharán gritos, respirarán tensión, mientras la pelota va de un lado a otro. Allí unos corren, otros gritan, no falta quien sólo mira, pero todos participan. Están haciendo algo propio, porque se han apropiado de un espacio y han consensuado un tiempo propio, o sea, han hecho de las canchas –el baldío- lugares donde desarrollar sentido de pertenencia. Y eso, si nos atenemos a lo que decíamos al principio sobre las ciudades, es fundamental hoy en día. En medio del torbellino de la vida en la ciudad, los ciudadanos necesitamos desarrollar momentos donde creamos que existe algo propio, allí donde se hagan las cosas de acuerdo al nosotros y unos otros reconocidos, reconocibles. Las ciudades necesitan canchas de fútbol, así como necesitan barrios. Si no, ¿de quién son? Rodrigo Herrera O. Antropólogo

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n amigo me decía que “patrimonio” es cuando el derecho de autor se pierde en el tiempo y disfrutamos de prácticas y acciones, sociales y culturales, que nos pertenecen a todos, como por ejemplo, tomar mate o elevar volantines. ¿Quién inventó el volantín? ¿Quién inventó el mate? Ahí estaríamos en presencia de un patrimonio. Hago esta clarificación para apuntalar un segundo concepto: las identidades que las distintas comunidades y personas van creando a lo largo de su vida, que generan pertenencia y que son las semillas de los futuros patrimonios -por así llamarlo-. Desde la cultura generamos esos cultivos de semillas que son portadoras de un nosotros, ahora inserto en un vertiginoso proceso de modernización y globalización. Clarificado lo anterior, hoy día la necesidad de cada una de las comunidades es ser las guardianas y cuidadoras de sus prácticas y sus memorias, sus historias. Como decía una amiga: esas son acciones que permiten abrirle mucho futuro a nuestro pasado, pero esa memoria debe dialogar con las expresiones actuales, más contemporáneas, con las nuevas propuestas, para que estas expresiones de memoria no se conviertan en expresiones sin vitalidad, y para que este diálogo se inserte en un desarrollo cultural basado en la diversidad y no la segmentación y el aislamiento. El espacio donde se construye ese nosotros Las precepciones del nosotros están mediadas por procesos culturales, políticos económicos y comunicacionales, y se expresan en los tipos de ciudades que estamos construyendo. Es la cultura uno de los pocos espacios donde se reguardan altas dosis de legitimidad, altas dosis de prácticas participativas con sello social y apropiaciones de espacios públicos con sello de construcción de ese nosotros. Allí es donde hoy se ve un proceso de construcción desde debajo de lo público, donde se ha dado una fortaleza en algunas áreas como la música, que hoy día están impactando al mundo. ¿Qué características tienen estos nuevos lenguajes? Es el rescate de lo propio como uno de sus sellos, la fiesta como celebración del vivir desde lo cotidiano, desde la cueca brava, el rescate de la cumbia, del bolero, la generación y diálogo con las raíces. GUÍA DE ACTIVIDADES

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La Calle: espacio de expresión. El rescate del espacio de la calle como el espacio de expresión -así se ve en las manifestaciones- tiene ese sello carnavalesco, bailable, de múltiples puestas en escena. Así se ve con los encuentros emblemáticos y conmemorativos como con los espacios de la construcción de una mejor calidad de vida, que provee entretención, música, disfrute, baile, colores, y los elementos de una estética de diversidades espacios de encuentro con el otro, la construcción de nuevas relaciones, el fortalecimiento de vínculos comunitarios para generar un nuevo relato en el hacer ciudad. Es decir, a través de la cultura se hace también ciudad: se le otorga identidades, se le aporta vida, se generan espacios donde su construcción y creación cultural se valorizan. Se disfrutan. Es indudable que cada una de nuestras ciudades tiene un sello y la cultura acompaña esta maduración de la ciudad en su dimensión de creatividad, en su dimensión que va más allá de un modelo solamente. Sobre las prácticas culturales asociadas a los barrios en Chillán, contrasta lo que acontece en los barrios antiguos de la ciudad versus los nuevos, ejemplo de ello es que aún se conservan tradiciones de antaño como la “Cruz de Mayo” en lo que fuera Villa Alegre (actual Barrio Ultraestación). Durante esta celebración los vecinos/as recorren las calles de la ciudad recolectando alimentos. Es en este espacio público común, se construye el nosotros, hoy son zonas de tránsito y trayectos pero cuando se interrumpe esa circulación y ocupamos la calle como un espacio de expresión política, o usamos esa calle como un espacio de soporte para una manifestación visual o pictórica como graffiti, cambian los significados y empezamos a dimensionar la calle como espacio de expresión y cultura.

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El espacio público por excelencia es la calle. La memoria de calle es la de pichangas en los barrios, de volantines, de jugar a las bolitas. Una calle con sello de encuentro y memoria en que no debe perderse la fiesta popular, la celebración de santos, las fiestas de la primavera. Hoy, ese espacio de la memoria vuelve emerger y se convierte en el espacio de la reinvención del cómo queremos vivir. Esa inquietud vuelve a plantearse a través de la pregunta por la Constitución. Hoy es el momento de volver a conversar sobre cómo queremos relacionarnos, cómo queremos vivir. Estamos entrando en la necesidad de una nueva conversación sobre el futuro y qué rol cumple la cultura, la ciudad, nuestro patrimonio y nuestra identidad en estos tiempos de Internet. Por eso, la calle será siempre ese espacio que nos invita a darle significado y contenidos. La forma como lo hagamos determinará nuestra manera de vivir el futuro. Patricio González Director Escuela de Rock y Música Popular

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Arauco Av. Libertad

18 de Septiembre

PLAZA DE ARMAS

Constituciรณn


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ACTIV IDA DES POR HOR A RIOS

Plaza de Armas 11:00 hrs. 11:30 hrs. 11:30 hrs. 11:30 hrs. 11:00 a 16:00 hrs.

Ceremonia Inaugural Recorrido Oficial Mateada Patrimoniatlón El Barrio de Chillán El Living: museo de barrio y foto familiar La Cancha: disfruta del fútbol de barrio La Calle: practica juegos populares La Cocina: talleres de patrimonio alimentario

11:00 a 17:00 hrs. 13:00 a 15:00 hrs. 15:30 a 17:00 hrs.

El Taller: conoce los oficios de barrio Monumentos Nacionales abren sus puertas. Catedral: Arauco 505 Edificio Copelec: Maipón 1079 Murales Escuela México: Avda O’Higgins 250 Almuerzos caseros La Fiesta de Barrio Se Toma La Ciudad junto a la compañía de la Sonora Palacios.

También puedes visitar: Municipalidad de Chillán, Exposición Artesanos Contemporáneos en Cecal UdeC, Biblioteca Municipal, Museo Claudio Arrau, Biblioteca Arturo Matte Alessandri, Liceo Narciso Tondreau, Corte de Apelaciones, Registro Civil, Museo Naval El Chinchorro. Nota: Los Monumentos Nacionales Iglesia y Convento Los Carmelitas y la Capilla San Juan de Dios, estarán cerrados por proyectos de restauración. GUÍA DE ACTIVIDADES

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INVITAN :

COLABORAN:

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Día del Patrimonio, Chillán | Mayo 2016

AGRADECIMIENTOS:

Cristian Leal, Alicia Romero, Paula Mariangel, Rodrigo Herrera, Patricio Gonzalez, Rodrigo Vera, Teresa Sanhueza, Juan Zuñiga, Ysabel Zeballos, Luis Arias, Escuela Palestina, Escuela Quilamapu, Liceo República de Italia, Escuela de Confluencia, Escuela de Quinchamalí, Colegio Creación, Colegio de la Purísima, Colegio Concepción, Escuela México, Junta de Vecinos Santa Elvira, Banda Instrumental del Regimiento, Restaurant Los Troncos, Grupo Folclórico Brotes de Ñuble, Hector Maureira, Club Deportivo Junior, Luis Vidal, Jocelyn Polanco, Verónica Llanos, Juanita Bizama, Junta de Vecinos Zañartu, Junta de Vecinos N°18, Centro de Madres Ultraestación, Club Deportivo Ferroviario, Club Deportivo Avance, Cuerpo de Bomberos de Chillán, Picada del Pescado Frito, Juan Gatica, Taller Coral Liceo República de Italia, Orquesta Ultraestación, Hermanas Aguayo, Conjunto Folclórico Raíces Campesinas, Conjunto Folclórico Rayen, José Arriagada, Conjunto Folclórico Huentru-Kitral, Junta de Vecinos Confluencia, Agrupación Cultural Puente Confluencia, Club de Adulto Mayor de Confluencia, Centro de Madres de Confluencia, Centro de Padres Escuela Confluencia, Unión de Artesanos de Quinchamalí, Taller Artesanitos de Quinchamalí, Comité de Adelanto y Desarrollo, Víctor Bustos, Eduarda Valdebenito, Jaqueline Martínez, Sandra Aguayo, Gladys Alarcón, Jacqueline Riffo, Juan Gallo y a San Isidro. GUÍA DE ACTIVIDADES

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CRÉDITOS MES DEL PATRIMONIO: Idea Original: Unidad de Patrimonio Producción y coordinación general: Unidad de Patrimonio Diseño: HARI Rodríguez www.proyectodiseno.cl Ilustraciones: Pati Aguilera www.patiaguilera.com Edición: Unidad de Patrimonio Prensa y redes sociales: Unidad de Patrimonio y Nextlab Registro fotográfico: Unidad de Patrimonio y Álvaro Péndola Montaje Día del Patrimonio: Marianela Camaño Apoyo de producción: Víctor Sanhueza Enlil Guías: Ricardo Escalona y Carolina San Martín EQUIPO MUNICIPALIDAD DE CHILLÁN: Alcalde: Sergio Zarzar Andonie Recursos Físicos (Surefi): Patricio Carrasco Araneda Apoyo Surefi: Alonso Andrade Ortiz Director de Cultura: Edgardo Venegas Troncoso Secretaria de Cultura: Erika Orellana Diaz Guías Murales Escuela México: Ivonne Ojeda y Johana Carrasco Chofer: Juan Pablo Venegas Apoyo Estadio Municipal: Juan Salazar Museo de la Gráfica: Luis Arias Estrada EQUIPO COLABORADORES Coordinación Consejo de la Cultura y las Artes: Augusto González y Pilar Saavedra CECAL UdeC: Soledad Castro Martínez y Amara Ávila Seguel Centro de Extensión UBB: Javier Cea e Igor Concha. GUÍAS DE APOYO: María Paz Candia, Nicolás Garrido, Constanza Parra, Catalina Carrasco , Fabián Ruiz, Natalia González , Natalia Arriagada, Paula Troncoso, José Cortés, Roberto Morales, Andrés Mejías, Francisca Loyola, Jonathan Vega, Carolina Cárdenas, Cristián Acuña, Matías González, Fernanda Gutiérrez, Pablo Garrido, Francisco Castillo, Marianela Baeza, Valentina Durán, Gabriela Lagos, Patricio Pérez, Camila Yáñez, Constanza Barría, Carlos Espinoza, Mateo Vergara, Mario Bravo, Nicole Segura, Karin Cárdenas y Macarena Almuna. UNIDAD DE PATRIMONIO ES: Erwin Brevis Vergara, Arquitecto Pamela Conejeros Guajardo, Periodista Katherine San Martín Salgado, Antropóloga UPAchillan


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La Fiesta de Barrio se Toma la Ciudad  

La identidad y la vida de barrio se tomo la celebración del Día del Patrimonio 2016

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