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unvista

zoo

nĂşmerocuatromayocatorce

David Mora mil y un personajes


loquenosomos peropodríamoshabersido Te levantas pronto, te duchas, desayunas y sales a la calle. Esa es la rutina de la mayoría cada mañana. Pero ¿qué ocurriría si nuestra rutina tuviera lugar en una vida distinta a la que conocemos? Quizá las elecciones que hacemos diariamente determinan nuestra rutina. ¿A quién no le gustaría vivir otra vida? Seguro que a la mayoría. No podemos viajar en el tiempo, lamentablemente, pero podemos disfrutar de nuestra rutina creada o inventarnos una. En este número queremos inventarnos una vida paralela, saltando de una época a otra, viajando con sólo chasquear los dedos. Ser otras personas, ver otros lugares y conocer a gente que está lejos. Y todo esto lo haremos usando la mejor maquinaria que existe: nuestro propio cerebro. Imagina que eres quien siempre quisiste ser y que estás donde siempre quisiste estar. Imagínalo.

¿nos echas un vistazoo?


equipo

made in

dirección y maquetación Luz Marcos / Toni Pasarius

colaboradores //////

Ochoquince Joan Carles Forteza Isabel Polaina Mara Jade Ravi Bullock

colaboradores especiales ilustración ////// Javier Guijarro

de visita: David Mora Benjamin Szabo Aitor Kanur Equipo Doszurdos

númerocuatromayocatorce Fotografía Portada e Índice:

Gonzalo Cabezas


zoonúmero4 BIO / David Mora

BIO / Benjamin Szabo

BIO / Aitor Kanur Equipo Doszurdos / Medusa El pasado qué más da... / Ochoquince El mundo va dirigido... / Isa Polaina

¿Cualquiera? ¿Mejor? ¿Seguro? / Mara Jade Cuba,vivir en el pasado / Ravi Bullock

Retorno a MGM / Joan Carles Forteza Sineu:un pueblo donde quedarse Una década más tarde


David Bowie

Podemos ser hĂŠroes solo por un dĂ­a


www.facebook.com/javierguijarroartist https://javierguijarroartist.blogspot.com


BIO

David Mora

No hay mejor nave del tiempo que la imaginaci贸n


FotografĂ­a:

Gonzalo Cabezas


Desde pequeño me atrajo la idea de poder viajar en el tiempo, los agujeros negros, la posible existencia de otras dimensiones, la vida en otros planetas más allá de la Tierra... por eso quería ser astronauta. Sin embargo, cuando llegué a la ESO se impuso la realidad: las matemáticas no eran lo mío. Por esto, o quizá porque ya no le veía tanta gracia a estar meses encerrado en una nave al rededor de la Tierra, me decanté por estudiar algo que también está relacionado con ese afán de ir más allá de nuestra realidad: Comunicación Audiovisual. Gracias a estos cuatro años en la UC3M, descubrí que no hace falta ir hasta la luna para contemplar la tierra, que con imaginación y un poco de After Effects, es posible. También me quedó claro algo: quería escribir. Escribir sobre mí, sobre los demás, sobre rupturas, reconciliaciones, sobre un chino que se enamora de un colibrí que resulta ser una antigua princesa bajo el hechizo de una terrible bruja... En definitiva, tanto me atrajo el poder crear personajes ajenos a mí, crear historias en épocas pasadas o futuras, que decidí hacer el Máster de Guión de Globomedia en la Rey Juan Carlos. Después de esto, estuve currando de guionista en el programa “Sé lo que hiciste”, donde no era lo mismo escribir para un irónico Ángel Martín, que para unas impresionantes y algo “ingenuas” reporteras. Cuando acabó el programa, vi el momento y la oportunidad de cumplir otro de mis deseos de la niñez: ser actor.


FotografĂ­a:

Gudelio Oliver


Poder ser quién quieras, hablar y comportarte de maneras que nunca harías en tu día a día, verte vestido con ropa que sólo en las fotos de tu abuelo habías visto... Éstas son algunas de las consecuencias de ser actor. Desde que en primaria me vistiera en tapa-rabos para interpretar a Mowgli en la obra de “El libro de la selva” de fin de curso, supe que el gusanillo de la interpretación había calado en mí. Y aunque no fuera hasta diez años más tarde que aflorara la decisión de estudiar en escuelas como Juan Codina o Estudio Interactivo, no pude haber tomado una mejor decisión. Ser actor me ha permitido evadirme muchas veces de mi realidad y tener que dar vida a personajes muy alejados de mí. Uno de ellos es “Tino”, chico de barrio y macarrilla que interpreté para la obra de teatro “Una vida perfecta”. Éste, lógicamente, tenía que tener una verborrea y forma de expresarse muy distintas a la mía (yo soy de Boadilla del Monte, Tino de Orcasitas...). También había que trabajar la forma de caminar, moverse, la ropa (el chándal y las cadenitas no podían faltar) y observar a este tipo de gente, que son naturales, espontáneos y algo bruscos. Tras un par

de meses de ensayos y verme toda la temporada de Gandía Shore, conseguí dar vida a Tino. ¿Qué se siente cuando uno pisa el escenario pero no lo hace él sino su personaje? En mi caso, tranquilidad. Tranquilidad porque “Tino” no puede fallar, Tino ya existe y tiene vida propia. Muchos actores se llevan luego el personaje a casa o tardan tiempo en salir de ellos. Por mi experiencia, prefiero dejarlos en el escenario, no hay que llevarse el trabajo a caso. No hay nada más gratificante que a la salida del teatro alguien del público se pare a hablar contigo y te diga: “¡Ah, que no eres un macarra!”. En la última película que hice, “Los amigos raros”, interpretaba a Gabi, un chico con VIH. Investigar sobre ello, hablar con gente que lo tiene... te permite empatizar con este tipo de personas, y por unos minutos rozar a sentir el miedo y las inquietudes que ellos tienen. Por otro lado, ser actor te permite viajar a otras épocas. Si ves los decorados de series como “Hispania”, “Velvet”, “Gran Hotel”... es como coger una nave del tiempo y retroceder en los años. Cuando uno interpreta, por ejemplo, a un Romeo


de Shakespeare, tiene que tener muy en cuenta la época en la que está: la forma de hablar, de dirigirse a los demás, la clase social, los acontecimientos históricos... Aunque en el fondo, todo ello no deja de ser un envoltorio para representar sentimientos que son universales y atemporales como el amor, el odio, la envidia, la pasión... A veces, cuando estoy muy estresado, pienso,“ojalá hubiera nacido en el s.XV, en el campo, sin móvil y con un caballo...”

David Mora y Andrea Duro en un fotograma de la película “Al final todos mueren”, dirección: Javier Fesser, Javier Botet, Roberto Pérez Toledo, Pablo Vara,

David Galán Galindo


David Mora y Adrián Expósito en “Los amigos raros” Fotografía de Romina

Peñate


Hoy en día, intento compaginar mi faceta como actor, guionista y director. Mis últimos trabajos han sido los cortos “Pajas” y “Llaves”. Éste último habla sobre una mujer que descubre que su marido le es infiel. Sin embargo, ella decide no querer ver. En este caso, quería contar una realidad de nuestra sociedad, en el que muchas mujeres y hombres prefieren aguantar con sus parejas, aun sabiendo que les están engañando, ante el temor de dejarlas y sentirse solas. Además, ¿quién no ha preferido mirar para otro lado alguna vez, ya sea con su pareja, amigos o en temas sociales? En definitiva, me gusta contar historias universales, en las que siempre de alguna forma uno se puede sentir identificado. Por ello, creo tener la gran suerte de trabajar en algo mágico, y digo mágico porque el cine, la televisión... tiene la capacidad de trasladarnos a otros mundos, a la vida de unos personajes de ficción que, sin embargo, nos hacen reír, llorar, gritar... o simplemente entretenernos y ayudarnos a evadirnos de los problemas del día a día, que no es poco. Estoy seguro de que todos los que estáis leyendo estas líneas habéis deseado alguna vez ser otra persona, vivir otra vida, viajar a otras épocas, universos.... A todos vosotros os digo que es posible hacerlo. Es posible ser un caballero de la corte del Rey Arturo, una pin-up, Katniss en “Los juegos del hambre” o un caballero Jedi... Yo lo he hecho y os lo recomiendo. Además, es gratis. Porque no hay mejor nave del tiempo que la imaginación.


A los dieciocho años, tras ser subcampeón de España de natación, cambia la piscina por la carrera de Comunicación Audiovisual, dónde descubrió su vocación por el cine. Completa su formación con un máster de guión y un curso de dirección en la “New York Film Academy”. Durante todo este tiempo, compagina su trabajo de guionista con la interpretación, pero no es hasta que finaliza su trabajo como guionista en el programa “Sé lo que hicisteis”, que decide poner todas sus energías delante de la cámara. Ha estudiado interpretación en escuelas como “Estudio Interactivo” o”Estudio Juan Codina”. Ha protagonizado numerosos anuncios (llegando a ser finalista internacional de Chico Martini) y cortos (“Rotos”, “Aftershave”, “14 de Febrero”...). Tras su primer largometraje, “Seis puntos sobre Emma”, le precedieron “Al final todos mueren”, “En Apatía”, la portuguesa “Sei Lá” y el film para calle 13 “Los amigos raros”. Lleva meses protagonizando la obra de teatro “Una vida perfecta” y prepara “Divina Monstruosidad” para este verano. Como director y guionista, cuenta con los cortos “Papá”, “Quién es quién”, “Plastelina”... O los finalistas del NotodoFilm de este año: “Pajas” y “Llaves”. Dice que “el guión más difícil de escribir e interpretar, es la propia vida”.

VÍDEOS


FotografĂ­a:

Jorge Somaza


BIO

Benjamin

Capturing the life or ordinary people


Szabo


Benjamin Szabo is a Hungarian born, London based British photographer who specialises in portrait and fashion photography. His creativity and love for photography and fashion began in childhood growing up with a mother who was a bespoke tailor and playing with his parent’s old Zenit Camera. Benjamin’s upbringing has evolved into a passion for capturing the human beauty, its emotions and feelings in an understated way and through the expression of fashion, style and design.  His inspiration comes from various resources; music, fashion, words, the experience of communist discipline, people, emotions, love, erotica, fetish, meditation, spirituality and indeed life itself. Unlike most photographers, he enjoys self-portrait photography when he can freely experiment with light and DSLR technology, letting out his emotions and capturing insignificant moments of life and its sweetness and bitterness. He’s fund of capturing the life of ordinary people getting on with their business for example in his first public exhibition “Bello Portraits” portraiture collection which is currently on display in Notting Hill, London. Fashion has been big part of his life since childhood, when he refused to leave the house at the age of six because his shoes did not match in color to his shirt. Fascinated by the fashion industry and its creativity he’s working towards becoming a sought after fashion photographer. His most inspirational and influential artist, Bjork has quoted once: “I am one of the most idiosyncratic people around”, which quote describes Benjamin’s personality, the way he views himself and his status in life in a brief and simple way. For more information about Benjamin and his work visit his website www.benjaminszabophotography.com


Benjamin Szabo es un fotógrafo nacido en Hungría , con sede en Londres que se especializa en el retrato y la fotografía de moda. Su creatividad y su amor por la fotografía y la moda comenzó en la niñez al crecer con una madre que era una sastre a medida y jugando con la cámara vieja Zenit de sus padres. Benjamin ha convertido su pasión en la captura de la belleza humana, sus emociones y sentimientos de una manera discreta y por medio de la expresión de la moda, estilo y diseño. Su inspiración proviene de diversos recursos; música, la moda, las palabras, la experiencia de la disciplina comunista, la gente, las emociones, el amor, el erotismo, el fetichismo, la meditación , la espiritualidad y de hecho la vida misma. A diferencia de la mayoría de los fotógrafos, disfruta con el autorretrato fotográfico y experimenta libremente con la luz y la tecnología DSLR , dejando salir sus emociones y la captura de momentos insignificantes de la vida llena de dulzura y amargura. Captura la vida de la gente común que están en su trabajo, por ejemplo, en su primera colección de retratos de exposición pública “Bellos Retratos” que se encuentra actualmente en exhibición en Notting Hill, Londres. La moda ha sido una gran parte de su vida desde la infancia, cuando se negó a salir de casa a la edad de seis años, porque los zapatos no coincidían en el color de su camisa. Fascinado por la industria de la moda y su creatividad está trabajando para convertirse en un codiciado fotógrafo de moda . Su artista más inspiradora e influyente, Bjork ha citado una vez: “ Yo soy una de las personas más idiosincrásicas de mi alrededor “, cita que describe la personalidad de Benjamín, la forma en que ve a sí mismo y su estatus en la vida de una manera breve y sencilla. Para obtener más información acerca de Benjamin y su trabajo, visita su sitio web www.benjaminszabophotography.com


“Mi interés por la moda apareció en mi infancia, cuando me negué a salir a la calle porque mis zapatos no coincidían con el color de mi camisa”


RecuĂŠrdalo Bestia, Mutante y orgulloso

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BIO

Aitor Kanur

Pues yo quiero bajarme los pantalones las veces que haga falta


“Actuar es como bajarte los pantalones; expones tu intimidad” (Paul Newman). Pues yo quiero bajarme los pantalones las veces que haga falta. Es lo que tiene querer formar parte del mundo del espectáculo y la farándula, y lo llevo intentando desde hace un par (mallorquín) de años. Como actor uno puede desvirgarse dos veces: sobre escenario y ante la cámara. Mi primera vez con el escenario fue en un musical, pero con las voces originales hablando y cantando de fondo. ¿Cutre? Mucho, pero para un novato como yo era muy cómodo preocuparse solo de abrir la boca y poco más. Con la cámara me estrené después con un corto para la universidad, lo cual fue una suerte ya que la carrera no era arte dramático, sino diseño gráfico, que de arte tiene poco y de dramático menos (excepto cuando se acercaba junio). Este corto fue mudo, con lo cual mi voz no sería escuchada por nadie hasta que di vida al personaje de Rino. Se trata de uno de los protagonistas de la webserie “Nada en común”, proyecto propio en el que me encuentro actualmente. La idea de hacer esta serie surgió hace dos años con lo que yo llamo “síndrome de Santiago Segura”, es decir, ¿por qué esperar a que alguien me coja como actor pudiendo crear yo algo y ponerme de protagonista? Así


fue como surgió “Nec”, sitcom online que espero poder estrenar en breve. Además de esto, he podido salir en cortometrajes como “Silencio, por favor” y “Revolución en su sofá”, así como en obras de teatro como “La voz humana” y “Adoració dels tres reis d’Orient”. No obstante, lo que me ha hecho subir a más escenarios ha sido cantar en el Mallorca Gay Men’s Chorus.


El querer ser actor realmente se lo debo a “Aquí no hay quien viva”. No, nunca aparecí en esa serie, pero hace años, no mucho después de estrenarse, emitieron un capítulo especial con tomas falsas. Fue tan contagioso el disfrute que transmitían los actores que en mi cabeza desde entonces revolotea la frase “yo quiero trabajar de eso”. Y lo haré, pero para eso uno tiene que tener en cuenta dos cosas: el esfuerzo, aprovechando y dándolo todo hasta en la más mínima oportunidad, y la casualidad. Pues, como dijo Fernando Fernán Gómez, “en el oficio del actor el éxito o el fracaso suelen venir muy acompañados de la casualidad”.


Siempre en movimiento estรก el futuro


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Medusa con pelo de celuloide y paparazzi saliendo del mar

pro yec tos

Esta vez nos metemos en el agua. Y qué frío!! No dudamos en pasar una mañana de viento, y casi lluvia, para la sesión de fotos que hicimos como propuesta para un concurso de carteles. La idea la tuvimos clara desde el principio, a todo el equipo le gustaba el concepto de Medusa, tanto por lo que simboliza como la unión que le dimos al mundo cine. Queríamos mezclar la elegancia de una alfombra roja con un personaje que, con solo mirarlo, convierte en piedra a quien lo hace. La sustición de las serpientes por la cinta de cine fué el detalle que le dió un aspecto más glamouroso al personaje. Peinado y maquillaje que se elaboró totalmente a mano. Como cada sesión que hicemos, contamos con un equipo dispuesto a hacer lo que sea hasta tener la foto. Desde aquí gracias de nuevo a todos ellos.


making off

Medusa con pelo de celuloide y paparazzi saliendo del mar

localizaci贸n Alcudia, Mallorca


VolverĂŠ

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OchoQuince

El pasado qué más da, si lo hecho, hecho está.


En mitad de la locura de un capítulo

de The Big Bang Theory, los científicos se encuentran con una réplica de la máquina del tiempo en el salón de su casa. Por la noche, Sheldon se monta en ella y aparece en un bosque en el que le atacan los morlocks. Pero, al final, todo es un sueño… Sin embargo, ¿qué hubiera pasado si no lo fuese? Imaginaos que el doctor Cooper se monta en la susodicha máquina y se transporta a un pasado real de serie. A menudo, las series tratan el pasado de una manera muy peculiar, cada una desde su perspectiva. Desde series como Juego de tronos en las que el tiempo es indeterminado, aunque remitente a un pasado lejano, hasta otras como Mad Men, en las que el pasado, en este caso la mitad de siglo en adelante, juegan casi el rol de personaje. ¿Cogemos la máquina del tiempo? ¿Viajamos hacia el pasado seriéfilo? Por cierto, por si os lo preguntáis: hoy escribo yo, pero el seriéfilo no os abandona, eso nunca. De hecho ya os está esperando en la máquina (ojo, ha sido él quien ha convencido a Sheldon de que la trajese a nuestro salón, y se lo ha traído a él también). Si sobrevivo a este viaje, prometo escribir una novela con las peripecias; lo juro, aunque tengo algo de miedo a hacer este viaje… Sobre todo por estos dos frikis.


¿Cómo se representa el pasado en nuestras series favoritas? ¿Fue cualquier tiempo pasado mejor? Empecemos por las series más antiguas. Activa la máquina, Cooper. Tened

cuidado al llegar, puede haber dragones. Para empezar cabe la posibilidad de preguntarse si “Juego de Tronos” es una serie que representa una posibilidad del pasado. Sí, ya sabemos que es fantasía, pero hombre, echadle algo de imaginación al asunto. El dibujo temporal de la serie es indeterminado. De hecho, nunca se aclaran fechas ni delimitaciones temporales. Sin embargo, el imaginario colectivo nos lleva a pensar en tiempo pretérito. Las historias de dragones, caballeros que luchan cuerpo a cuerpo y con espada, intrigas palaciegas, reyes niños, esclavos (bueno, eso quizás no tanto…) y demás indicativos, tienen el regusto de las novelas que reflejan los tiempos de la Edad Media. No obstante, la indeterminación temporal lleva a que existan teorías de todo tipo. ¿Alguien ha leído o escuchado aquella que dice que “Juego de Tronos” no es más que un futuro post apocalíptico en la que los últimos hombres pelean por sobrevivir contra la supremacía de la futura raza dominante, los whitewalkers? Es cierto que las series fantásticas no son el claro ejemplo para indagar en

el pasado. Sheldon, vuelve a enchufar la máquina, que nos vamos. En esta tal “King’s Landing” hay un ambiente muy raro… No obstante, hablando de fantasía, sí hay series fantásticas que se centran en un tiempo pasado y lo conjugan de maravilla con el presente con el que interactúan. Se me viene a la cabeza la reciente “Sleepy Hollow”. ¿No os resultaban divertidas las situaciones que desencadenaba el que Ichabod Crane (nombre que suena en sí mismo a pasado) hubiese resucitado un par de siglos más tarde de su tiempo? El pasado estaba tratado en la serie como un lugar de gente de apariencia mucho más apacible. La vida, según Ichabod, claro, era mucho mejor. A menudo veíamos a Crane quejándose de la vida que teníamos en nuestro siglo, mientras seguía el ritmo vertiginoso de la agente Abbie Mills. ¿Se podría decir que el mensaje de “Sleepy Hollow” sí es esa frase de “cualquier tiempo pasado fue mejor”? Pues, sinceramente, no lo creo. El pasado juega su papel, sirve como alimento memorial al alocado Crane, que se esmera en volver para reencontrarse con su mujer, encerrada en una especie de purgatorio. Sin embargo, la serie en pasado por excelencia es “Mad Men”. Por Madison Avenue desfila el siglo XX convertido en una conjunción de alcohol, estilo, elegancia y mujeres. ¿Es la serie que mejor


muestra el pasado? ¿Se equivoca en la visión que ofrece de glamour y grandes logros? Sí y no, a ambas preguntas. El tratamiento temporal es fantástico. La contextualización es una obra de minuciosidad, tal vez el mejor trabajo que existe en la teleficción. Los hechos reales ocurridos nuestro pasado, vertebran y temporalizan el presente de Don Draper, Betty, Peggy Olsen y todas las malas (y no tan malas) compañías. A primera vista me acuerdo del magnífico uso que se hace del asesinato de Kennedy, que entra de lleno en la vida de los personajes, en un momento clave, y además de hacer mella en su psicología, nos dice que nos encontramos en noviembre de 1963. Justo como nosotros ahora, por eso me acuerdo. (Por cierto, cómo desentona la camiseta de Flash de Sheldon entre tantos trajes grises y vestidos rojos. Este hombre nunca fue un símbolo de la elegancia, pero aquí chirría como nunca antes).

¿Alguien ha leído o escuchado aquella que dice que “Juego de Tronos” no es más que un futuro post apocalíptico?


Por tanto, “Mad Men” no hace ni un buen ni mal reflejo de su época. Simplemente se limita a hacer el reflejo de lo que supuso esa época para los personajes que protagonizan su historia, que es justo lo que debía hacer. ¿Que había gente pobre y a la que el glamour y la elegancia les importaban tres pepinos? Pues claro. Pero no son el centro de atención esta vez. Creo que el seriéfilo ha marcado los años treinta en la máquina. ¿Por qué? Pues no lo sé, pero este tío ya sabemos que está algo loco. Y aquí ahora hay una tormenta de arena increíble. “Carnivàle”, esa joya olvidada, también se ambienta en el pasado y es la contraposición perfecta a “Mad Men”. En la feria ambulante en la que se desarrolla la serie no hay sitio para la elegancia. Don Draper y su cuadrilla morirían sepultados por el polvo, el petróleo, o vete a saber por qué cosa, a los diez minutos de aparecer aquí. El pasado de la serie de HBO muestra esa otra América de la depresión. El Dust Bowl. Los personajes son la personificación de luchas mayores entre el bien y el mal, mientras tratan de sobrevivir a la devastadora crisis. El personaje que mejor muestra este espíritu es el magnífico Jonesy, un ex bateador que se tiene que buscar las habichuelas montando y desmontando la feria. ¿Este pasado también te parece mejor? No lo creo, ¿verdad? ¿Quién se quedaría a vivir en el sur de América en el que se desarrolla “Carnivàle”? (Sheldon creo que no, ha salido gritando y se ha hecho una bola a un lado de una cabaña en el momento que ha sentido el polvo de arena sobre su cara).

Como veis, el pasado no siempre es mejor. Ni tampoco es peor por naturaleza. Seguro que nuestros descendientes también dirán que nosotros vivíamos mejor sin máquinas del tiempo y sin robots en casa, pero… ¿seguro? Siempre he pensado que las máquinas del tiempo serían un invento absurdo que no valdría para nada, salvo para volvernos locos. La única excepción que puedo permitir es el caso de la TARDIS –ay, ese vehículo maravilloso– o la que utiliza Kelly –que es más bien un poder mental– en Misfits para tratar de acabar con Hitler. Lo demás, una pantomima. ¡Sheldon! La máquina del tiempo

es toda vuestra. ¡Tú, seriéfilo!, no te líes demasiado, que el mes que viene seguramente escribas tú otra vez. Por cierto, Sheldon… ¿tienes el número de Penny? Es para un amigo.


@isapg2

¿El mundo va dirigido hacia un planeta de los simios o o quizás a ser cada día más máquinas?


A pesar de los incalculables intentos de todos los científicos del planeta, viajar en el tiempo, sigue siendo una cuestión misteriosa y de ciencia ficción. El cine y la tele han querido poner su granito de arena y plasmar una visión idealizada del tema intentando aproximarnos a lo que sería esa sensación tan idílica que muchos quisiéramos vivir algún día. Si viajamos en una máquina de este calibre, seguro que se nos plantean bastantes dudas sobre qué lugares y épocas visitar. La primera pregunta que nos haríamos sería ¿Pasado o futuro?. La saga “Regreso al futuro” con un jovencito Michael J.Fox como protagonista, nos proporciona ambos matices de una manera francamente divertida. Las cintas del director Robert Zemeckis son consideradas obras de referencia a día de hoy en cuanto a esta asombrosa temática. De obligada mención también, es una serie cumbre para soñadores y aventureros. “Doctor Who” que (si siguiéramos una continuidad fiel) consta de 34 temporadas, se remonta a los años 1963/64.


El programa muestra las aventuras de un señor del tiempo conocido como “El Doctor”. Su misión es clara: explorar el universo en su TARDIS, (una nave espacial con conciencia propia capaz de viajar a través del tiempo y el espacio) enfrentándose a enemigos para salvar civilizaciones y corregir injusticias. Es maravillosa porque aparte de llevarnos a todo tipo de escenas, se vé la evolución de la tecnología, los planos visuales y el buen progreso del guión. Para continuar, un título imprescindible: ”El tiempo en sus manos” de George Pal (1960). La historia cuenta cómo un viajero descubre la futura catástrofe de dos grandes guerras mundiales. Esta cinta es proclamada por muchos como una joya del séptimo arte por varias razones: el director húngaro

consagró su carrera en el deseado Hollywood y se desarrolló la técnica Puppetoon que es a grandes rasgos un subtipo de Stopmotion. Volviendo la vista más al presente, existen buenos ejemplos de cómo este argumento tan jugoso, sigue siendo positivo a la hora de recaudar fondos en las taquillas de todos los cines: “Terminator”, “El planeta de los simios”o “Looper son largometrajes punteros, que no dejan indiferente a ningún espectador. Estos últimos títulos sugieren y sirven como una perfecta reflexión final. El cine nos hace soñar es cierto, pero a la vez nos hace pensar en cómo será el futuro. Amén de este pensamiento,

¿El mundo va dirigido hacia un planeta de los simios o o quizás a ser cada día más máquinas?.


Caminando en lĂ­nea recta no puede uno llegar muy lejos


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多Cualquiera? 多Mejor? 多Seguro?


No sé, no estoy yo muy de acuerdo con la pessssada de Karina con eso de que cualquier tiempo pasado nos parece mejor. Yo soy de las que dicen que ya no se hacen pelis como las de antes. Las de la época dorada de Hollywood, las clásicas. Que ya no hay galanes como los de antes (jamás, nadie en el mundo será más guapo que Cary Grant o Marlon Brando). Pero lo mismo que te digo esto, a mí me pirra una buena peli de Pixar, por ejemplo. Ni qué decir tiene, que por mucho que remugue, estoy deseando ver la nueva peli que JJ Abrams ha empezado a rodar de Star Wars. Creo que que tendemos a idealizar las cosas una vez han pasado. Como a dulcificarlas en comparación con los tiempos duros que se están viviendo en estos últimos años. Pero... ¿en serio queremos volver a la época de cuando un piso de setenta metros cuadrados podía llegar a costar trescientos mil euros (cincuenta millonzacos de las antiguas pesetas)?. Vosotros no sé, pero yo ni de coña. Y eso que yo vivo de alquiler y por los restos. A mí no me pillan con una hipoteca a no ser que me den las mismas condiciones que les dieron a mis padres. Y eso, señores, no va a va a ocurrir. Pondré otro ejemplo: ¿estáis todos seguros cuando os pega por decir que cuánto daño ha hecho la era de internet, las redes sociales, los smartphones...?

¿Seguro?


Porque por mucho que digáis, no me creo ni por un momento que mantuvierais correspondencia ordinaria muy amenudo. Que es muy bonito eso de las cartas, muy personal y tal, pero anda que no se agradece poder enviar un email ipso facto, pedir citas online sin tener que ir a ningún lado o poder llevar las cuentas del banco desde tu móvil. Y eso sólo por contar algunas de las pequeñas grandes cosas en las que se ha mejorado con el tiempo pero que no sé porqué, el jipsterismo os invade de vez en cuando y entre que os crece la barba y os calzáis unas Victoria, y renegáis de Facebook mientras arrancais vuestra Vespa vintage. No sé, no sé nenis. Yo creo que como casi todo en la vida, todo debe mantener un cierto equilibrio. Por siempre jamás yo creo que seré admiradora total de la estética, diseño, música, cine, interiorismo, moda... de entre los 50 y los 70, pero yo digo: no sin mi ordenador/móvil/ereader (es que tablet aún no tengo, pero dadme ya caerá). Al mismo tiempo, me gusta trabajar con las manos. Que sí, que seré diseñadora gráfica y le pongo ojitos a mis cacharritos de Apple y todo eso, pero me lo sigo pasando igual de bien con un cacho de papel, un lápiz, unos colores, tijeras, pegamento... y úl-

timamente le estoy dando duro a las herramientas de mi padre. Aún se está preguntando dónde ha guardado su lijadora. ¡Qué gran invento! Lo que te facilita la vida y lo bien que deja las piezas después de usarla. Lo que han evolucionado las herramientas desde aquel sílex que nos servía para cortarnos un filete de mamut o el flequillo. ¡Y lo que nos gusta quejarnos! En cuanto algo parece que no nos va como queremos, ya estamos con el toletole del “en mis tiempos esto no pasaba”. Que ahora no lo dicen sólo nuestros padres, ¡que yo también lo digo!. Y es que en mis tiempos, si no aprobabas, no te compraban una vídeo consola “para ver si te motivabas”. En mis tiempos, si no aprobabas el máximo castigo era no ver la tele y no salir a jugar. Que yo soy de las últimas generaciones que aún tuvo infancia y que te quitaran eso era quitarte la vida. Todo el día en casa mirando a las paredes y pensando qué estaría haciendo Espinete en esos momentos. ¿El Conde Draco sabría contar más allá del doce?. ¿A quién salvaría David el gnomo en ese episodio que te estabas perdiendo?. ¿Candy dejaría de llorar como una desgraciada por Anthony?. Dile tú a un chaval de los de ahora que lo castigas igual. Se lo pa-


AĂşn teniendo cierta tendencia por lo retro, mantengo un ojo a lo Trueba en la modernidad


sará teta con el whatssap y después se bajará una peli en su ordenador sin haberse pedido ninguna de las múltiples conversaciones con sus cuatrocientos mejores amigos repartidos por todo el mundo. Después se reirá en tu cara por lo ilusa que eres con tus “lecciones ejemplares de la vida” y chorradas varias sobre consecuencias. Sin querer dar clases de nada a nadie, que yo aquí sólo expreso mi opinión. Volvemos a lo mismo: ni tanto ni tan calvo. El equilibrio es fundamental. Si eres de los que creen que dependemos demasiado de la tecnología, viva lo natural, escribir con pluma y tintero, las flores en el pelo... bien por ti. Si eres de los que necesita tener todas sus app actualizadas, leer todas las opiniones de la última tablet, programar tu smart tv a tope de power de cosas con los ojos cerrados... Pues muy bien. Aunque he citado los ejemplos más extremos, yo me encuentro en el medio. Será porque mi mente creativa necesita de muchos recursos para poder hacer realidad las ideas que me rondan. O tal vez, que mi cu-

riosidad me puede y el hecho de poder investigar y trastear con trastos, herramientas, materiales... me pone. Adoro un buen rock and roll clásico, pero yo lo doy todo en un concierto de Jamiroquai. Me gusta escribir a mano. Recuerdo esos cuadernos Rubio de caligrafía. Me chiflaban (los de cuentas ya no tanto). De hecho, la caligrafía es algo que tengo pendiente de explorar. Eso sí, también recuerdo cierta clase en la universidad con una profesora que debía tomar speed con el café triple de cada media hora y os aseguro que tomar sus apuntes era peor que una canción de Paquirrín y Juan Magán en bucle. Aún teniendo cierta tendencia por lo retro, mantengo un ojo a lo Trueba en la modernidad. Creo firmemente en que una cosa no puede ir sin la otra. La modernidad, el futuro, como quieras llamarlo, se apoya en el pasado. Y si nos quedáramos anclados en el pasado, jamás habríamos abandonado las cuevas y los dinosaurios nos tendrían acojonados. Supongo que m’entendeis lo que os quiero decir.


El pasado no hay que magnificarlo, hay que valorarlo y, sobre todo, aprender de él. Porque si tenemos tendencia a hacer las cosas más suaves y bonitas una vez han pasado, también tendemos a olvidar con mucha facilidad. Así nos va, que por más que se nos repitan las historias, nosotros seguimos emperrados en eso de “a mí esto no me va a pasar”. Tener buena memoria es tan fundamental como aprender el arte del equilibrio. Y, sobre todo, que está muy bien conocer nuestro pasado y saber hacia dónde podrían ir dirigidos nuestros pasos en el futuro, pero vivimos en el presente. No le des muchas vueltas a si era mejor el pasado o será peor el futuro: vive el ahora.


wacko

Cuba, vivir en el pasado Poema de Pablo Neruda “Ahora es Cuba”


Y luego fue la sangre y la ceniza. Después quedaron las palmeras solas. Cuba, mi amor, te amarraron al potro, te cortaron la cara, te apartaron las piernas de oro pálido, te rompieron el sexo de granada, te atravesaron con cuchillos, te dividieron, te quemaron. Por los valles de la dulzura bajaron los exterminadores, y en los altos mogotes la cimera de tus hijos se perdió en la niebla, pero allí fueron alcanzados uno a uno hasta morir, despedazados en el tormento sin su tierra tibia de flores que huía bajo sus plantas. Cuba, mi amor, qué escalofrío te sacudió de espuma la espuma, hasta que te hiciste pureza, soledad, silencio, espesura, y los huesitos de tus hijos se disputaron los cangrejos.


Retorno a MGM


Hoy he vuelto al plató de la Metro donde Marilyn rodó el número “Diamonds are a girl’s best friend”, y todavía me ha parecido verla a ella por un instante. Creo que Madonna también ha pasado por allí desde entonces. Lo he encontrado igual como en aquella época, con aquellas escaleras rosas, aquellos candelabros solemnes. He percibido un aire decadente, casi funerario, evidenciando el tiempo transcurrido, y eso me ha encantado. En el plató de al lado he descubierto la maravillosa escalera espiral de El Gran Ziegfeld. No quedaba ninguno de aquellos mágicos figurantes, pero todavía flotaba la música en el ambiente.


Quiero hacer de mis viajes en el tiempo, diletantes y mitómanos, un modo de vida. Quiero estar en ese escenario lleno de estrellas de cine donde Charlie Chaplin recibió su Oscar en 1972. Quiero asistir al estreno de El Barbero de Sevilla en 1816, cuando un gato saltó a escena e hizo reír más que la trama de la ópera. Quiero seguirle la pista a la Victoria de Samotracia, remontando los siglos hasta que los brazos y la cabeza se vuelvan unir a su cuerpo, y así vivir plenamente la noción de todo el tiempo que ha pasado. Me teletransportaré al rodaje de All that jazz, cuando se vivía al límite y los años 80 eran un futuro que se empezaba a intuir entre telas brillantes, luces de colores y sudor. Seré testigo de todo el talento involucrado en crear los ballets de Sergei Diaghilev, revolucionarios y a la vez nostálgicos. Veré pintar Les Demoiselles d’Avingon y me preguntaré cómo se puede crear hoy una obra distinta de las que se han hecho hasta ahora, cómo puede alguien ser un adelantado a su tiempo, cómo será el arte del futuro. Y veré claro que, cuando la tecnología lo permita, el arte será omnipresente, no una colección de cuadros para mirar sino un ambiente en el que vi-

viremos inmersos por completo. Estoy ilusionado pensando en las cosas que el arte y la cultura me pueden dar. Aunque gran parte del tiempo no sea consciente de ello, sé que están ahí, que están allí para mí. El arte es mi religión. A la vez, siento la angustia (fría, romántica, casi agradable) de saber que no podré nunca completar todos los relatos, hacer todos los viajes, crear todas las obras que mi mente desea. Pero, cuando visito otros lugares y otras épocas, no soy yo quien viaja. Lo hace en mi nombre un concepto de mí mismo, un ente de energía que es capaz de cualquier cosa. Así, me queda la sensación, difícil de explicar pero feliz, de que no necesito viajar ni ir a sitios bonitos, que puedo estar en todas partes, que tengo conmigo todas las cosas, que está a mi disposición toda la belleza del mundo y que puedo transformar el mundo sólo con la imaginación. Sí, como ya habéis adivinado, todo lo que dicho está solo en mi pensamiento. Como decía Picasso, el hecho de imaginar una cosa ya la hace real.


Le darĂŠ a este miserable mundo la reina que se merece

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Sineu: un pueblo donde quedarse


U

na de las cosas que solemos hacer durante nuestra vida es viajar y no necesariamente a otros paises. A veces, nos toca mudarnos de calle, de barrio o de ciudad y ahí empieza una nueva vida paralela, un viaje lineal en el tiempo para estar rodeado de otra gente, de otros colores, de otros sonidos y, sobre todo, de otras paredes. Una mudanza a otro sitio nos da la oportunidad de empezar de nuevo y de redecorar con lo viejo, lo nuevo. Más que un viaje en el tiempo, una mudanza es un viaje a nuestro interior, desprendiéndonos de lo que nos sobra y siempre empezando de nuevo. Pero hay sitios que te enganchan y piensas, mientras vas abriendo las cajas de la mudanza, que has encontrado tu sitio. Lugares que por su sonido, por su color, por su silencio o, simplemente, porque es nuevo, te enamora al minuto uno. Hasta las cajas parecen verdaderos tesoros cuando las vas vaciando en el nuevo espacio, objetos que antes veías de una forma adoptan un brillo nuevo en un sitio distinto. Todo empieza de cero y parece que es la primera vez para todo, para volver a tener recuerdos de una vieja/nueva rutina en ese nuevo espacio. Una mudanza te da la oportunidad de también de descubrirte de nuevo,

de cambiar hábitos antiguos y remodelarlos, adaptarlos al nuevo día a día y es una experiencia reconfortante. Los pueblos tienen ese encanto de convertir lo simple en algo con magia. De hacer que lo rápido se transforme en pausado y de hacerte ver que esas calles, ese sitio, ese lugar... te estaba esperando.


Nunca pienso en el futuro. Este llega lo suficientemente rรกpido.


Una década más tarde


Hemos vuelto a vernos, casi 10 años después. Pero no te habías ido nunca. Diez años parece una eternidad, un espacio de tiempo en el que cada uno hemos ido por caminos separados, viajando en sentido opuesto y encontrándonos sin vernos en varias ocasiones. Casi parece que hemos ido dando vueltas hasta llegar otra vez al punto donde lo habíamos dejado, pero eso ya lo sabíamos. En todo este espacio de tiempo no ha cambiado lo más esencial, pero sí otras cosas desde aquella primera vez que nuestros círculos chocaron. Han pasado los años y eso nos ha hecho más maduros, con más arrugas y con más canas, pero eso es un punto a favor. Seguimos utilizando el mismo lenguaje secreto que nos inspiró una serie de películas que todavía llevamos dentro y que, hace muy poco volvimos a recordar, o más bien, a volver a hablar de ellas porque cada vez que las hemos visto por separado, nos hemos acordado el uno del otro. Somos como los protagonistas de la trilogía de “Antes del Anochecer” y hemos vividos situaciones parecidas a las de “Grandes Esperanzas”, pero sin duda, y creo que hablo por los dos, la mayor parte de esta década hemos estado buscando ese avión de papel que Otto lanza desde la ventana del cuarto de baño en “Los Amantes del Círculo Polar”. El tiempo nos ha puesto en alguna ocasión a escasos metros. La última fue el año pasado, en pleno agosto y rodeados de arte, pero como cada vez que eso ha ocurrido, no nos dimos cuenta. Volvemos estar dentro de una secuencia y en este caso ocurre en la Plaza Mayor de Madrid, cuando Ana y Otto están de espaldas y buscándose. Pero no sólo hemos estado físicamente juntos sin vernos, hemos ido descubriendo nuevos sonidos, nuevas letras y nuevos rostros que puede que descubriéramos a la vez y que no hace otra cosa que seguir completando nuestro paralelismo visual y sonoro. ¿Qué haces cuando de repente el tiempo te devuelve algo que siempre has echado de menos? Convertirlo en una habitación para ser feliz. Una de esas habitaciones vacías que ambos compartimos a unos kilómetros de distancia. Llenarla de corazones rojos y de aviones de papel, de música que sólo nosotros conocemos, de “K´s” dibujadas en un block de dibujo, de casualidades, de ceniceros, de incienso, de gatos, de dibujos de colores y tiempo.


Siempre hemos creido en las casualidades (ambos las hemos vivido) y el volver a encontrarnos ha sido fruto de la casualidad, de nuevo. Y lo hemos hecho casi retomando el mismo punto donde lo dejamos, con intercambio de “sms” y “e-mails” con títulos en mayúscula y frases al revés. Un lenguaje que, como decía antes, forma parte de nuestra comunicación. Me hubiera gustado visitar contigo ese sitio (nuestro) acabado en -”landia” y alquilar una pequeña casa al lado de un lago y con una línea escrita en el suelo de madera. Pero he de reconocer que también me gusta oír cómo me lo cuentas y que Lisboa es preciosa, llena de cogotes de conductores de tranvía. Y cuando lo haces, me imagino que lo haces en 65 palabras, no más. ¿Crees que estos diez años separados nos han servido para ir sumando experiencias y buscando cosas nuevas para luego compartirlas? Espero que sí y que esta isla (<¡>) nos vuelva a dar una oportunidad de seguir descubriendo esas cosas que nos hacen feliz, pero esta vez descubrirlas a la vez, juntos. Ahora que has vuelto casi diez años después, no te vayas (de mi lado).


Cinco minutos bastan para soĂąar toda una vida, asĂ­ de relativo es el tiempo.


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