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HENDAYA

Marcos Eymar Hotel de Letras Páginas 184 / Precio $195.00 Hojea el libro “De un momento a otro, entrarán por esa puerta y comenzarán a hacer preguntas.” Así empieza Hendaya, un thriller transfonterizo que involucra a Jacques Munoz, un ciudadano francés de origen español, que anda en búsqueda de su identidad en la oscura memoria de su infancia y viaja con frecuencia a Madrid, transportando material sensible y gabardina de investigador. Pero sus secretos inconfesables se esconden bajo las lentejuelas de la bailarina erótica María José. La historia, construida sobre las pautas de la novela negra, ofrece una reflexión sobre las nociones de identidad y sobre la condición del emigrante y del exiliado El título del libro refiere a una localidad francesa ubicada en el límite entre Francia y España, lo cual, conforme avanza la trama, adquiere un gran valor simbólico. El posible relato empieza en la Gare d’Austerlitz, donde Jacques Munoz debe coger el tren-hotel Francisco de Goya para transportar una maleta de contenido desconocido desde París a Madrid. ¿Cómo se embarcó Jacques en esa misión? Anticipando la pregunta de sus interrogadores, el narrador recuerda el funeral de la madre del protagonista. Ésta, una emigrante española de los años 60, nunca quiso enseñarle español a su hijo con el pretexto de que tenía que ser un francés puro. Durante la ceremonia, la llegada de sus tías desde España despierta en Jacques el recuerdo de la lengua materna prohibida. A partir de ese momento, Jacques deja su trabajo en correos y se entrega al alcohol y a un aprendizaje obsesivo del español, ayudado por un viejo método del año 75. Empieza así para Jacques un arriesgado vaivén entre París y Madrid, el español y el francés, el presente y el pasado. A lo largo del mismo, se verá involucrado en una vertiginosa trama criminal y en una imposible historia de fascinación sexual y lingüística. ¿Quién es en realidad María José, la mujer que conoció en el bar? ¿Qué ocurrió entre su madre y su padre, desaparecido antes de que el naciera? Marcos Eymar nació en Madrid en 1979. Es licenciado en “Filología Hispánica” y en “Teoría de

la literatura y literatura comparada” por la Universidad Complutense de Madrid y doctor por la Universidad de Paris-III Sorbona con una tesis sobre el bilingüismo franco-español en la literatura hispanoamericana. Ha sido galardonado además con los premios Los Nuevos de Alfaguara (1995), el Isabel de España de narrativa (2000) y el III Certamen de Textos Teatrales de la Universidad Carlos-III (2003). Es también crítico literario de la revista cultural El Ciervo. Ha traducido el Gaspar de la Noche de Aloysius Bertrand (Augur Libros, 2008), algunos relatos de La fiebre de Le Clézio (Almadía, 2010) y publicado el ensayo La langue plurielle. Le bilinguisme franco-espagnol dans la littérature hispano-américaine (1890-1950) (L’Harmattan, 2011). En la actualidad reside en París y es profesor titular de literatura y cultura hispánicas en la Universidad de Orléans. Asimismo co-dirige un taller literario en el Instituto Cervantes. Hendaya su primera novela, ha sido galardonada con el XVI premio Vargas Llosa de Novela.

El autor disponible para entrevistas por correo o telefónicas


Tres grandes citas de Hendaya Al igual que tantos emigrantes que han pasado la mayor parte de su vida en el extranjero, Eusebio maltrataba sin piedad su lengua materna. *** —¿Eres de París? –preguntó la mujer mientras daba el primer trago al gin-tonic y encendía un cigarrillo. —¿Cómo sabes? —Todos los franceses son de París. O eso dicen. ¿Qué otra ciudad importante hay? —Muchas. Hendaya, por ejemplo. —¿Hendaya? No me suena. ¿Qué hay ahí? —La frontera. —¡Vaya cosa! Las fronteras no se ven. Y casi mejor, porque si se vieran serían algo muy feo. Creía que me ibas a hablar del queso, del vino. ¿Hay vino en Hendaya? —No sé –contestó Jacques–. Nunca he ido. —Entonces tan importante no será –dijo ella. —Hay cosas importantes que no se conocen. *** Vas a necesitar más alcohol para contar lo que sigue. Levantas la mano para atraer la atención del camarero, a pesar del dolor en tu hombro. Sus ojos, al servirte otro vaso, brillan con la ironía rapaz con que la gente de su profesión suele observar a los borrachos. Y, sin embargo, tú estás perfectamente sobrio. Que lo digan ellos: de momento te has debrouillado bien con la historia. No, no se dice así. El verbo “debrouillar” no existe en español. Recuerdas que aprendiste la traducción un día de lluvia, con las palomas refugiadas en masa bajo los alerones del patio y una persistente resaca. Lección séptima, en las aduanas. Tejido. Tela. Algo relacionado con tejer, tejer y destejer un relato, coser y descoser el pasado. Tela. Trapo. La punta de la lengua quema, es como un trapo, trapecio donde se tambaleara todo el universo, tramposa trama de trasposiciones traicioneras. ¿Para qué perseguir una palabra en la que no repararán? Papa… Paño. Apañar.


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