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g. La asunción progresiva del control y responsabilidad lograda por el alumno El grado de control y responsabilidad que los alumnos van alcanzando respecto al aprendizaje de algún contenido curricular enseñado intencionalmente (por ejemplo, conceptos, principios, explicaciones, habilidades o estrategias de aprendizaje), puede considerarse como otro indicador potente para evaluar el nivel de aprendizaje logrado. No obstante, es necesario remarcar que la asunción del control en el manejo de los contenidos que puede lograr el alumno, sólo es el momento terminal de un largo y lento proceso. El inicio de este proceso comienza cuando el control y la organización de la tarea son detentados por el profesor y continúan con una cesión progresiva del control y de la responsabilidad hacia el alumno, en la medida en que éste mejora su desempeño. Toda vez que el alumno demuestre en forma sostenida un grado de avance en el manejo de los contenidos, y suponiendo que no ocurran rupturas como producto de incomprensiones o lagunas en el proceso de traspaso, las ayudas y apoyos del profesor disminuirán hasta conseguir precisamente el control autónomo y/o autorregulado por parte del alumno en el contenido que se ha enseñado. En ese sentido, conviene desarrollar una evaluación continua que permita darle seguimiento a todo el proceso. La evaluación formativa (y la formadora, véase más adelante en este mismo capítulo) se yergue en un instrumento poderoso para valorar la creciente asunción del control y la responsabilidad que logran los alumnos. Para valorar la creciente competencia del alumno, conviene tener claras ciertas cuestiones; a saber: Comprobar el progreso y autocontrol del alumno en la ejecución de la tarea y saber si éste se conduce en la dirección pedagógica deseada. Lo importante aquí es corroborar que efectivamente los alumnos se han apropiado las ayudas y apoyos que en su momento fueron prestados y, al mismo tiempo, comprobar que dicho progreso sigue el camino y la dirección que se desea conseguir en pro del logro de los criterios señalados en los objetivos de aprendizaje. Valorar cuantitativa y cualitativamente el tipo de apoyo requerido para los alumnos. En este caso se puede intentar una valoración diferenciadora (ya sea intra o interalumnos; en el primer caso comparaciones antes-después; en el segundo, comparaciones sincrónicas entre alumnos), relativa a la Díaz, F. y Hernández, G. (2002). Estrategias docentes para un aprendizaje significativo: Una interpretación constructivista. México: McGraw Hill. (pp. 350-423).

Lectura complementaria 1 parte1  
Lectura complementaria 1 parte1  
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