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Proyecto Formativo


Índice 3 4 6 8 9 10 11 12 15 16

Presentación Misión | Visión La Compañía de Jesús y la educación universitaria Principios Inspiradores Formación Integral Excelencia | Servicio Profundidad | Fraternidad Experiencia | Universalidad Competencias generales de la Universidad Católica del Uruguay El por qué de la educación jesuita


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Presentación La Universidad Católica fundamenta su trabajo formativo en un conjunto de principios filosóficos y pedagógicos que inspiran su propuesta educativa. Basados en los grandes lineamientos de una Universidad Católica y confiada a la Compañía de Jesús, estos principios tienen a su vez un conjunto de consecuencias operativas para todos los actores que participan de esta tarea educativa, especialmente para sus docentes. En numerosos documentos es posible encontrar importantes coincidencias sobre los principios que fundamentan la acción educativa que la Compañía de Jesús desarrolla en el mundo. Todos ellos derivan de una espiritualidad, la de San Ignacio de Loyola. Tanto la Ratio Studiorum como los sucesivos documentos que han aparecido en forma más reciente1, que la interpretan y la intentan traducir a un contexto contemporáneo, derivan de la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Es necesario conocer algunas notas de dicha espiritualidad, para darle profundidad y sentido a las consecuencias educativas que de ella derivan. Conocer esta espiritualidad otorga sentido y hondura a la tarea educativa y a todas las tareas que se desarrollan en la universidad, las que, con sus diferentes grados de cercanía a los procesos de enseñanza que tienen lugar en las aulas, contribuyen a la educación de los jóvenes.

P. Ed Eduardo Casarottii SJ P d C Rector

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“Características de la educación de la Compañía de Jesús”, publicado en 1986; o “La pedagogía ignaciana, un planteamiento práctico” de 1993. Véase también Fernando Montes, 2002, en “Desafíos de las Universidades Jesuitas en América Latina: la Identidad Ignaciana”. Montevideo, Universidad Católica del Uruguay.

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Misión La Universidad Católica del Uruguay es una institución de educación superior comprometida con la excelencia, la construcción de una sociedad más justa y humana y la evangelización de nuestra cultura. En cuanto Universidad, constituye una comunidad plural, abierta al mundo e innovadora, orientada a la formación de profesionales y académicos, a la generación de conocimiento transformador, a la difusión de la cultura y el servicio a la sociedad. En cuanto Católica, promueve desde la rica tradición educativa de las universidades de inspiración jesuítica la formación integral de la persona, la apertura a la trascendencia, la búsqueda de la verdad y la justicia, la defensa de la vida y la solidaridad entre los hombres. En cuanto del Uruguay, contribuye a través de la docencia, la investigación y el servicio, al desarrollo humano sostenible de las comunidades locales, del país y de la región.

Visión Ser la principal universidad del país en la formación de profesionales y académicos reconocidos por sus valores cristianos, por su competencia técnica, su liderazgo y su compromiso con la sociedad uruguaya. Ser un actor que, impulsado por la búsqueda de la verdad, genera conocimientos relevantes y propuestas que inciden en la sociedad, en la opinión y en la agenda pública, constituyéndose en un referente que aporta al desarrollo del país. Ser un ámbito efectivo de diálogo entre la fe y la cultura uruguaya, aportando a una visión histórica amplia, a la defensa de los derechos humanos y al diálogo interreligioso. Ser una universidad que, contando con el involucramiento y el compromiso de todos los miembros de la comunidad universitaria, ha consolidado a partir de procesos de autoevaluación y acreditación una cultura organizacional coherente con la Misión, basada en una gestión transparente, eficaz y sustentada en la mejora continua.

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La Compañía de Jesús y la educación universitaria El motivo por el cual la Compañía de Jesús asume el apostolado de la Educación Superior puede encontrarse en las razones delineadas hace más de 400 años por el jesuita Diego de Ledesma, actualizados recientemente por quien fuera Superior General de la Compañía, el P. Peter Hans Kolvenbach SJ, y que se expresan en 4 dimensiones. Esta fundamentación es conocida como el “Paradigma Ledesma - Kolvenbach”. “Estas cuatro razones han sido interpretadas y desarrolladas por mi predecesor, el P. Kolvenbach, como cuatro finalidades últimas de la educación de los jesuitas. En forma condensada, el P. Kolvenbach las nombraba por sus nombres latinos: la utilitas, la iustitia, la humanitas y la fides: utilidad, justicia, humanidad y fe.” P. Adolfo Nicolás SJ, Superior General de la Compañía de Jesús Conferencia “Misión y Universidad: ¿Qué futuro queremos?” ESADE. Barcelona, 12 de noviembre de 2008.

1 Dimensión Práctica

3 Dimensión Humanista

(Utilitas)

(Humanitas)

“La educación jesuita ha querido ser siempre una educación orientada a la práctica … pero la utilidad y el sentido práctico no pueden ser cortos de mira… La docencia realmente práctica debe orientarse a la formación de buenos profesionales que, siendo técnicamente competentes, sepan descubrir y vivir el sentido social de toda profesión: el servicio experto a la sociedad en un campo concreto.”

“(…) en nuestros centros universitarios, deseamos acoger al alumno en su concreta realidad. Alumnos y alumnas marcados, en el mundo occidental, por la cultura de sociedades ricas y consumistas. Con dificultades para orientarse en la vida en sociedades pluralistas e individualistas. Con todo el bagaje, positivo y negativo, de la postmodernidad. Queremos ayudar a estos alumnos a descubrir todas sus dimensiones, también las que son frecuentemente silenciadas en nuestra sociedad.”

P. Adolfo Nicolás SJ, Superior General de la Compañía de Jesús, Conferencia “Misión y Universidad: ¿Qué futuro queremos?”. ESADE. Barcelona, 12 de noviembre de 2008.

2 Dimensión Social (Iustitia) “(…) los centros universitarios deben hacer posible que los estudiantes, ‘a lo largo de su formación […] dejen entrar en sus vidas la realidad perturbadora de este mundo, de tal manera que aprendan a sentirlo, a pensarlo críticamente, a responder a sus sufrimientos y a comprometerse con él de forma constructiva. Tendrían que aprender a percibir, pensar, juzgar, elegir y actuar a favor de los derechos de los demás, especialmente de los más desaventajados’2.” 2

P. Peter Hans Kolvenbach SJ, citado en la Conferencia “Misión y Universidad: ¿Qué futuro queremos?”. P. Adolfo Nicolás SJ, Superior General de la Compañía de Jesús. ESADE. Barcelona, 12 de noviembre de 2008.

P. Adolfo Nicolás SJ, Superior General de la Compañía de Jesús, Conferencia “Misión y Universidad: ¿Qué futuro queremos?”. ESADE. Barcelona, 12 de noviembre de 2008.

4 Dimensión Religiosa (Fides) “Este espíritu de fe nos impulsa a desarrollar paciente y apasionadamente la utilitas, la iustitia y la humanitas. La utilitas es también servicio a la Creación continua del mundo. La iustitia es acoger lo que Jesús llamaba ‘el Reinado de Dios’: la llamada a transformar el mundo en pos de la solidaridad y la reconciliación. La humanitas es creer profundamente en el amor de Dios al ser humano y en sus capacidades de trascendencia… Creemos que juntos podemos trabajar el ‘espíritu humano’. Esto significa trabajar nuestra capacidad de amar. Nuestra libertad profunda. La calidad de nuestras relaciones. Trabajar para que las personas, los colectivos y las sociedades sean más sensibles y maduros, más justos y solidarios.” P. Adolfo Nicolás SJ, Superior General de la Compañía de Jesús, Conferencia “Misión y Universidad: ¿Qué futuro queremos?”. ESADE. Barcelona, 12 de noviembre de 2008.

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FideS

Utilitas

Magis

Iustitia

Humanitas

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Formaciรณn Integral

Principios Inspiradores

Excelencia

Servicio

Fraternidad Profundidad

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Formación Integral Como Universidad confiada a la Compañía de Jesús, orienta el sentido de la acción educativa hacia el desarrollo integral y armónico de las dimensiones que constituyen al ser humano. Esta visión de la formación de la persona como un todo se fundamenta en los principios de la espiritualidad y pedagogía ignacianas. Desde esta perspectiva asumimos que todos los aspectos de la vida y organización de la universidad contribuyen para la formación y desarrollo de cada integrante de la comunidad educativa, en todas las dimensiones de su persona.

Universalidad

“Queremos (…) contribuir al crecimiento en humanidad de nuestra comunidad universitaria y de nuestra sociedad toda; un crecimiento integral, que articule el cuerpo y el espíritu, lo intelectual con lo afectivo”. P. Eduardo Casarotti SJ, Rector, en Plan Estratégico UCU, 2012-2017.

“Es una educación que atiende la totalidad de la persona y ninguna de sus potencialidades puede ser pasada por alto…” P. Fernando Montes SJ. Desafíos de las Universidades Jesuitas en América Latina: La identidad ignaciana. 2002.

“La pedagogía ignaciana afirma la bondad radical del mundo, cargado de la grandeza de Dios. Su objetivo es lograr el desarrollo más completo posible de todos los talentos conferidos a cada persona, dentro de la comunidad humana. Esta orientación implica una formación intelectual de calidad, en el campo de todas las disciplinas humanísticas, científicas y tecnológicas.”. P. Gabriel Codina SJ, Pedagogía Ignaciana. Diccionario de Espiritualidad Ignaciana. Bilbao-Santander, Mensajero: Sal Terrae, 2007.

Experiencia

“Es en la prolongación de la ‘cura personalis’ practicada en los Ejercicios como la Ratio Studiorum (…) como se propone en colegios y universidades, no solo la excelencia académica, la especialización profesional o la más avanzada investigación científica, sino también a través de los recursos de la formación integral de la persona para una vida responsable en el pueblo de Dios y en la sociedad humana.” P. General Peter-Hans Kolvenbach SJ en el discurso pronunciado en la apertura del curso-taller sobre “El Acompañamiento Espiritual en la Tradición Ignaciana” (Roma, enero - febrero 2007).

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Excelencia

Servicio

La excelencia es la manera de poner en práctica en lo académico, en lo profesional y en la gestión, el compromiso que en forma existencial se asume de dar lo máximo (el Magis de Ignacio), teniendo a Jesús como modelo, en la construcción de un mundo fraterno.

La verdadera caridad, el amor, debe ponerse “más en las obras que en las palabras” (Ejercicios Espirituales, 230), en entregar la vida a los demás y a Dios.

A partir de la formación integral adquiere su sentido la búsqueda de la excelencia, que es la forma de entender hoy el Magis ignaciano. Esta excelencia nace y se alimenta de la búsqueda y la inquietud por dejar una huella constructiva en el mundo, y a la vez implica y plantea la necesidad de la exigencia y la permanente evaluación de propósitos, procesos y resultados. En definitiva, se trata de una manera inquieta, que se cuestiona, que se pregunta por la validez de lo instituido, una manera de no contentarse con lo establecido. La excelencia en una universidad dirigida por la Compañía de Jesús y por tanto, de Iglesia, se enmarca en el lugar que toda Universidad Católica tiene en la sociedad que la contiene: un lugar donde todo lo humano se estudia y analiza, no desde un supuesto lugar neutral sino desde la perspectiva de los pobres y de la búsqueda deliberada de su beneficio, perspectiva esta que transforma de modo esencial todo conocimiento. En este marco, el concepto de excelencia cobra sentido y se fundamenta en la búsqueda del desarrollo pleno de todas las potencialidades de cada sujeto en vistas a la construcción de un mundo más justo y fraterno.

El servicio es el amor puesto en acción. Está ligado a una voluntad de dejarse afectar por el dolor de los demás, por todo lo que degrada la dignidad humana, lo cual coloca en un lugar central a la solidaridad y el compromiso. Una clave para asumir este compromiso de servicio está en el concepto de justicia. Para la Compañía de Jesús, en este concepto de justicia se destacan “algunas características esenciales” como ser, que está “definitivamente enraizada en la fe, considera central la opción por los pobres, incorpora una preocupación por el conjunto de la creación y trabaja en diálogo con las culturas y las religiones. La promoción de la justicia apunta a un conjunto articulado de dimensiones de nuestra misión”. Secretariado para la Justicia Social y la Ecología. “La Promoción de la Justicia en las Universidades de la Compañía”, 2014, p. 12.

Plantearse los temas de la justicia en las situaciones reales que nos toca vivir es natural en esta forma de ver el mundo. Por ello, es relevante en la formación universitaria otorgar espacios para que los estudiantes entren en relación con los desfavorecidos, reflexionen y diseñen respuestas que apunten a darles oportunidades que contribuyan a la dignificación de su condición. Es fundamental que los estudiantes sientan en forma directa dicha realidad. El contacto no teórico sino vital con estas situaciones es parte fundamental de la formación. “La injusticia hunde sus raíces en un problema que es espiritual. Por eso su solución requiere una conversión espiritual del corazón de cada uno y una conversión cultural de toda la sociedad mundial, de tal manera que la humanidad, con todos los poderosos medios que tiene a su disposición, pueda ejercitar su voluntad de cambiar las estructuras de pecado que afligen a nuestro mundo”.

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P. Peter Hans Kolvenbach SJ, discurso en la Asamblea de la Enseñanza Superior de la Compañía de Jesús en Estados Unidos, Universidad Santa Clara, California, 2000.


Profundidad

Fraternidad

“La primera misión de la universidad es inquietar al mundo y la primera virtud del universitario es sentir esa inquietud, ese inconformismo frente al mundo prisionero.”

“(…) nos sentimos impulsados no solo a formar excelentes profesionales, sino también a aportar en la construcción de un país con mejor desarrollo humano y menos fragmentación social”.

San Alberto Hurtado SJ

P. Eduardo Casarotti SJ, Rector, Plan Estratégico UCU, 2012-2017

El vivir las cosas desde dentro otorga sentido de dirección, ancla y seguridad. Esta profundidad se convierte en un fundamento sustancial de toda la construcción existencial de la persona.

El amor es la fuerza que mueve al ser humano y que contribuye en la construcción de un universo fraterno. Como cristianos entendemos que amar es seguir a Jesús, quien nos reveló a Dios como Padre de todos, transformando su vida en la fraternidad en su máxima expresión.

La profundidad lleva a más interioridad, a una necesaria capacidad de autoconocimiento sobre las propias capacidades y limitaciones, que otorgan a la persona una base razonada y fundamentada sobre sí misma y sobre su lugar en el mundo. La profundidad tiene consecuencias sobre la manera en que la persona se ve en el mundo, sobre las posibilidades de intervenir en él y dejar una huella, más allá de la superficialidad. Por lo tanto, la profundidad no solo implica un movimiento hacia la interioridad (el adentro), sino que también impulsa hacia lo que rodea a la persona (el afuera). “(…) la profundidad de pensamiento e imaginación en la tradición ignaciana supone una profunda interacción con lo real, una renuncia a dejar de pensar (…) que el punto de partida sea siempre lo que es real: lo que se piensa material y concretamente que está allí; el mundo como lo encontramos; el mundo de los sentidos tan vívidamente descrito en los propios Evangelios; un mundo de sufrimiento y necesidad, un mundo destrozado, con muchas personas destrozadas que necesitan sanar. Partimos desde aquí. No huimos. Luego, Ignacio nos guía como estudiantes de la educación jesuita, como hizo con sus ejercitantes, para llegar a las profundidades de esa realidad (…) para ver la presencia oculta y acción de Dios en lo que se puede observar, tocar, oler, sentir. Este encuentro con lo que es más profundo cambia a la persona”.

Desde esta perspectiva, toda formación profesional deberá posibilitar el desarrollo de todas las competencias posibles para la construcción de formas de convivencia que sean una expresión auténtica de fraternidad y justicia. La promoción y apoyo a toda forma de solidaridad, de fraternidad, de verdad y de justicia no hará otra cosa que develar la presencia viva de Dios en nuestra comunidad y sociedad. “La propuesta es el Reino de Dios (cf. Lc 4,43); se trata de amar a Dios que reina en el mundo. En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos. Entonces, tanto el anuncio como la experiencia cristiana tienden a provocar consecuencias sociales”. Papa Francisco, Evangelii gaudium, Capítulo IV, n° 180, 2014.

“En la ‘modernidad’ se ha intentado construir la fraternidad universal entre los hombres fundándose sobre la igualdad. Poco a poco, sin embargo, hemos comprendido que esta fraternidad, sin referencia a un Padre común como fundamento último, no logra subsistir. Es necesario volver a la verdadera raíz de la fraternidad. (…) La fe nos enseña que cada hombre es una bendición para mí, que la luz del rostro de Dios me ilumina a través del rostro del hermano.” Papa Francisco, Lumen Fidei, Capítulo IV, n° 54, 2013.

P. Adolfo Nicolás SJ, Superior General de la Compañía de Jesús. “Profundidad, universalidad y ministerio intelectual: retos para la educación superior jesuita hoy ”, Carta AUSJAL, nº 30, junio 2010, p. 75.

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Experiencia

Universalidad

“ (…) de la experiencia va a surgir una apertura a la verdad de lo real. Ante esa realidad es necesaria una actitud abierta y no la pautada por estereotipos. En lo real tiene lugar el encuentro con el misterio de Dios. A su vez, los otros son vistos como lugares donde también sucede esa comunicación de Dios. De ahí la importancia de escuchar atentamente a los demás y de establecer con ellos puentes sinceros de diálogo (…) De ahí la importancia de que el alumnado de las universidades disponga de experiencias de contacto y servicio a comunidades pobres, para conocer su realidad, no solo de forma teórica, sino vital. La transformación ética y de valores se nutre del hecho fundante de salir de uno mismo, reconocer al otro y afirmarlo como persona.

El mundo real en el que el joven se forma, y en el que habita y se desempeñará como ciudadano y profesional, es amplio y diverso, no se restringe a la comarca en la que habita y ha crecido.

Secretariado para la Justicia Social y la Ecología. ”La Promoción de la Justicia en las Universidades de la Compañía”, 2014, p. 13 - p. 22.

“La experiencia (…) es la apertura radical del sujeto a toda la realidad. Es toda forma de percepción tanto interna como externa.” Delegados de educación SJ de América Latina. XVI Reunión Regional Anual, Cali, Colombia. “La Pedagogía Ignaciana en América Latina. Aportes para su implementación”, 1993, p. 380.

Para poner en marcha un proyecto que busca dar más dignidad a las personas y dejar huella en el mundo, es necesario estar cerca de esa realidad, involucrarse en ella, con instrumentos bien desarrollados, de profesionales que se comprometen en la solución de todo lo que degrada la dignidad de las personas. Desde una perspectiva de fe, es posible encontrar a Dios en todas las cosas, porque el mundo está “cargado de la grandeza de Dios”: a Dios se lo encuentra en el mundo real. Por ello, la experiencia es clave, porque la fe se construye a partir de experiencias concretas y no de una teoría desasida de la realidad. En definitiva, la experiencia enseña. “Ahora más que nunca, vemos que en toda nuestra diversidad, somos en realidad una sola humanidad que enfrenta desafíos y problemas comunes. Como se planteó en la CG 35, tenemos la responsabilidad común de procurar el bienestar del mundo entero y su desarrollo de una manera sostenible y que da vida”.

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P. Adolfo Nicolás SJ, Superior General de la Compañía de Jesús. “Profundidad, universalidad y ministerio intelectual: retos para la educación superior jesuita hoy ”, Carta AUSJAL, nº 30, junio 2010, p. 78.

Este principio se plantea que los estudiantes conozcan el mundo, sus matices, diferencias, fortalezas y debilidades con relación a la dignidad humana, y maduren una visión del mundo y del ser humano con base en el conocimiento. Para ello la propuesta educativa debe propiciar el encuentro de los estudiantes con diversas oportunidades formativas que le brinden información y le permitan tener experiencias con el fin de abrir sus perspectivas a un mundo diverso y plural. La mirada más amplia permitirá derribar prejuicios, conocer a fondo otras realidades y construir una noción de hermandad más allá de las circunstancias. “La originalidad de la Compañía de Jesús al crear sus propias universidades en el siglo XVI fue la de proponer un nuevo modelo de educación superior, en respuesta a las necesidades de la nueva cultura y la nueva sociedad que se estaba gestando. Las universidades jesuitas surgieron como una crítica frente a un modelo de universidad cerrada en sí misma, heredera de las ‘escuelas catedrales’ e incapaz de encontrar respuestas a los nuevos tiempos. (…) Ignacio tenía una visión claramente global del mundo. Aunque quería que los jesuitas se adaptaran al lugar geográfico donde trabajaban, y que aprendieran la lengua y la cultura del lugar (’inculturación’ diríamos hoy), quería que estuvieran disponibles para discurrir y hacer vida en cualquier parte del mundo”. P. Peter Hans Kolvenbach SJ, discurso en la Reunión Internacional de la Educación Superior de la Compañía de Jesús. Roma - Monte Cucco, Italia, 2001.


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Competencias generales de la Universidad Católica del Uruguay Nuestra Universidad estructura su propuesta en “un currículo orientado hacia las competencias”. Toda competencia integra una triple dimensión: un saber (conceptual), un saber hacer (procedimental) y saber ser (actitudinal). A su vez, siempre está en relación con la capacidad de acción en situaciones cambiantes. Las competencias generales son transversales a todo el proceso formativo y son comunes a todas las carreras. Integran el currículo de una carrera en relación con los fundamentos y principios inspiradores de la institución. Constituyen el sello institucional, es decir, que estas competencias generales son otra forma de expresar para este tiempo y lugar los fundamentos de una Universidad confiada a la Compañía de Jesús. CG1. Competencias comunicativas fluidas y de calidad, en el lenguaje oral y escrito CG1.1: Desarrollar una capacidad de comunicación fluida y de calidad, tanto de manera escrita como oral, en idioma español. CG1.2: Desarrollar una capacidad fluida para la comunicación en inglés. CG1.3: Tener habilidades en el uso de tecnologías de información y comunicación. CG2. Gestión y organización de personas y recursos CG2.1: Desarrollar competencias de gestión y organización de personas y recursos, con capacidad para discernir, tomar decisiones y trabajar de forma autónoma. CG2.2.: Actuar con liderazgo, potenciando el trabajo en equipo y con habilidades para las relaciones interpersonales. CG3. Aprendizaje permanente basado en la metacognición y estrategias heurísticas CG3.1: Tener una actitud de aprendizaje permanente, basado en la capacidad de abstracción, análisis, síntesis y la aplicación de conocimientos en la práctica. CG3.2: Desarrollar la capacidad creativa, expresiva, crítica y autocrítica. CG4. Innovación, iniciativa y emprendimiento CG4.1: Tener un compromiso con la calidad y la excelencia. CG4.2: Dominar los procedimientos de búsqueda, procesamiento y utilización de diversas fuentes de información. CG4.3: Centrar sus esfuerzos en la capacidad para adaptarse a nuevas situaciones, para identificar y resolver problemas. Solo para el caso de los Postgrados CG4.4: Tener capacidad para la innovación, la investigación y el autoaprendizaje permanente. CG5. Humanización, justicia y fe CG5.1: Demostrar que se entienden y aplican los principios éticos y legales que caracterizan a la profesión. CG5.2: Conocer diferentes posturas filosóficas y religiosas, marcadas por la apertura a la trascendencia. CG5.3: Asumir compromisos como ciudadanos en los problemas relevantes para el país, atendiendo a los grupos socialmente vulnerables.

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El por qué de la educación jesuita “Si nos preguntamos ahora por qué la Compañía entró en el terreno de la educación superior, la razón no la encontraremos directamente en la persona de Ignacio sino en su misión, en su disponibilidad apostólica para asumir cualquier ministerio que exija la misión. Habrá que esperar hasta fines del siglo XVI, para que, después de una prolija encuesta, el jesuita español Diego de Ledesma nos presente las cuatro razones por las que la Compañía se dedica a la educación superior. Llama la atención encontrar hoy en las declaraciones de misión o en las cartas institucionales de muchas universidades de la Compañía las mismas características enumeradas por Ledesma hace 400 años, actualizadas de acuerdo con la situación y el modo de pensar de nuestros tiempos, y traducidas a un lenguaje moderno. (…) El primer motivo de Ledesma es ‘facilitar a los estudiantes los medios que necesitan para desenvolverse en la vida’. Cuatro siglos más tarde, se expresa de la siguiente manera: ‘la educación jesuita es eminentemente práctica, y pretende proporcionar a los estudiantes el conocimiento y las destrezas necesarias para sobresalir en cualquier terreno que escojan’. Con otras palabras, la excelencia académica. La segunda razón que propone Ledesma es el ’contribuir al recto gobierno de los asuntos públicos’. Esta breve frase se convierte en 1998 en lo siguiente: ‘la educación jesuita no es meramente

práctica, sino que está en relación con la cuestión de los valores, educando hombres y mujeres para que lleguen a ser buenos ciudadanos y buenos dirigentes, preocupados por el bien común y capaces de poner su educación al servicio de la fe y la promoción de la justicia’. Con un lenguaje barroco, Ledesma formula la tercera dimensión de la educación superior de la Compañía: ‘dar ornato, esplendor y perfección a la naturaleza racional del ser humano’. De manera más sobria, pero en la misma línea, el College americano declara: ‘la educación jesuita enaltece las enormes potencialidades y los logros del intelecto humano, y afirma su confianza en la razón, no como opuesta a la fe sino como su complemento necesario’. Por último, Ledesma subraya cómo toda la educación superior se encamina hacia Dios, como ‘baluarte de la religión que conduce al hombre con más facilidad y seguridad al cumplimiento de su último fin’. Con un lenguaje un poco más inclusivo y una actitud más dialogal, la versión moderna de esta declaración sostiene: ‘la educación jesuita enfoca claramente todo su quehacer en la perspectiva cristiana de la persona humana como criatura de Dios, cuyo último destino está más allá de lo humano’.” P. Peter Hans Kolvenbach SJ, “Universidad y carisma ignaciano”, Monte Cucco, Roma (2001).

Departamento de Formación Humanística Vicerrectoría del Medio Universitario

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AGO 2015

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Proyecto Formativo  

La Universidad Católica del Uruguay fundamenta su trabajo formativo en un conjunto de principios filosóficos y pedagógicos que inspiran su p...

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