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EL

DRAGO

David Almorza Gomar Vicerrector de Alumnos. Universidad de Cádiz Hola, La revista El Drago se ha consolidado a lo largo de los años y de los números. El formato de monografías no cierra, sino que abre las puertas a diferentes iniciativas que proponen los alumnos. El objetivo de El Drago sigue siendo el mismo, ser la revista de los alumnos de la Universidad de Cádiz, en la que todos tengan cabida.

Mujer, letras y fotos Curso 2010/2011

#Curso 3. Número 16 Mayo 2011 Edita: Vicerrectorado de Alumnos de la Universidad de Cádiz Dirección: David Almorza Gomar Coordinación: Maria Romera Montero (textos) MªJesús Reyes Benítez (fotografías)

Hoy presentamos un número que combina fotografía y literatura, en un sistema novedoso de mostrar imágenes. La fotografía está viva, pero de esta manera se personaliza y transmite una historia. Cada imagen es una persona que tiene un nombre y que cuenta una vida: su propia vida. Esta mezcla ha sido posible gracias a la colaboración de una fotógrafa (MªJesús Reyes) y una escritora (María Romera). Dos mujeres que son necesarias para contar historias de otras mujeres, las que han participado como modelos de esta galería fotográfica. Dos mujeres con un futuro prometedor en su profesión y en su afición, que además se complementan para realizar un trabajo brillante que hoy se da cita en este número. Por otra parte, la línea editorial de El Drago la siguen marcando los alumnos de la Universidad de Cádiz. Son ellos los que van dando ideas sobre el contenido sugiriendo iniciativas cada vez más sólidas, más impactantes y más imaginativas. María Romera es un ejemplo de alumna comprometida con nuestra Universidad y con los alumnos. No sólo las fotografías, sino cada espacio de la Universidad de Cádiz tienen una vida, una historia que contar y ofrece un lugar para que todos podamos llenarlo de actividad, que siempre será formativa, y de vida universitaria.

Vicerrectorado de Alumnos Edificio Andrés Segovia C/ Dr. Marañón, 3. 11002 Cádiz Teléfono: 956 015 797 www.uca.es/atencionalumnado/ movilidad-estudiantil

Seguro que disfrutarás de la lectura de este número de El Drago, y espero que también te sugiera nuevas ideas que podamos llevar a la práctica. Ese es el espíritu que hemos querido transmitir siempre desde el Vicerrectorado de Alumnos, y el espíritu de El Drago.

ISSN 1889-8092 Depósito Legal CA-416/2009

Hasta pronto.


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#1 PAULA Sonrisas pagadas, caretas de purpurina y brillos, zapatitos de tacón. Princesa de humo y gin. Un mundo tan ficticio que se rompe antes de que dé tiempo a agarrarlo con las 2 manos. Amigos que se pasean por la hipocresía y el reclamo de unas piernas 10 cm más largas a partir de las 12. Cenicienta resurgida y sumergida en superficialidad, como la que se mira en los espejos y pregunta como el otro cuento… Y sigue paseando, paseando… como marioneta en decorado de cartón, con una autoestima mimada de la que uno apenas recuerda nada cuando sale el sol.

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#2 LUCÍA A Lucía le gusta sentarse en la playa al amanecer; espera el día con la misma ilusión todas las veces y se pregunta siempre “¿será hoy?”. Nunca nadie le responde, pero ella se marcha sonriente a trabajar pensando un “sí”. Todos la miran, todos la observan: Lucía, siempre amable, de ojos brillantes. Algunos se preguntan por su fórmula mágica, por cómo aguanta ahí sus 8 horas diarias sin una mala respuesta, sin una mala cara… Unos la odian por eso y otros… por no odiarse a sí mismos. Y acaba su jornada. Y vuelve a casa, con sus plantas, sus libros y sus sueños. Suspira… Hoy, tampoco fue.. 3


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#3 PALOMA Paloma no tiene rostro, lo esconde. Paloma no tiene manos, no tiene pies, ni brazos, ni piernas… apenas le queda un corazón hecho pedazos. Paloma “vive”, es un decir, entre mucha gente que la mira, pero que no la ve. Entre muchos que critican, juzgan y sentencian, pero siempre dentro de seguras mesas de camilla con café y pastas. Sin más ruido ni agallas que eso. Paloma arrastra lo que queda de ella, pensando en que quizás mañana sea diferente, ahogando en lágrimas el dolor que causa la muerte de la esperanza, convirtiéndose en una sombra que poco a poco se desvanece. Paloma se desvanece, eso le pasa: se desvanece; porque para ella, como en la canción, amar fue el empiece de la palabra amargura.

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#4 GABRIELA Y ADIRA Gabriela es mejicana, madre de 4 niños y viuda. Adira es afgana, madre de 3 niños y viuda. Están solas, cada una en su parte del mundo, cada una con sus hijos y lo que queda de sus vidas. Eso tienen en común. Como ellas, tantas… Tantas mujeres que en el mundo son quienes lloran las muertes desafortunadas, las muertes que son números en las estadísticas de violencia, daños colaterales en guerras huecas, lápidas gastadas en los cementerios, o ni eso… Mujeres que siguen adelante, que no dan la espalda a la situación, sino que la agarran con la fuerza que Gabriela y Adira llevan impregnada en sus nombres y se levantan. Se levantan, viven y hacen vivir. Ellas: mujeres, que dan luz donde otros sólo han dejado penumbras.

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#5 PAKY Querida niña mía, a la que adoro sin haber visto y con la que sueño todos los días, quiero darte un consejo antes de que salgas a esta realidad: Nunca dejes de ser humana. Piensa siempre en los demás, y cuando no tengas ganas, no olvides que es bonito amar. La mecánica del mundo déjala para los que no comprenden lo bello, para los que en una flor buscan su utilidad y no comprenden su hermosura. En cuanto a los humanos, no olvides que son eso: humanos, que se equivocarán como tú, pero no por ello perderán su virtud. No desesperes, no desanimes, siempre siente, sueña y da. 6


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#6 CLAUDIA A las 3 en el andén, cual Penélope, pero sin bolso de piel, espera a su caminante... No sabe cómo es, hace mucho que se fue. Tampoco se acuerda bien del por qué. No le ama, acaso un pequeño residuo de cariño infantil es lo que le queda. Tampoco le odia, con los años olvidó eso también. La espera ha sido larga, casi 20 años; llena de emociones encontradas y de preguntas sin respuesta. Todas se evaporan con el ruido del tren que llega. Se van todas, menos una: ¿dónde has estado, papá?

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#7 ENMA - ¿Cómo empezó todo? - La primera vez fue sólo un retoque en la nariz, una pequeña corrección del tabique. “¡no puedo ir por ahí con la nariz torcida!”. Las veces siguientes fueron “caprichitos de la edad”: una patita de gallo por aquí, un realce mínimo, casi imperceptible, por allá… - ¿Y luego? - Luego fue por necesidad, era inadmisible pasear esa piel de naranja por las playas en agosto. - ¿Y después? - Después, una se hace mayor, hay que corregir las maldades del tiempo: estrías, arrugas, michelines, pechos caidos… “¡terrible!”. - ¿Y por qué? - A pesar de todo lo que puedan decir de mí, no soy ninguna enferma, ninguna adicta, es sólo que no quiero “perderme de vista”, no quiero que mis amigos dejen de verme tal como soy, y no estropeada por los años y la gravedad. - ¿Y a qué viniste entonces? - Porque un día, tropiezas con una amiga de antaño, la saludas y ella te contesta: “Disculpa ¿nos conocemos?”. Será infeliz… arrugada como una coliflor y con un cuerpo de mujer de 50 años… Vengo a que me expliques eso. - Pero Enma, tú tienes 50 años… ¿Quién es la infeliz?

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#8 SONIA De pequeña, sus coletas pelirrojas hacían que no pasara inadvertida en aquella clase de preescolares donde se deshacía en carcajadas. De más grande, su nombre quedó olvidado entre apodos de mal gusto con los que la “crueldad inocente” de los niños quiso rebautizarla durante años y años, entre llantos y sollozos. De adolescente, esas mismas coletas, ya recogidas en una, y las pecas, hacían que quisiera ser invisible en aquella clase de instituto donde muchos, ya no tan niños, seguían siendo crueles, ya sin inocencia. Ahora Sonia va la Universidad, se ha teñido el pelo de oscuro, es una más en lo común de las melenas de su entorno. Sin embargo, ya no hay clases de niños crueles y adolescentes malvados, hay un mar de personas en el que uno se pierde sin identidad y va simplemente a la deriva de la mediocridad. Ahora Sonia, inconfundible hasta entonces, se ha perdido.

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#9 ANGIE Angie tiene 25 años, es bailarina. Luce zapatos de tacón cualquier día, a cualquier hora. Son su medalla. A los 10 años un accidente la hizo ser como Aquiles, mítico por su fuerza y su imbatibilidad, pero indefenso con una simple flecha en su tobillo. Angie, como aquel héroe, se quedó dormida en el miedo de no volver a caminar y, de hacerlo, con limitaciones que no la dejaran correr, saltar o bailar… Años de sueño entrecortado y esperanzas tímidas entre las sábanas de esa cama que no la dejaba salir. Años de arrumacos convertidos en el capullo de un pequeño gusanito de seda. Angie, mujer , ejemplo de tenacidad, cansada de esa cama, un día rompió el capullo, se tragó al mito y saltó de ella como la más fuerte de las mariposas. Ahora, no sólo camina, sino que enfundada en sus tacones, medalla que premia esa larga carrera de superación, rebosa energía y grita al mundo en cada paso: “Sí, sí puedo”.

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#10 OLGA Y SUSANA Incomprendidas. Escondidas. Confundidas. Sin entenderlo. Tristes. Completas. Cómplices. Divertidas. Entendiéndose. Felices. Viven en un mundo de 2 realidades: una fuera y otra dentro de su casa. Viven, afuera, pendientes de un salto en la evolución, de ese “pequeño paso para el hombre y gran paso para la humanidad”. Viven, adentro, en un bucle de fantasías y colores donde no caben los miedos. Viven, afuera, como eternas amigas juzgadas a ratos. Viven, adentro, como compañeras de este viaje en el tiempo. Saben, ellas, de lo injusto de los juicios, de los prejuicios. Saben, ellas, de lo cruel de esos jueces sin título. Son, ellas, las que callan y esperan, sin condenar, dentro de casa, a que esos jueces aprendan a caminar.

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#11 ALBA A Alba nunca le gustó su nombre, le parecía demasiado dulce, demasiado femenino… temía convertirse en una muñequita vulnerable, débil… en un “mundo de hombres”, era peligroso. Hermana de policías, hija de policía, nieta de policía, etc, etc, etc.Es policía. Cada día saca a la calle su amplio abanico de hombría: valentía, fuerza, asertividad … Tan machista, el escenario y los personajes. Tan intolerante. Y tan incómodo. El viernes por la noche, Alba llega a casa, guarda en el fondo de su armario ese disfraz de machismo y educación conservadora y rescata del mismo fondo el orgullo de ser Alba: fuerte, valiente, asertiva … Y femenina.

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#12 ANA Es estudiante de periodismo; fiel admiradora de Maruja Torres, se imaginaba a sí misma relatando crónicas desde conflictos remotos del futuro. Hoy no sabe por dónde empezar a contar éste en el que se siente inmersa en el baño de su casa… Siempre ha querido a Pablo, pero sabía que no era él con quien quería pasar el resto de su vida… Se siente imbécil mientras se mira en el espejo y se pregunta por qué le hizo caso… “No pasa nada, no pasa nada, un poquito”. “¡idiota!” Se repite una y otra vez. “¿Cómo se lo digo a mis padres?” se pregunta mientras llora sin consuelo. “Es una vida, es una vida” retumba en su cabeza; pero… “¿Qué pasará ahora con la mía?” Termina dudando inevitablemente. Y en esas sigue Ana, en una carrera contrarreloj donde sueños, culpabilidad y moral hacen fuerza en su particular balanza.

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#13 LAURA Juegos de muñecas en su cabeza, casas de muñecas a su alrededor, sonrisas y balbuceos en su imaginación. Deseo de infancia que permanece… Explosión de sentimientos que no llega. Aparecen la impotencia, la indignación, el enfado y los por qués. Luis, fiel compañero, paciente y comprensivo, no es suficiente. Discusiones sin sentido, reproches injustos, heridas profundas. Sueños rotos. Otra vez. Sentada entre zapatitos que le caben en una mano, rodeada de peluches y mantas con ositos, en una habitación reservada que lleva vacía demasiado tiempo, en una casa que lleva en silencio lo que parece una eternidad: “¿por qué? ¿por qué? ¿por qué?” Lo daría todo por ser madre. Y no puede ser.

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#14 MAR “De mayor quiero ser artista” “de mayor quiero ser enfermera” “de mayor quiero ser policía” “de mayor quiero ser maestra”. De mayor soy… esto. ¿vergonzoso? Tengo que pagar el alquiler, mis hijos tienen que comer, la residencia de mi padre hay que pagarla… ¿me gusta? ¿tú qué crees? Hace frío, se sienten todos los tipos de frío que puedas imaginar. ¿alternativas? ¿dónde? ¡estoy sola! Limpiar escaleras no da para mantener a cinco personas, no me cuentes historias, no me des lecciones, intenté muchas cosas antes de llegar aquí. ¿Que si quiero cambiarlo? Si yo pudiera, cambiaría muchas cosas… cambiaría el pasado, cambiaría el futuro… ¿qué le digo a ellos? Que soy limpiadora… ¿qué voy a hacer? Lo que hago, sobrevivir.

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#15 CANDELA Muerta de miedo se quedó cuando le dieron su diagnóstico: cáncer. Sonaba tan difícil… Se helaba al pensarlo: ¿y si me muero? ¿y mi gente?. Llantos y una familia asustada siguieron en los días… Luego: pruebas, más pruebas, tratamientos agresivos, efectos secundarios, “cambios de look”… y miedo, mucho, siempre presente en ese largo y lento camino. Muy duro. A pesar de todo, Candela sabía que saldría bien, su médica le mostró a muchas “superadas”, el “Pepito grillo” de su interior le decía que sí, que adelante!!. Y allí estaba: sonriendo frente a espejos maltrechos donde no se reconocía, bromeando en comidas donde ni probaba bocado, inventando historias para pequeños, y para grandes, caminando pasito a pasito, un día, otro día, otro… Hoy: “Superada”. ¡Bravo, Candela!

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#16 MANUELA Manuela ha imaginado tantas veces lo que ahora ve en este espejo que no puede parar de reír. Se mira de un lado, del otro, sentada, de pie, de frente, de espaldas… ¡es preciosa! Días, semanas, meses de trabajar el doble, de día y de noche, de ahorros imposibles, de visitar mil y un hospital, de suplicar una y mil complicidades, de luchar por ser visible, de intentar ser feliz… Atrás quedan cuchicheos, insultos, miradas de mala intención, inercia de críticas… atrás también familiares y amigos sin empatía… la apena, sí, pero hoy da igual. Hoy es, más que nunca, una mujer. Y por fin ríe.

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#17 SOFÍA Ya desde hacía tiempo lo sospechaba, para Sofía esas cosas son evidentes. Como siempre, no faltaban los martes al teatro, los miércoles al club de tenis y los sábados al casino. Todo ello adornado de los mejores vestidos, las más originales de las joyas y los manjares más selectos. Regado con cava, parecía perfecto. Sólo una cosa ausente en ese mundo de perfección y de apariencias: desde hacía tiempo, los ojos de él ya no brillaban ante sus guantes rojos de los viernes noche.

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#18 MARTA En el mundo de las mariposas y las flores también debe haber palomitas. Resignada cuando ojea las revistas del corazón, con vestidos de princesa que ella nunca llevará, apenas es capaz de elegir corte en la peluquería, aunque al final está preciosa con cualquiera de ellos. Va de tiendas con amigas y se siente en un mundo de “pulgarcitas” o en el salón de juegos donde vestía a sus Barbie. Nunca compra nada. Su ropa es a medida, y hasta anticuada siente a veces, pero está preciosa con cualquier cosa que se pone. No sabe lo que es un bikini, una minifalda o un tacón de aguja… Y cae en lo absurdo de desearlos de cuando en cuando; hasta que despierta y descubre que ella no es esclava de nada: ni modas, ni dietas, ni cánones impuestos, ni complejos ni apariencias. Ella es Marta. Y en el mundo de las mariposas y las flores, también debe haber palomitas.

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#19 CLARA Huyendo del típico “jóvenes irresponsables y acomodados en la precariedad de ser becarios���, Clara vive en Alemania luchando porque sus diplomas sirvan de algo. Cada día pasea autómata entre lo que se le hacen ruidos vacíos: “guten morguen””guten tag”, ansiando cruzarse una cara conocida que diga un simple “HOLA”. Tiene ratos de alegría, es joven y es fuerte, pero son más en los que recuerda rencorosa esos “es que los jóvenes queréis que os lo den todo hecho” “es que no estáis acostumbrados a lo que cuesta conseguir las cosas”. ¿Y esto qué es entonces? Se pregunta. Indignada se acuerda también de cuántos habrá como ella. ¡tantos!. ¿Cuántos como ella echarán de menos los geranios del patio de su abuela? ¿las lentejas de mamá? ¿los abrazos del peque?. ¿Cuántos como ella exiliados de la incomprensión? ¿Cuántos como ella inmigrantes del siglo de las oportunidades? ¿Cuántos como ella desaprovechados por “sus mayores”?

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#20 LOLA Lola y Carlos se encontraron hace unos años por casualidad. Ella vestida de rojo, él de gris. En la presentación de un libro que a ambos fascina. Fueron solos. Por casualidad, se rozaron las manos al levantarse al final. Y se dieron calambre, uno de esos que llega hasta la punta de los dedos de los pies. Y se miraron y se vieron y sonrieron. Lola y Carlos, siguieron sus vidas. Coinciden los martes en el autobús 76, ella va a clases de pintura, él a clases de inglés. No se hablan, sólo se miran, se ven y sonríen. Coinciden los viernes en el café de la luna, con amigos que se hacen invisibles. No se hablan, sólo se miran, se ven y sonríen. Coinciden los domingos en la mañana en la playa chica; ella con pañuelo al cuello, él con gafas de sol, una lee frente al mar y el otro toca la misma canción una y otra vez. No se hablan, sólo se miran, se ven y sonríen. Y se extrañan tanto… y se desean tanto… que se dan calambre sin rozarse esta vez.

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#21 LUISA Se ha quedado tan vacía… Llena de nostalgias, de miedos, de pedacitos de cristal bajo los pies. Pareciera que el mundo se ha parado, pero no, sale el sol allá a lo lejos, sigue cayendo arena en este reloj de vida. Se siente frío, como aquel balcón de madrugada donde acompañaba el vino. La abrazan recuerdos borrosos, la tristeza desdibuja las líneas y todo son manchas de colores mezclados. El rojo predomina y medio marca una sonrisa; pero está debilucho todavía, húmedo, demasiado pronto. Extraña cosas que ni sucedieron. Tan infeliz.

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#22 CORAL Ya desde pequeñita se la veía brillar: a los dos años chapurreaba cuentos, a los siete inventaba juegos en el recreo, a los doce era campeona de concursos de ortografía, matemáticas, dibujo… Luego se asustó, demasiado peso para una niña. Y quiso ser del montón, una más, una desconocida que se escondía entre tres o cuatro amigos, cómplices de miedos y de sueños, mientras se hacía mayor. No duró mucho el anonimato; las luciérnagas brillan inevitablemente, a pesar de sí mismas. Y fue feliz, aprendió a regalar esa luz, a compartirla, a disfrutarla. Un día, la culebra del cuento popular, la que hay en todos, se cansó de verla reír… enfadada, envidiosa y avara la persiguió sin cesar, acoso y derribo. ¿por qué?, como en el cuento: “porque no soporto que brilles más que yo”. Ilusa serpiente, olvidó un detalle: las luciérnagas vuelan, escapan a sus bocados. Y brillan siempre.

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