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UNLaM / Licenciatura en Comunicación Social / Taller de Producción y Administración en Medios / Gráfica

Justo cuando estamos más comunicados que nunca, estamos más incomunicados que nunca. Desconectados, inconexos. Sumergidos en una era de las comunicaciones que nos aísla, que nos vigila, que nos vuelve funcionales a una marea de mensajes vacíos. Resistiendo. Así se encuentra el ser humano. Sólo la locura y el amor podrán salvarlo de una batalla que parece perdida. En esa resistencia pura y capaz de todo, anida la esperanza. Somos uno, absoluto y eterno. Ahí está la clave para encontrar el horizonte y conocer de qué estamos hechos, quiénes somos y hacia dónde vamos.


año XI número XI - noviembre 2011 UNLaM / Licenciatura en Comunicación Social / Taller de Producción y Administración en Medios / Gráfica

d i f e r e n t e s v i d a s u n m i s m o c ó d i g o


TAPA (Ignacio Sánchez) Acercá tu webcam o tu celu a la tapa y descubrí la versión digital de la revista! Accedé a todo un mundo de sensaciones. Unisapiens: una experiencia sensorial. Sólo necesitás un lector de códigos QR. Lo podés bajar en www.reader.kaywa.com

02..........DIVERSIDAD: “la homogeneidad aburre”. Guadalupe Polola 06..........Trabajo, luego no existo.

Victoria Malagueño

10.........La basura de unos es el tesoro de otros.

M. Fernanda Goracy

15.........”Quereme así piantao, piantao, piantao...”

Fernando Tinnirello

20.........El PACO, un mal que crece con la indiferencia.

Rodrigo Sánchez

24.........La mirada de los otros.

Juan Pablo Vera

28.........Adopciones, el punto débil de la Ley de Matrimonio Igualitario.

Felipe Foppiano

32.........El derecho de pensarnos en un mundo mejor.

Samanta Silva

37.........Cooperativismo: volver al trabajo.

Romina Filipuzzi

41.........”Quiero ser como Messi”.

Ignacio Sánchez

46.........Infancia sin salitas.

Carolina Ramos

50.........Igualdad educativa: cero.

Marcelo Timponi

53.........Cosiendo un futuro en Buenos Aires.

Ariel Medina Candia


• TURNO MAÑANA: Ariel Medina Candia Victoria Malagueño Felipe Foppiano Rodrigo Sánchez Carolina Ramos •Coordinación periodística: Agustina Grasso Cristina Lago •Diseño editorial: Carolina Salgán • TURNO NOCHE: M. Fernanda Goracy Romina Filipuzzi Guadalupe Polola Ignacio Sánchez Samanta Silva Marcelo Timponi Fernando Tinnirello Juan Pablo Vera •Coordinación periodística: Alicia Castillo M. Laura Carlucci •Diseño editorial: Marisa Repice

...o esperar que el agua te tape.

Ilustraciones pág. 56 y RCT: Luis Paredes

M. Eugenia Herrero


Venir de Bolivia. Estar poco cuerdo. Ser gay. Esas pequeñas grandes historias que aguardan ser contadas recorren las páginas de Unisapiens. Páginas que reflejan que la homogeneidad es una ficción. Que somos una variedad de voces que a veces gritan en vano. Con nuestra Revista proponemos que cada una de ellas resuene y se oiga para combatir la indiferencia. El periodismo de investigación y la crónica fueron los caminos que elegimos para sacar a la luz estas historias, y hacer algo con ellas. Aquí, las estadísticas cobran vida y muestran los obstáculos que atraviesan muchas personas para sentirse parte de la comunidad. Estuvimos acostumbrados durante demasiado tiempo a convivir con la exclusión, naturalizamos la discriminación y llegamos a creer que esa era la única forma posible de vivir. No fue sin mucho dolor que aprendimos que “no es cosa de salvarse cuando hay otros que jamás se han de salvar”. Si bien avanzamos mucho, seguimos rodeados por un mar de injusticias caprichosas, innecesarias, evitables. Ellas nos provocan, nos interpelan y nos reclaman pelea. Queremos que nuestra Revista se sume a esa lucha que tantos héroes invisibles emprenden a diario. Que sea una herramienta más en esta búsqueda por la igualdad, pero con respeto por nuestras identidades. Hoy somos una multitud de diversidades buscando igualdad. Pero también queriendo ser quienes somos. Nuestras expresiones suenan todas juntas y no siempre armonizan. Intentar que nadie desafine, que las voces distintas se combinen y canten una sociedad más justa e igualitaria, es el desafío.

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por Guadalupe Polola

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Muchos niños que padecen Síndrome de Down transitan el nivel inicial con niños que no lo padecen. En esta etapa de aprendizaje y gracias al acompañamiento del maestro integrador la brecha entre unos y otros simplemente desaparece.

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e a poco comienzan a llegar las maestras, la directora y las preceptoras. El cuerpo docente está listo para iniciar una nueva mañana de trabajo. Las puertas del jardín se abren a las ocho en punto como todos los días. Adriana es una de las encargadas de recibir a cada uno de los 90 niños que conforman las tres salitas del jardín Nº 943 de Isidro Casanova. El silencio se interrumpe cuando empiezan a llegar los chicos. Algunos entran todavía dormidos y refregándose los ojos, otros se dirigen hasta la puerta a upa de mamá o de papá. Se escucha algún lloriqueo que enseguida la maestra logra calmar y hay uno entre tantos que corre a saludarlas con los brazos abiertos para fundirse en un beso y abrazo gigante.

Mariano no es diferente en el jardín. Aprende jugando, incrementa su creatividad y se relaciona con el arte a partir de los garabatos llenos de colores que pinta en su hoja, se desarrolla social y emocionalmente cuando comparte los autitos con sus compañeros y juegan carreras, despliega su imaginación al escuchar una historia contada por su maestra.

El ingreso al nivel inicial representa la primera salida de la casa y del mundo familiar hacia una institución. Los aprendizajes que se producen en este nivel favorecen el desarrollo integral del niño y el éxito en su futura escolarización. Mariano tiene síndrome de Down y como todos los chicos, tiene derecho a recibir educación.


El Síndrome de Down es una alteración genética que se produce en el momento mismo de la concepción, al unirse el óvulo y el espermatozoide. La causa que la provoca es, hasta el momento, desconocida. Cualquier persona puede tener un niño con síndrome de Down. Todos tenemos 46 cromosomas en cada una de nuestras células: 23 provienen de la madre y 23 del padre.

Tanto uno como otro pueden poseer un cromosoma de más, ya sea en el óvulo o en el espermatozoide. De esta manera uno de los dos aportará 24 en lugar de 23 cromosomas y nacerá entonces una persona con síndrome de Down, que tendrá en total 47 en vez de los 46 correspondientes. Ese cromosoma extra se alojará en el par 21 y, por eso, se conoce con el nombre TRISOMIA 21 (tres copias del cromosoma 21). “Ellos ya son portadores de cara porque la gente los ve y ya está el estigma marcado. Me parece que el desafío de la mayoría de los maestros es hacer que esto cambie. Todo puede cambiar y para mí todo cambia a partir de la educación”, manifiesta Mónica Novillio, maestra integradora de Mariano. Para cualquier chico es productivo ir a la escuela en cualquiera de los niveles. Tanto Mariano como sus

compañeros se favorecen de la misma forma. “El beneficio está en la riqueza y en la diversidad y en lo que cada uno puede y no puede hacer porque seguramente el que puede una cosa no va a poder otra y va a aprender con el otro y obviamente la intervención del docente es fundamental”, señala la maestra. El objetivo de su tarea es ayudarlos, acompañarlos, andamiarlos, hacer posible lo que a veces resulta imposible independientemente de que vivan otras realidades. Para Mónica, “el maestro integrador es igual que cualquier maestro, uno se es- 3 fuerza por cambiar la realidad del chico que se tiene a cargo”. Pero si se habla de integración se debe hacer referencia a la inclusión que también forma parte de este proceso.

Integrar – Incluir: dos caras de una misma moneda Aunque a veces se los utilice como sinónimos, incluir no es lo mismo que integrar. Según la Real Academia española, integrar implica “hacer que alguien pase a formar parte de un todo” mientras que incluir refiere a “poner algo dentro de otra cosa o dentro de sus limites”. Por lo tanto, si se introduce una cuchara dentro de una taza está incluida, pero puede no estar integrada. Son dos procesos que tienen que estar juntos y se dan casi naturalmente, es decir, cuando el niño está incluido en la salita, pero no integrado en el grupo entra en juego el maestro integrador. Su función no es la de un maestro particular, explicarle lo que no entiende fuera del aula, sino integrarlo en el salón, lograr potenciar y explotar todo lo que el niño puede y más.


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Mónica visita a Mariano una vez por semana durante dos horas. Juntos realizan las actividades que propone la maestra y luego se elabora un diagnóstico correspondiente al seguimiento que se lleva a cabo, a pesar de que el tiempo que comparten juntos es muy escaso. El maestro integrador tiene cuatro horas como mucho para cada uno de los seis o siete niños con los que trabaja. En la actualidad aumentó la solicitud de maestros integradores porque hay cada vez más niños con problemas de aprendizaje. Muchos chicos están anotados en listas de espera. Lo real es que hay pocos maestros específicamente en la rama especial, de modo que se abren listados de emergencia y ante la falta de docentes recibidos los puestos son cubiertos por estudiantes. Marianito, como le dicen sus compañeros, ingresó al jardín con un previo trabajo de integración en el Centro de Estimulación y Aprendizaje Temprano (CEAT) que es el primer paso del sistema educativo. Esto favoreció su desarrollo en el nivel inicial normal, ya que en las escuelas especiales no hay grupos de este nivel. “Se valora la importancia de que el chico aproveche todas las oportunidades que tiene de aprendizaje en todos los sentidos en el nivel inicial”, afirma Mónica.

en la familia y luego en la sociedad. Las técnicas para desarrollar una estimulación adecuada pueden ser variadas, pero siempre deben responder a un programa previamente organizado. En relación al tratamiento que se lleva a cabo, María señala que debe concurrir la mamá con el bebé una vez por semana durante 45 minu-

“Cuanto antes, mejor”. El ABC de la estimulación temprana. “La estimulación temprana es una disciplina científica que se encarga de optimizar el desarrollo de la primera infancia y se ocupa de chicos con patología instalada. Esto quiere decir con problemas genéticos, por ejemplo un bebé con síndrome de Down, con problemas neurológicos o con problemas sensoriales. Y se ocupa de los niños en riesgo y de su estado biopsicosocial, como un bebé prematuro en un ámbito de crianza frágil”, explica la especialista en estimulación temprana Maria Margarita Nucetto. “Se trata de resguardar un estado de completo bienestar físico, mental y social, más allá de la ausencia de enfermedades o afecciones”. Todo niño tiene un potencial que se denomina potencial de neuroplasticidad que alude a la capacidad neuronal de enriquecer todas las prolongaciones de las neuronas. “En un ambiente enriquecido todo este cableado que decimos nosotros de neuronas se fortalece mucho más. Esto es para todos los chicos, tengan o no alguna patología. Este auge de la neuroplasticidad es muy fuerte durante los tres primeros años de vida. Cuanto antes mejor en estimulación temprana es el ABC”, alude María. En el caso de un niño con síndrome de Down la finalidad de esta disciplina consiste en que el chico genere su propia personalidad, su ubicación

tos y periódicamente se realizan entrevistas con los papás y el equipo de profesionales para informarles cómo evoluciona el niño. “Uno va observando el desarrollo en las distintas áreas en lo mental, en lo motriz, en lo afectivo y va dando orientaciones a los padres, porque en realidad el trabajo fuerte lo hacen los padres en la casa, en todo lo que tiene que ver con la vida cotidiana”, indica la especialista. A partir de los dos años, los niños ingresan solos a la sesión. Se organizan grupos de dos o tres niños y se realiza un ensayo de lo que sería un jardín. Se trabaja el lenguaje, el juego, y todo lo previo a hábitos para integrarlo al nivel inicial. Al cumplir los tres años, el equipo de profesionales realiza las gestiones necesarias para poder acompañar al niño durante sus primeros seis meses en el jardín.


Cada partido posee sólo un centro de estimulación temprana a nivel estatal. En el caso de acceder a la gestión privada son las obras sociales las que pagan los tratamientos. “La oferta por parte del estado es bastante pobre en cuanto a cantidad”, asegura la especialista. Maria ratifica que el área que más desfasada tienen los niños con síndrome de Down es el lenguaje. Es importante la función del fonoaudiólogo para lograr que el niño tenga interés de hablar, de expresarse, que “tenga sentido para él hablar, que no sea una cosa mecánica, de ejercitación porque eso no lo va a ayudar”. Adriana Álvarez es preceptora del jardín al que asiste Mariano. Ella estuvo presente cuando el niño pronunció su primera palabra. “Tuve que ir a ayudar a la maestra y estaba mirando el dibujito de una de sus compañeras cuando Marianito me miró y me dijo ‘puta’. Me quedé helada. No sabía si felicitarlo porque había hablado o decirle algo por lo que me dijo”, recuerda Adriana mientras sonríe.

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Durante el recorrido del nivel inicial las similitudes son más que las diferencias respecto del niño con síndrome de Down y sus compañeros. Recibir educación es un derecho para todos. Un niño como Mariano quizás responderá de forma más tardía, pero responderá. Quizás tendrá dificultades para comunicarse, pero se hará entender. No transitará el camino hacia la primaria solo, lo hará acompañado del cuerpo docente y de su familia.

Esta condición afecta aproximadamente 1 de cada 800 nacimientos en todo el mundo. Es necesario promover los derechos intrínsecos de las personas con síndrome de Down, derecho a disfrutar de una vida plena, digna, y a ser participantes activos en sus comunidades. “La sociedad aún tiene demasiados prejuicios hacia las personas con síndrome de Down. La diversidad es buena, la homogeneidad aburre”, resume Pablo Pineda, primer europeo con síndrome de Down que obtuvo un titulo universitario. 


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La basura de unos Siempre hay uno en cada barrio. Sus comportamientos generan preocupación, preguntas y casi siempre quejas. ¿Qué pasa cuando coleccionar cosas se transforma en una obsesión imparable? por María Fernanda Goracy

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es el tesoro de otros C

uatro perros vagabundos duermen en hilera bajo el sol en una esquina. Sólo son perturbados por la visita de varios loros que invaden su vereda en busca de restos de alimento. El ruido de una vieja puerta que se abre rompe con la calma y al unísono levantan sus cabezas en un instante. Las aves desaparecen y los perros se levantan contentos. Son las cinco de la tarde y Gustavo, el dueño de la casa de la esquina, sale a hacer lo que hace todos los días. Gustavo acumula. Tiene la necesidad de hacerlo. Sin parar. Hasta el extremo. Lo que para algunos es una situación desastrosa, a él parece no importarle. Sufre de un Trastorno Acumulativo Compulsivo que lo lleva a juntar y guardar objetos sin valor emocional o utilidad alguna, pero de los que no puede desprenderse. Así como hay gente que es capaz de revisar cinco veces si dejó la llave del gas cerrada, antes de poder salir de su casa. Es agosto y la temperatura es de alrededor de 22 grados, pero él debe ser friolento porque no usa uno sino dos gorros de lana. A su pullover de rayitas, rombos y demás garabatos, no le falta un color. Aunque le sobran varios agujeros. Sus zapatillas están bastante gastadas y también embarradas por caminar tanto después de las lluvias de los últimos días. Camina mucho Gustavo. Algunos vecinos lo conocen con el extraño sobrenombre de Verruga. Los históricos de la cuadra recuerdan que el pequeño Gustavo, hoy de unos 47 años, era el único chico del barrio que iba a una escuela privada. Hace varias décadas, su familia era la más “rica” del barrio. Al pensar la situación en retrospectiva, la conclu-

sión es que familia y casa han vivido tiempos mejores. Hoy el hogar de Gustavo resalta pero no por su belleza. Es un chalet californiano o colonial de la década del `50, característico de los tiempos del peronismo, con las paredes blancas y las tejas españolas color terracota. Con un pequeño jardín delantero y un muro bajo de no más de medio metro que rodea la propiedad. Casi a diario, camina por su cuadra mientras se detiene ante cada bolsa de basura que encuentra. Las abre y revuelve un poco para ver que hay. Selecciona algunas cosas y sigue su camino. Al final del recorrido habrá juntado unas tres bolsas y algunos cartones sueltos. Falta poco para que anochezca y Gustavo vuelve a su casa. Cuando llega, acomoda los cartones en una pila bastante grande de diarios que tiene en el jardín. También conserva algunas botellas de vidrio, unas bolsas cerradas y curiosamente, un sofá medio destartalado en la entrada de la casa. Las primeras preguntas que surgen ante los casos de acumuladores tie-

nen que ver con las causas. Es común preguntarse cómo una persona puede llegar a tales extremos sin poder hacer nada para revertir su situación. El doctor Andrés Fermand, psiquiatra del Hospital de Moreno, opina que detrás de este trastorno existen dos patologías muy distintas. El paciente puede ser psicótico, es decir que perdió el contacto con la realidad, o puede sufrir una neurosis obsesiva grave, conocida más frecuentemente con el 11 nombre de trastorno obsesivo-compulsivo. En los dos casos, añade Fermand, “siempre está presente una característica patológica del sujeto, que no puede llevar adelante situaciones de la vida cotidiana”. En definitiva, el acumular objetos les otorga seguridad y tranquilidad. Según el psiquiatra, no se sienten mal por acumular, al contrario, el hecho de guardar cosas funciona como un mecanismo de defensa. El acumular sería como la fiebre, es un síntoma que sirve para que los gérmenes no se desarrollen tan rápidamente. Quizás, si no acumularan “se volverían locos”.

Ejemplos de otros trastornos obsesivos-compulsivos Lavadores y limpiadores: son personas a las que carcomen obsesiones relacionadas con la contaminación a través de determinados objetos o situaciones. Verificadores: son personas que inspeccionan de manera excesiva con el propósito de evitar que ocurra una determinada catástrofe.

Repetidores: son aquellos individuos que se empeñan en la ejecu-

ción de acciones repetitivas.

Ordenadores: son personas que exigen que las cosas que les ro-

dean estén dispuestas de acuerdo con determinadas pautas rígidas, incluyendo distribuciones simétricas.

Numerales: buscan sentido a los números que les rodean; sumán-

dolos, restándolos, cambiándolos hasta que les da un número significativo para ellos.


La basura de unos...

En este estado está hoy la casa de Gustavo. El desorden es notorio, pero está bastante mejor que hace algunos meses.

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Los pacientes de Fermand suelen explicar que no se deshacen de los objetos porque sienten que tal vez los puedan necesitar más adelante, en otro momento. Pero ese momento no llega nunca. En muchos casos el acumulador se obsesiona con ciertos objetos específicos. El psiquiatra recuerda a un paciente que juntaba colchones y a otro que atesoraba bidones de agua. También están los que acumulan chatarras oxidadas, ropas viejas, electrodomésticos en desuso o sus partes, muebles o cualquier cosa que la gente tire. Tratan, por lo ge-

neral, de seleccionar aquellos objetos que perduren y no se pudran tan fácilmente como los restos de alimentos. El estado deplorable en el que viven les genera vergüenza, por lo que algunos se rehúsan a invitar gente a sus casas y se aíslan. Además, a veces llegan a un punto donde algunos ambientes, como el baño o la cocina, pierden totalmente su funcionalidad por estar atiborrados de objetos. Se tornan inhabitables. Otro riesgo potencial que enfrentan es el de los incendios. A nivel mundial, varias personas fallecieron de-

bido a que sus cosas acumuladas se convirtieron en crueles obstáculos que impidieron que los bomberos avancen rápido por el lugar. En los casos más extremos, los acumuladores forman pilas desde el suelo hasta el techo, cubriendo por completo cada rincón de sus hogares. Otro peligro es que se produzcan derrumbes de esas pilas, y que aplasten a la persona, que muere al no tener posibilidades de escapatoria. Los precarios muros hechos de papel y bolsas que rodeaban la casa de Gustavo no llegaron a derrumbarse. Cada vez son más pequeños. Esto

Otros ejemplos de acumuladores que forman pilas de toda clase de objetos en el exterior o en el interior de sus casas.


Los hermanos Collyer se debe a que desde hace unas semanas, colabora con varios cartoneros que se acercan a su casa con sus típicos carritos. Si alguien se lo pide, Gustavo es capaz de entregar sus cartones, diarios o revistas. Aunque no se deshace de todo y los vecinos siguen molestos. Para ocuparse de este y otros temas, la Municipalidad de Morón cuenta con la Secretaría de Relaciones con la Comunidad y Abordajes Integrales. Dentro de esta sección, se desarrolla el Programa de abordaje del padecimiento humano en la comunidad. Es un equipo que está conformado principalmente por psicólogos, aunque también reciben la ayuda de empleados municipales, que están más cercanos a los problemas cotidianos de la gente.

Ni la policia ni los bomberos pudieron atravesar las puertas y ventanas de la casa que los

Collyer tenían en New York, el 21 de marzo de 1947. Los vecinos estaban preocuhermanos

pados porque no daban señales de vida desde hacía bastante tiempo.

Cuando

llegaron,

los

rescatistas se encontraron con enormes pilas de periódicos y otros objetos que cubrían la casa desde el suelo hasta el techo.

Finalmente decidieron realizar un agujero

en la terraza del edificio para lograr introducirse en la vivienda de los hermanos.

Después de seis horas de atravesar angostísimos pasadizos a través de todo tipo de objetos inimaginables, se localizó el cuerpo sin vida de uno de los hermanos, Homer, sentado en una silla. A pesar de que decenas de bomberos y policías trabajaron a destajo, recién 18 días después se encontró el cuerpo del otro hermano, Langley. En total tuvieron que remover y retirar 136 toneladas de material diverso. Langley falleció aplastado por un derrumbe mientras intentaba acceder al rincón de la casa en donde se hallaba Homer. Tenía que darle de comer ya que éste era paralítico y ciego. Nunca pudo llegar. Su hermano, como la autopsia posterior reveló, falleció de hambre y sed en una lenta e interminable agonía. Estos dos excéntricos hermanos tenían una colección de objetos que aún hoy impresiona; 14 pianos de cola, 1 auto Ford T, máquinas de rayos X, decenas de miles de libros y discos y hasta los restos de un feto de dos cabezas.

Además,

los hermanos acumularon todos

los periódicos emitidos en la

Nueva York

Ciudad

de

3 Langley explicaba que los que su hermano, ciego, los

durante aproximadamente

décadas y media. guardaba para

leyese cuando recuperase la vista y así se pusiese al día.

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La basura de unos...

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A menudo, los vecinos de los acumuladores se acercan a la Municipalidad o a las distintas Unidades de Gestión Comunitaria (UGC) y expresan sus quejas acerca de la gran cantidad de basura recopilada en las casas de estas personas. Los diarios y cartones que quedan en la intemperie se humedecen con las lluvias y atraen a numerosos insectos como las cucarachas y también a los indeseables roedores. Además, es predecible que con el aumento de la temperatura y por el hacinamiento, se produzcan fuertes y molestos olores. En el caso de Gustavo, era su padre quién se encargaba de comunicarse con la UGC para solicitar ayuda. Murió el año pasado, por lo que ahora convive únicamente con su madre. Ella sabe que su hijo tiene un problema, pero no puede hacer mucho más que acompañarlo. Romina Calcagno, psicóloga miembro del programa que se ocupa de estas cuestiones, comenta que en este momento, acompañan a tres hombres cuyas realidades se enmarcan dentro de esta problemática. Uno es Gustavo, y los otros dos son de las localidades de Haedo y

En T.V. -Acumuladores se emite todos los jueves a las 22:00 horas por Discovery Home and Health. -Acumuladores de animales, los viernes a las 22 horas por Animal Planet. -Obsesivos compulsivos por A&E.

Palomar. La especialista indica que lo esencial en estos casos es “ir a conocer a la persona, tratar de establecer un vínculo con ellos, con los familiares y los vecinos”. Agrega que es importante conocer las particularidades de cada uno. No existe un protocolo de acción preestablecido que se aplique en todos los casos, los tres tienen características distintivas. El señor de Palomar, por ejemplo, les vende aproximadamente el 10% de las botellas y cartones que junta a cartoneros y a cooperativas de reciclaje. Se lo toma como un trabajo, con eso subsiste y paga sus impuestos desde hace años. Es más, dice que eso va a ser su jubilación. Según Calcagno, los tres reaccionan bien ante la presencia de los miembros del equipo. Explica que no es cierto que se encierren o que no quieran hablar con nadie. A pesar de su trastorno, pueden relacionarse con la comunidad. Piensa que es más grande el prejuicio de la sociedad hacia ellos que el de ellos hacia la sociedad. Cuando el nivel de las cosas acumuladas llega a un extremo, los empleados del municipio realizan una

limpieza y desinfección de los hogares en cuestión. La psicóloga aclara que antes de llegar a esa medida, ellos “trabajan para que la persona que junta pueda hacer algo con esas cosas”. La idea es que los done o las lleve a una cooperativa. De nada sirve ir con topadoras y vaciar todo, lo que sería más fácil y más rápido. A los meses se volvería a la misma situación. Para concluir, Calcagno dice que la misión del Programa es acompañarlos y tratar de que estén lo mejor posible con su realidad y su entorno. “Cuidamos que no sea más importante el vaciar la casa de basura que la persona”, concluye. Se ocupan principalmente del aquí y ahora. El doctor Fermand, por el contrario, trabaja sobre la base de conflictos no resueltos a lo largo de la vida, que son inconcientes para el paciente, o sea, que no sabe que los tiene. En este caso, para el psiquiatra, lo importante es el tratamiento de las causas. Sin embargo, indica que la mayoría de los pacientes abandonan el tratamiento por dificultades económicas, la imposibilidad de acceder al hospital o de conseguir turnos. Ver a Gustavo comer algo sentado en el sofá de la puerta de su casa genera una sensación de impotencia. Quizás nadie nunca pueda saber con certeza que es lo que lo lleva a vivir así desde hace tanto. Sin dudas, no es posible ayudarlo sin comprenderlo. A pesar de su problemática situación, tal vez Gustavo viva tranquilo de verdad, protegido por sus cientos de tesoros. 


“QUEREME ASI PIANTAO, PIANTAO, PIANTAO…”

por Fernando Tinnirello

No siempre la idea que se tiene acerca del “loco” es la correcta. Hay prejuicios, marginación y falta de integración. Como si el sólo hecho de tener un problema mental fuera a dañar a la sociedad. El arte intenta cambiar esa mirada, incluir al interno y enseñar a mirarlo de una manera distinta.

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“QUEREME ASI PIANTAO…”

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“La hinchada coreaba ‘Argentina, Argentina’. Yo no entendía mucho más que eso. No sabía si querían linchar las ideas de la dictadura, o bien si estaban felices por ser campeones del mundo. Yo vine por la colimba, me llamaron para la colimba y llegué a Buenos Aires. Y entre tanta confusión y entre el entusiasmo, entre tanto alboroto y grito confuso, lo vi a mi papá. Mi papá era la mano derecha de Videla, y éste le entregaba la Copa del Mundo al ‘Pato’. La gente seguía gritando. Y en un ataque de nervios… me quise robar la copa. El ’Pato’ no me dejaba, tironeó conmigo, y no pude. Tenía mejor estado que yo. Lo tiroteé. Y la policía me agarró. Y llegué acá. ¿Y ahora cómo salgo?” Verdad, tristeza y hasta un toque de humor lo envuelven. Morales es una parte importante de esta historia. A los 54 años y con 24 de ellos internado en el Hospital Psiquiátrico José T. Borda, Morales encontró un respiro en su vida a través del arte y de la posibilidad de dar vuelo a sus ganas. Un simple ejemplo de vida, alguien que tal vez no es del todo “cuerdo” en la cordura y sin embargo resulta más sensato que muchos otros que lo dejan afuera. Morales necesita ayuda, necesita contar cosas, y como muchos otros, necesita que lo escuchen. Caminar por los pasillos del Borda ofrece una sensación de vacío, algo que casi se podría describir como miedo. Y sin embargo no. Es una sensación distinta. Como si fuera un estado de alerta constante. Parecido al miedo pero más profundo. Es sentir un vacío alrededor. Cómo cuando uno era muy chico y de repente se perdía en la playa o en el supermercado, y se quedaba solo, rodeado de gente pero casi aislado, duro, casi impenetrable. Entrar a un manicomio es, en primer lugar, llegar con un montón de prejuicios e ideas acerca de la locura, para luego ir poco a poco cambiando la manera de ver las cosas.

En la mayoría de los casos, la gente camina sin darse cuenta de lo que sucede, y la realidad se vuelve un espejismo que pocos logran divisar de manera correcta. Hay temor a lo escondido, a lo oculto y desconocido. Se crean estigmas, aparatos que alejan los sentidos de una persona y la excluyen del fluir diario de la vida. Como si no existieran, como si fueran invisibles. Sin embargo, la comunicación y el arte pueden volverse una llave, una puerta hacia algo, una entrada. Y también una salida. El Frente de Artistas del Borda (FAB) es una organización creativa que se ubica en el interior del Hospital Psiquiátrico Borda, se muestra como una herramienta crítica respecto de la manera en que se trata al “loco” o al internado, a lo que el imaginario social considera respecto de la locura.

Desmanicomialización: el arte de comunicar

Hay un concepto que resulta fundamental: la desmanicomialización. Esta palabra de 17 letras, es tan larga como su contenido ideológico. No queda resumida a pequeñeces o a un simple concepto denominador. Por lo contrario, la “desmanicomialización” es un proceso, un accionar, una manera de ver las cosas, un modo de querer cambiar el sistema. Es transformar el vínculo entre profesional y paciente. Es dignificar el trabajo de los enfermeros, recuperar los lazos familiares y fomentar la integración social de quien está internado. Es una atención digna de la salud mental. No es abandono ni desamparo, ni tampoco ejercer violencia física, psíquica ni química. No es sobremedicar a los enfermos ni dejarlos a la deriva. Es buscar nuevas alternativas de tratamiento. Es hacerse cargo de una situación y sacarla hacia adelante. Pablo Prieto es actor y coordinador del Taller de Teatro del Frente de Artistas. El taller funciona todos los martes por la tarde en un galpón dentro del mismo predio del Hospital, pero separado del edificio de internación. Los internos y quienes dirigen el taller primero hacen una presentación, una ronda en la que hablan de diferentes temas de actualidad para charlar un poco y distenderse. Después comienzan con el trabajo corporal: empiezan a jugar con el espacio, a trabajar con la respiración, manejar las tensiones del cuerpo y dejarse llevar mediante una actividad creativa. Posteriormente, quie-


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nes dirigen el taller lanzan algunas consignas, seguidas de estímulos musicales y ciertas sensaciones a trabajar: se pone en ejercicio la mirada, el vínculo con el otro. A partir de ahí se construye una especie de caos, un juego basado en el descontrol y en la libre expresión que luego comienza a encauzar en algunas escenas. A partir de ese momento se inicia el armado de una obra, la ensayan días y días hasta lograr un todo compacto. Pablo termina su habitual ensayo de martes, sale del galpón del Frente y se pone cómodo al aire libre en ese parque tan grande que tiene el Borda. Entre los edificios de internación, metros y metros de espacio verde, con bancos de plaza y muchos árboles forman parte del paisaje. Son casi las seis de la tarde pero él no se preocupa demasiado. Siempre hay tiempo para hablar cuando hay tanto por decir. El lugar es acorde. Transmite esa mezcla de sensaciones que el mismo Hospital ofrece. El espacio verde del predio se envuelve entre la soledad, los vicios y la locura. Morales, interesado, merodea. Todavía es de día pero la noche se hace notar rápidamente. El silencio también acompaña. Se escucha el viento, algunos susurros a lo lejos y hasta pueden distinguirse algunas miradas curiosas. “Me daba miedo y curiosidad a la vez, el hecho de pensar que había gente adentro encerrada que estaba loca. Nunca me pregunté demasiado pero daba por hecho que era casi impenetrable. Desde ese punto de partida, una de mis formas de vincularme fue esa, enterar-

me que había un taller de teatro que tenía que ver conmigo, con lo que yo hacía” inicia Pablo. Reconoce que el arte fue muy importante en su formación, pero más aún le interesó la cuestión ideológica, el entramado existente detrás de estas ideas. Pablo definirá a la desmanicomialización como el eje ideológico del FAB: “tiene que ver con transformar los manicomios. Que dejen de ser lugares de encierro donde solamente se encierra a los locos y se reprime y pasen a ser lugares de verdadera rehabilitación que permita dignificar tanto a los pacientes como a los trabajadores de la salud”. El Frente de Artistas busca a través del arte la manera de que las personas puedan “recuperar la subjetividad perdida” y vincularse con el adentro. Y también con el afuera. Lo primero que los internos pierden al llegar es su billetera y su reloj. El arte intenta devolverles algo de lo que han perdido. Se vuelve un vehículo de expresión: una manera de sacar afuera los sentimientos, las angustias, aquellas cosas que hacen ruido, que no están bien, que hay que solucionar. Morales sigue merodeando. “La desmanicomialización es sacar a los enfermos a la calle”, expresa y se ríe, mientras aún asegura con certeza haberse querido robar la copa del mundo del ’78. “Yo manejo marionetas. En el taller de periodismo hago reportaje y en el taller de mimo, hago mimo, actúo como mimo, y es una vida normal la que


“Soy Morales, si me quieren conocer vengan al Frente de Artistas en el Hospital Borda”

llevo, mis horas libres las dedico al 74 en computación y la paso bastante bien, si quieren pueden venir a conocerme”, agrega despreocupado, lúcido, con ganas de contar cosas, de ser escuchado, para que alguien conozca su historia: “vengan a charlar o conversar, a ver qué es de mi vida en estos 24 años de internación acá”. 18

“Hay que aprender a mirar” Afuera hace un poco más de frío. Como si el clima reflejase algunas sensaciones ocultas. Alguien interrumpe y pregunta por un cigarrillo. Luego lo enciende. Sigue su camino. Pablo hace una pausa para tomar unos mates. Resulta ser éste un buen amigo cuando se comparte una charla. Admite haberse sentido cómplice, como parte de la sociedad, de la marginación que existe ante el “loco” o el internado. “En tanto no me vinculé con lo artístico, me resultaban un grupo de personas que estaban encerradas, que eran peligrosas. A partir de ahora no, soy parte de ese grupo de personas que trata de salir de alguna manera a través del arte”. “Ir al Frente”, consiste en ir hacia adelante con las denuncias sobre aquello que no está bien, sobre lo cual la sociedad está equivocada o no conoce demasiado. Pablo denuncia al sistema capitalista como el todo que define “qué personas sirven y quienes no”. Lo asemeja a una especie de máquina rígida “que hace primero que nos volvamos locos y después que los que ya nos volvimos locos quedemos fuera de la máquina”. “Es necesario ir al Frente”, repite. Se intenta cambiar esa “máquina” y generar espacios alternativos, de arte, de recreación. Quien es coordinador de teatro cree profundamente en esto. Todo el FAB lo cree. “Si las personas empezaran a encontrar objetivos en la vida, empezarían a rehabilitarse y toda esa maquinaría dejaría de funcionar”. A medida que avanza la charla se aprende a divisar que no siempre quien está “loco” es quien realmente no en-

tiende las cosas. La locura se vuelve un problema más amplio. El viento comienza a soplar más fuerte, casi como si el hablar de estos temas hiciera que los pensamientos volaran más rápido. “Hay una visión del loco o el internado muy diferente a la real, se magnifican mucho las cosas”, clarifica Pablo y agrega que “ante todo, lo que hay es una persona, con problemas, que necesita ayuda y a la cual todos podemos integrar, acompañar, volviéndola parte de la sociedad. Hay que ampliar la mirada, hay que aprender a mirar”. Mientras tanto, Morales continúa sonriente. Vuelve a acercarse a la ronda de mate. Ya no aguanta la intriga y la curiosidad por la charla, quiere ser parte de ella y, con respeto, se suma a la conversación. Relata cosas que le pasaron, lo que siente. Habla de su familia, del tiempo que hace que no la ve, de su hermana, de sus deseos. Su vida es una mezcla de ficción y realidad. “Mi deseo más grande es ver a mi mamá y a mi papá, y estar junto a ellos, no equivocarnos más y no hacer ningún otro acto suicida”. Sincero. Profundo. Morales es un despertar de realidades, de ideas, de impotencias. Sufre de una enfermedad que se traduce como esquizofrenia paranoide, un problema mental que expresa una pérdida de contacto con la realidad, a través de ideas delirantes y alucinaciones. En algún momento quiso terminar con su vida pero luego reconoce haber encontrado una salida en el Frente. Morales cuenta sus ganas de verse en televisión o “como jugador de fútbol, en la primera de la Selección Argentina”. Se vuelve un despertar de sueños. La sociedad, al igual que el neuropsiquiátrico, aísla al internado y construye alrededor suyo un conjunto de ideas, estigmas que vuelven “locos” a quienes no se adaptan al funcionamiento de esa máquina opresora. “Los muros se vuelven internos”, dice Pablo Prieto y agrega: “Quienes no se adaptan a un sistema, a una forma de ver, de sentir, de comportarse, quedarán fuera de ese círculo de aceptación”.


REME AS E I QU AO... T N A PI

TAO AN PI

PIAN T AO . ..

El arte y las formas de expresión son las puertas mismas del cambio. Hay que ir al frente con las palabras para salir de la oscuridad. Verlas como la luz que entre las tinieblas permite saber hacia dónde no se quiere volver a ir. Tal vez ese “abrir la mirada” permita salir, iniciar el cambio, porque no se está loco sólo cuando no se tiene cordura, sino cuando quien tiene un problema oprime el pecho y no puede salir. El fluir de las palabras mueve montañas. El salir de las opresiones mueve las mentes. Unas “locas” ideas mueven artistas. Unos “locos artistas” mueven al mundo. 

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“El arte es un grito de libertad, de lucha, de resistencia” Alberto Sava es el Director del Frente de Artistas del Borda y una de las mentes creadoras en la Argentina de este proceso desmanicomializador. Además, en la radio “La voz de las madres”, AM 530, los sábados a la noche conduce un programa que se llama “Comiomani” donde trata los puntos

más importantes de este proceso creativo. “Intentamos usar el arte como una disciplina, como una actividad como cualquier grupo afuera la podría realizar, pero pensando en cómo el arte puede ayudar a los procesos de desmanicomialización”. El objetivo de que esta actividad creadora circulara afuera del Hospital tenía varios efectos, relata Sava, “uno personal que involucra al artista mismo, poder mostrar lo que hace le hace bien, el segundo efecto es un efecto institucional que puede generar, el cambiar las formas de trabajo, los métodos que se aplican, la manera de ver las cosas, y el tercero un efecto social, abrir las puertas a la integración, que el paciente pueda volver a sentirse parte de la sociedad”. En cuanto al origen del nombre “Frente”, el mismísimo Director de esta organización da vuelo a una anécdota para esclarecer la cuestión: “un paciente dijo: vamos a ponernos ‘Frente’ porque con esto vamos a ir al frente, vamos a enfrentar la realidad para cambiarla, para transformarla, vamos a ser los revolucionarios del Borda, y en principio quedó ‘Frente de Artistas’. Después dijo ‘pongámosle Borda’ a lo cual otros contestaron: ‘Borda no porque si aparecemos en televisión, o en radio van a creer que somos todos locos’. Y quien había propuesto el nombre Frente de Artistas justificó: ‘precisamente por eso nosotros tenemos que desmitificar la palabra Borda, con el arte demostrar que podemos pensar, que podemos ser personas’, y quedó ‘Frente de Artistas del Borda’. Fue como un primer signo, el arte es un grito de libertad, de enfrentamiento, de lucha, de resistencia”.


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LA MIRADA DE LOS 24

OTROS

por Juan Pablo Vera

Los nuevos sistemas de seguridad y prevención en La Matanza. Cuando la realidad limita con la ciencia ficción.

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o había escuchado por la radio. Al principio no le di demasiada importancia. Pero en la somnolencia que da el colectivo –tardecita de lluvia, dos de la tarde, problemas con la barrera, la señora indignada- me acordé del libro que había dejado olvidado en la mesita de luz: George Orwell. El Gran Hermano te vigila. Estación Ramos. Fin del recorrido. Y como tenía algún tiempo se me ocurrió hacerle algunas preguntas a la gente. ¿Qué sabían de la instalación de cámaras de seguridad en puntos estratégicos de la ciudad? Alicia (ama de casa): -Desconozco de qué me estás hablando. Sergio (docente de escuela primaria): -Si, parece que está buena la idea, sé que en el Tigre están funcionando muy bien. Javier (empleado de banco): -Sí, acá en la esquina hay

una y las otras noches trajeron a una señora encañonada al cajero automático para sacarle la plata. Gritaba como loca y nadie hacía nada. Las opiniones eran variadas; iban desde el desconocimiento total del proyecto, pasando por la crítica al gasto que ello suponía, hasta la defensa aguerrida. “¡Tienen que poner más cámaras! ¡Más cámaras! ¡MÁS CÁMARAS!” Para asesorarme mejor acerca del tema decidí entrevistar al que parecía ser el “dueño” de las dichosas cámaras: Dr. Osvaldo Camerucci, Secretario de Protección Ciudadana de la Municipalidad de La Matanza. Me invitó a su casa. Un simpático PH escondido detrás de una antigua casa de Ramos Mejía (después me enteré que es una de las más antiguas del barrio), allí donde sus cámaras no llegan. El hombre, de apariencia tranquila, habla-


ba en voz muy baja, lo que no contradecía su verdadero entusiasmo por la “misión” que tenía entre manos. OC: -Es un programa orientado a la prevención. A raíz de este programa se entiende que la prevención puede manejarse mejor con patrullas y con cámaras de seguridad. Estas son las herramientas que nos da Nación para que en el municipio de La Matanza tengamos mayor prevención. ¡Ah, la Nación! Se trata de un proyecto a nivel nacional. Y la pregunta surge: ¿El presupuesto está dado por Nación? OC: -No el presupuesto. Está dado el puntapié inicial. Es decir, nos dio el dinero para poner las cámaras y comprar las patrullas. A partir de ahora es el municipio quien se hace cargo de los gastos de mantenimiento y de incrementar las cámaras en el distrito. ¿Se trata de una combinación entre instalación de cámaras e incremento de patrullas? OC: -Es la compra de patrullas con los fines de colaborar en la prevención del delito en el distrito. Es decir, colabora con la policía y con distintos organismos, como escuelas por ejemplo, centros comerciales. En fin, la idea es que las patrullas circulen por el distrito en prevención del delito. No podía evitar imaginarme las calles de Ramos recorridas incesantemente por patrullas. Mi frente comenzó a transpirar. Coches patrulleros. Handys. Sirenas. Luces vertiginosas. Ojos gigantes mandando señales. Me pareció que por un momento mi interlocutor leía mis pensamientos. Volví a mi mejor cara de serio entrevistador y pregunté: ¿Cuál es la cantidad de cámaras actualmente? OC: -Son 247 que están distribuidas en todas las localidades del distrito. Se instalaron antes de que se cree la Secretaría. Respiré. 247 cámaras en 325 Km² de superficie. Imposible recorrer todas las calles de La Matanza. ¿Hay un proyecto de incremento de cámaras? OC: -Por supuesto. Además la gente lo pide permanentemente. Nosotros tenemos pedidos, te diría que casi a diario, de colocación de cámaras en distintos lugares del distrito.

Lo que me suponía. La gente pidiendo “¡MÁS CÁMARAS!” Hice memoria. Había leído que en Inglaterra se cuestiona acerca de la efectividad de las cámaras de seguridad. Si en las islas hay una cámara cada 14 habitantes, ¿por qué deberían ser efectivas en el conurbano bonaerense, donde hay una cada 9.000 personas? ¿Sería posible imaginar cámaras en todas las esquinas, como en “The Truman Show”? ¿Y quiénes estarían las 24 horas del día mirando las cámaras? Se necesitaría medio barrio para 25 mirar a la otra mitad. Volví a la realidad. En ese momento Camerucci me alcanzaba un vaso de jugo. Y volví a preguntar: ¿Dónde están ubicadas las cámaras? (Camerucci se tiró hacia atrás. Apoyó su espalda en el sillón. Tomó aire y luego de unos segundos soltó la respuesta) OC: -Están ubicadas estratégicamente. Cuando se colocaron las cámaras se trabajó mucho con la policía para saber los lugares claves. Además el municipio también tiene su propia idea de cuáles son los lugares importantes que se necesitan visualizar en forma permanente. Es decir, se amalgamaron los criterios de la policía y del municipio y se pusieron en distintos lugares de manera estratégica. Se colocaron simultáneamente. De la siguiente pregunta esperaba saber la respuesta. Pero decidí preguntar de todas formas para sentirme un poco más tranquilo y escucharla directamente del funcionario: ¿Las cámaras siempre son ubicadas en la vía pública o hay excepciones? (Parece que le dí. ¿Se sintió molesto? Mi interlocutor es un hombre poco expresivo, parece tener el control de la situación y no dejarse inmutar por preguntas molestas. Respondió casi automáticamente) OC: -Siempre en la vía pública. Estar adentro de la institución sería violar la intimidad. Ni siquiera podemos apuntar una cámara a un edificio, no podemos hacer esas cosas porque estaríamos cometiendo un delito. Nosotros controlamos la vía pública porque tenemos poder de policía en la vía pública fuera de eso no podemos hacer otra cosa.


LA MIRADA DE LOS

OTROS

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El cierre: perfecto. Camerucci se encargó de dejarme bien en claro la aceptación de los vecinos con respecto a la introducción de las cámaras en los barrios de La Matanza. OC: -El diálogo con los vecinos es permanente. Yo de forma personal voy a los foros de seguridad y te diría que semanalmente dos o tres veces estamos en distintos lugares del distrito hablando con la gente […] Esto es una ida y vuelta permanente. La gente lo recibe muy bien y además nos pide en forma permanente cámaras. Todo el mundo quiere tener una cámara en la esquina de su casa. Esta es la realidad. Se dieron cuenta que es una fabulosa herramienta para la prevención […] Me llegan expedientes con firmas de vecinos de barrios enteros para que les pongamos cámaras. Y bueno, los costos son muy altos pero estamos tratando de implementar algún tipo de sistema para cumplir con el vecino y darle lo que necesita.

para mi casa seguía pensado: ¿habría en ese momento una cámara que me estaba mirando? Me llevó unos días desgrabar la charla. ¿La conclusión? El hombre estaba copado con el proyecto y con completar sus diferentes fases de implementación. En esos días se estaba organizando una nueva marcha de vecinos que piden más seguridad. Fui. Quería conocer otras opiniones. Me presentaron a Amadeo Sendra, presidente del Club Ramos Mejía. Amadeo es un tipo sociable que enseguida se prestó para compartir una charla conmigo. El hombre vive en Padua. En realidad, Padua es sólo su dormitorio. Él se considera un vecino más de Ramos Mejía. Además de ser la cabeza del club de barrio, Sendra está involucrado en varias actividades del municipio. Participa en foros de seguridad de la zona y es integrante del Consejo Consultivo de Ramos Mejía. La entrevista se hizo en la sede del club. Viamonte al 100. Parece un club hecho a pulmón. Sin grandes lujos a la vista ni comodidades de sobra. Me recibió en la puerta y, luego de subir unas largas escaleras, nos instalamos en su oficina. De fondo, música de aerobic. Promediaban las siete de la tarde y las clases eran continuas. Me intrigaba saber de dónde partía su manifiesto interés por los asuntos públicos y su fuerte participación en temas comunales. Enseguida me dio sus motivos. AS: -Yo tengo un hijo que tuvo problema con las drogas cuando era chico. A los 20 años lo logré internar en un centro de rehabilitación. Era un cachivache. Terminó la secundaria ahí adentro y hoy es profesor de la UBA de física y química. Si bajaba Dios y me decía “tu hijo va a ser profesor de la UBA” yo le decía “dejate de joder”. Yo reconozco que a mi hijo lo salvó la comunidad. Yo solamente pagaba una cuota. Entonces te sentís obligado hacia los demás. Los jóvenes están para pedir y los grandes estamos para devolver.

Nos despedimos. Y mientras iba caminando

Hecha esta aclaración, le pregunté por la fun-

Mmmm. Qué ganas de repreguntar: “¿pero lo harían?”. Me mordí la lengua. Camerucci enseguida me explicó cómo controlaban la información que les proporcionaban los ojos públicos. Hay un centro de monitoreo que está ubicado en el palacio municipal. Es una oficina repleta de pantallas en sus paredes donde se vigilan todas las cámaras. OC: -Están viendo lo que pasa en este momento. Y si ven algo que les parece sospechoso inmediatamente llaman a la seccional de policía más cercana o a la que corresponde por jurisdicción del evento. Y además de eso, nosotros tenemos desde el centro de monitoreo, todas las patrullas municipales y policiales con un GPS que nosotros podemos monitorear desde el centro nuestro. De manera que nosotros podemos saber, cuando hay un evento o un delito, cuál es la patrulla policial más cercana o el móvil nuestro.


ción del Centro Consultivo y la relación con el tema de la seguridad. AS: -Desde el consejo consultivo lo que nosotros podemos hacer es comprar más cámaras como para poder coordinar el trabajo con la Municipalidad […] Lo que proponemos es que se destine parte del presupuesto a la compra de cámaras, que es lo que se aprobó finalmente. Una de las cuatro propuestas que llevamos, que era la que llevaba más plata, era el tema de la compra de cámaras. Parecía cierto el interés que me aseguraba Camerucci por parte de los vecinos para la instalación de estos aparatos. Ahondé un poco más en la respuesta: ¿Cuánto dinero se va a destinar para la instalación de cámaras? AS: -Se presupuestaron 120 mil pesos. La mitad del presupuesto se fue en cámaras. En tres cámaras. Las cámaras que están puestas en este momento son mucho más baratas. Estas nuevas cámaras nos permiten tener un radio mucho más grande. Abarca tres cuadras para un lado y tres cuadros para el otro. O sea son seis cuadras que pueden registrar. Desde el centro de cómputos manejan la dirección de las cámaras. Es una tecnología, según nos informaron los expertos, mucho más de avanzada. Están protegidas y demás. Son irrompibles, antivandálicas, porque “los chicos malos” más o menos saben dónde están las cámaras. Me quedé pensando: ¿Y entonces? ¿Los chicos malos? Amadeo continuó: AS: -Yo en su momento había propuesto que para mí eran más importantes las cámaras en los colegios que en los bancos. Los chicos de las escuelas se pusieron locos. No quisieron saber nada. Los chicos no tienen el concepto del peligro que en este momento corren cuando salen del colegio. Se creen que los estás filmando para ver si salen con un amigo o salen con el otro. Se olvidan del tema de la inseguridad. Yo siempre insistí en esto. Es importante el tema de las escuelas. Me pregunté si, además de la instalación de las cámaras, la presencia policial en las calles iba a incrementarse y cuál era la opinión de Amadeo, un hombre de contacto permanente con vecinos del municipio. AS: -La presencia está buena. Se hacen cuadrículas que es lo que nos explica el comisario y realmente se ven. Veo móviles por todos lados. Los móviles están […] La solu-

ción sería, además de las cámaras, tener policías que ganen bien, una justicia que sepa qué hacer con un menor de edad. […] Yo comparto la idea de que los chicos no nacen siendo delincuentes pero, si tienen algún problema, ¿mientras tanto qué hacemos? Estos problemas de seguridad se solucionan a largo plazo, con trabajo y con educación. Si empezamos mañana, dentro de 20 años vamos a estar muy bien. ¿Mientras tanto qué hacemos?

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Mientras tanto ¿qué hacemos? -me pregunté a mí mismo. Buena pregunta para el final de la charla. Esto era apenas el comienzo de lo que estaba queriendo saber. De todas formas no podía evitar sentir que un ojo me estaba mirando. ¿Sería esta la solución para la tan reclamada “seguridad”? ¿Hasta qué punto el control es efectivo? Por otro lado, ¿cuál es el límite de ese control? Cuando llegué a casa, fui directo a mi mesita de luz. Allí donde había dejado olvidado mi libro. En un margen había anotado una frase de Vargas Llosa: “Las sociedades perfectas no simbolizan la felicidad del paraíso venido a la tierra, sino las pesadillas del infierno encarnado en la historia”. Retomé mi lectura pero el contenido de las páginas se entrecruzaba con las palabras de Camerucci y Sendra. El gran Hermano, el gran ojo, muchos ojos. ¿Era una utopía o el comienzo de una pesadilla? Esto es apenas el comienzo de lo que estaba queriendo saber. 


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EL DERECHO DE PENSARNOS EN UN MUNDO MEJOR por Samanta Silva

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Los años pasan. Día a día nacen y mueren personas. La sociedad cambia y evoluciona. Y junto a ella también el ser humano. ¿Y entonces por qué pasar la vida esperando que pase algo? Todo cambio viene acompañado de obstáculos nuevos que hay que saltar para poder seguir adelante y no quedarse en el camino. Sin embargo, muchos sienten que no pueden avanzar. Sienten que se quedaron varados a mitad del trayecto sin saber qué hacer. Y la angustia les pesa. Y ese peso hace que no puedan gritarle al mundo lo que les pasa por el sólo hecho de no sentirse parte de él. Pero de lo malo muchas veces salen cosas buenas. No todo golpe en la cara termina por dejar una marca incurable.


E

l Circuito Cultural de Barracas se creó hace 15 años para que los vecinos del barrio puedan expresar, descargar lo que guardan dentro suyo y que les presiona el pecho. Es un galpón que diariamente los recibe para que cuenten su realidad, para crear un escenario nuevo donde todos son iguales. Y la herramienta para hacerlo es el teatro y la murga. Aquellas actividades propias de la cultura del país que les permite expresarse como quieran y que los incluye en aquella sociedad que tanto los golpea. A pesar de que muchas veces son

marginados, tienen la necesidad de mostrar que están equivocados, que la actitud que asumen no es la correcta, que no todos obtienen las mismas posibilidades de acceder a una educación, a un trabajo digno, de contar con un buen plan de salud, de tener un techo propio. Pero si bien gozan de estos o algunos de esos beneficios también tienen problemas que muchas veces comparten por vivir en una misma sociedad. Acá es donde comienza la tarea de los grupos comunitarios porque aceptan el rechazo y los incluyen con lo mejor que hacen: el teatro. Los invitan a que ellos tam-

bién se expresen y griten lo que les pasa. Todos los seres humanos tienen problemas diferentes pero, a su vez, es lo que los hace similares porque no todo tiene solución. ¿Y qué hacer frente a esto? El Circuito propone verle el lado positivo para que puedan seguir adelante y no quedarse en el camino. Plantean borrar las marcas de los golpes y buscan distorsionar temas difíciles de hablar como la violencia en la infancia, adicciones, prevención de VIH/Sida. Una de las creadoras del Circuito, Corina Busquiazo, cuenta que el proyecto “surgió con la idea de que to-

Red Nacional de Teatro comunitario Se creó en 2002, año en el que, en medio de la enorme crisis que sufría el país, nacían muchos nuevos grupos que se sumaban a los ya existentes.

La red conecta, entrelaza y con-

tiene a todos los grupos de teatro comunitario y realizan acciones en forma conjunta para difundir y fortalecer el crecimiento de todos ellos.

Para que un grupo de teatro comunitario integre la Red, debe contar con una cantidad aproximada de veinte integrantes, siempre con vocación de ser más. La condición es que se trate de un grupo abierto,

con características de inclusión permanente, permitiendo la rotación natural de sus integrantes.

La red comprende y contempla los procesos de los distintos grupos, siempre que estos tengan la voluntad de pertenecer.

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dos somos creadores por naturaleza y esa creación no se debe limitar por pertenecer a una clase social, al contrario, todos tienen la posibilidad de desarrollar la imaginación y por eso el circuito es un instrumento de transformación e integración social. Lo que intentamos es recuperar los valores, el lenguaje, la palabra, decir lo que debe ser escuchado, tratar de abordar temas difíciles de plantear para las personas con otra mirada.” Y el arte es la herramienta que permite que las personas puedan proyectar nuevas realidades. Aquellas que no se parecen en nada a las que viven. Poder recrear su situación y burlarse de ello es lo que los libera, aunque sea unas horas, de aque-

llo que los desvela por la noche. Porque como dice Corina “todos tenemos que tener la posibilidad, el derecho de pensarnos en un mundo mejor, en el que estén todos incluidos, su familia, su barrio, su país.” Si bien todos forman parte del Circuito, la atención está enfocada a la inclusión social de los jóvenes. Aquellos niños y adolescentes que son el futuro del país y que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Por eso Corina explica que buscan “integrarlos en el proyecto para sacarlos de todos los vicios que les ofrece la calle y así poder formarlos y no perderlos en las drogas, el alcohol, las enfermedades”. Y agrega que “este es el objetivo principal

del Circuito y de otros grupos comunitarios que forman parte de la Red Nacional del Teatro Comunitario, todos formamos parte de un proyecto artístico que a través de la murga, del arte, pero sobre todo del teatro busca promover la igualdad y la inclusión social de aquellos barrios excluidos por la sociedad. Y el teatro es la actividad más importante porque es ahí donde el individuo puede desenvolverse, soltarse y expresar mejor lo que siente.”

Una gran familia Son las siete de la tarde del viernes 16 de septiembre, en el Circuito están todos preparándose para la función que tienen a la noche en Catali-

Teatro comunitario en Ramos Mejía DespaRamos es un grupo de teatro comunitario que desde abril de 2004 se reúne todos los sábados por la tarde para recrear historias del barrio contadas por sus propios protagonistas o transmitidas oralmente por otros vecinos.

Du-

rante estos años organizaron fiestas y presen-

“Ramos… Hasta acá llegamos” “Ramos te lo cuenta… A partir de los ´50”. Con estos espectáculos se vinculan con la comunidad, a través del arte. DespaRamos forma parte de la Red Nacional de Teatro Comunitario y participan de los encuentros que organizan. taron las obras y


nas Sur, donde los espera un público ansioso por ver, escuchar y participar del show de Los Descontrolados de Barracas, la murga del barrio. Los más chiquitos del elenco son los primeros en vestirse y ser maquillados porque son los inquietos, van y vienen, corren por todo el galpón, molestan al resto, sólo les interesa es jugar y llamar la atención de todo aquél que esté libre para prestarles atención. Pero no hay nadie libre. Los que no se están cambiando, maquillan al resto del grupo o preparan los instrumentos de la murga o revisan que estén todos presentes. Cada uno tiene una tarea, hasta las madres porque son ellas las que terminan atrás de los inquietos cuidándolos. La felicidad, la ansiedad y los nervios se mezclan en el aire del lugar dónde se sienten como en casa. El reloj les avisa que les queda poco tiempo y que tienen que irse lo antes posible para no llegar tarde. En la puerta el micro escolar les toca bocina para apurarlos. De repente el galpón se llena de voces y gritos y salen corriendo hacia la calle, para subir al micro que los va a llevar a la Boca para mostrar su espectáculo. En medio del bullicio hay dos mujeres hablando, una es parte de la murga y la otra es la mamá de Santiago, el murguero mas pequeño, que le cuenta que ese día no podrá ir a verlos porque tiene que volver al conventillo a darle de comer a los hermanitos. El Circuito está formado por personas de distintas edades y clases sociales, por las familias del barrio. Todos constituyen un grupo dónde no importa si saben bailar, actuar o tocar algún instrumento, o si tienen algún tipo de discapacidad, porque todos son bienvenidos para formar parte de esta gran familia.

Todos tienen un lugar Correr por la calle. Estirar el cuerpo. Mover los brazos. Expresarse a través de la actuación, de la murga. Hacer el vestuario, la escenografía. Recrearse, unirse, agruparse. Usar los colores, los sonidos. Todo estandarte que se disfraza a través del arte se vuelve una alternativa que fusiona el teatro con la comunidad como una manera de ser parte de algo. Los creadores del teatro comunitario trabajan de manera voluntaria, con amor y dedicación por lo que hacen porque a pesar de que tienen otros trabajos rentados, no dejan de lado el proyecto artístico que les llena el alma, les da la satisfacción y alegría de poder cumplir con las expectativas y los objetivos planteados. El director del teatro de la Universidad Nacional de la Matanza, Víctor Poleri, cree “que con esta actividad se produce una inclusión social porque participa gente de distintos lugares. Aquí pueden expresar sus inquietudes y armar una obra con ayuda de alguien que comanda al grupo y que posee experiencia teatral”. A su vez, agrega que “lo interesante del teatro comunitario es que no hay edad para participar. Vienen personas de todas las edades desde niños de 4 años hasta ancianos y hacen unos trabajos que son increíbles. O sea, que cualquier persona que tenga la necesidad de expresarse sabe que nunca es tarde para hacerlo porque siempre serán recibidos.” Con el paso del tiempo, los grupos comunitarios notan los pequeños logros y cambios que van originando en los barrios a los que pertenecen. Sin embargo, el mérito es de los vecinos porque son los que verdaderamente hacen algo por la sociedad en la que viven, los que buscan un cambio en el barrio, en la comunidad. Y eso es lo que Corina remarca, los

vecinos son “los que transforman “a los que miran” en vecinos, son los que tratan de integrarse a ellos y a su vez integrarlos al grupo.” Y que su verdadero trabajo es poner en contacto a todos para dar 35 lugar a la reflexión, al debate porque es un encuentro entre pares donde ven y viven realidades similares por pertenecer al mismo barrio.

La democratización del arte La historia argentina demuestra los altibajos de la política del país. Pero también demuestra que la sociedad que vive en el territorio argentino tiene la capacidad para salir siempre adelante. Tiene la capacidad para afrontar lo que venga. Porque las distintas clases sociales que la conforman siempre se ven afectadas por las políticas gubernamentales. Sin embargo, las clases sociales medias y bajas siempre son las más perjudicadas. La dictadura militar de 1976 revolucionó todos los campos de acción y pensamiento. Generó y destruyó ideas. La política de destrucción anuló la comunicación. Se embruteció a la población. El arte se clausuró. Se buscó formar una población ignorante y sin información para tener el control y el poder. Pero lo que se logró fue debilidad, deterioro y pasividad del trabajo artístico. Con la vuelta de la democracia y frente a esta situación, surge el teatro vecinal como espacio de resistencia en busca de la identidad y


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la memoria barrial, para cicatrizar las heridas abiertas, buscar justicia, terminar con la impunidad y transmitir lo que varios años se silenció, para darle fin a una etapa gris de la historia argentina. En julio de 1983 nace el Grupo de Teatro Catalinas Sur de la mano del teatrista uruguayo Adhemar Bianchi que pertenecía a una generación que creía en el trabajo, en la justicia social y en el valor de la solidaridad. Con el objetivo de que los vecinos vuelvan a tener confianza entre ellos porque después de tanta violencia y de tanto autoritarismo se generaron relaciones de miedo y desconfianza y las personas no interactuaban. En 1996, luego de hacer teatro en la calle durante once años, los Calandracas formaron el Circuito Cultural de Barracas, formado por los actores Ricardo Talento, Corina Busquiazo, Rafael Zicarelli, Mariana Brodiano y Néstor López. En ese momento, la economía del país atravesaba un proceso de concentración de riqueza, privatizaciones y consumismo que repercutió negativamente en los sectores más débiles de la sociedad. Los que gobernaban ignoraban esta situación por lo que se necesitó recuperar aquellos valores que se per-

dieron. Recuperar la palabra para decir lo que debe ser escuchado. Este era el objetivo de los Calandracas, que los vecinos de Barracas puedan expresarse a través del arte. Con la crisis social y económica del 2001 se produce una explosión de grupos comunitarios. Con el aumento de la desocupación, la pobreza, el hambre, los ahorros guardados en el corralito, se origina un quiebre social que marca la historia argentina. La calle se convierte en lugar de encuentro y de protesta. Hay una necesidad de volcarse al arte por lo que aparecen nuevos vecinos con ganas de expresarse, de gritar al mundo lo que les pasa, de ser escuchados, para pensar un país mejor y sentirse parte de su propia historia. En medio de la crisis, se creó en 2002 la Red Nacional de Teatro Comunitario con el fin de intercambiar información entre los distintos grupos comunitarios y poder compartir las problemáticas para actuar en forma conjunta a través del arte. Porque es el vehículo de transformación social, el medio de inclusión e integración de la sociedad y es visto como un vehículo de comunicación. Es un contacto directo entre los vecinos y su barrio, su comunidad.

En el arte existe la democracia, son todos iguales y son bienvenidos a participar. Cada uno es libre de expresarse, de colaborar, de hacer lo que sabe hacer. De esto da cuenta Víctor Poleri, quien aclara que “todo lo que se construye lo hace la misma gente, entre todos ellos se fomenta y se arma el espectáculo. Cada uno tiene una tarea a realizar. Si viene alguien y dice que sabe hacer ropa o que le gusta construir, se lo junta con otras personas para que lo ayuden y así hacen el vestuario y las escenografías.” En estos grupos se realiza un proceso de circulación, producción y consumo que no tiene nada que ver con el arte comercial porque lo que plantean es salir de las reglas del mercado y hacer un proyecto político-ideológico con el propósito de la acción en conjunto, la solidaridad para trabajar por una sociedad más justa y equitativa, donde haya lugar para todos. Corina Busquiazo define al teatro como una forma de comunicarse y resistir y recuerda las palabras del Director del Circuito, Ricardo Talento, que dice que “es una utopía pensar que con el teatro se puede cambiar a la sociedad, pero al menos podemos ver que a partir del teatro comunitario algo se empieza a gestar que va más allá de lo necesariamente artístico”. 


En una situación tan complicada como es la de quedarse sin trabajo, hubo personas que apostaron a seguir adelante y formaron cooperativas.

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Cooperativismo: por Romina Filipuzzi

Volver al trabajo

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a empresa no pasaba por su mejor momento, se notaba en la disminución de las ventas y en los sucesivos recortes de gastos, ya no había más comedor en planta y paulatinamente hubo algunos despidos. Había un clima de nerviosismo, pero ninguna voz oficial que pusiera en claro cuál era la real situación que atravesaban. “Recién pasé por recursos humanos y hablaban sobre una convocatoria de acreedores, me parece que esto se viene a pique” le susurró Rubén con un claro tono de impaciencia a uno de sus compañeros. Cruzaron miradas de preocupación y luego se produjo un gran silencio. La quietud que llenaba los espacios de la empresa se

contraponía al bullicio de las calles colmadas de personas que a través del “cacerolazo” pedían a gritos el final de unas de las peores crisis económicas que se vivió en el país. La crisis de 2001. Argentina vivía el desenlace de un largo proceso de irregularidades que desembocó en una situación que se tornaba cada vez más complicada. Disturbios, protestas y movilizaciones intentaban exigir a los dirigentes un cambio, una solución para todos los problemas que golpeaban a los ciudadanos. Finalmente se supo. La convocatoria de acreedores era un hecho. La incertidumbre era enorme, pero había esperanzas de salvar el negocio. El panorama no era el más alentador. La cantidad de


El trabajo constituye un valor de primer orden, integra y promueve las relaciones sociales. Por el contrario el desempleo además de traer problemas económicos cuenta con otras consecuencias negativas que impacta de diferentes formas a quienes atraviesan por esa situación como por ejemplo depresión, ansiedad, sensación de fracaso. La pérdida del puesto de trabajo ocasiona a muchos una situación de aislamiento social y la disminución de la autoestima.

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empleados disminuía con el correr de los meses, pero quienes aún permanecían allí, resistían para poder mantener sus fuentes de trabajo. Luego de casi dos años de atravesar esta situación, los únicos diez empleados que quedaban, perdían sus empleos. Fue un momento complicado y más si se tiene en cuenta que por aquel entonces el desempleo era uno de los problemas más preocupantes para la sociedad. Al consolidarse la empresa contaba con, aproximadamente, cuarenta empleados. Tenían amplias oficinas, un largo pasillo con grandes ventanas donde el personal se juntaba para fumar y charlar luego de los almuerzos. Había un depósito que ocupaba todo el sótano y un gran estacionamiento. Tanto Rubén como el resto de sus compañeros trataban de barajar diferentes opciones. Mientras que con su mano derecha sostenía una taza de té, su mirada se perdió en algún punto del pasillo y quedó sumergido en sus pensamientos. Se incorporó e inmediatamente pensó “tenemos que hacer algo, nos estamos quedando sin nada”. Entendieron que era necesario empezar de nuevo y que la posibilidad del cambio estaba al alcance de sus manos. Quienes creyeron en un cambio efectivo, decidieron hacer frente y transformar aquellos malos síntomas que la situación les generaba en sensaciones positivas como lo son el esfuerzo, la colaboración y constancia. El desafío era grande, pero la necesidad de volver al mercado laboral y las ganas de superarse eran mayores. Este cambio de actitud resultó fundamental para constituirse y lograr emprender uno de los fenómenos más importantes de los últimos años, las cooperativas. Las cooperativas tuvieron un gran impacto en las sociedades. Daniel Plotinsky, coordinador del Departamento de Cooperativismo del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini concluyó al respecto “Algunas de las cooperativas surgidas, como las empresas recuperadas

por los trabajadores que bajo diferentes formas organizativas asumen la conducción de una unidad productiva, integran en el seno de una economía capitalista una experiencia de socialización de la propiedad de los medios de producción y de implementación de una gestión democrática”. La reunión para tomar una decisión se produjo en el bar de la esquina, luego de haber cumplido con una de las últimas jornadas laborales. Estaban presentes los únicos diez empleados que quedaban de aquellos cuarenta que fueron en algún momento. Entre ellos estaba Karina, la contadora, que los podía asesorar sobre temas legales. Costó romper el hielo, pero la pregunta surgía inevitablemente: -¿Qué hacemos? -¿Buscamos un socio? -No, empecemos algo nosotros, seamos los dueños, ¿Por qué no podemos hacerlo? Soñemos un poco... Rubén recuerda los inicios “Empezamos a pensar en formar la cooperativa, empezamos a caminar este camino y empezamos a entender cómo era, que no difería mucho de lo que ya hacíamos porque nosotros en ese entonces trabajábamos para podernos llevar algo el fin de semana a nuestras casas, porque ya no teníamos sueldo, no teníamos nada”

R esurgir Las cooperativas nacieron como una manera de dar pelea a la exclusión, aquellos que se habían quedado sin sus fuentes de trabajo tenían la posibilidad de reinsertarse en el mundo productivo, pero en esta oportunidad ellos mismos serían sus propios jefes. Karina contó que hubo quienes no se adaptaron a este cambio, “Como empleado vos hacés tu trabajo, terminaste tu horario y te vas. Acá había que hacer lo que te-


nías que hacer y más para que las cosas salieran adelante, si había que quedarse hasta más tarde o hacer algo que no estuviera dentro de tu esquema había que hacerlo para poder cumplir con los clientes y progresar”. “El hecho que un conjunto de trabajadores desarrollen el control y la dirección de un emprendimiento productivo favorece a la construcción de una subjetividad en el sentido que ellos mismos son capaces de construir su propio futuro. Los emprendimientos autogestionados garantizan una mínima y relativa autonomía económica a los trabajadores, que de no ser así estarían desocupados”. Con estas palabras Plotinsky resaltó la importancia de la formación de cooperativas de trabajo. El 15 de Septiembre de 2003, lo que en algún momento fue un sueño, se convertía en una realidad. Estas diez personas se enmarcaban como socios fundadores de su propia cooperativa. Al ubicarse en ese momento Rubén recordó “No era el mejor el escenario del país para abrirse solo, para abrir la cooperativa tampoco lo era, pero bueno, era lo que teníamos, con lo que podíamos subsistir en ese momento”. No fue un recorrido fácil de realizar, y las tareas a seguir eran muchas, había que organizarse, invertir, hacerse conocer, ganarse la confianza para recuperar a los clientes perdidos. Se debía formar una cadena, en la cual todos tiraran para el mismo lado. Plotinsky opinó sobre este difícil proceso “La subsistencia económica está determinada por la capacidad de la organización de transformar internamente la estructura, que resulta del acople de los factores externos y de las capacidades internas. A esto debemos adicionarle las dificultades existentes por presentarse como modelo alternativo de producción en un sistema donde los que determinan las reglas de juego se oponen a ese sistema”. Al principio cada uno de ellos hacía su trabajo y más, porque la contadora facturaba, después atendía el teléfono, tomaba los pedidos y también los preparaba. El

vendedor, además de salir a vender también tomaba pedidos, los cobraba y tenía que volver a la empresa para buscarlos y poder así entregarlos. Todos cumplían todos los roles. Era un proceso de adaptación en el que las comodidades debían esperar. Al empezar con la cooperativa se instalaron en un depósito tipo cochera de 74 metros cuadrados. En ese lugar se encontraban ubicados la mercadería, las oficinas, la cocina, el baño, todo. Fue mucho esfuerzo, mucho tiempo robado a cada una de sus familias. Hubo quienes no entendían el gran sacrificio. Hasta que se empezaron a ver los resultados. “Estábamos en el abismo, había que ir para adelante y fue lo que hicimos” comentó Karina mientras rememoraba esos tiempos. A diferencia de esos primeros momentos, ahora cuentan con un amplio espacio. Al ingresar de frente se ve 39 una pared que divide las oficinas de la sala de espera, el teléfono suena constantemente, mientras es continuo el movimiento de gente que entra y sale con mercadería. A la derecha se ubica una escalera que lleva a la oficina que comparten Rubén y Karina. En la parte de atrás hay un gran depósito lleno de estanterías que están colmadas de productos. También cuentan con una cámara frigorífica propia. Ellos se miran y ríen al recordar que cuando empezaron con este emprendimiento era tan chico el lugar donde trabajaban que Karina tuvo que postergar sus ganas de ser mamá porque la panza no iba a entrar en el espacio donde estaba ubicado su escritorio.

Buscar apoyo. Todas las cooperativas cuentan con el apoyo y el respaldo del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC). Esta es una entidad cooperativa que se fundó el 23 de noviembre de 1958 en la ciudad de Rosario con cuatro objetivos claves:

Según la Alianza Cooperativa Internacional, en su Declaración sobre Identidad y Principios Cooperativos, adoptados en Manchester en 1995, define: ”Una Cooperativa es una asociación autónoma de personas que se han unido voluntariamente para hacer frente a sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes por medio de una empresa de propiedad conjunta y democráticamente controladas”. Es decir, la Cooperativa: “es una empresa que se posee en conjunto y se controla democráticamente”


Cooperativismo: Volver al trabajo

En 1966 y por orden del gobierno de facto de turno, el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos se vio impedido de llevar adelante una de sus funciones, la de movilizar a través de una red solidaria los fondos ociosos de las cajas de crédito cooperativas como consecuencia de las medidas restrictivas a la operatoria del cooperativismo de crédito.

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•Difundir los principios y valores de la cooperación. •Representar a sus cooperativas asociadas ante los poderes públicos. •Promover la creación de cooperativas. •Movilizar a través de una red solidaria los fondos ociosos de las cajas de crédito cooperativas, desde unas regiones del país hacia otras, según los requerimientos estacionales de la actividad económica. Entre los servicios que brinda el IMFC se pueden encontrar cursos, charlas, capacitaciones, talleres. Todo lo necesario para que quienes atraviesan por el duro momento de tener que enfrentarse al cierre de su fábrica, cuenten con las herramientas necesarias para poder formar una cooperativa. Para entender un poco más sobre la función de las cooperativas, Daniel Plotinsky explicó “En tanto organizaciones democráticas integrantes de un movimiento social, las relaciones de tipo horizontal que se dan entre sus asociados al interior de la entidad se potencian en las múltiples relaciones que cada uno de ellos establece con otros miembros de la comunidad en que está inserta la cooperativa, así crean un terreno fértil para el desarrollo local de relaciones y prácticas participativas y democráticas.”

R esultados y orgullo El movimiento de las cooperativas traspasó su función original y Plotinsky lo ve a diario en el centro cultural “Inicialmente, la recuperación como estrategia de conservación de los puestos de trabajo se pensó como una acción coyuntural que respondía a las condiciones generadas por la crisis de 2001. Con el paso de los años, la recuperación comenzó a visualizarse como una estrategia “alternativa” frente al cierre, quiebre o incumplimientos de los contratos de trabajo”. Al mirar hacia atrás parece mucho el tiempo transcurrido desde el inicio de la cooperativa hasta el día de hoy. Pero

recién se cumplieron ocho años de aquel 15 de septiembre. Ocho años desde el día en que la cooperativa abrió sus puertas por primera vez al mercado. Hay evidente pasión en los relatos de Karina y Rubén, reviven las experiencias recorridas, se emocionan, ríen y por momentos quedan inmersos en sus pensamientos como si por sus cabezas pasaran miles de imágenes que recopilan el tiempo transcurrido. Karina piensa unos segundos y luego repasa, “Había dos opciones, o cada uno seguía su curso o formábamos algo juntos y la forma que encontramos para hacer esa unión fue a través de una cooperativa de trabajo y empezar de cero, bien de abajo”. Este empezar de abajo les sirvió más de lo pensaban, porque los logros se sienten distinto. En la actualidad son más de 30 personas las que trabajan allí. Ya cada uno realiza sus tareas, Rubén es el gerente y tesorero de la cooperativa, Karina además de ser la pionera aún se desempeña como contadora y piensan incorporar más personal debido a que sus actividades se incrementan. Y como parte de este incremento Rubén comentó “A medida que crecíamos, quienes al principio nos dieron la espalda, vinieron solos a golpear la puerta. Estos son los logros que te llenan de orgullo. Hoy estamos muy bien posicionados en el mercado y esto es gracias a nuestro compromiso y trabajo” Retribuyen la ayuda que recibieron del IMFC al dictar ellos mismos capacitaciones a otras personas, ayudándolos en lo que son las cooperativas, porque nunca dejan de tener presente que ellos mejor que nadie saben lo que es y lo que se siente estar ahí y arrancar con un proyecto semejante. Al hacer un repaso por la historia de la cooperativa Rubén reflexionó “Hoy por hoy, cuando estamos con la brújula perdida, nos sentamos muchas veces a pensar lo que éramos y donde estamos, y ahí es más o menos donde encontramos de nuevo el rumbo y tratamos de apoyarnos para hacer las cosas bien”.


“Quiero ser como Messi” Contratos y pases entre clubes, entrenamientos super profesionales y presiones extras son algunas de las exigencias a las que deben someterse los mini jugadores en el afán de ser estrellas de fútbol. Cómo es el mundo donde los chicos pueden perder por goleada. por Ignacio Sánchez

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acu es mendocino. Sus ojos negros, intensos e inocentes vieron la luz por primera vez el día en el que la oscuridad se apoderaba de todo un país que se estremecía al son del reclamo popular. Casi una década después, se lo ve corriendo con su cabellera oscura, enrulada, dándole pequeños toques precisos a una pelota de fútbol muy similar a aquellas con las que sus héroes de todos los fines de semana hacen delirar a miles de millones de fanáticos alrededor del mundo. “Nueve”, corrige, firme, con su tonadita cuyana suave y determinante, ante un mal cálculo realizado por quien pregunta. La estatura -un metro y monedas enfundados en una camiseta azulgrana con el “10” en la espalda- despistan a los que lo ven, por ser escasos para la edad que muestra su documento. Su andar veloz con el esférico al pie muestra indicios atléticos en las piernas lampiñas y llenas de moretones que posee. “A mí me gusta Tévez, por como juega y hace goles y, además, porque es faná-

tico de la cumbia”, afirma entre risas. Como él, son cientos los niños que a diario se agolpan en las escuelitas y clubes de fútbol de La Matanza y, con diversos niveles de exigencia, se someten a los duros entrenamientos y a las presiones que este apasionante deporte requiere. Así, con edades que apenas alcanzan los dos dígit o s, transi-

tan, muchas veces, por un mundo de adultos, con los riesgos que implica crecer a un ritmo demasiado acelerado.

Números que hablan por sí solos

Según la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) en el país son más de 10.000 los niños de entre ocho y doce años que participan tan sólo en las ligas infantiles oficiales. Por eso, si se tienen en cuenta la multiplicidad de torneos no reconocidos por este organismo, resulta evidente que la cantidad de menores que se inclinan por el deporte nacional por excelencia es abrumadora. En La Matanza, los niños que participan en las ligas de menores de los clubes Almirante Brown, Deportivo Laferrere y Liniers, cuyos torneos pertenecen a los organizados por AFA, son 300. En tanto, otros 3.000 pasan sus fines de semana metiendo pases y haciendo jueguitos en los clubes barriales y amateurs, que también participan de distintos circuitos de competencia. Es un típico jueves primaveral en el anexo que posee el club Máster en

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el Aeroclub de Gregorio de Laferrere. El sol se hace sentir a su manera, en un lugar donde no hay un árbol milagroso que genere una sombra donde refrescarse. Entre un grupo numeroso de chicos provenientes de los cuatro puntos cardinales del Conurbano, una figura paterna, con porte de crack que no fue, concede un ratito de su tiempo para esclarecer este fenómeno que no para de crecer. “Entrenamos a unos 1.500 pibes de entre 4 y 18 años”, comienza su relato Sandro Costoya, responsable del proyecto, que además infla su pecho de orgullo al destacar el rol del semillero: “Somos como un filtro. A cada alumno le brindamos todas las herramientas para que desarrolle al máximo sus condiciones de futbolista. De esa manera le ahorramos a los padres el traslado con el chico hasta la Capital. Desde que arrancamos -se

da de su padre. Claro, pocas cosas caben dentro de su mundo gobernado por Ben 10 y los acordes consonantes de la cumbia de moda. Pero en el otro mundo, en el de los grandes, su presente es el futuro. Las instituciones deportivas afiliadas a la AFA pueden fichar hasta 35 jugadores por cada categoría infantil. A estos niños, se les exige escolaridad obligatoria y una revisión médica periódica. Si se cumplen estos requisitos, los inscriptos deben superar una prueba física para firmar una especie de contrato, que tiene una duración de dos años y representa el período durante el cual los jugadores no pueden cambiarse de equipo. Los contratos formales, que implican mayores responsabilidades, recién se pueden rubricar a la mayoría de edad. “Pero, si nos encontramos en presencia de una joya, los padres

“No deja de ser un desarraigo, pero es lógico que si uno entra a evaluar que más allá del dolor que pueda ocasionar la separación de los padres, se les mejora y enriquece la calidad de vida, la balanza se equilibra”.

entusiasma- logramos que más de 20 pibes entraran a San Lorenzo”.

Soy de uno y de nadie más

A Facu, nuestro pequeño Messi, le encantan las milanesas que su mamá Julia le prepara: “Son las mejores del mundo”, desafía ante la atenta mira-

suelen pedir que se haga un escrito a futuras ventas”, confió Ricardo Petraca, vicepresidente de la Comisión de Fútbol Infantil de la AFA. Ahora bien, si el papá de Facu firmara algún contrato con el club actual y, al poco tiempo, otra institución quisiera contar con el talento del chico,

las partes convendrían un porcentaje del jugador para una futura venta. Es decir que, si más adelante, otra institución lo llegara a comprar, el monto de la transferencia se repartiría entre los clubes que formaron al joven. Sin embargo, en estos casos -señaló Petraca-, “el Código Civil indica que, si el club no le da el pase o pide una cifra exorbitante, el padre puede recurrir a la patria potestad y retirar al jugador de la institución”. En el caso de que el padre de nuestro crack quisiera llevarse a su hijo mediante el uso de la patria potestad, tal como lo explicó Petraca, tendría lugar una contravención moral, por la falta de valoración al respecto de la inversión que afrontó el centro deportivo al formar al jugador. Otro personaje ligado al tema es Carlos González, encargado de reclutar futuros benjamines (N. de R.: en España se denomina así a todo deportista mayor a 6 años) para el FC Barcelona en la filial que la institución culé posee en nuestro país. “Antes pasaba que, como un jugador no tenía fichaje de AFA, se lo podía llevar cualquiera, pero cuando un jugador está fichado por AFA o por el club, le pertenece al club. A veces, puede pasar que el padre del chico se lo quiera llevar a otro club por cualquier motivo. Es ahí donde el club puede reclamar los derechos de formación del chico, pero todo se puede conversar”. Aumentan las cifras, aumentan las distancias Son miles los chicos que dejan su familia a temprana edad en búsqueda de un futuro con oportunidades. Los casos más representativos se dan en África donde año tras año un éxodo indiscriminado de jóvenes parte hacia Europa -Francia, el principal destino- con valijas llenas de promesas y, en la mayoría de los casos, tardarán muchísimo tiempo en regresar a su tierra. Por estas latitudes, lejos de expe-


rimentar esas terribles separaciones, ocurre un fenómeno similar en lo que a estructura responde: oleadas de pibes se movilizan desde todas las provincias en busca de alguna posibilidad de “salvar” a sus familias para siempre. Atento a esta circunstancia, el proyecto ligado al club blaugrana emplazado en Villa Luzuriaga, bajo el nombre de La Candela, representa un hogar para jóvenes atletas que reproduce la estructura de La Masía, la escuela para las promesas que el club tiene en Cataluña. Es aquí donde más de 70 niños, de entre nueve y doce años conviven, estudian y entrenan para alcanzar un nivel profesional y evitar el desarraigo de los pibes. “Cuando estos chicos llegan a nuestro hotel nosotros les paga-

mos cinco viajes al año. Es así que los niños pasan con sus familias el día del padre, de la madre, las vacaciones de invierno y la Semana Santa. Además de la ida a casa para las fiestas de fin de año y la vuelta después del verano. Obviamente que lo ideal sería que los chicos se críen al lado de su familia, pero, de alguna manera, intentamos cubrir esa falencia con el afecto y la atención que podemos brindarle nosotros”, remarca González. Las risas reflejan el placer que les

genera el deporte. Corren detrás de una ilusión, y tratan de hacerse de la pelota y mostrar todo lo que tiene para dar. Se “muestran” para la mirada atenta de los hábiles ojeadores que, de antemano, saben que serán elegidos sólo un par de los cientos de jóvenes que se presentan a cada selección de jugadores.

Esta postal es moneda corriente en el negocio del fútbol que, día a día, se ve en las escuelitas y equipos infantiles del Partido. Allí, se producen decenas de réplicas de los grandes clubes de fútbol, pero algunas sobresalen por su singular origen y sus particulares intenciones: encontrar una estrella o cumplir un rol social.

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“No deja de ser un desarraigo –apunta el seleccionador de talentos-, pero es lógico que si uno entra a evaluar que más allá del dolor que pueda ocasionar la separación de los padres, se les mejora y enriquece la calidad de vida, la balanza se equilibra, si se tiene en cuenta que desde la institución se contempla que los chicos viajen o los padres vengan a verlo”.


Hecho en L a M atanza

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Como en los principales clubes del mundo, la realidad lleva a pensar un esquema micro para las canteras del Distrito. Tal es el caso de Almirante Brown y Deportivo Laferrere, los “grandes matanceros”: en el primero, más de 150 chicos de entre nueve y doce años compiten en las dos ligas en las que participa el club, mientras que, en el segundo, los querubines corren una suerte similar. Sin embargo, con sólo apoyarse unos minutos en el alambrado que rodea una de las canchas que Lafe tiene en el predio lindante a la Ruta 21, uno será testigo directo de la verdadera

trama del fútbol. “¡Corré Nahuel, por el amor del Cielo! ¡Seguí al 3, no pierdas la marca! ¡No! ¡Pegale al arco, no se la pasés más al 9, que es de madera!”, se puede oír a un padre enardecido, dándole órdenes a su hijo que lo mira pasmado, sin saber qué hacer. El chico baja la cabeza, ante la atenta mirada de su entrenador, testigo privilegiado de la escena. Tras ello, intentará hacer alguna jugada maradoniana. Pero es tarde: ya se desconcentró y perdió la confianza. A los pocos minutos, su técnico lo saca. El pibe, moqueando, se va del campo desconsolado. Sabe que su papá le

“Es un orgullo que haya elegido ser jugador de fútbol” Martín Palermo sonríe cuando, luego de atender el celular, del otro lado de la línea le cuentan que la entrevista no es para hablar sobre su vida post retiro del fútbol. “¿Querés hablar de Ryu?”, pregunta entre risas, el último gran héroe boquense. “Es un chico muy especial. Tiene 15 años y el grado de madurez que muestra es increíble”, reflexiona un Palermo auténtico. “Siempre lo aconsejé para que fuera lo que quisiera. Con su mamá -la modelo Jackeline Dutra- le damos todas las opciones que consideramos para que se desarrolle. Lo que pasa es que es un poco inevitable porque nació con un padre futbolista”. Casi no hay diferencias en cómo, padre e hijo, comenzaron su idilio con la pelota: Martín arrancó, de gurrumino,

recriminará la actuación durante el regreso a casa. “Desde el club no existe la presión de ganar, pero hay casos en los que se apuesta muy fuerte por los hijos y ahí entran a jugar las locuras de pases, negocios y mediadores”, advirtió Leonardo Cañete, preparador físico de esta institución. “Observé muchas veces que los padres descargan toda su tensión en las tribunas. Pero, a un chico de diez años no se lo puede obligar ni exigir: se lo debe acompañar”, concluyó indignado.

sorprendiendo por su estatura en la inagotable cantera de Estudiantes de La Plata. Allí, también se está formando Ryudán. La diferencia está en que, ahora, su pichón debe cargar con la pesada mochila de tener un apellido ilustre. “Hablamos mucho sobre eso. Intento quitarle presión, pero es muy fuerte todo lo que se genera. Él está tranquilo con su edad, como cualquier nene normal”, se sincera, sin embargo, reconoce: “Hoy, todos quieren salvarse. Se perdieron los códigos. La mayoría de los padres apresuran los tiempos, fuerzan los ciclos y terminan agotando a sus hijos”. Martín explica que el rol del padre debería ser de apoyo, un pilar para que la criatura esté contenida y pueda desarrollar su carrera de la manera más sana posible. “Veo muchos chicos llorando, frustrados por errar un penal o por no convertir… Eso, muchas veces, se lo inculca su papá en la casa”. A lo largo de sus casi veinte años de carrera, “El Optimista del Gol” demuestra una sabiduría peculiar, sobre todo, al tener en cuenta lo difícil que es el Mundo Fútbol. Lesiones, pases frustrados, actuaciones trágicas y más lesiones forjaron un genoma basado en la humildad y el sacrificio. Como los que muestra su hijo todos los fines de semana: “Es un orgullo que haya elegido ser jugador de fútbol”.


Si esta situación sucede en un equipo que milita en la tercera división del fútbol argentino, ¿qué pensar de un grande como el Barsa? “De la misma manera que cada chico reacciona distinto, lo mismo ocurre con sus padres. Hay quienes te preguntan cuándo va a jugar en la primera y cuánto va a ganar, mientras que otros lloran de agradecimiento”. En este contexto, surge una incógnita: ¿Puede volverse un hábito demasiado exigente? “Estas situaciones suelen verse en el fútbol porque es un deporte que tiene la posibilidad de profesionalizarse y convertirse en un modo de vida. A veces, se trabaja de manera temprana la parte compe-

ta lo que hace. Le hago saber que no le vamos a exigir nada, pero él nos dice que le encanta y se nota, porque a la mañana va al colegio y a la tarde viene acá. Inclusive, antes de ser fichado, también jugaba los fines de semana sin desatender sus otras obligaciones”, cuenta resignado este repositor de supermercado que intenta poner los piecitos de su nene sobre la tierra. “En realidad, quiero ser como Messi y jugar en el Barcelona”, gesticula la estrellita del club Master, mientras devora un alfajor triple de chocolate. Su padre sonríe y levanta su mirada orgullosa. Y a quién no le gustaría, Facu… 45

titiva, sin pensar que los niños todavía tienen el aparato psíquico en desarrollo y son menos tolerantes a la frustración”, introduce Adriana Mirellia, psicóloga especialista en deportes. “Es por esto que la atención debe posarse primero en los padres y, luego, en sus entrenadores”. Según indicó Mirellia, muchas veces, los progenitores suelen “proyectar sus expectativas en sus hijos”. El solcito que acompañó una dura jornada de entrenamiento comienza a esconderse en el horizonte fabril de la zona. “Abrigate hijo que estás todo chivado”, insiste papá Fernando a la estrella de esta nota. “A cada rato le pregunto si realmente le gus-

Comparaciones Si bien el caso más emblemático es el de Lionel Messi, existen inumerables situaciones similares alrededor del globo. Emmanuel Adebayor tuvo que abandonar el Etoile Filante de Togo a los 13, para unirse a las filas del F. C. Metz de Francia.

Lionel Messi Argentina

Emmanuel Adebayor Togo

Souleymane Coulibaly Costa de Marfil

16 años

Alexandre Song

Camerún

15 años

13 años

12 años


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Igualdad educativa: Cero. Por Marcelo Timponi

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L

a Ciudad Autónoma de Buenos Aires esta dividida en Comunas. Cada una de ellas posee rasgos que le son propios y que las diferencian de las demás. Así, vivir en la Comuna 9 ubicada en la Zona Sur de la Ciudad, no es lo mismo que ser parte de la 1 que está emplazada en la Zona Norte de la Capital Federal. En la 9 habitan las clases trabajadoras y el olor a frigorífico es característico del lugar. En cambio, en la 1 vive la clase media alta y los turistas “yiran” impresionados por el paisaje sobre todo de Puerto Madero. El contraste más marcado se da en la educación. El acceso a una institución educativa es fundamental para desarrollar la capacidad intelectual de un chico. Pero cuando esa posibilidad de acceder a un derecho innegable se ve coartada, el resultado es la creciente desigualdad que

se produce entre los distintos sectores de la sociedad. Para graficar esta situación puede observarse lo que sucede en la Comuna 9. Se trata de una zona que marca el límite entre la Capital y la Provincia y cubre la demanda educativa de los chicos que viven en Lomas del Mirador y Ciudadela. Estos jóvenes cruzan la General Paz buscando mejores condiciones de estudio, y este hecho genera que haya menos cupos en las escuelas para alumnos residentes de la Comuna. En la 9, esta es una de las preocupaciones más grandes que tienen los vecinos. Al Centro de Gestión y Participación Comunal (CGPC) correspondiente llegan reiteradas denuncias que advierten que muchos chicos se quedan sin estudiar por la poca cantidad de escuelas estatales en la Comuna.


La falta de Unidades Educativas en la Comuna 9, hace que la desigualdad con la Comuna 1 sea grande. Los vecinos preocupados ante esta situación realizaron un informe sobre este problema y se lo van a presentar a la Junta Comunal electa en los últimos comicios realizados en la Capital Federal.

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Este faltante de establecimientos simboliza la poca igualdad que existe entre las Comunas. A modo de ejemplo: en la Comuna 1 hay 39 Unidades Educativas, mientras que en la 9 solamente hay 19. Daniel Agüero, que es miembro de la Comisión de Educación del Preconsejo Consultivo de la Comuna, explica que “el principal problema es la desigualdad y la solución es la equiparación entre determinadas zonas de la Capital Federal con las zonas que son inferiores, esta equiparación se tiene que dar tanto en la educación como en la seguridad y la salud”. Los barrios que componen la Comuna 9 son: Liniers, Mataderos y Parque Avellaneda. En el primer barrio hay cuatro Unidades Educativas Secundarias, léase escuelas;

en el segundo una y en el tercero seis. Agüero se muestra muy preocupado por este escenario. Para él, la situación es una “enfermedad” y advierte que “a este mal, no se lo combate con aspirinas”. Esa “aspirina” es la construcción de un Polo Educativo en la Avenida Directorio y Murguiondo, un proyecto que se viene tratando desde hace mucho tiempo y todavía no se llevó a cabo. Según Agüero, “el problema no lo vamos a solucionar con la construcción de una escue-

la o de un Polo Educativo, hay que tratar de buscar la igualdad en relación a la cantidad de escuelas que tienen distintas zonas en la Capital”. Se define como Polo Educativo a un conjunto de escuelas reunidas en un determinado lugar. María del Carmen Bruno, vecina de Parque Avellaneda, sostiene que su visión de la política educativa de la Ciudad es ambigua, porque por un lado observa mejoras a partir de los arreglos que hizo el Gobierno de Mauricio Macri en algunas escuelas de esos tres barrios y por el otro indica falencias en lo que respecta al faltante de escuelas. “Las viejas escuelas están mucho mejor pero siguen siendo pocas para tantos chicos, no alcanzan”. La política educativa en materia estatal, está a cargo de la Dirección General de Educación de Gestión Estatal (DGEGE) dependiente del Ministerio de Educación de la Ciudad. Su misión es favorecer el fortalecimiento de la dimensión pedagógica de la tarea docente en el sistema educativo. Esta entidad tiene como objetivo principal orientar las necesidades y reclamos emergentes a través de un adecuado registro, abordaje y seguimiento. El organismo también trata de realizar acciones para mejorar la educación estatal. Son tres las tareas que deben cumplir: articular las líneas de trabajo con otras direcciones y niveles de educación, promover e implementar programas de inclusión escolar y agilizar la tramitación de actuados y expedientes

L a zona Sur excluida En los distritos escolares que se hallan al borde de la capital porteña se encuentran emplazados un poco más del 20% del total de establecimientos educativos, lo que


Unidades Ed

ucativas (fuente: ww w.gr upoma yo.com.ar)

Igualdad educativa: Cero. l Territoria Espacio tes Habitan vas s Educati Unidade edio Nivel M s s escolare Matrícula

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pone de manifiesto un déficit en infraestructura escolar del orden del 8 al 10 % y constituye un claro indicador de desigualdad educativa. La mayoría de estos establecimientos están ubicados desde Av. Rivadavia hacia el Norte, y el resto en la zona Sur (ver gráfico superior izquierdo). Estos datos señalan que la oferta de gestión estatal es mucho menor en esa zona que en el resto de la ciudad y que el Estado no hizo lo suficiente para cubrir las necesidades educativas de la población. Los vecinos de la Comuna 9 realizaron un informe para presentar a la Junta Comunal electa en los últimos comicios porteños. Para los residentes de esta zona, la Comuna es la tercera con las tasas de desempleo y mortalidad infantil más alta. Como consecuencia de la desocupación las familias no cuentan con dinero suficiente para mandar a sus hijos a escuelas privadas y sin cupos en las estatales postergan sus estudios. Según este informe en los establecimientos escolares no existe continuidad pedagógica entre niveles. Hay una fragmentación entre los distintos niveles en los que se dictan las clases. Los alumnos realizan en general todas sus actividades dentro del radio de residencia, esto trae aparejado un problema mayor que es el impedimento que tienen dichos jóvenes para moverse hacia otras escuelas ubicadas fuera del barrio en donde viven. Para los chicos es complicado trasladarse en colectivo cuando no tienen oferta educativa en su Comuna, esto es difícil que se modifique en este periodo, por lo tanto, el hecho de tener que transportarse hace que muchos de ellos opten por abandonar sus estudios. Mara, vecina de Liniers, esta muy preocupada porque su hijo va una escuela de ese barrio y muchos de esos ado-

1 Comuna 2 10,6 km 223.718 39 s alumno 17.935

9 Comuna 2 16,7 km 155.967 17 s alumno 15.122

lescentes que desertaron del colegio, paran en la esquina de dicha institución y consumen drogas y alcohol. “Tengo miedo que se conviertan en un mal ejemplo para mi hijo y piense en dejar de estudiar”. Los mismos residentes comparan las dos Comunas (ver cuadro superior derecho) y se preguntan: Si son tan parecidas en kilómetros y en cantidad de habitantes ¿Por qué hay diferencias entre una y otra en materia de educación? A raíz de esta cuestión llegaron a la conclusión de que la única manera de superar estas divergencias, es construyendo mas escuelas en la Comuna 9. Ser iguales es un derecho y la falta de políticas públicas amplia la brecha entre los que tienen más posibilidades con los que tienen menos. Las Unidades Educativas tienen por función acercar a los distintos sectores de la sociedad, porque allí se equiparan los conocimientos. Al desinterés de los jóvenes por estudiar se suma la falta de construcción de nuevos colegios, empobreciendo al sistema educativo y formando una sociedad menos equitativa. Ya lo dijo el filosofo chino Confucio: “Donde hay educación no hay distinción de clases”.  N de R: Los CGPC son unidades de participación ciudadana que se instauraron por decreto en 2006 y cuyo objetivo es coordinar acciones conjuntas con los vecinos, tendientes a fortalecer la democracia participativa.


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podes decidir hacer el esfuerzo para lograr el cambio...

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