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Contenido 3

PRESENTACIÓN

Revista de la Fundación UNIR Bolivia para promover la información, la negociación, el diálogo y deliberación con las transversales de interculturalidad, participación y equidad. Año 1, No. 1, Enero-Abril de 2006

Conflictividad El rol de los terceros en la conflictividad

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CLETUS GREGOR BARIÉ

Diálogo e interculturalidad Desafíos de la Bolivia intercultural

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ESTEBAN TICONA

Dirección Ana María Romero de Campero Edición Gabriela Ugarte Borja y César Rojas Ríos Ilustraciones Juan José Serrano gordamedia@yahoo.com

Interculturalidad indígena en Colombia

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FRANCISCO ROJAS BIRRY

Reforma constitucional y procesos de paz en Guatemala 23 ALVARO POP

Especial: ¿Qué revelan los conflictos? Apuntes para el análisis de conflictos

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JORGE LAZARTE

Diseño SALINASÁNCHEZ

salinasanchez@entelnet.bo UNIR se propone contribuir a la construcción de una cultura democrática, inclusiva y deliberativa, incidiendo en la transformación de conflictos en espacios de concertación entre el Estado y la sociedad, y al interior de la misma. Para ello, promueve acciones tendientes a disminuir los factores que lo originan (discriminación, exclusión, incomunicación, intolerancia y desconfianza) por medio de iniciativas estratégicas en los campos de la Información, Negociación, Deliberación y Diálogo (INEDD), teniendo como ejes transversales la interculturalidad, la participación y la equidad.

Democracia boliviana: conflictos abiertos y consensos encubiertos

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MOIRA ZUAZO

Perspectivas contemporáneas en el análisis de conflictos sociales

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SOFÍA MARÍA CLARK D’ESCOTO

Instrumentos conceptuales en la gestión de conflictos sociales

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ELÍAS ORELLANA

MANO A MANO

¿Protesta o rebelión? ENTREVISTA

DE

JUAN RAMÓN QUINTANA

49 A

JOHN CRABTREE

MIRADAS EXTERNAS

Bolivia el día después

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JOAN PRATS

BIBLIOTECA Fundación UNIR Bolivia Av. Ecuador #2327 esq. Rosendo Gutiérrez (591-2) 2117069 - 2153021 info@unirbolivia.org www.unirbolivia.org Casilla 135, La Paz - Bolivia

Visiones sociológicas del conflicto social

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CÉSAR ROJAS RÍOS

Librero UNIR WWWs DESTACADOS

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Presentación AZOS nace con el propósito de llenar un vacío sentido en el área del análisis y la gestión de conflictos. Busca convertirse en una fuente de información actualizada que enriquezcan la reflexión sobre los temas trabajados por la Fundación UNIR Bolivia: negociación, diálogo, deliberación, información e interculturalidad. Este número inaugural intenta una primera aproximación de estas materias desde una visión nacional. En UNIR partimos de la constatación de que una cultura de paz no se construye en base a intuiciones o buena voluntad, por más importantes que éstas sean. Requiere el apoyo de instrumentos conceptuales, de un análisis informado, de la posibilidad de conocer, estudiar y comparar experiencias diversas en la gestión de conflictos, de familiarizarse con las ideas, las tendencias y los desarrollos que se llevan a cabo en América Latina y el mundo en este campo. En suma, de tomar en serio el conflicto y sobre todo la construcción de paz. También consideramos que quien pretenda dedicarse al análisis y la resolución de conflictos no puede limitarse a estudiar su origen y las mejores formas de entenderlo, sino que precisa atacar las causas estructurales que lo alimentan. Desde esa perspectiva, el análisis sistemático de la conflictividad social en Bolivia es una tarea pendiente. Con excepciones notables, se han desarrollado pocos estudios que expliquen su dinámica, indaguen sobre las prácticas de negociación coercitiva, la gestación de la demanda social, la actuación de terceros y las raíces profundas del conflicto. O sea aquellos elementos que permitan entender mejor este fenómeno. En esa línea de trabajo pedimos a Gregor Barié que comparta con nuestros lectores un ensayo en el que pinta un gran mural sobre la situación del país en este campo, a tiempo que nos pone al tanto de las principales corrientes que existen en el área de la resolución de conflictos: Johan Galtung enfocado en la transformación constructiva de los conflictos, Mary B. Anderson y la teoría de la cooperación, Roger Fisher y William Ury con sus valiosos aportes a la negociación cooperativa, Linda Singer y su contribución a los Medios Alternativos de Solución de Controversias y Paul Lederach en su sostenido camino de aportación al manejo pacífico de conflictos.

L

En UNIR partimos de la constatación de que una cultura de paz no se construye en base a intuiciones o buena voluntad, por más importantes que éstas sean.


Esta primera aproximación se complementa con las reflexiones que surgieron en mayo de 2005 en un seminario que auspició UNIR, con gran concurrencia de público, y donde pedimos a destacados analistas políticos así como a expertos negociadores, que nos ayuden a dilucidar “¿Qué revelan los conflictos?”. En la oportunidad contamos con la participación de diversos líderes sociales, intelectuales, funcionarios del Estado, periodistas, gente de Iglesias, representantes del Defensor del Pueblo y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos. De todas las valiosas intervenciones hemos rescatado aquéllas que estaban por escrito. En sus “Apuntes para el análisis del conflicto”, Jorge Lazarte vierte sugerentes ideas sobre cómo pasar de la generalidad de los conceptos del conflicto a su aplicación en la dinámica nacional. En su criterio se ha generado un modelo boliviano que pasa por la falta de gobernabilidad y la ausencia de un principio ordenador que pone en jaque al Estado. Moira Zuazo, a su vez, nos habla de conflictos abiertos y consensos encubiertos, señalando que toda crisis es fuente de incertidumbre pero también un tiempo intenso de aprendizaje social. Al referirse a los “Instrumentos conceptuales en la gestión de conflictos sociales”, Elías Orellana nos ilustra sobre el trabajo desarrollado por funcionarios de Estado y la GTZ en la construcción de sistemas de alerta temprana orientados a la prevención. Menciona también experiencias en mediación y la construcción de paz. Sofía Clark D´Escoto, experta internacional de nacionalidad nicaragüense, reflexiona sobre las maneras de discernir y construir comprensión mutua entre la diversidad de factores que convergen, cruzan u ocurren paralela y simultáneamente en cada conflicto y plantea sugerentes tesis que se enriquecen con los aprendizajes en sus años de trabajo en los procesos de paz en Centro América. En otro acápite, recogemos las ponencias del seminario sobre “Diálogo e Interculturalidad. Experiencias y aprendizajes”, que se llevó a cabo en octubre del 2004 en La Paz, con los auspicios de UNIR, la OIT, el PNUD y el Ministerio de Asuntos Indígenas y Pueblos Originarios (MAIPO). En ese evento una serie de intelectuales indígenas del continente virtieron sus reflexiones sobre temas no resueltos que afectan las relacio-

En sus “Apuntes para el análisis del conflicto”, Jorge Lazarte vierte sugerentes ideas sobre cómo pasar de la generalidad de los conceptos del conflicto a su aplicación en la dinámica nacional.


nes de distintos segmentos sociales y que se traducen en prejuicios, discriminación y violación de derechos fundamentales. Esteban Ticona realiza un recuento histórico de las relaciones entre los pueblos indígenas, así como entre estos colectivos y el resto de la comunidad criollo mestiza, señalando de manera directa el fenómeno de la discriminación y sugiriendo medidas para construir una sociedad verdaderamente intercultural. Desde la mirada de las organizaciones y pueblos indígenas guatemaltecos, Alvaro Pop comparte su experiencia personal en la Reforma Constitucional y los procesos de paz, a tiempo que traza una dinámica amplia e histórica de la situación indígena a nivel latinoamericano. Finalmente, Francisco Rojas Birry, relata la experiencia indígena colombiana y su similitud con los planteamientos, movilizaciones y reinvindicaciones de otros movimientos latinoamericanos, destacando que la fuerza de los pueblos está en su capacidad organizativa y en aunar visiones comunes frente a temas estructurales. En cada número encontraremos la sección……. con entrevistas como la que realizó Juan Ramón Quintana a John Crabtree, periodista e investigador de la Universidad de Oxford, que publicó el libro “Perfiles de la protesta” (cuya primera edición se agotó pronto) sobre la génesis y el desarrollo de los principales conflictos que enfrentó el país en los últimos años. La conversación entre estos dos estudiosos versados en política y sociología brinda una serie de insumos para entender mejor los cambios que se han dado en el país y los que se avizoran. En el área bibliográfica tenemos un comentario en tono de ensayo de César Rojas Ríos sobre los aportes de Ralf Dahrendorf, Levis Coser y Edgar Morin a la teoría del conflicto y una serie de reseñas de libros elaborados por Gabriela Ugarte en la sección Librero UNIR. También hemos considerado importante incluir distintos sitios web donde las personas interesadas en la temática pueden buscar y obtener mayor información sobre tópicos referidos a la gestión de conflictos, la negociación, el diálogo, la deliberación y la interculturalidad. Tras el largo período de conflictividad exacerbada como el que esperamos haber dejado atrás, hace falta un esfuerzo por encontrar nuevos tipos de relación que nos lleven a crear lazos de fraternidad y concordia. Esta revista pretende ser un modesto aporte al mejor conocimiento de fenómenos socio-políticos que signan el acontecer nacional y convertirse en un foro que nos permitan explorar, entre todos y todas, la manera más fraterna de construir un país más incluyente y respetuoso de su diversidad.

Ana María Romero de Campero DIRECTORA EJECUTIVA DE LA FUNDACIÓN UNIR


Conflictividad El análisis sistemático de la conflictividad social en Bolivia es una tarea pendiente, y hasta el momento, se cuenta con algunos elementos explicativos e interpretativos acerca de su temporalidad y dinámica, la cultura de la negociación coercitiva, las características de la gestación de la demanda social, la actuación de los actores terceros y las raíces multiculturales del conflicto. Cletus Gregor Barié expone algunos insumos que pueden ser útiles a la hora de hacer un análisis más profundo sobre la conflictivilidad en Bolivia. El arbitraje, la conciliación, la mediación y la transacción –que desde hace algunas décadas se están impulsando en América Latina para disputas y discordias del campo civil, comercial y familiar– a través de actores terceros (es decir, de quienes no están directamente involucrados en un conflicto) pueden jugar un rol importante para coadyuvar en un proceso de transformación constructiva de los conflictos.


El rol de los terceros en la conflictividad ¿Cómo entender la conflictividad en Bolivia? Barié aproxima respuestas y reseña múltiples instrumentos y métodos prácticos para la transformación constructiva del conflicto. Los actores terceros pueden ayudar a salir de negociaciones destructivas. CLETUS GREGOR BARIÉ

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Está Bolivia al borde de la ingobernabilidad y el resquebrajamiento en regiones, sectores, pueblos? Algunos analistas sostienen que el Estado-Nación -fundado en honor al Libertador Simón Bolívar- ha naufragado: “No tenemos Estado Nación, ni siquiera en nuestros sueños más húmedos; por tanto, no se puede pretender seguir poniendo parches a algo que sólo es una entelequia” (Medina, 2004). Otros expresan todavía su confianza en la existencia de un vínculo común y un espacio nacional de convivencia: “A pesar de tremendos esfuerzos y sacrificios históricos, la construcción del Estado-nación en Bolivia ha sido hasta hoy complicada e inconclusa” (PNUD, 2004: 100-101). Lo cierto es que las diferentes agendas y demandas regionales y sociales plantean el enorme reto de encauzar intereses muy diversos en un marco institucional reformado y rediseñado. Un recuento de los sucesos violentos muestra la proliferación y el encadenamiento de los actos violentos y enfrentamientos a fines de la década de los años noventa, marcados por algunos hechos impactantes: La Guerra del Agua, en enero de 2000; marchas de los cocaleros, bloqueos de los indígenas y campesinos (como el de septiembre de 2000); enfrentamiento entre policías y Fuerzas Armadas, en febrero de 2003: el levantamiento popular contra el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, en octubre del mismo año; el movimiento autonómico de sectores cruceños y una rebelión difusa, en mayo/junio de 2005. Las protestas sociales han adquirido en esta fase reciente características particulares que involucran a decenas de grupos y actores que muestran además una asombrosa capacidad de articulación y movilización nacional (cf. Cuadro 1; y CEB y CEPAS/CARITAS, 2001). ¿Cómo entender, en este contexto, la dinámica acelerada de los conflictos sociales en Bolivia? ¿Qué insumos externos pueden contribuir a su mayor comprensión? ¿Cuál podría ser el rol de los actores externos, como son las ONGs, las fundaciones, instituciones de cooperación, en situaciones de incertidumbre, convulsión y agitación? Tomando como referencia empírica la experiencia en diferentes áreas de Manejo de Conflictos y Cultura de Paz (especialmente de programas de PADEP/GTZ y de DED, ambos de la cooperación alemana) intentaremos a continuación –de forma todavía improvisada y espontánea– reflexionar sobre estos planteamientos.

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Alemán. Master en Derechos Humanos de la Universidad

Nuevos enfoques: Los conflictos pueden ser transformados

Los sucesos traumáticos de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), que implicaAndalucía y tiene ron el aniquilamiento y el desplazamiento estudios de millones de personas, obligaron a la coespecializados en munidad internacional a una reorientaDerecho ción dramática en el pensamiento político Consuetudinario contemporáneo. Consecuentemente, la (ENAH, México) y Carta de las Naciones descarta de forma Manejo de tajante la guerra como fin de la política exConflictos (DED, terior y establece el credo de un pacifismo Alemania). Desde activo, un compromiso de buscar solucio2000 trabaja en nes alternativas a las disputas y a los desaprogramas de la cuerdos (cf. Cuadro 2 y 3). cooperación La idea de la paz (entre naciones y pueinternacional en blos) como finalidad del destino humano, Bolivia, enfocados naturalmente, tiene raíces antiguas: Muen la chas religiones como el budismo, el hintransformación de duismo, el judaísmo, el cristianismo y las conflictos sociales e cosmovisiones de los pueblos indígenas interculturalidad. contienen corrientes espirituales a favor de una convivencia de reciprocidad y espiritualidad. Con la firma de la Carta de las Naciones Unidas, por primera vez en la historia de la humanidad, la comunidad mundial entera ratifica un compromiso a favor de la paz y rechaza la guerra como medio de resolución de disputas. Sin embargo, pese a los buenos propósitos, las dinámicas violentas y destructivas no han cesado en los últimos 50 años, y tan sólo algunos países occidentales han podido escaparse de la vorágine de la muerte. Desde el derrumbe del sistema soviético, en la década de los noventa, las contingencias internas van en aumento –destacándose especialmente los conflictos con connotación étnica–. Existen cada vez más estudios, análisis y reflexiones teóricas sobre estos temas. Autores como Johan Galtung (enfocado en la transformación constructiva del conflicto), Mary B. Anderson (la cooperación en áreas conflictivas), Roger Fisher y William Ury (negociación cooperativa), Linda Singer (Medios Alternativos de Solución de Controversias) y Paul Lederach (manejo de conflictos) sugieren nuevas formas de abordar los conflictos. A Internacional de


El desenlace de los conflictos depende de los actores, por lo que las nuevas escuelas de comprensión de los la vez, el listado de instituciones y organizaciones que estudian, analizan, monitorean y clasifican conflictos de todo tipo es cada vez más abultado. Las diferentes modalidades del conflicto, sea de índole personal, privado, comunitario, social o regional se han vuelto uno de los grandes objetos de estudio de las ciencias de humanidades.

Oportunidades ocultas del conflicto Los conflictos, como situaciones de intereses divergentes entre personas y grupos humanos, pueden encontrar diferentes cauces: no son, de ninguna forma, una fatalidad, una condena o un suceso natural. El desenlace de los conflictos depende de los actores, por lo que estas nuevas escuelas de comprensión de los conflictos sociales subrayan la posibilidad de transformar los conflictos constructivamente. Para estos fines los actores primarios de los conflictos necesitan integrar nuevas formas de manejar sus conflictos (Medios Alternativos de Solución de Controversias, negociación inteligente, mejor relacionamiento y comunicación). Los actores terceros (es decir, los que no están directamente involucrados en un conflicto) pueden jugar un rol de facilitación o conciliación, para coadyuvar en un proceso de transformación constructiva de los conflictos.

Instrumentos de gestión A la luz de la complejidad de muchos conflictos, el entramado de actores e intereses, y la dinámica hacia la polarización, la idea de “manejar” y “transformar” estas situaciones puede resultar utópica o idealista. Sin embargo, recientes estudios proponen una serie de instrumentos y herramientas para intervenir en conflictos, que han mostrado cierta eficacia y que forman parte del abanico de medidas y recursos que ofrecen las agencias internacionales y muchas ONGs. He aquí algunas reglas básicas que forman parte de este instrumental:

CUADRO 1 /

conflictos sociales subrayan la posibilidad de transformar los conflictos constructivamente - A cualquier intervención en áreas de conflicto debe anteceder un análisis minucioso del conflicto (a través de un mapeo de actores, potencialidades de paz y de guerra, posibles impactos negativos de las medidas, relaciones de poder, sentimientos de las partes y causas del conflicto). - A partir de este diagnóstico se elabora una estrategia de intervención, en estrecha colaboración y coordinación con otros actores, especialmente aquellos que apoyan una solución pacífica del enfrentamiento. - Durante toda la intervención se monitorea continuamente, cuidando los contratiempos y efectos secundarios negativos. - Las medidas de intervención deben tener coherencia con el análisis de conflictos, especialmente con las fases. - Cualquier actor, aunque sea periférico o secundario, debe analizar el impacto de su intervención (Conflict Impact Assessment, cf. Cuadro 4). - Los actores involucrados suelen explicar el conflicto como un hecho irreversible e inevitable, indicando sus causas enraizadas, estructurales y ancestrales (por ejemplo, la pobreza, la desigualdad y la marginación). Investigadores como Mary B. Anderson (2003) indican que existen causas mucho más circunstanciales que surgieron a partir de factores estructurales: el abuso del poder, manipulación, intereses personales y comerciales y venganzas. - A la medida que los conflictos se agravan, los actores tienen comportamientos cada vez menos racionales. En este sentido, los aspectos sicológicos y comunicativos juegan un papel fundamental en el manejo de conflictos.

Los ciclos de la violencia social en Bolivia (1985-2003). Frecuencia de conflictivos por año

Fuente: PNUD, 2004: 106

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LAS NACIONES UNIDAS: SÓLO PARA “AMANTES DE LA PAZ” Extracto de la Carta de las Naciones Unidas de 1945 ARTÍCULO 1

La matriz cultural de cada grupo y persona influye sobre su manera de manejar los conflictos en la cotidianidad. No sólo las razones (los aspectos intelectuales y lógicos) juegan un papel; también las pasiones y emociones inciden en el abordaje personal del conflicto en situaciones específicas. A lo largo del proceso de socialización aprendemos cómo reaccionar en determinadas situaciones: unas culturas valoran más el consenso en los conflictos; otras prefieren enfrentamientos más directos o violentos. La cultura y los valores transmitidos por la familia confluyen en la formación de la personalidad del individuo, aunque, ciertamente, cada persona tiene su particularidad y estilo propio. En este marco de transición cultural cobran también importancia los Medios Alternativos de Solución de Controversias (MASC), como el arbitraje, la conciliación, la mediación y la transacción, que desde hace algunas décadas se están impulsando en toda América Latina para disputas y discordias del campo civil, comercial y familiar. En Bolivia estos métodos son reconocidos y reglamentados por la Ley 1770 de Arbitraje y Conciliación de 1997.

El rol de los terceros

Los Propósitos de las Naciones Unidas son: 1. Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz. 2. Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y tomar otros medidas adecuadas para fortalecer la paz universal. ARTÍCULO 4

1. Podrán ser Miembros de las Naciones Unidas todos los demás Estados amantes de la paz que acepten las obligaciones consignadas en esta Carta, y que, a juicio de la Organización, estén capacitados para cumplir dichas obligaciones y se hallen dispuestos a hacerlo. ARTÍCULO 33

El documento fundador del nuevo enfoque, dirigido especialmente a las agencias de cooperación, es el Manual del Directorio para la Cooperación de Desarrollo de 1997 (DAC-Guidelines) de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCED), del cual extraemos algunas lecciones aprendidas y recomendaciones generales (cf. OCED, 2001):

1. Las partes en una controversia cuya continuación sea susceptible de poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales tratarán de buscarle solución, ante todo, mediante la negociación, la investigación, la mediación, la conciliación, el arbitraje, el arreglo judicial, el recurso a organismos o acuerdos regionales u otros medios pacíficos de su elección.

- La prevención de conflictos violentos es un elemento clave para la reducción de la pobreza y para el desarrollo sostenible. Es contradictorio encarar la pobreza desde programas de ayuda y cooperación, sin considerar el aspecto conflictivo. - La complejidad de los conflictos requiere trabajar a diferentes niveles de actores (multi track diplomacy, vías múltiples de diplomacia) y en asociación con todos los actores involucrados (incluyendo a los más polémicos).

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- Entre las herramientas más utilizadas en la planificación y ejecución de un programa se destaca el análisis institucional y participativo del conflicto, asesoramiento sobre el impacto de la intervención, identificación de factores o personas a favor y en contra de una solución pacífica. - En áreas conflictivas es de vital importancia la consistencia y coherencia de los programas, la transparencia en su manejo, la comunicación y conexión con todas las demás agencias. Además requiere mayor flexibilidad en la gerencia del proyecto y un “largo aliento”, es decir compromisos de presencia para varios años. - La OCED recomienda “ponerse los anteojos de la prevención”. Es decir impulsar una transversalización del tema en todas las demás áreas de la cooperación, igual que los temas juventud, género, comunicación e interculturalidad. - Los temas clave en el manejo de conflictos son los derechos humanos, interculturalidad, seguridad ciudadana, estabilidad microeconómica, Fuerzas Armadas y Policía, mujeres y formación de redes.

¿Cómo entender la conflictividad en Bolivia? Aún con el riesgo de incurrir en una simplificación exagerada, desde un punto de vista global, los conflictos en Bolivia (sean éstos comunitarios, privados o sociales) parecen procesarse por diferentes vías que no están perfectamente delimitadas:

- Según usos y costumbres, especialmente en las comunidades indígenas, en apego a la Constitución Política del Estado (art. 171) y al Nuevo Código de Procedimiento Penal de 2001. - Dentro de un proceso legal (justicia ordinaria), según la legalidad vigente. - A través de Métodos Alternativos de Resolución de Controversias (arbitraje y conciliación), de acuerdo a la Ley 1770 y otras disposiciones legales.


“LA MISMA ESPECIE QUE HA INVENTADO LA GUERRA TAMBIÉN ES CAPAZ DE INVENTAR LA PAZ” El Manifiesto de Sevilla. París, Francia, 1989 (Extracto)

CIENTIFICAMENTE ES INCORRECTO decir que hemos heredado de nuestros antepasados los animales una propensión a hacer la guerra. El comportamiento predador que se ejerce con respecto a otras especies, comportamiento normal, no puede ser considerado como equivalente a la violencia intraespecies. La guerra es un fenómeno específicamente humano que no se encuentra en los demás animales. El hecho de que la guerra haya cambiado de manera tan radical a lo largo de los tiempos prueba claramente que se trata de un producto de la cultura. La filiación biológica de la guerra se establece, principal-

mente, a través del lenguaje que hace posibles la coordinación entre los grupos, la transmisión de la tecnología y el uso de utensilios. Existen culturas que desde hace siglos no han hecho la guerra y otras que en ciertos periodos la han hecho con frecuencia y luego han vivido en paz durante mucho tiempo. El mal uso de hechos y teorías científicas con el fin de legitimar la violencia y la guerra, sin ser un fenómeno nuevo, está estrechamente asociado al advenimiento de la ciencia moderna. Por ejemplo, la teoría de la evolución ha sido “utilizada” para justificar no sólo la guerra, sino también el geno-

- Por vías no reglamentadas o difusas. Por ejemplo, en negociaciones improvisadas entre sectores sociales y representantes del Gobierno. - A través de métodos violentos, que dejan los conflictos en un estado de latencia que se puede activar rápidamente. Con pocas excepciones no existen estudios específicos y sistemáticos sobre el fenómeno de la conflictividad social en Bolivia, aunque algunos autores y analistas se han referido a temas afines. Quisiéramos exponer algunos insumos que pueden ser útiles a la hora de hacer un análisis más profundo al respecto: - El ciclo de las convulsiones y conflictos sociales comienza en Bolivia a fines de la década de los noventa, es decir mucho después de la implementación de las políticas de reformas económicas. CUADRO 2 /

Los ciclos nocivos de la negociación coercitiva –un modelo–

Fuente: PADEP, 2004

cidio, el colonialismo y la eliminación del más débil. La biología no condena a la humanidad a la guerra, al contrario, la humanidad puede liberarse de una visión pesimista traída por la biología y, una vez recuperada su confianza, emprender, en este Año Internacional de la Paz y en los años venideros, las transformaciones necesarias de nuestras sociedades. Así como “las guerras empiezan en el alma de los hombres”, la paz también encuentra su origen en nuestra alma. La misma especie que ha inventado la guerra también es capaz de inventar la paz. La responsabilidad incumbe a cada uno de nosotros.

- Los conflictos sociales de época reciente se caracterizan por la participación de una serie de actores (regantes, cocaleros, mineros, educadores, policías, indígenas, campesinos, jubilados, prestatarios, sindicatos, gremialistas, empresarios, entre otros) y de la aparición improvisada de alianzas. - Los conflictos sociales, manifestados en muchos casos en actos de violencia, se originan por diferentes causas: el incumplimiento de convenios firmados aumenta la tensión social. También existe una gestión pública con una oferta deficiente del Estado que no cumple con la expectativa de la sociedad civil. Por otra parte, también aparecen demandas por contingencias, como puede ser la presión ejercida por una población para solucionar problemas surgidos en el contexto de fenómenos naturales, como una inundación. Por último, existe una demanda macropolítica y macroeconómica, alrededor de cuestiones nacionales como es el uso y la exportación del gas (esquema elaborado por PADEP, 2003). - En Bolivia, el paso de conflicto temprano a conflicto tardío es rápido. En la fase temprana, el conflicto, generalmente, surge en un contexto local por una demanda insatisfecha de algún grupo. Por razones de costumbre política, los conflictos tempranos, aceleradamente, pasan a una fase de conflictos tardíos (cf. Cuadro 5). - Los actores del conflicto (estatales como organizaciones sectoriales y civiles) tienen una cultura propia de manejar los conflictos. Así se observa, por ejemplo, desde las instancias del Gobierno una tendencia a centralizar la atención de los conflictos al más alto nivel (ministerios, Presidente), además de tender a firmar convenios y acuerdos sin el respaldo legal y financiero necesarios. Por otra parte, las autoridades regionales y locales no han asumido suficientemente las posibilidades de gestionar los conflictos de manera apropiada, ni aprovechan los espacios previstos por la participación popular para el diálogo público, la deliberación, la concertación, la fiscalización y el control social. - Las negociaciones entre los actores estatales y civiles han entrado en un ciclo autodestructivo dentro de una lógica de imposición y desprecio por el otro. La secuencia –pliego petitorio abultado, autismo del Gobierno, medidas de presión, vio-

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lencia, firma de convenios irrisorios– condujo al desprestigio total de la negociación y la concertación como formas de resolver disputas. Y, en última instancia, provocó una crisis total de gobernabilidad, como la de octubre de 2003. - El aumento de la movilización social coincide con un estancamiento marcado del crecimiento económico y el aumento de la pobreza (cf. CEPAS-CARITAS, 2004). Posiblemente a este fenómeno se suma el cierre de los flujos de capitales del narcotráfico, a partir de una política más firme de la erradicación de la hoja de coca bajo el último Gobierno de Hugo Bánzer. Como factor adicional –que vuelve más grave la profunda brecha económica que se va ensanchando entre los bolivia-

nos– la pobreza tiene cara indígena (cf. del Álamo, 2004: 556). - El constante nivel de enfrentamientos ha obligado a varias instituciones a actuar de facilitadores y conciliadores en situación de crisis –algunas veces con excelentes resultados– y otras con salidas exuberantes y acuerdos poco sostenibles: El Defensor del Pueblo, la Iglesia Católica y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, en especial, han asumido este rol obligadamente, y como gesto de patriotismo. Sin embargo, desde el punto de vista estrictamente legal, no son sus funciones, ni tampoco tienen un sostén de metodologías y equipos suficientemente sólidos como para acompañar de manera constante y sistemática de estos conflictos.

EFECTOS POSITIVOS, NEGATIVOS Y PROBLEMÁTICOS DE LA COOPERACIÓN PARA EL DESARROLLO (CD) EN SITUACIONES DE CONFLICTO Posibles efectos positivos - Reducción a largo plazo de las causas del conflicto (disparidades regionales, oportunidades de empleo, mitigación de discrepancias sobre el uso de recursos, etc.). - Estabilización sociopolítica a corto y mediano plazo por medidas de reconstrucción. - Apertura política, participación, democratización y fortalecimiento de las capacidades para una equiparación de intereses libre de violencia. - Integración sociocultural del estado de derecho, la democracia y la participación política a todos los niveles. - Mayor seguridad y respeto a los derechos humanos a través de la presencia de personal de la CD. - Reducción de posibilidades de enriquecimiento y sistemas clientelistas a través de programas de reforma y ajustes estructurales.

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Posibles efectos negativos - Apoyo directo y estabilización del Gobierno respectivo (a través de la CD estatal), que es, a la vez, parte contrincante. - Falsas señales al Gobierno respectivo y a las fuerzas de oposición por “omisión” (oportunidades no aprovechadas para el diálogo político) y “consentimiento”. - Agudización del conflicto al favorecer los sistemas clientelistas y las posibilidades de corrupción. - Liberación de partidas presupuestarias para gastos militares. - Mayores desigualdades regionales por fomento de determinadas regiones (i.e., de las élites gubernamentales), lo cual lleva a agudización o incluso estallido del conflicto. - Medidas violentas en contra del régimen correspondiente por presiones reformistas (sin embargo: a largo plazo, reducción del potencial de violencia). - Reducción de la presión a la acción por resolución de las causas del conflicto a través de CD (“internacionalización” de las funciones del Estado).

Otros efectos problemáticos Posible agravamiento del conflicto por cierre de los proyectos o retiro del personal en situaciones de conflicto agudo. Incremento de la conducta competitiva en el sector público, a través de programas de reforma o ajuste estructural. Falta de influencia sobre medidas agravantes del conflicto por parte de donantes multilaterales.

Fuente: Ropers et al., 2001: 15.

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Conclusiones El conflicto social es el motor del cambio en las sociedades modernas, por lo que no se trata de abolirlo, sino de buscar formas para su transformación constructiva. Una serie de investigadores y autores propone enfoques novedosos y pragmáticos que parten de una nueva definición del conflicto como oportunidad para la evolución social. Entre los instrumentos se destacan diferentes tipos de análisis de conflictos, asesoramiento sobre el impacto de la intervención e intervenciones focalizadas en temas como fuerzas de seguridad, construcción de redes, educación para la paz y fortalecimiento de la sociedad civil. Los Métodos Alternativos de Resolución de Controversias (MARC’s) cobran especial importancia y forman parte de una estrategia global para una profunda transformación cultural desde la cotidianeidad del conflicto. Los nuevos enfoques apuntan a una transversalización del tema manejo de conflictos, la aplicación de variadas herramientas de análisis y la importancia de la formación de redes. Los terceros externos o más ajenos generalmente no pueden asumir roles de intervención directa en los conflictos (como árbitro o conciliador), sino que deben ayudar en el fortalecimiento de las habilidades de los actores para llevar sus conflictos por cauces más constructivos. El análisis sistemático de la conflictividad social en Bolivia es una tarea pendiente y, hasta el momento se cuenta sólo con algunos elementos explicativos e interpretativos acerca de su temporali-


dad y dinámica, la cultura de la negociación coercitiva, las características de la gestación de la demanda social, la actuación de los actores terceros y las raíces multiculturales del conflicto. Por una cuestión de cultura política, hasta el momento los actores acostumbraron centralizar y canalizar los conflictos a niveles nacionales. ¿Quién puede aportar elementos más prácticos y concretos que respondan a las necesidades inmediatas del manejo cotidiano de los negociadores? Esto plantea el reto de, por un lado, difundir un enfoque preventivo (que pretende evitar las situaciones de manejo de crisis) y, por el otro, facilitar elementos más concretos para la negociación real y cotidiana, plagada de improvisaciones y urgencias. Todas estas interrogantes demuestran el grado de complejidad de una intervención a favor de procesos democráticos de concertación, y la necesidad de complementación temática y estratégica a través de una vasta red de actores y organizaciones.

Bibliografía citada Anderson, Mary B. Reflecting on the practice of outside assistance: Can we know what good we do? Berghof Research Center for Constructive Conflict Management, 200. Documento de Internet: www.berghof-center.org. Barié, Cletus Gregor. La guerra y la paz entre hermanos: Conflicto interétnico y Derechos Humanos en el norte de Potosí y el sur de Oruro. Tesis de maestría presentada en la Universidad Internacional de Andalucía, Sede La Rábida. 2000. Barié, Cletus Gregor. Bolivia: El trasfondo de la guerra del gas. Papeles de Cuestiones Internacionales. Núm. 84, Madrid, Centro de Estudios sobre la Paz. 2004. CEB y CEPAS/CARITAS. Ética de la concertación. La Paz, Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) y CEPAS-CARITAS. 2001.

¿POR QUÉ AMAMOS A BOLIVIA? En el fondo de la cultura política y social boliviana hay un dato esperanzador: el mundo se maravilla cuando aprende que tras toda la tormenta socio-política vivida recién, sólo se ha producido la innecesaria y desgraciada muerte de un minero. Hay, más allá de las palabras y de las legítimas aspiraciones de cada cual, una disposición al diálogo y al acuerdo que debe incentivarse y reconocerse. La agenda política del momento incluye ya: 1 Convocatoria anticipada a elecciones generales, necesaria para crear una institucionalidad de los poderes públicos acorde con el nuevo momento de la democratización boliviana. 2 Elección de los prefectos como paso hacia la descentralización política en los departamentos. 3 Referéndum garantizador del derecho a la autonomía de los departamentos que lo requieran y lo ganen y cuyo contenido será precisado por la futura Asamblea Constituyente. 4 Elaboración de una Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente. 5 Debate sobre la nacionalización y el régimen de explotación de los hidrocarburos. Frente a los agoreros del desastre, frente a los Vargas Llosa y tantos otros escribidores abrumados por lo que no acaban de entender y sobre lo que no dejan de hablar, nosotros reivindicamos el valor y la sabiduría políticas. En todo este proceso Bolivia vivirá una renovación radical de sus dirigencias políticas y sociales. Extracto de Gobernanza, Revista Internacional para el Desarrollo Humano, Barcelon, núm. 26, junio, 2005, www.iigov.org

El conflicto social es el motor del cambio en las

CEPAS-CARITAS. Ricos y pobres, la brecha se ensancha. Revista núm. 2, La Paz, CEPASCARITAS, Programa de Promoción de la Participación y del Control Social (POPACS). 2004. Del Álamo, Óscar. Bolivia indígena y campesina: un panorama de conflictos e identidades, en Bolivia: El desarrollo posible, las instituciones necesarias. Barcelona (España), Institut Internacional de Governabilitat de Catalunya. 2004. Fernández L., Marisol. Métodos alternativos de resolución de conflictos. La Paz, Capacitación y Derechos Ciudadanos (CDC). 2004. Gómez, Carlos. La fiscalización. [Documento de trabajo], La Paz, PADEP-GTZ. 2004. Howard Ross, Marc. La cultura del conflicto. Barcelona, Ediciones Paidós Ibérica. 1995. Medina, Javier. La crisis de la forma Estado Nación vista desde la perspectiva de la Constituyente” [Mimeo], La Paz, 2004. OCED. The DAC Guidelines. Helping Prevent Violent Conflict. International Development. París, Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCED). 2001. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Interculturalismo y Globalización. La Bolivia posible. Informe nacional de Desarrollo Humano 2004. La Paz, PNUD.2004. Ropers, Norbert; Stephan Klingebieln y Roland Steurer. Cooperación Técnica en el contexto de crisis, conflictos y catástrofes. Desarrollo de la paz, prevención de crisis y manejo de conflictos. Eschborn (Alemania), Cooperación Técnica Alemana (GTZ). 2001. Uprimny Yepes, Rodrigo. Orden democrático y Manejo de Conflictos. Bogotá, Corporación Viva la Ciudadanía. 2001. Zárate, Caty Luz. Curso de Capacitación para el fortalecimiento de organizaciones de la sociedad civil. Cartilla 4. Manejo y resolución de conflictos. La Paz, CEPAS-CARITAS, Fortalecimiento de Organizaciones de la Sociedad Civil (FOSC). 2003. Zárate, Caty Luz. Herramientas básicas para el manejo y resolución temprana de conflictos. [en prensa], La Paz, CEPAS-CARITAS. 2004.

sociedades modernas, por lo que no se trata de abolirlo, sino de buscar formas para su transformación constructiva 13


Diálogo e interculturalidad América Latina se caracteriza por su diversidad cultural vasta, que requiere encuentro y diálogo a través del fortalecimiento de espacios interculturales con objetivos comunes. Presentamos tres artículos de intelectuales indígenas que reflexionaron sobre el tema en el “Seminario internacional Diálogo e interculturalidad, experiencias y aprendizajes”, organizado por UNIR junto a la OIT, el PNUD y el Ministerio de Asuntos Indígenas y Pueblos Originarios en la Asociación de Periodistas de La Paz (octubre de 2004). Esteban Ticona realiza un recuento histórico de las relaciones entre los pueblos indígenas en Bolivia. Desde la práctica de organizaciones y pueblos indígenas guatemaltecos, Alvaro Pop comparte su experiencia en la Reforma Constitucional y los procesos de paz. Finalmente, Francisco Rojas Birry colombiano, expone similitudes en las reinvindicaciones de los movimientos indígenas latinoamericanos.


Desafíos de la Bolivia intercultural ¿La interculturalidad es contemporánea y exclusiva de la sociedad occidental? Ticona argumenta su desacuerdo y sustenta sus razones a través de un recuento histórico de las relaciones entre los pueblos indígenas en Bolivia, proponiendo retos para una convivencia con objetivos comunes. ESTEBAN TICONA

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i uno piensa en las sociedades prehispánicas y la forma de convivencia que tenían las personas en esa época, sólo en la región andina, visibilizada hoy en un país que se llama Bolivia, se puede encontrar una activa interculturalidad, una convivencia de aimaras, quechuas, urus, puquinas, entre otros. Asimismo, si se rastrea históricamente la zona circunlacustre de este país, o sea alrededor del lago Titicaca, uno se da cuenta que, incluso a principios del siglo XV, había una dinámica sumamente interesante que hoy en día la llamamos intercultural. Por tanto, se puede decir que existe una forma de ver interculturalidad desde las propias sociedades indígenas y andinas, particularmente. Por otro lado, el inicio de este proceso -todavía vigente- tiene que ver con la invasión española, con la herencia de una forma de visión sobre las otras culturas. Destaco dos hechos que me parecen altamente significativos. Cuando llegan los españoles está vigente la visión que tenía Marco Polo sobre los pueblos que no eran de Occidente. Los viajes de Marco Polo eran la referencia que tenía Europa, particularmente España sobre otros pueblos. Y ¿cuáles eran esos otros pueblos?, ¿cómo se tipificaban? Eran los hombres cíclopes, hombres con cabeza de perro, con rabo. Es decir, había una imagen defectuosa de otras culturas y esto es lo que primaba cuando llegaron los españoles. Cuando llega Colón a América estaba pensando más en el paisaje, y creo que eso simboliza la exclusión del sujeto, de los llamados indígenas. Más adelante, sumado a la imagen defectuosa que tenían de los indígenas, inauguran lo que se llama el hecho colonial y, como se sabe, en la Colonia hay toda una discusión en torno al tema ‘indígena’: si eran semi esclavos, si tenían alma.. Lo fundamental es que ha quedado esa idea defectuosa, ese imaginario defectuoso, ese imaginario paisajístico y ese criterio de no ver a los sujetos de este lado.

Interculturalidad: delimitación de áreas Este es el escenario neocolonial o lo que algunos llamamos incluso colonialismo interno aún vigente en este país. Por tanto, cuando se habla sobre el tema de la intercultutralidad se tiene que especificar de qué escenario se está hablando ¿Es un espa-

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cio donde priman y persisten los procesos coloniales que tienen que ver con formas en Antropología por de dominación que están caracterizados, la FLACSO principalmente, por dominación econó(Ecuador) y en la mica política, cultural? En Bolivia, obviaactualidad estudia mente, estamos hablando de la dominaun doctorado en la ción de una minoría sobre una mayoría misma Facultad. indígena. Profesor de la Según el CENSO de 2001, el 62 por Universidad Mayor ciento de este país se autoidentifica como de San Andrés de proveniente o vinculado a alguna poblaLa Paz y desde hace ción indígena. Por tanto, hay que pensar a varios años trabaja la interculturalidad en este marco, mucho en investigación más global, más amplio. Tal vez hasta indígena. Es ahora la discusión se centra bastante en el miembro de la aspecto cultural o en algún caso en lo Asamblea de UNIR. educativo, pero la interculturalidad o el tema de relaciones culturales no sólo tienen que ver con lo cultural, sino con otros aspectos como el económico, político, social, religioso o espiritual. El escenario de las relaciones que se dan en el contexto boliviano está vinculado con la persistencia del colonialismo interno, pero también con la constancia de dos líneas de eje: por un lado, está una línea multicultural que apunta mucho hacia las elites de este país, y otra, que quizás más que intercultural tiene que ver mucho con sus poblaciones indígenas originarias. No se descarta que en cierto momento la elite apunte a formas interculturales. Cuando nos referimos a la cultura se está hablando de una forma de vida o de ciertos rasgos característicos materiales o espirituales que identifican a algunos grupos sociales y culturales. Las culturas son altamente dinámicas y no son inertes; pero por otro lado, la interculturalidad se refiere, básicamente, a las relaciones que se producen entre dos o más culturas que se dan a partir de la interacción. En ese sentido, para los pueblos indígenas, desde el contexto boliviano, el tema de la interculturalidad no es novedoso. Es un proceso que se inicia o que, incluso, tiene antecedentes desde la época prehispánica. En este contexto, se observa la falta de investigaciones para explicar en términos contemporáneos cómo eran las relaciones Boliviano. Máster


interculturales en la época prehispánica, cómo se daba este proceso de intercambio, de convivencia, desde luego, pensando en sociedades prehispánicas dinámicas. Es decir, sociedades que no estaban exentas de tensiones ni conflictos, sociedades vistas sin idealismos, sin considerarlas una panacea en sí mismas. Asimismo, no existen modelos de interculturalidad, no como los que están vigentes en el país y en muchos otros latinoamericanos. Toda esta avalancha que tiene que ver con las democracias liberales, el mismo Estado capitalista y sus mismos teóricos, plantean los temas multi y pluri. Por tanto, esto no es ninguna novedad; pero –obviamente– desde esa perspectiva es un “modelo”. Esta especie de modelo que ha persistido en las poblaciones indígenas y campesinas con el aditamento de que no todo lo campesino está en el contexto andino, los pueblos aimaras, quechuas, urus y otros hace mucho tiempo que practican la interculturalidad. ¿Pero qué significa hacer interculturalidad? Significa haber aprendido el castellano aunque sea hablado mal, lo han aprendido, lo hemos aprendido; significa tratar de entender muchos valores de la cultura occidental. Mucha gente es trilingüe, hay poblaciones en Bolivia que hablan quechua, aimara y castellano. Y algunos –incluso en términos muy actuales– están hablando varios idiomas extranjeros.

Interculturalidad, más que un concepto Hay una experiencia intercultural muy rica. Pero las elites bolivianas, desde la democracia liberal, se han ocupado de hacer interculturalidad hacia fuera, les interesa mucho contactarse con Occidente, pues muchos de ellos hablan inglés, alemán, francés. Es decir, son interculturales hacia fuera. En cambio, las poblaciones indígenas son interculturales, pero hacia adentro. Las poblaciones quechuas, aimaras, urus se han tomado el esfuerzo de aprender el castellano, y en algunos casos, obviamente, estoy hablando del castellano andino, o lo que Silvia Rivera de-

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¿Cuántos de la elite boliviana han aprendido o están aprendiendo aimara, quechua u otras lenguas indígenas? Son excepciones, contadas excepciones que han apuntado por esta línea nomina el ‘castimillano’, el castellano `motoso’, el castellano enredado. Este es un enorme esfuerzo de interculturalidad: tratar de entender y de apropiarse de lo que nos rodea. Y vuelvo a la pregunta ¿cuántos de la elite boliviana han aprendido o están aprendiendo aimara, quechua u otras lenguas indígenas? Son excepciones, contadas excepciones que han apuntado por esta línea. En ese sentido, hay una especie de convivencia de dos modelos, un modelo que viene de abajo y un modelo que es desde arriba. Uno endógeno y otro exógeno. Las reformas del Estado boliviano, principalmente la Reforma Educativa que hace poco cumplió diez años, es un fracaso: en lugar de generar interculturalidad ha creado un bilingüismo, que no ha sido reconocido por las propias autoridades del Ministerio de Educación. No se hizo absolutamente nada de interculturalidad y más bien esta especie de bilingüismo sirve como un puente para pasar a otro idioma. Se ha fincado ese modelo en esa línea de la democracia liberal y todas las experiencias sobre educación intercultural apuntan a los indígenas y no a las regiones no indígenas. El cuestionamiento de muchos sectores indígenas es para qué queremos nosotros aprender aimara si nosotros queremos perfeccionar el castellano. Somos interculturales, somos bilingües, somos trilingües. Creo que ahí está, obviamente, un punto muy importante y el Estado boliviano no ha sabido reconocer esta interculturalidad. Muchos somos interculturales. Hablamos más de un idioma, pero –obviamente- no hemos sido educados para ese tipo de interculturalidad, sino que las circunstancias nos obligan a adoptarla como estrategia.

Relación mestizo – indígena Aclaro que no se puede evitar hablar de mestizaje cuando se habla de interculturalidad. Los sectores indígenas con los que más se vinculan, con lo que más se relacionan es, precisamente, con los sectores mestizos. El sector mestizo es un aliado potencial de las poblaciones indígenas, pero paralelamente es un enemigo y ahí se producen formas de interculturalidad, incluso los aspectos de identidad se dan dentro de ese proceso. La reafirmación de la identidad aimara, quechua, uru o guaraní se da en relación a los mestizos y muchos de ellos construyen su identidad en esta relación con los pueblos indígenas. ¿Por qué la ausencia del sector mestizo de estos procesos de interculturalidad? Esto se vincula, incluso, con el tema de la Reforma Educativa que prácticamente ha estado ausente el tema de la enseñanza de idiomas nativos como el aimara, quechua, y

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otros para gente que no es indígena y cree que, además, es parte del proceso de colonialismo. Asimismo, Ricardo Calla, ex Ministro de Asuntos Indígenas y Pueblos Originarios (MAIPO), habla de los “procesos intra” y explica de cómo uno se autoexcluye de toda esta cadena de procesos; incluso, de los mismos sectores indígenas, y eso en el fondo se llama colonialismo interno y el colonialismo interno no es más que este proceso de encadenamiento y su reproducción desde las esferas dominantes hasta las esferas dominadas. En este sentido, para mí es sumamente importante pensar que se están produciendo interculturalidades altamente dinámicas, aunque no han sido educadas para ese proceso, pero sí existe una rica experiencia. Y claro, el problema es la ausencia o la desvinculación que existe del tema del mestizaje. Alguno de los hermanos indígenas decía que lo más importante para generar interculturalidad son los procesos de identificación, auto identificación, y creo que el colonialismo interno lo que ha hecho es subsumir o, prácticamente, aislar a este conglomerado importante de población mestiza que, de una u otra manera, convive con la población más cercana, que son los indígenas. Y mencionó también que la palabra que se ha utilizado mucho desde el año 2000 es “k’ara”, que literalmente quiere decir “pelado”. Considero que quizás el concepto de “k’ara” está más distante de lo indígena porque el “k’ara” mira más hacia fuera que hacia adentro. En cambio, el mestizo mira mucho más hacia adentro que hacia fuera, y es en este escenario donde se producen los niveles más conflictivos.

Octubre en la memoria colectiva Bolivia se encuentra con muchas preguntas, pero también con esperanzas. Octubre de 2003 es un punto de partida muy importante: marca un nuevo proceso que va de cara hacia la Asamblea Constituyente. Lo fundamental: octubre posibilita una nación movilizada a partir de estas relaciones interculturales. Creo que los dos últimos momentos de esos días tan luctuosos, tan difíciles que nos tocó vivir fueron extraordinarios, porque nos han permitido ver, justamente, la posibilidad de construir un Estado intercultural y la posibilidad de generar espacios reales. Octubre ha sido una nación movilizada, una nación en las calles y, obviamente, estoy hablando de una forma de interculturalidad que viene desde abajo cuando las elites de este país estaban huyendo, simbolizadas en Gonzalo Sánchez de Lozada, el entonces Presidente de Bolivia, que escapaba a Estados Unidos. El resto de gente, las masas movilizadas se estaban encontrando de una manera muy simbólica en pleno centro de la ciudad de La Paz. De esa experiencia, hay un momento clave en el proceso intercultural: la gente de la zona Sur marchaba y también lo hacía la gente de El Alto, la gente de las villas. Hubo un momento de encuentro en la Plaza San Francisco de La Paz. Esto simboliza una esperanza y creo que está ahí la idea de un Estado intercultural, la posibilidad real de hacer interculturalidad.


Interculturalidad indígena en Colombia ¿Existe coincidencia en los procesos de intercultural a nivel latinoamericano? Rojas Birry expone, desde la experiencia indígena colombiana, similitudes en los planteamientos, movilizaciones y reinvindicaciones, destacando que la fuerza de los pueblos está en su capacidad organizativa y en unir visiones frente a temas estructurales. FRANCISCO

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os indígenas de Colombia están dispersos en toda su geografía, 84 pueblos con 65 lenguas. No puedo hablar de idiomas, y voy golpeando un poquito a algunos aspectos del mundo occidental que afirman que lo nuestro es dialecto, lo nuestro es lengua, nunca llegará a ser idioma, porque la metodología empleada para llegar a ser idiomas es otra. Las legislaciones están bien constituidas. Por ejemplo, existe una ley que garantiza la gratuidad de la salud, el reconocimiento de sus jaibanás, chamanes, curanderos, así como de sus botánicos. Asimismo consta la Ley 100, la Resolución 100, en materia de educación que trata la interculturalidad, la educación intercultural, la educación bilingüe. Por otro lado, en materia de tierras, la Ley 89 de 1890, se constituye como un estatuto legal para las luchas indígenas en Colombia. Esta norma era aplicable a los indígenas que iban reduciéndose, pero este era un instrumento, una herramienta para los pueblos indígenas en materia de gobierno. Reconoce esta Ley que la máxima autoridad eran los pueblos, los cabildos indígenas o los consejos de ancianos, caciques, jaibanás o chamanes, nuestras mamas o nuestros Jefes Espirituales. Esta misma ley trata también la jurisdicción indígena, sobre la posibilidad de los indígenas en administrar justicia en sus propias lenguas, con sus propias autoridades, gobiernos, caciques, consejo de autoridades, jaibanás o quien manejara la parte de la espiritualidad de la comunidad.

De luchas y reivindicaciones Otra coincidencia entre los indígenas latinoamericanos es la capacidad organizativa de cada pueblo de los distintos países. En Colombia arrancaron con la Ley 89 de 1890, que fue retomada en 1970, porque es recién a partir de ese momento que se admite que los pueblos indígenas organizados pueden lograr sus reivindicaciones y constituirlas en leyes, o en decretos. La Constitución de 1886 no menciona para nada a los indios de Colombia. Era suficiente, entonces, organizarse para seguir peleando, no desde la institucionalidad del Estado colombiano, sino a través de presiones, esta es una coincidencia más con el resto de los pueblos del conteniente, pues lucharon organizando marchas y movilizaciones indígenas en Colombia. Las marchas

ROJAS BIRRY Colombiano del pueblo Elbera. Abogado, es Presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la República de Colombia y asesor de la Comisión Indígena en temas jurídicos. Fue miembro de la Asamblea Constituyente en su país.

indígenas en Colombia, las detenciones arbitrarias, las detenciones masivas de nuestros líderes se convirtieron en usos y costumbres. De esa manera crearon varias organizaciones en los años ’70, como: - Consejo Regional Indígena El Cauca. - Organización Regional en Veraona El Chocó. - Consejo Regional Indígena El Vaupes. - Consejo Regional Indígena El Guaynía. - Consejo Regional Indígena de Caldas. - Organización Indígena de Antioquia. - Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC, bajo cuatro postulados: Unidad, tierra, cultura y autonomía.

Ustedes se preguntarán: ¿estos indios construyeron tan rapidito esa unidad nacional y hablaron de esos cuatro postulados? ¡No! Pues los indígenas de los llanos orientales, de la Orinoquía, de la Amazonía colombiana, no nos conocíamos con los del Litoral del Pacífico colombiano, ni menos con los de la zona andina, con los del Pacífico Colombiano y con los de los Llanos Orientales. Fueron muchos los obstáculos para conformar esa unidad nacional. Entre nosotros había fricciones de todo tipo. Unos decían: “Usted no es indio, porque ya usa gafas, o porque se motila como el antioqueño, como el no indígena o porque usted ya no tiene el cabello largo o porque usa reloj, o ya se viste de jean”. En fin, había choques por la simple utilización de las cosas que no son tradicionales en la comunidad. De esa forma se constituyen tres preconceptos. El primero: eran indios aquellos que se vestían con guayucos y tenían cabello largo, andaban descubiertos totalmente y con aretes. Hombres y mujeres que se pintaban la cara y el cuerpo totalmente. Era indio aquel que se ubicaba según la región a orillas de los ríos, en las montañas, sin escuelas, sin puestos de salud, sin televisión, sin energía. Esas eran las características del indio y así había que mantenerlos, porque sino se iban a extinguir. Esa era la

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tesis que los antropólogos manejaban. Esa era la tesis de los que querían tener a los indios como laboratorio de investigación, eternamente. Segundo preconcepto: hubo una época que en Colombia apareció una ONG que se llamaba Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) y empezó a acoger a todos los indígenas. Era la única fuerza que existía y a los indígenas les tocaba replegarse y apoyarse a la ANUC. Pero sucedió que allí comenzaron a deducir y a difundir la idea de “si ustedes usan sombreritos y si ustedes son humildes terrajeros o alquilan tierritas, son jornaleros y están en el campo... entonces, ustedes son campesinos”. Por un buen tiempo, tal vez meses e incluso años, entraron en el juego. Al final, alguien dijo: “No, nosotros no somos campesinos, tenemos lenguas, tenemos historia, tenemos pensamientos diferentes”. Es en ese momento que el reclamo de identidad determina la salida de nuestro pueblo de este movimiento de la ANUC. Tercer preconcepto: las formas para confundir a los indígenas no cejaron, pues el Gobierno, a través de la educación, a través de las misiones, de la religión, de los colegios, de los internados o de los centros de concentración religiosas con títulos de “educadores indígenas”, buscó que los indígenas dejen de ser indios y se civilicen, y demandaban convertirlos en gente, y estaba la Iglesia enseñándoles la Biblia y la educación imperante, la educación mayoritaria impuesta desde arriba. Pues no pudieron, los indios hoy en Colombia hemos entendido y revalorizado nuestras culturas. Con todo respeto, en mi país también creemos en la luna, el sol, el mar, las montañas, en la cordillera occidental, la central y la oriental. Sí, creemos en los páramos como nuestros dioses.

Los indios hoy en Colombia hemos entendido y revalorizado nuestras culturas 20


La reafirmación de la identidad aimara, quechua, uru o guaraní se da en relación a los mestizos y muchos de ellos construyen su identidad en esta

Pero no se puede retroceder demasiado, pues hoy en las comunidades hay cristianos, evangélicos, Testigos de Jehová, hay diferentes etnias y religiones como también, todavía, hay gente que cree en lo propio. Además, hay colegios y universidades que cuentan con presencia indígena. En este escenario, se deben actuar como un pueblo que tiene raíces, las cultiva y las respeta, pero que también no puede dejar de participar paralelamente de los elementos del mundo occidental, o del mundo no indígena, quiérase o no.

“que íbamos a gastar comprando sombreritos o grabadoras y gastando en chichiguas o pendejadas, pero lo logramos y además conseguimos dos curules con participación política en el Senado de la República. La conquista de los dos curules significó elegir a dos senadores “de la especial”, es decir que sean de origen indígena, y los designan no sólo entre los pueblos o comunidades originarias, sino que son elegidos por el resto de la sociedad colombiana. Porque nuestro pueblo está dividido, la gente vota por los liberales, vota por los conservadores, por la izquierda y si queda algo vota por la “especial indígena”. Pero no hay que temer, pues son las organizaciones mismas las que orientan y conducen hacia dónde vamos y a quién eligen.

De la insurgencia a la Constituyente

Avatares de la Constitución

Un capítulo imborrable en la historia indígena de Colombia fue cuando la insurgencia quiso imponer una política agraria de Estado, pero el indígena no lo permitió. Y a manera de paréntesis, el indígena pretendió crear su propio ejército irregular en Colombia. Con irregular me refiero a Quintín Laime, del Movimiento de Autodefensa Pro Indigenista, que se armó para defenderse, porque los estaban masacrando, los estaban exterminando y posteriormente, en el ‘91, se desmoviliza, se reinserta y participa en la Asamblea Nacional Constituyente. De la experiencia de la Constitución del 1991 destaco que los indígenas también llegamos divididos, pero no hay que temerle a esto. Igualmente llegaron personas que no estaban articuladas a ningún proceso organizativo y que andaban rueda suelta, y que vivían en las ciudades y jamás hablaban de los indios, y querían aprovechar la Asamblea Nacional Constituyente y se lanzaron, pero perdieron porque no conocían la propuesta resultante de toda una mesa de concentración de trabajo en todas las regiones del país. Y quiero decirles no le teman, pues va a resultar gente que nunca ha hablado de indio ni quiere ser indio, pero que en esa oportunidad pueden ser candidatos en nombre de los indios. Recuerdo que en ese momento los indígenas estábamos divididos, pero acordamos aún en esas circunstancias, que si los indios de Colombia no se consagraban en entidades territoriales indígenas en la Constitución Política Colombiana, con participación político administrativa del Estado, se retirarían de la Asamblea Nacional Constituyente. Allí estuvimos todos unidos, con marchas respaldando la propuesta de quienes estábamos en la Asamblea y dijimos: “si los resguardos indígenas que hoy por ley son imprescriptibles, inembargables, inhipotecables no se incluyen en los artículos de la Constitución, también nos retiramos”. Eso nos unía, pues hoy ganamos, pues además de tenerlos incluidos como imprescriptibles, no vendibles, no transables, les dijimos mientras se conviertan en entidades territoriales indígenas político-administrativas van a captar recursos del Estado. Desde luego, hubo fuertes debates, pues el Estado les decía que los indios no estaban capacitados para manejar recursos,

La actual situación de mi país es difícil, pues se quieren hacer cambios a la Constitución y el gobierno, de Álvaro Uribe Vélez decía al principio que condenaba el clientelismo, la corrupción, la politiquería. Sin embargo, ahora está reformando la Constitución para ser reelegido una vez más. Pero para aprobar esos proyectos en el Congreso está comprando a senadores y representantes con consulados, embajadas, ministerios y con diferentes cargos. Pero eso no es nada, eso es normal en la vida nacional, en el continente americano que, al parecer, la política se hace de esa manera, ese es el sistema imperante, ese es el régimen político existente en nuestro país, y los indios a eso es que vamos jugando también. Por otro lado, la Constitución de 1991 estipuló un Estado Social de Derecho consagrando el derecho a la huelga, los derechos de la niñez, los derechos colectivos, derechos individuales, culturales, los derechos étnicos, el derecho a una educación propia colombiana. Los convenios internacionales que hacen parte de su legislación, en materia ambiental o en derechos humanos, constituyen toda una gama de derechos colectivos, individuales que conforman la Constitución más moderna y progresista donde primero está el hombre, la familia, los Derechos Humanos. Sin embargo, en la actualidad, la contra reforma está diciendo que se acabaron las libertades individuales, la libre circulación. Asimismo, se está creando un estatuto antiterrorismo, al que la Corte Constitucional eliminó, y que implica que en Co-

relación con los pueblos indígenas

Un capítulo imborrable en la historia indígena de Colombia fue cuando la insurgencia quiso imponer una política agraria de Estado, pero el indígena no lo permitió 21


Los indios sí tenemos propuestas coherentes, serias, responsables; generamos solidaridad, respaldo y el apoyo que están pidiendo los pueblos lombia no se pueda hacer. Por ejemplo, este tipo de reuniones o hablar mal del gobierno, porque esto sería conspiración y todos serían sospechosos mientras se los investiga. Pero ahora, detienen y muestran al país 80, 100, 150 detenidos, así en el futuro, cuando les liberen, el 90 por ciento, en su gran mayoría, será inocente. Pero ya hay una regla: primero los secuestran o detienen y después los absuelven, y cuando están en la calle, a los ocho días los están matando. La contra reforma quiere hacer desaparecer a la Corte Constitucional que para ellos era como el aparato, el instrumento legal constitucional de defensa, de protección de la Constitución Política de 1991. Pero, ¿por qué la quieren descartar? Porque sus magistrados, algunos demócratas –a pesar de que ninguno de los sectores sociales del país está representado– deciden ajustarse a la Constitución y eso no le gusta al Gobierno y entonces no le sirve, no le funciona dentro de la Administración, dentro de la Reforma Administración de Justicia. Finalmente, en Colombia nosotros somos el dos por ciento de los 44 millones de colombianos. Eso quiere decir que no superamos el millón. Pero chiquitos, pequeños grupos, pero un poco porcentaje ha puesto a temblar en los últimos días a nuestro país, eso quiere decir que los indios juntos podemos lograr muchas cosas. Pero más allá, los indios sí tenemos propuestas coherentes, serias, responsables; generamos solidaridad, respaldo y el apoyo que están pidiendo los pueblos. Hace 20 ó 30 años, los indios peleaban por cosas muy sencillas, por la constitución de resguardo, porque los dejaran como cabildos indígenas, o porque les dieran una platica [dinero] para unas tizas o unos tableros. Hasta ahí, los indios y sus movilizaciones son respetables; aunque tienen algunos líderes asesinados, pero bien, son tolerables todavía. Sin embargo, cuando los indígenas en sus reivindicaciones dicen que están en contra del tratado de libre comercio, que están en contra del estatuto de seguridad, del estatuto antiterrorismo y que están en contra de la seguridad democrática del gobierno y que están en contra de la guerra que se está llevando en Colombia, la cosa cambia.

La guerrilla devastadora Asunto aparte es la guerra que se está llevando en Colombia, porque la guerrilla está reclutando a los indios y si no están de acuerdo con el reclutamiento los masacran. Por otro lado, la ultra derecha también recluta a los indios y les dice “ustedes que están aquí en las montañas deben saber dónde está la guerrilla, entonces sírvanos de informantes”. Asimismo, el Estado, a través

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de la Fiscalía y mediante la fuerza pública, les dice “o se convierten en sapos, o redes de informantes, o entonces ustedes serán considerados como colaboradores de los actores del conflicto”. Ustedes tienen un gran reto, esto sólo no sería posible si no es apoyado por instituciones como Naciones Unidas, Organización Internacional del Trabajo o por UNIR. No, hombre, no hacemos nada, pero la reflexión es que si instituciones que no son indígenas ni manejadas por indígenas están preocupadas y apoyan este tipo de actividades por qué los indios tenemos que andar peleando, por qué el cruceño o por qué el colla, o el otro del páramo tienen que estar peleando. Peleamos porque el otro militó en los partidos tradicionales de la zona, porque el otro se burocratizó, porque estudió más, o no estudió, porque todavía andamos pensando que hay una cultura superior u otra cultura, como en Colombia. Y existen estas concepciones erráticas, con todo respeto compañeros, hay unas culturas, hay unos pueblos indígenas que se creen superiores a otros que creen ser mejores que otros pueblos. Yo espero que esto no exista acá, pero si el problema es ideológico, si el problema es cultural de cosmovisión, ¡para el carajo! Las cosas pequeñas nos deben unir. Hoy, aquí en Bolivia, debe unirles la visión de nación de la que hablaba nuestro compañero guatemalteco eso es un gran aporte, porque ustedes son mayoría, ustedes no pueden convertir a las minorías en esclavos ni hacer lo mismo que ellos han hecho. Además, no es conveniente, esto no es un proceso revolucionario armado de la toma del poder. ¡No! Lo que nosotros decidimos en Colombia fue utilizar la institucionalidad, arañar de a poquito, porque somos el dos por ciento y, entonces, el llamado es a la unidad de los pueblos indígenas. Nosotros hicimos mesas de trabajo, ustedes pueden ir a recorrer en las zonas y creo que alguna gente que no está, aquí tengo entendido que los organizadores invitaron a unos pueblos, a unas organizaciones que no son amigos de ustedes y entonces dijeron “si estos van, yo no voy”. Con todo respeto, no conozco mucho el país, pero el gobierno colombiano estaría celebrando esto, que ustedes vayan así en contradicciones, yo sí creo que aquí están celebrando felices. Felices de que los indios anden por su lado, dispersos, peleando por pequeñas cosas. Pensando si todavía pueden llegar a ser ministros o presidente. Ya les decía que el problema no es de cargos burocráticos. Compañeros, en ocasiones nosotros mismos somos el instrumento feroz para destruir a nuestro pueblo, así que la alianza tiene que ser con gente seria, humilde, respetuosa de todos estos valores que hemos planteado. Espero que esa Constituyente que ustedes demandan sea lo mejor para todos, para la historia del continente, para la historia de Latinoamérica y espero celebrarlo aquí muy pronto, deseando que se unan frente a temas gruesos del país.


Reforma constitucional y procesos de paz en Guatemala La interculturalidad se plantea como un reto en la Asamblea Constituyente. Pop propone a los bolivianos un desafío: construir interculturalidad mediante un proceso que respete y valore la diferencia, y sobre todo la capacidad de aprendizaje mutua, sin necesidad de convertir al otro ALVARO POP

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emetrio Gocti, de Guatemala decía: “Mire, yo no voy a hablar de interculturalidad, porque no somos iguales, efectivamente. Pero, efectivamente, por eso vamos a hablar de interculturalidad, porque ése es el horizonte a conseguir, no por lo mismo es descalificable. Si estuviéramos en condiciones iguales ni siquiera existiría el debate”. Desde este punto de vista, ése es el desafío a conseguir: interculturalidad. Debería ser un proceso que permita poner sobre la mesa el respeto a la diferencia, el aprecio a la diferencia, la construcción de elementos comunes y sobre todo la capacidad de aprendizaje mutuo sin la necesidad de ir a convertir al otro.

La validez de la cultura El problema de nuestra sociedad ha venido con la capacidad misionera, con los intentos de otros de querer enseñarnos cosas que no son propias de nuestra cultura, lo que en muchos casos fue un golpe para la validez de cualquier proceso cultural de los pueblos. Toda cultura es válida, toda cultura es importante, es una construcción humana y, por lo tanto, celebro el proceso que Bolivia está teniendo, porque creo y esperamos en América Latina que sean paradigmáticos para nuestros propios procesos. Y como pueblos indígenas, vamos a venir a escuchar y aprender de lo que en su país se está haciendo. Ustedes están, en ese sentido, adelantados en ciertas dinámicas, políticas de discusión muy amplias que nosotros. Vamos a tener que ir aprendiendo. En el caso guatemalteco, el conflicto indígena, la verdad de los pueblos indígenas, es todavía una asignatura pendiente, es un tema de grandes temores y permanentes tabúes. Sin embargo, se debe dar un salto cualitativo en el debate y resolver el problema de las relaciones interétnicas, más que convertirlas en un problema indígena o en el problema de los indígenas o en el problema del indio o de los mayas o de los garífonas shusinkas.

Objetos de estudio Guatemala es una sociedad predominantemente indígena maya. En el caso guatemalteco, el tema más estudiado con miles de tesis de doctorado, tesis de maestría, es sobre los pueblos indí-

genas, y que en su mayoría están fuera del país. Por ejemplo, en Estados Unidos, en origen maya, Europa e incluso en el Asia, en idiomas diquiché. Fue ferentes al español y, obviamente, al de Coordinador de la los pueblos indígenas. Comisión de Los pueblos han servido para que Reformas montón de profesionales, instituciones y Constitucionales de muchos tipos de corporaciones vengan a los Pueblos con nosotros, ganando cantidatrabajar Indígenas en el des millonarias, habiéndonos súper estuReferéndum esa infordiado, pero nunca devolvieron realizado en el comunidades y ése es mación a nuestras marco del porun asunto que hay que denunciarlo, cumplimiento de los que es gente que vive de los pueblos indíacuerdos de paz en genas. Guatemala. Sin embargo, si bien en algunos casos las organizaciones e instituciones orientan a que los indígenas accedan a la educación superior, en la mayor parte de los casos los guían para que estudien, por ejemplo, lingüística, antropología o humanidades, pero se olvidan de todas las ciencias en su conjunto. Entonces, las mayorías indígenas o somos antropólogos o lingüistas, cuando hay muchas otras carreras que deberían darnos la posibilidad de actuar como ciudadanos del mundo. Esto es parte de esa perversidad en que nuestras sociedades están metidas. Analista político de

Realidad guatemalteca Guatemala tiene 11 millones de habitantes; de ellos, en el último censo, 42 por ciento son indígenas y más del 70 por ciento del total de la población, no solamente indígena, sino del total de los guatemaltecos, sobrevive con mil dólares al año, según datos del Banco Mundial. Asimismo, se hablan 19 idiomas mayas, más el garífona, el shinka, el español y 14 idiomas extranjeros que se manejan como idiomas maternos al interior del país. El último presupuesto de Guatemala aprobado el 2002, dota del 1.5 por ciento a las ventanillas indígenas. Las ventanillas son los departamentos o las instituciones del Estado para atender pueblos indígenas. Al parecer, incluso, la Universidad San Carlos

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tiene más del cinco por ciento del presupuesto y la Administración de Justicia tiene menos de ese cinco por ciento. Por otro lado, de 360 profesionales regados en todo el país, menos de 125 hablan algún idioma indígena, y a ninguno se le permite expresarse en ese idioma. Es decir, los idiomas indígenas no se manejan en la administración de justicia, está la posibilidad de usar un traductor, pero es el absurdo de los absurdos. Eso es sentirse extranjero en su propia tierra, como que estuviéramos en Alemania y se tendría que apelar a un traductor para un caso de justicia. Un dato paradigmático para la realidad guatemalteca: el Ministerio Público, el Fiscal General, las oficinas del Ministerio Público, de 331 municipios que tiene el país, están en menos del diez por ciento de presupuesto. Por tanto, no tienen la capacidad de gestión penal.

Los 70: visibilización de los indígenas El planteamiento de reivindicación de los pueblos indígenas ha tenido diferentes rostros en toda la historia guatemalteca. Es necesario reconocer que no es nueva, el asunto es que no aparece en la historia oficial, pero el problema es más grande que la omisión de los pueblos indígenas y la creación de una historia blanca metropolitana y presidencialista. Falta, no se incorpora la enseñanza de la historia en el pénsum de la educación guatemalteca, la historia que se enseña en la escuela termina en 1944. La guatemalteca es una sociedad sin historia. Tenemos la intención, en el marco de la Comisión de Reforma de la Educación, de introducir con un grupo de instituciones la asignatura de Historia, porque hasta el momento no se enseña Historia y menos de pueblos indígenas, menos la regional y nada de nada. Somos una sociedad sin historia. Esta falta significativa por ampliar y explorar la historia y autoría de pueblos indígenas en Guatemala tiene como resultado la poca información sobre los procesos de los pueblos shinka y garífona, también existentes en Guatemala.

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Cuando uno está solamente dentro de su país se va metiendo en una digestión de ‘ombliguismo’, como dicen en Guatemala, sólo viendo de su ombligo para dentro. Pero cuando sales empiezas a ver las diferencias En la época contemporánea, para el movimiento maya es clave la década de los ‘60 porque es el momento en que se empiezan a manifestar las primeras voces magisteriales. Desde los grupos religiosos, de personas vinculadas a la temática india, especialmente sobre la discriminación, explotación, pobreza, identidad y dignidad de estas poblaciones de cara al resto y de cara al Estado; durante los ‘70 se involucran en el proceso de discusión de la identidad jóvenes indígenas profesionales de nivel medio y empiezan a crear las bases ideológicas de lo que sería, en la siguiente década, el movimiento maya. Hasta mediados de los 80, la discusión nacional de los derechos de los pueblos indígenas se hizo a través de personas y estudiosos en el tema. En esta década fue significativo para el liderazgo maya la experiencia dentro del movimiento revolucionario por la discusión sobre la cuestión étnico nacional y, por otro lado, la experiencia en Naciones Unidas y el fortalecimiento de una dinámica de solidaridad internacional.

En pos de espacios de poder Es en esta década, además, cuando se fortalece el proceso de involucramiento político de dirigentes, comunitarios indígenas en las municipalidades del interior del país que, para los siguientes años, crecería significativamente aunque se menciona que sin mucha vinculación al proceso político del movimiento maya dado el contexto de la guerra y es, precisamente en este momento, cuando se presenta el proceso de organización como lo conocemos hasta la actualidad. La dirigencia indígena decidió ir a la conquista de las municipalidades. Éste es un punto interesante, porque me preocupa personalmente que la dirigencia indígena, a partir de ese momento, empieza apostarle al Estado y creo que esa debería ser la discusión que dejo aquí y que creo que deberíamos de tener todas las sociedades que estamos apostando todo al Estado. En algún momento del proceso de los 80 hubo discusiones sobre autonomía, territorialidad, tierras, en una evolución natural dentro de los procesos indígenas, de lo que también se hablaba en América Latina, en otros pueblos originarios. Sin embargo, a partir de los 90 algunos sucesos cambian. Las poblaciones, las dirigencias indígenas empiezan a lanzarse a la conquista del Estado. El primer espacio, en el caso guatemalteco, fueron las municipalidades y, efectivamente, hasta las últimas elecciones, muchísimas de ellas, más de la mitad, están en manos indígenas. Pero esto no significaba tener una fuerza política porque la autonomía municipal es una cosa de doble filo: por un lado te aleja de la escena nacional y por el otro lado restringe tus capa-

cidades económicas, porque dependes de un Ministro de Finanzas que cuando no te da el diez por ciento constitucional del presupuesto designado para las municipalidades tienes graves problemas económicos para tu gestión local. Los alcaldes no son actores políticos que tengan capacidad de incidencia nacional en el caso guatemalteco.

Las conquistas sociales y políticas En la década de los 80 se produce el punto de quiebre, ya que hasta los 70 se marchaba con una dinámica de trabajo encabezada por líderes y profesionales indígenas. A partir de los 80 el proceso empieza a ser más institucionalizado, se opta por la figura de ONGs, cooperativas y comités pro-mejoramiento comunitario dentro de un ambiente de persecución y guerra que descabezaron los movimientos de base y generaron toda una experiencia de diáspora. La dinámica se multiplica durante los 90, y fue la década más importante de los últimos 200 años para la población indígena en Guatemala. Esos diez años, en sí mismos, acumulan toda la historia de los 200 años de los pueblos indígenas en Guatemala, ya que se desarrollan una serie de procesos externos que ayudan a presentar a las organizaciones y dirigentes en el escenario nacional y, fundamentalmente, a la firma del Acuerdo de Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas. Este Acuerdo de Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas es sumamente significativo pues es el primero que establece la situación de pueblos indígenas y la profunda necesidad del reconocimiento de derechos específicos. Es el primer documento en el que el Estado lo dice así con precisión. Anteriormente, la Constitución de 1985, registraba que las culturas son patrimonio nacional, pero no nos daban este reconocimiento, el de la necesidad de identidad. No tenía fuerza de ley, no era un documento legal, pero era un documento político que ya empezaba la discusión. Además, entre los hechos relevantes de esa década, están la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, la contra celebración de los 500 años, las cumbres indígenas, el Año Internacional de las Poblaciones Indígenas declarado por Naciones Unidas y la Década Internacional de los Pueblos Indígenas. Todo esto tuvo su significado, pero no resultados concretos, permitió empezar a encontrarnos con mayor fluidez en escenarios internacionales y sobre todo a tener la perspectiva de país desde fuera, lo que realmente le da a nuestro pueblo una dimensión diferente. Cuando uno está solamente dentro de su país se va metiendo en una digestión de ‘ombliguismo’, como dicen en Guatemala, sólo viendo de su ombligo para dentro. Pero cuando sales empiezas a ver las diferencias y esto sucedió mucho con la dirigencia indígena en Guatemala, pues además estamos hablando de 13 acuerdos de paz. No es un solo acuerdo, eso es lo inédito, eso es lo interesante. El caso guatemalteco tiene 13 acuerdos y estos pretendían tres logros bastante ambiciosos:

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1 El cese al fuego, lo cual se consiguió. 2 Diagnosticar la realidad guatemalteca, también lo consiguieron. Lo cual se evidencia nítidamente con sólo leer los preámbulos de los 13 acuerdos de paz. 3 Definir el sendero que permitiera superar los problemas que tenía la sociedad. Y el gas ya no dio para más, estos acuerdos de paz, el de Sudáfrica, el de muchísimos otros lados sólo llegan al primer punto, al cese de la confrontación, nosotros avanzamos dos pasos adelante.

La lucha por la paz La experiencia más intensa y quizás la más importante de la dinámica organizativa y participativa indígena se dio durante el proceso de negociación y, luego en el cumplimiento de los acuerdos de paz, desde la construcción de propuestas, la negociación social hasta la lucha por el cumplimiento. Esto hizo que las capacidades se multiplicaran ante tantas necesidades políticas y técnicas que los acuerdos de paz exigían a los pueblos indígenas. Urgió un trabajo de articulación de espacios de convergencia política entre las organizaciones mayas, la articulación con el proceso garífona y el shinka, dos pueblos diferentes, con idiomas distintos, con culturas diferentes y la instalación de dinámicas de representación de los tres pueblos indígenas ante el Estado. Era todo un desafío, pero llegan los acuerdos de paz y nos dicen: miren, vengan porque ustedes necesitan una representación y necesitamos resolver esto y esto. Sin tener especialistas, sin tener técnicos, sin tener experiencia, nos lanzamos y le apostamos el todo por el todo. Creo que eso es una lección que vale para las reflexiones nacionales. La apuesta la hicimos totalmente, nos tiramos de cabeza a la piscina en los acuerdos de paz, no dejamos nada en la manga. Absolutamente nada. Todo, desde la pasión hasta la capacidad lo apostamos en esos acuerdos, pero además urgió un trabajo de reflexión y de entender nuestra propia situación, ubicar la magnitud de los problemas que las poblaciones indígenas tienen y establecer, sistemáticamente, dentro de un solo canal de comunicación la negociación con el Estado y ahí, creo yo, tienen otro punto para el parqueo de reflexiones. Sin embargo, en toda negociación los pueblos indígenas llevan las de perder. Siempre hay varias representaciones que van a negociar, lo cual alarga los procesos, aparecían dinámicas de representación que decían no estar de acuerdo, o entraban en dilemas legales o contradicciones, pero que aún así encontraron los espacios, pues la apuesta era fortalecer los escenarios internos. Allí se discutía, gritaba, peleaba y hasta insultaba, pero también se construían propuestas. Ésta no fue, y tampoco la negociación política, la lección más dura y brutal. No sé en otros casos, pero en el caso guatemalteco, todos los partidos políticos te-

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nían indígenas, entonces ¿cómo tener un espacio que permitiera la no descalificación de procesos de negociación? En términos generales, la década del 90 fue de permanente negociación, de presentación en sociedad y de romper los miedos. Aparecieron las organizaciones indígenas que también intentan negociar sobre el miedo atávico. Recuerdo que era un miedo impresionante contra los indígenas, había una construcción ideológica terrible muy grande que decía: “Vienen los indios”.

Los cambios ¿Cómo se evolucionó ideológicamente para ir terminando en la parte muy específica de la negociación de Reformas Constitucionales? En un proceso contemporáneo del ‘60 al 2000 se tuvo las siguientes tres reivindicaciones, que son la clave del entendimiento de lo que quiere el Movimiento Indígena: - La valorización de lo indio por el indio mismo como un planteamiento identitario que lo diferencia, al mismo tiempo que le da dignidad. - La construcción política de lo maya que nace de lo indio para hacerse de un apellido dentro de la sociedad guatemalteca. - El planteamiento de su participación en la nación guatemalteca, pero poniendo como condición precisa la reforma del Estado y la participación activa dentro de él. En un proceso anterior, el movimiento indígena tenía tres tendencias: la tendencia vinculada al movimiento revolucionario de lucha de clases; la tendencia más culturalista, la cultura en sí misma y la lucha de la identidad y la tercera, más vinculada al Estado guatemalteco. Había toda una corriente de organizaciones indígenas involucradas siempre con el Estado. Eran tres líneas que se han ahogado en una sola, el Estado. Ya no hay la de vincular la lucha de clases, ya no hay la de la culturalista. Ahora todo el mundo está negociando con el Gobierno, para entrar al Estado y participar en él, pero está poniendo una condición: reformemos el Estado, esa es la lucha que veo en las organizaciones y la dirigencia indígena guatemalteca. La dinámica planteada tiene su logro fundamental en los acuerdos de paz, especialmente, en el acuerdo de identidad, pero además este movimiento contemporáneo tiene como logro la construcción, movilización colectiva para la creación del fondo indígena, la academia de lenguas mayas, la ratificación del Convenio 169, con lo que se empieza lentamente y con muchos obstáculos a transformar al Estado antes de las firmas de los acuerdos de paz. Finalmente, el logro quizás más importante del que aprendimos lecciones claves es la creación de la Coordinación de Organizaciones del Pueblo Maya de Guatemala, en el marco de la ejecución de los acuerdos de paz. Es de muchísima importancia


Pero se nos olvidó algo: ir a hablar con los que no les interesa el tema de los pueblos indígenas. Y lo interesante es para el proceso contemporáneo indígena maya, en lo particular guatemalteco, por las siguientes razones: 1 Lograr articular en un solo canal el planteamiento de las organizaciones culturalistas y populares, las primeras distanciadas tanto del Estado como del movimiento revolucionario y priorizando las expresiones culturales, la autonomía y la identidad, y las segundas vinculadas a la lógica de la lucha de clases dentro del movimiento revolucionario, hace participar en una sola dinámica a los actores más importantes de ambas corrientes dentro del movimiento maya. 2 Reconoce y visibiliza la actoría de los otros pueblos, los reconoce y dice: “¿Vienen con nosotros, muchachos? Vamos a ir tres a negociar”. Los garífonas y los shinkas organizan comisiones especializadas de trabajo, tanto para la construcción, la consulta y la negociación de las demandas de los pueblos indígenas. Resultado de ello es que se realizaron propuestas en todos los temas: tierra, espiritualidad, derecho consuetudinario, mujer, derechos constitucionales, participación política, idiomas y educación. En el aspecto tierra, se creó el Fondo de Tierras, lo que ha servido para que los terratenientes que nunca usaron sus fincas las vendan a precios exorbitantes al Estado guatemalteco. Esto ha limitado mucho la capacidad de acción a los pueblos indígenas, porque no cuentan con los recursos para adquirirlos. Respecto a espiritualidad, en este momento hay una comisión que no avanza, porque no tiene recursos, pero ya está creada. En derecho consuetudinario no se hizo nada absolutamente; sin embargo, en el área de derechos de la mujer se creó la Defensoría de la Mujer Indígena.

La derrota Respecto a los derechos constitucionales perdimos el referéndum, y como cosa fundamental, las organizaciones y los pueblos indígenas son los que más pasión le pusieron por los acuerdos de paz. Fuimos los que verdaderamente movimos el referéndum. Ningún otro sector lo hizo como lo hicieron las organizaciones y los dirigentes indígenas. Conseguimos, con toda la fuerza que pudimos en nuestras organizaciones, el requisito que la institución misma pone para su propia reforma, 5000 firmas de ciudadanos debidamente empadronados y lo presentamos al Congreso con nuestra propuesta de Reforma Constitucional. Nada, absolutamente nada se consiguió. Recuerdo que la propuesta de Reforma Constitucional se manejó en tres dimensiones, la primera para que no nos dijeran que no, dijimos: “bueno, ejecutamos los acuerdos de paz”. Todo enmarcaba en los acuerdos, sino tenía una relación no poníamos, queríamos disminuir esas escuelas de formación agrícola para pueblos indígenas, porque otra vez funciona bajo el este-

que ellos tienen en la mano la herramienta determinante para los procesos de transformación: poder económico, electoral reotipo segregacionista y vinculado a que los pueblos indígenas sólo tenían que dedicarse a la tierra. Queríamos una dimensión nueva de la educación, pero no estaba ahí en los Acuerdos de Paz, estaba en la Comisión para la Reforma Educativa, no lo pusimos. Por dar un ejemplo, entonces, el primer gran marco para hacer reforma a la Constitución fue ejecutar los acuerdos de paz. Segundo gran marco, el acuerdo de identidad. Dijimos “revisemos la Constitución y revisemos el acuerdo, lo que choca, lo quitamos y esa va a ser nuestra propuesta”. Y en tercer lugar, miren, la nobleza de las organizaciones fue establecer como marco y decidir lo políticamente posible, no pedir imposibles. Todas las propuestas sabíamos que eran posibles y quizás esto facilitó la negociación de los actores políticos que determinaban la Reforma Constitucional, pero se nos olvidó algo: ir a hablar con los que no les interesa el tema de los pueblos indígenas. Y lo interesante es que ellos tienen en la mano la herramienta determinante para los procesos de transformación: poder económico, electoral. Perdimos abrumadoramente en algunas regiones, en otras ganamos, pero perdimos el Referéndum y ha sido el golpe más fuerte que ha recibido el Movimiento Indígena. Este proceso se derrumbó totalmente. Sin embargo, sin mucho entusiasmo, en el aspecto de participación política hay otros logros, ya que se dieron las bases para elaborar las tres leyes de participación municipal y consejos de desarrollo. Respecto al punto del idioma, se lograron algunos consensos con el Estado guatemalteco, lo cual quedó en nada. Hasta la fecha, nada sobre idiomas indígenas. En educación queda una comisión peleando, queriendo hacerse escuchar.

Visión de Nación Después de lo vivido en Guatemala, llevar solamente la propuesta de los pueblos indígenas no es conveniente. Ahora vamos a preparar una propuesta de nación, no sólo para los indígenas, sino para los guatemaltecos en su conjunto, donde se incluyan los derechos específicos de pueblos indígenas pero desde nuestra perspectiva. Queremos hablar de todo, no queremos hablar sólo de políticas agrarias, porque los indígenas no sólo están en el campo. Vamos a hablar de legislación bancaria, de seguridad nacional. Este es el caso nuestro; no sé cuál es el caso de ustedes, pero me parece que deberían no sólo llevar propuestas sobre derechos específicos de pueblos indígenas, sino una visión nacional.

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¿Qué revelan los conflictos? Como resultado del seminario “¿Qué revelan los conflictos?” (mayo 2005) presentamos cuatro ponencias que abordan el tema desde diferentes visiones intelectuales y críticas. La reflexión gira en torno a la sociología de los conflictos sociales, la diferenciación entre los conflictos políticos y sociales. Los expertos también hablan sobre las perspectivas contemporáneas en el análisis, así como se muestran algunas de sus herramientas conceptuales. Bajo un paraguas teórico conceptual, Jorge Lazarte y Moira Zuazo, toman como referencia los conflictos en Bolivia. Desde su práctica internacional, Sophía Clark presenta las perspectivas contemporáneas en el análisis de los conflictos sociales. La mirada técnica de los conflictos la ensaya Elías Orellana. Los autores coinciden en señalar tres características coincidentes del conflicto: el poder, la desigualdad/exclusión y el acuerdo.


Apuntes para el análisis de los conflictos ¿Qué es un conflicto? Alude a lucha, choque, a combate, por lo menos entre dos partes de la sociedad. Por tanto, es una relación social e interacción. Estas partes están en disputa cuando tienen objetivos o fines que no son compatibles o los perciben como incompatibles, afirma el autor JORGE LAZARTE

La inmanencia social del conflicto y su potencial de entropía El punto de partida: el conflicto es inherente a toda sociedad. “No hay sociedades humanas sin tensiones y conflictos”, y que por ello mismo “no existe armonía social preestablecida”. El conflicto puede ser de distinta forma y proceder de diferente fuente, pero es siempre una parte de la sociedad que se encuentra en relaciones de conflictos con otra. Esto vale para las sociedades segmentadas más simples, y para las sociedades más complejas, como las actuales. No hay sociedad sin conflicto. Ahora, una nación abandonada a la sola dinámica del conflicto es una sociedad amenazada de desintegración. La lógica “pura” del conflicto tiende a la ruptura y al desorden.1 El conflicto pone en riesgo la existencia misma de la sociedad, por desbordamiento, en una suerte de cadena de conflictos crecientes2. “Una sociedad no puede existir sin procedimientos de resolución de sus conflictos, ni sin que sus miembros cooperen entre sí siguiendo ciertas reglas”3. Pero debe estar claro, que el valor de la regla no es solamente de control del conflicto. En los hechos, lo que diferencia el paso de la naturaleza a la cultura, de los instintos a los comportamientos sociales, es la presencia o ausencia de regla4. La regla funda la sociedad, como la forma de existencia compartida. Los hombres sólo pueden estar en sociedad si comparten las mismas normas bajo las cuales viven o conviven. El primer hecho social es la producción de la regla. Para vencer la entropía que la amenaza de desorden5, y controlar sus conflictos, la sociedad, cualquiera que sea, tiene un sistema político organizado a través del cual se toman y procesan decisiones de carácter vinculante para los miembros de esa sociedad. El sistema político funciona de acuerdo a ciertas reglas, que definen esencialmente quienes están habilitados para tomar decisiones y cómo las toman, y por tanto, como todo canon, define lo que está permitido, de lo que no lo está. Un sistema político organizado según ciertas reglas puede estar afectado, sin embargo, de ingobernabilidad. Por tanto la sola existencia de la norma no es garantía de la gobernabilidad del sistema. La regla debe funcionar y tener los efectos pertinentes. Esto significa dos posiciones. De un lado, que la regla se convierta en pauta de comportamiento individual y colectivo, siguien-

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do procesos de socialización. Y del otro, que exista garantía externa en su funcioen Ciencia Política namiento, es decir, sanciones y aplicade la Sorbona de ción de sanciones. Lo que se llama poder París, consultor político tiene, como una función básica, internacional, ex que es asegurar el cumplimiento de la reVocal de la Corte gla, de tal modo que los conflictos sean Nacional Electoral, compatibles con la preservación de la sofue Delegado ciedad. Este es el fundamento societal del Presidencial de conflicto y la forma cómo las sociedades Coordinación enfrentan su propio riesgo de entropía. Política hasta Si el conflicto pone en riesgo la cohediciembre de 2005. sión de la sociedad, también es evidente que las sociedades avanzan por el conflicto. Esto es particularmente cierto en sociedad de cambio, “calientes” distintas de las sociedad “frías”, propensas más a su propia reproducción. Los conflictos pueden ser mecanismos adaptativos y de sobrevivencia con respecto a entornos que planean desafíos y sistemas de reglas poco aptas para enfrentarlos. Este es el componente dinámico del conflicto. Los avances en términos de derechos sociales y políticos en Bolivia, no hubieran sido posibles sin la mediación de conflictos que sacudieron el conservadurismo del poder. Boliviano. Doctor

Conflictos de estructura y conflictos contingentes Una buena parte de los conflictos son estructurales, relacionados con la organización misma de la sociedad y con el lugar de los grupos sociales en esa sociedad. Una de las fuentes permanentes de estos conflictos tiene que ver con una distribución desigual de recursos y bienes apetecidos y valorados por la sociedad. Estos conflictos no tienen propiamente solución, sino sólo salidas, que ponen un paréntesis al conflicto abierto pero mantienen la eventualidad futura de un conflicto latente. Salir de un conflicto salarial no es resolver el problema de fondo de la división social entre asalariados y empresarios. En nuestro país existe una tendencia a considerar que un conflicto ha sido resuelto, cuando en realidad sólo se ha logrado pasar del conflicto abierto al conflicto latente. Peor aún, se suele considerar


resuelto un conflicto cuando sólo se ha logrado nuevos plazos para su estallido. Los conflictos contingentes son episódicos, de situación, que no expresan los grandes clivajes de la sociedad. La mayor parte de los conflictos es de este tipo, como los que protagonizan los gremiales permanentemente.

Conflictos de interés y absolutos Una parte de los conflictos es instrumental, en el sentido de que es un medio para mejorar la situación de la parte protagónica del conflicto. Los conflictos salariales son de este tipo. Estos desencuentros pueden ser considerados conflictos de interés, es decir, principios negociables. Los conflictos distributivos sobre el Presupuesto General de la Nación pertenecen a esta categoría. Pero existen otros conflictos que son de principios, de valores, simbólicos o expresivos, difícilmente negociables por sus componentes intangibles. Este es el caso de conflictos étnicos, lingüísticos, culturales, en los que está en juego la estructura del Estado y de la sociedad. Muchos conflictos suelen incluir este tipo de demandas. La COB, al mismo tiempo, suele pedir el respeto al fuero sindical y cambiar políticas de gobierno.

Tipos de conflicto Pueden siempre diferenciarse tipos de conflicto, conflictos sociales y políticos, o conflictos territoriales, étnicos, de género, que están entrelazados con los clivajes fundamentales de la sociedad, que en general son permanentes. La cuestión es que los conflictos no se presentan en su forma pura, en los hechos pueden estar mezclados, o peor, superpuestos. En Bolivia es común el entremezclamiento entre conflictos sociales y políticos. En consecuencia, son más difíciles de tratar y tienen un enorme potencial de entropía. Asimismo, destaca el tipo de conflictos desencadenantes, que tiene potencialidad de arrastre y multiplicación. No es lo mismo conflictos localizados que aquellos que pueden propagarse a otros gru-

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pos de la sociedad. En tales casos, los temas del conflicto pueden ser transversales, como son los vinculados al gas, con enorme capacidad de arrastre. Dentro de este rubro pueden mencionarse conflictos aparentemente aislados que pueden convertirse en detonantes de otros conflictos, como ha ocurrido en octubre 2003. En Bolivia este potencial es muy grande porque tiene que ver con el estado de la sociedad.

son más simples, porque deben tomarse en cuenta otros factores, como la aptitud a la negociación, que entre nosotros es baja.

Racionalidad del conflicto

La lógica de acción de los actores implicados es distinta de la lógica del conflicto en la cual intervienen factores no controlables. La lógica de acción empieza con el procesamiento de las demandas y sus motivaciones explícitas y justificativas del conflicto declarado y los recursos y estructura de movilización. Este componente subjetivo del conflicto es también la memoria colectiva compartida, distinto de los datos objetivos del conflicto y del lugar de los actores en la sociedad. Los actores actúan a partir de sus propias percepciones y valoraciones sobre sí mismos y sobre el adversario en el conflicto. Los conflictos étnicos no tendrían sentido sin conciencia étnica. Por tanto, lo importante en un conflicto es componer un cuadro de situación que incluya una dimensión objetiva, pero sobre todo la dimensión subjetiva sin la cual propiamente no habría conflicto. Cómo los actores perciben el conflicto y cómo se sitúan frente a él, es capital para cualquier intento de salida razonable. El cuadro de situación debe incluir a los actores implicados y a los factores de contexto. Cuando se trata de conflictos de alcance nacional, el cuadro de situación es lo que se llama “análisis de coyuntura”. Esta era la dimensión de los conflictos sobre el gas. Tratándose se actores, debe señalarse otra función de los conflictos que es el de ser factor de integración y de cohesión de grupo. Lo que se llamó conciencia de “clase”, como la de los mineros en el pasado, tiene mucho que ver con los conflictos y la historia de sus luchas.

Todo conflicto tiene su propia racionalidad, aunque sus resultados sean contrarios a los buscados. La racionalidad consiste en los objetivos buscados y con relación a los cuales pueden desarrollarse “estrategias” así sean primarias, que se consideran apropiadas. En este sentido, no deben calificarse de conflictos irracionales. Muchas veces suele afirmase de irracional porque no se “comprende” el conflicto, excepto que se lo haga para descalificar. Lo que puede pasar es, por un lado, una incongruencia entre fines y medios. Los conflictos de la COB, en los años recientes, tuvieron este carácter. Por otro lado, hay necesidad de separar los objetivos propuestos de los resultados logrados. Un fracaso querrá decir que los resultados logrados están significativamente lejos o son contrarios a los fines buscados. Lo que sí puede calificarse de componentes no racionales o hasta irracionales son la pasión y las emociones en el conflicto, que en nuestro país es muy alto y que hace difícil cualquier negociación razonable. Gran parte de los conflictos en Bolivia tienen una fuerte carga emotiva y, por tanto, son de alta intensidad e involucramiento de los actores. Todo conflicto ciertamente es un proceso compuesto por distintas fases. Por lo menos tienen un comienzo, una duración y un desenlace. El conjunto es la temporalidad del conflicto, que entre nosotros es breve. Por distintas razones los conflictos en Bolivia son de corta duración. Y cuando empiezan son disruptivos, lo que a veces hace difícil su anticipación. La política suele también definirse como la capacidad de administrar conflictos de una sociedad diversa. Lo menos que puede decirse es que existe una baja capacidad de manejar conflictos en una sociedad poco apta a ser gobernada. Lo que explica la recurrencia al uso de la fuerza o de la presión del ultimátum.

La agenda del conflicto

Democracia y conflicto

Es la resultante de demandas explícitas del conflicto. Es lo que se llama entre nosotros pliegos petitorios, que en general mezclan todo e incorporan por adición todo lo que piden los involucrados en el conflicto, como es el caso de los Comités Cívicos o entes de la COB. Entre estas distintas demandas existen unas a las que puede llamarse “demandas de alta densidad”, que no son muchas o pueden ser una, pero que por su calidad ponen en juego demasiadas cosas, como es la demanda de la elección de prefectos, que afecta el sistema de gobierno del país. Pero la agenda puede dar lugar a otras lecturas implícitas en tal agenda. La “agenda de octubre” puede tener dos lecturas de distinta temporalidad. En principio, las agendas monotemáticas no se prestan muy fácilmente a la negociación; en cambio las agendas pluritemáticas son más aptas para la transacción, “el toma y daca”. Estas últimas son las más frecuentes, pero no por ello las negociaciones

La democracia “institucionaliza” el conflicto, lo que significa varias cosas. En primer lugar, constatar el carácter inherente del conflicto en el funcionamiento de las sociedades. En segundo lugar, en nombre del principio del pluralismo, legitimar a los distintos agentes portadores de los conflictos. En tercer lugar, regular los conflictos, y por fin, crear escenarios para administrar y canalizar los conflictos. El problema básico en el país es la ausencia de reglas compartidas y efectivas para regular conflictos. Diríamos que priman más los criterios de justicia sobre los criterios normativos, en general tratados despectivamente. Por ello existe la tendencia hacia el uso de la fuerza que dirima entre distintos criterios de justicia y los imponga. Por otra parte, la cultura de negociación o de concertación es casi inexistente. Se desea el diálogo pero no se cree en él, lo que da lugar a que las demandas de diálogo encubran más bien ten-

Los actores del conflicto

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Se desea el diálogo pero no se cree en él, lo que da lugar a que las demandas de diálogo encubran más bien tendencias a la imposición. Una cultura de negociación no es sólo técnica, y se basa en el principio del reconocimiento del otro y entrar en su propia lógica de acción y de valoración. El “otro” es más bien “lo” otro a vencer dencias a la imposición. Una cultura de negociación no es sólo técnica, y se basa en el principio del reconocimiento del otro y entrar en su propia lógica de acción y de valoración. El “otro” es más bien “lo” otro a vencer.

La coyuntura en el conflicto El éxito o fracaso en un conflicto depende en gran parte del momento en que ese conflicto es declarado. En unos casos, las oportunidades pueden ser favorables o distintas que en otros. No es lo mismo un conflicto cuando empieza la gestión de gobierno que cuando está en declinación, con problemas internos, con baja legitimidad y acosado por otros enfrentamientos. La debilidad frente a un conflicto puede desencadenar otros por imitación y cálculo de costos. Esto explica la aparente paradoja entre conflictos que se multiplican contra gobiernos que en principio son más abiertos a esas demandas, pero que son debilitados hasta el desplome por esas acciones y conflictos más limitados con gobiernos autoritarios. La anticipación y prevención son dos atributos de los que se carece en general. Anticipar en el sentido de captar signos de conflictos futuros y prevención en el sentido de saber lo que hay que hacer para evitar que se produzcan. Lo normal es que las autoridades gubernamentales se encuentren frente a conflictos para los que no estaban preparados; peor aún si son conflictos disruptivos. Pero anticipación y prevención no son cuestión de técnica, en principio manejable, sino de conocimiento validado de los actores, y sentido de las cosas. Hoy es común organizar “Unidades de Prevención de Conflictos”, que por lo que se sabe de los resultados en el país, parece que hubieran fallado en su propio objeto.

Los terceros en el conflicto Partiendo de la constatación de que la disposición a la negociación es muy baja –lo que aumenta los riesgos de la escalada y salidas no deseables– la posibilidad de un tercero debería ser funcional para reparar esta situación. A falta de una relación bilateral sana y constructiva, el tercero se hace necesario para evitar el agravamiento del conflicto. Pero el tercero no es garantía de una salida razonable del conflicto, y más allí de su propia aptitud, es sólo una de sus condi-

ciones. Las otras condiciones aquí mencionadas pueden reducir a nada la buena voluntad y al recurso de los terceros. Asimismo, un factor determinante es el carácter del conflicto, que condiciona fuertemente la salida de los conflictos. Lo deseable es que los conflictos sean de suma positiva en la que todos ganen, lo que no es parte de los hábitos nacionales, más orientados a conflictos de suma cero, en los cuales se busca ganar sobre el adversario y a sus expensas. Lo peor es el conflicto de suma negativa en que todos pierden, como ha ocurrido tantas veces. Aquí puede constarse la importancia de los factores “subjetivos” del conflicto.

Un nuevo modelo boliviano de conflicto En el presente hay que subrayar la continuidad agravada de la ausencia de reglas en los conflictos sociales, que efectivamente controlen el conflicto. Conflictos sin reglas o contra las reglas, es decir, con un alto potencial de entropía generalizada. Como si todos los frenos hubieran saltado y se expresaran libremente, y que en ausencia de ese principio ordenador, ponen en jaque no sólo al Estado, sino fragilizan o quiebran el orden social mínimo, sin el cual ninguna sociedad puede razonablemente funcionar. El otro componente de base tiene que ver con la democracia y se expresa en el conflicto entre el “kratos” y el “demos”, con un alto potencial de ingobernabilidad democrática. Este conflicto se entrelaza con los conflictos sociales, no surge con la democracia, pero que se ha hecho evidente en ella. Un exceso del “demos” provoca problemas con el “kratos”; o a la inversa, un exceso del “kratos” debilita el “demos”. Una participación más allá de ciertos límites compatibles con la capacidad del sistema político de tomar decisiones, afecta a esta capacidad. Una gobernabilidad interesada sólo en sí misma, afecta la participación y en el límite puede eliminarla. Lo que llamamos el “participacionismo” descontrolado e invasor, tan arraigado en Bolivia, cae en el primer exceso; mientras que los autoritarismos asfixiantes y verticalistas son propios de la segunda alternativa. De alguna manera la historia del país, desde 1952, es una ejemplificación de los dos excesos. Sobre estas constantes de base pueden diseñarse los perfiles de este nuevo modelo de conflicto social en Bolivia, que ha cambiado bases, actores, escenarios y lógicas de acción. 1 En este sentido, Etzioni asevera que el “orden es la prevención de hostilidades internas”. Ver Amitai Etzioni, La sociedad activa, Aguilar, Madrid, 1980, p.30. 2 Refiriéndose a las sociedades tradicionales, Girard afirma que el “menor conflicto puede acarrear desastres”. Ver René Girard, La violencia y lo sagrado. Universidad Central de Venezuela, 1975, p.26. 3 Jean-William Lapierre: Vivre sans tat? Op. cit. p.280. 4 Ver C. Lévi-Strauss, Las estructuras elementales del parentesco. Paidós, Barcelona, 1991, p. 41. 5 Georges Balandier, anthropologie politique, op. cit.p.43.

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Democracia boliviana: conflictos abiertos y consensos encubiertos En el ámbito de la democracia, el consenso mínimo o procedimental en torno a las reglas del juego es la base para la construcción de instituciones democráticas. Este es el punto de partida en el artículo de Zuazo, para encaminar la estabilidad y gobernabilidad MOIRA ZUAZO

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l conflicto no es ajeno a la democracia, por el contrario, la democracia es la generación de una estructura normativa pactada para la solución pacífica de conflictos. En este contexto, el Parlamento puede ser definido como el espacio que permite la guerra sin muertos (Canetti, 1995). El conflicto, para ser analizado en contexto, debe ser pensado a partir de la pareja consenso – conflicto. El conflicto, como desacuerdo y enfrentamiento, está siempre presente en la vida en sociedad. Los conflictos se diferencian por su objeto, por su causa, por el nivel en el que se presentan, por su forma de aparición, por su intensidad, por la violencia que generan y por la forma en que se los puede enfrentar o la forma en que se los puede solucionar (Strasser, 2002). Los conflictos sociales tienen en común una causa de contradicciones o relaciones de tensión entre elementos del sistema social. La causa del conflicto se ve en aquellos elementos de la estructura de un grupo, organización o sociedad que, por una parte, tiene que ver con la definición y sanción de normas; y, por otra, con el control y transferencia de recursos escasos (ingreso, propiedad, influencia, prestigio) (Strasser/Randall, 1979:55). Por su objeto, el conflicto social se presenta en dos niveles. Los conflictos que presuponen un consenso previo y los conflictos acerca de los propios consenso básicos. En el primer grupo, tenemos los conflictos de opiniones contrarias de dos o más colectividades sociales sobre la producción y distribución de los recursos escasos, y los conflictos en torno a los diferentes caminos o el camino más efectivo para alcanzar el mismo objetivo. Acá se ubica el conflicto acerca de la Ley de Hidrocarburos o la discusión estatismo contra liberalismo. En el segundo grupo de conflictos acerca de consensos básicos tenemos: los conflictos acerca de la legitimidad básica de una necesidad (libertad de opción sexual, derechos sexuales de las mujeres); los conflictos acerca de la validez del mantenimiento de ciertos valores (como libertad de religión, principios democráticos, reivindicación de usos y costumbres no democráticos). En este caso la controversia gira en torno a la pregunta, ¿qué debe valer como bien a perseguir? De acuerdo a la intensidad los conflictos pueden ser: abiertos o manifiestos, latentes u ocultos, o indirectos cuando su manifestación se dirige a un objeto sustituto y no a la causa del conflicto.

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Desde la perspectiva de la forma de enfrentar los conflictos, encontramos en Ciencia Política, dos posiciones básicas: la teoría marxista es Coordinadora de crítica del conflicto que plantea que el Descentralización y conflicto es propio de la sociedad de claPolítica ses y que éste desaparece con la desapaInternacional de la rición de las clases. En este contexto el Fundación Frederich marxismo abandona una teorización del Ebert (FES-ILDIS conflicto y desarrolla de forma exclusiva Bolivia) y profesora la teoría de la revolución. de la Universidad Existen varias corrientes que desarroMayor de San llan una teoría del conflicto como conflicAndrés. to de intereses (Dahrendorf. 1957; Coser 1965). En este ámbito, el conflicto se percibe como un medio para la nivelación o equilibrio de intereses. La idea de partida es que no existe una solución final al problema de la emergencia de conflictos porque el conflicto no se puede eliminar, ya que es inherente a la vida en sociedad. La presión para no afrontar el conflicto sólo genera frustraciones y evita el cambio. Por tanto se plantea la estrategia de la regulación de los conflictos a través de instituciones y reglas de juego. La regulación del conflicto social presupone la presencia de intereses comunes (paz social, productividad, unidad nacional, orden democrático) que son consensos previos y desde esta perspectiva se puede pensar el conflicto como la fuente de la integración (Coser, L.A. 1965). En el contexto del estudio del conflicto social una pregunta siempre recurrente fue el por qué de la unidad de las sociedades. En torno a este tema, desde el funcionalismo hasta los teóricos del conflicto, tenemos dos respuestas diversas: el funcionalismo explica la unidad de la sociedad, a través de normas y valores comunes y plantea la tesis de la integración funcional. Por el contrario, ya a partir de Weber, se plantea la tesis de que las sociedades se mantienen unidas con tensiones y que los conflictos sociales son inherentes a las organizaciones humanas. Funcionalismo y teorías del conflicto aparecen como dos perspectivas contrapuestas. Sin embargo, desde la perspectiva de sociedades en cambio vemos que funcionalismo y teorías del conflicto más que dos teorías contrapuestas son dos enfoques del mismo objeto en diferente momento. El funcionalismo está Boliviana. Doctora


poniendo énfasis en los elementos y momento de integración; en cambio, las teorías del conflicto ponen énfasis en los elementos y momento del cambio a partir del conflicto. La pregunta no es entonces por qué vivimos conflictos en democracia, sino por qué la democracia, como marco normativo y estructura institucional, se muestra hoy como insuficiente para el procesamiento pacífico de los conflictos.

Los clivajes emergentes El concepto de clivaje social parte de la idea de que el ámbito político no se entiende a partir de la simple diferenciación de “los que están a favor o en contra de”, sino que un poco más o un poco menos habría una predisposición con continuidad en todos los votantes. Esta predisposición es producto de la politización de las diferencias sociales. De acuerdo a esta predisposición también se pueden clasificar u ordenar los partidos políticos. Las líneas de división política son por tanto preexistentes a las votaciones y se mueven en una lógica de larga duración. Estamos hablando, entonces, de conflictos sociales como divisiones sociales de larga data que se expresan en el ámbito político. Lo que estamos viviendo hoy en Bolivia es la reemergencia del viejo clivaje nación antinación, la emergencia de un nuevo clivaje étnico y la reemergencia, pero esta vez con nueva fuerza, de un clivaje centro-periferia. Pensando Bolivia en contexto vemos que para Latinoamérica en lo económico

Los actores actúan a partir de sus propias percepciones y valoraciones sobre sí mismos y sobre el adversario en el conflicto 35


Mis demandas sólo se convierten en derechos si los otros permanecen en el juego, esto significa que la garantía de la década del 80 fue una década perdida y la década del 90 fue un tiempo de profundización de la crisis. Esta crisis económica regional será el caldo de cultivo en el que se desatará la crisis boliviana preñada de la emergencia de las divisiones sociales con nueva intensidad.

Agenda de octubre: la democratización como necesidad El año 2000 se abrió un período de crisis que alcanza su momento más alto en octubre de 2003. Esta crisis general del Estado es una crisis de democratización que tiene dos componentes fuertes: la actualización del clivaje nación antinación y la emergencia del clivaje étnico como clivaje social. Este último se hará ya presente en las elecciones de 2002 en que el Congreso muestra en su composición un tercio de indígenas vía MAS y MIP. La agenda de octubre nos mostró que los 20 años de democracia, si bien determinaron una valoración positiva del sistema democrático de parte de la población, también es claro que después de este período de dos décadas a la democracia se le van a exigir resultados económicos que lleguen a todos, especialmente a los sectores más desprotegidos, es decir, se demanda al sistema político algo que no puede dar. En tierras altas, la demanda de democratización lentamente pero con lucidez es leída, por la clase media y la mayor parte de la elite, como una necesidad del país, en esto radica lo nuevo respecto al pasado. La necesidad de construir un país sin excluidos con promoción de igualdad de oportunidades como centro del debate y con posibilidad de convocatoria para convertirse en política de Estado. Aquí leemos la presencia de un primer consenso, el de construir una sociedad más incluyente.

Agenda de enero: identidad regional y demanda de un debate democrático Lo que hubiera sido impensable, antes del año 2000 hoy sí es claro: hemos llegado a un momento de consenso respecto a la necesidad de discutir y definir el camino de la descentralización al nivel departamental, unos probablemente por convencimiento, pero los más por la lectura de que el camino andado no tiene vuelta. Hoy resulta poco útil discutir si fue una sucesión necesaria de hechos o si pudimos / debimos recorrer otro camino. La descentralización a los departamentos es una vieja demanda en Bolivia. En realidad es una discusión que viene desde la creación de la República, el nuevo ingrediente está dado por la respuesta de descentralización a los municipios que dio el Estado en 1994. La municipalización dejó a la demanda tradicional en mal pie o, por lo menos, dejó a las elites capitalinas con dificultades para convocar a la población de los municipios de provincia. En la coyuntura abierta por la crisis del Estado que se traduce también en debilidad estatal, rebrota la demanda descentrali-

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mis derechos, conquistas, intereses, en realidad depende de que los otros, todos, las reconozcan, y para que ello ocurra deben ser, a sus ojos, mínimo aceptables zadora al nivel departamental con nueva fuerza, pero fundamentalmente con una nueva carga, pues es también cuestionamiento del liderazgo popular paceño o más ampliamente de tierras altas para definir e imponer la agenda pública (agenda de octubre). Aquí estamos ante bloqueos, paros y toma violenta de instituciones (los de enero del 2005) para denunciar y demandar la ilegitimidad del uso de la fuerza bajo la forma bloqueos, huelgas crucifixiones (los de octubre del 2003) para imponer temas de agenda pública. Con todo lo paradójico que resulta el cuadro. La agenda de enero nos muestra tres elementos: por una parte la reemergencia del clivaje centro periferia que se actualiza en el nuevo escenario de debilidad estatal extrema: por otra parte, un cuestionamiento del carácter monopólico e impositivo que muestran los sectores populares paceños y de tierras altas para definir la agenda pública. Aquí hay reivindicación de un diálogo abierto y democrático, lo cual implica el respeto a reglas de parte de los interlocutores. Finalmente, aunque como un elemento poco claro, la reivindicación de una postura frente al mercado y frente al modelo económico de mayor apertura a la integración al mercado en las condiciones dadas, lo cual se refleja en una demanda, firmada por las organizaciones populares cruceñas, de aprobación de una ley de hidrocarburos en negociación con las empresas petroleras.

Enero y octubre, el reto de pensar en equilibrios Hoy todos los bolivianos, mestizos, cambas, aimaras, quechuas, chapacos, estamos ante dos escenarios. O desde cada pequeña o mediana trinchera pretendemos tomar el cielo por asalto, ignoramos a los otros y damos el gran salto al vacío, o miramos con lucidez la escena y entendemos la lección que la democracia arrastra ante nuestros ojos. Aquello de que mis demandas sólo se convierten en derechos si los otros permanecen en el juego, esto significa que la garantía de mis derechos, conquistas, intereses, en realidad depende de que los otros, todos, las reconozcan, y para que ello ocurra deben ser, a sus ojos, mínimo aceptables. El derecho es siempre un diálogo y la enseñanza es que sólo la apertura, en el sentido de reconocer a los otros y sus intereses nos permitirá construir de a poco y sin perfecciones institucio-


nes más equitativas. El reto, por tanto, es articular la agenda de octubre y la agenda de enero, pero no por una cursi buena voluntad, sino apelando a un frío realismo. Descentralización sí, pero teniendo como norte claro que la construcción de un país con equidad social, promotor de igualdad de oportunidades para todos, es central para viabilizar el cambio.

Integración: un tema de diálogo global En el presente globalizado lo que marca al Estado, no sólo en Bolivia sino en América Latina y en el resto del Tercer Mundo, es su debilidad, por momentos casi inexistencia. En el caso de Bolivia, una debilidad extrema. La demanda es de más Estado, de fortaleza institucional y presencia estatal para el mantenimiento del equilibrio social. En lo interno, desde el año 2000 estamos viviendo un tiempo de crisis que es incertidumbre, pero al mismo tiempo es oportunidad y es también un tiempo intenso de aprendizaje social. Entre las cosas que aprendemos es que el tiempo es visible a los ojos humanos, pero es soberano a su voluntad. Aquello que los humanos nombramos como azar, en realidad está haciendo referencia a una particular constelación de relaciones entre hechos, personas, instituciones y organizaciones.

Descentralización sí, pero teniendo como norte claro que la construcción de un país con equidad social, promotor de igualdad de oportunidades para todos, es central para viabilizar el cambio Hechos como el Estado “democrático” disparando contra el pueblo en la “guerra del agua” el 2000 en Cochabamba, en que individuos se constituyen como sujeto pueblo en torno a una reivindicación reconocida socialmente como legítima, o relaciones entre personas, como lo vemos en los hechos de octubre, en que lo nacional popular se reconstituye como sujeto, subvierte el orden establecido e impone su voluntad de continuidad institucional democrática, celebrando el gobierno de Mesa cuando éste se instaura y no llegando donde algunos de sus líderes esperaban. Lo cual nos muestra, la opción por la democracia, como un otro consenso. Todo esto es sólo para decir que no es que antes de 2000 no nos hubiéramos percatado de la crisis de legitimidad y representatividad de los partidos, pero sí que el tiempo para movilizar a

partir de este lugar antes del 2000 aún no había llegado, y es que el conflicto es también un tema de intensidad. De hecho, si vemos cuál fue el eslogan del Movimiento Bolivia Libre (MBL), en las elecciones generales de 1993, embanderándose como “trigos limpios”, o el posterior “Movimiento sin Miedo” que es también una respuesta a la crisis de los partidos. Pero aún no había llegado el tiempo y los “sin miedo” terminan perdiendo el norte revolucionario en los laberintos de la gestión municipal. Aunque, y esto también hay que decirlo, a partir de una buena gestión de gobierno local, ganan legitimidad para el partido, pero en un tiempo que no es propicio para esta forma de mediación Estado - sociedad. La crisis en el país tiene un recorrido que ha generado aprendizajes sociales que hace más difícil el diálogo con la dosis de apertura y capacidad de propuesta que éste requiere. La crisis económica, social e institucional se desenvuelve en medio de dos elementos de trasfondo: por una parte, la emergencia de los clivajes étnico, nacional y centro-periferia a un tiempo; y por otra, la debilidad del Estado para tratar con los diferentes actores sociales en un momento que exigiría una profunda fortaleza estatal integrando la sociedad. En cuanto al tiempo global vemos que el nuevo escenario internacional está marcado por el fracaso de las políticas neoliberales, que lleva en América Latina al derrumbe del sistema económico (México y Argentina fundamentalmente, pero también Brasil) lo que configura una nueva coyuntura en la que es posible y es necesario pensar nuevos modelos. Es decir, que estamos viviendo un tiempo distinto. Pensando la articulación entre tiempo interno y tiempo global vemos que el presente se caracteriza cada vez más por una fuerte demanda de ciudadanía global frente a estados del Tercer Mundo (para no hablar de los otros submundos) incapaces de satisfacer necesidades y brindar seguridades mínimas como requisito elemental del estado de derecho El efecto perverso que esto genera son ciudadanías de baja intensidad, ciudadanos de segunda clase que viven en un estado de derecho que es incapaz de dar cumplimiento a los derechos prometidos. Por tanto, se constituyen marcos normativos que la población no respeta ni reconoce plenamente y se genera la zona gris que es nuestro estado de derecho.

Bibliografía citada Canetti, Elias. Masa y Poder, Alianza.1995 (1983) Coser, L.A. Theorie sozialer Konflikte, Neuwied. (1956) 1965 Dahrendorf, R. Soziale Klassen und Klassenkonflikt in der industriellen Gesellschaft. 1957 Strasser, H. Randall, H. Einführung in die Theorien des sozialen Wandels, Darmst. 1979 Strasser,H. Konflikt /Konflikttheorien In: Nohlen, Dieter Lexikon der Politikwissenschaft. 2002

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Perspectivas contemporáneas en el análisis de conflictos sociales ¿Cómo podemos discernir y construir comprensión mutua entre la diversidad de factores que convergen, cruzan u ocurren paralela y simultáneamente? Clark D’Escoto, bajo el análisis teórico conceptual, plantea tesis que buscan respuestas, complementadas con su experiencia en la facilitación de conflictos en varios países de América Latina. SOFÍA MARÍA

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o es sorprendente que una disciplina que pretende dar luces sobre los factores que producen conflictos violentos entre los seres humanos tenga tan amplia base multidisciplinaria. Es natural, porque el análisis del conflicto requiere del estudio de las relaciones humanas en su totalidad, tanto si son o no conflictivas, porque en el fondo son motivaciones, intereses y valores humanos los que están en juego, condicionados por el medio en su totalidad, su sistema económico, político, social y cultural en el cual se desarrollan las relaciones. De aquí surge su complejidad y potencial riqueza. Los conflictos sociales se dan entre personas (sean colectividades, sectores y sociedades, pero siempre entre personas). Todos, como seres humanos, tenemos necesidades y somos complejos. Es fácil entender, entonces, cómo los conflictos sociales que abarcan numerosos individuos, líderes, grupos, sectores, culturas y sociedades, se vuelven cada vez más complejos, multicausales, dinámicos e interconectados. ¿Cómo podemos discernir y construir comprensión mutua entre tantos factores que convergen, cruzan u ocurren paralela y simultáneamente? Desafortunadamente existe una tendencia de tomar conceptos de diferentes disciplinas y pretender una fácil transferencia y aplicación de los mismos a múltiples niveles y en diversos contextos, que a veces resultan contraproducentes. Ciertos principios apropiados y clave para intervenciones en conflictos interpersonales o comunitarios pueden resultar extremadamente insuficientes para interpretar e intervenir en los conflictos sociales y políticos que hoy día enfrentan muchos de nuestros países de América Latina, incluyendo Bolivia. Someto a la consideración algunas ideas o tesis preliminares. Primero: decir que las teorías de necesidades humanas básicas (Burton), de construccionismo social y la teoría general de sistemas (TGS) ofrecen nuevos enfoques para analizar y entender los conflictos sociales y deben ser aplicadas sistemáticamente en el análisis estratégico de los conflictos socio-políticos. Segundo, el campo de resolución de conflictos puede ofrecer un puente para cerrar la brecha, existente en la teoría, entre el accionar a nivel micro y a nivel macro y ayudarnos a articular mejor nuestras teorías de cambio. Y como tercer punto debemos reconocer y aceptar que el campo de la resolución de conflictos, en su intencionalidad de transformar los conflictos sociales y aprovechar del con-

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CLARK D’ESCOTO Nicaragüense. Experta en sistemas de prevención y resolución de conflictos. Trabajó recientemente en la Organización de Estados Americanos (OEA), Oficina Bolivia

flicto como un motor para el cambio social y político pacífico, es eminentemente político. Nosotros, como “operadores en conflictos”, buscamos promover procesos democráticos, no violentos e incluyentes para generar los cambios sociales deseados. Sin embargo, en sociedades en transición hacia una democracia plena, no siempre existen en abundancia las destrezas, habilidades, actitudes, prácticas ni el interés por explorar formas alternativas de abordar las problemáticas complejas que atañen a nuestras sociedades.

Contexto ex ante del análisis de la conflictividad en Bolivia La democracia boliviana viene como parte de la ola hacia la democracia que llevó a muchos países del Tercer Mundo en la década de los 80’s, y que se intensificó con la caída del muro de Berlín. Coincide con el traspaso de un mundo bipolar a un mundo unipolar, lo cuál trajo consigo un cambio radical y fundamental en el imaginario político. Con la disolución del campo socialista, los países desarrollados quieren poner fin al conflicto fundamental entre el capitalismo y el comunismo-socialismo, y surge la noción del pensamiento único, la idea que la democracia es la única forma de gobernabilidad viable y legitima. Pretende descalificar y reducir las otras opciones disponibles para los países. Ocurren simultáneamente con esta transición del orden mundial otras transiciones importantes: desde una economía cerrada a una de mercados abiertos, de un sistema autoritario a un sistema democrático, de una nación monocultural a una nación pluricultural y pluriétnica. Es dentro de este contexto de globalización y ajuste estructural que se instala la “democracia” en Bolivia. La simultaneidad con que se van incorporando y asimilando estos cambios trae como consecuencia una tendencia de mezclar, fundir o vincular conceptos relacionados a la democracia y la gobernabilidad con el neoliberalismo económico. A su vez, los rápidos avances tecnológicos en las comunicaciones, cargadas de propaganda para promover “the american


way of life”, vienen a generar nuevas expectativas entre los sectores sociales de los beneficios y prosperidad que debe aportar la democracia. Otra premisa que sostengo es que Bolivia es un país todavía en transición hacia la democracia. ¿Qué quiero decir con esto? Bolivia es un país que cuenta con nuevas instituciones democráticas, como son la Defensoría del Pueblo, la Corte Nacional Electoral Nacional, entre otras. Se realizan procesos electorales periódicamente y hay alternabilidad en el poder. Existen mayores y nuevos espacios de participación y concertación política. Bolivia reúne, entonces, los requisitos mínimos de un sistema democrático. Y si bien es cierto que se observan nuevas formas de conducta, estos nuevos comportamientos existen simultáneamente con otros patrones de conducta arraigados y basados en la confrontación, la exclusión y la violencia como medios considerados, por muchos sectores sociales, como legítimos y aceptables. Son, por cierto, las modalidades de lucha que más se conocen. Actualmente no podemos decir que “prevalecen” los valores democráticos, que prima la tolerancia, el entendimiento, el respeto de los derechos del otro, la igualdad o la equidad. Por lo tanto, es importante que cualquier iniciativa para promover formas más democráticas para la resolución de conflictos sociales debiera contemplar pasos para generar las condiciones mínimas requeridas para el acercamiento, la construcción de nuevos conocimientos, el entendimiento y la colaboración; y a la vez, incluir medidas para identificar, mitigar, superar y transformar los patrones “no democráticos” (autoritarios) en nuevos patrones. En tercer lugar, parto de la premisa que los altos índices de conflictividad social

Los conflictos sociales reflejan una lucha para asegurar la satisfacción de necesidades primordiales 39


Al tomar una acción, no sólo debemos pensar en el efecto que deseamos generar, sino también en otros en Bolivia tienen su origen en la pobreza. Es decir, en su forma más simple, es un conflicto entre los que tienen y los que no tienen. Por la falta de espacio en el campo económico, muchos sectores sociales han optado por llevar el conflicto al ámbito político para hacer valer su inconformidad con el status quo y gestionar los cambios deseados. Existen demandas y deudas que hoy día los sectores sociales están cobrando a la democracia y al sistema político, aunque no le competan a éste. Y como última característica del contexto hay que reconocer que, si bien es la potestad de cada país definir su propio sistema político, económico y cultural, Bolivia –como muchos países subdesarrollados– tiene cooptado su espacio de toma de decisiones, no sólo por la presión de los movimientos sociales, sino por poderosas influencias externas.

Nuevos marcos conceptuales y herramientas para la conflictividad Las complejidades de nuestras sociedades, que son cada vez más interconectadas, más heterogéneas y diversas, y donde participan más sectores sociales que nunca antes, dentro un sistema político-económico marcado no por altos, sino agudos niveles de inequidad y un restringido acceso a los medios para la satisfacción de las necesidades básicas, que hace que Bolivia tenga un caudal propicio para los conflictos sociales y que requiere, a su vez, de teorías del conflicto más sofisticadas que los paradigmas clásicos o tradicionales. Para poder enfrentar la complejidad y dinamismo de hoy se requieren nuevas formas de pensar y ver el mundo. Significa la necesidad de recurrir a nuevos marcos conceptuales y nuevas herramientas de análisis para poder diseñar estrategias más innovadoras que contemplen la realidad de esta complejidad y cambio dinámico. Significa, incluso, revisar—repensar los mismos supuestos que subyacen en la idea de “ser estratégico.” De manera muy suscita repasamos las principales teorías que subyacen a la disciplina de resolución de conflictos. Vale mencionar que las teorías y muchas de las ideas que se plantea son corrientes o enfoques apropiados y considerados como útiles. Una pregunta básica que han intentado contestar los psicólogos y sociólogos es la naturaleza humana, las motivaciones y razones que conducen o no hacia la violencia, o hacia la cooperación. La resolución de conflictos difiere de los argumentos clásicos que sostienen que la agresividad y la codicia son aspectos intrínsecos de los seres humanos y que, por ende, existe la necesidad de contar con leyes y de recurrir a la fuerza para mantener la paz social y restringir el comportamiento dentro de ciertos parámetros considerados “aceptables”. Todos empleamos en la práctica una teoría sobre el conflicto. La forma en que se maneja el conflicto determina, en gran medida, nuestra concepción de éste. Si pensamos que el conflicto está causado, por ejemplo, por la codicia o por la agresividad de las personas, puede parecer apropiado y eficaz emplear técnicas represivas en contra de las partes para controlar o re-

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posibles efectos no tan visibles a primera vista primir el conflicto. Por otro lado, si el conflicto es causado por algún tipo de necesidad humana insatisfecha e irreprimible, ¿no sería, entonces, la respuesta apropiada analizar la naturaleza del problema y ajustar, en consecuencia, el sistema institucional y normativo? Si bien es cierto que el campo de la resolución de conflictos ofrece luces importantes, debemos reconocer que, hasta ahora, muchos de los procesos de resolución de conflictos utilizados en Bolivia, sea a través de métodos tradicionales o alternativos, no han aportado a una comprensión más amplia del conflicto ni de la “conflictividad”. Éstos llamados métodos alternativos surgen como respuesta a la sobrecarga del sistema judicial y no a una innovación en la teoría del conflicto, y por lo tanto, restringen nuestra capacidad de explotar la potencialidad transformadora que puede tener el conflicto. Un factor determinante para la resolución de conflictos es una comprensión de la naturaleza del conflicto y de sus fuentes, sean estructurales-institucionales, humanas o culturales, por parte de aquellos que tratan y lidian con el conflicto. Si aspiramos que procesos para la resolución de conflictos sociales sean oportunidades para profundizar y elevar la calidad de la gobernabilidad democrática, debemos incluir pasos para incrementar la comprensión de las partes de la naturaleza del conflicto, y contribuir a nuevos conocimientos y comprensión de la otra parte y del conflicto mismo. El principal valor de las teorías del conflicto y del campo de la resolución de conflictos es su utilidad para analizar conflictos sociales profundamente arraigados. La resolución de aquellos conflictos que conllevan temas o asuntos que no son negociables, requiere el uso de medios de resolución más sofisticados. Requiere del análisis riguroso y sistemático. Las viejas teorías sostienen que el conflicto se origina en la ‘agresividad natural’ de los humanos, o por la codicia humana y la necesidad de competir por recursos escasos. La teoría del comportamiento de la que deriva la resolución de conflictos parte de otra premisa para explicar el comportamiento humano, y proviene del trabajo publicado por el sociólogo John Burton y del psicólogo Abraham Maslow. Conforme a estas teorías, todos los seres humanos tenemos un rango de necesidades básicas para sobrevivir y realizarnos como seres humanos. Estas necesidades abarcan elementos fundamentales que todos conocemos, como son la seguridad, la identidad, el reconocimiento, y el desarrollo; son universales y primordiales. Es decir, se aplican a todas las personas independientemente de su cultura, género, etnia, entre otros. De manera que cuando los sectores sociales sienten que tienen necesidades básicas insatisfechas, lucharán activamente por todos los medios disponibles y a su alcance, y en todos los niveles para satisfacerlas.


Así, los conflictos sociales reflejan una lucha para ganar control sobre los medios para asegurar la satisfacción de necesidades primordiales. De acuerdo a este enfoque, el conflicto social no puede ser contenido o negado. Es algo primordial para la existencia misma. Mientras se reprima temporalmente por la fuerza o el cansancio, como se trata de necesidades primordiales, el conflicto continuará latente y resurgirá con el tiempo. Esto sugiere aplicaciones para mantener la estabilidad social y política. La relación entre necesidades básicas insatisfechas y conflicto humano es un descubrimiento relativamente reciente e importante. Socava la presunción de la filosofía occidental que sostiene que el individuo, aunque agresivo o acosado por la escasez, puede ser forzado a aceptar un comportamiento que le impone la elite a través de sus normas, y que la clase dominante es la única entidad importante. Este nuevo enfoque debilita la noción de la ley y el orden tal y como fue concebida tradicionalmente. Sugiere que los conflictos arraigados no se pueden tratar por los medios convencionales, sino que requieren nuevos espacios, como es el caso en Bolivia de la Asamblea Constituyente. La práctica demuestra que los procesos de concertación destinados a atemperar la política del poder, pero que se basan fundamentalmente en la negación del reconocimiento de valores y necesidades humanas, no serán eficaces. La realidad política supone que a menos que haya progreso en el cumplimiento o satisfacción de estas necesidades, ningún sistema político o económico puede ser considerado como estable. Así, no se puede negar que la necesidad de reconocimiento que da identidad y oportunidades para el desarrollo de los pueblos indígenas es la raíz del conflicto social en Bolivia. Un resultado alentador y promisorio de la aplicación de procesos de resolución de problemas es que revelan que cuando las partes en conflictos arraigados se reúnen en un marco interactivo y analítico, se produce un cambio cualitativo en cómo las partes comprenden la naturaleza del conflicto. Esto nos lleva a otra teoría importante, la del construccionismo social. Ésta rompe con la tradición positivista que pretende que existe un mundo “ahí fuera” que puede ser observado con objetividad y nombrado tal como es. El objetivo, dentro el esquema positivista, es el de observar rigurosamente “la realidad” para discernir verdades científicas, no reprochables, u absolutas. Dentro de este paradigma, en la medida en que se tenga éxito en el esfuerzo por ser objetivo, podrá confiarse que lo que se observa es un reflejo de la realidad verdadera. Su aplicación al conflicto humano supone que existe solamente una explicación lógica y certera del conflicto, y el objetivo, entonces, es llegar a la “verdad”. Conforme este enfoque, los actores o partes en conflicto suponen que lo que han observado y experimentado, tiene una sola explicación razonable. Es decir, si el gobierno no cumple con su demanda es ‘porque no tiene voluntad política’ o es ‘porque los políticos son corruptos’. Así, el conflicto social surge y las relaciones se rompen cuando los sectores sociales se pliegan a lo que creen son

verdades evidentes por sí mismas, y son incapaces o no están dispuestos a considerar la posibilidad de que las mismas experiencias pueden tener significados o explicaciones distintas a las que ya han aceptado. El construccionismo social sostiene que toda observación está necesariamente modelada e informada por categorías predeterminadas e ideas preconcebidas con respecto a lo que es observado. El mismo ejercicio de observar requiere que se hagan distinciones. Nuestro lenguaje es el instrumento que usamos para hacer tales distinciones. En este sentido, es el lenguaje el que en gran medida determina y configura lo que observamos. Desde este paradigma, nuestra experiencia siempre es vista y organizada mediante ciertas categorías y principios, y luego ubicada en una narrativa que le brinda coherencia y nos permite “hacer sentido” de la experiencia. La habilidad de “entender” los acontecimientos, y el significado que los sectores sociales atribuyen a ellos, están incrustados y limitados dentro de los confines del lenguaje y el discurso que usen. De la misma manera que se construyen los significados, éstos pueden ser deconstruidos, y los sectores pueden construir conjuntamente nuevas formas de entender e interpretar su pasado y el presente.

Un resultado alentador y promisorio de la aplicación de procesos de resolución de problemas es que revelan que cuando las partes en conflictos arraigados se reúnen en un marco interactivo y analítico, se produce un cambio cualitativo en cómo las partes comprenden la naturaleza del conflicto El construccionismo social afirma que es con el uso de nuestro lenguaje y las historias o narrativas que contamos, que conferimos sentido o construimos los significados que atribuimos a los hechos y experiencias de la vida. Por lo tanto, el significado atribuido a las cosas y sucesos es inconcluso, dinámico y abierto a evolucionar. Esto tiene implicaciones importantes porque si el significado de lo observado y vivido es en sí mismo dinámico, modificable y en construcción permanente, es posible que las partes en conflicto puedan llegar a otra manera de entender el conflicto y cómo abordarlo. Para llegar a ello es necesario generar actitudes que promuevan la curiosidad, el deseo de conocer

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y entender a la otra parte. Procesos bien diseñados y facilitados pueden contribuir a construir nuevos conocimientos que cambien cómo los sectores interpretan o entienden el conflicto, a la otra parte, y a cómo solucionar el conflicto. Desafortunadamente, vivimos en sociedades donde los privilegiados, en gran medida, permanecen inconscientes del abismo que les separa de los sectores “necesitados”. Y casi todos los actores pretenden que ya saben lo que piensan las otras partes, sus motivaciones y objetivos. Y hay una tendencia de menospreciar iniciativas de acercamiento y entendimiento. No se valora este paso como una parte intrínseca del proceso resolutivo. Mientras los sectores habitan mundos distintos y permanecen relativamente aislados del otro, difícilmente se puede generar la empatía, solidaridad o sentido de co-responsabilidad; cualidades necesarias e imprescindibles para construir sociedades más justas y estables. Y aquí entra la teoría general de sistemas. Existen diferentes formas de entender lo que significa trabajar desde una visión de “sistemas”. Lo que se conoce como “la teoría general de sistemas” proviene de la biología, que demuestra la interacción entre los sistemas respiratorio, sanguíneo, digestivo, etc. para conformar un sólo sistema. Desde esta óptica se pretende identificar principios universales que cruzan y unen las distintas ciencias. De esta manera, algunas teorías de sistemas son más compatibles con la tradición positivista; mientras otras son más compatibles con el construccionismo social. No pretendo ser experta para poder resolver esta tensión existente. Sin embargo, quiero destacar algunos de los aportes más significativos que han emergido del campo del pensamiento de sistemas y que cobran cada vez más importancia en la medida que nos encontramos rodeados de conflictos complejos en un entorno cambiante y dinámico. Ver el mundo a través del lente de sistemas significa mirar totalidades en vez de las partes o los elementos que las conforman. Se plantea que la naturaleza de una totalidad es diferente a la mera suma de las partes. Al diseccionar una totalidad y analizar un elemento por partes, se corre el riesgo de minimizar o descartar el impacto del elemento en su interacción con

No hay ninguna acción o causa que genere un sólo efecto de forma unidireccional. Entonces, al tomar una acción, no sólo debemos pensar en el efecto que deseamos generar, sino también en otros posibles efectos no tan visibles a primera vista 42

la totalidad. Por ejemplo, para ilustrar la noción de totalidades y factores emergentes, al desarmar una computadora, no se encuentra la imagen que surge en la pantalla. Ésta sólo aparece cuando el sistema funciona. Los sistemas tienen propiedades (“propiedades emergentes”) que surgen del todo y que no se puede encontrar mediante el análisis de las partes. Son propiedades que sólo emergen y se ven cuando el todo está funcionando. De aquí surge la necesidad de otras herramientas de análisis que tomen en cuenta las dinámicas del conflicto y cómo el cruce de factores y su interacción generan nuevas propiedades. Una idea central que la teoría general de sistemas somete a prueba es la noción de la voluntad individual. Solemos pensar que el comportamiento de uno deriva de su personalidad, carácter, valores, actitudes, entre otros. Desde la óptica de sistemas se cuestiona fuertemente este supuesto y se plantea que la estructura es la principal fuente de influencia que determina los patrones de conducta que emergen. Es un gran salto pasar de entender la conducta como el resultado de actitudes, valores, voluntades propias de individuos, a entender la conducta arraigada, influida por los sistemas en que uno se encuentra. De esta manera, los gobernantes, los sectores populares, el sector privado y los indígenas, ocupan cada uno un lugar en el sistema, lo que determina en gran medida su conducta. Otro aporte de la visión de sistemas es la noción de “causalidades circulares”, en donde toda causa es, a su vez, afectada por vía de “bucles de retroalimentación”. Éstos son la base de todo tipo de cambio. Así no hay una concepción lineal directa de causa-efecto-causa, sino ciclos que refuerzan otros puntos en el sistema. No hay ninguna acción o causa que genere un sólo efecto de forma unidireccional. Entonces, al tomar una acción, no sólo debemos pensar en el efecto que deseamos generar, sino también en otros posibles efectos no tan visibles a primera vista. El ejemplo de un termostato ilustra la noción de un “bucle de equilibrio”. Asimismo, cada sistema tiene también “bucles de refuerzo” en los cuales el efecto generado por una causa alimenta, aún más, a la misma causa y, por lo tanto, aumenta aún más el efecto generado. Comunmente se conoce como los círculos viciosos donde más de una cosa genera más de la otra cosa. Por último, tenemos el concepto de los “retrasos”. Intervenir a nivel de sistemas requiere la habilidad de discernir y anticipar estos retrasos. Las intervenciones que desconocen los retrasos tienden a generar situaciones extremas y cuesta llegar al estado deseado. Tomando un ejemplo de mi región, con la firma de los Acuerdos de Paz en Guatemala se levantaron las expectativas suponiendo que los efectos positivos de la firma iban a aparecer en el corto plazo. Al no ver resultados positivos, muchos sectores dieron por sentado su fracaso y recaían en el patrón de hacer más protesta, más medidas de hecho, más desconfianza en el proceso. Es importante reconocer, anticipar y concienciar a los sectores sobre esta dinámica de retrasos que puede estar ocurriendo en los sistemas.


Ninguna de estas teorías a solas puede explicar satisfactoriamente las causas que generan y sostienen los conflictos sociales. Pero el conjunto de estos cuatro enfoques sobrepuestos puede enriquecer enormemente nuestra comprensión sobre la conflictividad social y cómo abordarla de manera más estratégica Así, cuando hablamos de una perspectiva sistémica, nos referimos a la importancia de identificar y focalizar en los flujos de las vías de influencia por medio de una dinámica circular y/o cíclica de retroalimentación y continuación. Si lo aplicamos al sistema político, debemos poner énfasis en las relaciones entre los sectores que conforman el sistema, y menos en los sectores mismos como partes aisladas o separadas. Debemos entonces concentrarnos más en identificar los “patrones de comportamiento” recurrentes, en vez de los hechos o acontecimientos aislados, y buscar detectar qué hay en las conversaciones y lenguaje de los actores-sectores que hace difícil hacerse entender y entender al otro.

Consideraciones finales La teoría del conflicto que subyace al campo de la resolución de conflictos proviene (intenta compensar las falencias) del sistema de derecho, y en este sentido constituye un reconocimiento que el derecho es limitado en su capacidad de responder adecuadamente a las necesidades humanas básicas de la sociedad (ejemplo Asamblea Constituyente). Así, tanto el derecho como la resolución de conflictos, están anclados al pasado, tratan de responder o reaccionar a los conflictos sociales. Contrariamente, la teoría general de sistemas y la teoría del construccionismo social constituyen corrientes que podríamos calificar como avanzadas en el sentido que intentan ser prospectivas, y prever los tiempos necesarios y las acciones requeridas para generar los cambios sociales deseados. Ninguna de estas teorías a solas puede explicar satisfactoriamente las causas que generan y sostienen los conflictos so-

ciales. Pero el conjunto de estos cuatro enfoques sobrepuestos puede enriquecer enormemente nuestra comprensión sobre la conflictividad social y cómo abordarla de manera más estratégica. Conforme la teoría de necesidades humanas básicas, los sectores sociales persiguen por cualquier medio a su disposición satisfacer sus necesidades primordiales de seguridad, identidad y desarrollo. Es este conjunto de sectores en su variedad cultural y diversas etapas de desarrollo, con visiones, narrativas y lenguajes distintos lo que conforma las fuentes de la mayoría de nuestros conflictos sociales. Les pregunto, ¿no valdría la pena conocernos mejor?

Nota de la autora: He tomado libremente de los escritos de John Burton y Philip Thomas en escribir este articulo. Asimismo, he beneficiado de la discusión y retroalimentación del Coordinador Nacional del Programa especializado de la OEA para Sistemas de Prevención y Resolución de Conflictos en Bolivia, Douglas Chacón, y de la colaboración de otro colega del Programa, Jorge Mario Oroxon. A todos mi agradecimiento para esclarecer mi accionar y ayudarme a nombrar mejor lo que hacemos.

Bibliografía citada: Burton, John: - La Resolución de Conflictos como Sistema Político. Instituto de Análisis y Resolución de Conflictos (ICAR) de la Universidad de George Mason. (Traducción al español disponible sitio web del ICAR.). -

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C:\Documents and Settings\Oscar\Escritorio\1.JPG Observatorio Regional de Conflictividad: Documento Inicial de Trabajo. [Documento de, insumos para la reflexión y discusión en el Primer Taller Regional tendiente a la formulación y aplicación de un Observatorio de Conflictividad en los países del istmo celebrado en la Cuidad de Guatemala del 15 al 18 de julio de 2003. Ofrece insumos para la elaboración conjunta de un marco conceptual de un “observatorio regional de conflictividad”, uno de los ejes del Programa para Centro América (PCA), iniciativa de la Organización de Estados Americano. El documento está basado en un producción de de Philip Thomas, consultor de la Unidad para la Promoción de Democracia de la OEA]. Notas tomadas en el Primer Taller Regional tendiente a la formulación de un Observatorio de Confictividad en Centro América, llevado a cabo en la Cuidad de Guatemala (15 al 18 de julio de 2003).

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Instrumentos conceptuales en la gestión de conflictos sociales El autor presenta una descripción sucinta del conflicto, para luego realizar una propuesta de tipología y comenta sobre algunos instrumentos conceptuales para el análisis y la comprensión del conflicto. Ensaya propuestas para identificar el orígen de los conflictos que surgen de la interacción Estado - sociedad civil. ELÍAS ORELLANA

El conflicto como fenómeno social y teorías sobre conflicto como visión constructiva

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l conflicto es una forma de expresión y manifestación de posiciones entre personas, grupos o colectivos cuando existen diferencias de interés, de percepción, de desplazamiento, de recursos, de valores, de costumbres, entre otros. Los conflictos tienen su origen en la frustración, en la insatisfacción de un estado de situación no deseada y el deseo de que se produzca un cambio que responda a estas necesidades. En este sentido se entiende al conflicto social como parte de la vida y una expresión de la sociedad que genera cambio social,1 por lo cual su negación, encubrimiento u ocultación no se resuelve sino que potencia su expresión violenta. A partir de considerar a los conflictos sociales como fenomenología propia de las relaciones de la vida social entre individuos, colectivos y en la interacción Estado-sociedad civil,2 se conciben éstos, adoptando una visión constructiva del conflicto, como oportunidades de transformación cuyos fundamentos emergen de corrientes teóricas como: i) el pacifismo y la noviolencia, cuyo máximo exponente es Mahatma Gandhi; ii) la teoría de los juegos que se fundamenta en la cooperación condicionada donde las partes intervinientes actúan solidariamente, y; iii) el Nuevo Orden Mundial de la Segunda posguerra (ONU) y la Agenda por la Paz (1992), en el que las NNUU declaran como su propósito mantener la paz y lograrla a través de medios pacíficos.

Tipología de los conflictos Desde una perspectiva Latinoamericana, la realidad nos muestra que los conflictos tienden a producirse dentro de los Estados y no entre ellos.3 En tal sentido Oscar del Álamo, del Instituto Internacional de Gobernabilidad (2004), en base al modelo de clasificación de conflictos de Lund (1996), propone cuatro tipos de conflictos para Latinoamérica: i) los conflictos de transición, que en sentido amplio son los conflictos que aluden a la fragilidad del sistema democrático y la lucha por el poder;

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Boliviano. Asesor Técnico en Gestión Constructiva de Conflictos Programa de Apoyo a la Gestión Pública y de Reducción de la Pobreza de la Cooperación Técnica Alemana (PADEP-GTZ).

ii) de desarrollo, que son consecuencia de la inequidad, la pobreza y las brechas entre poblaciones; iii)de identidad, se gestan a instancias de grupos sociales que buscan la protección de la identidad propia, reivindicaciones históricas, aspiraciones y necesidades presentes, que hallan diferencias y disputas entre grupos así como con el Estado; iv) de género, que se definen en función de las estructuras de discriminación que sostienen y perpetúan desigualdades entre hombre y mujeres, en desmedro de las últimas.

En consideración a la conflictividad que se vive en el país la tipología mencionada es pertinente, aunque muchos discreparán respecto a los conflictos de género, pues sin negar su relevancia -por aspectos éticos, políticos y económicos- parece no corresponder a los conflictos más activos que vivenciamos en el país, pero sí defendemos que en la interrelación de los conflictos la dimensión de género es fundamental como factor que incide en la conflictividad social. Desde una perspectiva nacional la necesidad de comprender la dinámica de los conflictos, para orientar la acción de la gestión pública4 hacia la gestión constructiva del conflicto, se presenta la tipología basada en el ciclo del conflicto, pertinente a la concepción de la gestión del conflicto como oportunidad para la construcción social (ver gráfica). Esta tipología inserta las dimensiones conceptuales de conciencia del conflicto, pureza del conflicto, poder, intensidad del conflicto y muestra una correlación entre el contenido de la demanda y el tiempo, clasificando el ciclo del conflicto en dos grandes fases: (a) conflicto temprano; y (b) conflicto tardío. a. La fase de conflicto temprano se caracteriza por los actores que promueven el conflicto. Estos son actores “sentidos”, a quienes les afecta y causa insatisfacción el motivo de su demanda; los temas de agenda que constituye la demanda son,


CUADRO 1 /

El ciclo de los conflictos (tipología)

de crisis, que desembocan en negociaciones marcadas por la coerción y la firma de convenios que perdieron el sentido de la demanda original, manteniéndose una percepción de haber logrado arrancarle al Gobierno soluciones que, generalmente, no transforman la realidad de insatisfacción de los actores sentidos.

por lo general, concretos y verificables (agenda original) y por lo tanto en alto grado factible de atención favorable; en su mayor ocurrencia están presididos por un líder de su propio medio social y geográfico (cobertura focal), cuyo interés por la resolución de la demanda es genuino, sus expresiones de reclamo son inicialmente formales y éstas suben a nuevas formas más perceptibles en tanto no se les concede atención o perciben un afán dilatorio de la entidad a la que dirigen sus reclamos. En esta fase se tienen indicadores que señalizan las manifestaciones de disconformidad que hacen al conflicto temprano, por lo que corresponde la detección como mecanismo para identificar conflictos en su fase inicial y las acciones técnicas para emprender su tratamiento a través de la mediación, conciliación y negociación directa. b. La fase de conflicto tardío se da a partir de la dilación en el tratamiento de la demanda manifiesta en la agenda original y la ansiedad de los actores “sentidos”, lo que produce la delegación por parte de éstos a la dirigencia “corporativa”, buscando acrecentar su poder y ejercer mayor presión para la atención respectiva. Este periodo transicional es muy breve y plenamente capitalizado por la dirigencia corporativa (actores delegados), que busca mantener y justifica su vigencia efectiva en un contexto de orden político y social en el que se desarrollan las acciones de las cúspides dirigenciales. En esta fase la agenda original se integra, y por lo general, se diluye en un conjunto de temas de diversa naturaleza (agenda agregada), que se caracteriza por contenidos temáticos de orden político, con demandas sobre el modelo económico, sobre temas estructurales e históricos que hacen a la gestión de varios periodos gubernamentales, constituyéndose en agendas irresolubles, con las consiguientes manifestaciones de escaladas del conflicto tardío con expresiones violentas y

En esta tipología del ciclo del conflicto, la dimensión conceptual de conciencia del conflicto que tienen las partes adversarias va en aumento, del conflicto temprano hacia el tardío. La dimensión pureza del conflicto, en su estricto sentido, se ve transformada hacia objetivos mezclados o múltiples, verificable por la relación existente entre adversariales en otras dimensiones que no son el conflicto y por el aprendizaje empírico del cambio de las agendas de negociación en el momento de los acuerdos. En cuanto a la intensidad del conflicto ésta se manifiesta en tanto los actores comprometen los recursos de poder que disponen y provocan la escalada en procura de inducir a la otra parte en la concesión y entonces en el logro de sus metas. Esta tipología, contrastada con la conflictividad en el país, es correspondiente y muestra el comportamiento de reducción del tiempo de evolución de conflicto temprano a tardío; una rápida agregación de la agenda política con la agenda original, se negocia la primera en detrimento de la segunda, se atiende la crisis y no la demanda de base y los convenios resultantes de negociaciones coercitivas tienden a no resolver el origen del conflicto. Sin embargo, no queda resuelto el origen de los conflictos que surgen de la interacción Estado-sociedad civil y, en tal sentido, se identifica para el país las siguientes vertientes: - Convenios: constituyen una vertiente que, en su paradoja de resolución, son semilla de nuevos conflictos ante el incumplimiento de los puntos convenidos entre Estado y sectores sociales y al no resolver las causas originales de las demandas de base nuevamente se replantean en un nuevo ciclo del conflicto. - Gestión Pública: conflictos que tienen origen en deficiencias de funcionamiento del Estado que no logra responder a compromisos concertados vía la planificación; debilidad del Estado ante una demanda mayor a la de sus capacidades financieras y el rol institucional del Estado que orienta su accionar en el marco de políticas emergentes del modelo de desarrollo actual cuyos resultados son decepcionantes. - Demandas contingentes: en tanto se presentan conflictos por factores naturales, como por la misma acción antrópica que afecta a terceros que se confrontan y demandan soluciones y por fragmentación social y de sus organizaciones que inciden en los niveles gubernamentales. - Demanda macropolítica y macroeconómica: en tanto las diversas corrientes de pensamiento político plantean en escenarios de conflictos escalados, como parte del juego democrático, la interpelación al Estado por aspectos estructurales referidos al rol de éste y el modelo de desarrollo.

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Los conflictos de estas vertientes se interrelacionan y retroalimentan, por lo que la tendencia es que los conflictos contengan en su agenda temática aspectos de más de una de estas vertientes. Los actores son diversos y no específicos al ámbito, aunque en relación a los conflictos de demanda macropolítica y macroeconómica corresponden mayormente a los actores del sistema político y de dirigencias de organizaciones sectoriales nacionales (privadas, sindicales, étnicas). Establecidas la complejidad, el crecimiento de la conflictividad y sus nuevas formas de manifestación, se impone la necesidad de establecer herramientas para analizarlos y resolverlos, aprovechando su ocurrencia como oportunidad de cambio.

La utilidad del análisis de los conflictos La resolución alternativa de conflictos requiere un conocimiento profundo de historicidad y el transcurso del conflicto, de los actores involucrados y sus intereses, y de las posibles tendencias de un futuro desarrollo para poder planificar estrategias de desescalación y gestión del conflicto; por lo que el análisis del conflicto implica una tarea compleja. La utilidad del análisis en la gestión pública, puede tener orientación hacia los siguientes usos: - Análisis como parte de la negociación/mediación, destinado a la cons-

La fase de conflicto tardío se da a partir de la dilación en el tratamiento de la demanda manifiesta en la agenda original y la ansiedad de los actores sentidos 46


CUADRO 2 /

El ciclo de la gestión conflictos

trucción de una perspectiva común sistémica sobre el conflicto por parte de los involucrados (análisis participativo). - El análisis para la planificación y desarrollo de estrategias, consistente en la identificación de iniciativas de promoción de paz existentes y aplicadas, identificar opciones de intervención y tareas especificas para actores involucrados y actores externos y monitorear el impacto de la intervención sobre el conflicto y la población afectada (análisis académico y/o participativo). - Análisis prospectivo, para detectar el conflicto en su fase temprana y contar con un alerta, que de tiempo y espacio conveniente para anticipar su futuro desarrollo y definir pasos de acción con el fin de prevenir la escalada hacia la violencia (análisis académico y/o participativo).

El análisis en el Modelo Ciclo de la Gestión de Conflictos El análisis es parte fundamental del ciclo de la gestión de los conflictos sociales. El Modelo Ciclo plantea el abordaje ordenado desde el monitoreo y análisis hasta la gestión de acuerdos, que son procesados como fuentes de monitoreo. Los acuerdos son concebidos y asumidos en todas las dimensiones relevantes de la gestión pública, por ejemplo en la planificación, inversión pública y responsabilidad por resultados. Estos componentes, ordenados en un proceso cíclico (ver gráfico), muestran la secuencia deseada para un abordaje y tratamiento que posibilite mayor eficacia a la hora de tomar decisiones, prevenir la escalada violenta y favorecer que los conflictos sociales, con demandas legítimas, sean atendidos por las instituciones pertinentes que hacen a la gestión pública. Cada una de estas fases se caracteriza por el tipo de operación, los productos que reportan y la contribución que implican en el ciclo:

- El monitoreo consiste en la captura de datos de la conflictividad social, de fuentes primarias, secundarias y triangulación; sistematiza, procesa y almacena; genera productos de información (cuadros, informes, estadísticas) que hacen referencia a las características de los conflictos, como actores, contenido de la demanda, localización, nivel de escalada y otras. - El análisis incorpora diversos factores y variables que permiten la construcción de escenarios, cálculo de riesgo de las posibles decisiones, actores y su relación, hace prospección sobre tendencias y alimenta la toma de decisiones políticas. La acción del análisis es un ejercicio basado en información y construcción de hipótesis, en la percepción lógica y fundamentada, en el conocimiento previo de directrices políticas. El análisis constituye una “verdad” situacional, no es predictiva ni determinística, se produce en el campo de la incertidumbre dura5. - Las decisiones de política corresponden a los decidores políticos, que con base al análisis está referida a la definición de la línea política de comportamiento y tratamiento. Es en esta fase donde se establecen estrategias a seguir, los objetivos a alcanzar y las operaciones a desarrollar en un marco de coordinación y juego con actores primarios y secundarios del conflicto. - La generación de condiciones para el dialogo/negociación procura fortalecer o reconstruir la credibilidad, confianza y la necesidad sincera de búsqueda de caminos de solución, restablecer la buena relación entre las personas que son parte del conflicto, por lo que se darán acciones de organización, de contactos, de acuerdos preliminares que mejor permitan la comunicación y el avance, definiendo los objetivos, procedimientos, participantes y otros aspectos que aseguren (o minimicen) riesgos para la negociación. - La negociación y el diálogo referidos a un proceso que tiene por propósito generar acuerdos con sentido de sostenibilidad, justicia y respeto. Este esfuerzo tiene fruto acorde al empeño de las partes, se emplean instrumentos de Métodos Alternativos de Resolución de Conflictos (MARCs) para lograr la construcción de acuerdos. - La gestión del cumplimiento de acuerdos construidos como resultado de la negociación, constituye un conjunto de compromisos de responsabilidad compartida entre Estado y sectores sociales involucrados, por lo que deben ser asumidos en las instancias operativas, administrativas y financieras para su expresa inserción en los planes gubernamentales oficiales y su cumplimiento verificable.

Establecidas la complejidad se impone la necesidad de herramientas para analizarlos y resolver los conflictos. 47


- La gestión de la información es el articulador vital a todas las fases y su dinámica funcional. Constituye el fundamento que hace al ordenamiento y al compromiso por parte de los técnicos y gerentes, según sus funciones y responsabilidades en torno a la gestión constructiva de los conflictos. Sin esta fluidez de información los diversos componentes actuarán inconexos. - Lo organizacional es fundamental para crear el soporte necesario que institucionalice los procesos funcionales. Aunque debe dejarse libertad a los ajustes pertinentes que se deben dar bajo enfoque de desarrollo institucional.6 - La gestión de conflictos debe acompañarse de una estrategia de comunicación y formación de opinión, con principios de transparencia, crear opinión en la ciudadanía, en medios de comunicación, en entidades de reconocido prestigio propaz, en entidades sociales claves por su importancia para gobernabilidad. Así se podrá contar con un ambiente de confianza, credibilidad y de control social sobre la voluntad de dialogo y concertación productiva. - El fortalecimiento y desarrollo de capacidades constituye un soporte necesario en la operación de los diversos componentes que hacen al presente modelo metodológico de intervención, a fin de generar una base común de concepción, métodos, procedimientos que permitan vincular en sinergia los procesos de atención a los conflictos en los niveles de interrelación Estado-sociedad civil. El análisis, como parte del ciclo de la gestión, es receptor de información de monitoreo pero también demanda información según las características definidas por el análisis; a su vez, su utilidad a los niveles de decisión define el carácter de su realización y las orientaciones (contenidos de orientación institucional) sobre las que debe trabajar. En esencia, el análisis es una investigación sobre las partes involucradas en el conflicto y sus razonamientos: recolectando, evaluando y sistematizando insumos tanto objetivos como subjetivos.7 La dinámica del conflicto marca el ritmo necesario del análisis en procura de su aproximación a la verdad y la mayor certidumbre. En cuanto a metodología de resolución alternativa de conflictos en la fase de negociación y diálogo, el análisis adquiere diferentes matices. Existen diversas herramientas, su utilización está en función de la complejidad del análisis y la utilidad que se busca, y esto es determinante al momento de la elección y uso de herra-

La Negociación y Diálogo son un proceso que tiene por propósito generar acuerdos con sentido de sostenibilidad, justicia y respeto. 48

mientas. Sin embargo, lo esencial en el análisis es la comprensión del tipo de conflicto; los actores (quiénes, relaciones, posiciones, intereses); los factores del conflicto (externos, internos, de paz y negativos); las causas y sus interrelaciones; objetivos y preferencias; escenarios; desarrollo de estrategias y evaluación de las estrategias.

Herramientas de análisis de conflictos A continuación se presentan algunas herramientas ordenadas según criterios de funcionalidad: - De panorama, con alcance a descripción de circunstancias y precedentes del conflicto. Así se tienen: perfil básico, barómetro del conflicto, línea del tiempo, triángulo. - De análisis de actores, con alcance a describir y analizar a los actores del conflicto. Así se tienen: cebolla del conflicto, mapeo de actores del conflicto, factores de poder, diplomacia multiestrato. - De estructura, con alcance a bucear causas, su relacionamiento y condiciones de entorno. Así se tienen: árbol de los conflictos, factores de conflictos, FODA de los conflictos. - Estrategia y acción, destinadas a explorar lo futuro. Así se tienen: líneas de intervención, análisis de tendencias, escenarios, prospección. Menciono de manera especial al “think tools”, un instrumento informatizado que da soporte al análisis complejo y prospectivo que actualmente se utiliza en reparticiones del Gobierno. Finalmente, y a modo de epílogo, cabe señalar que estos instrumentos conceptuales sólo tienen valor cuando aceptemos que el fenómeno de los conflictos sociales es un factor para construir una paz positiva con mayor equidad y respeto en el marco y consolidación de las instituciones democráticas. 1 Es claro que nos alejamos de la corriente teórica de concebir al conflicto como un fenómeno de disfunción social (Parsons) y nos orientamos en sentido de admitirlo como una forma normal y funcional de la sociedad (Coser). 2 Entendemos sociedad civil de manera amplia incluyendo en ella a las organizaciones del sector privado. 3 América Latina, una región en conflicto. Oscar del Álamo. IIG 2004. 4 Entendemos la gestión pública como la conducción y ejercicio del poder por el gobierno constituido para desarrollar acciones en todos los ámbitos de su competencia y responsabilidad, y con los recursos disponibles con la finalidad de procurar el bienestar común y el desarrollo. Aproximación conceptual. PADEP-GTZ 2002. 5 Concepto basado en teoría sobre planificación estratégica en sistemas complejos de Carlos Matus. 6 Concepto de Desarrollo institucional por Douglas North. 7 En referencia a los conceptos de conflicto objetivo y conflicto subjetivo de Kriesberg


MANO A MANO

¿PROTESTA O REBELIÓN? Ciudadanía y movimientos sociales de Bolivia en la voz del investigador británico John Crabtree JUAN RAMÓN QUINTANA

LAZOS, para su sección “Mano a Mano”, invita a intelectuales y personalidades para que contribuyan a la reflexión sobre temas que requieren aportes que van más allá de la simple observación de la coyuntura. Para este primer número se invitó a Juan Ramón Quintana, que en la fecha de realización de la entrevista era Director del RQ: Si las protestas o los actos de rebeldía ciudadana son síntomas de que algo extraño está ocurriendo en el vientre de la sociedad, en el caso boliviano, ¿qué factores aparentes o reales se esconden detrás de estas contorsiones recurrentes? JC: Creo que Bolivia, a diferencia de otros países en América Latina se destaca por su potencial de rebeldía social. Ocupa el primer puesto en la liga de la protesta y eso a mí y a otros extranjeros nos obliga a preguntarnos las razones de este record comparativo tan importante. ¿Por qué Bolivia coexiste en medio de tanta protesta y en algunos casos de tanto conflicto? Una de las cosas que me llama la atención es su cultura política. Bolivia posee una cultura política distinta de las otras culturas políticas de los países de la región. Pocos países tuvieron una Revolución Nacional. La Revolución del 52 es un acto violento porque hasta cierto punto cambió las estructuras a través de la movilización popular. Esta cultura sigue vigente a pesar del intento de transformar el país desde mediados de la década de los 80. La tranquilidad relativa se

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Observatorio de Democracia y Seguridad (ODyS), actualmente es Ministro de la Presidencia, para que intercambie ideas con John Crabtree, conocedor de la realidad del país y autor del libro “Perfiles de la protesta en Bolivia”, publicación conjunta del Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB) y la Fundación UNIR Bolivia (2005). quebró con la “guerra del agua” y otras “guerras sucesivas”. Esto implica que hay un pasado que está detrás de la protesta, pero al mismo tiempo hay un deseo de construir el futuro. Creo que todos los bolivianos tienen muchas razones para quejarse por la pobreza, desigualdad, discriminación y muy poca justicia. El mundo político no ha logrado establecer mecanismos o ca-

nales oficiales para resolver estas tensiones sociales. Hemos visto cómo el sistema político se ha constituido en un obstáculo para la participación de la gente en la política. La gente siente que el país está manejado desde afuera, que sus dirigentes son normalmente objetos de manipulación externa. Entonces, parece lógico preguntarse ¿quién manda y administra el país? ¿Son los votantes o los agentes extranjeros? Desearía destacar que el fenómeno de la protesta social boliviana no constituye una epidemia que puede contagiar a otros países, precisamente por la especificidad de su cultura política. Nada más alejado de la verdad que creer que la inestabilidad boliviana podría abrir las compuertas a una turbulencia regional. JRQ: Algunos analistas señalan que el conflicto social boliviano tendría más bien efectos telúricos. Algunas de las estrategias de resistencia social estarían siendo replicadas en la región. El caso de los bloqueos andinos reflejaría la estrategia adoptada por los piqueteros argentinos en las ciudades y carreteras, en el caso del Perú las federaciones de cocale-

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MANO A MANO

ros ofrecen resistencia similar a nuestros cocaleros del Chapare y en el Ecuador se habría acelerado la participación indígena en el frágil panorama de estabilidad política de la mano de los militares. Un poco al estilo del pacto-militar campesino de la década de los 60. ¿Qué nos puede decir de los márgenes de empatía, influencia o autonomía que ofrecen los movimientos sociales en la región? JC: Bueno, yo diría que las condiciones que ofrece Bolivia respecto a los movimientos de protesta no son puras ni químicamente bolivianas. Estos mismos fenómenos existen en otros países o en aquellos donde predomina la pobreza y la exclusión. En ese sentido, Bolivia no es un país tan distinto del Perú o del Ecuador. Yo insisto en la idea de que la cultura política y la actividad política de un país poseen su propia especificidad; lo que no quiere decir que otros países no observen lo que sucede en Bolivia. Bolivia influye de diversas maneras en la región. No estamos en un mundo donde nadie escucha o en el que nadie lee los periódicos o no se dan cuenta de lo que ocurre en la vecindad. Algunas tácticas de protesta típicamente bolivianas como el bloqueo, se están copiando en la región, aunque la fuerza que adquiere en Bolivia no siempre es la misma que en otros países. Tampoco la protesta social ha llegado al nivel tan alto de ideologización como ocurre en Bolivia. En el caso del Perú, las manifestaciones o demandas son muy puntuales y, por lo tanto, el problema de los cocaleros peruanos no influye en otros sectores sociales. JRQ: Hoy día se ha puesto muy de moda sostener la teoría de los “estados fallidos” para dar cuenta de su inviabilidad estatal a partir de la ingobernabilidad política. El clima de protesta, la anomia social en la que vivimos y la caída de dos presidentes en tan poco tiempo, ¿no abona o justifica esta teoría en el caso boliviano? Dicho de otro modo, ¿puede aplicarse a Bolivia la teoría del “Estado fallido”? ¿Es razonable sostener esta teoría en un contexto como el boliviano en el que las fallas estructurales no fueron corregidas en casi dos siglos de existencia?

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JC: Bueno, he leído varios textos en los que se atribuye a Bolivia la categoría que usted describe y fue precisamente esta lectura la que me motivó a escribir mi reciente libro. No estoy de acuerdo con esa

Existen posibilidades para crear nuevas reglas de juego político. Y esto no es un Estado fallido, es un Estado que está en proceso de reconstitución

JOHN CRABTREE Prestigioso investigador y periodista asociado al Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oxford, Inglaterra. Es autor de varios libros sobre política y economía de los países andinos. Conoce Bolivia desde la década de los 70 y no ha dejado de sentir los latidos políticos de nuestro país que no cesa en su deseo de autodeterminarse como nación soberana y comunidad de ciudadanos libres e iguales. Para Crabtree, Bolivia constituye uno de los mayores laboratorios sociales de América Latina desde fines del siglo XX y principios del XXI. Por ello, porfía empeñándose en revisar el país y aprender aún de su rebeldía insaciable.

apreciación. Evidentemente Bolivia es un país que tiene debilidades institucionales, eso es obvio. Es un país donde tienes desigualdades y una polarización social que no se puede ocultar. Yo diría que Bolivia es un país donde sí existe la posibilidad de rearticular las pretensiones sociales y éste es el reto boliviano. He realizado varias entrevistas con muchos de los actores que están involucrados en las protestas, a mí me llama mucho la atención de que es gente muy razonable que tiene puntos de vista bastante inteligibles, pero los canales de conexión política no existen. Es esto lo que se debe corregir en Bolivia, canales efectivos de representatividad y creo que la Asamblea Constituyente podría corregir estos problemas, aunque continúo siendo un tanto pesimista al respecto. Se puede llegar a un acuerdo nacional porque en la sociedad boliviana hay un deseo manifiesto de construir pactos y acuerdos. Los ciudadanos desean elaborar una nueva constitución en el marco de un consenso; pero a la vez existen posibilidades para crear nuevas reglas de juego político. Y esto no es un Estado fallido, es un Estado que está en proceso de reconstitución. JRQ: ¿Cuáles debieran ser, a su juicio, las condiciones necesarias para lograr una reforma institucional en Bolivia después de cinco años de intensa crisis social y política? JC: El reto más importante es dar a la gente una voz real, que va más allá de los circuitos políticos existentes. El ingreso del MAS como oposición el año 2002 creó las condiciones para una reforma, aparecieron caras nuevas en el Parlamento y se esperaba llegar a acuerdos importantes, pero lamentablemente esas expectativas se disolvieron. Por ello, creo que los bloqueos y las protestas son síntomas de que algo no funciona en el sistema político. Si hay una cosa que se pueda identificar que no funciona muy bien es la falta de participación de la gente en las cuestiones del Estado. La gente no sólo aspira a participar sino también a decidir para que otros no suplanten su voluntad. Hace falta reconstruir niveles de confianza en la re-


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presentación y en la propia sociedad. Creo que cada vez más las olas de la protesta manifiestan la falta de confianza en general. JRQ: En Perfiles de la protesta, usted señala que la protesta en Bolivia tiene lecturas distintas dependiendo de su impacto en los sectores sociales,de sus bondades o sus beneficios. ¿Cómo evalúa los movimientos sociales y sus estrategias de lucha? ¿En qué medida éstas contribuyen a resolver los problemas o a dilatar las soluciones? JC: Creo necesario distinguir lo económico de lo político. Primero lo económico. Una cosa que llama la atención es que a pesar de las movilizaciones de los últimos tiempos, la economía de Bolivia ha crecido. Se piensa que este año el país va a crecer un 4 por ciento, a pesar de que la economía estaba casi estancada durante un mes. Los precios internacionales están ayudando a un crecimiento moderado, aunque sus resultados no se ven a corto plazo en la redistribución de los ingresos. La gente no siente el crecimiento económico del país. Los movimientos sociales han producido incertidumbre económica, pero no han creado bancarrota en el sistema financiero y tampoco se ha producido, como en el pasado, fenómenos de inflación o corridas bancarias significativas. Lo preocupante es que la gente no siente el efecto del crecimiento. El mal llamado efecto del “chorreo” no pasa de ser un discurso. JRQ: El dilema que se presenta en un momento de crisis como el que vivimos es saber si somos capaces de construir instituciones o simplemente nos dedicamos a apagar los incendios en la medida en que se producen. JC: Creo que existen experiencias preliminares. Cuando llegué el año pasado conversé con alguna gente que estaba intentando identificar conflictos posibles y adelantar el proceso de negociación. Creo que uno de los problemas es la falta de confianza; no sólo en los negociadores, también en los procesos, pero fundamentalmente entre las partes. Alguna gente cree que sólo sentándose a la mesa resolverá el conflicto; mientras

otra gente cree que ése sólo es el punto de partida. La diferencia de percepción sobre la gestión de la conflictividad es otro asunto que se debe superar. La negociación no siempre conduce a la resolución del conflicto, puede abrir otros conflictos o cancelar los que estaban abiertos. El proceso entre registrar un conflicto en el sistema de alerta temprana y el tiempo en que se produce el conflicto en Bolivia es muy corto y en éstas condiciones la capacidad de gestión y resolución de la conflictividad es muy limitada. El Estado normalmente llega tarde a resolver los conflictos y en otras ocasiones ni siquiera llega. JRQ: Después de cinco años continuos e intensos de protesta ¿cómo evalúa el comportamiento del Estado en el uso de la fuerza pública? JC: Creo que debemos diferenciar la respuesta represiva del Estado en la década de los 70 y la de hoy. Con el Plan Cóndor la gente desaparecía y punto. Las personas sentían cierta reserva en decir las cosas. En octubre del 2003 hemos visto la manifestación de un Estado muy poco tolerante, que intervino con muchos muertos. Se puede criticar al gobierno de Carlos Mesa, pero no creo que se pueda criticar su disposición a no usar la fuerza para enfrentar los conflictos sociales. Mesa se opuso mucho al empleo de los militares para confrontar la protesta.

Si hay una cosa que se pueda identificar que no funciona muy bien es la falta de participación de la gente en las cuestiones del Estado

JRQ: Su trabajo ayuda a identificar la emergencia de la protesta en unos sectores sociales y su declive en otros. En el país, las condiciones para la protesta y la violencia social aparentemente son cada vez más complejas e impredecibles. ¿Cómo percibe estas dos dimensiones? JC: Tengo más miedo de la cuestión de la violencia social de Santa Cruz. El problema de la tierra es un asunto terrible y la débil presencia estatal es preocupante. Hay que distinguir entre el Estado nacional y el Estado a nivel local y no parecen ser la misma cosa. En un tiempo breve de permanencia yo sentí que había mucha posibilidad de conflictos, inclusive había gente que estaba armándose, tal vez para defender su posición, pero esto lleva muy rápidamente a una espiral de violencia que conduce a efectos muy nefastos. JRQ: Se podría decir, por lo tanto, que los conflictos y la posibilidad de resolución en el Occidente son mucho más previsibles que los conflictos que hoy están emergiendo en el Oriente. JC: Creo que sí. En el Occidente hay mecanismos de acercamiento entre Estado y sociedad a diferencia del Oriente en el que este acercamiento no parece producirse. Los mecanismos de amortiguación para resolver la crisis en el Oriente están ausentes y tal vez sea la Iglesia la única institución existente. Reitero mi temor de que la situación social en Santa Cruz puede producir un enfrentamiento muy nefasto desde el punto de vista de los derechos humanos. JRQ: Su libro me sugirió que uno de los factores causales –directa o indirectamente– de la protesta social y del conflicto en Bolivia estaría relacionado con la tensión entre modernidad y tradición. ¿Cuánto de esta tensión –entre el capital político que tiene la comunidad y las organizaciones andinas e indígenas y la demanda insatisfecha de las elites para integrarse a procesos más globales y mejorar su inserción en el mundo–, preside la conflictividad en Bolivia? JC: No creo que haya una tensión entre tradición y modernidad. Creo que toda la gente está interesada en la modernidad, en el futuro. Lo que quiere la gente es te-

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ner una parte de ese futuro garantizada. Este es el caso de la Asamblea Constituyente, la gente desea diseñar de manera conjunta el futuro del país; desea que sus intereses sean protegidos y no veo una abierta contradicción entre tradición y modernidad. Ambas son complementarias. La tradición se usa para establecer las reglas de la modernidad. Inclusive hay una cita aimara que alguien me recordaba: “Que el futuro es atrás y el pasado es adelante”, porque el pasado es lo que puedes ver. Entonces la gente mira hacia el pasado, es importante mirar al pasado. Las personas deben saber de dónde vienen y si no conocen, no tienen posibilidades de negociar el futuro. Es una frase muy paradójica, me gusta y me llama mucho la atención. No creo que la gente desee restablecer regímenes arcaicos, sino más bien usar lo mejor de esos regímenes para prosperar. Yo no soy antropólogo, son ellos los que destacan más estos elementos en el comportamiento de las personas. JRQ: En el texto, y a manera de corolario, usted plantea cuatro debilidades y cuatro fortalezas de la protesta social en Bolivia. ¿Podría resumir algunas de ellas en unas breves líneas? JC: Una de las debilidades: no es viable tratar de mantener la protesta por un tiempo largo. Tampoco es factible. Otro problema es el de las dirigencias. Entre ellos no hay consenso en momentos claves. Esto ha sido muy claro en varias coyunturas en los últimos cinco años. Existen evidencias de mucha fragmentación social y política en el sentido de que no existe una organización que haga como paraguas de los movimientos sociales. Ya no tenemos, como en el pasado, a la COB, por ejemplo. Pero también creo que hay fortalezas. Se ha logrado plasmar una especie de ideología que va más allá de lo puramente local, en términos de relacionar el manejo de los recursos naturales con la idea de la comunidad. Debemos reconocer que la idea de comunidad tiene diversas expresiones en Bolivia. Comunidad quiere decir una cosa en el altiplano y quiere decir otra cosa en Santa Cruz. En mi estudio sobre los seis

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FOTO: ARCHIVO LA ÉPOCA

Los conflictos, en algunos casos, tienen la virtud de construir sentidos comunes. Una de ellas es la resistencia a las reformas liberales de los años 80 y 90 casos de protesta social, uno de los denominadores comunes pasa por la utilización de conceptos o frases vinculadas a usos y costumbres. Es una apelación que se usa en muchos sitios, que tiene que ver con los derechos de la gente de participar en una forma equitativa en el aprovechamiento de lo que siempre ha sido suyo. En ese sentido, la guerra del agua en Cochabamba es paradigmática. La privatización del agua crea instantáneamente una alianza de gente antagónica a la privatización del agua. La privatización del agua es

muy complicada en cualquier sitio del mundo, hasta en Inglaterra intentaron privatizar el agua y produjo muchos problemas. El agua es un bien público y como tal afecta a todos. El manejo del sistema de aguas en Cochabamba produce una alianza de muchos grupos y sectores que antes habían sido antagónicos. Los conflictos, en algunos casos, tienen la virtud de construir sentidos comunes. Una de ellas es, por ejemplo, la resistencia a las llamadas reformas liberales de los años 80 y 90. De igual forma, la idea de


¿PROTESTA O REBELIÓN?

la privatización se opone a la construcción de la comunidad, puesto que en Bolivia lo comunitario es muy importante todavía. La idea de que alguien puede ser dueño del agua es ajena a la gente. JRQ: Lo que se desprende con mucha fuerza de la lectura de su texto es que detrás de cada conflicto o detrás de la lectura que usted hace de cada conflicto hay una gran lección que se extrae para construir una comunidad nacional en la que la idea de la solidaridad, pluralidad étnica, soberanía o dignidad está presente de manera constante. JC: Por cierto, detrás de cada conflicto se esconden lecciones y aprendizajes. A través de la cuestión de los jubilados hay conceptos de derechos sociales que son elementales. La sociedad existe para proteger a los ancianos. JRQ: Este despliegue pedagógico de la protesta y el conflicto podría muy bien iluminar el camino de la Asamblea Constituyente. JC: Creo que sí, porque la Asamblea Constituyente da una oportunidad –aun-

que no sé si se va a tomar esa oportunidad– para señalar cuáles son las finalidades de la sociedad de una manera general, cuáles son las reglas del juego político, qué nuevos mandatos orientan el futuro de la sociedad. En realidad, la Constituyente arroja principios y debemos aprender a trabajar con éstos. Yo creo que estas lecciones pueden influir mucho en la Asamblea, aunque sigo pesimista. Creo que por el momento los intereses particulares predominan sobre los intereses colectivos, JRQ: Desde esa perspectiva, ¿cuáles serían los riesgos que enfrentaría la Asamblea Constituyente?

JC: Bueno, una fragmentación política que conduce a un documento que no tiene ninguna validez. Una Constitución tiene que ser una cosa más o menos unitaria. Una Constitución es un acuerdo entre ciudadanos sobre cómo van a ser las reglas del juego y si no tienes un documento básico no veo para qué pueda servir una Constitución. Así no sirve para nada, entonces gestionar ese tipo de consenso, en el contexto actual en Bolivia es un reto terrible. Pero ojalá ustedes puedan buscar algunos principios básicos, como acabo de decir. Una Constitución es una cosa fundacional del sistema político y el pro-

La Asamblea Constituyente da una oportunidad para señalar cuáles son las finalidades de la sociedad de una manera general, cuáles son las reglas del juego político

FOTO: ARCHIVO LA ÉPOCA

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blema en América Latina en conjunto es que hay una devaluación de las constituciones. Las constituciones se cambian a cada rato porque incluyen cosas que no gustan a la gente o buscan su propio interés. En muchos países pasan mucho tiempo en los Congresos intentando crear alianzas para cambiar constituciones, para extender la vigencia de presidentes, por ejemplo, ese es el caso muy común en los países de América Latina para ofrecer la posibilidad de reelección. El problema es que la Constitución no debe ser una cuestión que se relacione a políticas muy específicas porque eso se devaluará entonces una cosa pierde vigencia y van a tener que cambiar la Constitución y a eliminar este punto. Yo creo que una buena Constitución debe servir como una carta de navegación. JRQ: Más allá de la voluntad general que se pueda construir para elaborar una nueva Constitución, existen actores internacionales que podrían interferir los acuerdos ciudadanos en función de sus intereses tradicionales. ¿Es ésta una realidad o forma parte de la típica hipótesis conspirativa a que estamos acostumbrados los bolivianos? JC: Yo creo que más allá de las políticas sectoriales en las cuales algunos países tienen ciertos intereses en Bolivia, creo que el interés básico es construir una sociedad y un sistema político un poco más estable. En ese sentido creo que hay interés de los países y de las agencias internacionales para apoyar este proceso, pero también corresponde a los bolivianos ayudarles y darles confianza, que esto va a ser una oportunidad para cambiar las cosas. JRQ: Se ha observado un importante cambio en la participación de nuevos actores en los movimientos sociales: jóvenes, mujeres, lesbianas u homosexuales. ¿Qué opina al respecto? JC: Eso es algo muy bueno, en sentido de que la política no es una reserva privilegiada de los hombres. El caso de El Alto es muy claro. Muchas dirigentes son mujeres y no sé si es exactamente lo mismo en el campo, pero a veces la sociedad es un poco más tradicional.

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Bolivia agrega una rica memoria al movimiento sindical de América Latina y debemos tomar nota de la tensión entre sindicato y ayllus JRQ: La protesta social en Bolivia no podría explicarse sin el despliegue de la memoria social del pasado y sobre esa memoria se construyen otras memorias e identidades. ¿Cuánto peso tiene éste fenómeno en Bolivia? JC: Creo que hay memoria y lo que me llama la atención en todo esto es la participación de los viejos en las movilizaciones. Los viejos son ahora la memoria y hay intentos de historiadores para rehacer, crear memoria, pero hasta cierto punto eso es una cuestión generacional. La memoria es importante y la memoria colectiva en Bolivia es una fuerza irresistible. Cuando hablas con las personas sacan a la luz los hechos de las colectividades, aún siendo jóvenes los interlocutores. Creo que lo que no se ha discutido suficientemente y que vale la pena enfatizar un poco es la importancia de la tradición sindical en este país. Bolivia es muy particular en América Latina en términos del movimiento sindical. Bolivia agrega una rica memoria al movimiento sindical de América Latina y debemos tomar nota de la tensión entre sindicato y ayllus. En una entrevista con un alcalde que hicimos en el altiplano se destacó este problema. El alcalde sostenía que estaba obligado a convivir en medio de las dos formas de organización: la del pasado, que se traduce en los valores del ayllu y la comunidad, y la del presente que se expresa en la organización sindical. Ambas no necesariamente son antagónicas, lo que no excluye

que existan conflictos entre ambas formas de organización. Un fenómeno interesante es el desplazamiento de las organizaciones sociales y sus memorias en el territorio nacional. En el altiplano algunas organizaciones sindicales están retornando a sistemas tradicionales, aunque ello no es uniforme. En el Norte de Potosí se ve esto con más fuerza. En Santa Cruz el ayllu no cuenta para nada, entonces las organizaciones de tipo indígena tienen otras características. En Santa Cruz, por ejemplo, el desplazamiento es hacia una especie de pluralidad cultural. Difícilmente se puede generalizar, pero yo diría que el sindicalismo es parte de una herencia en el país que viene desde el 52. Una cosa que me parece interesante y que forma parte del denominador común de la protesta social en Bolivia es el efecto duradero de los mineros en la política actual. Aunque los mineros desaparecieron formalmente del mapa en 1985 como producto de la reforma estructural del Estado, con el cierre de COMIBOL, sus tradiciones sindicales siguen vigentes, aunque éstas van cambiando o adaptándose a nuevas realidades. Me ha llamado mucho la atención el caso del Chapare, por ejemplo, donde se maneja la tradición sindical con unas concepciones más bien indigenistas. JRQ: Finalmente, a partir de los seis casos de estudio, ¿cree usted que en el futuro inmediato la conflictividad social pueda comprimirse o expandirse?, ¿cuánta elasticidad pueden resistir los movimientos sociales después de estos cinco años de tensión constante? JC: Bueno, muchos casos son reacciones contra cosas coyunturales, no son sublevaciones espontáneas, son reacciones a cosas muy concretas, como la privatización, la política de erradicación de coca, la concentración de la tierra. Entonces depende mucho lo que haga el Estado. Creo que los que están en el Estado tienen que aprender a escuchar, sobre todo en cuanto a su relación con los organismos internacionales. En este sentido Bolivia está demostrado algo de autonomía. Entrevista realizada en la ciudad de La Paz, septiembre 2005.


MIRADAS EXTERNAS

BOLIVIA EL DÍA DESPUÉS Aún está oscuro cuando va a amanecer JOAN PRATS. DIRECTOR

L

a prensa internacional, incluida la española, no ha tratado bien ni a Bolivia ni a Evo Morales (aunque está inflexionado después de su contundente victoria electoral). Sus principales voceros se empeñan en seguir viendo América Latina como una réplica atrasada de la historia occidental y, con estos anteojos, se equivocan de medio a medio. América Latina es fundamentalmente diversa, aunque comparte tres siglos de historia colonial por todavía no dos de emancipación. A lo largo de estos casi 500 años la característica más común y persistente de las sociedades latinoamericanas ha sido y sigue siendo la desigualdad combinada con la pobreza y la exclusión mayoritariamente con rostro de mujer, de indio y de niño. Evo Morales ha sido caricaturizado y descalificado como indio ignorante, cocalero, confiscador de las inversiones extranjeras, aliado y hasta subordinado de Castro y de Chávez, bloqueador de caminos, falso demócrata, incompatible con la “comunidad internacional”, arruinador seguro del país y, por si todo esto no bastara, hasta de títere de su vicepresidente, un intelectual brillante, leal y de muy buen hacer político, que ha elaborado una propuesta de “capitalismo andino”, pero al que los asustadores califican de “comunista radical” envuelto en piel de cordero. Y con todo, cosas de la democracia, el pueblo ha hablado y ha derribado todo este inmenso castillo de naipes: Evo, con Álvaro detrás suyo, tienen por delante la posibilidad de dar un giro histórico a Bolivia. ¿Cómo han conseguido una victoria tan contundente y sin precedente en la corta historia democrática del país? Hablemos un poco de Bolivia. En 1982 Bolivia inició un proceso de democratización que desde 1985 se encauzó y estabilizó mediante el Decreto 21060 habilitador de las políticas de liberalización, de equilibrios macroeconómi-

DEL INSTITUTO INTERNACIONAL DE

GOBERNABILIDAD - ESPAÑA

El pueblo ha hablado y ha derribado un inmenso castillo de naipes: Evo, con Álvaro detrás suyo, tienen por delante la posibilidad de dar un giro histórico a Bolivia. ¿Cómo han conseguido una victoria tan contundente y sin precedente en la corta historia democrática del país? Hablemos un poco de Bolivia. cos, de privatización, de estabilización y de algunas reformas estructurales... que luego, en 1989, se empaquetaron para toda América Latina en el llamado Consenso de Washington. Se trató de un modelo de gobernabilidad democrática muy elemental e imperfecto, conocido como “democracia pactada”, que hasta finales de los 90 mereció el reconocimiento y apoyo de la “comunidad de donantes”. Se basó en la hegemonía política indiscutible de unos partidos políticos débilmente institucionalizados, nada programáticos, sujetos a liderazgos caudillistas, clientelistas, patrimoniales, prebendarios y corruptos. Se creció económicamente pero poco y mal. El empleo aumentó poco y de forma muy desigual en correspondencia con el modelo de desarrollo de base estrecha que se impulsó y disminuyó drásticamente cuando lo hizo el crecimiento. Se fracasó en la lucha contra la pobreza y ni se intentó la lucha contra la desigualdad. Los avances en educación y salud no pudieron capitalizarse en desarrollo. No se supo ni se quiso reformar el Estado que quedó capturado por las camarillas empresariales, nacionales y transnacionales, y patrimonializado por los partidos políticos. Veamos algunos datos ilustrativos: - La economía boliviana no tiene capacidad para generar empleo de calidad. Actualmente el 83% del empleo se concentra en unidades familiares, campesinas y microempresas de meFOTO: JORGE PEREZ / LA ÉPOCA

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nos de 5 trabajadores y produce sólo el 25,52% del PIB mientras que el 8,7% del empleo situado en las empresas de más de 50 trabajadores genera el 65,57% del PIB. - Esto explica que aunque hasta 1998 el país creció en torno a algo más del 4%, esto no apenas se tradujo en aumento del empleo y que cuando a partir de 1999 el crecimiento económico se situó en cifras promedio inferiores, el desempleo aumentó aún más. Sólo en 2004, con un crecimiento económico entorno al 6% consiguió revertirse la tendencia. - Con una desigualdad muy grande (coeficiente Gini cercano al 0,57), fuerte presión demográfica y baja capacidad de generación de empleo de calidad, es lógico que se haya perdido la guerra contra la pobreza. Hoy cada año ingresan 170.000 niños en la pobreza, en años de bonanza apenas se altera esta cifra y en años de recesión se incrementa sensiblemente. - El número de conflictos en Bolivia aumentó considerablemente desde 1999, fecha que coincide con el aumento significativo del desempleo. Ambas dimensiones evolucionan paralelamente. Pero en el curso de los conflictos y

y la violencia. La gente percibe el sistema económico y político como ineficiente, corrupto e injusto. La presión social por una Constituyente que refunde el país, originada inicialmente en movimientos antes llamados antisistémicos fue arraigando socialmente. - Los movimientos sociales se fueron focalizando cada vez más en la defensa del control público y nacional de los recursos naturales (gas), de los servicios sociales básicos (agua), del acceso a la tierra y de la sostenibilidad de los ecosistemas (tierra y territorio). Sánchez de Lozada y su camarilla no supieron ver la naturaleza económica y política de la crisis. Creyeron poder reconducirla desde los esquemas de la democracia pactada y el modelo económico de base estrecha y patrón neoliberal. Pero en 2003 el modelo neoliberal estaba en crisis y contestado intelectualmente hasta en las Instituciones Financieras Internacionales que lo habían patrocinado pocos años antes. Sus expectativas quedaron frustradas, sus promesas resultaron falsas. La crisis fiscal ni siquiera permitió acomodar en el cuoteo tradicional a los cuatro partidos coalicionados. Se buscó

2003: La causa fundamental de los rebeldes era impedir que las próximas generaciones volvieran a encontrarse sin gas y sin desarrollo. Su protagonista principal fue la ciudad de El Alto apoyándose en las libertades democráticas existentes van emergiendo nuevos actores políticos y sociales que acaban provocando en el 2003 la crisis del sistema de democracia pactada y del modelo de desarrollo de base estrecha y de patrón neoliberal. - El desempleo siempre ha sido el principal problema del país en la percepción popular, pero en 2004 casi se le habían igualado la corrupción, la pobreza

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una salida de urgencia buscando precipitadamente para su distribución clientelista las regalías derivadas de una exportación masiva del gas, sobre la base de la entrega de su propiedad en boca de pozo a las transnacionales. Pero las cosas habían cambiado en el Congreso y en la calle. El MAS ya era la segunda fuerza parlamentaria y los movimientos sociales habían recobrado legitimidad y fuerza. Cuando sintieron que nuevamente el gas,

como había pasado en su día con la plata y el estaño, serían extraídos y exportados no percibiendo sino modestas regalías e impuestos un Estado por lo demás incapaz de supervisar, corrupto y en manos de un sistema político clientelista, estalló la rebelión que le costó la huida al Presidente Sánchez de Lozada. La causa fundamental de los rebeldes era impedir que las próximas generaciones volvieran a encontrarse sin gas y sin desarrollo. Su protagonista principal fue la ciudad de El Alto. Sus ciudadanos pusieron los muertos pero impusieron también una nueva agenda: la agenda de octubre de 2003 con dos temas claves: el referéndum sobre el gas y la Constituyente. El Presidente Carlos Mesa aceptó la agenda e intentó gobernar en circunstancias difíciles. Con gran respaldo de la opinión pública debido a su brillante personalidad, pero sin partido ni apoyos sociales organizados, con la oposición de todos los partidos tradicionales en el Congreso y con una sociedad fragmentada y crecientemente movilizada, pudo gobernar mientras mantuvo un forzado entendimiento con Evo Morales que llegó hasta el referéndum del gas de julio de 2004. A partir de este momento todo comenzó a torcerse. El Presidente creyó que disponía de autoridad para imponer su propia política gasística (muy influida por su apreciación de la “comunidad internacional” y las responsabilidades ante ella) y el Congreso, incluido el MAS, se alió en su contra. Los cívicos cruceños, ante la eventualidad de una Asamblea Constituyente en la que serían minoritarios, relanzaron las demandas autonomistas, apoyadas en una gran movilización social y espoleadas por la conspiración contra Mesa. Aún así se llegó a las elecciones municipales de diciembre de 2004 que confirmaron la plena desafección popular respecto de los partidos tradicionales. El MAS se convirtió en el primer partido político pero no consiguió ganar en ninguna de las grandes ciudades. Su votación apenas superó el 20%, fue ligeramente inferior a la obtenida en las elecciones generales de 2002, y no consiguió ganar en ninguna de las grandes ciudades. El Presidente Mesa,


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cercado por un Congreso hostil, por los movimientos sociales radicalmente opuestos a su política gasística, por las mil reivindicaciones corporativas explotadas oportunistamente y por el rechazo abierto del autonomismo cruceño, aunque intentó diversas maniobras de recomposición de alianzas, todas le estallaron en las manos. Al final de su mandato hizo, sin embargo, una gran maniobra política de alcance histórico: forzó la renuncia a la sucesión presidencial de los Presidentes del Senado y del Congreso, pasando la sucesión al Presidente de la Corte Suprema, un jurista de prestigio internacional y trayectoria intachable, Eduardo Rodríguez Beltzé. Se impedía de este modo que los partidos políticos tradicionales desprestigiados accedieran a la Presidencia de la República, lo que hubiera generando sin duda un conflicto civil de alcances potencialmente devastadores. Durante todo este convulso tiempo se fue gestando la teoría del empate catastrófico según la cual el país se encontraba en una extrema polarización territorial (occidente-oriente) y social (derecha-izquierda), sin que ninguna de las partes pareciera poder imponerse sobre la otra resultando de este modo muy difíciles los proyectos constituyente y autonomista planteados desde cada frente. Los pactos para reducir las incertidumbres y viabilizar ambos procesos resultaban tan necesarios como imposibles. Muchos pescadores en río revuelto insistieron en la ingobernabilidad, según ellos inevitable, para impedir a toda costa el avance hacia la Constituyente. Comentaristas y sesudos analistas insistían en que las elecciones generales no podrían resolver nada. Pero todos nos equivocamos. El Presidente Rodríguez ha conducido con guante de seda y mano firme un difícil proceso, lleno de avatares e intentos desestabilizadores procedentes principalmente de los políticos tradicionales condenados al paro y atrincherados en el Congreso. Le han ayudado el ser hombre de Estado y el no tener ninguna ambición política. También la gran labor articuladora y desactivadora de su operador político, Jorge Lazarte, así como la prudencia de los movi-

mientos sociales y del MAS que no se dejaron llevar por ninguna de las numerosas provocaciones orientadas sin duda a hacer fracasar las elecciones generales y a Prefectos finalmente celebradas. Su resultado demuestra que a lo largo del proceso que va de octubre de 2003 a diciembre de 2005 se ha ido rompiendo el empate catastrófico. El pueblo le ha dicho a Tuto Quiroga que siga trabajando por un

supera su patrimonialización por el gonismo puede quedar definitivamente liquidado. Les ha dicho a todos los que no salieron o ni siquiera pudieron concurrir que ya se acabó su tiempo político. Y sobre todo le ha dado a Evo la confianza y la hegemonía para que dirija el gran cambio económico y político que el país necesita. La política es un saber práctico al que los académicos pueden ayudar pero nun-

La política es un saber práctico al que los académicos pueden ayudar pero nunca sustituir. Durante todo este convulso tiempo se fue gestando la teoría del empate catastrófico, según la cual el país se encontraba en una extrema polarización territorial (occidente-oriente) y social (derecha-izquierda)

FOTO: JORGE PEREZ / LA ÉPOCA

proyecto político que exprese y discipline democráticamente a la derecha boliviana y que hoy tiene ya importantes parcelas de poder en las Prefecturas y en el Congreso. Le ha dicho a Samuel Doria Medina que merece respeto pero que todavía tiene que demostrar que no ha hecho un partido para un hombre sino que él es el hombre que va a construir un partido de centro que le trascienda. Le ha dicho al MNR que es un activo histórico de Bolivia, que no debe desaparecer, pero que si no

ca sustituir. La sabiduría política no consiste en saber donde quiero estar en cinco o diez años sino en saber qué no puedo dejar de hacer aquí y ahora para avanzar hacia un futuro promisorio aunque siempre incierto. Hasta que no sabes qué hacer aún no has entendido decía Wittgenstein. El político y el ciudadano necios creen que todo tiene que hacerse en un corto espacio de tiempo cuando lo crucial es siempre saber qué no puede dejar de hacerse en cada momento para no perder el

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futuro. En este sentido tres son las tareas que propongo a reflexión: La primera consiste en viabilizar la Constituyente y las autonomías. Para ello hay que aclarar, en primer lugar, el régimen competencial de las Prefecturas. La vieja política puede estar tentada de refugiarse en algunas de ellas, erigiéndolas en bastiones de la oposición y manejando de modo poco transparente y responsable los nuevos recursos del gas. Es urgente proceder a regular tanto las competencias de los nuevos prefectos como las garantías de que su ejercicio se hagan con transparencia y responsabilidad democrática. Hasta que lleguen las autonomías es fundamental que los prefectos elegidos y nombrados por el Presidente dispongan de un ámbito de responsabilidad claro que no pueda interferir ni ser interferido arbitrariamente por el Ejecutivo nacional. En segundo lugar, hay que garantizar los referendos de autonomía en los departamentos que así lo quieran estableciendo nacionalmente los criterios a seguir para formar esta voluntad y ejercer en su momento el correspondiente derecho. Al establecer esta regulación de las preautonomías hay que reconocer y legalizar el proceso seguido por Santa Cruz. En tercer lugar, hay que procurar consensuar al máximo la futura Ley de Convocatoria de la Asamblea Constituyente. La segunda consiste en demostrar a la ciudadanía, los movimientos sociales y la comunidad internacional que se va a recuperar efectivamente el control nacional de los recursos naturales a lo largo de todo su ciclo desde la exploración hasta la comercialización. Para ello serán necesario dos cosas nada fáciles: (1) revisar los contratos actuales y dar garantías a los inversores internacionales de que obtendrán beneficios justos que compensen sus riesgos e inversiones, tratando de evitar la conflictividad internacional y enfrentándola eficazmente cuando resulte inevitable y (2) crear las capacidades nacionales para la dirección, regulación, participación y supervisión de todo el ciclo del gas, así como las necesarias para asegurar que los beneficios que se deriven de este recurso sirven para sustituir

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Hay que combatir no sólo la corrupción, sino hurgar en las estructuras corruptoras cambiando reglas de juego e incentivos de comportamiento su extinción por capital humano, de infraestructuras y social. Este segundo punto es el más difícil pues requiere una combinación de compromiso productivo y de combate a los capturadores de rentas de todo tipo. Un día Bolivia se quedará sin gas y nada habrá tenido sentido su vuelve a pasar lo que se hizo con la plata y el estaño. El gas ha de servir para ayudar a transitar de la economía de base estrecha a la de base ancha, generando clases medias productivas y empleo formal y digno, ampliando la base tributaria del país y sobre ella construyendo un estado capaz de garantizar servicios públicos para todos, es decir, de universalizar la ciudadanía. Para este tránsito resultará fundamental la mano visible de un Estado reformado. La tercera me parece ser la construcción decidida y progresiva de un sistema político y de un Estado capaz de impulsar políticas de desarrollo sostenible y con equidad. Esta es una tarea que comienza ya desde hoy, que se acelerará con la Constituyente pero que seguirá mucho tiempo después de ella. Hay que despatrimonializar el Estado, irlo convirtiendo crecientemente en un Estado de derechos y de deberes para todos universalizando para ello la seguridad jurídica. Hay que hacer una gestión pública no sólo técnicamente meritocrática sino también transparente y sometida al control social y legal. Hay que dar cauce al derecho a la autonomía departamental y saber articularla con la autonomía indígena y municipal. Hay que combatir no sólo la corrupción sino hurgar en las estructuras corruptoras cambiando reglas de juego e incentivos de comportamiento. Larga tarea para muchos años y para más de dos y hasta tres gobiernos, pero que toca hoy empezar con algunas medidas ejemplificadoras y que den sentido de dirección. No hay que seguir a la cooperación internacional en este campo (se ha equivoca-

do casi siempre) sino saber liderarla para que su apoyo sirva a un plan de Estado genuinamente nacional. Evo y Alvaro, los guaranís, chiquitanos, aymaras, quechuas, cholos, blanquitos clases medias urbanas y hasta algún que otro empresario, la mayoría en definitiva de este espléndido pueblo boliviano, injusta e inmerecidamente pobre pero esforzado, alegre, digno, rico en recursos, biodiversidad, historia, humanidad y futuro, el pueblo les ha comprometido a impulsar y dirigir democráticamente un proceso de dignificación y de soberanía que refunde la República sobre una Nación que por integrar por primera vez en la historia a todo/as merezca ese nombre. Ustedes ya saben que no se les ha votado para que impulsen ningún programa de extrema izquierda sino para que procedan a realizar profundas reformas democráticas, económicas y sociales que eleven los derechos individuales y colectivos de todo/as. La democracia es un viaje sin fin hacia la creación de las condiciones sociales y culturales que permiten la participación política igual y libre. Su fundamento moral es la convicción última de que ninguna vida vale más ni puede ser el instrumento de ninguna otra. Yo le he pedido a Quispe y le pido a Evo perdón por 300 años de colonialismo. Estoy seguro de que a mucho españoles nos gustaría que el Príncipe de Asturias aprovechara la ocasión para hacer algún gesto en este sentido pues ahora es el momento de iniciar el reencuentro abortado en 1992. Mirando al pasado sin ira podremos encontrar la cooperación justa para el futuro que hoy, más que nunca, es responsabilidad de todos con ustedes delante. Artículo publicado por el Instituto Internacional de Gobernabilidad (www.iigov.org)


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a presencia del conflicto inquieta, pero cuando se torna violento, angustia. Ni la una ni la otra son inquietudes psicológicas fecundas por sí mismas, denotan alteración en nuestro estado de ánimo, y si le damos rienda suelta a nuestros prejuicios o “prenociones” (Bordieu, 1988), formados en la cotidianidad o en el lugar común que los conflictos son perturbaciones del orden, la paz y la armonía sociales, la conclusión no puede ser otra que señalarlos como nefastos, nocivos, anárquicos. Y de ahí, desterrados con prontitud por la persuasión, que recompone la cordura de esos alborotadores –generalmente engañados o turbados por políticos extremistas– o por la fuerza. La razón para que se dé rienda suelta a los palos parece enteramente justificada. ¿Quién en su sano juicio puede ir contra la paz, el orden y la armonía? Entonces, si no es por las buenas debe ser por las malas. Y santas pascuas. Pero resulta que los palos van y vienen sin llegar las benditas pascuas. Claro, quien ya bebió de esta agua sólo atina a pedir más de la misma medicina –no resuelve la enfermedad, más bien la agrava–. Comprendo a estos señores del predicamento “mano dura���. Todos partimos en nuestra lectura de los conflictos de este primer peldaño: lo difunden los medios masivos, circula en nuestras familias, lo apalabran los curas conservadores y toda la “gente bien”. Procede de una lectura simple (conflicto igual a caos), una meta noble (paz social), mediante un arma que se piensa eficaz: la represión. La sociología puede despertarnos de este espejismo (visiones simplistas y soluciones contundentes) o reforzar nuestro prejuicio bajo un halo de cientificismo. Por ejemplo, de la mano de los primeros funcionalistas-organicistas (Herbert Spencer, Elton Mayo, Talcott Parsons, Robert K. Merton), que pensaban la sociedad como si se tratara de un organismo viviente, que se encontraba saludable cuando se mantenía estable y armonioso, pero que se enfermaba gravemente cuando el conflicto hacía irrupción desequilibrando el organismo. Otros creen que el antídoto a este brebaje opiáceo sólo se lo

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VISIONES SOCIOLÓGICAS DEL CONFLICTO SOCIAL Desde el año 2000 tenemos en Bolivia la presencia recurrente y cada vez más intensa de conflictos sociales. No se trata de ocasionales ventiscas sociales, sino de verdaderas tormentas nacionales. Esto justifica el ensayar una reflexión puntillosa sobre el tema. CÉSAR ROJAS RÍOS1

puede encontrar en el marxismo: tienen razón a medias. Marx le asigna al conflicto un primer plano en los procesos sociales y la dinámica histórica. Pero exagera: los conflictos sociales producen cambios, pero éstos no sólo son el resultado de las confrontaciones entre fuerzas sociales. Plantea que el eje axial de los conflictos son las clases sociales, pero, fundamentalmente, la contradicción entre burgueses y proletarios. Se extralimita: es una fuente de conflictos, no la única ni la más vigente (asoman en el escenario posmoderno conflictos étnicos, culturales, nacionalistas, civilizatorios, nucleados no bajo la bandera de la lucha de clases, sino debido a la fisonomía identitaria). Y formula la solución única y definitiva, previa revolución seguida puntillosamente de la dictadura del proletariado, la sociedad sin clases. Muerto el perro, terminada la rabia. Lo que podemos constatar históricamen-

te, por lo sucedido en la ex Unión Soviética, es que se mata el perro pero se da nacimiento a uno más feroz: reprime bestialmente la rabia, pero finalmente la rabia puede más que el miedo y el Partido Comunista expira en 1989 en las calles ante la atenta mirada estupefacta de millones de televidentes mundiales. Paradoja histórica: el partido que aspiró a sepultar todos los conflictos habidos y por haber, más bien acaba sepultado por la explosión de sus propios conflictos soterrados: no pudo poner freno a las fuerzas reprimidas. En mi caso, pude salir por igual, de pensar que el conflicto es la enfermedad y la revolución la cura, gracias al sociólogo alemán Ralf Dahrendorf y al estadounidense Levis Coser. Reforzados ambos, años después, por el sociólogo francés Edgar Morin, quién en su libro Sociología incorpora un texto sobre la crisis, muy provechoso (extrapolando) para enten-

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der el conflicto. Dicho esto, dejo claramente establecidas mis deudas mayores. No es poco cambiar de visión y enfoque. Ahora toca señalar la fecundidad de los aportes de estos tres distinguidos señores y demostrar la utilidad analítica (en los sucesivos capítulos señalaré lo que me aportaron otros: deudas “menores”, pero que honraré también por su importancia). Así, munido de brújula, barco y estupendos marineros, toca exponer la travesía analítica que fui razonablemente cumpliendo y los hallazgos que pude (felizmente) encontrar. En estos precisos momentos Bolivia es la América de los conflictos. No creo que tenga su Colón, pero por lo menos puede aspirar a tener distintos cartógrafos que vayan trazando el territorio, sus picos y erupciones, pero, fundamentalmente, su norte. O sea, su significado y su dirección.

Coser o el tábano del pensamiento Cuando una sociedad se encuentra en conflicto crece la añoranza de los días soleados y apacibles. Uno esperaría que se diera de golpe y sopetón con la solución definitiva que impidiera de una vez y por todas que vuelva el conflicto a irrumpir con su carga de desorden y violencia. Esta es una aspiración común en la mayoría de la gente. Es difícil tomar conciencia de que la presencia de conflictos dentro de una sociedad resulta siendo una circunstancia normal. Aún es más fatigoso considerar al conflicto no sólo como inevitable (no desaparece, sino que se transfigura, renueva y recrea),2 sino y hasta cierto punto como deseable. Uno podría echar el grito al cielo. Sin embargo, Levis Coser apacigua nuestra inquietud. Este sociólogo considera al conflicto como una gran y sonora campana social: despierta nuestras mentes y, por ende, sacude a nuestras instituciones de la modorra burocrática disponiéndolas a dar nuevas y originales respuestas a los problemas y desafíos que le plantea. “El conflicto es el tábano del pensamiento. Estimula nuestra percepción y nuestra memoria. Fomenta la investigación. Sacude nuestra pasividad de ovejas, inci-

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Pude salir por igual, de pensar que el conflicto es la enfermedad y la revolución la cura, gracias a los sociólogos Ralf Dahrendorf y Levis Coser tándonos a observar y a crear… El conflicto es el sine qua non de la reflexión y la inventiva”. La frase corresponde al filósofo John Dewey y la trae a colación Coser para dejar establecido que no es el sosiego, sino la preocupación; no la inercia, sino las dificultades las que despiertan la mente y dinamizan las sociedades. No se hace ciencia en el cielo, ni tampoco allí se promueven cambios. Y lleva razón. Una sociedad sin conflictos se osificaría, entraría en una especie de letargo en vida que acabaría por aniquilarla. El conflicto la sacude, así la revitaliza y le permite desarrollarse en pos de renovados objetivos. Dicho en otros términos, el conflicto espolea a una sociedad para ponerse al día: resolver debidamente sus asuntos pendientes. De esta manera evita su escalamiento hacia posiciones extremas y violentas. El conflicto es fecundo porque permite que migremos de lo rutinario, familiar, acostumbrado, hacia nuevas formas de encarar problemas y modelos de organización social. En un salto adelante: obliga a dejar lo viejo para aferrar lo nuevo, romper anclas para descubrir promisorios puertos. Cambia nuestros hábitos intelectuales, reconfigura nuestros esquemas mentales, porque la realidad consagrada hasta ese momento inalterable es objetivo de nuestra atención crítica: el conflicto se constituye en un latigazo social que despierta a unos sectores de su complacencia y conmiseración burguesas. No todo está bien y porque no lo está debemos encontrar atentamente el mal para

remediarlo y construir una sociedad mejor. El conflicto es la historia de una larga carrera hacia delante contra la terquedad de los hechos. La realidad bajo la impronta del conflicto se desacraliza. Al inducir una percepción en clave crítica descubre un rostro diferente del mundo que nos rodea. Aguza nuestra visión, pero también aviva el sentido ético –recircula criterios morales sobre lo permitido, tolerable, indignante y ofensivo–. Y zarandea el afán utópico de los pueblos, ese pedido inclemente de imposibles, que, tensado por el arco de los deseos imaginarios puede disparar a un hombre hacia melancólicos espejismos; pero, si refrena su ímpetu de abarcar lo Uno y el Todo, atempera sus caldas ideológicas y templa sus delirios mesiánicos, puede devenir en política edificante: combatir lo que detestamos, pero sin dinamitar lo conquistado.

Morin o la función reveladora Edgar Morin no reflexiona sobre el conflicto, sino sobre la crisis. Pero sirve para dar luces sobre ambos fenómenos sociales. Morin muestra con toda claridad que la crisis cumple dos funciones primordiales: reveladora y realizadora. Ojo, no utiliza la palabra función, por utilizar alguna palabra, sino para señalar que la crisis, en su mare magnum de negativismos porta elementos que la pueden exorcizar, o mejor: superarla a partir de darle la cara. La crisis representa un momento de desequilibrio del sistema, pero si se conoce qué la ocasiona, cómo interactúa y en qué dirección puede evolucionar, el sistema se puede reequilibrar. La diferencia: no lo hará en los mismos términos, sino en nuevos. La crisis no es una maldición –decir crisis no significa automáticamente que quien la sufre esté condenado a colapsar–, porque el diagnóstico y el plan de acción adecuados pueden resultar siendo la salvación. ¿En qué consisten estas dos funciones? La función reveladora de la crisis –lo digamos en palabras de Morin– “revela, de repente, la presencia, la fuerza y la forma de aquello que, en tiempos normales o en si-


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tuaciones normales, permanece invisible”. Puntualizo algunas observaciones: primera, no todo el cuadro clínico de la crisis se halla expuesto ante nuestra vista, o si se quiere: no está descubierto de forma contundente, por tanto, nuestro interés no se detiene ante su presencia velada. La crisis llama nuestra atención porque la perturba. La saca de quicio porque lo que uno estaba acostumbrado a ver ahora se muestra de forma renovada y caótica. Segunda, la crisis es un proceso de incubación de desajustes, contradicciones y problemas que permanecen ahogados y que la irrupción de la propia crisis (momento declarativo) saca todo a flote, precisamente cuando la crisis hace crisis la realidad se muestra en su mayor desnudez y conflictividad: momento de verdad, porque se manifiesta evidente en sí misma. Y tercera, no lo plantea Morin, pero se desprende de sus reflexiones, la crisis revela por su dinámica sus propias alteraciones y mutaciones: no se trata de una fotografía, sino de una película, pues cada cuadro sucesivo altera el anterior porque incluye algo nuevo, que, mientras no se resuelva la crisis, la sobrecarga (no basta auscultar las causas, sino evaluar su dinámica y gestión). La crisis impulsa a proceder rápido antes de que la realidad acabe por desquiciarse completamente. Acoto: si el diagnóstico y el plan de acciones se quieren salvadores, lo serán a condición de que sean oportunos –sólo en este sentido podemos hablar de la crisis como oportunidad. Ahora cosechemos una primera conclusión general sobre el conflicto social: éste, como la crisis, cuando alcanza el punto culminante de crispación, se pone en evidencia y justamente porque es visible puede ser “atacado”. O sea, diagnósticado y tratado. Para que lo sea felizmente debe ser adecuada y oportunamente intervenido. La esperanza de un pueblo radica en que el responsable de gestionar un conflicto tenga la visión y la decisión. Para decirlo con Sartori: “El mar tiene su naturaleza, pero si naufragamos porque carecemos de un piloto y no consultamos la brújula no podemos echarle la culpa al mar” (1988: 593). El conflicto es en principio una relación contenciosa, pero de-

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pendiendo de lo bien imantada que tenga el piloto su brújula, puede acabar posibilitando una sociedad reconciliada o una sociedad en guerra. Nos resta explicar y dedicarle unas cuantas palabras a la función realizadora, aunque mejor sería denominarla transformadora. Lo primero: la función realizadora (transformadora) deriva lógicamente de la función reveladora. La razón salta a la vista, pues si la crisis finalmente es vista en su problematicidad, puede estimular las transformaciones correspondientes que la resolverían, porque habría alterado las condiciones que la posibilitaban. Es decir, la crisis (y el conflicto) es una serpiente mortal que, para gracia de aquel en quien clave sus puntiguados colmillos, lleva consigo su propio contraveneno: visto el mal se puede pasar a extirparlo. En palabras de Morin: “La crisis pone en marcha, aunque no sea más que en estado naciente, todo aquello que puede aportar cambio, transformación y evolución”. Esta intuición fecunda lleva a seña-

lar al sociólogo español Lorenzo Cadarso el drama de todo rebelde: terminar fortaleciendo a quien combate al indicarle las reformas que necesita ejecutar. No deja de tener un toque siniestro que el conflicto sea útil socialmente, porque a través de la implementación de enmiendas y rectificaciones suficientes puede concluir apuntalando el régimen que pretende hacer zozobrar (2001: 221). Lo más notable: la crisis y el conflicto abren posibilidades de cambios impensables en situaciones de normalidad, pues desbloquea resistencias a propuestas innovadoras que surgen durante el periodo de crisis o se incubaron de manera latente desde hace mucho tiempo atrás (tipo desmonopolización de la representación política, referendo vinculante, asamblea constituyente). Y lo hace, porque la gente en un cálculo de costo/beneficio, prefiere abrir el paso a un programa de cambios, antes de permitir que la fuerza del cambio se abra paso a empellones como revolución. La clarividencia del pensamiento de Morin es descubrir que la crisis (como el conflicto) “libera, al mismo tiempo, fuerzas de muerte y fuerzas de regeneración”. En esto consiste su ambigüedad radical. Puede ser destructiva; también puede ser creativa. Es decir: la crisis por sí misma no acaba con un sistema, quienes terminan haciéndolo colapsar siempre son los responsables (sistema político) de gestionarla, pero que terminan por cerrarse a todo plan de reformas. El colapso no deviene del problema, sino de la ceguera ante el problema, o dicho en términos más prosaicos aunque más certeros: de la arrogancia, la tozudez, la estupidez… una o las tres cosas a la vez.

El conflicto es como una gran y sonora campana social: despierta nuestras mentes y, por ende, sacude a nuestras instituciones de la modorra burocrática poniéndola a dar nuevas y originales respuestas a los problemas 61


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La crisis es dinámica, tiene la apariencia de un torrente que fluye sin rienda definida, pero que terminará desembocando invariablemente en algún puerto. Las posibilidades son tres: regresión, progresión o colapso. Hemos tocado los dos últimos, ahora cabe detenerse en la primera (y lo haré en clave conflictos sociales): la regresión. Una situación conflictiva puede llevar a que el sistema pierda su complejidad y flexibilidad, sus cualidades más ricas, “de las libertades que son al mismo tiempo los caracteres más frágiles y los más recientes, y consolide las estructuras más primitivas o rígidas”; anule las fuerzas críticas o antagonistas, castigue a los “culpables” y resuelva los problemas a través de medidas de fuerzas. Hemos caracterizado la dictadura, porque una de las posibilidades reales de domeñar el conflicto es ponerles un chaleco de fuerza a los revoltosos. Reprimirlos para salvar el mal rato: no se subsana el mal que producen estos ratos, sólo se los refrigera.

Dahrendorf o la energía creadora del conflicto Omnipresencia. Represión. Revolución. Regulación. Cambio. Cinco conceptos reveladores del pensamiento de Ralf Dahrendorf sobre los conflictos sociales. Partamos del primero, la omnipresencia, y lo hagamos con una breve colección de sus frases: “La idea puede ser desagradable y perturbadora: hay conflicto siempre que encontremos vida social”. “Los conflictos pueden ser dominados pasajeramente, regulados, canalizados y controlados, pero que ni un rey filósofo ni un moderno dictador podrá eliminarlos para siempre”. “Presuponemos que los conflictos son omnipresentes porque la coacción está en todas partes, siempre que los hombres construyen cualquier tipo de unión social”. “El conflicto parece ser un hecho social universal e incluso es, quizá, un elemento necesario de toda vida social”. “La sociedad humana, considerada desde un ángulo filosófico, ofrece siempre dos caras de idéntica objetividad: la una de estabili-

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El conflicto es una serpiente mortal que, para gracia de aquel en quien clava sus punteagudos colmillos, lleva consigo su propio contraveneno: visto el mal se puede pasar a extirparlo dad, armonía y consenso, y la otra de cambio, conflicto y coacción”. Veamos: uno, “el conflicto parece ser un hecho social universal”, por tanto, no existen sociedades sin conflictos, sino, independientemente de su modelo de organización, todas son conflictivas, la variación radica en que algunas son más o menos conflictivas, más o menos estables, la diferencia está en el grado; dos, “la sociedad humana (…) ofrece siempre dos caras”, la disparidad entre ellas radica en que unas regulan mejor sus conflictos porque estimulan más sus consensos, y otras suscitan más conflictos por incapacidad de sostener sus consensos; y tres, “hay conflicto siempre que encontremos vida social”, “los conflictos son omnipresentes”, nadie “podrá eliminarlos para siempre”, falta decir por qué: los talentos diferenciados entre los hombres crean distintas apropiaciones de los privilegios, y como sólo la muerte parece igualar en seco a los hombres, sólo la sociedad parecida a un cementerio podrá anular sus diferencias y, por ende, los privilegios. Pero mientras habitemos en sociedades vivas, los talentos diferenciados impondrán diferentes y desiguales apropiaciones de los privilegios, y el conflicto se manifestará de forma manifiesta o latente. La diferencia entre sociedades contemporáneas radica en que unas han construido una “sociedad de clase media nivelada”, donde los conflictos perdieron en intensidad y violencia, y otras permanecen como una sociedad de clases polarizada, donde los conflictos cobran intensidad y violencia –domesticar la intensidad violenta de los conflictos pasa, como se desprende, por nivelar las sociedades. Si queda claramente establecido que el conflicto es omnipresente a toda forma de organización social, y en particular, a las

sociedades contemporáneas, de lo que se trata no es de suprimir definitivamente el conflictos (intento vano del marxismo) o de demonizarlo (actitud contraproducente del funcionalismo), sino de evitar falsas salidas y de esclarecer vertientes prometedoras. Para decirlo con nombre y apellido: no se trata ante ese punto “candente”, de alentar la represión, ni de promover la revolución, lo inteligente y racional es incentivar la regulación del conflicto –canalizarlo, no manipularlo–, hacia el cambio: proceso que altera las condiciones del conflicto, porque las supera. Ahora vemos de manera transparente que los cinco conceptos seleccionados de la obra de Dahrendorf no son fortuitos, sino que forman parte de un abecedario que tiene un sentido lógico. Hecha la aclaración, fundamentemos por qué la represión y la revolución son falsas salidas. La represión, o sea, golpear el pito de una olla de presión para que ésta no suene más, no puede dar más de lo que logra ese momento: evitar el sonido chirriante, o sea, “controla” la protesta a corto plazo, aunque aplaza la solución de descontento a largo plazo, de donde los conflictos volverán y con mayor fuerza, ya que la presión seguirá su proceso de combustión interna, que no se debe a los agitadores, sino a las condiciones que permiten la agitación; también la represión puede crear la espiral de la violencia, “en la misma medida en que se intentan reprimir los conflictos sociales aumentan éstos en potencia virulenta, con lo cual provocan una represión todavía más violenta, hasta que finalmente no hay ningún poder en la tierra que sea capaz de mantener a raya las energías del conflicto privadas de su manifestación exterior” (1971: 202). O dicho en otros términos: un palazo tapa la boca de los manifestantes, pero no acalla su hambre.


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La otra puerta falsa: la revolución. Forma extrema (intensa y violenta) del conflicto. Eso: extrema. No se llega a la revolución, no porque sea un ideal popular, ni un mandato doctrinal, sino porque la situación se torna extrema: desgarramiento del tejido social, dos bandos que se miran alternativamente con rabia y temor y pugna abierta por el manejo del poder. No es un destino largamente añorado, sino una desembocadura de circunstancias sostenidas en el tiempo (rigidez social, debilitamiento de la autoridad, sobreposición de los conflictos), que, así como la revolución se carga paulatinamente de una chispa de esperanza, el poder constituido se inunde de una marea de odio. ¿Qué frutos ofrenda entonces la revolución? Dahrendorf señala que después de ese estallido jubiloso de esperanza y de esa luna de miel temporal, “transcurren muchos años de represión”, de “poder arrogante”, de “negligencia maligna ante las necesidades del pueblo”, “donde se “transforma un mundo de abundancia para unos pocos en un mundo de escasez para todos” y de supresión de la libertad: todas las revoluciones están ahí para atestiguarlo. Por tanto, las ideas pueden ser más o menos explosivas, pero son las dinámicas históricas las decisivas: no preocupa tanto que algunas cabezas añoren la revolución, como que las circunstancias las encaucen. Ahora estamos preparados para avanzar hacia el siguiente concepto: regulación. Si todas las sociedades históricas conocen de los conflictos porque es inherente a su carácter social, no atinge ni cruzarse de brazos –puede devenir en revolución o guerra civil–, pues si no se capitaliza la energía del conflicto, crónico puede terminar languideciendo con su sociedad. En ambos casos el resultado es casi idéntico: muerte. O acaba por agonizar la sociedad, o acaba por morir gente. Ninguna alternativa, para una cabeza racional es deseable. ¿Cuál la salida prometedora? Regularlo, “domesticarlo”, es decir, pasar de encarar las luchas sociales como una contradicción irresoluble a gestionarlas como una “antinomia racional”, donde la rivalidad no asume la belicosidad de la guerra,

sino, normada y reglada, discurre por la senda de la negociación, el acuerdo y la solución –siempre parcial y temporal–. De esta manera el conflicto queda desahogado de su carga de violencia: “se desenvuelve dentro de unas formas que se avienen con una estructura social en continua transformación” (1971: 205). La regulación asume el reto de resolver racionalmente y controlar pacíficamente los problemas sociales. ¿Quién debe tomar a su cargo la tarea? Dahrendorf lo plantea con claridad: “Una de las misiones fundamentales de la política consiste en la sujeción racional de los conflictos sociales” (1971: 205). O más aún: los conflictos pierden virulencia cuando encuentran una expresión constitucional ordenada. “Los partidos políticos, las elecciones y el parlamento se ocupan del conflicto, sin que haya revolución” (1990: 134). El problema de una sociedad no es que tenga conflictos, sino que les dé la espalda en una actitud de denegación, mientras fuerzas extremistas (alentadas por la desidia o el desprecio ofuscado de la clase dirigente) se encargan de cargarlos de pólvora y prender la mecha. “No quien habla del conflicto, sino quien trata de disimularlo, está en peligro de perder por él su seguridad” (1971: 18). Para quien le planta cara, consigue canalizarlo, el conflicto se hará más previsible y controlable, utilizará su energía creadora al servicio de un desarrollo progresivo de la sociedad. Porque el conflicto social, aceptado por la democracia, domesticado por la razón –aquí entra en juego el quinto y decisivo concepto de la galera de Dahrendorf–, resulta siendo “el padre de todas las cosas, es decir, la energía creadora e impulsora de todo cambio” (1971: 205 [subrayado propio]). ¿Qué cambiar entonces? Mucho, y lo debemos hacer pronto, para que así el tiempo no juegue en contra nuestra: aumentar la parte de gratificación de los sectores excluidos; disminuir las diferentes formas de segregación, discriminación y marginación; redistribuir más equitativamente los recursos, el poder y el estatus; quebrar los arreglos adscriptivos congelantes de grupo y estructuras de poder. En síntesis, cambio significa para no-

sotros edificar sobre la delgada línea del horizonte una sociedad de ciudadanos.

Colofón “Los conflictos han de verse para que sean reales. Tiene poco sentido hablar de grietas en las estructuras sociales si no sale ruido alguno de ellas” (1990: 189). Ese estrépito soterrado, largamente incubado, estalla un buen día como una bengala atemorizadora, pero no debe encoger nuestros espíritus: son las luces del conflicto social. Luces, porque revelan los problemas cruciales de la sociedad; luces, porque nos hacen ver la realidad con ojos nuevos; luces, porque los conflictos son relámpagos que alertan sobre dónde está chirriando la maquinaria social y los cambios que necesita implementar. El conflicto no es el demonio, los demonios siempre somos los hombres que, no alcanzando a ver las luces fecundas del conflicto, nos cerramos a cal y canto a los cambios, y así damos a luz un monstruo que acaba tragando a todos sus hijos: la revolución o la guerra civil. Sólo siendo las víctimas lúcidas del conflicto podremos ser siempre sus circunstanciales vencedores. Para hacernos dueños de esa virtud, requerimos profundizar nuestra lucidez. 1 Es comunicador social y sociólogo. Candidato a Doctor por la Universidad Complutense de Madrid. Publica columnas de opinión en matutinos de circulación nacional. Tiene libros con temáticas sociales y políticas. Es el gerente del área sociocultural de UNIR. 2 Raymond Aron conjura toda visión que se encandile con la erradicación definitiva del conflicto, cuando enfatiza: “Quisiera evitar simultáneamente las habladurías de los patronos sobre la colaboración necesaria de las clases, y las fórmulas ideológicas o seudoideológicas sobre la fatalidad bienhechora de una lucha a muerte. Los primeros vuelven a olvidar que hay entablada una rivalidad, legítima e inevitable, por la redistribución de los recursos colectivos, y , de otro lado, controversias o conflictos acaso no inevitables pero ciertamente legítimos, cuyo objetivo es la mejor organización de la sociedad” (1971: 29).

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BIBLIOTECA LIBRERO UNIR

Retomar el diálogo intercultural en el que tienen que confluir tanto los liberales, aferrados a sus principios universales y transpolables a todas las culturas, como los comunitaristas, demasiado apegados a las cortas ideologías de sus comunidades locales

Soriano, Ramón

Baumann, Gerd

INTERCULTURALISMO

EL ENIGMA MULTICULTURAL

Entre liberalismo y comunitarismo

Un replanteamiento a las identidades nacionales, étnicas y religiosas

Ed. Almuzara, Córdoba-España, 2004. p.154

En un mundo complejo,muchas voces vaticinan una inevitable confrontación entre culturas. Según éstas existiría una cultura superior –la occidental- hacia la que tendrían que converger todas las demás. Sería una reedición de la clásica confrontación entre civilización y barbarie. En el otro extremo se encontrarían las corrientes multiculturalistas para las que todas las culturas tienen idénticos derechos; sin que nada ni nadie ajeno a ellas tenga poder de interferencia en su seno. Para los multiculturalistas,el grupo debe ser el sujeto básico de los derechos. Dentro de un mismo país podrían convivir tantos sistemas de derechos como grupos culturales convivieran en su seno. Ramón Soriano defiende una nueva tesis. Retomar el diálogo intercultural en el que tienen que confluir tanto los liberales, aferrados a sus principios universales y transpolables a todas las culturas, como los comunitaristas, demasiado apegados a las cortas ideologías de sus comunidades locales.Hasta ahora,ni unos ni otros han dado el paso necesario. El interculturalismo se abriría paso como una tercera vía entre el liberalismo y el comunitarismo. El libro, además, es muy crítico con las opiniones respecto a los derechos de las culturas de pensadores consagrados –como Rawls o Habermas-,suscita polémica,que acompaña a las ideas abiertas al futuro global. (GABRIELA UGARTE)

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Ed. Paidós Studio, Barcelona, 2001, p 207

El multicularismo, según el autor, es un enigma, pues plantea el cuestionamiento de cómo se puede establecer un Estado de justicia e igualdad entre tres partes: los que creen en una cultura nacional unificada, lo que basan su cultura en su identidad étnica y los que ven su religión como cultura. Para resolver el enigma, Baumann propone necesario replantear lo que se entiende por nacionalidad o por Estado-nación, por identidad étnica o etnicidad y por religión como una base cultural. Lo que tienen en común los tres actos de replanteamiento es una nueva inquietud por el significado y la creación de cultura. Esta publicación explora todos los argumentos que conforman la búsqueda de una sociedad multicultural. Analiza la manera en que se podría afianzar un Estado de justicia e igualdad entre los tres grupos siguientes:aquellos que creen en una cultura nacional unificada, lo que basan su cultura en su identidad étnica y quienes contemplan su religión como su cultura. Y luego, con el fin de resolver este “enigma cultural”, Baumann argumenta que se debe reconsiderar lo que significa la identidad nacional, la etnicidad y el papel de la religión en el mundo moderno, replanteamiento del que debe surgir una nueva inquietud por el significado y la creación de culturas.(GU)


Crespo, Calos y Orellana René

Guerrero, Ramiro

Corsi, Jorge y Peyrú, Graciela María (coord.)

CONFLICTOS AMBIENTALES

HUACARETA: TIERRA, TERRITORIO Y LIBERTAD

VIOLENCIAS SOCIALES

Dos casos: agua y territorio Ed. CERES, Cochabamba, 1999, p. 121

Los dos estudios de caso (agua y territorio) presentados en el libro plantean diferentes formas de ver este conflicto: primero, cómo se desarrollan y luego la forma cómo son tratados:se los elude,se coopta a sus protagonistas, se los diluye. Segundo, el grado de consciencia que frente a los conflictos tienen los técnicos, los políticos, los mismos actores. Tercero, cómo son percibidos desde la opinión pública, y finalmente, desde la cultura política regional o nacional. Estas tres dimensiones están presentes en esta publicación. Los casos dan pie para tocar asuntos neurálgicos de la problemática regional, como el desconocimiento del capital social y del problema ambiental cochabambino. La desarticulación de los conflictos ambientales con los procesos sociopolíticos y económicos de la región; las políticas conservadoras frente al desarrollo industrialista-tecnicista de fuerte direccionalidad urbana; la invisibilidad indígena, en el trópico de Cochabamba no sólo viven cocaleros, también están los indígenas situados en territorio en disputa entre este departamento y Beni; los procesos de desarrollo regional todavía no participativos; finalmente, la inexistencia de una gestión ambiental regional que prevea el tratamiento de conflictos. (GU)

Ed. Fundación Tierra, La Paz, 2005, p. 146 La publicación analiza y comprueba empíricamente cómo el Estado boliviano y sus instituciones no pueden resolver problemas históricamente fundamentales. A pesar de que el país cuenta desde 1996 con normas para eliminar el latifundio improductivo y terminar con las relaciones laborales de semiesclavitud, casi un millar de familias guaraníes empatronadas en la región del Chaco de Chuquisaca continúa sin tierra y sin trabajo remunerado. La pobreza de estas comunidades es extrema y sus habitantes se desenvuelven en medio de relaciones de dominación que la humanidad creería ya olvidadas. A principios del siglo XXI, en Huacareta todavía existe servidumbre, empatronamiento y pago en especie. “No obstante, el resto de los bolivianos no lo sabemos –si acaso conocemos el problema–, ni siquiera nos inmutamos y aceptamos este ultraje como si se tratara de una fatalidad que no se puede cambiar”. El saneamiento en las tierras del Chaco fue desprovisto de su espíritu original, que determina la eliminación del latifundio improductivo y la dotación de tierra o territorio a los indígenas que no poseen recursos naturales adecuados y suficientes para vivir dignamente.(GU)

Ed. Ariel, Barcelona, 2003, p. 255 “En los últimos años, las interacciones humanas se tornan cada vez más violentas. Por entenderlo así surgió la necesidad de escribir este libro”, afirman los coordinadores de la publicación. El libro describe algunas de las manifestaciones más frecuentes de las violencias sociales (VS), examinando sus causas, sus efectos y sus principales contextos para poder entender por qué la VS asume determinadas características; o si las soluciones hasta ahora propuestas y llevadas a cabo, no sólo por los gobiernos,sino por distintos actores sociales, no dan los resultados esperados. Los autores muestran el carácter multifacético de la violencia y la variedad de contextos en los que se manifiesta.El libro contribuye a visibilizar algunas de las formas que adopta la violencia social en cada área de la trama social, como la relación de una cultura violenta entre jóvenes y adultos, la construcción de masculinidad como factor de riesgo, el desempleo y la incorporación de la violencia en el trabajo en la agenda académica y pública, finalmente muestra a los medios de comunicación gráficos como catálisis de la VS. El libro Violencias Sociales ofrece la posibilidad de establecer los lazos que unen las complejas redes de interacción de las distintas formas de violencia.(GU)

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WWWs DESTACADOS

www.swisspeace.org FUNDACIÓN SUIZA POR LA PAZ Es una institución privada que apoya en la transformación del conflicto a través de dos áreas:el Programa de Alerta Temprana (Fast) y el Centro para la Construcción de la Paz (Koff ). El Programa Fast cubre cubre 20 países/regiones en Africa,Europa,Asia y uno en América. Los productos de Fast son financiados y utilizados por la Agencia de Desarrollo Austríaca (ADA), Agencia de Desarrollo Internacional Canadiense (CIDA),Agencia Internacional Sueca de la Cooperación del Desarrollo (SIDA),Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (SDC) y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

El Centro para la Construcción de la Paz contribuye activamente a desarrollar la coherencia conceptual y operativa de la política suiza de la paz. El Centro promueve sinergias entre actores no gubernamentales y gubernamentales implicaron en peacebuilding, dentro de Suiza e internacionalmente. En el sitio web se encuentran novedades de eventos, oportunidades laborales, investigación (en temas ambientales, tierra, seguridad humana, negocias y paz, mediación), publicaciones (de eventos,libros,revistas y boletines), y ofertas de capacitación.

Idiomas: inglés, francés y alemán

www.upeace.org UNIVERSIDAD PARA LA PAZ La Universidad para la Paz tiene su sede y campus en Costa Rica.Ofrece enseñanza presencial a nivel de postgrados en varias áreas de estudios de paz. Está organizada a través de un programa académico alrededor del tema de Compartir el Conocimiento para la Paz. Y cuenta con Programas Regionales que permite a la Universidad estar presente en muchas partes del mundo.

El sitio de la UPEACE tiene información sobre su oferta académica, los requisitos de admisión, investigaciones, publicaciones, calendario de actividades, entre otros. Además, se puede encontrar un interesante espacio para su Monitor de Paz y Conflictos, con datos sobre los más recientes a través de documentos, libros, seguimiento a políticas públicas nacionales y casos específicos. Idioma: inglés

www.incore.ulst.ac.uk INTERNACIONAL CONFLICT RESEARCH Establecido en 1993, INCORE (Investigación Internacional de Conflicto) es un proyecto conjunto de la Universidad de Naciones Unidas y la Universidad de Ulster. Este proyecto de Investigación combina la educación y el análisis y dirige las causas y consecuencias del conflicto en Irlanda del Norte. En el resto del mundo promueve las estrategias de la administración de la resolución del conflicto.Se propone influir a los responsables de formular la política y a facultativos implicados en la paz, los asuntos del

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conflicto y la conciliación al aumentar la naturaleza de investigación internacional de conflicto. En su ciber sitio se encuentra una basta documentación sobre investigación en conflictos en temas como procesos de paz; diversidad y pluralidad; gobernabilidad y transición; educación y conflictos; inclusión ciudadana;sociedades divididas;y género,paz y seguridad. A través de este sitio se accede a información sobre becas de estudio en la Universidad de Ulster, Irlanda.

Idioma: inglés


www.peacebrigades.org BRIGADAS INTERNACIONALES DE LA PAZ PBI, por sus siglas en inglés, es una ONG que ofrece propuestas no violentas para el mantenimiento de la paz y los derechos humanos elementales. Sus investigaciones las lleva a cabo mediante voluntarios que acuden a áreas de represión política y de conflicto. Las Brigadas también proporcionan acompañamiento APRA proteger a personas que estuvieran amenazadas de violencia política. Actualmente, PBI tiene voluntarios que protegen derechos humanos en Colombia,

Guatemala, Indonesia y México, así como un proyecto que empieza en Nepal y un proyecto conjunto con otras organizaciones en Chiapas, México. El sitio contiene información sobre PBI, proyectos en diferentes países, cómo ayudar o colaborar, sedes, publicaciones y directorio de organizaciones en los países donde trabajan las Brigadas. Su oficina central se encuentra en Londres.

Idiomas: español, alemán francés, inglés, italiano, holandés y checo.

www.padep.org.bo PADEP Por encargo del Ministerio Alemán de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ), la Cooperación Técnica Alemana (GTZ) puso en marcha, el 2002, el Programa de Apoyo a la Gestión Pública Descentralizada y Lucha contra la Pobreza (PADEP) que da asistencia técnica y asesoramiento a los procesos de modernización y reformas institucionales en los gobiernos central, departamental y municipal de Bolivia,con énfasis en género,interculturalidad y manejo de conflictos. El PADEP forma parte -junto con los pro-

yectos Reforma Procesal Penal y Apoyo Institucional a la Defensoría del Pueblo de la GTZde esa área focal de importancia para la Cooperación Técnica Alemana denominada Modernización del Estado. Información sobre experiencias exitosas, herramientas para de ejecución de proyectos de inversión, métodos de valorización, invetantario municipal de infraestructura, el PADEP en la prensa, son elementos que se pueden encontrar en el sitio web del Programa.

Idioma: español

www.transcend.org TRASCEND PEACE UNIVERSITY (TPU) Es una iniciativa de la Universidad de Cambridge que busca preparar a participantes con conocimiento y habilidades a nivel profesional para “trabajadores por la paz enfocando en la transformación de los conflictos. La mayoría de los participantes tienen experiencias pertinentes de campo.TPU es una red de que tiene relación con cooperantes, profesionales e interesados en la temática. Entre su oferta académica, que es virtual, destaca: Construcción de paz, periodismo de la paz,democracia y derechos humanos,derechos de nutrición, pedagogía de la paz, análi-

sis de la paz, diálogo, conciliación, enfoques no violentas a la seguridad. Los estudiantes provienen de Argentina, Australia, Austria, Azerbaidjan, Bulgaria, Canadá, Colombia, Dinamarca, Francia, Georgia, Alemania, Hungría, Italia, India, Japón, Jordania, Macedonia, DEL NORTE-Corea, Noruega, el pakistán, Filipinas, Rumania, Rusia, DEL SUR-Corea, España, Suecia,Suiza,Tailandia,RU,EEUU,Yugoslavia. Su sitio web brinda información sobre los cursos on line de la universidad virtual, publicaciones, cronogramas, contactos. Varias de las materias son ofertadas en idiomas como inglés, rumano, alemán, japonés, español. Idioma: inglés

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www.cnvc.org CENTRO DE COMUNICACIÓN NO VIOLENTA La Comunicación no Violenta (CnV) es un proceso desarrollado por Marshall B. Rosenberg, que se enseña en 124 países; es un modo de expresarse con claridad sin juzgar a los demás,y de recibir críticas sin sentirse ofendido La CnV enfatiza la compasión como motivación a la acción,en lugar de usar el temor,la culpa, la vergüenza, la crítica, la presión o las amenazas para conseguir lo que queremos. Le asigna mucha importancia a la responsa-

bilidad que debe tener el individuo sobre sus propias decisiones.El uso de estas técnicas no depende del que se las conozca o se usen como procedimientos, la CnV es una opción de vida, un compromiso por un entorno de armonía. El sitio web del Centro de Comunicación no Violenta ofrece amplia información sobre el proceso, las agendas de los talleres y capacitaciones que tiene el Centro,así como un directorio de los entrenadores certificados por el creador de CnV. Idiomas: inglés, francés y alemán

www.mediadoresenred.org MEDIADORES EN RED Es una Fundación interdisciplinaria de y para Mediadores. Es un espacio para compartir información, experiencias y proyectos en el área de la resolución de conflictos en todos los ámbitos. Sus Miembros Fundadores son pioneros de la Mediación en todas las Provincias Argentinas. Cuenta con apoyo académico de un Consejo Consultivo Internacional de alto nivel.

Forma parte de la Red de Organizaciones de la Sociedad Civil (Red OSC),auspiciada y coordinada por el Centro de Estudios de Justicia de las Américas (CEJA-OEA). La experiencia de los miembros de Mediadores en Red se encuentra reflejada en los documentos presentados en el sitio web, además de un espacio para el diálogo,a través del chat; también tiene una muestra de mejores prácticas para la resolución de conflictos. Idioma: español

www.amnistiainternacional.org AMNISTÍA INTERNACIONAL Amnistía Internacional, que comenzó sus actividades en 1961, año en el que su fundador, Peter Benenson, abogado británico, decide intervenir en el caso de dos estudiantes portugueses condenados a siete años de cárcel por hacer un brindis por la libertad. El sitio web le sirve a Amnistía para mostrar su trabajo en los temas de violencia contra las mujeres, armas bajo control, tortura,

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pena de muerte, educación y defensores de los derechos humanos, infancia y guerra, y vigilancia de los tratados internacionales.También se puede encontrar información sobre las actividades, Amnistía tiene cerca a un millón y medio de personas afiliadas en todo el mundo y más de 4.000 grupos locales integrados por voluntarios.

Idiomas: español, inglés y árabe


Instrucciones para publicar en la Revista LAZOS

La presentación incluirá el nombre completo del autor, su título profesional, ocupación, en su caso la institución desde donde desarrolle su actividad profesional, ciudad y país de residencia.Estos datos serán publicados junto con cada artículo,y deberán incluirse como nota al pie en la página 1 del artículo.En caso de que el autor lo desee, puede incluir su dirección de correo electrónico para posibilitar el contacto personal de los lectores interesados.

al pie), y según el formato que se detalla a continuación. - Libros: apellido del autor, nombre. Título. Lugar, editorial, año. - Artículos en una compilación: apellido del autor, nombre.Título del artículo entre comillas, en mayúsculas el título del libro, compilado por apellido y nombre del compilador.Lugar, editorial, año. - Artículos en una revista:apellido del autor, nombre.Título del artículo entre comillas y en cursiva. Nombre de la revista, número y año.Lugar, editor: páginas. - Documentos tomados de un sitio web: apellido del autor, nombre. Título del artículo entre comillas y en cursiva, año de la publicación. Copiado en (fecha en que fue copiado de Internet), del sitio web: (dirección de la página web).

RESÚMENES

SELECCIÓN

Cada trabajo deberá incluir un resumen de 150 a 200 palabras como máximo, en castellano, el que será publicado en el sitio web de la Fundación UNIR Bolivia, con la referencia a la edición correspondiente. El resumen debe ser escrito en forma impersonal, y transmitir únicamente el contenido esencial del artículo.

Cada trabajo enviado será recibido,aprobado o rechazado por el concejo de redacción de LAZOS en la medida en que responda a las indicaciones formales que se detallan en estas instrucciones. Una vez confirmada su recepción será considerado por LAZOS, cuya decisión será comunicada al autor a la brevedad posible. En caso de que el trabajo no sea elegido para el número en preparación, LAZOS podrá reservarlo en sus archivos durante un año desde su recepción,para publicarlo en un número posterior, salvo que el autor lo requiera antes por e-mail.

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