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ECONOMÍA ECONOMÍA

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El delicado equilibrio entre fiscalidad, economía conductual y actividad económica Eugenio Sánchez Gallego La economía acusa actualmente un doble shock que se retroalimenta: uno en la oferta debido a las restricciones tomadas por las autoridades ante la pandemia y el deterioro económico consecuente, y el otro en la demanda por la disminución del consumo de determinados bienes y servicios más asociados a la prestación física y de ocio público, y la caída de la renta y la ocupación. Todo ello tiene un impacto en las cuentas públicas y cada Estado miembro de la Unión Europea está aplicando un recetario de políticas en función de su fortaleza fiscal, estructura económica e ideología, a la espera también del reparto de los Fondos europeos de Recuperación y Resiliencia. En general, se observa un tono relativamente intenso en las ayudas públicas a los sectores económicos y sociales más vulnerables, pero al mismo tiempo, se valora no gravar en demasía la actividad económica para no desincentivarla excesivamente. Marco actual y posible tendencia Es evidente que dado el escenario de múltiples derivadas que añade el COVID-19, cualquier modificación de la política fiscal y presupuestaria de un país debería contar con un análisis profundo que vinculara de un modo más agudo las interacciones que se producen entre la actividad económica, la fiscalidad y la economía conductual. Solo así, se podría calibrar con mayor exactitud si la combinación escogida es la más adecuada para lograr unos determinados objetivos de política económica y social. En España ya conocemos las coordenadas fiscales y presupuestarias previstas. Con todo, una vez emitida la aprobación del plan presupuestario por la Comisión Europea (CE), esta también recomendó a España vigilar el nivel de endeudamiento que podría cronificarse durante años en el 120% sobre el Producto Interior Bruto (PIB) si no hay más reformas. Mientras, el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su informe sobre España de noviembre era cauto al manifestar que aquellas medidas que puedan tener un efecto desproporcionado en la población de bajos ingresos tales como los incrementos del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) o de la fiscalidad ambiental se pospongan hasta que la recuperación sea más firme. Una de las dinámicas más nocivas que puede acontecer en algún grado tendría que ver con un estrangulamiento de la economía. Si la actividad y el consumo se reducen con la subsiguiente disminución de los ingresos públicos y la necesidad de un aumento de los gastos públicos, y se adopta como respuesta una nueva subida impositiva no bien

estimada, el círculo negativo podría hacerse cada vez más endémico y grave. De tal forma, es sugerente preguntarse qué mecanismos se encuentran tras este tipo de movimientos y riesgos. Fiscalidad, conductas y confianza En este triángulo planteado en el artículo, el vértice del impacto en los comportamientos, sesgos e incentivos de los agentes socioeconómicos ante cambios en la fiscalidad suele ser el más subestimado. La propia CE es consciente y, en el documento Behavioural economics and taxation1 buscó ahondar en esta compleja relación con atractivos hallazgos. Entre ellos, el de Hashimzade et al.2 acerca de los efectos sociales más reconocibles ya que los contribuyentes pueden estar sometidos a la influencia de su entorno sociocultural reflejado en su coste psicológico en materia de cumplimiento y de percepción de la equidad tributaria. Además, se reconocía que los modelos de efectos sociales capturan mejor la evidencia en el cumplimiento tributario que otros modelos estándar.

La economía conductual puede proveer una perspectiva más amplia en torno a cómo las personas pueden responder a los cambios fiscales Ello conecta con el trabajo de Congdon et al.3 que abunda en las carencias de los modelos ortodoxos cuando valoran el impacto de una medida fiscal pues solo se atiende, generalmente, a las elasticidades respecto a su incidencia y eficiencia. Si bien, la elasticidad solo es un prisma más del comportamiento, y la economía conductual puede proveer una perspectiva más amplia en torno a cómo las personas pueden responder a los cambios fiscales. Entre las áreas dónde mas podría entrar aún, es en una de las consecuencias más negativas que podríamos encontrar a corto y medio plazo en función de la profundidad de la recesión económica y la política presupuestaria: el incremento de la economía sumergida, cuyo porcentaje en España es de los más elevados en Europa al situarse alrededor del 20-25% del PIB según algunos estudios. Tendencia que encontraría base en la evidencia del FMI que sostiene que «el cumplimiento de los contribuyentes tiende a disminuir durante una recesión económica, pero se recupera rápidamente a partir de entonces»4.

Weber, T.; Fooken, J.; Herrmann, B. (2014). Behavioural Economics and Taxation. Comisión Europea Hashimzade N., Myles G.D. and Tran-Nam B. (2012). Application of behavioural economics to tax evasion. Journal of Economic Surveys. 3 Congdon, W.; Kling, J.; Mullainathan, S. (2009). Behavioral economics and tax policy. National Bureau of Economics Research. 4 Fiscal Affairs Department. (2020). Challengues in Forecasting Tax Revenue. Fondo Monetario Internacional. 1 2

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nº 188 g noviembre-diciembre 2020


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