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Viñetas comprometidas Elisa G. McCausland

Pensar y dibujar. Ver por primera vez, aunque se haya pasado la vista por ello todos los días, miles de veces. Dibujar y proyectar. Contar una historia con imágenes. Expresar. La autora de cómic y profesora universitaria Lynda Barry parte desde el ejemplo, su obra Syllabus: Notes from an accidental professor —que puede consultarse en Internet—, para enseñar que la creatividad no ha de estar reñida con la cotidianidad; todo lo contrario. En el día a día podemos encontrar ideas, momentos, historias capaces de inspirar a otras personas. La ficción es, ante todo, expresión y medio de comunicación; el ensayo, el reportaje, la crónica, incluso la autobiografía, son géneros que presumen de su cercanía con la realidad, siempre y cuando asumamos que todos ellos, en esencia, como todo aquello que proyecta un sujeto es, por definición, subjetivo. Asimismo, las imágenes contienen universos; no solo historias, construcciones o relatos. Es por esto que el cómic tiene el potencial de ir más allá del relato; puede operar sobre la realidad. Pero hay un cómic que ansía ser literalmente transformador. Un cómic que busca, por medio de ciertas etiquetas, una legitimación. Se insiste en aludir al compromiso manifiesto del mismo, incluso se habla de un cómic «social» o «de sociedad», como si hubiera obras capaces de eludir el contexto. Es por eso que artefactos como Que no, que no me muero (Modernito Books), guionizado por María Hernández Martí y dibujado por Javi de Castro, pueden desorientar a priori. Un abecedario en el que cada letra nos introduce en un momento de la historia, en una relación semántica que puede llevarnos a otras ficciones, como Moby Dick a través de un anzuelo que atraviesa la carne de la protagonista, Lupe. Perder el miedo Que no, que no me muero es un cómic sobre el miedo. Recuerda en tema y forma a Alicia en un mundo real, editado hace un lustro ya. En él, Isabel Franc hacía autoficción a través de los pinceles de Susanna Martín de la misma enfermedad —cáncer de mama— que ha sufrido la guionista de este otro cómic, y que ahora ve la luz. Ambas obras buscan trasladar una posibilidad de vida y de representación de ese cuerpo, de esa vida. En Alicia en un mundo real, estimula la idea de poner presencia —un tatuaje— donde hay ausencia —un seno operado—. En la obra de Hernández Martí y Javi de Castro, los estados de ánimo a lo largo del tratamiento tienen su propia exploración gráfica. Siguiendo el abecedario planteado, el lector acompaña a Lupe por un periplo expresivo, que también es anímico. La voz de Lupe, su humor, se imponen; sus palabras, sus experiencias, sus pensamientos se entrelazan con los colores escogidos, con las viñetas que reparten esas imágenes y que sostienen su testimonio: 44 g Profesiones

«Lo único meritorio que he no morirme», concluye con Más tradicional en cuanto tivo por el tipo de público cómic ¡Sonríe! (Maeva Young), escrito y dibujado por la estadounidense Raina Telgemaier. Un cómic dinámico, con matices cartoon, dirigido a adolescentes. Avalado por un premio Eisner —prestigioso galardón de la industria del cómic—, el miedo al que hace frente la protagonista de esta historia no es

hecho en todo este tiempo es cierta sorna. a la forma, aunque expedial que busca dirigirse, es el

tanto el que se podría deducir del título de la obra y su portada, es decir, ir al dentista, como el temor que asola a cualquier adolescente: dejar la niñez atrás; adaptarse al entorno social; aceptarse a una misma para que eso sea posible; crecer. Inspirado en la propia infancia de la autora, ¡Sonríe! nos introduce en la cotidianeidad de Raina, una adolescente que pierde los dos incisivos a consecuencia de una aparatosa caída, lo que conllevará un largo tratamiento que coincidirá con los años de instituto. Telgemaier hilvana un retrato amable de la adolescencia, parándose especialmente en el tratamiento dental, que utiliza como interesante metáfora de transformación interior: «Me di cuenta de que había dejado que mi aspecto externo influyera en cómo me sentía por dentro. Pero, cuanto más me centraba en lo que me interesaba, más salían las cosas que me gustaban a mí. ¡Y eso influyó en cómo me veían los demás!». Historia de un desahucio Alicia también es una adolescente, y es a través de sus ojos que el escritor Isaac Rosa y la dibujante Cristina Bueno cuentan la historia de un desahucio en Aquí vivió (Nube de Tinta). La imaginación es instrumento en este cómic para el pensamiento, para la reflexión. Rosa no solo nº 160 g marzo-abril 2016

Profesiones 160  

Transparentes y responsables. Revista Profesiones número 160 dedicada a la transparencia, el cambio tecnológico y la responsabilidad de las...

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