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UNIDIVERSIDAD • REVISTA DE PENSAMIENTO Y CULTURA DE LA BUAP • AÑO 2 • NÚMERO 5 • SEPTIEMBRE • NOVIEMBRE • 2011 • 25 PESOS

UNIDIVERSIDAD • REVISTA DE PENSAMIENTO Y CULTURA DE LA BUAP • AÑO 2 • NÚMERO 5 • SEPTIEMBRE • NOVIEMBRE • 2011

UNIDIVERSIDAD • REVISTA DE PENSAMIENTO Y CULTURA DE LA BUAP • AÑO 2 • NÚMERO 5 • SEPTIEMBRE • NOVIEMBRE • 2011 • 25 PESOS

www.complejocultural.buap.mx

Will Kymlicka John E. Roemer Omar Árcega


Miguel Maldonado John E. Roemer Will Kymlicka Omar Árcega Princesa Hernández M. Silvia Gómez Tagle César Güemes Ignacio Padilla

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DIRECTORIO Dr. Enrique Agüera Ibáñez Rector Dr. Ramón Eguíbar Cuenca Secretario General

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Dr. Jorge David Cortés Dir. de Comunicación Institucional Pedro Ángel Palou Director Miguel Maldonado Subdirector

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Miguel Ángel Andrade Edición

paraninfo plural

Igualdad de igualdad Miguel Maldonado

Igualdad: su justificación, naturaleza y dominio John E. Roemer

Orlando Larrondo Editorial y gráficos Javier Velasco Distribución y comercialización

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Alfredo Godínez Reseñas estudiantiles

CONSEJO EDITORIAL Rafael Argullol Jorge David Cortés Moreno Luis García Montero Fritz Glockner Corte Michel Maffesoli José Mejía Lira Francisco Martín Moreno Edgar Morin Ignacio Padilla Alejandro Palma Castro Eduardo Antonio Parra Herón Pérez Martínez Francisco Ramírez Santacruz Miguel Ángel Rodríguez Vincenzo Susca Jorge Valdés Díaz-Vélez René Valdiviezo Sandoval Javier Vargas de Luna David Villanueva

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¿Más allá de la dicotomía indígenas-minorías? Will Kymlicka

noctua 30

Bajtín. Orquestador de voces y conciencias Princesa Hernández M.

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Transparencia electoral en México Silvia Gómez Tagle

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Sembrador de campos tristes César Güemes

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El fantasma del caudillo Ignacio Padilla

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Aggressive Hunting Pictures Omar Árcega

liciencia Iguala, terra diversa Arturo Ordorika Orlando Larrondo

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taller 76

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Cine

Londres 2027 Coordenadas del futuro Eduardo Sabugal

Libros

Luz sobre luz Rodolfo Mendoza Rosendo

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Ser o no ser politólogo Mariana Magaldi de Sousa

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La experiencia literaria de Edson Lechuga Mario Martell

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Elena Fabrizio Mejía Madrid

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¿Santa Catarina San Juan? Alfredo Godínez Pérez

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Sueños = Vida Montserrat Andrea Báez Hernández

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Igualdad, esa palabra Orlando Larrondo

Entrevista

Los libros prohibidos de Peña Nieto y el Grupo Atlacomulco entrevista a Francisco Cruz Jiménez por Jaime Panqueva

UNIDIVERSIDAD REVISTA DE PENSAMIENTO Y CULTURA DE LA BUAP, año 2 No. 5, septiembre–noviembre 2011, es una publicación trimestral editada por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, a través de la Dirección de Comunicación Institucional. 4 Sur 104 Col. Centro, C.P. 72000 Puebla, Pue.: 01 (222) 2 29 55 00 ext. 5270, 5281; correo: unidiversidad@siu.buap.mx. Editor responsable: Pedro Ángel Palou García. Reserva de derechos al uso exclusivo No.04-2010-110113552200-102; ISSN en trámite. Licitud de título No. 15204; licitud de contenido No. 15204; ambos otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Permiso sepomex No. impresos IM21-0006. Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura del editor de la publicación. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. El contenido de los artículos publicados es responsabilidad exclusiva de los autores. Costo del ejemplar: $25.00 en México. Administración, comercialización y suscripciones: Francisco Javier Velasco Oliveros: 2 29 55 00 ext. 2662, javiervelasco68@hotmail.com; Dinorah Polin: 01222 4447545, dinorah2606@hotmail.com. Distribución: CITEM, SA DE CV, Av. Del Cristo 101 Col. Xocoyahualco, C.P. 54080, Tlanepantla Estado de México: 52 38 02 00. Impresión: Promopal Publicidad Gráfica SA DE CV, Tecamachalco No. 43, Col. La Paz, C.P. 72160, Puebla, Pue.: 2221 41 13 30. Tiraje: 3,000 ejemplares. Se terminó de imprimir en el mes de septiembre 2011.

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Pero iguales • Orlando Larrondo • fotografía de dos jóvenes que venden rosas enceradasen la 5 de mayo en 2011

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Igualdad de igualdad Miguel Maldonado Presentación

Cualquier conflicto verdadero entre igualdad y libertad no es un descubrimiento filosófico sino una derrota emocional. Ronald Dworkin, Igualdad

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e sabe, desde el título, que aquí se defiende un espacio igual para discutir la igualdad, igualdad de igualdad. En adelante, procuraremos en cada número un espacio dedicado a la igualdad. ¿Es necesario defender este espacio? Sí, la balanza sigue cargada del lado de otros valores. Aunque la discusión sobre la igualdad es varia, en nuestro país se han publicado escasamente a los filósofos políticos del tema. A finales del siglo xx, duda cabe, triunfó el discurso de la libertad, o si se prefiere: la manera en que unos cuantos pensadores de Occidente entendieron la libertad —los valores son materia maleable, una bella e inasible invención humana—, para bien y para mal, por supuesto. Pasado el toro de la modernidad, es tiempo de que las nuevas generaciones, que tenemos el privilegio de la distancia objetiva hacia el siglo pasado, reflexionemos sobre la igualdad, la gran perdedora del siglo xx, esta vez sólo para mal, por supuesto. Se dirá y estoy de acuerdo, que la gran ausente ha sido la última de la triada libertad, igualdad y fraternidad. Esta con-

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clusión no lleva necesariamente a pensar que ha llegado el tiempo de Fraternidad. No, llevamos más trecho avanzado en el tema de la igualdad y tenemos una deuda pendiente con ésta que más vale saldar. Es llamativo el proceso en que la triada se fue reduciendo hasta ser una: nace en el siglo xviii, para el xix sólo se habla de la dicotomía entre igualdad y libertad, ya en el xx prevalece sola la libertad. ¿Puede ella sola? Realmente está sola o, una vez más, de tan maleables los valores los han hecho un engaño a la vista; y todo parece, que no es, que está sola. El asunto de la igualdad se abre para aquellos pensadores “enciclopédicos”, por llamar de un modo grandilocuente a quienes no han limitado su reflexión a una sola doctrina, a una sola mirada del mundo, y se reinventan cada tanto —en ciclo pédicos—. Abierta a los hombres que tienen el espíritu de este tiempo, habitados por el Zeitgeist. Actualidad en donde una idea no excluye a su contraria, en que tomar partido no significa ser de una sola pieza. Se acabaron los días de decidirse por la igualdad o por la libertad, amigo de esto enemigo de aquello. Temperamento schmittiano —amigo/enemigo— que

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se ha manipulado a conveniencia, que ha polarizado a la era moderna. El conflicto entre igualdad y libertad es un modelo teórico, tan teórico como puede ser un modelo contrario: la armonía entre igualdad y libertad. No significa que esté en contra del conflicto, el alma heráclita recorre la historia de la humanidad, los grandes mitos fundadores se refieren a la rivalidad, sea entre Caín y Abel o Saturno devorando a sus hijos, el conflicto es parte de la humana naturaleza, lo cual no significa que podamos aprender a convivir con éste, en vez de desecharlo a favor de un solo elemento. En este sentido, los hombres de este tiempo no pueden acusarme de antiliberal y menos de igualitarista; si lo hacen, en la acusación llevan la modernidad. Radicalismo unitario que no se terminó por decreto, se extinguió porque el nuevo pensamiento ha mostrado la flacidez de los argumentos del siglo xx. Dos precisiones que se derivan de la idea anterior: el siglo xx no debe pensarse en bloque, y así lo comprendo, aunque es cierto que prevaleció una idea que el sentido común la califica de falsa desde siempre —el sentido común nos dice que el sentido común ha existido desde siempre—: la idea de que la libertad se opone a la igualdad y que ambos valores son irreconciliables. Por otro lado, sobre un siglo xxi con ideas frescas, lo escribo llevado por el entusiasmo, no hay un pensamiento del todo reciente, en particular creo que nada nuevo hay bajo el sol y más bien, de tiempo en tiempo ciertas ideas sobresalen por encima de otras, como si el mundo de los conceptos fuese de una sustancia oleaginosa, movida casi a capricho del mar —atribuir al pensamiento cualidades físicas no es una rareza, nuestro lenguaje cotidiano abunda en ejemplos: clima intelectual, pensamiento trasnochado, ideas fecundas, maduras. Entender que los valores tienen una materia sensible, como las ideas, ayuda en mucho a quitarles la rigidez intelectual que a veces se les asigna. Por demás aclaro que no soy el único partidario de una historia pendular de las ideas, unas regresan a dominar y otras vuelven a la oscuridad. Este ritmo oscilatorio, como todos los ritmos, produce rit(m)os, y los ritos hacen cultura. Durante la modernidad descolló en la cresta de la ola la idea de la unidad, los ritos fueron los que ya conocemos: un solo camino a fin de alcanzar el progreso, un solo valor político —libertad o igualdad—, una sola manera de entender la compleja realidad. Hoy día sabemos —se ha sabido desde la verdura de las eras— que los conceptos están en estrecha relación. También terminó aquella época en que los pensadores preferían guardarse sus reflexiones pues eran tiempos verdaderamente complicados, cualquier parti pris implicaba riesgos. Hay que reconocer que la visión extremista del siglo xx , encarnada, entre otros predicamentos, en igualdad o

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libertad y por si fuera poco patrocinada desde los estadosnación, produjo la radicalización de los discursos. En México, desafortunadamente, no han circulado los libros de pensadores igualitaristas, al menos no con la misma fluidez que otros textos de filosofía política —por no decir aquellos que tratan la libertad o la justicia, por no decir Isaiah Berlin o Raymond Aron—, este fenómeno tiene varias explicaciones, todas penosas e imputables a la intelligentsia mexicana: los socialistas se aferraron a los

ideales del marxismo y sus epígonos, sin voltear nunca a otros discursos, es decir, a otras ideas sobre la igualdad, se volvieron monoautoriales, consagrados fervorosamente a un solo guía; los liberales cayeron en la ingenua trampa, trampantojo casi, de creer en la formulilla: liberalismo igual a no igualdad, y lo mismo que sus contemporáneos del otro bando, se volvieron monotemáticos: leían a tres o cuatro liberales de bolsillo, regodeándose en su relectura y remilgados renegaban de otras realidades. En especial aquellas que preconizaban realidades igualitarias, como los modelos llevados al mundo real en Canadá, por citar un ejemplo donde la igualdad, la justicia y la libertad hacen un ars combinatoria ejemplar. Ambos bandos, por muy distintas que fueran sus maneras de concebir el mundo, eran el anverso y el reverso


se una misma medalla: la cerrazón y la miopía intelectual. No hubo en el siglo xx mexicano un espacio, ni siquiera modesto, donde se ventilara el pensamiento igualitario. El ambiente intelectual se vició de su pugna y su purga —la mutua diatriba, bobalicona a todas luces, habla de su poca monta: un pensamiento lúcido y complejo no admite el seco encontronazo seco de dos posturas. Se consagraron a conjurarse usando como sortilegio la letanía de un par de libros, durante su sacerdocio el mundo, tan mundo como

es, vivía a otro ritmo: la igualdad, junto con la libertad y otros valores políticos, obtuvo derecho de ciudadanía en diversas naciones, hoy día envidiables: Finlandia, Suecia, Canadá, Australia. No creo que a toro pasado los liberales de viejo cuño se atrevan a pensar la igualdad, el toro los embistió, los perdimos, son hombres de su tiempo: monautoriales, monotemáticos, mono-pensantes, es decir, totalmente modernos, entendiendo la modernidad bajo el signo de uno: una identidad, una postura, un domicilio, un oficio. Monornidad. Entrando en materia, conviene de inicio deconstruir la idea de que la igualdad se opone a la libertad. Esta oposición fue una invención construida a conveniencia de partes. Los valores no se oponen, se relacionan. Puede construirse una noción en que oponen o se complementan. Ya lo

dice Ronald Dworkin, depende de nuestra fuerza intelectual o, maliciosamente, de la conveniencia que se tenga para construir modelos maniqueos. El mismo Dworkin lo muestra en un ejemplo: si se defiende un modelo social anárquico, donde se haga lo que se desee, se construye un concepto de libertad opuesto a la igualdad, el hecho de que las personas hagan lo que les venga en gana impide que se establezcan reglas igualitarias; pero la oposición no acaba allí: no sólo se opone a la igualdad, la libertad como anarquía se opone a la justicia, a la fraternidad, a la democracia; es decir, se ha construido un modelo de libertad que se opone a todos los valores. El gran descubrimiento no ha sido que la igualdad se “opone” a la libertad sino que los valores están vinculados y la idea que tengamos de, digamos, la justicia, afecta a nuestra idea de igualdad, libertad o fraternidad. En la vida práctica, el hecho de que en México no se comprendiera el vínculo directo entre los valores —imbuido en una supuesta oposición— tuvo consecuencias muy lamentables. Por citar un ejemplo, el derecho a la libre empresa, consignado en nuestra Constitución y considerado dentro del corpus de libertades y por tanto un asunto “opuesto” a la igualdad, no derivó en que se promovieran medidas igualitarias que le dieran contenido y valor: como delinear una igualdad de oportunidades para acceder a la educación y así ejercer la empresa de nuestro gusto. Hay que entender, insisto de nuevo, que los valores se acompañan unos a otros y que al ocuparnos de unos nos ocupamos también de los demás. En Canadá, por citar una medida de gobierno muy concreta, los indígenas no pagan ciertos impuestos ni derechos, en particular están exentos de pagar por su educación, esta medida intenta igualar las circunstancias de todos los canadienses, busca que quienes nacen con menos oportunidades puedan, a través de políticas públicas, tener acceso a ellas. Mediante un trato distinto ciertos grupos alcanzan la igualdad —ya Arendt decía que origen no debía ser destino, que la gran desigualdad era de carácter azarosa y por ello arbitraria, como nuestro lugar de nacimiento y origen familiar. Igualdad que se logra a partir de la diferencia —en este caso, indígenas con exención de pago educativo—, y aquí, en estos dos valores, igualdad y diferencia, no hay oposición; aunque el diccionario marque su antonimia y los simples denoten una “clara” contradicción, en la cosa pública son complementarios. Se les trata diferentes a fin de que tengan una oportunidad igual para educarse y así, entre otras cosas, poder ejercer su libertad de empresa —diferencia más igualdad igual a libertad. Así de compleja es la red de correspondencia entre los valores, así de simplona fue vista por los liberales y socialistas modernos. Conviene entonces discutir qué tipo de igualdad es deseable y cómo alcanzarla.

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¿Por qué ese espermatozoide fui yo? • Orlando Larrondo • fotoarte con scanner


Igualdad: su justificación, naturaleza y dominio John E. Roemer

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urante los últimos cuarenta años los filósofos políticos han mostrado importantes avances en el entendimiento de por qué la igualdad es valiosa y qué clase de igualdad es importante. En el presente texto se resume el desarrollo de estas ideas, en particular las contribuciones de John Rawls, Amartya Sen, Ronald Dworkin, Robert Nozick, Richard Arneso y G. A. Cohen, se muestra cómo éstas se han infiltrado en el pensamiento económico en la conceptualización de la igualdad de oportunidades.

¿Es la igualdad conveniente, si así es, qué tipo de igualdad? Existen tres importantes razones sobre la conveniencia de la igualdad económica. La primera está fundada en la justicia, y posee su enunciación moderna en los trabajos de John Rawls, para quien los efectos económicos que determinan las características de las personas son arbitrarios desde el punto de vista moral: talentos, origen familiar y entorno social. Las desigualdades económicas no son meritorias. La segunda razón considera que la igualdad es la forma más justa para compartir

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la escasez. Conforme hay insuficiente riqueza para que todos tengan lo necesario para satisfacer un razonable plan de vida, la igualdad es la manera más justa de racionar. El tercer argumento consiste en que la desigualdad tiene efectos lamentables en el bienestar de los seres humanos. Cada uno de estos argumentos pueden ser impugnados: puesto que la constitución genética y la familia de cada quien no se eligen, se puede afirmar que se tiene el derecho de propiedad moral de estos bienes, y por ello el derecho de beneficiarse. La argumentación más cuidadosa de esta última postura anti-rawlsiana es la de Nozick: si bien estos bienes no se escogen, el individuo podría ser lo suficientemente responsable de lo que hace con ellos, y así, mientras no haya discriminación y siempre y cuando la igualdad de oportunidades se cumpla, los resultados desiguales podrían ser moralmente aceptables; aunque la igualdad se considere conveniente, implementarla podría empobrecer a todos, a causa de los “incentivos perniciosos”. La redistribución debería ser limitada, si es demasiado abierta, aquellos que son muy productivos e innovadores podrían cesar sus valiosas actividades. Rawls, en particular, reconoce esto, y no llama hacia una igualdad total, sino más bien a maximizar los beneficios que el peor grupo recibe. La fórmula “maxi-mínima” permitiría una desigualdad considerable si la oferta de mano de obra de gran talento es alta.

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La igualdad como la mejor forma de racionalizar recursos escasos se puede impugnar señalando que una distribución equitativa no implica que se maximice el número de personas a tener una vida satisfactoria. Si un bote salvavidas sólo puede llevar a tres personas y cinco lo ocupan, más vale que dos lo desocupen y no se mueran todos. Si uno cree que la igualdad es deseable, o por lo menos, que más igualdad de la que en la actualidad existe es deseable, ¿cuál es la verdadera cara de ésta —riqueza, ingreso, bienestar, oportunidades o recursos—? ¿Y cuál es el universo de gente para el cual la igualdad es deseable —ciudadanos de una nación, de un estado, la población mundial—? En este artículo, resumiré recientes contribuciones hechas por filósofos y economistas en la primera pregunta, y ofreceré algunos comentarios sobre la segunda. Los economistas han visualizado el ingreso o la riqueza como instrumento para producir bienestar, de ahí que la suposición natural fuera, hasta alrededor de 1970, que si la igualdad era deseable, entonces el bienestar humano (utilidad) debía ser igual. Los utilitaristas del siglo xix (como J. S. Mill) tácitamente asumieron que todas las personas poseían la misma función utilitaria del dinero, y así, si uno deseaba distribuir una dada suma de dinero para maximizar una riqueza total, entonces la solución óptima era distribuirla igualmente (es decir, igualar entre las personas la utilidad marginal del dinero, lo que implicaba la igualdad de dotación de dinero). De esta manera, al menos algunos utilitaristas del siglo xix fueron igualitarios. Sin embargo, con la revolución ordinal del siglo xx, la función utilitaria fue vista sólo como una preferencia individual por los bienes y las mercancías, más que una medida absoluta de riqueza interpersonal comparable. En efecto, la teoría general del equilibrio requiere sólo de ordenar la preferencia individual (además de dotaciones de dinero y tecnología); el walrasianismo o el equilibrio competitivo de una economía de mercado es independiente de cualquier comparación interpersonal de utilidad. El utilitarismo, por otro lado, requiere como información de lo que se llama unidad de comparación de riqueza entre las personas. La insensibilidad del equilibrio walrasiano de comparaciones interpersonales de riqueza implica que si uno piensa que las comparaciones interpersonales son esenciales en una teoría de justicia distributiva, como muchos creen, entonces

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una economía de mercado no puede por sí misma impartir justicia, impermeable como son los mercados a comparaciones de riqueza interpersonal. Se puede, por supuesto, redistribuir el dinero o los ingresos, a través de los impuestos, de modo que el mercado produciría un resultado conforme a una cierta visión de justicia en la cual las comparaciones interpersonales serían importantes, sin embargo el logro de este tipo de justicia sería meramente incidental.

Los bienes primarios de Rawls y las funciones de Sen En 1971 John Rawls revolucionó los conceptos de justicia distributiva y en particular de filosofía política igualitaria, al publicar el libro Teoría de la justicia. Rawls atacó al utilitarismo —punto de vista predominante sobre justicia entre los filósofos y economistas de su tiempo— de dos maneras: primero señaló que la utilidad o el bienestar no debería ser la moneda de cambio de la justicia, sino más bien “los bienes primarios”; y segundo: la justicia no se logra al maximizar la suma de bienestar (o incluso los bienes primarios), sino más bien al compensar la distribución de los bienes primarios entre las personas. Rawls entendió que una distribución igualitaria no podía ser eficiente, así que reemplazó “igualdad” por “maximizar el paquete mínimo de bienes primarios” entre las personas, una distribución que Pareto podría denominar como la más alta distribución equitativa posible de bienes, a causa de los fracasos de incentivos, como arriba se ha señalado. Rawls llamó a su propuesta de maxi-mínima distribución de los bienes primarios: “principio de diferencia”. ¿Qué son los bienes primarios? Son, según Rawls, los que todos necesitan para lograr sus propios planes de vida. En la sociedad moderna: educación, alimentación suficiente y vivienda, y todas aquellas cosas que la gente debe tener para garantizar su dignidad. En algunos momentos, Rawls señala que el dinero es el bien primario principal. La pregunta surge inmediatamente: ¿Cómo se puede “igualar” o “maxi-minimar” un vector de bienes entre las personas? Rawls respondió así: hay que tener un “índice” de bienes primarios para hacer coherente la igualdad, aunque nunca resolvió el problema de lo que ese índice debía ser. Muchos autores acuerdan que no puede existir un índice


universal, que es la función utilitaria de la persona la que da el correcto índice, y esto no es un asunto universal; por demás, si este índice de utilidad fuera adoptado, se regresaría a la igualdad de bienestar. ¿Por qué Rawls no abogó por la utilidad maxi-mínima o el bienestar entre las personas? Porque abogó por la neutralidad, la opinión de que el Estado no debe estar en el negocio del bienestar de la igualdad, sino más bien de proveer a las personas de un paquete de insumos que cada uno necesita para lograr su propio concepto de bienestar idiosincrático. Rawls escribió que las personas deberían responsabilizarse de su propia concepción de bienestar, de manera que el Estado no se responsabilice de proporcionar los paquetes de recursos que se podrían necesitar para lograr un nivel razonable de bienestar difícil de alcanzar (como subir al Monte Everest sin ayuda). Esta cuestión de la “responsabilidad para todos los gustos”, que Rawls sólo menciona de forma periférica, se convertirá en tema central en los años por venir. En 1974, poco después de que el libro de Rawls fuera publicado, Robert Nozick publicó Anarquía, estado y utopía, su manifiesto anti-igualitario, donde sostiene que sólo un Estado mínimo protegería los derechos de propiedad y que la redistribución obligatoria a través de los impuestos era una incursión contra los derechos de propiedad. No estaba de acuerdo con la opinión de Rawls sobre la arbitrariedad moral de las dotaciones personales, y abogó por la corrección de la “tesis de la propiedad de uno mismo”, de que una persona tiene el derecho de utilizar sus poderes para beneficio personal. Pese a que los resultados en el mundo actual no parten de una historia moralmente limpia —la historia está repleta de episodios importantes de esclavitud, robo y pillaje—,t uno podría imaginarse resultados también muy desiguales con una historia limpia, en la cual todos los intercambios fueran voluntarios. Además del intercambio voluntario, una segunda premisa se necesita para poner en marcha la maquinaria nozickiana: el principio que rige la privatización de los recursos que no tienen dueño. Nozick propuso que un individuo tiene el derecho de reclamar cualquier recurso, siempre y cuando no estén peor de lo que estaban cuando el recurso estaba sin dueño. En consecuencia, si Abraham sabe cómo convertir arena en un medicamento que pueda curar en-

fermedades mortales, puede que cerque la playa, utilice la arena para hacer medicina y venderla a los lugareños que, supongamos, estarían mejor que cuando carecían del medicamento. Abraham podría ser mucho más rico que los demás por esta maniobra y la desigualdad resultante es a lo que se refería Nozick. Así, la ingeniosidad de Abraham (propiedad de uno mismo) le permite ampliar sus propiedades sobre los recursos del mundo exterior. Aunque los miembros de las generaciones posteriores no tengan más playas que reclamar, podría decirse que estarían mejor si las playas no se hubieran privatizado en el pasado y así ellos también se beneficiarían de las privatizaciones anteriores. Varios filósofos —Cohen (1986), Gibbard (1976) y Grunebaum (1987)— señalan que el principio de Nozick sobre la adquisición de recursos sin dueño es arbitrario. ¿Por qué uno no debería considerar, desde un punto de vista moral, a los recursos que legalmente no tienen dueño como propiedad de la comunidad? Si ésta fuera la medida, entonces Abraham hubiera tenido que negociar con la comunidad la distribución de bienes provenientes de la medicina que fabricó con la arena. Esto conduciría a una distribución más equitativa de los beneficios de la innovación. En consecuencia, la teoría de Nozick sobre la justicia distributiva combina la tesis de propiedad de sí mismo con un regla particularmente desigual para la privatización del mundo exterior. Aunque Nozick afirmaba que esta regla era una generalización del principio de John Locke, que era moralmente permisible tomar piezas del mundo exterior siempre y cuando uno deje “suficiente y bueno para los otros”, de hecho la noción lockeana puede ser generalizada de varias maneras. En caso de que el recurso sea escaso, de modo que no sea posible tomar un poco y dejar algo suficiente y de calidad para los demás, Nozick llevó a cabo una sustitución: “siempre y cuando nadie se encuentre en peor estado que cuando el recurso estaba sin dueño”. La alternativa de propiedad conjunta de dichos recursos podría conducir a una generalización de la condición de Locke, la cual dice que el recurso debería emplearse de manera eficaz y sus beneficios deberían ser distribuidos en la comunidad del modo que ellos decidan. La importancia de esta discusión es que uno no necesita impugnar la tesis de Nozick de la propiedad de sí mismo a fin de invalidar moralmente la distribución des-

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igual del ingreso que su teoría consagra: basta con cuestionar su tesis de distribución. Este cuestionamiento no es tan igualitario como el de Rawls (quien negó la tesis de propiedad de sí mismo) pero seguramente más igualitario que el de Nozick. Actualmente aquellos que avalan este punto de vista son conocidos como “libertarios de izquierda” (Vallentyne y Steiner, 2000). Varios años después de la publicación de Nozick, pero dentro del campo igualitario, Amartya Sen, en 1980, criticó a Rawls por preocuparse en igualar bienes, en lugar de igualar lo que los bienes hacen por la gente. Llamó a Rawls un fetichista comodino, adoptando un término mar-

otra (el pordiosero de Mumbai y el profesor de Princeton). Sen inicialmente limitó las funciones a aspectos de comportamiento objetivamente observables, tales como la salud, la movilidad y la alfabetización. Sin embargo, después agregó “la felicidad” a la lista (Sen, 1992), comprometiendo así la naturaleza objetiva de su propuesta: la felicidad de una persona es subjetiva y quizás difícil de observar. Sen también defendía su postura invocando el valor de la elección individual: lo que importa es que las personas tengan una gama de opciones las cuales son equivalentes, no que en realidad elijan la misma opción. De modo que hay una gran diferencia entre una persona que se muere de hambre por

xista. Uno podría pensar, entonces, que Sen abogaría por la igualdad social; sin embargo no fue así, afirmó que lo que se debería igualar entre las personas eran sus habilidades para funcionar. Para Sen, las funciones se refieren a las habilidades necesarias para realizar ciertas tareas en la vida diaria, como son estar saludable, ser letrado, ser capaz de desplazarse, entre otros. De este modo, Sen defendió como éticamente importante aquel estado humano que se encuentra entre la posesión de bienes y disfrutar el bienestar, más tarde Cohen (1990) atribuyó a Sen la invención del término midfare —bienestar a la mitad—, esto es: contar con la habilidad para funcionar de varias formas, aunque el bienestar se quede corto. Inicialmente Sen propuso una lista objetiva de funciones. Desde luego su propuesta se tropezaría con el mismo problema que Rawls encaró respecto a igualar un vector de funciones entre las personas, y en lugar de proponer un índice de funciones, Sen definió la capacidad de una persona como una serie de posibles funciones que debería alcanzar, y afirmó que la justicia requiere sólo de “habilidades igualitarias” entre las personas. Para poder hablar congruentemente de dicha igualdad, se necesita una forma de comparar series y decidir cuándo son iguales o equivalentes: es decir, se requiere una relación preferencial en conjunto de capacidades. Así, surgió bibliografía sobre la teoría social en la cual los escritores proponían características axiomáticas de relaciones preferenciales en conjunto. Es justo decir que no hubo un acuerdo general sobre cuál era la respuesta correcta. El mismo Sen nunca ha dicho que su teoría requiere un completo orden de capacidades: un orden parcial para decidir cuándo una persona es mejor que

falta de habilidad en comprar alimento y otra que voluntariamente se declara en huelga de hambre. Ambos pueden tener el mismo nivel de funciones nutricionales, aunque sus habilidades sean muy diferentes. El enfoque de Sen inspiró al Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (undp, por sus siglas en inglés) en la creación del Índice de Desarrollo Humano (hdi, por sus siglas en inglés), el cual involucra a 180 países y anualmente se publica dentro del Reporte de Desarrollo Humano. La clasificación de países, según el hdi, no es de ninguna manera lo mismo que la clasificación del producto interno bruto (gdp, por sus siglas en inglés) per capita.

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Ronald Dworkin y la responsabilidad En 1981 Ronald Dworkin publicó dos ensayos que tuvieron impacto en la teoría igualitaria. En el primero de estos ensayos sostuvo que la igualdad de bienestar es incoherente, a causa de la inconmensurabilidad entre las personas sobre la concepción del bienestar, y en segundo lugar, aun cuando las comparaciones fueran posibles, resultarían éticamente indeseables para igualar el bienestar debido al fenómeno de los gustos caros. ¿La sociedad queda en deuda con la persona que solamente puede ser feliz con champagne o con más dinero de lo que debe y que se conforma con cerveza? Dworkin dijo que no, de ahí que el bienestar no podría la base de la teoría igualitaria. Mejor dicho, Dworkin dijo que la base igualitaria adecuada son los recursos. Sin embargo, los recursos no sólo abarcan la riqueza y las mercancías, sino las características internas de las personas que limitan o determinan lo que pueden realizar, y también, lo más im-


portante, los entornos y las familias en las cuales nacieron. En este sentido, Dworkin estaba del lado de Rawls, partió de Rawls al sostener que los individuos son responsables de sus preferencias, si en verdad se identifican con ellas. La pregunta para Dworkin fue: ¿Qué distribución de los recursos transferibles (sobre todo la riqueza) generaría una distribución total de los recursos (incluyendo los inalienables como los talentos y entornos de principios) lo cual implique una distribución igualitaria? Para Dworkin, la distribución natural de recursos es injusta, porque es desigual, pero una vez que la igualdad de recursos iniciales se haya implementado, las desigualdades

puestos a los individuos para imitar los resultados de lo que el mercado de seguros hubiera producido. Dworkin no estaba familiarizado con la teoría de créditos contingentes y de cómo los economistas modelan el equilibrio en el mercado de seguros; intento deducir qué resultados arrojarían de una manera ad hoc. Se presentó un modelo general de equilibrio de la propuesta de Dworkin. Aquí presento una versión de este modelo para demostrar que el mercado de seguros detrás del velo de la ignorancia de Dworkin puede arrojar resultados completamente diferentes de lo que Dworkin imaginó ocurriría. El siguiente ejemplo fue tomado de Moreno y Roemer.

en los resultados emergerán de las preferencias moralmente aceptables. Aunque Rawls había hablado periféricamente sobre las personas responsables de la elección de su plan de vida, la discusión fue incompleta y no consistentemente clara con respecto al principio de la diferencia. Si el dinero es un bien primario, y el ingreso es en buena parte consecuencia del plan de vida, y si se es responsable de su propio plan de vida, ¿por qué el principio de la diferencia debería aplicarse a la distribución del ingreso? Dworkin se enfocó a la responsabilidad de las personas por sus opciones, existe, señaló, una importante distinción entre los resultados de lo que él llama suerte por opción y suerte bruta. La suerte por opción es la consecuencia de eventos contra los cuales las personas pueden asegurarse; la suerte bruta no permite asegurarse. Los resultados de la suerte bruta no son justos en tanto los resultados de la suerte por opción sí lo son, porque en este último caso una persona puede elegir asegurarse o no. La desigualdad en la distribución de recursos derivada del azaroso lugar de nacimiento —birth lottery, la lotería del nacer— es suerte bruta, de ahí que es injusta. El filósofo norteamericano propuso rectificar la suerte bruta del lugar de nacimiento por medio de un ingenioso esquema, un hipotético mercado de seguros en el cual se determinaría cuántas personas se habrían asegurado en contra del resultado de la lotería del nacer, si hubieran tenido la oportunidad de hacerlo. De modo que su esquema hipotético de seguros convertiría a la suerte bruta del nacimiento en suerte por opción. Aunque el hipotético mercado de seguros nunca operaría, la igualdad de recursos podría lograrse por medio del cobro de im-

Supongamos que hay dos personas, Andrea y Bob. Andrea tiene suerte: tiene una buena constitución y puede transformar recursos (riqueza) en bienestar a un ritmo elevado. Bob se encuentra en desventaja; su constitución transforma riqueza en bienestar exactamente a la mitad de Andrea. En este sencillo ejemplo asumimos que Andrea y Bob tienen bienestar interpersonal comparable. El recurso interno que Andrea posee y que Bob carece es una buena constitución biológica. Asumimos que Bob y Andrea tienen las mismas preferencias de riesgo sobre la salud: esto es aversión al riesgo y tienen la función de utilidad NeumannMorgenstern u(W) = W. Supongamos que la distribución de bienestar (material) en el mundo sea (WA,WB). Construimos el mercado hipotético de seguros de Dworkin de la siguiente manera. Detrás del velo de ignorancia, hay un alma Alpha que representa a Andrea y un alma Beta que representa a Bob. Estas almas saben de las preferencias de riesgo de sus directores y de las constituciones de Andrea y Bob, pero no saben en qué persona se convertirán en la lotería de nacer. Así que, desde su punto de vista, hay dos posibles estados del mundo, resumidos en la tabla: Estado 1 Alpha se convierte en Andrea

Beta se convierte en Bob

Estado 2 Alpha se convierte en Bob

Beta se convierte en Andrea

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Cada estado ocurre con media probabilidad. Sabemos que el estado 1 en verdad ocurrirá, pero las almas le harán frente a la lotería de nacer incluso con la oportunidad de acceder a seguros contra la mala suerte (es decir, que se conviertan en Bob). Hay dos productos en el mercado de seguros: el producto X1 que paga al propietario $1 si el estado 1 ocurre, y el producto X 2 por el que paga $1 si el estado 2 sucede. Todos pueden comprar o vender estos productos: vender una unidad del primer producto implica una promesa de entregar $1 al propietario, si el estado 1 ocurre. Todos poseen, en un principio, cero ingresos para comprar estos productos. No es difícil demostrar que el equilibrio en este mercado de seguros implica contratos en los cuales, si el estado 1 ocurre, Andrea terminará con dos tercios de la riqueza total, y Bob tendrá una tercera parte. De hecho, como se ha señalado, el estado 1 realmente ocurre. Así que el mercado de seguros de Dworkin se inclina hacia la distribución de la riqueza hacia la persona indicada y se aleja de la que no lo es. No se compensa a Bob por su incapacidad, según lo previsto. ¿Por qué ocurre esto? Porque aun cuando las personas tienen aversión al riesgo, no tienen tanta aversión al riesgo como para cambiar de la riqueza a la pobreza (resultar ser Bob), más vale (en términos de utilidad esperada) utilizar la riqueza en el estado en que se puede producir una gran cantidad de bienestar (cuando uno sea Andrea). Si los agentes temieran lo suficientemente al riesgo, esto no ocurriría (Sí la función de utilidad es u (W) =) WC / c, y c <0, entonces Bob terminaría con más ganancias que Andrea). Pero el ejemplo demuestra que, en general, el mercado hipotético de seguros no implementa el tipo de compensación que desea Dworkin: Bob es el que sufre una pérdida de un recurso interno. Pese a este problema en la propuesta de Dworkin, ésta fue innovadora en el sentido de que, en palabras de G. A. Cohen, se convierte en teoría igualitaria la herramienta más poderosa del derecho anti-igualitario, es decir la responsabilidad personal. Se podría argumentar que después de ver la demostración anterior, de que el mercado de seguros de Dworkin es un atractivo experimento mental, en el cual uno debería renunciar a la igualdad. Moreno y Roemer (en prensa) consideran y sostienen que en cambio, el velo de la ignorancia es un experimento mental inapropiado para determinar lo que la justicia requiere. Pronto apareció una segunda crítica a la contribución de Dworkin. Richard Arneson señaló que Dworkin tenía razón, respecto al argumento de gustos caros, al afirmar que la igualdad de bienestar no era éticamente deseable, pero se equivocaba al proponer la igualdad de recursos como rectificación: más bien uno debería igualar las oportunidades de bienestar. Cohen sostuvo que la introducción de la responsabilidad a la teoría igualitaria era sin duda importante, pero que Dworkin hizo un mal “corte” entre las cosas por las cuales uno se hace responsable y aquellas por las que no.

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Por ejemplo, si la preferencia por el champán fuera producto de una adolescencia aristocrática, de la cual uno no fue responsable, no se debe ser responsable de ello. Quizás es más notable que los individuos que crecieron con preferencias que no son suficientemente ambiciosas debido a una infancia indigente no sean responsables por esas preferencias. Sen ha llamado a esto el problema de “la ama de casa domesticada”: no se debería decretar que la justicia se ha logrado si uno con preferencias modestas se muestra satisfecho con su suerte. Imaginemos mujeres indígenas analfabetas con cargas pesadas que reconocen ser felices. De hecho, el punto de Sen es impugnar la idea de que “la felicidad” es el circulante adecuado de la igualdad. ¿Dónde debería darse el corte? Cohen no profesaba haber resuelto el problema de la responsabilidad. Todo lo que uno puede decir, en general y tautológicamente, es que los individuos deben ser indemnizados por las consecuencias de lo que no se consideran responsables, pero no en contra de las consecuencias para las cuales son responsables. Posiblemente nadie es responsable de nada, y en este caso la teoría se reduciría a la igualdad de condición (bienestar, función, o cualquier base compleja que uno decida deba ser la correcta). Aunque los hechos de responsabilidad son cuestión aparte del principio de compensación.

Igualdad de oportunidades Como se ha mencionado, Arneson sostuvo que la mejor alternativa para igualar el bienestar era no igualar los recursos, sino las oportunidades que la gente requiere para obtener bienestar. Aquí nos recuerda el enfoque de capacidad de Sen. Arneson escribió que cada persona tiene una amplia red de posibilidades para decidir; igualar oportunidades de bienestar, señaló, significa distribuir la riqueza de manera que estas redes sean isomorfas entre los individuos, en el sentido de que habría una cartografía de las rutas de acceso a las distintas oportunidades donde se espera que el bienestar se conserve. Sin embargo, quizá no podría haber distribución de riqueza para el cual exista un paquete de isomorfos interpersonales. De hecho, seguramente este sería el caso. Propuse (1993, 1998) un algoritmo para implementar


la igualdad de oportunidades de bienestar que Arneson ya había propuesto. Las categorías abarcan cinco puntos: circunstancia, tipo, esfuerzo, objetivo y política. Las circunstancias son los aspectos de las personas por los cuales no asumen la responsabilidad. El esfuerzo comprende las acciones que las personas llevan a cabo para asumir su responsabilidad. El conjunto de personas se divide en tipos, donde un elemento de la división consiste en todos aquellos que tengan las mismas circunstancias. El objetivo es la condición por la cual la adquisición de las oportunidades sea igualada, propuse que esto fuera algo completamente concreto como la esperanza de vida o el ingreso. La política es la intervención (probablemente del Estado) del organismo que se encarga de igualar las oportunidades para lograr el objetivo. ¿Qué política iguala las oportunidades a fin de lograr el objetivo? Para ello hay que delimitar el conjunto de tipos para un problema dado por T. Midamos el grado del logro del objetivo por un individuo de tipo t en T por una función u’ (e, ), donde e es el esfuerzo y la política. Así, tomamos un enfoque estadístico, y asumimos que las circunstancias, el esfuerzo y la política determinan el resultado, o que u’ (e, ) es el resultado promedio de los individuos de tipo t, que gastan esfuerzo e cuando la política es . Suponemos que u’ es una función creciente de e-, de manera que no es la función de utilidad tradicional de la teoría económica en la cual el esfuerzo con frecuencia se asume costoso para el individuo. Por ejemplo, el objetivo podría ser la esperanza de vida, el esfuerzo (el grado en que uno lleva un estilo de vida saludable) y el tipo podría ser definido por características socio-económicas (clase, raza). Frente a una política , se asegurará una distribución de esfuerzo entre los individuos de tipo t: y se indicará esta función de distribución por Ft . La decisión de esforzarse de un individuo probablemente se hace por algún tipo de preferencia, pero no necesitamos conocer los detalles de ese proceso aquí. Lo relevante es que los individuos dentro de un tipo asuman su responsabilidad en estas diferencias de esfuerzo, así como hemos decidido que las circunstancias (tipo) resumen todo por lo cual no hacemos responsables a las personas. La concepción de igualdad de oportunidad discutida aquí toma como información la delineación de las circunstancias y el espacio de las políticas. El esfuerzo es el residual que explica los resultados, una vez que las circunstancias y la política se sostienen fijas. La propuesta es simplemente

un algoritmo que calcula una política que iguala oportunidades de una forma constante con estas elecciones. En particular, si uno elige una secuencia de tipologías que se vuelven cada vez mejores, entonces la política de igualdad de oportunidad se asemejará a la política rawlsiana, la cual maximiza el valor mínimo del objetivo entre los individuos. Por otro lado, al observar a todos los individuos como miembros de un solo tipo la política se vuelve utilitaria y maximiza el valor promedio del objetivo. La concepción de responsabilidad, y por lo tanto las circunstancias, establecerán una política en algún lugar de este continuo. Recientemente, Fleurbaey y Maniquet han ampliado más allá el enfoque de la igualdad de oportunidad, aplicándolo a la política de impuestos de una forma novedosa. En realidad, muestran que, sin hacer comparaciones interpersonales como lo hemos hecho arriba, hay mucho que decir acerca de la política de los impuestos que igualan oportunidades, en el sentido de que las personas asumen responsabilidades por las circunstancias, más no son responsables del esfuerzo. Algunos escritores como Anderson, Scheffler y Hurley se han referido en forma crítica a la línea de pensamiento de Dworkin-Arneson-Cohen-Roemer como “igualitarismo de la suerte”. Han escrito que estos autores han prestado mucha atención a los bienes materiales y a la asignación de los mismos, y que la igualdad se concibe más notablemente como “igualdad democrática”, una clase de igualdad en las relaciones humanas en la cual la gente interactúa tan libre como igual. Una excelente discusión de estas críticas y refutaciones a ellos se encuentra en Arneson (2004). Ha habido un buen número de aplicaciones empíricas sobre el enfoque de igualdad de oportunidades. Roemer y otros autores se preguntan hasta qué punto el impuesto sobre la renta en un grupo de once democracias avanzadas igualan oportunidades para allegarse ingresos donde los tipos de oportunidades se definen con respecto al logro en materia educativa o de ocupación de los padres. Betts y Roemer registran cómo las finanzas educativas serían distribuidas en los Estados Unidos, donde el objetivo es igualar las oportunidades de capacidad de ingreso entre trabajadores masculinos. Lefranc y Trannoy comparan la desigualdad de oportunidades en Francia y los Estados Unidos de América. La más extensa aplicación de igualdad de oportunidades lógicas se encuentra en el Banco Mundial Equidad y Desarrollo, las cuales se proclaman a favor de conceptualizar el desarrollo como mejoramiento para la igualdad de oportunidades. Véanse también los comentarios y críticas de Roemer (2006). Bourguignon, Ferreira y Menéndez han analizado la desigualdad de oportunidades en el Brasil.

Igualdad intergeneracional y global Hasta el momento, la discusión se ha centrado sobre la igualdad en un grupo de personas que son ciudadanos de un Estado y son contemporáneas. La mayor parte de la

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literatura filosófica sobre igualdad ha asumido estas condiciones. Sin embargo, los temas de una distribución intergeneracional y de una distribución internacional son sumamente importantes. ¿Los argumentos a favor de una igualdad estática implican que la igualdad debería mantenerse también a través de las generaciones? Esta no es una pregunta resuelta. Supongamos que uno cree que la desigualdad es mala debido a sus efectos en las personas: la desigualdad produce falta de autoestima y estrés. Si esta es la razón más importante para oponerse a la desigualdad, entonces uno no puede argumentar que la desigualdad intergeneracional es mala, pues, ex hipótesis, los miembros de diferentes generaciones no interactúan de forma relevante. Por otro lado, si uno aprueba la desigualdad como la más justa manera de compartir la escasez, entonces la igualdad intergeneracional es también deseable. Los recursos de la tierra son escasos: ¿no es justo compartirlos para producir resultados iguales para las generaciones futuras? Este punto de vista se refleja en la llamada sustentabilidad, una palabra que tiene dos significados en este contexto. El primero es verde: se utilizan los recursos naturales de tal manera que estos disminuyan lo menos posible. El segundo está más orientado a la especie humana: se utilizan los recursos naturales de tal manera que se generen beneficios iguales para las futuras generaciones. ¿Cómo se puede mantener este objetivo de una forma precisa? Pensemos en un mundo dinámico poblado por un agente representativo en cada fecha de un número infinito de fechas que avanzan indefinidamente en el futuro. Supongamos que el bienestar de la generación (agente) que vive en la fecha t es u (x1, R1) una función de su consumo x1, y el abasto de los recursos naturales en la fecha t, R1 (tales como aire puro, bosques verdes y un clima templado). El consumo incluye no sólo productos personales, también beneficios públicos, el estado del conocimiento humano, tiempo libre y educación. En cualquier fecha existe una tecnología F4 la cual produce vectores de consumo de productos heredados del pasado (capital), Kt-1, y los recursos naturales recién cosechados, r t, De esta manera un camino factible de consumo de una condición inicial dada (K0, F1, R1) es una secuencia de comodidad, recursos de parejas {(x1, R1), (x2, R 2),…}, cada uno de los cuales representa un resultado factible dada la existencia de capital, tecnología y dotación de recursos del periodo anterior. El problema igualitario inter-generacional consiste en escoger ese camino factible que maximiza el nivel de bienestar que cada generación puede disfrutar, es decir, el nivel que puede ser sostenido por siempre. Una justificación de la conveniencia de esta clase de igualdad es la igualdad de oportunidades. La fecha en la que un individuo nace es circunstancial, en el sentido de esa teoría. Por consiguiente el bienestar debe ser, hasta donde sea posible, independiente de esa fecha.

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A cambio de la conveniencia de la solución igualitaria, uno puede sostener que los padres desean que sus hijos sean mejores que ellos. Uno puede, alternativamente, computar la solución del siguiente problema: Encontrar el camino viable que maximice el nivel de bienestar de la primera generación sujeto a permitir un crecimiento del bienestar en un porcentaje g por generación por siempre. Esto se puede justificar sobre la base de que los padres desean que sus hijos sean mejor que ellos. Por supuesto, el camino que resuelve el crecimiento del programa para una positiva g implicará un sacrificio para la primera generación, comparada con lo que recibieron en la solución del programa sostenible. ¿Es esto éticamente aceptable? Para un intento de calibrar el modelo de sustentabilidad, véase Llavador, Roemer y Silvestre (2007). Para una importante contribución al debate sobre el cambio climático, el cual utiliza un factor de descuento relativamente alto, véase Stern (2007). Acerca de las críticas sobre el informe de Stern que se necesita para el cometido del uso de una muy alta tasa de descuento véase Weitzman (2007), cuya crítica tiene como base, implícitamente, una ética utilitarista de descuento. Finalmente vamos a la igualdad global. Aquí comentamos la literatura filosófica. La postura del cosmopolitanismo es que la desigualdad entre individuos de diferentes nacionalidades es moralmente arbitraria, y de ahí que sea conveniente aniquilar la desigualdad global, ignorando fronteras nacionales como moralmente arbitrarias. Véase Pogge, 2001, para una reciente discusión. Aun cuando entre aquellos que son de alguna manera igualitarios hay algunos que no defienden el cosmopolitanismo. Nagel, por ejemplo, establece que la demanda de igualdad entre los individuos es solamente éticamente persuasiva si hay miembros de un simple estado. Porque no hay estado global, no hay presunción moral de igualdad global. Las respuestas al igualitarismo parroquial de Nagel se encuentran en Cohen y Sable, 2006), y Julius, 2006. El asunto de la igualdad global está en el fondo de las discusiones políticas de los subsidios de inmigración y de agricultura de países desarrollados y de ayuda internacional. Muchos participantes en éstas creen que es conveniente reducir la desigualdad global. Sin embargo, los efectos de estas políticas en la igualdad global son altamente contensiosos.1

Conclusión Los filósofos políticos han analizado con profundidad la igualdad y los economistas interesados en la desigualdad deberían poner atención a su trabajo. Los economistas, en

Algunos —por ejemplo, Easterly (2006)— sostienen que la ayuda extranjera hace más daño que bien. Rodrik (2004) afirma que los subsidios agrícolas otorgados a agricultores en los países desarrollados tienen efectos inciertos y heterogéneos en el ingreso de los agricultores en países en vías de desarrollo. 1


términos generales, acríticamente aprueban el utilitarismo (en el análisis de costo-beneficio, al tomar el producto interno bruto per capita como la mejor medida de bienestar nacional, en la teoría del crecimiento, y desde un punto de vista influido por algunos profesionales del derecho y economistas, de que las leyes deberían potenciar la riqueza total). Quizás es justo decir que una pluralidad de filósofos son, en cierta forma, igualitarios, y en este sentido, los economistas están detrás de los tiempos. La base en la cual la igualdad debía medirse, no es con la que los economistas están familiarizados —riqueza o bienestar—, sino que es algo más sutil, como oportunidades, capacidades o ventajas. Para los que creen que estos puntos sean demasiado refinados o creen que son de segunda mano, considérense las evaluaciones de la gente común en las democracias de hoy en día. Hay mucha evidencia que éstos aprueban desigualdades considerables, porque las ven como merecidas, consecuencias de un efecto diferencial. O si ven las desigualdades como injustas es debido a las circunstancias que otorgan a las personas algunas ventajas por las cuales no trabajaron. En este sentido, las ideas filosóficas sobre “propiedad de uno mismo”, arbitrariedades morales o igualdad de oportunidades están presentes en el discurso diario, aunque no parezca articulado en todas sus palabras. La sensibilidad filosófica ayudará a los economistas a evitar errores. Dada su preferencia endógena y de disonancia cognitiva, ¿qué sentido tiene tomar a la felicidad como la moneda de la igualdad? Sólo porque el equilibrio de mercado es insensible a las comparaciones de bienestar interpersonales, ¿tales comparaciones nos parecen sin sentido? ¿Una política es “ineficiente” porque no maximiza el bienestar total? ¿Es la meritocracia el summum bonum si lo que recompensa a los individuos es la suerte en la lotería de nacer? Muchas más preguntas como éstas se pueden plantear. Traducción: MM / MA.

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Diferencia â&#x20AC;˘ Orlando Larrondo â&#x20AC;˘ fotoarte 2011


¿Más allá de la dicotomía indígenas-minorías? Will Kymlicka Primera de dos partes

L

a adopción de la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas por la Asamblea General de la onu en 2007 es una victoria importante para uno de los grupos más oprimidos del mundo. También puede verse como victoria para el derecho internacional mismo. Como varios comentaristas lo han hecho notar, el derecho internacional no sólo ha apoyado históricamente la colonización de los pueblos indígenas, surgió por mucho precisamente para facilitar el imperialismo europeo (Keal 2003; Anghie 2004). La Declaración sugiere que el derecho internacional tiene la facultad de sobrepasar sus orígenes imperiales y volverse instrumento de justicia. Como lo dice James Anaya: “El derecho internacional, aunque otrora instrumento del colonialismo, se ha desarrollado y continúa en desarrollo, si bien imperfecta y recelosamente, para apoyar las demandas de los pueblos indígenas” (Anaya 1996:4).1 Si la Declaración ayuda a legitimar las demandas indígenas, es igualmente cierto que redunda en relegitimar el derecho internacional mismo, en una era poscolonial (Xanthaki 2007: 6, 285). De manera similar, Patrick Macklem argumenta que la Declaración se puede entender no como respuesta a la injusticia exógena fuera de este mundo, más bien rectificando las injusticias que el derecho internacional mismo creó: “los derechos indígenas internacionales mitigan algunas de las consecuencias adversas de cómo el derecho internacional valida los proyectos de colonización moralmente sospechosos que participaron en la producción de la existente distribución de poder soberano”. 1

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Mi preocupación en este ensayo es sobre las implicaciones de la Declaración para otros grupos sub-estado históricamente oprimidos. Mi objetivo principal es un tipo de grupo en particular —a nombrar, “minorías nacionales”, a veces también llamadas “naciones sin estado”, “naciones cautivas” o “naciones sub-estado”— como los escoceses, catalanes, kurdos, chechenos, tártaros de Crimea, cachemires, palestinos y tibetanos. Como pueblos indígenas, son grupos culturalmente distintos que viven en su territorio tradicional, se piensan a sí mismos como pueblo o nación distinto y muestran un apego profundo a su distinción cultural y a su tierra de origen, la cual han luchado por mantener a pesar de haber sido incorporada a un Estado mayor (a menudo involuntariamente). Estos grupos etno-nacionales generalmente no son vistos como “pueblos indígenas”, aunque comparten muchas de sus preocupaciones respecto a la integridad cultural, la no discriminación y el derecho a gobernarse a sí mismos y a su territorio. Dadas tantas similitudes entre los pueblos indígenas y las naciones sin Estado, me interesa cómo los avances respecto a los primeros afectará a éstas, y si las naciones sin Estado pueden invocar el progreso internacional sobre los derechos indígenas como precedente. Pero las minorías nacionales no son el único tipo de grupo que podría mirar la Declaración indígena como modelo posible. La Declaración podría servir como precedente para un rango mayor de grupos subalternos, incluyendo los romaicos, afro-descendientes, dalitas e inmigrantes. A diferencia de ambas las naciones sub-estado y los pueblos indígenas, estos no son “grupos de tierra de origen” en el sentido tradicional, eso quiere decir que no son grupos que viven en una tierra

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original que fueran incorporados subsecuentemente a un Estado mayor como resultado de la conquista, la colonización o cambios en las fronteras de Estado. Aun si no tienen los mismos reclamos territoriales, ciertamente comparten la experiencia indígena de sufrir opresión cultural, marginación política y discriminación racial. A manera de ejemplo la Declaración indígena se puede ver como evidencia de que el derecho internacional puede tomarse en cuenta para apoyar sus luchas por respeto y emancipación. En este ensayo quiero explorar si tales esperanzas son realistas. ¿Será la Declaración el primer paso hacia una transformación más amplia del derecho internacional hacia los grupos sub-estado, o demostrará ser excepcional, con pocas implicaciones si acaso para los derechos de otras minorías? Muchos comentaristas ven la Declaración como un primer paso hacia un fortalecimiento más sistemático a nivel internacional de grupos minoritarios sub-estado. De acuerdo a Stephen Allen, por ejemplo, el éxito de los pueblos indígenas en la onu se puede ver como “preprueba” del estatus que otros grupos sub-estado pueden esperar lograr “en una sociedad internacional madura”. Esto es particularmente relevante, sugiere, para las minorías nacionales en busca de autodeterminación interna: El [c]reciente apoyo para el derecho indígena a la autodeterminación le da poder a los reclamos sociales de otras minorías desafiadas. Al asegurar el derecho de auto-determinación, las sociedades indígenas han abierto el prospecto del derecho interno que se vuelve disponible a otros grupos sociales subestado. Es más, la ampliación de la concepción de la identidad de origen es consistente con la noción de soberanía popular fragmentada, en particular al disipar la distinción arbitraria entre ‘minorías’ y ‘pueblos’, este desarrollo podría contribuir al mejoramiento de las tensiones étnicas y, en su momento, apaciguar los temores de impedir la desintegración de los Estados establecidos (Allen 2006: 335-6,338).

2004: 21). Dadas estas preocupaciones compartidas, también es ampliamente reconocido que la diferencia entre tales minorías nacionales y los pueblos indígenas “es de bordes borrosos más que de líneas brillantes” (Thornberry 2002: 54). Esto se refleja en el traslape de participación en el Grupo de Trabajo de la onu sobre Minorías y el Grupo de Trabajo de la onu respecto a Poblaciones Indígenas; además de las dificultades por venir, ambos conjuntos han determinado los principios sobre los cuales los grupos deben categorizarse como indígenas o minorías.2 En realidad, el presidente anterior del Grupo de Trabajo de la onu sobre Minorías, Asbjorn Eide —en un ensayo en que comparte autoría con el Presidente del Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas— reconoció que “la utilidad de una distinción clara entre las minorías y los pueblos indígenas es debatible. La sub-comisión, incluyendo a los dos autores de este ensayo, ha jugado un papel importante al separar las dos pistas. El tiempo puede haber llegado para que la sub-comisión revise el tema otra vez” (Eide y Daes 2000: párrafo 25). 3 Dada la naturaleza superpuesta de las preocupaciones subyacentes y la naturaleza difusa de las categorías mismas, parece natural y hasta inevitable que la adopción de una Declaración de derechos indígenas deba abrir la puerta a otras minorías. Es más, como dice Allen, las disposiciones sustantivas de la Declaración ayudan a disipar muchos de los dogmas anticuados que los Estados han utilizado históricamente para justificar la opresión de las minorías. La Declaración indígena ha mostrado que la soberanía puede ser múltiple y de varios niveles más que unitaria y homogénea; que la ley de derechos humanos puede reconocer derechos colectivos y diferenciados por grupo, no sólo derechos individuales y universales; que la auto-determinación puede tomar muchas formas diferentes, incluyendo la autonomía interna; que las identidades culturales merecen respeto y protección; que las injusti-

Visto así, los pueblos indígenas han abierto la puerta para otras “minorías desafiadas” a fin de progresar en el derecho internacional. A primera vista, parece una expectativa eminentemente razonable. Después de todo, se reconoce ampliamente que los pueblos indígenas y las minorías son “categorías que se traslapan sujetas a consideraciones normativas comunes”, y que “los temas de derechos de minorías se entrelazan sustancialmente” (Anaya

Véase el recuento de Tom Hadden de Grupos de Trabajo, haciendo notar que las minorías y los indígenas tienen “preocupaciones ampliamente similares”, que hay “mucho que se traslapa” en la representación de los dos Grupos de Trabajo y que “es difícil distinguir con claridad” entre grupos indígenas y otros étnicos sub-estado (Hadden 2007: 296). Sugiere por tanto que, en el futuro, los dos se puedan combinar. 3 Véase también Brownlie 1988.

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cias históricas deben rectificarse, etcétera. En todos estos aspectos la Declaración Indígena ha sido descrita por los comentaristas como arraigada en un “panorama multicultural” (Xanthaki 2007: 90) o “modelo multicultural de ordenamiento político” (Anaya 2004: 15), y tiene implicaciones para el tratamiento de otras formas de diversidad étnica y cultural. Este panorama multicultural refrenda las ideas de lealtades múltiples, la diversidad cultural y la soberanía dispersa, también desafía ideas anacrónicas de homogeneidad, lealtad exclusiva y soberanía monolítica. Para Xanthaki, la manera en la que la normatividad de los derechos internacionales indígenas refrenda este panorama multicultural es su “contribución más importante”, relevante no sólo para los pueblos indígenas, también para las normas de los derechos humanos en general (Xanthaki 2007: 90). En pocas palabras, al conceder la legitimidad de las preocupaciones acerca de la integridad y la autonomía culturales, y al confirmar un modelo multiculturalista de ordenamiento político, la Declaración Indígena pone un precedente que las minorías pueden invocar para defender sus luchas en busca de derechos fortalecidos en el derecho internacional. Es más, el mero proceso del bosquejo de la Declaración, con sus procedimientos innovadores para asegurar la plena participación de los pueblos indígenas mismos, también puede verse como una apertura para otras minorías. Durante la larga historia de las negociaciones sobre la Declaración, los foros de toma de decisiones de la onu y los procedimientos que previamente habían sido restringidos a los representantes de Estado se abrieron a los representantes de los pueblos indígenas. Esto se puede ver un precedente para un amplio rango de grupos etnoculturales de sub-estado a fin de participar en la creación y fortalecimiento del derecho internacional (Xanthaki 2007: 121,282). De tal manera, tanto en su contenido como en su proceso, la Declaración parece abrir la puerta para otras minorías.4 Este punto de vista optimista de un potencial transformativo de la Declaración Indígena es tanto intuitivamente aparente como normativamente atractivo. Sin embargo, creo que es demasiado optimista. No veo evidencia de que los logros conceptuales o de procedimiento hechos por los pueblos indígenas sean puertas abriéndose para las minorías. Al contrario, como veremos, resaltar drásticamente los derechos de los pueblos indígenas du-

rante los últimos quince años ha coincidido con un período de estancamiento y hasta de retroceso en el estatus internacional de las minorías y con una creciente hostilidad internacional hacia muchos reclamos de sus derechos. Los pueblos y las minorías indígenas se han movido por diferentes y hasta opuestas trayectorias en la onu. Esto no es un accidente. A la fecha el éxito del movimiento internacional indígena ha dependido precisamente de la suposición de que el progreso de los pueblos indígenas no necesita, ni necesitará, abrir la puerta a un mayor reconocimiento o protección de otras minorías. Cuando los representantes de los Estados votaron a favor de la Declaración Indígena, también lo hicieron sobre la suposición de que la onu puede resaltar los derechos de los pueblos indígenas al tiempo que simultáneamente resiste la expansión —o hasta la disminución— de los derechos de otras minorías. En este sentido, presuponen lo que yo llamo un modelo de firewall —muro de contención— de la relación entre los pueblos y las minorías indígenas. Viéndolo así, Algunos comentaristas van más allá y argumentan que el éxito del movimiento de los derechos indígenas en la onu implican una apertura no sólo para grupos etnoculturales, sino de un amplio arreglo nuevo de movimientos sociales dedicados a la justicia social y a la democracia global, incluidos los derechos de la mujer, los grupos ambientalistas y los grupos anti-pobreza. Esto ayuda a explicar el enorme interés en el movimiento indígena internacional entre estudiosos de los nuevos movimientos sociales y de “la globalización contra-hegemónica” o “la globalización desde abajo”. Estos estudiosos esperan y asumen que los logros de los pueblos indígenas en la onu son un precedente que otros actores no estatales pueden retomar para ayudar a crear un sistema más justo de derecho internacional, así como una sociedad internacional más madura. Estos logros son transformadores no sólo del estatus de los pueblos indígenas y de las minorías, sino también del derecho internacional y de las organizaciones internacionales en general, cambiando las reglas más básicas del orden westfaliano que había privilegiado a actores del Estado sobre otros actores ajenos a él, así como la soberanía de Estado sobre los principios de justicia e inclusión democrática (por ejemplo: Muehlbach 2003; Passy 1999; Feldman 2002; Smith 2008; Morgan 2004; Falk 1988, 1995). Sin embargo, mi enfoque de este ensayo está en el impacto de la Declaración indígena sobre los otros grupos etno-culturales. Aun si el movimiento indígena internacional ha abierto la puerta de nuevos movimientos sociales en general, argumentaré que no fue así para otros grupos etno-culturales. 4

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los derechos de los pueblos indígenas son categóricamente distintos de aquellos y no tienen implicaciones conceptuales o legales para otras minorías, al mismo tiempo una coraza de hierro evita que otras minorías crucen puertas que los pueblos indígenas hayan abierto. La Declaración no tendrá efectos transformadores mayores a menos que caiga este “muro anti-incendios”. Esto es probable porque al paso del tiempo el derecho internacional necesitará reconocer las categorías que se traslapan y las preocupaciones comunes que conectan los derechos de indígenas y de las minorías, además, por consiguiente, la Declaración terminará teniendo efectos transformadores que los Estados miembro ni se proponen ni desean. Sin embargo, argumentaré que no debemos subestimar la capacidad y la determinación de los estados miembros de la onu para evitar que las minorías evoquen la Declaración Indígena como precedente o modelo. Es más, aun si el firewall se cayera, el hecho de reconocer la superposición entre las minorías y los pueblos indígenas podría tener efectos impredecibles. Podría resultar un estatus de minorías en derecho internacional echado abajo por los logros de los pueblos indígenas. Sin embargo, también es posible que el apoyo para los derechos de los pueblos indígenas se llevó a cabo debido a la hostilidad hacia los derechos de las minorías. A mi parecer esta es una de las grandes incertidumbres acerca de los efectos a largo plazo de la Declaración. ¿Las ideas centrales de la Declaración —ideas de ordenamiento político multicultural— se difundirán hacia afuera para levantar a otras minorías etnoculturales? ¿O el Estado temerá los efectos desestabilizadores que provoca la difusión y gradualmente erosionará el apoyo para los derechos de los indígenas? ¿O el firewall se estabilizará al paso del tiempo, permitiendo a la onu privilegiar los derechos indígenas mientras haya derechos de resistencia de minorías? Ya que la Declaración se adoptó hasta 2007, es muy pronto para hacer predicciones definitivas. Sin embargo podemos identificar algunos de los factores que probablemente podrían determinar la relación a largo plazo entre los derechos de los indígenas y los derechos de minoría y de pueblos indígenas durante los últimos veinte años en la onu y cómo es que estas revelan la permeabilidad del punto de vista del firewall. Enseguida explicaré la razón por la que el firewall puede finalmente caerse, pero de

tal forma que muy probablemente erosione los derechos indígenas y fortalezca los derechos de minorías. Concluiré con algunas reflexiones acerca de cómo los conceptos y las categorías actualmente usados en el derecho internacional podrían modificarse si el potencial transformador de la Declaración se llevara a cabo.

La necesidad de derechos indígenas dirigidos Para ver la forma del problema necesitamos recordar la razón por la que los pueblos indígenas lucharon para ganar una Declaración sobre derechos indígenas, aparte de los derechos debidos a las minorías bajo las Naciones Unidas. Después de todo, la Carta Internacional de Derechos no discrimina los temas de diversidad cultural. El artículo 27 de Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (iccpr por sus siglas en inglés) incluye especialmente un derecho a gozar la cultura propia: En los Estados en los que existan minorías étnicas, religiosas o lingüísticas, a las personas que pertenezcan a ellas no se les negará el derecho, en comunidad con los otros miembros de su grupo, a disfrutar su propia cultura, a profesar y practicar su propia religión o usar su propio idioma.

Esta garantía de disfrutar la cultura propia en comunidad es claramente relevante para muchas preocupaciones de los pueblos indígenas, y de hecho invocaron el artículo 27 exitosamente en una serie de casos para ayudar a proteger las prácticas culturales indígenas que se veían amenazadas por el Estado. 5 Sin embargo, mientras que el artículo 27 ha demostrado ser de utilidad, tiene claras limitaciones como marco para articular reclamos indígenas. Para simplificar, el artículo 27 puede invocarse para impugnar leyes o políticas discretas adoptadas por los estados, pero no responde a la estructura del Estado mismo. Impone límites sobre la manera en que los estados gobiernan a sus pueblos indígenas, pero no pone en cuestión el derecho de los estados a gobernar pueblos indígenas y sus territorios. Sin embargo, el tema central para muchos pueblos indígenas es precisamente la estructura del Estado. Ellos simplemente no quieren que el estado los gobierne de manera diferente, quieren gobernarse por sí mismos. No quieren cambiar cómo se ejerce el poder sobre ellos, sino quién ejerce ese poder. Buscan autogobernarse, no sólo porque lo ven como algo vital para su futuro bienestar, sino porque también es la parte

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Kitok, Lansman, Hopu, Ominayak, etc. Imagen de barbarellaisbi.wordpress.com

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central de la injusticia histórica que se inflige sobre ellos. La injusticia central del colonialismo fue la declaración de reclamos de soberanía sobre los pueblos indígenas y sus territorios por los colonizadores, y esta injusticia se ratificó por la misma legislación internacional. Por ahora, al afirmar el derecho indígena de auto gobierno, la legislación internacional puede mitigar esa injusticia. Estos tipos de reclamos no pueden aparentemente ser manejados bajo el artículo 27. El artículo 27 es una cláusula genérica de derechos de minorías que busca articular un reclamo de derechos que todas las minorías puedan invocar, sin considerar su relación particular histórica con el Estado. Por lo mismo se aplica a inmigrantes recién llegados y a refugiados, así como a pueblos indígenas o grupos nacionales históricamente establecidos. Los miembros de todos esos grupos —nuevos y viejos, grandes o pequeños, territorialmente concentrados o dispersos— tienen el derecho a disfrutar su cultura en comunidad con sus correligionarios. De hecho, el Comité de Derechos Humanos de la onu ha establecido que hasta los visitantes al país pueden reclamar el derecho del artículo 27 para disfrutar su cultura.6 Este derecho a disfrutar la cultura propia es un derecho humano de profunda importancia. Pero precisamente debido a que es un derecho genérico de minoría, reclamable tanto por visitantes como por los pueblos indígenas, no puede referirse a temas surgidos por historias de colonización y conquista o para casos donde el mismo derecho del estado para gobernar pueblos o territorios particulares esté en disputa. Para tratar estos temas y casos se necesita un instrumento legal aparte, que se enfoque no sólo en las minorías en general, sino en un conjunto más estrecho de grupos que compartan un patrón particular en su relación histórica con el poder del Estado. Y ésta es por supuesto la justificación razonada y la función de la Declaración indígena. Se enfoca no sólo en el derecho de los individuos a disfrutar su cultura en comunidad con etnias, sino a la estructura del Estado, la distribución del poder político sobre los pueblos y territorios, así como a la rectificación de la injusticia histórica en aquella distribución. Este es el principio central de la Declaración de autodeterminación y en sus disposiciones concernientes a la autonomía interna, el pluralismo legal y el control sobre el territorio tradicional. Son precisamente estos principios y disposiciones los que claramente marcan la Declaración como arraigada en un “modelo multicultural de ordenamiento político” (Anaya 2004: 15). Si el artículo 27 endosa un modelo culturalmente sensitivo de derechos humanos, la Declaración indígena endosa un modelo del Estado, por eso los comentaristas han visto que es transformativo. No sólo dice que las identidades culturales merecen respeto por parte del

Comité de Derechos Humanos, Comentario General No. 23, “Derechos de las Minorías (Artículo 17)” adoptado el 8 de abril de 1994, párrafos 5.1 y 5.2. 6

Estado, también que el Estado mismo debe pluralizarse, aceptando las ideas de soberanía dispersa, autonomías subestado y lealtades múltiples, así como reconocer las injusticias hechas cuando la autoridad política era ilegítimamente reclamada sobre los pueblos y territorios indígenas. Traducción: MM / MA.

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Aggressive Hunting Pictures Omar Árcega

C

uando el poder estatal arremete contra quienes debiera proteger engendra una de las especies más profundas del terror, se convierte en una mole de temores estrellándose en la piel ciudadana. Aunque nacido para buscar el bien común, el Estado pronto se blindó a sí mismo con una fuerza que luego habría de utilizar contra aquellos a quienes se debe. En un país donde la violencia aumenta exponencialmente, las imágenes de la muerte nos parecen cada día más cotidianas. Hemos perdido el asombro y ya no nos aterra la sangre mediática de cada mañana. A través de los medios apenas podemos atisbar las muecas empavorecidas, los gritos ahogados, el llanto sin consuelo, la ausencia de los desaparecidos que buscan en vano la voz de su verdugo. Omar Árcega animaliza nuestra barbarie y nos deja ahí, solos y miserables, en el reflejo de nuestra bestialidad. Pero no vemos una fiereza ligera, sino de un encono profundo donde ya no podemos regresar a esa remota y frágil condición de seres humanos: Caos c´est humanité. Somos una osamenta que se niega a morir y asistimos a una mitología de pólvora donde las metamorfosis ya no son de dioses sino de sicarios y su objetivo no es seducir bellezas, ahora se trata de un breve y violento romance con la muerte. Estas imágenes nos trasladan a los epicentros del caos, las ejecuciones masivas ya no son un evento extraordinario de las megalópolis, son catástrofes meditadas en la ira y en la soledad, un odio reconcentrado contra la luz. No es extraño que en la obra de Árcega no aparezca el sol: fue devorado por los dioses nocturnos y la sangre derramada no alcanza para que el astro se levante de nuevo en el oriente. Pero hasta la más cruenta tragedia tiene su final y la de estos mercenarios no es una noche eterna, sino una penumbra temporal. El grito frustrado, el cazador que muere en su silencio, el tiburón potencializado a máquina de guerra, son extremos de un dolor que no se calla, son voces que socavan su veneno. ¿Pero de dónde surge, cómo se congrega tanta violencia en un país? ¿A dónde nos conduce esta absurda carrera, por qué seguimos los pasos débiles y temblorosos de un ciego? La respuesta es una estrepitosa caída, el estallido de una bala en medio del cráneo. Penden de la noche los cuerpos mutilados, los ojos que no volverán a mirar el amanecer porque se han hundido en la fosa de una guerra sin destino. Pero alguien vela, alguien escucha esas miradas perdidas y nos las recuerda quizá como venganza: es el artista que escucha nuestro afilamiento animal. El filósofo francés Gaston Bachelard observó atentamente los confines de la oscuridad y adivinó de dónde provenía esa cólera inusitada: “El [artista] sabe por instinto que todas las agresiones, vengan del hombre o del mundo, son animales. Un pequeño filamento animal vive en el menor de los odios.” Y los animales se nos presentan como imágenes de nuestros propios odios que no somos capaces de soportar. La oscuridad de Omar Árcega nos arroja un grito ciego, carne de fantasma para comer en compañía de nuestra destrucción. Cerremos los ojos y dejemos que esta oscuridad nos alumbre de sangre y silencio las pupilas. Miguel Ángel Andrade

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Serie “Aggressive Hunting Pictures”, técnica mixta sobre papel recortado, 2011.

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Serie “Animales armas”, grafito transgrafía albanene sobre papel, 2009.

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Collage: Miguel テ]gel Andrade.


Polifonía • Omar Árcega, técnica mixta sobre papel recortado, 2011


Bajtín Orquestador de voces y conciencias Princesa Hernández M.

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a tesis central de David Bohm y F. David Peat en su libro Ciencia Orden y creatividad (1997) es considerar a la metáfora como una forma imaginativa para la creación de conceptos y un mecanismo creativo muy útil en la ciencia. Uno de los ejes centrales del texto es la preocupación de los autores respecto a un fenómeno que se puede observar tanto en la ciencia como en todas las áreas de conocimiento: la fragmentación. Ésta tiene lugar cuando se intenta imponer divisiones de manera arbitraria, sin ninguna consideración por un contexto más extenso, incluso hasta el punto de ignorar conexiones esenciales con el resto del mundo (Bohm y Peat 1997: 25). Los teóricos ingleses apelan a soluciones para este reduccionismo y separación entre los diferentes campos del conocimiento, tales soluciones consistirán en la imaginación, la metáfora y la creatividad. Si bien el texto anteriormente mencionado no es de los más emblemáticos respecto al mecanismo cognitivo de la metáfora, sí lo recupero como un libro que propone un enfoque novedoso respecto a la ciencia y su configura-

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ción, a la luz de las propuestas de Bohm y Peat es como este estudio encuentra inspiración. Al mencionar el concepto de “metáfora” muchas dudas saltan a quienes no están familiarizados con las ciencias cognitivas y de manera más general solemos verla como una figura retórica, pero ¿la metáfora es exclusiva de la poesía o también se restringe a la propuesta de llegar a nuevas teorías a través de ella? ¿El lenguaje cotidiano tiene metáforas? ¿Nuestro pensamiento es metafórico? Para despejar estas dudas hablaremos de los estudios de George Lakoff, Mark Johnson y Mark Turner, quienes han tenido tesis exitosas en el campo de los estudios cognitivos y sus obras se han basado en un análisis concienzudo del papel de la metáfora en nuestro pensamiento. En el planteamiento clásico, la metáfora surge de la inserción de una nota que proviene de un contexto determinado en otro distinto. Muchas metáforas están insertas en el inconsciente colectivo, son automáticas y no las percibimos como tal pero eso no las hace menos vivas. La propuesta de Lakoff y Johnson en Metáforas de la vida cotidiana (1980) y trabajos posteriores es que las metáforas impregnan el lenguaje cotidiano,


PRINCESA formando una red compleja e interrelacionada para la que tienen pertinencia tanto las creaciones más nuevas como las “fosilizaciones”, en consecuencia, la existencia de esta red afecta a las representaciones internas, a la visión del mundo que tiene el hablante (Lakoff y Johnson 1980: 12). Se sugiere entonces que la correspondencia de realidades disjuntas es lo que constituye la fuerza de la metáfora. Este ensayo tiene como objetivo mostrar que la metáfora sirve como base para un nuevo conocimiento. Esto desde el campo de la teoría literaria, donde los protagonistas son Mijaíl Bajtín y su noción de “múltiples voces” y un estilo de composición musical llamado “polifonía” que desarrollaremos a través de la teoría musical.

Breve noticia de Mijaíl Bajtín Hablar de Mijaíl Bajtín y de su obra es describir la vida de un hombre —antes filósofo del lenguaje que teórico literario, según él mismo admite— que vivió la censura, el exilio y la incomprensión de muchos de sus contemporáneos. En

su introducción a la Imaginación dialógica, Michael Holquist señala que Bajtín ha ido emergiendo gradualmente como uno de los principales pensadores del siglo xx y reconoce también que han sido más los factores que el teórico ruso ha tenido en contra para obscurecer tal reconocimiento. A través de sus obras publicadas Bajtín nos deja en claro que fue un atento observador, lector y escucha de su época. A continuación hacemos un recuento: nació en Orel, al Sur de Moscú en 1895, pero vivió su infancia en Vilnius (Lituania) y Odessa. Estudió filosofía y letras en la Universidad de San Petersburgo; junto a otros intelectuales creó el llamado “círculo Bajtín”. Permaneció en el nuevo Leningrado, nombre de San Petersburgo después de la revolución de 1917, apoyado por su mujer, ya que había perdido su trabajo como consecuencia de las sospechas suscitadas por sus prácticas religiosas. Detenido en 1929, fue deportado a Kazajistán, donde permaneció siete años, antes de iniciar su actividad como docente en Saransk (Mordovia), de donde emigró hacia Kimri, huyendo de la gran purga estalinista de 1937. Víctima de una enfermedad ósea, en

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1938 le fue amputada una pierna. Después de la Segunda Guerra Mundial regresó a Saransk, de cuya universidad fue catedrático hasta su jubilación en 1961. Sus obras alcanzaron gran prestigio en los círculos académicos moscovitas de los años sesenta, aunque su figura, que fue conocida en Occidente después de su muerte (1975), no tuvo el gran reconocimiento de su país hasta los años noventa del siglo pasado (Holquist 1981: xxi-xxv). Teniendo esta breve nota biográfica es importante subrayar ciertos puntos y recordar que su periodo de mayor producción fue en las etapas más obscuras de Rusia: la década que siguió a 1917, cuando el país se estremecía por el efecto combinado de una guerra perdida, la revolución, la guerra civil y la hambruna; y por otro lado, en la década de los treinta que se encontraba en el exilio de Kazajistán. ¿Por qué detenerse en la vida del autor? Este breve recuento biográfico contextualiza el trabajo de este pensador ruso, haciendo eco de su noción del “dialogismo”, creemos que los trabajos de investigación y las grandes teorías no son ajenas a la época en que se desarrollaron ni a las circunstancias en las que se gestaron, es decir, se establece un diálogo entre la teoría, la época, la ideología y el autor. Muchos de los escritos de Bajtín nunca salieron a la luz; una de las causas fue el incendio por parte de los nazis de la casa editorial que había aceptado publicar una de sus obras que trataban sobre la novela alemana del siglo xviii Erziehungsroman; el único ejemplar que existía, además del que ardió, fue utilizado como papel para enrollar los cigarrillos del propio Bajtín durante los obscuros días de la invasión alemana. Regresando a su obra y apuntando a lo que nos concierne, en el libro Problemas de la poética de Dostoievski (1929) nacieron ideas que no tuvieron un impacto entre sus colegas en el tiempo que Bajtín vivió, tales como la heteroglosia, la polifonía y el cronotopo o su noción del carnaval desarrollada en su obra sobre Rabelais —la cual surgió como su tesis para doctorarse (1940) pero que fue rechazada por considerarse aberrante para su publicación debido a su énfasis en el sexo y las funciones del cuerpo; por ello la academia rusa le negó el grado académico—; pero a pesar de lo poco acogida que fue su obra mientras él vivió, sus conceptos hoy son fundamentales para los estudios de discursos orales o escritos. En este contexto Bajtín construyó teorías que son significativas para la filosofía, la pragmática, la lingüística y la teoría literaria. En este ensayo tendremos oportunidad de detallar uno de sus grandes conceptos: “la polifonía”, que ve la luz gracias a una metáfora creada sobre la base de la teoría musical.1 En Problemas de la poética... Bajtín hace un recorrido por todos los estudios que se habían hecho sobre la obra del escritor de San Petersburgo y encuentra que naOtra metáfora importante que emplea Bajtín es la que se refiere a su noción de cronotopo en relación con los estudios de Albert Einstein y su teoría de la relatividad. 1

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die había hallado el verdadero valor del estilo del novelista ruso: la polifonía y el dialogismo en sus novelas. No oculta las fuentes de su descubrimiento y menciona que el punto de vista de mayor interés para su tesis es el trabajo de L.P Grossman, Dostoievski como artista, y dentro de este trabajo su segundo capítulo intitulado “Leyes de composición”. Según Grossman, “en la base de cada novela de Dostoievski está el principio de ‘dos o varias narraciones que se encuentran’, que se complementan por contraste y se relacionan según el principio musical de la polifonía”(Bajtín, 2003: 68).2 Siguiendo “la fuente de su fuente” nos refiere una cita del propio Dostoievski, el cual le escribe a su hermano a propósito de la publicación de Memorias del subsuelo en la revista Vremia: La novela se subdivide en tres capítulos... En el primer ca2 Las cursivas son mías con el fin de resaltar cómo se va armando la metáfora de la pluralidad de voces en la literatura con la polifonía musical, más adelante detallaremos cómo Bajtín remata la metáfora pero con esta cita de Grossman inicia su análisis para la noción de polifonía.


La novela polifónica es enteramente dialógica. Entre todos los elementos de la estructura novelística existen relaciones dialógicas, es decir, se oponen de acuerdo con las reglas del contrapunto (Bajtín, 2003: 67).

En esta cita ya está caracterizando a la novela polifónica como dialógica y compara su estructura con las reglas del contrapunto. En el siguiente fragmento señala aún más evidente la metáfora: Aquello que en la novela europea y rusa anterior a Dostoievski había constituido la totalidad última —el mundo monológico unitario de la conciencia del autor— en la suya es sólo una parte, un elemento de todo; en nuestro autor es tan sólo un aspecto subordinado; aparecen nuevos principios de combinación artística de los elementos y de estructuración de la totalidad; hablando metafóricamente, aparece el contrapunto.

Recapitulando, se podría pensar que Bajtín sólo incorporó a sus estudios las nociones de Grossman y del mismo Dostoievski, sin embargo la idea de polifonía pronto tomó nuevas dimensiones. En la teoría literaria, hay textos que se estudian desde la perspectiva bajtiniana; más allá del análisis que se aplicó a la obra de Dostoievski se ha tratado de “normativizar” estas nociones; siendo así, encontramos las siguientes caracterizaciones:

pítulo, como un pliego y medio... ¿acaso hay que publicarlas por separado? Se van a reír de él, además de que sin los otros dos capítulos (los principales) perderían todo su jugo. Tú entiendes lo que es modulación en la música. Es exactamente lo que hay aquí. En el primer capítulo parece que sólo hay verborrea; pero ésta, de repente, en los siguientes capítulos, se resuelve mediante una catástrofe inesperada (Cartas. I, p. 365, citado en Bajtín, 2003: 69).

Bajtín explica que el mismo Dostoievski traspone al plano de la composición literaria la ley de pasaje musical de una tonalidad a otra. Y resuelve que el punctum contra punctum “son varias voces que cantan de manera diferente un mismo tema. Ésta es precisamente, la polifonía que describe el carácter polifacético de la vida y de la complejidad de las vivencias humanas” (Bajtín, 2003: 70). Veamos ahora qué dice Bajtín refiriéndose a la metáfora musical, estos comentarios se dan en distintas ocasiones y los muestra como la conclusión de su primer capítulo de la poética de Dostoievski titulado “La novela polifónica”:

1. Bajtín argumenta que los personajes y narradores son conocidos por sus voces, más que por otras herramientas en el texto, y en la forma en que estas voces están organizadas se determina si es o no una obra polifónica. 2. En las obras polifónicas tanto el narrador como los personajes existen en el mismo plano, donde el segundo no toma precedencia sobre el primero pero tienen los mismos derechos al hablar. La polifonía en la novela es una forma democrática, en la cual la igualdad de los enunciados es central. 3. Para representar la novela polifónica en vez de gastar energía en un narrador y en una voz autoritaria, el novelista polifónico gastará esto sobre la representación de la misma conciencia de los personajes. El tema no es una ausencia de, sino un cambio radical en la posición del autor (Vice, 1997: 112-23). 4. La novela polifónica es enteramente dialógica. Las relaciones dialógicas representan un fenómeno mucho más extenso que las relaciones entre las réplicas de un diálogo estructuralmente expresado, son un fenómeno casi universal que penetra todo el discurso humano y todos los nexos y manifestaciones de la vida humana en general, todo aquello que posee sentido y significado (Bajtín, 2003: 67). Este último punto es de vital importancia, ya que la polifonía no puede ir separada del dialogismo. En definitiva,

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Bajtín dirá que el autor, como voz de autoridad, desaparece o se diluye en la multiplicidad polifónica que define a la novela.

La polifonía musical Con el fin de comprender mejor qué es lo que se debe escuchar en la música, Aaron Copland distingue tres especies de textura musical: la monofónica, la homofónica y la polifónica. Según el autor, la monofónica es la más simple de todas porque consiste en una línea melódica que no tiene acompañamiento, como ejemplo podemos nombrar a los cantos gregorianos (Copland, 2006: 104). 3 La segunda textura —la homofónica— consiste en una línea melódica principal y un acompañamiento de acordes; esta textura fue “invento” de los primeros compositores de ópera italianos, los cuales buscaban una manera más directa de comunicar la emoción dramática y una mayor claridad para el texto literario cantado (Copland, 2006: 105). Antes de caracterizar lo que es la polifonía, contaremos un poco de su historia. Los primeros atisbos de la polifonía llegaron con la inclusión de una línea de bajos en el canto llano. Anteriormente las melodías eran cantadas por tenores, la más alta de las voces masculinas. Pero eran demasiado altas para los bajos, de modo que en algún momento del siglo ix se empezó a cantar la misma melodía cuatro o cinco notas más baja. Con ello había nacido la armonía de dos voces. Ya en el siglo xi, se añadió una tercera voz por encima del tenor, sembrándose las semillas de un nuevo estilo: el polifónico. A medida que la música se fue haciendo de mayor complejidad, la transmisión oral ya no era suficiente y se hizo necesaria la escritura, gracias a ella se pudieron transcribir con exactitud la forma en que debía cantarse cada voz por separado. A través de esto se encuentra la ruptura con la monofonía litúrgica de los primeros tiempos de la Edad Media; las voces individuales ganaron su independencia permitiendo cantar simultáneamente dos o más melodías (Weeks, 2000: 20-21). Por el lado de la recepción, la textura polifónica presenta verdaderos problemas para el oyente, según Copland, porque la música escrita polifónicamente exige mucho de la atención del oyente ya que mueve hebras melódicas separadas e independientes que, juntas, forman las armonías. La dificultad nace debido a que nuestros hábitos auditivos se forman en la música concebida armónicamente y la música polifónica exige que escuchemos de una manera más lineal, sin hacer caso, hasta cierto punto, de aquellas armonías resultantes. Toda la música escrita antes del año de 1600 y mucha de la que se escribió después, era música de textura polifónica, en este punto Coplan aconseja que se debe escuchar con disposiciones diferentes la música de Palesreina u Orlando de Lasso que cuando escuchamos a Schubert o Chopin: 3 Podemos ahora comprender mejor la analogía que Bajtín hace de la novela monológica —la cual tiene sólo una voz, autoritaria y sin libertad de pensamiento; como ejemplo Bajtín menciona las novelas de Tolstoi contrarias a la novela polifónica.

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No sólo desde el punto de vista de su significado emocional, sino también técnicamente, porque la música fue concebida de un modo en todo diferente. La textura polifónica implica un auditor que pueda oír distintas hebras de melodía cantadas por distintas voces, en lugar de oír solamente el sonido de todas las voces (Copland, 2006: 108).

En la polifonía el efecto de oír dos voces es como la ilusión óptica de ver bien dos caras pero nunca ver ambas a la vez. Si se escucha una voz se perderán las demás, pero si escuchas al conjunto no es posible seguir cada melodía por separado. En eso radica la belleza de la polifonía.

Metáfora. Voces de libre conciencia orquestadas El estudio de cualquier materia comienza con un acto natural de abstracción. Cuando este tipo de acto de abstracción perceptiva se ve libre de una rigidez excesivamente mecánica, entonces no conduce a la fragmentación, sino que más bien refleja la relación siempre cambiante del objeto en su contexto, el conocimiento sólo puede darse cuando se toman en cuenta contextos más amplios y rechazando la fragmentación. Podemos concluir que tanto en la ciencia como en el arte hay procesos creativos que dan lugar a un avance significativo y que en este caso, la apuesta de Bajtín fue crear una metáfora que operara a partir de la correspondencia de ideas antes incompatibles de manera radicalmente novedosa; esto implica que al comparar los mecanismos de la música con la estructura literaria de las novelas de Dostoievski haya una profunda reflexión del peso de la palabra, de la importancia del otro y del diálogo como categoría esencial del lenguaje.

La metáfora en acción A lo largo de nuestro trabajo encontramos los siguientes rasgos en los dos dominios que trabajamos, el musical y el literario.


Musical: textura homonofónica: cantos gregorianos. Ejemplo de la escritura de una obra homofónica de Caccini:

Literario: Novela fonológica, prevalece la voz del narrador y su ideología. Ejemplo de la obra de Tolstoi, fragmento de “Tres muertes”: Repentinamente, un ruido extraño a la naturaleza se propagó y fue a morir a los lindes de la soledad. Volvió a sonar, uniforme, sobre el tronco de uno de los árboles inmóviles. Una copa vibró de un modo extraordinario; su follaje, grávido de savia, murmuró no sé qué secreto, y la curruca que allí se guarecía cambió dos veces de lugar, lanzó un silbido, y tras de sacudir la cola fue a refugiarse en otro árbol.

Musical: Textura polifónica: Beethoven, Bach, obras como el “Allegratto” de la Séptima sinfonía de Beethoven o De Das Marienleben (La vida de María) de Paul Hindemith. A continuación un fragmento de su partitura:

Literario: Fragmento de novela polifónica: Oiga usted: ¿le gusta mucho la música? A mí me gusta la mar. Ya le tocaré a usted algo cuando vaya por su casa. A mí me gusta mucho tocar el piano, y he pasado mucho tiempo estudiándolo. Lo he estudiado en serio. Si yo compusiese una ópera, casaría el argumento de rusto. Me encanta ese tema. Yo siempre compongo la escena de la catedral, y me la represento en la imaginación. Una catedral gótica, el interior, coros, himnos; entra Gretchen, y, mire usted..., coros medievales, para que así se perciba el siglo quince. Gretchen está triste; al principio un recitativo, sereno pero espantoso, lacerante, y los coros vibran lúgubres, severos, despiadados: Dies irae, dies illa! Y de pronto..., la voz del diablo, la canción del diablo. El cual permanece invisible, sólo que su canción suena con los himnos, juntamente con los himnos, casi fundiéndose con ellos, y, sin embargo, de un modo totalmente distinto; algo así hay que hacer. La canción es larga, interminable; es... para tenor, irremisiblemente ha de ser para tenor. Empieza queda, tiernamente: “¿Recuerdas, Gretchen, cuando tú, aún inocente, aún una niña, venías con tu mamá a este templo y murmurabas oraciones en un viejo libro?” Pero el aria va volviéndose cada vez más fuerte, cada vez más apasionada y anhelante; las notas son más altas; hay en ellas lágrimas, pesar infinito, irremediable, y, por fin, desolación. “¡No hay perdón, Gretchen; no hay aquí para ti perdón!” Gretchen quiere orar, pero de su pecho sólo salen gritos...; mire usted, como cuando se llora con el corazón encogido; y el aria de Satán no calla, cada vez más profunda resuena en el alma, muy aguda, muy alta...; y de pronto se interrumpe casi con un clamor: “Acabó todo, maldita!” Gretchen cae de rodillas, se retuerce las manos..., y he aquí entonces que surge su oración, algo muy breve, medio recitado, pero ingenioso, sin la menor ficción; algo sumamente medieval, cuatro versos, tan sólo cuatro versos... en Stradelli se encuentran algunas notas así... y en la última nota, el desmayo. Postración. La levantan; se la llevan... y de pronto sobreviene el borrascoso coro. Es... como un torrente de voces, un coro inspirado, triunfal, aplastante, algo por el estilo de Dorin... no... nía... Chin... nii..., hasta el punto de conmoverlo todo en sus cimientos y fundirlo todo en un entusiástico, exaltado general clamor: “¡Hosanna!” Algo así como el clamor de todo el Universo, ¡y se la llevan a ella y entonces cae el telón! [...] (El adolescente, t. II, pp. 1832-1833).

Aunque no seamos conocedores de la teoría musical o del lenguaje musical, a simple vista podemos ver que las líneas melódicas sin acompañamiento (textura homonofónica) son menos complicadas tanto para el intérprete como para el receptor, al contrario de la textura polifónica que requiere un mayor esfuerzo intelectual para el compositor y el escucha. Lo mismo encontramos en los ejemplos de la novela monológica y polifónica, donde la pluralidad de voces y libertad de conciencia del personaje Trishátov en El adoles-

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cente muestra el fino oído del protagonista, sus palabras sugeridas por la voz ajena y, como resultado de ello, la combinación peculiar e irrepetible de las voces y las palabras de orientación diferente en una sola palabra, así como el cruce de dos conciencias en una. Esta combinación de contrapunto de las voces con distinta orientación, dentro de los límites de una sola conciencia, le sirve de fundamento y de apoyo para introducir las otras voces reales. En este pasaje ofrece la imagen musical pero en forma literaria (Bajtín, 2003: 328). No pasa lo mismo con el ejemplo de Tolstoi, ya que como en la música de textura homonofónica, no se trata de un valor estético mayor o menor, sino que da cuenta de dos formas totalmente distintas de hacer música y literatura: sólo se percibe una voz.

A manera de conclusión Gracias al juego creativo y la nueva percepción hay un movimiento constante de similitudes y diferencias en el que cada nueva teoría difiere de manera sutil pero significativa de la precedente. Para animar a la mente en esta actividad creativa es necesario ser sensible a las maneras en que se desarrollan similitudes y diferencias y no simplificar la situación ignorándolas o minimizando su posible importancia. Si la actividad imaginativa permanece en el receptor y en el creador, el conocimiento no se reducirá a cánones rígidos que la humanidad acata sino en una forma dialógica que permitirá un desarrollo en la especie humana. ¿De dónde vienen las teorías? ¿Quién las construye? ¿De qué sustancia están formadas? Probablemente cuando una teoría es aceptada como certeza —en un momento determinado— se convierte en una verdad inherente en la colectividad, sin embargo, no debemos perder de vista que teorías y descubrimientos científicos se desarrollan a partir de un mecanismo metafórico que pudo crearse a través de la imaginación. Si las metáforas estuvieran más presentes en el estudio del conocimiento sería más enriquecedora y fructífera la experiencia del “saber” y del “conocer”. Dentro de la teoría literaria como en todos los campos del conocimiento, los estudios se van haciendo más especializados. Los conceptos que Bajtín nos ofrece

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han evolucionado en distintas áreas como la lingüística, evidenciando que en el habla humana conviven el peso y la historia de las palabras por lo cual ninguna expresión es ingenua y se escapa del compromiso que tenemos con el lenguaje. Uno de los mecanismos más nuevos y útiles en el estudio de novelas modernas y posmodernas es el de la intertextualidad, mecanismo dinámico que capta las “otras voces” que hay dentro de un texto y que no sólo se limitan a la cita o al plagio, sino en una existencia que le da vitalidad al texto y fenómeno que sólo se cierra con el bagaje del lector, este proceso para deconstrucción de un texto —para luego reconstruirlo y con ello expandir la interpretación y los alcances de una obra— no podría entenderse sin la noción de dialogismo y polifonía, que es de donde proviene. La novela “polifónica” es el préstamo más famoso de Bajtín y parte, como hemos visto, de la terminología musical; si para Balzac la novela era la historia secreta de las naciones, para Bajtín “la novela es el registro más completo de todas las voces de la época” y este cambio es crucial para la comprensión, no sólo de la novela sino del lenguaje en sí mismo.

Referencias Arán, Pampa O. (1998). La estilística de la novela en M.M. Bajtín. Argentina: Narvaja editor. Bajtín, Mijaíl Mijáilovich (2003). Problemas de la poética de Dostoievski. México: Fondo de Cultura Económica. —(1989). Teoría y estética de la novela. Madrid: Taurus. Coplans, Aaron (2006). Cómo escuchar música. México: Fondo de Cultura Económica. David Bohm y F. David Peat (1997). Ciencia Orden y creatividad. eeuu. Holquist, Michael (2002/1981). The Dialogic Imagination by M. M. Bakhtin. Austin: University of Texas Press. Lakoff, G. & Johnson, M. (1980). Metáforas de la Vida Cotidiana. España: Cátedra. Vice, Sue (1997). Introducing Bakhtin. Manchester & New York: Manchester University Press. Weeks, Marcus (2000). Música clásica. Madrid: Celeste ediciones.


Orquestación • Orlando Larrondo • fotografía y fotoarte

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Que el saber no sea soledad en llamas SuscrĂ­bete unidiversidad@siu.buap.mx


Visiones encontradas â&#x20AC;˘ Orlando Larrondo, fotografĂ­a, 2011


Transparencia electoral en México Silvia Gómez Tagle

E

n México, desde el término de la Revolución de 1910, existió un régimen político formalmente democrático, pero con características autoritarias, casi hasta el final del siglo xx. En el presente ensayo se analizan los cambios en la legislación y las instituciones electorales en el periodo de 1977 a 2002, en el que se fue transformando este régimen hasta que llegó a la presidencia de la República un partido distinto al Revolucionario Institucional (pri).

La oferta de igualdad en la democracia política Desde los albores del siglo xx el derecho al sufragio universal, libre y secreto ofrecía colocar a todos los ciudadanos en una situación de igualdad política, a pesar de todas las demás diferencias que han existido en la sociedad, en acceso a los bienes y valores sociales. Por eso la celebración regular de elecciones, en las que se ponen en juego los más altos puestos de poder político, han sido consideradas

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por muchos autores como el rasgo empírico que permite distinguir a un régimen democrático. Pero en realidad las elecciones por sí solas son insuficientes para garantizar la democracia, pues muchas veces el acceso desigual al poder y a los recursos, la manipulación de la información, o las reglas para participar como candidato o como votante, impiden que los ciudadanos realmente puedan elegir. De hecho, la democracia perfecta nunca ha existido porque las desigualdades profundas de la sociedad capitalista colocan inevitablemente en desventaja a grandes sectores de la población, tengan o no ciudadanía política. Sin embargo, tener ciudadanía, así como la existencia de un sistema plural y competitivo de partidos, no es poca cosa, porque permiten cuando menos reclamar los derechos a mínimos de bienestar, libertad, respeto de la integridad física, etc. Desde esta perspectiva, en México la transformación del sistema electoral y de partidos comenzó con la reforma política de 1977, porque introdujo una nueva dinámica en la competencia por el poder por la vía electoral. Pero en México no hay un momento de ruptura entre


el viejo régimen y el nuevo, eso que otros países se ha dado en llamar “transición a la democracia”.1 Antes al contrario, los cambios se han producido gradualmente, con avances y retrocesos en diversos aspectos, a pesar de los indudables cambios que se han observado en el largo plazo. El sentido de la democracia estriba en el establecimiento de reglas para canalizar la lucha por el poder político, en la exigencia de que los gobernantes asuman su responsabilidad (respondan a los ciudadanos) tanto como de que exista la posibilidad real de que el poder político cambie de manos por la vía El término “régimen político” se emplea aquí según la definición de Levi (1995: 1362); es decir, como el conjunto de instituciones que regula la disputa del poder y el ejercicio del mismo, así como los valores que alimentan a esas instituciones. 1

Varios tornillos faltantes

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pacífica a través de las elecciones. Las instituciones a cargo de la organización y certificación de las elecciones y sus resultados constituyen el puente necesario entre las reglas de la democracia y la práctica democrática. La legitimidad de los procesos electorales depende en gran medida de qué tan confiables son dichas instituciones.2 En este sentido, tres aspectos son importantes: la organización de los comicios, la evaluación del proceso electoral según la percepción que se tiene de los actores y los resultados electorales.

México: un sistema de partido hegemónico La democracia no fue uno de los valores centrales del régimen político emanado de la Revolución Mexicana. El pri se aprovechó del consenso general que inicialmente obtuvo de la Revolución —y que más tarde consolidaría durante la administración del presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940)— para imponer un sistema electoral diseñado para evitar el crecimiento de una oposición política real. Los diversos partidos políticos fueron tolerados, siempre y cuando no tuvieran ni el proyecto, ni la oportunidad de crecer. La clave para evitar que los comicios dieran la oportunidad para que otras fuerzas políticas amenazaran la hegemonía del partido heredero de la Revolución. Entre 1946 y 1976, cuatro aspectos fundamentales de la organización electoral garantizaban la estabilidad del sistema político mexicano en materia de elecciones: a) el control ejercido por el pri sobre el poder legislativo, cuya mayoría le pertenecía; b) la prerrogativa presidencial de decidir cuántos (y cuáles) partidos podían competir en la contienda, derivada de la exigencia de que, para hacerlo, debían recibir el registro correspondiente; c) elecciones organizadas y certificadas por instituciones bajo el control del presidente y su partido; y d) fondos gubernamentales a disposición de las campañas electorales del partido. De este modo, las plataformas de la oposición fueron excluidas de la lucha electoral y condenadas a la acción política clandestina. El Partido Comunista Mexicano (pcm), el Partido de la Fuerza Popular (pfp)3 y la Federación de 2 Si no hay manera de forzar a la ciudadanía y a los partidos políticos a respetar las regulaciones electorales, el proceso entero tiende al fracaso, ya que quienes violan las leyes electorales quedan impunes. 3 Ligado al sinarquismo, un movimiento de extrema derecha, el Partido de la Fuerza Popular obtuvo su registro en 1946 para contender en las elecciones presidenciales de ese año, pero lo perdería en 1949 por cometer actos ilegales (profanar el Hemiciclo a Juárez en la Alameda Central de la capital). Ver Molinar Horcasitas, 1991: 36.

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Partidos del Pueblo de México (fppm),4 entre otros, serían catalogados como partidos ilegales, a pesar de pertenecer unos a la izquierda y otros a la extrema derecha. Hasta 1979, solamente el partido de centro-derecha Acción Nacional (pan) sería capaz de sobrevivir ante tales adversidades. Los otros dos partidos que surgieron en ese periodo, y que “obtuvieron el permiso de participar en las elecciones” fueron aliados del pri: el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (parm) y el Partido Popular Socialista (pps).

La etapa de la pluralidad política La reforma política más importante del periodo se llevó a cabo en 1977. La nueva legislación (que implicó una reforma constitucional y legal) impulsó el pluralismo político mediante la posibilidad de que nuevos partidos obtuvieran su registro y la representación proporcional en la Cámara de Diputados, permitiendo que los partidos minoritarios ocuparan asientos en el Congreso. Tras medio siglo de sinsabores, la oportunidad había llegado para la oposición; los nuevos partidos no tardaron en obtener su registro. 5 La reforma también comprendió el derecho a la información6 y establecía el derecho de amnistía para presos y fugitivos políticos. Esta última acción sería un gran incentivo para que muchos individuos envueltos en la lucha social se enrolaran en partidos políticos y, abandonando la acción directa, ora por la vía pacífica en movimientos de carácter social, ora por la beligerante en la guerrilla, emplazaran sus actividades hacia los procesos electorales. En 1979, tres nuevos partidos fueron registrados para las elección de diputados: el Partido Comunista Mexicano (pcm), el Partido Socialista de los Trabajadores 4 La fppm fue puesta en marcha en 1945 por un grupo de izquierda conformado por disidentes del pri. Desaparecería tras las elecciones presidenciales de 1952, en las que su candidato, general Miguel Henríquez Guzmán, gozó de una gran proyección. Ver Martínez Assad, 1982:18. 5 Para ganar el “registro definitivo”, los partidos debían demostrar que poseían una cantidad considerable de simpatizantes en todo el país, lo que acarreó enormes dificultades, ya que era necesario efectuar asambleas multitudinarias en las que cientos de personas debían acreditar su identidad ante notarios públicos. Por su parte, el “registro condicionado” habilitaba a los partidos a contender en los comicios y a aspirar al registro definitivo sobre la base de su captación de votos. Si un partido no sumaba cuando menos 1.5 % del electorado participante se le retiraba el registro, como sucedió con el parm en 1982, empero, podía solicitar un nuevo registro condicionado para participar en el siguiente proceso electoral. 6 Con todo, la legislación concerniente al derecho de la ciudadanía a la información no sería implementada sino hasta 2002. De hecho, esta ley constituyó el mayor avance logrado a favor de México durante el sexenio en que gobernó Vicente Fox.


(pst) y el Partido Demócrata Mexicano (pdm), deudor del sinarquismo del pfp tras su disolución en 1949. A ellos se sumaron, para las elecciones generales de 1982, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (prt) y el Partido Social Demócrata (psd). En 1985 también obtuvo el registro electoral el Partido Mexicano de los Trabajadores (pmt). Sin embargo en materia de organización electoral (operación de la elección) la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (lfoppe) no significó cambios. La responsabilidad de la operación electoral permaneció en el ejecutivo federal, o sea en la Comisión Federal Electoral (cfe), que a su vez era un organismo a cargo de la Secretaría de Gobernación, cuyo titular en turno era designado por el presidente, y se apoyaba en los gobernadores de cada estado para conducir los procesos electorales. Semejante acuerdo institucional abría la posibilidad de que el presidente y los gobernadores interfirieran en el resultado de las votaciones. En 1986 y 1987, nuevas reformas fueron impulsadas para resolver la tensión entre los partidos emergentes, la ciudadanía en proceso de organizarse y un sistema electoral controlado políticamente por el ejecutivo federal. Pero como la dinámica competencia electoral a la que dio lugar la reforma de 1977 no fue acompañada de los cambios institucionales necesarios para promover la transparencia, los conflictos postelectorales se volvieron cada vez más frecuentes tanto a nivel federal como en los estados. Aunada al descontento social acumulado a raíz de la crisis económica de 1982 y a la desaprobación cada vez mayor del autoritarismo, la pérdida de credibilidad de los procesos electorales y de sus “ganadores” trajo como resultado una fractura interna del partido en el poder, que en 1987 condujo a la formación de la Corriente Democrática (del pri) y un año después provocó la salida de un importante grupo de dirigentes y bases sociales, que apoyaron la campaña presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano como candidato del Frente Democrático Nacional (fdn). La elección presidencial de 1988 significó un parteaguas, tanto para la propia izquierda que se sumó masivamente a la candidatura de Cárdenas, como para el pri. El fdn se convertiría en 1988 en el Partido de la Revolución Democrática (prd). Paulatinamente, como resultado de múltiples conflictos poselectorales y de las reiteradas demandas de sectores de la sociedad civil, en los años noventa se pasó de un régimen en el que literalmente los votos no contaban, a otro en el que los votos eran frecuentemente mal contados, ya que la maquinaria electoral seguía siendo contro-

lada por la Secretaría de Gobernación y los gobernadores, todos del mismo partido.

La batalla por la transparencia electoral Ante la precariedad de su triunfo electoral, el presidente Salinas (1988-1994) se comprometió a impulsar una reforma electoral de mayor envergadura, la cual conduciría, en 1990, a la creación del Instituto Federal Electoral (ife), un organismo autónomo permanente con estatutos propios, administrado por profesionales en la materia y coordinado por un Consejo General con un presidente, ocho consejeros magistrados, dos representantes del Congreso y un representante de cada partido. Pero en la práctica el ife no alcanzó la autonomía del poder ejecutivo mientras el secretario de gobernación fue presidente de la institución. Las reformas de 1989 y 1990 además trajeron consigo la creación del nuevo Tribunal Federal Electoral (tfe), organismo con mayores facultades respecto al Tribunal de lo Contencioso Electoral, pero todavía eran las comisiones electorales del Congreso las que aún tenían la última palabra a la hora de certificar elecciones. Se eliminó la figura de “candidatos comunes” con el propósito de evitar que se formaran coaliciones como la que impulsó la candidatura de Cárdenas en 1988, y se facilitó el ingreso de nuevos partidos a la arena política. Gracias a ello, para las elecciones intermedias de 1991 se registraron dos partidos nuevos: el Partido del Trabajo (pt), identificado entonces como salinista, y el Partido Verde Ecologista de México (pvem). En 1994 tuvo lugar una “reforma de último momento” —antes de las elecciones presidenciales— que fue resultado de una creciente demanda de apertura política en el contexto de la rebelión zapatista en Chiapas, así como de la incertidumbre propiciada por el asesinato del candidato presidencial del pri, Luis Donaldo Colosio. Esta reforma otorgó mayor autonomía al Consejo General del ife , suprimió la eliminación de la “autocalificación electoral” en las elecciones legislativas, al asignar al Tribunal Federal Electoral la última palabra en la validación de elecciones de senadores y diputados federales. Incluso le otorgó al Consejo General del ife el poder para certificar los resultados electorales en materia de representación proporcional; sin embargo la prerrogativa de validar la elección del presidente siguió perteneciendo a la Cámara de Diputados. A petición del Consejo General del ife, la legislación de 1994 también creó una fiscalía especializada en crímenes electorales, pero sus fallas fueron tales, que algunas orga-

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Lázaro Cárdenas

1934-1940

1946-1976

• Sistema electoral diseñado para evitar el crecimiento de alguna oposición política real.

• El pri controla el poder legislativo por mayoría. • El presidente decide los partidos participantes. • Elecciones bajo el control del presidente y sus instancias • Fondos gubernamentales a diposición de su partido. • El Partido Comunista Mexicano (pcm), Partido de la Fuerza Popular (pfp) y la Federación de Partidos del Pueblo de México (fppm), son declarados ilegales.

1977-1979

La reforma electoral de 1996 Las dificultades económicas y políticas que enfrentó Ernesto Zedillo Ponce de León al arribo a la presidencia de la República en 1994 propiciaron la búsqueda de nuevos acuerdos para otra reforma electoral “de fondo”. En la reforma electoral de 1996 participaron todos los partidos políticos y un gran número de organizaciones de la sociedad civil, y fue la primera que se aprobó por consenso. Pueden destacarse los rasgos que explican su importancia: a) la autonomía de ife, b) la creación de un tribunal federal electoral también autónomo, especializado en materia electoral, perteneciente al Poder Judicial, con la facultad para dirimir los conflictos electorales locales o federales como “última instancia”; c) la disposición constitucional que obliga a las entidades de la República a asumir principios similares a los expresados en la legislación Estas fallas se debieron en gran medida a la ineficacia de los procedimientos establecidos y al hecho de que exigía a los demandantes cargas probatorias excesivas. Ver Alianza Cívica 1994. 8 Estos porcentajes fueron calculados por la autora tomando como base el total de votos, incluyendo las boletas anuladas. Ver Gómez Tagle, 1997: 42.

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•Crisis económica. • Aparece el Partido Mexicano de los Trabajadores (pmt) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (prt). • Elecciones presidenciales.

• Se concreta la reforma política más importante hacia el pluralismo partidista. • En 1979 aparece el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (parm) y el Partido Popular Socialista (pps). • Obtienen registro el Partido Socialista de los Trabajadores (pst), el Partido Comunista Mexicano (pcm), así como el Partido Demócrata Mexicano (pdm).

nizaciones sociales, como Alianza Cívica (ac), optarían por abandonar una serie de casos interpuestos ante ella.7 Hay que agregar que fueron las primeras elecciones en México en las que el gobierno accedió a dotar de carácter oficial a los observadores nacionales e internacionales. Ernesto Zedillo Ponce de León, candidato del pri, ganó las elecciones presidenciales de 1994 con un 48.8 por ciento de los votos, ligeramente menos que el total reportado por las autoridades en el caso de Salinas de Gortari en 1988;8 no obstante, como en este caso no hubo cuestionamientos serios por fraudes o irregularidades en el proceso electoral, su triunfo mereció el reconocimiento tanto de la opinión pública como por sus competidores más cercanos: Diego Fernández de Cevallos y Cuauhtémoc Cárdenas, candidatos del pan y el prd, respectivamente.

7

1982-1985

1986-1988 • Fractura al interior del pri, suge el Frente Democrático Nacional (fdn) que se convierte en prd al aglomerar todas las facciones de izquierda. • Elecciones presidenciales; gana C. Salinas. • Reforma política a partidos emergentes.

1989-1991 • Se crea el ife y el trife para regular la vida política en México. • Aparece el Partido del Trabajo (pt) y el Partido Verde Ecologista de México (pvem).

federal; y por último, d) la reforma política en el Distrito Federal, que devolvió a los ciudadanos de esta entidad (la ciudad capital) sus derechos políticos para elegir al jefe del gobierno local, y de 2000 en adelante a los “jefes de gobierno” de las 16 demarcaciones administrativas en las que se divide la entidad. Además, se reconoció el derecho a voto a los mexicanos radicados en el extranjero, establecieron regulaciones en cuanto a los fondos públicos y privados destinados a los partidos, imponiendo límites a los gastos de campaña, e implementaron nuevos mecanismos para la administración financiera de los partidos. Otra novedad fue que se autorizó a la Suprema Corte a intervenir en ciertos asuntos que implicaran cuestiones constitucionales en materia electoral, siempre y cuando se trate de casos o demandas federales que involucren las discordancias existentes entre las leyes de los estados y los principios de la federación.9 Con todo, cuando llegó la hora de realizar cambios significativos al cofipe, el pri echó abajo acuerdos de reforma constitucional que los partidos de oposición venían negociando durante meses. Como consecuencia, la nueva ley electoral aprobada en 1996 dejó muchos puntos pendientes, entre ellos la legislación del voto para mexicanos en el extranjero y los límites impuestos a las campañas, que el pri insistió en elevar.10 Por último, las reformas constitucionales de 1996 produjeron cambios importantes en las fórmulas de representación empleadas tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados federales. En este sentido, resulta particularmente significativo el avance que supuso la reforma a la ley electoral del Distrito Federal, la cual finalmente otorgó a los capitalinos el derecho a elegir a sus gobernantes y acrecentó el poder de la asamblea de representantes al convertirla en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Ver Valdés, 1998. 10 La cantidad total para gastos de campaña autorizada por el pri excedía por mucho lo que los partidos de oposición consideraban conveniente. Sin embargo, nuevas reglas concernientes a la distribución de fondos públicos para gastos de campaña determinaron que el pri dejara de ser el único beneficiario de este límite tan alto. 9


PDS 1994-1996

1998-2000

2001

• Hasta 1996 el ife y tri fe obtienen su autonomía para funcionar. • Los estados asumen la legislación federal. • Reforma electoral del D.F. le otorga autonomía.

• Se funda el Partido del Centro Democrático (pcd) de Camacho Solís y el Partido Democracia Social (ds) del experredista Gilberto Rincón Gallardo. • El prd hace alianza con el Partido de la Sociedad Nacionalista (psn), con el Partido Alianza Social (pas) y con el Convergencia Democrática de reciente formación (pcd) y el Partido Democracia Social (ds).

• Se comprueban anomalías fiscales y desvío de recursos en la campaña de Vicente Fox y Francisco Labastida.

El desempeño de las instituciones electorales en 1997 Cuando los nueve consejeros del ife11 electos según los términos de la ley electoral de 1996 asumieron su cargo, el proceso electoral de 1997 ya había comenzado. Ese año, una de las principales tareas del ife fue reorganizar los distritos electorales con miras a una mejor repartición de las trescientas diputaciones de mayoría. Pero las negociaciones más arduas serían las concernientes al presupuesto del ife y a los recursos públicos destinados a los partidos.

El papel de las instituciones electorales durante el periodo de transición 1998-2000 La construcción de la confianza en los resultados electorales y en las instituciones encargadas de organizar y calificar las elecciones se fincó sobre la base de la autonomía, tanto del ife como del tepj. En esto el proceso de cambios políticos graduales en México tuvo como uno de sus puntos de inflexión el acuerdo nacional que dio lugar a la reforma de 1996. Sin embargo, en la medida en que las organizaciones ciudadanas y los partidos depositaban su confianza en estas instituciones bajo su nuevo formato jurídico, el pri encontró puntos de conflicto y desacuerdos y a la postre el cuestionamiento permanente de los partidos, sean de un bando sean del otro, ha tenido consecuencias negativas para el proceso de democratización (Schedler, 2001: 58). De hecho, una vez que el instituto se deslindó del ejecutivo federal, el pri comenzó a verlo como un organismo contrario a sus intereses, adoptando una actitud de continua Los consejeros eran José Barragán, Jesús Cantú, Jaime Cárdenas, Alonso Lujambio, Mauricio Merino, Juan Molinar Horcasitas, Jacqueline Peschard, José Woldenberg (consejero presidente) y Emilio Zebadúa. Más tarde, Barragán renunciaría y sería remplazado por Enrique Ibarra. 11

confrontación hacia él (Sdhedler, 2001:56; Aguirre, 1999:35). También surgieron conflictos entre los nuevos consejeros electorales (elegidos en la Cámara de Diputados con el consenso de todos los partidos) y el personal administrativo del ife. Primero se desató un sonoro conflicto entre funcionarios con una larga trayectoria en los gobiernos priístas y los consejeros. Esta reforma restringió la participación de nuevos partidos mediante la eliminación (una vez más) del registro condicionado y el incremento a 2.5 por ciento del electorado para conservar el registro definitivo, los criterios empleados por el ife para determinar los requisitos legales que debían cumplir los partidos (contar, en primer lugar, con miembros en todo el país) ganaron en transparencia y dieron pie a muy pocas quejas por parte de la opinión pública. De hecho, entre 1998 y 2000 dos nuevas organizaciones obtuvieron su registro: el Partido del Centro Democrático (pcd), fundado por Manuel Camacho Solís (antiguo miembro del pri, regente capitalino durante la administración de Salinas y aspirante a la presidencia en 1994 y 2000), y Democracia Social (ds), fundado por el ex perredista Gilberto Rincón Gallardo. Además, para las elecciones de 2000, tres pequeños partidos de reciente formación se aliaron con el prd: Convergencia Democrática (cd), el Partido de la Sociedad Nacionalista (psn) y el Partido Alianza Social (pas , ife 2001). Una de las funciones principales del ife ha consistido en monitorear los recursos públicos empleados por los partidos en sus campañas, sin embargo este ha sido también el aspecto que más conflictos ha generado entre las autoridades electorales y los más altos niveles de las dirigencias partidistas. Dos casos fueron los que más atención recibieron de los medios y los partidos por el financiamiento de las campañas del pri y del pan. A la larga, las confrontaciones internas y los repetidos conflictos con el pri dañarían la imagen pública del ife. Las autoridades judiciales en materia electoral de más alto nivel son el tepjf y la Suprema Corte, y ambas han desempeñado un papel complementario en el desarrollo de los procesos electorales del país. Mientras el ife ha sido el responsable operativo de cada etapa de dichos procesos, la función del tepjf y de la Suprema Corte ha sido garantizar la correcta interpretación de la ley. Esta complementariedad explica por qué el tribunal electoral ha sido capaz de enmendar las decisiones del ife en más de una ocasión, sin que esto suponga necesariamente un conflicto entre ambos organismos, pero que a la larga crea un cúmulo de tensiones y acaba por generar interrogantes en la opinión pública sobre “la imparcialidad” y la “moralidad política” de unos y de otros.

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¿Qué le falta a la democracia en México? La mayor parte de las reformas electorales propuestas en 1999 por el pan y el prd quedaron pendientes en el gobierno de Fox, aunque uno de los avances significativos en el tema de la transparencia fue la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información, que finalmente implementaría los derechos formalmente garantizados por las reformas constitucionales de 1977; sin embargo, otros asuntos clave quedaron sin resolver, como la exigencia de asegurar la equidad en cuanto al acceso de los partidos tanto a los medios de información como a los recursos de origen público y privado. El empleo ilegal de dinero en las campañas. Dos casos prominentes ocuparon tanto al ife como al tepjf entre 2002 y 2003: por un lado, una serie de violaciones a la ley que incluían cantidades y orígenes foráneos de fondos transferidos por diversos individuos a la organización Amigos de Fox y, a través de ésta, a la campaña presidencial del pan de cara a las elecciones de 2000, por el otro, la desviación ilegal de recursos del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (stprm) a la campaña de Francisco Labastida, candidato del pri en la misma contienda. El frágil equilibrio de ese pacto básico entre partidos para la reforma electoral de 1996 se perdió en la elección de los integrantes del Consejo General después de las elecciones intermedias de 2003. La asignación de espacios mediáticos a los partidos se convirtió no sólo en la actividad de “campaña electoral” con el coto más alto, sino en la principal causa de inconformidad, querellas y desconfianza

entre partidos y autoridades. Una vez en la presidencia de la República, el pan fue el primero en abandonar la preocupación por los principios de equidad en la competencia electoral, mismos que habían sido el centro de consenso de todas las fuerzas políticas en 1996. Es posible afirmar que en México la democracia política inició su etapa de consolidación montada sobre un sistema plural, con tres partidos dominantes a la cabeza y muchas interrogantes que resolver en el camino a establecer reglas elementales de competencia. Pero hoy en día se enfrentan problemas análogos a los que viven otras democracias alrededor del mundo, las cuales también sufren el desprestigio de los partidos, la apatía de los ciudadanos, y con ellos compartimos el riesgo de que las elecciones se conviertan en escenarios al servicio de las élites de poder político y económico, totalmente distanciados de las verdaderas fuerzas sociales emergentes. Por un lado, los altos índices de abstencionismo en algunas elecciones y los conflictos surgidos en la elección presidencial de 2006, demostraron que las instituciones diseñadas a partir de la reforma de 1996 son aún insuficientes para mantener el control de un proceso tan complejo y con alto grado de polarización política como el de 2006. El objetivo de garantizar la equidad y transparencia electoral sigue pendiente de alcanzar, con todo, la transparencia por sí sola no bastará para avanzar en la causa democrática a menos que los partidos políticos motiven a la ciudadanía a ejercitar su derecho al voto y se muestren capaces de unificar sus aspiraciones, sus necesidades, sus intereses y, en suma, tengan una oferta política para el país.

Referencias Aguirre, Alberto (1999). “La reforma electoral de la oposición”, en Masiosare, suplemento de La Jornada, 18 de abril, pp. 3-5. Alianza Cívica (1994). “Acuerdo del 28 de febrero de 1994 del Consejo General, por el cual sugiere a la Procuraduría General de la República concentrar las investigaciones relativas a los nuevo delitos electorales en una procuraduría especial”, en Informe de Alianza Cívica, México, Mimeo, 27 de septiembre. Gómez Tagle, Silvia (coord.,1997). 1994: las elecciones en los estados, México, La Jornada y ceiich - unam. Instituto Federal Electoral (2001), Memoria del proceso electoral federal, México. Levi, Lucio (1995). “Régimen político”, en Norberto Bobbio et al., Diccionario de ciencia política, Madrid, Siglo xxi , pp. 1362 - 366.

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Martínez Assad, Carlos (1982). El henriquismo: una piedra en el camino, México, Mastín Casillas. Molinar Horcasitas, Juan (1991). El tiempo de la legitimidad, México, Cal y Arena. Schedler, Andreas (2001). “La conflictiva construcción de la confianza electoral: el Consejo General del Instituto Federal Electoral, 19902000”, en Yolanda Meyenberg Leycegui (coord.), El dos de julio: reflexiones posteriores, México, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Instituto de Investigaciones Sociales, Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa, pp. 55-73. Valdés, María Eugenia (1998). “Una nueva legitimidad en el Distrito Federal: las elecciones de 1997”, Nueva Antropología vol. xvi , número 54, junio 1998: 57-78.


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Pocas escaleras, ilustraci贸n de Orlando Larrondo


7 sembrados â&#x20AC;˘ Orlando Larrondo â&#x20AC;˘ fotoarte con scanner

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Sembrador de campos tristes César Güemes

I.

La amistad es único salvoconducto y posibilidad exclusiva de acercarse a él, al que es de verdad, al que fue. No hay otra manera, legal o forzosa, de hacer que hable si no es por voluntad propia. Y narra todo lo necesario cuando lo decide y cuando alguna de sus personas de confianza absoluta le acercan a otras de la misma ley para la conversación, que gusta emplear como si de agua fresca se tratara. No consume sino cerveza, en la cantidad exacta para acompañar la carne asada que sirve en el amplio rancho de su propiedad. Nada más. Cerveza solamente, con gran mesura. —¿No te gusta el alcohol? Levanta un poco las cejas y deja que en su rostro se dibuje una media sonrisa que aclara su conducta: lo que importa no es lo que le guste o deje de gustarle, sino lo que debe hacer. Y lo suyo es el negocio. —No hace ni una semana que nos mataron a seis — dice, después de un rato, como haciendo cuentas, “a ver, si éramos quince ahora somos nueve, o sea que está cabrón”. —¿Piensan hacer algo? —la carne está por cocerse.

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Cruz cuida el punto requerido, da vuelta a las cebollas que crepitan sobre la parrilla, el sol pega firme sobre la palapa que tiene instalada en el patio de su casa. —¿Algo como qué? —sonríe de nuevo, apenas—. Ya los enterramos, ¿qué otra cosa? —parece pregunta, pero es una clara y resignada afirmación. La muerte sin mayores argumentos, el funeral con música de banda y el paso al cementerio son tres escalones que se bajan de manera automática en esta tierra y en este círculo. —¿Y luego? —Algunos plebes de los que organizan las fiestas les mandaron decir una misa. —¿Y se acabó el cuento? —El cuento no se acaba —dice, finalmente levantando la mirada de la carne que está casi pero no acaba de llegar a su término exacto—, al contrario. Las cosas se están poniendo complicadas. Pero yo estoy aquí, tranquilo. Hay gente que se mete en broncas gratis. Ni te creas que ganan tanto dinero. Se llevarían lo mismo sin arriesgarse de más. De por sí el trabajo es duro, ¿para qué se enreda uno con cosas?


Nos sentamos frente a dos latas de cerveza recién sacadas de la hielera. La carne llega a su punto, ya la sirve Cruz en dos platos, ya viene una de las mujeres que trabajan en su casa y coloca en la mesa un canasto con tortillas calientes. —Ora, ¿o no vas a comer? —indica, fingiendo un tono que busca ser severo. —Quedamos de platicar. —Pero tú pura plática y pura palabra. Si quedamos de una carne asada, pues ahí está la carne, ¿qué más necesitas? —Que me cuentes de tu negocio, de cómo lo ves desde dentro. Se ríe Cruz con absoluto desparpajo. Da un firme trago a su cerveza y apunta: —No, hombre, pregunto qué necesitas para empezar a comer. Ah, cabrón —dice, como advirtiendo una falta de cortesía brutal—, ahorita pido que nos hagan una buena salsa. Come. Comemos. En silencio. Aumenta el calor pero los rayos del sol no tienen por dónde quemar de tan granAstuto y salvaje 61


de que es la palapa, mesa para doce personas, enorme fila de sillas plegables al fondo del patio, varios paquetes de cerveza esperan su turno para entrar a la hielera. Así, callado, Cruz no puede ocultar su edad, debe tener no más de 40 años, dos de ellos en una prisión fuera del país. No puede dejar de ser un hombre de juvenil madurez y ya con una fortuna que incluso contabilizada en dólares es muy considerable. Su gente, tres hombres que no se apar-

tan de él más allá de diez metros, nos rodean de forma invisible. Uno debe estar en el frente, otro en la azotea y uno más vigilando el encuentro detrás de alguna de las ventanas de cristales polarizados que conforman la parte posterior de la vasta casa, cabecera del rancho. Es la mínima seguridad requerida, incluso en su terreno, para un hombre con el pasado y el presente de Cruz. —Está buena la carne— le digo, con evidente ánimo de reiniciar la plática. —Es de lo mejor —se anima Cruz, se le enciende un diablillo en los ojos—, casi toda se exporta, nada más nos quedamos con una parte para la familia. Ni siquiera se vende aquí mismo. Tú vas a un restaurante en Culiacán y así lleves lo que lleves de dinero jamás vas a encontrar un corte de carne como éste. No les deja al menudeo, saldría muy caro. Es mejor venderla fuera del país. —Tú no eres nada más ganadero, Cruz —un solo nombre que lo mismo

es apellido pero que se ha vuelto santo y seña en esta parte de la sierra sinaloense. Ya su apelativo anda al menos en un corrido que se escucha reiteradamente en la región. Ha sido un sujeto impasible para su negocio, que no sólo es la ganadería. Responde recio, aunque sin alzar la voz. Algo quiere dejar en claro, tal vez que de verdad está en vías de cambiar definitivamente de giro: —Sí soy, nomás faltaba, ahí están las cabezas de ganado, los números de

la exportación, los pinches impuestos, ahí está todo en papeles. —Cruz es un nombre o sobrenombre que inspira temor en algunos ambientes. Y ese Cruz eres tú. Da un trago más a su cerveza, la segunda de tres que se tomará a lo largo de dos horas de plática. Asiente con la cabeza, muy sin querer: él fue Cruz, el del corrido, pero el del corrido ya no es Cruz. Corta otro pedazo de carne, ante una duda que se antojaría ontológica si no estuviéramos hablando de su pasado que se torna legendario. —La gente derecha no tiene miedo, ¿a qué le temes si no le has jugado mal a nadie? —explica, como si estuviera frente a un grupo de niños entre los tres y cuatro años. Sonríe de nuevo. Come con fe. Una parte de su historia me la contó Víctor —el Viko— Vizcarra, amigo entre los amigos, generoso, puntual

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como si hubiera nacido en el Londres del siglo xix y no en Los Mochis, Sinaloa, del xx. Su nombre vino a cuento después de la comida, durante una sobremesa que decidimos continuar en el Baldo. Ahí se apareció el nombre de Cruz en la interpretación de un conjunto de chirrines —acordeón, bajo y guitarra— que ejecutó la pieza al menos en tres ocasiones a lo largo de la tarde. —¿Y ese corrido? —le pregunté al Viko después de que escuchamos —¿Vive? —Eso dicen —respondió Vizcarra, a punto de contar la verdad y nada más que la verdad. —¿Lo conociste? —Fue un cabrón que se hizo respetar desde una vez que acabó con siete bueyes bien armados, él solo, con una 9 milímetros. Un tipo habilísimo. Una leyenda. —¿Es un hombre grande? —No. Debe andar por los 40 años y debió empezar en esto como a

docena y media de otros tan singulares y coloridos como el que oíamos. Un corrido que parecía nuevo pero con regusto antiguo, con la métrica apenas decorosa, como ocurre en ocasiones en esta música del noroeste mexicano más ocupada en registrar hechos que en filigranas estilísticas. Un corrido que se revelaría como el de Cruz, titulado “Sembrador de campos tristes”, linda pieza con algunos enigmas entrelazados en la narración. —Es de uno que ya se retiró. los 15. Un recabrón. Muy bueno para los tiros. —¿Lo conoces? —Aquí se conoce a mucha gente —fue la respuesta sencilla pero escueta de Vizcarra. En el Baldo, que iba llenándose a prisa conforme caía la noche, crecía el murmullo de las conversaciones, se chocaban amistosamente los envases de cerveza y el trío de chirrines se hacía presente ahora con un corrido del inmarcesible Chalino Sánchez. —¿Pero ese Cruz está vivo? El corrido lo describe como si hubiera muerto. —Es lo mismo, está retirado, tiene vacas, exporta carne. —Entonces lo conoces. —Sí, pues. Tiene un rancho en las afueras de Culiacán, como a una hora de aquí, ya en las faldas de la sierra. —¿Vamos a verlo? —propuse, ya entrados en gastos. —¿Estás loco? —el Viko Vizcarra inició una de sus risas nerviosas que

a las claras señalaba un desconcierto sazonado con la necesidad de experimentar una aventura más para sumarla a las muchas que había en su cartuchera. Insistió, ante mi silencio: —¿De veras quieres conocerlo? ¿Estás loco, de plano? —Sí. ¿Vamos? Esta vez el silencio amplio y tenso fue aportación de Vizcarra. No siempre se puede decir que uno es amigo de una leyenda sinaloense, aunque la leyenda esté a medias retirada 63


del negocio y se dedique a la ganadería. No siempre, o casi nunca, se puede uno negar a que un amigo conozca a esa leyenda o lo que reste de ella. Al fin habló el Viko, esforzándose para que en sus palabras se percibiera el tono de seriedad que el lance ameritaba. Dijo: —Yo te lo presento y me salgo, no quiero oír lo que te diga. —¿Fueron amigos alguna vez? —Amigos y vecinos, él iba en la misma primaria que yo. —¿Lo frecuentaste? —Años, hasta que él se dedicó a lo suyo y yo a lo mío. Después lo detuvieron en Estados Unidos, con lo que restaba de un cargamento: nada, unos gramos que se le pegaron en la bolsa de la camisa. Allá estuvo a la sombra. No hubo manera de relacionarlo con algo importante. Lo soltaron cuando cumplió su sentencia. Se hizo ganadero. Un recabrón. “El sembrador de campos tristes”, como pieza musical, mantenía fuertes lazos familiares con otros corridos que sobre hechos inusuales, generalmente relacionados con actos de valor, lealtad o hazañas de fortaleza se cantan y escuchan en todo México, si bien se producen casi siempre en el norte del país. La letra resultaba desigual en su métrica, sobre todo al inicio, y la rima aspiraba a ser asonante. Sin embargo, para los asiduos al Baldo, rumbosa y feliz cantina en Culiacán, el verso estricto era lo de menos. Comenzaba diciendo: “Cruz le decían, Cruz se llamaba, / y con la nueve en la mano, / el campo triste, muy cumplidor, / de puras cruces sembraba.” —¿Cómo que la nueve? —le pregunté al Viko— ¿Querrá decir que a las nueve de la noche? Se relajó con sólo escuchar lapregunta. —Qué bárbaro, de veras, qué inocencia la tuya. La “nueve” es la 9 milímetros, una pistola automática de ese calibre. Y se reía el canalla de Vizcarra. Sobre la siguiente estrofa del corrido no había nada oscuro: “Cuando iba a hacer una entrega / siete hombres lo sorprendieron, / y sin hacer más preguntas / comenzó la balacera”. La tercera parte de la pieza planteaba un problema: “Cayeron los siete armados / uno por uno a la tierra, / Cruz fue formando con ellos/ un camposanto en la sierra”. —¿Él solo? ¿Un hombre solo contra siete y armados? —Por eso se hizo famoso. Y dicen —el Viko recalcó en el plural que la especie iba más allá del corrido—, dicen que luego de eso ya no tuvo necesidad de disparar más, que le fue bien en su negocio, pues. —Pero en su negocio, al menos en el que fue alguna vez su negocio, era preciso disparar. ¿O no? Vizcarra hizo una pausa para pedir que resurtieran las cervezas. Me dijo muy tranquilo, como si explicar el inicio de una leyenda fuera de verdad muy sencillo: —Nadie en su juicio y en sus cinco sentimientos se mete con un cabrón que es capaz de enfrentarse contra siete gatilleros y salir ileso. Nadie. Además, la

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...cumplió su sentencia. Se hizo ganadero. Un recabrón. historia apareció en los periódicos de la época. Ahí están los archivos. Si quieres, los consultas mañana antes de irnos rumbo al rancho de Cruz, mientras yo hago los arreglos para que nos reciba. Eso pasó hace ya tiempo y entonces la prensa daba cuenta de todo, hasta los informes judiciales se podían leer cuando se trataba de un caso notorio. —No basta aparecer en los periódicos para convertirlo en un corrido. —No, no basta. Si quieres verlo así, Cruz tuvo el mérito de meterse a un gallinero que no era el suyo y acabar con todos los gallos que se le pusieron enfrente. Y, por cierto —remató Vizcarra para condimentar aún más la curiosidad—, cuando pasó aquello, Cruz estaba enfermo, tenía quién sabe si tifoidea o alguna enfermedad por el estilo. Pero eso no lo dijeron los periódicos. —¿Cómo podemos saberlo? —Pregúntaselo a él. Nada más te digo que yo no voy a intervenir. Los presento y me retiro, me voy a oír música a la camioneta. En cuanto terminen de hablar, me avisas y nos vamos. Desde luego era preguntarle todo de todo a Cruz, aunque por fortuna accedería a resolver las incógnitas más grandes. Las pequeñas, como la última línea de su corrido, bien podían quedar como meras figuras literarias. Así cerraba: “Sembrador de campos tristes / llamaron al tirador,/ por su Beretta infalible / y su helado corazón.”

—¿Has tenido miedo alguna vez, Cruz?, ¿por lo menos una sola? Se detiene en el proceso de colocar cebollas en su plato. Parece que de nuevo el diablillo de la mirada se asoma por sus ojos. Un ser risueño e inquieto que tal vez quisiera salir corriendo y decir “sí, aquí estoy, yo fui, yo mero”. Pero no. —Miedo, lo que se dice miedo, una vez que andaba allá casi por Nayarit. Dos días sin comer más que unas pinches ramas y con una fiebre del carajo que me dio por hervir un pescado en agua de río. —¿Pensaste en la muerte? —¿En la mía? —regresa al preparado de cebolla, come sin prisa, meditando—. Pues no piensa uno muchas cosas, pero miedo sí tuve. Tenía que pasar una

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barrera de escoltas para hacer una entrega. Eran cuatro, todos muy vivos, muy nerviosos con la pistola. —¿Llevabas tu arma, Cruz? Se detiene de nuevo, se congela, pero sonríe enseguida: —Ah, cabrón, si parece que me estás confesando. —El acuerdo fue preguntar sin que mencionaras nombres ni lugares específicos. Trato de ver cuál es la distancia entre un corrido y una persona de carne y hueso. No se agüita Cruz, no se acobarda ni minimiza. —Pregunta, pues. —Ahí fue donde comenzó la leyenda, ¿verdad? Esa ocasión fue cuando después de que casi te mueres de una infección estomacal todavía conseguiste hacer el encargo que llevabas. Los hombres de la barrera no eran cuatro, eran siete. No quedó ni uno vivo, Cruz. —Era el infierno, chingado — dice, y aprieta el bote de cerveza, destruyéndolo. Ya tiene instalado definitivamente al diablillo sonriente en la mirada, aunque su rostro se ve de una pieza, sin delatar con exceso la emoción que va coagulándolo. Continúa, con un dejo de reclamo en la voz—: ¿Y qué haces?, andas como pinche perro sin dueño por veredas, por el camino real, escondiéndote de los helicópteros, sacándole la vuelta a los lugares donde sabes que puede haber gente, con el cargamento a cuestas y algo para defenderte en las manos. ¿Qué haces, si a güevo tienes que llegar y si para llegar tienes que pasar al lado de cuatro o cinco o siete bestias que nada más esperan que algo se mueva para acabárselo a balazos? —¿Qué hiciste, Cruz, lo que dice el corrido? Lo ha escuchado, claro que sí. Nueva pausa difícil. Se ablanda un poco. Sigue: —Exageraciones de la gente. —Te enfrentaste a siete hombres armados, Cruz. Siete profesionales.Estalla de nuevo, contenidamente: —Pero si me estaban disparando, pues. ¿Qué querías, que me pusiera a convencerlos, que les hablara? —Te pido que me digas cuál es la realidad. El corrido dice que los acabaste uno por uno, sin prisa. —Estaban separados, carajo, eso lo sabe cualquiera. ¿Cuándo has visto una barrera con los guardias unos encima de otros? Pues tuvo que ser uno por uno, ¿dónde está la pinche ciencia? —En tu caso no es una ciencia, es una habilidad. Dice, a punto de la exasperación, mientras mira fijamente a la mesa, regresando por un momento al pasado ya remoto, de hace al menos veinte años, cuando se inició haciendo gala de su capacidad de aniquilamiento con una 9 milímetros en la mano:

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—Siete güeyes, separados, la finca allá a lo último, lejos, y yo con una fiebre que no me dejó dormir en dos días. No sé qué madres preguntas de la realidad. ¿Cuál realidad? Me estaba muriendo y no te lo digo de juego. Muriéndome de veras. Con mucha sed. Y entonces, por un descuido, porque ya andaba casi desmayándome, me vio uno de los de la guardia. Y me disparó. —¿Recuerdas cuántas veces te disparó?


—Son cosas en las que nadie se fija si anda como yo andaba. —Olvídate del corrido, Cruz. —Olvídate tú, ni que ahí cupiera toda la verdad. —La verdad es más fría, Cruz: en el levantamiento judicial sólo se recogieron siete casquillos de pistola. Cada uno de los hombres alcanzó apenas a disparar. No estaban juntos. Incluso con un arma como la que llevabas lo que hiciste es trabajo de por lo menos tres personas y con mucha suerte. —No oculto ni protejo a nadie, si es lo que quieres decir. —Quiero decir que tú solo, enfermo, sin dormir en 48

horas, conseguiste atravesar una barrera de siete hombres armados que conocían bien su terreno. Parece que no hubieran tenido oportunidad ante ti. Se desespera Cruz, tratando de explicar el principio del agua tibia: —Pero si ellos me tiraron primero, me descubrieron, ¿no te estoy diciendo? Andaba yo muy afiebrado y de pronto oí los tiros y me defendí. Eso puedes ponerlo en tus apuntes, que me defendí. Eso lo sostengo. —Y entregaste el encargo. Vuelve a serenarse. Abre la tercer lata de cerveza. Dice, ya en paz: —Imagínate que no entrego. A eso iba.

V.

Se terminó la tarde y el tiempo acordado que incluía varias cláusulas: nada de grabadora, sólo notas sobre papel; ni un solo nombre propio, ninguna referencia a su aspecto físico actual; ninguna pregunta sobre sus apellidos. Aceptó aparecer como Cruz, si alguna vez la plática se daba a conocer. No tuvo empacho en señalar la ubicación exacta de su rancho: “En esto trabajo desde las cuatro de la mañana a las tantas de la tarde. Que no falte el agua, ni el alimento, que no me falle el veterinario, que todos los documentos estén en regla y de acuerdo a la ley. Eso lo puedes decir. Aquí está. A lo mejor esa es la realidad que andabas buscando”. —¿Ya? —preguntó amistoso el Viko, mientras ponía en marcha el motor de la camioneta. Había comido al tiempo que nosotros, sólo que en compañía de algunas mujeres que habitaban en el rancho de Cruz, dos hermanas y una prima que conocían a Vizcarra desde la niñez. —Ya casi. —¿Cómo que ya casi? Te he contado más a ti a que a la punta de cabrones gringos que me interrogaron decenas de veces en dos años —apuntó Cruz, relajado, que salía a despedirnos. Con un gesto amable aceptaba una última pregunta de las que sí podían formularse. Y era pertinente: la discreción y el tacto durante la plática con el protagonista de Sembrador de campos tristes eran para encontrar la relación entre el nacimiento de una leyenda a través de un corrido y su contraste con el personaje real. —¿Cómo es eso de un “helado corazón”? —pregunté, con la legítima esperanza de que aclarara el asunto. Y lo hizo, a su modo, después de meditarlo y contemplar a lo lejos a los vaqueros que arriaban el ganado. Como si explicara con manzanas un problema aritmético, nos dijo lacónico, llevándose una mano al pecho: —Se ha de sentir frío, digo yo.

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Jefferson 1 - Bolívar 0 • O. Larrondo • fotoarte


El fantasma del caudillo Ignacio Padilla

Texto a la presentación de En busca de Bolívar, de William Ospina. Feria Internacional del Libro de Guadalajara, 30 de noviembre de 2010.

A

veces, sólo a veces, los dioses nos regalan con demonios híbridos, demonios del ingenio capaces de pasearse a sus anchas, y sin perder su grandeza, entre uno y otro géneros literarios. Labor compleja, hazaña rara y portentosa que sólo deben atreverse a realizar aquellos que pueden hacerla sin que les cueste trabajo, pues les viene de naturaleza. Ambidiestros congénitos de la literatura, estos seres raros y desorbitados nos miran desde su atalaya con una sonrisa. Parece que nos dicen: “Pues sí, el poeta te salió también novelista, el cuentista te deslumbró con un ensayo, este dramaturgo versifica como un Dios.” Envidiados, estos demonios nunca dejan de ser todos los géneros, y sus obras son monumentos a la grandeza de la mezcla sobre los engaños de la pureza. William Ospina es uno de esos demonios. De un tiempo acá sabemos que va entrando por la puerta grande en el censo de monstruos y prodigios en el que resuenan los nombres de el índice de los poetas que son también narradores que son siempre poetas que son grandes na-

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rradores. Poeta intachable revelado como novelista inobjetable, William Ospina nos dice ahora, con este libro, que toda biografía es novela si sabemos hallar la poesía que encierra la vida que se narra. Una mañana, después de un sueño intranquilo, hundido en la resaca anticipada y compartida por todos de los fastos del bicentenario, William decidió que esa poesía estaba ni más ni menos que en la figura de Simón Bolívar. ¡Bolívar, of all people! ¿Por qué no algún prócer poco tratado? ¿Por qué esta figura que, de tan tratada, se parece ya al everything and nothing con el cual Borges se refería a Shakespeare? Quizá un día William Ospina también soñó con este personaje que, llegado al cielo de los inmortales, no sería reconocido por Dios. ¿Quién eres, le habría dicho el cerbero celestial? Soy Bolívar, Simón Bolívar. Y el cerbero lo habría visto dubitativo: No sé quién eres, he visto tantos seres con tu nombre, he leído tantas versiones de Bolívar que comienzo a pensar que ese Bolívar no existe, o que no existe un Bolívar real. Vete de aquí, quien quiera que seas, y refúndete en los infiernos donde penan todos tus tú, todos tus dobles, todas tus imposturas.


Ahí pena, pues, el Bolívar de William Ospina, que curiosamente no se parece a ningún otro, si bien está hecho de los retazos de todos los otros, algún Bolívar histórico —que es ya muchos bolívares—, otro ensayado, otro biografiado, varios de ellos novelados. William Ospina resolvió esta pluralidad de fuentes como sólo podía haberlo hecho un artista: abrevando en todas ellas, cuestionándolas todas, adelantando su opinión sobre ellas, inclinándose por una u otra, pero jamás aseverando nada que no sea la certeza de que Simón Bolívar, como cualquier hombre, tuvo tanto de héroe como de villano, y que su quijotada lo engrandece por su humanidad antes que por su afán de alcanzar ningún tipo de divinidad en el obtuso panteón de los héroes latinoamericanos. Con el conocimiento absoluto del quehacer biográfico y del deber que tiene el biógrafo con el uso de la primera persona, William habla desde su lectura y desde Simón Bolívar, altorrelieve 71


su vida para entender y compartirnos su Bolívar para que sea un Bolívar de todos. Cito parte de su credo biográfico: “Todo el que aspira a sentir la proximidad de un personaje histórico, el que quiere tener la sensación de que ha llegado a conocerlo o experimentar lo que vivieron quienes alguna vez se vieron frente a él, pronto comprende que no es la acumulación de datos, la abundancia de información, lo que nos hace sentir que conocemos a alguien.” Habla aquí quien para entonces había llegado a conocer a Bolívar, no por acumulación de datos, sino por introspección y, casi, metempsicosis. Añade William Ospina: “De muchos de nuestros amigos ignoramos buena parte de las circunstancias de su vida; muchas experiencias de nuestra propia vida suelen ser del olvido, y otras personas recuerdan cosas que hicimos y olvidamos. Todo escritor conoce la curiosa experiencia de encontrar en sus apuntes datos que habrían desaparecido si no los hubiera registrado en palabras. Por eso Whitman preguntaba ante una biografía: ¿es esto la vida de un hombre?” En busca de Bolívar, habla y escribe quien se ha amistado con el hombre, pero sobre todo, quien se ha amistado con los libros que, antes que el suyo, hablaron del hombre. Desde esta pasión, William Ospina trabaja y siente. Para hacerlo, entre otras cosas, dialoga, pregunta, reflexiona y siente. Ospina pregunta, pregunta porque sabe que es lo que debe hacer. Pregunta sobre todo porque Bolívar seguirá yéndose de nuestras manos, de todas las manos. Pregunta porque busca. Esquivo, descarnado, fieramente humano, el Bolívar de William Ospina es un Bolívar buscado y destinado a no ser nunca hallado del todo. Lejos del afán de los biógrafos académicos, que juran haber encontrado la cuadratura del círculo, la respuesta a las preguntas eternas sobre tal o cual personaje histórico, William Ospina pregunta, sobre todo, pregunta. Nos propone la biografía como literatura antes que como indagación estrictamente histórica. En las preguntas, en las dudas, está el placer de la aventura vital. Como en la vida,

nada hay del todo claro u oscuro en esta vida contada. William Ospina pregunta, pero ante todo dialoga con aquellos que, antes que él, han contado a Bolívar. Como Walsh y Zweig, Ospina discute, desacata, reniega. Esta vida que él cuenta ha sido contada antes, y la única forma de volverla a contar es disputando, compartiendo con otros biógrafos la vida que él eligió contar. Así, discute con Marx y, en la discusión, nos deja ver algo de su visión personal de Bolívar. También nos cuestiona, cuestiona a la historia misma, recordándonos por ejemplo que historiar una vida es historiar también sus fracasos y el fracaso de sus fantasmagorías. Como en toda biografía del Che o de Sandino, como en toda biografía de Bolívar que se precie de serlo, ésta no deja de tener un relente melancólico, una lección inevitable de fatalidad y desgracia. William Ospina nos recuerda en su libro que Jefferson y Bolívar fueron los primeros en concebir grandes federaciones democráticas, uniones liberales de modernas repúblicas. Este recordatorio se vuelve doloroso cuando notamos con cuánto éxito lo consiguió Jefferson y de qué manera fracasó Bolívar. El desánimo, la pregunta del fatum, la posible culpabilidad del hombre y de nuestras naciones para que el sueño bolivariano haya fracasado y nos parezca hoy más difícil que nunca de alcanzar. William Ospina pregunta y dialoga, pero también escribe. William Ospina, sobre todo escribe: pretexta una vida y un tiempo para hacer literatura. La aventura o la desventura bolivariana es su salvoconducto para hacer literatura en la historia de un continente que es pura literatura, como ocurrió antes con García Márquez, Álvaro Mutis y tantos otros que han acudido a Bolívar para narrarse y narrarnos. Sólo un poeta narrador podría haber escrito una biografía donde abundan descripciones como esta: ¡Qué mundo era el Caribe! Es verdad que el Atlántico prácticamente no existió para los humanos hasta hace cinco siglos, pero a partir del momento en que las ideas del Renacimiento, las naves del mercado mundial y los delirios de la España de los Austria cruzaron el abismo, la crónica del Mediterráneo palideció al lado de la historia del Caribe. / Por ningún mar pasaron tantas razas, tantos mitos, tantos dioses, tantas riquezas y tantas locuras como por ese cántaro lleno de tierras mágicas donde iban las naves de España con Cristo sangrando en la proa, los encapuchados oficiales de la Inquisición trayendo al diablo en sus garfios virtuosos, moros que renunciaron a las Metempsícosis o metempsicosis. (Del lat. metempsychōsis, y este del gr. μετεμψúχωσις). 1. f. Doctrina religiosa y filosófica de varias escuelas orientales, y renovada por otras de Occidente, según la cual las almas transmigran después de la muerte a otros cuerpos más o menos perfectos, conforme a los merecimientos alcanzados en la existencia anterior. rae

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arenas de África, humanistas como Oviedo que conocían a Leonardo y a Bembo, a Ariosto y a Rafael, a Andrea Mantegna y a Giorgio Barbarelli, que pintaban la música./ Venían barcos pesados de arados y paños y muebles, y volvían aún más pesados de lingotes de oro, de custodias de esmeraldas, de cargamentos de caoba y de perlas. Venían trayendo encadenados a los pueblos del futuro y volvían curando con humaredas de palosanto sus bodegas pestilentes. Aventureros, traficantes, cartógrafos, místicos, cronistas, genocidas, energúmenos, bellos monstruos y santos horrendos se sucedían en esa pleamar de aventuras, y detrás venían los barcos negreros, y detrás

las car avanas de galeones, y detrás las escuadras de corsarios barriendo el mar con sus catalejos desde la aguja espumante de sus fragatas de ochenta cañones./ También el nombre de Bolívar quedó escrito en el agua.

Firma de Bolívar William Ospina Sueño bolivariano

Como Zweig y Walsh, Ospina ante todo escribe, quiere hacer literatura por encima de su afán de contar una vida. No le preocupa la historia, le preocupa cuanto hay de universal en UNA historia. William Ospina pregunta, dialoga y escribe, pero también puntualiza. No tiene miedo el autor a proponer las cosas en su justa

medida, al menos en lo que él considera justas. No las cosas de Bolívar, o no sólo, sino las de nuestra América y su papel en la historia. Bolívar es, así, todos los próceres, y todos los hombres cuyas muertes nos atañen porque somos parte de la humanidad como somos parte de América Latina. Cito: “Pretender que Bolívar y San Martín, que Hidalgo y Morelos, que Morazán y O´Higgins, que Nariño y Páez y Sucre y Artigas no pertenecen a la historia universal es como declarar que Immanuel Kant no pertenece a la historia de la filosofía. Pero también es un error pensar que sólo con ellos y en la aventura de venir a España entramos en la historia: la llamada conquista de América es ya uno de los hechos históricos más conmovedores y dramáticos de todos los tiempos.” William Ospina pregunta, dialoga, escribe y puntualiza. Pero también concluye. Pero concluye con sus preguntas, con su exaltación de la subjetividad poética, con la defensa del hombre y de lo humano que había en el héroe, que era también villano: “Bolívar y sus hombres sabían a qué silencio le estaban poniendo fin, pero no podían saber cuánto tardaría el proceso de formación de los nuevos relatos. Las generaciones suelen equivocarse en la valoración de sus propias conquistas, pues lo que buscan tiene que estar al alcance de su vida. Pero la vida de las generaciones se cuenta por décadas y la vida de las naciones se cuenta por siglos: nadie es dueño de las últimas consecuencias de sus actos”. Cierto, nuestras vidas se cuentan por décadas, se celebran por centenarios, pero se cuentan en otro sentido: están ahí para ser contadas, por eso cuentan: “Hoy, cada día de la cultura de nuestro continente agranda la importancia de aquellos precursores, porque en asuntos de tal magnitud sólo la historia sabe plenamente quién obró con justicia y quién se equivocó en los giros dramáticos del destino.” No puedo sino pensar, al leer esto, que William Ospina, poeta al fin, ha pensado y demostrado en este libro una paráfrasis del poeta Donne, que fue también citado por Hemingway: Si el primero dijo que la muerte de cada hombre nos disminuye porque somos parte de la humanidad, ahora también vale la pena decir que la vida de cada héroe nos engrandece precisamente porque somos parte de la humanidad.

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PLURAL

Cine Londres 2027. Coordenadas del futuro Nada de lo que se creía superado por la historia ha desaparecido realmente, todo está ahí dispuesto a resurgir, todas la formas arcaicas, anacrónicas, como los virus en lo más hondo de un cuerpo, La historia sólo se ha desprendido del tiempo cíclico para caer en el orden de lo reciclable. Jean Baudrillard

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or momentos recuerda los movimientos de un videojuego, pero la excelente fotografía de Emmanuel El Chivo Lubezki y la ambientación cuidada en extremo, con cientos de extras y efectos especiales medidos milimétricamente, hacen que la película resulte de una verosimilitud casi documental. Pareciera que asistimos a las tomas de un camarógrafo de guerra, tomas que editadas eficazmente sirven al desarrollo de un guión bastante sólido. Children of Men (Niños del hombre) de Alfonso Cuarón, es una película del 2006 que desgraciadamente no tuvo la resonancia que debería y merecía entre los espectadores y en el cir-

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cuito comercial. Con actuaciones de Clive Owen, Julianne Moore, Michael Caine, Chiwetel Ejiofor, Charlie Hunnam y Claire-Hope Ashitey, logra contar una historia que ha servido para que no pocos escritores, sociólogos y filósofos, se interesen por analizarla o bien les sirva como pretexto para explicar alguna idea clave en el derrotero literario y filosófico contemporáneo, impregnado de catastrofismo. Cuarón en 1991 participó del llamado nuevo cine mexicano con su película Sólo con tu pareja, pero en realidad se hizo famoso por Y tu mamá también, 2001, y aún más famoso aunque dejando dudas sobre su integridad como creador independiente, con la superproducción Harry Potter y el prisionero de Azkabán, 2004. Con Niños del hombre Cuarón demuestra su calidad de cineasta creativo e inteligente. Basada en la novela The Children of men de la escritora Phillis Dorothy James, publicada originalmente en 1992 en la editorial Faber and Faber, Niños del hombre es una película que no se inscribe precisamente en la ciencia ficción, sino en la ficción futurista distópica. No se trata de una historia futurista tradicional, como aquellas que desde Blade Runner o Terminator regresan una y otra vez al tema de la robotización y la automatización totalitaria de la sociedad, veta muy rica que es deudora de la legendaria Metrópolis de Fritz Lang. Por el contrario, Cuarón apuesta por la ficción futurista que retrata un mundo posmoderno, sin utopía posible; o mejor dicho, con cualquier tipo de utopía cancelada. Con un tejido social putrefacto, con la muerte de todos los grandes relatos, un mundo no apocalíptico sino post-apocalíptico. El paisaje de un ciudad europea en pleno año 2027 es terriblemente desolador y caótico, anárquico; y es alarmante precisamente por no ser muy dis-

tinto del paisaje urbano que vivimos ahora, en el mal llamado tercer mundo. Los televisores encendidos proyectando estupideces, las personas trabajando a tiempo completo (ya no para sus hijos sino por inercia o miedo), las calles sucias, las mentes sucias, la convivencia obligadamente promiscua en medio de la amenaza constante, el terrorismo, la rutina embrutecedora de millones de alienados. Como si en esos años venideros no hubiéramos logrado nada, salvo empezar a morir. La ciudad de Londres es para entonces la última ciudad digna de llamarse así en toda la faz de la tierra, y la problemática de los inmigrantes deja entrever un mundo en ruinas más allá de las fronteras, un mundo sin agua, sin comida, sin energía. La solución sobre el exterminio de la humanidad es muy simple y original, las mujeres simplemente ya no pueden embarazarse. Metáfora de una autodestrucción o un cataclismo divino, pero también una referencia realista de los estrictos controles de natalidad en países como China o de la perversa esterilización planificada también llamada esterilización forzada eugenésica, que se practicó en Estados Unidos de Norteamérica en los años 20, en la Alemania nazi, en algunos otros países de Europa y más recientemente en el cono sur a manos del gobierno norteamericano o de los propios gobernantes sudamericanos, como el famoso caso de Fujimori contra mujeres andinas. Sin embargo el tema de la infertilidad de las mujeres parece secundario comparado al de los inmigrantes, como si toda esa masa de personas huyendo, esos guetos de refugiados, esa xenofobia fascista, esa exclusión del “otro”, fuera la verdadera epidemia que condenara a la humanidad a desaparecer. No en vano, la esperanza de la huma-


nidad está no sólo en el vientre de una mujer de raza negra, de nombre Kee, sino además en el vientre de una rebelde, una marginada, una excluida, una indocumentada. Esa es la reivindicación de los desposeídos que hay en la novela de P.D. James. En la película, la resistencia, los rebeldes, son esta nueva tribu compuesta de múltiples razas, especie de náufragos new age, sobrevivientes de Babel, después de la última bomba. Toda esta horda parecen ser los últimos herederos de la cultura cívica de la lucha, los restos de un hippismo pacifista o la débil guerrilla de viejos radicales. Como bien apunta ese viejo filósofo francés tan incomprendido y tan profético, Jean Baudrillard: antes, el acontecimiento terrorista era extraño, de una insoportable extrañeza. Ahora la dinámica estructural supuestamente pacificada (la no-guerra) ha inaugurado la inquietante familiaridad del terror. Ese terror fronterizo, de las jaulas, de la policía con sus toletes y su lengua extranjera, siempre extranjera. El miedo, los harapos de gente “periférica”, personas altamente desechables para los ciudadanos de una anti-polis deshumanizada. Sociología de ficción futurista, sí, pero también realismo (baste mirar la frontera México-usa o el creciente racismo europeo). En la película hay nombres-símbolos muy sugerentes para una posible interpretación, Jaspers y su inconsciente colectivo claro. Dylan, quizá por Bob, el poeta y músico legendario; y Diego, asesinado por un fan afuera de un bar de Buenos Aires y en plena fama mundial, que recuerda no sólo a Maradona sino a Lennon, ese gran crucificado por el espectáculo y la política. Como bien comentó el filósofo Slavoj Žižek, a propósito de esta cinta, el hedonismo apático que

impera en nuestras sociedades contemporáneas (que infunden y sufren una suerte de miedo pánico), parece hacer un buen maridaje con las nuevas formas de apartheid social y de autocontrol. Eduardo Sabugal

Libros Luz sobre luz

Pablo López Luz, Horacio Fernández, Itzel Vargas Plata, Pablo López Luz, México, rm, 2010.

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ice Horacio Fernández —en uno de los textos que acompaña el libro Pablo López Luz— que Nadar patentó en 1858 la fotografía aérea para “levantar planos topográficos, hidrográficos y catastrales.” Más de siglo y medio después el fotógrafo Pablo López Luz, luego de admirar y estudiar la fotografía de Graciela Iturbide o Jean-Marc Bustamante, y la pintura de Velasco y Malevich, nos expone a través de sus fotografías vistas aéreas que ya no tienen en lo absoluto fines topográficos, sino completamente artísticos.

Hay un elemento que López Luz domina con total maestría: la profundidad. La luz no tiene límites en las fotografías (y me refiero aquí al apartado de las fotos aéreas del Valle de México) de este artista. La luz, más que el mismo paisaje, es la protagonista. En las fotos de la serie “Vista aérea de la Ciudad de México” —vi, xiii y xxiii —, la mancha urbana no es únicamente voraz contra el resto del paisaje, sino que los juegos de sombras creados por las nubes dan la impresión de que no hay nada más alrededor, que ese paisaje es infinito, profundo, oblicuo y avasallador: luz sobre luz. El paraíso no podrá nunca ser una ficción. El paraíso propio —colectivo o individual— es una de las formas posibles y tangibles de la realidad. Un paisaje, un cuerpo, una pintura, una palabra dicha en el momento necesario, crea una burbuja única dentro del tiempo/espacio. Gracias a que Adán fue expulsado del paraíso, al resto de los hombres se nos concedió la oportunidad de buscar nuestros propios paraísos, a cada instante, como esos instantes de las fotografía “Welib-Ha I, II” y “Misol Ha I, II.” En un reciente e interesantísimo ensayo, Jorge Volpi reflexiona sobre la mente creadora (aunque se centra en el cerebro y el arte de la ficción), dice: “La vida no busca otra cosa sino la permanencia. Esquivar el tiempo.” Al ver una y otra vez las fotografías de este artista me di cuenta del milagro de su arte: de cómo logró atrapar la permanencia de la vida, cómo alcanzó a burlar el tiempo y la forma prodigiosa de ceñir el espacio. Otro texto acompaña el volumen de López Luz, el de Itzel Vargas Plata: “El paisaje como espectáculo”. Desde hace años se ha echado en falta, en nuestro país, la ausencia de la crítica

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de arte seria, documentada, sensible y, sobre todo, bien escrita. Nos quedamos huérfanos de las páginas de un Cardoza y Aragón o del mejor Juan García Ponce. La crítica de arte en México ha pasado por momentos lamentables, y sólo algunos han logrado iluminarnos con sus interpretaciones: Jaime Moreno Villarreal, y pocos más. Por eso toparse con el texto de Vargas Plata es motivo de regocijo. Por fin alguien se toma en serio su papel y hace referencias, compara la fotografía de López Luz con la pintura de Velasco o el Dr. Atl, rastrea las influencias en Jean-Marc Bustamante y Lewis Baltz y, sobre todo, sabe ver la obra sobre la que escribe y, ¡bravo!, reflexiona sobre ella: “Para Pablo López Luz el paisaje es un conglomerado de implicaciones sociales, económicas, históricas y políticas, si bien en el plano estético existen ciertas búsquedas persistentes; es evidente su inclinación por las monocromías, en colores térreos o verdes exacerbados. La mayoría de sus fotografías presentan espacios que pueden ser leídos como saturaciones o ausencias con respecto al resto de la composición.” ¿Qué lleva al fotógrafo por decidirse sobre tal o cual ángulo? ¿Qué altura en el caso de las fotos aéreas? ¿Qué momento del día para elegir su luz? Supongo que cada artista tiene su íntima respuesta. Lo que se ve en el libro de López Luz es una decisión única, relampagueante y eficaz. La sección de “Bahía de Acapulco”, “Boulevard de las Naciones” y “Avenida Escénica” nos da la pauta para descubrir el “instante” en el que el artista se decide: cámara y ojo se disuelven en un resultado maravilloso en donde el azul es casi piedra y la piedra casi mar. El primer fotolibro de Pablo López Luz es la mejor muestra de

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que el arte fotográfico en México goza de cabal salud. Los volúmenes que conciben Editorial rm y Toluca Editions son el mejor ejemplo de la pasión por los libros. ¿Hace falta algo más para acercarse a la luz? Rodolfo Mendoza Rosendo

Ser o no ser politólogo*

Cartas a los Estudiantes de Ciencia Política, Jorge David Cortés Moreno y José Ramón López Rubí Calderón (coord.), México, Porrúa-BUAP, 2010.

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o, que soy politóloga por formación y académica por profesión, me pregunto: ¿Escogí la profesión adecuada? ¿Valieron la pena tantos años de estudio si al final me convertí en una… cómo podría decirlo: “desajustada social”?

Texto a la presentación del primer volumen de Cartas a los Estudiantes de Ciencia Política en el cide , 31 de marzo, 2011.

*

De cierta manera, estas preguntas son retóricas porque no me arrepiento de mis decisiones ni pienso en cambiar de profesión. Sin embargo, creo que el ejercicio de hacer reflexiones sobre mi propia carrera es válido y pertinente, por ello el libro que se presenta es una verdadera joya rara. Como dice su título, el libro es una compilación de cartas a los estudiantes de Ciencia Política, escritas no sólo por politólogos sino por varios científicos sociales. A pesar de que cada capítulo enfoca algún aspecto de la disciplina, todos intentan aclarar lo que es la Ciencia Política, lo que hacen los politólogos y cuáles son sus retos tanto en términos profesionales como personales. El libro también está repleto de sugerencias prácticas y muy útiles a los estudiantes tanto de licenciatura como de posgrado, y, en este sentido, creo que responde a muchas inquietudes. No voy a entrar en detalles de los capítulos (para eso tendrán que comprar el libro); más bien, quisiera resumir en un pequeño checklist de cinco puntos lo que los autores consideran que es un buen politólogo. En mi visión, es la gran contribución del libro. Según los autores, un buen politólogo: a) No opina sobre la política sino elabora un argumento claro basado en la investigación sistemática. A muchas personas les gusta platicar sobre la política mientras toman un café, pero los buenos politólogos abordan temas limitados buscando descubrir las relaciones causales entre variables a través del uso del método científico. b) No es puramente normativo e ideológico sino que estudia y propone soluciones a problemas sociales cotidianos. No sirve de nada, por ejemplo, solamente afirmar que


la privatización de pemex o telmex (para señalar casos controvertidos) es “mala” porque los empresarios son “malos” y sólo quieren “robar” nuestro dinero. La labor y responsabilidad de un politólogo es presentar datos que demuestren las ineficiencias existentes y futuras del sistema productivo, sugiriendo posibles remedios para estas ineficiencias. c) Se esfuerza por dotar de rigor teórico y metodológico a sus estudios, pero no se deja alejar del mundo real. En la formación de los politólogos, actualmente, es innegable que hay una fuerte presión para que se usen regresiones estadísticas y modelos formales matemáticos. El problema es que las suposiciones de estos modelos muchas veces son abstracciones, lo que puede llevar a los investigadores a conclusiones inaplicables a la realidad social. Por tanto, un buen politólogo logra el equilibrio entre el rigor y la sustancia. d) No se restringe a estudiar la política doméstica o nacional. También hace comparaciones internacionales y ubica la realidad mexicana (en este caso) dentro de un contexto mundial. Y aquí creo que tengo que hacer un poco de propaganda: el cide reconoció esta necesidad hace mucho tiempo y por eso tenemos, creo, la primera y única licenciatura del país que (bien) combina Ciencia Política y Relaciones Internacionales. e) Finalmente, conoce y utiliza los conceptos y métodos de otras disciplinas como herramientas para investigar y para mejorar el diseño, la implementación y los resultados de políticas públicas. Para eso, los estudiantes de Ciencia Política tienen que complementar sus estudios con clases de economía, historia, psicología, sociología y derecho. Por el contenido de esta lista, está claro que para llegar a ser un

buen politólogo se requiere mucha dedicación y esfuerzo personal. Lo que en el libro no siempre se hace explícito y enfatiza es la necesidad de una buena escuela para la formación de buenos politólogos, con lo que me deja con ganas de leer otro volumen con el título Cartas a los Profesores de Ciencia Política. ¿Cuáles son las características de los buenos profesores de Ciencia Política? ¿En qué sentido podemos mejorar los programas de licenciatura, maestría y doctorado en Ciencia Política para poder contribuir e influir —de manera más efectiva— en la formación de los politólogos mexicanos? Para que estas preguntas no sean sólo retóricas, los invito a reflexionar sobre el asunto. Mariana Magaldi de Sousa

La experiencia literaria de Edson Lechuga

Llovizna, Edson Lechuga, Montesinos, México, 2011.

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n libro de cuentos es quizás la mejor apuesta de un escritor. Tesis que constata el escritor de Llovizna. Si la novela nos muestra el dominio de las técnicas narrativas, preferencias estilísticas y en el mejor de los casos, la creación de un mundo, en el cuento hay pistas de las obsesiones y arraigos del narrador. La novela facilita las rutas de escape para eludir el acopio biográfico y existencial reformulado a través del propio mundo de la novela. Es sin duda, el instrumento dúctil del lenguaje para explorar la irracionalidad de la existencia. El cuento obliga a otra especie de disciplina. Es un molde más severo. Con mayor transparencia, en el cuento aparecen las huellas de las preguntas fundamentales del escritor: ¿cómo despoja la narrativa al escritor de la autoría de sus cuentos?, ¿cómo se interioriza la experiencia literaria?, ¿cuál es la relación entre la memoria y las representaciones del texto? Llovizna es un libro compuesto por trece cuentos. Se organiza en tres secciones: llovizna sobre asfalto, llovizna sobre tierra y llovizna sobre piel, tratando de equilibrar el drama citadino con el drama rural, o como el autor anota en una dedicatoria: “A ese frágil parentesco que existe entre el monte y las aceras.” Habrá que seguir los pasos de Edson Lechuga para constatar cómo resuelve la encrucijada abierta en su libro de cuentos. Si su escritura queda atrapada por el canto de las sirenas de la provincia idílica o de la capital idealizada, o si prefiere otros senderos. Los hallazgos de los lectores son significativos. En cuentos como “Briggitte”, los personajes descubren cuán reales son los celos y las pasiones aún mediadas por las muñecas inflables, experiencia que

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revela la soledad de los seres humanos y el esfuerzo para hacer humanas y duraderas las relaciones con otras personas. Quizás en Llovizna hay demasiada confianza en la voz narrativa en primera persona. Los cuentos dejan hablar a los personajes. Y aunque esta medida le facilita a los autores dejarse llevar por los personajes y sus voces, olvida el riesgo de que la anécdota se imponga a la reflexión o a los andamiajes críticos de algunas modalidades narrativas en boga. Esta tensión se observa cuando del conjunto de cuentos deslumbra la atmósfera creada por el cuento “Sonata número 13 para clarinete”. Su cuento, los “Funelares Fragoso”, vislumbra una veta paródica y transgresiva, que a mí parecer es una materia que el autor debería escudriñar con mayor frecuencia y que en otros de los cuentos aparece también como un ligero guiño de humor negro. Más aún cuando la burla es el mejor acceso para eliminar todas aquellas toxinas que endurecen la percepción literaria. Llovizna, colección de cuentos escritos en los últimos diez años, precedió a Luz de Luciérnagas y por una decisión de marketing, la editorial Montesinos publicó primero la novela en cuestión. Lechuga forma parte de esa generación de escritores mexicanos que escribe desde el Viejo Continente. No se trata de una ingenua aseveración anecdótica y geográfica, se trata de una toma de postura frente al lenguaje y frente a sus temas. Quizás, por eso, como todo migrante idealiza de alguna forma sus orígenes. En la mayoría de las historias del libro, Pahuatlán, poblado de origen indígena en la Sierra Norte de Puebla, aparece como una obsesión. Es como si el narrador quisiera expeler de una vez por todas las historias de la sierra para inha-

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lar un nuevo aire que está a punto de descubrir. Sin duda, la distancia siempre acorta este proceso reflexivo, vital para cualquier escritor, so pena de confundir lo biográfico con lo literario. La apuesta que muchos escritores latinoamericanas han hecho por lo menos en el siglo pasado, parece oscilar entre estas tendencias narrativas, ya sea viscerales o contemplativas, construidas en torno a cierta idealización de la provincia, y en especial de la infancia, para encapsular experiencias, incorporar elementos inmediatos de la biografía reformulados en la narrativa o con la intensidad para hacer de esos paraísos las instancias de juicios morales. La sombra selvática de la Vorágine, la pasión lingüística de los personajes de Comala, los mitos y las ancestrales historias de familia de Macondo siguen embelesando a los lectores de narrativa, por más que se haya decretado su muerte, una y otra vez. No han faltado autores que al declarar la extinción de estas tradiciones han reaccionado con “proyectos antagónicos”, habría que apuntar con sensatez: aparentemente antagónicos, ya que dichas reacciones reconocen la valía de esos viejos mundos narrativos. Con precaución podríamos rastrear la deuda de algunos de los cuentos de Llovizna con esta tradición. Quizás, ciertamente, se abre otra vía que es cierto tipo de experiencia de representación del cosmopolitismo, o también la toma de conciencia de los narradores para que sus objetos narrativos describan una suerte de elipsis desde la cual se desprenden de sus tradiciones momentáneamente para mirarlas desde los propios textos, como si se tratara de una cinta de Moebius, ejercicio que hoy creemos posmoderno pero que

ha estado presente en las tradiciones orientales de algunos escritores de haikus como Bashoo. Cabe hacer un apunte final y de consumo local: Edson Lechuga aprovecha su deliberada ausencia de Puebla para evitar los contratiempos de discusiones de café sobre cuánto de literario hay en la poblanidad; sus dos libros Luz de Luciérnagas y Llovizna le abren el paso irradiando un proyecto de escritura en formación, el cual, deberán seguir los lectores para conocer cómo las intuiciones del escritor pahuatleco se desarrollan ulteriormente. Y habrá que abrigar la confianza en que los presupuestos de su trabajo alteren el conservadurismo narrativo del altiplano al que profundamente, en una suerte de paradoja, se le depara un futuro renovador. Mario Martell

Elena*

Leonora, Elena Poniatowska, Seix Barral, 2011.


E

l 2 de octubre de 1998 era viernes, así que decidimos hacer una lectura de La Noche de Tlatelolco dos días después, el domingo, a cien voces. Se cumplían 30 años del 68, es decir, 30 años de luchar contra la versión oficial que quiso hacer pasar la matanza de estudiantes como un enfrentamiento. 30 años de no pensar que lo “normal” era “moral”. 30 años en los que el texto de Elena Poniatowska se convirtió en la verdad colectiva de las víctimas. Hacía frío y Elena tenía gripe. Pero fui por ella a su casa, a media cuadra del parque donde había muerto asesinado el General Álvaro Obregón. Entrapajada en un chal amarillo, Elena llegó a leer el primer párrafo de su libro: “Son muchos. Vienen a pie, vienen riendo”, con la voz mormada. Por ese mismo parque circularían cien actores, pintores, ex líderes del 68, escritores y hasta uno que otro político que, luego, me hizo pensar: “¿Pero cómo fui a invitar a ese miserable?” (era del pan). La lectura, de la primera hasta la última sílaba duró catorce horas. El momento culminante fue ya casi a las once de la noche, en que, entre velas, Carlos Monsiváis leyó el final aguantando, con mucha dificultad, el llanto: “No se espanten, no corran, compañeros, es una provocación”. El libro todavía nos conmovía a todos, hubiéramos vivido o no el 68. Le compré flores a Elena y, por razones que no recuerdo ya, también a Diana Bracho. Instantes después, un dedo me tocó el hombro. Volteé y era José Luis Cuevas que me dijo sin ruborizarse: —Veo que regalas flores. ¿Y las mías? Texto a la presentación de Leonora, de Elena Poniatowska. Palacio de Bellas Artes, 5 de abril, 2011. *

Elena se regresó a su casa después de firmar cientos de libros. Tenía gripe y la mañana estaba fría. La Noche de Tlatelolco se leyó, se indignó, se lamentó, sin ella presente. Recuerdo que esa noche, después del aplauso final, empecé a recoger junto a Alejandro Aura las veladoras que habíamos usado para dramatizar el final de la lectura. En todo en lo que podía pensar era en que Elena, sus libros, existían para todos, independientemente de que ella avalara nuestras lecturas, nuestras emociones. Más de cien artistas habían acudido a leerla en voz alta sólo movidos por una llamada telefónica. Hasta ahí había llegado una mujer de negro que se me acercó sin que yo supiera quién era. —Soy La Nacha —me informó. Yo había visto su foto en La Noche de Tlatelolco, una guapa tipo Joan Baez, al lado de La Tita y José Revueltas con cara de preocupación, en una audiencia de los juicios a los estudiantes después del 2 de octubre de 1968. A La Nacha la incluimos en la lectura colectiva. Cuando bajó del escenario, le dije a José Luis Cuevas: —Ándele, maestro: regálele flores a ella. Y fuimos al puesto pero ya estaba cerrado. II Abrió Martina, abrupta, como siempre. En la sala de Elena colgaban papeles picados que decían “Gracias, Elena, 2008” y, sobre el sofá, cojines bordados con guerrilleros zapatistas. Elena bajó triste, en pants y tenis. Se sentó y soltó: —Quiero escribir otra novela y siento que ya no puedo. —Norman Mailer —le digo tratando de encontrar algo que la anime— dice que se necesita fuerza física para escribir una novela y que ésta llega cuando te sientes más débil.

—He estado revisando mis papelitos amarillentos —me dice—, ya resquebrajados por el tiempo, que he escrito a lo largo de mi vida y me pregunto por qué siempre preferí escribir para servir a los demás, para los otros, y casi nunca para mí. Suena el teléfono. Lo contesta y le da cita a alguien para el martes. —No sé ni quién era —se deja caer en el sillón. Sobre la mesa de café tiene un libro sobre los norteamericanos que se casaron con miembros de la aristocracia europea y un catálogo de un pintor que se anuncia: “Los que menos lo reconocen son los propios mexicanos, pero tienen un país maravilloso”. Pienso que con esas dos ideas podrías escribir una parte de la vida de Elena: el exilio europeo y la adopción pasional de México. Es justo lo que escribe Elena cuando no le está dando voz a los que no la tienen: de la fuga, de la pasión por el país de llegada, del amor. Ella misma ha escrito sobre esa niña que, en el barco que la llevaría a México, sabe sólo una cosa de su país de asilo: ahí se comen a la gente. Y ella misma ha descrito de muchas formas, en novelas, crónicas y reportajes, cómo México se come a su gente. A ella se la comió México, como a Leonora Carrington, como a Tina Modotti, a Oriana Fallaci. Cuando nos despedimos, afuera de su casa, suena un mariachi. —Me voy, Elena, tengo que cantar —le digo para animarla. —Debe ser una boda —se alegra—. ¿Tú crees que nos dejen cantar con el mariachi? Camino por la calle empedrada y, cuando me doy vuelta, sigue en su puerta blanca, riendo hacia el sol. III El 13 de marzo del 2009 un empleado de la embajada de México

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en Francia me topa en la calle y me reclama: —Oye, no estamos de acuerdo con el mitin que ayer organizó Poniatowska. A lo que se refiere es a una mesa redonda en el Salón del Libro de París donde hablamos, junto con Sergio González Rodríguez, de lo inevitable: el clima fascista en México que lo mismo crea escuadrones de la muerte, que deja impunes el 98 por ciento de los delitos. De esa idea de que todos somos ejecutables, de “mátenlos en caliente y luego averiguamos”. Del México del General Villa, de Calderón borracho y acuartelado, del ejército en las calles. En fin, del horror cotidiano de habitar en un país que cada sexenio inventa una nueva forma de locura. Al funcionario no le di explicaciones pero corrí a contarle a Elena. Se rió. Y nos juramos volver a hacerlo, jamás rendirnos, seguir hablando y escribiendo. Ahora caigo en la cuenta que en ese momento Elena llevaba años haciendo la novela que hoy presentamos, una biografía lúcida de Leonora Carrington, pero también una suerte de espejo que Elena se ha puesto delante para poder hablar del exilio, la locura, el asilo, la pasión por la isla de llegada, el arte de crearse un país imaginario, plagado de criaturas asombrosas en medio de la realidad de la guerra, y el fascismo, y la paranoia. Su Leonora se pregunta: “¿Quién soy? Floto entre dos personas, la de mi corazón y la de mi muerte”. No así Elena que ha sido una presencia imborrable entre nosotros, entre escribir para los que no pueden y ponernos delante de un desfile de máscaras tan antiguo que ya no podemos sacárnoslas sin quitarnos la piel. Fabrizio Mejía Madrid

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¿Santa Catarina San Juan?

La rosa de la China, Jaime Panqueva, México, Planeta, 2011.

¿E

s posible mezclar a la santa inquisición, a los jesuitas, peleas de samuráis en tierras mexicanas y un triángulo amoroso? Pero sobre todo ¿es posible que todos estos acontecimientos tengan fundamento histórico, y que narrativamente estén contados de forma tal que parezca más una novela de aventuras que una histórica? Desde la ficción cualquier cosa es posible, ésta le da al escritor la libertad de hacer con su historia lo que más le plazca, siempre y cuando la historia no carezca de verosimilitud. Sin embargo, cuando a la ficción se le agregan hechos históricos, para algunos puristas la responsabilidad del escritor aumenta y deberá alejarse más de la ficción para acercarse, casi con precisión de cirujano, al acontecimiento histórico. Algunos escritores han sabido resolver con maestría estos vericuetos, ahí tene-

mos los claros ejemplos de Fernando del Paso, Eugenio Aguirre, Enrique Serna y recientemente Eduardo Antonio Parra, Pedro Ángel Palou y Mónica Lavín. Empero, todos estos escritores han ocupado —en mayor o menor grado— a la ficción para reconstruir hechos históricos, recuperar imágenes mal elaboradas de próceres mexicanos; esto con el fin de acercar al lector a una verdad más sincera, más humana, siempre vedada por la “Historia oficial”. Jaime Panqueva, autor de la novela La rosa de la China, se documenta y sumerge en el mundo nipón y su expedición por tierras mexicanas, y a diferencia de los casos anteriores, usa a la Historia para elaborar una novela donde la aventura y el amor son los principales protagonistas. Aquí, el acontecimiento histórico será el refuerzo para otorgarle la verosimilitud necesaria a la novela. Dos son los acontecimientos históricos que utiliza Jaime Panqueva en La rosa de la China: la expedición que hacen los japoneses a México y, con ello, la presencia de Catarina San Juan: una princesa oriental que acompaña a la expedición y por azares del destino se queda en Puebla, para con el tiempo convertirse en la milagrosa China Poblana. Estos acontecimientos serán el punto de partida y eje central para la construcción de toda la novela. Ambientada en la Puebla de los Ángeles del siglo xvii, La rosa de la China es la historia de Rolando Edmundo, uno de los samuráis que acompaña a la expedición china y que por azares del destino se ha quedado en México, donde librará dos luchas: la sostenida con su némesis, el marqués De la Flota y la otra, el amor que siente hacía la milagrosa, casi virginal, Catarina San Juan. También es la historia de Gonzalo Solís, un novel


inquisidor que es enviado a tierras mexicanas para recabar todas las pruebas posibles y comprobar que el caso de Catarina San Juan no es más que una caso más de una curandera, que no de una mujer santa y milagrosa, por ende una simple herejía; y así poder acabar con la veneración apócrifa que le rinde toda la población de la Puebla de los Ángeles, bajo el amparo de los jesuitas, quienes buscaban su beatificación; empero esta exhaustiva investigación lo llevará acceder a las cosas personales de Catarina San Juan, así como a documentos desconocidos por la inquisición, que le ofrecerán un mundo que jamás se habría imaginado. La rosa de la China es la ópera prima de Jaime Panqueva, gracias a la cual obtuvo —bajo el título de Tribulaciones de chinos en Indias— el Premio Juan Rulfo para Primera Novela Conaculta inba 2009, otorgado por Tlaxcala y Puebla. Una novela refrescante que viene a ofrecer una forma novedosa de mezclar a la ficción con el acontecimiento histórico, la cual por si fuera poco, corre otro riesgo: lograr que los propios protagonistas sean quienes hablen al lector. Alfredo Godínez Pérez

Sueños = Vida

Viva la vida, Los sueños en Ciudad Juárez, Edmond Baudoin y Jean-Marc Troubet, México, Sexto Piso, 2011.

L

as ciudades y los pobladores que las habitan comparten sueños de todo tipo: cotidianos, sencillos, complejos, chicos, grandes, colectivos o individuales, algunos inalcanzables. Los sueños, en las sociedades, ayudan a construir realidades, a sustentarlas y a mantenerlas vivas, o pueden ser todo lo contrario: reminiscencias, recuerdos lejanos de épocas que quisiéramos recuperar. En los sueños se revela la condición humana, las esperanzas y anhelos más profundos, conocerlos equivale a desentrañar la esencia misma de la vida. Una ciudad convulsionada por el crimen, donde la muerte es la nota cotidiana, se dibuja como el escenario de esta obra. Viva la vida, los sueños en Ciudad Juárez es un acercamiento al contexto que vive esta ciudad, tan poco tangible para algunos, terriblemente real para otros. El cómic es el medio utilizado por los autores Baudoin y Troubet para hacernos partícipes a través de la

imagen, de un viaje lleno de experiencias contrastantes, pero que a la vez es una introspección sobre los valores de una sociedad que se rehúsa a colapsar bajo el peso de la desesperanza. Edmond Baudoin, nacido en Niza en el año 1942, es autor de diversos títulos de novela gráfica como El viaje y Cuatro ríos (con quien colabora con la novelista Fred Vargas). Su trabajo como artista, dibujante y escritor le ha merecido una reconocida carrera como autor de bande desinée. Ha sido galardonado en varias ocasiones en el Festival d’Angoulême. El origen del proyecto de este libro, en palabras del autor “es en gran parte producto de, o gracias a el libro 2666 de Roberto Bolaño, un inmenso escritor chileno muerto en 2003, que tuve deseos de ir a Ciudad Juárez.” A partir de esta idea solicita apoyo a Culture France, quien le concede la beca Stendhal para desarrollar el proyecto, en el que invita a participar a Troubet. Edmond Troubet, nacido en Pessac, en el año 1969, estudió Bellas Artes en Toulouse. Su trabajo como dibujante e ilustrador lo ha llevado a viajar por China, Madagascar y Australia, experiencias que ha publicado en novelas gráficas. Ambos aportan sus ideas, reflexiones e ilustraciones para construir un relato de sueños, de rostros y paisajes en una ciudad cubierta por sangre. Viva la vida… fue elaborado durante el año 2010 y publicado en 2011 en México bajo la editorial Sexto Piso, con el apoyo de la Embajada de Francia en México, en el marco del programa de fomento a la publicación “Alfonso Reyes” del Ministerio Francés de Relaciones Exteriores y Europeas. La versión en español fue traducida por José Ramón Calvo y prologada por Paco Ignacio Taibo II, quien nos presenta una corta pero

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emotiva introducción a la obra, anticipándonos las intenciones de los autores. El viaje inicia en el puerto del Tánger, donde los autores nos presentan por separado los pensamientos que cruzan sus mentes al momento de comenzar el traslado a la ciudad que será su hogar durante un mes. Troubet y Baudoin comparten la voz, el pincel y el papel para mostrarnos por medio de imágenes, viñetas y cuadros de diálogos una realidad que se dibuja terrible, pero donde la esperanza se rehúsa a morir. El objetivo del viaje lo explica Baudoin al inicio de la obra: “nuestra idea fue encontrar lugares donde dibujar. Hacer el retrato de aquellos que lo deseen y preguntarles: ¿Cuál es tu sueño? Buscar la vida en esta ciudad donde la gente muere.” Sin embargo la búsqueda no comienza en Ciudad Juárez, sino en cada rincón que encuentran en el camino, rostros nuevos que quedan retratados en papel, acompañados de sus anhelos más sinceros. Los protagonistas son los mexicanos, sus rostros llenos de anhelo y los paisajes que acompañan a los autores. La realidad se presenta día con día ante ellos, nuevos asesinatos, cuerpos mutilados, pobreza y enfrentamientos, a través de las imágenes plasmadas en papel se puede sentir la tensión que se vive, también los recuerdos de una tranquilidad nostálgica, añoranza de los viejos tiempos. Es inevitable hacer comparaciones en la “frontera de fronteras” donde una delgada línea separa dos escenarios completamente diferentes que se contraponen uno con otro. Pero este libro, no es un libro de muerte, si no de esperanza, en donde sus protagonistas, aunque conscientes de los problemas que los aquejan, no dejan de soñar con un futuro mejor para ellos y sus descendientes, y so-

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bre todo, con un México más justo. Esta obra, ilustrada a manera de cómic, es accesible para todo tipo de lectores y presenta de manera sencilla y sensible un conflicto real, en el que conocemos los rostros de los muertos, pero no de los vivos que continúan luchando diariamente por mantener sus sueños palpitantes, sueños que le devuelven la vida a una ciudad que parece estar muriendo poco a poco. Montserrat Andrea Báez Hdz.

Entrevista Los libros prohibidos de Peña Nieto y el Grupo Atlacomulco entrevista a Francisco Cruz Jiménez por Jaime Panqueva

¡Salud a ti, Macbeth, que serás rey!

E

Shakespeare

ran las once en punto y ya me esperaba sentado frente a un café oscuro. Tras los lentes redondos unos ojos que observan con una mezcla de astucia y valor. Francisco Cruz Jiménez, mexiquense, periodista de pueblo, como se define, autor de escritos controvertidos y perseguidos por el poder político y económico de su estado, “el más importante del país”, como sostiene con diversos argumentos. A lo largo de la entrevista que duró un par de horas, habló de temas duros, incómodos, puntos ciegos que tuvo el arrojo de iluminar en sus dos libros más recientes Negocios de Familia y Tierra Narca, publicados ambos bajo el sello Temas de hoy de Grupo Planeta. Hablamos de sus libros prohibidos, aunque él corrige: “Yo digo más bien, libros peligrosos para la clase política. Para ellos cualquier forma de convocar a la verdad es peligrosísima, de tal forma que la verdad escrita los asusta porque es mostrar la forma en que han mantenido su monopolio de poder. ¿Qué grupo que detenta el poder lo quiere dejar?” En Negocios de Familia documentó el nacimiento y ascenso del Grupo Atlacomulco desde la profecía de una “vidente”, Francisca Castro Montiel, en 1940, quien provee de identidad a las familias locales con el anuncio del ascenso de seis gobernadores y un presidente provenientes de la población mexiquense. A lo largo de siete décadas, como en una tragedia de Shakespeare, el arcano se ha cumplido en los gobiernos de Isidro Fabela, Alfredo del Mazo Vélez, Salvador Sánchez Colín, Carlos Hank González, Alfredo del Mazo González, Arturo Montiel y Enrique Peña Nieto. Y, según lo cree el grupo, éste último será el encargado de cerrar la predicción si llega a los Pinos en 2012.


Nunca nadie decía nada Negocios de Familia se fue cocinando a través de los años, como una saga familiar que abarca desde el ascenso del primer gobernador, Isidro Fabela, tras el asesinato político de su predecesor Alfredo Zárate Albarrán. Conocido por la mayoría de nosotros por sus logros diplomáticos durante y después de la Revolución, Fabela, “el gran diplomático mexicano, es un gángster político al final de su carrera.” Entre otras historias, persiguió un libro emanado de su ascenso al poder estatal por designios del presidente Manuel Ávila Camacho: El gobierno de Isidro Fabela es anticonstitucional, editado por un grupo de diputados locales: “Cuando sale el libro hay una orden de Fabela y de su secretario de gobernación, su sobrino, Alfredo del Mazo Vélez, para quemarlo. Alguien guardó una copia y en 2007 me la hacen llegar.” Así sucedió con otros ejemplares que, salvados por alguien que se negó a aceptar su desaparición, deseaban quizás conservar la memoria. Otro ejemplo es La revolución comienza a los cuarenta de Luis Amendolla, “Desde que se inventó la imprenta hay miedo a lo escrito. Los políticos mexicanos, en especial después de los años 30, tienen temor de que se conozca esa verdad, que se conozca la improvisación política, la improvisación profesional burócrata. Toda la corrupción partidista. El miedo tiene su razón de ser. En un país con un desarrollo político tan pobre, la clase gobernante se amarra, se junta y oculta todo. La historia mexicana es rica en eso.” Fiel detractor de las historias oficiales, defiende a capa y espada la importancia de su estado en el conjunto de la nación: Nadie documenta que a partir de marzo de 1942, después del asesinato (de Zá-

rate Albarrán), el Estado de México es un reflejo de todo el país: compra de votos, compra de conciencias, compra de funcionarios, compra de políticos; corrupción plena. Y sólo así se logra mantener en el poder el PRI. Es el modelo a seguir en todo el país. Descubres que ese estado es una réplica del país y que ese pri se sostiene a base de corrupción.” La denuncia de la corrupción es una constante en su escritura, porque la ha palpado y se ha convertido en una constante vital: “No cuento nada que no haya vivido; los temas de Isidro Fabela los conozco desde que era un reportero joven de unos periódicos de los pequeñitos, en Toluca, a principios de los ochenta. Yo decía en esa época: ¿por qué no lo escriben?, luego ya comprendí muchas cosas. Las primeras pillerías de Fabela las escuché de los reporteros locales que las cubrían y que eran sus amigos. Pero nunca nadie decía nada. Se habían convertido no sólo en reporteros, sino en trabajadores del gobierno.”

Escritor por accidente con riesgo de accidentarse Francisco Cruz fue también corresponsal en Colombia, durante la época de violencia narcoterrorista más cruenta a finales de los ochenta, luego en los Estados Unidos y también en la prensa escrita de Ciudad Juárez: “Soy escritor de libros por accidente. En 2007 un amigo fue despedido de la dirección del periódico en el que yo era editor general y, como pasó en mi época en Ciudad Juárez, yo estaba convencido que era una injusticia e igual renuncié. Y ahora dije, voy a escribir unos libros. Se me hace que ya estoy maduro para hacerlo.” Su primera publicación El cartel de Juárez, Planeta 2008, fue una intro-

ducción a los carteles del narcotráfico. No a los que ya conocemos, Cruz se fue varias décadas hacia el pasado: “En los años cuarenta ya había solicitudes de extradición de mexicanos a los Estados Unidos [se refiere en particular a Ignacia Jasso]. Ya había grandes capos como Abelardo Luján Rodríguez que empieza en los años 20 y que en 1932 llega a la presidencia de la República: fue nuestro primer narcopresidente.” Para Francisco Cruz no hay tópicos prohibidos, la gente tiene derecho a saber de dónde provienen sus dirigentes. Son temas que deben saberse así hayan tratado de cubrirse con el manto del olvido: “Nadie menciona los nexos con el narcotráfico de Miguel Alemán Valdés. Grandes familias, la familia Bermúdez de Ciudad Juárez. En esa época, los años 20, hay documentos que muestran que Antonio Jáquez Bermúdez, contrabandista de alcohol en esa época, se sentaba en las mesas de la cantina Kentucky (célebre bar de Juárez) a negociar con Al Capone entregas de alcohol. Antonio Jáquez Bermúdez, quien fue después durante doce años director general de pemex, en la época dorada de esa empresa.” A través de la conexión de Antonio Jáquez Bermúdez, Cruz documenta el enriquecimiento de otro gobernador y la figura más prominente del Grupo Atlacomulco: Carlos Hank González: “Cuando lo estudias descubres que es uno de los tipos más corruptos que ha habido en este país. Que del gobierno hizo un modus vivendi. Al morir tenía una riqueza de 3.000 millones de dólares. Inició su riqueza arropado por Isidro Fabela y Maximino Montiel y gracias a los favores de Pemex a través de Antonio Jáquez Bermúdez y la distribución de combustible por todo el país. Como político era brillante. Un

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tipo sagaz y con muchas ambiciones. Pero así hace su primera fortuna, a través de las dádivas y la corrupción. Cuando llega López Mateos legalizan todos los créditos y favores que tenía con Pemex. Lo limpian todo.” Por un momento no fue fácil escuchar tantos nombres ilustres defenestrados sin compasión alguna, como también fue dolorosa e indignante la lectura de Tierra Narca. El fulgor en sus ojos sigue ahí como para dar una prueba más de su atrevimiento: “Cuando haces una investigación de esta naturaleza, al principio la restringes lo más posible, teniendo en cuenta cómo es la clase política mexicana, sobre todo la del grupo atlacomulco; vengativa, revanchista. Me preguntan: ¿a quién le tienes más miedo, a los narcos o al gobierno? Al gobierno; son los jefes de los otros.” Las consecuencias no se hicieron esperar: “Antes que saliera el libro, por ejemplo, asaltaron la pequeña redacción en la que escribía. Yo no estaba, pero los dos asaltantes que entraron iban por la computadora donde estaba el primer borrador de Negocios de Familia. Se robaron la computadora. Ellos no sabían que tenía una copia, casi diaria, en la editorial. Se robaron el borrador. En esa redacción había cámaras digitales y computadoras que valían tanto o más que la mía, pero sólo se llevaron mi computadora. Cuando llegó el comandante de la agencia estatal de seguridad a reportar el robo, lo primero que le dijo a mi amigo, que era el director de la revista, fue: no van a encontrar nada, vinieron por información y ya está. Levantamos el acta y todo, pero nunca pudimos ratificar la denuncia. Su posición fue siempre: se robaron información y ya.” El acoso no terminó allí: “Una semana después de que salió el libro, caminaba con mi hermano, un tipo que mide

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180 pesa 80 kilos, caminábamos en el centro de un pueblo, íbamos al medio día a la hora del tianguis a comprar comida. Cuatro personas con aspecto de policía [en traje de civil] lo rodearon para robarle su billetera frente a mí. No le robaron su teléfono, que valía más que la billetera. Le robaron y se fueron caminando, sólo me veían a mí. Luego un día llegué a mi casa y habían desaparecido todas mis memorias usb.” Los incidentes siguieron escalando a largo de ese 2009: “En aquella época recibía llamadas muy raras, a veces no me dejaban hablar por teléfono. Levantaba el teléfono y había alguien platicando en la línea. Yo les decía, ‘por lo menos déjenme hablar, me tienen bien ubicado’.” El autor sabía que las cosas podían ponerse peor: “En un sistema político tan cerrado como éste y tan retrógrada, primitivo, uno debe asumir las consecuencias: las asumo. Pero en Negocios de Familia no me fastidiaron a mí, fastidiaron a mi familia o a mis amigos. Yo sé que hay una consecuencia y yo vivo pendiente de ella todos los días. Me cuido lo necesario, no soy paranoico, pero sí me cuido.” Un episodio posterior revela el miedo de los políticos a la opinión pública y por fortuna para Francisco Cruz puso punto final a la persecución: “Por esos días hubo una entrevista en radio con Carmen Aristegui, ella me había entrevistado para la salida del libro. Platicamos fuera del aire, me dijo: ¿no te ha pasado nada? Le platiqué todo y me dijo: el lunes hablamos sobre eso. Y el lunes hablamos al aire sobre las presiones. Hasta ese día se calmaron. Hasta el día en que se hizo público, nunca más volví a tener un incidente, nunca un asalto, nunca nada. Quiero pensar que son casualidades de la vida, pero esas casualidades nunca me volvieron a pasar.

Sobre la buena disposición de los políticos para la compra de libros Las amenazas e intimidaciones no son la única estrategia. Con su último libro, Francisco Cruz decidió ser más cuidadoso: “Cuando salió Negocios de Familia ya tenía dos meses trabajando en Tierra Narca, todavía la investigación la cerré más. Fui muy selectivo en las personas que iba a entrevistar, cualquier duda que tuviera, no la platiqué con nadie. No abrí la boca. Fue una sorpresa la publicación del libro, así quería que fuera.” Tierra Narca denuncia la infiltración de la corrupción en las más altas esferas de la política mexiquense. La guerra entre cárteles que tuvo como hecho emblemático la masacre de 24 personas en La Marquesa, comenzó con la venta de la plaza a La Familia y a los Zetas: “Te encuentras a las familias en el Estado de México negociando y controlando también el narcotráfico. Ya vimos hacia atrás, fue lo mismo. El narcotráfico es un tema que controlan grupos en el poder a través de personajes muy cercanos como Cuitláhuac Ortiz Luna (primo del gobernador Peña Nieto, muerto en noviembre del 2009) o José Manzur Ocaña (ex procurador estatal).” Sobre este último, que a la fecha sigue prófugo, Cruz es categórico: “¿Dónde está? No lo sé, lo han visto en Alaska, en California, en Guadalajara, ese cuate tiene todo el dinero del mundo y se convirtió en el gran capo del Estado de México. Un hombre con un apellido de abolengo. No estamos hablando de Pedro Pérez. Lo formaron para ser policía, para ser procurador general de la república. Imagínate si hubiera llegado a procurador. Se les salió de control.” La aparición de Tierra Narca no


fue seguida de amenazas, al contrario, personajes ligados con los diputados estatales o locales se presentaban en las librerías para comprar todos los ejemplares disponibles. Así sucedió en Coatepec o en la librería Gandhi de Metepec. Uno o varios individuos compran todos los libros y se los llevan: “No está mal, ojalá los lean”. Una estrategia más inteligente fue publicar un libro como réplica. Arturo Montiel desde Atlacomulco se denomina la respuesta escrita por Norma Meraz, actual esposa de Arturo Montiel, a Negocios de Familia, que también se encuentra disponible en librerías. Lo que llama la atención es la exigencia a funcionarios de diversas dependencias del Estado para que lo compren o que la fila para pedir la dedicatoria en las presentaciones simule un llamado de lista.

Que se equivoque el pueblo, no los gobernantes El café se agotaba y se volvía a servir, la charla enfiló hacia temas de actualidad política. Francisco Cruz no es optimista y tiene sus razones: “A donde rasques en este país apenas en la superficie lo verás dañado por la corrupción. No veo un movimiento político que nos vaya a sacar de donde estamos. Veo una clase política y empresarial empeñada en mantener sus privilegios, empeñada en agrandar sus riquezas, y en seguir adelante sin el resto de los mexicanos, sólo usándolos como mano de obra. Estamos acostumbrados como mexicanos a conocer a nuestros gobernantes a posteriori y no antes de elegirlos. Hay un movimiento que busca cambiar esto, para ayudarnos a

descubrir quiénes son antes de tiempo. A nosotros no nos toca ser agentes del ministerio público, ni somos jueces, ni somos nada. Somos escritores, somos periodistas, nos toca investigarlo y darlo a conocer antes de que pase. Si la gente decide votar o elegir a alguien ya es otro tema, pero que tengan los elementos, la información suficiente para tomar una decisión. Es mejor que se equivoque la gente a que se equivoquen los gobernantes. Las imposiciones siempre van a ser peligrosas y este país vive de imposición en imposición. Esa es la historia.” Fe de erratas En el número anterior se publicó el ensayo “La Desigualdad de aprendizajes en la educación media de América Latina”, sin apuntar la doble autoría correspondiente a Santiago Cardozo y Tabaré Fernández. Pedimos dispensa.

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Unidiversidad 5  

Revista de pensamiento y cultura de la BUAP

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