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Al alcance de mi mano están esos muchachos. Sus nombres ruedan por mi boca, son dulces villancicos de una secreta Navidad. Duermo a orillas de sus sombras como un nazi. Mis manos se aferran a una invisible alambrada, y sueño apretar sus cráneos —tiernas frutillas entre mis dedos—. Soy el amigo perfecto y el perfecto enemigo. ¡Con qué solapado placer rodaría sobre ellos, sería la luna que aparta los oscuros espinos del sendero y los interna, cada vez más, en las prohibidas nocturnidades, en el gozo sin fin de una vida! Al alcance de mi mano están esos muchachos. Una comprada caricia, el roce de sus pechos lustrados por el sudor bastaría para calmar la ansiedad que me produce la belleza. Pero ellos apenas se dan cuenta de que existo. Son dueños de la insolencia y crueldad que hace hermosos a los ángeles. Poseen la perfección y el brillo que yo, como la piedra luminosa que el tiempo pule y gasta, ya estoy perdiendo.

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Yo vi surgiendo el circo de la nada (fragmentos)

Las ciudades se hundían en las turbias aguas del circo. En el rock que nos daban para olvidar y en los retratos que apenas convencían. El circo era pequeño como cualquier fantasma, pero se fue extendiendo día a día, llenando los espacios más tibios con su cuerpo viscoso. Era un circo que apenas se alumbraba con luz propia, casi al alcance de la mano, casi inevitable, casi tambaleándose como si fuera a caerse muerto. (…) Lo entregábamos todo, hasta el nombre o el sexo, hasta la libertad y el rostro del amigo. Todo por un boleto para ver la función y aplaudir por dos horas nuestra muerte, el cuerpo que nervioso cantaba como la peor cantante de ópera. De mano en mano pasaban las preguntas mientras de mano en mano volaban las pelotas de los malabaristas y se iba la vida con la lengua cortada para siempre. Preguntas sin respuestas, acostumbradas a pasear sobre la cuerda floja, ante los ojos incrédulos de todos los que habíamos asistido al terrible espectáculo. Yo vi surgiendo al circo de la nada, y vi llegar las lentas caravanas de colores bien fuertes y brillantes anunciando una nueva función, un tiempo de carpas y candilejas que nada iluminaban, y corrí como todos detrás de las carretas, y reí como todos, y aplaudí y soñé y morí mi mitad como todos, y todo quedó escrito tras los inocentes ojos de mi poco de muerte.

Unidiversidad 22  

Revista de pensamiento y cultura de la BUAP.

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