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CHEMA, EVA y elTESORO de CARACHENGA


¡Este libro es especial, piratas!

Una historia empieza por el principio, pero otra empieza por el final.. ¡y las dos acaban en el medio! Compartiréis ambos la aventura con una carrera que terminará en el medio.. Y atentos, el contenido del tesoro sólo lo podrá descubrir el que lea el cuento, así será distinto una y otra vez..


CHEMA y el TESORO de CARACHENGA


La mañana no podía empezar de mejor forma en Bahía Tuerta. El almirante Chema no podía creer lo que tenía en sus manos, ¡¡un misterioso pirata le acababa de vender por unas pocas monedas el mapa que llevaba al Tesoro del legendario Capitán Carachenga!! -”Ten cuidado” -le dijo el pirata -”he oído que la capitana Eva también ha conseguido otra copia del mapa”. -”CRRRRAAAJJJ” -gritó Nelson el loro -“Entonces será mejor que nos pongamos en movimiento”.


La mar estaba en calma y Doroteo, el bote, saltaba veloz sobre las olas. Incluso Nelson, que solía ponerle pegas a todo, estaba feliz. -”CRRAAAJJ, ya estoy pensando en lo ricos que vamos a ser. Todos saben que el tesoro de Carachenga contiene algo que nunca se ha visto sobre la faz de la tierra.” -”No cantemos victoria, Nelson -respondió Chema -te recuerdo que Eva y otras bandas van detrás del tesoro. ¡Además en estas aguas vive la Peztia Marina!”. -”CRAAAJAJA, ¿la Peztia?? No me hagas reír, hace años que nadie la ha visto”.


-“NELSON, RECUÉRDAME QUE CUANDO SALGAMOS DE ÉSTA TE COSA EL PICO”. La Peztia se abalanzó sobre ellos, y Chema remó como nunca lo había hecho.

¡¡CÓMO ODIO A ESTE LORO!!


Dejaron atrás a la Peztia, pero algo grande y pesado se acercaba a toda velocidad... -”¡Oh, no!”, es Patagamba y su banda -exclamó Chema. -”¡Ah del bote!” -sonó un trueno, y era la voz cascada de Patagamba -“Vaya, vaya, almirante, bonito barquito...¡¡Chicos, ya os dije que hoy tendríamos buena pesca!!”. -”Silencio, Nelson, no saben nada del mapa” -susurró Chema. -”CRRRAAJ, PERO ¿¿Y NUESTRO BOTE??”


Se habían quedado sin bote -”¿Y ahora qué?” Los dos flotaban en la inmensidad del mar. El sol empezaba a ponerse y ya ni siquiera calentaba. En su lugar un viento frío y salado barrió las olas; mojados y cansados movían brazos y piernas para no hundirse. -”Supongo que aquí acaba nuestra búsqueda” -dijo Chema. -”CRRRAAGLUB, tengo las plumas empapadas, no podré volar en una semana”. Si hubieran estado callados se hubieran percatado de un sonido familiar que se acercaba...era el canto alegre y despreocupado de un delfín, que como todos sabéis cuidan de los marinos que flotan en medio del mar. Y de algún que otro loro. Chema y Nelson se subieron al delfín, y entre gritos de alegría, cruzaron como una flecha las aguas. -”¿VAMOS BIEN HACIA EL TESORO?” -gritó Nelson. -”¡¡TODO RECTO, HACIA EL ISLOTE DE LAS MUELAS!!”


A toda velocidad el islote se iba acercando más y más. Chema no podía tener más espuma en la boca, y Nelson iba a estar escupiendo cangrejos una semana. Lo malo de los delfines es no son muy delicados. El aterrizaje sobre el islote no fue nada suave, pero estaban tan excitados que no les importaba. UNOS PASOS MÁS Y...


Trepó hacia la cumbre del islote, allí pudo ver el cofre... subió a toda prisa, y justo cuando llegó a la cima vio a Eva... ambos se miraron con recelo, pero comprendieron que a estas alturas lo primero que tenían que hacer era abrir el cofre. Muy despacio, a la vez, levantaron la tapa, que crujió como si todos los años del mundo hubieran pasado por ella. El resplandor que salía del fondo casi les cegó. No podían creerlo. El Tesoro era...


Trepó hacia la cumbre del islote, allí pudo ver el cofre... subió a toda prisa, y justo cuando llegó a la cima vio a Chema... ambos se miraron con recelo, pero comprendieron que a estas alturas lo primero que tenían que hacer era abrir el cofre. Muy despacio, a la vez, levantaron la tapa, que crujió como si todos los años del mundo hubieran pasado por ella. El resplandor que salía del fondo casi les cegó. No podían creerlo. El Tesoro era...


Empezaba a caer la noche sobre el mar, y el viaje fue sorprendentemente tranquilo. -”Qué raro no ver a la Peztia Marina, dónde andará?” Todavía no había chocado el barco contra las rocas del islote cuando Eva ya había saltado de él... -”Espérame aquí Joacrín, y luego te compraré un ESTABLO DE ORO”.


El barranco fue demasiado para Joacrín. Relinchaba de dolor y no podía dar un paso más. Que el caballo de un pirata sufra torceduras es algo muy normal, como cualquier pirata que os encontréis por la calle os puede decir... -”¡ Joacrín, estamos a un paso del muelle, el tesoro nos espera!!” Dicho y hecho, Eva cargó al caballo y a toda velocidad llegaron al Embarcadero. ¡Un pequeño viaje hasta el islote de las Muelas!


El Barranco del Buitre era el siguiente obstáculo...¡¡y no cualquier obstáculo!! Caminaron muy despacio sobre el viejo y ruinoso puente. Mirando hacia abajo, Eva comprendió de dónde le venía el nombre al lugar...

Los buitres observaban, cómo la cena se les iba a escapar... OTRA VEZ.


¡¡EN EFECTO!! No llevaban mucho recorrido cuando un temblor de cascos empezó a acercarse. Eva miró hacia atrás; ahí estaban los bandoleros de Cuerpojota, malignos piratas sobre caballos negros como el carbón que parecían tener alas. Gritaban y reían como locos: -”¡¡Aquí estamos capitana, creo que tienes algo que pertenece a nuestro Jefe!!” -”¡¡SÍ, LA POLVAREDA QUE OS DEJARÁ JOACRÍN ALEJÁNDOSE!! ¡¡QUEDÁOSLA!!” Joacrín galopó como nunca lo había hecho y dejaron a los piratas muy, muy atrás...


-”¡¡CABALGA COMO EL VIENTO JOACRÍN!! Sé de buena tinta que el almirante Chema ya se ha puesto en movimiento. Además, el capitán Cuerpojota, el peor enemigo de Carachenga ha mandado a sus bandoleros”... Joacrín relinchó y los campos, las lomas, los árboles y hasta el mismo cielo parecían deslizarse sobre ellos como un rayo. Les esperaba una larga travesía hasta el islote de las Muelas, donde según el mapa estaba enterrado el tesoro.


La mañana empezó soleada en Cumbre del Roble y con una gran sorpresa para la capitana Eva. Hacía años que muchos ancianos piratas le habían hablado del fabuloso tesoro de Carachenga, que contenía algo tan increíble como nunca jamás nadie imaginó. Así que cuando un pirata le vendió por unas monedas una de las pocas copias del Mapa Perdido, no se lo pensó mucho y ensilló a Joacrín, su fiel jamelgo.


EVA y el TESORO de CARACHENGA


¡Este libro es especial, piratas!

Una historia empieza por el principio, pero otra empieza por el final.. ¡y las dos acaban en el medio! Compartiréis ambos la aventura con una carrera que terminará en el medio.. Y atentos, el contenido del tesoro sólo lo podrá descubrir el que lea el cuento, así será distinto una y otra vez.. Este libro pertenece a EVA BONAFONTE MORALES y CHEMA DIÉGUEZ


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