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CHEMA

y las CARACOLAS MÁGICAS


-¿Te gustaría acompañarnos? -¿Cómo? ¿Acompañaros yo? -Sí, claro. ¿No te gustaría echar un vistazo por allí abajo? -Pues sí, sí, claro, pero… yo… yo nunca… -¿Nunca te has metido en el mar? Pues mejor, será más divertido aún.

Chema, sin pensarlo dos veces, aceptó la invitación entusiasmado.

¡No te olvides de la caracola!!


Chema abrió los ojos y empezó a disfrutar de su maravilloso viaje. Había bosques enteros de algas que se movían con la corriente en un continuo ir y venir... estrellas de mar, corales, peces de todas las formas y colores, incluso las medusas, tenían una belleza espectacular nadando en su entorno...


El abuelo y su joven amigo habían parado la marcha y le hacían señas insistentemente. Señalaban una especie de valle submarino y cuando llegó a su altura, comprendió lo que le querían decir. ¡Habían llegado a casa! Aquello era absolutamente increíble. ¡Era una caracola gigante! ¿Estaría soñando? De ser así, era el sueño más increíble de todos los que había tenido en su vida. De ser un sueño, ¿qué diferencia habría?


Entraron en la caracola y la abuela, les había preparado una apetitosa merienda. Con tanto sobresalto, no se había dado cuenta del hambre que tenía. -Ahora, cuando terminéis de merendar, podíais dar una vuelta, y así le enseñas a tu amigo la zona -dijo la abuela. A Chema le encantó la idea, había disfrutado mucho llegando hasta allí y le apetecía seguir explorando.


-Tened cuidado con las anémonas y no molestéis al señor pulpo, ya sabes lo quisquilloso que es.

¡Que os DIVIRTÁIS!


Lo primero con lo que seencontraron fue con la

¡¡GRAN CARRERA ANUAL DE GAMBAS SOBRE LUBINAS!!

¡Menudo espectáculo! Jamás pensó que las gambas fueran tan excelentes jinetes, ni que las lubinas pudieran alcanzar semejante velocidad. En la escuela nadie lo creería… probablemente no se lo creyera ni él mismo, pero ¡qué más daba!


Continuaron su camino y llegaron hasta el jardín del Señor Pulpo. A Chema no se le olvidaron las advertencias del abuelo, acerca de su carácter, así que se detuvieron a una distancia prudente a observar. Estaba cuidando el jardín. No era un jardín como los que estaba acostumbrado a ver. En ése había algas de todos los tipos, formas y texturas. Cuando los enormes ojos del pulpo parecieron posarse sobre él, le hizo un gesto a su amigo y se fueron rápidamente.


Se habían alejado considerablemente, y ambos comenzaron a acusar el cansancio, por eso decidieron continuar su visita turística en el

BALLENABUS.

El cobrador era un simpático caballito de mar. Parecía haberle llamado la atención la visita de Chema a quien no quitó ojo en todo el trayecto.

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