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TRADUCTORAS: Asami @caebswater Autumn @ignitebaz Laura @akucintakamu111 Paula @paulis949 Tania @z0mbieparish SynSkady SofiaA Diseño y Revisión: Laura @Akucintakamu111 Esta traducción se hizo sin ánimo de lucro para el blog MURIENDO ENTRE TINTA


Dedicatoria Para Laddie y Rosey... Espero que logren luchar sus propias batallas Y forjar sus propias alas.


Primera parte


Capítulo 1 Simon Camino a la estación de autobuses por mi cuenta. Siempre hay un revuelo sobre mis papeles cuando me voy. Durante todo el verano, ni siquiera tenemos permiso de ir a Tescos sin una chaperona y sin preguntarle antes a la Reina. Luego, en el otoño, simplemente firmo mi salida del hogar para niños y me voy. —Él va a una escuela especial —explica una de las señoras de la oficina a la otra cuando me voy; ambas están sentadas sobre cajas de plexiglás. Deslizo mis papeles de regreso a ellas a través de una ranura en la pared—. Es una escuela para delincuentes —susurra. La otra mujer ni siquiera levantó la vista. Cada Septiembre se repite la misma rutina, a pesar de que nunca regreso a la misma institución dos veces. El Mago me había ido a recoger para llevarme a la escuela la primera vez, cuando yo tenía once. Pero el año siguiente, me dijo que podía llegar a Watford por mi cuenta. «Has matado a un dragón, Simon. Seguramente podrás con un largo camino y un par de autobuses». Yo no había tenido la intención de matar al dragón. No me habría hecho daño, o al menos eso creo. Todavía sueño con ese momento a veces, con la forma en que el fuego lo consumió desde adentro hacia afuera, como un cigarrillo devorando un pedazo de papel con su quemadura. Llego a la estación de autobuses y espero a mi primer autobus mientras como una barra de Aero Mint. Tengo que tomar otro autobus después de eso, y luego un tren. Una vez ya dentro del tren, trato de dormir con mi bolsa en mi regazo y los pies apoyados en el asiento frente a mí... pero un hombre un par de filas atrás no deja de mirarme. Puedo sentir sus ojos arrastrándose por mi cuello. Podría tratarse de un pervertido. O un policía. O podría tratarse de un cazador de osamentas que conoce el precio de mi cabeza... («Es cazador de recompensas» le dije a Penélope la primera vez que luchamos contra uno. «No, osamentas», respondió ella. «Porque eso es lo que guardan de ti si te agarran».) Me cambio de vagón y no me molesto en intentar dormirme de nuevo. Entre más cerca estoy de Watford, más inquieto me siento. Todos los años, pienso en saltar del tren y hacerme llegar a la escuela con un hechizo, incluso si hacerlo me mandaría a un estado de coma.


Podría lanzar un Date Prisa en el tren, pero ese es un hechizo incierto en el mejor de los casos, y mis primeros hechizos del año escolar siempre resultan especialmente peligrosos. Se supone que debo practicar durante el verano, sólo pequeños pero predecibles hechizos cuando nadie está viendo. Como encender las luces. O cambiar manzanas por naranjas. —Sube la cremallera de tus pantalones y ata tus cordones con hechizos —sugirió la señorita Possibelf—. Ese tipo de cosas. —Sólo uso botones —le dije, para después ponerme colorado cuando bajó su mirada a mis jeans. —Entonces usa tu magia para hacer las tareas del hogar —dijo ella—. Lava la vajilla, pule la plata. No me molesté en decirle a la señorita Possibelf que cada verano mis comidas son servidas en platos desechables y que las como con cubiertos de plástico (tenedores y cucharas, nunca cuchillos). Además, no me molesté en practicar mi magia este verano. Es aburrido. Y no tiene sentido. Y no es como si ayudara. La práctica no me hace un mejor mago; solo me hace explotar. Nadie sabe por qué mi magia es como es. Por qué explota como una bomba en vez de fluir a través de mí como un maldito arroyo o como sea que funcione con el resto del mundo. —No lo sé —había dicho Penélope cuando le pregunté cómo se sentía la magia para ella—. Supongo que se siente como un pozo dentro de mí. Tan profundo que no puedo ver o siquiera imaginarme el fondo. Pero en vez de subir la magia con una cubeta, pienso en ella subiendo por su cuenta para mí. Y luego está ahí, cuanta magia necesite, mientras permanezca concentrada. Penélope siempre permanecía concentrada. Además, era poderosa. Agatha no lo es. No como Penélope, de todos modos. Y a Agatha no le gusta hablar de su magia. Pero una vez, en Navidad, mantuve despierta a Agatha hasta que ella se sintiera tan cansada y estúpida para decirme que para ella la magia se sentía como flexionar un músculo, manteniéndolo de esa forma. —Como un croisé devant, ¿sabes? —dijo ella. Negué con la cabeza. Ella estaba tirada sobre una alfombra de piel de lobo al frente de la chimenea, toda acurrucada como un gatito bonito. —Es ballet —dijo—. Es como si tuviera que mantenerme en una misma posición por todo el tiempo que pueda. Baz me dijo que para él, es como encender un cerillo. O tirar de un gatillo. Él no había querido decirme eso. Fue cuando estuvimos luchando contra una quimera en el bosque durante nuestro quinto año. Nos tenía acorralados, y Baz no era lo bastante poderoso


para luchar contra una quimera por sí solo. (El Mago no es lo bastante poderoso para luchar contra una químera por sí solo). —¡Hazlo, Snow! —Me gritó Baz— Hazlo. Ataca al maldito. Ahora. —No puedo —intenté decirle—. No funciona así. —Claro que sí, demonios. —No puedo simplemente encenderlo —le dije. —Intentalo. —No puedo, maldita sea. Yo blandía mi espada en el aire, ya era muy bueno con la espada a los quince años, pero mis habilidades con ésta importaron muy poco porque la quimera no era corpórea. Vaya suerte la mía, tan pronto empecé a llevar una espada conmigo, todos mis enemigos resultaron ser niebla y telaraña. —Cierra tus ojos y enciende el cerillo —me dijo Baz. Ambos estábamos intentado escondernos detrás de una roca. Baz estaba lanzando hechizos uno tras otro; estaba prácticamente cantando. —¿Qué? —Eso es lo que mi madre solía decir —dijo él—. Enciende un cerillo dentro de tu corazón, y luego aviva el fuego. Todo es fuego con Baz. No puedo creer que aún no me haya incinerado, o quemado en la hoguera. Le gustaba amenazarme con un funeral de vikingo, cuando éramos del tercer año. —¿Sabes qué es eso, Snow? Una pira funeraria, ardiendo a la deriva en el mar. Podríamos hacer la tuya en Blackpool, así todos tus pobretones amigos Normales podrían asistir. —Vete a la mierda —le diría, y trataría de ignorarlo. Ni siquiera he tenido amigos Normales, pobretones o de otra manera. Todos en el mundo Normal huyen de mí si pueden. Penélope dice que pueden sentir mi poder y que, instintivamente, huyen. Como los perros que no pueden hacer contacto visual con sus amos. No es que esté diciendo que soy el amo de nadie, no es eso a lo que me refiero. De todos modos, trabaja al revés con los magos. Ellos aman el olor de la magia, por eso me esfuerzo mucho para hacer que me odien. A menos que se trate de Baz, porque él es inmune. Tal vez ha desarrollado tolerancia hacia mi magia. Después de todo, hemos sido compañeros de dormitorio durante los últimos siete años. Esa noche en la que estábamos luchando con la quimera, Baz continuó gritándome hasta que mi magia se disparó. Ambos despertamos horas más tarde en un agujero ennegrecido. La barrera en la que nos habíamos estado ocultando, era polvo. Y la quimera, era vapor. O quizás sólo se había ido.


Baz estaba segurísimo de que había quemado sus cejas, pero para mí, él lucía bien... sin un cabello fuera de su lugar. Típico.


Capítulo 2 Simon No me permito pensar en Watford durante el verano. Después de mi primer año ahí, cuando tenía once, pasé todo el verano pensando en eso. Pensaba en todos los que había conocido en la escuela: Penélope, Agatha, el Mago. Pensaba en las torres y los jardines. Los tés. Los pudines. La magia. El hecho que yo era magia. Me hastié a mí mismo pensando, soñando despierto sobre la Escuela Watford de Magia hasta que empecé a sentir que no era nada más que una ilusión; una fantasía más con la cual entretenerme. Como mis sueños de convertirme en un futbolista o que mis padres, mis verdaderos padres, regresarían por mí algún día. Mi padre sería un futbolista, mi madre sería algún tipo de supermodelo y ellos me explicarían cómo habían tenido que abandonarme porque eran demasiado jóvenes para criar un bebé, y porque sus carreras estaban en la cuerda floja. «Pero siempre te extrañamos, Simon», dirían. «Te hemos estado buscando». Y me llevarían a vivir con ellos en su mansión. Mansión de futbolista exitoso. Internado mágico. Ambos me parecían una mierda a la luz del día, especialmente cuando despiertas en una habitación con otros siete desechados. Ese primer verano, ya le había exprimido todo el jugo al recuerdo de Watford para el tiempo que mi billete de autobús y mis papeles llegaron en el otoño, junto a una nota del mismo Mago. Real. Todo era real. Así que, el siguiente verano, después de mi segundo año en Watford, no me permití pensar más en la magia. Por meses. Simplemente la bloqueé de mi cabeza. No la extrañé, ni la deseé. El Mago solía decir que tal vez algún día me dejaría pasar los veranos en Watford... o hasta pasarlos con él, en donde sea que pase él sus veranos. Pero después, decidió que lo mejor para mí era pasar un cierto tiempo cada año con los Normales. Para mantenerme en contacto con el lenguaje y para conservar mi ingenio: «Que las dificultades afilen tu espada, Simon».


Pensé que se refería a mi espada, la Espada de los Magos, pero con el tiempo me di cuenta que se refería a mí. Yo soy la espada. La Espada del Mago. Y no estoy seguro si estos veranos que he pasado en hogares para niños me han vuelto más filoso. Pero sí que me han vuelto más hambriento. Me hacen anhelar Watford como, no sé, como la vida misma. Baz y su lado, todas las viejas y adineradas familias, ellos no creen que cualquiera pueda entender la magia al igual que ellos. Ellos creen ser los únicos a los que se les puede ser confiada. Pero nadie ama la magia a como yo lo hago. Ninguno de los otros magos, ni mis compañeros de clase, ni sus padres, saben cómo es vivir sin magia. Sólo yo lo sé. Y haré cualquier cosa para asegurarme que siempre esté ahí para mí.

*** Intento no pensar en Watford cuando estoy lejos, pero fue casi imposible este verano. Después de todo lo que pasó el año pasado, no podía creer que el Mago le prestara atención a algo como el final del período. ¿Quién interrumpe una guerra para enviar a los niños de regreso a sus casas por vacaciones de verano? Además, ya no soy un niño. Legalmente, pude haber dejado la institución cuando cumplí los dieciséis. Pude haberme mudado a un departamento en algún lugar. Tal vez en Londres. Podría permitírmelo, tengo una bolsa llena de oro de duende; una bolsa grande de lona que sólo desaparece si intentas dársela a otro mago. Pero el Mago me mandó a un nuevo hogar para niños, como siempre. Él continúa moviéndome como su marioneta, después de todos estos años. Como si estuviera a salvo ahí. Como si el Humdrum no pudiera simplemente invocarme, o lo que sea que me haya hecho a mí y a Penélope al término del período. —¿Él puede invocarte? —demandó Penny tan pronto nos escapamos de él—. ¿A través de un cuerpo de agua? Eso no es posible, Simon. No hay ningún precedente de algo como esto. —¡La próxima vez que me invoque como a un maldito demonio mitad ardilla, se lo diré! —le dije. Penélope había tenido la desdicha de haber estado agarrando mi brazo cuando fui arrebatado, así que ella había sido arrebatada conmigo. Su brillante cabeza es la única razón por la que ambos salimos con vida. —Simon —dijo ese día, cuando finalmente íbamos en un tren de regreso a Watford.- Esto es serio. —Por los bastardos Siegfried y Roy, Penny, ya sé que esto es serio. Él tiene mi número. Yo ni siquiera tengo mi número, pero el Humdrum lo tiene.


—¿Cómo es que aún sabemos tan poco sobre él? —Penélope echaba humo—. Él es tan... —Insidioso —dije—. «El insidious Humdrum», y todo eso. —Deja de bromear, Simon. Esto es serio. —Lo sé, Penny. Cuando llegamos a Watford, el Mago escuchó cada palabra que dijimos y se aseguró que no estuviésemos heridos, pero después nos envió por nuestros caminos. Simplemente nos envió a casa. No tenía nada de sentido. Así que, desde luego, pasé todo este verano pensando en Watford. Sobre todo lo que pasó, todo lo que pudo haber pasado y todo lo que está en juego... Por supuesto que me preocupé. Pero aun así, no dejé perderme en las cosas buenas, ¿sabes? Porque son las cosas buenas las que te volverán loco cuando las extrañes. Mantengo una lista de todas las cosas que más extraño y que no debo manosear en mi cabeza hasta estar a una hora de Watford. Luego, reviso la lista cuidadosamente. Es casi como probar el agua fría antes de zambullirte en ella. Pero lo contrario a eso, supongo, es como probar algo demasiado bueno, así la impresión de eso no llega a abrumarte. Empecé a hacer mi lista, mi lista de cosas buenas, cuando tenía once y ahora ya debería borrar algunas cosas pero hacerlo es más difícil de lo que creerías. Como sea, estoy a una hora de la escuela ahora, así que saco mentalmente mi lista y presiono mi cabeza contra la ventana del tren. Las cosas que más extraño de Watford: No. 1 - Los bísquets de cereza

Nunca antes había probado los bísquets de cereza antes de venir a Watford; solo los de pasa, muchas veces de los simples, y siempre algo de la tienda que luego era dejado mucho tiempo dentro del horno. En Watford, tenemos bísquets de cereza recién salidos del horno todos los días en el desayuno si los quieres. Y otra vez con el té de la tarde. Tomamos el té en el comedor después de nuestras clases, antes de ir a los clubs y los partidos de fútbol, o antes de las tareas. Siempre tomo el té con Penélope y Agatha y, de nosotros, solamente yo como los bísquets. «La cena es en dos horas, Simon» me regañaría Agatha, a pesar de todos estos años. Una vez Penélope intentó calcular cuántos bísquets he comido desde que empezamos en Watford, pero se aburrió antes de conseguir la respuesta. No puedo simplemente pasar por encima de los bísquets cuando están ahí de frente. Son tan suaves y ligeros, un poco salados. A veces sueño con ellos.


No. 2 - Penélope

Este lugar en la lista solía pertenecerle a «la carne asada», pero hace unos años atrás, decidí limitarme a recordar una sola comida. De lo contrario la lista se convertiría en la canción de Oliver!, y terminaría tan hambriento que mi estómago dolería. Tal vez Agatha debería de estar más arriba en la lista que Penélope, porque Agatha es mi novia; pero Penélope se ganó un lugar en la lista antes que Agatha. Nos hicimos amigos en mi primera semana en la escuela, durante nuestra clase de Palabras Mágicas. No sabía qué pensar de ella cuando nos conocimos. Ella era una pequeña niña regordeta de piel morena y cabello rojo brillante, usaba gafas puntiagudas —del tipo que usarías si fueras disfrazada de bruja a una elegante fiesta de disfraces—, y un pesado anillo púrpura en su mano derecha. Estaba intentado ayudarme con una tarea, y creo que yo sólo estaba clavándole los ojos. —Sé que eres Simon Snow —dijo ella—. Mi mamá me dijo que vendrías a Watford. Ella dice que tú eres realmente poderoso, probablemente más poderoso que yo. Soy Penélope Bunce. —No sabía que alguien como tú podía llamarse Penélope —dije. Estúpidamente. Todo lo que dije ese año fueron estupideces. Ella arrugó su nariz. — ¿Cómo es que una «persona como yo» debería llamarse? —No lo sé. —No lo sabía. Las otras chicas que había conocido que lucían como ella, se llamaban Saanvi o Aditi, y ellas definitivamente no eran pelirrojas—. ¿Saanvi? —Alguien como yo puede llamarse como sea —dijo Penélope. —Ah —dije—. Claro, lo siento. —Y podemos hacer lo que queramos con nuestro cabello. —Ella volvió su atención a la tarea, torciendo su coleta roja—. Es descortés clavarle los ojos a la gente, sabes, aún a tus amigos. — ¿Somos amigos? —Le pregunté, más sorprendido que otra cosa. —Te estoy ayudando con tu tarea, ¿no es así? Así era. Me acababa de ayudar a encoger una bola de fútbol al tamaño de una canica. —Pensé que me estabas ayudando porque soy tarugo —dije. —Todos son tarugos —respondió ella—. Te estoy ayudando porque me agradas. Resultó que había cambiado por accidente el color de su cabello a rojo mientras intentaba un nuevo hechizo, pero lo llevó de ese color por el resto del primer año. Al año siguiente, lo llevó azul. La mamá de Penélope es Hindú y su padre es Inglés. En realidad, ambos son ingleses, porque el lado hindú de su familia tiene años de vivir en Londres. Ella me dijo después que sus padres le habían advertido diciéndole que se mantuviera lejos de mí. —Mi mamá me dijo que nadie sabía realmente de dónde habías venido y que probablemente eras peligroso. —¿Por qué no le obedeciste? —pregunté.


—¡Porque nadie sabía de dónde venías, Simon! ¡Y porque podrías ser peligroso! —Tienes el peor instinto de supervivencia. —Además —dijo—, estabas usando tu varita al revés y sentí pena por ti. Extraño a Penny cada verano, aun cuando intentó convencerme de no hacerlo. El Mago dice que nadie puede escribirme o llamarme durante las vacaciones, pero aun así, Penny encuentra formas de contactarme. Una vez, poseyó al viejo de la tienda, el que siempre olvida ponerse su dentadura; y habló a través de él. Fue bueno escuchar de ella y todo, pero me resultó tan perturbante que le pedí que no lo volviera a hacer, a menos que hubiese una emergencia. No. 3 - El campo de fútbol

No juego fútbol tanto a como antes solía hacerlo. No soy tan bueno como para jugar en el equipo de la escuela, además, siempre estoy enredado en alguna conspiración en mi contra, en una misión para el Mago u otro tipo de drama. (No es posible echar goles cuando el condenado Humdrum puede invocarte cada vez que se le dé la gana.) Pero sí logro jugar. Y es un campo perfecto: es el único lugar de la propiedad que es plano, está cubierto de un encantador césped y rodeado de hermosos árboles frondosos donde puedes sentarte a ver los partidos... Baz juega para nuestra escuela. Desde luego. El muy bastardo. Él es igual en el campo que en cualquier otro lugar: fuerte, grácil y condenadamente despiadado. No. 4 - Mi uniforme escolar

Tenía once años cuando puse esto en la lista, verás, cuando me dieron mi primer uniforme, era la primera vez en toda mi vida que tendría ropa a mi medida, y la primera vez que usaría un blazer y una corbata. De pronto, me sentí todo alto y elegante. Hasta que Baz entró por la puerta de nuestra habitación, mucho más alto que yo y más elegante que todos. Hay ocho años en Watford. Los del primer y segundo año usan blazers con rayas —dos tonos de púrpura y dos tonos de verde— con pantalones grises, suéteres verdes y corbatas rojas. Hasta el sexto año, se tienen que usar boaters en el exterior, lo que en realidad es solo una prueba para ver si nuestros Mantente Puesto son lo suficientemente fuertes como para mantener nuestros sombreros puestos. (Penny siempre hechizaba mi sombrero por mí, porque si yo lo hacía, podría terminar durmiendo con la maldita cosa puesta.) Cada otoño al entrar en nuestra habitación, un nuevo uniforme espera por mí sobre mi cama, limpio, planchado y perfectamente ajustado a mi medida; sin importar cuánto haya cambiado o crecido durante el verano.


Los de los años superiores —es decir, yo— usan blazers verdes con ribetes blancos. Los suéteres rojos son opcionales, al igual que las capas. Yo nunca las he usado porque me hacen sentir como un idiota, pero a Penny le encantan. Ella dice que le hacen sentir como Stevie Nicks. Me gusta el uniforme. Me gusta saber qué voy a usar cada día, porque no sé qué usaré el próximo año, cuando no esté en Watford. Pensaba en unirme al Ejército del Mago, ya que ellos usan uniformes. Aunque lucen como algo que Robín Hood usaría si fuera parte del departamento de inteligencia británico. Pero el Mago dijo que ese no era mi camino. Así es como él me habla, «No es tu camino, Simon. Tu destino se encuentra en otro lugar». Él quiere que me mantenga a raya del resto del mundo con entrenamientos separados y clases especiales. Pienso que ni siquiera me dejaría estudiar en Watford si él no fuera el director de ahí, y si no pensara que ese es el lugar más seguro para mí. Si le preguntara al Mago qué es lo que debería usar después de Watford, él probablemente me vestiría como un súper héroe. Pero no le preguntaré a nadie cómo vestir cuando me vaya. Tengo dieciocho años. Yo me vestiré solo. O quizás Penny ayudará. No. 5 - Mi habitación

Debería decir «nuestra habitación», pero no extraño compartirla con Baz. Te asignan tu habitación y tu compañero de habitación en el primer año de Watford, y después de eso no puedes cambiar ninguno de los dos. Nunca tienes que empacar tus cosas o quitar tus pósters. Compartir una habitación con alguien que quiere matarme, que ha querido matarme desde que teníamos once, ha sido... Bueno, tiene que haber sido una mierda, ¿no es cierto? Pero quizás el Crisol se sintió mal por habernos puestos a mí y a Baz juntos (no literalmente; no considero que el Crisol tenga sentimientos) porque obtuvimos la mejor habitación en Watford. Vivimos en la Casa Mummers, al filo del terreno de la escuela. Es un edificio de piedra de cuatro plantas y media, y nuestra habitación está en el nivel más alto, en una especie de torrecilla con vistas al foso. La torrecilla es muy pequeña para más de una habitación, pero es más grande que las demás habitaciones y solía ser usada por el personal de la escuela. Así que tenemos nuestra propia suite. Baz, de hecho, es una persona bastante decente con quien compartir un baño. Pasa adentro toda la mañana, pero es muy limpio; y no le gusta que toque sus cosas, por lo tanto las mantiene lejos de mí. Penélope dice que nuestra habitación huele a cedro y bergamota, y tiene que ser por Baz porque definitivamente no es por mí.


Te diría cómo es que Penny le hace para entrar en nuestra habitación —las chicas no tienen acceso a las casas de los chicos y viceversa— pero aún no lo sé. Yo pienso que se debe a su anillo. Una vez la miré usarlo para abrir una cueva, así que todo es posible. No. 6 - El Mago

También añadí al Mago a mi lista cuando tenía once, y desde entonces han habido cantidad de ocasiones que he considerado quitarlo. Como en nuestro sexto año, cuando él prácticamente me ignoró. Cada vez que intentaba hablar con él, me decía que estaba en medio de algo importante. Aún me dice eso, algunas veces, y lo entiendo, él es el director de la escuela. Y aún más que eso, él es el líder del Aquelarre, así que, técnicamente, él está a cargo de todo el Mundo de Magos. Y tampoco es como si él fuera mi padre o algo. Pero es lo más cercano que tengo a «algo». El Mago fue el primero que vino a mí en el mundo Normal y me explicó (o intentó explicarme) quién soy yo. Aún me echa un ojo, en ocasiones, cuando ni siquiera me doy cuenta. Y cuando sí tiene tiempo para mí, para realmente hablar conmigo, es entonces cuando más me siento con los pies fijos en la tierra. Lucho mejor cuando él está cerca; pienso mejor. Es como si, cuando él está ahí, casi creo en todo lo que él me ha dicho... como que soy el mago más poderoso que el Mundo de Magos haya conocido jamás y que todo ese poder es algo realmente bueno, o al menos lo será algún día. Que pondré toda mi mierda en orden, eventualmente, y resolveré más problemas de los que causo. El Mago es también el único que tiene permitido contactarme durante el verano. Y siempre recuerda mi cumpleaños en Junio. No. 7 - La Magia

No mi magia, necesariamente, porque esa siempre está conmigo y, honestamente, no es algo en lo que pueda encontrar consuelo. Lo que extraño, cuando estoy lejos de Watford, es estar cerca de la magia. Magia practicada casualmente: chicos lanzando hechizos en los pasillos y durante las clases, alguien enviando un plato de salchichas al final de la mesa como si estuviese atado a alambres. El Mundo de Magos no es realmente un mundo. No tenemos ciudades, ni siquiera vecindarios. Los Magos han vivido entre la mundanidad desde siempre. Es más seguro de esa forma, según la mamá de Penélope, nos mantiene en la corriente con el resto del mundo. Las hadas hicieron lo contrario, dice ella. Ellos se aburrieron de lidiar con los demás, deambularon en las profundidades de los bosques por unos siglos, y luego no pudieron encontrar el camino de regreso.


El único lugar donde los Magos viven juntos, al menos que sean familiares, es en Watford. Hay muy pocos clubes sociales mágicos y fiestas o reuniones anuales, ese tipo de cosas. Pero Watford es el único lugar donde estamos juntos todo el tiempo. Razón por la cual todos han estado emparejándose como locos en este último par de años. Si no conoces a tu pareja en Watford, dice Penny, podrías terminar solo... o yendo a los tours para solteros de Magickal Britain a los treinta y dos años. Ni siquiera sé de qué se preocupa Penny, ella ha tenido un novio en América desde nuestro cuarto año. (Él fue un estudiante de intercambio en Watford). Micah juega béisbol, y su rostro es tan simétrico que bien podrías invocar un demonio en él. Ellos vídeo chatean cuando ella está en su casa, y cuando ella está en la escuela, él le escribe casi todos los días. —Sí —me dice ella—, pero él es Americano. Ellos no piensan en el matrimonio como nosotros. Él podría dejarme por alguna Normal bonita que conozca en Yale. Mamá dice que ahí está yendo a parar nuestra magia, desperdiciándose en desconsiderados matrimonios americanos. Penny cita a su mamá tanto como yo cito a Penny. Ambas son paranoicas. Micah es un chico serio, él se casará con Penélope... y después querrá llevársela con él. Eso sí es preocupante. En fin. La magia. Extraño a la magia cuando estoy en el mundo Normal. Cuando estoy solo, la magia es algo personal. Es mi carga, mi secreto. Pero cuando estoy en Watford, la magia es solo el aire que respiramos. Es lo que me hace parte de algo grande, no lo que aparta de lo demás. No. 8 - Ebb y las cabras

Empecé a ayudar a Ebb la cabrera durante mi segundo año en Watford. Y digamos que por un buen tiempo, pasar el tiempo con las cabras era mi cosa preferida (con lo cual Baz no dejaba de fastidiarme). Ebb es la persona más buena en Watford, más joven que los maestros y es sorprendentemente poderosa para alguien que decidió pasar toda su vida cuidando de las cabras. —Ser poderosa no tiene nada que ver con eso —diría Ebb—. La gente que es alta no se mira forzada a jugar basura en el cesto. —¿Te refieres al baloncesto? —Al vivir en Watford, Ebb ha llegado a alejarse un poco de la actualidad. —Es lo mismo. No soy un soldado. No veo por qué debería pelear para vivir sólo porque puedo lanzar un buen golpe. El Mago dice que todos somos soldados, cada uno de nosotros con una onza de magia. Eso es lo peligroso sobre las viejas formas, dice él. Los magos sólo iban a sus formas felices, haciendo lo que sea que querían hacer, tratando a la magia como un juguete o un título, no como algo a lo que debían proteger. Ebb no tiene perros ayudándola con las cabras, solo su habilidad. La he visto guiar a todo el rebaño con un solo giro de su mano. Me había estado enseñando cómo apartar las cabras una


por una, cómo hacerles sentir cuando se habían alejado mucho. Incluso me dejó ayudarla con los partos durante una primavera. Ya no tengo tiempo para ver a Ebb, pero la dejo a ella y a sus cabras en mi lista de cosas que extraño solo para poder darme un minuto para pensar en ellas. No. 9 - El Bosque Vacilante

Debería quitar esto de la lista. A la mierda el Bosque Vacilante. No. 10 - Agatha

Tal vez debería quitar a Agatha de la lista, también. Me acerco cada vez más a Watford, estimo que estaré en la estación en unos cuantos minutos. Seguramente alguien vendrá de la escuela a recogerme... Solía guardar a Agatha para el último momento. Durante el verano pasaría sin pensar ni una vez en ella, y esperaría hasta que casi estuviera en Watford antes de dejarla entrar de nuevo en mi cabeza. Así, no pasaría todo el verano convenciéndome de que ella es muy buena para ser verdad. Pero ahora... no lo sé, quizás Agatha es muy buena para ser verdad, para ser mi verdad. En el último período, justo antes que Penny y yo fuéramos arrebatados por el Humdrum, vi a Agatha y a Baz en el Bosque Vacilante. Supongo que debí haber sospechado que había algo entre ellos, pero nunca creí que ella fuera a traicionarme de esa forma, que cruzaría esa línea. No tuve tiempo de hablar con Agatha después de que la vi con Baz, ya sabes, estaba muy ocupado siendo secuestrado y después escapando. Tampoco pude hablar con ella en el verano, porque no puedo hablarle a nadie. Y ahora, no lo sé... ya no sé qué es Agatha para mí. Ni siquiera estoy seguro de haberla extrañado del todo.


Capítulo 3 SIMON Cuando llego a la estación, no hay nadie esperando por mí. Nadie que conozca, de todos modos. Un taxista de mirada aburrida espera por mí con un trozo de cartón en el que ha escrito «Snow». —Ese soy yo —le digo. Parece dudar. No luzco como un pijo de escuela pública, especialmente cuando no estoy vistiendo mi uniforme. Mi cabello es muy corto (me lo rasuro cada año al final del período), mis tenis son baratos y no tengo aires indiferentes; no puedo mantener mis ojos quietos—. Soy yo —le repito, un tanto altanero—. ¿Debo enseñarte mi ID? El taxista suspira y baja el letrero. —Colega, si lo que deseas es que te deje botado en el medio de la nada entonces no voy a discutirlo. Entro en el taxi y aviento mi bolso en el asiento junto a mí. El conductor enciende el motor y luego la radio. Cierro mis ojos; viajar en auto me da nauseas en mis mejores días, y hoy no es un buen día. Estoy nervioso, y solo he comido una barra de chocolate y una bolsa de papas con queso y cebolla. Ya estoy casi ahí. Será la última vez que haga esto, que regrese a Watford en el otoño. Regresaré, pero no de esta forma, no como si estuviese regresando a casa. «Candle in the Wind» empieza a sonar en la radio y el conductor canta cada palabra. Candela en el viento es un hechizo peligroso. Los chicos en la escuela dicen que puede ser usado para darte más, ya sabes, stamina. Pero si llegaras a enfátizar la sílaba incorrecta, terminarías prendiendo un fuego que no podrías apagar. Un fuego literal. Nunca lo he intentado, aún si lo estuviese necesitando; nunca he sido bueno con el doble sentido. El taxi pasa sobre un bache y yo salgo disparado hacia el frente, agarrándome del asiento en frente de mí. —Ponte el cinturón —me ordena el conductor. Y lo hago, dando un vistazo alrededor. Ya estamos fuera de la ciudad y adentrados en el campo. Paso saliva y enderezo los hombros.


El taxista regresa a su pequeño concierto, cantando aún más fuerte —never knowing who to turn to— como si ahora estuviera metiéndose en el espíritu de la canción. Considero decirle a él que se ponga el cinturón. Pasamos sobre otro bache, y mi cabeza casi se estrella contra el techo del auto. Estamos en una carretera sin pavimentar. Y me doy cuenta de inmediato que este no es el camino a Watford. Alzo mis ojos hacia el espejo retrovisor para ver al conductor. Algo anda mal, su piel es de un verde profundo y sus labios son rojos como la carne fresca. Y luego lo miro a él, un taxista regular, sentado frente a mí. Mostrando sus dientes torcidos mientras canta a Elton John. Vuelvo a verlo en el espejo: su piel verde, sus labios rojos; hermoso como una estrella del pop. Es un duende. No espero a averiguar qué propósitos tiene. Llevo mi mano hacia mi cadera y empiezo a murmurar el hechizo de invocamiento de la Espada de Magos. La Espada es un arma invisible— más que invisible, de hecho: Ni siquiera está ahí hasta que pronuncias las palabras mágicas. El duende me escucha y nuestros ojos se encuentran en el espejo retrovisor. Me sonríe maliciosamente mientras saca algo dentro de su chaqueta. Si Baz estuviera aquí, haría una lista de todos los hechizos que podría usar en este momento. Probablemente hay algo en Francés que me ayudaría perfectamente. Pero tan pronto mi Espada aparece en mi mano, aprieto la mandíbula y la lanzo a través del asiento que tengo enfrente, arrancando la cabeza a medio girar del duende junto con el reposacabezas. Voilà. Él sigue conduciendo por un segundo; después el volante empieza a girar salvajemente. Gracias a la magia no hay nada separándome del habitáculo, porque puedo desabrochar el cinturón y cruzarme de asiento (al lugar del duende ahora decapitado) para agarrar el volante. Su pie aún debe de estar presionando el acelerador porque ahora ya estamos fuera de la carretera y seguimos acelerando. Intento llevarnos de regreso al camino, pero en realidad no puedo conducir. Giro el volante hacia la izquierda y un costado del vehículo impacta contra un cerco de madera, activando la bolsa de aire y golpea mi rostro. Salgo volando hacia atrás, el auto sigue impactando contra algo que probablemente es más cerco. Nunca pensé que moriría así... El taxi se detiene antes que se me ocurra una forma de salvarme el pellejo. Estoy medio tirado en el suelo y me he golpeado la cabeza contra la ventana, y luego el asiento. Cuando eventualmente le cuente todo esto a Penny, voy a evitar mencionarle la parte en la que me desabroché el cinturón. Estiro mi brazo por encima de mi cabeza y jalo de la manija de la puerta. La puerta se abre, y yo caigo fuera del taxi sobre mi espalda en el césped. Al parecer, nos pasamos llevando el cerco y luego dimos vueltas por todo el campo. El motor sigue encendido. Me pongo de pie, gruñendo, y luego alcanzo la ventana del lado del conductor y lo apago. Es una escena total ahí dentro. Hay sangre en la bolsa de aire. Y el cadáver. Y en mí.


Reviso la chaqueta del duende, pero no encuentra nada excepto un paquete de goma de mascar y un cuchillo. Esto no se siente como obra del Humdrum, no hay ni una pizca de él en el aire. Respiro profundamente para asegurarme. Probablemente se trataba de otro acto de venganza, entonces. Los duendes han estado detrás de mí desde que ayudé al Aquelarre a sacarlos de Essex. (Molestaban a cualquier borracho que encontraban en los baños de los pubs, y al Mago le preocupaba que se perdiera la jerga regional). Creo que el duende que llegue a acabar con mi vida llegará a ser el próximo rey. Este definitivamente no obtendrá ninguna corona. Mi espada está atorada en el asiento junto a él, así que tengo que jalarla para sacarla y luego la dejo desaparecer de regreso junto a mi cadera. Entonces recuerdo mi bolso y lo saco también, limpiando la sangre que ha salpicado el ruedo de mis pantalones grises antes de abrir el bolso para confirmar que mi varita se encuentre bien. No puedo simplemente dejar este desastre aquí, y además no creo que valga la pena guardar cualquier cosa como evidencia. Sostengo mi varita sobre el taxi y siento como la magia empieza a hormiguear sobre mi piel. — Por favor funciona, por mí —susurro—. ¡Afuera, afuera, condenada mancha! He visto a Penélope usar ese hechizo para deshacerse de cosas innombrables. Pero todo lo que hace por mí es limpiar unas cuantas manchas de sangre de mis pantalones. Supongo que eso es algo. La magia sigue creciendo sobre mi brazo, tan pesada que hace que mis dedos tiemblen. —¡Vamos! —digo, apuntando—. ¡Desapárecelo! Chispas salieron de mi varita y de mis dedos. —Jódanme, por todos los... —Sacudo mi muñeca y apunto de nuevo. Noto la cabeza decapitada del duende tirada en el césped cerca de mis pies, de regreso a su color verde natural. Los duendes son diablos hermosos. Pero la mayoría de los diablos nunca están en forma—. Supongo que te has comido al taxista —digo, pateando la cabeza de regreso al auto. Mis brazos están escociendo—. ¡En el aire! —grito. Una sensación fogosa sube desde el suelo por todo mi cuerpo hasta las puntas de mis dedos, y el taxi desaparece. Y la cabeza desaparece. Y el cerco desaparece. Y la carretera polvosa... *** Una hora más tarde, sudado y aún cubierto de sangre de duende seca y ese polvo que se desprende de las bolsas de aire, finalmente diviso los edificios de la escuela más adelante de mí. (Tan solo una parte de la carretera había desaparecido, y tampoco era una carretera, para empezar. Solo tuve que caminar de regreso a la autopista principal, y la seguí hasta llegar aquí). Todos los Normales piensan que Watford es un internado altamente exclusivo. Lo que supongo que es, de todos modos. Los terrenos están ocultos por glamours. Ebb me dijo una vez que continuamos fortaleciendo las guardas de la escuela conforme vamos desarrollando nuestra magia, por lo tanto hay capas sobre capas protectoras. Si eres un Normal, toda esa magia te quema los ojos.


Camino hacia la puerta alta de hierro —«ESCUELA WATFORD», se lee en la parte posterior— y descanso mi mano sobre las barras para dejarles sentir mi magia. Eso era todo lo que se necesitaba, y las puertas se abrirían para cualquier mago. Incluso hay una inscripción sobre eso en la barra: «LA MAGIA NOS SEPARA DEL MUNDO, PERO NADA NOS SEPARA LOS UNOS DE LOS OTROS». —Es un lindo pensamiento —había dicho el Mago cuando apeló al Aquelarre para las defensas más fuertes—. Pero no dejemos que nuestra seguridad dependa de una inscripción en una puerta de seiscientos años de antigüedad. Yo no espero que las personas entren a mi casa así por así solo porque mi tapete les de la bienvenida. Yo estuve en esa reunión del Aquelarre con Penélope y Agatha porque el Mago nos quería ahí para demostrar lo que estaba en juego («¡Los niños! ¡El futuro de nuestro mundo!»), pero yo no presté atención al debate completo. Me la pasé preguntándome en dónde vivía el Mago, y si alguna vez sería invitado allí. Era difícil imaginárselo viviendo en una casa, y aún más difícil imaginárselo en una casa con tapetes bordados con frases. Él tenía habitaciones en Watford, desde luego, pero pasaba la mayoría del tiempo fuera. Cuando era más joven, pensaba que el Mago vivía en el bosque cuando se marchaba. Ya saben, sobreviviendo de nueces y cerezas recolectadas y refugiándose en las madrigueras de los tejones. La seguridad en las entradas de Watford se ha vuelto más severa con cada año. Uno de los Hombres del Mago —el hermano de Penélope, Premal— vigila el perímetro del otro lado de la puerta hoy. Probablemente la misión que le asignaron lo debe de tener cabreado. Los demás estarán en la oficina del Mago ayudándolo a planear su próximo ataque, y Premal está aquí, vigilando a los del primer año. Se detiene en frente de mí. —¿Todo bien, Prem? —Yo debería de estar haciéndote esa pregunta, por la facha que traes. Bajo mi mirada hacia mi camiseta cubierta de sangre. —Duende —digo. Premal asiente con la cabeza y apunta su varita hacia mí, murmurando un hechizo de limpieza. Es igual de poderoso que Penny, puede prácticamente lanzar hechizos bajo su respiración. Odio cuando las personas usan hechizos de limpieza en mí; me hace sentir como si fuera un niño. —Gracias —digo, de todos modos, y empiezo a caminar a través de las puertas. Premal bloquea mi camino con su brazo. —Solo espera un minutito —dice, alzando su varita hacia mi frente—. Tomaré medidas especiales el día de hoy. El Mago dice que el Humdrum anda por ahí usando tu rostro. Me estremezco, pero intento no alejarme de su varita. —Se supone que eso es un secreto, o al menos eso pensé. —Así es —dice él—. Es un secreto que gente como yo necesita conocer si es que queremos protegerte.


—Si fuera el Humdrum —digo—, te habría devorado en un segundo. —Tal vez es eso lo que el Mago tiene en mente —dice Premal—. Al menos así sabríamos con seguridad que se trataba de él. —El baja su varita—. Estás limpio. Sigue caminando. —¿Ya está Penélope aquí? Él se encoge de hombros. —No soy el escolta personal de mi hermana. Por un instante, pienso que él está hablando con enfásis, con magia, lanzando un hechizo... pero entonces él se de la vuelta y se recuesta contra la puerta. *** No hay nadie afuera en el Patio delantero. Debo ser uno de los primeros estudiantes que han regresado. Empiezo a correr, sólo porque puedo, alterando un corrillo de golondrinas ocultas en la hierba. Salen volando a mi alrededor, trinando, y yo sigo corriendo. Sobre el césped, sobre el puente levadizo, pasando otra pared, a través de la segunda y tercera serie de puertas. Watford ha estado aquí desde el año 1500. Es una estructura similar a una ciudad amurallada, con bosques extendiéndose fuera de las paredes, los edificios y patios interiores. Por la noche, el puente levadizo es levantado, y nada traspasa el foso ni las puertas principales. No dejo de correr hasta que estoy en la parte más alta de la Casa Mummer, cayendo contra mi puerta. Saco la Espada de los Magos y la utilizo para pincharme el dedo, presionándolo contra la piedra. Hay un hechizo para esto, para presentarme de nuevo a mi habitación después de tantos meses fuera, pero la sangre es más rápida y segura. Y Baz no está aquí cerca para olerla. Meto mi dedo en mi boca y abro la puerta, sonriendo. Mi habitación. Será nuestra habitación de nuevo, en pocos días, pero por ahora es solo mía. Camino hacia las ventanas y abro una. El aire fresco se siente aún más dulce ahora que estoy dentro. Abro otra ventana, todavía chupando mi dedo, y observo las motas de polvo girando en la brisa y los rayos de sol, después me dejo caer en mi cama. El colchón es viejo, relleno de plumas y preservado con hechizos, y me hundo en las sábanas. Merlín. Merlín y Morgana y Matusalén, es bueno estar de vuelta. Siempre es tan bueno estar de vuelta. La primera vez que regresé a Watford, en mi segundo año, lo primero que hice fue subir a mi cama y llorar como un bebé. Seguía llorando cuando Baz llegó. —¿Por qué estás llorando? —gruñó él—. Estás arruinando mis planes de hacerte llorar. Cierro mis ojos e inhalo tanto aire a como pueda. Plumas. Polvo. Lavanda. Agua, del foso.


Y ese ligero olor agrio que Baz dice ser de los Merwolves. (Baz no es muy amigo de los Merwolves. Al contrario. A veces saca la cabeza por la ventana y escupe en el foso, sólo para fastidiarlos.) Si él estuviera aquí, difícilmente podría distinguir otro olor que no fuera su jabón... Inhalo de nuevo, intentando oler aunque sea un poquito de olor a cedro. Hay ruido detrás de la puerta, y yo salto sobre mis pies, llevando mi mano hacia mi cadera y llamando a la Espada de los Magos. Ya es la tercera vez que lo hago; tal vez debería simplemente dejarla afuera. El encantamiento de invocación es el único hechizo que siempre me sale bien, quizás porque es diferente a otros hechizos. Este es más como una plegaria: «Por la justicia. Con coraje. En defensa del más débil. En honor de los poderosos. A través de la magia y la sabiduría y la bondad.» No tiene que aparecer. La Espada de los Magos es mía, pero no le pertenece a nadie. No viene a ti a menos que confíe en ti. La empuñadura se materializa en mi agarre, y balanceo la espada hacia arriba al mismo tiempo que Penélope abre la puerta. Dejo caer la espada. —No deberías hacer eso —le digo. Ella se encoje de hombros y se deja caer en la cama de Baz. Ya puedo sentir una sonrisa abriéndose paso por mi rostro. —Ni siquiera sé cómo puedes pasar por la puerta de enfrente. Penélope se encoje de hombros de nuevo y acomoda la almohada de Baz bajo su cabeza. —Si Baz se entera que has tocado su cama —le digo—, te matará. —Que lo intente. Con un giro de mi muñeca, la espada desaparece. —Pareces un espantajo —dice ella. —Tuve un problemita con un duende cuando venía de camino. —¿Que acaso no pueden simplemente votar por su próximo rey? —Su voz es ligera, pero puedo decir que está asegurándose que esté bien. La última vez que me vió, yo estaba hecho un lío de hechizos y harapos. La última vez yo vi a Penny, todo estaba yéndose a pique... Acabábamos de escapar del Humdrum, volado de regreso a Watford e irrumpido en la Capilla Blanca en medio de la ceremonia de fin de año—la pobre Elspeth estaba aceptando un premio por ocho años de perfecta asistencia. Yo aún seguía sangrando (por mis poros, nadie sabía por qué). Penny estaba llorando. Su familia estaba ahí—porque las familias de todos estaban ahí—y su mamá empezó a gritarle al mago. «Míralos, ¡todo esto es tu culpa!». Y luego Premal se metió y empezó a gritarles también. La gente pensó que el Humdrum estaba detrás de nosotros, y comenzaron a correr fuera de la Capilla con sus varitas apuntando al cielo.


Era el típico caos que esperaría en las ceremonias de fin de año, pero multiplicado por cien. Era peor que caótico. Era el fin. Entonces la mamá de Penélope sacó a toda su familia con un hechizo, incluso a Premal. (Probablemente los llevó a todos al auto, pero aún así fue bastante dramático.) No he hablando con Penny desde ese día. Una parte de mí quiere agarrarla justo ahora y ver si está completa de pies a cabeza, pero Penny odia las escenas tanto a como su madre las ama. «No digas hola, Simon,» me ha dicho. «Porque entonces tendríamos que decir adiós, y no soporto las despedidas». Mi uniforme está tendido en el borde de mi cama, y empiezo a doblarlo pieza por pieza. Nuevos pantalones grises. Corbata nueva con rayas verdes y púrpuras... Penélope suspira ruidosamente detrás de mí. Yo camino de regreso a mi cama y me siento frente a ella, intentado no sonreír de oreja a oreja. Su rostro está crispado en un mohín. —¿Qué puede estarte molestando desde ya? —le pregunto. —Trixie —dice enfurruñada. Trixie es su compañera de habitación. Penny dice que cambiaría a Trixie por una docena de vampiros diabólicos y conspiradores en un santiamén. —¿Qué hizo ahora? —Regresar. —¿Esperabas lo contrario? Penny acomoda la almohada de Baz. —Cada año regresa más maníaca que el año anterior. Primero convirtió su cabello en un diente de león y luego lloró cuando el viento se lo llevó. Me río. —En defensa de Trixie —digo—, ella es mitad pixie. Y la mayoría de los pixies son maníacos. —Oh, y ella sí que sabe eso. Te juro que lo usa como una excusa. No puedo sobrevivir otro año con ella. Un día convertiré su cabeza en un diente de león y lo soplaré. Me trago otra risotada e intento no sonreir. Santas serpientes, qué bueno es verla de nuevo. —Es tu último año —le digo—. Sobrevivirás. La mirada de Penny se vuelve seria. —Es nuestro último año —dice—. Adivina qué estarás haciendo el próximo verano... —¿Qué? —Estarás divirtiéndote conmigo. Ahora sí sonrío. —¿Cazando al Humdrum? —Que se joda el Humdrum —dice ella. Ambos nos reímos, y yo medio hago una mueca, porque el Humdrum luce como yo—como una versión mía de cuando tenía once años. (Si Penny no lo hubiera visto también, pensaría que he alucinado toda la cosa.)


Me estremezco. Penny lo nota. —Estás muy delgado —dice ella. —Es la ropa. —Cámbiate, entonces. —Ella ya lo ha hecho. Está usando su falda gris y un suéter rojo—. Y hazlo rápido —dice ella —, ya es casi la hora del té. Sonrío de nuevo y salto fuera de la cama, cogiendo unos jeans y una sudadera púrpura del equipo de lacrosse de Watford. (Agatha juega en el equipo.) Penny agarra mi brazo cuando paso por la cama de Baz de camino al baño. —Es bueno verte —susurra. Sonrío. De nuevo. Penny hace que mis mejillas duelan. —No hagas una escena —susurro.


Capítulo 4 Penelope Muy delgado. Se ve muy delgado. Y algo aún peor... enlíado. Simon siempre se ve mejor tras pasar unos cuantos meses atracándose con la carne asada de Watford. (Y pudín de Yorkshire y té con mucha leche. Y embutidos. Y sándwiches de mantequilla.) Él es ancho de los hombros y ancho de nariz, y cuando se pone demasiado delgado, su piel simplemente cuelga de sus pómulos. Estoy acostumbrada a verlo así de delgado, cada otoño. Pero esta vez, hoy, es peor. Su rostro se ve agrietado. Sus ojos están alineados de rojo y la piel alrededor de ellos luce áspera y desigual. Sus manos son de color rojo también, y cuando cierra el puño, sus nudillos se vuelven blancos. Incluso su sonrisa es terrible. Muy grande y muy roja para su rostro. No puedo verlo directamente a los ojos. Lo agarro de sus mangas cuando se acerca a mí, y me siento aliviada cuando sigue caminando. Porque si no lo hiciera, probablemente yo no lo dejaría ir. Probablemente lo agarraría, lo sujetaría, y nos llevaría tan lejos de Watford a como mi magia nos permita. Podríamos regresar cuando todo haya terminado. Dejar que el Mago y los Pitch y el Humdrum y el resto del mundo se encargue de las guerras que al parecer aman tanto. Simon y yo podríamos mudarnos a un apartamento en Anchorage. O Casablanca. O Praga. Yo leería y escribiría. Él dormiría y comería. Y ambos viviríamos hasta los diecinueve. Incluso hasta los veinte. Lo haría. Me lo llevaría lejos... si no creyera que él es el único que puede hacer una diferencia aquí. Si me llevara a Simon y lo mantuviera a salvo... No estoy segura si habría un Mundo de los Magos al que regresar.


Capítulo 5 Simon Prácticamente tenemos todo el comedor para nosotros dos. Penélope está sentada sobre la mesa con los pies en el asiento. (Porque le gusta aparentar que no le importa). Hay unos cuantos chicos menores que nosotros, de primer y segundo año, al otro extremo del salón, tomando té con sus padres. Me puedo dar cuenta que ellos, chicos y adultos, me están observando. Los chicos se acostumbrarán a mí después de un par de semanas, pero esta será la única ocasión que tendrán los padres de verme. Muchos magos saben quién soy. Muchos de ellos, sabían que vendría antes que yo mismo lo supiera; hay una profecía sobre mí... unas cuantas, en realidad, sobre un mago extraordinariamente poderoso que vendría a arreglarlo todo.

Y uno vendrá a acabarnos. Y uno vendrá a hacerlo caer. Que el más grande de los poderes reine, Que nos salve a todos. El Gran Mago. El Elegido. El Poder de los Poderes. Es extraño creer que ese tipo sea yo, pero tampoco puedo negarlo. Quiero decir, nadie posee un poder como el mío. Quizás no siempre pueda controlarlo o dirigirlo, pero ahí está. Creo que cuando llegué a Watford, la gente ya más o menos había renunciado a las viejas profecías. O al menos se preguntaban si el Gran Mago había venido e ido sin que ellos se dieran cuenta. Yo no creo que nadie se haya esperado que el Elegido viniera del mundo Normal; de la mundanidad. Nunca ha existido un mago nacido de Normales. Pero yo seguro lo soy, porque los magos no abandonan a sus hijos. Penny dice que no hay huérfanos en el Mundo de los Magos, pues la magia es muy preciosa para ser rechazada. El Mago no me dijo nada de eso cuando fue a traerme por primera vez. Yo no sabía que era el primer Normal nacido con magia, o el mago más poderoso del que nadie haya escuchado jamás. O que muchos magos, especialmente los enemigos del Mago, pensaban que él estaba inventándoselo todo, que era algo así como una artimaña política. Una especie de caballo de Troya en la forma de un niño de once años con pantalones grandes y la cabeza rapada. Cuando llegué a Watford por primera vez, algunas Familias Antiguas querían que fuera de visita, que conociera a todas las personas importantes, para así poder estudiarme en persona.


Probarme. Pero el Mago no toleró nada de eso. Él dice que muchos magos están tan enfrascados en sus propios teatritos y problemas de poder que ignoran la gran perspectiva. «No permitiré que te conviertas en el peón de nadie, Simon». Ahora agradezco que haya sido tan protector. Sería bueno conocer a otros magos y sentirme como parte de una comunidad, pero ya he hecho mis propios amigos, y los hice cuando éramos niños y ninguno de ellos estaba súper escandalizado sobre mi Gran Destino. Al contrario, mi status como celebridad ha sido una responsabilidad a la hora de hacer amistades en Watford. Todos saben que las cosas suelen explotar cerca de mí. (Aunque personas no han explotado aún, eso es algo). Ignoro las miradas curiosas desde las otras mesas y ayudo a Penélope a conseguir nuestro té. Aunque Watford es una exclusiva escuela internado, con su propia catedral y su propio foso, nadie aquí es mimado. Nosotros hacemos nuestra propia limpieza y, después del cuarto año, lavamos nuestra propia ropa. Se nos permite usar magia para realizar nuestros quehaceres, pero yo usualmente lo evito. Cook Pritchard se encarga de cocinar, con algunos ayudantes, y todos tomamos tiempos para servir cada comida. En los fines de semana, te sirves solo. Penélope llena un plato de sándwiches de queso y una montaña de bísquets tibios, y yo corto un gran trozo de mantequilla. (Me gusta comerme mis bísquets con mucha mantequilla encima, porque ésta se derrite sobre el exterior pero mantiene una parte fría en el medio). Penny me observa como si fuera medio asqueroso, pero también como si me ha extrañado. —Cuéntame sobre tu verano —le digo, mientras trago. —Fue bueno —dice—. Realmente bueno. —¿Ah, sí? —Migajas caen de mi boca cuando hablo. —Mi papá y yo fuimos a Chicago. Él investigó un poco en el laboratorio de ahí, y Micah y yo ayudamos. —Ella se ve más relajada en cuanto menciona el nombre de su novio—. El Español de Micah es asombroso. Me enseñó muchos hechizos nuevos... y creo que si estudio más el lenguaje, podría llegar a lanzar hechizos como un hispanohablante. —¿Cómo está él? Penélope se sonroja y le da un mordisco a su sándwich para no tener que contestar de inmediato. Sólo han paso unos meses desde la última vez que la vi, pero se ve diferente. Más madura. Las chicas no tienen que usar faldas en Watford, pero a Penélope y Agatha les gusta usarlas. Penny usa faldas plisadas cortas, usualmente con calcetines argyle hasta la rodilla con los colores de la escuela. Sus zapatos son como los que usa Alicia en el País de las Maravillas, negros y con hebilla. Penny siempre se ha visto más joven de lo que es —todo acerca de ella es redondeado y aniñado, tiene mejillas regordetas, piernas gruesas y hoyuelos en las rodillas— y el uniforme la hacer ver aún más joven. Pero aun así... ha cambiado este verano. Está empezando a verse como una mujer usando la ropa de una niña.


—Micah está bien —dice finalmente, colocando los mechones oscuros de su cabello detrás de sus orejas—. Es lo más que hemos pasado juntos desde que él estaba aquí. — ¿Así que la emoción no se ha ido? Ella se ríe. —No. Al contrario, se sintió... real. Por primera vez. No sé qué decir, así que intento sonreírle. —Ugh —dice ella—. Cierra la boca. Lo hago. —Pero, ¿qué me dices tú? —Pregunta Penny. Me doy cuenta que ha estado esperando interrogarme y que ya no puede esperar más. Ella le da un vistazo a la habitación y se inclina hacia al frente—. ¿Me puedes decir qué pasó? —¿Qué pasó, cuándo? —Este verano. Me encojo de hombros. —No pasó nada. Ella se recuesta en su silla, suspirando. —Simon, no es mi culpa haber ido a América. Intenté quedarme. —No —digo—, quiero decir que no hay nada que decir. Tú te fuiste. Todos se fueron. Yo regresé al hogar de acogida. En Liverpool, esta vez. —¿Intentas decirme que el Mago simplemente... te envió de regreso? ¿Después de todo? — Penélope se ve confundida y no la culpo. Acababa de escaparme del Humdrum, y lo primero que hizo el Mago fue enviarme a empacar. Pensé, cuando Penny y yo le dijimos lo que había ocurrido, que querría ir tras el Humdrum inmediatamente. Sabíamos dónde estaba el monstruo; ¡Finalmente sabíamos cómo lucía! El Humdrum ha estado atacando a Watford desde que llegué aquí. Envía criaturas oscuras. Se esconde de nosotros. Deja un rastro de puntos muertos en la atmósfera mágica. Y finalmente, teníamos una pista. Yo quería encontrarlo. Yo quería hacerlo pagar. Quería terminar esto, de una vez por todas, luchando junto al Mago. Penélope carraspea. Debo de verme en el exterior a como me siento en el interior. —¿Has hablado con Agatha? —pregunta. —¿Agatha? —Unto mantequilla en otro bísquet. Se han enfriado, y la mantequilla no se derrite. Penny alza su mano derecha, y la gran roca púrpura en su dedo brilla en la luz del sol. —¡Algunos lo preferimos caliente! Es un desperdicio de magia. Ella está constantemente desperdiciando magia en mí. La mantequilla se derrite en el ahora humeante bísquet y yo hago malabares con él para evitar quemarme. —Ya sabes que Agatha no tiene permitido hablarme durante el verano.


—Pensé que encontraría una forma de hacerlo esta vez —dice Penélope—. Que tomaría medidas especiales, para explicarse. Me doy por vencido con el bísquet demasiado caliente y lo dejo en mi plato. —Ella no desobedecería al Mago. O a sus padres. Penny solo me mira. Agatha es su amiga, también, pero Penélope es mucho más sentenciosa con ella que yo. No es mi trabajo el juzgar a Agatha; es mi trabajo ser su novio. Penny suspira y aparta la mirada, pateando la silla. —Así que, ¿eso es todo? ¿Nada? ¿Ningún progreso? ¿Sólo otro verano? ¿Qué se supone que haremos ahora? Normalmente, soy yo el que patea cosas, pero he estado pateando paredes —y a cualquiera que me mirara mal— todo el verano. Me encojo de hombros. —Regresar a las clases, supongo. *** Penélope está evitando llegar a su habitación. Dice que la novia de Trixie también ha regresado temprano a la escuela, y que no tienen ningún tipo de límite personal. — ¿Ya te dije que Trixie se perforado las orejas este verano? Ahora usa unas campanillas ruidosas justo en las partes puntiagudas. A veces pienso que las diatribas de Penny sobre Trixie son algo que debería comentar con un especialista. Le digo eso. —Qué fácil para ti decirlo —dice ella, estirada en la cama de Baz, de nuevo—. Tú no vives con una pixie. —¡Pero vivo con un vampiro! —discuto. —Sigue sin confirmarse. — ¿Estás diciendo que no crees que Baz es un vampiro? —Yo sé que es un vampiro —dice—. Pero sigue sin confirmarse. Nunca lo hemos visto beber sangre, de todos modos. Estoy sentando en el alféizar de la ventana, inclinándome un poco sobre el foso, agarrándome del pestillo de la ventana abierta. Me mofo: —Lo hemos visto cubierto de sangre. Hemos encontrado docenas de ratas disecadas con marcas de colmillos en las Catacumbas... Te he dicho que sus mejillas se hinchan cuando tiene pesadillas, ¿cierto? ¿Como si su boca se rellenara con dientes extras? —Evidencia circunstancial —dice Penny—. Y todavía no sé por qué te alarmas por un vampiro que tiene temores nocturnos. —¡Vivo con él! Tengo que andar con mucho cuidado. Ella rueda los ojos. —Baz nunca te haría daño en tu habitación.


Tiene razón. No puede. Nuestras habitaciones están hechizadas contra la traición —la Anatema del compañero de habitación. Si Baz hace cualquier cosa para lastimarme físicamente dentro de nuestra habitación, él sería literalmente expulsado de la escuela. El papá de Agatha, el Dr. Wellbelove, dice que sucedió una vez cuando él estaba en la escuela. Un niñato golpeó a su compañero, luego fue succionado por una ventana y aterrizó afuera de las puertas de la escuela. Jamás abrirían para él. Recibes advertencias cuando eres joven: Durante los primeros dos años, si intentas golpear o lastimar a tu compañero, tus manos se entumecen. Le lancé un libro a Baz en nuestro primer año, y tuve que esperar tres días para que mis manos volvieran a la normalidad. Baz nunca ha violado la Anatema. Ni siquiera cuando éramos niños. —Quién sabe de lo que es capaz de hacer cuando está dormido —le digo. —Tú lo sabes —dice Penny—. Con tanto que lo observas. —Vivo con una criatura oscura, ¡estoy en todo mi derecho a sentirme un poco paranoico! —Te cambiaría mi pixie por tu vampiro cualquier día de la semana. No hay ninguna anatema que evite que alguien sea letalmente irritante. Penny y yo regresamos al comedor por patatas horneadas y salchichas y rollos kaiser, y los llevamos de regreso a mi habitación. No podemos hacer este tipo de cosas cuando Baz está cerca. Él acusaría a Penny. Se siente como una fiesta. Solo nosotros dos, sin nada que hacer. Sin tener que escondernos de nadie ni nada. Penélope dice que será así algún día cuando nos mudemos juntos... Pero eso no pasará. Ella se mudará a América en cuanto termine la guerra. Quizá incluso antes que termine. Y yo me mudaré con Agatha. Agatha y yo superaremos lo que sea que es esto; siempre lo hacemos. Estamos bien juntos. Probablemente nos casemos después que terminemos la escuela. Los padres de Agatha se casaron cuando ellos terminaron la escuela. Sé que ella quiere una casa en el campo... Yo no puedo pagar nada como eso, pero ella sí, y ella encontrará un trabajo que la hará feliz. Y su papá podría ayudarme a encontrar un trabajo si se lo pido. Es agradable pensar sobre eso: vivir lo suficiente para averiguar qué es lo que quiero hacer con mi vida. Tan pronto Penélope termina su cena, se sacude las manos. —Bien —dice ella. Yo gruño. —Todavía no. — ¿Qué quieres decir con «todavía no»? —Quiero decir, todavía no empieces a crear estrategias. Apenas llegamos, yo aún no termino de desempacar. Ella escanea la habitación con su mirada. — ¿Qué te falta por desempacar, Simon? Ya desempacaste tus sudaderas.


—Estoy disfrutando de la paz y la tranquilidad. Alcanzo su plato y tomo las salchichas que ella no comió. —No hay paz —dice ella—. Solo silencio. Y me pone nerviosa. Necesitamos un plan. —Pero sí hay paz. Baz aún no llega y mira —hago una demostración con el tenedor— no hay nada atacándonos. —Lo dice el hombre que acaba de ser atacado por un duende. Simon —dice ella—, sólo porque hemos estado fuera de la escuela por dos meses no significa que la guerra también se tomó vacaciones. Gruño de nuevo. —Suenas igual que el Mago —digo con la boca llena. —Sigo sin creer que te ignoró todo el verano. —Probablemente está muy ocupado con «la guerra». Penny suspira y junta sus manos. Está esperando que empiece a ser razonable. La haré esperar más. La guerra. No tiene sentido hablar sobre la guerra. Se vendrá sobre nosotros tanto como si hablamos como si no. Ni siquiera es una guerra. Son dos o tres: La guerra cívil que se está armando, las hostilidades que siempre han existido con las criaturas oscuras, y lo que sea que es con el Humdrum. Y cada lío de esos encontrará su camino hacia mi puerta eventualmente... —Bien —repite Penny. Y debo de lucir miserable, porque lo siguiente que dice es—: supongo que la guerra seguirá ahí mañana. Limpio su plato, y Penny se acomoda en la cama de Baz. Ni siquiera le digo nada sobre eso. Yo me recuesto en mi propia cama, escuchándola hablar sobre aviones y supermercados américanos y sobre la gran familia de Micah. Ella se queda dormida en el medio de hablarme de una canción que ha escuchado, una canción que ella piensa será un hechizo algún día, aunque no puedo pensar en ninguna utilización de «Call me maybe». —¿Penélope? —No responde. Me apoyo en mi cama y lanzo una almohada hacia sus piernas. Así de cerca están las camas; Baz podría matarme sin tener que salir de su cama. O viceversa, supongo—. Penny. —¿Qué? —dice ella con la cara enterrada en la almohada de Baz. —Tienes que regresar a tu habitación. —No quiero. —Pero tienes que hacerlo. El Mago te suspendería si te encuentra aquí. —Déjalo que lo haga. Me vendría bien el tiempo libre.


Salgo de la cama y me paro enfrente de ella. Su cabello oscuro cubre casi toda la almohada, y sus gafas están tiradas a un lado. Su falda se ha levantado, y sus piernas desnudas se miran regordetas y suaves. La pellizco y ella da un saltito. —Vamos —le digo—. Te llevaré a tu habitación. Penny toma sus gafas y baja el ruedo de su falda. —No. No quiero que veas cómo paso las guardas. —¿Porque eso no es algo que quisieras compartir con tu mejor amigo? —Porque es divertido verte intentar saber cómo lo hago. Abro la puerta y le doy un vistazo a las escaleras. No veo ni escucho a nadie. —Está bien —digo, manteniendo la puerta abierta—. Buenas noches. Penny pasa junto a mí. —Buenas noches, Simon. Te veré mañana. No puedo evitar sonreír, es muy bueno estar de vuelta. —Te veré mañana. Tan pronto estoy solo en la habitación, me pongo mi pijama de la escuela —Baz trae las suyas de su casa, pero a mí me gustan las de la escuela. Nunca duermo en pijamas en los centros juveniles, de todos modos. Me hacen sentir muy, no lo sé... vulnerable. Me cambio y me arrastro hasta mi cama, suspirando. Estas noches en Watford, cuando Baz aún no está aquí, son las únicas noches de mi vida en las que llego a dormir. No sé qué hora es cuando me despierto. La habitación está oscura, y hay un rayo de luz de luna cortando a través de mi cama. Me parece ver a una mujer de pie cerca de la ventana, y primero pienso que se trata de Penny. Luego la figura cambia, y pienso que es Baz. Entonces decido que estoy soñando y me vuelvo a dormir.


CapĂ­tulo 6 Lucy Hay mucho que quiero decirte. Pero el tiempo es corto. Y mi voz no prevalece.


Capítulo 7 Simon El sol apenas está saliendo cuando escucho que abren mi puerta. Jalo las sábanas para cubrir mi cabeza. —Vete —digo, esperando que Penny empiece a hablar a pesar de mis protestas. Ella es buena haciéndome olvidar cuánto la he extrañado todo el verano. Alguien se aclara la garganta. Cuando abro mis ojos veo al Mago de pie junto a la puerta, con una expresión divertida en el rostro. Debajo de toda esa diversión superficial, sé que se oculta algo más oscuro. —Señor. —Me siento—. Lo siento. —No te disculpes, Simon. Apuesto a que no me escuchaste tocar la puerta. —No... sólo permítame... Um, vestirme. —No te molestes —dice él, caminando hacia la ventana, dándole un gran vistazo a la cama de Baz—incluso el Mago le teme a los vampiros. Aunque creo que él no usaría la palabra «temor». Él usaría otras palabras, como «prudencia» o «cautela»—. Lamento no haberte dado la bienvenida ayer —me dice—. ¿Cómo estuvo tu viaje? Empujo las sábanas y me siento en la orilla de mi cama. Aún estoy en pijamas, pero al menos estoy sentado. —Bien —digo—. Quiero decir, supongo que no del todo bien... exactamente. El hombre que me traía resultó ser un duende. —¿Otro más? —Él gira de la ventana hacia mí, con sus manos entrelazadas detrás de su espalda—. Qué criaturas más persistentes. ¿Estaba solo? —Sí, señor. Tenía planeado rajarse conmigo. Él sacude su cabeza. —Nunca se les ocurre venir en pares. ¿Qué hechizo usaste? Me muerdo el labio. —Usé mi espada, señor. —Está bien —dice él. —Y luego usé En el aire para limpiar el desastre. El Mago alza una ceja. —Excelente, Simon. —Mira hacia abajo, hacia mis pijamas y mis pies descalzos, y luego parece estudiar mi rostro—. ¿Qué me dices de tu verano? ¿No tienes nada que reportar? ¿No hay nada inusual?


—De ser así lo habría contactado, señor. —Porque puedo contactarlo, si lo necesito. Tengo su número telefónico. Además, también podría enviarle un pájaro mensajero. El Mago asiente con la cabeza. —Muy bien. —Me mira por otro par de segundos, y luego vuelve su atención a la ventana, como si ya hubiese observado todo de mí. Los rayos del sol iluminan su cabeza castaña oscura, y por un minuto, se ve más salvaje que de lo usual. Está usando su uniforme: calzas de un verde oscuro, botas de cuero altas, una túnica verde con pequeños bolsillos y tirantes—con una espada colgando en su vaina de madera de su cinturón de armas. A diferencia de la mía, su espada es completamente visible. La mamá de Penny, la profesora Bunce, dice que antes los magos solían usar hábitos y capas. También dice que otros directores usaban togas y birretes. El Mago, dice el, ha creado su propio uniforme. Ella lo llama disfraz. Creo que la Profesora Bunce debe de odiar al Mago mucho más que cualquier otro que no sea enemigo del Mago. Las únicas veces que escucho hablar en voz alta al papá de Penny es cuando su esposa empieza a hablar sobre el Mago; él pone su mano sobre el hombro de ella y dice: «Mitali, cariño...» Y ella dice: «Me disculpo, Simon, sé que el Mago es tu padre adoptivo...» Pero él no lo es, realmente. El Mago nunca se me ha presentado de esa forma. Como familia. Él siempre me ha tratado como un aliado—incluso cuando era un niño. La primera vez que me trajo a Watford, me sentó en su oficina y me dijo todo. Todo sobre el Insidious Humdrum. Sobre la magia que estaba agotando. Sobre los agujeros en la atmósfera mágica que dejaba. Todavía estaba intentando digerir el concepto de que la magia era real, y ahí estaba él, diciéndome que algo se la estaba comiendo—comiéndosela, terminándola—y yo era el único que podía salvarla: «Eres muy joven para escuchar esto, Simon. Once años es prácticamente nada. Pero no es justo que sigamos ocultándote esto por más tiempo. El Insidious Humdrum es la mayor amenaza que el Mundo de los Magos haya enfrentado jamás. Es poderoso, es tóxico. Luchar contra él es como luchar contra el sueño cuando ya has sobrepasado el nivel de cansancio. Pero tenemos que luchar. Queremos protegerte; juré hacerlo con mi vida. Pero tienes que aprender, Simon, tan pronto sea posible, cómo protegerte a ti mismo. Él es nuestra mayor amenaza. Y tú nuestra gran esperanza.» Estaba muy conmocionado para responder o hacer preguntas. Era muy joven. Solamente quería ver al Mago haciendo ese truco de nuevo, ese que hacía que un mapa se desenrollara por sí solo. Pasé mi primer año en Watford repitiéndome que estaba soñando. Y el año siguiente a ese pasé diciéndome que no era un sueño... que todo era real. Ya he sido atacado por ogros, he destruido un círculo de rocas antiguas, he crecido cinco pulgadas antes de preguntar lo que debí haber preguntado desde el principio:

¿Por qué yo? ¿Por qué tengo que luchar contra el Humdrum?


El Mago me ha respondido esa pregunta en cientos de maneras durante los últimos años: Porque yo soy el elegido. Porque mi llegada fue profetizada. Porque el Humdrum nunca me dejará en paz. Pero ninguna me parece una respuesta concreta. Penélope me ha dado la única respuesta que he logrado medio entender:

Porque tú puedes, Simon. Y alguien tiene que hacerlo. El Mago sigue observando algo afuera de mi ventana. Considero invitarlo a que se siente. Entonces intento recordar alguna vez que lo haya visto sentado. Me remuevo en el colchón y la cama chilla. Él se gira hacia mí, con una expresión de aflicción en el rostro. — ¿Señor? —Simon. —El Humdrum... ¿Lo ha encontrado? ¿De qué me he perdido? El Mago frota su barbilla con su dedo índice y su pulgar, y luego sacude su cabeza rápidamente. —Nada. No estamos ni cerca de encontrarlo, y otros asuntos han requerido mi atención inmediata. — ¿Cómo puede haber algo más importante que encontrar al Humdrum? —espeto, incrédulo. —No es más importante —me dice—. Sólo más insistente. Son las Familias Antiguas... ellos están probándome. —Aprieta su mano derecha en un puño—. La mitad de Gales ha dejado de diezmar. Los Pitch le están pagando a tres miembros del Aquelarre para que se mantengan al margen de nuestras reuniones, así que no tenemos quórum. Y ha habido refriegas en Londres durante todo el verano. — ¿Refriegas? —Trampas, discusiones. Pruebas. Todas son pruebas, Simon. Ya conoces a las Familias Antiguas, agarrarían las riendas si pensaran por un momento que estoy distraído con otras cosas. Y desharían todo lo que nosotros hemos logrado, volviendo a sus formas anticuadas. — ¿Es que piensan que van a poder contra el Humdrum sin nosotros? —Creo que su visión es corta —dice, mirándome fijamente—. Creo que no les importa. Sólo quieren más poder, y lo quieren ya. —Bueno, a mí no me importan ellos —le digo—. Si el Humdrum acaba con nuestra magia no tendremos nada por qué pelearnos. Deberíamos estar luchando contra el Humdrum. —Y así lo haremos —dice el Mago—, cuando sea el tiempo correcto. Cuando sepamos cómo vencerlo. Pero hasta ese entonces, mi mayor prioridad es mantenerte a salvo, Simon... —Se cruza de brazos—. He estado consultando con los otros miembros del Aquelarre, con aquellos que puedo confiar. Creemos que tal vez nuestros esfuerzos para mantenerte a salvo han fracasado. A pesar de los hechizos y la vigilancia, el Humdrum siempre parece burlar todo eso cuando se trata de llegar a ti cuando estás aquí, en Watford. Te secuestró en Junio sin siquiera alertar ninguna de nuestras defensas.


Es vergonzoso escucharlo decir esto. Se siente como si fuese yo el que está fallando, no el Mago o sus hechizos de protección. Se supone que yo soy el único que puede luchar contra el Humdrum. Pero finalmente tuve la oportunidad de confrontarlo, y lo más que pude hacer fue huir. Y ni siquiera creo haber podido lograr eso si no fuera por Penélope. El Mago aprieta su mandíbula. Tiene una de esas barbillas que se parten en la mitad—con un filoso hoyuelo, como si un cuchillo lo hubiese pinchado. Estoy ridículamente celoso de él. —Hemos decidido —dice él, con cuidado— que estarías más seguro estando en otro lugar lejos de Watford. No estoy seguro de a dónde está llevando esta conversación. —¿Señor? —El Aquelarre ha preparado un nuevo lugar para ti. Con un tutor privado. No puedo hablar de los detalles todavía, pero yo mismo te llevaré. Nos iremos pronto; tengo que estar de regreso al anochecer. —¿Quiere que me vaya de Watford? El entorna los ojos. El Mago odia repetir lo que ya ha dicho. —Sí. No tendrás que empacar mucho, sólo tus botas y tu capa... cualquier artefacto que quieras quedarte... —Señor, no puedo irme de Watford. Nuestras clases empiezan en una semana. Él ladea su cabeza. —Simon. Ya no eres un niño. Ya no hay nada más que debas aprender en Watford. Tal vez esté en lo cierto. Soy un estudiante sin esperanza; no es como si mi futuro dependiera de si me quedo o no, pero aún así... —No puedo irme de Watford. Es mi último año. El Mago se frota la barba con sus ojos entrecerrados. —Simplemente no puedo —le digo. Intento pensar por qué no puedo, pero todo lo que se me viene a la cabeza es «no». No puedo dejar Watford. Todo el verano me lo pasé deseando regresar. Toda mi vida esperé por este lugar. Siempre he estado en Watford o deseando estar en Watford, y el próximo año eso cambiará, porque tiene que cambiar, pero aún no—. No — repito—. No puedo. —Simon. —Su voz es sévera—. No es una sugerencia. Tu vida está en juego. Y todo el Mundo de Magos depende de ti. Quiero discutir ese punto: Baz no depende de mí. Ninguno de los magos que sea amigo de la Casa de los Pitch cree en mí como su salvador... Rechino los dientes con tanta fuerza que prácticamente puedo sentir la forma de cada uno. Sacudo mi cabeza. El Mago frunce el ceño hacia mí como si fuera un chiquillo rehusándose a escuchar. — ¿Nunca se te ha ocurrido, Simon, que el Humdrum sólo te ataca cuando estás aquí? — ¿Se le acaba de ocurrir a usted? —Paso saliva—. ¿Señor? —añado muy tarde.


— ¡No lo entiendo! —Dice él, alzando la voz—. Nunca antes has cuestionado mis decisiones. — ¡Nunca antes me había pedido que dejara Watford! Su expresión se endurece. —Simon, estamos en guerra. ¿Tengo que recordarte eso? —No, señor. —Y todos hacemos sacrificios en tiempos de guerra. —Pero siempre hemos estado en guerra —le digo—. Durante todo este tiempo que he estado aquí. No podemos dejar de tener una vida sólo porque hay una guerra. — ¿No podemos? —Finalmente ha perdido la paciencia. Lleva sus manos hacia la empuñadura de su espada—. Mírame, Simon. ¿Alguna vez has sabido de mí permitiéndome una vida normal? ¿Dónde está mi esposa? ¿Mis hijos? ¿Qué hay de mi casa en el campo y mi sillón junto a la chimenea y mi cocker spaniel? ¿Cuándo tengo días libres? ¿Cuándo tengo vacaciones? ¿Cuándo hago algo que no sea prepararnos para la batalla que se nos avecina? No podemos ignorar nuestras responsabilidades solo porque nos aburrimos de ellas. Bajo mi cabeza como si él la hubiese empujado hacia abajo. —No estoy aburrido de mis responsabilidades —murmuro. —Habla fuerte. Levanto mi cabeza. —No estoy aburrido de mis responsabilidades, señor. Nuestros ojos se encuentran. —Vístete. Recoge tus cosas... Siento como cada músculo en mi cuerpo se tensa. Todas mis articulaciones se bloquean. —No. No puedo. Acabo de llegar. Y este verano fue el peor verano. Me aguanté sólo porque vendría a Watford cuando terminara, pero ya no puedo seguir aguantando. Ya no tengo las fuerzas. Mis reservas están vacías, y el Mago ni siquiera me dirá a dónde quiere que vaya. ¿Y qué hay sobre Penny? ¿Y Agatha? Estoy sacudiendo mi cabeza. Puedo escuchar la respiración del Mago agitándose, y cuando levanto la mirada, hay una neblina rojiza entre nosotros.

Mierda. No. Él da un paso hacia atrás. —Simon —dice, ha sacado su varita—. ¡Enfríate! Yo saco mi propia varita y empiezo a lanzar hechizos tras hechizos. —¡No pierdas la cabeza! ¡Súperalo! ¡Manten la calma! ¡Aférrate a lo bueno! —Pero los hechizos precisan magia, y llamar a mi magia sólo empeoraría las cosas. La columna roja entre nosotros se hace más densa. Cierro mis ojos e intento desaparecer. Intento pensar en absolutamente nada. Caigo tendido en la cama, y mi varita cae al suelo.


Cuando recupero la concentración, el Mago está inclinado sobre mí, con su mano sobre mi frente. Hay humo en la habitación—creo que viene de mis sábanas. —Lo siento —susurro—. Nunca quise... —Lo sé —dice él, pero todavía luce asustado. Empuja mi cabello hacia atrás con su mano y luego frota sus nudillos sobre mi mejilla de una manera reconfortante. —Por favor no me pida que me vaya —le ruego. El Mago me mira a los ojos, y a través de ellos. Puedo verlo deliberando—y luego amainando. —Hablaré con el Aquelarre —dice—. Quizás todavía tenemos tiempo... —Frunce los labios. Él tiene un bigote delgado como un lápiz, justo arriba de sus labios; a Baz y Agatha les gusta burlarse de él—. Pero no es tan solo tu seguridad lo que nos preocupa, Simon... Sigue inclinado sobre mí. Siento que no hay nada que respirar más que humo entre nosotros. —Hablaré con el Aquelarre —dice de nuevo. Me aprieta el hombro y luego se levanta—. ¿Necesitas que te lleve a enfermería? —No, señor. —Puedes llamarme si pasa algo. O si notas algo extraño, ya sabes, signos del Humdrum, o cualquier cosa... fuera de lo ordinario. Asiento con la cabeza. El Mago sale de la habitación, con su mano descansando en la empuñadura de su espada—lo que significa que está pensando—y cierra la puerta firmemente detrás de él. Yo me revuelvo en mi cama para asegurarme que no esté quemándose, y después caigo dormido de nuevo.


CapĂ­tulo 8 Lucy Y la niebla es muy densa.


Capítulo 9 Simon Penny está sentada en mi escritorio cuando despierto de nuevo. Está leyendo un libro que es tan grueso como su brazo. —Ya son más de las doce —dice ella—. Te has vuelto un total haragán en esos hogares de acogida. Le escribiré una carta a El Telégrafo. —No puedes entrar así por así a mi habitación sin tocar antes —le digo, sentándome y restregándome los ojos—. Aún si tienes una llave mágica. —No es una llave, y yo sí toqué. Duermes como un cadáver. Paso junto a ella para entrar al baño, ella olisquea el aire y luego cierra su libro. —Simon. ¿Pasó algo anoche que hiciera que tu magia se disparara? —Algo así. Es una larga historia. —¿Te atacaron? —No. —Cierro la puerta del baño y alzo la voz—: Te cuento más tarde. Penny va a enloquecer cuando le cuente que el Mago quiere enviarme lejos. Me miro en el espejo e intento decidir si tomar una ducha o no. Mi cabello está enredado a un lado de mi cabeza y levantado en la parte superior—siempre empiezo a sudar mucho cuando pierdo el control así. Me siento sucio por todas partes. Examino mi quijada en el espejo, esperando necesitar una rasurada, pero no es así; nunca es así. Me dejaría crecer el bigote como el del Mago si pudiera, y no me importaría si Baz se burlaría de mí. Me quito la camisa y froto la cruz de oro que cuelga de mi cuello. No soy religioso, de hecho es un talismán. Ha sido transmitido en la familia de Agatha durante años, es bueno contra los vampiros. Estaba oscurecida y empañada cuando el Dr. Wellbelove me lo dio, pero lo he frotado con tanta frecuencia que hice que volviera a verse el oro. A veces lo muerdo, también. (Lo cual es probablemente una mala idea, ya que es una reliquia medieval.) Realmente no necesito usarlo durante todo el verano, pero una vez que te acostumbras a llevar un collar anti-vampiros, llega a parecer estúpido quitárselo. Todos los otros chicos en los hogares de acogida piensan que soy religioso. (Y también creen que me fumo un paquete a diario, porque siempre huelo a humo.) Miro el espejo de nuevo. Penny tiene razón. Estoy demasiado delgado. Mis costillas sobresalen. Y los músculos de mi estómago se pueden ver, y no porque me haya musculado, sino porque no he comido durante tres meses. También tengo lunares en todo mi cuerpo, lo que hace que me mire más famélico incluso cuando no estoy sufriendo de desnutrición. —¡Tomaré una ducha! —grito.


—¡Apúrate o llegaremos tarde para almorzar! —Puedo escuchar a Penny moviéndose alrededor de mi habitación mientras entro a la ducha. Y luego está hablándome de nuevo desde el otro lado de la puerta—: Agatha regresó. Enciendo el grifo. —Simon, ¿me escuchaste? ¡Agatha regresó! Ya le había escuchado.

*** ¿Cuál es la etiqueta para hablar con tu novia después de tres meses, cuando la última vez que la viste, ella estaba agarrada de las manos con tu némesis? (Ambas manos. Uno frente al otro. Como si estuvieran a punto de cantar en un musical.) Las cosas se habían vuelto extrañas con Agatha durante el año pasado, incluso antes de que la viera con Baz en el bosque. Ella había estado distante y callada, y cuando me lesioné en marzo (alguien había manipulado mi varita), ella sólo rodó los ojos, como si yo hubiera causado todo el embrollo. Agatha es la única chica con la que he salido. Hemos estado juntos desde hace tres años, desde que teníamos quince. Pero yo la quería desde hace tiempo, mucho antes que fuéramos novios. La he querido desde la primera vez que la vi, caminando en el patio principal, con su largo cabello pálido bailando en el viento. Recuerdo haberla visto y pensar que nunca había visto nada tan hermoso. Y que si uno era así de hermoso, así de grácil, nada podría realmente tocarte jamás. Sería como ser un león o un unicornio. Nadie podía realmente tocarte, ya que ni siquiera estaría en el mismo plano que los demás. Incluso estar sentado junto Agatha te hace sentir intocable. Invencible. Es como estar junto al sol. Así que imagina lo que se siente ser su novio, es como si estuviera cargando toda esa luz conmigo todo el tiempo. Hay una foto de nosotros juntos del pasado solsticio de invierno. Ella está usando un largo vestido blanco, y su madre había trenzado muérdago en su cabello de oro lechoso. Yo estoy de pie junto a ella, usando blanco, también. Quizás es de mal gusto decirlo, pero en la foto, bueno, me veo bien. De pie junto a Agatha, vestido con un traje que su padre me había prestado... De hecho, parezco que soy lo que se supone que debo ser.

*** El comedor está medio lleno hoy. Las clases empiezan mañana. Los demás están sentados en las mesas y de pie en círculos abiertos, poniéndose al día. El almuerzo es jamón y rollos de queso. Penélope agarra un plato de mantequilla para mí, y le sonrío. Me gustaría comer mantequilla con una cuchara si fuera aceptable. (Lo hice de todos modos, durante mi primer año, cada vez que era el primero en bajar a desayunar.)


Exploro la habitación por Agatha, pero no la veo. No debe de estar en el almuerzo. Me rehusó a creer que estando en el comedor, evitaría sentarse en nuestra mesa, incluso teniendo en cuenta todo. Rhys y Gareth, los chicos que viven en la habitación bajo la mía, ya están sentados en nuestra mesa, en el otro extremo. —Qué hay, Simon —dice Rhys. Gareth está gritándole a alguien al otro lado del pasillo. —Qué hay, muchachos —contesto. Rhys asiente a Penny. Penélope nunca ha tenido tiempo para la mayoría de nuestros compañeros de clases, por lo que realmente ellos no tienen tiempo para ella. Me molestaría si todo el mundo me ignorara de esa forma, pero ella parece apreciar la falta de distracciones. A veces, cuando estoy caminando por el comedor, simplemente saludando a la gente, ella me arrastra de mi manga para apresurarme. —Tienes muchos amigos —me diría. —Estoy bastante seguro de que no es posible. Y de todos modos, yo no los llamaría a todos "amigos." —Sólo hay 24 horas en el día, Simon. Dos o tres personas, eso es para todo lo que cualquiera de nosotros tiene tiempo. —Hay más gente que eso en tu familia inmediata, Penny. —Lo sé. Es una lucha. Una vez, empecé una lista de toda la gente que me importa. Cuando llegué a la séptima persona, Penélope me dijo que tenía que reducir gradualmente mi lista o dejar de hacer amigos de inmediato. —Mi madre dice que nunca debes tener más gente en tu vida de la que podrías defender de una rakshasa hambrienta. —No tengo idea de qué es eso —le dije—. De todos modos no me preocupa, soy bueno peleando. Me gustar tener gente. Gente cercana como Penny y Agatha y el Mago y Ebb, la cabrera, y la Señora Possibelf y el Dr. Wellbelove. Y luego solo gente amistosa, como Rhys y Gareth. Si siguiera las reglas de Penny, nunca encontraría suficientes personas para un partido de fútbol. Ella agita su mano con poco entusiasmo hacia los muchachos, a continuación, se sienta entre ellos y yo, volviéndose hacia mí para cerrar nuestra conversación. —Vi a Agatha con sus padres —dice ella—, antes, en los Claustros. Los Claustros es la casa de niñas más antigua y grande. Es un edifico largo bajo en el otro lado de los jardines. Sólo tiene una puerta, y todas las ventanas están compuestas de pequeñas hojas de vidrio. (La escuela debe haber sido mega-paranoica cuando empezó a admitir chicas de vuelta en la década de los 1600.) —¿Que viste a quién? —pregunto. —Agatha.


—Ah. —Puedo ir por ella si quieres —ella ofrece. — ¿Desde cuándo eres mi mensajera? — ¿Desde cuándo evitas hablar con ella en público? —dice ella—. Después de lo que pasó. Me encojo de hombros. —Todo va a estar bien. Agatha y yo estamos bien. Penny se ve sorprendida, y luego dudosa; entonces ella niega con la cabeza, dándose por vencida. —En fin —dice ella, arrancando un pedazo de su sándwich—, debemos localizar al Mago después del almuerzo. — ¿Por qué? — ¿Por qué? ¿Estás jugando a hacerte el tonto porque crees que lo encontraré lindo? — ¿Sí? Ella rueda los ojos. —Tenemos que localizar al Mago y hacer que nos diga lo que está haciendo, y hacer que nos diga lo que ha estado pasando durante todo el verano; lo más reciente sobre el Humdrum. —No ha descubierto nada, yo ya hablé con él. Se detiene a medio bocado. — ¿Cuándo? —Vino a mi habitación esta mañana. — ¿Y cuándo tenías planeado decírmelo? Me encojo de hombros, de nuevo, lamiendo la mantequilla de mi pulgar. —¿Cuándo me dejaras? Penny rueda los ojos de nuevo. (A Penny le gusta rodar los ojos.) —Y no tenía nada que decirte. —Nada acerca del Humdrum. Él... —miro hacia mi plato, y rápidamente hacia nuestro alrededor— dice que las Viejas Familias están causando problemas. Ella asiente con la cabeza. —Mi madre dice que están tratando de organizar una moción de censura contra él. — ¿Pueden hacer eso? —Están tratando. Y ha habido duelos durante todo el verano. El amigo de Premal, Sam tuvo uno con uno de los primos Grimm después de una boda, y ahora está en juicio. — ¿Quién lo está? —El Grimm. — ¿Por qué? —Hechizos prohibidos —dice ella—. Palabras prohibidas —El Mago piensa que debería irme —le digo. — ¿Qué? ¿Ir a dónde?


—Él cree que yo debería dejar Watford. Los ojos de Penny se agrandan. — ¿Para combatir al Humdrum? —No. —Niego con la cabeza—. Solo... irme. Él piensa que estaría más seguro en otro lugar. Él piensa que todo el mundo aquí estaría más seguro si me fuera. Sus ojos se vuelven cada vez más grande. — ¿A dónde irías, Simon? —Él no me dijo. A algún lugar secreto. — ¿Al igual que un escondite? —pregunta ella. —Supongo. —Pero, ¿qué pasa con la escuela? —No cree que eso sea importante en este momento. Penny resopla. Ella piensa que el Mago menosprecia la educación en el mejor de los tiempos. Especialmente los estudios clásicos. Cuando él canceló las clases de la lingüística, ella le escribió una carta severa a la Junta de Facultad. —Entonces, ¿qué es lo que quiere que hagas? —Que me vaya. Que esté a salvo. Que entrene. Ella se cruza de brazos. —En una montaña. Con ninjas. Al igual que Batman. Me río, pero ella no se ríe conmigo. Se inclina hacia delante. —No puede sacarte de la escuela, Simon. Él no puede esconderte en un agujero toda tu vida. —Yo no me voy —le digo—. Le dije que no lo haría. Ella levanta la barbilla un poco. —Le dijiste que no lo harías. —Yo... Bueno, no puedo simplemente dejar Watford. Es nuestro último año, ya ves. —Estoy de acuerdo, ¿le dijiste que no? — ¡Le dije que no quiero! No quiero ocultarme y esperar a que el Humdrum me encuentre. Eso no me parece un plan. — ¿Y qué dijo el Mago? —No mucho. Me enojé y empecé a... —Lo sabía. Tu habitación olía como una fogata. Oh, ¡por mis palabras! ¿Explotaste con el Mago en tu habitación? —No, me detuve. — ¿De verdad? —Ella se ve impresionada—. Bien hecho, Simon. —Creo que lo asusté. —Yo también me habría asustado. —Penny, yo... — ¿Qué?


— ¿Crees que tiene razón? —Te acabo de decir que no. —No. Acerca de... yo siendo un peligro para Watford. Un peligro para... —Miro a las mesas de los del primer año. Todos han saltado sobre sándwiches y han empezado a comer grandes cuencos de mermelada—. Todos. Penny empieza a desgarrar su sándwich de nuevo. —Por supuesto que no. —Penélope. Ella suspira. —Te detuviste, ¿no? ¿Esta mañana? ¿Cuándo le has hecho daño a alguien aparte de ti mismo? —Humo y espejos, Penny, ¿debo hacer una lista? Voy a empezar con las decapitaciones. Voy a empezar con la de ayer. —Esas fueron batallas, y no cuentan. —Ella se cruza de brazos de nuevo—. Cuentan de manera diferente. —Ni siquiera es sólo eso —le digo—. Es que soy un objetivo, ¿no? El Humdrum sólo me ataca cuando estoy en Watford, y sólo ataca Watford cuando estoy aquí. —Eso no es tu culpa. —¿Entonces? —Bueno, no puedes evitar eso. —Yo sí puedo —le digo—. Me podría ir lejos. —No. —Qué argumento más convincente, Pen. —Unto mantequilla en mi tercer rollo de queso y jamón. Me tiemblan las manos. —No. Simon. No puedes simplemente desaparecer. No debes hacerlo. Mira, si fueras un objetivo, entonces yo sería el mayor riesgo. Paso la mayor parte del tiempo contigo. —Lo sé. —No, quiero decir, mírame... estoy bien. La miro. —Estoy bien, Simon. Incluso Baz está muy bien, y está constantemente pegado a ti. —Siento como si estuvieras pasando por alto todas las veces que casi has muerto sólo porque estabas conmigo. El Humdrum me secuestró hace unos meses, y tú fuiste arrastrada conmigo. —Gracias a Morgana lo fui. Ella está mirando en mis ojos, así que trato de no mirar hacia otro lado. A veces me alegra que Penny use gafas; su contacto visual es tan feroz, es bueno tener algo que la amortigüe. —Le dije al Mago que no —repito. —Bueno —dice ella—. Sigue diciéndole eso.


— ¡Abue! —El grito de una niña se escucha a través de nuestra conversación, y ya estoy susurrando el conjuro para invocar mi espada. Al otro lado de la sala, la chica de segundo o tercer año está corriendo hacia una figura con brillo en la puerta. —Oh... —dice Penélope, asombrada. La figura se desvanece y reaparece, como el holograma de la princesa Leia. Cuando la niña llega a ella —se ve como una mujer mayor en un traje blanco— se arrodilla y la atrapa. Ellas se abrazan con fuerza. Entonces la figura se desvanece por completo. La niña se encuentra temblando, y algunos de sus amigos corren hacia ella, saltando arriba y abajo. —Qué genial —dice Penélope. Ella se vuelve hacia mí y ve mi espada—. Por las grandes serpientes, Simon, guarda eso. La mantengo en alto. — ¿Qué fue eso? — ¿No lo sabes? —Penélope. —Tuvo una Visita, qué niña más afortunada. — ¿Qué? —Envaino la espada—. ¿Qué tipo de visita? —Simon, el velo se está levantando. Sé que sabes acerca de esto. Lo estudiamos en la Historia de la Magia. Hago una mueca y me siento de nuevo, tratando de decidir si he terminado con mi almuerzo. —Y al pasar veinte años —dice Penny—, cuando el año se desvanezca, y la noche y el día estén

sentados en paz a la mesa, el Velo se levantará. Y todo aquel que tiene luz que llamar, puede cruzarlo, aunque no podrá demorarse. Saludadlos con gozo y confianza, porque sus bocas, aunque estén muertos, dicen la verdad. Ella está usando su voz de citar, por lo que sé que es de algún texto antiguo o algo así. —No estás ayudando —le digo. —El Velo se está levantando —dice ella de nuevo—. Cada veinte años, las personas muertas pueden hablar con los vivos si tienen algo que realmente hay que decir. —Oh... —le digo—. Supongo que tal vez he oído hablar de eso, aunque creí que era un mito. —Uno podría pensar, después de siete años, que dejarías de decir eso en voz alta. —Bueno, ¿cómo se supone que voy a saber? No hay un libro, ¿verdad? Guía a Todas Las Cosas Mágicas Que Son Verdaderas y Todas Las Que Son Chorradas, Justo Como Pensaste. —Eres el único mago que no se crió con magia. Tú eres la única persona que leería un libro así. —Papá Noel no es real —le digo—, pero el Hada de los Dientes lo es. No hay rima o razón para estas cosas. —Bueno, el Velo es totalmente real —dice Penny—. Es lo que detiene a las almas de caminar. — ¿Pero está levantándose ahora? —Siento que debería sacar la espada de nuevo.


—El equinoccio de otoño está llegando —dice ella—, cuando el día y la noche tienen la misma duración. El Velo se hace más estrecho, y se levanta. Como una especie de niebla. Y la gente que ya murió viene a decirnos cosas. — ¿ A todos nosotros? —Ojalá. La gente sólo vuelve si tienen algo importante que decir. Algo cierto. Es como que vuelvan para testificar. —Eso suena... dramático. —Mi madre dice que su tía regresó hace veinte años para decirles acerca de un tesoro escondido. Mamá tiene la esperanza de que vuelva de nuevo esta vez para decirnos más. — ¿Qué clase de tesoro? —Libros. —Por supuesto. —Decido terminar mi sándwich. Y el huevo de Penny. —Pero a veces —dice ella—, es escandaloso. La gente viene para revelar asuntos. Asesinatos. La teoría es, tienes una mejor oportunidad de cruzar si tu mensaje sirve a la justicia. — ¿Cómo puede alguien saber eso? —Es sólo una teoría —dice Penny—. Pero si la tía Beryl viene a mí, voy a preguntarle lo más que pueda antes de que ella se vaya de nuevo. Miro hacia atrás a través del pasillo. —Me pregunto qué le dijo su abuela a esa chica. Penny se ríe y apila sus platos. —Probablemente su receta secreta para hacer toffees de dulce de leche. —Así que estos Visitantes... ¿no son zombis? —No hace mal estar seguro acerca de estas cosas. —No, Simon. Son inofensivos. A menos que le tengas miedo a la verdad.


Capítulo 10 El Mago Debería hacerlo marcharse. Podría. Él ya no es un niño, pero aún obedecería una orden. Prometí cuidar de él. Pero, ¿cómo se cumple una promesa como esa? ¿Cómo se cuida de un niño, cuando el niño en particular es el poder más grande que conoces…? Y, ¿qué significa cuidar de un poder? ¿Lo usas o lo conservas? ¿Lo mantienes fuera de las manos equivocadas? Pensé que podía ser de gran ayuda para Simon, especialmente ahora. Pensé en ayudarlo a mejorar su poder, a soportarlo. Tiene que haber un hechizo para él, algunas Palabras Mágicas que lo fortificarían o algún ritual que haría del poder mismo algo manejable. No he encontrado nada aún, pero eso no significa que no esté allá afuera... ¡Que no exista! Y si lo encuentro… ¿Sería suficiente para estabilizar su poder, si no puedo estabilizar al muchacho? Eso no está en las profecías; no hay nada sobre chiquillos testarudos. Podría ocultar a Simon del Humdrum mismo. Podría ocultarlo de todo aquello que aún no puede enfrentar. Podría... ¡Debería! Debería ordenarle que se vaya, y él así lo haría. Él aún me escucharía. Pero, ¿y qué si no?

Simon Snow, ¿te perdería por completo?


Capítulo 11 Lucy Escúchame

*** Él era el primero de su familia en Watford, el primero con el poder suficiente para conseguir pasar las pruebas. Él vino por sí mismo, todo el camino desde Gales, en tren. David. Lo llamábamos Davy. (Bueno, algunos de nosotros simplemente lo llamábamos Daft) Y él no tenía amigos - no creo que alguna vez haya tenido ningún amigo. Ni siquiera creo que yo fuera su amigo, no al principio. Yo era el único que lo escuchaba. -El Mundo de Magos,- me decía. -¿Qué Mundo? te pregunto ¿Qué Mundo? Esto no es una escuela; Las escuelas educan personas, las escuelas elevan a la gente, ¿comprendes lo qué quiero decir? -Estoy recibiendo una educación- le dije. -Lo estás ¿verdad?- Sus ojos azules brillaban. Siempre había un fuego en sus ojos. –Tienes poder. Tú conseguiste la contraseña secreta. Debido a que tu padre la tenía, y tu abuelo. Estás en el club." -También tú, Davy. -Sólo porque yo era demasiado poderoso para que me negaran. -Claro,- le dije. -Así que ahora estás en el club. -Suerte la mía. -No puedo decir si te refieres a eso... -Qué suerte la mía,- dijo. –Desafortunados todos los demás. Este lugar no es sobre el intercambio de conocimientos. Se trata de mantener el conocimiento en manos de los ricos. -Quieres decir, los más poderosos. -La misma diferencia,- escupió. Siempre escupía. Sus ojos siempre centelleaban, y su boca estaba siempre escupiendo. -¿Así que no quieres estar aquí?- Yo pregunté. -¿Sabías que la Iglesia utilizaba el Latín para dar servicios, porque no confiaban en la congregación con la palabra de Dios?


-¿Estás hablando de cristianismo? No sé nada sobre el cristianismo. -¿Por qué estamos aquí, Lucy, Cuando a tantos otros se les niega? -Porque somos los más poderosos. Es importante para nosotros aprender a manejar y usar nuestra magia. -¿Es tan importante? ¿No sería más importante enseñar a los menos poderosos? ¿Para ayudarles a sacar el máximo provecho de lo que tienen? ¿Debemos enseñar sólo a los poetas a leer? -No entiendo lo que quieres. Tú estás aquí, Davy. En Watford. -Estoy aquí y tal vez si me encuentro con la gente adecuada... Si me inclino y raspo antes de cada Pitch y Grimm, me enseñarán los hechizos más difíciles. Ellos me darán un asiento en la mesa y luego puedo pasar mi vida como lo hacen ellos, asegurándome de que nadie me la quite. -Eso no es lo que voy a hacer con mi magia. Dejó de escupir por un segundo en el que entrecerró los ojos hacia mí: -¿Qué vas a hacer, Lucy? -Ver el mundo. -¿El mundo de los magos? -No, el mundo. *** Tengo mucho que decirte. Pero el tiempo es corto. Y el velo es grueso. Y se necesita magia para hablar, un alma llena de ella.


Capítulo 12 Simon Da la casualidad de que estoy solo cuando veo Agatha. Estoy tumbado en el césped, pensando en la primera vez que llegué aquí - la hierba era tan agradable que no pensé que se nos permitía caminar sobre ella. Agatha de pantalones vaqueros y una camisa blanca de gasa, y ella viene de la colina hacia mí lentamente, bloqueando el sol, así que por un segundo hay un halo alrededor de su pelo rubio. Ella sonríe, pero puedo darme cuenta que ella está nerviosa. Me pregunto si ella ha estado buscándome. Me incorporo, y ella se sienta en el suelo a mi lado. -Hey,- le digo. -Hola, Simón. -¿Cómo estuvo tu verano? Ella me mira como si no pudiera creer lo estúpida que es esa pregunta, pero también como si tuviera una especie de alivio al tener una pequeña charla. -Bueno,- dice ella. -Tranquilo. -¿Viajaste?- Pregunto. -Sólo para los eventos. Agatha es un caballo de salto. Competitiva. Creo que ella quiere saltar para Gran Bretaña algún día. ¿O tal vez montar? Sé todo sobre los caballos. Ella trató de montarme en un caballo una vez, y me acobardé.

-Simón, no puedes tener miedo de este caballo. Has matado dragones. -Bueno, yo no tengo miedo de matarlo, ¿verdad? ¿Quieres que me monte en él? -¿Alguna suerte?- Pregunto ahora. -Alguna,- dice ella. -En su mayoría de habilidad. -Ah.- Yo asiento con la cabeza. -Cierto. Lo siento. En cierto modo odio hablar con Agatha sobre cosas de caballos, y no porque tenga miedo de ellos. Es sólo una cosa más que nunca conseguiré hacer bien. Toda esa mierda elegante. Regatas y galas y, no sé, partidos de polo. La madre de Agatha tiene sombreros que parecen pasteles de boda. Es demasiado. Tengo suficiente para hacer frente tratando de averiguar lo que significa ser un mago, Nunca voy pasar como a la manera nacido. Quizás Agatha estaría mejor con Baz después de todo... Si él no fuera malo. Tuve que parecer como si estuviera echando humo, porque se aclaró la garganta, incómoda.


-¿Quieres que me vaya? -No,- le digo. -No, me alegro de verte. -En realidad no me has mirado a mí,- dice ella. Así que la miro. Ella es hermosa. Y yo la quiero. Quiero que todo esté bien. -Mira, Simón. Sé que viste... Yo le corté. -Yo no vi nada. -Bueno, yo te vi,- dice ella. Su voz se agudiza: -Y Penélope, y... Le corté de nuevo. -No, quiero decir...- no estoy haciéndolo bien. -yo te vi en el bosque y lo vi... A él. Pero está bien. Sé que tú no harías... Bueno, yo sé que no lo harías, Agatha Y no importa, de todos modos eso fue hace meses. Sus ojos son grandes y se ven confundidos. Agatha tiene hermosos ojos marrones. Casi oro. Y pestañas largas encantadoras. Y la piel alrededor de sus ojos brilla como si fuera un hada. (Ella no es un hada. Las hadas que pueden hablar con la magia son bienvenidas en Watford, si pueden encontrarla, pero ninguna jamás ha optado por asistir.) -Pero, Simón, tenemos que... Quiero decir, ¿no deberíamos hablar de esto? -Yo prefiero seguir adelante,- le digo. -No es importante y es que sólo... Agatha, es tan bueno verte.- me estiro por su mano. Ella me deja tomarla. -Es bueno verte, también, Simón. Yo sonrío. Y ella casi me devuelve la sonrisa.


Capítulo 13 Agatha Es bueno verlo, siempre es bueno verlo. Siempre es un alivio. Pienso en ello a veces, lo que será el momento en el que no vuelva.

Algún día Simón no va a volver. Todo el mundo lo sabe, Creo que incluso el Mago sabe. (Penélope sabe, pero ella no cree.) Es que... Es imposible para él vivir a través de esto. Hay demasiadas personas que lo quieren muerto. Demasiadas cosas peores que la gente. Cosas oscuras. Criaturas. Lo que sea que es el Insidious Humdrum es. Todos quieren que se vaya, y él no puede seguir sobreviviendo; han habido demasiados sustos. Nadie es tan fuerte. Nadie es tan afortunado. Algún día no va a volver, y voy a ser una de las primeras personas a las que les dirán. He pensado que pasara porque cual sea mi reacción, no va a ser suficiente. Simón es El Elegido. Y él me eligió a mí. Y a pesar de que lo amo - crecimos juntos, pasa cada Navidad en mi casa, yo lo amo - no es suficiente. Lo que siento no es suficiente; no va a ser suficiente, cuando lo pierda. ¿Y si es como aquella vez que nuestra collie fue atropellada por un coche? Lloré, pero sólo porque sabía que tenía que hacerlo, no porque no pude evitarlo. ... Yo solía pensar que tal vez yo estaba guardando mis sentimientos por Simón como una especie de auto-defensa. Como, para protegerme del dolor de perderlo, de perderlo todo, porque si Simón se va, ¿qué esperanza tiene alguno de nosotros? (¿Qué esperanza tenemos? Simón no es la solución a nuestros problemas; Si es sólo una manera de ejecución) Pero no es...No es defensa propia. Es sólo que no amo a Simón lo suficiente. No lo quiero de la manera correcta. Tal vez yo no tengo ese tipo de amor en mí - tal vez soy defectuosa. Y si ese es el caso, quizá debería mantenerme junto a Simón, ¿no habría de hacerlo? ¿Si es ahí donde me quiere, Si ahí es donde todo el mundo espera que esté? ¿Si es el único lugar donde puedo hacer alguna diferencia?


Capítulo 14 Simon Paso una hora o algo así con Agatha, pero no digo mucho. Yo no le digo sobre el Mago. (¿Y si Agatha estaba de acuerdo con el Mago? ¿Y si ella, también quiere que me vaya? Yo quiero que ella se vaya, si estuviera en peligro en Watford. Demonios, ella está en peligro aquí. Por mi culpa.) Cuando vuelvo a mi habitación, Penny ya está allí tumbada con un libro en la cama de Baz. -¿Así que tú y Agatha hablaron?- ella pregunta. -Hablamos. -¿Ella explicó? ¿Lo de Baz? -Yo le dije que no. Penny baja su libro. -¿No quieres saber por qué tu novia estaba besando a tu enemigo jurado? -Yo no sé nada de 'jurado',- le digo. -Nunca he tomado un juramento. -Estoy bastante segura que Baz sí. -De todos modos, no estaban besándose. Penny niega con la cabeza. -Si yo cojo a Micah de la mano con Baz, me gustaría una explicación. -También a mí. -Simón. -Penny. Por supuesto que te gustaría una explicación. Así eres tú. Te gusta a exigir explicaciones y luego decirles a todos que sus explicaciones son una mierda. -Claro que no. -Claro que sí. Pero yo... Mira, sólo no me importa. Lo olvidamos. Agatha y yo estamos bien. -Me pregunto si olvido a Baz. -Que se joda Baz, va a hacer lo que pueda para molestarme. Y él va a empezar tan pronto como aparezca. Lo que podría ser en cualquier momento... Casi todo el mundo está aquí ya. Nadie quiere perderse el picnic de bienvenida de nuevo en el Césped esta noche. Siempre es un gran lío. Juegos. Fuegos artificiales. Espectáculo de magia. Quizás Baz se perderá el día de campo, que nunca se ha perdido antes, pero es un pensamiento agradable. *** Penny y yo nos encontramos con Agatha en el Césped. No veo a Baz, pero hay tanta gente, por lo que sería fácil para él evitarme si quisiera. (Baz normalmente se asegura de que yo lo vea.)


Los peques ya están jugando y comiendo pastel, algunos de ellos vestidos con sus uniformes de Watford por primera vez. Sombreros caídos, corbatas torcidas. Hay carreras y cantos. Me sale un poco ahogado durante la canción de la escuela porque está esta línea de "aquellos años dorados en Watford / los que brillan intensamente, años mágicos" que me hace pensar de nuevo sobre cómo esto es todo. Cada día que tenga este año, será el último día que se le parezca. Último día de campo para el regreso a la escuela. Último primer día de vuelta. Hago un cerdo de mí mismo, pero a Penny y Agatha no les importa, y los bocadillos de huevo y berro son para morirse. Más pollo asado. Pasteles de especia con glaseado de limón agrio. Y jarras de leche fría y frambuesa. Sigo preparado para que Baz aparezca y lo arruine todo. Sigo mirando por encima de mi hombro. (Tal vez esto es parte de su plan, Arruinar mi noche, haciendo que me pregunte cómo va a arruinarlo) Creo que Agatha está preocupada por verlo, también. Una cosa que no me preocupa es que ataque el Humdrum. Él envió monos volando a atacar el picnic en el comienzo de nuestro cuarto año, y el Humdrum nunca trata la misma cosa dos veces. (Supongo que podría enviar algo más que monos voladores. ..) Después se pone el sol, los peques todos regresan a sus habitaciones, y los del séptimo y octavo año se quedan en el césped. Nosotros encontramos un lugar, y Penny hechiza su chaqueta y la hace una manta verde para que nos sentemos. Agatha dice que es una pérdida de magia cuando hay mantas perfectamente buenas justo dentro. -Tu chaqueta se va a manchar de hierba.- dice ella. -Ya es verde.-Penélope la corta. Es una noche cálida y Penélope y Agatha son ambas buenas en la astronomía. Nos acostamos en nuestras espaldas, y señalamos las estrellas. -Debo conseguir mi bola de cristal y decirle sus fortunas,- dice Penélope, y Agatha y yo soltamos un gemido. -Me voy a ahorrar la molestia,- le digo. -Vas a verme bañado en sangre, pero no serás capaz de decir quién es. Y verás a Agatha luciendo hermosa y envuelta en luz. Penélope pone mala cara, pero no por mucho tiempo. La noche es demasiado buena para poner mala cara. Tomo la mano de Agatha sobre la manta, y cuando la aprieto, ella aprieta de vuelta. Este día, esta noche, todo se siente tan bien. Mágicamente bien. Como un presagio. (Yo no solía creer en presagios. No soy supersticioso, pero un día hicimos una unidad en ellos en Ciencia Magickal y Penny dijo que no creer en presagios era como no creer en los frijoles sobre pan tostado.) Después de una hora más o menos, alguien cruza el velo a la derecha en el césped. Es la hermana muerta de alguien; ella ha vuelto a decirle que no fue su culpa. Guarde la espada rápidamente esta vez, sin que Penny me dijera. -Es increíble,- dice ella. -Dos de las Visitas en un solo día, y el velo está empezando a abrir...


Cuando el fantasma se va, todo el mundo empieza a abrazarse unos a otros. (Creo que el séptimo año ha estado pasándose con el vino de diente de león y Bacardi Breezers. Pero nosotros tres no somos los monitores de la clase, por lo que no es nuestro problema.) Alguien empieza a cantar la canción de la escuela de nuevo, y nos unimos. Agatha canta, a pesar de que es consciente de su voz. Estoy feliz. Estoy muy contento. Estoy en casa. *** Me despierto a las pocas horas, y creo que Baz debe estar de vuelta. Yo no lo veo, no puedo ver nada, pero hay alguien en la habitación conmigo. -¿Penny? Tal vez es el Mago de nuevo. ¡O el Humdrum! O esa cosa que soñé que veía por la ventana la noche anterior, y que ahora acabo de recordar... Nunca he sido atacado en mi habitación antes, esta sería la primera vez. Me siento y enciendo las luces sin tratar. Eso pasa a veces, con pequeños hechizos, cuando estoy estresado. No se supone que pase. Penny piensa que podría ser como la telepatía, saltándose las palabras para llegar directamente a la meta. Todavía no veo nada, aunque creo que escucho un crujido y una especie de gemido. Las ventanas están abiertas. Me levanto y miro afuera, luego las cierro. Compruebo debajo de las camas. Me arriesgo con un -¡"Uno, dos, tres por ti"!- luego con -"¡Venga, sal, de dondequiera que estés!"- Lo que saca toda la ropa volando fuera del armario. Las recogeré en la mañana. Vuelvo a la cama, temblando. Hace frío. Y todavía no me siento solo.


Capítulo 15 Simon Baz no está en nuestra habitación cuando me despierto.

*** Lo busco en comedor en el desayuno, pero él no está allí. Lo nombran durante mi primera lección, griego con el Minotauro. (El nombre de nuestro maestro es Profesor Minos, pero le llamamos Minotauro porque él es mitad hombre, mitad toro.) Él dice en voz alta el nombre de Baz cuatro veces. -¿Tyrannus Pitch? ¿Tyrannus Basilton Grimm-Pitch? Agatha y yo miramos alrededor de la habitación, y luego el uno al otro. Baz se supone que está en Ciencias Políticas conmigo, también. Penny me hace tomar Ciencias Políticas; ella piensa que podría terminar como un líder algún día después de que le gane al Humdrum. Yo estaría feliz de pasar mis días ayudando a las cabras del rebaño Ebb si sobrevivo a eso, pero las ciencias políticas son lo suficientemente interesantes, así que la tomo cada año. Baz siempre las toma, también. Probablemente porque espera recuperar el trono algún día... La familia de Baz dominaba todo antes de que el Mago llegara al poder. Los magos no tienen reyes y reinas, pero los Pitch son lo más cercano que tenemos a una familia real. Probablemente se habrían coronado a sí mismos en algún momento si hubieran esperado alguna vez a que cualquiera cuestionara su autoridad. La mamá de Baz era la directora en Watford antes de que el Mago, lo que la hizo la persona más importante en la magia. (Hay un pasillo cerca de la oficina del Mago con los retratos de los directores anteriores, es como un árbol genealógico de los Pitch.) En realidad, fue su muerte que lo cambió todo, ya que trajo al Mago al poder. Cuando el Humdrum mató a la directora Pitch enviando vampiros a Watford, todo el mundo vio que el mundo de los magos tenía que cambiar. No podríamos simplemente seguir como estábamos, dejando que el Humdrum y las criaturas oscuras nos eliminaran uno por uno. Tuvimos que organizarnos. Tuvimos que pensar en una defensa. El Mago fue elegido Mago, jefe del Aquelarre, en una sesión de emergencia, y él también se hizo director interino de Watford. (Ese es técnicamente su título.) De inmediato comenzó sus reformas.


¿Si él ha sido exitoso o no? depende de a quién se le pregunte... El Humdrum todavía está por ahí. Pero nadie murió en el plantel escolar ya que el Mago se hizo cargo. Y todavía estoy vivo, así que supongo que me inclino a decir que está haciendo un buen trabajo. Hace unos años, tuvimos que escribir ensayos para Ciencias Políticas sobre la ascendencia del Mago. Baz prácticamente llamó a la rebelión. (En la cual tomó una botella, para exigir que su director dimitiera en el texto de una tarea escolar...) Baz siempre ha jugado un juego extraño: expresar públicamente la política de su familia, que es, básicamente "¡Abajo con el Mago! ¡Tranquila y legalmente!" Como si no tuviera nada que ocultar, mientras que su familia lleva una encubierta y peligrosa guerra real contra nosotros. Si le preguntas a los Pitch qué odian el Mago, empiezan a hablar de "las viejas costumbres" y "nuestra herencia mágica" y "libertad intelectual". Pero todo el mundo sabe que lo que quieren es estar a cargo de nuevo. Quieren Watford para volver a la forma en que solía ser, un lugar sólo para los más ricos y los más poderosos. El Mago eliminó las cuotas escolares cuando se hizo cargo, y rechazó las presentaciones orales y pruebas de poder para poder entrar. Literalmente cualquier persona que pueda hablar con magia puede asistir a Watford ahora, sin importar su fuerza o habilidad, incluso si son medio duende por parte materna, o más sirena que mago. La escuela tuvo que construir otra residencia de estudiantes, Casa de la Fraternidad, sólo para dar cabida a todo el mundo. "No se puede ser demasiado exigente con carne de cañón" es la toma de Baz sobre las reformas. Él sólo odia ser tratado como otro estudiante, en lugar del heredero aparente. Si su madre siguiera como directora, él probablemente obtuviera su propia habitación y todo lo que él quisiera... Yo no lo creo así. Es horrible que su madre muriera. El hecho de que nunca he tenido a mis padres no significa que no puedo entender lo mucho que dolería perder a tu madre. Baz no se presenta a Ciencia Política, por lo que voy a mantener un ojo en su mejor amigo Niall, en lugar. Niall no se inmuta cuando el nombre de Baz se llama, pero él me mira, como si estuviera tratando de decir que él sabe que estoy en ellos y que le importa exactamente nada. Abordo a Niall después de nuestra lección: -¿Dónde está? -¿Tu polla? No la he visto. ¿Le preguntaste a Ebb? (Honestamente. No estoy seguro de por qué cabreros tienen fama por ser pervertidos. Los vaqueros parecen ganársela toda.) -¿Dónde está Baz?- Digo. Niall intenta pasar de mí, pero yo soy imposible de superar si hago el esfuerzo. No es que yo sea grande, Estoy solo confiado. Y cuando la gente me mira, tienden a ver todo lo que he matado antes.


Niall se detiene y se eleva su bolsa sobre su hombro. Él es un chico pálido, enclenque con los ojos marrones que deletrea un azul fangoso. Desperdicio de magia. Él se burla: -¿Qué te importa, Snow? -Él es mi compañero de cuarto. -Yo creo que estarás disfrutando de la soledad. -Lo estoy. -¿Entonces? Doy un paso lejos de Niall. -Si él está planeando algo, lo voy a averiguar.- le digo. -Siempre lo hago. -Se nota. -¡Lo digo en serio!- Grito detrás de él. -¡Tu sinceridad también se ve!

*** En la cena, estoy tan ansioso que estoy rompiendo mi Pudín de Yorkshire en pedazos mientras como... (Pudín de Yorkshire. Asado de ternera. Salsa. Es lo que tenemos para la cena todos los años el primer día. Nunca voy a olvidar mi primera cena Watford. Mis ojos casi se salieron cuando el Cocinero Pritchard sacó las bandejas de asado carne de res. No me importaba si la magia era real en ese momento. Porque la carne asada y el pudín de Yorkshire son tan jodidamente reales como la lluvia.) -Él podría estar de vacaciones o algo así.- dice Penny. -¿Por qué él todavía estaría de vacaciones? -Su familia viaja.- Agatha ofrece. ¿En serio? Quiero decir. ¿Eso es lo que hablan solos en el bosque? ¿Comparten su amor por el viaje? Yo lanzo un trozo de pan y tumbo mi vaso de leche. Penny se estremece. -No iba a faltar a la escuela,- le digo, recogiendo mi vaso. Penny deletrea leche a distancia. -Él se preocupa demasiado por la escuela. Nadie discute conmigo. Baz siempre ocupó el primer lugar en nuestra clase. Penny suele estar tras de él pero ser mi compinche finalmente afectó sus calificaciones. "Yo no soy tu compinche", le gusta decir. "Yo soy un compañero de terror." -Tal vez.- sugiere ahora -Su familia ha decidido dejar de fingir que estamos todos en paz. El Octavo año es opcional de todos modos. En los viejos tiempos, mucha gente se fue después de séptimo. Tal vez los Pitch han decidido tomar en serio. -Ir a los colchones.- le digo. -Exactamente. -¿Contra el Mago y yo? ¿O el Humdrum? -No sé,- dice Penny. -Siempre he pensado que los Pitch simplemente se sentarían a ver los dos lados destruyéndose unos a otros. -Gracias.


-Sabes lo que quiero decir, Simón, las viejas familias no quieren que gane el Humdrum, pero no les importa vencer al mago. Esperarán a atacar cuando piensen que el Mago es débil... -Cuando ellos piensen que yo soy débil. -La misma diferencia. Agatha está mirando hacia la mesa donde Baz normalmente se sienta. Niall y Dev, otro de los amigos de Baz, su primo o algo, están sentados uno junto al otro, hablando con sus cabezas cerca. -No creo que Baz se retiró.- dice ella. Penny, sentada frente a nosotros, se apoya en la línea de visión de Agatha. -¿Sabes algo? ¿Qué te dijo Baz? Agatha mira hacia abajo, a su plato. -Él no me dijo nada. -Tiene que haber dicho algo,- dice Penny. -Has hablado con él por última vez. Aprieto mis dientes. -Penélope.- le digo sin sepáralos. -No me importa si ustedes dos han acordado seguir adelante.- Agita la mano hacia Agatha y yo. -Esto es importante. Agatha, conoces a Baz mejor que nosotros. ¿Qué te dijo? -Ella no lo conoce mejor que yo.- Yo sostengo. -Yo vivo con él. -Bien, Simón, ¿qué te dijo? -¡No hay nada que me haga pensar que ha abandonado la escuela y se pierda todo un año de hacerme un miserable! -Él ni siquiera tiene que estar aquí para hacer eso.- murmura Agatha. Eso me molesta, a pesar de que yo estaba pensando lo mismo, apenas ayer. -Ya he terminado.- le digo. -Me voy a mi habitación. Para disfrutar de la soledad. Penny suspira. -Cálmate, Simón. No nos castigues sólo porque te sientes confundido. No hemos hecho nada.- Ella mira a Agatha e inclina su cabeza. -Bueno, yo no te he... Agatha se pone de pie, también. -Tengo deberes. Caminamos juntos hasta la puerta, luego se dirige hacia los Claustros. -Agatha.- Llamo. Pero no lo hago que hasta que está demasiado lejos para oír.

*** Tengo la habitación para mí, y ni siquiera puedo disfrutar de ella, porque la vacía cama de Baz sólo parece siniestra ahora. Convoco a la Espada de los Magos y practico mi forma de su lado de la habitación. Él odia eso.


Capítulo 16 Simon Baz no está en el desayuno de la mañana siguiente. O el siguiente. Él no está en clase. El equipo de fútbol comienza a practicar, y algún otro toma su lugar. Después de una semana, los maestros dejan de decir su nombre cuando toman asistencia. Observo a Niall y Dev durante unos días, pero no parecen tener Baz escondido en un granero... Sé que debería estar feliz por Baz desaparecido. Es lo que siempre he dicho que quería, para liberarme de él. Pero parece tan mal... La gente no desaparece así. Baz no lo haría. Baz es... indeleble. Es una mancha de grasa humana. (Parcialmente humana). Tres semanas después del término, aún me encuentro caminando por el terreno de juego, esperando verlo en la práctica de fútbol, y cuando no lo hago, me doy la vuelta y camino con fuerza hacia fuera en las colinas detrás de la escuela. Oigo a Ebb gritarme antes de que la vea. -Hiya, Simón, ¡Ahoy! Ella está sentada por encima de mí por el camino en la hierba, con una cabra acurrucada en el regazo. Ebb pasa la mayor parte de su tiempo en las colinas cuando el clima es bueno. A veces ella deja las cabras deambulando por las instalaciones de la escuela, ella dice que se encargan de las malas hierbas y plantas depredadoras. Las plantas depredadoras en Watford en realidad las comerán si tienen la oportunidad; son magia. Las cabras no lo son, sin embargo. Le pregunté a Ebb de inmediato si la magia hiere a las cabras cuando se las comen. -Son cabras, Simón.- dijo ella. -Pueden comer cualquier cosa. Cuando me acerco, veo que los ojos de Ebb están rojos. Ella los limpia con la manga de su jersey. Es un viejo jumper de la escuela Watford, se desvaneció de rojo a rosa y teñido de color marrón en el cuello y las muñecas. Si se tratara de cualquier otra persona, me preocuparía. Pero Ebb es una especie de llorona. Ella es como Ígor. Si Ígor saliera con cabras todo el tiempo en lugar de dejar que Pooh y Piglet le animaran. Eso pone los nervios a Penélope, todo el llanto, pero no me importa. Lo que pasa es que Ebb nunca le dice a nadie más que mantenga su cabeza en alto o que busque el lado bueno. Es muy reconfortante. Me siento a su lado en la hierba y paso la mano por la espalda de la cabra. -¿Qué estás haciendo aquí?- Ebb pregunta. -¿No deberías estar en la práctica de fútbol? -Yo no estoy en el equipo.


Le rasca a la cabra detrás de las orejas. -¿Desde cuándo dejas que eso te detenga? -Yo... Ebb inhala. -¿Estás bien?- Pregunto. -Ach. Seguro.- Ella niega con la cabeza, y su pelo sale volando alrededor de sus oídos. Está sucio y rubio y siempre cortado en una línea clara sobre su mandíbula y en la frente. -Sólo la época del año,- dice ella. -¿Otoño? -Volver a la escuela. Me recuerda a mis días de escuela. No se puede volver atrás, Simón, nunca se puede volver... Ella se frota la nariz con la manga de nuevo, luego frota su brazalete en la piel de la cabra. No señalo que Ebb de realidad nunca dejó de Watford. No quiero burlarme de ella, parece una muy dulce cosa para mí. El pasar toda tu vida aquí. -No todo el mundo volvió.- le digo. Su cara se desanima. -¿Perdimos a alguien? El hermano de Ebb murió cuando eran jóvenes. Es una de las razones por que ella es tan melancólica; ella nunca lo superó. -No.- le digo. -Quiero decir -. Baz, Basil, no regresó. -Ah,- dice ella. -Joven Maestro Pitch. Seguramente estará de regreso. Su madre lo hizo, valoran la educación. -¡Eso es lo que dije! -Bueno, tú lo conoces mejor.- dice ella. -¡Eso es lo que he dicho, también! Ebb Asiente -Pensar que solía estar en la garganta del otro. -Todavía estamos en la garganta del otro. Ella me mira dubitativa. Ella tiene los ojos azules estrechos de color azul brillante, más brillante de alguna manera, porque su rostro está tan sucio. -Ebb.- insisto, -trató de matarme. -No con éxito.- Ella se encoge de hombros. -No recientemente. -¡Él trató de matarme tres veces, que yo sepa! No importa realmente si funcionó. -Importa un poco,- dice ella. -Lados, qué edad tenía la primera vez, ¿once? ¿Doce? Eso no importa. -Cuenta conmigo.- le digo. -Lo hace. Yo resoplo. -Sí. Ebb. Lo hace. Él me odiaba incluso antes de que me conociera. -Exactamente.- dice ella. -¡Exactamente!


-Sólo estoy diciendo - Ha pasado mucho tiempo desde que tuve que hechizarlos para que se separaran. -Bueno, no hay ninguna razón para tirar abajo todo el tiempo,- le digo. -No nos llevará a ninguna parte. Y duele. Sospecho que estamos ahorrando. -¿Para qué?- ella pregunta. -El fin. -¿El fin de la escuela? -El fin del fin,- le digo. -La gran pelea. -Así que estabas ahorrando, ¿y entonces él no ha venido a por ella? -¡Exactamente! -Bueno, no pierdas la esperanza- dice Ebb. -Creo que va a estar de vuelta. Su madre siempre valora una buena educación. La echo de menos esta vez... Ella se seca los ojos con la manga. Suspiro. A veces, con Ebb, es mejor simplemente disfrutar del silencio. Y las cabras.

*** Tres semanas pasan. Cuatro, cinco, seis. Me detengo en busca de Baz en cualquier lugar donde se supone que deba estar. Cada vez que escucho a alguien en las escaleras fuera de nuestra habitación ahora, yo sé que es Penny. Incluso dejé que pasara la noche a veces y duerme en su cama; no parece haber ningún peligro inmediato de Baz irrumpiendo prendiéndole fuego a Penny. Molesté a Niall un par de veces más, pero él ni siquiera insinuó saber dónde está Baz. En todo caso, parece que Niall espera que consiga algunas respuestas. Me siento como si tuviera que hablar con el Mago sobre ello. Sobre Baz. Pero yo no quiero hablar con el Mago. Me temo que aún podría estar planeando enviarme lejos. Penny dice que no tiene sentido evitarlo. -No es como que te vas perder del radar del Mago. Pero a lo mejor lo haré... Y eso me molesta, también. El mago siempre se va, pero él está apenas ha estado en Watford esta vez. Y cada vez que está aquí, él está rodeado de sus hombres. Normalmente, estaría comprobándome. Llamándome a su oficina. Dándome asignaciones, pidiendo ayuda. A veces pienso que el mago realmente necesita mi ayuda, que puede confiar en mí mejor que nadie, pero a veces creo que él sólo me prueba. Para ver de lo que estoy hecho. Para mantenerme en orden. Estoy sentado en la clase un día, cuando veo al Mago caminando solo hacia la Torre Llanto. Tan pronto como termina la clase, voy hacia la Torre. Es un edificio alto de ladrillo rojo, una de las más antiguas en Watford, casi tan antigua como la Capilla. Se llama la Torre Llanto porque hay vides que crecen en cada verano y fluyen de arriba hacia abajo, y porque el edificio ha comenzado a hundirse hacia adelante en los últimos años, casi como si estuviera caído de dolor. Ebb dice que no hay que preocuparse de que se caiga; los hechizos siguen siendo fuertes.


El comedor está en la planta baja de la Torre, toda la planta baja, y arriba están aulas, las salas de reuniones y salas de invocación. La oficina y lugar sagrado del Mago están en lo más alto. Va y viene cuando él la necesita. El Mago tiene todo un mundo mágico que no perder de vista, en el Reino Unido, de todos modos; y la caza del Humdrum ocupa mucho de su tiempo. El Humdrum no sólo me ataca. Esa no es ni siquiera la peor parte. (Si lo fuera, los otros magos probablemente ya me habrían arrojado a él por ahora.) Cuando el Humdrum apareció por primera vez, hace casi veinte años, los agujeros comenzaron a aparecer en la atmósfera mágica. Parece que él (¿ella?) Puede chupar la magia de un lugar, probablemente para usarla contra nosotros. Si uno va a uno de estos puntos muertos, es como entrar en una habitación sin aire. Simplemente no hay nada ahí para ti, no hay magia, incluso yo me quedo seco. La mayoría de los magos no pueden asimilarlo. Están tan acostumbrados a la magia, a la sensación de magia, que se vuelven locos sin ella. Así es como el monstruo obtuvo su nombre. Uno de los primeros magos en encontrar los agujeros dice que fue como una "monotonía insidiosa, una mundanidad que se apodera de tu alma." Los puntos muertos permanecen muertos. Uno recibe su magia de vuelta si se va, pero la magia nunca vuelve a ese lugar. Los magos han tenido que abandonar sus hogares debido a que el Humdrum les sacó la magia. Sería un desastre si Humdrum llegara a Watford. Hasta ahora, por lo general envía a otra persona, o alguna otra cosa, alguna criatura oscura, tras de mí. Es fácil para el Humdrum encontrar aliados. Cada criatura oscura en este mundo y a sus vecinos les encantaría ver a los magos caer. Los vampiros, los hombres lobo, los demonios y almas en pena, los Manticorps, los duendes, todos nos molestan. Podemos controlar la magia, y ellos no pueden. Además los mantenemos bajo control. Si las cosas oscuras se salieran con la suya, el mundo normal sería un caos. Tratarían a las personas regulares como ganado. Nosotros (magos) necesitamos que los normales vivan su vida normal, relativamente no afectado por arte de magia. Nuestros hechizos dependen de ellos para poder hablar libremente. Eso explica por qué las criaturas oscuras nos odian. Pero todavía no sé por qué Humdrum se dirige hacia mí específicamente. Porque soy el mago más poderoso, supongo. Porque soy la mayor amenaza. El Mago dice que él mismo siguió mi poder como un faro cuando llegó el momento de llevarme a Watford. Tal vez esa es la forma en la que Humdrum me encuentra, también. Tomo una escalera de caracol a la cima de la Torre Llanto, donde se abre a una sala de entrada. El sello de la escuela se presenta en baldosas de mármol en el suelo tan pulido que hasta parece


mojado. Y el techo abovedado tiene un mural de Merlín mismo invocando magia a través de sus manos hacia el cielo, con la boca abierta. Hay dos puertas. La oficina del Mago está detrás de la alta puerta de arco de la izquierda. Y su santuario y habitaciones están detrás de la puerta más pequeña a la derecha. Llamo a la puerta de su oficina, a la primera nadie responde. Considero llamar a la puerta de sus habitaciones, pero eso se siente demasiado íntimo. Tal vez sólo le dejaré una nota. Abro la puerta de la oficina del Mago - está bloqueada, pero la cerraduras se abren para darme la bienvenida. Entonces entro lentamente, sólo en caso de que lo esté molestando... Está oscuro. Las cortinas están corridas. Las paredes están normalmente llenas de libros, pero un puñado han sido derribados y que están amontonados en pilas sobre todo el escritorio. No enciendo la luz. Ojalá hubiera traído un poco de papel o algo. No quiero mendigar alrededor de la mesa del Mago. No es el tipo de escritorio que tiene notas Post-it para cuando estás fuera. Recojo una pluma estilográfica pesada. Tiene un par de hojas de papel sobre su escritorio, son listas de citas. Tomo la primera, la volteo y escribo:

Señor, me gustaría hablar con usted cuando tenga un momento. Acerca de todo. Acerca de mi compañero de cuarto. Y luego añado: (T. Basilton Grimm-Pitch.) Y entonces yo desearía no haberlo hecho, porque por supuesto el mago sabe quién es mi compañero de cuarto, y ahora como que parece que he firmado. Entonces lo hago, firmo:

Simón. -Simón.- dice alguien, y me sobresalto, dejando caer la pluma. Miss Possibelf está de pie en la puerta, pero no pasa a la oficina. Miss Possibelf es nuestra profesora de Elocución y la decana de estudiantes. Ella es mi profesora favorita. Ella no es exactamente amable, pero creo que realmente se preocupa, y ella parece más humana a veces que el Mago. (A pesar de que ella no es exactamente humana, no lo creo...) Es mucho más probable que ella note si te sientes enfermo o triste, o si el pulgar te está colgando de un hilo. -Miss Possibelf,- le digo. -El Mago no está. -Eso veo, ¿Que...? ¿Qué tienes que hacer aquí? -Pensé que podría estar aquí. Hay algunas cosas que tengo que hablar con él. -Él estuvo aquí esta mañana, pero se ha ido de nuevo.- Miss Possibelf es alta y ancha, con una trenza gruesa plateada que le cuelga por la espalda. Ella es increíblemente graciosa, e increíblemente elocuente, y si ella está hablando contigo directamente, su voz le da una especie de cosquillas tus oídos.


-Podrías hablar conmigo.- dice ella. Ella todavía no entra. Ella no debe tener permiso para cruzar las barreras. -Bueno,- le digo. -Es en parte sobre Baz. Basil. Él no ha regresado a la escuela. -Me he dado cuenta.- dice ella. -¿Sabe si él va a volver? Ella mira a su varita, un bastón, y mueve el mango en un círculo. -No estoy segura. -¿Ha hablado con sus padres?- Pregunto. Ella me mira. -Eso es confidencial. Asiento con la cabeza y pateo el costado de la mesa del Mago, entonces me doy cuenta de lo que estoy haciendo y doy un paso lejos, enredando mis dedos en mi cabello. Miss Possibelf se aclara la garganta un poco; incluso a través de la habitación, eso envía un zumbido hasta la parte de atrás de mi cuello. -Yo puedo decirte.- dice, -Que es política de la escuela el ponerse en contacto con los padres de un estudiante cuando un niño no regresa en un tiempo... -¿Así que usted ha hablado con los Pitch? Ella entrecierra sus ojos marrones oscuros. -¿Qué esperas encontrar Simón? Dejo caer mi mano en señal de frustración. -La verdad. ¿Se ha ido? ¿Está enfermo? ¿Ha comenzado la guerra? -La verdad… Sigo esperando a que parpadee. Incluso los magos parpadean. -La verdad,- dice. -Es que no tengo respuestas a cualquiera de esas preguntas. Sus padres han sido contactados. Eran conscientes de que él no estaba en la escuela, pero no dieron más detalles. El Sr. Pitch es mayor de edad, como tú, técnicamente un adulto. Si no asiste a esta escuela, yo no soy responsable de su bienestar... -¡Pero no se puede ignorar cuando un estudiante no regresa a la escuela! ¿Y si está planeando algo? -Entonces eso es una preocupación para el Aquelarre, no del decano de los estudiantes. -Si Baz está organizando una insurgencia,- prosigo. -Es una preocupación de todos nosotros. Ella me mira. Alzo mi mandíbula y me mantengo firme. (Ese es uno de mis movimientos estándar cuando no sé qué más hacer.) (Porque si hay una cosa que se me da bien...) Miss Possibelf cierra los ojos, pero todavía no parpadea -Es más como que ella está cediendo.

Bien. Ella me mira de vuelta. -Simón, me preocupo por ti, y yo siempre he sido honesta contigo. Escúchame... No lo sé. Donde Basilton está. Tal vez él está por ahí planeando algo horrible; espero que no, por su bien y el tuyo. Lo único que sé es que cuando hablé con su padre, parecía sorprendido y ¿molesto? sabía que su hijo no estaba aquí, y no parecía feliz. Honestamente, Simon, Sonaba como un hombre al límite.


Yo exhalo con fuerza por la nariz y asiento con la cabeza. -Eso es todo lo que sé.- dice ella. -Te diré si me entero de más, si soy capaz. Asiento con la cabeza de nuevo. -Ahora, tal vez deberías ir a almorzar. -Gracias, Miss Possibelf. Mientras paso junto a ella en la puerta, ella trata de acariciar mi brazo, pero sigo caminando, y es incómodo. Oigo la pesada puerta de roble cerca detrás de nosotros. No me voy a almorzar. Voy a dar un paseo, que se convirtió en una carrera, que se convirtió en mí buscando una solución en un árbol en el borde de los bosques. No puedo creer que mi espada venga cuando la llamo.


Capítulo 17 Simon Dejé de buscar a Baz donde se suponía que debía estar... Pero no dejo de buscarlo. Hago caminatas por el Bosque Vacilante en la noche. Penny ve la mirada en mi cara y no trata de acompañarme. Agatha siempre está haciendo tareas; seguro se está esforzando este año, tal vez su padre le prometió un nuevo caballo o algo así. Solía amar el bosque. Lo encontraba relajante. Después de algunas noches me di cuenta que no estaba caminando sin rumbo; estaba recorriendo el bosque como si lo estuviera barriendo. Como barrimos el año en el que Elspeth desapareció, todos agarrándonos de las manos, caminando lado a lado, marcando parcelas mientras íbamos por ellas. Ahora las estoy marcado en mi cabeza, conjurando luz y moviendo mi espada hacia adelante y atrás para quitar ramas de mi camino. Cortaré todo el maldito bosque si sigo así. No encuentro nada y perturbo a los espíritus. Una ninfa sale para decirme que soy básicamente un hombre caminando por un Apocalipsis: -¿Qué es lo que buscas? -la ninfa pregunta quedándose inmóvil en el aire aunque ya le había dicho que me daba escalofríos. Su pelo es como musgo y parece una de esas chicas manga con botas victorianas y sombrillas: -A Baz -digo- mi compañero de cuarto -¿El muerto? ¿Con los ojos lindos? -Sí -¿Está Baz muerto? Nunca pensé en él así, bueno, es un vampiro, supongo- Espera, ¿Estás diciendo que está muerto? ¿Muerto de verdad? -Todos los chupasangre están muertos -¿Lo has visto tomar sangre? Ella me mira. Mi espada está clavada en el suelo al lado de mis pies: -¿Qué buscas, elegido?- Ahora suena irritada y deja su sombrilla verde descansar en su hombro. -A mi compañero de cuarto. Baz. El chupasangre. -Él no está aquí- dice -¿Estás segura? -Más segura que tú. Suspiro y clavo mi espada más profundo: -Bueno, no estoy nada seguro. -Estas quemando la buena voluntad aquí, mago.


-¿Cuántas veces debo salvar el bosque para ganarme su confianza? -No hay importancia en salvar el bosque si solo lo vas a derribar -Estoy buscando. A mi compañero de cuarto. -Tu enemigo - replicó. Tiene la piel en un tono café gríseo, rugosa y ondulada como corteza y sus ojos brillan como esos hongos que crecen en lo profundo del bosque. -No importa lo que es,- digo- sabes de quién hablo, ¿Cómo puedes estar segura de que no está aquí? La ninfa inclina su cabeza hacia atrás como si escuchara los árboles detrás de ella. Todos sus movimientos se escuchan como la brisa pasando entre las ramas: -Él no está aquí,-dice- a menos que esté escondido. -Bueno, ¡Obviamente está escondido! ¡Está escondido en algún maldito lugar! -Si nosotras no podemos verlo aquí, mago, tampoco lo verás tú. Levanto mi espada y la envaino en mi cintura: -¿Pero me vas a contar si escuchan algo? -Probablemente no. -Eres imposible. -Soy improbable -Esto es importante, -digo- una persona muy peligrosa está perdida. -No peligroso para mí,- ella susurra- no es peligroso para mis hermanas. Nosotras no sangramos. Nosotras no jugamos juegos de más y mayor. -Tal vez te has olvidado que Pitch está en la Casa de Fuego.-señalo el bosque detrás de ella, todo inflamable. Ella levanta su cabeza y su sonrisa se quiebra. Cambia su sombrilla a su otro hombro: -Bien -¿Bien? -Si vemos a tu guapo chupasangre, le diremos que lo buscas. -No. Ayudas. -Entonces le diremos a la persona dorada -La persona dorada... ¿Soy la persona dorada? Ella arruga su nariz y sacude su pelo musgoso. Flores florecen de él: -¿Entonces quién? -Tú persona dorada. Su persona dorada. Tu pistilo y estigma. -Pistola... ¿Te refieres a Agatha? -Hermana cabello dorado. -¿Le dirán a Agatha si ven a Baz? -Sí.- su sombrilla da vueltas en su hombro- La encontramos pacífica. Suspiro y paso el dorso de mi mano por mi frente:


-Las he salvado al menos tres veces. Todo el bosque, ¿Sabes eso, verdad? -¿Qué buscas, elegido? -Nada.-levando mis manos al aire y me doy vuelta para irme, pateando el retoño más cercano ¡Nada! Nada bueno nunca pasa en el Bosque Vacilante.

*** Camino por el bosque. Camino por los campos. Recorro los terrenos de la escuela entre clases, asomándome en todos los edificios abandonados, abriendo puertas largas. A veces Watford parece tan grande en el interior como los terrenos amurallados y las tierras exteriores combinados. Hay cuartos secretos. Pasillos secretos. Alas completamente escondidas que solo se revelan si sabes el hechizo correcto o tienes el artefacto correcto. Hay un piso extra entre el segundo y el tercero del claustro. (Penny lo llama el “contenido extra”). Es un eco en el piso de arriba. Todas las mismas cosas pasan ahí, un día después. Hay un foso debajo del foso. Y hay madrigueras en las montañas. Hay tres portones secretos y solamente he logrado que uno de ellos se abriera. A veces se siente como si he pasado toda mi vida buscando el mapa o la llave que podría hacer que Watford, el mundo entero de magos, tuviera sentido. Pero todo lo que encuentro son piezas del rompecabezas. Es como si estuviera en un cuarto oscuro y solamente hay luz suficiente para ver una esquina a la vez. Pasé la mayor parte de mi quinto año recorriendo las Catacumbas debajo de la Capilla Blanca, buscando a Baz. La capilla es el centro de Watford, es el edificio más viejo. Nadie sabe si Watford comenzó como un colegio u otra cosa. Tal vez una abadía mágica. O una colonia de magos, que es lo que me gusta creer. Imagínatelo una ciudad amurallada con magos viviendo juntos, prácticamente al aire libre. Una comunidad mágica. Las catacumbas están debajo de la capilla y más allá de ella. Probablemente hay muchas maneras de bajar pero yo solo conozco una. En nuestro quinto año veía a Baz escaparse a la capilla después de la cena. Pensé que era algún tipo de plan, una conspiración. Lo seguiría a la capilla por las altas arqueadas y nunca cerradas puertas delanteras, detrás del altar, detrás del santuario y de la esquina de los poetas, por la puerta secreta y abajo hacia las catacumbas.


Las catacumbas son especialmente tenebrosas. Ágata nunca bajaría ahí conmigo y Penélope solo fue ahí conmigo la primera vez, cuando aún creía que Baz podría estar planeando algo. Paró después de algunos meses. También paró de ir a los juegos de fútbol de Baz conmigo y dejó de esperar conmigo en el pasillo afuera del balcón donde Baz toma clases de violín. Pero yo no me podía dar por vencido. No cuando todas mis pistas empezaban a tomar sentido. La sangre en las mejillas de Baz. El hecho de que él podía ver en la oscuridad (él regresaría a nuestro cuarto en la noche y se alistaría para la cama sin ni siquiera encender la luz). Después encontré una pila de ratas muertas en el sótano de la capilla, todas perforadas y usadas, como limones exprimidos. Yo estaba solo cuando finalmente lo confronté. Profundo en las catacumbas, dentro de las Tumbas de Niños. Le Tombeau des Enfants. Baz estaba sentado en la esquina, calaveras apiladas en las paredes alrededor de él: -Me encontraste- dijo él Yo ya tenía mi espada afuera: -Sabía que lo haría -¿Ahora qué?-ni siquiera se paró, solo quitó un poco de polvo de sus pantalones grises y se apoyó en los huesos. -Ahora me cuentas lo que estás planeando- dije Él se rio con eso. Baz siempre se reía de mí ese año pero esta vez le salió más plano de lo usual. Había antorchas pintando de naranja el cuarto gris pero la piel de Baz seguía siendo pálida y blanca. Ajusté mi estancia separando mis pies debajo de mis caderas y cuadrando mis hombros: -Ellos murieron en la plaga- dijo -¿Quiénes? Baz levantó su mano y yo di un respingo hacia atrás. Él levantó una ceja y extendió el brazo en un gesto señalando la habitación que nos rodea: -Ellos-dijo- Les enfants- un mechón de cabello negro cayó en su frente -¿Es por eso que estás aquí? ¿Para localizar una plaga? Baz me miró. Él tenía 16, los dos teníamos la misma edad, pero me hacía sentir como si tuviera 5. Siempre me ha hecho sentir como un niño, como si nunca llegaría a su nivel. Como si hubiera nacido sabiendo todo sobre el mundo de los magos, su mundo. Está en su ADN: -Sí, Snow.-dijo- Vine a buscar una plaga. Voy a ponerla en un vaso humeante e infectar toda Metrópolis. Cogí mi espada. Él parecía aburrido: -¿Qué haces aquí?- ordené balanceando la espada en el aire -Me siento-dijo


-No, nada de eso. Te atrapé finalmente, después de todos estos meses no me vas a contar lo que planeas -La mayoría de estudiantes murieron- dijo -Para. Para de distraerme. -Mandaron a los sanos a casa. Mi tátara-tátara-tío era el director. Él se quedó ayudando a los cuidando a los enfermos y moribundos. Su calavera está aquí también. Tal vez me podrías ayudar a encontrarla. Dicen que tengo su ceja aristócrata. -No estoy escuchando. -La magia no les ayudó- dijo Baz. Apreté mi mandíbula- No tenían un hechizo para la plaga todavía.-él continuó- No había palabras tan poderosas, con el poder correcto.- Exploté -¿Qué haces aquí? Él comenzó a cantar para el mismo: -Anillo alrededor de la rosa / un bolsillo lleno de ramilletes… -Respóndeme, Baz -Cenizas, cenizas Clavé mi espada en la pila de huesos junto a él, mandando calaveras rodando a todas partes. Baz hizo una mueca de desprecio y se sentó atrapando las calaveras con su varita: -¡Cómo estaban! -ellas se volvieron en el aire y rodaron a su lugar- Muestra un poco de respeto, Snow -dijo cortantemente y se desplomó contra la pared de nuevo -¿Qué quieres de mí? -Quiero saber lo qué vas a hacer. -Esto es lo que voy a hacer. -Sentarte en una estúpida tumba con un montón de huesos. -No son solo huesos. Son estudiantes. Y profesores. Todo el que muere en Watford es enterrado aquí. -¿Y? -¿Y? –repitió, yo gruñí. –Mira, Snow –él se paró. Era más alto que yo, siempre ha sido más alto que yo. Incluso después del verano cuando crecí tres pulgadas, juro que ese cabrón afortunado creció cuatro. –Me estuviste siguiendo. –Dijo. –Buscándome. Y ahora me encontraste. No es mi culpa si todavía no has encontrado lo que has estado buscando. -Sé lo que eres –gruñí. Sus ojos me miraron. -¿Tu compañero de cuarto? –sacudo mi cabeza y aprieto el mango de mi espada. Baz se acerca a mí. –Dime –escupe –¿Qué soy? –Gruñí de nuevo y levanté mi espada una pulgada. -¡Vampiro! –Grité. Debió haber sentido la fuerza de mi aliento en su cara. Se empezó a reír. -¿En serio? ¿Piensas que soy un vampiro? Bueno, Aleisteir Crowley, ¿qué vas a hacer al respecto? -Sacó una botella de su chaqueta y tomó un trago. No sabía que él había estado tomando, clavé mi espada en la tierra. Traté de recordarme estar siempre listo para la batalla y la volví a agarrar. -¿Clavar una estaca en el corazón? –preguntó, cayendo de nuevo en la esquina y descansando su brazo en una montaña de calaveras –¿decapitar tal vez? Eso solo


Funciona si mantienes mi cabeza separada de mi cuerpo e igual así podría caminar y mi cuerpo no pararía hasta que encontrara mi cabeza… mejor hazlo con fuego, Snow, es la única solución –quería partirlo en dos. Ahí y en ese momento por una maldita vez. Pero seguía pensando en Penélope “¿cómo sabes que es un vampiro, Simón? ¿Lo has visto tomar sangre? ¿Te ha amenazado? ¿Ha tratado de esclavizarte?“. Tal vez lo ha hecho. Tal vez es por eso que lo he estado siguiendo por seis meses. Y ahora lo tenía: -Haz algo, -dijo burlonamente. -Salva el día, Snow. O la noche. Rápido, antes de que …. Mmmm… ¿qué cosa horrible debo hacer? Es muy tarde para todo el mundo acá abajo, solo a ti puedo lastimar, ¿no es cierto? Y no creo que esté de humor para tomar tu sangre ¿qué pasaría si accidentalmente te convirtiera? Estaría atorado contigo para toda la eternidad. –Baz movió la cabeza y tomó otro trago de su botella –no creo que la no muerte te mejore, Snow. Solamente arruinaría tu complexión. –Se rio de nuevo. Sin ganas. Cerró sus ojos como si estuviera cansado. Probablemente lo estaba, yo lo estaba. Estuvimos jugando al gato y al ratón en las catacumbas todas las noches por semanas. Solté mi espada pero la dejó sin envainar y di un paso hacia atrás: -No tengo que hacer nada –dije-. Sé lo que eres. Ahora solo tengo que esperar a que cometas un error.- Hizo un gesto de dolor sin abrir los ojos. -¿En serio Snow? ¿Ese es tu plan? ¿Esperar a que yo mate a alguien? Eres el peor elegido jamás elegido. -Púdrete –dije. Lo que siempre significa que he perdido una discusión. Empecé a salir de la tumba, necesitaba hablar de esto con Penélope, necesitaba reagrupar. -Si hubiera sabido que era así de fácil deshacerse de ti, -Baz dijo detrás de mí- te hubiera dejado atraparme hace semanas –llegué a la superficie esperando que no se convirtiera en un murciélago y volara hacia mí (Penny dice que es un mito, pero igual). Podía oírlo cantar, incluso después de caminar diez minutos. “Cenizas, cenizas, todos caemos”.

*** No he vuelto a las catacumbas desde esa noche... Espero hasta que estoy bastante seguro de que todo el mundo está en la cama, con suerte dormida, entonces me escapo a la Capilla Blanca. Dos bustos custodian la puerta secreta en el Rincón de los Poetas: el más famoso de los poetas magos modernos, Carroll y Seuss. Tengo un poco de cuerda de nylon, y ato un extremo alrededor del cuello de Theodor. La puerta en sí, un panel en la pared, siempre está bloqueada y no hay ninguna clave. Pero todo lo que tienes que hacer para abrirla es poseer un genuino deseo de entrar. La mayoría de la gente simplemente no lo tiene.


La puerta se abre para mí. Y se cierra detrás de mí. El aire se vuelve más frío de inmediato. Enciendo una antorcha de la pared y elijo mi primer camino. Abajo en los sinuosos túneles de las catacumbas, utilizo cada hechizo de revelación que me sé, y cada hechizo de encontrado. ("¡Salid, salid, de dondequiera que estés! ¡Es hora de aparecer! Scooby-Dooby-Doo, ¿dónde estás?"). Llamo a Baz por su nombre completo, lo que hace que un hechizo sea más difícil de resistir. Las palabras mágicas son difíciles. A veces para revelar algo oculto, tienes que utilizar el lenguaje de aquella época escondida en la distancia en la que se crearon. Y a veces una vieja frase deja de funcionar cuando el resto del mundo está cansado de decirla. Nunca he sido bueno con las palabras. Eso es en parte porque soy algo así como un mago inútil. –Las palabras son muy poderosas –dijo la señorita Possibelf durante nuestra primera lección de Palabras Mágicas. Nadie más estaba prestando atención; ella no estaba diciendo nada que no supiera ya. Pero yo estaba tratando de guardar todo en mi memoria. –Y se vuelven más poderosas –continuó– cuanto más sean dichas y leídas y escritas, en combinaciones específicas y consistentes. –La clave para lanzar un hechizo está en aprovechar ese poder. No sólo diciendo las palabras, sino invocando su significado. Lo que significa que tienes que tener un buen vocabulario para hacer magia. Y tienes que ser capaz de improvisar sobre la marcha. Y ser lo suficientemente valiente para hablar. Y tener un buen oído para lograr un sólido desenvolvimiento de la frase. Y tienes que entender realmente lo que estás diciendo, cómo las palabras se traducen en la magia. No puedes agitar tu varita y repetir lo que le has oído a alguien decir en la esquina de la calle; eso es una buena manera de sacar accidentalmente a alguien de sus cojones. Nada de eso viene naturalmente a mí. Las palabras. El lenguaje. Hablar. No recuerdo cuando aprendí a hablar, pero sé que trataron de enviarme a especialistas. Al parecer, eso puede sucederles a los niños en la crianza, o a niños con padres que no hablan con ellos, simplemente no aprenden. Yo solía ver a un consejero y a un terapeuta del habla. –Usa tus palabras, Simón. –Me ponía tan ensangrentadamente enfermo oír eso. Era mucho más fácil simplemente coger lo que quería en lugar de pedirlo. Era mejor golpear a quienes me hacían daño, incluso si me golpeaban de regreso. Casi no hablé el primer mes que estuve en Watford. Eso fácil no era; nadie más por aquí se callaba. La Srta. Possibelf y algunos de los otros profesores se dieron cuenta y empezaron a darme clases particulares. Lecciones de cómo hablar en voz alta. A veces, el Mago se sentaba en aquellos momentos, frotándose su barba y mirando por la ventana.


Me imaginaba gritándole “¡Usa tus palabras!”. Y entonces me lo imaginaba diciéndome que había sido un error haberme traído aquí. De todos modos, todavía no soy bueno con las palabras, y soy una mierda con mi varita, así que me las arreglo con la memorización. Y con sinceridad, eso ayuda, aunque no lo creas. En caso de dudar, sólo hago lo que Penny me dice que haga. Elaboro mi camino cuidadosamente a través de las catacumbas, haciendo mi mejor esfuerzo con los hechizos que puedan hacer el trabajo por mí. Encuentro puertas ocultas dentro de puertas ocultas. Encuentro un cofre del tesoro que está roncando profundamente. Encuentro una pintura de una niña con el pelo rubio y lágrimas corriendo por sus mejillas, en realidad derramándose, como un GIF tallado en la pared. Un yo más joven se habría quedado para averiguar su historia. Un yo más joven habría convertido esto en una aventura. Sigo buscando a Baz. O alguna pista. Todas las noches me devuelvo cuando llego al final de mi cuerda.


Capítulo 18 Lucy ¿Sabías que esas paredes tienen mil años? Hay espíritus que se mueven a través de ellas, que hablan idiomas que nadie puede entender. Pero supongo que no importa. Nadie los escucha. Las paredes siguen siendo iguales que cuando yo caminaba por ellas. La Capilla. La Torre. El puente levadizo. Los lobos son nuevos. Los peces-bestias. ¿Me pregunto dónde los habrá encontrado Davy? ¿Qué hechizo lanzó para traerlos aquí? ¿Y qué cree que evitarán? –Paranoico –Mit dijo siempre–. Él piensa que todo el mundo va por él. –Creo que algunas personas realmente podrían ir a por él –argumenté. –Sólo porque él es algo así como un imbécil rencoroso –dijo ella. –Él se preocupa demasiado. –¿Por él mismo? De acuerdo. –Por todo –dije–. Él no puede dejar nada por fuera. –Lo has estado escuchando durante demasiado tiempo, Lucy. –Siento lástima por él... Y si quieres escucharlo, te darías cuenta de que lo que dice tiene sentido. ¿Por qué no pueden los duendecillos y centauros con herencia de magos venir a Watford? ¿Y por qué mi hermano tiene que quedarse en casa? ¿Sólo por no ser poderoso? –Tu hermano es un idiota –dijo–. Lo único que le importa es Def Leppard1. –Sabes lo mucho que le dolió a mi madre cuando fue rechazado. Él tiene una varita, y ni siquiera sabe cómo usarla. Mis padres casi se divorcian por eso. –Lo sé. –Suavizó Mitali–. Lo siento. Pero la escuela solamente es un poco grande. No puede tener a todo el mundo. –Podríamos hacerla más grande, eso dice Davy. O podríamos construir una nueva escuela. Imagínatelo, escuelas por todo el país para cualquier persona con magia. Ella frunció el ceño. –Pero el punto de Watford es que es la mejor. La mejor educación para los mejores magos. –¿Ese es el punto de Watford? Entonces Davy tiene razón. Es elitista. Mit suspiró. –Davy dice que estamos cada vez más débiles –dije–. Como sociedad. Que los salvajes, las cosas oscuras nos aniquilaran de la faz de la tierra y vendrán a reclamar nuestra magia. 1

Def Leppard es el creador de una banda llamada Crashdiet británica de hard rock originaria de Sheffield, Reino Unido, que iniciara su carrera a finales de los años setenta.


– ¿Te dijo que viven debajo de tu cama? –Estoy hablando en serio –dije. –Lo sé –dijo con tristeza–. Desearía que no. ¿Qué espera Davy que hagas? ¿Qué espera de cualquiera de nosotros? Me incliné hacia ella y le susurré mi respuesta: –"La Revolución".

*** He estado vagando. Tratando de encontrar mi camino hacia ti. Las paredes son las mismas. Y la Capilla. Y la Torre. Las corbatas son más delgadas. Las faldas son más cortas. Pero los colores son los mismos... No puedo dejar de sentirme orgullosa de Davy ahora, piensas que es gracioso viniendo de mí, pero no puedo evitar sentirme orgullosa de él. Él lo consiguió. Su revolución. Le abrió estas puertas a cada niño bendecido con la magia.


Capítulo 19 Simon Era casi Halloween antes de que yo finalmente hablara con el Mago. Él mismo me llama. Un petirrojo vuela hasta griego y deja caer una nota en mi escritorio. El Mago tiene a menudo un pájaro o dos aleteando a su alrededor. Petirrojos, en su mayoría. Y reyezuelos y gorriones (como Blancanieves). Prefiere lanzar Un pajarito me dijo que usar su móvil. Cuando la clase ha terminado, me dirijo hacia una dependencia en el extremo más alejado de los terrenos, en contra de la pared exterior. Hay establos detrás de ahí que se han convertido en un garaje y cuarteles. Sus Hombres están afuera, Penny dice que le parece que los Hombres del Mago serían mejores si hubiera algunas mujeres entre ellos, y ellos están reunidos alrededor de un gran camión verde que nunca he visto antes, algo así como un camión militar con paredes de lona. Uno de ellos está sosteniendo una caja de metal. Están tomando turnos para recibir la caja y examinarla. –Simón –dice el Mago, saliendo del garaje. Pone su brazo alrededor de mi hombro y me lleva lejos de la camioneta–. Aquí estás. –Hubiera venido de inmediato, señor, pero estaba en clase. Y el Minotauro dijo que habría enviado un pájaro más grande si se tratara de una emergencia. El Mago frunce el ceño. –El hechizo no funciona con aves más grandes. –Lo sé, señor. Lo siento. Él no quería escuchar. –Bien. –Él palmotea mi hombro–. No era una emergencia. Solo quería verte. Para ver cómo estás. La Srta. Possibelf me dijo sobre el ataque, los bichos, dijo que era el Humdrum. Flibbertigibbets. En la clase de Palabras Mágicas. Todo un enjambre de ellos. Yo nunca había visto un enjambre de flibbertigibbets antes. Los llamamos bichos porque son aproximadamente del tamaño de los abejorros, pero los flibbertigibbets son más como aves. Uno puede matar a un perro o a una cabra o a un grifo. Dos o tres pueden acabar con un mago. Ellos penetran en los oídos y zumban tan fuerte, que no se puede pensar. En primer lugar pierdes tu mente y luego llegan a tu cerebro, y pierdes todo lo demás. Los Flibbertigibbets no atacan a las personas, por lo general no. Pero llegaron a través de la ventana de la clase la semana pasada y me rodearon como una nube naranja de diálogo. La peor parte fue la sequedad, soportando la sensación que siempre acompaña a los ataques del Humdrum.


Todos los demás en la clase corrieron. –Se sentía como el Humdrum, señor. Pero ¿por qué iba a enviar flibbertigibbets? Son a duras penas una amenaza. –No para ti, sin duda. –El Mago se frota la barba–. Tal vez lo único que quiere es recordarnos que él está ahí fuera. ¿Con qué los golpeaste? –Muerto en el aire. –Bien hecho, Simón. –Yo... Creo que maté a algunas otras cosas, también. Ebb encontró faisanes en el campo. Y Rhys tenía un periquito... El Mago mira al petirrojo revoloteando por encima de su hombro, luego aprieta mi brazo. –Hiciste lo que tenías que hacer. Y nadie resultó herido. ¿Has visto a la enfermera? –Estoy bien, señor. –Doy un paso más cerca–. Señor. Tenía la esperanza de que…, quiero decir… ¿Ha hecho algún progreso? ¿Con el Humdrum? Veo a los Hombres ir y venir. Pero yo no. Yo podría ayudar. Penélope y yo. Podríamos ayudar. Su mano se desliza de mi hombro, y él descansa sobre su cadera. –No hay nada que reportar en ese aspecto. No hay avances, ni ataques. Sólo la ampliación constante de los agujeros. Casi desearía que el Humdrum mostrara su cara de nuevo –me estremezco ante el recuerdo de aquel rostro; el mago continúa–: para recordarle a estos tontos retrasados de lo que realmente estamos en contra. Miro por encima del hombro a la camioneta. Los hombres han estado cargando cajas junto a nosotros durante todo el tiempo en el que hemos estado hablando. –Señor, ¿le llegó mi mensaje? Él entrecierra sus ojos. –Sobre el muchacho Pitch desaparecido. –Sobre mi compañero de cuarto. Él todavía no ha regresado. El Mago se frota su barba con el dorso de su guante de cuero. –Tienes razón de estar preocupado, creo. Las Viejas Familias están cerrando filas, manteniendo a sus hijos en casa, atornillando sus puertas. Están preparándose para hacer un movimiento en contra de nosotros. – ¿Sus hijos? Empieza a recitar nombres, chicos que conozco, pero no bien. De sexto, séptimo, y octavo año. –Pero, seguramente –digo– las Familias saben que el Humdrum acabara con nosotros si no nos mantenemos unidos. Él es más poderoso que nunca. –Tal vez eso es parte de su plan –dice el Mago–. He dejado de intentar de entender a esta gente. Ellos se preocupan más por su propia riqueza y poder que por nuestro mundo. A veces pienso que sacrificarían cualquier cosa con tal de verme caer... –¿Cómo puedo ayudar, señor?


–Siendo cuidadoso, Simón. –Él pone su mano en mi brazo de nuevo y se vuelve hacia mí–. Me voy de nuevo en un par de horas. Pero tenía la esperanza, a la luz de este nuevo ataque, de que podría convencerte de hacer caso a mis palabras. Vete de aquí, Simón. Deja que te lleve al paraíso del que te hablé, lo más lejano que yo puedo llevarte del peligro. Doy un paso atrás. –Pero fueron solo flibbertigibbets, señor. –Esta vez. –No. Señor. Se lo dije... Estoy bien aquí. Estoy perfectamente seguro. – ¡Nunca estás a salvo! –Dice, y lo dice con tanta fuerza, que casi parece una amenaza–. La seguridad, la estabilidad, es una ilusión. Es un dios falso, Simón. Se aferra a una balsa que se hunde en lugar de aprender a nadar. –¡Entonces puedo también estar aquí! –digo. Demasiado alto. Uno de los hombres del Mago, Stephen, me mira. Mi voz cae–: Si ningún lugar es seguro, puedo también quedarme aquí. Con mis amigos. O puedo también luchar, puedo ayudarlo. Cerramos los ojos, y lo veo saciarse con decepción y pena. –Sé que podrías, Simón. Pero la situación es muy delicada en estos momentos... Él no tiene que terminar. Sé lo que quiere decir. El Mago no necesita una bomba. No envías bombas en misiones de reconocimiento o las invitas a reuniones de estrategia. Tienes que esperar hasta que te has quedado sin opciones, entonces las dejas caer. Yo asiento con la cabeza. Luego me alejo de él, caminando de vuelta hacia el corazón de los terrenos. Puedo sentir a sus Hombres mirándome. Son sólo uno o dos años mayor que yo. No me gusta que ellos piensen que son aún más viejos, que se sientan tan importantes. Odio los pantalones de color verde oscuro que llevan, y las estrellas de oro en sus mangas. –¡Simón! –Grita el Mago. Yo aplano mi expresión, y luego vuelvo. Él está levantando una mano para protegerse sus ojos del sol. Me regala una rara sonrisa. Una pequeña. –El Humdrum puede ser más poderoso que nunca, pero tú eres más poderoso que nunca, también. Recuerda eso. Asiento con la cabeza y lo veo caminar de vuelta al garaje. Voy tarde para reunirme con Penélope.


Capítulo 20 Penélope Estamos estudiando en las colinas, a pesar de que hace frío, ya que a Simón no le gusta practicar donde cualquiera pueda verlo. Él tiene su trenca2 gris y una bufanda de la escuela de rayas verde-en-verde, y yo debo de tener los pantalones desgastados debido a que el viento sopla a través de mis medias grises. Es casi Samhain3, el Velo se cerrará pronto, y la tía Beryl no ha mostrado un pelo. –¡Es lo que es! –Dice Simón, apuntando su varita a una pequeña roca sentada en el tocón de un árbol. La roca tiembla, luego colapsa en un montón de polvo–. No puedo decir si el hechizo está funcionando –dice– o si sólo estoy destruyendo cosas. Todos los estudiantes de octavo año están encargándose de la creación de un nuevo hechizo para el final del año, encontrando un nuevo giro en el lenguaje que gane poder o en uno viejo que se haya pasado por alto, y luego encontrar la manera de aplicarlo. Los mejores hechizos nuevos son prácticos y duraderos. Las frases suelen ser una mierda; la gente mundana se cansa de decirlos, entonces solo siguen adelante. (Los hechizos van mal de esa manera, expiran justo cuando los lanzamos). Las canciones son inciertas por la misma razón. Realmente casi nunca lo hace un estudiante de Watford, crear un hechizo que se afiance. Pero mi madre tan sólo estaba en séptimo año cuando trabajó en ¡La dama no está girando!, y sigue siendo un hechizo muy útil en combate, especialmente para las mujeres. (Mamá está un poco avergonzada por eso, creo. De tener un hechizo que se enseña en talleres de la Ofensiva del Mago). Simón ha estado tratando una nueva frase todas las semanas desde el inicio del plazo. Su corazón no está en ella, y yo realmente no lo culpo. Incluso los hechizos de intentado-yverdadero pifiaron en su varita. Y a veces cuando arroja las metáforas, suceden brutalmente literales. Como cuando lanzó Pelo del perro en Agatha hace seis años para ayudarla a superar

2

Abrigo de lana tupida, corto, con capucha, canesú y bolsillos en el frente con tapa, que se abrocha pasando unas piezas alargadas de madera o hueso por unas presillas. 3 Halloween.


una resaca, y en su lugar, la cubrió con pelo de perro. Creo que esa fue la última vez que Simón apuntó con su varita a una persona. Y la última vez que Agatha tomó una bebida. Él barre los escombros fuera del tocón y se sienta, empujando su varita en su bolsillo. –Baz no es el único que está perdido. – ¿Qué quieres decir? –Señalo con mi varita algunas piezas de ajedrez que he puesto en el suelo–. ¡El juego comienza! El alfil se cae. Lo intento de nuevo. – ¡El juego está en marcha! No pasa nada. –Esta frase tiene que ser buena para algo –digo–. Es Shakespeare más Sherlock Holmes. –El Mago me dijo que las Viejas Familias han estado sacando a sus hijos fuera de la escuela – dice Simón–. Dos chicos de séptimo año no han vuelto. Y Marcus, el primo de Baz, se ha ido. No está más que en sexto año. –¿Cuál es Marcus? –En forma. Mechones rubios en el pelo. El centrocampista. Me encojo de hombros y me agacho para recoger las piezas de ajedrez. Estoy siendo bastante literal conmigo misma en este momento, porque he intentado todo lo demás con esta frase. Me siento como que podría ser un hechizo de buen comienzo, un catalizador... – ¿Sólo son chicos los que no han vuelto? –Pregunto. –Eh –dice Simón–. No sé. El Mago no me dijo. –Él es como machista. –Niego con la cabeza–. Marcus, ¿fue él quien quedó atrapado en un montacargas cuando estábamos en cuarto año? –Sí. –Uno que se ha unido al otro lado, ¿eh? Bien, mira como tiemblo. –El Mago piensa que las Familias se están preparando para alguna gran huelga. – ¿Qué quiere que hagamos al respecto? –Nada –dice Simón. Deslizo las piezas de ajedrez en mi bolsillo. –¿Qué quieres decir? –Bueno, él todavía quiere que me vaya… Tengo que fruncir el ceño, porque Simón levanta las cejas y dice: –Lo sé, Penny, no me voy a ninguna parte. Pero si me quedo aquí, entonces él quiere que mantenga el perfil bajo. Él quiere que mantengamos el perfil bajo. Él dice que sus Hombres están trabajando en ello, y es delicado. –Umm. –Me siento al lado de Simón en el tocón del árbol. Tengo que admitir que, de cierto modo, me encanta la idea de mantener el perfil bajo, y dejar que el mago se encargue de su loco


negocio sin nosotros, por una vez. Pero no me gusta que me digan que debo mantener el perfil bajo. Tampoco a Simón–. ¿Crees que Baz está con estos otros chicos? –Pregunto. –Tiene sentido, ¿no?

Yo no digo nada. Realmente, realmente odio hablar con Simón sobre Baz. Es como hablar con el Sombrerero Loco sobre el té. Odio tener que alentarlo. Él golpea alguna corteza del tocón con la parte de atrás de su talón. Me apoyo en él, porque tengo frío y él siempre está caliente. Y porque me gusta recordarle que no le tengo miedo. –Tiene sentido –dice.


Capítulo 21. El Mago. Libros. Artefactos. Joyería encantada. Muebles encantados. Garras de mono, patas de conejo, gnomes’ gnoses … Tomamos todo. Aunque sepa que eso es inútil para mí. Este ejercicio tiene más de un objetivo. Es bueno recordarles a las Antiguas Familias que todavía estoy dirigiendo este espectáculo. Esta escuela. Este reino. Y no hay ninguno de ellos que pudiera hacerlo mejor. Ellos me llaman un fracaso porque el Humdrum todavía anda por ahí, robando nuestra magia, fregando nuestra tierra limpia -¿pero quién de ellos podría representar una amenaza? Quizás Natasha Grimm-Pitch habría podido poner al Humdrum en su lugar –pero ella se fue hace mucho tiempo, y ninguno de sus amigos y parientes tienen siquiera una pizca de su talento. Envío a mis Hombres a tomar los tesoros de mis enemigos, para atacar sus librerías. Les muestro que incluso un niño con la cara roja en mi uniforme tiene más poder de lo que ellos tendrán en este nuevo mundo. Les muestro que sus nombres no valen nada. Pero aun… No encuentro lo que necesito. No encuentro ninguna respuesta real. Todavía no puedo arreglarlo. El Mago más Grande es ahora nuestra última esperanza. Pero nuestro Mago más Grande es fundamentalmente defectuoso. Agrietado. Roto. Simon Snow es ese Mago; Lo sé. Nadie como él ha caminado por nuestra tierra jamás. Pero Simon Snow –mi Simon- todavía no puede soportar su poder. El todavía no puede controlarlo. Él es la única embarcación lo suficiente grande para sostenerlo, pero él está agrietado. Él está comprometido. Él es… Solo un niño.


Tiene que haber una manera –un hechizo, un encanto, un token- que pueda ayudarlo. ¡Somos Magos! Las únicas criaturas mágicas que pueden manejar y dar forma al poder. En algún lugar de nuestro mundo, hay una respuesta para Simon. (Un ritual. Una receta. Una rima) Así no es cómo funcionan las profecías… Así no es como las historias se desarrollan… Incompleta. Si hay una grieta en Simon, entonces hay una manera de repararlo. Y la vamos a encontrar.


Capítulo 22. Simon. Estoy reprobando griego, creo. Y estoy perdido en Ciencias Políticas. Agatha y yo nos metemos en una pelea acerca de ir a su casa por el descanso de medio tiempo: No quiero dejar Watford, y no creo que ella realmente quiera que vaya a su casa con ella. Pero ella quiere que yo quiera. O algo. Dejo de llevar mi cruz y la pongo en una caja debajo de mi cama… Mi cuello se siente más ligero, pero mi cabeza se siente llena de piedras. Sería de gran ayuda si pudiera dormir, pero no puedo, y realmente no tengo que hacerlo. Yo solo puedo seguir adelante en breves siestas y magia. Sigo teniendo que patear a Penny fuera de mi habitación, así ella no se puede dar cuenta de cómo paso mi noches. —Pero nadie está usando la cama de Baz — argumenta. —Nadie está usando tu cama — le digo. —Trixie y Keris juntan las camas cuando no estoy allí, es probable que haya polvo de pixie por todos lados. —No es mi problema, Penny. —Todos mis problemas son tus problemas, Simon. — ¿Por qué? — ¡Porque todos tus problemas son mis problemas! — ¡Ve a tu cuarto! —Simon, por favor. —Ve. Podrías ser expulsada. —Solo si me atrapan. —Ve. Cuando Penny finalmente se va, yo también. Me doy por vencido en las Catacumbas y comienzo a frecuentar las murallas en su lugar.


Realmente no espero encontrar a Baz aquí -¿Dónde se ocultaría? Pero por lo menos siento como que lo veré venir. Además me gusta el viento. Y las estrellas. Nunca me pongo a ver las estrellas durante el verano; no importa en qué ciudad termine, siempre hay demasiadas luces. Hay una torre de vigilancia allá fuera con un pequeño rincón, con un banco y un techo. Veo a los Hombres del Mago yendo y viniendo toda la noche en su camión militar. A veces me quedo dormido.

* * * —Te ves cansado — dice Penny en el desayuno. (Huevos fritos. Champiñones fritos. Frijoles al horno y pudin negro. ) —También — Ella se inclina sobre la mesa. —hay una hoja en tu cabello. —Hmmm. —Sigo comiendo el desayuno. Habrá tiempo para una segunda porción antes de clases, si me apuro. Penny alcanza mi cabello otra vez, luego mira a Agatha y aleja su mano. Agatha siempre ha estado celosa de Penny y yo, no importa cuántas veces le digo que no es de esa manera. (Realmente no es de esa manera.) Pero parece que Agatha nos está ignorando a ambos. De nuevo. Todavía. No hemos pasado ningún tiempo a solas desde nuestra pelea. Honestamente, ha sido un alivio. Es una persona menos preguntándome si estoy bien. Pongo mi mano en su pierna y la aprieto, y ella se vuelve hacia mí, sonriendo con la mitad inferior de su rostro. —Correcto —dice Penny. —Nos vamos a reunir esta noche en la habitación de Simon. Después de la cena. — ¿Una reunión acerca de qué? —pregunto. — ¡Estrategia! — susurra Penny. Agatha despierta. — ¿Estrategia de qué? —Sobre todo —dice Penélope. —Sobre el Humdrum. Sobre las Antiguas Familias. Acerca de en lo que realmente andan los Hombres del Mago. Estoy cansada de no hacer nada. ¿No se sienten como que estamos siendo dejados a un lado? —No —dice Agatha. — Me siento como que deberíamos estar agradecidos por algo de paz. Penny suspira. —Eso es lo que yo también pensaba, pero estoy preocupada de que estemos siendo arrullados. Intencionalmente arrullados. Agatha niega con la cabeza. —Estas preocupada de que alguien quiera que estemos felices y cómodos. — ¡Si! —Penélope dice, apuñando el aire con su tenedor. —Dios nos libre, — dice Agatha. —Deberíamos estar en el plan —dice Penélope. —Lo que sea que sea. Siempre hemos estado en el plan, incluso cuando éramos niños. Y ahora somos adultos. ¿Por qué el Mago nos esta marginando?


— ¿Crees que el Mago nos está arrullando? — pregunta Agatha. — ¿O lo está haciendo el Humdrum? ¿O tal vez Baz? — Ella está siendo sarcástica, pero Penny o bien no se da cuenta o pretende que no lo hace. —Si —dice Penny, y apuñala el aire otra vez, como si estuviera asegurándose de que está muerto. — ¡Todo lo anterior! Espero que Agatha discuta un poco más, pero ella solamente sacude su cabeza –sacude su cabello de maíz – y pone unos huevos en su tostada. Ella no luce feliz o cómoda. Ella tiene el ceño fruncido, y sus ojos are cansados y no creo que ella este usando maquillaje. —Te ves cansada — le digo, sintiéndome mal de apenas darme cuenta. Ella se inclina contra mí por un momento, luego se sienta recta de nuevo. —Estoy bien, Simon. —Ambos se ven cansados —Penny declara. —Tal vez tienen trastorno de estrés post-traumático. Tal vez no están acostumbrados a tanta paz y tranquilidad. Aprieto la pierna de Agatha otra vez, luego me levanto para conseguir más huevos, tostadas y champiñones. —Arrullado —oigo a Penny diciendo.


Capítulo 23 Penélope Fue una matanza traerlos hasta aquí arriba, y Agatha sigue quejándose: —Penélope, esta es una casa de chicos. Nos expulsarán. —Bueno, el daño ya está hecho —digo, sentándome en el escritorio de Simon—. Es posible que te atrapen sin importar si te vas ahora o más tarde, por lo tanto deberías quedarte. —No te atraparán —dice Simon, tirándose en su cama—. Penny viene todo el tiempo. A Agatha no le agrada nada escuchar esto. (La ignoro; si es tan idiota como para creer que Simon y yo nos gustamos de esa forma después de todos estos años, nada que diga podrá sacarla de eso y no voy a perder mi tiempo intentándolo.) Ella deliberadamente se sienta tan lejos de nosotros a como le es posible, aunque eso significa que tiene que sentarse en la cama de Baz. Entonces se da cuenta de lo que ha hecho, y parece querer saltar fuera de la cama. Sus ojos buscan frenéticamente alrededor de la habitación, como si el mismo Baz fuera a caminar fuera del baño. Simon se ve igual de paranoico. Qué par de tontos. —Todavía no sé por qué estamos teniendo esta reunión —dice Agatha. —Para repasar lo que sabemos —le digo, buscando materiales alrededor de la habitación—. Esto sería más fácil si tuviéramos un pizarrón... Levanto mi varita y conjuro un ¡Ves lo que digo! y empiezo a escribir en el aire: Lo que

sabemos... —Nada —dice Agatha—. Se levanta la sesión. La ignoro. —A mi parecer, siempre hay tres cosas de las que tenemos que preocuparnos. 1., escribo, El Humdrum. —¿Qué sabemos sobre el Humdrum? —Que luce como yo —dice Simon, intentando seguirme. Agatha no se ve sorprendida por esta información; Simon de seguro ya le ha contado lo que sucedió—. Y que quiere algo de mí — continúa Simon—, por eso está detrás de mí. —Y sabemos que ha estado en silencio —digo—. No ha habido más que murmullos desde Junio. Agatha se cruza de brazos. —Pero el Humdrum sigue allí afuera comiéndose la magia, ¿no es así? —Sí —reconozco—, pero no tanta como antes. Miré a mi papá el fin de semana y me dijo que los agujeros se están esparciendo con más lentitud de lo usual. —Añado esto a mis notas.


—No sabemos si se come la magia —dice Simon—. No sabemos con exactitud lo que el Humdrum hace con la magia. —Prosigamos con lo que sí sabemos... —le digo, y escribo, 2. La Guerra con las Familias

Antiguas. —No lo llamaría una «guerra» —dice Agatha. —Pero han habido refriegas, ¿sí? —dice Simon—. Y duelos. Agatha resopla. —Bueno, uno no puede simplemente entrar a la casa de alguien demandando revisar su ático sin esperar que hayan unos cuantos duelos. Simon y yo nos giramos hacia a ella al mismo tiempo. —¿A qué te refieres? —le pregunto. —El Mago —responde Agatha—. He escuchado a Madre hablando con sus amigas del club. Él ha estado allanando casas de magos en busca de magia oscura. Nunca había escuchado de esto. —¿Ha allanado tu casa? —No lo haría —dice Agatha—. Mi padre es miembro del Aquelarre. —¿Qué clase de magia oscura? —pregunta Simon. —Probablemente cualquier cosa que pueda ser usada como un arma —dice Agatha. —Cualquier cosa puede ser usado como un arma —replica Simon. Añado a mis notas: allanamientos, magia oscura, duelos. —Y sabemos que las Familias Antiguas han mantenido a algunos de sus hijos lejos de Watford —añade Simon. —Podría tratarse de una coincidencia —le digo—. Deberíamos hacer un poco trabajo de campo... tal vez los chicos desaparecidos solo se fueron a la universidad. —O tal vez solo se han hartado de ser tratados como villanos —dice Agatha. —O tal vez —dice Simon—, ya se han unido a un ejército. Añado a mis notas: Aliados de Pitch abandonando la escuela. Simon se pone nervioso. —¿Qué hay de Baz? Agatha arrastra su mano por el colchón. —Ya llegáremos a eso —les digo—. Mantengámonos enfocados en lo que sabemos. Simon sigue insistiendo. —Miss Possibelf cree que él sí está desaparecido. Dijo que su papá sonaba bastante asustado. Suspiro y añado una tercera columna: 3. Baz. Pero no hay nada que escribir debajo. —Yo sigo sin creer que sea una guerra —insiste Agatha—. Son solo políticas, como en el mundo Normal. El Mago tiene poder, y las Familias Antiguas quieren tener ese poder de regreso. Se quejarán y romperán tratos y harán fiestas... —No es solo política. —Simon se inclina sobre ella, apuntándola—. Es el bien contra el mal. Agatha rueda los ojos. —Pero el otro lado también dice eso.


—¿Es eso lo que dice Baz? —pregunta él. Yo intento intervenir. —Simon. —No es solo política —repite—. Es el bien. Contra el mal. Nuestras vidas dependen de ello. Si las Familias Antiguas se salieran con la suya, yo ni siquiera estuviera aquí. No me dejarían entrar a Watford. —Pero eso no era personal, Simon —dice Agatha—. Era porque eres un Normal. —¿Cómo es que soy un Normal? —Él lanza sus manos al aire—. Soy el mago más poderoso del que nadie haya escuchado nunca. —Ya sabes a lo que me refiero —replica Agatha, y está siendo sincera, creo—. Nunca ha habido Normales en Watford. Ella tiene razón, pero me pregunto de quién lo está repitiendo. —Fui profetizado —dice Simon, escuchándose patéticamente a la defensiva. Intento maquinar una manera de cambiar el tema. Simon fue profetizado. O alguien lo fue. Una y otra vez. El mago más poderoso que jamás haya caminado sobre la faz de la Tierra vendría, y él (o ella) supuestamente llegaría cuando el Mundo de Magos más lo necesitara. Y Simon había aparecido. El Humdrum estaba devorando nuestra magia, el Mago y las Familias Antiguas se agarraban como perros y gatos—y entonces Simon llegó. Él vino con su poder e iluminó el firmamento mágico como una tormenta eléctrica. Muchos magos pueden recordar dónde estuvieron exactamente ese día. (Yo no, sin embargo. Tenía tan solo 11 años.) Mi mamá estaba dando clases. Ella dijo que se sintió como si tocara directamente un cable pelado y sintiera la electricidad golpearla desde adentro. Magia cruda, flamante, abrasadora... La magia de Simon todavía se siente así. Nunca se lo he dicho, pero es horrible. Solo estar de pie junto a él cuando su magia se dispara es como recibir un toque. Tus músculos se sienten molidos después, y tu cabello huele a humo. A veces el poder de Simon seduce a otros magos; lo pueden sentir, y quieren estar más cerca. Pero cualquiera que haya estado cerca de Simon durante mucho tiempo pasa de sentirse seducido. Una vez, su magia se disparó mientras intentaba protegernos a mí y a Agatha de un clan de tejones quejones —como tejones ordinarios, pero peores— y Agatha pasó con los nervios de punta por una semana. Le dijo a Simon que había agarrado un resfriado, para que no se sintiera mal. Agatha es menos tolerable al poder de Simon que yo; probablemente porque ella no posee tanto poder. También podría ser que su magia no es compatible. Eso puede pasar algunas veces, incluso cuando dos personas están enamoradas. Hay una vieja historia, una tragedia romántica, acerca de dos enamorados cuya magia los volvió locos... No creo que Simon y Agatha estén enamorados.


Pero no es mi trabajo decirles. (Y además, ya lo he intentado.) De todos modos, Mamá dice que cuando el Mago trajo a Simon de regreso a Watford, era como si estuviera embaucando a todo el Mundo de Magos. Aquí está el salvador del que han estado

hablando durante siglos. Incluso la gente que no creía se sentía indispuesta a decirlo en voz alta. Y nadie podía negar el poder de Simon. Ellos sí trataron de mantenerlo lejos de Watford. El Mago tuvo que convertirlo en su heredero para que así pudiera entrar a Watford—y para hacer que entrara al Libro de la Magia. Aún hay un montón de gente que no acepta a Simon, incluso entre los aliados del Mago. «Se requiere de algo más que solo magia para ser un mago» es lo que siempre ha dicho Baz. Suena como una idiotez clasista, pero de alguna manera, es verdad: Los unicornios tienen magia. Los vampiros tienen algún tipo de magia. Los dragones, los Numpties, los Merwolves—todos tienen magia. Pero no eres un mago a menos que puedas controlar la magia, a menos que puedas hablar el lenguaje de la magia. Y Simon... Bueno. Simon. Ahora, él se levanta y camina hacia la ventana, abriéndola por completo y sentándose en el alféizar. Su varita está a medio caérsele, así que la saca de su bolsillo trasero y la tira sobre su cama. No. 4, escribo en el aire, El Mago. —Entonces sabemos que los Hombres del Mago están allanando casas... —digo—. Y, Simon, ¿no habías dicho que los viste guardando cosas en los establos? Podríamos dar un vistazo por ahí. Me ignora, observando el exterior desde la ventana. —Agatha —digo—. ¿Qué más has escuchado en casa? —No lo sé —dice, frunciendo el ceño y jugando con el ruedo de su falda—. Padre ha tenido muchas reuniones de emergencia con el Aquelarre. Madre tuvo que decirle que ya no las hicieran en casa. Ella cree que nuestros vecinos Normales podrían sospechar. —Muy bien —digo—, quizás deberíamos avanzar con las preguntas, entonces. ¿Qué es lo que no sabemos? Empiezo a escribir una nueva columna en el aire, pero Agatha se pone de pie y empieza a caminar hacia la puerta. —De verdad tengo que estudiar. —Agatha. —Intento detenerla—. Espera, ¡te atraparán si te vas sola! Pero ella ya ha salido por la puerta. Simon exhala ruidosamente y se pasa una mano por el cabello, alborotando los rizos rubios de su cabeza. —Iré a caminar —dice, marchando hacia la puerta, dejando su varita en su cama. Una parte de mí medio espera que vaya detrás de ella, pero no creo que lo haga. Suspiro, luego me siento en su cama y releo nuestra escasa lista. Antes de irme, soplo mis palabras por la ventana con un Limpia el aire.


Capítulo 24 Agatha No sé qué es lo que estoy esperando. Que él me vea aquí de pie en la muralla, con mi cabello azotándome el rostro y mi vestido revoloteando a mí alrededor... Y luego, ¿qué? ¿Que signifique algo para él? Que me vea aquí arriba, esperando por él, y que me vea por primera vez, que piense: «Ahí está mi respuesta». Y luego me aflojaría mis listones y los ataría a su muñeca o su pierna. Y, Morgana, ¿qué significaría todo aquello, de todos modos? Algo. Algo nuevo. Yo sé que Basil, no lo sé... piensa en mí. O, al menos, pensaba en mí. Sé que él solía observarme. Especialmente cuando estaba con Simon. Sé que siempre ha odiado lo que Simon y yo tenemos. Que lo ha deseado. Que haría cualquier cosa para separarnos. Baz siempre estaba allí, interrumpiéndonos cuando estábamos juntos. Atrayéndome lejos de Simon, luego simplemente atrayéndome. Desapareciendo. Huyendo. Le seguía el juego a veces... tal vez debería agradecerle a Baz por nunca hacer comentarios sobre mi fanfarronería. Porque tal vez no era fanfarronería. Tal vez sí me iría con Baz. Lo seguí al bosque aquel día; todavía no sé en qué estaba pensando. Quiero decir, Yo sé quién es Baz. Sé lo que es. No puedo romper con Simon por un vampiro Conservador, mis padres me repudiarían. Y ni siquiera sé qué implicaría eso. ¿Tendría que ser malvada? ¿Tendría que mezclar veneno en las bebidas de otras personas? ¿Practicar magia oscura? ¿O solo tendría que sentarme junto a un chico diferente en una mesa diferente...? ¿Ser hermosa en el otro costado de la habitación? Contrastaríamos como el oro y la oscuridad. Ambos pálidos como la nieve. Tal vez no tendría que ser malvada... pero Baz no esperaría que fuera buena, siempre tan buena. Y probablemente viva para siempre. Camino por el terraplén, en la noche, con mi vestido blanco y mi capa hasta la rodilla. La noche se está volviendo fría. Puedo sentir mis mejillas sonrojándose. Tal vez él me vería aquí arriba antes que yo lo viera a él. Tal vez él me desearía. Y yo también sabría lo que deseo.


Capítulo 25. Lucy. Seguiré intentándolo Seguiré llamando. Sé que este es tu lugar.


Capítulo 26. Simón Al principio, cuando la veo de pie a lado de las murallas, creo que ella es un fantasma. Un Visitante. Ella es pálida y lleva un fluido vestido blanco, y su cabello blanco esta suelto y vuela alrededor de su cabeza… pero todo el mundo que ha llegado a través del Velo llevaba puesto la ropa en la que murieron -no el estereotipo de ropa de fantasma. No reconocí a la dama blanca en las murallas como Agatha hasta que esta se sobresalta y se vuelve hacia mí. Ella debe haberme oído mientras sacaba mi espada. Inmediatamente la guarde cuando vi que era ella. –Oh – Dije – Oye. Pensé que estabas estudiando. Ya no me siento enojado con ella. Ahora que estamos de pie en el aire fresco, y he tenido tiempo para aclarar mi mente. –Estaba estudiando – Ella dijo – Entonces me sentí con ganas de salir a caminar. –Yo también – Estoy mintiendo de nuevo. Juro que normalmente no miento y les guardo secretos a mis amigos como esto. Es solo -No puedo decirles que estoy aquí afuera buscando a Baz. Quiero decir, no quiero volver a hablar nunca con Agatha sobre Baz, por obvias razones, y Penélope simplemente no quiere oírlo. Después de nuestro quinto año, Penny decidió que no estaba permitido hablar de Baz, a menos que el presente un claro y presente peligro–No puedes quejarte de él cada vez que te saca de quicio, Simón. Eso significaría que nunca dejarías de quejarte. – ¿Por qué no puedo? – Le pregunte – Tú te quejas acerca de tu compañero de cuarto. –No constantemente. - Lo suficientemente constantemente – ¿Qué tal esto? –tu puedes hablarme de Baz cuando el presente un claro y presente peligro. Y, más allá de eso: no más del 10 por ciento del total de nuestra conversación. –No voy a hacer cálculos cada vez que hable contigo sobre Baz. –Entonces err opta por no quejarte de él constantemente. Ella sigue sin tener paciencia para eso, a pesar de que yo estaba completamente correcto sobre Baz ese año – él estaba tramando algo. Aún más allá de su habitual merodeó alrededor, siendo un vampiro. Aquella primavera, Baz intento robar mi voz. Eso es la peor cosa que tú le puedes hacer a un mago- tal vez peor que el asesinato; un mago no puede hacer magia sin palabras. (No por lo general, de todos modos)


Sucedió afuera en el césped: Yo había visto a Baz escabullirse hacia afuera sobre el puente levadizo en la oscuridad, y fui tras él. Lo seguí hasta las puertas principales, y luego él se detuvo y se volvió hacia mí, todo casual, con las manos en sus bolsillos –como si supiera que yo estaba detrás de él todo el tiempo. Yo estaba a punto de iniciar algo con el cuándo Philippa corrió detrás de mí, diciendo, – ¡Hola, Simon! – En su vocecita chillona. Pero tan pronto como dijo mi nombre, no podía parar. Ella chillo monstruosamente, como si una vida de palabras hubieran sido arrancadas de ella. Sé que Baz lo hizo. Sé que el hizo algo. Lo vi en sus ojos cuando Philippa se quedó muda. Philippa fue enviada lejos. El Mago me dijo que ella tendría su voz de vuelta, que no era permanente, pero ella nunca regreso a Watford. Me pregunto si Baz todavía se siente culpable. Mi pregunto si alguna vez lo hizo. Ahora él también se ha ido. Cuando me doy cuenta de Agatha otra vez, ella está temblando. Me desabrocho mi abrigo gris, deslizando los botones de cuernos a través de los bucles de cordón. –Aquí – digo, deslizando el abrigo hacia afuera. –No –dice ella – Estoy bien. Le tiendo el abrigo de todos modos. –No, está bien. No –Simon. Quédate con tu abrigo. Bajo los brazos. No parece correcto ponerme el abrigo de nuevo, así que la doblo sobre un brazo. No sé qué más decir. Esta es la mayor cantidad de tiempo que Agatha y yo hemos estado solos desde el inicio del año escolar. Ni siquiera la he besado desde que hemos vuelto. Probablemente debería besarla… Me extiendo y tomo su mano –pero me moví demasiado rápido, porque ella parece sorprendida. Sus manos se abren, y algo se cae. Me arrodillo, recogiéndolo antes que se mueva lejos. Es un pañuelo. Sé que es el pañuelo de Baz antes de haber visto sus iniciales bordadas en la esquina, a lado del escudo de armas (llamas, la luna, tres halcones) Sé que es suyo porque él es la única persona que conozco que lleva pañuelos anticuados. El dejo caer uno en mi cama, sarcásticamente, cuando estábamos en primer año, la primera vez que me hizo llorar. Agatha trata de sacar el pañuelo de mi mano, pero no lo suelto. Rompo su agarre y me alejo de ella. – ¿Qué es esto? – Pregunto, sosteniéndolo en alto. (Los dos sabemos lo que es) – ¿Tu estas –tu estas esperando por él? ¿Vas a reunirte con el aquí? ¿El viene? Sus ojos son grandes y brillantes. –No. Por supuesto que no.


– ¿Cómo puedes decir ‘Por supuesto que no’ cuando estás aquí, obviamente pensando en él, sosteniendo su pañuelo? Ella se cruza de brazos. –Tú no sabes lo que estoy pensando. –Tienes razón, no lo sé, Agatha. Realmente no lo sé. ¿Es aquí a dónde vienes todas las noches? ¿Cuándo nos dices que estas estudiando? –Simón… – ¡Contéstame! – Aquello sale como una orden. Sale empapada en magia, algo que no debería ser posible –porque esas no son palabras mágicas, eso no es un hechizo. El hechizo para forzar la honestidad es La verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad. –pero yo nunca lo he usado, es un hechizo avanzado, y uno restringido. Sin embargo, veo la coacción en el rostro de Agatha. –No – digo, empujando la magia en mi voz – Tú no tienes que hacerlo. Su cara se cae de la coacción a la repugnancia. Ella se aleja de mí. –No fue mi intención hacer eso – le digo – Agatha. No quería. Pero tú – Lanzo mis brazos hacia arriba. – ¿Qué estás haciendo aquí? – ¿Qué pasa si estoy esperando a Baz? – Ella lo escupe, sabiendo que me va a golpear. Lo hace. – ¿Por qué lo harías? Se vuelve hacia la pared de piedra. –No sé, Simón. – ¿Lo estás esperando? El viento está en su cabello, haciéndolo elevarse tras ella. –No – dice ella –No estoy esperando. No tengo ninguna razón para creer que él va a venir. –Pero tú quieres. Ella se encoge de hombros. – ¿Qué está mal contigo, Agatha? – Estoy tratando de controlar mi temperamento ahora –Él es un monstruo. Un monstruo real. –Todos somos monstruos. – dice ella. Eso quiere decir que yo lo soy. Trato de no sucumbir a la rabia que se acumula en mis piernas. – ¿Me estas engañando? ¿Con Baz? ¿Ahora estas con él? –No. – ¿Quisieras estar con él? Ella suspira, y se inclina hacia adelante en las piedras ásperas. –No lo sé. – ¿No quieres decirme alguna otra cosa? ¿Cómo, ‘Lo siento’? ¿No quieres arreglar esto? Ella me mira por encima de su hombro. – ¿Arreglar que, Simón –nuestra relación? – Ella se vuelve hacia mí de nuevo – ¿Cuál es nuestra relación? ¿Soy solo yo disponible cuando necesitas una cita para el baile? ¿Y llorando de alegría cada vez que regresas de la muerte? Porque todavía hago eso por ti. Todavía puedo hacer todo eso. Incluso si no estamos juntos. Su perfecta barbilla rosa es empujada hacia adelante y comienza a temblar. Sus brazos todavía están cruzados.


–Tú eres mi chica, Agatha – digo. –No. Penélope es tu chica. –Tú eres mí… Sus brazos cayeron. – ¿Qué Simón, que soy? Paso mi mano por mi cabello y aprieto los dientes. – ¡Tú eres mi futuro! El rostro de Agatha es desencajado y bañado en lágrimas. Aun encantadora, sin embargo. – ¿Y se supone que quiero eso? – ella pregunta. –Yo lo quiero. –Tú únicamente quieres un final feliz. –Merlín, Agatha, ¿tú no? – ¡No! ¡Yo no! Quiero ser alguien en este momento, Simon, no sus felices para siempre. No quiero ser el premio al final. La cosa que obtienes si tú derrotas a todos los jefes. –Estar enredándolo todo. Lo estás haciendo feo. Ella se encoge de hombros otra vez. –Tal vez. –Agatha… – Sostengo mi mano hacia ella. La que no está sosteniendo el pañuelo de Baz. – Podemos arreglar esto. –Probablemente – dice ella – Pero no quiero. No puedo pensar en que más decir. Agatha no me puede dejar. Ella no me puede dejar por él. Oh, el amaría eso –el amaría tener eso sobre mí. Maldita sea todo, el ni siquiera está aquí para tener eso sobre mí. –Te amo, Agatha – le digo, creyendo que podría funcionar. Aquellas palabras son prácticamente magia por si solas. Las digo una vez más –Te amo. Agatha cierra los ojos para no mirarme. Ella gira su cara lejos. –Yo también te amo, Simón. Creo que es por eso por lo que continúe con esto por tanto tiempo. –No quieres decir eso. – le digo. –Lo hago, –ella dice. – Por favor no pelees conmigo. –No me puedes dejar por él. Ella mira hacia mí una vez más. – No te estoy dejando por Baz, Simón. Él se fue. Es solo que ya no quiero estar contigo. No quiero cabalgar contigo hacia el atardecer… Ese no es mi todo feliz. Yo no discuto con ella. No me quedo afuera en las murallas. Mis mejillas están calientes y con comezón, y eso siempre es una mala señal. Me apresuro pasando a Agatha a las escaleras, y corro por ellas rápidamente así que me salto algunas y sigo subiendo hasta que encuentro la otra. Y entonces yo solo estoy flotando por las escaleras. Cayendo sin realmente caer. Nunca he hecho esto antes, y es raro.


Hago una nota para decirle a Penny, después una nota para no decirle a ella, pero de cualquier manera corro hacia los Claustros porque no quiero volver a mi habitación vacía, y el puente levadizo se ha ido y no se ha donde más ir. Estoy bajo la ventana de Penny y pienso en como simplemente podría llamarle si el Mago no hubiera prohibido los teléfonos en Watford hace dos años. Todavía me siento caliente. Trato de sacudir un poco de la magia fuera de mí, y algunas chispas se enganchan en las hojas secas debajo de mí. Las tiro lejos. Me pregunto si Agatha aun esta en las murallas – No puedo creer que ella me dijo lo que me dijo. Por un momento, me pregunto si ella ha sido poseída. Pero sus ojos no eran todos negros. (¿Eran sus ojos negros? Estaba demasiado oscuro para ver) Ella no me puede dejar así. Ella no me puede dejar. Estábamos fijos. Estábamos destinados. Éramos el final de todo. (Si yo conseguía un final) (Tú tienes que pretender que tú tienes un final. Tú tienes que seguir como si lo tuvieras; de otra manera, tú no puedes seguir en lo absoluto) Les gusto a los padres de Agatha. Incluso ellos podrían amarme. Su papa me llama "hijo". No como "Pienso en ti como mi hijo, " pero más como "¿Cómo estas, hijo?” Como si fuera un hijo. El tipo de persona que podría ser el hijo de alguien. Y su madre dice que soy guapo. Eso es realmente todo lo que su madre me decía. “¿No luces

guapo, Simón? " ¿Qué le va a decir ella a Baz? “¿No luces guapo, Basil? Por favor, no mates a mi familia con tus

espantosos colmillos” El padre de Agatha, el doctor Wellbelove, odia las Pitches. Él dice que son crueles y elitistas. Ellos trataron de mantener fuera a su abuelo de Watford a causa de balbucear. Joder, no puedo –yo solo. No puedo. Me recuesto contra un árbol y pongo mis manos en mis muslos, dejando que mi cabeza caiga hacia adelante y mi magia corra a través de mí. Cuando miro abajo a mis piernas, es como si no tuviera fronteras. Como si yo fuera borroso en los bordes. Tengo que arreglar esto. Con Agatha. Voy a decir lo que sea que ella quiere que diga. Voy a matar a Baz, por lo que él no será más una opción. Le diré, voy a hacer que ella cambie de opinión - ¿Cómo ella puede decir que no hay tal cosa como los finales felices? Eso es todo por lo que he estado trabajando. El final feliz es cuando las casas van a empezar para mí. Tengo que arreglar esto. – ¿Está todo bien ahí, Simon? – Es Rhys. El viene a lo largo de la ruta de acceso a la biblioteca en su silla de ruedas.


Miro hacia arriba. –Todo bien. Hola. – No estoy bien. Mi cara esta enrojecida, y creo que estoy llorando. ¿Mis bordes se ven borrosos para él? Él se apresura más allá de mí. Dejo que Rhys tenga la delantera, y luego lo sigo de vuelta a Mummers House. Debería dormir… Me aseguro de que mi poder se apaga, - que no voy a prender la cama con fuego – entonces me duermo. Y mañana, lo voy a arreglar.


Capítulo 27. Simon. Esta vez, no estaba durmiendo cuando escuche los ruidos. Solo estaba acostado en mi cama pensando en Baz. ¿Qué le dijo el a Agatha? ¿Qué promesa el hizo? Tal vez él no tenía que decirle nada. Tal vez el solo tenía que ser el mismo. Más inteligente que yo. Más atractivo.– él podría ir a todos los eventos de Agatha y vestir el traje correcto y los zapatos correctos. El sabría que corbata usar en cada mes del año. Si el no fuera un vampiro, Baz seria malditamente perfecto. Malditamente perfecto. Me doy la vuelta y entierro mi cara en mi almohada. Entonces hay un crujido, y un viento frio. Trato de ignorarlo. He sido engañado por este sentimiento antes. No hay nadie aquí. Nadie en la ventana, nadie en la puerta. El frio se mete por mi pijama, jalo las cobijas, girando sobre mi espaldaY veo a una mujer de pie al final de mi cama. La reconozco. Es la misma persona que estaba en la ventana aquella noche. Y ahora la reconozco como una Visitante; he visto lo suficiente de ellos. Ella ha venido desde detrás del Velo. –Tú no eres el – Ella me dice. Su voz es fría -realmente fría, como que se adentra en mi huesos y fríamente se vuelca a través de toda mi piel – y muy débil. Quiero llamar a mi espada, pero no lo hago. – ¿Quién eres tú? – Le digo. –Yo sigo viniendo. Este es su lugar. Aquí es donde me llaman. Pero solo estas tú aquí… Ella es alta y está vistiendo ropas formales, como un abogado o un profesor, y su cabello oscuro está recogido en un moño grueso. A pesar de que ella es translucida, puedo ver que sus ropas son de color rojo, que su piel es oliva oscuro, y que sus ojos son grises. La reconozco por el retrato afuera de la oficina del MagoNatasha Pitch, la última directora de Watford. – ¿Dónde está el? – Pregunta – ¿Dónde está mi hijo? –No lo sé –Le respondo.

– ¿Le hiciste daño? –No.

–No puedes mentirle a los muertos. –Yo no quiero hacerlo. Ella mira su cama vacía, y su tristeza es tan intensa que en aquel momento, yo haría cualquier cosa para traerlo de vuelta con ella (Haría cualquier cosa por traerlo de vuelta)


–El velo se está cerrando. Serán veinte años antes de que pueda ver a mi hijo de nuevo. – Ella se vuelve hacia mí y se empuja hacia adelante. Ella está empezando a desvanecerse. Todos se desvanecen; Penélope dice que ellos no pueden permanecer por mucho tiempo, dos minutos como máximo. –Tú tendrás que hacerlo. – ¿Hacer qué? – Ella es tan fría, no puedo soportar tenerla tan cerca de mí. Ella extiende sus manos y toma mis hombros- sus manos como el hielo, su aliento un frio doloroso en mi cara. –Dile a mi hijo –Dice ella con fiereza – Dile a él que mi asesino camina- Nicodemus sabe. Dile a

Basilton que encuentre a Nico y me traiga paz. ¿Lo entiendes? –Si –Le digo –Encontrar a Nico… –Nicodemus. Díselo. –Lo hare, –Le digo –Se lo diré. Su cara se cae –Mi hijo, – Ella dice, con lágrimas reuniéndose en sus ojos. –Dale esto. – Ella se inclina hacia adelante y presiona un beso en mi sien. Nunca nadie me ha besado ahí. Nunca nadie me ha besado en cualquier lugar que no sea la boca. –Mi hijo, – Dice, y suena como un susurro, pero creo que es un grito- creo que ella se acaba de desvanecer. Me acuesto en la cama, temblando, después de que ella se fue. La habitación está muy fría. Debería hacer un fuego, pero no quiero abrir los ojos. Me debo haber quedado dormido, porque el frio me despierta de nuevo, una nueva ola de ello, en la profundidad de la noche. Cuelga como una nube de frio sobre mi cama, luego se filtra en mí, tocándome, acunándome. –Mi hijo, mi hijo – Escucho. No hay figura en esta ocasión, solo el frio está en todas partes. Y la voz es más alta y más delgada, un grito en el viento. –Mi hijo, mi hijo. Mi capullo de rosa. Yo nunca te habría dejado. Él me dijo que éramos

estrellas. –Le diré – Le digo. Lo grito – ¡Le diré! Solo quiero que ella se vaya. –Simon, Simon…. Mi capullo de rosa Cierro mis ojos y me cubro con las mantas. Pero el frio esta sobre mí, el frio está en mí. – ¡Se lo diré! Si Baz alguna vez regresa, lo hare.


Capítulo 28. Simon. No puedo esperar para salir de mi habitación en la mañana. Corro por la puerta con mi corbata colgando alrededor de mi cuello y mi suéter arrojado encima de mi hombro. No tengo planes de regresar. Nunca. No hay lugar para mí ahí entre todos esos fantasmas. Dejare que la madre de Baz pase el rato con su cama vacía; estoy cansado de verlo. Tengo que decirle a Penny lo que paso. Ella estará decepcionada de que yo no perforara al fantasma con preguntas. –Siento lo de su hijo perdido, Señora Pitch, pero desde que Baz no está

aquí, bien podemos utilizar ese tiempo para avanzar en la ciencia mágica… Penny ya tiene té y tostadas en nuestra mesa cuando llegue ahí. Agarro un plato de pescado ahumado con huevos revueltos. –Tenemos que hablar – Digo, dejándome caer en una silla enfrente de ella. –Está bien – dice ella – Pensé que me harías golpearte para sacártelo. – ¿Ya lo sabes? ¿Cómo lo sabes? –Bueno, sé que algo paso. Agatha está sentada sola, y ella ni siquiera me mira. – ¿Agatha? –Levanto la vista. Agatha sentada sola en el otro lado del comedor, leyendo un libro mientras come cereal. – ¿Y? – Penny pregunta – ¿Es esto sobre mí durmiendo en tu habitación? Porque puedo hablar con ella sobre eso. –No – Digo – No… nosotros terminamos. Penny estaba a punto de tomar un bocado de su pan tostado, pero ella se detiene a mitad del camino– ¿Tu terminaste con ella? ¿Por qué? –No lo sé. Creo que ella está enamorada de Baz. –Eso me recuerda algo. Estoy usando los mismos pantalones que ayer. Meto una mano en el bolsillo y encuentro su pañuelo. –Oh –Penélope dice – Creo que sabría que esto pasaría. Quiero decirEmpujo mi cara hacia adelante. – ¿Sabrías que pasaría? ¿Cómo sabrías que esto pasaría? ¿Mi novia enamorándose de mi enemigo de toda la vida? ¿Mi novia, que es buena, enamorándose de mi enemigo, que es completamente malvado? –Bueno, su relación ha tenido mejores… años, Simon. Tú y Agatha, ambos, se veían como si solo estuvieran siguiendo la rutina. – ¿Y ‘la rutina’ incluye a ella engañándome con Baz? – ¿Ella te engañaba?


–No lo sé. Penny suspira. Como si ella sintiera lastima por mí. Ella es insoportablemente protectora a veces. –Agatha no está realmente enamorada de Baz. Ella solamente está buscando por algo que se quede. Es romántico estar enamorada de un vampiro muerto. – ¿Muerto? –Sabes lo que quiero decir – Penny dice –Desaparecido. Seriamente desaparecido. ¿Estaba Baz muerto? ¿No lo sabría su madre si así fuera? ¿No lo habría visto ella detrás del Velo? Tal vez la muerte es un lugar muy grande. (Tendría que ser) Tal vez ella estaba buscando a Baz aquí porque ella no lo había visto todavía en el otro lado. Revuelvo mis huevos un par de veces y luego dejo caer el tenedor. En todo esto, nunca he considerado realmente que Baz podría estar muerto. Oculto, si – confabulando. Tal vez incluso secuestrado o lastimado, pero… no muerto. El prometió hacer mi vida miserable. Cuando las puertas del comedor se abrieron, es casi como si yo lo hubiera hecho, como si lo hubiera convocado. El aire frio se cuela en la habitación. Afuera es brillante, en el patio, y al principio, todo lo que podemos ver es la silueta de una persona. Esto ha sucedido tantas veces desde que la escuela empezó que nadie está asustado ahora, ni siquiera los pequeños. Cuando la figura se adelanta, le reconozco al instante. Alto. Pelo negro peinado hacia atrás de su frente. Labios curvados en una mueca de desprecio… Conozco esa cara también como la mía. Baz. Me pongo de pie demasiado rápido, tirando mi silla. Al otro lado de la habitación, una taza cae al suelo y se rompe – miro hacia allá y veo que Agatha también está de pie. Baz da pasos hacia nosotros.

Baz.


Segunda parte


Capítulo 29 Baz Es innecesariamente grandioso usar un Ábrete Sésamo en las puertas, pero lo hago de todas maneras porque sé que todos estarán en la sala, y también tengo que hacer una entrada. Lo quiero de esta manera. Quiero ser la primera persona en contar la noticia de que estoy de vuelta. Snow es el primero en reaccionar-se pone de pie, manda los muebles volando. Es muy difícil no voltear los ojos. (Es un poco trabajoso no mirarlo. Él es delgado. Y estirado. Normalmente, ya debería haber vuelto a un peso normal.) Dev y Niall, benditos, actúan como si hubiera llegado ocho minutos tarde al desayuno, en lugar de ocho semanas. Dev, le da un codazo a Niall, y Niall me da una mirada aburrida, luego mueva el tazón del té de mi lugar, el cual dejaron vacío. Buenos hombres. Camino hacia la mesa de servir y me hago un plato. Pretendo que no estoy ferozmente hambriento. (Me siento como si ahora siempre fuera a tener hambre.) Snow sigue de pie. Su entrometida ayudante está jalando su manga, intentando hacer que se siente. Él debería escucharla. Esperen, ¿Qué es este?... ¿Dónde está Wellbelove en este lindo retrato? Escaneo el cuarto sin girar la cabeza. Hay esta, sentada al otro lado del cuarto -¿Problemas en el paraíso?-Mirándome. Todos me están mirando. Pero me doy cuenta que Wellbelove está esperando algo extra de mí, así que se lo doy. Un larga y fría mirada. Deja que piense lo que quiera dé eso; lo hará de todas maneras. Me siento en la mesa, y Dev me pone una taza de Té. -Baz,-dice, sonriendo. -Caballeros,-Digo. -¿De qué me he perdido?-


Capítulo 30 Baz Snow se levanta de nuevo cuando entro a nuestro salón de griego. Tomo asiento sin mirar en su dirección. –Es suficiente Snow, no soy la Reina.El no responde-Aun debe estar trabajando en una bravata. Snow Brama como nadie. ¡Pero! ¡Yo! ¡Me refiero! ¡Um! ¡Es solo que! No es de preguntarse porque no puede soltar un hechizo completo. El Minotauro se cruza de brazos y resopla cuando me ve. –MR. Pitch,- Dice. –Veo que decidió unírsenos. -Lo he hecho, Señor. -Debemos discutir sus planes para ponerse al corriente-Claro, Señor. Aunque creo que se dará cuenta que aun voy un poco adelantado de la clase; mi madre siempre insistía en que trabajara en griego y latín durante el verano.- Es bueno mencionar a mi madre con otros profesores. Todos aun la recuerdan –puedo ver como sus cabezas se empiezan a inclinar en una reverencia. El Minotauro trabajaba en los campos cuando mi madre era directora; las creaturas no eran permitidas para enseñar en ese entonces. Lo reto a que utilice eso en mi contra. Los reto a malditamente todos. -Lo veremos,- Dice, entrecerrando sus ojos de vaca. No estoy mintiendo. El griego no será un problema para mí –y estaré bien en latín, Palabras Mágicas y Declamación. Ciencias Políticas puede ser una molestia, dependiendo de que tanto hayan avanzado. Igual Historia y Astrología. Me tendré que romper la espalda para quedar de primero otra vez, y no me imagino que el Entrenador Mac me deje entrar de nuevo en el equipo… Tal vez me dieran un respiro si les dijera que fui secuestrado. No le voy a decir a nadie nunca que fui secuestrado. Secuestrado. Y por malditas Numpties, tras del hecho. Las Numpties son como Trolls, pero mucho más asquerosas. Son grandes y estúpidas y siempre tienen frio. Van por ahí envueltas en sabanas y vestidos si os tienen, si no, se cubren a ellas mismas en hojas y periódicos viejos. Normalmente viven bajo los puentes. Porqué les gusta vivir bajos los puentes. Y son solo lo suficientemente inteligentes para golpearte la cabeza con un garrote y arrastrarte hasta su cuchitril, si ellas ganan algo con ello.


La tía Fiona estaba encantada cuando me entro en una guarida de Numpties. Me regaño todo el camino de vuelta a casa y todo el camino de vuelta a Wadfort. Me hizo sentar en el asiento de atrás de su MG (Del ’67. Glorioso) “el asiento del frente es para personas que nunca han sido secuestradas por malditas Numpties. Por Dios, Baz” (A la tía Fiona le gusta maldecir como un Normal. Ella cree que es punk) Me podía dar cuenta que esta mitad disgustaba conmigo, mitad aliviada de que aun estuviera vivo. Había estado atrapado debajo de ese puente por seis semana, en un ataúd – y no creo que las Numpties estuviera tratando de torturarme. Pienso que creían que era un tratamiento humanitario para un vampiro. Incluso me traían sangre. (Decidí no pensar de donde la habían sacado) ellos no me traían comida. La mayoría de las personas no se dan cuenta de que un vampiro necesita ambas. La mayoría de las personas sabe una mierda acerca de los vampiros… Yo sé una mierda acerca de los vampiros. No es como si me hubieran dado un folleto de instrucciones cuando me mordieron. Las Numpties me mantuvieron en un ataúd por seis semanas y cada día o algo, me tiraban un poco de sangre. (En un vaso plástico de treinta y dos onzas con una pajilla que se doblaba.) Puedo durar sin comer más que una persona normal; pero estaba bastante arruinado cuando Fiona me encontró. Afortunadamente, mi tía es absolutamente una chica mal. Ella se deshizo de las Numpties antes de encontrar mi ataúd; luego me bombardeo con magia de curación. “¡Acostarse temprano, levantarse temprano!” seguía susurrando. Y “¡Mejórate Pronto!” (Me recordó del día en el que fui Convertido –Fiona y mi padre me golpeaba con magia de curación que arreglo las marcas de la mordida y los moretones pero no toco los cambios que ya estaban sucediendo dentro de mí.) Estaba un débil cuando Fiona me ayudo a salir del ataúd. -¿Estás bien?- Pregunto. -Hambriento. Sediento. Ella pateo una Numpty muerta –cuando morían parecían piedra gigantes, grandes pilas de moho y materia gris. -¿Puedes beber de una de estas?Me burle. –No.- la sangre de Numpty es pantanosa y salda, definitivamente no potable. Probablemente por eso las enviaron tras de mí. -Te llevo a McDonald’s.- Ella dijo. -Llévame a la escuela. Fiona me compro tres Big Macs, y yo me acabe la primera de dos mordiscos –y se devolvió. Ella detuvo el auto a un lado de la carretera para dejarme vomitar. –Estas dañado, Basil. Te voy a llevar a casa.-Es septiembre, llévame a la escuela. -Es octubre, te voy a llevar a casa para que descanses.


-¿Es octubre? Llévame a la escuela Fiona. Ahora.- Me limpie la boca con mi camiseta. Aun tenia mis tenis blancos –Las Numpties me habían atrapado afuera del club; mi ropa estaba manchada de cada manera imaginable y ahora recientemente vomitadas. Fiona sacudió la cabeza. –La escuela no importa ahora, chico. Estamos en medio de la guerra. -Siempre estamos en medio de la guerra. Llévame de vuelta a Wadfort – estaría destrozado si Bunce acaba nuestro último año en el primer lugar de la clase. -Baz, todo es diferente ahora. Has sido secuestrado. Y mantenido por rescate. Me apoye en el auto. -¿es por no que las Numpties no me mataron? ¿Porque pagaste el rescate?-Mierda, no. Pitches nunca han pagado rescates y no vamos a empezar ahora. -Soy el único heredero vivo. -eso es lo que dijo tu padre. Él quería pagar. Le dije que sabía que mi hermana había tocado fondo cuando se casó con un Grimm, pero no lo iba a dejar quitarnos más de nuestro orgullo. Sin ofender, Basil.- Me tendió otra Big Mac –Intenta de nuevo. Más despacio. Le di un mordisco. -¿Por qué me secuestraron? Pregunte por encima de tres capas de pan y carne de res. -dijeron que querían dinero. Que querían varitas. -¿Para qué iban a querer varitas las Numpties? -¡Ellas no las querían! La pregunta es quien las contrato. O quien se las gano… no sé cómo consigues que una Numpties haga tu trabajo; tal vez solo les traes botellas de agua caliente. Ellas seguían llamándonos de tu celular, hasta que se descargó. Tu padre pensó que ellas te habían llevado y luego tratar de pensar que hacer contigo. Pero todo esto me huele a El Mago. No le bastó con quitarnos el puesto; él quiere todo lo que nos hace poderosos. -¿Tú piensas que El mago me mando secuestrar? ¿El director de mi escuela? -El Mago es capaz de cualquier cosa- ella dijo. ¿Tú no lo crees? Yo si lo creo. Pero Fiona culpa de todo a El Mago. Así que es difícil tomarla en serio, incluso cuando ella acabo de asesinar a alguien para salvarte la vida. Más que nada, en ese momento, estaba pensando en acostarme. -Oh.-Dijo Fiona. –Toma.- Saco mi varita –Marfil pulido con la empuñadura en cuero- de su gigante cartera y la metió en el bolsillo de mi short. La saque. –Así que,- Dijo ella. –Obviamente, no vas a volver a la escuela, justo a las garras de ese bastardo. -Claro que lo voy a hacer. -Basilton.- Nombre completo, todas las tres silabas. -Él no va a molestarme en la escuela,- argumente, -No con todo el mundo viendo. -Baz, tenemos que ponernos serios. Él está atacando a nuestra familia de nuevo, directamente. -Estoy serio. Soy más valioso como un espía que como un soldado, de todas formas –Eso es lo que siempre han dicho las Familias. -Eso era lo que decíamos cuando eras un niño pequeño. Ahora eres un hombre.


-Soy un estudiante,-Dije. -¿Qué crees que diría mi madre si supiera que me estas sacando de la escuela? Fiona resoplo y sacudió la cabeza. Aun seguíamos de pie a un lado de la carretera. Ella abrió la puerta del auto para mí. –Súbete, canalla manipulador. -Solo si me llevas a Wadfort. -te voy a llevar a casa primero. Tu padre y Daphne quieren verte. -y luego a Wadfort. Me empujó hacia el auto. –Jesús. Sí. Si aún quieres ir. Claro que aun quiero ir a Wadfort… … Una vez que haya visto a mi padre. Una vez que mi madrastra haya llorado sobre mí. Una vez que haya dormido doce horas bajo una nueva barrera de hechizos de curación. Me quede en cama quince días. Todos trataron de convencerme de que me quedar más tiempo. Incluso Vera, mi vieja niñera fue traída para aplicar un poco de culpa. (Vera es Normal. Ella racionaliza toda nuestra extrañeza pretendiendo que estamos en la mafia. Mi padre hechiza su inocencia cada vez que es mucho para ella.) Pero después de dos semanas, me levante de la cama, empaque mis maletas y fui a sentarme en el asiento delantero del auto de Fiona. -Lo robare si es necesario- Grite a la carretera. – ¡O robare un bus! No había manera en la que no fuera a la escuela- este es mi último año. Ultimo año es la torre. Ultimo año en el terreno de juego. Ultimo año de atormentar a Snow antes de que nuestro antagonismo se convirtiera es algo más permanente y menos entretenido. Mi último año en Wadfort, el último lugar donde vi a mi madre… Yo iba a regresar, maldita sea. La tía Fiona salió en sus pesadas botas Doc Martens (cliché) y abrió mi puerta. -Asiento de atrás-Ella dijo. –El asiento delantero es para la gente que no ha sido secuestrada por malditas Numpties.

*** Pedo sentir a Snow mirándome durante todo Griego, realmente sentirlo. Esta tan alterado, su magia esta por todos lados. A veces cuando se pone así, me tiento a empujarlo a un lado “Respira profundo Snow. Déjalo ir.

Un poco de ello, antes de que empieces otro incendio. Cualquier cosa que te preocupe, esto no ayudara” Nunca lo hago. Empujarlo a un lado. O persuadirlo. En lugar de eso solo lo molesto hasta que explota. Eso es lo que Snow hace mejor. El no planea o ataca –El solo explota, y cuando lo hace, se lleva todo lo que esté en su camino.


El mismo es mitad Numpty. El Mago le da guantes y sabanas y él explota en cualquier dirección que El Mago lo apunta. Yo lo he visto. Probablemente lo he visto más veces que nadie excepto Bunce… La forma en la que Snow empieza a desenfocarse y a brillar. Como un motor de reacción. La forma en la chispas se revientan y hay una erupción en su aura. Las luces se reflejan en su cabello, y sus pupilas se contraen hasta que sus ojos son azul oscuro. El usualmente está sosteniendo su espada, así que hay es donde empiezan las llamas –azotándose alrededor de sus manos y muñecas, lamiendo la espada. Lo vuelve loco. Su cerebro se detiene, yo creo, en el momento en el que empieza a balancearse. Eventualmente el poder sale de él en ondas. Planas y ennegrecidas olas. Es mucho más poder del que el resto de nosotros tenemos. Más poder del que podemos imaginarlos. Saliendo de él como si fuera una tasa que se dejó bajo una cascada. He visto como sucede e cerca, de pie justo a su lado. Si Snow sabe que estás ahí, te escuda. No sé cómo lo hace, incluso no sé por qué. Es solo como si él, enserio, usara el poco control que tiene para proteger a las demás personas. El Minotauro está zumbando ahora. Conjugando verbos que se desde que tenía 11. Puedo sentir los ojos de Snow en la parte de atrás de mi cabeza. Puedo oler su magia. Ahumada, pegajosa. Como madera verde en una fogata. Las personas sentadas alrededor de nosotros se están volviendo estúpidas y borrachas por ella. Veo a Bunce tratando de sacudírsela –Ella lo está mirando. Él me está mirando a mí. Giro mi cabeza solo lo suficiente para que él vea mi labio levantándose.


Capítulo 31 Simón Voy directo a la habitación tan pronto acaban las lecciones, pro Baz no está ahí. Su roba esta en su guardarropa. Su cama está hecha. Sus botellas y tubos están de vuelta en el baño. Abro la ventana a pesar de que esta congelando; me he sobrecalentado todo el día. Penélope prácticamente tuvo que contenerme en el desayuno. Quería precipitarme dónde vas y exigir saber dónde había estado. Quería- creo que solo quería asegurarme de que realmente era él. Me refiero…es obviamente él. Baz está de vuelta. Baz está vivo. O tan vivo como puede estar. Se veía horrible hoy, incluso más pálido que de costumbre. Esta más delgado que de costumbre, también, y hay algo diferente en la forma en la que se mueve –un arrastre. Como si tuviera piedras de diferentes pesos atadas a cada pierna. Yo solo quería atropellarlo y derribarlo y darme cuenta de todo por mí mismo. Que está mal con él. Donde había estado… Espero en nuestro cuarto hasta la cena, pero Baz no vuelve. Luego me ignora en el comedor. También ignora a Agatha. (Ella lo está mirando tanto como yo, pero no creo que este preocupada de que él haya vuelto a asesinarla) ella está sentada sola en una mesa y no puedo decidir si eso me pone triste o molesto. Si haga misma me pone triste o molesto. O que se supone que debo estar sintiendo por ella. No puedo pensar ahora. -Estaba pensado que podríamos estudiar en la biblioteca esta noche- Penny dice en la cena, como si yo no estuviera literalmente humeante. -Voy a tener que hablar con él en algún momento,- Digo. -No, no tienes,- Ella dice. – de todas formas, ¿Cuando ustedes dos hablan? -Voy a tener que enfrentarlo. Ella se inclina sobre su tarta de cabaña. –Eso es lo que me preocupa Simón. Tienes que calmarte primero. -Estoy calmado. -Simón. Tú nunca estas calmado. -Eso duele, Penny. -No debería. Es una de las razones por las que te amo.


-Yo solo…Necesito saber dónde ha estado… -Bueno, él no va a decirte. -Tal vez me diga algo sin intención de hacerlo, en el proceso de no decirme. ¿Qué es lo que está haciendo? Parece que hubiera estado en alguna prisión de horror americana. -Tal vez ha estado enfermo. Maldición, no había pensado en eso. Cada escenario en el que pensé tenía a Baz escondido, conspirando en algún lugar. Tal vez había estado enfermo y conspirando. -no importa cuál sea la verdad,- Dice Penny. –No te va a ayudar ponerte a pelear con él. -No lo hare. -Simón, lo harás. Cada año. Tan pronto como lo ves. Y yo solo creo que esta vez no deberías. Algo está pasando. Alga peor que Baz. El Mago prácticamente ha desaparecido, y Premal ha estado en alguna misión secreta durante semanas – mi mama dice que dejo de devolverle los mensajes. -¿Está preocupada por él? -Ella siempre está preocupada por Premal. -¿Estas tu preocupada por él? Penny mira hacia abajo. –Sí. -Lo lamento -¿Deberíamos buscarlo?Me devuelve la mirada con firmeza. –Mama dice que no. Ella dice que debemos esperar y prestar atención. Pienso que ella y papa están preguntando por ahí, encubierto, y no quiere que nosotros atraigamos mucha atención a ellos. Por lo que tú tienes que calmarte. Solo –mantén los ojos abiertos. Observa. No voltees ningún mueble o mates nada. -Tú siempre dices eso.- Suspiro. -Pero cuando se trata de nosotros o ellos, quieres que mate algo. -Tú nunca quieres matar, Simón. -Nunca siento que tenga otra opción. -Lo se.- Ella me sonríe. Tristemente. –No mates a Baz esta noche. -No lo hare. Pero probablemente voy a tener que matarlo algún día, y los dos lo sabemos.

Penélope me deja irme a mi cuarto luego de la cena, y no trata de seguirme, ella está atrapada con Trixie y su novia ahora que Baz ha vuelto. “–Las personas Gays tiene una ventaja injusta.” Ella se queja. -Solo cuando se trata de visitar a su compañeros de cuarto- Digo. Ella es lo suficientemente decente para no discutir.


Estoy nervioso cuando llego a la cima de las escaleras. Aun no sé lo que le voy a decir. –Nada.Oigo a Penny en mi cabeza. –Haz tu tarea y ve a dormir. Como si fuera tan fácil. Compartir habitación con la persona que más odias es como compartir habitación con una sirena. (Del tipo que hay en los autos de la policía, no del tipo que te atrapa cuando cruzas el canal ingles) no puedes ignorar a esa persona y nunca te acostumbras a ella. Nunca deja de ser doloroso. Baz y yo hemos pasado siete años haciendo muecas y gruñéndole al otro. (El haciendo muecas y yo gruñendo) los dos nos mantenemos tan alejados de la habitación como podemos cuando sabemos que el otro está ahí, y cuando no nos podemos evitar, hacemos lo mejor por no hacer contacto visual. Yo no hablo con él. No hablo enfrente de él. Nunca dejo que vea algo que pueda contarle a la perra de su tía, Fiona. Yo trato de no llamar perra a las mujeres, pero la tía de Baz, Fiona, una vez me hechizo los pies a la tierra. Yo sé que fue ella; la oí decir ¡Defiende tu Posición! Y la he atrapado dos veces intentado colarse a la oficina de El Mago. –Es la oficina de mi

hermana,- Ella dijo. –solo me gusta visitarla a veces. Ella pudo haber estado diciendo la verdad. O tal vez estaba intentado destituir a El Mago. Y ese era el problema con todos los Pitches y sus aliados –es imposible saber cuándo están planeado algo y cuando están siendo normales. Ha habido años cuando he creído que puedo saber su plan si presto mucha atención a Baz. (Quinto año) y años en los que decidí que vivir con él era castigo suficiente, que no podía también mantenerme pendiente de él. (El año pasado) En los primeros días, no había estrategias o decisión. Solo los dos forcejeando en los pasillos y pateándonos el trasero dos o tres veces al año. Solía rogarle a El Mago por un compañero de cuarto nuevo, pero así no es como funciona. El Crisol nos emparejo a Baz y a mí en el primer día de escuela. Todos los de primer año son emparejados de esa manera. El Mago prende un fuego en el patio, los de último año ayudan y los peques hacen un círculo alrededor. El Mago coloca el Crisol – es un crisol de verdad, tal vez la cosa más vieja en Wadfort- en la mitad del fuego y dice el encantamiento; luego todos esperan que el hierro que hay dentro se empiece a derretir. Es el sentimiento más extraño cuando la magia empieza a funcionar dentro de ti. Yo estaba preocupado de que no funcionara en mí – Porque yo era un intruso. Todos los otros niños se empezaron amover hacia el otro, y yo seguía sin sentir nada. Pensé en fingirlo pero no quería ser atrapado. Y luego si sentí la magia, como un gancho en mi estómago.


Me tropecé hacia adelante y mire a mi alrededor, y Baz estaba caminando hacia mí. Viéndose tan calmado. Como si estuviera viniendo hacia mí porque quería no porque hubiera un imán mágico en su interior. La magia no para hasta que tú y tu compañero se dan la mano –Yo saque mi mano hacia Baz inmediatamente. Pero él solo se quedó ahí de pie lo máximo que puedo. No se cómo resistió el jalón; sentía como si mis intestinos se fueran a salir y a envolver alrededor de él. -Snow,-él dijo. -Sí,- dije, moviendo mí mano.-Aquí. -El heredero de El Mago. Asentí, pero ni siquiera sabía lo que significaba eso en ese entonces. El Mago me hizo su heredero para que yo tuviera un lugar en Wadfort. También por eso es que tengo su espada. Es un arma histórica, era dada al heredero de El Mago, antes cuando el título de Mago se pasaba en la familia en lugar de ser designado por el Aquelarre. El Mago me dio también una varita –hueso con mango de madera, era de su padre- para que yo tuviera mi propio instrumento mágico. Tienes que tener magia dentro de ti, y una forma de sacarla; ese es el requerimiento básico para Wadfort y el requerimiento básico para ser un mago. Cada mago hereda algún artefacto mágico. Baz tiene una varita, como yo; todo los Pitches trabajan con varitas. Pero Penny tiene un anillo. Y Gareth tiene una hebilla de cinturón (es bastante inconveniente –él tiene que levantar su pelvis cada vez que quiere hacer un hechizo. El parece creer que es guay, pero nadie más lo hace) Penélope cree que mi varita de segunda mano es parte de la razón por la que no funciona mi magia –Mi varita no está ligada a mí por sangre. No sabe que hacer conmigo. Después de siete años en el Mundo de los Magos, sigo buscando primero a mi espada; sé que vendrá cuando la llame. Mi varita viene, pero la mitad del tiempo, está muerta. La primera vez que le pedí a El Mago un nuevo compañero fue unos meses después de que Baz y yo empezáramos a vivir juntos. El Mago no quería escuchar del tema –aunque supiera quien era Baz y supiera mejor que yo que los Pitches eran serpientes y traidores. -Ser emparejado con tu compañero es una tradición sagrada en Wadfort-Él dijo. Su voz era gentil pero firme. –El Crisol los emparejo juntos, Simón. Deben proteger al otro, conocer al otro tan bien como si fueran hermanos. -Sí, pero señor…- estaba sentado en la gran silla de cuero en su oficina, la que tiene tres cuernos en la punta. –El Crisol debía haber cometido un error. Mi compañero es un completo estúpido. Incluso puede ser malvado. La semana pasada embrujo mi laptop para que se quedara cerrada, y sé que fue él. Estaba prácticamente cacareando. El Mago sol se sentó en su escritorio, acariciando su barba. –El Crisol los emparejo juntos, Simón. Debes cuidar de él.


Él siempre me daba la misma respuesta hasta que me canse de preguntar. Incluso dijo que no la vez que hubo pruebas de que Baz quiso alimentarme a una quimera. Baz lo admitió, luego argumento de que el hecho de que hubiera fallado era castigo suficiente. ¡Y El Mago estuvo de acuerdo con el! A veces El Mago no tiene sentido para mi… Fue en los últimos años que me di cuenta que El Mago me hace quedar con Baz para mantener a Baz bajo su control. Lo que significa –espero- que El Mago confía en mí. Piensa que soy digno del trabajo. Decidí tomar una ducha y afeitarme mientras Baz no está. Solo me corte dos veces, que es mejor que de costumbre. Cuando salgo, usando pantalones de pijama de franela y una toalla alrededor del cuello, Baz está en su cama, desempacando la maleta de la escuela. Levanta la cabeza, y su cara esta toda retorcida. Parece que ya le he afectado. -¿Qué estás haciendo?-gruñe entre los dientes. -Tomando una ducha. ¿Cuál es tu problema? -Tu.- dice, tirando su maleta al piso. –Siempre eres tú. -Hola, Baz. Bienvenido de vuelta. El mira lejos de mí. -¿Dónde está tu collar?- Su voz es baja. -¿Mí qué? No puedo ver su rostro completo, pero esta aparentando la mandíbula. -Tu cruzMi mano vuela hacia mi garganta y luego a los cortes en mis mejillas. Mi cruz. Me la quite hace semanas. Me apuro hacia mi cama y la cojo, pero no me la pongo. En lugar de eso camino alrededor de Baz y me paro en su espacio hasta que mire. Lo hace. Sus dientes están apretados, y su cabeza esta inclinada hacia un lado, como si estuviera esperando que yo haga el primer movimiento. Sostengo la cruz con las dos manos. Quiero que se dé cuenta de lo que es, de lo que representa. Luego la levanto por encima de mi cabeza y la dejo caer lentamente sobre mi cuello. Mis ojos están fijos en los de Baz y la no quita la mirada, aunque sus fosas nasales se mueven. Cuando la cruz eta de vuelta en mi cuello, sus parpados caen y se endereza. -¿Dónde has estado?- Pregunto. Sus ojos vuelven a los míos. –No. Te. Interesa. Siento como la magia sube e intento apaciguarla. –Sabes que te vez como la mierda. Se ve incluso peor ahora que lo veo de cera. Hay una película gris sobre él, incluso sobre sus ojos, que siempre están grises. Los ojos de Baz son el tipo de gris que sale cuando mezclas el azul oscuro con el verde oscuro. Gris como el agua. Hoy son del color del pavimento mojado. El finge una risa. –Gracias, Snow, tú te ves áspero y enclenque.


Lo estoy, y es su culpa. ¿Cómo se supone que debía comer y dormir, sabiendo que él estaba haya afuera, conspirando en mi contra? Y ahora está aquí, y no me va a decir nada importante, yo podría estrangularlo por hacerme pasar por eso. O…podría hacer mi tarea. Solo hare mi tarea. Lo intento. Me siento en mi escritorio a, y Baz se sienta en su cama, y eventualmente se va sin decir nada y yo sé que va a las catacumbas a cazar ratas. O al bosque a cazar ardillas. Y sé que una vez mata y dreno a un Merwolf pero no sé porque –su cuerpo fue arrastrado hasta el borde del foso. (Odio a los Merwolf casi tanto como Baz. No son inteligentes, no lo creo, pero siguen siendo peligrosos.) Me voy a la cama luego de que Baz se va, pero no me duermo. Solo ha estado de vuelta un día y ya necesito saber dónde está a cada momento. Es el quinto año de nuevo. Cuando finalmente vuelve a la habitación, oliendo a polvo y desintegración, cierro los ojos. Ahí es cuando me acuerdo acerca de su mama.

32


Baz Casi voy a la oficina del mago esta noche. Solo por quitarme a mi tía Fiona de encima lo más pronto posible. Me gaño todo el camino hasta Wadfort. Ella cree que El Mago va a hacer otro movimiento pronto. Ella cree que él estaba buscando algo en específico. Aparentemente, él ha estado visitando –Allanando- todos los hogares de las Viejas Familias desde hace dos meses. Solo llega en su Range Rover (1981, Warwick verde, encantador) y bebe su Té mientras sus hombres buscan en las bibliotecas con hechizos de búsqueda. -El Mago dice que uno de nosotros está trabajando con el Humdrum- Dijo Fiona, -Que no hay nada que temer mientras no tengamos nada que esconder. Ella no tuvo que decirme que hay mucho que esconder en nuestra casa. Nosotros no estamos trabajando con el Humdrum -¿por qué algún mago decidiría trabajar con el Humdrum?-Pero nuestra casa está repleta de libros prohibidos y objetos oscuros. Incluso algunos de nuestros libros de cocino están prohibidos. (Aunque han sido siglo, por lo menos, desde que los Pitches comían hadas.) (Incluso ya no puedes encontrar hadas) (Y no es porque no las comimos.) Fiona no vive con nosotros. Ella tiene un piso en Londres y sale con Normales. Periodistas y bateristas. –No soy una traidora de raza.-Ella diría. –Nunca me casaría con alguno.- Creo que sale con ellos porque no parecen reales. Creo que es todo por mi madre. Padre dice que Fiona pensaba que mi madre colgaba la luna. (Oír a mi padre hablar de ella, mi madre podría realmente haber colgado la luna. O tal vez fue colgaba para ella.) Fiona estaba aprendiendo con un herborista en Beijín cuando mi madre murió. Ella vino para su funeral y nunca se volvió a ir. Ella se quedó con mi padre hasta que él se casó, luego se mudó a Londres. Ahora mi tía vive del dinero de la familia y de la magia, y vive para vengar a su hermana. Es una mala combinación. Fiona es inteligente-y poderosa. Pero mi madre era la jugadora de ajedrez de la familia. Mi madre estaba destinada a la grandeza. (Eso es lo que dice todo el mundo.) Fiona es vengativa. Es impaciente. Y a veces solo quiere rabiar contra la máquina –Incluso si ella no está segura de que hace la maquina o como funciona o como exactamente rabiar con ella. Su gran plan para descubrir a El Mago es enviarme a escabullirme en su oficina. Ella está obsesionada con la oficina de El Mago; era la oficina de mi madre, y creo que Fiona piensa que se la puede robar de vuelta a él. -Escabullirme en su oficina y ¿Hacer qué?- Le pregunte.


-Mirar. -¿Qué esperas que encuentre? -Bueno, no lo sé ¿Está bien? Debe estar dejando pistas en algún lado. Mira en su computador. -El nunca esta hay para usar su computador.-Dije. –Seguramente mantiene todo en su teléfono. -Bueno, entonces roba su teléfono. -Tú roba su teléfono. –Dije. –Tengo tarea. Ella dijo que se estaría reuniendo pronto con las Viejas Familias –Un consorcio de todos los que fueron dejados a un lado en la revolución de El Mago. (Mi padre va a estas reuniones, pero su corazón no está en ello. El prefiere hablar del ganado y las semillas mágicas. Los Grimms son agricultores. Mi madre tuvo que haber estado muy enamorada para casarse con él.) Después de que mi madre murió, cualquiera que tuviera el coraje de hacerle frente a El Mago era rápidamente quitado del Aquelarre. Ninguna de las Viejas Familias ha tenido un puesto en la última década –incluso cuando la mayoría de las reformas fueron hechas para nosotros: Libros prohibidos, frases prohibidas. Reglas acerca de cuándo nos encontramos y con quienes. Impuestos que cubren todas las iniciativas de El Mago; mas notablemente por pagar por cada fauno bastardo y primo centauro, y cada patética excusa de mago en el Reino para que acuda a Wadfort. El Mundo de los Magos nunca había tenido impuestos; en lugar de eso, tenemos estándares. No puedes culpar a las Viejas Familias por vengarse del mago cada vez que pueden. De todas maneras, le dije a Fiona que lo haría. Que iría a la oficina del mago y miraría, incluso si fuera inútil. -Toma algo- Ella dijo, apretando el volante. Yo estaba en el asiento de atrás, así que solo podía ver un poco del rostro de Fiona en el espejo retrovisor. -¿Tomar qué? Ella se encogió de hombros. –No importa. Toma algo. -No soy un ladrón,-Dije. -No es robar –Esa oficina es de ella, es tuya. Toma algo para mí. -Está bien.- Dije. Casi siempre estoy de acuerdo con Fiona al final. La forma en la que ella extraña a mi madre ase que se mantenga viva para mí.

*** Pero esta noche estoy demasiado cansado para hacer la tarea de Fiona. Y demasiado nervioso. No puedo quitarme el sentimiento de que soy seguido –de que quien sea que pago a las Numpties lo intentara de nuevo.


Para el momento en el que acaba en las catacumbas, siento como si estuviera arrastrando mi propio cadáver por los escalones de la torre hasta nuestra habitación. Snow está dormido cuando entro. Normalmente me ducho en las mañanas y él lo hace en las noches. Tenemos todo el baile resuelto, después de tantos años. Movernos por la habitación sin tocar o hablar o mirar al otro. (O al menos no mirar al otro mientras el otro está prestando atención.) Pero esta noche hay telarañas en mi cabello, y estaba tan sediento que tengo sangre bajo mis uñas. Eso no pasa dese que tenía 14, no desde que me estaba acostumbrando a esto. Puedo drenar a un poni sin mancharme los labios. Me muevo por la habitación silenciosamente. Por mucho que disfruto molestar a Snow, esta noche solo quiero limpiarme y dormir un poco. Nunca debía intentar un día de clases entero. Mi pierna se durmió, y mi cabeza me está matando. Tal vez es bueno que el entrenador Mac no me deje volver al equipo, si no puedo durar siete horas en un escritorio. (Él se veía triste cuando fui a práctica. Y sospechoso. Dijo que estaba a prueba.) Tomo una rápida, silenciosa ducha y cuando subo a mi cama, siento como cada hueso de mi cuerpo se queja alegremente. Mierda, extrañaba esta cama. Aunque sea polvorienta y abultada con plumas de ganso que se salen y te chuzan. Mi habitación en casa es enorme. Todos los muebles tienen mil años de viejos y no me dejan colgar nada o mover nada porque todo está registrado en el Fondo Nacional. Cada pocos años el periódico local viene y hace un artículo. Mi cama haya es pesada y si miras de cerca, puedes ver cuarenta y dos gárgolas talladas en el cabezal. Solía haber un taburete porque la cama era muy alta para que pudiera subir solo. Esta cama, en Wadfort, es más mía de lo que esa lo ha sido. Muy acuesto de lado, de cara a Snow. Esta dormido, así que no importa si lo miro. Así que lo hago. Incluso si no me hace ningún bien. Snow duerme en un nudo: Sus piernas recogidas y sus puños metidos, hombros encorvados, cabeza metida y su los risos de su cabello en la almohada. Un poco de la luz de la luna se refleja en su piel de león. No había luz con las Numpties. Solo una larga noche de dolor, ruido y sangre. Estoy tal vez mitad sordo, creo. Me refiero, normalmente, cuando camino y me siento bien –La mitad de mí está perdida. Cuando estaba en ese ataúd, me acerque más a mí mismo. Me deje salir… Solo para estar cuerdo. Solo para poder pasar por ello.


Y cuando me sentí que me estaba dejando salir demasiado, me sostuve de la única cosa de la que estaba seguro. Ojos azules. Risos de bronce. El hecho de que Simón Snow en el mago más poderoso. Que nada puede lastimarlo, incluso yo. Que Simón Snow está vivo. Y que estoy perdidamente enamorado de él.


Capítulo 33 Baz La palabra clave hay es “perdidamente” Eso fue evidente en el momento en que me di cuente de que yo sería el más miserable si conseguía matar a Snow. Me golpeo durante nuestro quinto año. Cuando Snow me seguía como un miserable perro atado a mi tobillo. Cuando él no me daba ni un solo momento de consuelo para darme cuenta de mis sentimientos –o tratar de alejarlos. (Lo que eventualmente trate ese verana. En vano.) Desearía nunca haberme dado cuenta. Que lo amo. Solo ha sido un tormento. Compartir habitación con la persona que más quieres es como compartir habitación con un incendio. Él está constantemente atrayéndote. Y tú estás constantemente parándote muy cerca. Y sabes que no es bueno –que no hay nada bueno –que no hay absolutamente nada que sacar de ello. Pero lo haces de todas formas. Y luego… Bueno. Luego te quemas. Snow dice que estoy obsesionado con el fuego. Yo argumento que es un lado inevitable de ser inflamable. Me refiero, supongo que todo el mundo es inflamable en última instancia. Pero los vampiros son trapos con aceite. Somos papel de flash. La broma cruel de todo esto es que yo vengo de una larga línea de magos –dos largas líneas, los Grimms y los Pitches. Soy brillante con el fuego. Tan pronto como no me acerque demasiado. No… La broma cruel es que Simón huele como el humo. Snow lloriquea –Él está plagado de pesadillas, los dos lo estamos- y rueda hasta quedar de espaldas, levanta un brazo por un momento hasta que lo deja caer sobre su cabeza. Sus ridículos risos caen de nuevo en la almohada. Snow lleva el cabello corto a los lados pero arriba está cubierto de risos sueltos. Café dorado. Esta oscuro ahora, pero aun puedo ver el color. Conozco también su piel. Otro tono de dorado, el más claro. Snow nunca se broncea, pero hay pecas en sus hombros y lunares esparcidos por toda su espalda, brazos y piernas. Tres lunares en su mejilla derecha, dos debajo de su oreja izquierda, uno sobre su ojo izquierdo. No me hace ningún bien saber todo esto. Pero no estoy seguro si lo hace peor. No estoy seguro si se puede volver peor.


Las ventanas aún están abiertas; Snow duerme con ellas abiertas todo el año a menos que yo pelee por ello. Es más fácil dormir con más sabanas en i cama que quejarme. Me acostumbre al peso de ellas sobre mi piel. Estoy cansado. Y lleno. Puedo sentir la sangre moviéndose en mi estómago –Probablemente me va a despertar para orinar. Snow gime de nuevo, y vuelve ponerse de lado. Estoy en casa. Finalmente. Me quedo dormido.


Capítulo 34 BAZ A Snow no le importa una mierda despertarme a mí. A él le gusta ser la primera persona en bajar a desayunar, Chomsky sabe porque. Son las 6 AM, y él ya está moviéndose por la habitación como si fuera una vaca que accidentalmente apareció aquí. Las ventanas siguen abiertas, y el sol está saliendo. Estoy bien en la luz del sol –eso es otro mito. Pero no me gusta. Pica un poco, especialmente en las mañanas. Snow sospecha, creo, y esta constantemente abriéndolas cortinas. Creo que solíamos pelear más sobre cosas como estas. Y luego casi lo mato, y pelear sobre las cortinas se volvió ridículo. Snow te diría que trate de matarlo en el tercer año. Con la quimera. Pero solo estaba tratando de asustarlo ese día –quería ver que mojará sus pantalones y llorara. En lugar de eso exploto como una bomba-H. También diría que intente tirarlo por las escaleras el siguiente año. En realidad estábamos peleando en la cima y tuve un golpe de suerte y lo mande volando. Luego, cuando mi tía Fiona pregunto si había empujado a Simón por las escaleras les dije “Mierda, claro que lo hice” Pero el siguiente año, quinto año, yo en realidad intente matar a Simón. Lo odie tanto esa primavera. Odiaba la visión de él –odiaba lo que verlo me hacía a mí. Cuando tía Fiona me dijo que había encontrado una forma de “sacar el heredero de El Mago de tu camino”. Estaba más que dispuesto a ayudar. Me dio un grabador de bolsillo, una cosa ancestral con un cinta real, y me advirtió de no hablar cuando estuviera encendido; me lo hizo jurar en la tumba de mi madre. No sé qué esperaba que sucediera…me sentía como si estuviera en una película de espías, parado cerca de las puertas y presionar el botón en el momento que viera que Simón empezaba a perder la paciencia. Tal vez pensé que lo estaba atrapando… Tal vez pensé que lo lastimaría –o que lo mataría. Tal vez pensaba que nada podía matarlo. Luego llego Philippa maldita Stainton corriendo a través del terreno para avergonzarse a sí misma. (Ella no dejaba a Snow ese año, aunque el claramente no estaba interesado.) La grabadora se tragó su voz en un horrible chillido, como si un ratón estuviera siendo chupado por una aspiradora. Le di detener tan pronto la escuche…ya era muy tarde.


Snow sabía que yo lo había hecho, pero él no podía probar nada. Y nadie más podía –yo no había tocado mi varita. No había dicho una palabra. La tía Fiona estaba apenas molesta por el incidente. “Philippa Stainton –ella no es una de

nosotros ¿verdad?” Recuerdo devolverle la grabadora a mi tía, pensando en la cantidad de magia que tuvo que ponerle. Preguntándome donde había conseguido tanta magia. -No te veas tan triste, Basil- dijo Fiona, tomándolo. –lo tendremos la próxima vez. Unos días después en Palabras Mágicas, Miss Possiblef nos aseguró que Philippa estaría bien. Pero ella nunca volvió a Wadfort. Nunca voy a olvidar el rostro de Philippa cuando se le fue la voz. Nunca voy a olvidar el de Snow. Esa fue la última vez que intente herirlo. Permanentemente. Maldigo a Snow. Lo amenazo. Pienso en matarlo todo el rato, y algún día lo intentare –pero hasta ese día, ¿Cuál es el punto? Voy a perder. Ese día. Cuando Snow y yo tengamos que pelear. Puedo ser inmortal (Tal vez. No sé a quién preguntarle.) Pero soy el tipo de inmortal al que puedes cortar o prenderle fuego. Snow es… algo más. Cuando explota, es más un elemento que un mago. No estoy seguro que nuestro lado lo vaya sacar o contener pero se –yo sé- que tendré que hacer mi parte. Estamos en guerra. El Humdrum pudo haber matado a mi madre, pero El Mago le quitara la magia a toda mi familia. Solo por dar un ejemplo con nosotros. Él ya ha quitado nuestra influencia. Ennegrecido nuestro nombre. Nosotros solo estamos esperando el día que tome la opción nuclear… Snow es la opción nuclear. Con Snow metido en su cinturón, El Mago es omnipotente. Él puede conseguir que hagamos lo que él quiera…El puedo hacernos desaparecer. No puedo dejar que eso suceda. Este es mi mundo, el Mundo de los Magos. Tengo que hacer mi parte para pelear por él. Incluso si sé que voy a perder. Snow está de pie enfrente de su guardarropa, tratando de encontrar una camisa limpia. Pasa un brazo por encima de su cabeza, y veo los músculos cambiar en su hombro. Todo lo que hago es perder. Me siento y me quito las sabanas. Snow se sobresalta y agarra una camisa. -¿Olvida que estoy aquí?- preguntó. Camino hacia mi guardarropa y pongo mi camisa y pantalón sobre mi brazo. No sé porque Simón se queda en su ropa como si tuviera una gran decisión que tomar. El usa su uniforme todos los días, incluso los fines de semana.


Cuando cierro la puerta de mi guardarropa, él me está mirando. Se ve inestable. No estoy seguro de que hice para estabilizarlo, pero hago una cara de desprecio de todas maneras, solo para molestarlo. Me visto en el baño. Snow y yo nunca nos hemos vestido en frente del otro; es una extensión de nuestra mutua paranoia. Y gracias a las serpientes por eso –mi vida ya es lo suficientemente dolorosa. Cuando estoy vestido y listo vuelvo a la habitación, Snow sigue de pie cera a su cama, con la camisa puesta pero desabotonada, con la corbata alrededor de su cuello. Su cabello se ve peor que cuando se despertó, como si hubiera estado pasando las manos por los risos. Él se congela y me mira. -¿Qué pasa, Snow? ¿Te comió la lengua el gato? El retrocede. Te comió la lengua el gato es un hechizo malvado, y yo lo use en su contra cuando estábamos en tercer año. -Baz- Se aclara la garganta. –Yo…-¿soy una desgracia para la magia? El rueda los ojos. –Yo…-Escúpelo, Snow. Uno pensaría que estas tratando de decir un hechizo ¿lo estás? La próxima vez, usa tu varita, ayuda. El pasa una mano por su cabello de nuevo. -¿Podrías solo…? No hay nada remarcable sobre los ojos de Snow. Son tamaño estándar y forma estándar. Un poco irritados y sus pestañas son gruesas y marrón oscuro. Sus ojos ni siquiera son de un color remarcable. Solo azules. No aciano. No azul oscuro. No con un poco de avellana o violeta. El parpadea hacia mí. Tartamudeando. Siento que me sonrojo. (Mierda, tanta sangre bebí anoche. –Soy capaz de sonrojarme.) -No.- Digo, y recojo mis libros –Yo solo no podría. Estoy fuera de la puerta. Bajando los escalones. Escucho a Simón gruñendo tras de mí. Cuando baja a desayunar, su corbata aun cuelga. Bunce frunce el ceño y la jala de un lado. El suelta su bollo y limpia su mano en el pantalón antes de atarla. El luego me mira pero yo ya estoy mirando a otro lado.


Capítulo 35 Simon Penélope quiere que comamos el almuerzo afuera en el césped. Dice que es un día cálido, que el suelo está seco y que no podríamos tener un picnic como este hasta la primavera. Yo creo que ella solo quiere mantenerme alejado de Baz y Agatha. –Ellos han estado jugando con el otro toda la semana. Tomándose turnos para mirarse desde el pasillo, luego rápidamente mirar a otro lado. Baz siempre me mira a mí también, para asegurarse que este mirando. Todo el mundo sigue hablando sobre donde estaba. Los rumores más populares son “Una oscura ceremonia de madurez que lo dejo muy marcado para ser visto en público” e “Ibiza.” -Mi madre viene para llevarme al pueblo hoy,- Dice Penny. Estamos sentados contra un gigante y enroscado Tejo., mirando al césped en diferentes direcciones. –Vamos a ir a cenar,-Dice. ¿Quieres venir? -Estoy bien, gracias. -Podemos ir al lugar de Ramen que te gusta. Mi mama pagara por todo. Sacudo la cabeza. –Parece que tengo que estar pendiente de Baz,-Digo. –Aun no tengo pistas de donde ha estado. Penny suspira pero no me contradice. Ella mira a al Tejo marrón. –Extraño las Visitas. Eran tan mágicas… Me rio. -Sabes a lo que me refiero,-Ella dice. –La tía Beryl volvió con mama y me lo perdí. -¿Qué dijo? -¡Lo mismo que la vez pasada! “Deja de buscar mis libros. No hay nada ahí para tu gusto” -Espera, ¿Ella volvió para decir que no busquen sus libros? -Ella era una académica como mama y papa. No cree que alguien sea lo suficientemente inteligente para tocar su investigación. -No puedo creer que tu pariente volvió solo para insultarte. -Mama dice que siempre supo que la tía Beryl se llevaría su mala actitud con ella al infierno. -¿Los fantasmas incluso aparecen en el lugar equivocado? -Yo pienso en ellos más como almas… -Almas, entonces. ¿Alguna vez se pierden? -No estoy segura.- Penny se gira para enfrentarme, sosteniendo un pedazo de pastel Batternberg. Lo tomo. –Sé que puedes confundirlos,- dice. –puedes intentar esconder su objetivo.


Como si, estuviera preocupado que un alma va a volver y contar tu secreto, puedes intentar esconder la persona viva que podrían Visitar. Incluso ha habido asesinatos. Si yo te mato, no puedes tener un Visitante; entonces, no puedes oír o contar mi secreto. -Entonces los Visitantes se confunden… -Sí, ellos solo aparecen donde piensan que alguien podría estar. Donde estaría la persona real. Madam Bellamy dice que ha visto a su esposo paseando en el fondo de su salón de clases antes de que realmente pasara por el Velo.

Igual que cuando vi a la mama de Baz por la ventana… Debería contarle a Penny lo que paso. Siempre le cuento a Penny lo que pasa. -Vamos,-Ella dice, poniéndose de pie y sacudiéndose el pasto muerto de la parte de atrás de sus piernas. –Vamos a llegar tarde a clases. Ella sostiene su mano por encima de las servilletas y la envoltura de plástico, y gira su muñeca. “Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar” desaparecen. -Desperdicio de magia,- Digo por costumbre, recogiendo nuestras mochilas. Penny rueda los ojos. –Estoy tan cansada de escuchar eso. Se supone que tenemos que usar magia. ¿Para que la estamos guardando? -Para que este ahí si la necesitamos. -Se la respuesta oficial, Simón.-gracias. En América, ellos creen que te vuelves más poderoso entre más magia uses. -Igual que con los combustibles fósiles. Penny me mire y luego resopla. -No te veas tan sorprendida-digo. –Se sobre combustibles fósiles.

*** Baz está en la mitad de mis clases. Solo hay cincuenta chicos en nuestro año; hubo un tiempo en el pasado donde él y yo teníamos cada lección juntos. Todo el día. Usualmente nos sentamos tan apartados como es posible, pero hoy en Declamación, Madam Bellamy nos hizo alejar todos nuestros escritorios y trabajar en parejas, Baz termina justo a mi lado. Madam Bellamy no ha sido la misma desde su Visita; es como-bueno es como si ella hubiera visto un fantasma. Ella sigue poniéndonos a hacer trabajo práctico mientras ella camina alrededor de la habitación, viéndose perdida. A este punto, octavo grado, ya hemos pasado las cosas básicas de Declamación –Hablar fuerte, darle a las consonantes, proyección. Ahora todo es un matiz. Como darle a los hechizos más poder diciéndolos con fuego e intención. Como pausar justo antes de una palabra clave puede enfocar el hechizo.


Gareth es mi pareja hoy. Y la mayoría de los días. Él es terrible en Declamación. Sigue diciendo sus hechizos como si estuviera leyendo de una tarjeta de notas. Funcionan, pero aterrizan como bombas de plomo. Si Gareth hace a algo levitar, se sacude; si transforma algo; parece que estuviera pasando en animación barata a cámara lenta. Penélope dice que duele mirar a Gareth-y no solo por su ridícula hebilla de cinturón mágica. Baz dice que Gareth nunca habría entrado a Watford en los viejos tiempos. La declamación de Baz es perfecta. En cuatro idiomas (Aunque supongo que solo estoy creyendo en lo que dice cuando habla de francés, griego y latín.) puedo oírlo tras de mi recitando hecho de enfriamiento y calentamiento uno tras del otro. Siento el aire cambiar en la parte de atrás de mi cuello. -Vaya más despacio, Mr. Pitch,-Dice Madam Bellamy. –No hay necesidad de gastar magia. Oigo la irritación en la voz de Baz mientras empieza a recitar los hechizos incluso más rápido. A veces es perturbador lo mucho que Baz y Penny tiene en común. Se le he mencionado a ella “Y ambas de sus familias odian a E Mago.” -¡Mi familia no es nada como los Pitches!- Ella argumento. –Ellos son especitas y racistas. Baz probablemente cree que yo no debería estar en Watford. -¿Es él racista?-pregunto. -¿Él no es una raza? Su mama se veía un poco hispánica o árabe en su pintura. -Árabe es un idioma, Simón. Y todos son de una raza. Y Baz es la persona más blanca que he visto. -Solo porque él es un vampiro,-Digo. Maldita sea, le tengo que decir a Baz sobre su mama. O le tengo que decir a Penny sobre la mama de Baz… o tal vez, incluso a El Mago. Si no fue el Humdrum quien mato a la madre de Baz ¿Quién fue? No puedo guardar un secreto tan grande. No tengo espacio Penny se mete a mi cuarto antes de irse con su mama. Ella es estúpidamente valiente-es la única cosa estúpida sobre ella- y juro que se pone peor cuando estamos mucho tiempo en emergencias. Estoy tentado a cerrar la puerta cuando veo que es ella. -Baz te acusara si te ve en la torre,-digo. –Y tú serás suspendida. Ella agita su mano, despectivamente. –Él está por el campo de juego, viendo al equipo practicar. Ella empuja la puerta, y yo la detengo. –Alguien más te delatara, entonces. -Nah. Todos los chicos en tu año me tienen miedo. Piensan que los convertiré en sapos. -¿Hay un hechizo para eso? -Sí, pero es enormemente agotador, y tendría que besarlos para revertirlo. Suspiro y dejo ir la puerta, mirando por las escaleras mientras Penélope pasa hacia la habitación.


-Solo estoy aquí para conversarte de que vengas conmigo.-Ella dice. -no va a funcionar. -Vamos, Simón. Mi mama no me regañara tanto si estas cerca. -En lugar de eso, me regañara a mi.- Me siento en mi cama, tengo unos pocos libros regados por ahí. Y unos viejos documentos de la biblioteca. -Correcto. Será una carga compartida –Oye, ¿estás leyendo El Registro Mágico? El Registro es lo más cercano que tiene los magos al periódico. Hace seguimiento a los nacimientos y muertes, enlaces mágicos y leyes, mas cada minuto de las reuniones del Aquelarre. Saque unos pocos volúmenes de los 2000s de la biblioteca. –Sip,-digo, -He escuchado que es muy interesante. -Escuchaste eso de mí,-ella dice, -Y sé que no estabas escuchando. ¿Por qué estás leyendo El Registro Mágico? Miro los libros. -¿Alguna vez has escuchado de un mago llamado “Nico” o “Nicodemus”? -Como ¿en la historia? -No. No lo sé-tal vez. Solo alguien. ¿Tal vez un político o alguien que estuvo en el aquelarre? O ¿un profesor? Ella se inclina sobre mi cama. –¿Esto es para El Mago?¿Estas en una misión? -No.- Sacudo la cabeza. –No, no lo he visto. Yo estoy-es acerca de Baz- Penny rueda los ojos. – Estaba pensando en su mama,-Digo, -Algo que hoy, que tal vez ella tenía un enemigo. -los Pitches siempre han tenido más enemigos que amigos. -Correcto. De todas formas, probablemente no es importante. Penny no esta tan interesada, pero yo hice una pregunta, así que trata de responderla. –Un enemigo llamado Nico…- Pero algo en su bolsillo suena. Sus ojos se agrandan, y mete su mano en el bolsillo. Siento que mis ojos se agrandan, también. -¿Tienes un teléfono? -Simón… -¡Penélope, no puedes tener un móvil en Watford! Ella se cruza de brazos. –No veo porque no. -Por las reglas. Hay riegos de seguridad. Ella frunce el ceño y saca el teléfono –Un IPhone bancó, nuevo- -Mis padres se sienten mejor si lo llevo. -¿Cómo funciona eso aquí?-pregunto. –Se supone que hay hechizos… Penélope está mirando sus mensajes. –Mama lo encanto. Ella está aquí ahora, en las puertas…Mira hacia arriba. -…Por favor ven con nosotras. -tu mama haría de un supervillano aterrador. Penny sonríe. –Ven a cenar, Simón. Sacudo la cabeza de nuevo. –No, quiero mirar estas cosas antes de que Baz regrese.


Finalmente ella se rinde, y corre los escalones de la torre como si no le importara una mierda ser atrapada. Voy a la ventana a ver si puedo ver a Baz en el campo de juego.


Capítulo 36 Penélope Mi mama insistió en que llevara el teléfono después de lo que paso con e Humdrum. Por unas semanas este verano, ella estaba diciendo que no podía volver a Watford, mi papa ni siquiera trato de hablar con ella. Creo que tal vez él se sentía responsable. Que ya tenía que haber descubierto al Humdrum para estos momentos. Papa paso todo el mes de junio en su laboratorio, no salía ni para comer. Mama hizo su plato favorito de Biryani y dejaba platos afuera de su puerta. -¡Ese loco!- discutía mama. –Enviando niños para pelear contra en Humdrum. -El Mago no nos envió,- Trate de decirle. –El Humdrum nos tomó.- Pero eso solo ponía más furiosa. Pienso que ella quiere saber cómo lo hizo el Humdrum. (Es imposible robar a alguien así, transportarlo tan lejos. La magia que requiere…incluso Simón no tiene suficiente.) Pero mama se rehúsa a acercase intelectualmente. Me pone realmente contenta que ella no se enterara de los detalles de cada vez que Simón y yo nos hemos metido, y nos hemos salido, debo añadir. Mereceos un poco de crédito por ello. Mama probablemente se hubiera relajado más pronto, si no fuera por las pesadillas… Yo no grite cuando paso: Un minuto, Simón y yo estábamos en el Bosque Vacilante, expiando a Baz y Agatha –Yo cogiendo el brazo de Simón. Y al siguiente minuto, estábamos en un claro en Lancashire. Simón lo reconoció –Vivió en un hogar ahí cuando era un niño, cerca de Pendle Hill. Hay una gran escultura que parece un tornado y lo primero que pensé era que el sonido era el Humdrum. Yo ya podía sentir que estábamos en uno de sus lugares muertos. Papa estudia lo lugares muertos, así que estado en muchos de ellos. Son los huecos en la atmosfera mágica que empezaron a aparecer cuando lo hizo el Humdrum. Estar en un lugar muerto es como perder un sentido. Como abrir la boca y darte cuenta que no puedes hacer ningún sonido. La mayoría de los magos no pueden soportarlo. Empiezan a enloquecer inmediatamente. Pero papa me dijo que él nunca ha tenido tanta magia como la mayoría de los magos, así que no le aterra tanto perderla. Así que Simón y yo aparecimos en este claro, y me di cuenta de inmediato que era un lugar muerto –pero era más que eso. Era peor. Había este raro silbido en el aire, y todo estaba seco, muy seco y caliente. Tal vez no es un lugar muerto, pensé, tal vez es un lugar que está muriendo.


-Lancashire,-Simón se dijo a sí mismo. Y luego –el Humdrum estaba ahí. Y supe que era el Humdrum porque era la fuente de todo. Como cuando sabes que el sol es lo que hace que el día brille. Todo el calor y la sequedad venían de él. O succionándose hacia él. Y ninguno de nosotros, Simón o yo, grito o trato de correr, porque estábamos demasiado sorprendidos: ahí está el Humdrum –y él se veía exactamente como Simón. Igual que Simón cuando lo conocí. Once años de edad, en unos jeans mugrientos y una vieja camiseta. El Humdrum estaba incluso rebotando esa pelota roja que Simón no soltaba en nuestro primer año. El niño le tiro la pelota a Simón, y Simón la atrapo. Luego Simón le empezó a gritar al Humdrum, -¡Detente! ¡Detente! ¡Muéstrate, cobarde!-¡Muéstrate! Hacia tanto calor, y estaba tan seco, y se sentía como si la vida estuviera siendo succionada de nosotros, succionada por nuestra piel. Los dos lo habíamos sentido en los ataques del Humdrum, ese arenoso y seco chupón. Sabíamos como él se sentía, lo reconocimos. Pero nunca habíamos visto al Humdrum antes. (Ahora me pregunto si era la primera vez que el Humdrum era capaz de mostrarse a sí mismo.) Simón estaba seguro que el Humdrum estaba usando su rostro solo para molestarlo. Seguía gritándole que mostrara su verdadero rostro. Pero el Humdrum solo reía. Como un niño pequeño. De la forma en que ríen los niños pequeños una vez que han empezado y no pueden parar. (No puedo decir porque lo pienso o a que signifique, pero no creo que el Humdrum haya aparecido así solo como una broma. Pienso que es su forma real. Que él se ve como Simón.) La succión era demasiada. Mire hacia mi brazo, y había un fluido amarillo y sangre empezando a salir de mis poros. Simón estaba gritando. El Humdrum se reía. Me estire para tomar la pelota de Simón y la lance por la colina. Entonces el Humdrum dejo de reír –y salió corriendo tras ella inmediatamente. En el segundo que se giró de nosotros, la succión paro. Me caí. Simon me recogio y me puso sobre su hombro (Lo que es bastante asombroso, considerando que peso tanto como él.) él se impulsó como un Marine, y tan pronto como estuvo fuera del lugar muerto, me llevo hacia el frente –y unas grandes y huesudas alas salieron de su espalda. Casi alas. Sin forma y con demasiadas plumas, con muchas articulaciones… No hay ningún hechizo para eso. No hay palabras. Simón solo dijo “Desearía poder volar” he hizo las palabras mágicas. (No le he dicho a nadie esa parte. Los magos no son genios; no nos basamos en deseos. Si alguien supiera que Simón puede hacer eso, lo quemarían en la hoguera.)


Los dos estábamos heridos, así que intente decir hechizos de curación. Seguía pensado que el Humdrum nos trasportaría de vuela tan pronto como encontrara su pelota. Pero tal vez ese no era la clase de truco que él puede hacer dos veces en el día. Simón voló tan lejos como puedo conmigo colgada de él –pegada a él con hechizos que se deshacían rápidamente. Luego creo que él se dio cuenta de lo locos que nos veíamos y aterrizo en un pueblo cercano. Íbamos a tomar un tren pero Simón no podía retraer sus alas. Porque no eran alas. Eran huesos y plumas y magia –y deseos. De esto son mis pesadillas: Escondidos en un zanja a un lado de la carretera. Simón exhausto. Yo estoy intentando coger las alas de Simón y empujarlas de vuelta a su espalda, para que él pueda caminar al pueblo y coger un tren. Las alas se están deshaciendo en mis manos. Simón sangrando. En mis sueños, no puedo recordar el hechizo correcto… Pero lo recordé ese. Es un hechizo para los niños asustados, para quitar bromas prácticas y vuelos de la imaginación. Presione mi mamo a la espalda de Simón y grite, “Sin Sentido” Las alas se desintegraron en pedazos de polvo y sangre en sus hombros. Simón robo el bolsillo de alguien en la estación del tren, para que pudiéramos comprar tiquetes. Dormimos en el tren, apoyándonos juntos. Y cuando volvimos a Watford, era la mitad de la ceremonia de final de año, y mama y papa estaban allí, y me arrastraron a casa. Ellos casi no me dejan volver a la escuela este año –trataron de convencerme en quedarme en América. Mama y yo nos gritamos, y desde entonces no hemos hablado propiamente. Les dije a mis padres que no podía perderme mi último año. Pero todos sabíamos que en verdad a lo que me refería era que no podía dejar venir a Simón sin mí. Les dije que caminaría hasta Watford, que encontraría un vuelo. Ahora me hacen llevar un teléfono móvil.


Capítulo 37 Agatha Watford es un lugar tranquilo si no estás saliendo con Simón Snow –y si pasaste muchos años con Simón Snow que nunca te molestaste en hacer otros amigos. Yo no tengo compañera de habitación, el crisol me dio como compañera a, Philippa, enfermo en nuestro quinto año y se fue a casa. Simón dice que Baz le hizo algo. Papá dice que ella tuvo, repentina laringitis traumática –“Una tragedia para un mago” -Sería una tragedia para cualquiera, -Dije. –Los Normales también hablan. Yo en realidad no extraño a Philippa. Ella estaba muy celosa de que yo le gustara a Simón. Y se reía a de mis hechizos. Además, siempre se pintaba las uñas sin abrir una ventana. Yo si tengo amigos, amigos reales, de vuelta en casa, pero no tengo permitido contarles acerca de Watford. Ni siquiera soy capaz de decirles –papa me hechizo cuando me sorprendió quejándome con mi mejor amiga, Minty, sobre mi varita.

-“¡Solo dije que era una molestia cargarla a todos lados! ¡No le dije que era mágica! -Oh por el amor a las serpientes, Agatha,-Dijo papá. Mi mamá estaba lívida. –Tienes que hacerlo, Welby. Así que papa me apunto con su varita: “¡Ix-nay on the atfort-Way!” Es un hechizo serio. Solo los miembros del aquelarre tienen permitido hacerlo. Pero se supone que era una situación seria: si le dices a los Normales acerca de la magia, tienen que ser perseguidos y rastreados. Y si eso no es posible, tienes que mudarte. Ahora Minty (Nos conocimos en la escuela primaria, ese es su primer nombre, ¿No es exuberante?) piensa que voy a un internado súper religioso que no permite el internet. Lo que es verdad, por lo que se. La magia es una religión. Pero no hay algo como no creer –o solo ir a misa en pascua y navidad. Toda tu vida gira alrededor de la magia todo el tiempo. Si naciste con magia, tienes que quedare con ella, y con los demás magos, y con guerras que nunca terminan porque las personas ni siquiera saben cuándo comenzaronNo les hablo así a mis padres. O a Simón y Penny. ***


Baz esta caminado solo a través del patio. No hemos hablado desde que regreso. En realidad nunca hemos hablado, creo. Incluso esa vez en el bosque. Simón apareció antes de que pudiéramos llegar a algún lado, y luego Simón desapareció. (Cuando crees que tiene una escena sin Simón, él se aparece para recordarte que todos los demás son personajes secundarios en su catástrofe.) Tan pronto como Simón y Penny desaparecieron esa noche, Baz soltó mis manos. ¿Qué mierda le acabo de pasar a Snow? Esas fueron sus últimas palabras hacia mí. Pero el sigue observándome en el comedor. Enloquece a Simón. Esta mañana, Simón se hartó y golpeo el tenedor contra la mesa, y cuando mire a Baz, el me guiño un ojo. Me apuro para alcanzarlo. El sol se está escondiendo, y hace ver su piel gris casi tan caliente. Sé que está volviendo mi cabello del color del fuego. -Basil- Digo fríamente, sonriendo como si su nombre fuera un secreto. Gira la cabeza un poco para verme. –Wellbelove.-El suena cansado. -No hemos hablado desde que regresaste.-Digo. -¿Hablamos antes de eso? Decido ser atrevida. –No tanto como me hubiera gustado. El suspira. –Mierda, Wellbelove, debe haber una mejor manera de llamar la atención de tus padres. -¿Qué? -Nada.-Dice, volviendo a caminar. -Baz, pensé –pensé que tal vez necesitabas alguien con quien hablar. -Nop, estoy bien. -Pero… Él se detiene y suspira, frotándose los ojos. –Mira…Agatha. Los dos sabemos que cualquier coa por la que tú y Snow estén pasando, pronto lo arreglaran y volverán a su destino dorado. No lo compliques. -Pero nosotros no…Baz empieza a caminar de nuevo. Esta cojeando un poco. Tal vez por eso es que no está jugando futbol. Continúo siguiéndolo. -Tal vez no quiero un destino dorado.- Digo. -Cuando encuentres una manera de hacer a un lado el destino, házmelo saber.- Esta caminando tan rápido como puede con su cojera, y decido no correr par mantenerme a su ritmo. Eso se vería espantoso. -Tal vez quiero algo más interesante.- Grito. -¡Yo no soy más interesante!- el grita de vuelta, sin girar la cabeza. –Yo solo soy malo para ti. Aprende la diferencia. Me muerdo mi labio inferior e intento no cruzar los brazos como una niña de seis años.


¿Cómo sabe el que es malo para mí? ¿Por qué todo el mundo cree saber a dónde pertenezco?


Capítulo 38 Baz Snow ha estado mirándome todo el día –ya son semanas- y yo solo no estoy para eso. Tal vez tía Fiona tenía razón; debí quedarme más tiempo en casa y descansar. Me siento como la completa mierda. No me puedo llenar, no puedo calentarme –y anoche, tuve alguna clase de ataque en las catacumbas. Es tan malditamente oscuro allá abajo. Y aunque puedo ver en la oscuridad, me sentía como si estuviera devuelta en ese maldito ataúd de las Numpties. No pude quedarme más tiempo. Atrape seis ratas, golpee sus cabezas en el suelo, ate sus colas en un nudo, luego las traje arriba y las seque en el patio bajo las estrellas. Tal vez les haya enviado un mensaje a toda la escuela, diciéndoles que soy un vampiro. Un vampiro que le tiene miedo a la oscuridad. Le tire los cuerpos de las ratas a los Merwolves. (Ellos son peores que las ratas. Los drenaría a todos si su sabor no se quedara por semanas en mi boca. Picante y con sabor a pescado.) Luego dormí como la muerte por nueve horas, y seguía sin ser suficiente. He estado dormido sobre mis pies desde el almuerzo, y no puede solamente ir a mi cuarto y tomar una siesta. Snow probablemente se sentaría en frente mío y me observaría. Ha estado siguiéndome desde que volví. No había sido tan persistente desde nuestro quinto año – incluso me siguió al baño de hombres y pretendió que se tenía que lavar las manos. No tengo la fuerza para eso. Me siento como si tuviera 15 otra vez, como si me fuera a rendir si se acerca demasiado – besarlo o morderlo. La única razón por la cual fui capaz de soportar ese año era que no podía decidir cuál de esas opciones me sacaría de mi miseria. Probablemente Snow mismo me sacaría de mi miseria si intentara cualquiera de las dos. Esas eran mis fantasías del quinto año: Besos y sangre y Snow librando al mundo de mí. Mire la práctica de futbol esta tarde, solo como una excusa por sentarme, luego me separe del equipo cuando los demás iban a cenar. Wellbelove me alcanzo en el patio e intento succionarme en su drama, pero no tengo tiempo para el dolor. Oí a Miss Possiblef decir que El Mago vuelve a Watford mañana –y aun no me eh colado en su oficina. (Probablemente porque es una idea idiota.) Pero si subo allá y tomo algo por lo menos me quitare a Fiona de encima por un tiempo.


Voy a la Torre Llorosa, y me salto la escalera en espiral para toma el ascensor del personal hasta la última planta. Paso por la puerta de las habitaciones del director. Cuando mi madre era directora, yo vivía con ella aquí. Yo era solo un niño pequeño. Mi padre venia la mayoría de los fines de semana, y todos volvíamos a la casa en Hampshire cada verano. Mi madre solía dejarme jugar en su oficina mientras ella trabajaba. Ella vendría recogerme de la guardería y yo pondría todos mis legos en su alfombra. Cuando llego a la oficina del directo, la puerta se abre fácilmente para mí –El Mago nunca quito las guardas que puso mi madre que mi madre puso para dejarme entrar. También puedo entrar a su cuarto. (Me escabullí una vez y vomite en su retrete.) Fiona me tendría inspeccionado su dormitorio todas las noches, pero le dije que teníamos que guardarnos ese truco hasta que enserio lo necesitáramos. Hasta que pudiéramos usarlo. Y no solo para dejar bolsas de mierda en su cama.

-Además, Fiona, no voy a cagar en una bolsa. -Yo cagare, tu tocaras; puede ser mi mierda. Mi estómago se aprieta cuando entro a la oficina. Cuando veo el escritorio de mi madre. Esta oscuro aquí –las cortinas están cerradas- así que hago un fuego en mi palma y lo sostengo enfrente de mí. Mi madrasta se terrífica cuando hago esto –Basilton, no. Eres inflamable. Pero tener fuego es tan fácil para mí como respirar; casi no consume magia, y siempre me siento completamente en control. Puedo hacer que gire entre mis dedos como una serpiente. –Como Natasha,-Mi padre siempre dice. –Él tiene más fuego que un demonio. (Aunque mi padre dibujo una dura línea cuando me encontró fumando cigarrillos en la cochera. “Por el amor de Crowley, Baz, tu eres inflamable.) La oficina del director se ve igual que cuando yo jugaba aquí. Uno pensaría que El Mago tiraría todas las cosas de mi madre y colgaría afiches del Che Guevara –pero él no lo hizo. Hay polvo en su silla. En la silla de mi madre. Y polvo grueso en el teclado del computador –no creo que él incluso lo use. Él no es del tipo de sentarse y teclear. Él siempre está mirando alrededor o blandiendo una espada o haciendo algo para justificar su disfraz de Robin Hood Abro su gaveta superior con mi varita, no hay nada aquí…suplementos de oficina. Un cargador de teléfono. Mi madre mantenía Té en su gaveta y Aero barras de menta, y gotas de olor a clavo. Me inclino a ver si puedo olerlas –puedo oler cosas que las demás personas no. (Puedo oler cosas que ninguna persona puede.) (Porque no soy una persona.) La gaveta hule a madera y cuero. El cuarto huele a cuero. Acero y bosque, como el mismo Mago. Abro las otras gavetas con mi mano. No hay ninguna trampa explosiva. No hay nada personal en absoluto. No estoy seguro que llevarle a Fiona. Tal vez, un libro.


Sostengo mi llama hacia los libros y pienso en soplar, incendiar todo. Pero luego, noto que los libros están fuera de orden. Obviamente fuera de orden. Apilados, en lugar de acomodados en el estante –algunos de ellos están en el suelo. Quiero acomodarlos de nuevo, por tema en la forma en la que los tenía mi madre. (Siempre tuve permitido tocar sus libros. Tenía permitido leer cualquier libro, siempre y cuando lo pusiera de vuelta en su lugar y prometiera preguntar si no entendía algo o si algo me asustaba.) Tal vez debería tomar ventaja de que los libros están fuera de orden: nadie notaria si alguno se pierde –o muchos. Alcanzo uno con un dragón en la espina; la boca del dragón está abierta, y fuego sale del título: Fuego y Llamas –El Arte De Quemar. Un eje de luz se abre en la estantería enfrente de mí, y yo me muevo lejos, mandando a volar el libro, pasando las páginas. Algo sale volando mientras que el libro toca el suelo. Snow está de pie en la puerta. -¿Qué estás haciendo aquí?- El exige. Su espada ya está afuera. He visto la espada en acción muchas veces, uno cree que será aterradora –pero en su lugar es tranquilizadora. He lidiado con esto, con Snow antes. Debo estar realmente exhausto porque le digo la verdad: -Buscando un libro de mi madre. -Tú no deberías estar aquí.-Él dice, con ambas manos en la espada. Sostengo mi luz más arriba y me alejo de la estantería. –No le estoy haciendo daño a nada. Solo quiero un libro. -¿Por qué?- el mira hacia el libro que está en el suelo entre nosotros y camina hacia adelante, abandonado su postura. Me recuesto contra la estantería y cruzo un tobillo sobre el otro. Snow se agazapa sobre el libro. El probablemente piensa que es una pista, lo que revelara mi conspiración. Se pone de pie de nuevo, mirando un pequeño pedazo de papel en su mano. Se ve molesto. – Toma,- dice suavemente, sosteniéndolo hacia mí. –Lo…lamento. Tomo el papel, una fotografía, y él me observa. Estoy tentado en meterlo en mi bolsillo y míralo después, pero la curiosidad me gana, lo miro. Soy yo. Abajo en la guardería, creo. (Watford solía tener una guardería para el personal; ahí fue donde los vampiros atacaron.) Soy solo un bebe en esta foto. Tres o cuatro años, usando un peto gris claro con botones bombachos, y botas de cuero blancas. Mi piel es lo aterrador: un escueto dorado rojizo contra mi camisa de cuello blanco y medias blancas. Estoy sonriéndole a la cámara, y alguien está sosteniendo mis dedos… Reconozco el anillo de bodas de mi madre. Reconozco su gruesa y áspera mano. Y luego puedo recordar su mano. Descansando en mi pierna cuando quería que me quedara quieto. Sosteniendo su varita firmemente hacia el aire. Metiéndose en su escritorio para coger un dulce y mintiéndoselo en la boca. -Tus manos están callosas- Decía cuando pasaba una por mi mejilla.


-Son las manos de los que sostienen el fuego.- Ella decía. – Lanzadores de llamas. Las manos de mi madre acariciando mis mejillas. Poniendo mi cabello tras las orejas. La manos de mi madre sostenían muchísimo –prendiendo el aire de la guardería en llamas mientras un mostro de piel color tiza clavaba sus dientes en mi cuello. -Baz…- Dice Snow. Está recogiendo el libro y sosteniéndolo hacia mí. Lo tomo. -Necesito decirte algo.- él dice. -¿Qué?- ¿Desde cuándo yo y Snow tenemos cosas que decirle al otro? -Necesito hablar contigo. Levanto mi mentón. –Habla, entonces. -No aquí.- el guarda su espada. –Se supone que no deberíamos estar aquí, y…lo que tengo que decirte es como personal. Por un momento –incluso no un momento, medio segundo- lo imagino diciéndome “La verdad es estoy desesperadamente atraído hacia ti.” Y luego me imagino a mí escupiéndole en la cara. Luego me imagino lambiendo sus mejillas y besándolo. (Porque tengo problemas. Pregúntale a cualquiera.) Yo “Pide un deseo” la llama fuera de mi mano, meto la foto en el bolsillo, y pongo el libro bajo mi brazo. –Suerte para nosotros- Digo, -Tenemos nuestra propia suite en la cima de la torreta. ¿Es lo suficiente privada para ti? El asiente, avergonzado, y me hace señas para que camine con él. –Solo vamos,-Él dice. Yo lo hago.


Capítulo 39 Simon Atrape a mi enemigo con las manos en la masa, escabulléndose en la oficina de El Mago. Podría hacer que lo expulsaran por esto. Finalmente. En lugar de eso le di la cosa que vino a robar, luego le dije que si podíamos estar un tiempo solos…todo por una foto de bebe. Pero la visión del rostro de Baz en esa foto…sonriendo solo porque estaba feliz, con sus mejillas rojas como manzanas. Y la mirada en su rostro cuando la vio. Como si alguien hubiera tocado una bocina y todas las paredes a su alrededor se hubiera derrumbado. Caminamos de vuelta a la habitación, y es raro; no tenemos ninguna experiencia caminando junto al otro, incluso aunque siempre nos dirijamos en la misma dirección. Mantenemos distancia en las escaleras, luego nos separamos incluso más mientras cruzamos el patio. Siego queriendo volver a sacar mi espada. Baz se ha suavizado para el momento en el que llegamos a la habitación. Cierra la puerta de un golpazo tras nosotros, pone el libro en su cama, y luego se cruza de brazos. –Bien, Snow. Estamos solos. Lo que sea que tengas que decirme –dilo. Yo cruzo mis brazos también. –Está bien,-Digo. –Solo…siéntate ¿Está bien? -¿Por qué debería sentarme? -Porque me estás haciendo sentir incómodo. -Bien,-Dice. –Deberías estar contento de que no te esté haciendo sangrar. -Por el amor de Dios,-Digo. Solo maldigo como un Normal cuando se me acaba la paciencia. ¿Puedes calmarte? Esto es importante. Baz sacude la cabeza, exasperado, pero se sienta al final de su cama, frunciéndome el ceño. Él tiene estos lánguidos ojos de perro que siempre se ven como si estuvieran asomándose por debajo de sus parpados, incluso cuando tiene los ojos muy abiertos. Y sus labios naturalmente se vuelven hacia abajo en las esquinas. Es como si su rostro estuviera diseñado para poner mala cara. Camino hacia la mochila con mis libros y sao un cuaderno. Escribe todo lo que pude el día después que la mama de Baz vino a verme; pensé que estaba escribiendo todo para compartirlo con El Mago. Me siento en mi cama, enfrentándolo y el de mala gana se da la vuelta para enfrentarme.


-Está bien,-Digo, -Mira. No quiero decirte esto. Ni siquiera sé si debería. Pero es tu mama, y no creo que sea correcto escondértelo. -¿Qué pasa con mi madre?- descruza los brazos y se inclina hacia adelante, cogiendo mi cuaderno. Le arrebato el cuaderno. –Te estoy diciendo. ¿Esta bien? Solo escucha Entrecierra lo ojos. Estoy estúpidamente nervioso. –Cuando no estabas…No estabas cuando el Velo se levantó. Él lo adivina inmediatamente –sus fosas nasales se expanden, y sus ojos se ponen un poco locos –él es malditamente inteligente, no sé cómo voy a conseguir lo mejor de él. -Mi madre…-Él dice. -ella estaba buscándote. Ella seguía volviendo. Aquí. ¿Dónde estabas que ella no pudo encontrarte? -¿Mi madre paso por el Velo? -Sip. Ella dijo que había sito citada a aquí, a nuestra habitación, que este era tu lugar. Y estaba bastante cortada de que no estuvieras aquí. Quería sabe si yo te había lastimado. -¿Ella hablo contigo? -Sip. Quiero decir –Si.-Paso las manos por mi cabello. –Ella vino buscándote y me pego un susto de muerte, preguntando si te había lastimado. Y luego dijo que el Velo se estaba cerrando…Miro a mi cuaderno. Baz me lo quita, escaneando la página hambrientamente, luego me lo lanza de vuelta. –Escribes como un animal. ¿Qué dijo ella? -Ella dijo que…-Me falla la voz. –Que su asesino camina. Que debes encontrar a Nicodemus y traerle paz. -¿Traerle paz? No sé qué más decir. Su rostro está en agonía. -Pero ella mato a los vampiros,- Dice. -Lo sé. -¿Se refiere al Humdrum? -No lo sé. -Dímelo de nuevo Miro hacia mis notas. –Su asesino camina, pero Nicodemus lo sabe. Encuentra a Nicodemus y tráele paz. -¿Quién es Nicodemus? -Ella no lo dijo. -¿Qué más?-él dice. -¿Hay algo más? -Bueno… Ella me beso.- Mi mano se levanta y paso suavemente los dedos sobre mi frente. –Me dijo que era para ti. Que debía dártelo. Pone los puños a los lados. –Luego. ¿Qué?


-Luego se fue,-Digo. –Volvió una vez más, la misma noche, la última noche antes de que el Velo se cerrara.- Baz se ve como si quisiera estrangularme. –Y estaba diferente, más triste, como si estuviera llorando.- Miro hacia mis notas. –Y no pude verla esa noche pero ella dijo “Mi hijo, Mi niño capullo de rosas” dijo eso varias veces, creo. Luego me llamo por mi nombre y dijo que nunca te hubiera dejado. Y luego: “Él dijo que seriamos estrellas.” -¿Quién dijo? ¿Nicodemus? -Supongo, no lo sé. Él se levanta de la cama y empieza a caminar por la habitación. –Mi madre volvió. Volvió a verme. Y en lugar de eso tú hablaste con ella. Increíble. -Bueno, ¿Dónde estabas tú? ¿Por qué ella no pudo encontrarte? -¡Estaba indispuesto! ¡No es nada que te incumba! -¡Bueno, espero que tu viaje secreto haya valido la pena!-Grite. –¡Porque tu madre volvió por ti! Ella volvió y volvió y volvió –¡Y tú estabas planeando tu desesperanzada rebelión! El deja de caminar, y va por mí, sus manos alcanzando mi cuello. Y no estoy asustado de él como lo estoy de mí mismo, incluso aunque él quiera matarme. Porque si el me toca, el será expulsado. La Anathema. Me levanto y cojo sus muñecas. Están frías. –Baz no quieres lastimarme.-Él se tensiona contra mi apretón. Esta jadeando con rabia. –No quieres lastimarme.- Digo tratando, de empujarlo de vuelta. -¿Está bien? Lo lamento. Mírame, lo lamento. Sus ojos grises de enfocan, y da un paso hacia atrás, arrebatándome sus brazos. Los dos miramos alrededor de la habitación. Esperando que la Anathema haga efecto. Hay un golpeteo en la puerta, y los dos saltamos. -¿Simón?- Oigo decir a Penny. Baz arquea una ceja, y prácticamente puedo oírlo decir, Interesante. Paso a su lado y abro la puerta. -¿Penny, que estas…? Ella ha estado llorando. Ella empieza de nuevo –“Simón” se abalanza a mis brazos. Lentamente pongo mis brazos a su alrededor y miro a Baz, esperando que ponga la alarma. El sacude la cabeza, como si fuera mucho para él. –Los voy a dejar solos.-Él dice, pasando a nuestro lado hacia la puerta. Odio pensar en cómo usara esto contra Penélope, o contra mí. – pero ahora tengo a Penny sollozando en mi camisa. -Oye, -Digo, tocando su espalda. No soy bueno abrazando, ella sabe eso, pero parece que en este momento no le importa. –Oye ¿Qué pasa? Ella se aleja y limpia su rostro con una manga de su camisa. Sigue usando su abrigo. –mi mama…-su rostro esta todo estrujado. Se limpia de nuevo con su manga. -¿Esta ella bien? -Ella no está lastimada –nadie esta lastimado. Pero ella me dijo que Premal volvió ayer.- Penny esta hablando muy rápido y sigue llorando. –Vino por El Mago con dos más de sus hombres, y querían investigar nuestra casa.


-¿Qué? ¿Por qué? -El Mago los envió. Premal dijo que era una investigación rutinaria por magia prohibida, pero mama dijo que no algo como investigación rutinaria, y ella seria condenada a Slough antes de dejar que El Mago la tratara como si fuera un enemigo del estado. Y luego Premal dijo que no era una petición. Y mama dijo que podían regresar con una orden del Aquelarre- Penny está temblando en mis brazos. –Y Prem dijo que estamos en guerra y que el mago es El Mago, que de todas formas ¿Qué tenía que esconder mama? Y mama dijo que ese no era el punto. El punto eran liberaciones civiles, y la libertad, y tener a tu hijo de veinte años apareciendo en tu casa como Rolf en The Sound Of Music. Y estoy segura que Premal estaba humillado y no actuando como el mismo –o tal vez actuando más idiota como el mismo que de costumbre. –porque dijo que volvería, y que mama debía reconsiderar su idea. Y mama dijo que podía volver como un Nazi y un Fascista pero no como su hijo. –La voz de Penny falla de nuevo, y cubre su rostro con sus brazos, pegándome con los codos en el mentón. Pongo mi cabeza hacia atrás y la sostengo de los hombros. –Oye- Digo, -Estoy seguro que esto es solo algo que se salió e las manos. Hablaremos con El Mago. Ella se sacude lejos de mí. -Simón –no. No puedes hablar con él de esto. -Pen. Es El Mago. Él no va a lastimar a tu familia. Él sabe que ustedes son buenos. Ella sacude la cabeza. –Mi mama me hizo prometer no decirte, Simón. -no hay secretos,- Digo, de repente a la defensiva. –Tenemos un pacto. -¡Lo sé! Por eso estoy aquí. Pero tú no le puedes contar a El Mago. Mi madre está asustada y mi madre no se asusta. -¿Por qué no los dejaron simplemente investigar la casa? -¿Por qué debería ella hacerlo? -Porque, -Digo. –Si El Mago está haciendo esto, tiene una razón. El simplemente no amenaza a las personas. Él no tiene tiempo para eso. -Pero… ¿Qué pasa si encuentran algo? -¿En tu casa? No lo harán. -Podrían. –Ella dice. –Conoces a mama. “La información quiere ser libre” “No existe los pensamientos malos” nuestra biblioteca es tan grande como las de Watford y tiene mejor contenido. Si quieres encontrar algo peligroso ahí, estoy segura que lo harás. -Pero El Mago no quiere lastimar a tu familia. -¿A quién quiere lastimar, Simón? -¡A las personas que quieren lastimarnos!- Digo. Prácticamente gritando. – ¡A la gente que quiere lastimarme! Penélope cruza los brazos y me mira. Ella casi dejo de llorar. –El Mago no es perfecto. El no siempre tiene razón. -Nadie lo es. Pero tenemos que confiar en él. Él está haciendo lo mejor que puede.- Tan pronto como lo digo, siento un peso de culpa en mi estómago.


Debí decirle a El Mago sobre el fantasma. Debí decirle a Penny. Debí decirle a ambos antes que a Baz. Puedo estar espiando para el lado incorrecto. -Tengo que pensar sobre esto. –Dice Penny. –No es mi secreto para contar o el tuyo. -Está bien. -Está bien.- unas lágrimas más y sacude la cabeza de nuevo. –Debería irme. No puede creer que Baz no haya vuelto con el capitán de la casa aun. Ellos probablemente pensaran que está mintiendo… -no creo que él te esté delatando. Ella resopla. –Claro que lo está. No me importa. Tengo mejores cosas de que preocuparme. -Quédate un poco.-Digo. Si se queda, le diré sobre la mama de Baz. -No. Podemos hablar sobre esto mañana. Solo necesitaba contarte. -Tu familia estará bien, -Digo. –no tiene que preocuparte por eso. Lo prometo. Penélope no se ve convencida, y medio espero que me diga que tan inútiles han sido mis palabras hasta ahora. Pero ella solo asiente y me dice que me vera en el desayuno.


Capítulo 40 Baz Puedo ver a Bunce oscilar por esto. (No creía que era posible para nadie pasar las barreras de género. Bunce seguro encontró una forma. Ella es incesantemente diabólica.) Pero ni siquiera me importa. Encuentro mi camino hacia las catacumbas y cazo inconscientemente. La tumba de mi madre está aquí. Odio pensar que ella tal vez está observándome. ¿Pueden las almas ver a través del Velo? ¿Sabe que me he convertido en uno de ellos? A veces me pregunto qué hubiera pasado si ella hubiera vivido. Fui el único niño en la guardería que fue Convertido ese día. Los vampiros me hubieran llevado con ellos si mi madre no los hubiera detenido. Mi padre vino por mi tan pronto como lo escucho. Y él y Fiona hicieron todo lo posible para curarme –pero sabían que yo había cambiado. Sabían que la sed por sangre se manifestaría sola Y ellos solo… Ellos actuaron como si nada hubiera pasado. Crowley, ellos tiene suerte que yo no hubiera empezado a devorar gente cuando entre a la pubertad. No creo que mi padre lo haya mencionado alguna vez, incluso si me hubiera encontrado drenando a la mucama. “Basil,

cámbiate por algo limpio para la cena. Vas a molestar a tu madrastra.” Aunque el preferiría mucho más encontrarme desnudando a la mucama… (Definitivamente más decepcionante mi rareza que no estar muerto.) Mi padre nunca acepta que soy un vampiro –aparte de mi inflamabilidad- sé que nunca me mandaría lejos por eso. ¿Pero mi madre? Ella me hubiera matado. Ella me habría enfrentado, lo que soy, y hubiera hecho lo correcto. Mi madre nunca dejaría entrar a vampiros a Wadfort. Ella no lo hizo. Termino mi caminata en su tumba. En la piedra en la pared que la marca. Ella fue la persona más joven en dirigir Wadfort –y uno de los tres directores en la historia en morir defendiéndola. Ella es mantenida aquí, en un lugar de honor, parte de la fundación de la escuela. Mi madre volvió.


Ella volvió por mí. ¿A qué se refieren cuando dicen que no pudo encontrarme? Tal vez los fantasmas no puedan ver a través de ataúdes. Tal vez no pudo verme porque no estoy completamente vivo. ¿Podre yo verla cuando Simón termine conmigo? Él lo hará…Terminarme. Snow hará la cosa correcta.

*** Me quedo en las catacumbas hasta que acabo de alimentarme. Hasta que acabo de estar furioso. Hasta que no puedo soportar ver mi fotografía más. (Gordita, suertuda bolsa de sangre) Hasta que acabo de llorar. Uno pensaría que eso es algo que se pierde en el cambio…Las lágrimas. Pero sigo orinando, y sigo llorando. Sigo perdiendo agua. (En realidad no sé cómo todo funciona; mi familia no deja acercarme a un doctor mágico –y o es como si me dieran resfriados o necesitara vacunas.) Las flores que deje afuera de la tumba de mi madre se han marchitado. Digo “Flores de Mayo” y florecen de nuevo. Toma más magia de la que puedo gastar ahora –las flores y la comida toman vida- y me caigo contra la pared. Últimamente cuando estoy cansado, no puedo mantener la cabeza derecha. Y mi pierna derecha no esa bien desde las Numpties; esta adormecida. Piso contra el piso de piedra, y algo se dispara por mi talón. Si mi madre volviera por el Velo, significa que no ha seguido adelante completamente. Ella no está aquí –ella no puede verme- pero ella no está en el siguiente lugar. Su alma esta agravada en el medio. ¿Cómo se supone que tengo que ayudar? ¿Encontrar a este Nicodemus? ¿Es él el que envió a los vampiros? Siempre me han dicho que el Humdrum fue el que envió los vampiros. Incluso Fiona piensa que el Humdrum envió los vampiros. El Humdrum es el que ha enviado todo lo demás a Watford… Mi pierna esta tan adormecida cuando llego a la torre, que tengo que caminar con la derecha y arrastrar la izquierda, todo el camino de las escaleras. Bunce ya no está en nuestra habitación. Snow está en la cama, y las ventanas están abiertas. Él está bañado. Snow usa el jabón que da la escuela –el huele a hospital cuando está limpio. No me molesto en limpiar mi cara o cambiarme. Solo me dejo en i esqueleto y pantaloncillos y me subo a la cama. Me siento como la muerte. La muerte ni siquiera se calienta. Tan pronto como estoy listo –con los ojos cerrados, disponiéndome para no llorar otra vez – Snow aclara la garganta. Despierto, entonces. No voy a llorar. -Te voy a ayudar.- Él dice –tan suave, que solo un vampiro podría oírlo.


-¿Ayudarme a qué? -Te ayudare a encontrar a quien sea que asesino a tu madre. -¿Por qué? Se da la vuelta para enfrentar a mi cama. Yo puedo verlo en la oscuridad. Él no puede verme. Él se encoge de hombros. –Porque atacaron a Watford. Me giro lejos. -Porque ella era tu madre, -Él dice. –Y la mataron al frente tuyo. Y eso…eso está mal.


Capítulo 41 Lucy El Velo se está cerrando, atrayéndonos a todos –Pero no puede poner sus manos sobre mí. No creo que haya mucho de mí. Imagina eso, no tener suficiente vida en ti paro no poder estar realmente muerto. No tener lo suficiente para pasar pero tampoco para volver. Prefiero quedarme aquí. Prefiero seguir hablándote, aunque no puedas escucharme. Incluso si no puedo verte. (Hubo un momento cuando pensé que podía; hubo un momento cuando pensé que escuchabas.) Me quedo. Voy a la deriva. Me deslizo por pisos que no me sostienen. Paso por paredes que no me contienen. Todo el mundo es gris, y lleno de sombras. A ellas les cuento mi historia.


Tercera Parte


Capítulo 42 Simon Baz está casi totalmente vestido cuando despierto. Está parado junto a las ventas –las cierra, incluso aunque sea muy caliente aquí –y está atando su corbata en el reflejo. Él tiene cabello largo para ser hombre. Cuando juega futbol, cae sobre sus ojos y mejillas. Pero él lo peina hacia atrás cuando sale de la ducha, así que se ve como un gánster a primera hora de la mañana –o un vampiro de una película a blanco y negro. Me pregunto si Baz se sale con la suya al ser un vampiro luciendo tanto como uno. Sería mucho preguntarle por ello -también un poco en la nariz. (Baz tiene una larga y delgada nariz. Del tipo del que empieza muy arriba en la cabeza de alguien y prácticamente se mete en medio de las cejas. A veces cuando lo estoy mirando, quiero alcanzarla y bajarla uno centímetros. No es como si eso fuera a funcionar.) (Su nariz también está un poco torcida hacia el final –yo hice eso.) No sé en qué estamos esta mañana. Me refiero, prometí ayudarlo a encontrar que le paso a su mama. ¿Se supone que empecemos eso en estos momentos? ¿O es el tipo de promesa que va a volver y acosarme dentro de años, justo cuando me haya olvidado de ella? Y no importa que, sigamos siendo enemigos ¿verdad? ¿El sigue queriendo matarme? El probablemente no intentara matarme hasta que le ayude con su mama –supongo que ese es un pensamiento confortante. Baz le da una ultimo tirón a su corbata, luego se gura hacia mí, colocándose su chaqueta. -No te vas a salir de esto. Me siento. -¿Qué? -No vas a pretender que anoche fue un sueño o que no querías decir lo que dijiste. Me vas a ayudar a vengar la muerte de mi madre. -Nadie dijo nada sobre vengar.- Me quito las sabanas y me pongo de pie, sacudiendo mi cabello con ambas manos. (Se vuelve enmarañado cuando duermo.) -Te dije que te ayudaría a encontrar a su asesino. -Eso es ayudarme, Snow. Porque tan pronto como sepa, los voy a matar. -Bueno, no te voy a ayudar con esa parte. -Ya lo estás haciendo.- Dice Baz, colgando su maleta sobre s hombro. -¿Qué?


-Empezando ahora,- Él dice, señalando hacia el suelo. -Vamos a empezar esto ahora. Es nuestra prioridad número uno.- Él se dirige hacia la puerta. Quiero discutir. -¿Qué…? Baz se detiene, resopla, luego se gira de nuevo hacia mí. -¿Qué hay acerca de todo lo demás? -¿Qué es todo lo demás?- Él dice. -¿Clases? Aun podemos ir a clases. -No- Gruño. -Tú sabes de que hablo.- Pienso en los últimos siete años de mi vida. De cada amenaza sin sentido que me ha hecho, Y de cada una de las que si lo tuvieron. -Quieres que trabaje en esto contigo, pero… también quieres empujarme por las escaleras. -Está bien. Prometo no empujarte por las escaleras hasta que resolvamos esto. -Estoy hablando en serio,- Digo. -No puedo ayudarte si tu estas intentado sabotearme todo el tiempo. Él se burla. -¿piensas que esto está planeado? ¿Qué devolví a mi madre de la muerte para joderte la vida? -No. -Tregua- Él dice. -¿Tregua? -Estoy seguro que sabes que significa la palabra ‘tregua’, Snow. Ninguna agresión hasta que resolvamos esto. -¿Ninguna agresión? El rueda los ojos. -Ningún acto de agresión. Agarro mi varita de la mesa que hay en medio de nuestras camas y camino hacia él, la sostengo con la izquierda y estiro la derecha. -Júralo,- Digo. -Con magia. El entrecierra los ojos hacia mí. Puedo ver la tensión en su mandíbula. -Está bien.- Él dice, apartando mi varita. -Pero no dejare que te acerques a mí con eso.-El saca su propia varita del bolsillo dentro de su chaqueta y la sostiene entre nosotros. Luego toma mi mano con la suya –él está frio- y yo la quito, como reflejo. El aprieta su agarre. -Tregua,-Dice Baz, mirándome a los ojos. -Tregua,- Digo, sonando mucho menos seguro. -Hasta que sepamos la verdad. Asiento. Luego él le da un golpecito a nuestras manos. “La Palabra de un Hombre Ingles es Todo Lo Que Vale” Siento la magia de Baz pasar por mi mano. La magia de alguien más nunca se siente como la tuya –como la saliva de alguien mas nunca sabe cómo la tuya. (Aunque supongo que solo puedo hablar de la de Agatha) La magia de Baz quema. Como frotar el calor. Cuelga en los músculos de mi mano.


Acabamos de hacer un juramento. Nunca había hecho un juramento antes. Baz aún puede romperlo –todavía puede ponerse en mi contra- Pero su mano se acalambrara, y perderá la voz por unas semanas. Tal vez eso es parte de su plan. Los dos estamos mirando a nuestras manos unidas. Aun puedo sentir su magia. -Podemos hablar de esto después de las lecciones,- Dice Baz. –Aquí. Su apretón se relaja, y yo quito la mano. -Está bien.

*** Llego tarde al desayuno, y Penélope no cogido ninguna tostada o arenques ahumados para mí. Ella dice que no quiere hablar, y yo no quiero hablar tampoco, anqué tenga mucho que contarle. Agatha sigue sin sentarse con nosotros. Ni siquiera la vi esta mañana –me pregunto si salió con Baz. Debí haber agregado eso a la tregua: También tienes que dejar en paz a mi novia. Ex novia, creo. De todas formas. -¿Has oído algo más de tu madre?- Le pregunto a Penny. -No,- ella dice. -¿Va Baz a delatarme? -No. ¿El Mago volvió? -No lo he visto. Se come solo la mitad de su desayuno, y yo me como el doble, solo para mantener mi boca ocupada. Me voy temprano a Griego porque siento que desilusione a Penny –no puedo tomar su lado contra El Mago. Para lo que vale, nunca podría tomar el lado del Mago contra ella, tampoco. Cuando llegue al salón de clases, Baz ya está ahí. Ignorándome. Me ignora toda la mañana. Lo veo en los corredores unas pocas veces, susurrando con Dev y Niall. Cuando es hora de reunirnos en la habitación, le digo a Penny que me voy a saltar el Té por estudiar, y corro a través de patio para llegar a la torre Mummers. Subo tan rápido las escaleras hasta que me empiezo a preguntar si la cita es una trampa –lo que es solo paranoia. Baz no tiene que atraerme a la habitación; estoy ahí cada noche. No es como la vez que trato de alimentarme a una quimera. Esa vez, me dijo que lo viera en el Bosque Vacilante. Él dijo que tenía información para mí, y que era muy arriesgado contarme en los terrenos de la escuela. Yo sabía que el estaba mintiendo. Me dije a mi mismo que solo iría al Bosque Vacilante para ver que estaba pasando y golpearlo hasta que estuviera en el suelo. Pero una parte de mi aun pensaba que el en realidad si sabía algo acercad e mis padres –me refiero, alguien debe saber quiénes eran. E incluso si Baz iba a usar lo que sabía en mi contra, aun sería algo. Fue malditamente hermoso cuando la quimera noto primero a Baz, escondiéndose en los árboles, y fue tras el en lugar de mí. Debí haber dejado que el monstruo lo probara. Le habría servido a Baz…


Luego está el momento ene l que estábamos en sexto año, y me dejo una nota en la caligrafía de Agatha, diciéndome que la esperara bajo el árbol de tejo pasada la noche. Estaba helando, y obviamente ella no apareció, me quede afuera toda la noche hasta que el bajaron el puente levadizo la mañana siguiente. Mi hechizo de temperatura no función, y los demonios de la nieve me seguían lanzando castañas a la cabeza. Pensé en aplastarlas, pero son criaturas mágicas en peligro de extinción. (Calentamiento global.) Seguía esperando que algo peor apareciera. ¿Por qué me torturaría Baz con demonios de nieve? Ellos solo son medio sensibles bolas de nieve con cejas y manos. Ni siquiera son oscuros. Pero nada más vino, lo que significa que el malvado plan de Baz no funciono –o que su malvado plan era congelarme casi hasta la muerte en la noche antes de un gran examen. Luego el año pasado, Él me dijo que Miss Possibelf quería verme, y cuando fui a su oficina, él había atrapado una mofeta. Miss Possibelf estaba segura que yo era el responsable –Aunque a ella enserio le agrado. Me vengue poniendo la mofeta en el guardarropa de Baz, lo que no fue mucha venganza porque compartimos habitación. Estoy afuera de la puerta ahora. Todavía tratando de decidir si es una trampa. Decidí que no importa –porque incluso si estuviera seguro de que es una trampa, igual iría. Cuando abro la puerta, Baz está colocando un viejo pizarrón en medio de las camas. -¿De dónde salió eso?- Pregunto. -De un salón de clases.-Si ¿Pero cómo llego hasta aquí? -Voló. -No,- Digo. -En serio. El rueda los ojos -Yo ‘Arriba, Arriba y lejos.’ No fue mucho trabajo. -¿Por qué? -Porque estamos resolviendo un misterio, Snow. Me gusta organizar mis ideas. -¿Así es como normalmente planeas mi caída? -Sí. Con tizas de varios colores. Deja de quejarte.- El abre su maleta y saca unas manzanas y cosas envueltas en papel de cocina. -Come,- Dice, lanzándome una. Es un rollo de tocineta. También tiene una jarra de Té. -¿Qué es todo esto? -Té, obviamente. Sé que no puedes funcionar a menos que estés llenándote. Destapo el rollo y decido tomar un poco. -Gracias. -No me agradezcas- Dice. -Suena mal. -No tan mal como tu trayéndome rollitos de tocineta. -Está bien, de nada -¿Cuándo llega Bunce? -¿Por qué debería llegar?


-Porqué ustedes hacen todo juntos, ¿No lo hacen? Cuando dijiste que ayudarías, estaba contando con que trajeras tu mitad inteligente.-Penélope no sabe nada sobre esto.- Digo. -¿Ella no sabe sobre la Visita? -No. -¿Por qué no? Pensaba que se contaban todo. -Porque parece que fuera… tu problema. -Es mi problema.- Dice Baz. -Correcto. Entonces no le dije. Ahora ¿Por dónde empezamos? Hace mala cara. -Estaba esperando que Bunce nos dijera por dónde empezar. -Empecemos con lo que sabemos,- Dije. Penélope siempre empieza así. -Correcto- Baz parece nervioso. Está golpeando la tiza contra sus pantalones, dejando manchas blancas. Nicodemus, escribe en la pizarra en ordenada letra inclinada. -Eso es lo que no sabemos- Digo. -A menos que se te haya ocurrido algo. El sacude la cabeza. -No. Nunca he escuchado de él. Hice una revisión superficial en la biblioteca durante el almuerzo –pero no voy a encontrar nada en El jardín de versos de un

niño.” La mayoría de libros mágicos han sido removidos de la librería de Watford. El Mago quiere que nos enfoquemos en libros Normales para que estemos cerca del lenguaje. Antes de las reformas del Mago, Watford protegía tanto lo hechizos tradicionales y enseñaba esos en lugar de hechizos nuevos que funcionaban mejor. Incluso hubo una iniciativa para hacer al libro y la cultura Victorianos más populares con los Normales, solo para darle una nueva vida a los hechizos. -El lenguaje evoluciona” Dijo El Mago. -Nosotros también debemos hacerlo. Baz mira de nuevo al pizarrón. Su cabello está seco y cae en hebras suelta sobre sus mejillas; el acomoda una pieza tras su oreja, luego escribe una fecha en la pizarra. 12 de agosto de 2002 Empiezo a preguntar que paso ese día, luego lo entiendo. -Solo tenías cinco años,- Digo. -¿Recuerdas algo? El me ira, luego de vuelta a la pizarra. -Un poco.


Capítulo 43 Baz Un poco. No recuerdo como empezó el día o ninguna de las partes normales. Solo recuerdo algunas cosas sobre todo ese año: Un viaje al zoológico. El día después que mi padre se rasuro el bigote y no lo reconocí. Recuerdo ir a la guardería, en general. Que nos daban digestivos y leche todos los días. El mural de conejo en el techo. Una pequeña niña que me mordía. Recuerdo que había trenes, y que a mí me gustaba el verde. Que habían bebes, y a veces, si alguno estaba llorando la Miss me dejaba pararme al pie de la cuna y decir, -Está bien, pequeño, tú vas a estar bien.- Porque eso es lo que decía mi mama cuando yo lloraba. No creo que hubiera muchos de nosotros allí. Solo los niños de la facultad. Dos cuartos. Yo aún estaba con los bebes. No recuerdo específicamente haber ido allí el doce de agosto. Pero si recuerdo cuando lo vampiros atravesaron las puertas. Los vampiros-nosotros- somos fuertes cuando estamos casando. Una pesada puerta de roble tallada con conejos y tejones… eso no sería una barrera para un grupo de nosotros. No puedo decir cuantos vampiros había en la guardería ese día. Parecían docenas, pero eso no puede ser correcto, porque yo fui el único niño que fue mordido. Recuerdo a ese, un hombre, levantándome como si fuera un cachorro –de la parte de atrás de mi overol. El babero se subió y me ahogo por un momento. De la forma en la que lo recuerdo, mi madre estaba justo atrás de ellos, ahí casi de inmediato. Podía oírla gritando hechizos antes de verla. Vi su fuego azul antes de ver su rostro. Mi madre podía invocar el fuego. Podía quemar por horas sin fatigarse. Lanzo corrientes de fuego sobre las cabezas de los niños; el aire estaba vivo con él. Recuerdo a personas luchando. Recuerdo a uno de los vampiros encenderse como una vela Romana. Recuerdo la mirada en el rostro de mi madre cuando me vio, un momento de agonía antes de que el hombre que me sostenía clavara sus colmillos en mi cuello. Y luego dolor. Y luego nada… Me tuve que haber desmayado. Cuando desperté, estaba en la habitación de mi madre, y mi padre y Fiona estaban diciendo hechizos de curación sobre mí. Cuando desperté, mi madre ya no estaba.


Capítulo 44 Simon Baz levanta su mano en el tableo y escribe vampiros, y luego, en una misión para el Humdrum, y luego, una fatalidad. No sé cómo él puede hacer esto –hablar acerca de los vampiros y sin aceptarse como uno. Pretendiendo que no lo sé. Que él no sabe que yo ya se. -Bueno, no solo una fatalidad,- Digo. –También están los vampiros ¿No? ¿Tu madre los mato a todos? ¿Cuántos? -Es imposible de decir.- El cruza los brazos. –No quedaron restos.- Él se gira de nuevo a la pizarra. –No hay restos, en esa clase de muertes, -solo cenizas.-Así que el Humdrum envió vampiros a Watford…-La primera ruptura en la historia de la escuela,-Él dice. -Y la ultimo,-Añado. -Bueno, se ha vuelto un poco más complicado, ¿Verdad?- Dice Baz. –Esa es una cosa que le podemos agradecer a tu Mago –esta escuela es tan cerrada como un tambor. El escondería Watford tras el Velo si pudiera.-¿Ha habido algún ataque de vampiros desde ese? Baz se encoge de hombros –No creo que los vampiros normalmente ataquen magos. Mi padre dice que ellos son como osos.Ellos. -¿Cómo?- Preguntó. -Bueno, ellos caza donde es más fácil, entre los Normales y no atacan Magos a menos que estén muertos de hambre o rabiosos. Es mucho esfuerzo. -¿Qué más te ha dicho tu padre sobre los vampiros? La voz de Baz es hielo: -El tema casi nunca sale a relucir. -Bueno, solo estoy diciendo- Me pongo derecho y hablo deliberadamente –Serviría n esta situación en específico si nosotros supiéramos como ellos trabajan. Sus labios se levantan. –Estoy seguro que beben sangre y se convierten en murciélagos, Snow. -Me refiero a culturalmente ¿Esta bien? -Correcto, eres un fanático de la cultura. -¿Quieres mi ayuda o no? El suspira y escribe Vampiros: sangre para pensar en la pizarra.


Meto el último pedazo del rollo en mi boca. -¿Los vampiros en realidad pueden convertirse en murciélagos? -¿Por qué no le preguntas a uno? Siguiendo adelante: ¿Qué más sabemos? Me levanto de la cama y limpio mis manos en los pantalones, luego tomo una copia de El Registro de mi escritorio. –Mire la edición del ataque…-abro en libro en el lugar correcto y lo sostengo frente a él. El retrato oficial de su madre toma casi media página. También hay una foto de la guardería, quemada y llena de ceniza, y el titular.

VAMPIROS EN LA GUARDERIA Natasha Grimm-pitch muere defendiendo Watford de creaturas oscuras. ¿Está alguno de nuestros hijos a salvo? -Nunca había visto esto,- Dice Baz, tomando el libro. Se sienta en mi silla y empieza a leer la historia en voz alta. -El ataque tomo lugar solo días antes que el año escolar de otoño empezara. Imaginen la

carnicería que hubiera ocurrido en un día normal en Watford… -La señora Mary, la directora de la guardería, dice que una de las bestia ataco a Grimm-Pitch desde atrás, fijando sus colmillos en el cuello de ella después de que ella casi decapitara a otro que estaba amenazando a su propio hijo. “ella era como la furia misma” dice Mary. “Como algo salido de una película. El monstruo la mordió y ella escupió un Tyger, Tyger, brillante ardor… luego los dos se prendieron en llamas… Baz deja de leer. Él se ve desconcertado. –Yo no sabía eso,- él dice ms al libro que a mí. –No sabía que ella había sido mordida. -¿Qué es tigre, tigre...? Me detengo. No confió en mí mismo al decir nuevos hechizos en voz alta. -Un hechizo de sacrificio,- Él dice. –Era popular con asesinos… amantes despreciados. -Así que ¿De mató a si misma? ¿Intencionalmente? El cierra los ojos, y su cabeza cuelga hacia adelante. Siento como si debería hacer algo para hacerlo sentir mejor, pero no hay manera der ser confortado por tu peor enemigo. Excepto… Diablos, yo no soy su peor enemigo ¿lo soy? Diablos y horrores. Sigo de pie a su lado, choco mi mano contra su hombro –algo así como un golpe reconfortante. Y alcanzo el libro. Sigo leyendo en voz alta donde él lo dejo: -Su hijo, Tyrannus Basilton de 5 años de edad, fue sacudido pero no herido. Su padre, Malcom

Grimm, ha llevado el niño a la casa familiar de Hampshire a que se recupere. -El aquelarre es convocado a una reunión de emergencia para discutir el ataque a Watford; la elevación de problemas con creaturas oscuras; y la necesidad de un director provisional.


-Ha habido rumores sobre cerrar la escuela hasta que nuestro problemas con las criaturas oscuras se resuelva, e incluso sugerencias de que como los Americanos y Escandinavos enviamos a nuestros hijos a escuelas Normales. -Hay más artículos sobre eso,- Digo. –Sobre qué hacer con Watford. He leído el trabajo de unos meses. Muchas reuniones y debates y ediciones. Hasta que El Mago tomo control en febrero. Baz está mirando a través de mí a la nada. Su cabello está en sus ojos, sus brazos cruzados y está sosteniendo sus propios codos. Trato de confortarlo otra vez –realmente poniendo mi mano es su hombro esta vez. –Está bien,- Digo. Él se ríe. Un oscuro ladrido –Eso debe ser la única cosa que no está bien. -No. Me refiero a que está bien que no estés bien. Lo que quiera que estés sintiendo está bien. Él se levanta, sacudiéndose mi mano. – ¿Es eso lo que te dicen tus amigos cada vez que vuelas otro pedazo de la escuela? porque te están mintiendo. No está bien. Y no lo estará nunca. Hasta ahora, solo ha sido una señal de que peores cosas vendrán. Tú no estarás bien ¿O lo harás, Snow? Siento un ola de rojo elevarse por mi espalda y hombro, y la reprimo, caminando deliberadamente lejos de él. –Esto no es sobre mí. -Yo no estaría tan seguro,-El gruñe. –Pero me he equivocado antes. Siempre es sobre ti. Suelto el libro en mi escritorio y me dirijo a la puerta. Debí haber sabido que esto no funcionaria. Él es un imperdonable idiota, incluso cuando está siendo completamente patética.

-Pensé que estabas estudiando- Penélope dice. Tiene su computadora afuera en la sala y papeles esparcidos a su alrededor. Hay una jarra de té pero estoy seguro que ya está frio. Pongo mi mano en el jarrón y digo, A algunos les gusta caliente. Oigo el té hervir. -le estaba ayudando a Baz con algo- Digo. –Pero termino. Para siempre. Ella arruga la nariz y mientras me sirvo una taza de té. Se lo que está pensado –ahora, eso no debería pasar, luego ella levanta la cabeza y arruga la nariz en mi dirección. – ¿Estabas ayudando a Baz con algo? -Sí. Fue un error.- me siento y bebo el té. Me quema la lengua. - ¿Por qué estabas ayudando a Baz con algo? -Larga historia. -Tengo mucho tiempo, Simón. Hay es cuando escuchamos el primer grito. Me pongo de pie, volteando la mesa y rompiendo la jarra de té definitivamente. Niños llegan corriendo al comedor desde el patio. Todos están gritando. Cojo a alguien de primer año corriendo adelante de mí, prácticamente levantándola del brazo. -¿Qué es?


-¡Dragón!- Ella llora. – ¡El Humdrum envió un dragón! Mi estaba esta en mi mano, y ya estoy corriendo hacia la puerta. Sé que Penny está justo tras de mí. El patio esta vacío, pero hay marcas en la fuente y una marca de tierra negra en la fuente. Y puedo sentir al Humdrum en el aire, ese sentimiento vacío, el seco toque. La mayoría de los estudiantes de Watford reconocen ese sentimiento ahora; es tan bueno como una sirena. Sigo corriendo a través de la primera y segunda puerta, una ola de calor me golpea en el arco cuando estoy a punto de pisar el puente levadizo. Una pared de aliento caliente. Sostengo mi brazo sobre mi rostro y siento a Penny agarrar la parte de atrás de mi camisa. Ella pone la mano con su anillo sobre mi hombro. –No puedes tocar esto. -¿Qué es eso?- Le grito. -Un hechizo de barrera. No funcionara a menos que el dragón sepa la canción. -¿Como el dragón va a saber esa canción? -Estoy haciendo lo mejor que puedo, Simón. -¡Yo ni lo puedo ver!- Grito. -¿Puedes tú? No lo puedo ver, pero puedo oírlo, creo. Aleteando. Un rio de llamas cae en el césped y miro hacia arriba, está planeando sobre nosotros. Parece un T-Rex con ojos amarillos de gato y grandes alas rojas. Penny sigue diciendo hechizos sobre mi hombro para intentar que baje al suelo. -¿Qué haremos con él en el suelo? -Que no nos prenda en fuego. Trato de recordar la última vez que pelee con un dragón, pero tenía 11 en ese tiempo, y estoy casi seguro que solo lo prendí en llamas. Acércate más, pienso hacia el monstruo, para que pueda quemarte. El dragón gira en el cielo sin disparar hacia nosotros, y considero por un segundo que alguno de los hechizos de Penny está funcionando. Luego veo su objetivo, un grupo de niños, tal vez de tercer año, agachados bajo un árbol de tejo. Miss Possibelf está con ellos, y puedo ver cómo le dice hechizos al dragón con su bastón. Corro hacia el árbol, sacando mi varita del bolsillo y gritando tan fuerte como pude para que el dragón me escuchara. –Su atención por favor. Lanzo todo el peso de mi magia a él… El dragón para a mitad de camino para mirarme, sosteniéndose en el aire por un momento como si hubiera sido pausado. Luego levanta su cabeza de nuevo y carga en mi dirección. -Oh, genial.- Dice Penélope. Esta uno pocos pasos atrás. Ella se gira hacia la escuela no al dragón y grita –No hay nada que ver aquí. -¿Qué estás haciendo? Le grito, girando hacia la derecha para que el dragón no pase por los edificios.


-¡Tu hechizo de atención funciono en todos!- Dice Penny “¡Están saliendo a observar! No hay nada que ver aquí- le grita de nuevo a las puertas. -¡Como estabas! Miro hacia tras y veo niños parados en el puente y corriendo por el borde de las ramplas. El dragón está planeando de nuevo, y decido correr hacia él. Una cinta de fuego pasa sobre mi cabeza. Me tiro al suelo en el último minuto y giro lejos, sus dientes pasan por el suelo junto a mí. Se eleva, bufando en lo que reo es desesperación, luego embiste hacia mí, abriendo la mandíbula. Oscilo mi espada hacia su cuello, la cuchilla da en el punto y se queda metida. El dragón se eleva de nuevo, y yo lo hago con él, sosteniendo mi espada y aprovechando el momento para oscilar hacia la cabeza de la bestia. Mis rodillas metidas bajo su quijada. Esto es mejor. Ahora puedo estrangularlo. El dragón esta intentado de que me suelte, y yo estoy tratando de sacar mi espada de su piel, para que pueda apuñalarlo de nuevo, cuando escucho a Baz llamarme. Levanto la vista y lo veo corriendo por las rampas. Debió haber puesto algún hechizo en su voz para que lo pudiera escuchar. (Me pregunto si es un escúchame, escúchame, nunca he podio decir ese.) -Simón,-Él está gritando, -No le hagas daño. ¿Qué no le haga daño? Ala mierda eso. Continúo tratando de sacar mi espada. -¡Simón!- Baz grita de nuevo. –¡Espera! ¡No son creaturas oscuras!- Él llega al final de las rampas, pero en lugar de detenerse, se para en la cima de la pared y¡ salta del edificio! ¡Y no se cae! El flota sobre el foso y aterriza al otro lado. Es la cosa más hermosa que he visto. El dragón de be pensarlo también porque deja de batallar conmigo y sigue con la cabeza a Baz. Sus alas están batiéndose con menos furia. Casi cuelgan en el aire, inmerso en la dirección de Baz y resoplando pequeñas respiraciones de fuego. Baz corre hacia nosotros, luego se para con las piedras separadas, su varita en el aire. -¡Baz!-Grito, -¡No! ¡Tú eres inflamable! -Igual que todo!- El grita hacia mi -Baz! Baz ya está señalando al dragón y diciendo un hechizo: “Mariquita, Mariquita Vuela hasta tu casa .Tu casa está ardiendo y tus hijos están huyendo.” La primera línea es un hechizo común para pestes y plagas y cosas como esas. Pero Baz sigue. Está tratando de decir la rima completa. Como si él fuera el mismo Houdini. -Mariquita, mariquita vuela hasta tu casa. Tu casa está ardiendo y tus hijos están huyendo. Todos menos uno, Es Nan Porque se escondió debajo de la sartén.No hay nada en el mundo más poderoso que las rimas de guardería, los poemas que la gente aprende cuando son niños, se quedan en sus cerebros para siempre. Un mago poderoso puede hacer retroceder a un ejército con “Humpty Dumpty” -Mariquita, mariquita, vuela hasta tu casa, tú casa está en llamas, y tus hijos deben arder.


El dragón no está volando hacia su casa, pero esta fascinado por Baz. Aterriza frente a él y ladea la cabeza. Un aliento de fuego ahora, es todo lo que le toma eliminar a Baz. Baz se queda en su lugar: -Todos menos una, y su nombre es pequeño john, y está bajo una parrilla. Me deslizo del cuello de a bestia, sacando mi espada con el peso de mi cuerpo mientras caigo. -Mariquita, Mariquita, vuela a casa, tu casa está en llamas y tus hijos deben arder. Me pregunto porque nadie está ayudándole, luego me giro y veo a todos los estudiantes y profesores parados en las puertas y en las rampas. Todos aun prestando atención, como les dije que hicieran. Incluso Penny se ha rendido. O tal vez ella esta atónita como yo. Baz sigue adelante. -Todos excepto uno, y su nombre es Aileen, y ella se escondió bajo un tazón de sopa. El dragón mira sobre su hombro, y creo que piensa en irse. Pero luego extiende sus las frustrado. Baz levanta la voz. Hay sudor en su frente y sobre la línea de su pelo, su mano está temblando. Quiero ayudarlo, pero tal vez arruine su hechizo. Pienso en herir al dragón mientras esta distraído, pero Baz me dijo que parara. Camino lentamente hasta que estoy tras de él. El dragón sacude la cabeza y empieza girarse de nuevo. Empiezo a creer que enserio se quiere ir. Que quiere que el hechizo funcione. -Mariquita, mariquita, vuela a casa, tu casa está en llamas, y tus hijos deben arder. Hora, todo el brazo de Baz está temblando. Pongo mi brazo en su hombro para estabilizarlo. Y luego hago algo que nunca he hecho antes, algo que yo probablemente nunca intentaría con alguien que me diera miedo lastimar. Yo empujo. Tomo un poco de la magia que siempre está tratando de salir de mí, y la empujo hacia Baz. Su brazo se endereza, y su voz se vuelve más fuerte. –Vuela a casa.- A mitad de la oración. Las alas del dragón se estremecen, y se sacude hacia atrás. Empujo un poco más de magia. Estoy preocupado de que sea demasiada, pero Baz no se cae o trastabilla. Sus hombros están firmes como rocas bajo mis palmas. -Mariquita, mariquita, vuela a casa.- él dice. Las alas del dragón están aleteando frenéticamente, y se está echando hacia atrás en el aire, como un avión volando hacia atrás. Dejo de empujar y cierro los ojos, dejando que Baz tome mi magia si la necesita. No quiero sobrecargarlo y tenerlo como una granada en mi mano. Cuando abro los ojos de nuevo, el dragón es un punto rojo en el cielo, y hay un aplauso alzándose por las rampas. -Como eran!- Grita Baz, señalando con su varita hacia la escuela. La multitud rápidamente empieza a dispersarse. Luego Baz se aleja de mi mano y me mira. Me está mirando como si yo fuera un completo loco. (Lo que los dos ya sabemos es verdad.) Su ceja derecha esta arqueada, parece que se hubiera salido de su ojo.


-¿Por qué me ayudaste?- Yo pregunto. -Tregua.- Dice Baz, todavía alarmado. Luego sacude su cabeza, igual que hizo el dragón cuando está tratando de alejar su hechizo. _De todas formas, no estaba ayudándote.- Sube su mano y frota su cuello. –Estaba ayudando al dragón. Tú lo habrías matado. -Estaba atacando la escuela. -No porque ella quisiera. Los dragones no atacan a menos que hayan sido amenazados. Y los dragones ni siquiera viven en esta parte de Inglaterra. Penélope corre hacia mí como un tren descarrilado. Agarra mi mano y la pone en su hombro. – Muéstrame.- Ella dice. –Deja que fluya. Quito mi mano. -¿Qué? Ella la toma de nuevo. –Vi lo que acabó de pasar.- Ella pone mi mano en su hombro. -¿Dónde aprendiste a hacer eso? -Para,- Digo, y trato de decirlo en serio, mirando a cualquiera que pueda oírnos. El Césped está lleno de niños, inspeccionando las marcas y actuando como gente que casi muere pero o lo hizo. –Solo le estaba dando apoyo moral. -Excelente trabajo, caballeros.- Miss Possibelf está de pies a nuestro lado; ni siquiera la vi caminar así aquí. –Muy pocas veces he visto una rima de guardería tan fuerte, Mr. Pitch, y nunca una situación que la necesitara tan desesperadamente. Baz se inclina humildemente. Perfectamente. Su cabello cae hacia adelante. -Mr. Snow,- ella sigue, girándose hacia mí. –Tal vez debe hacer un reporte para el directo cuando regrese. Y puede trabajar en moderación esta semana en Declamación. Inclino la cabeza. –Sí, señora. -Sigan adelante,- Ella dice sin ninguna magia. Penélope coloca mis manos en sus hombros una vez más. Yo las quito. Cuando me giro hacia el castillo, veo a Agatha, la única que sigue mirándonos desde la muralla.


Capítulo 45 Simon -¡Te Visitaron! ¡Y no me lo dijiste! Penélope está de pie con las manos sobre sus caderas, y estoy bastante seguro de que estaría diciendo hechizos para herirme si Baz no le hubiera quitado su varita. -¿le contaste a él?- ella mueve su mano hacia Baz. -¿Pero no me lo dijiste a mí? -Fue la mama de él. -Si-Ella dice. –Pero él ni siquiera estaba aquí. -iba a decirte, Penny, pero luego el regreso, y todo se complicó. - Nosotros te estamos diciendo ahora,- Dice Baz -¿Nosotros?- Ella dice. -¿Desde cuándo ustedes dos son un “nosotros”? -Nosotros no somos un “nosotros”- Digo en un medio grito. Baz levanta las manos al aire y se deja caer sobre su cama. –Ustedes don imposibles. -Y desde cuándo,- Penny me dice a mí, -¿Tú eres una corriente a la que otros magos simplemente pueden conectarse? -No lo sé,- Yo digo. –Nunca lo había intentado antes. -Inténtalo de nuevo ahora,-Ella dice, sentados en la cama a mi lado. -Penny, no, no quiero hacerte daño. Ella pone mi mano en su hombro. –Simón, imagínate todo lo que haríamos con tus poderes y mis hechizos. Podríamos acabar con el Humdrum para la cena, y luego acabar el hambre y tener paz mundial. -Imagina lo que El Mago haría cuando se dé cuenta que tiene un generado nuclear de energía en su patio trasero.- Dice Baz en voz baja desde su cama. Paso saliva y miro hacia la pared. Penny baja las manos. Tengo que admitir que no tengo muchas ganas de contarle al mago, ni a nadie, lo que hice hoy. Es lo suficiente malo que no pueda controlar mis poderes. No quiero que me los quieten completamente de las manos. Penny cubre mis manos con las suyas en la cama. -¿Fue un hechizo especial?- Pregunta suavemente. -No,- Digo, -Yo solo…empuje. -Muéstrame. Baz se levanta sobre un codo para mirar. Miro a Penny a los ojos. -Confió en ti.- Ella dice. -Eso no significa que no te hare daño. Penny se encoje de hombros. –El dolor es temporal.


-Eso no significa que no te hare daño. Ella se encoje de hombro de nuevo. –Vamos. Tenemos que entender como funciona esto. -Nosotros no tenemos que hacerlo,- Digo. –Tu solo quieres hacerlo. Ella aprieta mi mano. –Simón. Puedo ver que la decisión está tomada; no me dejara en paz hasta que haga esto. Trato de recordar cómo se sentía afuera en el Césped. Como si me estuviera abriendo, desenrollando, solo un poco. Solo déjalo apenas salir… Le doy el más leve empujón. -¡Santas serpientes!- Dice Penny, quitando las manos de las mías y saltando fuera de la cama. – Que jodan a un troll de nueve dedos, Simón- Ella está sacudiendo las manos, y hay lágrimas en sus ojos. – ¡Stevie Nicks y Gracie Slick! ¡Mierda! Estoy de pie. – ¡Perdón! ¡Penny, lo lamento, déjame ver! Baz vuelve a caer en su cama, cacareando. Penélope levante el brazo. Se ve rojo y manchado. –Lo lamento tanto, -Digo, tomando su muñeca gentilmente. -¿Deberíamos ir a la enfermería? -No lo creo,- Ella dice. –Creo que está pasando.- Su brazo esta temblando. Baz se levanta de la cama y le hecha un vistazo. -¿Se sintió como si te estuviera poniendo un hechizo?- Pregunto. -No.- Los dos contestan a la vez. -Fue más la sorpresa, -Dice Penélope, luego mira a Baz. ¿Cómo fue para ti? El saca la varita. –No lo sé. Yo estaba concentrado en el dragón. -¿Te dolió?- Ella le pregunta él. -Tal vez no viste lo que creíste ver, -Dice Baz. –Tal vez Snow realmente me estaba dando apoyo moral. -Correcto. Y tal vez tú eres el mago más poderoso en cinco generaciones. -Tal vez lo soy.- Él dice, golpeado su varita de marfil contra el brazo de Penny. –Mejórate pronto. -¿Cómo se sintió eso?- Le pregunto a ella. -Mejor,- dice reluctantemente, poniendo su brazo lejos de nosotros. Ella le frunce el ceño a Baz… -Caliente. Baz sonríe, subiendo de nueva esa ceja. -Me refiera a la temperatura.- Ella dice. –Tu magia se siente como un quemón, Basil. Baz mueve su varita, se encoje de hombros y se gira hacia la pizarra. –Corre en la familia. Como dije, la magia de cada uno se siente diferente. La magia de Penélope se siente gruesa y hace que tu boca sepa a salvia. Me gusta un poco. -Entonces…- Ella dice, siguiéndolo hacia la pizarra. –Tuviste una visita. Una Visita real, Natasha Grimm-pitch estuvo aquí. Baz mira sobre su hombro. –Suenas impresionada, Bunce.


-Lo estoy,- Dice Penélope. –Tu madre fue un héroe. Ella desarrollo un hechizo par a la fiebre de gnomo. Y fue la directora más joven en la historia de Watford. Baz está mirando a Penny como si nunca la hubiera visto antes. -Y- Penélope sigue. –Defendió a tu padre en tres duelos antes de que el aceptara su propuesta. -Eso suena barbárico.- YO digo. -Era una tradición,- Dice Baz. -Era brillante.- Dice Penélope. –He leído los minutos. -¿Dónde?- Pregunta Baz -Los tenemos en la librería de casa,- Ella dice. –Mi padre ama los rituales matrimoniales. Cualquier clase de magia familiar, de hecho. El y mi madre están comprometidos en cinco dimensiones. -Eso es encantador.- Dice Baz, y estoy asustado porque creo que lo dice en serio. -Voy hacer que el tiempo se detenga cuando m le proponga a Micah, -Ella dice. -¿El pequeño americano? ¿Con las gruesas gafas? -No tan pequeño ahora. -Interesante.- Baz frota su mentón. –Mi madre colgó la luna. -Ella era una leyenda. Penélope dice. -Creía que tus padres odiaban a los Pitches,- Digo. Los dos me miran como si hubiera metido la mano en el tazón de la sopa. -Esas son políticas.- Dice Penélope. –Estamos hablando de magia. -Obviamente,- Digo. -¿En que estaba pensando? -Obviamente,- Dice Baz – No lo hacías. -¿Qué esta pasando ahora?- Digo -¿Qué estamos haciendo? Penélope se cruza de brazos y mira al pizarrón, -Nosotros,- ella declara –vamos a descubrir quien mato a Natasha Grimm-Pitch. -La leyenda.- Dice Baz. Penélope le da una mirada de ternura, de la clase que normalmente guarda para mí. –Para que ella pueda descansar en paz.


Capítulo 46 Baz Penélope Bunce es una hechicera fuerte. N me molesta decirlo. Bueno, no me molesta decirlo ahora que ella está de alguna manera de mi parte. No me pregunto porque Snow la sigue a todo lado como un estúpido perro congénito. Estoy casi seguro de que no sabemos nada ahora que no supiéramos antes, pero Bunce es afilada y confiada, cada minuto con ella en la habitación se siente como progreso. También, ella reparo nuestra ventana, ahora ya no suena. Pue3do darme cuenta que aun piensa que yo soy repugnante y desagradable, pero roma no se construyó en la admiración mutua. Ella tiene una buena memoria par Historia Mágica, su cas a debe estar llena de libros prohibidos, y la mitad de sus opiniones conseguirían que la tiraran a los calabozos si su apellido fuera Pitch en lugar de Bunce. (Debe haber algo de mundanidad en alguna parte de su sangre; Bunce es el último apellido en el Realm. Y deberían ver a su padre, profesor Bunce. Él es un libro lleno de notas en el pie de página, traído a la vida, es una chaqueta hecha de parches de codo. El enseño una unidad especial sobre el Humdrum el último año, y no recuerdo haber sido capaz de seguirlo en una frase completa.) Snow y Bunce me mandaron a conseguir la cena, porque soy el único que le agrada a la cocinera Pritchard; ella es una prima lejana, y cuando regreso, Bunce tiene una pieza de tiza verde, y está añadiendo notas a mis notas en una pequeña, y arrugada caligrafía. Nicodemus -mirar en la biblioteca -¿Preguntar a mama? (¿Algún riesgo?) -¿Preguntar a El Mago? No. -¿Google? ¡Sí! (No hace daño, Simón.) Incluso sus notas esta dirigidas a Snow. Son como Ant y Dec. Unidos por la cadera. Hmmm… me pregunto si Wellbelove se nos unirá también. -Simón tiene razón sobre los vampiro,- Dice Bunce girándose lejos de la pizarra. La bandeja de la comida se inclina en mis manos. Me detengo un momento para arreglarla. ¿Qué?


-Los vampiros,- Ella dice, girándose y colocando sus manos sobre la cadera. Su falda está cubierta con polvo de tiza. Snow baja el libro y viene a tomar el jarrón de leche. Lo levanta hacia su boca, y yo lo golpeo en el mentón. -Anathema!- él dice. -No estoy intentando hacerte daño; estoy tratando de protegerte de tus asquerosos modales. El cuarto no me culpara esta vez, pequeño estúpido. Hay vasos justo ahí. Él pone la leche en la mesa que hay en medio de nuestras camas, luego toma los vasos y la bandeja llena de sándwich. – ¿La cocinera Pritchard te dio todo esto?- El destapa una bolsa llena de brownies. -Le agrado.- Digo. -Pensaba que yo le agradaba,- Él dice. – ¡La salve de un Skink de cocina! -Bueno, a ella le agrado por quien soy. -Vampiros,- Dice Penélope. -¿Me están escuchando? Hago una mueca. Fuera de hábito. –Coge un sándwich, Bunce. -¿Cómo vamos a saber quién envió a los vampiros? O ¿Qué querían si no sabemos nade de vampiros?- Ella sigue hablando. -Los vampiros quieres sangre- Dice Snow con la boca llena de carne mechada. -Pero pueden conseguir eso en todo lado,- Ella dice. –La pueden conseguir fácilmente. En Soho. Después de media noche.- ella coge un sándwich y se sienta en la cama de Snow, cruzando las piernas. Podría ver bajo su falda si quisiera, y si ladeara mi cabeza un poco. –No puedo pensar en un lugar más difícil para que un vampiro consiga sangre,- ella dice. –Que Watford, en la mitad del día. Ella tiene el punto aquí. -Así que ¿Para qué intentarlo?- ella pregunta. -Bueno, el año escolar todavía no había empezado,- yo digo, cogiendo una manzana –Así que nadie estaba pendiente. -Sí, pero es Watford.- ella sacude su largo cabello. –incluso en ese entonces, había una barrera de guardias contra las criaturas oscuras. -No tiene ningún sentido,- Dice Snow. –El Humdrum mando los vampiros. Igual que el dragón hoy. No tenía que estar aquí tampoco. No estoy seguro si Snow se da cuenta, o me creyó cuando le dije. Yo pensé que iba a asesinar ese dragón a sangre fría en frente de toda la escuela. Bueno, no a sangre fría, estaba atacándonos. Pero acabar con un dragón es cosa oscura, muy oscura incluso para mi familia. Tú no asesinas a un dragón a menos que estés abriendo una puerta hacia el infierno.


-Pero si la directora Grimm-Pitch estaba hablando sobre el Humdrum,-Dice Bunce. -¿Por qué pondría eso sobre Baz? ¿Acaso espera ella que Baz acabe con el Humdrum? ¿Y qué hay de Nicodemus? Snow se encoje de hombros. –Debemos que dejar de pensar en el cómo solo un ataque. -Es el único ataque en la historia de la escuela.- Yo contesto. -Si,- él dice, -Pero un montón de cosas más estaban pasando en ese momento. El Mago dice que las criaturas oscuras creían que nos estábamos debilitando, estaban haciendo serios movimientos en nuestro reino. -¿Cuándo dijo eso?- Penny pregunta. -Está en El Archivo,- Dice Snow. –El Mago dio un discurso en el aquelarre, incluso antes de la invasión a Watford.- el mete lo que queda de su sándwich en la boca y se estira sobre Penny por un libro. Su chaqueta y jumper están en el suelo, y su camisa blanca sale de sus pantalones por un lado. El encuentra la página correcta rápidamente, la muestra hacia nosotros. Yo estoy de pies a un lado de ellos, no preparado aun para sentarme en la cama de Snow. Es la página principal de El Archivo. El discurso de El Mago está impreso en toda la página, y hay un cuadro con fechas y atrocidades, todos los ataques contra los magos en un espacio de cinco años. ¿NUESTRO DOMINIO EN PELIGRO? Es el titular. -Espera un minuto…- Bunce le quita el libro y le pasa su sándwich para que lo sostenga; él le da un mordisco. –No hay nada sobre el Humdrum.- Ella avanza hasta la historia de la muerte de mi madre, la escanea con su dedo. –Nada sobre el Humdrum aquí tampoco. Ella cierra el libro y le da un golpecito a la portada con su anillo. “¡Peine de dientes finos, Humdrum!” el libro se abre, y se empiezan a pasar las páginas. Pasan más rápido cerca del final; y el libro se cierra en su regazo. -No lo menciona. -Eso no tiene sentido- Digo. –El Humdrum existía en ese momento. El primer lugar muerto apareció en los 90’ cerca de Stonehenge. Lo estudiamos para historia mágica. -Lo se.- Ella dice. –Mi mama estaba embarazada de mi cuando paso. Ella y papa visitaron el sitio.- Bunce toma lo que queda de su sándwich de simón y le d aun mordisco. Ella me mira, masticando sospechosamente. –Me pregunto cómo supieron… -¿Quiénes? ¿Qué?- Pregunto. -¿Me pregunto cómo supieron que era el Humdrum quien estaba detrás de todo.- Dice Bunce, Detrás de los ataque de las criaturas oscuras y los lugares muertos? ¿Cómo supieron que era el antes de saber cómo se sentía? así es como lo identificamos ahora. El sentimiento. -¿Sentiste al Humdrum?-Pregunta Snow. -¿Ese día, en la guardería? -Estaba un poco distraído.- Digo. -¿Qué te dijeron?- pregunta Bunce. -¿Qué me dijeron, quienes?


-Tu familia. Después de que tu madre muriera. -No me dijeron nada. ¿Qué había que decirme? -¿Te dijeron que eran vampiros? -No tenían que decirme eso. Yo estaba ahí. -¿lo recuerdas?- Ella pregunta. – ¿Viste los vampiros? -Si.- Pongo la manzana de vuelta en la bandeja. Snow se aclara la garganta. –Baz ¿Cuándo fue la primera vez que oíste que fue el Humdrum quien envió los vampiros? Ellos están imaginando a mi padre sentándome en la silla de cuero y diciéndome “Basilton hay algo que tengo que decirte… Él nunca dijo esas palabras. Nadie le dice nada a nadie en mi familia. Solo lo sabes. Aprendes a saberlo. Nadie tenía que decirme que hablábamos sobre mi madre, pero no hablábamos sobre la muerte de mi madre. Nadie tenía que decirme que era un vampiro: Recuerdo ser mordido, crecí con las mimas historias de terror que todos, luego un día desperté queriendo comer sangre. Y nadie tuvo que decirme que no la tenía que tomar de una persona. -Lo supe en la escuela,- digo. –Igual que ustedes.- Los dos se veían sorprendidos. -¿Qué les paso a los vampiros?- Pregunta Snow. –No a los que mato tu madre –a los otros. -El amago saco a la mayoría de Inglaterra- Digo. –Creo que es la única vez que mi familia cooperado con sus redadas. -Mama dic que la guerra empezó con las redadas a los vampiros.- Dice Bunce. -¿Cuál guerra?- Pregunta Snow. -Todas ellas,- ella dice. Se inclina sobre el regazo de Snow para alcanzar los brownies. Tomo un sándwich y la manzana, me pongo de pie. –Necesito aire. Me espero hasta que estoy en las catacumbas para comer. En realidad no me gusta mucho comer enfrente de los demás.


Capítulo 47 Simon Penny está de vuelta haciendo notas en el pizarrón

Halar con papa en vacaciones de navidad. ¿Ok esperar tanto tiempo? ¿Pedirle que envíe notas? -¿Por qué todas ellas?- Pregunto -¿Hmm? -¿Por qué todas las guerras? ¿Por qué todas empezaron con las redadas de vampiros? -La guerra con las cosas oscuras empezó ahí,- ella dice. –Eso debe ser obvio. Me refiero, magos y vampiros nunca se han llevado bien, necesitamos a los Normales vivos, y ellos los necesita muertos. Pero invadiendo Watford, eso fue un acto de guerra. Y fue el primer ataque real del Humdrum. -¿Qué pasa con la guerra de las Viejas Familias? -Bueno, las reformas del mago empezaron ahí.- ella dice. -Desearía que hubiera solo una guerra,- digo. –y un enemigo que pudiera destruir. -Wow,- dice Penny, finalmente girándose de la pizarra, -¿Qué vas a hacer ahora que no tienes a Baz? -Aún tengo a Baz. -No como un enemigo. -Solo tenemos una tregua.- Digo -Una tregua de compartir magia. -Penny.- frunzo el ceño y me caigo de nuevo en mi cama. Estoy hecho polvo. La siento subiendo a mi lado. –Intenta de nuevo,- Ella dice, tomando mi mano. -No. -¿Por qué lo intentaste con Baz? -No lo hice.- Yo solo quería ayudarlo, y no sabía cómo. Así que puse mi mano en él y pensé en ayudarlo. -Fue bastante extraordinario. -¿Crees que todos se dieron cuenta? -No… Tal vez. No lo sé. Yo me di cuenta, porque estaba muy cerca. Pero lo vi pararse más firme cuando lo tocaste. Y luego el hechizo empezó a funcionar.


No hay forma de que Baz sea lo suficientemente poderoso para mandar atrás un Dragón- Ella aprieta mi mano. –Inténtalo de nuevo. Aprieto la de ella. –No. Te hare daño. -No le hiciste daño a Baz. -Tal vez lo hice…él nunca lo admitiría. -Tal vez no le hiciste daño.- ella dice, -Porque él ya está muerto. -Baz no está muerto. -Bueno, él no está vivo. -Creo… creo que lo está,- Digo. –Él tiene magia. Eso es vida. -Dientes de Morgan. Imagina si lo pudieras hacer de nuevo. Si pudieras en realidad controlar tus poderes, simón. -Baz era el que controlaba mis poderes. -Era como si estuvieras concentrado por primera vez. Lo estabas usando como una varita. -Yo no lo estaba usando.


Capítulo 48 Baz Cuando regreso, Bunce no está. Puedo darme cuenta que ha estado sentada en mi cama de nuevo –huele como ella. Como sangre y chocolate y hierbas de cocina. Se lo discutiré mañana. Snow se ha bañado, el cuarto está húmedo por eso, pero nuestros papeles y cena siguen regados en el suelo. Es como tener dos compañeros de cuarto descuidados. El pizarrón está en orden, aunque, lleno de la caligrafía de Bunce y empujado contra la pared. Tomo mi chaqueta y la encanto para que esté limpia, colgándola en mi guardarropa. Mi corbata está metida en el bolsillo. La saco y la cuelgo. Comí mi sándwich en el sótano, bajándolo con algunas ratas. Tengo que ir a cazar al bosque de nuevo; las ratas se están acabando en las catacumbas, aunque yo trato de no tomar las hembras. Es horrible cazar en el Bosque. Tengo que hacerlo durante el dia porque El Mago levanta el puente al atardecer, y no puedo Flotar Como Mariposa sobre el foso todas las noches como lo hice hoy; no tengo la magia. Miro por encima de mi hombro a Snow, un largo y envuelto grumo en su cama. Él tiene la magia. Él puede hacer cualquier cosa. Aún estoy zumbando con su magia, y han pasado horas desde que quito su mano de mí. Él me ha lanzado hechizos antes, pero esto es diferente. Esto fue como ser alcanzado por un rayo. Me siento limpio. Sin fondo. No, eso no es correcto, no sin fondo. Sin centro. Como si fuera más grande en el interior. Como si pudiera decir cualquier hechizo, cumplir cualquier promesaAl principio fue como si Snow me estuviera dando magia. Enviándomela. Pero luego la magia solo estaba ahí. Era mía, en ese momento, todo lo que era de él. Está bien. Tengo que dejar de pensar de esa manera. Como si fuera un regalo. Snow nunca se hubiera abierto a mí sino hubiera un dragón sobre nosotros… Me pregunto si pudiera tomar la magia de él si lo intento, pero la idea me revuelve el estómago. Me cambio en el baño y me cepillo los dientes, y cuando salgo, veo a Snow sentado en su cama. -¿Baz? -Que.- Me siento en mi cama, encima de las sabanas. -Yo… ¿Puedes venir aquí? -No. -Yo puedo ir allí, entonces. Cruzo las piernas y los brazos. –No, No puedes.


Snow suspira, exasperado. Bien, pienso. -Solo. Ven aquí.- Él dice. -¿Esta bien? Tengo que intentar algo. -¿Puedes escuchar lo ridículo que suenas? Él se levanta. Esta oscuro en la habitación, pero salió la luna, y siempre puedo verlo mejor de lo que él me ve. Está usando pantalones de pijamas de franela gris, de la escuela, y su cruz dorada. Su piel es tan gris como la mía en esta luz, y brilla como una perla. -No te puedes sentar en mi cama.- Digo mientras él se sienta en mi cama. –Y tampoco Bunce. Mi cama apesta a intensidad y brownies. -Toma,- Él dice, estirando su mano. -¿Qué quieres de mí, Snow? -Nada- él dice. Y lo dice en serio, el bastardo. –Tenemos que intentarlo de nuevo. -¿Por qué? -Para que sepamos que no fue una casualidad. -Fue una casualidad. Estabas peleando con un dragón, y yo te estaba ayudando, fue totalmente una casualidad. -Merlín, Baz, ¿No quieres saberlo? -¿Si me puedo conectar a tu generados? -No fue así,- Él dice. –Yo te deje hacerlo. -¿Vas a dejarme hacerlo de nuevo? -No. -Bueno, ¡entonces no importa si fue una casualidad! Snow sigue sentado en mi cama. –Bueno,- Él dice. –Tal vez. -Tal vez ¿Qué? -Tal vez lo haga de nuevo,- Él dice. –Si hubiera una situación como hoy, si hubieran vidas en riesgo, y esto pudiera ser una solución, una opción más que, solo, explotar. -¿Qué pasa si lo pongo en contra tuya? -¿Mi magia? -Si.- Digo. –Qué pasa si tomo tu magia, y la hechizo en tu contra, y empiezo Baz versus Simón, de una vez por todas. La boca de Snow está abierta. Su lengua brilla negra contra la oscuridad. -¿Por qué eres así de villano?- el suena asqueado. -¿Por qué ya has pensado en eso? -Pensé en eso cuando esta rimando a el dragón.- Digo. -¿No lo hiciste tú? -No. -Por cosas así es que voy a vencerte. -Estamos en tregua. -Aun puedo pensar antagónicamente. Tengo pensamientos violentos hacia ti, constantemente. Él toma mi mano. Quiero quitarla, pero no quiero parecer asustado, y también no quiero quitarla. Maldito Snow. Tengo pensamientos violentos hacia él, ahora mismo.


-Voy a intentarlo ahora- Él dice. -Bien. -¿Deberías decir un hechizo? -No lo sé,- Digo. –Este es tu experimento. -No lo hagas, entonces.- Él dice. –No de inmediato. Pero dime si te duele. -No me dolió antes,- Murmuro. -¿No lo hizo? -No. -¿Cómo se sintió? -Deja de hablar sobre sentimientos.- Digo, sacudiendo su mano. –Golpéame. O cárgame. Lo que sea que quieras hacer. Snow lame su labio de abajo y entrecierra los ojos. ¿Así se veía esta tarde? Crowley. Siento su magia. Al principio es un zumbido en la punta de mis dedos, luego una carga de estática sobre mi brazo. Trato de no retorcerme. -¿Estas bien?- Él pregunta. Con voz suave. -Bien. ¿Qué estás haciendo? -No lo sé,- Murmura. -¿Abriéndome? Creo. La estática en mi brazo se vuelve un repiqueteo, como si chispas eléctricas estuvieran prendiéndose en llamas. La incomodidad se va, aunque el sentimiento de llamas se vuelve más fuerte. Con esto sé que hacer: esto es fuego. -¿Sigues bien?- Pregunta. -Magnifico.- Digo. -¿Qué significa eso? ¿Significa que puedes usarla? Me rio, y sale más natural de lo que pretendía. –Snow. Siento que podría decir un soneto en estos momentos. -Muéstrame.- Dice. Estoy tan lleno de poder, siento que puedo ver sin abrir los ojos. Como si pudiera volverme una supernova y tener mi propia galaxia. ¿Así es ser Simón Snow? ¿Tener el infinito en el bolsillo? Hablo claramente: “Estrellita, Donde estas” Cuando acaba con la siguiente frase, el cuarto alrededor de nosotros ya no está, y las estrellas están tan cerca para poderlas tocar. “Por encima del mundo, tan arriba” Simón toma mi otra mano, y mi pecho crece más. –Merlín y Morgana,- Él dice. -¿Estamos en el espacio? -No lo sé.- Digo. -¿Es eso un hechizo? -No lo se.


Los dos miramos alrededor. No creo que estemos en el espacio; puedo respirar bien. Y no siento que este flotando lejos, aunque estoy cerca de la histeria. Tanto poder. Tantas estrellas. Mi boca sabe a humo. -¿Te estas conteniendo?- Le pregunto. -No conscientemente,- Dice Snow. -¿Es demasiado? Yo sonrió. –Mierda, Snow. Deja de hablar. Esto es embarazoso. -¿Quieres que me quite? -No. Quiero mirar las estrellas. -Me voy a quitar.- Él dice. Y lo hace. Se siente como si la corriente se fuera, si la corriente estuviera hecha de heroína y fuego. Sacudo la cabeza. No suelto las manos de Snow. -¿Estas bien?- El pregunta. -Si. ¿Tu? -Bien. Ahora solo estamos sentados en mi cama, tomados de las manos, Simón Snow y yo. No puedo mirar a sus ojos, así que miro a su cruz. -Tu madre…,- Él dice.- Cuando volvió, dijo eso sobre las estrellas. ‘Él dijo que seriamos estrellas’ -Pienso que eso es una coincidencia. -Si.- Simón asiente. -¿Te quedó un poco? como, ¿se quedó contigo? ¿Mi magia? -¿Cómo residuo?- Yo pregunto. -Sí. Sacudo mi cabeza. –No. Un sentimiento. Un zumbido. No poder. -¿Puedes hacerlo de tu lado? -¿A que te refieres? -Seguimos tocándonos,- Él dice. –Intenta conectarte. Cierro los ojos e intento abrirme, trato de ser una aspiradora o un hoyo negro. No pasa nada. Trato de jalar a Snow, entonces. De chuparlo a él con mi propia magia… no pasa nada. Abro los ojos. –No. No puedo tomarla de ti. Nunca he oído de un mago que tome la magia de los demás. ¿Puedes imaginarlo? ¿si hubiera un hechizo para eso? Nos destruiríamos. -Ya nos estamos destruyendo -No puedo tomarla.- Digo de nuevo. -¿No crees que te hizo daño, mi magia? -No lo creo. -Así que lo podemos hacer de nuevo. -Lo acabamos de hacer, Snow. Él se ve inusualmente pensativo. Me pregunto si se le olvido que está cogiendo mi mano. O si olvido lo que significa tomarse de las manos. O si se olvidó enteramente de quien soy.


Pienso en quitar mi mano, pero en este punto, Snow puede prender en llamas en mi mano, y yo no la quitaría. Siento que él tiene que hacerlo. -Baz.- Él dice, y no es imprescindible para el decir mi nombre, pero sé que él lo evita. –Esto es estúpido. Si vamos a trabajar juntos, no puedes seguir pretendiendo que no lo sé. -No sabes que.- Digo, quitando mis manos. -No sé sobre ti. Sobre lo que eres. -Sal de mi cama, Snow. -No cambiara nada… -¿No lo hará? -Bueno, haría las cosas más fáciles,- Él dice. -¿Cómo podemos discutir sobre lo que sabemos sobre vampiros cuando tu no admites ser uno?

-Sal de mi cama Snow se pone de pie, pero no se aleja. –Lo sé. Lo sé desde el quinto año ¿Cómo quieres que te ayudemos cuando mantienes todos estos secretos? ¿Por qué empezaste la escuela tarde? ¿Por qué estas cojeando? -Eso no tiene que ver contigo.- Yo siseo. –Nada de eso. -Tienes razón, pero dijiste que quieres mi ayuda. Así que lo volviste mi problema. -Te diré lo que crea que es relevante. -Se supone que debemos averiguar quien envió vampiros chupa-sangre a matar a tu madre y tú eres un vampiro chupa-sangre. ¿No crees que es relevante? Como si pudiera admitir eso. En voz alta. Como si cualquier otro mago no estuviera encantado de prenderme fuego si supieran la verdad. Como si el mismo Snow no estuviera tratando de exponerme todos los días por siete años. Cierro la mandíbula. Debería irme. Volver a las catacumbas. Pero la magia de Snow me ha drenado, no estoy seguro que pueda ponerme de pie, ahora. Solo cierro los ojos. -Estoy cansado de ti hoy,- Digo. –Me ha alcanzado un rayo, dos veces en las últimas doce horas, y ahora solo estoy cansado.


Capítulo 49 Simon Agatha quiere hablar conmigo después de nuestra lección de Palabras Mágicas. Ella no me ha dicho ninguna palabra desde que nos separamos –ella casi ni me mira- así que ahora cuando ella se acerca hacia mí, mi respuesta inicial es mirar el suelo y tratar de caminar lejos de ella. Ella tiene que agarrar mi manga para conseguir mi atención, lo que es incómodo para los dos. —Simon — ella dice. — ¿Puedo hablar contigo? Ella luce tan nerviosa; se está mordiendo el labio inferior. Tengo que admitirlo, mi primer pensamiento es que Agatha me extraña. Que ella quiere que volvamos a estar juntos. Yo le diría que si, por supuesto. Ni siquiera voy a hacer que me pregunte. Podemos regresar a como éramos antes. Tal vez incluso le diría lo que está pasando con Baz, tal vez ella puede ayudar. Luego pienso en Agatha en nuestra habitación, lo suficiente cerca como para que Baz pueda oler su pulso, y decido que no le voy a decir todo, no de inmediato. Pero si volvería con ella. Todo esto ha sido una mierda. Ignorándonos uno al otro. Sentados lejos. Actuando como enemigos cuando todo lo que hemos sido alguna vez es amigos. Volvería con ella. Justo a tiempo para navidad. Últimamente he estado pensando un montón en navidad. Siempre la paso con los Wellbeloves. Lo he hecho desde la primera vez que llegue a Watford. Creo que al principio debió haber sido por una cosa filantrópica de su padre el Dr. Wellbelove. Esa es exactamente el tipo de cosa que el haría – abrir su casa en navidad para los huérfanos. Así fue como Agatha y yo nos hicimos amigos. No estoy seguro si ella alguna vez me habría hablado si no se hubiera quedado atrapada conmigo en su casa todos los años por dos semanas. No es que Agatha sea engreídaBueno… ella es un poco engreída. Creo que a ella le gusta verse más bonita que los demás y tener mejor ropa y ser afortunada. No puedo culparla por ello. Pero también, ella simplemente no es tan social. Especialmente en la escuela. Ella solía estar realmente involucrada con el baile, antes de Watford, y ella sigue totalmente involucrada con los caballos, y creo que ella es más cercana de sus Normales amigos de verano que de cualquier persona aquí.


Agatha no es como Penny. Ella no se preocupa de forma natural por las políticas mágicas. Y ella no es como yo, ella no tiene que preocuparse. No creo que Agatha se preocupe mucho acerca de la magia, y punto. La última vez que nosotros hablamos sobre el futuro, ella estaba pensando acerca de convertirse en veterinaria. Dr. Wellbelove es todo acerca de la igualdad normal-mágico, y como no les sirve a los magos pensar que son superiores a los normales. (—Entiendo lo que Welby dice — La madre de Penny dirá — pero podemos hacer todo lo que los normales pueden hacer, además de la magia. ¿Cómo es que no somos mejores? ) Su padre nunca presiono a Agatha para que escogiera una carrera mágica. Creo que ella incluso podría salir con un Normal, si ella quisiera. (A su madre probablemente podría importarle; los Normales no se permiten en el club) De todos modos, me encanta estar con los Wellbeloves, siempre y cuando ellos no estén lanzando una cena elegante o arrastrándome a través de la temporada de eventos. Todo en su casa es nuevo. Ellos tienen una televisión que ocupa toda una pared, con altavoces gigantes escondidos detrás de pinturas de caballos, y todos sus sofás son de cuero. La madre de Agatha siempre está afuera, y su padre por lo general en la clínica. (Él también es un doctor normal, pero la mayoría de sus pacientes son magos. Él se especializa en dolencias agudas anormales) Ellos tienen una persona que se encarga de la limpieza, Helen, que cocina para Agatha y la lleva a todas partes. Pero nadie trata a Helen como una criada. Ella se viste con ropa normal, sin ningún uniforme, y está obsesionada con Doctor Who. Todos ellos son buenos conmigo, incluso Helen. La madre de Agatha me da ropa bonita por Navidad, y su padre habla conmigo acerca de mi futuro como si no fuera a morir en una bola de fuego. Realmente ellos me gustan. Y me gusta la navidad. Y he estado pensando en lo extraño que será estar sentado en la mesa del comedor, hablando con los padres de Agatha, sabiendo que ella y yo hemos terminado. Agatha y yo permanecemos en el aula de Palabras Mágicas después de que todos se fueran. Ella sigue mordiéndose el labio. —Agatha... — le digo. —Es acerca de navidad — dice. Ella pone su cabello detrás de sus orejas. Ella tiene el cabello perfectamente lacio, partido en la mitad así que naturalmente le enmarca el rostro. (Penny dice que es por un hechizo. Agatha dice que no lo es. Penny dice que los hechizos de belleza no son nada de los que avergonzarse.) —Mi papá quiere que sepas que, por supuesto, todavía eres bienvenido en nuestra casa para navidad. Agatha dice. —Oh, — digo. —Bien. —Pero creo que ambos sabemos lo incomodo que sería, — ella continua. Ella luce muy incómoda, ciertamente. —Para los dos.


—Correcto —le digo. Seria incómodo, supongo. —Eso arruinaría navidad —dice. Me detengo antes de que pueda decir: — ¿Lo haría? ¿Realmente lo haría, Agatha? Es una casa

grande, y yo estaría todo el tiempo en la sala de televisión. —Correcto — digo en su lugar. —Así que le dije a mi papá que tú probablemente irías a quedarte con los Bunces. Agatha sabe que no me puedo quedar con los Bunces. La mamá de Penélope solo puede aguantarme dos o tres días antes de que empiece a tratarme como a un Gran Danés que no puede evitar destrozar cosas con su cola. La casa de los Bunces no es pequeña, pero está llena de gente –y montones, y montones de cosas. Libros, papeles, juguetes, platos. No hay manera de no ser torpe. Tendrías que ser incorpóreo para no regar las cosas —Correcto — le digo a Agatha. — Está bien. Ella mira al suelo. —Estoy segura de que mis padres aun te enviaran regalos. —Les enviare una carta. —Eso estaría bien — ella dice. —Gracias. Ella se cuelga su bolsa sobre su hombro y da un paso lejos de mí, luego se detiene y lanza su cabello fuero de su cara. (Es solo un gesto, su cabello nunca está en su cara.) — Simon. Fue asombroso como venciste al dragón. Me encojo de hombros. —Sí, bueno, Baz lo hizo, ¿no? Yo hubiera rajado su garganta si hubiera sabido cómo. —Mi papa dice que el Humdrum lo envió. Me encojo de hombros otra vez. —Feliz navidad, Simon — Agatha dice. Luego ella pasa junto a mí hacia la puerta.


Capítulo 50 Simon —Realmente solo deberían dejarme que me quede en su habitación. —dice Penélope. —Eso haría más fácil las cosas. —No —Baz y yo decimos a la vez. — ¿Dónde dormirías? — Pregunto — ¿En la bañera? La pizarra sigue tomando gran parte al final de nuestras camas, y ahora hay un montón de libros alrededor de ella. Cada libro útil de la librería de Watford ha hecho su camino hasta nuestra habitación, gracias a Baz y Penélope – y ninguno de ellos lo han sacado propiamente, estoy seguro. Hemos estado trabajando aquí cada noche, aunque no tenemos mucho, tenemos un desastre para demostrarlo. —No me importa dormir en el baño —dice Penny. — podría encantarla para que este blandita. —No — dice Baz. —Ya es bastante malo compartir un baño con Snow. —Penny, tú tienes una habitación perfectamente buena —digo, ignorando el pinchazo. —Simon, una habitación perfectamente buena no tendría a Trixie en ella. — ¿Ella es tu compañera de habitación? —pregunta Baz. — ¿La Pixie? —Si — dice Penélope. El curva sus labios hacia arriba y hacia abajo al mismo tiempo. — Imagina que eres un Pixie. — dice él. — Sé que es desagradable, pero imagínalo: eres un Pixie, y tienes una hija, y tú la llamas Trixie. Trixie la Pixie. 1. (1, Juego de palabras. Trixie the pixie. Los Pixies son unas

criaturas del folclore británico. Son pequeñas hadas esbeltas, que viven en los bosques.) —Creo que es algo lindo — digo. —Tú piensas que Trixie es algo linda —dice Penny. —Trixie es linda. —Me encojo de hombros. —Snow — dice Baz. — Acabo de comer. Ruedo mis ojos. El probablemente piensa que los Pixies son especies menores, como gnomos y trolls de internet. —Es como ser un hada llamada Mary 2 — prosigue el. (2. Juego de palabras. Hada en inglés es Fairy. ) —O un vampiro llamado Gampire 3 — digo. (3. Juego de palabras. Vampiro en inglés es Vampire.) —Gampire ni siquiera es un nombre propio, Snow. Eres terrible en este juego.


—En defensa de Trixie —dice Penelope, y puedes notar que a ella le duele decirlo. — Los Pixies probablemente no van por ahí haciéndose llamar ‘Pixies’ Quiero decir, tú puedes ser un humano llamado Newman o un niño llamado Roy, y nadie lo pensara dos veces. 4 (4. Juego de palabras. Human – Newman. Boy – Roy.) —Apuesto que tu habitación está cubierta de polvo de Pixies — dice Baz, estremeciéndose. —No hagas que empiece, — digo —Buenas noches, Penny. —Está bien —dice ella, poniéndose de pie y recogiendo el libro que estaba leyendo. Es una copia encuadernada de El Registro; todos, lo hemos tomado para leerlo completo buscando pistas. Nos estamos convirtiendo en expertos in en eventos que pasaron hace una década. Todo es tan raro… No solo es estar trabajando con Baz, sino que también tenerlo alrededor todo el tiempo cuando estoy pasando el rato con Penny. El sigue sin querer hablar con nosotros fuera de la habitación. Baz dice que el verlo confraternizar con el enemigo confundiría a sus secuaces. El en realidad los llamo así ‘’mis secuaces’’. Tal vez él me estaba tomando el pelo… No siempre puedo decir cuando Baz se está burlando de mí. Él tiene una boca cruel. Parece como si estuviera burlándose incluso cuando él es feliz por algo. En realidad, no sé si alguna vez él se siente feliz. Es como si el tuviera dos emociones: cabreado y sádicamente divertido. (y confabulando, ¿es eso una emoción? Si es así, tres.) (Y disgustado. Cuatro) De todos modos, Penélope y yo todavía no le decimos todo a Baz. Nosotros nunca hablamos sobre el Mago, por ejemplo –si lo hacemos esto inmediatamente se convierte en una pelea. Plus Penny no quiere que Baz sepa cómo es su familia con el Mago. (A pesar de que pienso que Baz probablemente podía simpatizar.) Penny continúa recordándome que Baz sigue siendo mi enemigo. Que cuando la tregua termine, él podría utilizar todo lo que ha aprendido en mi contra. Pero no estoy seguro si soy el único que lo necesita recordar. En la mitad del tiempo que estamos juntos, solo estoy sentando en mi cama leyendo mientras Penelope y Baz están comparando su Top 10 de hechizos favoritos de 1800 o debatiendo el valor mágico de Hamlet contra Macabeth. El otro día, el la acompaño a los claustros en su camino a las Catacumbas. Cuando el regreso, reporto que no había ninguna pista de como ella entraba a la casa Mummers. Al día siguiente, ella me dijo que él no se dio cuenta del todo que estaba en camino a chupar la sangre de los roedores. — ¿Vas por el mismo camino? — ahora ella le dice a él, desde la puerta. —No, no voy a salir esta noche, — él dice. Tan jodidamente raro. —Los veo en el desayuno, chicos —dice Penny, cerrando la puerta detrás de ella.


Si Baz no va a cazar esta noche, puedo tomar una ducha e ir a dormir. Tendemos a luchar más ferozmente cuando somos solamente nosotros dos. Estoy consiguiendo mi pijama cuando el habla: —Entonces, ¿Cuál es tu plan para la próxima semana? ¿Para las vacaciones? Siento que mi mandíbula se aprieta. — Probablemente vaya a casa de Penny por unos cuantos días, y luego pasare el resto aquí. —No vas a celebrar en la casa de los Wellbelove? Cierro de golpe mi armario. No hemos hablado de esto todavía. Baz y yo. Acerca de Agatha. No sé si ellos dos están hablándose. O reuniéndose. Agatha ya ni siquiera va a cenar. Creo que ella come en su habitación. —No —digo, caminando junto a su cama. —Snow —dice. — ¿Qué? —Deberías venir a Hampshire. Me detengo y lo veo. — ¿Qué? ¿Por qué? Baz se aclara la garganta y se cruza de brazos, levantando la barbilla para enfatizar lo mucho que mira hacia abajo —Debido a que juraste ayudarme a encontrar al asesino de mi madre. —Te estoy ayudando. —Bueno, tú serias más de ayuda para mí estando allá en vez de aquí. La librería en mi casa es demasiado grande para yo cubrirla toda. Y tengo un coche allí, podríamos realmente investigar. Incluso aquí no tienes internet. —Estas sugiriendo que vaya a casa contigo. —Si. —Para navidad. —Si. —Con tu familia. Baz rueda los ojos. —Bueno, no es como si tuvieras tu propia familia. —Estás loco —Me muevo de nuevo hacia el cuarto de baño. — ¿Cómo es esto loco? — el demanda. —Podría utilizar tu ayuda, y no hay nada aquí para ti. Se podría pensar que apreciarías la compañía. Me detengo en la puerta y me giro hacia el de nuevo. —Tu familia me odia. —Sí, ¿y? Yo también. —Ellos quieren matarme —le digo. —Ellos no te matarían, serías un invitado. Incluso si quieres voy a lanzar el hechizo. Se nuestro invitado. —No puedo quedarme en tu casa. ¿Me estas tomando el pelo?


—Snow, hemos vivido en la misma habitación por siete años. ¿Cómo puedes tener un problema con esto? — ¡Estás loco! —digo, cerrando la puerta. Totalmente loco. * * * — ¿Tu mamá no confía en mí? — le digo. Estamos caminando por el pasillo, y Penélope inmediatamente comienza a callarme con su mano. —Ella confía en ti —dice ella. —Ella confía en ti por completo. Ella sabe que eres honesto y directo, y que si tú escuchas algo que no debes, tú irías directamente con el Mago a contárselo. — ¡No lo haría! —Es posible, Simon. — ¡Penny! —Shhhhh. —Penny —lo intento de nuevo, en voz más baja. —Nunca haría algo para meter a tu madre en problemas con el Mago. Y no la puedo imaginar haciendo cualquier cosa que pudiera meterla en problemas con el Mago. —Ella envió lejos a los hombres de Mago de nuevo, — dice Penny. —Premal dice que la próxima vez el propio Mago estará viniendo a la casa. —Entonces yo debería estar allí — digo. —Él nunca le haría daño en frente de mí. Penny para de golpe. —Simon. ¿De verdad crees que el Mago le haría daño a mi madre en absoluto? Me detengo, también. —No. Por supuesto que no lo haría. Ella se inclina. —mama esta llenado una petición con el aquelarre; ella piensa que esto va a funcionar por sí solo. Pero tú sabes que necesito investigar la tragedia de Watford mientras estoy en casa, y no hay manera de que mamá te deje entrar en nuestra biblioteca con todo lo que está pasando. Ella te llama Mini-Mago. — ¿Por qué no le agrado a tu madre? —A ella le agradas — dice Penny. — Es el quien no le agrada. —A tu madre no le agrado, Penny. —Es solo que ella piensa que atraes problemas. Y tú lo haces, Simon. Literalmente. —Sí, pero no puedo evitarlo. Penélope comienza a caminar de nuevo. —le estas predicando a la cabeza del coro… No es que me importe estar solo en navidad –no me importa mucho. Pero nadie está aquí en el día de Navidad. Voy a tener que entrar en la cocina para comer. Supongo que podría preguntarle al Cook Pritchard por la llave.


Llegamos a nuestra siguiente lección, e intencionalmente golpeo mi hombro con la pared junto a la puerta. (Las personas que te dicen que golpear cosas no te hace sentir mejor no han golpeado lo suficiente.) — ¿Así es como lo llamamos ahora? — pregunto. — ¿La Tragedia de Watford? Le toma a Penny un segundo regresar a nuestra conversación. —es como lo llamaban en ese momento, — dice. — ¿Qué importa como lo llamemos? —Nada. Solo. Estamos haciendo esto porque alguien murió. La mamá de Baz murió. ‘La Tragedia de Watford’ hace que suene como que le paso a gente muy lejana de nosotros que no nos importa. —Dile al Mago que te quedaras aquí en navidad —dice ella. — Él va a querer pasarla contigo… Eso me hace reír. — ¿Qué? —pregunta Penny. — ¿Te imaginas? —le digo. — ¿Navidad con el Mago? —Cantando villancicos —ella se ríe. —comiendo galletitas. —Viendo el discurso de la Reina. —Piensa en los regalos — digo, riendo. —El probablemente envolverá una maldición para mí solo para ver si puedo romperla. —Vendara tus ojos, te dejara en el infierno del bosque, y te dirá que vayas a la casa con la cena. — ¡Ja! — sonrío. —Al igual que en nuestro tercer año. Penny toca mi brazo, y me alejo, contra la pared. —Habla con el — dice ella. —Es un imbécil loco, pero él se preocupa por ti. * * * Baz es uno de los últimos estudiantes en irse por las vacaciones. Él se toma su tiempo para empacar su maleta de cuero. Tiene la mayoría de nuestras notas ahí… El todavía no ha decidido si va a hablar con sus padres acerca de todo eso pero va a investigar lo que pueda. —Alguien tiene que saber algo acerca de Nicodemus. Estoy acostado en mi cama, tratando de pensar en lo agradable que será tener la habitación para mí solo –y tratando de no mirarlo. Me aclaro la garganta. — ¿Ten cuidado, si? Quiero decir, no sabemos quién es este Nicodemus, y si es peligroso, no queremos que él se entere que lo estamos buscando. —Solo voy a hablar con las personas en las que confío. — dice Baz. —Sí, pero eso es, ¿no es así? No sabemos en quien confiar. — ¿Confías en Penélope? —Sí. — ¿Confías en su madre? —Confío en que ella no es malvada. —Bueno, yo confío en mi familia. No importa si tú no lo haces. —Solo te estoy diciendo que seas cuidadoso — digo.


—Deja de mostrar preocupación por mi bienestar Snow, me estás haciendo sentir incómodo. — El cierra la tapa de su baúl y cierra los broches. Entonces el me mira con el ceño fruncido, y decide algo. Estoy familiarizado con esa mirada. Pongo mi mano en la empuñadura de mi espada. —Snow… — dice él. — ¿Qué? —Siento como si tuviera que decirte algo. Por el bien de la tregua. Lo observo, esperando. —Ese día que tú nos viste a Wellbelove y a mí en el Bosque… Cierro los ojos. — ¿Cómo puede ser posible que esto tenga algo que ver con nuestra tregua? El continúa. —Ese día en el que tú me viste con Wellbelove en el Bosque, no es lo que tú piensas. Abro los ojos. — ¿No estabas tratando de tirarte a mi novia? —No. —Muérete, — le digo. —Has estado tratando de meterte entre mí y Agatha desde el día que ella me escogió por encima de ti. —Ella nunca te escogió por encima de mí. —No seas tan egocéntrico, Baz. El luce dolido; eso es algo nuevo. —No —continúa. —Lo que estoy diciendo es que yo nunca fui una opción para Wellbelove. Empujo mi cabeza de nuevo a mi almohada. —yo no lo habría pensado, pero al parecer, estaba equivocado. Mira, ahora tienes una oportunidad clara con ella. Ella termino conmigo. —Ella me interrumpió — él dice. —Ese día en el Bosque. Lo ignoro. —Ella interrumpió mi cena. Ella me vio. Le estaba pidiendo que no le contara a nadie. — ¿Y tenías que sostener sus manos para eso? —Solo lo hice para hacerte enojar. Sabía que estabas viendo. —Bueno, funciono. — le digo. —No me estas escuchando —Ahora el luce muy dolido. —Nunca me intente meter entre Wellbelove y tú. Solo estaba tratando de hacerte enojar. — ¿Estás diciendo que coqueteabas con Agatha solo para hacerme enojar? —Si. — ¿Nunca te preocupaste por ella? —No. Aprieto los dientes. — ¿Y tú crees que quería escuchar eso? —Bueno, obviamente. Ahora puedes volver con ella y tener la mejor navidad del mundo. —Eres un idiota! — digo, poniéndome de pie y avanzando hacia el.. — ¡Anatema! — grita, y yo lo escucho, pero casi golpeo mi puño en su mandíbula de todos modos.


Me detengo justo antes. — ¿Ella lo sabe? Él se encoje de hombros. —Eres un idiota —Solo era coqueteo — dice Baz. —No es como si yo tratara de alimentar a una quimera con ella. —Sí, pero a ella le gustas — le digo. — Creo que le gustas más que yo. El inclina su cabeza y se encoje de hombros, otra vez. — ¿Por qué no iba a hacerlo? —Jodete, Baz. En serio — Estoy de pie tan cerca de él, estoy prácticamente escupiendo en su cara. —Ella estaba cargando tu pañuelo ensangrentado, todo este tiempo en el que no estabas. Desde el año pasado. — ¿Cuál pañuelo? Voy al cajón donde tengo guardado el pañuelo con mi varita y otras cuantas cosas, entonces lo agito en su cara. —Este. Baz coge la tela de mi mano, y la cojo de vuelta hacia a mí porque no quiero que lo tenga. No quiero que él tenga nada en este momento. —Mira —dice. —Voy a parar. Dejare a Wellbelove sola a partir de ahora. Ella no me importa. — ¡Eso lo hace peor! — ¡Entonces no voy a parar! —dice, como si fuera el único que debiera estar enojado. — ¿Es eso mejor? Joder, me voy a casar con ella, y tendremos los hijos más guapos en la historia de la magia, y los llamaremos a todos Simon solo para conseguir fastidiarte. — ¡Solo vete! —Grito. —En serio. Si tengo que seguir viéndote, no me va importar nada acerca de la Anatema. Si voy a ser echado de Watford, ¡al menos por fin habré terminado contigo!


Capítulo 51 Baz Yo estaba tratando de hacerle un favor a Snow. Un favor que no sirve del todo para mis intereses –del todo. Maldita sea, yo solo debería casarme con Wellbelove. Mi padre lo amaría. Cásate con ella. Dale las llaves de lo que sea que ella quiera llaves. A continuación, busca miles de hombres que luzcan exactamente como el jodido Simon Snow y rompe cada uno de sus corazones de diferentes maneras. Wellbelove no es muy poderosa, pero ella es hermosa. Y tiene una gran montura; ella y mi madrastra podrían ir a montar. Entonces mi padre podría dejar de retorcerse las manos debido a que el apellido Pitch vaya a morir conmigo. (A pesar de que la línea Pitch ya murió conmigo; estoy bastante seguro que los vampiros no pueden tener bebes) (Crowley, ¿puedes imaginar bebes vampiros? Que pesadilla) (¿Y porque mi tía Fiona no transmite su maldito apellido? Si mi madre pudo darme su apellido, Fiona sin duda puede proporcionarle al mundo unos cuantos Pitches más. Creo que si me llego a casar con una chica de buena familia, a mi padre ni siquiera le importara que sea gay. O quien engendro a sus nietos. Si la idea de transmitir el nombre de mi madre de esa manera no revolvió mi estómago, yo lo consideraría. Snow probablemente encontraría una nueva forma de odiarme si él se enterara que pensé fríamente estas cosas sobre el amor, el sexo y el matrimonio. Acerca de su perfecta Agatha. Pero, ¿Siquiera importa si mis intenciones no son buenas? Mi camino al infierno no está empedrado con buenas intenciones –o malas- es solo mi camino. Sigue adelante, Snow. Perdona a tu novia. No estoy interponiéndome en tu camino. Vayan y párense en malditas colinas juntos y vean el atardecer por el cabello del otro. —estoy cansado de ser una molestia. He terminado. Tregua. Yo no esperaba arreglar nada con todo esto… co-operar. No estoy esperando convertir o convencer a Snow. Pero creo que estamos haciendo progresos. Como que tal vez cuando esto termine, él y yo estaríamos parados a cada lado de la trinchera, pero no nos estaríamos escupiendo el uno al otro. No lo estaríamos echando a perder por una pelea. Sé que Simon y yo siempre vamos a ser enemigos… Pero pensé que tal vez habíamos llegado a un punto donde no quisiéramos serlo.


Capítulo 52 Simon Con Penny (y Baz) fuera de aquí, paso un montón de tiempo caminando alrededor de los jardines de la escuela. Decidí ir a buscar la guardería… Baz piensa que la Torre Weeping se la trago después de que su madre murió. Penny dice que eso puede suceder a veces cuando un mago está vinculado a un edificio, especialmente si ellos arrojaron ahí sangre mágica. Cuando se derrama su sangre, eso también daña al edificio. El lugar forma una especie de quiste alrededor. Pienso en lo que podría pasar si yo muriera en la Casa Mummers –después de todas esas veces en las que he derramado mi sangre ahí para que la habitación me reconozca. Esa la razón por la que a Penny no le gustan los juramentos y hechizos de sangre. “Si tú eres tan

bueno como las palabras, las palabras deben ser lo suficiente buenas.” La estoy citando de nuevo. Todo el día he tenido conversaciones con ella en mi cabeza. A veces Baz también se une a la conversación imaginaria – usualmente para decirme que soy un estúpido.… aunque el nunca utiliza esa palabra, ni siquiera en mi mente. Muy vulgar. Estoy caminando alrededor de la Torre Weeping de esa manera, hablando conmigo mismo y metiendo los dedos en mi nariz, cuando algo afuera de la ventana llama mi atención. Veo una línea de cabras moviéndose a través de la nieve desde el puente levadizo. Una figura que parece ser Ebb va detrás de ellos. Ebb, Ebb… Ebb ha estado en Watford desde que tenía 11 años – y ella ahora tiene por lo menos 30 o 40. Ella debe haber estado aquí cuando la directora Pitch murió. Ebb nunca se fue. Las cabras están de vuelta en su granero para el tiempo en el salgo de ahí. Llamo a la puerta – No quiero asustar a Ebb; ella vive aquí con las cabras. Sé que es extraño, pero honestamente, es difícil imaginar a Ebb viviendo cerca de otras personas. Otros miembros del personal. Ella puede hacer lo que quiera en el granero. Las cabras no la molestan. — ¡Hiya, Ebb! — Le digo, tocando un poco más —Soy yo, Simon. La puerta se abre y una de las cabras asoma el hocico antes de que Ebb aparezca. — ¡Simon! — Ella dice, sosteniendo la puerta abierta y dejándome entrar — ¿Qué estás haciendo aquí? Pensé que todo el mundo se había ido a su casa. —Solo vine a decir feliz navidad — Le digo, siguiéndola adentro del granero. Es más cálido en el interior, pero no por mucho. No me extraña que Ebb vaya vestida de esa manera -su andrajoso suéter de Watford sobre otro suéter, con una larga bufanda de la escuela y un lió en forma de gorro de lana. —Serpientes vivas, Ebb, es frio como el ingenio de una bruja aquí.


—No esta tan mal —ella dice — Vamos, construiré un fuego. Caminamos a través de las cabras a la parte trasera del granero, que sirve como la sala de estar de Ebb. Ella tiene una pequeña mesa y una alfombra aquí – un aparato de TV, el único en Watford, hasta donde yo sé. Todo está acomodado alrededor de una estufa que no está conectado a ninguna pared o chimenea. Esa es la mejor parte de visitar a Ebb –a ella no le preocupa mucho gastar su magia. La mitad de las cosas que salen fuera de su boca son hechizos, pero yo nunca he visto su magia disminuida o agotada. La estufa funciona gracias a la magia, estoy seguro. Y ella probablemente usa la magia para ver partidos de futbol. “¿Por qué ella no puso una ducha mágica?” Agatha pregunto la última vez que vino a visitar a Ebb conmigo – que debe haber sido hace muchos años. Yo no sé dónde se baña Ebb. Tal vez ella solo se Limpió como una patena cada mañana (Tenía la misma idea cuando tenía 13, pero Penny me dio un discurso sobre que las patenas no son muy limpias, realmente, y Limpio como una patena solo se lleva la mugre que puedes ver.) Ebb arroja algunas ramas en la estufa y atiza el fuego. —Bueno, Feliz navidad para ti. —Ella dice — Me atrapaste justo a tiempo. Mañana me voy a casa. — ¿Para ver a tu familia? — Pregunto. Ebb es del este de Londres. Ella asiente con la cabeza. — ¿Necesitas a alguien que cuide de las cabras? —Nah, voy a dejarlas vagar en los jardines. ¿Qué pasa contigo? ¿Vas a dónde Agatha? —No — digo — Pensé que tenía que quedarme aquí. Mi último año y todo eso, tratando de absorber la mayor cantidad de Watford como pueda. —Tú siempre puedes regresar, Simon. Yo lo hice. ¿Quieres un café? Temo que todo lo que tengo aquí es café. No, espera, tengo algunos cuantos bizcochos Rich Tea. Vamos a comérnoslos antes de que se pongan blandos. Doy vuelta a una cubeta y me siento cerca del fuego. Ebb se queja en las alacenas que están en la parte posterior del granero. Ella también tiene estantes colgados allí, repletos de animales de cerámica llenos de polvo. Cuando yo estaba en segundo año, le di a Ebb una pequeña y frágil cabra por navidad; la había encontrado durante el verano en una venta de garaje. Ella se emocionó tanto por ella que le traído figuras de porcelana todas las navidades durante unos años. Cabras, ovejas y burros. Me siento vergonzosamente con las manos vacías cuando Ebb me da una astillada taza de café y una pila de bizcochos. —No estoy seguro de lo que haría por aquí. — Le digo — No creo que Watford necesite dos pastores. Una de las pequeñas cabras se ha acercado y está acariciando mi rodilla. Le extiendo un bizcocho en la palma de mi mano y lo toma.


Ebb sonríe y se acomoda en su sillón. —Podríamos encontrar algo para ti. No es como si hubiera existido una vacante cuando la señora Pitch me trajo aquí. —La mama de Baz. —Digo, rascándole las orejas a la cabra. Conseguir que Ebb hable acerca de eso puede ser más fácil de lo que pensaba. —La misma. —Ella dice — Ahora, ella era un mago muy poderoso. — ¿La conocías bien? Ebb le da un mordisco a su bizcocho. —Bueno, ella me enseño Palabras Mágicas cuando estaba en la escuela. — Ella dice, resoplando migas fuera sobre su pañuelo sucio. —Y ella era la directora. Así que supongo que la conocía de esa manera. Ciertamente no nos movíamos en los mismos círculos, tu entiendes –pero después de lo que paso con mi hermano Nicky, mi familia ya no se movió en ningún circulo en lo absoluto. El hermano de Ebb murió cuando ella estaba en la escuela. Ella habla mucho de él, incluso aunque la ponga toda llorosa cuando habla de él. Esta es una razón por la que Penny nunca habla con Ebb. — Ella es tan melancólica. Incluso las cabras parecen desanimadas. A mí las cabras me parecen bien. Unas pocas están curioseando alrededor el sillón de Ebb, y el pequeño se ha sentado cerca de mis pies. —Tenía miedo de irme de Watford — Ebb continua — y la señora Pitch me dijo que no tenía que hacerlo. Mirando hacia atrás, ella probablemente estaba preocupada de que levantaría mi propia marca de problemas. Siempre he tenido más poder que sentido. Yo era un barril de pólvora –Nicky y yo, ambos lo éramos. La señora Pitch hizo un servicio a la magia cuando ella me acogió y me dijo que no tenía que preocuparme por lo que viniera después. El poder no tiene que ser una carga, ella dijo. Si es demasiado pesado alrededor de tu cuello, mantenlo en otro sitio. En un cajón. Debajo de tu cama. —Déjalo ir, Ebeneza. — Ella decía. —Naciste con él, pero no tiene que ser tu destino. Lo que es algo que nunca mi papa me dijo… Me pregunto si la señora Pitch habría sido tan indulgente si yo hubiera sido uno de los suyos. Estoy riéndome y tratando de no escupir el bizcocho mojado. — ¿Qué? — Ella dice. —Esto se supone que es una historia inspiradora. — ¿Tu nombre es Ebeneza? —Es perfectamente un buen nombre. ¡Muy tradicional! — Ella también ríe, y se mete un bizcocho completo a la boca, tragándolo con café. —Ella suena bien — le digo — La mama de Baz. —Bueno sí. Quiero decir, ella era feroz como un león. Y más oscura de lo que las personas estaban dispuestos a soportar —todos los Pitches lo son — y ella lucho por las reformas con sus propias uñas y dientes. Pero ella amaba Watford. Ella amaba la magia. —Ebb… ¿Cómo murió tu hermano? — Nunca le he preguntado esto antes. Nunca he querido alterar a Ebb más de lo que ya lo está. Ella inmediatamente se desplaza hacia adelante en su silla y mira lejos de mí. — Bueno, eso no es algo de lo que hablamos.


No debería hablar de él en lo absoluto –ellos sepultaron su nombre, cuando no pudimos enterar su cuerpo, incluso lo sacaron del Libro– pero él era mi hermano gemelo. No se siente correcto pretender que nunca lo fue. —Yo no sabía que era tu gemelo. —Si. Socio en el crimen. —Tú debes extrañarlo. —Yo lo hago. Yo lo extraño. — Ella olfatea. —No he hablado con él desde el día que se fue. No importa lo que diga la gente. —Por supuesto que no —Le digo —Él está muerto. —Se lo que dicen. —Honestamente, Ebb. Nunca he oído a nadie hablar acerca de tu hermano aparte de ti. Ella me mira por un segundo, su espalda rígida; entonces ella parece recordarse y se vuelve hacia el fuego, encorvándose de nuevo. —Lo siento, Simon. Yo solo… Creo que la gente pensaba que me iba a ir con él. Que yo no sería capaz de vivir sin él. Nicky quería que yo fuera. — ¿Quería que también te suicidaras? —Él quería que fuera con él a… —Ella mira a su alrededor, con ansiedad, y su voz se reduce a un susurro. —Con los vampiros. Nicky dijo que él estaría esperando por mí –que siempre estaría esperando por mí. Se me cae el bizcocho que estaba sosteniendo. — ¿Con los vampiros? — ¿Realmente nadie habla sobre él? ¿Sobre mí? —No, Ebb — ¿Con los vampiros? ¿El hermano de Ebb fue con los vampiros? Ella parece perdida. —Ellos nunca lo mencionan, incluso después de todo lo que hace… Supongo que eso es lo que pasa cuando te san del Libro. Yo estaba ahí para ello. La señora Pitch me dejo decir las palabras. Ella se sostiene—e incluso a pesar de que es solo Ebb, estoy tan sorprendido de estar asustado. La cabra descansando a mis pies salta y se aleja. Ebb no se da cuenta. Esta tan triste como nunca antes la había visto. Hay lágrimas corriendo en limpias líneas por sus sucias mejillas. Ella levanta una mano, y las palabras se prenden, pero no queman:

Nicodemus Petty. Estoy tan sorprendido, casi las alcanzo y las agarro. ¡Nicodemus! ¡Nicodemus quien fue con los vampiros! —Nicky. —Ebb susurra — El único mago que ha escogido la muerte con los vampiros. — Ella se seca los ojos con la manga. —Lo siento, Simon. No debería hablar de él, pero no puedo dejar de pensar en el en esta época del año. Los días de fiesta. Fuera de aquí por su cuenta. — ¿Él todavía está vivo? Esa fue la pregunta equivocada, o tal vez estoy siendo demasiado intenso: Ebb se enjuaga una nueva ronda de lágrimas. —El sigue por ahí, — Dice —Creo que me gustaría saber si él se ha ido. Antes siempre podía sentir cuando él estaba en problemas.


— ¿Dónde está? —Pregunto. Siento que sueno demasiado urgente, demasiado desesperado por saber. Ebb se vuelve hacia el fuego. —Te lo dije, no he hablado con él desde el día que se fue. Lo juro. —Te creo — Digo. — Lo siento mucho. Tú debes… debes de extrañarlo mucho. —Como si yo extrañara mi propio corazón. — Ebb dice. Ella alza su mano y quita cada letra. — ¿Él estaba con ellos? — Pregunto. — ¿Los vampiros que mataron a la madre de Baz? Ebb levanta el mentón. —No — Ella dice de manera defensiva. —Le pregunte a la señora Mary yo misma antes de que muriera. Ella me juro que no estaba allí ese día. El nunca haría una cosa así. Nicky no quería matar a la gente. El solo quería vivir para siempre. — ¿Estabas tú aquí? — Pregunto. — ¿Cuándo paso? Su cara se cae más de lo que creía posible. — Yo estaba afuera con las cabras. No pude ayudarla. — ¿Qué paso con la guardería? —Presiono, preocupado de que en cualquier minuto Ebb va a estar llorando tanto que no podrá responder mis preguntas. — ¿A dónde se fue? —Se escondió lejos. — Ella dice, sorbiendo fuerte. — Estaba aquí para proteger a los niños y fracaso. Así que la sala se escondió. Se escondió entre las paredes y el suelo. La encontré en el sótano una vez. Luego, en el corazón de la Torre Weeping. Y luego se fue. Probablemente debería preguntarle a Ebb mas cosas. Penny no pararía ahora. Baz tendría su varita afuera, demandando saber todo. Pero en cambio yo solo me siento con Ebb y observo el fuego. A veces la veo limpiando sus ojos con la punta de su bufanda. Como si estuviera poniendo tierra de nuevo en su cara. —Lo siento —Le digo. —No era mi intención hablar de temas tan dolorosos. Hay tanto sobre Watford que no se… — ¿Qué sabemos cualquiera de nosotros sobre Watford? — Ebb suspira —Incluso las ninfas Woods no pueden recordar un momento antes de la Capilla Blanca. —Lo siento— Digo. Ebb se inclina hacia mí y pone su brazo alrededor de mis hombros. Ella hace eso a veces. Cuando era un niño, me encantaba. Me sentaba súper cerca de ella, por lo que sería más fácil de alcanzar. —Pish, — Ella dice. —Tú no sacaste el tema. Él siempre está en mi mente. En cierto modo, es bueno hablar de ello. Para lograr sacar algo de ello de mi corazón, aunque sea por un minuto. Me levanto, y ella me sigue hasta la puerta, luego me da una cariñosa palmadita en la espalda. —Feliz navidad, Simon. — Dice ella, dándole a sus mejillas otra limpiada. —Si te sientes solo — Ella dice — tu puedes llamarme. ¿Enviarme una bengala? ¿De acuerdo? Lo voy a sentir. Me veo en la mitad, Ebb debe ser tan poderosa como el Mago ‘’ ¿enviar una bengala?’’ —Estaré bien. — Digo —Gracias, Ebb. Feliz navidad. Ella abre la puerta por mí y trato de no lucir como que estoy apurado por decir adiós –pero tan pronto como ella cierra la puerta, empiezo a correr hacia mi casa.


Llevo nieve todo el camino hasta la torreta– entonces saco el dinero que tengo guardado en el fondo del armario. No es mucho pero creo que me llevara a Hampshire. Intento que alguien me lleve a la estación de ten, pero nadie me recoge. Está bien. Sigo corriendo. Llego a la estación y compro mi boleto y un sándwich. Estoy en el tren, a una hora de Watford y a una hora de Winchester, cuando me doy cuenta que probablemente podría haberle pedido el teléfono a alguien y llamado.


Capítulo 53 Baz Me gusta practicar el violín en la biblioteca. Mis hermanos y hermanas no están admitidos aquí todavía, y hay una pared de ventanas de plomo insonorizado que da a los jardines. Me gusta practicar el violín, y punto. Soy bueno en eso. Y distrae todas las partes de mi cerebro que apenas se interponen en mi camino. No puedo pensar de forma más clara que cuando estoy tocando. Mi abuelo también tocaba. Él podía lanzar hechizos con su arco. Olvidé mi violín aquí cuando me fui a la escuela –tenía mi cabeza en las nubes– y estoy un poco rígido ahora por la falta de práctica. Estoy trabajando en una canción de Kishi Bashi4 que mi madrastra, Daphne, llama "innecesariamente taciturna". −Basilton... Sr. Pitch. Dejo que el instrumento se caiga de mi barbilla y me giro. Vera está de pie en la puerta. −Lamento interrumpir. Pero su amigo está aquí para verle. −No espero a nadie. −Es un amigo de la escuela −dice ella−. Está usando su uniforme. Pongo el violín abajo y enderezo mi camisa. Supongo que puede ser Niall. Él viene a veces. Aunque por lo general, envía un texto primero... No es por lo general, siempre. Y no estaría en uniforme. Nadie lo estaría; estamos en vacaciones. Cojo el ritmo, casi trotando a través de la sala y el comedor, con la varita en mano. Daphne está en la mesa con su ordenador portátil. Ella mira con curiosidad. Detengo el paso. Cuando llego al vestíbulo, Simón Snow está de pie allí como un perro perdido. O una víctima de amnesia. Lleva su chaqueta Watford y pesadas botas de cuero, y está cubierto de nieve y barro. Vera le debió haber dicho que se quedara en la alfombra, porque él está de pie justo en todo el medio de ella. Su cabello es un desastre, su rostro está enrojecido, y él luce como si fuera a estallar allí mismo, sin ninguna provocación. Me detengo en el arco de entrada al vestíbulo, guardo mi varita en mi manga, y deslizo mis manos en mis bolsillos. 4

Músico y violinista.


−Snow. Él sacude su cabeza hacia arriba. −Baz. −Estoy tratando de imaginar lo que estás haciendo en mi puerta... ¿Acaso rodaste por una colina muy empinada y aterrizaste aquí? −Baz... −dice de nuevo. Y espero por él para sacarlo−. Estás…, estás usando jeans. Inclino mi cabeza. −Lo estoy. Y tú estás usando la mitad de la campiña. −Tuve que caminar desde la carretera. −¿Lo hiciste? −El taxista tenía miedo de bajar su carro. Él piensa que tu casa está embrujada. −Lo está. Él pasa saliva. Snow tiene el cuello más largo y la deglución más llamativa que he visto nunca. Su barbilla sobresale y la aprensión de su manzana de Adán es toda una escena. −Bueno −le digo, deliberadamente levantando las cejas−. Ha sido muy amable de tu parte pasar por aquí. Snow deja escapar un gruñido frustrado y da un paso hacia adelante, fuera de la alfombra, y luego da un paso atrás. −Vine a hablar contigo. Asiento con la cabeza. −Correcto. −Es que… −Muy bien −le digo de nuevo, esta vez cortándolo con cierta holgura. En realidad no quiero que él se frustre como para que se vaya. (Yo nunca quiero que Snow se vaya)−. Pero no puedes entrar en la casa de esa manera. ¿Cómo incluso conseguiste llegar acá? −Te lo dije. Caminé desde la carretera principal. −Podrías haber lanzado un hechizo para mantenerte limpio. Me frunce el ceño. Snow nunca lanza conjuros en sí mismo, o en ninguna otra persona, si puede evitarlo. Deslizo mi varita desde el puño de mi camisa y apunto hacia él. Él se estremece, pero no me dice que me detenga. Yo "¡Limpio como un silbido!" sus botas. El barro se arremolina en el aire, y abro la puerta de entrada, barriendo la suciedad hacia afuera con mi varita. Cuando cierro la puerta, Snow está quitándose el abrigo empapado. Él lleva los pantalones escolares y el jersey rojo, y sus piernas y cabello todavía mojados. Levanto mi varita de nuevo. −Estoy bien −dice, deteniéndome. −Vas a tener que quitarte las botas −le digo−. Todavía están goteando. Él se agacha para desabrochárselas, provocando que parte de sus pantalones de lana mojados queden ridículamente tensos sobre sus muslos... Y entonces Simón Snow está de pie en mi hall de entrada con los pies con calcetines color rojo. Toda la sangre que tengo en mí se eleva a mis oídos y mejillas. −Vamos, Snow. Vámonos a… hablar.


Capítulo 54 Simón Sigo a Baz de una habitación gigante a otra. Su casa no es un castillo, no creo, pero está lo suficientemente cerca de serlo. Caminamos por un comedor que se ve como algo salido de Downton Abbey5, y hay una mujer en la mesa, trabajando en un portátil plateado. Ella se aclara la garganta y Baz se detiene para presentarme. −Madre, ¿te acuerdas de mi compañero de cuarto, Simón Snow? Ella ya debió haberme reconocido, pero todavía se ve sorprendida, lo que me recuerda de preguntarme qué diablos pienso que estoy haciendo aquí. En la Casa del jodido Pitch. ¿Qué estaría pensado en el tren o en el taxi, o incluso mientras caminaba las cinco millas desde la carretera principal hasta la puerta principal de Baz? Nunca pienso. −Snow −dice Baz−. Tú ya conoces a mi madrastra, Daphne Grimm. −Es agradable verla a usted, señora Grimm −le digo. Ella sigue mirando sorprendida. −Y usted, señor Snow. ¿Está aquí por asuntos oficiales? No sé lo que quiere decir; Nunca tengo asuntos oficiales. Baz está sacudiendo la cabeza, tratando de cortar como sea esa mirada en el rostro de su madre. −Él está aquí sólo de visita, madre. Tenemos un proyecto que estamos trabajando juntos, un proyecto escolar. Y no tienes que llamarlo así. Puedes llamarlo sólo Simón. −Tú no me dices Simón −murmuro. −Vamos a estar en mi habitación −dice Baz, ignorándome. Su madrastra se aclara la garganta. −Voy a mandar a alguien por ustedes cuando la cena esté lista. −Gracias –dice Baz, y se pone de nuevo en movimiento, guiándome por una escalera tan grandiosa, que hay estatuas construidas allí, de mujeres desnudas que sostienen círculos de luz. No puedo decir si son de luz eléctrica o mágica, pero tiene sentido tener luces integradas en tus escaleras cuando todo en tu casa es ya sea de madera oscura o de color rojo oscuro, y las ventanas estén tan lejos que el centro de la casa se siente como el fondo del océano. Trato de seguir su ritmo. Todavía no puedo creer que él esté usando jeans. Era de suponer que no usaría su uniforme cuando no estuviera en la escuela, pero siempre me había imaginado a 5

Serie dramática de la televisión inglesa.


Baz holgazanear en trajes y chalecos, como con pañuelos de seda colgando alrededor de su cuello. Quiero decir... se ven como jeans realmente muy caros. Oscuros. Y cómodos desde su cintura hasta sus tobillos sin lucir apretados. Me pregunto por un momento si él me está llevando a una trampa. No sabía que iba a venir, pero ¿no haces casas como ésta para que vengan con trampas integradas? Probablemente tire de un cordón negro con borlas y me deje caer en un calabozo tan pronto como termine diciéndole lo que sé. Llegamos a un largo pasillo, y Baz abre una alta puerta arqueada de una habitación. Su habitación. Es otra broma de vampiros: Las paredes tienen paneles de tela de color rojo, y su cama es monstruosa y decorada con gárgolas. (Hay gárgolas. En su cama.). Él cierra la puerta detrás de mí y se sienta encima de un cofre que está a los pies de la cama. Hay gárgolas en este también. −Muy bien, Snow −dice− ¿Qué demonios estás haciendo aquí? −Tú me invitaste −le digo. Tan poco convincente. Tan eternamente poco convincente. −¿Es por eso que estás aquí? ¿Para Navidad? −No. Estoy aquí porque tengo algo que decirte…, pero tú me invitaste. Niega con la cabeza como si yo fuera un idiota. −Sólo dime. ¿Es sobre mi madre? −Me enteré quién es Nicodemus. Eso capta su atención. Se pone de pie de nuevo. −¿Quién? −Él es el hermano de Ebb. −¿Ebb? ¿Tu novia? −Ebb, la pastora de cabras. −Ella no tiene un hermano. −Ella lo tiene −le digo−. Un gemelo. Él fue sacado del Libro cuando se convirtió en un vampiro. Juro que la cara de Baz se pone aún más blanca. − ¿El hermano de Ebb se convirtió? ¿Lo sacaron del Libro por eso? −No, él se unió a los vampiros. Voluntariamente. − ¿Qué? −Baz se burla−. Así no es como actualmente funciona, Snow. Entro en su espacio. − ¿Cómo funciona, Baz? −Tú no puedes jodidamente unirte. −Este Nicodemus lo hizo. Trató de que Ebb se fuera con él. −Ebb. La pastora de cabras. Tiene un hermano llamado Nicodemus del que nadie ha oído.


−Te lo dije, no hemos oído hablar de él porque lo sacaron. Es por eso que Ebb vive en Watford. Tu madre le dio un trabajo, así ella no se uniría a su hermano. Los dos eran malditos superhéroes, supongo, y todo el mundo tenía miedo de que se unieran y se convirtieran en súpervampiros. −¿Ebb conocía a mi madre? −Sí. Tu madre le dio a Ebb su trabajo. Baz está allí de pie como si quisiera golpear algo o drenarlo. −Bueno, ¿dónde está ahora? −Pregunta− ¿Este Nicodemus? −Ebb no lo sabe. Se supone que ella no habla con él. Incluso se supone que no habla de él. Baz se burla de nuevo, entonces me recuerda que en realidad él es un súper-vampiro, un súpervillano: −No sabe, ¿verdad? Bueno −dice− ya lo veremos. Puse mi mano en su pecho. Ya no me queda ni un paso para estar más cerca de él. −No −le digo con firmeza−. Ebb no sabe dónde está Nicodemus. No hablaremos con ella de nuevo. Baz traga y lame su labio inferior de color rosa grisáceo. −Voy a hablar con la pastora de cabras si quiero, Snow. −No, si quieres mi ayuda. −Mantengo mi mano en su pecho porque siento como si todavía necesitara ser retenido, pero no puedo creer que me dejara hacerlo. Su mano vuela hacia arriba y se cierra por encima de mi muñeca. (Como si hubiera leído mi mente) (¿Es alguna cosa de vampiros?). −Está bien −dice, empujando mi muñeca hacia abajo−. Entonces, ¿cómo encontramos a Nicodemus? −No he pensado en eso hasta este momento. He venido aquí tan pronto como salí de Ebb. −Bueno, ¿qué piensa Penélope? −No he hablado con ella todavía. − ¿Dónde está ella? −No lo sé, te lo dije, no he hablado con ella. Vine directamente aquí. Baz parece confuso. − ¿Viniste directamente aquí? − ¿Preferías que esperara para decirte después de las vacaciones de Navidad? Baz entrecierra los ojos y se lame los labios de nuevo. Pongo mis manos en mis caderas, sólo para tener algo que hacer con ellas. − ¿Y tú? −Le pregunto−. ¿Has hecho algún progreso? Él mira hacia otro lado. −No. Quiero decir, he estado leyendo un montón de libros sobre vampiros. Me detengo a mí mismo de decir: "¿La autoayuda?". − ¿Qué has descubierto? −Le pregunto en su lugar.


−Que ellos están muertos y son malvados y les gusta matar bebés. −Eh −digo−. ¿No dice nada acerca de las patatas fritas inglesas y saladas? −Baz se las come en su cama cuando piensa que estoy dormido, luego barre las migajas entre nuestras camas. Él me mira, y luego se aleja, caminando hacia su escritorio. −Nadie sabe nada acerca de los vampiros −dice, jugueteando con una pluma−. En realidad no. Tal vez debería ir a hablar con ellos. Llaman a la puerta y esta se columpia para abrirse. − ¡Se supone que debes tocar! −Baz encaja la puerta antes de que la niña incluso dé un paso en el interior. Es su hermana, creo. Ella aún es demasiado joven para Watford. Ella se parece a su madrastra, bonita y de cabello oscuro, pero no como Baz y su madre, ellas están dibujadas en líneas más marcadas que esto. −Yo toqué −dice ella. −Bueno, se supone que debes esperar a que yo diga “siga”. −Mamá dice que tienen que bajar a cenar. −Bueno −dice. Ella se queda allí. −Estaremos abajo pronto −dice−. Vete. La muchacha voltea los ojos y deja que la puerta se cierre. Baz se devuelve a pensar y a juguetear con la pluma. −Bueno −le digo− será mejor que me vaya. Envía un mensaje si escuchas más. Puedes tratar de llamar, pero no creo que nadie conteste el teléfono de la escuela durante las vacaciones. −¿Qué? −Él me frunce el ceño. −Te dije: envía un mensaje si… −No me dejarás ahora. −Ya te dije todo lo que sé. −Snow, llegaste en el último tren, luego caminaste durante una hora. No has comido en todo el día, y tu cabello está todavía húmedo, no vas a ninguna parte esta noche. −Bueno, yo no puedo quedarme aquí. −No has estallado en llamas todavía. −Baz, escucha… Él me corta con una mano. −No.


Capítulo 55 Baz Snow fue un desastre en la cena. Cena qué yo podría haber disfrutado si no estuviera tan desesperado porque Snow se quedara. Todo en su plato parecía confundirlo, y él se alternaba entre mirar su comida miserablemente y aspirarla por completo, porque estaba claramente hambriento. Daphne prescindió de su manera de hacerlo sentir cómodo, y los niños se limitaron a mirarlo. Incluso ellos habían oído hablar del Heredero del Mago. Papá parece pensar que trabajo en algún plan oscuro (Supongo que sí tengo un plan oscuro, pero esta vez no tiene nada que ver con la inhabilitación de Snow). Él –Papá– me llevó a un lado después de cenar y me preguntó si quería que llamara a las Familias por asistencia. −No −le dije− Por favor, no lo hagas. Snow está aquí sólo por un proyecto de la escuela. Papá prácticamente guiñó un ojo. He pensado en decírselo. Que mamá regresó por mí. Pero ¿y si me pregunta por qué no regresó a él? ¿Y si se lo lleva a las Familias? Nunca habían entendido por qué yo estaba trabajando con Snow y Bunce. Y ahora mismo, Snow y Bunce parecen ser los mejores aliados que yo pudiera tener. Son implacables una vez que se proponen algo. Totalmente dignos de confianza, sin ningún sentido de auto-preservación. He visto a estos dos descubrir complots y hacer retroceder a los monstruos una y otra vez. Snow todavía se está comiendo la cena. Daphne sigue ofreciendo raciones extra, por cortesía, y Snow sigue aceptándolos. En realidad nunca me había sentado en una mesa con Snow antes. Dejo de vigilarlo, y me permito disfrutar, por lo menos durante unos minutos. Sigo haciendo eso, desde que todo esto comenzó –complaciéndome a mí mismo– (¿Qué es lo que dicen acerca de pedir el postre primero si estás en el Titanic?) Los modales en la mesa de Snow son atroces: es como ver comer a un perro salvaje. Un perro salvaje al que te gustaría pasarle la lengua. Después de la cena, nos vamos a la biblioteca y le muestro lo que he encontrado sobre vampiros. Él sigue alejándose de mí, y yo finjo no darme cuenta. Probablemente deberíamos llamar a Bunce y ver lo que piensa de todo esto, sugiero que lo hagamos mañana. No hay nada en nuestra biblioteca que hable sobre algún Nicodemus. Ya he buscado, pero lo hago de nuevo. Me paro en la puerta y arrojo "¡Peine de dientes finos! ¡Nicodemus Petty!" Ninguno de los libros viene volando de los estantes.


Logramos encontrar algunas menciones de la familia Petty, por lo que leemos esas. Son una antigua familia de East End, y una grande, y cada pocas generaciones, nace una superhéroe como Ebb. Si Snow no hubiera llegado a estar por encima, Ebb podría haber sido la maga más poderosa de nuestro mundo… y pensar que ella gasta todo ese poder en cabras y en abatirse. − ¿Crees que se habrá hecho algo en El Registro? −Se pregunta Snow−. ¿Cuándo Nicodemus cruzó? −No sé −le digo−. Tal vez no. Probablemente querían mantenerlo muy en secreto, y no parece como si le hiciera daño a nadie. − ¿Cuál es el punto de convertirse en un vampiro −dice Snow− si no estás planeando hacerle daño a nadie? − ¿Cuál es el punto de convertirse en un vampiro? −Pregunto. −Dímelo tú. Me trago mi temperamento y luego trago otra vez, y sigo mirando a través de un libro. Snow se sienta frente a mí en la pequeña mesa, tirando de una silla acolchada. −No −dice−. Estoy siendo serio. ¿Por qué Nicodemus lo ha hecho? − ¿Me estás pidiendo que plantee una teoría? Él asiente con la cabeza. −Para llegar a ser más fuerte −le digo−. Físicamente. − ¿Cuánto más fuerte? −Pregunta Snow. Me encojo de hombros. −Habría que preguntarle. No sabría cómo comparar. −Porque no me recuerdo siendo normal. − ¿Qué más? −Pregunta. −Para mejorar... sus sentidos. − ¿Como para ver mejor? −En la oscuridad −le digo−. Y escuchar más. Y oler más agudamente. − ¿Para vivir para siempre? Niego con la cabeza. −No lo creo. No creo que funcione así. Pero él nunca... estará enfermo. Snow baja sus cejas. −Cuando se mira de esa manera, ¿por qué no todo el mundo cruza? −Debido a que es la muerte −le digo. −Es evidente que no lo es. −Dicen que el alma muere. −Eso es una tontería −dice. − ¿Cómo lo sabes, Snow? −Observación. −Observación −le digo−. No puedes observar un alma. −Se puede con el tiempo −dice−. Creo que sé…


−Es la muerte −le digo− porque necesitas comer vida para mantenerte con vida. −Eso somos todos−dice−. Eso es comer. −Es la muerte −le digo, negándome a levantar la voz− porque cuando tienes hambre, no puedes dejar de pensar en comerte a otras personas. Snow se sienta de nuevo. Su boca está abierta –porque nadie le enseñó a cerrarla–. Empuja el labio inferior con su lengua. Pienso en lamerle la sangre de esta. −Es la muerte −le digo, mirando hacia abajo a mi libro− porque nos fijamos en los demás, las personas que viven, y se ven muy lejanas. Parecen algo más. La forma en que planean parece algo más. Y están llenas de algo que no tienes. Podrías tomarlo de ellas, pero todavía no será tuyo. Están llenas, y... tienes hambre. No estás vivo. Solo estás con hambre. −Hay que estar vivo para tener hambre −dice Snow−. Hay que estar vivo para cambiar. −Tal vez deberías escribir un libro sobre vampiros −le digo. −Tal vez debería. Al parecer, soy el mayor experto del mundo. Cuando miro hacia arriba, Snow está mirando directamente hacía mí. Puedo sentir la cruz alrededor de su cuello, como estática en mis glándulas salivales, pero eso nunca ha sido algo menos desalentador. Yo podría derribarlo en este momento. (¿Besarlo? ¿Matarlo? ¿Improvisar?). −Deberías preguntarle a tus padres −dice Snow. − ¿Si estoy vivo? −Joder. No quería decirlo así. Para concederle algo, aunque fuera un poco. Snow cierra la boca. Traga. Ahí es donde yo le muerdo, justo en la garganta. −Quiero decir −él dice− debes preguntarles si recuerdan a Nicodemus. Tal vez ellos saben dónde está. −No les preguntaré a mis padres sobre el único mago que salió corriendo para unirse a los vampiros. ¿Eres un completo imbécil? −Oh −dice−. Supongo que no pensé en ello de esa manera. −Tú nunca piensas −le digo. Y entonces− Oh. Oh, oh, oh.


Simón Baz está corriendo de nuevo, así que estoy corriendo detrás de él. No hemos visto a nadie desde la cena. Esta casa es tan grande, que podría absorber a una multitud y todavía parecería vacía. Estamos en un ala diferente ahora. Otro pasillo largo. Baz se detiene frente a una puerta y comienza a lanzar hechizos conciliadores. −Así que predeciblemente paranoica −murmura. − ¿Qué estamos haciendo? −Le pregunto. −Buscando a Nicodemus. − ¿Crees que podría vivir aquí? −No −dice−. Pero… Se abre la puerta, y estamos en otro dormitorio gótico espeluznante. Éste es como un gótico través de los tiempos, ya que en la parte superior de las gárgolas, hay carteles de los años 80 y 90 de estrellas del rock que llevan un montón de delineador de ojos negro. Y alguien incluso ha escrito Never Mind The Bollocks6 en aerosol de color amarillo en una pared, arruinando el papel antiguo pintado de blanco y negro. − ¿De quién es esta habitación? −Pregunto. Baz está agachado junto a una estantería. −De mi tía Fiona. Doy un paso atrás de la puerta. − ¿Qué estamos haciendo aquí? −Buscando algo... −Un segundo después, él saca un gran libro de recuerdos púrpura con Remember the Magic7 grabado en la parte delantera en oro−. ¡Ajá! −Dice−. Estoy bastante seguro de que Fiona fue a la escuela con Ebb. La he oído hablar de ella. Despectivamente, te lo prometo. Ella nunca mencionó al hermano de Ebb, sin embargo... Baz está hojeando las páginas. Me agacho a su lado. −¿Qué es eso? −Es un libro de memoria −dice−. Se solían dar a los que salían de Watford antes de que el Mago se hiciera cargo. A la bola de egresados. Tiene fotos de las clases de cada año y pequeñas historias... −Él sostiene el libro abierto en una página llena de fotos. Me hace desear tener algo parecido, no tengo ninguna foto mía o de mis amigos. Agatha tiene unas pocas, creo. 6 7

“Nunca con la mente en los cojones”. “Recuerda la Magia”.


Baz ha volteado el libro hasta la parte posterior, y está estudiando detenidamente una gran foto de una clase, entrecerrando los ojos. Debajo de la foto, alguien ha sido grabado en un par de instantáneas. −Mira −le digo, señalando la foto de una chica sentada contra un árbol, el árbol de tejo. Ella tiene el alocado cabello oscuro con una franja rubia, y está sonriendo con su nariz arrugada y su lengua entre los dientes. Hay un chico huesudo sentado a su lado con el brazo colgando alrededor de sus hombros−. Ebb −le digo. Debido a que el lacio cabello rubio es el mismo. Y el acantilado borde de sus pómulos. Pero nunca había visto a Ebb luciendo tan segura de sí misma, y no puedo imaginarla sonriendo de esa manera. En la imagen, alguien ha escrito “Nickels y yo”, y ha punteado la “i” con un corazón. −¡Fiona! −Dice Baz, cerrando el libro de un golpe. Tomo el libro y lo abro de nuevo, estableciéndome en el suelo y apoyándome en la cama. Hay pocas páginas por cada año, Fiona estaba en la escuela −con grandes fotos de la clase y páginas en blanco donde podías poner otras imágenes y certificados−. No es difícil detectar a Fiona en cada foto de las clases −el mechón blanco debe ser natural−, y luego encontrar a Ebb y a Nicodemus, siempre de pie uno junto al otro, luciendo casi exactamente iguales, pero completamente diferentes. Ebb luce como Ebb, amable y segura, en cada imagen. En cambio, Nicodemus parece que estuviera a punto de sacar del cascarón algún plan. Incluso desde el primer año. Encuentro otra instantánea de Nicodemus y la tía de Baz, esta vez posando con trajes pasados de moda. −¿Sabías que Watford solía tener un grupo de teatro? −Pregunto. −Watford tenía un montón de cosas antes del Mago. −Baz toma el libro y lo coloca en el estante−. Vamos. − ¿A dónde vamos? − ¿En este momento? A la cama. ¿Mañana? A Londres. −Debo estar cansado, porque ninguna de estas afirmaciones tiene sentido para mí. −Vamos −dice Baz−. Te voy a enseñar tu habitación. * * * Mi habitación resulta ser la más espeluznante aún: Hay un dragón pintado en el arco de la puerta, y su cara está encantada para que brille y te siga en la oscuridad. Además hay algo debajo de la cama. No sé exactamente qué, pero gime y hace clic y hace que los postes de la cama se sacudan. Termino en la puerta de Baz, diciéndole que me voy a Watford. −¿Qué? −Él está medio dormido cuando llega a la puerta. Y sonrojado, debió haber ido a cazar después de que me fui a la cama. O tal vez le tienen unas jaulas en los jardines. −Me voy −le digo−. Esa habitación está embrujada.


−Toda la casa está embrujada, te lo dije. −Me voy. −Vamos, Snow, puedes dormir en mi sofá. Los fantasmas no pasan el rato aquí. − ¿Por qué no? −Yo los arrastro hacia afuera. −Tú me arrastras hacia afuera −murmuro, y me lanza una de sus almohadas en mi cara. (Huele a él). Me doy cuenta, apenas estoy instalándome en su sofá, que no me refiero a eso. Acerca de que él me arrastra hacia afuera. Yo solía decirlo en serio. Yo usualmente lo hacía. Pero él es la cosa más familiar en esta casa, y me duermo mejor, escuchando a Baz respirar, que lo que he dormido desde que las vacaciones de invierno comenzaron.


Capítulo 56 Fiona Muy bien, Natasha, sé que no debería haberle dicho nada. Tú no lo habrías hecho. Los cisnes a la derecha de mi casa están buscando problemas. Siendo problemas, cada sangriento momento en el que él esté vivo. −Háblame de Nicodemus −dice él, igual él ya sabe todo lo que necesita. Sabe que es mi favorito; ese es el problema. Él lo sería, incluso si hubiera tenido una camada de cachorros. Arrogante como Mick Jagger8, aquél. E inteligente como un látigo. − ¿Quién ha estado hablando contigo acerca de Nicodemus? −Pregunto. Se sienta en mi mugrienta mesita y comienza a beber de mi té, mojando lo último de mi torta dulce de lavanda en este. −Nadie −dice. Mentiroso− Acabo de oír que él es como yo. − ¿Un mocoso intrigante? −Sabes lo que quiero decir, Fiona. −Bonito traje, Basil, ¿A dónde te diriges? −A bailar. Él está todo equipado en su máxima expresión. Chaqueta de punto de ciervo, si no estoy equivocada. Luce como si estuviera aquí para reclamar su premio BAFTA9. Me siento frente a él. −Él no es nada parecido a ti −le digo. −Deberías haberme dicho −él dice− Que yo no era el único. −Él lo eligió. Cruzó. − ¿Qué importa si lo elegí, Fiona? El resultado es el mismo. −No es difícil −le digo- Se marchó de nuestro mundo. Se marchó. Dijo que iba a evolucionar. Dijo que iba a ser algo más que magia.

−Eres lo suficientemente poderoso ahora, Nicky. − ¿Qué es lo que decimos acerca de 'suficiente' señorita Pitch? Su corbata de la escuela se escondía en el bolsillo de su chaqueta. Que cruel y fría sonrisa. −Él nos traicionó, Basil. −Siento la vieja ira, todo lo viejo, elevándose por mi garganta. −Y él fue sacado −dice mi sobrino. −Debido a que era un traidor −le digo. −Debido a que era un vampiro –dice Baz, y no puedo evitarlo, esa palabra todavía me hace retroceso. 8 9

Vocalista de la banda musical “The Rolling Stones”. “Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Television”.


No se suponía que debía ser yo, Natasha. Decirle a este chico cómo hacer su camino en el mundo. No soy buena en esto. Mírame. Treinta y siete años de edad, enrollando mis articulaciones en mi bata y comiendo bikkies10 para el desayuno siempre que me las arregle para levantarme, soy una desgracia. ¿Qué le dirías a él si estuvieras aquí? No importa. Yo sé lo que dirías, y estás equivocada. Esa es una manera en la que te he superado. Fui lo suficientemente débil como para darle a tu hijo una oportunidad. Y míralo ahora, él puede estar muerto, pero no está perdido. Él es oscuro como boca de lobo y afilado como una cuchilla, y está lleno de tu magia. Es una hoguera. Él te haría sentir orgullosa, Tasha. −No te van a herir, Basil −le digo− ¿Eso es de lo que se trata? Nadie sabe de ti, e incluso si se enterarán, lo que no pasará, ellos sabrán que no podemos prescindir de ti. Las Familias están finalmente listas para contraatacar al Mago. Todo esto está ocurriendo. Él lame su labio inferior y mira por mi pequeña ventana. El sol todavía está afuera, y sé que le molesta, aunque no se quejará. Desengancho la cortina, y mi cocina queda sumergida entre las sombras. −¿Vive todavía? –pide Baz−. ¿Nicodemus? −Eso creo. En cuestión de conversaciones. No he oído nada diferente. −¿Has oído? Hay un paquete de cigarrillos sobre la mesa. Enciendo uno con mi varita y tomó unas buenas caladas, dejando la ceniza en mi platillo. −Tu sabes que Las Familias utilizan mis conexiones de Londres... − ¿Qué significa eso, Fiona? −Hablo con gente aquí que nadie más quiere. Indeseables. No estoy preocupada por ensuciarme las manos de vez en cuando. Entonces, hermana, él ladea una de sus cejas hacia mí. Escupo un poco de humo. −Pff. No es así, pervertido. −Así que Nicodemus es un indeseable −dice. −No estamos autorizados a hablar de él. Es la ley mago. −¿Me cortarás tan fácilmente? −Oh, joder, Baz, sabes que no lo haría. ¿En qué estás? −No puedo dejar de ser curioso −Se inclina hacia mí sobre la mesa−. ¿Está vivo? ¿Él caza? ¿Ha envejecido? ¿Ha volteado a alguien?

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Tipo de galletas.


−Nicodemus Petty no tiene ninguna respuesta para ti, chaval. −Estoy golpeando mi cigarrillo contra él, así que lo apagó antes de que accidentalmente lo queme−. Él es un gángster de pacotilla, un matón de tercer nivel en una película de Guy Ritchie. Él pensaba que iba a ser el más fuerte mago, pero terminó jugando a los dados en la trastienda de algún bar de vampiros en Covent Garden. Él tiró toda su vida por la borda, y lastimó a todos los que lo amaban, y no hay nada que puedas aprender de él, Basil. A parte de cómo ser un vampiro de mierda. La ceja de Baz todavía está elevada. Bebe el resto de mi té. −Bien −dice−. Has dado tu parte. −Bien. Vete a casa y estudia. −Estoy en vacaciones. −Entonces vete a casa y encuentra la manera de acabar con El Mago. −Te lo dije. Voy a bailar. Observo su traje nuevo y sus zapatos negros brillantes. −Basil. ¿Has conocido a alguien? Él sonríe, y se ha olvidado del problema. Debimos haberlo dejado caer en el Támesis dentro de una bolsa de piedras. Debimos haberlo dejado donde las hadas. −Algo así.


Capítulo 57 Agatha Estoy sentada en el mostrador de Penélope, rociando glaseado rosa en otra galleta de jengibre con forma de damita. − ¿Por qué las damitas de jengibre tienen que vestir de rosa? −pregunta Penny. − ¿Por qué las damitas de jengibre no deberían vestir de rosa? −Le digo−. Me gusta el rosa. −Sólo porque has sido condicionada para que te gusten las Barbies y todo lo del género de Lego. −Estoy en desacuerdo, Penny. Nunca he jugado con Lego. Salir con Penny, en realidad, va mejor de lo que pensaba. Cuando ella me arrinconó en el patio antes de salir a vacaciones, pensé que me iba a morder por haber abandonado a Simón. −Oye −dice ella− me enteré de que Simón no va a venir para Navidad. −Debido a que no estamos saliendo más, Penélope. ¿Contenta? −Por lo general −dice− pero no porque rompieran. Es imposible terminar una conversación con Penny. Puedes ser grosero, puedes ignorarla, ella es inquebrantable. −Agatha −dice− ¿De verdad crees que quiero estar con Simón? Creo que Penny quiere ser la persona más importante en la vida de Simón, pero ¿eso es un sí o un no? −No sé, Penélope. Pero sé que no querías que yo estuviera con él. − ¡Debido a que ambos parecían miserables! − ¡Eso no era asunto tuyo! − ¡Por supuesto que lo era! −Dice−. Son mis amigos. Puse mis ojos en ella, de una manera muy obvia, pero ella siguió adelante. −Esto no es lo que quería hablar contigo −dice enérgicamente−. Escuché que Simón no irá a tu casa para Navidad. Y él no puede venir a mi casa porque mi mamá está cabreada por lo del Mago, pero pensé que tal vez tú y yo todavía podíamos reunirnos y hacer galletas e intercambiar regalos. Siempre hacemos eso, cada año, nosotros tres. − ¿Sin Simón? −Correcto, como dije, mi madre tiene gusanos en la cabeza acerca de Simón.


−Pero nunca hemos pasado el rato sin Simón −le digo. −Sólo porque él siempre está alrededor −dice Penny−. El hecho de que ustedes rompieran, no significa que ya no seamos amigas, tú y yo. − ¿Somos amigas? −Nicks y Slick, espero que sí −dice Penny−. Sólo tengo tres amigos. Si no somos amigas, pasaría a tener sólo dos. * * * − ¿Qué están haciendo, chicas? −La madre de Penny entra en la cocina, llevando su portátil como si no pudiera dejar de leerlo el tiempo suficiente como para hacer una taza de té. Su cabello está recogido en un moño desordenado y oscuro, y está usando el mismo cárdigan y los mismos joggers11 que llevaba puestos cuando llegué aquí ayer. Mi madre no dejaría su dormitorio con ese aspecto. La profesora Bunce enseña historia de la Edad Media en una universidad normal, y es una historiadora mágica. Ella ha publicado toda una estantería llena de libros de magos, pero no gana ningún dinero haciéndolo. No hay suficientes magos que apoyen a las artes y ciencias mágicas como posibles carreras. Mi padre hace bien como médico mágico porque es uno de los pocos con el entrenamiento adecuado, y todo el mundo necesita un doctor. El padre de Penny enseñaba lingüística en una universidad local, pero ahora trabaja tiempo completo para el Aquelarre, investigando el Humdrum. Incluso tiene su propio personal de investigadores quienes trabajan en el laboratorio con él arriba. He estado aquí casi dos días, y no lo he visto todavía. −Él sólo sale para el té y los bocadillos –dijo Penny cuando le pregunté al respecto. Ella tiene también hermanos menores; Yo los reconozco de Watford. Algunos acampan ahora mismo en la sala de estar, mientras ven tres meses de Eastenders12, y los otros están arriba pegados al Internet. Todos son terriblemente independientes. Ni siquiera creo que se junten a la hora de comer. Ellos simplemente pasean y salen de la cocina con platos de cereales y tostadas de queso. −Estamos haciendo galletas de jengibre −dice Penny en respuesta a su madre−. Para Simón. −Deja descansar, Penélope −dice su madre, dejando su computadora portátil en la isla y revisando nuestras galletas−. Vas a ver a Simón en una semana o dos. Estoy segura de que él todavía te reconocerá. Oh, Agatha, honestamente, ¿deben hacerles los vestidos a las damitas de jengibre de color rosa? −Me gusta el rosa −le digo. −Es bueno verlas pasando tiempo juntas, chicas −dice ella−. Es bueno tener una vida que pasa el test de Bechdel13.

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Telenovela británica, que se transmite por la cadena BBC One. Sistema para evaluar la brecha de género en películas, cómics, obras de teatro, entre otros.


−Debido a que nuestra casa está siempre rebosante solamente de tus amigas −murmura Penny. −Yo no tengo amigas −dice su madre−. Tengo colegas. Y niños. −Ella toma una de mis rosas damitas de jengibre y le da un bocado. −Bueno, yo no estoy evitando otras chicas −dice Penny−. Yo estoy evitando otras personas. −Yo tengo un montón de amigas −le digo−. Me gustaría poder ir a la escuela con ellas. −No es la primera vez hoy, que creo que me estoy perdiendo un día con mis amigas de verdad, mis amigas normales, sólo por ser agradable con Penélope. −Bueno, podrás estar con ellas el año que viene, en la universidad −me dice su mamá−. ¿Qué vas a estudiar, Agatha? Me encojo de hombros. No sé todavía. No debería tener que saber, tengo solamente 18. No estoy destinada para cualquier cosa. Y mis padres no me tratan como si tuviera que elevarme a la grandeza. Si Penny no cura el cáncer y encuentra a las hadas, creo que su madre se sentirá vagamente decepcionada. La profesora Bunce frunce el ceño. −Hmm. Estoy segura de que vas solucionar el problema. –La caldera hace clic, y ella se sirve su té−. Chicas, ¿quieren una taza? −Penny tiende su taza, y su madre sirve la mía también−. Tuve amigas cuando tenía vuestra edad; Yo tenía una mejor amiga, Lucy... −Ella se ríe, como si estuviera recordando algo−. Éramos uña y mugre. − ¿Siguen siendo amigas? −Pregunto. Ella baja nuestras tazas y mira hacia mí, como si sólo le hubiera estado prestando atención a medias a nuestra conversación, hasta ahora. −Me hubiera gustado −dice− si ella apareciera. Se fue a América unos pocos años después de la escuela. De todos modos, realmente no nos veíamos después de Watford. − ¿Por qué no? –pregunta Penny. −No me gustaba su novio −dice su madre. − ¿Por qué? −Dice Penny. Dios, los padres de Penny deben haber oído esa pregunta cien mil veces hasta ahora. −Pensaba que era demasiado controlador. − ¿Es por eso que ella se fue a Estados Unidos? −Creo que ella se fue cuando se separaron. –La profesora Bunce se ve como si estuviera decidiendo qué decir a continuación−. En realidad... Lucy estaba saliendo con el Mago. −¿El Mago tenía una novia? –pregunta Penny. −Bueno, no lo llamábamos el Mago en ese entonces −dice su madre−. Lo llamábamos Davy. −El Mago tenía una novia −dice Penny otra vez, con los ojos desorbitados− Y un nombre. Mamá, ¡yo no sabía que habías ido a la escuela con el Mago! La profesora Bunce toma un sorbo de té y se encoge de hombros. − ¿Cómo era? –pregunta Penny. −Igual a como es ahora. −dice su madre− Pero más joven.


− ¿Era guapo? −Pregunto. Ella hace una mueca. −No lo sé, ¿crees que es guapo ahora? −Uf, no −dice Penny, al mismo tiempo que yo digo−: Sí. −Era guapo –admite la profesora Bunce− y carismático a su manera. Tenía a Lucy envuelta en su dedo meñique. Ella pensaba que era un visionario. −Mamá, tienes que admitir –dice Penny− que realmente era un visionario. La profesora Bunce hace una mueca de nuevo. −Con él, todo debía ser siempre a su manera, incluso en aquel entonces. Con Davy, todo era blanco o negro, siempre. Y si Lucy no estaba de acuerdo, bueno, Lucy siempre estaba de acuerdo. Ella estaba perdidamente enamorada de él. −Davy −dice Penélope−. Qué raro. − ¿Cómo era Lucy? −Pregunto. La madre de Penny sonríe. −Brillante. Ella era poderosa. −Sus ojos se iluminan con esa palabra−. Y fuerte. Recuerdo que ella jugaba rugby con los chicos. Tuve que arreglar su clavícula una vez en la cancha, era una locura. Ella era una chica de campo, con hombros anchos y cabello amarillo, y tenía los ojos súper azules. El padre de Penny se adentra en la cocina. − ¡Papá! –dice Penny−. ¿Podemos hablar ahora? El otro profesor Bunce va a tientas hacia la caldera y la enciende. La madre de Penny la apaga y la lleva al fregadero para añadir agua, él la besa en la frente. −Saludos, amor. −Papá –dice Penny. −Sí... −Él está hurgando en la nevera. Es un hombre más bien pequeño, más bajo que la madre de Penny. Tiene el pelo rubio gris arena y una nariz mullida y grande. Tiene anteojos pasados de moda, redondos y de montura metálica arregazados en su cabeza. Todos en la familia de Penny llevan gafas pasadas de moda. El chisme que ronda sobre el padre de Penny es que él no es ni la mitad de poderoso de lo que es su madre; mi madre dice que sólo ingresó a Watford porque su padre solía enseñar allí. La madre de Penny es una snob del poder, es difícil imaginarla casada con un fracasado. −Papá, ¿recuerdas? Necesitaba hablar contigo. Él está apilando los alimentos en sus brazos: Dos yogures. Una naranja. Un paquete de galletas saladas de camarón. Agarra una galleta de jengibre y advierte mi presencia. −Oh, hola, Agatha. −Hola, Profesor Bunce. −Martin −dice, ya marchándose−. Llámame Martin. −Padre.


−Sí, vamos arriba, Penny. Trae mi té ¿puedes? Ella espera por su té, y luego agarra un par más de personas de jengibre –ellos se las están comiendo más rápido de lo que yo puedo decorarlas–, y lo sigue arriba. −¿Por qué rompieron? −Pregunto a la profesora Bunce después de que Penny y su padre se han marchado. Ella está mirando su portátil, sosteniendo su té, olvidado, a mitad de camino de su boca. − ¿Hmmm? −Lucy y Davy –digo. −Oh. No sé −dice ella−. Habíamos perdido el contacto para ese entonces. Me imagino que por fin se dio cuenta de que era un imbécil y tuvo que cruzar el océano para alejarse de él. ¿Te imaginas tener al Mago como un ex? Él está en todas partes. −¿Cómo se enteró de que ella se había ido? La profesora Bunce parece triste. −Su madre me lo dijo. −Me pregunto por qué el mago nunca ha salido con nadie más... −Quién sabe −dice ella, volviéndose y mirando de nuevo a su ordenador−. Tal vez él tiene novias Normales en secreto. −O tal vez él realmente amaba a Lucy −le digo− y nunca la superó. −Tal vez −dice la profesora Bunce. Ella no está prestando atención. Teclea durante unos segundos, y luego me mira−. Me acabas de recordar algo que no he pensado en años. Espera aquí. −Ella sale de la cocina, y me imagino que probablemente no regresará. Los Bunces hacen eso a veces. Pero ella vuelve, sosteniendo una fotografía. −Martin fotografió esto. Son tres estudiantes de Watford, dos chicas y un chico, sentados en el césped, por la cancha de fútbol, creo. Las chicas llevan pantalones (mamá dice que nadie usaba faldas escolares en los años 90). Es bastante obvio que una de ellas es la madre de Penélope. Con su cabello suelto y salvaje, se parece mucho a Penny. La misma frente amplia. La misma sonrisa (ojalá Penny estuviera aquí abajo, para que pudiera bromear con ella sobre eso). Y el chico es, obviamente, el Mago, diferente con su pelo largo y suelto, y sin su ridículo bigote (El Mago tiene el peor de los bigotes). Pero la chica en el centro es una extraña. Ella es preciosa. De cabello rubio amarillo, largo hasta los hombros, rizado y grueso. Con mejillas sonrosadas y ojos tan grandes y azules, que se puede ver su color en la foto. Ella sonríe cálidamente, mientras sostiene la mano de la madre de Penélope, y se apoya en el chico, quien tiene su brazo alrededor de ella.


El Mago realmente era monstruosamente guapo. Se veía mejor que cualquiera de las chicas. Y se veía más apacible aquí de lo que jamás lo había visto, sonriendo con la boca hacia un lado, y con una mirada casi de vergüenza en sus ojos. −Lucy y yo nunca peleamos −dice la profesora Bunce−. Cuando yo peleaba, Lucy trataba simplemente de cambiar de tema. Al final, nunca hubo una pelea. Creo que ella me dejó de hablar porque se cansó de defender a Davy de mí. En el momento en que dejamos la escuela, él se volvió tan intenso, radical, listo para atacar el palacio y crear una guillotina14. Me doy cuenta de que la profesora Bunce está hablando para ella ahora, y para la foto, más que para mí. −Y él nunca se callaba −dice ella, fijando la foto en el mostrador−. Todavía no sé cómo ella podía soportarlo. Ella me mira y entrecierra los ojos. −Agatha, sé que estoy siendo indiscreta, pero nada de lo que se diga en esta cocina sale de esta cocina, ¿entendido? −Oh, por supuesto −le digo−. Y no se preocupe por eso, mi mamá también se queja del Mago. −¿Ella lo hace? −Él nunca va a sus fiestas, y cuando lo hace, está usando su uniforme, y usualmente está cubierto de barro, y luego se va temprano. Eso le causa migraña a mi mamá. La profesora Bunce ríe. Su móvil suena. Ella lo saca de su bolsillo. −Es Mitali. −Mira de nuevo al ordenador y hace clic en el panel táctil−. Déjame revisar. Ella toma el portátil, lo balancea contra su estómago, apoyando el teléfono entre la oreja y el hombro, y sale de la habitación. Ella deja la foto en el mostrador. Después de un momento, la recojo. Miro a los tres de nuevo. Se ven tan felices que es difícil creer que ninguno de ellos está en condiciones de hablar ahora. Miro a Lucy, el color de sus mejillas y sus ojos azul cielo, y deslizo la foto en mi bolsillo.

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Se refiere a “crear una revolución”.


Capítulo 58 Lucy Me hubiera gustado que lo hubieras conocido cuando era joven. Era guapo, por supuesto. Él sigue siendo guapo. Ahora él es guapo de una manera que todo el mundo ve... En aquella época sólo yo lo veía. Sentía pena por él; Supongo que así es como empezó. Siempre estaba hablando, y nadie estaba escuchando. Me gustaba escuchar. Me gustaban sus ideas, él tenía razón en muchas cosas. Él aún la tiene. − ¿Cómo va la Revolución, Davy? −No te burles, Lucy. No me gustan las bromas. −Lo sé. Pero a mí sí. Estaba sentado solo bajo el árbol de tejo, así que me senté junto a él. Cuando empezamos a hablar, yo me reunía con él aquí, donde nadie nos vería juntos, así nadie me vería con el viejo tonto de Davy. Después empezó a gustarme reunirme con él bajo el árbol de tejo porque era casi como si estuviéramos a solas. −Has estado tranquilo últimamente −le dije. −No hay nada más que decir. Nadie está escuchando. −Estoy escuchando −Llevé a mis quejas ante el Aquelarre −dijo−. Ellos se rieron de mí. −Estoy segura de que no se rieron, Davy −No tienes que reír en voz alta para burlarte de alguien. Me trataron como a un niño. −Bueno, eres un niño. Ambos lo somos. Él me miró directamente a los ojos. Hay algo en los ojos de Davy. Son medio mágicos. Nunca pude apartar la mirada. −No, Lucy. No lo somos. * * * Después de ese encuentro con el Aquelarre, Davy estaba siempre en la biblioteca, o inclinado sobre un libro en el comedor, chorreando salsa sobre un texto de cuatrocientos años de edad. A veces me sentaba con él, y a veces él hablaba conmigo.


−Lucy, ¿sabías que Watford solía tener su propio oráculo? Aquella era su habitación, la que está en la parte superior de la Capilla con la ventana que da a las paredes de la escuela. Los oráculos trabajaron allí. Ellos eran tan importantes como los directores. − ¿Cuándo terminó? −En mil novecientos catorce. Fue una medida de austeridad. La idea era que los oráculos donaran sus servicios según fuera necesario después de eso. −Yo no conozco a ningún oráculo −le dije. −Bueno, fue el oráculo de Watford quien entrenó a otros oráculos. Hoy en día, es una profesión muerta. La biblioteca todavía tiene un ala entera de sus profecías. − ¿Desde cuándo te importan las bolas de cristal y las cartas del tarot? −No me importan los niños que juegan con herramientas que no entienden, pero esto... −Sus ojos brillaban−. ¿Sabías que la Gran Hambruna Irlandesa fue profetizada? −No lo sabía. −Y el Holocausto. − ¿De verdad? ¿Cuándo? −En 1511. Y ¿sabías que hay sólo una visión que todos los oráculos han tenido desde el comienzo de Watford? −Yo ni siquiera sabía que había oráculos hace treinta segundos. −Que un gran Mago viene. −Como la canción infantil −dije−. Y alguien va a venir a acabar con nosotros, / y alguien traerá su caída, / deja que el mayor poder de los poderes reine, / puede salvarnos a todos. −Sí. −Mi abuela solía hablar del Gran Mago. −Hay docenas de profecías −dijo Davy−. Todas acerca de un mago, el Elegido. − ¿Cómo sabes que todas son de la misma persona? −Pregunto−. ¿Y cómo sabes que él, o ella, no han venido ya y se ha ido? − ¿De verdad crees que no echaríamos de menos a alguien que salvó a todo nuestro pueblo? ¿Alguien que reparó nuestro mundo? − ¿Qué dicen que va a reparar? −Se dice que habrá una amenaza, que vamos a estar a oscuras y divididos, que la propia magia estará en peligro, y que habrá un mago que tiene un poder que nadie jamás ha soñado, un mago que extrae su poder desde el centro de la Tierra. "Camina como un hombre ordinario, pero su poder es como ningún otro". Uno de los oráculos lo describe como ‘un buque’ grande y suficientemente fuerte como para mantener toda la magia por sí solo. Davy se estaba poniendo cada vez más y más excitado mientras hablaba. Sus ojos brillaban, y sus palabras tropezaban unas con otras. Hizo un gesto hacia la pila de libros, como si su sola presencia hiciera de las profecías algo irrefutable. Sentí a mi barbilla echar para atrás. −Tú no... − ¿Qué? −Preguntó Davy.


−Bueno, no piensas... − ¿Qué, Lucy? ¿Qué no pienso? −Bueno... que eres el Gran Mago… Se burló. − ¿Yo? No. No seas tonta. Soy más poderoso que cualquiera de estos cretinos −echó un vistazo alrededor de la biblioteca− pero tengo el tipo de poder que tú puedes imaginar. Traté de reír. −Correcto. Así que… − ¿Así qué? − ¿Por qué esto es tan importante para ti? −Debido a que el Gran Mago está viniendo, Lucy. Y él viene en la hora de nuestra mayor necesidad. Cuando los magos están “arañando con garras la garganta del otro”, cuando “la cabeza de nuestra gran bestia ha perdido su camino”. Eso es pronto. Eso es ahora. ¡Todos deberíamos tener cuidado con todo esto! ¡Deberíamos estar preparándonos!


Capítulo 59 Penélope Me gusta el laboratorio de mi papá. En el ático. Nadie tiene permitido limpiar aquí, ni siquiera sus ayudantes. Es un completo desastre, pero papá sabe dónde está todo, así que si mueves un libro de una pila a otra, él se vuelve un poco psicótico. Toda una pared es un mapa de Gran Bretaña: los agujeros en la atmósfera mágica no se han extendido a través del agua todavía, pero han crecido en los últimos años. Papá utiliza clavijas y cuerdas para trazar el perímetro de cada agujero, después, utiliza diferentes colores de hilo para mostrar cómo los agujeros han crecido. Pequeñas banderitas registran la fecha de medición. Algunos de los grandes agujeros se han fusionado en los últimos años, ya casi no queda más magia en Cheshire. Los asistentes de papá están afuera en una misión de topografía justamente ahora. Él acaba de contratar a alguien nuevo, una antropóloga mágica, para estudiar los efectos de los huecos en las criaturas mágicas. Le gustaría estudiar cómo los agujeros afectan a los Normales, pero él no ha podido conseguir financiación. Me acerco al mapa. Hay dos agujeros en Londres, uno grande en Kensington y una más pequeño en Trafalgar Square. No quiero ni pensar en lo que pasaría si el Humdrum ataca cerca de nuestra casa en Hounslow. Un montón de familias mágicas han tenido que desplazarse, y eso a veces las debilita. Tu magia se instala en un lugar. Te apoya. Me siento en una de las mesas altas. Papá le gusta estar de pie mientras trabaja, por lo que todas las mesas son altas. Tiene un libro abierto, y está copiando números en un libro de contabilidad. Él usa una computadora, también, pero todavía mantiene todos sus registros a mano. −Estoy trabajando en un proyecto para la escuela −digo−. Y estaba buscando en algunas copias antiguas de El Registro… −Mmm-hmmm. −Y estaba leyendo acerca de la tragedia de Watford. Papá levanta la mirada. − ¿Sí? − ¿Te acuerdas cuándo sucedió? −Por supuesto. −Él vuelve a su libro de contabilidad−. Tu madre y yo estábamos todavía en la universidad. Eras tan sólo una niña…


Mamá y papá se casaron poco después de Watford y comenzaron a tener hijos de inmediato, a pesar de que todavía estaban en la escuela y mamá quería hacer una carrera. Papá dice que mamá quería todo, inmediatamente. −Debe haber sido terrible −le digo. −Lo fue. Nunca nadie había atacado a Watford antes, ni a la pobre Natasha Grimm-Pitch. − ¿La conoces? −No personalmente. Ella era mayor que nosotros. Su hermana, Fiona, estaba unos años por debajo mío en la escuela, pero yo no la conocía bien. Las Pitches siempre se juntaban con su propia especie. − ¿Así que no te agradaba ella? ¿Natasha Grimm-Pitch? −No me gustaba su política −dice−. Ella pensaba que los magos de bajo poder debían renunciar a sus varitas. Magos de bajo poder. Como mi papá. − ¿Por qué los vampiros atacaron Watford? −Pregunto−. Ellos nunca lo habían hecho antes. −El Humdrum los envió −dice papá. −Pero eso no es lo que dicen −me inclino hacia él, al otro lado de la mesa− en las noticias iniciales, justo después del ataque. Sólo dicen que eran vampiros. Él me mira de nuevo, interesado. −Eso es correcto. −Él asiente−. No lo sabíamos al principio. Nos pareció que las criaturas oscuras se estaban aprovechando de la forma desorganizada en la que estábamos. Fue una época diferente. Todo estaba perdido. El mundo de los magos era más como un... club. O una sociedad. No había ninguna línea de defensa. Incluso sucedieron ataques de hombres lobos en aquel entonces en la genuina Londres, ¿te imaginas? − ¿Así que nadie sabía que el Humdrum estaba detrás del ataque contra Watford? −No por un tiempo −dice−. No sabíamos que el Humdrum era una entidad en primer lugar. − ¿Qué quieres decir? −Bueno, cuando los agujeros comenzaron a aparecer… −En 1998. −Sí −dice− que fue cuando por primera vez los registramos. Hace diecisiete años. Pensamos que podría ser un fenómeno natural, o tal vez incluso el resultado de la contaminación. Al igual que los agujeros en la capa de ozono. Fue el Dr. Manning quien acuñó el término, lo recuerdo. Visitó el agujero en Lancashire y lo describió como "una monotonía15 insidiosa, una mundanidad que se apodera de tu alma". −Papá sonríe. Le gusta una frase bien convertida−. Comencé mi investigación no mucho tiempo después de eso. − ¿Cuándo se dieron cuenta de que el Humdrum era un “él”? 15

Se aclara al lector que la traducción inglesa de Humdrum al español es “monotonía”. Por esto, es que está frase representa el origen del término.


−Todavía no sabemos si es un “él”. −Sabes lo que quiero decir, ¿cuándo te diste cuenta de que esa cosa tenía una intención? ¿Que eso nos estaba atacando? −No fue en un solo día −dice−. Quiero decir, todo sufrió una especie de cambio en el 2008. Personalmente, creo que el Humdrum se hizo más poderoso en esa época. Habíamos estado siguiendo estos pequeños agujeros, como burbujas en la mágica atmósfera, y de repente se multiplicaron, como una metástasis del cáncer. Por la misma época, el mundo oscuro se volvió loco. Supongo que fue cuando las criaturas oscuras empezaron a venir directamente por Simón que supimos que había malicia allí, e inteligencia, y no eran simplemente desastres naturales. Y entonces ese fue la sensación. Los agujeros, los ataques... era una sensación distinta. −Sus ojos se centran en mí, y su boca se aprieta. Después de que el Humdrum nos secuestrara a Simón y a mí el año pasado, papá quería conocer todos los detalles. Le dije la mayor parte, todo lo relacionado con el Humdrum, incluso como se veía. Papá piensa que el Humdrum tomó la forma de Simón para burlarse de él. Descanso mis codos sobre el mostrador. −¿Por qué crees que el Humdrum odia tanto a Simón? −Bien. −Él arruga la nariz−. El Humdrum parece odiar la magia. Simón tiene más de lo que cualquier persona, tal vez nadie, tiene. −Es raro que el Humdrum no sea su nombre real −digo−. Quiero decir, que no viniera con ese nombre o se nombrara a sí mismo... −¿Crees que una criatura oscura elegiría el nombre de “el Insidious Humdrum”? −Nunca he pensado en ello −digo−. Simplemente siempre ha estado ahí. Papá suspira y empuja sus gafas. −Eso me rompe el corazón, pensar que no puedes recordar un mundo sin el Humdrum. Me preocupa que tu generación termine por aclimatarse a él. Si eso pasa, no verán la necesidad de luchar. −Creo que la veré, papá. Esa cosa repugnante me secuestró y sigue tratando de matar a mi mejor amigo. Frunce el ceño y sigue mirándome. −Sabes, Penélope... Hay un equipo de americanos que viene en unas pocas semanas. Creo que finalmente me prestaron atención cuando los visitamos este verano. Papá se reunió con otros tantos científicos mágicos como pudo mientras visitamos a Micah. Hubo un geólogo mágico que adquirió un verdadero interés por el trabajo de papá. Los magos americanos son mucho menos organizados que nosotros. Ellos viven en todo el país y sobre todo hacen sus propias cosas. Pero hay más dinero allí. Papá ha estado tratando de convencer a otros científicos internacionales de que el Humdrum es una amenaza para todo el mundo mágico, no sólo para el británico.


−Me encantaría que pudieras venir también a algunos de nuestros estudios −dice−. Podrías conocer al Dr. Schelling; él tiene su propio laboratorio en Cleveland. Veo lo que está haciendo, así es como mi papá me va a mantener a salvo del Humdrum. Escondiéndome en Ohio. −Tal vez −le digo−. Si pudiera faltar a clase. −Te escribiré una nota. −¿Simón puede venir también? Aprieta los labios y empuja las gafas de nuevo. −No estoy seguro de que pueda escribir una nota para Simón −dice, recogiendo su pluma−. ¿De qué me habías dicho que trataba tu proyecto escolar? −De la tragedia de Watford. −Dime si encuentras cualquier cosa que arroje luz sobre el Humdrum. Siempre me he preguntado si alguien sintió su presencia allí. Su cabeza vuelve a su trabajo ahora. Así que bajo de la silla y empiezo a salir. Me detengo en la puerta. −Oye, papá, una cosa más, ¿sabes algo de un mago llamado Nicodemus? Él mira hacia arriba, y su cara no se mueve en lo absoluto, así que puedo decir que él, a propósito, no está reaccionando. −No puedo decir que sepa −dice−. ¿Por qué? No es como que mi papá me mienta. No es como que yo le mienta a él. −Es sólo un nombre que vi en El Registro, y no lo reconocí. −Hmm −dice−. Yo no… Yo no creo que sea alguien importante.


Capítulo 60 Simón Esperamos hasta después de la medianoche para ir en busca de los vampiros. La tía de Baz no le diría exactamente donde pasan el rato, pero él cree que puede encontrarlos, y dice que deben hacer la caza antes de la medianoche... Lo que me asusta nada más pensarlo. Pensar en todos esos asesinatos que suceden. Mientras esperamos. Si los vampiros están cazando Normales cada noche, ¿por qué no hacemos nada al respecto? El Aquelarre debe saber que esto está pasando. Quiero decir, si la tía de Baz lo sabe, el Aquelarre debe saberlo. Decido que Baz no es la persona adecuada para hablar de esto ahora. Tenemos tiempo que matar después de salir de donde su tía, por lo que vamos a una librería, una grande, y luego a la sala de lectura del Museo Británico, donde Baz roba al menos una media docena de libros. −No puedes hacer eso −discuto. −Es investigación. −Es traición. −¿Vas a decirle a la Reina? Cuando todos los museos están cerrados, caminamos alrededor de un parque, y luego encontramos un lugar donde me puedo comer un curry mientras él mira dentro de sus libros robados. −Debes comer algo −digo Él me levanta una ceja. −Oh, vete al cuerno −Me pregunto si es por eso que nunca ha tenido una novia. Debido a que en sus citas la llevaría a la biblioteca, y después, insistiría en sentarse allí espeluznantemente mientras ella cena sola. He terminado mi curry y dos órdenes de samosas16, y lo estoy viendo leer. Juro que chupa sus colmillos cuando está pensando. Cierra el libro con una mano y se pone de pie. −Vamos, Snow. Vamos a encontrar a un vampiro. −Gracias −limpio mi boca con mi manga− pero yo ya estoy por encima de mi límite. Baz ya está caminando hacia la puerta. −Oye −le digo, tratando de alcanzarlo. Cuando él me ignora, le agarro el brazo. Él frunce el ceño. 16

Empanadillas de forma triangular, típica de la cocina del sur de Asia.


−No puedes agarrar a la gente cuando quieres su atención. −Yo dije “oye”. −Calma. −He estado pensando −digo− si vamos a hacer esto, tienes que empezar a llamarme por mi nombre. No sé por qué esto me parece importante. Solo que, si vamos a caminar a una guarida de vampiros juntos, me parece que tenemos que superar algunas de estas cosas y de hecho ser aliados. −Snow es tu nombre −dice Baz−. Posiblemente. De todos modos, ¿quién te bautizó? Aparto la mirada. Estaba escrito en mi brazo, Simón Snow. El que me dejó en la casa lo debió haber escrito. Tal vez fue mi madre. −Tienes que llamarme Simón −digo−. Tú me has llamado así antes. Abre la puerta del coche y entra, como si él no me hubiera escuchado, pero sé que lo hizo. −Bien −dice Baz−. Entra en el coche, Simón. Lo hago. * * * Nos tomó casi dos horas encontrar este lugar, Baz lo olfateó; era como caminar alrededor de Covent Garden con un sabueso. − ¿Es este? −Pregunto−. ¿Están aquí? Se endereza el cuello y los puños. Estamos de pie afuera de un viejo edificio lleno de pisos, con una fila de nombres al lado de la puerta y una ranura de latón con letras. −Quédate cerca −susurra, y golpea a la puerta con el dorso de su puño. Un hombre grande abre la puerta. Él ve a Baz, y abre un poco más. Otro hombre, de pie detrás de una larga barra en el centro de la habitación, mira y asiente. El portero mueve la cabeza para que pasemos. Sigo a Baz a una habitación lejana, de techo bajo y con luces en el techo. La barra desciende por el centro, y, cabinas privadas y adornadas cubren las paredes a ambos lados, cada cabina es iluminada por una luz amarilla que cuelga. Todas las personas sentadas a lo largo de los pasillos se voltean para mirarnos. A una mujer cerca de la puerta se le cae su vaso, y el hombre a su lado lo atrapa. Ellos no parecen vampiros. ¿Todos son vampiros? Ellos sólo se ven ricos. Y... grises. Pero ellos no se ven hermosos o delgados o con las mejillas consumidas y los pómulos huesudos como los hacen en las películas.


Es a Baz a quien están observando, no a mí. Él debe tener miedo, o por lo menos estar nervioso, pero no lo parece. Juro que se alborotó menos que cuando estaba amenazado. (Cuando estaba amenazado por mí, eso es indignante. Pero es una especie de consuelo ahora). Cada uno de ellos debe estar muy celoso de él. Él es todo lo que ellos son, además de mago. Además, tiene el aspecto de haber nacido para ser una especie de rey oscuro. Baz se detiene en el primer puesto. −Nicodemus −dice, y ni siquiera lo hace como una pregunta. Un hombre con el pelo y la piel de color gris, y un traje gris brillante mira a los ojos de Baz y asiente con la cabeza hacia el fondo de la sala, entonces me mira y se burla. Me pregunto si es mi cruz o mi olor que ha de llegar a él. O tal vez él sabe quién soy. El Heredero del Mago. (El Mago mata vampiros; y no piensa que es asesinato) (¿Por qué el Mago no ha matado a estos vampiros?). Sigo a Baz a través de la habitación, deseando haber llevado todo el conjunto elegante que Baz trató de ponerme antes de salir de Hampshire. Estoy usando mis pantalones Watford y uno de sus suéteres escandinavos, y sólo usé el suéter porque me dijo que mi uniforme de Watford me hacía parecer de 12. Baz está caminando muy lento, sigo pateando la parte posterior de mis talones. Es como si él quisiera que todos aquí recibieran su ración de él. (Tal vez está tratando de ocultar su cojera, también). Cuánto más profundo vamos, la habitación va oscureciendo. Exploro las cabinas de Nicodemus, pero no estoy seguro de que lo reconocería, aunque hubiera suficiente luz. ¿Todavía parecerá una versión medio masculina de Ebb? Llegamos a la pared del fondo, y estoy listo para dar la vuelta, hasta que Baz continúa a través de una puerta que ni siquiera veo. Lo sigo por una escalera de caracol colgante con un carril suelto. En el momento en que llegamos al piso más bajo, estoy mareado. Entonces estamos en el sótano, creo. Es como una caverna, mucho más grande que la habitación de arriba, con un techo aún más bajo, y con atenuadas luces azules incrustadas en el suelo, como en el cine. Es difícil decir cuántos de ellos están aquí abajo, porque no puedo ver realmente, pero me siento como si estuviera en una sala llena de gente. Está sonando música electrónica, pero es tan suave, que suena como si viniera de muy lejos. Baz se sitúa en la parte inferior de las escaleras con una mano en el bolsillo del pantalón, recorriendo con la mirada la habitación como si estuviera buscando a un amigo. Ellos, los vampiros, podrían fijarse en nosotros ahora si quisieran, y despedazarnos. Estamos irremediablemente superados en número, y no tendríamos tiempo suficiente para lanzar algunos buenos hechizos. Yo ni siquiera tengo mi varita aquí, aunque no lo saben. (Baz sí lo sabe. Él no podía creer que la hubiera dejado en Watford) (¡Yo estaba en un apuro!). Yo podría cargarme a algunos de ellos con mi espada, pero probablemente no a todos. Podría perder el tino. Y entonces, ¿quién sabe lo que pasaría?


Baz empieza a caminar. La ropa es menos lujosa aquí. ¿Son estos los vampiros con menos suerte? ¿Cómo consiguen los vampiros disminuir su suerte? A pesar de que estamos en el sótano, todos y todo está limpio. No sé lo que me esperaba. ¿Manchas de sangre? ¿Cócteles de sangre? Parece que la mayoría de la gente aquí abajo está bebiendo ginebra. Veo botellas de Bombay Sapphire en las mesas. Alguien hace contacto visual conmigo y lo sostiene, así que dejo que mi magia venga a mi piel, sólo pienso en ella desbordándose. Él mira hacia otro lado. Estamos tan adentro de la caverna ahora, que he perdido el camino de vuelta a la puerta. Baz tira de la manga de alguien, un hombre casi del doble de su tamaño. −Nicodemus −dice Baz, aún sin hacer preguntas. El hombre chasquea su cabeza detrás de él, y Baz lo suelta. Caminamos hacia adelante, hasta que llegamos a una fila de mesas de billar. Baz se detiene. Saca un paquete de cigarrillos desde el interior de su chaqueta, y luego se enciende uno con su varita. Todos los que estaban parados a la espalda de la mesa se sobresaltan. Baz toma una profunda respiración, el extremo del cigarrillo se pone rojo, y sopla el humo sobre la mesa. Yo no sabía que fumaba. −Nicodemus −dice Baz, expulsando bocanadas de humo aún. Entonces lo veo, Ebb. Un Ebb más rudo, más alto y delgado. Con su pelo rubio peinado hacia atrás. Está usando un traje, también, pero parece barato, y hay puntos de sutura descocidos en su manga. Él le sonríe a Baz y lo examina de arriba a abajo. −Bueno... mírate. ¿No estás viviendo el sueño? Baz inhala otra vez, luego se reúne con languidez a la mirada de Nicodemus. −Mi nombre es Tyrannus Basilton Pitch. Y estoy aquí para hablar con usted acerca de mi madre. −Por supuesto que sí, señor Pitch. −Nicodemus está prácticamente susurrando−. Por supuesto que sí. Nicodemus sonríe de nuevo, y veo los vacíos en su sonrisa; sus colmillos hacen falta. Su lengua está empujando uno de los agujeros. Los otros hombres que estaban en la mesa con él han retrocedido, dejándonos a los tres solos ahora en la oscuridad. −¿Qué quieres de mí? –pregunta Nicodemus. −Quiero saber quién mató a mi madre. −Tú sabes quién la mató. −Su lengua empuja el agujero, molestando su encía−. Todo el mundo lo sabe. Y todo el mundo sabe lo que tu madre le hizo a los que estaban allí. Baz lleva el cigarrillo a su boca, inhala, después deja caer su mano, tirando cenizas en el suelo. −Dime el resto −dice−. Dime quién fue el responsable. Nicodemus se ríe.


−¿O qué? ¿Vas a morderme? −Él mira hacia abajo al cigarrillo−. ¿Se supone que debo pensar que eres hijo de tu madre? ¿Qué vas a ponernos a todos a arder? No te has matado a ti mismo aún, sin embargo, Sr. Pitch. No creo que tengas elección hoy. Baz mira alrededor de la habitación. Como si estuviera pensando en cuántos vampiros podría cargarse junto a él. −Dile el resto − gruño−. O te mataré. Nicodemus me ve sobre el hombro de Baz, y su sonrisa se amarga. −¿Crees que eres tan invencible? −dice−. ¿Que con todo tu poder, nada puede vencerte? −Nada lo ha hecho aún −digo. Ríe de nuevo. No tiene nada de la risa de Ebb, Nicodemus ríe como si nada importara; Ebb ríe como si todo lo hiciera. −Bien −dice−. Te diré. Algo de eso. −Él pone su señal sobre la mesa−. Los vampiros simplemente no podemos entrar en Watford. No podemos ir a ninguna parte sin ser invitados. Excepto a casa. Alguien vino a mí, un par de semanas antes de la redada, queriendo llegar a un acuerdo. Eso es lo que hago para salir adelante. Hacer ofertas, introducir a la gente. No es que haya un montón de trabajo para un vampiro que no puede morder o para un mago sin varita. Su lengua se desliza compulsivamente entre los dientes. −La paga era buena −dice−. Pero le dije que no. Mi hermana vive en Watford. Yo nunca enviaría la muerte a su puerta, no a menos que ella lo quisiera. –Le tuerce a Baz de nuevo su sonrisa de Jack-o'-lantern17−. Me pregunto si tú eras parte del plan, Sr. Pitch. Es difícil creer que los magos lo han permitido... ¿Por qué siguen permitiéndolo? ¿Qué están esperando hacer contigo? −¿Quién era? −Dice Baz. No creo que él haya parpadeado desde que entramos aquí−. ¿Quién vino a ti? ¿Fue el Humdrum? −¿El Humdrum? Sí, fue El Coco, Sr. Pitch. Fue el monstruo que vive debajo de la cama. −Lo fue. El Humdrum −Baz dice de nuevo. Nicodemus niega con la cabeza, sin dejar de sonreír. −Fue uno de ustedes −dice−. Sin embargo, su nombre no vale mi vida. Tal vez me vayas a matar si no lo digo, pero moriré con certeza si lo hago. Baz descansa el cigarrillo entre los labios y desliza su varita desde su manga hasta su palma. −Yo podría hacértelo decir. −Eso sería ilegal −dice Nicodemus. Él tiene razón. Los Hechizos de Compulsión están prohibidos. −Y peligroso −dice. Rectificando de nuevo.

17

Calabaza tallada a mano, asociada a la festividad de Halloween. Toma su nombre del fenómeno natural conocido como fuego fatuo.


−¿Qué haría el Aquelarre si lanzas un hechizo prohibido, Tyrannus Basilton? −Nicodemus sonríe−. ¿Crees que serían indulgentes con alguien como tú? −Debería matarte aquí mismo −dice Baz, empujando su pecho hacia adelante−. Nadie me detendría. Ni te extrañaría. Pongo la mano en el hombro de Baz. −Vámonos. −Él no nos ha dicho nada –me sisea Baz. −Ya te he dicho lo suficiente −dice Nicodemus. −Vamos −digo, tirando de Baz. −Sí, vete ya −le dice Nicodemus a Baz−. Vete con tu compañero. Encontrarás tu camino de vuelta aquí algún día. Baz tira su cigarrillo sobre la mesa de billar, y Nicodemus salta hacia atrás, perdiendo la compostura por primera vez. Él manotea su bebida y la vierte sobre el cigarrillo. Baz ya está caminando lejos. Miro a Nicodemus. −Tu hermana te extraña −le digo. Entonces me vuelvo hacia Baz y me arrastró para alcanzarlo. Él me espera en la cima de las escaleras. (Pensarías que soy su mejor amigo, supongo que eso es lo que él quiere que piensen). Entonces él es frío como el hielo, cortando a través de la habitación de arriba hasta la puerta. Cuando llegamos al exterior, la noche de Londres es tan brillante que hiere mis ojos. Encontramos el coche, el Jaguar de su padre, y Baz lo enciende antes de que yo haya abierto la puerta de pasajero. Tan pronto como estoy en el interior, él lo jala fuera del lugar de estacionamiento y sale disparado, conduciendo tan rápido como le sea posible por la concurrida calle. Se acerca a un taxi, para luego cambiar violentamente el coche al carril de al lado. −Oye −digo. −Cállate, Snow. −Mira… −¡Cállate! −Él lo dice con magia, pero como no está sosteniendo su varita, el hechizo no va a ninguna parte. Luego toma su varita, y pienso que me va a maldecir, pero en lugar de eso le apunta a un autobús−. ¡Abran paso al rey! −El bus cambia de carril, pero hay otro coche justo delante de él. Baz lo señala y lanza el hechizo de nuevo. Es un desperdicio estúpido de magia. −Nos vas a matar antes de que salgamos del West End. Él me ignora, apunta su varita por delante de él, y golpea el gas. La siguiente vez que lanza el hechizo, pongo mi mano en su bíceps y empujo un poco de magia en él. − ¡Abran paso! −Dice. Los coches por delante de él cortan a la izquierda y a la derecha. Es como si todo el camino estuviera dividiéndose por él, nunca he visto nada igual. Nunca he sentido nada igual.


Cierro los ojos en cada semáforo en rojo y deseo que se ponga en verde. Baz empuja el pedal en el suelo. Estamos volando. * * * La magia se mantiene, siempre y cuando toque el brazo de Baz. Me siento limpio. Siento como una corriente. No sé cómo se siente Baz. Su rostro es de piedra, y cuando salimos de Londres, las lágrimas empiezan a caer de sus ojos. No las limpia ni parpadea en ellas, por lo que bajan pos sus mejillas y se aferran a su mandíbula. Una vez que estamos en el campo, y que no necesita más mi magia para despejar el camino, lo suelto. Él sigue girando por carreteras cada vez más pequeñas hasta que nos conduce a lo largo de algún bosque, la grava se levanta debajo de nosotros y golpea la parte inferior del coche. De repente, Baz sale de la carretera y golpea los frenos, serpenteando hasta la mitad en una zanja, luego, sale del coche como si acabara de estacionarlo en paralelo, y camina hacia los árboles. Abro la puerta y empiezo a seguirlo, pero entonces me devuelvo a apagar el coche y coger las llaves. Corro a lo largo de sus huellas en la nieve, más allá de la línea de los árboles, hasta perder su rastro en la oscuridad. −Baz −grito−. Baz. Sigo moviéndome, casi tropezando con una rama. Hasta que me pego un tropezón. −Baz −Veo un resplandor de luz, fuego, adelante mío, más adentro del bosque. − ¡Vete a la mierda, Snow! −Le oigo gritar. Corro hacia la luz y la voz. − ¿Baz? Hay otra chispa de fuego. Atrapa una rama y se afianza, iluminando a Baz, sentado bajo el árbol, con la cabeza entre sus brazos. − ¿Qué estás haciendo? −digo−. Apágalo. Él no me contesta. Está temblando. −Baz, todo está bien. Sólo nos pondremos el nombre de otra persona. Esto no ha terminado. Vamos a hacer lo que tu madre nos pidió. Él mueve su varita y prácticamente aúlla, rociando fuego a nuestro alrededor. −Esto es lo que mi madre querría para mí, idiota. Me caigo de rodillas delante de él. − ¿De qué estás hablando? Él se burla de mí, mostrando sus dientes, todos. Sus colmillos son tan afilados como los de un lobo.


−Mi madre murió matando vampiros −dice−. Y cuando la mordieron, se suicidó. Es lo último que hizo. Si ella supiera lo que soy... Ella nunca me hubiera dejado vivir. −Eso no es cierto −digo−. Ella te amaba. Ella te llamaba “su pequeño capullo de rosa”. − ¡Amaba lo que era! −Grita−. Ya no soy ese chico, nunca más. Yo soy uno de ellos ahora. −No lo eres. − ¿No has estado tratando de demostrar que soy un monstruo desde que éramos niños? Crowley, tienes tu prueba ahora. ¡Ve a decirle al Mago! ¡Dile a todo el mundo que tenías razón! −Su cara está bailando con la luz del fuego. Siento el calor en mi espalda−. ¡Soy un vampiro, Snow! ¿Feliz? −No lo eres −digo, y no sé por qué lo digo, y no sé por qué de repente estoy llorando. Baz se ve sorprendido. E irritado. − ¿Qué? −Nunca has mordido a nadie −digo. −Mierda. Se acabó. − ¡No! Deja caer la cabeza entre sus brazos de nuevo. −En serio. Vamos. Este fuego no es para ti. Agarro sus muñecas y lo jalo. −Así es −digo− esto no puede ser. Siempre dijiste que te asegurarías de tener una audiencia cuando acabaras conmigo. –tiro de él−. Vamos. Baz no me pelea, simplemente se desploma hacia adelante. Una nube de chispas se asienta cerca de él, y yo les gruño, soplándolas. Levanto su barbilla. −Baz, −Vete, Snow. −No eres un monstruo −digo. Su rostro está frío como un cadáver en mi mano−. Estaba equivocado. Todos estos años. Eres un bravucón. Y un snob. Y un gilipollas completo. Pero no eres uno de ellos. Baz intenta alejar su rostro, pero lo retengo. Abre los ojos, y estos son piscinas de gris y negro y de dolor. No puedo soportarlo. Gruño de nuevo. El fuego me golpea en la espalda. −Esto es lo que merezco −dice. Niego con la cabeza. −Bueno, no es lo que yo merezco. −Entonces vete. Veo el destello de fuego en sus ojos, lo que significa que eso debe ser lo único que nos rodea. −No lo haré −digo−. Nunca te di la espalda. Y no voy a hacerlo ahora.


Capítulo 61 Baz Esto es todo. Tendré que hechizar el imbécil lejos de mí. Mi última escritura será salvar la vida de simón, y toda mi familia estará avergonzada. Él está sosteniéndose a mi rostro, esperando que siga vivo solo porque él me lo dijo, por él es el maldito Simón Snow, y él consigue todo lo que quiere si llora lo suficiente. Creo que tal vez lo bese antes de enviarlo volando. (¿Puedo alejarlo de mí sin romper ninguno de sus huesos? ¿Qué hechizo lo mantendrá alejado, para que no vuelva al fuego? Creo que lo besare. Esta justo ahí. Y sus labios están abiertos (Respira por la boca) y sus ojos están vivos, vivos, vivos.

Estas tan vivo, Simón Snow. Tu eres esa parte de mi. El sacude la cabeza, y está diciendo algo, y pienso que lo besare. Porque nunca he besado a alguien antes. (Me daba miedo que los mordiera.) Nunca he querido besar a nadie salvo a él. (No lo morderé. No le hare daño.) Solo quiero besarlo, luego irme. -Simón…-digo. Y luego el me besa a mí.

Simón Solo quiero que se calle y deje de hablar de esta manera. Solo quiero que se levante y me siga lejos de aquí. Solo quiero estar de vuelta en Watford en nuestra habitación, sabiendo que él está allí, y que no le esta haciendo daño a nadie, y nadie le está haciendo daño a él.


Baz ¿Es este un buen beso? La boca de Snow está caliente. Todo está caliente. Snow me está empujando, así que lo empujo de vuelta. Su cruz traqueteando en mi lengua y mandíbula. Su pulso lo siento en la garganta. Y su boca esa mando todo lo que intento pensar.

Simón La boca de Baz es más fría que la de Agatha. Porque él es un chico, pienso, y luego: No, porque él es un monstruo. Él no es un monstruo. Es solo un villano. Él no es un villano. Solo es un chico. Estoy besando a un chico. Estoy besando a Baz. Él está frio, y el mundo es tan caliente.

Baz Voy a morir besando a Simón Snow. Aleister Crowley, estoy viviendo una vida de encanto.

Simón Si Baz cree que en algún momento lo soltare, está equivocado. Bajo mi pulgar. Bajo mi mano. No afuera, conspirando y hablando con vampiros. Te tengo ahora, pienso. Por fin te tengo donde te he querido.


Baz Snow ha hecho esto antes. Está haciendo esta bonita cosa con su mentón. Moviéndolo de arriba a abajo. Empujándome incluso más cerca. No trato de imitarlo. Solo lo dejo ir. Voy a morir besando a Simón Snow.

Simón Snow va a morir besándome.

Simón Baz me toma de los hombros y m empuja lejos de él. Solo funciona porque no lo estaba esperando. El alcanza su manga y saca su varita, apunta sobre mi hombro, gritando. –Pide un deseo! El fuego a nuestro alrededor, brilla cerca a el césped. El hechizo de Baz aterriza y uno de los árboles se cae, luego rápidamente se prende en fuego. Baz toma aire, y yo pongo ambas manos en s pecho, dejando que tome lo que quiera de mí. – Pide un deseo- el grita, y su voz es un trueno. El fuego se muere en un respiro, mas como si hubiera sido chupado en vez de extinguido. Miro a Baz. ¿Qué fue eso? ¿El solo necesitaba que yo lo besara para salir de su estado suicida? El deja caer su varita y alcanza mi jumper (Su jumper) luego lo jala hacia abajo en el cuello. Con su otra mano abre mi camisa, quitando el primer botón, coge mi cruz, mirando la cadena, le da a la cruz una buena jalada, la cadena se rompe, y el la tira lejos. Luego Baz me mira como siempre lo hace antes de atacar.

Baz Simón Snow aun va a morir besándome. Solo que no hoy


Capítulo 62 Simón Termino sentado en el piso, al pie de Baz, enfrentándolo. Besándolo. Me tomo de los hombros hace un rato, a cada lado de mi cuello, y no me ha soltado. No estoy seguro de que estamos haciendo, para ser perfectamente honesto –pero ahora nada está en llamas. Y siento que tal vez resolvimos algo. Aunque probablemente solo sea un nuevo problema. Por un minuto, pienso en Agatha y me siento como un petan, pero luego recuerdo que ya no estamos juntos, así que no la estoy engañando. Y luego pienso como esto, lo que está pasando ahora mismo, significa que soy gay. Pero Baz y yo estamos escondidos en los árboles, y nadie puede vernos, y decido que no tengo que responder esa última pregunta ahora. No tengo que hacer nada salvo sostenerme de Baz; yo tengo que hacer eso. Todavía tengo mis manos en sus mejillas, y sus mejillas ya no están tan frías, no donde yo las he estado tocando. Y cuando chupo sus labios, se ponen casi rosados. Por unos segundos, de todas manera. Me pregunto cuando tiempo él ha querido esto. Me pregunto cuando tiempo yo lo he querido. Diría que no – que la posibilidad se me ocurrió ahora por primera vez. Peo si eso es verdad, entonces porque hay una lista en mi cabeza de todas las cosas que he querido hacerle a Baz. Como esto: Empujo mi mano por su cabello. Es suave y se resbala entre mis dedos. Hago un puño en él, y el empuja su cabeza contra la mía –luego de la nada, la quita. -Perdón,- digo. (Estoy sin aliento. Es vergonzoso.) Baz suelta mi Jumper y sacude la cabeza, con las manos en la frente. –No. Es… ¿Dónde está tu cruz? Siento el suelo por un segundo. Cuando la encuentro, la sostengo entre nuestros rostros. -Póntela de nuevo.- Él dice. -¿Por qué? ¿Me vas a morder? -No. ¿Alguna vez te he mordido? -No. Tampoco me habías besado antes. -Tú me besaste a mí, Snow.


Me encojo de hombro. – ¿Y qué? ¿Vas a morderme? Baz se está poniendo de pie. –No… prefiero pensar menos en eso. Necesito beber. Ha pasado…El mira alrededor, pero está muy oscuro para ver algo -…Mucho tiempo.- El me mira de nuevo, luego camina lejos. –Mira, tengo que… cazar. ¿Podrías esperar? -Voy a ir contigo.- Digo. -Crowley.- Él dice. –No lo harás. Me levanto de un salto. -¿Puede ser cualquier cosa? -¿Qué? -¿Cualquier cosa con sangre? -¿Qué?- Él dice. –Sí. Tomo su mano. –Llama algo. Deben de haber hechizos de caza. -Los hay,- él dice, bajando sus cejas. –Pero solo funcionan a cierto rango de distancia. Aprieto su mano. El saca su varita, mirándome como si estuviera siento un súper-idiota. –Antílope!- él dice apuntando con su varita a los árboles, -Un ciervo!- mi magia tiembla a nuestro alrededor. No más de un minuto después, un antílope camina entre los árboles. Baz tiembla. –Tienes que dejar de hacer eso. -¿Qué? -expulsar magia como un dios. -¿Por qué?- Digo. –Es cool. -Es aterrador. Le sonrió. –Es cool. -No mires,- Él dice, caminando hacia el antílope. Sigo sonriéndole. El me voltea a mirar. –No mires.

Baz Llevo al antílope hacia los árboles, donde es muy oscuro para que Snow vea. Cuando termino, tiro el cuerpo a un barranco. No recuerdo la última vez que bebí tan bien. Cuando regreso, Snow sigue sentado en el círculo de ceniza. Sé que él no puede verme; lo llamo, para no asustarlo. –Soy yo, Snow. -Antes me llamaste Simón.


Puedo ver en sus ojos cuando por fin me distingue caminando en la oscuridad. Prendo una llama en mi mano. (No en mi mano, flotando sobre ella.) –No, no lo hice. -Lo hiciste. -Volvamos al auto,- Digo. –Los vecinos ya van a pensar que tuvimos alguna clase de ritual oscuro. -No estoy seguro que no lo tuviéramos.- Él dice, siguiéndome. Snow es silencioso cuando se sube al auto. Y yo estoy en silencio porque no tengo idea de cómo seguir. Como sigues después de “Tengo que dejar de besarte, porque tengo que beber un poco de sangre.” -Eres un vampiro,- Snow dice finalmente. (Supongo que así es como sigues.) No le contesto. -En verdad lo eres. Prendo el auto. -Me refiero, yo sabía… lo he sabido por años. Pero en verdad lo eres…- el toca mi mejilla. – Estas más caliente ahora. -Es la sangre.- Digo. -¿Serias más pesado? ¿Si te levanto? -Lo imagino. Acabe de drenar un antílope.-Lo miro; aun se ve como algo que me quiero comer. – No lo intentes. -¿Cómo funciona?- Pregunta. -No lo sé… Magia, sangre mágica. Virus, virus mágico. No lo sé. -¿Qué tan seguido tienes que beber? -Todas las noches, para sentirme bien. Cada pocas noches, para mantenerme lucido. -¿haz mordido a alguien? -No. No soy un asesino. -¿Tiene que ser fatal todas las veces? ¿La mordida? ¿No puedes solo morder y tomar un poco de sangre y luego irte? -No puedo creer que me estés preguntando esto, Snow. Tú, que no puedes alejarte de medio sándwich. -¿Así que no lo sabes? -Nunca lo he intentado. No soy…eso. Mi padre me mataría si toco a una persona.- (pienso que el realmente lo haría. El probablemente debería, de todas formas.) -Oye- Snow dice, arrugando la frente. –No. -¿Qué? -Pienses. Lo que quiera que sea. Solo para. Exhalo, frustrado. -¿Por qué nada de esto te molesta? -¿Qué? -Soy un vampiro.


-Bueno, solía molestarme,- Él dice. –Antes, cuando creía que me ibas a drenar alguna noche o convertirme en un zombi. Pero los últimos días han sido educativos, ¿no lo crees? -Así que ahora que estás seguro de que soy un vampiro, ¿No te importa? -Ahora que sé que te escabulles, bebiendo plagas y es legal, si, no me molesta mucho. No soy un militante vegetariano. - sigues sin creer que estoy muerto. El sacude la cabeza, una vez. Firmemente. –No creo que estés muerto. Estamos en mi acera ahora y giro. –El so me quema.- Yo digo. Él se encoje de hombros. -A mí también. -Eres un idiota, Snow. -Antes me llamaste Simón. -No, no lo hice.

Simón No estoy seguro de porque estoy tan feliz. Nada ha cambiado. ¿Ha cambiado algo? Los besos. Eso es nuevo. El querer besar. El mirar a Baz y pensar en la forma en la que cae su cabello en una onda sobre su frente… Si, nope. He pensado en eso antes. Baz es un vampiro: esas no son noticias. Baz aparentemente es el vampiro mas reacio, menos chupa-sangre, lo que es una sorpresa. Y también aparentemente el más apuesto. (Ahora que he visto algunos.) Quiero besar a un chico. Eso sí es un cambio, pero no uno del que quiera pensar ahora. …De nuevo. Quiero besarlo de nuevo. *** Estacionamos el auto, en un viejo granero, que ha sido convertido en un garaje, luego entramos a la casa por la puerta de la cocina. Para no despertar a nadie. -¿Tienes hambre?- Pregunta Baz. -Sí. El mira alrededor en el refrigerador. Solo un típico vampiro adolecente, teniendo un bocadillo a la media noche. Me pasa una cacerola y coge algunos tenedores, -¿Leche?- Pregunta. -¿Soda?-


-Leche,- Contesto. Estoy sonriendo, no puedo dejar de sonreír. Pone un embace encima de la cacerola, agarra unas servilletas de tela, y se dirige a su habitación. Es un problema mantenerme a su ritmo. Desearía saber que piensa.

Baz No sé qué estoy pensando.

Simón Cuando llegamos a su cuarto, Baz enciende una lámpara –la sombra es rojo oscuro, así que no da mucha luz- y se sienta en el suelo al final de su cama, anqué haya muchas cosas en la habitación mucho más cómodas. Me siento junto a él, él toma la cacerola y dice un rápido. “Te estas calentando”- luego la abre. Es pastel de Shepherd. -¿Necesitas comer?- Pregunto. -¿O solo te gusta? -Lo necesito,- él dice, tomando un bocado, evitando mis ojos, -Solo que no tanto como otras personas. -¿Cómo sabes que no eres inmortal? El me pasa un tenedor. –No más preguntas. Terminamos el pastel Shepherd, comiéndolo del tazón en el regazo de Baz. El mastica con la mano sobre la boca. Trato de recordar si lo he visto comer antes… termino la leche. Él no quiere un poco. Cuando terminamos, él pone los platos afuera de la puerta, luego empieza el fuego en la chimenea con su varita. Me arrastro para sentarme a su lado. –Eres un pirómano.- Digo. Él se encoje de hombros, mirando al fuego. -No estás pensando en quemar la casa, ¿Verdad? -No, Snow. No tengo deseo de morir. Quisiera tenerlo, haría todo más fácil. -Por favor deja de hablar así. Él no dice nada por un momento. Y luego se gira hacia mí, abruptamente. -¿Es por eso que me besaste? ¿Para detenerme de suicidarme? Sacudo la cabeza. –No exactamente. Me refiero, si quería que no te suicidaras. -Entonces, ¿Por qué? -¿Por qué te bese?


-Sí. -Supongo que quería hacerlo.- Digo, encogiéndome de hombro. -¿Desde cuándo? Me encojo de hombros de nuevo, y él se molesta. Tira otro tono al fuego. -¿Quieres que lo haga? -No,-Él dice. -¿Por qué iba a querer eso? ¿Por qué se me iba a ocurrir eso? “Oye, ¿sabes que

arreglaría esta miserable situación con los vampiros y mi madre, la guerra y la declinación de la magia? Besarme con mi compañero de cuarto. El que probablemente arruinara mi vida algún día. Ese es el plan.” -No tienes que ser tan idiota.- Yo digo. –Estamos del mismo lado. -Por el momento,- Dice Baz. –Me vas a ayudar a encontrar al asesino de mi madre, matare a quien sea que fue, y luego te aseguraras que me tiren de la torre por ello. Tú ya ganaste, tan pronto como le digas al Mago que soy un vampiro, el me quitara los colmillos y partirá mi varita. Terminare en Covent Garden, lambiendo los zapatos de Nicodemus. Y eso si tengo suerte. ¿Baz en realidad cree que hare eso? ¿Ahora? –Esos vampiros estaban fascinados contigo,Digo. –Querían poner una corona en tu cabeza. -¿Estas sugiriendo que me cambie de bando? -No, Solo estoy diciendo que estuviste asombroso hoy. No me estas escuchando en lo absoluto. ¿Verdad? -Lo estoy,- Digo. –Pero estas equivocado. Nada va a ser normal después de esto. ¿Cómo podría serlos? -¿Por qué ahora somos amigos? -Porque somos más que eso Baz recoge un atizador y lo tira al fuego. –Un beso, y ya crees que el mundo está patas arriba. -Dos besos,- Digo. Y lo tomo de atrás de su cuello.

Baz No se qué hora es. La oscuridad ha cambiado el color de la habitación, como si el sol estuviera saliendo entre nosotros. Estamos acostados en nuestras espaldas cerca al fuego, lo que queda de él, tomados de las manos. Snow suspira y me aprieta la mano, y cuando me quejo, el frunce el ceño y la sostiene entre nosotros: hay un quemón en forma de cruz de cuando le quite el collar anoche. (La cruz está al otro lado de la habitación ahora; Simón se hizo cargo de eso esta vez) Él se pone mi plana en su boca y la besa.


-No pensé que fueras gay.- Digo. Suavemente. Él se encoje de hombros. La mitad de las frases de Snow es encogerse de hombros. -¿Qué significa eso?- susurro. -No lo sé,- Él dice, cerrando los ojos. –Supongo que nunca pensé mucho en lo que soy. Tengo mucho en mi plato. Eso me hace reír, una risa juvenil. Snow empieza a reír conmigo. -¿Mucho en tu plato?- repito. -¿Tu eres gay?- El pregunta, mirándome, aun riéndose. -Sí,- Digo. –Completamente. -¿Así que haces esto todo el tiempo? Ruedo los ojos. –No. -Entonces. ¿Cómo sabes que eres gay? -Solo lo sé. ¿Cómo tú no lo sabes? -No se.- él dice. Enlaza sus dedos con los míos y sostiene mi mano débilmente. -trato de no pensar. -¿Sobre ser gay? -Sobre cualquier cosa. Hago listas de cosas en las que no pensar. -¿Por qué? -Porque,- Él dice. –Duele pensar en cosas que no puedes tener o hacer nada para ayudar. Es mejor no pensar en ellas.. Paso mi pulgar hacia atrás y adelante en su mano. -¿Estoy en tu lista? Él se ríe de nuevo y sacude la cabeza; su cabello roza contra el mío. –No hay manera.- El suena dormido. –Tratar de no pensar en ti… es como tratar de no pensar en un elefante que está parado en mi pecho. Pienso en eso. En Snow pensando en mí. Sonrió. –No sé si eso es un cumplido… -Yo tampoco. -Entonces no piensas.- Digo. -No tiene sentido. Me levanto sobre un codo y lo miro hacia abajo. –No te entiendo. Eres el mago más poderoso vivo, que ha vivido, probablemente. Puedes tener todo lo que quieres. ¿Cómo no tiene sentido para ti pensar en eso? Snow se empuja sobre los dos codos y deja que su cabeza caiga en mi dirección. –Porque no importa. Al final, solo hago lo que se espera de mí. Cuando el Humdrum viene tras de mí, peleo. Cuando envía dragones, los mato. Cuando me engañaste para ver a la quimera, explote. No puedo elegir o planear. Solo lo tomo como viene. Y algún día, algo me va a coger desprevenido o será muy grande para enfrentarlo, pero lo hare de todos modos. Peleare hasta que no pueda más… ¿Qué hay que pensar?


Simón se vuelve a dejar caer al suelo. Lo alcanzo y muy suavemente empujo sus rizos fuera de su frente. El cierra los ojos. -Siempre pensé que tú me matarías,- Digo. -yo igual.- Él dice. –Trato de no pensar en eso. Enrollo mis dedos en su pelo. Es más grueso que el mío, y más rizado, y brilla dorado en la luz. Hay un lunar en su mejilla que he querido besar desde que tengo doce. Lo hago. -Por mucho tiempo,- Digo. ¿Hmm?- El abre los ojos. -He querido hacer eso por mucho tiempo. Casi desde que nos conocimos… Simón cierra los ojos de nuevo y sonríe, como si no quisiera hacerlo. Yo sonrió, también, solo porque él no está mirando. –Pensé que iba a matarme.


Capitulo 63 Agatha Penélope me despierta tirando de las mantas hacia abajo. Yo las tiro hacia arriba. –Despierta, Agatha. Tenemos que irnos. –Me voy más tarde. Estoy durmiendo. –No, tenemos que irnos. Ahora. Vamos. Estoy acostada a los pies de su cama. Dormimos de esta manera, y ella sigue dándome patadas en la espalda. –Vete, Penélope. –Lo estoy intentando. Pero necesito que me lleves. Abro los ojos. – ¿Llevarte a dónde? –No puedo decirte. Todavía. Pero lo haré. – ¿A algún lugar de Londres? –No. –Penny, es la víspera de Navidad. Tengo que irme a casa. – ¡Lo sé! –Ella ya está vestida. Tiene el pelo recogido en una gigante y muy rizada cola de caballo que probablemente se vería agradable y ondulada si al menos se hubiera aplicado cualquier producto capilar. O cualquier cosa. Loción de manos. Crema de afeitar–. Y te puedes ir a casa, Agatha. Pero primero necesito que me lleves al país. –¿Por qué? –Es una sorpresa –dice ella. –No. –¿Una aventura? –Me voy a casa. Penny suspira. –Tenemos que ir a ayudar a Simón. Cierro los ojos y ruedo lejos de ella. –¿Agatha? Vamos... ¿Eso es un sí o un no? Si se trata de un no, ¿puedo llevarme tu Volvo?


Capítulo 64 Baz Me despierto al menos una hora antes que Snow. Es difícil no verlo dormir. Lo he hecho antes, excesivamente, pero fue entonces cuando pensaba que nunca iba a conseguir nada más que eso. Fue entonces cuando me arrastraba el hecho de sentir a Snow como un premio de consolación de mi vida. Todavía no estoy seguro de lo que está pasando entre nosotros. Nos besamos anoche. Y esta mañana. Mucho. ¿Significa eso que llegaremos a hacerlo hoy? Él ni siquiera está seguro de que sea gay. (Lo cual es estúpido. Pero Snow es un estúpido. Así es.) Él está acostado en mi sofá, y yo estoy sentado en el extremo final, al lado de sus piernas. Él rueda en los cojines, enterrando su rostro. –No vas a conseguir verme dormir ahora –dice– sólo porque estemos besuqueándonos. –Sólo porque nos besuqueamos –le corrijo–. Y no te estoy mirando; Estoy tratando de encontrar la manera de despertarte sin que me claves una espada. –Estoy despierto –dice, arrastrando uno de los cojines sobre su cabeza. –Vamos. Bunce está en camino. Él se quita la almohada de encima. –¿Qué? ¿Por qué? –Le dije que tenemos nueva información, ella también tiene algo. Vamos a tener una reunión informativa. Él se sienta. –¿Así que ella está viniendo para acá? –Sí. –¿A tu mansión gótica? –No es gótica; es victoriana. Snow frota su pelo. –¿Esto es una trampa? ¿Nos estás atrayendo a todos aquí para matarnos? –Él parece realmente suspicaz. –¿Cómo llegué a atraerte? Tú hiciste autostop hasta mi puerta. –Después de que me invitaste –chasquea.


–Sí. Me atrapaste. Soy un villano. –Me paro–. Te veré en la biblioteca cuando te hayas bañado. –Trato de no lucir como si estuviera pisoteando rabiosamente al alejarme de él, espero hasta abandonar la habitación, y luego pisoteo rabiosamente por las escaleras. No sé lo que esperaba. ¿Qué Snow abriera los ojos y al verme allí, tirara de mí y me atrapara en uno de sus expertos besos y me dijera: "Buenos días, mi amor"? Simón Snow nunca me va a llamar "mi amor". Incluso él sólo dijo que estábamos besuqueándonos... No tenemos una pizarra en la casa, pero mi madrastra tiene un tablero gigante en la cocina que utiliza para realizar un seguimiento de las lecciones y deportes de todos mis hermanos. Le tomo una foto con mi móvil, luego lo borro y lo despego de la pared. Mi hermana de 7 años de edad, me mira haciéndolo. –Voy a contárselo a mamá –dice ella. –Si lo haces, voy a tapar todas las chimeneas, así Papá Noel no podrá entrar. –Hay demasiadas chimeneas –replica. –No para mí –le digo–. Estoy dispuesto a emplear todo mi tiempo si es necesario. –Entonces él sólo llegará a la puerta. –No seas idiota, Mordelia, Papá Noel nunca llega a la puerta. Y si lo hace, le diré que está en la casa equivocada. –Estoy maniobrando con cuidado el tablero a través de la puerta de la cocina. –¡Voy a contárselo a mamá! –Grita después de mí. Yo apoyo el tablero en la biblioteca, y empiezo a escribir organizando en columnas, todo lo que sabemos y todo lo que aún no sabemos, cuando Snow entra en la habitación. Lo ignoro. –No es que crea que nos traicionarás –dice. Hago un ruido que me temo que suena muy parecido a “harrumph”. Simón molesta sus rizos con una mano. –Es sólo que... Bueno, todavía es raro esto que está pasando entre nosotros, ¿no? Sigo sin hacerle caso. –Quiero decir... no has dicho... qué cosas son diferentes ahora para ti. Yo he dicho que no voy a matarte. –No, no lo has hecho –digo. –Eso debió haber quedado implícito. –No. –Umm, está bien. –Se aclara la garganta–. Baz. No voy a matarte. No voy a pelear contigo en lo absoluto, ¿bien? –Bueno –le digo, retrocediendo desde el tablero y admirando mis columnas–. Eso hará las cosas mucho más fáciles. –¿Qué cosas?


–Crowley, no sé. Cualquiera, las Familias cocinan para mí. Probablemente voy a ser a quien le pidan que envenene tu Ribena18, ahora que confías en mí. Lo que puedo prometer, Snow, es llorar sobre tu cadáver. –O puede que no –dice. –Está bien, voy a llorar en privado cuando llegue el día. –No –insiste–, Lo digo en serio. Puede que no. Lo miro por encima de mi hombro. –¿Qué estás tratando de decir? –Que no tenemos que pelear. –Te das cuenta de que tu mentor ha allanado mi casa dos veces este mes. –Sí, quiero decir, no, no me doy cuenta de eso, pero el punto es que yo no allané tu casa. ¿Qué pasa si –dice, dando un paso más cerca– yo te ayudo a averiguar quién mató a tu mamá, entonces tú me ayudas a luchar contra el Humdrum, y sólo nos olvidamos del resto? –El resto –digo, dándome la vuelta–. Una forma de simplificar demasiado una década de corrupción y abuso del poder. –¿Estás hablando del Mago? –Sí. Se ve afligido. –Desearía que no lo hicieras. –¿Cómo puedo no hablar del Mago cuando estoy hablando con el Heredero del Mago? –¿Es así como piensas de mí? –¿No es así como piensas de ti mismo? Ah, claro. Olvidé que tú no piensas en lo absoluto. Simón gruñe y hurga su cabello. –Jesucristo. ¿Alguna vez no has arrojado el golpe más bajo? Del mismo modo, ¿alguna vez no has pensado, “Tal vez no debería decir la cosa más cruel justo ahora”? –Estoy tratando de ser eficiente. Él se apoya contra la plataforma donde he puesto el tablero. –Eso es vicioso. –Pero ¿qué tanto hablas?, Snow. Tú siempre arrojas el disparo mortal. –Cuando estoy peleando. No estamos peleando. –Siempre estamos peleando –digo, volviendo al tablero. Estoy frente al tablero; él está de pie junto a mí, frente a la habitación. Se inclina hacia mí un poco, sin mirarme, y choca el brazo contra el mío, arruinando la palabra que estoy escribiendo. –O puede que no –dice.

18

Bebida a base de grosella negra concentrada que hasta 2013 fue producida por GlaxoSmithKline (GSK).


Borro la palabra y empiezo de nuevo. Estoy trabajando en el TODO, aún no hemos hecho la lista. Estoy tentado de escribir: todo lo importante y también: si Simón Snow es realmente gay. Y: si voy a vivir para siempre. –Te ayudaré a averiguar quién mató a tu madre –dice otra vez, como si estuviera trazando un plan–. Y tú me ayudarás a detener al Humdrum, eso es un objetivo compartido, ¿sí? Y luego nos preocuparemos del resto más tarde. –¿Es así como obtienes lo que quieres? ¿Sólo lo repites hasta que se hace realidad? –¿Así no es como lanzas un hechizo? La tiza de mi mano se cae, y me dirijo hacia él, exasperado. –Simón… –¡Ajá! –Grita, saltando y señalándome. Eso me da un susto de muerte. Lo he visto matar a un perro con menos esfuerzo (él dijo que el perro ya estaba así; creo que estaba muy emocionado)–. ¡Lo hiciste de nuevo! –¿Hice qué? –digo, abofeteando su mano lejos mi cara. Él acerca su otra mano a mi cara, señalándome. –Me llamaste Simón. –¿Qué preferías? ¿Elegido? Baja su mano. –Prefiero Simón, en realidad. A mí... a mí me gusta. Trago, y debe ser obvio lo nervioso que estoy, porque él mira hacia mi cuello. –Simón –digo, y trago de nuevo– estás siendo idiota. –¿Porque me gusta esto más que pelear? –¡No hay “esto”! –Protesto. –Has dormido en mis brazos –dice. –A ratos. Él deja caer su mano, y yo la atrapo. Porque soy débil. Porque soy una decepción constante para mí mismo. Porque él está de pie allí con su piel morena y sus lunares y su aliento mañanero. –Simón –digo. Él aprieta mi mano. –No es que yo no prefiera esto. Es que... –Suspiro–. No puedo ni imaginarlo. Mi familia se opone a todo lo que el Mago representa. –Lo sé –dice enfáticamente–. Pero en realidad creo que tenemos problemas más grandes que eso. Si descubrimos quién mató a tu madre, y luego vamos tras el Humdrum juntos, tal vez podamos demostrarles a todos que estaremos mejor unidos, y entonces… –Y entonces todo el Mundo de los Magos verá cuán mejor es trabajar juntos, y cantaremos una canción acerca de la cooperación.


–Estaba pensando que habíamos parado de insultarnos entre sí –dice– y bloquearnos el uno al otro en las torres. –Tú lo dices así, yo lo digo “asá”, pero al final es lo mismo. Él tira de mi brazo y caigo un poco hacia delante. O tal vez me desmayé, no está detrás mío. (Snow está. Detrás mío. Siempre. Por lo menos tres pulgadas). –¿Cómo puedes ser así? –Susurro–. ¿Cómo puedes confiar en mí, después de todo? –No estoy seguro de que confíe en ti –susurra de vuelta. Él me alcanza con su otra mano y toca mi estómago. Lo siento caer al suelo. (A mi estómago, a eso.)– Pero... –Se encoge de hombros. Él está frotando mi estómago, y yo cierro los ojos porque se siente bien (muy bien). Y también porque quiero que me bese de nuevo. Snow me besó anoche hasta que mi boca estuvo dolorida. Me besó mucho, estaba preocupado de haberlo convertido con toda mi saliva. Estaba en cuatro, encima de mí y me pedía que alcanzara su boca, y lo hice. Lo haría de nuevo. Cruzaría cada línea por él. Estoy enamorado de él. Y para él, esto es mejor que pelear.


Capítulo 65 Simón Si Penélope estuviera aquí, le diría que está mal sobre lo que piensa de mí. Ella piensa que resuelvo todo con mi espada. Pero, al parecer, también puedo resolver las cosas con mi boca, ya que, hasta ahora, cada vez que me inclino hacia Baz, él se calla y cierra los ojos. Si Penélope estuviera aquí, ella me pondría a explicarlo. Gracias a toda la Magia que todavía no está aquí. Acabo de empujar mis dedos entre los botones de la camisa de Baz; su piel está a temperatura ambiente. Entonces alguien se aclara la garganta. Baz se endereza, lo que significa que su boca se zafa de la mía. Doy un paso lejos tan rápido que no estoy seguro de no haberme teletransportado. Su criada o niñera o lo que sea, está de pie en el arco de la entrada. Lleva un vestido negro y un delantal blanco. –Sr. Pitch –dice ella, y le deben pagar por fingir que no nota nada raro por aquí, pues ni siquiera se inmutó. Dos chicos besándose es probablemente algo benigno para ella, probablemente ha estado en interrogatorios y sacrificios de cabras–. Tiene invitadas –dice ella–. Dos jóvenes damiselas. –Gracias, Vera –dice Baz sin un indicio de disculpa–. Hágalas seguir. –Él endereza su camisa y se alisa el cabello. –¿Chicas? –digo–. ¿Más de una? –Agatha –dice Baz sobre mi hombro– bienvenida. Hola, Bunce. Me doy la vuelta. Penélope y Agatha están de pie en la puerta de la biblioteca; no debieron haber esperado a que la criada las trajera. Penny ya está mirando las estanterías de la biblioteca lujuriosamente. Agatha me está mirando. –¿Qué están haciendo aquí? –digo. –Baz nos llamó –dice Penny. Entra a la habitación y me entrega un plato de galletas de jengibre cubierto con papel vinipel. –¿Qué estás haciendo aquí? –me pregunta Agatha. –Agatha se estaba quedando conmigo –explica Penny– y ella tenía su coche, así que… –Por favor, entra, Agatha –invita Baz–. ¿Quieren algo de beber? –Tomaré té –dice Penny. –Excelente –dice, caminando a grandes zancadas más allá de donde estaba Agatha fuera de la puerta.


–¿Qué es esto? –Dice Agatha–. Penélope ni siquiera me dijo a dónde veníamos. ¿Qué estás haciendo aquí, Simón? Le frunzo el ceño a Penny. Ella desenvuelve el plato de las galletas de jengibre y toma una. –¡Yo no sabía lo que tenía permitido decir! Y no creo que ella me hubiera traído si le hubiera dicho a dónde veníamos. Ustedes dos tienen que superar esto, Simón. Si puedes hacer las paces con Baz, puedes hacer las paces con Agatha. –Paces temporales –dice Baz, ya de vuelta con té y un plato de fruta. Él debió usar magia. –Lo derramaré –dice Penny. –¿Paces temporales? –pregunta Agatha. Penny le entrega una taza de té–. ¿Están todos ustedes poseídos? –Ella devuelve el té–. No voy a beber esto. Baz me mira. –A tu llamado, Snow. ¿Confías en ella? Agatha está que echa humos. –¿Él confía en mí? –Por supuesto –digo. Y hasta cierto punto es cierto, de todos modos. Confío en que Agatha no es mala. No confío en ella si está a solas con Baz, aunque supongo que debería replantearse todo esto, a la luz de la información reciente–. Agatha, umm… –Estamos tratando de averiguar quién mató a la madre de Baz –corta Penélope. –El Humdrum la mató –dice Agatha. Penny sostiene en alto su taza de té, haciendo un gesto con ella. –No, según ella, él no lo hizo. Agatha se ve confundida. Y un poco cabreada. Miro a Baz. Me parece que él debería ser el que le diga esta parte, tanto de él como él quisiera, pero él está de vuelta en su tablero, completando la columna de Todo lo que sabemos, fantasmas, visitas, vampiros. Penny salta tan pronto como Baz añade a Nicodemus a la lista. Tomo el lugar de ella en el sofá junto a Agatha. –¿Cuándo empezó todo esto? –Me pregunta Agatha. –Cuando el Velo se diluyó –le digo–. Natasha Grimm-Pitch llegó a través de él para encontrar a Baz y me encontró en su lugar. Ella quiere encontrar a su asesino. Cuando Baz regresó, le dije que le ayudaría a averiguarlo. Las cejas de Agatha casi se tocan en medio de su frente, y su nariz se arrugó. –¿Por qué? –Porque parece ser lo correcto, lo que debo hacer. –¿Lo parece? Me encojo de hombros. –Sí. Quiero decir, fue un ataque a Watford. Un asesinato. –¿Qué dijo el Mago acerca de todo esto?


–Él no dijo nada. Exactamente. –Miro hacia mi regazo, rascándome el pelo por encima de mi cuello–. Penny y Baz piensan que no deberíamos contárselo. – ¿Penny y Baz piensan? –Es la madre de Baz –digo– así que siento como si tuviera que respetar los deseos de Baz en esto. – ¡Pero Baz te odia! Asiento con la cabeza. –Lo sé. Es una especie de... ¿tregua? –Simón, escúchate ¿una tregua? –¡Ustedes fueron a un bar de vampiros! –grita Penny desde el otro lado de la habitación. Baz debió ponerla al corriente–. ¡Qué par de espléndidos imbéciles son! ¿Tomaron fotos? –Los vampiros no aparecen en fotos –digo. –Son en los espejos, idiota –dice Baz. –¿No puedes verte a ti mismo en el espejo? Baz me ignora y vuelve a hablarle a Penny de Nicodemus. –Pero... –Agatha está mirándolos a los dos–. Baz es oscuro. Él es malo. –Pensé que nunca habías creído eso –digo. –Lo creí absolutamente –dice ella–. Nos dijiste que era un vampiro, Simón. Espera… –Ella se vuelve hacia él, y luego de nuevo hacia mí–. ¿Ahora él admite ser un vampiro? Halo el pelo de mi cuello. Puedo decir que estoy haciendo una cara estúpida. –No estoy seguro de que sea así de simple… –¿Qué Baz es un vampiro? –No, él es definitivamente un vampiro –digo–. Supongo que es así de simple. Pero no puedes decirle a nadie, Agatha. –Simón, ya se lo dijiste a todos. Has estado diciéndoselo a todo el mundo desde que estábamos en tercer año. –Sí, pero nadie me creyó. –Yo te creí. –¿”Uno de ustedes”? –Dice Penélope en voz alta–. ¿Qué querrá decir Nicodemus con eso? ¿Qué fue otro mago quien dejó entrar a los vampiros? O uno de ustedes, Pitches, alguien de tu familia… –No fue nadie de mi familia –protesta Baz–. Nunca. –Tus parientes son traidores famosos –argumenta Penny–. Hubo un tiempo en los 1700, cuando ni siquiera se les permitía firmar contratos. –Sí, pero nunca nos traicionamos unos a otros. Baz sigue contándole a Penny acerca de Nicodemus. Y de Ebb. –Simón fue quien sacó todo esto a la luz –dice– sin necesidad de abrir un libro. –Típico –dice Penny.


Baz no le dice a ella nada sobre la manera como Nicodemus lo amenazó o se burló de él. No le dice mucho acerca de Fiona. No dice lo jodidamente tranquilo que él estaba en el bar, y cómo dejo de estarlo por completo tan pronto como salió. Cómo lo besé para salvar su vida y luego lo besé sólo porque yo quería. (Me acabo de dar cuenta de que tal vez podría haberle salvado la vida de otra manera...). –¿Así que estás quedándote aquí? –Me dice Agatha. A mí. –No, sólo vine a contarle a Baz sobre Nicodemus, y entonces no tenía un viaje a casa. –Por otra parte, ¿quién es Nicodemus? –La persona que sabe quién es el traidor –responde Penny, luego se vuelve hacia mí–. ¡No puedo creer que ustedes simplemente se alejaron de él, sabiendo que tenía todas las respuestas! Si él les hubiera dicho quien intentó contratarlo, ya tendríamos todo listo. –No podíamos obligarlo –digo–. Y no podíamos vencerlo, estábamos rodeados de vampiros. Penélope se cruza de brazos. –Supongo. –La ética según tú, Bunce –dice Baz. –¿De qué te has enterado, Penny? –Pregunto. –No mucho, en comparación. –Ella se recuesta contra una estantería y cruza los tobillos–. Hablé con mi padre acerca del Humdrum. Confirmó que nadie culpó al Humdrum de la Tragedia de Watford hasta años más tarde. Ellos sólo pensaron que era otro ataque de vampiros. Oye, Agatha, ¿ya estás al corriente de todo? Tal vez podríamos hablar con tus padres, tu papá podría recordar algo… –Aún no estoy al corriente de todo –dice Agatha. –Bueno, entonces ponte al corriente –dice Penny–. Está todo en el tablero. Tengo que decir que es bueno tenerte de vuelta. –No estoy segura de que esté de vuelta –murmura Agatha. Solamente yo la escucho. –Ha sido muy bueno –le digo a ella–. Realmente. Trabajar con Baz en lugar de pelear con él. –¿Es por eso que estabas buscándolo a él? –Pregunta–. ¿Esa noche en las murallas? ¿Debido a un Visitante? –Tipo de... Penny y Baz siguen añadiendo notas en el tablero. Están peleando por el marcador borrable. Me siento como si tuviera que quedarme sentado con Agatha, y responder a sus preguntas, pero ella no dice nada más. Y todavía no bebe nada de té. Penny hostiga a Baz hasta que se entera del libro de recuerdos de la escuela de Fiona, entonces quiere verlo. Después Penny y Agatha pasan una hora estudiando detenidamente las fotos. La madrastra de Baz nos trae bocadillos. Cuando ella entra, Baz y Penny se mueven para bloquear el tablero, Baz viéndose tranquilo; Penny, pareciendo que tiene un terrible secreto. Yo trato de convencerlos de que es estúpido tener todas nuestras notas a la intemperie, y que debemos borrar el tablero, pero ambos son adictos a la cosa.


Entonces el papá de Baz llega a casa del trabajo. Él todavía parece confundido por mi presencia, pero él está muy emocionado de conocer a Penny y a Agatha, a pesar de que sé que no se lleva bien con sus padres. Tal vez sólo tiene buenos modales. Baz sigue rodando sus ojos. Al caer la tarde, todos estamos con la cabeza frita, y no hemos hecho ningún progreso real. Incluso Penny ha abandonado el tablero. Todavía estoy sentado al lado de Agatha en el sofá. Baz está sentado en una silla aterciopelada, frente a nosotros; Creo que Agatha y yo estamos observándolo, pero él rara vez mira en nuestra dirección. Penélope se desploma hacia abajo sobre el brazo del sillón de Baz. Veo que sus fosas nasales se contraen nerviosamente, pero él no se aparta. Supongo que ha durado tanto tiempo sin comerse a nadie, que no voy a molestarme por eso. –Tenemos que volver con Nicodemus –dice Penny–. Es lo que la directora Grimm-Pitch nos dijo que hiciéramos. –No podemos obligarlo –digo– y él no va a decirnos nada. –Tal vez ustedes no se lo preguntaron lo suficientemente bien –dice ella, meneando sus cejas. –Muy buena idea, Penélope –dice Baz–. Vamos a tener que seducirlo. –No –digo. –Estaba pensando que Agatha... –dice Penny. –Ni siquiera estoy aquí –dice Agatha–. Para cuando todo esto esté sometido a juicio ante el Aquelarre, yo no estaba aquí. –No hemos quebrantado ninguna ley –objeto. –Oh, como si importara –dice ella. –Oye, oye –Baz aprueba–. Sabes, yo siempre he esperado a ser juzgado injustamente ante el Aquelarre algún día, pero nunca pensé que estaría en tan buena compañía. –Nadie está seduciendo a un vampiro –digo. Baz me frunce el ceño. –A menos que –digo– pudiéramos convencer a tu tía… –No. –No sé cómo van a conseguir que este vampiro confiese el asesinato –dice Agatha rotundamente– cuando no pudieron ni siquiera conseguir que Baz dijera dónde estaba durante dos meses. –Estaba enfermo –dice Penny. Se vuelve hacia Baz–. ¿No? Dijiste que estabas enfermo. Ciertamente parecías enfermo. –No estaba enfermo –dice Agatha–. Dev dijo que estaba perdido. Los labios de Baz se curvan. –¿Dev te dijo eso? –Te dije que tus parientes son traidores –dice Penny. Baz se burla un poco más.


–El únicamente se lo dijo a Agatha porque está cochinamente enamorado de ella. –Ves –dice Penny– Te dije que podíamos usar a Agatha para seducir a la gente. –Dijiste que estabas enfermo –le digo a Baz. Me mira, sus ojos se estrechan en una mirada fulminante, y luego mira hacia otro lado. –Yo estaba enfermo –dice, cruzando una pierna sobre la otra y alisando sus pantalones oscuros– . Pero también estaba perdido. –¿Dónde estabas? –Exijo. Se encuentra con mis ojos de nuevo, todavía mirando furiosamente. –Realmente no creo que esto sea relevante… –Todo es relevante –dice Penny. –Yo… –Se aclara la garganta y mira hacia abajo a sus rodillas– fui secuestrado. Me incorporo. –¿Secuestrado? –Secuestrado –repite, luego, se aclara la garganta de nuevo–. Por numpties. –¿Numpties? –Dice Penny–. ¿Fue un accidente? ¿Te confundieron con una botella de agua caliente? –En realidad, me pusieron una bolsa en la cabeza, mientras yo estaba dejando el club. Agatha se sienta. –¿Fuiste secuestrado en el club? –¿Por qué no le dijiste a nadie? –Pregunto. –Bueno, lo intenté –dice–. Supongo que nadie me oyó gritar desde el interior del ataúd. Yo aún estoy sosteniendo un sándwich. Lo dejo caer. –¿Los Numpties te mantuvieron en un ataúd? ¿Por dos meses? –Seis semanas –murmura–. Y creo que pensaban que me estaban haciendo un favor, con el ataúd... Penny empuja su hombro. –Basil. ¿Por qué no nos lo dijiste? –¿Por qué no te dije? –Él la está mirando a ella ahora–. Piensa en esto: ¿Quién le pagaría a los Numpties para que secuestraran al heredero de la Casa de los Pitch? ¿Quién tiene que deshacerse de mi familia en este momento? ¿Quién allanó mi casa dos veces en el último mes, y lanzó a mi primo de una torre? –El Mago no –digo. –¡Por supuesto que el Mago! –Baz tiene ambas manos en los bolsillos, y está inclinándose hacia adelante sobre sus piernas cruzadas, con los codos enderezados–. Él pensó que podía aterrorizar a mis padres, así ellos cooperarían con su última campaña.


¡Debe estar loco al verme en la escuela y saber que escapé de él! ¿Por qué no te lo dije? “Oye, Simón, tu maestro Jedi19 está en mi contra, ¿todavía tenemos una tregua?” –¿Cómo escapaste? –Pregunto. –Fiona me encontró. Ella es una temeraria. –Es por eso que estabas tan delgado –digo–. Y pálido. Y por lo que todavía estás cojeando. ¿Te hirieron? Él se sienta de nuevo, mirando hacia abajo a su regazo. –No intencionalmente, no creo. Ellos le hicieron algo a mi pierna cuando me capturaron, y no tuvieron la oportunidad de sanarme. –Deberías ir a ver a mi papá –dice Agatha. –¿Es un médico de vampiros ahora? –¿Hubo un rescate? –Pregunta Penny. –Sí –dice Baz–. Mi familia no lo pagaría. Pitches no negocian por rehenes. –Si alguna vez me secuestraran en el club –dice Agatha– díganle a mis padres que paguen el rescate. –Mi tía me encontró con un hechizo de hallazgo trucado –dice Baz–. Ella examinó la mayor parte de Londres. –Yo hubiera ayudado – digo–. No hubiera tomado seis semanas conmigo ayudando. Baz es desdeñoso. –Nunca hubieras ayudado a mi familia. –¡Lo haría! Me estaba volviendo loco al no saber dónde estabas. Pensaba que ibas a saltar en cada rincón. –No fue el Mago… –dice Penny. Pensativamente. –Es por eso que no les dije mucho –dice Baz–. Sabía que no me creerían. Están tan convencidos de que el Mago es un héroe… –No –Penny lo interrumpe–. No fue el Mago, Baz; ¡fue el asesino! –Pensé que habían sido los Numpties... –dice Agatha. –¡Fue la misma persona que envió a los vampiros tras tu madre! –Dice Penny, saltando sobre sus pies–. Ellos sabían que el Velo estaba levantando, y que había una buena posibilidad de que tu madre viniera a hablar contigo. Era una Visita clásica, un secreto peligroso, un crimen contra la justicia. El traidor estaba preocupado de que Natasha Pitch pudiera volver, y supo que ella había venido de nuevo a ti. Así que supongo que él, o ella, te ocultó. ¡Esto solía suceder todo el tiempo! Hubo una familia en Escocia que cada veinte años perdía un miembro diferente de la familia porque el asesino seguía matando a la persona que más probablemente vengara las muertes anteriores. Nadie quería un rescate por ti, Baz, sólo quería tenerte oculto hasta que los Visitantes hubieran terminado. 19

Como una burla, hace referencia a unos personajes de la saga de Star Wars, los Jedi tienen gran poder y sabiduría y son seguidores del Lado Luminoso de La Fuerza, pertenecientes a una orden mística y monacal llamada la Orden Jedi.


Baz la mira. Se relame sus labios. –¿El mago no? –Pregunta. –El asesino –dice Penny luciendo muy contenta al respecto, teniendo en cuenta que el asesino sigue en libertad. –Si eso es cierto –dice Agatha– entonces necesitamos decirle al Mago acerca de todo esto. Inmediatamente.


Capítulo 66 Penélope Está bien, está bien. Probablemente fue un error traer a Agatha. Pero había pasado demasiado tiempo, toda esta tensión entre ella y Simón. Yo no quería que pasara todo el año sin arreglarlo. Y pensé que tal vez un buen misterio podría distraerla, bueno, de todo lo demás. Debería haber recordado que Agatha no aprecia un buen misterio. Y también que ella es la peor soplona del mundo. –Tenemos que decirle al Mago –dice ella, cruzando los brazos y luego las piernas–. Todos ustedes lo saben. Ella está haciendo su mejor esfuerzo para no mirar a ninguno de los chicos... También debería haber pensado en toda su dinámica de triángulo amoroso antes de haber arrastrado a Agatha a la casa de Baz. Pero toda su dinámica de triángulo amoroso es tan persistentemente estúpida, que no me puedes culpar por bloquearla. –Agatha –digo– sólo estamos empezando a hacer algunos progresos aquí. –¿Para qué? –Pregunta–. ¿Para infiltrarnos a los Numpties? –Podríamos simplemente hablar con ellos –ofrece Simón–. ¿Los Numpties pueden hablar? –Escasamente –dice Baz–. ¿Y qué vamos a preguntarles? ¿“Perdieron algo”? –Vamos a preguntar quién los contrató para secuestrarte –digo. –Ellos podrían no sentirse con ganas de cooperar –dice Baz–. Mi tía ha matado a unos pocos de ellos. Simón se ve horrorizado. –¿Tu tía ha asesinado numpties? –¡En defensa propia! –¿Ellos la atacaron? –En mi defensa propia –dice Baz–. ¿De verdad están de su lado? Me retuvieron durante seis semanas. –¡Tu tía debió haber pedido ayuda! –Si hubieras estado allí, Snow, todos los numpties estarían muertos. –Tal vez. –Simón empuja su barbilla–. Pero no habría tomado seis semanas. –Así que vamos a interrogar a los Numpties restantes –digo. –No lo haremos –dice Agatha–. Se lo diremos al Mago y lo dejaremos manejar esto, es su trabajo manejarlo. ¡Estamos hablando de secuestro! ¡Y asesinato! –Mira, Wellbelove –dice Baz–. Nosotros no iremos con el Mago. Ya todos lo hemos acordado.


–Bueno, yo no estaba de acuerdo –Agatha luce furiosa, y también harta, además creo que se suponía que ella debía estar en casa hace dos horas. Simón pone su mano en el hombro de Agatha. –Baz, ella tiene razón. Muchas cosas han cambiado. Sabemos sobre Nicodemus ahora, y hemos conectado el asesinato de tu madre con tu secuestro… –No –digo–. Nosotros no iremos con el Mago Simón se ve sorprendido. –Penny, vamos. ¿Por qué no? –Porque Baz tiene razón, Simón. El Mago no está de humor para ayudar a la familia de Pitch en este momento. Y tiene razón en que todos ya acordamos no involucrar al Mago. Agatha resopla. –Yo sé que no estás de acuerdo, Agatha –digo–. Pero tampoco tienes que ser parte de esto. Ella resopla de nuevo. –Quiero decir, no tienes que ser parte de esto a partir de ahora. Lo siento, yo te arrastré hasta aquí. –Necesito llegar a casa –dice ella–. Es víspera de Navidad. Miro mi reloj. –Maldita sea. Mi madre va a golpear el techo. Tenemos que ir. Nos reagrupamos el Boxing Day20, ¿sí? Los chicos asienten, ambos mirando al suelo. No hay mucho que recoger. Baz va por nuestros abrigos. Estoy decepcionada de que no tuvimos la oportunidad de ver más de su casa, o incluso excavar en la biblioteca. Fui al baño un par de veces, pero es al final del pasillo, y parece como una adición moderna. (Allí hay un tocador japonés con música reconfortante y un asiento más caliente). Agatha agarra un suave sombrero blanco y una bufanda a juego. –Vamos, Simón, ¿no trajiste un abrigo? Simón aún está sentado en uno de los sofás, pensando demasiado en algo. Probablemente en matar Numpties. Él mira hacia arriba. –¿Qué? –Vamos –dice Agatha–. Tenemos que irnos. –¿Ir a dónde? –Hemos venido a buscarte –dice ella. Él todavía se ve confundido. –¿Para llevarme a Watford? Agatha frunce el ceño (Ella va a tener una arruga viciosa allí algún día, y me voy a reír de eso). –Sólo... vamos –dice ella–. Es víspera de Navidad. Mis padres se alegrarán de verte. 20

Día de fiesta después de Navidad.


Simón sonríe como si alguien le hubiera entregado un enorme regalo. Baz está parado detrás de él, haciendo una mueca (Irritando la dinámica de triángulo amoroso). Creo que Simón tiene razón; a veces realmente puedes ver los colmillos de Baz a través de sus mejillas. Baz se aclara la garganta, y Simón lo ve por encima del hombro. –Yo... –dice Simón–. Bueno, en realidad, siento que tal vez debería seguir trabajando en esta cosa de los numpties. Alegre Morgana21, ¿Simón realmente se da cuenta de que volver con Agatha sería una idea terrible? –Simón. –Agatha le dirige fijamente a él una mirada dura, pero no estoy segura de lo que quiere decir con ella. No creo que ella quiera volver a estar juntos tampoco. Ella probablemente está cansada, y cansada de ignorarse mutuamente. Tal vez ella se siente como una gilipollas dejando a Simón en la Mansión de los Pitch en Nochebuena. Yo sé lo que hago. El ambiente aquí es muy: Vamos a matar a una virgen y escribir un gran álbum de Led Zeppelin (Aunque la biblioteca es preciosa, y la madrastra de Baz parece ser muy agradable). (Me pregunto si Simón seguirá siendo virgen...) (Seguramente no.) (¿Tal vez?). –Pero pensaba… –dice Simón. –Vamos –Agatha insiste–. Si no vienes, ¿quién se va a comer todas las sobras y asegurarse de que veamos Doctor Who22? Simón mira hacia atrás a Baz. Baz todavía se ve enojado. Me pregunto si existe una cláusula sobre Agatha en la tregua. Tal vez ella es una zona de exclusión. Pero eso no es justo: Agatha no es sólo la exnovia no-del-todo-adecuada de Simón; ella es también una de sus únicas amigas. Y ella lo será, incluso después de que esta tregua haya terminado. –Vamos, Simón –digo–. Vamos a reencontrarnos después de Navidad. –Bien... –Se vuelve hacia mí–. Bien. Voy por mi chaqueta.

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Poderosa hechicera en la leyenda artúrica. Serie de televisión británica de ciencia ficción producida por la BBC.


Capítulo 67 Baz Estaba sosteniendo mi violín, sin tocarlo, cuando mi padre regresó a la biblioteca. -Los Magelings se han ido -dijo él. Asentí. Él camina dentro de la habitación y se sienta en el largo sofá de pelo de caballo, donde Simón pasó la mayor parte de la tarde. Padre estaba vestido para la cena. Nosotros nos vestíamos para cenar los domingos y en los días festivos, y esta noche él estaba vistiendo un traje negro con un brillo rojo. Su cabello se tornó blanco cuando mi madre murió, pero se parece al mío, espeso, ligeramente ondulado y con un pronunciado pico de viuda. Es agradable ver que mi línea de cabello probablemente no se retirará por completo. Todos dicen que me parezco a mi madre —Provenimos de la rama Egipcia de la familia Pitch— Pero yo conscientemente imito la manera en que mi padre actúa: la manera en que nunca puedes saber qué está pasando detrás de sus ojos. He practicado eso frente al espejo. (Claro que puedo verme en el espejo; Simón Snow es un tonto). En estos momentos estoy fingiendo que no me importa que Snow se haya ido. Estoy pretendiendo que ni siquiera he notado que se fue. No estoy seguro por qué me sorprendió cuando se fue, le estuve recordando por las últimas veinticuatro horas que nosotros no éramos amigos, a pesar de los besos. Así que no debería estar sorprendido y consternado de que se fuera con las dos personas que realmente eran sus amigas… Con la única persona que él siempre quiso, desde que lo conozco. Papá se aclaró la garganta y cruzó sus piernas perezosamente. — ¿Estás dentro de tu cabeza, Basilton? Nunca nadie me llama Tyrannus. Mi madre insistió en él porque es un nombre de la familia, pero mi padre lo odia. —No —dije. — ¿Esto es parte de algún loco plan de tu tía? —Él sonaba aburrido. Tomó la pierna de su pantalón, jalando el pliegue recto. —No —le digo suavemente—. Es un proyecto de la escuela, de hecho. Pensé que podría hacerla de chico bueno por una vez, ver a dónde me lleva. Él alzó una ceja. La biblioteca es tan silenciosa que puedo escuchar el tictac de su reloj. —Porque sería un mal momento para hacer un movimiento —dijo él— de manera independiente. Las Familias tienen su propio plan. — ¿Con un papel para mí?


—No todavía. Me gustaría que terminaras la escuela primero. Que te recuperaras. Estuve hablando con tu madre, ella piensa que posiblemente te gustaría hablar con alguien… Sobre tu situación. Él llama a Daphne mi madre. No me importa. —¿Un doctor?—le digo. —Más como un consejero. — ¿Un psicólogo? —Eso no salió con un tono aburrido. Puse mi rostro en blanco. Aclaré mi garganta—. Padre —dije calmadamente— No puedo imaginar que parte de mi situación podría ser discutida con un terapeuta normal. —Tu madre… ella mencionó que ya estás acostumbrado a hablar cuidadosamente sobre tu condición. Podrías evitar detalles. —Estoy bien —dije. —Tu madre… —Lo consideraré. Él se puso de pie. Con gracia. Tirando de sus puños. —La cena estará pronto —dijo él—. Deberías cambiarte. —Por supuesto, padre. *** Daphne me compró un traje gris para las festividades, pero estoy atascado en gris cada día en la escuela, y ya tuve suficiente del gris. Así que me puse el verde oscuro que elegí yo mismo. Negro verdoso con un poco de plata. Justo estaba anudando mi corbata rosa sangre cuando Mordelia abrió la puerta de mi habitación. —Llama a la puerta —le dije a ella en el espejo. —Tu… —Sal. Y llama. Te ignoraré hasta que lo hagas. Ella gimió y salió, azotando la puerta de la habitación detrás de ella, luego la golpeó. Me habría desesperado si ella fuera una Pitch. Ella no se comporta como si tuviera una onza de Grimm en ella tampoco; la sangre de mi madrastra es tan débil como avena. —Entra —dije. Mordelia abrió la puerta y se asomó. —Tu amigo regresó. Me giré desde el espejo. — ¿Qué? —El Elegido. — ¿Simón? Ella asintió. Empujé la puerta pasando por su lado, murmurando.


—No lo llames así —entonces corrí bajando las escaleras. Si él estaba aquí, algo debía estar mal. Tal vez ellos fueron atacados en el camino… Me fui deteniendo al llegar al comedor. Simón estaba de pie en el vestíbulo, cubierto de nieve y barro. Otra vez. Puse mis manos en los bolsillos. —Déjà vu, Snow. Él pasó su mano por su cabello, untándolo de lodo. —Todavía no hay una buena manera de llegar desde la carretera hasta tu casa. —Y tú aún no puedes recordar un hechizo básico de climatización. ¿Dónde están las chicas? —A mitad de camino de Londres por ahora. — ¿Por qué no estás con ellas? Él se encogió de hombros. Caminé el último tramo hacia el vestíbulo y saqué mi varita. Él levantó su mano. —Preferiría simplemente tomar una ducha y cambiarme, si no te importa. — ¿Por qué regresaste?—pregunté... suavemente, sólo en caso de que Mordelia estuviera al asecho. —Puedo irme, si no soy bienvenido. —Eso no es lo que quise decir. —Pensé que estarías feliz de que volviera. Doy un paso más cerca de él, y mi voz se reduce a una amenaza. — ¿Por qué? ¿Así podemos caer alrededor, besarnos y pretender ser novios felices? Él sacudió su cabeza, como si estuviera en su límite, luego rodó sus ojos con fuerza. —Sí… eso creo. Sí. Hagamos eso, ¿de acuerdo? Crucé mis brazos. —Quítate los zapatos. Encontraré algo para que te pongas. Harás que nos retrasemos para la cena. *** Simón lucía deslumbrante en un traje gris.


Simón Regresé porque tenía miedo de lo que podría suceder si no lo hacía. Baz podría sólo fingir que no había pasado nada entre nosotros. Él me haría sentir como si yo hubiera soñado todo, como si yo fuera un maníaco y un imbécil por creer que él sentiría algo por mí. Yo ya me sentía como un maníaco y un imbécil en el carro con Penny y Agatha. Agatha estaba en una diatriba. Lo cual casi nunca sucede. (Usualmente sólo ocurre cuando estamos varados, secuestrados o atrapados en el fondo de un pozo que se está llenando rápidamente de agua). Pero ella claramente estaba harta de nosotros dos. —¿En qué estabas pensando? —me exigió—. Esos son los Pitches. Él es un vampiro. —Eso nunca te detuvo de tontear con él en el Wavering Wood —le dijo Penny a ella. —Sólo pasó una vez —dijo Agatha—. Y eso fue simplemente un enamoramiento de adolescente. —¿Lo fue? —le dije. —Sólo esperaba un beso… ¡No estaba conspirando contra el Mago! —¿Lo estabas? —Ni siquiera podía entender de quien estaba celoso en esta situación. Por ambos, supongo. —¡No estábamos conspirando contra el Mago! —Argumentó Penny—. Estábamos conspirando… apartadas de él. —Por lo que puedo decir —dijo Agatha— no sabes lo que estás haciendo. Me preocupó de que ella tuviera la razón. Todo estaba al revés: Cooperando con Baz, guardando secretos del Mago. ¿Qué diría Agatha si ella supiera sobre el beso? —Ni siquiera eres gay, Simón. Me froté los ojos con las palmas de las manos. —En realidad, la profecía no decía que Simón tenía que escuchar al Mago —Penny continuó—. Dice que él está aquí para el Mundo de los Magos. Eso incluye a la mamá de Baz —Ella me miró de regreso—. Simón, ¿estás bien? —Jaqueca —dije. —Ni siquiera eres gay —diría ella— y él ni siquiera está vivo. —¿Quieres que intente reducirla?—ofreció Penny, inclinándose hacia atrás entre los asientos. —¿Mi cabeza? —Tu jaqueca. —Por Merlín, no. Estaré bien. —Ni siquiera eres gay, y él ni siquiera está vivo, y eso no es ni siquiera la peor parte de esta idea, ¿qué dirá el Mago? —No es tu trabajo resolver asesinatos —dijo Agatha—. No eres la policía.


—Ahora, hay un concepto interesante —dijo Penny—. Aplicación de la ley mágica. Me gustarían programas sociales mágicos, también. Además de un departamento de salud y bienestar. —Los hombres del Mago son la policía —dijo Agatha. —Los hombres del Mago son una especie de ejército personal. — ¡Estás hablando de tu hermano! —gritó Agatha, estirándose hacia adelante sobre el volante. — ¡Lo sé! —Penny le gritó de vuelta—. ¡Estamos en una necesidad desesperada de reformas! — ¡Pero el Mago es el Gran Reformador! —Oh, cualquiera puede autonombrarse así. Además, Agatha, sé que piensas que el Mago es un entrometido y feliz contribuyente con un chip de aristocracia en su hombro. Te he escuchado decir eso. —Mi madre piensa eso —dijo Agatha—. Él sigue siendo el Mago. —Detente —me atraganté—. Estaciónate. Penny se giró hacia mí. — ¿Estás bien? ¿Te enfermarás? —No —dije—. Sólo necesito salir. Por favor. Agatha movió el auto a un lado del camino, levantando una nube de polvo y grava, luego giró sobre su asiento para mirarme. — ¿Qué sucede, Simón? —Necesito regresar. — ¿Por qué? Puse mi mano en la manija de la puerta. —Yo… olvidé algo. —Seguramente puede esperar —dijo ella. —No puede. —Entonces te llevaré de regreso. —No. —Simón —dijo Penny seriamente— ¿De qué se trata? Abrí la puerta. —Necesito regresar y asegurarme de que Baz está bien. —Baz está bien —insistió Agatha mientras yo salía. — ¡Él no está bien! Acabamos de descubrir que él estuvo en un ataúd por seis semanas. Ellas estaban inclinadas la una a la otra entre los asientos de enfrente, giraron completamente para gritarme. Penny: — ¡Él está bien ahora! Agatha: — ¡Regresa al auto! Puse mi mano sobre la puerta y me doblé sobre ella para poder verlas. —Él no debería estar solo en este momento. — ¡No lo está!—dijeron ambas.


—Debería mantener un ojo sobre él. —Me erguí de nuevo. —Te llevaremos de regreso —dijo Agatha. —No. No. Llegarán tarde para Navidad. Vayan. —Cerré la puerta, me di la vuelta e inmediatamente comencé a correr. *** No creí que la gente rica en realidad comiera de esta manera. En una mesa larga cubierta con una tela en rojo y dorado. Servilletas gruesas atadas con nochebuenas. Platones con pesadas tapas de plata. No me impresionaría si la gente rica en realidad no viviera de esta manera, pero que los Pitches lo hagan, sólo para hacer una escena, sí. Si esto era la víspera de Navidad, ¿Qué tenían planeado para mañana? —Lamento que llegáramos tarde, madre —dijo Baz, jalando una silla. —Que agradable sorpresa, señor Snow —dijo su padre. Él estaba sonriendo, pero de una manera que me hacía arrepentirme de mi decisión de regresar. —Gracias, señor. Espero no estar molestando. La madrastra de Baz sonrió, también. —Por supuesto que no. —No puedo decir si ella lo decía en serio o sólo estaba siendo cortés. —Yo lo invité —le dijo Baz a su padre—. No es como si él tuviera otro lugar al cual ir en Navidad. —No puedo decir si Baz en realidad está siendo grosero conmigo o estaba haciéndolo como espectáculo. No puedo leer ninguno de sus rostros, incluso el bebé lucía simplemente aburrido. Pensé que la familia podría extenderse aquí para los días festivos, diversos Grimms y Pitches, pero sólo eran los padres y hermanos de Baz. Ahí estaba la chica mayor, Mordelia, luego otras dos niñas, tal vez gemelas—No estoy segura que tan mayores eran o si tenían la edad suficiente para sentarse por sí mismas y roer las piernas del pavo— y un bebé en una elegante silla tallada golpeando un sonajero sobre su bandeja. Todos se parecían a la madrastra de Baz: Cabello oscuro, pero no negro como el de Baz, con mejillas redondeadas y esas bocas Billie Piper que no estaban muy cerca sobre sus dientes frontales. Ellos no lucían lo bastante peligrosos para ser hermanos de Baz, o hijos de su padre. Penny dice que los Grimms son menos políticos y menos letales que los Pitches, pero el papá de Baz lucía como una víbora vistiendo un traje a rayas; incluso su cabello blanco como la nieve es aterrador. — ¿Relleno? —preguntó Baz, entregándome una bandeja. Parece que sus sirvientes tenían el día libre. (He contado al menos cuatro desde que he estado aquí: Vera, dos mujeres de la limpieza, y un hombre afuera en el frente limpiando los caminos con una pala).


Tomé una gran cucharada de relleno de castañas y noté que casi no había nada en el plato de Baz. Las bandejas y los botes rotaron dos veces, y él sólo los pasaba hacia mí. Me pregunto si tiene un trastorno alimenticio. Yo como lo suficiente por los dos. La comida aquí era incluso mejor que en Watford. *** — ¿Alguna vez creíste en Papá Noel? —preguntó Baz. Él estaba colocando sábanas y almohadas para mí en su sofá. Su madrastra las trajo luego de que Baz le explicó que no quería dormir en el cuarto de invitados: —Le asustan los fantasmas —le dijo a ella. Eso hizo que sus hermanas pequeñas rieran. Ellas estaban ansiosas de ir a la cama, así Papá Noel podría venir aquí. —¿Le dijiste a Papá Noel que estarías aquí?—me preguntó Mordelia—. ¿Para qué así pueda enviarte tus regalos? —No lo hice —le dije—. Debería hacerlo. —No lo creo —le dije a Baz ahora—. Quiero decir, a veces la casa podría tener a alguien que se vista como Papá Noel y reparta la mierda de regalos, pero no recuerdo creer en él. ¿Qué hay sobre ti? —Yo creí en él —dijo Baz—. Y entonces, el año después de que murió mi madre, él no llegó... — Él me tiró una almohada y caminó hacia un cofre alto de madera con ropa—. Pensé que había sido muy, muy malo. Pero ahora creo que mi papá probablemente sólo estaba deprimido y olvidó todo sobre Navidad. Fiona se mostró después ese mismo día con un peluche gigante de Paddington. — ¿El oso? —No hay nada de malo con el oso Paddington. Toma. —Él estaba sosteniendo una pijama, su pijama. La tomé. Entonces él se sentó al final de su cama y se inclinó contra uno de los postes—. Así que… regresaste. Me senté junto a él. —Sí. Él aún vestía su traje verde oscuro. Peinó su cabello hacia atrás para la cena. Deseaba que no hiciera eso. Lucía mejor cuando estaba suelto y cayendo alrededor de su rostro. —Podemos ir a hablar con los Numpties mañana —dijo él — ¿El día de Navidad? ¿Los Numpties celebran Navidad? —No lo sé. —Ladeó su cabeza—. No he llegado a conocerlos realmente. De acuerdo a los libros, ellos no hacen mucho más que comer y tratar de mantenerse calientes. — ¿Qué comen los Numpties? —pregunto. —Escombros —dijo él— Por lo que se puede decir… tal vez sólo los mastiquen.


— ¿Crees que Penny tiene razón? ¿Que fue el asesino de tu madre quien contrató a los Numpties? Baz se encogió de hombros. —Tendría sentido… y Bunce suele tener la razón, — ¿Estás seguro de que puedes manejar el regresar allá? Él miró sus rodillas. —Prefiero hablar con los Numpties que regresar con Nicodemus, y esas son nuestras únicas dos pistas. —Aún deseo que tuviéramos el motivo… —dije—. ¿Por qué alguien querría herir a tu mamá? —No estoy seguro de que ellos quisieran hacerlo —dijo Baz—. ¿Qué tal si el objetivo era la guardería, no mi madre? No había manera de saber que ella sería la única que iría. Tal vez los vampiros querían tomar a los niños… tal vez querían convertirnos a todos. —Él pasó su mano a lo largo de la parte superior de su muslo. Sus piernas eran más largas que las mías; Ahí es donde estaba toda su altura. —No soy un muy buen novio —dije. La mano de Baz se detuvo en la pierna de su pantalón y lo estiró. Se sentó más recto. —Lo entiendo, Snow. Confía en mí. No estoy planeando nuestro siguiente pequeño descanso… ni siquiera le diré a nadie sobre nosotros. —No —dije, girando un poco hacia él—. Eso no era lo que quería decir. Me refiero… Siempre he sido un terrible novio. Ese es el por qué Agatha rompió conmigo. Básicamente sólo hice lo que creí que ella quería que hiciera, pero siempre me equivocaba, y nunca la puse a ella primero. Nunca me sentí como si estuviera haciendo las cosas bien en tres años. —¿Entonces por qué se quedaron juntos? —Bueno, yo no iba a romper con Agatha. No era su culpa. Él alisó su mano a lo largo de su pierna de nuevo. Me gusta todo de Baz en ese traje. —Sólo estaba diciendo —dije, girando un poco más— que no sé cómo ser tu novio. Y no creo que tú quisieras eso de mí. —Bien —dijo él—. Entiendo. —Y sé que tú piensas que estamos condenados a un estilo Romeo y Julieta. —Completamente —dijo él hacia sus rodillas. —Y no creo que sea gay —le dije—. Quiero decir, tal vez lo sea, al menos una parte, la parte que parece estar exigiendo más atención en este momento… —A nadie le importa si eres o no gay —dijo Baz fríamente. Estoy sentado de lado ahora, enfrentando su perfil. Sus ojos eran estrechos, y su boca era una línea recta. —Lo que estoy diciendo es...—Mi voz se desvanece. Soy muy malo con esto—. Me gusta mirarte. Sus ojos se dispararon hacia mí, y baja sus cejas, pero no gira su cabeza. —Me gusta esto —continúo—. Todo esto que hemos estado haciendo.


Él me ignora. —Me gustas —le dije—. Y ni siquiera me importa que yo no te guste… Estoy acostumbrado a eso, no sabría qué hacer si lo hicieras. Pero me gustas, Baz. Me gusta esto. Me gusta ayudarte. Me gusta saber que estás bien. Cuando no regresaste a la escuela este otoño, cuando estuviste perdido… Pensé que iba a volverme loco. —Pensaste que estaba conspirando contra ti —dijo él. —Sí —dije—. Y te extrañe. Él sacudió su cabeza. —Hay algo malo contigo... —Lo sé. Pero todavía quiero esto, si tú me dejaras tenerlo. Baz finalmente giró para mirarme. —¿Qué es esto, Snow? —Esto —dije—. Quiero ser tu novio. Tu terrible novio. Ladeó una ceja y se me quedó mirando, como tratando de averiguar si lo que estaba mal conmigo era algo para lo que él no tendría tiempo. Hubo un ligero toque en la puerta. Baz se puso de pie, alisando su traje, y caminó hacia la puerta. La abrió y se inclinó tomando una bandeja, luego la trajo hacia su cama. Había una jarra de leche y un plato muy cargado de la cena. — ¿Quién la envió?—le pregunté. —Mi madrastra. — ¿Por qué no simplemente comiste en la cena? —No me gusta comer enfrente de las personas. — ¿Por qué no? — ¿Por qué haces tantas preguntas? — ¿Es anorexia? —No, Snow, no es anorexia… ¿Siquiera sabes qué significa eso? —él se sentó en el lado más lejano de su cama y tomó la servilleta de la bandeja, desdoblándola con una sacudida—. Mis colmillos saltan cuando como —dijo él—. Es notable Me arrastré por la cama para sentarme junto a él. —Ni siquiera lo noté la otra noche, cuando comiste enfrente de mí. —Bueno, tú no eres muy observador, ¿o sí? —O tal vez no son tan notables como tú crees. Baz me miró, y sus mejillas se veían más llenas de lo normal. Entonces él sonrió, y pude verlos, blancos y largos colmillos, tratando de salir sobre sus labios. —Malvado —susurro, tratando de mirar más cerca. Él me empujó, pero no muy lejos—. Abre tu boca de nuevo —le dije—. Déjame ver. Él suspiró y empujó sus labios hacia atrás. Sus colmillos eran enormes. Y lucían tan afilados.


— ¿De dónde vienen, incluso? Como, ¿a dónde van cuando no los estás usando? —No lo sé. —Él sonaba como si estuviera usando frenillos. — ¿Puedo tocarlos? —No. Son filosos. Y tóxicos. —No puedo creer que haya una parte de tu cuerpo que crezca cuando lo necesites. Eres como un mutante. —Soy un vampiro —dijo Baz—. ¿Y puedes escucharte a ti mismo? Me senté de nuevo. —Sí. Esperaba que él luciera agravado, y lo hacía, pero tenía también una especie de sonrisa. Alrededor de sus colmillos. Le alcancé su plato: pavo, relleno, tocino, montones de salsa espesa. Él lo tomó. —¿Aún tienes hambre, Snow? —Podría comer. —Vamos, entonces —Me pasó el tenedor y él se quedó con la cuchara. El pavo era tan blando, la cuchara funcionaba bien. Él tomó una gran mordida, y pude ver toda la longitud de sus colmillos. —Malvado —dije de nuevo. Baz sacudió su cabeza. —Eres un idiota —dijo él con su boca extra llena. Miró hacia su plato—. Pero puedes tener... esto. Si tú quieres. Lo hago.


Capítulo 68 Agatha Es un viaje de tres horas de regreso a Londres. Penélope lanza, "¡El tiempo vuela!", pero ninguna de nosotras está divirtiéndose, por lo que no funciona. Tengo casi decidido conducir directamente a Watford para contarle todo al Mago, pero mis padres me están esperando hace años y, sinceramente, no me entusiasma la idea de hablar con el Mago yo sola. Él no es exactamente accesible. Siempre está vestido como Peter Pan, y lleva una espada. Como que todo el tiempo. Una vez se presentó en mi puerta en medio de la noche con su oreja en la mano. Papá tenía que cosérsela de nuevo. He conocido al Mago desde antes de que yo estuviera en la escuela; él y papá han estado siempre juntos en el Aquelarre. Pero no estoy segura de que el Mago siquiera sepa mi nombre. Nunca lo he oído decirlo. En realidad, nunca me habla. Penny dice que es sexista, pero el hecho es que el Mago casi no habla con nadie en Watford. Ni siquiera con Simón. No entiendo por qué quiere ser director, ¿Al menos le gustan los niños? Tal vez por eso Lucy rompió con él. O tal vez él es un imbécil porque ella rompió con él, y él nunca lo superó. Todavía tengo esa foto en mi bolso. Espero que la madre de Penny no se dé cuenta de que la robé. Realmente espero que ella no les diga a mis padres. Pasé por una fase de hurtos cuando tenía 14 años y estuve castigada durante todo un verano, cuando mis padres encontraron mi alijo de delineadores de ojos sin abrir y esmalte de uñas. –Nosotros te compraríamos cosméticos –dijo mi padre. – ¿No usaste magia? –Preguntó mi madre–. ¿Acabas de tomar esto? –Y entonces ella dijo–: Oh, Agatha, barniz púrpura. Qué común. Penny sólo me deja ignorarla durante veinte minutos o algo así antes de estallar. – ¡Pensé que querías ser incluida, Agatha! –No lo hiciste –digo. – ¡Lo hice! Me di cuenta que habías perdido a Simón. Me di cuenta de que estabas triste. ¿Estás diciendo realmente que preferías simplemente que nos fuéramos y te ignoráramos por el resto del año? – ¡No! – ¿Entonces qué, Agatha? ¿Qué quieres? –Quiero que seamos amigos –digo– pero yo no quiero ser, como camaradas de armas. ¡No quiero tener reuniones secretas! ¡Sólo quiero pasar el rato! Como, hacer galletas y ver la tele. ¡Hacer cosas normales de amigos!


– ¿Se supone que debemos ver televisión mientras Simón combate al Humdrum Y Baz es secuestrado por Numpties? – ¡No! –Me inclino hacia delante, apretando el volante–. ¡En el escenario que estoy describiendo, nada de eso estaría sucediendo! –Pero es lo que está sucediendo. –Bueno, entonces, sí, creo que preferiría quedarme en casa. Porque no puedo realmente hacer nada para ayudar. ¿Cuándo hemos sido alguna vez alguna ayuda, Penélope? Pero ayuda real. Sólo somos... testigos. Y rehenes. Y, seremos más bien como un futuro daño colateral. Si estuviéramos en una película, una de nosotras tendría que morir mientras Simón observa. Eso es todo para lo que somos buenas. – ¡Habla por ti! –Grita. – ¡Lo haré! –Grito de vuelta. Pero ninguna de las dos habla por el resto del viaje. *** Dejé a Penny en su casa, y ella seguía tan enojada que azotó la puerta del carro. Se me hizo muy tarde, pero mis padres estaban ocupados alistándose para su fiesta, y difícilmente notarán cuando entrara. Ellos hacen un grupo de fiestas cada víspera de Navidad. Comienza en una casa, entonces se mueven a la siguiente, y a la siguiente… hasta que todos están tan exhaustos, que tienen que hechizar los carros para que los lleven a casa. Simón y yo siempre esperamos decir hola cuando los invitados lleguen; entonces nos escondemos en el salón, vemos televisión y comemos entremeses hasta que nos quedamos dormidos junto al fuego. Excepto por una vez, hace cuatro años, cuando salimos a hurtadillas una víspera de Navidad para seguir a los hombres lobo a través de Soho. Ellos habían robado alguna llave… o tal vez una gema, No puedo recordar un carajo. ¡Nunca había estado tan congelada en toda mi vida! Casi morimos fuera de Liberty, y luego, después de finalmente acabar, Penny hace que nos quedemos afuera y recolectar pieles de hombres lobo, así ella podría hacer esos grotescos talismanes premenstruales. Le di el mío al gato. Espera—la piedra lunar. Eso era, los hombres lobo robaron la piedra lunar. Que montón de basura. Gracias a la magia que pudimos estar de regreso antes de que mis padres regresaran a casa. (¿Debería decirle a mamá ahora? ¿Lo que sé? ¿Dónde está Simón?) (No. Simón estará bien. Simón siempre está bien. Y Penny amará fanfarronear conmigo sobre sus aventuras con los Numpties. Tal vez Baz es nuestra nueva tercera rueda. ¡Diviértete saliendo con un vampiro, Simón! Buen trabajo haciendo tu vida incluso más estúpida y peligrosa).


—Creo que puedes venir con nosotros esta noche —dijo mi madre. Ella y Helen, nuestra ama de llaves, están teniendo las cosas en su lugar. Nuestra casa es la primera en el circuito de fiestas este año—. Ya que no tienes a Simón para entretenerte. —Mamá. —No te quejes, Agatha —dijo mi padre, arrancando una tenaza de cangrejo de una bandeja. Él estaba al teléfono con un paciente—. No, no, estoy escuchando, Balthazar, pero todo se oye bastante normal. No, no me refiero a Normal, me refiero a normal. Suspiro y sigo a mi madre a la cocina. —Pero no estoy vestida para una fiesta —Entonces vístete. —Mamá, estoy hecha polvo. Ella se inclinó dentro del refrigerador. —Tendrás tu segundo aire. ¿Simón vendrá mañana entonces? Fruncí el ceño jugueteando con una bandeja de cocteles de camarón. —No lo creo… Ya le dije que Simón estaba pasando la Navidad en Watford, pero de alguna forma mamá tiene en su cabeza que él aún pasará por aquí el día de Navidad. Es una tradición, supongo. Tal vez debería sentirme culpable por desinvitarlo, pero yo no… traté de traerlo de vuelta esta noche. Mamá se irguió, sosteniendo una brillante gelatina. —Creo que es bueno que esté pasando las festividades con el Mago, —dijo ella—. Lo único que puedo decir, es que el Mago usualmente pasa las Navidades solo en Watford. Me dijo una vez que las vacaciones eran demasiado auspiciosas para desperdiciarlas en festividades. — ¿Qué significa eso? —pregunté. —Oh, quien sabe —dijo ella, pasándole la gelatina a Helen—. Espero que Simón no termine ayunando por la luz de la luna. Tendremos que llenarlo de golosinas mañana. —Auspicioso… —dije—. ¿Por qué el Mago es todo un bicho raro? —Aish, Agatha. No seas traicionera. —No lo soy, sólo estaba diciendo… ¿él siempre fue así? —No sabría —dijo ella—. Nosotros ciertamente nunca viajamos en los mismos círculos. Ni siquiera puedo recordarlo de la escuela. Me lancé por un camarón, pero Helen se había llevado la bandeja. — ¿Recuerdas a la profesora Bunce?—le pregunté a mamá.—¿De la escuela? — ¿A cuál? —Cual será. —Martin y Mitali iban unos años detrás de mí —dijo mamá. Sacando otro pudín… uno enorme— . ¿Pero no tenían un hijo incluso más grande que tú? Ellos empezaron a procrear absurdamente temprano… esa era la influencia de Bunce, creo.


Fui a Watford con una pequeña camada de Bunces, ninguno de ellos lo suficientemente poderosos para estar ahí. Eso pasa, ya sabes, en las grandes familias: La magia se va diluyendo. Mi madre está obsesionada con el poder, quién lo tiene, quien no. Ella no. Al menos no mucho. Ella maldecía a su propia madre por casarse con alguien inferior. —Mi padre no podía encender un fósforo en una tormenta. Yo soy adecuada, mágicamente hablando. No soy Simón. O Baz. O Penélope. Pero he pasado por mis lecciones más que bien. Sé que es por eso que mis padres nunca tuvieron más hijos después de mí; ellos no querían que mi magia se diluyera, a pesar de que papá dice que esas son viejas historias de que los hermanos separan la magia. También sé que mis padres esperan que me case con alguien más poderoso que yo, para traer a la familia de vuelta al curso. Antes de que empezara a salir con Simón, tenía un novio secreto Normal, Sacha. Si mi madre lo hubiera sabido, me habría encerrado en una torre. (Probablemente ella hubiera alejado mi caballo). Me pregunto qué estará haciendo Sacha estos días… —Así que, ¿no habrás conocido a sus amigos? —pregunté—. La profesora Bunce mencionó a alguien llamada Lucy, ella nos mostró una foto… — ¿Lucy Day? —No estoy segura... — ¿Lucy McKenna? —Ella era la mejor amiga de la profesora Bunce —dije—. Rubia color mantequilla, su cabello largo hasta la cintura. Una clase de look boho noveau. —Cariño —dijo mamá, ayudando a Helen a levantar el trifle— así eran todos en los 90’s. —Ella lucía como una Baby Spice —dije—. Pero con hombros amplios. —Ah, Lucy Salisbury. Hechizos infernales, no había pensado en ella en años. —Mamá se detuvo frente del refrigerador y puso sus manos en sus labios. —¿La conoces?—pregunté. —A ella, sí. Ella era cinco o seis años más joven, pero su familia iba al club. Cariño, conoces a Lady Salisbury. Ella juega Black María conmigo. Ella estará aquí esta noche. Conozco a Lady Salisbury. Ella probablemente era de la edad de mi abuela, pero andaba con el grupo de mi madre. Ella decía chistes subidos de tono y siempre enfrentaba a todos para que comieran más pastel —¿Ella podría contarme sobre su hija? —Querida magia, Agatha, no. Qué cosas preguntas. Todo mundo sabe que su hija fue un escándalo. ¡Y su hijo era un fiasco! —¿Qué clase de escándalo? —Lucy huyó, apenas unos años fuera de Watford. Ella era el orgullo y alegría de los Salisbury, entonces ella huyó con algún hombre. Escuché que era un Normal.


Tal vez incluso un Americano. Ruth, Lady Salisbury, se quebró en un evento de caridad, un torneo de bolos por los tartamudos, y le confesó a Natalie Braine que ella estaba preocupada porque podría haber un niño involucrado. Un niño ilegítimo. Es la última vez que Ruth habló de ello. Y nadie ha visto a Lucy, no en nuestro reino, desde la escuela. —¿Lucy desapareció?—dije. —Peor —dijo mamá—. Ella huyó. De la magia. ¿Puedes creerlo? —Sí —dije, y luego— no. Mi madre cepillo las inexistentes migajas de sus manos. —Cámbiate, cariño, los invitados estarán aquí en un minuto. Comencé a caminar fuera de la cocina, y mamá me entregó una pila de servilletas bordadas a manos para que se las diera a Helen en mi camino al comedor. Se las entregué a Helen sin decir nada. Estaba muy ocupada pensando… —Conocí a Lucy Salisbury —dijo Helen—. Fuimos juntas a la escuela. Era algo absolutamente de Helen esperar hasta que mi madre no estuviera en la habitación para hablarme. Mi madre prefería una relación más formal, pero Helen siempre me trató como familia. (No una familia cercana, más como una sobrina; Creo que ella prefiere a Simón). —Lucy era unos años mayor —dijo Helen—. Todas las chicas de mi año se volvieron locas cuando escuchamos que huyó. Pensamos que fue algo romántico. ¡Y terrorífico! — ¿Ella realmente huyó? —Eso fue lo que oímos. Conoció a un hombre y se la llevó... a California. — ¡California! —Solía pensar en ella —dijo Helen—. Con ese cabello largo y rubio, recostada en la arena. *** Me subo a la cama sin cambiarme mi ropa de fiesta y saco la foto robada, levantándola por encima de mí. Lucy Salisbury se escapó de la magia. Ella estaba saliendo con el más poderoso Mago viviente, el tipo que estaba a punto de tomar el mundo, y ella simplemente se escapó. La profesora Bunce dijo que Lucy era una maga poderosa en todo su derecho. Podría haber sido la primera dama de la magia. O tal vez podría haber gobernado junto al Mago. Y ella se fue. ¿Hubo un bebé? ¿Se llevó el bebé con ella? Tal vez ella lo está criando en el mundo Normal. Tal vez ese fue el regalo que Lucy Salisbury se dio a sí misma y le dio a su hijo, no tener que crecer con toda esta mierda. No tener al Mago como su padre, y un mundo en guerra por su herencia. Ese chico se escapó. Simón se quedó atascado en su lugar.


Capítulo 69 Lucy Yo era feliz. Lo amaba. Y él siempre fue más bueno que malo. Él sigue siendo más bueno que malo, creo. Tan sólo es que, él muestra cuánto una persona puede tener de ambos. Estuvimos juntos en el momento en que salimos de Watford. Davy tenía una casa que había heredado de su abuela, y yo lo seguí allí. Les mentía a mis padres pues nunca les gustó Davy. Él pasó la mayor parte de su tiempo leyendo en esos días, y escribiendo cartas y panfletos que él enviaría a los estudiosos mágicos. Nunca se sintió a gusto viendo a sus amigos o simplemente saliendo. Recuerdo que fuimos a Londres una vez para cenar con Mitali y Martin, para conocer a su niño pequeño, yo llevaba una larga falda campesina y había colocado flores en mi cabello, y estaba tan feliz de verlos. De ver a Mitali. Al principio todo estaba bien. Estábamos bebiendo vino tinto, y yo estaba acurrucada en una gran silla Papasan23. Y Davy comenzó a hablar con Mitali sobre el Aquelarre, ella estaba haciendo campaña para conseguir un puesto. –No vas a cambiar nada –dijo él–. Nada cambiará. –Sé que piensas que sí –dijo ella–. He leído tus papers24. –¿Y tú? –Eso lo animó. Se inclinó hacia delante de su silla, colocando su copa de vino entre sus rodillas–. Entonces sabes que la única respuesta es la revolución. –Sé que las cosas sólo van a mejorar si las personas buenas luchan por lo que es importante. –¿Y crees que el Aquelarre se preocupa por “la gente buena” y por ”lo que es importante”? ¿Crees que Natasha Grimm-Pitch se preocupa por tu idealismo? –No –dijo Mitali–. Pero si estoy en el Aquelarre, voy a tener tantos votos como ella. Davy se rió. –Los nombres del Aquelarre no han cambiado en doscientos años. Sólo las caras. Más les valdría tallar “Pitch” en la silla del director de Watford. Todo lo que les importa, todo en lo que cualquiera de ellos se preocupa, es en la protección de su propio poder.

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Anglicismo de publicaciones o artículos científicos.


Mitali no se acobardó. En sus pantalones vaqueros de bota ancha y en su chaqueta de terciopelo color vino, con su cabello cayendo sobre sus hombros en oscuros rizos desordenados, ella era la única que parecía ser una radical. –Están protegiendo todo nuestro poder –dijo–. A todo el Mundo de los Magos. –¿Lo están haciendo? –Dijo Davy–. Pregúntale a Natasha Grimm-Pitch acerca de las tasas de suicidio entre magos de bajo nivel. Pregúntale a tu Aquelarre sobre lo que están haciendo para luchar contra los pixie sticks25 o por cualquier otra enfermedad mágica que no afecte a sus propios hijos e hijas. – ¿Cómo una revolución va a ayudar a los duendes? –Resopló Mitali–. ¿Cómo tirar a un lado siglos de tradición y conocimiento institucional va a ayudarnos a cualquiera de nosotros? – ¡Construiremos mejores tradiciones! –gritó Davy. No creo que se hubiera dado cuenta de que estaba gritando. – ¿Escribiremos nuevas reglas en sangre? – ¡Si es necesario! ¡Sí! Sí, Mitali, ¿Eso te asusta? Nos fuimos poco después de eso. Dije que tenía dolor de cabeza. Davy seguía enrojecido por el vino, pero no me dejaba conducir. Él no se dio cuenta de que yo lanzaba Mantener el rumbo sobre él desde el asiento del pasajero. *** Nunca volvimos a Londres después de eso. Rara vez salíamos de la casa de campo. No teníamos un teléfono o un televisor. Yo le compraba pollos al granjero que quedaba bajando la carretera y los amarraba para que no se alejaran. Le escribía largas cartas a mi madre. Todo era ficción. Davy permanecía adentro la mayoría de los días con sus libros. Los llamé sus libros, pero todos eran robados de Watford. Él volvía y tomaba más cuando los necesitaba. Era tan poderoso, que podía hacerse casi invisible. A veces Davy se iba por unos días para reunirse con otros activistas mágicos. Pero siempre volvía más desanimado que cuando se había ido. Él renunció a una revolución. Nadie leía sus papeles. Él renunció a todo, excepto al Gran Mago. Creo que Davy debió haber sido el mayor estudioso del Gran Mago en la historia de la magia. Conocía cada profecía de memoria. Las escribía en las paredes de piedra de nuestra casa, y diagramaba sus sentencias. Cuando le llevaba sus comidas, él podía pedir mi opinión. ¿Qué pensaba sobre el significado de esta metáfora? ¿Había alguna vez considerado esa interpretación? 25

La traducción literal seria “palo de duendecillo” y creo que se refiere a una enfermedad ficticia en el mundo de los magos que afecta a los duendes.


Recuerdo una mañana cuando lo interrumpí al llevarle huevos y harina de avena. Crowley, comimos tanta harina de avena, la cual también le estaba dando de comer a las gallinas. Puedes aumentar la comida con magia, puedes hacer comida con almohadas y velas. Puedes llamar a las aves del cielo y a los ciervos de los campos. Pero a veces, no hay nada. A veces, simplemente no había nada. –Lucy –dijo. Sus ojos estaban iluminados desde lo más profundo de su interior. Había estado despierto toda la noche. –Buenos días, Davy. Come algo. –Lucy, creo que lo descubrí. –Envolvió su brazo alrededor de mis caderas y me llevó más cerca de su silla, yo lo amaba entonces. –¿Qué tal si los oráculos se mantenían teniendo las mismas visiones porque no eran profecías en lo absoluto? ¿Qué tal si se trataran de instrucciones? Lucy, ¿qué tal si ellos están destinados a guiarnos al cambio, no a predecirlo? Aquí estamos, sólo a la espera de ser salvados, ¡pero las profecías nos dicen cómo salvarnos a nosotros mismos! – ¿Cómo? –Con el Gran Mago. *** Él se fue de nuevo. Volvió con más libros. Volvió con ollas de aceite y sangre que no era roja. No estoy segura de cuando dormía, no dormía conmigo. Yo tomaba largos paseos por el campo. Pensaba en escribirle cartas a Mitali, pero sabía que ella volaría hasta aquí en una escoba si le decía la verdad, y yo no estaba lista para irme. Nunca quise dejar a Davy. Mucho de esto es su culpa, quiero que te enojes con él. Pues yo nunca le pedí que se fuera. Nunca le pedí que me dejara ir. Pensé... pensé que todo lo que se avecinaba sería mejor si yo estaba allí con él. Pensé que eso ayudaría a que él estuviera atado a mí. Como una cometa con una cadena. Pensé que mientras yo estuviera allí, él nunca se dejaría llevar completamente. *** Él mató a mis dos pollos. ***


Él gateó en la cama una noche, con olor a barro y plástico quemado, y levantó mi cabello para besar la parte trasera de mi cuello. –Lucy. Me di la vuelta para verle. Estaba sonriendo. Parecía joven, como si alguien hubiera borrado la amargura de su cara con un paño caliente. –Ya lo tengo –dijo, besando mis mejillas y mi frente–. El Gran Mago, Lucy. Nosotros lo podemos traer. Me reí, estaba tan feliz de verlo feliz. Estaba tan feliz de tener su atención. – ¿Cómo, Davy? –Simplemente de esta manera. Negué con la cabeza. No entendía. Él me empujó sobre mi espalda, besando a lo largo de mi cuello. –Nosotros dos. Lo haremos. Siguió besando mi cuello hacia abajo dentro de mi camisón. – ¿Estás hablando de un bebé, Davy? Levantó su cabeza y sonrió. – ¿Quién mejor que nosotros? –Dijo–. ¿Para elevar a nuestro salvador?


Cuarta parte


Capítulo 70 Nicodemus Ella no hablará conmigo. No desde aquel entonces. Porque es contra las reglas. A ella no le preocupaban tanto las reglas cuando éramos jóvenes. Hacíamos nuestras propias reglas, de verdad. Éramos tan crudos, ¿quién nos iba a detener? Nunca olvidaré la vez que Ebeneza usó su magia bajo el puente levadizo para que nosotros tres pudiéramos ir a la ciudad y emborracharnos. La mirada en el rostro de la directora cuando atrapó a su propia hermana entrando a hurtadillas y sin pantalones (Fiona nunca pudo mantener su vaso de sidra26 lleno). La señorita Pitch estaba muy enojada, parada en el césped con su bata de dormir, y regordeta por sus nueve meses de embarazo27. Ebb perdió su varita, su dotación, durante una semana, al haber sido ella quien nos hizo escapar. Después, en la noche siguiente, Ebb usó su magia bajo el puente con mi varita. (Nosotros siempre nos prestábamos nuestras piezas). Una jodida Gutty, así era ella. Claro que nos atraparon de nuevo. Haberse salido con la suya no era el punto. El punto era que éramos jóvenes y libres y llenos de magia. ¿Qué iba a hacer la señorita Pitch? ¿Expulsar a su propia hermana y a los dos magos más fuertes de Watford? Ellos no iban a expulsar a Ebeneza; estaban demasiado preocupados de que ella se pusiera violenta con ellos. Con toda esa preocupación, ella se daría cuenta de que podía hacer más con toda esa magia que lo que haría adhiriéndole las marquesinas a los escritorios, o llamando a cada perro lanudo en el condado de Watford, como si fuera el flautista de Hamelín. Me di cuenta. De lo que Ebb era capaz de hacer. De lo que yo era capaz de hacer. *** Yo llego a nuestra calle y corto por el callejón, luego me voy al jardín trasero. La compuerta cruje. Llegué temprano por unos pocos minutos, Ebb todavía estará adentro. Hago mi camino hacia el árbol de sauce y me siento en el banco de mamá. Ojalá pudiera tener un cigarrillo.

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La sidra es una bebida alcohólica de baja graduación fabricada con el jugo fermentado de la manzana. Traducido de la frase “nine months up the duff” donde la expresión “the duff” significa “Designated Ugly Fat Friend”, el cual traducido quedaría DAFG: “Designada Amiga Fea y Gorda”, expresión que no existe en el idioma español. Por ende, se entendió que Nicodemus quería referirse ofensivamente a la gordura del embarazo de la directora Pitch. 27


Lo dejé cuando crucé, hace casi veinte años. Pero ese mocoso de Pitch sopló humo en mi cara, y ahora tengo gusto por el cigarrillo de nuevo. Fi y yo solíamos enrollar los nuestros, con papeles de mentol. Ebeneza no hacía nada de eso. Decía que el tabaco ensuciaba su magia. –Tu hermana está tratando de permanecer pura –se burlaba Fiona–. Como un atleta. Como la princesa Di28. Solíamos burlarnos de Ebb por ser virgen. Diablos, es probable que todavía sea virgen. (¿No tienes la sensación de que incluso otras chicas tienen que enumerar cuantas veces lo han hecho?). Se abre la puerta de atrás, y miro hacia allá. Pero no es Ebb. Sólo alguien, nadie que yo reconozca, saliendo a fumar. Cierro los ojos e inhalo. Esta nariz de vampiro es buena para algo. Ebb saldrá pronto, caminará hacia el jardín y se apoyará contra la compuerta. Ella no hablará conmigo. Ese es el acuerdo. Esa es la regla. Ella solamente hablará. Ella le dirá al viento lo que está haciendo. Capturará la atención de la Luna de Navidad con todos los telemanejes de la familia. A veces puede crear magia, no por mí. Sólo porque sí. Algún ser vivo viene a saludar a Ebb, incluso en pleno invierno. El año pasado, un ciervo brincó por el callejón, casualmente como si nada, y descansó su cabeza en las manos de Ebeneza. Yo lo apuñalé y chupé su sangre tan pronto como Ebb regresó a casa. Creo que ella sabía que lo haría, tal vez se trataba de un regalo. Tal vez ella estaba tratando de mantenerme puro por un día. De todos modos, tenía que transportar el cuerpo del ciervo por lo menos una milla antes de encontrar un contenedor lo suficientemente grande para él. Ebb saldrá pronto. Y hablará. Y yo escucharé. Yo no hablo para nada, no creo que Ebb quisiera eso. Sería demasiado parecido a una conversación. Demasiado cerca de romper las reglas. Además, ¿qué le diría? No tengo nada que informarle que quisiera oír. No tengo noticias que no revolvieran su estómago. Todo lo que Ebeneza realmente quiere saber es que todavía estoy aquí. Tal como soy. Mayormente, mi hermana habla acerca de la escuela. De los terrenos. De las cabras. De los niños. De aquella dríada29 por la que ha estado fantaseando desde sexto año. Ella no habla del Mago. Ebb no ha nacido para la política. Espero que se mantenga fuera del camino del Mago, aunque ella me dijo una vez que se vieron envueltos en una auténtica bronca cuando uno de las Merwolves30 del Mago se comió a una de las cabras de Ebb. Nunca he visto a los Merwolves, solamente he oído acerca de ellos gracias a Ebb. Es el único animal que he conocido que a ella no le gusta. Ella dice que tratan de llegar al puente levadizo. 28

Se refiere a la princesa inglesa Diana de Gales. Ninfa de los bosques. 30 Especie fantástica con tronco y rostro de lobo, pero con cola de sirena. 29


Que el puente tiembla mientras los niños y las cabras están cruzándolo. Uno de los lobos en realidad logró llegar una vez arrastrándose alrededor del césped, gruñendo, hasta que llegó Ebb y lo arrojó de nuevo al agua. –Ahora los hipnotizo para que duerman cuando el puente está abajo –me dijo–. Ellos se hunden hasta el fondo del foso. Aquel que salió con el cigarrillo, lo termina y se va de nuevo, cerrando la puerta mosquitera. *** Yo llegué temprano. Pero ahora se le había hecho tarde a Ebeneza. Realmente tarde. El ruido se ha detenido dentro de la casa. Los niños estarán en la cama. Ebb me dice que todos nuestros hermanos y nuestra hermana pequeña tienen gatitos en estos días. Nunca pensé en tener uno propio antes de haber cruzado. Pienso en eso ahora. Fi y yo. Una pareja de bebés. A su familia le daría un ataque si ella se casara conmigo. Supongo que ella nunca iba a casarse con nadie... Sé dónde está Fi ahora. Nuestros caminos se cruzarían si yo lo permito. Pero supongo que ella tampoco quiere oír nada de lo que tengo que decir. A Ebb se le hizo tarde. Tal vez se le olvidó. No es normal que ella lo olvide. Nunca antes había pasado, en todos estos años. No puedo llamarla. Ni siquiera sé si tiene un móvil en estos días. Me paro, y me desplazo un poco bajo el árbol. Normalmente, Ebb lanza un hechizo para que nadie me vea. Estoy ansioso. Me arrastro un poco más cerca de la casa. Si alguien pasa, debería ser capaz de escucharlos. La casa está a oscuras. Una de las ventanas de la cocina está agrietada, pero no puedo oler la cena. Ebb dice que ahora ayuda a nuestra mamá en la cocina. Será jamón asado. Y pan y budín de mantequilla. Usualmente Ebb me trae un plato. Subo los escalones y miro dentro de la ventana de la puerta. La cocina está vacía. No puedo escuchar nada. Tuerzo la perilla, sin esperar que esta gire, pero lo hace, y la puerta se abre. Doy un paso hacia delante con cuidado, no estoy seguro si seré permitido, pero la casa me acepta y me quedo ahí por un momento sintiendo lástima de mí mismo en la cocina de mi madre. Huelo a la niña antes de verla... Ella se esconde detrás de la puerta, mirándome. –¿Eres tú, tía? –¿Tía? –digo–. ¿Me veo como la tía de alguien? –Pensé que eras mi tía Ebb. Te pareces a ella. Ella es una pequeña niña rubia con un camisón de dormir de cuadros rojos. Debe ser mi hermana Lavinia. Vinnie no era mucho mayor que ella la última vez que la vi.


–Soy de la familia –digo–. Vengo a hablar con Ebb, ¿por qué no vas y la llamas por mí? Ella no se va a enojar. –Al menos no con la niña. –Tía Ebb se ha ido –dice la niña–. Se fue con el Mago. La abuela no ha dejado de llorar. Ni siquiera podemos celebrar la Navidad. –¿El Mago? –digo. –El mismo –dice la niña–. He oído que todo el mundo lo dice. Mi mamá dice que la Tía Ebb fue arrestada. –¡Arrestada! ¿Por qué? –No sé. Supongo que rompió una regla. Me quedo mirando a la niña. Ella me devuelve la mirada. Entonces me dirijo hacia la puerta. –¿A dónde vas? –Ella llama detrás de mí. –A encontrar a tu tía.


Capítulo 71 Simón Me despierto sintiéndome hambriento. Y no es sino hasta que me despierto por completo cuando me doy cuenta de que no era yo quien está hambriento. El aire es seco. Y pica. Tirando de mi piel, tirándola con agujas, pinchándome. Me siento y sacudo mi cabeza. La sensación no se va. Tomo una profunda respiración y luego eso entra en mi respiración, también. Como arena. Como cristal molido.

El Humdrum. Miro sobre la cama de Baz, las sábanas y los cobertores están echados hacia un lado. Él no está ahí. Tropiezo sobre mis pies y salgo de la habitación, estando ahí de pie en el maldito pasillo oscuro. —Baz —susurré. Nadie responde. Sigo esa mala sensación yendo por el pasillo, bajando las escaleras, hacia la puerta frontal de la mansión, el cielo nocturno y la nieve eran tan brillantes, hay una luz destellando dentro del vestíbulo. Abro la puerta y corro hacia la nieve. La sensación es más fuerte ahí. Peor. Casi como si estuviera de pie dentro de uno de los puntos muertos del Humdrum. Pero cuando llego a mi magia, todavía está ahí: se alza hacia la superficie de mi piel y zumba en la punta de mis dedos. Se agrupa en mi boca. Trato de obligarla a descender. Sigo la punzante sensación hacia adelante. (Debería regresar adentro. Debería ponerme zapatos). Me encuentro a mí mismo corriendo hacia el bosque privado que se extiende a lo largo de la casa de los Pitches como una cortina. Estoy vistiendo el pijama de rayas rojas y doradas de Baz, y estaba mojada sobre mis muslos. La sensación de hambre se vuelve más fuerte con cada paso. Me succiona. Siento mi magia saliéndose, deslizándose alrededor de mi piel. Una rama de árbol se arrastra contra mí y se incendia. Sigo forzándome hacia adelante. No sé hacia donde estoy yendo, nunca había estado antes en este bosque. Además no había espacio entre los árboles. No estoy en ningún camino, no había ningún claro. Cuando lo escucho riendo, me detengo tan abruptamente que mi magia chapotea por delante, derramándose sobre mis costados. Él estaba justo ahí, inclinándose contra uno de los árboles.


Él. El Insidious Humdrum. Yo. —Hola —dice él, lanzando su bola en el aire. La atrapa, frunciendo el ceño hacia mí por un segundo, luego guarda la bola dentro del bolsillo de sus pantalones de mezclilla. —Puedes hablar —digo. —Ahora puedo. Ahora puedo hacer toda clase de cosas. —Miró hacia arriba del árbol y alcanza una de las ramas más delgadas; su mano pasa a través de ella. Hace una mueca e intenta de nuevo. Esta vez su mano se cierra alrededor de la rama y la arranca. Luego mira de regreso hacia mí y sonríe, como si debiera estar orgulloso de él. —¿Por qué luces como yo?—le pregunto. Esto aún se siente como si fuera la pregunta más importante de todas. —Esto es sólo cómo me veo. —Se rió—. ¿Por qué no habría de lucir como tú? —Pero tú no eres yo. —No. —El Humdrum frunció el ceño—. Mírate. Eres diferente cada vez que te veo. Pero yo siempre luzco así. —La rama aún seguía en sus manos. La parte en dos, luego tira los pedazos y camina hacia mí—. Tú puedes hacer toda clase de cosas que yo no. Di un paso hacia atrás. Hacia una maraña de ramas. —¿Por qué estás aquí? ¿Qué quieres de mí? —Nada, —dijo él—. Nada, nada, nada. ¿Pero qué quiere él de ti? Esa es la verdadera cuestión. Oigo a alguien gemir. Hay algo moviéndose en los árboles… deseo poder ver mejor, y tan pronto lo deseé, mi magia se volvió más brillante, yo estaba brillando. El Humdrum rió de nuevo. —¿Simón? —llama alguien. Creo que es Baz, pero se oía mal. Como si estuviera sin aire o tuviera dolor. —¿Baz? ¿Estás bien? —No, no… ¡Simón! Entonces veo a Baz por delante de mí, a unos seis metros más o menos, inclinado contra un árbol. El Humdrum está ahora por encima de nosotros, sentado en una rama baja, mirando. La cabeza de Baz colgaba. Me encarrero hacia adelante. —¡Baz! Él alza su rostro, y está mal también. Torcido. Sus ojos están dilatados y negros, y su boca está llena de blancos cuchillos, sus labios se habían retraído para darles espacio. Debería retroceder, pero en su lugar me aprieto entre los árboles tratando de alcanzarlo. Es Baz quien se aleja de mí. —Algo está mal, —dijo él—. Tengo hambre. —Baz, tú siempre tienes hambre. —No. Es diferente. —Sacude su cabeza y hombros como un animal—. Te vi en el bosque — dijo—. Justo ahora. Pero eras joven… lucías como la primera vez que te vi.


—Sus palabras se arrastraban. Como si las empujara a través de sus dientes—. Pensé por un minuto que estabas muerto. Pensé que era una visita. —No era yo. —Di un paso hacia él—. Viste al Humdrum. —Me tocaste —dijo—. Me incliné y pusiste tu mano sobre mi rostro. —Eso no era yo —dije. —Y luego la empujaste en mi interior. —Se tropieza hacia atrás, quedándose un paso lejos de mí—. Como tú lo haces, Simón. Pero no era magia esta vez. Era un vacío. Pusiste un vacío en mi interior, y todo lo demás se fue para hacer espacio. —Baz, detente. Déjame ayudarte. Él seguía sacudiendo su cabeza. Me recuerda por un momento a la dragona roja, moviendo su cabeza hacia adelante y hacia atrás. —Es fácil con las criaturas —dijo el Humdrum. Él estaba ahora de pie detrás de Baz. Extendió su brazo y presionó su mano sobre la columna encorvada de Baz—. Sólo tomé lo que obtuve y se los di a ellos. Baz gimotea y se despliega hasta que su espalda se arquea. — ¿Qué? —demandé—. ¿Qué les diste? El Humdrum se encoge de hombros. —Nada. Les di algo de mi nada. Baz alza su rostro hacia mí, toda pupila y colmillo. Da un paso al frente. —Aléjate, Simón. Estoy hambriento. —Les di algo de mi nada —dijo el Humdrum de nuevo— y entonces ellos se sienten atraídos por lo más grande de todas las cosas… tú. Y luego me das más de nada. Es un gran juego. Baz seguía acercándose a mí. Me quedo sobre mis pies. — ¡Aléjate, Simón! ¡Estoy hambriento! — ¿De qué tienes hambre, Baz? — ¡De ti! —gritó—. De la magia, de sangre, de magia... de todo. De ti. De magia. —Él está sacudiendo su cabeza tan rápido que era borroso. Hay un árbol entre nosotros, Baz lo arranca del suelo y lo lanza a un lado. —Retorcido —dijo el Humdrum—. Nunca he intentado con uno de esos antes. Baz se abre paso hacia mí como un Grifo de acero. Lo atrapo en mis brazos y rodamos sobre el suelo. Él es mucho más fuerte que yo, pero yo estoy hecho de magia justo ahora así que no hubo un duro golpe. Nos retorcemos en el suelo. Sostengo su cabeza con mis dos manos, alejando su mandíbula. —Tengo tanta hambre, —gimotea—. Y tú estás tan lleno. —Puedes tenerlo —dije, tratando de verlo a los ojos—. Baz, sabes que puedes tenerlo. Lo empujo de la barbilla y lo agarro del cabello, sosteniéndolo, pero dejo que mi magia salga. La dejo fluir dentro de él desde cada uno de mis poros. Baz solloza y de repente deja de luchar. Se siente como si estuviera llenando de agua un pozo vacío.


Fluye. Y fluye. El cuerpo de Baz se hunde contra el mío. —Vaya... —dijo el Humdrum—. Eso es incluso mejor que una pelea. —Se siente cerca. Miro hacia arriba, y él está de pie justo sobre nosotros, roca sólida bajo la luz de la luna—. ¿Cuándo aprendiste a hacer eso? Es como si te hubieras convertido en un grifo de agua. —¿Le quitaste su magia? —le grito al Humdrum. —¿Le quité su magia? —repite, como si fuera una pregunta hilarante—. No. Yo no quito nada. Yo sólo soy lo que queda cuando tú has terminado. —Sonríe, como un gato que se come al canario, y esa era una expresión que nunca había visto en mi propio rostro. —¡Simón! —Baz está gritando por debajo de mí. Miro hacia abajo. Él brilla ahora también. Sus colmillos se han ido, pero aún parece como si tuviera dolor. Está apretando mis triceps—. ¡Suficiente! Lo suelto y ruedo lejos. Pero la magia todavía se vierte fuera de mí. Es como un grifo. Me concentro en cerrarlo. Cuando siento que la magia se queda dentro de mí nuevamente, cuando dejo de brillar, me levanto sobre mis manos y rodillas. — ¿Baz? —Aquí —dijo. Me muevo hacia su voz. — ¿Estás bien? —Eso creo. —Él está recostado sobre el suelo—. Sólo me siento un poco... quemado. — ¿Te estás incendiando? —No —dijo—. No. Quemado en el interior. Miro alrededor, pero no veo al Humdrum. Ni lo escucho. Ni lo siento absorbiendo mi respiración. — ¿Se ha ido? —pregunta Baz. —Eso parece. —Colapso junto a él. — ¿Estás bien? —Estoy bien. Baz me busca a tientas con su brazo, y cuando me siente, envuelve con su brazo mi cuello y hombros, jalándome débilmente contra él. Me muevo más cerca hasta que mi cabeza cae sobre su pecho. — ¿Estás bien?—pregunta de nuevo. —Sí. ¿Tú? —Genial. —Baz tose, y yo empujo mi rostro en su pecho—. ¿Qué fue eso? —pregunta. —El Humdrum. —Simón, ¿tú eres el Insidious Humdrum? —No.


— ¿Estás seguro?

Baz Me siento quemado. Incinerado. Ese chico —era Simón— vaciándome de alguna manera. Como si él presionara mi magia hacia afuera o hacia abajo... Y luego Simón me llenó de nuevo con fuego. Me siento como si un fénix renaciera en mis intestinos inferiores. Simón esconde su rostro en mi pecho, y lo sostengo con más fuerza. Este era Simón. Cómo si lo viera de nuevo por primera vez. Una mierda de pantalones de mezclilla y una camiseta sucia. Esa crudeza en su piel, esa hambre en sus ojos. Cuando lo vi parado entre los pinos esta noche, quería patearlo en las rodillas, definitivamente era Simón. Simón —el grande— está temblando, así que lo rodeo con mi otro brazo también. Mis brazos se sienten huecos, pero Simón se siente sólido a través de ellos. Simón Snow es el Humdrum. O… el Humdrum es Simón Snow.

Simón — ¿Le quité su magia? No. Yo no quito nada. Yo sólo soy lo que queda cuando tú has terminado. Estoy recostado sobre Baz, y tiene ambos brazos a mi alrededor. Sigo tratando de alejar el rostro del Humdrum de mi cabeza. (De apartar mi rostro de su cabeza). —Les di algo de mi nada… y luego tú me das más de nada. Me siento y froto mis ojos. — ¿Aún necesitas cazar? —No —dijo Baz—. Estaba terminando cuando él me encontró. Me muevo de cuclillas, luego me pongo de pie, extendiendo mi mano hacia él. — ¿Dijo algo? ¿Antes de que te atacara? Baz toma mi mano y tira para levantarse. No me suelta. —Él dijo, “Tú lo harás.” Cierro mis ojos, y mi cabeza cae hacia adelante. —Él te usó. Te usó contra mí.


—Todos lo hacen —dijo Baz en voz baja. Siento su brazo deslizarse hacia atrás, lenta y gentilmente alrededor de mi cintura. Me encorvo en él. —Lo siento.

Baz Si Simón Snow es el Humdrum… Eso lo convierte en un villano. Un supervillano. ¿Puedo estar enamorado de un supervillano?

Simón Baz está temblando, y creo que puede estar llorando, lo cual tendría sentido, después de lo que acaba de pasar. Abro mis ojos y levanto la barbilla. Él no está llorando, está riendo. Está riendo demasiado fuerte, se cae contra mí. — ¿Qué te sucede? —pregunté—. ¿Estás en shock? —Tú eres el Humdrum. —No lo soy —dije, tratando de empujarlo por los hombros. —Estoy muerto, no ciego, Snow. Eres el Humdrum. — ¡Ese no era yo! ¿Por qué estás riendo? Baz seguía riendo, pero también me da una sonrisa desdeñosa. —Estoy riendo porque tú eres el Elegido —dijo frívolamente—. Pero también eres la mayor amenaza a la magia. ¡Eres un chico malo! —Baz. Te lo juro. Ese no era yo. —Luce como tú. Se oye como tú. Lanza esa bola roja infernal en el aire como tú—. Me abrazó con fuerza. —Creo que sabría si yo fuera el Insidious Humdrum —dije. —Yo no te daría tanto crédito, Simón. Eres excesivamente denso. Y criminalmente atractivo, ¿Ya lo he mencionado? —No. Se inclina como si fuera a morderme, pero en lugar de eso me besa. Esto es demasiado bueno. Había sido demasiado bueno todas las veces. Lo empujo. — ¡No soy el Humdrum! ¿Pero por qué pensando eso te hace querer besarme? —Todo me hace querer besarte. ¿Todavía no te entra en la cabeza? Caramba, mira que eres denso—. Me besa de nuevo. Y se ríe de nuevo. —No soy el Humdrum —repito, cuando tuve la oportunidad—. Lo sabría si lo fuera.


—Lo que tú eres es una puta tragedia, Simón Snow. Literalmente no podrías ser un mayor desastre. Él trata de besarme, pero se lo impido. — ¿Y eso te gusta? —Me encanta —dijo. — ¿Por qué? —Porque encajamos *** Nosotros caminamos fuera del bosque. Baz conocía el camino. Realmente estaba abastecido de ciervos sólo para él. No me enloquece del todo saber eso, aparentemente me puedo acostumbrar a cualquier cosa. Aparentemente él también puede. —Esa cosa —intento de nuevo—. No soy yo. —Tal vez eres tú en el pasado —dijo—. Tal vez eres un viajero del tiempo. —¿Pero no lo recordaría? ¿Si él fuera yo cuando era un chico? —No sé cómo funcionan los viajes en el tiempo —dijo Baz—. No es magia. —No estás cojeando —le digo. Él mira hacia abajo y sacude su pierna. —Se siente mejor —dice—. Caramba, Snow, me has curado. Me pregunto si aún soy un vampiro. Alzo mis cejas, y él se ríe. —Calma, chico milagro, todavía soy un vampiro… tú aún hueles como a tocino y bollos de canela caseros. — ¿Cómo puedo oler a tocino y bollos de canela caseros? —Hueles como algo que gustosamente me comería. —Baz se detiene y pone un brazo frente a mí—. Espera. ¿Sentiste eso? Me detengo también. Es débil, pero está ahí. Esa sensación seca. Ese arañazo en la parte de atrás de mi garganta. —El Humdrum —dijo Baz—. ¿Regresó? Hay algo gritando delante de nosotros, alguien gritando el nombre de Baz. Mantengo mi mano sobre mi cadera, tratando de llamar mi espada. No viene. No puedo sentir mi magia por ningún lado. Baz tiene su varita metida en su pijama (claro que la tenía). La blande y trata de lanzar un hechizo. Nada pasa. Él trata de nuevo. —Es un punto muerto —susurro—. Es uno de los puntos muertos del Humdrum. —¡Basilton! —la madrastra de Baz está gritando y corriendo hacia nosotros. Ella está vistiendo su camisón, y su cabello está suelto—. Malcom, ¡él está aquí! —El Humdrum... —Baz me miró, más pálido de lo que nunca lo había visto, su rostro blanco bajo la luz de la luna—. Snow. Corre.


— ¿Qué? —Vete —dijo—. Tú hiciste esto.


Capítulo 72 Simon Probablemente podría caminar a Londres. Si tuviera zapatos. Y si no hubiera toda esta nieve. ... Cuando Baz me dijo que me fuera, cuando me culpó por el punto muerto, yo quería discutir. Pero sus padres estaban corriendo hacia nosotros, y tenían pánico, y yo no sabía lo que estaba pasando. ¿El agujero se había tragado toda su casa? ¿Todo el estado? Me gire para correr de nuevo al bosque— pero estaba prendido fuego. Por mi. Por mi magia. Y yo no podía hacer nada para detenerlo, porque ahora yo no tenía nada. - Vete! — Baz dijo de nuevo, así que lo hice. Corrí. Llegué al camino, y mis pies se estaban entumeciendo por el frío, pero yo seguí corriendo. Por el largo, largo camino. Hacia la carretera. Lejos de él. Todavía estoy corriendo. Mi magia vuelve a mí toda junta de golpe y me manda al suelo, temblando. Si sólo tuviera mi varita. O un móvil ... Yo podría hacer autoestop -¿iba alguien a recogerme? ¿Estaría alguien conduciendo por este camino, en la medio de la nada de Hampshire en el medio de la noche? ¿En noche buena? (Papá Noel no es real — el Hada de los Dientes sí.) Estoy de rodillas en la nieve en el lado de la carretera. Yo puedo hacer esto, creo. He hecho esto antes. Sólo tengo que quererlo. Tengo a necesitarlo. Pienso irme, en llegar a Penny, pienso en mi magia llenándome y tirando mis hombros. Y entonces siento que rasga a través de los pijamas de Baz. Anchas, alas huesudas. No hay plumas en esta ocasión; Debo haber estado pensando en el dragón. Estas alas son de color rojo y curtidas con puntas grises en las bisagras. Se expanden tan pronto como pienso en ellas, y me levanto de la nieve. Arranco los restos de mi camisa de franela, y no pienso en cómo volar; Sólo pienso en donde quiero ir - Arriba. Lejos. - y sucede. Es más frío aquí arriba, así que pienso en la calidez, y mi piel comienza a calentarse.


La casa de Baz está debajo de mí, en la distancia. El fuego que empecé todavía está ardiente; Miro el humo saliendo de la selva, y trato de acercarme - pero no puedo. Yo estoy hecho de la magia, y no hay más magia allí. Planeo en el cielo. Pienso en apagar el fuego. Las nubes están llenas de lluvia helada — así que pienso en empujarlas hacia el bosque, y se van. Y entonces pienso en Baz diciéndome que me vaya, entonces lo hago. Y entonces dejo de pensar.


Capítulo 73 Penélope Mi hermana pequeña, Priya, fue la primera en llegar a la puerta. Ella estaba esperando a Papá Noel — haciendo un gran trabajo, también; lo hizo hasta las cuatro de la mañana. Creo que ella duró más que Mamá y Papá. Priya oyó los golpes y pensó que fue el propio Papá Noel. No tenemos una chimenea; ella debe haber pensado que tenía que venir a través de la puerta principal. Cuando abrió la puerta, Simon cayó, y ella gritó. Yo no la culpo. Parecía Satanás encarnado. Alas masivas rojas y negras. Una cola de color rojo con una flecha negra al final. Se había echado algún tipo de hechizo en sí mismo que le hizo brillar de color amarillo y naranja, y él estaba cubierto de nieve y escombros, y usaba los más sucios y elegantes pantalones de pijama. Mamá y papá escucharon a Priya gritar y vinieron corriendo por las escaleras. Mamá gritó, también. Y entonces Papá gritó y luego aparentemente tuvo que mantener a Mamá de lanzar maldiciones — pensó que Simón estaba poseído o hechizado o que él se había convertido en Lucifer. El resto de nosotros bajó corriendo las escaleras y luego (a excepción de Premal, que no vino a casa, incluso para la Navidad) —vi a Simón y corrí hacia él. No se me ocurrió tener miedo de él. Eso trajo a Mamá y Papá a la normalidad. Mamá empezó a lanzar cálidos hechizos, y Papá consiguió un recipiente con agua caliente y un paño para limpiar a Simón. Terminamos de ponerlo en la ducha. Estaba tan agotado, que apenas podía estar de pie. Él no podía ni siquiera decirnos dónde había estado. Supuse que había regresado a la casa de Baz, pero yo no quería que mis padres supieran que nosotros habíamos dejado a Simón en la carretera en medio del campo en la víspera de Navidad. Ayudé a mi madre y a mi padre a darle una ducha, y a nadie le importaba que yo estaba viéndolo desnudo. Luego lo pusimos en algunos de los chándales de Mamá, y ella trató de meter su cola en una de las piernas. Seguí repitiendo, - ¡Tonterías! Hasta que mamá me dijo que me callara. - No está funcionando, Penny. - Pero funcionó la última vez. - Tal vez no es un hechizo, -dijo papá. - Tal vez él se transformó. - Tal vez él evolucionó, -dijo Priya desde la puerta del baño, - como un Pokémon. - Ve a la cama, Priya, -dijo papá. - ¡Estoy esperando a Papá Noel!


- ¡Ve a la cama! —Mamá gritó. Mamá estaba lanzando hechizos, también. - ¡Como tú estabas! — Y - ¡Volver al principio! - Cuidado, Mitali, —dijo papá. - Lo convertirás en un bebé. Pero ninguno de los hechizos de Mamá tocó a Simón. Intentó lanzar hechizos en Hindi, también. (Ella no habla Hindi, pero mi bisabuela lo hacía.) Nada funcionó. Pusieron a Simón en mi cama, y Papá pensó que debían llamar al Mago, pero Mamá dijo que deben esperar para ver lo que Simón quería que hicieran. (Simón parecía consciente, pero no decía nada. Y no iba a hacer contacto visual.) Mis padres todavía estaban discutiendo sobre ello después de salir de mi habitación y cerrar la puerta. - Ve a la cama, Priya! — Gritó mi padre. Me subí a la cama junto a Simon y puse mi mano del anillo sobre sus alas rojas. - ¡Tonterías!-Le susurré. - ¡Disparates!


Capítulo 74. Simon. En la mañana de Navidad me despierto en la cama de Penélope. Ella está sentada a mi lado, mirándome. — ¿Qué? — le digo. — ¡Gracias a la magia! Me preocupaba que nunca hablaras de nuevo. — ¿Por qué? —Porque no hablaste ayer en toda la noche. Por las serpientes del cielo, Simón, ¿Qué te paso? —Yo… —Estoy acostado sobre mi estómago. Trato de rodar sobre mi espalda, pero no puedo – las alas aún deben estar ahí. Solo pensar en ellas provoca que estas se extiendan de nuevo, y que golpeen a Penny. — ¡Simón! — ¡Lo siento! —le digo, tratando de tirar de ellas hacia atrás. —Lo siento. Penny toma el borde de un ala y la frota entre el pulgar y el índice. — ¿Son permanentes? —No lo sé —digo. —No intencionalmente. —Nosotros te cubrimos de hechizos ayer, y ninguno de ellos hizo nada. — ¿Quiénes son ‘nosotros’? —Yo, mis padres. ¿Siquiera recuerdas haber venido aquí? —Algo así… Recuerdo volar. No reconocí Londres. Desde arriba. Así que tuve que ir al Ojo, entonces una especie de medio-volar por las calles para encontrar tu casa. Anteriormente solo había venido aquí en metro. —Me pregunto si alguien te vio. —No lo sé. Trate de pensar en ser invisible… — ¿Tu qué? Cierro los ojos y ahora pienso en las alas. Pienso en que ya no las necesito más. Siento a la magia brotando de mí. (La magia últimamente siempre está brotando de mí. Siempre viene de la parte posterior de mi garganta.) Pienso en que ya no quiero volar, entonces pienso en regresar las alas de nuevo a mi espalda. Cuando abro los ojos de nuevo, Penny me está mirando, su mano vacía donde una vez el ala había estado. Ella luce sorprendida. — ¿Qué acabas de hacer? —Me deshice de las alas. — ¿Qué pasa con la cola? Bajo la mano y siento una cola de cuero. —Jesús. — Pienso duramente en deshacerme de ella, y ella se desliza por mi mano, arañando mi palma en su camino de regreso a mi cuerpo. — ¿Por qué siquiera tienes una cola? — pregunta Penny. —No lo sé —le respondo, sentándome. —Debo haber estado pensando en ese dragón.


—Simón… —Ella está sacudiendo su cabeza. — ¿Qué paso anoche? —El Humdrum — digo. —El me ataco en la casa de Baz. El trato de usar a Baz contra mí. —El creo el agujero más grande en Gran Bretaña. — ¿Qué? —Mi padre recibió la llamada esta mañana. Todo en Hampshire se ha ido.

— ¿Qué? —Papa y el equipo están ahí ahora, pero los Pitches les dijeron que no podían entrar en sus tierras. Lo llaman un acto de guerra. — ¿Por el Humdrum? —Por el Mago — ella dice. —Ellos dicen que él está controlando al Humdrum, incluso tal vez que el Mago es el Humdrum. Las Antiguas Familias han convocado a un Consejo de Guerra, nadie sabe dónde. Mi mama dice que el Mago está buscándote, pero ella sería condenada si le dice a él donde estas. A menos que quieras que le diga. ¿Quieres que ella le diga? —No sé, supongo que si… ¿Por qué los Pitches culparían al Mago por esto?Penny se muerde los labios y mira hacia abajo. —Creo que es debido a ti, Simón. Todo el mundo está diciendo que tú fuiste con los Pitches en vísperas de la Navidad e hiciste una especie de ritual para matar su magia. — ¡Estaba luchando con el Humdrum! Quiero decir, yo estaba tratando. El Humdrum le hizo algo a Baz. Él lo envió detrás de mí como lo hace con las criaturas oscuras. — ¿Así que luchaste contra Baz? — ¡No! Le di mi magia, para que el pudiera luchar contra el Humdrum. Era como un hechizo. El Humdrum estaba ahí, Penny, buscándome de nuevo… y esta vez me hablo. En mi voz. Él nos veía. Y luego… luego simplemente desapareció. ¿Y si el robo la magia de la casa de Baz por despecho? ¿Por qué le gane? Penny sigue mordiéndose el labio. — Sigo sin entender porque tenías una cola… —Yo -yo necesitaba salir de ahí — Tengo mis manos en mi cabello. Trato de recordar, claramente, como sucedió. —Cuando Baz era el mismo otra vez, salimos del bosque directamente a un punto muerto. Su familia se estaba volviendo loca, y Baz me dijo que me fuera. Así que… lo hice. No tenía otra manera de llegar aquí. —Así que tú volaste. —Si. Ella luce más preocupada de lo que la he visto fuera de la vez que nos secuestraron . — ¿Cuál hechizo utilizaste, Simón? —Penny… Fue como la última vez. Yo no lance ningún hechizo. Yo solo –hice lo que tenía que hacer. Ella se está viendo así misma retorcerse las manos en su regazo. — ¿Penny? — ¿Si? — Ella no levanto la vista.


— ¿Qué debería hacer? Ella suspira. —No lo sé, Simon. Tal vez Agatha tiene razón — Ella finalmente se encuentra con mis ojos. —Tal vez es el momento de hablar con el Mago. * * * Penny decide que primero debemos almorzar. Un almuerzo tardío. He estado inconsciente la mayor parte del día. Sus padres se han ido, y no hay nada en el refrigerador aparte de un pavo crudo. Penny no confía en sí misma para lanzar un hechizo para cocinarlo, así que comemos cereal, pan tostado y dulces navideños. Su hermana pequeña deambula por ahí. — Eres la razón por la que Papa Novel no ha venido — me dice. —Lo asustaste fuera de aquí. —Papa Noel llegará, Priya —dice Penny. Hay cinco niños en su familia. Premal, Penny, Pacey, Priya y Pip. (Penny dice que su madre debe ser arrestada por maltrato infantil, y su padre por negligencia.) —Papa Noel es una mentira —Pacey dice desde la sala de estar. —igual que Dios. No conozco a Pacey muy bien. Él está en Watford, en quinto año, pero Penny y él no se llevan bien. Penny y sus hermanos discuten constantemente. No estoy seguro si ellos saben comunicarse de otra manera. Todavía me siento terrible: frio y húmedo, a pesar de que estoy perfectamente seco y vestido con algo de ropa de Pacey. (me desperté en pantalones de correr de señora.) Y a pesar de que no podía sentir esa extraña cola de dragón cuando la tenía, ahora que se ha ido, pica un poco. Mi cereal sigue dando tumbos hasta mi garganta y los pasos duramente. Estoy tratando de no preocuparme o pensar acerca de lo que tengo que hacer después. Penny tiene razón, iremos con el Mago. El Mago nos dirá. Cuando alguien llama a la puerta, pienso que debe ser el. Priya va a ello, y Penny la detiene. Me levanto y convoco a mi espada, solo para estar seguro. Es Baz. De pie en el umbral de Penny, vistiendo ese traje negro verdoso de nuevo y oliendo un poco a humo. Su mano está en su bolsillo, y sus ojos son estrechos. El inclina su mentón. —Déjame entrar, Bunce. No hay tiempo para cortesías. — ¿No tienes que ser invitado adentro? — ella dice. Él se burla y ella agita la mano diciéndole que entre —Vamos. Baz se mete pasando a un lado de ella y mira alrededor de la sala de estar. — ¿Dónde está la oficina de tu padre? —Mi padre no está aquí, él está en tu casa. ¿Y qué te hace pensar que te dejare entrar a su oficina? ¿Por qué estás aquí?


—Estoy aquí, —dice Baz, viendo por encima de mí, entonces me observa de arriba abajo. — porque tenemos un acuerdo. Penélope se para en medio de los dos. —Si tú haces un solo movimiento hacia Simón, aunque sea solo un gesto, en mi casa, voy a masacrar a tu familia entera, Basilton. Los voy a matar con tanta fuerza, que ellos ni siquiera serán capaces de encontrar el Velo. Simón no lo hizo. Él se burla de ella un poco más. —Ahí es donde estas mal. Muéstrame la oficina de tu padre. ¿Hay mapas ahí? Estoy asumiendo que hay mapas. Los dos lo observamos. Yo, porque no puedo evitarlo. Penny, en estado de shock. — ¡Tregua! —dice. —Vamos, todavía estamos en tregua. ¡Tenemos que darnos prisa! Asiento con la cabeza. —Vamos, Penny. Llévanos arriba. Ella suspira y descruza sus brazos. —Bien, pero no pueden tocar nada ahí. Ninguno de los dos. La seguimos por la escalera. Baz me golpea con su hombro y su codo. — ¿Todo bien, Snow? — me pregunta en voz baja. —Si. ¿Tu? —Bien — dice. — ¿Tu magia? — le susurro. —Bien. El toca mi espalda ligeramente, no estoy seguro de que no fuera un accidente. Damos el último paso hacia el ático, donde trabaja el papá de Penny. Nunca he estado aquí antes, toda la habitación es mapas. Mapas en las paredes, cubiertas con cuerdas y pins. Mapas extendidos sobre mesas altas, sujetos en su lugar por tazas vacías de té. Una pared entera es una pizarra, llena de números y fragmentos de oraciones. —Encantador — dice Baz. —Te pareces a esto Bunce. El camina por la habitación hasta que encuentra lo que estaba buscando. —Ahí — él dice. — Ya etiquetado. — Doy un paso detrás de él. Es un mapa de la región del suroeste con un hilo rojo alrededor de Hampshire. La bandera en el pin dice, NOCHEBUENA 2015. —Ayer por la noche, el Humdrum ataco a Simón, y se abrió el agujero más grande en Gran Bretaña — El mira hacia nosotros. — ¿Cuándo ataco el dragón Watford? ¿Qué día? Me encojo de hombros. —Fue después de nuestro examen de Palabras Mágicas — dice Penny. —Mediados de noviembre. —Bien… —Baz camina alrededor de la habitación, leyendo las banderas. Él se detiene frente a un mapa de Escocia. —Ahí — dice. — Quince de noviembre. La isla de Skye. — ¿Estás diciendo que el Humdrum está vinculado con los agujeros? — pregunta Penny. — Porque de hecho ya sabíamos eso. —Estoy llegando ahí, Bunce… Ahora, ¿Cuándo aparecieron por primera vez los agujeros? — ¿Realmente tenemos que hacer esto por el método Socrático?


Baz le frunce el ceño. Penny suspira. —Nadie sabe realmente. No empezamos a documentar los agujeros hasta 1998, pero para entonces ya había pequeños agujeros por todo el país… El rápidamente asiente con la cabeza, interrumpiéndola. — ¿Y cuándo naciste, Simón? Se podría pensar que yo lo sabría, pero no puedo recordar alguna vez en la que celebraras tu cumpleaños. Me encojo de hombros otra vez. Entonces me aclaro la garganta. —No lo sé. Quiero decir… nadie lo sabe. Ellos solo lo adivinaron cuando me encontraron. —Pero probablemente ahora tienes dieciocho. ¿Tal vez diecinueve años? —Ellos pusieron 1997 en mis papeles. Baz asiente. —Bueno, 1997, un poco antes de que los agujeros fueran descubiertos. ¿Y cuándo te diste cuenta que eras un mago? Ahora Penny está prestando atención. Ella y yo nunca hemos hablado de esto. No me gusta hablar de esto. —No me di cuenta —le digo. —El Mago me dijo. Baz me está clavando a la pared con sus ojos. — Pero, ¿Cómo lo sabía el Mago? ¿Cómo te encontró? Me aclaro la garganta. —Explote —Ambos saben lo que eso significa. Pero yo no lo sabía, no a los 11. Me desperté a mitad de la noche, durante una viciosa pesadilla. Me había ido a la cama con hambre, y en mi sueño, mi estómago estaba en llamas. Me desperté, sin aliento, y la magia estaba saliendo de mí. El Hogar de los Niños fue quemado fuera de la tierra, y todos en ella despertaron a calles de distancia. Ilesos, pero aun así, a calles de distancia. (Una vez vi un programa acerca de tornados en América, y ellos mostraron muebles que habían sido tomados y movidos a miles de yardas de distancia sin romperse. Fue algo así.) —Encendiste la atmosfera mágica como a un árbol de navidad — dice Baz. —Como una bomba de alfombra —Penny interviene. —Mi mamá realmente vomito cuando paso. — ¿Cuándo? —dice Baz. — ¿Cuándo ocurrió? —Agosto —le digo. Yo sé que realmente ya lo sabe. —El año en el que empezamos la escuela. —Agosto —dice Baz. —2008 —El camina por la habitación. —Aquí —dice, señalando un punto muerto en el mapa. —Y aquí — el señala otro. Penny y yo observamos el mapa. Luego ella da un paso hacia adelante. Ella apunta a un círculo. —Y en Newcastle… — dice en voz baja. —Y un montón de los pequeños en la costa. Los agujeros cambiaron ese año. Mi papa dice que ellos aumentaron de tamaño. —Pero –pero ¡yo no he estado en ninguno de esos lugares! — Yo farfullo. —Nunca había estado en el lugar de un punto nuevo antes de ayer por la noche. Baz se vuelve hacia mí. —No creo que debas estar ahí. Para que esto ocurra. — ¿Simon, — pregunta Penny. —cuando explotaste con la quimera? —En nuestro quinto año —dice Baz. —Primavera del 2013.


—Aquí —Penny dice, señalando. —Y uno grande por allá. — ¿Están diciendo que soy el Humdrum? — Doy un paso lejos de ellos. — Porque no soy el

Humdrum. Baz se encuentra con mis ojos. — Lo sé. Sé que no lo eres. Pero Simon, escucha. El Humdrum nos dijo, él dijo que él no toma la magia, que él es lo que queda cuando tú terminas. — ¡Ni siquiera sé lo que eso significa, Baz! —Me siento como que podría irme afuera ahora mismo. Mis dedos están zumbando. —Significa que el Humdrum no toma la magia, Simon, tú lo haces. Penny jadea. —Simon. La primera vez que explotaste, tú tenías once años de edad… —Exactamente — dice Baz. —Probablemente vistiendo una camiseta de mierda y desechados vaqueros… y rebotando esa jodida pelota. Ahora ellos se estaban viendo el uno al otro. —Simon exploto, —dice Penny. —y el aspiro demasiada magia… Baz asiente con entusiasmo. — ¡El abrió un agujero en la atmosfera mágica! — dice Penny. —Un agujero en forma de Simón… — Baz está de acuerdo. Sostengo mi cabeza con ambas manos, pero aun así no tiene sentido. — ¿Están diciendo que he creado un gemelo malvado? —Más como una impresión — dice Baz. —O un eco —dice Penny, todavía asombrada. Baz trata de explicarlo de nuevo. —Es como que tu utilizaste mucha magia a la vez, y dejaste huellas… impresiones de todo tu ser. —Pero… —digo. —Pero… — Penny niega con la cabeza. — ¿Por qué la atmosfera mágica no solo acomodo a Simón de la manera en la que acomoda a todos los magos poderosos? Es un sistema balanceado. —Así es la tierra —dice Baz. —pero si tu talas un bosque, el ecosistema no se recupera solo. — ¡Esto no tiene sentido! — digo. —Incluso si lo hice, si abrí un agujero con mi forma, ¿Cómo llego a la vida? Y ¿Por qué es un monstruo? — ¿Está vivo? — pregunta Penny. — ¿Y es un monstruo? — ¡Estamos hablando de el Insidious Humdrum! — grito. —Estamos hablando de un agujero — dice Baz con calma. — Piensa en ello. ¿Qué quieren los agujeros? — ¿Ser llenados? — Supongo. Sé que no lo estoy comprendiendo. —Crowley, no —él dice. —Crecer. Todo quiere crecer. Si tú fueras un agujero, todo lo que querrías sería ser más grande — ¡Eso es, Baz! —Penny lanza sus brazos alrededor de él. — ¡Eres un genio! El la aleja después de un segundo. —Cuidado. También soy un vampiro.


Me desplomo contra una de las paredes; unos cuantos pins caen al suelo. —Todavía no lo entiendo. —Simon — dice Penny. —Eres muy poderoso. Utilizas mucha magia a la vez. La atmosfera mágica no puede soportarlo –solo colapsa cuando tu explotas. —Teóricamente — dice Baz. —En teoría — ella está de acuerdo. —Pero… —digo. Tiene que haber más ‘peros’. — ¿Por qué el Humdrum sigue intentando matarme? ¿Por qué envía toda criatura oscura detrás de mí? —Él no está tratando de matarte —dice Baz. —el esta tratando de hacer que explotes. —Y usar más magia — dice Penny. Baz mueve su mano hacia los mapas detrás de él. —Para hacer un agujero más grande. Me quedo mirándolos. Ellos me observan. Ellos todavía parecen muy orgullosos de ellos mismos, y emocionados, como si ellos no estuvieran mirando a la mayor amenaza que el mundo mágico haya conocido. —Tenemos que decirle al Mago —digo. El rostro de Baz se descompone. —Sobre mi cadáver.


Capítulo 75. Baz. —Si esto es verdad —dice Snow. —Si incluso un poco de esto es verdad, no podemos mantenerlo en secreto. Tenemos que ir con el Mago. Sabía que esto iba a suceder. Sabía que esto iba a ser la solución. He sabido desde el principio que Simón iría corriendo hacia al Mago si las cosas se tornaban serias. —la mierda que lo haremos, — le digo. —Tenemos que ir con los Numpties. —Los Numpties — dice Snow. Como si el no pudiera creer lo que estoy diciendo. — Me acabas de decir que estoy destruyendo el Mundo de los Magos, y ¿ahora tú quieres ir a una cazar Numpties? —Tenemos un acuerdo — le recuerdo. Trato de sonar urgente, no desesperado. Snow me mira divertido, como si estuviera hablando acerca de cómo ahora somos novios. Como si eso todavía le importara a alguien. Suspiro con amargura. —No ese acuerdo, idiota, prometiste ayudarme a encontrar al asesino de mi madre. —Voy a ayudarte a encontrar al asesino de tu madre — dice Snow. — después de que nosotros sepamos como detener esto. —Su cabeza cae hacia atrás. —Tal vez. Quiero decir. Si todavía estoy vivo para ese entonces, si el Mago no decide que la respuesta a nuestro problema es solo terminar conmigo. —Simon — Bunce amonesta. —El tendrá que ponerse en la fila — dice. —una vez que mi familia se entere de lo que está pasando, una vez que todo el Mundo de los Magos se entere. Las Antiguas Familias ya piensan que el Mago y tu están tramando tomar su magia. La persona que termine contigo llevara una corona. —Baz — dice Penny. —Supongo que piensas que vas a ser tu — dice Snow, entrecerrando los ojos. —Tenemos una tregua — le digo, mi voz en aumento. —esta mierda ya ha tocado el techo, y si nosotros no resolvemos el asesinato de mi madre ahora, nunca lo haremos. Y tú lo prometiste, Simón. Yo lo prometí. — ¡Hay cosas más importantes de las que preocuparse ahora mismo! —Snow me grita. — ¡Nada es más importante que mi madre!


Capítulo 76. Baz. Solo recuerdo donde viven los Numpties porque Fiona lo dijo, —Cristo, que desastre, y justo debajo del puente Blackfriars. Esta ciudad se ha ido directamente al infierno. — Cuando ella me estaba arrastrando a su auto. No toma mucho tiempo llegar a Blackfriars de Hounslow. Es el día de navidad, y no hay nadie afuera. Estaciono el auto y le quito la nieve al camino para llegar al puente. Estoy empezando a sentir un poco de pánico. Sé que no debería haber venido solo, pero a cualquier persona a la que le podría haber preguntado por ayuda me habría arrastrado al asunto en cuestión: el hecho de que mi familia es ahora mágicamente sin hogar. Incluso Fiona no me hubiera escuchado hoy. Simón y Penny están de vuelta para salvar el día. O destruirlo. Tal vez, ambos. Está todo bien; Siempre supe dónde estaba yo con Simón –justo por debajo del resto del mundo. Y lejos, muy lejos del Mago. Está bien. Está todo bien. Tengo miedo –pero eso es razonable. Intenta volver al lugar donde permaneciste en un ataúd hasta que no podías recordar cómo se veía la luz. Pero ahora estoy en una mejor posición que la última vez. Soy consciente, por ejemplo. Tengo mi varita. Y la valentía está conmigo. La puerta de la guarida de los Numpties es fácil de encontrar –es básicamente un agujero en los pilares. Me deslizo hacia abajo un poco en el barro, y mi estómago se revuelve ante el olor. Papel mojado y decadencia. Estoy en el lugar correcto. Está muy oscuro aquí abajo, incluso para mí, así que alzo mi mano y enciendo un fuego en mi palma, iluminando un círculo de nada a mí alrededor. Dejo que las flamas se hagan más grandes… y veo mucha más nada. Estoy en una cámara llena de escombros. Trozos de pavimento. Largas piedras. Nada de esto es familiar. Estaba inconsciente cuando me trajeron aquí y mayormente inconsciente cuando me fui. Realmente ni siquiera sé cómo lucen los Numpties. Me aclaro la garganta. Nada pasa. Me la aclaro nuevamente. —Mi nombre es Basilton Pitch. — Llamo en voz alta. —Estoy aquí para hacerte una pregunta. Una de las grandes cosas rocosas comienza a temblar. Mantengo el fuego en esa dirección. Y mi varita.


La cosa rocosa grande se abre como un Transformer en una cosa más grande que parece que está vistiendo un suéter gigante de color avena. —Tu. — retumba una voz como las obras de carretera. Es un estruendo familiar. Siento que las paredes se cierran sobre mí, y mi boca sabe a sangre rancia. (La sangre es más espesa cuando esta rancia; se coagula) —Tú— La cosa dice — Tú has matado a alguno de nosotros. —Bueno, ustedes me secuestraron —digo — ¿Recuerda? —No te matamos —dice. Ahora hay más cosas, apareciendo a mí alrededor. No veo de donde están viniendo, pero parece haber menos escombros en el suelo. Trato de distinguir sus rostros, todo acerca de ellos es amarillo-gris en amarillo-gris. Ellos son como pilas de cemento húmedo. —Estaban encaminados a matarme, — digo —pero eso no es por lo que estoy aquí. Vine a hablar con ustedes. Estoy rodeado de ellos ahora. Es como estar dentro de un círculo de piedra. —No nos gusta hablar — suelta uno. Podría haber sido el del suéter de nuevo. O podría haber sido este, a mi lado, vestido con una manta eléctrica, el enchufe arrastrándose detrás de el en el suelo. —Demasiado frio para hablar — otro gruñido — Es tiempo de descansar. Así es, se me olvido. Los Numpties hibernan. Debo haberlos despertado. — Ustedes pueden descansar — digo — los voy a dejar. Solo díganme una cosa… Ellos se rugen entre sí. — ¿Quién los ha enviado detrás de mí? Los Numpties no contestan. Siento como que ellos se están moviendo más cerca de mí, aunque yo no puedo ver que eso pase. — ¿Quién los ha enviado a tomarme? — grito. Estoy sosteniendo mi varita en el aire. Tal vez ya debería estar lanzando hechizos en este punto, pero matándolos no voy a conseguir respuestas. ¿Y qué pasa si se defienden? ¿Ya se están defendiendo? De repente se siente como si estuviera siendo apretado entre paredes de piedra. Ellos se están acercando a mí, apretando alrededor de mi brazo izquierdo… alrededor del fuego en mi mano…

el fuego. —Si me aplastan — les grito — ¡mi fuego se apagara! El crujido se detiene; creo que se quedaron quietos. Ellos parecen asentarse en losas descuidadas alrededor de mí, alrededor de mi mano. ¿Cuánto tiempo ellos piensan que puedo estar así? (¿Y porque ellos solo no se mueven a un lugar tropical?) —Díganme — ordeno. — ¿Quién los envió por mí? —No decir— uno de ellos contesta. Es como escuchar rocas rompiéndose en la grava. — ¿Por qué no? La pared detrás de mí se sacude más cerca. — Nos dijo que no lo hiciéramos. Me paro mas derecho -Bueno, pues yo les digo que lo hagan. —Nos mantuvo cálidos — el más grande dice.


—No lucen cálidos. —Nos mantuvo cálidos por un tiempo —dice. —Nos dijo que no habláramos —refunfuña otro. —No nos gusta hablar. Dejo que el fuego en mi mano se apague, y ellos hacen ruido como de diez mil dientes rechinando. —Más fuego — escucho. — Más fueeeeeeego. — ¡Les daré más fuego cuando contesten mi pregunta! — Ellos están vibrando. No estoy seguro si es por la ira la impaciencia o algo más. — ¿Quién te envió? ¿Quién te pago para tomarme? —Nos calentaba. — ¿Quién? —Uno de ustedes. —Personas de magia. — ¿Cuál de nosotros? ¿Era un hombre? ¿Cómo lucia? —Como un hombre. Suave.

—Calentar. —Mancha de humedad en el suelo. —Verde. — ¿Verde? — le digo. El más grande de los Numpty aparece, entonces se encoje en una pila justo en frente de mí, obligando a los otros a alejarse — ¡Tu lapida! —Uno de ustedes. —Calentar. —Tomen al mocoso vampiro —el grande gruñe — manténgalo en la oscuridad, denle sangre. —Manténgalo hasta que el frio llegue y permanezca. —Fuego. Calentar. Usted lo prometió. Ellos de nuevo están presionando más cerca. —Usted lo prometió. Hago de nuevo el fuego en mi mano, pero en lugar de retroceder, ellos se aplastan más cerca de él; ni siquiera puedo ver mi muñeca. — ¡Retrocedan! — les grito. Mi brazo se está desprendiendo de mi hombro, y mi brazo varita está siendo presionado contra mi oreja. — ¡Apártense! —Di papel vence a la roca — alguien grita. No es un Numpty ¡Es un hombre! — ¡¿Qué?! —Papel vence a la roca –hazlo. Yo lo digo, — ¡Papel vence a la roca! — y entonces un específico tipo de caos estalla. Hay alguien saltando en la parte superior de los Numpties, golpeándolos con hojas de periódico como si estuviera jugando a whack-a-mole1, Ellos tratan de empujarse lejos, pero cuando él los golpea, se quedan quietos. Realmente quietos. La presión alrededor de mí se detiene. Miro hacia arriba y no veo a nadie más que Nicodemus de pie en la cima del más grande Numpty, recuperando su aliento.


— ¿Qué demonios estás haciendo aquí? — Le pregunto, mi boca sin duda abierta. Él se burla. —He venido para salvarte de los Numpties. — ¿Tu solo acabas de ponerlos a dormir con El Guardián? —Lo hice. ¿Por qué tu no? Nicodemus está usando una chaqueta barata sobre una camiseta blanca, pantalones negros con una billetera con cadena, y unas antiguas Doc Martens con puntas de acero. Está claro lo que mi ridícula tía vio en él. Él se agacha y toma mi muñeca, señalando con mi varita a la pared de roca que tiene atrapado a mi otro brazo. —Tener un descanso, tener un Kit-Kat. — ¿Qué? —Dilo. — ¿Por qué? El aprieta mi muñeca. — ¡Tener un descanso, tener un Kit-Kat! — digo, y la roca se desmorona alrededor de mis brazos. —Eso no debería funcionar — le digo, sacudiendo mi mano libre. Los Numpties no se despiertan, a pesar de que estoy rompiendo piezas de ellos. —Deja de quejarte — Nicodemus dice — y vamos. Los periódicos no los sostendrán para siempre. El sostiene su brazo hacia mí, así que lo tomo, a pesar de que el huele como a sangre agria y sidra. El me arrastra hasta que también estoy de pie sobre los Numpties. Saltamos de uno al siguiente, hasta que estamos en el suelo. —Por este camino — Nicodemus dice, encendiendo una linterna grande. Lo sigo hasta el sendero de barro y hasta la luz del día. Tan pronto como cuando estamos en la superficie, lo empujo lejos de mí. —Mira esto — dice — ¡Acabo de salvar tu vida! —Tu solo arruinaste mi plan ¡Ellos estaban a punto de decirme quien me secuestro! —Ellos ya te lo dijeron — gruñe — ¡Fue el Mago! El Mago. El hombre verde. La lapida. ¿El Mago? Nico curva sus labios, así que puedo ver su falta de colmillos. —El Mago fue quien te secuestro — él dice. El sigue caminado hacia adelante, y yo sigo dando pasos hacia atrás. — Y el Mago fue quien dejo que los vampiros entraran a Watford. — ¿Qué? —Me tropiezo en la nieve, sorprendiéndome a mí mismo. —El hizo un trato con ellos —Nicodemus dijo, a pulgadas de mi cara. — Si ellos atacaban Watford y le daban a todos un buen susto, el los dejaría vivir en Londres, sin molestarlos. Él me quería a mí para hacer el trato, pero yo no lo haría, así que el busco a alguien más. — ¿El Mago envió vampiros para matar a mi madre? —Trate de advertirle, pero ella no creería ningún juramento de merlín proveniente de mí — Nicodemus se encoje de hombros. —Por si sirve de algo, yo no creo que la meta del Mago era matar a tu mama, pero no creo que le importara mucho. Eso hizo todo más fácil ¿no es así?


Doy otro paso atrás. — ¿Por qué me estas contando esto ahora? ¿Por qué no antes? ¿Y siquiera por qué estás aquí? ¿Me seguiste? — Giro mi cabeza alrededor, buscando por más vampiros. ¿Esto es una trampa? —No podía decirte — Nicodemus dice. — ¡El me habría matado! Pero ahora no importa lo que el haga. Él fue y arresto a mi hermana ¿no? Tu Mago. Él ahora tiene a Ebeneza. Y necesitó tu ayuda para traerla de vuelta. Fue el Mago. Fue el Mago todo el tiempo. Quiero decir, yo siempre pensé que era el, pero realmente no pensaba que fuera él. ¿Cómo pudo? Él es el Mago. ¿Cómo el simplemente pudo…? Hago un ruido como Snow, un gruñido que empieza en mi estómago y desencadena en mis colmillos. Entonces me vuelvo y corro a mi auto. Nicodemus corre detrás de mí. El agarra mi brazo. — ¡Espera! Voy contigo. —No vas a venir conmigo. —Te lo dije ¡él tiene a mi hermana! — ¿Qué me importa? —Voy ayudarte a luchar. —No quiero tu ayuda, monstruo. —Es una pena — él dice, empujándome. — ¡Tú la vas a tener! Somos interrumpidos por ladridos desesperados. Un Normal está paseando a su perro, a crosseyed Cavalier spaniel, y él ha tomado interés en mí y Nicodemus, ladrando como un loco. —Vamos, Della — El Normal tira de su cadena, y el perro casi se ahoga a si mismo saltando hacia nosotros. Bark, bark, bark. Podría jurar que está diciendo: — ¡Baz! ¡Baz! ¡Baz! Me aparto de Nicodemus y miro más de cerca al spaniel. — ¿Estás diciendo mi nombre? — ¡Baz! — el perro ladra. — ¡Gracias a la magia! ¡Soy yo, Penelope! — ¿Bunce? — suena como ella. En un modo canino. — ¿Quién te convirtió en un perro? — ¿Soy un perro? — Ella ladra. — El hechizo nunca antes había trabajado de esta manera. Baz, ¡tienes que venir a buscarme! — El Normal se inclina a recoger a su perro, como si yo fuera una amenaza para ella. Lo soy. Agarro al perro y lo sostengo frente a mi cara. —Oye, ahora —el Normal dice. Nicodemus le sisea y el hombre suelta la cadena del perro. — ¿Bunce, de que estás hablando? —Baz, no podemos dejar que Simon se enfrente al Mago solo. Realmente tengo un mal presentimiento acerca de eso. ¡Necesito que vengas a buscarme! Simon. A solas con el Mago. Con el asesino de mi madre. —Ya estoy yendo — Meto al animal bajo mi brazo y miro hacia el Normal. —Necesito que me prestes a tu perro. —Tú no puedes simplemente…. Sostengo mi varita. — ¡No hay nada que ver aquí! — El Normal nos mira, luego hacia abajo a sus manos, entonces saca un cigarrillo de su bolsillo.


Empiezo a correr hacia mi auto. Nicodemus está justo detrás de mí. — ¡Voy contigo! Sigo corriendo. El agarra mi brazo de nuevo, y yo me giro, encendiendo un fuego en mi palma. El salta hacia atrás. El spaniel Bunce le gruñe. —Tengo que salvar a mi hermana — dice. — y tu podrías utilizar mi ayuda. Sabes que no puedo entrar por mi cuenta. Inclino mi barbilla. — Yo podría utilizar tu ayuda. Y si lo que dices es cierto, Ebb ciertamente podría. Pero yo voy a ser condenado dos veces al infierno antes de dejar entrar a un vampiro a Watford. Incluso a uno sin colmillos.


Capítulo 77 Agatha. —Oh, gracias a la magia. — dice Mama. Ella está de pie en mi puerta, en bata. Levanto mi cabeza de mi almohada. — ¿Qué? — Me quede dormida con la ropa puesta, encima de las mantas. No sé qué hora es. —Mitali Bunce acaba de llamar. Simon y Penélope han huido a quien sabe dónde, y pensaba que tú podrías estar con ellos. —No ¿Ellos han huido? —Ella espera que ellos solo hayan huido, que no han sido secuestrados. — La voz de mi mama se quiebra. — Después de la última noche. —Mama, ¿Qué pasa? —Ha habido otro ataque — dice ella. —Ese horrible Humdrum. El ataco a los Pitches. Se comió todo. Es una vergüenza. Era el estado más grandioso en la magia. —Pero Simón…—digo. — ¿Qué querida? ¿Él te dijo algo? * * * Ellos han ido a buscar a los Numpties. Estoy segura de ello. Es exactamente el tipo de cosa que ellos harían. Correr a enfrentarse a una pandilla de ogros sin hablar con sus padres o pedir ayuda… Pienso en decirle a mi madre. Que Simon estaba con los Pitches la noche pasada. Que él y Penny –y Basilton Grimm-Pitch – estaban conspirando juntos. Pero mi mama me preguntaría acerca de porque no le conté esto antes. Y entonces pienso que ella me diría que mantuviera la boca cerrada. Nada bueno vendría de involucrarse ahora, con todo el Mundo de los Magos al borde de la guerra, o posiblemente ya en guerra. Mi mama dice que mi papa está en una reunión de emergencia del Aquelarre. Y el Mago está encerrado en su torre, comunicándose con las estrellas o algo así. Puedo decir que ella esta aliviada de que no estoy con Simón y Penny, pero también extrañamente preocupada. —Agatha, es todo, tu sabes, con Simon? — ¿Aparte del hecho de que él está perdido? —Sabes lo que quiero decir, querida. Entre ustedes. Ustedes dos. —Estamos bien — le aseguro. No voy a decirle que nos separamos. Ni siquiera sé si Simon está vivo; No le voy a decir a mi madre sobre mis arruinadas posibilidades hasta que sea absolutamente necesario.


Consigo un poco de restos de la comida de la fiesta – una soda de dieta and un poco de tostadas de alcachofa – y vuelvo a mi habitación. Me quede dormida la noche anterior antes de la fiesta de mis padres, y ellos nunca me despertaron. Deben haber decidido que necesitaba descansar. Tomo un bocado de pan. No hay nada que pueda hacer al respecto. Nada. Ni siquiera se realmente dónde está Simon. ‘’Afuera atrapando Numpties’’ no es útil. ¿Qué otra cosa se aparte de que el probablemente esta con Baz? ¿Qué él y Baz ahora son amigos? Eso no es una pista. Todavía no puedo creer que sean amigos. Puedo creerlo de Simon; él se hará amigo de cualquiera que esté dispuesto. De cualquiera a quien no le importe los riesgos de hacerse amigo de una bola de demolición humana. ¿Pero que gana Baz? Todo lo que Baz siempre ha querido de Simon es su desaparición. Baz haría cualquier cosa para conseguir a Simón fuera de su camino. Cualquier cosa… ¿Y si todo esto es un truco? ¿Qué, si Baz está atrayendo a Simon a las Numpties? Como me atrajo al bosque esa noche… Bien. El realmente no me atrajo. Yo lo seguí. Pero aun así. Pero aun así… Baz es un vampiro. Baz es un villano. Baz es un Pitch. Mi teléfono esta en mi mesita de noche. (Tengo permitido tener uno en casa) Lo recojo y le mando un mensaje a Penny.

Tu mama te está buscando. Todo el mundo está preocupado. Y:

¿Ustedes están luchando con Numpties? ¿Necesitan ayuda? Yo podría conseguir ayuda. Entonces:

¿Estas con Baz? Yo creo que podría ser un truco. Que él está tratando de dañar a Simon. Y entonces:

Podrías haber dejado al menos una nota. Eso parece bastante básico. Lanzo el teléfono en la cama y abro mi soda de dieta. La foto de Lucy y Davy está metida bajo mi almohada. La saco. ¿Qué haría la valiente y audaz Lucy Salisbury en una situación desesperada como esta? Huir a California como un ser humano racional, al parecer. Dejárselo a los héroes. Si Baz ha convertido a Simon, no hay nada que pueda hacer para ayudar… Pero no me puedo quedar aquí sentada, sin hacer nada, ¡maldita sea! (Maldito el) (Malditos todos) Incluso cuando yo no estoy involucrada en su estúpido drama, me siento involucrada, todavía tengo que hacer mi parte… Y esa es la parte donde siempre grito por ayuda.


* * * Mi madre estĂĄ en el telĂŠfono cuando me deslizo fuera. Tomo el Volvo.


Capítulo 78 Baz Me tomó un buen rato comprender que Bunce estaba poseyendo al perro - que no estaba atrapada dentro de su cuerpo. Nunca he oído hablar de tal cosa. Estoy seguro de que no es legal. La verdadera Bunce, una aterradora maga, está escondida detrás de un seto en Hounslow, esperándome. Estoy en mi camino para llegar a ella. -Yo no tendría que hacer esto si no fueras tan reservado acerca de tu número telefónico!- ella dice (parlotea) desde el asiento trasero.

Penelope. Me estoy escondiendo en el jardín de nuestro vecino. No puedo ir a casa porque sé que si Mamá está ahí, no me dejará salir. Y tengo que salir - no puedo dejar que Simón se enfrente al Mago solo. Él ya podría estar en Watford. Probablemente el solo pensó en teletransportarse y llego allí.. Yo, enserio, tengo suficiente con Simón. Él me iba a dejar ir con él, pienso, después de que Baz se fuera enojado. Pero luego trate de hablar con él - traté de razonar con él. -Tal vez Baz tenga razón, -dije. Simón estaba paseándose por todo mi dormitorio, balanceando su espada, y se detuvo para darme una mirada desdeñosa. -¿En serio, Penny? ¿Numpties? -No, no acerca de las Numpties - pero, Simón, piensa en ello, ¿Qué va a pasar cuando la gente descubra algo acerca de ti? -¡No me importa la gente!- gruñó. Lo hice callar. Mis hermanos y hermanas pequeñas aún estaban arriba. -Te importa el Mago,- le dije. -¿Que va a pasar cuando él descubra que tú estás robando magia? -No la estoy robando, -susurró. -¡Lo que sea que estés haciendo!- susurre de vuelta. -¿Qué va a pasar? -¡No lo sé! el Mago decidirá.


Ahí fue cuando probablemente debería haber abandonado. Pero en cambio, me paré frente a él y tomé su mano. Él dejó que la tomara. -Simón,- dije, -tal vez deberíamos ir. Me miró confundido. Agarró su espada con la otra mano. -Penny. Eso es lo que estoy diciendo. Tenemos que ir. -No.- me acerqué a él, apretando su mano. -Creo que esta podría ser nuestra única oportunidad de… marcharnos. Me miró como si estuviera chiflada. Persistí con eso: -Todo el mundo ya te ha conectado al Humdrum. Cuando se dan cuenta de lo que verdaderamente está pasando, incluso las personas que se preocupan por ti - eres una amenaza para todos, Simón. Para todo nuestro mundo. Una vez lo descubran…Tal vez está es nuestra última oportunidad de marcharnos. Podríamos simplemente…irnos. Sacudió la cabeza. -¿Ir dónde, Penny? -A donde sea,-dije. -lejos

Simón. Lejos. No hay lejos. Solo hay aquí y Normal. ¿Penélope cree que eso podría ser un escape para mí - huir de la magia? Ni siquiera creo que sea posible. Yo soy magia. Y lo que sea que estoy haciendo, huir no lo detendrá. -Tengo que arreglar esto,- dije. -Es mi trabajo arreglarlo. -No creo que puedas,- ella dijo. Deje ir su mano. -Tengo que. Es por eso que estoy aquí. Pero tal vez no es por eso que estoy aquí. Tal vez estoy aquí solo para arruinar todo… No cambia lo que tengo que hacer a continuación.

Penelope -Voy a hablar con el Mago,- él dijo. -Simón,- le supliqué, -Por favor no lo hagas. Pero él ya había dejado de escucharme. Alas rojo oscuro estaban desplegándose de sus hombros, y esa cola como una flecha se envolvió hacia abajo en su muslo. Me miró con la mandíbula apretada. Y luego se fue. Fue entonces cuando llamé a Baz. Él se detiene en un auto deportivo de color vino tinto. Salgo de entre los arbustos, y Baz ya se ha inclinado para abrir la puerta del auto. Hay un pequeño perro bizco en el asiento trasero. Rompo mi hechizo de posesión, y él aúlla.


Capítulo 79 Lucy Nos colamos de regreso en Watford en el equinoccio de otoño. - Él nacerá en el solsticio, — dijo Davy, tirando de me hacia el agujero en el piso de la vieja habitación del Oráculo, en la cima de la Capilla Blanca. - O ella, — dije. Él rió. - Supongo que eso es cierto. Trepe por el suelo de madera. - ¿Cómo los oráculos llegan hasta aquí arriba? — - Solía haber una escalera, — él dijo. La habitación era redonda, con vitrales curvos y un techo abovedado con una pintura intrincada - un mural de un hombre y una mujer tomados de la mano en un formando un anillo, mirando hacia un campo de estrellas de aluminio y una escritura adornada negra. Solo podía distinguir algo de ella — En la matriz del tiempo. Shakespeare. - ¿Cómo encontraste este lugar? — Davy se encogió de hombros. - Explorando. Él conocía Watford como ningún otro. Mientras el resto de nosotras había coqueteado y estudiado, él había recorrido cada pulgada. Lo vi dibujar un patrón en el piso con sal, aceite y sangre azul oscura. (No un pentagrama - algo más.) Y yo tiré mi chal alrededor de mis hombros y piernas. Nosotros no habíamos traído nada. Mantas o almohadas. O colchonetas. Davy tenía un block de notas, y seguía revisándolo. - ¿Estás seguro de todo? — le pregunte por vigésima vez esta semana. Él había sido más indulgente conmigo desde que accedí a esto. Yo estaba de acuerdo con eso. Pensé… Pensé que Davy lo haría sin mí. Que él podría encontrar la manera. Pensé en que mientras yo estuviera allí, podía controlarlo para que no fuera demasiado lejos. Y pensé…que Davy quería un hijo. Después de todo, estábamos hablando acerca de un niño. Él me estaba pidiendo que tuviera un hijo suyo. Cambiar nuestras vidas. Yo quería eso. -Estoy seguro, — dijo Davy. - He comparado el ritual y las frases en tres fuentes; las tres cuentas se completan entre sí, y la discrepancia es pequeña. -¿Por qué nadie ha probado esto? — pregunté. -Oh, creo que lo hicieron, — él dijo alegremente. - Pero nosotros no. Tú misma lo dijiste, nadie ha estudiado estos rituales como yo lo he hecho. Ninguno de estos estudiosos tenían accedido a las notas del otro.


Él había compartido alguno de los hechizos conmigo. Beowulf. La Biblia. Me envolví más apretadamente con mi chal- Así que no hay riesgo. -Siempre hay riego. Es la creación. Es la vida. -Es un niño, — dije. Se puso de pie y saltó sobre sus diseños para agacharse en frente de mí: - Nuestro hijo, Lucy, el mago más poderoso que el Mundo de los Magos jamás ha conocido. *** La habitación estaba iluminada con siete velas. Y Davy coreaba cada hechizo siete veces. ¿Por qué es siempre siete? Me pregunté, tendida de espaldas sobre el piso frío de madera. Desearía que nosotros hubiésemos traído música. Pero había gente cantando afuera - los estudiantes en la fogata por el equinoccio afuera en el Gran Césped. La noche estaba resultando más solemne de lo que esperaba. Había sido una alondra, colándose en Watford, buscando la habitación escondida. Pero ahora Davy estaba concentrado y tranquilo. Me pregunté cómo sabríamos si el ritual había funcionado… ¿Cómo sabríamos si nuestro bebé era el mago más poderoso del mundo? ¿Se vería diferente? ¿Brillarían sus ojos? Davy dijo que no podríamos hablar en absoluto durante el ritual, así que en vez de eso atrapé su mirada. Parecía feliz, emocionado. Porque él está finalmente haciendo algo -pensé- no solo gritando hacia el cielo. Traté de no hablar. Me quedé muy quieta. Y sabía — oh, Sabía el momento en el que sucedió que la magia y la suerte estaban de nuestro lado. Hubo un tirón en el fondo de mi vientre. Como si una estrella había colapsado allí. El mundo alrededor mío se puso en blanco, y toda mi magia se contrajo en una bola apretada en mi pelvis. Cuando pude ver de nuevo, todo lo que podía ver era la cara perfecta de Davy encima de la mía, más feliz de lo que nunca lo había visto.


Capítulo 80 Agatha Las puertas están abiertas cuando llego a Watford, y hay un único par de huellas de neumáticos en la nieve. Eso es bueno; eso significa que el Mago está aquí. Seguí las huellas y estacione el Volvo en el patio principal justo al lado del Jeep del Mago. No me meteré en problemas- esto es una emergencia. No soy buena en situaciones de emergencia. No puedo esperar para encontrar al Mago y entregarle esto a él. Le diré lo que sé, luego me iré tan lejos como pueda de este lío. Tal vez iré a la casa de Minty. Y podemos mirar Chicas Pesadas. Y su mamá nos hará mojitos virgen. Y haremos mantequilla de maní- Minty tiene su propia máquina. Minty no se preocupa por la magia. Minty ni siquiera lee novelas de fantasía. - Simplemente no puedo hacer que me importe, - ella dice. - Es todo tan falso. (Traté de hacer la manicura con Penélope una vez, y ella se distrajo, tratando de encontrar una manera de hacerlo mágicamente.) Corrí por la nieve hasta la Weeping Tower y hasta la oficina del Mago. Son miles de escalones, lo juro. Hay ascensores, pero no sé los hechizos. Estoy preocupada por golpear la puerta del Mago, pero está abierta, y cuando entro, es una catástrofe. Parece como si Penny hubiese estado aquí: hay libros por todos lados, en pilas y tendidos abiertos. Hay páginas arrancadas y encintadas por toda una pared. (No encintadas pegadas a la pared con hechizos.) (Y este es exactamente el tipo de cosa que me enferman. Como, solo usa un poco de cinta. ¿Por qué utilizar un hechizo para pegar un papel a la pared? Cinta. Existe.) De todos modos, el Mago no está aquí. Supongo que podría dejarle una nota, pero ¿Cómo podría alguna vez encontrarla? ¿Y qué si él no regresa a tiempo? El Mago debería realmente tener un secretario, dadas sus responsabilidades. Cerré uno de sus libros por despecho y me apoye contra el marco de una ventana, tratando de decidir qué hacer a continuación. Entonces veo las luces en la Capilla Blanca.


Simon No estoy seguro de como sé el camino a Watford. No estoy seguro de que realmente estoy volando ahora. O si sólo estoy pensando en estar allí. Me pregunto si esto- lo que estoy haciendo, la magia que estoy usando- es suficiente para rasgar un nuevo agujero, o si sólo está haciendo uno antiguo aún más grande. Me pregunto si están todos mal por mí, todos ellos.

Agatha No me gusta la Capilla Blanca. Cuando sea que tenemos asamblea aquí, no puedo quitar el olor a incienso de mi cabello. Huele más a humo que a incienso en estos días. Humo y magia gastada. Al igual que un salón de clases después de un examen. Solo voy a encontrar al Mago, decirle lo que sé, luego me iré. (La casa de Minty podría no estar lo suficientemente lejos de este desastre. Tal vez voy a ir a la universidad en Escocia. A esa escuela donde Kate fue a conocer a William.) El vestíbulo de la Capilla está vacío. Camino más adentro, siguiendo el humo, lo que parece un movimiento idiota- un movimiento de Simon- pero también como el mejor camino para encontrar al Mago. Continúo yendo, abriendo puertas, adentrándome cada vez más en el edificio. Está más lleno de humo aquí. Y más oscuro. Y creo que escucho el conto del Mago. Probablemente estoy interrumpiendo algo de magia negra. Tal vez está buscando a Simón. -¿Señor? - lo llamo. No sé cómo más llamarlo —Nunca he oído a nadie, en realidad, llamarlo al Mago “El Mago” a la cara. Hay un choque como madera golpeando madera. No puedo decir de donde viene, y no puedo ver nada. Empiezo a buscar un interruptor de luz. Algunos de los edificios más antiguos de Watford no tienen interruptores —tienes que encender las luces con magia. Pero mi varita está en el auto, tirada en el asiento del pasajero; no cabía en el bolsillo de mi abrigo. Hay otra colisión. Me quedo muy quieto y escucho: Un estruendo metálico. Alguien gritando. Pasos viniendo hacia mí—corriendo. Jadeando. Alguien golpea en mí, empujándome a un lado y corriendo más allá de mí. Entonces alguien me atrapa y me sujeta, mi espalda contra la pared. - ¡Te dije que no corrieras! - , Gruñe. - No lo hiciste, - le digo. - No me lo dijiste.Él está sosteniendo mis brazos tan fuerte, creo que en realidad podrían romperse. - ¡Hágase la luz!, - Dice. Y ahí está.


Miro a los ojos del Mago. Cuando ve que soy yo, me tira a un lado. - ¿Dónde se fue? - Él exige. -¿Quién, señor? Él mueve su varita a su alrededor. - ¡Venga, sal, dondequiera que estés! - Sus dientes están al descubierto. - Sabes que yo no tengo tiempo para esto. ¡La hora está cerca! - Se corta con su varita. - ¡Por favor! - (Corte.) - ¡Por favor!- (Corte.) -¡Por favor!- (Corte.) - Déjame, déjame, déjame! No estoy seguro de lo que está buscando, pero el hechizo tira de mí, y me caigo hacia delante. - Tú…, - dice el Mago, notándome de nuevo. Su túnica está abierta, y está sudando abundantemente. Hay algo azul manchando todo su pecho. -¿Qué estás haciendo aquí, chica? - Vine a contarle acerca de Simón, señor. - ¡Simón!, - Dice salvajemente. -¿Dónde está Simón? - Él levanta la mano. - Espera— El Mago parece como si quisiera huir, como si estuviera escuchando. Doy un paso lejos de él, pero él agarra mi brazo. - ¿Dónde está Simón? - No lo sé, señor, - le digo. - Pero vine a decirle, — él estaba con Basilton Pitch. Anoche. Me dijeron que iban a encontrar algunas Numpties, pero ¡creo que es una trampa! ¡Tienes que ayudarlo! Las palabras se precipitaron fuera de mí. Todo lo que ensayé en el auto. El Mago se queja y sostiene su cabeza, paseándose a través del cuarto oscuro, entrando y saliendo de mi vista. La luz de su hechizo todavía cuelga en el aire a mí alrededor. Doy un paso hacia la puerta. - Numpties ahora. Vampiros. Niños. ¡No tengo tiempo para esto! - Él gruñe, con frustración, y oigo algo fuerte y pesado, como una estantería, cayendo al suelo. Tal vez él está distraído. Me para salir corriendo de la habitación, pero el Mago está ahí, agarrándome. - Vas a tener que ser tú, - dice. - Vas a tener que ser tú por ahora. Mis piernas se doblan, y me arrastra. - No tienes mucho que dar, - dice, - pero lo tomaré.

Baz Bunce está mordiéndose las uñas. Ella sigue tratando de lanzar hechizos en el auto, pero yo estoy conduciendo lo más rápido que se puede, y todos sus hechizos salen nerviosos y tensos. Ella está preocupada de que el Mago va a matar a Simón una vez que se entere de que Simón está causando el Humdrum. Me preocupa que se dé cuenta de que quiero matar al Mago primero.


Penelope No confío en Baz. Sólo le llame para que me ayude porque tiene un auto. Quiero decir, me encantaría confiar en él-él es un mago brillante y una excelente compañía, pero no puedo. Yo sólo confío en cuatro personas: mis padres, Micah, y Simon. No tengo ninguna confianza puesta por ahí, y si lo hiciera, yo no se la daría a Tyrannus Basilton Grimm-Pitch. Es cínico, manipulador y completamente despiadado. Lo único que le importa es conseguir lo que quiere y la protección de su gente. Y hay algo en la forma en que mira a Simón. ... No creo que Baz haya puesto a un lado los últimos siete años de hostilidad. Tiene un brillo loco en sus ojos por Simón. Si él tiene la oportunidad de apuñalarlo por la espalda, creo que podría tomarla. Necesito conseguir alejar a Simón del Mago. Y entonces sólo tengo que alejarlo.

Agatha Debería estar asustada. Y estoy - aterrorizada. Pero también estoy pensando, Mierda por supuesto. ¡Por supuesto esto es cómo me voy a morir! Porque alguien está buscando a Simón y me encuentra a mí en su lugar. Voy a ser asesinada por algún maniático hambriento de poder que ni siquiera sabe mi nombre. No trato de luchar. ¿Cuál es el punto? Pero voy sin fuerza. Y empiezo a llorar. Solo por el hecho de que sabía que iba a morir de esta manera no significa que estoy preparado para ello. Ojalá hubiera sido más amable con mi madre esta mañana. Ojalá estuviera usando algo distinto que leggings y botas Ugg. Siempre pensé que me sería un muy hermoso cadáver. El Mago me arrastra a otra habitación, donde una trampilla cuelga abierta en el techo, luz fluye abajo. Él se apunta con su varita - ¡Arriba, arriba y lejos!; se supone que no se puede lanzar ese hechizo a las personas; puedes sacar accidentalmente sus pulmones a través de sus hombros. Pero el hechizo funciono para él, y empezamos a flotar a través de la puerta. Luego otro hechizo - ¡Y todos caemos! — caímos ambos al suelo. Quienquiera que lo lanzó cayo, también. Oigo su aterrizaje. - No, Davy, - dice ella. - Déjala ir. Y yo creo que debe ser Lucy. Aquí. Para salvarme.


Simon Aterrizo en el Gran Césped al atardecer y camino por el puente levadizo. Veo el Jeep del Mago, y el Volvo del Dr. Wellbelove, y me pregunto si están aquí, o si están en algún lugar luchando. Realmente luchando. Espadas afuera, varitas en mano. Ni siquiera sé por dónde buscar la guerra si no es en Watford. Me dirijo a la oficina del Mago cuando veo la luz en la cima de la Capilla. Está en una torre que nunca he visto iluminada antes. Yo nunca me he dado cuenta de las vidrieras allí — se ve como una corona, o un grupo de estrellas. Mientras estoy mirando, las ventanas resplandecen con la luz.

Agatha El Mago se tambalea arriba sobre sus manos y rodillas y comienza a lanzar hechizos. - ¡Por favor por favor, por favor! ¡Déjame, déjame, déjame! - ¡El infierno no tiene furia! — La mujer grita. Fuego brota de ella y lo golpea en el pecho. Nunca he visto nada como eso, ni siquiera de Simón. La luz del fuego finalmente ilumina su cara — es Ebb. El pastor de cabras. - ¡Corre, Agatha!, - Dice. Pero el Mago ha caído encima de mí. - ¡No puedo!- Sollozo. El Mago levanta su varita para lanzar hacia ella, y golpeó su mano tan fuerte como puedo. Su varita sale volando, y le se levanta de encima mío para conseguirla. - ¡Corre por tu vida! —Grita Ebb, y lo hago. Yo me pongo en pie y corro de la habitación como si hubiera una corriente en chorro en mi espalda. Corro a través del humo y la oscuridad hacia la luz y la nieve, y luego sigo corriendo.


Capítulo 81 Ebb Él habría matado a esa chica. Supongo que no tuve más remedio que volver.

El Mago No hay tiempo. El Humdrum nos está devorando. Y hoy es el día— hoy es el día que mi magia podría funcionar. Las fiestas son favorables, el solsticio perdura. Hoy es el día. Esta es la hora. Si tan sólo Simón estuviera aquí. ... Pensé que habíamos hecho esto —a un gran costo, sí — pero yo pensaba que habíamos hecho esto, Lucy. Habíamos traído el mago más grande. Él es el más grande mago. Lo escondí entre los Normales, de modo que nadie lo sabría. Así nadie se preguntaría. Lo escondí hasta que estuviera listo. ¡Hasta que él me llamó a él, al igual que cada profecía dijo que lo haría! Yo no sabía que él estaba roto. No pude ver que era un recipiente roto. Tal vez era demasiado poder para que un bebé lo soportara— tal vez ese fue mi error. Si estuviera aquí, podría arreglarlo. Tengo diferentes hechizos ahora. (Había estado mirando demasiado lejos en el pasado, debería haberme dado cuenta que nuevo poder debe venir de nuevos salmos.) Tengo una oportunidad ahora, podría arreglarlo. Pero Simón no está aquí. Y no puedo esperar por él. El Humdrum no esperará. Los Pitches están en camino — Esta mujer va a tener que ser. Ella es la estrella más brillante en el reino, junto a Simón. Nuestro Simón. Puedo tomar su poder.


Sólo tengo que matarla primero.

Ebb Supongo que nunca tuve las oportunidades que pensé que tenía.

El Mago Ella es toda fuerza bruta y clichés de los noventa. La he visto hilar sus hechizos como un maestro de las cabras y los suelos. Pero en la batalla, Ebb es un cañón en una lucha a espada. No es de extrañar que Simón la siga a todas partes como un niño perdido. Había pensado en hacerla redundante a lo largo de los años, — ¿qué necesita Watford con cabras? — Pero ella es poderosa, y protege a la escuela cuando estoy lejos. Yo no la sacrificaría hoy si el destino de nuestro mundo no estuviese en juego.

Ebb Estoy fuera de práctica. Nunca estuve en práctica, con hechizos como este. Sé diez hechizos para convertir el agua en whisky, y puedo atraer a las cabras con un giro de la frase. Pero nunca vi el punto de todo esto. Incluso cuando Nico y yo teníamos una disputa, yo generalmente lo conformaba con No te preocupes, se feliz o Has silencio pequeño bebé. Mi única oportunidad ahora es dominar a Davy. Lancé - ¡Cabeza sobre tacos! - Y - ¡golpea el suelo! — Hechizos que aprendí en peleas de pub. El Mago hace algo que nunca he visto antes— obedeciendo a los hechizos en lugar de dejarlos que lo golpeen. Se ve como un loco. Su camisa está rasgada, y está cubierto de lodo. ¿Quién sabe que magia negra estará utilizando? —él todavía no ha dicho lo que quiere de mí. Estamos dando vueltas entre sí como dos lobos. - Tú no eres rival para mí, Ebb,- él dice, entonces grita, - ¡La resistencia es inútil! Absorbo el hechizo. Yo puedo hacer eso a veces, dejar que un hechizo se queme en mi magia. - ¡Partirse la espalda! - Grito devuelta desesperadamente, cuando soy capaz. El Mago se balancea de nuevo en el suelo como si estuviera hecho de goma — y luego se levanta, con un suspiro.


El Mago Ella me tomó por sorpresa con ese y mi cabeza está zumbando. - Lo siento, Ebb. Pero yo no tengo tiempo para esto. Necesito tu poder, — el Mundo de los Magos necesita tu poder. - No soy una luchadora,- dice ella. - Lo sé. Pero yo lo soy. - Doy un paso más cerca. - Haz este sacrificio por tu gente. - ¿Qué quieres de mí, Davy?- Ella está asustada. Lo siento por eso. Un mechón de pelo rubio cubre uno de sus ojos. - Tu poder. Necesito tu poder. - Te lo voy a dar. Yo no lo quiero. - No funciona de esa manera,- le digo. - Tengo que tomarlo. Ella endurece su mandíbula, sosteniendo sus objetos de pastora entre nosotros. ¡Atropelladamente!- ella grita — y la habitación se vuelve loca. Entarimados se desmontan y giran sobre nosotros como cinta de teletipo. Cada ventana antigua se hace añicos. Es el hechizo de un niño. Una rabieta. Por molestarse con los juegos de mesa y esparciendo canicas. El poder en esta mujer... Gastado. Me tropiezo hacia adelante a través del caos y hundo mi espada en su pecho.

Ebb Decido que el Mago debe estar en lo cierto, a pesar de que él habla como un loco. Decido que esto es lo mejor. Esto es por una razón. Espero que alguien se acuerde de traer a las niñeras a casa.


Capítulo 82 Simon Cuando llego a la puerta de la capilla blanca, cada ventana explota. Parece que el mundo se acaba, y está hecho de cristal. Espero que no sea demasiado tarde. ... Para detener lo que sea que necesita ser detenido. Para ayudar a quienquiera que necesita ser ayudado. Corro dentro de la Capilla, detrás del púlpito. Entonces pienso en el Mago, y encuentro mi camino a una habitación en la parte trasera, con una trampilla que cuelga abierta del techo. Yo aleteo mis alas —todavía tengo alas— y agarro el borde de la abertura, arrastrándome hacia arriba. Es una sala redonda, arruinada ahora, y el Mago está de rodillas en el centro, con los ojos cerrados y los hombros agitados. Hay alguien tirado en el suelo debajo de él, — y por un aliento, yo creo que puede ser Baz. Pero Baz fue a las Numpties; Yo sé que lo hizo. Quienquiera que está en el suelo, significa que todo comenzó. Me aclaro la garganta y descanso mi mano en mi cadera. La espada aparece sin el encantamiento. Es como si todo el mundo está solo reaccionando a mí. Ni siquiera tengo que pensar. Yo no tengo que pensar. El Mago tiene sus manos en el pecho de la persona. Hay una nube de profunda magia a su alrededor, y él está diciendo un cántico. Me toma un minuto para reconocer la canción. ... - Fácil viene, fácil se va. Poco alto, poco bajo. Doy un paso hacia adelante en silencio; No quiero interrumpirlo en medio de un hechizo. Sobre todo si está tratando de revivir a alguien. - Sigue adelante, seguir adelante, -el Mago canta. Un paso más en silencio, y veo que es Ebb debajo de él —chillo, no puedo evitarlo. La cabeza del Mago gira, sus labios todavía murmurando letras de Queen. - ¡Simón!, - dice, tan sorprendido que tira de sus manos. - No te detengas, — le digo, cayendo de rodillas. - Ayúdala. - Simón, — el Mago dice de nuevo. Sangre sale del pecho de Ebb. - ¡Ayúdala!, —Le digo. - ¡Se está muriendo! - No puedo, — dice el Mago. - Pero, Simón. Estás aquí. Todavía te puedo ayudar. Él llega a mí, con las manos mojadas con la sangre de Ebb. Y yo sé que tengo que decirle ahora. Me paro bruscamente, alejándome de él.


El Mago coge su espada—está sangrienta, también, — y está conmigo. Su cabeza se separa abriéndose por encima de la oreja, sangrando por el cuello y el hombro. - Estás herido, señor. Puedo ayudarlo. Sacude la cabeza, mirando un poco más allá de mí. Creo que está enloqueciéndose por mis alas, pero no estoy seguro de que pueda guardarlas ahora. - Estoy bien, Simón, — él dice. Es demasiado tarde, ya he pensado acerca de hacerlo mejor: La herida por encima de su oreja se cura desde afuera hacia adentro, zurciéndose. Su mano se sube a la cabeza. Sus ojos se abren. - Simón. Mi barbilla empieza a tambalearse, y aprieto la empuñadura de mi espada hasta que la oscilación se detiene. Trato de pensar en mejorar a Ebb — creo que he estado pensando en ello todo el tiempo, — pero todavía se encuentra allí, sangrando. El Mago da pasos más cerca de mí, como si estuviera dando un paso cerca de un animal. - Has venido justo a tiempo, — dice en voz baja. Levanta la mano y toca mi cara. Siento un hilito de sangre caer por mi mejilla. - Te debo una disculpa, — dice. - Hice tanto mal. Yo lo miro a los ojos. Somos la misma altura. - No, señor. - No el poder, — dice. - Tú eres el más poderoso mago que jamás haya existido, Simon. Eres... un milagro. — Él ahueca mi cara en su palma húmeda. - Pero tú no eres el Elegido. Yo no soy el Elegido. Por supuesto que no soy. Yo no soy el Elegido. Gracias magia. Esta es la única cosa que nadie ha dicho hoy que tiene sentido. Pero no hace una diferencia— Todavía tengo que decirle. Trago. - Señor, tengo algo que decirle. Baz y Penélope — - ¡Ellos no importan ahora! Ninguno de ellos. Los Pitches y su guerra. ¡Como si toda la magia no cuelga en el precipicio! Como si el Gran Devorador no ha marcado nuestra puerta! - Señor… — - Pensé que podía salvarte, — susurra. Él está de pie tan cerca de mí. Sosteniendo mi cara como la de un bebé. O un perro. - Pensé que podía mantener mi promesa de cuidar de ti. Que iba a encontrar el texto correcto, la rima que faltaba. Pensé que podía arreglarte. ... Pero tú no eras el recipiente correcto. — Él asiente para sí mismo. Es como si él todavía estuviera mirando más allá de mí. - Tengo esta parte equivocada- dice. - Te tengo mal. Miro a Ebb. Luego de vuelta al Mago. - El Humdrum,- le digo. Su rostro se contorsiona. - ¡Nunca serás lo suficientemente fuerte como para luchar contra él! Nunca serás suficiente, Simón—No es tu culpa. - ¡Lo es! — Niego con la cabeza, y él sostiene mi mandíbula con firmeza. - Señor, creo que mi poder está ligado al Humdrum. ¡Creo que podría estar causándolo!


- ¡Tonterías! —Su saliva golpea mi boca. - El Humdrum fue predicho — 'La mayor amenaza que el Mundo de los Magos jamás ha conocido." Del mismo modo que el Mago más grande fue predicho." - Pero Baz dice — - ¡No puedes escuchar a ese mequetrefe! — Suelta mi cara y da pasos hacia atrás, levantando los brazos, agitando su espada roja. - Cortado por el mismo patrón como su madre. ¿Alguien piensa que Watford era mejor bajo su cuidado? ¡Estas salas estaban vacías! Sólo los más prósperos, los magos más privilegiados aprendieron a hablar. Natasha Grimm-Pitch amaba su poder y riqueza— amaba el pasado — demasiado como para permitir que Watford cambiara. El Mago se paseaba. Está hablando al suelo. Nunca lo he visto así, — se está moviendo demasiado, él está diciendo demasiado. - ¿Debo llorar por su muerte?, — Se pregunta, con voz demasiado alta. - ¿Cuando esto significa que una generación de niños mágicos han aprendido a utilizar su poder? ¿Se supone que deba lamentarlo? ¡No, lo siento! ¿Qué es el gran bien? Da vueltas alrededor mío otra vez y agarra con su mano donde mi cuello se reúne con mi pecho, atrapando mis mi mirada y manteniéndola. - No. Lo. Lamento. Luego se inclina más cerca. Su cabello roza el mío. - Si pudiera volver atrás, no hay nada que cambiaría. Nada. Excepto a tí... no puedo arreglarte, Simón.Sacude la cabeza, gruñendo y apretando los dientes. - No puedo arreglarte, — pero puedo sustituirte. Y puedo cumplir la profecía. No sé qué decir. Entonces yo asiento. He sabido desde el principio que yo era un fraude, —es un gran alivio escuchar al Mago finalmente decirlo. Y saber que él tiene un plan. Sólo quiero que me diga qué hacer. - Dame tu magia, Simon. Doy un paso atrás —en sorpresa, creo—pero el Mago me sostiene por el cuello. Aprieta la mano derecha sobre el corazón. - No puedo soportarlo. Finalmente encontré una manera, pero luego me enteré de que habías ido allí primero. ¿Puedes dármela libremente ahora, no? ¿Al igual que se la diste a él mocoso Pitch? Siento cada uno de sus dedos contra mi piel. - No me hagas tomarla, Simón… Miro hacia Ebb. Su sangre se está acumulando alrededor de su brazo y hombro. Sólo llegó a las puntas de su pelo rubio. -Piensa en ello, — murmuró el Mago. - Tengo control que tú nunca tendrás. Sabiduría... Experiencia... Con tu poder, puedo destruir el Humdrum. Puedo resolver estas disputas de una vez por todas, por fin puedo terminar lo que empecé. - ¿Lo que empezó? -¡Mis reformas!- Él sisea. Entonces su cabeza cae hacia adelante, como si estuviera cansado. -Pensé que iba a ser suficiente sacarles el poder. Para cambiar las reglas. Pero son como cucarachas, estas personas —se arrastran hacia arriba tan pronto como se apagan las luces. - No puedo concentrarme en mis enemigos debido a el Humdrum —inclina su cabeza hacia la derecha - y no me puedo concentrar en el Humdrum, a causa de todas estas riñas.-


Él se inclina hacia la izquierda. - Se suponía que nunca iba a ser así.- Él mira hacia mí. - Se suponía que tú serías la respuesta. - Yo no soy el Mago más grande- le digo. - Eres sólo un niño,- dice decepcionado. Yo cierro mis ojos. El Mago me aprieta el cuello. - Dámela. - Podría hacerle daño, señor. Toma mis manos bruscamente. - Ahora, Simón. Abro los ojos y miro hacia abajo en nuestras manos. Yo podría dársela a él. Todo ello. Yo podría darle a él, y entonces sería él. Sería el Mago drenando el mundo de la magia o buscando una forma de no hacerlo. ... Aprieto un lado y le doy un poco de magia. Un puñado. El Mago aprieta mis dedos, y su cuerpo se apodera, pero él no lo deja ir. - ¡Simón! Sus ojos se iluminan. Literalmente. - ¡Creo que esto va a funcionar!. - Va a funcionar,- dice mi voz. Pero yo no soy el que habla, el Humdrum está de pie junto a nosotros. Sobre el cuerpo de Ebb. El Mago continúa, su boca abierta. Lo olvidé; que nunca ha visto el Humdrum. -Simón,- dice el Mago. - Eres tú. - Es el Humdrum,- le digo. - Eres tú el día que te encontré. — Sus ojos son grandes y suaves. - Mi chico — - Yo no soy él,-dice el Humdrum. - Yo no soy el chico de nadie. - Tú eres mi sombra,- le digo al Humdrum. No tengo miedo de él ahora. - Más bien como una cicatriz,- dice. - O un sendero de escape— he tenido un montón de tiempo para pensar en ello. - El Insidious Humdrum,- susurra el Mago. - Es un nombre de mierda,- dice el Humdrum, rebotando su pelota. - ¿Has venido con eso?El Mago se vuelve hacia mí y agarra mis dos muñecas. - Ahora, Simón, dámela. Él está aquí. - ¿Cuándo obtuviste las alas?- Pregunta el Humdrum. -Nunca voy a tener alas. O una espada. Yo nunca voy a tener una pelota adecuada —Me gustaría una pelota de fútbol. El Mago tironeaba mis muñecas, sin dejar de mirar al Humdrum. - ¡Ahora, Simón! ¡Vamos a terminar esto de una vez por todas! - Hazlo,- dice el Humdrum. - Él tiene razón. Termina todo. Toda la magia. Todo ello. El Humdrum lanza la pelota hacia mí, y yo empujé al Mago fuera de mí para atraparla. - ¡Simón!, Dice el Mago. Me meto la pelota de goma roja en la chaqueta de mi traje, — no estoy seguro de que cuando se me ocurrió este traje gris —y miro hacia abajo al Humdrum. Es la única forma. Tomo al muchacho por los hombros. Él ríe. - ¿Qué vas a hacer — ¿golpearme? ¿Agarrártelas conmigo? Estoy bastante seguro de que no va a funcionar. - No,- le digo. - Voy a terminar esto. Lo siento.


-¿Tu lo lamentas? -Siento que todo lo bueno que sucedió fue después de que te dejé. El Humdrum se ve confundido. Cierro los ojos, y luego me imagino abriendo todas las puertas — abriendo todas las ventanas, abriendo cada grifo — vertiendo todo en él. Él no se inmutó ni se apartó. Y cuando abro los ojos otra vez, todavía está mirando hacia mí, menos confuso ahora. El Humdrum pone sus manos sobre las mías y me da una pequeña inclinación de cabeza. Su mandíbula se establece, y sus ojos son de piedra. Parece un poco gamberro, incluso ahora. Asiento de regreso. Le doy todo a él. Dejo ir todo. El Mago intenta separarnos — está gritándome, maldiciendo, —pero estoy clavado en el centro de la tierra, y las manos del Mago pasan a través del Humdrum. El chico está desapareciendo— se está haciendo más difícil para mí mantener mis manos sobre sus hombros. No creo que yo le esté haciendo daño. El Humdrum. Él sólo se ve cansado. Es un agujero. Él es lo que queda cuando he terminado. Y a veces los agujeros quieren aumentar de tamaño, pero Baz estaba equivocado, —a veces lo que quieren es ser llenados. Le doy todo, y entonces lo siento tirando de mí hacia él. Antes, he derramado la magia, pero ahora está siendo drenada. Derramada en el vacío. Mis manos se deslizan a través de los hombros del Humdrum, pero mi magia continúa precipitándose en él. Caigo de rodillas, y fluye más rápido. Mis dedos hormiguean. Huelo fuego. Chispas se persiguen a sí mismos por encima de mi piel. Esto no va a explotar, creo. Esto va a apagarse.


Capítulo 83 Baz No me puedo imaginar que no estemos demasiado tarde. Y por encima de todo lo demás, en lo alto del fracaso absoluto, estoy tan sediento, podría drenar un Clydesdale. Debería drenar aquel perrito y sacarlo de su miseria. Tal vez debería poner a Bunce fuera de la suya. Venimos a lo largo de una colina, y podemos ver la escuela por delante de nosotros. Estoy listo para pasar a través de las puertas abiertos, pero el Jag se queda atascado en la nieve. Bunce y yo salimos y empezamos a correr a través del Gran Cesped. Es un shock cuando vemos a Wellbelove corriendo hacia nosotros como un conejo en pánico desde la dirección opuesta.

Penelope Agatha está llorando y jadeando — y corriendo como si ella es Jessica Ennis, a pesar de toda esta nieve. Es una pena que Watford no cuente con un equipo de atletismo. Ella no se detiene cuando nos ve, simplemente agarra mi mano y trata de tirar de mí con ella. -Corre, dice ella. - Penny, corre— ¡es el Mago!" - ¿Qué con el Mago?-Agarro su otra mano, y ella corre en su lugar alrededor de mí, girando en un círculo. - ¡Él es malo!, Dice. - ¡Por supuesto que lo es! Baz trata de tomar su hombro. - ¿Está Simón aquí? Agatha se aleja de él, corriendo hacia atrás, luego de vuelta hacia nosotros. - Él acaba de llegar,- dice ella. - Pero el Mago es malvado. Está luchando con el cabrero. - ¿Ebb?- Le digo. - Y él trató de hacerme daño. Iba a hacer algo, tomar algo. Quiere a Simón. - ¡Vamos!- Baz grita. - Ven con nosotros,- le digo a Agatha. - Ven a ayudarnos. - No puedo,- dice ella, sacudiendo la cabeza. - No puedo. Y entonces ella se aleja.


Baz Wellbelove corre en una dirección, y Bunce corre en otra. Hay un ruido desde la escuela —como un trueno artificial, como un huracán en un techo de hojalata. Persigo a Penny por el puente levadizo. Tan pronto como llegamos al patio, es inmediatamente claro donde está Simón: Todas las ventanas se han destrozado en la Capilla Blanca. Hay humo saliendo, y las propias paredes parecen tener reflejos, como el calor en el horizonte. El aire está lleno de magia de Simón. Ese olor verde ha quemado. Bunce tropieza, tosiendo. La tomo del brazo y me acerco a ella, para levantarla. Me sorprendería si ella lanzara un cliché en este momento. - ¿estás bien, Bunce? - Simón,- dice ella. -Lo sé. ¿Puedes tomarlo? Ella asiente, empujándose lejos de mí y moviendo su cola de caballo con decisión. El miasma empeora, cuanto más nos acercamos a la Capilla. Dentro del edificio, esta anormalmente oscuro, como si algo más que la luz estuviera perdido. Creo que siento la presencia del Humdrum, el rasgar y el chupar de él, pero mi varita se mantiene viva en mi mano. Algo rueda a través de mí, —como una ola en el aire, en la magia— y Bunce se lanza de nuevo hacia delante. Yo la atrapo. - No tenemos que seguir adelante,-le digo. - Sí,- dice, - Tenemos. Tengo." Asiento. No la dejo ir esta vez. Caminamos juntos hacia lo peor de todo, a lo que debe ser la parte de atrás de la Capilla, a través de las puertas, por los pasillos. Mi estómago se retuerce. No hay más aire, sólo Simón. Bunce empuja para abrir otra puerta, y ambos lanzamos nuestros brazos por arriba delante de nuestros ojos. Está tan brillante como el fuego en el interior. - ¡Allá arriba!, Grita Bunce. Trato de mirar hacia donde está apuntando. La luz titila en la oscuridad, luego de vuelta otra vez. Parece venir de una abertura en el techo —veinte pies por encima de nosotros, por lo menos. Bunce tiende la mano para lanzar un hechizo, pero se agarra el estómago en su lugar. Le coloco mi brazo izquierdo a su alrededor, luego apunto mi varita hacia la trampilla. - En las alas de luz de amor!Es un hechizo difícil y viejo, y funciona sólo si entiendes el Great Vowel Shift of the Sixteeth Century, — y si estás estúpidamente enamorado.


Bunce y yo flotamos hasta la apertura, y no trato de protegernos, porque no hay nada que pudiera hacerlo. Subimos a una habitación demasiado ruidosa y estroboscópica para describir, luego me arrodillo en vidrios rotos, tratando de mantenernos juntos. Bunce vomita. En los segundos cuando la luz no es demasiado brillante o desaparecida por completo, veo a Simón en el centro de la habitación, aferrándose al Humdrum como si estuviera a punto de decirle algo realmente importante. Simón tiene esas alas rojas de nuevo, y están ampliamente abiertas. El Mago es aquí, también, arañando inútilmente a Simón—nada puede mover a Snow cuando luce así, con los hombros encorvados hacia delante, y su mandíbula expandida. Bunce está en cuatro patas, tratando de levantar la cabeza. - ¿Qué está haciendo?,- carraspea, luego tiene arcadas de nuevo. - No sé,- le digo. - ¿Debemos tratar de detenerlo? - ¿Crees que podríamos? La luz es cada vez menos intensa. Así es la oscuridad. Apenas puedo ver el Humdrum, pero Simón todavía tiene algo en un apretón de muerte. El ruido está cambiando, también, — volviéndose cada vez más alto, como si estuviera diluyéndose, de un rugido a un gemido. Cuando el sonido se detiene, mi oídos se destapan, y Simon cae hacia adelante en el suelo, iluminado sólo por la luz de la luna que pasa a través de las ventanas rotas. Él cae, y no se levanta.

Penélope Por un momento, el único sonido es Baz, aullando. Entonces el Mago cae sobre el cuerpo inerte de Simón. - ¿Qué has hecho?- Él está sacudiendo a Simón, y golpeando en sus alas. - ¡Dámelo! Simón levanta un brazo para empujar al Mago, y esa señal de vida es todo lo que se necesita para dar rienda suelta a Baz. Se mueve tan rápido, mis ojos no pueden centrarse en él hasta que se encuentra sosteniendo al Mago por el pecho, sus colmillos salidos sobre el cuello del hombre. - ¡No!-Susurra Simón, tratando de ponerse en pie agarrándose de sus piernas. El Mago apunta su varita con punta de plata a Baz, pero Simón la agarra y la sostiene en contra de su propio corazón. - No,- le dice a Baz—o tal vez al Mago. - ¡Deténganse!


Los tres se retuercen y tropiezan. El Mago está cubierto de sangre, y la boca de Baz está llena de dientes. - ¡Dámelo!- El Mago grita a Simón. ¿Quiere decir su varita? - ¡Se ha ido!- Simón grita, usando la varita para mantenerse. - ¡Todo se fue! El Mago empuja la varita en el pecho de Simón. - ¡Dámelo!” Baz da un tirón al pelo del Mago, tirando de él hacia atrás. - ¡Alto!- Simón grita, - ¡Se fue! ¡Se acabó! Nadie lo está escuchando. Le extiendo mi mano con el anillo y hablo tan alto y claro como jamás lo he hecho alguna vez, dejando que mi magia se levante desde el pozo vacío en mi estómago— ¡Simón dice!Las siguientes palabras de Simón suenan, denso, con magia— -¡Detente, deja de hacerme daño!El Mago se zafa de él, y luego se hunde en los brazos de Baz. Baz da un paso atrás, confundido, y deja caer al Mago hasta el suelo. Entonces Baz se dirige a Simón, pero Simón está de rodillas sobre el Mago, aferrándose a su pecho. - Yo... yo creo que está muerto. ¡Penny! Creo que lo maté. Oh Dios, -Simón solloza. -Oh Merlín. ¡Penny! Todavía estoy temblando, pero me arrastro a través de la habitación hacia ellos. - Está bien, Simón. - No está bien, —el Mago está muerto. -¿Por qué está muerto? No sé por qué él está muerto. No sé lo que está pasando. - Tal vez esa es la única forma en que podía dejar de hacerte daño,- le digo. - ¡Pero no quería matarlo!- Simón llora, sosteniendo al Mago hacia arriba, con los brazos alrededor de su espalda. - Técnicamente, fue Bunce quién lo mato,- dice Baz, pero él lo dice suavemente, y hay lágrimas en sus ojos. - Está muerto,- dice Simón. - El Mago está muerto.


Capítulo 84 Lucy No sabía que algo estaba mal; Yo nunca había estado embarazada antes. Y nunca nadie había estado embarazado de ti, Simón. Los libros dicen que sentirás alas de mariposa y espasmos. Una aceleración. Sentí mucho más. Sentí que tarareabas en mi interior. Constantemente moviéndote y brillante. Sentí rubor desde mi vientre hasta mis dedos. Davy se fue de mi lado. Cocinó para mí. Lanzó bendiciones sobre nosotros. Y tal vez pensarás que la bondad era sólo por el bien del ritual. Pero creo que se preocupaba por mí. Creo que él se preocupaba por ti. ... Creo que nos quería a los dos de pie junto a él en el futuro brillante que estaba construyendo. Un nuevo Mundo de Magos. **** Las mujeres embarazadas están siempre cansadas. No pueden mantener bajas sus comidas. Se sienten en fatigadas y mareadas. Un día fui a alimentar a nuestros nuevos pollos, y me di cuenta que no podía volver a la casa. Yo no tenía la energía suficiente para dar un paso más. Caí de rodillas, luego me inclinó lentamente hacia adelante, tratando de protegerte. Entonces sentí que mis luces parpadeaban. Davy estaba dentro, tomando una siesta. Cuando se despertó, él me encontró allí, roja y sedienta. Me llevó a la casa, despotricando sobre lo que podría haber sucedido y por qué no había lanzado un hechizo para que me ayude. Pero mi magia se había vuelto débil —habían sido semanas desde que lancé un hechizo. Cuando yo había intentado últimamente, se sentía como si estuviera tocando a una caja hueca. Todo lo que antes estaba ahí sólo ya no estaba ahí más. La magia de todo el mundo se debilita un poco cuando están embarazadas. Me sentí mejor a la mañana siguiente. Y peor la siguiente. El tirón en mi estómago se había vuelto más fuerte, como una manivela que se mantuvo apretando. Me sentía como si no pudiera permanecer en la casa de campo, pero no podía llegar a la puerta. - Él necesita aire,- le dije a Davy, y no discutió.


Él me llevó al jardín vacío y se recostó conmigo en la hierba. Necesitaba sentir el suelo bajo mis pies, y el aire y el sol. - Mejor,-le dije a Davy, sintiendo todavía la rotación de una manivela. **** Cuando estaba sola, te hablaba. Te contaba acerca de tu familia. Acerca de tus abuelos. La casa de campo. Acerca de Watford, donde tu padre y yo nos conocimos. Te nombré. - Simón- le dije a Davy. Sabíamos que eras un niño para entonces. - Muy bien,- dijo. - ¿Por qué? - Es un buen nombre, es un nombre de sabio. - ¿Es el nombre de un salvador? - ¿Si él es el Gran Mago, su nombre no debería ser de forma automática el nombre de un salvador, lo que sea que elegimos?" - Buen punto,- dijo. - Simón. - Simón Snow." - ¿Qué es eso?" - Su segundo nombre. Simón Snow. - ¿Por qué ese? - Porque me gusta. Y debido a que todo el mundo debería tener un nombre del medio tonto. - ¿Cuál es el tuyo? - Winifred”. Nos reímos hasta que fue demasiado para mí. **** Todo el mundo se siente cansado cuando están embarazadas. Todo el mundo se siente enfermo. Y extraño. - ¿Cómo te sientes?-Davy preguntaría. - Bien,- diría yo. - ¿Cómo está nuestro hijo? - Hambriento. Nunca le dije a Davy la verdad, — ¿qué podía haber hecho para ayudarme? ¿Qué habría hecho si hubiera dicho?

-Me siento como un pasillo vacío, Davy. Al igual que un túnel de viento. Como si hay algo dentro de mí, y no sólo me está comiendo, se come todo. Pero no 'comer', esa no es la palabra correcta.


Consumiendo, succionando, devorando. ¿Cuánto tiempo se necesita para que una estrella colapse? ¿Cuántos miles de millones de años? **** Tal vez no debería decirte todo esto. No era eso lo que quería decirte al volver. No quiero que pienses que es tu culpa. Tú eres el niño que habríamos tenido de todos modos, Simón. Tú eras nuestro, en todos los sentidos. Y nada de esto es culpa tuya. Te hicimos así de poderoso— como empezar un fuego en el medio del bosque. Nosotros te hicimos así de hambriento. ***** Al final, sólo quería verte. Y pensé que tal vez, —tal vez cuando naciste, tendría algo de mí devuelta. Debería haberle pedido a Davy obtener ayuda cuando mi trabajo parto empezó. Pero no podíamos correr el riesgo de que alguien descubriera lo que habíamos hecho. Naciste en el solsticio. Y llegaste tan fácilmente, te juro que no querías causarme más ningún dolor. Tu padre te sostuvo hacia mí y nos cubrió la cara con besos. Él era el mago más poderoso del mundo antes de ti, y echó toda salvaguardia que sabía sobre nuestras cabezas. Te vi. Te sostuve. Yo te quería. Eso es por lo volví, para decir esto a ti. Yo te amaba antes de conocerte, y yo te amaba más en el momento en que te sostuve. Y nunca quise dejarte tan pronto. Yo nunca te habría dejado. Simon, Simon. Mi pequeño capullo de rosa


Capítulo 85 Penélope Nos sentamos allí, juntos, no estoy segura de por cuánto tiempo. Todos nosotros más allá del punto de melancolía y agotamiento y alivio. Luego Simón se quita la chaqueta del traje - rasgada alrededor de las alas- y la extiende sobre el torso del Mago. Él empieza a llorar de nuevo, y Baz tira de él contra sus brazos. Simón lo deja. -Está bien, - dice Baz. - Está todo bien ahora.- Un brazo está apretando alrededor de la espalda de Simón, y el otro está alisando su cabello fuera de su cara. - Lo hiciste, ¿no es así? - susurra Baz. - Has derrotado al Humdrum. Salvaste el día, maldito corajudo. Pesadilla absoluta.-Le di mi magia, Baz. Se ha ido. - Quién necesita la magia, - dijo Baz. - Voy a convertirte en un vampiro y haré que vivas conmigo para siempre. Los hombros de Simón están moviéndose. Baz sigue hablando. - Piénsalo en ello, Simón. Súper fuerza. Visión de rayos X.Simón levanta la cabeza. - No tienes visión de rayos X. Baz levanta una ceja. Su cabello está en su cara, y sus manos están sangrando. -Lo maté, - dice Simón. -Todo estará bien. - Baz envuelve ambos brazos a su alrededor. - Está bien, amor. Todo está empezando a tener sentido.


EPILOGO


Penélope Envié un pajarito a mi madre. Había un montón de ellos alrededor -habían llegado a través de las ventanas rotas y revoloteaban alrededor del cuerpo del Mago. Estábamos todos bastante destrozados, Simon, Baz y yo. Me quedé dormida allí mismo. Entre dos cadáveres, eso muestra lo agotada que estaba. Simón intentó ayudar a Ebb, pero ella estaba fría. Ida. Él no arrojó ningún hechizo sobre ella — ni siquiera para cubrirla — y pensé que simplemente debía estar tan agotado como Baz y yo estábamos, sin magia, por una vez en su vida. Yo no entendería hasta mucho después que su magia se fue para siempre. Baz estaba exhausto y sediento. Toda la sangre por todas partes — de Ebb, creo— lo estaba volviendo loco. Finalmente empezó a alimentarse de los pájaros. Lo cual era preocupante, pero como, ni la mitad tan inquietante como todo lo demás que había sucedido, y ni Simon ni yo intentamos detenerlo. Mamá apareció después de un tiempo — con Premal, de todas las personas; él había estado ayudándola a buscarme. Estábamos dormidos para entonces, así que Mamá y Premal pensaron que estábamos todos muertos. Cuando me senté, Mamá estaba pálida como un Visitante. Creo que fue como si ella había entrado en su mayor temor por mí. Premal lloró cuando vio al Mago. Mamá echó un vistazo al Mago, lanzó un hechizo para preservar su cuerpo para la investigación, después nunca lo miró de nuevo. Ella llamó a Papá y al Dr. Wellbelove, y algunos otros del Aquelarre, luego tomó a Simon, Baz y mí a su habitación en la torre. (Mamá es la razón por la que pude entrar, ella elimino la custodia cuando Papá vivía en Mummers House, y ahora todos los Bunces femeninas pueden entrar.) Premal nos trajo té y Hobnobs, y los tres nos quedamos dormidos de nuevo. Cuando me desperté, le dije a Mamá acerca de Agatha. Pensé que todavía podría estar por ahí en la nieve. Cuando Baz despertó, llamó a sus padres. Cuando Simón se despertó, él no quería hablar. Sólo bebió todo el té que le dimos y se aferró al brazo de Baz. *** No estoy segura de lo que la historia va a decir de nosotros. ¿Van a decir que Simon mató al Mago? ¿Que yo lo hice? Espero que Baz reciba crédito por poner fin a la guerra.


Las viejas familias estaban ansiosas por ir cuando Baz fue a su casa, a pesar de que el Mago ya estaba muerto y Simon no tenía magia —y nadie lo sabía aún, pero el Humdrum se había ido, también. Mamá pensó que los hermanos Grimms y Pitches podrían tener la oportunidad de hacerse con el control de todo. Pero Baz fue a su casa, el Aquelarre volvió a reunirse, hubo nuevas elecciones y la guerra nunca sucedió. Mamá es la directora ahora. Oficialmente. El Aquelarre la nombró. Trató de convencerme de volver a Watford, para terminar mi diploma. Y si Simon habría querido volver, tal vez hubiera hecho el esfuerzo. Pero había demasiados malos recuerdos allí. Cada vez que intentaba cruzar el puente levadizo, me enfermaba del estómago. No sé cómo Baz lo maneja. Agatha dice que nunca va a volver. — Sobre mi cadáver, dice ella. — Qué es como habría terminado si me hubiese quedado allí.

BAZ Hoy es mi graduación. Soy el mejor de nuestra clase —no había competencia después de que Bunce se fuera —así que tengo que dar un discurso. Le dije a Simon que no viniera. Es un poco triste, estar rodeado de magos todo el tiempo, cuando no se puede incluso sentir la magia. Yo no quiero que venga a Watford y piense en todas las cosas que él no es más. No el Heredero del Mago. No es un mago en absoluto. Él sigue siendo todo lo demás que siempre ha sido —valiente, honesto, realmente guapo (incluso con esa maldita cola), pero no creo que él quiera oír todo eso. Y me resulta difícil decirlo, la verdad. Es difícil para nosotros... hablar... a veces. Últimamente. Yo no lo culpo. La vida no ha mantenido exactamente sus promesas a Simon Snow. A veces pienso que debo buscar pelea con él, sólo para restablecer su equilibrio. De todas formas. No creo que él querría estar aquí. Mi madre dio el discurso en el día de su graduación. Está en los archivos de la escuela—lo encontré, y voy a leer el mismo hoy. Se trata de la magia, el don de la magia. Y la responsabilidad. Y se trata de Watford. Porque a mi madre le encantó. Ella hizo esta lista de todo lo que echaría de menos. Tal como, los bollos de cerezo agrios y clases de dicción, y el trébol fuera en el Great Lawn. No puedo decir que me encantó Watford como a mi madre lo hizo. Este fue siempre el lugar que fue tomado de ella. Y el lugar donde fue tomada de mí. Era como ir a la escuela en un territorio ocupado.


Aún—yo sabía que iba a volver para mi último término, incluso sin Penny y Simon. Yo no iba a ser el primer Pitch en la historia de la deserción de Watford. *** Los discursos están en la White Chapel. Las vidrieras han sido reparadas. Mi tía Fiona está sentada en la primera fila. Ella grita cuando me presentan, y puedo ver a mi padre hacer una mueca de dolor. Fiona está tan alegre últimamente como nunca la he visto. Ella no sabía qué hacer después de que el Mago murió. Creo que ella quería matarlo de nuevo. (Y de nuevo.) A continuación, el Coven la hizo un cazador de vampiros, y todo se dio la vuelta. Ella está en algún grupo de trabajo secreto ahora y trabajando encubierto en Praga la mitad del tiempo. Me estoy moviendo a su departamento cuando salga de la escuela. Mis padres querían que vaya a Oxford con ellos —están viviendo allí, en nuestro pabellón de caza,— pero yo no podría estar tan lejos de Simon. Mi padre todavía no está listo para admitir que tengo un novio, y sería demasiado agotador, vivir en un lugar donde tengo que fingir que no soy un vampiro o irremediablemente gay. Al final de mi discurso, Fiona está llorando y haciendo sonar su nariz en un pañuelo. Mi padre no está llorando, pero tiene un nudo en la garganta que no le permite hablar correctamente después de la ceremonia. Sólo me sigue palmeando en la espalda y diciendo: —Buen hombre. — Vamos, Basil, dice Fiona. —Te llevaré de vuelta a Chelsea y te pondré borracho. Sólo estante superior. — No puedo, yo digo. — Esta noche es el baile de graduación. Le dije a la directora que estaría allí. —No se puede dejar pasar la oportunidad de verse a uno mismo en un traje, puedes. —Supongo que no. — Ah, bueno. Te pondré borracho mañana, entonces. Volveré por ti a la hora del té. Presta atención a Numpties. Esa es la despedida estándar de Fiona para mí ahora. Lo odio. *** Hay unas pocas horas antes del baile, así que tomo un paseo rápido en las colinas detrás de las paredes y recojo un ramo de hierba y iris de ojos amarillos, luego vuelvo cruzando el puente levadizo e ingreso a la Chapel ahora vacía. Hago mi camino hacia abajo en las catacumbas sin molestarse en encender una antorcha. Han pasado años desde que me he perdí aquí abajo. Yo no tengo prisa, así que me detengo para drenar todas las ratas que encuentro en el camino. Esta escuela va a ser infestada cuando me vaya. La tumba de mi madre está en el interior de Le Tombeau des Enfants. Es una puerta de piedra en un túnel forrado con cráneos, marcada por un cartel de bronce. Yo habría sido enterrado aquí con ella, si me hubiese muerto ese día. Quiero decir, morir correctamente. Me siento junto a la puerta — no hay picaporte o cerradura, es un pedazo de piedra incrustado en la pared — dejo las flores.


— Algo de esto será familiar para tí, le digo, sacando mi discurso. — Pero he añadido unas pocas florituras de la mía. Una rata me observa desde la esquina. Decido ignorarla. Cuando llego al final del discurso, mi cabeza cae hacia atrás contra la piedra. — Yo sé que no me puedes oír, digo después de un minuto o dos. —Sé que no estás aquí. ... — Has vuelto, y te he extrañado. Y entonces hice lo que querías que hiciera, por lo que probablemente no vuelvas nunca más. Cierro mis ojos. — Pero — yo sólo quería decirte que me voy a continuar. Como soy. —No importa lo mucho que pienso en ello, no creo que haya ninguna situación en la que me querrías —donde me permitirías — seguir así. —Pero creo que es lo que harías en mis circunstancias. Parece que nunca te rendiste. Nunca. Exhalo bruscamente y me levanto. Entonces me dirijo hacia la puerta e inclino mi cabeza. Hablo en voz baja, para que ninguno de los otros huesos pueda oír: —Sé que por lo general vengo hasta aquí para decirte que lo siento. Pero creo que hoy quiero decirte que voy a estar bien. —No quiero ser una de las cosas que te impide la paz, Madre. Estoy bien. Espero por unos momentos, sólo... sólo por si acaso. Luego salgo de las catacumbas, quitando el polvo de mis pantalones. *** Es un baile de egresados especialmente sombrío. Los pocos amigos que me quedan en Watford están aquí con citas—o evitándome. Dev y Niall no me han perdonado por hacerme amigo de Simon. Dev dijo que gasté toda su infancia conspirando contra él. — Oh, ¿qué otra cosa ibas a hacer con tu infancia?, Le pregunté. Dev no se molestó en contestar. Terminé de pie junto a la ponchera, hablando con la directora Bunce sobre prefijos latinos. Es un tema fascinante, pero no me siento como que tenía que ponerme una corbata negra por ello. Creo que la profesora Bunce está triste porque Penélope no está aquí. Pienso en consolarla con el hecho de que Penélope probablemente se habría saltado el baile, incluso si se hubiera quedado en la escuela, pero la directora ya está vagando fuera al otro lado del patio para comprobar su correo electrónico. — Tenía la esperanza de que habría sándwiches, alguien murmura. Lo ignoro, porque no estoy en Watford para hacer amigos o una pequeña charla, sobre todo ahora que me gradué. — O al menos pastel. Me doy la vuelta y veo a Simon Snow de pie al otro lado de la mesa de ponche. Vestido con un traje y corbata, con su cabello correctamente separado y peinado a un lado. No debería haber sido capaz de acercarse sigilosamente a mí de esa manera, pero huele diferente en estos días—como algo dulce y marrón. No más fuego verde y azufre.


— ¿Cómo está la fiesta?, Pregunta. — Fúnebre, le digo. — ¿Cómo has llegado hasta aquí? —Volando. Mi mandíbula cae y se ríe. — No, -dice. —Penny me trajo. Ella me dejó a las puertas. — ¿Dónde están tus alas? — Aún allí. Sólo invisibles. Alguien ya ha tropezado con mi cola. — Ya te he dicho que la metas dentro. — Hace que mis pantalones luzcan divertidos. Me río. — No te rías de mí, -dice. —¿Cuándo voy a reír, entonces? Snow rueda los ojos, luego los corta nerviosamente a un lado. Hacia la White Chapel. — No tienes que estar aquí, -le digo. — No, -dice rápidamente. — Lo hago. Se aclara la garganta. — No quiero que te vayas sin mí.

*** Simon Snow no puede bailar. La cola no está ayudando. Tomo el final en la mano izquierda y se envuelve alrededor de mi muñeca, sosteniéndola contra su espalda baja. — Nosotros no tenemos que hacer esto, le dije cuando entramos al patio de piedra donde la gente bailaba. — Nadie tiene que saber. — Saber qué?, Preguntó Snow suavemente. — Que estoy obsesionado contigo? Ese caballo salió del granero hace mucho tiempo. Presiono mi mano izquierda, todavía sosteniendo su cola, en la espalda y tomo su mano con la derecha. Levanta su mano izquierda en el aire, y luego la deja caer como si él no sabe qué hacer con ella. — Ponla en mi hombro, le digo. Él lo hace. Levanto una ceja. No te enseñó Wellbelove nunca a bailar? — Ella trató, dice. — Ella me dijo que era inútil. — De las bocas de los niños, le digo. Por lo menos la canción no es desesperada. Es Nick Cave. "Into My Arms". Uno de los favoritos de Fiona. Es tan lento, que apenas tienes moverte. Snow viste un traje caro. Pantalón negro, chaleco y corbata negro, y un saco de rico terciopelo—azul profundo con solapas negras. Debe ser del Dr. Wellbelove. Está ajustado en los hombros, pero no puedo ver donde las alas de Snow están ocultas. Alguien las ha ocultado prolijamente. Me paro con mis propios hombros cuadrados. Todo el mundo está mirándonos — Todo el mundo bailando. Todo el mundo de pie alrededor del patio, bebiendo ponche. Entrenador Mac y el Minotauro y Miss Possibelf, todos de pie con sus gafas perforadas estancadas en el camino a sus labios.


— Ellos sabrán-, le digo. — Van a hablar de ello. — ¿Qué?” Está a un millón de millas de distancia. Él está siempre a un millón de millas de distancia últimamente. — Ellos saben que somos gay. — Ahí van mis perspectivas de empleo, Simón dice rotundamente. — ¿Qué dirá mi familia? No estoy seguro acerca de que es la broma. Él me mira a la cara y huffs, exasperado. — Baz, eres realmente, literalmente, la única cosa que tengo que perder. Así que, mientras hacer cosas gay en público no hace que me odies, no me importa. — Sólo estamos bailando, le digo. — Eso es algo difícilmente gay. — Bailar es bien de gay, dice. — Aun cuando no son dos tíos. Frunzo el ceño ante él. — Tienes a Bunce. — Para bailar? — No. Tienes a Bunce para perder. Su cara cae. Lo tiro más cerca. - No. Quise decir, tienes más que sólo a mí. Tienes a Bunce, también. — Ella se va a mudar a los Estados Unidos." — Tal vez,- le digo. — Tal vez no. Y, de todos modos, no inmediatamente. Y más allá de eso — América no es amnesia. Ella todavía va a ser tu amiga. Bunce solo tiene dos amigos y medio; No creo que ella te deje ir.Snow comienza a decir algo, pero niega con la cabeza una vez y mira hacia abajo a sus pies. Unos pocos rizos escapan en su frente. — ¿Qué?,- Le digo, apretándole la mano. Me he vuelto muy familiarizado con sus manos. Salir con Simon Snow no ha sido el gropefest erótico que siempre había imaginado— hasta el momento, es un montón de sentarse en silencio y mirarse— pero nos tomamos de las manos casi todo el tiempo. Snow es como un niño que tiene miedo de perderse en el mercado. Él me aprieta la mano de regreso, pero no levanta la cabeza. Decido no presionarlo. Él está aquí. Contra todo pronóstico. Usando una corbata, bailando. Eso es algo. Empiezo a dejar que mi cabeza descanse contra la suya—y levanta un poco su cabeza, encontrándose con mi nariz. Saco mi torso hacia atrás. —Crowley, Snow!" Su cara es de color rojo. —Es sólo— Él presiona en mi hombro. — Es justo ¿qué? —No tienen que hacer esto. — ¿Hacer qué? Él entrecierra los ojos y aprieta los dientes. Las luces de colores colgados en el patio atrapadas en su cabello. — Sólo— que —es no — — Usa tus palabras, Simon. — No tienen que hacerlo, tú y Penny. Yo no soy. No soy como tú. Nunca lo he sido —soy un engaño.


— Eso no es cierto. — Baz. Yo no soy un mago. — Perdiste tú poder, -sostengo. — Lo sacrificaste. Su cola se suelta de mi mano. Tiende a zarandearse alrededor cuando está molesto. — No creo que alguna vez fue mío, -dice. — No sé cómo el Mago lo hizo, pero tú y Penny estaban en lo cierto— los magos no renuncian a sus hijos. Soy un Normal. — Snow. — Era malo con la magia porque no se suponía que tuviera ninguna! Las puertas ni siquiera se abrirían para mí esta noche. Penny tuvo que dejarme entrar. Una pareja está a la deriva cerca de nosotros, claramente escuchando —Keris y su duende maldito. Me burlo, y se alejan. Snow aplasta mi mano y hombro. Lo dejé, aunque soy mucho más fuerte que él. —Simon. Deténte. Estás hablando tonterías. — ¿Soy yo? Tú y Penny se preocupan más sobre la magia que nadie en el mundo de los Magos. Eso es lo que viste en mí—poder— y se ha ido. Nunca fui yo. —Eras!, Le digo. — Tú eras el más poderoso mago que alguna vez caminó. Eso fue real. — Yo era una excusa lastimosa para un mago, ¿cuántas veces me dijiste eso? — Yo dije eso porque estaba celoso! — Bueno, no hay nada lo que estar celoso ahora! Lo Solté. —¿Por qué dices todo esto? Simon aprieta los puños, encorvado sobre sí mismo, como un toro. —Porque estoy cansado de esperar. — ¿Para qué? — Para que todos ustedes dejen de sentir lástima por mí! — Nunca voy a dejar de sentir lástima por ti!" Es verdad. Él perdió su magia. Nunca va a dejar de romper mi corazón. — Pero yo no quiero eso tampoco!, Dice entre dientes. —Yo no pertenezco más contigo. — Equivocado, le digo. Tomo la mano de nuevo y puse mi brazo hacia atrás a su alrededor. — Las brujas de Salem nos sacaron juntos." —¿El crisol?" — Yo tenía once años de edad, y yo había perdido a mi madre, y mi alma, y las brujas de Salem te dieron a tí — Nos hizo compañeros, dice. Niego con la cabeza. —Siempre fuimos más. — Nosotros éramos enemigos. — Tú eras el centro de mi universo,- le digo. — Todo lo demás giraba a su alrededor." — Debido a lo que yo era, Baz. A causa de mi magia. — No. Estoy tan frustrado como él. —Sí. Quiero decir, Crowley, Snow, sí, que era parte de ella. En cuanto a que era como mirar directamente al sol. — Nunca voy a ser eso de nuevo.


— No. Y gracias a la magia. Suspiro con fuerza. —La forma en que estabas antes... Simon Snow, no había un día en que yo creía que viviríamos tanto a través de él. — ¿A través de qué? — La vida. Tú eras el sol, y yo estaba chocando contra ti. Me despierto cada mañana y pienso, 'Esto va a terminar en llamas.' — Yo puse el bosque en fuego — Pero ese no fue el final. — Baz. -Su cara se arruga, en el dolor, ahora — no la ira. —No puedo seguir contigo. Soy un Normal. — Simon. Tienes una cola. — Sabes a lo que me refiero. — Mira. -Traigo nuestras manos entre nosotros y levanto su barbilla. —Mírame. Yo no quiero tener que decir esto todo el tiempo. Es el tipo de cosas que se supone que debe ir sin decir poéticamente. ... -Se encuentra con mis ojos. — Sigues siendo Simon Snow. Sigues siendo el héroe de esta historia— Esta no es una historia! — Todo es una historia. Y tú eres el héroe. Sacrificaste todo por mí. Él mira tímidamente, avergonzado. —Yo no lo hice por ti, exactamente-" — Bien. Por mí y por el resto del mundo mágico. — Estaba limpiando mi propio desorden, Baz. Al igual, nadie te llame un héroe por la limpieza de tu propio vómito. — Fue valiente. Fue valiente y desinteresado e inteligente. Eso es lo que eres, Simón. Y yo no me voy a aburrir contigo. Todavía está mirándome a los ojos. Mirando fijamente como lo hizo ese dragón, la barbilla inclinada y bloqueada. — Yo no soy el elegido, dice. Me encuentro con su mirada y sonrisa burlona. Mi brazo es una banda de acero alrededor de su cintura. — Te elijo a ti, le digo. — Simon Snow, te elijo. Snow no se inmuta o suavizar. Por un momento, creo que va a tomar una oscilación en mí,— o golpear su cabeza dura como una roca contra la mía. En su lugar, empuja su cara a la mía y me besa. Sigue siendo un reto. Tomo su espalda. Solté su mano para sostener su cuello. Se estrella contra mí, y lo tomó. Yo no dejo una pulgada. (Es un desastre, la verdad, y si se corta el labio con mis dientes, podría ser un desastre.) Cuando nos separamos, está jadeando. Prosigo mi frente a la suya, y siento la tensión salir de su cuello y espalda. — Puedes cambiar de opinión", dice. — No lo haré." Niego con la cabeza contra su frente. — Siempre voy a ser menos, susurra. — Lo sé; Es un sueño hecho realidad."


Eso lo hace reír un poco, patéticamente. — Aun así,- él dice. — Siempre se puede cambiar de opinión. — Ambos podemos, yo digo. — Pero no lo haré. Debería haber sabido que esto es lo que sería como para bailar con Simon Snow. Los combates en su lugar. Entrega mutua. Él pone los brazos alrededor de mi cuello y se desploma en mi contra. Él olvidó que todo el mundo está viendo, o no le importa. — Baz?, -Dice. — ¿Sí? — ¿Aún eres amigo de Cook Pritchard?" — Asumo. — Es sólo que —yo realmente esperaba que hubiesen sándwiches.

AGATHA El sol brilla todos los días en California. Tengo un piso compartido que con otras dos chicas de la escuela. Hay una pequeña terraza, y se sientan por ahí con Lucy cuando llegue a casa de la clase, y nos empapamos en él. El sol. Lucy es mi perro de aguas Cavalier King Charles. La encontré en la nieve fuera de Watford. Pensé que podría estar muerta, pero yo no quería parar y solucionar el problema. Yo sólo la levante y seguí corriendo. Sé que Penny nunca me perdonará por huir ese día, pero no podía dar marcha atrás. No podía. Nunca me he sentido más seguro de cómo seguir con vida. Tuve que correr. ***** Técnicamente, lo más lejano que puedes llegar de Watford se encuentra al este de Nueva Zelanda, en el medio del Océano Pacífico. Pero California se siente más lejos. Dejé todas mis ropas viejas en casa. Me pongo vestidos de verano ahora, y sandalias de tiras que se atan alrededor de mis tobillos. Dejé mi varita en casa, también; mi madre se desmayaría si supiera. Ella sigue preguntando si he conocido a algunos magos. California es muy popular con el conjunto mágico, dice ella. Incluso hay un club en Palm Springs. No me importa. Yo vivo en San Diego. Mis amigos trabajan en restaurantes y edificios de oficinas de centro comercial, y salgo con muchachos que llevan los casquillos de media oscuras, incluso en los días cálidos. En días de semana, estudio, y los fines de semana, nos vamos a la playa. Gasto el dinero que mis padres me dan en la matrícula y tacos. Es.Todo.Tan.Normal. El único mago con el que todavía hablo, aparte de mis padres y Helen, es Penélope. Ella me envía textos. Traté de no enviar mensajes de texto contestándole, pero eso no funciona con ella.


Ella me dice cómo le está yendo a Simon. Ella me habló de los ensayos—Yo pensé que podría tener que volver a declarar, pero el Aquelarre me dejó hacerlo por escrito. Eso es lo más cercano que he venido a hablar con nadie acerca de lo sucedido. Acerca de lo que vi. Acerca de Ebb. Nunca conocí a Ebb. Era amiga de Simon. Siempre pensé que estaba loco—viviendo en esa choza, pasando sus días con las cabras. Pero yo sé más de ella ahora. Ella era un poderoso mago, pero ella no hizo lo que los magos poderosos hacen. Ella no quería estar a cargo. No quería controlar a la gente. O luchar. Ella sólo quería vivir en Watford y cuidar de las cabras. Y ellos no se lo permitieron. Al igual, que no podían simplemente dejarla ser. Ella murió en una guerra que no tenía nada que ver con ella. No hay elección fuera del Mundo de Magos. No hay un "no, gracias". No sé por qué se volvió a salvar mi vida. Casi ni hablaba con ella. Penny dice que debo honrar la memoria de Ebb, ayudando a construir un mejor mundo de los Magos. ... Pero tal vez voy a honrar su memoria sólo malditamente saliendo de él, de la forma en que ella lo intentó. Ella me dijo que corriera. *** Todavía tengo la imagen del Mago y Lucy. La metí en el espejo en la puerta de mi dormitorio. Y pienso en ella a veces, cuando me estoy vistiendo. Ella es la que se escapó. Me pregunto si ella todavía está aquí, en California. Si ella tiene una familia ahora. Tal vez voy a correr con ella en Trader Joe. (No voy a decirle que puse el nombre de mi perro por ella.) Creo que voy a enviar la foto a Simon algún día. No estoy lista para hablar con Simon aún, y no estoy seguro de que está listo para obtener una foto de el Mago en el correo. ... Pero creo que Simon podría ser la única persona que realmente quiso al Mago. Yo sé que él lo mató, pero es probable que él es la persona que estaba más triste por dejarlo ir.


SIMON Aunque soy el único aquí sin magia, nadie está ayudando a llevar las cajas por los cuatro tramos de escaleras. — Tú, -le dije a Baz, dejando que una caja caiga en el sofá, — incluso tienes superfuerza. Probablemente podrías hacer esto en la mitad de los viajes. — Si- Saca la tapa de la taza de Starbucks, así que él puede lamer la crema batida directamente. — Pero entonces tus vecinos normales empezarían a preguntarse, y ya son curiosos sobre el apuesto joven que frecuenta tu puerta de día y de noche. — Los vecinos ni siquiera saben que nos estamos mudando. Todos están en el trabajo. — Bueno, se preguntarán, una vez que consigan un vistazo a nosotros. Somos cool y misteriosos y más guapos que cualquier pareja tiene derecho a ser. -Él me mira y saca la copa de su boca. —Hablando de eso, ven aquí, Snow—una de tus alas se está mostrando. Pensé que las alas se desvanecerían o incluso caería después de dar al Humdrum mi magia. Pero Penny dice que usé mi magia para hacerlas, y sólo porque le di mi magia no significa todo lo que hice con ella se va a deshacer. Todavía tengo la cola, también. Qué Baz no se detendrá de burlarse — Ni siquiera es una cola de dragón —te diste a ti mismo la cola de un diablo de dibujos animados. — Estoy seguro de que podría hacer que la quiten,- le digo. — Yo podría hablar con el Dr. Wellbelove. — No vamos a hacer nada apresurado. Penny ha estado lanzando hechizos Estos no son los androides que buscas en mí cada mañana, así que las Normales no notan mis partes dragón, pero el hechizo no dura todo el día. Me temo que van a salir durante una clase. — Sólo dile a la gente que estás en un show, -Baz aconsejó. — ¿Qué tipo de espectáculo? — No lo sé; que es lo que mi tía Fiona siempre me dijo que dijera si alguien alguna vez se diese cuenta de mis colmillos. Me siento frente a Baz ahora, en la mesa de café—la cual cargue por mí mismo. Me entrega la copa, y me tomo un sorbo. — ¿Qué es esto? —Breve mocha calabaza. La he creado yo mismo. — Es como beber una barra de chocolate,- le digo. — Pensé que íbamos a tomar el té. — ¿No te compró Bunce una tetera? Tienes que empezar a entender esto, Snow. La autosuficiencia.-Él tiene su varita por encima de mi hombro y golpetea mi ala. -No hay nada

que ver aquí!-


— Oh, Baz, vamos. Sabes que odio No hay nada que ver aquí. Ahora la gente va a estar corriendo en mí todo el día. — Los mendigos no pueden elegir…no sé ese hechizo robot de Bunce. Penny sale de su dormitorio. — Simón, ¿has visto mi bola de cristal? — ¿Debería? — Está en una caja marcada Cuidadosa —bola de cristal. Oh, hola, Baz. ¿Qué haces aquí? — Voy a estar aquí todo el tiempo, Bunce. Voy a rondar tu puerta de día y de noche. — ¿Has venido para ayudar a mudarnos?" Él pone la tapa en su bebida. — Hmm. No. Baz y yo hablamos de conseguir un piso juntos después de finalizó en Watford. Él volvió a terminar segundo mandato, pero simplemente no podía. Quiero decir, yo podría tener, a pesar de que estaba bajo arresto domiciliario; La madre de Penélope me hubiese dejado. Sólo he estado allí una vez, para el baile de egresados de Baz en la primavera. Tal vez voy a ir de nuevo algún día. Cuando todo se siente más lejos. Me gustaría visitar la tumba de Ebb, profundo en el bosque. Agatha no volvió a Watford tampoco. Sus padres no iban a hacerla volver. Ella va a la escuela en California ahora. Penny dice que tiene un perro. No he hablado con ella. No hablé con nadie por un tiempo, a excepción de Baz y Penélope. Hubo una investigación de tres meses de la muerte del Mago. Al final, no me acusaron. Tampoco a Penny. No tenía ni idea de que yo diría lo que dije después de su hechizo—y no tenía ni idea de que lo que he dicho mataría al Mago. Pensé que el Mundo de los Magos se vendría abajo sin él. Pero han pasado siete meses y no ha habido una guerra. Yo no creo que haya. El Mago no ha sido sustituido. El Aquelarre decidió que el Mundo de los Magos no necesita un líder, al menos en este momento. Dr. Wellbelove sugirió que yo intentara para el puesto del Mago, y yo trataba de no reírme como un loco. Creo que soy, creo ... un loco. Quiero decir, tengo que ser. Estoy viendo a alguien, para hablar de ello — un psicólogo mágico en Chicago. Ella es, como, uno de tres en el mundo. Hacemos nuestras sesiones a través de Skype. Quiero que Baz hable con ella, también, pero hasta ahora, cambia de tema cada vez que lo menciono. Toda su familia se ha mudado a una de sus otras casas, en el norte. La magia no ha vuelto a Hampshire. O cualquiera de los otros puntos muertos,— pero no ha habido ningún agujero nuevo desde Navidad. (Decenas de otros nuevos abrieron ese día. Me siento mal por eso, esos son los que yo podría haber ayudado.) El padre de Penny sigue llamando para tranquilizarme de que nada está poniéndose peor. Incluso he ido a lo largo de algunas de sus encuestas. No es un gran problema para mí visitar los agujeros, la forma en que es para otros magos; No tengo ningún tipo de magia que perder. Quiero decir... es un gran problema para mí. Pero por otras razones.


El padre de Penny piensa que la magia volverá a los puntos muertos eventualmente. Él me ha mostrado los estudios sobre las plantas que crecen en Chernobyl y sobre el cóndor de California. Cuando le dije que iba a la universidad, él me dijo que debía estudiar ecología de la restauración. — Podría ser muy curativo, Simon. No lo sé. Voy a comenzar con cursos básicos y ver qué se me pega. Baz está empezando en la London School of Economics en unas pocas semanas. Sus padres ambos fueron a Oxford, pero Baz dijo que estaría estacado antes de dejar Londres. — ¿Eso realmente funcionará en tu vida?,- Le pregunté. — ¿Qué? — ¿Una estaca? — Me parece que una estaca en el corazón puede matar a cualquiera, Snow. Me llama Simon ahora, de vez en cuando, pero sólo cuando estamos siendo suaves entre nosotros. (. Todo lo que sigue pasando, también supongo que soy gay, mi terapeuta dice que no es ni siquiera en las cinco primeras cosas que tengo que resolver en este momento.) De todos modos, Baz y yo pensamos en conseguir un piso. Pero los dos decidimos que después de siete años juntos, podría ser bueno tener diferentes compañeros. Y Penny y yo siempre hemos hablado de tener un lugar juntos. Nunca pensé que iba a suceder. Nunca pensé que había un camino que llevaría aquí, un cuarto piso con dos dormitorios y un hervidor de agua y un vampiro de ojos gris sentado en el sofá, jugando con su nuevo teléfono. Nunca pensé que había un camino que llevaría a los dos vivos. Cuando lo miras de esa manera, no había mucho a que renunciar a—mi magia. Por la vida de Baz. Por mi. A veces sueño que todavía lo tengo. Sueño con ir fuera, y me despierto, jadeando, no estoy seguro si es verdad. Pero nunca hay humo. Mi aliento no se quema, mi piel no brilla. No me siento como si hubiera una estrella nova en mi pecho. No es sólo el sudor y el pánico y mi corazón acelerado por delante de mí, y mi médico en Chicago dice que es todo normal para alguien como yo. — ¿Un supervillano caído?- Diría. Y ella sonríe, desde una distancia profesional. —Una víctima de trauma. No me siento como una víctima de trauma. Me siento como una casa después de un incendio. Y a veces, como alguien que murió, pero se quedó en su cuerpo. Y a veces me siento como que otra persona murió, como alguien más que sacrificó todo, para que yo pueda tener una vida normal. Con alas. Y una cola. Y vampiros. Y magos. Y un niño en mis brazos, en vez de una niña.


Y termina, un final feliz— incluso si no es el final que jamás habría soñado por mí mismo, o esperado. Una oportunidad. — ¿Qué hora es?- Penny le pregunta. — ¿Es demasiado pronto para tomar el té? No tenemos galletas en una de estas cajas. Puedo traerlas mágicamente para nosotros. Baz levanta la vista de su teléfono. — El Elegido de nos va a hacer el té de la manera normal, dice. — Es la terapia ocupacional. — Yo ya sé cómo hacer el té,- le digo. — Y me gustaría que dejaras de llamarme así. — Realmente eras el Elegido, -dice Penny. — Tú fuiste elegido para acabar con el Mundo de los Magos. Sólo porque tú no pudiste, no significa que no fueron elegidos. — Toda la profecía es una tontería, -le digo. — Y uno vendrá para terminar con nosotros. Y uno traerá su caída. ¿Yo también traje mi propia caída? — No, -dice Baz. — Ese fui yo. Obviamente. — ¿Cómo llevaste a mi caída? Detuve al Humdrum yo mismo… Baz mira hacia atrás en su teléfono, aburrido. — Me enamoré, ¿no? Penny gime y Baz se echa a reír, tratando de no romper una sonrisa. — ¡Basta de coqueteo!-Penny dice, dejándose caer en una silla rellena que sus padres nos dieron. (Lo cual cargue por mí mismo.) — Yo he superado la cantidad suficiente de coqueteo para esta vida. Tengo hambre, Simon. Encuentra la caja de galletas. Baz sonríe, luego se inclina y besa mi cuello. (Tengo un lunar allí; lo trata como un objetivo.) — Vamos, entonces, -él dice. —Adelante, Simon.

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Moriré besando a Simon Snow, Rainbow Rowell  

Carry On, es el título original. Esta es una traducción de fans y para fans de la novela Carry On de la autora Rainbow Rowell basada en el f...

Moriré besando a Simon Snow, Rainbow Rowell  

Carry On, es el título original. Esta es una traducción de fans y para fans de la novela Carry On de la autora Rainbow Rowell basada en el f...

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