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POESÍA. Daniel Orizaga Doguim sobre El Ocaso del Porfiriato de Pável Granados (coord.) (fce/flm, 2010) 106 / ENSAYO. Fausto Alzati sobre Las encías de la azafata de José Israel Carranza (Tumbona/ udeg,

2010); Papeles falsos de Valeria Luiselli (Sexto Piso, 2010) y Breve diccionario clínico del alma

de Jesús Ramírez-Bermúdez (Debate, 2010) 108 de Jacobo Siruela (Atalanta, 2010)

/ Marina Porcelli sobre El mundo bajo los párpados

111 / NARRATIVA. Mayra Luna sobre Fiebre de Daniel Krauze

(Planeta, 2010); Enfermario de Gabriela Torres Olivares (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2010); Tu ropa en mi armario de Bibiana Camacho (Jus, 2010) y La vida triestina de David Miklos (Libros Magenta, 2010) 113 / Cecilia Eudave sobre La balada de los bandoleros baladíes de Daniel Ferreira (uv, 2011) 116

ESTANTERÍA. Elisa Corona Aguilar sobre Canto de mí mismo 118 / Leopoldo Lezama sobre La mesa del silencio 118 Joaquín Guillén Márquez sobre De la infancia 118 / Paola Morán sobre Un terrible amor por la guerra 119 Carlos Esteban Cuendia sobre La novela, el novelista y su editor 119 / Ilustraciones Fraguas: Uriel Marín

EL CARNAVAL DEL MUNDO ENGAÑA TANTO

nuel Caballero o Federico Escobedo, de entre

Daniel Orizaga Doguim

los que se agruparon alrededor de la Revista

Es sencillo olvidar a los poetas. A Juan de Dios

Moderna (1898-1903) y la Revista Moderna de

Peza, por ejemplo. Hoy, “Reír llorando” suena a

México (1903-1911). A veces la originalidad

patrimonio kitsch. Por la memoria de alguno que-

poética surgía de la identificación y del recha-

dan la receta de Garrick y “Fusiles y muñecas”. A

zo, en distintos grados, de las escuelas —ro-

veces el arte de perdurar depende de un poema o

manticismo, clasicismo, parnasianismo, de-

dos. Otras, de un verso afortunado. La posteridad

cadentismo— para lograr su propia adopción.

es equívoca: Peza llegó a ser el poeta que entraba

Esta es la imagen que queda tras la lectura

en todos los hogares mexicanos.

de El ocaso del Porfiriato. Antología histórica de

Amado Nervo quedaría como un verdadero precursor del estrellato literario continental. En

Suenan más lejanos Balbino Dávalos, Ma-

la poesía en México (1901-1910), coordinada por Pável Granados.

América Latina miles —¿millones?— hablaron

Las pequeñas mitologías también son par-

con su lenguaje. Tiene aún recitadores. En el

te de la historia literaria. Un poema puede te-

nombre de Nervo no hay nada que haga sospe-

ner de nuevo sentido gracias a las crónicas

char el aprecio alcanzado con Serenidad. Y ya es

que esperan convertirse en biografía. Saturar

1912: ha iniciado una Revolución.

calles con nombres, falso homenaje cívico,

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ha sido una estrategia para la desmemoria.

Una antología histórica tan amplia requie-

Consiste en desarticular el tiempo y el espa-

re de una teoría antológica y de una posición

cio concreto de una vida. Nos queda la ciudad,

sobre la manera de contar la tradición. Pável

puro museo de significantes. El nombre queda

Granados, Emiliano Ruiz Parra, Lorel Manzano,

en un no-lugar.

Marco Lagunas, Víctor Mantilla, Juan Pablo Or-

La crítica reconstruye sitios en los cuales las

tiz del Toro, Víctor Altamirano y María Álvarez

dimensiones vitales, históricas, sociales y esté-

durante diez años leyeron, recogieron, selec-

ticas pueden encontrarse. Les otorga un lugar

cionaron y anotaron a los poetas de hace cien.

común para calibrar vidas y obras. En efecto, el

Por un lado está la introducción que des-

borramiento entre las dos últimas es una de las

pliega una relectura —con un canon restitui-

ideas que sigue El ocaso del Porfiriato. Premisa

do—; del otro, las notas biográficas como pro-

congruente. Una antología es un lugar común,

cedimiento interpretativo. Estrategia, método

un sitio para una comunidad de poetas y lecto-

y restauración. En efecto, las transcripciones

res. De tal manera, decimos Rubén M. Campos,

buscan ser limpias para acortar la relación con

y con él viene Manuel José Othón. Un

el lector, muchas veces entorpecida

poeta deja huellas en otros que po-

por erratas.1 Las notas enfatizan el

demos —debemos— rastrear, hue-

temperamento del poeta: aportan

llas que guían hacia otras escuelas

retratos en los que las obras hallan

o rebaten a los antiguos. Los poetas

su crónica pertinente en la maraña

se alaban o critican entre sí, se con-

de acontecimientos.

taminan. Adquieren sentido en sus

La investigación sobre los gru-

relaciones: importa saber a quién

pos hegemónicos aporta otro pano-

leyó, contra quién reaccionó, qué

rama, el de las tensiones entre lite-

partido tomó como suyo.

ratura y sociedad, para que el poeta se muestre tangible en su tiempo. Inteligible.

La cita extensa aclara la hipótesis de trabajo:

Nada comparable al hastío escolar. Los trabajos académicos buscan puntos en un sistema,

[D]ebe considerarse que muchos críticos

esta antología pide lectores.

confunden “grupo” con “generación”. Es de-

Antes que la compilación de autores o fuen-

cir, los artistas contemporáneos entre sí

tes, encontramos el escenario que nos permite

—aunque no necesariamente de la mis-

vislumbrar los debates estéticos que habrían

ma generación— organizan agrupaciones

de repercutir más allá de 1910. Para evitar la

—frecuentemente alrededor de una pu-

mediación del prejuicio, lo más adecuado —y

blicación— para difundir su obra o ciertas

honesto— es partir de las coordenadas litera-

ideas estéticas. [Esa publicación,] depen-

rias de inicios del siglo xx. Aquí habla Manuel

diendo de su calidad y de la tenacidad de sus

Puga y Acal:

editores, les otorga una parte del poder cultural. El éxito y la trascendencia de la obra literaria se dan en medio de la dialéctica entre la política cultural de la época y el desempeño de los grupos intelectuales.

1 En el número 169 de la revista Tierra Adentro Gabriel Wolfson habla de los “viejos lectores” de Martín Luis Guzmán, y de la necesidad de reeditarlo para los nuevos. Para buena parte de los poetas de hace cien años, decir viejo lector parece reiterativo. Por varias razones. Sus poemas llegan en los mismos ejemplares centenarios, originales... cuando están recogidos en volúmenes legibles.

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Zola ha formulado la mejor definición del

Antología, se tornan “presencias reales”. Hace

arte, en mi concepto, al escribir que una obra

poco José Emilio Pacheco se refería al ataque de

de arte es “un cuadro de la naturaleza o de la

Puga y Acal en su columna “Inventario” del sema-

vida visto al través de un temperamento. Con-

nario Proceso. Pacheco pide incluirlo en el bando

forme a esta definición, el artista viene a ser

de Peza, quien habría llevado a la poesía por un

una especie de cámara obscura […] Es decir

camino más coloquial y “prosaico”. Una vuelta de

que la perfección y colorido de una obra de

tuerca, un siglo después.

arte depende del temperamento del artista.

ENSAYO GENERAL...

Esto escribe en Los poetas mexicanos contem-

Fausto Alzati Fernández

poráneos, libro que en 1888 recoge textos de las

¿Habrá algo que distinga definitivamente a

polémicas que sostuvo con Díaz Mirón, Gutiérrez

los locos de los no locos, a las patologías de

Nájera y el mismo Peza. Puga y Acal es, por cier-

las aficiones? ¿Algún silogismo o alguna carga

to, un fundador esencial para la crítica, que los

eléctrica en el cerebro que sirva de distinción?

antologadores recuperan con justicia. Así, se

A menudo creo que la diferencia es una arbi-

destaca una problemática: la función del crítico

trariedad brutal, basada en una mera metá-

en cierta coyuntura entre tiempos y estéticas.

fora fuera de sitio, un verbo de más o una in-

Los autores de El ocaso del Porfiriato recogen

flexión de menos. Ya sea por el salto de asocia-

las polémicas de entonces y nos llaman a otras

ciones poéticas en el habla o por la ausencia

nuevas. Cierto, pueden ser discutibles los crite-

de un registro de ironía en sus más aparentes

rios, pero no sus aportes. El mejor argumento

interpretaciones (esa decepcionante franque-

es la propia antología histórica, un equilibrado

za de tomarse todo al pie de la letra), a veces

ejercicio entre la memoria popular y el conoci-

parece que la locura es tan sólo un desatino

miento extenso. Puede que se trate de la revisión

carente de traductor en el momento necesario.

más acertada de una época que se haya hecho

Así, termino por preguntarme: ¿qué separa al

recientemente, dada la postulación de genealo-

loco del ensayista? Y no lo pregunto sólo por-

gías, el rigor y la defensa de una postura sobre

que el ensayo se ensambla a ratos de supo-

la historiografía de la poesía mexicana.

siciones teórico-debrayativas, sino porque el

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El ocaso del Porfiriato nos recuerda la pe-

ensayo obliga a quien lo escribe a cuestionar,

ligrosa caducidad del gusto y su conexión con

tanto que con frecuencia exacerbada se debe

las ideas que permean una sociedad, así como

preguntar: ¿qué diablos estoy haciendo?

también su posible —aunque inestable—per-

Es un placer extraño el ensayo, a ratos confu-

manencia. La vaga popularidad es una pauta li-

sión crónica, recuento reflexivo de empalagosa

teraria extraña. Hoy leemos a poetas olvidables

lucidez, y a ratos intuición onírica o desplante

que no podemos identificar. A veces la sensibi-

cuasiempírico. No sé el porqué de estas cuestio-

lidad envejece prematuramente y al desfase le

nes sobre la locura, los discursos y el ensayo; lo

llamamos cursilería. Y en otras, algo en esa vieja

que sí me queda claro es que mi fascinación por

sensibilidad nos recuerda su continua novedad

South Park todavía no cede, y que con frecuencia

o cercanía. Los poetas de hace cien años han

me sorprendo haciendo analogías de cualquier

sido invocados: Juan B. Delgado, Justo Sierra o

cosa con dicho programa de televisión. Recuer-

Laura Méndez de Cuenca, tras la lectura de la

do ahora una escena del séptimo episodio (ori-

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ginalmente titulado “Erection Day”) de la novena

fumar o no fumar. Así también, elabora giros in-

temporada (La Novena de South Park), donde

trospectivos sobre el noble silencio de la Pantera

la escuela local lleva a cabo su Show de Talen-

Rosa, donde la vida propia y sus aporías pueden

to anual. En el espectáculo escolar los chavos

comentarse siempre y cuando parezca que se

dark tocan con su banda (más new wave que

habla de cualquier otra cosa. Son estos desplan-

gótico, debo decir), una canción cuyo coro dice:

tes de ingenio donde se aparenta la habilidad y

“No quiero estar en un Show de Talento”. Fiel a la

vitalidad de Carranza. Dis-

implacable lógica de esta serie animada, al ter-

fruté tanto de las melosas

minar su canción los chavos dark comentan en-

construcciones de la primera

tre sí: “Los shows de talento son estúpidos”, a lo

mitad del libro que si pudie-

cual uno de ellos responde más tarde: “Ojalá ga-

se pasaría la segunda mitad

nemos el Show de Talento”. Aparte de exhibir las

—más inclinada a “lo litera-

ambivalencias del idealismo que nos heredaron

rio”— a otro libro, guardando

los años noventa, este despliegue muestra una

por completo el último grupo

de las aptitudes más excepcionales del ensayo:

de notas para una novela. En

la expresión palpable de las contradicciones,

fin, es una petición personal

ambigüedades, tensiones, complejidades y sim-

(basada en mi preferencia

plezas que constituyen nuestras experiencias,

por el “confieso que he vivi-

identidades y vivencias. En particular, el espacio

do” sobre el “confieso que he

del ensayo afronta aquellos aspectos íntimos y

leído”), esperanzado de que el

desolados de la experiencia humana, donde ha-

autor se deslinde de esa obli-

blar de la totalidad de la experiencia requiere la

gación a justificar su ensayo

franqueza y el humor para enunciar aquel enre-

por medio de la literatura o

do primordial entre lo llamado subjetivo y lo que

la sociología, para así seguir

se dice objetivo. Para esto es necesario un talen-

abriendo caminos con su re-

to bizarro. Muestra de ello son Las encías de la

frescante debrayativa.

azafata de José Israel Carranza; Papeles falsos de Valeria Luiselli y Breve diccionario clínico del

n

alma de Jesús Ramírez-Bermúdez.

El caso de Papeles falsos

muestra una estrategia de n

escritura más bien dispues-

Qué tremenda osadía ensayar en torno a la ira de

ta a vagar entre lo calcula-

una mujer; cuánto espacio y cuánta aceptación

do y lo trivial, como cuando

de lo posible y lo imposible se requiere para re-

se da vueltas en la bici, o se

flexionar sobre algo tan aterrador. Tales son las

asoma uno de pronto por la

virtudes de Las encías de la azafata, que con un

ventanilla del avión. Aunque

humor confesional dispuesto a la autoparodia,

a ratos también ronda por Lo Literario y se

logra vistazos a las placenteras incongruencias

percibe en el ágil uso del lenguaje un regodeo

del ser (sea lo que sea eso...). Ubica, por ejem-

en su estética, muestra, ahí mismo, vibrantes

plo, que el obstáculo final para dejar de fumar

juegos de asociaciones y vaivenes poéticos.

es el goce infranqueable que suscita el dilema

Sus desplazamientos verbales pasean por el

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mapa de una ciudad que es la ruta hacia la

Quizá sea este un libro donde el doctor se

memoria, el presente, y el porvenir de la escri-

cura de sus pacientes, asociando libremente

tura continua de una vida. Logra incluso, en-

de un pasaje a otro. Se cura con el lector, con

tre visitas a cuartos de hoteles, recuerdos de

ese mundo de interlocutores enramados en el

la infancia y un espíritu viajero, una reflexión

complejo telar de la sociedad y sus afectos,

seria y deleitable en torno al lenguaje mismo

ese mismo tejido en donde surgen los pacien-

y las maneras en que lo habitamos. La escri-

tes. Reaviva movimientos y tensiones que re-

tura, en sus pasajes más cándidos, impregna

miten a la curiosidad científica de aquel Freud

al lector con su música y las imágenes se ba-

del Proyecto de psicología para neurólogos.

ten con la propia vivencia. Tan es así, que aún

Como quiera, leí los casos del Breve diccio-

no logro convencerme de que yo no estuve ahí

nario clínico del alma con la misma emoción

cuando aquel portero que describe Luiselli,

de quien espera el siguiente episodio de una

fumando afuera de su edificio, dijo que para

miniserie en

conocerse mejor era esencial despertar en

presentan los casos que recibe cada semana

casas ajenas. Es esa disposición al extraña-

el doctor Ramírez-Bermúdez (un poco al es-

miento lo más noble de su texto; sólo espero que su virtuosismo no la encante,

hbo.

Una serie cuyos capítulos

tilo En Terapia pero en región 4 y con epígrafes de Montaigne al inicio de cada

para que no vaya a privarnos de lo

temporada). El autor se pone y quita

que es capaz de formular.

la bata médica, cuestionando, con cada caso, otra rama de sus certezas

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personales y profesionales ante la

Breve diccionario clínico del alma pre-

tambaleante realidad, procurando al-

senta una reflexión relevante y bien lo-

gún alivio para ese muy real sufrimien-

grada sobre la condición humana y los

to con que llegan a sus puertas los

nudos entre las neuronas y las pala-

heridos. Escuchando las palabras y

bras, no sin procurar siempre —y he

la poesía inadvertida de los sínto-

ahí el detalle— una brecha para todo aquello que las neuronas y/o las palabras

mas de aquellos heridos —ya sea por la brutal indiferencia de la naturaleza como tal o encarnada por los otros—, a

no pueden tocar siquiera.

ratos hay alivio y en otros dudas filosóficas y

Entre sus líneas se lee

existenciales irresolubles, pero eso sí, seguro

un retrato clínico de una

una buena historia y una valiente indagación

época, de sus síntomas

a fondo. Bravo.

y modos de enunciación, y de las relaciones implí-

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citas que construyen con el

En fin, puede que una bata blanca sea lo único

poder y el azar. Estos plantea-

que distinga al loco del curandero, tanto como

mientos no surgen en lo abstracto,

puede que todos los presentes seamos par-

sino en las metáforas singulares de indivi-

te del show de talento para el casting de las

duos vivientes —en la voz de quienes padece-

letras. Así, la diferencia entre la locura y los

mos esta época.

despliegues de entrañable genialidad puede

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que no sea tan sólo cuestión de timing. Co-

que lo que realmente quiero remarcar es que el

moquiera, así como aquel paciente del doctor

relato de Jacobo Siruela adolece, por momen-

Ramírez-Bermúdez que a ratos desconocía

tos, de cierta confusión teórica, resulta débil en

por completo a las personas cercanas de su

determinadas conceptualizaciones, y recuer-

vida y así, perdiendo su apatía rutinaria, apa-

da, además, al ensayo de Alan Sokal, Impostu-

sionadamente engañaba a su esposa con su

ras intelectuales, donde se detalla el abuso de

esposa, así también, espero releer a estos tres

la jerga de las ciencias exactas aplicada a los

autores para disfrutarlos de nuevo como ex-

estudios humanísticos. Concretamente ahora,

traños amigos extraños.

me refiero a la vaguedad con la que el autor es-

PROYECCIONES FORZADAS

pañol utiliza términos como feno- menología o historicidad en el libro; al modo arbitrario con el

Marina Porcelli

que fundamenta el análisis proyectando analo-

El tema es atractivo de por sí. Jacobo Siruela —

gías; a la imprecisión con la que define otredad;

Jacobo Fitz Stuart Martínez de Irujo, conde de

a las falacias que subyacen las citas filosóficas

Siruela— nació en Madrid en 1954, fundó y diri-

—falacias de autoridad—; y sobre todo, a una

gió hasta hace pocos años la editorial que lleva

conclusión defensora del status quo. Agrego

su nombre, y ahora coordina el sello

que la ausencia de autores latinoa-

Atalanta, que ha publicado su último

mericanos no es un demérito. O digo

libro, un ensayo sobre los sueños: El

mejor: en realidad no lo sería, si no

mundo bajo los párpados. Con una

hubiera escritores en el continente

prosa prolija, casi impecable, y una

americano con propuestas valiosas

edición bellísima, Siruela se propo-

sobre el campo onírico. Pero los hay.

ne construir la historicidad y feno-

Por lo que la falta total de referen-

menología del aparato onírico, y digo

cias —sólo cita tres veces a Borges

se propone porque, pese al cuidado

y casi para acotar que no supo leer

de la narración, luego de los prime-

cabalmente un tratado sobre el

ros dos capítulos, el libro se enquista

tiempo— da cuenta de una pers-

justamente en ese punto: el de la propuesta, el

pectiva sesgada, europeizante, que limita el

de la buena intención. Y creo que, quizá, una de

objeto de estudio, lo torna vago y artificial. Así

las premisas más confusas sobre las que se eri-

las cosas, resta preguntarse por qué, entonces,

ge el planteo consiste en embanderarse como

El mundo bajo los párpados se ubica entre los

reivindicador de los sueños, con el supuesto de

primeros puestos de venta en México y España.

que este material —su ontología, sus meca-

Soñar participa de la historia. Esta cita de

nismos de representación, su capacidad cog-

Benjamin encabeza hermosamente la primera

nitiva— son despreciados actualmente por las

parte del libro, donde se establecen los pro-

humanidades y el arte. Lo que significa negar,

pósitos teóricos: concebir los sueños dentro

de alguna manera, no sólo los tratados vigentes

y desde de su dimensión histórica. Tanto en el

de psicoanálisis, sino también la teoría literaria,

sentido que remite al concepto sueño, o sea,

los estudios religiosos y antropológicos, y hasta

advertir, como asentó Bajtin, que todo término

ciertas líneas históricas, amén de casi toda la

se carga y se descarga de significado de acuer-

poesía. Pero esto último dicho al margen. Por-

do a la época —y ahí está el extenso capítulo II

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matemáticos ni a fundamentar sólidamente las proposiciones oníricas. Por ejemplo: desde la idea de que el tiempo en el sueño es una “dimensión totalmente indeterminada” se conpara sostener esa idea—; como en el

cluye que los sueños son premonitorios del

sentido que se cifra en las palabras

mundo real —sin reparar en que toda profecía

de George Steiner: los sueños “se

tiene también puntos de disidencia con la rea-

convierten en materia de la

lidad—. O, con esta misma sentencia, se de-

historia”. Vale decir, cada siglo

fiende una especie de status quo, la negación

y cada cultura tiene su propio es-

de cualquier cambio, ya que todo se encuentra

tilo para soñar. Sin embargo, a pesar de

presente en la psiquis. Así, cuando el autor arti-

que Siruela subraya “la insólita capacidad

cula conceptos de Schopenhauer, Jung o Pauli

de trascender el carácter individual que tiene

parece no importarle más la temática de los

el onirismo” para convertirse “en una simultá-

sueños: ahora se ha lanzado sobre la relación

nea experiencia colectiva”, no ahonda más que

intrínseca entre mente y materia. El colapso es

en esta premisa, por lo que estos capítulos re-

inevitable. Juicios como “durante muchos años,

sultan, al fin y al cabo, un valioso compendio

Jung pudo confirmar psicológicamente la exis-

de datos más que la creación de herramientas

tencia de un puente entre el mundo externo y

y patrones nuevos.

el interno, pero no se atrevía a sacar una con-

Pero a partir del capítulo III, el libro se desin-

clusión teórica de ello”; o “aunque suela consi-

fla y expone toda su fragilidad. Al indagar cómo

derarse que gracias a Freud los sueños tienen

funciona el espacio y el tiempo en el sueño, Si-

un significado fue Jung el que descubrió real-

ruela presenta el ejemplo de Saint-Denys, e in-

mente cuál era su significado” demuestran la

troduce la categoría de sueño lúcido, que impli-

fragilidad teórica que referí al comienzo.

ca una conciencia despierta capaz de observar

Resta decir que otredad, en este libro, a

el sueño mientras se sueña. Capaz, incluso, de

veces refiere al mundo onírico; a veces, a una

ir modificando lo soñado. Sin embargo, esta hi-

realidad-desconocida; a veces, como incon-

pótesis —conocidísima, verificable— no mos-

gruentemente reza la contratapa, a la litera-

traría fisuras en su enunciación, si el autor no

tura fantástica; el caso es que si la intención

hubiera rematado: “las investigaciones de la

del autor era revalorizar, incorporar al mundo-

física cuántica hallarían en las partículas mi-

despierto el campo onírico, dada su inmen-

croscópicas la misma ley, esta vez aplicada a la

sa capacidad perceptiva, cognitiva, etcétera,

realidad subatómica…” En este punto, el libro

quizá el término otredad no resulte el más

da un giro, se entrampa. Comienza a recurrir a

adecuado para bautizarlo. Como sea. El mun-

la analogía de las Ciencias Exactas para soste-

do bajo los párpados recopila material raro y

ner sus hipótesis e, impunemente, va más allá:

valioso sobre este tema, pero no articula —ni

establece una oscilación desconcertante en la

ensayística, ni filosóficamente— una mirada

que la realidad-onírica es proyectada con arbi-

sólida sobre nuestros sueños, o sobre aque-

trariedad sobre la realidad-física, y viceversa.

llo que hace que las pesadillas narradas en La

El resultado es una articulación verbal que no

Ilíada, por ejemplo, también sean hoy nues-

alcanza a edificar claramente los problemas

tras pesadillas.

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CRÍTICA (Y CONFESIÓN) DE UN QUADRIVIUM POSMODERNO

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póker o golf; la madre, ama de casa que sólo va al gimnasio, lee best-sellers y prepara alimen-

Mayra Luna

tos. Esto no problematizaría si la voz narrativa

Lo confieso: casi no leo a mi generación. Por eso

fuese la de un adolescente, pero como insiste

me acerqué especialmente curiosa a estas cua-

en ser la de un adulto que se remonta a esa

tro obras narrativas recientes de escritores mexi-

edad, carece de la sombra que impregnaría

canos nacidos en las generaciones de los setenta

una mirada madura. Esa mirada cándida tam-

y ochenta. Me encontré con este panorama.

bién demerita los diálogos entre los persona-

Con una narratividad efectiva, Daniel

jes, pues intenta volverlos “fieles” a los reales,

Krauze (1982) nos sumerge en Fiebre en el di-

y no efectivos para el lenguaje narrativo. Sin

fuso salto de niño a adolescente. De la mues-

embargo, es innegable la destreza de Krauze.

tra de estos cuatro libros, sus historias son

Fiebre se perfila como la obra de un sólido na-

las más conservadoras en el sentido litera-

rrador de historias.

rio: realismo bien construido. Esto no le resta

Esta visión púber la comparte Enfermario

sagacidad a su escritura, pues es también el

de Gabriela Torres Olivares (1982) con una

más intencional. Cada detalle, descripción y

propuesta escritural muy distinta. Aquí los

acción van encaminados a ensan-

mundos adolescentes se vuelven

char la tensión y la complejidad de

espectáculos anómalos: siame-

la obra. En “Dálmata”, por ejem-

sas separadas al nacer, antropo-

plo, la fricción edípica inicia con

fagia norteña, aves de corral que

el ritual de los balnearios entre

cumplen su condena, centauros

padre e hijo, seguida por un cruel

urbanos víctimas de fantasías ho-

accidente con una jarra de agua,

mosexuales y demás. La anorma-

la forma impersonal en la que el

lidad es la norma en este libro. La

padre se dirigía a Ness (el perro) y

propuesta es arriesgada en la lite-

la abulia de una madre deprimida;

ratura nacional. Las narraciones

tensión que detona cuando Ma-

consiguen la extrañeza y la repul-

riano repetidamente orina sobre el tapete de

sión que pretenden. Pero de nuevo el proble-

su padre hasta llegar al duro, pero predecible

ma se llama adolescencia: cuando el discurso

final. Es obvio que Krauze no pretende experi-

se luce entre tecnicismos médicos y budistas,

mentar con la literatura sino narrar historias

giros de las convenciones con personajes que

que funcionen. Y casi lo consigue.

son cánceres o aves, asoman pasajes o frases

Sus narraciones alcanzan tensión psico-

con diminutivos descalificantes, alusiones

lógica y sustrato existencial. Posee —como

burdas o ironías infantiles, sabotajes como:

pocos narradores de su generación— una

“Pero tiene de nariz unos hoyitos malforma-

manera paciente de describir para adentrar al

dos, que le permiten seguir con vida. Una bo-

lector en su mundo. Una prosa parca pero sen-

quita sin labios y una lengüita que, aunque

sible. Sin embargo, aunque comprende bien el

roja, parece más la de un pajarito que la de un

mundo adolescente, concibe el mundo adulto

humano”, descendiendo el nivel de la narra-

como un cliché: el padre hermético que cuya

ción, pues al sólo aparecer esporádicamente

única complejidad es trabajar, quejarse y jugar

abaratan el nivel de los textos.

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Es difícil fabri-

elongación de las acciones, una ampliación

car lo fantástico: es

de zonas narrativas que se hallan compac-

necesario ser caute-

tas para evitar así el choque repentino con un

loso con los elemen-

mundo fantástico del que podría prescindirse,

tos anómalos para que la

pues no tiene repercusión en la realidad de los

narración no se vuelva cuen-

personajes.

to de hadas, absurdo o mal chiste.

Una narración cuenta la historia que está

Y es aquí donde peligran los cuentos de Torres:

detrás de las palabras, por ello la alteración del

lo fantástico bufón se torna inverosimilitud

mundo habitual no se percibe directamente en

antipática.

lo que se cuenta, sino en un sustrato ulterior e

Tal es el caso de “Carne Asada (Sabadrink)”,

inmaterial que se construye entre autor y lec-

“Azúcaramargo” o “Maceta de carne”. Obvio que

tor. Tu ropa en mi armario posee mundos enra-

pretende un tratamiento irónico y humorístico,

recidos, desesperantes e internos, pero planos.

sin embargo, constantemente recurre al chis-

Carecen de una historia implícita de mayor peso

te fácil. La verosimilitud de la trama mejoraría

que los sustente: “la historia que se cuenta pa-

con la génesis de un mundo donde fuese con-

reciera ser la misma que la historia que se narra”.

secuente su acaecimiento. Pero algunos de los

Incluso aparecen “explicaciones” a esa his-

cuentos asoman como caprichos, y el esfuerzo y el riesgo de la narradora pierden efectividad.

toria única. En “El encuentro” se sugiere al lector que

Con este libro, Torres Olivares reta conven-

el hombre que aparece es, en realidad, Leo, su

ciones narrativas y estilísticas. Refrescante en

pareja desaparecida; en “El juego mudo” se ex-

un país donde se alaba saber escribir “bien”.

plica que el hombre que vive encerrado en la

Además, hay en el rasgo absurdo de estos

habitación es su padre “chiflado”, o en “La go-

cuentos una crítica a las convenciones socia-

tera” en dos líneas se resume la trama: “no te-

les, la desigualdad y el consumo; una sátira

nía ganas de enfrentarme a un departamento

de la convencionalidad. Al igual que Fiebre de

impersonal, cuyo propietario era un fantasma”.

Krauze, Enfermario destaca como peldaño en

Estas aclaraciones entregan por completo la

el desarrollo de una narradora de voz singular.

historia al lector, negándole una parte activa

La aparición de lo fantástico lo comparte Tu

en la construcción del relato.

ropa en mi armario de Bibiana Camacho (1974).

Tu ropa en mi armario no funciona me-

Mas aquí se parte de un mundo cotidiano don-

diante tensión sino vía suspenso. Su cons-

de irrumpe súbitamente lo insólito. Los perso-

trucción produce el suspenso suficiente para

najes parecen impotentes ante la invasión de

acelerar la lectura hasta concluir el libro. Ca-

lo imposible que todo lo toma. Los sucesos se

macho aplica esta estrategia con habilidad.

bambolean en la frontera de lo mental y lo real.

Las historias breves, de lenguaje ameno y le-

Sólo que esto no aparece con claridad en las

gible se consumen con velocidad; incluso se

historias. No se implanta la duda de la fronte-

percibe en ellas una promesa: algo sucede-

ra, sino que lo bizarro se presenta como hecho

rá, y no sucede. Mas para entonces el lector

consumado. Para contrarrestar la gratuidad

ya concluyó el libro. Adosada con una cuota

que se percibe en algunos de los textos ante el

justa de extrañeza y sencillez, angustia y fa-

acontecer de lo fantástico, se precisa de una

miliaridad, la obra de Camacho —aunque no

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novedosa— es ágil y atrapante; propia para

cortas (y cortadas), descriptivo y dramático,

quien desea asomarse a lo perturbador des-

nunca se modifica. La anáfora que en un ini-

de la seguridad de su butaca.

cio se disfrutaba se vuelve cansina. Se antoja

Esta voracidad por avanzar página tras

apurar al narrador a que actúe. Sin embar-

página no se aplica a La vida Triestina de Da-

go es regla de la narración —especialmente

vid Miklos (1970), la escritura lite-

en “Historia natural de una vida

rariamente mejor lograda de estos

en Londres”— que nada suceda.

cuatro libros. Su prosa es lenta, ele-

“Nada nunca”, remata el narrador.

gante, mesurada. Cuida cada frase.

La monotonía evocativa, aunada

Cada puntuación tiene cautela. Hay

a la carencia de tensión y a la serie

una intención en los cambios de re-

de inicios de historias desenlazadas

gistro narrativo, de espacio y tiem-

entre sí, obstaculizan el permane-

po. En las digresiones. Es evidente

cer en el texto. Cierto que hay una

el oficio en esta pluma. Pero esta

búsqueda evidente en el narrador:

retórica no salva la narración.

un deseo por volver a la patria per-

La vida Triestina está construi-

dida, por anclar en un sitio alguna

da en forma de un diario de viaje,

raíz. Pero no hay un para qué tirante

pero es mayormente una evoca-

que instigue al lector a asomarse a

ción. Este evocar recuerdos diluye

la memoria de ese narrador.

los sucesos, los borra con des-

La vida Triestina, además de

cripciones, estados emocionales

sus aciertos prosísticos, es valiosa

y metáforas. El viaje, más que por

como propuesta literaria singular:

un espacio físico, es un viaje por la

su carácter de cuaderno de viaje

memoria. El mismo narrador apun-

ficticio, sus cambios de registro, su

ta, como idealizando su propio es-

composición de fragmentos disí-

tilo: “El recuerdo todo lo embellece

miles, su apuesta de no contar una

o lo hace lucir ominoso, acabado

historia evidente, la exploración de

en su perfección parabólica”. Más

mundos internos. Es arriesgado re-

que orden cronológico, este diario

nunciar a la reconocible historia li-

de viaje posee el orden nebuloso

neal. Es necesario este riesgo. Mas

del flujo memorístico.

sólo el tiempo y el autor sabrán de

Por supuesto, lo anterior no es

lo fructífero de la osadía.

traba ni repele la lectura. La repe-

Dos narradores de historias y

lencia la ocasiona lo monótono del

dos exploradores de la forma. Todos

texto. Las narraciones, de inicio a

ellos buscan cómo deshacerse de

fin del libro (excepto “Diario tries-

los modos de fabular de sus ante-

tino. Notas sueltas para un dic-

cesores. Krauze es peculiar: realiza

cionario. Octubre de 2002” y “Vacas flacas”),

storytelling en español. Torres remezcla el caló

mantienen en todo momento el mismo tono.

regional, generacional y mediático con cierto

Cambian los países, los tiempos, las emocio-

punk grotesco. Camacho hace una apropiación

nes, pero ese tono quedo, lirizante, de frases

urbana del cuento fantástico de suspenso y

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Miklos explora las formas narrativas dirigiendo

vida de un ladrón apodado “Malaverga”, de un

recursos de la tradición literaria nacional hacia

mercedario el “Putamarre” y una madre frus-

una voluntad cosmopolita.

trada que parió una bestia; ellos se instauran

¿Consiguen romper con sus precursores?

como los hilos conductores del caos, del en-

Gabriela Torres es quien más se acerca al quie-

frentamiento entre lo que somos o podemos

bre. Se arriesgó a desatinar. No desatinó lo su-

llegar a ser o a hacer. Las fuerzas que modelan

ficiente. En cambio, Krauze, Miklos y Camacho

o destruyen sus vidas se encuentran fuera del

atinan. Pero en juegos más seguros.

alcance de la razón convencional o la justicia

Mas una forma novedosa o una buena histo-

social. Son individuos totalmente solos y des-

ria (o ambas) no implican una gran obra. Perso-

de la trinchera de la soledad no encuentran

nalmente peso una obra narrativa por la revela-

otra manera de integrarse al mundo que pro-

ción existencial que me produce su lectura. El

vocando miedo, terror.

viaje interno del que se emerge con una nueva

Esta es una novela sórdida, cruda, que lle-

percepción. No son abundantes los autores que

va al lector sin tregua alguna a echar un vis-

lo consiguen. Casi no leo a mi generación.

tazo a la miserable existencia de los protago-

UNA BALADA PARA LA CRUELDAD CONTEMPORÁNEA

nistas abusados o abandonados, creciendo en medio del rechazo y la diferenciación. Ferreira no solo retrata las clases desfavorecidas

Cecilia Eudave

de ciertos sectores de Colombia

Cada generación tiene un contacto

sino que recrea las condiciones

particular con la violencia, su ori-

en contrapunto que generan a es-

gen, su muda de hábitos y de luga-

tos bandoleros. Así, el escritor nos

res, sus estrategias, su fatalidad.

muestra, por un lado, cómo desde

Cada generación busca en donde

el seno mismo de la familia se ges-

anclar las formas de la crueldad

ta el principio de la violencia, son

y la deshumanización que se generan de la

los crímenes domésticos los que intensifican

misma, que van carcomiendo el sentido co-

la brutalidad al ceñirse al espacio íntimo y pri-

mún y nos bestializa. Bajo esta premisa Da-

vado (el parricidio, el infanticidio); por el otro,

niel Ferreira (Colombia, 1981) con su novela

la sociedad, que deshumaniza en la medida

La balada de los bandoleros baladíes resume

en la que no tienes nada ni eres nada, creando

de manera sórdida la idea de que el auténti-

en el individuo una desesperación, una inevi-

co contacto con la violencia se produce por el

table aversión a todo, y finalmente la venganza

acto mismo de ejercerla o sufrirla. Los perso-

mortal. Estamos ante la destructividad contem-

najes de Ferreira verdaderamente comienzan

poránea a la que nos aproximamos con paso

a conocerse y a definirse después ejercer el

firme y decidido, la que se gesta al interior y al

asesinato, el robo, la brutalidad desarticula-

exterior de la sociedad misma.

da e inmediata sobre los demás.

El texto, a pesar de que no da un respiro en

Las historias en la narración, a manera de

el retorcido mundo de los personajes siempre

mosaicos vivenciales, se van entremezclando

burlados, estafados o humillados, no carece

sin ningún orden cronológico, evidenciando la

también de raros pero certeros momentos de

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humanidad (la amistad entre maleantes, la

sos? Y ¿qué alguien a quien le mataron al hijo

nostalgia por la madre o por el hijo muerto, el

en medio de una balacera, él que pensaba que

amor aunque sea breve o se traduzca al inter-

por fin tendría a alguien por quien preocupar-

cambio sexual por dinero). Como lectores no

se? ¿Qué esperar de un niño que desde los doce

quedamos ajenos a la pena, acaso lástima por

años se escapó de casa, se dedicó a la pizca de

los protagonistas. Han sido tratados con tanta

coca huyendo de una mamá desentendida que

rudeza que no conocen otra cosa, la muerte ha

lo repudió desde el nacimiento y se vuelve una

dejado de tener sentido pues viven en espa-

asesino a los catorce años? ¿Qué?

cios de inseguridad constante; esta facilidad

Habrá que leer esta novela. Novela para

de morir en un mundo violento provoca tam-

lectores que gusten de temas violentos, sin

bién en ellos el poco respeto que tienen por la

censura, sin miramientos ni convenciones.

vida tanto propia como ajena.

Estamos ante una escritura dura y directa, no

Entonces, ¿qué puede perder una madre abandonada por el esposo, atada a un vásta-

exenta de momentos líricos de extraña belleza que se acompañan de fluidez y ritmo.

go que babea constantemente, desarticulado

La balada de los bandoleros baladíes no

de toda razón, a quien relega a una jaula de

es una novela más de violencia, sino que in-

por vida? Y ¿qué de esa bestia que desnuda

tenta sumarse al esfuerzo de encontrarle un

pulula en ese calabozo improvisado, presa de

sentido a esta cultura nuestra, a esta civili-

los reproches e ira de esa mujer frustrada? O

zación moderna o posmoderna, a un mundo

¿qué puede esperar el enfermo, un joven que

caótico en el que estamos inmersos y del

no ha recibido sino el rechazo, el abuso físico y

cual no podemos pasar de largo sin pregun-

sexual de un padre que se masturba viendo a

tarnos si acaso somos simples personajes

su hermana y ha asesinado a su madre, único

trágicos destruidos por fuerzas que no pue-

ser que le daba un poco de cariño, porque los

den ser derrocadas ni por la prudencia ni por

tratamientos contra el cáncer eran muy costo-

la razón…

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POESÍA

estantería

con las narices dilatadas en el sueño / de la enloquecedora / fetidez de los cadáveres”, o en los versos sentenciosos de Io-

ginal: qué más puede pedirse

anid Romanescu (1937-2001):

de una traducción. El comen-

“Aprende a morir en ti mismo

tario de la contraportada de

/ para no temer a la muerte

un libro pocas veces le hace

/ que otro te ha destinado”,

justicia, pero éste es el caso:

Omar Lara ha conseguido dos

otras traducciones ha habido

cosas: reunir once autores

de Canto de mí mismo, ningu-

representativos de un país y

na como ésta, por la empatía

un siglo, y provocar en el lector

En su prólogo, González Ma-

y el apego para con el espíritu

ese raro placer de experimen-

tute nos da la clave que jus-

whitmaniano.

tar una poesía nueva.

WALT WHITMAN Canto de mí mismo Traducción y prólogo de Ana Rosa González Matute. México, Libros Magenta/Conaculta (fonca), 2010. 155 pp.

tifica su traducción de Canto de mí mismo: los poemas de Whitman deben leerse como una plegaria. Es precisamente este ritmo, este tono profético, el que es logrado de manera ejemplar por la traductora. Y si la incredulidad nos llama (como me llamó a mí) a revisar la tan famosa, indispensable

(Elisa Corona Aguilar) La mesa del silencio. Once poetas rumanos contemporáneos Selección y traducción de Omar Lara. México/ Tlaxcala, Círculo de Poesía/Conaculta/ Fondo Regional para la Cultura y las Artes Zona Centro, 2010. 128 pp.

(Leopoldo Lezama) NOVELA MARIO GONZÁLEZ SUÁREZ De la infancia México, Ediciones B, 2011. Zeta Ficción

traducción de Borges para

La mesa del silencio. Once

De la infancia podemos hablar

comparar, nos encontraremos

poetas rumanos contemporá-

y hablar. Es uno de los temas

con lo que todo traductor (y

neos es una muestra de una

favoritos, y así lo demuestra

todo hombre y toda mujer,

poesía un tanto desconocida

Mario González Suárez en la

para evocar a Whitman) debe

en nuestra lengua. Ya sea en

novela De la infancia, ahora

recordar siempre: los grandes

la nostalgia del teórico Geo

reeditada, en la que el moti-

también se equivocan. Donde

Bogza (1908-1993): “Iona

vo es la vida de un niño: vida

Borges peca de arbitrario,

María… / he pensado todo el

revuelta, llena de murmullos,

González Matute regresa

tiempo en ti / solo y desnudo

donde la confusión y el jue-

siempre al ritmo y a la forma

bajo la dolorosa luz de la luna”,

go de avanzar, retroceder, o

y con esto al estilo y a la in-

en los paisajes devastados de

quedarse quieto (paralizados,

tención de Whitman, al canto.

Eugen Jebeleanu (1911-1991),

inmóviles de miedo) atrapan al

González Matute respeta la

quien ha hecho un retrato

lector y lo hacen un personaje

búsqueda de variedad de

conmovedor de Hiroshima:

más. La historia de Francisco,

sonidos, de palabras y sig-

“Duermen las ciudades del

nuestro guía, podría ser la

nificantes; su creatividad al

mundo… Las aldeas del mun-

historia de cualquier niño, de

traducir es a la vez fiel y ori-

do / duermen. / Duermen /

cualquier infancia, y es por eso

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THOMAS MCCORMACK La novela, el novelista y su editor Traducción de Juana Inés Dehesa. México, Libraria/fce, 2010. 149 pp. Libros sobre Libros.

que el lector se siente atraído

esto no vuelva a pasar jamás,

por la prosa de González Suá-

de que la guerra encuentre un

rez, quien envuelve al lector y

final antes de volver a comen-

a los personajes en un ritmo

zar. Por lo que hemos leído

vertiginoso; no da tiempo

sobre la historia de la guerra

para que sus personajes, o los

y la naturaleza del combate,

lectores, respiren. González

sabemos que este deseo no es

Pocas veces se tendrá oportu-

Suárez recrea esta infancia y a

más que un deseo, que la gue-

nidad de leer un ensayo que,

su personaje. Y, como un niño,

rra es el fundamento del ser...”

con el más amable y honesto de

él prefiere escuchar; no trata

Lo que hace Hillman, heredero

los tonos —el tono de un editor

de comprender la violencia

de Jung, es convocar a que la

que dictamina modestamente

que lo rodean. De la infancia

humanidad se asuma; es decir,

un original de autor —, ofrezca

recuerda a Pedro Páramo, otra

él se enfurece y con razón de

reflexiones tan implacables y

novela fantasmal. Las páginas

que nos creamos a merced

dolorosas —el fallo adverso de

siguen pasando y, a través de

de un fenómeno que parece

ese mismo dictamen— que

la mirada de Francisco, descu-

inventado por los dioses, cuan-

susciten la autocrítica y la

briremos que también somos

do nosotros creamos a Ares

reevaluación del desempeño

murmullos.

y a Marte (Hillman también

personal. En una época en que

explica la influencia que éstos

las tecnologías democratizan

han tenido en el cristianismo).

las expresiones artísticas y

La guerra, como la oscuridad,

cualquier lector con iniciativa se

está en nosotros, es nuestra

propone publicar libros propios

sombra —para decirlo en tér-

o ajenos, McCormack llama la

minos junguianos—. No somos

atención sobre la necesidad de

víctimas ni meros accidentes:

contar con un oficio, una sensi-

“¿De qué sirve una llamada

bilidad y un talento peculiares

más a despertar? El toque de

para ejecutar las tareas de un

diana ha sonado desde todos

editor, así se trate de rastrear

Con una sólida argumentación

los púlpitos y todos los estra-

el arte literario detrás de los

que apela a los arquetipos del

dos políticos y es seguido por

errores de escritura o incluso de

ser humano y un desgarrador

cada catástrofe, año tras año.

elevar a este rango a la narra-

recuento histórico, Un terrible

Complacencia, apatía, pereza,

tiva de escasas ambiciones. La

amor por la guerra da cuenta

inseguridad, resignación… son

novela, el novelista y su editor

de nuestro lado oscuro. Es

también sombras en la pared…

se dirige inicialmente a los edi-

probable que el lector no quie-

Detrás de ellas está el verda-

tores de novelas o que preten-

ra terminar de leer este libro

dero seductor satánico: avidya,

den editarlas, aunque los no-

dada la devastación y horrores

como los hindús llaman a la

velistas mismos y los lectores

que se describen en él; sin

ignorancia voluntaria, a la es-

entusiastas del género hallarán

embargo, queda claro que la

tupidez arrogante, a la cobarde

motivos sólidos para releer el

guerra es parte de nuestro ser:

retirada de la realidad.”

libro y tomar algunas notas.

(Joaquín Guillén Márquez) ENSAYO JAMES HILLMAN Un terrible amor por la guerra Traducción de Juan Luis de la Mora, Sexto Piso, Madrid, 2010. 272 pp.

“Al final queda el deseo de que

(Paola Morán)

(Carlos Esteban Cuendia)

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Colaboradores ●

Mondaphoto son: Carlos Aranda, Lizeth Arauz y

Alexandra Xanic. La serie El fin de la abundancia será presentada en el festival fotoseptiembre 2011. ●

João Castilho, Pedro David y Pedro Motta son tres

fotógrafos brasileños nacidos en la provincia de Belo Horizonte. Su proyecto Paisaje sumergido será presen-

tado en el festival fotoseptiembre 2011. ●

Carla Faesler nació en la ciudad de México, escribe

poesía y ensayo. Su libro más reciente es Catábasis ex voto (2010) publicado por la editorial Bonobos. ●

Malva Flores nació en la ciudad de México en 1961.

n n n n

Natural, Galería Luis Adelantado, ciudad de México, ambas en 2011. ●

Jezreel Salazar nació en la ciudad de México en

1976. Ensayista y cronista. Obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Alfonso Reyes por su libro La ciudad como texto. La crónica urbana de Carlos Monsiváis. ●

Mauricio Salvador nació en la ciudad de México en

1979. Es autor del libro El hombre elástico y otros cuen-

tos (2011). Edita la revista de literatura y artes marciales Hermano Cerdo. ●

Nadia Villafuerte nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Poeta, ensayista y crítica literaria, recibió el Premio

en 1978. Narradora, es autora de los libros ¿Te gusta el

más reciente se titula Luz de la materia (2010).

Nacional de Poesía Aguascalientes en 1999. Su libro ●

Verónica Gerber Bicecci nació en la ciudad de Méxi-

co en 1981. Artista visual y ensayista, publicó su primer libro Mudanza (2011) con el sello Taller Ditoria. ●

René López Villamar nació en la ciudad de México

en 1979. Colabora en varios medios impresos y electrónicos. Trabaja como consultor en proyectos relacionados con el libro electrónico. ●

Alberto Manguel nació en Argentina en 1948.

Escritor, traductor y editor, su libro más reciente es

látex, cielo? (2008) y Por el lado salvaje (2011).

Ezequiel Zaidenwerg (1981) es un poeta y traductor

argentino. Su libro Doxa lo publicó en el año 2007 con la editorial Vox. Administra el espacio zaidenwerg. blogspot.com

ILUSTRAN ESTE NÚMERO ●

Marco Castillo es diseñador e ilustrador. Ha partici-

pado en diferentes muestras colectivas e individuales, como Invasores, en la Galería José María Velasco. ●

Gibran Julián Colín nació en Gudalajara, Jalisco en

Conversaciones con un amigo (2011). Almadía publi-

1984. Prepara un álbum ilustrado infantil para presen-

la lectura.

cará este año la reedición de su libro Una historia de ●

Raúl Olvera Mijares nació en Saltillo, Coahuila en

1968. Puntos cardinales (2003) y Dramaturgia de Monterrey (2007) son sus libros más recientes. En la actua-

lidad se encuentra al frente de Lingua Franca, agencia de servicios lingüísticos y editoriales. ●

Xitlalitl Rodríguez Mendoza nació en Guadalajara,

Jalisco en 1982. Poeta, realizó estudios de Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Sus libros publicados son Polvo lugar (2007) y Datsun (2010). ●

Oswaldo Ruiz nació en Monterrey, Nuevo León

tar en la fil-Guadalajara en noviembre de 2011.

Adalberto Montes nació en Michoacán en 1981. Re-

side en Saltillo, Coahuila, y es autor del libro de cómic Ciudad al filo (2007). ●

Majo Ramírez estudió la licenciatura en Lengua y

Literatura Hispánicas en la unam. Ha ilustrado para la sep, sm y Mac Millan. Actualmente forma parte del colectivo El Ilustradero. ●

Mariana Villanueva Segovia es egresada de la enap-

unam, con estudios de posgrado en Ilustración en la Escuela Superior de Arte y Tecnología de Valencia. ●

Daniel Zacatenco nació en Hidalgo en 1992. Ac-

en 1977. Arquitecto y fotógrafo, ha expuesto indi-

tualmente estudia la licenciatura en Diseño Gráfico.

departamento 21, Santiago de Chile; y Frecuencia

Digital Invaders.

vidualmente las series Erexit monumentum, Galería

Formó parte de las filas del proyecto independiente

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La balada de los bandoleros baladies, Reseña en Revista Tierradentro Mexico  

Cecilia Eudave reseña La balada de los bandoleros baladies en revista Tierradentro, Conaculta, Mexico

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