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2@ABCDAEF Llega el mes de abril, parece que el invierno ha vuelto y Ultratumba cumple con su cita mensual, en su número con más páginas hasta la fecha. No en vano, como vais a poder comprobar, tenemos una gran cantidad de reportajes gráficos que han hecho que lleguemos a las 108 páginas.

Es posible que echéis de menos las secciones habituales de Jacq The Rimmel. Le hemos dado vacaciones este mes, en el que ha hecho un viaje a China donde ha vuelto con las energías renovadas (sí, es una amenaza). Para compensar tenemos el reportaje de fotos que ha hecho Laura Thomas a su impresionante vestido que este mes se expone en el Museo del romanticismo, y otra sesión que yo mismo le hice en una bañera llena de espuma.

El resto de secciones, como siempre. Empezamos a tener solo a la gente que tiene que estar, que son los que de verdad ha dado calidad a la revista desde que nació hace ya casi año y medio. Una nueva sección, Curiosidades de Ultratumba, da comienzo este mes con una película de culto, Pesadilla En Elm Street. En esta sección se contarán curiosidades sobre películas de terror de culto con información que iremos recopilando de esa gran enciclopedia llamada internet.

Una vez más quiero daros las gracias a los que leéis Ultratumba todos los meses y a los que compartís la publicación en vuestras redes sociales para que más gente la lea cada mes. GRACIAS.

Javier Herce.


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@$'I+=#$%'6$%($ Nº 15 Abril de 2012 Director y editor: Javier Herce

04 – White Trash 10 – Muérete de miedo 12 – Fotografía – Laura Thomas 20 – Relato – Igor Rodtem

Jefes de redacción: Wiccans NaT Colaboradores: Jacq The Rimmel Magda Robles Jorge Rara Avis Tony Jiménez Laura López Alfranca Enrique Meseger Laura Thomas Igor Rodtem Rodtem Fran Berbel Ilax Ibai Otxoa Desirée Jiménez Belita Ilustraciones Laura Morales Tejeda Javier Arnau La dirección de esta revista no se hace responsable de las opiniones de sus colaboradores ni de los textos y fotos que ellos han aportado.

22 – Entrevista – Fräulein Morty Boop 30 – II Premio Ultratumba 32 – Reseña – Sleepy Hollow 36 – Fotografía – Ilax 42 – Poesía – Magda Robles 48 – Relato – Ibai Otxoa 50 – Curiosidades de Ultratumba 52 – Fotografía – Javier Herce 60 – Relato – Desirée Jiménez 62 – Ilustración – Belita Ilustraciones 70 – Relato – Laura Morales Tejada 74 – Las Vegas Dolls 86 – Reseña – Cazador de Striges 87 – Reseña – La Otra Cara Del Espejo

Todos los derechos de los textos y fotografías que aparecen en estas revistas pertenecen exclusivamente a sus autores.

88 – Fotografía – Fran Berbel

revistaultratumba@gmail.com

100 – Fotografía – Javier Herce

96 – Relato – Laura López Alfranca


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Recordad que para informaros sobre futuras fiestas White Trash, ten茅is la informaci贸n en la web de Rara Avis: www.raraavisstore.com

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UCL2N K+B Ella había tenido una vida cómoda y alegre, pero estaba sola. Él había luchado toda su vida por conseguir aquello que ahora tenía: fortuna, posición, respeto, y soledad. Se habían encontrado por casualidad sin llegar a pensar que el amanecer los sorprendería juntos hablando de cosas triviales, sólo por no volver cada uno, solo, a su hogar. Se sintieron bien el uno al lado del otro. Ella era divertida y risueña y le arrastraba con él en sus locuras juveniles. Él era serio, gris y se había acostumbrado a hablar con voces imaginarias en su enorme casa, para que la nostalgia no se apoderar de ella. Sus voces lo transportaban a otros mundos que no tenía. Le quitaban el tiempo, el sueño, a veces parecía que la vida. Y él se dejaba arrastrar, feliz. Gastó media fortuna en complacerla para no perderla, y ella cada vez pedía más. Más fruslerías que no necesitaba, pero llenaban su casa. Más joyas. Más viajes. Más tiempo. Y él tuvo que dejar su dinero en zarandajas y olvidar a las voces, que ella nunca oía. Cuando no pudo más de todas sus obligaciones, de las tensiones y quiso escapar, no encontró otra solución que quitarse la vida y dejar todo atrás. No tenía ganas de luchar más. Estaba cansado y era cobarde. Pero las voces no le dejaron, le hablaron, le animaron, le condujeron de nuevo al camino y él, tiempo después, se sintió agradecido y volvió a sus tertulias nocturnas con ellas. Pero aun en compañía de las voces, tiempo después a Eduardo volvió a pesarle la soledad. No le encontraba sentido a seguir caminando si ella no estaba con él; y ella volvió. Y durante un tiempo se quedó, no dijo nada, no dijo hasta cuando y la convivencia quedó anclada en reproches mudos y en miradas furtivas hacia cualquier movimiento inusual. Él había perdido el norte y giraba al compás que ella marcaba con sus pies, con sus manos, con sus caprichos. Él se consumía en amor por ella, todo lo daba y no pedía. Sólo deseaba que ella no volviera a abandonarlo. Debi-

litó sus fuerzas por seguirla y seguir complaciéndola. Ella reía, le miraba y alguna vez resentida por el pasado, le besaba intentando recuperarlo y cambiarlo; pero el pasado no volvía, se quedaba allí latiendo y doliendo de nuevo, y ella volvía la cara avergonzada por haber creado ilusiones de amor en aquel corazón solitario. Ella no le amaba; no de esa manera. Eduardo sólo deseaba amarla, sin condiciones y perderse en los entresijos de una vida compartida. Pero ella no quería. Sólo deseaba ser complacida pero sin ataduras y sin compromisos, sólo deseaba que él le diera su tiempo, la acompañara y velara, alguna noche fría tras el insomnio, sus agitados sueños. Esas noches él la contemplaba deseando estrecharla en sus brazos y así calmar el horror que notaba tras sus ojos y en las perlas de sudor que cubrían su cuerpo. Pero tenía miedo de que ella despertara y asustada huyera de nuevo. Así que se quedaba al borde de la cama conteniendo las lágrimas del amor no correspondido, ese capaz de hacer bailar su corazón. Las voces asistían a ese llanto silencioso y evocaban a través de sus bocas invisibles un pasado doloroso y forzoso, que él también tenía guardado, intentando hacerle comprender que aquel no era el camino, que lo perdería todo si se dejaba arrastrar de aquella manera tan ciega. Intentaba no escucharlas, alejarlas de su cabeza, de su cuerpo, de todo su ser que era el único sitio donde existían. Ellas callaban entonces, esperando un mejor momento, cuando ella estuviera lejos para, todas juntas, hacerse fuertes y hacerle cambiar el rumbo que estaba tomando su vida. Ellas esperarían. Un amanecer frío y triste lo sorprendió dormido donde tantas veces se quedaba. Junto a su mano, que a veces alargaba para tocar con sutileza la piel de ella, sólo existía un gélido vacío. Se había ido de nuevo. Se llevó con ella la calidez de una voz que sonaba por todos los rincones al son de una música imaginaria. Se llevó el aroma, que durante un tiempo

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persistió flotando en el aire. Se llevó su curiosidad infantil ante lo desconocido. Se llevó la vida de los armarios y cajones. Se llevó su vida y con ella los sueños que él tantas veces había querido compartir. La había perdido. Fue cuando las voces volvieron para acompañarlo, para retenerlo, para seguir alimentándose de él, pero él no quería esa compañía. La quería a ella y las voces se la trajeron. Ella llenó su cabeza, de recuerdos, de tiempo irreal para seguir compartiendo, de amor correspondido, de deseos refrenados y de un cuerpo intangible. La segunda vez se dejó llevar por el tiempo, dejó de comer, quiso dejar de respirar. Un cuchillo en una mano incierta dejó brotar sangre triste, esa sangre que las voces anhelaban pero era insuficiente, porque no era por ellas. La tercera, el miedo a la soledad hicieron que Eduardo se uniera definitivamente a las voces. NaT.


Foto: NaT.


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2F''@2N2NLDAHA@CD''@2''6ANBCDAEN A8)%'D)3/$0 El hombre llamó a la puerta. Aún no había cumplido los sesenta, pero se le veía bastante envejecido. Últimamente apenas salía de casa, pero aquel día había recibido una inesperada invitación. Un viejo amigo, al que hacía años que no veía, le había enviado una carta manuscrita instándole a visitarle. Un viejo amigo con el que compartió no pocas tertulias literarias, y que no en vano llegó a convertirse en un brillante y famoso escritor, autor de magníficas novelas, exitosas tanto a nivel de público como de crítica. Un viejo amigo que, sin previo aviso, dejó de escribir demasiado prematuramente, cuando apenas rondaba los cincuenta años. De eso no haría ni una década, justo el tiempo que llevaban sin verse, aunque jamás existió razón alguna para dicho alejamiento. Simplemente ocurrió. Y ahora, después de todo este tiempo, había recibido aquella inusual invitación. Y había aceptado, por supuesto. Ahí estaba, ante el portal tantas veces cruzado antaño y que tan extraño y desconocido le resultaba ahora. La puerta se abrió con lentitud y apareció un rostro sonriente, cuyo dueño era un hombretón de casi dos metros, pero al que se le veía también excesivamente envejecido y un tanto decrépito. Tras un largo y sentido abrazo, ambos hombres pasaron al salón y se sentaron en sendos cómodos sillones. Se sirvieron unas copas de coñac, y se encendieron unos habanos. Tras disfrutar del instante en silencio, comenzaron a charlar, una vieja costumbre que creían haber perdido para siempre. —Hacía mucho que no nos veíamos –comentó el visitante, con un cierto tono de reproche, como dando a entender que el culpable de aquella situación no era él, precisamente. —Sí, es cierto. He estado muy ocupado –respondió el anfitrión, un tanto indiferente. —¿Ocupado? ¿Acaso has estado escribiendo de nuevo? ¿Vas a volver a publicar otra novela? Hace ya casi una década que no publicas nada...

—Hace ya casi una década que no escribo nada. —¿Entonces...? —Ya no escribo. Ya no sé escribir. Ya no tengo nada que escribir. —¿Entonces...? —Ahora me dedico a desescribir –contestó, tras una larga pausa–. Me autodenomino a mí mismo como un desescribidor de historias. —Amigo, creo que no termino de entenderte. —Muy bien, te lo contaré todo: >>Mi octava y última novela, “Cuando respiro”, fue un éxito rotundo, como bien sabes. Se vendió como churros, la crítica la puso a la altura de los grandes clásicos, vendí los derechos para el cine por una cifra que da vértigo solo nombrarla... Fue algo increíble. Y fue también mi final como escritor. Desde entonces he sido incapaz de escribir nada que no fuera la lista de la compra. Casi una década ya, como has dicho antes, y te juro que lo he intentado, pero ya no hay ideas en mi cabeza. Nada. En blanco. >>Por aquel entonces yo tenía un asistente, aunque era más bien una especie de discípulo. Un joven aprendiz, por así decirlo. Bajo mi tutela, llegó a escribir una estupenda novela. Muy buena. No tenía nada que envidiar a cualquiera de mis mejores obras. Mi labor entonces tendría que haber sido abrirle el camino a la publicación, tenderle la mano que yo no tuve en mis tiempos y que siempre dije que ofrecería cuando estuviese en situación de ello. Con mis contactos, no habría sido difícil que se la publicasen, y estoy seguro de que habría sido un éxito rotundo. Pero yo sentía envidia. Mucha envidia. Yo, autor de magníficas obras como “Ladridos”, “El tren bajo el río violento” o “Cuando respiro”, sentía envidia de la novela inédita de mi novato aprendiz... Debes comprender que yo ya llevaba un par de años de sequía creativa, delante de un papel en blanco que sólo se llenaba de garabatos inconexos. Pero no, no le robé la novela. No la usurpé, ni la copié.

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Podría haberlo hecho sin dificultad, y probablemente con total impunidad. Por mucho que se quejara y denunciara, la razón y la ley estarían de mi parte. Pero nunca he sido un ladrón. Jamás pondría mi nombre en una obra ajena, no puedo ser un impostor. Pero hice algo, no estoy muy seguro de cómo, pero... la hice desaparecer. La novela dejó de existir. La desescribí. >>No soy capaz de explicarlo, porque apenas lo entiendo yo mismo. No sé cómo funciona, ni por qué. Perdí el don de crear historias, y en su lugar he recibido el don de destruirlas, de hacerlas desaparecer. No me entiendes, ¿verdad? No me refiero a destruirlas materialmente, sino a hacer que no existan y que jamás hayan existido. Soy capaz de eliminar cualquier vestigio de existencia de la historia que quiera. Hay novelas que marcaron una época y que ya no se conocen, por mi culpa. Hay autores a los que simplemente les he hecho un favor, desescribiendo sus peores trabajos. Pero hay otros escritores cuyos nombres no te sonarían ahora, pero que en su momento estuvieron en la cumbre de la literatura. Siempre me aburrió Shakespeare. “¿Quién?”, te preguntarás. Realmente es gracioso. He desescrito todas y cada una de sus obras. Ha sido una tarea ardua y agotadora, pero ahora nadie es capaz de reconocer su nombre. Es realmente gracioso. >>Pero déjame que vaya por orden. Después de borrar la obra de mi aprendiz, quedé un tanto aturdido. En realidad, no fui consciente de esta... habilidad, por llamarlo así, hasta que desescribí unas cuantas obras más. Obras en un principio elegidas al azar, la verdad. Después pensé: “¿por qué no borrar aquellas obras que me han parecido insulsas o aburridas? ¿por qué no borrar todos y cada una de los trabajos de aquellos autores a los que no soporto, o que fueron mis rivales en su momento, haciendo que pasen totalmente al olvido?”. A eso he dedicado mi vida durante estos últimos años. >>Y aún me queda mucho


trabajo por hacer. Ya me he cargado a Shakespeare; mi tiempo me ha llevado. Y aún más tiempo me está llevando borrar la obra de Stephen King. Sí, claro que le conoces. ¿Autor de cuatro o cinco novelas? Ay, si supieras la verdad. Pero debo darme prisa en eliminar el resto de su trabajo, creo que está empezando a sospechar algo. Realmente es un tipo muy extraño. Pero... ¿sabes lo que me tienta realmente? Me da incluso vergüenza decírtelo. Me tienta sobremanera desescribir la propia Biblia. Ya sabes que no soy practicante, aunque siempre me he considerado un fiel creyente en la fe católica, pero... ¿qué pasaría si desescribiera la Biblia, si eliminase cualquier vestigio de su existencia? ¿Desaparecería el cristianismo de golpe? ¿Dejaría de tener sentido? Realmente no estoy seguro de que pueda hacer algo así. ¿No es la Biblia la palabra de Dios? Resulta muy tentador. Muy tentador... >>Te preguntarás por qué te cuento todo esto. Efectivamente, hay una buena razón para ello. He borrado novelas famosas y destruido las obras de grandes autores, pero también he desescrito relatos menos conocidos, y de escritores poco más que aficionados. En definitiva, me he cargado aquello que, por una razón u otra, me

disgustaba. En general ha sido una tarea dura, aunque tremendamente satisfactoria. Al principio me llenaba de curiosidad y, lo reconozco, de cierto placer morboso, pero a veces ha resultado ser una labor tediosa e incluso penosa. Pero hay algo con lo que realmente he disfrutado. Algo por lo que ha merecido la pena vivir. Algo por lo que ha merecido la pena perder el don de escribir y desarrollar esta especie de... arte. >>Durante mi carrera de escritor tuve un competidor, un rival realmente digno. Otro escritor cuyas obras eran competencia directa de las mías. Solíamos competir con cada nueva novela que publicábamos, a ver quién vendía más y quién obtenía mejores críticas. Al principio se trataba de una rivalidad sana, e incluso llegamos a entablar una relación ciertamente amistosa. Con orgullo, el uno al otro nos considerábamos amigos. Pero aquella amistad se fue truncando poco a poco, a medida que nuestra rivalidad crecía y se endurecía. Llegó a dominarnos la furia. Veo que tratas de recordar de quién se trata. No lo lograrás. Ya he borrado todas sus obras. Ya no existe para el mundo de la literatura. >>Sé que, aunque te parece increíble, me crees. A pesar de que lo

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que te estoy contando te suena a fantasía barata, sé que me crees. Y te lo agradezco, pero también sé que piensas que no debería seguir con esto. Me vas a decir que debo dejar de desescribir historias. Quizás tengas razón. Por lo menos, en parte. Lo de desescribir las obras de grandes autores ha sido un ejercicio de exaltación de mi propio ego, lo reconozco. La verdad es que guardo cierta sensación de culpabilidad, aunque tampoco negaré que disfruté haciéndolo. Pero necesitaba borrar a aquel rival que tenía. Debes comprenderlo, después de mi última novela me vi incapaz de volver a escribir y él continuó con su cada vez más exitosa carrera. Mi nombre comenzaba a olvidarse y él se reía de mí. Tenía que acabar con él. Y lo hice. Ya nadie le conoce. Nadie ha leído sus novelas ni sus relatos, porque sencillamente jamás existieron. Nadie sabe quién era él. Bueno, yo sí lo sé. Eras tú, viejo amigo. Eras tú. Igor Rodtem.


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XDh.F2AK GCDBi HCC4 BC@CB2DD2KC Las mujeres todo terreno están de moda, y una chica Ultratumba no podría serlo si se dedicara a una sola expresión artística. Otro de los requisitos es ser auténtica, no tener complejos e irradiar una belleza fuera de lo común. Si mezclamos todo es a ritmo de torbellino, el resultado sería Fräulein Morty Boop, una Pin Up especial del siglo XXI, bailarina de burlesque (junto a Lady Dramakuin, con quien forma el dúo Las Vegas Dolls), Dj, modelo alternativaG Una todoterreno. Muchos pudieron comprobar su fuerza en el escenario la pasada Semana Gótica, cuando desfiló para Jacq The Rimmel junto a Lady Dramakuin. Allí demostró que tiene mucho que ofrecer. Morty Boop viene pisando fuerte, y Ultratumba no quería dejar pasar la oportunidad de tenerla en sus páginas. Fotografía: Javier Herce Modelo: Morty Boop Ayudante de fotografía: Wiccans Estilismo: Morty Boop

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JAVIER HERCE: ¿Por qué Rock and Roll, Psychobilly y Postpunk? ¿Qué tienen esos estilos para que te apasionen? FRÄULEIN MORTY BOOP: Pues el Rock and Roll creo que es porque cuando era pequeña siempre lo he escuchado en casa y me gustaba mucho bailarlo. Eso me influyó muchísimo. El postpunk... Me gustaba el punk, pero empecé a sumergirme en el mundo gótico y fui descubriendo poco a poco toda su música y me gustó, e iba más acorde con mi personalidad y gustos. Aunque una parte de mí es luz, y la otra oscuridad. Me atraparon sus ritmos, letras, guitarras y melodías oscuras. Y el psychobilly, me gusta porque es la fusión del punk, rock and roll y rockabilly, y la oscuridad. Me encanta como suena esa fusión, y creo que recoge a la perfección mis gustos. JH: ¿Te basas en algo o alguien a la hora de elaborar tu imagen? FMB: En alguien en concreto no. En algo... Creo que llevó una mezcla moderada de los tres estilos y culturas musicales, porque a parte de la música también me gustan sus respectivas estéticas. Van dentro de mí, así que solo dejo que florezcan. Intento buscar mi propio estilo, dentro de todo lo que me gusta. JH: ¿Qué son Las Vegas Dolls? FMB: Las Vegas Dolls es un grupo de burlesque que nace de la ilusión y las ganas de acercar el arte del burlesque a las personas. Con picardía, simpatía, sensualidad y diversidad. Bajo la influencia de las clásicas bailarinas de burlesque que de los años 40 y 50. JH: ¿Cómo entraste en contacto con Susana Guerrero (Lady Dramakuin) para empezar con Las Vegas Dolls? FMB: Ya nos conocíamos de la noche madrileña y de ir a ver shows suyos, pero un día me dio la oportunidad de actuar con ella y con Miss Blancanieves, y de la unión de las chicas de Viva Las Vegas Club, nacieron Las Vegas Dolls. JH: ¿Crees que el rollo vintage está de moda? FMB: No sé si la moda vintage por lo general. Lo que sí está muy de moda es la estética Pin Up. Pero es cierto que últimamente se oye mucho la palabra vintage. JH: ¿Cómo preparáis las

actuaciones? FMB: Cuando nos surge una idea nos ponemos manos a la obra para desarrollarla. El estilo que queremos darle al show, vestuario, etc. Quedamos muchas horas a la semana para crear y ensayar hasta que creemos que está listo. Y nosotras mismas buscamos y elaboramos nuestro propio vestuario. JH: ¿Dónde soléis actuar? FMB: Siempre en Viva Las Vegas Club y eventos relacionados con el burlesque y rock and roll. JH: ¿Cómo empezaste a ser Dj? FMB: Pues un amigo tenía una sesión y me ofreció pinchar con él, ya que conocía mi afición por la música.

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JH: ¿Dónde sueles pinchar? FMB: En muchas ocasiones en Viva Las Vegas, eventos relacionados con el rock and roll y psycho. Y pinchadas organizadas por mi y mi chico Dj Sr. Bizarro. También Dj en Viva Las Vegas Club. JH: ¿Qué música sueles pinchar? FMB: Rock and Roll, Rockabilly, Psycho, punk... JH: ¿Qué le depara el futuro a Morty Boop? FMB: Espero que mucho Burlesque, y mucho Rock and Roll. Seguir haciendo lo que me gusta, que es bailar, pinchar y mis performances. Javier Herce.


HEN2N''@2F''AA''4D2GAC' .FBDEB.GHET''@2''IEUA2D''62DL2 1- Podrán concursar escritores de cualquier nacionalidad o sexo, siempre y cuando presenten relatos escritos en lengua castellana, inéditos y que nunca hayan sido premiados en cualquier otro concurso literario o de cualquier tipo. Tampoco serán aceptados relatos que hayan sido difundidos de ninguna manera, ya sea en publicaciones en papel, internet, blogs, fanzines o cualquier forma de expresión artística. 2- Cada escritor se hará responsable de los derechos de autor de su texto. La redacción de Ultratumba no se responsabilizará en ningún momento de la autoría de los relatos presentados. Cada relato deberá ir acompañado de una declaración de la propia autoría del texto y la afirmación de haber leído estas bases. 3- La extensión mínima de los relatos será de 3.000 palabras y máxima de 10.000. La temática obligatoria será zombis. Los textos serán enviados vía e-mail en archivo Word a la siguiente dirección: revistaultratumba@gmail.com. El asunto del mail será “Concurso Halloween” y dentro del mail, aparte del archivo adjunto en Word con el relato, se deberán remitir los datos personales (nombre, apellidos, edad y lugar de residencia, con dirección postal), el título de la obra, la declaración de autoría del relato y la afirmación del conocimiento de estas bases (insertado en el mail, no en archivo adjunto). No se podrá presentar nadie bajo pseudónimo o nombre artístico. 4- El plazo de envío de relatos finalizará el 31 de julio de 2012 (incluido, hora española). Bajo ningún concepto se aceptarán relatos enviados fuera de esa fecha. 5- El fallo del concurso se hará público en la revista Ultratumba, en su número de septiembre de 2012 y los ganadores serán informados mediante mail, a la misma dirección que usaron para el envío del relato. 6- El premio del concurso estará dividido en tres: un primer premio, que recibirá un lote de tres libros de terror, un segundo premio que recibirá un lote de dos libros de terror, y un tercer premio, que recibirá un libro de terror. Los relatos también serán publicados en un libro digital titulado Un Halloween De Ultratumba 2, y que verá la luz durante el mes de octubre de 2012. En el libro los autores serán libres de modificar su nombre personal, siempre y cuando sea inédito. 7- El concurso podrá declararse desierto si el equipo organizador lo creyese necesario. En este caso sería notificado únicamente en la revista Ultratumba en el número de septiembre de 2012, o en su defecto en la web www.javierherce.com. 8- El jurado del concurso será formado por parte de los colaboradores de la revista Ultratumba. En ningún momento ninguno de ellos mantendrá contacto con los participantes. Una vez enviado el e-mail con el relato, los concursantes recibirán una única respuesta confirmando la recepción de su texto. Después de esto, los autores deberán esperar al fallo del concurso. Los autores no ganadores del concurso no serán notificados de ninguna manera. 9- Cualquier caso no contemplado en estas bases será resuelto por el equipo de redacción de Ultratumba y notificado por e-mail a la persona o personas afectadas. 10- El no cumplimiento de cualquiera de las bases de este concurso será motivo de descalificación. 11- La participación en este concurso implica la aceptación de sus bases y el conocimiento de estas.

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Título original: Sleepy Hollow Director: Tim Burton Intérpretes: Johnny Depp, Christina Ricci, Miranda Richardson, Michael Gambon, Casper Van Dien, Jeffrey Jones, Christopher Walken, Michael Gough, Lisa Marie, Martin Landau, Christopher Lee, Ian McDiarmid. Guión: Andrew Kevin Walker Música: Danny Elfman Género: Terror Nacionalidad: Estados Unidos Duración: 105 minutos Año: 1999

N#-)9&#&< Norteamérica. Finales del siglo XVIII. Ichabod Crane, un policía de ciudad que se basa más en los hechos y el análisis que en las simples conjeturas, es enviado como castigo a un pequeño pueblo conocido como Sleepy Hollow, donde se vive una serie de asesinatos donde las víctimas aparecen sin cabeza. Todos los vecinos lo achacan al Jinete Sin Cabeza, un vengativo espectro que no dejará de matar hasta que halle su propia testa. Crane deberá averiguar si de verdad existe un fantasma, o al-

guien se ayuda de la leyenda para cometer tan horribles crímenes.

D$&$k+< Todo buen aficionado al cine conoce a Tim Burton. Le guste o no, pero al menos, le conoce. Estamos hablando de uno de los directores más personales (otra cosa es que su estilo guste más o menos) del panorama actual, del de hace diez años e incluso del de hace veinte. Un realizador que aglutina más joyas que desperdicios en su filmografía, en la que cabe mencionar “Batman”, “Bitelchús”, “Eduardo Manostijeras”, la nueva versión de “Sweeny Todd”, “La novia cadáver” o toda la mano que metió en esa obra maestra que es “Pesadilla antes de Navidad”. Poco a poco, Burton se fue ganando la confianza de las productoras. En realidad, fue mucho antes de lo que habría soñado, por lo que a finales de los 90, sus fans se contaban por miles y cualquier producción con su sello, ya estuviera en la silla de director o no, era esperada con ansias. Y así, era bien fácil que sus películas

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tuvieran ese carácter siniestro, bizarro, fantástico, imaginativo y tenebroso que él quería. Antes de caer en el error del remake de “El planeta de los simios” realizó una de sus mejores obras: “Sleepy Hollow”. Curiosamente, su tercera colaboración con Johnny Depp, su actor fetiche por antonomasia por encima incluso de su gran amigo Michael Keaton (Batman) es una de sus películas menos conocidas, aunque no por ello menos admiradas. Más cinta de culto que filme para las masas, “Sleepy Hollow” es una pequeña gran oda al cine de la productora Hammer, a las historias góticas y, sobre todo, a los cuentos de terror más clásicos. La película nos presenta a Ichabod Crane, un extraño investigador cuyos métodos, demasiado avanzados para la época, le llevan a ser castigado y mandado a Sleepy Hollow, donde alguien va cortando cabezas a diestro y siniestro. Crane deberá descubrir si todo es culpa del llamado Jinete Sin Cabeza o de alguien más humano, mientras trata de


no caer en las garras del amor, personificado en la figura de Katrina Van Tassel, hija de uno de los líderes de la ciudad. “Sleepy Hollow” está basada en la famosa historia de Washington Irving, que se hizo muy conocida gracias a la película animada de la Disney. La leyenda del Jinete Sin Cabeza es un clásico ya de la literatura de terror, y también del cine, aunque en menor medida. Burton mete mano al concepto, a la historia original y lo introduce todo en su particular mundo, por lo que los fans podemos estar contentos. Árboles que parecen salidos de “Pesadilla antes de Navidad”, una ambientación siniestra más propia de las más terroríficas escenas de “Bitelchús”, casas que parecen sacadas de la misma mente del director, la música de Danny Elfman, personajes estrambóticos, siniestros e incluso bizarros, humor muy negro, fantasía, actores fetiche de Burton[ Esta particular aventura de Ichabod Crane es una de las películas más personales del director, sin que ello le lleve a desviarse del rumbo de lo que debe ser un buen filme.

amor entre los personajes de Johnny Depp y Christina Ricci (Casper, Monster) para completar el triangulo, una trama policiaca, donde Crane investiga a todos los habitantes del pueblo porque hay algo que no le huele demasiado bien. Además, hay un trasfondo bastante interesante donde el protagonista personifica la razón, el cambio de siglo, el avance, la evolución, ante todo el pueblo, que parece emperrado en que el asesino es un fantasma sí o sí. Al respecto, resulta de lo más interesante la historia romántica que viven Crane y Katrina. La razón contra el misticismo. Unidos. Al principio, una dura lucha, una carrera de obstáculos

Y eso se traduce con que encontramos una trama bien hilada. Por un lado, tenemos una película de terror, mediante las apariciones del jinete descabezado; por otro, una historia de

que acaba como debe acabar, ni más ni menos. Y sin nada de ñoñerías; el director le da la importancia justa, y la química entre los dos actores hace el resto. Y hablando de actores y actrices, estos y éstas son de lo mejor del filme. Un Johnny Depp en estado de gracia, caracterizando perfectamente a Ichabod Crane, tanto en los momentos serios como en aquellos donde el humor más negro se hace patente (su primer descubrimiento de un cadáver sin cabeza, o la autopsia). De Christina Ricci no se puede decir nada malo, pero es que además tenemos a Michael Gambon (Saga Harry , Potter), Miranda Richardson (Spider, El fantasma de la opera) y Jeffrey Jones, habitual en los 80 y principios de los 90. ¡Incluso tenemos a Casper Van Dien (Starship Troopers, Revenant) en el que es sin duda uno de sus mejores papeles! A la fiesta no pueden faltar clásicos de Burton como Michael Gough (Batman, Batman Vuelve), Martin Landau (The Majestic, Shiner) o Christopher Walken (Click, Envidia) en una de sus actuaciones más siniestras. Burton, gran amante de las películas clásicas de terror, incluso se da el placer de darle al grandioso Christopher Lee (El Señor de los Anillos, El hombre de mimbre) un pequeño papel. Pero no solo de un reparto en el que no sobra nadie vive la película.

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Como comentaba más arriba, aparte de la trama romántica y la de miedo, donde el Jinete Sin Cabeza es el protagonista absoluto, con sus ataques potentes y sangrientos, hay una historia policiaca. Crane, en su persistencia por encontrar a un autentico culpable, rebusca en los secretos del pueblo, hallando más de lo que parece en un principio. Sin querer comentar más, debo afirmar que encontraréis sorpresas en la historia. Más de una, además. En cuanto a los aspectos más técnicos, es prácticamente perfecta. La ambientación, el vestuario, el diseño de todo lo que vemos, la fotografía, que todo lo que vemos sea negro, gris o blanco, destacando la sangre, una sangre muy, muy roja.... Los efectos especiales no se quedan atrás (ver el árbol de los muertos, o la última batalla contra el jinete), por no hablar de la banda sonora compuesta por un inspiradísimo Danny Elfman. Muy, muy buena. Tal es la calidad de todos estos apartados que incluso fue nominada a tres Oscars. Pero aunque el filme es de sobresaliente, hay ciertos detalles que no le acaban de dar el diez que le hace falta para ser la perfecta obra de Burton. Ciertos pasajes parecen estar más colocados para que el director deje volar su imaginación que para que la historia avance (la trama de la bruja), mientras que otros parecen poco desarrollados, como el pasado de Crane. Eso sí, luego tenemos los ataques del jinete, la historia de éste, todo el principio, la llegada del protagonista al pueblo, la batalla final, e incluso cierto homenaje a la historia original, que hacen que todo lo que sobra parezca una serie de menudencias. Resumiendo, “Sleepy Hollow” es una de las mejores películas de Tim Burton. No sólo muestra su sello personal en cada minuto de metraje, sino que contiene una historia que pueden disfrutar quienes no gusten demasiado del estilo del director. Sí, tiene sus pequeños defectos, pero las maravillas que regala son suficientes como para olvidarlos por completo.

K)/+: 9 Tony Jiménez.

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Fotos: Ilax (www.facebook.com/profile.php?id=100003638251146)

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En la palma de tu mano cabe el mundo. Con mi aliento trazo la línea de tu vida, e ilusionada en ella me busco... mas no me encuentro. Deshago el camino andado, tan solo por empezar de nuevo. Tozuda, sigo surcando esa senda !y aquí me hallo! en un tropiezo; mas la vida sigue, y mi línea se diluye. Ni con fuego, ni con llanto, de mi esencia tu mano impregnar consigo. Zalamera, envuelvo ese mapa con mis labios, e intento modelarlo a mi antojo. Palpo, desdibujo, acaricio y trazo nuevas líneas en tu mano.

Hoy un alma amaneció perdida, desorientada entre nubes de desengaño. Hoy una voz rasgó el silencio arrastrando un quejido sin palabras. Horas asesinas recorrieron las calles conducidas por unos pies con rumbo incierto, minutos maltratados por la ausencia fueron compañeros de café sin cigarrillo. La tarde cae y cubre una sombra, silueta esquiva que da forma a un cuerpo. El día muere y con él un sueño: cruda mortaja para un instante real.

En la palma de tu mano cabe un mundo[ Maldita mano que me rechaza.

Hoy el aire se llenó de vida, y el corazón se preñó de duelo. Hoy tus versos quedaron huérfanos y los míos nacieron sin dueño. Magda Robles.

Magda Robles.

2-'$*')*=#3)' Desperté un día y lo había olvidado todo. El sabor de tus manos sobre mi cuerpo. El rubor de tu boca sobre mi piel. El frescor de tu aroma sobre mi pelo. No quedaba nada. Tantas y tantas veces recé por ello con tal intensidad lo clamé a los cielos que por olvidar, me olvidé hasta de mi misma. Mis sueños, mi vida, mi muerte[ Ya no era nadie. Hoy, se desliza un ser entre la bruma un rostro de mirada perdida un alma con un nombre vacío una sombra con cuerpo de mujer[ Magda Robles.

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2-'*+'(+**$???'3$*'/)%0$-/) Prendido el aire en un requiebro me perdí al torcer la esquina del pasado guiada por el sonido de un lejano caminar pudo más mi alma curiosa que precavida. Avanzando sin cautela ni descanso ojos cerrados en pos de una sombra mis pasos me llevaron casi a tientas ignorantes de la ruta que yo misma había marcado. Loca en pos de una quimera que se me escapa vagué por los caminos inescrutables de la demencia. He implorado al oráculo maldito borrar mi destino bajé a los abismos clamando por no volver, he arrastrado desesperación y lágrimas por el fango pero no pudo ser[ Hoy una luz cegadora va marcando mi camino y el rugir de los cielos, solemne, acalla mi lamento. Dueña no soy ya ni de mi misma, pues no queda más que un alma errante a la deriva que se mece al son de un torturado sentimiento Magda Robles.

N#%$-+???'=+%+3+ De sal y arena es su frágil cuerpo, de brisa y noche el manto que la cubre; grácil figura recortada en la distancia, silueta esculpida en los embates y el abrazo febril de un mar embravecido. Niña Penélope cautiva de ensueños anclada al abismo de un hondo dolor, con la mirada perdida en horizontes busca el espejismo de un amante ausente. Celoso el mar acaricia su cuerpo las olas mueren al besar su piel en fugaz intento de borrar el recuerdo de aquel que dejo huella marcada en su orilla. El océano prendido en su cabello esquivo intenta arrancar la promesa de un amor eterno. Lastima sus aguas en intentos de caricias mas solo obtiene en silenciosa respuesta Magda Robles.

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BDANLEA@2LEXCHAE A,+#'C/\)+ Escribo esta misiva dirigida a nadie con la esperanza de recuperar, quizás, la certeza de mi cordura; pues ésta ha sido puesta en duda debido a los terribles hechos que me acontecieron hace apenas unos días. No, no es del todo cierto: son los hechos que me han acontecido, perseguido más bien, a lo largo de toda mi vida los que ponen en peligro mi cordura, al menos de cara a los observadores ajenos. Vine al mundo el viernes, 13 de mayo de 1831. Mi madre siempre pensó que mi vida estaría marcada por la desgracia por el simple hecho de nacer un viernes 13. Lo que no observó –y probablemente ustedes también habrán observado; es algo totalmente natural, dado que es un detalle aparentemente nimio- es que las cifras del año 1831 sumaban también 13, quedando yo de esta forma doblemente maldito. Naturalmente, yo no di a esto demasiada importancia, pues mi vida no parecía ni más ni menos desdichada que las de aquellos que me rodeaban. Era yo un joven tímido, volcado a la lectura, aunque también tenía inquietudes matemáticas que se fueron intensificando conforme el número maldito fue repitiéndose a lo largo de mi vida; mas estoy adelantando acontecimientos. Mi temor ante dicho número comenzó el día en que cumplí 13 años. Aquella noche, mis padres nunca regresaron a casa; fue cuando recibí la noticia de que habían fallecido en un terrible accidente. El cochero, que había sobrevivido, afirmaba que los caballos se habían desbocado repentinamente, “como si hubieran sido poseídos por el mismísimo Diablo”, aseguró mientras se santificaba, saliéndose de esta forma del camino y cayendo a un río, en el cual mis padres murieron ahogados. Tras esta primera desgracia, tuve que trasladarme al hogar de mis tíos, situado a las afueras de Portsmouth, en una carretera solitaria que se extendía muy hacia las afueras; en el número 13, concretamente.

Mi tío llevaba unas semanas aquejado de algunos problemas de salud leve, pero su pronóstico había mejorado considerablemente y parecía totalmente recuperado: no fue así. El mismo día en que yo llegué, tan sólo dos días después de las muertes de mis padres, una insólita fiebre se llevó la vida de mi tío. De este modo, el deber de mi cuidado recayó en mi tía y en los criados de la casa. No hace falta decir que desarrollé un cariño extraordinario hacia mi tía, la única persona que quedaba para cuidar de mí. Yo también era lo único que quedaba para ella, una pobre mujer que había enviudado demasiado pronto, de modo que me dedicó todo su cariño y atención. Los lazos que nos unían se hicieron cada vez más fuertes. Yo me convertí en adulto, y continué viviendo en esa casa. Éramos una familia adinerada, pero nuestra fortuna pronto comenzaría a escasear si yo no me ponía a trabajar; por desgracia, la suerte no parecía acompañarme en esto. Debido a la tristeza que siguió a la muerte de mis padres, me había resultado difícil centrarme en mis estudios, y a los 20 años no contaba con suficientes conocimientos. A pesar de todo, conseguí un trabajo como traductor de alemán. Por desgracia, la pequeña editorial para la que trabajaba quebró cuando yo llevaba 13 meses trabajando en ella. Unos pocos años después, cuando yo tenía 23, ya conseguí encontrar un trabajo, nuevamente como traductor de alemán, que conservé durante años. Ésta fue una época relativamente feliz, considerando la desgracia que había inundado mi vida durante mi pasada juventud. Unos meses después, sin embargo, la tragedia me azotó de nuevo: esta vez en forma de la muerte de mi tía por una extraña enfermedad. Como inevitablemente tenía que suceder, el número maldito apareció de nuevo: mi tía falleció un 13 de enero. Yo heredé la casa y los criados, y me convertí en una persona aún más desdichada, reservada y melan-

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cólica que en el pasado. Toda mi vida parecía ser un cúmulo de desgracias. Durante estos años, gracias a mi trabajo, conocí a la hermosa Adara. No encuentro palabras en ningún lugar para describir su infinita belleza, la ternura de su mirada, el color de sus ojos, la forma en que su cabello caía sobre sus hombros rizándose lentamente. Tampoco hay palabras para describir el anhelo que sentía mi corazón, la constante necesidad de verla y de tenerla junto a mí, la pasión que embargaba cada poro de mi ser. Apenas un año después de conocerla, cuando ella tenía 13 años, la pedí matrimonio. Aceptó. El 6 de julio de 1857 por fin contraje matrimonio con mi prometida. Acostumbrado como estaba a buscar el número 13 directamente o, en su defecto, en el año, no reparé en la importancia de la fecha: 6 de julio. 6 y 7 sumaban 13, efectivamente. Sin embargo, nada malo pareció suceder a efectos inmediatos. En aquel momento pensé que tal vez un ángel me había concedido la piedad que tanto suplicaba y me había librado de la terrible maldición que me había perseguido durante toda mi vida. Gracias a Adara, también, encontré por fin la felicidad y la paz que tanto ansiaba. Los años fueron pasando y, pese a algún pequeño inconveniente –intentamos tener un hijo y no pudimos- éramos tremendamente dichosos, y nos sentíamos muy satisfechos con la vida que llevábamos, en la mansión que había pertenecido a mis tíos. No obstante, y pese a que la dicha duró más años de los que pensaba posibles, se fue extinguiendo como una llama en la oscuridad. La madre de mi amada falleció –no encontré ningún 13 posible en la fecha, pese a que lo busqué; era evidente que tan terrible maldición sólo me había perseguido a mí, por estar predestinado a ella desde el mismo día de mi nacimiento- y ella tuvo que viajar a Baviera para asistir al funeral. Tal vez no lo haya concretado; apenas he mencionado que la conocí gracias a mi trabajo, pero ella


nació en Alemania. El viaje y las reuniones con la familia podrían extenderse hasta más de dos semanas, incluso. Nada me hubiera complacido más que acompañarla en tan duros momentos, pero yo tenía un trabajo urgente que realizar, y no podíamos permitirnos perder ese dinero si queríamos mantener la gran casa en la que vivíamos. De hecho, habíamos tenido que despedir a la mayoría de los criados, y ya solo quedaba una que acudía a limpiar nuestro hogar una vez a la semana. De modo que ella partió y yo quedé solo en la mansión. Entonces, comencé a tener terribles pesadillas, que yo tomé por augurios. Soñaba con Adara muerta; con sangre, con dolor. No entendía el por qué de estos presagios, hasta que reparé en un terrible hecho: faltaban unos pocos días para nuestro decimotercer aniversario. Y supe, con toda seguridad de la que mi mente era capaz, que Adara fallecería aquel mismo día. Ni siquiera estaba a mi lado para poder protegerla del mal que la amenazara. Atenazado por la certeza de que tan terrible desgracia no tendría remedio posible, decidí poner fin a mi vida.

Para ello, opté por el envenenamiento, mezclando una gran cantidad de absenta y de láudano, convencido de que dicha combinación me llevaría directamente a los brazos de la Muerte. Necesitaba escapar como fuera de la terrible desdicha que conllevaría la muerte de mi amada, la única razón de mi existencia. No disponía de mucha cantidad de ninguno de los dos brebajes, pero, como ya he dicho, pensé que la combinación sería suficiente, de modo que procedí a saciar mi sed. El veneno empezó a fluir por mis venas y comencé a sentirme mal, pero supe que no bastaría. No habría suficiente. De modo, que, tambaleándome, me dirigí a por un cuchillo para cortar mis venas a la altura de la muñeca. Apenas podía andar, pero conseguí llegar hasta él y empuñarlo. Lo que pasó después no puedo explicarlo con claridad. Mi intención era poner fin a mi vida, pero me vi sumergido en una espiral de locuras y alucinaciones producidas por la absenta y el láudano. Vi frente a mí al número 13 –no, no un número 13 escrito, sino el propio número 13 en toda la magnitud de su maldición, aunque esto no pueda ser

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comprendido por una mente cuerda o libre de drogas- y lo apuñalé, lo apuñalé con toda mi rabia, en venganza por todo lo que me había hecho. Después caí desmayado por la droga, y todos los demás sucesos hasta mi llegada a este lugar son un poco confusos. Soy vagamente consciente de haber visto el cadáver de Adara en el suelo. Según los hombres que me arrestaron, ella volvió de Baviera aquel día y yo la apuñalé 13 veces sin motivo aparente, poniendo fin a su vida. Es de esta forma como he acabado aquí, en una prisión recién inaugurada. Al parecer, dado que mi cordura está en tela de juicio, no seré ejecutado; si bien es cierto que no podré salir de aquí en lo que me resta de vida. Y así concluye, con todo detalle posible, la historia que quería contar. Oh, ¿mi nombre? Es bien cierto que he omitido este detalle, pero ha sido deliberadamente, dado que no quiero manchar la reputación de mi familia. Podéis llamarme por mi nombre en la prisión, el que me fue asignado al llegar: el prisionero 0013. Ibai Otxoa.


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42NE@AFFE''2K''2FG''NBD22B Uno de los grandes clásicos del cine de terror de los 80 es sin duda Pesadilla En Elm Street, que nos presentó al personaje de culto Freddy Krueger, y dio comienzo a una franquicia que, todo sea dicho, no logró superar a la primera parte. Todos tuvimos miedo de dormir la primera vez que vimos Pesadilla En Elm Street y algunos, entre los que me incluyo, descubrimos a uno de nuestros personajes de terror preferidos y sin precedentes. Cuántas veces nos hemos preguntado cómo se creó el personaje, de dónde salió la idea de la película, cómo se vivió ese rodaje[ Aquí tenéis algunas curiosidades sobre la filmación de Pesadilla En Elm Street. -El guión de la película lo escribió el propio director, Wes Craven, y fue rechazado por varias productoras, hasta que New Line Cinema, por aquel entonces casi en quiebra, lo aceptó. La película costó 1’8 millones de dólares y recaudó 26 millones. Tal éxito salvó a la productora de la bancarrota.

-Se dice que el nombre de Freddy Krueger lo sacó Wes Craven de un compañero que tuvo en el colegio y que siempre le trataba mal. -Se usaron nada menos que 1900 litros de sangre falsa. -Una leyenda urbana cuenta que Robert Englund, actor que dio vida a Feddy en todas las películas, al verse por primera vez maquillado como su mítico personaje, se meó encima de miedo. -Algunas actrices que cuentan que optaron al personaje de Nancy fueron Jennifer Grey, Courtney Cox y Demi Moore.

-Cuentan que a Wes Craven no le gustó el final, del que rodaron varas versiones, porque se les terminaba el tiempo estipulado del rodaje y la hicieron demasiado deprisa. -La comisaría en realidad era una biblioteca. -Para esta primera parte tuvieron muy poco presupuesto y, a la hora de crear la cara de Freddy, se les ocurrió hacérsela así inspirándose en una pizza. -Aquí Freddy lleva un jersey de rayas con las mangas rojas. En las demás películas las mangas también son de rayas. -La escena en la que Tina sueña que está dentro de un túnel se rodó en una cárcel. -Para el sonido de las cuchillas de Freddy chirriando arañaron un cuchillo de cocina en una pata de silla metálica. -Algunos países vieron su estreno con escenas censuradas. -La versión porno se titula A Wet Dream On Elm Street (Un sueño húmedo en Elm Street). Javier Herce.


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DE@AC'XEKBENGE @$&#%[$'I#0[-$] Piensas en lo que dirás a su familia cuando lleguen y la vean lívida, con sus cabellos dorados, en la camilla del hospital. Ahí quieto, sudoroso, imaginando la expresión entre furiosa e incrédula del padre cuando le cuentes que el accidente ha sido culpa tuya. Que está muerta. Porque se lo vas a contar, ya lo has decidido. Aunque te encierren. Empezarás diciéndoles que nunca te llevaste bien con tu padre. Tu madre falleció en un accidente de coche cuando eras pequeño. Él conducía. Luego vas a necesitar sentarte. Todo comenzó la primera vez que fuiste a visitar la tumba de tu padre. Nunca habías querido ir a verle. Era un hijo de puta. Pero ya habían pasado diez años y la tía Pepita, arrugada y pequeña, te lo pidió con su vocecilla rasposa. Fuiste y te quedaste un rato mirando a través de su lápida, indiferente. Fue un domingo, tu día de descanso si las cosas no estaban muy mal. Al día siguiente cogiste el taxi. La ruta habitual. Encendiste la radio y te acomodaste en el asiento. En la calle Córdoba, a la altura de la farmacia, se subió un cliente. —A la estación. Por un momento, dudaste si tomar la salida de la izquierda o la de la derecha. —A la derecha, gilipollas. Giraste bruscamente. —¿Cómo dijo? —Yo no he dicho nada— respondió el hombre en el asiento trasero, un tanto desconcertado. Había sonado como tu padre. No deberías haber ido al cementerio. Lo odiabas. Ni siquiera fuiste a verlo cuando enfermó. Se lo dejaste todo a tu hermano Pedro. Era distinto para él. Él era un bebé cuando tu madre murió. Nunca vio a tu madre hecha una pelota en el suelo con la cara hinchada y cubierta de sangre. No recuerda las noches que venía borracho. Las palizas. Dejaste al cliente. La carretera se volvía más estrecha en esta parte de la ciudad. No había casi nadie en la calle.

—No venías a verme cuando me estaba muriendo y te apareces después de diez años. Eres un malnacido. Era la radio lo que sonaba. El parecido con la voz de tu padre era increíble. Seguiste escuchando el programa. Hablaban de la crisis. Recogiste a una señora cerca del mercado central. —A tu madre sí que ibas a verla. Qué guapa era, con su pelo rubio. ¡Dios! Y qué tetas, me encantaba estrujárselas. Pero era una puta. Murió cuando íbamos a la casa del borracho de tu abuelo. Me salí de la carretera. Te estoy hablando a ti, Carlos, imbécil. Había dicho tu nombre. La garganta se te secó de pronto. Echaste un vistazo a la mujer por el retrovisor. Estaba mirando apaciblemente por la ventana. —¿Ahora me oyes? Eres un cabronazo. Tenías el cuerpo lleno de nudos y escalofríos. Apagaste la radio. —Eres un desgraciado. ¿Qué has hecho en la vida? No tienes hijos, ni mujer, solo un trabajo de mierda. Se había vuelto a encender. Te estabas poniendo nervioso. —¡Cojones!— gritaste. —¿Pasa algo? —No, señora, perdone usted. Uno que se metió delante. Apretaste el acelerador. Querías llegar a tu destino de una vez, dejarla y volver a casa. Sentías que el corazón te latía más deprisa. —Pensaba que eras maricón. ¡Joder!, no se callaba. Empezaste a golpear la radio. —¿Estamos llegando ya? La señora se había agarrado a su bolso y te miraba con los ojos muy abiertos. Aceleraste aún más. —Sí, falta poco. Tomaste un atajo y llegaste en un minuto. La señora te extendió temblorosa un billete de diez y te dijo que te quedaras con el cambio para salir apresuradamente. Por un momento sentiste alivio, hasta que viste que un tipo trajeado se metía en el coche.

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—¡Qué suerte! Y te sonreía, el muy idiota. —Qué mamonazo eres. Siempre fuiste un cobarde— resonó la radio—. Te quedabas mirando como un subnormal cuando inflaba a hostias a tu madre. —¡Cállate, hijo de puta!— rugiste—. ¡Cállate la puta boca! —Pare el taxi. ¡Que pare! ¡Me quiero bajar! Te detuviste. El hombre se bajó del coche. Sin pagar. —Loco de los huevos. Hablando so[— le oíste murmurar. La voz de la radio, la de tu padre, se reía. —¡Por fin te atreves a levantarme la voz! De pequeño siempre te quedabas en la esquina viendo cómo pateaba a esa zorra. ¿Te acuerdas de cuando le meé encima? —¡Cállate! Eras un cabrón y un vago de mierda. No he tenido familia porque no quiero parecerme a ti. ¡Te odio! ¡Púdrete! Te entró un ataque de furia. Arrancaste la radio de cuajo, dejándola pendiente de un cable. Silencio. Había parado. Te sentiste mejor. Te habías enfrentado a él. Nunca fuiste capaz de eso mientras él estuvo vivo. Siempre te dio demasiado miedo, incluso cuando llegaste a la adolescencia. Te habías quitado un peso de encima. El resto de la tarde transcurrió con normalidad, aunque preferiste no coger ningún cliente más e ir directamente a casa. Tirarías la radio a la basura y dormirías tranquilo. Ya era de noche cuando viste a la chica parada en la acera. ¿Cuántos años tendría? ¿Quince? ¿Dieciséis? Levantó la mano para llamarte. Te dio pena y la recogiste. Lucía un bonito pelo rubio. —A la calle Luján Pérez, por favor. Conducías despacio por la carretera principal cuando escuchaste un leve pitido. Era la radio. Zumbaba como cuando tratabas de sintonizarla. Se escuchó una música tenue, un cantar de grillos. Una voz familiar. —Tú también estabas en el coche aquella noche. Íbamos a casa


del chupapollas de tu abuelo. La puta de tu madre se había dormido. Aproveché para quitarle el cinturón. Tú tampoco lo llevabas. Era él de nuevo. Sentiste cómo tu cuerpo se engarrotaba. —Estrellé el coche contra un árbol. —No. —Conseguí matarla a ella, pero no a ti. Me enteré de que eras un bastardo asqueroso. Me la pegó, la muy puta. Después de eso, solo recuerdas el rechinar de las ruedas al salirse de la carretera, un impacto. Tus músculos y tus huesos sacudidos. La imagen borrosa de un árbol. Desirée Jiménez.

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2F'2N42IC F+"%+'G)%+*$&'B$`$3+' Siempre tuve miedo a los espejos. Desde muy niña, mi abuela me relataba inquietantes historias de fantasmas y claro, de pequeño te crees todo. -Nunca te quedes mirando fijamente tu reflejo en el espejo, si lo haces, tu alma se quedará atrapada dentro y sin alma, irás al infierno –me decía. Y claro, para un niño, el alma es importante y la idea de ir directa al infierno no te parece precisamente divertida, por lo que hice caso a mi abuela y rogué a mi madre, llorando y pataleando, durante dos meses, que por favor me quitara todos los espejos de mi habitación y el baño. Y desde entonces, jamás me miré fijamente en ellos. Si me peinaba, miraba al espejo de soslayo. Ahora, con 29 años, sigo temiendo los espejos, puede resultar ridículo, sin embargo, siguen provocándome una inquietud que no logro controlar. Desde aquellos lejanos días, no ha habido una noche en la cual los espejos no visitaran mis sueños.

Cuando me mudé a una vieja casa de madera, herencia de mi abuela, pedí a los mozos de la mudanza que por favor se deshicieran de todos los espejos de la casa y para mi desgracia, con lo supersticiosa que soy, se les rompió el de la cómoda de mi habitación. Me entró tanto pánico que cambie todos los muebles y me trasladé a otro dormitorio cerrando el otro con llave, rezando para que la mala suerte que tendrían los mozos, no saliese de aquel cuarto. Irme a vivir sola a aquella vieja casa de madera creo que fue el peor error de mi vida[ Nunca había dormido sola. Jamás había estado sola en casa y jamás había vivido en una casa completamente de madera. Soy un poco especial, lo sé, pero no puedo dormir si hay algún ruido o algo de luz. Pero desde aquella noche, jamás volví a dormir[ Las maderas crujían, pero no durante el día, sino solo por la noche. Tenía tanto miedo que pensé que escondiéndome bajo el edredón, colo-

cándome los cascos y poniendo la música de mi Ipod, dejaría de escuchar aquellos estremecedores crujidos que me podían los pelos de punta, pero no, aún así, seguía escuchando la madera chirriar. Como no podía dormir, acabé tomando pastillas para descansar. Pasaron dos semanas y conseguí dormir, creo que me acostumbré al ruido, pero cuando al fin parecía que aquello había pasado volví a escuchar más ruidos, pero no ruidos cualesquiera ¡estos parecían alaridos! ¡Y me estaban llamando por mi nombre! No sabía si lo había soñado o no, pero me levanté a la cocina a por un poco de agua, toda nerviosa y cuando regresé, vi que en la habitación donde se había roto el espejo había luz ¿la habría dado sin querer cuando limpié por la mañana? No lo creía[ La apagué y me quedé algo más tranquila, pero no conseguí relajarme. Ya de vuelta en la cama, vi luz debajo de la puerta. La luz del pasillo, me la había dejado encendida[


Me levanté y abrí la puerta y para mi asombro, la luz del pasillo estaba apagada mientras que la luz del otro cuarto volvía a estar encendida ¿Me estaba volviendo loca? ¡Pero si la había apagado! Tal vez[ tal vez se hubiera roto el interruptor[ Regresé a mi habitación y cogí las llaves, si no arreglaba la luz, no dormiría tranquila. Metí la llave y la giré, después, abrí lentamente la puerta. Debía ser una broma ¡La luz estaba apagada! ¿Las pastillas para dormir me estarían haciendo alucinar? Cerré de nuevo la puerta con llave y volví a la cama. Para mi desdicha los ruidos regresaron, pero esta vez, sobre mi cabeza. Parecía como si hubiera alguien caminando lentamente sobre la madera. Lo mismo era un gato que se había colado en la buhardilla. Me subí a la cama con un zapato de tacón en la mano y golpeé el techo varias veces (no era muy alto). Toc, toc, toc. Cuando bajé de la cama, casi me da un infarto. Sonaron tres golpes. Toc, toc, toc. ¡Alguien había contestado a mis golpes!

De pronto, sonó un grito que me erizó el vello y me provocó un escalofrío. Cogí mi Ipod y me puse la música a toda pastilla, tanto que creí que me reventaban los oídos. Me acurruqué en una esquina de la habitación y ahí me quedé, quieta, llena de congoja. Intenté llorar, pero no pude, no me salían las lágrimas[ No sé en qué momento, pero me dormí. Cuando abrí los ojos, ya era de día. Levanté la persiana y tras vestirme y asearme salí de la habitación. Agudicé el oído y no oí absolutamente nada. Decidí volver al médico, pero me dijo que no me preocupara, que lo que me pasaba es que echaba de menos a la familia y por eso estaba obsesionada con los ruidos. Me recetó otras pastillas y tras probarlas, dormí de un tirón, ningún ruido ni grito me despertó, hasta que un día, mientras comía en el salón, oí un fuerte estruendo ¡algo se había caído en la buhardilla! Y lo peor de todo ¡Había sonado a cristal! Cogí un cuchillo de la cocina –sí, lo se, es un poco exagerado- y una linterna y me dirigí al pasillo. La cuerda para bajar la escalera plegable de la buhardilla estaba bailando a causa del golpe.

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Bajé la escalera y con el cuchillo y la linterna en alto, subí. A simple vista, no se veía nada, por lo que busqué sobre mi cabeza la cuerda para encender las luces. La encontré a la primera. Tiré y cinco bombillas se encendieron, iluminando completamente aquella desagradable oscuridad. Entonces pude ver qué se había caído: un gran jarrón de cristal. Era el favorito de mi madre y lo había guardado tras su muerte, como recuerdo, y ahora estaba ahí, hecho añicos. Oí un quejido y me asusté. Avancé con el cuchillo delante hasta el ruido y descubrí que había un gatito negro, con una pata herida, posiblemente por culpa de los cristales rotos. -Así que eras tú ¿eh? -le dije mientras le cogía en brazos. De pronto, oí un crujido cercano y me acerqué, con el gatito por delante, haciendo de escudo. Estaba idiota, como si un gato me fuera a salvar la vida[ Entonces vi algo que me llamó la atención. A simple vista parecía un armario y estaba cubierto por varias sábanas. Solté al gatito y tiré de las sábanas, levantando mucho polvo. Cómo no, estornudé. Y el


gatito también. Era un espejo. MIERDA. Era ovalado, de madera y tenía talladas dos magníficas figuras. La de la derecha era un ángel, con una espada en la mano izquierda y las alas plegadas, y la figura de la izquierda era un demonio, con un tridente en la mano derecha. Me quedé mirando fijamente ambas figuras. Asombrosamente tenían un gran parecido conmigo: la forma alargada de mi cara, los ojos grandes, una nariz normalita, unos labios finos y el pelo cortito y rizado. ¡Incluso tenían una marca en la mejilla derecha como mi lunar! Movida por un impulso irresistible toqué la espada que llevaba el ángel, pero cual fue mi sorpresa cuando me corté el dedo. ¡Ay! Ensucié sin querer el espejo de sangre y enseguida me llevé el dedo a la boca, para eliminar la sangre. Luego me acerqué al diablo. Aún con el dedo en la boca, volví a sentir ese deseo casi infantil de tocar, y con la otra mano pase mi dedo por la punta del tridente, y para mi desgracia ¡me volví a cortar! Ahora tenía dos dedos en la boca[ Jo, dolía[ En ese momento, el gatito comenzó a bufar y a enseñar las uñas ¿qué le pasaba? Realmente, no sabía qué me sucedía a mí, con el miedo que tenía a los espejos, ahí estaba yo, intentando mirarme en uno bien extraño. El cristal estaba negro de la suciedad por lo que decidí bajar y coger un estropajo y un poco de agua y jabón, para limpiarlo lo más posible. Era endiabladamente hermoso por lo que no podía dejar de pensar que tenía que mirarme en él, era como si estuviera hipnotizada. Cuando subí, lo limpié a conciencia, intentando no mirarme a los ojos fijamente en él. Al terminar, me di por satisfecha ¡era precioso! Además, de cuerpo entero. Pensé que en cuanto pudiera, lo bajaría (si podía claro, porque me daba que iba a tener que pedir ayuda) y lo colocaría en mi habitación. Cogí el plumero y quité todo el polvo que tenían las hermosas figuras talladas y me percaté de que había algo distinto en ellas. La espada del ángel y el tridente del diablo se habían unido sobre sus cabezas, formando una X. Ahora el diablo sonreía y el ángel lloraba. ¿Qué ocurría?

¿Volvía a tener alucinaciones? Juraría que antes no estaba así[ además, ¡me había pinchado ambos dedos! Miré mis heridas, pero no estaban ¡habían desaparecido! No podía ser, me estaba volviendo completamente loca. Miré de reojo mi reflejo en el espejo. No creí que pasara nada por mirarme. Cogí aire y me acerqué un poco. Cerré los ojos un instante y cuando los abrí me miré. Mi reflejo daba pena, estaba cadavérica, con blanca piel, oscuras ojeras y despeinada. ¿Cuánto tiempo hacía que no me maquillaba o me ponía guapa? Pasar tantas noches sin dormir me hab��an convertido en una especie de muerta viviente[ Me miré fijamente a los ojos, pues mi reflejo no mostraba mis ojos azules, si no negros como la noche, sin iris ni pupila. Por todos los Dioses, las pastillas me iban a matar[ Continué mirándome la cara pues también parecía que tenía manchas y alguna arruguita, cuando de repente, mi reflejo se movió. Grité con todas mis fuerzas y el gatito saltó del susto y comenzó a bufar con fuerza. Me aparté del espejo. Debía estar soñando, no podía ser. ¡Cómo se iba a mover mi reflejo! Mi otro yo comenzó a golpear el espejo, como si quisiera salir de él. No. NO. NOOOO. No por favor. Es una pesadilla. Aun estoy durmiendo, ¡Te odio abuela por haberme contado esas historias! , me dije a mí misma. Cerré los ojos con fuerza. Quizá si los abría, todo desaparecería. Pero tuve que abrirlos antes de lo previsto, pues un ruido de cristales rotos me sobresaltó. El corazón me latía a mil por hora, creo que estaba a punto de darme un infarto. El espejo estaba roto y mi reflejo había desaparecido. Sentí que me iba a dar algo, ¡me va a dar algo! Me repetía angustiada. Cuando me volví, me vi a mi misma, con una gran sonrisa diabólica, cubierta de dientes podridos. Le miré a los ojos, me temblaban tanto las piernas que pensé que me caería. Oí otro ruido a mi espalda y me giré, encontrándome de nuevo conmigo misma. Ella me miró con la cabeza ladeada, como si intentara reconocerme.

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Miré tras ella y para mi asombro, el espejo se había recompuesto. La mujer cadavérica anduvo de espaldas hacia el espejo y se introdujo en él. Las figuras de madera cobraron vida por un momento y regresaron a sus posiciones actuales, tal y como yo las había encontrado. ¿Ya estaba? ¡Acabó! ¡Sí! Gracias a Dios. Lloré hasta quedarme sin lágrimas. Incluso el gatito se acercó a mi y se restregó contra mi pierna, ronroneando, era como si me estuviera haciendo mimos[ Me volví y busqué algo, para romper el espejo y que no me volviera a darme más sustos, pero de pronto, me caí de bruces al suelo y a punto estuve de romperme la mandíbula del golpe. Posiblemente había tropezado o con el gatito o con una de las sábanas desperdigadas por el suelo. Miré hacia atrás y descubrí con qué había tropezado[ ¡¡La mujer había vuelto a salir del espejo y me había cogido de los tobillos!! Pataleé, me retorcí, grité, pero solo conseguí que con la fuerza que me apretaba, me rompiera un tobillo. Grité nuevamente con todas mis fuerzas, suplicando despertarme de aquella pesadilla, pero sentía tanto dolor que no quería admitir que no era un sueño. Era demasiado real. No sentía miedo, si no terror, pánico. Sabía que iba a morir. Ese era mi fin. Mi otro yo tenía mucha fuerza y me arrastraba por el suelo, intentaba llevarme con ella al interior del espejo. Lo hacía deprisa pero lo sentía como una película vista a cámara lenta. Intenté agarrarme con las uñas al suelo de madera, pero no lo lograba, lo único que conseguí fue romperme las uñas y manchar de sangre la vieja madera. Adiós, este era mi fin. Estaba dentro del espejo y mi otro yo quiere acabar conmigo, aunque intenté zafarme y defenderme cuanto podía, pero ella era mucho más fuerte. Logró agarrar mi cuello y apretó con tal fuerza que sentí como me falta el aire. No podía respirar. La miré a los ojos y me vi reflejada en ellos. Oí un chasquido y mis ojos se cerraron de dolor. Para siempre. Laura Morales Tejada.


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CAZADOR DE STRIGES (Colección Pulp Ficción #3) Autor: Soizik Stiwell Nacionalidad: España Género: Terror Formato: Tapa blanda Número de páginas: 100 Editorial: 23 Escalones Año publicación: 2011

N#-)9&#&< España. Siglo XIX. Una horrible y aterradora plaga recorre los pueblos de la península, sin que nadie parezca capaz de pararla, matando a hombres, mujeres, ancianos e infantes sin distinción. Sólo un hombre parece poder vencer a dicha peste formada por los striges, virulentas y vampiricas criaturas que viven en la oscuridad. Y es la hora de tomar a un pupilo para que continúe su tarea en caso de morir.

D$&$k+< Debo confesar que empecé con demasiadas ganas la lectura de este tercer número de la colección Pulp Ficción. No tenía nada que ver con la calidad de los dos anteriores números, que me gustaron bastante y, además, eran diferentes entre sí; el primero, una clásica historia de terror, y el segundo un slasher en toda regla. No, las razones eran otras. La portada no me decía nada. La sinopsis tampoco es que me empujase demasiado a abrir el libro. Y el no saber quién es en realidad su autor, pues tampoco es que me invitase a leer la novelita. Pero, como las dos anteriores no me habían defraudado, me animé. Ahora tengo claro que hice bien. “Cazador de Striges” no tiene nada que ver con “Revividos” y “No podrás salir”. Es tan diferente a ellas como lo son entre sí. Tenemos entre manos una historia opresiva, tensa, angustiosa, oscura, tenebrosa y triste. Y con monstruo incluido, además, ¿o debería decir monstruos? Y muy, muy bien caracterizados, todo sea dicho. Sin querer contar mucho, ya que eso destruiría alguna que otra

sorpresa que, personalmente, no he visto llegar, aunque mentiría si dijese que me han cogido de sopetón, la trama nos presenta a Gorgonio, un cazador de striges que, un buen día, y tras el ataque de uno de esos seres, acoge a Lorién, un chiquillo que aprende el oficio a su lado. Juntos, perseguirán a dichas bestias, al mismo tiempo que descubren que, una en particular, es más peligrosa de lo que pensaban. Y hasta ahí puedo narrar. Lo primero que llama la atención de este bolsilibro es su prosa. Se nota que el autor sabe manejar el lenguaje a su antojo, y ya no digamos las descripciones, el arte de la narración y los adjetivos. La riqueza de los textos es absorbente pero, al mismo tiempo, resulta uno de sus principales defectos. El escritor hace difícil lo fácil, convirtiendo ciertos pasajes que se podrían haber resuelto con más soltura, en explicaciones densas y gruesas que ahogan la trama. Incluso, en alguna que otra escena, todo se vuelve confuso; hasta que el lector no avanza, no descubre lo que ha ocurrido en realidad. Son pequeñas protuberancias en un diamante perfecto por todo lo demás. Precisamente, hay cierto capítulo, donde Gorgonio cuenta todo lo que sabe sobre los striges que se ve engrandecido por el lenguaje usado por el autor del libro. Y es que, el monstruo, el strige, autentico villano de la función, está muy, muy bien desarrollado. Da miedo, crea suspense, consigue hallar la tensión en el lector. No es una bestia más esperando ser abatida por el invencible protagonista, sino que lleva encima todo un bagaje que el narrador usa para que sepamos qué es la criatura, cómo se le combate, qué nos puede hacer y qué hará con Lorién y Gorgonio si bajan sus defensas. Otro punto a favor son sus protagonistas. Tanto el maestro como el aprendiz son tridimensionales, es fácil que nos identifiquemos con ellos y están lejos de ser superhéroes capaces de matar a varios espectros sin

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sudar siquiera. Además, la evolución que percibimos en ellos, sobre todo en Lorién, hasta ese clímax final, es de agradecer, y más en una historia de cien páginas. Tampoco quiero terminar la reseña sin mencionar el buen ritmo de la trama, al menos, en general, con capítulos realmente muy, muy buenos. El ya mencionado donde se nos cuenta lo que es un strige, o los últimos, muy terroríficos, al menos, para quien esto escribe. En definitiva, “Cazador de Striges” resulta una novelita muy, muy buena. Retazos de pulp, escenas que dan miedo, protagonistas genialmente desarrollados, una amenaza que de verdad lo parece[ Todo sería de diez si no fuese por la densidad de algunos pasajes, y lo innecesario de hacer ciertas partes confusas y difíciles de tragar debido al rebuscado lenguaje, gran acierto, y gran defecto de la obra. Un apunte final. Parece ser que se ha parado la publicación de estas novelitas de la colección Pulp Ficción. Digo que parece porque ya hace meses que salió ésta última. No hay noticias desde la editorial, ni si se ha cortado el riego, ni si se trata de un parón, ni nada parecido. Una lastima; tanto la falta de noticias, como que se corte la colección, de ser así.

K)/+<'m Tony Jiménez.


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La otra cara del espejo Autora: Laura López Alfranca Editorial: Ediciones Babylon Colección: Krypta Ilustración de cubierta: Marta Nael Número de páginas: 248 Año de publicación: 2012

N#-)9&#& “Aquel que se refleje obtendrá a su juicio un amante perfecto”. El hospital psiquiátrico Harper oculta numerosos secretos: un pintor que plasma en lienzo los horrores que ve, una bella joven encerrada en la mente de una niña, un asesino en serie o un espejo del que, según su dueño, surge una misteriosa y sensual mujer. Cuando Aidan Hanson llega al centro para hacerse cargo de los pacientes, ignora que pronto la maldición se cernirá sobre él. De la mano de Laura López Alfranca nos llega esta novela que con su estilo directo, adictivo y estremecedor te mantendrá en vilo hasta la última página. La historia de un espejo que no solo es capaz de reflejar lo peor de nosotros mismos, sino de arrastrar en una vorágine de locura y horror a aquellos que caen en la tentación de verse en él. Misterio, sensualidad y suspense en la obra debut de toda una promesa del género de terror.

D$&$k+ La autora, Laura López Alfranca, a la que ya conocía de unos cuantos relatos anteriores, ha publi-

FE''CBDE''LEDE''@2F''2N42ICT' 3$'F+"%+'F;9$]'E*7%+-(+ cado este buen libro, su primera novela, que mezcla, a mi juicio, terror y fantasía oscura. El tema del espejo, el psiquiátrico, y otros elementos y personajes presentes en el libro hacen que, más que rememorar otras obras que utilizan estos ingredientes, nos enfrentemos a un puzzle que sabe unir de manera bastante acertada para mostrarnos una obra que, debo reconocerlo, me ha sorprendido por su calidad; bueno, realmente, como ya conocía –como he comentadoalgo de la obra de Laura, la sorpresa no ha sido tanta, pero me faltaba ver cómo se desenvolvía en una obra larga, dado que sus experiencias previas conocidas habían sido en relatos. En La Otra cara del Espejo, a la trama de un psiquiátrico (que más parece un hotel de lujo, pues hay pacientes que se han recluído en él voluntariamente, otros a los que su familia han “apartado” en él, y algunos verdaderos alienados, todos ellos pagando fuertes sumas de dinero), se le une la del espejo que da nombre a la novela, la de un asesino en serie, y la de unos personajes (dentro de una trama fantástica) presentes en la obra “para intentar proteger a cierto personaje”; es más, estos personajes en concreto son rivales entre sí “en su mundo originario”, pero en este nuestro mundo han forjado una alianza para dicha protección. A la llegada del nuevo doctor al hospital, le sucede una serie de asesinatos en las inmediaciones; Aidan, el nuevo, ha llegado a este hospital para intentar reconducir su situación familiar, pues su anterior trabajo estuvo a punto de acabar con su vida familiar. Aquí tiene que tratar a su propio cuñado, poseedor del espejo – reliquia familiar- que sostiene una de las tramas de la novela, al tiempo que constata que se trata casi más de un retiro voluntario para algunos pacientes, mientras que otros viven en oscuros mundos de fantasía, incluyendo a los propios trabajadores del centro. Una de las cosas que se nota inmediatamente en la narración de Laura es el detallismo que, sin ser pesado en ningún momento, sí que sirve para acercarnos a esas escenas de gran cotidianeidad o, en otras ocasiones, hacernos partícipes del terror

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que llega a inundar algunos pasajes. El psiquiátrico (que, por cierto, es el Jackson, no el Harper como se indica, erróneamente en la sinopsis del libro) sirve como marco, a la vez que como foco, de unas tramas en principio paralelas, pero que van convergiendo en torno a la figura del Doctor Aidan Hanson, , siendo el elemento clave el espejo familiar que custodia su cuñado, Pierre. Pero a la vez, los diversos pacientes que son tratados por este doctor, los trabajadores del centro (algunos posiblemente más desequilibrados que muchos de los pacientes), la familia de Aidan, y una trama de fantasía en la que unos seres deben proteger a su dama, pues es la única forma de recuperar su verdadera naturaleza, conforman el resto de tramas. En ciertos momentos se confunden realidad con fantasía, incluso las percepciones de Aidan se tornan confusas y nos hacen dudar de si son alucinaciones, o una fantástica realidad más allá de la comprensión de los “sanos”; pero conforme se avanza, y se van uniendo los diferentes argumentos (solucionándose unos, abriéndose nuevos), vemos que el terror continúa, y la solución, aunque drástica, tal vez dramática, no deja de tener su deje de melancolía y, tal vez, un poso de esperanza. Por otro lado, a esta editorial sólo la conocía por algunos ebooks, que pronto reseñaremos, y me ha sorprendido la cuidada edición, con las hojas de fondo crema, y unas letras de tono azulado, además de los embellecimientos de cada capítulo y numeración. Asimismo, una muy buena portada, que da una perfecta imagen de ciertos “momentos” del libro. Javier Arnau.

Consíguela en papel: http://tienda.edicionesbabylon.es/es/6 62-la-otra-cara-del-espejo.html Lectura previa gratuita: http://es.scribd.com/doc/77130038/Ed iciones-Babylon-primeras-paginas-deLa-otra-cara-del-espejo


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Foto: Fran Berbel

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Foto: Fran Berbel


Foto: Fran Berbel


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Foto: Fran Berbel


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Foto: Fran Berbel


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L.EBDC''YEBCN''i''BD2L2''L.2DUCN F+"%+'F;9$]'E*7%+-(+ El viento ululaba salvaje en aquellas horas; la noche se cernía sobre su cabeza con rapidez, mientras que los cuervos graznaban en sus nidos más furiosos que nunca. Adrián observó las sombras del parque, que debían ser tan oscuras como la mismísima boca del infierno y caminó por entre los árboles, buscando a tientas el atajo para volver a su casa. Los carroñeros gritaron con más fuerza y el aire se volvió gélido, así que el joven se subió el cuello del anorak y siguió, aunque sintiera temor. Si no atajaba por los árboles le llevaría una hora llegar al piso y no tenía dinero suficiente para pagar el autobús. Maldijo su mala suerte, no solo por haber alquilado aquel miserable cuartucho tan lejos de la civilización, sino porque su compañero estaba completamente loco que siempre que era capaz de hacerle cualquier perrería[ y no podía mudarse por culpa de su mísero sueldo, que no le daba ni para malvivir. Un graznido sonó a su lado, y se giró asustado para enfrentarse directamente a los ojos enrojecidos de un ave negra. Esta le devolvía una expresión de triunfo, llena de malévola justicia[ o tal vez de venganza. Adrián se rió de aquella estúpida ocurrencia, así que se volvió, pero cuando intentó seguir, su sonrisa se congeló en una mueca de terror y de estupefacta consternación; porque enfrente de él había otro par de ojos que le miraban con desdén y desagrado[ no, más bien dos pares. Estudió el entorno y se encontró con veintiséis miradas perversas que le estudiaban con fijeza, formando un círculo perfecto alrededor de él, aprisionándole. Gritó un insulto, se agachó para recoger una piedra, para después lanzarla con aquellos pájaros. Creyó acertarle a uno en el pico, pero los ojos siguieron escrutándole con odio y desdén. Entonces, las rapaces se lanzaron contra el hombre intentando acertarle en su cabeza, seguramente para arrancarle los ojos. Berreaban con furia, sus alas

zumbaban al lado de sus oídos con fuerza, que junto al repugnante olor, le embotó la cabeza; mientras, sus plumas y garras le arañaban la cara. Emitió cientos de alaridos desesperado, comenzó a agitar los brazos para alejar a las aves, defendiendo su cara tanto como podía, aunque sentía la sangre manar libremente sobre su piel. Gritó por segunda vez y corrió hacia la espesura del bosque, con los cuervos lanzándose contra su cabeza, arrancándole el pelo y parte de la piel a base de picotazos como si estuvieran cobrándose una macabra recompensa. Jadeó desesperado, el ejercicio y el miedo conseguían que el corazón le latiera en un alocado frenesí, a tanta velocidad, que temió que del esfuerzo se le fuera a parar[ aquellas aves deseaban matarle. Se tropezó contra una raíz y después de una caída en picado sobre su cabeza, las rapaces desaparecieron con la misma rapidez con la que vinieron. Alzó la cabeza desesperado, sintió que algo le había arañado en la mejilla, se levantó y con horror, pudo ver como una gota de su sangre correteaba por un dedo largo y pálido. A su lado descansaban sus cuatro hermanos, con la palma que les unía hundida en la tierra negra. Se llevó la mano a la boca, intentando silenciar los gritos que pugnaban por salir[ pero fue demasiado tarde y aterrado, intentó alejarse de esa grotesca imagen sin poder dejar de mirarla. En unos pocos pasos, sintió como algo le agarraba y le hacía tropezar, cuando se fijó, sus berridos se redoblaron con mayor terror, ya que otra mano había emergido de la tierra y le agarraba del tobillo. Pateó aquella aparición con todas sus fuerzas, haciéndose más daño; alzó la voz pidiendo ayuda, pero pronto otra mano le silencio. Lloró aterrado, negó con la cabeza y rogó para que todo aquello acabara[ hasta que entonces, cuatro gatos, los más enormes que había visto en su vida, aparecieron ante él. Su pelaje era hermoso, salvo porque

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cada uno lucía unas líneas de color rojo sobre su lomo; uno era blanco, otro de pelaje dorado, el tercero era cobrizo y el último gris[ todos tenían unos ojos enormes y hermosos, uno azul y otro verde. Le estudiaron con atención, mientras él lloraba y suplicaba que le dejaran marchar; entonces, los animales observaron un punto al lado derecho del joven, y Adrián pudo oír unos pasos acercándose. -¿Hola? -saludó una voz femenina. Al ínstate, las manos captoras le soltaron y por entre el follaje, apareció una hermosa mujer pelirroja vestida con un chándal verde-. ¡Dios santo! ¿Qué le ha pasado? -se acercó a él, que solo fue capaz de abrazarla agradecido, al fin algo real, tangible[ entonces cuando la oyó gritar y supo que al menos las manos que había visto eran reales-. ¡Hay que llamar a la policía! -Por el amor de Dios[ se lo suplicó -le imploró mirándole a sus ojos bicolores-, no me deje solo. -N[ n[ no[ no se preocupe -tartamudeó ella sacando su móvil y marcando-, no nos moveremos de aquí -le sonrió agradecido y se acurrucó contra su cuello, sintiéndose a salvo. ****** -Deberías estarme agradecido, encima que te ayudo -insistió Abel rompiendo el preciado silencio que Adrián tanto deseaba-, te he venido a recoger y ni siquiera me dices que ha pasado. Le ignoró, no deseaba explicarle nada. En cuanto llegó su compañero, los policías les pidieron a los dos, a él y a la joven pelirroja, que se llamaba Monique, que les acompañaran y les dijeran lo que habían visto. La muchacha se marchó pronto, pero a él le mantuvieron encerrado toda la noche, porque habían encontrado su sangre en la mano de una de las victimas[ Adrián les había dicho que se había asustado y corrió por el bosque, que había creído oír a alguien


persiguiéndole, tropezó y se arañó con la mano. No le habían creído y no le sorprendió, ya que él mismo era incapaz de asimilar todo lo que había pasado. Aseguraba que era el culpable, le interrogaron, le enseñaron fotos de las cuatro chicas de cuando vivían, cuando sus ojos dispares brillaban tanto como los de Monique (le preguntaron incluso si iba a ser su quinta victima, pero ¿cómo? Era incapaz de acercarse ni a cinco metros de una mujer tan despampanante como aquella) y antes de caer por sus manos, de violarlas, matarlas y volverlas a violar[ lloró como un bebé y rogó que le dejaran marchar, que él no había hecho nada malo. Al final tuvieron que soltarle, no tenían ninguna pista, salvo que el cadáver que le había arañado llevaba tanto tiempo muerto, que era imposible que le hubiera herido para defenderse. Por si no fuera poco, en vez de dejarle tranquilo, peticiones a parte de que no abandonara la ciudad, hicieron que Abel viniera a buscarle y se fueran juntos en transporte público. Su compañero de piso prácticamente le exigió que le contara todos los datos con una

mirada extraña en su cara; él le ignoró, esperando que el día pasara con la mayor rapidez posible. Llegaron a casa y su compañero no encendió ni una sola luz, el piso estaba a oscuras. Adrián suspiró exasperado, seguramente les habrían vuelto a cortar la luz porque el dinero que le había dado a Abel para que pagara a su arrendadora se lo habría quedado. El otro se despidió de él, ya que según decía, tenía unos asuntos urgentes que tratar[ Adrián se sintió feliz, al menos no tendría que soportarle. Por suerte para él, la factura del agua se la había pagado a la casera en mano. La señora Inkman envejecida, fuerte y resuelta se lo había agradecido; se lamentaba por la suerte que le había tocado, decía que le encantaría que su otro inquilino fuera como él: un hombre responsable y tan buena persona. Cogió un sin fin de velas y las colocó por el baño, abrió el grifo y dejó que todo el cuarto se llenara de vapor. Respiró hondo y se dejó embriagar por la tranquilidad[ no había nada de lo que preocuparse, la policía encontraría pruebas de que no había sido él;

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y seguramente todo lo demás fue producto de su agotada mente, estaría agotado después de tanto trabajo y estrés. Se puso su pijama y en el salón se encontró con su compañero, que miraba fijamente a la ventana. Cuando fue a preguntarle que pasaba, se giró y sintió tanto miedo que tuvo que gritar; allí estaban los trece cuervos, arañando y picoteando el cristal, intentando pasar al otro lado, intentando atraparle. -¡No les dejes entrar! -berreó-. ¡Por el amor del cielo no les dejes entrar! -¿Por qué? -preguntó Abel mirándole ceñudo. -Si lo haces me mataran, lo intent[ -Se paró al ver la sonrisa de su compañero, era similar a la de un depredador enloquecido-. ¿Abel? -su compañero se acercó en dos zancadas-. ¡No! -Adrián intentó detenerle, pero ya era demasiado tarde, la ventana estaba abierta y los cuervos habían entrado en desbandada. Corrió por el cuarto, pero antes de poder abandonarlo, tropezó con una de las mesas que le hizo caer y romper el cristal. Este se le clavó en


la carne al igual que los picos de los cuervos, que arrancaban trocitos de su espalda y sus ropas. El joven se giró desesperado, necesitaba defenderse, aunque cuanto más golpeaba a aquellos seres, más se enfurecían y le devoraban, llevándose trozos de su cara, pecho, piernas[ alguno incluso tuvo suficiente puntería como para agarrarle un dedo y arrancárselo de cuajo. El dolor era intenso, tanto que le paralizaba y desesperaba tanto como el miedo, que le aceleraba el pulso y conseguía ahogarle de la angustia y la sangre. Los cristales se le clavaban hasta con el más leve movimiento, agudizando su dolor y empapando el pijama con gotas de su vida, que se iba apagando a cada segundo que pasaba. Gritaba rogando por el perdón, pidiendo misericordia y ayuda, pero solo alcanzaba a oír el graznido de sus enemigos, el batir furioso de las alas y lo que parecía ser una risa enfebrecida. Y en un suspiro, con la misma rapidez que todo había empezado, finalizó. Pensó que habría muerto, que los carroñeros habrían conseguido arrancarle el corazón a picotazos[ abrió los ojos y vio como los cuatro gatos le miraban apesadumbrados, para luego lamerle la cara con delicadeza, como si fuera el ser más frágil que existiera sobre la faz de la tierra y sintiendo tanto dolor, tal vez fuera cierto. Se levantó aun a pesar de su cuerpo y vio a los cuervos rodeando a Abel, que los miraba desafiante, esperando a su siguiente movimiento. -Lo sentimos -murmuró una voz a sus espaldas y allí, donde antes estaban los cuatro gatos, ahora había cuatro hermosas mujeres fantasmagóricas, pálidas, de rasgos delicados y con los cabellos del mismo color del pelaje que habían lucido en su anterior forma. -Vosotras sois[ -Te confundimos con él, con nuestro asesino -ante aquella confesión, que venía de todas y de ninguna en particular, le obligó a girarse para mirar estupefacto a Abel-, tenías su olor impregnado. -Te lo rogamos, perdónanos, no pretendíamos que nadie inocente sufriera. -Nadie volverá a molestarte y recibirás una recompensa por todo lo que has sufrido -prometieron las cuatro y entonces, a un mismo tiempo, los cuervos atacaron. Intentó decir algo, cualquier

cosa que pudiera detenerles y así cesar los gritos de agonía de su compañero, pero no era capaz de hablar, solo pudo cerrar los ojos pesadamente, sumiéndose en la oscuridad de los sueños. Se despertó asustado, porque estaba oyendo a los carroñeros martillear de nuevo contra su ventana[ pero solo era la puerta. Se levantó y vio que estaba tumbado en su cama; su pijama y su cuerpo estaban perfectos, no habían sufrido daño alguno. No podía creérselo, por lo que se tocó la cara esperando encontrar alguna cicatriz, pero solo notó la aspereza de su barba. Volvieron a llamar y corrió para abrir la puerta, pensando que debía llamar a la policía y denunciar lo que había pasado con Abel, aunque tampoco estuviera muy seguro de lo que le había ocurrido. El salón estaba incluso mejor que de costumbre, no había ningún mueble roto, ninguna mancha de sangre[ ni desorden ni nada que delatara lo que ayer había ocurrido allí. Abrió la puerta y junto a la señora Inkman estaba Monique, la hermosa joven que le había abrazado en el parque. En sus brazos había una cesta cubierta por una tela que se movía. -Vaya, vaya, Adrián, si que se te han pegado bien las sabanas ¿eh? -bromeó la casera-. ¿No te pusiste el despertador? Que yo recuerde, te avise de que hoy vendría tu nueva compañera a instalarse. -No, yo vivo con Abel -ante la expresión de perplejidad de la anciana, decidió insistir-. Ya sabe, el delincuente impresentable que[ -Pero hijo, si solo te he alquilado esta casa a ti. No tengo tan mal ojo para los inquilinos, ¿no crees? -Será que aún está dormido, señora Inkman- bromeó la muchacha con un dulce acento francés-. Soy Monique Allaire, mucho gusto en conocerte. -Creía que ya nos conocíamos[ -afirmó inseguro, ¿de verdad la había visto antes? La muchacha le besó en las mejillas y sintió como su mente se relaja por primera vez desde que se había levantado. Debía haber tenido algún mal sueño que era incapaz de recordar, porque si no, no entendía su intranquilidad. -Sí, debe seguir dormido[ en fin, los de la mudanza llegaran en una hora, así que os dejo a solas para que

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podáis conoceros mejor -la casera se despidió de forma escueta y Monique, bajó la cesta y dejó que cuatro preciosos gatitos de piel inmaculada, de color blanco, dorado, gris y cobrizo, saltaran de lo que había sido su medio de transporte al suelo. Estos maullaban felices por su nuevo hogar. -Que curioso, tenéis el mismo color de ojos[ o los mismos colores -bromeó Adrián fijándose en que los felinos tenían un ojo azul y otro verde, exactamente igual a la joven. -Ah, entonces es como las brujas -afirmó al joven llevándose un dedo a la boca, como si aquello fuera un secreto. -Creía que eran los gatos negros con ojos ambarinos los que usaban. -Pero las brujas suelen tener los ojos de dos colores y cuando mueren, se transforman en gatos sirviendo así de guía a sus hermanas. -No lo sabía -reconoció el otro cogiendo a las pequeñas criaturas para después acariciar su pelaje[ tenían el pelo muy suave y eran muy cariñosas. -Puede que no sea lo último que aprendas en mi compañía -prometió Monique con una risa deliciosa[ y Adrián deseó que lo que decía fuera cierto. Laura López Alfranca.


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4;%/+/$',#$-'&#'-) O"#$%$&'%$(#,#%'","$-'+])/$??? Modelo: Susana Guerrero (Lady Dramakuin) Fotografía: Javier Herce Ayudante de Fotografía: Wiccans Maquillaje, peluquería y estilismo: Susana Guerrero.

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Ultratumba Nº15