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Alzar el vuelo ImaginArte y ExpresArte

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México; Año 1 Num 1


Primera edición Año 1 No. 1 Editorial Fray Bartolomé de Las Casas, A.C. diciembre 2005; 1,000 ejemplares Segunda edición Taller Casero Independiente marzo de 2008; 10 ejemplares Tercera edición Editorial Casera Independiente Ik’ Viento mayo 2009 Cuarta edición Editorial Independiente Voz del Viento Marzo 2010 San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.


Directorio Director Diseño editorial Redacción Corrección de estilo Pintura de portada

Contenido David Molina Urbina Katherine Faydash Pedro Duarte Alberto Matus Sergio Borja

Fotografías Rodrigo Núñez: Regalo del poeta a Hugo Camacho, de su archivo personal; p. 6. Luis E. Aguilar: p. 18. Juan Ventura: p. 21. Ilustraciones

Del libro Os lusíadas, Luis de Camoes, Porto editora, p. 11.

Editorial

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Historia literaria Introducción acerca de Luis de Camoes Juan Ventura 7 Síntesis del prólogo del libro «Poemas españoles» de Luis de Camoes Carlos Montemayor 8 Poemas españoles

Luis de Camoes 11

Síntesis de Introducción (El poeta) y Prólogo, de Luis Rutiaga, de «Los heraldos negros», Antología, de César Vallejo Manuel García 12 Poemas de «Los heraldos negros» Cesar Vallejo

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Reseña de «El primer hombre», de Albert Camus Pedro Duarte

16

Poesía y literatura Fragmentos de la presentación de Cuando se preña al silencio, de Juan Pereyra Alondra D. Albores 19 Cuando se preña al silencio, Fragmento Juan Pereyra

20

Poema

Ulaí Ortega Díz

21

«Hojas al Aire»

Gabriel A. Mora

24

«Sur»

Juan Carlos Paéz 26


Editorial Alzar el vuelo existe por el motivo que nace, más que de conocer la forma, conocer el fondo; la idea, más que la imagen; el sentimiento que motiva, más que el pensamiento que censura; y la ética social, más que la lógica institucional; en lo que respecta al trabajo de difusión y creación literaria.

Con el fin de hacer ver la necesidad del diálogo, y de preguntas y respuestas, frente a la política que olvida la cultura, que creyendo tener todo el conocimiento y el poder; olvida lo más sencillo y lo importante, que son los valores individuales y universales al alcance de todos, más que los bienes para pocos. En la medida de lo posible, tratará de ser un órgano que no tenga compromiso alguno con alguna corriente política o económica, filosófica o intelectual, que intente decir una verdad absoluta ni contradecir lo innegable; situandose en el área de la difusión de la literatura comprometida, con el estudio y la comprensión, de su momento y quehacer social en la historia.

En esta diversidad de pensamientos, Alzar el vuelo , tratará de reunir imágenes y voces que hablen de la transformación de la materia y del pensamiento, de acuerdo con esta nueva era que, con el transcurso del tiempo, requiere un rostro más humano y menos racista. Porque los valores humanos no tienen medida ni valor, aunque así lo pareciera.

Y, aunque no se apegue a las querellas y necesidades de unas facciones políticas y grupos culturales, espera no empantanarse con aquellas facciones y grupos que se consideran abiertamente apolíticos; y tener una relación constante con el pensamiento y la voz, que reconocen que no hay peor crítica que la que no se hace y se supera en la práctica.

Consideremos que todas las instancias y entes sociales deben tener un órgano de manifestación y expresión con el fin de conocer razones, fundamentos y particularidades de las diferentes culturas, grupos sociales y generaciones. Vale la pena mencionar, que si la literatura y el arte esperan, en el mejor de los casos, ser atemporales y sin fronteras, en el sentido de que no pueden enfocar su atención en tiempos específicos, ni en pensamientos particulares; mucho menos pueden olvidarlos.

Por ello, la revista es una invitación a los trabajadores del arte y la cultura de una ciudad, un país y un mundo que dice ser de arte y cultura, considerando que la verdad no se puede ocultar, y no se puede negar que una cosa es, que haya seres humanos con conocimientos de historia, filosofía, arte y cultura, y otra muy distinta, que haya una comprensión y transformación de las materias.

Así, se intentará desde distintos puntos de vista aclarar los conceptos respecto a las interpretaciones y explicaciones, existenciales y fundamentales del ser humano y del individuo; reducido a una pieza más del imperio, que aún dicta los destinos y los juicios.

Por ambición de poder, una cosa es que haya preocupación por la teoría social y cultural; y otra que haya ocupación en la práctica social y cultural.

4


Alzar el vuelo es una revista filosófica, porque considera al hombre sujeto y transformador de su historia. El criterio principal es y será apoyarse en los conocimientos de los estudios literarios y sociales, por medio de la poesía o de ensayos, resúmenes y reseñas, o de otro género de análisis literario; con el fin de enfocar y aclarar el estudio historicosocial de las culturas y literaturas marginadas y exiliadas; abarcando los diferentes niveles del espacio universal; al mantener una continua interrelación con el espacio y el tiempo en lo integral de su contenido, al tratar de hablar de temas centrales de los estudios y hechos sociales, y; de la historia y creación literaria, que en el presente histórico tengan relevancia; al abordar desde la revisión de fuentes literarias y socioculturales, autores que han llegado a ser fundamentales en el canto de una realidad en un lugar y un tiempo determinados, como a expresar y ser parte, de la memoria histórica; hasta la difisión de la creaciones contemporáneas de autores y sujetos de la historia que somos todos, sin exclusión; y en todo momento, sin olvido del transcurso del tiempo.

A través de la imagen poética y gráfica, se intentará esclarecer las partes oscuras y olvidadas del sujeto de la historia y, el negro y el blanco, que no nos permiten muchas veces ver más allá de nuestras propias razones ni más acá de nuestros corazones. Este órgano intentara reseñar diferentes momentos y lugares a través de la imagen, la imaginación y el pensamiento, constantemente; procurando mantener la relación con el presente y con el espacio en el cual se distribuye y difunde la revista. A la vez, tratará de ser una propuesta de revista de difusión y promoción cultural, que primeramente cumpla su función en un tiempo indeterminado; tratando de que las carencias no sean un impedimento para la comprensión de la lectura y la apreciación de la imagen. En ese sentido, Alzar el vuelo procurará ser lo más clara y transparente posible; al señalar que los valores humanos no tienen medida ni valor, aunque así lo pareciera, y en cambio lo que supuestamente tiene valor, en realidad no vale nada.

Partiendo de que el elemento principal del conocimiento científico es la indagación, y sabiendo que jamás el ser humano dejará de conocer y asombrarse, intentará servir de apoyo y fuente en el sinfín de contribuciones al desarrollo del conocimiento del espíritu.

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Historia literaria


Juan Ventura

Introducción acerca de Luis de Camoes

En el presente histórico, un trabajador de la literatura que ha percibido, reflexionado y comprendido la problemática indígena de Chiapas en particular es José Saramago. A quien considero necesario tratar, introduciendo parte fundamental de su pasado historicoliterario, quizá de alguna manera limitada, pero enfocando una parte esencial en la poesía portuguesa, porque para comprender la pobreza y la marginación de una región desde otro lado del mundo, de alguna manera, en alguien, como José Saramago, quizá como hipótesis, el escritor, en este caso, sí es necesario que sea humilde, más allá de comprender el ser humilde. Es decir, es necesario que viva la palabra, que valore más los valores humanos que los valores materiales. Partiendo del fin y del principio de la temática, que se centra en tratar la historia de la poesía marginal y esencial, durante los años sesenta en Chiapas a partir del poeta chiapaneco Raúl Garduño, hay que mencionar que en esos años para los estudios bibliográficos de la poética universal, Fernando Pessoa era y es lectura elemental, también de Raúl Garduño; al igual que lo fue y es la lectura de Luis de Camoes para Fernando Pessoa. Muy probablemente Garduño conoció a Comoes, como conoció a Pessoa, y quizá, si Raúl viviera, sería buen amigo de Saramago. Porque Saramago está en la historia y la vida del pueblo chiapaneco marginado, a través de una comunicación íntima, que traspasa el tiempo, el espacio y la misma materia, y que permite solidarizarse con todos los tiempos y en cada momento, con una y con todas las regiones, y porque el respeto y el reconocimiento, a uno mismo y a todos los demás, es parte fundamental de la filosofía poética universal de todos los tiempos, y de los valores humanos universales de todos los hombres. Para poder explicarnos mejor la conciencia social y el valor individual en su interacción, desde la universalidad de las regiones y lo atemporal del tiempo, la poesía de la realidad, la riqueza de ser pobre y la miseria de ser rico, la poesía de la historia y la historia de la poesía de Camoes, que relata los hechos de los hombres portugueses, tan maravillosos como los hechos de los héroes griegos y tan queridos estos hombres –como los héroes– por los dioses griegos y romanos. Camoes canta y escribe con emoción y devoción al colectivo lusitano, al que atribuye las hazañas del viaje espacial de las naves mandadas por Vasco de Gama, desde el presente del poeta hasta el pasado de Portugal; y se ubica como los escritores marginados a tratar, porque en su vida y obra fue reconocido, en mayor o menor medida, después de su muerte.

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Por Manuel García

Síntesis del prólogo de Carlos Montemayor del libro Poemas españoles,de Luis deCamoes

(Se ignora el lugar donde nació, el sitio en que fue enterrado. Lo único cierto que se conoce es la miseria que lo acosó siempre. Podemos creer que su juventud transcurrió en Coimbra como alumno regular de la Universidad o del Colegio de Santa María, donde obtuvo la indudable erudición renacentista que en sus escritos se observa. En 1549 se hizo acreedor a una condena de destierro, conmutada por dos años de servicio militar en Ceuta, donde perdió en batalla el ojo derecho. Vuelto a Portugal, su vida transcurrió entre los mundos más opuestos; por un lado la nobleza, por otro, los bajos fondos de Lisboa. Prueba de esta última inclinación es la riña en que participo el día de Hábeas Christi de 1552, al lado de dos asaltantes enmascarados, contra un servidor de la Corte, Goncalo Borges, a quien Camoes hirió en el cuello. Ésta fue la primera de muchas aprehensiones. Fue arrestado y permaneció encarcelado hasta marzo del año siguiente, cuando, repuesto de la herida, Goncalo Borges lo perdonó. La carta Regia dictada con ese motivo afirmó que era “joven y pobre” y que se le concedía el perdón porque serviría al rey como soldado en la India. Se incorporó a la flota de Fernán Álvarez Cabral y el 26 de marzo de 1553, en la memorable nave San Beto, marchó al Oriente. Posiblemente su labor no siempre fue el servicio de armas, sino también el de escribano, pues en la Carta V que de él se posee afirmó que le absorbía la “ocupación de escribir muchas cartas para el Reino”. Al cabo de tres años se dio de baja. Pero ese mismo año, en 1556, el gobernador Francisco Barreto lo designó “Proveedor mayor de los Bienes de Difuntos y Desaparecidos” en Macao. Algunos años más tarde lo acusaron de malversación de los fondos custodiados y debió retornar a Goa para responder de ello. Retornó de Las Malucas costeando por el norte de Borneo y al llegar al río Mecong la nave que lo transportaba naufragó; logró llegar a tierra y salvar el manuscrito de Os Lusíadas, que para ese momento tenía bastante avanzado, y donde consignó así este naufragio. Perdió todo cuanto en ese momento constituían sus escasos bienes, pero la pérdida más importante fue su amante: una joven china que venía con él y a la cual escribió tristes y bellos sonetos. La llamó Dinamene, la poderosa, nombrehomérico que también utilizó Garcilazo y a la cual le prometió en dolidos versos.

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Llegado a Coa, lo encarcelaron. Cuatro años después el virrey Francisco de Coutinho le concedió la libertad. Ese año, en 1563, en plena miseria, Comoes ofreció a sus amigos una fiesta: los convidados encontraron sobre los platos versos en vez de alimentos. Los poemas, tres ingeniosas décimas en las que afirma que la poesía ofrece tinta por vino y papeles por comida, fueron dedicados a Vasco de Ataide, Francisco de Almeida y Héctor de Silveira. En ese año publicó por primera vez un poema: la oda al Conde de Redondo, que publicó García de Orta. En 1567 Camoes acompañó al capitán Pedro Barreta a asumir el gobierno de Sofala. Cuando pararon en Mozambique, encarcelaron a Camoes por deudas y permaneció allí hasta el invierno de 1569. Lo encontró entonces el historiador Diego de Couto, quien refiere que Camoes vivía de dádivas de amigos. Con Diego de Couto emprendió, por fin, después de 17 años de exilio, el retorno a Portugal. A bordo de la nave Santa Fe llegó el 23 de abril de 1570 a Lisboa. Llegó otra vez pobre, miserable, con menos riqueza y menos ardor que cuando partiera. Según Carolina Michaelis de Vasconcelos, tan largo exilio no fue resultado de sus desatinos y de sus castigos sino de la voluntad de ser el poeta épico de Portugal; es decir, a diferencia de otros que también quisieron serlo, como Camina, Bernardes o Ferreira, Camoes no sólo tuvo la «mente ás musas dada», sino el «barco ás armas feito». Al regresar, en efecto, su única riqueza fue el manuscrito de Os Lusíadas. Llegó con su madre, que aún vivía y que habitaba en la populosa moreira, el barrio de los bajos fondos lisboetas. Mientras la peste asolaba Lisboa, Camoes trató que don Manuel de Portugal interviniese para que el rey don Sebastián concediera el privilegio para la publicación; éste fue concedido el 23 de septiembre de 1571. Un año después, el 28 de julio de 1572, ya publicada la obra, recibió una pensión de 15 mil reales anuales. La gloria, esperada durante mucho tiempo, no llegó con la publicación de Os Lusíadas. Hasta ese momento, Camoes era prácticamente desconocido: sólo había publicado poemas sueltos en tres ocasiones, nunca un libro: la oda para el Conde de Redondo, mencionada antes; una elegía y un soneto que aparecieron en la obra de Gandavo, y cuatro sonetos en honor del calígrafo Manuel Barata. Desconocido, evitado por los que tenían el poder literario, pobre al extremo de que sus amigos se condolían de él, como André Falcao, quien en su Satira II, a Luis de Camoes, dice que «mendiga el comer y compone sus poemas sin provecho»; reconocido por vez primera sólo por Falcao, Pedro de Magalhaes y Gandavo en Portugal y por Herrera en España, debe agregarse a esto que todo lo que de los lusitanos cantó lo recorrió paso a paso, como escribió Falcao.

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Camoes trabajó los siguientes años de su vida en su poesía lírica, tratando de reunirla en una obra que se titularía El parnaso, obra que perdió en 1579, según Diego de Couto, por robo. En 1579, otra vez la peste azotó a Lisboa, cual corolario de la desastrosa derrota del rey Sebastián Alcacar Quibor. Camoes cayó enfermo, agobiado por la peste y el desaliento de su cansada y miserable vida. Murió el 10 de junio de 1580. En los últimos días de ese mismo mes las tropas del Duque de Alba invadieron Portugal. Después Felipe II entró a Lisboa, pensando que a España debió haber correspondido la grandeza de Camoes; que debió haber sido el cantor de la grandeza de España, no la de Portugal. Antes que Portugal mismo, España había visto ya, y deseado, por medio de él, esa grandeza, el canto épico de la expansión española. No pudo conocer al poeta, tampoco el lugar en que quedaron sus restos. Lo único que Felipe II pudo hacer fue reanudar la pensión de Camoes a favor de la madre, que sobrevivió a la muerte del poeta. Durante la opresión española Os Lusíadas fue el punto espiritual de convergencia de todos los portugueses. Con los siglos, ahora lo sigue siendo para toda la diáspora portuguesa, para todas las facciones políticas, para todo el idioma. Camoes fue el más legítimo representante de Portugal de lo que podríamos llamar hombre del renacimiento: notable por su erudición, por el dominio de las formas viejas y nuevas de versificar, por el conocimiento de la corriente neoplatónica que inundó esa época.)1

1 Prologo de Carlos Montemayor de libro de Luis de Camoes, Poemas españoles, segunda edición, La nave de los locos, Premia Editores, S.A., México, 1984

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Luis de Camoes

Poemas españoles pues el alma va, que el cuerpo se quede. con él por quien muero voy, porque no muera; que, si es marinero, seré marinera. Es tirana ley del niño, señor, que por un amor se deseche un rey. Pues desta manera quiero irme, quiero, por un marinero, a ser marinera.

IX Mote

Decid, ondas, ¿cuándo vistes vos, doncella, siendo tierna y bella, andar navegando? Mas, ¿qué no se espera daquel niño fiero? Vea yo quien quiero: Sea marinera.

Irme quiero, madre, a aquella galera, con el marinero a ser marinera. Voltas Madre, si me fuere, dó quiera que vó, no lo quiero yo, que el amor lo quiere. Aquel niño fiero hace que me muera por un marinero a ser marinera. El que todo puede, madre, no podrá,

XVI La mar en medio y tierras he dejado a cuanto bien cuitado yo tenía. ¡Cuán vano imaginar, cuán claro engaño es darme yo a entender que, con partirme, de mí se ha de partir un mal tamaño. Notas: IX: Luis de Camoes, Poemas españoles, segunda edición, La nave de los locos, Premia Editores, S. A. México 1984, pp. 35 y 36. XVI: Idem, p. 42.

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Por Manuel García

Síntesis de la Introducción (El poeta) y Prólogo, de Luis Rutiaga, de «Los heraldos negros» Antología, de César Vallejo [Aunque es cierto que la vida de un autor no basta para explicar su obra, seguramente no tendríamos César Vallejo si no hubiese nacido en Santiago de Chuco, un pueblo que entonces tenía cerca de dos mil habitantes y que está enclavado en la cordillera andina del Departamento de La Libertad, en Perú. Y tal vez lo único que deberíamos recordar de aquel 16 de marzo de 1892 en que él nació es que fue un día que Dios estuvo enfermo. Su pueblo natal tiene hoy más de tres mil habitantes, y la calle donde estuvo su casa dejó de llamarse Colón y se llama César Vallejo. César Abraham fue el shulka, el menor de doce hermanos, y su familia, dicen, quiso que fuera sacerdote. Aunque el menor de los Vallejo se dedicó a otra cosa, cierto aire como de calvario y rezo se le pegó en su vida. Los dos libros de poemas que publicó en vida fueron escritos mientras vivió en Perú. De la obra póstuma podemos suponer que nació en el exilio. En el último exilio, porque de exilios sobre todo se tejió su historia. Ahora bien, si de tanto irse está llena su poesía, no menos llena está de lo que llevó a cuestas, sobre todo -y como más sólido soporte-, de lo que quedó allá, congelado, inmóvil, en Santiago de Chuco: la madre, como una enorme, gigantesca figura que parece siempre recordarse desde abajo, desde ojos de niño...

Pero también hay lo que se mueve, y de esto obviamente se alimenta también. Y se mueve la vida cultural en Trujillo primero, en Lima después. Toda América Latina se sacudía aún con la fiebre modernista, y simbolistas, ultraístas, dadaístas, cubistas y demás «istas» contagiaban la creación poética de la región. Vicente Huidobro, en Chile, proponía el creacionismo. En Perú algunas revistas y diarios comenzaban a publicar los versos de un joven maestro de escuela llamado César Vallejo. En 1918 murió su madre en Santiago de Chuco. Sin embargo, no dejaría nunca de ser la presencia más permanente en su poesía. Los heraldos negros (Editorial de Souza Ferreira, Lima, 1918), su primer libro de poemas, se edita ese mismo año pero no sale a la calle hasta mediados del año siguiente... Cuando en 1920 visita su pueblo… . Santiago de Chuco dedicaba varios días a las festividades en honor de santiago,… . El domingo 1º se inició con una procesión y se cerró con sangre. … , Vallejo se ve acusado de participar en el atentado y … . En noviembre es detenido en la Cárcel de Trujillo, en donde pasará 112 días de prisión… . En la cárcel escribió varios de los poemas que aparecerán editados en 1922, un libro desconcertante desde el mismísimo título... De todos modos, aunque su origen permanezca oscuro, la palabra Trilce ha sido nombre luego de variadas empresas, y hasta de algunas niñas.

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A mediados de ese año, acompañado por Julio Gálvez Orrego, se embarca rumbo a Europa. Lleva consigo un manual para aprender francés durante el viaje. Será el último exilio. En julio de 1923 llega a París. La vida durante los primeros dos años es especialmente dura. No tiene un trabajo regular, debe vivir apenas de lo que percibe por su colaboración con algunas publicaciones, cambia frecuentemente de domicilio apremiado por la situación económica. Se alimentaba, dicen, las más de las veces de pan y leche. Sin embargo, aunque la vida es dura en esos años, la actividad intelectual es intensa. Está vinculado a Vicente Huidobro, Gerardo Diego, Juan Larrea y otros, con los que editará dos números de una revista, Favorable-París-Poema (1926), en la que colaboraban también Tristán Tzara y Pablo Neruda. Es época de entreguerra. Europa está convulsionada. Vallejo viaja de París a España, de España regresa a París. Se interesa en el marxismo. La segunda edición de Trilce (Compañía Iberoamericana de Publicaciones, Madrid 1930) se publica en España en 1930, con prólogo de José Bergamín y un poema de Gerardo Diego. A fines de diciembre de ese año el gobierno francés lo expulsa de su territorio por causas políticas. Debe pasar a residir a Madrid, hasta que regresa clandestinamente a París en 1932. Será admitido nuevamente en forma legal a condición de no participar en actividades políticas. Como era de suponer, Vallejo hace caso omiso de tal recomendación. Ya se ha proclamado la República Española, y él será uno de sus más fervorosos defensores.

Vuelve a escribir poesía, pero ésta no será publicada sino en forma póstuma. Su actividad de esos años es intensa, febril, pero rinde poco fruto económico. Georgette Philippart, con quien se había casado en 1929, se ve obligada a vender su casa para poder subsistir. Pasan a vivir en hoteles y su situación es de penuria constante. Su esposa dice que «se acostó el 13 de marzo, después de comer, entre las dos y las dos y media de la tarde. Hoy todavía me acuerdo de esa comida porque fue excepcional... dos costillas de carnero, habichuelas verde pálido y una botella de vino... Ya no se levantó más. Los análisis practicados en la clínica no revelan ningún mal. Georgette en su desesperación consulta, según testimonio de Gonzalo More, «astrólogos, magos y brujos». Los médicos buscan enfermedades tropicales, multiplican los estudios, la fiebre aumenta en forma constante. Vallejo en su delirio clama por España. El viernes 15 de abril a las 9:30 horas muere César Vallejo por causas desconocidas. Sus amigos coinciden en señalar que Vallejo enfermó de España.]1

1 Los heraldos negros. Antología, de César Vallejo, Introducción y notas de Luis Rutiaga, Grupo Editorial Tomo, Ciudad de México, 2002, p.p 5,6,7,8,9,10,11.

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[La relación de los peruanos con César Vallejo es paradójica. En abril de cada año todos se acuerdan de él, lo llenan de elogios, lo llaman maestro y hasta recitan en su honor Los heraldos negros o Los dados eternos. Vallejo es, en pocas palabras, su poeta más famoso y también su más ilustre desconocido. La paradoja es mayor si agregamos que en otros lares la poesía del «cholo» es bastante apreciada (España, por ejemplo) y se llega a la conclusión de que los estudios acerca de su obra son más numerosos que las ediciones de sus libros. Pese a las paradojas, César Vallejo es un poeta muy querido en su país. La gente no lo conoce, pero lo aprecia. Es como todos esos jóvenes que llevan en sus camisetas la imagen del Che Guevara: no saben nada de su ideología, pero intuyen que tras la imagen de ese barbudo hay un rebelde que se hace querer. Otra forma de quererlo es a través de la identificación. Vallejo no es sólo el «cholo», el «serrano» que escribe una poesía de gran calidad, sino el provinciano que salta con garrocha a Lima y se marcha a París... A Vallejo se le quiere asimismo por la poesía que ha escrito. Éste es, digamos, el amor de vida y obra, de humanidad completa. En realidad es un cariño basado no en la poesía de los golpes tan fuertes de la vida, ni el «Dios que le duele mucho el corazón» o «la rita de junco y capulí», sino en los versos que nos cuestionan la existencia y nos ponen la piel de gallina de pura intensidad y altura. (...)

Sin embargo, no todo es amor para el autor de Trilce, hay -y son los menos- los que lo malquieren, los que desean matar su fama, los que pretenden sacudirse su sombra y los que lo llaman «llorón», «ramplón», «dramático» y «sombrío». En el otro extremo están los papistas, los que lo adulan, los que por exceso lo visten de santo o pervierten su poesía. Ellos han escrito el mal amor, han ahuyentado a sus lectores potenciales y han edificado un altar de chabacanería y mal gusto para deshonrar al poeta. A Vallejo se le quiere como él lo propuso: «¡Ah, querer éste el mío, éste, el mundial, / interhumano y parroquial, proyecto! (...) querría / ayudar a sonreír al que sonríe, / ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca / cuidar a los enfermos enfadados, / com-prarle al vendedor, / ayudar a matar al matador, / y quisiera ser bueno conmigo / en todo.» Y no como suponen los farsantes. Diríamos enton-ces que a César Vallejo se le odia con ternura y se le «ternura» con odio; es decir, se le quiere por completo, aunque sólo hayamos leído alguna vez «Hay golpes en la vida, tan fuerte... Yo no sé».]1

1 Idem p.p 13,14,15 y16. 14


Cesar Vallejo [La

de a mil

¡Y si después de tantas palabras...

El suertero que grita «La de a mil» tiene no sé qué fondo de Dios.

¡Y si después de tantas palabras, no sobrevive la palabra! ¡Si después de las alas de los pájaros, no sobrevive el pájaro parado! ¡Más valdría, en verdad, que se lo coman todo y acabemos!

Pasan todos los labios. El hastío despunta en una arruga su yanó. Pasa el suertero que atesora, acaso nomina, como Dios, entre panes tantálicos, humana impotencia de amor.

¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte! ¡Levantarse del cielo hacia la tierra por sus propios desastres y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla! ¡Más valdría, francamente, que se lo coman todo y qué más da...!

Yo le miro el andrajo. Y él pudiera darnos el corazón, pero la suerte aquella que en sus manos aporta, pregonando en alta voz, como un pájaro cruel, irá a parar adonde no lo sabe ni lo que quiere este bohemio Dios.

¡Y si después de tanta historia, sucumbimos, no ya de eternidad, sino de esas cosas sencillas, como estar en la casa o ponerse a cavilar! ¡Y si luego encontramos, de buenas a primeras, que vivimos, a juzgar por la altura de los astros, por el peine y las manchas del pañuelo! ¡Más valdría, en verdad, que se lo coman todo, desde luego!

París, octubre 1936 De De de de de

todo esto yo soy el único este banco me voy, de mis mi gran situación, de mis mi número hendido parte a todo esto yo soy el único

que parte. calzones, acciones, parte, que parte.

De los Campos Eliseos o al dar la vuelta la extraña callejuela de la Luna, mi defunción se va, parte mi cuna, y, rodeada de gente, sola, suelta, mi semejanza humana dase la vuelta y despacha sus sombras una a una. Y me alejo de todo, porque todo se queda para hacer la coartada: mi zapato, su ojal, también su lodo y hasta el doblez del codo de mi propia camisa abotonada. digo en este viernes tibio que anda a cuestas bajo el sol: ¡por qué se habrá vestido de suertero la voluntad de Dios!

Se dirá que tenemos en uno de los ojos mucha pena y también en el otro, mucha pena, y en los dos, cuando miran, mucha pena... Entonces... ¡Claro!... Entonces... ¡ni palabra!]1

1 César Vallejo, Los heraldos negros, Grupo Editorial Tomo, S. A. de C. V., Ciudad de México, agosto 2002, pp. 146, 50 y 144.

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Por Pedro Duarte

Reseña de El primer hombre, de Albert Camus

«... oleadas de argelinos, árabes y franceses llegaban a la línea de fuego y eran destruidos a montones y cada día centenares de huérfanos nacían en todos los rincones de Argelia, árabes y franceses, hijos e hijas sin padre que tenían que aprender a vivir sin lección y sin patrimonio.»1 En el capítulo de la familia recuerda que habían también otros placeres, como interpretar la música frente a cuatro mujeres vestidas de negro y como las sesiones de cine mudo que él leía a su abuela que no sabía leer, y refiere cómo para su madre ver en la misma ventana el movimiento de la misma calle, que contemplaría durante la mitad de su vida, constituiría su única distracción; pero ella estaba menos metida en la vida que su hermano, o sea su tío Ernest, que era sordo y sin embargo compensaba con la imaginación su ignorancia. El niño veía cómo su tío amigo, inseparable de un perro, era adorado por sus amigos, y le hizo comprender cómo la compañía de los hombres era buena y un alimento para el corazón.

La obra El primer hombre es una historia autobiográfica en la que Albert Camus describe la vida de un niño argelino huérfano de padre que conoce la fecha del fallecimiento de su progenitor, cuarenta años más tarde, cuando visita su tumba y recuenta esta historia, habiendo ya emigrado a Francia. Como los niños marginados de todo el mundo en las épocas de guerra, que se han criado solos. La historia relata los juegos del niño triunfante en su reino de miseria, los juegos y los lugares prohibidos, como el bajar frutos de los árboles con piedras, como el compartir caramelos o ir corriendo al mar, y cómo, por ello, el niño sufría de regaños de la abuela que era padre y madre. Relata también el único recuerdo que tiene de su padre cuando se despide de él y de su madre para partir al mar que nunca había visto, y recuerda también cómo después su madre, además de lavar y planchar ropa ajena, lavaba la de él y la de su hermano. Sin embargo, no recuerda y no estaba seguro de que su madre hubiese amado apasionadamente a ese hombre y, en ausencia de esa relación, recuerda la herencia de los principios de economía de la pobreza, como usar ropa usada y zapatos rotos. Al respecto dice:

1 Albert Camus, El primer hombre, traducción de Aurora Bernárdez, Tusquets Editores, con la ayuda del Ministerio Francés de la Cultura,México, D. F., 1994, p. 68.

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Comprendía también cómo unos a otros se necesitaban, ayudándose y queriéndose más, frente al poco amor entre los hombres, y al pasar los años sabía que la pobreza hacía que crecieran el amor y el coraje. Su tío y su madre habían vivido como marido y mujer, ayudándose a vivir cuando sus invalideces les hacían la vida difícil con una conversación muda pero mucho más unidos y sabiendo más el uno del otro que muchas parejas, aun sin hablar de los parientes desaparecidos, como su padre, cuyas huellas buscaba. Al respecto menciona: «Nunca sabría por ellos quién había sido su padre y, sin embargo, por su sola presencia hacían brotar nuevamente los frescos manantiales de una infancia miserable y feliz... que suprimían lo que había tratado de ser durante tantos años reduciendo por fin al ser anónimo y ciego que había sobrevivido a si mismo en todo ese tiempo de su familia y que constituiría su verdadera nobleza.» 2

2 Idem, p. 118.

Y, aunque no conoció a su padre, lo reconoció inconscientemente en el hombre que formó su destino y tuvo el único gesto paternal hacia él, en el señor Bernard, su maestro de la última clase de primaria, y que había hecho la guerra con los padres que murieron en ella y que trataba de remplazar a sus camaradas; y en sus amigos y compañeros de juego y escuela, a los que tanto amaba, y que le daban tanta alegría y evasión de la vida de familia, al despertar el hambre de descubrir más esencial en el niño que en el hombre. Éste es un libro que invoca un hombre más humano, mediante el cual el niño halle un padre que se llame destino sin guerras sin sentido, un libro que habla con el corazón y con la razón que son la misma cosa, de acuerdo con el respeto de los valores humanos, como elemento indispensable para el desarrollo y la evolución del pensamiento, más allá de cualquier diferencia, un libro que puede ayudar a comprender el tiempo presente, y a enfocar la temática de este estudio literario acerca de la literatura marginada o en situación de exilio, leída y escrita en el marco del tiempo central de donde parte el presente estudio, durante los años sesenta, en la literatura universal.

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PoesĂ­a y Literatura 18


Fragmentos de la presentación del poemario Cuando se preña al silencio, de Juan Pereyra

Alondra Danae Albores de la Riva

De qué nos sirve un burbujón neófito y esclavizado al consumismo, es como seguir navegando en dirección retrógrada con un fusil colgado del hombro cargado y listo para descargarse en nuestra propia cabeza. ¿Cuál es la importancia verdadera de la escritura? ¿En qué consiste el temor de los dueños del mundo, para no dejarnos pasar a la fábrica que produce la cultura masiva, que se reparte al por mayor, degenerando nuestra propia identidad? (...) esta batalla que se ha iniciado es precisamente para que el fusil al hombro que todas las personas cargamos sea, cuando el momento lo indique, un arma consciente con hambre de libertad y de humanismo en dirección avante, a un futuro ansioso de ser formado. Este poemario, al igual que el anterior y con toda seguridad los que seguirán, es un canto a la libertad, una sentencia en pro de la humanidad, una consigna contra los alacranes ponzoñosos con guarida en el Pentágono. La poesía es el arte de la belleza de la palabra escrita, es la armonía, pero también, y sin dudas, se convierte en la herramienta que desprende de la retina la catarata, que nos va dejando ciegos.

El poeta pudiera asemejarse a un oftalmólogo ansioso de pulir la visión de los hombres, el poeta desnudo de etiquetas debe ser, sin duda alguna, un eterno poema que grite la embestida de la bestia, que susurre la esperanza que nos queda, que dignifique el amor por el planeta. Ahora que nuestro Cañón del Sumidero pretende ser privatizado, ahora que se pretende desplazar nuestros juegos de trompo y matatena por los play stations, ahora que casi nos creemos la historia que escribieron los conquistadores del nuevo continente, ahora que la tormenta está más tupida y que las personas andan con traje de baño, disfrutando de un sol alucinógeno, que nos muestra en grandes carteles distorsionadores la realidad, ahora que todo parece bien estando tan mal, se renueva el fuego de la dignidad y se vocaliza para restructurar las viejas canciones que dan sentido, a la danza que se viene preparando. El escritor, y no sólo el escritor sino todo artista, tiene la obligación de otorgar, con la belleza de su obra, la conciencia que despierte al humano del letargo que lo enclaustró, en el hombre sistemático que nos han estereotipado.

1 Adelfo Regino, abogado mixe especialista en derecho indígena. 2 «Entre el dolor y la esperanza», artículo publicado en La Jornada el 27 de agosto de 2006. 3 D. Dmiterko, V. Pugachov. ¿Qué es el poder de los trabajadores? Pág 32 4 Francisco López Bárcenas, abogado y escritor mixteco. «Oaxaca, el cerco gubernamental», artículo publicado en La Jornada, 27 de agosto de 2006.

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Juan Pereyra

Tacaná

I Tomo el futuro en la palma lo observo lo toco con el índice análogo al extremo que lo sostiene dirijo al olfato el índice hurgón y la esencia me deshidrata

Quiero fundirme con tu piel elevarme hasta tocar las nubes te amo como Huehuetán ama al mango como Tapachula San Benito te amo con toda mi sal como Huixtla su caña como Mazatán sus platanares como Tuzantán su historia como Cacahoatán su fresco al igual que Unión Juárez el café y su abrazo a tus caderas te amo como Tuxtla Chico a Izapa

Es necesario moldear esa masa que se me presenta amarga darle algunos retoques dignos de artistas plásticos oleos futuristas acrílicos posmodernos pasteles de presente nuevo inyectarle algunas metáforas dignas de los hombres que debieron haber nacido en el pasado aplastarla de tal manera que los pedazos vayan saliendo de las grietas del puño

Quiero fundirme con tu verde hurgar en tu calor subir hasta tus nubes y besarte el corazón mientras pierdo la mirada por donde se baña el sol pacífico océano azul que enamora con su voz 2

Abrir la palma tomar la obra y darle el toque que le faltó al inicio Agridulce lo tenemos merecido 1

1 y 2 Juan Pereyra, Cuando se preña al silencio, talleres de impresiones y ediciones del sur de México, 2005, p.p. 39 y 22

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Ulaí Ortega Díz

Hela aquí arriba que brilla con todo su devenir la luna Envuelta en onda me dejo hipnotizar, pensando en su risa fantaseo... ... hasta que bajar hay que de lugar y pensamiento en bajada recta un desnivel hacia dentro. Sola no puedo hacerlo. Es gracias a tus manos, que ahora son pies en esa estancia, que puedo encontrarme recostada en el piso viendo de frente cómo suben y estiran estos recorriendo ambos de abajo a arriba la trayectoria... ... hasta elevarse al punto. Parados de cabeza dar la vuelta sin contratiempo.

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Suspendida por unos instantes, siento el recuerdo de haber estado en las alturas... ... y llevada por ese recuerdo. Mi inquietud nos lleva a otra posici贸n, donde estoy yo acostada y sin embargo de pie sobre las plantas de tus pies. Y sostenida de tus manos, semejante a estar sentada, convertida en tu reflejo y viceversa. Empujando con los pies y viendo de nuevo entre las piernas, simulaba un parto... . ... Mi propio nacimiento. Hubo que descender, hasta tocar el nivel de la tierra, hecho esto, buscamos, siguiendo la inquietud. Al hallarla, nos lleva a bordo en la nave del tiempo; ... un rumbo.

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Luz, en estela del pasado, es futuro a destiempo. Mi presente en el futuro, por unos momentos, me hace ver . Tan lejos miro yo la luz lunar, y fantaseo... ... entonces, un aro multicolor, rodea la luna, que tan lejos se mira... . Que eso que yo adivino es prendido y consumido, incluso, antes de imaginarse; entonces yo, prendida del latir de mi coraz贸n, adherida por esta gravedad. Imagino mi reflejo en ti, pero la confusi贸n es mutua, por lo cual pasa, y lo que yo veo es pasado, que siendo futuro, hace latir nuestro presente.

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Gabriel Arellano Mora

Hojas al aire Evitar la mirada atada en el presente del turbio mirar

Callad, callad, va a dar a luz la sombra.

Juan Bañuelos

–ojo a ojo– espejo un charco...

En la hora que hace tiempo pone un golpe entre hermanos en el minuto del grito que se ahoga tras el fuerte viento al ras de una campana que con violentas notas negras vibra nuestra frágil ciudad de lo concreto; en los pasos en que al final de la calle el último pie ya no resiste el callejón nocturno y tiembla una súbita palabra y se esboza breve: frío donde engranaje de cadena y muro echan raíz bajo el suelo del corazón deshabitado justo allí me detengo hago pausa señalo con rigor el cuarto oscuro que hace sombra en la boca del niño y lo pone a rodar por las calles

donde el paseo fue un manojo de ropa fría al cuidado de una lúgubre obsidiana luego crece la sombra en hombre, en mujer que sólo encuentran besos en cigarro o trago amargo de la botella al día: sombra que roza sombra ahogando una existencia en llaga señalo hambre soledad violencia la flácida mirada del espejo de agua que de rostro en rostro brinca pero cómo evitar esa mirada ¡qué roja insiste en el negro!

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escribo: ¡basta! que ya es suficiente que no queremos la espesura de la máquina que no somos que somos de la mano del suspiro deshecho en la caricia atándose en los besos que somos flor –gentil puño– que extiende su polen al viento ¿o por qué no? como el árbol que abriga un ave y le deja poner su almohada redonda de plumas de donde el tiempo ruedan canto y vuelos nuevos para que al cuarto gris (ese mirar del hombre) acuda el azul profundo y habite abierto sortilegio en flor desde la fronda de las manos: mejor dejar nuestras hojas al viento exacto

que abracen el minuto paciente

en el universo... que entre el AMOR

libres

que emana abramos la puerta

Gabriel Arellano Mora Nació en México, D.F.; en 1971. Realizó la carrera de instrumentalista en el área de guitarra en la Escuela Nacional de Música de la UNAM. Cursó un diplomado en la escuela de escritores de la SOGEM y estudió en el taller literario de la maestra María Luisa Cabanillas; y también compartió su trabajo literario y musical en la región de los altos de Chiapas, durante el 2004 y 2005.

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Juan Carlos Paéz

Sur Te quiero sur, por haberme enseñado la verdad, por mostrarme la realidad del mundo y la riqueza de la miseria, la sabiduría del ignorante y la ignorancia de los civilizados.

Y nosotros nos esforzamos con nuestro talento a alcanzar el éxito, ¿éxito? ¿Qué buscamos? ¿A dios? ¿O al divino? ¿Diferente? ¿La trascendencia, o al trascendente? Diferente

Por confrontar mis conocimientos con los del tiempo, por observar cuán frágiles somos los seres, y cuán fuertes son los hombres, aun cuando viven, sobreviven.

Creo que mientras más nos queramos acercar con el cerebro, el conocimiento, el intelecto, más lejos estamos de Dios, más lejos estamos de la esencia; la esencia sólo se encuentra en la nada, mientras menos la busquemos más la hallaremos.

La sobrevivencia te acerca al cosmos, la subsistencia te acerca al alma de Pachamama, los hombres humildes se encuentran más cerca de Dios y el corazón campesino divino se acerca al todo,

En el pensamiento más sencillo está la más profunda sabiduría, y en la acumulación de conocimientos está la ignorancia más vil.

al cosmos.

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Primera edición Año 1 No. 1 Editorial Fray Bartolomé de Las Casas, A.C. diciembre 2005; 1,000 ejemplares Segunda edición Taller Casero Independiente marzo de 2008; 10 ejemplares Tercera edición Editorial Casera Independiente Ik’ Viento mayo 2009 Cuarta edición Editorial Independiente Voz del Viento Marzo 2010 San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.


Primera edición Año 1 No. 1 Editorial Fray Bartolomé de Las Casas, A.C. diciembre 2005; 1,000 ejemplares Segunda edición Taller Casero Independiente marzo de 2008; 10 ejemplares Tercera edición Editorial Casera Independiente Ik’ Viento mayo 2009 Cuarta edición Editorial Independiente Voz del Viento Marzo 2010 San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.


alzar el vuelo no.1