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DAMASCO El inicio de una vida nueva

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Gianluca Attanasio, FSCB Jonah Lynch, FSCB en colaboración con Fr aternidad Sacerdotal de los Misioneros de san Carlo Borromeo investigación y programa iconográfico

Sandro Chierici, Ultreya colaboración en la organización

Giuseppe Caffulli, Tierra Santa organización y comunicación

Gaia Aulino, Cristina Zoli Itaca Eventi proyecto gráfico

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EXPOSICIÓN ORGANIZADA EN EL PERÚ POR

COMUNIÓN Y LIBERACIÓN

Caravaggio (1571-1610), Conversión de San Pablo. Roma, Santa Maria del Popolo. © 1990 Foto Scala, Florencia/Fondo Edificios de Culto - Ministerio del Interior · Stampa pannelli: www.comunico-online.it

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A.D. 36

El persecutor

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco Cesarea Jerusalén

Jerusalén El martirio de Esteban

Saulo, siendo aún menor de 30 años y celoso defensor del más rígido judaísmo fariseo, participa en el martirio de Esteban.

Lo echaron (a Esteban) fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo. He 7,58

Saulo aprobaba su muerte. He 8,1

1. Anibal Carracci (1560-1609), Lapidación de San Esteban. París, Musée du Louvre. Foto Archivo Lessing 2. Jerusalén, Valle del Cedrón, Roca del martirio de San Esteban. Foto Archivo SBF (Studium Biblicum Franciscanum) 3. Jerusalén, Valle del Cedrón, Roca del martirio de San Estebano (foto 1890 ca.). Foto Archivo SBF

«Os echarán mano y os perseguirán (Lc 21,12). Así sucedió para Esteban, con la acusación de haber blasfemado contra Moisés y contra Dios, contra el Templo y contra la Torah. Las mismas acusaciones injustas fueron hechas a Jesús. Pero nadie ha podido resistir a la palabra de verdad pronunciada por Esteban y sostenida por la fuerza del Espíritu (cfr. He 6,10). A los acusadores no les queda más que la reacción rabiosa que conduce a la lapidación del hereje. El joven Saulo recoge las túnicas de los asesinos. Es como si recibiese la herencia de ellos. No sabe que un día recogerá la herencia del asesinado: en la capital del Imperio, fuera de las murallas de la ciudad, dará su último testimonio de fidelidad a su Señor.


A.D. 36

Elegido por Dios

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco Cesarea Jerusalén

Damasco La llamada de Saulo

Con la legitimación de las autoridades religiosas de Jerusalén se dirige hacia Damasco para arrestar a los cristianos.

Yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le envolvió una luz venida del cielo, cayó en tierra y oyó una voz que le decía: «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?». He 9,3-4

1. La conversión de San Pablo, mosaico. Monreale, Catedral, capilla septentrional del coro, siglo XII. Foto Archivo Ultreya 2. Damasco, Gruta de la conversión de San Pablo. Foto Archivo SBF 3. Damasco, Antiguo camino romano. Foto Archivo SBF 4. Damasco, Iglesia del Memorial de San Pablo. Foto Archivo SBF

El perseguidor de Jesús es elegido por Él: el Camino impacta a Saulo durante su camino. La llamada de los antiguos profetas (cfr. Is 49,1; Jer 1,15) se repite en Pablo: Jesús llama a Saulo por su nombre, lo escoge por pura gracia. Es un instante de conocimiento íntimo y fulgurante, es eternidad de Presencia para ser anunciada a todo el mundo. La luminosidad del Crucificado y Resucitado será de ahora en adelante la cadena del siervo de la libertad del Evangelio. Una nueva vida comienza para Saulo, el fariseo. Gracias a la mediación de la comunidad cristiana de Damasco, Pablo se vuelve discípulo de Aquél a quien antes perseguía (cfr. Gál 1,13-17). De la comunidad de Damasco, Pablo escuchará las historias de Jesús de Nazaret; en la comunidad de Antioquía, Pablo encontrará, junto a Bernabé, el impulso para sus misiones entre los gentiles.


A.D. 8*-36

Los orígenes de Pablo

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Atenas

Reggio Calabria

Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco

Tarso

Cesarea Jerusalén

Los historiadores fijan su fecha de nacimiento entre el 7 y el 10 d.c. Su padre había obtenido la ciudadanía romana, un status que se revelará decisivo para Pablo.

Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de nuestros padres; estaba lleno de celo por Dios, como lo estáis todos vosotros el día de hoy. He 22,3

Circuncidado el octavo día; del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; hebreo e hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la Ley, intachable. Fil 3,5-6

* FECHA INCIERTA

1. Tarso, Pozo de Pablo. Foto Archivo SBF 2. Tarso, Iglesia de San Pablo. Foto Archivo SBF

Hebreo de nacimiento y de formación Un pasado muy respetable. Nacido en Tarso, en Asia Menor, «una ciudad no insignificante» (He 21,39), de una familia hebrea que puede aún recordar -después de siglos de diásporael nombre de la tribu a la que pertenece; en Jerusalén, Pablo recibe la educación a los pies de Gamaliel II, uno de los grandes maestros del judaísmo fariseo del siglo I, recordado también en la Mishnah. Aquello que puede ser motivo de alarde y ganancia, Pablo, transformado, lo considerará una pérdida y como basura. Otra cosa se vuelve determinante: el conocimiento de su Señor, su incondicional entrega a Él, el conformar su vida a la Suya entregada para la libertad del hombre (cfr. Fil 3,7-14).


A.D. 39

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco

Jerusalén

Cesarea Jerusalén

Una vez recibido el bautismo Pablo es instruido en los contenidos de la fe. Por tres años se retira al desierto de Arabia. Regresa a Damasco pero se ve forzado a huir, bajado por las murallas, en una cesta, de noche.

Pablo es presentado a los apóstoles por Bernabé En Jerusalén, en el Monte Sión, vive la Iglesia Madre presidida por el apóstol Santiago. Pablo logra ingresar gracias a la presentación de una autoridad, el apóstol Bernabé, un hebreo nacido en la isla de Chipre (He 4,36). La Iglesia Madre, centro del judaísmo cristiano, es el lugar de verificación de la misión de los apóstoles (cfr. He 11 y 15).

Al llegar a Jerusalén intentó juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, pues no creían que fuese realmente discípulo. Entonces Bernabé lo tomó consigo, lo presentó a los apóstoles y les contó cómo Saulo había visto al Señor en el camino y cómo el Señor le había hablado. También les expuso la valentía con que había predicado en Damasco en nombre de Jesús. Saulo empezó a convivir con ellos. Se movía muy libremente por Jerusalén y predicaba abiertamente el Nombre del Señor. Hablaba a los helenistas y discutía con ellos, pero planearon matarle. He 9,26-29

1. San Pablo discute con Hebreos y Gentiles, pintura, de un relicario inglés de fines del siglo XII Lyon, Musée de la Civilisation Gallo-Romaine. Foto Archivo Lessing. 2. Jerusalén, Monte Sión, El Cenáculo. Foto Archivo SBF

Pablo dirige su anuncio con toda libertad a los hebreos de la diáspora presentes en la Ciudad Santa, pero ya comienzan las primeras diferencias.


A.D. 44-49

La primera misión

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco

Antioquía

Cesarea Jerusalén

Pablo y Bernabé elegidos para la misión

También de Jerusalén Pablo debe huir. Regresa a Tarso. Bernabé va a buscarlo para llevarlo a Antioquía, ciudad cosmopolita, donde había una floreciente comunidad cristiana.

Antioquía: una Iglesia rica en profetas y doctores, entre los cuales Bernabé. Habiendo conocido personalmente a Pablo y su valor como misionero, él va a buscarlo a Tarso.

Partió (Bernabé) para Tarso en busca de Saulo, y en cuanto le encontró, le llevó a Antioquía. Estuvieron juntos durante un año entero en aquella Iglesia e instruyeron a una gran muchedumbre. En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de «cristianos».

Llamado por el Espíritu Santo para evangelizar a las gentes, Pablo partirá de Antioquía para sus tres viajes misioneros.

He 11,25-26

Mientras estaban celebrando el culto del Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: «Separadme ya a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado». He 13,2

1. Antioquía de Pisidia, Fragmento del templo de Augusto. Foto Archivo SBF 2. Antioquía sobre el Oronte. Foto Archivo SBF 3. Antioquía de Pisidia, El Decumano. Foto Archivo SBF

La Iglesia de Antioquía se convierte rápidamente en el referente de la misión entre los paganos, así como Jerusalén lo es para la misión entre los judíos.

En esta ciudad, los discípulos del Camino reciben la denominación que los identificó -en uso hasta hoy- por su fe en Jesús de Nazaret reconocido como el Mesías: se les llamó «cristianos».


A.D. 44-49

La primera misión

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco

Pafos

Cesarea Jerusalén

Saulo-Pablo y el procónsul Sergio Pablo

Antioquía, capital de Siria, es el punto de partida de los tres viajes misioneros de Pablo, en los que recorre aproximadamente trecemil kilómetros, muchos de los cuales a pie.

El primer viaje misionero de Pablo, junto a Bernabé, tiene a Chipre como su primera etapa.

Habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, encontraron a un mago, un falso profeta judío, llamado Barjesús, que vivía con el procónsul Sergio Paulo, hombre prudente. Este hizo llamar a Bernabé y Saulo, deseoso de escuchar la Palabra de Dios. Pero se les oponía el mago Elimas -pues eso quiere decir su nombreintentando apartar al procónsul de la fe.

Pablo experimentará todavía adversidades y sufrimientos de todo tipo, como él mismo cuenta: flagelaciones, lapidaciones, naufragios, peligros y dificultades… y «el apremio cotidiano, la preocupación por todas las Iglesias» (cfr. 2 Co, 11,24-28). Pero «¡La palabra de Dios no está encadenada!» (2 Tim 2,9).

He 13,6-8

El procónsul creyó, impresionado por la doctrina del Señor. He 13,12

1. Pafo, Mosaico de la Villa de Dioniso. Foto Archivo SBF 2. Pafo, Columna de la agelación de Pablo. En el trasfondo la iglesia de la Chryzopolitissa. Foto Archivo SBF

El procónsul romano Sergio Pablo está fascinado por la palabra de Dios anunciada por los cristianos. No obstante las fuerzas del mal trabajen para sofocar la semilla de la palabra, el pagano se vuelve creyente.


A.D. 49

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco

Antioquía

Cesarea Jerusalén

Después de tres años en los que ha recorrido los caminos de Chipre, Panfilia y Galacia, vuelve a Antioquía. Desde allí partirá al año siguiente para el segundo viaje misionero.

Bajaron algunos de Judea que enseñaban a los hermanos: «Si no os circuncidáis conforme a la costumbre mosaica, no podéis salvaros». Se produjo con esto una agitación y una discusión no pequeña de Pablo y Bernabé contra ellos; y decidieron que Pablo y Bernabé y algunos más de ellos subieran a Jerusalén, adonde los apóstoles y presbíteros, para tratar esta cuestión. He 15,1-2

1. Guido Reni (1575-1642), Santos Pedro y Pablo. Milán, Pinacoteca de Brera. Foto Archivo Lessing. 2. Jerusalén, Monte Sión, El Cenáculo (foto 1890 ca.). Foto Archivo SBF

¿Qué es lo que necesita el hombre para ser salvado? La evangelización se difunde rápidamente entre los paganos; es notable el éxito logrado por los apóstoles en Asia Menor. Esta misión, sin embargo, no se da sin tensiones y discusiones al interior de la Iglesia primitiva. El punto en discusión en este caso es el siguiente: ¿es necesario hacerse circuncidar, es decir asumir el signo de pertenencia al pueblo de Israel, para ser salvados en Jesucristo, como sostienen los cristianos de estricta observancia farisea, o bien es suficiente la fe en Él, como sostienen Pablo y Bernabé? La cuestión se resuelve nuevamente recurriendo a la Iglesia Madre en Jerusalén, la que decide finalmente que a los paganos sólo se les pida observar las normas de pureza ritual.


A.D. 50-52

La segunda misión

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco Cesarea Jerusalén

Filipos Lidia: bautismo y hospitalidad

Por tierra se dirige al norte para visitar a las comunidades fundadas durante su primer viaje. Llega a las costas occidentales de Turquía, al puerto de Troas; después va a Filipos, ciudad de la provincia de Macedonia.

De allí, a Filipos, que es la principal colonia de la demarcación de Macedonia. En esta ciudad nos detuvimos algunos días. El día de sábado salimos fuera de la puerta, a la orilla de un río, donde suponíamos que habría un lugar de oración. Nos sentamos y empezamos a hablar a las mujeres que habían concurrido. Una de ellas, llamada Lidia, vendedora de púrpura, natural de la ciudad de Tiatira, y que adoraba a Dios, nos escuchaba. El Señor le abrió el corazón para que se adhiriese a las palabras de Pablo. Cuando ella y los de su casa recibieron el bautismo, suplicó: «Si juzgáis que soy el al Señor, venid y hospedaos en mi casa». Y nos obligó a ir. He 16,12b-15

1. San Pablo y Santa Tecla, marfil. Londres, British Museum. Foto Archivo Lessing. 2. Filipos, Iglesia del Bautismo de Lidia. Foto Archivo SBF 3. Filipos, La Vía Egnatia. Foto Archivo SBF 4. Filipos, El teatro. Foto Archivo SBF

En tierra griega, una de las primeras comunidades cristianas fue la de Filipos. Inmediatamente, Pablo encontró una óptima acogida, al punto de verse forzado a aceptar la hospitalidad de una recién convertida, Lidia. Esta Iglesia fue de mucho apoyo para Pablo, cuando estuvo preso en Éfeso. Testimonio de esta relación afectuosa y solidaria es la Carta dirigida a la Iglesia de Filipos: «Y es justo que yo sienta así de todos vosotros, pues os llevo en el corazón, partícipes como sois todos de mi gracia, tanto en mis cadenas como en la defensa y consolidación del Evangelio. Pues testigo me es Dios de cuánto os quiero a todos vosotros en el afecto entrañable de Cristo Jesús» (Fil 1,7-8). «En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación. Y sabéis también vosotros, filipenses, que en el comienzo de la evangelización, cuando salí de Macedonia, ninguna Iglesia me abrió cuenta de gastos y entradas, sino vosotros solos» (Fil 4,14-15).


A.D. 50-52

La segunda misión

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco

Tesalónica

Cesarea Jerusalén

Las etapas sucesivas son Tesalónica, Atenas, donde pronunciará el célebre discurso en el Areópago, y por último, Corinto.

Llegaron a Tesalónica, donde los judíos tenían una sinagoga. Pablo, según su costumbre, se dirigió a ellos y durante tres sábados discutió con ellos basándose en las Escrituras, explicando y probando que Cristo tenía que padecer y resucitar de entre los muertos y que «este Cristo es Jesús, a quien yo os anuncio». Algunos de ellos se convencieron y se unieron a Pablo y Silas así como una gran multitud de los que adoraban a Dios, y de griegos y no pocas de las mujeres principales. He 17,1-4

1. Pablo y Timoteo, miniatura de la Biblia histórica de Guiart Desmoulins. Oxford, Ashmolean Museum, Ms Douce 211, f. 245. Foto Archivo AKG / Electa. 2. Tesalónica. Foto Archivo SBF 3. Tesalónica, Murallas de la ciudad. Foto Archivo SBF

El corazón del anuncio a los paganos Pablo dirige su primera carta a la Iglesia de Tesalónica. En ella encontramos descrita la dinámica de la conversión de los paganos. «Ellos mismos cuentan de nosotros cuál fue nuestra entrada a vosotros, y cómo os convertisteis a Dios, tras haber abandonado los ídolos, para servir a Dios vivo y verdadero, y esperar así a su Hijo Jesús que ha de venir de los cielos, a quien resucitó de entre los muertos y que nos salva de la ira venidera» (1 Tes 1,9-10). No faltan expresiones que recuerdan la presencia del Apóstol: «Aunque pudimos imponer nuestra autoridad por ser apóstoles de Cristo, nos mostramos amables con vosotros, como una madre cuida con cariño de sus hijos. Como un padre a sus hijos, así también a cada uno de vosotros os exhortábamos y animábamos, exigiéndoos vivieseis de una manera digna de Dios, que os ha llamado a su Reino y gloria» (1 Tes 2,7b 11-12).


A.D. 51

La segunda misión

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Atenas Reggio Calabria Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco Cesarea Jerusalén

Atenas El anuncio en el Areópago

El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del Cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por mano de hombres; ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas. He 17,24-25

Si somos, pues, del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano. Dios, pues, pasando por alto los tiempos de la ignorancia, anuncia ahora a los hombres que todos y en todas partes deben convertirse, porque ha jado el día en que va a juzgar al mundo según justicia, por el hombre que ha destinado, dando a todos una garantía al resucitarlo de entre los muertos. Al oír la resurrección de los muertos, unos se burlaron y otros dijeron: «Sobre esto ya te oiremos otra vez». He 17,29-32

1. Atenas, Procesión de las Panateneas, detalle del friso. El Partenón. Foto Archivo SBF 2. Atenas, El Areópago. Foto Archivo SBF

Atenas, ciudad de gran tradición cultural y de ferviente religiosidad pagana. En la Acrópolis, en el Areópago, Pablo anuncia a los atenienses el «Dios desconocido», con un discurso retóricamente elaborado, de modo que fuera más fácilmente aceptable a los oyentes, exigentes y curiosos de conocer la «nueva doctrina». Si el punto de partida de la argumentación es algo que pueden compartir, el punto de llegada es una franca ruptura: «Sobre esto te escucharemos en otra ocasión». ¿Es tan difícil creer en un Dios capaz de resucitar a los muertos? «Pero algunos hombres se adhirieron a él y creyeron, entre ellos Dionisio Areopagita, una mujer llamada Damaris y algunos otros con ellos» (He 17,34).


A.D. 51

La segunda misión

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco

Corinto

Cesarea Jerusalén

En Corinto Pablo permanece alrededor de un año y medio, para después regresar a Antioquía desde donde vuelve a partir después de dos años.

El Señor dijo a Pablo durante la noche en una visión: «No tengas miedo, sigue hablando y no te calles; porque yo estoy contigo y nadie te atacará para hacerte mal, porque tengo yo un pueblo numeroso en esta ciudad». He 18,9-10

Cada uno de vosotros dice: «Yo soy de Pablo», «Yo de Apolo», «Yo de Cefas», «Yo de Cristo». ¿Está dividido Cristo?. 1 Co 1,12-13A

1. Corinto, Detalle de estatua, Museo Arqueológico. Foto Archivo SBF 2. Corinto, El bema (El tribunal). Foto Archivo SBF

3. Corinto, Piedra de la Sinagoga. Foto Archivo SBF 4. Corinto, La fuente de Glauco. Foto Archivo SBF 5. Corinto, El templo de Apolo. Foto Archivo SBF

Una comunidad vivaz y turbulenta Después de la decepcionante experiencia de Atenas, Pablo llega a Corinto, donde se queda por un año y medio. En la primera carta a la comunidad, recuerda el ánimo y el mensaje con el que se dirigió a los corintios «Pues yo, hermanos, cuando fui a vosotros, no fui con el prestigio de la palabra o de la sabiduría a anunciaros el misterio de Dios, pues no quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado. Y me presenté ante vosotros débil, tímido y tembloroso. Y mis palabras y mi predicación no se apoyaban en persuasivos discursos de sabiduría, sino en la demostración del Espíritu y de su poder para que vuestra fe se fundase, no en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios» (1 Cor 2,1-5). A esta comunidad vivaz y turbulenta, a la que «así, ya no os falta ningún don de gracia a los que esperáis la Revelación de nuestro Señor Jesucristo» (1 Cor 1,7), Pablo indica cuál es el carisma supremo que hay que buscar: la caridad (1 Cor 13).


Reconducir todas las cosas a Cristo

Bendito sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en Él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado. En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad según el benévolo designio que en él se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra. A él, por quien somos herederos, elegidos de antemano según el previo designio del que realizó todo conforme a la decisión de su voluntad, para ser nosotros alabanza de su gloria, los que ya antes esperábamos en Cristo. En él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es prenda de nuestra herencia, para la redención del pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria.

Carta a los Efesios 1,3-14


La tercera misión

A.D. 54-57

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Atene Corinto

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Tarso

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Éfeso Centro de evangelización

El tercer viaje sigue parcialmente el itinerario del segundo: visita las comunidades de Galacia y de Frigia fundadas durante los viajes precedentes. Por más de dos años se queda en Éfeso, capital de la provincia romana de Asia.

Pablo entró en la sinagoga y durante tres meses hablaba con valentía, discutiendo acerca del Reino de Dios e intentando convencerles. Pero como algunos se obstinaban, no se dejaban persuadir y hablaban mal del Camino ante la gente, rompió con ellos y formó grupo aparte con los discípulos, discutiendo diariamente en la escuela de Tirano. He 19,8-10

1. Éfeso, La iglesia de San Juan, detalle. Foto Archivo SBF 2. Éfeso, La iglesia de San Juan. Foto Archivo SBF 3. Éfeso, El teatro. Foto Archivo SBF 4. Éfeso, La biblioteca de Celso. Foto Archivo SBF

La larga estadía de Pablo en la ciudad de Éfeso, importante centro cultural de Asia Menor, tuvo un rol estratégico: permitió la difusión del Evangelio en la región vecina. La carta a la comunidad, escrita probablemente por un discípulo de Pablo, recuerda el anuncio: «Estabais a la sazón lejos de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y extraños a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Más ahora, en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz; el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio, la enemistad» (Ef 2,12-14).


A.D. 58

La tercera misión

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Reggio Calabria

Atenas Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

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Damasco Cesarea Jerusalén

Mileto El testamento de Pablo

Pablo está en Mileto. Habiendo convocado a los ancianos de la Iglesia de Éfeso, les da las últimas recomendaciones, sabiendo que no volverían a ver nunca más su rostro.

No omití por miedo nada de lo que podía seros útil; os predicaba y enseñaba en público y por las casas, dando testimonio tanto a judíos como a griegos para que se convirtieran y creyeran en nuestro Señor Jesús. He 20,20-21

El extenso y apasionante discurso de despedida a los cristianos de Éfeso, es en realidad una mirada retrospectiva a la misión de Pablo en Asia Menor, marcada por la incansable predicación tanto a los judíos como a los paganos. También es una especie de testamento: «Por esto os testifico en el día de hoy que yo estoy limpio de la sangre de todos» (He 20,26) y una advertencia sobre los peligros en el futuro de las Iglesias: «Yo sé que, después de mi partida, se introducirán entre vosotros lobos crueles que no perdonarán al rebaño; y también que de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de ellos» (He 20,29-30). Podemos también reconocer en este texto la exhortación espiritual: «En todo os he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Mayor felicidad hay en dar que en recibir”» (He 20,35).

1. Mileto, Templo de Apolo, detalle. Foto Archivo SBF 2. Mileto, Ingreso al teatro griego. Foto Archivo SBF 3. Mileto, El teatro. Foto Archivo SBF

4. Mileto, Bouleutherion. Foto Archivo SBF 5. Mileto, La Stoa. Foto Archivo SBF


A.D. 58

La tercera misión

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Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

Éfeso Mileto

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Damasco

Cesarea

Cesarea Jerusalén

Bordeando el mar Egeo, llega a Macedonia y a Achaea, visita nuevamente Filipos y Corinto. Por mar regresa a Cesarea, donde recibe el primer anuncio de su martirio.

Permanecimos allí bastantes días; bajó entre tanto de Judea un profeta llamado Agabo; se acercó a nosotros, tomó el cinturón de Pablo, se ató sus pies y sus manos y dijo: «Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al hombre de quien es este cinturón. Y le entregarán en manos de los gentiles». He 21,10-11

1. Cesarea, Estatua del Buen Pastor. Foto Archivo SBF 2. Cesarea, Inscripción de Poncio Pilato. Foto Archivo SBF 3. Cesarea, El puerto. Foto Archivo SBF 4. Cesarea, El palacio de Herodes. Foto Archivo SBF

«Estoy listo para morir por el Señor Jesús» Palabras y gestos proféticos indicaron a Pablo lo que sería su futuro. Muy pronto la profecía se realizaría: Jerusalén será para Pablo el punto de partida hacia un nuevo y singular viaje misionero. Así como sus anteriores viajes de evangelización se iniciaban y terminaban en Antioquia, así desde la Ciudad Santa iniciará el viaje del testimonio, el que terminará en la capital del Imperio. En todo caso, el camino del Apóstol se desarrolla una vez más gracias al empuje del Espíritu (cfr. 13,2; 16,6).


A.D. 58

La tercera misión

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Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

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Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco

Jerusalén

Cesarea Jerusalén

El discurso en la Fortaleza Antonia

De Cesarea sube a Jerusalén, donde lo reconocen y lo arrastran fuera del Templo para darle muerte.

Pocos días después de llegar a Jerusalén, la profecía de Agabo comienza a cumplirse. Justamente en el Templo, Pablo es acusado por los judíos de hablar en contra del pueblo, en contra de la Torah y en contra del Templo mismo (cfr. He 21,28).

Hermanos y padres, escuchad la defensa que ahora hago ante vosotros.

Con acusaciones similares, Esteban fue apedreado y Saulo en ese momento aprobó su asesinato (cfr He 8,1; 22,20). Es ahora el turno de Pablo de defenderse frente a sus acusadores.

He. 22,1

Habiendo vuelto a Jerusalén y estando en oración en el Templo, caí en éxtasis; y le ví a él que me decía: «Date prisa y marcha inmediatamente de Jerusalén, pues no recibirán tu testimonio acerca de mí. [...] Marcha, porque yo te enviaré lejos, a los gentiles». He. 22,17-18.21

1. Inscripción “Thanaton” contra los paganos en el templo de Jerusalén. Museo de Estambul. Foto Archivo SBF 2. Jerusalén, La fortaleza Antonia (foto 1890 ca.). Foto Archivo SBF 3. Jerusalén, La explanada del templo (foto 1890 ca.). Foto Archivo SBF 4. Jerusalén, Ha Kotel (Muro Occidental de la explanada del templo). Foto Archivo SBF

Su discurso en la Fortaleza Antonia, que contiene una de las reseñas de su experiencia en Damasco, da inicio a las hostilidades con los judíos en el momento en que declara que ha sido enviado a los paganos.


A.D. 58

La tercera misión

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco

Jerusalén

Cesarea Jerusalén

Fue salvado por el tribuno de la cohorte que lo arresta y lo conduce a la Fotaleza Antonia, donde pide poder efectuar su propia defensa ante los hebreos, a quienes llama hermanos y padres.

Pablo, dándose cuenta de que una parte eran saduceos y la otra fariseos, gritó en medio del Sanedrín: «Hermanos, yo soy fariseo, discípulos de fariseos; por la esperanza en la resurrección de los muertos me juzgan». Al decir él esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos y la asamblea se dividió. He 23,6-7

«¡Ánimo!, pues como has dado testimonio de mí en Jerusalén, así debes darlo también en Roma». He 23,11

1. El arresto de San Pablo, relieve. Marsella, Basílica de San Víctor. Foto Archivo Lessing. 2. Jerusalén, Muro Sur de la explanada del templo. Foto Archivo SBF 3. Jerusalén, Fortaleza Antonia y arco del Ecce Homo. (foto 1890 ca.). Foto Archivo SBF

La defensa de Pablo ante el Sanedrín La tensión en Jerusalén se vuelve tan álgida que obliga al jefe de la guardia romana a llevar a Pablo nuevamente a la Fortaleza Antonia. Como el motivo de la revuelta de los judíos contra Pablo es fundamentalmente religioso, el tribuno decide confiar la causa al tribunal del Sanedrín (cfr. He 23,29). Las palabras de Pablo crean en realidad un albororto mayor, dado que habla de su «esperanza en la resurrección de los muertos» a un público dividido ante esta cuestión. También para el mundo judío, como lo fue para el mundo pagano, la resurrección es un escándalo. Se perfila entretanto cada vez más claramente la meta hacia la cual Pablo está llamado: dar testimonio en Roma.


A.D. 58-60

Hacia Roma

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco Cesarea Jerusalén

Cesarea El encarcelamiento de Pablo

Informado de un complot par a asesinar a Pablo, ciudadano romano de nacimiento, el tribuno da la orden de conducirlo sano y salvo a Cesarea. Allí permanece dos años en la cárcel.

Llevado a Cesarea ante la presencia del Gobernador romano Félix, la acusación por la parte judía contra «la peste» (He 24,5), es pronunciada por el abogado Tértulo: «Pues hemos comprobado que esta peste de hombre provoca altercados entre los judíos de toda la tierra y que es el jefe principal de la secta de los nazoreos. Ha intentado además profanar el Templo, pero nosotros le apresamos» (He 24,5-6).

Después llamó a dos centuriones y les dijo: «Tened preparados para la tercera hora de la noche doscientos soldados, para ir a Cesarea, setenta de caballería y doscientos lanceros».

Pablo desmiente las acusaciones y confirma su fe judía: la adoración del Dios de los padres, la obediencia a cuanto está conforme a la Torah y con los Profetas y la esperanza en la resurrección de los justos y de los injustos (cfr. He 24,15).

He 23,23

El Gobernador le dijo: «Te oiré cuando estén también presentes tus acusadores». Y mandó custodiarlo en el pretorio de Herodes. He 23,35

1. San Pablo conducido al martirio, relieve del sarcófago de Giunio Basso. Ciudad del Vaticano, grutas vaticanas. Foto Archivo Lessing. 2. Cesarea. Foto Archivo SBF 3. Cesarea, El foso de la ciudadela amurallada. Foto Archivo SBF 4. Cesarea, Acueducto romano. Foto Archivo SBF

Las declaraciones de Pablo muestran con claridad la plena continuidad de la tradición judío-farisaica con la fe en Jesús, el Mesías.


A.D. 60-61

Hacia Roma

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco Cesarea Jerusalén

Malta El naufragio y la estadía

Dado que Pablo apela al César, el nuevo gobernador Festo lo envía a Roma. Durante el viaje la nave naufraga en la isla de Malta.

Festo deliberó con el consejo y respondió: «Has apelado al César; al César irás». He 25,12

Cuando se decidió que nos embarcásemos rumbo a Italia, entregaron a Pablo y algunos otros prisioneros a un centurión de la cohorte Augusta, llamado Julio. He 27,1

1. Nicolò Circignani llamado El Pomarancio, El naufragio de San Pablo en Malta. Roma, Torre de los vientos, Sala Della Meridiana. Foto Archivo Secreto Vaticano. 2. Malta, Roca del naufragio de San Pablo. Foto Archivo SBF

El libro de los Hechos de los Apóstoles describe con interesantes detalles el viaje por mar desde Cesarea hasta Roma. Un viaje lleno de aventuras y rico de episodios en los cuales surge el testimonio del Apóstol. Durante la corta estadía en Malta, donde Pablo y sus compañeros son desembarcados después de la tormenta, el Apóstol cumple un gesto significativo al exhortarlos a comer: «Diciendo esto, tomó pan, dio gracias a Dios en presencia de todos, lo partió y se puso a comer. Entonces todos los demás se animaron y tomaron también alimento» (He 27,35-36). Las palabras y gestos de Pablo rememoraron una cena especial, ¡la Cena Eucarística! (cfr. 1 Co 11,23-25).


A.D. 61-63*

La misión en Roma

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

Éfeso Mileto

Tarso

Siracusa Antioquía Malta Pafos

Damasco Cesarea Jerusalén

Roma Los arrestos domiciliarios

Después de tres meses, retoma el viaje. Hace escala en Siracusa y en Reggio Calabria, y finalmente desembarca en Pozzuoli, donde permanece una semana. Después parte hacia Roma. Aquí Pablo vive durante dos años en una casa con un soldado de guardia.

Pablo permaneció dos años enteros en una casa que había alquilado y recibía a todos los que acudían a él; predicaba el reino de Dios y enseñaba lo referente al Señor Jesucristo con toda valentía, sin estorbo alguno. He 28,30-31

* Fecha Incierta 1. Eslabones de la cadena de San Pablo. Roma, Basílica Papal de San Pablo Extramuros. Foto Archivo Basílica. 2. La fachada de la Basílica Papal de San Pablo Extramuros. Foto Archivo Basílica.

«Al contrario, vosotros recibiréis una fuerza, cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y de este modo seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (He 1,8). La promesa y el mandamiento del Resucitado a los discípulos se están cumpliendo. El anuncio del Evangelio ha llegado a la capital del Imperio. Aquí judíos y paganos se reúnen y escuchan a Pablo, aquél que, cargado de la formación judía recibida en Jerusalén y llamado en Damasco a ser el apóstol de las gentes, ha atravesado entre tribulaciones el Asia Menor y Grecia para proclamar la libertad del Evangelio.


A.D. 67*

La misión en Roma

Roma Pozzuoli

Filipos Tesalónica

Reggio Calabria

Atenas Corinto

El martirio

Éfeso Mileto

Tarso

Sir acusa Antioquía Malta Pafos

Damasco Cesarea Jerusalén

Pablo, en el decimocuarto año de Nerón, fue decapitado a causa de Cristo y fue sepultado en la vía Ostiense, en el vigésimoséptimo año después de la Pasión de Nuestro Señor. San Jerónimo

Durante el reino de Nerón, Pablo fue decapitado justamente en Roma y Pedro fue crucicado: este relato es conrmado por los nombres de Pedro y de Pablo que todavía hoy se conservan sobre sus tumbas en esa ciudad. Eusebio de Cesarea

Yo te puedo mostrar los trofeos de los apóstoles. Si vas al Vaticano o a la Vía Ostiense, encontrarás los trofeos de los fundadores de la Iglesia. Eusebio de Cesarea

«Pablo el Confesor fue condenado a muerte, y la sentencia fue la decapitación por espada. Una vez que este hombre bendito llegó al lugar de la ejecución, pidió a aquél que estaba por decapitarlo que esperara un poco. Habiendo concedido lo que él pedía, en primer lugar, con voz dulce y gentil elevó su agradecimiento, la alabanza y la gloria y la súplica a Dios por haberle considerado digno de esta victoria. Después rezó por la tranquilidad y la paz de nuestro pueblo, y suplicó a Dios que les diera pronto la libertad. Después de esto, ofreció plegarias por los judíos, muchos de los cuales estaban allí presentes, y rezó por los samaritanos y por todos aquellos que entre los gentiles se encontraban en la ignorancia; rezó para que ellos pudiesen convertirse al conocimiento de la verdad. No descuidó a aquellos que lo rodeaban, es más, rezó por ellos. Y rezó incluso por el juez que lo había condenado a muerte, por sus soberanos y por el soldado que estaba por decapitarlo. Y dado que estaba ofreciendo sus súplicas a Dios, el soldado escuchó que estaba rezando por ellos, pidiéndole que no se les imputase a ellos aquello que debían hacer. Y como rezó por todos con voz implorante, la multitud que lo circundaba y que lo observaba se puso a llorar. Después, por propia iniciativa, dobló el cuerpo y expuso el cuello para que fuese cortado por la espada. El conflicto de este victorioso mártir fue consumado el 25 del mes de Tamuz». Eusebio de Cesarea

* Fecha incierta 1. La decapitación de San Pablo, mosaico. Monreale, Catedral, capilla septentrional del coro, siglo XII. Foto Archivo Ultreya. 2. La tumba del Apóstol, puesta bajo el altar mayor de la Basílica Papal de San Pablo Extramuros. Foto Archivo Basílica.


la imprevisible iniciativa de Dios

Esteban y Saulo Después de la resurrección de Cristo, la comunidad cristiana crece rápidamente. Uno de ellos, el joven diácono Esteban, es arrestado y condenado a muerte. «Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y todos a una se abalanzaron sobre él; le arrastraron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Los testigos depusieron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo. Y apedreaban a Esteban que rezaba y decía: «Señor Jesús acoge mi espíritu». […] Saulo aprobaba su muerte» (He 7,57-8,1). Saulo está presente, cuando los sacerdotes comienzan a pronunciar con las piedras su juicio. Asiste y aprueba la sentencia. Aquel Jesús que iba predicando el Reino de Dios quería sustituirse al Dios de los padres, al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Y para él esto es inaceptable.

«Saulo aprobaba su asesinato» Annibale Carracci (1560 – 1609), Lapidación de San Esteban. París, Musée du Louvre. Foto Archivo Lessing. La escena vive del contraste entre la figura de Esteban, a la izquierda, y la de Pablo, a la derecha. El primero está arrodillado, aparentemente sin realizar ningún esfuerzo, las manos juntas en signo de total confianza y entrega a la voluntad del Padre; el segundo, sentado pero en tensión, los brazos extendidos con las manos abiertas, profiere gritos incitando a los carniceros. Entre ellos, todo el espacio para la violencia del ser humano; alrededor, la curiosidad morbosa, los discursos de quien cree saber. Pero el ángel, que lleva la corona y la palma, une este hecho con el diseño misericordioso de Dios.


La imprevisible iniciativa de Dios

Camino a Damasco Algunos días después la vida de Saulo cambia radicalmente. Mientras está de viaje hacia Damasco, invitado por los sumos sacerdotes para descubrir y combatir al mayor número posible de cristianos, un relámpago lo impacta de repente y cae al suelo. Al relámpago le sigue una voz: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Saulo responde: «¿Quién eres, oh Señor?».

Yo respondí: «¿Quién eres, Señor?». Y me dijo el Señor: «Yo soy Jesús a quien tú persigues. Pero levántate, y ponte en pie; pues me he aparecido a ti para constituirte servidor y testigo tanto de las cosas que de mí has visto como de las que te manifestaré».

Saulo queda tan deslumbrado por la belleza de Cristo que se le aparece, que cae al suelo. Se trata de una experiencia singular pero real, la visión de la gloria de Dios. Además llama la atención la perentoriedad de la intervención de Dios, un instante después de haber pronunciado su nombre, el Señor ordena a Saulo ponerse de pie. Lo quiere como su ministro y testigo, signo de que él no sólo es perdonado, sino de que es preferido, escogido, querido para una tarea especial.

He 26,15-16

Entonces todo cambia. A partir de este momento la única preocupación de Saulo, su única razón de vida, se vuelve el anuncio de Cristo a los hebreos y a los paganos. Como si fuese generado una segunda vez, como si naciese de nuevo. Ya no es más el opresor, sino el misionero. Inclusive cambia de nombre: no más Saulo, sino Pablo.

«¿Quién eres, oh Señor?» La conversión de Saulo, fresco. Monasterio de Decani, Kosovo, siglo XVI. Foto Archivo Lessing. El rayo de luz que desciende sobre Saulo es signo de elección, que lo hace diferente a los del grupo de personajes que están de pie, llamado a una tarea todavía misteriosa pero cierta porque está escrita en el texto de la voluntad del Padre, que Cristo tiene en la mano.

No se puede comprender a Pablo si no nos dejamos persuadir por él que en Damasco ha contemplado la belleza suprema, así como la contemplaron los profetas en las visiones de su vocación, para lograr así vender todo a cambio de la única perla. Hans Urs von Balthasar


La imprevisible iniciativa de Dios

Recreado por la misericordia Frente a la evidencia de la realidad de Cristo, quien se le apareció realmente, con su cuerpo glorioso, Saulo percibe la enormidad de su propio pecado, la tremenda pesadez del mal realizado. Pero más que las tinieblas de sus culpas, brillan aún más claramente la luz de la gracia divina, la fuerza misteriosa y real que confía una tarea a cada cristiano. La luz deslumbrante de Cristo vuelve ciego a Pablo. Sin embargo justamente este hecho que lo deja ciego es el que le abre los ojos sobre la verdad del mundo, sobre el sentido de las sagradas Escrituras que por años ha estudiado, sobre la suerte del pueblo de Israel que él ama de todo corazón.

Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores y el primero de ellos soy yo. Y si encontré misericordia fue para que en mí, el primero, manifestase Jesucristo toda su paciencia y sirviera de ejemplo a los que habían de creer en él para obtener vida eterna. 1 Tim 1,15-16

A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia a la medida de los dones de Cristo. [...] Él mismo dispuso que unos fueran apóstoles; otros, profetas; otros, evangelizadores; otros, pastores y maestros, para la adecuada organización de los santos en las funciones del misterio, para edicación del cuerpo de Cristo. Ef 4,7-12

Pablo es consciente de ser apóstol por vocación, es decir, no por autocanditatura ni por encargo humano, sino sólo por llamada y elección divina. En su epistolario, muchas veces el Apóstol de las gentes repite que todo en su vida es fruto de la iniciativa gratuita y misericordiosa de Dios. Benedicto XVI

Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. 1 Co 15,10

«Por la gracia de Dios soy lo que soy» La conversión de Saulo, esmalte. De un relicario inglés de fines del siglo XII. Lyon, Musée de la Civilisation Gallo – Romaine. Foto Archivo Lessing. Los ojos cerrados de Saulo, la mano abierta para protegerse de la luz destellante, nada puede frente a la mirada penetrante de Cristo y de sus dedos extendidos que le imponen el signo de su elección.


La imprevisible iniciativa de Dios

La Iglesia, cuerpo de Cristo Si se pierde de vista el inicio, no se puede comprender el ansia misionera de Pablo, su incansable laboriosidad, su pasar de un extremo al otro del mundo, su gozo en las pruebas y en las persecuciones. Porque lo que lo mueve, en el fondo, es sólo el deseo de volver a ver aquel Rostro que lo deslumbró en el camino a Damasco. Cada uno de sus pasos, cada una de sus palabras, cada uno de sus gestos es la expresión del deseo de volver a verle a Él, de reconocer su Rostro, de volver a encontrarlo en las personas transformadas por Él. El Señor quiso introducir de inmediato a Pablo en el gran misterio de la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. En el camino a Damasco, refirió a sí mismo las persecuciones sufridas por los cristianos. Diciendo «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?», se identificó a sí mismo con los suyos, de forma tan clara que esta verdad se imprimió de modo indeleble en el pensamiento y en el corazón de Pablo.

Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros. 1 Co 12,27

Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque es un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. 1 Co 12,12-13

«Vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros» El Bautismo de Pablo, mosaico Monreale, Catedral, capilla septentrional del coro, siglo XII. Foto Archivo Ultreya. La fuente bautismal en la cual Pablo, tocado por el rayo divino, renace como nueva criatura para la Iglesia, se convierte en una nueva flor destinada a embellecer el jardín del mundo.


La verdadera libertad

Al centro de la vida El acontecimiento sucedido en el camino a Damasco, constituye para Pablo una auténtica revolución. Porque en el corazón de su vida, desde aquel momento en adelante, ya no estará el ansia del fariseo que vive para defender la Ley de Moisés, el esforzado intento de quien cree ser coherente con los mandatos de la Ley. Ahora, justo en el centro de su existencia, está la Presencia real de Cristo, muerto y resucitado por él. Es el Cristo viviente, el mismo que lo había tumbado al suelo mientras se ensañaba con Sus discípulos, en contra de Él. Cristo es una fuerza capaz de cambiar no sólo su misión, sino también toda su personalidad. Así Pablo, aún siendo el hombre de antes -total, decidido, orgulloso, duro, valiente...-, se vuelve capaz de una gran amistad, de gozo, de humildad, de ternura, de paternal sacrificio de sí.

«No soy yo quien vivo, sino es Cristo quien vive en mí» Pompeo Batoni (1708 – 1787), Retrato de San Pablo. Basildon Park, Berkshire. Foto National Trust. Batoni pone el acento en la energía del hombre Pablo, transformado por el encuentro con Cristo. No la espada, no el libro, sino la mano alzada, la mirada intensa, hablan de algo que ha sucedido, y que ha cambiado el corazón de Pablo.


La verdadera libertad

La justa medida de las cosas Pablo pesa todo lo que la vida le ofrece en la balanza de su amistad con Cristo. Así todas las cosas, los encuentros y los sucesos retoman su real medida, aquella establecida por Dios. Ningún lastre obstaculiza la carrera del Apóstol, ninguna cosa material lo puede dominar, nadie lo puede desviar. Porque el hombre que pertenece a Dios no está poseído por nada más. Y tal pertenencia se puede expresar en cualquier circunstancia de la vida. No se trata de una indiferencia frente a todo, de una retirada suspicaz y desdeñosa de la realidad; más bien, al contrario, se trata de un amor abrasador que involucra y santifica toda la vida, capaz de enaltecer la fiesta de un banquete nupcial y de santificar el ayuno. La verdadera libertad es vivir la relación con las cosas y con las personas de la manera nueva inaugurada por Jesús. Ésta es la exaltante novedad que Pablo experimenta y expresa.

«¡Todo es vuestro! Y vosotros de Cristo y Cristo de Dios» Cristo da el Verbo de Dios a Pedro y Pablo, mosaico. Roma, Santa Constanza, siglos V-VI. Foto Archivo Lessing. Por lo general el arte paleocristiano enmarca las escenas que describen el actuar de Cristo con frisos poblados de flores, frutas, animales, como diciéndonos que la naturaleza, la realidad como se nos presenta en el transcurrir del tiempo, es el marco dentro del cual Cristo sigue actuando.

Ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. 1 Co 10,31

Porque todo lo que Dios ha creado es bueno y no se ha de rechazar nada. 1 Tim 4,4

Todo es vuestro: ya sea Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, todo es vuestro; y vosotros, de Cristo y Cristo de Dios. 1 Co 3,21-23


La verdadera libertad

La libertad de un hijo Pablo sabe que el nombre de Dios no es más IHWH, el nombre santo que podía ser pronunciado únicamente por el sumo sacerdote, sólo una vez al año. No, ahora Dios es tan cercano que se le puede llamar Abbá, es decir, papá. Y se puede hablar con Él con la seguridad de que nos escucha, porque nos ama como ama a su único Hijo, nos ama como se ama a sí mismo. Si somos coherederos de Cristo, ¿qué se nos puede negar?

Y vosotros no habéis recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor, antes bien, habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: «¡Abbá, Padre!». El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, si compartimos sus sufrimientos, para ser también con él gloricados. Rom 8,15-17

¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra? [...] Si, pues, vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan! Lc 11, 1-13

«Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abba, Padre! Claude – Guy Halle (1652 – 1763), La liberación de Pablo y Bernabé. París, Musée Carnavalet. Foto Archivo Lessing Un sorprendente parecido caracteriza los rostros de Pablo y Bernabé, que aparecen delante de los guardias de la cárcel de Filipos después de que un terremoto ha abierto las puertas de la prisión y roto sus cadenas, expresando así una nueva fraternidad que aparece ante el mundo y ante la cual el carcelero se rinde.


La verdadera libertad

La libertad del amor La libertad de Pablo es la libertad del amor, de aquel Amor que ha subido a la cruz con tal de salvar a sus perseguidores, entre los cuales está Saulo... Ahora, lo que le provoca el sufrimiento mayor son los hebreos que no se convierten a Cristo. Pablo llega, por absurdo que parezca, hasta desear su propia condena si pudiera beneficiar a sus hermanos. Si bien Pablo se dirigirá cada vez más lejos, hacia los paganos; el primer lugar que visitará en cada ciudad será la sinagoga. Sabe que Dios es fiel, y que el pueblo elegido sigue siendo tal.

Me he hecho todo a todos, para salvar a toda costa a algunos. 1 Co 9,22

Desearía ser yo mismo maldito, separado de Cristo, por mis hermanos, los de mi raza según la carne. Rom 9,2-3

¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada y lo dona todo. Quien se dona a Él, recibe el céntuplo. Sí, abran las puertas a Cristo y encontrarán la verdadera vida. Benedicto XVI

¿Y si el sacrificio del hijo de Abraham valió una descendencia numerosa como las estrellas, cuanto más no valdrá el sacrificio del Hijo de Dios?

«Me he hecho todo a todos, para salvar a toda costa a algunos» El encuentro de San Pedro y San Pablo, mosaico Monreale, Catedral, capilla meridional del coro, siglo XII. Foto Archivo Ultreya. El signo extraordinario de las dos aureolas que se entrelazan formando un solo corazón expresan el fundamento de la unidad entre los dos personajes muy diferentes entre sí, tanto en su historia como en su temperamento, pero ambos estrechamente unidos en el camino hacia vivir la unidad con Cristo.


Himno a la Caridad

Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tenga el don de profecía, y conozca todos los misterios y toda la ciencia; aunque tenga plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque reparta todos mis bienes, y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. La caridad es paciente, es amable, la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita, no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo Todo Todo Todo

lo lo lo lo

excusa. cree. espera. soporta.

La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. Cuando venga lo perfecto, desaparecerá lo parcial. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño. Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido. Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad. 1 Co 13,1-13


La verdadera libertad

Alegre en los sufrimientos La misión de Pablo no está para nada exenta de dificultades. Él mismo reconoce haberse afanado en las dificultades, en los encarcelamientos, en las palizas y haberse encontrado frecuentemente en peligro de muerte. Se trata de un listado redactado en el año 57 -y nosotros sabemos que podría ser mucho más extenso- hasta incluir el martirio sufrido en Roma en el año 64. Pero Pablo no quiere limitarse a enumerar sus propios sufrimientos. De hecho añade: «Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo lo que falta a las tribulaciones de Cristo en mi carne, a favor de su cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,24). El sufrimiento de Cristo anticipa y da significado al sufrimiento del Apóstol. Darse por entero, como Jesús, es para Pablo el gozo más grande, el gozo de la identificación total con Él. Es un sentimiento que se percibe ardiente en sus cartas. Si algunas frases destacan los padecimientos sufridos, no es para darle voz a la lamentación, sino para anunciar una insospechada fuente de gozo.

«Completo lo que falta a las tribulaciones de Cristo en mi carne»

Cinco veces recibí de los judíos los cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas; una vez lapidado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé en alta mar. Viajes frecuentes, peligros de ríos, peligros de salteadores; peligros de los de mi raza; peligro de los gentiles; peligros en ciudad, peligros en despoblado; peligros por mar, peligros entre falsos hermanos; trabajos y fatigas; noches sin dormir, muchas veces; hambre y sed; muchos días sin comer; frío y desnudez. Y aparte de otras cosas, mi responsabilidad diaria: la preocupación por todas las iglesias. 2 Co 11,24-28

Estas palabras tienen por tanto el valor de un descubrimiento denitivo, que viene acompañado de la alegría. [...] La alegría proviene del descubrimiento del sentido del sufrimiento, y este descubrimiento, aunque participe de ello de manera absolutamente personal Pablo de Tarso, que escribe estas palabras, es al mismo tiempo válido para los demás. Juan Pablo II

San Pablo fuga de Damasco, mosaico. Monreale, Catedral, capilla septentrional del coro, siglo XII. Foto Archivo Ultreya. Pablo es descendido en una cesta de las murallas de Damasco. Iconografia un tanto extraña, que muestra cómo también en esta circunstancia Pablo es llamado vivir la obediencia, a una dependencia ultima incluso en la modalidad de la huida.


La verdadera libertad

Orgulloso de sus debilidades No hay que olvidar que Pablo, si bien es capaz de resistir las enormes fatigas, de afrontar viajes larguísimos, de soportar las adversidades contra viento y marea, tenía una salud endeble. No está claro si padecía una enfermedad en especial. A los Gálatas les recuerda haber estado predicándoles desfigurado por una enfermedad que volvía su aspecto impresentable. Tal vez su constitución física delicada incrementó el sentido de desproporción entre su debilidad y la inmensa tarea que se le confió. Pero justamente en la debilidad y en la aparente ausencia de medios, emerge con desbordante evidencia la fuerza del Señor. He aquí el fuego que alimenta la inconfundible ironía de Pablo, esa ironía por la cual la debilidad se vuelve su mayor motivo de orgullo, el signo más claro que es verdaderamente Cristo que actúa en él.

Precisamente para que no me pusiera orgulloso después de tan extraordinarias revelaciones, me fue clavado en la carne un aguijón.2 Co 12,7 Pero ¿quién está a la altura de esta misión? 2 Co 2,16

Me dijo: «Te basta mi gracia, mi mayor fuerza se maniesta en la debilidad». Con mucho gusto, pues, me preciaré de mis debilidades, para que me cubra la fuerza de Cristo [...] Pues si me siento débil, entonces es cuando soy fuerte. 2 Co 12,9-10

Los extraordinarios resultados apostólicos que Pablo pudo conseguir no son atribuibles a una brillante retórica o a renadas estrategias apologéticas y misioneras. El éxito de su apostolado depende sobre todo de haberse involucrado personalmente en el anuncio del Evangelio con total dedicación a Cristo. Benedicto XVI

«Llevamos este tesoro en vasos de barro» El Greco (Domenikos Theotokopulos, 1541 – 1613). Retrato de San Pablo. Toledo, Casa y Museo de El Greco. Foto Archivo Lessing. La pintura de El Greco refleja claramente la imagen de Pablo consumido por el amor de Cristo. La enorme empuñadura de la espada la reduce a símbolo de un ímpetu que ha encontrado en el humilde instrumento de la escritura el medio para alcanzar el corazón de los hombres.


La verdadera libertad

Gloria y gratitud Pablo habla de si mismo como el primero de los pecadores, como el último de los apóstoles, como el más pequeño de todos. Pareciera querer reivindicar el primado de la nimiedad y de la indignidad. Pero desde el centro de esta conciencia florece un sentimiento antes desconocido y hasta incluso imposible: la admiración por si mismo. Mejor aún: la admiración por lo que Cristo obra en él. Hasta aquello que Pablo habría descartado de su persona, aquello que habría preferido olvidar, recibe un lugar central en su relación con Cristo. Todo el mal, el dolor por la vida pasada, todos los límites son arrollados e invadidos por un amor nuevo. No borrados ni olvidados, mas bien transformados por la misericordia de Aquél que todo lo puede.

Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios. 1 Co 15,9

En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucicado y yo un crucicado para el mundo. Gál 6,14

¡El que se gloríe, gloríese en el Señor! 2 Co 10,17

La nimiedad de Pablo, su limitación incluso física, se vuelven de esta forma un motivo de orgullo. Él está orgulloso de ser poca cosa, para testimoniar a Aquél que es todo. Las traiciones, los fracasos, las enfermedades, todo le recuerda, a cada instante, que su vida no le pertenece, sino a Aquél que lo ha generado y lo quiso salvar. El orgullo de Pablo nace de la misma fuente de la humildad. El gloriarse es gratitud.

«El que se gloríe, gloríese en el Señor» Diego Velásquez (1599-1660), Retrato de San Pablo. Barcelona, Museo de Arte Catalán Foto Archivo Scala. Pablo – con las manos que cierran el pesado volumen que sobresale por debajo de su capa- aparece a los ojos de Velásquez como el custodio de la Fe; totalmente consciente de “haber cumplido la buena batalla”, tiene aferrado a sí aquello que ha conservado entre miles de batallas.


La verdadera libertad

No dominado por la nada La historia -Pablo se da cuenta de golpe cuando se le aparece Cristo- no está en las manos del hombre, sino en las manos de Cristo muerto y resucitado. Él es el Señor, de Él todo depende. Para quien tiene conciencia de ello, éste es el origen de una libertad sin límites. El tiempo se ha vuelto breve, escribe Pablo, porque sabe que la nave de la historia humana está casi llegando a su puerto definitivo, las velas ya han sido amainadas y todo está volviendo al Señor. Cada cosa es mirada a la luz de la eternidad, del destino, del Bien.

He aquí la paradoja: la libertad es dependencia de Dios. Luigi Giussani

¡El tiempo apremia. Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen. Los que lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no lo estuviesen. Los que compran, como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo, como si no lo disfrutasen. Porque la representación de este mundo pasa! 1 Co 7,29-31

«Todo me es lícito»; mas no todo me conviene. «Todo me es lícito», mas ¡no me dejaré dominar por nada! 1 Co 6,12

«“¡Todo me es lícito!” Mas, no me dejaré dominar por nada» Nicoló Circignani dicho el Pomarancio, El naufragio de San Pablo a Malta. Roma, Torre dei venti, Sala della Meridiana. Archivo Secreto del Vaticano.


La verdadera libertad

En tensión hacia el futuro Todo el esfuerzo de Pablo es una respuesta a la llamada de Cristo, como una carrera asumida hasta quedarse sin aliento para alcanzar y abrazar la recompensa, la vida eterna con Cristo. Continuamente, en sus cartas, Pablo reafirma su estupor lleno de gratitud por la gracia de Dios que lo amó primero: «Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Rom 5,8).

No que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera para alcanzarlo, como Cristo Jesús me alcanzó a mí. Fil 3,12

Yo, hermanos, no creo haberlo ya conseguido. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, al premio al que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús. Fil 3,13-14

Y además resalta la urgencia de una respuesta, la necesidad de colaborar con la gracia, el deseo de ofrecerse totalmente al amor recibido.

«Sino que continúo mi carrera para alcanzarlo, como Cristo Jesús me alcanzó a mí» Domenichino (Domenico Zampieri, 1581 – 1641), San Pablo llevado al cielo. París, Museo del Louvre. Foto Archivo Lessing. Los brazos abiertos nos remiten a aquellos brazos inmortalizados por Caravaggio en la célebre Conversión de San Pablo. Pero aquí, la pesadez del cuerpo que ha caído se sustituye por la levedad del alma que ya es libre para dirigirse gozosa a la presencia de Aquel que la ha llamado.


La generación de la Iglesia

Apostólica El encuentro con Cristo marca a Pablo en el corazón de su persona y en su tarea en la historia. Él se vuelve apóstol, no menos que Pedro y Juan. Un fuego ardiente encerrado en sus huesos le impide quedarse quieto, quiere contarle a todos aquello que le ha sucedido; a todos quiere hablarles del amor que lo ha arrollado. Su ímpetu misionero trae enseguida muchos frutos y en un período de tan sólo siete años funda nuevas comunidades en Antioquía, Tarso, Listra, Iconio, Dorilea, Samotracia, Tróade, Neápolis, Filipos, Tesalónica, Anfípolis, Laodicea, Corinto, Éfeso... Lejos de ser un estratega dedicado a diseñar campañas de conquista, Pablo es un hombre enamorado de Cristo, disponible a su voluntad, deseoso de ser guiado. No teme a las dificultades o los peligros, porque sabe que no actúa solo, sino en comunión con Cristo mismo que, a través de él, va en busca de cada hombre. Cada vez que llega a una nueva ciudad Pablo quiere ante todo encontrarse con la comunidad de los hebreos, sus preferidos a pesar del sufrimiento que frecuentemente le provocan por su rechazo a Cristo. Va a vivir donde viven ellos y con ellos trabaja, dedicándose a la fabricación de carpas. Los sábados asiste a la sinagoga donde se presenta como doctor de la Ley para mostrar cómo el Antiguo Testamento es la profecía de Cristo. Alrededor de él se genera en todo sitio una muy tupida trama de relaciones y amistades, cuya cuenta se pierde entre las líneas de sus cartas. Maestro de Soriguerola, Los santos Pedro y Pablo. Vich, Museo Episcopal. Foto Archivo Scala. Arte serbio, Ícono de los santos Pedro y Pablo. Ciudad del Vaticano, Biblioteca Vaticana. Foto Archivo Scala.


La generación de la Iglesia

Católica Los antiguos romanos solían incorporar las creencias de los pueblos sometidos, integrándolas a su panteón. Todo esto no estaba exento de un cálculo político. La actitud de Pablo es profundamente distinta. Él está abierto a las otras culturas, pero con una apertura más parecida a la mirada del amante que sorprende en todas partes los rastros de la amada. Preocupado sólo de anunciar a Cristo, Pablo abraza a todas las personas y comparte la experiencia de cualquiera que encuentre. Su acercamiento está fundado en una especie de simpatía previa, como si quisiese estrechar una alianza con todo lo más genuinamente humano que hay en cada uno, apostando sobre la posibilidad de llegar, aunque partiendo de puntos distintos, a un culto común al único y verdadero Dios. De todos modos su apertura, su gusto por las pequeñas semillas de verdad esparcidos en cada lugar, en cada tradición y en cada persona, no está nunca separado del mensaje franco y carente de artificiosas atenuantes de la verdad de Cristo.

Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: «Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: “Al Dios desconocido”. Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar». He 17,22-23

Con los judíos me he hecho judío para ganar a los judíos; con los que están bajo la Ley, como quien está bajo la ley –aun sin estarlo– para ganar a los que están bajo ella. Con los que están sin ley, como quien está sin ley para ganar a los que están sin ley, no estando yo sin ley de Dios sino bajo la ley de Cristo. 1 Co 9,20-21

Mientras los judíos piden signos y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucicado: escándalo para lo judíos, locura para los gentiles. 1 Co 1,22-23

«Lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar» Rafael Sanzio (1483 – 1520), Prédica de San Pablo en Atenas, dibujo. Florencia, Uffizi, Gabinetto dei Disegni e Stampe, inv. 540 E. Foto Archivo Scala, cortesía Ministero dei Beni e Attivitá Culturali. El apunte apenas boceteado pone en evidencia el gesto de Pablo, que parece invitar a los presentes a elevar la mirada hacia un horizonte inconmensurablemente más amplio. La cultura griega es llamada a lanzarse hacia una novedad total.


La generación de la Iglesia

Una Algunos años después de su conversión, algunos siguen poniendo en duda la autenticidad de la fe de Pablo. Por esto, él decide acercarse para hablar con los amigos más cercanos de Cristo, aquellos que todos consideraban los pilares de la comunidad cristiana.

Subí nuevamente a Jerusalén. [....] Les expuse a los notables en privado el Evangelio que proclamo entre los gentiles. [....] Y reconociendo la gracia que me había sido concedida, Santiago, Cefas y Juan que eran considerados como columnas, nos tendieron la mano en señal de comunión a mí y a Bernabé, para que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los circuncisos.

El objetivo del viaje no es sólo recibir ratificación y credibilidad, sino el intento de comenzar una verdadera construcción en común, colaborar en la generación del pueblo cristiano.

Porque uno solo es el pan, aun siendo muchos, un solo cuerpo somos, pues todos participamos del mismo pan.

Pablo intuye que la unidad que se genera en la participación del sacramento, se debe expresar también en forma visible en la unidad con Pedro, aquél que fue puesto por Cristo para guiar a toda la Iglesia.

«Aun siendo muchos, un solo cuerpo somos»

Gál 2,1-2,9

1 Co 10,17

Obviamente, subrayar la exigencia de la unidad no signica sostener que se deba uniformar o nivelar la vida eclesial en una sola forma de actuar. En otros lugares, Pablo enseña a «No extinguir el Espíritu» (1 Tes 5,9) es decir, dar generosamente espacio al dinamismo imprevisible de las manifestaciones carismáticas del Espíritu, el cual es fuente de energía y vitalidad siempre nueva. Pero si hay un criterio que Pablo cuida mucho, es la mutua edicación. «Pero que todo sea para edicación» (1 Co 14,26) Todo debe conuir a construir en forma ordenada el tejido eclesial, no sólo sin estancamientos, sino también sin fugas y sin desgarros. Benedicto XVI

El molino místico, capitel esculpido. Vezélay, Iglesia de Santa María Magdalena (siglos XII-XIII). Foto Archivo AKG / Electa. La exuberante fantasía medieval crea en la imagen del Molino místico uno de los ejemplos más extraordinarios de teología en imágenes: el profeta Isaías echa, del costal del Antiguo Testamento, el grano que el molino transforma en harina, la cual es recogida por Pablo en otro costal. Todo el saber de los profetas no se pierde, sino que se convierte, a través del sacrificio de Cristo, en un nuevo conocimiento vivificado por la fe.


La generación de la Iglesia

Santa «He sido aferrado por Cristo» (Fil 3,12) La imagen usada por Pablo es viva y carnal. Porque cuando Dios escoge, ama a su predilecto con un amor intenso y concreto, un amor celoso, como lo recuerda más de una vez el Antiguo Testamento. Pablo mismo, en sus relaciones con las comunidades fundadas por él, experimenta en primera persona este ardor, este afán típicamente divino. Es un celo real y ardiente, la pasión de un enamorado que quiere a la persona amada sólo para sí. Pero aquí nos encontramos con una paradoja: Pablo ama como un enamorado, pero el esposo no es él, sino Cristo. Pablo desea sólo que todos sus discípulos sean fieles al anuncio de Cristo, quiere que amen al Señor, que en su corazón haya lugar para Él. A veces, él se dirige a las comunidades con críticas inclusive fuertes. Pero la suya es la cólera de un padre que ama a sus hijos. Todo lo que sucede en las comunidades repercute profundamente en lo íntimo de Pablo, lo alegra, lo hiere, lo turba. Algunos hechos graves ocurridos en Corinto lo angustian. Sin embargo mientras recuerda una dura carta ya escrita a los cristianos de esa ciudad, deja transparentar todo el afecto que lo mueve.

Celoso estoy de vosotros con celos de Dios, pues os tengo desposados con un solo esposo. 2 Co 11,2

Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado que hay entre vosotros algunos que viven desordenadamente, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. 2 Tes 3,10-11

No escribo esto para avergonzaros, sino más bien para amonestaros como a hijos míos queridos. Pues, aunque hayáis tenido diez mil pedagogos en Cristo, no tenéis muchos padres. 1 Co 4,14-15

Os escribí en una gran aicción y angustia de corazón, con muchas lágrimas, no para entristeceros, sino para que conocierais el amor desbordante que a vosotros os tengo. 2 Co 2,4

«He sido aferrado por Cristo» Rembrandt Van Rijn (1606-1669). San Pablo. Viena, Kunsthistoriches Museum, Gemaeldegalerie. Foto Archivo Lessing. Después de haber retirado la vista del libro, pareciera que delante de los ojos de Pablo pasaran todos los rostros encontrados a lo largo de su largo peregrinar. Rembrandt le da la misma mirada cargada de misericordia del padre que acoge al hijo pródigo, la de un hombre que ve el cumplirse del Misterio en su propia vida pasada, presente y futura.


La generación de la Iglesia

El abrazo de los amigos No debemos pensar en Pablo como en un héroe solitario. La dedicación total a Cristo lo vuelve capaz de un amor profundo a los hombres que encuentra, lo vuelve capaz de un amplísimo abrazo a sus comunidades, de una amistad tierna, conmovida y paterna. Pablo vive del afecto de los amigos. Y no se trata nunca de un amor genérico o formal. En sus cartas, alcanza incluso a dar consejos útiles para la salud, con la atención de un padre preocupado por su hijo: «No bebas ya agua sola. Toma un poco de vino a causa de tu estómago y de tus frecuentes indisposiciones» (1 Tim 5,23).

Hermanos míos queridos y añorados, mi gozo y mi corona, manteneos así rmes en el Señor, queridos. Fil 4,1

Pues, ¿quién, sino vosotros, puede ser nuestra esperanza, nuestro gozo, la corona de la que nos sentiremos orgullosos, ante nuestro Señor Jesús en su Venida? Sí, vosotros sois nuestra gloria y nuestro gozo. 1 Tes 2,19-20

Noche y día le pedimos insistentemente poder ver vuestro rostro y completar lo que falta a vuestra fe. 1 Tes 3,10

Les recomiendo a nuestra hermana Febe; saluden a Prisca y a Aquila, saluden a mi querido Epéneto, saluden a María, a Andrónico y Junías, a Ampliato y a mi querido amigo Estaquis. Saluden a Apeles, y a la familia de Aristóbulo. Saluden a mi pariente Herodión y a los de la familia de Narciso que creen en el Señor. Saluden a Trifena y a Trifosa. Saluden a Rufo, y a su madre, que ha sido para mí como una segunda madre [...] y a todos los santos que están con ellos. Cfr. Rom 16,1-16

«Noche y día, le pedimos insistentemente poder ver vuestro rostro y completar lo que falta a vuestra fe» Luca di Tommé (1330-1389). Prédica de San Pablo. Siena, Pinacoteca Nazionale. Foto Archivo Scala, cortesía Ministero dei Beni e Attivitá Culturali. La espada inseparable tiene la punta dirigida hacia la tierra, mientras que el dedo de Pablo señala decididamente hacia el cielo y su mirada se fija en los presentes, de los cuales no hay ninguno que no haya sido, de una manera u otra, impactado. Los volúmenes de las casas, esbeltas y de formas esenciales, se convierten en una especie de telón de fondo que permite destacar a los protagonistas de la historia.


La generación de la Iglesia

Los colaboradores de Pablo Numerosos son los colaboradores de los que se rodea Pablo. Ciertamente los busca especialmente para ser ayudado en la inmensa obra misionera, pero las relaciones que establece con ellos nunca son utilitarias, ni tampoco están determinadas solamente por las necesidades pastorales. Más bien es necesario reconocer que Pablo buscaba personas con quienes compartir el propio camino de fe. Buscaba amistades verdaderas, que fuesen para él una ayuda, corrección y conforto.

Para vivir con los hermanos se necesita tener un amigo, aunque esté lejos; para tener un amigo se necesita vivir entre los hermanos, al menos estar entre ellos en espíritu. De hecho, para poder tratar a todos como a uno mismo, se necesita que uno se vea y se sienta por lo menos en uno, se necesita que en este uno se perciba la victoria ya alcanzada, aunque sea parcialmente, sobre la soledad del egoísmo. Pavel Florenskij

Una particular cercanía une a Pablo con Timoteo. A nadie le dirige palabras tan tiernas como aquellas que utiliza con él. En la amistad de ellos, sin embargo, no encontramos rastros de egoísmo. Justamente en uno de los momentos en los que habría tenido más necesidad de su consuelo, cuando se encuentra recluido en la cárcel, en Éfeso, Pablo no duda en enviarlo a la comunidad de Filipos, donde lo reclamaban las urgencias de la misión.

Pablo entrega las cartas a Timoteo y a Silas, mosaico. Monreale, Catedral, capilla septentrional del coro, siglo XII. Foto Archivo Ultreya. La misión genera misión. Pablo, enviado por Pedro, entrega a su vez a Timoteo y a Silas las cartas que les serán confiadas a los dos colaboradores y discípulos para ser llevadas “per universum orbem” como se indica en el texto: el nuevo horizonte del cristiano es el mundo.


Victoria

Todo coopera al bien «Ante esto ¿qué diremos? Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros? El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien justifica. ¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, el que murió; más aún el que resucitó, el que está a la diestra de Dios, e intercede por nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?, como dice la Escritura: Por tu causa somos muertos todo el día; tratados como ovejas destinadas al matadero. Pero en todo esto salimos más que vencedores gracias a aquel que nos amó. Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro».

En la discusión en el modo correcto de ver y de vivir el Evangelio, al nal, no deciden los argumentos de nuestro pensamiento: decide la realidad de la vida, la comunión vivida y sufrida con Jesús, no sólo en las ideas o en las palabras, sino en lo profundo de la existencia, implicando tanto el cuerpo, la carne. Las heridas recibidas en una larga historia de pasión son el testimonio de la presencia de la cruz de Jesús en el cuerpo de San Pablo, son sus estigmas. No es la circuncisión que lo salva: los estigmas son la consecuencia de su bautismo, la expresión de su morir continuo con Jesús día a día, el signo cierto de su haberse transformado en nueva criatura (cfr. Gal 6,15). Benedicto XVI

(Rom 8,31-39)

«Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros?» Duccio di Buoninsegna (1260-1318), Cristo ante Herodes, de La Majestad. Siena, Museo dell´Opera Metropolitana. Foto Archivo Scala / Opera Metropolitana, Siena. Luca di Tommé (1330-1389), San Pablo es conducido al martirio. Siena, Pinacoteca Nazionale. Foto Archivo Scala, cortesía Ministero dei Beni e Attivitá Culturali La aproximación del martirio de Pablo al de Cristo es el signo más dramático de una identificación que Pablo ha querido vivir hasta el fondo en el sufrimiento para alcanzar a participar de Su gloria.


Victoria

«No vivo yo, sino es Cristo en mí» «Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?» (Jn 3,4) En la madurez de la vida, parece imposible regresar a la frescura de la juventud. Pero ante la pregunta de Nicodemo, Pablo ofrece como respuesta su vida. El encuentro con Cristo lo vuelve una criatura nueva, le da una nueva existencia, lo hace vivir de Su misma vida.

Esta vida en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí. Gál 2, 20

He sido crucicado con Cristo, y ahora no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Gál 3, 20

¿Cómo se puede responder a este amor, sino abrazando a Cristo crucificado, hasta vivir de Su misma vida?

«Esta vida en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios» San Pablo en majestad, tabla, de la iglesia de Sant Pere di Orós de Tremp. Arte catalán, siglo XII. Foto Archivo AKG / Electa. Como ha participado en la carne de los padecimientos de Cristo, así Pablo, en esta tabla de arte catalán, participa de Su gloria. En efecto, se le representa en un trono, rodeado por la aureola gloriosa, signo del destino de gloria que nos espera a todos.


Victoria

La certeza de la resurrección «Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe.[...] Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos». (1 Cor 15, 14.32) En cambio, los muertos resucitan, pues Cristo resucitado se le apareció a Pablo. Y el Apóstol puede expresar con gozo su certeza: «Y cuando este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: La muerte ha sido devorada por la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?». (1 Cor 15,54,55) Todo es salvado en la resurrección de Cristo, incluso nuestra débil carne. Y nada podemos desear más que unir nuestra vida a él: «El amor de Cristo nos apremia al pensar que, si no murió por todos, todos por tanto murieron. Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos». (2 Cor 5,14-15)

«¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?» Cristo en majestad entre los apóstoles, tabla. Barcelona, Museo de Arte Catalán, siglo XII. Foto Archivo Scala. La gloria de Cristo no es gloria de uno solo; ella exige la presencia del hombre, en este caso de los discípulos llamados a participar de la felicidad eterna.


Pentecoste, miniatura dal Collectarius Ottobeuren, f. 28, XI secolo. Londra, British Library. Foto Archivio Lessing La grande libertà del miniatore non ha avuto paura di porre Paolo fra gli apostoli nel momento della discesa dello Spirito Santo; tanto evidente è apparso ai cristiani che la Chiesa non avrebbe potuto sussistere e non potrebbe vivere senza la presenza fondante di Paolo, unito a Pietro.

Como la mítica pareja de hermanos Rómulo y Remo, a los que se remontaba el nacimiento de Roma, así San Pedro y San Pablo fueron considerados los fundadores de la Iglesia de Roma. Por tanto, aunque humanamente eran diversos, y aunque la relación entre ellos no estuviera exenta de tensiones, San Pedro y San Pablo aparecen como los iniciadores de una nueva ciudad, como concreción de un modo nuevo y auténtico de ser hermanos, hecho posible por el Evangelio de Jesucristo. Benedicto XVI


Camino a Damasco: el inicio de una vida nueva