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En los márgenes de nuestra memoria histórica

que tenía apuntado para esta exposición: «lo que ocurría es que eso nos enseñó que no hay estructura significante. Ya no me refiero a la palabra, sino a la organización, sea de palabras o imágenes, que no lleve consigo un mensaje. Podríamos decir un discurso, una ideología y, por lo tanto, era posible entender una estructura significante y la ideología que esta estructura estaba comunicando, porque sin la estructura comunicante era imposible transmitir ese contenido ideativo, ideológico, discursivo si queremos; y a la inversa, no hay manera de comunicar un contenido si no es a través de una estructura de significaciones». Este es el punto fundamental de mi ingreso a cada uno de estos textos. Si yo quisiera intentar una suerte de visión panorámica de este libro —para detenerme luego en un aspecto que creo nos puede ser singularmente interesante porque roza los temas de racismo, exclusión y persistencia de muchas de estas cosas—, diría que a través de mi aproximación al horizonte Chavín, a sus construcciones y al hecho de que estas fueran subterráneas, a los terribles, bellos, horribles trozos de piedra labrada, era posible entender una estructura de significaciones que afirma que en el horizonte Chavín hubo una teocracia muy poderosa, basada en divinidades terribles y en ritos probablemente sangrientos, que pudo así acompañar el primer momento de formación del estado. Obviamente, estoy utilizando ideas de Freud, y en el caso nuestro, ideas de Luis Lumbreras. Lo que yo decía entonces era: «Aquí hay algo que me permite postular, esto puede ser rebatible. Había, en lo que queda de Chavín, la posibilidad de leer no solo la formación del primer estado, y que ese estado era regido por una teocracia que tenía un control imaginario del imaginario de esa sociedad».

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Libro Experiencias Magistrales  
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