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usitala t revista de goce intelectual

SONIDO

• Aquesta membrança que dringa • Música, sonido y estados de consciencia alterados • Cuatro versiones del resonar • Tú dices blancas • El buit de la plenitud • Viene a mi mente • La imposibilidad del silencio • Elogi de la pertorbació • El murmullo de un radio mal sintonizado • Hiroshima te elige • El sonido que surgió del infierno • La partitura silenciosa • Entrevistas a Xavi Túrnez, Antonio Russek y Félix Blume 2015

año 2 - # 6 - 6€

LUGAR

BARCELONA

Ampliando la cabeza Con fascinación Con un candor recatado y conveniente Con un profundo olvido del presente

– Erik Satie


Indicaciones de carácter Erik Saite A flote Aconséjese atentamente Alegría moderada Aminorar mentalmente Ampliando la cabeza Caiga hasta el debilitamiento Calmado y profundamente suave Con fascinación Con un candor recatado pero conveniente Con un profundo olvido del presente Con una justa cólera Con una sana superioridad De lo alto de usted mismo Empapar En el más profundo silencio Flotando Ignorar la poca presencia


Aunque resulte difícil reprimir una sonrisa con las indicaciones de

carácter que Satie solía escribir sobre las partituras de sus composiciones, la pretensión humorística queda en segundo término; su principal intención es alterar la racionalidad del intérprete y despojarle de prejuicios académicos a través de expresiones inesperadas y desconcertantes para obtener sonidos emocionales y poéticos.


en portada: En esta habitación no hay ruido* Por: Fabiola Eme

staff

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Dirección y Arte: Fabiola Eme Colaboradores: M.B. Robert Iván García / Héctor Orozco María Merino, Enric deSombra Jordi Corominas i Julián, Zulma Sierra Anna Vilà, Franco Chiaravalloti Héctor Gómez, Xavi Túrnez Laia Masnou, Rafael Buzón Piezas sonoras: Antonio Russek, Félix Blume Espacios: Sala Hiroshima, Konvent Puntzero

El sonido nos rodea, nos traspasa, nos envuelve. Habita todos nuestros espacios, nos mira de frente. Nos persigue, la memoria lo retiene. No estaremos nunca solos. *Serie fotográfica inspirada en la Musique d’Ameublement de Erik Satie. Música pensada para no ser escuchada sino para acompañar de fondo los espacios y contribuir a la vida del mismo modo que una conversación o un cuadro en la pared o el asiento en el que está usted sentado. Fue concebida para crear vibración y cumplir la misma función que la luz: dar calor y confort en todas sus formas; pieza perfecta u obra de arte arquetípica, donde no se notan las costuras de los elementos que la integran, los fragmentos están unidos y se percibe en su totalidad.

tusitala

significa el que cuenta historias, en una lengua de las islas polinesias. En esta revista participa gente que cuenta historias a través de textos, ilustración, pintura, música, audiovisual o fotografía.


Contenido

editorial viene a mi mente aquesta membrança que dringa babel de nuevo 1 música, sonido y estados de consciencia alterados elogi de la pertorbació en el aire . la imposibilidad del silencio cinco piezas breves el murmullo de un radio mal sintonizado el sonido que surgió del infierno la partitura silenciosa el buit de la plenitud cuatro versiones del resonar tu dices blancas entrevista a xavi túrnez entrevista a antonio russek entrevista a félix blume hiroshima te elige

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editorial

un sonido casi estático por fabiola eme Click para escuchar la

Postal sonora de“Tierra de Fuego” de Félix Blume Vivimos acumulando experiencias sonoras, pequeñas explosiones que se detonan apenas con un frágil estímulo. Un lentísimo y a la vez instantáneo recorrido acústico a través de la memoria que nos transporta en un segundo a ese lugar, a ese momento. Los sonidos poseen la característica de conectarnos con emociones muy profundas, de extraernos una sonrisa de no -sabemos-dónde o de encogernos el pecho con notas de melancolía, de tocar esa maldita fibra que se nos eriza cada vez que recordamos esa voz, su voz; de provocarte una punzada en el corazón siempre que escuchas girar unas llaves para abrir la puerta, porque invariablemente, lo asociarás al momento en que llegaba tu padre del trabajo, hace ya mucho tiempo, hace ya varias vidas.

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Las primeras notas de una canción te hacen dar un paseo por aquella adolescencia, la primera, la de verdad, y cada vez que la escuchas, revives a ese tú de aquel momento y añades un fragmentito más de ti, una capa más de recuerdo. Esa canción te transmite de golpe toda una concepción de la vida: lo mucho que te divertías con ellos, tu inocencia, todas esa primeras experiencias, tu incontenible simbiosis con el walkman o los viajes solitarios con su propia banda sonora en los auriculares, marcando el ritmo de tu paso, dejando en ti una amalgama de sensaciones, de sonido casi corpóreo, visible, palpable.


En este número conectamos el SONIDO con la Memoria, porque reverbera en nosotros a pesar del paso del tiempo, porque basta con concentrarse un momento para volver a escuchar aquello que nos emociona, porque su potencia nos perfora algo más allá de los oídos. Y si hablamos de sonido, lo ideal es escuchar, por ello hemos querido ofrecer una experiencia sensorial más completa, incluyendo en este número una dosis de pulsos binaurales, ondas que presuntamente causan estados de consciencia alterados, como podría hacerlo una droga o la meditación. También se encontrarán diversas piezas sonoras de los artistas Antonio Russek y Félix Blume, a quienes dedicamos unas páginas para conocer mejor su trabajo. Antonio nos ha seleccionado tres de sus esculturas sonoras para vincularlas con tres textos de esta edición, a manera de soundtrack pero sin llegar a ser complementarias, cada obra es un objeto independiente en su totalidad y el disfrute de ambas, por separado o en combinación, asegurará igualmente una experiencia placentera. Sin embargo, puesto que en Tusitala nos gusta encontrar coincidencias y buscar consonancias, reomendamos a ustedes realizar la escucha justo después de acabar cada lectura y pensar en los puntos comunes que se dan en cada caso. Por su parte, los paisajes sonoros de Félix, que pueden escucharse haciéndo click sobre las palabras de color rosa que encontraremos en la entrevista que le hicimos, son una muestra de que también se puede contar historias a través de los sonidos. =t

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viene a mi mente por maría merino

Viene a mi mente demente el sonido de la hierba cuando crece el sonido eléctrico de la espera el sonido de tu cuerpo cuando quiebra, cuando ama, cuando enferma el caminar despacio el caminar otoño el caminar del galgo el sonido del miedo de una niña al anochecer que trata de alcanzar sus pasos el sonido de Nick Cave cuando respira y el suspirar de Glenn Gould el gemir pianando de Keith Jarrett Viene a mi mente el sonido acompasado de los pasos de mamá y la muerte de mi hermano el sonido preverbal del primate que enseña los dientes y estalla en carcajadas el sonido de las mujeres creciéndose y plantándose empoderadas Viene a mi mente demente el sonido de la nieve del televisor y del sueño de androides el sonido de la mesa de mezclas del retumbar rítmico de la sordera

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Viene a mi mente el sonido eco de las cuevas de yeso que se habitaban de los motores enfurecidos y desgastados de los porteños Viene a mi mente él =t


poesĂ­a

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aquesta membrança que dringa per m.b. robert

Arrupit al pupitre dels sons inaudibles t’embadoques sotjant els aires que va vestint la disfressa llarga que emmotlla el miratge, amb tot d’escapçadures, emocions reciclades i la doble puntada d’una mestria inconeguda. El soroll de la calor queixalant andròmines, l’agulla d’estendre forcejant a la filferrada o la ferocitat dels instints que bramulen. És aquest murmuri d’acolorides pensades que t’engabia en una objectiva verdor d’heures.

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Quan no t’hi veus amb els humors de les conques –mai imagines cegament–, una cua de drac t’escombra com ho fan les quimeres… i enllefiscat quedes al domini il·lusori de la inventiva, llibertat que llaures amb toves aixades. Arrencar-li les ungles al monstre del dolor –i les pigues i el plor–, la piuladissa de la poesia a les branques del pit, la formigonera de la fam, el plataner bord xarrupant una sopa de folis bruts o el núvol que xiula mentre oblida ploure.


poesía

L’únic que volies, i a cops cercaves, era fer soroll, per sempre més escolar a les pissarres del viure. D’un costat a l’altre del llindar, com Hermes sense déus ni sandàlia i aquell malaguanyat còrrer, captiu del rondar les estances sense cloenda.

Quan topa a terra la flor de la buguenvíl·lia, el rodolar del sucre en una galta de cartró –errar besades infanta erudicions d’amor–, el mormoleig dels falutxs embarrancats o un incendi de molles a les tovalles solars.

Amb cap persona en parles, no et prenguessin per guillat somiador d’un cosmos agradós. Deses les llanes de la fantasia a la còmoda desllorigada on s’hi apilen els records, privada de la llum del dia i la llei dels homes.

Les pases lentes que en tu gira el son quan t’endormisques, el batre d’ales d’un esbart de sintagmes a l’esòfag, la disputa dels olis a la paleta, el buf de la trementina, les cordes tibades de l’impossible desfilant-se o el borbolleig de la sang dolguda, presumida que degota.

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Arrere l’avui –i tots els temps presents–, és licorosa la memòria, malabarista de glopades que fa fonedissos els veires amb moridores mans. De tot te’n queda l’alenada que ella perfà, macerant les pells, els adéus, les riallades.


aquesta membrança que dringa

L’aldarull dels punts quan són darrers, amb aquell obstinat brogit d’endreça. O els lladrucs del gos que t’has empescat i encambres en la potestat de convocar per així vèncer la solitud a queixalades.

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Amb el puny ple de sorra temperada esmunys les èpoques a pleret, però quan emprenguis el viatge de l’última nuesa, dubtós de la caminada i amb ganyota d’adéu-siau, només serà el frec del que no és sorra, d’insofrible pes. Aleshores, de la valisa que traginis en diràs la membrança de tot plegat, plena de ressons i el cant de cloure els ulls amb la seda silent de les pestanyes; i l’exhuberància de la fetidesa; i el cançoneig pretèrit soterrant-se.


poesía

Aquesta membrança que dringa, que dringa,

farà de tu el pentinar remorós d’altres testes, oïdores del memorar. Escull doncs de la calaixera el soroll que vulguis per nom, et sobreviurà com a repic que xerra amb les altres memòries.

El xerricar de les fronteres quan s’arrosseguen, la bava que rodola en la tendror de l’enciam, les remades de Caront, el naixement de les bambolles, l’òxid de Reading quan permet que l’escriguis o el degotall músic a la pica de la memòria.

Si el perill de l’espadatxí borni –veritable cerca-renous que distingim amb el malnom d’oblit– t’encalcés a mig camí, sàpigues que ell també serà burxat. Defallirà quan siguis un so que retopa al caixó, quan el saqueig sigui viatjar sense bagatge.=t

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Esta poema está vinculado a la pieza sonora Babel de Nuevo 1, de Antonio Russek, elegida, según el propio autor, “por tener una narrativa distinta y estar estructurada como una secuencia de secciones con tratamientos tímbricos muy diversos que combinan el procesamiento de materiales acústicos con la síntesis electrónica de sonidos, proporcionando un alto contraste tanto en el contenido armónico como en el rango dinámico, una variedad de texturas que combinan bien con el texto”.


música, sonido y estados de consciencia alterados

un acercamiento a las neurociencias cognitivas de la audición por iván garcía / héctor orozco

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El debate impera, más vivo que antes, aquel que pueda con certeza definir el fenómeno musical que alce la voz y termine con toda discusión. La universalidad de la música sigue en controversia, y es que enfrentarse a cuarenta mil años desde el primer instrumento musical probablemente resulte en buscar lo que perdido en la memoria está. Universal o no, dictada por la cultura o implícita en nuestra existencia, la música germinó como el recurso inagotable que alimenta a varios de nuestros sentidos. A partir del sonido, la música es estructurada. El ordenamiento del sonido (o tonos) otorga propiedades únicas al fenómeno musical. Distintas culturas lo han establecido, corrientes de pensamiento lo han reorganizado; Mozart, Beethoven, Debussy, Xenakis y la música originada en Oriente Medio y Asia son ejemplo de ello, cada uno a su forma, con un resultado diferente. De este lado del mundo vivimos inmersos en una cultura occidental que, sin embargo, comparte rasgos de la esencia musical con otras culturas de las cuales esperaríamos ser excluyentes. El estudio conducido por científicos de instituciones en Leipzig, Londres, Montreal y Sussex confirma esta idea.


ensayo En la comunidad de Mafa en Camerún (donde la influencia musical occidental no había impactado hasta antes de realizado dicho estudio) se sometió a participantes nativos a estímulos musicales cargados con características emocionales distintivas de la cultura occidental. Los resultados arrojaron una capacidad decodificadora del ser humano a nivel emocional, mismos que en su mayoría relacionaron emociones (sin que necesariamente las experimentaran) con fragmentos musicales comúnmente relacionados a la felicidad, la tristeza y el temor. Lo que sugiere que sin importar el contexto cultural, en el ser humano existe la capacidad de identificar material musical con carga emocional, aspecto que sin duda soporta la mencionada universalidad. Por otra parte, las neurociencias también incursionan en el entresijo del fenómeno musical y se han encargado de estudiar la actividad cerebral y su relación con estímulos auditivos musicales o sonoros. De esta se han de desprender diversas disciplinas como la psicoacústica o la neurociencia cognitiva, entre otras más que se desarrollan paralelamente sin que necesariamente se comuniquen con estas últimas como la musicoterapia, que a partir del estudio de la percepción y del tratamiento de diversos trastornos, encuentra en el sonido un punto de partida a su existencia. Incluso, como abordaremos más adelante, algunos sugieren que la experiencia sonora podría generar estados de consciencia alterados. Entonces, valdría la pena preguntarse de dónde surgen estas ideas que posicionan a la música como un factor que altera la mente humana. A pesar de ser consideradas revolucionarias y modernas, ya en la antigua Grecia se hablaba de ello. Los griegos reconocían el poder de la música para calmar, consolar, distraer, alentar e incluso enloquecer a las personas. Existen historias en donde la música es utilizada deliberadamente con el fin de cambiar la disposición de pueblos enteros. Hoy en día, con los avances científicos en las técnicas de neuroimagen se puede responder con mayor precisión a la pregunta: ¿Qué pasa en el cerebro cuando escuchamos música?

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mĂşsica, sonido y estados de conciencia alterados

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“Dosis de ondas cerebrales binaurales para todos los humores imaginables�


ensayo El regalo de Apolo, la manera en la que Eckart Altenmüller (uno de los pioneros en las neurociencias cognitivas musicales) llama a la música; es uno de los estímulos más complejos que conocemos. No sólo se trata de escuchar; sino de ver, de sentir, de moverse, coordinar, recordar y un fino balance entre un lenguaje contextualizado en una sociedad y cultura dadas, así como un lenguaje universal hasta cierto punto. Un número muy grande de regiones corticales (las partes más grandes y superficiales del cerebro) y sub-corticales (las partes más profundas, de las cuales destacan el cerebelo, el hipotálamo, el tallo cerebral, entre otras) están implicadas tanto en la escucha pasiva como en tareas de producción de música: la experiencia musical típica constituye una integración sensorial entre estímulos visuales, auditivos, somatosensoriales y la llamada red emocional. Robert Zatorre, otro de los pioneros de las neurociencias cognitivas musicales, nos explica el por qué somos incondicionales de la música. Utilizando una técnica de neuroimagen llamada tomografía por emisión de positrones, observa una activación en estructuras cerebrales asociadas a estímulos que inducen euforia tales como la comida, el sexo o el consumo de drogas (tal vez la expresión “Sexo, Drogas y Rock’n’Roll no se aleja de la realidad después de todo). De esta manera, Zatorre logra asociar evidencia relevante a nivel biológico entre estímulos necesarios para sobrevivir (como el alimentarse) y la música a través de redes neuronales comúnmente asociadas al placer y al premio.

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En síntesis, se puede afirmar que la música es un estímulo altamente complejo que se procesa en niveles muy distintos en el cerebro. Al retomar el cuestionamiento sobre el poder de la música para inducir estados de consciencia alterados encontraremos que la respuesta es compleja. Sin embargo, un tema que ha estado en boga durante algunos años es el de las drogas auditivas, concepto que sugiere se ha respondido con éxito a dicho cuestionamiento.


música, sonido y estados de consciencia alterados

“Dosis de ondas cerebrales binaurales para todos los humores imaginables” es la leyenda que se despliega al entrar al sitio web de iDoser (http:// www.i-doser.com/), una de las compañías líderes en estímulos binaurales. Estos estímulos se han posicionado de una manera muy particular en el saber humano: para el desarrollador esta tecnología presenta premisas sustentadas científicamente; para la gran mayoría dentro de la comunidad científica se trata de un remedio “milagroso” carente de bases formales. Antes que nada, describir lo que es un estímulo binaural resultaría adecuado. Un pulso binaural ocurre cuando se presentan dos tonos puros, es decir, una onda sinusoidal sencilla de manera dicótica (una en cada oído) con un pequeño desajuste en frecuencia (hacer uso de audífonos es indispensable). Por ejemplo, si se presenta un tono puro en el oído derecho de 400Hz y uno de 410Hz en el oído izquierdo, el cerebro estaría creando la ilusión de experimentar un tercer sonido que pulsa a 10 Hz gracias a la sustracción de las frecuencias originales. El tercer pulso (que aumenta y disminuye de volumen) es creado por el cerebro gracias a un efecto psicoacústico1, es decir, se trata de una ilusión generada al interior de la corteza cerebral (o bien en el tallo cerebral, todavía hay debate entre expertos), sin embargo, la literatura científica generalmente atribuye este efecto a neuronas altamente especializadas en el tallo cerebral. Si seguimos un razonamiento hasta cierto punto simplista y reduccionista, ya que aún no existen estudios convincentes que demuestren lo contrario. Empresas como i-Doser y HemiSync aseguran que el tercer pulso del estímulo entra en sincronía con las frecuencias que se presentan de forma natural en el cerebro; manteniendo así un ritmo cerebral que favorecería alguna de las funciones que el cerebro desarrolla. Dentro de la comunidad científica se menciona continuamente el tipo de asociación que los ritmos mencionados inducen (Ver Tabla 1). Por ejemplo, existen ciertas neuronas que trabajan a 5Hz cuando se

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encuentran codificando eventos en la memoria a largo plazo.


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Aunque la memoria es difícil de describir, los expertos concuerdan con que se refiere a la capacidad del ser humano para codificar y decodificar información en el cerebro. Es visto como un proceso anterógrado al aprendizaje y paralelo a la atención. Como fenómeno, recientemente los especialistas han comenzado a hablar de distintos tipos de memoria y de distintas conexiones y redes neuronales que tienen a su cargo procesos más específicos (memoria operativa, memoria a corto plazo, memoria a largo plazo, memoria declarativa, entre otras). Las generalidades en las que existe un consenso ya las hemos mencionado: las neuronas operan en un rango de frecuencias. Y bajo esta premisa es que HemiSync asegura una mejora en la memoria al introducir un batimiento que oscile a la frecuencia correspondiente en sus productos auditivos. Sin embargo, las bases sobre la llamada sincronía generalmente se apoyan en fuentes no científicas. Desde que Gerald Oster publicó el primer artículo científico sobre pulsos binaurales en 1973, se ha generado un debate en torno a la sincronización cerebral y los efectos putativos de las frecuencias a sincronizar.


música, sonido y estados de consciencia alterados Básicamente, existen pocos estudios publicados que realmente prueban dicha sincronización (Becher et al., 2015; Karino et al., 2006; Schwarz & Taylor, 2005), no obstante, debido a metodologías irregulares y premisas pseudocientíficas no se ha podido llegar a una conclusión contundente. Por ello, es arriesgado hablar de facultades mentales superiores afectadas por estos estímulos cuando ni siquiera se ha llegado al entendimiento de cómo estos afectan los procesos más básicos del cerebro. A pesar de que iDoser afirma que sus productos inducen estados de conciencia alterados, otro estudio realizado por estudiantes del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey en la Ciudad de México, arroja resultados (subjetivos) basados en la experiencia reportada por los participantes que fueron sometidos a estímulos con iDoser. Dichos resultados apartan la idea de experimentar estados de consciencia alterados al hacer uso de esta tecnología binaural; ya que de los dieciséis participantes divididos en grupos de control y experimental, ninguno reportó atravesar por algún cuadro de consciencia alterada (solo se reportados efectos como taquicardia o mareos de forma inconsistente entre los participantes).

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En síntesis, lo que se ha buscado es demostrar la sincronización entre el estímulo y el córtex, pero las opiniones se encuentran divididas. Por su parte la comunidad científica no se muestra a favor de la efectividad de la tecnología, sin embargo presenta un punto de partida a su contraparte. Aún así, resulta interesante pensar en el papel que (de demostrarse) la tecnología binaural podría tomar en el tratamiento de adicciones, Alzheimer, o en la musicoterapia, por nombrar algunas aplicaciones. En conclusión, la interrogante sigue abierta aunque no por mucho tiempo; el debate permanecerá vigente hasta que los avances tecnológicos nos permitirán apartar la niebla que inunda a este tema. Que el lector lo juzgue y experimente la tecnología binaural a discreción. Es importante hacer del conocimiento que generalmente las personas expuestas a pulsos binaurales no presentan cuadros de consciencia alterada, al momento no han sido reportados efectos similares a la reacción química provocada por fármacos o drogas.


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música, sonido y estados de consciencia alterados Sí, podemos decir que son experiencias de relajación, alta concentración o meditación. En forma de recomendación, los experimentos que se llevan a cabo con pulsos binaurales se realizan en un ambiente libre de luz y ruido excesivos, donde el participante pueda recostarse y relajarse por lo menos 5 minutos previos al estímulo, mantener los ojos cerrados o fijos a un solo punto, y el uso de audífonos es indispensable. Mientras el panorama se despeja en este tema (y cuando así sea), nosotros seguiremos disfrutando de la experiencia auditiva, que el fenómeno musical continúe deleitando a nuestros sentidos y nuestras emociones; que nos transforme y la memoria nos transporte con su ayuda. Que sea lo que produzca en nuestro ser, la música; este gran invento de la humanidad nos siga acompañando en todo momento. =t

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Haz click aquí para escuchar los pulsos binaurales o usa tu lector QR o busca el clip Peyoteqh en soundcloud.com/

Berlín, 2014

* Esta colaboración no hubiera sido posible sin la ayuda de Diana Urquiza, Janette Alle, Emilio Anaya y Rubén Rodríguez, a quienes queremos agradecer por tomar parte en la investigación que ha dado lugar a esta publicación en Tusitala. – Iván, Héctor.


Elogi de la pertorbació per anna vilà

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Arribats allí, el soroll sempre s’extasiava. Alçat en un pols ad voluptatem repetit, sota la condició d’allò comú i del que colpeja. M’atreviré a explicar-vos-en l’aresta? Del carrer i de la factura, dels serveis indispensables; el bat sobre la bossa i la botiga macrobiòtica de la cantonada –i potser no era bat sinó bruc, i més aviat sarró amb rialla de trossets de pa entre les dents que bossa. Una prova, això segur, de supervivència. I, no som a la república impedida? Com arbustos que fan com si creixessin al penya-segat i de fet només cauen, cridant, ermament exhausts i fent broma. A cada oscil·lació de la corda que surt de la múltiple boca, més rígids; més i més tensada la vibració, matèrica i ubiqua en la incertesa: Ja quasi exactes flors de festa per a la permanent, contínua garlanda. Fallar en cada estat, això sí que ho tenim, i en tots els seus minúsculs estadis; arborescents i simultànies les tasques, irrisoris els rellotges; irreals ambdós, o de realitats no registrades. I així, alhora lluny i aquí, perdudes, hipnòtiques dins la sintaxi –perquè la sintaxi sempre es programa. Després, tan sols, un viure a cegues, lívides d’entusiasme.


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elogi de la pertorbació Ai, i a tu també t’agrada parar, accepta-ho. Parar, però el barret de la travessa sense la travessa. Prou! Vull. ­Vull els recursos adequats i els fragments de llum que em reconeguin, i els d’interrogació també. Segons els requisits de cadascuna de les freqüències, d’acord, sota les condicions del camí en la propagació i les premisses del canvi de pressió en cada passa, passa dins la pell –sense perdre-la!, algun dia això s’entendrà: no es ven! Un servei. L’aclariment i la divisòria crucials; per a la dignitat. Però tornem al soroll, a la incòmoda inharmonia, a la molèstia d’espectre aleatori i rebutjant; pertorbació del canal, pèrdua d’informació: ininterpretabilitat i nosa. Soroll: Escoltar l’univers tort, observar el so que no diu. L’univers... tort i corromput, pertorbat, enutjant, erupcionat... perdut. El so... malmès i alienat, en contagi, inintel·ligible i ininterpretable; ni humà ni animal: diví i brut, irritant, fracassat... viu i mare. Soroll: La nova música! Dins la inharmonia i el destorb sense fi ni sentit, una poesia –una de possible, almenys, o encara!, i amagada. Malmesa i incapaç, amb prou feines balbucejada, contínua i guturalment – Pallakschianament, beckettianament, blanchotianament... Terrible com la por en l’ull enllacat del monstre sol. O finestra com la fosca essent-nos ja el nou cel: de capítols terminals i lanceolats sobre un enuig jaspiat de flors blaves. =t


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Este poema estĂĄ vinculado a la pieza sonora En el Aire de Antonio Russek, compuesta originalmente para danza, contiene dos ambientes con un fuerte carĂĄcter evocativo.


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la imposibilidad del silencio por jordi corominas i julián

Cuando paseo trabajo y no lo entiende mucha gente. Caminar es una forma de activar la curiosidad, pero la educación indirecta de la posmodernidad impide que la mayoría use sus pies en concordancia con los otros cinco sentidos mientras se está en la calle. Imagino una pequeña parcela urbana un día cualquiera de 2015. Estamos en el cruce de Urgell con Gran Vía. En el semáforo el 80% de los transeúntes consultan su teléfono móvil. El resto mira a un punto indeterminado, quizá fijan su atención en el muñequito rojo a la espera del verde. Más allá observo entes individualizados con rostro de velocidad. Cumplen su rutina, no miran hacia arriba ni disfrutan del sosiego porque en su cabeza la única opción es andar para ir de casa al trabajo y viceversa. Muchos de esos seres humanos escuchan música mientras avanzan por la cuadrícula. Son incapaces de escapar de sí mismos y los sonidos de sus aparatitos a la última los encierran en una plácida cárcel de alienación. A su alrededor pocos hombres, anónimos como ellos pero con un toque de espionaje en su mirada, campan libres. Los reconoceréis por su paso lento y una determinación distinta. Como todo hijo de vecino su jornada tiene una meta, aunque la diferencia es su valoración del camino. Circula sin auriculares y saborea los recovecos de la ruta. No le importa perderse y sabe que a cada esquina podrá encontrar una historia.

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El ejemplo de Baudelaire ha servido para tipificar esta categoría de observadores como flâneurs. No está mal visto. Aprovechan la rutina del resto de la ciudadanía para desmarcarse y sacar petróleo de la nada. Desprovistos de la carga sonora de canciones y decálogos pactados van con una chistera en la que apilan la cosecha de las avenidas. Soy uno de ellos y mientras escribo este texto me doy cuenta de los tres planos que configuran mi soundtrack al aire libre.


la imposibilidad del silencio La primera está en los pantalones o en el bolsillo de mi chaqueta. Se llama teléfono móvil y ha alterado el equilibrio. Algunas estadísticas recogen el tic contemporáneo de pensar que el chisme nos avisa cuando no es verdad. Sus melodías son omnipresentes y en más de una ocasión determinan nuestros movimientos de forma ansiosa. La segunda es mi mente. Muchas veces sirve como un ordenador perfecto. Caminamos y pensamos, avanzamos y las neuronas conectan circuitos de lo que el ojo ve, pero también tenemos música dentro, por eso a veces llego a casa y necesito encender el equipo y dejar que suene el tema que me ha acompañado durante mi periplo, como si así expiara el paso de lo mental al sonido auténtico. Sin embargo el otro punto destacable es que esta mente funciona como recolectora de los estímulos que surcan la travesía.

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El tercer punto, huelga decirlo, es el exterior, donde la imposibilidad del silencio se ha convertido en un axioma. Quizá esa mutación fue la que excitó a Baudelaire para convertirse en el notario de la ciudad moderna. En 1920 alguien recopiló un esquema del ruido en Nueva York. Lo dividió en varios apartados y sumó un centenar de estridencias: coches, motos, neumáticos gastados, cláxones, sirenas, campanas, silbatos, autobuses, altavoces, gramófonos, pianos, instrumentos musicales, radios, taxis, papeleras, carteros, gritos, silbidos, piropos, aviones, terrazas de restaurantes y así hasta el infinito. Ha pasado casi un siglo. El elenco estadounidense no contempla un estrépito clave: el perpetuo ruido de los extractores, tampoco la belleza de los mirlos al amanecer porque son un sonido anterior a la era industrial que permanece contra viento y marea. Una tarde hace quince años me senté al final del Foro Romano para contemplar toda su extensión. Eran los Idus de Marzo de 2000 y la Urbe se engalanó para conmemorar al conquistador de la Galia. A base de pasear llegó un instante en que conocía mejor las calles de la capital italiana que las de Barcelona. Cada día me sumergía en el laberinto para hacer míos rincones solitarios, despreciados por guías y carteles. Ese miércoles al sentarme en una piedra bimilenaria alcancé un grado de concentración que canceló todo el alboroto que nos circunda.


relato Me ensimismé, llegué al momento cero que anulaba el fragor y sólo desperté cuando un guardia me avisó del inminente cierre del complejo arqueológico. Los sonidos de la ciudad son ruinas efímeras que sólo nosotros podemos rescatar a sabiendas de la quimera de compilarlas en una inexistente cámara acorazada. Como mucho podemos reproducirlas en nuestras creaciones como ya intentó Satie en 1917 en el ballet Parade, donde la introducción del tecleo de máquinas de escribir era una revolución auditiva. La sedación generalizada produce que muchos de los viandantes sean incapaces de captar tantas explosiones que configuran una sinfonía del presente al haberlas asumido como una pieza más del rompecabezas. Quizá hasta hacen bien, pero quien olvida las esencias que nutren nuestra cotidianidad está condenado a comprender menos su entorno con todo lo que conlleva.=t

Esta relato está vinculado a la pieza sonora Cinco piezas breves de Antonio Russek.

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el murmullo de un radio mal sintonizado por zulma sierra

Seis a eme - nueve a eme. El locutor empezaba la transmisión de las noticias a las seis de la mañana en punto y a mí me envolvía un olor a café que parecía provenir del radio mismo. Empezaba el ajetreo en mi casa: el sonido de las tazas en la cocina; el inconfundible chorro de agua mientras mi papá se bañaba y las voces de todos, entremezclándose con las del locutor.

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Lo que salía del radio eran noticias, sí; pero también las cancioncitas de los anuncios, la música que formaban los diferentes acentos de los periodistas a lo largo del país y un ruidito perenne, ahí, haciendo shhh, shhh cada treinta segundos. Luego supe que estaba mal sintonizado, pero que no era culpa de nadie sino que el radio era viejo. ¡Siempre fue viejo! Y tenía un shhh shhh muy particular que, pensándolo bien, a ninguno incomodaba. Al contrario, hacía parte de los sonidos matinales de mi casa. Siempre supe que ese radio era viejo, que era demasiado pesado, que ocupaba mucho espacio, y que su carcasa negra y miel no eran de este tiempo ni de uno anterior a éste. Era como un ente que hacía parte del mobiliario pero también de la vida misma. No puedo visualizar mi infancia sin su presencia. Por alguna razón que yo desconocía, siempre permanecía en el AM y después de las noticias matinales se apagaba. Retomaba su trabajo hacia la una de la tarde con un programa de humor que se emitía, en directo, desde un teatro de la ciudad. Era muy curioso, porque a mí no me daban risa las ocurrencias de los cómicos sino las risas incontenibles del público. Me contagiaban las carcajadas provenientes de chistes inintelegibles para mí y me emocionaba el aroma a café que se desprendía con ellas, cada mediodía.


relato

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el murmullo de un radio mal sintonizado Terminado el show, se apagaba. El viejo radio descansaba para dar paso a una tarde silenciosa; hasta que a las seis de la tarde retomaba su actividad con un programa que combinaba noticias con música. Muchos años más tarde, era otro programa de humor el que envolvía el anochecer de mi casa y el radio nos los seguía enseñando, emocionado y vivaz, a pesar de sus años, a pesar del sshhhh shhhh intermitente de su aguja mal puesta en el dial y a pesar de tantos intentos por desprestigiarlo y mandarlo al baúl de los recuerdos. Decía un señor muy importante de mi país que la vida no es la que uno vivió sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla, y yo no puedo recordar otra cosa más viva y más elocuente que ese radio acompañando cada instante que mi papá estaba en mi casa. Cuando se levantaba, se duchaba y se afeitaba oyendo el seis a eme - nueve a eme; cuando llegaba a comer al mediodía y escuchaba al cómico de Montecristo mientras se tomaba una taza de café, y cuando estaba a punto de acostarse y le daba un rápido repaso a las noticias con el radio encendido. Recuerdo mucho el lateral del radio. Era negro y tenía un agujero inmenso, como si por ahí tuviera que pasar una clavija o alguna pieza importante, perdida en algún momento de la historia radiofónica de mi casa. Lo recuerdo bien porque allí pegaba yo los tatuajes que regalaban en las bolsitas de los yuppies. Los yuppies eran unos snacks de maíz que crujían cuando los masticabas y te dejaban los dedos y la lengua amarillos. Y yo me apresuraba a terminarlos para poder encontrar los tatuajes de personajes del momento que los niños coleccionábamos con devoción. El reto era pegárselos en las manos, en los brazos… pero yo los pegaba en el lateral negro del radio viejo de mi papá.

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Nunca me dijo nada. Era como nuestro juguete compartido. Mientras el aparato entregaba su vida por sintonizarse y emitir las noticias, mi papá tomaba café y escuchaba, y yo pegaba tatuajes y escuchaba. Y lo veía, y escuchaba.


relato Los objetos son traicioneros: los ves, los tocas, los oyes y te devuelven a momentos que creías pasados, olvidados. Los objetos están ahí para advertirte que tu infancia nunca se fue, que sigue anclada en tu memoria y en tu piel. Y este radio, tan viejo y tan bello, es la llave con la que abro la puerta de una casa que se despierta a las seis de la mañana y se acuesta a las seis de la tarde. Una casa que huele a café y en la que se oye el murmullo perenne de un shhhh shhh mal sintonizado. Es curioso como a veces, me da la sensación de que una onda hertziana de aquellas olvidadas, perdida en el camino, volverá cualquier noche de estas a recordarme que dejé el radio encendido y que mi papá me está esperando para apagarlo. =t

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el sonido que surgi贸 del infierno

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por enric deSombra


cuento Cuando Ronald entró en el grupo no podíamos suponer que eso sería el principio del fin, pero lo cierto es que al verle sentí un escalofrío en el espinazo. No sabría decir el motivo. Nunca confié en la gente que se ve muy tímida y formal. Solía pensar que detrás de cada persona tímida se escondía Hitler conteniendo la rabia. Ya sé que es un prejuicio muy chusco, pero así era yo entonces. De todos modos eso no es motivo para estremecerse: vi algo más en él, algo incluso más inquietante que un supuesto Hitler escondido. Bueno, yo iba hasta las cejas de maría, pero no creo que eso me hiciese ver cosas raras, porque yo siempre iba hasta las cejas de maría en aquella época. Era mi estado normal, estaba acostumbrado a ver la realidad desde la bruma del fumeta y nunca había tenido ningún problema. Pero esa realidad pareció cambiar en cuanto vi por primera vez a Ronald. Su aspecto no era precisamente muy alegre: un tipo delgado como un palillo, vestido con una gabardina negra hasta los pies, con la cara chupada y la barbilla puntiaguda, y un flequillo negro cayéndole sobre la cara. Pero fue algo más, un ínfimo destello en sus ojos que de repente pareció abrir un paréntesis en la situación, uno de esos momentos en que sin motivo alguno todo se queda como suspendido en el aire, en el tiempo, no sé, algo así. Todo se queda paralizado y desaparece a tu alrededor, y entonces aquel destello en sus ojos como una estrella fugaz, como algo incandescente abriéndose paso desde otro mundo, como la mirilla de la puerta cerrada de una casa extraña en medio de la nada... Recuerdo que aquella temporada estaba leyendo mucho a Lovecraft; no sé si esto pudo influirme haciéndome flipar más de la cuenta. Pero de un modo u otro supe que aquel chico tenía algo diferente y acaso amenazante, y me olí los problemas. Pero cumplía el perfil que buscábamos, pues su actitud asocial y sus pintas de siniestro ochentero encajaban con el grupo, y aunque nunca se le había visto en la escena local nos lo había recomendado un conocido, otro músico, uno de tantos que ensayaban en las salas contiguas a la nuestra.

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Realmente no sabíamos nada de él excepto que, según nos había dicho aquel conocido, “era muy distinto de cualquier otro teclista” y estaba disponible. Enseguida comprobamos que el tal Ronald no era muy dado a hablar de sí mismo, pues cualquier intento de conversación por nuestra parte era respondido apenas por un par de monosílabos, lo cual enrarecía un poco el ambiente.Pero también comprobamos su habilidad con los teclados


el sonido que surgió del infierno y sobretodo el laptop, que manejaba prácticamente todo el tiempo durante sus interpretaciones, y entonces ya los cuatro miembros oficiales del grupo supimos lo que iba a pasar sin necesidad de intercambiar una palabra entre nosotros: sí, claro que aquel chico iba a ser nuestro nuevo teclista. No íbamos a dejarlo escapar, fuera quien fuese.

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Jamás habíamos escuchado ningún sonido como los que hacía Ronald con su laptop enchufado a uno de los amplificadores que teníamos en el local. ¿Cómo puedo describirlos? ¿Cómo describir un sonido? Obviamente era todo electrónico, pero no se parecía a ninguna electrónica que hayas escuchado. En realidad cómo sonaba es lo de menos, pues lo más sorprendente no era lo que se oía sino lo que uno sentía al oirlo. Es decir, aquellos sonidos tenían un efecto torrencial en tu estado de ánimo. Se oían ruiditos raros y sincopados y uno experimentaba una alarmante sensación de ansiedad creciendo exponencialmente sin motivo aparente, y sin tomar nada. Era como si aquel sonido tuviese cualidades que el oído no podía apreciar pero que de algún modo alcanzaban la mente. Como si hubiese mensajes subliminales cifrados y condensados en un puro ruido electrónico; me pregunto si tal cosa es posible. Siempre sospeché que eso era lo que hacía aquel maníaco, enmascarar con la electrónica mensajes inaudibles pero aprehensibles por la mente humana. Pero nunca nos lo dijo. El cabrón tenía sus secretos y nunca los compartió. Él nunca iba a estar a disposición del grupo, sino al revés. Claro que yo era el guitarrista y, por supuesto, cuando empecé a malpensar y poner pegas, todos los demás dijeron que tenía celos. Y bueno, no puedo negar que algo de eso había, sí. Se suponía que éramos un grupo de postrock (nos llamábamos Empire of Storm). Nuestros temas eran épicos y con riffs y melodías muy fuertes, pero lo que hacía Ronald nos daba un giro de ciento ochenta grados. Era imposible tocar post-rock con aquello; el post-rock tiende a ser espacioso, con sensación de paisaje abierto, mientras que aquella densa maraña de ruiditos era mas bien claustrofóbica, como una lluvia de mercurio o algo así. Yo no sabía qué íbamos a hacer con aquello y enseguida empecé a oponerme con los mejores argumentos que se me ocurrieron, aunque por supuesto no engañaba a nadie. Hasta entonces yo siempre había compuesto casi todos los temas, la guitarra era


cuento sin duda el gran totem de nuestra música, pero claramente Ronald iba a quitarme el protagonismo. Su trabajo reclamaba un primer plano, aquel sonido inexorable parecía negarse a ser un mero acompañamiento o telón de fondo, y yo no iba a poder hacer nada al respecto. Porque ciertamente era un trabajo increíble, fruto de un extraordinario talento, y nada ni nadia iba a poder detenerlo. La música, y especialmente el rock y su inmensidad de variantes, tiene mucho de viaje a lo desconocido, de exploración del caos. Los que nos dedicamos a esto somos en cierto modo un poco pervertidos. Bueno, a veces en más de un modo, pero ésa es otra historia. Lo que quiero decir es que nadie en su sano juicio querría tener a su lado a un tipo como Ronald, porque todo en él resultaba inquietante e incluso repelente, incluida por supuesto su música. Sin embargo eso es exactamente lo que atrae a la gente como nosotros, aunque sea más bien poco recomendable para la salud mental. La música extrema, aunque llegue a resultar desagradable, nos atrae porque abre un paréntesis en la realidad, el mismo del que hablaba antes: esa especie de grieta intangible por la que uno puede colarse a otros mundos, o al menos creerlo, y escapar a la mediocridad cotidiana aunque tenga que pagar un precio por ello. Y todos los que de algún modo estamos en esto pagamos un precio por ello, a veces muy alto, y sin embargo no dudaríamos en volverlo a hacer. Es la atracción por el abismo, inevitable e ineludible. Unos aprenden a integrarla a sus vidas y dosificarla para que no les destruya; otros, menos hábiles, no tienen más remedio que apartarse de ella, lo cual suele conllevar alejarse del mundo del espectáculo, como yo mismo acabaría haciendo; y otros ni una cosa ni otra: simplemente siguen adelante hacia el abismo con todas sus consecuencias, embriagados por la orgásmica sensación de caída libre, sin importarles lo que les espera al fondo. Yo y mis compañeros llevábamos ese camino en aquella época, y ciertamente Ronald nos iba a dar un buen empujoncito en la misma dirección, de la que no todos íbamos a salir ilesos.

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Nunca he comprendido el modo en que el sonido en general, y la música en particular, ejerce esa influencia en la gente. Músicos, filósofos, psicólogos y neurólogos habrán disertado mucho sobre ello, y seguro que hay cientos de estudios sobre la materia. Es más o menos conocido que las disonancias,


el sonido que surgió del infierno los intervalos y demás tecnicismos de la teoría musical sirven para designar peculiaridades de la música que inciden en el estado anímico del oyente. Por poner el ejemplo más fácil, todo el mundo sabe que los tonos menores son tristes y los tonos mayores, alegres. Pero no hace falta estudiar teoría musical para influir en la mente humana por medio de la música, muchos grandes artistas son autodidactas y hacen música de oído, y no saben nada de intervalos ni disonancias. De hecho algunos de ellos probablemente no han abierto un libro en su vida, e incluso son incapaces de articular un discurso coherente cada vez que abren la boca, pero en cuanto ejecutan su pieza musical te sientes transportado a otro lugar y te preguntas cómo coño lo consiguen si son medio analfabetos.

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Yo no sé si Ronald leía mucho, a mí me parecía el típico freakie que lee libros sobre las costumbres sexuales del Tercer Reich y cosas así, pero en realidad no tengo ni idea de lo que pensaba. De lo que estoy seguro es que si ha habido alguien en el mundo que ha logrado influir en la mente humana por medio de la música, sin duda es él. Y de hecho, muchos de vosotros ya estáis conociendo los efectos de su trabajo, aunque la mayoría ni siquiera os dais cuenta. En fin, empezamos a trabajar con él. Y desde el principio las cosas no fueron bien. No quiero decir musicalmente; la música del grupo con Ronald en las teclas sonaba cada vez mejor, más intensa y apabullante, aunque muy distinta a lo que hacíamos antes. Yo dejé de resistirme y acabé asumiendo un rol secundario, entendí que no podía competir con aquello y que de hecho era mejor no hacerlo. Ronald aportaba algo tan grande que yo no podía pretender ignorarlo, ni mucho menos relegarlo a un segundo plano, y como grupo seríamos idiotas si no lo aprovechábamos. De modo que dejé a un lado mi ego y me adapté al nuevo orden de cosas. La verdad es que yo ya estaba cambiando en aquella época, aquella vida estaba empezando a pasarme factura. Sentía una presión interior que nunca había sentido antes y no entendía por qué. Había vivido toda mi adolescencia en una nube y sin ser consciente de algunas carencias que yo tenía, de las cuales la adicción a la maría era tan sólo un síntoma. Ahora había entrado ya en la treintena y la maría ya no me hacía tanto efecto, y un buen día sentí que empezaba a salir de la nube y a contemplarlo todo desde fuera,


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el sonido que surgió del infierno como un observador ajeno a la escena. Y me parecía todo absurdo. De repente ya no sabía qué pintaba yo allí, en aquella sala de ensayo, ni de hecho en ninguna otra parte. Entonces, por supuesto fumaba más aún para estar mejor. Pero ya no funcionaba. Daba igual que fumase el doble o el triple, me sentía fuera de lugar todo el tiempo. Podía colocarme pero igualmente me sentía mal. O simplemente sentía algo, que es lo que en realidad siempre había estado evitando. Me moría de miedo. Me asustaba la vida real y no sabía qué hacer. Así que de momento sólo acerté a parar de creerme una estrella y dejarme llevar por el nuevo rumbo de la banda, aunque más por falta de fuerzas que por convicción. Y entonces, una de esas veces en que estaba ensayando con el grupo y sintiéndome como a mil millas de todo y de todos, empecé a notar lo que estaba ocurriendo allí. Mis viejos compañeros de banda se volvían más irascibles a medida que avanzaba el nuevo rumbo de la música. Aquel sonido extraño parecía pulsar alguna tecla en sus cerebros que les hacía revolverse inquietos primero, crispados después, y terminaban gritándose unos a otros sin que nadie supiera muy bien por qué. Yo lo contemplaba todo desde la invisible campana de cristal en la que me había instalado últimamente y no entendía nada. Asistía a aquellas escenas como si no estuviera allí, como si las viese en una pantalla de cine o algo así. Les veía a todos transformarse por momentos mientras la música se hacía más y más intensa; a todos menos a Ronald, que simplemente permanecía concentrado en su laptop generando aquel pandemonium electrónico, indiferente a todo lo que le rodeaba. Lo veía como al típico “mad doctor” del cine de serie B, obsesionado con sus megalómanos experimentos y completamente insensible a cualquier otra cosa. Un día Andrew, el cantante, fue un paso más allá. Siempre le habíamos dicho que debía moverse más en el escenario, que no transmitía suficiente energía al interpretar las canciones, lo cual le fastidiaba bastante, y ese día pareció explotar dentro de él toda la tensión que se había ido guardando para sí. De repente, en medio de un tema empezó a moverse violentamente en todas direcciones, chocando con las paredes de la sala de ensayo y golpeando los amplificadores y los soportes de micro, al tiempo que su expresión mostraba lo que sólo podía describirse como una rabia absoluta y visceral. Al principio pensé que su comportamiento era una especie de


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respuesta airada a aquellos comentarios que le fastidiaban tanto, pero poco a poco me fui dando cuenta de que su rabia no parecía dirigirse a algo o alguien en concreto, era más bien como si no fuera él mismo, como si un ente extraño le hubiera poseído y sacudiera su cuerpo. Parecía una marioneta grotesca y amenazadora. Yo estaba atónito, tanto que había dejado de tocar, pero entonces miré a los demás y vi que todos ellos excepto Ronald estaban sufriendo una transformación similar: primero se les iluminó el rostro, sonriendo como maníacos, aparentemente extasiados con la actuación de Andrew, y luego sus cuerpos empezaron a moverse convulsamente, como animados por fuerzas externas a ellos. Sus brazos y piernas se agitaban disparatadamente en el aire y aun así se las arreglaban para seguir tocando sus instrumentos. ¡Era una completa locura! Y el sonido, la pesadilla sonora que creaban entre todos e irrumpía por los amplificadores no era de este mundo. Era un estruendo tan monstruoso que resulta muy difícil describirlo, pero sentí que seguía cierta pauta, cierto patrón rítmico que se me escapaba por culpa de la confusión en la que me encontraba... o quizá por algo más que eso. No era un patrón nada fácil de seguir, ni siquiera de discernir; desde luego no era nada que yo hubiera oído antes. Parecía una fórmula matemática inventada por un extraterrestre. Si yo hubiese imaginado por un instante que la cosa acabaría como acabó, hubiese dejado el grupo mucho tiempo atrás. Pero ya he explicado que estaba en un momento muy bajo en el que no me entendía ni a mí mismo y me costaba mucho tomar decisiones, así que me limité a seguir la corriente, viendo cómo mis compañeros se iban volviendo locos ensayo a ensayo. No sé por qué yo no experimentaba los mismos cambios que ellos, quizá el aislamiento


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el sonido que surgió del infierno mental en el que me encontraba era como un escudo después de todo: un escudo frente a los efectos de la música de Ronald, que parecía afectar a los demás de aquella extraña manera. Pero esa música nos iba a catapultar hacia un estatus superior en la escena underground en la que nos movíamos y que pronto íbamos a trascender, alcanzando un nuevo nivel de popularidad y aumentando nuestro caché. A los pocos meses llegaron los primeros conciertos con la nueva formación del grupo y enseguida se hizo evidente que lo que teníamos entre manos iba a dar mucho que hablar. El boca a boca funcionaba, se publicaron las primeras reseñas en los blogs y revistas especializados, los “influencers” se apresuraban a hablar de nosotros para mantener su liderazgo como descubridores de nuevas sensaciones y, en definitiva, acudía cada vez más gente a vernos y respondía cada vez con más entusiasmo. Nuestras actuaciones, cada vez más violentas, desprendían una tensión desconocida, una especie de amenaza latente que resultaba muy atractiva para los chavales, pero que a mí me inquietaba pues no estaba muy seguro de que no fuese algo más que una actitud ni de que la tuviésemos bajo control. Y sí, efectivamente acabó ocurriendo lo que estaréis pensando. La gente no tardó en contagiarse de toda aquella locura y manifestar la misma afección que mis compañeros. En cada concierto, el público entero se comportaba con unos niveles de agresividad inauditos incluso en ambientes mucho más duros como el hardcore o el black metal. En cuanto sonaba la música era como si a todos aquellos desgraciados les infectase un virus alienígena, se volvían como zombies histéricos. La situación se iba haciendo pelígrosa de verdad. Imaginad cientos de personas sacudiéndose como posesos y golpeándose entre ellos una y otra vez, aparentemente sin intención pero tampoco conciencia del dolor, ni el ajeno ni el propio. La sangre empezaba a manar y la gente al sacudirse hacía un efecto de aspersor. Pronto la sangre impregnaba todo, paredes y gente, toda la sala embadurnada de rojo pegajoso. Yo estaba paralizado de miedo. Pero lo más terrorífico es que al mirar a mis compañeros veía que seguían haciendo lo mismo, su epatante y absurdo show. Estaban muy lejos de comprender lo peligroso de la situación; al contrario, formaban parte de ella. Lo cierto es que sólo les diferenciaba del público el hecho de encontrarse en el escenario, por lo demás eran exactamente iguales. Estaban todos completamente enajenados. Todos excepto, por supuesto, Ronald.


cuento Ronald parecía el puto amo de la situación. Allí arriba, como en su podio particular, pues tanto el teclista como el batería se situaban en una parcela más alta de la tarima, Ronald simplemente reinaba sin inmutarse, como una tranquila deidad que puede desatar una catástrofe con sólo chasquear un dedo y no le da demasiada importancia. Y en su expresión se veía que no era ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor. Así como el resto del grupo estaba totalmente ido, Ronald sabía muy bien lo que hacía. Fue entonces cuando comprendí que él tenía el control. Todo aquel caos indescriptible era obra suya. Ya he dicho antes que no tengo ni idea de cómo, pero sin duda aquella música del infierno que él había creado causaba todo aquello. Ya no me cabía ninguna duda. También he dicho que no conozco el motivo de que a mí no me afectase aquella música, a veces he llegado a pensar que sufro alguna disfunción sensorial que irónicamente operaba en mi favor, impidiéndome captar infrasonidos que enloquecían al resto del mundo. En cualquier caso ya no importaba eso. La situación era que sólo yo, aparte de Ronald, parecía darse cuenta de lo que pasaba en cada concierto. Aunque, ahora que lo pienso, creo que ya en aquellos días empecé a vislumbrar a los hombres de negro, que asomaban fugazmente por entre los tumultos. Quizá es que se me mezclan las imágenes, los recuerdos son confusos con todo aquel torbellino de locura. Pero juraría que ellos ya estaban por ahí varios días antes del desastre final, con sus trajes negros y sus gafas oscuras, como en una mala película conspiranoica. O quizá yo mismo soy un conspiranoico después de todo. No puedo demostrar nada de lo que digo, sólo tengo mi palabra.

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Y así llegamos al día cero. Quizá algunos leísteis algo en internet, aunque se filtró muy poco porque el Departamento de Defensa puso todos sus medios para ocultarlo. En algún periódico local se dijeron cosas como “Tumulto en sala de espectáculos causa decenas de muertos” y poco más, como si hubiera sido una pelea de borrachos. Por supuesto los grandes imperios de la comunicación no difundieron nada. Claro que muchos bloggers han contado cosas, pero quién va a creer a los freakies de siempre. Hay tantos pirados contando sandeces que ya nada sorprende al americano medio, a la postre adormecido por el suave zumbido de los mass-media.


el sonido que surgió del infierno Esta historia ha pasado a formar parte del imaginario colectivo como una de esas leyendas urbanas del rock & roll, ya sabéis, como el pacto con el Diablo que hizo Robert Johnson o los discos de Led Zeppelin que al ponerlos al revés revelan mensajes satánicos. Fue en Pegasus, Nuevo México. Una ciudad en medio de la nada que parece construída para que nadie viva en ella. Al no haber muchos vecinos terminó convirtiéndose en una “zona hermética” de clubs a donde acuden los chavales de todo el condado los fines de semana. Nadie se queja por los ruidos. La policía suele ser permisiva allí, a pesar de la política conservadora del estado. No obstante parecían alertados por la fama de nuestros conciertos, pues aquella noche había un batallón de agentes antidisturbios alrededor del club donde tocábamos, el Desert’s Riot. También acerté a ver algunos hombres de negro haciendo como si pasaran por allí. El ambiente estaba cargado de tensión. Debí abandonar en aquel momento, aquella fue mi última oportunidad de apartarme de aquella locura. Ya no sentía nada que me uniese a la banda y me habría importado una mierda dejarlos colgados. Pero seguí adelante. Supongo que en el fondo tenía la malsana curiosidad de querer ver cómo acababa todo aquello.

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La escena de los últimos conciertos se repitió. El público se puso agresivo en cuanto empezó a sonar la música, los mil y pico chavales que habían venido a vernos. Pronto volaron los primeros destellos de sangre entre la agitada penumbra del local. Sin embargo, esta vez irrumpieron inmediatamente los antidisturbios intentando cercar a los alborotadores, pero como éstos eran el público entero, obviamente no fue posible. El público se volvió contra


cuento los agentes, que se defendieron con sus porras. Eso no hizo ningún efecto. Vi con mis propios ojos cómo muchos chavales recibían fuertes porrazos en la cabeza y ni siquiera acusaban el golpe. La violencia era creciente y no parecía haber nada que pudiera pararla. Yo había dejado de tocar y estaba allí estupefacto mientras la música seguía sonando y mis viejos compañeros de banda se retorcían como marionetas histéricas. Y una vez más miré atrás y allí estaba Ronald, enseñoreado en su podio, con aquella especie de altivez indiferente, manejando su laptop concienzudamente como si con él controlase el destino de todos los que estábamos allí. Entonces oí varias detonaciones. Miré abajo: los agentes estaban disparando. Un momento: no sólo disparaban a la gente, sino a todo lo que se movía, incluso a otros policías. Algunos de ellos se golpeaban unos a otros con las porras, como si fuera un combate de gladiadores ciberpunk. Estaban enloquecidos. Ellos también habían caído bajo el influjo de la música de Ronald. Algunos chavales habían conseguido pistolas y disparaban también. Vi gente con boquetes en el estómago sin parar de pelearse a puñetazos.

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Dicen que cuando uno llega a su límite, el pensamiento desaparece. Uno deja de oír la vocecita que le dice lo que está bien y lo que está mal, de hecho deja de oír nada y una especie de silencio denso y pesado se instala en su cabeza, y uno simplemente reacciona. Reacciona haciendo lo que debía haber hecho antes pero no se atrevía a pensarlo. Y ahora ya tampoco lo piensa, es tarde para pensar, sólo el cuerpo responde a una idea largamente reprimida y uno no es consciente de sus actos. Sólo horas más tarde fui capaz de reconstruir los acontecimientos en mi cabeza y recordar cómo me abalancé sobre Ronald y le machaqué la cabeza con mi guitarra hasta partírsela por varios sitios; cómo después de eso alcé de nuevo mi guitarra en el aire con la intención de estrellarla contra aquel maldito laptop para hacerlo añicos, pero alguien a mi espalda me agarró los brazos y me los retorció hacia atrás, obligándome a soltar la guitarra y arrojándome de un empujón al suelo, justo al lado de donde yacía Ronald con su puta cabeza machacada. Me incorporé un poco y miré a donde estaba el tipo que me había agarrado: era uno de aquellos hombres de negro, mirándome inexpresivamente desde detrás de sus gafas oscuras. Inmediatamente pensé que iba a sacar una pistola y matarme. El estrépito de golpes y detonaciones seguía resonando por toda la sala, de modo que otra detonación no alertaría


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el sonido que surgió del infierno a nadie. Y con la cantidad de muertos que hubo esa noche, yo tan sólo habría sido uno más. Pero no. No sacó ninguna pistola, sólo me observó pensativamente unos segundos y pareció decidir que era mejor olvidarse de mí. Luego agarró el laptop, le desenchufó todos los cables y sin más desapareció con él bajo el brazo. Al desenchufarse el laptop se apagó la música que surgía de él; al instante, el resto del grupo dejó de tocar como si alguien lo hubiera desenchufado también. Se hizo un silencio glacial. Me daba miedo levantarme, pero supe que debía hacerlo. Por algún motivo se me había concedido salir indemne de todo aquello, pero no sabía por cuánto tiempo. Si me quedaba allí, alguien podía cambiar de idea sobre mí y entonces estaba perdido. Tenía una oportunidad y debía aprovecharla ya. De modo que me levanté, ignoré el dantesco panorama que sin duda se extendía frente al escenario; ignoré a mis compañeros que seguramente andaban deambulando por la tarima, preguntándose qué había pasado y qué estaban haciendo allí; ignoré el cuerpo de Ronald a mis pies, y simplemente me largué de allí sin mirar atrás. Me cambié de nombre, me cambié de estado, encontré un empleo, dejé los porros y me compré ropa nueva, más formal. Ahora tengo mujer y llevo una vida tranquila y vulgar, y todos los días doy gracias por ello. Al final he comprendido que soy algo más que el rock & roll, que no necesito ser una estrella para aportar algo bueno a la gente. Todo el mundo admira a las personas extraordinarias, pero a veces es un gran alivio poder ser una persona normal. Toda la época de Empire of Storm quedó como una pesadilla, como una de esas historias que uno recuerda de vez en cuando y no sabe si la soñó o era una película que vio un día. Sin embargo hace poco he empezado a leer cosas que me han inquietado y por eso os he contado todo esto. Doy por sentado que no me creeis ni nadie lo hará. Ya dije que no puedo demostrar nada. Es sólo que en la última semana han estallado conflictos armados simultáneos en varias regiones de Oriente Próximo y Asia del Sur, sin motivo aparente ni declaraciones de ningún bando. De hecho los pocos blogs que informan de esto no tienen muy claro cuáles son los bandos que intervienen, y hablan más bien de incontrolados que van por ahí disparando a todo lo que se mueve y de que nadie sabe quién está en el bando de quién. Algunos blogs mencionan unos extraños aviones a los que se vio sobrevolar las zonas de conflicto minutos antes de iniciarse los primeros brotes de violencia. Iban equipados con grandes altavoces bajo las alas. =t


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la partitura silenciosa por rafael buzón

yo me uno al silencio yo me he unido al silencio y me dejo hacer me dejo beber me dejo decir apuñalada por lo ausente por la espera bastarda renaceré a los juegos terribles y lo recordaré todo – Alejandra Pizarnik

Recuerdo que la primera vez que escuché “Sounds of silence” de Simon and Garfunkel me suscitó una curiosa perplejidad. Aún era muy niño y el lenguaje simbólico me era totalmente ajeno, no podía comprender a qué sonidos se podía referir la canción. Mi concepto de silencio implicaba precisamente la ausencia de sonido.

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Pero desde aquellos lejanos días algunas lecturas y músicas me han hecho entender que sonido y silencio no tienen por que ser en realidad términos contrapuestos. Para empezar, el silencio forma parte de la música, es una figura musical, queda integrado en su discurso. La manera en que algunos músicos acentúan los silencios hace que queden entrelazados en un mismo motivo con las notas sonoras y relativiza la clásica contraposición binaria entre ambos conceptos.


opinión Esto sucede en cualquier estilo, pero si hay un músico que profundizó en la cuestión llegando a eliminar las fronteras entre silencio, sonido y ruido es John Cage. Después de su música y su pensamiento la línea que separa estos conceptos queda desdibujada para siempre. Cage centró la atención de la música en el sonido puro, aislándolo de las leyes de la armonía y de cualquier posible característica de representabilidad, liberándola así de la intervención del compositor y los intérpretes. Aspiró a crear una música sin intención (o quizá dejó que la música se creara a sí misma), sin dirección, a través de “operaciones de azar” como los hexagramas del I-Ching (El libro de las mutaciones) , las cartas del Tarot, programas informáticos o casi cualquier método que produjera combinaciones aleatorias. Cage decía que “No existe nada que no sea música”, definió el silencio no como lo opuesto al sonido, sino como el conjunto de ruidos no organizados en un acto de composición. Por tanto la distinción queda establecida más bien entre aquellos sonidos que producimos intencionalmente y los que surgen independendientemente de nuestra voluntad. El silencio no es entonces una realidad física, sino un estado mental porque, en realidad, estamos rodeados permanentemente de sonidos. La obra que lleva estas ideas a sus últimas consecuencias es 4.33’, su célebre «pieza silenciosa», que en realidad no está compuesta por silencio absoluto, sino por el sonido ambiente que se produce en la sala de concierto de forma natural por parte del público que asiste a la interpretación de la misma.

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Esa idea de silencio mental o conceptual según la que silencio y sonido pueden ser las dos caras de la misma moneda, está presente también en otros ámbitos como la poesía o la mística. Aún siendo palabra, la poesia es también silencio. En la poesia la palabra puede llegar a ser en ocasiones la cristalización del silencio. La densidad más grande de significado léxico está en la poesia, y eso la acerca al silencio. Por otro lado, desde la mística suele considerarse al silencio como una forma de rebeldia, como algo que hay que conquistar. Precisamente la meditación intenta apartarnos de los ruidos e imagenes mentales para alcanzar el vacio en el que pueda resonar lo esencial. Ejemplo de ello son los mantras budistas, vibraciones sonoras hipnóticas que los monjes utilizan para aislarse del ruido que impide lograr ese silencio mental.


la partitura silenciosa

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Seneca decía que a pesar de vivir rodeado de ruido, vivía en paz porque él gozaba de un gran silencio interior. Por contra, el hombre moderno e hiperconectado apenas soporta ese silencio improductivo (desde el punto de vista capitalista) que deja espacio a la reflexión y al cuestionamiento de uno mismo. Es más fácil huir de todo y por eso nos vemos en la necesidad compulsiva de llenarnos continuamente con toda clase de información y ruidos intrascendentes. Por tanto, dejémonos conquistar por el silencio, después de todo al ubicuo y mundanal ruido podemos volver cuando queramos, siempre estará esperándonos. =t


el buit de la plenitud per laia masnou

Cada cop és més gran. Creix i es multiplica inexorablement. Des de que hem creuat a l’altra riba, que hem perdut tota noció del límit del seu tamany. I junt amb la dimensió també s’ha descontrolat la impressió que remou en nosaltres. Ara el seu efecte és brutal; amenaça amb col.lapsar-nos. És massa informació que penetra ràpida i abundantment en el nostre petit cos, el qual ve tendre, acostumat al dolç tempo rural. Al yavas yavas.1 I és que de cop ens hem vist abocats en el rodar de milions d’atrafegades rodes, ocupades tant en el ser les més veloces com les més escandaloses. Optem per capbussar-nos en la corrent i pedalar enèrgicament per no ser trepitjats. Esquivem vianants, correm contra els semàfors, ens intentem refugiar dels autobusos, procurem que ninguna moto es creui en el nostre pas i ens aboquem afamats cap a les pendents. Tot passant per algun indret ben particular. Un carrer brut inundat de gent… i vestits de boda. Els quals criden des de totes bandes amb una veu pura i blanca o verd greu de muntanya, vermell foc o blau marí… crits ampliats pels generosos esclats de perles i brillants, d’encaixos i plecs, d’amplis volants i llargues mànigues. Deixem enrere l’avinguda. Seguim, dubtem, preguntem, seguim. Deixem enrere el cementiri. Per sort, hem aconseguit mantenir-nos a una distància prudencial dels pneumàtics aliens i ara els deixem alleujats, descendint esperançats cap a la mar. No obstant, som absorbits per una nova bogeria. Aquesta vegada provinent directament de la gent. I és que ens hem abocat precipitadament en un impetuós carrer de baixada on té lloc un mercat popular.

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a poc a poc en turc


el buit de la plenitud On, al ser l’hora d’anar a sopar, els venedors famolencs sembla que es vulguin menjar els i les transeünts de tant insistir en que comprin i comprin fins a esgotar les seves mercaderies. Estan desitjosos de retornar ben lleugers, amb la fam de més diners com a única companya. Buirum, buirum, buirum! Mirades, gestos, rostres, olors, colors, formes, preus, menjars, carretons, mirar, caminar, sentir, esquivar, llegir, escoltar, frenar… assimilar les dades sensitives esdevé el més ardu procés digestiu. I és que no tens suficient capacitat de reacció. T’espantes al percebre el Tant. Les dades van penetrant en el teu ésser però la teva capacitat de resposta ha quedat inundada, ofegada silenciosament davant de l’excitat moviment i la imperiosa activitat econòmica. És violent. I jo, físicament, em vaig encongint cada cop més. Mentre que psíquicament m’inflo, forçant, espitxant, fins a esclafar-me contra les pròpies parets. Sense força per a expulsar els crits que reboten confusos, porucs i furiosos en el meu interior. M’he quedat sense capacitat de resposta. No em puc anul. lar ni empetitir per a fugir, per a descansar. Només hi ha l’opció de seguir endavant, seguir qui va enfront. Fixar-me en la seva figura i intentar que l’únic pensament sigui sortir d’aquí, ignorant tot.

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Escapem. I topem amb un regal de la ciutat. El mar i les cada vegada més contundents siluetes de les quatre gegants mesquites. Les torres de les quals s’enfilen entremig de la posta de sol cap a la afilada lluna. La qual posa impertorbable i elegant entre suaus i desdibuixats núvols rojos. Creant un paisatge on sembla que la bandera turca s’hagi fusionat pictòricament amb el cel de la inquieta ciutat. Parem, parlem, admirem i ens desviem buscant el tènue descans que ens pot oferir l’obscuritat de les aigües. Ara caminant, ja que tant carretera com voreres han esdevingut ben denses. Tant d’humanitat com d’empalagoses percepcions que tornen maldestres els moviments. I en l’avançar som copejats indiferentment per totes bandes. Els sentits ens fan patir.


relato

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el buit de la plenitud I és que no hi ha descans per la mirada, l’infinit resta amuntegat de gris. I si es busca el bressol del vaivé de les onades t’estiren llums i llums i llums frenètiques que es mouen imparablement. Sempre acompanyades de gent amb pressa i d’un plany que rugeix baix i constant, sent amortiguat o ampliat per la distància. Plany que queda clavat endins, sumat a mil ecos; ones de so estàtiques que al no ser capaces de trobar cap sortida segueixen vibrant imparablement. Interrompudes, de tant en tant, per les estridències de les bocines i les veus dels i les transeünts. Busco el cel i xoco amb un pont, és un altre no parar on les persones han quedat dissoltes. Retorno aquí. Mòbils, fotos, selfies, turistes, locals, bars, somriures falsos i cares sense expressió. Crits, presumir, riures estridents i paraules desconegudes. Consum de souvenirs, consum de begudes, consum de persones. No sé si en queda alguna. Tinc por. La ciutat és un Ple -a rebentar- de Buit. Acluco els ulls, els desvio cap al granulat asfalt; l’obertura només permet entrar la informació visual de dos metres endavant. De tant en tant, aprofito per tancar-los plenament. Algun cop també miro cap enfora, cap al cel, buscant ser recomfortada pels serens astres però han sigut absorbits per la megalòpolis. Així que retorno a les meves passes saturades.

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I enmig de la plenitud em creuo amb algú que encara no ha sigut menjada. Algú anònim que encara bressola la meva memòria. Una persona de faldilles llargues, robes de colors insípids, peus que s’arrosseguen i cabells on l’acumulació dels anys ha fet fora la melanina. De la seva buidor serena llisca la seva veu, s’esmuny entre la indiferència forçada i m’abraça. L’abraço fermament. La retinc en un desconsol sense llàgrimes. Ara puc arraconar la desesperança. Ara em sento acompanyada. Ara sento que el So té un sentit, un ésser. I en aquest ara, llunyà en espai i temps, la memòria pròpia acull el bressol anònim. =t


cuatro versiones del resonar por franco chiaravalloti Ecos

El ladrido manó de las fauces del perro atado a un poste, voló hacia la copa del árbol, sacudió algunas hojas secas que cayeron dibujando eses en el aire, se proyectó hacia la noche brumosa, rebotó en un cartel publicitario, hizo temblar por unos segundos el cableado eléctrico, zigzagueó por entre un semáforo y una señal de contradirección, atravesó rasante unos charcos dejados por la lluvia de la noche anterior, ascendió por la calle Numancia, giró por Centenera, Calderón, hasta que se detuvo en el número treinta y cuatro. Simuló vacilar, se contoneó por el cerco de la casa, pero finalmente penetró en la rendija de la ventana del salón. Allí dentro se sumergió en los oídos de Laura, que estaba acurrucada en el extremo del sofá. El ladrido estremeció sus labios pintados, corrió aún más el rimmel que ya estaba corrido, hizo flamear los flecos de su vestido burdeos y le llegó hasta las uñas de los pies, pintadas de rosa tímido. Laura apretó fuerte los ojos, durante dos o tres segundos vio una habitación con flores de papel en las paredes, la luz apagada, sus trenzas bañadas de luz de luna, ella encerrada sin cenar, el osito Miguel estrujado contra su pecho, y otra ventana entreabierta que dejaba pasar un ladrido, el mismo ladrido, que le recordaba a Laura que veinte años después seguía siendo la misma persona.

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cuatro versiones del resonar

Golpes

Extasiados, saltando, sudados, cuerpos pegados, luces que penetran iris, latidos que erupcionan de gigantes altavoces, la carpa abraza y abrasa a la multitud, la aguja salta de surco en surco, el dj arenga a la masa cual sacerdote, la percusión choca en tímpanos, iphones, sombreros de guardias de seguridad, nada se detiene, nunca, el mundo salta y el ruido embota cada oído, licúa gritos, todos los ruidos del mundo eyaculan desbocados. Y de repente, a lo lejos, unos labios pronuncian tu nombre. Y el mundo se detiene. Y todo se hace silencio.

Palabras

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El viejo harapiento entró en el bar en el que Boris bebía su aguardiente. Se acercó, lo miró fijamente a los ojos y le habló con el índice levantado: –Te queda un año de vida. Solo un año. Rio, se giró y desapareció por donde había entrado. Del otro lado de la barra, el dueño del bar buscó tranquilizarlo: –Es un loco, no le haga caso– le dijo, y también rio. Hoy se cumple un año de ese episodio. Durante ese tiempo, por supuesto, ignoró esas palabras absurdas y necias. Boris se levanta, se prepara el desayuno y, como en los últimos doce meses, ruega a dios volver a ver un día soleado. Sin embargo, nuevamente y al igual que en los últimos trescientos sesenta y cinco días, está cubierto de espesas nubes grises. Boris se muerde le labio inferior, regresa a la cama y se entrega a su destino.


relato Silencios

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Kartuska es quizás la calle menos conocida de Gdansk. Muchas cosas no tiene y muchas otras sí. No tiene salida. No tiene tiendas. No tiene aceras. Ni siquiera un cartel que indique que se llama Kartuska. Pero muchas otras cosas sí tiene: tiene sesenta metros de longitud, un cartel en la entrada que indica que es contradirección, el pavimento levantado y sólo un edificio con sólo un balcón. Allí, en ese único balcón de ese único edificio, Gustaw Rutkowski se bebe una manzanilla aguachenta mientras balancea la pierna izquierda sobre la derecha. Estira el cuello Gustaw, mira el asfalto desde esos veinte metros de altura –gris el asfalto– y cree que es hierba eso verde que brota entre las grietas. Por la entrada a la calle divisa, lejanas, unas formas blanquecinas. Se incorpora con la misma velocidad que las rajaduras ramificándose en la pared. Unos huesos crujen. Entra en la habitación ya vacía, sólo queda la cama, el colchón y un olor a amoníaco. Se gira hacia la cocina, abre la nevera desenchufada. El frío de la superficie le devuelve aquel punzante dolor en los dedos. Un guiso de arroz de quién sabe cuándo, medio limón seco, una botella vacía de vodka, dos huevos. Un solo edificio. Se dirige al salón, el suelo de azulejos está igual de levantado que el asfalto allí fuera. Camina por encima y suena como xilofón. Reclina la espalda sobre la pared descascarada e intenta recordar. Frente a sí tiene veinte metros cuadrados para recordar. Pero ahora Gustaw sólo es capaz de recordar de la misma manera que se estruja un paño viejo. El paño está seco, se deshilacha. Un solo edificio, un solo piso habitado. Gustaw Rutkowski deja caer sus caderas enclenques contra la única silla de la casa. Ya sin pensar, ya sin estrujar. En la nevera, mientras, el musgo se entromete entre los granos de arroz. Bajo la cáscara de uno de los huevos, un par de enzimas devoran la yema. El amoníaco penetra los poros del suelo de la habitación. La rajadura del balcón se extiende medio milímetro. Y allí fuera, sobre las grietas verdosas de Kartuska –la calle menos conocida de Gdansk– dos hombres de blanco golpean la puerta de entrada. No importa ya lo que tenga o no Kartuska, porque pronto no quedará cama, colchón ni amoníaco. No quedará Gustaw, musgo ni paño estrujado. Ni una grieta, ni el recuerdo, ni siquiera estas letras apáticas, ni nadie que siga contando esta historia sin salida. =t


Tu dices blancas por héctor gómez

Tú dices blancas. Yo digo negras. Tú dices rubato. Yo digo glissando. Tú dices staccato. Yo digo ostinato. Tú dices que no hay recurso pedagógico que salve a este aspirante a músico. Yo digo que nadie tiene bastante paciencia y empatía como para llevar esto a buen puerto. Tú dices que no tenías tiempo, ni ganas, de seguir aprendiendo. Yo digo que prefiero escuchar a otro sacarle la máxima expresión a una flauta, antes que sufrirme a mí mismo durante horas, intentando comprenderla. El equilibrio de las cosas depende siempre de cuántos elementos intervienen y del peso específico de cada uno.

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Tres. El triángulo es, a simple vista, lo más equilibrado que a uno se le ocurre; tres lados, tres caras, un juego de contrapesos limpio y armonioso. Con swing. Aunque, pensándolo bien, es probable que muchas sillas y la mayoría de las mesas agradezcan un cuarto lado con su cuarta pata.

Como lo haría un gato.


relato

Cuatro. Más colores, más matices, más voces. Y más bocas que alimentar, más egos que satisfacer y más terreno que ceder y compartir. Dos. Que cada uno coja la cuerda por un extremo, y a tirar con todas sus fuerzas. Que la cuerda esté siempre tensa, firme…pero sin romperla. Y, ¿sabes? No es nada fácil. La cuerda cuando está más recta es en el instante justo antes de romperse. La vela da más luz justo antes de apagarse. Hay que avivar las brasas sin hacer llama… sin quemarse. La vida es redonda y a la vez impar. Porque las melodías que mejor se recuerdan son las que dejan aire libre para respirar. Porque hasta la mejor orquesta, sin un buen director, no da más que palos de ciego. Porque tres más cuatro más dos no da… 32 Pero sí. Para M, R y M. =t

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“...mi universo sonoro se construye a base de sonidos cálidos, en su mayoría acústicos. Si intento verlo como una imagen, se me antoja ondulado y confortable, de formas sinuosas, sin zonas ásperas ni grandes desniveles.” entrevista a xavi túrnez

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www.xaviturnez.cat


entrevista Xavi Túrnez (Barcelona) lanza su primer disco en solitario: “Llum”. Un trabajo que oscila entre el pop y la canción de autor. A Xavi le conocemos por sus proyectos paralelos, Scarbeats, una banda tributo a los Beatles y Túrnez y Sesé, un grupo de poesía musicada. Peroen esta entrevista le hemos preguntado sobre el particular vínculo que le une al Sonido como músico y concretamente sobre la búsqueda de ese ‘sonido perfecto’ que se emprende durante la grabación de un disco: ¿Cómo es tu universo sonoro? Mi universo sonoro se construye a base de sonidos cálidos, en su mayoría acústicos. Si intento verlo como una imagen, se me antoja ondulado y confortable, de formas sinuosas, sin zonas ásperas ni grandes desniveles. ¿Qué te inspira? En la mayoria de casos el amor, aunque también me puede inspirar una injusticia, o la simple observación de la vida. Tienes varios proyectos, ¿cómo definirías cada uno? ¿qué te aporta cada uno? ¿Como consigues separar los matices sonoros que definen a cada uno de ellos? Hay dos vertientes musicales que confluyen en mí claramente. El pop y la canción de autor. Los proyectos que comparto con otros músicos son un claro ejemplo. El pop, marcando el compás de mis momentos de evasión. La canción de autor alimentando mi alma y mi espíritu. No me cuesta nada separar los matices sonoros de cada uno de ellos. Una vez me sumerjo en cualquiera de estos dos mundos diferentes, soy una parte más de ellos, y como tal me siento, recibiendo y enviando imputs sonoros, jugando con ellos para expresarme.

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Estás por sacar tu primer disco en solitario, ¿cómo ha sido el proceso creativo? ¿Cuál es el hilo conductor y cómo lo decidiste? La verdad es que la decisión de grabar un disco llegó cuando ya tenia escritas todas las canciones. Canciones que había escrito para mí y para algunos de mis seres queridos, sin pretensión alguna de llegar a grabarlas. Así que el proceso creativo fue muy anárquico.


xavi túrnez El hilo conductor lo he visto después, cuando las canciones ya estaban escritas. Creo que es la luz, que nos ilumina en forma de amor, de pensamiento o de denuncia, y que está presente en todas las canciones del disco. Por eso se llama “Llum”. Sabemos que el proceso para grabar un disco es largo y que la búsqueda del “sonido perfecto” puede llevar mucho tiempo y algún dolor de cabeza, ¿cómo ha sido tu experiencia en este sentido? Pues sí... (risas) me ha provocado más de un dolor de cabeza. Y sobretodo me ha llamado la atención mi capacidad para entusiasmarme y decepcionarme, con la misma canción, con la misma mezcla y con el mismo sonido según fuera mi estado de ánimo. Por eso es peligroso tomar decisiones cuando estás inmerso en el proceso. Es conveniente tomar distancia, pasar una temporada relativamente larga sin escuchar nada, y luego hacerlo y decidir.

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¿Cómo influye la memoria (los recuerdos) en el momento de componer tu obra? Absolutamente. Yo creo que somos memoria, que somos nuestros recuerdos. Todo lo que yo pueda pensar, sentir o desear, está condicionado por los recuerdos, conscientes o inconscientes que se han ido acumulando en mí a lo largo de mi vida. ¿Qué sonidos te atraen? Me atraen los sonidos que me hacen sentir confortable, y que me transmiten paz. Así que de los sonidos urbanos poca cosa puedo salvar. Me atrae mucho más el sonido del viento meciendo las copas de los árboles, el crepitar del fuego, o la lluvia repicando contra los cristales o el suelo. Es más, los sonidos estridentes me sacan de quicio y me ponen de muy mal humor. Un sonido que me resulta muy, muy placentero, es el del silencio. Estamos rodeados a todas horas de imágenes trepidantes y de los sonidos que las acompañan y, cuando de vez en cuando, estoy solo en casa, sin tele, sin radio, sin música, sin nada, y puedo escuchar el silencio, me relaja y me llena de paz hacerlo. Y si he de pensar con qué lo relaciono, así de pronto te diría que con los primeros días que pasé solo en mi primera casa cuando me independicé de mis padres, de jovencito. O dicho de otra manera, con la libertad. Sí, el silencio es libertad. =t


entrevista

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entrevista a

antonio russek

“La música concreta del compositor francés Pierre Henry me abrió los ojos y materialmente los oídos hacia nuevos universos sonoros.”

Antonio Russek dice querer utilizar al mundo como instrumento. Sus creaciones, perfectas esculturas sonoras, no solo han sido referente durante décadas en la música experimental y electroacústica, son obras de arte casi tangibles que nos transportan a espacios muy específicos. Originario de Coahuila, México, se inició en el arte sonoro cuando en 1972, componiendo música para la obra teatral “El ensueño” de August Strindberg, pensó que ante la densidad del texto, la elaboración de música tonal tradicional con instrumentos acusticos no era suficiente para obtener el nivel de abstracción y la complejidad tímbrica necesarias. En ese momento me cae en las manos un album con tres discos de acetato conteniendo la obra de más de una hora de duración “El apocalipsis según San Juan”, música concreta del compositor francés Pierre Henry, que me abrió los ojos y materialmente los oídos hacia nuevos universos sonoros, nos dice.

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Algunos años después, ya en la Ciudad de México, creó el Centro Independiente de Investigación Musical y Multimedia (CIIMM) donde se ha dedicado a componer música electroacústica y a realizar instalaciones sonoro-visuales. Antonio nos ha concedido un poco de su tiempo para hablar con él sobre su obra y nos ha seleccionado tres piezas de su propia creación para vincularlas a algunos textos de este número a manera de banda sonora.


entrevista ¿Qué te interesa explorar? La exploración cartesiana del objeto sonoro real o virtual y su recontextualización en un discurso aural; en 40 años de composición electroacústica he transitado por todo tipo de tecnologías para la síntesis generativa y el procesamiento de sonido, desde mis primeras grabaciones en cinta magnética hasta la producción algorítmica en computadora hoy día. Hablo de un largo aprendizaje en variedad de tópicos que lleva consigo la satisfacción, el goce que proporciona el entendimiento. Me apasiona la proyección de sonido en el espacio con el diseño de entornos inmersivos a partir de sistemas multicanal, también la construcción de ‘instrumentos’ y dispositivos interactivos. ¿Qué te interesa transmitir a quien escucha? El gusto por la abstracción, el estímulo de la imaginación y el disfrute de nuevos universos sonoros resultado de la percepción auditiva expandida. ¿Podrías darnos un par de claves interpretativas para poder enfrentarnos a este tipo de música? El arte sonoro requiere de nuevos tipos de escucha y participación: evitar los prejuicios musicales, cerrar los ojos, aplicar la atención y dejarse conducir por el discurso de los sonidos. Como pionero del arte sonoro, ¿cómo describirías la evolución en este campo? Ha sido positivo, en términos históricos estamos presenciando un súbito interés, una explosión de manifestaciones artísticas que hoy hacen uso del sonido como materia de expresión, las tecnologías emergentes y consolidadas han incidido en el desarrollo de novedosas herramientas diversificando las prácticas performáticas y optimizando los procedimientos de producción en el estudio.

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¿Cómo es tu proceso creativo? La experiencia te lleva a adoptar ciertas metodologías para el abordaje y la solución que cada proyecto exige, por lo que el proceso creativo es siempre distinto.


antonio russek ¿Cómo influye la memoria (los recuerdos) en el momento de componer tu obra? Todo el tiempo, nuestro proceso cognitivo crea un mapa complejo formulado con la percepción del momento presente que de inmediato se vuelve memoria de corto plazo, y con los fragmentos de la memoria de largo plazo que operan de contínuo en nuestro interior.

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¿Qué sonidos te resultan más placenteros y con qué recuerdo los relacionas? Parvadas de aves posadas en los árboles durante el atardecer son recuerdos de mi infancia en la ciudad de Torreón Coahuila. El mar con insectos nocturnos en un ambiente tropical me remite a diversos viajes. El sonido de todos los instrumentos que he escuchado y que me recuerdan memorables encuentros con una gran cantidad de músicos. El ruido de hojas secas arrastradas por el aire, el follaje de mi jardín movido por el viento. ¿En qué proyectos estás trabajando ahora? En los últimos meses se consolidaron varios proyectos importantes; -La instalación “TS” a ocho canales comisionada por el Centro de Cultura Digital, estuvo durante un mes en el Espacio Memorial, México D.F. -Dentro del proyecto “Bosque Sonoro” se presentó un programa dedicado a mi obra en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México -Publicación del álbum doble “Antonio Russek_Obra reunida” con 47 piezas, producido por el Centro Mexicano para la Música y las Artes Sonoras -Edición del libro “Artefactos; ensayo historiográfico de los instrumentos electrónicos y sus inventores” dentro de la serie ‘Cuadernos Híbridos’ publicada por la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Morelos. -Estreno del documental científico “Morelos Líquido” con música y diseño sonoro original, producido por la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos -Se presentó obra mía a 24 canales en Barcelona y Berlín El próximo sábado 21 participo en un concierto audiovisual “full dome” en el planetario del parque Chapultepec y por la tarde habrá un conciertohomenaje con mi trabajo para el aniversario de la Facultad de Artes, y el 28 clausuro el 6° Festival Internacional de Danza.=t


“Las voces y la comunicación sonora es algo que me interesa mucho, como los humanos, los animales o los espacios, dialogan.” entrevista a félix blume www.felixblume.com

Félix Blume nos ha cautivado con su pasión por los sonidos y por su particular forma de contar historias a través de ellos. Este talentoso francés afincado en México es ingeniero de sonido para cine, ha trabajado sobre todo grabando sonido directo para documentales y desde hace unos años su campo de trabajo se expandió hacia el diseño sonoro y el sonido directo para Video-Arte, Películas de Ficción o Radio. Paralelamente realiza piezas sonoras, pequeños videos e instalaciones sonoras como proyectos personales. Entre sus trabajos más recientes destacamos su colaboración con la exposición fotográfica de Lourdes Grobet sobre lucha libre mexicana que pudo visitarse hasta hace unos días en el CCCB de Barcelona. ¿Cómo inició tu interés en la grabación de piezas sonoras? Empecé a tener cada vez mas interés por la grabación de sonidos en los lugares que visito para los rodajes, a grabar sonidos por sí solos, y a compartirlos en Internet. Muy pronto tuve la necesidad de hacer algo con estos sonidos, de querer contar algo mas, de construir composiciones basadas en ellos, con poco o sin tratamiento (mas allá de la mezcla y ecualización). Empecé usando material que ya había grabado, a veces años antes, para poder armar estas postales sonoras de lugares, y mi primer trabajo fue uno de Tierra de Fuego, presentado en 2012 con Arte Radio.

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¿Te interesa algún tema en particular? No decido los temas de manera consciente, más bien salen de los trabajos que he hecho, y ha sido muy recientemente que pude darme cuenta de la existencia de temas recurrentes. Me gusta la relación del humano con su entorno, con la naturaleza, con las ciudades, con lo que lo rodean. Me gusta enfocarme en este dialogo que se puede escuchar entre una persona singular y su entorno.


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entrevista La voz siempre ha tenido un lugar central en mi trabajo, me gusta mucho trabajarla para transmitir lo que nos cuenta por sí misma cuando dejamos a un lado el “contenido” (el discurso); empiezan a aparecer un cierto ritmo o musicalidad que me parecen muy interesantes. Las voces y la comunicación sonora (sin pasar por el discurso) es algo que me interesa mucho, como los humanos, los animales o los espacios dialogan. También he trabajado temas más industriales con sonidos de máquinas, como en la pieza Jack the Pump o Llegada de un tren en Bruselas que tratan de trabajar las maquinas como un material orgánico, con la desaparición del humano. ¿En qué encuentras inspiración? Creo que mis piezas se basan mucho en mi trabajo como ingeniero de sonido para otros, he aprendido mucho con los artistas con los cuales he trabajado, pero también de los otros proyectos y directores, cada uno con sus especificidades. Siempre son aventuras muy intensas, que me llevan a lugares muy específicos por varias semanas o meses y permiten impregnarse de sensaciones únicas.

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félix blume En realidad hasta la fecha me he dejado llevar por lo que surge más que enfocarme en proyectos específicos, aunque le dedico cada vez mas tiempo y pienso cada vez más las piezas con anticipación. Cuando llego a un lugar, intento dejarme llevar por los sonidos, caminando y parando, atento, escuchando o grabando los sonidos que me llaman la atención. Probablemente tengo un primer acercamiento hacia lo exótico de un lugar desconocido, e intento ir mas allá de este primer encuentro con lo sonoro. También hay trabajos sonoros de otra gente que me gustan mucho, así que intento escuchar lo que pueda, al igual que lo que se hace dentro del arte radiofónico, que es también una gran salida para los trabajos sonoros. ¿Cómo es tu proceso creativo? La mayoría de las piezas se hicieron en dos tiempos, a veces con muchos años entre los dos. Una primera etapa de grabación en la cual no necesariamente tengo definida la finalidad en una pieza sonora; y una segunda etapa de composición sonora en la cual me dedico más que nada a escuchar el material, y a darle forma. Empiezo, generalmente teniendo/buscando una estructura general, y poco a poco voy afinando y construyendo la pieza final. La idea de narrativa es muy importante para mí al momento de grabar o de componer, el sonido necesita tiempo (a diferencia de una fotografía) y eso implica un principio, un final, y varios momentos que pueden ser un recorrido en el espacio o en el tiempo, y que proponen una experiencia sonora en sí.

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En el caso de las dos piezas que se presentaron en el CCCB, Los Gritos de México y Arenas, el proceso fue diferente porque trabajaba la composición en México, y tenia la posibilidad de seguir grabando cuando el proceso de edición ya había empezado. En esos casos fue mas bien un ida y vuelta entre los micrófonos y la computadora para ir construyendo las piezas. ¿Cómo influye la memoria (los recuerdos) en tus composiciones? El sonido tiene esta gran fuerza, no solo de enseñarnos algo, sino de transportarnos, a la manera de olores por ejemplo, o la famosa madeleine de Proust. Por supuesto esta memoria sonora depende mucho de cada persona, de su pasado, de su cultura… Al momento de escuchar sonidos que he grabado, muchas veces surge el recuerdo de todo el momento de la


entrevista grabación, del entorno, del lugar, de la gente que me acompañaba… Es un muy lindo viaje en el tiempo, pero el ejercicio es también de escuchar los sonidos en si, dejando la carga que traen, para poder enfocarse únicamente en lo sonoro, aunque no siempre es fácil! El proceso de composición siempre oscila entre estas diferentes escuchas. Reciéntemente se expuso una pieza tuya en el CCCB de Barcelona, cuéntanos un poco sobre ello. Fue una invitación de la organización del festival MXaBCN y del consulado de México en Barcelona para la exposición de Lourdes Grobe. Todo el trabajo se hizo con Andrea Diaz Mattei con la cual había trabajado para la instalación que presente este año en el festival LOOP. La pieza que se presento en la entrada de la exposición del CCCB es Los Gritos de México que terminñé en 2014 y que se presentó en cuadrafonía. Dentro de esta pieza hay un momento en unas arenas de lucha libre en México DF, y de ahí salió la idea de hacer una pieza independiente centrada en las luchas. Como la mayoría de las fotos presentadas por Lourdes Grobet son fuera del ring, en el espacio privado en muchos casos, pensé en trabajar algo complementario con el sonido. El pase de diapositivas son fotos que escogimos juntos Lourdes y yo para generar un diálogo entre fotos y sonidos. ¿Tuviste problemas para grabar en este tipo de espectáculos? El problema es que las arenas del centro de la ciudad no dejan pasar con equipo, ya que Televisa tiene el monopolio (aunque lo hice a escondidas). Fui a grabar con un amigo aficionado, Luis Valdes, en varias arenas en las afueras, mas pequeñas y mas populares, pero muy interesantes a nivel sonoro.

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¿Qué sonidos te han impactado más durante tu estancia en México? Desde mi primer viaje a México en el 2009 me llamaron mucho la atención los vendedores en las calles del centro, de ahí surgió la pieza Los Gritos de México que pensé como un homenaje a estos pregones. Luego la idea de grito se extendió, ya que es una acción muy importante en la sociedad Mexicana, con la fiesta de independencia (que se llama El Grito), con las manifestaciones, en las calles o en las fiestas… todos gritan!


félix blume

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¿Proyectos en puerta? He terminado hace poco una pieza sonora sobre Puerto Principe (Haïti) que hice junto con Caroline Berliner, dura 26 minutos y se va a estrenar en enero 2016 con Arte Radio (Francia). Acabo de terminar una residencia con el Biosphere Soundscape Project en Quintana Roo (México) de la cual seguramente van a surgir piezas sonoras que se presentaran en el 2016. Ahora estoy en una residencia en el Festival de Arte Sonoro Tsonami (Valparaiso, Chile), en la cual sigo trabajando los sonidos de la ciudad, pero esta vez me gustaría intervenirlos con acciones e instalaciones efímeras. Trabajo con un grupo de no-videntes para proponer sonidos para los semáforos sonoros que les permiten saber cuando esta la luz verde. De las próximas presentaciones (eso depende igual de cuando se va a presentar la entrevista) se presentan Los Gritos de México en el jardín de la fonoteca nacional de México del 19 al 21 de noviembre en una instalación de 8 bocinas, y se inaugura la exposición La Polis Imaginada en el espacio Quinto Piso (México DF) el 21 de noviembre con una presentación de estos semáforos sonoros intervenidos. Para 2016 tengo varios proyectos de radios y de exposición, siempre tengo muchas ideas pero es cuestión de dedicarle tiempo!=t


hiroshima te elige por fabiola eme

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Hiroshima se abre paso con la fuerza que evoca su nombre. Esta sala abierta el pasado mes de abril en el barrio de Poble Sec, en Barcelona, ya se posiciona entre los lugares con mayor calidad en su oferta escénica de la capital catalana. Comparable a los mejores sitios berlineses o newyorkinos, sus ambientes desprenden un halo de misticismo underground, una especie de sonoridad apenas audible, de ecos que transforman todas las zonas de la sala con cada intervención artística. Las secciones que la conforman, mutables y configurables, se adaptan al artista y no al contrario, expandiéndose y cerrándose según cada caso gracias a la interconexión de sus espacios, que aunque con entradas independientes, respiran del mismo ambiente y se adaptan a las necesidades de tamaño.


hiroshima te elige En Gastón vemos la sensibilidad y la sofisticacion de quien conoce bien el negocio. El director de la sala nos recibe con la enigmática sonrisa que mantendrá durante toda nuestra charla para terminar de cautivarnos con su filosofía hiroshimiana: el nombre de la sala viene dado como símbolo de reconstrucción, fuerza y capacidad del hombre para volver a empezar, para encontrar una oportunidad en medio de la devastación que ha supuesto la crisis de valores que estamos pasando. En Tusitala pensamos, también, en la referencia a una explosión con onda expansiva, que sin embargo esta vez no destruye, sino que refresca y reaviva la escena artística actual. La propuesta de Hiroshima es ecléctica, pero eso no le impide mantener una línea muy clara. Además del cruce de diferentes disciplinas artísticas, también defiende el volver a hacer del teatro un punto de encuentro, y hacerlo a través de una experiencia más amplia en la representación escénica. Un punto de encuentro siempre vinculado al espacio. Un espacio virgen, desnudo, que permita al artista rellenarlo con su universo. Dentro de su programación cuidan de equilibrar la difusión de las diferentes artes escénicas del arte contemporáneo, y no se limitan a la escena local, apuestan por una oferta tanto nacional como internacional. De igual forma están interesados en promover propuestas de artistas emergentes sin que esto signifique limitar el espacio a aquellos con más recorrido o renombre, generando de esta forma un diálogo entre ellos, un cruce de experiencias que va más allá del simple acuerdo entre un local y un creador para explotar espacios físicos; el vínculo directo con y entre los creadores es una de las prioridades de la sala.

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El trabajo directo con creadores supone el apoyo a espectáculos con un proceso artístico y lenguaje propios. Lo cual da a su vez como resultado una variedad escénica que recorre una línea muy amplia, desde el teatro físico, con tecnologías aplicadas a la danza o a la música, pasando por los audiovisuales que utilizan tecnologías de impacto, hasta el nuevo circo, cimentado en aquellos espectáculos de aires más clásicos.


reportaje

El espectador ideal de Hiroshima deberá ser alguien con un gran nivel de riesgo y experimentación, alguien que rechaza los lenguajes crípticos o encasillados, y en el que permea la construcción de la imagen como un todo: imagen material, sonido y espacio, los elementos más universales, los que comunican más allá de la palabra. El espectador ideal de Hiroshima llegará allí porque este será su ambiente natural, porque no persigue poses ni comulga con imposturas. Sin duda, como ellos mismos dicen, Hiroshima te elige. www.hiroshima.cat Programación

Gastón Core, Dirección y dirección artística.

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N6 SONIDO  

Ampliando la cabeza Con fascinación Con un candor recatado y conveniente Con un profundo olvido del presente – Erik Satie

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