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usitala t revista de goce intelectual

FORMA

Hacia una globalidad liderada por las ciudades • Planeta Ciudad • Desublimacions • La ciudad fúnebre • Geometría • Silencio Figura geométrica • Gaudí y la síntesis arquitectónica • El teixit infinitesimal (Haibun) • L’espècie inconnexa • ...sobre cómo éstas y otras imágenes atormentaron y confortaron sus sueños por todo el primer año • Animals del volum, l’esfera que menja • El rastro de la baba de caracol • Deleuze, la Forma y su filosofía 2015

año 2 - # 5 - 6€

LUGAR

BARCELONA

Quiero una vida en forma de arena en las manos En forma de pan verde o de jarra En forma de chancleta blanda Boris Vian


Quiero una vida en forma de espina. –Boris Vian Quiero una vida en forma de espina En un plato azul Quiero una vida en forma de cosa En el fondo de un cacharro solo Quiero una vida en forma de arena en las manos En forma de pan verde o de jarra En forma de chancleta blanda En forma de cantinela De deshollinador o de lila De tierra llena de piedras De peluquero salvaje o de edredón loco Quiero una vida en forma de ti Y la tengo, pero no me basta aún No estoy nunca contento.


en portada: Imagen: Formas estivales Por Fabiola Eme Siluetas camufladas por un sol intenso, perdidas entre los granos de arena y sus propias sombras. Una playa igual a todas, todas las playas que son la misma. Poco nos importa la claridad del mar, homogeneizamos todos los espacios.

Edici贸n Verano, 2015.


tusitala

significa el que cuenta historias, en una lengua de las islas polinesias. En esta revista participa gente que cuenta historias a través de textos, ilustración, pintura , música o fotografía.

staff Dirección y Arte: Fabiola Eme

Colaboradores: Anna Vilà, Enric deSombra, Sabela Eiriz, Efrem Gordillo, Marc Samper, Carlos López-Aguirre, Ernesto Reyes, Jordi Pagès, Sara Martin Blanco, Antonio Castillo, Héctor Gómez, Paula Arizmendi, Rodrigo Martínez

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Agradecimientos: Rafael Buzón, Ruth Abela, Joan Carles G. Anta


Contenido

editorial planeta ciudad figura geométrica hacia una globalidad liderada por las ciudades (I) geometría desublimacions el teixit infinitesimal (haibun) . l’espècie inconnexa animals del volum, l’esfera que menja hacia una globalidad liderada por las ciudades (II) la ciudad fúnebre gaudí y la síntesis arquitectónica silencio ...sobre cómo éstas y otras imágenes atormentaron y confortaron sus sueños por todo el primer año... el rastro de la baba de caracol hacia una globalidad liderada por las ciudades (III) deleuze, la forma y su filosofía

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editorial

las ciudades y las formas por fabiola eme ¿No es la diferencia lo que nos hace únicos? Son las formas, a cualquier escala y en cualquier ámbito, las que distinguen una cosa de otra, y es esa diferencia la que da a todo lo que existe en buena medida su valor.

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Sin embargo, las ciudades contemporáneas tienden a parecerse cada vez más entre ellas: la forma de la Ciudad Genérica está en su apogeo. En las últimas décadas hemos asistido al espectáculo de la homogeneización de las grandes ciudades, sucede en todo el mundo, ya no es un caso exclusivo de Occidente. La estructura de las ciudades se reimagina y reconstruye constantemente para adaptarse a las necesidades de los mercados, no de las personas. Las grandes marcas uniforman las calles de todas las capitales europeas y da igual caminar por la Friedrichstrasse de Berlín, Les Champs Elysees de París o las Ramblas de Barcelona: encontraremos lo mismo. El visitante exige la comodidad que le ofrece un ambiente conocido, aunque con ello se sacrifique la identidad del lugar forjada por siglos de mezcla cultural. Paradójicamente ahora se viaja más que nunca, los vuelos low cost y las tecnologías nos permiten llegar a más sitios, conocer más culturas y pasar más tiempo viajando. Tiempo que no sólo dedicamos a hacer lo mismo que haríamos en nuestra propia ciudad, también lo perdemos en buena parte entre traslados y esperas. Las ciudades contemporáneas, como sus aeropuertos, son todas iguales. Son no-lugares, sitios impersonales que sin embargo, albergan todas las experiencias urbanas que busca una persona media, son espacios sin identidad por los que transitan personas que viajan por viajar, que van de un lugar a otro para hacer las mismas cosas: ir de shopping, tomar el café en Starbucks y hacerse fotos en los monumentos de los que no recordarán después ni el nombre, porque lo único importante es comprar aquello que llevarán como trofeo dentro de una desbordante maleta llena de cosas inútiles que pasearán por diez aeropuertos en veinte días, objetos que no hacen más que acentuar


la caricatura de sí misma en que se convierten las ciudades, París ya sólo puede volverse más parisina, llena de clichés, los explota y los produce en serie, como lo hace Barcelona con la estética de Gaudí o la Ciudad de México con la imagen de Frida Kahlo. La proliferación de estos no-lugares atenta contra la diversidad geográfica e ideológica, contra la aceptación de lo diferente y de lo periferial: siempre se temerá a lo outsider. Los que habitamos en estas ciudades también nos homogeneizamos y, sin ser muy conscientes de ello, estandarizamos nuestros hábitos y forma de vivir. Entramos en el engranaje de la gran maquinaria económica en donde el consumismo es lo que prima: más tienes, más vales, sistema en donde las marcas dictan las tendencias y no al revés, ya no se crea en funcion de lo que la gente necesita y da exactamente lo mismo si vives en Copenague o en Sao Paulo; Mango y Zara venden el mismo tipo de ropa: las mismas telas, los mismos colores y por supuesto, todo desechable. En su relato Entropía Thomas Pynchon juega con los conceptos de forma, entropia y muerte térmica. El universo tiende al equilibrio térmico, esto es, un estado en el que ya no se intercambia energia y en consecuencia se agota. Paralelamente, la uniformidad cultural a la que nos enfrentamos parece anunciar una muerte térmica en la que, al parecerse cada vez más los lugares y las personas entre sí, el intercambio de ideas se agota. La ciudades modernas son tan profundamente no-originales, que por eso son facilmente exportables. Y así como crecen en número lo hacen también en extensión. El centro se expande hasta alcanzar la periferia, terriblemente despreciada por carecer de esa uniformidad, pero sin la cual no existiría el contraste que define la forma de la metrópoli. Quizá en algún momento en las grandes ciudades no queden más que turistas o gente en permanente circulación, como sucede en Venecia, donde los nativos se han ido a vivir a las ciudades periféricas, cansados del parque temático en que La Serenissima se ha convertido, restando autenticidad e idiosincrasia, que son el alimento de la personalidad de las ciudades.

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Busquémos la verdadera forma más allá de las capas de modernidad, en las entrañas de cada sitio, de cada no-lugar. La identidad de las ciudades todavía late y respira debajo de la superficie, retiremos la envoltura.=t


planeta ciudad

por enric deSombra

Quiero escribir el calor del asfalto bajo el sol de verano y el polvo de las estaciones subterráneas y el olor a orín y el estruendo enloquecedor del tráfico que insonoriza las almas y termina pareciéndose al silencio, pero un silencio de metal Quiero escribir el chirriar del tren por la mañana, que corta como el cuchillo y te parte en dos, una parte aquí y la otra dios sabe, y dios se jubiló hace tiempo y nunca toma el tren y dejó un montón de papeleo por resolver

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Quiero sacarle todo el jugo al cemento y también al plomo que respiramos que de algún modo nos hermana a todos blancos negros moros sudamericanos La misma sangre, sangre de plomo La misma raza de seres mutantes Quiero escribir los edificios que se hunden y la desazón que deja su ausencia Ese agujero en el decorado urbano que nos recuerda el vacío, la nada, la muerte y las vidas que habitaron ese ahora vacío y allí amaron o sufrieron o nacieron o murieron


poesía

Quiero escribir los no-lugares donde nadie vive aunque todos, en algún momento, vivimos en ellos una eternidad de diez minutos, una vida otra otra vida nuestra, parte de la misma y por aquí debe haber alguna salida pero llega el ascensor y lo dejamos para otro día Quiero escribir la soledad que el viento trae desde las afueras, por las avenidas entre el gentío que cruza la calzada otro no-lugar después de todo, igual que la acera y las plazas y las ramblas, y el Corte Inglés y el Fnac, y mientras tanto allí en las afueras, solitarios bloques como implantes de hormigón en los campos Ciclópeas colmenas grises y verdes Gigantescos dólmenes que se dirían erigidos a un extraño dios, apéndices desgajados del suntuoso monstruo urbano

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sitiados por la nada que espera alrededor La eterna impenetrable naturaleza que aún doblegada seguimos temiendo pues nos recuerda que hemos de morir y levantamos rascacielos para distraernos ¿alguien sabe para qué otra cosa sirven?


poesía

que crecen inexorables como hongos atómicos proyectando su sombra sobre los barrios sentenciados Símbolos fálicos del poder económico y si sabes de algún sitio adonde ir sin pagar, nena dímelo ya porque estoy cansado de mirar cómo despegan los aviones Paseemos por el centro, entre el ruido omnipresente omnipotente, omniscente, Supremo Ruido del tráfico, las obras y altavoces que aúllan desde los coches y las tiendas de ropa y la fanfarria de los teléfonos móviles y los televisores a través de las ventanas

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Todo es atravesado por el Ruido Todo es inundado por el Ruido Es la energía que nos impulsa Es la única verdad de nuestras vidas Somos un todo, un todo de Ruido Una vez fue la Luz, ahora es el Ruido Libertad de expresión obligatoria Censura a la inversa: habla o serás condenado al ostracismo, la no-existencia, el cero (no olvides comentar los últimos chismes del Corazón: no hay libertad fuera de ellos No hay vida fuera de ellos)


poesía

Sólo existimos si hacemos Ruido Amarás el Ruido por encima de todas las cosas El silencio es la perdición del alma y el bullicio de la civilización moderna es la oración que rezamos todos los días y que trae la paz a nuestras almas extraviadas para olvidar las penas de cada día y las dudas de cada día y los miedos de cada día y el estrés de cada día y la grisura de cada día y la noche de cada día y la cabeza en mil sitios y mil sitios en cada calle, y como dijo un amigo en cada esquina hay una cicatriz y acaso existen portales en el aire donde puede uno esconderse de los tiempos pero nadie los conoce más que los mendigos

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y mil encuentros de ausencias y perdiciones y conocidos que nunca se conocen y quizá, sólo quizá, de vez en cuando alguien que sabes quién es y dónde está a u n q u e n o tengas ninguna certeza de quién será y dónde estará mañana


planeta ciudad

y recuerdos como ríos de lava que te atrapan por los pasillos de los transbordos o entre las estanterías del supermercado o como una fina llovizna al volver del trabajo por la noche, y siempre me pilla sin paraguas y pon la tele ya antes de que me dé un ataque

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y leyendas urbanas que ocurrieron sin ser ciertas porque todo puede ocurrir en la ciudad cualquier cosa que pienses o sientas o sueñes todo debe ocurrir en la ciudad, ¿o por qué crees si no, que la hemos inventado?: para realizar nuestros más absurdos deseos aunque nos destruyan, y ser otros Criaturas sintéticas de plasma y silicio y partir peras con la Tierra, y volar sin levantarnos de la acera, y visitar otros mundos Miles de ellos en cada estación de metro de este territorio de sueño y pesadilla =t


figura geométrica

por carlos lópez-aguirre

Te vi a lo lejos más bella que nunca; tus labios de corazón palpitantes enmarcando la claridad de tu sonrisa, tu mirada encendida y tu voz grave dedicando palabras de amor a ese otro que no soy yo. Poco a poco se convierten en cuchillos que atraviesan mi cuerpo hasta convertirme en este monstruo que ahora los odia y despedaza con sus manos trémulas. Con tu sangre todavía tibia sobre mi cuerpo, escribo tu nombre para no olvidarlo.=t

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hacia una globalidad liderada por las ciudades (parte I)

por efrem gordillo pla

Barcelona saluda al mundo Reportaje del ensayo “Londres-París-Barcelona” de Enric Vila

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Revisando un libro para escribir este artículo he comprendido por qué Salvador Dalí –quien además de pintar, escribía espléndidamente– vaticinó algo tan pasmoso como que Europa estaba destinada a renacer sobre sus propias raíces, esto es, sobre el individualismo y sobre un catolicismo actualizado y progresista. Lo del individualismo probablemente apunte a la cuestión libertaria, dialéctica y creativa. Lo del catolicismo ya es más cortocircuitante. Podría haber sido una de sus boutades, pero cuando escribía no solía hablar por hablar. Así que permitámonos, por un momento, jugar a establecer relaciones... Y dejémonos llevar, ahora, por el placer del goce intelectual. Andaba yo cavilando sobre la estética pública, sobre la mucha importancia que tiene el espacio público en nuestras vidas y lo poco que se explotan aún las posibilidades del arte en la calle; de un imponente y formidable arte en la plaza pública. Me venían a la cabeza las últimas tendencias en pedagogía, que dan al factor emocional la capitalidad en los factores de aprendizaje. Hablamos del factor estético y artístico (recordemos que el arte sabe de emocionarnos). Del aprendizaje significativo, es decir, aprendemos mejor si eso que nos enseñan nos despierta alguna emoción, si significa algo para nosotros.


ensayo En esta caminata interior, me planteaba si las ideas evocadas por las cosas que vemos mientras paseamos no serán ya puntos en común, si los elementos dispuestos en el espacio público no serán puntos espirituales compartidos, manantiales, formas de interpretar la realidad (tal y como uno ve la realidad, así vive su vida). Y si en definitiva esas ideas que el espacio evoca en nosotros no serán formas de ser. Formas de ser que están ya presentes en los ciudadanos sólo por el hecho de tenerlas presentes repetidamente, por la sugestión que estas provocan. Así, el espacio público se me aparecía como una gran oportunidad escolar, cívica: La estética queriendo ser la gran amante de miles de mentes deseosas por perder la virginidad filosófica y épica, por correr a través de las puertas de lo bello y llegar así a los jardines de la verdad y la moral. Mi tesis es que las formas de una ciudad son performativas: pueden dar forma a nuestros valores, a nuestra alma. Que muy a través de los símbolos de sus ciudades viven los caminantes, los paseantes, los viandantes. El símbolo alimenta constantemente la actitud, que acaba haciéndonos fructíferos en su línea dominante. De esta forma, venía yo preguntándome por el arte público que nos falta. Los monumentos que podrían reivindicar el coraje, la excelencia, la creatividad, la fuerza, el valor del trabajo y del sacrificio, del diálogo. Sin velos ni complicaciones, sin intelectualismos. Directamente, que nuestros retoños lo capten rápido al verlo. La salud ¡la fraternidad! Me preguntaba si no podríamos levantar templos donde el ciudadano pueda ser interpelado por estas ideas. Imagínese, mi querido lector, el encontrarse en un templo que le habla sin tapujos sobre la virtud; directo en los morros, en las paredes, en el techo.

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Seguimos caminando y en el barrio contiguo, unas calles más allá ¡otro! ¡Éste le ha dado a la inteligencia las garras para cazarnos! ¿No sería fantástico ir a rezar –a meditar, reposar o lo que guste– a templos de esta clase? ¿Quién no necesita del aliento de las virtudes para sobrevivir en la selva de la realidad? Pero un pueblo parece demasiado pequeño para construir y rentabilizar estas construcciones.


hacia una globalidad... EL RENACIMIENTO DE LAS POLIS

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El experto en teoría social y económica RICHARD FLORIDA, sostiene que uno de los pocos indicadores fiables del potencial competitivo de una ciudad es el movimiento gay. Su índice gay reza que si una ciudad atrae homosexuales, va por el buen camino. Para elaborar sus teorías sobre el éxito geopolítico, el autor de Cities and the Creative Class y de Who’s Your City? se basa en una nueva categoria social a la que bautiza como clase creativa. Según Florida, esta es la clase más importante de todas, puesto que determina el crecimiento económico y la vitalidad urbana de las ciudades. La prosperidad de un lugar es proporcional a la densidad de personas creativas que viven en él. Estas clases eligen la ciudad de residencia más en función de los niveles de tolerancia y de atractivo cultural que en función del mercado laboral. Y el colectivo homosexual coincide más que ningún otro factor con estas prioridades. Su estilo de vida se acerca al ideal del hombre creativo: lazos débiles, horarios flexibles y una vida de relaciones sociales y laborales intensa. El profesor ENRIC VILA nos cuenta todo esto y mucho más en su ensayo “Londres-París-Barcelona. Viatge al cor de la tempesta”. Allí nos presenta a Florida y a otros muchos autores, sirviéndose de ellos para reforzar, matizar y enriquecer el contexto de sus propias teorías sobre las ciudades y sobre el protagonismo que están tomando en la geopolítica actual.

A través de un interesantísimo entramado de ideas, el autor crea el marco ideal para entender la situación actual desde la posición de Barcelona. Nos encontramos ante un magnífico ensayo que integra el rigor con el atrevimiento, en el que se entremezclan ciudades, culturas, historia, reflexión moral, amor y hasta la propia biografía, intermitente, del autor. Pero, el tema de las ciudades, tal y como lo trata el libro, tiene demasiado interés y capacidad fascinante como para dejárselo perder al lector. Además, el libro todavía no ha sido traducido al castellano. Por eso, en lo que sigue, me he propuesto actuar como humilde corresponsal de algunas de las ideas que


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expone. Así, desde ahora son Vila, sus lecturas, o sus autores, los que toman la palabra.

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Decíamos que los homosexuales dan ritmo a las ciudades. Gastan, se relacionan, tienen libertad de movimientos y un nivel cultural alto. Aguantan la vida urbana mejor que los heterosexuales. Pero tambien es importante que las ciudades tengan un proyecto que las cohesione más allá de la persecución febril del dinero. PASQUAL MARAGALL decía que la humanidad se salvaría a través de las ciudades o que no se salvaría. Si la creatividad es la base de la economía, todo lo que hace referencia al prestigio y a la profundidad de los marcos culturales ha de tener mucha importancia. El espíritu de las ciudades pide un ambiente de intimidad para emerger, como la vida interior de las personas. Por la noche, cuando por las calles sólo encuentras bohemios paseando sus fantasmas, es cuando ves más claramente las ambiciones de una ciudad y el capital humano que tiene para alcanzarlas.


hacia una globalidad... Una ciudad sin vida nocturna es una ciudad muerta, que no tiene sueños ni energía. Por la noche se ve si una ciudad tiene calidad humana. Las revoluciones se llevan a cabo por la mañana, pero se urguen por la noche, bajo las estrellas. Si de día se ejecuta, de noche se piensa y se hace volar la imaginación. La gente que se levanta temprano tiende a despreciar los noctámbulos mientras están vivos y a hacerles monumentos después de muertos. El ensayo de Vila apunta a que las ciudades cada vez serán más importantes, estarán más pendientes del resto de ciudades del mundo y vivirán más de espaldas a sus propios países, es decir, que se volverán tan narcisistas como París, pero sin Francia detrás. Si hasta ahora los núcleos urbanos trabajaban para los estados, ahora será al revés. El centralismo se volverá ultramoderno. Y si hablamos de España, su capital volverá a ser más que nunca Madrid. Miremos LONDRES, por ejemplo: si no fuera por la capital, Gran Bretaña no estaría en la agenda de nadie. Londres subvenciona el resto del estado y mantiene el declive de Gran Bretaña en un plano discreto.

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Mientras el conjunto del país cuenta cada día menos en el mundo, Londres se disputa el liderazgo de los mercados con Nueva York. La economía puede fallar si el país no es bastante sensible a los intereses de la capital. Las ciudades pasaron una etapa muy dura durante las décadas centrales del siglo XX. Cuando el muro de Berlín cayó, el centro de Londres tenía un 55% menos de población que en 1911. Entre los años veinte y los años ochenta, los cascos antiguos de muchas grandes ciudades se degradaron.


ensayo La vida urbana no inspiraba confianza. La sociedad de masas deshumanizó tanto la vida urbana que los ricos huyeron al campo. Desde 1989, el núcleo histórico ha ganado más de un millón de residentes y algunos políticos populistas sugieren que la ciudad debería tener un estatus especial –como Shanghai dentro de China. A medida que la economía se concentra, los viejos estados pierden cohesión y las antiguas naciones nacidas de la geografía reivindican su pasado histórico. De ahí la necesidad de Escocia de autogobernarse. CHINA (QUE NO PEQUÍN)

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China urbaniza un territorio equivalente a Roma cada seis semanas. El crecimiento de Asia está impulsando una poderosa Industria urbanística. Internet está lleno de proyectos de ciudades fantásticas, normalmente elaborados por despachos occidentales. Hasta ahora, los experimentos no han resultado muy exitosos. Cyberjaya debía ser la Silicon Valley de Malasia pero no acaba de arrancar. La ciudad de Sejong, pensada para convertirse en la nueva capital de Corea del Sur, se construye en medio de una fuerte oposición política. La esperanza de los urbanistas utópicos es SONGDO – que aspira a ser la ciudad más ecológica del mundo cuando esté terminada en 2016. Excepto historia, Songdo tendrá de todo: museos, universidades, auditorios, campo de golf, parque de atracciones; incluso tendrá el inglés como lengua oficial.


hacia una globalidad Gale International, la empresa que lleva el proyecto, ha elaborado un modelo de ciudad instantánea y visita alcaldes de China para ofrecerles réplicas de tamaños y precios diferentes. El gobierno de Beijing tiene en marcha una operación similar llamada SinoSingapore Tianjin Eco City. Esta ciudad ha de transformar un desierto de salobre en un centro de tecnología punta. Y será replicable. Durante la construcción se elaborará un protocolo que permitirá a cualquier burócrata levantar una ciudad totalmente nueva en dos días.

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China urbaniza un territorio equivalente a Roma cada seis semanas. Aunque Occidente está concentrando el poder en las grandes ciudades para plantear la batalla con los países emergentes en territorio favorable, China es el único país que puede revolucionar profundamente la vida occidental y urbana. Es verdad que la determinación de los políticos de Beijing de urbanizar el país

puede terminar como el rosario de la aurora. Pero si la jugada les saliera bien, Occidente acabaría convirtiéndose en un apéndice de China y el llamado Reino del Medio volvería a convertirse en el centro del mundo. El proyecto chino tiene poco que ver con nada que nos podamos imaginar. Beijing quiere que el país cuente con 900 millones de urbanitas de cara al 2025. El sueño chino pasa por crear ciudades de 100 millones de habitantes, rodeadas de pequeños centros de entre 10 y 25 millones. Para dar una referencia, la ciudad más grande del primer mundo es Tokio, con 37 millones de personas. Los chinos quieren superar toda posibilidad de comparación con sus rivales nipones y los burócratas más audaces incluso sueñan una capital de 250 millones de personas. Las cifras ridiculizan metrópolis como Shenzen, que a finales de los años ochenta era una villa marinera de 30.000 habitantes y que ahora tiene 11 millones y es la sede de la compañía de biotecnología más importante de Asia. El Instituto MacKinsey prevé que, en 2025, 100 de las 600 ciudades más importantes del mundo serán ya chinas ¿Qué precio pagará el país por esta megasuperurbanización?


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Entre 2000 y 2007 China perdió 300 poblaciones diarias, con los problemas de desarraigo y crueldad que esto, seguro, comportará. Pero el sueldo medio se ha multiplicado por ocho en sólo 30 años, lo cual no tiene precedente en la historia mundial. El hecho de que esto sea fruto de un proceso largo y doloroso no les impresiona. En China, la nación siempre ha pasado por delante del individuo.

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Este año, más de un millón de ciudadanos ha muerto prematuramente debido a la contaminación. Al mismo tiempo, la alimentación ha mejorado tanto que los soldados jóvenes ya no caben en las cabinas de los viejos tanques y aviones del ejército popular porque son bastante

más altos que hace una década. Beijing quiere llegar al 2025 con un 70 por ciento del país urbanizado. Entre los proyectos más audaces está la construcción de un tren bala que recorrería China, cruzaría Rusia y llegaría a los Estados Unidos atravesando el estrecho de Bering por un túnel submarino. También queda pendiente la construcción de una ciudad vertical de más de 800 metros de altura en la región de Chansga. Desde el siglo XVIII, la principal arma de China ha sido la fuerza de la cantidad. En la última década ha construido más carreteras y ferrocarriles que el resto de países juntos y ha pasado de ser el paraíso del trabajo manual a convertirse en el primer importador de robots industriales.


hacia una globalidad... Se dice que en términos históricos la transformación que vive China deja en ridículo a la Revolución Industrial inglesa. Beijing trata de llegar al punto en el que el factor cuantitativo deviene cualitativo; es decir, el punto que tumbó las ciudades mediterráneas y, más tarde, las germánicas, a medida que la tecnología dio fuerza al modelo político del Estado francés. Hasta ahora, las urbanizaciones aceleradas han dado resultados discutibles. Pero China es China y tanto si la urbanización planificada para Beijing funciona, como si no, es probable que transforme la idea que tenemos de las ciudades, que las convierta en objeto de una mitificación aún mayor o que se cree una leyenda negra. A veces parece que la atlética democracia estadounidense vaya camino de convertirse en un espectador afrancesado que se mira con zapatillas su propia decadencia.

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SAN PETERSBURGO El brío de China y el negocio de las ciudades instantáneas recuerda los orígenes de San Petersburgo. A finales del siglo XVII, poco antes de que comenzara la Guerra de Sucesión, Pedro el Grande hizo un viaje por Europa. Del viaje saldría el proceso de occidentalización que convirtió Rusia en una potencia militar. Al igual que muchos políticos actuales del mundo árabe y asiático, el zar creyó que la manera más rápida de modernizar el país era construir una gran ciudad partiendo de cero. Ordenó que la nueva capital tuviera canales, al igual que Amsterdam. A finales del siglo XVII, la economía holandesa era la más avanzada del mundo. Holanda disponía de más barcos que el resto de países europeos juntos. La ciudad se construyó gracias a una multitud de siervos a las órdenes de artistas y arquitectos, mayormente franceses. El 1712, un año antes de que el tratado de Utrecht borrase del mapa a los catalanes, San Petersburgo se convirtió en la capital de Rusia. Mientras, la Guerra de Sucesión cortaba las alas a la Europa comercial y dejaba el continente en manos del militarismo de Versalles. París tardó 150 años en tener unas panorámicas comparables a San Petersburgo, que fue la primera ciudad experimental de la historia, una especie de Songdo o de Dubai de la ilustración. Sus palacios y sus avenidas la convirtieron en un símbolo del lujo y del progreso. París no tuvo una áurea literaria


ensayo comparable hasta que, a mediados del siglo XIX, el barón de Hausmann destruyó el centro medieval de la ciudad para levantar una nueva capital al gusto de Napoleón III. Durante el siglo de las luces nadie se acordó de los 100.000 siervos que murieron cavando agujeros y arrastrando piedras en nombre de la razón ilustrada. El resto de monarcas europeos también quisieron lucir una capital que encarnara su poder y su sabiduría. Y a medida que la distancia entre las pretensiones urbanísticas y la realidad humana se fue ensanchando, la ciudad pasó de representar los ideales de la ilustración a representar las miserias de la vida moderna. San Petersburgo vivió con una intensidad demoledora la decepción de las esperanzas generadas por la ilustración. Durante la primera mitad del siglo XX la ciudad sufrió tres revoluciones, tres cambios de nombre y un asedio de 900 días. San Petersburgo no sólo perdió la capitalidad, también perdió los artistas y el dinero y estuvo a punto de desaparecer. Las ciudades instantáneas están muy bien, es impresionante pensar que hace sólo 50 años la gente de Dubai iba en camello... Pero más vale no hacerse muchas ilusiones sobre el progreso ni tampoco sobre las ciudades que se crean de la nada con la ambición de superar Manhattan.

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SASKIA SASSEN dice que en el esquema de la globalización las ciudades son el medio más eficaz para cohesionar los territorios y para hacer política. Pero a diferencia de Florida, Sassen no tiene claro si las ciudades tendrán suficiente fuerza para mantener vivo el sistema democrático. Las ciudades, dice, transformarán los estados y crearán nuevos centros y nuevas periferias. Las capitales se convertirán en el núcleo creador de un imaginario que interpelará al mundo con sus valores y su actividad. Cada ciudad será el centro de un mundo y un nodo en la red mundial. Las burocracias perderán poder en favor de las élites urbanas, y la lucha para controlar el corazón de la gente promoverá discursos místicos y ecologistas. Las ciudades deberán profundizar en su pasado para poder ser competitivas. Asegura que para vender un producto debes conocerlo bien y, en lo que nos ocupa, esto quiere decir que has de haber interiorizado «la historia profunda».


hacia una globalidad... En un mundo donde Nueva York y Chicago pueden llegar a tener más importancia que los EEUU o más intereses en común con Tokio que con Dallas o Kansas City; y en una España donde Barcelona ya no puede preservar el alma a cambio de hacer de motor de la Península porque Madrid también quiere este rol, Barcelona y los catalanes tenemos pocas opciones. La política centralizadora de la capital encaja con los procesos que están en marcha, el futuro de España sólo pasa por Madrid. Y sin un Estado que nos permita aprovechar nuestra fuerza para relacionarnos libremente con el resto de ciudades mediterráneas, sufriremos por no quedar arrinconados.

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A PARTIR DE HENRY KISSINGER Una forma de comprender las consecuencias de 1714 y como acertaban los resistentes barceloneses que decían que luchaban por la libertad de España y de toda Europa, es leer Diplomacy, de Henry Kissinger (Secretario de Estado de Richard Nixon). Según Kissinger, la cultura política de los estadounidenses se forjó por oposición a la tradición europea. Los norteamericanos presuponen que el estado tiene el deber de intentar actuar con un sentido moral equiparable a las personas que representa. La base de la cultura política de Europa es la razón de estado –el concepto que Lord Bolingbroke aplicó a propósito de la paz de Utrecht cuando traicionó a los catalanes con el argumento de que Inglaterra no tiene aliados sino intereses, y que venía de la diplomacia desarrollada por los cardenales Richelieu y Mazarin a mediados del siglo XVII.- Esta tradición se consolida después de 1714, cuando Francia logra arrinconar a los Habsburgo en el este de Europa. Richelieu creía que así como los intereses de los hombres tienen un trasfondo trascendente, los estados se juegan la existencia cada día porque son construcciones artificiales y, por tanto, no tienen alma. Si miramos qué potencias emergen a partir de 1714 veremos que tienen un carácter expansionista y que la base de su economía es la guerra. Veremos que después de la caída de Barcelona se generaliza la idea de que los hombres y los territorios deben adaptarse a las leyes del estado y no a la inversa como pretendía el constitucionalismo catalán o el lituano-polaco.


ensayo Mientras Barcelona resistía a las tropas borbónicas, el peligro de que estallara otra guerra civil o que se produjera un retroceso en las libertades inglesas flotaba en el ambiente de Londres. En la paz de Utrecht, los ingleses cerraron unos acuerdos muy favorables. Francia no consiguió el dominio total del continente pero se convirtió en su actor más poderoso. En 1776 los Estados Unidos retomaron el camino hacia la democracia que se truncó en Europa cuando los ingleses abandonaron Barcelona. El presidente Clinton decía que el mundo sería catalán o talibán.

LA CIUDAD COMO ELEMENTO ESPIRITUAL

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Hasta la edad media la economía se basaba en el producto, a partir del siglo XVI pasó a basarse cada vez más en la cantidad y la estandarización. La ciudad moderna se fragmentó en barrios homogéneos, reflejando una visión del mundo cada vez más materialista y más sectaria. Una ciudad pierde la gracia cuando pierde la diversidad, la sorpresa, la identidad. Secuestradas por la obsesión de producir, las ciudades se convirtieron en gallineros que la élite gestionaba para alimentar mano de obra barata y para engordar los ejércitos coloniales. Ahora, a medida que el producto vuelve a ganar protagonismo, algunos valores que hasta hace poco parecían esotéricos se vuelven a considerar importantes. Una vez que la supervivencia se puede dar por descontada, lo que se echa de menos es tener alma. Palabras como alma, patria o tradición parecían incompatibles con la cultura urbana. Los templos alrededor de los cuales habían crecido las grandes ciudades habían sido sustituidos por centros comerciales. A base de carnicerías, es normal que en la segunda mitad del siglo XX la dimensión espiritual del hombre quedara en cuarentena. Con los millones de desplazados que generaron las guerras mundiales el valor telúrico de la tierra se convirtió en un problema a superar. El negocio inmobiliario fue la última expresión de unos valores materialistas que han sido la base de la formación de Europa desde la época moderna.


hacia una globalidad... Las ciudades que han tenido buenos gobernantes suelen disfrutar de grandes espacios enjardinados. Las plazas y los jardines se inventaron para articular los imaginarios nacionales en torno a un ideal de bienestar. La calidad de unas élites es proporcional a la calidad de las plazas y los jardines que son capaces de crear. En los espacios pensados para ​​ que la gente vaya a sacar al perro, el tiempo se detiene y la ciudad se recrea en una promesa de felicidad.

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Una ciudad es una lucha entre la historia y la moda. Cuando hay fuerza y ​​optimismo, el pasado es una fuente de creatividad. Cuando hay fuerza y ​​frustración, las sociedades se rebelan contra el pasado y tratan de destruirlo para construir nuevos paradigmas en el vacío. En eso los Parisinos han destacado. La última vez que Barcelona creyó en su historia fue durante el modernismo, que es el intento más serio que los catalanes hemos hecho para convertir nuestra tradición en una fuente de poder. Los modernistas querían ligar el pasado con el futuro, todo lo contrario de los modernillos de ahora. Una ciudad es una lucha entre la historia y la moda.


ensayo PARÍS París es el mejor ejemplo de la relación que el poder ha establecido con la novedad. Los franceses fueron los primeros en despreciar el pasado y promover la idea del progreso que ha movido el mundo desde la Revolución Francesa. París también tuvo que redimir los huesos sobre los que creció. La capital de Francia sufrió revoluciones y asedios e incluso una ocupación militar. El París escaparate se construye bajo los auspicios de Napoleón III, en un régimen policial surgido de una crisis institucional fuertísima. Su encanto no viene de las novelas de Balzac, ni de la filosofía de Voltaire, sino de la salvaje demolición de la ciudad medieval que se llevó a cabo para satisfacer los delirios de grandeza del Emperador. Para ello, sin embargo, había que romper con el pasado. El Imperio de Napoleón III se crea a partir de la idea totalitaria de que la conquista del futuro debe eliminar el tradicionalismo y el obrerismo al mismo tiempo. La transformación de París es el espejo de la aceleración que el régimen imprime al proceso de centralización política y homogeneización cultural del estado. La ciudad de los desfiles militares, de las mujeres objeto, de las teorías racistas de Joseph Gobineau y de los maestros que iban a adoctrinar a los niños de provincias, son producto de ese régimen. El estado francés terminó de doblar París y convirtió la ciudad en un decorado de cartón piedra que inspiró los delirios de grandeza de Adolf Hitler al igual que el Versalles de Luis XIV había inspirado antes el zar de Rusia. Mientras Amsterdam y Londres competían por el liderazgo comercial, París convertía el lujo en el motor de su poder, y modernizaba el urbanismo. En 1714, el año que Barcelona se rendía a los Borbones, París tiraba al suelo las murallas para hacer el primer bulevar. Entonces Francia tenía tanta fuerza que París se podía permitir pensar la capital como una ciudad abierta, lujo inaudito en toda Europa. Es sólo ahora que, sin haber perdido el encanto, desprende un cierto aire de cadáver exquisito. A medida que la globalización cuestiona los viejos estados nación y que el inglés y el chino van conquistando el mundo, la capital de Francia va moderando su confianza en el progreso.

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(fin de la parte I)


geometrĂ­a

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fotografĂ­a y texto

por sabela

eiriz


fotografía

náufrago A menudo reconstruía con sus manos el calor de las noches en las que habían naufragado juntos. Apenas remontaba las montañas de su cuerpo con sus dedos, salía de sus poros una humedad que se expandía como el olor de los cítricos y que le llevaba a las horas intempestivas en las que ambos cuerpos se deshacían y se vaciaban. Su boca se colmaba del vapor de aquella piel de tierra y por su aliento se desplomaba la terrible necesidad de bebérsela una y otra vez.

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geometría

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Un calor palpable se había apuntalado en sus córneas. Su piel era sólo una leve frontera entre líquidos y uñas, labios y ojos, latidos propulsados por órganos ajenos y silencios de los dientes mordiendo los dedos o las sábanas o las palabras pequeñas, húmedas y desnudas que se hacían hueco entre sus huesos cuando, en la calma, se hilaban como las líneas que apuntan las constelaciones, como las yemas que surcan lunares, como el cabello que cae y vive y baila y vuela cuando el vientre grita y los pezones ríen.


fotografía

Después, sólo quedaban manos tercas y pieles imantadas. Sólo quedaban ojos anudados y huecos insaciables. Sólo cuerpos caníbales y tiernos. Sólo líquidos, sólo lunas, sólo secretos, sólo naufragios. =t

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desublimacions (I) por marc samper (I) “Perquè el nostre Déu és un foc que devora” Hebreus, 12:29. “Perquè el nostre Déu és un foc que devora”. Podem posar aquesta cita del llibre dels Hebreus juntament amb una altra d’Heràclit: “Amb el foc tenen intercanvi totes les coses i amb totes les coses el foc, tal com amb l’or les mercaderies i amb les mercaderies l’or” ((22 B 90) Plut., De E 388e). Aquí, les mercaderies i l’or conformen la  al•legoria que serveix per il•lustrar  com és el foc allò que  dóna  valor de canvi a tots els objectes, el principi comú present a totes les coses i que les fa mesurables i intercanviables. I és que per a Heràclit totes les formes de la natura brollen d’aquest foc etern i dinàmic i es redueixen a aquest. És el foc el que il•lumina les coses i les consumeix, el que modela la forma canviant de l’univers i distribueix les seves mesures en una constant dialèctica de contraris que pugnen per aparèixer i desaparèixer, per manifestar-se o ocultar-se.

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Element últim i primer, el foc és, però i sobretot, un principi plàstic i un principi de visibilitat. Com a principi plàstic, és allò que forja i modela la matèria i la constitueix en diferents formes canviants. Com a principi de visibilitat és el que ens permet un accés metafòric al “Logos”, que és en Heràclit el veritable principi últim que ordena i governa l’univers. El foc seria, doncs, el logos convertit en metàfora, convertit en imatge. I doncs, tal com l’or a la cita anterior, una al•legoria. Canviem l’ordre de la frase anterior. Llegim: “Amb l’or tenen intercanvi totes les mercaderies, i amb totes les mercaderies l’or, tal com amb el foc totes les coses, i totes les coses amb el foc”.


audiovisual

Ara és el foc el que es converteix en al•legoria de l’or. Al•legoria present dels fluxos de l’economia i el mercat, de la seva raó de ser. Element metafòric i que com a tal ens permetria apropar-nos des d’una perspectiva diferent per tal de visualitzar la dinàmica del mercat en l’actualitat i revelar-nos un altre sentit de les fluctuacions de l’economia: l’enriquiment excessiu com un foc que al seu pas només deixa grans territoris calcinats, els focs de les llums de l’espectacle o espectacles contemporanis desfigurant la matèria que abrasa, la combustió accelerada de la guerra i la violència d’un foc que carbonitza la mateixa realitat de la qual s’alimenta. L’èxode de pobles devastats fugint d’una irradiació que s’escampa; foc com l’esdevenir demiúrgic de tota mena d’objectes -de mercaderies, de productes industrials que broten febrilment-; i de la mateixa compulsivitat del consumisme i la histèria promoguda pels ídols de la societat contemporània. Tot encenent-se i apagant-se, però no amb mesura, sinó amb una total desmesura, devorant-ho tot contínuament. La desmesura del comerç global; la mateixa desmesura potencial de l’home: imatge Dantesca del lliure mercat, en la que l’home o els homes es veuen al centre d’una deflagració mundial, reflectits en les seves pròpies flames. “Perquè el nostre Déu és un foc que devora”.

(II)

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La presència del foc com a al•legoria o com a símbol del foc és una constant al llarg de la història humana. El robatori del foc per part de Prometeu i el foc com a imatge de la tècnica. El foc d’Heràclit com un  arkhé  d’imatges, com una  “lògica”  del (no)-sentit que corre  paral•lela als accelerats canvis de forma de la matèria: Com a correlat de l’ascens i la caiguda dels imperis, de la  hybris  i la tragèdia dels homes; com a esperit, com a esperit sant devastant la terra en pos d’una sublimació cap a una forma impossible. L’àngel de la història succionat per un vent nuclear observa com al seu darrere la dialèctica del foc desfà tot al seu pas.


desublimacions

(III) Dins aquesta dialèctica del foc ocupa un lloc central la relació entre la matèria, forma i foc. El foc modela plàsticament la matèria en la producció de noves formes, però sempre existeix una tensió entre matèria i forma. Una possibilitat de trencament provocada per una força centrífuga que impulsa a la forma cap a un firmament d’idees excessives. En aquest fregament constant la relació d’ambdues és d’abrasió: l’excentricitat de les formes erosionen la matèria, desgasten progressivament o violentament la seva superfície, desfan les seves entranyes. Dins d’aquesta dinàmica l’esperit humà actua com un accelerador, introdueix una incògnita que fa més violentes les tensions originals, augmenta l’índex de  pertorbabilitat. Per una banda, el pensament provoca idees que augmenten el foc i inflamen les formes, d’altra, la fantasia al•lucinògena amputa la matèria del seu sòl vital i l’abandona a la corrupció. El deliri podreix la matèria, provoca una regressió mineral, sabotejant la seva cristal•lització i abandonant els cossos a una entropia exponencial.

(IV) Desublimació com a descens des de les idees-formes fins als cossos que aquestes han cremat. Trencament dels arquetips per la irrupció subterrània de la matèria despullada.

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Bancarrota de la inflació lumínica, del màrqueting cultural. Al mateix temps, restitució del llenguatge mito-poètic a la realitat material de la qual sorgí, rescatant-lo de la seva abstracció i esterilitat però tornar-lo  en el sí  de la vida  com  a flama vivificant, orgànica, nutritiva.


audiovisual

Interrupció del deliri i resurrecció de la carn. Redempció dels cossos despullats emergint de les formes dominants del baix imperi d’occident. Oposar a la idolatria els rostres reals. Individuació de les imatges. Sabotatge als centres d’irradiació d’idees, de producció industrial de còpies vives. Singularitats. Benaventurances. Elogi de la terra cremada.=t

ir a vídeo

https://vimeo.com/revistatusitala/desublimacions

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o búscalo en tusitalarevista.com


el teixit infinitesimal (haibun) por anna vilà

t34

Això és una esfera, no una autèntica camisa. En conseqüència, no ha de ser interpel·lada com a tal. Dit l’anterior, és forçós assenyalar que ha de ser transitada; fins i tot si durant el procés, un hermètic recorregut, les extremitats van desprenent-se’ns, intercanviant-se entre elles o amb les dels altres. És un imprecís dilema i aquests anys seran reclamats, més tard o més d’hora, pels sotasignants de l’assumpte; inquirida la seva inanitat, el confort i la dimensió de les escales. Hi ha una tècnica precisa, diria algú, per a anorrear tots els ímpetus, i bona raó tindria, el mètode de la terra que existeix emblanquint-se a cada pas –blanc de por, de pèrdua, d’algada paràlisi dins l’aire de vidre–, un ombrejat en el revers del buit i la causa exactament alimentada, pel formigó, per blocs inviables construïts en els anys de les campanes. Tant hem plorat... però només la imbecil·litat dirà “per què aquesta desgràcia?”, “fins quan l’ermitud?”. Quan es vol fer el que no es pot fer ja és l’irrisori absurd, i absolut. Romandre com formiga només, estàtica i lúcida en el contínuum ejaculat, i ejaculant; sumptuosa, esborrada en el gaudi d’una immobilitat per sempre: arrel segura per a l’arbre del no-res. Se’ns escorre l’aigua i ni la veiem, tan ben centrada i fosforescent, però velada; els dos sentits d’una polsant direcció. Ai, els obrants de la geometria i els seus perversos, ben delimitats, participants!

Més olorosa, dins del gel l’alga canta el ser per sempre.


poesía

ilustraciones JORDI PAGÈS

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l’espècie inconnexa

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por

anna vilà

O potser hem dit sempre dimensió per virar cap a la lletania de l’olor de la cosa,  filla pàl·lida de la paraula. Amb mig cos dins del contrabaix i un glop de sentit, miratge del contínuum a la boca esquinçada pel fullatge; els seus boscos, desenterrats,  orfes d’arrel, com sobre una bala  ─impostarem sempre el cúmul  sobre les vacances gèlides del mèrit?  Només sembla quadrat el contacte, com un píxel  d’escorça engrandit i acuradament deixat a l’angle esquerre de la pluja. L’aigua invertida  és, a la fi, el romandre abalançat, i una nova cobertura, pell instantània per al mar del pis de dalt; perquè és el mar de nou,  sí: preguem pel mar de nou; malgrat tot, el tot del res. Actuants mil·lenaris som de la linealitat  que no és, o que és tall, substituta mentida. Ens diu això la veu, inconnexament vermella  des de la casa de sempre. I és només un dibuix,  sí, sí, clar... d’infant, de sàtir?, qui ho sap.  Per l’escala d’erràtics fils, l’ossada va desfent-se’ns,  amb cada bri, a cada nova sessió  d’incendi simulat.  Una càtedra d’ungles, si us plau, per escatar el perill perpetu del present,  el confort de la gana i la correcció en els sons dels accidents.


animals del volum, l’esfera que menja

por

poesía

anna vilà

Una desfilada dins del cuir, ningú no la veu. Fa uns quants cavalls, d’aquí a una pausa. La galàxia. S’encén una camisa, mormola algú ─sempre hi ha un observador?, dins del taxi, sí─, i al seu través un genet, marcat, s’abalança; la violència del guió: cap enfora de la nit, i torna a ser la nit, però no una nit nova. Només el menjar és assolellat, la cuina dins la respiració d’ella, panteix; perquè sempre és ella, o la suor del seu animal, les dents de la casa. —Quants van ser els sorolls? —Una butaca. —No, ara no—diu P.—, però vine ja! La demanda dels tres sòls, el joc esquizofrènic de les sabates. S’aixeca amb l’esforç de l’aire soterrat, fulles d’acer, i se’n porta l’altra a una banda, i l’altre també. —Ho has vist? Saps de què va aquesta ampolla? —No ho creuràs: és un endoll i una cambra. —Calma’t. S’ha confirmat! L’aixopluc. Com si parlés de l’empedrat, del cavall constant. El recorregut infinit de la finita esfera, la repetició dels revolts de la caiguda ─perquè, sí, la caiguda és sempre corba─, el laberint de la víscera blanca, cruel i eternament replegat, tou, reeditant-se. La condició de la forma, la necessitat de la boca en la vergonya, externa al tret, mentre cau. Un cercle: la projecció del forat primordial. =t

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hacia una globalidad liderada por las ciudades (parte II) por efrem gordillo pla

HISTORIA Y DIALÉCTICA CIUDAD-ESTADO

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La globalización es una reanudación de los cambios que ya se habían iniciado a primeros del siglo XX, cuando oriente comenzó a abrirse al mundo, cuando las pequeñas naciones de Europa comenzaron a reivindicar su personalidad y cuando la vida urbana se empezó a desarrollar al margen de la vida nacional dictada por los intereses militares de los viejos estados. La obra de Gaudí, al igual que la de Kafka, va contra unas formas de gobierno putrefactas, que habían dejado de representar al hombre y su realidad natural. Desde la caída de Roma, toda la historia de Europa es un tira y afloja entre la tendencia autoritaria y honogeneizante de los estados y la tendencia disgregadora y liberalizadora de las ciudades. Esta dialéctica ha sido el motor del dinamismo europeo, pero la pulsión totalitaria de los estados ha acabado por ahogarla. La guerra entre el absolutismo y el parlamentarismo se saldó en 1714 con un acuerdo entre Francia e Inglaterra que marginó Holanda y aplastó las instituciones catalanas para, más adelante, aplastar a las polacas y dejar a los pueblos germánicos fuera de contexto.

EDWARD GLAESER ha escrito The Triumph of the City en la línea del optimismo urbano chino diciendo que las ciudades nos harán más ricos, más ecológicos y más felices. Dice que la humanidad podría vivir toda junta en Texas sin que nadie tuviera que renunciar a tener una casita con jardín, y que las ciudades no paran de crecer. 37 millones de personas viven en Tokio felizmente amontonadas.


ensayo

Que los americanos que viven en ciudades de más de un millón de habitantes cobran un 50 por ciento más que los que trabajan en áreas más pequeñas. Que las revoluciones se hacen llenando las capitales de masas motivadas. Que las ciudades triunfan porque las buenas ideas salen de los espacios donde hay más gente. A primeros del siglo XX, Nueva York tenía una esperanza de vida inferior a la media de los Estados Unidos, como ocurre actualmente en muchas ciudades asiáticas. Hoy tiene una renta per cápita muy superior a la media americana y la calidad de vida más alta del país. Las ciudades pujantes no son aquellas en las que los pobres tienen coche, sino aquellas en las que las señoras ricas van en metro.

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CHARLIE LEDUFF describe la quiebra de Detroit como una metáfora de la crisis del estilo de vida americano. En su libro Detroit: An American Athopsy nos cuenta que en 1950 Detroit era una de las ciudades más ricas de Estados Unidos. Detroit fue la cuna de la producción en masa, de los ejecutivos con sueldo de futbolista y de la cultura del consumo que forjó el mito del estilo de vida americano. La industria de Detroit puso el coche y la lavadora en el centro de la vida de las masas y restableció la esperanza cuando el fascismo colapsó la sociedad burguesa. Pero al cabo de unos años, Charlie LeDuff volvió a casa y se encontró las avenidas vacías, los rascacielos abandonados, la policía desmoralizada y las instituciones carcomidas por la corrupción. En algunos barrios vio coyotes y cadáveres enterrados bajo la nieve. Nueva York y Chicago también pasaron crisis, pero comprendieron que una ciudad debe buscar la máxima concentración de conocimiento, no la máxima densidad de personas y servicios. Y se recuperaron reinventándose. En lugar de abandonar en el peor momento de la tormenta, los Neoyorquinos se reafirmaron con su “I <3 New York”. La calidad de la gente es lo más importante.


hacia una globalidad...

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La idea de que las ciudades pertenecen a los estados no es inocente. Nuestra admirada Holanda, en su momento más brillante, más que un estado nación era una constelación de 78 ciudades con representación en la Haya. Si se entiende esto se comprende el interés de Barcelona por Occitania. La decadencia holandesa comienza cuando las ciudades de los Países Bajos tuvieron que ceder el poder a un rey para protegerse del ejército de Luis XIV. Más trágico es el caso de las ciudades italianas, primero colonizadas por las potencias extranjeras y luego prostituidas por las dinámicas de la unificación. Las ligas de ciudades nos parecen antiguas porque a partir de un cierto momento dejaron de resultar útiles para defender la libertad y el dinero. En los últimos siglos, las ciudades han jugado un papel subordinado respecto de los estados. Sin embargo, desde que París recuperó el Ayuntamiento en 1970 y, sobre todo, desde que en 2000 Londres restableció la figura del alcalde, la influencia de los municipios no ha parado de crecer. Este cambio de dinámica ha esparcido la idea de que los estados están en vías de extinción.


ensayo El urbanista JANE JACOBS (1916-2006) fue de los pioneros en afirmar la tesis de que los estados y las ciudades aportan visiones del mundo contrapuestas y complementarias. En el esquema de Jacobs los estados promoverían valores como la lealtad, la fuerza, la jerarquía y el fatalismo, mientras que las ciudades representarían el pacto, la conveniencia, la confianza y el optimismo. Quizás el hecho de que España fuera el primer intento de estado nación y que Barcelona haya sido la ciudad que se ha aferrado con más terquedad a sus libertades, contribuye a que el diálogo entre Madrid y Barcelona esté marcado por la incomprensión. Los españoles, con su entrañable inflexibilidad, nos recuerdan cada día que los estados piensan en clave de derrota o de victoria, de lealtad o traición. Y nada quieren saber del pragmatismo y del win-win, que es la esencia del carácter comercial de las ciudades. La pugna entre Barcelona y Madrid cada día estará más abierta y también, por el mismo motivo, es probable que su resultado influya en la forma en como Europa acabará viéndose a si misma. PANKAJ MISHRA, en su poli-premiado ensayo De las ruinas de los imperios. La rebelión contra Occidente y la metamorfosis de Asia, escribe que Occidente se podría llegar a encontrar en una situación paradójica –situación que ya se ha dado en la historia. Hace 100 años, 13 países occidentales controlaban tres cuartas partes de la tierra y el 79 por ciento de la población del mundo. Ahora puede ocurrir que estas potencias terminen sometidas a países de una civilización extranjera gracias a la fuerza de los mismos valores que les permitieron alcanzar la hegemonía. Estos valores no tienen alternativa clara, lo que está en discusión es la hegemonía de Occidente.

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Esta situación de pérdida de control sobre el propio futuro es la que, según Vila, suscita el sentimiento de decadencia y el retrato del nuevo héroe occidental como un hombre que necesita reinventarse para seguir adelante. Muchas de las series televisivas de éxito (The Walking Dead, Z-Nation, Falling Skies, Last Ship, Outlander, etc.) reflejarían este sentir colectivo. (Fin de la parte II)


la ciudad fúnebre

texto y fotografía por

sara martin blanco

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Se escucha, de fondo, la Sonata para piano nº2, Op. 35 de Frédéric Chopin.


relato

Ida camina lentamente, yendo y viniendo sobre sus mismos pasos, por la amplia estancia orientada al oeste. La cola de su vestido negro acaricia la alfombra que, una y otra vez, es maltratada por los finos tacones de sus zapatos. Sus manos, entrecruzadas, rascan en un movimiento involuntario el vestido a la altura del ombligo -La angustia habita en el vientre. Los nueve generadores se ponen en marcha, y las luces de la ciudad empiezan a encenderse con timidez: casas, edificios y calles; la Plaza del General; la única escuela que aún se mantiene en pie, La Forma del Sagrado Corazón; las cientos de fábricas y las tres torres de mando; los dos puentes que dan salida a la ciudad, El Puente del Militar y el Puente Funere; el cementerio. Con cada anochecer, llega la liberación de Ida. Desde hace tres años, desde que la ciudad fue declarada oficialmente como muerta por el Estado y el mismísimo General, Ida resurge en vida por los tejados de esta ciudad estancada y sombría. Sin quitarse los tacones, y alzando tan solo un poco su vestido para no pisarlo, Ida asoma su cuerpo por la ventana del tejado: primero un pie, luego la pierna, y, finalmente, el cuerpo entero. El viento despeina levemente el moño que corona su cabeza, pero Ida sonríe. Y le guiña un ojo a la Luna, cómplice de su gran secreto -Obcecada en creer en la vida, Ida intenta plasmar, milímetro a milímetro, la ciudad entera en un plano, en un mapa a escala 1:10.000. <<Si en algún futuro vuelven a habilitar la ciudad -piensa con optimismo-, la gente podrá estudiar cómo era la metrópoli, cuál era su forma>>.

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la ciudad fúnebre

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A pesar de la poca luz que dan las farolas, las calles y sus recodos quedan visibles para poder ser analizados y plasmados en detalle. Con un trozo de carbón, Ida acabará de fijar la Calle del Aire con el edificio de Mario al final, tan oscuro y sucio, tan viejo, tan triste..., y al lado opuesto, el antiguo comercio de la señora Asunción, con sus ventanas rotas y hierros oxidados. Una vez acabada la calle, Ida pasará al tejado contiguo para poder observar la antigua fuente de la plaza de la que, una vez, brotaban enormes chorros de agua. Ida aún recuerda alguna escena feliz, y es el recuerdo de la vida lo que le hace ser tenaz en su lucha por mantener la memoria, por dejar constancia de cómo fue algún día la vida, el sol y la luz; pero, sobre todo, para documentar de qué modo el hombre transformó la vida en muerte. Ida se fija en la ventana de Mario. <<Seguro estará escuchando Chopin>>, piensa. Y sonríe. =t


gaudí y la síntesis arquitectónica por antonio castillo

“La primera cualidad que ha de tener un objeto para ser bello es cumplir con el objeto a que está destinado, no como si reuniéramos los problemas resueltos por separado y los recopiláramos para darnos un resultado heterogéneo, sino tendiendo a alcanzar una solución de unidad que atienda a las condiciones materiales del objeto, a su uso, al carácter, y sintetizado y sabidas las buenas soluciones, tomar la resolución más adecuada al objeto de lo que se desprende que hay que atender al uso, al carácter y a las condiciones físicas. [...] El Carácter religioso es el que tiende siempre a lo más grandioso desde el momento que su objetivo es un misterio, cualidad que se alcanza por una infinidad de medios, que nos obliga a considerar actualmente la religión con relación a la sociedad, [...]” Antoni Gaudí, “Manuscritos sobre ornamentación”.

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La arquitectura, como es sabido, es una bella arte y aspira, por lo tanto, a producir algún tipo de sensación estética. Pero la arquitectura es, al mismo tiempo, útil, pues responde a lo que (al menos, en las sociedades civilizadas) se entiende como una necesidad básica del ser humano: la vivienda. Desde hace muchos años, uno de los lugares comunes más frecuentes entre los teóricos de la arquitectura al hablar de la obra de Antoni Gaudí ha consistido en afirmar que su gran aportación radica en la síntesis arquitectónica entre estructura y forma, entre utilidad y sensación estética1. Sin embargo, como señalan J. L. González MorenoNavarro y A. Canals Balagué, en todos estos autores “cuando se habla


ensayo

El primero en formular dicha tesis fue un discípulo del propio Gaudí, J. Rubió i Bellver, quien la expuso en vida de su maestro en la conferencia titulada “Dificultades para llegar a la síntesis arquitectónica”, publicada en el Anuari de l’Associació d’Arquitectes de Catalunya en 1913, y más tarde incluida en el volumen colectivo Antoni Gaudí (Barcelona, Ediciones del Serbal, 1991) Esta misma tesis fue sostenida por G.R. Collins en su monografía Antoni Gaudí (Nueva York, Brazilier, 1948) y por R. Pane en su texto “Nueva contribución al estudio de Gaudí, entre la crítica del arte y la psicología”, publicado inicialmente en Barcelona en 1984 dentro del Catálogo de la exposición <<Antonio Gaudí (1852-1926)>> y reeditado en el mismo volumen colectivo que incluye la conferencia de 1

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Rubió i Bellver.

2 González MorenoNavarro, José Luis; Casals Balagué, Albert; Gaudí y la razón constructiva. Un legado inagotable, Madrid, Akal, 2002, p. 183.

de síntesis, lo que ocurre casi siempre con Gaudí es precisamente lo que denuncia Pane y sin embargo él mismo hace: es una síntesis parcial, referida en este caso sólo a los aspectos estructurales en sí mismos, y en otros casos a otros aspectos parciales”. En otras palabras, al estudiar la síntesis arquitectónica gaudiniana se ha acostumbrado a destacar el aspecto estructural o funcional de la misma, descuidando o ignorando por completo toda referencia al ambiente con el que sus construcciones se relacionan (es decir, la ciudad y sus habitantes) y, por consiguiente, al efecto estético que producen. Esto ha ocurrido, sobre todo, al estudiar los edificios domésticos de nuestro arquitecto, por cuanto los edificios religiosos, como añaden González y Canals, “poseen una mayor simplicidad espacial junto con una presencia franca de los elementos estructurales a lo que se añade un simplísimo programa ambiental. Justo lo contrario de los domésticos. Sin duda, hablar en estos últimos de su auténtica síntesis arquitectónica, la que reúne espacio, ambiente y todo lo demás, es bastante más difícil”2. Lo expuesto hasta aquí plantea, al menos, dos preguntas importantes. En primer lugar, ¿por qué se ha concedido tradicionalmente esa prioridad al aspecto estructural, funcional y constructivo, a la hora de analizar la síntesis arquitectónica propuesta por el arquitecto catalán?


gaudí y la síntesis arquitectónica Y segundo, ¿qué relación con lo religioso tendría una arquitectura en la que, cuestionando ese privilegio de lo funcional, se propusiera una síntesis general, es decir, una suerte de continuidad entre la estructura del edificio y el efecto estético que persigue, entre el aspecto funcional de la construcción y el medio en el que se inserta? Para responder a la primera de estas dos preguntas, tal vez sea de alguna utilidad remitirse a unas pocas ideas presentes en los principales autores de la corriente filosófica conocida como “estructuralismo”, que tienen algo que decirnos a propósito de la naturaleza del arte en general, y de la arquitectura en particular. Según J.L. Pardo, para los pensadores estructuralistas el habla, que es fundamental para la existencia de un orden social humano, apunta en un sentido contrario al del arte, porque “mientras que el hablante de una lengua natural invierte toda su energía en la producción de significado con un mínimo coste en la producción de significante [...] el artista gasta la mayor parte de su energía en la producción del significante”3. En cada uno de estos dos extremos se da, sin embargo, una excepción a la regla general: por el lado del habla, nos encontramos con una práctica que, pese a producir significado a partir de un conjunto dado de significantes (la lengua) es considerada un arte, y por consiguiente algo no útil, o de una utilidad difícilmente determinable – nos referimos a la literatura, de cuya paradójica condición no me ocupo en este artículo4; por el lado del arte, nos topamos en el caso de la arquitectura con una disciplina artística que, al contrario que todas las demás (piénsese en la pintura, la escultura o la música, por ejemplo) no puede renunciar a ser útil, esto es, a producir un significante (el edificio) que se inserta en la vida social, la cual no sería posible de no ser por el habla. Pardo, José Luis; “Naturaleza y arte al final del siglo XX. Ensayo sobre la falta de significado”, en rostro@representación .com, Guipúzcoa, Arteleku, 1998, p. 32. 3

Véase a este respecto (y disculpe el lector la autoreferencia) mi ensayo titulado “In media res. La noción de <<lo neutro>> en Maurice Blanchot”, en Revista de Humanidades: Tecnológico de Monterrey, 2005, https://www.academia. edu/3257613/In_media_res_La_noci%C3%B3n_de_lo_neutro_en_Maurice_ Blanchot_. 4

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ensayo

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La esencia de la arquitectura, aquello que la distingue de las restantes artes no es otra cosa, pues, que su vínculo con la funcionalidad, es decir, con lo noartístico; no debe sorprendernos, por lo tanto, que el aspecto funcional, constructivo y estructural sea analizado prioritariamente cuando se estudia la obra de un arquitecto, por más notable en términos estéticos (es decir, formales) que esta resulte, como sucede efectivamente con Gaudí. ¿En qué afecta lo que acabo de exponer a las relaciones entre la arquitectura y la religión, que era el segundo asunto sobre el que me interrogaba más arriba? En otras palabras, si, como es sabido, la palabra “religión” procede del término latino “re-ligare”, que significa “unir de nuevo”, ¿qué es eso que se trata de unir nuevamente? Pienso que, para Gaudí, lo que se trata de re-unir son esas dos tendencias en principio antitéticas a las que he aludido hasta aquí por medio de diversos nombres (lo funcional y lo estético, lo social y lo individual, el significado y el significante, el habla y el arte). Ahora bien, en tal caso, la arquitectura, arte funcional por excelencia, será esencialmente religiosa, no porque comporte la creencia en un Dios específico, sino en la medida en que lo que ella pone en juego es el problema del “re-ligare” inherente a toda sociedad. Lo que el arquitecto construye, por tanto, sea o no consciente de ello, no son únicamente edificios, sino el nexo mismo entre la sociedad y los individuos, condición de toda vida en sociedad. Leído desde esta perspectiva, me parece que el fragmento que cité al comienzo de este breve texto revela, si no la clave definitiva para entender la obra de Gaudí, sí al menos algunos de los elementos fundamentales para hacernos una idea de la ambición que la atraviesa.=t


silencio

por héctor gómez

t49

Murmullo indefinido. El vestíbulo de un aeropuerto. Allí, una multitud corre de un lado a otro, arrastrando sus maletas, haciendo colas interminables en los mostradores de las compañías aéreas, esperando sentados y aburridos su vuelo. La megafonía anuncia llegadas, salidas y retrasos. Conversaciones que se confunden entre sí. Reactores. … Las afueras de un área urbana. Bloques de cemento se mezclan con escasas zonas verdes. Entre torres y autopistas, un canal artificial. Está prácticamente vacío; sus aguas corren un tanto agitadas por las ráfagas de viento que soplan constantemente esta mañana. Una única piragua monoplaza avanza plácidamente, apenas sin esfuerzo, por el caudal. Un avión sobrevuela excepcionalmente cerca; el aeropuerto está muy próximo al canal. … Oscuridad absoluta; oímos algo arrastrándose. Una tos; alguien carraspea. Una cremallera. Movimiento de objetos. Un tenue punto de luz amarillenta se ilumina fugazmente, para volver a apagarse. De nuevo movimiento de objetos y roce de tejidos. Tos. Una chispa. Otra. Una pequeña llama azulada flota en la negrura. El crujido de un plástico. Una risa, nerviosa y casi inaudible. La llama se mueve, un rostro se ilumina. Un mechero enciende un cigarrillo. Vuelve la oscuridad. Una pequeña brasa se aviva a cada calada. Un suspiro de alivio. Más caladas, más rápidas.


t50

relato

Se oye un murmullo lejano, ininteligible. Crujen tablones de madera. Crujidos rítmicos, lentos y firmes; son pasos. Los pasos se detienen. Una respiración profunda. Silencio. Crujidos aún más lentos. Un tropiezo. Una tos. Más pasos. Se detienen. El mechero enciende una vela montada en un sencillo candelabro. Lentamente, el punto de luz titubea hasta crecer y alumbrar un rincón. Mediana edad, barba alborotada y gesto febril. Parpadea compulsivamente cuando las gotas de sudor se deslizan sobre sus ojos. Respira alterado. Vuelve a toser. Un fuerte impacto. El hombre reacciona rápidamente. Dirige su atención y la luz hacia el origen del ruido. Está en un cobertizo de madera. Lentamente, ilumina todo lo que tiene ante sí. Todas las ventanas están selladas con tablones. Dentro, reina el desorden. Todos los muebles y objetos están esparcidos arbitrariamente. El hombre alumbra el entorno hasta ver la puerta del chamizo; atranca una silla para obstruirla. Comprueba sigilosamente que la puerta no puede abrirse. Duda un momento. Retrocede, y descubre una mesa. La arrastra hacia la puerta. Tras colocarla, se sienta. Respira profundamente, cansado. Enciende otro pitillo, con la vela. Se relaja. Se mantiene pensativo un momento. Levanta la vela, alumbrando el techo. Recorre la superficie con la luz, hasta encontrar una bombilla colgando. Sigue el cable con la vista, grapado al techo hasta desaparecer tras el marco de una puerta entrecerrada.


silencio

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relato

Se levanta. Lentamente, se aproxima hacia la puerta, alumbrándose. Al llegar, se detiene. Ilumina el interior a través de la abertura, sin abrir más. Permanece observando unos segundos. Asoma la vista un poco más; se atreve a meter el brazo para iluminar la estancia. Entra. Alumbra el techo, siguiendo el cable. Cruza el salón, concentrado en el techo, sin iluminar todo lo que le rodea. Llega al otro extremo. En un pequeño cuarto anexo hay un generador eléctrico; lo inspecciona, comprobando posibles desperfectos. Lo pone en marcha. Progresivamente, se hace la luz. Entrecierra los párpados, apaga la vela. Paralizado, observa todo lo que le rodea. Sujeta el candelabro como si fuera un arma. Está pálido y empapado de sudor; tiembla. Crujen algunas tablas de madera bajo sus pies, pero el silencio es absoluto. Únicamente le acompaña su respiración entrecortada. Reanuda su paso, esta vez más vacilante. Reacciona impulsivamente con una mirada nerviosa y penetrante a cualquier mínimo sonido o movimiento ajenos; busca con los ojos el origen de todo rumor. Se le va la cabeza; se tambalea, mareado. Se apoya en una silla. Se sienta, relajándose y dejando caer el peso de su cuerpo. Respira profundamente y cierra los ojos. Silencio.

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Tose; abre los ojos. Tiene ante sí una estantería, que hasta ese momento no había visto. En ella hay varios objetos, entre ellos, una radio. Se incorpora pesadamente, cansado. Coge la radio, un viejo trasto con la antena retorcida y cubierto de polvo; manipula el aparato. No funciona. Comprueba si hay pilas; el cargador está vacío. Un golpe repentino le pone en alerta. Levanta la vela como si fuera un sable. Permanece alerta hasta tranquilizarse de nuevo. Vuelve a inspeccionar la radio. La llama parpadea, se torna amarillenta. Se apaga; vuelve la oscuridad. Su respiración se vuelve más intensa. Esta vez parece más un estertor, cada inhalación va acompañada de un siseo. La tos es más frecuente.


silencio

Vuelve a encender la vela. Se alumbra hasta volver a su punto de partida. Rastrea el suelo. Encuentra su linterna junto a la mochila. Vacía la linterna de pilas, colocándolas en la radio. Enciende el aparato; la señal es muy débil, hay muchas interferencias. Gira el dial, buscando alguna emisora. Sólo se captan voces ininteligibles. Le da un manotazo al cacharro, y el volumen sube repentinamente. Busca lentamente, pero sólo capta ruido blanco, oscilaciones y algún murmullo lejano. Ocasionalmente, suena música. Cuando prácticamente ha recorrido todo el dial, encuentra una voz. Parece captarse bastante bien, pero el volumen es insuficiente para entender las palabras. La luz parpadea levemente, enrojeciéndose el filamento de la bombilla. El hombre zarandea el aparato. Vuelve a golpearlo. La voz se oye ahora claramente. Escucha atentamente, muy interesado por las palabras, pronunciadas por lo que parece un locutor de informativos: “…desde el inicio de la alerta internacional, la situación se ha descontrolado, hasta el incontenible caos actual…” Inerferencia “…las medidas de seguridad adoptadas han resultado insuficientes… Las bajas son en estos momentos difíciles de cuantificar, así como las pérdidas económicas…”

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La luz vuelve a temblar. Más interferencias en la señal de radio. Las palabras llegan entrecortadas. Se pierde la señal. El hombre maldice entre dientes. Más golpes a la radio. Se recupera la emisión: “…es imprescindible para la supervivencia mantenerse en la oscuridad sin producir ningún sonido llamativo…”


relato

Las bombillas del cobertizo vuelven a encenderse. El generador produce ahora un traqueteo metálico considerable. El hombre se queda sin reaccionar, con la radio en las manos, a todo volumen, y todas las luces de la cabaña encendidas. Apaga la radio. Se levanta lentamente, y camina muy sigilosamente, casi sin levantar los pies de los tablones de madera. Casi no respira, solo una tenue ronquera. Parece en trance, muy concentrado, casi ausente. Actúa como un autómata, tenso y con la mirada perdida. Ahora, cualquier pequeño ruido se amplifica en el silencio hasta distorsionarse. Vuelve hacia el generador y, sin hacer apenas ruido, lo apaga. La luz se desvanece nuevamente. En la más absoluta oscuridad, la respiración se vuelve intensa y entrecortada. Un crujido en el exterior. Se detiene la respiración. Desde fuera del cobertizo llegan sonidos que se aproximan lentamente. Un extraño murmullo, que se funde con crepitar de hojas y ramas. Aumenta el volumen. Murmullos y crujidos se mezclan con gritos esporádicos. La respiración se hace más intensa. En el exterior hay un estruendo que lo envuelve todo. Repentinamente, se hace el silencio. Respiración nerviosa. Pasos. Pasos pesados, vacilantes, sin ritmo. Se corta la respiración. Más pasos. Más intensos y con más frecuencia. Una tos. Los pasos se detienen.

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Silencio absoluto. Un rasgueo. Algo similar a arañazos. Uñas rascando madera. Lentamente, el estruendo de cientos de manos golpeando y arañando las paredes se vuelve insoportablemente omnipresente. Haces de luz empiezan a colarse entre los tablones, que se dislocan producto de los golpes. Caen clavos y se parten algunas maderas. El zarandeo se apaga hasta desaparecer.


silencio

Vuelve el silencio. En penumbra, el rostro asustado del hombre intenta ver en la oscuridad, buscando con la mirada todos los rincones. Sigue cualquier pequeño rumor con bruscos movimientos de la cabeza. Sombras fugaces atraviesan los haces de luz. Repentinamente, vuelve la luz a la cabaña. Encogido en un rincón, el hombre cierra los ojos y agacha la cabeza, adoptando una posición fetal. Levanta la cabeza; busca en sus bolsillos. Enciende un cigarrillo; fuma concentrado, disfrutando cada profunda calada. Vuelven a oírse golpes y arañazos. El hombre termina el cigarrillo, apurándolo hasta el final. Respira profundamente. El ruido crece hasta hacerse insoportable. La radio cae al suelo, encendiéndose repentinamente. Las oscilaciones y pitidos de la señal inundan la estancia. Entrecortada por las interferencias, llega la señal radiofónica: “…el avance ha sido muy rápido, nadie se explica el origen de este fenómeno… …recomienda a todo aquel… quiera preservar su individualidad, busque refugio en zonas apartadas de las áreas metropolitanas… …una seria amenaza para la supervivencia de la especie huma…”

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Se interrumpe la señal. Silencio súbito. … Mientras tanto, la cocina de un restaurante de comida rápida está a pleno rendimiento; movimiento de cocineros y freidoras en constante ebullición. … El viento remueve violentamente los árboles en las aceras.=t


...sobre cómo éstas y otras imágenes atormentaron y confortaron sus sueños por todo el primer año...

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por ernesto reyes


serie fotográfica

La teoría del desarrollo psicosexual freudiano es una de las bases del pensamiento psicoanalítico y de las pulsiones sexuales. Describe la forma en que el ser humano ha evolucionado en base a la líbido, que como energía sexual se asemeja a un impulsor, que motiva y proyecta el desarrollo de diferentes áreas (motriz, lenguaje, relaciones, sexualidad, etc.), en el que las pulsiones tienen una fuente u origen, un empuje, un objeto y un fin, y la búsqueda de la satisfacción de este fin puede ser tan intensa que desemboque en lo contrario, llegando el sujerto a poner en riesgo su propia vida para la satisfacción de un fin placentero. Las etapas van desde el nacimiento, la etapa anal que tiene 2 subetapas, la oral, también con dos subetapas, la fálica, la de latencia (la más criticada ya que Freud propone que en ella no pasa nada... y la genital.

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Actualmente hay muchas críticas respecto a esta teoría, muchas de las cuales son sumamente injustas y poco científicas, otras más bien sugieren adaptaciones al mundo actual. De cualquier manera es justo decir que como psiquiatras o psicoterapéutas basamos nuestro conocimiento y trabajo en teorías de las que Freud plantó las semillas más viejas y sobre las que más trabajamos actualmente. Freud basó su teoría psicoanalítica en el análisis de símbolos obtenidos de sueños, asociación libre y entrevistas a muchos pacientes.


serie fotográfica

La intención de esta serie fotográficaes sugerir de manera sutil cada una de las etapas y de las pulsiones mediante imágenes que de alguna manera me fueron reveladas en mis propios sueños y en sueños narrados por pacientes en entrevistas y terapias. Algunas son sumamente evidentes, pero describen un contenido mental muchas veces más complejo y profundo de lo que sugieren las imágenes.

El título de la serie “...sobre cómo éstas y otras imágenes atormentaron y confortaron sus sueños por todo el primer año...” también proviene de un sueño, y cada imagen, sin título particular, se hizo pensando en representar específicamente cada una de las etapas del desarrollo psicosexual. Casi todas contienen elementos que sugieren transiciones, algunas tienen un simbolismo groseramente directo, pero incluyen también símbolos más complejos o sugieren relaciones de vida-muerte o Placer-muerte, todas las imágenes juegan con los colores que, como en los sueños, suelen ser deslavados y deshilachados en los bordes y definidos en las partes centrales. =t

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serie fotogrรกfica

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el rastro de la baba de caracol por paula arizmendi

Cuando la memoria lleve tus pasos al cementerio, rinde culto reverente al sagrado misterio de nuestro futuro desconocido.

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Constantino Cavafis

1. El rastro Entre, me dijo con voz temblorosa, y ahí tras él se agrupaba una inquietante oscuridad. Entre, entre, jovencito, me repitió, con una alegría torva en su voz, como si no hubiera dicho ninguna palabra desde muchos años atrás, hasta ahora, justamente conmigo —¡Qué suerte la mía!—. La oscuridad que brotaba del piso hacia el vestíbulo se volvió más intensa, lo cual era un poco raro porque un minuto atrás resplandecía el sol rubicundo y descarado en el patio trasero, en las ventanas, en los pasillos, antes de llegar a la puerta del viejo vecino del 104, como si un chaparrón se avecinara derrotando los pronósticos del tiempo, que anunciaban esta mañana Cielo despejado y poca humedad. Entre, me repitió una vez más, y en sus labios se creó un atisbo de sonrisa o mueca —no supe descifrar qué era—. Un escalofrío me recorrió la espina, pero miré hacia mi placa que decía Presidente de la comunidad, y desde esa autoridad elegí hacerle caso omiso al castañeteo, y entrar. Si no puede pasar nada malo, pensé.


relato

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Escudado en mis papeles, en los formularios que debía rellenarme aquel vecino, y en el resto de hojitas de color que llevaba para ganar un poco de seguridad, tartamudeé que estaría nada más un segundo, que tenía un poco de prisa, que me esperaban, pero los dedos expertos del anciano me despojaron del abrigo y la bufanda, y me quedé sin saber en dónde esconderme, con esas mangas demasiado cortas de una camisa que nunca me ha gustado, en un recibidor cada vez más oscuro y con un perchero lleno de abrigos y sombreros de quién sabe qué clase de sujetos, quién lo sabe. Maldiciendo para mis adentros, tartamudeé nuevamente y le dije al viejo que en realidad tenía que marcharme, que volvería otro día, lo juro, en serio, le dije, y el viejo me miró con avidez, y asintió enfebrecido una y otra vez sin escuchar razones. Con paso firme me condujo a la sala, y en el ínterin llegué a un pasillo que no parecía querer acabar jamás, un pasillo que iba volviéndose cada vez más lóbrego, cada vez más fúnebre, un pasillo como los que recorren los condenados a muerte. Tragué saliva con dificultad, y me sobresaltó sentir de pronto la mano del anciano sobre mi hombro. Era extraño, pero no había notado que aquel señor fuese tan alto, porque ahora que me percataba de esa mano huesuda y sudorosa no sentía que el viejo se esforzase, que hiciese algún movimiento violento para alcanzar mi hombro, dado que soy bastante alto también. Con el paso de los segundos, el brazo del anciano debería quitarse de mi hombro, pero seguía allí, no decaía, no se detenía el contacto entre mi piel erizada y su carne fría y húmeda. Caminé un poco más rápido, pero el viejo aceleró sus movimientos y armonizó sus pasos con los míos. Ahora era yo el que empezaba a sudar, pero no me atreví a decirle nada, porque qué pensaría entonces del joven y flamante Presidente de la Comunidad de Vecinos, faltaba más. El pasillo seguía, amenazante, inacabable.


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el rastro de la baba de caracol

2. La carne Y de repente, luego de unos difusos instantes (¿Horas? ¿Años?) de agonía, descubrí que casi llegaba al final del pasillo, ahí donde la oscuridad se hacía terriblemente patente, casi sólida. Pero no me importaba, lo único que deseaba era que el viejo dejara de tocarme con esos dedos afilados, y que el contacto acuoso entre carne y carne dejase de existir, porque no soportaba su tacto frío y caliente a la vez, aguado y pegajoso, como caracol que se escurría por mi cuerpo e iba dejando una estela de baba viscosa. Avancé, avancé, y de repente, bendita madre de dios, llegó la entrada de la sala, y con ella la evaporación de la baba, por favor. Ahí, entre tinieblas, entrecerrando un poco los ojos para ver los jirones de luz que se aparecían por allí y por allá, fue emergiendo la sala solemne, imponente, temible: un cementerio de objetos indescifrables, un osario, una llanura abandonada en la que los animales van a morir. Repleto de muñecas, y diarios, y frascos vacíos de perfume, y restos de bicicletas y muñones mordisqueados de algo que parecía haber sido un parte de un cuerpo grande —quizás humano—. Y a lo lejos, entre pilas y pilas de discos y teléfonos, en un pequeño meandro, entre las mareas de trapos sucios y cientos de miles de cacharros podridos, se veían varios cráneos desnudos de niños o muñecos muy viejos y muy calvos y encogidos, que casi no podían moverse y que parecían estar llorando. No se oía nada, pero parecían llorar, o eso creí.Y mi miedo crecía tan desmesuradamente que arranqué la baba de la mano del viejo, que seguía en mi hombro, choqué con el resto de su cuerpo, farfullé unas cuantas frases incomprensibles. Chillé un poco sin poder evitarlo, y me lancé hacia la salida de ese piso abominable, lo cual parecía más difícil porque el anciano se volvía un obstáculo cada vez más grande e insuperable. Manoteé un poco, tiré patadas que no pegaban a nadie, y sin escuchar la voz del viejo, cada vez más cavernosa, corrí hasta el umbral liberador, hacia el lugar de luz, a ese vestíbulo radiante y esa escalera que me llevaría al mundo de los vivos, a la normalidad, al alivio. Y dejaría atrás la casa de los muertos, el cementerio de los trastos inútiles, el osario de la gente extinta en que casi me convertía.


relato

2. La concha. Unas horas después de haber realizado la denuncia, la policía llamó a mi puerta. Habían terminado la inspección, Hemos revisado toda la casa: un clásico síndrome de Diógenes, me dijo exasperante el sargento, tan macho, creyéndose muy valiente por haber llegado hasta el final del piso (¿Lo habría hecho en verdad?). Nada que preocuparse, Señor Presidente, me anunció con un molesto dejo de petulancia, Ya lo sacaremos todo y no habrá de qué preocuparse. Luego insistió, esta vez con lengua callosa: Nada de qué preocuparse, Señor, y me sonrió desde una dentadura recientemente pulida. El miedo comenzó a correr entre mi sombra y mi cabeza. Pronto se fue el sargento. Y al mismo tiempo las pocas evidencias del vaciamiento del departamento 104 comenzaron a asaltarme. La duda me fue goteando lentamente (¿De verdad lo habría hecho?). Pero, luego de un par —o cientos— de cervezas, concluí que simplemente había imaginado cosas, esa mirada extraviada del viejo, ese cementerio, esa baba viscosa, y que era mejor no decir nada. ¡Qué dirían los vecinos de su Presidente! No imaginar, no recordar, no pensar. No pensar. No pensar. No recordar. No 3. Lapútridababa. Tras un trillón de noches el insomnio me sigue carcomiendo. Estrés postraumático, dice siempre mi mujer. No pasa nada, me consuela. No has visto ningún monstruo, jura muy seria una y otra y otra vez. En esa casa no había muertos, repite como disco rayado. No estás mojado, grita una vez más.

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No puede entenderlo: solo yo sé que nada ha acabado. Que el cementerio sigue allí, en la turbia cueva del vecino del 104. Que el viejo lo esconde todo, a la policía, a mi mujer, a los del edificio.


el rastro de la baba de caracol

Y sus manos húmedas se me aparecen a toda hora, como si fuese un zohar, esa monedita árabe, hijadeputa, que no se borra de la cabeza. Es el agua de sus manos la que no se me quita. Las babas del caracol que aun me escuecen, y se me han adherido como un virus mutante. Cuando mi mujer me toca las siento arder ahí, húmedas, pegajosas, nauseabundas. Todo se va llenando de baba, la cama, la comida, las paredes, las manos agobiantes de mi mujer, mis propias manos. No pasa nada, amor, duerme que no has visto nada, dice exasperada. Inconsciente de que su voz también lleva baba. Yo solo puedo llorar para mis adentros, solitario, abandonado, en el páramo desolado, en el camposanto, en la llanura abandonada donde las bestias llegan a morir. Donde he llegado yo, exhausto, insomne, agonizante. Húmedo, viscoso. Hecho agua. 4. El caracol que se bifurca. Hecho polvo, y agua. ¿Soy yo o soy el viejo? Ninguno, o los dos. Mi mujer se ha ido. Hace años que solodeambulosolo. Pero de algo me he ido asegurando noche tras noche, solo en esa casa:

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uno, que ambos yacemos abandonados en ese cementerio, y dos, que ambos somoslamismababa

lamismababa =t


hacia una globalidad liderada por las ciudades (parte final)

por efrem gordillo pla

BARCELONA Y LA LIBERTAD Para Vila, la reaparición de Barcelona en el concierto internacional debería sacar partido de este contexto. Barcelona sólo mantendrá una posición entre las grandes ciudades del mundo si contribuye a la regeneración política y espiritual de Europa. Pues ¿no son de orden inmaterial los elementos que conforman el malestar occidental? No es significativo que Barcelona sea la única ciudad del continente que está construyendo un templo cristiano? Un templo cristiano que ha sido revalorizado por la admiración insistente de los turistas precisamente asiáticos. Si pensamos que los turistas que han dado valor a la Sagrada Familia pertenecen a la aglomeración humana más dinámica y pujante del mundo, esto quizás nos hará pensar. Los catalanes tenemos cosas en común con los países asiáticos emergentes: una profunda voluntad de ser y de demostrar al mundo que somos una nación digna de ser tenida en cuenta, una necesidad de redimir nuestra condición de pueblo vencido y humillado. Como China y muchas ex-colonias emergentes, durante mucho tiempo, nos hemos sentido fuera de la historia.

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La respuesta a la hegemonía occidental de países como el Japón, China, India o las dos Coreas, ha sido armarse hasta los dientes y fortalecer la burocracia. Hoy los grandes países orientales son réplicas gigantescas de los viejos estados nación decimonónicos europeos. Hay una diferencia esencial -occidental- en la respuesta catalana. Si la respuesta asiática consistió en copiar los elementos de disciplina y organización que daban forma militar a los estados europeos, la catalana consistió en profundizar en los ideales cívicos y democráticos implícitos en las revoluciones francesa y americana.


hacia una globalidad...

Y también en la historia propia del país anterior a 1714. La respuesta de Cataluña –encabezada por el barcelonismo del filósofo EUGENI D’ORS (“Sobre las ruinas de las naciones edificaremos la ciudad”)– no fue belicista, fue cultural. En el tránsito del siglo XIX al siglo XX, Cataluña, que era un país violentísimo, de una violencia instintiva y medieval, comenzó a forjar un modelo de país casi post-materialista, basado en la educación y en el civismo. El culturalismo catalán se colapsó ante la vorágine de violencia que llevó la guerra civil y la dictadura, sin embargo los obstáculos no lograron parar una evolución de carácter histórico de la que ahora estamos viendo los frutos. Mientras este siglo XXI parezca destinado a ver emerger países marcados por la humillación y por la derrota, Barcelona no debe tener miedo a postularse como una de las capitales con el deber de impulsar la regeneración del viejo continente. El hecho de que estemos celebrando el tricentenario de 1714 no deja de ser una muestra más de que ninguna ciudad ha conservado un recuerdo tan intenso y tan apasionado de las libertades perdidas por los núcleos urbanos durante el proceso de la formación de los viejos estados nación europeos.

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Mientras que en el resto del mundo las ciudades y los países han acabado siendo obra de las maquinarias estatales, en Cataluña han sido las ciudades, lideradas por Barcelona, ​​las que han forjado las bases de la consciencia nacional y del progreso. Este hecho ayuda a entender la fama que tiene Barcelona en el extranjero -y el hecho de que el magnetismo de la ciudad vaya aumentando a medida que las condiciones para ejercer la libertad mejoran en España y en el conjunto de Europa. El libro El Territori de la Catalunya medieval de FLOCEL SABATÉ hace pensar en el modelo que Barcelona podría ayudar a articular dentro de la Unión Europea. Quizás deberíamos ir hacia una Europa entendida como una constelación de ciudades mutuamente influidas y dependientes, pero con un proyecto y un territorio propios, que fuera una evolución de la mejor tradición urbana medieval y de las


ensayo aportaciones organizativas de los franceses y el antiguo Imperio hispánico. Con un sistema territorial que hiciera de Europa una gran Suiza, el continente se ahorraría dividir lo que no es divisible y podría aprovechar la fuerza del localismo para tener un papel más destacado en el mundo. Ya en el siglo XIV, se escribía que Cataluña eran 10 ciudades. Hay una línea teórica que va desde los juristas del siglo XV hasta Eugeni d’Ors para explicar el país como un sistema de ciudades en red liderado por Barcelona. A diferencia de lo que ocurrió en Francia o en Castilla, en Cataluña las fronteras con el campo quedaron desdibujadas muy deprisa. El país enseguida se constituyó como una red de soberanías donde cada ciudad funcionaba como un pequeño estado. Esto dio un tejido comercial intensivo y bien trabado, capaz de sacar rendimiento a un territorio pequeñísimo. La articulación de pequeñas capitales mutuamente influidas ató tan estrechamente la idea de país al territorio que la hizo inexpugnable. El modelo de estado nación centralista y uniformizador puede funcionar en Asia o América del Sur. En Europa, sin embargo, deberíamos hacer evolucionar al mundo, si no, quedaremos aplastados por la fuerza cuantitativa de nuestros adversarios militares y económicos.

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La gracia de Barcelona es que tiene la historia y la fuerza necesarias para ofrecer una alternativa a la decadencia occidental desde dentro de Occidente mismo. Los extranjeros que visitan Barcelona vienen a admirar, además del sol y la paella, los esfuerzos, presentes en cada detalle, que el país ha hecho para sobrevivir a las políticas de despacho –también denominadas racionalistas-. Hoy, estos esfuerzos le dan a Barcelona una pátina de autenticidad que las personas nacidas en las viejas democracias estandarizadas pueden echar de menos. Ninguna otra ciudad encarna tan intensamente los ideales modernos de libertad que el proceso de construcción de los viejos estados nación fue dejando por el camino. La reaparición política de Barcelona puede ser un elemento valioso para Occidente, de cara a poner un contrapeso al gigantismo y a las formas de capitalismo más grotesco que promueven los poderes menos sensibles a la democracia.


hacia una globalidad...

Las ideologías materialistas de la modernidad nos habían acostumbrado a creer que sólo el hambre y la miseria podían llevar a la gente a sublevarse. Últimamente, sin embargo, en Cataluña y en Hong Kong vemos que no es exactamente así. Aun queda margen para reivindicar la dignidad. Los analistas se llenan la boca de cifras y discursos económicos, pero en Barcelona las manifestaciones de los indignados no han pasado de 300.000 personas mientras que las pacifistas y las independentistas siempre han sobrepasado el millón de personas. Las hipotéticas independencias de Cataluña, Escocia o Flandes deberían ofrecer compensaciones a la fragmentación del panorama político europeo si quieren consolidarse. La compensación que las naciones pequeñas ofrecen a la Unión Europea es la superación de los traumas de la historia y de la cultura promovida por los viejos estados nación.

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En Civilization, NIALL FERGUSON dice que durante los últimos treinta años, los jóvenes de Occidente han recibido una educación desprovista de sustancia histórica; que han sido alentados a sentir empatia por los centuriones romanos y por las víctimas del holocausto, pero que no han recibido la educación necesaria para analizar y entender el mundo, para comprender las actitudes que sitúan a nuestra civilización en el centro de la historia. Hoy, la historia es una fuente de dolorismo complacido, más que una herramienta para comprender el mundo y para invitar a los europeos a vivir con valentía y decisión. Las dos guerras mundiales son una excusa para ocultar el proceso de nacionalización fraudulenta de unos estados, que a menudo se llaman plurinacionales, pero que están pensados ​​para el beneficio exclusivo de uno solo de sus pueblos. Mientras que la Unión Europea intenta encarnar ante el mundo los valores de la democracia, de cara adentro la estructura territorial responde todavía a los viejos criterios de la fuerza y ​​de la guerra, más que a los de la eficiencia económica o cultural.


ensayo Barcelona debería contribuir a remover el fondo telúrico de los países europeos, a dinamizar la diversidad del continente y devolver a nuestra historia el universo que creó los ideales de libertad y dignidad humana. Barcelona es la única de las grandes ciudades mediterráneas medievales que hizo la Revolución industrial a tiempo. Es la única que ha resistido al empuje de los centros urbanos del norte sin ser destrozada –todavía– por el turismo. Las calles no son sólo la expresión de la vida cotidiana de los habitantes de una ciudad, también son la representación de su cultura política y de su manera de entender el mundo.

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hacia una globalidad... El crítico ROBERT HUGHES (1938-2012) en su libro Barcelona, explica la sorpresa con la que descubrió que no podía comprender los monumentos que han hecho famosa a la ciudad, sin adentrarse en la historia de Cataluña y en el impulso que dio a sus creadores. Hughes se dio cuenta de que era la añoranza del pasado catalán –un pasado para él desconocido, invisible en el relato de la cultura occidental– lo que había sido el motor de los mejores arquitectos de la ciudad, así como del resto de artistas –músicos, pintores, poetas y prosistas–. En las calles de Barcelona –y la epopeya que les da nombre–, se palpa la relación que Barcelona tiene con los ideales de libertad que han forjado nuestra civilización, eso explica tanto o más que la meteorología y la gastronomía la relación –a menudo romántica– que muchos extranjeros establecen con la ciudad.

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QUENTIN SKINNER, catedrático de Cambridge i de Harvard y autor de The Foundations of Modern Political Thought sitúa las ciudades italianas en la vanguardia de las libertades europeas. «Las ciudades italianas – escribía un viajero alemán del siglo XII– desean tanto la libertad que se han vuelto repúblicas independientes y cada una es gobernada por un alcalde elegido por una asamblea, con un mandato breve para contener los excesos de poder». JOSEP PLA recogía el imaginario colectivo diciendo que Cataluña era la parte más occidental de Italia. Sobre el amor de los catalanes a la libertad a propósito de la heroica resistencia del 1714 ante el asedio por parte de Castilla y Francia [las ciudades catalanas, con Barcelona a la cabeza, hizaron la bandera negra enarbolando el lema “Viurem lliures o morirem”], VOLTAIRE dijo: “Cataluña no necesita al mundo pero el mundo no puede pasar sin Cataluña”. Volvamos a la reflexión inicial de DALÍ sobre el renacimiento europeo. Recordemos que afirmaba que tal renacimiento se basaría en la reactualización individualista de la tradición católica. Las propuestas que hemos visto ayudan a darle sentido. El catolicismo se puede entender como el espíritu de las Polis griegas pasado por el judaísmo y por Roma, revivido en la Edad Media y, según parece, también podría estar resurgiendo ahora.


ensayo

Además, coincide geográficamente con la tradición mediterránea, especialmente viva en Cataluña. El individualismo es la independencia defendida por los ciudadanos urbanitas, la necesidad de libertad que tienen las clases creativas. “De lo ultra-local a lo universal!” decía también Dalí inspirado por Montaigne (que a su vez se inspiraba en Ramon Sibiuda, protagonista del giro antropocéntrico que puso al hombre en el lugar de Dios). Las ciudades las hacen sus individuos –recordemos el caso de Nueva York (<3)– y son a la geopolítica lo que el individuo al grupo. Para terminar, completaremos la reflexión de la mano de las megalópolis sacadas a la luz por Richard Florida, que en lo referente a Barcelona coinciden con los mapas económicos y de poder medievales y con la zona reivindicada por los occitanistas (googlear “Gold Banana”). Además de en las clases creativas y el fenómeno gay, la originalidad de Florida también se manifiesta en el hecho de haber utilizado la imagen de la luz que desprende el planeta por la noche (emanada de sus ciudades) para mostrar que coinciden con los focos de irradiación económica, creativa y de buena proyección para el futuro. Sorprendentemente –o no– la Ciudad Condal capitanea la onceava megalopolis mundial en estos términos*. A Yeguas de Pequín o Madrid. Quizá la cultura mediterránea sea eso: ciudades, comercio, arte... El caso es que podemos constatar algo: la pequeña Barcelona –ya sea vencida, individualista o católica– saluda al mundo. Y quiere más! Eso está claro. =t

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*Tabla de Megalopolis basada en el indicador económico LRP (Light-based Regional Product). Extraída del estudio “The Rise of Mega-Region” de Richard Florida, Tim Gulden y Charlotte Mellander (2007).


deleuze, la forma y su filosofía por rodrigo martínez

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En la conversación que mantuvimos con el filósofo chileno Rodrigo Martínez se abordaron algunos aspectos relativos al problema de la Forma en la obra del filósofo francés Gilles Deleuze (1925-1995). La Forma exige el desarrollo de una crítica en múltiples áreas del pensamiento, de lo más abstracto y técnico como la ontología o la epistemología, hasta la ética, la moral, la política, el arte y el lenguaje.


En esta grabación se podrá escuchar lo que Rodrigo, experto en la filosofía de Deleuze, nos explica acerca de la Forma y la Historia de la Filosofía, la Ontología, la Epistemología, el Arte, la Literatura (Kafka, Proust, Joyce, Melville, la Pintura (Representación, Arte Abstracto, Bacon, la Música, el Cine, la Moral y la Ética, la Política y el lenguaje (sociedad de soberanía, sociedades disciplinarias, sociedades de control). mira el vídeo en nuestro canal de youtube

Deleuze, la Forma y su filosofía o búscalo en tusitalarevista.com

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"Quiero una vida en forma de arena en las manos, en forma de pan verde o de jarra, en forma de chancleta blanda." –Boris Vian

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