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Título original: Torre, Schrei aus Stein. Publicado en 2009 por Piper Verlag GmbH, Munich. © Piper Verlag GmbH, 2009 © del texto y de las fotografías: Reinhold Messner y Ermanno Salvaterra. © de la traducción desde el alemán: Christina Müller. © de la revisión y corrección ortográfica y gramatical: Irene Aparicio. © de la revisión técnica y el epílogo: Enric Soler. © del mapa y los esquemas de las vías de escalada: Marc Ancochea. © de la primera edición: Tushita edicions, abril de 2014.

www.tushitaedicions.com Diseño de la colección y de las cubiertas: Marc Ancochea. Maquetación: Sir Gawain & Co. Impreso en: Romanyà Valls. ISBN-13: 978-84-940665-5-9 Depósito legal: B. 7523 - 2014 BIC: WSZG / BGS No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su uso informático ni su transmisión a través de cualquier medio ya sea electrónico, mecánico, fotocopias, registro u otros métodos sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.

Fotografía de la portada: Imponente Cerro Torre, visto desde el norte. Fotografía de la contraportada: Macizo del Cerro Torre. Ambas pertenecen a la colección «Archivo Messner».

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El Cerro Torre, en la Patagonia

ÂŤEn esta torre y en el Campanile Basso, los escaladores trentinos escribieron la historiaÂť. Reinhold Messner

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Para Toni Egger

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Índice La muerte en el Cerro Torre

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1 El Cerro Torre – La montaña imposible

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2 Cesare Maestri – La Araña de los Dolomitas

27

3 Una montaña – Dos expediciones 39 4 El Hielo Continental – Hasta el Collado de la Esperanza

49

5 Cesarino Fava – Un pequeño hombre con grandes sueños

61

6 Maestri-Bonatti – Una contienda en el Torre

69

7 Toni Egger – Un hombre de anhelos

85

8 La cima o la muerte – La segunda expedición

107

9 El trauma de Maestri – El lejano mito del Cerro Torre

123

10 Incoherencias – Contradicciones en el informe

137

11 Un cuento de invierno – Viejas rivalidades y nuevas dudas

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12 La rabia de Maestri – La vía del Compresor

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13 Reversión de pruebas – Sueños destrozados 169 14 Casimiro Ferrari – La «primera» subida a la cumbre

177

15 El Cerro Egger – Empieza la búsqueda de huellas

187

16 La pared este – La dura realidad 199 17 El Cerro Trento – No es la montaña del destino

211

18 Lo desconocido – Entre realidad e imaginación

233

19 El Chaltén – La venganza del tiempo

249

20 Vía Egger – Los salvadores del Cerro Torre

265

Epílogo 284 Bibliografía 287 Bibliografía existente en castellano 288 Referencias fotográficas y agradecimientos 288

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Torre, Campanile, Guglia, tres maneras de definir las inconfundibles cimas rocosas. En la imágen: El Campanile Basso (o Guglia di Brenta), en Trentino

«A menudo es la idea equivocada de una montaña la que nos toma el pelo. Y ya nos hemos extraviado. En el Cerro Torre, salvarse a uno mismo es infinitamente más difícil que en el Campanile Basso, solo que ambas rocas tienen un aspecto parecido». Reinhold Messner 14 CERRO TORRE-primers capitols.indd 14

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La muerte en el Cerro Torre Un cabo de cuerda se balancea en el vacío. Ocurrió hace más de cincuenta años. Dos alpinistas querían alcanzar la Luna y conseguir lo imposible en una cumbre «imposible». De pronto, uno de los dos está muerto y esa muerte sumerge al otro en un pavor infinito. Le confrontará a la nada, al vacío, al precipicio, a una vida con este trauma. ¿Su compañero está realmente muerto o sigue vivo en algún lugar, en alguna de las grietas sobre un nevero, en la profundidad del glaciar? Un alud lo ha arrastrado, se lo ha llevado, lo ha enterrado. Uno de los dos inicia el descenso; el otro se ha perdido en algún lugar de las paredes de granito de la Patagonia. Reina el caos en la montaña más difícil del mundo: tormentas, aludes, espesas nieblas. El superviviente se descuelga por la cuerda. Lo hace como en trance. Completamente agotado, padece hipotermia y está desesperado. Puede que pierda la razón, pero no quiere morir. Su mirada escrutadora continúa buscando a su compañero. Busca desesperadamente protección, pero no hay manera de escapar de la pared de roca por la que desciende. ¿Hay alguien allí? Va mirando alrededor como un animal perseguido. ¿Podría el otro volver del fondo del abismo? No, solo es el viento, la ventisca y el latido de su propio corazón que le martillean los oídos. Hay que bajar, descender deprisa hacia el abismo. Huir. Este hombre, que estaba dispuesto a morir por la montaña más difícil del mundo, obedece ahora a su instinto de supervivencia, igual que los aludes, que siguen la ley de la gravedad. Ya solo quiere sobrevivir. No importa si han llegado a la cima o no. En constante alerta ante una eventual caída, va bajando por las cuerdas para volver con los vivos. Sin aliento, se tambalea, cae, sigue descendiendo. Está cada vez más abajo. Por grandes que sean, ninguna pesadilla ni 15 CERRO TORRE-primers capitols.indd 15

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ningún temor pueden pararle. No se da por vencido. ¡Solo un hombre que lucha puede sobrevivir en este caos! En el mundo vertical, lo importante es mantener el equilibrio, seguir los reflejos y descender. ¡Abajo! Cruza abismos, cuelga desmayado de la cuerda, se despierta de nuevo, huye. ¡Hay que seguir bajando! De pronto, le caen encima fragmentos de hielo. Maldice, se ve a sí mismo como un extraño, como si se hubiera perdido dentro de sí mismo. Desde hace días, su descenso se ha transformado en una carrera contra la muerte, y la distancia que le separa de ella se reduce. ¿Hay alguien ahí, tras él, que le sigue? ¿Tal vez algo que cae? En este momento hay un solo consuelo: su espíritu atemorizado no sabe qué hay después; solo cuenta el instante presente. Sus manos intentando agarrarse a cualquier cosa duelen, no pueden más. Tampoco puede levantar los brazos. Ya no puede ni gritar, como si sus cuerdas vocales no fueran las suyas. Para un superviviente, luchar es un acto reflejo, pero haberse quedado solo en la cordada le lleva a uno a la locura. El compañero le habla desde sus adentros como un espectro. Su voz golpea como si estuviera dando martillazos en la roca, como una profunda herida en la cabeza. No obstante, aparte de un sordo vacío en el corazón, no queda nada más: por encima de él, el vacío; por debajo, el abismo. Está en el Torre, ¡no en el Guglia! Él sabe que abajo, en algún lugar muy profundo, todo habrá terminado: sobre el glaciar, bajo los grises ventisqueros. ¿La muerte o la vida? A pesar de todo su agotamiento, la vida sigue. Tiene la sensación de que hay alguien a su lado para ayudarle. ¡Hay que mantenerse en movimiento! Pero el superviviente ya no es dueño de la situación. Solo su subconsciente y su instinto le siguen salvando. Si no, ¿de dónde saldrían estos reflejos que no buscan más que asegurar la supervivencia de este hombre desesperado? A pesar del caos, la agitación y la desesperanza, algo dentro de él transforma constantemente la experiencia de mil expe16 CERRO TORRE-primers capitols.indd 16

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diciones a la montaña en estrategias de supervivencia. En pocos segundos, su instinto decide la dirección a seguir, la maniobra a hacer, lo que es o no correcto. En esta situación, solo resiste el instinto. Como un animal, su sexto sentido es infalible: es el único puente que queda entre el mundo exterior y su mundo interno. Y esto es lo que le puede ayudar en su descenso mientras siga vivo. El hombre que supuestamente no tenía miedo a la muerte y que ahora no quiere morir ya no puede escapar de sí mismo. Ha escogido la cumbre más inalcanzable para demostrar al mundo su superioridad. También para demostrar que, incluso allí, donde los mejores alpinistas no se atrevieron a subir, puede haber una vía. Sin embargo, el alpinista, que ahora es como un loco solitario en su imaginación derrumbada, vive su muerte y su supervivencia como una milagrosa resurrección. El Cesare Maestri con el que Toni Egger partió días atrás hacia la cima era otro que el que ahora vuelve de un reino que tan solo él conoce y que no parece estar hecho para los hombres. Completamente solo, lucha constantemente contra la tormenta de nieve, la niebla y el caos. Y también contra las alucinaciones. ¿Acaso su compañero se le ha adelantado o realmente está muerto? Sí, vienen de esa montaña maldita que ahora brama, ruge y deja caer su costra de hielo como los árboles caducifolios dejan caer sus hojas en otoño. ¿Estamos en otoño o en otra estación? ¿Es de día o de noche? Todas las dudas que tenían de poder conseguirlo juntos se han desvanecido. Incluso si la montaña imposible fuera posible, ya no le interesa. Un superviviente no lucha más que por su vida. ¡Por fin en la base de la pared! Un salto sobre la rimaya y termina en la nieve del cono de avalancha, una especie de cráter, que cae en picado. El moribundo se tambalea, cae y vuelve a caer en el vacío, como si la montaña más difícil del mundo le empujase hacia abajo para lanzarlo hacia su destino. ¿Vida o muerte? El aterrizaje es suave y el desmayo 17 CERRO TORRE-primers capitols.indd 17

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le llega como una liberaci贸n. Una acumulaci贸n de nieve ha salvado la vida a Cesare Maestri. Es el d铆a 3 de febrero de 1959 y la persona medio muerta que Cesarino Fava encuentra acurrucada un poco m谩s tarde al pie del Cerro Torre es realmente Cesare y no Toni.

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1 El Cerro Torre — La montaña imposible

Vista este del Cerro Torre. Último tramo

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Lionel Terray

«La sentencia de Terray fundamentó el mito del Cerro Torre». Reinhold Messner

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«El Torre se eleva como una impresionante aguja de roca sobre la que se asienta un hongo de hielo. Sus paredes de granito se precipitan verticalmente sobre las superficies glaciares que se extienden a sus pies». Padre De Agostini

«El problema de una ascensión al Cerro Torre no existe. Tan solo la idea de intentarlo sería de locos. Es ridículo». Marc Antonini Azéma (médico de la expedición al Fitz Roy en 1952)

«Aquí las inhumanas condiciones atmosféricas han agotado y desalentado a muchas expediciones antes de ni siquiera comenzar propiamente la lucha». Lionel Terray

Terminada la Segunda Guerra Mundial, también el montañismo experimenta una fase de renovación. Los alpinistas de mayor éxito del período de entreguerras, Riccardo Cassin y Anderl Heckmair, siguen activos, aunque otros escaladores más jóvenes toman el relevo: en Italia son Walter Bonatti y Cesare Maestri; en Inglaterra, Joe Brown y Don Williams; en Austria, Hermann Buhl y Toni Egger; en Francia, Jean Couzy y Gaston Rébuffat, pero sobre todo destaca la cordada de Louis Lachenal y Lionel Terray, que consigue la segunda ascensión a la pared norte del Eiger, por aquel entonces el mayor reto de la escalada clásica alpina. Estos montañeros franceses, muchos de ellos curtidos en la Resistencia, donde se convirtieron en excelentes profesionales, son ahora los que encabezan el alpinismo. Bajo el liderazgo de Maurice Herzog, consiguen no solo la primera cumbre del primer ochomil, el Annapurna en el Himalaya 21 CERRO TORRE-primers capitols.indd 21

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central, sino que también superan a sus predecesores en los Alpes y en los Andes. Lionel Terray, un simpático espadachín de Grenoble, es y será uno de los grandísimos montañeros de su siglo. Guía de montaña en Chamonix y constantemente activo, goza de una sólida reputación de hombre fuerte e intrépido. Lachenal y él forman un equipo único, la mejor cordada francesa de la posguerra. En el Annapurna, quedan atrapados y finalmente es Terray quien salva la situación después de que Herzog y Lachenal hicieran cumbre y perdieran la razón. Aunque todo parece desesperante, Terray, esa explosión de fuerza, ese fenómeno de la naturaleza, corre metiéndose en la niebla, cae y se vuelve a levantar desconcertado. Está furioso como un demente. Gesticula con el piolet como si quisiera abatir los muros de la prisión en la que están retenidos sus amigos, igual que un ciego en la niebla. Sin embargo, en una situación así, también él se encuentra impotente, sin plan alguno. Está paralizado. Lachenal, enfermo, trata a Terray de loco y se acurruca en la nieve. A saber quién es el loco. Lachenal quiere cavar un hoyo en la nieve y esperar a que mejore el tiempo. Sigue injuriando a Terray y a los demás llamándoles fracasados. De pronto, Terray agarra a Lachenal y lo arrastra tras de sí. ¡Sin miramientos! Su fuerza y su voluntad son como un ataque de cólera. Mantiene encordado al enfermo y le habla tanto para calmarle como para darle órdenes como si se tratase de un animal agonizante. Y Lachenal le sigue. Una fuerza desconocida le obliga a hacer lo que Terray le dice, y le sigue de cerca. De esta manera, Terray salva la vida a su amigo. Lionel Terray, quien en 1947 consiguió junto con Louis Lachenal la primera repetición de la pared norte del Eiger, alcanzó fama mundial como alpinista con la primera ascensión al Fitz Roy, en la Patagonia, y al Makalu, en el Himalaya, y jamás se jactó de sus heroicas hazañas. Tenía un 22 CERRO TORRE-primers capitols.indd 22

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carácter distinguido y era preciso en sus juicios. Por tanto, la declaración que hizo tiene su peso: «Ninguna ascensión en los Alpes nos ha creado jamás tantas dificultades como el Fitz Roy». Como otros muchos de por aquel entonces, él y sus compañeros lograron prodigios dignos de acrobacia: en 1950, en el Annapurna y, anteriormente, en el Dhaulagiri. Sin embargo, en 1952, el Fitz Roy un poco más y le mata. El último período heroico del alpinismo no había hecho más que comenzar. En 1952, animados por René Ferlet, algunos amigos parisinos de Lionel Terray organizan una expedición al Fitz Roy, en los Andes patagónicos. Este Cervino del hemisferio sur es una aguja de granito absolutamente incomparable con una altura de solo 3 450 metros, aunque es un destino tentador. Hasta entonces, ninguna expedición había logrado ni siquiera sobrepasar la base de la montaña por encima de la cual se yergue verticalmente la torre cimera. Sus paredes, con una altura mínima de setecientos cincuenta metros, son más difíciles que las escaladas más duras de los Alpes, al menos en aquel tiempo. Además, las dificultades en el Fitz Roy se magnifican debido al clima de la Patagonia: mal tiempo, frío, escarcha que recubre la pared y súbitas ráfagas de viento increíblemente imprevisibles y violentas. Todo eso hace que el Fitz Roy sea una de las montañas más complicadas del mundo. A lo mejor es imposible. ¡Estamos en 1952! Ese Fitz Roy, arquetipo de la cima, se convierte rápidamente para Terray en un reto. Un objetivo tal no existe ni en los Alpes ni en el Himalaya, y el alpinismo de Terray, que él entiende como una forma de arte, es experimental. No obstante, un viaje a la Patagonia resulta muy caro y Terray aporta la mayor parte de sus ahorros para financiar la expedición. Un invitado providencial pide que le dejen participar en ella y, a cambio, promete desembolsar el dinero que falta. 23 CERRO TORRE-primers capitols.indd 23

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Aun así, al final hay que endeudarse para garantizar el viaje. Una vez en Argentina, los franceses disfrutan de una amabilidad y deferencias sin igual. Juan Perón, el dictador, les recibe en persona y les prodiga su ayuda. A pesar de ello, la expedición pronto vive su primer revés. Al cruzar un torrente inundado, Jacques Poincenot, un escalador excepcional, se ahoga. Su inesperada muerte desorienta a los hombres. Los montañeros pierden su confianza y algunos quieren regresar, volver al mundo civilizado. Tras una larga deliberación, se decide seguir adelante con la expedición. Hay que darse prisa; cada día perdido puede malograr el éxito. Nevadas y tempestades dificultan el avance. Durante tres semanas, Terray y sus amigos luchan contra las condiciones meteorológicas más adversas: cavan cuevas en los hielos del glaciar y la traza que une los campamentos tiene que ser alisada de nuevo día tras día. Las condiciones son abominables. Aun así, han instalado tres campamentos y los han abastecido con provisiones en un plazo de veinte días. La ruta desde el campamento II al campamento III está asegurada con cuerdas fijas y escaleras de cuerdas dispuestas a lo largo de trescientos metros. Los montañeros, sin embargo, tienen que llevar toda la carga ellos mismos, ya que en la Patagonia no hay sherpas. Suben casi una tonelada de material. Durante la ascensión, Lionel Terray y el parisino Guido Magnone, el segundo escalador invitado por el equipo y el más enérgico del grupo, siempre lleno de dinamismo, se quedan atrapados durante cinco días envueltos en una tempestad. El combustible que alimenta el hornillo amenaza con acabarse. Durante un claro, logran descender hacia el campo base. Después, las condiciones atmosféricas mejoran, el cielo brilla y el tiempo es magnífico. Los dos escaladores de cabeza vuelven a subir el mismo día al campamento III. Al alba del día siguiente, el cielo está cubierto y el frío 24 CERRO TORRE-primers capitols.indd 24

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muerde. A pesar de ello, arriesgan un intento. La ascensión es extremadamente difícil desde el comienzo. Colocando pitones y escalando en libre, logran progresar a lo largo de ciento veinte de los setecientos cincuenta metros de la altura que tiene la pared. Por la noche regresan al campamento, pero dejan colgando las cuerdas fijas para facilitar las nuevas tentativas. A la mañana siguiente, calma total; ni una nube en el cielo. ¡Es el momento! Terray y Magnone escalan rápido y dejan puestos muchos pitones. Alternándose de primeros, progresan. Desde cada reunión, Terray contempla la aguja del Cerro Torre, más baja que el Cerro Fitz Roy, la cual tiene el aspecto de ser mucho más complicada. «Seguro que es mucho más difícil de escalar —piensa Terray—. ¡Quizá incluso imposible!». ¿Tanto como el Fitz Roy? La pared por encima de él impresiona a Terray. Aun así, siguen escalando. Al anochecer apenas llevan recorrida la mitad de la pared. Vivaquean sobre una repisa inclinada pero, al día siguiente, la roca está cubierta por una capa de escarcha. ¿Renunciar? ¡No! Intentan escalar con crampones. La operación es arriesgada. Terray pierde el valor y quiere bajar. Sin embargo, la determinación y el compromiso de Magnone le hacen sentirse orgulloso. Al final, accede a correr el riesgo y siguen escalando. Pronto se les acaban los pitones y tienen que progresar como pueden. Cuando llegan a la cima, son las cuatro de la tarde: viento, niebla y visibilidad escasa. Comienza a nevar. La bajada se convierte en un acto desesperado. Al temporal se le añade el miedo, la roca cubierta de hielo y los empinados toboganes de nieve. No obstante, se atreven a seguir bajando. Las cuerdas fijas hacen posible la retirada de Magnone y Terray hasta que son abrazados por sus amigos. La primera ascensión al Fitz Roy no solo es seguida y honrada por el Gobierno argentino, sino que desencadena entusiasmo en todo el mundo. Y entonces surge la pregunta 25 CERRO TORRE-primers capitols.indd 25

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de si el compañero pequeño del Fitz Roy, el Cerro Torre, podrá ser alguna vez escalado. «Vimos el Cerro Torre, una aguja gigante, erigida libre, casi irreal», escribe Lionel Terray en 1952 en su informe sobre la expedición al Fitz Roy. Escribe también sobre torrentes de aguas rápidas en la ruta de aproximación, de precipitaciones comparables al diluvio universal, de metros y metros de nieve. Describe el durísimo trabajo de abrir traza, condición indispensable para poder llegar siquiera al pie de la montaña. Escribe sobre tempestades de hielo que hacían imposible plantar una tienda, de manera que se vieron forzados a malvivir en cuevas de nieve. «Una cosa es cierta —declara Terray al final—: si una cordada se encuentra con una tempestad patagónica en mitad de la pared, está perdida». Y concluye: «El Fitz Roy seguramente es la montaña escalable más difícil del mundo que se haya conquistado hasta ahora». Por consiguiente, el Cerro Torre se convierte en la montaña más difícil del mundo entre las que aún no han sido conquistadas. Y ese Cerro Torre, que solo se encuentra a cinco kilómetros al suroeste del Fitz Roy, es tabú hasta nueva orden. ¡Es una montaña imposible!

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Cerro torre primers capítols  
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