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3. Los símbolos del Espíritu Santo Al Espíritu Santo se le representa de diferentes formas: a. El Agua: El simbolismo del agua es significativo de la acción del Espíritu Santo en el Bautismo ya que el agua se convierte en el signo sacramental del nuevo nacimiento. b. La Unción: En su intervención en la sinagoga de Nazaret, Jesús se aplica a sí mismo el texto de Isaías que dice: “El Espíritu del Señor Yahvé, está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahvé” (Is 61,1). Esa participación tiene lugar a nivel sacramental en las unciones con aceite, cuyo rito forma parte de la Iglesia, en el Bautismo, la confirmación, Unción de los Enfermos y el Orden Sacerdotal. c. El Fuego: simboliza la energía transformadora de las actos del Espíritu. Sabemos que Juan Bautista anunciaba en el Jordán; “El ( Cristo) os bautizará en Espíritu Santo y Bernardo Bitti, Coronación de la Virgen. fuego” (Mt 3,11) el bautismo en Espíritu y fuego indica el poder purificador del fuego: De un fuego misterioso que expresa la exigencia de santidad y de pureza que trae el Espíritu de Dios. d. La Nube y la Luz: Así desciende sobre la Virgen María para “cubrirla con su sombra”. Así mismo se manifiesta En el Monte Tabor, en la Transfiguración. El día de la Ascensión, aparece una sombra y una nube. e. El viento: símbolo central en Pentecostés, acontecimiento fundamental en la revelación del Espíritu Santo: “De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban los discípulos con María (Hch 2,2) . f. La Paloma: En el Bautismo de Jesús, el Espíritu Santo aparece en forma de paloma y se posa sobre Él. g. La Mano: mediante la imposición de manos, los Apóstoles y ahora los Obispos, transmiten el “Don del Espíritu” 4. Faltas contra el Espíritu Santo: Desesperación de salvarse. La presunción de salvarse sin ningún mérito. La impugnación de la verdad conocida. La envidia de los bienes espirituales del prójimo. La obstinación en el pecado. La impenitencia final. 5. La blasfemia contra el Espíritu Santo es imperdonable Juan Pablo II en su Encíclica sobre el Espíritu Santo, Dominum et vivificantem 46-48, explica este pecado contra el Espíritu: “Esta blasfemia no consiste en el hecho de ofender con palabras al Espíritu Santo; consiste, más bien, en el rechazo de aceptar la salvación que Dios ofrece al hombre por medio del Espíritu Santo.” Mas adelante dice: “...consiste en el rechazo radical de aceptar esa remisión, de la 65


que el mismo Espíritu Santo es el íntimo dispensador, y que presupone la verdadera conversión obrada por El en la conciencia” Si Jesús declara imperdonable este pecado es “porque esta no-remisión está unida, como a su causa, a la no-penitencia, es decir, al rechazo radical a convertirse.” Como nos lo explica el Papa, el pecado contra el Espíritu Santo consiste en la resistencia y el rechazo a la conversión. Es el Espíritu Santo el que nos convence del pecado ( Jn 16:8-9). Rechazar en nuestro corazón esta realidad y obstinarnos en el mal nos lleva a este pecado. Esta era la actitud de los fariseos, que se cerraron a la aceptación del plan divino para reconciliarse con los hombres.

C. AUTOEVALUACIÓN

1. ¿Qué otros apelativos se usan en la Sagrada Escritura para nombrar al Espíritu Santo? 2. ¿Cuáles son los dones del Espíritu Santo? 3. ¿Cuáles son los frutos del Espíritu Santo? 4. ¿En que consiste cada uno de los dones del Espíritu Santo? 5. ¿Con que símbolos se representa al Espíritu Santo? 6. ¿Cuáles son las faltas contra el Espíritu Santo? 7. ¿Por qué la blasfemia contra el Espíritu Santo es imperdonable?

D. ACTIVIDADES SUGERIDAS

1. Buscar los lugares del Antiguo Testamento: Sal 51 (50), 13; Is 63, 10.11 y señalar con que palabras se hace referencia al Espíritu Santo. 2. Investigar en qué consiste cada uno de las faltas contra el Espíritu Santo. 3. Poner un ejemplo concreto de cada una de las faltas cometidas contra el Espíritu Santo. 4. Leer el n. 1864 del Catecismo de la Iglesia Católica e indagar que dice sobre el límite de la misericordia de Dios y sobre quien rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo.

E. VOCABULARIO BÁSICO

Paráclito Impenitencia

Obstinación Envidia

F. PARA TU VIDA CRISTIANA

Presunción Misericordia

• La blasfemia contra el Espíritu Santo es presumir y reivindicar el “derecho” de perseverar en el mal. Es un rechazo al perdón y a la redención que Cristo ofrece. La blasfemia contra el Espíritu Santo es la obstinación contra Dios llevada hasta el final. Es negarse deliberadamente a recibir la misericordia divina. • Cuando el corazón de una persona se obstina de tal manera que no acepta que necesita arrepentirse de sus pecados y se resiste a esta gracia, comete el pecado contra el Espíritu Santo el cual puede llevarlo al infierno. 66


Tema 15 El PUEBLO DE DIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO A. MOTIVACIÓN

“Porque tú eres un pueblo consagrado al Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras su pueblo y su propiedad exclusiva entre todos los pueblos de la tierra. El Señor se prendó de ustedes y los eligió, no porque sean el más numeroso de todos los pueblos. Al contrario, tú eres el más insignificante de todos. Pero por el amor que les tiene, y para cumplir el juramento que hizo a tus padres, el Señor los hizo salir de Egipto con mano poderosa, y los libró de la esclavitud y del poder del Faraón, rey de Egipto” (Dt. 7, 6-8).

B. CONTENIDO DOCTRINAL 1. Dios quiere salvar a los hombres El Concilio declara, que «fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente» (L G, 9). Este plan de Dios comenzó a manifestarse desde la historia de Abraham, con las primeras palabras que Dios le dirigió: «El Señor dijo a Abraham: Vete de tu tierra, de tu parentela, de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. De ti haré un gran pueblo y te bendeciré» (Gn 12, 1-2). Esta promesa fue confirmada posteriormente con una alianza (Gn 15, 18; 17, 1-14) y proclamada solemnemente después del sacrificio de Isaac. Abraham, siguiendo el mandato de Dios, estaba dispuesto a sacrificarle su hijo único, que el Señor le había dado a él y a su esposa Sara en su vejez. Pero lo que Dios quería era sólo probar su A. de Pereda, El profeta Elías y los falsos profetas fe. Isaac, por tanto, en este sacrificio, no sufrió la muerde Baal. te, sino que permaneció vivo. Ahora bien, Abraham había aceptado el sacrificio en su corazón, y este sacrificio del corazón, prueba de una fe magnifica, le obtuvo la promesa de una descendencia innumerable: «Por mí mismo juro, oráculo de Yahveh, que por haber hecho esto, por no haberme negado tu hijo, tu único, yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa» (Gn 22, 16-17). 2. Diversidad de etapas en la promesa La realización de esta promesa debía comprender diversas etapas. En efecto, Abraham estaba destinado a convertirse en «padre de todos los creyentes» (cf. Gn 15, 6; Ga 3, 6-7; Rm 4, 16-17). La primera etapa se realizó en Egipto, donde «los israelitas; 67


llegaron a ser muy numerosos y fuertes y llenaron el país» (Ex 1, 7). El linaje de Abraham ya se había convertido en «el pueblo de los israelitas» (Ex 1, 9), pero se encontraba en una situación de esclavitud. Fiel a su alianza con Abraham, Dios llamó a Moisés y le dijo: «Bien vista tengo la aflicción de mí pueblo en Egipto y he escuchado su clamor (...). He bajado para librarle (...). Ahora, pues, ve: yo te envío a Faraón para que saques a mi pueblo, los israelitas, de Egipto» (Ex 3, 7-10). Así fue llamado Moisés para sacar a ese pueblo de Egipto, pero Moisés era sólo el ejecutor del plan de Dios, el instrumento de su poder, porque, según la Biblia, es Dios mismo quien saca a Israel de la esclavitud de Egipto. «Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi Tiziano, San Jerónimo en penitencia. hijo», leemos en el libro del profeta Oseas (11, 1). Israel es, por tanto, el pueblo de la predilección divina: «No porque seáis el más numeroso de todos los pueblos se ha prendado Yahveh de vosotros y os ha elegido, pues sois el menos numeroso de todos los pueblos; sino por el amor que os tiene y por guardar el juramento hecho a vuestros padres» (Dt 7, 7-8). Israel es el pueblo de Dios no por sus cualidades humanas, sino sólo por la iniciativa de Dios. 3. La iniciativa divina en la Alianza La iniciativa divina, esa elección soberana del Señor, toma forma de alianza. Así sucedió con respecto a Abraham. Y así acontece también después de la liberación de Israel de la esclavitud egipcia. El mediador de esa alianza establecida a los pies del monte Sinaí es Moisés: «Vino, pues, Moisés y refirió al pueblo todas las palabras del Señor y todas sus normas. Y todo el pueblo respondió a una voz: “cumpliremos todas las palabras que ha dicho el Señor”. Entonces escribió Moisés todas las palabras del Señor y, levantándose de mañana, alzó al pie del monte un altar y doce estelas por las doce tribus de Israel». Luego, se ofrecieron sacrificios y Moisés derramó sobre el altar una parte de la sangre de las víctimas. «Tomó después el libro de la Alianza y lo leyó ante el pueblo», tras lo cual recibió una vez más de los presentes la promesa de obediencia a las palabras de Dios. Y al fin, roció con la sangre al pueblo (cf. Ex 24, 3-8). En el libro del Deuteronomio se explica el significado de ese acontecimiento: «Has hecho decir al Señor que él será tu Dios ―tú seguirás sus caminos, observarás sus preceptos, sus mandamientos y sus normas, y escucharás su voz―. Y el Señor te ha hecho decir hoy que serás su pueblo propio» (Dt 26, 17-18). La alianza con Dios es para Israel una «elevación» particular. De este modo, Israel se convierte en «un pueblo consagrado al Señor su Dios» (cf. Dt 26, 19), y eso significa una particular 68


pertenencia a Dios. Más aún: se trata de una pertenencia recíproca: «Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo» (Jr 7, 23). Ésta es la disposición divina. Dios se compromete a sí mismo en la Alianza. Todas las infidelidades del pueblo, en las diversas etapas de su historia, no alteran la fidelidad de Dios a esa alianza. 4. Un pueblo consagrado a Dios En virtud de la iniciativa divina en la alianza, un pueblo se transforma en el pueblo de Dios y, como tal, es santo, es decir, consagrado a Dios-Señor: «Tú eres un pueblo consagrado al Señor tu Dios, el Señor tu Dios te ha elegido para ser el pueblo de tu porción entre todos los pueblos que hay sobre la haz de la tierra» (Dt 7, 6; cf. Dt 26, 19). En el sentido de esta consagración se aclaran también las palabras del Éxodo: «Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa» (Ex 19, 6). A pesar de que, en el curso de su historia, aquel pueblo comete muchos pecados, no deja de ser pueblo de Dios. Por eso, remitiéndose a la fidelidad del Señor a la alianza establecida por él mismo, Moisés se dirige a él con la súplica conmovedora: «No destruyas a tu pueblo, a tu heredad, redimida por tu grandeza, sacándolo de Egipto con tu mano poderosa», como leemos en el Deuteronomio (9, 26). 5. La presencia de Dios en medio de su pueblo Dios al establecer su alianza con Israel quiere estar presente de un modo particular en medio de su pueblo. Esa presencia, durante la peregrinación a través del desierto, se expresa mediante la tienda del encuentro. Más adelante, se expresará mediante el templo, que el rey Salomón construirá en Jerusalén. Con respecto a la tienda del encuentro, leemos en el Éxodo: «Cuando salía Moisés hacia la tienda, todo el pueblo se levantaba y se quedaba de pie a la puerta de su tienda, siguiendo con la vista a Moisés hasta que entraba en la tienda. Y una vez entrado Moisés en la tienda, bajada la columna de nube y se detenía a la puerta de la tienda, mientras el Señor hablaba con Moisés. Todo el pueblo veía la columna de nube detenida en la puerta de la tienda y se levantaba el pueblo, y cada cual se postraba Miguel Ángel, El profeta Isaías. junto a la puerta de su tienda. El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo» (Ex 33, 8-11). El don de esa presencia era un signo particular de elección divina, que se manifestaba en formas simbólicas y casi en presagios de la realidad futura: la Alianza de Dios con su nuevo pueblo en la Iglesia.

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C. AUTOEVALUACIÓN

1. ¿Qué dice el Concilio Vaticano II sobre la salvación del hombre? 2. ¿Qué papel cumplió Moisés al sacar a su pueblo de Egipto? 3. ¿Cuáles son las etapas en la promesa hecha a Abraham? 4. ¿Quién fue el mediador de la Alianza? 5. ¿Por esta Alianza Israel en qué se convierte? 6. ¿Con que palabras el A. T. se refiere a la santidad del pueblo elegido? 7. ¿Cómo se manifiesta la presencia de Dios en medio de su pueblo?

D. ACTIVIDADES SUGERIDAS

1. Lee y medita el pasaje del Génesis 15, sobre la Alianza de Dios con Abraham. 2. Averigua quién fue el hijo que Dios tuvo con su sierva Agar. 3. Realiza un pequeño relato de quien fue Moisés. 4. Averigua y da un pequeño resumen de las 7 plagas que Dios envió sobre Egipto para liberar a su pueblo de la Esclavitud del faraón.

E. VOCABULARIO BÁSICO

Pueblo Precepto

Sacrificio Fidelidad

Promesa Alianza

F. PARA TU VIDA CRISTIANA

• Abraham tuvo un hijo que se llamaba Isaac. Isaac tuvo dos hijos: Esáu y Jacob. (Gén 25,21-34) Cambió el nombre por Israel (Gén 32,29) Israel tuvo doce hijos, que dieron origen a doce grandes familias o tribus del Pueblo de Dios.

• Moisés era un hombre perteneciente al pueblo de Israel. Dios lo salvó de las aguas del río, y cuando era ya grande, le ordenó que hablara con el Faraón de Egipto para que dejara libre al pueblo de Israel.

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Tema 16 LA IGLESIA EN EK DESIGNIO DE DIOS A. MOTIVACIÓN

Dicen, con razón, que no vamos a la iglesia por nuestro propio pie, sino que “nos traen”: en brazos, cuando nos bautizan; del brazo, cuando nos casamos; y a hombros, cuando nos entierran. Hubo un tiempo en que no íbamos a la iglesia, y alguien nos trajo. Nadie nace cristiano, ni nadie pertenece a la Iglesia sólo porque le haya dado la real gana. Hace falta que alguien nos haya anunciado a Cristo y nos haya “empujado” a incorporarnos a la comunidad cristiana. Como ninguno de nosotros ha elegido su nombre, o qué idioma hablamos. Todo esto nos lo han transmitido, sobre todo en casa. Ésta ha sido la forma de “hacer cristianos”; no hay otra. La labor de “llevar a la iglesia” a los demás, es propia de la familia cristiana. No es exclusiva de ella, porque también lo hace la parroquia, la escuela católica, o los movimientos y asociaciones cristianos. Pero principalmente es de ella. Un matrimonio cristiano toma el compromiso de “recibir los hijos y educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia”. Y al bautizar a un hijo, se comprometen a “educarlo en la fe cristiana”. La Iglesia es la “segunda familia” del niño, debe conocerla, y debe participar en su vida.

B. CONTENIDO DOCTRINAL 1. La palabra Iglesia Con el término “Iglesia” se designa al pueblo que Dios convoca y reúne desde todos los confines de la tierra, para constituir la asamblea de todos aquellos que, por la fe y el Bautismo, han sido hechos hijos y miembros de Cristo y templo del Espíritu Santo. La Iglesia de Dios existe en las comunidades locales y se realiza como asamblea litúrgica, sobre todo eucarística. La Iglesia vive de la Palabra y del Cuerpo de Cristo y de esta manera viene a ser ella misma Cuerpo de Cristo. 2. Los símbolos de la Iglesia En la Sagrada Escritura encontramos muchas imágenes que ponen de relieve aspectos complementarios de la Iglesia. El Antiguo Testamento prefiere imágenes ligadas al “Pueblo de Dios”. El Nuevo Testamento aquellas vinculadas a Cristo Cabeza que es su Cuerpo. En torno a este centro se agrupan imágenes “tomadas de la vida de los pastores, de la agricultura, de la construcción, incluso de la familia y del matrimonio”. a) La Iglesia, en efecto, es el redil cuya puerta única y necesaria es Cristo (Jn 10, 1-10). Es también el rebaño cuyo pastor será el mismo Dios (cf. Is 40, 11; Ez 34, 11-31). 71


b) ”La verdadera vid es Cristo, que da vida y fecundidad a los sarmientos, es decir, a nosotros, que permanecemos en él por medio de la Iglesia y que sin él no podemos hacer nada” (Jn 15, 1-5). c) También se le denomina como construcción de Dios (1 Co 3, 9). Jesús mismo se comparó a la piedra que desecharon los constructores, pero que se convirtió en la piedra angular (Mt 21, 42 par.; cf. Hch 4, 11; 1 P 2, 7; Sal 118, 22). d) La Iglesia es llamada también “la Jerusalén de arriba” y “madre nuestra” (Ga 4, 26; cf. Ap 12, 17), y se la describe como la esposa inmaculada del Cordero inmaculado (Ap 19, 7; 21, 2. 9; 22, 17). 3. La Iglesia, instituida por Cristo Jesús Corresponde al Hijo realizar el plan de Salvación de su Padre, en la plenitud de los tiempos; ése es el motivo de su misión (LG 3, AG 3) “El Señor Jesús comenzó su Iglesia con el anuncio de la Buena Noticia, es decir, de la llegada del Reino de Dios prometido desde hacía siglos en las Escrituras” (LG 5). Para cumplir la voluntad de su Padre, Cristo inauguró el Reino de los cielos en la tierra: la Iglesia. “Este Reino se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y en la presencia de Cristo” (LG 5). Acoger la palabra de Jesús es acoger “el Reino”. El germen y el comienzo del Reino son el “pequeño rebaño” (Lc 12, Basílica de San Pedro. 32), de los que Jesús ha venido a convocar en torno suyo y de los que él mismo es el pastor (cf. Mt 10, 16; 26, 31; Jn 10, 1-21). Constituyen la verdadera familia de Jesús (cf. Mt 12, 49). A los que reunió así en torno suyo, les enseñó no sólo una nueva “manera de obrar”, sino también una oración propia (cf. Mt 5-6). El Señor Jesús dotó a su comunidad de una estructura que permanecerá hasta la plena consumación del Reino. Ante todo está la elección de los apóstoles con Pedro como su Cabeza (cf. Mc 3, 14-15). Los Doce (cf. Mc6, 7) y los otros discípulos (cf. Lc 10,1-2) participan en la misión de Cristo, en su poder, y también en su suerte (cf. Mt 10, 25; Jn 15, 20). Con todos estos actos, Cristo prepara y edifica su Iglesia. Pero la Iglesia ha nacido principalmente del don total de Cristo por nuestra salvación, anticipado en la institución de la Eucaristía y realizado en la Cruz. “El agua y la sangre que brotan del costado abierto de Jesús crucificado son signo de este comienzo y crecimiento” (LG 3) 4. La Iglesia, a la vez visible y espiritual “Cristo estableció en este mundo su Iglesia santa como un organismo visible. La mantiene aún sin cesar para comunicar por medio de ella a todos la verdad y la gracia”. La Iglesia es a la vez: 72


– sociedad dotada de órganos jerárquicos y el Cuerpo Místico de Cristo; – el grupo visible y la comunidad espiritual; – la Iglesia de la tierra y la Iglesia llena de bienes del cielo. Estas dimensiones juntas constituyen “una realidad compleja, en la que están unidos el elemento divino y el humano” (LG 8): Es propio de la Iglesia “ser a la vez humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, entregada a la acción y dada a la contemplación, presente en el mundo y, sin embargo, peregrina. De modo que en ella lo humano esté ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y lo presente a la ciudad futura que buscamos” (SC 2). 5. La Iglesia, sacramento universal de salvación El concilio Vaticano II definió a la Iglesia «como un sacramento» (SC 5). Con ello no quería afirmar el Concilio que, además de los siete sacramentos, hubiera un sacramento más. Sino que, así como los sacramentos son verdaderos instrumentos de Cristo para distribuir la gracia de Dios y la vida de hijos de Dios entre los hombres, de un modo parecido es la Iglesia entera una institución visible que sirve a Cristo de instrumento para realizar su obra de salvación universal. Es claro, como afirma el mismo Concilio, que en todo tiempo y lugar son aceptos a Dios los que le temen y practican la justicia (Act 10,35); pero no es menos cierto que Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres (cf. 1 Tim 2,5) y que él instituyó a su Iglesia como instrumento necesario de salvación. Por lo cual, «no podrían salvarse quienes, sabiendo que la Iglesia católica fue instituida por Jesucristo como necesaria, desdeñaran entrar en ella o no quisieran permanecer en ella» (LG 7). Ahora bien, Cristo no dio tan sólo los sacramentos a su Iglesia para que fueran los medios de gracia que perpetuaran en el mundo su obra salvifica, sino que, ante todo y sobre todo, le dio su Palabra, es decir, el conjunto de su mensaje para que lo transmitiera fielmente a todos los hombres de todas las generaciones: Predicad el Evangelio a todos los hombres (Mc 16,15), enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado (Mt 28,20). Esto quiere decir que la palabra de Dios lo mismo que la gracia sacramental del bautismo y de los demás sacramentos, nos llega canalizada por el conducto de instrumentos humanos. Y esto no tiene nada de extraño desde el momento en que Dios mismo buscó el encuentro con los hombres sirviéndose de la humanidad de Jesús como instrumento de reJuan Pablo II y el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne. dención universal. 73


C. AUTOEVALUACIÓN

1. 2. 3. 4. 5. 6.

¿Qué se designa con el término Iglesia? ¿Cuáles son los símbolos e imágenes de la Iglesia? ¿Qué quiere decir anuncio de la Buena Noticia? ¿Cómo se manifiesta el Reino de Dios en nosotros? ¿Por qué la Iglesia es a la vez visible y espiritual? ¿Por qué el Concilio Vaticano II definió a la Iglesia como sacramento?

D. ACTIVIDADES SUGERIDAS

1. Analizar cómo asumimos la misión de cristianos en la Iglesia. 2. Averiguar como se estructura la Iglesia. 3. Entonar el canto “Iglesia peregrina”. 4. Leer los números 543 y 547 del Catecismo de la Iglesia Católica. 5. Indagar qué día se celebra la festividad de la Cátedra de San Pedro y que se destaca con esta fiesta. 6. Mencionar las formas cómo ayudar a la misiones en la Iglesia. 7. Hacer una lista de los modos como puedes ser útil a tu parroquia. 8. Recoger fotografías que demuestren las actividades de la Iglesia en diversos países. Recoger también ilustraciones de diversos santos de diferentes países y de épocas distintas. Forma con todo este material un álbum de clase, y ese álbum te servirá para demostrar la catolicidad y la unidad de la Iglesia.

E. VOCABULARIO BÁSICO

Asamblea Consumación

Templo Misión

Sarmiento Estructura

F. PARA TU VIDA CRISTIANA

• “Cristo no excluyó a los pecadores de la sociedad por Él fundada. Si, por tanto, algunos miembros están aquejados de enfermedades espirituales, no por eso debe disminuir nuestro amor a la Iglesia; al contrario, ha de aumentar nuestra compasión hacia sus miembros” (Pío XII, Enc. Mystici Corporis Christi). • Ama, venera, reza, mortifícate –cada día con más cariño– por el Romano Pontífice, piedra basilar de la Iglesia, que prolonga entre todos los hombres, a lo largo de los siglos y hasta el fin de los tiempos, aquella labor de santificación y gobierno que Jesús confió a Pedro. (Forja, 134). • Has de ser, como hijo de Dios y con su gracia, varón o mujer fuerte, de deseos y de realidades. –No somos plantas de invernadero. Vivimos en medio del mundo, y hemos de estar a todos los vientos, al calor y al frío, a la lluvia y a los ciclones..., pero fieles a Dios y a su Iglesia. (Forja, 792).

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Tema 17 LOS LLAMADOS A SER SANTOS A. MOTIVACIÓN

Debió ser por el mes de marzo o el de abril de 1855, cuando Domingo Savio tenía trece años. San Juan Bosco habló a los muchachos de santidad con una fuerza que conmovió a más de uno. En el caso de Domingo fue como una chispita que le hizo arder por dentro en amor de Dios, con un fuego que no se apagó nunca a lo largo de su breve vida en la tierra. A los pocos días fue a ver a su maestro y le expuso con claridad su pensamiento: -Siento como un deseo y una necesidad de hacerme santo. Un día San Juan Bosco le habló de que pensaba obsequiarle con un regalo que fuese de su agrado, y que le manifestara su preferencia por si podía acertar, pero el muchacho volvió a la carga con lo que realmente ocupaba su mente y su corazón: -El regalo que le pido es que me ayude a ser santo. Quiero darme todo al Señor, para siempre; siento verdadera necesidad de hacerme santo; y si no me hago santo, no hago nada.

B. CONTENIDO DOCTRINAL 1. La santidad “¿Qué es la santidad? Es la alegría de hacer la Voluntad de Dios. El hombre experimenta esta alegría por medio de una constante acción profunda sobre sí mismo, por medio de la fidelidad a la ley divina, a los mandamientos del Evangelio. E incluso con renuncias” (Juan Pablo II, Homilía, 18.1.1981). La esencia de la santidad está en la caridad o amor a Dios y al prójimo por Dios. A estos dos amores redujo Jesús la Ley y los Profetas, y los inculcó como máximos mandamientos (cf Lc, 25-28). La santidad es llevar una vida de gracia, opuesta al pecado. 2. Jesús, nuestro modelo de santidad El Verbo se encarnó para ser nuestro modelo de santidad: “Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí…” (Mt 11, 29). “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14, 6). Y el Padre, en el monte de la Transfiguración, ordena: “escuchadle” (Mc 9, 7). Él es, en efecto, el modelo de las bienventuranzas y la norma de la ley nueva: “Amaos os unos a los otros como yo os he amado” (Jn 15, 12). Este amor tiene como consecuencia la ofrenda efectiva de sí mismo (cf Mc 8, 34). 75


3. Todos somos llamados a la santidad La doctrina del llamamiento universal a la santidad parecía olvidada a lo largo de los siglos, de tal manera que daba la impresión de que para buscar la santidad se tenía que ir al claustro o ser sacerdotes. Pero vemos que por el mero hecho de ser hijos de Dios por medio del bautismo todos estamos llamados a la santidad: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48). Y San Pablo dice a los tesalonicenses: “Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación” (1 Ts 4, 3). La “llamada universal a la santidad” no es una sugerencia, sino un mandato de Jesucristo: “Fíjate bien: hay muchos hombres y mujeres en el mundo, y ni a uno solo de ellos deja de llamar el Maestro. Les llama a una vida cristiana, a una vida de santidad, a una vida de elección, a una vida eterna” (Forja, n. 13). El concilio Vaticano II pronunció palabras altamente luminosas sobre la vocación universal a la santidad “Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (LG 40). Por lo tanto podemos decir que el objetivo principal de todo hombre en esta vida es la búsqueda de la santidad “Busquen, pues, antes que nada el Reino de Dios y su justicia que todo lo demás se le dará por añadidura” (Mt 6, 33). 4. Medios para llegar a la santidad Piensa en lo que dice el Espíritu Santo, y llénate de admiración y de agradecimiento, pues nos ha elegido para que seamos santos en su presencia. Ser santos no es fácil, pero tampoco es difícil. Ser santos es ser buen cristiano: parecerse a Cristo. Y ¿qué medios tenemos?: • Los sacramentos, especialmente la recepción de la Eucaristía y la penitencia. • La oración y la mortificación. • La devoción a la Virgen María. • Nuestro trabajo de cada día, bien hecho y en gracia santificante. 5. El camino de la Cruz Hay en el ambiente una especie de miedo a la Cruz, a la Cruz del Señor. Y es que han empezado a llamar cruces a todas las cosas desagradables que suceden en la vida, y no saben llevarlas con sentido de hijos de Dios, con visión sobrenatural. ¡Hasta quitan las cruces que plantaron nuestros abuelos en los caminos...! 76


El camino de la perfección pasa por la cruz, pues no hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual (cf 2 Tm 4). El progreso espiritual implica la ascesis (el esfuerzo, el combate espiritual) y la mortificación que conducen gradualmente a vivir en la paz y el gozo de las bienaventuranzas: el que asciende no cesa nunca de ir de comienzo en comienzo mediante comienzos que no tienen fin. Jamás el que asciende deja de desear lo que ya conoce. 6. El culto a los santos Nosotros solamente adoramos a Dios porque le reconocemos como Creador y Supremo Señor de todas las cosas; y veneramos a los santos y especialmente a la Santísima Virgen por ser Madre de Dios. Venerar es lo mismo que rendir honor, reconocerles amigos de Dios y glorificados por Él en el cielo, ya qe aquí fueron fieles y generosos servidores de Jesucristo. Tanto el culto a la Virgen como el de los santos “es justo y saludable” y “el honor que tributamos a sus imágenes va dirigido a los santos que ellas representan” (Concilio de Trento). Veneramos a los santos celebrando su memoria y pidiendo su intercesión. Con ello damos gracias a Dios por los dones que Él les ha otorgado y le rogamos que, por inSan Josemaría Escrivá. tercesión de los mismos, nos sea propicio y nos ayude a hacernos semejantes a ellos. La festividad de un santo suele celebrarse en el aniversario de su nacimiento al cielo. Los santos son nuestros modelos en la imitación a Cristo. Si leemos su vida , conoceremos su heroísmo y nos sentiremos impulsados a seguir su ejemplo “Por defender su pureza San Francisco de Asís se revolcó en la nieve, San Benito se arrojó a un zarzal, San bernardo se zambulló e un estanque helado… -Tú, ¿qué has hecho?” (Camino, n. 143).

C. AUTOEVALUACIÓN

1. ¿Qué es la santidad? 2. ¿Cómo experimenta el hombre la alegría de la santidad? 3. ¿Quién es nuestro primer modelo de santidad? 4. ¿Qué nos dice el concilio Vaticano II acerca de la santidad? 5. ¿Cuál es el objetivo principal del hombre? 6. ¿Cuáles son los medios para adquirir la santidad? 7. ¿Por donde ha de pasar el camino de la perfección? 8. ¿De que modo veneramos a los santos? 77


D. ACTIVIDADES SUGERIDAS

1. Hacer la biografía de un santo laico y exponerla en el aula. 2. Averiguar la fecha en que se celebra la fiesta de los santos peruanos. 3. Escribir una pequeña redacción explicando lo que nuestra vida debiera ser como preparación para el cielo. 4. Meditar y sacar algún propósito sobre la siguiente frase de san Agustín: “Conócete, acéptate, supérate.” 5. Buscar la biografía de dos de los santos que a continuación se mencionan:

Nombre del Santo

Lugar de nacimiento

Fecha de nacimiento

Ana de los Ángeles (B) Francisco Solano Héctor Valdivielso Sáez Juan Diego Juan Macías Laura Vicuña Pino Luis Alberto Hurtado Luis Tezza Mariana de Jesús Martín de Porres Miguel Febres Cordero Nacisa de Jesús Martillo Rosa de Lima Teresa de Los Andes Toribio de Mogrovejo

Arequipa (Perú) Montilla (España) Buenos Aires (Argentina) Cuauhtitlán (México) Rivera de Fresco (España) Santiago de Chile (Chile) Viña del Mar (Chile) Conegliano (Italia) Quito (Ecuador) Lima (Perú) Cuenca (Ecuador) Nobol (Ecuador) Lima (Perú) Santiago de Chile (Chile) Mayorga (España)

26.VII.1602 10.III.1549 31.X.1910 1474 2.III.1585 5.IV.1891 22.I.1901 1.XI.1841 31.X.1618 1579 7.XI.1854 29.X.1932 30.IV.1586 13.VI.1900 1538

E. VOCABULARIO BÁSICO

Santidad Mandamientos

Santo Mortificación

F. PARA TU VIDA CRISTIANA

Ascesis Veneración

• “La santidad grande está en cumplir los deberes pequeños de cada instante” (Camino, n. 817). • “Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas” (San Agustín).

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Tema 18 ADVIENTO. ESPERA DE LA VENIDA DE JESÚS A. MOTIVACIÓN

“Estamos ya habituados al término «adviento»; sabemos qué significa; pero precisamente por el hecho de estar tan familiarizados con él, quizá no llegamos a captar toda la riqueza que encierra dicho concepto. Adviento quiere decir ‘venida’. Por lo tanto, debemos preguntarnos: ¿Quién es el que viene?, y ¿para quién viene? En seguida encontramos la respuesta a esta pregunta. Hasta los niños saben que es Jesús quien viene para ellos y para todos los hombres. Viene una noche en Belén, nace en una gruta que se utilizaba como establo para el ganado. Esto lo saben los niños, lo saben también los adultos que participan de la alegría de los niños y parece que se hacen niños ellos también la noche de Navidad. Sin embargo, muchos son los interrogantes que se plantean. E1 hombre tiene el derecho, e incluso el deber, de preguntar para saber. Hay asimismo quienes dudan y parecen ajenos a la verdad que encierra la Navidad, aunque participen de su alegría. Precisamente para esto disponemos del tiempo de Adviento, para que podamos penetrar en esta verdad esencial del cristianismo cada año de nuevo” (Juan Pablo II, Catequesis 29 de noviembre de 1978).

B. CONTENIDO DOCTRINAL 1. Significado del Adviento Adviento significa venida. Este tiempo nos prepara para la venida del Señor. . Esta venida se nos presenta en tres dimensiones: • Adviento Histórico. Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. • Adviento Místico. Es la preparación moral del hombre de hoy a la venida del Señor. Es un Adviento actual. Es tiempo propicio para la evangelización y la oración que dispone al hombre, a aceptar la salvación que viene del Señor. • Adviento Escatológico. Es la preparación a la llegada definitiva del Señor, al final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras. 2. Esquema del adviento Inicia con las vísperas del domingo más cercano al 30 de noviembre y termina antes de las vísperas de la Navidad. Los domingos de este tiempo se llaman 1°, 2°, 3° y 4° de Adviento. Los días del 16 al 24 de diciembre (la Novena de Navidad) tienden a preparar más específicamente las fiestas de la Navidad. El color de los ornamentos del altar y la vestidura del sacerdote es el morado, igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia. 79


3. Temas que se presentan durante el Adviento a. I Domingo, la vigilancia en espera de la venida del Señor. Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación con las palabras del Evangelio: “Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento”.Esta semana, en familia al igual que en cada comunidad parroquial, encenderemos la primer vela de la Corona de Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión. b. II Domingo, la conversión, nota predominante de la predicación de Juan Bautista. Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: “Preparen el camino, Jesús llega” y, ¿qué mejor manera de prepararlo que buscando ahora la reconciliación con Dios? Encenderemos la segunda vela morada de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo. c. III Domingo, el testimonio, que María, la Madre del Señor, vive, sirviendo y ayudando al prójimo. Sabemos que María está siempre acompañando a sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir esta tercera semana de Adviento, meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercera vela, color rosa, de la Corona de Adviento. d. IV Domingo, el anuncio del nacimiento de Jesús hecho a José y a María. Las lecturas bíblicas, dirigen su mirada a la disposición de la Virgen María, ante el anuncio del nacimiento de su Hijo y nos invitan a “Aprender de María y aceptar a Cristo que es la Luz del Mundo”. Como ya está tan próxima la Navidad, ahora nos queda solamente esperar la gran fiesta. Como familia debemos vivir la armonía, la fraternidad y la alegría que esta cercana celebración representa. Encendemos la cuarta vela color morada, de la Corona de Adviento. 4. Nuestra preparación por la espera de Jesús El tiempo de Adviento no es un tiempo de penitencia al estilo de la cuaresma, que busca la conversión por el hecho de conocer el sacrificio de Jesús por nosotros en la cruz. El Adviento es el tiempo favorable para emprender un cambio del corazón y para dar un nuevo y decisivo paso en nuestro caminar espiritual, es conversión como preparación por la espera de Jesús. La figura de San Juan Bautista destaca de manera especial en adviento. Es un compañero ideal, austero y gozoso a la vez. Su vida fue penitente en grado sumo, pero no resuena en ella nota alguna de tristeza. Como heraldo y precursor del Señor, se regocijo al escuchar la voz de Jesús. Este es el único capaz de sacarnos de nuestra propia complacencia. “¡Arrepentíos, el reino de los cielos está cerca!”, gritaba. 80


En Cristo, el Hijo eterno, Dios ha aparecido entre nosotros en forma humana. E intenta entrar en lo más íntimo de nuestras vidas, a fin de compartir su vida con nosotros. Él está a la puerta y llama, pero jamás forzará la entrada. La puerta que da acceso a nuestros corazones sólo puede ser abierta desde dentro. Fue San Bernardo quien conectó esta venida espiritual de Cristo con el Adviento. En sus sermones para este tiempo habla de tres venidas de Nuestro Señor: su venida que tuvo lugar ya en el nacimiento, su futura venida en la gloria y su venida espiritual, que pertenece al presente. De esta última dice: “Esta venida intermedia es como la senda por la que pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta es nuestro descanso y nuestro consuelo”. 5. Tiempo de esperanza La Iglesia es más consciente de que su esperanza descansa en el futuro. Ella mira hacia delante, hacia la restauración de todas las cosas en Cristo. Sólo entonces alcanzará ella su perfección plena. Ciertamente, es muy difícil practicar la esperanza en los tiempos que vivimos. Muchísimas son las cosas que militan en su contra: las críticas y ataques a la fe, los valores morales en declive, el materialismo, la secularización se vienen a la alza. Hablando humanamente, hay poquísimos motivos para la esperanza; pero la esperanza cristiana no se basa en simples consideraciones humanas, sino en la bondad y el poder de Dios. Como pueblo de Dios, tenemos que poner lo que está de nuestra parte para la construcción de un mundo mejor y para prepaBasílica de San Pedro, La entrega de las rar un camino al Señor. Ambas tareas son llaves. inseparables. 6. “Vigilar y orar” La vigilancia es una virtud importante, pero bastante descuidada. Vigilar significa vivir en el pensamiento de la segunda venida de Cristo. Debería ser una actitud de mente constante, que gobernará toda nuestra conducta. Una virtud para todo momento, pero especialmente apropiada durante el Adviento. Si estamos dispuestos y preparados en todo momento para servir a nuestros prójimos y a Dios, entonces estamos practicando la vigilancia; estamos al acecho de Cristo. Esta actitud de vigilancia no es algo ansiosa, sino paciente y pacífica; pero es, al mismo tiempo, una postura de alerta. 7. Símbolos de Adviento: La Corona de Adviento a. Origen: La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea 81


que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos: b. La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar. c. Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre. d. Las cuatro velas: Nos hace pensar en la oscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo. Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia. Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal. e. El listón rojo representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve. Los domingos de adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.

C. AUTOEVALUACIÓN

1. ¿Qué significa adviento? 2. ¿Cuáles son las tres dimensiones en que podemos dividir el Adviento? 3. ¿Qué tiempo abarca aproximadamente el tiempo de Adviento? 4. ¿Qué significa el color litúrgico morado en el tiempo de Adviento 5. ¿Cuáles son los temas que se contemplan durante estos 4 domingos de Adviento? 6. ¿En qué consiste este tiempo de Adviento? 7. ¿En qué se basa la esperanza cristiana? 8. ¿Qué significa en adviento el término “vigilar”?

D. ACTIVIDADES SUEGERIDAS

1. Aprender y entonar la siguiente canción: Ven Señor, no tardes Ven, ven Señor, no tardes; ven, ven que te esperamos; 82


Ven, ven Señor, no tardes; ven pronto, Señor. El mundo muere de frió, el alma perdió el calor; los hombres no son hermanos, el mundo no tiene amor.

2. Señalar, en un calendario grande, la época de adviento. En el espacio previsto para los cuatro domingos de adviento, escribe las frases más importantes de sus evangelios. 3. Leer las epístolas y evangelios de los cuatro domingos de adviento. Todo eso te servirá para ir introduciéndote gradualmente en el misterio de navidad y también de la segunda venida de nuestro Señor en el día del juicio final. 4. Anotar cuatro frases seleccionadas de las misas de los cuatro domingos de adviento. Estas frases deben expresar nuestro ferviente deseo de la llegada de nuestro Señor. 5. Hacer una lista de todas las cosas que puedes hacer durante el adviento para prepararte para navidad. Por ejemplo, una oración bien rezada, no comer un dulce, compartir con otros las cosas buenas que tengas, ser bondadoso, obediente, etc. E intenta hacer una cosa de éstas cada uno de los días del adviento. 6. Escribir tres profecías de Isaías anunciando la llegada de Cristo (consulta las misas de los cuatro domingos de adviento).

E. VOCABULARIO BÁSICO

Escatología Precursor

Vigilancia Heraldo

Ornamento Esperanza

F. PARA TU VIDA CRISTIANA

• “El adviento de cada año nos recuerda que la gracia, es decir, la voluntad de Dios para salvar al .hombre, es más poderosa que el pecado”(Juan Pablo II, Catequesis 20 de diciembre de 1978). • ¿Por qué hablamos hoy de todo esto? Para comprender mejor el Adviento. Adviento quiere decir Dios que viene, porque quiere que «todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2, 4). Viene porque ha creado al mundo y al hombre por amor, y con él ha establecido el orden de la gracia. Pero viene «por causa del pecado», viene «a pesar del pecado», viene para quitar el pecado”(Juan Pablo II, Catequesis 20 de diciembre de 1978).

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Tema 19 LA VIRGEN MARÍA A. MOTIVACIÓN

Un guerrero fue herido por una flecha en una batalla. Quisieron arrancarle la flecha y curarlo, pero él exigió saber primero quién era el arquero, a qué clase de hombre pertenecía y dónde se había colocado para disparar. También quiso saber la forma exacta del arco de éste y qué clase de cuerda utilizaba. Mientras se esforzaba por conocer todos estos datos, falleció. Si María hubiera hecho tantas preguntas al ángel como el guerrero herido, probablemente no hubiera nacido Jesús. María fue una mujer de fe y de amor. María acepta el plan de Dios en fe. María acogió el anuncio y la promesa que le traía el ángel Gabriel, creyendo que “nada es imposible para Dios” (Lc 1,37). y dando su asentimiento: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” . Durante toda su vida y sobre todo, cuando Jesús, su hijo, murió en la cruz, su fe no vaciló. María no cesó de creer en el “cumplimiento” de la palabra de Dios. María, porque creyó fue feliz y nos ganó la felicidad para todos. “Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”. Isabel es la primera que llaman bienaventurada a María (Lc 1,48): “Bienaventurada la que ha creído...” (Lc 1,45): María es “bendita entre todas las mujeres” porque ha creído en el cumplimiento de la palabra del Señor.

B. CONTENIDO DOCTRINAL 1. La Virgen María La Santísima Virgen María es la Nueva Eva, la Mujer perfecta, llena de gracia y virtudes, concebida sin pecado original, que es Madre de Dios y madre nuestra, y que está en el cielo en cuerpo y alma; y que nos acompaña permanentemente en nuestros esfuerzos por ser cristianos con gran solicitud y amor maternal. La Virgen María es verdaderamente Madre de Dios porque es la madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre, que es Dios mismo y es madre nuestra porque, por su obediencia, se convirtió en la nueMiguel Ángel, La Piedad. va Eva, madre de los vivientes; además, porque es Madre de Jesucristo, con quien estamos unidos por la gracia, formando un solo Cuerpo Místico. 2. Privilegios Marianos Dado que la Virgen María es, por designio divino, una criatura del todo singular y única, ha recibido del Señor unas gracias y privilegios que están fuera de la ley común y que a ninguna otra criatura pueden convenir. 84


En efecto, era del todo conveniente que en razón de ser escogida para ser Madre de Dios esté adornada de todos los privilegios, los cuales son: su Concepción Inmaculada, su perpetua Virginidad, su Maternidad divina y su Asunción en cuerpo y alma a los cielos. a) Inmaculada Concepción El Dogma de la Inmaculada Concepción establece que María fue concebida sin mancha de pecado original. El dogma fue proclamado por el Papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, en la Bula Ineffabilis Deus. “Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que Murillo, La Inmaculada. sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del genero humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles.” b) Virginidad perpetua La fe de la Iglesia, se condensa en una antiquísima fórmula: “María fue virgen antes, durante y después del parto”. 1.- Antes del parto, en la misma concepción, puesto que, según leemos en el Evangelio de San Lucas, concibió a Jesús, no de varón, sino fuera de todo concurso humano: “el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc l, 35) 2.- En el parto, porque dio a luz a su Hijo sin desgarrar el sello de la virginidad, sin dolor, por especial y portentoso milagro del poder divino “Como el rayo del sol pasa a través de un cristal sin romperlo ni mancharlo”. 3.- Después del parto, es decir, que después del nacimiento de Cristo tampoco hubo consorcio alguno con varón, y por consiguiente no tuvo otros hijos, y ni siquiera perdió la integridad de su cuerpo de manera puramente accidental. La virginidad perpetua de la Virgen fue proclamado en el Concilio Lateranense bajo el Papa Martín I, en el año 649, y también en el Concilio III de Constantinopla en el año 68O. c) La Maternidad Divina de María El dogma de la Maternidad Divina se refiere a que la Virgen María es verdadera Madre de Dios. Fue solemnemente definido por el Concilio de Efeso (año 431). Tiempo después, fue proclamado por otros Concilios universales, el de Calcedonia y los de Constantinopla. El Concilio de Efeso, del año 431, siendo Papa San Clementino I (422-432) definió: “Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y que por tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema.” El Concilio Vaticano II hace referencia del dogma así: “Desde los tiempos más antiguos, la Bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles acuden con sus súplicas en todos sus peligros y necesidades” (L G 66). 85


d) Asunción a los cielos “Ser llevada” se dice en latín “assumi”, de donde procede el término “Asunción”, de significado pasivo, para distinguirla de “Ascensión” que tiene significado activo, y es el misterio de Jesucristo, quien “subió” a los cielos por su propia virtud, mientras que María “fue llevada”. La Asunción de María tiene dos significados: El uno es, NEGATIVO, en cuanto supone que su cuerpo santísimo no sufrió la corrupción del sepulcro, y otro POSITIVO, que significa la glorificación del mismo cuerpo, la cual a su vez supone la resurrección anticipada. El privilegio de la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo es una verdad de fe católica, definida por el Papa Pío XII el l de noviembre de l95O por la bula “Munificentissimus Deus”, con estas palabras. 3. El Culto a la Virgen María La Virgen no puede ser objeto de culto de adoración o latría (la adoración sólo corresponde a Dios). Pero sí se venera a la Virgen de una manera especial, con un culto que la Iglesia llama “hiperdulía” que es una veneración mayor a la que se da a los santos del cielo, ellos son objeto de culto de “dulía” o veneración. El culto a la Virgen tiene raíces profundas en la Palabra revelada y sólidos fundamentos en las verdades de la doctrina católica, tales como: - la singular dignidad de María por ser Madre del Hijo de Dios; - su cooperación incondicional en la obra de la salvación llevada a cabo por su Hijo; - su santidad, plena en el momento de su concepción inmaculada; - su misión y el puesto que ocupa; - su incesante y eficaz intercesión a favor de los hombres; - su gloria, en fin, que ennoblece a todo el género humano; en efecto, María pertenece a nuestra estirpe. 4. Las Advocaciones de la Virgen María Se conoce como advocaciones, a las distintas formas de nombrar o referirnos a la Santísima Virgen. Es común que muchos cristianos, por falta de información o mejor dicho “formación”, confundan esos distintos nombres con distintas santas o “virgencitas”, como suelen llamarle. La Madre de Jesús es la Virgen María. Y los católicos solemos “apodarla” de distintas maneras, según el lugar dónde se halla instalada la devoción, o según la circunstancia, si es una aparición o se la nombra Patrona, etc. De esta manera, encontraremos que llamamos a María como “Nuestra Señora del Rosario”, Virgen de Lourdes, Virgen de FáNuestra Señora de la tima, Nuestra Señora de la Paz, La Virgen del Carmen y cientos Evangelización. de formas más. Pero siempre nos referimos a nuestra Santa Mamá del Cielo. ¿Que niño no ha llamado a su madre de cientos de maneras cariñosas? Es por eso que no debemos confundirla, como si se tratara de distintas personas. 86


C. AUTOEVALUACIÓN 1. 2. 3. 4. 5. 6.

¿Quién es la Virgen María? ¿Por qué es Madre de Dios y madre nuestra? ¿La virgen en razón de que fue dotada de privilegios? ¿Cuáles son los privilegios con que fue adornada la Virgen? ¿Cómo se venera a la Virgen? ¿Qué son las advocaciones?

D. ACTIVIDADES SUGERIDAS

1. Hacer una relación de los principales santuarios marianos del Perú y del mundo. 2. Investigar en qué advocación mariana es la patrona de la circunscripción eclesiástica (arquidiócesis, diócesis, prelatura, vicariato apostólico) donde vives. 3. La Santísima Virgen dijo a Bernardita: “Soy la Inmaculada Concepción”. Investigar sobres las apariciones de la Virgen María en Lourdes. 4. Nuestra Madre Santísima se apareció a los tres niños en Fátima. Indagar sobre las diversas apariciones de la Virgen Santísima a los tres pastorcitos.

E. VOCABULARIO BÁSICO

Gracias Dogma

Privilegio Intercesión

Concepción Culto

F. PARA TU VIDA CRISTIANA

• Ricardo de San Víctor escribe: “María fue hecha Madre de Dios para un fin de misericordia”. • María es Hija predilecta del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo. • Es célebre la aparición de María a Santo Domingo diciéndole: “Yo soy la Reina de la Misericordia”, y añadió que escuchaba complacida: “Es, pues, abogada nuestra”, de la salve.

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Tema 20 PRESENCIA DE MARÍA EN LA HISTORIA Y EN LA VIDA DE LA IGLESIA A. MOTIVACIÓN

Cierta noche, cuenta Fulton Sheen, vino a verme una joven, y me dijo: No quisiera por nada del mundo hacerme católica. Siempre repetís lo mismo cuando rezáis el Rosario. Cuando uno repite lo mismo es prueba de que no es sincero. Yo no daría fe a una persona que me repitiese las mismas palabras. Y creo que Dios tampoco. Entonces le pregunté quién era aquel joven que la acompañaba. Es mi novio contestó ella. ¿La quiere a usted? Ciertamente que sí. ¿Cómo lo sabe usted? ¿Cuántas veces se lo ha dicho, una, dos ...? Me lo repite todos los días y hasta con cierta frecuencia... Corté el diálogo y le dije: Si se repite, no le crea usted, prueba evidente de que no es sincero, tal como usted me ha comentado hace un momento. No existe repetición cada vez que uno dice «Yo te quiero». Y esto se explica porque cada vez coincide con un momento distinto en el tiempo y con un lugar diferente en el espacio. Aunque la madre repita mil veces a su hijo: «Te quiero con toda mi alma, rey mío», cada vez significa algo distinto, pues su espíritu y su corazón actúan de manera diferente, y cada hecho nuevo revela una nueva señal de afecto.

B. CONTENIDO DOCTRINAL 1. Presencia de María en el origen de la Iglesia La presencia de María en los primeros momentos de vida de la Iglesia contrasta de modo singular con la participación bastante discreta que tuvo antes, durante la vida pública de Jesús. Cuando el Hijo comienza su misión, María permanece en Nazaret, aunque esa separación no excluye algunos contactos significativos, como en Caná, y, sobre todo, no le impide participar en el sacrificio del Calvario. Sin embargo, San Juan, en su evangelio, “encuadra” la vida pública de nuestro señor Jesucristo con la presencia de la Virgen (Caná – Calvario), lo cual estaría significando la presencia constante de la Virgen en la obra redentora de Jesucristo. Por el contrario, en la primera comunidad el papel de María cobra notable importancia. Después de la ascensión, y en espera de Pentecostés, la Madre de Jesús Rafael Sanzio, La coronación está presente personalmente en los primeros pasos de de la Virgen. la obra comenzada por el Hijo, de tal manera que los apóstoles “perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y con María, la madre de Jesús, y sus hermanos” (Hch 1,14). 88


Ya desde el principio María desempeña su papel de Madre de la Iglesia: su acción favorece la comprensión entre los Apóstoles, a quienes Lucas presenta con un mismo espíritu y muy lejanos de las disputas que a veces habían surgido entre ellos. Por último, María ejerce su maternidad con respecto a la comunidad de creyentes no sólo orando para obtener a la Iglesia los dones del Espíritu Santo, necesarios para su formación y su futuro, sino también educando a los discípulos del Señor en la comunión constante con Dios. Así, se convierte en educadora del pueblo cristiano en la oración y en el encuentro con Dios, elemento central e indispensable para que la obra de los pastores y los fieles tenga siempre en el Señor su comienzo y su motivación profunda. 2. El rostro materno de María en los primeros siglos Para quienes creen en Jesús y lo siguen, Madre de Jesús es un titulo de honor y veneración, y lo seguirá siendo siempre en la vida y en la fe de la Iglesia. De modo particular, con este titulo los cristianos quieren afirmar que nadie puede referirse al origen de Jesús, sin reconocer el papel de la mujer que lo engendró en el Espíritu según la naturaleza humana. Su función materna afecta también al nacimiento y al desarrollo de la Iglesia. Los fieles, recordando el lugar que ocupa María en la vida de Jesús, descubren todos los días su presencia eficaz también en su propio itinerario espiritual. Miguel Ángel, La Piedad, detalle del Ya desde el comienzo, la Iglesia reconoció la marostro de María ternidad virginal de María. Como permiten intuir los evangelios de la infancia, ya las primeras comunidades cristianas recogieron los recuerdos de María sobre las circunstancias misteriosas de la concepción y del nacimiento del Salvador. En particular, el relato de la Anunciación responde al deseo de los discípulos de conocer de modo más profundo los acontecimientos relacionados con los comienzos de la vida terrena de Cristo resucitado. En última instancia, María está en el origen de la revelación sobre el misterio de la concepción virginal por obra del Espíritu Santo. 3. María en la experiencia espiritual de la Iglesia Hoy la plegaria más común es el Ave María, cuya primera parte consta de palabras tomadas del Evangelio (cf. Lc 1, 28, 42). Los cristianos aprenden a rezarla en el hogar, ya desde su infancia, recibiéndola como un don precioso que es preciso conservar durante toda la vida. Esta misma plegaria, repetida decenas de veces en el rosario, ayuda a muchos fieles a entrar en la contemplación orante de los misterios evangélicos y a permanecer a veces durante mucho tiempo en contacto íntimo con la Madre de Jesús. Ya desde la Edad Media, el Ave María es la oración más común de todos los creyentes, que piden a la santa Madre del Señor que los acompañe y los proteja en el camino de su existencia diaria. 89


El pueblo cristiano, además, ha manifestado su amor a María multiplicando las expresiones de su devoción: himnos, plegarias y composiciones poéticas sencillas, o a veces de gran valor, impregnadas del mismo amor a Aquella que el Crucificado entregó a los hombres como Madre. Entre éstas, algunas, como el himno Akáthistos y la Salve Regina, han marcado profundamente la vida de fe del pueblo creyente. La piedad mariana ha dado origen, también, a una riquísima producción artística, tanto en Oriente como en Occidente, que ha hecho apreciar a enteras generaciones la belleza espiritual de María. Pintores, escultores, músicos y poetas han dejado obras maestras que, poniendo de relieve Virgen del Rosario. los diversos aspectos de la grandeza de la Virgen, ayudan a comprender mejor el sentido y el valor de su elevada contribución a la obra de la redención. Los santuarios marianos, que atraen, durante todo el año, a numerosas multitudes de fieles son baluartes de la piedad mariana y algunos son muy conocidos, como Lourdes, Fátima, Loreto, Pompeya, Guadalupe o Czestochowa. Otros son conocidos sólo a nivel nacional o local. Esos lugares de oración mariana son testimonio magnífico de la misericordia de Dios, que llega al hombre por intercesión de María. A menudo los santuarios marianos se transforman en centros de evangelización. 4. Influencia de María en la vida de la Iglesia Después de haber reflexionado sobre la dimensión mariana de la vida eclesial, nos disponemos ahora a poner de relieve la inmensa riqueza espiritual que María comunica a la Iglesia con su ejemplo y su intercesión. Ante todo, deseamos considerar brevemente algunos aspectos significativos de la personalidad de María, que a cada uno de los fieles brindan indicaciones valiosas para acoger y realizar plenamente su propia vocación. María nos ha precedido en el camino de la fe: al creer en el mensaje del ángel, es la primera en acoger, y de modo perfecto, el misterio de la encarnación. María educa a los cristianos para que vivan la fe como un camino que compromete e implica, y que en todas las edades y situaciones de la vida requiere audacia y perseverancia constante. A la fe de María está unida su docilidad a la voluntad divina. Creyendo en la palabra de Dios, pudo acogerla plenamente en su existencia, y, mostrándose disponible al soberano designio divino, aceptó todo lo que se le pedía de lo alto. Así, la presencia de la Virgen en la Iglesia anima a los cristianos a ponerse cada día a la escucha de la palabra del Señor, para comprender su designio de amor en las diversas situaciones diarias, colaborando fielmente en su realización. 90


El ejemplo de María permite que la Iglesia aprecie mejor el valor del silencio. El silencio de María no es sólo sobriedad al hablar, sino sobre todo capacidad sapiencial de recordar y abarcar con una mirada de fe el misterio del Verbo hecho hombre y los acontecimientos de su existencia terrenal. María testimonia el valor de una existencia humilde y escondida. Todos exigen normalmente, y a veces incluso pretenden, poder Nuestra Señora del Carmen. valorizar de modo pleno la propia persona y las propias cualidades. Todos son sensibles ante la estima y el honor. Los evangelios refieren muchas veces que los Apóstoles ambicionaban los primeros puestos en el Reino, que discutían entre ellos sobre quién era el mayor y que, a este respecto, Jesús debió darles lecciones sobre la necesidad de la humildad y del servicio (cf. Mt 18, 1-5; 20, 20-28; Mc 9, 33-37; 10, 35-45; Lc 9, 46-48; 22, 24-27). María por el contrario no deseó nunca los honores ni las ventajas de una posición privilegiada, sino que trató siempre de cumplir la voluntad divina llevando una vida según el plan salvífico del Padre. Además, María testimonia el valor de una vida pura y llena de ternura hacia todos los hombres. La belleza de su alma, entregada totalmente al Señor, es objeto de admiración para el pueblo cristiano. El afecto y la devoción de los hombres a la Madre de Jesús supera los confines visibles de la Iglesia y mueve a los corazones a tener sentimientos de reconciliación. Como una madre, María quiere la unión de todos sus hijos. Su presencia en la Iglesia constituye una invitación a conservar la unidad de corazón que reinaba en la primera comunidad (cf. Hch 1, 14), y, en consecuencia, a buscar también los caminos de la unidad y de la paz entre todos los hombres y mujeres de buena voluntad. La sonrisa materna de la Virgen reproducida en tantas imágenes de la iconografía mariana manifiesta una plenitud de gracia y paz que quiere comunicarse. Esta manifestación de serenidad del espíritu contribuye eficazmente a conferir un rostro alegre a la Iglesia. El pueblo cristiano, que la invoca como causa nostrae laetitiae, descubre en ella la capacidad de comunicar la alegría, incluso en medio de las pruebas de la vida y de guiar a quien se encomiendo a ella hacia la alegría que no tendrá fin.

C. AUTOEVALUACIÓN

1. 2. 3. 4. 5. 6.

¿Cómo ejerce su maternidad con respecto a la comunidad de creyentes? ¿Cuál ha sido la presencia de María en el origen de la Iglesia? ¿Qué quieren afirmar los cristianos al decir Madre de Jesús? ¿A qué responde el relato de la Anunciación? ¿Desde cuándo el Ave María es la oración más común? ¿Cómo ha manifestado su amor a María el pueblo cristiano? 91


7. ¿Qué son los santuarios marianos? 8. El ejemplo de María, ¿qué permite a la Iglesia?

D. ACTIVIDADES SUGERIDAS

1. Narrar las apariciones de la Virgen María a Juan Diego. 2. Relatar brevemente la historia del Santo Rosario y de las letanías lauretanas. 3. Investigar los orígenes de la oración Salve Regina. 4. Escribir en qué consiste la promesa de la Virgen María a los que llevan el escapulario. 5. Buscar en los Evangelios el lugar que corresponde a cada uno de los misterios luminosos.

E. VOCABULARIO BÁSICO

Iconografía Santuario

Calvario Edad media

Salve Akathistos

F. PARA TU VIDA CRISTIANA

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VOCABULARIO BÁSICO Abbá. Es “Papá” en Arameo, lengua materna de Jesucristo. Es una forma íntima y amorosa de referirse al papá. Adopción. Es un acto jurídico dirigido a crear entre sus sujetos (el adoptante o los adoptantes, por un lado, y el adoptado, por otro) un vínculo de filiación análogo al que media entre padres e hijos legítimos. Akathistos. Término griego que significa no sentado; de pie. Título de cierto himno –o, mejor, un Oficio de la Liturgia Griega– en honor de la Madre de Dios. El título es uno de eminencia; dado que, mientras en otros himnos similares se permite a la gente sentarse durante parte del tiempo, este himno parcialmente se lee, parcialmente se canta, todo de pie. Alianza. Pacto que Dios hizo con Noé u Abraham, que luego se renovó solemnemente con Moisés en el Monte Sinaí. Alma. Sustancia espiritual e inmortal del hombre que anima a su cuerpo. Antiguo Testamento. Es la parte de la Biblia que cuenta los hechos sucedidos antes de la venida de Jesús al mundo. Apocalipsis. El Apocalipsis, del verbo “apokalypto”, revelar, es el nombre dado al último libro de la Biblia. Asamblea. Comunidad de creyentes reunidos para una celebración religiosa. Ascesis. Es la palabra clásica en el lenguaje espiritual. Es de origen griego, y significa esfuerzo metódico para conseguir algo. Ambas cosas, esfuerzo y método, son constitutivos de la ascesis. Otras palabras afines son: la lucha, combate disciplina, mortificación. No son idénticas, pero pertenecen a la misma dimensión cristiana. Atributos divinos. Los atributos o propiedades divinas son perfecciones que, según nuestro modo analógico de pensar, brotan de la esencia metafísica de Dios y se añaden a ella. En efecto, nosotros solamente podemos conocer «de forma fragmentaria» (1 Cor 13, 9) la infinita riqueza del ser de Dios mediante una multitud de conceptos inadecuados, por los cuales vamos comprendiendo una por una diversas perfecciones divinas. Biblia. Conjunto de libros que forman la Sagrada Escritura, y cuyo autor principal es Dios. Calvario. Nombre del monte en el que fue cru-

cificado Jesús. Lugar donde se realiza la cena o la comida. Por antonomasia, el lugar donde Jesús tuvo la última Cena con sus discípulos. Carisma. Don gratuito dado por Dios como servicio a los demás, en función del progreso de la sociedad y la Iglesia. Censo. Padrón o lista que los censores romanos hacían de las personas y haciendas. Cielo. Es el encuentro definitivo del hombre con Dios, la comunión y plenitud de vida dichosa con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Circuncisión. Operación por la que se corta el prepucio como signo de la alianza entre Dios y Abraham y el pueblo de Israel. Dios ordenó que todo varón sea circuncidado a los ocho días de nacido (Gen. 17,12). Esta obligación cesa con la Nueva Alianza (Hechos 15, 28). Concepción. El hecho de que un nuevo ser humano comienza a formarse en el seno de su madre. Concilio Vaticano II. Vigésimo primero de los Concilios ecuménicos, convocado por el papa Juan XXIII y celebrado en la Ciudad del Vaticano. Se inauguró el 11 oct. 1962 y fue clausurado el 8 dic. 1965 por Pablo VI. Confianza. Virtud por la cual se vive tranquilo, apoyado en la seguridad de que Dios nos ama, nos ayuda y nos salva. Constitución conciliar. Documento aprobado en un concilio. Consumación. Culminación, conclusión, realización, cumplimiento. Creación. Acto de llamar los seres a la existencia desde la nada. Culto. Homenaje externo de respeto y amor que le tributamos a Dios, a la Virgen, a los ángeles y a los santos. No todo culto es adoración. La Iglesia siempre ha enseñado que solo a Dios debe adorarse. El culto a los ángeles, santos y a la Virgen no es adoración sino veneración. Dei Verbum. Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, promulgada por el Papa Pablo VI el día 18 de noviembre de 1965, en la octava sesión del Concilio Vaticano II. Depósito de la Fe. El término «depósito de la fe» representa el máximo grado de certeza teológica anterior a la declaración oficial de dogma. Este grado asegura la infalibilidad de una doctrina, y garantiza que no pueda ser anulada por ningún otro Pontífice.

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Familia. Sociedad natural que tiene su origen en el matrimonio y que está formada principalmente por los padres y sus descendientes. Fidelidad. Lealtad que uno debe a otro. Se puede referir a cualquier relación. Por ejemplo la lealtad hacia Dios, guardando los mandamientos de corazón. Filiación Divina. Es la que tiene el cristiano desde el Bautismo, en el que es hecho hijo adoptivo de Dios. Génesis. Palabra griega que significa “origen”, “comienzo”. Se usa como título del primer libro de la Biblia, cuyos capítulos iniciales presentan los orígenes del mundo y de la humanidad. Gracia Santificante. Don sobrenatural infundido por Dios en el alma por el cual ésta se encuentra en amistad con Él y es templo del Espíritu Santo. Gracia. Podemos decir que la gracia es la acción de Dios que El nos da para que seamos sus Hijos. Hagiógrafo. En griego, “Escritores sagrados”. Se aplica a los autores de los libros de la Biblia. Heraldo. Mensajero, pregonero. Heredero. Dicho de una persona: Que por testamento o por ley sucede en una herencia. Iconografía. Es la ciencia de la descripción, historia, y la interpretación de las representaciones tradicionales de Dios, los santos y otros objetos sagrados en el arte a través de pinturas, mosaicos, o esculturas. Impenitencia. Obstinación en el pecado, dureza de corazón para arrepentirse de él. Inteligencia. Es una facultad del alma humana por la que se conoce las cosas. Es una capacidad, una potencia, que comprende todas las operaciones mentales, desde la sensación hasta el razonamiento. Intercesión. Pedir un favor a beneficio de otra persona. Libertad. Facultad o capacidad del hombre para obrar en uno u otro sentido como dueño de sus decisiones y asumiendo la responsabilidad correspondiente. Libertinaje. Desenfreno en las obras y en las palabras. Libros apócrifos. Son un conjunto de escritos judíos o cristianos que, a pesar de su contenido religioso, nunca fueron aceptados como fuente de revelación divina. Magisterio. Función de la Iglesia por la cual

Diligencia. Es la virtud que vence al pecado capital de pereza. Es prontitud, cuidado y eficiencia en el cumplimiento del deber. Disensión. Oposición o contrariedad de varias personas en los pareceres o en los propósitos. Contienda, riña, altercación. Doctrina. Es toda verdad enseñada por la Iglesia como necesaria de creer. Dogma. Es un punto de doctrina que la Iglesia ha definido de manera muy precisa y solemne, generalmente para subrayar su importancia y destacarla ante los fieles. Los católicos tienen obligación de aceptar los dogmas. Ecologismo. Movimiento sociopolítico que, con matices muy diversos, propugna la defensa de la naturaleza. Economía de la salvación. El conjunto de las disposiciones divinas que tienen como finalidad salvar al hombre, así como la realización concreta de ese plan. Edad media. Es el período histórico de la Civilización Occidental comprendido entre el siglo V y el XV. Edicto. Escrito que se fija en los lugares públicos de las ciudades y poblados, y en el cual se da noticia de algo para que sea notorio a todos. Egipto. País situado en el noreste de África, cuna de antiquísima cultura en la cuenca del Nilo. El hecho central del Antiguo Testamento es, precisamente, la Pascua o salida de Egipto en el siglo XIII a. C. Elección. En la Biblia, la asignación que Dios, por propia iniciativa, hace de una misión a determinada persona. Envidia. Rencor o tristeza por la buena fortuna de alguien, junto con el deseo desordenado de poseerla. Es uno de los siete pecados capitales. Se opone al décimo mandamiento. Escatología. Es la rama de la teología que trata sobre las verdades eternas: a muerte, juicio, cielo, infierno y purgatorio. Esperanza. Es la virtud que nos lleva a confiar en que Dios nos ayudará siempre en el camino de la salvación. Estructura. Es la disposición y orden de las partes dentro de un todo. Evangelio. La Buena Nueva de Nuestro Señor Jesucristo recogida en los libros de San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan. Éxodo. Es el segundo libro de la Biblia y del Pentateuco, y del Antiguo Testamento cristiano.

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interpreta rectamente y mantiene vivas e íntegras no sólo las enseñanzas de Jesús, sino toda la Revelación. Esta tarea la desempeñan el Papa y los obispos. Mal moral. Entiende la desviación de la voluntad humana de las reglas del orden moral y la acción que resulta de esa desviación. Mandamientos. Son los preceptos revelados a Moisés en el Monte Sinaí. Fueron escritos por Dios en dos tablas de piedra. Mesías. Término hebreo que significa “ungido”. Título aplicado a Jesucristo como Salvador del mundo. Milagro. Hecho sobrenatural, debido a la intervención divina. Misericordia. Virtud que inclina el ánimo a la compasión y al perdón. Misión. Se emplea para expresar el encargo que Dios hace a alguno en orden al bien de los demás. Lugar donde el Cristianismo se está predicando por primera vez, usualmente en un país en desarrollo donde hay poco clero del propio país. Mortificación. Negarse a sí mismo. La mortificación es un intento de ganar dominio de uno mismo y de librarse de pequeñeces o de cosas dañinas para así poner nuestra atención y energía en las cosas que de verdad son importantes en la vida. Muerte. Fenómeno bio-fisiológico que consiste en la cesación de la vida y se manifiesta por la extinción de las actividades vitales y la posterior descomposición del organismo. Se debe a que el alma se ha separado del cuerpo debido a la edad, la enfermedad o las lesiones por la cual ya nos es capaz de ser sujeto de la vida. Nueva Alianza. Es la alianza de Dios con su nuevo pueblo (la Iglesia), que sustituye a la antigua alianza que hizo Dios con el pueblo de Israel. Nuevo Testamento. Es la parte de la Biblia que contiene los libros escritos después de la venida de Jesús al mundo. Obstinación. En la perspectiva religiosa es la resistencia habitual o constante a la acción divina. Omnipotencia. Atributo (cualidad) exclusivo de Dios, que significa “todo poder”. Dios puede realizar todo, salvo lo que implique contradicción, porque eso sería imperfección. Orgía. Festín en que se come y bebe inmode-

radamente y se cometen otros excesos. Satisfacción viciosa de apetitos o pasiones desenfrenadas. Ornamento. Vestiduras sagradas que usan los sacerdotes cuando celebran. Adornos del altar, que son de lino o seda. Paráclito. Nombre dado al Espíritu Santo, que ha sido enviado para consolador de los creyentes. Pentateuco. Los primeros cinco libros de la Biblia tomados como grupo. Los judíos le llaman tradicionalmente el Torá: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio Perfección. Aquello que ha alcanzado todo lo que, de acuerdo a su naturaleza, debiera de poseer. Únicamente Dios es absolutamente perfecto. Perfecciones divinas. Aquellas que solo corresponden a Dios. Persona. Según una definición clásica, es “el individuo de naturaleza racional”. Plegaria eucarística. Es la oración central de la misa y de todas las de la Iglesia. Es una oración de acción de gracias y de santificación. En algún caso también se le llama canon. Precepto. Mandato u orden que el superior intima o hace observar al inferior. Por antonomasia, cada uno de los mandamientos de la ley de Dios. Precursor. Que precede o va delante. Por antonomasia, san Juan Bautista. Prescripción. Acción y efecto de prescribir. Presunción. “Hay dos clases de presunción. O bien el hombre presume de sus capacidades (esperando poder salvarse sin la ayuda de lo alto), o bien presume de la omnipotencia o de la misericordia de divinas, (esperando obtener perdón sin conversión y la gloria de Dios sin mérito). Privilegio. Gracia, prerrogativa, ventaja o exención especial que se concede a uno. Profesión de la fe. El hecho de proferir públicamente los contenidos substanciales de la propia fe. Profeta. Persona elegida por Dios para revelar sus deseos con relación al pueblo de Israel. Algunas veces predecían acontecimientos futuros. Promesa. Es un compromiso de hacer o abstenerse de hacer algo. La verdad requiere conformidad entre las palabras y los hechos.

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Romper una promesa es mentir, un pecado contra el Octavo Mandamiento. Prototipo. Persona o cosa en la que destacan ciertas cualidades, por las que se toma como modelo. Providencia. Indica la soberanía, la supervisión, la intervención o el conjunto de acciones activas de Dios en el socorro de los hombres. Pueblo de Dios. Expresión para referirse a todos los cristianos. Con ella el Concilio Vaticano II quiso recalcar que todos los creyentes somos la Iglesia. Rey. Monarca o príncipe soberano de un reino. Sacerdote. La persona que, por su configuración con Cristo, posee el sacerdocio. Sacrificio. Ofrenda a Dios de una víctima o de algo costoso como un acto de culto o como reparación por los pecados. El máximo sacrificio es el que ofreció Jesús en la Cruz entregando su vida por la salvación de los hombres. Salve. Oración a la Virgen María. San Agustín. (354-430) Obispo de Hipona y doctor de la iglesia. Uno de los cuatro doctores mas reconocidos de la Iglesia Latina. Llamado “Doctor de la Gracia”. Su fiesta se celebra el 28 de agosto. San Antonio de Padua. (1195-1231) San Antonio nació en Portugal, pero adquirió el apellido por el que lo conoce el mundo, de la ciudad italiana de Padua, donde murió y donde todavía se veneran sus reliquias. Su fiesta se celebra el 13 de junio. San Francisco Javier. (1506-1552) Nació en el castillo de Javier (Navarra) el año 1506. Cuando estudiaba en París, se unió al grupo de san Ignacio. Fue ordenado sacerdote en Roma el año 1537, y se dedicó a obras de caridad. El año 1541 marchó al Oriente. Evangelizó incansablemente la India y el Japón durante diez años, y convirtió muchos a la fe. Murió el año 1552 en la isla de Sanchón Sancián, a las puertas de China. Su fiesta se celebra el 3 de diciembre. San Jerónimo. (347-420) Uno de los cuatro Doctores originales de la Iglesia Latina. Padre de las ciencias bíblicas y traductor de la Biblia al latín. Presbítero, hombre de vida ascética, eminente literato. Su fiesta se celebra el 30 Septiembre. San Pablo. Originalmente Saulo, también llamado San Pablo Apóstol, el Apóstol de los

Gentiles y San Pablo de Tarso (nacimiento entre año 6 y año 10 DC, Tarso (actual Turquía)- murió el año 67 en Roma), uno de los apóstoles más activos de Jesucristo. San Vicente Ferrer. (1350-1419) Nació en Valencia el año 1350. Miembro de la Orden de Predicadores, enseñó teología. Como predicador recorrió muchas comarcas con gran fruto, tanto en la defensa de la verdadera fe como en la reforma de las costumbres. Murió en Vannes (Francia), el año 1419. Su fiesta se celebra el 5 de abril. Santidad. Estado en el que viven los cristianos que están unidos a Cristo por la gracia y las buenas obras. Santo. La Iglesia Católica denomina “Santos” a aquellos que han practicado las virtudes cristianas de un modo heroico y cuya santidad de vida ha sido proclamada solemnemente por la Iglesia. Santuario. Con el nombre de santuario se designa una iglesia u otro lugar sagrado al que, por un motivo peculiar de piedad, acuden en peregrinación numerosos fieles. Sarmiento. Un vástago nudoso de la vid, que crece en forma de rizo, denominado sarmiento. Sinópticos. Indica que los contenidos de estos tres evangelios (Mateo, Marcos y Lucas) tienen gran afinidad entre sí. Templo. Término procedente del latín templum, que designa un edificio sagrado. Tierra Prometida. Es la que Dios prometió a Abraham y a su descendencia. En ella nació Jesús, el Salvador. Unción. Es una acción ritual religiosa, que consiste en ungir con aceite a personas o cosas, con el fin de separarlas del uso profano y lograr que queden penetradas de la fuerza divina. Veneración. Honor que se da a los santos. Verbo Encarnado. La segunda persona de la Santísima Trinidad que se hizo carne. Vigilancia. Se trata, de una cualidad de la prudencia, cuyo acto principal es decidir y mandar, después de deliberar y tomar consejo. Y como conviene obrar rápidamente una vez tomada la determinación, aunque ésta se ha de tomar con calma. Virtud. Es un hábito operativo bueno que se consigue con la repetición de actos. Voluntad. Es la facultad del alma humana que le lleva a querer el bien.

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Religión I