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En el arcen del teatro Más rápido que Fregoli Relojero, fotógrafo, actor, cantante y pionero del cine, Leopoldo Fregoli conocido por muchos como el padre del género teatral del transformismo, sorprendió al mundo con su increíble capacidad de mutar en cuestión de segundos y convertirse en personajes completamente diferentes, adoptando no solo su fisionomía y vestuario, sino también sus movimientos, sus gestos e incluso su voz, rayando en lo sobrenatural. Todo esto apoyado en su gran pericia como prestidigitador lo que le aseguró en buena medida su encanto que no se puede analizar desde el punto de vista de la racionalidad, sino más bien como el resultado de la explotación de un don especial. Cómo la mayoría de las leyendas que aún sobreviven, la de Leopoldo frégoli -el gran camaleón- se construyó con la habilidad del artista, por encima de la media, pero también con una buena dosis de predisposición por parte de las audiencias, que más que movidas por la ingenuidad propia de la edad media, se inclinaban a sucumbir ante lo fantástico e irracional, urgidas por la necesidad de creer en héroes excepcionales. Esto haría virtualmente imposible que una figura de esa magnitud se erigiera en nuestros días, en los que la tecnología y los efectos especiales han llenado este vacío y han logrado banalizar la relación otrora sagrada, entre el artista y su atónito público. Sin embargo las verdaderas virtudes que hicieron del actor italiano un fenómeno, fueron su carisma inigualable, su férrea voluntad y el atrevimiento, que le valió para irrumpir en la escena teatral y cambiarla para siempre con su estilo que fue admirado e imitado en todo el mundo y que incluso hoy es tomado como referencia e inspiración para grandes transformaciones sociales. Nacido en Roma en 1867, Fregoli mostró desde muy joven su talento, aunque antes de consagrarse como actor, tuvo que sortear el duro escollo del servicio militar, para lo cual fue enviado a Massaua, ciudad de Eritrea, para entonces bajo el dominio Etiope, en 1887, en donde pasaron tres años antes de que sus dotes histriónicos le valieran para alcanzar notoriedad entre sus superiores, quienes por un afortunado giro del destino le encomendaron la misión de remplazar a la compañía teatral que debía presentar un espectáculo antes las tropas. A partir de ese momento la carrera de Fregoli no 38

tuvo respiro y rápidamente pasó de ser el plan de contingencia del ejército italiano a convertirse en la máxima figura de la compañía más notable en el norte de África, antes de regresar a su natal Italia en 1891 y aprestarse para recorrer las principales capitales del país, Roma, Génova y Florencia, entre otras acogieron al gran actor, que no escatimo ningún esfuerzo para exhibir su talento y alimentar el halo de fantasía que para entonces empezaba a rodear su nombre, que arrastraba a cientos de espectadores a los teatros, con la esperanza de poder advertir el instante en el que su apariencia cambiaba, una y otra vez. España y Sudamérica, más concretamente Brasil, fueron sus primeros destinos fuera del área de influencia italiana, allí sus presentaciones revalidaron el éxito doméstico y abrieron la puerta de su reconocimiento internacional y le garantizaron el tiquete de entrada para el glamoroso Teatro Alhambra de Londres, en donde se presentó con suceso durante tres meses seguidos, sobrepasando todas las expectativas del público y los empresarios y firmando definitivamente su consagración. A la aventura londinense siguieron incursiones en Alemania, Francia, Austria, Estados Unidos y Argentina, entre muchos otros destinos en los que el público pudo disfrutar de cerca la asombrosa habilidad de Fregoli que lo llevó a representar un número de hasta 12 personajes en una sola función.

Revista literaria Túnel de letras - Número 5  
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Revista digital de circulación semestral, dedicada a la literatura y el teatro.

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