Revista literaria Túnel de letras - Número 5

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Personajes Raskolnikov: un crimen y castigo Por: Daniel Casas Vargas

“Los hombres se dividen en comunes y extraordinarios”, así lo cree atado a una fuerte convicción el joven estudiante de Derecho, que responde al nombre de Rodion Romanovich Raskolnikov, en cuya mente brillante encierra la virtud intelectual de entender la justicia no solo como un asunto que corresponde a las autoridades hacer, sino que en ocasiones se convierte en un deber moral al que ciertos individuos tienen que atender como un llamado del destino propio que les ha facultado para ejercerla por sus propios medios, si de ello depende alcanzar un bien para la sociedad. ‘Rodia’, como le llaman su madre, Pulkeria Alexandrovna; Duniechka, su hermana; y su incondicional amigo Razumijin, cuenta con veintitrés años de edad y una promisoria carrera que ve truncada en el escenario de una Rusia portentosa ante los ojos del mundo y miserable por dentro -es la madre Rusia- venerada pero también temida por el pueblo, donde personas como Raskolnikov sufren los embates de la pobreza y la falta de medios materiales para conseguir culminar sus estudios, al punto que el hambre agobia y la pérdida de un techo en una pensión de mala muerte de San Petersburgo es inminente para el estudiante, al que hasta entonces le eran costeados la educación y el alquiler de una habitación, sin dejar de lado que este suplía algunos de sus gastos dando lecciones particulares, en virtud de la ilustración y talento de los que era dueño. No obstante la desgracia parecía consumarse con la ruina de una familia modesta pero abnegada, que aún a la distancia mantiene lazos muy estrechos de afecto y solidaridad, donde Pulkeria agota las posibilidades de enviar dinero a su hijo, por el apremio de las deudas sin pagar y ‘Dunia’ o Duniechka pierde su trabajo como criada en casa de Marfa Petrovna, una mujer mayor, rica, casada 18

con un hombre inescrupuloso que contrajo nupcias por la fortuna de esta, quien está perdidamente enamorado de ‘Dunia’, e intenta seducirla sin éxito por el rechazo de la joven, de ahí que cuando es sorprendido por Marfa en una escena que le compromete, transfiera la culpa a ‘Dunia’ y la patrona termine por despedir a su empleada, no sin antes avergonzarla y humillarla ante una sociedad tan inquisidora como la de aquél tiempo. La indigencia acecha la ya precaria existencia de ‘Rodia’, cuando se queda sin dinero para abonar al pago de los meses de renta que adeuda por concepto de la pocilga donde vive, nadie le contrata para dar clases con motivo de la suspensión que le ha decretado la facultad a raíz de haber tomado parte en un meeting estudiantil, la preocupación le turba el ánimo y el apetito se le va extinguiendo como la esperanza, las fuerzas que le