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Como en el cine El mercader de Venecia y la teoría general de las obligaciones Es frecuente encontrar en el cine y en la literatura grandes lecciones de derecho, que por la forma en que son expresadas son más fáciles de digerir y recordar que las frías y aburridas clases que se imparten en las facultades de derecho de las universidades, que están cargadas de formalismos donde lo esencial se pierde en los vericuetos de los artículos, literales e incisos de los códigos de procedimientos y en disposiciones reglamentarias. De manera particular me quiero referir a un clásico de la literatura universal El Mercader de Venecia del escritor inglés William Shakespeare, considerado sin discusión alguna como el mejor escritor de lengua inglesa, más que a la novela que confieso no he leído, comentaré algunos aspectos tomados de la película basada en dicho libro que dirige Michael Radford y es protagonizada magistralmente por el inigualable Al Pacino. En la cinta, detrás de la historia de amistad y lealtad entre Bassanio (Joseph Fiennes) y Antonio (Jeremy Irons), que lleva a este último a comprometer su patrimonio y la vida misma con tal de conseguir un préstamo para que su amigo pueda jugárselo para conquistar el amor de Porcia (Lynn Collins), esconde una muy particular forma de solucionar los problemas a la luz del positivismo jurídico. En la trama central de la película vemos como Antonio para conseguir el dinero que necesita su amigo acude a Shylock (Al Pacino), un prestamista resentido que a cambio de lo entregado le impone a su deudor la condición de pagarle con una libra de carne de su cuerpo del lugar que él como acreedor escoja si el pago no es realizado en la fecha acordada. Como es de esperar para que la historia tome tintes dramáticos, Antonio pierde sus barcos y no paga la deuda. Aquí empieza a tomar importancia la forma de solucionar los conflictos, pues Shylock acude a los tribunales de la Venecia de la edad media para solicitar “justicia” y de acuerdo a su percepción del derecho, la justicia se logra cuando se cumple con la literalidad de lo pactado por el acuerdo de voluntades de las partes, sin importar en el contenido de la pretensión con la cual se satisface la obligación. Ante semejante solicitud, los jueces consideran que si las partes pactaron que ante el incumplimiento del pago en la fecha acordada, el acreedor podía satisfacer la obligación con la libra de carne del cuerpo de Antonio, ellos no pueden hacer cosa distinta que garantizar el cumpli-

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Puesta del sol en Venecia - Claude Monet

miento de las leyes que proclaman la libertad contractual, aunque ello les parezca que no es ajustado a la moral. Es decir, esta posición obedece a la más rancia doctrina positivista que después de varios siglos se conserva en algunos operadores jurídicos que repiten el viejo aforismo “dura lex sed lex”. De manera creativa salta una solución planteada por un joven abogado que a último minuto llega al juicio y le dice al acreedor que puede satisfacer la obligación cobrándose la libra de carne, pero no puede obtener ni más ni menos de lo pactado y por lo tanto no puede derramar ni una sola gota de sangre ni dañar otros órganos, pues ello no quedó estipulado en el documento, haciendo inviable el pago de la obligación por falta de estipulación contractual. La solución salvadora de Antonio por parte de Porcia que actuó disfrazada de Abogado se encontró dentro de la misma corriente positivista planteada por el acreedor, donde las partes se someten a la literalidad de lo pactado sin importar en el contenido. Bajo esta forma de ver el derecho y la vida, es válida cualquier norma o estipulación aunque su contenido sea evidentemente injusto. Esta forma de solucionar los conflictos resulta inaceptable en la actualidad a la luz de la filosofía del derecho en un estado social y democrático como dice llamarse el nuestro, y lo primero que hay que decirle a los muchos Shylocks que hoy en día reclaman sus derechos, es que la administración de justicia no es el escenario para ventilar las miserias y las pasiones humanas, que los jueces no están llamados a servir de instrumentos ciegos para la venganza, deben saber que las leyes están instituidas para protegerlos y no para pisotear a los demás, especialmente cuando los demás son la parte más débil. Parece elemental repetirlo, pero la justicia consiste en dar

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Revista literaria Túnel de letras - Número 2  

Revista digital de circulación semestral, dedicada a la literatura y el teatro.

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