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El Gran Gatsby

Por: Ismael Iriarte Ramírez

Todo el glamur, la fascinación y los destellos cegadores de grandeza de una generación pueden representarse a través de un solo nombre: Jay Gatsby, enigmático millonario originario de Dakota del Norte, cuya aparición casi fantasmagórica en Long Island, N.Y., lo convertirá en el centro de atención de una sociedad ávida de ídolos a los que venerar por las razones menos indicadas, que sin vacilar lo hará depositario de su admiración, gracias a sus proverbiales fiestas, su espléndida mansión y su atractiva personalidad.

su autor, F. Scott Fitzgerald, para dar vida no solo a Gatsby, sino también a un puñado de personajes sin los que su existencia no sería posible, siempre en medio de una perniciosa banalidad, de la que ninguno de los involucrados será ajeno. La primera impresión generada por Gatsby en un desacralizador Nick Carraway comienza la desmitificación del personaje, que a pesar de su juventud, sus refinados modales y su aparente dominio de la situación, se muestra irremediablemente como un hombre ordinario, susceptible al miedo y la inseguridad, como cualquiera de los mortales que acuden por centenares a las celebraciones de la casa de West Egg, sin conocer del anfitrión, mucho más que su nombre y en muchas ocasiones ni siquiera haber estado en su presencia. Más pronto que tarde el gran Jay muestra sus cartas a través de Jordan Baker, con quien Carraway está a punto de iniciar una relación amorosa movido más por la inercia que por la pasión y quien actúa como catalizador del trance revelador. Y entonces no solo se hace la luz, sino que se posa como un reflector sobre Daisy Buchanan, hermosa y adinerada prima del narrador, con la que Gatsby había sostenido un fugaz romance durante su juventud y por quien, aún después del tiempo y de su matrimonio con otro miembro de la sociedad, seguía profesando una incontenible pasión, que llegó a convertirse en una obsesión.

Su gran fortuna obtenida por medios desconocidos y a tan corta edad -apenas superaba los treinta años- pero sobre todo su inescrutable pasado, ayudaron a construir la leyenda alrededor de su figura y propiciaron las inverosímiles hipótesis acerca de su vida, que incluían varias historias de espionaje para distintas banderas y otras menos románticas que implicaban muertes violentas. Su esperada aparición en escena, discreta, ordinaria, casi accidental, contrasta con el halo de misterio que lo precedía y evidencia en el comienzo mismo del relato, su asombrosa levedad y vulnerabilidad, logrando incluso tomar por sorpresa a Nick Carraway, narrador de la historia, de quien se vale 8

El impacto inicial del reencuentro parece sacudir los cimientos de la perfecta y placentera existencia de Dasy, que accede sin mayor resistencia a una interacción que no puede llegar a considerarse como una nueva relación, pero que no pasa inadvertida para su esposo, Tom, arrogante y brutal, que tras un breve intercambio de impresiones con Gatsby comprende la situación, que considera inadmisible, a pesar de su constante infidelidad y en especial de su relación extramatrimonial con la señora Myrtle Wilson, con quien como un secreto a voces comparte ocasionalmente un apartamento en Nueva York. El desenlace se precipita con ritmo frenético, cuando en un hotel de Nueva York los cinco personajes

Revista literaria Túnel de letras - Número 4  
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Revista digital de circulación semestral, dedicada a la literatura y el teatro.

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