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[Ensayos I]

Semblantes de Un Sexo Inefable

Álvaro Barrios Requena La Paz – Bolivia 2010

Álvaro Barrios Requena

Salvador Dali (1954) “Giovane vergine autosodomizzata dalle corna della propia castità”

SEMBLANTES DE UN SEXO INEFABLE [Ensayos I]

Sociedad de Reflexiones Psicoanalíticas 1


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SEMBLANTES DE UN SEXO INEFABLE [Ensayos I] Álvaro Barrios Requena Psicoanalista alvarobarriosr@gmail.com Sociedad de Reflexiones Psicoanalíticas www.sujeto-icc.es.tl La Paz – Bolivia Otoño de 2010

PRIMERA PARTE “Como un incensario lleno de deseos, pasas en la tarde luminosa y clara con la carne oscura de nardo marchito y el sexo potente sobre tu mirada.” Federico García Lorca

Iniciar el presente ensayo se presento con el semblante de una búsqueda imposible, una búsqueda de “lo real del Sexo”; la intención primera, había de referirse al sexo como “siendo” algo, como teniendo lugar, como permitiendo a los sujetos un lugar en el que los semblantes, la seducción y el goce, habrían de inscribirse en los cuerpos como emblemas simbólicos del imaginario delirante y aterrador de lo erótico y del amor. ¿Se trata pues de una a-puesta, de un apres coup (aposteriori)?, ¿como una detención sustentada en lo que ya se conoce como siendo cierto saber que no se sabe?, ¿es que hay saber de lo sexual? La revisión bibliográfica inicial de autores como: Jacques Lacan1, Sigmund Freud2 y posteriormente Silvia Tendlarz3, Paul-Laurent Assoun4; Jacques-Alain Miller5 y Judith Butler6; a pesar del serio esfuerzo de su labor, solo parecen re-encontrar la constante y total resistencia que presenta lo real del sexo a simbolización alguna, llevándolos por insistencias y recurrencias comunes. Todos ellos y ellas, caen sin cesar en el cuerpo, el goce, el falo, la sexuación, incluso la identificación; la literatura psicoanalítica era inevitable, pero no bastaba con ella, de tal manera que mi búsqueda me llevo al encuentro con Georges Bataille y sus novelas de índole erótica; con el Divino Marqués y el

1

Lacan, Jacques: El Seminario. Versión Electrónica Freud, Sigmund. Obras Completas. Freud Total. Versión Electrónica 3 Tendlarz, Silvia E. Las mujeres y sus goces. Colección Diva: Bs. As. Argentina, 2002 4 Assoun, Paul-Laurent. Lecciones psicoanalíticas sobre Masculino y Femenino. Nueva Visión: Bs. As. Argentina, 2006 5 Miller, Jacques-Alain. De mujeres y semblantes. Cuadernos del Pasador: Bs. As. Argentina, 2000 6 Butler, Judith. El Género en Disputa: El feminismo y la subversión de la Identidad. Paidos: México, 2001 y La Materialización de los Cuerpos: 2

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sadismo; con Jean Baudrillard y la seducción, por citar los más notables. En ellos, una marca alrededor de la cual discurren sus reflexiones: “lo sexual”. Lo cual no es índice de que lo sexual haya sido clarificado, sino tan solo muestra del orificio hiante alrededor del cual giran sus metaforizaciones. De otro lado intervino la “Literatura” acerca de la Mujer, cuyos inicio, ya míticos, permiten deducir dos aspectos, obvios por sus relaciones: 1. Que lo sexual nunca pudo terminarse de no decir o si se prefiere, que de lo sexual siempre quedo un resto irreductible inaprehensible, indecible y 2. Que la Mujer se presenta como el semblante seductor inevitable, al tratar de lo sexual. Freud y al parecer sin oposiciones tacitas, sino mas bien con el consentimiento de las propias mujeres, se refiere al aspecto citado, expresando una pregunta como siendo el enigma de la mujer: “¿Qué quiere una mujer?” u otros autores cuestionando: ¿Qué quiere decir ser mujer?; preguntas irrespondibles, incógnitas que ni aun los oráculos han conjurado. Las posiciones Hindúes, me refiero a la “Ars erótica”, en contraposición a la “Scientia sexualis”7, son una muestra del soslayo que la ciencia occidental sostiene a partir de limitaciones al campo de lo sexual, al modo de legislaciones, juicios y prejuicios iniciados en el siglo XIX; así la “Scientia sexualis” se constituye como un “vasto dispositivo, gris, meticuloso, exhaustivo, desarrollado en el marco del discurso médico cuyo objeto no era sino la construcción de un aparato de vigilancia “moral” ejercido sobre las prácticas sexuales.”8

No es la sexualidad lo que persigue a la sociedad, sino la sociedad la que persigue la sexualidad del cuerpo. Maurice Godelier De acuerdo con Foucault9, se trata de una medicalización de lo sexual, que se estructura por cuatro “grandes unidades estratégicas”, a saber: “la histerización del cuerpo de la mujer”, “la pedagogización de la sexualidad infantil”, “La socialización del comportamiento procreativo” y “la psiquiatralización de los placeres perversos”, unidades estratégicas de las que trataremos más adelante, pero que en sí mismas se constituyen en los limites sociales, que apoyados por la religión se oponen a la “Ars erótica” que fue el producto de la investigación sexual en el terreno de los ejercicios propiamente sexuales. De tal modo, la “Scientia Sexualis” se constituye como un mapa de restricciones y la “Ars erótica” como un mapa de lo erótico, de la voluptuosidad y deviniendo en una invitación al ejercicio sexual; incluso se podría decir que se estructura como un tratado sexual, casi como una disciplina, explicitada en el Kama Sutra por ejemplo.

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Foucault, Michell. Historia de la Sexualidad I. Siglo XXI: España Albano, S. Arqueología del Psicoanálisis. Quadrata: Bs. As. Argentina, 2006 9 Foucault, M. Historia de la Sexualidad, Tomo II. Gallimard: Paris, 1983 8

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Dos caras de la misma medalla, dos posiciones antagónicas, que definen el filo, la hiancia que separa los cuerpos, la línea demarcatoria entre el placer sexual y la represión socializante y su eficacia en la producción de síntomas ulteriores. En medio, y rebeldes a toda legislación de lo sexual, Bataille y Sade sostenidos de otra erótica que la hindú, es decir: del goce, del lindero con la muerte, de la producción de un deseo ominoso – siniestro – que rebasa los límites de una moral impuesta por un saber científico que hace de lo sexual un saber proscrito. La sociedad se sostiene. ¿Pero sobre qué bases?, sobre aquellas edificadas a raíz de la moral y el prejuicio; sobre la hipocresía de un ser sexuado que repugna tan solo hablar del tema, pero que en el fondo sostiene la singular curiosidad y necesidad de saber a cerca de lo sexual10. Un saber existencial, vivencial si se quiere, una potencia instintivamente sexual que promueve una tendencia hacia ello. Una orientación que se encontrara con el muro de la prohibición moral de lo sexual que promovió la “Scientia Sexualis”, de tal manera que el humano pudiera domeñar sus bajas pasiones; indignas ellas a los ojos de los sujetos que las rechazan en nombre de diversas formas de ascetismo, en nombre de Dios, en nombre de la moral social, incluso en nombre de la salud. Las estrategias de sometimiento mostraran la misma eficacia a través de la historia y de los diferentes escenarios; de sometimiento de lo sexual - en especial de la sexualidad femenina - al orden imperante; expresando el rechazo y la repugna bajo la mascarada de la moral. Las expresiones de las creaciones mítico-literarias son muestra de ello. Ya en el antiguo testamento se narra la pasión adúltera establecida entre el rey David y Betsabé, esposa de Urías el hitita; los amores furtivos del caballero Lanzarote y la reina Ginebra en la Leyenda del rey Arturo, como manifestación de la doctrina del amor cortés; los dramas de honor de Calderón de la Barca; la novela libertina francesaeuropea del siglo XIX con obras como: Madame Bovary, de Gustave Flaubert, quien fue juzgado por atentado a la moral; creaciones tan diversas como los Cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer; Otelo, de William Shakespeare o La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne, (y la excelente representación cinematográfica realizada por Demi Moore). Los estudios antropológicos de Lévi-Strauss11, mostraran por su parte ejemplos de ejercicio mucho más arcaicos del mismo sometimiento, expresando así una faz originaria a propósito de lo sexual, de la concepción del mismo a nivel antropológico.

Vas por los campos con tu manada, hecho un eunuco ¡siendo un sultán!. Tu sed de sexo nunca se apaga; ¡Bien aprendiste del padre Pan! Federico Garcia Lorca Pero, ¿No se trata acaso de cierta aporía, de cierta contradicción?. Si los ejemplos abundan; si la literatura se encargo de aquello; si la represión fue, es y será lo que es; si la crítica y la prohibición se 10 11

“El recato es prueba de que la moralidad ejerce un atractivo sexual”. Wendy Shalit Leví-Satruss, Claude . Las estructuras elementales del parentesco. Planeta-De Agostini; Barcelona, 1985.

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ejerce a niveles insospechados, ¿acaso no confirman y reafirman el conflicto con lo sexual?, ¿acaso no expresan un intento de saber sobre ello en su intento de someter lo sexual, como quien se revela ante lo desconocido?, ¿no es ese mismo desconocido, sexual, el que sustenta a la moral y no a la inversa?. La situación parece mostrarse invertida, con una moral que intenta diseñar las vías “propias” de lo sexual, las vías “socialmente aceptadas” del mismo; que intenta limitar, controlar, dirigir, orientar, acallar o someter a lo sexual a determinadas normatividades, toda la moral dirigida hacia un solo punto: “lo sexual”, haciendo de ésta el eje concéntrico en que se sostiene el discurso moral, es decir, que lo sexual, justamente por no adecuarse a la moral, le provee del material necesario que ha de ser juzgado y so-juzgado o en su caso, castigado o mínimamente condenado por la moral. Así lo sexual, que no responde a juicio alguno –en tanto que de ello solo existe un saber anecdótico–, se propaga, generaliza, trasciende al margen de la ley, se ejercita en el margen clandestino, contracara de la moral. ¿No se trata, acaso, de que la prohibición promueve al deseo?, es decir: ¿de que lo prohibido es lo más deseado? Así la sexualidad legislada, reprimida, prohibida, no implica la desaparición de la misma. Al contrario, se encontrara el camino virtuoso para la práctica sexual, es decir: que ha de servir a la reproducción, al mantenimiento de la especie y no a la consecución de placer carnal. La prohibición no implica la no ejecución, al contrario pretende encadenar a la sexualidad con la reproducción y castigar o condenar toda práctica sexual que no responda a dicha reproducción. De tal modo, todo saber sobre lo sexual, se convierte en un saber ético-moral, en un saber acerca de la normatividad que circunda a cada sujeto en cada sociedad limitando sus bajas pasiones y por lo tanto que circundan, pero no alcanzan a un saber sexual verdadero. El saber ético-moral: rodea, circunda, pone límites, pone muros, pero no atrapa a lo sexual. Se sistematizan, catalogan y clasifican todas las “desviaciones sexuales”, las llamadas Perversiones; las enfermedades; así como la degradación que implica una vida sexualmente abierta, a través de epítetos como: “libertina”, “de la vida fácil”, “callejera”, “cualquiera”, “inmoral” entre muchos otros. Parece ser que mientras más arcaica es una sociedad, la cuestión punitiva es más estricta, leyes más duras ante la posibilidad más cercana de infringir la ley del incesto, puesto que se trata de sociedades reducidas. Pero no es el caso actual, la civilización en la que existimos, tuvo y presenta un crecimiento vegetativo que hace de las urbes, espacios en los que la posibilidad del incesto es menor (aunque siempre podemos encontrar casos que presenten este carácter), además de presentar algo así como tres espacios para la sexualidad: 1. El espacio de la sexualidad reprimida, legislada; 2. El espacio de la sexualidad “normal” (normada), aceptada y necesaria a los fines del mantenimiento de la especie y 3. El espacio público-clandestino (que en esta era tecnificada implica las nuevas organizaciones en torno a lo sexual, me refiero a la pornografía vía Internet, las relaciones sexuales grupales, los swingers (o estilo de vida) intercambios de pareja sexual, las relaciones (virtuales) vía telefónica o vía internet; y

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la prostitución –aunque esta última tiene orígenes mucho mas arcaicos– que en la actualidad su facilitación se presenta gracias a las Tecnologías de la información y la comunicación).

1.

El espacio de la sexualidad reprimida, legislada

Tratase de las estrategias citadas por Foucault: “la histerización del cuerpo de la mujer”: Allí al cuerpo de la mujer se le atribuye un carácter exclusivamente sexual, doble vinculación con la reproducción y con la sexualidad, es decir, la mujer como agente de goce y como agente de reproducción. Es decir con dos facetas, una natural (agente de reproducción) y otra patológica (Agente de goce), de objeto de intercambio para la obtención de placer. “la pedagogización de la sexualidad infantil”: que implica al niño con una sexualidad natural y a la vez peligrosa; el onanismo infantil será tratado como una especie de epidemia, lo cual movilizara a los adultos a constituir estos tenues placeres como apoyo para hacerlos secretos (solo para adultos), haciendo posible su descubrimiento posterior. Se presenta entonces la minuciosa vigilancia de la niñez con el apoyo de discursos médicos y moralizadores en contra de la práctica sexual infantil considerada como perversa (cuando en realidad en el niño no existe base alguna para atribuirle una conducta inmoral, para el niño todo es natural), es decir el control de la sexualidad infantil a través de la educación. Los discursos, entonces, provocan un ocultamiento, un represión que ha de efectuarse en los cuerpos, infantiles y femeninos, provocando, seguramente, efectos que se muestran en calidad de “impotencia sexual”, trátese de la frigidez o de la eyaculación precoz, del rechazo de la sexualidad normal y la adherencia a suplencias expresadas en los modos de la homosexualidad; decayendo hasta las enfermedades o padecimientos físicos, efecto de la represión ejercida. No solo ello, las relaciones interhumanas, las relaciones de pareja iniciales y la posterior vida adulta, se verá comprometida en esta vía y mostrara sus efectos en diversas formas de insatisfacción sexual en distintas épocas y condiciones socio-culturales.

2.

El espacio de la sexualidad “normal” (normada)

“La socialización del comportamiento procreativo”: es decir, las responsabilidades asignadas a la pareja conyugal, haciendo de la sexualidad conyugal un dominio de las preocupaciones del Estado. Su función es la de prevenir las practicas perniciosas que menoscabarían el potencial reproductivo. La falla de este control, producirían el declive de la salud, del cuerpo familiar y social. Se determina el límite entre lo público y lo privado. Se promueve el sexo útil en contra de la sexualidad por puro placer que se aparta de la función reproductiva. De tal modo, la vida conyugal se convertirá en el espacio “permitido”, reconocido, aceptado para la puesta en marcha de una sexualidad y el ejercicio por fuera de este dispositivo (del matrimonio) será causa de juicio moral, de “infidelidad”. Haciendo de este margen, un espacio más para el ejercicio de una sexualidad clandestina (en los casos de matrimonio que adoptan practicas de esta índole) y ampliándose el espectro de control a las relaciones de pareja previas al matrimonio, a la primeras

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relaciones de pareja, donde el imaginario social-religioso impone la monogamia, la fidelidad, la lealtad o lo que es lo mismo, la prohibición de contacto sexual con sujetos ajenos a la pareja. El efecto: el control de los cuerpos; se trata de la domesticación el instinto sexual y su instalación al servicio de la reproducción, soportándose o sosteniéndose los muros morales. Es decir: siendo el apoyo de tales muros, soportando y sosteniendo simbólicamente (como Ideal) los muros morales y no estos muros soportando al instinto sexual.

3.

El espacio público-clandestino de la sexualidad

“La psiquiatralización de los placeres perversos”: La ciencia, construyo, un vasto sistema de anomalías, de perversiones, de sexualidad deformada y anómala. Homosexuales, invertidos, travestis, lesbianas, maniacos sexuales, erotómanos, ninfómanas tan solo algunas de las múltiples formas de “desviación sexual” que a partir de entonces podía ser clasificada, catalogada, dando lugar a la “enfermedad del instinto sexual” y estableciendo e implementando tecnologías correctoras, aplicadas en nombre del individuo y de la sociedad, procediendo a una ortopedia del sexo a través de técnicas de regulación y de dispositivos de vigilancia. El ejercicio de una sexualidad pura, será cuestionante de lo socialmente establecido, será rechazada y castigada, su ejercicio singular será objeto del encierro. Y si no fuere suficiente, no solo el ejercicio de la sexualidad “desviada” tendrá esta desembocadura, sino también la literatura y el arte, cual es el claro ejemplo del Marquez de Sade, que en aquel tiempo escribirá sus textos asilado (encerrado) en un hospital psiquiátrico.  En la actualidad, los mecanismos parecen haberse flexibilizado; pero la apariencia no implica la realidad. Los espacios virtuales y las relaciones cuyo contacto se ve intermediado por alguna tecnología de comunicación facilitan y promueven la imaginación y “las fantasías sin riesgo” 12, se tornan en un espacio donde la oferta de goce es inconmensurable, abriendo un ámbito donde lo sexual raya con lo abominable, me refiero a las ofertas de videos infantiles, sadomasoquistas, zoofílicos, incluso de espacios donde la sexualidad esta unida con la muerte y el despedazamiento de los cuerpos a cambio de un pago para poder espectar tales atrocidades. Eso sí, todo ello ha de llevarse adelante en las más estrictas intimidades y privacidades, haciendo que aquel sujeto imputable de ser perverso y pudiendo ser encerrado, criticado, halle el medio más eficaz para pasar desapercibido, para velarse a la mirada y control social-policial. La sociedad, entonces y el Estado, así como la iglesia se ven impedidos en su labor normadora y la sexualidad se ve libre en el espacio de la clandestinidad.

Tres ejes, sustentados por toda una historia, por toda una literatura, por todo un pensamiento, un misticismo, una reglamentación y control de los cuerpos a través del tiempo. Determinando ¿qué?, 12

Ver: Litvinoff, Diana. El sujeto escondido en la realidad virtual. Letra Viva: Bs. As. Argentina, 2009

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tan solo el velamiento de lo sexual, determinando un saber no de lo sexual, sino un saber acerca de las normatividades que se le atribuyen, de los juicios a los que debe responder y como contraparte, los actuales movimientos contra la homofobia, en pro de “salir del closet”, de la visibilización de colectivos mal llamados: “perversos”; la proliferación de literatura erótica y la flexibilización actual a propósito de lo sexual (sobre todo en los jóvenes). De ese lado, lo sexual como guía, orientación y libertad a la que podría acceder cualquier ser humano, en el ejercicio de su sexualidad y sostenido por los llamados “derechos humanos”. Una vez más: legislación, leyes y más leyes que rigen a los cuerpos pero no someten a lo sexual. Lo sexual y su estatuto universal a toda cosa, la cuestión de género, donde todo sujeto u objeto presenta algún semblante masculino o femenino, hembra o macho, “la lengua Masculiniza y Feminiza a su antojo”13; polaridad inefable que hace de lo sexual, tan solo hablante-ser (parlêtre), palabras, palabrerías, habladurías, en la generalización, en la medianía o lo que es lo mismo en la mediocridad, “allí todo se comprende, se sabe, se conoce, todo enigma se descifra y todo misterio se revela” 14, así el sujeto cae en la “medianía de lo que debe decirse, hacerse, pensarse, sentirse o bien aceptarse, rechazarse, etc.”15 Se promoverán las palabras prohibidas, aquello que no se nombra, ello que produce pudor, vergüenza (moral) y hasta asco: el goce sexual. El saber de lo sexual, siempre con su rostro hermético16 hasta en lo caduco de los comentarios y habladurías de los gentiles, del vulgo que se desautoriza por sus grados de suposición y su falta de sustento “científico” y como siendo causa sui de los mecanismos de control sexual, de actos de persecución… pero, ¿acaso no es, todo acto de persecución, un acto de búsqueda?, de alguna manera todo intento de acotar al instinto sexual, siempre deviene en el potenciamiento del mismo; el intento castrante, moralizador, social, se expresa como una envidia, cuya retorica diría: “que nadie realice lo que yo desearía realizar, pero que mi moral impide”. Ante tal aporía, parece quedar solo un camino: las fantasías individuales, los sueños eróticos, la complacencia fantaseada o soñada, en cuyos espacios todo está permitido, todo se puede, todo se hace a expensas de la realidad; pero dejando un tinte delirante y solipsista. A la zaga y como el ámbito que recibe mejor tolerancia y aceptación, encontramos al arte, en cuyo ámbito el desnudo es permitido y apreciado; la narración realizada; los goces –sexuales– expresados en modos insospechados como en el surrealismo de Dalí.17 Una muestra excepcional, es aquella que se encuentra el en genero “anime” asiático, en las llamadas “ovas” del “Hentai” (representaciones sexuales de diversa índole, a través del dibujo animado, incluso del 3D). Allí la sexualidad sin límites, sin el ortopédico mundo moral y real, sino la apertura desde lo estético hasta lo virtual.

“Pues la rosa sexual 13

Assoun, Paul-Laurent. Lecciones Psicoanalíticas sobre Masculino y Femenino. Nueva Visión: Bs. As. Argentina, 2006. Albano, S. Naughton, V. Lacan: Heidegger. Quadrata: Bs. As. Argentina, 2005. 15 Ídem 16 Sellado de manera que nada puede escaparse 17 No referimos a la obra de Salvador Dalí: “Giovane vergine autosodomizzata dalle corna della propia castità” (“Joven virgen autosodomizada desde el cuerno de la propia castidad”). 1954 14

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al entreabrirse conmueve todo lo que existe, con su efluvio carnal y con su enigma espiritual.” Ruben Dario Partimos de la pregunta: ¿es que hay saber de lo sexual? Y en un intento de respuesta diré: no existe saber sobre lo sexual, no hay saber teórico, no hay un saber simbolizable de lo real del sexo. Tan solo hay un saber intuitivo, un saber poético, un saber del que solo saben esos cuerpos que se contorsionan entre imaginarios sexuales y simbolismos de amor, allí donde la humedad de los cuerpos expresa, más allá de las palabras18, su desconocimiento y fascinación erótica. El saber de lo sexual, no es un saber que pueda desprenderse del cuerpo, lugar en donde se vivencia la existencialidad de lo sexual, lugar donde se encarna aquello llamado “sexo”, lugar donde se inscribe el “sexo”. Es en todo caso un saber ontológico, mundano. Donde la corporeidad, la temporalidad y la espacialidad cobran su lugar. La Corporeidad, como siendo el lugar de asilo de los deseos proscritos, como siendo Un todo. Ya no se trata más de los “órganos genitales”, del pene o la vagina, sino del ser del otro, de su integralidad, el ser “todo mío(a)”, al punto de la devoración antropofágica, en cuyo intento los partenaires se “cogen”, se “a-cogen”, se “hacen-el-amor” a través de la mirada y la voz. Las expresiones tales como: “eres mi mujer”, “mi vida”, “mi cielo”, “eres todo para mi”, entre muchas otras, hacen referencia no al cuerpo como carnalidad, sino al espacio del Ser-del-otro, al ser en totalidad y mas allá de los limites que el cuerpo implica, “la corporeidad no debe comprenderse en el horizonte de lo meramente físico, sino que se trata de una corporeidad existencial” 19. “El cuerpo de la criatura humana es un cuerpo simbólico, existencial, y no una mera entidad que se confina a un espacio tópico.” 20. De tal modo que “hazme tuya(o)”, no implica el sometimiento del amo y el esclavo, el sometimiento del cuerpo, sino el ofrecimiento al goce. La Temporeidad ontológica, esta mas allá de los registro de: pasado, presente y futuro; tratase de un “tiempo”, “sin tiempo”; de una vivencia existenciaria durante la cual los cuerpos no se encuentran en el presente, en el pasado o en el futuro, sino que se encuentran uno con el otro, el “sexo” tiene es su propio tiempo, sostenido en formulas como “aun no es tiempo” o “es demasiado pronto” para lo sexual, pero la invitación esta hecha, la búsqueda, aunque rehusada, se expresa como un intento de un “tiempo a solas” de un “momento intimo”. Los intercambios, las caricias, los besos, los abrazos de los cuerpos, no desean tiempo, al contrario se presenta la búsqueda de un “sin fin”, de un “para y/o por siempre”, el tiempo cronológico es un impedimento, es una limitación al “tempo”21 de lo sexual y del efímero goce que otorga. No se trata 18

“Lo que sucede en diez minutos es algo que excede a todo el vocabulario de Shakespeare”. Robert Louis Stevenson. Albano, S; Naughton V y Levi. Génesis y Estructura de Ser y Tiempo. Quadrata: Bs.As. Argentina, 2005 20 Ídem 21 Tempo. (Del italiano. tempo). Ritmo, compás. U. m. en lenguaje musical y poético || 2. Ritmo de una acción. U. más referido a la acción novelesca o teatral. Microsoft® Encarta® 2008. © 1993-2007 Microsoft Corporation. 19

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entonces del “orgasmo-placer” como fin, sino del acompañamiento, de la cercanía en la que los partenaires intentan “ser-uno”22, “un solo cuerpo”, “un solo sentimiento”: “Un sexo”. La Espacialidad sexual, implica el desalejamiento de los cuerpos, es decir la cercanía intima, sustentada en formulas como: “te siento cerca mío” (a pesar de la posible distancia real que separa a los cuerpos) o al contrario “te siento lejano(a)”; tratase de un espacio no regido por los parámetros sustentados por las “dimensiones” o “tamaños”, sino un espacio ocupado por el erotismo que permite a los sujetos co-estar, (a-co-()star), co-responder. Haciendo del espacio de los partenaires, aquel que se intenta desaparecer, quitar, desvanecer en el eclipse amoroso en la danza de los cuerpos. Allí, los cuerpos conviven, en una misma espacialidad-temporeidad-corporeidad de lo sexual, donde el tiempo “pasa sin darse cuenta” en un espacio intimo que entrelaza los cuerpos.  Así el saber de lo sexual, se vuelca en un saber existencial, vivencial, que ha de tomarse “en cuenta” por el simbolismo que los sujetos le implican, por conformarse como un modelo de representación simbólica de “amor”, como un modelo del “placer perfecto” y que para cada sujeto cobrara sus propios sentidos, pero que no es algo para “contar”, es algo para vivenciar, “contarlo” implica siempre la dificultad de la retórica erótica y los limites con la moral, de tal manera no es licito “contar” los goces sexuales. Todo queda en calidad de mito, de aquello que fue, que pudo ser y que el lenguaje no llega a cubrir. Así parecen requerirse mecanismo de “confesión”23, en búsqueda de la verdad del sexo, pero el sexo no es una verdad, “el sexo es de verdad”; se encuentra atravesado por lo real del goce, Lacan dirá: “El goce es aquí un absoluto, esto es lo real, y tal como lo he definido: Como lo que vuelve siempre al mismo lugar. Y si uno lo sabe, es a causa de la mujer”.24 La mujer, como causa del goce, como lo que retorna y fascina por lo real femenino, haciendo del sexo, no ya el objeto de la “Scientia Sexualis”, sino haciendo de la mujer, objeto de lo sexual. ¿Es acaso lo mismo decir que la mujer posee un objeto de índole sexual?, ¿o que ella misma es objeto de lo sexual?, ¿o qué lo sexual es objeto femenino?, ¿o que lo femenino es lo sexual? Si la pregunta freudiana (¿que es ser mujer?), es atada a las precedentes, tal vez la única respuesta sea: Ser mujer es ser un sujeto de lo sexual; sujeto del sexo que la implica, de los goces de los que es causa. ¿Lo propio de la mujer sujeto de lo sexual, no es acaso los semblantes que presenta y representa, en tanto mascarada, treta, traza; en tanto que está sujeta, lo que no implica que su ser sea lo “sexual”, sino que detenta aquella posición?, ¿se trata acaso de un “sujeto” que poseería al sexo, cual objeto de intercambio?, ¿ó lo sexual es tan solo Un espacio que determina su posición de sujeto sexuado? La 22

En un matrimonio hay tres personas: el hombre, la mujer y la tercera persona formada por los dos. José Saramago “Respecto a la confesión, su poder no consiste sólo en exigirla, antes de que haya sido hecha, o en decidir, después de que ha sido proferida; consiste en constituir, a través de la confesión y descifrándola, un discurso verdadero”. Foucault, Michell. Historia de la Sexualidad I. Siglo XXI: España 24 Lacan, Jacques. El Seminario 16, Clase13. Versión Electrónica 23

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aporía toca en el seno de tal oquedad respectiva al sexo y a la mujer, presentándose como una noción inacabada, como un ámbito un tanto vacío o velado por los propios semblantes femeninos, en ultima instancia: Un sexo, Una mujer, Un saber y Una verdad “no-toda-ella”. Lacan, afirma: la mujer es “no-toda”25, es decir que no existe Un universal que simbolice a “LA Mujer”; que de todos modos la mujer se encuentra con algún faltante, con un resto, “en menos”, con un rasgo que implica aquello de lo que la madre no la dotó, no le donó y que siempre denota el “notoda”. De igual modo que los saberes (oficiales y sometidos) no logran aprehender al sexo; de igual modo la verdad sobre ello queda como “no-toda”; puede llegar a ser aproximativa, pero nunca acabada. Así, la cuestionante inicial: ¿Es que existe un saber sobre lo sexual? Presenta solo la faz de que: el saber de lo sexual es femenino, y dado que “la mujer es no toda”, al igual que la verdad, entonces el saber de lo sexual será “no todo”, inefable.

Perdida “Duele, lo absoluto de esta pérdida, Que me ha dejado sin mí. Sin pájaros en la boca Sin flores en los dedos Sin estrellas en el mirar Despalabrada, Mutilada, Encriptada, Me hundo en ese duelo largo Infinitamente despojada de mi”26 (Rosario Aquim)

Otoño 2010

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Lacan, Jacques. El Seminario 1: …Ou Pire, Clase 9. Versión Electrónica

Aquím C. Rosario. Ninfa Quee. Plural editores: La Paz – Bolivia, 2009

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Semblantes de Un Sexo Inefable

Álvaro Barrios Requena La Paz – Bolivia 2010

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Semblantes de un Sexo Inefable