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LA PUBLICACIÓN DE ESTE LIBRO ES PARTE DE LA EXPOSICIÓN RETROSPECTIVA DEL ARTISTA EN CASAS DE LO MATTA, CORPORACIÓN CULTURAL DE VITACURA A REALIZARSE ENTRE EL 1º DE OCTUBRE Y EL 1º DE NOVIEMBRE DE AÑO 2001 TEXTOS ESCOGIDOS

Jaime Alfonso, Andrés Baldwin, Claudio Bravo, M. Angelica Correa, Tuca Fluxá, Padre Guarda, Padre Hanisch, Marta Benavente, José María Palacios, Sergio Stchkin y otros. Edición General / Diseño

Antonio Bascuñan

Fotografías de Obras

V. Norman López

Fotografía del artista

Dr. Schwartz

Digitalización de Imágenes

StudioDigital

Impresión

StudioDigital

PRODUCCIÓN GENERAL StudioDigital

Avda. Kennedy 8899, oficina 103, Las Condes, Santiago. Teléfono 2 951 5139 www.studiodigital.cl

La Corporación Cultural de Vitacura agradece a las siguientes personas e instituciones por haber facilitado una o más obras para el libro y/o exposición Familia Venegas Casanueva, Claudio Bravo, M. Angélica Correa, Tuca Fluxá, Padre Guarda, Padre Hanisch, Marta Benavente, María A. Hurtado, María Isabel Guzmán, Banco de Chile, Club de la Unión de Santiago, Municipalidad de Providencia, Club Español, CMPC. La Corporación Cultural de Vitacura y la Familia Venegas Casanueva agradecen por su gestión de auspicio para la edicion de este libro a : Claudio Bravo, M. Angelica Correa, Tuca Fluxá, Padre Guarda, Padre Hanisch y Marta Benavente.

® StudioDigital Primera edición de prueba: 20 ejemplares foliados. Este libro se terminó de imprimir en offset digital. en los talleres de StudioDigital, en Santiago de Chile, en el mes de Diciembre del año 2001. Segunda edición con motivo de la reunión en Reñaca de los descendientes de Don Miguel Venegas. 50 ejemplares foliados, Mayo del 2014


Miguel Venegas Cifuentes Maestro de Maestros


Contenidos Presentación por Corporación Cultural de Vitacura

7

El Taller de Alonso Ovalle por Jaime Alfonso

9

El Taller de Pedro de Valdivia por Andrés Baldwin

17

Cartas por Claudio Bravo.

19

Cuadros Históricos y Costumbristas

23

Cuadros Religiosos

43

Los Paisajes

53

Flores y Bodegones

67

Los Personajes

83

Los Niños

97

Los Cuadros Locos

103

Carta por Cardenal Jorge A. Medina Estevez

110

Testimonios y otros Textos

111

Opiniones de Ex-alumnos

118

Cine y Teatro

121

Obras

123

Homenaje al Maestro (Diario El Mercurio) 124 Maestro del Color Biografía

126

Frases típicas De Miguel Venegas Cifuentes

128

(1949)

Primavera

5

Colección particular Oleo sobre tela, 60 x 30 cms


PRESENTACIÓN Aprovechando el trabajo que ha significado el mostrar su exposición, hemos querido rendirle un pequeño homenaje a través de estas páginas a un artista y persona poco conocida por gran parte de los chilenos, pero sí querido y admirado por sus alumnos y todos cuanto lo conocieron, manifestado en numerosos testimonios que aquí lo confirman. Hombre enemigo del éxito mundano y de extraordinaria sencillez y humildad, siempre decía “Por sus frutos los conocereís”. Sea esta recopilación de sus mejores obras una muestra de lo que fué nuestro padre y amigo, un hombre integro y un gran artista.

Antonio Bascuñan Montt

Carmela Venegas Casanueva


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Taller de Alonso Ovalle por Jaime Alfonso El taller de A lonso Ovalle 860 debe ser uno de los recuerdos más románticos de muchos artistas, escritores, intelecturales chilenos. Era un inmenso espacio, abierto al norte a balcones sobre patios sombreados y techos de un barrio todavía colonial, y por ventanales tamizados a la luz del sur, tapizado de cuadros y abarrotado de los objetos más disímiles, en sus amplios rincones podrían trabajar casi ignorándose diversos grupos. Miguel poseía un don de hospitalidad abierta, en extremo generosa. Después de las horas de trabajo los jóvenes dejábamos paletas y pinceles por estiletes críticos y duelos ideológicos. Las "tertulias" con heterogénea composición -pintores, músicos, arquitectos, actores y escritores; sacerdotes, sacerdotes jesuitas ("los nuestros", decía el ex-alumno de San Ignacio), estudiantes y amigos de sus amigos- se prolongaban cada noche hasta altas horas, en torno a la mesita donde nunca faltó el vasito de pisco con vermouth "cortado". Un letrero declaraba: "Prohíbido hablar de política - de religión - y de edad". Aunque conservador y católico, el maestro no imponía tal censura. Se hablaba de todo en una constante, humorosa y no siempre liviana dialéctica. La defensa de los valores eternos se exponía en vigorosas expresiones contemporáneas. Durante un año se transmitieron en Radio Chilena fragmentos de esa conversación en un programa de crítica de arte. En esas grabaciones, si se conservan, quizá se pueda escuchar la tolerante voz del maestro y su certera crítica: A lgunos dicen que la flor, como las nubes, como la floresta o el agua del mar, son temas antiplásticos, sin contornos definidos. Pobres holandeses, ingleses, alemanes y los impresionistas, siglos de pintura y museos enteros de antiplásticos -ironizaba "No pinto para decorar, dicen por ahí, mi pintura no es decoración..... pobre Miguel Ángel, que decoró la Sixtina!" Había otro mundo en la intimidad de Miguel, estrictamente privado: su matrimonio, prolífico, con doña Carmela Casanueva y sus seis hijas. De cuando en cuando aparecían por el taller, que presidía, colgado muy alto, el retrato elegante de doña Carmela. Pasaron años. Un día de verano, en la playa de Dichato, oí la noticia aciaga: el antiguo taller de Alonso Ovalle había desaparecido, consumido enteramente en un incendio arrollador. Fuí a Santiago a ver el efecto del desastre. Miguel no había perdido el humor ni la entereza con que tomaba los golpes más terribles. Me mostró un clavo con alambres colgado de la pared ennegrecida: lo único que se conservaba de un cuadro suyo que había obtenido medalla en un viejo Salón "El fuego es el mejor critico", comentó. Los bomberos sólo pudieron salvar algunos "cuadros locos", que estaban en el primer piso.

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Pronto se instaló en un taller más moderno, en Pedro de Valdivia Norte. "Un oportunidad de renovarse -declaró- recién estoy descubriendo el aire. "Me temo que sus poemas, que nunca volvió a mencionar, también se hicieron humo, con el simbólico cuadro premiado. "La experiencia señalando el camino a la inexperiencia" y los retratos de abuelos, familiares y amigos. No le conozco autorretratos. Conservo dos o tres apuntes de él, en su manla de trabajo, parda o azul. Su rostro de fuertes rasgos mostraba un carácter intenso. Se le reconoce, adolescente, en una foto histórica, con su madre, a los pies de su admirado abuelo don Abdón Cifuentes. En cincuenta años, apenas cambió. No le interesaba tanto lo originalidad como la "calidad", palabra favorita casi obsesión. Cada alumno hacía lo suyo, y él criticaba, muy breve, tajante. Su critica tendía a desarrolar la autocrítica. "Tú eres tu mejor critico". Proncipio fundamental. "Riete del halago, como de la crítica culta o malintencionada". El silencio era pase tácito y si extendido equivalia a celebración. Su autoridad indiscutible. La critica de arte no le preocupa mucho: "Es un género literario" Sabía que su actividad polifacética haría difícil la tarea de definirlo, interpretarlo, encajonarlo. Alentaba la copia de los grandes maestros; esta práctica, rechazada por las escuelas modernas, es fuente de incalculable conocimiento. Adelante, adelante, sin mirar siquiera al lado". Muy raramente corregía, pincel en mano, con un toque de prodigioso efecto. Conservo un solo cuadro, una naturaleza muerta con limones, con dos pinceladas suyas. Dos pinceladas amarillas, justas, suyas, inconfundibles. Un día, a lo menos medio siglo atrás, nos decía: "Para ser famoso, cualquiera de ustedes no tiene más que inventar cómo pintar los grandes espacios en blanco......" No le hicimos caso. Años después, Reinhardt se hizo famoso mundialmente, cubriendo inmensos espacios en negro. Fontana (y otros) explotaron "los grandes espacios en blanco" "No me preocupan ahora -dice Miguel, mucho después- las modas, la fama ni los éxitos de otros, algunos muy merecidos, ni aquellos tan trabajados, arañados y publicitados. cuántas exposiciones en que se exponen.... Qué de bajezas para brillar como meteoritos....Cuánta pintura perdida y envilecida...." Miguel vivía en la música. Ocasionalmente "ejecutava" en el piano un nocturno de Chopin. Uno de sus cuadros más notables, "Las Ilusiones Perdidas", muestra un simbólico piano en la nieve. "Perdí la ilusión de ser músico", explicaba. En su taller la música clásica a regular volumen constituía una fuente de inspiración y un ritmo que guiaba la mano, irresistible. La 5ª Sinfonía de Mahler me reconstituye el ambiente del taller, como el té de magdalena que en Proust resucita toda la "belle époque" para un mundo del lector. De esas noches de ordenada bohemia, bajo los altos arcos verdosos del taller de Alonso Ovalle, entre tantos rostros amigos que servía vano enumerar aquí, veo animarse vívidos esos cuadros que el tiempo va borrando: duos de violín y

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piano tocados por visitantes extranjeros, cantatas inéditas de genios olvidados y desconocidos, la palabra elocuente y entusiasta de maestros y críticos, actores declamando escenas y rodando por el suelo durante ensayos, para estrenos en el Municipal, de dramas de Cocteau o de A noutlh, interminables discusiones apasionadas sobre todas las artes, sobre toda política, religión... y edad. Su academia era muy libre, natural resultado de su eclecticismo. Sus máximas favoritas eran prácticas, irónicas, brevísimas, inolvidables. "Siempre hay que sacrificar algo". "No tome el trabajo tan en serio y lograra más." "En pintura el fin justifica los medios". "Si mp te gusta el mundo, crea otro a tu medida". "El arte es una ciencia. La experiencia es el mejor de los maestros". El buen discípulo es el que supera a su maestro". "Todo es fácil para el que sabe su oficio". "La pintura es la lengua universal. En Japón siempre podemos pintar un pan y un vaso de vino." Integrado dentro de la tradición academica, aspiraba a cierto clasicismo que no está de moda. No pertenecía a escuelas ni "capillas" de su tiempo, sino a una escuela de libertad, búsqueda y experimentación muy moderna, basada en técnicas centenerias, indisputables. "El péndulo ha vuelto -me escribe Miguel en 1975-. Del borrón ininteligible a la tontera frívola inteligentemente entendible. De lo informe a lo geométrico, de lo abstracto a lo super-realista.., y el mundo sigue. Y tú y yo, como tantos, como monjes del medioevo, callados, lejanos, solitarios, mirando, observando y guardando celosos el patrimonio de lo eterno". El patrimonio de lo eterno: Miguel era hombre de otra época, y en cierto sentido, de toda estación. En su otro yo todos tenemos un ideal secreto quizá encarnaba un principe del Renacimiento. Se define así sin contradicción, a mi parecer, sugestiva y poéticamente: CONTEMPORANEO, como un Holbern, un Miguel Angel, un Bosch, un Vinci o un Greco, Inigo de Loyola o Pedro de Valdivia..." Lo que está vivo es, sin duda contemporáneo. Sería interesante reunir los interiores del taller y bodegones pintados en ese vasto, abarrotado interior por inumerables discípulos de Miguel, y no solo esos pocos, magistrales, ejecutados por el mismo. Reconstruir ese espiritu selecto y selectivo por esos materiales a través de los objetos desaparecidos panoplias de armas, instrumentos musicales, sillones de la abuela, imágenes del Santiago antiguo, inestimables antiguedades y libros de arte, bustos romanos, decoraciones con paletas, cornucopias ángeles y cuanto más! Resucitarian un mundo mágico, recuperarían ese tiempo perdido -o a lo menos, desperdigado en tantas memorias.

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Por el momento contentémonos con la genial idea de restituirle a Miguel Venegas, maestro y mago en esta muestra de sus propias obras selectas, lo que nos parece acto de oportuna justicia: su sitial de honor en el historial de la pintura chile. A veinte años de su partida esta primera exposición ayudará al efecto ira fijando su posición. El en su modestia de "monje del medioevo" no se hacía ilusiones: "Uno sabe cuando está en el comino si se es humilde. Los años los dichosos años -eso que los gabachos resumen en una frase, EL TIEMPO DESCUBRE LA VERDAD, me ha dado una perspectiva de lo que soy y pretendo en mi paso por el tiempo. Dios me regaló un don, me hizo administrador del mismo y he tratado de hacerlo lo mejor posible trabajando, trabajando y trabajando. Figura, figurita o figurón..... El tiempo lo dirá. Creo ser figurita, habiendome creído en mi juventud, figura.....pero figurón. jamá!". Para nosotros fue toda una figura un padre, amigo, un guía y sobre todo "el maestro", sabio Mentor que abría a nuestra ignara juventud los ojos, enseñandonos a ver en inmensa perspectiva las estribaciones del Paraiso, admirar sus cumbres, juzgar sus manchas y apreciar el contacto con todas las musas, a la sombra del ancho árbol -mitico y místico- del conocimiento. Le escribi una ultima carta desde Boston en 1981, y me la devolvieron sin respuesta "por cambio de domicilio". Por muchos años no supe nada de él. Se pregunta Manrique, en la celebre Elegia a la muerte de su padre: "Que se fizo el Rey don Juan? Los infantes de Aragon - que se ficieron?. La respuesta, en el caso de Miguel Vascuñan Cifuentes -como en todo artista que perdura en obras- es clara y distinta: se hizo pintura. En su firme firma, de extraordinario trazo, se afirma; en sus cuadros lo vemos, vive materialmente en su pincelada, y espiritualmente en su descendencia, genetica y artistica. Hopkinton, Julio 2001

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Taller de Pedro de Valdivia por Andrés Baldwin Recuerdo muy bien, luego de abandonar la universidad en la que estaba estudiando arte, me encontré un día tocando la puerta del taller de don Miguel. Una de sus hijas, la menor creo, fue compañera de colegio de una de mis hermanas. De ahí salió el dato de que su padre era un gran pintor y maestro de conocidos artistas. El paso siguiente era ser invitado a pasar, lo cual no era tan fácil, ya que él era muy requerido como profesor. Tuve suerte y logré ser atendido con la condición de llevar un par de trabajos míos. Lo hice entonces, con el grado de incertidumbre que corresponde a una situación como esta. Me parece que una pintura le causó un poco de risa, pero no lo mismo al mirar un dibujo a lápiz. “Las clases son tales días y además puedes traer café” me dijo. Así tan directamente comencé a frecuentar su taller, uno o dos días por semana, lo cual se fue incrementando al notar que existía mucho interés de mi parte. Me parece que en unos 3 meses, había avanzado lo que no pude en 3 años. El ambiente del estudio, debe haber sido comparable al de los antiguos talleres renacentistas, donde no todo se reducía a aprender técnicas de pintura, sino que era algo así como un hogar, un lugar acogedor, entretenido y sobre todo familiar. Todo esto con rigor y bajo la mirada severa de un gran conocedor de su oficio. El siempre decía: “Primero trabajo, segundo trabajo y tercero trabajo”. Lo cierto es que los que éramos más cercanos a don Miguel, no pocas veces nos quedábamos conversando una vez que se terminaba la luz natural. Para él era fundamental trabajar los modelos de esa forma. Luego a veces comíamos algo o si ya se pasaba el tiempo en la amena tertulia, tomábamos también algo. Ponía mucha energía en sus discípulos, como también lo hacía en su propio trabajo, a veces con modelo y otras con pura imaginación. Dominaba cualquier tema y lo hacía con extraordinaria rapidez. Inventaba perfectamente lo que fuera, con destreza singular. De mi punto de vista lo que mejor controlaba era la luz. Esto me ha quedado gravado en mi propia inspiración. Demás está referirse a todas las bondades, la generosidad y las virtudes que don Miguel transmitió en su vida. Somos muchos los testigos de que eso fue así. Los que tuvimos el privilegio de conocerlo estamos seguros de que gracias a él, hoy existe una extensa escuela de pintores tratando de seguir sus enseñanzas. En mi caso particular, esto no está en discusión y ojalá hubieran más personas como él. Estamos hablando por excelencia del verdadero significado de la palabra maestro. 17


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Querido maestro:

don Miguel

Te debía esta carta como te debo muchas cosas. Fuiste el primero que me enseñó los aceites, los colores y los ag uarrases. Pero también el primero que me habló de las distancias, las perspectivas y el tono. Y, finalmente, también el primero que me condujo a pensar en el arte, en el ser artista y en Dios. Todas estas cosas se quedaron en aquel niño de pantalones cortos que hoy ha meditado tanto porque le han llevado a ser lo que es hoy en día. Mil Gracias. Con todo cariño Claudio Bravo 5 de Octubre de 1975, Tánger

Soy muy malo para escribir y solo sé expresarme a través del dibujo y la pintura. Un dibujo genial, el mejor que he hecho está en vuestras manos. Un dibujo que me quedó maravilloso porque estaba inspirado en una linda tarde y con mi maestro enfrente; es mi dibujo regalón. Recuerdo a don Miguel siempre con gran cariño y admiración, y me hubiera encantado estar presente con ustedes en la inauguración de su retrospectiva pero por razones de trabajo debo estar en Nueva York en esa fecha.

Claudio Bravo Trascripción de conversación telefónica desde Tánger, Marruecos Julio del 2001

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CUADROS HISTÓRICOS Y COSTUMBRISTAS

(1974)

Batalla de Chacabuco Colección particular Oleo sobre tela, 52 x 38 cms

23


(1946)

Retrato de don JosĂŠ Miguel Carrera Club de la Union Oleo sobre tela, 220 x 140 cms

24


(1946)

Retrato del Libertador Bernardo O’Higgins Palacio de la Moneda Oleo sobre tela,220 x 140 cms

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(1958)

Tierras donadas a Pedro de Valdivia por el Cacique Tobalaba Municipalidad de las Condes Oleo sobre tela, 470 x 180 cms

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(1979)

Don José Miguel Carrera visita a su hermana doña Javiera Colección Particular Oleo sobre tela, 61 x 65 cms

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(1974)

Paseo de San Francisco Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 120 x 70 cms

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(1973)

Retirada de Rancagua Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 42 x 24 cms

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(1977)

Mercado

Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 79 x 54 cms

31


(1979)

Puente de Cal y Canto Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 118 x 89 cms

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(1975)

Puente de Cal y Canto II Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 80 x 60 cms

33


(1973)

Paseo en el parque Cousi帽o Colecci贸n particular Oleo sobre madera, 21 x 29 cms

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(1978)

Baile en el Club de la Uni贸n Colecci贸n particular Oleo sobre tela, 31 x 342 cms

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(1964)

El entierro de do帽a Eulalia Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 80 x 64 cms

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(1974)

Desfile del 21 de mayo, llegada del Presidente a la Moneda Colecci贸n Particular Oleo sobre madera, 60 x 22 cms

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(1974)

Corpus Christi en la Catedral Colecci贸n Particular Oleo sobre madera, 32 x 41 cms

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(1976)

Proseci贸n Corpus Christi en la Candelaria Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 63 x 46 cms

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(1971)

CacerĂ­a

Stade Francaise Oleo sobre madera, 57 x 48 cms

40


(1976)

Paseo parisino

Colecci贸n particular Oleo sobre tela, 78 x 54 cms

41


CUADROS RELIGIOSOS

(1976)

Nacimiento de Jes煤s Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 45 x 34 cms

43


(1959)

Virgén y el niño

Colección particular Oleo sobre madera, 45 x 54 cms

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(1954)

Virgén y el niño

Colección particular Oleo sobre madera, 49 x 63 cms

45


(1973)

La partida de Jes煤s

Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 41 x 33 cms

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(1950)

Asunción de la Virgén

Instituto catequistico Dolores Sopeña Oleo sobre tela, 180 x 130 cms

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(1972)

Nacimiento de Jes煤s Colecci贸n Particular Oleo sobre madera, 45 x 34 cms

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(1972)

San mart铆n de Porres Colecci贸n Particular Oleo sobre madera, 45 x 34 cms

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(1978)

Camino al calvario, Puerta Dolorosa Colecci贸n particular Oleo sobre madera, 51 x 36 cms

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(1946)

Progreci贸n de Viernes Santo Colecci贸n particular Oleo sobre madera, 40 x 30 cms

51


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PAISAJES

(1972)

Paisaje Cordillerano

Colecci贸n Particular Oleo sobre madera, 132 x 104 cms

53


(1973)

Almendros en flor

Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 34 x 54 cms

54


(1975)

Desde mi taller en Pedro de Valdivia Norte Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 22 x 27 cms

55


(1968)

Paisaje Corot Colecci贸n

Particular Oleo sobre madera, 54 x 44 cms

56


(1955)

La visita

Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 83 x 109 cms

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(1966)

Ritoque

Colecci贸n particular Oleo sobre madera, 33 x 25 cms

58


(1958)

Camino a Quintero

Colecci贸n particular Oleo sobre madera, 40 x 30 cms

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(1974)

La viejita y los volantines Colecci贸n Particular Oleo sobre madera, 50 x 59 cms

60


(1976)

Valpara铆so, Bar贸n Universidad Cat贸lica de Valpara铆so Oleo sobre madera, 58 x 77 cms

61


(1975)

Caj贸n del Maipo

Colecci贸n particular Oleo sobre madera, 19 x 14 cms

62


(1976)

Ciruelo

Colecci贸n particular Oleo sobre madera, 19 x 14 cms

63


(1964)

Astillero

Colecci贸n Particular Oleo sobre madera, 60 x 42 cms

64


(1965)

Costa entre Zapallar y Papudo Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 121 x 85 cms

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FLORES Y BODEGONES

(1966)

Ran煤nculos Colecci贸n

Particular Oleo sobre tela, 73 x 109 cms

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(1969)

Rosas

Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 120 x 90 cms

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(1942)

Ran煤nculos Colecci贸n

Particular Oleo sobre tela, 60 x 60 cms

69


(1966)

Bodeg贸n

Colecci贸n Particular Oleo sobre madera, 110 x 74 cms

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(1957)

Naturaleza muerta

Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 75 x 43 cms

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(1976)

Perros de Caceria

Stade Francais Oleo sobre tela, 60 x 80 cms

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(1975)

Pelea de Gallos

Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 80.5 x 59 cms

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(1979)

Cocina I

Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 126 x 91 cms

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(1977)

Cocina II

Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 87 x 66 cms

75


(1978)

El Pollo

Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 80 x 40 cms

76


(1970)

Naturaleza muerta

Colecci贸n particular Oleo sobre tela, 138 x 53 cms

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(1978)

Ventana con pajarito Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 59 x 99 cms

78


(1955)

Verano

Colecci贸n particular Oleo sobre tela, 100 x 60 cms

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(1963)

Ventana rota Colecci贸n

particular Oleo sobre tela, 60 x 80 cms

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(1974)

Mesa de cocina

Colecci贸n particular Oleo sobre tela, 118 x 89 cms

81


LOS PERSONAJES

(1949)

Juanito

Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 98 x 120 cms

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(1973)

Lord Byron Colecci贸n

Particular Oleo sobre tela, 62 x 65 cms

84


(1973)

Lady Byron Colecci贸n

Particular Oleo sobre tela, 62 x 65 cms

85


(1958)

Ni帽a con jaula

Colecci贸n particular Oleo sobre tela, 61 x 46 cms

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(1971)

Ni帽a con Jarr贸n

Colecci贸n particular Oleo sobre tela, 61 x 46 cms

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(1963)

Cazador con Perro

Colecci贸n Particular Oleo sobre madera, 62 x 75 cms

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(1963)

Jov茅n pensativo

Colecci贸n particular Oleo sobre tela, 47 x 46 cms

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(1950)

San Ignacio de Loyola Colegio San Ignacio Oleo sobre tela, 80 x 70 cms

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(1950)

Cardenal Belarmino Colegio San Ignacio Oleo sobre tela, 80 x 70 cms

91


(1974)

Personajes

Instituto de Chile del Maule Oleo sobre tela, 234 x 60 cms

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(1974)

Personajes

Instituto de Chile del Maule Oleo sobre tela, 234 x 60 cms

93


(1974)

Personajes

Instituto de Chile del Maule Oleo sobre tela, 234 x 60 cms

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(1974)

Personajes

Instituto de Chile del Maule Oleo sobre tela, 234 x 60 cms

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LOS NIテ前S

(1938)

El Circo

Colecciテウn particular Acuarela sobre papel, 40 x 25 cms

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(1938)

El Organillero Colecci贸n particular Acuarela sobre papel, 40 x 25 cms

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(1939)

La Virgen con los ni帽os Colecci贸n particular Acuarela sobre papel, 40 x 30 cms

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(1939)

Ni帽os jugando Colecci贸n particular Acuarela sobre papel, 40 x 25 cms

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Entierro del pajarito Colecci贸n particular Oleo sobre tela, 130 x 130 cms

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CUADROS LOCOS

(1946)

El Sill贸n de la abuela Colecci贸n Particular Oleo sobre madera, 31 x 41 cms

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(1959)

Libertad

Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 45 x 60 cms

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(1952)

Barcos varados Colecci贸n

Particular Oleo sobre madera, 30.5 x 31.5 cms

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El Mar y la Luna

Colecci贸n particular Oleo sobre tela, 40 x 30 cms

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(1952)

La huida a Egipto

Colecci贸n particular Oleo sobre tela, 42 x 37 cms

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(1945)

Monte la Calavera

Colecci贸n Particular Oleo sobre tela, 26 x 35 cms

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(1959)

La Carreta Colecci贸n

Particular Oleo sobre tela, 41 x 58 cms

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TESTIMONIOS Y OTROS TEXTOS

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Gran maestro y pintor que marcó una época. Inolvidables sus anécdotas en clases, tertulias en la hora del tecito y el día de San Miguel el 29 de Septiembre organizadas por la señora Lola Calvo, todas disfrazadas. Cuando nos enseñaba a ver la luz y sombra nos hacía ceñir los ojos y nos decía “para las arrugas, crema de lechuga”. Ya acercándose el verano me decía: “Voy a veranear en Febrero, así que la invito a pintar en Enero. Venga los días que quiera”. Doy gracias a Dios por haber tenido la oportunidad de aprender tanto de este gran maestro, que no tenía secretos y que todo lo entregaba con mucho cariño y amor.

Don Miguel, pese a haber tenido muchos discípulos, comprendió siempre que el arte era fecundo en la soledad. A lejado del mundanal ruido, ajeno a toda figuración, sin mentalidad competitiva ni compromisos políticos, leal al quehacer artístico; trabajó intensamente con total independencia, en silencio, con gran y singular éxito. Así como vi nacer numerosos encargos de los más diversos temas, provenientes de particulares e instituciones, desde los bocetos donde estudiaba la composición, el color, la perspectiva, etc... hasta su posterior realización. Pintor reflexivo, hombre de fe y ojo educado que no conoció la limitación temática aún en sus últimos años, sostenía que no se dejaba nunca de aprender y que cada cuadro planteaba problemas diferentes a resolver. Como no recordar la amplitud de sus juicios estéticos en que era posible partir conversando acerca de Giotto y terminar con sus elogios a “La Mujer Llorando” de Pablo Picasso, al que admiraba sin reservas. Son muchas las lecciones que don Miguel dejó en mi que, maduradas a través de los años, me conducen a tener hacia él una inmensa gratitud.

Ana Luisa Cifuentes L. Julio del 2001 Creo que las que pasamos por el taller de don Miguel, no podemos olvidarlo. Es tanto lo que él dejó en nosotras, sus dichos inolvidables “si con caldo va sanando, sígale dando”, nos forzaba a ser perseverantes. Si no sabía bien lo que estábamos pintando, “sígale dando” y cuando lográbamos la luz justa pero queríamos seguir, “aquí yace don Melchor que estando bien quiso estar mejor”. Enseñaba con su palabra y con su ejemplo, caballeroso siempre, cuidaba de nosotras como un papá. No era suave don Miguel pero exigía con cariño. Recuerdo haber tenido largas y profundas conversaciones con él cuando no tenía ganas de pintar pero de todas maneras iba al taller porque era un lugar cálido donde se aprendía de un gran artista y de un hombre profundamente cristiano. Gracias don Miguel porque dejó en mi vida el calor que deja en la casa la visita de un amigo.

Claudio Urzúa Vial Julio del 2001 A pesar del poco tiempo de clases, tengo el mejor recuerdo, como profesor y como persona, y también por su manera de enseñar que dejaba libre a cada una en su estilo de pintar. El ambiente del taller con las tertulias del “tecito” son inolvidables, así como también su ejecución de mermeladas para su adorable Carmelita. Eliana Giacamán Julio del 2001

Carmen Correa de Márquez Julio del 2001

Tuve la suerte de encontrar un maestro. Don Miguel no solo fue mi profesor que podía entregarme una infinidad de conocimientos técnicos para pintar, también me regalaba libros y me aconsejaba otros. Entre conversaciones serias y otras llenas de humor, tan divertidas, me dejaba pasar horas y horas observando como pintaba. Generoso, humilde, sabio. Don Miguel me formó y me marcó. Entrar en su mundo fue lo mejor que me pudo pasar.

Tengo muy presente el recuerdo de quien fuera mi maestro durante 9 años. Ingresé a los 14 años a ese taller de la calle Los Conquistadores, donde don Miguel emprendía su trabajo con renovado entusiasmo después de superar la dura experiencia de perder en un incendio el taller de calle Alonso de Ovalle 860 y con él, más de 30 años de trabajo. Quisiera destacar su gran perseverancia, su alegría, su extensa cultura y su generosidad en su enseñanza. Pero su principal virtud fue la humildad.

Gustavo Ross Julio del 2001 112


No cabe, entonces, el encasillamiento. Quien, como nosotros, haya podido apreciar toda la panorámica del quehacer pictórico de Miguel Venegas, concluye en que sustantivamente es artista. Y serlo, es claro, va más lejos que un estilo, si bien, en su caso, el estilo es el hombre. Artista de oficio completo, a cabalidad, artista de espíritu razonador, en cada obra suya, sea cual fuere el motivo, Venegas se vuelca entero. Busca y encuentra. De este modo, para un observador poco agudo, entre varias obras suyas podría haber desconcierto. ¿Todo del mismo autor? Sí, todo del mismo. Y nos es difícil comprobarlo. Hay una técnica de por medio, hay colores insistidos y, particularmente, una tonalidad que le es propia. Lo mismo el “difumino” y la perspectiva. La pluralidad motivacional o estilística de Venegas son pretextos. No cambia su personalidad. No altera ese espíritu de raciocinio profundo y entrañable, de clara introversión, en que se asoma con evidencia el sentir contemporáneo: contrastes, exaltaciones, quietudes, descubrimientos, asombro, goce instantáneo y, también, la soledad o la angustia. Porque la obra de arte puede reflejar todo, no por grafismos sino por atmósfera, no por motivos sino por tonalidad. Esto explica lo polifacético de la obra de Venegas. A migo de Padre Hurtado, varias obras suyas las motivó el diálogo con el ilustre jesuita, hoy candidato a los altares. A migo del retiro, otras obras no soslayan el proceso interior atormentado. Amigo del color y la naturaleza, da paso a veces a un rico juego cromático de luces y sólo leves sombras. El asunto de fondo es la pintura. Con modestia, que la posee auténticamente, Venegas explica sin embargo que es solo un medio para comunicar un don entregado por Dios. El Padre Hanisch S. J., por tal motivo, lo califica de místico. Y hay mucho de verdad en este juicio. Y llegados a este punto, cabe humanizar de nuevo al pintor, que en su taller de Alonso de Ovalle 860, como ahora en el de Pedro de Valdivia Norte, reúne en torno amigos diversos. Que vibra con lo simple y también con la complejidad. Que se exalta con la música y la tertulia, que escucha y escucha mucho. Y cuando el caso lo requiere, también sabe ofrecer un sano y fino humor. Detrás de todo artista hay un ser humano, y Miguel Venegas, en este aspecto, tiene vara alta. Su vocación es la de maestro, y esto significa renuncia y sacrificio. Entrega. Por esto su taller, ayer como ahora, reúne gente dispar. Si yo tuviera que dar nombres, podría ir más allá que sus alumnos y apuntar los de

Ricardo Latcham, Tito Mundt, A ntonio Romera, Francisco Dussuel, Pedro Opazo Cousiño, Raúl Marín Balmaceda, A gustín Errázuriz Lastarria, José Pablo Domínguez, al Padre Jacinto Núñez Barboza y muchos, muchos más, que ayer concurrían al taller, a vivir su atmósfera, su amistad cordial. Esta no es la historia sino tan sólo un apunte, un boceto, sobre un artista cuya obra se proyectará a su debido tiempo, será juzgada en su hora y se alzará con la misma solidez de principios con que fue creada. Es lo importante. La anécdota es el cumpleaños número setenta del artista Miguel Venegas Cifuentes, que ahora nos sirvió para escribir estas líneas y dar testimonio de un valor real, nuestro, que vive y circula entre nosotros, modesta y silenciosamente. Quizás en esta actitud, que oculta un hacer constante y hermoso, esté la mayor cualidad de Miguel Venegas. Yo, al menos, así lo creo. José María Palacios 31 de Julio de 1977 Diario La Segunda Han pasado ya 22 años desde la partida de mi maestro, don Miguel, y aún permanece vivo en mi el recuerdo de su presencia, sus dichos, su alegría y su entrañable generosidad de enseñar. Me siento un gran privilegiado por haber sido su discípulo por tantos años, y con gran modestia y cariño, trato de traspasar a mis alumnos sus enseñanzas. Doy gracias a Dios y a mi maestro, el haber recibido de él estas herramientas de vida, porque trabajo con alegría en lo que más me gusta, pintar y enseñar.

Luis García Ramírez Julio del 2001 Como no recordar esas clases de Miguel en Alonso de Ovalle; solo llegar por esas calles al taller era volver al pasado. Ese lugar tan bohemio, era estar en otra época. Me imagino que así sería el taller de los maestros de tiempos antiguos. El infaltable “Ne me quites pas” que nos acompañaba en clases, realmente dejan una nostalgia y un recuerdo maravilloso. Su forma de enseñar y de dejar huella en sus alumnos, no se puede comparar. También, cuando a alguien no le resultaba algo, que luego él arreglaba enseñándonos 113


como hacerlo y nos daba rabia que le resultara tan fácil, decía su frase típica: “Son los años de circo”. Sólo me queda decir gracias Miguel M. Angélica Correa L. Julio del 2001

De los recuerdos más lindos de mi juventud es cuando don Miguel me aceptó en su taller de pintor. Por su simpatía, lo lindo del taller, su ubicación y luminosidad, eran unas tardes muy agradables con música y conversaciones diversas. En él pintábamos junto a varias amigas como la ya fallecida Sofía Domínguez e Irene Domínguez, que aún expone en sus esporádicas venidas a Chile.

Mi caso fue atípico, creo, en el taller de Don Miguel, ya que yo venía desde Concepción, todos los viernes a clases del sábado. Algunas veces me subía al tren cama nocturno el jueves en la noche y regresaba el domingo, mientras otras viajé en mi moto ; así logré ir a clases. Esto lo soporté por 5 años hasta que el agotamiento me hizo dejarlo, algo que ha sido una de mis grandes pena. Él insistía y me llamaba por teléfono para preguntarme cuando iría, luego, de repente, se nos fue. También vale la pena contar lo que me costó ingresar a sus clases, ya que mi señora que estaba en Santiago, fue al taller de Los Conquistadores, habló con él para entrar a clases y le dijo que ya no aceptaba a nadie más. Mi mujer insistió y él, tajante, le dio otro rotundo NO. Al saber esto, le dije a mi señora que le llevase un retrato totalmente autodidacta hecho por mí. Así lo hizo pero al abrir la puerta del taller, don Miguel al reconocerla, intentó cerrar la puerta pero mi mujer se lo impidió al poner su pie y manifestándole que lo único que quería era que viera el retrato (que hasta el día de hoy lo guardo y no lo vendo). Acto seguido lo introdujo por el hueco de la puerta, don Miguel la cerró y mi mujer esperó afuera un rato luego la hizo pasar, la miró profundamente y le dijo: “Dile que lo espero aquí mañana”. Inmensa fue la sorpresa al saber que yo tendría que viajar desde Concepción. Fuimos grandes amigos, bellísima persona, alegre y siempre se llevaba bien con la gente de todas las edades. Todas las vivencias en su taller son las mejores de mi vida y siempre las atesoraré y recordaré. Fue mi mejor profesor, amigo y pintor. Manteniendo me palabra y compromiso con él respecto a la pintura, soy cada vez mejor pintor y estoy ingresando al plano internacional. Sin sus enseñanzas jamás lo habría logrado. Con inmenso cariño y gratitud lo recuerdo, ya que además, por ser como era, jamás me dejó pagar una clase, a lo que yo también, por ser como soy, nunca dejé de llevarle un regalo mensualmente y tratar de ayudarlo en todo lo posible.

María Angélica Hurtado G. Julio del 2001 Hasta ese primer día que me llevó mi suegra a su taller (ella era alumna) en Pedro de Valdivia, no lo conocía ni a él, ni a su pintura. Recuerdo haber entrado al taller y mis ojos cayeron en el pasillo, en un cuadro con unas manzanas verdes sobre un suelo ocre, con unas líneas rojas, una tetera gris, etc... casi nada, ¡pero tanto!, esa simpleza, esa humildad de lo cotidiano llevada a la maestría, fueron quizás el símbolo de lo que aprendí con don Miguel, un maestro. Desde ese día fui a clases por casi 15 años. Nunca me habría ido pero el nos dejó. Muchas veces durante meses, inconscientemente mi auto llegaba a la puerta de su taller; era la nostalgia de un maestro tan querido. Día a día, clase a clase, fui descubriendo un lenguaje nuevo, un sentido distinto, otra forma de ver un mundo de luz y color, una atmósfera que envuelve y acoge, un oficio que exige, para dar a una obra que trascienda más allá del éxito, un diálogo que perdura. Don Miguel formó una escuela, imprimió en cada alumno un sello, una forma de acercarse al tema, de enfocar la obra, de ordenar la composición, un respeto por la pintura. Al menos a mi su sombra la siento presente con una frase o dicho: “Aquí yace don Melchor, que estando bien quiso estar mejor”, y ya sé que algo no anda, algo se perdió y empiezo de nuevo. Yo siempre quise pintar acuarela pero del carboncillo al pastel y de ahí al óleo, recuerdo haber dicho a don Miguel: “¿Bueno, y cuando podré pintar acuarela?”, “Ya es tarde María Isabel, la mano del óleo es más pesada y esto usted ya ha pintado, siga así mejor”. Mi rebeldía entonces le manifesté: “Esta bien, si usted quiere que pinte al óleo, lo voy a hacer pero con espátula. No quiero limpiar un montón de pinceles” le dije. A sí fue como tomé la espátula, entre su mirada un poco socarrona y curiosa. Era un desafío, creo que él lo sabía. Para mí la espátula era el instrumento adecuado, era lo que me

Manuel Ramón Espinosa S. Julio del 2001

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identificaría con la pintura para siempre. Cada día, en cada cuadro, siento que doy gracias a Dios por el don que me otorgó y a don Miguel por haber sido mi maestro. María Isabel Guzmán Julio del 2001

Al mirar las obras de reconocidos pintores actuales, la mano de Miguel está detrás en la composición y la luz. Tanto que nos recalcaba eso: “¡¡¡La luz Marta, la luz!!!” Recuerdo con verdadera nostalgia, el ambiente tan cálido de las tardes en su taller, por su simpatía y cariño y la destreza en prepararnos cositas ricas para el té, mientras dábamos las últimas pinceladas antes de que se nos fuera la luz.

Miguel Venegas Cifuentes, no solo fue un maestro en el arte del pintar, fue el maestro-pintor de futuros pintores. Formó un método en la pintura y una verdadera escuela.

Marta Benavente de Holly Julio del 2001

Antonio Romera, Historia de la Pintura Chilena, Cuarta Edición, 1976. “Conviene citar dentro de este grupo al silencioso y bien dotado Miguel Venegas. Realiza este artista una obra de perfección técnica. Respetuoso de la tradición y de los ecos del pasado, en sus telas afloran a veces esas mismas resonancias en trozos que tienen maestría y vigor”.

Web MNBA: Desarrolló una pintura realista de técnicas y estilos heredados de las Escuelas Renacentistas Europeas. Experimentó y enfrentó todo tipo de desafíos pictóricos realizando retratos, naturalezas muertas, paisajes temas religiosos y recreaciones de escenas históricas. Sus óleos y dibujos de gran pulcritud descripción y detalles escénicos, fueron ejecutados con estricto rigor en el uso del dibujo de línea, la mancha, el claroscuro, y el color. 115


Venegas Cifuentes fue maestro de varias generaciones de pintores que cultivaron un arte de técnica perfeccionista, que hasta hoy, ha evolucionado y sobrevivido en forma paralela a todos los «ismos» pictóricos. A lgunos de sus alumnos más destacados fueron Roberto Matta, Nemesio A ntúnez, Ernesto Barreda, Claudio Bravo, Guillermo Muñoz Vera, Ricardo Maffei y Andrés Baldwin.

muertas o bodegones. Todo definido por el rigor de la línea, las formas y los colores precisos. Todo arquitecturado, en la estructura base y en sus terminaciones, así no más sea por algún leve toque del pincel. ... Estudioso constante, no descuida las visiones de ayer, hoy o mañana, pero siempre que posean calidad. Esto es la que más importa y no es el estilo o variante respecto de lo clásico. De este modo, su pintura se rige por exigentes cánones, por un ir tras la médula y no sólo a determinadas apariencias. Por esto es que, en varios de sus cuadros a menudo nos sorprende con detalles. En ellos está la síntesis que completa realmente sus obras. Es posible que más de alguien pueda estimar a Venegas como un pintor no reactualizado ¿Cómo es posible que aún busque réplicas del natural y no desarrolle su enorme caudal de oficio en experiencias de vanguardia. En realidad esta pregunta no tendría mucha base, porque nuestro artista trató también con la vanguardia. Si incluso llegó al surrealismo. Igual a la abstracción. Pero es que su punto de mira es otro. Ya lo dijimos: primero calidad. Si un paisaje es digno de atención, pintemos un paisaje. Pintemos, no sólo discurramos con los pinceles sobre una superficie lisa y a base de una tonalidad verde mayoritaria, digamos luego: ¡Esto es un paisaje! Esto puede hacerse sin calidad alguna. Los parecidos son fáciles. Lo difícil es que un paisaje sea traspasado a la pintura sin perder su naturaleza y ganando la visibilidad que debe darle el artista. Esto es desentrañándolo. Venegas lo busca y lo logra, diríase que sin apremios. Es decir, con esa difícil facilidad que autoriza el razonar y el ser sensible. Punto aparte, merecen las naturalezas muertas y los bodegones. Aquí el artista persigue algo más. Entra de lleno al juego pictórico y la sensación táctil la está comunicando en acertados juegos de claroscuro, básicamente. Sólo que no todo es igual y la luz predomina en otros casos, así como también una cierta penumbra puede ser la atmósfera. Venegas no improvisa. A ún pese a la pequeñez de sus óleos, es dable observar la precisión perseguida. Las variantes tonales son múltiples y obedecen a fines específicos: enfatizar volúmenes, establecer vibraciones cromáticas o una atmósfera que, sin dejar de ser real, proyecte también algo de irrealidad. De aquí el encanto de muchas de estas obras. Nos asocian y disocian con la realidad cotidiana, porque primero que nada son pinturas. Dado su oficio, Venegas no teme enfrentarse a cualquier estímulo externo. Interiores o exteriores, con sus múltiples matices, se postulan entonces en sus cuadros, siempre expresivos, siempre acordes a soluciones plásticas y siempre afirmando precisiones del

Jorge Medina Estévez, Crítica con motivo de la Exposición Colectiva del Maestro y 44 de sus discípulos en el Instituto Cultural de Providencia, El Mercurio, Julio 1978. “En primer lugar, es preciso admirar su dominio del oficio. Un vasto conocimiento de los recursos, de los colores, del pincel y de.... Venegas podría incluirse la espátula, ....Luego su versatilidad en el figurativismo. Pero con una libertad inaudita. Hay en su obra toda una gama de realizaciones que van desde algo de “Belle Epoque” hasta un surrealismo refinado. Hay retratos, obras de género, paisajes, composiciones. El delicioso colorido y representatividad de sus pequeños apuntes del natural, bocetos para obras de caballete, se transforma en las obras mayores en una difuminación de la luz que produce un efecto romántico e incluso místico, profundamente apacible. A l lado de alguna escena costumbrista se ve un gran paisaje típico de Chile, en el que se revela el amor por el árbol. Y no se pueden olvidar las obras “con luz propia” como las llama el artista, en las que la necesidad de iluminación externa se reduce al mínimo. Las naturalezas muertas, ..., son otro aspecto de Venegas, y no el único ni el principal, como algunos pudieran creer. Y en las pequeñas naturalezas muertas hay un virtuosismo que evoca los flamencos. ... Hay tal vez en la obra de Venegas algo de lo que se ha llamado la persistencia del naturalismo: Un pintor libre que ha encontrado su propio modo de hacer, que no tiene otra actividad que el arte, y que, si no representa las corrientes más modernas, no es porque las desconozca o las menosprecie, sino porque tiene su propio modo de ver y de comunicar”. José María Palacios, crítica con motivo de la Exposición en la Galería Enrico Bucci, La Segunda, junio 1979. “Su pintura en general trata de composiciones motivadas por el natural: desde paisajes - urbanos y agrestes – hasta naturalezas 116


buen hacer. En este punto quizás la mayor exigencia es consigo mismo. En esto, entonces en la madurez y exigencia de la misma, está el secreto de Miguel Venegas para pintar como lo hace”. ISABEL CRUZ, Crítica con motivo de la exposición en el Instituto Cultural de Las Condes “Pintores Arquitectos”, El Mercurio, Septiembre 1979. “...En una corriente francamente tradicional – naturalismo riguroso- cabría situar la obra de Miguel Venegas, ...”

Muchos son los retratos que hizo Miguel Venegas Cifuentes. Están en oficinas ministeriales, públicas, bancos, en sociedades, en algunas facultades universitarias, en muchísimas residencias particulares. Hace unos pocos años realizó de una manera sorprendente los cinco retratos que forman parte de la Galería de los Precursores del Instituto de Chile, los cuales se inician con Juan Egaña, siguen A ndrés Bello, José Victorino Lastarria, A gustín Edwards y termina con el de don Jorge A lessandri. Hay, desde 1964, un grupo de retratos en dibujos perfectos en el Ministerio de Educación Pública. Decoran el gran salón del Club de la Unión doce grandes cuadros de escenas campestres realizados con gran figura; recuerdan las pinturas francesas del siglo XVIII. Pero la cumbre de su obra como retratista de gran vuelo está en los cuadros de Bernardo O‘Higgins y José Miguel Carrera, ubicados en las salas especiales en el Club de la Unión y que don Gustavo Ross, cuando era su presidente encargó a Miguel Venegas su realización. Mientras de O‘Higgins hay retratos de su época, de Carrera no los hay, y por eso el pintor tradujo en las facciones de Carrera toda su recia personalidad. Esta imagen constituye hoy algo así como el retrato popular del gran personaje histórico. Ha sido innumerables veces reproducida ...”

A.Garretón Silva, de la Academia Chilena, comentario con motivo de su muerte, El Mercurio, 14 septiembre 1979. “... A rtista en un sentido muy amplio: alma bien templada, inspiración fecunda, dominio de la técnica y sentido griego de la proporción y siempre enamorado de la belleza, ... No nos cabe la menor duda que sus contactos con las disciplinas de la arquitectura han contribuido de una manera muy firme a darle al arte en sus manos un claro sentido de ponderado equilibrio, eso lo condujo am actuar con un inconfundible estilo clásico. Miguel Venegas pintó mucho durante toda su vida ... El paisaje significó para él un tema de belleza, de luces y de sombras, así como de lejanas y diáfanas perspectivas. Las flores fueron un tema predilecto. Pero, lo más expresivo de su extensa obra fue, sin duda, el retrato.

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Claudio Bravo, A su maestro en visita que le hiciera en 1977. “... he venido a aprender denuevo. La diferencia es que ahora puedo discutirte”.

espíritu joven. Su muerte significó para mi un profundo dolor, pues perdí más que a un maestro a un padre espiritual que me supo comprender y encauzar por el difícil camino del Arte. Tal era el cariño que don Miguel fue capaz de irradiar a sus y como se aprende de quien se quiere .... Los discípulos; resultados son de sobra conocidos; grandes y buenos pintores chilenos nacieron o recibieron la influencia de su taller, proyectándose a todas las tendencia y estilos. Un aporte de su alma noble y generosa a las nuevas generaciones que continuarán con su ejemplo.

OPINIONES DE EXA LUMNOS CON MOTIVO DE EXPOSICIÓN RETROSPECTIVA EN INSTITUTO CULTURA L DE PROVIDENCIA, 16 OCTUBRE 1984: Sergio Stitchkin L. Han transcurrido cinco años desde su muerte. Recuerdo con emoción y nostalgia mis días de clases con el maestro, aquellos sábados tan esperados durante la semana. Diez años fui su alumno y con qué alegría seguiría siéndolo. Habría sido su alumno toda su vida. Porque con don Miguel se aprendía algo más valioso que el oficio, se aprendía a ser hombre, pintor y artista, a tener seguridad en sí mismo y a enfrentar la vida con alegrìa arraigando en mi corazón la energía suficiente para trasmitirla. Pero don Miguel no ha muerto, estará siempre a mi lado porque sus consejos se transformaron en dogmas de conducta para toda la vida.

Lola Calvo de Vial, Con mucho cariño y admiración recuerdo al Maestro don Miguel Venegas, tuve la suerte de ser su alumna durante varios años y difícilmente podré olvidar su modestia, caballerosisad y bondad. Patricia Ulriksen W., Don Miguel, con su admirable calidad humana y talento, me enseñó a descubir la belleza de las cosas simples, y la magia del color. Tuca Fluxa de Saenz Es un privilegio haber podido ser su alumna por tantoa años. Cómo no recordar el taller de A lonso Ovalle y luego el de Pedro de Valdivia Norte. “No entiendo el arte encasillado” –decía-, “hay que hacer de todo”. El lo hizo y muy biuen. Sus flores y sus naturalezas muertas, eran tan perfectas como sus paisajes y bodegones. Dominó la técnica del óleo cabalmente y trasmitió en forma generosa sus conocimientos a numerosos discípulos. Cuando hoy pintamos y a veces creemos haber logrado algo, no podemos dejar de sentir su mágica presencia.

Osvaldo Thiers, Siempre recordaré a don Miguel como amigo y maestro. Cuando pinto, a menudo tengo presente sus consejos y mis alumnos también lo conocen, porque les trasmito su técnica y sus anécdotas, de esta manera él perdura en el tiempo. Gustavo Ross. Qué raro encontrar a una persona con tal dominio de su oficio, con una capacidad de dar poco común, que sea humilda, alegre y ... tomador de pelo. Don Miguel muchas veces me dijo que su gran vocación era enseñar, y lo hacía no sólo regalando sus conocimientos sino también su actitud frente a la vida.

Marcela Boza, Recuerdo a don Miguel Venegas con profunda gratitud y cariño, por la enseñanza que me dio en el arte de pintar.

Francisco Zañartu, En el verano de 1976 entré a estudiar Pintura en la Academia de don Miguel Venegas Cifuentes. En 1979, tres meses antes de su muerte, viajé al extranjero con la idea de que nunca más lo vería, según su propia advertencia, intuición increíble para quien gozaba de buena salud y un

Carmen Correa de Marquez, Don Miguel, no es sólo un recuedo en las que fuimos sus alumnas, es una presencia, pues no fue sólo un maestr, fue un amigo, guía, consejero; entró en nuestras vidas con paciencia, amor y humildad, es por eso que no pasó, se ha quedado con nosotras pues el cariño no se va, madura y se hace más fuerte 118


con los años; hoy como entonces podemos decir desde el fondo del corazón, gracias don Miguel porque fue mucho lo que dejó en nuestras vidas.

todos en familia celebrábamos su San Miguel. Creo contemplarlo en el Cielo con su delantal y su pipa, pintándole un retrato al Padre Celestial.

Alfredo Searle, Miguel Venegas, fue un gran amigo, y , a la vez un magnífico maestro, ver nuevamente su obra en esta Retrospectiva es recordar antiguos tiempos. Trató de orientar mis primeros pasos con bondad, pero exigente en los fundamentos del dibujo y los colores.He seguido pintando, recordándolo en cada pincelada.

Eliana García Lynch, Q.D.P. Deseo rendir un homenaje al gran artista y buen amigo “Miguel Venegas”. Durante veinte años asistí a su taller, donde él daba todo su saber, en un ambiente de cordialidad y amistad. Me inspiran esta líneas el deseo de que el olvido no cubra su tumba. Ernesto Barreda, Santiago agosto 2001, con motivo de restrospectiva en Corporación Cultural de Vitacura, Casas de Lo Matta. Miguel Venegas Cifuentes, recuerdo de sus tertulias Michelo, así le llamaban con afecto los nuevos alumnos de arquitectura que iban a comenzar sus estudios encaramados en el cuarto piso de la Casa Central de la Universidad Católica en la Almameda. Yo fui uno de ellos. Ya en el 2º año caímos bajo su férula clásica, particularmente reoman: “próximo proyecto, esquisse (francés para croquis) para un palacio del Emperador”. Fue interesante indagar en las formas clásicas; tal vez ayudaba a pensar por primera vez. Recuerdo que al no atinar yo con el color de tan augusta arquitectura me espetó: “Si no sabe, pregunte”. Nunca he olvidado tan práctica recomendación. Sus clases de dibujo al carboncillo a mano alzada –no hay lugar para explicar aquí que significa eso-, eran magníficas: rodeados de Apolos, Venus, Victorias y gladiadores de yeso, el se paseaba lanzando frases contundentes y fundamentales “no dibuje lo que no sabe, solo lo que ve”- aunque tampoco dispongo de espacio para explicar- esta recomendación es clave en la pintura llamada “realista”. Pero donde Michelo lograba trasmitir toda su fuerza y encanto de su personalidad era en su inolvidable, grandioso y recargado “atelier” de la calle A lonso Ovalle. Situado en una casa republicana de reja, zaguán y patio con caminito de baldosas; se llegaba a él desde el 1er piso por una temblecona puerta de madera y vidrio que conducía hasta una escalerilla de caracol por la cual era más fácil subir que, ya caída la noche, bajar bajo los efectos de un brebaje tibio y traidor llamado Pichuncho con el cual acompañábamos interesantes tertulias que en ese ambiente de indudable encantamiento tenían lugar, sus temas eran variados: arte, en particular pintura, cine con las peripecias

Dr.Abraham Schwartz. Es difícil resumir lo que significó para mí el haber ingresado a su taller. Su gran técnica y dominio del oficio, su calidad pictórica, sumado a una interesante personalidad, son algunas de las características que hicieron de él un gran maestro, al cual brindo mis respetos y agradecimientos. Patricio Vial Palma. Recuerdo al bondadoso y excelente maestro que fue Miguel Venegas, dictándonos sus clases de pintura y dibujo en su taller de Pedro de Valdivia Norte, las que por ausencia de luz natural finalizaban al ponerse el sol; esto daba motivo para la iniciación de momentos maravillosos como era la tertulia alrededor de un café endilgándelas él, por campos de sol, color y maestría, haciendo que cada tema que se planteaba fuese inolvidable, por la profundidad, erudición y chispeante gracejo con que en ella participaba. Mercedes Puig C., Varios años han pasado desde que don Miguel nos dejara, pero cada vez que miro hacia atrás lo veo como mo “personaje inolvidable”. Tomar clases con él fue un aro en mi vida, donde pude valorar el talento, la sencillez y la paciencia con que nos enseñaba y aceptaba nuestras bromas mientras poníamos color a la tela, y también aceptaba nuestros errores que los rubricaba con su dicho “Aquí yace don Melchor, que estando bien quiso estar mejor”. Nos enseñó no sólo a pintar la naturaleza, sino a a ver todo lo que hay de Dios en ella. Recuerdo al maestro tan cariñoso con su Carmelita, con sus hijas y sus nietos, y como gozaba los 29 de septiembre cuando 119


en torno al recién fundado “Chilefilms”, historia, demonología, arquitectura, pero sobre todo arquitectos y muchos otros que no necesitamos nombrar pero es legítimo presumir. Puedo con satisfacción decir que nunca allí se habló de política o de dinero. En tan exquisito ambiente, temas de esa índole no tenían cabida. Los contertulios solían ser muchos, algunos más constantes que otros; entre estos últimos los arquitectos “Cucho” Errázuriz, Germán Lamarca, mi gran amigo Gonzalo (el “Flaco”) Asenjo y quién escribe, el (entonces), Padre Dussuel, amenísimo con sus descripciones del pulgar humenate del Maligno, Juan Domínguez y sus inquietantes camisas de grandes puños sin abotonar, José María Palacios y su anecdotarios de la pintura local, José Pablo Domínguez entusiasmado con su demonología ... La lista podría ser larga. Todo lo anterior sucedía en la semipenumbra de altos techos, columnas con cariátides pintadas de gris, muebles antiguos o viejos (solo en Europa se

nota la diferencia) cuadros y telas atiborrando el espacio, trabajos de sus alumnos para corregir, una estufa en que “cucho” hacía unos huevos revueltos especiales a la “mode” de quién sabe quién, los cuales ( los huevos) eran, en general acompañados por choritos en conserva “de la viuda de Oelckers” (así se llamaban las conservas) y que, cuando arreciaba el hambre bajábamos a comprarle a Rina, la muchacha italiana de la mini rotisería junto al portón lateral de la Iglesia de San Francisco y que Cucho, a esa hora, la tomaba por la bella Simonetta. Esta tertulia comenzaba como a las 7 de la tarde. Durante el día Michelo trabajaba en sus obras: pinturas de apuestos personajes de nuestra historia para los cuales el arquitecto Daslav Karlovac servía de modelo, naturalezas muertas, paneles decorativos, retratos de sociedad a los cuales, pasados algunos años, algunos modelos pretendían cambiasen el peinado para “estar a la moda “!!

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Cine y Teatro:

.valor patrimonial, he recordado con agradecimiento el haber tenido la oportunidad de ser iniciado en el conocimiento de la arquitectura clásica y de las claves para su comprensión e interpretación; no he podido dejar de asociarlo, agradecido, al recuerdo de Miguel Venegas. Mi segundo encuentro aconteció muchos años después, en 1957. Peters von A rtens, alumno aventajado de Miguel, ejecutaba un retrato de mi hermana en su taller; tanto o más interesante que el proceso de esa pintura resultó el reencuentro con quien jamás imaginé que se acordaría de mi con tanta precisión. Entonces me dio la impresión que después de imperar en la Escuela de Arquitectura, Miguel ahora había hecho de su taller su verdadero y definitivo reino. Desde luego no se podía imaginar un local más fascinante; se descubría como una verdadera sorpresa en el entorno discreto de la calle Alonso Ovalle; amplia construcción diseñada en el siglo XIX especialmente como atelier, con grandes vanos, telones que se movían para regular la luz por medio de palancas o, como llamarían los antiguos, “ingenios”, atriles y podios. La nota refinada de su dueño complementaba el hechizo del conjunto: se ingresaba pasando a través de zaguanes, pasillos o pequeños patios con mezcla de claridad y misterio; aquí y allá, una escultura, una reja colonial de madera, una luz, deambular libremente por ese espacio mientras el maestro y uno que otro discípulo pintaban, constituía una experiencia de por sí alucinante, si no, un verdadero prodigio. Con el incendio de aquel verdadero santuario, aparte de ser un duro golpe para su dueño, pienso que se perdió uno de los testimonios culturales más significativos de la ciudad. En aquel ambiente tan grato los temas surgían con distensión, pero con rigor erudito; siempre amable y alegre, Miguel, el alma del lugar, era a la vez un gran anfitrión y el antiguo profesor, dedicado ahora en formar las que serían grandes figuras de nuestra plástica, de generaciones de artistas. En 1958 ingresé al Monasterio y no lo vi nunca más, pero no por eso dejé de tener noticias suyas, siempre frescas: mi amistad con Claudio Bravo descansa en gran parte en las anécdotas y recuerdos de Miguel. Cuando murió tuve el privilegio de celebrar la Misa con que la Escuela de A rquitectura le rindió su sincero y merecido homenaje. A través de todo esto he llegado a descubrir claramente que, con todos sus extraordinarios talentos, después de haber sido la

CINE: inaugura los estudios de Chile Films con la película “Romance de medio siglo” como decorador y director artístico, siguiendo a esa producción “La A marga Verdad”, “Yo vendo unos ojos negros”, “El paso maldito” y “Cabo de Hornos”. TEATRO: en teatro montó y dirigió el reestreno de “Santiago Antiguo” el el cuadro “El Tajamar” en el Teatro Municipal, donde también realiza y monta la “Vida de Mozart” como relatora de la misma fue doña Juanita de los Guindos. La vocación de enseñar Haberse encontrado alguna vez con personalidades como la de Miguel Venegas no es una cosa que se olvide fácilmente; cuanto más si se ha tenido la oportunidad de aproximarse y haber disfrutado de alguna parte de su enorme irradiación: haber descubierto su intuición respecto al valor de las personas, su universo cultural, la seguridad de sus conocimientos. Su mirada penetrante, a la vez amable y un poco irónica, son cosas que no se olvidan jamás. Mi primer encuentro con él ocurrió en 1948. Tuve el privilegio de ser su alumno los dos primeros años de Arquitectura en la Universidad Católica, exactamente en la clase de dibujo, siendo él a la vez Director de la escuela. Inspiraba al mismo tiempo atracción y terror; lo primero, porque de inmediato se descubría el hechizo de su persona; lo segundo, por la fama de severo y todopoderoso que se le achacaba. Trasponer esta última barrera constituyó para mi una victoria de la libertad, de la capacidad de triunfar sobre los prejuicios y de hacerse una idea personal de la verdad tanto de las personas como de las cosas. Cuando cursaba el segundo año, sobrevinieron los cambios que, aunque necesarios, acaso alentados por el “terror” que mencioné, significaron la pérdida de Miguel, para siempre, de la Escuela y consiguientemente, de su aporte a la formación de las nuevas generaciones de arquitectos. Con él se perdió, en los programas de estudio, el énfasis en el conocimiento del clasicismo y ,en la universidad, su legado cultural. Cuando al cabo de muchos años he debido incursionar en diversos temas sobre la historia de la arquitectura, o incluso en la restauración de algunas construcciones de 121


autoridad indiscutida de nuestra Escuela, de orientar sus planes de estudio e impartir clases a centenares de alumnos, optó por quedarse con un auditorio de selección; eligió una especie de anonimato voluntario, replegado en lo que sin duda era los más suyo: enseñar, pero ahora, centrado en descubrir, desarrollar y hacer resplandecer el talento de los demás; en cierta manera, volcarse enteramente sólo a formar. Eligió la discreción, se “casó” con la Sabiduría y se autoanuló en beneficio de los demás. Esta extraordinaria vocación es propia de los grandes maestros; en todos los tiempos ha sido rara y merece público reconocimiento no solo de parte de los beneficiados con su saber, sino de todo el cuerpo social. La exposición de su obra va por este camino. Es inseparable de la de sus discípulos y por nuestra parte nos brinda la oportunidad de testimoniar, reconocer una deuda de gratitud, de recordar.

Miguel Venegas Cifuentes. Su nombre recuerda unos ratos de amistad. En las tardes de los días de trabajo, en 1956, nos juntábamos algunos amigos para charlar y recordar. Ahora que has pasado los años es grato pensar en aquellas horas en el taller de la calle A lonso Ovalle donde las horas de la tarde se convertían en descanso y compañía. Creo que si dejamos correr las anécdotas, tornamos al espíritu del taller. Era la misma charla apacible, las anécdotas, los chistes, el comentario sereno y fluido, el correr del agua serena entre los xxxxx del crepúsculo. No he querido hacer una biografía, solo he pretendido evocar un ambiente que se fue y echamos de menos con frecuencia.

Padre Gabriel Guarda, O.S.B Julio del 2001

Críticos y especialistas, así como alumnos, hemos tenido oportunidad de expresar nuestro reconocimiento a don Miguel, eximio y generoso maestro. A demás de la enseñanza que fuimos a buscar a su recordado taller de Alonso Ovalle, y luego al de Pedro de Valdivia Norte, quisiera evocar algunos de los tantos aspectos que nos han acompañado toda la vida y que revelan esa personalidad suya que nos cautivó desde el primer día. A los que no sabíamos de música nos inculcó primero el respeto y luego el amor por ella; pintábamos en compañía de los grandes autores. En las mañanas luminosas en que tomamos el pincel, la música nos transporta a su taller y a su presencia. Seguramente de su estadía en París le venía su afición a la buena cocina, en momentos en que tomábamos café, compartía con nosotros con su inolvidable alegría de vivir, recetas de exquisitos platos. Recuerdo una vez que preparé un Guolach, que gozó de la acogida entusiasta de mi marido e Hijas. Aquel d��a mi cuadro de crisantemos pasó a segundo término. Nunca vamos a terminar de agradecerle su influencia en nuestras vidas.

Padre Walter Hanisch Julio del 2001

Tuca Fluxá de Láenz Julio del 2001

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OBRAS Difícil es mencionar la totalidad de su obra, pues el Maestro no hizo un catastro de ella. Muchas de ellas son propiedad de particulares y otras se encuentran en instituciones públicas, a continuación se detallan algunas de ellas:

TEMPLO VOTIVO DE MAIPÚ: Término del fresco según boceto de Fray Pedro Subercaseaux de 4/5 partes del gran cuadro, debido al fallecimiento del pintor. REGIMIENTO DE LOS ANDES: Paso de la Cordillera, Batalla de Chacabuco.

CLUBDELAUNIÓN: 20 cuadros, algunos decorativos como los del cuarto piso. Retratos: Bernardo O‘Higgins, José Miguel Carrera, Gustavo Ross S.M., José Miguel Balmaceda T, Andrés Bello.

EL MERCURIO: Retrato de D.R. Silva Espejo.

MUNICIPALIDAD DE PROVIDENCIA: Pedro de Valdivia y Tobalaba, El Tajamar.

MINISTERIO DE EDUCACIÓN: Sala Ministro quince dibujos de ministros y educadores.

MUNICIPALIDAD DE LAS CONDES: Retrato de las tierras donadas por Pedro de Valdivia.

PINACOTECA UNIVERSIDAD DE CONCEPCIÓN: dos cuadros.

MUNICIPALIDAD DE SANTIAGO: Retrato de Rubén Darío.

BANCO DE CHILE: dos cuadros. MUSEO DE TALCA: Fundación Fosforera.

TEATRO MUNICIPAL: Tres Dessue de Porte (Foyer Tenderini)

OBISPADO DE PUERTO MONTT: San Francisco de Sales, altar mayor.

EMBAJADA DE ARGENTINA: Cinco Dessue de Porte en Salón de Fiestas.

CIUDAD DE ALGARROBO: via crucis, parroquia.

BANCO CENTRAL: Retrato de O‘Higgins, sala Persia.

SEDE SOCIAL DEL STADE FRANCAISE: cinco cuadros. RETRATOS: Presidente D.Carlos Ibáñez del Campo, D.Pedro Opazo Letelier. En la comandancia del cuerpo de bomberos y en algunas compañías.

BANCO DEL ESTADO: Retrato de D.J. Prat. BOLSA DE COMERCIO: Retrato de C. Llona. COLEGIO SAN IGNACIO: Siete prominentes Jesuitas, Jesús y los Jóvenes, S. Pinatelli, Sermón de la Montaña (Tumba del Padre Hurtado S.J. por pedido expreso del santo sacerdote). Palacio Cousiño: diez cuadros en la escalera y oculo de la misma, gran plafond del salón de fiestas.

INSTITUTO CATEQUÍSTICO DOLORES SOPEÑA: retrato de la fundadora, Asunción de María. También ilustra un libro de la vida de Dolores Sopeña.

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HOMENAJE / AL MA ESTRO DEL “COLOR VALOR” MIGUEL VENEGA S NOS ENSEÑÓ A VER

él, en 1959, apareció el primer curso de la escuela de arte de la UC con una propuesta más modernista, en contraposición a lo que era la academia –puntualiza Galaz-. De hecho, hoy existen varias escuelas de realismo. Los mismos artistas han inventado nuevos realismos. Una manera de plantear el ícono, la representación del objeto que no tiene nada que ver, por ejemplo, con el discurso de Bravo, que se inscribe en un relismo a secas, en una figuración ilustrativa cerca de Venegas”, agrega Galas.

DIARIO EL MERCURIO, ARTES Y LETRAS, NOVIEMBRE 2001

La gran exposición sobre Miguel Venegas, en Lo Matta, lleva a revisar el aporte de este maestro de maestros, quien refundó en Chile la academia. Y que, como testimonia el padre Guarda, eligió la discreción, se “casó” con la sabiduría y se anuló en beneficio de los demás. Miguel Venegas fue en los años 40-50-60 y más el maestro que reinstaló en Chile el rigor de la mirada académica. “Dio una serie de instrumentos y formas a la gente… Repuso el oficio y la mirada realista. La primacía del dibujo, de la composición, de lo fuminado. El paso armónico de las luces a la sombra. Lo que se llama el apoderarse del cuerpo de la cosa”, reconocer el profesor, artista e historiador del arte Gaspar Galaz. Fue un gran profesor de maestros, agrega Waldemar Sommer. A rtistas como Claudio Bravo, incluso Matta, Nemesio Antúnez, Ernesto Barreda y muchos más pasaron por su taller. A la mayoría de ellos los marcó, como a los más jóvenes de entonces: Ricardo Maffei, Andrés Baldwin y Gustavo Ross, entre otros. En 1949, el rector de la Universidad Católica, Carlos Casanueva, le pidió a Venegas que refundara la Escuela de Bellas A rtes de la Universidad Católica. A ños después, en 1958, dejó su cargo de director y de profesor universitario para pintar en su taller y formar una pequeña academia. Ahí pintó también un sinfín de temas: retratos, naturaleza muerta, paisajes, escenas religiosas, recreaciones de escenas históricas hasta pinturas surrealista. Una muestra de ello, integrado por cerca de 100 óleos y dibujos, se exponen desde el jueves en las Casas de Lo Matta. Obras que resaltan por su pulcritud y estricto rigor en el dibujo, la línea, la mancha, el claroscuro y el color. La exhibición, organizada por la Corporación Cultural de Vitacura, constituye la mayor exposición realizada sobre Miguel Venegas (1907-1979) y contiene buena parte de los trabajos que lograron subsistir, en 1963, del incendio de su taller de calle Alonso Ovalle. El que había sido construido por el pintor Pedro León Carmona, en el siglo XIX, imitando los grandes talleres parisinos, y era un punto de encuentro de artistas, ensayos de teatro, filmaciones y conciertos. Pero el aporte clave de Venegas, su enseñanza académica, no lo ha dejado tampoco fuera de controversias respecto del estilo que enseñó y a su aporte a la modernidad. Al punto que en “relación a

“ATRA CCIÓN Y TERROR” El primer encuentro del padre Gabriel Guarda con Miguel Venegas sucedió en 1948. “Tuve el privilegio de ser su alumno los dos primeros años de A rquitectura en la Universidad Católica, en la clase de dibujo, siendo él director de la Escuela. Inspiraba atracción y terror; lo primero, porque de inmediato se descubría el hechizo de su persona. Lo segundo por la fama de severo y todopoderoso que se la achacaba. Trasponer estaúltima barrera constituyó para mí una victoria de libertad, de la capacidad de triunfar sobre los prejuicios….” Testimonia el padre Gabriel Guarda O.S.B. “Cuando cursaba el segundo año –agrega- sobrevinieron los cambios que, aunque necesarios, acaso alentados por el “terror” que mencioné, significaron la pérdida de Miguel para siempre de la Escuela. Con él se perdió en los programas de estudio el énfasis en el conocimiento del clasicismo y, en la universidad, su legado cultural….”. El segundo encuentro del padre Guarda con Venegas fue en 1957, cuando Peters von A rtens, alumno aventajado de Venegas ejecutaba un retrato de la hermana del padre Guarda. “tanto o más interesante que el proceso de pintura resultó el encuentro con quien jamás imaginé que se acordaría de mí con tanta precisión. Me dio la impresión de que Miguel ahora había hecho de su taller su verdadero y definitivo reino. No se podía imaginar un local más fascinante……se descubría como sorpresa en el entorno discreto de la calle A lonso de Ovalle….con grandes telones que se movían para regular la luz. Se ingresaba pasando a través de zaguanes con mezcla de claridad y misterio. Demabular por ahí mientras el maestro y uno que otro discípulo puntaban era una experiencia alucinante, si no un verdadero prodigo…. Miguel era el alma, dedicado a formar lo que serían grandes figuras de nuestra plástica. Con el incendio de aquel verdadero santuario pienso que se perdió uno de los testimonios culturales más significativos de la ciudad”.

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Era mal genio, de corte irónico. Algunos no duraron mucho, se fueron…., recuerda. “Los comentarios que se hacían después de clases eran muy fascinantes. Hacía tecitos y ahí se comentaba de artistas, se analizaba alguna obra o un pintor y revisábamos artículos del diario –añade Balwin-. Siempre tomaba como referente algún libro para un cierto tipo de pintura. Vermeer, Rembrandt y Velázquez aparecían siempre. A Bravo lo ponía de ejemplo, y cuando Bravo volvió, él 77, en vez de quedarse en una casa en la playa, vino al taller de Venegas a trabajar con nosotros. Nos puso modelos él mismo y nos convidó a pintar a Marruecos…” También los alumnos iban a paisajear con Venegas. “Pintaba unas manchas muy lindas al hacerlo al natural –destaca Baldwin-. Pero, curiosamente, cuando inventaba tenía un resultado flojo. Componía unas cosas extrañísimas como unas enormes flores con Veneia detrás… En cambio, frente al modelo al natural lo hacía genial”.

“PILA R DE TODA MI PINTURA” El pintor A ndrés Baldwin fue el alumno más reciente de Venegas, acudió desde 1975 y durante cuatro años a su taller academia. “Su discurso no tenía nada que ver con el de la universidad –afirma-. El suyo consistía en aprender a mirar, a dibujar y a hacer cosas concretas. Venegas es el pilar en toda mi pintura. Fui a la escuela de arte dos años, pero en dos meses con don Miguel tuve más conocimiento técnico. Enseñaba a observar, a trabajar con modelo del natural, lo que es muy difícil. Pero nos daba las herramientas necesarias y lo decía todo”. Venegas funcionaba en esos años en su taller nuevo de Pedro de Valdivia Norte, en un departamento en el primer piso. “Los días sábado se repletaba de alumnos. Pero el espacio era chico y no cabían más de siete u ocho –cuenta Baldwin-. Le gustaba trabajar con luz natural”. El sistema consistía en empezar con carboncillo, en blanco y negro en papel. Y trabajar con modelos que sólo él componía: naturalezas muertas o alguna escultura de yeso… “Nos ponía todo tipo de materiales para lograr diferentes texturas.. Nos enseñaba las técnicas que ocupaban los antiguos con veladura”, relata Baldwin.

¿FIGURA CIÓN DIVERSA? Uno de los alumnos aventajados de Miguel Venegas, el artista Ricardo Maffei (quien parte luego a exponer a Neva York), resalta la diversidad de estilos de los alumnos en que influyó Venegas, contrario a lo que muchos supondrían. “Su aporte académico llegó a artistas de variados estilos. No sólo realistas. Porque le daba particular importancia al color valor, que es en definitiva lo que logra la sensación de realidad. No el dibujo preciso. El color valor nos marcó a todos, incluso a Cristián A belli, que es más abstracto y a Gustavo Ross, más expresionista. Venegas nos hacía pintar los bodegones con toda la riqueza cromática que había en esas cosas tan sencillas como es una manzana o una cebolla. Nos enseñó a ver el color, la sombra en todas partes. Nos inculcaba ver color en las sombras, que no son café ni grises, sino puro color”. Velázquez le importaba mucho. “porque teniendo una paleta muy restringida, con esos pocos colores logra muchas cosas exquisitas en la sombra, con verdes y azules que, en el fondo, es lo que hace que una cosa sea real. Puede ser de contornos y formas difusas, pero tan exacta en el color y en el valor que simula la realidad”, señala Maffei. Gustavo Ross (con una pintura que en varias etapas difiere de la estricta figuración) explica cómo lo marcó Venegas. “Esa visión de la realidad basada fundamentalmente por la luz que arma y hace reconocible los objetos. Pero hubo algunos que no captaron lo que pensaba y se basaban en el valor, al cual le agregaban color. Lo veían como una forma de olorear el volumen, lo que no era lo que enseñaba”. 125


BIOGRAFIA 1929 Es nombrado ayudante en la Cátedra de Acuarela del Segundo Año.

Miguel Venegas Cifuentes nace en Santiago de Chile el 25 de Julio de 1097, hijo de Luis Venegas Brito y Filomena Cifuentes Urrejola, contrae matrimonio con Carmela Casanueva Balmaceda (1937), tiene 6 hijas , 19 nietos al momento de su muerte.

1930-1949 Se desempeña como profesor en la Facultad de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile en las siguientes cátedras: Dibujo a Mano Alzada Primero y Segundo Año. Acuarela Segundo Año. Perspectiva y Estereotomía Segundo Año. Dibujo Lineal Primera Año. Dibujo Taller segundo Año. Historia del Arte Tercer Año. Estética Quinto Año. Paralelamente se desempeña como Coordinador de los ramos artísticos de Primero a Tercer Año.

1908: Viaja a París con su familia donde reside hasta 1913. 1916: Ingresa a Liceo Alemán donde realiza la primera preparatoria. 1918: Ingresa a segunda preparatoria al Colegio San Ignacio de donde egresa el año 1925. Durante los años de humanidades fue miembro de la Academia de Filosofía dirigida por el Padre R. Martínez, S.J. y de la Academia Literaria a cargo del Padre Zorrilla de San Martín, S.J. llegando a ser su vicepresidente.

1934 / 1935 Recibe el Premio Medalla de Tercera Clase en la Sección Pintura del Salón Nacional de Bellas Artes, Santiago. 1934 Forma su primer taller en la calle Alonso Ovalle 860 en Santiago Centro. Este había sido construido por el pintor Pedro León Carmona en el siglo XIX, y tras su muerte recibe a Caurtois Bonencantre, Alvarez de Sotomayor, Fossa Calderón, Lemoine, Pedro Rezca y Carlos Alegría. Este fue el único taller que existió en Santiago al más puro estilo Montmatre y habría sido el punto de encuentro de grandes pintores de la historia chilena.

1919-1925 El Hermano Bonet, S.J. le enseña dibujo, perspectiva, aguadas a tinta china en clases particulares. A él le debe disciplina del dibujo como una “academia” a través de los grandes maestros. 1921 Toma clases de óleo con Julio Fossa Calderón hasta 1922 en que Fossa Calderón regresa a Europa. Estas clases de dos horas, una vez por semana le permiten adentrarse en el color y técnicas de óleo, base para su futuro.

1936 Recibe el Premio Medalla de Tercera Clase en la Sección Dibujo del Salón Nacional de Bellas Artes 1939 Recibe el Premio Medalla de Plata en Pintura en Salón Nacional de la Sociedad de Bellas Artes, Santiago.

1924 Toma clases particulares con Pedro Rezka, hasta 1927, en que las labores de la Escuela de Arquitectura le impiden continuarlas. A Rezka le debe la comprensión e importancia del claroscuro, de los valores y tonos, en acabados estudios al carbón, pastel y óleo.

1945, 19 de junio, Recibe el título de Arquitecto. 1945, 7 agosto, Es nombrado Profesor Titular Propietario de la Facultad de Arquitectura.

1926 Ingresa a la Facultad de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. A los tres meses del ingreso el arquitecto profesor don Guillermo Aravena lo nombra su ayudante en el curso Dibujo a Mano Alzada.

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1949 Deja los cargos de Profesor y Coordinador de la Facultad de A rquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile para fundar (refundar) la Escuela de Bellas Artes de la misma casa de estudios , donde ejerce los cargos de Director y Profesor de Composición Primero y Segundo A ño, Perspectiva Lineal y A érea Primer A ño, Nomenclatura arqueológica Primero, segundo y Tercer Año, Pintura Tercero y Quarto Año. También crea la Carrera de Pedagogía en Artes Plásticas. Esta enseñanza académica del Clásico con alumnos otros profesores como A .Risopatrón, P.Irarrázaval, García Postigo, Carlos Casanueva y otros, contribuyeron a crear un ambiente que permitió más tarde la salida de arquitectos y artistas como los pintores Roberto Matta, Nemesio A ntúnez, Pablo Bourchard, Ernesto Barreda, Patricio Vial, el director de teatro y Premio Nacional de arte Pedro Mortheiru, el músico Juan Orrego, el literato y dramaturgo Fernando Debessa y muchos otros que se han destacado como arquitectos, Bolton, Larraín, Prieto, Juan Echenique, A lberto Cruz C., Carlos Casanueva, todos de renombre y algunos internacional.

1978 Exposición colectiva de MVC y 44 de sus discípulos en el Instituto Cultural de Providencia con motivo de inaugurar su nueva Sede. 1978 Recibe la condecoración “Orden Gabriela Mistral” en el grado de Comendador de Santiago, por su dedicación a la enseñanza. 1978 Recibe el Premio Mención Honrosa Concurso Bernardo O’Higgins, Ministerio de Relaciones Exteriores, Santiago. 1979 Exposición Galería Enrico Bucci, Santiago . 1979 Muere en Santiago de Chile a la edad de 72 años. 1979 Exposición Colectiva de Arquitectos-Pintores en el Instituto Cultural de Providencia.

1955 Exposición Estudio Alonso Ovalle 860, Santiago.

1979 Recibe el Premio Mención Especial Post Mortem en Certamen Nacional de Artes Plásticas de Lircay, Universidad de Chile, Talca, Chile.

1958 Se retira de la Universidad Católica de Santiago para pintar en su taller y enseñar a numerosos alumnos.

1984 Exposición Retrospectiva. Instituto Cultural de Providencia, Santiago.

1958 Se traslada a París y se matricula en la “Academie Julian” en el curso de Weckmend del maestro Jeróme, durante seis meses. Maestro incomparable por su bonhomía, pedagogía y cultura humanística, a él le debe el afianzamiento en los valores eternos del arte.

2001 Exposición de Pinturas Recordando a Miguel Venegas Cifuentes. Sala Viña del Mar, Chile. EL TALLER ALONSO OVALLE Alejandro Rubio Dalmati le da un curso de anatomía en su taller de Alonso de Ovalle, donde también Oscar Trepte va una vez por semana a comentarle lo hecho, con una crítica constructiva, la cual le permitió depurar el dibujo. Oscar Trepte lo contrató por años hasta el cierre de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Católica donde dejó una profunda y sabia enseñanza en sus alumnos.

1961 Exposición Sala de la Municipalidad de Las Condes, Santiago. 1963 El maestro sufrió la pérdida de muchas de sus obras tras el incendio de su afamado taller de la calle Alonso Ovalle. Continuó impartiendo lecciones de pintura hasta su muerte en su nuevo taller del barrio de Pedro de Valdivia Norte.

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Frases típicas de Miguel Venegas Cifuentes

“Si se clasificara a los artistas de manera simple ellos son: figuras, figuritas y figurones” “Prohibido hablar de: politica, religión o enfermedad” “La experiencia señala el camino a la inexperiencia” “Trabajar, trabajar y trabajar” “Siempre hay que sacrificar algo” “No tome el trabajo tan en serio y lograrás más” “En pintura el fin justifica los medios” “Si no te gusta el mundo, crea otro a tu medida. “El arte es una ciencia, la experiencia es el mejor de los maestros” “El buen discipulo es el que supera a su maestro” “Todo es fácil para el que sabe su oficio”

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Miguel Venegas Cifuentes