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M UNA HORA DE NUESTRA VIDA

A N U E L R I V A S L Á Z A R O


Copyright © 2012 Manuel Rivas Lázaro Todos los derechos reservados. Esta obra, o cualquier parte de esta, solo puede ser reproducida o utilizada con el permiso expreso por escrito de los editores (ver dirección electrónica abajo).

Primera y única edición póstuma Edición electrónica publicada en el Canadá ISBN 978-0-9877589-0-3 El contenido de esta publicación es copia fiel del contenido original escrito por el autor. Los editores se hacen responsables del nuevo formato y de ciertas alteraciones al texto. Copia de fotografía del autor (Manuel Rivas Lázaro) Editores ERR (Emilia y Enrique Rivas Rivas, hijos de Manuel Rivas Lázaro) Email: tucancita@gmail.com Blog: http://manuelrivaslazaro.blogspot.com


PREFACIO ¿Cuál es la relación entre la vida y el teatro? Esta es la pregunta primordial que impulsa a Manuel Rivas Lázaro en su obra de teatro. Sosteniendo una actitud de aliento al futuro ante el posible decaimiento del teatro en su época (mediados del siglo veinte), el autor intenta “hacer que la obra se desborde hacia el público”. Según él, “el teatro tiene que buscar... aumentar las perspectivas del espectador sobre el drama” ya que el ser humano “se halla con múltiples puntos de vista ... porque vive ahora en un mundo más comunicado en todos sentidos”. 1 Esta vida compleja y apremiada del ser moderno “es tan corriente y natural que termina por parecernos obvio todo cuanto a ella se refiere”. 2 Vivimos sin percatarnos de lo que pasa realmente. Dichosamente, de acuerdo a Rivas Lázaro, los espectadores pueden enriquecerse con participación directa en las obras. El teatro puede ofrecer “un espectáculo que sea presentado no como sucediendo, sino que esté sucediendo realmente”.2 A su vez, en la vida misma “se pueden encontrar posibilidades de renovación” para el teatro. La vida tiene una “íntima y poética relación... con la escena”.1 Con esta perspectiva de acercamiento entre la escena y el público, el escritor/director ejerce su magia al sumergir a los espectadores plenamente en problemas particulares de la vida diaria. De esta manera, Manuel Rivas Lázaro nos invita a activar nuestra presencia en la vida a través de sus obras. Para él, el teatro se nutre con una infusión de vida y la vida se refuerza con el despliegue teatral que exige presencia.

Las obras Las tres obras publicadas aquí muestran el dinamismo pirandelliano de las obras dramáticas de Manuel Rivas Lázaro. Con temas existenciales, las tres obras presentan situaciones que se pueden dar fácilmente en lugares comunes en cualquier parte del mundo. DEBATE SOBRE EL HOMBRE Y EL MATRIMONIO toma lugar en el recibo de una casa de familia la cual lucha por enfrentarse, con intervención de los presentes, a la ausencia inesperada del ser que logró convertirse el eje del hogar. En UNA HORA DE NUESTRA VIDA, tres actores se sienten atrapados por la tenacidad del autor que los impulsa a ensayar y exteriorizar intimidades de sus relaciones en tiempo real. Aun cuando ABSURDO no reclama participación directa de los espectadores, la tercera obra engancha al público con una joven que, mediante la gimnasia, crea una situación paradójica entre dos hombres que aspiran ser parte de su vida.

La vida del autor en el teatro Manuel Rivas Lázaro dedicó gran parte de su vida a la vida del teatro. Jóvenes y mujeres fueron guiados por sus palabras y sus gestos. Aspirantes actores recibieron su guía y apoyo para formarse y luego realizarse. Grupos de hombres y mujeres recibieron su entrenamiento profesional en el arte dramático. Grupos de teatro amateur recibieron su generosa dirección. Lectores de revistas y periódicos Venezolanos compartieron sus 1 2

Manuel Rivas Lázaro. La Vida del Teatro, El Nacional, 12 agosto 1955. Manuel Rivas Lázaro. Lo Vital y Actuante en el Teatro, El Nacional, 31 octubre 1956.

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pensamientos acerca del teatro. El público presenció obras dirigidas por él. El público también participó en sus obras y en tertulias que sus obras inevitablemente engendraron. Actividades que resaltan entre los años 30 y 70 en la vida del autor en el teatro:            

Participó en la Asociación de Cultura Femenina (Instituto San Pablo, Caracas) donde grupos de mujeres recibían entrenamiento y capacitación. Organizó conferencias y sesiones de música. Participó en la Sociedad de Amigos del Teatro (Caracas). Promovió el Centro de Formación para el Arte Dramático (Caracas). Fundó el Centro de Estudios Teatrales en el Ateneo de Caracas. El centro ofrecía ejercicios teatrales según el Método Stanislavski. Participó como profesor en el Curso de Capacitación Teatral en el Liceo Nocturno Juan Vicente González, Caracas. Inició, entre otros, a María Teresa Haiek, Fausto Cabrera, y Carlos Márquez en sus vidas en el teatro. Dirigió el Teatro Universitario de la Universidad Central de Venezuela. Escribió numerosos artículos acerca del teatro para La Esfera, El Universal, y El Nacional. Presentó DEBATE SOBRE EL HOMBRE Y EL MATRIMONIO (Caracas, Maracaibo y Bogotá) y ABSURDO (Caracas). Dirigió grupos de teatro amateur en Montreal, Canadá. Guió e inspiró a grupos de alumnos de teatro en el Liceo Fermín Toro (Caracas). Coordinó la enseñanza de teatro en liceos a través del Ministerio de Educación (Caracas).

El hombre Manuel Rivas Lázaro (1900-1970) nació en Cumaná, Estado Sucre, en la costa oriental de Venezuela. Sus padres, Francisco de Paula Rivas Maza y Emilia Lázaro Costa, eran amantes de la música y de las letras. De joven, se dedicó al violín, pero luego encontró su voz en el teatro como escritor, crítico, y director. Al igual que su padre, quien ejerció como médico y escribió a la vez, Manuel Rivas Lázaro desempeñó un cargo en una compañía petrolera en Caracas mientras ampliaba sus ideas y su labor en el teatro. En su hogar, nunca estaba muy lejos de sus libros, su máquina de escribir, sus pipas y, sobre todo, de su butaca preferida con un bloque de papel sobre las piernas. Pero a pesar de la intensidad de sus reflexiones filosóficas, siempre estaba listo para escuchar, cantar, echar cuentos, y divertir con su violín a sus hijos con su característica paciencia y calor humano. Nadie se escapaba de su sonrisa y de sus ojos de color azul claro. Queriendo contrarrestar la opresión e inseguridad de un régimen dictatorial, Manuel Rivas Lázaro valientemente trasladó a su familia a Montreal, Canadá, un acto que nació del desespero pero que enriqueció a todos a su alrededor. Allí continuó escribiendo artículos y dirigiendo grupos amateur. Al regresar a Caracas, se dedicó a la educación a través del teatro. Su esposa, Graciela Rivas Rojas, lo acompañó siempre en el escenario y luego continuó su labor pedagógica. Manuel Rivas Lázaro fue un hombre de modales antiguos (vestido siempre con paltó y corbata) que contrastaban con sus pensamientos modernos. Sus gestos eran callados y sutiles, pero sus ideas estallaban con dinamismo y pasión por la vida, sobretodo la vida en el teatro.

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UNA HORA DE NUESTRA VIDA PERSONAJES3 ACTOR JOVEN ACTRIZ MAYOR ACTRIZ JOVEN (Josefina) CHARLIE LÁREZ (= ACTOR) DELIA (= ACTRIZ MAYOR) HELENA (= ACTRIZ JOVEN)

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En esta obra, aparecen en escena un utilero, un electricista, un maquillista y varios tramoyistas.


I ACTO Al abrirse el telón, el escenario aparece completamente vacío, sin decoraciones, sin muebles, etc. Solo se ve en él, a un lado, casi en primer plano, una tarima redonda y, sobre esta, una silla. A poco, entra a escena el ACTOR, desde un lateral al fondo. Está vestido de frac con sombrero de copa. Lleva una varita mágica en el bolsillo. Se dirige hacia el centro del proscenio, se quita el sombrero, saca la varita mágica del bolsillo y hace una genuflexión al público. ACTOR Damas y caballeros... respetable público en general... mi sombrero de copa, mi frac, y esta pequeña varita mágica se prestan a confusión en una función teatral, seguramente... Es mi deber, pues, aclarar primero por qué uso esta indumentaria... (Luces en la sala) Sí... aclarar... así es... y, sobre todo, mi misión ante el público, pero antes quisiera pedirle a uno de los espectadores que me ayude en este gran acto de magia que llevaré a cabo esta noche... Sí, por favor, un joven, un caballero, una dama, no es peligroso, por favor... JOVEN (En el público) Yo, señor, si puedo servirle. ACTOR Magnífico, magnífico, muchas gracias... Ud. preguntará durante el acto todo lo que quiera, todo cuanto su curiosidad le demande... Y cada una de sus preguntas será, seguramente, aquello que distraídamente yo he pasado por alto u olvidado, siendo indispensable al espectáculo... Será una gran ayuda... Gracias... (Sube a la tarima.) ... (Mueve el sombrero.) ... No vengo a sacar de este sombrero conejos, ni flores, ni agua o aserrín, sino otras cosas más graves y pesadas... tal vez algunas cosas extravagantes y absurdas, agradables y desagradables, pero todas mágicas y dignas de HORA 1


vuestro interés... (Subrayando)... Dentro de este sombrero está todo el teatro... (Le da vuelta al sombrero para que se vea que está vacío.)... No lo que de ordinario se entiende como tal, la representación escénica, sino todo cuanto es necesario para que este hecho fabuloso de la función teatral tenga existencia. Sacaré del sombrero una lección deliciosamente pedagógica de todas las cosas del teatro, explicada como solo un mago puede hacerlo. Desarmaré ante vuestros propios ojos mágicamente todo el teatro en sus múltiples partes y sin olvidar ni ocultar nada... ¿No les parece extraordinariamente mágico? Sin embargo, lo que haré no será un juego frívolo, divertido y parcial con el teatro, sino todo lo contrario, algo total y serio, una totalidad dramática o un drama total. No se trata solo de describir los mecanismos internos de la representación escénica, las decoraciones, las luces, el maquillaje, o la actuación de los actores... Todo eso es muy interesante, sin duda, porque hay muchas personas que sienten la curiosidad de conocer el teatro en su interior, pero no se trata solo de eso... Será algo de mayor alcance e importancia... si se quiere más grave y profundo... Voy a sacar también de este sombrero, cosas de la vida, o más exactamente la vida misma... pero no os angustiéis, sacaré solo lo que la vida contiene, lo mismo el dolor que la alegría, lo bueno que lo malo, todo con exquisita fidelidad. Damas y caballeros... con magia limpia y sin viejos trucos de teatro sacaré de aquí, en primer lugar, el edificio del teatro... Vemos sus paredes... Hay butacas y el escenario... De lo alto pende el telón. (Las luces de la sala se apagan. Las del escenario se prenden. El ACTOR vuelve los ojos al escenario. No hay nada ni nadie en él, pero justo en el instante empiezan a entrar los tramoyistas con bastidores, útiles, etc. Y quizá alguna silla, banco, etc.) ACTOR (Mete la mano en el sombrero.) Del sombrero saco ahora... los tramoyistas, las decoraciones, los útiles, etc. (Va al interior del escenario.) Esto es lo que llamamos el espacio escénico, el área donde los actores sufren, padecen el drama... (Se vuelve al fondo.) Podéis ver en esta ocasión hasta el fondo del teatro, nada lo impide, pero no es usual. Lo hemos hecho así intencionalmente... Como Uds. saben todo este trabajo de la tramoya se hace a telón caído, oculto al público, pero hoy no hemos bajado el telón, para que Uds. vean como se organizan y colocan las decoraciones, los muebles y los útiles, en fin como se hace la puesta en escena... Con eso se arregla el sitio del drama, dejando espacios para entrar y salir los actores... (Yendo a los laterales) Si dejáramos estos lados abiertos, la vista de los espectadores pasaría al

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través, y el público vería todo lo que está tras los bastidores, o sea, el movimiento de los empleados del teatro y el de los actores cuando entran y salen después de cada escena... Para evitar eso, esa mezcla de realidad e irrealidad, de vida y teatro, se colocan en cada lado decoraciones lo suficientemente largas, que permiten cubrir todo el espacio escénico por donde las miradas del espectador pudieran pasar al fondo... Esto es con arreglo a la tradición, a la convención general... Como el teatro que esta noche hacemos es, al contrario, una mezcla de lo real y de lo irreal, vamos a cubrir el espacio escénico solo parcialmente, dejando intencionalmente algunos espacios libres de cada lado para que Uds. puedan ver al mismo tiempo lo que está allá, en el interior del escenario, puesto que esto forma parte de la representación... (Vuelve los ojos arriba.) Arriba tenemos unas líneas de luces que llamamos “diablas” y otras abajo que llamamos “candilejas”. Con estas luces y los reflectores que están a ambos lados de la escena se nos facilita iluminarlo todo aquí adentro de muy diversas maneras según la situación. (Vuelve a la tarima.) Meteré de nuevo la mano en el sombrero de copa y sacaré otra cosa más, acaso la más importante del teatro: los espectadores... los espectadores, cada uno con sus conflictos personales, con sus preocupaciones y angustias, con sus vidas que tratan de olvidar aquí, pero que al menor descuido retornan a sus mentes... Si fuera posible poner en juego y al exterior todo cuanto los espectadores poseen como material dramático, les aseguro que el acto teatral se enriquecería de modo incalculable, de manera estupenda y jamás prevista... Pero no puedo hacerlo. Tan solo sacaré del sombrero alguna que otra muestra de esa maravillosa realidad que son los espectadores... En la penúltima fila está una señora que se prepara para viajar en un delicioso crucero por varios países... Podemos presumir fácilmente su estado de ánimo en estos momentos... En el centro de la sala se halla un señor que debe una fuerte suma, con un giro a punto de vencimiento... Su situación como espectador cabe ser muy diferente al de la señora... Y en otra fila, en la décima, hay otra señora de más edad que espera ser abuela en estos mismos días... ¿Sentirá acaso lo mismo que los otros espectadores? ... Es lamentable, muy lamentable, que ni aun con la magia del sombrero y la varita pueda yo hacer que estos espectadores expresen ellos mismos lo que sienten. En apariencia, ya tenemos todo lo que hay en el teatro: el edificio, el escenario, las butacas, los tramoyistas, las decoraciones, los espectadores... Pero no, aún falta otra cosa muy importante: la representación escénica no ocurre en el país de Utopía... Ocurre en un lugar concreto, en una ciudad, en este sitio donde nosotros vivimos... Voy a sacar con igual método algunas muestras de la ciudad... (Por los altavoces, ruido de carros) Este es su infatigable tráfico...

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(Ruido de aviones) Sus aviones... (Música de radio) Sus estridentes radios... (Pitos de agentes de tráfico)... Sus implacables pitos... (Vendedores de loterías y periódicos) Sus vendedores de lotería... sus vendedores de periódicos... (Uno de los tramoyistas había ido adentro y conseguido un periódico de la tarde. En este momento se le acerca al ACTOR y le entrega el periódico nuevecito y doblado.) ACTOR (Advierte que el tramoyista le ha traído el periódico.) Ah! ¡Qué casualidad! Ha llegado el periódico... Gracias. (Lo abre y busca la página de noticias locales.) (Lee una exactamente como aparece en el periódico.) Esto ocurrió hoy... Esta noticia ocupa en este momento la atención de miles de nuestros compatriotas... Y en este momento también puede la vida estar fabricando otro hecho semejante que mañana leeremos todos en los periódicos... Es algo muy dramático, pero inevitable: el drama teatral está rodeado, influido, por los dramas de nuestras propias vidas en toda la ciudad. Justo a causa de eso, la gente viene a este sitio. Es la convención fundamental del teatro. La gente viene al teatro a olvidar, a evadirse de sus propios problemas, a huir de sus vidas, porque estas les resultan desagradables, agobiadoras, deprimentes y, a veces, hasta despreciables. ¡La vida! ¡Nuestra vida!... No somos capaces de hacerla poética, no tenemos el valor de crearla, de enriquecerla y embellecerla y nuestra debilidad nos guía a recurrir a un autor y a unos actores para que hagan por nosotros lo que nosotros no somos capaces de hacer. Esto es lo que ocurre siempre en el teatro... lo que ocurre siempre... menos hoy, menos esta noche... Aquí hemos venido todos a hacerle frente

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a la vida, a sus problemas, a embellecerla, a no dejarnos abatir por ella... Nosotros, los actores, poniendo al descubierto la interioridad del teatro, y Uds. dando con su presencia un mentís a la inercia, a la apatía humana, reunidos para combatir y reducir al mínimo los problemas humanos. El teatro es, pues, un vaporizador, o una toma de responsabilidad o de conciencia, como en esta ocasión. Damas y caballeros... Con toda intención dramática he dejado para lo último sacar del sombrero de copas a los actores, a los protagonistas del drama. (Las dos ACTRICES comienzan a entrar a escena. El ACTOR camina hacia ellas y los tres, en el centro, se colocan en el proscenio.) Nosotros, respetable público, somos los tres sufrientes del drama más insólito e irracional que hemos representado nunca. Nosotros somos los personajes - ¿por qué repetir personajes? – las personas, victimas, sí señores, victimas del antojo más estrafalario y caprichoso de un autor en busca de originalidad. El asunto del drama es nuestro asunto, nuestra propia intimidad. Cada uno de los asistentes esta noche tiene su propia intimidad bien guardada y encerradita dentro de sí mismo. La nuestra viene aquí, traída porque sí a la boca de este escenario, que es un sitio de publicidad, un sitio público. ¿Pueden Uds. comprender, medir, lo que esto significa para cualquier ser humano? Piense cada uno de Uds. lo que significaría subir al palco escénico, a decir, a vivir los percances de su intimidad, de su vida, para que el público se distraiga, se evada de sí mismo. ¿No es esto cruel y hasta sádico? Pues así es señores. Esta señora actriz es mi esposa... Esta joven es mi discípula, la he formado yo en el teatro. A ambas las quiero de singular manera. Han trabajado mucho conmigo sobre el escenario, y ahora las tengo que ver sufrir también junto conmigo aquí, en este sitio donde hemos hecho gozar a tanta gente, y donde nosotros hemos obtenido nuestros más grandes triunfos, donde fuimos otras veces tan felices. ¿No es esto demasiado irracional? JOVEN (Desde el público) Señor, ahora se me ocurre hacerle mi primera pregunta. ACTOR Muy bien, muy bien. Seguramente que algo se me olvidó aclarar.

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JOVEN Sí, señor, y muy importante. ¿Por qué han tenido Uds. que aceptar tomar parte en una representación así? ¿Quién o qué los ha obligado a hacerlo? ACTOR ¡Ah, joven amigo! ¿Por qué hace uno tantas veces en la vida cosas ilógicas, irregulares, y aun corriendo riesgos innecesarios? Lo hace por amistad, por curiosidad, por mal entendida vergüenza, por no ser sustituido por otro, por no aparecer cobarde, o porque no puede calcular al pronto el riesgo, por eso lo hace, y por eso lo hicimos nosotros. Solo cuando se está ante el público se comienza a reconocer el serio compromiso que es dar su propia intimidad. Pero he de explicarle algo más concreto. El autor escribió unas escenas de una obra con un argumento muy parecido a nuestra propia vida y no por simple casualidad, sino porque él conocía parte de nuestra vida y le pareció muy interesante que nosotros mismos representáramos esas escenas, que después de todo no eran exactamente nuestra vida, sino algo parecido... Si hubiésemos hecho eso, nada más que eso, todo habría salido bien y con general alegría, pero ocurrió que en los ensayos, al tratar de analizar y poner en claro lo que como personajes nos tocaba decir y hacer, los tres − ellas dos y yo, y esto sí fue nuestra culpa − empezamos a recordar detalles de nuestra vida, a descubrirlos, a exponerlos, a discutirlos, y el autor − que estaba presente – le parecieron tan interesantes todas nuestras cosas privadas, que decidió incluirlas – no en la obra, sino en el acto donde la obra iba a hacerse, por separado pero como formando parte en conjunto con el drama ya escrito, y como íbamos a decirle que no, si él es un autor de nuestro mayor aprecio y amigo de muchos años. Además, la experiencia, de pronto, nos atrajo, nos pareció subyugante. JOVEN Entiendo. Gracias. ACTOR Y ahora, respetable público, ya estamos en esto, en este trance irrevocable, y cada segundo que pasa es como una hora de nuestra vida de que el título de la obra habla. Dios quiera que todo salga bien, y con el menor sufrimiento posible. Pero aun permítanme otras palabras más, las últimas antes de entrar en nuestra intimidad – que ya estarán Uds. cansados de oírme dar tantas explicaciones acerca de un drama. Las últimas palabras son estas: Todo lo que a nosotros nos aconteció en el

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pasado, en el pasado se había quedado. Nuestra vida cotidiana era como un canal donde se recaudaba el esfuerzo, el forcejeo de nuestra existencia. Solo estos inverosímiles ensayos pudieron revivir cosas que habían perdido su valor, y que si existían era solo a causa de esta facultad de recordar, que a veces toma cara de conciencia en todos los hombres. Y ahora vamos a lo nuestro. (Las ACTRICES salen del escenario.) ACTOR (Sube a la tarima, toma el sombreo y la varita, y se dirige al público.) Damas y caballeros... del sombrero de copa saco ahora, también mágicamente, la más desconcertante, la nunca vista personificación de una intimidad. (Obscuridad absoluta) (Cuando el telón se levanta no hay nada ni nadie en la escena. Poco después, entran el ACTOR, la ACTRIZ JOVEN y la ACTRIZ MAYOR. Simultáneamente, entran los utileros con una mesa y tres sillas. Colocan la mesa en el centro escénico, al fondo. Una silla la colocan detrás del escritorio y las otras al descuido, cerca del escritorio. Cuando las sillas son colocadas, el ACTOR va a ocupar la suya detrás del escritorio y las ACTRICES las otras dos. La más cercana al escritorio la ocupa la ACTRIZ MAYOR, la otra, la ACTRIZ JOVEN. Todo esto se ejecuta mientras el ACTOR y las ACTRICES conversan, y sin que sea preciso interrumpir la conversación, salvo alguna que otra pausa natural. El proceso de la puesta en escena continúa. Los tramoyistas entran con bastidores y se dedican a armar la escena hasta el último detalle. Cuando todo está listo, los tramoyistas y utileros salen, y las luces especiales previstas para dicha oficina son prendidas.) ACTRIZ MAYOR Esto está bien, me parece muy buena idea de que los muebles, los útiles, la decoración y las luces se organicen a la vista del público. Es solo un cambio material en el proceso escénico, pero lo otro... lo otro no he podido aún digerirlo, me parece algo irritante y de resultado imprevisibles.

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ACTRIZ JOVEN Esto de que el autor nos haga repetir ante el público, escrito por él, por supuesto, todo cuanto dijimos en los ensayos, todas nuestras protestas, nuestros desacuerdos, y también las cosas íntimas, nuestras, me sigue pareciendo insoportable. ACTOR Sí, yo estoy de acuerdo con Uds., totalmente de acuerdo. Yo mismo he criticado esto, lo he reprobado. Junto con Uds. expliqué, aconsejé, a veces lo encaré al autor. Todos, Uds. saben, hasta le suplicamos que no pusiera lo nuestro en esta función, pero él al fin nos convenció, al menos lo suficiente para que llegáramos hasta este momento. ACTRIZ MAYOR Es cierto. ACTRIZ JOVEN Así fue. ACTOR Y ahora solo nos queda analizar esta situación, y ver que hacemos, como salimos, con esta carga de nuestra intimidad, de nuestra vida, repetida ante el público una vez más, y que es ya la décima o décima quinta vez que lo hacemos. Y ahora sin remedio posible, porque estamos en la inminencia de una realidad vital y escénica. ACTRIZ MAYOR Lo que yo considero más importante, el argumento más irrebatible en este asunto, es el siguiente: Por una causa u otra, por la razón cualquiera que sea, ya para esta época, para esta fecha de la representación escénica, tenemos arreglada nuestra vida de una manera, la tenemos en un orden, metida en esta rutina. Todo, absolutamente todo lo que fuimos e hicimos en el pasado, en el pasado se quedó, y ya no nos interesa. Y si no nos interesa a nosotros, porque no es nuestra presente realidad, ¿por qué hemos de llevarlo al público, como si con hacer eso le estuviéramos dando algún valor?

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ACTRIZ JOVEN Bueno, hay un punto que no es enteramente así, al menos para mí: él de mi marido. Ya no es tanto como entonces, pero sigue en cierta medida latente, susceptible de ser revivido por cualquier hecho. ACTOR Sí, creo que eso justamente fue lo que el autor pensó y lo que lo decidió a no dejarse convencer por nuestros argumentos. ACTRIZ MAYOR De todas las cosas de aquel pasado es la única que puede todavía ser analizada, discutida y aun vivida, como si fuera actual. ACTOR El asunto es que ese hecho – el de tu marido – se volvió el eje de la vida de los tres, y al considerarse vivo, aunque sea parcialmente, afecta nuestra realidad y vivifica todo nuestro pasado. Es algo increíble, pero es así. ACTRIZ MAYOR Entonces, ¿el autor tiene la razón? Entonces, ¿los tres tenemos que estar a expensas de una persona ausente, que se fue del modo que se fue? ACTRIZ JOVEN Que se fue y no se fue, porque aún es mi marido, está casado conmigo. ACTRIZ MAYOR Supongo que no querrás decir que esperas que vuelva, no por nosotros, quiero decir, sino por ti, por ti misma. ACTRIZ JOVEN No quiero ya que vuelva, no me interesa que vuelva, pero si volviera, comprenderán Uds. que este sería un hecho que afectaría nuestra realidad, nuestra vida, porque, ahí está el asunto, sabemos por qué se fue, pero no sabemos, si vuelve, por qué vuelve.

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ACTOR Nosotros no sabemos a ciencia cierta por qué se fue, eso lo sabrás tú, si es que lo sabes. Siempre lo has guardado en secreto, para ti sola. ACTRIZ JOVEN Eso no interesa. El hecho es que se fue. ACTRIZ MAYOR Respetamos tu secreto. Es cosa entre marido y mujer, algo muy íntimo. ACTOR Así es. ACTRIZ JOVEN Lo más duro, lo insufrible en este caso no son los hechos, son los recuerdos, las imágenes, las reminiscencias del pasado. Esto es lo que nos oprime, a mí y a Uds., lo que suscita nuestras angustias en esta ocasión, porque el problema para nosotros no es mi marido, ni yo, ni Uds., sino esta cantidad de cosas que hemos tenido que recordar y que representar en este momento, como lo hicimos en los ensayos. ACTOR Yo hago, a veces, el esfuerzo de encontrar lo interesante de esta experiencia teatral y lo único que he hallado es que todas esas experiencias nuestras, que no queríamos representar pero que ya tenemos que hacerlo, irán surgiendo con las decoraciones, en el cambio de las decoraciones, así como se hizo realidad esta oficina del teatro. Como si el ambiente natural de la vida se moviera al compás de las imágenes que aparecen en nuestra mente y que nos obligan a actuar. ACTRIZ MAYOR Tú solo lo miras con el optimismo de la vocación teatral, pero nosotras, mujeres al fin, solo sentimos la realidad que está en el interior de todo esto.

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ACTRIZ JOVEN Y que la sentimos vivamente, en todo momento hiriéndonos por dentro. ACTOR Es cierto. Uds. las mujeres tienen el don o el defecto de guardar en la memoria, como en un libro de historia, los detalles más baladíes de la vida propia y de la ajena. ACTRIZ MAYOR En este caso, en lo nuestro, no sé cuáles son los detalles baladíes. Está bien que ya son el pasado y no interesan ahora, pero esto no quiere decir que hayan sido ínfimos en su momento. (Los tramoyistas comienzan a desarmar la escena y con los mismos bastidores arreglan otra, de carácter doméstico.) ¿Era ínfima por ejemplo aquella época cuando nosotros comenzábamos a trabajar en el teatro, y algunos meses después tú la conociste a ella, y comenzaste a enseñarla y a interesarla en nuestra profesión?... ¿No fue importante en nuestra vida? Si no era así, ¿cómo empleabas tantas horas, tanto esfuerzo y tanto entusiasmo en vivirla?... ¿Cómo te empleabas a enseñarnos hasta altas horas de la noche, a mí y a ella, nuestros papeles? Y para poderlo hacer y no dormirte ni desmayar, bebías taza sobre taza de café que te preparábamos las dos. ACTRIZ JOVEN (Emotiva) Sí, era una etapa deliciosa, tan duramente deliciosa. Es el mejor recuerdo que conservo. Con tantas dificultades e imposibilidades que teníamos es mi mejor recuerdo. Teníamos que corregir y repetir y repetir y luchar por memorizar el papel... luchar con nuestra pobre memoria para que se hiciera, para tenerla entrenada al grado necesario... para tenerla lista, preparada... ¡Quién iba a decirlo! Para que ahora nos sirviera para esto, para recordar cosas igualmente duras, pero nada agradables. ACTOR Estos recuerdos de aquella época, tú misma lo has dicho, son agradables.

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ACTRIZ JOVEN (Triste) Sí. ACTRIZ MAYOR Ella se refiere a lo otro... a lo que vino después... ACTOR Después... los tres hicimos juntos muchas obras y tuvimos éxitos. ACTRIZ JOVEN Y después... ACTOR Bueno... después... lo que vino no fue culpa del teatro. ACTRIZ MAYOR En parte sí. ACTOR ¡Fue culpa del cochino dinero!... ¿Cómo íbamos a continuar en el teatro si ya no podíamos subsistir... si yo tenía tantas deudas que no podía pagar y nos faltaron oportunidades para trabajar? ACTRIZ JOVEN Yo me quede por algún tiempo más en el teatro. ACTOR Sí, después que yo entré al negocio de publicidad. ACTRIZ MAYOR Y luego ella se casó y dejó también el teatro.

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ACTRIZ JOVEN Lo dejé porque a mi marido no le gustaba... Él era oficinista. ACTOR Solo un oficinista... Eso no era inconveniente para que le gustara el teatro. ACTRIZ MAYOR El hecho era que no le gustaba. ACTRIZ JOVEN Sí... y nos fuimos a vivir, como era natural, por nuestra cuenta, algo lejos de Uds. ACTOR Y casi no nos veíamos. ACTRIZ JOVEN Así es. ACTRIZ MAYOR Y un día supimos que tu marido había perdido el puesto. ACTOR Por mala suerte o por su mal carácter, que sé yo. ACTRIZ MAYOR Por lo que sea. ACTOR Y mi mujer y yo decidimos que Uds. fueran a vivir con nosotros, a nuestro apartamento, mientras tu marido capeaba la situación y encontraba trabajo.

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ACTRIZ JOVEN Lo que aún les agradezco mucho. ACTRIZ MAYOR Hablamos de eso ahora por pura necesidad. ACTOR Y un día, el menos pensado, al llegar a casa me encontré con la noticia de que tu marido había resuelto irse, dejarte, y que en efecto se había ido. ACTRIZ JOVEN Sí, y de ahí en adelante quedé sola... con Uds. que me ayudaron a seguir subsistiendo. ACTRIZ MAYOR Era lo natural. ACTRIZ JOVEN Yo fui, pues, una testigo muy singular dentro de la casa de Uds., no solo de la vida de mi marido y mía, sino de la vida de Uds. ACTOR Y lo has sido hasta hoy. ACTRIZ MAYOR Pero no sé por qué dices que eras una testigo. Tú fuiste y eres una parte de nuestra vida, un personaje muy real en nuestra existencia. ACTRIZ JOVEN Sí, tan real y tan inquietante como lo eran los fantasmas de Don Juan Tenorio, y los de todas aquellas obras donde aparecen fantasmas. Al menos mi papel de mujer inquietante no he dejado de hacerlo nunca hasta hoy, hasta este momento.

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ACTRIZ MAYOR Bueno, hasta cierto punto tienes razón. En este momento luces como el centro de todos los sucesos que recordamos. ACTRIZ JOVEN Contra toda mi voluntad. ACTOR Bueno, si seguimos desmenuzando cosas no vamos a llegar nunca al final de todo esto... Recuerdo que estaban Uds. discutiendo con motivo de no sé qué... ¡Ah!... sí... y que yo salía y como despedida les puse cariñosamente la mano a cada una sobre la cabeza... (Saliendo, les coloca la mano como ha dicho.) (Cambio de ambiente) ACTRIZ MAYOR Así siempre... a las dos... todo igual a las dos, como repartido métricamente. ACTRIZ JOVEN No somos lo mismo para él, sin embargo. ACTRIZ MAYOR Yo lo sé. No somos lo mismo. Pero si en nuestra casa en lugar de dos, tú y yo, hubiésemos vivido tres o cuatro mujeres, él nos habría dado al entrar o al salir, como ahora, un toque a cada una en la cabeza, igualmente, y así en otras cosas. ACTRIZ JOVEN ¿Tenía esto algún valor, algún significado, como para que valga la pena volver a recordarlo, revivirlo o discutirlo? ACTRIZ MAYOR Ninguna de las dos sabíamos que significaban esa pequeñas cosas iguales para la otra, porque al igualarnos, algo inédito, algo personal, quedaba encubierto, irrealizado, si no para nosotras, para cualquiera otra.

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ACTRIZ JOVEN Para mí no eran, no podían ser. ACTRIZ MAYOR (Bajo) Para mí tampoco. Pero como podíamos saberlo la una y la otra si en muchas ocasiones estaba cada una a solas con él, o él estaba a solas con otra u otras que no éramos ninguna de las dos. ACTRIZ JOVEN (Agobiada) ¡Oh! Jamás habíamos hablado de eso. ACTRIZ MAYOR Si fuera eso solo lo que ha salido a luz del fondo de nuestra memoria. (El ACTOR había regresado, sin el frac, con palto común. Se había puesto a oír de pie, a cierta distancia de la escena, visible al público. Entra.) ACTOR Yo creo que en ese asunto las dos tienen la razón... Para ella (la ACTRIZ JOVEN), ¿qué podían significar esas cosas? ¿Vale la pena recordarlas? Y para ti, como mi esposa, era una situación personal y tenían su valor. ACTRIZ MAYOR ¿Y para ti? ACTOR Bueno... era solo mi carácter, mi modo de ser... no existían. Y sin embargo... ACTRIZ JOVEN ¿Y sin embargo qué?

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ACTOR Si hay algo de interés, de verdadero interés, tenemos que aclararlo... ACTRIZ MAYOR Sea como fuera, éramos dos mujeres... Vivíamos los tres bajo el mismo techo... ACTOR Todos de acuerdo. ACTRIZ JOVEN Sí, de acuerdo. Y porque Uds. lo consintieron, lo desearon. ACTRIZ MAYOR Las dos éramos interesantes para ti... Yo era la esposa, aún lo soy, y ella era tu discípula, de cierto modo tu protegida... Pero por encima de todo, éramos dos mujeres. No importa los derechos personales. Las dos teníamos interés en ti, en tus actos, en tu vida... Yo podía renovarme o no cada día en tu afecto, ella... más joven que yo, podía llegar a interesarse en ti. ACTRIZ JOVEN No lo hice. Nunca tuve ese interés. ACTRIZ MAYOR Yo no podía saber lo tuyo, ni tú podías saber lo mío, qué efecto en las dos podía causar su carácter, su modo de ser. ACTOR Aún no entiendo muy bien el fondo del asunto. ACTRIZ MAYOR Ya lo he explicado. Si las dos éramos para ti iguales, si nos tratabas del mismo modo igualándonos, no podíamos, nos era imposible saber, cuáles eran tus reales sentimientos. Estábamos las dos sumidas en una diaria y

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desconcertante incertidumbre respecto de ti, y así en efecto y por eso esa situación a mí me hizo algo infeliz, y creo que a ella también, aunque ella piense que no vale ya la pena. ACTOR No, no vale la pena. Hemos vivido varios años juntos... y hemos podido convivir. ACTRIZ MAYOR Por eso nos ha dolido y hemos protestado que para montar una obra todas estas cosas hayan venido a agitar nuestros sentimientos, aquietados como estaban por la rutina de nuestro trabajo. ACTOR Bueno, dije que no valía la pena para lo nuestro, para nosotros, pero para el teatro sí, y ahora se trata del teatro. ACTRIZ MAYOR Y de nuestra vida al mismo tiempo, sin duda. (Cambio de ambiente) (El ACTOR está de pie, pronto a salir para el teatro. La ACTRIZ MAYOR está sentada.) ACTOR Lo siento. ACTRIZ MAYOR ¿Qué? ACTOR Que no tomes parte en la obra de esta noche. ACTRIZ MAYOR ¿Te haré falta?

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ACTOR Bueno, si no quieres ir al teatro, no vayas... Necesario, no es... Y el teatro, a pesar de todo lo que lo queremos, cansa. ACTRIZ MAYOR Es una consideración de tu parte, gracias... Creí que... ACTOR No, no... Allá nos arreglaremos. Siempre hay quien me ayude. ACTRIZ MAYOR Saldrás bien. ACTOR O mal, nunca se sabe. ACTRIZ MAYOR Si tienes confianza. ACTOR Tengo confianza en mí... como en ti. ACTRIZ MAYOR Ciertamente... estás tan poco conmigo, que si no fuera así... ACTOR No, no me refería a eso, me refería a tu trabajo en las escenas. Pero de todos modos valga lo dicho por ti... Si no fuera así no podría trabajar, sería imposible... Un hombre, un actor tiene que estar en sí, en su trabajo, aun cuando en mucho dependa de su mujer. ACTRIZ MAYOR Así es.

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ACTOR Bueno, hasta luego. (Le pone la mano en la cabeza.) ACTRIZ MAYOR Que salgas bien. ACTOR Espero... gracias. (Sale.) (Cambio de ambiente. Un pequeño bar y frente a este una mesita, al lado de la cual está sentada la ACTRIZ MAYOR. La ACTRIZ JOVEN se acerca y se sienta también. Hay una botella y vasos sobre la mesa.) ACTRIZ MAYOR ¿Por qué vienes tú también aquí?... ¿De qué huyes?... ¿De tu marido? ACTRIZ JOVEN No sé porque he venido... A veces me meto aquí, por costumbre. Lo único raro es que hayamos venido las dos al mismo tiempo. ACTRIZ MAYOR Es cierto, nunca venimos aquí las dos. ACTRIZ JOVEN Nunca. ACTRIZ MAYOR Vinimos a hacernos compañía. ACTRIZ JOVEN Tal vez... yo no tengo ya marido.

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ACTRIZ MAYOR El mío trabaja ahora solo, sin mí, desde que dejamos el teatro. (Silencio) Sabes, Josefina, nunca he podido entender la razón porque tu marido se fue. ACTRIZ JOVEN Quieres decir que nunca has encontrado razonable que se haya ido. ACTRIZ MAYOR Sí, tú eres una muchacha joven, atractiva. ACTRIZ JOVEN Te lo diré: se fue por causa de tu marido. ACTRIZ MAYOR (Ríe nerviosamente a carcajadas.) ¿Por mi marido?... ¿Se lo has dicho a él? ACTRIZ JOVEN No. ACTRIZ MAYOR ¿Por qué? ACTRIZ JOVEN Me da vergüenza, él nos recibió en su casa. ACTRIZ MAYOR Pero es algo tan tonto, ¿no te parece? ACTRIZ JOVEN Sí.

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ACTRIZ MAYOR Dime, ¿tú encuentras razonable la resolución de tu esposo? ACTRIZ JOVEN De cierto modo, sí. ACTRIZ MAYOR (Con más ímpetu) Josefina, ¿tú lo encuentras razonable? ¿Por qué lo encuentras razonable? ACTRIZ JOVEN ¿Qué idea tienes en tu mente? ACTRIZ MAYOR Ninguna. ACTRIZ JOVEN Voy a decirte porque me parece razonable. ACTRIZ MAYOR No, no me digas nada... He dicho que era una tontería... y lo creo así. ACTRIZ JOVEN Muy bien, gracias. ACTRIZ MAYOR Creo en ti. ACTRIZ JOVEN Y en tu marido. Es lo correcto. ACTRIZ MAYOR Sí, desde luego...hablemos de otra cosa... del teatro.

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ACTRIZ JOVEN Mi marido decía que a él no le gustaba el teatro por culpa de nosotros. ACTRIZ MAYOR ¿Por nosotros? ACTRIZ JOVEN Sí. ACTRIZ MAYOR ¿Qué quería decir?... ¿Qué nosotros te absorbíamos y te separábamos de él? ACTRIZ JOVEN No, que nosotros hacíamos muy mal el teatro. ACTRIZ MAYOR Bueno, eso quería decir al menos que él quería vernos trabajar bien. ACTRIZ JOVEN Entonces tú admites que trabajamos mal. ACTRIZ MAYOR Ahora no trabajamos ni bien ni mal. ACTRIZ JOVEN Creo que algún día volverán Uds. al teatro. ACTRIZ MAYOR ¿Y tú, no? ACTRIZ JOVEN No sé, mi vocación es más joven.

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ACTRIZ MAYOR Pero tan fuerte como la nuestra. (Poniéndose de pie) Vámonos. (La ACTRIZ JOVEN se pone también de pie, pero en el momento suena el teléfono que está en otro sitio de la escena. Las luces generales se prenden. Las dos se mueven hacia el teléfono.) ACTRIZ JOVEN ¿Lo atiendo yo? ACTRIZ MAYOR Sí, atiéndelo tú. ACTRIZ JOVEN ¡Aló!... Sí, es el teatro... el escenario del teatro... sí, sí, no me haga explicarle más... Ud. está muy nerviosa... ¿Qué es lo que pasa?... ¿Qué quiere? ... ¡Ah! Un momento... (A la ACTRIZ MAYOR) Es contigo. ACTRIZ MAYOR (Sorprendida) ¿Conmigo? ACTRIZ JOVEN Si, atiende rápido, es de urgencia. ACTRIZ MAYOR (Toma el teléfono.) ¿Sí?... ¿Qué pasa?... Sí, sí... Soy yo, di... ¿Cómo?... ¿En tu casa?... ¿Y llamaste a la policía?... Bueno... No, no podemos, estamos trabajando... Sí... en la obra, en el escenario... Estoy ahora ante el público... No puedo dejar esto así... ni mi marido tampoco... Veré si encuentro alguien que pueda ir... Sí, sí, adiós (Cuelga). ACTRIZ JOVEN ¿Qué pasa?

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ACTRIZ MAYOR Mi hermana... voy por mi marido. (Sale velozmente. La ACTRIZ JOVEN la sigue.) (Toda la gente que hay en ese momento en el trasfondo se alarma. Se ve que se acercan al sitio donde fue la ACTRIZ MAYOR, aceleradamente. La escena queda por unos instantes vacía. Música o ruidos especiales. Poco después los tramoyistas regresan para organizar la escena para el primer cuadro de la obra. Entre las cosas hay una televisión. Algo después entra el ACTOR en traje de mago, pero solo tiene el frac. El sombrero y la varita han quedado en la tarima. Sube a ella algo abatido, toma el sombrero, se lo coloca en las piernas después de sentarse en la silla, le da al sombrero unos golpecitos con la vara, antes de comenzar a hablar.) ACTOR Ahora tenemos que pagar impuestos por la intimidad, ya no es gratuita... libre... Hay que pagar algo por ella... por disfrutarla... El teléfono se coloca arteramente en nuestro oído y su hilo largo se enrosca sigilosamente a nuestro cuello y nos ahorca. Lo más íntimo de nuestra vida... El teléfono es un negro verdugo triturador de la psiquis... y el periódico... un insigne alarmista del hogar... y la radio... y la televisión, instalada en nuestra íntima comodidad para hacernos pagar el impuesto muelle de su propia y ruidosa intimidad... a costa de la nuestra... (Los tramoyistas habían prendido la televisión sobre el escenario y cuando esta comienza, el ACTOR añade...) ACTOR Hasta en el teatro... (Se queda viendo hacia la televisión tristemente, se pone de pie y sale.) (Obscuridad) (A poco, los tramoyistas y el electricista entran a hacer un ensayo de efectos de luz lo más cerca posible del proscenio. Algún rato después entra la ACTRIZ JOVEN. Se sienta en el sitio sobre el cual ha de caer más tarde el efecto de luz. Ella está muy pensativa. Poco después entra el maquillista y se dedica a retocar el maquillaje de la ACTRIZ JOVEN. El maquillista, el tramoyista y el electricista dejan la escena. La luz general se apaga, la individual cae sobre la ACTRIZ JOVEN. Un

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rato más, pensativa, antes de comenzar a hablar, escudriña en el público.) ACTRIZ JOVEN (Comienza lentamente.) Yo nunca he sido atormentada por las miradas de miles de espectadores... He trabajado en muchas obras de teatro, y jamás me he sentido agobiada por esos ojos que no se ven mirar... Hoy... dos... solo dos ojos, envueltos en esas tinieblas y de pronto descubiertos, serian suficientes para hacerme tartamudear o callar... Yo estoy acostumbrada a hacer obras clásicas, o piezas modernas que se trabajan como si fueran clásicas... Todo lo que uno tiene que decir está ya escrito con arreglo a un argumento, a un tema universal... Uno es un personaje, un ser extraño, que en nada se parece a sí mismo... Todo lo que uno haga o diga, lo bueno o lo malo, lo moral o lo inmoral, lo hace y lo dice el personaje, y se sabe por qué lo hace, porque la razón está clara para el público desde el primer momento, desde las primeras escenas... Todo está bien arreglado según un argumento, y el público espera que se vaya cumpliendo... Uno se siente en un mundo aparte, sin responsabilidad propia, excepto, por supuesto, que haga bien su papel para que le guste al público... Es delicioso y nada peligroso... Pero esto, esta nueva forma de actuar, de hacer la obra, de desempeñar el papel... Todo está hecho de tal modo que cada actor se siente como si su vida estuviese envuelta en todo cuanto dice, y lo está efectivamente, porque lo que tiene que decir es tan parecido, tan sacado de lo que a uno le sucede... que parece como si fuera más de la mitad de la vida de uno... con las mismas cosas, con las mismas preocupaciones, tan idénticas, que muchas cosas personales van apareciendo y como atrayendo el peligro que en la vida esas cosas tienen para uno... En el teatro que siempre hacemos, nada de lo que uno diga, sea lo que sea, tiene ningún peligro personal... Por muy real que sea la obra, nunca lo es tanto como para que nadie piense que se trata de lo que a uno mismo le pasa en la vida... La vida del actor o de la actriz no cuenta... (Mira de nuevo tratando de encontrar los ojos del marido en el público.)... Hace tiempo que no lo veo... hace tiempo que no viene a casa... aun cuando sea para molestarme con sus impertinencias... Yo no sé si cuando me anuncian en una representación él viene al teatro o no, ni me importa, porque en las obras que hacemos siempre soy un personaje inconfundible, y así no puede pensar que lo que diga tenga alguna relación o aluda en ninguna forma a él, o algo en relación con él... Mis compañeros dicen que él no viene nunca al teatro porque no le gusta, porque lo detesta... y esto es lo que me da seguridad, alguna seguridad... Él es duro, inflexible, no me lo perdonaría... Esta obra atrae el peligro de mi vida.

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(Se da vuelta y se dirige al interior del escenario. De pronto se detiene y da media vuelta, perfil al público.) (Cambio de ambiente) ACTRIZ JOVEN ¡No!... Por favor no digas más eso... no lo repitas tanto... yo quiero solo explicarte... ¡No!... otra vez... Jamás te has detenido un instante a oírme. Óyeme ahora, una vez... ¡No! ... ¡otra vez, no!... Si uno quiere decir algo y no la oyen, ¿cómo puede entenderse?... No, no lo digas... No te estoy pidiendo ahora nada... Solo te digo que es imposible. Eres demasiado inflexible para una mujer... Habla... di algo que no sea un simple: ¡no!... Si supieras que nada te he hecho... comprendes... quieres oírme ahora... ¡No! ¡No! ¡No!... Está bien, te irás y será la última palabra tuya es mis oídos, la recordaré siempre: ¡No! ¡No!... Vete... para siempre. (Cae al suelo llorando.) ACTRIZ MAYOR (Entra a ayudarla.) ¿Qué te pasa?... ¿Qué te ha sucedido? (La ACTRIZ JOVEN sigue llorando y luego calla.) Levántate... (La ACTRIZ JOVEN se levanta.)... No lo recuerdes más... Sácalo de tu mente... No vale la pena... Vamos, vamos para adentro. (Salen.) (Los tramoyistas traen una tarima y sobre ella comienzan a poner escena.) (Entrando a escena el ACTOR y la ACTRIZ MAYOR) ACTRIZ MAYOR (Tono violento) Esto no puede continuar así. Es preciso comenzar la obra... terminarla y que nos vayamos de una vez fuera del teatro. ACTOR ¿Qué pasa?

ACTRIZ MAYOR

Esta muchacha está insufrible... lo peor es haberle puesto en el reparto de esta obra.

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ACTOR Ya sabes que no tenemos otra actriz joven. ACTRIZ MAYOR Habernos opuesto firmemente a esta experiencia de teatro. ACTOR ¡Bah!... Todo el mundo sabe, hasta el público, lo que nos sucede hoy a los actores. ACTRIZ MAYOR La presencia del público influye en ella de una manera que no había sido prevista, extrema ya demasiado su situación personal. Dice cosas de su vida, de nuestra vida, reales, aparentemente tan veraces, que uno no puede permanecer a su lado sin exasperarse, sin estallar y aun sin dudar de sí misma. ACTOR ¿Y qué es lo que dice? ACTRIZ MAYOR Comienza a hablar de cada cosa, de lo de su marido, de lo de nosotros, de esa historia ya olvidada por lejana... y lo hace de una manera, con una visión tan nueva y extraña, tan sensible, que parece como si las cosas, como ella las ve ahora, se volvieran vivas y nuevas, de otro modo presentes, demasiado inquietantes y dañinas... Créeme que si la obra no comienza de inmediato, no sé lo que pueda ocurrirnos de nuevo a los tres, como en el pasado, peor que entonces. ACTOR No van ahora a ponerme a mi nervioso... Vamos a comenzar, vamos a comenzar. (La ACTRIZ MAYOR sale de la escena. El ACTOR un poco afectado por lo que ha oído da una corta vuelta nervioso por la escena, mira la escena, y sale también. Hay una pausa. La ACTRIZ JOVEN se ve

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venir desde el fondo hacia un lateral. Se detiene tras un bastidor para ver y oír la escena entre el ACTOR y la ACTRIZ MAYOR.) (Este es el primer cuadro de la obra. En el área respectiva se encuentra la ACTRIZ MAYOR en su nuevo papel de DELIA. Está risueña, feliz. Espera al marido que llega siempre puntual. Se pone de pie, inquieta. Va al fondo, mira hacia el exterior. Vuelve a sentarse. Siente al fin los pasos del marido. Corre a la puerta. El ACTOR en su papel de CHARLIE, el marido de DELIA, entra. Ella se arroja en sus brazos. Él está medianamente cansado, pero normalmente sonriente.) DELIA ¿Qué te pasó? CHARLIE Nada... (Se sientan juntos y amorosamente)... Me retardé bastante, ¿verdad? ... pero, mi amor, ¿estás ahora feliz? DELIA Siempre después que llegas... pero hoy... CHARLIE ¿Hoy qué? DELIA No sé, no sé... ¿Vas a decirme algo nuevo?... Si vas a decírmelo... entonces eso es. CHARLIE (Se ríe complacido.) Eres tremenda. DELIA ¿Qué es? Dímelo... tú eres bueno.

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CHARLIE ¿Bueno? DELIA Si, conmigo eres magnífico... Te quiero, Charlie. CHARLIE Y yo a ti. (Pausa. Se miran amorosamente.) Es un juego sucio, Delia. DELIA ¿El amor? CHARLIE No, lo que ahora me han propuesto, lo que me propusieron antes de venir... es un juego sucio. DELIA Si es un juego sucio, no lo aceptes. CHARLIE Todo venía tan bien...Habíamos conseguido lo que deseábamos, una vida normal, estable. DELIA Conseguirás otra cosa. CHARLIE No es fácil. DELIA ¡Bueno!... No seas pesimista... Vamos ahora a comer y luego, con calma, explicándome todo, seguramente que hallaras la solución. Vamos, mi amor.

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CHARLIE Sí, vamos a comer. (Se toman del brazo y salen. La ACTRIZ JOVEN entra al área escénica, pero hacia el proscenio y se dirige al público.) ACTRIZ JOVEN Como a esos los conocí... La situación era diferente... Las palabras eran otras, pero en el fondo significaban lo mismo. ¡Qué buena mujer!... ¡Qué buen hombre!... Sabían quererse, comprenderse... Y como ahora son ellos, ellos los que personifican a Delia y a Charlie, estos personajes son ellos, ellos mismos ante mis ojos... Los veo en su vida, en nuestra vida, como yo entré a ella... Si ellos, no Delia y Charlie, sino estos que conmigo trabajan ahora no hubieran cambiado, si hubieran seguido siendo como eran, como yo los encontré y los conocí por primera vez: tiernos, afectuosos, leales entre sí, todo hubiera salido a perfección, y tal vez mi marido hubiese sido distinto... Cuando veo estas escenas, que tanto me recuerdan, pienso una cosa... loca desde luego... que si ellos y yo pudiéramos ser de nuevo y vivir de nuevo lo que fuimos y vivimos por un tiempo, lo que éramos y en nuestro interior tenemos que ser todavía, el solo vivirlo plenamente, aun como una escena de teatro, pero con toda sinceridad, bastaría para que mi marido, si está en el teatro, suba la escalerilla y tome su puesto, el puesto de hombre afectuoso y comprensivo que yo soñé que iba a ser toda mi vida, pero esto, desde luego, no es sino otro sueño, porque la gente cambia inexorablemente. (El ACTOR y la ACTRIZ MAYOR están en el fondo porque han entrado a mitad del monólogo.) ACTOR A tu marido no le interesa el teatro. ACTRIZ JOVEN Pero le interesa su vida, supongo. ACTOR Tal vez.

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ACTRIZ JOVEN Al principio éramos todos tan felices... porque como en la obra, ajustábamos nuestra vida a nuestros recursos, y éramos todos buenos, sencillos... Vivíamos en armonía. ACTOR Tu marido tenía un carácter duro, rígido, inflexible, y con ello te hacía sufrir en silencio, te acomplejaba; imperceptiblemente, día a día, te inutilizaba. A mí no se me escapaba la obra destructiva que su carácter llevaba a cabo en una joven personalidad que yo había formado. ACTRIZ JOVEN Yo tenía la compensación de oírte hablar, de recordar y explicar nuestros comunes ensueños de teatro no realizados, frustrados por la necesidad de vivir... Y esto aliviaba mi existencia, me la hacía llevadera. ACTRIZ MAYOR A mí me toco ser comprensiva, compartiendo un idilio espiritual que a veces me colocaba en segundo plano. ACTRIZ JOVEN Sí, pero con la comprensión de cada uno, hasta de mi marido, y así hubiéramos podido seguir por largo tiempo, compartiendo nuestras alegrías y sufrimientos, pero...las cosas cambiaron... ACTOR ¿Qué las cosas cambiaron? ACTRIZ JOVEN Sí, por causas extrañas. ACTOR Yo no recuerdo que con Uds. hayamos cambiado nunca.

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ACTRIZ JOVEN Con nosotros no... Uds.... Uds. mismos cambiaron... la vida de Uds. ACTOR No entiendo, siempre hemos sido iguales. ACTRIZ MAYOR Yo sí la entiendo... Ella quiere decir que nuestra situación económica pasó de pronto a ser otra cuando entraste en el negocio de publicidad. ACTOR Ah! Sí... por supuesto. ¿Y eso qué tiene que ver? ACTRIZ JOVEN Que al dejar Uds. de llevar la vida que llevaban... tú especialmente... (Al ACTOR) ACTOR ¿Yo? ACTRIZ JOVEN Sí... tú... porque cambiaste por completo tu sistema de vida, cuando ganaste más dinero en tu nueva posición. ACTRIZ MAYOR Eso es cierto, no puedes negarlo, que cambiaste en muchas cosas. ACTOR Pero no con ella ni con su marido. ACTRIZ JOVEN Ya lo he reconocido, no con nosotros... pero al cambiar tú (al ACTOR) en tu nueva vida... no sé cómo decirlo... al volverte menos cuidadoso y

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atento con ella, con tu esposa, menos comprensivo, despreocupado, de los detalles y pequeñas responsabilidades a que estábamos acostumbrados en el hogar, mi marido comenzó a dudar de la corrección de tus actos para mi, y de los míos para ti, aun cuando estos eran los mismos de siempre... Y como él era un hombre colérico y de resoluciones rápidas, tomó finalmente e inconsultamente la decisión de irse, de separarse de mí, sin dar explicación de ninguna clase. ACTOR Y cuando miras lo que hacemos como personajes de la obra... ACTRIZ JOVEN Tan parecido a nuestra propia vida de entonces, porque están Uds.... Uds. mismos haciendo los papeles... ACTRIZ MAYOR Él como protagonista de todos los cambios que existieron y que no podemos negarlos, porque ocurrieron. ACTRIZ JOVEN No puedo evitar lo que ahora experimento y que, por desgracia, el autor nos ha impuesto que lo expresemos, con lo cual se remueve en mi mente y en mi espíritu, todo lo que de creado uno tiene como artista frente a una situación. ACTRIZ MAYOR Y esa situación, ese cambio nuestro que le sigue en semejanza a lo que hemos hecho ya en la escena, constituye la segunda etapa de nuestra vida, y es la que, para salir pronto de todo el asunto, tenemos que apresurarnos a dilucidar por completo, para que la obra pueda proseguir. ACTOR (Poniéndose de pie) Bien, voy a pedir que cambien las decoraciones.

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ACTRIZ MAYOR ¿Las decoraciones?... Se trata de lo nuestro, de lo mismo que venimos hablando desde hace un instante y basta con continuarlo hasta el fin. ACTOR Lo sé, lo sé... pero es una cosa, una historia que me avergüenza, porque aun cuando se trata de una etapa de mi vida transcurrida y superada, no deja por eso de haber sido mía y de sentirme culpable de ella... y puesto que la obra debe continuar, y es lo que más interesa, yo preferiría que en lugar de lo nuestro siga lo de los personajes, que tanto se le parece. ACTRIZ MAYOR Está bien... pero olvidas que la próxima escena de la obra tiene lugar en este mismo sitio... No hay cambios de decoraciones que hacer por ahora. ACTOR Ah! es cierto... Con tantas cosas que hemos mezclado sufro ya cierta desorientación. ACTRIZ MAYOR Es posible. (Se pone de pie y sale. La sigue la ACTRIZ JOVEN.) (El ACTOR las ve salir y hace lo mismo por otro lado de la escena.) (Hay un breve corte de la luz. La ACTRIZ MAYOR entra a escena en su papel de DELIA y se sienta con un trabajo manual en las manos. Las luces vuelven. El ACTOR, en su papel de CHARLIE, después de unos instantes entra algo amoscado, con visible disimulo. La ACTRIZ MAYOR no levanta la vista del trabajo que hace.) CHARLIE ¿Qué hay? (La ACTRIZ MAYOR no le contesta.)... ¿No me saludas? DELIA Hace seis días que no te veo.

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CHARLIE (Se ríe a carcajadas, cínicamente.) Seis horas, seis horas nada más. DELIA Bueno, otras veces han sido seis días. CHARLIE (Se sienta cerca de ella.) Es ilegal purgar dos veces el mismo delito. (Pone su mano sobre la de ella, pero DELIA no reacciona.)... Seis horas. DELIA Seis mujeres... ¿Cuál es la que prefieres? CHARLIE Cuéntalas al revés... (Silencio)... Seis, cinco, cuatro, tres, dos... la primera... (DELIA sonríe con esfuerzo mientras él se ríe a carcajadas.) ¡No seas tonta!... (Se pone de pie para quitarse el saco.) ¿No sientes calor? DELIA (Aún seria) Un poco. CHARLIE Voy a tomar algo. ¿No quieres un refresco? DELIA Acabo de tomar uno. CHARLIE ¡Ah! (Sale y regresa con un whiskey.)

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DELIA ¿Ese es un refresco? CHARLIE No dije que iba a tomar un refresco... ¿Para qué dejaste el whiskey a la vista si no querías que lo tomara? DELIA No tengo opinión. CHARLIE Sin embargo... sabes escoger un buen whiskey, este es maravilloso... (Bebe.) Gracias... (Bebe.) Gracias a mi mujer. DELIA ¿Sí? CHARLIE Sabes, he estado discutiendo por varias horas seguidas. DELIA Sí. CHARLIE ¿No lo crees? DELIA He dicho sí. (Silencio) CHARLIE (Bebe.) ¿Por qué no eres diferente?

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DELIA Siempre sería tu esposa, supongo. CHARLIE No me he explicado bien: ¿Por qué no eres diferente de las demás mujeres? DELIA Porque nos cuentas del 1 al 6. CHARLIE (Se ríe cínicamente.) ¡Qué inteligente!... Quiero decir ¿por qué tienen todas que ser iguales, del mismo corte? DELIA Y Uds.... ¿son diferentes? CHARLIE Yo no soy como otro cualquiera. DELIA Para mí. CHARLIE Ya esta, ¡me atrapaste! (Se ríe.) Vamos a hablar de otra cosa... Te voy a contar lo que hicimos. DELIA No entenderé. Soy lo mismo que todas.

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CHARLIE (Disgustado) Está bien... Claro que no entenderás, porque no quieres... Si fuera por ti, seguiríamos hablando de mujeres, de whiskey, de mis ausencias, de todos mis defectos. DELIA Para recordártelos, a ver si así regresas... CHARLIE (La interrumpe.) ... a la hora. DELIA Déjame terminar... si así regresas como antes, a cualquier hora, pero como antes. CHARLIE Yo no he cambiado, no me vengas a decir que yo he cambiado. DELIA Nada. CHARLIE (Con firmeza) ¡Nada! (Se pone de pie, disgustado, da una vuelta, mira el vaso vacío, lo toma y sale a buscar otro whiskey.) DELIA ... otro whiskey... (Pero él no la oye y sale. Luego regresa con el vaso de whiskey en la mano. Al llevarlo a la boca es interrumpido por DELIA.)

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DELIA ... Helena Nata. CHARLIE (Harto) No me molestes más. DELIA (Se ríe discretamente.) Nata... debe ser un apellido italiano. CHARLIE (Firme) Eso estaba liquidado, concluido entre los dos. DELIA Entre los dos. CHARLIE Quiero decir entre tú y yo. DELIA Toma el whiskey. CHARLIE (Se percata del whiskey.) Y entre ella y yo. DELIA Concluido entre los tres. CHARLIE Sí, sí... concluido totalmente... además ¿qué era lo que estaba concluido?

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DELIA No lo sé. CHARLIE Sí lo sabes, no digas que no lo sabes... Nada había concluido porque nada había existido... Es de las cosas que no se pueden aclarar nunca... porque son creadas entre dos... entre dos... DELIA Whiskeys. CHARLIE Sí... en situaciones especiales, que se prestan a confusión. DELIA Si uno llevara una vida normal, se explicaría fácilmente. CHARLIE (Casi gritando) ¡Sí, sí...! ¡Delia! DELIA (Con voz alta) ¡Charlie! (Corte de la luz) (Al volver la luz, el ACTOR se encuentra ahora sentado de nuevo en la silla del mago. Está visiblemente deprimido, apesadumbrado.) ACTOR Todo esto me parecía tan fácil, tan lógico, en los ensayos... El ensayo es también una forma de intimidad...pero una vez que el público está aquí y tiene uno que hacer lo que hizo en los ensayos, hasta con placer... se siente comprimido, apretado por la garra de lo público, como si la conciencia se condensara para estallar.

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JOVEN (Desde el público) Pero señor, por que se aflige tanto, si todo lo que viene Ud. haciendo desde el principio son papeles de teatro. ACTOR Si, es cierto, son papeles... Todo lo que he dicho y hecho son papeles... papeles escritos por el autor... pero el sentido de esas cosas... su esencia... ¿no ha sido tomada de la esencia de mi vida?... ¿No es, con una u otra forma, la médula de mi existencia? JOVEN Tiene razón. Dispense. (Las luces se apagan. El ACTOR, al volver la luz, se encuentra disimulado tras un bastidor para oír la escena siguiente.) (En la escena está la ACTRIZ MAYOR en su papel de DELIA. Llora desconsoladamente, se mueve al principio de un lado para otro. Luego se sienta y sigue llorando.) HELENA (La ACTRIZ JOVEN, en su papel de HELENA, entra activa para un asunto que no tiene directa relación con DELIA.) ¡Otra vez! (Mira a DELIA.) Da la casualidad que cada vez que vengo a esta casa hay llantos... ¿Dónde está tu marido? (Cambio) ¿Por qué lloras?... (Cambio) No es cosa mía, desde luego... pero a mí me interesa con urgencia encontrar a tu marido... y puesto que estás así... creo que no sabes dónde está. DELIA No lo sé. HELENA Yo lo he buscado donde podía encontrarlo... en varios sitios... y no lo he podido hallar... Creía que estaba aquí... enfermo o algo por el estilo.

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DELIA Aquí no está. HELENA Ya lo veo... Si lo buscaste por tu parte, debes decírmelo, porque se trata de algo urgente. DELIA Lo he buscado hasta con la policía. HELENA ¡Anda! (Otro tono) Entonces, estoy liquidada. (Se sienta.) A ti no te interesa saber para que lo busco, desde luego. DELIA No me interesa. HELENA Es para asunto de un contrato. DELIA No me interesa. HELENA Tienes razón… a mí tampoco me importaría nada. (Con más intimidad) Ahora vamos al asunto: A ti te interesa encontrarlo por una razón y a mí por otras. ¿Qué vamos a hacer? DELIA Por mi parte, nada. HELENA (Disgustada) ¿Nada?... Tenemos interés en encontrarlo.

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DELIA Yo ya no. HELENA ¿Y yo?... ¿Y lo mío, el contrato? DELIA No me importa. HELENA No te importa, no te importa. ¿Quién gana en un contrato que él haga, tú o yo? DELIA Quién sabe. HELENA ¿Cómo que quién sabe?... Lo que él gane en un contrato te lo ganas tú para tu vida, para vivir mejor, para gastarlo con él, o en trajes y todo lo demás. DELIA Yo siempre vivo lo mismo. HELENA (Comprendiendo) ¡Ah!... Entonces por lo que el contrato respecta, a ti no te interesa encontrarlo. DELIA Por eso, ni por ningún respecto.

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HELENA ¡Caray! Entonces no hay posibilidad... Estos hombres que ganan dinero fácilmente son peores que una mujer... cualquiera... No te pertenecen... (Cambio) Sabes... que a lo mejor tú... (Se detiene.) DELIA ¿Qué? HELENA No me has recibido muy bien, que digamos... Pensé que era por el asunto ese de no encontrarlo... pero a lo mejor tú piensas que yo... que él gasta su dinero conmigo. DELIA Sería más decente. HELENA Gracias. Seguramente que él almuerza y come muchas veces en la calle. DELIA Y duerme... y desayuna. HELENA Para serte franca... una vez me invitó para almorzar, y por cierto que quedó mal. DELIA Eso le es habitual. HELENA Eso le es habitual. ¡Estos hombres!... Como no lo conocía mucho pensé que ese día se había arrepentido de faltar a la casa.

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DELIA Él no se arrepiente nunca de nada. HELENA Almorzó, entonces, con otra. DELIA De lo que estoy segura es que no fue conmigo. HELENA (Pensando) Con otra... DELIA No la busques… es inútil… esa otra no se sabe nunca quién es. HELENA Traiciona hasta en lo más mínimo, en un almuerzo. DELIA No vale la pena seguir en estas aclaratorias. HELENA Ya lo veo, ya lo veo... Tú por fortuna lo conoces muy bien. DELIA Solo su lado malo. HELENA Tu marido, al parecer, no tiene sino un solo lado.

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DELIA El que me toca a mí, al parecer, es siempre el mismo. HELENA A ti y a todas las mujeres... si no fuera tan competente en los negocios. DELIA Por desgracia lo es. HELENA Y es solo por eso que tengo que seguir buscándolo. Se trata de un negocio muy grande... Si está en el fin del mundo, allí he de buscarlo. DELIA Tendrás que andar mucho porque allí está... o más bien ¡en el infierno! HELENA En el infierno. (Pensando) Hay un restaurant que se llama “El Infierno”, pero, con todo lo independiente que soy, allí no me atrevería a entrar. DELIA ¿Por qué?... ¿Cómo sabes eso? HELENA ¡Ay hija! Como se ve que no trabajas, que vives todo el tiempo en tu casa... A nosotras las que trabajamos en la calle, nos informan de todo. DELIA Mi marido y otros. HELENA Mira, ya esta conversación está cayendo en lo inútil... y el tiempo apremia... Yo me voy... Si encuentro a tu marido te aviso ¿quieres?

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DELIA Está bien. HELENA (Sale corriendo.) Siempre esperan que vuelva... sin vergüenza y todo... La mujer es lo único humano en el mundo. (Corte de luz. Segundos más tarde, regresa la luz general. A la vista del público, los tramoyistas comienzan a quitar la decoración y a colocar la de la ciudad. Durante este trabajo, por los altavoces se oyen notas de ambiente de la ciudad: voces, conversaciones, noticias, fragmento de literatura vernácula, música, etc. Cuando la nueva decoración está puesta, la luz se rebaja. El ACTOR, en calidad de mago, va a sentarse en la silla sobre la tarima. Se queda viendo la ciudad.) ACTOR ¡La ciudad!... ¡Esta ciudad! No otra sino esta donde vivimos... esta que se encuentra aquí, en mi, en todos... esta ciudad que nos envía bocanadas de aire que nos permiten hablar de ella... que no es el aire de Francia, o de Inglaterra o de Suecia... sino el de sus serranías y bosques, el de sus árboles y flores, el de toda su vegetación... esta ciudad que, misteriosamente, nos ha creado y nutrido de ideas, de imágenes, que viven fantasmalmente a nuestro derredor, para bien y para mal... esta ciudad que nos ha hecho analfabetas y sabios, creyentes y descreídos, rebeldes y serviles, heroicos y apáticos... esta ciudad que nos ha dado y nos ha quitado lo que nos ha dado... que nos ha hecho huraños y sociables, humildes y soberbios, honrados e inescrupulosos, activos y flojos... que nos ha dado propósitos atrabiliarios y cuerdos... que nos ha hecho ricos e indigentes, caritativos y miserables, espléndidos y tacaños, mediocres y brillantes... esta ciudad donde se alojan limpias esperanzas y sórdidas incertidumbres, dulces consuelos y amargas certitudes, refinadas alegrías y burdos dramas, lealtades y crímenes... donde se tejen y destejen lo verosímil y lo inverosímil, lo recto y lo arbitrario, lo abundante y lo mísero... esta ciudad me acongoja... me entristece... me irrita y me apacigua, me conforta y me espeluzna... porque es la ciudad donde yo nací, donde vivo y respiro, donde doy y recibo, donde digo lo que pienso, donde voy y vengo... porque es la ciudad donde uso mis sentidos y mi intelecto... donde decido y actúo, donde influyo con mi presencia... la ciudad donde siento, admito y disiento... donde soy lo que soy y donde

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proyecto lo que he de ser... Un hombre y una mujer esperan un hijo... sin nada, sin nada ayer, el mes pasado, el año pasado... sin nada mañana, el mes que viene, el año que viene... ¿qué es lo que yo he hecho para que este hombre tenga o no tenga trabajo permanente, salario razonable, alimento, trajes, transporte, educación, ideas, garantía, vida para su hijo? ¿Qué he hecho o dejado de hacer para que los padres de hoy no sepan, como lo sabían los de antaño cuando yo no existía, qué van a ser sus hijos, qué van a ser como hombres, qué van a ser en ese modo de ser que yo soy ahora y que se hace responsable de su mismo porvenir? (Yendo al centro del escenario, a la ciudad) Si en este instante entraran a ese teatro, en fila, unos pocos muchachos, no importa cuantos, diez o cien... no importa de que clase social, de que padre o de que madre... ¿en qué he contribuido yo a la ignorancia, al misterio de su futuro?... No lo sé. ¡Qué cosa tan inmensa tengo sobre mí!... ¡Toda una ciudad, toda una ciudad sobre mí! (Las luces se apagan. Al volver las luces, CHARLIE se encuentra acostado en un banco que está frente a una pared en el fondo, en los alrededores de la ciudad. Está ebrio. A su lado, en el suelo, hay un periódico tirado.) HELENA (Entra de prisa, mira al hombre acostado en el banco, lo reconoce. Se le acerca con cierta previa indecisión. Al fin, resuelta, lo llama.) Señor Lárez... Señor Lárez... (Lo toca, lo mueve.)... Señor Lárez. CHARLIE ¡Eeeeh! HELENA Señor Lárez... CHARLIE (Se mueve un poco.) ¡Quéeee!

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HELENA Soy yo. CHARLIE ¿Quién?... ¿Delia? HELENA No... Helena. CHARLIE ¡Ah!... (Sentándose con mucho esfuerzo)... ¡Helena! HELENA Sí. CHARLIE Creí que era... pero es Helena... ¿Qué hay, Helena? HELENA Ud. está mal. CHARLIE ¿Mal?... Estoy bien, muy bien. HELENA ¿Cómo le ha pasado esto? CHARLIE ¿Qué me ha pasado, Helena? HELENA Está... borracho.

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CHARLIE Pues... me ha pasado, bebiendo. HELENA Demasiado. CHARLIE ¡Claro! HELENA Lo he buscado en toda la ciudad. CHARLIE ¡Tonta!... No estaba en toda la ciudad... estaba aquí. HELENA Su señora también lo busca. CHARLIE ¿Quién, Delia?... Pero tú... me encontraste. HELENA Le prometí avisarle a ella. CHARLIE No le avises. (Cambio) Dime, ¿para qué me buscabas? HELENA Para el último contrato que Ud. hizo. CHARLIE ¿El último?

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HELENA Sí. CHARLIE ¿Entonces estoy muerto? HELENA No haga más chistes, por favor. CHARLIE ¿He dicho un chiste? HELENA Bueno... CHARLIE Alguno se ha muerto... pero yo no. HELENA Este contrato es muy importante. CHARLIE ¡Muy importante!... A mí solo me importa saber por qué me encontraste tú y no mi mujer. HELENA Era igual. CHARLIE No, no es igual. HELENA Ya le he dicho, por lo del contrato.

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CHARLIE ¿Un contrato matrimonial? HELENA No. CHARLIE ¿No?... sabes, Delia... ¡Delia!... perdóname... digo... Helena. HELENA ¿Qué? CHARLIE Hace años que te conozco. HELENA Dos años. CHARLIE Si no hubiera sido por aquel hombre con quien te casaste... HELENA Yo ya ni me acuerdo de él... Se fue inmediatamente al exterior... hace tiempo. CHARLIE ¿Al exterior?... ¡Qué lejos!... ¿Sabes si está ahora más lejos? HELENA No sé dónde está.

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CHARLIE Yo sí lo sé... Si te hubieras divorciado, estaríamos más cerca tú y yo... y él también. HELENA ¿Por qué no hablamos del contrato? CHARLIE No me interesa... Hablemos de lo mismo... Siéntate... (Ella titubea.) Siéntate, siéntate... Nunca estarás más segura que aquí, a mi lado (Mientras ella se sienta)... ¿No ves que estoy borracho?... No soy peligroso sino cuando estoy bien... y así, bien, nunca te he dicho nada. HELENA Así es. CHARLIE ¿Sabes por qué estoy así?

HELENA

No. CHARLIE Voy a decírtelo... (Coge el periódico del suelo con esfuerzo.)... Mira. (Le abre el periódico.) Lee. (Mientras ella comienza a leer)... ¡Tu marido está muerto! (Mientras ella lee)... en Estados Unidos... en un accidente de carro... (Ella asume una actitud de pesadumbre, pero sin llorar.) ¡Pobrecita!... Y sabes... Yo lo maté... Yo lo maté... Lo maté con el pensamiento... con mi deseo... Yo quería que desapareciera y desapareció... Por eso me emborraché de esta manera... como nunca... ¡Es horroroso matar a un hombre! (Le echa el brazo por encima de los hombros a HELENA.) ¡Pobre Helena!... ¡Pobre yo!... ¡Pobre todos! (Junta su cabeza a la de ella.)... Perdóname, Helena... Lo hice porque te quiero... solo porque te quiero... mi amor... (En ese justo instante, DELIA ha entrado y ha oído las últimas palabras.)

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DELIA ¿Para eso lo estabas buscando?... ¿No es verdad? (Al oír esas palabras, HELENA se pone de pie. CHARLIE trata de hacer lo mismo, pero no puede. HELENA no dice nada, mira al suelo.) DELIA Contesta.

CHARLIE

¿No ves que está triste? DELIA ¡Triste! (Agarra a HELENA, con violencia, por el brazo.) CHARLIE No vayas a pegarle. (DELIA empuja a HELENA por el brazo y esta cae de nuevo al lado de CHARLIE.) CHARLIE Otra vez a mi lado. DELIA Ese es su puesto cuando tú estás así. CHARLIE No dirás después que tú no la empujaste hacia mí. DELIA No hará falta.

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CHARLIE Sí hará falta... Su marido acaba de morir... (Le pasa a DELIA el periódico que ella no lee.) DELIA (Cambio) (A HELENA) ¿Su marido acaba de morir? CHARLIE Sí, en Estados Unidos... Cuando entrabas, yo le daba mi pésame... pero ahora, ella está... libre. DELIA (Fuerte) Mira, Charlie, yo no soy una mujer insensible. CHARLIE Yo no he dicho eso... he dicho que ahora ella está... ¡libre! ¡Libre! DELIA ¡Libre!... ¿No ves como está?... ¿Está así, libre? CHARLIE Está triste, es verdad. DELIA Tú nunca comprenderás a una mujer. Si puedes, ponte de pie y vámonos. CHARLIE Si puedo... (Poniéndose de pie con gran dificultad) Creo que sí puedo... ¿Dijiste, vámonos?

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DELIA Sí, vámonos. ¿Y... ella?

CHARLIE DELIA

Ella estará mejor sola. CHARLIE Sí, mejor está sola que mal acompañada... Adiós, Helena. (Ella no contesta.)... El silencio es elocuente... hasta en las mujeres... Vámonos... (Los dos salen.) (HELENA coge el periódico de nuevo, lee la noticia, lo dobla y se queda pensativa, triste, la cabeza apoyada en las manos. Corte de la luz. HELENA sale. Después de unos instantes, con fondo musical, vuelve la luz.) (El ACTOR y las dos ACTRICES entran a escena. La ACTRIZ JOVEN va adelante. Se manifiesta ahora ostensiblemente cambiada, sonreída, festiva, inclusive con otros modales.) ACTRIZ JOVEN No irán ahora a discutir si nosotros somos todavía así: tú tan malo... ella tan boba... y yo... ¡tan desgraciada! (Da unos pasos y repite.) ¡Tan desgraciada!... ¡Con el tiempo uno cambia tanto!... Ahora todo es diferente... Estamos contentos... Todos estamos de acuerdo... (Cambio) Todos... (En voz baja para sí) ¡Todos! (Repite lo de la obra.) ¿Su marido acaba de morir? (Los actores se miran interrogativamente.) ACTOR (A la ACTRIZ JOVEN) Oye, Josefina. ACTRIZ JOVEN Helena.

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ACTOR Bueno, Helena. El asunto lo has interrumpido. ACTRIZ JOVEN ¿Lo he interrumpido? ACTOR Bueno... en realidad, ha concluido. ACTRIZ JOVEN ¿Felizmente?... Para mí no, yo me quedé sin marido. (Rompe a llorar.) ACTRIZ MAYOR ¿Qué te pasa, Helena? ACTRIZ JOVEN Josefina es mi nombre. ACTRIZ MAYOR Tu marido está vivo y tú lo sabes. No vengas ahora a fingirnos una escena de teatro para divertirte. Lo has hecho otras veces para demostrarnos tu capacidad de actriz. Tu marido está vivo. ACTRIZ JOVEN ¿Y cómo lo sabes? ACTRIZ MAYOR Todo el mundo lo sabe. ACTRIZ JOVEN ¿Y cómo lo sabe todo el mundo?... ¿Acaso todos lo conocieron? Aquí nadie lo conoce, ni siquiera saben si realmente existió... y tú dices que saben que no ha muerto.

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ACTRIZ MAYOR Para ti, ¿existe? ACTRIZ JOVEN Para mí, sí existe. Soy la única para quien existe. ACTRIZ MAYOR ¿Y para nosotros? ACTRIZ JOVEN Este lo mato con el pensamiento, con el deseo, él lo dijo... aun cuando esté todavía vivo, él lo mató... y tú, para ti nunca existió, lo conociste allí, cuando te informaron su muerte... Para mí existe porque yo fui sus dos amores: Josefina y Helena. ACTRIZ MAYOR Tú eres nada más Josefina, te repito. ACTRIZ JOVEN Yo soy también Helena. ACTOR Tú no puedes ser dos. ACTRIZ JOVEN Yo soy una. (Muy triste) Él no vendrá ya al teatro. ACTOR Desde luego que no. Él no iba a venir nunca al teatro. ACTRIZ JOVEN ¿Cómo lo sabes?

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ACTOR Así estaba dispuesto. ACTRIZ JOVEN Era el destino. ACTOR Sí. ACTRIZ JOVEN ¿Y ahora, qué voy a hacer?... ¿Qué vamos a hacer?... si lo único más importante para mí, para los tres, aquí, no estará presente. ACTOR Hay un vacío, ciertamente. ACTRIZ MAYOR Un gran vacío. ACTRIZ JOVEN Un inmenso vacío... yo... Uds.... Nos hemos quedado sin argumento. ACTOR Como unos personajes sin argumento. ACTRIZ MAYOR Estamos ya, definitivamente, en lo que somos, en nuestra vida. ACTOR Con esto que ha sucedido, tenemos que decidir lo que haremos.

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ACTRIZ JOVEN (Festiva, riéndose nerviosamente) Vamos a jugar que hacemos teatro... yo vuelvo al sitio donde quedé. ACTRIZ MAYOR (Al ACTOR) Ella quiere continuar. ACTOR Vivir es continuar. ACTRIZ JOVEN (Suplicante) Sí, complázcanme... Yo soy Helena... (A la ACTRIZ MAYOR) Tú eres Delia... (Al ACTOR) y tú Charlie... Charlie Lárez... Uds. dos se habían ido juntos... Yo me había quedado sola... ACTRIZ MAYOR ¿Y qué dirás, si todo se ha interrumpido? ACTRIZ JOVEN ¿Y el texto de la obra se ha acabado? ¿Y qué será entonces de Charlie y de Delia y de Helena?... ¿Qué les ha ocurrido después?... ¿No han de continuar hasta el fin? ACTOR Charlie y Delia y Helena... fuimos nosotros... Ellos continúan en nosotros... Entramos todos sin más solución en el molde de nuestra existencia cotidiana, en nuestra vida. ACTRIZ JOVEN ¿En nuestra vida? No, no, no, eso no es un fin teatral. Yo quiero que Helena continúe... Yo improvisaré, diré mis palabras... En esta función puede hacerse... Váyanse, desocupen la escena.

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(Ellos obedecen. Ella va al sitio donde había quedado HELENA y se coloca en la misma posición, llena de tristeza.) Yo no resistiré esto... Si él vuelve, no lo resistiré... Nadie, excepto yo, sabe de qué es él capaz (con dolor) de qué es capaz... Con solo pensarlo frente a mí, siento el más horrible miedo... No era necesario hacer esto... ponerme en esta situación en que mi marido moría... sin tener en cuenta mi propia realidad... Y ahora, como seguir viviendo con ellos, si este hombre en su papel de Charlie y con tal apariencia de real, ha hablado en público de lo que nunca ha debido de hablar, porque no existía, de su amor por mi... Sí, esas eran las palabras que faltaban en nuestra vida para destruir el débil hilo entre mi marido y yo... He querido estar sola, para ver si así podía hallar una solución... pero no, no hay ninguna solución... De un modo u otro, yo sé que no hay ninguna solución... Hoy o mañana, ya sé que lo que hay... (Se pone de pie y lentamente va hacia el muro, al fondo. Sube a él por los escalones que tiene y se detiene sobre el muro de espaldas al público. Los actores habían entrado por el lateral y se habían detenido a mirar lo que hacía. Los actores le gritan simultáneamente.) ACTRIZ MAYOR ¡Josefina! ACTOR ¡Helena! (Ella se lanza al vacío, hacia el fondo, detrás del muro. Ellos corren hacia ella. Tras unos segundos, por el muro, la ACTRIZ JOVEN regresa a escena riéndose a carcajadas. Los actores tras ella.) ACTRIZ JOVEN Ja, ja, ja, ja... ¿Los he conmovido, verdad? Estuve bien, díganme que lo estuve. ACTOR Sí, muy bien.

HORA 62


ACTRIZ MAYOR Sin duda. ACTRIZ JOVEN (A los ACTORES) Fue una escena de teatro para Uds. ¿La agradecen? ACTOR La agradecemos. ACTRIZ MAYOR Estuviste muy bien, Josefina. ACTRIZ JOVEN ¿Josefina? (Se ríe estruendosamente.) ACTOR Sí, Josefina. (Ella sigue riéndose histéricamente.) ¿Qué es lo que te pasa? Nosotros somos tus amigos, tus compañeros de teatro. ACTRIZ JOVEN ¿Mis amigos?... ¿Mis compañeros de teatro? (Ríe de nuevo.) Uds. fueron los culpables. Por Uds. perdí a mi marido. Yo para Uds. no soy más Josefina, soy Helena... Helena... Helena... Helena... (Mientras sale riéndose) ACTOR (Pausa grave. Al público) Respetable público. Solo unas cortas palabras para terminar... Lamentamos lo ocurrido... Nosotros tampoco sabemos explicárnoslo... Para nosotros ha sido esta una hora de nuestra vida... terrible. Buenas noches. (Salen. Al pasar cerca de la tarima, toma con tristeza el sombrero de copa y la varita que allí se encuentran. Los tramoyistas salen a quitar la escena, mientras el público se va del teatro.)

HORA 63

UNA HORA DE NUESTRA VIDA  

Drama en un acto por Manuel Rivas Lázaro

UNA HORA DE NUESTRA VIDA  

Drama en un acto por Manuel Rivas Lázaro

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