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ENTREVISTA A DOMINGO GARCÍA BELAUNDE: ¿Constitucionalismo o neoconstitucionalismo? 4-5 JOSÉ F. PALOMINO MANCHEGO

2-3 / Contribuciones de Pablo Lucas Verdú al Derecho constitucional 6 / Funciones del Estado social

JAVIER TAJADURA TEJADA

MARIO G. CHÁVEZ RABANAL.

7 / Pablo Lucas Verdú y el pensamiento constitucional español

GERARDO ETO CRUZ

8 / En los orígenes del Estado constitucional: la declaración francesa de 1789

LUIS C. CERVANTES LIÑÁNW

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MARTES 27 DE SETIEMBRE DE 2011

Contribuciones de Pablo Lucas Verdú al Derecho constitucional Javier TAJADURA TEJADA

Pablo Lucas Verdú.

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Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad del País Vasco (España).

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principios de julio, cumplidos los 88 años de edad, falleció el insigne constitucionalista Pablo Lucas Verdú (1923-2011). Don Pablo nació en Salamanca en 1923. En los venerables muros de la Universidad salmantina y de la mano del reconocido jurista Enrique Tierno Galván, inició lo que sería una fecunda y dilatada trayectoria intelectual y científica en el ámbito del Derecho político. En el desolado panorama intelectual de la posguerra civil, la cátedra de Derecho político de Salamanca se configuraba como un oasis de libertad en el páramo cultural franquista. Don Pablo comenzó allí su labor docente y desempeñó el cargo de subdirector del Boletín Informativo del Seminario de Derecho Político (dirigido por Enrique Tierno), publicación comprometida con los principios y valores del constitucionalismo auténtico. LA CÁTEDRA UNIVERSITARIA En 1957 obtuvo la Cátedra de Santiago de Compostela, veinte años después la de Valladolid, y finalmente la de la Universidad Complutense. Durante todo ese tiempo estuvo igualmente vinculado a la Universidad de Deusto, donde dejó una huella imborrable y con la que siguió colaborando hasta muy poco tiempo antes de su fallecimiento. La obra de Don Pablo se caracteriza por su amplitud y por su rigor. Se trata de

jurídica

una vasta y dilatada obra que sigue siendo referencia inexcusable para cualquier estudioso del Derecho constitucional, la Ciencia política, la Teoría del Estado o la Teoría de la Constitución. Obligado es recordar, en este sentido, sus dos manuales Curso de Derecho Político (cuatro tomos) y Principios de Ciencia Política (tres tomos), de amplia difusión en numerosas facultades españolas y de otras naciones también. Pero junto a estos tratados, Don Pablo publicó numerosas monografías caracterizadas todas ellas por su rigor y profundidad. Muchas de ellas conservan, veinte, treinta o cuarenta años después de ser escritas, una sorprendente actualidad y una asombrosa vigencia. Innecesario es recordar que, por todo ello, Don Pablo fue, ya en vida, un auténtico clásico del pensamiento político y constitucional. VIDA ENCICLOPÉDICA Al aceptar la alta responsabilidad de realizar esta nota en su memoria por encargo del maestro y amigo, profesor Domingo García Belaunde, me veo en la imposibilidad de resumir en pocas líneas lo que ha sido una obra auténticamente enciclopédica. En todo caso, no quiero dejar de subrayar algunas obras que me parece tuvieron y tienen un valor excepcional. Así, su tesis doctoral elaborada en la muy venerable Universidad de Bolonia, La lucha por el Estado de Derecho, tuvo en su momento el significado de una réplica al discurso oficial del régimen según el cual España se había dotado de un corpus de Derecho administrativo y de una jurisdicción contenciosa llamada a velar por su correcta aplicación, España ya era un Estado de Derecho.

Director (e): Jorge Sandoval Córdova | Editor: Francisco José del Solar | Coeditora: María Ávalos Cisneros Editor de diseño: Julio Rivadeneyra Usurín | Diseño y diagramación: César Fernández Fernández.

Jurídica es una publicación de

Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad de los autores. Sugerencias y comentarios: fdelsolar@editoraperu.com.pe

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ENTREGA Y GENEROSIDAD Ahora bien, a los anteriores méritos intelectuales de Don Pablo, debemos añadir –y en última instancia estos son los fundamentales– sus valores humanos de entrega y generosidad. Miles de estudiantes y decenas de discípulos –en España e Iberoamérica– pueden acreditar su permanente disponibilidad y pueden dar fe del interés y atención que prestó siempre a cuantos a él

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Frente a esa tesis, Don Pablo defendió la necesidad de comprender el Estado de Derecho como un concepto material y no meramente formal. Sólo es Estado de Derecho, el que está inspirado e informado por el valor libertad. Por otro lado, quedaba claro que como tantos otros conceptos (el de Estado Constitucional, por ejemplo) se trata de un concepto tendencial. Esto es de un objetivo por el que tenemos que seguir luchando siempre, para su mejora y perfeccionamiento. Desde su estancia en aquel país, Don Pablo demostró siempre un amplio y profundo conocimiento de la doctrina italiana. Por otro lado, Don Pablo estudió en profundidad a los “gigantes de Weimar”, en feliz expresión de García Belaunde. Su estudio sobre la lucha contra el positivismo jurídico en la Alemania de Weimar y sobre el pensamiento jurídico-constitucional de Rudolf Smend, es hoy de lectura obligada. Y no sólo porque el ilustre jurista alemán, con su teoría de la integración sigue siendo un referente para afrontar muchos problemas del constitucionalismo del siglo XXI, sino porque lamentablemente, un nuevo positivismo, esta vez de tipo jurisprudencial, parece ir imponiéndose de forma un tanto asfixiante sobre el constitucionalismo español. Igualmente sugerente resulta su libro Política e inteligencia en el que aborda la relación entre los intelectuales y la política. Finalmente, no quisiera dejar de recordar su obra El sentimiento constitucional, en el que de una u otra forma se anticipa al concepto de patriotismo constitucional, cuya paternidad se atribuye a Jürgen Habermas aunque fue ya formulado por uno de los padres del constitucionalismo hispánico, Don Agustín de Argüelles. Con Don Pablo desaparece uno de los últimos grandes maestros del constitucionalismo hispánico. Una persona de notable erudición, con una extraordinaria capacidad de síntesis y de análisis, y con un pensamiento profundo, muy alejado de la mediocridad y superficialidad actuales.

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“Don Pablo publicó numerosas monografías caracterizadas todas ellas por su rigor y profundidad. Muchas de ellas conservan, veinte, treinta o cuarenta años después de ser escritas, una sorprendente actualidad y una asombrosa vigencia.” se acercaron. Personalmente, guardo un muy grato recuerdo de todas las veces que fui a visitarle al despacho al que acudía, en la Universidad Complutense, años después de su jubilación oficial. Cómo no recordar que la última de esas siempre gratas y provechosas entrevistas desde el punto de vista humano e intelectual, la realicé con mi colega y amigo peruano José F. Palomino Manchego. Lucas Verdú al final de la visita nos obsequió diversas obras suyas. Don Pablo dedicó su vida a enseñar. Y lo hizo con absoluto respeto a las conciencias de los estudiantes. Fue un hombre de gran tolerancia, respetuoso siempre con todos. Nadie recordará ningún mal gesto. Y ello porque a su enorme saber unió una sincera modestia. Junto a esas virtudes, cabe igualmente destacar el compromiso intelectual de Don Pablo con la democracia constitucional. Don Pablo fue un hombre coherente y comprometido con los principios y valores del constitucionalismo. Dedicó su vida a comprenderlos, a explicarlos, a difundirlos y a defenderlos. El nos legó una comprensión de la democracia constitucional entendida no como un mero procedimiento para la

toma de decisiones y según el cual la regla de la mayoría se impone como último principio sino como un orden material de valores presidido por la libertad, la igualdad y la justicia. Utilizando las categorías de Max Scheler, la forma de saber a la que Don Pablo consagró su vida fue la del “saber culto” y no la del “saber técnico”. Esta concepción del saber como esfuerzo por comprender la realidad que se agota en sí mismo o que no tiene más finalidad que la del enriquecimiento espiritual de quien lo cultiva o lo posee, dota de una cierta homogeneidad a su obra. No creo que sea necesario insistir que esa concepción del saber está en crisis no solamente en la sociedad actual sino lo que es más grave en la misma Universidad. No es el momento para analizar hasta qué punto el procesos de Bolonia es responsable de esa situación. Lo cierto es que en una Universidad centrada en habilidades, competencias, evaluaciones objetivas…etc., el saber culto del que Don Pablo fue uno de los más egregios exponentes, ha sido relegado a un rincón y corre el riesgo de ser definitivamente abandonado.

Mientras exista aliento en los corazones de quienes tuvimos el honor y el privilegio de conocerle y disfrutar de su magisterio, Don Pablo seguirá presente entre nosotros. Con su obra, y con su ejemplo: ejemplo de buen hacer universitario, de entrega y generosidad, de rigor y curiosidad intelectual, y de compromiso con los principios y valores del constitucionalismo auténtico. ◆

Nota del editor: Conocimos a Don Pablo en Lima, en nuestra reunión de la Asociación Peruana de Derecho Constitucional que entonces presidía Domingo García Belaunde. Él nos visitó acompañado de su esposa Carmen. De ahí que no perdimos la oportunidad de rendirle un justo y merecido reconocimiento al ilustre y muy querido maestro. Estuvimos presentes en el ágape y la foto que publicamos es de esa oportunidad. De izqda a dcha: Marcial Rubio Correa, Ernesto Blume Fortíni, el autor de esta corta pero sentida nota, Eloy EspinozaSaldaña, Baldo Kresalja Rosselló, Valentín Paniagua Corazao, Carmen Murillo, Francisco José Miró Quesada Rada, Don Pablo, Francisco José Eguiguren Praelli, Domingo García Belaunde y César Landa Arroyo. ◆

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ENTREVISTA A DOMINGO GARCÍA BELAUNDE

¿Constitucionalismo o ne

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José F. PALOMINO MANCHEGO Secretario Ejecutivo del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional (Sección Peruana). Director de la Escuela Académico Profesional de Derecho de la UNMSM. Miembro Asociado de la Académie Internationale de Droit Comparé. Miembro Correspondiente de la Asociación Argentina de Derecho Constitucional.

El 13 de julio del presente año, el maestro Domingo García Belaunde (Lima, 1944) estuvo de cumpleaños, y como viene sucediendo desde hace 31 años, le fuimos a saludar en su gabinete de trabajo que queda en Corpac, en donde le encontramos –una vez más se corrobora–, consagrado a su labor y al estudio. Entre otros aspectos, salió en la conversación el Décimo Congreso Nacional de Derecho Constitucional y el Tercer Congreso Nacional de Derecho Procesal Constitucional, que se efectuarán en La Incontrastable Ciudad de Huancayo, los días 29 y 30 de setiembre y 1 de octubre de 2011. Fue así como pensamos en la siguiente entrevista para tratar sobre Constitucionalismo o neoconstitucionalismo, ya que fue el tema que más centró nuestra atención en el fraterno diálogo. Veamos.

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os preocupaba que fuera la primera vez que en un Congreso Nacional de Derecho Constitucional se abordara este rubro, el cual cada día se viene adentrando en la bibliografía constitucional. Por citar unos cuantos ejemplos, tenemos a los siguientes autores: Eduardo Ribeiro Moreira: Neoconstitucionalismo –A invasão da Constituição, Susanna Pozzolo / Écio Oto Ramos Duarte: Neoconstitucionalismo e Positivismo Jurídico, Joao Luis Nogueira Matias: Neoconstitucionalismo e Direitos Fundamentais, Farlei Martins de Oliveira / Maria de Paula Oliveira / Regina Quaresma: Neoconstitucionalismo, Carlos Bernal Pullido:

El neoconstitucionalismo a debate, Miguel Carbonell: Teoría del neoconstitucionalismo. Ensayos escogidos, y Hernán Alejandro Olano García: Interpretación y neo constitucionalismo, entre otros. Sin embargo, creemos que el constitucionalismo es uno solo, y su punto de arranque data de 1776, con la Revolución norteamericana para, años más tarde, especialmente, luego de finalizada la Segunda Gran Guerra, en 1945, adquirir un estatus semántico bien definido, en especial, tomando como norte la democracia constitucional para frenar a los transpersonalismos: nacionalismo y fascismo, por citar dos ejemplos elocuentes. Para esto, las obras de Charles Howard MacIlvain (1871-1968), Edward S. Corwin (1878-1963) y Carl J. Friedrich (1901-1984), expuestas en sentido práctico y racional, arrojaron luces esclarecedoras, que en el devenir de la historia se han expresado en cinco parcelas bien definidas: a) la Constitución escrita, b) el poder constituyente, c) la declaración de derechos, d) la separación de (funciones) poderes y e) el control de constitucionalidad de las leyes. A fin de aclarar y despejar las dudas, no hay nada mejor que escuchar la opinión de uno de los más distinguidos constitucionalistas de Iberoamérica y presidente de la Academia Peruana de Derecho, quien a sus 67 años, nutrido de una riqueza informativa, demuestra en cada una de las respuestas, distribuidas y juzgadas en forma superlativa, su capacidad realizadora que todos encomian, complementada con su valiosa producción bibliográfica que cada día va in crescendo, tal como lo demuestra con su recentísimo libro que ha coordinado armoniosamente, y aparecido en la prestigiosa Biblioteca Porrúa de México: En torno al Derecho Procesal Constitucional (Un debate abierto y no incluido), del cual daremos cuenta muy pronto. En 1970, usted dio a la estampa un libro denominado El constitucionalismo peruano y sus problemas, que por lo demás constituyó un título atrayente y que sigue en pie hasta el día de hoy. ¿Qué le inspiró para ponerle tan sugestivo título? –Ese libro, que en realidad, es una compilación sistemática de diversos textos legislati-

vos, doctrinarios y jurisprudenciales, con notas y agregados complementarios, lo preparé en Estados Unidos de América, en 1969, en el curso de unas investigaciones realizadas en la Universidad de Wisconsin y dentro de un programa cooperativo con la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Debo el enfoque y el título a muchos factores: el primero fue nuestro tutor, Zigurds L. Zile, quien me orientó en el conocimiento del Derecho

norteamericano o estadounidense, y, en especial del área constitucional, así como de la principal literatura existente para entonces. Y es que el método del caso ha sido complementado y, en cierto sentido, matizado con el método del problema, que fue precisamente lo que tuve presente. Por otro lado, en algún autor que leí en esos días se hablaba del conocimiento como algo problemático. Todo lo cual se reforzó con la lectura de un importante libro


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de Carlos Sánchez Viamonte (1892-1972), que utilizó una denominación similar en el título de su obra: El Constitucionalismo. Sus problemas (El orden jurídico positivo. Supremacía, defensa y vigencia de la Constitución), Ed. Bibliográfica Argentina, Buenos Aires 1957. ¿Considera acertado que un sector de doctrinarios modernos hablen de la existencia de un neoconstitucionalismo como una tendencia supuestamen-

te novedosa o más progresista en el desarrollo del Derecho constitucional? –Me parece que debemos distinguir dos cosas: a) el aspecto material, o sea los datos históricos y doctrinarios que están detrás de este membrete, y b) el membrete mismo. En cuanto al aspecto de fondo, es evidente que el constitucionalismo es otro después de la Segunda Guerra Mundial, lo cual se explica por lo que significó el abatimiento de las dic-

Segunda Guerra Mundial, por los hechos antes señalados y que en parte ha servido para fundamentarlo... Por cierto, no existe un solo iusnaturalismo sino varios... incluso hubo iusnaturalistas marxistas como Herbert Marcuse (1898-1979). En el fondo, se trata de una influencia de la Filosofía Jurídica en la doctrina constitucional, que, sin lugar a dudas, es interesante... Por lo demás, todos los grandes filósofos del Derecho, consciente o inconscientemente, se alimentan de una determinada concepción filosófica. Finalmente, no hay que olvidar que existen varias versiones del llamado neoconstitucionalismo. ¿Qué importancia tiene la argumentación jurídica en el contexto de un fuerte desarrollo o expansión de la Jurisdicción Constitucional? –La argumentación es muy antigua en sentido amplio, pero muy nueva en sentido estricto. Podría decirse que es parte de la Filosofía del Derecho o de la Metodología Jurídica, que da más importancia al argumentar que a la función deductiva que se veía en el Derecho. Es, sin lugar a dudas, un enfoque interesante, pero que tiene sus riesgos. Todo esto se encuentra en plena discusión y el problema serio es cómo hacer que una argumentación sea correcta, es decir, no arbitraria y no contradictoria. Y sin salirnos del tema central, ¿cuál es el valor y el alcance de la interpretación constitucional? –La interpretación ha existido siempre, pero su teorización es reciente. Igual podríamos decir de la interpretación constitucional, que es una modalidad de aquélla. Hoy se admite que siempre hay que interpretar, si por tal se entiende buscar el sentido objetivo de la norma y aplicarla al caso en cuestión. Aquí entran en juego muchos factores de conveniencia y de valores que hay que ponderar. Y diversos modos de razonamiento, con todas sus variantes. No existe, pues, la interpretación única –por más que algún importante autor así lo considere– pero la interpretación debe ser razonable, coherente, balanceada en los intereses finales y sobre todo que busque realizar los fines del sistema (esto, sobre todo en el ámbito constitucional). Dentro de ella, una técnica argumentativa es importante. ◆

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taduras, el renacimiento de la democracia y de los valores democráticos, y por ciertos nuevos enfoques sobre los procesos, los derechos fundamentales y un retorno a un Derecho Natural de nuevo cuño. Y esto es un hecho innegable. En cuanto al nombre, en realidad me parece poco feliz; surgió a mediados de los noventa en la doctrina italiana y quería significar algo nuevo. Pero han pasado más de veinte años y lo que fue nuevo hace un tiempo, ahora es viejo y en cincuenta años más será viejísimo. Todos los neos están destinados a envejecer. A los hechos, que nadie niega, hay que darles una nomenclatura distinta. ¿Es el constitucionalismo uno solo o puede hablarse de períodos o etapas en su desarrollo? ¿Es el neoconstitucionalismo una de ellas? –Grosso modo, el constitucionalismo puede dividirse en dos segmentos: a) prehistoria, que cubre hasta el siglo XVIII, en el cual nace el constitucionalismo moderno por influencia de Estados Unidos de América y Francia, alimentados por la tradición jurídica inglesa, y b) la historia propiamente dicha, que parte del siglo XIX en adelante. En estos doscientos años, el constitucionalismo ha permanecido fiel a sus principios básicos, pero se ha matizado y modulado mucho, se ha enriquecido, han variado los enfoques y también las perspectivas. Podemos decir, pues, que el constitucionalismo moderno tiene varias etapas y el mal llamado neoconstitucionalismo es una de ellas, que no sabemos, por cierto, cuánto durará. Pero, en sustancia, existe una constante histórica constitucional que se desarrolla, madura, enriquece, cambia y siempre en forma ascendente... no existe, en realidad, una ruptura tajante, sino una continuidad y desarrollo asuntivo que tiene períodos diferenciales... ¿Qué diferencias existirían entre el neoconstitucionalismo y el iusnaturalismo? –El neoconstitucionalismo es una postura novedosa en relación con la doctrina constitucional, pues significa enriquecer y en parte modificar contenidos o tradiciones que venían de atrás. Uno de los elementos que más animó al neoconstitucionalismo, sin lugar a dudas, es el renacimiento del Derecho Natural tras la

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eoconstitucionalismo?


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OPINIÓN

Funciones del Estado social Mario Gonzalo CHÁVEZ RABANAL Abogado por la UNMSM. Egresado de la maestría en la mención de Derecho Constitucional y Derechos Humanos e Historia de la Filosofía de su alma máter.

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l Estado social es un modelo de Estado que se responsabiliza por que los ciudadanos cuenten con “mínimos vitales” y a partir de los cuales ejerzan su libertad. Si el Estado liberal quiso ser un Estado “mínimo” frente a las libertades fundamentales, el Estado social quiere establecer las bases económicas y sociales para que el individuo, desde unos mínimos garantizados por aquél, pueda desenvolver y desarrollar su proyecto de vida. De ahí, por ejemplo, la doctrina alemana definió al Estado social como aquel Estado que se responsabiliza de la “procura existencial” (Daseinsvorsorge). El Estado social para dotar de eficacia a los valores y principios fundamentales de solidaridad, bienestar económico, igualdad, libertad, democracia, pluralismo y participación política, entre otros, requiere de determinadas competencias. La Constitución de 1993 (artículos 3, 43 y 44) establece las competencias del Estado social, las que pueden ser desarrolladas por intermedio de dos funciones: a) función promotora y b) función garantista. La función promotora del Estado social está dirigida a otorgar y mejorar las condiciones y situaciones de vida de las personas, reforzar y adoptar nuevos programas y proyectos sociales destinados a ampliar y mejorar los servicios públicos, la legislación social, extender el ámbito de protección y mecanismos de tutela de los derechos fundamentales, en especial, de los derechos económicos, sociales y culturales. Es más, corresponde a la función promotora del Estado social promover mayores beneficios sociales y materiales para el ser humano; ampliar a la totalidad de la población los servicios públicos; distribuir la riqueza y generar la participación ciudadana en su creación; así como estatuir un sistema de

control político y legislativo, y en el mismo grado de importancia, dotar y fortalecer el control jurisdiccional y social sobre los deberes y funciones del propio Estado en la preservación, implementación y eficacia de la política social, en la eficacia plena de los derechos sociales y en la efectiva prestación de los servicios públicos a los ciudadanos. De tal manera, la función promotora del Estado social comprende toda actividad estatal y social que proyecte y logre implemen-

tar, optimizar y mejorar los servicios públicos, los programas políticos relacionados con el bienestar económico de la población, a hacer eficaces los derechos sociales, así como a tutelar jurisdiccionalmente mayores contenidos, bienes y situaciones jurídicas de los mismos (contenidos constitucionales). La función garantista, por otro lado, está encaminada a garantizar un mínimo de condiciones de vida de existencia, del goce y ejercicio de los derechos fundamentales y la existencia de ciertas instituciones en el

Estado. En principio, esta función tiene por prioridad las personas de bajos recursos o que viven en la pobreza y extrema pobreza, o que sufren de discapacidad, mantiene y protege las situaciones de vida y de bienestar alcanzados. La función garantista se erige como el deber del Estado y de la sociedad en salvaguarda del ciudadano, dota de un mínimo de bienestar y hace efectivos los mecanismos de protección frente a las vulneraciones de los derechos fundamentales, provengan del propio Estado o de terceros y/o particulares. La función garantista reconoce que no hay ser humano que se desarrolle libre, autodeterminada y autónomamente sin que tenga una procura existencial. Por ello, a través de esta función el Estado y la sociedad buscan la independencia de la persona del flagelo de la pobreza y extrema pobreza, dota de un mínimo de condiciones de vida a través del ejercicio de derechos fundamentales y de posibilitar el acceso a los servicios y bienes públicos. Así, la función garantista tiene un carácter más proteccionista que innovador, protege a la persona de las penurias económicas y de las contingencias sociales, ya sea con el otorgamiento de ingresos, o con la prestación o ejecución de programas sociales. El Estado y la sociedad asumen como suyos las obligaciones y las responsabilidades de terminar con las situaciones de miseria y de precariedad social, mediante el establecimiento de políticas y programas sociales, de medidas económicas destinadas a superar en un primer momento las grandes cifras de extrema pobreza, y, paulatinamente, lograr para cada ciudadano unas mínimas condiciones de vida y acceso a los servicios y bienes públicos. En suma, la función promotora del Estado social está dirigida a generar y mejorar las condiciones de existencia y la calidad de vida de la persona, con participación de la sociedad. Y la función garantista está dirigida a proteger a la persona de las contingencias sociales y necesidades económicas, tutelando los derechos o institucionalizando los programas y políticas sociales. Busca eliminar la precariedad social y aquellos actos que restrinjan la eficacia de los derechos. ◆


RECUERDO

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Pablo Lucas Verdú y el pensamiento constitucional español

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ablo Lucas Verdú falleció en Madrid el pasado 6 de julio. Había nacido en Salamanca, el 20 de mayo de 1923, en el seno de un hogar en donde su progenitor se dedicó a la enseñanza. La estirpe de quien fuera maestro de muchas generaciones de constitucionalistas en España y en todo el mundo merece ser hoy recordado. Personalmente, compartí con el maestro un grato y fructífero encuentro en la Universidad Complutense de Madrid, así como en el paso que tuvo por el Perú, en las ciudades de Lima y Trujillo. Entre las diversas conversaciones que se me viene a la memoria, una era relacionada con el sentimiento constitucional, sobre el cual tiene un magnífico libro orgánico, y otro tema que le suscitaba mucho entusiasmo era el pensamiento schmittiano, desde su óptica de viejo maestro del Derecho político español. EN PERÚ A raíz del Quinto Congreso Nacional de Derecho Constitucional (1) llevado a cabo el 4, 5 y 6 de noviembre de 1996, en Lima, y que congregó a fulgurantes personalidades del pensamiento constitucional, tanto latinoamericano como europeo, destacó la presencia, por vez primera, en el Perú, del meritísimo académico español Pablo Lucas Verdú, a la sazón, uno de los más descollantes constitucionalistas occidentales. El certamen fue organizado por la Pontificia Universidad Católica del Perú y en la que merece rescatar a su organizador, César Landa Arroyo. A los pocos días, Lucas Verdú ya estaba dictando un cursillo en la Universidad San Martín de Porres, organizado por otro distinguido académico peruano, recientemente fallecido: Alfredo Quispe Correa.

LUCAS VERDÚ Y EL MOVIMIENTO CONSTITUCIONAL ESPAÑOL Sin duda, España tiene ya una larga tradición en el desarrollo de la Ciencia del Derecho constitucional; y, aunque por cierto existe una apabullante variedad de tendencias cuyas direcciones reciben el influjo de sólidas personalidades, una de ellas que irradia su presencia es nada menos que el maestro Pablo Lucas Verdú. En realidad, Lucas Verdú pertenece, sin duda a lo más granado del pensamiento o, mejor precisamos, al movimiento constitucional español; y nuestro personaje es de aquellos académicos que van más allá de su especialidad, pues abarca gran cantidad de conocimientos y problemas en torno a la sociedad, la política y el pensamiento. Latinoamérica ha recibido su influjo en un filón de su conocimiento indiscutible: la Ciencia política. Aquí, en el Perú, su no menos descollante discípulo Francisco Miró Quesada Rada ha venido divulgando los alcances de la politología en clave académica. Aunque resulta ciertamente difícil precisar en pocas líneas la personalidad científica y cultural de Lucas Verdú, bueno es poner de relieve que no incursionó en la erudición académica con pretensiones de discursos fundamentalistas. Su ingente producción incorpora diversos y sugestivos matices y posiciones intermedias a diversos problemas en torno al fenómeno jurídico y el fenómeno político. Pablo Lucas Verdú ha cubierto en la evolución de la Ciencia del Derecho constitucional en

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Profesor universitario y magistrado del Tribunal Constitucional (Perú).

De Lima arribó a Trujillo y estuvo durante los días 7, 8 y 9 de noviembre de 1996, compartiendo una jornada académica organizada conjuntamente por la Universidad Nacional de Trujillo, la Universidad César Vallejo y la Universidad Antenor Orrego. Siempre estuvo acompañado por su amada esposa, Carmen Murillo de la Cueva y Lerdo de Tejada, con quien se casó en 1953.

De izquierda a derecha: Gerardo Eto Cruz, César Landa Arroyo, Francisco Fernández Segado, Pablo Lucas Verdú y Magdiel Gonzales Ojeda, con ocasión del Quinto Congreso Nacional de Derecho Constitucional.

España tanto la tradición como la modernidad. Su ininterrumpida vida académica cubre desde los años cuarenta hasta la fecha de su deceso: más de medio siglo de presencia con una excepcional obra no sólo cuantitativa, sino de alta calidad académica. Los primeros años de docencia universitaria fue en la Universidad de Salamanca, en la que compartió por la década de los años cuarenta y cincuenta la cátedra con el recordado Enrique Tierno Galván, y hasta hace poco en la Universidad Complutense de Madrid. Su presencia seguirá vigorosamente rectilínea, sin ningún tipo de concesiones a las posturas extremistas; sino dentro de su cosmovisión de un Estado de democracia real y actuante, puesto a prueba luego por su disciplinado, en especial, proveniente de América Latina. De Lucas Verdú, decía Enrique Tierno Galván, exalcalde de Madrid y una de las recias personalidades del mundo académico, que en su persona se sintetiza la laboriosidad, honradez, discreción y elegancia en el trato y esmero profundo en el trabajo científico, tan fecundo que ha contribuido a hacer en España unas áreas del conocimiento más brillante de Iberoamérica: el Derecho constitucional y la Ciencia política. PRODUCCIÓN ACADÉMICA Lucas Verdú es un académico que ha ejercido su magisterio de enseñanza en las

facultades de Derecho de las universidades de Salamanca, Santiago de Compostela, Deusto, País Vasco, Valladolid y Madrid. Es imposible resumir su obra en un artículo periodístico. Sin embargo, Francisco J. Bodillo en 1984, a propósito del “Homenaje a Pablo Lucas Verdú en la Revista de Política Comparada (Nros. 10-11, Madrid, 1984)” comprimía una ubérrima producción de centenares de ensayos y decenas de libros. De nuestra parte, recordemos con admiración sus Principios de Ciencia Política con sucesivas ediciones (tres tomos), aparecidos en la prestigiosa Editorial Tecnos; o su monumental Curso de Derecho Político, en cuatro tomos (varias ediciones) que confirman la presencia de este singular académico del pensamiento constitucional español. ◆

[1] Vid. Gerardo Eto Cruz,

José F. Palomino Manchego y Jhonny Tupayachi Sotomayor (Editores): Crónicas de los Congresos Nacionales de Derecho Constitucional (1987-2008), 2ª. edición, Editorial ADRUS-Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional, Arequipa, 2009, pp. 95-106. Antecede Prólogo de Germán J. Bidart Campos y Epílogo de Néstor Pedro Sagüés.

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Gerardo ETO CRUZ


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BIBLIOUIRIS

MARTES 27 DE SETIEMBRE DE 2011

En los orígenes del Estado constitucional: la declaración francesa de 1789 Luis Claudio CERVANTES LIÑÁN

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Rector de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega (Lima-Perú).

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l libro del destacado jurista mexicano Miguel Carbonell, intitulado En los orígenes del estado constitucional: la declaración francesa de 1789, ha sido redactado de manera clara y precisa, y ello es fruto de su ya dilatada y proficua vida académica. Recuerdo que hace algunos años atrás, Miguel Carbonell y otro destacado profesor azteca Eduardo Ferrer MacGregor asistieron en calidad de invitados a la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, cuyo decano Jesús Antonio Rivera Oré, los presentó a la comunidad garcilasina. Al final de la conferencia, Miguel Carbonell, se comprometió enviarnos un libro de su autoría, para que sea publicado en la Colección de los Cuadernos del Rectorado. Ofrecimiento que afortunadamente para nosotros se cumplió. EL LIBRO Como hemos anotado lleva por título En los orígenes del Estado constitucional: La declaración francesa de 1789. Sin ninguna duda, es el mejor ejemplo acabado de su laboriosidad investigadora y científica. Por eso, nos place dar cuenta de tan importante obra en los momentos actuales en que se viene discutiendo temas tan identificados con el mensaje paradigmático que dieron los representantes en la Asamblea Constituyente Francesa de 1789. En especial, el tema del poder constituyente, cuyo mensaje trasunta en el constitucionalismo contemporáneo, y

que debe ser siempre tomado en cuenta al momento de debatirse la reforma constitucional. En esa línea explicativa, el ensayo de nuestro destacado constitucionalista Domingo García Belaunde que va al final de la obra, a manera de Epílogo, nos enseña que el mensaje del poder constituyente, tanto en perspectiva histórica como también en la dinámica constitucional actual, juega un papel relevante al momento de realizarse la reforma de la Constitución. Para darle forma y ubicación al libro de Miguel Carbonell, otro de nuestro reconocidos maestros constitucionalistas José Félix Palomino Manchego ha redactado, en el Estudio Preliminar, algunas reflexiones que constituyen, a no dudarlo, viva actualidad, por cuanto es un mensaje que condensa el impacto de la Revolución Francesa, verdadera obra humana, ahora más que nunca, en que se viene hablando del Bicentenario de la Independencia, prácticamente en todos los Esta-

dos de América Latina. En pasajes, que es preciso leer, entramos en contacto con los orígenes, desarrollo y consecuencias de la Revolución Francesa que alcanzó a todo el Occidente. El terreno intelectual es visto y analizado, destacando la presencia decisiva de los “filósofos” del siglo XVIII, cuyas obras capitales habían sido escritas en francés, idioma que en ese momento de la historia era la lengua universal.

Y, finalmente, para complementar el mensaje del presente libro, importa destacar la presencia, extensión y profundidad de la masonería en la Revolución Francesa, producto de sus diputados constituyentes y de pensamiento, al igual que Voltaire y Rousseau, plasmadas en la Declaración de 1789, y reafirmadas con la toma de la Bastilla. En efecto, los grandes pensadores de la Ilustración mediante su sabiduría avivaron las ideas libertarias, las cuales fueron condensadas armoniosamente en la santa trinidad: libertad, igualdad y fraternidad. Fenómeno parecido ya se había presentado en 1776, a la otra vera del Atlántico, con la Revolución de las trece colonias inglesas en América del Norte o, simplemente, norteamericana. ◆


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