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Lunes 28.03.2011

Del ahorro en dólares a la inversión en ladrillos Marcelo Grimberg Titular de Openpropn. Desarrollador Inmobiliario

Porque “El ahorro es la base de la fortuna”, el ciudadano medio acumulaba la parte de ingresos que no utilizaba y adquiría dólares que se depositaban en cuentas de bancos del país, del exterior, en cajas de seguridad ó simplemente en el colchón. No obtenía dividendos pero sí la percepción que el dinero quedaba resguardado. Desde el 2.000 hasta la fecha han pasado muchas cosas para que estas ideas tan arraigadas se hayan ido modificando. Las crisis financieras, los robos a bancos, la inseguridad, la inseguridad jurídica, la inflación en dólares, el fluir de la información, el cambio de expectativas, altas tasas de crecimiento de la economía local, el demérito de la globalización como pensamiento rector de los procesos económicos, entre otras causas, contribuyeron a que mucha gente adoptara como moneda de ahorro al “ladrillo” y se hizo corriente escuchar que se adquirían propiedades sólo para resguardar capital. Pero este hallazgo evolucionó y hoy es asumido como un modo genuino de incrementar el capital inicial; ahora resulta habitual conocer los diferentes tipos de inversiones inmobiliarias: participación porcentual societaria ó compras de propiedades específicas en el “pozo”, al costo-costo ó a precio ajustado por algún índice ó a precio fijo. Las búsquedas no se centran en satisfacer gustos particulares sobre una propiedad, si no en adecuar las posibilidades de aporte inicial y las cuotas, a la velocidad de realización y a las expectativas de rentabilidad del proyecto. El inversor se involucra conociendo los riesgos inherentes a estas operatorias y obtiene potencialmente ganancias del orden del 20 al 25%, muy competitivos a la hora de compararlos con otras opciones. Concluida la obra suele reconsiderar si se vende o conserva las unidades y las alquila obteniendo del 5 al 6% anual de renta. El impulso que le dan estos nóveles inversores sumados a los históricos (de grandes capitales involucrados) ha hecho crecer ininterrumpidamente el nivel de actividad de la construcción. La cantidad de escrituras que se registran por ejemplo en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires (20,5% superior en el 2010 respecto al 2009), permite inferir que la demanda de inmuebles que realizan los “consumidores finales” sigue sostenida. El dinamismo con que se concretan las operaciones no deja de sorprender y más teniendo en cuenta que una herramienta fundamental para su sostén, como lo es el crédito hipotecario, está al alcance de muy pocos. Esta es una asignatura pendiente de autoridades, bancos y empresarios que no han podido ni querido crear las condiciones para integrar a sectores de la población, que teniendo capacidad de pago, aún no acceden a su vivienda y siguen abonando alquileres regidos por las leyes de mercado. La construcción es madre de industrias y entre otras virtudes tiene el poder de multiplicar la creación de puestos de trabajo, por ello su desarrollo sustentable es vital para la economía del país. Por otro lado la comercialización de los bienes inmuebles se


da en un mercado abierto, transparente y atomizado donde no es posible manipular precios y condiciones y esta sana autorregulación también resultaría conveniente sostener y fomentar. En este contexto resulta interesante analizar que podría pasar con los precios de los inmuebles. El aumento de los costos de construcción (en el 2010 del 24 % en pesos) y la necesidad de los desarrolladores de fijar sus posiciones en función de la reposición, traería aparejado un aumento de los valores de venta de las unidades a estrenar del 8 % en dólares que tarde o temprano arrastrarán los de las unidades usadas. En cualquier caso debe decirse que en la Argentina no ha habido ni habrá burbuja inmobiliaria porque se construyen obras fondeadas sin arquitectura financieras. Los valores de los alquileres siguen otra lógica y es altamente probable que se mantengan en valores parecidos a los del año pasado ya que ante una oferta creciente no se van a convalidar subas importantes y para los propietarios será inconveniente tener lucro cesante por esperar una renta superior. Más allá de las características virtuosas de la construcción, del mercado inmobiliario y de como estos sectores participan en la cimentación de la economía, la compra-venta de un inmueble debe principalmente su auge a que es un “objeto de deseo” de casi todos.

Cronista 28-03-2011  

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