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Cd. Obregón, Sonora, Domingo 11 de Enero del 2009

Salvador García Soto

Serpientes y Escaleras ¿Cuál PRI volverá? ¿El de siempre? Ahora quieren reaparecer en la cámara personajes como los ex gobernadores Tomás Yarrington, Manuel Angel Núñez Soto, Enrique Martínez y Enrique Jackson En el PRI todos levantan la mano a la hora de las candidaturas a la Cámara de Diputados, sobre todo los que ya lo fueron y no saben otra forma de hacer vida política lejos del presupuesto y las dietas. Qué importa si en su paso por el Congreso aportaron muy poco o nada a su partido y a la ciudadanía; de lo que se trata es de agarrar hueso y, como dijera alguna vez Manuel Camacho, “vivir en el cielo” del erario federal. La lista de suspirantes es larga y a muchos de ellos se les ha visto rondar la sede priísta de Insurgentes Norte, de la que sólo se acuerdan que existe en época de elecciones. Y entre los que quieren y buscan una diputación hay de todo: ex diputados, ex senadores, ex gobernadores, ex dirigentes partidistas, ex funcionarios, ex candidatos presidenciales, ex, ex, etcétera. Por ejemplo, formaditos en la fila de los que se apuntan están los miembros del ya célebre Tucom, aquel grupo de gobernadores y políticos que se unieron con un objetivo claro: evitar que Roberto Madrazo se llevara la candidatura presidencial, cosa que no evitaron, como tampoco la histórica y penosa debacle a la que el tabasqueño arrastró a su partido. Ahora quieren reaparecer en la Cámara personajes como los ex gobernadores Tomás Yarrington, Manuel Angel Núñez Soto, Enrique Martínez y Enrique Jackson, este último ex coordinador de los senadores del PRI. Y si los antimadracistas quieren volver, por qué no habría de hacerlo el madracismo. El mismísimo Roberto Madrazo, rejuvenecido y recuperado, dice él, de aquella estrepitosa derrota, está deshojando la margarita y ha dicho a cercanos suyos que “yo no quiero, no lo tengo planeado, pero hay un grupo fuerte de compañeros que me lo está pidiendo y lo estoy pensando”. Es posible, pues, que Madrazo, famoso ya en el mundo por su forma peculiar de correr maratones, decida sacrificarse y busque reinventarse en San Lázaro. La presión en el interior del viejo partido aumenta, puesto que los priístas, viejos zorros colmilludos, huelen las altas posibilidades de triunfo que les dan las encuestas y saben que habrá bastantes curules para la manada tricolor. Por un lado, Beatriz Paredes quiere hacer valer su derecho de mano, por ser la presidenta nacional, y pretende quedarse con 40% de las 500 candidaturas que se definirán en las próximas semanas, entre las de representación proporcional y las pluris. Pero a la pretensión ya manifiesta de la tlaxcalteca han saltado los otros factores de poder en el priísmo. Manlio Fabio Beltrones ve muy alta la cuota que pide Beatriz, igual que los gobernadores, que ya le han mandado mensajes claros a Paredes en el sentido de que lo que pretende es demasiado —“casi quiere todos los pluris para ella”, dijo a esta columna un mandatario priísta—, y le piden que haya “proporcionalidad y un reparto equitativo” entre los distintos grupos que hoy controlan el partido. El jueves sale la convocatoria para la selección de los candidatos a diputados de mayoría que serán electos por el método de convención de delegados, en asambleas locales que se llevarán a cabo en los comités de todo el país el 26 de enero. LOS DE ADELANTE QUIEREN MUCHO Y ¿LOS DE ATRAS? Y mientras en la cúpula las cabezas del viejo partido se pelean el reparto de cuotas y empujan el regreso de los “ex” —eso sí, soterradamente, para no hacer olas que les agüen “la unidad”—, en un sector del priísmo, de estratos intermedios, hay malestar creciente porque otra vez “los mismos de siempre” se quieren apropiar de las candidaturas. Esos priístas que se sienten desplazados acusan a los ex gobernadores del Tucom de que “no movieron un dedo” para que su partido no se hundiera en las elecciones de 2006, y más bien se sospecha que varios ayudaron a ganar a Felipe Calderón. Pero no sólo se quejan de los ex gobernadores; a Beatriz Paredes la señalan por haber revivido en el CEN a personajes de otras décadas como Manuel Aguilera, Manuel Jiménez Guzmán, Jorge Schiaffino, entre otros. ¿Dónde quedó la promesa de renovación generacional de la que habló Beatriz Paredes? ¿Alguien recuerda alguna reforma legal conocida como la ley Paredes, la ley Aguilera, la ley Jiménez Guzmán? Todos han pasado por el Congreso y su trabajo legislativo no dejó huella, sostienen los priístas inconformes. Pero al final, cuando se les pide autorización para publicar sus nombres, los mismos priístas que critican la conducta de sus líderes rehuyen aparecer. Temen que si protestan y provocan una sacudida interna que atente contra la “sagrada unidad” que defienden en el viejo partido que quiere volver al poder, al final el precio que paguen sea no aparecer en las listas. Ni hablar; al final los priístas son y serán los mismos de siempre. NOTAS INDISCRETAS... Al periodista Carlos Velasco los gorilas de Ulises Ruiz en Oaxaca le enviaron otro mensaje: el viernes muy temprano, a su domicilio en la capital oaxaqueña fueron lanzadas dos bombas molotov que le incendiaron las cortinas de la casa. Velasco, ex vocero de José Murat, dirige actualmente el semanario El Correo de Oaxaca, que ha hecho fuertes críticas a la cuestionada administración de Ulises. No es la primera vez que al gobernador Ruiz se le acusa de intimidaciones a periodistas críticos y es de sobra conocido su talante represivo en el Estado. Por lo pronto Velasco fue recibido ayer por el director del Programa de Atención a Periodistas de la CNDH, Juan José Alonso Ramírez, ante quien presentó una queja, que se suma a una anterior que ya había presentado contra el gobernador en esta instancia. Además, el lunes presentará una denuncia ante la Fiscalía Especial para Delitos contra Periodistas de la PGR. A ver si Velasco no despierta al señor fiscal, Octavio Orellana, que duerme plácidamente junto con las averiguaciones de secuestros, asesinatos y agresiones a periodistas por todo el país, especialmente en el norte... Si al presidente Calderón y al secretario Salvador Vega les pareció que el retraso en la dotación de un medicamento en el IMSS era un trámite inútil y vergonzoso, tanto que premiaron a quien lo propuso con 300 mil pesos, deberían darse una vuelta por cualquier sala de Urgencias de cualquier clínica u hospital del Seguro en el país: heridos que se desangran, enfermos graves que aúllan de dolor, pacientes que se orinan o defecan sin que nadie los limpie, todo con el argumento de que “no hay camas ni personal disponible”. ¿Cuánto pagarían a quien denuncie ese dantesco trámite de un paciente que tiene que esperar, en una camilla olvidada en un pasillo, por dos, tres, hasta cuatro días, a que se desocupe una cama?... Los dados se recargaron. Otra serpiente.

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Charlatanería anticrisis Cuando la política es sucia, dudosa, tramposa, la economía correrá la misma suerte y las consecuencias son el típico círculo vicioso La carencia absoluta de una visión social y política de parte del sexenio calderonista le hizo copiar, de sus antecesores priístas, la modalidad de recurrir a la charlatanería (es decir, ser vendedor de panaceas e indulgencias falsas) de un paquete de 25 medidas para paliar la crisis económica que la derecha sigue pensando que es coyuntural y no estructural. Para el pueblo ilusiones y para el poder

Pobres usuarios

Jesús González Schmal político faccioso generosa condescendencia para aliviar remordimientos, si es que la conciencia les alcanza para ello. Es absurdo y dogmático suponer que el modelo capitalista estadounidense puede ser implantado acríticamente en otros países como el nuestro, que tienen una integración social y cultural radicalmente distinta y cuentan con instituciones de diverso origen y funcionalidad. Se ha dicho hasta la saciedad que el american way of life es un espejismo que atrapa a quienes no entienden que las historias de cada país y sus culturas los obligan a ser diferentes y a buscar distintos caminos para lograr su supervivencia. Nuestra identidad es mestiza; nuestros valores, de igualdad de origen y de permanente lucha por la igualdad en el ejercicio de derechos que se logran por la vía democrática de hacer nuestras leyes acordes a esas aspiraciones. Nosotros no creemos en el “destino manifiesto”, ni en la “mano invisible”. Sabemos que la justicia y la igualdad se conquistan derrotando al enemigo del egoísmo y la ambición individualista de riqueza. Nosotros creemos en una ética dinámica que no nos hace objeto de la historia, sino protagonista de la vida

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David Ibarra

Crisis y consumismo Las políticas fiscales de corte keynesiano, de administración de la demanda para sostener desarrollo y empleo, fueron reemplazadas desde los años 70 por políticas neoliberales centradas casi exclusivamente en el manejo monetario. Así se produce un cambio extraordinario en la concepción y encauzamiento de las políticas públicas. Al Estado se le postula no como el proveedor de soluciones a los problemas de la vida económica y social, sino como la fuente y raíz de los mismos. Ello justifica liberar de trabas a los mercados, cuyos mecanismos invariablemente eficientes llevan a economía y sociedad por sendas automáticas de desarrollo sin inflación. Así se justifica, en lo externo, la supresión de las fronteras económicas y la creación de un sistema global de mercados, donde mercaderías y capitales gozan de plena libertad de movimiento. Y en lo interno, se emprende la privatización de empresas públicas, la desregulación de los mercados —singularmente los financieros—, la reducción de los impuestos directos a los grupos pudientes, el otorgamiento de independencia a los bancos centrales, mientras se limita más y más el gasto gubernamental en la búsqueda del presupuesto equilibrado. De esa manera, el sustento y mejora del bienestar macroeconómico para todos quedó fincado no en las acciones del Estado, sino en mercados, supuestamente capaces de absorber cualquier impacto imprevisto, auxiliados cuando más por políticas monetarias expurgadas de casi toda influencia política o gubernamental. Hay manifiesta desconfianza neoliberal en los políticos y los gobiernos, por considerarlos proclives a permutar el bien colectivo por ventajas electorales o beneficios transitorios. En cambio, hay confianza plena en los planteamientos financieros conservadores sintetizados en la “hipótesis de los mercados eficientes”. Tal hipótesis sostiene que los mercados financieros aportan siempre información suficiente y se equilibran automáticamente, haciendo casi imposible la aparición de desequilibrios graves o persistentes. Tales afirmaciones teórico-ideológicas contradicen flagrantemente la historia de la inestabilidad de los mercados financieros en sus ciclos repetitivos de auge y depresión, manifiestos desde la crisis de los tulipanes en

política que subordina a la económica, y que cuando la política es democrática, social, limpia, la economía es solidaria, justa, progresista. Cuando la política es sucia, dudosa, tramposa (Calderón estuvo flanqueado por Carlos Romero Deschamps y Joaquín Gamboa Pascoe) la economía correrá la misma suerte y las consecuencias son el típico círculo vicioso entre los dos ámbitos que hoy vive dramáticamente el México de 2009. Calderón no habló de violencia institucional, de abuso electoral y militar porque es Política. No habló de injusticia social, crónica y acentuada desde que su partido está en el poder porque es Política. No habló de insuficiencia alimentaría ni de desmantelamiento del ejido porque es Política. No habló ni mucho menos de la corrupción tradicional que deriva de las escandalosas sumas de retribución a la alta burocracia, ni de la corrupción sexenal que paga con concesiones los favores electorales, todo porque ello es Política. Mucho menos habló de una economía mixta con contenido y finalidad social, porque es Política democrática y humanista. Política verdadera es decisión de Estado en su integridad Gobierno y gobernados. La política de altura que genera las decisiones e implementa las ejecuciones sólo se puede ejercer por quien tiene autoridad política de origen. De aquí que las recetas económicas sean un perverso sustituto de las soluciones políticas para conducir la economía de legitimidad democrática. Ese es el fondo que hace de la charlatanería el sustento del poder de facto.

el siglo XVII hasta la debacle contemporánea, y que siempre han requerido de la intervención estatal para suavizar sus peores efectos. Aun así, el núcleo central del manejo económico se ha desplazado de los gobiernos y ministerios hacendarios a los bancos centrales. En lugar del gasto público y los impuestos —con el fin de amortiguar o suprimir los efectos de las recesiones económicas—, la herramienta macroeconómica fundamental se centra en la manipulación de las tasas de interés y en menor escala a los tipos de cambio. La tarea de administrar la demanda macroeconómica se delega primordialmente a los bancos centrales. En efecto, salvo en periodos de recesión cuando la tasa de interés pierde su capacidad de revitalizar la actividad económica —como ocurre hoy—, los bancos centrales suelen reducir o elevar dichas tasas para evitar sobre todo los riesgos de la contracción de la demanda. El resultado se traduce en aliento al gasto en sustitución del gasto público o la manipulación de los impuestos, cada vez que aparecen signos de recesión. Y como el mayor peso macroeconómico corresponde al consumo de las familias —entre el 60% y el 70% del producto—, los esfuerzos combinados de banca y gobiernos fomentan el consumismo y el endeudamiento privados, como vía de sostener y estabilizar los ritmos de actividad económica. En apariencia, la estafeta del control de la economía se despolitiza, dejando en el control a bancos centrales independientes y de manga ancha. De la misma manera, los gobiernos se endeudan menos, atendiendo a razones económicas, mientras las empresas y las familias llevan sobre sus hombros la doble carga de mantener la estabilidad monetaria y a la vez asumir la espiral de préstamos excesivos. Por eso se ha desplomado el ahorro de las familias de muchos países industrializados, singularmente en Estados Unidos, mientras se fomenta un consumismo desenfrenado hasta complicar enormemente la solución de la crisis financiera actual. En México, la situación es algo distinta, pero no mejor. La banca nacional se ha especializado en otorgar crédito a las compras y viajes de las familias, alentando patrones de consumo insostenibles en un país pobre. El financiamiento de la producción se ha dejado a cargo de instituciones del exterior que en alto grado han cerrado la llave a las

empresas nacionales más importantes ante la crisis de los mercados internacionales de capitales. El endeudamiento externo del Estado disminuye, mientras el empresarial aumenta; representa ya 50% del total nacional con riesgo de inducir la desestabilización cambiaria frente a la inevitable acumulación de vencimientos, la dificultad de renovar los créditos foráneos y la presencia de déficit crecientes en la balanza de pagos. Al propio tiempo, las primeras manifestaciones del receso del consumo elevan peligrosamente el ritmo de crecimiento de las deudas vencidas de las tarjetas de crédito y de los préstamos inmobiliarios de la banca comercial, induciéndola a restringir más y más sus financiamientos. En consecuencia, se acentúa el riesgo de que la economía nacional no sólo carezca de acceso a los créditos a la producción, sino también al consumo, en circunstancias contraccionistas del empleo y de los ingresos del grueso de la población. El país necesita un sólido programa y una ley de emergencia, centrados en tres cuestiones esenciales. Enmendar las deficiencias de nuestro sistema financiero que no presta a la producción y lo hacen, por tanto, indiferente a la generación de empleos y a cerrar los agudos desequilibrios del comercio exterior. Proteger a la economía popular no con emplastos demagógicos o electoreros, sino con el impulso a medidas aplazadas: servicios universales de salud, accesos ampliados a la educación en todos sus niveles, creación de seguros compensatorios del desempleo, inversión estatal masiva y de ejecución inmediata en obras públicas (regeneración de distritos de riego, caminos, infraestructura escolar). Romper los prejuicios ideológicos en torno a la intervención estatal, sea en materia de programación, regulación y política industrial, de idear y preparar proyectos de inversión o de creer en la santidad del mercado y del presupuesto equilibrado en tiempos de crisis. Los países industrializados y muchos emergentes ya están inmersos en políticas francamente keynesianas. Así lo demuestran los rescates estatales de los sectores financiero y automotriz o las ayudas a las familias sobreendeudadas en Estados Unidos. Analista político.


schmalCd.Obregón,Sonora,Domingo11deEnerodel2009ii